Texto digital

Texto digital de La virgen de la Salceda

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Manuel de León Marchante y Diego Calleja
Atribución estilometría
Manuel de León Marchante Probable yDiego Calleja Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La virgen de la Salceda. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/virgen-de-la-salceda-la.

Logo BICUVE

LA VIRGEN DE LA SALCEDA

JORNADA PRIMERA

Zagales de Peñalver, Labradores de la Alcarria, celebremos nuestros dueños, con fiestas, juegos, y danzas, Vaya de gusto. De contento vaya. Sean bien venidos. a nuestro lugar los dos Caballeros, la flor de San Juan. Al recibimiento, todos caminad, y en buen hora vengan a nuestra lugar. No vengan si no en mal hora, o antes que aquí llegara grosera tumba del uno fuera alguna peña parda; pues viene a darme pesares, y a mi Andres celosas ansias. No bastaban mis desdichas? mis tormentos no bastaban, viendo que de mi pobreza nace la desconfianza; que tengo de que sea mío? y más cuando (ay de mí!) tratan su padre, y parientes darle por esposa a Juana su prima, que de la aldea es la más rica zágala, hay Dios! y aún la más hermosa; que como celos me cabsa, son en mis ojos primores los que en sí pueden ser faltas. Y cuando piadoso el cielo solo el consuelo me guarda de tener a Andres Matias, que es dulce imán de mi alma, firme, y constante, a pesar de la codicia villana; pues como roca en las ondas anenosprecia su constancia riquezas de Juana, y lleva a la roca las ventajas de ser quien a los dos mueve uno cristal, y otro plata. Pues por qué infeliz estrella, permites que las lazadas de nuestras conformes vidas se rompan, o se deshagan? Montes, escuchad mis quejas, selvas atended mis ansias: tu inaccesible peñasco, que al Sol estrenas la llama, y primer lumbre te quemas en la inmortal luminaria, goza, goza los reflejos de la Autora deseada, pues que como amante fino a rondarla te levantas, Galán de la Primavera, firme tronco, tú que pasas las pensiones de un Ibierno, por vestirte una esperanza; felice tú, que ya gozas quien seis meses aguardas; viste de quien espera y tía sin gozar, ni esperarnada. Rosa, tú que del Fabonio eres encendida brasa, y en el brasero del campo húmeas fragante ambar, despliega la roja pompa, goza del Sol la luz clara, no pierdas por encogida lo que por hermosa ganas. Risco firme, galán tronco, rosa bella, gozad tanta ventura como os ofrece Primavera, Sol, y Alba; y si esta dicha os falta, (ma. dichosos sois, pues no sentís con al- Sean bien venidos, que aguardando están su vista la rosa, el jazmín, y azahar. Más don Sancho, y don Ramiro ya con la festiva escuadra de labradores, el prado cruzan, y por aquí pasan. Válgame para esconderme el sagrado de esta carza espinosa, cuyas puntas aún contra el viento se arman, por excusar a Andres celos, y a don Ramiro palabras. Sean bien venidos, Dichoso quien a ver llega estas fragosas montañas, adonde no sé que fuerza sin violencia me arrebata, que solo en ellas mi pecho me parece que descansa. Infelice de quién viene a ver en una villana resistencias tan esquivas, y esquiveces tan cansadas. No os canséis de celebrar, zagales, ventura tanta, como en tener tales dueños os da el cielo. . . Con el alma estimo, Pedro Matías, la fineza: donde anda, decidme, Andrés vuestro hijo? d. . Y mi muerte. . Allá en la caza se entretiene todo el día. Como estimo su gallarda persona, extrañado había el no verle. . Yo las gracias os doy en nombre de Andres, por el favor, que quien tanta parte alcanza en sus venturas por prima, y por quien aguarda ser su esposa, fuera error en tal lance no lograrlas. El cielo os haga dichosa; y os bendiga. . Nunca aguardan ser dichosas mis fortunas. d. . Por qué? . Porque otra zagala. en el corazón de Andres lugar preeminente alcanza. No tendrá razón, que sois muy hermosa, y muy gallarda. Memorias no me matéis hasta ver a quien me mata. Repollo, llega tú a hablarlos; que ya sabes que se agradan de ti, y para entretenerlos, tu persona es necesaria. Tú la necesaria eres: oyes, mira como hablas. Y yo apedreé los abrazos? e. Llega, bestia. . Ya vo, albarda, quieren parecer gallardas? Oh Repollo! . Y lo parezco en estar puesto entre plantas. Sean sus mercedes más bien llegados, que la paga de San Miguel a los mozos. Nunca has perdido la gracia? No pardiobre, porque ha poco que hue la Semana Santa. En qué entiendes? . Yo, señor so simple, y no entiendo nada. Dice, que qué oficio tienes? Hablara para mañana. Yo sirvo en casa de Pedro Matías, ya con la azada, y ya con los gueyes; so doncel de labor. Que hablas, tontonazo? . Sí, Locia, que no es maravilla que haya, si hay doncellas de labor, un doncel de la labranza. Por qué asistir no quisiste conmigo en la Corte? . Guarda, Yo en la Corte? no en mis días, mientras que muchachos aya. Porque con alsileres que clavan, como si hicieran gígote, picando las piernas andan. Yo en la Corte, donde hay unas mujeres tapadas, damas, que son tales piezas, que aunque el galán más las guarda, porque las den de comer se andan de casa en casa? Yo donde hoy sastres que mienten por las cejas, y pestañas, y nos dan la obra corta, después de darnos mil largas Yo donde hay tales viejas, que no mirando las canas con que son puros Canarios Donde hay despenseros que sin ser generosos nada, nos dan el pan como tierra, dan el vino cómo agua? no señor yo me hallo bien en la aldea, que en la Alcarria, ya que la tierra no es buena, por lo menos es muy mala. Pedro Matías, yo quiero salir esta tarde acaza, que esta inclinación en mí tiene fuerza soberana en todas partes, y más en los montes de la Alcarria. Ay, Seráfina, en tus ojos ardo inquieta salamandra! Ea guiad al lugar, id prosiguiendo la danza. Sean bien venidos, que aguardando están,. Ay corazón, que de sustos por don Ramiro te aguardan! mal haya la que desea saber sentir, y malhaya la que quiere parecer hermosa más de aquien ama. Fuente, que de aquesta encina sabe a un tiempo ser tu agua espejo donde se mira, y aferte con que se laba; Pues tu lengua tantas veces, me consuela, y desengaña, dime ahora, que hay en mí, que ciego a Ramito arrastra rostro en quien se hallan desdenes, y hermosura no se halla: con qué oculto hechizo atrae? con que embozo dulce agrada? Venturas, no es Serafina la que en la fuente retrata su hermosura? sí, ella es, que aunque la veo de espaldas, tanto se conoce al Sol, si luce, como si falta. Siempre, hermosa Serafina, dice, quien de celos habla, que son sombras, y no es mucho, que yo los tenga del agua, cuando con brazos de vidro tan solo tu sombra abraza. Ay Andrés del alma mía, celos puedes con más causa tener, mas no de la fuente! Celos yo, de quién? . Acaban de llegar a Peñalver. Ya lo sé, suspende el habla, que no quiero que le cueste la vergüenza a tus palabras. Diras don Ramiro; pues por eso te afliges? calla mi bien, no tengas cuidado, que en la corte hay muchas damas porquien ese caballero ya te aura olvidado; ay ansias, que aunque disimulo, tengo hecha una ponzoña el alma! Vive Dios, que si prosigue en seguirla, en festejarla, ha de ver en mí; mas no, Seráfina, en esto caiga, que quien a su dama dice, que otro la quiere por dama, mas que celoso galán, es tercero de su infamia. Fuera de que sus finezas, versos, músicas, y cartas, son jugueres con que amor, como es tan niño, se acalla. Sabe, mi bien; que hay algunas flechas, que el amor dispara por fiesta, y por burla, y estas de los vestidos no pasan. Y como tan a la vista llevan, viéndose, las alas, dicen todos: aquí hay flecha; mas no miran, que no daña. lamás creas los amores en que todo un lugar habla; flechas que todos las notan, nunca el corazón traspasan. Esto es en cuanto a Ramiro, y en cuanto a mi consolada puedes estar, que si tengo de mi dama confianza, aunque vea otro galán empeñado en festejarla, contra el festejo me írrito, pero no contra la dama. Cuando otras prendas heroicas, ay Andrés! no me empeñaran tan dulcemente a quererlas, tan tiernamente a adorarlas; tu discreción, y tu ingenio a quererte me forzaran, que quien sabe ser discreto, en vano sabe otra gala. Esta plática dejando, como de poca importancia; miento, que todo mi pecho. . se arde en celosas ansias, quiero, hermosa Serafina, darte cuenta de una rara aventura, que en el monte me sucedió esta mañana. Siempre has visto que mi oído es imán de tus palabras. Cuando no sea por mía, escúchala por extraña. A mi ordinario ejércicio de los perros, y la caza, con la escopeta en eshombro, y tu memoria en mi alma. Porque antes de salir, para granjear tus gracias, peregrino de amontuyo, voy a visitar tu casa. De Peñalver salí a tiempo, que hilos de aljófar el Alba vierte, por tejer con ellos a la sombra la mortaja. Enbosqueme en lo fragoso del valle inculto, que llaman todos del infierno; o ya por ser su espereza tanta, o por las fieras que esconde o los delitos que guarda; Pues la maleza del sitio es madriguera ordinaria, tanto de inhumanas fieras, como de fieras humanas. No bien, pues, había en una de sus profundas quebradas llegado mi pie, al hombrío de su macilenta estancia, cuando el perro, a quien el viento dio de una copiosa banda de perdices, que la hierba con pies de corales ajan; con presteza quieta rompe por la tejida muralla, que la Primavera hacia de espinos, y de carrascas. Alzaron el vuelo, y yo, que ya prevenido estaba, para lograr caza, y tiro, quise a lo largo tirarlas. Tiré, pues, y haciendo una torbellino de las alas; vino a tener por seplucro lo áspero de una carza Diestro el perro, que a mis manos quiso le al alcanzarla, viendo lo dificultoso, por estar la zarza alta, late impaciente, y osado; gime, intenta, y se abalanza. Ya salta por lo más bajo, aunque siempre en vano salta; ya, vuelto a mí, con latidos, hace como que me llama. Yo, que no poco gustoso, notándole atento estaba, para alcanzarle la presa, quise cortar una rama de un sauce, que de las flores es pabellón de esmeralda. Llegué al tronco, a cuyo pie aprisa, y callando baja un arroyo, porque al monte se le trae toda la plata. Y cerca del sauce hacía inquieto remanso el agua, por descansar de la fuga a la sombra de sus ramas. Puse en el agua la vista, no sin turbación, llevada de un resplandor, que el arroyo, como en reslejión, guardaba. Dudo lo mismo que veo, sospecho que el cristal arda, Lince penetro las ondas, que tejenhielos, y llamas. Hinco la rodilla en tierra, porque vecinos del agua mis ojos, más fácilmente do que había dentro acecharan. Si ya no fue que una Imagen, que dentro del aguna estaba, quiso que con reverencia, aún en sombra, la adoraran. Una Imagen de la Virgen, en simulacro gravada, era, tan pequeña, que de las luces alumbrarla, aún más que traza de culto, pareció de verse traza. De Ángeles, y de Luceros se tejía copia tanta, dando tornos a la Imagen, que el más ciego los juzgara, si no alados Serafines, mariposas abrasadas. Suspenso me tuvo un rato, pero con devotas ansias alcé los ojos al sauce, por ver la Imagen, que causa era de la reflejión: pero (maravilla rara!) lo que el agua concedia el tronco me lo negaba; pues aunque le di mil vueltas, examinando sus ramas, solo hallé la admiración de no topar en él nada. Con curiosidad debota requiero otra vez el agua, otra vez topo el prodigio, y otras mil veces me pasma. Puelvo al tronco, y también vuelve a confundirme el no hallarla: entro la mano en las ondas, mas no hice más de inquietarlas; dudo las luces, mas eran para ilusiones muy claras. Qué es esto, dije, María? Señora, porqué te apartas de mis ojos en el sance verde? si eres mi esperanza, porqué solicita arroyos la que siempre es Mar de gracia? En vano las aguas busca quien está limpia, y sin mancha: quien entre sombras te mira, porqué en vulto no te halla? Mas que ciego lo discurro, pues si de cuantos se salvan eres tú la Estrella, siempre luce entre sombras más clara! Pero cuando más confuso estaba entre dudas tantas, oigo una voz en el monte, que decía. No se guarda para ti lo que deseas. Alcé la vista turbada a la cumbre, mas la voz acaso un Pastor la daba contra un fiero lobo, que a una simple oveja blanca hacer quiso desperdicio de su hambre, y de su rabia. Hice misterio el acaso, bien a pesar de mi instancia, y volviéndome al arroyo, a inquitirla, por notarla: Ay Dios! Ya me la había hurtado mi estrella siempre contraria, o la razón; que a un indigno, desdichas, no son desgracias. Menos la hallo, y más la busco, y dije. Bien empleada pena de quien quiere más dichas de las que le daban. Pesaroso me volví, notando las circunstancias del prodigio, y discurriendo a quien tanta dicha guarda el cielo, como ser luz, para que amanezca el Alba de esta Virgen, cuya Imagen, si el corazón no me falta, espero en Dios, que ha de ser Aurora de estas campañas, el día de aquestos montes, consuelo de rristes ansias, medio de muchos milagros. la Protéctora de España, grande Refugio del mundo, y la Estrella de la Alcarria. No sé que gozo he sentido allá dentro de mi alma, como que me está diciendo, que aquesa Imagen la causa ha de ser de mi alegría. . Tened, que yo he de tirarla. Ramiro es este, excusemos que te vea. . ADios. Aguarda que viene por esa senda, que has de ir tú tras una blanca paloma. . Pues torceré el camino, a Dios. . Te apartas tan aprisa? pero vete. Quede amor contigo. vayan. contigo todas las dichas. Si harán, pues vas en mi alma. . Mal aya, amen, el respeto, el vasallaje mal haya, que a no ser mi dueño, yo a entender le diera cuanta verdad es, que no es villano el pecho a quien celos matan, aunque lo parezca en ser hombre, que con celos calla. Mas, ay de mí! la paloma, de mi desdicha guiada, torció el vuelo hacia la senda en que Seráfina se halla, y si el sigue la paloma a Seráfina ha de hallatla; que hasta el ave más sencilla arme contra mí las alas! Allí a Serafina he visto, si el deseo no me engaña, y en achaque de seguir la paloma he de alcanzarla, que hasta verla no sosiego. Cierta salió mi desgracia. Cielos, al remedio aprisa. R. Deme amor veloces alas. Yo le estorbare. A señor. Ramiro. . . Quién me llama? tan ciego la iba siguiendo, que no reparé en que estaba aquí Andres; que a este villano dé la vida quien me mata! En hora buena, señor, vengáis a aquestas montañas, donde hallaréis un afecto en mi amor, que a semejanza del más firme tronco, os sirva, pues parece que las ramas para serviros se visten verde librea en sus plantas. Yo os estimo, Andrés Matias, lisonja tan cortesana, y a Dios, que voy empeñado en tirar, aunque se aparta, aquella paloma. Oíd. Señor, no es acción bizarra, perseguir la sencillez de un ave con tal instancia. Aquella paloma es mía, y es, si por Dios, la más mansa. de cuantas son con arrullos clarines roncos del Alba. Si vierais con la ternura, que suele por las mañanas, con el pico a su consorte, dar requiebros, y viandas. Y en verdad que es el palomo muy discreto, pues se paga del pico, que en las hermosas siempre fue la mejor gracia. Oís, pues tiene otra cosa, que hay una paloma en casa, que da en que ha de ser su esposa, pero es su firmeza tanta, que aunque más rica de pluma, y con más pompa en las alas, la desprecia: fuera bueno, tras fineza tan extraña, darle ahora al triste palomo la peba de ver, que entrara llena de sangre en el nido de su honor, indigna mancha? No, señor, que a ser yo él, la mansedumbre trocara en ira, en rencor, en odio, en furia, en enojo, en saña, en venganza del honor, digo del gusto en venganza; por eso no la sigáis. que aquella paloma casta, está tan lejos de vos, que nunca habéis de alcanzarla. Que para tal osadía tenga paciencia quien ama! Pensaréis, que no he entendido las equivocas palabras, que útiles, a ser avisos, fueran, pero no amenazas. No solo ya he de seguirla, por verla, si no es. . Aguarda, no acabes de pronunciar, señor, lo que ahora empezabas, hasta que haga vo. . Qué intentas? Hasta que yo aquesto haga. Ahora di lo que quisieres, pues si he de oír que me agravias, a fuer de vasallo tuyo, he de tolerar mi infamia, y he de sufrirte; y no quiero, que diga luego la fama, que nadie pudo agraviarme a mí, estando yo con armas. Qué es esto, Andrés? cómo tú descompuesto? . Acción bizarra! Señor don Ramiro, pues que ha sido esto? . Pena extraña! Cielos, quien hacer pudiera, que mi padre no llegara a entender, que ha sido esto por Serafina? . No hablas? (cho. Nada es, señor, . Si es, y mu- (disimularé la causa) Ser Andrés tan vuestro hijo, y celoso de su casa, que porque yo a una paloma, que es suya, quise tirarla, él la disparó, diciendo, que en buena ley de la caza, se lleva siempre la presa aquel que la presa mata. Sí, señor, y es la verdad, yo por la paloma hablaba. Por llevarse lo que es suyo tiró. . Gentil rapazada. Sin duda que disimulan conmigo, que la bizarra condición de Andres en cosa tan poca no reparara. Pues es muy bueno, rapaz, dar a vuestros camaradas las palomas a millares, y reparar con quien tanta merced nos hace. . Señor, advierte. . Andad noramala. Venid, señor don Ramiro, y os llevaréis cuantas haya: Jesús! en cosa tan poca miserable te empeñanas? Sí, señor, es la verdad, yo por la paloma hablaba. Pedro, yo no pretendí mas de el gusto de matarla, quedad con Dios. El os guarde. Ya habrá llegado a su casa, Seráfina, que por eso no embarazo que se vaya. Noble acción la del villano! o quien pudiera pagarla, olvidando a Serafina! mas que digo? albricias, ansias, Y que quien olvidarla intanta, cerca está ya de olvidarla, Pensaréis, que no he entendido, que todo esto se origina por seguir de Serafina el empleo Inaduertido? Andres, en casa hay a quien amar con gusto, y reposo, que no siempre lo penoso es escálera del bien. Juana ha de ser vuestra prenda, el no admitirlo es locura, pues le sobra la hermosura, y no le falta la hacienda. Suya es la que poseemos, porque su padre, y mi hermano, porque le dieras tu mano, nos dejó cuanto tenemos. Aunque a Seráfina alaba la fama, es pobre en rigor. Qué Seráfina, señor? yo por la paloma hablaba. Está bien prevente, pues, que el señor don Sancho ha de so a caza hoy, y has de salir tú con él, y no me des más cuidados que los dados; que es muy necio atrevimiento el ser tu divertimiento motivo de mis cuidados. Ay, Seráfina, que enojos me harán apartar de ti, si es más soberano en mí el imperio de tus ojos! Iras, rabias, despechos, ceños, su- oía la sinrazo de mis injurias (rías, Yo soy aquel drago que altivo, y fiero arizón me pasé desde Lucero, y habito, despeñado, el reino macilento del pecado. (cho, Yo puedo hacer, cuando comigo lu- nada los montes, y lo poco mucho: pueden cejar mis bríos los ímpetus furiosos de los ríos, allanar el caucaso, y amanecer el Sol en elocaso. Pues cómo, si esto puedo, de una pequeña Imagen tengo miedo? Hoy Dios me ha revelado, para irritarme más, que se ha llegado el día más feliz de los mortales, pues entre aquestos chopos, y jarales. amanece la Aurora, del Sol, y de mi enojo precursora, y por esta de sauces árboleda el nombre ha de gozar de la Salceda, que para mis tormentos, con milagros, prodigios, y portentos, será del mundo amparo, y en su aprisco será la primer casa de Francisco, ase humilde tan grande, cuyos Santos, a pesar del infierno, han de ser tantos, cual suele contar bellas, es dia flores, y la noche estrellas. Ya cerca de aquí miro a Sancho; y a Ramiro: que tanto a mi despecho me ahuyenten las reñales de su pecho! O! si Dios me dejara, que este monte sobre ellos arrojara! pues ellos han de ser, porque me ultrajón, los primeros que vean a la Imagen, en cuyo sitio tengo sus riberas armadas de peñascos, y de fieras. Mas ha pese a mi astucia, que ya veo burlar mis prevenciones su deseo, pues al sauce se llegan! válganme aquí sus dos inclinaciones, para apartarlos a una, y a otra parte, según como mi astucia los reparte. A Ramiro, que amante se le inclina, la voz imitaré de Serafina, que apartarle de aquí podrá mi traza a don Sancho con lances de la caza. Oípido a mis engaños, que yo pueda este nombre borra Por las desusadas sendas de aqueste valle, a quien dio el miedo nombre de infierno, sin rumbo, ni guía voy, conducido de un oculto deseo, sin elección. Nadie dicen que se atreve a pisar el mudo horror de estos campos, y si bien lo repara mi atención, no hallo en él cosa que pueda ser origen del temor. Con más alentadas luces parece que brilla el Sol; no hay flor, por tosca que se que no parezca más flor. En las aves, armonía es, y no ruido la voz; la luz, sin miedos de ocaso, cámpea su resplandor. Pero que noble instrumento el viento hiere veloz? Norte armonioso, que en esta oculta región me conduces, ya te sigo la dulzura, y el rumor. Llegad, felices, llegad; venid, dichosos, venid, sacaréis a luz el Aurora, Precursores del Albafeliz, venid dichosos, venid. S. Pero Ramiro! . . Don Sancho! No habéis oído el rumor, que del desierto del aire es suave población? Si señor, por señas, que su armonioso primor es por dulce, y por el sitio, dos veces admiración. Sin duda, que los villanos son de esta mañana . . No, que para villanos, es muy noble la aclamación. Sea lo que fuere, vamos, que cerca de aquí sonó. Vamos, pues. Socorro, cielos, que me despeño, . . Hay amor! la voz es de Serafina. Qué os suspende? . Aquesta voz. Nada oí. . . Yo sí, que tengo más cerca la inclinación. De nuestro disinio solo el rumbo seguiré yo. Ataja el espín, que huye, venciendo el viento veloz Este es Audres, en el monte sin duda algún lance echó: esta inclinación me vence contra estotra inclinación. Qué cerca, ay de mí! estuvieron de hallar la Imagen, mas yo estorbaré, que aquí lleguen con cuanto pueda mi horror. Ya se confunde Ramito de no hallar quien le llamó, y ya a Serafina busca mas de piedad, que de amor. No la hallara, que ella viene vencida de su pasión, buscando a Andres con las otras labradoras: ah dolor! que el Cielo los tray a ser testigos de mi aflición, mas yo haré a pesar del Cielo, que no lo sean por hoy. Espíritus, que habitáis la más horrible mansión, con relampagos, y truenos poblad el día de horror. Escupa el viento granizo, mánchese de niebla el Sol, contra haced la negra noche con falso, y negro vapor. Socorro, piadosos cielos. Clemencia, inmenso señor, que lleva a saco las mieses este impensado turbión. Los campos agosta el agua, amparadnos, Santo Dios. Qué diera yo ahora por ser el villano en su rincón? Los pobres me han de comer; porque hecho una sopa voy. Mendo va hecho un palomino, Lo que miras por él. Yo? . Si Lucia. Es caridad. Más parece tentación. Ya que perecen los campos, guardad los hombres, Señor. . Desapoderado el bruto, válgame el Cielo! me echó de la silla, y por el monte corre hipogrifo veloz. Noble Andaluz, qué te asusta? que con desusado horror, qme arrojas, y por los riscos vuelas negra exhalación? Defensa estos sances sean del día, y de su rigor. Lo tejido de este sauce me sirva de pabellón. Pese a mis vanas astucias, pues ya de todos triunfo el Cielo, y de tanta luz huyendo, y rabiando voy. . Pero qué nuevo reflejo. Mas que extraño resplando? Vuelve a clárear el día! Vuelve a amanecer el Sol! Del sance nacen las luces. Rara, y grande admiración! No ves, Ramito, una Imagen, de quien nace el esplendor: Ya lo admiro; de la Virgen es hermosa imitación. Blanca Aurora, cuya luz tanta sombra deesterró Estrella, que de esta vida eres el norte mejor. Llegad felices,. Causa de mi regocijo, nuestras afliciones raras, desde un árbol las amparas, a imitación de tu Hijo: Todo nuestro bien colijo de ver que tu luz exceda la tempestad, y que pueda tanta sombra serenar; quien desde hoy se ha de llamar la Virgen de la Salceda. Llamar este triste suelo valle del insierno oí, mas ya, Señora, ponti, se mudará en el del Cielo: Dichoso fue el desconsuelo, pues hizo que nos suceda el bien de que hallaros pueda quien no os mereció buscar, y ya merece adorar la Virgen de la Salceda. . Aquí se vieron las luces. La armonía aquí se oyó. Dichosos Héroes, qué es esto? Que ha de ser, Pedro, qué Dios nos da en tan pequeña imagen grandeza muy superior. Esta Imagen, Cielo Santo, no es también la que viyo? Todos la adorad rendidos. Felice el día de hoy. Cipres. . Palma. oliva . Fuente. Cerrado Huerto de Dios. De Jericó Rosa bella. Alta Escala de lacob. Claro Lucero del día. Aurora del mejor Sol. Virgen pura, cuya pranta al diabro despachurró. ̱ . En este sitio una hermita, a honra, y veneración de esta Imagen se haga luego, y tengo esperanza en Dios, que la he de ver de Castilla el Santuario mayor. Avisad a los contornos, que vengan en procesión, y la lleven donde esté en deposito. . . Los dos haremos luego la hermita. Todos con nuestro sudor ayudaremos a hacerla. Feliz bien. . Grande favor. Qué ventura! . Qué contento! Qué dicha! d. . qué admiración! Yo ofrezco ser hermitaño, y ser un santo varón. Tu hermitaño? . Si Lucia, que al fin tengo por mejor, que ser sierno tuyo allá, ser aquí sierno de Dios.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Sea el hermano Repollo bien venido a Peñalver. Lo que me holgara de ver a este pícaro en el tollo. Qué dice? . qué Dios le aumente la salud. Como le va en la hermita? . Por allá se pasa famosamente: Que le regalan escucho. Ve que como muno, pues tengo un gran trabajo. . Y es? Ser yo solo, y haber mucho: tanto la limosna crece para la Virgen bendita. Y qué bebe allá en la hermita? Hermano lo que se ofrece. No hay día, Dios sea loado, que no haga la Virgen pura un milagro, y de su cura, yo soy el beneficiado. Toda la comarca inquieta lleva de noche, y de día las limosnas aporfía. Qué porfía tan discreta! Ya el hermano aura sabido lo que acá ay de nuevo. . Pues: ya sé, que mi amo Andres de Seráfina es marido. Lo que hará cuando lo sepa su padre, que ausente está. Yo apuesto que no le da un olivo, ni una cepa. Aunque es pobre Serafina, es peregrina en despejo. Para las conchas del viejo es buena la peregrina. Mas lo que lo aura sentido don Ramito? . Tal no crea, que antes sé yo, que desea dar su afición al olvido. Quien más lo hasentido es Juana: Dicen, que a la muerte ha estado? Sí, pero ya ha mejorado. Mal de amor presto se sana. Ninguna, aunque adore fiel, he visto morir de amor, y solo la que al Dotor quiere se muere por él. Y no me dirá, aque viene a esta casa en conclusión: Es tanta la devoción que el Señor don Sancho tiene a la Virgen que después de haber labrado la hermita, que en arte, y primor imita la de mayor interés, cuantos milagros ha oído de la Virgen, por mil modos, en un libro los va todos escribiendo, y yo he venido a decirle los que ha obrado estos días. . Ya saldrá, que camo trae obra, está estos días ocupado. Viendo la obra le dejé en el jardín, y escribiendo los milagros que va haciendo, la Virgen. . Yo esperaré, Hay algún inilagro nuevo? Milagro fuera el no habelle. Deseando estoy saberle. Todos decirse los debo. Un albañil, con granyerro, en la hermita no quería trabajar, y todo el día se andaba a la flor del verro, tras juegos, y mujercillas, era holgazan, desalmado; cayó antiyer de un tejado, y se quebró las costillas. A la Virgen se ofreció, arrepentido, y prudente, y la Virgen, derepente alma, y cuerpo le sanó. Y de tal suerte fábrica, que al más devoto aventaja, y ya en la hermita trabaja con un modo que edifica. Qué notable marauilla! diga otro. . Es nunca acabar, Mas por breve he de contar otro en una redondilla. Un tuerto ayer, contrahecho, vista a la Virgen pidió, y luego que le sanó se fue a su casa derecho. A una niña. Que ruido se escucha? . Válgame el Cielo! 2. Socorro Virgen. . Al Suelo toda la obra ha venido, y ha dado, fuerte rigor! junto a donSancho. . Corramos, y su vida defendamos. Aquí está señor? . Señor? Qué os pasma? qué os maravillas Verte vivo. . . Pues por qué? No he de creer que no esté hacia dentro hecho tortilla. Qué decís? qué ha sucedido? Toda la obra, señor, sobre ti ha dado. . . Qué error tan notable? . Estas herido? Mira las piedras envueltas. entre vigas, y tablones. Si señor, y los peones han dado muy lindas vueltas. Que veo! tenéis razón quien duda que el bien suceda, por tener en la salceda puesta la imaginación? Por eso tu vida medra. De incrédulo me motojo: muchísimo es, siendo viejo, escaparse de la piedra. Ha hecho a alguién mal? Qué portento! a ninguno le ha hecho daño: milagro, milagro. . Sa. Extraño caso. Brinco de contento. Qué bien, María, pagáis todo lo que recibís, por un honor que adquirís, hoy una vida me dais. Recopilando la suma de vuestros milagros veo, que ocupáis en nuevo empleo las tareas de mi pluma. Vida me dais, de fendida del riesgo, Madre de Dios, pero cuando no sois vos origen de nuestra vidas Decidme, porque lo advierta falta algo para acabar en la hermita? . Solo echar dos tapias más a la guerta; que en achaque de que son reliquias, la gente astuta tiene con la santa fruta grandísima devoción. Habiendo, señor, sabido tu peligro, mal pudiera mi obligación excusarse de vepir a tu presencia. A Dios le demos las gracias, y a la luz de la Salceda, que donde asiste María. no hay peligro que lo sea. Venid, si gustáis, conmigo hacia la hermita. . Quisiera antes hablaros a solas, señor, si me dais licencia. Qué triste que viene Andres! Idos los dos allá fuera. Malos años, y que caiao está mi amo; ojo alerta, novios, que el arrepentirse nadie por gracia lo cuenta. Ya estamos solos hablando, nadie hay que escucharnos pueda. O quien formar de suspiros todas las voces pudiera! Señor don Saucho de Bargas, cuya sangre, cuyas prendas os dotaron a porfía fortuna, y naturaleza; pues contrariamente unidas, y amigablemente opuestas, naturaleza, y fortuna os dan mérito, y nobleza. No ignoráis, que ha quince días, que con Seráfina bella. me desposé, de mi padre logrando cauto la ofensa, por excusara sus canas aquellas precisas quejas, que había de dar, deseoso de mi mayor convenencia, si me casara con Juana mi prima, como si fuera posible comprar un alma con el caudal de una hacienda. Seis años, señor, había deseando nuestras penas de los delitos de amor hallar sagrado en la Iglesia. Seis años, y ved señor, que esto mi verdad os cuenta, que a contarlos mideseo, siglos las horas hiciera. Deciros, que en Serafina hallé igual correspondencia, será excusado, sabiendo, que por acá en las Aldeas, los villanos, no queremos mas de hasta que nos desprecian; que amar, y no ser amado para los nobles se queda; y que elas (aquí, señor, que nadie nos oye) es tema servir, y no ser queridos, y aunque de finos se precian, disimulan la porfía con máscara de firmeza. De verdad tan asentada la más verdadera prueba será el señor don Ramiro, vuestro sobrino. . . Oye, espera. En el lugar mi sobrino don Ramiro galantea? Hh señor! por esa duda cuanto mi dolor te diera. Y puedes decirme a quien es quien pretende? . O, si hubiera, cielos, un hablar callando, para decir una afrenta! Si, señor, que para eso solícito tu prudencia. Mi esposa, señor, mi esposa es centro de sus finezas. De oír (ay Dios!) que mi sangre indignamente proceda, del rostro se me retira, señal de que se avergüenza. Cuando era solo mi dama disimulé, que al fin era aquella ofensa del gusto, y ya es del honor ofensa. Anoche, ya recogidos estabamos, con aquellas caricias dos veces dichas, por agradables, y honestas. Y a poco rato, señor, dio en mi ventana una piedra, a cuyo golpe, asustada Seráfina, me despierta. Una música en la calle escuche (ay de mí!) y tan cerca, que congetpré las voces en el umbral de mi puerta. Callé un rato, por si acalo los zagales de la Aldea me hacian esta lisonja; que no es lisonja pequeña, a quien tiene honor a riesgo obligarle a que no duerma. Mas presto los instrumentos, con primores, y destrezas, esta sospecha quitaron, y dieron mayor sospecha. Llegó a tanto el desahogo, que oí decir a la voz misma de Ramiro: Serafina, mi amor te llama, despierta. Y ya de tanta osadía irritada mi paciencia, el lecho dejo, y osado a tomar una escopeta, abrazose Serafina, cariñosamente necia, de mí, con que al ruido huyeron los que estabana la puerta. Porque por presto que quise salir, ya daban la vuelta a la calle, con que no logré más de oír mi ofensa en la vecindad, que al ruido habís salido atenta. Bien conozco yo, señor, que ignora vuestra prudencia este peligro en mi honra, puesto que no lo remedia. Lo más que hacer he podido, a costa de mi vergüenza, y como vasallo vuestro, ya lo he hecho; agora vea vuestra atención, que remedio áplica a tanta dolencia? Quien lo llora es Serafina, que a la cama, y a la mesa llevo yo las desazones, que al más prudente le inquietan. En vuestro valor de todos está el remedio, pues ea, señor don Sancho, al remedio, que si don Ramiro intenta quitarme el honor, que es origen de mi modestia, en quedándome sin honra, obraré como sin ella. Andres, vuestras inquietudes sabe Dios cuanto me pesan, y para obrar como Juez, quisiera en estas materias no dejar ningún indicio por saber. A que horaera, cuando elluvo don Ramiro con la música a la puerta? Entre las once, y las doce sería. . . Por vida vuestra, que a esa misma hora estuvimos tratando de las Galeras de Rodas yo, y mi sobrino. Ah señor, que las orejas a todo lo que es desgracia están siempre muy abiertas! Yo le conocí tan bien; que nada a la duda deja. Finalmente los acasos. tienen variedad inmensa. Yo a la Salceda me parto a buscarle, y si hallo seña de rebeldía en su amor, creed, que a la hora misma le haré que se parta a Rodas. Pues mientras llega su ausencia, decidle, que se corrija. Vuestro amor queda a mi quenta , , s, 1. Repollo, deme a adorar la Virgen de la Salceda. 2. Aqueste bien nos conceda, hermano Repollo. . Andar. Quieren dejarme, señoras? 1. Repollo. Váyase al rollo, que no se hartan de repollo los debotos labradores! Es tanta la devoción, que con María han tomado, que en sacando este traslado, luego me dan provisión. La Virgen quiero adorar. Deme a mí la besaré. Ofrezcan primero: que no hay si llegar, y besar: Ya yo le he dado dos veces nueces en menos de un mes. Hable quedo, hermana, que es mas el ruido que las nueces. Dos docenas, bien contadas, de pastillas doy con fe. Pues yo haré a la Virgen, que se las vuelva sahumadas. 1 Y yo por mi devoción le quiero dar un cordero. Mira si tienes dinero, y redúcele a vellón. Dicen; que por ahorrar el aceite su porfía, está de noche, y de día con la lampara a matar. Jesús! yo a matar? no digas, que a mí la paz me faltó, que antes el aceite, y yo hacemos muy buenas migas. Y porque me está llamando, la hora de mi oración, queden con mi bendición. Cuando vendrá? No sé cuando; porque yo tengo que hacer prodigios esta Semana. Prodigios hace? Sí, hermana, oiga uno que hice ayer. Una vieja, con perdón, y por si alguna se queja, crase una santa vieja, que las tales ya no son. Con labios tan balbucientes las razones pronunciaba, que las palabras mascaba, sin decir nada entre dientes. De los años el exceso era; la boca en rigor, de carne de cortador, que es un bocado sin hueso. Pidiome, que la pusiera dos dientes para comer, dile un limón a morder, y al fin quedó con dentera. Que han de parar en estacas sus prodigios imagino. Pues cuando voy de camino suelo hablar con las urracas. Y aguardan a lo que dices, sin espantarse de ti las uiracas? . Eso, así aguardaran las perdices. Miren si hay en el lugar algún enfermo, y acuda. 1. Yo tengo una hermana muda, y se araña. . Es por hablar. Dos mil males detestables tiene mi hermano. Y lo infiero. Es loco, y es majadero? ese es de los incurables. Vayan, y Dios las provea, que Lucia viene aquí. Desde la puerta le vi, y porque mi ama desea verle, le envía a llamar. Quedén con Dios hermanitas, Es Dotor, que hace visitas? No ven qué voy a curar? Cuál es la buena Lucia! Oíste la música? . Sí. Yo a Ramito conocí. Pues algo ay, cuando él porfía, Papeles le he visto dar a Lucia con dinero. Con tantas letras; yo espero, que la he de ver Obispar. Qué Andrés lo oyó? No hable gordo, que Seranna ha salido. El que nace a ser marido, ruegue a Dios que le haga sordo. Decidme, piadosos cielos, por consuelo, y no disculpa, porqué es la desdicha culpa en el tribunal de celos? Que el cielo a mí me prevenga tal modo de padecer! que pueda la causa ser, y que la culpa no tenga! Dónde, cielos, habrá ido Andres, qué salió turbado? mas su prudencia he temblado, que sus iras hetemido. A mi Anures desengañad, Virgen, en tal confusión, pues tenéis mi corazón, enseñadle la verdad. Sea Dios con la señora Seráfina, y su marido. Sea, hermano, bien venido. Qué es esto? pues por qué llora? tiene hastio al casamiento? Yo, porqué? Por qué? es razón? Porque las lágrimas son señas de arrepentimiento. Mire: si con ansia, y queja la persigue este ayechucho de Ramiro, amele mucho, y verá como la deja. La limosna que prevengo da al hermano. . Eso me agrada. De aceite, trigo, y cenada cargado un pollino tengo. A la Virgen rogará por mí. . Y haré, si me alegro, que la quiera bien su suegro, que harto milagro será, Señora, a tu suegro he visto entrar en casa. . Ay de mí! cielos, que Andrés no esté aquí! Huye, señora, por Cristo, No huyas, hablale discreta: Y dónde vas tú? . A escapar, que temo que me ha de dar las coces. . Quién? La muleta. Virgen, tu amparo deseo para el trance en que me aflijo. Dónde, inobediente hijo, te hallarés pero que veo! la mujer no es esta? pues obrando mi indignación, pues está en su corazón, en él castigaré a Andrés; Obre mi enojo cabal. Señor, tal cosa no intentes, que somos dos inocentes, y es lástima hacernos mal. Necla, atrevida. María, amparadme, luz inmensa. Pero cielos, quien la ofensa. de mi pecho me delvía! Cuando iras mi pecho labra, parece que muevo en vano un peñasco en cada mano, un monte en cada palabra. Mi corazón, con razón, es mi hijo, y mi despecho, mas que me le ha vuelto el pecho del color del corazón. Qué hermosa es! ya vuelvo el susto en agrado, y regocijo: bien decía yo, mi hijo siempre tuvo lindo gusto. Voyme, que según me agrado de mirarla honesta, y bella, pienso que he de agradecerla los pesares que me ha dado haje que . A vos, María, agradezco dicha en mi mal tan extraña. Pero que hechizo me engaña, que airado no me enfurezco? Tente, señor, donde vas a herirme, cuando me aflijo? si en mi pecho está tu hijo, en él los golpes darás. No me perdones por mí, por Andrés si, que me anima; pues una concha se estima, si encierra una perla en sí, baz de la concha desdén, no de la perla perfecta. Y sobre hermosa es discreta, digo que el mozo ha hecho bien. No de la pobreza mía se ocasione tu entereza. Quitad allá; que pobreza, pue sois más bella que el día? Andres la dio su albedrío, por verla pobre, y hermosa. Y si el hiciera otra cosa, no pareciera mi hijo. Señora, él ánduvo errado en no contarme de vos tantas gracias, que por Dios, que yo os hubiera casado. En mi casa habéis de estar, conmigo habéis de vivir, cuanto hay os he de rendir, todo lo habéis de mandar, Vuestra inquietud no quifiera; señor, si Juana se enoja. Quién? mi sobrina, que coja su hacienda, y se vaya fuera. Estrella, que en la Salceda nos alumbráis clara Luna, si amparáis vos mi fortuna, habrá quien mi dicha exceda? Venid, y vuestra criada puede ir allamar a Andres; Jesús! ahora digo, que es Serafina la engañada. De tan extraña ventura el cielo las gracias lleve: aún a los suegros los mueve la fuerza de la hermosura. Hoy, por la mejoria de Juana bella. el camino florece de la Salceda. No hay consuelo para mí. Pues en día tan festivo como este, que a la Salceda de los lugares vecinos concurren los labradores, con fiestas, y regocijos, estás triste? deja aparte las memorias de tu primo, que no ha de andar de lo ingrato allado siempre lo lindo. Harto has llorado su boda, y pues has convalecido de tu enfermedad, no vuelvas sus alientos en suspiros. Si queréis que me divierta, que me dejéis os suplico todas, y os adelantéis hacia la ermita. . Tú alivio deseamos? . Cuando llegues, te tendremos prevenido un baile, a cuya armonía hagan mudanza los riscos, Bolved a la copla, . Vaya, por divertir el camino. Hoy, por la mejoria, Ya estamos solos, albricias; infeliz corazón mío, ya es tiempo de que a mis ansias den los penascos oídos. Selvas, yo soy la cágala mas infeliz, que habéis visto sembrar amorosas quejas entre adelfas, y tomillos. Andres casado, y yo viva! ha pese al enojo mío, que no ha resuelto en cenizas su aleve corazón! Riscos, cual de vosotros le dio liciones de endurecido, que átomos entre mis manos le haré, del Sol desperdicios? Yo despreciada por otra? hay iras, que buen camino, es echar por el desprecio, para llegar al castigo! pues cada vez que me acuerdo de que a Seráfina envidio, veneno es lo que pronuncio, tosigo lo que respiro. Pues por esos once globos, en cuyo diáfano libro con caracteres de estrellas el bien; y el mal está escrito, que ha de costarle la dicha de ser Andrés su marido la vida. Yo lo aseguro. Con su muerte. Yo lo afirmo. Quién eres, hombre, que al verte, el corazón a latidos se quiere salir del pecho? No te asustes, que tú alivio pretendo, y porque conozcas, que eso solo solicito, a ayudarte a la venganza vengo. . Si ese es tu motivo, y lo consigues, no hombre, algún Ángel habrás sido. Yo soy, bellísima Juana, un Astrólogo, que vivo tan dado todo a las ciencias, que de Planetas, y signos los movimientos penetro, y los acasos descifro. Tanto, que con las noticias vivo los futuros siglos. (pues no han podido mis iras borrar el nombre divino de la Salceda, en los más devotos de este prodigio vierta mi envidia el veneno.) Prosigue, pues? . Ya prosigo. Yo supe, allá en las mansiones, que perpetuamente habito, las sinrazones que Andres usaba neci contigo. Y movido de tus penas, (que solo ellas me han movido) hice empeño de vengarte. cruelmente compasivo. A cuya causa, porque siempre más destreza ha sido, si él con celos te dio muerte, herir por los mismos silos. Ya sabes, que a Serasina don Ramiro un tien; po quiso; mas ya (a pesar de mis iras, dio su dolor al olvido. Pues yo con estas noticias, en nombre de don Ramiro, de Seráfina, y Andres turbar la paz solicito. Escándalo de su calle, en anocheciendo, asisto con una música anoche de famillares, y amigos, ayudando la cizaña de celos he introducido en Andres, por castigar su necio desdén esquivo. No fue Ramito, yo fui quien la música previno, y por conseguir el fin de mi intento, traigo escrito este papel, que ha de ser logro de nuestros disignios. Tú has de hacer que llegue a manos de Andes, que yo conocido suyo soy, y no me atrevo, por no despertar indicios de mi intento (no es por eso, . sino porque trae consigo la Imagen de la Salceda, y mi horror siempre ha temido llegar donde está, a ser nube, que empañe sus rayos limpios.) Toma el papel, que en si lleva cada letra un Basilisco, que matará a Serafina, si de Andres llega a ser visto, Ea, hermosísima Juana, irrita los muertos bríos en desagravio de tantos desprecios no merecidos. Que yo auxiliaré en tu ayuda cuantos horribles ministros las atezadas alcobas encárcelan del abismo. De que sirve persuadirme tanto lo que solicito? Dame el papel, y porque veas lo que de ti fío, sin ver lo que en si contiene, se le daré, pues quien vino sin interés a ayudarme, que no me engañe es preciso. Tú lo verás en el logro de tu venganza. . Rendido mi albedrío será tuvo, si me vengas. . Tú albedrío es prenda del alma, y tú. no la darás, lo que pido es, que agradecida seas. La alma es corto beneficio, y si fuere menester, yo la mando. . Y yo la admito. 1. Ataja a la senda, al valle. Valedme, cielos divinos. Don Ramiro es, y el caballo se ha desbocado. . Ya miro, que ha de librarle María (pese a mí!) de tal peligro. Venlo aquí por lo que es bueno el caminar en borrico. El corre a hacerle pedazos en u na peña: hermanito, por aquella santa Cruz, que Ramiro trae consigo, que a favorecerle vaya. Quita, hipocrita: al disignio de nuestra venganza, Juana. Los celos llevo conmigo. Conmigo el abismo. . No son los celos poco abismo. Quién será esté? mas sin duda es paje, porque le he olido, y huele a ungüente de sarna. Ataja a la senda, al risco, Hasta la cima del monte el caballo le ha subido; ea, Repollo, a la cima: voyme quitando el vestido, para que no me embarace; dejo aquí la insignia, y sigo el caballo, que en los naipes era mi suerte en el siglo, , o A la senda, al valle, al monte. Válgame el cielo divino! 1. La Virgen de la Salceda te valga. Tu favor pido, divina Estrella; mas cielos, qué es esto? yo me he caído de aquel monte, cuya frente es de las nubes registro, pues cómo, raro portento! ni la caída he sentido, ni la sisión más pequeña me ofende? raro prodigio! Pero qué es esto? una tabla levanté del suelo mismo, y es la insignia, grande asombro! que el ermitaño consigo trae de la Virgen: Oh tabla, que en el mar de mi peligro, hasta el puerto de la vida me conduciste havio! Ya estará muerto: mas oiga, sano está diste en mullido? hombre, eres de bronce, u haces colchones de aquestos riscos: Esta tabla fue mi amparo. Luego sobre ella has caído? ello es de tabla en la Virgen hacer aquestos prodigios. Con esto habrá escarmentado el hermano don Ramiro de inquietar a Serafina. Sabe el cielo que la olvido, Y la música que anoche dio en su calle? . . Ya a mitio de ese cargo he satisfecho: y porque los que han sabido mi afición, sepan también que vencerme solicito, a Rodas he de partirme, llevando solo en mi asilo esta tabla. . Cómo qué? eso no, cuerpo de Cristo, que me costó mi dinero de pintar. . Precio más digno será mi estimación. . Cómo? no burlemos, señor mío. Divina estrella, tú el Norte has de ser de mis cansinos. Ahora bien, cojo mi ropa, y a decírselo a su tío voy, que yo sé, que él me pague el censo de lo caído. .̱ . . No admiras suerte tan buena después de tanta desdicha? Para mí la mayor dicha es entrar en casa llena. No su riqueza me agrada, ni más al gusto conviene, que el cratorio que tiene mi señor; y colocada en él la Imagen hermosa de la Salceda. Lucia, pues ya el imperio del día hurta la noche medrosa, y hay luz en el oratorio, mientras que del campo viene Andres, pues mi fama tiene el peligro tan notorio de Ramiro en la porfía, pediré a la Virgen bella me dé su favor, pues de ella aprende pureza el día: amparo a su estrella pido para que adiestre mi fe. Quién de ustedes dirá, que tengo yo a Mendo escondido? pues que está dentro confieso, y un calzado le pedí, que él anda muerto por mí, pero yo no ando por eso. Ce, Mendo? Ce. . Que hay de nuevo Lucia? . Si le has comprado, habrá de nuevo el calzado. A traerte no me atrevo los capatos, porque alabo tus pies, que en creciente van, pues los veo el cordoban, inunca los hallo el cabo. Ay Mendo! ruido he sentido allá fuera. . Más le siento yo: pienso que es Andres. Él viene, escóndete presto. . A quién habrán asaltado. (aún de imaginarlo tiemblo) tan extrañas confusiones, como las que yo padezco? Lucia, salte allá fuera. Ya te sirvo: ay pobre Mendo, cogido queda entre puertas. . Tristes ojos, apuremos esta verdad otra vez, por si en la duda hay consuelo. Un hombre que no conozco me dio este papel, diciendo, que me convenía el verle, y hallé en sus letras, ha cielos! en cada renglón un rayo, en cada rasgo un veneno. Muy ponderativo Andres un papel está leyendo: si el me coge aquí me mata, cien palos tomo y no veo. Incrédulos ojos, que no creéis lo que estáis viendo? La letra de Serafina no es esta? pues como necios puede en vosotros la duda aún más que el conocimiento? ADon Ramiro le escribe, dice así, rabio de celos! Vendréis, Señor Don Ramito, a la casa de mi suegro esta noche, el cielo os guarde; y a mí me confunda el cielo. Como el que en la oscura noche perdió del camino el tiento, y se halla al romper del día, tan cerca de si el despeño, que a no detenerse hallara en la muerte el escarmiento. Yo del penoso letargo de mi ceguedad despierto, tan cerca de la ruina, que está al primer paso el riesgo, Serásina no es mujer? pues que especial previlegio de la mudanza de todas la podrá librar? qué es esto, Infame voz, que pronuncias? no es mujer, mi hermoso dueño, que solo en el nombre puede gozarles comunes fueros. Aa confianza traidora, cuantos engaños has hecho! tú de mi honra dormida fuistes el mayor veleño. Yo pagaré mi pecado, cielo santo, yo prometo no entrar más en esta casa: ha, que de voto es el miedo! Con la ocasión de toparme este criado aquí dentro, para persuadir a Andres el mayor engaño intento. . Matar me importa la luz. El aire la luz me ha muerto. Tras las tinieblas, yo sé que vengan los golpes presto. Engaños míos ahora es buena ocasión. A Mendo. Mendo, eres tú? Cielos santos, este es Don Ramiro! quiero porque tu intento castigue, saber el fin de su intento: si, señor, yo soy, que mandas? Espera en este aposento, mientras yo salgo a inquirir si viene Andres, que ya el dueño de mi alma Serafina, resuelta a pagar la dejo el fin de mi amor, y ella la deshecha queda haciendo. en ese cuarto, que es oratorio de su suegro. Esperame, pues. Oh aleve! tu muerte verás primero, Mas, ay de mí! como a escuras está el cuarto, no le encuentro. Ya de esas dos voluntades el mejor nudo he deshecho. . Cojeré la puerta, antes que por aquí escape, viendo, que otra salida no tiene este cuarto, y mientras vuelvo con luz, cerraré esa puerta; volcán soy, que ardo entre celos. Ni yo entiendo lo que pasa, ni a mí mismo no me entiendo, pues por donde huir no busco: la puerta, a lo que sospecho, ha de estar aquí aquí está, pero está cerrada: vuelvo qu a mi escóndite, por Dios que del cuarto perdí el tiento, y no le hallo: la puerta abren doyme con los muertos Morirá el traidor, si no tomó la puerta primero. Andres es, lo dicho dicho. Su criado es este, cielos, que más claro desengaño de mi deshonra pretendo? cómplice vil de mi infamia es este, muera. . El acero ten, señor, que no es mi culpa oigna de tal desacierto. Si yo he entrado. . Calla, infame, vete de aquí, que no quiero, que en tan humilde venganza se embaracen mis alientos. No te vas? . Ya lo procuro; loco el buen Andres se ha vuelto. . Pues no pude en don Ramiro dejar mi honor satisfecho, y es la mitad Serafina de mi deshonra, qué espero? Si en él hice lo que pude, en ella haré lo que debo: consumid vuestra deshonra iras, pues que sois de fuego. Aquí su traidor amante dijo que quedaba; cielos, como puede aquesta acción ser cómplice de aquelyerro? que en flor de virtud el áspid del pecado esté encubierto! Pero qué espero? qué aguardo, que de su inconstante pecho, para la sed de mi honra, fuentes de coral no vierto? Muere, traidora. María, amparadme Andrés, mi dueño, mi bien, mi señor, mi amparo, tu matarme? pues qué es esto? No sé, no sé, de la mano se me ha caído el acero, y el corazón sepultado en pasmo, en horror, en miedo, tiende las alas, por ver si puede huir de mi pecho, cuya inquietud pavorosa es fuga, y parece aliento. Ay, Andrés! quién ha trocado en venganzas tus afectos? aquellas dulces caricias quien rencores las ha hecho; Que infame lengua en mi fama el menor dolo me ha puesto, derramando en la paz nuestra las iras de su veneno? Templa, templa el rostro airado: de cuando acá en el espejo de mi presencia no sabes componer Andrés tus ceños? Calla, infame, no pronuncies de mi envejecido pecho esas llamas, que en el polvo de tu traición se encubrieron. Pero como yo cobarde en matarte me detengo? cobraré el puñal; mas quien me hurta los movimientos? Un monte, ay de mi llevanto en cada brazo que muevo. Luz de la Salceda, a vos por segunda vida os tengo. Andres mío, que traiciones! contra ti son las que he hecho? di que mi estrella se cansa de darme el bien que en ti tengo, y no achaques a mi honor el delito, pues es cierto, que no te he ofendido; ahora pasa mi inocente pecho, vierte la sangre, que yo en tristes lágrimas vierto. No, traidora, mas venganza que matarte es la que intento: el más apartado clima he de buscar, de ti huyendo. Si yo te matara, alguno dijera, que otro respeto, y no mi nonor, me movía: sepan todos, que te dejo en el fuego de mi ausencia, porque a la fe de mi afecto has faltado; siente, ingrata, los rigores que yo siento. Ancho mar, a tus cristales mis desdichas encomiendo. Detente, mi bien. . Aparta. La vida me dejas? . Quiero, que sea padrón infame de mi desdicha, y tuyerro. Pues yo lloraré en tu ausencia la ventura que en ti pierdo: flor fue mi dicha temprana, madrugó, llevola el viento.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Diga a su ama, que yo me holgara enviarle un regalo, mas que al hambre no hay panmalo. Dios, que todo lo crió, le pague la caridad. Que su casa haya llegado a tan miserable estado! Es toda necesidad. Después que Andrés se ausentó, sin saber porqué se fue, Juana irritada porque con ella no se casó, Un pleito a toda la hacienda puso, con que sentenciado, tan pobre el viejo ha quedado, que en una humilde vivienda están él, y Serafina, comiendo de la labor. de sus manos. . Qué dolor! Juana nos dejó en la espina, luego que el pleito ganó; por dar al viejo pesares, de tan inmensos millares, ni un escudo nos dejó. Y es de pechos muy avaros hacer reparos menudos. Ay. Lucia! en los escudos se hacen siempre los reparos. Mas no haya miedo que tape la tal Juana su pecado: como se vio despreciada, se endemonió. . Ya se ve, no hay mujer celosa que no sea una endemoniada. Y que han sabido de Andrés, después que le cautivaron? Que su rescate apreciaron en tan crecido interés, que no es posible se trate: mas mi ama; ay ansias pias? trabaja noches, y días para juntar el reseate. Y a el viejo el llanto penoso le ha cegado. . Qué impiedad! digo que es comodidad el ser uno virtuoso. Yo dejé el ser hermitaño, porque vivieron aquí a fundar, y me acogí de Francisco en el rebaño. Convento hicimos la ermita de santidad tan extraña, que el primero que en España gozó la orden bendita de Francisco, es la Salceda, donde cualquier Religioso es dechado virtuoso de santidad; no hay quien pueda decir tantos, y tan varios milagros como María está obrando cada día en aquestos Santuarios. Aquí no hay más vanagloria, que rezar lo que podemos, y finalmente tenemos. aquí paz, y después gloria. Para, para. . . Sancho es. A Dios, que en la porteria se apea, hermana Lucia. Pues veámonos después. Hh de volver? . Sí, con Juana, que hoy la traen a conjurar. Si se sabe encomendar a la Virgen, doyla sana. Avisad al Guardían, si en alguna ocupación de su santa obligación los Religiosos no están, que le espero. . Bien venido el señor don Sancho sea. Qué hay hermano? . En la tarea de la porteria asido me halláis. . Portero le hanhecho? no es ese oficio el peor. Con la cocina, señor, me hallaba yo satisfecho. Por la cocina, de codo daré yo el ser Pronincial, que siempre es más general aquel que gusta de todo. Arnonia es más sancilla, aunque de menos bámbolla, los herbores de la olla, que él son de la campanilla. Todo se puede llevar en estancia tan debota. La cabeza me traen rota a puro cencerrear. Y Ramiro? . . De una fiera tormenta libre se vio, dentro del mar, por María; mas que mucho, si porguía tan fijo Norte llevó? Ya el Padre Guardían sale. Perdonad, señor don Sancho la tardanza. . S. Quien con Dios estaría allá ocupado bastante disculpa tiene de haberse tardado tanto. . Oh cuanta envidia me causa vuestra Reverencia, cuando me acuerdo, que a todas horas puede los grandes nllagros adorar de aquesta Imagen! No habrá quien pueda contarlos. Qué nuevas habéis tenido de don Ramiro? . . Aguardando le estoy por horas. Señor, no me ha sufrido este rato de esparar a mí señor, para besar vuestra mano. Mendo, llegó mi sobrino? Sí, señor, ahora rezando le dejé en la Iglesia. Viene bueno? Viene bueno y malo; malo, porque viene triste, y bueno, porque está sano. Triste viene? . Sí, señor. Desde el pasado naufragio, de que nos libró la Virgen, en melancólico ha dado. Todo es ir a las Iglesias, no se le cae de la mano el Rosario en todo el día. Ni a mí, porque no le traigo. Laeguemos a recibirle. Tío, y señor, vuestros brazos me dad. . . No habrá para mí, sobrino, mayor descanso. ̱. Seáis, señor don Ramiro, a esta casa bien llegado. Nuestro Padre Guardian nos honra a todos. . Hay santo sayal, si yo mereciera Con seis galeras, al caer del día, lograr tus adornos bastos! Ruego a Dios, Padre, que sea para eruiros. . . Contadnos, por vuestra vida, Ramiro, el prodigioso milagro, que me escribistes. A todos. nos haréis el agasajo. Buena ocasión se ha ofrecido para el intento que traigo. salí de Rodas General nombrado, en busca de Mahomad, cuya osadía el paraje tenía amedrentado: Delgran Bautista la Caballeria alegre surca el paramo salado, con esperanzas nobles, y Cristianas de anochecer las Lunas Otomanas. Ya el mar adentro; sorda una marera tormentanos anuncia en lo que crece, el cielo se entapiza, el mar se inquieta, con ráfagas el aire se embravece, rasga el lino encerado, y le sujeta, las velas, como el día se oscurece, pudieron encenderse de una en una en las trémulas lumbre de la Luna. En vano la presteza del Piloto hace guiar la proa a la marina, cuando el timón, desencajado, y roto, nos amaga cercana la ruina: Al cielo clama el triste, que deboto, sin humana esperanza, determina, en vez de buscar tierra su desvelo, hallar el puerto en la piedad del cielo. Yo en tanta confusión, en pena tanta, sin que un alibio el cielo me conceda, en mi ayuda invoqué la Estrella santa, gloria del mundo, honor de la Salceda: Y no bien a su Imagen Sacrosanta por nosotros la pido que interceda cuando al instante vio toda la gente en mar, y cielo calma de repente. Sersobrenatural esta bonanza, afirmaron Soldados, y Pilotos, aclamando por fin de su esperanza a María, con ánimos debotos. A la Salceda dieron la alabanza, sacrificios haciendo; haciendo votos; mas que mucho se oponga en tal desgracia contra un mar de desdicha un mar de gracia? Yo, que dos veces tengo recibida la vida de esta Imagen Soberana, en su Convento prometí mi vida Religioso acabar, con fe Cristiana; y a ti. Padre, a tus pies es bien que pida ese humilde sayal, adonde gana la luz mi desengaño, él me conceda esclavo humilde ser de la Salceda. A vuestro celo divino, que yo os dé el logro es muy justo. En mí no quepo de gusto, dadme los brazos, sobrino, que de tu gran discreción no esperaba yo otro empleo. Lograd, señor, mi deseo luego con la ejecución. Excusemos cancadillas del Demonio, entre en la danza, no sea que haga mudanza, si le tocan por patillas. Yo os prometo esa alegría. Dejadme, villanos, que con solo un suspiro haré apagar la luz del día. Qué es esto? . Una labradora, que han traído a conjurar. El hermano puede estar con ella, mientras que hora a la Virgen el señor don Ramiro. . . Virgen pura, si consigo esta ventura, no quiero dicha mayor. Envidia la devoción de don Ramiro me ha dado. . Por cierto que yo he quedado con muy linda comisión. Por ver el Diablo me quedo. Dónde me lleváis, villanos? no advertís, que con mis manos trastornar el mundo puedo? A la casa de María me traéis a padecer? Hoy saldrás de esta mujer. Cómo podrás, cuando es mía? Ella con libre albedrío Su alma me prometió, si mi enojo la cobró, no me quites lo que es mío. Este Demonio me enfada. 1. Cómo puede dar salud. conjurando sin saber? El cielo me da poder pera que obre yo en virtud, y tengo hasta hoy conjuradas mil feas en las aldeas. Para qué conjuras feas? Porque son endemoniadas. Hipócrita. . Guarda Pablo. Santo te quieres hacer? Señores, esta mujer debe de hablar con el Diablo. Mas el agua la he de echar, y aunque eche rayos, y truenos, no me dirá por lo menos, que la hago desbautizar. Quita el agua, que me incita a más ira, y más furor. Y tiene al agua temor, aunque sea agua bendita. No ves que el agua ha sentido? Pues luego el Diablo se irá. Adónde? . Adónde? ya está en un capato metido. Entrarse sin embarazos al zapato, es cosa impía. El Demonio, hermana mía, es amigo de echar lazos. Suéltenla, que ya está buena. Pues ahora me has de pagar el quererme conjurar. Aparta. . Afuera. Qué pena! a escapar estoy resuelto. Infame, toma. . No es nada. Tengan esa endemoniada, miren que anda el Diablo suelto. Cata la Cruz. . A mi ver, ya la cata, . Ha dura estrella! Por qué? . Porque está con ella, que se la quiere comer. Ya que de vuestra porfía, canalla vil, libre estoy, huyendo las luces voy de la casa de María. 2. Se fue? . Como una canilla. Pues vamos tras ella? . Sí, no se ha de escapar de mí el Demonio de Juanilla. Cansadas plantas mías, dónde lleváis este cadaber vivo? o largas horas! oh prolijos días! o tiempo para todos fugitivo! solo para mi suerte pereceas el plazo de la muerte. Hay cautivo Andres mío! quién te apartó de mis cansados ojos? Ciegos están, de verte desconfío, y para más enojos, solo, pobre, y cansado, pobre yo, y tu cautivo, hay triste estado! De tu querida esposa, la labor de sus manos me sustenta: O riqueza del mundo mentirosa! quién me dijera a mí, pena violenta! que Serasina había de ser remedio a la miseria mía? mas quien no lo dijera, mirando mi altivez, y mi locura? Oh grande providencia de la esfera! yo ultrajaba por pobre su hermosura; y porque la ultrajaba, vine a beber del agua que enturbiqua: hay continua memoria, que los bienes pasados me recuerdas. tanta riqueza, tanta vanagloria, para que me lo acuerdas? Que me dejes te pido, triste memoria de mi bien perdido. Ya está mi Serasina en el prolijo afan de su tarea; o hermosura infeliz! mujer divina, pues la mitad de su trabajo emplea, hay consuelo penoso! en juntar el rescate de su esposo. Sin duda no me ha visto, pues ya no se levanta a recibirme; desde este umbral asisto a escuchar su dolor, aunque afligirme. pueda más su lamento, como quejas de un buen entendimiento: Hasta cuando, fortuna, de tu rueda enemiga se han de fijar los ejes con el clavo infeliz de mis desdichas? Para todos voltaria, para mi solo fija; quien sino yo pudiera hallar en tu firmeza tu malicia? A mi esposo aprisionan cadenas Berberiscas, y yo, por imitarle, cautiva soy de tristes fantasías. Ay cielos! quién pudiera llegar hasta la orilla del mar, que de un suspiro yo enjugara sus ondas cristalinas? ̱. Los sollozos me dicen, que llora Serafina; yo llego; ay del que a otro le da consuelos de su pena misma! Hija. . Señor. Qué haces? Como todos los días, allá con tus memorias estarás tristemente entretenida. Sabe, señor, el cielo, que de las penas mías no es la menor el verte en miseria a tu sangre tan indigna. Vuelve, vuelve asentarte. Tú en esta humilde silla. acomodarte puedes. Solo tu discreción es quien me alivia. Hija, hay alguien que nos oiga? No, señor, porque Lucia ocupada está alla dentro. Pues óyeme por ti vida. Bien sabes tú, claro está, que eres muy discreta hija, que los bienes, y los males los da Dios, y las desdichas son dadiva de su mano, y de su sabiduria: A muchos los da riquezas, y el infierno entre ellas mismas; mira mi sobrina Juana, pues dicen que poseida de espíritus infernales está dime, por ser rica se librará de las penas, si las tiene merecidas? Y al contrario: los trabajos son del alma medicina, si con discreción se sufren, de los pecados nos libran. Las venturas del ser pobre pocos las cuentan por dichas, pues en verdad, que del cielo viene el rayo, y que sus iras no tienen sed de cabañas, sino de torres altivas. Todo esto te he referido, porque al entrar, por tu vida, me pareció que llorabas: no el estar pobre te aflija, que muchas veces pedimos a Dios cosas tan indignas, que aquello que nos concede, es con lo que nos castiga. Señor cuando yo llorara el ser pobre, bien decías, mas no es sino que mi esposo este llanto me origina. Considerarle cautivo en las amargas fatigas del bárbaro Sarraceno era lo que me asigia. Y ver, que sin esperanza nuestras aflicciones vivan, pues nos hallamos tan pobres para el rescate: ah enemiga fortuna! que aún el sustento ordinario muchos días nos ha llegado a faltar: dulce dueño de mi vida, hay Andres! quién te dijera, que estar sujetos habían tu padre, y tu amada esposa al afán de una almohadilla? Calla, calla, no enternezcas mas mi pecho, calla hija, que el corazón a pedazos le vierto por las mejillas. Luz de la Salceda, a vos se encomiendan mis desdihas, dadme a mi Andres, Virgen Santa Divina Aurora María, pues por vos la vida tengo, dadme en mi Andrés nueva vida. Clemencia, Luz Soberana. Piedad, Aurora Divina. Y pues veis mi tormento, Y pues mi llanto miras. Halle este llanto en vuestra gra- cia orilla. Ser válgame el cielo! del aire las colunas movedizas se desploman; cielo santo! que asombro! Qué maravilla. De qué profundol etargo, aunque alegre, mis fatigas despiertan? soñando estaba, que la Virgen me traía a mi casa: mas que miro! no es esta mi casa misma? Qué es esto, mi Dios! jurara, que la voz de Andres oía. Dices bien, que este es mi esposo. Raro portento! Gran dicha. (de María. Favoreció mi llanto la piedad Padre, y señor? . Hijo amado? abraza, abrázame aprisa, porque mis brazos te gocen, ya que me falta la vista. Estás ciego? triste pena! Querido Andres. . Serafina, esposa; pero que digo, dónde estáis honradas iras? la novedad no os divierta lo que el honor os avisa. Andrés, qué prodigio es este? La voz turbada, y remisa no se atreve a declararlo, como al fin ventura mía. Yo ahora estaba trabajando, en una estancia florida del bárbaro dueño mío, pirata de Berberia, dando a las manos la hazada, y dando el llanto a la vista, para fecundar la tierra, que a costa de mi fatiga para descuidar al cielo, cuanto callaba llovia: las memorias de mi patria, mas que otras veces activas, de suerte me acometieron, que para templar sus iras de imaginaciones tristes, amparo pedia María. Recé el Rosario, y rendime del cansancio a la fatiga, y soñé que arrebatado, de una mano sin ser vista, rompí del diáfano viento las regiones cristalinas. Y al ir surcando los aires, vi, que con luces divinas, la Imagen de la Salceda me iba sirviendo de guía, A tu vista llego, adonde echando menos tu vista, echo de ver que no vienen colmadas nunca las dichas Estes tu libre, que en mí ya está demás aún la vida. Pues por qué, querido esposo, el ceño contra mi irritas? no a la ventura de verte le des tan tristes albricias; merezca yo de tus ojos. Calla, calla no prosigas, que está mi razón temiendo la sinrazón con que hechizas. Pues cuando la libertad al ruego de Serafina debes, así menosprecias a sus honestas caricias? Sin duda ignora mi padre la ocasión de mi desdicha, pues ea, honor, no le demos de mis agravios noticias. Señor atención devota es mi desdén, pues el día que debo a la Virgen tantas venturas no merecidas, no ir a darle gracias luego, fuera una atención muy tibia. Y así al punto a la Salceda me parto dulce María, dadme vos el desengaño de mi deshonra; o mi dicha. Has reparado muy bien; vamos con él, vamos, hija. Ay, señor, que mal entiendes su desdén! Virgen María, dos vidas me has dado, dadme el honor que es mejor vida. Libre ya Andrés, ay de mí! por María, que denuedo! mas que importa, si yo puedo aumentar el frenesí de sus celos? pues aquí le trae su tristeza haré, que más enojos le dé el fingir lo que imagino. Abrame el viento camino. Dónde, recelos, huiré de vuestro necio consejo? dejadme que me queréis sospechas? pero diréis, que yo soy el que no os dejo. Montes en cuyo reflejo repetir mi amor solia la venturosa alegría de amarme mi esposa bella: Decid como pudo en ella caber tal alevosía? Alviento preguntar quiero. Al tengo yo mi esperanza. Pues cosa que es de mudanza que él la sabrá bien infiero. Dime, peñasco grosero, de mi esposa en la beldad caber pudo la maldad en que mi rigor ocupo? Cupo. . Hasta el eco lo supo. pues me dice la verdad. La sentencia rigurosa al viento consultaré: Eco, responde, osaré matar a mi esposa? Osa. . Muera suvida alevosa: Mas hay amor! qué es en vano; qué es esto, cielo inhumano? porque en mi satisfacción me írritas el corazón, y me desarmas la mano? Contra ti, fiero enemigo de Andrés, de quien guarda soy, el cielo me envía hoy, por su abono, y tu castigo. Contra tu auxililio le obligo a la venganza. . No harás. Corazón mío, que estás siendo juez de aquesta culpa, por si topas la disculpa, pregunta, pregunta más. Eco, que hablas en mi daño, fue engaño el imaginar, que me podía agraviar su olvido, y su desengaño? Engaño. Prodigio extraño! mal testigo es este cielos, no le creamos desvelos, que mal la verdad se esconde, cuando un engaño responde, examinando unos celos. Eco, reprte veloz ventura tan peregrina, dime, es falsa Serafina? . Fina. Lisonjera voz, vuélvase mi enojo atroz de mi esposa en alabanza, pues hizo el eco mudanza; que propio es al esperar un desdichado, fundar en el viento su esperanza. Mira que en vano se emplea tu auxilio, pues no te cree. Yo, traidor, le inspiraré auxilios con que me crea. Andres, si tu amor desea de tu ventura; o tu daño encontrar el desengaño, ve a la Salceda, que allá tu luz María será. Cielos mi ventura extraño, el eco no habló en el viento? María, por tu virtud, quítame la esclavitud de mi vano pensamiento. Tú, infernal Dragón, que atento a no decir la verdad penetras la inmensidad del aire, yo te guiaré. A qué me llevas? . A que se conozca tu maldad. , s. Voces en el viento escucho, que será, ay de mi! parece, que mi desdicha a mi estrella algún cuidado le debe, porque mis sucesos son, para acasos muy vhementes, mas sea, o no sea engaño, lo que la voz me previene, de que en la Salceda tengo de hallar mi vida, o mi muerte: he de examinar: mas, cielos por este camino viene Don Rámiro, hasta apurar este encanto he de volverme, que presto haré, que mis iras hallen descanso en su muerte. Mas que veo! Serafina aquí llega: ya previene mi discurso la razón de decir la voz, que en este sitio hallaré el desengaño, y porque no puedan verme los dos, detrás de este espino me escondo, en tanto que lleguen. Logreme el cielo el intento que lleva mi afecto. . Deme el cielo para mi esposo luz con que satisfacerle. Mas no es esta Serafinas Más Don Ramiro no es este? Hh justos intentos, como el cielo los favorece! Cielo, cuando la luz pido, porque la sombra me ofreces? De las palabras de entrambos está mi vida pendiente. Yo iba, hermosa Seráfina, en tu busca, Qué me quieres? para escurecer mi honor has de ser mi sombra siempre? Oye, espera, no presumas, que es el buscarte por verte. Qué es lo que intentas? Sabraslo, si un breve rato me atiendes. Ya sabrás, que yo he llegado hoy de Rodas, pero vienen ya mis cuidados tan otros, que a ser Religioso en este Convento, que de Francisco el primer nombre merece, me trae mi dicha, y mi tío ya el habito me previene, que hoy tengo de recibir. Esto es por satisfacerte, que ya del pasado incendio no hay la pavesa más leve. Yo he sabido, que tu esposo está cautivo, y padeces de la vilnecesidad los infortunios crueles. Y me ha lastimado tanto la desdicha de tu suerte, no como amante, sino como a Cristiano, que en este pequeño cofre te ofrezco el oro, y joyas, que pueden, para rescatar tuesposo, ser cantidad suficiente. Toma las joyas, y aDios, que mi recato no quiere, que quien me vea contigo, luzgue temerariamente, que en lo oculto de mi pecho vive mi pasión rebelde. De tan neutrales palabras nada mis dudas infieren. Según es de necia, estoy temblando que las desprecie. Aunque son vuestros intentos tan justamente corteses, para no admitir las joyas vuestras, dos causas me mueven. La primera es, que mi esposo está ya libre, y no pueden lograrse para este fin. La segunda es, que no quiere el escrúpulo mi honor de ser vos quien me remedie. No paga quien no se obliga; la que recibe agradece: Vos hallasteis siempre en mí iras, ceños, y desdenes, y no quiero que ahora juzguen, al ver que me favorece vuestra mano generosa, que el oro pudo vencerme, a no ser la que antes era; que un necesitado siempre está muy pronto a que de él cualquier vileza se piense. Para qué me irritáis, canalla infame? Ya fueran aquestas voces desengaño suficiente, si de aquella noche el lance pudiera satisfacerse. Pues para que tú no tengas nada a mí que agradecerme, y logre yo el justo celo, que me mueve a socorrerte, recibelas de la tierra, y haz cuenta, sin que te acuerdes de mí, que te las hallaste; y a Dios, que tu padre viene, y no quiero que en tu agravio lo que nunca fue sospeche. Alza esas joyas, Lucia, y en su mano se las vuelve. Si es que yo se las llevare a él, a mí el Diablo me lleve. De aquí me quito, porque Seráfina no sospeche, que la he escuchado: ay amor! si Seráfina me ofende, y finge amarme, en el mundo nada es lo que parece. las manos me impedis? queréis que llame en mi ayuda el infierno en que me fundo, y trastorne las máquinas del mundo? Qué voces estás son? . Juana imagino, que la conjuran hoy, y es desatino querer sacarla el Diablo en testimonio, a quien tiene en sus celos más Demonio. Hacia la Iglesia guían. . Ya lo miro, el Guardian, don Sancho, y don Ramiro, y tu esposo también, Repollo, y Mendo, y cantando los Frailes, van pidiendo a la Virgen clemencia para luana. Dadla salud, Aurora Soberana. Entremos en la Iglesia. Yo sospecho, que ha de decirme el Diablo cuanto he hecho. Amanezcan tus luces, Aurora Soberana, que en abismos de culpas yace perdida un alma. Callad, que las alabanzas de esa mujer prodigiosa son para darme la muerte, articuladas ponzoñas. De oír, que a María alaban el señor Diablo se enoja, cuando se ve, que a sus plantas anda siempre pie con bola. Será fin amotinado, que las esferas gloriosas. por tu soberbia perdiste, declaranos en la forma mas inteligible a todos los privilegios que gozas, para poscer a esta J mujer infeliz. Yo ahora te lo mando no en mi nombre, que soy criatura tosca, el Padre, el Hijo, y el Santo Espirituetres Personas; y un solo Dios verdadero, cuya gracia mi fe invoca, para que en su nombre diga la causa, porqué aprision esa mujer? . Calla, caro y no quieras que responda la verdad, que mi salida harás más dificultosa. Pues en nombre de María te mando. . Cierra la boca que porño escnchar su nombre responderén lo que ignoras la verdad, no por decirla: diré, si, porque conozcas, que es imposible ahuyentarme de esta mujer por ahora; pues ella misma me dijo, estando de Andres celosa, que su alma me ofrecia, si la hacia la lisonja de introducir en Andres, y Seráfina su esposa, la cizaña de los celos: y yo, tomando la forma de don Ramiro, una noche, dentro de su casa propria; también fingi con Andrés, que creyondo su deshonra, quiso dar a Serafina la muerte; si no lo estorba la deuoción que a María siempue ha tenido debota: Seráfina son; y Audres dos testigos que me abonan. Contele a Juana el suceso; y agradecida, y gustosa. me hizo una cédula, en que firma, que su alma me otorga. Esta guardo en mi poder, mira, necio, mira ahora, si fue su proprio albedrío, si fue su libertad propria, quien me hizo la manda, y tengo dos testigos que me abonan, instrumento que lo afirma; como harás que no conozca la causa de esta mujer mi venganza cabilosa? Ay Serálmal verdades son tus virtudes heroicas. Raro caso? . Luego en tanto que esa cédula se rompa, tú no puedes salir de esa infeliz mujer que logras? Claró está . Pues ea, devotos, invoquemos a la Aurora de la Salceda María, que a esta petición responda. Corredo su Altar los velos, la música armoniosa, al compás de nuestros llantos, el aire a clamores rompa. Si yo la cédula guardo en los abismos, que invocas? Clemencia, Virgen, clemencia, María, misericordia: dadnos favor. Señora, que en abismos de penas Juana cozobra. Maria, por qué me quitas prenda que mía se nombra? Alzad los ojos devotos, que ya el cielo nos arroja la cédula, que del aire diáfanas claraboyas viene rompiendo, . . Oh María. quién no te ensalza, y adora? Cielos, que yo ver no pueda maravilla tan gloriosa! pero qué es esto? mis ojos va la luz del día gozan. S. Grande asombro! Gran prodigio! Este milagro no asombra, antes clárea, mas veamos la cédula. . Letra propia es de Juana . Dragón fiero, antes que yo el papel tompa, en nombre de Dios te mando, que te reduzgas a sola una indivisible parte de esa mujer, porque ahora pida ella clemencia. . Ya te obedecen mis congojas. Di ahora, mujer, que pides al cielo! . Misericordia pido interceded, María, por el perdón que os invoca esta infeliz. Como puedes pedir, que el cielo te oiga, ingrata Juana? cran esas tus promesas? ah traidora! Mira, espíritu rebelde, como la cédula rota está ya, y la obligación se disuelve; sal ahora de esa mujer, en el nombre de la Trinidad gloriosa. Venciste, María, venciste. Sepultadme, negras sombras. Fuego de Dios la humareda que deja el traidor. . Gloriosa luz de la Salceda, a vos agradezco esta lisonja, yo prometo, Virgen pura, siempre adoraros denota en un Convento, y del mundo huyendo las vanaglorias, dejo a Andres, y a Serafina el hacienda numerosa, que pues me sirvió de riesgo, excusar el riesgo importa. Estas ya desengañado? Dame los brazos, esposa. Felices los que adoramos Imagen tan milagrosa. Y dichoso el que en su casa esclavo suyo se nombra. Señores, una palabra. Porque una Comedia sola los prodigios de esta Imagen no puede contar, a otra el mesmo Autor os convida, dadle un vitor por ahora.