Texto digital de La virgen de Guadalupe
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco Antonio de Bances Candamo
- Atribución estilometría
- Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo I (1722).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La virgen de Guadalupe. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/virgen-de-guadalupe-la.

LA VIRGEN DE GUADALUPE
JORNADA PRIMERA
Venga en horabuena el Sol de Castilla de e Era stos altos Montes a dorar las Cimas, cántenle nuestras voces festivas. La píguela al Alcón se desenlace áncora, en cuyo serro surto yace ese cosario alado, que impaciente de sí mismo será vagel viviente; pues con presteza suma, tendiendo velas de ligera plupa, alevoso, y sangriento matizado Pirata surca el viento. Haced alto a la falda de este verde gigante de esmeralda, pues vano, y arrogante tocas las nubes son de su turbante, y contra el Cielo labra murallas. Alto, y pase la palabra. Uchoó. Al Monte al llano, A la Colina. Cántenle nuestras voces festivas. A tierra, a tierra monstruo presuroso, qué ardiente, qué furioso en humo, y fuego, dando al Sol desmayos, bostezas nubes, y suspiras rayos; pues ya por su destino, Mahomad de los aires Peregrino, en rumbo tan incierto, conmigo toma en este escollo puerto, Qué horror! qué susto! Ya Mahomad valiente al conjuro obediente de tu Mágica ciencia, en que tanta experiencia tienes, que me persuado a que en la esfera a los Astros enseñas su carrera, dentro de España estás, ya te apercibo de Cristiano Español traje adoptivo, para que (si en sus ámbitos te quedas) las señas de Africano ocultar puedas. Estos bárbaros verdes orizontes de Guadalupe son los altos Montes, entre su breña, que aún el viento excede, el oculto tesoro buscar puede plido tu ciencia, que yo puesto que he co con haberte traído a su centro seguro, obediente a la fuerza del conjuro me ausento ya: Tu Vucentoro alado, que bajel de los vientos escamado, cuando nadas el aire, y el Mar vuelas, alas sin pluma te fabrican velas, vete a pique, y sepúltete en su eterno golfo ardiente de sombras el aberno, d Detente, espera, aguarda; pero a mí que me asusta, o me acobarda, si trayendo las señas de un tesoro que ocultan estas peñas, puesto que en esta Sierra concaba contextura de la tierra, en su centro dilata, por su cuerpo feroz venas de plata el espíritu impuro, obediente a la fuerza del conjuro (que en estos pactos vanos expertos somos hoy los Africanos) haciéndome a este fin desconocido, de Cristiano el Idioma, y el vestido me dejo aquí, ocultándome en España el verde corazón de esta montaña. Este gigante de intrincada greña, Tipheo es, cuya bárbara osadía el Cielo escala peña, sobre peña, con antigua, y sacrílega porfía, aquí la noche da con esperezos, melancólicos pálidos bostezos; de harrores está lleno este Desierto, en cuyo basto seno solo (porque mi intento más se apoye) un silencio se escucha, y no se oye; pues entre rudas peñas, muda la soledad ha la por señas: ni aún el ábrego aquí suspira ronco, pues siendo dedo bárbaro aquel tronco, entre las quiebras de una, y otra roca sella al silencio rústico la boca, y el cephiro en los árboles que vemos, nos dice ceceando que callemos; solo el discurso que mi pena labra, se oye que dice. Pase la palabra. Uchoó. Al Monte, al Valle a la Colina. Cántenle nuestras voces festivas, Pero que ecos inciertos pueblan la soledad de estos Desiertos, atendamos, recelos, pues repiten aquí. Valedme Cielos. La Virgen te defienda. A ella mi celo santo se encomienda, Sin que pueda la gente remediarlo, furioso precipita allí un caballo, a un Joven generoso, que en el Monte fragoso, dando a el susto, a estos árboles desmayos, es Ícaro sin Sol, Paetón sin rayón, su amparo sea la nobleza mía. Valedme en trance tal Virgen María. a quien ya por Santa confesamos, amiga veneramos pues no hay bárbara rudeza ese a voces su pureza) tro como, si la muerte, do, y fuerte lo la vida, a escondida des pimpollos la enseñada feroz de estos escollos? Quien Cielos medijera, que yo de este Cristiano me doliera, cuando por varios modos solicito beber la sangre a todos; pero en cualquiera pecho, rudo, y fiero la lástima es el ímpetu primero. Venga ufano, y sean por su Jabalina de sangre las rosas, dos veces floridas, cántenle nuestras voces festivas. Serranos de esta montaña, si una desdicha os obliga a lástimas, que al más rudo persuade una desdicha, de este Joven infeliz, que las flores más vecinas lastimosamente exmalta, infelizmente matiza, cuidad. Ay de mi infeliz! que es lo que mis ojos miran? Ay, señora, dime es él? Mis lágrimas te lo digan, Ay quién pudiera llorrar! Qué hermosura tan Divina! Este es aquel Caballero, que ronda todos los días nuesa Aldea por Teresa. Malleras, tontón, malicias? Lo que es ser galán un hombre! Y por qué? Porque a fe mía, que aún la muerte le está bien le viene como nacida. Pues por ver si estás galán, tanto como al otro pintas, deseo yo verte muerto. A mi muerto? no en mis días. Ay infeliz! Ya parece que vuelve en sí. Amor, albricias. Serranos, un Caballero, que de esas rocas altivas, sin ser corriente, ni arroyo al Valle se precipita, le habéis visto? mas qué veo! Primero, señor, mos diga cuanto mos dará de allazgo por esa alhaja perdida? Señor qué te encuentro vivo? A vuestra fortuna impía, agradezco, Caballero, que me haya dado en que os sirva; pues fueron de esta tormenta puerto mis brazos; qué ira! . La piedad os agradezco tanto (ay Señora Divina!) que para serviros solo he vuelto a cobrar la vida: Salí a caza con el Rey que viniendo de las vistas, que tuvo con el Monarca de esa cercana Provincia de Portugal, en la raya de Portugal, y Castilla; quiso ver en estos Montes, sabiendo que los habitan, por lo fértil de sus aguas tantas aves peregrinas, la voreal Majestuosa lucha de la cetrería; pero yendo al mismo tiempo por un Monte, cuya cima es frondoso pabellón a las aguas cristalinas de Guádasupe, que pasan sobre la arena mullida; que blando lecho les forma tan sordamente dormidas. Yendo por un Monte, en fin (aunque otra vez lo repita) ocupando los Monteros los puestos de la batida, dispararon una flecha, a tiempo que yo subía, y dándole a mi caballo furioso se desatina con el dolor, y perdiendo con sus córcobos la silla; precipitado caí; pero la Virgen María me libró, o Sagrado Monte, en cuyo centro publican las tradiciones, que oculta yace Sagrada Reliquia, una bella Imagen suya, que San Gregorio tenía en Roma, y a San Leandro la envió, donde entre Olivas fértiles, manso, y ameno, cuando a el Sepulcro camina, Guadalquivir se corona de los Muros de Sevilla, y al perderse esta Ciudad, los Cristianos que allí había, con lágrimas la ocultaron entre estas rocas altivas; pero dejando esto a parte, por si se ofrece en que os sirva, Sancho de Solis me llamo, mi Nobleza, y mi Familia es entre las principales en Cacerés conocida. El Cielo os guarde mil años, bien a pesar de mis iras. Ay Sancho cuanto me cuestas! que aunque el recato me obliga al disímulo, de más de lo que el alma te estima perdiera, ay Dios! el honor, si tu perdieras la vida. No cese por eso el baile, vaya de bulla, y de gira, pues a festejar al Rey venimos, danzad Benita, aunque me riña muesamo, que a buscar una Baquilla me envió que se ha perdido. Búscala, que es la bonita, la mejor de la bacada, remendada como pía. Solo eso tiene de malo; Por qué Bártolo. En tu vida, dime tonta, has visto alguna remendada que sea linda? Ay bellísima Zagala, que al mirarte tan esquiva, me añade nuevo deseo la esperanza que me quitas. Ay Teresa de mis ojos, quién habrá que se resista! si los rayos con que abrasas, son las luces con que brillas. Por qué no vas a buscarla, no veis que en ella tenta, señor su gusto? Mirad, al ver vuesas boberías me da risa, y luego rabio de ver que me ha dado risa. Necios sois, vamos de aquí: yo volveré, si se libra de su registro mi planta, y vuestras voces repitan. Venga en horabuena, . Tras ella iré, Caballero, yo os buscaré, que es precisa mi ausencia ahora. Id con Dios, que a no seguiros me obliga el ir a buscar al Rey. Qué de esta suerte te rinda una Aldeana? Ay Rodrigo, que es belleza peregrina! Dos meses ha que a mi intento este imposible rendí, aunque primero la di palabra de casamiento, mi esposa es; bien que este ardora este incendio en que me quemo lo he ocultado, porque temo. Qué? De mi Padre el rigor, que el suyo, aunque hidalgo honrado olvidada su nobleza vive con tanta pobreza en Aldea retirado, que lo ha de llevar muy mal mi Padre, que hoy, aunque sobre la nobleza, al que ven pobre le tienen por desigual. Tente, que vuelve hacia aquí sola. Y el que me libró la sigue, mas veré yo que la quiere, desde allí; porque si antes llega a vermé es fuerza que huya de mí. Pues yo también junto a ti será preciso esconderme. . Hablar a Sancho apercibo, que aún no me ha quitado cierto el susto de creerle muerto, el gusto de verle vivo. Viendo que ya se apartó de la tropa, mi fe va siguiéndola. Pero ya de este sitio se ausentó. Detente, hermosa Serrana, pues ya, sin que lo resista amante Clicie, es mi vista de tu planta soberana, tente, que aún los arroyuelos, solo por verte admirados, quisieran estar parados en la prisión de los hielos. Cielos, qué es esto que escucho? Qué hombre es este, Cielo, Santo? Cese mi bien el espanto. Con susto, y venganza lucho, huiré. Yo detener tu curso haré. Caballero, ya es término muy grosero violentar una mujer, y a no ser por el socorro, yo os hiciera arrepentir presto. Ay triste! Ya de oír sus amenazas me corro; y pues solos. Trance fuerte! Aquí llegamos a estar yo, Sancho, sabré salvar esa objeción de esta suerte. Muere alevé. Aquí Rodrigo está, y porque en este trance no se cuente mal el lance, solo sirve de testigo. Yo me ausento. En aquel llano ruido juzgo que escuché de espadas. De que doy fe, ante mi el dicho Escribano. Acudid, acudid presto, que hacia allí el ruido se escucha. Mucha es mi cólera. Mucha. mi ira, Qué es esto? Qué es esto? Señor, vuestra Majestad en estos rústicos Montes? . Si Albar Nuñez, levantad, y sepamos que disgusto es este, antes que digáis a que venís, qué aguardáis? El Rey es este, qué susto! Responded. Qué le diré? Qué mal mis designios van? Pues tan turbados están, yo, señor, lo contaré. Cayósele a mi señor Sancho de Solis aquí cierta alhaja, enviome a mí a buscarla, que primor tengo en buscar, cuanto intento encontrar con certidumbre, jamás busqué pesadumbre que no la hallase al momento: después de haberla encontrado (aquí el mentir me conviene) ese hombre llegó, que tiene gran cara de renegado, dijo que era suya, pues yo que en mi mano la tuve, sobre si es, o no es, estuve de reñir un sí es, no es, mi señor en esto vino, Isacó la espada; yo tomo qa mía, pues riño como ualquier hijo de vecino, No más, y a lo he entendido. Quién creerá que a un desdichado le esté bien el ser culpado, para no ser conocido? Fuerza es seguir su invención. Será algún ladrón. Vergante. Hacedle, Sancho, al instante poner en una prisión. Cielos, yo tan ultrajado! Si algo en tu gracia consigo, puedan mis ruegos contigo, señor a tus pies postrado, le perdones, si examino que su rumbo siempre incierto halló en estos Montes puerto, pasajero, y peregrino: y que el ignorar quien soy, y que estabáis vos aquí le disculpa. Si es así, por vos le perdono hoy. Con esto os dejo pagado el beneficio primero; idos pues. De rabia muero, yo de ladrón injuriado? pero en sacando el tesoro, a mi cólera, a mi furia, este baldón, esta injuria pagará a fe de buen Moro. . Oh cuál va? yo haré una puesta, que este lance se empeora. Vos, Albar Nuñez, ahora decid, qué venida es esta? Con las Milicias, señor, que recogí de Castilla iba marchando a Sevilla, a quien ya vuestro valor Plaza de Armas ha nombrado, para hacer allí la masa del Ejército, pues pasa a extremo tan apretado el cerco, con que los Reyes de Marruecos, y Granada la Plaza tienen sitiada de Farifa, que da leyes al mar, de quien es Corona, que ya para no perderla, es fuerza que a socorrerla acudáis vos en persona. Supe, que de Badajoz habéis vuelto, que aguardáis en Cacerés, y que vais corriendo el Monte veloz con los Alcones, que en suma, templados en prisión ciega, abortos de la Noruega, son bracanes de pluma. De esta montaña a lo hueco, hago que la gente marche, donde aún el rumor del parche está murmurando el eco, y a tus plantas he llegado. Pues en esas Tropas ya Albar Nuñez se hallará, mi Ejército reclutado, y con el de Portugal dejo asentada la liga, ya que a seguirme te obliga con gran Armada Naval: muéstrese el poder de España, y aneguemos a este fin en diluvios de carmín de Tarifa la Campaña. Vos Sancho, pues se apresura mi marcha, os podéis quedar por ahora, hasta acabar las Levas de Extremadura, y acomodándolas luego a incorporaros iréis en mi Ejército; hoy veréis mi sangre en líquido fuego arder: marchad a Sevilla, que Guadalquivir ameno dirá quien es el Onceno Don Alonso de Castilla. Viva nuestro Rey olorioso. Gracias a Dios que se aleja, señor, y en la paz te deja gozar quietud, y reposo. Tal pronuncias? cuando, en fin no fueron en mi fortuna mis arrullos en la cuna, los gorjeos del clarín? desde mi infancia arrogante sigo a Alfonso en sus Vanderas. Si entonces Infante eras, aún ahora eres Infante. Apenas se llenará el número de la gente de las Levas, cuando ardiente mi valor le seguirá. Si a llevar las Levas pruebas, buscarás de mejor gana las de amor, que tu Serrana, tiene muchísimas Levas. Vamos; pero cuanto siente que cuando la conseguí (ya te lo dije) la di palabra de casamiento. Muy bien el intento labras, y si ella pleitea en fe de tu palabra, di que no ha habido más que palabras. . Cansado llega el aliento a la breña más cerrada del Monte, a quien Guadalupen calzá coturnos de plata en busca de mi Baquilla, que hermosamente manchada de colores, me parece, que la Primavera varia se transformó en ella, puesto que con hermosura ufana, en los cuadrados de su cuerpo flores de pieles la esmaltan; que horroroso es este sitio, hasta aquí de planta humana, hunca oprimido supuesto, que de ver hombres se espanta, erizando la fragosa bárbara greña, intrincada, que apenas en temporales el viento desenmaraña; por otra parte Bártolo fue (ay infelice?) a buscarla, la Virgen de mí se duela, pues esta pobre Bacada solo es mi caudal, después, que retirado a la estancia de esa humilde Aldea vivo, pues la fortuna contraria, quitándome tantos bienes, apenas loca, y tirana me dejó de mi nobleza unas vislumbres lejanas. La maraña del Monte ya me embaraza, que tengo mal pergeño para marañas: ala ahao, Este es Bártolo. A muésamo? Quién me llama? Yo soy, que por esos cerros hoy he hechado. Al llanó baja. Ay Jesús? Qué es lo que tienes? Que he de tener, pese a mi alma: dime, habrá alguno que crea, que por aquestas Montañas el venir tan cuesta abajo, tan cuesta arriba se haga? Te has hecho mal? Ay de mí! que sobre venir a pata traigo por aquestas peñas muchos bollos a las ancas; o peñascos asesnos! Por qué asesinos los llamas? Porque sin causa ninguna por detrás, señor, me matan, mas ya la vaca se halló. Cómo? Cómo es cosa crara, puesto que está tan perdida, que está, señor, bien hallada. Oh mal hayan tus locuras. Pues mi pergeño no anda buscándola todo el día? Callaré que fui a la danza, y que por buscar solias no me acordé de las Bacas. Pues llegamos a este sitio busquémosla entre las matas, que al monte en boscajes tejen colgaduras de esmeralda. Mal haya la colgadura, que de la cumbre a la falda, cuanto tiene de caída lo tengo medido a varas, sabe que ya se fue el Rey? Pues cómo con prisa tanta? Por aquel dicho, que dice, a más Moros, más ganancia. Y mi hija? Por el Monte va con las otras Serranas, Aguárdate, que parece, si la vista no me engaña, que está echada la Baquilla en el campo, pues las manchas dicen que es ella. Ay veréis la necesidad que pasa la misma naturaleza; pues la trae tan remendada, aunque esta es la vez primera que vi pobreza con gala. Pero hay triste! que está muerta. Este es el sitio en que andan, según los Pastores cuentan, apariencias, y fantasmas, por el tesoro encantado, que en una cueva se guarda, y la habrá muerto algún duende, Ay Dios, qué haré? Desollarla para vender el pellejo. Dices bien, ya que son tantas mis culpas, que en pobre hacienda intenta Dios castigarlas. . Por las señas que aquí escritas, traigo, y a pisan mis plantas. el sitio donde el tesoro se oculta, solo me falta hallar la cueva, yo voy por esta senda a buscarla. Qué prodigio? Qué portento? A penas para quitarla la piel manchada, saqué, el cuchillo de la vaina, y en el hermoso cadáver la señal de la Cruz Santa hice, cuando en pie se puso, quedando allí señalada la Cruz. Qué milagro! mira como está ya buena, y sana, y con los dientes al Prado la verde melena rapa, yo voy a avisarlo a todos . Ahora, Virgen Soberana, que estoy solo, es bien que os de de tanto favor las gracias: en este sitio pública la voz común, que una Sacra Imagen vuestra, Señora, está (ay de mí!) sepultada, habitando en ciego limbo de la tierra les entrañas; cuando será el feliz día, que de estas Sierras el Alba amanerca? Hoy. Qué escuché? mas ya la tierra se rasga, dando luces a los ojos, que para el pecho son llamas, Rústico Pastor venturoso. de esta Sagrada Montaña, que tantas dichas posees, solo con no desearlas, gozate de ventura tan alta. Cóncaba habitación de María es esa gruta cercana, cuyo Sagrado silencio horroroso, aún no profanan, métricas del Abril consonancias, Mísera, tu Baquilla perdida halló en esta oculta estancia la muerte; pero María a la vida la restaura, ríndele a María las gracias. Tímidos los Cristianos afectos en este sitio la guardan, y hurtada Reliquia entonces a aquel incendio de España, Ángeles Celestiales la cantan, Cielos, esto es verdad? Sí. s. Qué Celestial consonancia? Ave, del mar Estrella, Madre de Dios Sagrada, Virgen siempre felice, puerta del Cielo Santa, Ciprés en el Sion, en Cadés dulce Palma, en el Libano Cedro, Torre de David alta, espejo inmaculado, pozo de vivas aguas, Aurora de Jacob, y de Júcob Escala. Salve, y tu Sacro nombre sonoros aplaudan la tierra. La tierra, Y el fuego. Y el fuego. Y el aire. Y el aire. Y el agua. Y el agua. Y en músicas metricas celebres cantan. Y en músicas métricas celebres cantan, Con flores. 1. Con flores. Con hondas. 4. Con hondas, Con plumas. 3. Con plumas, Con llamas. 2. Con llamas. Y en músicas metricas celebres cantan, la tierra, y el fuego, el aire, y el agua, con flores, con hondas, con plumas, con llamas. Qué admiración! qué portento! Gil, en Caceres declara este secreto, pues ya tendrá la Fe anticipada de la Baquilla el milagro, por quien toda esta Montaña cubrirá ganado tuyo, con que de miseria salgas, y para mostrar el sitio se tocará una Campaña, que ha más de seiscientos años, que está también sepultada; porque su Sacro nombre sonoros aplaudan. La tierra, y el fuego, el aire, y el agua, y en músicas métricas celebres cantan; T Oh Sierra de Guadalupe felice! oh gruta, que guardas de Dios el mayor tesoro! pues es su Templo, y Alcar: quiero avisar al Lugar. Pastores de la erizada Sierra, venid, que esta cueva el ooscuro centro rasga, para daros el Tesoro. Hacia aquí una voz me llama, sin duda es del encantado, que riqueza tan extraña guarda, su puesto que dice; que vengan (ventura rara!) para llevar el Tesoro, y ya más averiguada mi duda está, que esta es seña, con que me avisa la entrada de esta cueva. Dónde vas? Ay de mí! detente, aguarda, peregrino encanto, espera. No te atrevas a la Sacra estancia, que en su defensa tiene fuerza Soberana. Qué orror! Aquí fue el milagro; pero qué es esto que pasa? buenas noches caballeros. Qué es esto? qué nievlas vagas nos arrebatan el día? Aay que de un golpe bestiaza me quebrasteis las narices. No las tuvieras tan largas, Parece, que de los Polos los ejes se desencajan. Qué oscuridad tan terrible! Muchos Cocheros de maula; en el desván de las nubes corriendo de apuesta andan. Pues se malogró mi intento; qué es lo que mi furia aguarda? Ea, espíritu oprimido, al conjuro de la magia, vuelve a llevarme a Marruecos; porque en Tarifa mi rabia, con sangre Española inunde. del África las Campañas. Ya te obedezco. Jesús, que huele a unguento de farna. . Voyme de aquí; pero ay que voy tentando con la cara. Si acertaré con la senda? Jesús! que contra una zarza, aún tiempo la barba me hice, y me deshice las barbas. La densa niebla aún es más, que la espesura intrincada. Donde voy si antes tropieza el discurso que la planta? Cielos valedme, en tan grave pena, desconsuelo, y ansia, puesto que tan de repente. la tiniebla me embaraza, que apenas distinguir puede entre oscuridades tantas mi confusión, si es la vista, o la luz la que me falta.
JORNADA SEGUNDA
branse las entrañas del Aberno, de cuyo centro salga el fuego eterno. que con incendio sumo ciegue el Sol en oscuras nubes de humo; llamas se alisten contra luces bellas, encendiendo en su fuego las Estrellas. Y tú, Embrión de opuestos Elementos, que cometa escamado de los vientos, cuando la esfera escalas; corres el aire exhalación con alas, amaina, y sean al ímpetu vivlento áncoras las dos garras en el viento, en cuyo ferro amenazando estrago, surto bajel estés al golfo vago hoy de las nubes, pues la región fría ha de ser condensada galería, desde donde (sin que haya quien lo estorbe) registrare los ámbitos del Orbe. Allí de Guadalupe los Serranos la Imagen buscan con intentos vanos, pues tejer determino vagas nubes, que oculten el camino, aunque repiten a disgusto mío. Al Valle, a la Montaña, al Risco, a IRío, Aquí (pues sin haber quien lo resista puedo abreviar distancias a la vista) surca Alfonso el estrecho Gaditano, donde están las Columnas del Tebaño, pues vano intenta con naval Armada Jocorrer a Tarifa, que sitiada gime del Africano, torpe, y ciego las iras poderosas; pues se queja bramando en horrorosas bocas de bronce, que suspiran fuego: ya da fondo en la Playa, el ancla aferra, repitiendo su gente. A tierra, a tierra. Mas ya Mahomad valiente, que es General de la Africana gente, con poder numeroso, al opósito sale valeroso, para impedir al Rey que tome tierra, repitiendo. Arma, arma, guerra, guerra, Desde las nubes, pues, mirar intento, uno, y otro portento, y siendo (aunque se aumente más mi pena) todo el mundo teatro de esta scena; mi atención mirar puede lo que aún tiempo en dos partes hoy sucede, pues todos dicen al intento mío. Al Valle, a la Montaña, al Cerro, Amaina la mayor. A tierra, a tierra. A ellos, Africanos. Guerra, guerra. d Ya que decís, qué de María gloriosa es estancia esta gruta cabernosa. Ya, pues, que divididos los ligeros vasos, toman distintos surgideros, y el que al mío le toca, es la punta vecina de esta roca. Ya fuertes Africanos, que tenéis que vencer tantos Cristianos. Con suave armonía invoquemos rendidos a María. A pecho descubierto, procuremos tomar tierra en el Puerto. Tened la Armada a raya, porque no tome tierra en nuestra Playa, Ya saluda a la Aurora Soberana, pájaro de metal esta Campaña. Hacia aquí sueña. Ya nos muestra ahora, que ha de dar campañada esta Señora. Por cuanto viendo vos, que no me agrada; excusarades vuestra badajada? Veamos en que parará de unos, y otros la intención. Vámonos llegando a tierra; y aunque en su orilla feroz, aguarda el Moro formado. en uno, y otro Escuadrón dispare toda la Armada. . Aunque en vuestra oposición. dispare el infierno llamas, ninguno donde yo estoy desampare la ribera. Comience la invocación. , Salve, Reina del Cielo, Templo de Salomón, Sagrado Sol, de quien con tanta luz, aún sombra no es el Sol. Ea, Españoles valientes. . Ea, Africano, valor. En, Virgen Soberana, . dadnos vuestra luz, pues sois, rella del mar, de celeste explendor, Luna de nuestra noche, y Aurora Soberana de Jacob. Ay de mí! qué rabia! Ya, que fondo la Nave dio saltemos en el Esquise. Con incesante furor, procure la Artilleria. barrer la Playa, que yo voy al Esquise el primero. Puesto que ya el Español se llega a la orilia, pruebe de vuestro acero el rigor. Virgen, atended, que os llama tanta humilde aclamación. En Cadés alta Palma, Ciprés en el Sion, en el Libano Cedro, y Lucero fragrante en Jericó, A ellos. Fuertes Africanos, ejerced vuestro furor. Soldados, la Virgen Santa llamad en vuestro savor. Mirad, Virgen, que buscan con tanta devoción. El Lirio de los Valles, de los Campos la Flor, y la Nube, que en copos, lluvia cándida fue de Jedeón, Victoria. Ay de mí! que a tanto prodigio corrido voy! Qué prodigio! Qué portento! El Cielo manifestó la luz, que ya pasa a ser en nuestros pechos ardor. Aquí una lamina está, que de aquel que la escondió da noticia, pues sus letras antiguas, hablan sin voz. Yo a Alfonso la llevaré, pues esta noche me voy con la gente que he juntado, Y dando gracias a Dios por este suceso, al Clero avisemos. Ya el rumor la fama esparce. Pues todos a llevarla en Procesión vengan a Caceres. Qué dicha la nuestra igualó? Reza a la Virgen, Juanico, Diré una salutación, Padre, pues a coscorrones el Cura me la enseñó. Sacra Estrella del Mar de celeste explendor, Luna de nuestra noche, y Aurora Soberana de Jacob Salve, la mejor Esposa, pues vuestro amparo, y favor contra los malos maridos nos sirve de protección. Yo, Virgen Santa, os alabo, por ver que contra el rigor de la sed, mos dice el Cura que sos fuente, Pues yo no, sino porque sois la cepa, que dio el rácimo mejor. Virgen, tibio miro a Sancho, cuando es dueño de mi honor, bien sabéis vos, que palabra de casamiento me dio: casada soy, aunque vivo de doncella en opinión, volved por mí, pues vos, Virgen, casada, y doncella sois. Pues la noche llega, vamos, hasta que disponga yo con el Rey, que labre un Templo, para más veneración de la Virgen, y entre tanto repita el eco veloz. . Salve, Reina del Cielo, Templo de Salomón. , . Sagrado Sol, de quien con tanta luz, aún sombra no es él Sol. Sacra Estrella del Mar, de Celeste explendor. Luna de nuestra noche, y Aurora Soberana dejacob. En Cadés alta Palma; Ciprés en el Sion. En el Libano Cedro, y Lucero fragrante en Jericó El Lirio de los Valles, de los Campos la Flor. Y la Nube, que en copos, lluvia cándida fue de Gedeón. Ah, pese al poder del Cielo, que tanto me aflige: ha pese a cuantas brillantes luces, en el Pavellón Celeste, a las llamas de esa eterna trémula antorcha se encienden. Há pese a los Cielos, digo otra vez, y otras mil veces, que permiten que yo mismo, a mí mismo me atormente con la envidia, que áspid fiero, de tosigo es tan aleve, que con rabia venenosa, con ansias siempre crueles de ver que no muerde a otros, su mismo corazón muerde. No bastaba, no bastaba, que está Imagen reverente de María, torpe el labio la artícula, hal sí quisiese el Cielo esta vez conmigo, piadoso tiranamente, que antes que su Sacro nombre pronunciase, enmudeciese: de aquella; pero ay de mí! que el pecho alterado teme! Oh gran teatro del Mundo, que a tanto prodigio atiendes, sé testigo, sé testigo, que a pronunciar impaciente un agravio de María, ni aún el demonio se atreve, No bastaba (a decir vuelvo) que su Imagen reverente, oculta en estas Montañas, e tantos prodigios hiciese, sin que a los ojos del Mundo ahora se manifieste? Qué almas ya no ha de quitarme su benignidad clemente? Qué error habrá que no alumbre? Qué daño que no destierre? Qué devoto hay de María (ay de mí!) que se condene? Por más que sus graves culpas en el número excediesen a las Estrellas, que son de ese Pavón reluciente, ojos, que en rayos brillantes, pestañas de luces mueven? Halla Sancho, que inducido de mi astucia cautamente, quitó el honor a Teresa, bien contra lo que sucede a los hombres, ni aún después de ser suya la aborrece. Pruebe, pues, a mis favores parte del Infierno, pruebe los celos, que son rabioso infierno de los vivientes; pues que la imaginación, en vanas sospechas teje lazos tenaces, que al alma son ensortijadas sierpes. Yo le he de dar celos, yo, que es tan fiero, tan vehemente el tormento de un celoso, que no es posible que deje de ser contra los mortales el demonio quien lo ejerce. Esta es la casa de Gil de Caceres, aquí viene Sancho las más de las noches a verse (qué pena!) a verse en los brazos de su dueño, que en su ardiente pecho prende toda la Región del fuego, con eslabones de nieve. Y pues ya la negra noche el capuz funesto tiende, y hace al apagarse el día, que luzcan las lobregueces. Aquí es bien, que de mis iras el escándalo se siembre, pruebe Sancho alguna parte, alguna centella leve de estas llamas, que voraces, (den. sin que me alumbren, me encien- Ya habemos llegado a casa, no llores, qué es lo que tienes? Tengo gana de dormir, que el andar a pie me muele, y hace que más de dos libras cada parpado me pese. Pues acuéstate. Malaño para quien tal me aconseje, bueno es eso, que quería acostarme sin que cene? Pues mira, sobre la cama de hermana Teresa puedes acostarte un poco, en tanto que Señor a cenar vuelve: quieres, hijo? Sí, Benita, que me duermo lindamente. Pues ven. Mire, que en viniendo padre a cenar me despierte, que soñando que tengo hambre, no puedo dormir adrede. Si haré: bien será que ahora abierta esta puerta quede, por si acaso a despedirse de Teresa, Sancho viene. . Qué simplicidad tan ruda; pero para cuando llegue Sancho, bien es que esta puerta dé a mis cautelas albergue. Dejas bien asegurados los caballos? En la verde espesura de este Soto quedan, y hacen con sus dientes. verde picadillo, con que las lánguidas tripas pueden hacer rellenos de grama, y otras hierbas diferentes, Ahora burlas? Yo me atrevo. a apostar, que si alguien viere solas de noche en un Soto dos almaradas vivientes, que son tan sutiles, como, discursos de Ginoveses, si era, como yo, cobarde, creería que el tuyo fuese caballo en pena, y que el mío. rocín fantasma parece. Esta noche he de marchar a Tarifa, con la gente de Extremadura, y así, en tanto que se previene la marcha, a ver a Teresa, cobarde la planta vuelve, y a despedirme, ay de mí! qué terrible lance es este en amor, de despedirse de aquello que bien se quiere? Esta es la casa? Ay Rodrigo, que el alma cobarde teme ver a Teresa, llorando que de sus ojos me ausente: quien habrá que se resista, viendo en lágrimas ardientes un fuego, que se destila en una agua que se enciende? Quién podrá, Rodrigo amigo, sufrir sin enternecerse, ver al incendio del alma brotar centellas de nieve? Quién podrá sufrirlo? yo. Aguárdate, que parece que abren la puerta. Y aún juzgo, que algún vecino imprudente le dio algún golpe. Por qué? Porque de aquí puede verse, que del coscorrón, sin duda. un bulto le nace. Mientes. También es eso verdad. Aquí mi cautela empiece: . Amigó, mucho os estimo la atención de que vinieseis. a guardarme las espaldas, bien podéis mil parabienes darme, pues va de Teresa. gocé la beldad. Aceite. Qué dugo? ay infeliz de n No respondéis? De esta suerte, villano traidor, respondo. Detente, señor, detente, Pues ya logré mi intención, bien es que ahora me ausente. Aguarda villano, hay triste, que en las densas lobregueces de la noche le perdí, como los Cielos consienten, en tantas ardientes ansias, en tantas penas crueles, que apariencia el ofensor, y verdad la ofensa fuese? qué ira! qué rabia! Ay, señor, que el alma cobarde teme ver a Teresa llorando, que de sus ojos te ausentes; Burlas, necio? Quién podrá sufrir sin enternecerse, verla al incendio del alma brotar centellas de nieve? Pese a tus chanzas villano. . Pese a tus manos, que quieres, ya que no tus pesadumbres, que tus manazas me pesen. Cielos, que esta injuria sufro? una villana se atreve a ofenderme, después que hombre como yo la ofrece ser su esposo? Para cuando guardan las pardas preñeces de las nubes el aborto horrible de un rayó ardiente, que mordiéndome con llamas, vívora de fuego fuese? Para cuando, para cuando guarda la tierra el romperse en bocas voraces, que tragándome ansiosamente me hicieran (siendo preciso que con mi bulto creciese) resuelto en polvo caduco, alimento de su vientre? Aguárdame aquí Rodrigo? quien me ofende cuando cree, que es mi Esposa (ay infelice!) como mi esposa me ofende. Y así Cielo, Luna, Estrellas nocturnas, flores celestes, a todos hago testigos de mi razón, y os advierte mi razón, que es justo, que de una tirana, una aleve, una ingrata, una villana, pues traidora de esta suerto me ofendió, como mi esposa, como su esposo me vengue. Allá se entró, mucho temo que alguna locura intente. Cierto que el andar de noche tentando por las paredes, es cosa que se hizo para. los Mochuelos solamente; qué se usen de noche amantes? Qué obligado llegue a verse un hombre a venir tentando después que el diablo le tiento? De luz me sirven los dedos, y sus yemas de otra suerte, en la oscuridad pudieran a los amantes noveles, serles luces, si del modo que son yemas claras fuesen; a ver a Benita voy; mas ay Dios! Jesús mil veces. Que le obliga a esta fantasma, a que sin que yo me muestre encontrado con fantasmas, ella conmigo se encuentre? Sin duda alguna este hombre, gigante, fantasma, o duende, trae por cabeza un peñasco, pues topa tan duramente. Este me ha de poner blanda la cabeza si otras veces me da; por más que Benita me ponga duras las sienes. Rodrigo? Señor. Volvamos a Caceres brevemente. Qué has hecho? No me repliques nada, quién hacer pudiese, que los brutos con las alas de mi pensamiento vuelen: llegué al lecho que otro tiempo fue tálamo a mis placeres, donde hallé a Teresa (ay triste!) durmiendo, y fiero, y aleve dándola muerte a su vida la di la vida a su muerte. Cascaras; qué es lo que escucho Traidor, Tom. quien quiera que fueres, aguarda. Aquí sale el viejo. Detente, señor, detente. Cómo quieres reportarme si saliendo ahora a ese corredor vi de tu cuarto colérico, y impaciente salir un hombre. Ay de mí! quien duda que Sancho fuese . Di, quién era? Yo, señor, nada sé, Cielos valedme. Yo lo sé; pero no quiero al ver lo que se enfurece decirle que eran dos hombres, y dijeron que crueles habían muerto a su hija, el uno ha aquestas paredes arrimado al desimulo era gigante de requien; el otro más atufado de allá dentro sale, viene, torna, va, vuelve a salir y qué hace? tomó, y fuese. Qué oigo? Qué escucho! si es que a lástima te mueve tu sangre, acude a la rara tragedia de este inocente: sobre el lecho de Teresa durmiendo quedó, y hallele todo bañado en su sangre. Viva estatua soy de nieve. Ay de mí! qué es lo que escucho? qué violento cierzo aleve la tierna flor de tu vida marchitó tiranamente? hijo? Juanico? hijo mío? Hermano? Ay Dios! No te acerques, ingrata, que tú sin duda la culpa de todo tienes, Yo, Señor? No me respondas, calla infame, si no quieres, que venguen ya mis furores una vida con tu muerte, Ay mi Juanito. Tú lloras? Sí, que ese trabajo tienen los que quieren agradar. Cómo? Cómo cuando vieren los criados, que sus amos lloran, en buena ley deben hacer lo mismo. Y si acaso entonces están alegres? Acordarse de que sirven, tendrán porque entristecerse. Vuelva el Cielo por mi causa. Sagrada Aurora luciente de Guadalupe, Señara, pues os dignasteis de hacerme el soberano favor de que mis ojos os viesen primero a vos os encargo la vida de este inocente. Ay de mí! Señor, albricias, que en sí parece que vuelve, Hijo? Padre? Hermano? Hermana? Muchacho, mira si eres el mismo. Aquella Señora, de quien la peña rebelde a nuestros ruegos labrada, era concabo retrete, me dio la vida. Qué dicha! Feliz, aquel, que merece tanto favor de su mano: mas di, si acordarte puedes, quién te mató? No lo sé. Tú sin duda ingrata eres la causa, y así hasta tanto que todo el caso confieses, has de vivir encerrada en tu cuarto; y agradece, que este favor recibido de la Virgen, no consiente, traidora, que tanta ofensa en tu vida infeliz vengue. Cielos, qué es esto? si Sancho, cruel tirano, y aleve, matarme intentó? mas cómo puede morir un ausente? Vamos ahora a dar gracias a la Virgen. Pena fuerte! Vamos, y en fiestas, y bailes el milagro se celebre. Virgen, en tantos pesares, y ansias, como me suceden, volved por mi honor, y haced, que me dé amparo la muerte. Generosos Castellanos, a quien hoy el Orbe aclama noble asunto de la fama, y horror dé los Africanos, hoy es el día glorioso, que contra tanto poder detérmino socorrer a Tarifa victorioso, que en Cerco tan dilatado, el fiero alarbe atrevido, ya la Plaza ha reducido a tan miserable estado, que si yo no me apercibo a entrarla el socorro va, panteón de piedra será a tanto cadáver vivo. Hasta hoy no ha habido ocasión de que a las manos vengamos, aunque ha tanto que logramos nuestra desembarcación, mas ya que habiendo llegado todos hasta aquí conmigo, a vista del Enemigo, esguazamos el salado a los sedientos cristales, que lamen estas arenas, nubes de grama sus venas, lluevan sangrientos raudales. Ya va el Rey de Portugal por la Vega dilatada, contra el Moro de Granada, con su Ejército Real; y ya contra ti valiente, inundando hacia esta parte estos paramos de Marte, un Occeano de gente, tan cerca está el de Marruecos, que en unos, y otros confines, son voces de sus clarines, de nuestras trompas los ecos. . Aguardad, que en la Marina desembarca de un Navió mucha gente. Nuevas Tropas al Ejército han venido. Dame, gran señor, tus plantas. A buen tiempo, Sancho amigo, venís, traéis buena gente? Traigo un Tercio tan lucido, que dando plumas al aire en cada penacho altivo de espumas blancas de seda, se mueve un piélago rizo, a Sevilla llegué, donde sabiendo que habéis partido al África, fleté un vaso tan veloz, que a un tiempo mismo, ya en los piélagos del abré, ya en las campañas de vidrio, con alas de abeto nada, vuela con plumas de lino; pero con ser tan lucida la gente que me ha seguido, os traigo mayor socorro, en el más raro prodigio que vio hasta hoy en sus Historias el teatro de los Siglos. En la Montaña que baña Guadalupe undoso río, a quien llamó el Africano. Río Lobo, que esto quiso decir Guadalupe, aquel, cuyo curso cristalino adorna (toca de plata) la media luna de riscos, de aquel Monte, que es frondoso gigante vejetativo, se halló una Sagrada Imagen de María con su Hijo en los brazos: de todo esto, lo que saber se ha podido de una Lamina, que oculta en aquel Sagrado sitio estaba, historia de bronce con caracteres antiguos, Es, señor, que Recaredo, Rey de los Godos invicto, envío a Roma Embajadores. sobre el punto de un Concilio. Toledano a San Gregorio Pontífice; y que el benigno, cuando se volvión, les dio, en muestra de su cariño esta Imagen que tragesen a San Pandro, Arzobispo. de Sevilla, donde estuvo haciendo varios prodigios, hasta que llorando España la perdida de Rodrigo; los Cristianos la ocultaron en su verde laberinto con otros Santos, de quien hasta ahora no se ha sabido. Ea generoso Alfonso, pues en tu tiempo se ha visto, después de seiscientos años este tesoro escondido, quien duda que es para darte la victoria en un conflicto, en que está la Cristiandad puesta, al último peligro: invoquémosla, señor, y embistamos, que confío, que aunque el Enemigo trae, según la fama me ha dicho ducientos y treinta mil Infantes, cuyo excesivo. número bárbaro, tiene. los costados defendidos. de cincuenta mil caballos; y aunque tu Ejército invicto, y el de el Rey de Portugal, que a acompañarte ha venido, es de quinae mil Infantes, número en todo distinto, y de cinco mil caballos: digo otra vez que confío, que por tanta intercesión, por tu valor, por tu brío, y por tantos Castellanos de quien hoy eres caudillo, la batalla de Salado será celebre a los Siglos: A mis brazos llega Sancho, que más esa nueva estimo que si la Armada de Jerjes contigo hubieras traído; y pues con tal Protectora no hay que temer los peligros, y ya todos reverentes oy habemos recibido el Sagrado Pan, en que Dios se Consagró así mismo; vos Soberana Señora, que sabéis cuanto, aunque indignos, los Monarchas Castellenos vuestros devotos han sido, dadnos esta vez socorro contra vuestros Enemigos, Arma, arma. Qué es aquello! Que su Ejército ha movido contra nosotros, el Moro. Mal la cólera resisto; ea valientes Soldados embistamos, que hoy propicio se muestra el Cielo, y porque la Fe, Sagrada de Cristo, triunfe Santiago, y la Virgen; repetid todos con migo. Santiago, y la Virgen. Miedo tengo, si verdad te digo. Rodrigo a morir con honra este día te convido. Hágate muy buen provecho; pero esta vez, señor mío muérete sin convidados, que yo mucho te lo estimo. Muerta Teresa, qué importa morir, si muriendo vivo? mas ya cierran la batalla, qué aguarda mi ardiente brío, que no hace que en sangre alarbe el salado corra tinto? e Y qué aguardo yo Señores, supuesto que no he podido Tom ser Soldado aquí de chapa, que no lo soy de tornillo? Ea, heroicos Africanos, pues es número infinito el de nuestro Campo, a ellos, que se retiran vencidos Virgen Soberana, dadme socorro en tanto conflicto. Santiago, España. . Glorioso Apostol Santo, Sobrino, socorre a los Españoles, que te invocan afligidos. Si haré, Aurora Soberana, pues en Zaragoza hicimos alianza de defender en cualquiera gran peligro estos Reinos: ea, Señora, mueran nuestros enemigos. Ay de mi infeliz! que en vano a tantas luces resisto. Qué asombro! Qué maravilla! Qué portento! Qué prodigio! Ya vuelven desbaratados la espalda. Ya fugitivos cometas veloces corren. Vencimos, señor, vencimos. Dios venció, y su Santa Madre tantas mercedes nos hizo. Prosigamos el alcance. Y mientras dicen altivos los ecos. Victoria España. Digamos agradecidos. Dios venció, y su Santa Madre tantas mercedes nos hizo. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Viva nuestro Rey glorioso. Viva, pues con pompa extraña a esta Sagrada Montaña de la África victorioso vuelve Católico Marte a dar gracias a María, su Templo viste este día tanto bárbaro Estandarte; pues del despojo que cobra, a la Virgen con ejemplo ha labrado el Rey un Templo, para hacerle buena obra, ya con regocijo harto vulviera a ver esta Aurora Sancho de Solis, que ahora estará majando esparto: majando al trabajo fiero, será cuando la ira amanse, el primero que se canse de ser grande majadero; o rigor del hado esquivo! porque a mí no me creyó, pudiendo huir comó yo, quedó en África cautivo. El seguir a los que huyeron tan a su cargo lo toma, que Alguáciles de Mahoma los Moros me lo prendieron. El Rey le manda que abance, y su esfuerzo altivo, y fiero fue como mal Tesorero, que se perdió en el alcance. Mas de cien mil Africanos en la batalla murieron, señores; y perecieron tan solos veinte Cristianos. Hizo allí cada Español más matanza de Enemigos, que hacen cuarenta mendigos en día de mucho Sol. Contra su rigor esquivo me fingi muerto, y es cierto. que si allí no me hago muerto. los Moros me matan vivo. Fingi después mil heridas, puse en mis piernas hinchadas unas llagas, que pintadas me vienen como nacidas. Con esto, y con el capricho, que para pedir invento, y otras cosas que no cuento porque de esto hay tanto dicho; entre otros muchos pobretes de tanta miseria esclavos, soy gomia de los ochavos, tarasca de los zoquetes. Ver si aquí hay pobres intento, mas que haya Confesor que en penitencia me dé de Benita el casamiento? su honor diz que le quite, y la he de honrar, porque no? mas muerase ella, que yo luego a sus honrras iré. e Yo, qué le debo en efecto para tan grande rigor? Si ella me fio su honor, no le fie yo el secreto? Y que haya Alcalde atrevido, que habiendo el arte inventado Galeras, a un hombre honrado le condenase, a Marido? Den, por la Virgen eterna a un Soldado como yo, que una bala me llevó los ócicos de esta pierna, duélanse de mis trabajos, que con una pierna hoy ando a tiento, porque soy tartamudo de zanca os. Pienso que esta cara he visto. Mucho Bártolo me mira: así el día de la ira, nuestro Señor Jesucristo, sin atender sus absurdos la diestra mano les dé, pues ya saben todos que se han de condenar los zurdos. Rodrigo? Simple en efecto, no reconoces menguado, pues me ves tan disfrazado, que he venido de secreto. Pues como tan distraído vienes? lástima te tengo. Ese es el disfraz, que vengo en figura de tullido. Vuelves de los Africanos cojo, y manco? fiero arrojo! Mira Bártolo, el ser cojo es ya mis pies, y mis manos, más dame si te ha quedado algo, pues me veo hoy tan harto de hambre, que estoy de ayunar empalagado, A buena parte has venido, pues desde que mi amo halló la vaca, que se perdió tanto en caudal ha crecido, que porque gusto recibas son ya tantos sus ganados, que cubren Montes, y Prados, alfombras de pieles vivas, y como por sus destinos a la noticia que tienen de este Santuario vienen tantos pobres peregrinos; una casa ha fabricado junto a la Hermita Sagrada, en que a todos da ponada, y al pobre necesitado que allí llega da también, juntándose con porfía, en su casa a medio día limosna Teresa. Quién? Teresa. Sancho furioso no la mató con su acero? mas si no ha muerto no quiero hacerme yo sospechoso. Ya los pobres van viniendo, a mi ama voy a avisar, aquí puedes tu pillar también tu porción. Yo entiendo, que feliz Bartolo has sido, pues en tal casa estas hoy. Tenme lástima, que estoy en infusión de marido. 1. Pobretón nuevo ha venido, 2. Pague la patente. Quedo señores, que alegar puedo antiguedad, pues he sido, cuadre a todos, o no cuadre, el tiempo sobre, o no sobre primero que ustedes pobre desde el vientre de mi madre, y con justa causa pido, puesto que a puro balazo. me miro roto de un brazo, y valdado de un vestido. 11. Pues sus tratos se mejoren, puesto que es Soldado fiel. 2. Quién le mete en eso a él el de la potra ad honorem? 3. Que la limosna reciba ninguno puede quitarle, 22. Quién lo contradice? Calle! el ciego de perspectiva. Ya juntos están los pobres, y aquí el dinero, Pues vamos a dar la limosna, Cielos doleos algún día de tantos tormentos, como en ausencia de un ingrato dueño paso, 1. Dios se lo pague. Yo aquí a ser el último aguardo. 1. Así, señora, oye usted. parece falso este cuarto. Oye, aquí no le preguntan si son sus achaques falsos, y los pasamos sin verlos. No callaréis simplonazo? Mujer propia, no queréis, dejarme con dos mil diablos? 2. Dios la haga una Santa. 3. Amén. Tomad vos también, hermano; mas ay Dios! qué es lo que miro? Ahora me da dos mil palos, Rodrigo? Señora mía? Dime, qué es esto? Trabajos. Rodrigo, tú en este traje? qué es esto? dame un abrazo. Abrázame a mí también, que si sois también criado, no tengo yo peor cara que Benita. Malos años. Cómo vienes de esta suerte? Como aunque tarde he empezado a ser Soldado señora, pude conseguir temprano el paradero de todos, volviendo de tanto estrago tullido, que es cuanto puede conseguir hoy un Soldado. Y Sancho? Ay señora mía, ya ese hombre habrá renegado, cautivo en Gibraltar queda. Qué escucho Cielos Sagrados, cautivo Sancho? Ay de mí! que aunque me ha ofendido tanto, la lástima de sus penas, la pena de sus agravios vuelve en compasión la ira, vuelve la cólera en llanto. Ahora sales con eso? de un fementido tirano lástima tienes, señora? ha fuego de Dios en cuantos hombres ay, o quien los viera en mis ojos abrasados! Ay Benita, que es mi esposo, y he de sentir sus agravios, pues al mirar su desdicha el corazón angustiado abrasa el aire a suspiros, destila fuego en el llanto; ay infeliz Sancho mío, que mi pecho enamorado al ver tu desdicha (ay Cielos!) hace entre dulces alagos, que de lo amante me acuerde, y me olvide de lo ingrato. Advierte, que no lo entienda tu Padre, pues enojado la norbe que él se ausentó te encerró, y después no hallando indicio que contradiga tu modestia, y tu recato disimuló sus sospechas. Sabes en lo que reparo, En qué? di? En que ya no habláis de villanos. Qué menguado! pues quien en viéndose rico se acuerda de qué es villano? Teresa, qué haces aquí? Señor a dar he bajado a los pobres la limosna: suframos penas, suframos. . Oh cuanto me agrada ver, hija, tu celo inclinado a los pobres, la limosna es, si atento lo reparo, una usura a lo divino, pues por precio tan barato, como un cuarto, es evidente que todo el Cielo compramos. Y Dios misericordioso, a quien tanto hemos costado, nos da con que le compremos: demanera, que apurado, me viene a salir de balde, el Cielo, pues por él dando a dios lo que me prestó, con lo que es suyo le pago; mas quién es este hombre? Soy, señor, un pobre Soldado derretado. Ya lo vemos. Aguardad, no sois criado de Sancho de Solis? Sí. Qué se hizo vuestro amo? Quedó en Gibraitar cautivo, sin que el furor de mi mano, a tajos, y cuchilladas de los Moros rescatarlo pudiera, señor, ni aprecio, aquí en eolera me abraso, de este brazo que perdí: yo me escapé de sus garfios, después de cautivo. Cómo? Cómo no hubo Moro honrado que diese blanca por mí. Por qué? Porque al verme manco me enviaron muy noramala, pues en el siglo que estamos, por mucho que valga, vale muy poco un hombre sin brazos. Pobre Sancho de Solis: o cuanto Teresa, o cuanto de su desgracia me pesa, que era por cierto el buen Sancho muy honrado Caballero, qué galán! qué cortesano! Miren a quien se lo cuenta. Habrá tormento más raro, Cielos, después de perdido, que estármele a mi alabando? Y estáis cojo? Ay señor mío, duélete del mal que paso por Dios, pues tengo esta pierna que se me muere de flatos. Qué son flatos? Un mal nuevo, que ahora se usa; que ha llegado a tal desvelo el capricho de los nobles Castelianos, que al modo que trajes nuevos, dolores han inventado, y siempre hay mal a la moda, que se discurre cada año. Pero flatos, qué mal es? Es solo, si lo apuramos, honrada ventosidad, con nombre más cortesano: Hija, el generoso Alfhonso, que a Caceres ha llegado, visita todos los días este Sacro Santuario, dando gracias a la Virgen por el victorioso estrago del Moro, a quien se dedican memorias de bronce y mármol; nosotros (pues es forzoso que estos días asistamos en la Hermita) hemos de haces a María un Novenario, pidiéndola humildes, que se duela de los trabajos de Sancho de Solis, que era mi amigo en fin. Mas qué hermano. Yo te prometo, señor, hacerlo, y encomendarlo a la Virgen, tan de verás, con tanta humildad, y llanto, como si a mí me importase. Yo lo creo muy bien. Vamos, tu Rodrigo en casa puedes quedarte. Si haré, rogando a Dios que librarte quiera de pantorrillas de palo. Infelices rosas bellas, que en este ameno jardín sois Luceros de Carmín, de púrpura sois Estrellas, oíd mis dulces querellas, ved mis lágrimas amantes, flores, pues que sois brillantes, pompa del Pavón, que en suma en alas de verde pluna. ojos despliega fragrantes. No lloro mi libertad perdida, solo me pesa que hiciese (ay dulce Teresa!) tanto amor, tanta crueldad, llorad su muerte, llorad aquel sangriento trofeó, mas ay, que ya a mi deseo el Alba llora su fin, y en parpados de carmín lágrimas de perlas veo. El alma amante perdió. el dueño del albedrío, triste mal! pero honor mío, qué importa si me agravió? muera la que me ofendió en la memoria que apura mi fe; mas hay pena dura! que cuando el alma lo piensa, si me olvido de su ofensa, me acuerdo de su hermosura. No me ofendió, que es villano recelo, y es bien que intente, por dejarla a ella inocente, culparme a mí de tirano, mas si yo lo escuché, es vano contra esto algún silogismo, ay honor, en el abismo de dudas que me molesta: qué te cuesta, qué te cuesta que yo me engañe a mí mismo? Cultivar quiero entre tanto, pues aquí los Moros vienen las mustias flores que tienen alimentos de mi llanto? como siente mi mal, cuanto mi pena ve, mi ansia toca, aún esta corriente loca llora, pues sus aguas vivas lágrimas son fugitivas de los ojos de una roca. Temblaba el África toda de el Rey Alfonso el Onceno, cuando de sus huestes era el salido undoso, espejo. Ya los. Campos de Tarisa de sangre ala:be cubiertos, de cadeberes poblados despoblaron a Marruecos. Qué bien dijo, que bien dijo aquel antiguo proberbio, que no había más desdicha que la memoria, supuesto que despertador del Alba, con dolorosos recuerdos. de los piaceres pasados labra presentes tormentos! o vana ambición humana de glorias! si todas luego se han de perder, quien habrá que anhele ambicioso, y ciego a conseguir una dicha que ha de ser desdicha presto? Dígalo yo, que me vi coronado de tropeos en Tarifa, bien que ahora; rendido, mísero y preso, ni aún el contento me queda de haber estado contento; pues el ver que fui selice, más infelice me ha hecho. La Virgen de Guadasupe, dando al Castellano esfuerzo, se le apareció anegando en golfos de luz el viento. Pese al Cautivo villano, que a sus males lisonjero, padrón voreal es su voz de tan infeliz suceso: Pese al vil esclavo, que en oprobio de mi esfuerzo canta, dando de un estrago historia canora al viento, pese. Señor? Aquí estabas? cuanto de verte me huelgo tan abatido, y ajado, Te acuerdas cuando grosero me injuriabas de ladrón? Te acuerdas cuando resuelto te di la vida? Te acuerdas cuando el Celestial portento de aquella hermosa Serrana, cándida injuria de Venus perdida. No digas más; porque de nada me acuerdo. Cómo? Cómo al acordarme de la ventura que pierdo, entre las penas que gozo he de sentirlo, y no quiero, ya que el sentirlo es forzoso, que sientas tú que lo siento. Por qué, cuando en las desdichas solo el quejarse es consuelo? Porque no tengas el gusto de mi disgusto, si advierto que es lisonja de un tirano, de un infeliz el lamento Mal podrás disimular tus pesares, puesto que ellos durarán lo que tu vida; que aunque tu Rey ha dispuesto varias veces libertarte por vengarme de un desprecio, por castigar tu osadía por asegurar mis celos, haciendo que ausente vivas del prodigio ingrato, y bello, que entonces miré, ni a canje, ni ha rescate darte quiero. Seguro puedes estar, oh Patrón, pues ya no puedo darte celos. Cómo? Cómo Lárbaro, arrojado, fiero celoso, ahora lo dije (aquí si que me enternezco) maté esa rara hermosura. No pienses que podrás, necio, con una ficción tan vana disuadir mi pensamiento de su amor. Adiós pluguiese no fuera mi mal tan cierto. Pues porque veas cuan en vano me ocuitas que vive. Ay Cielos! Aunque dejes de decirlo no he de dejar de saberlo. Cómo? Atiende: familiar espíritu, que al precepto del pacto forzado asistes, ven a mis voces. Ya vengo. Qué horror! qué espanto! qué susto! viva estatua soy de hielo, yo renuncio cualquier pacto, Qué quieres? Dime si es cierto que a esta mujer mató Sancho, y cuenta lo que hay en esto. Quido cuente mandas? Sí. No tu conjuro violento en eso me obligue a darte. la obediencia que te debo, qué quizá te pesar? de que llegue él saberlo. No importa, quiero con él ostentar hoy cuanto puedo; prosigue. Qué hubiese dado armas yo, contra mí mismo? De horror, absorto, y confuso, aún a respirar no acierto. Pues lo que ay es, que una noche en el lóbrego silencio. tomé forma humana. Ay triste! Y disfrazado saliendo. de la casa de Teresa. Ay perdido ingrato dueño! Di. Que yo me vea obligado. a satisfacerle, o infierno a Sancho, que entrente estaba, llegué embozado, diciendo. Qué dicha! Qué te suspende? Que me obliga tu precepto a algo de que ha de pesarte. Pues callalo ya, que quiero que a mí no me des un gusto, por no darle a él un contento. No es menester, porque ya mi dicha en mi engaño infiero; pero qué importa saber que fue inocente, si quedo con nuevo dolor al ver que inocentemente ha muerto! o ingrata fortuna impía, qué te debo? qué te debo? si un gusto que me das, viene solo a añadirme un tormento? Y dime a mí a parte, vive esa mujer? Sí, y supuesto que en unos celos me hiciste; que le deje satisfecho; siendo así, que en mantener celoso a Sancho, intereso que no le pague su honor; que vuelvas a darle intento, singiendo una sombra suya villanos aleves celos. Cuando no fuera por darle ese pesan, de que tengo tantas ansias, lo aceptara, por volver a mirar ciego, aunque sea en vanas sombras aquel hermoso portento. Pues dísponso tú, que yo a obedecerte me quedo invisible. Ya de aquí. el espíritu funesto se ausentó, corazón mío, cese el susto, y respiremos. Ves, bárbaro, tus engaños? Ay Mahomad, a decir vuelvo que pluguiera a Dios su muerte fuese solo fingimiento. Pues porque veas que yo por burlar tus devaneos lo mismo que sé pregunto, no solamente no ha muerto Teresa, pero cautiva es hoy mi esclava, y mi dueño. Bien lo dispone, Qué escucho! cautiva Teresa? Es cierto. Un imposible aseguras: Porque veas, loco, y necio que no es imposible; aquí solo a tu poder apelo. Bien puedes, que yo con sombras sabré ayudarte fingiendo lo que tú quieres que vea, Mirala. Cielos, qué veo? Silencio, quedito, que duerme la Aurora, no respire en las hojas el viento, ni formen groseros ceceos los aires, su piros los fresnos, murmúreos las hondas, las aves gorjeos: silencio, silencio. Cielos, esto es ilusión? ̱. Calla, y escucha sus ecos. Silencio, que hermosa yace en la suspensión del sueño, la bellísima Cristiana, Español prodigio bello. Cielos, yo he de despertarla, Suspende los movimientos, que te costarán la vida. Qué bien se logró mi intento. . De Mahomad enamorada cautiva vive en Marruecos. siendo del valiente Moro esclava, y señora a un tiempo. Silencio, quedito, que duerme la Aurora, no respire en las hojas el viento; De ti enamorada? Sí, y porque sepas que puedo blasonar de sus favores, verás que a sus brazos llego Cristiana hermosa? Quién llama? pero tú adorado dueño eres? a mis brazos llega. Cielos, este agravio veo? piérdase todo, que aquí ya fuera loco, en ser cuerdo. Qué haces villano traidor? Lleve las sombras el viento durando, porque no cese su pena, solo los ecos. sesperado matar a quien me ofende grosero. Oh cobarde, de mis iras serás despojo sangriento. Muera, como sepa que vengando mi ofensa muero. De esta suerte vil Cristiano, pagarás tu atrevimiento. Ay de mí! Cuanto de verle tan ultrajado me alegro. Mísero vil Español, que osado, altivo, y soberbio a mi poder te atreviste hoy morirás; mas no quiero. que tan presto tengan fin con tu vida, tus tormentos, muriendo has de vivir ya, y pues del fatal suceso. de Tarifa, de mis iras tú solo fuiste tropeo, tú solo me has de pagar tanto estrago. Ya, creyendo, que mis celos solo han sido. jeroglifico del viento, con gusto, patrón tirano, tantas injurias padezco. Yo haré, cobarde alevoso (porque veas si me vengo) que bebas agua salobre, que tengas breve sustento, que cuides de mis caballos, y en tan infeliz extremo de miseria, libertad no esperes jamás, Si espero. Cómo? Cómo me ha de dar la libertad que deseo la Virgen de Guadalupe. Pese a mis iras; qué es esto? dile, que no te la nombre. Calla, calla, que tu acento, al nombrarla por el alma me esparce un ardiente velo; pues desde que en aquel Monte salió a asombrarme un portento soberano, cada vez que la nombran, me estremezco. Di, que no podrá librarle. Yo te cargaré de verros, con que no podrá librarte. Sabrá la Virgen romperlos. Pese a mis iras, di, que le guardarás siempre atento. Yo te encerraré en una arca de noche. Qué importa eso, si sabrá abrirla la Virgen? No sabrá villano perro, que yo he de dormir encima guardándote. Necio intento es el tuyo, que María Sagrada, poder inmenso tiene para todo. Oh rabias! ay de mi infeliz, hubendo de ver que tiene en María tal sé, y devoción me ausento . Vamos, que yo he de guardarte del modo que lo he dispuesto, a ver si de mi poder te libra el poder del Cielo. Sacra Soberana Virgen, entre tantos des consuelos, haced que no salga vana la ardiente fe que en vos tengo. . Por la Soberana Aurora Celestial de Guadalupe, el Monarca Castellano del África invicto triunfe. Oh qué gran día Rodrigo! Dia es de que yo junte con mis chillidos cien reales, como la plegaria estudie. Generosos Españoles, cuyas hazañas divulgue la fama cuyas proezas el tiempo veloz esculpe, con purpúreos caracteres en las láminas azules, ya que este pequeño Templo (en tanto que se construye con más decencia) he labrado a María, cuya dulce benignidad la estrechez de nuestro holocausto suple. Ya que este Templo, en que yo la primera piedra puse (vuelvo a decir) he labrado, a cuyo efecto me estuve en Caceres, hasta ahora, con esta pompa me induce mi celo, a venir a él a despedirme; y pues pude volver triunfante a estos montes gigantes, que al Cielo suben pardos centauros del Mundo, medio escollos, medio nubes vengo a ofrecer a María estos despojos que truje del África, porque solo la Reina del Cielo triunfe. Vuestro Católico celo atlante Cristiano infunde esa devoción en todos: pues su corazón ilustre en devoción ten ardiente, cuanto se abrasa se luce Entremos al Templo, Entremos, y la Música artícule. Por la Soberana Aurora Celestial de Guadalupe, Oíd mis ruegos, Señora, y no mis culpas lo impugnen. Sagrada Estrella del Mar, a vuestro favor acude mi aflicción, librad a Sancho de penas que le atribulen. A mí no me quiere oír, que estoy ronca. Qué esto sufre mi furia? Ah Cielos, haced que los montes me sepulten! Recemos también nosotros, Benita allí se descubre rezando. Yo apostaré, que aún cuando rece murmure. Torre de David Sagrada, mística Ciudad, que sube a tachonarse de Estrellas, o a coronarse de luces, a este humilde esclavo vuestro permitid hoy que os tribute estos bárbaros despojos. No permitáis que se injurie mi honor, pues por su prisión la palabra no me cumple. Bien merecen tus ruegos que los escuche. Raro asombro! Gran prodigio! De los altos balaustres parece que baja un monte en los hombros de la nubes. Ah Moro? Quién llama? quién hace que el aire pronuncie estas voces de metal que toda el alma me asusten? Levántate. Oh Alá! que sueño con pesadumbre, que estoy entre los Cristianos. Moro, que sueñas no juzgues, pues estás entre Cristianos. Eso es verdad? No lo dudes. Dónde estoy? En la Sagrada Montaña de Guadalupe. Pues, señor, puesto a tus plantas te suplico que procures darme el Sagrado Bautismo: y ahora, señor, descubre esta Arca, donde se oculta, bien que con cuidado inútil, Sancho de Solis. , . Qué oigo! Mi señor? mi gozo acude a verle, deja Bárrbolo. que las llagas me desnude. Adónde estoy? En mis brazos, pues hoy la ventura tuve de ver libre tal Soldado? Sancho? Sancho? Permite, señor, que dude tanta ventura, y supuesto que la Virgen me conduce donde vea libre a Teresa, por más que muerta la juzgue, la palabra que de esposo le dio mi amor hoy le cumple. Venturosa es mi desdicha. Con esto Senado ilustre tiene sin dichosamente la Virgen de Guadalupe.
