Texto digital

Texto digital de La vida, la conversión y muerte de Águeda de Acevedo, dama de Valladolid

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Lorenzo de Avellenada
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática (corregida con posterioridad) del manuscrito MSS/17447 de la BNE.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La vida, la conversión y muerte de Águeda de Acevedo, dama de Valladolid. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vida-la-conversion-y-muerte-de-agueda-de-acevedo-dama-de-valladolid-la.

Logo BICUVE

LA VIDA, LA CONVERSIÓN Y MUERTE DE ÁGUEDA DE ACEVEDO, DAMA DE VALLADOLID

JORNADA PRIMERA

Salid, infernales furias, y pues, Lucifer os rige, vengadme de quien me aflige con mil agravios y injurias. ¿Qué es esto, Dios y señor, que tu mano poderosa jamás tiene de hacer cosa que no sea en mi disfavor? Si eres Dios bueno y fiel, como a un triste y vil gusano solo porque sea cristiano se estimas más que a Luzbel. No quiero tener paciencia de sobre mí su justicia y pues me sobra malicia. No espero ya en su clemencia, que ni le temo ni debo aunque me aflige y abrasa, y lo que dije en su casa, lo digo ahora y lo apruebo. Maldígame, Dios eterno, y digan todos amen, pues que consiente que estén ángeles en el infierno, que esté el hombre sin valía allá, bien lo mereció, mas un Luzbel como yo no es muy grande tiranía. Ira de Dios me destruya con su infinita pujanza, si no tomaré venganza en esta canalla suya, que aunque estoy en el abismo entre perros condenados, he de comen a bocados. Esta gente del del baptismo que porque rece un rosario un hombre entre dos pardes le paga Dios tres mil mercedes si en esto es mi contrario, y que un melchior estudiante que aún no llega a los veinte años este a mis voces y engaños muy más fuerte que un diamante, pues a queda de acebedo su ser mana a quien Dios mal diga de tal suerte me persiga que aún de bella tengo miedo. Mas el uno es otro, adviertan que salgo solo a engañarlos, pues traigo para tentarlos de Dios la licencia abierta. Ya he hecho que un capitán aloje frontero de ella y se perderá por ella, muy presto como verán. En hábito de villano al capitán serviré, y de esta suerte haré todo el negocio más llano. Alto, manos al labor que ya llevo armado el brete, y si él me hace alcahuete, de los tres seré señor. Vaya conmigo Satán y el Cancerbero cruel, y queden con Lucifer 2 todos cuantos aquí están. y un alférez reformado. En estas ventanas bajas se ha de poner la bandera. Salgan los tambores fuera y toquen luego las cajas. Echarán en alta voz por todas las calles bando que hoy llegó aquí don Fernando de Salazar y Albornoz, capitán de infantería por el Rey nuestro señor, para hacer gente en favor de la africana Bugía, tres pagas les serán dadas llegando al embarcadero, limpias y en muy buen dinero a uso de Italia pagadas. Así que toques el parche dos veces, mañana y tarde, hasta el día del atarde que toda la gente marche. Hágase la compañía porque al fin del mes presente tiene de llegar la gente a la ciudad de Bugía, que el turco dicen que viene con deseo y venganza sobre ella con gran pujanza y así despachar conviene. Acomodada es la villa para hacer con brevedad, la gente pues es verdad que es la mejor de Castilla. Llámase Valladolid, la rica y de gran tesoro por un extremado moro que hubo en ella dicho olid, porque los infanzones en este llano lidiaban, Valle de Lid le llamaban, que es decir, Valdequistiones. Sale de ella grande copia de Bernardos y decides y produce más alcides que no tigres la Etiopía. Es inventora de trajes legisladora de leyes, favorecida de reyes y tronco de mil linajes. Capitán ilustre y noble, si como señor y amigo me quieres llevar contigo, tendrás en mí un fuerte roble, y así podrás es tan cierto que haré cuanto me mandes, que he estado gran tiempo en Flandes y soy en la guerra experto. Soy alférez reformado, soldado viejo y brioso en la guerra venturoso y en amores desgraciado. Pasaba el tiempo en mi tierra con Melibea y Calisto, luego fui de dioses Cristo y ahora vuelvo a la guerra. Y tras esto fui después gran servidor de don Sesto, y a fe que me tiene puesto en servicio del francés. 3 Y con estar de este modo aún tengo aquí una mozuela que me mata y me desvela y aún me trae puesto de todo, aunque me de mil placeres adora a don Interés. Enfermedad vieja es que nace de las mujeres. Traedla por vida mía, esta tarde es castellana. Andaluza y sevillana. ¿Y se llama? Estefanía. Sospecho que la conozco, una muy saneta persona. Presa estuvo por ladrona con otra Juana de Orozco. Agradézcamelo a mí. Presa estuvo la probeta. Y aún es un poco alcahueta, Que es otra virtud por si. Por cierto, dono satraza a que esas manchuelas tiene. creo que a sentar la plaza. Él sea muy bien llegado, que hay en que servir galán Quiero, señor capitán, desde hoy ser tu soldado que viniendo de Camoza ayer pregunté a un mancebo qué había en la villa de nuevo y me dijo nada ahora. Solo hay que un capitán hace aquí una compañía para pasar a Bugía, que está allá entre Argel y Orán. Estando en esto sentí las cajas pífano y bando, y así vine preguntando, señor capitán, por ti. Mándame luego a sentar en tu lista aquí al momento, y darme un alojamiento donde pueda descansar. Sea en buena hora que yo gusto vuestra presencia y talle. Bien puede, señor, sentarle, que es mozo sano y robusto. ¿Nunca habéis sido soldado? Seis años aquí en Jerez senté la plaza otra vez y pase a Italia embarcado De allí a Flandes, donde en tres años no tuve descanso un día. Luego volví a Lombardía con mil peligros y daños. Tengo mil alcabuzazos. Tres en la pierna derecha, en este muslo una flecha. Pasados entrambos brazos, dos golpes en la cabeza, todo el cuerpo acribillado, este hombro atormentado, que se reventó una pieza. En Balduque en un esguazo me dieron una pedrada, en Gante una cuchillada, en Bruselas un picazo. 4 En Amberes en el saco, me dieron heridas ciento, aquesta un inglés sargento, y este rasguño un bellaco. Sé hablar la lengua inglesa, la flamenca y la toscana, la lombarda y veneciana, la esquizara y la francesa, soy en todas cosas platico. Leer, contar y escribir, Bailar, tañer, esgremir, y aún soy un poco gramático. Por Dios que me dais contento. Todo esto es cosa poca, que si remojo la boca contaré hazañas ciento, pues si digo de mi tierra. ¿De dónde sois? De Trujillo. Él hará bien un tornillo, que es muy platico en la guerra. A quitar yo dos mancebos vienen con mucha alegría a estar en tu compañía, aunque son soldados nuevos, mándales sentar la plaza hoy debajo tu bandera. Por Dios, para una chiquera tienen ellos mejor traza. No importa estar mal vestidos, que aunque más rotos estén, si ellos son hombres de bien serán de mí muy queridos. y aunque rotos, de buen talle. Hallóselos en la calle, como es puerta de basura. ¿De dónde son naturales? Yo soy de Aranda de Duero. ¿Y de dónde el compañero? Yo, señor, soy de Perales. Alto, pues, señor sargento, a los dos y a este galán. Envíelos a Zaratán y deles su alojamiento. Háganse bien regalar del huésped sin alborotos. Vamos, que aunque estamos rotos nos hemos bien deshartar. Vayan con Dios. () Esta gente, aunque rota y destrocada si no nos dan tornillada, suele salir muy valiente. Señor, este labrador Anda tras mi todo el día. Dice que ha de ir a Bugía a tocar él a tambor. Estoy ya harto de arar y de destripar terrones, y así entre sus picarones por diez me quiero sentar. Seré alférez o sargento o borrachón de campaña. Si no general de España ¡Qué honrado pensamiento! Por tenerle tan subido Caí donde nadie piensa, 5 porque hice cierta ofensa a quien me tenía en su nido. Que una vez me vi en la guerra con un capitán famoso y un su alférez valeroso, de un golpe me echó por tierra y fue conmigo cruel, que por cierta travesura me hizo mi desventura, criado de un don Miguel. Este es una mala pieza, que con las fuerzas que alcanza me da con una balanza con tino en esta cabeza. Es carnicero. Es fiel. Yo estoy abajo el en alto y en hallando un peso falto todo lo da a Lucifer. Suplico a su reverencia mande soldarme al momento, porque para lo que intento medio mi padre licencia. ¿Y quién es tu padre, amigo? Una muy santa persona, sacerdote y de corona y que está muy mal conmigo. ¿Sacerdote es? Sí, señor, y aún por eso poco medio. Serás nieto de San Pedro. Algún día fui mejor. Es viejo. Y de muchos días. Sabe hacer rayos y truenos, y como es padre de buenos le llaman Manuel Mesías, señor de grande dominio. Y tú al fin, ¿cómo te llamas? Porque caí en ciertas llamas me hacen llamar Flaminio. Soy soldado de Italia, y aún de las altas limarías. He corrido las Españas y ahora voy a Bugías. Antes por ser sin malicia os quiero hacer mi lacayo, que tenéis grosero el sayo para andar en la milicia, serviréis con menos pena, más holgado y más seguro. Eso es lo que yo procuro, sea mucho no ya buena. Alójenle aquesta tarde en el lugar el primero. En casa de un pastelero me aloje, así Dios le guarde. Alto, vamos, buen amigo. Ahora sus vayan con Dios. Ese no puede ir conmigo, que hemos reñido los dos. Que simpleza tan inmensa, el villano es de gran precio. Pues a fe que no es tan necio como vuesa merced piensa. Antes me agrada y aplace y yo pienso acomodallo, para que cure el caballo y lo limpie y lo almohace. 6 Tratando con los soldados le harán presto a vivar y a mí me podrá quitar al fin de algunos cuidados. Lucrecia, vamos a misa que mucho nos detenemos. ¡Ay, plega a Dios que hallemos quien nos la diga deprisa! Ropa nueva a la ventana, estoy acá, don Fernando. Calla, que estoy contemplando belleza tan soberana. Pongámonos más delante, como que no la hemos visto. Hermosa es a fe de Cristo, aguarda que quita el guante. Basta que aquí junto a casa, en la contraria acera, nos han puesto una bandera. ¿Qué me cuentas? Esto pasa, y aún aquel que está en la calle es sin duda el capitán. Si es él no es poco galán. A fe que tiene buen talle. La postura es extremada. No le he visto más de hoy, y en mi alma que le estoy de veras aficionada. No mires allá, Lucrecia. Ya nos han visto, ¿qué importa? Entrémonos. No seas corta, ¿quieres que te tengan por necia? A fe que tiene buen talle. Hablas tan alto que entiendo, oirán tus disparates. Míratele, aunque me mates. ¿No ves que se están riendo? Pensarán somos algunas de viles y bajos nombres, y al fin como ellos son hombres piensan que todas son unas. Lleguémonos poco a poco, démosles sendas gorradas. Mas como están mesuradas. ¡Vive el cielo que estoy loco! Dama hermosa, beso vuestros blancos pies. Si sois señor descortés, no puedo hacer otra cosa. Mi madre llama. El blanco y radiante febo, se me ha puesto y eclipsado. Aquí esperaré elevado hasta que salga de nuevo. Que su madre la llamo a tan buena coyuntura. La llamo mi desventura, que siempre me persiguió. Fue sin duda fingimiento para escaparse de ti. Fortuna lo ordena así para mi mayor tormento. Vistes jamás tal belleza, tan sereno y grave que esto sin duda que hecho su resto 7 en ella naturaleza. Señora, no seas tirana ni permitas que así muera, alférez, si es extranjera, si es divina, si es humana. Sujeto de mi memoria ¿cómo me dejaste solo, si te llamó el Dios Apolo envidioso de mi gloria? Si es así ruego a Diana, pues consigo te llevo, mande que te vea yo otra vez en la ventana. No merezco que me hable ni que a mi voz preste oído, que a este punto me ha traído fortuna miserable mi casta toda allí junta, no llega a su vil chapín. Te ha herido el Dios Machín con un asador sin punta. Alférez, estoy de suerte. Después que vi esta doncella que si yo no torno a bella, ha de ser cierta mi muerte. Sosiega, señor, un poco, que el tiempo cura los males, que yo bien ella señales que me contentan no poco. ¿La conoces? Señor, no, pero sin duda, imagino, que ella es hija de vecino porque ayer de allí salió y pues ha de ir a pecar. Según dijo su criada, en aquella encrucijada le podemos aguardar. Despacio allí la veremos, si como digo, allá fuere, y al punto que allí viniere, quién es le preguntaremos. Podremos allí hablarla sin saberlo sus parientes. Después enviadle presentes, y así podrás conquistarla. Como experto al fin me enseñas, sin duda así lo hace. Vámonos, pues bien sabes ya si vas, quebrantan peñas. Que sea tan bellaco yo, que viéndome con desgracia juegue con tal pertinacia. Mal haya quien me parió, seis ducados he perdido y al fin he dado la cuerda, si plega a Dios que yo pierda el alma, vida y sentido. ¿Qué me quieres, nueve puntos, que me traes arruinado? Yo había de ser llevado de mi diablos todas juntos. ¿Qué es esto, Ramiro, hermano? Que ha de ser descreo y reniego. Diablos, enviad un fuego que me abrase aquesta mano. Al fin me habéis de llevar, Acaba ya, échame dentro. Súmase o sale encuentro, 8 si topo luego un azar, si he de ganar me retiro, si he de perder digo más, pues lléveme, Barrabás, que aguarda. Paso, Ramiro, que al perder no hay casa fuerte, que aún yo perdí seis ducados. En tomando yo los dados echo azar o mala suerte. Digo que el diablo promete siempre algunos el ganar, y a mí por suerte tomar siempre el catorce o el siete. ¿Qué es esto? Tocan rebato, no está el cuento muy galano. Cuatro ducados que gano, ciento me piden barato. No lo daré voto a tal que he menester el dinero. Vayan con Dios. Caballero, quiéreme prestar un real. Cuerpo de Dios, ¿qué es aquesto? Hidalgo a buen pagar, diga, ¿me quiere prestar vos reales a pagar presto? Aunque no quede un cuatrín. Tome, tome, ¿quiere más? Esto basta. Barrabás me había de llevar al fin. Bisoño es de buena masa, a quien digo soy soldado. Arrójeme acá un ducado, que le he menester en casa que aguarda venga de presto. Bueno a fe. Acabé ya. Por bien de estafa va. Quiere no ser más molesto? No lo soy. Se descomide, pues vil infame hombrecillo, no hago yo más en pedirlo que él en darlo. A quien lo pide. Dele el ducado, galán, y no se trabe con él, que es un hombre muy cruel y le comerá por pan. Désele, así Dios le guarde, que los dos por él saldremos, y quizá se le daremos mañana antes de la tarde. Vive Dios que es caso recio, estafa y que tal se sufra. Pues si Ramiro se atufa, vues amo será gran necio. Viéramos si le llevara, y aún si aquí solo es tuviera, a fe que no se atreviera. Guarden quitadle el acara, quizá haré alguna cosa. ¿Qué ha de hacer? Majadero, matarle con el sombrero, que es muerte de mariposa. Guarde que crece mi saña, 9 en vez ya su desacato y con aqueste zapato te daré muerte de araña. Ya veremos en qué para, y tome el ducado ahora. Vaya tanto den mal hora. Míreme pues a la cara. Pues que no os tapo esa boca, agradecedlo, ladrón. Ea, Ramiro, partición, déseme lo que me toca. Aguarda, Peralta, hermano, pues que vos tenéis un real. No me parece muy mal que vais a probar la mano. Esta es una traza buena proba los dos si podéis, que aquí segura tenéis para la noche la cena. Dice bien alto a jugar, ayúdeme el cielo santo. Y vos, Ramiro, entre tanto apareja de cenar. Yo les tendré tres pasteles y un buen jamón de tocino, muy buen pan y mejor vino, y ande el arco y cascabeles. Si no lo estaba el demonio nos ponemos yo y los dos como un fino arco de Dios a costa de aquel bisoño. ¿A dónde hallaré el tacaño? Cansado estoy de buscarle. ¿Es aquel que está en la calle? ¿Él es? Por Dios, no me engañó. Pobre de mí. Meta mano. ¿Yo, mi señor?, ¿para qué? Bien presto se lo diré, no gastemos tiempo en vano, meta mano a la mohosa. Ladrón, estafa conmigo. Mi señor, yo soy su amigo, No me mande hacer tal cosa. Acabe, infame villano. Deme tantas bofetadas que me rompa las quijadas y no me mande echar mano. ¿No es él el ladrón cobarde que me pidió un ducado hoy? Ladrón cobarde yo soy no sé otra cosa esta tarde. Gallina manta mojada, piensa que así he de dejarle. Vive Dios que he de matarle, trabe presto de esa espada. Señor, deme bofetones, pasaron, calos, mamonas, papirotes, luz, aromas, puñadas y puntillones. Bellaco, ¿no me pidió él hoy un ducado aquí? Bellaco digo que sí, pero el dinero no. Delo antes que lo pida. Delo aquí. Y capa y espada. 10 Yo lo doy. agradéceme la vida. Le beso, señor, el pie, su esclavo soy desde ahora. Queda bellaco en mala hora. Yo recibo la merced. Yo os voto a tal que si os cojo. ¿Qué es lo que dice el ladrón? Digo que di un tropezón, que he quedado medio cojo. Eso sí. Hoy me he nacido. balate el diablo por hombre, a quien habrá que no asombre el peligro que he tenido. ¡Qué persona tan galana! Señor Ramiro, ¿qué es esto? A fe que está bien dispuesto para bailar la pavana. ¿Qué haré, tiste de mí, sin la capa y sin la espada? Mas diré que está empeñada y que el ducado perdí. Les diré que lo juque y después por desquitarme, di como necio en picarme y pícaro me quede. Me voy y si Dios me remedia, yo quedo sin capa al fin. No habrá aquí algún S. Martín que siquiera me dé media, y quedaré por su esclavo servicial y deligente, y pues vean que soy valiente, yo les serviré de bravo. El negocio ha entablado. Ya en la Iglesia le habló y desde ayer quedo yo del capitán por criado. No dudó mucho en hablarle, ni aún la respuesta fue mala, mas yo le hago en su sala pensar en su gracia y talle. Le pongo en la fantasía que es mozo rico y galán, y que dicen le harán gobernador de Bugía. Iré poco a poco entrando en su casto corazón, hasta darle posesión del capitán don Fernando, mas no quiero que se case. Guardadla ojo a visor, sino que en fuego de amor el uno y el otro se abrasen, y que no paren los daños hasta que de aquí la lleve y con ella se amancebe. Así vivan largos años, ámense con amor tierno, con regalos y favores, hasta que con sus amores de ti conmigo en el infierno. Ya sale, aquí me estaré, en este lado escondido a ver si está bien herido del fuego que le arroje. Sosegar no puedo un punto con guerra, estoy puesto en calma, pues tengo fijo en el alma de aquel celestial asunto. Gran tormento es el que paso por mi Águeda hermosa, más temo que como es diosa no se me suba al Parnaso. Sentencia, es muy brava y prima La que él filosofada, pues dice que la alma está más do ama quedo anima y así muy claro yo veo, que aquella ninfa sagrada tiene en su pecho encerrada el alma que yo poseo. Sin duda que ella la tiene y sino yo se la doy, y así, capitán, desde hoy sin alma penar conviene. Sin alma estaré cuitado, pues una vez se la di. Si me la entregara a mí, yo la pusiera en recado. Grande victoria alcanzaste con tu verdad sobrehumana, pues que desde una ventana un capitán derribaste. Tu gravedad tan serena, tu serenidad tan grave me mata, pero Dios sabe que me da gusto esta pena, y así esfuerza que te ame, pues el fuego de esa figura hace que en lugar de agua, sangre por agua derrame, y lo que siento, amor mío, es el vez que no consientes ni quieres ver los presentes que yo por servirte envío. Ayer envié una cadena De oro a mi paraíso, y me dicen que aún no quiso verla por doblar mi pena, y a un billete regalado sin escribir me responde que no la hable ni ronde, que es doncella y yo soldado. Cerradas tiene con llave las puertas de mi remedio, quien hallare que sea medio Para un negocio tan grave. ¿Con quién son esos debates? Oh, Flaminio, ¿a dónde vas? Estábame aquí detrás viendo sus disparates. ¿Quién es esa relamida tan ingrata y disoluta? ¿Es acaso alguna puta? Dígamelo por su vida. No digas tal, que la agravias. No es mujer. Y me desprecia. Y de puta grande necia. Antes es de las más sabías, es discreta y es hermosa. Si es así, para él conviene. Su padre, ¡ay, de mí! La tiene para monja religiosa. ¿Y no hay quien de eso la quite? No, mas lo que me atormenta 12 es el ver que no consienta de que la hable y visite. Es tan santa y recatada, tan recogida y honesta, que si no es alguna fiesta hablarle es cosa excusada. ¿Es una vecina acaso, que vive aquí junto a casa? ¡Ay, cielo! Esa es quien me abrasa por quien tal vida paso. ¡Ya la conozco, pardiez! Miren el diablo de enredo, ¡si es Águeda de Acebedo! Ya te he hablado otra vez, ya me ha hecho algún regalo. Soy de ella bien conocido y aún a las veces temido, porque le digo lo malo, pues su hermano buena pieza. Luego me tira el breviario y ella con un gran rosario me da sobre la cabeza. Todo por burlar de mí, mas si hallo en qué vengarme, tengo pardiez de enojarme, pues son los dos contra mí. De suerte que te conoce aquella hermosa estrella. Envíeme a hablar con ella, así su merced la goce, y si me da dos perdices yo le hablaré en su nombre. Flaminio, no serás hombre para hacer lo que dices. Hombre no a mi parecer, que mi padre es buen testigo pero digo que me obligo. de hablar a esa mujer. Sé quién es y dónde aloja, que con el sayo grosero hago a veces lo que quiero y entró donde se me antoja. Flaminio, estás en tu juicio. Sola una vez le perdí, cuando en mi casa reñí. Por lo cual, vine a este oficio. Qué, ¿te atreverás a entrar a dar a Águeda un billete? Digo que seré alcahuete, mas házmelo de pagar. No repares en aquesto, que me tienes puesto en calma, que te daré vida y alma. La tomo y envidio el resto. Ven acá, no me dirás qué orden piensas tener para hablar esa mujer. ¡Oh, qué incrédulo que estás! Quiero, capitán, que veas que deseo complacerte, porque hoy pienso traerte respuesta como deseas. Si me pagas como honrado, como a tal te serviré y aquesta dama traeré muy en breve a tu mandado. Prometes cosa imposible y así en lo que dices dudo, que tiene muy fuerte escudo y el romperle no es posible, mas con todo te prometo 13 de pagártelo de arte, que no tengas que quejarte si en todo tienes secreto. Secreto muy bueno es eso. Al principio se tendrá, mas todo el mundo sabrá lo que yo en esto intereso. El premio que me has de dar querría ahora saber, que darte una tal mujer trabajo me ha de costar. La banda que traigo puesta te daré y diez doblas de oro si me traes de quien adoro, como dices, la respuesta y otras cosas de sustancia, de más belleza y bondad, sobre todo mi amistad, que es de mayor importancia. Alto digo que me cuadra esa hidalga promesa. Y aún si sales con la impresa, te haré cabo de escuadra. Deja hacer el villano, que con las palabras mías antes que pasen seis días, te la he de dar en la mano. Yo me voy con grande gozo por el bien que yo deseo. El lugar que yo poseo le dé Dios y lo que gozo. En señal de esta ventura un abrazo me darás. Guarda que te quemaras, que aún tengo la calentura. En tus manos me remito, que eres ángel sin más ver. Si dijera Lucifer, había dado en medio el hito, una escuadra me promete. Miren si estaré contento, ¡ay de mí!, que no me afrento de ser de un hombre alcahuete. De enojo y cólera rabio por esta mengua en que vengo, pero al fin yo sufrir tengo por un alma aqueste agravio, si la divina potencia encarno por libertarla yo que pretendo hurtarla, no es bien que tenga paciencia mientras el juicio se aliña. Tengo de usar este oficio porque acabando el juicio acabo yo mi rapiña, y así con esta divisa saldré de hoy más del profundo y porque se acaba el mundo, importa darme gran prisa. Yo quiero en propia persona tomar aqueste trabajo por si puedo echar abajo esta gente de corona que me hace tras sudar gotas de azufre y de fuego, pero de mí de reniego si no me lo han de pagar. Alto, vamos a dar orden de cazar esta paloma, que si Lucifer la toma 14 bien cierto será el desorden. Desde ayer han concertado Melchor y Águeda, su hermana, que andéis luego de mañana a la madalena al prado, lugar de mucha importancia, donde yo muchos engaño, pues que de él me viene al año no muy pequeña ganancia. Ya llevo amadas tres tretas con sofísticas razones y para sus corazones dos herboladas saetas. Hoy a la vista se ofrece, Águeda, este prado ameno. Está tan florido y bueno que un fresco jardín parece. Qué bien compuesta arboleda alza hermana la cabeza, que el alma con tal belleza suspensa y mudase queda. ¿No ves la grande hermosura de flores que la acompaña y cómo la riega y baña? Es que va con su frescura, las aves desde sus nidos puestas en los verdes ramos, con sus alegres reclamos consuelan los afligidos si alaban, como aquí vemos, A Dios estos animales. Los que somos racionales, más obligación tenemos. Yo alabo su santo nombre con inmortal alabanza, pues hizo a su semejanza este gusano del hombre. Del abismo del no ser mi Dios me quiso sacar, sin ser me pudo dejar, mas no lo quiso hacer y aquel redentor mío me hizo fue gran regalo, no hacerme piedra ni palo, árbol, ave, planta o río, y no contento con eso aún para más obligarme, quiso mi Cristo doctarme de aquesta fe que profeso. Podía hacerme un tirano indio, turco, persiamita, mas su bondad infinita aún quiso hacerme cristiano. Tras este bien otro junto que quiso fuese en Castilla y más en aquesta villa donde la fe está en su punto, ya vemos en nuestros días, según místico sentido en Valladolid cumplido, lo del profeta Isaías. Dijo que por las calles la leche y miel correrían, los montes se humillarían y se ancharían los valles. Vemos por esos cantones para bien de las conciencias, mil gracias e indulgencias, mil jubileos y perdones, 15 monesterios y colegios, monjas, frailes, compañías, hospitales, cofradías, llenas de mil privilegios. Todo esto es leche y miel para nuestra salvación. Donosa conversación, por cierto, para Luzbel. ¿Quién no le alaba y bendice? Sea su nombre bendito. Váyanse poco a poquito que sale ahora el diablo y dice, más que metidos están en su profeta Isaías. Guárdense, pues que estos días anda sin freno Satán y la señora doncella, tan honesta y recatada, advierta que sin espada vengo a combatir con ella. Sal, Amadeo deshonesto, de aqueste espantable pozo y lleva de aquí este mozo con algún achaque presto. Echa de aquí este estudiante y queden solas las dos y dale olvido de Dios, porque de mí no se espante. Válgame nuestro señor, y qué espantoso accidente que me ha dado en este vientre o qué terrible dolor. Alguna frialdad será de la bebida causada. Quizá que es dolor de ijada. No mengua. Creciendo va. ¡Qué cóleras tan extrañas, válgame el crucificado! Dolor de tripas le ha dado, vaya y eche las entrañas. No puedo más detener, que el dolor me quita el juicio. Aparéjenle un servicio que bien lo habrá menester. Águeda, aguárdame aquí. Yo, hermano, enhorabuena. Veníos por la madalena y ruega a Dios por mí. ¿Qué causa, Lucrecia, pudo darle tan presto dolencia? Su muy grande penitencia lo causa, yo no lo dudo. Anda siempre desvelado, come poco, siempre ayuna, y encomiendo una aceituna, luego bien saques pecado. La ocasión está en la mano, yo quiero hablarla solo, bendígala el Dios Apolo. ¿Qué es lo que queréis, hermano? Dígame dónde va Melchor, que me parece, fue malo. Amigo, ha sido un regalo que te envía nuestro señor. El dolor fue de tal talle, tan intenso y repentino, que ir a casa le convino para poder remediarle. 16 ¿Y no podía su merced, con su gracia y su verdad remediar su enfermedad? Donoso estáis por mi fe. Yo sé que tiene mas ciencia que Galeno ni Avicena. Señora, a la madalena me allegó con tu licencia que la mujer de Guillermo me llamó así con la mano, sabré cómo está tu hermano. Sí, vaya con el enfermo. Ve, que aquí me hallarás con este buen labrador. Pregúntale por Melchor. Pues tú no le curarás. Las viejas saben curar, que tienen de eso experiencia. No curará una dolencia a un amigo singular que le ha dado ya bien poco un mal tan recio y tan fuerte, que si él escapa de muerte, no es capará de ser loco. Ha depuesto el diablo en medio para poder remediarle si ella no quiere curalle, yo no hallo otro remedio, que su terrible accidente y su enfermedad repentina no admite otra medicina. ¿Y quién es ese doliente? Mozo dispuesto y gallardo, miradle, es un paraíso, en hermosura un Narciso y en hazañas un Bernardo. Yo no te pregunto eso. Es un hombre muy prudente, galán, bizarro y valiente, de gran juicio y gran peso, rico, noble, muy bien quisto, afable, humano y honesto, es un ángel en el gesto y el más galán que yo he visto. ¿Quién es y cómo se llama? De Toledo y bien nacido, pero desfavorecido de una muy hermosa dama. No respondes al propósito de lo que voy preguntando. Él se llama don Fernando, cuya alma está en tu depósito. Es posible, mi señora, que siendo tú tan hermosa seas cruel y rigurosa con un alma que te adora. Será de mucha importancia que el capitán desespere, que hay de quien la causa fuere no le arriendo la ganancia, o malo soy y traidor y peor de lo que piensas, pero tan grandes ofensas aún a mí estaban mejor. Pero tú que eres tan santa y llegada a la razón, haces tan grande traición que al cielo y al mundo espantas, que fruto ni que provecho. Dime, señora, te viene 17 de que un alma se condene que tal cabe en ese pecho, que tal quieras y permitas que tengas tan mal gobierno y que eches en el infierno un alma que a Dios le quitas. Cristo vino a remediarla por salvarla y recogerla, y que quiera una doncella por sus manos condenarla. Vuelve, vuelve sobre ti, remédiale, pues que puedes que Dios te hará mil mercedes, pues que te alumbra por mí. Si temes el qué dirán tus parientes y tu hermano, la respuesta está en la mano, que es rico y es capitán, que es noble y hombre de cuenta, de albornoces estimados y que tiene mil ducados, en cada un año de renta, y que en casarte con él a tu padre no deshonras, antes le engrandeces y honras como hija muy fiel. Con esto tapas la boca del vulgo murmurador y al buen tu hermano Melchor, será ventura no poca. Sin duda, amigo, que he visto tu sana y buena intención, mas siempre mi pretensión fue ser esposa de Cristo, que mi padre ha prometido, por ser sola y de él tan clara, de meterme en Santa Clara y darme a Dios por marido. ¡Oh, qué grandes disparates! Se vio jamás tal error, hicieran harto mejor en meterte en los orates, que eres loca sin más vez pues tienes tales antojos y a un ciega de entrambos ojos, pues que monja quieres ser. El padre cuando la hija es fea, tuerta, boba y de mal rostro, por no ver en casa un monstruo, meterla a monja desea. Pero tú que eres hermosa, discreta y de gallardía, ¿no es muy gran bellaquería hacer contigo tal cosa? Señora, está bien en ello, mira que te traen al trote solo por quitarte el docte y quedarse ellos con ello. Yo sé muy bien lo que pasa y sé que están concertados de dar trescientos ducados y echar la hija de casa. que te engañan paraíso probeta que no te entiendes, mas si ser monja pretendes, haz tu gusto, ya te aviso. Tu madre cuando era moza porque monja nunca fue, gustó de casarse a fe y gozar de lo que goza, Águeda, pues quien te engaña, 18 quien te vende por traición que me quiebra el corazón una crueldad tan extraña. Con lágrimas te amonesto con el celo que Dios sabe, porque en mi pecho no cabe hacer si no solo esto. Bien hecho deber, hermano, que estás de engañarme ajeno pues me aconsejas lo bueno y eres al fin buen cristiano. Entiende, señora mía, que soy un perro muy viejo y que te doy un consejo que un santo no lo daría. Ya lo conozco cuitada pero querría yo saber qué remedio he de tener para no ser engañada. Basta que yo estoy por medio, eso te da pesadumbre. Hacer esto es mi costumbre, deja a mi cargo el remedio. Con tal que conmigo case ya podrá tener efecto, mas ha de ser con secreto. Mejor será que se abrase, discreta eres en extremo. Yo lo tomo todo a cargo. Solo el secreto te encargo, que es lo que ahora yo temo, porque de Melchor mi hermano me avergüenzo a fe y no poco, pero todo importa poco si el negocio está tan llano. Llano como por la palma, yo lo firmo y aseguro y el bien que yo te procuro te dé Dios en cuerpo y alma. Mañana será acertado de que en secreto le hables y tu casamiento entables, y él quede desengañado en una Iglesia cercana, si quieres te aguardará. En él antigua será. Dices bien sea de mañana. Más no, que habrá mucha gente. Ve y dirás a don Fernando que yo le estoy aguardando a las ocho en Santo Llorente, que seré suya desde hoy con tal que se ha de casar. ¿Con qué me podrás pagar el consejo que te doy? Calla, que viene Lucrecia. Muda amigo aquesa plática Soy doctor en la gramática y arguyo con una necia. Ya está bueno tu Melchor, que aquel mal tan repentino así se fue como vino. Gracias a nuestro señor. No era ya más menester y por eso se quitó. ¿Cómo te llamas? ¿Quién, yo? Soy un lucifer que por ser malo y travieso 19 me quitaron el dominio y así me llaman Flaminio, nombre bien de poco peso. Flaminio, ¿eres de esta tierra? Lejos de aquí me criaron y luego me desterraron a un reino donde siempre hay guerra. Hay allá mucha justicia, ministros de ella infinitos, tierra de muchos cabritos, la gente de gran malicia. Son diablos puestos en potros y porque el rey los agravia se comen de pura rabia siempre los unos a otros. Hace tan grande calor que nos morimos de frío. Miren que gran desvarío. ¿Y quién es de allá, señor? Nuestro rey es un judío, me tiene donde yo merezco y por eso le aborrezco, que me trata a su albedrío. ¿Cómo se llama? aun aquí oírle nombrar que su nombre hace temblar al alcaide del gran foso. A mí echó mucho mal, aunque es santo, bueno y fiel, pero yo reniego de él, que me tiene en el hospital. Tu tierra es tierra caliente. Antes fría que traspasa. ¿Tiene leña? Todo es brasa, mal haya quien tal consiente. Muy linda tierra será. ¿Cómo se llama? El gran caos. Le conozco. Aguardaos, que presto iremos allá. Llevarías de buena gana, a entrar basados contigo. Ojalá fueran conmigo, antes hoy que no mañana. Hora me parece que es, señora, de retirarnos. ¿Quieres, Flaminio, acompañarnos? Hasta el infierno pardiez. Por que te acuerdes de mí un anusdey te daré. Ese yo no llevaré porque otro anusdey perdí. Y un rosario de importancia te daré para rezar. Con ese me harás saltar, pardiez por el rey de Francia. Flaminio, ¿qué tal me cuentas? ¿qué tal te dijo mi diosa? Guarda, no sea alguna cosa que de tu cabeza inventes. Tórnalo a decir de nuevo, que estoy en la gloria puesto. Echarás deber en esto, que te sirvo como debo. Mándame dar las albricias, pues ves que tengo razón. 20 Con tu mucha dilación, mi bien y gloria desquicias. Toma, amigo, esta cadena que treinta ducados pesa. Otra tengo yo más gruesa, aunque me da mayor pena yo la recibo y acepto, don tan alto y soberano, y te como por la mano el bien que yo te prometo Mañana a las ocho horas, conmigo a la Iglesia irás y a tu placer hablarás con Águeda, a quien adoras, que si la adoras y quieres pasa por ti crueles penas, y pena por lo que penas, y muere por lo que mueres. A esa hora en Santo Llorente, en amaneciendo Dios os tenéis de ver los dos sin que nadie esté presente. Pero le tienes de dar, y ha de ser con fingimiento, palabra de casamiento si es que la hemos de engañar. Casarte no te conviene ni que tal de ti se diga. Le basta que sea tu amiga, pues que muy ancho le viene y pues tuvo presunción y no quiso ni aún hablarte. Ahora puedes vengarte que tienes buena ocasión, que el capitán que se casa va contra razón y ley y a los tales nuestro rey nunca adelante los pasa. Soltero tienes de ser, lo demás es pesadumbre. Casado no, ni por lumbre si es que piensas de valer. Consejo sano y gallardo es, Flaminio, el que me das. Bien dices. Soy satanás. revestido en sayo pardo, mas di qué piensas hacer si esta dama te da el sí. Tú responderás por mí y yo te he de obedecer. Aguarda, que yo he pensado una muy donosa traza. Con esta le darás caza y tú quedarás vengado. Ya sabes que Águeda tiene parientes ricos y de honra, y aqueste agravio y deshonra han de sentir cual conviene. Si gozas de esta doncella en tu casa a tu placer, sin duda lo han de saber y perecerás tú y ella. Conviene, pues, para esto, poniendo algunos achaques, que tú en persona la saques de aquesta villa muy presto. Llévala a Peñafiel una noche con secreto que yo seré, te prometo, en todo amigo fiel. 21 La ternas en la compañía, gozando de ella a tu gusto. Después, me parece justo, quedes con ella en Bugía. Flaminio, ¿quién darte pudo ingenio tan levantado? Quien me envió desterrado porque reventé de agudo. De hacer estoy dispuesto todo lo que me aconsejas. Sol, como ya no me dejas, acaba y ponte de presto, lento y perezoso Febo, pues que me ves triste y solo deja el antártico polo y sal otra vez de nuevo. Vamos, Flaminio, a dormir hasta que salga el aurora y con ella mi señora, pues juntas han de salir, y mientras que yo celebro mis glorias tú dormirás. Yo nunca duermo, jamás, que soy seco de celebro. ¿Qué novedad es aquesta? Señora, ve paso a paso, si vas a la Iglesia acaso advierte que no es hoy fiesta Ya estamos en San Llorente. Lucrecia, ¿habrá misa ahora? ¿No echas de ver, mi señora, que no hay persona viviente? Quien te espolea y encita, que me has provocado a risa en ver que entraste de prisa sin tomar agua bendita. Lucrecia, no estoy en mí, que aquesta noche pasada siempre he estado desvelada hasta que he llegado aquí, y creo si no me engaño, conozco la causa de esto, y que tengo deber presto la causa de mi daño. Si quieres tenme secreto, pues siempre me fuiste amiga y te diré la fatiga que me ha puesto en este aprieto. Sabrás, amiga, que estoy perdida por don Fernando y que le estoy aguardando en aquesta Iglesia hoy. Delante, nuestra señora me ha de dar palabra y mano y ha de ser sin que mi hermano lo entienda, al menos ahora. Monja no tengo de entrar por un cierto inconveniente, que yo sé muy ciertamente que me quieren engañar, y aunque el viejo se alborote quiero, amiga, que coliga que no ha de salir su hija su casa sin su docte. El viejo que se pensaba meterme monja quería, sin duda que pretendía penderme como una esclava. Libre soy y lo seré, 22 como muy presto verán, pues hoy con un capitán sin duda me casaré. Yo le amo y él me ama, con él me quiero casar pues él solo ha de apagar aquesta amorosa llama. Señora, espantada estoy. No sé qué pueda decirte, sino que quieres destruirte con tus propias manos hoy. Sin duda estás hechizada y que aquel villano hizo algún desastrado hechizo para traerte engañada, que es de tu recogimiento, señora, y tu honestidad donde está tu castidad, y tu grande encerramiento, casarte y con un soldado. Jesús y que gran locura gozar quiere tu hermosura, él anda harto acertado. No cabe en él tal intento, porque es noble caballero y quiere darme primero palabra de casamiento. Tenme esto en puridad y no salga de tu pecho hasta que todo este hecho, que será con brevedad. Te dé su favor y abrigo La Virgen de San Llorente. Escucha, que viene gente. ¡Oh, si fuese quien yo digo! La hora se va llegando. Entremos, aunque no es tarde, que más vale que yo aguarde que no queme este aguardando. Entra, Flaminio, tras mí, y en una santa capilla a la Virgen sin mancilla, harás oración por mí. La Virgen de San Llorente es imagen singular. No me atrevo ahora a entrar por un cierto inconveniente. Si rezando no me ayudas, tendré el suceso contrario. Se me olvidó el rosario en casa, mal haya Judas. No importa, ¿ves aquí el mío con tres cuentas de perdones? Pues delante me lo pones, no está lindo el desvarío. Sábete, pues, que mis males si son largos de llorar es porque no se rezar los salmos penitenciales, y así quiero que te fundes y creas que sin engaño estoy casi todo el año, en el salmo de profundir. El miserere sabrás que es salmo de contusión. Si sé más de corazón, nunca le rezo, jamás, y David que le compuso supo más que las culebras 23 que aquel de las uñas negras le tenía ya boca y uso. Perdió en él una tal pieza que más que otras muchas vale, que el demonio siempre sale. Las manos en la cabeza plega a Dios que en lo presente los hagan mejor conmigo. Yo entro, Flaminio, amigo, a hablarla en Santo Llorente. Aguárdame aquí. Voy a casa, que esta Virgen santa y pura me da frío y calentura. De aquí me voy que me abrasa. Ya entran los de allá fuera. Estoy loco o devaneo, o de estas dos que aquí veo es Lucrecia la primera. Es, sin duda. Voy a hablarla. Ya está aquí tú don marido, que entiendo, te ha conocido. Disimula un poco y calla. No hay que cubrir con el manto, dama hermosa por mi fe, que ni ver Lucrecia saque por la vigilia el disanto. Vuestra merced se destape, no hay ya que disimular, que el Sol siempre ha de alumbrar aunque la nube le tape, vuestras blancas manos beso. Seáis, señor, bienvenido. Mucho os habéis detenido. Mi grave culpa confieso. Deben, señor, de mataros otros cuidados mayores, y estos como son menores los han hecho descuidaros. Cuidados el cielo sabe que no tengo otro mayor, de ello es testigo el amor, en quien malicia no cabe. Con todo de aquí me ofrezco, Señora, a vuestro castigo mas sé que lo haréis conmigo mejor de lo que merezco. Ve, Lucrecia, por tu vida, aguárdame un poco allí. Yo voy cuitada de mí, ya Águeda está perdida. Señor, espantada estoy de vuestro mal proceder, pero debe de nacer de que no sabéis quién soy siendo vos, señor tan sabio, tan prudente y comedido, me espanto que andéis perdido por quien hacéis tanto agravio. Tengo razón de quejarme, que soy noble y bien nacida, y por ser yo recogida vos pretendéis deshonrarme, y no contento con esto, estando ayer en el prado me enviaste un recado, harto bien de poco peso. Señor, ¿no sabéis que estoy para monja religiosa 24 y que si hiciese otra cosa no respondería a quien soy? ¿Qué pretendéis alcanzar de quien libertad no tiene? Casarme no me conviene si monja tengo de entrar. Y así os ruego, señor mío, que dejéis aquesta impresa que me agraviáis y me pesa en ver vuestro desvarío. Ya os dije mi pretensión por Flaminio claramente, y así vine a Santo Llorente, por saber vuestra intención. Señora, si pretendí ofenderos en un pelo, ruego a Dios que tierra y cielo se conjuren contra mí, que mi pretensión e intento no fue jamás de engañaros antes primero de daros palabra de casamiento. Y respondiste ayer por Flaminio mi criado, de que vuestro padre honrado monja os quería meter, y que si yo me casase con vos luego mudaríades el intento que teníades, aunque el viejo se enojase, pues lo que Flaminio dijo haré por obra muy llano, y os daré palabra y mano delante de un crucifijo. Sin docte, sola y desnuda, os quiero, amo y adoro, que con tan grande tesoro seré muy rico sin duda. De tan noble caballero no puedo ser engañada, y así estoy bien confiada, lo cumpliréis por entero. Con esa palabra y fe sin duda que seré vuestra, pues el venir aquí muestra que como digo lo haré, que si os parezco hermosa y estáis de mi amor prendado, no estáis, por cierto, engañado que yo os amo como esposa. Delante nuestra señora la palabra me daréis. Mi señora, no dudéis que yo os la voy desde ahora. Será mucho menester, por ahora gran secreto, hasta saber en efecto todo como se ha de hacer, que si mi hermano lo sabe o sospecha lo que pasa me tendrá encerrada en casa, en mi cámara con llave. Flaminio y yo hemos dado desde ayer la traza y modo, como se prevenga todo y creo, será acertado, y es que vos, señora mía, esta noche os dispongáis y que de casa os salgáis tres horas antes del día, que yo os estaré aguardando 25 con dos caballos ligeros y con seis arcabuceros que os vayan acompañando. A Peñafiel iremos con este recato y cuenta, y sin que nadie lo sienta despacio allí holgaremos. Pues soy vuestra, señor mío. haced de hoy más vuestro gusto, que de lo que gustáis gusto y de vuestra bondad fío. Lo más seguro es aquesto, y podréis imaginar que de hoy más tengo de echar en vuestro servicio el resto. Esto queda concertado, mi vida, quedaos a Dios. El mismo vaya con vos, y en el secreto cuidado. Señora, ¿qué quieres hacer? ¿Qué hora es? Las diez darán. ¿Qué dice tu capitán? Ya está de otro parecer. Mañana creo se parte, no pienso hablarle más. Señora, acertada vas, que a fe que quería engañarte. Quien te mete con soldador gente de poco secreto palabras si y en efecto, son demonios encarnados. Su amor dura cuanto una hoza, y todo es lumbre de pajas porque en tocando las cajas dicen luego a Dios, señora. Bien dices, Lucrecia, hermana, alto sus vamos a casa y no digas lo que pasa hasta que pase mañana, con todo le hablaremos. Hablarle me escandaliza. Vamos y mira, no echemos los huevos en la ceniza. Ya estarnos fuera del mar, Bajanes ínclitos. Salga en aquesta playa el fuerte ejército, haced reseña hoy de los jenízaros hijos del gran señor valerosísimo. Salga la siempre invicta gente tártara, la húngara, troyana griega y pérsica, remédiese el estrago de nuestra África matando con rigor la gente hispánica. No tenga de hoy más suceso próspero, pues no temió de entrar en nuestros términos. En casa le tenemos hoy doméstico, ya no hay de qué temer sus armas rígidas. Desembarque la que la gente mahomética refresque en esta playa y cobre ánimo, que presto se ha de ver alegre y plácida, salga el artillería y esas máquinas a préstenselas armas y el más mínimo tenga el pecho más fuerte que el argólico. Salgan de las galeras y hagan víctima a nuestro gran profeta entre estos árboles. Denle infinitas gracias cumplidísimas, pues hemos visto a Argel, ciudad marítima de aquí placiendo, ala, con bravo espíritu daremos en Bugía con estrepitud, 26 cogiendo descuidados estos bárbaros, y luego a nuestro Orán, ciudad legítima del grande Solimán el invictísimo, pondremos en aprieto, pues son débiles. Macad que vi Peñol, Ceuta y Tánger, de allí iremos talando hasta la Bética, provincia de españoles fertilísima tomada por Fernando, rey tiránico. Partamos pues con paso velocísimo, muera el cristiano bando y viva el tártaro. Conozcan hoy las fuerzas otománicas, la sangre de sultán y la jenízara aborden en el puerto aquí las catregas. Salgan aquesos tártaros belígeros mostrando su valor y ser magnánimo. Aquí está ahí tu espía. Órale, mi buen amigo, entraste dentro en Bugía. Quince leguas he corrido y estoy molido y cansado, Mira si he bien trabajado mientras otros han dormido, mas por tu amor y servicio todo se lleva en paciencia. Esa buena diligencia es de tu lealtad indicio. Di lo que pasa. al punto que yo salí, hizo el general allí de toda la gente alarde, porque hoy hace ocho días, si mi juicio no me engaña, arribaron de la España hasta doce compañías. Bizarros mozos galanos, bien dispuestos y briosos, y a lo que vi, deseosos de venir contigo a manos. De tu venida están ciertos sin saber el cómo y cuándo, mas se te están aguardando por todos aquestos puertos. Fortalecen a Bugía con muros y torreones y tienen en los bestiones puesta ya el artillería. También hoy en cierto corro de soldados, y se suena que de Murcia y Cartagena, les vendrá presto socorro de Orán y Macal que vi, no les pueden socorrer, pues tienen bien que hacer en guardarse ellos así. No saben que tus galeras en Argel han arribado, ni que tú has desembarcado. Dime, ahí hablar deberás. como es verdad que a Mahoma habló la blanca paloma haciéndole justo y santo. Sobrada ocasión se ofrece gran baja para vencerlos. Demos mañana sobre ellos si a ti, señor, te parece. Hay muy buena coyuntura de castigar su insolencia, que es madre la diligencia 27 de toda buena ventura. Yo estoy de ese parecer, gran Bajan, haya presteza, demos en la fortaleza que será cierto el vencer. Antes que la luz se vea cojámosles en el nido porque el hombre ha percibido, dicen, que por dos pelea. No hay más que poner delante, este consejo es más sano, formen luego en este llano un fuerte escuadrón volante. Marche luego todo junto, caballos e infantería. Tras ellos la artillería, todo haya muy apunto. El bagaje se concierte, gastadores y camellos, para que demos sobre ellos antes que Febo despierte. Vayan a paso tirado, delante diez mil flecheros, treinta mil arcabuceros por el uno y otro lado. Suene a tambor, caja y trompa, y todo el mundo se abroche con el cielo aquesta noche hasta que el alba se rompa. Caballeros españoles de prosapia y tronco limpio, cuyas victorias y hazañas suben hasta el cielo mismo. Ya habéis oído estos días cómo el fiero basilisco de Solimán el gran turco ha ejército infinito. Viene con bárbara furia a pasarnos a cuchillo, o cuando mejor libremos llevarnos por sus cautivos. Ocho días son pasados, que no me ha venido aviso de espías ni de otra parte, no sé la causa que ha sido. Los muros he reparado como todos habéis visto, las plataformas y fosos he levantado y subido. La gente ya veis que es poca, que el socorro no ha venido, y aunque a Murcia y Cartagena cuarenta veces he escrito, no veo remedio alguno, mas veo nuestro peligro que si el turco arriba hoy no dejará un hombre vivo. Hay seiscientos españoles, que aunque son gente de brío, traen para cada cristiano estos perros veinticinco. Italianos hay dos mil que a tres meses que han venido, pero todo es cosa poca sino somos socorridos. Yo haré como quien soy, o vencedor o vencido, pues desde mis tiernos años saben todos quién yo he sido. 28 Tan aficionado a amarte como otros a Cupido, lo mismo fueron mis padres que en la guerra han fenecido. Por tanto, españoles fuertes, de vuestro valor confío que pondréis como yo pongo vuestras vidas al cuchillo. Dadme aquí vuestro consejo, que después yo daré el mío. Viva el Rey y muera el turco, y viva la fe de Cristo. Gobernador excelente, con atención te he escuchado y has aquí muy bien mostrado que eres discreto y valiente. Yo soy sargento mayor y también soy caballero, y es fuerza que sea el primero contra el turquesco furor. El primero seré, digo, que al perro acometa y rompa que no ha de levantar pompa contra España este enemigo, que si suelto los enojos que en mí han hecho represa, iré que dejen la presa huyendo y dando de ojos. Llegue pues a la muralla la gente bárbara y fiera, quizás que saldremos fuera a darles campal batalla. Aunque el turco riguroso dé en la fuerza de repente, tiene dentro buena gente, buena muralla y buen foso. Venga pues como se tarda que en fuego y cólera ardo. Apresure el paso tardo, que don Fernando le aguarda. Esos son necios extremos y así de los dos me admiro, pues no miráis como miro el peligro que tenemos. Somos pocos, en efecto. Ellos muchos y feroces y nos echarán a coces de la fuerza, yo os prometo. Muestra, señor, valorarnos, que te juro que estas vidas han de ser muy bienvenidas. Yo pienso venderme caro. Ahora acaban de prender este villano en Bugía. Se sospecha que es espía. Mira qué quieres hacer. ¿De dónde eres? me otorgas como cristiano, yo te contaré de llano la causa de mí venida. Dilo presto. Has de saber que soy turco renegado y que el Bajan me ha enviado a saber tu parecer. Ayer salieron a tierra casi cuarenta bajanes, valerosos capitanes, todos a punto de guerra. 29 Treinta mil infantes son sin caballos y otras gentes, flecheros diez mil valientes escogidos de Mondón. Los jenízaros gallardos son cinco mil poco menos, tres mil tártaros muy buenos y mi persianos con dardos. El cómo y cuándo no sé. Han de dar sobre Bugía, sospecho que antes del día, según allí me informé No hay más de que te avisar, esta es la verdad sin duda. Cristo sea en nuestra ayuda, que esto solo ha de bastar, o la este perro llevad haga de la muerte prueba y de un árbol le colgad porque lleve fruta nueva. Ahorcadle. Venid conmigo. Pues que conozco mi hierro, Misericordia. Sus perro. Vamos y échese el bando, que todo el mundo esté apunto porque a lo que barrunto el turco viene marchando. Guarnézcase la muralla de gente y artillería. Vamos, Dios guarde a Bugía de aquesta perra canalla. Con silencio no pequeño hemos hasta aquí venido. Si el cristiano está dormido, bien será que brille el sueño. ¿Qué hora es? Yo sospecho, señor, que dentro de una hora saldrá la hermosa aurora y con ella nuestro hecho. Vos, galerón valeroso, llegados presto a Bugía, y haced una sangría con gran presteza en el foso. Voy a cumplir tu mandado. Sea con grande secreto que será de grande efecto hallar el foso acotado, y pues no hay lugar de mina, vayan tras del mil soldados o dos mil muy bien cargados de troncos, rama y fagina, y todo aquesto se arroje en el foso hasta que arrase para que el soldado pase con presteza y no se moje, por esta puerta de Argel, aunque el muro está más alto, se dará el primera salto con estrepitud cruel. Por cuatro partes después, como anoche concertamos, que si así no la tomamos no se tomará en un mes. 30 ¿Qué gente hay en la ciudad? Españoles hay quinientos, y aún sospecho que seiscientos grande precio y bondad. No trato de la otra gente, que aunque mucha poco vale, con esta no hay quien se iguale, que es más que todas valiente. Gente animosa y gallarda, diestra y de gran valentía y juegan con bizarría, pica arcabuz y alabarda. Yo conozco a los hispanos porque he corrido su costa y aún he aprendido a mi costa el gran valor de sus manos. Es robusta y en diablada, que en diciendo Santiago, Dios nos libre del estrago, que hacen con él espada. La traza es hartodonosa que significa el vocablo. Deben de llamar al diablo, que no es posible otra cosa. Hoy lo verás en la guerra si con alguno temides, al fin, son hijos de Alcides, que puso fin a la tierra. Bien sé qué jamás desmaya aquesta gente española, pues en el mundo ella sola al gran turco pone raya. Vamos que el tiempo se allega. Para el día falta poco. Llegue el campo poco a poco por la parte de la vega. Cuando cerca hayan llegado dese el asalto de presto, cada uno por supuesto, según el orden que he dado. No tengo ya sufrimiento porque es de día, sin duda. No sé pues cómo no muda este cornudo sargento, en mi vida tal he visto. Él se ha dormido a mi costa, seis horas he hecho de posta por las seis horas de Cristo. Pasito, sin que se sienta, pongan allí la fagina con pan aquí muy aina, pase acá la herramienta. Gente suena junto al foso. ¿Quién viene allá? No responden, muchos veo, allí se esconden. ¡Arma, arma, arma! ¡Alarma, alarma! Todo se aperciba, arrimen a los muros las escalas y en viendo que algún lienzo se derriba con el furioso ímpetu de balas, salten dos mi jenízaros arriba, y quiebren a este bárbaro las alas. No dejen sobre el muro un hombre vivo y aquel que se rindiere sea cautivo. Muerto si mas no rendido, vil canalla. Ríndete, español, que te prometo de darte libertad. Esa no quiero. Pues toma. Muerto soy, válgame el cielo. Esto traerá con el alto adelante. Ea, perros, teneos afuera. Muera, muera, que de los nuestros este perro solamente ha muerto más de ciento. Dale caiga. Herido estoy de muerte a duro sado. Ya este queda acomodado, vamos presto. Llegó ya el tiempo del luto, herido de muerte estoy. ¿Soy don Fernando o quién soy? Muerte, ven por el tributo. ¿Qué es aquesto, don Fernando? Tal flaqueza en ti se nota. ¡Ay de mí que el alma brota y voy sin duda acabando! Quiero ver por ventura si en pies me puedo tener. ¡Ay Dios, ya vuelvo a caer! Abran pues la sepultura. Con todo quiero es forzarme y sentarme en este suelo, quizá aquel ángel del cielo vendrá por aquí a buscarme. Ven, mi diosa, aquí al proviso, no te parezca embarazo que en morir en tu regazo iré cierto al paraíso, y aunque estoy caído aquí, con el mal que me atraviesa, si muero, mi bien me pesa, solo que muero sin ti. Ven, Águeda, pues te llamo, ven y coge estos despojos, pues por las heridas y ojos la sangre y agua derramo. Pésame y aquel cuchillo fue conmigo riguroso, que te di mano de esposo sin intento de cumplirlo, y de aquí, señora, infiero lo que siempre lloraré y es que si yo te engañé yo fui engañado primero. Me engaño el descreído Flaminio, falso lacayo, mas ay de mí, qué desmayo, con la sangre que despido. Quédate a Dios, vida mía, y pues que siempre fui tuyo, desde aquí te restituyo esta alma que no es mía. Quede el cuerpo en estos llanos con el dolor que padezco, mas el alma yo la ofrezco, señora, en aquesas manos. Puedes, señora, guardarla y tenerla en tu poder que no osará lucifer de aquesas manos hurtarla. 32 Ya va mi señora, aguarda, que poco a poco se arranca. Abre aquesa mano blanca. Espera, ya va. No tarda. Y pues me voy acabando con apresurado a paso. Adiós, ninfa del parnaso, que aquí muere don Fernando. Pues con la fuerza quedamos, desea Mahoma la gloria aunque a fe que la victoria nos cuesta más que pensamos. Con estar aún no despiertos cuando el asalto se dio, todas las calles veo yo llenas de mil turcos muertos. ¿Qué gente falta? Yo sospecho que es sin número y compás, son tres mil y muchos más. Buena ganancia hemos hecho. Yo vi uno con mis ojos que más de ciento mató, pero Andisaley llevó de su vida los despojos. Este hacía grande estrago y al que cogía de través, le partía de un revés luego decía Santiago. Otro con esta palabra al que le daba de tajo, le partía de arriba abajo y saltaba como cabra. Al fin ellos solamente son los que se han defendido, que los demás no han podido resistir a nuestra gente. Gente brava y de concierto. ¿De esos cuántos quedan vivos? Españoles cien cautivos, todos los demás han muerto. Haced que con son de trompa echen bando prestamente, que quemen la muerta gente porque el aire no corrompa, y así os mandó que luego a toda la gente muerta saquen fuera de la puerta y los echen en un fuego, y los que en este debate, presos y vivos tenemos, vayan mañana a los remos si no hay ya quien los rescate. Mi señor, aquesta dama andando yo saqueando, hallé en su casa llorando medio desnuda en la cama. No me ha querido hablar ni una palabra tan sola, sospecho que es española todo se le va en llorar. Decidme, luciente estrella, más hermosa que Diana, ¿sois divina o sois humana?, ¿sois casada o sois doncella? Porque a lo que veo en vos, por ninfa santa os confieso, 33 pues que os dio con grande exceso, todo cuanto pudo Dios. Cese ya vuestro llorar, recoged aquesas perlas que provocáis a cogerlas a quien las sabrá guardar. Si os da pena el ser cautiva, que vos la tengáis me pesa, libre estaréis que no presa que en más el negocio estriba, y así os ruego por Dios vivo, me digáis lo que os pregunto, pues hoy me ha venido junto ser vencedor y cautivo. ¿Quién sois o cómo os llamáis, de qué parte o de que tierra? Que el valor que en vos se encierra es fuerza que lo digáis. Eso no consentiré. Alzad de ese suelo lacio y respóndeme despacio, sin lágrimas por mi fe. Señor, si la gran discordia que dentro del alma tengo te aflige en ver como vengo, tenedme misericordia, y pues tu grandeza viera y con los dioses me iguala, mujer soy, y la más mala que madre parió en la tierra. Soy una mísera esclava fiada en su parecer, al fin soy una mujer harto peor que la cava. Con agua y dolor conquisto Lo que siempre lloraré, pues por mi culpa dejé de ser esposa de Cristo, pues me metí de casar con un capitán discreto, mas la fortuna en efecto lo vino a desbaratar. De mi casa me saco con grande secreto un día y estuve en su compañía hasta que hoy aquí murió, y pues en breve razón te he contado mi pesar. Déjame, por Dios, llorar, pues descansa el corazón. Tu es clava he de ser al cabo, dobla mi dolor y pena y ponme aquí una cadena y aquí una ese y un clavo. libre seréis y señora, porque el bajan que os adora ha de ser vuestro cautivo. Si perdisteis capitán rico, valiente y honrado, por eso hoy habéis ganado un muy ilustre bajan, y si él os regalaba eso, aquí no os faltara que en vuestra mano estará ser señora o ser esclava, y entended que esta promesa se cumplirá cual veréis, pues desde hoy comeréis conmigo en mi propia mesa. 34 Tus hidalgas manos beso por un don tan alto y largo. Servir quedará a mi cargo, y aún es poco todo eso. Llévenla allá, a mi aposento, Regálenla cual merece y ved lo que se os ofrece, que lo haré en un momento. Te suplico, mi señor, mandes se me dé un criado, que han conmigo cautivado que es un pobre labrador. Búsquenle y luego le den a esta hermosa dama. ¿Cómo, señora, se llama? Flaminio. Sus está bien. Denle cuanto ella pidiere dentro y fuera de mi casa, en nada le pongan tasa, que el bajan así lo quiere. ¿Hay belleza tan extraña como la de esta mujer? Sin duda debe de ser la nata de toda España. Hermosa es cierto en extremo pero será grande necia si ella, señor, te desprecia Eso solo es lo que temo. La daremos mala vida si obedecer no querrá, y de esta suerte vendrá a tu voluntad rendida. Eso no permita el cielo, persuadirla así y quererla mas no tengo de ofenderla si es posible ni en un pelo. Vamos y el orden se de de partir con brevedad, y quede en esta ciudad la guarnición que ordene, y esta dama tiene de ir conmigo siempre en la real, quizá curará mi mal que lo demás es morir. En esta verdad me fundo que si ella renegase, no hay duda que me casase con ella a pesar del mundo. Bien acomodado salgo de cadenas y de hierros, adviertan, pues si son perros que yo también soy un galgo. Piensan que me dan tormento, Sepan que estas cadenillas me son miel y mantequillas, guardé las que traigo dentro. Me he dejado cautivar y poner estas prisiones por ver si mis pretensiones a buen puerto han de llegar. Ya don Fernando murió y yo he muy mal negociado, que aunque murió amancebado al fin se me escapo. Yo le causaba discordia teniéndole puesto en calma, pero al arrancar del alma pidió a Dios misericordia, 35 y pues perdí al capitán con todo mi enredo y trama, me quiero andar tras la dama hasta entregarla a satán. Quizá la persuadiré, que venga a desesperar a lo menos renegar de Cristo y su santa fe. A seis turcos ha inviado que me busquen muerto o vivo, aquí está el pobre cautivo que aún no se ha desayunado, Siempre me alaba y me loa, mas guarde si he de ser villa que lleva a casa polilla, que su alma manché y roa. Ya salen. A galerón, sola esta calle nos falta, que digo aquél es sin falta el mozo del capitán. De esclavo. Por mi desgracia que libre no puedo ser. Aún no quiere responder, miren qué gran pertinacia. No respondéis con el diablo. Como está hecho esta antigua. ¿Cómo os llamáis? Sierpe antigua me llamó el traidor de Pablo. ¿Quién eres? Flaminio soy, y aún esclavo a hartos años, mas no como sino engaños. ¿Que no habéis comido hoy? Ya he comido de paganos esta mañana un enjambre, pero no mato la hambre mientras no como cristianos. Mal estás con tu nación, ¿algún agravio te han hecho? Tienen no sé qué en el pecho, reniego de cuántos son. A los turcos querrás bien, que es gente de buena masa. Esos ya sé, son de casa. Monjes y frailes me den, hablo con vosotros claro porque sois ciegos y sordos, mas esto, tríos que están gordos los compro siempre muy caro. Tras un capitán canalla he andado siempre despierto, y hoy que los turcos se han muerto me ha dejado de lacaya. Esto es lo que yo reniego, que viviendo cual Dios sabe no más que dijo, pecar vi, me dejó atrás de buen juego. Ya tendréis buena ventura, venid con nosotros dos. Mas que no me la dé Dios sino frío y calentura. Júntese luego al momento toda la gente y banderas, refuércense las galeras, pues que es favorable el viento. Andad, haced lo que digo, 36 aprestad velas y remos, porque esta noche zarpemos. Mahoma quede contigo. Vos, flor de la gente hispana a quien a la soberana no repartió con larga mano más belleza que a Diana, ablanda un poco ese pecho que me mostráis yerto y frío, y mirad que tengo el mío con mil suspiros deshecho. Mi vida será muy corta si no es de vos favorida, que sin vos ni precio vida ni la quiero ni me importa. Sin vos, hermosa paloma, no quiero favor ni abrigo, que ni a mi propio me estimo, ni Ala santo ni a Mahoma. Sois que los dos muy más fuerte, pues tal virtud en vos labra que con sola una palabra podéis dar vida y dar muerte, y pues la dais con la vista, juzgadme ya de una vez mas si sois tirana juez, aguardaré a la revista. Aquí estoy en vuestra presencia, solo, cautivo y temblando y de esa boca aguardando la dura o blanda respuesta. Aunque en mi, señor, no haya las partes que vos me dais me pesa que pretendáis que en tan gran error yo caiga. Somos de contraria ley, yo cristiana y vos sois moro. Vos a Mahoma, yo adoro a Cristo supremo rey. No hay más que me persuadir, señor bajan, perdona, y otro remedio tomad que lo demás es morir. El cielo os dará consuelo, prestad mi señor paciencia que esta es última sentencia. De aquesa sentencia apelo que es muy dura y sin razón, yo sin culpa e inocente y así cuanto lo presente apelo para Mondón. Allí pienso de serviros con mi casa cual veréis, y podrá ser escuchéis estos mis tristes suspiros. Ya a Flaminio hemos hallado. Flaminio, seas bienvenido. Bendígala el Dios Cupido. ¿A dónde, mi señora, ha estado? Quiten el hierro a ese esclavo y dénselo a esa doncella, que por servirla y quererla, ha de hacer mi vida cabo. Mahoma te pagará, señor, aquesta merced y yo se lo pagaré cuando con él vaya allá. Porque sois hombre de peso vos la serviréis en suma. 37 No peso más que una pluma y ando siempre junto al peso, y porque un día di voces diciendo tal y tal pasa me desterraron de casa mi padre y otros a coces. Me llamaban el lucero, que era blanco como un cisne y ahora estoy hecho un tizne porque di en ser carbonero. Vos iréis con esta dama sirviendo siempre en la popa, tendréis cuenta con su ropa con su aposento y su cama. Embarca, señor, la gente y no seas perezoso, que es el tiempo milagroso con un gallardo poniente. Alto no hay que de tener, vamos, señora, a embarcar pues que se nos muestra el mar favorable al parecer. Ninguno a quedar se atreva sopeña de la cabeza, disparen pues una pieza y alcen bandera de leva. Pues tú, Melchor, quedaste solo uno por blanco de mi vida que ya es corta, me pesa verte así tan importuno, en cosa que tan poco nos importa. No trae este viaje bien ninguno, pues el avadan si tan bien lo exhorta, su parecer es sano tú le toma, que aquí negociarás mejor que en Roma. No dejes sin consuelo al triste viejo, pues no tiene otro arrimo en esta vida, tú solo me has quedado por espejo después que aquella ingrata fue perdida, y si ella por ser loca y sin consejo así propia mató siendo homicida, no mates tú a tu padre que te ruega pues ves que ya la muerte se le allega. Hacienda tienes tanta que te sobra, teólogo eres, sabio y sacerdote, ya que ese pensamiento que en ti obra, te ofrece satanás por verte al trote. No quieras, hijo mío, que esta obra alguna vanidad en ti denote, mas mira pues lo entiendes cuan mal labras y al buen entendedor pocas palabras, no pierdas a estas canas el de aro, que sé responderás como se espera. Vuélvete a tu breviario y a tu coro que es otra, es tentación astuta y fiera, y advierte que satán infernal toro anda por verte fuera de barrera, que así ha cogido muchos en sus cuernos, y echándolos de un golpe en los infiernos. yo le seguí siempre por más sano. Si ahora ves que no te he obedecido no ha estado en el poder de aquesta mano. Un sueño celestial, señor, ha sido. Quien hace este camino claro y llano, no pienses que estoy loco o devaneo, que no es sin fundamento mi deseo. Una paloma blanca vi en La Meca, 38 de aquel fiero animal rinoceronte la bestia se subió en una fuerte roca, para comerla allí sin alborote, mas viendo la paloma que se apoca, viéndome cerca dijo a sacerdote: remédiame si quieres y ponte en medio, que no tengo cuitada otro remedio. Yo dije de que suerte di, paloma. La vida puedo darte, es necesario. Me respondió que vayas luego a Roma, que tú me librarás por caso vario. Esta bestia es un hijo de Mahoma, que a Cristo y a su ley siempre es contrario. Sácame de su poder que es el infierno, pues ganarás por ello un premio eterno. No es bien si eso es así que contradiga al sueño que parece ser de peso, si una alma has de ganar que es enemiga tu gusto haz, Melchor. Tus manos beso, que en ver mi ausencia a ti causa fatiga. Lo siento en vida y alma con exceso, mas desde aquí te juro y te protesto, si el cielo no lo estorba, venir presto. Será muy bueno, hijo, que primero con oraciones santas te prevengas, que en el volver harás como yo espero. ¿Tu bendición me da? De Dios la tengas, que es padre de devotos verdadero. Torno a decir, Melchor, no te detengas. Ruega, señor, por mí. Será sin duda. La Virgen del Rosario sea en tu ayuda.

JORNADA SEGUNDA

Sujeto de mi memoria, de mi casa, ¿qué os parece? A ti solo pertenece aquesta grandeza y gloria. A vuestro mando y servicio está todo y yo lo estoy, y así, señora, desde hoy os quiero dar un oficio, digo, una dignidad, la más ilustre y honrosa que jamás dama hermosa recibió en esta ciudad. Ya sabéis, señora mía, el gravísimo tormento que dentro del alma siento después que yo os vi en Bugía. Tengo razón de quejarme porque estáis a mis gemidos sorda de entrambos oídos sin querer aún escucharme. Debía desconsiderar mi linaje y mi nobleza, sobre todo mi riqueza que no se puede estimar, pues digo a fe de quien soy si vos hacéis una cosa, que seréis la más dichosa que tuvo el mundo basta hoy, y es, aunque sé que os espanta, que dejéis el cristianismo, renegando del bautismo de Cristo y de su fe santa, y que abracéis como yo con vida y alma la secta 39 de nuestro santo profeta, que es la que Dios escogió. Así iré, con ambas manos la santa fe que profeso. Señor, no nos diga eso, que somos buenos cristianos. Escuchad, que no os engaño, pues mi consejo es muy justo. Después haced vuestro gusto a vuestro provecho o daño. Soy rico y de grande haber, noble ilustre y principal, he sido ya general y es pero de más valer. Mi riqueza es infinita. Tierras, viñas heredadas, rentas, censos, propiedades y mi estatua en la mezquita. Camellos una gran copia, bueyes butanos ganados y mil esclavos ganados con aquesta mano propia. Tengo de oro una vajilla, perlas, rubies, diamantes, púrpuras, sedas, turbantes, y soy señor de una villa. Casas con mi chapiteles, galeotas bergantines, huertos, vezas y jardines, cercados, prados, vergeles, Damasco, telas, brocados, tapices y colgaduras, aljibes y bordaduras, vestidos muy recamados. Fuera de esto un gran tesoro, dentro en mi casa enterrado de estima y muy bien cercado con diez cofres llenos de oro. Con esto tengo contino Honra, salud y contento, si en mar favorable el viento, si en tierra llano el camino. Venturoso en el privar en guerras lo que se pierde, al fin todo me sucede a gusto del paladar. De toda esta gloria y triunfo está mi alma adornada, mas todo lo tengo en nada mientras que de vos no triunfo. Aunque a mí solo se imputa esta riqueza y haber, de ello y de mi podéis ser reina y señora absoluta. Yo lo doy mando y entrego y a mi envuelto en todo ello, pero habéis de echar el sello haciendo lo que yo os ruego. ¿No respondéis, gloria mía? Pensadlo bien, no estéis muda. Si en lo dicho ponéis duda, mirad que es palabra mía. Páguele, Febo y Cupido, el gran bien que nos promete y mal haya quien no acepte un tan hidalgo partido. ¿A quién habrá que no entolde este bajan que un día perdió obre que le venía a mi señora de molde? No digo tal. 40 Callo pues, no deshagamos la fiesta. ¿Qué crueldad es aquesta? Señora, pues ¿qué queréis? Reina de mi voluntad, recibid mi gran tesoro, y pues que veis que os adoro este partido aceptad. Mirad que aunque poco valgo seré en serviros brioso y os daré mano de esposo a fe de moro hidalgo, y con vos me casaré aunque el cielo abajo caiga. Casarse también, mal haya. Calla, por Dios Callaré. Mi secta es muy buena y justa, santo y justo mi prefecta y la casta Mahometa nunca hace cosa injusta. Los cristianos son poquitos y esos se van consumiendo, y el turco los va comiendo como si fueran mosquitos. Adoran no sé qué misa que es lo que más los condena, solo pues mi secta es buena, que lo demás todo es risa. Pardiez que tiene razón, también me parece a mí. No me tengo de ir de aquí sin vuestra resolución. ¿Tan aprisa la combate? Señor, no me atosiguéis. Pues, ¿qué decís, que lo haréis? Ya dará el sí, no la mate. Si vuestra hermosura manda la mano me habéis de dar. No valía para tentar las coplas de cara banda. Escuche, señor bajan, piensa que mi ama se ensancha. Los dos queremos vida anexa, libre, alegre y sin afán. Yo digo que sea en buena hora que reniego de la fe, y también me casaré si me da una rica mora. ¡Ay Dios, tras sudando estoy! Mi ama quiere lo mismo. Quédese a un lado el bautismo, por ella la mano doy. Flaminio, detente. Ea, suelta. Flaminio, alabo tu pecho. No hay más, esto queda hecho. Yo fío que está resuelta. Si el cielo no me remedia, yo me pierdo paso a paso. Este es, mire, el mejor paso que hay en toda la comedía. Señor, yo responderé. Dejadnos solos los dos. Mahoma quede con vos. De aquí a una hora volveré. Flaminio, ¿qué, estás resuelto de dejar la fe de Cristo? Ya lo tengo todo visto y estoy totalmente vuelto. 41 No hay quien rescate a los dos ni de esta prisión nos libre, ni yo puedo ya ser libre mientras que Dios fuere Dios. Si me dan mientras yo vivo tierras y cosas de precio, no sería yo gran necio, quedar esclavo y cautivo. Este turco quiere darme gran parte de su tesoro y una turca como un oro para con ella casarme. ¿Qué dices? Esto que oyes, y aún tú será bien te digo que sigas lo que yo sigo y tu casamiento apoyes. Señora, esto es de importancia Si no quieres toda la vida ser errada y ser vendida, hoy aquí, mañana en Francia. Libre y señora te hace, rica y de grande haber, sobre todo, su mujer, que es lo que me satisface. Serás de las damas bellas de Modón, muy visitada, tú serás la más honrada y la más hermosa de ellas. Ellas te obedecerán por tu hermosura raza, y al fin serás mujer cara de tu marido el bajan, Quién nos mete aquí con Cristo si es hombre Dios o profeta. Sólo sé que nuestra secta es la mejor que yo he visto, Mira si tengo razón, pues más honra sin segundo manda casi medio mundo, y Cristo solo un rincón a los turcos favorece el cielo con manos llenas. Sus leyes deben ser buenas y seguirlas me parece, Y pues es buena esta secta, en sus verdades me fundo. ¿Qué dices? que me ha conferido, en ver mi alma inquieta que al fin no puedo huir, que al fin he de renegar, que el bautismo he de dejar, que a Mahoma he de seguir, que con un moro me case, y que un tesoro me dé. Flaminio míralo bien, no yerres en este caso, ¿no me entiendes? Ya te entiendo. Que ha de pasar esto así. Sí que te aguarda por mí que sé más que tu durmiendo. No hay cosa que más te cuadre ni que te venga más justo y gusta, pues ves que gusto y tenme de hoy más por padre. Ya me parece, te veo salir mañana vestida de oro y perlas guarnecida, gozando de un gran trofeo, 42 envidia tendré de verte, en habiendo renegado que el bajan, tu enamorado, como un sol ha de ponerte. Vamos pidamos albricias al bajan, tu nuevo esposo, porque coja muy gozoso de tu jardín las primicias ¿Qué dices? muéstrate alegre Hace esto que yo te ruego, reniega, pues yo te ruego. Y por tu parte no quiebre, Aunque hacerlo es caso fuerte, no me parece mal medio. Ven, que no hay mal sin remedio si no es el mal de la muerte. Flaminio, de acuerdo estoy que lo demás es locura. Tal te dé Dios la ventura cuál el consejo te doy. ¿Cuántos caminos, García, os faltan de las tareas? Que vióseme la correa Hoy a las ocho del día. Quedéme con solo el asa, el cántaro se quebró. Abajo aplica en casa Mi amo con dos varillas, delgadas como este brazo, me besito el espinazo y me quebró dos costillas, y si a la noche no llevo la tarea y algo más, Dijo el perro que a compás me haría merced de nuevo. Dios me dé suma paciencia, que a fe que el lunes pasado me abrió el perro este costado con el jabón de Palencia cuando se quemó el pajar por más de cuatro o seis veces nos quiso quebrar las nueces. sí que nos quería colgar Yo tuve la soga al cuello que pensó que yo había sido el que el fuego había encendido. Yo y otro fuimos en ello. yo vi puesta la escalera para colgarme el primero, ya fe que sin ser certero, vendía barata lacera, dejando aquesto García, Al fin tenemos nueva ama. ya renegó aquella dama, que trajeron de babia, nuestro amo la venció y se ha casado con ella. Oh, desgraciada doncella, el demonio la engañó, Ayer uno os certifico, muy grande cambia en la boda, convido a la corte toda, desde el mayor al más chico. Bailó el moro andísaléis, con extremo y bizarría, y la dama de babia, con el perro del virrey, Llevaba también el son, la muy perra renegada, 43 que parecía ser criada toda su vida en morón. Y el perro de su marido, tan contento está y ufano, que de su muy blanca mano, todo el baile estuvo asido. ¿Cómo se llama la mora? pero al bajan la llamaba sospecho que Arquifa ahora. Arquifa que Santa Elena, que Cecilia o Margarita. Llamáronla en la mezquita, así por primera estrena. Ruega a Dios que no nos trate como el perro su marido. Mas que si Dios es servido, nos crucifique y nos mate, muramos en testimonio de la fe si ella nos mata. No fue en su tierra beata pues acá será un demonio. Dicen que es de casta noble quizá que será muy Zuina. Vamos, no nos den la cena con doña Encina o don Roble. El labrador renegado, García sale acá fuera. Qué es de él? ¿Vesle allí? Este era de nuestra Arquifa criado. Ayer también renegó con Arquifa juntamente. Ayer por cierto que mienten, cada día reniego yo, reniego, rabio y blasfemo. Siempre muy de corazón, que ni temo inquisición ni aun al mismo Dios le temo. Alto, no hay más que hacer, que ya queda hecho el daño, que al fin para un presto engaño, es fácil una mujer. Yo la dejo acomodada, sin Dios, sin fe y con marido, sola una cosa le pido, y es que viva descuidada, y pues tiene posesiones. Viva hasta el día del plazo y advierta bien que del lazo no saldrá a vente torones ya no la quiero tentar. De hoy más que estos renegados, después hacen más pecados, que el diablo sabrá pensar, si al infierno me parto. Si hubiere aquí algún amigo que quiera venir conmigo, yo le regalaré harto y si con paciencia sufre allá te verá una vez. Pero había de ser de vez derretida y piedra azufre, y si hay alguno que intente ser preso en mortal cadena, que de mucho en hora buena no confiese ya mi cuenta. Mas si hubiere en esta sala quien rece siempre el rosario, 44 pues esa luz ve el contrario que de mucho en hora mala. Vámonos por aquí, en torno llegaremos al jardín, Pues tu Arquifa eres, al fin, de todas gracias adorno. Estoy en ti tras formado, que soy tuyo y tú mi esposa, y así como tú eres diosa traes al bajan endiosado. Con esto volviste en gloria todo el pasado tormento. Pues recibo ahora el contento de verme con tal victoria, esta fue con grande exceso, pues que hoy, arquifa mía, yo he vencido a quien vencía, y tú a mí que era tu preso. Tu victoria fue pequeña, pues que no la diste cabo, pero yo muerto y esclavo, rompí tu muy dura peña. Si tú gozas de la palma, sin arcabuz, dardo o chuzo, yo gozo más, pues que cruzo con esta palma tu palma. Pero todas las victorias para ti el cielo las deja, y así es bien las entreteja homero entre sus historias, y pues tú, arquifa, la subes con levantado trofeo. No me espanto que el Orfeo la suba hasta las nubes. Gozaré, pues, sin recelo de ti en la tierra que piso, pues tu cara es paraíso y tu blanco pecho el cielo. Tápame la boca, arquifa, que se anega en tus grandezas que te diré más turbiezas, que dijo alá a jarifa. No sé, señor, que decir que harto digo en callar, y así no he de comenzar, pues no podré con Elvira. Sólo te digo que estoy tan contenta con lo hecho, que tengo fija en el pecho la santa secta en que estoy. Vivía cierto engañada, con la fe de Jesucristo, pero ya muy claro he visto que es mejor ser renegada. El virrey envía a llamarte mi señor con un criado Yo voy ya mal de mi grado, Pues arquifa he de dejarte, a la santo le destruya, pues que estorba mi alegría que de alá en tu compañía. Mahoma vaya en la tuya. Grande contento es el mío, después que a Cristo dejé, pues he visto que su fe es un loco desvarío. Yo escogí lo razonable, pues case con el bajan 45 que fuera de ser galán, es rico, noble y afable. Por arquifa pierde el juicio, él me adora, yo le adoro. Él me ha dado su tesoro, Yo la vida en sacrificio. Perros tan grande insolencia. Señor, por amor de Dios. Yo os desollaré a los dos, no esperéis de mí clemencia enganchados en dos clavos os tengo de ver muy presto. Señor galeran, ¿qué es esto? ¿que han hecho aquestos esclavos? Barquifa habrás de saber, que estándome yo paseando vi que estaban murmurando estos dos a su placer. De ti, arquífa, murmuraban, llamándote perra vil con otras infamias mil que a sus bocas echaban. Por cierto, que está muy bueno. Pensaban que yo no oía Ves este, pues él decía que merecías un veneno, que tú eras en tu tierra, de vil y bajo cimiento Tal no he dicho. Luego miento, infame de casta perra. Vosotros murmuradores, perros falsos insolentes, conocisteis mis pacientes, quién sois vosotros traidores. Yo os colgaré de dos rejas, porque dejéis los resabios, a vos cortaré los labios y a vos narices y orejas, perros cristianos conmigo, os burláis a mi veneno y os pondré presto al sereno. Arquifa soy, yo lo digo, perros de casta judía, miradme de hoy a la cara, que os ha de costar muy cara la palabra de este día. Galeran va a allanar dentro, lleve este perro con cuenta, Y a este dad a mi cuenta Sobre los cincuenta ciento y sean con estos hierros que yo gusto por ahora Misericordia, señora. Acaben, vengan los perros. No hay a mono que me ligue, Arquifa ser mano brúñelo. sufrimiento nos dé el cielo, pues la fortuna nos sigue, no se cierto que me diga que a García en buena andanza, le han puesto a palos la panza más blanda que una vejiga. Yo no devoto a la roca en que habemos de parar. No hay sino ver y cavar y dar un punto en la boca. Arias pierde los estribos 46 en viendo la renegada. Es una figura endiablada, destruición de los cautivos, pensábamos que nuestro amo era el más malo del mundo, pero arquifa es sin segundo. Colgada se vea de un ramo. Callad, que por otro tanto Dieron a Arias las extremas. Con palos. Con las cadenas. Es muerto. Yo me espanto. Vamos, que está el mayordomo esperando allá en la baza no salga la picaraza, que nos visitará el lomo. Decid, Julio, ¿habéis comido del bizcocho de la mar? No lo puedo atravesar, que está todo mohecido, mal haya quien tal consiente. Veis lo aquí ya floreado? que este perro renegado gusta de matar la gente. Guarda, no lo eches abajo. Si no fuera pan de Dios. ¿Qué hacen aquí los dos? ¿Por qué no van al trabajo? O perro y el pan arrojas. Señor, cayóseme en tierra. Comeréis, pues casta perra como cabrás ramas y hojas, así que el pan arrojáis. Yo os pondré tasa y medida, desde hoy en la comida, que de gordos retocáis. ¿Con quién son, señor, las voces? Con estos perros cristianos, que arrojaron con sus manos el pan. Oh, bestias feroces, perros viles endiablados en quien todo el mal se halla. Agradeced vil canalla, de que no os como a bocados, Tuvisteis feliz suerte, en estar aquí el bajan, que yo os hiciera que el pan, quizá os costará la muerte. Pero no iréis sin castigo, pues por haceros regalos, llevaréis doscientos palos, a Mahamud a quien digo. Aquí estoy. Porque se acuerde de mí aquesta gente noble, dales ciento con un roble, y el palo sea recio y verde. Ten, mi señor, piedad de estos pobres afligidos. Como perros descreídos, delante de mí aguarda. Tente arquifa, basta ya, pues que se echan a mis pies. Con esas alas después, el diablo las domará. 47 aunque son bárbaros fieros, no es menester consumirlos, castigarlos sí y sufrirlos, que al fin nos cuestan dineros. Anda, perros en mala hora a lo que habéis de hacer. Vamos arquifa a comer que me parece queso ya. Vaya y comalo postrero, Bálate el diablo por perra. Cómo no se abre la tierra y traga este monstruo fiero? Válgame el poder eterno, Digo cierto que me espanto, como Dios la sufre tanto, sin echarla en el infierno. Viene que aún nos tuvo su marido, más clemencia, que no ella. Los diablos jueguen con ella, al trompo yo se lo pido. La presa ha sido muy buena ¿dónde están los cautivos? Esos están en cadena. Decidme, pues, ¿de qué modo los vinisteis a rendir? Yo lo hice sin mentir. Si gustas de oírlo todo, surcando el mar de Liguria, diez galeotas veloces, de Audalino rey de Argel, hombre astuto, diestro y noble, al punto que el rojo febo, hería los altos montes, y su muy querida hermana mandaba esconder la noche cuando las noturnas aves huyendo del sol se esconden, y con sus armadas lenguas dan voces los ruiseñores. Descubrimos en el golfo un galeón de alto corte, hermoso como un castillo, con treinta tiros de bronce, artillado y provisto, de jarcias y municiones, ancoras, tricas y hierros de lámparas y faroles. La gente vino de Roma, Cabeza de todo el orbe, y bala vuelta de España. Pero fortuna faltole, que con la calma enfadosa quedó en el mar hecha noble. descubrieronla de lejos, los grumetes voladores, y luego nuestras galeras, se pusieron muy en orden, disparando muchas piezas con este pitido forme. La nave como era fuerte, Bien tres horas defendiose, pero al fin entramos dentro, prendimos noventa hombres por haber venido aquí, será fuerza que te toque parte de toda la presa 48 por particiones conformes. Los cautivos son noventa, los tres será bien que tomes, Aquí están desvalijados, como ves en las prisiones. Véndalos a un marinero en la plaza de Modon, luego en público pregón y vos llevadme el dinero. Vamos quédese allí, que sabe más que ninguno. Pedime por cada uno ciento y veinte y un cequí, y al primero que dé ciento si más no podéis sacar, se los podéis muy bien dar, que yo soy de ello contento. ¿Hay quién compre los esclavos?, que los vendo y no los fío, mozos gallardos de brío, dispuestos, sanos y bravos. Por cien ducados los doy, ¿Hay quién me los ponga en precio? Ea, que doy la voz más recio, ¿quién los compra? que me voy. Por treinta reales tasados vendieron al Rey del cielo, y yo, que no valgo un pelo me dan hoy por cien ducados. Alza, perro, la cabeza, ¿para qué estás cabizbajo? O perro, infame borracho, quien te cogiera en Baeza. de Baeza es en conciencia. Yo soy de aquí, de modón, llévese este pescozón, a ver si tiene paciencia. ¿Hay quien puje? ¿hay quien dé más? ¿hay quien compre tres mastines que comerán tres cofines? Se pasa y aun mucho más, el perrito que está en medio, que triste está, viene malo. Lleve este para Gonzalo. No responde, no hay remedio, Pues es otro renegado, piensa tener más ventura, la cabeza tiene dura, Este dedo me ha quebrado. Mala pascua te dé Dios. Hay quién dé más? ¿hay quien puje? De España son, yo los truje Ea, a la una, ea, a las dos. más qué digo gente suena mercar esclavos pretenden. Me parece que allí venden tres esclavos en cadena. ¿Quién los compra? Marinero, ¿por cuánto precio los das? i. Por ciento y veinte nomás. Eso no, que es gran dinero. Son sanos de pie y de mano, de brazos, ojos y dientes. Serviciales, diligentes, de buen hueso. Eres gitano. Mirad bien esas rodillas, Muslos, brazos, dientes, pechos… _49 si son de espaldas bien hechos: anchos, recios de costillas, pasad mano por el ojo. no hacen más a una bestia. Eso le causa molestia. Eso toma el perro enojo Era en su tierra valiente, pues a fe que he de comprarle solamente por amansarle, ¿cuánto por él? Ciento y veinte. ¿Qué se compra, Galeran? Señor, estos tres cristianos que me parece son sanos. y en cuanto precio los dan? porque yo he menester uno. los esclavos son muy buenos, y no se darán por menos de cien cequíes por uno. Escoge, señor, ¿cuál quieres? Este del medio me das y a arquifa se le llevas, que le vista. ¿De dónde eres? Dentro de España nací. ¿Sabrás labrar en tejares? Haré cuanto me mandares, Llévame, por Dios de aquí. Ven, amigo marinero, lleva a los tres al Bajan, que allí luego te darán en contado tu dinero. Este vestido de negro es pardiez de buena masa. Llévale, señor, a casa que es hombre de gran celebro. Nos vamos. Arre acá, perros. Ya os dije, Arias y García, muy clara mi pretensión: Dadme aquí resolución antes que pase el día, por tanto, si os disponéis a renegar como digo, cada cuál será mi amigo, y yo vuestra como veréis. Con dos turcas muy bonitas, si lo hacéis os casaré y yo propia os dotaré de riquezas infinitas. ¿Qué respondéis a esto Arías? García, ¿qué decis vos? ¿estáis conformes los dos o sois de opiniones varias? Mi señora, el cielo sabe que yo agradarte quisiera, mas no de aquesa manera, que este es negocio muy grave. Y así, porque más no atices con esa tu pretensión no puedo en resolución, señora, hacer lo que dices. Yo digo, arquifa, señora, Si dar o se ha de hablar, que yo no pienso dejar la fe que mi alma adora abrazarla con mis brazos. Que lo demás será mengua, y aunque me saques la lengua 50 por el gusto que te ha pedazos. Que tal oigo en mi presencia, como perro a tal te atreves. Imposible es que no lleves el pago de tu insolencia. Yo os ahorcaré de un pie por Alá santo y bendito. Veré si con esto os quito, del corazón esta fe. Aquesto será de suerte, pues ¿qué resueltos estáis que poco a poco muráis? una espaciosa muerte a Mahamud. Aquí estoy. las orejas luego corta a estos dos porque me importa verlos sin orejas hoy. Y con las fuerzas que alcanzas Dales ciento en las costillas, cincuenta en las pantorrillas, y doscientos en las panzas. Pues, aunque me martirices con más muertes que inventó Alá no pienso yo, Arquifa, hacer lo que dices. Está bien, quédese el cargo a Mahamud que él se atreve a daros muerte no breve, sino por un curso largo. ***, señor Bajan. aqueste esclavo te envía para que esté en compañía de los que en tu casa están. Será menester vestirle, que está el pobre como ves y tú le podrás después lo que ha de hacer decirle. Decid, señor Galeran, cuánto costó este mezquino. Cien escudos de oro fino dio por él allí el Bajan, por cierto que fue locura, dar ciento por este esclavo que no vale ni a un anclado, según muestra su postura. Porque este triste galán, donde es, no responde, alegre sé que está donde muy bien le regalarán. ¡Ay, capones y perdices! Frutas, higos, pasas, nueces… _ pero quitan a las veces por escote las narices, como se llama de nombre. A mí me llaman Melchor, aunque dijera mejor, que soy un pecador hombre, que por su culpa y pecado para hablar en buen romance, te trajo el cielo a tal trance, que es ya vendido y comprado. Mas pues mi reto lo fue, no es mucho que lo sea yo serviré, pues él sirvió y estaré firme en la fe. Oh, qué hombre tan devoto, déjenmele ver despacio, que amarillo está y qué lacio, qué santo tan pobre y roto. 51 Contento me da de veras mirarle de arriba abajo, sin duda que era espantajo, en su tierra de higueras. Si por sus culpas y hierros le echó su Cristo de allá, sepa que yo soy acá, veinte años a espantar perros, haré con él maravillas. Sólo por ver en que topa, que le besaré la ropa Y Mahamud las costillas, y aquesto será de suerte como su merced desea. Acepto la gloria sea, que tengo en poco la muerte. Darle muerte es mal consejo, que me costó cien ducados y han de ser presto sacados, si yo puedo del pellejo, conozca aquí a Mahamud, que es un grande nigromante y le hará ser danzante con la vara de virtud, una paliza bien dada dad luego al señor Melchor, sólo porque tome amor desde hoy a la posada. Ahora crees sin dudar, que eres bárbara y sin juicio, pues sin hacer de servicio me mandas apalear. Cuando yo hubiera errado de tu casa huyera, entonces razón hubiera para ser apaleado. Mas porque me certifique de hoy más que sin culpa ofendes a Mahamud, ya me entiendes. Vamos galán no replique. Bien sabes cómo han de ser, tres docenas muy bien dadas, y si fueren reparados, me harás mayor placer. Gloria al cielo. Vosotros es necesario, pues qué resueltos estáis, que desde hoy me traigáis, mucho más de lo ordinario. Unas, pero me traerá cada uno sea quien fuere y el que no me lo tuviera, Mahamud le cobrará y quitarán del bizcocho, a vos, Arias y García, seis onzas por cada día que bastan los dieciocho. Todo será como digo y pues sois cristianos perros, hoy os doblarán los hierros y os echarán padre amigo, esta suerte amansará, que de hoy más no será menos, a fe que quedamos buenos, con mucho hierro y sin pan. Bien podéis creer sin duda, que es la perra descreída, nos hace dar mala vida, si el cielo no nos ayuda. 52 No sabéis lo que he pensado que sin que arquifa lo entienda, le roguemos que nos venda nuestro amo en el mercado. Sobrada razón os sobra pues otro amo busquemos, y si morir no queremos, pongámoslo por la obra. No hallaremos en Turquía que arquifa otra más mala. Nadie con ella se iguala pues vámonos de aquí García. Que el traidor del amor así se atreva, a quien no ha de admirar lo que este hace, Más hay, que la memoria fresca y nueva de su hermosura el alma me deshace. Su grande discreción tras sí me lleva, su bello rostro al fin me satisface, pues qué remedio habrá la triste Orfila, que en amar un Melchor se despabila. No tengo que quejarme hasta ahora, Pues no sabe si amo o si aborrezco, si no me muestra amor es porque ignora que yo en fuego de amor por él padezco esto, por culpa mía me destroza hablarle, pues de hoy más claro me ofrezco, que amor juego y dinero yo sospecho jamás podrá encubrirse en ningún pecho Ay, Melchor español, cómo me cuestas más lágrimas que pesas y yo peso, pues ya llevo razones bien compuestas para mostrarte hoy claro mi proceso. Si a tu honestidad fueren descompuestas, no puedo más conmigo porque el seso pierdo en pensar, Melchor, que soy al cabo sobrina del bajan y tú un esclavo. Mas esto, señor, mío no hace al caso, que no guardares pecto el amor ciego, ni yo le aguardaré, pues que me abraso por ti, amado Melchor en dulce fuego la vida que en secreto por ti paso. Hoy tienes de saber, mas yo te ruego Oiga res, puesta dulce de esa boca, si no quieres que Orfila quede loca, vestida de temor y de paciencia, a hablarle quiero ir que ya me tardo. Mas no será tan grande tu insolencia, que tenga en poco mi valor gallardo y si en mi favor diere la sentencia, verá el terrible fuego en que me abraso. Mas que digo es aquel, él es sin duda Mahoma Santo sea hoy en mi ayuda. Cadena más que de oro, por quien la vida sus tengo, con vos siempre me entretengas, que os amo a fe y os adoro, no es bien que por ser pesada os maldiga y os infame. Antes será bien que os llame, cadena santa y sagrada, Yo os abrazo y os alabo, pues por vos en virtud me dio que mayor fue la de Pedro y fue apóstol y yo esclavo, siempre os quiero traer encima. Que estos vuestros eslabones, me son cuentas de perdones, y vos rosario de estima, andaréis siempre a mi lado, 53 mientras duraré el destierro, porque siendo vos de hierro aligeráis mi pecado. Vos y yo y este bribario, siempre dormiremos juntos, y en pasando ciertos puntos, saldrá el devoto rosario con estas armas leales tengo al fin de pelear, pues siempre he de rezar los salmos penitenciales mientras que fuere cautivo habéis de ser mis amigos, sólo porque seáis testigos del bien que de Dios recibo. Bien puede el dormir faltar, el agua, el vestir y el sueño, mas mi palabra os empeño que me habéis de acompañar y pues veis que no celebro Misa hoy en este suelo. Rogad por mí a Dios del cielo, mientras que yo el sueño quiebro. Dos horas solas tasadas, cada noche dormiré y así quizá pagaré algunas culpas pasadas, y aunque arquifa se alborote y el mundo me sea contrario, he de rezar mi rosario, pues soy al fin sacerdote, que Dios quiso gloria a él, que ya que me cautivasen. El breviario me dejase para que rezase en él, sus vamos a la labor y mientras anda la obra, haga el corazón su obra pensando en nuestro señor. Adonde, Melchor hermano. Señora, al trabajo voy, que es muy grande a fe de hoy, y no parece temprano. Aun es de mañana harto, ¿qué es lo que hay que hacer? De aquí ahora de comer, tengo de manjar esparto, desde las doce a las tres, es ir por agua a la fuente. cuántos cantaros? Veinte. Y aun si puedo veintitrés, que arquifa por gran regalo a mí, Arias y García nos añade cada día un áspero. Eso es muy malo. Me pesa cierto en extremo, que mi tía de tal arte pretenda, Melchor, matarte. A la muerte no la temo, que es muy poco. Ten pasito. Solo temo a quien me trajo a pasar este trabajo. quién es? Mi Cristo bendito. Dime, Melchor, ¿qué darías hoy a quien te liberase, y de prisión te sacase antes de pasar tus días? 54 A Dios no hay cosa imposible, mas mi pecado y maldad no merecen libertad, y así no podré ser libre. En tu mano sola está, mira si quieres tenerla. De qué suerte. Una doncella sé yo que te la dará. Ella se muere por ti con amor grande y secreto. Ella te adora, en efecto, y se ha descubierto a mí. Extraño caso y, ¿quién es? Hermosa como una estrella, y si, Melchor, quieres verla, aquí está humilde a tus pies. ¡Ay, Melchor, y cuán rendida me tienes y puesta en calma! ¡Vuélveme, por Dios, el alma que en tu pecho está escondida! Mas ¡ay de mí! que sospecho lo que tu pecho sospecha, que nace de ti una flecha que pasa mi tierno pecho, Melchor, pues cuando querrás, cuando querrás te pregunto, a un cuerpo que está difunto, sólo mírale, no más. Con sólo mirarle es llano, que has de darle nueva vida, y pues hiciste la herida has de ser el cirujano. Goce de ti aquesta palma, hermano Melchor y mira, que amor con sola una vida, me ha pasado cuerpo y alma. Matome y mahoma sabe, pues todo bien entrega, que el raudal de tu belleza, Anexa esta triste nave, ponla señor en bonanza, pues que ves que me consumo, y no permitas que en humo se pase aquesta esperanza. Aquí estoy en tu presencia, a todo trance dispuesta, y aguardando la respuesta que me dieres en paciencia. Bien sabes que soy sobrina, del bajan y cuanto valgo, y que si ahora valgo algo, es por ser tu esclava indigna, y con serlo te prometo Si tú quieres renegar De lintino me casar, y ponerlo por efecto, no pierdas esta ocasión que te ofrece la fortuna, que no hallarás ninguna que te esté más a sazón. Has dicho. Y mal relatado el dolor en que estoy puesta. Pues escucha la respuesta, que en este punto he pensado: ¿Qué gracias has visto en mí, Orfila? ¿Para qué bienes si solo a tentarme vienes? Esclavo soy, Vesme aquí. Soy muy lindo y agraciado, aguarda que ya comienzo 55 mira que calzón de lienzo, qué hierro grande y pesado, descalzo de pie y de pierna el sayo rojo y bizarro. Pues el bonete no es barro, la camisa negra y tierna, muerto de hambre y de sed. Flaco y pobre si le miras, que quedará si le tiras, pegado en una pared. En la cabeza, chichones, la cara abofeteada y esta espalda quebrantada, a palos y puntillones. Todo lleno de piojos, asqueroso y mal compuesto, mira en qué galán has puesto, Orfila, tus lindos ojos. Callo otras gracias secretas, por no serte más molesto, fuera de todo esto, soy sujeto a mil planetas. Aunque todo lo que dices, tengas con muy grande exceso, No hayas miedo que con eso, a tu Orfila escandalices. Pobre, enfermo y consumido, así como estás te adoro, si quieres tornarte moro serás luego mi marido, y si otra cosa imaginas no lo imagines y advierte que soy rica y puedo hacerte rico si te determinas. No sabes que Andisaley por su mujer me pidió, y que arquifa me negó a un pariente del virrey, a ti mi bien escogí. A todos por ti los dejo, Toma, Melchor, mi consejo Porque importa a mí y a ti. Bueno, a fe esto me falta, Alto sus, que muerto soy, al cielo mil gracias soy, por una merced tan alta, Al fin ¿quieres que reniegue? Si lo haces, eso basta. De ti reniego y tu casta, antes que tal hora llegue Anda, vete con Mahoma Quítateme de delante, que mi pecho es de diamante y a tus fuerzas no se doma. Tente, Melchor, por mi fe no me conoces. Muy bien. Mas, ¿no sabes tú también que soy cristiano? pero bien sabes que puedo con sólo hablar hacerte pasar la más cruda muerte. A la muerte no la temo, déjame. Perro ingrato, pues este bien no conoces, hoy te matarán a coces, conmigo tal desacato. ¿Qué es esto, Orfila? 56 No es nada. Ven acá perro, ¿a dónde vas? ¿Orfila no me dirás por qué estás así, alterada? Sabrás que el señor Melchor, no hay para que te mentir, me comenzó aquí a decir ciertas palabras de amor, dice que mi hermosura le tiene puesto de suerte, que ha de dar presto en la muerte o en una grame locura. En este punto está puesto y aun para más indignarme, quiso el trayar abrazarme si tú no entraras tan presto. No hay tal, tal cosa no pasa. Mahoma es muy buen testigo, que es verdad lo que yo digo. Este esclavo tengo en casa, pues como un traidor aleve, esclavo perro y vendido hijo de algún fementido, a tan gran maldad se atreve. Como a mi furia resisto, reniego de mi poder si no tengo de hacer un castigo jamás visto. Si en una dura prisión, no te metiere con llave no vea yo jamás ni alabe aquel santo zancarrón. Mahoma santo, ¿qué es esto? Con mi sobrina enemigo, lo mismo harás conmigo, mas no que acabaras presto. Pues tu voz me reprehende con razones tan injustas, escucha, arquifa, si gustas, pues el oír nunca ofende. Si tal amor hay en medio y en tal ceguedad yo caigo, Ruega al cielo caiga un rayo que aquí me parta por medio. Miente Orfila, no hay dudar que es traición que ella imagina. Miente, dejó a mi sobrina A eso no hay más que esperar. Mahamud lleva este mozo con otra cadena dura, métele hasta la cintura en aquel hediondo pozo. Ponle las manos atadas, no te duelas de sus quejas, después narices y orejas le serán por mí cortadas tres dice en la piscina estará porque se acuerde, a ver si con esto pierde el amor de mi sobrina. Alto, mi fin es llegado. Vaya que no morirá. Venga el perro acá de ya. Gracias al crucificado. No sé quién me dijo ayer que aqueste esclavo era un santo y así por cierto me espanto, que tal quisiese hacer. Tus horas dicen que está cada noche en oración, 57 y que su media ración a pobres cautivosas en un libro está rezando. Las rodillas por el suelo, y luego levanta al cielo el rostro medio llorando. Quisiera estar una pieza escondida a mi placer, solo por notar y ver lo quien habla o lo que reza. Dos o tres veces le he visto por entre una y otra tabla, y en rato en rato habla con no sé qué Jesucristo, y así arquifa te suplico le trates con más clemencia, que fuera de esta insolencia es bueno, te certifico. Hasta tres días estará en la mazmorra encerrado. Después con cierro doblado, como antes andará. Él es un simple, en efecto. Sus vámonos a comer, que yo le tengo de ver una noche con secreto. Partirme será fuerza, amigos caros, pues el honor y fama me dan voces. El gran bajan me ha escrito aquesta carta y manda vaya a tipol brevemente. Sospecho que el gran Tura ya es sin duda Virrey de ella me hace, y yo lo acepto. Sólo será el fastidio mudar casa, riquezas y mujeres, caros hijos. Mas, entre tanto los mi fiel amigo Galeran mi casa encomiendo tener de arquifa cuenta y a sus niños, y vos seréis cual yo, pues yo lo mando de todo me avisas muy por extenso con la Estafeta siempre que me importa, y vos, Andisaley, iréis conmigo, Aunque yo he de volver dentro de dos meses, a percibir las cosas diligentes, para este viaje, que será mañana. Y consolad a arquifa, porque siente en el alma y corazón es partida. Yo la siento también, mas es forzoso obedecer al Rey, pues me engrandece. Podrás estar, señor, seguro y cierto, que en lo que toca a mi faltar no puedo y pues tu casa y gente así me encargas, haré como quien soy. Yo no lo dudo, que sois, Galeran, noble y a mi cargo se quedará el premiar esos servicios. Cada semana escribid. Será sin falta A vos y Andisaley andando el tiempo paro, en Tipol os daré cargos honrosos, que al fin lo merecéis. Tus manos beso, Que, sin yo merecerlo, señor mío, de mí quieres acordarte más la hiedra que no puede por sí subir en alto, la cual soy yo, pienso abrazarme contigo, que eres muro recio y fuerte. A tu servicio siempre estoy dispuesto como fiel servidor. Sus vamos, y de ese orden hoy de la partida, 58 con solo Andisaley y treinta moros que vayan en mi guardia. Tomo el cargo, todo estará mañana muy a punto. Sentido he, Arquifa, en extremo. La partida de mi tío. Es tan grande el dolor mío, que perder el juicio temo. Consuélame Orfila, hermana. conque me dijo al partir que me tenía describir dos veces cada semana. Cuanto y más que ha de volver, De aquí a un mes sin más tardar, y entonces ha de llevar casa hijos y mujer. Sólo colige el dolor quede su ausencia en mi reina, el ver que he de ser virreina de Tipol con mi señor. Mas dejado aquesto ahora, Mahamud, aquel cautivo ¿es ya muerto? Aún está vivo Cuándo le viste? Habrá una hora Podrás que este gusto es mío, hasta que muera dejarle. Manda, señora, sacarle, que ya habrá perdido el brío y pues me tuvo afición, mostrando amor verdadero por ser yo quien soy le quiero sacar hoy de la prisión. Pues vos lo gustáis así. Yo gusto y digo que vaya Mahamud y luego traiga al vuestro Melchor aquí. Y mandas que luego sea. Bien puedes luego traerle Que esta noche quiero verle, sin que me sienta ni vea. Si mandas, las dos iremos. No, que sola quiero ir, solamente por reír de ver sus necios extremos usan mucho los cristianos de rodillas por el suelo pedir el favor del cielo puestas así las dos manos. La noche que le miré alzaba la cara al techo y, dándose así en el pecho, decía tres veces “pequé”._ _ Besaba el suelo a porfía, con lágrimas muy amargas, y con unas cuentas largas llama a doña María. Casado es a lo que pienso, quizá con esta mujer. Yo lo tengo de saber, a la noche por extenso. Quizá la fe que profesa haré que deje si puedo, no por rigor ni por miedo sino por vía de promesa. Podría ser que renegase por salir de tal quebranto. Pluguiese a Mahoma santo, 59 que ese gallo me cantase. La tigre arcana y la zorra salieron con sus hazañas, pues lleno de telarañas me sacan de la mazmorra. Yo no acabo de entender de aquestas dos el motivo, pues me sacan sano y vivo y aún me han dado de comer. Mas, yo las entiendo al fin, y podría ser engañarme que ellas quieren engordarme, para darme el San Martín. En el agua como atún, he estado entre piedras duras, medio abajado y a oscuras, sin poder sentarme aún. Pero haya en hora buena, que yo doy gracias a Dios, pues que tengo orejas dos, y la nariz sana y buena. Téngolas como prestadas, que a lo que puedo entender, al primer hurto ha me ser, con un cuchillo cortadas. Salid, pues, amadas prendas que ya es hora de rezar, pues con vos tengo de dar a Dios de vidas ofrendas. A buena hora he venido, que ya comienza a rezar, de aquí le quiero escuchar, pues entrar no me ha sentido. Domine me in furore tu varguas me neque in natura coripiasme. En tu furor severo no me argüías, Señor, ni me corrijas con tu ira, duélete de las almas y no huyas de esta tuya que por ti suspira. Muestra con ella las grandezas tuyas, no triunfe de ella el mundo y su mentira, mas tu refugio mío en el destierro perdona a tu Melchor su grave hierro, pues tú lo mandas Cristo también ruego, por estos infieles y paganos. Alumbra aqueste pueblo que está ciego y templa su rigor con los cristianos, a arquifa también libra de aquel fuego, aunque ella tomó el mal con ambas manos tú la compraste al fin tu sangre propia, derramaste por ella grande copia. Por mí ruega el esclavo, ¿no es gracioso? Quiero ver en qué para. Y tú, señora, que eres de Cristo madre y él tu esposo, remedia a Orfila, triste y pecadora. A ti, María bendita, muy gozoso ofrezco mi alma y cuerpo en esta hora, virgen sin mancilla, santa y pura, que alma con tu amparo no es segura, suspenso en tus grandezas me transporto, pensando en tu hermosura estoy pasmado. Loando tus virtudes quedo corto. tu luz virgen sin par me ha deslumbrado, bien sé que a tu servicio poco importa, pues soy gusano virtud, te ha menguado. mas hay pensando en ti, virgen, me admiro. Recibe madre santa este suspiro. 60 Por Alá que se ha quedado el esclavo suspendido, o él está muerto o dormido. Sin duda que está elevado, Yo me quiero ir y dejarle, quédese así yo me voy, mas juro a fe de quien soy que tengo de despertarle. ¿Qué es esto perro y tan tarde? Señora, estaba durmiendo. No hay tal. Al menos haciendo de mis pecados alarde, son de gran teso y malicia, hechos contra Dios eterno, por ellos merezco infierno. Si va en rigor de justicia, consuelame que es juez Cristo. Mas dime, arquifa, señora, ¿Quién te trajo aquí a tal hora donde yo jamás te he visto? Estoy de ti enamorada, pues tú por Orfila lo estás, ¿Qué dices a esto? Arquifa, muy acertada. Bien sé que burlas de mí, mas yo tengo conocido, que otra cosa te ha movido sin duda a venir aquí. Aciertas sin ser profeta. Yo te lo quiero decir, y es que te he de persuadir a recibir nuestra secta. Siendo tú de tan buen seso, hombre sin ruido ni embustes, Me espantó mucho que gustes ser cautivo y estar preso pudiendo tener la vida sin tormento, afán ni pena. Ser vendido y en cadena No es necedad conocida, ¿No ves que es gran disparate querer vivir con trabajo? Perdóname si te atajo. De eso Arquifa no se trate, dejar yo mi profesión ahora es cosa imposible, y a ti será insufrible oír mi resolución. Bien puedes, señora, irte si vienes a sólo esto. Respondido me has de presto No tengo más que decirte Dime, pues, ¿eres casado? ¿tienes hijos o mujer? Casado no puedo ser, que estoy a Dios consagrado, aunque adoro una doncella, que es madre y doncella junto la más su vida de punto que tuvo el mundo y más bella, Danme con ella gran docte, riquezas y eternos bienes. Y tú al fin que oficio tienes? Mi oficio es ser sacerdote. Ese oficio es singular y en tu tierra muy subido pero el cielo te ha traído Do jamás le habrás de usar, 61 eres rico. Y no muy poco. Pues no es grande disparate no procurar tu rescate, ahora digo que eres loco. Si en mi tierra se supiese que estoy en este tormento, no hay duda que en un momento aquí mi padre viniese. Piensa que yo he de venir de Roma y al fin se engaña. ¿De qué tierra eres? ¿de España?. Señora, vete a dormir. Déjame, por Dios te ruego, algún tanto reposar que tengo de madrugar al trabajo. No lo niego, mas quiero saber de ti Pues, ¿que naciste en Castilla? ¿en qué lugar o en que villa? Eso que te importa a ti. No te hablo con engaños, que aunque me ves libre y viva, estado esclava y cautiva en Valladolid seis años. Tente arquifa, por Dios vivo, Valladolid has nombrado, Oh, patria mía, oh, padre amado, Oh, pobre, triste y cautivo. En gran confusión te he puesto, eres tú de ese lugar. No te vayas a acostar, arquifa, por Dios tan presto. Señora, que tal nombraste que a Valladolid has visto. no puedo ya, aunque resisto que el alma arquifa pasaste. Allí nací, de allí soy, allí ha nacido mi madre, allí tengo un viejo padre, allí con el alma estoy, allí estudié y me crie, allí Dios me ha regalado, de allí soy beneficiado, y al fin aquí moriré. Aguarda, pues, que yo gusto de aquesa tierra informarme y de ti podré quejarme, Melchor, si no haces mi gusto. No dejaré de hacerlo Pues ¿qué, señora? ¿porfías? Dime en que calle vivías, que gustaré de saberlo, que conozco mucha gente en tu tierra por mi fe, y quizá conoceré Melchor algún tu pariente. A tu gusto me acomodo, que algún gran bien de aquí espero y así, mi señora, quiero hoy satisfacerte en todo, pues tal deseo en ti obra, Vive mi padre y señor, junto a la Iglesia mayor en la calle de la obra. Conoces a los rosales? gente rica y principal. ¿Que es esto, Dios eternal? Quien oye palabras tales puesto arquifa estoy en calma, porque soltaste ahora un rayo 62 que me ha causado desmayo, en la vida cuerpo y alma. Los rosales son mis tíos, que en cantarranas vivían, de cuyas manos pendían todos los negocios míos. Qué oigo, oh caso extraño? ¿tu padre como se llama? Desenreda aquesta trama, que estoy puesta en cierto engaño. Mi padre viejo y honrado, se llama Juan de Acebedo, mi madre Leonor Saucedo y yo Melchor, su hijo amado. ¿Qué es aquesto? ¡Santo cielo! Dios eterno y soberano, sin duda aqueste es mi hermano. ¡Ay Dios!, si duermo o si velo, ¡Ay! que quiero reventar de contento y de dolor Oh, dulce hermano Melchor, no me atrevo a te hablar. ¿Qué haré? Gracioso cuento, esta mora se ha espantado en vez que yo le he nombrado a mi padre. Hablarle intento qué aguardo si ya voy. Ya vuelve. Yo me atrevo mas no oso, válame Dios poderoso y qué turbada que estoy. Una hermana a mi buen juicio has a tener muy hermosa, es casada o religiosa ¿adónde está o que se hizo? ¡Ay de mí, Arquifa! Señora, que satanás enemigo se la ha llevado consigo. Eso se ignora, que una mañana se fue sin ser de nadie sentida, por ese mundo perdida, sin saber cómo o por qué, Sintióse al fin lo posible: su ida y yo, siendo esclavo, lloro por ella y no acabo, ni acabaré, ni es posible. Perdí un tesoro precioso, Que ya santa y virtuosa, Yo la llamaba mi esposa y ella me llamaba esposo. Era de su madre espejo, y ahora todos los días llora como Jeremías por ella su padre viejo ¡Ay de mí, mi buen Melchor! Socórreme, amado hermano, no me dejes de tu mano, que muero aquí de dolor. Dame luego mil abrazos, echa hoy de amor el sello, y abraza este triste cuello con esos cautivos brazos. Tente arquifa, no imagines con ese dañado intento, que he de dar con sentimiento a tus pensamientos ruines. 63 Desde el punto que aquí entraste sospeché a lo que venías, déjate de esas porfías y por el presente baste, Decidme qué pretendéis tú y Orfila de un cautivo que tiene el amor lascivo y derribado a sus pies, ¿No ves que se pierde Orfila, por mí en amor deshonesto? Y que yo triste estoy puesto entre caribdis y syla. Tú de noche me combates Orfila de noche y día. Válame Santa María, qué terribles disparates, pero al fin, yo me reparo con mi Cristo verdadero, pues ni a una ni otra quiero. Mira si hablo bien claro, Deja ese llorar, señora, que es cansarme y es cansarte y no pretendas dejarte engañarme por ahora. Si ahora te causo enojos, Melchor, con este accidente es porque tengo presente al alumbre de mis ojos. Bueno va. No hayas recelo, hermano Melchor, que soy una mujer a quien hoy ha hecho gran bien el cielo. Yo soy aquella perdida, Águeda de Acevedo, mi madre es Leonor Saucedo y yo tu hermana querida. Yo soy la que, a rienda suelta, por gustar del mundo amargo, ha estado un tiempo muy largo en mil pecados envuelta. Yo soy la furia infernal, que en Valladolid nació, y a padre y madre negó por el deleite carnal. Yo soy aquella alevosa que por el mundo se fue, y por mi culpa deseé de ser de mi Cristo esposa, Yo soy Águeda, Melchor mío, tu hermana, ¡Ay de mí! ¿Qué veo? ¿estoy loco o devaneo? ¿Duermo, velo o desvarío? Yo soy, hermano Melchor, mírame bien a la cara. Águeda, hermana cara. Hermano mío y señor. No puede el alma gozar tal contento sin morir. Ya no tengo que pedir. Ni yo más que desear. De nuevo quiero tornar a abrazarte. Y yo no querría dejarte hasta que saliese febo, y pues Dios lo ordena así. Melchior mío, ¿qué hacemos? ¿qué modo o traza tendremos para salirnos de aquí? 64 que el tiempo y Dios nos ayuda pues el bajan descreído a seis días que ha partido a tipolado se muda. Águeda en sola tu mano este negocio está puesto, tú lo ordena y sea presto. No se gaste el tiempo en vano, Ten en Dios la confianza, sus yo me voy a acostar, que con mi mucha tardanza podrán algo sospechar. Disimula con prudencia, que importa mucho. Señora, de aquí al día no hay una hora. Perro tan grande insolencia. Que ni la promesa basta para poderle vencer. Tiene el perro gran placer. Porque mal halla su casta. Calla, pues que yo os prometo pues que ya sabéis quién soy, que lo que os he dicho hoy se pondrá presto en efecto, deja vos hacer a mí que en un baro iréis al remo. Pardiez, que ya no te temo después que viniste aquí de reir me viene gana. Pues, ¿no temes el tormento? Salto y Bailo de contento, no tengo otra con hermana. Hermana de cuándo acá? Treinta años ha relamido. Y si le quito la vida? Yo sé que no quitará. es majar en hierro frío, vamos arquifa a dormir. ¡Vive Dios que ha de morir! A su tiempo yo lo fío Tan tarde, perros cristianos, guardaos que si arquifa os topa os sacudirá la ropa, que tiene muy buenas manos, ¿adónde trabajáis hoy? Yo, señor, a los tejares. ¿Cuántas tejas? Dos mil pares tengo de hacer todo hoy. Yo voy a la viña, a aquel maldito cercado. Pues si hoy no está acabado, No es mucho que arquifa os riña. Es gran tiro lo que falta. ¿No lo acabaréis? No sé cómo. Ayer dijo el mayordomo que es muy poco lo que falta y Melchor adonde anda, Pues ¿cómo no os acompaña? No sale hoy a campaña. ¿Por qué? Arquifa lo manda. Es muy amigo del ocio. Con arquifa está hablando gran rato hoy platicando sobre no se qué negocio 65 y así no va hoy al trabajo. Yo seguro que le encarga alguna pesada carga, para que caiga debajo. Pues así me ayude Dios, que es hombre de buen servicio. Es el holgar buen oficio que hacen aquí los dos. Sus id vosotros abajo, y cobraréis la ración. Pues Galeran, ¿cuántos son los que van hoy al trabajo? Veinte y cinco he señalado que han de traer el jornal, doce van a batir cal y aquestos dos al trabajo, los demás enviaré a la ordinaria labor. ¿Y no ha de ir allá Melchor? No voy allá. Es ya Melchor de los godos y se quedará hoy en casa. Sepan que ya soy del asa, y no me habló con todos. Sus vosotros caminad, que el queda de mala gana. Pregúntenselo a mi hermana, Mas no les dirá verdad Hermana tienes, ¿y adonde? Adonde yo no pensaba. Es cautiva, y no es esclava, y se encubre, y no se esconde que en buena fe yo la vi en su tierra andar en noche, y aunque toda aquesta noche ha llorado bien por mí, era endemoniada perra. Y ahora quiere ir a Roma, y a su bendito Mahoma piensa escupir en su tierra. ¿Y esa tu hermana es casada? Casada y con un demonio, pero al fin el matrimonio es tanto como no nada. Ha parido alguna vez? Sí que tiene ya dos niños, blancos como dos armiños, las almas como la pez. ¿Es hermosa? Y linda dama, que algún tiempo causó espanto. Como arquifa. Al menos tanto. Dinos, pues, cómo se llama. Dejó su nombre de pila por otro harto peor. Contento está hoy Melchor, favorecido te ha Orfila. Yo he sido la causa de esto, pues le he dejado hoy en casa. Que no cuenta lo que pasa a Galeran. ¿Bueno es eso? Ya sabrá vuestra jornada. Mas lo que yo le diré será que a la noche os dé una paliza bien dada. 66 Galeran, aquesta carta mi suegra vieja me envía para que hoy en todo el día a verla allí vez aparta, dice que esta puesta en cura con un mal tan recio y fuerte que, si escapa de la muerte, será muy grande ventura. Guardaréis la casa solo, y ordenad una barqueta para que en ella me meta en saliendo el rojo apolo. Si mañana quieres partir, Yo tengo una cara vela, ligera, fuerte y que vuela en que podrás muy bien ir. Pues si todo está dispuesto, Julio, Arias y García irán en mi compañía para que vamos más presto. Irán los tres la jornada y Melchor para Remar Que a Melchor quieres llevar? Sin mí no se hace nada. Pues vos tenéis de ir también, aunque Orfila más se queje. Señor, diga que me deje, que yo no sé remar bien. Pues mi señora no quiere. Tú tienes de ir el primero. Ea, que también yo quiero y venga lo que viniere, y pues esta resumida, de echar a Melchor al remo. Mire, señora, que temo de no llegar allá con vida. ¿Y si fuera allí tu hermana? ¿fueras allá? Pues si ella no fuera allí Había de ir de buena gana. Vamos, y hoy no trabajen para qué mañana estén descansados. Así lo haré. Dios bendiga a su linaje.

JORNADA TERCERA

Dioses diablos del infierno, tal desgracia, tal deshonra, Maldito sea quien os honra, y aun yo, pues que no os gobierno. Y tú, profeta Mahoma, vil infame de vil raza, cómo no te despedaza mi brazo que al mundo doma. Juro por Alá bendito, que no tengo de adorar tu mezquita ni tu altar ni tu zancarrón, maldito traidor, ¿cómo dejaste llevar a mí arquifa amada? Melchor la lleva robada. ¡Perro! ¿dónde la llevaste? Mataréme, vive Dios, si a Melchor matar no puedo después mataré si puedo en lugar del a estos dos a fuera que con mis manos, daré la muerte primero aqueste vil mensajero 67 y después a los cristianos. Muera este aquí en un punto, muere perro con quien hallo. Válame Alá. Y a mí el diablo, y el infierno todo junto. Satanás puede aguardarle. Muera Andisaley, ¿do está? escapado se me ha. Vaya que yo iré a buscarle, Matar me quiero que aguardo, no quede de mi ceniza pero que me atemoriza de cuando acá me acobardo, de que temo o que me alteza. Si es temor vaya a una parte y pues no puedo pescarte Melchor, bien es que yo muera con aqueste golpe fiero, aquí mi vida concluya, que de la mía por la suya recíbeme cancerbero. Cae muerto en tierra y sale Andisaley. Qué grande desvarío, herido de muerte está oh, válame el santo Alá, Oh, bajan, oh, señor mío. ¿Quién fue causa de tu muerte? ¿Arquifa? ¿traidor Melchor? que habéis quitado el honor a un bajan tan bravo y fuerte. Oh, qué grande desconcierto, Triste de mí, ¿qué haré? La vida me quitaré, pues que mi señor es muerto. Ven acá, daga cruel, y mátame a mí el segundo, sólo porque entienda el mundo que soy amigo fiel. Con su daga, vive Dios, acabaré esta porfía, porque mueran en un día con una daga los dos. El pecho quiero rasgarme, que ya la vida no aprecio, mas, ¿qué digo? No soy necio, ¿Quién me mete a mí en matarme? ¿hanme hurtado a mi mujer? No, pues no es disparate, si él se mató, que se mate, que yo vivo quiero ser. Si la mujer le han robado y por eso se mató, quiere que por eso yo quede aquí desesperado con todo, bajan, me pesa que murieses de tal arte. Quiero, pues, de aquí llevarte, Hijo de puta, cómo pesa. Gracias al crucificado, Pues que me ha dado paciencia y tiempo de penitencia, para llorar mi pecado esta pienso hacer aquí, pues ayer mi propio hermano, me comulgó con su mano y se despidió de mí. Él va a España y plega al cielo, 68 de darle santo viaje porque alegre mi linaje y dé a mi padre consuelo. Aquí me quiero quedar, y pues todos mis pecados están a bien confesados, no falta sino llorar el pontífice romano, con su ordinaria clemencia, me manda hacer penitencia en este monte greciano. Aquí, pues, que así lo ordena veré si mi Dios se aplaza, estaré como egipciaca o María Madalena, más pobre de mí que aquellas, aunque muy mucho pecaron, de Cristo no renegaron, y así yo soy peor que ellas, pues si mis culpas son tantas tan sin número y compás, menester es llorar más que lloraron estas santas. Aquí haré penitencia, buscando una vida nueva haré una pequeña cueva redoblando la abstinencia. Entre estas ramas groseras estaré bien escondida, y pues fui fiera en la vida seré fiera con las fieras. Quiero dar gracias a Dios, al pie de esta humilde encina, dándome una disciplina con un miserere o dos. ¿Estás contento, infame y descreído Lucifer? Traidor que has granjeado ¿No ves las almas, perro, que has perdido por tu descuido grande y mal recado? Melchor y don Fernando se te han ido, arquifa de las uñas se ha escapado, y tú quedas corrido y melancólico, rabiando con ira y con furor diabólico. Con todo, no hay perder las esperanzas. Armarme quiero de fuertes tentaciones y tú, Luzbel, pues tal saber alcanzas, aguarda coyunturas y ocasiones que el tiempo suele hacer dos mil mudanzas trocando los humildes corazones. Es fuerza, no desmayes, y ten fuerte que aun queda la esperanza de la muerte. Mas, ¡ay perro de mí!, que me atormenta el ver la contrición de aquesta ingrata. No hay buena inspiración que no consienta ni obra de virtud que no arrebata vestir bajo sayal ya no se afrenta, con cruda penitencia se maltrata. Acaba, pues, conmigo, Dios eterno y arrójame más dentro del infierno Pues cielo injusto en que me das favores si en tantas simas en tantas desventuras, en tanto laberinto de errores pierdes, Luzbel, el tiempo y la ventura, y si solo la tienen mis dolores y nunca otra esperanza fue segura Dios no me ayude, pues mi angustia mueve Y, si hay mayor demonio, ese me lleve. Pascual, ya os tengo rogado que no me habléis con Elvira. 69 Pardio, bre que es gran mentira que os han, Bartolo, engañado. Habla cortes, noramala, Si no, mira qué os darán. No sabéis vos pesiasen, que adoro yo otra zagala, harto más hermosa que ella, de más tomo y más rolliza y que en bella atemoriza a la más hermosa estrella. Es más gallarda que Elena, más hermosa que Platón, más sabia que el gran sansón y baila más que a bicería, tiene fuerzas como un toro, ligera como una cabra, y si habla una palabra, parece palabra de oro. Friega con gran discreción, en barrer no hay quien la iguale, y cuando de casa sale parece al sabio salomón, pues verla ver mantequillas el martes en un barreño moverá, aunque se a un leño a mirar sus maravillas, la más linda guisandera. ¿Cómo se llama y quién es? Ea, qué bien la conocéis. Es Teresa la tipera? La misma. Es gran burlona, que porque hable una lo cura, me hizo delante el cura cuatro veces la mamona dejadla, que no os conviene, que burla mucho. Y aun sus burlas son pesadas. Sola aquesa falta tiene. Ayer hizo un desvarío conmigo muy suciamente, y es que ayer lavaba un vientre junto a su casa en el río, y como me vio a la orilla que allí llegué por mi mal Díjome: señor Pascual, téngame de esta morcilla. Y yo, por verle servicio, como soy su enamorado, así por el otro lado, por ayudarle a su oficio. La morcilla era bien larga, y ella me dijo: levante. Hasta que la vio delante de las narices y barba, apretó tan fuertemente que rompió las ataduras y me dejó verdes oscuras todas las barbas y frente. Hija de puta, grande sucia. Díjome porque se acuerde Irá vestido de verde, que el perejil nunca ensucia. más deja ver a Pascual, que en topan domos los dos. A Elvira me guarde Dios, que es limpia como un coral está si cuerpo del sayo. No es otra que es un estallo, Elvira cuando la hablo 70 significa al mes de mayo, mirarla es un gran contento, y en mi alma os certifico que en mirándola al hocico, me pongo como un pimiento. Si baila, a todos admira, salta como un belcebú, y así me dé Dios salud, que no hay cabra como Elvira. es zagala de buen ruejo, de linda disposición que es otra da un pescozón, que lleva al hombre el pellejo. Valasme dios poderoso, Bartolo, ¿no ves? ¿Qué es aquello? se me es peluca el cabello. sin duda que es algún oso, O qué terrible alimaña. Quizá que es ánima en pena. Gente parece que suena, quiero entrarme en mi cabaña. No quiero que más me asombre, Yo me voy. Allí se entró. ¿No veis como nos miró? Pues él a fe que no es hombre. Hombre, bartolo, no imagines que hay hombres por estos bosques. Pascual, yo voy por mis gozques. Trae si quieres tus mastines, he echaremos acá fuera, este animal tan terrible. De eso, Bartolo, Dios nos libre, que es muy brava aquesta fiera. ¿Por dónde entró? ¿No la ves? Por allí, junto aquel ramo fue corriendo como un gamo, que es muy ligera de pie. Espera, Pascual hermano, que adonde entró la alimaña hay una linda cabaña, hecha pardiez con la mano. Pardiez, que tenéis razón. ¡Qué bien hecha y bien cubierta! Quiero llegarme a la puerta. Anda, mira cuantas son. Ya lo he visto en mi conciencia, llega que si no me engaño, él es algún ermitaño que hace aquí penitencia. Yo pascual hablarle quiero. Yo también. Pues allá voy. Con todo por sí o por no, Santigüémonos primero. Suplico a su reverencia, Padre por amor de Dios, ruegue por nosotros dos, pues hace aquí penitencia. ¿Qué ángel, amigos míos, por caridad os lo pido, hoy me decís os ha traído en estos bosques sombríos? El monte es oscuro y agro, mas yo tengo para mí que el haber venido aquí 71 no ha sido sin gran milagro y pues que fuisteis guiados por Cristo habéis de saber, que yo soy una mujer llena de tres mil pecados. Lloro mis culpas y daños haciendo aquí penitencia y esperando la clemencia de Dios habrá ya seis años, doyme de noche y de día con esta piedra en el pecho, para que, blando y deshecho, ablande el ánima mía. Hame sido revelada, vuestra venida dichosa para que hagáis una cosa por aquesta desdichada, y es que de hoy en ocho días vengáis a aqueste lugar, porque os tengo de mostrar ciertas devociones mías, y, pues la jornada es corta, no faltéis buenos amigos, porque habéis de ser testigos de un negocio que me importa. Señora, yo la prometo de venir sin falta alguna. No tenga duda ninguna, que vendremos en efecto Los dos, así como estamos, vendremos con devoción. Denos, pues, su bendición antes que de aquí nos vamos. La bendición singular os dé el dador de la luz, y besad aquesta cruz que yo me entro a castigar. Pues, ¿que os parece bonito? ¿Qué me ha de parecer? sino que no hay tal mujer del uno hasta el otro polo movidome a la conciencia. Qué mujer tan buena y santa Pardiobre que a mí me espanta ver su mucha penitencia. No sabéis lo que he pensado, que aunque tomemos fatiga le enviemos unas migas y un tasajo bien asado. Decís bien que la cuitada, con la penitencia acerba, come raíces de hierba que la traen debilitada. Enamorado voy de ella y de su gran devoción y llevo a fe el corazón muy deseoso de bella, y aun digo sin mentira que aborrezco a mi Teresa Y a mi pardiobre me pesa, por haber amado a Elvira Del infierno salgo ahora, De entre aquel lucifero bando que allí me está atormentando esta Águeda traidora. En fuego y rabia me enfusco, reniego de mi poder, pues por sola una mujer tantas invenciones busco. 72 Rabio y muerome por ella, Ya soy villano y abobo, hoy soy pastor ayer lobo, y aun nunca puedo comerla. Hoy veré mi valentía, y pues ha de morir presto echar quiero todo el resto, alto infernal compañía. Salga el miedo del infierno y el temor de los pecados, los tiempos tan malgastados: el negar a Dios eterno, el casarse con un mozo, el dejar padres y hermanos, el mal tratar los cristianos, el renegar y su hierro. La mentira, la lisonja, la ceguera, el juez tan justo y la que dejó por su gusto de ser en su tierra monja tras esta desconfianza para que se asombre y pare y cuando esto no bastare, salga la gran confianza. Confié en las buenas obras, que ha hecho aquí donde está, diré que esto bastará a salvarla con mil sobras. Alto desesperación, nunca os quitéis de mi lado, y vos tiempo mal gastado y vos vana presunción. Todos estaréis presentes, invisibles a su oreja, Haced presa en esta oveja no se escape de los dientes. De la cueva sale ahora, esta cruz me da tormento, paciencia y buen sufrimiento Yo me llego a mi señora. Quién en aqueste desierto? Señora mía, yo soy, vengo a visitarte hoy para cumplir el concierto. Para el domingo quedó que habíais de visitarme. Yo he querido adelantarme, que Pascual me lo mandó. No he podido pesar sueño hasta que he venido a verte, por ver si puedo hacerte algún servicio pequeño, mira de que modo varte. ¿Cómo te llamas? Dime, vienes tú solo. Sólo por solo hablarte. Y pues, eres española. Yo vengo a que me bendigas, y que, señora me digas ¿Qué haces aquí tan sola? Sola estoy, Bartolo amigo, porque mi culpa y gran yerro merece aqueste destierro y aun otro mayor castigo. Negué a la bondad inmensa, negué al bautismo y la fe, y aun a la virgen negué. Mira si es grave la ofensa, Luego casé con un moro 73 de la casta de Mahoma, después me confese en Roma y ahora mis culpas lloro. Pues, ¿cómo a Cristo has negado? de quien todo bien procede. Digo que tu culpa excede a otro cualquier pecado, me espanta y atemoriza aunque otros grandes he visto. Mas negar a Jesucristo es cosa que escandaliza, cuerpo y corazón me tiembla en oír tan grave culpa. No sé yo, pues, qué disculpa tendrá con Dios esta hembra, y así yo estoy arrepiso en haber venido a verte, pues, ¿qué te hizo tu suerte indigna del paraíso? No quiero la bendición de quien escupió a la fe, porque Cristo no me dé por bendición maldición. ¡Ay de mí! No digas eso. Detente, por Dios te ruego que sine que ya no niego, antes le alabo y confieso. Eso hace poco al caso, porque tu culpa es muy grave y así Dios tiene con llave el cielo y tapado el paso. Cerróle a Caín y a Absalón, Jacob, Esau y Ezabel, Y a Saúl, rey de Israel por ser grave su traición cierra con fuerte cerrojo. Cuando es grave la insolencia, que no basta penitencia para aplacarle el enojo y así allá cuando pecó Judas bien sabemos que dijo en el templo pequé Mira si se condenó ¡Ay cielo!, ¿cómo tras sudo, quién me ha puesto en tal conflicto en tu fe, Cristo bendito, estoy firme, no me mudo. Bien puedes estar confusa, porque todo el mundo sabe que aquesa culpa tan grave no tiene con Dios excusa. Si yo tal pecado hiciera, me tornaría piedra mármol y aun me colgará de un árbol porque el mundo no me viera. Judas no hizo lo mismo, yo lo propio hiciera. No sé, pues, qué se espera la que ha dejado el bautismo. en Cristo mi Dios confío, que sabe más perdonar que todo el mundo pecar. Qué donoso desvarío, cuando fuera culpa leve, entonces bien me parece, mas tu hierro no merece sino que el diablo te lleve. Madre de consolación. No ves que tu gran delito es contra Dios infinito y no merece perdón? 74 Si quieres desesperarte ahora que tienes juicio, Yo por hacerte servicio Aquí estoy para ayudarte. Vade retro, Satanás. Socorre Dios soberano, no me dejes de tu mano, Virgen santa, ¿dónde estás? ¿No ves que el cielo esta mudo? Pérdida eres, yo lo fío. Socorredme, Cristo mío de dentro, es fuerza que yo te habido. Esta cruz me desbarata, huid diablos del infierno, huid a ese fuego eterno, que aquesta mujer nos mata. Gracias a ti, gloria mía, pues no me desamparaste. Gloria a ti, pues me libraste de esta infernal agonía, y pues hoy pago el tributo de la muerte tan debida, sean lágrimas mi bebida, dolor, contrición y luto. Lágrimas casi postreras, pues me dais el bien eterno, bañad este pecho tierno, pues ya en él tenéis goteras. Yo gusto que y lo haylo, cuerpo y alma me lavéis y en el corriente imitéis llorando al famoso Nilo. Si de este bien que pretendo el fruto sacar queréis, lágrimas que os detenéis salid aprisa corriendo, y pues me voy acabando, deja alegre el corazón, y haced por mi oración, A Dios que me está llamando. Luz de mí tan deseada, dulce prenda de mi fe cuantas veces deseé verme en ti crucificada. Abracémonos los dos, en la última pelea, pero, quién no te desea habiendo muerto en ti Dios. Ricas perlas y esmeraldas de su tesoro gozaste, dichosa, tú que alcanzaste que te hiciese Dios espaldas. Ya que el aliento me falta, y mi caudal corto veo, suple ahora mi deseo con besarte aquesta falta. Por ti gozaré la palma entre coros soberanos, Cristo, recibe en tus manos en este punto mi alma. Bartolo, estaremos lejos. El camino hemos mareado, que hubiéramos ya llegado, por el val de los conejos. No ha llegaremos ogaño, Pascual, qué herrado habéis. Poca memoria tenéis 75 para ser alcalde este año, llegando a la fuente luego os llevaré a cierra ojos. La fuente de los enojos, queda allá en ca de mal huego. No veis allá un árbol solo y más adelante dos? Ya los veo. Pues, pardios que hemos errado, Bartolo. *** la alimaña, y quien por ella se rige, pues decir que no le dije, que era zagala montaña. Guiad por aquesta senda, luego a un pradillo y un llano, luego a una y otra mano. El demonio que os entienda. Calla, que sois majadero. Pensáis que yo desatino, sabe que este es el camino, conocéis este sendero, allí el domingo pasado no jugamos al mojón. Por Dios, que tenéis razón, que soy asno en albardado. Tan asno como mi agüelo. Tengo buena compañía. Y que propiciar tenía no hiciera más he resuelto. El hombre a veces se engaña, vamos y lleguemos presto. Decid, pues, a todo esto qué lleváis a la ermitaña. Yo llevo aquí dos tasajos de macho a fe muy galanes y aquí otro par de panes y treinta cabezas de ajos y junto con eso llevo un pedazo de machorra, que me mató ayer la corza y dos libras de buen sebo, para unas migas del cielo si sabe tirarlas bien. Y ¿a do hallará sartén? Yo le daré un calderuelo, engordará alguna pieza, que está la pobre tan flaca, que santa María exiliada jamás tuvo tal flaqueza. Pues yo llevo un queso añejo, dos panes y buena cecina, longaniza de la fina y un barril de vino viejo. Cada mes pienso traerle lo que hubiere menester. En lo que toca al comer, déjame pascual con ella. Oh, qué olor de gran consuelo. Válame el señor del mundo, que perfume tan profundo, aqueste es olor del cielo. Oh, cómo huele. Pascual, decime de donde sale. No hay olor que se le iguale, Oh, qué olor tan celestial. En España, Francia e Italia tal olor jamás se ha visto. Es olor de Jesucristo, mejor que al mizcle ni al Galia. 76 No hay flor en aquesta selva, tan olorosa y divina, ni rosa ni clavelina, ni albahaca o madre selva. Él es un olor al fin mejor que el de la Azucena. Huele a junquillo y verbena, a violeta y a jazmín, todos los olores tiene. Decís muy grande verdad. Hola Bartolo, escuchad que de aquella parte viene. Ta, ta, ta, ya sé la causa. La ermitaña está rezando, ¿no la veis? Llegad callando, hagamos un rato pausa, que no es bien que la estorbemos si está puesta en oración. Mas, ¿qué grande devoción que tiene no la abremos? Como de una fuerte roca de la cruz está agarrada. Más que apegada la tiene sobre la boca. Quién a esta santa se iguala? Ella es grande rezadora, quiero hablarla, a señora. Callad mucho en hora mala. ¿Qué importa? Ya nos ha oído. ¿No está durmiendo? Señora, pascual y yo habemos aquí venido, le traemos la comida guisada a la nuestra usanza. Si ha sido desmesuranza, perdónenos por su vida, Yo traigo unas niñerías de pan y carne fiambre con que matar a la hambre, para tres o cuatro días. Aquí está en este zurrón, recíbalo su merced y por caridad me dé la su santa bendición. Yo, señora de mi alma, le traigo aquí un buen tasajo, que cocido con su ajo la tornará el cuerpo al alma. También traigo aqueste frasco de buen vino, y es al fin, mejor que de San Martín, podrá beberlo sin asco: es sin adobo y muy sano. Pruébelo, y si fuere bueno yo le traeré otro más lleno a la mañana temprano, y deme su bendición. Pascual, ¿cómo no nos habla? No me responde palabra, yo no entiendo la ocasión. Mira, Pascual, si está muerta. Poderoso rey del cielo, muerta es como mi agüelo. ¿No veis que está fría y yerta? Toca Bartolo con la mano, Oh, qué lindamente huele. ¿A quién hay que no consuele un olor tan soberano? Santa, si habías de morir 77 ¿cómo no nos lo dijiste? Pero tú bien lo supiste, pues nos mandaste venir. Oh, ¿quién tan dichoso fuera que en tu muerte se hallara? Sólo porque te rezara una ánima cristientera. Pues no quiso mi ventura, que yo me hallase a tu muerte. Yo tengo a felice suerte hallarme en tu sepultura. Y pues viéndote hoy así, tu muerte a dolor incita. Ruega a Dios santa bendita, por este pastor y mí. Daremos la sepultura, Pascual decí lo qué haremos. Que a la aldea la llevemos, y lo digamos al cura, dirémosle lo que pasa sin mentir de pe a pá. Si queréis llevémosla derecho de aquí a mi casa. Eso será grande afán. Mejor es que la llevemos, y en la ermita la dejemos de señor San Sebastián. Decís muy bien, así sea, y de aquestos verdes ramos una silleta hagamos para llevarla a la aldea. Metámosla pues adentro, mientras se hace la silla. No merecemos la silla, este olor me da contento. Vaya pues. Ea, agarradla. Oh qué poquito que pesa. Sacudió de si la pesa, de los pecados tapadla. Sus vamos a hacer la silla y rogaremos al cura que le haga sepultura en una santa capilla. Traerán la cruz y el pendón para llevarla a enterrar y saldrá todo el lugar con muy grande devoción. Sí, que son buenos cristianos. Yo no pienso de dejarla, porque tengo de enterrarla con aquestas propias manos, gocen ellos del olor, y así iremos yo y vos, como aquellos viejos dos, que enterraron el señor, rezando las letanías. Como ellos la enterraremos, Yo haré el Reculemus, y vos a Marimatías, y darán a Dios la gloria viendo tan lindos olores y perdónennos, señores, que aquí fenece la historia. Por Lorenzo de Avellaneda Soldado. Año de 1605 Padre celestial inmenso, el amor que habéis mostrado, 78 al hombre fue tan intenso, que a mí me deja elevado. Cuando alguna vez lo pienso, Amor, sobre todo amor, Digno que el cielo se asombre, viose jamás tal favor, que el hijo de Dios y el hombre Digan al mismo señor Pater noster. Bien pudiera el padre eterno al hombre desobediente arrojarle en el infierno, mas con el amor paterno le ofrece el hijo obediente. Y así Cristo prometió pagar la culpa por él, y aun adelante pasó pues de carne se vistió por el mandado de aquel. Que es tin celis. Don tan alto y soberano, a quien habrá que no cuadre, que esté el hombre muy ufano, pues siendo Cristo su padre, se hace amigo y hermano. Hizo de una cruz su cama, por darle vida y ejemplo y por mostrar que le ama, que eso pues es su templo con la sangre que derrama. Sanctificatur. Queda con esto subida el alma sobre las nubes, pues siendo oveja perdida, sobre tus hombros la subes a la gloria prometida. Allí con pasto excelente la sustentas y regalas das le a beber de tu fuente, con tu sello la señalas y la pones en su fuente. Nomen tuum. Siendo así como suspira el hombre de juicio falto por el mundo y su mentira, como no advierte ni mira un don tan supremo y alto, ciégale al fin su pasión, con un disfrazado afeite, conforme a su inclinación, y así al vicio y al deleite dice muy de corazón: Adveniat. Como al regalo mundano sigues con tal prontitud, es posible, vil gusano, que al vicio alargues la mano desechando la virtud. Menosprecias la pobreza, adoras el interés, no reconoces grandeza, regalos, vicio y riqueza Sabe muy bien Dios que es: Regnum tuum. Estos dioses que adoraste te darán muy justa paga, y pues que tú los amaste, cogerás lo que sembraste cuando el remate se haga, mas, pues solo en regalar la carne fue tu ejercicio 79 di hombre loco sin juicio ¿que cuenta piensas de dar cuando aquel tremendo juicio? Fiat. Espera el rey soberano que te enmiendes con paciencia. Tú dices que aún es temprano, que eres mozo, recio y sano, que ya harás penitencia. Guarda, pues no te destruirá esta esperanza traidora, la voluntad ahora es tuya que cristo hará la suya aunque tú haces ahora Voluntas tua. Ahora, pues Dios te espera, es el tiempo más acepto. Hallan las tinieblas fuera, Sigue la luz verdadera. Como cristiano perfecto, abraza el amargo llanto, deja el deleite carnal, imita a tu Cristo Santo, pasa la vida en quebranto viviendo en carne mortal. Si cu dincelo. Al paso del abajar, tiene de ser la subida, y la muerte cual la vida, mas si al cielo quieres saltar toma de atrás la corrida, y si pretendes de un vuelo poner tus pies en el nido derriba el pecho en el suelo, que si aquí eres abatido. Serás honrado en el cielo, In terra. Si fuere dificultoso, a tus fuerzas el camino, ve y recibe muy gozoso aquel pan dulce y sabroso, del sacramento di vino. Cristo es manjar de dulzor, que por pan se da a comer al justo y al pecador, y en prendas de firme amor, en la ostia vino a ser panem nostuum. Si aquel mana antiguamente, figura del pan sagrado sustentaba tanta gente que no haya el pan presente, siendo el mismo figurado. Da a los cobardes aliento, en este triste presidio, a los malos más tormento a los muy justos sustento para llevar el fastidio. Quotidianum. A su mesa los convida, y tal manjar pone en ella que no solo la comida da sustento gracia y vida, mas también la hambre de ella nunca se harta jamás. Que si esta hambre les toca piden, señor, dadnos más, y aunque les des más y más dicen abierta la boca: danobis. Hay otros muy diferentes, 80 gente carnal y cobarde, hallan mil inconvenientes. enmiendanse nunca u tarde, y en todo son negligentes. Con esta presunción vana viven sin riendas ni frenos, confiesan de mala gana, siempre dicen que mañana, pero los justos y buenos Odis. Tú, mi señor, les conviertes, dales tu auxilio eficaz, tu voz santa los despierte, porque al punto de la muerte gocen de tu sancta paz. Y, pues que muerte y pasión pasaste, señor, por ellos, tócales su corazón, que aunque malos tuyos son, perdona, señor a ellos: et dimitte nobis. ¿Qué pudo hacer Jesús por ellos que no haya hecho? Dioles vida, dioles luz, y murió por su provecho hasta ponerse en la cruz, pasó una muerte afrentosa dando ejemplo con sus obras hizo a la Iglesia su esposa. Su redención fue copiosa al fin pagó con mil sobras: Debit a nos tra. Y viendo que el hombre infiel, no podía pagar la ofensa por ser hecha contra él, quiso la verdad inmensa del hijo pagar por él. Tomó a su cargo el pecado vestido de basilical, es sayal, mas ha forrado en finísimo brocado hecho posible y mortal. Sicudetnos. Si la gloria le alcanzara, con el vicio y el regalo, luego el pecar le acabara, porque es el hombre tan malo, que por pecar no pecara esta maldad que nos ceba, por dos caminos que vamos, hacemos dañosa prueba que el de los vicios tomamos y el que a la virtud nos lleva. Dimmitimus. Desde la cruz enseñó a amar a los enemigos, por ellos allí murió y a los suyos les mandó los tuviesen por amigos. Manda que a quien nos maltrata, favorezcamos y amemos y a quien nuestro bien dilata, roguemos por quien nos mata y al fin manda perdonemos. Debitoribus nostris. Con cinco mil cardenales, desde la cruz nos predica dando de amor mil señales, y nuestras culpas y males consigo las crucifica. Consintió que le rompiesen 81 las manos, pies y costado, que en la cara le escupiesen y enclavado le pusiesen, como si él fuera el culpado et menos. Los discípulos sagrados quedaron en tal pasión, tristes y escandalizados, mas con tu resurrección fueron todos consolados. En la fe les reforzaste alcanzando gran victoria cuando tú resucitaste y llega a ti que a la gloria, que tú, señor, nos ganaste. Inducas. Allí, de ti gozaremos sin temor de la caída, del mundo nos reiremos, a ti la gloria daremos con alabanza cumplida. Hincharemos los deseos de gloria, triunfo y placer. Gozaremos mil trofeos, y sin temor de caldeos será imposible caer en tentacionem. Esta oración del señor, glosa mi mano y en suma, si hubiere falta u error podrá el cristiano lector corregirlo con la pluma, que no fue mi pretensión abrir mis labios ni boca, contra Dios ni la razón porque en negocio que toca a la fe y inquisición sed liberanos a malo. Fin.