Texto digital de La vida del gran tacaño
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La vida del gran tacaño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vida-del-gran-tacano-la.

LA VIDA DEL GRAN TACAÑO
JORNADA PRIMERA
Tstas, según los rincones, E según la puerta, y cancel, son las señas fijas del Colegio de los Buscones, adonde me ha encaminado la borracha de mi tía, porque en esta Cofradía diz que buscan un Criado; y pues que ya en pobre di, confirmarme en ella espero: la casa es esta, yo quiero dar golpes. Quién está aí? Abra usted. . Nunca se acierta en Castillos semejantes, sin saber quien llama antes, poner la mano en la puerta; diga el nombre, si querer entrar desea. . El sobrino soy de Casilda Pepino, el que ella os dijo ante ayer, que busca conmodidad. Pues aguárdese, señor, y diré a nuestro Rector junte la Comunidad. Y eres, o Vieja embusterá, con visos de embustidora; tú aquí la Vice Rectora, o eres la Demandadera? Guisas, o friegas los platos de tanta gente taimada? o imagen pintiparada de la suegra de Pilatos! Se han visto porteros tales? mas ya la puerta abrir siento. Entre, y en este aposento aguarde los Colegiales. Este aposento? qué dices? tu crueldad dónde me lleva? esta más parece cueva para sepultar narices. No hay silla, cuadro, ni ajuar alguno en cuanto he mirado: como aquí habré tropezado, no habiendo en que tropezar? Un rótulo allí mirar se deja, que dice así; leo: Mortales, aquí la pieza es de remendar; así dice, no me yerro; qué harán en aquesta sala estos tristes cuerpos? Hala, que tocaron un cencerro: cencerro dije? Oh errada voc! dónde tu acento va? Esto es humedo, será campañilla acatarrada. Y con un confuso estruendo, nacido de hambrientos bríos, se oye decir:- Hijos míos, que es la hora del remiendo. Mis dudas más miedo tienen, cuando a sus figuras mire. A este rincón se retire, que aquí los señores vienen: oiga, y vea; y no de vicio, aunque la boca se le abra, diga una sola palabra mientras dura el Ejercicio. Lebrusca? . Mi reverendo Rector, qué dices? Que pues la hora de remendar es, nos vamos todos vistiendo: reparte a cada uno fiel la porción de su remiendo. Cada uno de estos, entiendo, que es Molinó de papel. Pablos, por vos, es razón, por nuestro Rector, que empiece: ropilla en seis piezas, rece en cada una su oración. De aquestos arapos tristes ninguno admire; ni asombre, que somos mortales. . Hombre, te vistes, o te revistes? De lienzo (qué desconsuelo!) las espaldas (gran dolor!) pones? . Paciencia, Rector, que no hubo más terciopelo. Don Lorenzo del Pedroso vaya metiendo esta manga. Yo he topado buena ganga. No tire tan presuroso: mucho mejor así estaba. Oh raso cruel, y tirano! Qué fue? . Me salió una mano donde menos la esperaba. Don Toribio, qué porfía con la gabardina ahora? Cómo he de entrarla, señora, si no me dais una guía? Si hoy habéis de parecer Flamenco, y está trazado el traje, no os de cuidado, que como estáis ha de ser. Esta capa vuestro anhelo cubra, Pablo, y al revés, que está mejor? . Larga es. Esta es la capa del Cielo. Pero reparo, que una muesca maldita, por donde a la vista no se esconde, hay. . Será la media Luna: Cada uno con cuidado la aguja empuñe, y coser. Estos van ahora a hacer un punteado en un rasgueado. Un boqueron inhumano en la espalda una gatera abre. . La vieja hechicera les da remiendo a la mano. En esta infelice manga no hallo principio, ni fin. Cosa este medio escarpín por viso de contramanga. Tan viejas, y tan fatales las alas de este sombrero están, que caerse espero. Señor, ponerlas puntales. Cada uno grave, y severo se ponga al rayo del Sol, por si su bello farol le parla algún agujero. Se ha visto tan rara treta cómo esta! . Lebrusca, aprisa un tarazón de camisa. Socorro aquí de vayeta. El uno al otro las tachas con tijeras corrigiendo vaya. . Ahora van haciendo las barbas a las hilachas. Pues si yo adelante llevo la traza, que al Sastre ayer fingí, luego me han de ver con todo un vestido nuevo. Y pues que ya el Soberano Señor les ha permitido, que cada uno a su vestido le dé la última mano, fiada en vuestra piedad esta mísera criatura, pretende la gran ventura de entrar a servir. . Llegad. Muy mal podré, sin las alas de vuestro favor. . Sin miedo llegad. . De risa no puedo. . Cómo os llamáis? Brandagalas. Sin susto alguno venid. Qué queréis? Ser vuestro Criado. Sabéis dónde habéis llegado? Quisiera saberlo. . Oíd. Esta grande Cofradía (si he decir la verdad) la fundó la libertad, el ocio, y la picardia. Su Rector nombran cada año, y yo (si es justo) lo he sido, que al fin, de esto me ha servido ser Pablos el gran Tacaño. Compónese nuestro modo de una gente tan taimada, que ninguno es para nada, y todos son para todo. Encubren su proceder con diversidad tirana de nombres; nadie mañana se pone el que tuvo ayer. En su embuste trapacero diferencian la acción; uno, un día es pobretón, y otro día es Caballero. Envisten, escuchan, lloran, zurcen, atisban, enredan, piden, esconden, y juegan, pero también enamoran. Son, según los intereses, que piden sus condiciones, Italianos, Borgoñones, Vizcainos, y Holandeses. Repartidos en la Villa por su barrio señalado, cada uno por su lado va a ser racional polilla. Tres años ha que fio el Colegio de Rebusca su gobierno a la Lebrusca, nuestra Madre. . Esa soy yo, que aunque de ancianos extremos, se viste de Madre, y Tía mi cara; por vida mía, que aún estoy:: Pero callemos, que algún día, como está, fingiendo arrugas, y anteojos, han de servir estos ojos de hacer:: Pero ello dirá. Las Reglas, que fiel guardó el Colegio, y en su Erario las tiene su Secretario, son estas. . Aquí entro yo. Lo primero, el que concluya la profesión, que ha de hacer entrando, no ha de llover nuestro Dios en cosa suya. Su arbitrio, y su voluntad al Rector ha de rendir, y jamás ha de decir palabra, que sea verdad. Damas, que no cuesten nada, cinco, o seis en su fortuna tenga, y entre ellas una, que sea lega, y abonada. Todas ciencias en rigor, si se ofrece, ha de saber; y aunque no las sepa, ser ya Astrólogo, ya Doctor. En distintos casos obre su ardid, como conviniere; rico se haga, si pudiere; si no puede, hágase pobre. Cualquier Criado, que aquí entró para servir, y atender a este Colegio, ha de ser::: Así, porque ese soy yo; que fuera acción muy grosera, que cuando vuestra piedad, me habla con tal claridad, quien quiere servir mintiera. Yo, además de aquel ajuar, que lleva cualquier Criado, ser respondón, mal mandado, mentir, morder, y sisar, sé engañar con voces blandas, sé mentir a troche, y moche, y sé remedar de noche el tono de las demandas; sé faltar a quien fio de mí; sé con mi taréa arañar. Bendita sea la madre que te parió. Nuestro bien nos ha venido. Qué os parece? No hay que hablar. Dad los votos. . Sin votar desde hoy queda recibido. Este honor, en buena fe, Brandágalas, no se ha hallado quien hasta hoy le haya logrado. Yo me desempeñaré. Pues hijos, ea, a zurcin cada cual al señalado paraje, que hoy a mi lado Brandágalas ha de ir, para darle unas lecciones, y noticias que aproveche. La bendición, Madre; eche. Dios os guíe, picarones. Don Toribio, tú en tu rara aventura, disfrazado prosigue; y ten gran cuidado en Puerta de Gualajara: tú ten cuenta a lo que digo. Ea, Brandágalas, ya conseguiste entrar acá. Tú, nuevo, vente conmigo. Mis trazas han de ser tales, que he de pescar un vestido a aquel Ropero transido debajo de los portales. Salgamos de dos en dos, Ea, aprisa id, petardos, contra Madrid. Adiós, mi Lebrusca. . Adiós; que yo, aunque me quedo, voy a que mi ingenio profundo desengañe a todo el mundo de lo que soy, y no soy. Encerraste la perrita, Lucia? . Encerrada, queda en el Tocador, y echadas llaves a todas las puertas: pierde el miedo. Ay mi Tisbica, y qué de sustos me cuestas! Qué hocico también quebrado aquel! qué lanas! qué orejas! y sobre todo, en tu vida has visto, Lucia, perra, que con tanta gracia manche cualquiera cosa que encuentra, ya almohadas, ya cortinas? Maldita seas tú, y ella. . Bendito sea Dios, Lucia, quer está mi voluntad puesta solo en Tisbica. . Y Don Diego Coronel, que te festeja, te sirve, asiste, y regala, te adora, y te galantea, no te debe algún cuidado? Él me adora, con tal tema, que me cansa; y como yo (según sabes) las materias de amor trato con tal dejo, que no hay ansia, que me deba más atención su lamento, que aquel rumor con que sueña, oírle como ruido, y no escucharle por queja: A todos oigo, y a todos respondo, y ninguno lleva más prenda, que la que nunca pueda tratar como prenda. Guárdate, señora, de él porque suele::: Calla, necia, porque ese rapaz es solo una torpe inadvertencia, que sus esfuerzos compone de las dóciles flaquezas, a quien, por mal resistidas, graduan como violentas: Pero dejástele el medio vizcóchito, de manera deshecho, que la Tisbica, sin que se lástime, pueda comerle? . Pues ahora sales con eso? . Vamos aprisa, porque he de entrar en la casa de mi Doña Berénguela Rebolledo, aquella amiga de quien gusto tanto, a fuerza de sus raras propiedades, que, como sabes, son estas: Muy concienzuda; hidalgota, muy melindrosa, muy necia, y no despega la boca, sin ser para una sentencia, como suya. . Oyes, señora? Qué dices, Lucia? Espera, mira, qué hombre de tan buen arte! qué gentil presencial Tápate bien, y anda. Ya le saqué, con rara treta, al Sastre aqueste vestido. El que estaba en la Estafeta es Don Diego Coronel, de quien toda el alma tiembla; porque es, como te he contado, quien sabe, desde mi tierna infancia, lo que soy yo; porque le serví en mi tierra, que es Segobia, y me conoce: ten, Brandágalas, gran cuenta con todo lo que te he dicho. Tus lecciones de manera son, que bastarán a hacer impresión en una piedra. Dos Damas de muy buen garbe van allí; y siendo etiqueta del Colegio, que no haya mujer, cualquiera que sea, que no se le diga algo, toca al arma. . Acá se llegan No sé, señora, qué causa hoy vuestros luceros tengan para dejar sin sus rayos a todo el Orbe en tinieblas. No escuchan esto? Pues lleve . el Demonio, a la hora de esta, la cosa que hemos comido. No oí en mi vida más tiernas, ni más concertadas voces. Respondes, señora. . Necia, pues cuando yo no respondo, no digo a quien lo merezca tanto, pero aún a otras menos bien razonadas ternezas. Debaos yo::: Qué buen reloj, Brandágalas, el que lleva la tal. . Morirá, si tú le has leido la sentencia. No respondéis? Confianza, o necedad grande, fuera no pensar el responderos, después de decir tan diestras cláusulas, que solo vos podéis imitar con esa discurrida proporción cortesana, y lisonjera. De entrambas cosas carece mi verdad, si considera vuestro garbo, cuan seguro será de que en él parezca lisonja lo que os he dicho; y en cuanto a que en ello tenga parte aquel usado estilo, que a todos la Corte enseña, también me falta, pues yo no soy de Madrid. Bien nueva cosa es, que en otra parte se hable así; y saber quisiera de donde sois. . Por qué no? Señora, soy de Alcobendas. Qué embuste! Decid, y a qué es aquí vuestra asistencia? Es huyendo de dos cosas, que muy contrarias violentan mi natural: y es la má, la ojeriza, que conserva mi genio más, esparcido a la vida de la Aldea: la otra, y más principal; es, que mi padre desea casarme, y yo lo reuso; por que solo él un fin lleva de que se ajuste a la suya la considerable hacienda de una Labradora; y yo, que siendo mi madre muerta, y heredando, por ser solo, diez mil ducados de hacienda de un Mayorazgo, que a mí me tocó poseer de ellas no deseo más aumento, mas dinero, ni riqueza, que mi gusto: hoy a la Corte vengo, donde con decencia juzgo, que podré pasar; pues para un Cuarto, que cuesta algunos diez mil reales, mi carroza, mis seis Veguas, dos Rocines, diez Criados, tengo harto con mi renta. Jesús, qué hermoso mentir! . Señores, divina lengua tiene el Pablo. . Oyes, Lucia, a mí me viene de perlas este hombre. . No le dejes de la mano. . Señor, esas son dos bastantes razones; y cierto, cierto, que fuera lástima, que tan buenarte se encerrase en una Aldea: cómo os llamáis? . Don Pelipe Tristán. Pues yo haré una apuesta, . que de Adán acá, no ha habido Tristanes en Alcobendas. Qué, tan rico es vuestro Amo? Esto es por línea materna, que en muriéndose su padre Don Cosme Tristán, hereda mas de diez mil aranzadas de Viña, y cien mil Terneras; mas según su natural; no tiene para hora y media. Es gastador? . Infinito; el otro día a una negra, porque le llevó un recado a su Ama, la dio por señas de agradecimiento:: . Qué la dio? . Cien varas de tela encarnada: Tanta boca tiene la fámula abierta. Si tuviera yo la dicha de que este hombre pretendiera a mi Ama Ánimas Benditas! Vuestra singular belleza al Conde Don Cosme Loti non trate de esa manera. Qué se me da a mí de Condes de Chamélote, aunque fuera de Terciopelo: oigan, oigan el hombre, y lo que se llega; quítese allá: que sea signo mío este, adorarme cualquiera, que me mira! . Bien me parece, non sape con quien encuentra. Vive Dios que es Don Toribio . quién viene atacando aquella! Oyes, Lucia, jurara, que era Doña Berenguela. Y juraras bien, señora, que no es posible que mienta aquel garbazo. Aquí usemos de algo, que sirva: oyes, llega a aquel Extranjero, y dile, que lo más presto que pueda, me envíe los mil doblones, pues se cumplió ya la letra, que tengo sobre él de Amberes. Este hombre revosa hacienda por todas sus coyunturas. Ay tal aquel! hay tal temal quiere irse? . Bien parece non sape con quien encuentra. Pablos es aquel, y a mí el Brandágalas se llega. Mi amo os suplica, señor, que le envíéis aquella resta de los mil doblones, pues: Dile, pues, que cuando quiera, mande por ellos: que yo, por no tener la moneda en duplones, no la he enviado. Direlo de esa manera. Juana, este Conde parece, que tiene prosopopeya. Pues déjate servir de él. No me sigáis, que se arriesga mi como se llama, y puedo hacer cargo de conciencia de lo dicho. Bien me parece, non sepa con quien encuentra. Ya se van. . Oyes, Lucia. Qué dices? Sin duda es ella: o qué chasco la he de dar después que a su casa vuelval No sabré yo vuestro nombre. Decíroslo será fuerza: Llámome Doña Ana Ortiz; y si yo fuese tan necia, que creyese ser verdad lo que decís: Hombre, aprieta. Podría ser que: Infelices (pensión antigua de ciertas) serán mis ansias, si vos no os persuadís a:- La treta es nunca vista; y pues Pablos está prevenido de ella, y a esta engañará, lleguemos a ayudarle. Por la Reina de los Ángeles, señor, que socorra tan extrema necesidad, como pasa la que hoy a pedirle llega con estas dos criaturas, que trae consigo, y se deja a otras cinco en su casa. Eres mujer, o coneja? Vive Dios, que es la Lebrusca: . lograrase lo que intenta. Tome, señora. . Advertid, que hago cargo de conciencia de tomarlo, sin saber si vuestra intención se hierra, porque es un doblón. . Hermana, mi intención fue siempre esa; pero si os parece poco, tomad otro. . Ella es ella. . Tanta gloria me dé Dios, como bien me ha hecho. Esta es segurísima maula, pues vuelve a la faltriquera el propio dinero: Has visto, Lucia, cosa tan nueva? dos doblones de limosna. Señora, saber merezca donde ibáis por aquí. Si la verdad os confiesa mi intento, iba a comprar unas puntas, y que fueran sinas, para guarnecer las sabanas de una perra, que tengo muy linda. . Malo. . Cogiole en la ratonera. . Mas no desmaye mi brío. Si vos me dieseis licencia para enviaros: Aí va eso. Unas, juzgo, veinte piezas, que tengo, de aquellas ricas de Flandes, que de otra deuda, como la de este Flamenco, tomé, para mi amor fuera el más felice favor, y la ventura más cierta. Acéptalas. . Soy yo boba? posible es que eso me adviertas? Si la tal no se clavare con las puntas, por mi cuenta. Debaos yo, que este principio hoy consiga mi fineza, para explicar los primores de sus ansias. . Indecencia sería no conociéndoos. Señora, ahora vuelve aquella esquina, si no me engaño, Don Diego Coronel, y a esta calle viene, tapate. Qué dices? ay! no quisiera, que nos conociese. . Quién os ocasiona: . Merezca, señor Don Pelipe, el que me dejéis ir, porque llega a este sitio un primo mío, y honor, y vida se arriesga en que me conozca. . Eso ha de ser, como yo os deba el que me digáis, adonde podrán mis amantes muestras hallaros. Mañana al Carmen iré a Misa. . Yo quisiera, aunque estimo la palabra, que lo afianzara una prenda. Dónde se irá a disparar . este tiro? . Que se acerca. El decirlo yo, no basta? Sí, mas con vuestra licencia, hasta mañana, me llevo esta breve corta seña de que iréis. Qué desconfiado que sois! . Pues es culpa esa? Qué aventuro yo en dejarle, si ha de ser la recompensa tan grande? Ya cayó el pez. Mira, señora, que llega. Adiós. Adiós: ved, que aguardan mis ansias con impaciencia. Valdrá, me parece a mí, este reloj sus cuarenta pesos. . De sus cuartos ya estás haciendo la cuenta. Mira, Brandágalas, esto ya está en casa. Y di, tú piensas volver? . Las informaciones se harán de qué cosa es esta, de si puede dar más fruto la tal Ana; y si con ella pareciere conveniente proseguir, hacerlo es fuerza; pues para ir entreteniendo la satisfacción, inmensas cosas se ofrecen: tú, amigo, no sabes de estas materias, y así, como nuevo extrañas la intentona; pero espera: Cuerpo de Cristo conmigo! Qué tienes? Vive Dios; que era el Don Diego Coronel, que te dije, de quien estas mujeres huyendo iban, y él a nosotros se acerca. Y de suerte, que no es fácil el irnos, sin que nos vea. No te asustes, Brandagalas, que para todo hay cautela. Aaila para desmentir una cara? . Sí. Cuál? . Esta. Quedó bien pegado? Cómo cartel de Comedia nueva. Con un parche de estos puede un hombre andarse mil leguas: parate aquí a hablar conmigo, y lo que viniere venga. o Cierto, Fabio, que jurara, no solo, que Doña Anabera la que desde lejos vimos, sino que fue el que con ella hablaba; mas no es posible. Pues quién presumes qué sea? Lo que imagino es delirio. Mucho miran; si las señas nos están tomando? Calla, y escucha, y el susto deja. Y bien se ve que es delirio, pues que tan otro le encuentra mi vista, de lo que yo presumía; pues dijera cierto, que estatura, modo, desenfado, desvergüenza, era del pícaro Pablos, aquel (no sé si te acuerdas) que en Segobia me sirvió. Si me acuerdo: linda pieza! Oyes esto? . Ya lo oigo. Vamos, que buscar es fuerza al Extranjero, a quien traigo que dar, pues que me lo ordena mi padre desde Segobia, este dinero. No pierda punto, que por Cristo Santo, que ha de pagar la sospecha, y ha de quedarse engañado el Don Diaguito. Y te acuerdas sn del nombre? . Sí. Y yo también, pues sé la correspondencia, que con él tenía su padre. Nunca le he visto, y quisiera conocerle, por si acaso algo en Madrid se me ofrezca, porque es hombre de caudal. Nunca le ha visto, y desea conocerle? Bueno, lindo. O si por aquí volviera mi Flamenco Don Toribio! Ya mi Doña Berenguela una caja, y pañizuelo se dejó, y vuelvo: Ay tal dichal A ver si hallo: Ay tal estrella! Don Toribio es, yo le llamo, como al hombre que desea hallar Don Diego; pues bien a mí el nombre se me acuerda: Ah señor Octavio Guisí? Este es quien busco. Aquí es fuerza ser todo lo que quisiere el Rector: la mano vuestra beso mil veces. Algunas os he pedido de verás, que me deis aquel divero; y cierto, que bien pudierais: Octavio Guisino dijo? Fabio, este es, según las señas de Extranjero Mercader, y de rico; y ya que llega a tan buen tiempo, no quiero perderle en la diligencia de buscarle. Don Alonso se llama el padre, ten cuenta con el nombre. Yo también, señor Octavio, quisiera, que conocierais mi afecto, que ha mucho que lo desea mi obligación, por ser hijo: Mira tú si el parche pega: cuidado. . De Don Alonso Coronel. En hora buena, . señor mío, yo os conozca: ya en la pasada estafeta me ha avisado Don Alonso, vuestro padre, de la entrega, que me habéis de hacer. Y aquí está. Con la boca abierta . me tienen aquestos hombres. Tomad. Creedme muy de verás, el que es grande señor mío Don Alonso Coronela: dónde os llevaré el recibo? Yo vivo de aquí muy cerca. Dónde? En la calle del Carmen. Y no me daréis la señas? La Posada de la Sierpe, que son seguras, y ciertas, es la mía. . Y desde ahora . será la de la Culebra. Yo iré al instante a buscaros. Estimaré la fineza. Oh, que es muy amigo mío Don Alonso Coronela! Adiós. . Adiós. Vamos presto, que si a Doña Ana no encuentran mis celos, se han de volver en corajes mis finezas, Al punto vamos a casa: ningún mortal se detenga en el puesto del delito ni un instante. . Tú, qué llevas? Allá lo verás; y tú? De remolco va una presa no mala. . Ea, Brandagalas, si eres hombre de vergüenza, ahora se verá, con los ejemplos que de aquí llevas. Vamos presto. . Esta es la casa. Llama. Ya sale a la puerta la inocente. . Abre, Lebrusca. Hijos, bien venidos sean: cómo ha ido? . Lindamente. Si no falta nadie, cierra. Don Lorenzo del Pedroso no ha venido. Si no esperan mas, Don Lorenzo está aquí, que ha repartido cincuenta cartas, y otros tantos reales vienen en la faltriquera, y quedan para la tarde, amigos; aún todas estas. Este va de casa en casa, y encaja a los dueños de ellas una carta, con que un cuarto le vale un real. . Linda tretal Pues mentira por mentira, más barata es la estafeta. Ea, hijos, vayan haciendo en mí la forzosa entrega de aquello, que han adquirido. Dentro daremos la cuenta de nuestros pasos, que hay mucho; que zurcir. . Pues vengan, vengan todos a la prevenida sala de la conferencia. Nadie extrañe lo que oye, puesto que está escrita esta historia; y aún hay quien diga, que es historia verdadera.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA al Bien haya tal bizarría! Aún siendo todo bordado, te está el vestido pintado. Dos de a ocho, cada día, lleva Benito de Acosta, ese alquilador del Diablo; y así, mi señor Don Pablo, el que se saque la costa por cosa precisa siento. Si ello va como ha de ir, Lebrusca, me ha de salir a más de ciento por ciento. Doña Ana Ortiz, que es la tal, con quien hoy me va tan bien, aquella, que vive en la calle de el Arenal, a cuya hucha hace guerra mi genio, siempre veloz, aquella la de el reloj, aquella la de la perra, que tú, con el raro ardid, que ya te he comunicado, has de hurtar, tiene tragado, que no hay en todo Madrid hombre, en quien concurran prendas tantas para ser querido; y es tanto, que ya ha creído, que he de comprar a Alcobendas. Hoy la industria me da dalas, con que consolar prevengo su esperanza, la cual tengo prevenida a Brandagalas, ese que miras aquí, de ingenio tan levantado, que en tiempo muy limitado me puede enseñar a mí: Ya sabe todas las flores de el arte de el sonsacar, y en la briba puede dar a cualquiera sus lecciones: toda malicia deshace, no hay doblón que no le venza, y a todos nos avergüenza. Esa es merced que usted me hace, que yo, de ese soberano ingenio, que tanto apura, soy solo una humilde hechura, soy un mísero gusano. Qué hacen los compañeros? Con diferentes perfiles, de su vestido albañiles, están tapando agujeros. Y Don Toribio? Mejor, ya que ninguno le lleva. Cómo? Con la traza nueva de hacerse Saludador: tiene asolada la Villa con tan exquisita traza; con su saco, su barbaza, y su Cristo en cadenilla, se pone en una plazuela, hace al gáznate cañuto, y con el aire corrupto echa un tufo, que consuela. Y de su inútil braguero ningún muchacho se huye. Buen discípulo, que influye, saqué yo en él. El sombrero. Ya está el Rector del Colegio galano. . Y algunas veces parezco algo? . Ahora pareces Título. . Y aún Privilegio. Los guantes de ámbar, en quien se atesora virtud tal, que no puede engañar mal el hombre que huele, bien, vengan. . Es primor, que anda de B2 de gente ruin escondido, y a que no se han atrevido. Ni a las camisas de Holanda: ea, Brandagalas, ea, Lebrusca, no pierdan tiempo vuestras mercedes, que yo mientras que se logran, quiero ar a ver, cuanto han crecido cuatro mentiras, que tengo iembradas; porque es preciso en este grande manejo, que se reparta el cuidado, mas que entre solo un enredo. Advierte, que hoy no he encontrado Caballo, malo, ni bueno, que alquilarte, para dar el ordinario paseo a la calle de Doña Ana. No te dé cuidado, puesto, que los caballos de todos me sirven a mí, poniendo cuidado, en ver cuando alguno del suyo se apea; llego al Lacayo, y con dos reales queda pagado, y contento: doile mis dos vueltecillas a la Ana, y se le vuelvo, Yo voy a mudar vestido, de algunos cuantos, que tengo para tales ocasiones: tú, Pablos, venme siguiendo; porque con solo un instante, que te tardes, corre riesgo el lance. . Y en él verás, Lebrusca, que a lo que entiendo, le hemos de dar a la Ana::: Qué? Qué? Con la perra perro: tú, Brandágalas, cuidado. Pues a mí me dices eso? 2. Adiós. Adiós: fortunilla, yo no hice mi nacimiento, tú me diste habilidad, y pobreza; si algún necio a mis enredos culpare, disculpa tú mis enredos. Que quieras negar lo que estuvimos las dos viendo! Lucia, no estaba hablando, di, con aquel forastero Doña Berénguela? . Y cómo! Me lleven dos mil de aquellos, si fue más de un santiamen la plática, y si en su tiempo no me di diez mil pellizcos en los brazos; porque el bueno del hombre, Doña Ana amiga, estaba, que echaba brevos. Qué, te enamoraba? . Mire, y cómo! Y muy de lo tierno; y decía unas palabras, poniéndome unos ejemplos de la otra vida; sacando (que olvidado no lo tengo) el Sol, la Luna, y Estrellas, y otros muchos; que no cuento: con unas estratagemas, tan diabórricas, que pienso, que el mismo diaño le andaba hizgándole los requiebros: Brebúm Caro! Brebum Caro! Y tu (ahora que me acuerdo) mondabas nísperos, con aquel otro Caballero? Hazte, hazte mogigata. Yo, amiga, no te lo niego; mas el hombre, que me hablaba, es con quien tratada tengo mi boda, y es Don Pelipe Tristán, galán, y discreto, Caballero de Alcobendas, y con quien aguardo presto ser Señoría; porque él anda ahora disponiendo ser Título. . Con que tú serás Títula con eso. Quiéralo Dios. . Pues amiga, todas títulas seremos; porque el que hablaba conmigo era, si mal no me acuerdo, el Conde de Chamelote. Ese es un título nuevo, que yo hasta ahora no he oído. Sí, amiga, que él no es muy viejo; un Conde es de buena edad. Y será Título bueno para verano. . Aquel día una cajita, y un lienzo me sacaron del bolsillo, y descomulgada tengo la mala intención, que tal hizo. . Si yo, amiga, llego a la fortuna que aguardo, labrar a mi perra ofrezco una casa, para ella, y todos sus herederos. Y qué hace ahora Tisbica? Arropadita la tengo en esa pieza, porque corre aquí un poco de fresco, y anda estos días resfriada. Mal hayas tú. . Y no sabremos en qué paraje quedó contigo de galanteo el Conde? . Hablamos abierto? Si en ello prosigue el hombre, y encamina por buen medio sus porfías, ten por cierto, que una mujer no es de piedra; y todas, todas, tenemos nuestra alma en nuestras carnes: pero, Doña Ana, volviendo al tuyo, como te va con él de voluntad? . Puedo asegurarte, que bien; porque aquel entendimiento, aquel garbo, aquel tratar la hacienda con tal desprecio, cautiva las voluntades. Regálate mucho? . Espero una infinidad de cosas; que aunque hasta ahora no puedo decirte que he visto alguna, es él no ocurrirse tiempo; pero juzgo:: Ay desdichado de mí, y de mi nacimiento! Qué voz es aquella? El criado de Don Pelipe, sospecho que es quien da voces. . Que nadie nadie le ha visto! Reniego de mí! . Qué será la causa, que tiene? . No habrá consuelo para mi jamás: adonde iré a esconderme? Qué es esto? Tú de esa suerte en mi casa? Oh, si se cayese el Cielo sobre hombre tan desdichado! Sosiégate. . Qué sosiego puede tener, quien::: . Descansa. Ay de mí! . Alienta. No puedo. Habla. Qué he de hablar, señora, si el más infeliz suceso que me pudo venir, quita descanso, voz, y sosiego? No nos dirás lo que ha sido? De risa me estoy cayendo: . esta mañana me dio mi señor:: pero no puedo proseguir, que mi desdicha es in capaz de consuelo. Ve adelante. . Para ti un regalo, con que atento procuraba explicar parte de la atención de su afecto: llevaba letras de mí un diablo de Lacayuelo, que ayen recibió mi amo; y al pasar por el Convento del Carmen, volví la cara, y no le vi: Santo Cielo, para cuando son los rayos! Con que todo el día entero le ando buscando, sin que haya podido encontrarle: hoy muero! Dios nos defienda de horas menguadas! Hay días perversos en que nada, en que uno pone la mano, le sale a cuento. Sosiega, que como tu amo tenga vida, y esté bueno, todo lo demás, no importa, pues se cumplirá diciendo como ya le he recibido: voile a consolar, y pienso que de el perdido regalo yo he menester el consuelo. Ay señora de mi vida, que era regalo, y primero! Subamos de punto el caso, . y la mentira apretemos: Ay, señora, que no esfácil; pues aunque quieras con eso remediarlo, no es posible! Por qué? . Porque echará menos los adornos que te envía: pues aí eran bobos ellos para remediados! . Pues qué eran? . Un aderezo de crisolitos, tan grandes como almendrucos, de precio muy excesivo: qué puntas! Qué perendengues! Qué bellos bobillos! Pero no tanto . como la que lo está oyendo. Puede haber mayor desgracia, que aquesta mía! Pues creo, que no llegará a sentir tanto mi amo nada de esto, como, como (ay de mi triste!) como (ahora que me acuerdo) un diamante, que te enviaba en señal de ser tu dueño; que estaba en cabeza de el Mayorazgo de su Avuelo Don Lesmes Tristán, tasado en no sé si treinta cuentos de ducados, una alhaja que no había en el Universo. Ay suceso semejante! Pues también en el suceso te toca a ti buena parte, pues dos cortes, harto buenos, para ti, de dos vestidos::: Calla, hombre, que me has muerto. El aderezo de acolitos es la alhaja; que más siento no haber visto. Por la calle, con su continuo despejo, y su acostumbrado garbo, pasa el que ha de ser tu dueño, y mi dueño, Don Pelipe, mi señor. . Ahora es ello. Salte por esotra puerta, no te halle aquí, y vete presto a proseguir, por amor de Dios, diligentes medios paraque ese hombre se halle: San Antonio, yo te ofrezco cien Misas. . Ay Santo mío! Si yo tuviera dinero, ya hubiera mandado hoy deciros por mi otras ciento. Lucia, trecientos reales le da, no quede por eso. Doña Ana mía, tu propia . te clabaste en los trecientos. Ven, y por mis dos vestidos darte de por sí, yo quiero, para otras diez. Muy bien haces, pues si venían dispuestos para ti, y es cuenta aparte, sea aparte el ofrecimiento. . Ya sube por la escalera. Corazón, disimulemos, . aunque atravesados tienes el diamante, y aderezo: Lucia, saca una luz, porque va ya anocheciendo. Cuán impacientes, señora, son, en la edad del deseo los instantes, y cuan poco sirven los que os estoy viendo, para templar de mis ansias los amorosos tormentos; pues hidrópicos de dichas, van con la dicha creciendo: ved, que::: Señor Don Pelipe, créeme de verdad, que puedo con sola ella, competir todo ese encarecimiento. Ya sabéis cuan bien me está darme por vencido en esto, cuando hallo que me concluyen el favor con el ingenio; aunque quisiera deciros: Bien podéis hablar, supuesto, que la que aquí estáis mirando es muy justamente dueño, por mi amiga, y mi señora, de tan oculto secreto, pues es mi señora Doña Berénguela Rebolledo, a quien yo estimo; y ahora que está aquí su merced, quiero preguntaros, quien el Conde es, que aquel día primero, que os vi, hallasteis en la calle? Por señas de que me acuerdo, que le enviasteis a pedir con vuestro criado un dinero, que os debía. Ah buen hijo! Cónde te hiciste no menos? Pues si por mi informe tú perdieres lo Conde, quiero que me quemen. Es, señora, el Título más añejo de toda la Italia; hace con su Majestad asientos, y tiene treinta Navios suyos. . Pues si yo lo pesco, yo haré que me traigan cuatro . Navíos, los más bien hechos, para poner en aquel escaparate que tengo. Es, por su mucho valor, por su nobleza, y su ingenio, muy digno de que cualquiera haga con él: Caballero, y vos, señora, cualquiera que seáis, rendida os ruego permitáis, que una infelice mujer se ampare allí dentro de un hombre, de quien sospecha, que la ha venido siguiendo, y de quien teme, que sí la halla, será en su riesgo la menor pena su vida; porque su honor: Entrad presto. Por aquí, según las señas, . ha de estar la puerta. Cierro la puerta, por si es que entrare. Vaya ahora mi industria haciendo . lo demás: yo salgo a ver, si es que descubrirle puedo. Y vuestro riesgo? . Por damas, quién ha de mirar el riesgo? . El corazón, con el susto, me da brincos en el pecho. Yo estoy muerta! Yo he quedado hecha una estatua de hielo! Quién será este que la sigue? Yo barrunto, según esos visajes, si es que era alguno que le iba a pedir aquello. En toda la calle, en todos los portales nadie encuentro. Avisémoselo a ella. Señora, perded el miedo, que yo he salido, y no he hallado a nadie: si la habrá hecho? Sin duda fue mi fortuna, que a vos confesaros debo, tal, que me perdió; pues ya se ha conseguido el intento a que entré aquí, que fue huir de mi enemigo, pretendo, con que ahora os aparte el susto, el favor satisfaceros; ya va aquí. . Esperad, señora. Dejadla. . Os iré siguiendo. Mas segura iré más sola. Pues a vista de este riesgo queréis: . Menos reparable es así: guardeos el Cielo. . Para qué era el ir con una mujer tal, a un lance expuesto, que me trajera otro susto? qué excusado cumplimiento! Señora, la obligación de quien:- Buena la hemos hecho, Don Diego Coronel sube la escalera. . Ay tal aprieto! Retiraos. . Qué decís? retirarme? Cómo puedo, sin que falte a ser:- Mirando el que es mi primo Don Diego, a quien, por ciertas razones, hasta ahora dado no tengo cuenta de mi boda. . Yo, solo lo que aquí hacer debo, es no huir el rostro a ninguno, y más que ella lo deseo. Mirad: . Apriesa, que llegan. Que mi honor:- Nada es primero que el mío. . Mi vida:- . Oh pese a los ansiosos extremos, que obligan a que ejecute cosa, que en mi vida he hecho! Qué es esto, amiga? . Sin duda anda aquí Patillas suelto. Dile que no haga ruido. Escucharé. Vive el Cielo, aleve, injusto, tirano, falso, fementido dueño de mi vida, que a tus ojos he de vengar mis desprecios: buscando a quien:- Estáis loco? Como osado, y desatento, en mi casa de este modo entráis? . Yo escucharé de esto lo que hubiere menester, y no lo demás. . Sabiendo que en ella (oh pese a mis iras!) está: (como no ahoga el pecho la voz!) . Quién está, señor? Si acaso venís siguiendo una Dama, que medrosa pudo en mi casa hallar puerto de vuestras iras, se fue; alcanzadla, y yo os ruego, que otra vez consideréis no están mis umbrales hechos a que vilmente los pisen corajes tan desatentos: id con Dios. Pues qué, tirana, piensas dejar satisfecho de mis recelos lo ardiente, con la ficción de tus celos? Qué son celos? qué decís? Holgárame de saberlo, porqué me dicen que es rara cosa. . Pluguiera a los Cielos no estuviera mi pasión tan docta en su entendimiento, que dudándolos, pudiera decirte, son un tormento de tan eficaz, tan vil, tan desapiadado efecto, que ponen, cuando los ciegan, los ojos aún más despiertos. Eso propio hace el tabaco. Y pues tan feliz tu afecto, o sus afectos han sido, que no han llegado a entenderlos, yo te los enseñaré V realmente, descubriendo un hombre, que hoy en tu casa he visto entrar. El ejemplo no es seguro para mí. Mirad . Aparta. . Teneos. Él se acerca, y soy perdido, si me ve. . Ya no hay aliento para detenerle. . Aquí no puede haber más remedio que apagar la luz. Tirana, mira aí lo que son celos. Ay de mi infelice! Estando a oscuras, cómo ha de verlos? La puerta he hallado, y de ella no he de apartarme; y no quiero, hasta que saquen la luz, fiar mi venganza al acero, por no errarla, con alguna mujer de las que aquí dentro están. . Si yo ahora encontrara la puerta, fuera muy bueno, que los Tristanes, jamás hemos sabido de duelo. , . Habla, qué ha sido? Quién es? . Quién es? A dos manos, señores, me están asiendo. Saca una luz. . Esta es Doña Berénguela. . Menos, que te conozca, de mí no has de huir. . Vive los Cielos, que de Doña Berenguela está agarrado Don Diego! Y pues en la puerta estoy, hasta saber quien el dueño es de mi agravio, no es fácil, que de mí se aparte. . Bueno, en la puerta está, y la tiene asida: el lance más nuevo ejecuto, que se ha visto. Ni yo que me dejéis quiero, sino que juntos salgamos a la calle. . Albricias, Cielos, que he encontrado a mi enemigo! Salir a vengarme intento: seguidme. . Lo que me tiran del brazo! . Ya os voy siguiendo. Lucia, no acabas? Ya voy. . Mas qué es lo que veo! Qué es lo que no ves, pudieras decir mejor, cuando advierto, que ni Doña Berenguela, Don Pelipe, ni Don Diego parecen, muertos, ni vivos por aquí. . Qué habrá sido esto? Mira en todas esas salas si alguno está. . A nadie veo: mas ay, señora! Ay, señora! Qué dices? . Ay, Santo Cielo! Qué desgracia! A decirlo no me atrevo, porque es tan grande::: Pues qué es? Es, señora, cuando menos, que la Tisbica se ha ido, mira allí su blanco lecho, sin sus lanas. . Desdichada la hora de mi nacimiento! Mujer, qué dices? . Señora, yo, cuando:: . Sin vida quedo! Ay, Tisbica de mis ojos! Ay, adorado consuelo de esta desdichada vida! Señora, no hagas extremos, sino vamos a buscarla, que es el último remedio. No me bastaba, fortuna, haberme perdido aderezo, diamante, y casi marido, sino también el aliento de mi vida? Ah de ser mucho, si de esta el juicio no pierdo. Que anduviese con cuidado la Lebrusca me mandó por cas de Doña Ana, y yo vengo a ella disfrazado, a ver, qué sañuda guerra en su melindre ha infundido el fracaso sucedido de haberle hurtado la perra: y a ver si consigo dos ardides, que discurrí, el uno tocante a mí, y el otro a ella; y por Dios, que llegándose a lograr, como lo puedo inferir del suceso, que reír ha de haber, y que mascar. Ya Lebrusca prevenida queda, por si es que sucede lo que pienso. Nadie puede darme consuelo en mi vida, sin aquel claro lucero, que perdí. . Ellas son. Señora, y dónde vamos ahora? A buscar un Pregonero. Quién habrá, que con él dé tan tarde, señora? . Calla, pues si mi suerte le halla, con eso descansaré. Señora, fortuna fuera. O yo la pregonaré. Poca novedad me hiciera, que en suceso semejante conocí yo un necio amante, que si antes que anocheciera de parecer no acabara, uno que en la Plaza hubo, ensayado el tono tuvo, y él propio la pregonara. Yo creo, que en la materia hablan, a ellas me acerco: Qué buscan, señoras? . Ay, amigo, si visto hubiese una perrita, que ahora aquí acaba de perderse! Ahora acabo yo también de pregonar (la voz trueque) . un perro, y ha parecido. Luego es Pregonero? Ese es mi oficio, y el mejor, que toda la Corte tiene; cuando pregono de gana, mi voz un clarín parece. Ángel, y no Pregonero, sin duda ninguna, eres: pues, amigo, no perdamos tiempo, desde aquí se empiece, y yo le diré las señas. Pues ajusten sus mercedes primero lo que han de darme, que esto concertarse suele por pregones, o por junto. Te daré lo que quisieres. Es, que el metal de la voz subirá, como subiere el otro metal. . Pues toma un doblón, y vaya. . Empiece. Esto no puede escaparse: digan las señales fieles. Es una pérrica blanca como una paloma, y tiene unas manchas rubias: trae A un pretal de cascabeles, los cuales están atados con unas cínticas verdes, perdida desde esta noche acá. . Basta. Quién supiere de una perra blanca, que unas manchas rubias tiene, y cascabeles atados, con unas cínticas verdes, que esta noche se ha perdido, aquel que de ella dijere le darán de hallazgo: cuánto? Qué es cuanto? Lo que pidiere. Y de hallazgo le darán todo aquello que pidiere. Vamos por estas esquinas pregonando. . Quién supiere de una perra blanca, Qué hombre de Satanas aquel sería, que al verme, me dio un rempujón tan grande, y se fue, sin que dijese oste, ni moste, y me deja en la calle, sin ques encuentre mas que un pregón, que repite vocinglero::: Quién supiere de una perra blanca, Taten si será la perra de Doña Ana? . No parece. Amiga? . Quién es? Yo soy: como tú de aquesta suerte, cuando yo::: . Nada me digas que a nada mi mal atiende, sino a mi perdida prenda; mi Tisbica (hados crueles!) se ha perdido. Mire usted, . aquí la otra industria empiece) . yo bien me atreviera a hacer, que la perra pareciese; pero yo::: No digo nada: ustedes con Dios se queden, porque yo::: Qué es lo que dices? Que no es nada. No me dejes con tal pesar, por tu vida lo digas, sea lo que fuere, que yo te ofrezco:: . Señora, no consiste en ofrecerme, sino que aquesta materia, que digo, es tan sumamente delicada, que yo::: . Acaba, dilo. . Que si se supiese::: Quién lo ha de saber? Pudiera peligrar. . Que no te mueven mis lágrimas? . Guardarás el secreto? . Eternamente saldrá de mí. . Pues escucha: Muy cerquita de aquí tienes la casa (no nos escuchen) de un Adivino excelente, a cuya ciencia no hay cosa reservada; y como este oficio, según he oído; es vedado, no se atreve a tener pública tienda, y su astrología vende a puerta cerrada, como si de contrabando fuese: he visto raros prodigios de este viejo, y si el quisiese::: Hombre, que para mi alivio veniste, por Dios me lleves allá, que conmi agasajo juzgo, que podré moverle. Seguidme, señora, y ved, que es una fineza:: Creedme la satisfaré: es muy lejos? Ya llegamos: vuesarcedes se esperen aquí un instante, mientras que yo a hablarle llegue. Vuelve aprisa. Mucho temo, que quiera a avisarle entre. . Qué dice este hombre? Lucia, calla, y oye, que Dios quiere consolarnos; y si acaso lo de la perra sucede bien, no hay duda que sabrá de aquel perdido presente. Qué hacemos aquí, Doña Ana? Ten paciencia. Ya entrar pueden; aunque no le he dicho nada de lo que pedirle quieren. Yo se lo diré. . Seguidme con silencio. . Apenas puede mi aliento mover las plantas. Señores, qué silo es este? Que errada fisonomía es la del hombre! . Parece alhaja de la otra vida. Qué asombro! El labio enmudece. Ea, llegad. . Oh tú, sabio prodigio! a tus plantas tienes una infelice mujer, que hoy a regártelas viene con las lágrimas más justas, que jamás hubo, por verse originadas de:: . Calla, no prosigas, que ya en este globo, que aunque pergamino, y engrudo no más ostente, sabe, en fe de las fatales líneas con que se guarnece, parlarme cuantos ocultos chismes, y enredos contiene la abultada arquitectura de la máquina terrestre, he visto: . Las vocecillas si son barro. A lo que vienes: una perra te han hurtado; pero el Signo, que al presente domina en los perros, me hace que calle: Doña Ana, vete, que no hay remedio. Mi nombre sabe. . Bonito! Quién, este? Qué cosa hay; que no alcance? De tus pies no he de moverme, hasta que el alivio logre, que aguardo; y aunque no tiene paga beneficio tal, mi agradecimiento llegue: aquesta sortija afiance el grande, que esperar debes En A eño Cal de mí. Aunque viejo, me ablandan lágrimas de las mujeres: ello ha deser, y no solo restituirte promete mi ciencia a tu Tisbica, ni sino que palpablemente la has de ver aquí, y traída de la traidora inclemente mano, de quien de tu casa la hurtó, fingiendo acogerse a ella, huyendo de un hombre; y esto es, porque no tescueste ni aún el trabajo de ir donde escondida la tiene: Tendrás valor para verlo? Como mi perra a ver llegue, el gusto de mi Tisbica conseguirá, que se temple lo horrendo de la visión. Pues está en ti, porque suele con la fuerza del conjuro, hacer un ruido tan fuerte. que parece, que los Orbes cerúleos abajo vienen. Ay de mí! renuncio el pacto. Aguárdate, mira, oyes? Ya estoy en ello, no tienes que decirme, que ya entiendo. Quién de aquí salir pudiese! Allá se entró. Pues querías, o que delante de ti hiciese los conjuros? Yo lo mando. Eso mandarlo no puedes, Cómo que no? Esto ha de ser. No oyes cómo se defiende? Vaya muy en hora mala. Vive Dios que se enfurece! Mucho debo al Adivino. Si yo pudiera esconderme, lo hiciera de buena gana. Si el Adivino quisiese hacernos volar a todos por cima de las paredes, qué bueno fuera, Doña Ana! Ya tu precepto obedece mi rabia. Toma tu perra, y que con ella revientes. . Ella es: Tisbica mía; pero qué ruido es aqueste? Es la fuerza del coljuro de aqueste aviso. . San Lesmes! Si habrá aquí alguna pilita de agua bendita? . Eso quiere? En casa de un Adivino no se gasta, ni se vende: Temblando estoy; los tejados juzgo, que sobre mí vienen. Mujer, estás ya contenta? Y aunque asustada, pretende mi ansia pedirte, que otra cosa a adivinarme llegues. Bueno! Lindo! De una vez quería, que yo supiese de la perra, y del hurtable, rico, y suntuoso presente, que Don Pelipe Tristán la enviaba, y llegó a perderse? No me pida gollerias; no se puede, no se puede en un día: salgan luego, si no quieren; si no quieren, que aquí sobre todos caigan rotos ese par de Ejes. Tiene razón, déjale, que hasta mañana sosiegue los conjuros. . Vamos. l Vamos. Mañana volveré a verte. Tú, Pregonero, a mi casa irás, para que me enseñes esta. . Claro está que iré. Hombre prodigioso es este! Salid aprisa. . Ea, vamos: adiós. . . Adiós. 2. Oh mujeres! . mirad lo que sois, y como os engañan cuando quieren!
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Cada instante más me admira, gran Pablo, tu industria, y arte! No me dirás en qué parte te encuentras tanta mentira? Que tú, siendo ya el primero, lo admires, extraño yo: pues quien, si no tú, inventó lo adivino, y pregonero? Aunque fue rara cautela la una, y la otra invención, es cierto, que fue lección de tu doctísima Escuela. Doña Ana quedó muy fija en ello, y se lo creyó; y a buena cuenta, dejó el doblón, y la sortija. Mas como ve dilatada tanto su satisfacción, yo tengo mi presunción de que está desconfiada: y lo sentiré por ti, por mí, y por todos, al ver, que esta bendita mujer nos imperta un potosí. Que es verla con los desvelos, que emplea todas sus prisas en enviarte las camisas, las medias, y los pañuelos! Nada en este cuerpo hay, que no sea de su blanda condición; sin pieza a Holanda tiene, y sin hilo a Cambray: Hasta el Colegio importuno ha podido enriquecer, y hemos llegado a tener su camisa cada uno; cosa, que aunque más escarba la memoria, no hay, ni ha habido ejemplar de haber salido nunca a camisa por barba. Los regalos repetidos son, sin que les falte día, y por la noche te envía hasta los huevos mejidos. Y así, Pablos, en tu extraña sutileza, con que todo lo penetras, piensa el modo de que dure esta cucaña. Ya mi ingenio modos busca, pues me asisten, cuando venzo, un Toribio, un Don Lorenzo, un Pablos, y una Lebrusca. Y consultando sus mañas, porque quede asegurado de Doña Ana el susto, he hallado dos cosillas tan extrañas, tan exquisitas, que si cuando a ejecutarlas voy, no me acuerdo de quien soy, temo han de engañarme a mí. Será algún embuste extraño. No son si no dos, tan bellos, que está rebosando en ellos la Vida del gran Tacaño. Uno ha de avivar su amor con celos, que ha de tocar; y el otro me ha de dejar crédito de gastador, de galante, y liberal: y para toda esta masa no hemos de poner de casa, Brandágalas, ni un real. Es alguna ficción? . Mas. Es intentona cruel? Mucho más. . Tiene papel Lebrusca? . Allá lo verás, sin que ahora llegue a decillo. Gran consa debe de ser. Y tú en el uno has de hacer un famoso Lazarillo. Vamos ahora a buscar unos trastos, que previno la maraña, y de camino será preciso llevar a Don Toribio; porque como tanto a Berenguela lo título le desvela, encargó a Doña Ana, en fe de su amistad, me dijese, que yo a su Conde buscase, y que luego que le hallase, con él a su casa fuese, que sin duda alguna, está picada, y amor padece. Y Toribio, te parece a ti, se descuidará en emplear, con cuidado, en ella todas sus flores? Toribio es de los mejores discípulos que he sacado; pero me causa cruel desvelo, en Dios, y en conciencia, la continuada asistencia de Don Diego Coronel, por Doña Ana: y si ha juntado, para mi fatal destino, a la eficacia de fino el recelo de picado, ha de llegar a sentir, que lo dejen, y ha de hacer diligencia de saber quien soy; y si a descubrir me llega, temo anticipe su rigor, porque es un diablo. Como no te dé en lo Pablo, mas que te dé en lo Pelipe: pero vive Dios, que viene! Lo dices de verás? . Sí, por Dios. . Huyamos de aquí tres mil leguas. Ya no tiene circunstancia la fortuna, Fabio, que en mí no la pruebe. Estos días, de desgracia andas. . Nada me sucede, que no sea acaso: si juego, pierdo; si riño, me hieren; tiénenme por otro, cuando han de cascarle, o prenderle. Qué te importa a ti, señor, se case? justo es te acuerdes, que lo ha intentado con otros, sin sentirlo tú. No adviertes, que celos, que son causados de semejantes mujeres, un punto preciso, y cierto tener alevosos suelen, que no llegan a sentirse, hasta que el tal punto llegue? Sígueme, Fabio, y verás, que si descubrir se puede el Don Pelipe Tristán, de mi amor las iras cesen. Así el dinero pudieras descubrir del inclemente Extranjero disfrazado. Diera un brazo por cogerle. Tú, Doña Ana de mi vida, juzgo que estos días andas absorta, y que traes parece la atención envaucada: no me dirás lo que tienes? Dimelo; aunque yo jurara, que tu mal era una cosa::: Válgate la mala trampa este diaño de cariño, qué listo estos días anda en perseguir a las gentes, sin dejar hacer puntadas de lavor a una persona! Ay, Berénguela! Qué extraña es su furia! pues que yo, que de libre blasonaba, sin que a su tirano imperio sujetase nunca el alma, ni un descuido, ahora me veo tan rendida, tan esclava; que a su robusta cadena están pidiendo mis ansias piedad. . Yo no te lo dije? Válgame Dios! Quién pensara, que mi albedrío, que exento burló siempre su tirana sujeción, se viera ahora así? . Amiga de mi alma, en esto de encariñarse debe de haber reservada razón: ves aquí, que yo fui una tigre de Hircanía para los hombres; seis años, tres meses, y dos semanas me galanteó el Contador, que vive junto a la Plaza, y jamás tuvo de mí ni lo que monta una paja de favor: a otros ducientos se les caía la baba, y eran de día, y de noche estafermos de ventanas, y puertas; maldito aquel, que nunca miré a la cara: ahora vino este Extranjero Conde, que en hora menguada le hallé, pues trae desde entonces mi pobre vida envaucada: si voy a comer, me tira i su memoria de la manga; si quiero dormir, me pica el cuerpo, como con sarna; y pica mucho más, cuando con la memoria se rasca. Válgate el diablo por hombre! A mí solo me causara gran dolor, el no haber visto, desde que asiste a esta casa Don Pelipe, ni una cinta de regalo. . Necia, calla: no ves, que un hombre, que tiene este garbo, a veces no halla la forma de introducirle? Ay señora de mi alma! que para dar, el que quiere dar, mil ocasiones halla. De más, de que si la suerte no hubiese sido contraria, solo con aquel regalo, que se perdió, no bastaba a quedar una mujer rica? Cuál? aquel de marras? Sí, amiga, aquel; y no ha habido forma de encontrar la casa de aquel Adivino, que con su ciencia soberana pudo hacer que pareciese mi Tisbica. . Qué llaman. Mira quién, y abre: ay Cielos! qué confusa, qué turbada está la vida! Yo triste? Yo rendida? Yo ultrajada de ese ceguezuelo Dios? Pese a su ira! Una Dama debuén garbo, buen aseo, buen talle, y muy buena cara, dice que te quiere hablar. A mí? No eres tú Doña Ana Ortiz? . La misma. Por esa pregunta. . Pues las almohadas llega, y dila que entre: quien será? En la primera jornada no les dije, que algún día me serviría esta cara? Pues escuchen como voy haciendo con esta traza, que acabe de rematarse la bobona de Doña Ana. . Guardeos Dios, señora mía. Esta dicha, por extraña, agradecer a mi suerte debo: sentaos. . El alma, llena de desasosiego, en ningún sitio descansa; mas ya os obedezco. Amiga, no mandarás que la hagan chocólate a esta señora? Qué cosa tan excusada! Vos no me conoceréis. Quién logra belleza tanta, en todas parte será conocida, y estimada; pero mis visitas son tan cortás, y limitadas, que no he tenido en ninguna dicha de hallaros. . Pues salgan ansias del pecho, que solo sabe el pecho qué son ansias. Mucho ha de ser, si Lebrusca . no suelta la carcajada. Conocéis a Don Pelipe Tristán? Qué es lo que oyé el alma! . No respondéis? Mas pues yo sé, que es pregunta excusada, debedle hoy a mi congoja, que prosiguiendo, os deshaga aún la breve, la fingida vergüenza para negarla. Ese infame Caballero, no a costa de penas, y ansias, que cinco años le escuché, siendo en calles, y ventanas, con retórico silencio, elocuente muda estatua: no a costa de que posee renta tan segura, y tanta, como de su Mayorazgo tiene, sin las esperanzas de otros muchos, que en faltando su padre, y abuelo, aguarda, me venció, si no es a costa de darme mano, y palabra de esposo, cuyo seguro hizo en mí::: Pero esto basta que os diga; y pues mi atención no permitió, que llegara vuestra vergüenza al paraje costoso de confesarla, permitid vos, que a la mía, en acción tan desdichada, no se aumente el padecerla, con la pensión de aclararla. En este paraje, yo más fina, el día aguardaba de hacer bien seguras sus ya seguras esperanzas, cuando él, trocando lo fino en aleve, su eficacía en tibieza, su cuidado en descuido, en ira ingrata su fe amorosa; y en fin (para qué en decirlo tarda mi voz?) en leve ceniza aquella encendida llama, huyó de mí: vos ahora, aunque desapasionada, ved, cual sería mi pena, sin que llegue yo a contarla; y más sabiendo (ay de mí!) con la solicita maña de los celos (cuya nunca desmentida vigilancia, siendo el dolor adivino, todo lo que busca halla) ser vos el hermoso objeto, que su voluntad arrastra. Hermosa sois, no lo niego, ni niego cuan disculpada esté con vuestra belleza su fementida mudanza: este es mi pesar; mi ruego es, que atenta, que apiadada de mi dolor, vos, señora, pues que por razón os basta saber, qué el hombre que os sirve así a otra mujer engaña, permitáis no se malogren tan antiguas esperanzas; que esta tórtola afligida, a quien del nido le falta su esposo, a gemidos tristes no muera desesperada. . Y cuando resuelta, y firme, constante, cruel, obstinada prosiguiereis, vive el Cielo; que fiera, desesperada, he de ser áspid mordido, vívora he de ser pisada, cuyo enojo, cuya ira, cuyo furor, cuya saña acabe, destruya, borre, injurie, agravie, deshaga todo cuanto me impidiere tomar mi justa venganza, sin que deje vivo más, que lo immortal de mi rabia. . Espera, aguarda: qué advierto en esa noticia atroz? Con la ira de tu voz, una, y mil veces me has muerto. Espera, porque a mis blandas quejas tu razón aflija. Qué ha de esperar? La otra aguija, y ya se ha ido en volandas. Muerta he quedado! Mal año! Y solo mi dolor siente, que haya pasión, que se aumente también con el desengaño; y que llegue a estar postrada a pena tan rigorosa, que sea la ira celosa suspensión de enamorada. En toda mi vida he oído sermón de mujer más bello: oyes, te acuerdas de aquello de la tórtola, y el nido? Déjame, que más se engendra mi dolor, y más se aviva con tu natural. . Es viva la mujer como una acendra. Pero otra vez llaman, mira quién es: Oh pasión rebelde! no te basta el desengaño para sosegar tu ardiente irá? . Esto es lo que yo digo: pica, pica, rasco, y duele, es el Demonio en figura de muchacho. Ahora puedes desquitarte de tu agravio, porque Don Pelipe viene. Y el Conde de Chamelote. También, y muy inocente de todo lo que ha pasado. Ana, patillas me lleve, si a ser tú, no le quitara las quijadas a puñetes. Disimula, qué harto haré yo, si puedo: dilos que entren. Ya topé a Lebrusca, y supe . lo que pasó, y como vuelve muy presto a hacer la segunda dispuesta tramoya; y fieles los Compañeros, aguardan en ese portal de enfrente, para el fin que ha de tener, como allá se verá. . que la han subido a las sienes. Cesen, Divino asombro, mis males, pues tan felices merecen llegar a tus ojos, donde contentos, vanos, y alegres se visten de la desdicha, que en tu disgusto padecen. Mucho hade ser, que mi ira . . A la puerta están dos con su engaño no reviente. Vos, mi Doña Berenguela, en cuyos ojís se meten treinta trabiesas legionis de Alguáciles, y Corchetes, que en la cárcel de la Cruz todos los sentidos prenden, consolad a vuestro Condí, que desfarfallada tiene vive al Mesón de Paredes, llamadle. . Decid, señora, qué violenta causa puede turbar de vuestros dos soles la llama resplandeciente? Qué es esto, decid? . Una ansia. Ansia vos? . Un accidente. Quién le origina? . Un cuidado. Quién le causa? . Un mal aleve. De qué ha nacido? . Un dolor. De qué? . Un pesar. Quién le mueve? Una ingratitud, en cuya vil causa encerrarse puede pesar, tormento, cuidado, ansia, dolor, y accidente. Ingratitud? Quién con vos ingrato, señora, puede ser, sin que pierda la vida? Hablad más claro. . Señor Don Pelipe, lo que tiene Doña Ana, son unos tufos, Los parches de tacamaca son lindís para jaquequís. Vos sois, señor Don Pelipe, (ea, acabe ya, reviente mina, que la rabia forma, y que los celos la encienden) quien:: . Armenios de los que venden chucherías; pero dicen, que traen otras diferentes alhajas, telas, brocados, y::: . Anda, necia, calla, y vete: ves, que estoy::: Llegó la nuestra. . Dejadlos, señora, que entren; y puesto, que en tantos días el alma. . Un Ensamblador no ha habido más lance que este, en D en qué yo pueda serviros, permitid que le aproveche. hay que tomar, quejas vuelen, no desbárate la riña lo liberal. . Haz que lleguen. Ya están aquí. Oh, gran Lebrusca, . afrenta de las mujeres! De aquesta vez quedó rica. 2. Deo gracias. . Ana? Qué quieres? No entendía yo, que los Armenios hablar supiesen. Di, vengo bueno? Admirable! . Qué traen? . Cosis exelentís. Ea, pónganse aquí en medio, y a sacarlo todo empiecen. Aquí no hay Rosarios, cajís, cuchillís, estuchís, peinís, como en la puerta del Sol los otros Armenios venden. Ya hemos oído, que traes más ricas cosas; no dejes ninguna. Estas piezas son de encajís finis, y aquestís cintas turcas. . Y di, Armenio, sin bautizarlas las vendes? Id apartando, señoras, todo lo que os pareciere mejor; aunque de las alhajas nada de lo que traen lleven. Digo, Lucia, es galante Don Pelipe? . Ahora puedes desquitarte. Este es Cambray. Aquestos son perendenguis. Del mal el menos; y pues . . Ay Ana! escógeme unos, que sean morados, y verdes, y que cuelguen mucho, mucho. Pues tu escogerlos no puedes? Estas piezas de brocato son de Ginebro. Qué alegres que son! . Siendo de Ginebra, hay muchos que los entienden. Aquí encajís de maticis hay. . Clavos para cairelís aquí. . Ea, basta, no más. Tan poco, decid, merece mi afecto, que sin premiarle, en esta cortedad quede? Tomad más, por vida mía. Por no ser impertinente; tomaré estos clavos. . Esas piezas, para guardapieses a las Criadas sirvan. Abrán aquí . Qué ruido es aqueste? Echen la puerta en el suelo. Ya los compañeros vienen. . Aquí entraron, y aquí están. Pues quien en mi casa mueve tal ruido? 3. La justicia. La justicia, como pierde a esta casa:: . Sosegaos. Milagro es que no reviente . de risa. . Pues qué queréis? Cuál quedarán las mujeres! . Con noticia, que estos dos Armenios, no solo venden géneros de contrabando, que prohibidos los tiene la Pragmática, sino que también ocultos vienen a ser Espías a España, hay orden para prenderles, y para que se le embarguen toda su ropa, y sus bienes. Aquí los vimos entrar, y así, nadie se menee, ni estorbe que esto se cumpla: Ea, en las cajas se entre todo aquello que traigan. A quién (ay de mí!) sucede tan gran desdicha? Hay mis clavos! Hay mis pobres guardapieses! Ved, que estoy:: Nadie replique, si incurrir aquí no quiere en resistencia: venid. . Señores míos:: . No tienen que hablar palabra. Ay desdicha cómo aquesta! Enteras vuelven, como las parió su madre, las cajas. . Pasmosamente . lo han hecho mis Compañeros. Oyes, Doña Ana, parecen los regalos de este hombre a la moneda de duendes, que he oído decir que sueña, y luego desaparece. Esforcemos el embuste. . Seguirlos ahora pretende nuestra diligencia, a ver si es que remediarse puede, que los prendan. . Id con Dios. Al punto mis ansias vuelven a lograr de vuestras iras las sinrazones crueles, Adiós, Doña Berenguela. Él con bien, mi Conde, os lleve. Buenas quedan. . Qué hay, Doña Ana? Qué se yo? Ser tan aleve mi fortuna, que aún se burla en el modo de ofenderme: Vamos allá dentro. . Vamos. Anda, Toribio, pues este enredo ha salido bien. Ya en la calle estamos. . Puede la Lebrusca honrar un mundo. Don Lorenzo te parece, que el papel del Alguácil le hizo mal? . Famosamente: Vamos a casa. Este es, que salió. . Y si no mienten las señas, el otro es::: . Quién? Acaba: qué te detienes? Sigámoslos, sin perderlos de vista. Pablos, parece que vas convidado? . Voy con deseo de que lleguen nuestros pasos a saber, . si hay en casa inconveniente para disponer::: Bien dices: el picaron insolente Extranjero es: sigue, y calla. Y el otro es el que pretende a Doña Ana. Pues llegamos a la puerta, llamar puedes. Abre, Lebrusca. . Ya voy. Qué aprisa que llegó! Entren, nata, y flor de los embustes. Los abrieron? Sí. . Pues debe de ser su casa sin duda. Ni aún traza de Venta tiene: allá dentro vamos. . Calla, que mi cólera pretende tomar, con una venganza, dos. . Pues di, qué emprendes? Qué? Que los vea Doña Ana. Tú en aquel zaguán te puedes esperar a que yo venga, por si ellos a salir vuelven, que los sigas. . Obedezco. Y yo iré donde:: Mas este lance mejor lo dirá lo propio que sucediere. Ea, salgan con decencia a este sitio destinado, supuesto que ya ha llegado la hora de la Conferencia, en que hace el Colegio atento, por con servarse mejor, junta General: Rector? Qué dices? A vuestro asiento. Todos tomen su lugar. . A la junta, antes que empiece, pido un favor. 3. Ya os le ofrece: Qué es? . Que se ha de sentar Brandágalas, pues la raya midió a la tacañería. 3. Favor es, por vida mía, sin ejemplar; pero vaya. Honra tan superior, quien la consiguió? . Ea, llegad. Así premia esta Hermandad a los que la sirven bien. Ya estoy en el eminente lugar, que tanto he deseado. Pues que todos se han sentado, ea, Madre, represente lo que se ofrece. . La tasa de mudar casa, que a un mes, y aún no bien cumplido, es razón que mudemos casa, lo primero proponemos, pues a la ley corresponde: el Colegio, qué responde a esto? . Que nos mudemos. Vos, Don Lorenzo, pues cuerdo vuestro juicio se escogió; y Secretario os crió, escribidlo por Acuerdo. Sábese, que hay aquí dos, que no nombro por decencia, que con dañada conciencia, y poco temor de Dios, guardan más de la mitad de lo que adquieren por fuera, obrando culpa tan fiera contra la Comunidad, ocultando lo que agrade a su perversa intención. Hágase la información, y al punto se les desgrade de la honra, y preeminencia de nuestros tacaños modos. Vosotros, qué decís? Todos confirmamos la sentencia. De pañuelos, que con prisas rateras se han apresado, hacer he determinado prote formas de camisas, que en las mangas satisfagan a los ojos que las crean, sirviendo, aunque no lo sean: Qué resolvéis? Que se hagan. Pues todas son trazas buenas; y así esto se conservó con maña. . Me río yo del Areópago de Atenas. Don Oracio de Quiñones, nuestro Compañero, ha un mes que en la cama está. De qué es su enfermedad? . De calzones, han sido, con dos engaños, pues tienen tantos harapos, que no hay ya quien los conozca: qué haré? . Que se reconozca el pósito de los trapos; y si es que están consumidos, póngase el Capuz, y Chía, que tiene la Cofradia para muertes de vestidos. Esa mujer, la que alquila las cosas que se han buscado, para que::: Abran esta puerta. Abrán aquí. Qué he escuchado! Ahora lo verás, ingrato dueño del alma. . Perdidos somos, que nos han espiado. Qué haremos? Pues que no abren, hagan la puerta pedazos. Con bien poca diligencia. se conseguirá. . No hallo escondite. . Llegó el día, que tanto temí. . Ya echaron la puerta en el suelo. . Y entran todos acá dentro. Malo. . Mira, alevosa Doña Ana, el hombre que has estimado. Señora, qué es lo que vemos? Estos son hombres, o trapos? Acabose la maraña. Aí tienes el Mayorazgo de Alcobendas: Aí el Coche: aí las joyas, y brocatos. Ay! ay! mi Conde se ha vuelto de Chamelote en trapajo. Y pues están juntos quien dueños de dos pesadumbres tan grandes, hoy tomar trato satisfacción. . Quedo, quedo, señor Don Diego, que estamos muchos aquí: y crea usted, que los pícaros peleamos; y vos bien me conocéis. Pues quién eres, hombre? Pablo el de Segobia, que viendo a mi fortuna en tan bajo ser, quise hacer que el embuste me redimiese del hado infelice, que tenía. Adónde me traes, Don Diego? . No te lo dije yo, Fabio? Yo fui el del parche; yo fui el que al fingido Italiano persuadí contra el bolsillo; y yo, quien Rector anciano del Colegio, en mi poder tuve:: . Yo el Conde, engañando a Berénguela, mentí lo que sabes. . Yo un criado tuve:? . Que fingió perderse aquel suntuoso regalo, y supo ser pregonero en aquel terrible caso de perderse la Tisbica. Tuve una Lebrusca, un pasmo de mujeres, la cual::: . Fue la que tapada en tu cuarto te hurto la perra; y la que, Adivino disfrazado, te la trajo; la que diestra, fingiendo celos, y agravios, fue a tu casa; y la que luego, de Armenio te pegó el chasco el . de apartar mucho, y quedarse sin nada de lo apartado. Yo tuve a quien Alguáciles fingidos: . Embarazaron la dadiva, con decir era Espía, y contrabando. Estos somos: y pues ya está vencido el engaño, pase por burla. . Tomar de verás esto, es errado, y así, perdonados queden. Quedén todos perdonados, y vuélvome a mí Don Diego. Sin que haya boda, ni mano, porque es de Autor la Comedia, que no gusta de casarlos. Yo también me volveré, señores, a mis vocablos. Y valga lo que valiere, aquí llega al fin, y cabo, para ejemplo, y para aviso, la Vida del Gran Tacaño.
