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Texto digital de La victoria por el amor

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Atribución tradicional
Jacinto Cordero
Atribución estilometría
Jacinto Cordero Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La victoria por el amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/victoria-por-el-amor-la.

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LA VICTORIA POR EL AMOR

JORNADA PRIMERA

Las flores de este jardín, Porcia mía te diviertan mientras acordes conciertan el clavel, rosa, y jazmín. Llego de mi vida el fin, de mi desdicha el tormento, hay terrible pensamiento! pena me da ver que he sido ingrata a quien me ha querido por dar aun padre contento! Hay honor, que excesos haces! hay amor! de que aprovechas, cuando con tiranas flechas mi pensamientos deshaces? Mijo importan estas paces a mi Reino, y es razón. que al gusto des posesión acetando el casamiento. Obedecerte es mi intento, tuyos mis deseos son. Lleguemos al cuadro donde el extranjero pintor pintando emprestas de amor con su ingenio correspondo, Esta cortina le esconde: Maestro pintáis, o qué hacéis? necesario es que acabéis aqueste cuadro de andáis; irida dae O dio Porcia el sí que miráis, ya casa la tenéis. Ya señor, esta casada la Princesa Porcia, es justo, si fue, señor, con su gusto. . No, mi bien, que fui forzada. . es fuerza en tanto dolor. Mejor dirás, que mudada estas de tu parecer: hiciste al fin tu deber, eres mujer, no te culpo, antes aquí te disculpo con acciones de tu ser. Al Príncipe Filiberto me despachado esta tarde y fío de él, que no tarde, tanto, que sepa el concierto. Qué riguroso, y qué incierto medio mi fortuna trata! Ha, qué bien finges, ingrata! desvela mi fantasía, tu rigor, tu tiranía me da muerte, y me maltrata; hoy verás darme la muerte en tu presencia, ay de mí! que en efeto te perdí, Ya lloro mi triste suerte. Que alegre no puedo verte, fuerte rigor, grave pena; llamaré tu hermana Elena, que venga, Porcia, a alegrarte. . Hoy pienso que han de matarte las pacés que el Rey ordena. Corrida estoy, y turbada, y cuando a mirarle pruebo, ni me animo, ni me atrevo, porque nací desdichada. Veo que estás condenada en la vergüenza que tienes; pues ves tu culpa, y no vienes a satisfacer mi agravio, porque te cierran el labio las disculpas que previenes. . Oye No puedo escucharte. Espera. . Ya, para que? Verás. . Que faltó lafe, Porcia ingrata, de tu parte. Escucha. . No, que dejarte No, Duque, que este rigor yo nunca le he merecido, siempre Porcia os ha querido, siempre os ha tenido amor. Ya de que sirven las quejas, cuando señor absoluto al Príncipe de Sicilia en tus abrazos le juzgo? No bastó que de Ferrara dejase el Estado augusto, por verte Porcia, y pintor me fingiese al padre tuyo? No basto un año de amor, que atado a tu gusto sufro en este jardín desdenes, donde las flores promulgo a lástimas con mis quejas, vagando céfiro el curso de su alegre murmurar, cuando en acentos profundos con tu nombre entre estas flores yo solo ves que murmuro? Los árboles se enternecen, y enternecerse no es mucho, que peñas se ablandarán a fe tal, a amor tan puro. Mis ojos tristes se quejan de sinrazones, que es justo morir rabiando de pena, quien tan poca luerte tuvo. Vine a Nápoles la bella a ver tus ojos injustos, pensamiento de mi suerte: por esta me dio por fruto de mi abrasada esperanza, con ella quise hacer surcos en el mar de tu firmeza; eres mujer, y los rumbos borraron luego las olas, que tu condición redujo. Nave con viento ligera es la mujer, que caducos mares surcando, atrás deja ya los términos dífulos, que pudieran obligaria, en arena escribe ocultos pensamientos, que el mar borra, el que fiando su gusto a una mujer, hace dueño de su amor, y por tributo le ofrece la libertad. Ay de mí, que ya Epicuro Glotón de mis propios males llego a ser con este susto. Las mismas fieras se asombran y los pájaros, que mudos están de ver tu crueldad, que la repiten los brutos, vagando el aire con quejas, con qué detienen agudos pensamientos de tu ser, en que le ofreces tributos, Pensión, que naturaleza por inconstantes os puso: mienten los libros, y miente! el que primero redujo a sus ojos las historias, con que os abona en el mundo. Colín, apresta Casallos. Señor, las sotas rripuso, muchas en Nápoles dejo, Qué bueno estoy para orgellos de tus locas necedades; vístase el alma de luto, llore el corazón agravios: pero hay triste! qué procuro? A Dios Príncesa; que ya no quier ser importuno en tan venturosas bodas, gocéis al Príncipe lustros de felicísimos años, y del tengáis sin segundos hijos, que a Napoles honren, entrando en ella con triunfos; ya de batallas Navales, ya de Marciales tumultos, que hoy a Ferrara me parto, y el ver vuestras bodas huyo, que quien nació desdichado, no es bien que viva en el mundo. Ya de que sirven disculpas, dueño, y señor absoluto, si cuantas diere en mi abono, por no creídas las juzgo? En el mar de vuestro amor ya las tempestades sufro tan en mi daño, que todas en mi desgracia promulgo. Bien veo, que a vi estras quejas es justo tener el curso con lágrimas de mi alma, y con suspiros profundos. Si se enternecen las flores oyendo vuestro murmuro, y estos árboles también; no me parece a mi mucho. Qué peñas se ablandarán a tal gala, a amor tan puro, dejad quejas vuestra lengua, y vuestros ojos, que es justo quejarse de una Princesa, que tan boca suerte tuvo. Venistes a verme a Nupoles, no lo merezco, que injustos pensamiento os trujo, amores: si os has dado tan mal fruto, que quiso vuestra esperanza correr mares, en que furcos formase de mi firmeza. Bien ha visto que a esos rumbos lleva mi padre el timón, un Sicilia se redujo: no soy nave tan ligera, pero sus años caducos mares surcando, atrás deja mis pensamientos difusos. Si imagináis, que obligarle pueden términos ocultos, todos mi padre los borra para dejarme sin gusto. Quien nacio sin libertad, nadie le ofrezca tributo, si quiere ser de sus males otro Glotón de Epicuro, y le ahoguen las congojas de tan riguroso susto. Este a estas fieras le basta, y a estos pájaros, que mudos están de ver mi firmeza, que ella los tiene confusos. Si decís, que la mujer al ser ofrece tributos, porque si naturaleza tan triste pensión las puso: mienten los libros, y miente el que ignorante redujo, faltas de un ser, que es forzado, y las tienen por insultos, los hombres solo los tratan. Vístase Porcia de luto, llore el corazón agravios, que no tienen fin segundos: nunca Nápoles los vea, ni lleguen a tener triunfos, antes se vuelvan batallas sus ciudadanos tumultos. A llorar triste me parto, y de veros? mi bien, huyo, porque os partis de esterrado; cuando sin ventura os busco, y yo por nacer sin ella no es bien que viva en el mundo. Señora, T orcia, ya es hechó, a Dios, que crueldad sería esperar el anma mía un tormento tan estrecho. Aflijan celos mi pecho, pero en ausencia es mejor sufrir tan fiero dolor, y tormento tan cruel, si presente al daño de él he de ver el agreslor: ved que mandáis de Ferrara, que aunque soy el ofendido, soy quien siempre hos ha querido, y quien quereros declara; ay, y quien nunca os amara! Vos me amáis, vos me queréis? Mas, cuando más me ofendéis, Vos queréis, y os ausentáis? que poco, Duque, me amáis; que poco amor me tenéis. Por última despedida medad, señora, esos brazos, Si detener con abrazos puedo, mi bien, la partida, los brazos, y el alma pida quien la tiene en su poder, que no me piensas querer, y te quieres ausentar? . Ay, si supieras amar! Ay, si no fueras mujer! Mi bien, el Rey nos ha visto, Pues alto a engañarle toca, Porcia, señor, está loca. En vano el dolor resisto, con mi pena me enemisto. Qué es esto cielos, que ha sido? Este es, señor, mi marido, el alma así lo declara, Duque es, padre de Ferrara. Ella ha perdido el sentido. En esta locura ha dado, este es su tema, señor. Hija, no ves qué es pintor? No, que vino disfrazado. Hoy me llevan agartado, donde le aumente mi pena, cuando mi suerte me ordena tan rigurosos despachos, me cantarán los muchechos, ya está metido en la trena. Amigo, di la verdad, y no te quejes de mí. Rigurolo frenesí, y acelerada crueldad. Amor aquí me ayudad; . diré quien sois trance fuerte. Confiesa Duque, y advierte, que no me culpes después, tuya soy, firme me ves, declarate, y denos muerte. Porcia ha dicho la verdad, yo soy el Duque, señor. Traidor, por seguir su humor, me quitas la calidad: ha de mi guarda, llegad, prended este hombre al momento. En habiendo agarramiento, Colín sin duda es percido. Llevadle por atrevido, seréis al mundo escarmiento. Esto sí, preso le quiero, no de ciapoles ausente. Señor, mirad. . Insolente, vos os fingis Cabaliero? Hoy es el cía postrero en que se aparta de vos el alma, mi cuerpo a Dios, pintaré yo lo que falta. En esa torre más alta me poned luego a los dos, y confiésenle al momento, que hoy le han de dar un garrote. El consonante es azote, hoy me dan millar decientos ha pobre Coño, ya siento el riguroso compas, que preterbo, y pertinaz hace el verdugo arrogante, con chilladores delante de bulla tan eficaz, Hija Porcia, vuelve en ti, se corte a tu hermana Elena. Traigan luego una cadena, y unas esposas aquí, préndanme luego, y en mí se ejecute ese rigor. Mira el tribunal de amor, en que está un Rey engañado, mira un Duque desdichado, y una hija en tal dolor. Vuelve ya, hermana querida, vuelve mi Porcia en tu acuerdo. Cuando has visto amante cuerdo, si ve su afición perdida: forzada yo, cómo viva? yo vivir? triste concierto. Mas ay, la puerta han abierto de los que casan forzados, que tristes, que desdichados! toda un sucor me ha cubierto, agonizando de pena, con un dolor sin segundo, pasan infierno en el mundo, y al infierno se condena el padre que tal orcena, por cierto castigo justo, de unrigor que es tan injusto, de una injusticia tan grave, que solo quien ama labe, que es adulterar el gusto. Confirmada es la locura: cielos, qué es esto que veo? lamás logro su deseo la que nacio sin ventura: hay Dios, qué triste figural advierte, . Qué barba ismo! Mira en un celoso abismo un amante mal pagado; que triste está el desdichado, como se queja a sí mismo, que tienes? muero rabiando: que es tu mal? celos, y amor; válgamé Dios, que rigor estás, hay triste! pasando: porque no olvidas? amando hidrópico quiero ser, y no me harto de beber estas penas en que rabio, no me hizo quien amo agravio: forzáronla, aunque es mujer, amor te dé el premio igual a las finezas que has hecho; A dónde estás? por derecho estoy en un Hospital, en que amor cura este mal, aunque ninguno sanó: el que sanó no entendió que es amor? sábenlo pocos, y esos luego dan en locos: ningún necio en loqueció. Tenla, Elena de mis ojos. Qué desdicha tan extraña! hay padre! como se engaña quien quiere a amor dar enojos. Lágrimas sean despojos de dolor tan inmortal. Ay Duque mío! qué igual es mi amor al que me tienes, que enredos amor previenes, si bastan en tanto mal? Por alegrarte te digo, que con el Príncipe vayas, asistirás a sus bodas. Prevención es excusada. No vas muy bien con tu primo? Sin gusto, no es bien que parta a ver bodas tan augustas. Tragedia será que aguarda . quien sin ventura te deja? No he de disgustarte en nada. Veinte galeras te esperan en la Siciliana playa, que a emulación de los vientos, tendiendo a un tiempo las alas, pájaros son de Neptuno, que entre montañas de plata frisan cristalinas perlas, que nacen a bofetadas. La Capitana verás de banderas coronada, que yo gané al Turco fiero en Nigroponte; hazañas fueron de mi mocedad, vanaglorias son pasadas. Entra en Nápoles con ellas, verá tu esposa, que arrastras, cuando te esperan con fiestas, las banderas Otomanas. Parte amado Filisberto. Cómo, si me queda el alma . en brazos de Margarita? Triste estás, qué te acobarda? Yo, gran señor, no estoy triste, ve, y escribe al Rey la carta, que luego intento partirme a ver mi esposa. . Dilata amor mis penas terribles, ya la adora, ay desdichada! ha hombres! quién os creyere, fía en mar cuando hay borrasca. Despídete de tu prima, ya que al fin no te acompaña, mientras que la carta escribo para el Rey. . . Mis tristes te dirán, prima querida (ansias No digas, Príncipe, nada, parte a Napoles, y deja mi corazón en batalla, luchando a brazo partido con los celos que me matan. Ve a gozar otros favores, no te detengas, que tardas? verás el sol de tu esposa, que en crepúsculos de nácar deja la nieve ofendida, que dan las perlas sin gracia. Las zafiras sin color, y los corales en calma; ese retrato has traído, llévale, primo, idolatra esa figura, que hermosa! Ha quien la suerte trocara! no digo yo la hermosura, que esta bien sé que me falta, pero la ventura digo, que a su dueño le acompaña. Vete presto, no me mires, o dame, primo, esta daga, mátame, hay triste! con ella, borra del alma esta estampa, abre puerta al pecho mío, por donde éxale esta llama, en que sufro a un mismo tiempo con rigor de mi desgracia, amores de tu partida, recelos de mi mudanza. Como sabré responderte, mi bien, en tan fuerte causa, sino dan lugar tus celos, y mi estrella, que es contraria? Yo gozar otros favores, un rayo del cielo caiga, que me sepulte en su abismo, si el pensamiento descansa en otra esfera de amor, ni en otros polos iguala esos cielos de hermosura, que tus recelos señalan. No, mi bien, que mi deseo sujeto vive a tus plantas, perias, nácar, nieve, rosas, zafiras, corales, gracias, se humillan a tu poder, que pudieran en tu cara los tres Pintores de Grecia, para eternizar su fama con imitar tu hermosura, ostentarle al mundo en tablas, amagos de tu belleza, con que quedaran pagadas, el Arte, y naturaleza, dejando indecisa causa sobre quien fue más perfata. Y cuando fea te amara, por elecciones del gusto, que reina siempre en las almas, hermosa me parecieras, porque el gusto te prestara suplimientos de aquel ser, que a naturaleza falta. Dame el retrato, y verás como le rompo, que extraña mi amor cosas que te enojen; y aquí verás como trata una paciencia ofendida las prendas que a ti te enfadan. No le rompas, si en el pecho el original agravas; mira que ha de ser tu esposa. No digas esas palabras, que con ellas me das muerte: el Rey mi padre me manda a que me case por fuerza, aquí la astucia me valga. Prima, prima de mis ojos, cuando el Rey mi padre salga le di, que a Nópoles quieres partirte, como él te manda, por alegrarte en las bodas. que hasta ahora reusabas. Parte a Nápoles conmigo, que tido dueño, acompaña un corazón que te adora, un ser, que sin ser se halla, si el ser de tu ser le deja, haciéndole al gusto falta. Corramos, prima, una estrella, que si es del poder forzada, en golfos de más peligros, amor en sus hombros saca los Penates del deseo, que son sagrados del alma, a quien el poder no llega, aquien la fuerza no alcanza. Esas máquinas, mi bien, que por tu idea levantas, son esemeyos, que mueren al mismo nacer: son pardas nubes que cubren el cielo son horrisonas borrazcas; pero con el Sol deshechas se ven tanto, que su cara Fébeas luces arroja por su máquina estrellada. Qué importa el partir contigo. ya del amor engañada, por fábricas del deseo, si apenas veré la plava de Napoles, cuando vea, que esas ordenes, y trazas han de parar, en que tú darás la mano, y el alma a la venturosa Porcia. que merece dicha tanta, y yo en Nápoles de pena entregue en tan justa causa a la muerte en mis desdichas débitos de oculta Parca? Pues si ha de ser lo que digo, mas quiero en tan tristes ansias quedar llorando en Sicilia, hasta que del pecho salga el alma en quejas deshecha, que no ver prendas tan caras, en brazos, que no merecen mas fe que la que se guarda, la que sin ventura dejas ardiendo en celosas llamas. No me escribas, que no quiero que me engañes con tus cartas, ni relaciones me vengan de bodas tan excusadas. Mas no, escríbeme, mi bien, cuéntame como lo pasas con tu esposa, y sin tu prima. Detén la lengua, y no hagas que pruebe en presencia tuya. los quilates que acompañan un corazón, que hoy afrentas con dudas que te acobardan. Cuando ha tenido el amor rendido a su fiera aljaba, otro sujeto, en quien muestre pasar límites de raya, que solo yo se querer, y viéndome en pena tanta rehusas acompañarme: mas ya he visto que no me amas, pues que partirme así dejas, que si tú me acompañaras, enredos diera el amor, prevenciones, y marañas, con que a pesar de Sicilia, y de Napoles, gozara Filisberto a Margarita. Pero pues quieres ingrata, quedar en Sicilia, queda; que si Nápoles me aguarda, casaré en ella sin gusto, por tomar de ti venganza. Detén, y no me des muerte, que siguiendo tus pisadas veré mi propia desdicha. Liévame ya a ser esclava de la Princesa, mi bien, que humí de estoy a tus plantas. Hacéis oración, sobrinas que tierna, y que arrodillada! Ingenio, aquí me valed. Yo, gran señor, ensayaba a mi primo con su esposa en las bodas que se tratan, cuando con gusto los dos lleguen a verle. . Esclava de la Princesa, mi bien, que humilde estoy a tus plantas, que tiene que ver con eso? Señor, Margarita ensaya, oh finge hablar yo con Porcia, y ella llegar. . Excusadas son Príncipe, prevenciones, si ella no yva en vuestra armada. Señor, ya voy con mí primo por daros gusto. . Ignorancia fuera no ver que es amor la suspensión que dilatas por acciones de disculpas: no gusto, no, de que vaya a Nápoles Margarita, ni que de Sicilia salga. . Señor. Nadie me replique, por aquí van a la playa, partid Príncipe al momento. Margarita, las criadas que os dieren gusto escoged, que un Monasterio os aguarda. Qué desdicha. que rigor, Mucho tu rigor señalas en un ensayo de burlas. Sobrina, son muy pesadas, apartemos la ocasión. Parece crueldad extraña. Margárita, este es mi gusto, tomad Príncipe esta carta. Válgame Dios, que rigor. Muero de congoja, y rabia. Obedecer, y partir. Margárita, a Dios . El vaya primo en vuestra compañía. Acabad. . Hoy nos aparta. La fuerza de mi desdicha. El poder de mi desgracia. Notificose, Fabio, la sentencia? Señor, es inclemencia el darle muerte, aunque el con valor fuerte aquí te escribe, este papel recibe que te envía. Excusada porfía es esa, Fabio. Tú eres prudente, y sabio, leerle es justo. Leerle no quiero, no. . Ley es tu gusto, pero advierte, señor. . Mi rigor pruebe. Que a aconsejarle a un Rey nadie se atreve, vuestra Alteza, señora, aquí interceda, para que Ludóvico vivir pueda. Padre, y señor, permite que se lea, que es bien que lo que dice en él se vea. Si le apadrinas tú, abrele Elona, y aumentarás con él mi tristepena. @Pedodeca de España Si vuestra Majestad me da la vida, y me deja llegar a su presencia, en ella me atrevo a descu- brir un secreto, con que la Princesa Porcia vuel. va en su juicio como de antes, y no cumplién- dolo así, haga que me maten. Ve por él, Fabio, al punto, acaba luego; o si fuese verdad! maten el fuego. Ve presto, acaba, que me das enojos. Ya voy por él. Entrad abridor de ojos, y al Rey mi padre, que se maravilla; se repasad aquellos de cuchilla. . Qué dolor! Qué tormento! . Qué congoja! Amor, y que mal hace el que te enoja. Hija querida, tu remedio aplico. Cómo, si le das muerte Luconico? Amor, que amando enseñas desvaríos, como no acabas los tormentos míos? Escucha Rey poderoso, la más peregrina historia, que cuenta Amor en sus triunfos para aumeto de sus glorias. Yo, señor, nací en Sicilia. de humilde estirpe, que otorga tal vez la naturaleza a los humildes forzosas ocasiones, en que muestran que son hijos de sus obras. Inclíneme a la pintura, haciendo al arte lisonja los pinceles de mi padre, y los míos, que a su sombra dieron a muchos envidia con celebradas memorias. Estando, pues, una tarde en un juego de pelota, en que algunos Caballeros. entretenían las horas. Yo, que miraba curioso competencia tan gustosa, en que la salvo, y el gusto corren parejas tan locas. Después de hacer un envite, por mi desgracia me toca una pelota, y no puedo volvella; con que se arroja uno atirarme la pala. Hacielos! ah ley forzosa! que obligaciones de agravio, espuelas son de la honra: apenas la pala en mí ejecutiva me nombra acuerdos de mi venganza, cuando mi espada orgullosa. por su pecho entra atrevida, donde en la sangre se informa de que es deshecho mi agravio, cuando granativas brotan por el pecho, y las espaldas. dos fuentes de sangre rojas, que por parpados vitales. a ausencias de vida lloran. Cargan todos sobre mí con tal rigor, que ni en Roma se vio el esforzado Horacio en el puente con más tropa de enemigos que le envistan, de contrarios que se opongan a igualar con su venganza, opresión tan poderosa. Desmayado mi enemigo cae, y confesión invoca, a cuya voz me dejaron por socorrer sus congojas. Apenas libre me vi, uan lo al punto tomé postas, si bien dejando a Sicilia, fue a Palermo mi derrota. Siendo, pues, tal mi ventura, que al ver sus torres lustrosas, casi una legua apartado, una fuente vi, que brota por volcanes de cristal, perlas que nacen sin conchas, deseosas de quebrarse por deshacerse en aljófar. Llego a la fuente, y sentada veo una dama; que ignora el corazón, si es deidad, y de aquel monte si es diosa. Tal belleza le adornaba, tal gravedad la transforma en suspensión tan divina, que casi admirado estorba mi deseo, y mi temor, que su descanso interrompa, Cortes llego, y admirado a las aguas belicosas, que duplicaban el curso, y con envidia la exortan a hacer sierpes de cristal, que le ofrezcan por alombras si pisadas de sus plantas de aguas libres nacen rosas. Apenas triste me mira, cuando dulcemente llora, amitando al cocodrilo en acción tan engañosa. Yo turbado, y at revido, le digo, quien es, señora, causa que se eclipse el cielo, y dos Soles interrompan con diluvios tan caudales los nácares que atesoran vuestras nevadas mejillas. El la turbada, y medrosa responde en lágrimas tristes: Éxhala el pecho memorias de agravios que me maltratan, y así me quererlo asolas, sin remedio de esperanza en la pena que me ahoga: dejadme os pido, señor; y ofreciendo mi persona al riesgo de cosas tales, con palabras licenciosas, hijas de mi cortesía, fui humanando su memoria, contándole mi suceso, a cuyo sin lastimosa, me contó la causa triste de su lamentable historia, con las razones siguientes: Yo soy la Duquesa Flora, tan celebrada en Palermo, que la fama auxilio tama del aplauso, con que en él mis alabanzas tremolan, a cuyo poder rendido de una pasión amorosa, el Príncipe de Sicilia vino a Palermo, sin otra ocasión que le suspenda mas que mi vista, donosa curio sidad, que por fama se enamoran las personas. Hizo fiestas, y torneos, dio libreas tan costosas, que a no imitar mis colores, diera Arabia, y Eriopia del rubio metal que cría parte a tan augusta ponipa, porque lograra deseos, que sus grandezas pregonan. Obligome con sutarle a agradecer licenciosas finezas, que amor mostraba, aunque eran traiciones todas. Diome palabra de esposo, y gozo del alma glorias, que agora lloro perdidas, y apenas triste me goza, cuando a Sicilia se parte, ingrato al bien que me roba. Luego en Nápoles concierta su casamiento, y sus bodas su padre, porque así tengan sin feliz tales discordias. Esto por mi mal se trata, de que vivo temerosa, pues se conciertan sin duda sus casamientos por horas. Si tu corazón inclinas a hazañas tan poderosas, y quieres darme favor, hoy a tus plantas se postra una mujer agraviada, una mujer, que celosa remedio busca a vengarse, cuando se juzga sin honra. Ya que eres pintor cual dices, parte a Nápoles, y logra esta ocasión que me incita a que fíe mi deshonra de ti por lícitos medios, da traza que te disponga a que pintes en Palacio. Y si insigne te corona la fama, luego el Rey mismo, y la hermosísima Porcia te estimaran, y tendrás su gracia afable en tus cosas. Y si llega a efetuarse el casamiento, provoca a la Princesa, a que quieres darle una joya preciosa; y darle luego este anillo, en cuyo engaste se informa una piedra con virtud, que la verás volver loca, siendo tu tema preciso de su locura espantosa. Empeñeme en la ocasión, fue fuerza acetar la joya para cumplir mi palabra, y otras que el pecho atesora. Vine a tu Corte, y salí con la empresa prodigiosa, efectuado el casamiento le di el anillo, y se torna loca la Princesa insigne. Por Duque luego me nombra, descompuesta en las acciones, por cuya causa se ignoran tan repentinas desgracias, y tú con pasión odiosa mandas que me den la muerte; pero si a su juicio torna, cuando le quite el anillo, tu sentencia rigurosa se suspenda, y el perdón pido a tus plantas dichosas; dejad sacar el anillo. Cómo has fingido esa historia? Con el amor que me enseña, triunfa, mi bien, de sus glorias, cese la locura ya, pues que la vida me importa. Vá gate Dios por pintor, agora mis brazos toma, en premio de haberquitado locuras, que me provocan a tan grandes disparates; juicio tengo, que te asombras? Válgame Dios, que ventura. Hay mi Elena, llegaahora, dame los brazos, hermana. Por Dios que estaba ya loca, si no esconde la locura; pintor insigne de zotras he de ser si de esta escapo. Llega al alma, que dudosa está viendo, Porcia mía, hazañas tan prodigiosas: mi Corte fiestas ordene. Tengo ya perdón? . Y gloria mi Reino con tal ventura, dame el anillo. . Si tocas su piedra, efeto en ti hará. No hagas alguna cosa, que nos vuelvan a agarrar, Pues tenle para memoria del peligro en que te has visto, y en acabando esta obra no pintes más, que en mi Reino tendrás renta de que comas. Vivas, señor, dos mil siglos. Vamos a ordenar las bodas que Filisberto mañana entra en Napoles. Perdona, señora, el yerro que hice. Traza más, mi bien, estorba con enredos la opresión a que mi padre me arroja. No temas Porcia divina. Amando soy firme roca. Victoria por el Amor. Ay si sales con victoria,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya el Príncipe desembarca, acabada es la partida. Para que acabe mi vida a manos de fiera parca. Metío la estopa en el arca Cloto, y Lachesis cansó lo que hilaban se acabo, llego Atropos casada, y diola una cuchillada, mira en que tu amor paró. Fábulas traes, Colín, para aumentar mi dolor? Antes en tu mal, Doctor intento ser, aunque ruin. Tú mi Doctor, a qué fin? Sí, porque intento curarte, señor, con desengañarte, que el alma ofrezcas aDios, que el cuerpo cuanto a los dos ya no tiene en Porcia parte. Eso sí, dame tu enojos con aumentar mis desvelos, si en el potro de los celos intentan verme tus ojos. Imagina en los despojos de tu amor cuales serán, si a Príncipe tan galán recibe Nápoles bella, cuando verás triste en ella quitarte lo que le dan. Maldiga Dios el poder de tu lengua inficionada, no me digáis necio nada, que no lo quiero saber. Porcia será su mujer. No lo será, si yo puedo. El primer Duque de enredo eres que he visto jamás, mira señor, donde erras. y no cantemos el Credo. Si ver al Príncipe en tierra, y su armada en esa playa pone a tu esperanza raya, y a tu amor ofrece guerra. Sospechas de ti destierra, y auvierte, dueño querido, que si en tan fiero partido su vista pena te ha dado, aunque el Príncipe es llamado. tu serás el escogido. No temas, no mi mudanza, que la palabra te empeño, que has de ser del alma dueño, y de esto ten confianza, no sepultes la esperanza en maquinar con poder los celos que has de tener cuando me vieres hablar con el que viene a estorbar, que sea yo tu mujer. Vive alegre, y confiado, satisfecho; y sin temor, contento de que tu amor está de Porcia pagado. No te dencelos cuidado, cuando hable al Príncipe aquí, que quien te dio el alma a ti, como puede en otra parte dejar amores, de amarte, si para tuya nací? Ay Porcia! no se si crea la palabra que me das. Mi Ludóvico. . Podrás cumplirla? . Mi bien, no sea incrédulo quien desea, cuando le saben querer, Amor por niño ha de ser enfadoso en preguntar. Dile, que firme he de amar, aunque he nacido mujer. Ha, qué es gran competida! No pases, Duque, adel ante, que con recelos de amante has desdorado el valor, de quien eres inferior te llegas a imaginar al Príncipe: ya culpar te puedo de inadvertido, que haberte Porcia escogido te podía asegurar, superior entendimiento tenga tu esperanza en calma que para empleos del alma ha de haber merecimiento: de que le tienes contento, puedes vivir, no envidiosos sosiega el pecho celoso en compatencia tan alta; No ves, mi bien, que me falta. A ti, qué? . Ser venturoso. Qué importa, o no la ventura, cuando tanto amor me sobra, que el pensamiento en ti cobra poderes de tu figura? Cuando tu ausencia le apura, contento forma en la idea otro tú, y se recrea, mi bien, con imaginarte; porque hasta ausente adorarte esta alma tuya desea. Respóndate amor por mí, que yo con gusto no adierto. La salva empieza en el puerto. Y mis suspiros aquí hacen ya salvapor ti de congola, y de tristeza; que ha de adorar tu belleza el Príncipe, que rigor No tengas ese temor, que te adoro con firmeza. Prometesla? . Si prometo: a Dios, que entran en Palacio. Has de hablarle muy despacio? Sí, que será muy discreto. (to Vete con Dios. . Qué indisere es un amante con celos. Si infiernos son sus desvelos, qué quieres amor, que quieres? Ay, Duque! muchas mujeres, que escusan esos recelos. . Dame la tabla Colín, pondreme al punto a pintar, porque así quiero engañar los celos que me dan fin. Curiosa en este jardín averiguaré una duda. Pareces figura muda, ponte la tabla en el dedo. Ay de mí! qué apenas puedo por más que el valor me ayuda. Que este hombre humilde ha de ser, cuanto a mí, yo no lo creo, porque en sus acciones veo tan notable proceder, ya en cortesía, ya en ser una gala, un vestir tal, un ai re tan natural, a la nobleza que arguyo, que de sus partes concluyo, que tiene sangre Real. Ves esa mano, señor, no está a mi gusto caída. Qué bueno está por mi vida, también das voto? Es error. Y entre todos el mayor, que juzgue aquel que no sabe del arte, y que el otro alabe lo que por sombras no entiende, si con ignorancia ofende lo que en su juizio no cabe. Merecen tanto estas flores, señora, que vos honréis este jardín, y les deis con vuestro color colores, Mas ya muestran esplendor es de la gracia que les dais, que si hermosura prestráis a las flores, que mejor merece el nombre de flor en el lugar en que estáis Lisonjero parecéis, y no pintor, pues me dais nombre que a flores hurtáis, con que adularme queréis. Agravio a todas hacéis, en tan clara adulación, que estás enefero son, ya con gracioso cuidado, cuande yo flor de prestado. las que veis de pofesión. Si cual Faetonte abrasado, intentará presumido argumentar atrevido esa razón que habéis dado, fuera el verme despeñado, en mi segunda locura; que quien emprevder procura competir con tal saber, no ha llegado a comprender partes de vuestra hermosura. Desmiente el entendimiento el arte que profesáis, que para pintor habláis con mucho conocimiento. Muchos, aunque ese argumento por vuestro no contradigo, han dado abono, y testigo, con divina sutileza, que suplió naturaleza. las faltas de su castigo. Pintadme en ese papel (que es cierta enigma que he hecho) un hombre hiriéndose el pecho con furiosidad cruel. No salga, no, sangre de él, que llamas en su lugar habéis pintor depintar. Qué versos ha de tener? Ese que en él podéis ver. Esto mismo has de pasar. Vive Dios, que el tema soy del sermón que ha comenzado. Vos suspenso, y demudado? engañada afe no estoy. Y como, si al alma doy mas llamas que he de pintar. Al que la quiera explicar prometa una rica joya. Pintaré al fuego de Troya, sidiere el papel lugar. Sin tormento ha confesado; yo supe cuanto he querido; pintor sn duda es fingido, y de Porcia enamorado: haced lo que os he ordenado, que el Príncipe le ha de ver. De qué ingenio de mujer se cuenta tal sutileza? yo serviré a vuestra Alteza. Sea luego. Si ha de ser. La purga te dio en receta, y en ti pienso que obraya. Confusa el alma aquí está, no vi mujer más discreta; viose invención más perfeta para hacerme declarar? Tú llegaste aconfesar, señor, sin darte tormento. Hay tal sútil pensamiento! esto mismo has de pasar. A verlo voy por mi daño, y voy, Cosía, a matarme con los celos que han de darme en tormento tan extraño, No llegues al desengaño, si ha de matarte, señor, Necio, si muero de amor, que puedo hacer? . Confesarte, si detérminas la varte, que eras grande pecador. Tal fama corre en Sicilia. Hanras son de vuestra Alteza. Síbila Napolitana llaman a la Infanta Eseña. Si fuera a Porcia mi hermana, fueran alabanzas esas tan dignas de su hermosura, que en su sujeto pudieran con justa causa emplearse por hermosa, y por discreta. Bien veo, Elena divina, que es la señora Princesa digno objeto de hermosura, con admiración suprema, que es deidad, en que admirada cifró la naturaleza con prodiga perfección lo más de sus excelencias. Basta, señor, que corrida estoy de ver. Dónde llevas amor un alma perdida? Que la lisonja en vos sea objeción de cortesía, a quien merece por vuestra, sino atributos tan altos, glorias de vuestra presencia. Corazón, que es lo que escuchas, que admirado te desvelas? mas si es mujer Porcia, quien en mujer busco firmeza? Andallo, la mosca pica, locura habrá de potencia. La cortesa des Rey, que bien en ella se muestra la grandeza que le anima, al fin rayo de la guerra: que bien muestra el ser Soldado, armas, cortena, y letras se vieron siempre agregadas. Alto, apercibanse fiestas. Tragedias todas serán para ver mi muerte en ellas. Ay Ludóvico del alma! Vuestra Majestad licencia me dé para que en mi cuarto un primo mío estar pueda, que sinorden de mi padre me acompaña en las galeras. Aún no está desembarcado? Ya pienso que estará en tierra. Vamos. Príncipe, a buscarle. (da No señor. . Quién hay que pue- con amor estar segura, si son los celos espuelas? Por mi vida, que es razón. Mejor viva la Princesa, que tal ha de ser, señor, él llega a vuestra presencia. Vida juramos, que bien. Calla, Margárita, y besa la mano a su Majestad. Qué gala. . Qué gentileza. Decelos rabiando voy. Vuestra Majestad me tenga por su criado menor. Dadme los brazor. . Si llega mi humildad a este favor. Bien está. . Quién hay que crea, que puedo yo estar mejor que en brazos de un Rey, si alienta con tal favor mi humildaos Corren los primos parejas en la discreción por Dios: (sar. cómo os llamáis? . Señor, Ce- Qué César tan peregrino. Perdonen vustras Altezas el atreverme a llegar a sus plantas, cuando a verlas el Sol su carro parara, con razón, por ver estrellas, que a sus rayos dieran luz, y a sus luces más belleza. Donoso encarecimiento. Política consecuencia. Dévese a vuestra hermosura esto, y más. . Oh vil miseria! sujetar la libertad a una cárcel tan perpetua, quien tiene libre albedrío. Qué simparia de estrellas hoy lleva mi voluntad a inclinarmes tente lengua. Pasemos a ver el cuarto, que aderezado os espera, sino como merecéis, alomenos. Qué bién muestra vuestra grandeza, y poder correr a un tiempo parejas. Mucho eleváis estos ojos en las señoras. . No seas, mi bien, pelada, que el gusto por dueño a ti te respeta. cia. Venío los dos. . Vamos Por- Pasáis el jardín, y pena os puede car. porque es grande el trecho de esta arboleda. Dadle, Príncipe, la mano, y vos a la Infanta . Llega, ingrato, ya te conozco. Si llego a tan alta esfera, qué nuedo más desear? Qué presto que agarró de ella; Yo soy, Príncipe, quien gano. Qué rigor! . Ya se la lleva. Con celos no sé qué diga, si tales honras me esperan. Vos merecéis, por quien sois, llevar, no infanta, una Beina. Vuestra Alteza me autoriza. Como merecéis quisiera. César me lleva fin alma. . Dónde hay con celos paciencia? Entraronse, vive Cristo. A quién merece por vuestra, sino atributos tan altos, glorias de vuestra presencia; palabras son de mi ingrata, dichas a su esposo: buena esta la esperanza, Duque, que os tiene en Napoles, llega mi paciencia a tales toques, y no os perdéis? no, paciencia, sin duda que no sois mía, que a serlo, ocasión es esta para dejarme sin vida. Calzaré botas, y espuelas, pártimos hoy a Ferrara? Maldiga el cielo tu lengua, tu faltas para matarme, Señor, nunca más espera. Nunca más, y que bien dices, nunca más será mi tema, viviendo en el alma escrito. Voy por la pluma con priesa, no se te olvide escribirle. No vayas, no, porque ofensas tan graves, ellas se escriben en el alma, donde impresas vivirán para memoria. Ven acá. . Señor, . quién lleva la Princesa de la mano? Sa esposo el Príncipe. . Y deja ella llevarse, Colín? Y con una reverencia se la dio. . Infame calla, que vive Dios, que en mil piezas te haga esa lengua maldita. Que me matas, suelta, suelta. maldiga el cielo quien sirve señores de estas troneras, sino un viejo repolado con edad Matusalena. De la mano la llevaba? No, si no de las orejas, otra pregunta, hase visto: que te lo diga una vieja, un enano, ya corcobado, si estas albricias le quedan. Las lágrimas que llorabas, tus suspiros? tus ternezas, tus ansias, tu amor fingido en esto paró? qué crean los hombres estos engaños! estos cantos de Sirenas, y en ellos adormecidos, sus desengaños no vean? Vive Dios, que estoy corrido, que estos términos se tengan con un Duque de Ferrara: alborotaré las fiestas, arda Nápoles con fuego, que pues que tanto me quema, bien veo que de Sicilia volcanes en sus galeras trujeron para abrasarme; loco estoy. . Y sin mollera, que es la mayor desventura. Hay en el infierno penas, que se igualen a estas mías: no puede ser. . Ni pudiera, que allá penan por ser hombres, y tu acá, porque eres bestia. Mas sierpes tengo en el pecho que de Exión en la rueda andan duplicando escurso del rigor de su sentencia. Mas que a Tacio las entrañas me están Buitres dando guerra, sin acabar de acabarme, para que el tormento sea sin igual, porque igualdad no admiren celosas quejas. Ha Porcia ingrata, y cruel! estas fueron tus promesas; y apenas llega a tus ojos, cuando la mano le entregas, y dices con gracia, y risa: A quién merece por vuestra, sino atributos tan altos glorias de vuestra presencia? Porcia casada, y Ludónico deja, mal haya el que en mujer busco firme. Qué ocasión para sentir (za. Corín también tus miserias, y así de Beltrán el can de esta manera se queja. Mas sierpes tengo en el pecho, que en un seco monte hay huertas, mas que a Tircio en las entrañas me están pulgas dando guerra: sin acabar de acabarme, para que el tormento sea sin igual, porque igualdad no admiten quejas pulguescas. Ha Porcia ingrata, y cruel! estas fueron tus promesías, y apenas llega a tus ojos, cuando le das la moneda, y dices con gracia, y risa, (aquí pierdo la paciencia) no lo quiero decir ya, que se me olvido la letra. Porcia casada, y Ludónico a secas, mal haya el que comiere verenjenas. Déjame, que me das muerte. ̱. Soy yo Médico con flema, con guantes de apsopejía, huéleme la bocaa viejas Qué bien, Elena divina, pronosticastes discreta la causa de tantos males, el rigor que me atormenta! No más Porcia, ingrato amor. Mi bien, que voces son esta Vos con quejas, Ludóvico, amado dueño, hay quien puedo apartarme de esa gracia: infierno ha sido el ausencia de un hora que no te he viste cómo tú te apartas? . Fio, no me engañes más, que me corro de vergüenz A Ludóvico, a señor, a Duque, a mi bien. . Juifiera por no haberte conocido nunca nacer, pero queda para quien eres, mudable que ya Ferrara me esper; donde con tal desengaño me acabarán tristes pena. . De esta sin duda nos vamos, porque el crió la visera. Así te ausentas, ingrato? espera, escucha, mas vuelas con las alas ce los celos, que corréncomo atormentan. Ya que te vas a Ferrara, y de Náposes te ausentas, déjame el alma tirano, que conngo me la llevas. Fieras, sdle, tenedle, pero no le hagáis mal, fieras, que ofendida más le adoro, y quele hagan mal me pesa. De esta sin duda se parte, amor como no me enseñas remedio a tan triste mal: ha industria si me aprovechas? Colín, di, que no le vaya de mi parte, y si irse intenta, en la maleta escondida le mete aquesta cadena; uarda, Colín, secreto, eua se que no te arrepientas, suen por premio entretanto el diamante te lleva. Co é, señora, volando a Bramoya que ordenas. . amor, como tus gustos pesero matan que llegan! Itente, terrible estás, a senra a Margarita. Silta ingrato, aparta, quita, que everte me ofende más. Esera . Disculpas das, siendean clara tu calpa? En de, mi bien, tengo culpa? Cielo, qué es esto que veo? regociy mi deseo. No aúnito, ingrato, disculpa. Mejorse aquí retirado verá el bien que el alma estima. Mi bien, Margalita, a prima. Ya ingrato, está distemplada la consonancia trocada, verás entonces clameres, ansias, tormentos, doleres, aclamaré en triste mengun, que es bien que toque lalengua mudanzas de tus rigores. Bien en Sicilia quedaba llorando penas ausente, porque ver celos presente el alma me adivinana, que bien en mi juicio estaba, y agora que loca estoy, cuando triste quejas doy, siendo el remedio morir, déjame ingrato partir, que al mar de mi llanto voy. En el moriré anegada, sin remedio de esperanza, con quejas de la mudanza, de que voy desesperada. Pues quise triste engañada llegar a ver, que trineza, en orazos de otra belleza, siendo a mis ojos retrato, el amante más ingrato, que crió naturaleza. Goza altivo los favores de su mano hermosa, y bella, y tengas gustos con ella iguales a tus amores. Nunca sienta disfavores de tu amor, antes contento iguale tu pensamiento el suyo, con tal cuidado, que en ti vivas transformado por mayor me recimiento: Ninguna cosa he perdido, contenta voy con mi estado, pues mi amor acrisolado llega a dejarte corrido. Con tal extremo he querido, que he llegado a hacer por ti transformaciones en mí, el redos contra mi honor: qué date Sinon traidor, de quien loca me creí. Lástima tengo de ver los rigores de su pena; ay de ti si te condena el amor a padecer! Suéltame por Dios. . Poder tienes para enojos tales, mas lean conmigo iguales el darte satisfacciones, disculpas y abonaciones para alivio de tus males, Que admita disculpa me dices traidor, como puede darla quien tan mal pagó: Qu Cuando en tu mudanza afrentado amor, tristes desengaños, llora el corazón. En olvido pones los extremos hoy, que tanto aclamabas, pero en tu rigor se ve que eres hombre, falso, y sin razón. Ama a la Princesa, mientras lloro yo, el yerro que hice tan contra mi honor, cuando el Rey mi tío, por darme opresión, me llevó al Convento, dónde le engañó el quererte tanto, pues fingí que soy mi criada misma al entrar, y dío Laura Secretaria mía, ostentación a tan grave engaño, en ferma fingió luego que yo estaba, por cuya ocasión, salgo al otro día, donde te buscó mi amor con suspiros, que engaño, que error. Vine a tus galeras, porque me enseñó amor a buscarlas: ha, pluguiera a Dios la muerte buscara, que fuera mejor, que dejar Sicilia, si en Nápoles soy testigo, que veo, que le das, traidor, ya la mano a Porcia, adorando al Sol, rayos de hermosura, pompas de candor! Que presto olvidaste tan firme afición, yo parto a Sicilia, donde con dolor de tan cruel tormento, de tan cruel traición, muera de congoja quien tanto te amó. Prima de mis ojos, gloria de mi amor, como de mi alma dulce suspensión. Si de mis deseos desconsías hoy, quien apadrinarme puede en tal error? Yo dejar de amarte? cuando se atrevió el Alcón humilde al Águila Sol, Reina de las aves? y cuando al León el Cordero tierno? cuando al mar le dio arroyo pequeño enojo, o temor? Pues lo mismo, amores, entiende que son desvelos que ofenden tu loco furor. Tú el Águila eres, ella vil Alcón, como a tu deidad ofendiera yo? Ella en fin Cordero, arroyo sin voz, tú Leon altivo, y el mar, a quien dio olas de deseos dulce emulación. No tristes quererlas articulen hoy tus suspiros tiernos, si más que Endimión años esperara, por mostrar que soy firme en adorarte: sufrir es razón tiernas cortesías, a que dan vigor usos de Palacio con afable acción. No te enojes tanto, vive sin temor, y si es que te ofendo, cuando cortés soy; vamos a embarcarnos, cesará el rigor. Campos de Neptuno sean opresión de tus mismos celos, el viento de ardor velas ostentando, soplando veloz, donde al Rey mi padre le diga, que estoy contigo casado: y si su rigor, por verse ofendido me pone en prisión, morir quiero en ella firme de dolor. Muerto en mis extremos viva mi opinión. De contento loca con tal nueva estoy. Engaños son estos de tu discreción. Finezas son mías, cese tu rigor, dame ya los brazos. Y con ellos doy alivio a mi pena. Qué amistad, que amor en dos primos tales. Elena nos vio. Queda tu con ella. Vete amor con Dios. Bien parece el amistad confirmada con abrazos. Por despedida los lazos, a que amor dio autoridad. Por despedida: mirad lo que decís, que no entiendo. Irme a Sicilia pretendo. Pues qué ha sido la ocasión? Desprecios de una afición, de que, señora, me ofendo. Pues tan presto aficionado, y tan presto arrepentido? Señora, no me han querido, y así voyme despreciado. Burla parece. . Y burlado tan triste me llego a ver, que en mi llegué aproponer, (quede esto aquí entre los dos) de no querer, vive Dios, señora, a otra mujer. Muy impaciente os mostráis en la facultad de amor, pues que con tanto rigor sin ver las fiestas os vais. Que si licencia me dais, y me decís quien queréis, porque en Nápoles quedéis, me obligo a hablar a esa dama. Peligrará vuestra fama, si esos conciertos hacéis. Amor, en que me has metido, . que en redos me has enseñado? Porque no os vais despreciado, he escogido este partido. Galán quiero ser fingido, . por acreditar su ausencia. Escribidla en mi presencia, Hárelo, pues, que gustáis. Ay César! si no me amáis . yo he de morir sin paciencia. Descuidada de amor burlas hacia Delque via en su red cautivo, y ciego, Por necio imaginaba al que en su fuego Cual simple mariposa en llama ardía. No imaginaba yo que en su porfía Había tal crueldad; mas ya que llego Al mar de su rigor, en que me anego, Rendida se confiesa el alma mía. No más burlas de amor, loco deseo, Cuando el mal que padezco al alma escucho, Si el desengaño de sus fuerzas toco. Dichoso el que en amor no ha hecho empleo, Y desdichado aquel que quiso mucho, Si al más cuerdo el amor le ha vuelto loco. Este es, señora, el papel. Queréis que le lea? . Sí. Cielos! si no es para mí, mi estrella ha sido cruel: temblando estoy, si es que en él no se entabla mi ventura. Culpad a vuestra hermosura, señora, y no me culpéis, si por ser tal hoy hacéis, que me atreva a esta locura. No atreverme era mi intento a declarar mi afición, para no ver como Faetón castigar mi atrevimiento, Mas si con tal pensamiento vuestra grandeza humanáis; a este medio que me dais, fuerza es que diga atrevido, señora, que os he querido, y que vos me desterráis. Es de Palacio esta dama? Ignorante se hace aquí, . no me engañáis vos a a mí, que soy fuego de esa llama, es de Palacio la fama. Importa hacer que no entiendo, que se esté un alma muriendo, y no se ha de declarar! pues no la queréis nombrar, por ella escribir pretendo. Que tanta satisfacción tengo de todas, que creo, que cumpliran mi deseo pagando vuestra afición, Empéñeme en la ocasión, fuerza es seguir su destino. Amor, con que peregrino medio aumentas mi osadía, Ay César del alma mía! No hay caso más peregrino. De que sirven, amor, tantos engaños, Siendo espuelas del gusto estás porfías? Años engañas si aumentando días, Me llevas por caminos tan extraños. Prueva una vez díchosos desengaños, Para aliviar, siquiera, penas más, Dejando atropelladas alegrías, En que sufro el rigor de tantos daños. Mas ay de mí, si para atormentarme Se conjura el poder de airada suerte, Fatal al laberinto de mi pena. Amor, si así procuras acabarme, Haz que en un tiempo mismo me den muerte, Porcia con celos, con amor Elena. Cualquier de ellas firmará esto que aquí escrito veis. Tomad César, leer podéis. Que enamorada que está, de ellas ninguna podrá firmarle. . Por qué razón? Vos lo sabéis. . El corazón, si os ha César, entendido. De esta vez queda corrido amor en su obligación. Ventura ha sido atreveros a quien tiene con amaros mas acciones de adoraros, que ocasiones de quereros, Y así para no perderos, en eso que pretendéis, si darme gusto queréis, cesad en vuestro rigor, pues que os piden por favor, César, que no os ausentéis. Y si el papel que escribí, señora para vos fuera? Eso mismo os respondiera. Este, luego es para mí? El mismo os diga que sí, que yo, César, no me atrevo, queda con Dios. Mucho debo, no sé si podré pagar. Pagad con saber amar. Amando desdichas pruebo. Que voc es son, cielos, estas? Hay tan terrible maldad? Vuestra Majestad me escuche. A un ladró que hay que escuchar? Repórtese vuestra Alteza, y mire que en calidad. Llevadle a una torre luego, Con razón pena me da de verle tratar ansí con tan terrible crueldad. Miren el ladrón que grave. Basta, señor, no haya más, que a mí sola me compete ese caso averiguar. Qué sufra yo estas afrentas! Vamos Príncipe. . Llegad, cara prenda de mis ojos, Muchas novedades ay, mucho tengo que contarte. Agora, mi bien podrás. , , , , que el mío ha de ser quedar Muriendo estoy de congoja; hay como siento tu mal, amor te tiene la culpa. Muy bien le podéis soltar, dejadle a solas conmigo, y en esa cuadra aguardad. Ya obedecemos tu gusto. . . Si no pueden ablandar Agora de quejas va, con qué exclamación empieza? Vengada, enemiga, estás, estos terminos conmigo se llegan a ejecutar: mas si eres mujer, que mucho? Mujer soy, más tan leal en quererte, Ludovico, que ejemplo al mundo he de dar, siendo Fénix de firmeza. Dame los brazos de paz, prenderte amor ha querido, por no verte, no, ausentar; no me culpes, Ludónico, que en mí tienes quien sabrá librarte de mil prisiones. Enemiga, desleal, apártate de mis ojos, por no ver en tu crueldad extremos de ingratitud, con que quisiste afrentar la nobleza de mi sangre, de afrentas tan incapaz. Yo quererte? qué es quererte, ni burlando, imaginar, que pudo mi pensamiento seguirerror tan mortal. Vive Dios que si sintiera en el alma algún desmán de amor tuyo, por ser tuyo, llegara con un puñal adarme mil puñaladas. Esto imagina, y podrás agora vengarte a gusto, preso en Nápoles, adonde impute en mi calidad el hurto de tu cadena; y confesado, podrán darme muerte, y tú casada, ejemplo al mundo serás de inconstante, y de mudable. mis razones tu dureza, y tanta culpa me dan tus palabras ofendidas, dame muerte, acabarás con ella tantas desdichas. Mira aquel rojo coral en amor enternecido, aclamando tu piedad; enternecete, Pilatos. Yo sabré, traidor, vengar la faliedad que me hicisto. Duque, y señor, aquí está quien tiene la culpa toda, mas no me verás entrar donde tú estás, vive Cristo. Duque mío, aúsí tratáis quien tan bien sabe quereros? A la prisión me llevad: ola guardas. . Qué es aquesto; habla paso. . Que no hay hablar paso, ladrón soy. Y ladrón, que supo hurtar mi ibertad, y mi vida, Llamas, señor? Que estás tan enojado conmigo? Sí, que me manda llevar a la prisión la Princesa. Pues tan enojado vas, vuélveme, Duque, esos ojos, Los del Príncipe serán d6 espejos en que te mires. Si más que esos alegrar me pueden. Dios me castigue con su poder celestial. Levadme amigos, que es hora. Vamos. . Dónde le lleváis? A la cárcel. . Esa torre la cárcel ahora será, hasta que otra cosa ordene: mirad como le tratáis, y respetad su persona. Ansí, señora, se hará. Ya es tarde para esas honras, como a ladrón me tratad, yo tengo muy merecido: agora la quiero más . Vendo Dios, si a mis ruegos conduéis su voluntad, victoria por el amor contenta el alma os dirá. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA De la prisión en que está con este papel me envía para Elena, y tal porfía no sé de que nacerá, pues me encomendó primero, que no lo vieses, señora. Cielos, si a Elena enamora? ya de celos rabio, y muero. Abre, y ve lo que le escribe, que luego le he de llevar. Si dan los celos lugar, que el alma con él recibe. Un hombre aquí está pintado hiriéndose el pecho cruel, y saliendo llamas de él, en fuego se ve abrasado, a los pies tiene aquí escrito. Quieres para verle antojos? si son de amor los enojos, mas acrímina el delito. Este que veis es quien quiere, y vos sois quien le matáis; señora, pues le mandáis, que pinte el mal de que muere que quiere mucho se infiere, pues os llega a confesar, que hablando sabe callar, y callando padecer; con vos me quisiera ver, por ver si hay más que pasar. Con vos me quisiera ver, por ver si hay más que pasar? el que mejor supo amar de los hombres, su querer tuvo siempre este poder. Corazón, que os espantáis, si a ver pintado llegáis quién por Elena se muere? Este que veis es quien quiere, y vos sois quien le matáis: él quiere una hermana fiera, vos estáis aborrecido, querer a Elena ha querido, viva Elena, Porcia muera. Que más desengaño espera, alma, que engañada quiere, si de este papel se infiere cuanto os quiere, y adoráis. Elena, pues le mandáis. que pinte el mal de que muere, Muere de amor, ley segura de una incierta confianza, goce Elena su esperanza, y muera yo sin ventura, si con tanto amor procura quitarme a mí este lugar: amor dejadle llegar, si por Ludóvico muere: que quiere mucho se infiere, pues que os llega a confeñar confesiones tan bien hechas, y más naciendo de amor, no admitirlas es error del agravio de sus flechas: dejadme fieras sospechas, yo tengo mi merecido. Creime como mujer, mas si me acierto a vengar, amando sabré callar, y callando padecer. Oigan el diablo que ha hecho con el papel que he traído. Hoy ver César no he podido, que está en el jardín sospecho. Hermana. . Tu falso pecho se atreve a nombrarme aquí por hermana, hay en ti tal término? . Qué percibes? Qué nombres a quien escribes, y no me nombres a mí. Viva quien vence en efecto, voy con ella a toda ley. Dírele a mi padre el Rey, que me ha perdido el respeto; César, siendo tan discreto mis papeles enseñáis? Señora, que os engañáis advertid, que no soy hombre, que se pueda de mi nombre colegir lo que imputáis. Hombres de mi calidad estas acciones no emprenden, si tanto el respeto entienden debido a la voluntad. César, mejor lo mirad, y advertid lo que habéis hecho, a quien las llaves del pecho entrego en vuestro poder, debéis. César, de tener el corazón muy estrecho. Mejor viva vuestra Alteza, que entiendo razones tales. No son los hombres iguales, ni de una naturaleza; callar favores, grandeza digna es de quien sabe amar; y así solo se han de dar a quien amando en rigor, nunca llegue a confesar, y martir sea en callar. Quién pensaré que yo hablé avsente, o presente mal, o que el favor celestia! que me hicisteis publique, en campo sustentaré, gran señora, que mintío el que dijo que fui yo dueño de error semejante: que los términos de amante mi nobleza me enseñó: y vive Dios, que ha saber su nombre, que entre mis brazos le trágara hecho pedazos, para que pudieráis ver, que callo, digo, y sé hacer. Entre los brazos, que bien, mas si los distes también al darle. . Qué es esto, cielos? Aunque voy muerta de celos, hoy probará mi desdén. . Así os dais. . Sí, voy corrida Dequé, señora, por Dios? De ver que ha faltado en vos obligación tan debida, gran señal de ser querida tiene la que vos lo dais las prendas que me negáis con término tan injusto; mas si es, César, vuestro gusto, muy bien empleado estáis. Qué es esto en que estoy merido? válgate Dios por mujer, si con todo mi poder no puedes ser socorrida. Ay Margarita querida, Prima del alma. . Qué tienes? No se. . Pues tú te detienes en contarme tu opresión? Bestantes indicios son, que mueren todos mis bienes, mándame el Rey, que manana me case, mira que haré. Casarte. . Pues de mi fe juzgas acción tan tirana? ha Margarita! . Si gana tu amor con tal casamiento. Notable es tu pensamiento, ahora barlando te estás, para que padezca más de lo que callo, y que sientos Tú lo mereces, cruel, pues el papel que te di mostraste a Elena, y aquí hicistes desprecios de él. Qué dices? qué papel es ese con que me matas? Para que engaños dilatas, habiendo sido en mi mengua? Qué es lo que dice tu lengua? La falsedad que retratas. Yo papel! viven los cielos, que es engaño, amada prima. Cuando un secreto se estima, impertinentes desvelos. son los que hiciste, pues celos una mujer puede darte: Acaba de declararte, y admite satisfacción. Todas, Filisberto, son disculpas, que han de culparte. Plega al cielo, Margarita, que si con Elena he hablado, y tal papel enseñado, como tu lenga acredita, que no te goce permita el cielo, y como traidor viva, y muera sin honor, que es la mayor desventura, para el que honrado procura. dar muestras de su valor. Digo, que quiero creerte, sea engaño norabuena. Yo mostrar papel a Llena? hay más rigurosa suerte! cuando muriendo por verte, vengo a buscar esos ojos, que son del alma despojos: dime, mi bien, que he de hacer, cuando de un Rey el poder quiere darme estos enojos? Primo, poco amor tenéis, si en ocasión semejante amor no os pone delante alguna excusa que deis: y pues darla no sabéis, amor me dio su poder; sois mandado, habéis de hacer eso que el Reyos mandó, y dejadme a mí, que yo tengo amor, y soy mujer. Pues cómo, qué me aperciba? Sí, primo, que importa así. Qué es lo que intentas? . aquí lo verás cuando reciba la gloria de que sepriva tu corazón afligido. Qué dices? Que amor perdido en los dos no se ha de ver. Luego serás mi mujer? Y tu mi bien, mi marido. . Este es mi gusto, no hay más, mañana, Porcia, ha de ser: que hay Príncipe? . Obedecer al parecer en que estás, Yo se, Porcia, que pedrás. Ay Dios, que fiero rigor, la muerte fuera mejor: . sea muy en hora buena, Ludovico quiere a Elena, que bien medramos amor. . Todo Nápoles aguarda mañana el recivimiento. Si espera el darme tormento, en vano el tormento tarda. Ponte, mi Porcia, gallarda ostentando en tu hermosura rayos, con que el Sol procura competir con tu belleza. Ay Duque, con tu fiereza compitio mi desventura: Elena es de ti adorada, y tú, Porcia, aborrecida, nacio para ser querida, yo para ser despreciada. Qué dices? . Solo me agrada obedecer tu deseo. Dame los brazos, que creo que el gusto me ha de matar. Amor, que medio has de dar a la fuerza en que me veo? . Venid Príncipe, y veréis, excusaré de alabarlos, veinte lucidos caballos, de que serviros podéis. Si tales honras me hacéis. ̱ El de Mantua os los envía. Estimo la cortesía del Duque en esta ocasión, pago con satisfacción la obligación que os tenía. Ludóvico preso espera, señora, como ordenaste, en esa cuadra le tienes, Di a la guarda que le saque aquí fuera, y se recoja luego Colín al instante. Haré tu gusto, que es justo, aunque mucho le apuraste. Viene con grillos? . Señora, grillos, y cadenas trae. aunque parece rigor. . Ay falso, y querido amante, que ofendida más te quiero, pero quiero ansí mostrarte lo mucho que amor se ofende, si ingratitudes le hacen. Aquí tienes, gran señora, el preso, como mandaste. Salios todos, y aguardad en esa cuadra, que os llame, Agora empieza el sermón, quien tal hace, que tal pague. De ofendida estoy corrida, y no me atrevo a mirarle: celos si tanto podéis, que he de decirs enseñadme. Vuestra Alteza el parabién reciba, si en tantos males le puede der parabienes quien de esta suerte le traen. Si por casarse mañana manda, que con grillos me aten, mande quitarme los grillos, porque ellos mismos no canten poderes de ingratitud, con que aquí vieron tratarme: que ofendida esta cadena, con ser insensible, abate sus eslabones alpeso de semejantes crueldades. Que agravios, que tiranías, que mudanzas formidables incitaron su rigor hoy a crueldad semejante: en que historia se halla escrito, que mujer alguna usase la tiranía que hoy veo? Válgame el cielo, mas pare mi lengua en tantas desdichas, sufra rigores mortales, inventen nuevos tormentos. Toros de Perilo arrastren mi paciencia en los tormentos, con que procura matarme: que si engañado creí una Princesa tan fácil, a manos de su rigor es bien que sufra, y que calle, poderes de ser mujer, acciones de ser mudable. Ingrato, si el ser quien soy no hubiera mostrado antes, cuando acredité finezas, que tú tan mal me pagaste. Si mi amor no conocieras nacer de tantos quilates, no hubiera en ti la mudanza, que en un papel me mostraste? Dónde escribias a Elena, para darme a mi pesares, con lo mucho que la quieres, lo poco que a mí me amaste. Que quien tan fácil olvida, como puede imaginarse, que nunca tuviese amor a la sin ventura, que hace, cuando extremos por quererte, imposibles a adorarte. Mas eres hombre enefeto, y todos cuando bien paguen, pagan en esta moneda, en que ingrato me pagastes. Mas pues pudo tu traición a mi poder sujetarte, él mismo quiere ofendido hoy, enemigo, vengarme. Daré al Príncipe la mano en tu presencia esta tarde, y contr a mi gusto, y fuerza obedeceré a mi padre. Hoy se harán las tristes bodas, siendo el tálamo cadaber, si bien túmulo, en que entierre memorias que han de acabarme. Pero no pienses que Elena, enemigo, ha de gozarte, que acusado de ladrón hoy te haré dar muerte infame. Y como fiera si harás, cuando esa disculpa traes para abonar tu mudanza. Cásate que muy bien haces, no te disculpes conmigo, si aquí por darme pesares, mandas traerme a tus ojos, donde ya el verte me acabe, diciendo que quiero a Elena, y que la escribi, notable excusa. . Pues falso, quieres lo que yo he visto negarme? No la escribiste un papel, en que amante te pintaste, abrasado en vivas llamas, y en razones eficaces la declaraste tu amor? Que donosos disparates: hay Porcia, que ahora veo, que eres mujer inconstante: yo escrevi papel a Elena, en que doy muestras de amante? Aquí le tengo, enemigo, mas dividido en dos partes. Muestra, cruel, y verás como te engañas, si haces examen de sus razones, que Elena mandó pintarme esa figura, enemiga, para que yo declarase, si soy tu amante encubierto, pues viendo al Príncipe en Nápoles me manda que un hombre pinte que en llamas llega a abrasarse. Este, enemiga, soy yo, y con ingenio elegante, un verso en él venía escrito, que es bien que el arma lo calle. Cómo decía, traidor? dilo enemigo, no pares. Esto mismo has de pasar; profeta fue de mis males. Pues leamor el papel, verás escrito en su margen, para Elena los amores, para Porcia eternidades de celos, y de disgustos, que ya son inseparables. Lee tú. . Empieza primero. Pues empieza en esta parte. Este que veis, es quien quiere. Como sola quieres, áspid, mostraste tu amor en flores, mas de entre ella me mataste. No respondo, que aquí tengo quien sirva de disculparme, y vos lois. . Quien le matáis; quiere más? . Pasa adelante. Que he de pasar, si tu amor estas traiciones me hace? Señora, pues. . Le mandéis, quieres ingrato cegarme, si te manda que la pintes lo que la quieres? . Acabe tu lengua esotro rengión. No se me olvida, que tales agravios hechos a amor, el manda que así los pagues. Qué pinte. . El mal de que muere; ha de ser más claro? . Nacen tus celos sin ocasión. Adelante, lo enmendaste; lee enemigo, que disculpas no te han de ser hoy bastantes. Que quiere. Mucho, se infiere, mando también que pintases, que la quiere mucho el Duque? Si no dejas que yo pase. Pasas a querer a Elena después que a Porcia olvidaste. Pues que os llega. . A confesar, santo parece, pues antes te confiesas de Cuaresma, buen Cristiano, que enviaste está bula, en que te absuelva. Qué de esta suerte me trates? Lee, Duque, que en tu traición tu mismo te condenaste. Que amando. . Sabe callar, y como si callar sabes. Y callando. . Padecer. Dirás, que padeces cárcel, por acreditar finezas, palabras tuyas; que trates estos engaños conmigo? mas por Elena, que es Ángel, todo se puede sufrir. Comenta tú lo deshaces, y no me dejas dar punto. Pasia, y leerás tus crueldades. orón vos. . Me quisiera ver: es escrúpulo, y muy grande, miren que padre del yermo, con quien quiere aconsejarse. Por ver. . Si hay más que pasar: no pasarás más pesares, que eres muy para querido, Duque, con aquese talle: ya te quiere, ya te adora, y seguro aventurarte puedes si dejare amor que yo suspenda. . No trates de suspender el castigo, que si vivo me dejares, a mi mano has de morir tú, y el Príncipe, que iguales os ha de hacer de mi suerte, y luego al punto matarme. Que justiciero que vienes, mucho el hablarme arrogante le disculpa de esta culpa, . mas quiero desengañarme con verle hablar con Elena: yo haré, que un potro aquí saquen en que la verdad confieses. . Hay quién sufra estos pesares? yo solo puedo sufrielos, siendo tantos sus donaires, que si males me procura, tengo por gloria estos males. Porcia, señora, te llama. Pues con tal atrevimiento se atreve su pensamiento aniquilando mi fama? Pero ni Porcia, ni dama, ninguna ya no parece, sino un hombre que padece un purgatorio de amor: ase, que estás bien, señor. Esto quien ama merece. Ver pretendo así escondida el desengaño que intento, de pena, y rabio reviento. Mucho rigor, por mi vida, es ese; tan ofendida tenéis a Porcia? . Es razón, que así traten a un ladrón. Ni con eso me engañáis, ya se Duque que robáis a mi hermana el corazón. Pues hizo mal vuenta Alteza, si nuestros amores sabé, darle el papel, que fue llave en que apuro mi extrañeza. No os entiendo. . Qué estral mi papel habéis mostrado, Qué papel? . El que pintado os embiepor Colín. Oi dan a mis días fin, que en la trampa me han cazado, Tu dísteme algún papel? Tu hermana me lo tomó, cuando lo llevaba yo. Oh villano. . San Miguel te ablande el pecho cruel. Tú me has hecho tanto mal. Que me matan, San Pascual. Ansí perro he de vengarme. Deja, señor, confesarme, que ando en pecado mortal. Hay tal engaño! este ha sido el papel, con que atrevida Porcia, quejosa, y corrida me desprecio, y corrido dejar César he podido, pensando que él le enseñara: quien tal burla imaginara? Penso que te amaba a ti, y que amante te escribi las razones que declara. Si señor, celos han sido causa de tan gran rigor. Aún das razones, traidor? Soy tentado de atrevido, y aún de hablar, si eres servido no hablaré más un tantico. Pues qué es eso, Ludovico? Este es el medio papel que te enviaba. . Y en el lo que dice a ver me aplico. Este que veis dice aquí. Soy yo, que ansí me he pintado. Y vos sois. . Vos, que obligado queréis que me pinte a mí. Señora, pues. . Escribi sobre el tema que me dais. Pues bien, cómo le explicáis? Leyendo le podéis ver. Qué pinte. . Si sé querer. Que quiere. . A quién sospecháis, Pues que os llega. . A esta prisión. Que amando. . Sufrir pretendo. Y callando. . No me ofendo con su injusta indignación. Con vos. me dio este picón. Por ver. . Si a vos os quería. Por cierto gentil porfía. Alma, resucita ya: con celos que no se hará? Perdóname, Elena mía. Eso para mi bastara, si tú supieras que sé, que le debes esa fe, porque es Duque de Ferrara. Mas que de mi imaginara tu acelerado furor, que me inclinaba a un pintor; siendo en mi acción tan villana; no me nombres por hermana, que provocas mi rigor. Escucha, espera, detente. No te hablaré bien jamás. Hermana; pesada estás. Tanto como tu imprudente; tu amor te quedapresente, mi César voy a buscar, que me quiero disculpar del disgusto que le he dado. . Ludóvico está enojado, Porcia, no se atreve a hablar. Suelta, mi bien, la cadena, y deja que te la quite, que el verte aquí no permite. Ni aquí permite mi pena, que el juez que me condena me absuelva en delito igual, y más si es tan criminal como mostró tu desdén, que no quiero ingrata, bien, que a mi honor esta tan mal. Estos eslabones quiero, que en el tribunal de amor sean síscales del rigor, que de tu crueldad infiero. Afrentado vivo, y muero por tu gusto, y tu pasión, grillos, y cadenas son los favores que he medrado, pues que a tus ojos atado me tienen como ladrón. Si vienes preso, y atado, Duque, a mi ojos ansí; en ellos tienes aquí la gloria de tu cuidado. Véngate en mí, y vengado hallarás, que en tanta pena, te puso amor la cadena con temerosos desvelos, pero los grillos, los celos, que tuve, amores, de Elena. Mas ya veo que engañada culpé tu amor de atrevida, perdón pido arrepentida, hoy a tus pies humillada. Esa cadena, que atada te puse contra razón, la tengo en el corazón: abreme el pecho, y verás, que ahota te quiero más por licita obligación. Qué engaño de nuevo intentas? Ahora. Duque, verás cual de los dos quiere más. Qué dices, cuando me afentas? Cesen enojos, que alientas, y advierte ya que he podido dar muestras de que he querido con absoluto poder, porque César es mujer, y el Príncipe su marido. Mira tú si en caso igual pueden tus celos temer, o si te puede querer Porcia más, pues siendo tal, como puede dar señal, que a Filisberto quería? No más, cese tu porfía. Y tus celos cesen ya, cuando el desengaño está de ambas partes, tuya, y mía. Si ofendido te has juzgado, ofendida me juzgué, ya yo me desengañe, y tú estás desengañado, amor parta en tal cuidado el campo, tuya he de ser. No llegues, tente mujer. Qué quieres? no puedo más. Corazón vencido estás, . mucho es de amor el poder, rabio por hablarla, hay ojos! y saco de aqueste enojo, que la estoy quebrando un ojo, y a mí me quiebran los dos. Acaba con esa tos, vuelvete cuerpo de tal. Qué es volverme? Con igual término trataa quien soy; mas pues despreciada voy, escarmentaré en mi mal. Tenla, Colín, no se vaya. Vuestra Alteza en tal cuidado perdone, que soy mandado, y he de agarrar ropa, y saya; mírela, que se desmaya. Llega tu. . Ya llego; descubramos este juego, y no se engañen los dos; yo os recibo a vos con vos, y ninguno se haga ciego; ea los brazos se den, y aquí queden los enojos. Ay, que no pueden los ojos. disimular tanto el bien; cese tu altivo desdén: que importa disimular, si amor me fuerza a mostrar, que con él no hay valentía? Tuya soy, dulce porfía, después de tanto pesar? Retratáis por la medida, nuevo modo de pintar. otro trabajo hay mayor; maldita sea tal vida. De vergüenza estoy corrida. Vuestra Alteza cual discreto, sabe que es amor perfecto; yo sé bien César quien es, y pues importa a los tres, tengamos todos secreto. Notable resolución, yo quedo desengañado. Verdad Porcia me ha contado, resucitad corazón: los Príncipes siempre son apoyos en que declara el valor más a la clara excelencias del poder, y si ladrón puede ser, yo soy Duque de Ferrara. Vuestra Alteza no le espante este disfraz de pintor, que a más obliga el amor, cuando en un pecho constante llamas enciende arrogante. Y si tan bien empleado vive su altivo cuidado, deje que de Porcia sea quien solo a Porcia desea, perdido, y enamorado. Por un Duque de Ferrara, mas que eso se puede hacer; vuestra sin duda ha de ser, que el alma así lo declara. Quién menos imaginara de tan augusto valor: Venid, que el daros favor el gusto tiene por gloria. Con tal ayuda, victoria sin duda tendra ni amor Ya en Nápoles estás, reporta un poco esa pena, que loco te ha traído. Cómo puede el sentido: ah trance fuerte! sin dar primero muerte a una sobrina, y a un hijo, que me inclina a esta venganza? Señor, en la templanza muestra el sabio. No puede en un agravio haber cordura con tan grande locura a casar viene, cuando consigo tiene a Margarita; quién hay que esto permita? ay cielo justo! que pensiones ponéis con este gusto de dar un hijo a un padre desdichado. Plaza, plaza. A tiempo hemos llegado. Notable gala, y belleza? Sí, puede por cortesía un forastero saber, que alboroto, fiesta, y grita es esta, señor, será merced muy grande el decirla. Es nuestra hermosa Princesa, y el Príncipe de Sicilia, que salen a desposarse. Ha cielo! si en tal desdicha tendrá mi pena consuelo. Ay César del alma mía! si te ausentaste, yo muero. Es notable, y peregrina la traza que habemos dado? Estas, que con dolor funesto exhalo lágrimas tristes en copiosa suma, donde con llanto a mi pasión igualo, no con pomposa acción, o excelso Numa, antes con débil voz peñas señalo, siendo mi lengua a vuestras plantas pluma, que escriba la deshonra de mi historia; que cruel que infelice a mi memoria. No ostento vanas justas, son quererlas de un ingrato, que a ParisImitando, lobó atrevido honor a mis Estrellas, en rayo de lisonjas disparando engaños, que de amor fueron centellas, pues que burlada quejas aclamando, me deja apenas fiero debaneo, que a las puertas del gusto vio el deseo. Ese, que de Faeton soberbio erige la soberbia altamente que le toca, y astutos de Sinon medios elige, con que a créditos falsos me provoca; ese, que con la vista el alma asige, vasilisco cruel de fe tan poca, que burlando lo honesto a mi recato, para que ímite a Elisa, ha sido ingrato. El Príncipe cruel, que a casar viene con la Princesa ilustre, que a su lado, con rasgo de belleza el Sol detiena, como confuso a su esplendor parado, es. Rey ilustre, quien del alma tiene la mejor prenda, y tiene mi cuidado, no dé la mano a Porcia, Rey invito, pague con ella tan atroz delito. Flora es mi nombre, de Palermo espanto, Duquesa luya soy, justicia pido, por mujer, por quien eres, por el llanto, con que a tus pies mi suerte me ha traído, por Rey, y por señor, por todo cuanto debes a ser amado, y ser temido, que hagas justicia sin trocar las leyes de Augustos Numás, de Cristianos Reyes. Qué bien que el engañosale. N. Esta es sin duda la misma de la historia del pintor. Por ella, señor, mi vida tan arriesgada se vio, Con ladrones no averiguan casos de tanta importancia. Libre está, Colín había hurtado antes la cadena. luro a Cristo, que es mentira. Vuestra Alteza que responde? Qué pide Flora justicia. S Estos, señor, son engaños, porque Flora es Margarita, y es mi sobrina. . . Quién es? Mi padre Rey de Sicilia. a N Vuestra Majestad, señor, me dé los brazos, . S. Obliga vuestra Majestad cortés a frecerle aquesta vida: ya Príncipe hacéis enredos? dad la mano a vuestra prima. Pues cómo, y Porcia, señor? Esposo tengo, que envidia puede dar al mismo Sol con las partes que acrevitan sujeto tan generoso. Más confusión es la mía. En un Duque de fierrara se cobran las alegrías de las bodas que hoy esperas, y a tus plantas este día humílde pide perdón, apadrinando mis dichas el Príncipe mi señor. Hay más engaños que digas? Señor, amor me enseñó. N Tú vivo ingenio me incita a que te case con Porcia; dale la mano. . Desdicha, yo sola corrida quedo. De César en Margarita soy esclava vuestra Infanta. La burla fue peregrina, pero no he perdido nada, Acabó la maranisma, mi honrapido, señores, no hay cadena que me pidan, de Porcia ha sido el enredo. Esta a tu cuello se ciña. Y aquí Senado discreto, corto ingenio, humilde lira, en esta de Amor victoria deseos su Autor dedica.