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Texto digital de La victoria del amor

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Manuel Morchón
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La victoria del amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/victoria-del-amor-la.

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LA VICTORIA DEL AMOR

JORNADA PRIMERA

En tan dichoso día, muestre mi Corte en fiestas su alegría y a tu recibimiento, ton haga salva en los brazos mi contento. Que Monarca del Orbe a mí se iguala, si al crujido del parche, y de la bala, haces temblar la tierra, en la paz, y en la guerra, Monarca soy del mundo, pues mi poder en estas basas fundo; Dame otra vez los brazos, que en tan estrechos, y tan dulces lazos, mi corazón osado, altivo, y fuerte, desprecia los horrores de la muerte. Tu vida gran, señor, al ave imite, que el fuego entre sus llamas la permite que vuelva a renacer, y vida espere, cuando caduca entre las brasas muere, y el tiempo con memorias inmortales, eternice tu fama en sus Anales. ̱. Ya supe por tu carta, que venciste al pirata contrario, y que partiste a Grecia desde allí, mas no el intento. quieres saber escucha atento. Si lo quieres Murió señor Mostafa, que era un bárbaro Africano, Caudillo de aquella gente, y de aquella armada Cabo. Quemé cincuenta falucas, eché a pique treinta vasos, reserve cuatro bajeles, en que embarqué los Cristianos, que asidos al banco duro, eran míseros esclavos, entre los cuales hallé un Embajador Greciano, que publicando un torneo, navegó climas extraños. Aquí me importa, señor, que escuches atento un rato, y oirás la mayor victoria, que cupo en valor humano. El Rey de Grecia tenía dos hijos, tan esforzados, que de altivos, y valientes, a ser soberbios pasaron: viéndose fuertes, y ociosos, por entretenerse en algo, dibulgaron un torneo en varios Reinos, fijando carteles de desafío, retando en ellos a cuantos se atreviesen a decir, que eran valientes, y osados, más que los dos, pues ninguno pudiera atreverse a tanto, que llegase a concluir, con su esfuerzo, y con su brazo; y a una justa de tres lanzas desafiaban a cuantos se atrevieran a decir, o a sustentar lo contrario. Era el premio de la justa su Corona, y el contrato, que quedasen los vencidos sujetos a ser vasallos de su padre, y le rindieran un tributo cada un año, conforme a la calidad del que fuese tributario, y que si hubiera en el mudo un hombre tan esforzado, que a Segismundo venciese, fuera después obligado a batallar con los dos, y habiendo los muerto a entrambos, fuera su Reino el sujeto, y su padre el tributario. Informeme del suceso, y con algunos criados, que a mi persona asistían, navegué con el Greciano. Llegamos a tan buen tiempo, que estaba cumplido el plazo, oy para tan alta empresa dispuesto lo necesario. Referirte las entradas, fuera discurso cansado, por ser varias, y costosas, y ser los Príncipes tantos, que aunque era justa de guerra, no excuso en el aparato, la pompa, y la bizarría, en que todos se esmeraron, pues se hallaron en las justas, el Ungaro, el Transilbano, el de Escocia, el Albanes, el Boemio, y el Polaco. Llegó de la justa el día, y ocupados los andamios, ventanas, y miradores, por ser el concurso tanto; decir puedo, que Platón, con poco estudio, y trabajo hallara en aquella Corte la idea de su cuidado. Y pudiera gran señor sacar de allien su retrato, la estampa, y copia del mundo, pues era un mundó abreviado. Sonó la señal de guerra, y al son de instrumentos varios, en un trono de mársil, de oro, y azul relevado, se mostró el mantenedor, de negras armas armado, gravadas de sierpes de oro, llamas de fuego exhalando, el dorado morrión, de tantas plumas poblado, que pudo llegar al Cielo en las alas del penacho. A servirle de padrino con él venía su hermano, armado de limpio acero, terso transparente, y claro. Por primer aventurero, salió el de Polonia al campo, entró en un monte de nubes, tan al vivo lo imitado, que entre las sombras mostraba, su luz el Sol apedazos. En lo excelso de la cumbre, sentada en un rico estrado, se descubrió la fortuna, puesta en la rueda la mano, y el gallardo aventurero, de mil arneses armado, como durmiendo al descuido, en sus faldas reclinado. Era el mote de la letra, que desde el monte arrojaron, tan valiente como el dueño, por no decir temerario. Cómo dijo? De esta suerte. Con valor, y con fortuna, no temo guerra ninguna, iré a mi enemigo muerte. Quedó en efeto vencido con otros muchos que entraron, porque tuvo a la fortuna Sigismundo de su mano, que es baría por ser mujer, y en el suceso contrario quiso mostrar de su rueda el curso inconstante, y vario. Cesó la justa aquel día, porque llegando al Ocaso, el luminoso Planeta tendió Titonía su manto. El segundo día quise salir el primero al campo, y en un Andaluz brioso fuia ver a mi contrario: no diré al pintarlo aquí si fue cisne por lo blanco, si fue mar por las espumas, o a bajel animado, si viento por lo veloz, o entre los sueltos caballos fue por las cernejas fuerte, o los relinchos lozano: si el de Vivar afrentó el Babieca celebrado, si atras dejó el Hipogrifo, o aquel alado Pegaso, que la sangre de Medusa engendró prodigio, o parto, para que en Licona diese de coces a ingenios tantos. Pues solo diré del bruto, sin llegar a exagerarlo, que fue vivo original, y los demás su retrato, pues soberbio, y animoso, va corriendo, o ya volando, bajelnavegó en su espuma, tormenta fue en pies, y manos, tempestad en los busidos, etna en su incendio abrasado, exhalación en su fuego, y en su viento, trueno, y rayo, pues corrió tan veloz mente, con aliento tan bizarro, que los que en el hemisferio le miraban a lo largo, al verle parar, dijeron: este es hechizo, o encanto? pues conforme a la razón, no es carrera, sino salto. En fin gran, señor, en fin, yo derribé a mi contrario, demándome la batalla, y la maza descolgando, el bruto desamparé, bajando al suelo de un salto, dímonos tan duros golpes, que Segismundo cansado, me dijo, corrido estoy, de ver que me ultrajes tanto, Arrojó la maza al suelo, y del acero inhumano, la victoria al mas dichoso, y el fin al más desdichado. Hícelo así, y envestimos, y en este siniestro lado me alcanzó con una punta, por entre el arnes gravado. Has visto sierpe de Libia, onza fuerte, o tigre hircano, león de Albania furioso, o algún toro agarrochado; que puesto en medio del coso, rizo del cuello el penacho, peinando la bruta arena con la tosca hendida mano, gacha con dos medias lunas la testa vil, hacecampo; y mirando a todas partes, de su dolor incitado con impetu veloz parte a satisfacer su agravio, y al primero con que encuentra, da choque tan temerario, que le recibe en las puntas, cay en el suelo, y osado, vuelve otra vez a cogerle, y entre la testa, y las manos, hace que dé tantas vueltas, que los que le están mirando, piensan ser algún ovillo, que el toro está debanando? Pues de esta suerte, señor, en mi cólera ensayado, me junté con él, tan presto, que sin hacerme reparo, porque no le di lugar a mover el fuerte brazo, le rompide un duro golpe, el yelmo, cabeza, y casco, quedando el tal Sigismundo, dividido en dos pedazos. Cayó en efeto en el suelo, y en su sangre agonizando, pagó el tributo a la parca: subió a vengarle su hermano, embestimonos los dos, y después de lances varios, que era el Infante valiente, (porque lo dispuso el hado, que fuera yo el venturoso) le dio el acero inhumano, de la garganta al celebro, a la muerte pasofranco. Alborotose la gente, y dividiéndose en bandos, unos me ofrecen salida, otros me son de embarazo: y en fin quebrando el seguro que se jura en tales casos, pasó la traición allí por lealtad en sus vasallos. Trabose tan dura guerra, que se miró en breve espacio, de sangre teñido el suelo, de muertos cubierto el campo, y yo metido entre todos, con esta de acero rayo, esta cometa de fuego, dos mil cabezas segando, tantas vidas di a la muerte, que con ser un monstruo avaro, parece que me decía, detente, no mates tanto. El Rey, y todos sus Grandes, con muchos acompañados sosegaron el motín, y subiendo en un caballo, se llegó donde yo estaba, diciendo: joven vizarro, aunque dos hijos me has muerto, y mis gentes destrozado, debajo del Real seguro te defiendo, aunque indignado segura tienes la vida: no temas, que yo te guardo, y juro por mi Corona, y el alto Dios consagrado, que en el presente motín no soy parte, ni culpado: Respóndile, así lo creo, replicome: tú has ganado la victoria, mas no el Reino, porque soy yo quien le guardo; al he de triunfar de ti, si esperas que vuelva armado a tomar bastante enmienda de mi enojo, y de este daño. Entró en la tienda, y armose, y tomando su caballo, gané el mío en la refriega, para mejor esperarlo: embestimonos los dos, y del golpe duro, y bravo, con el bote de la lanza, el de Grecia midió el campo, dijo al caer muerto soy, púseme con él de un falto, pues pareció estar difunto, sin mover pierna, ni brazo, corté los lazos al yelmo, y después de derrotado, volvió a respirar el Rey, aliento desalentado: pusele la espada al pecho, y en acentos mal formados: articulando palabras, me dijo medio espirando: vencido soy, no me ofendas, daré por mi vida en cambio todo cuanto me pidieres, y pues ya soy tu vasallo, pídeme a tu voluntad: pedile una firma en blanco; reservando a tu elección del tributo los contratos; firmola, y déjele luego, de la Corte al punto salgo. Llego al puerto, y en el puerto, en un bergantín me embarco, y haciendo nabe mi amor, y velas de mi cuidado, vuelvo muy gustoso a verte, de haverte servido en algo, que hoy a tus plantas ofrezco con dos victorias que gano, un hijo que tu obedece, y un Rey de Grecia vasallo, con que gran, señor, tendrás vencidos por estas manos, y a tu Corona sujetos, treinta Reinos tributarios. Yo te doy tercera vez hijo el alma entre mis brazos, que si es tuyo cuanto tengo a la deuda satisfago. Justo será que descanses, y más despacio veamos lo que Grecia ha de rendirme, y antes de entrar en tu cuarto, habla a tú querida hermana, pues debes a su cuidado muchas penas en tu ausencia. Nada debo si las pago. Yo soy la deudora siempre, vuestra Alteza bien llegado sea con tanta salud, como ha sido deseado. Ángel divino en quien puso todo el Cielo su cuidado, gozar en tus brazos quiero el premio de mis trabajos. Y en ellos, señor, el alma os da mi amor muy ufano. Vamos hijo, vamos hija, porque es justo que tu hermano descanse de la jornada. venid hijos. Señor vamos. Porque excusa ViA que busque a Pigmaleón, y sabiendo mi intención, me muestra tanta esquiveza. Que asistáis en mi Palacio Duqué importa por ahora, mientras mi suerte mejora. Mi venganza va de espacio? llama Celia al Secretario. Pues tengo buena ocasión culparé tu sinrazón, y tu desdén temerario, pues tienes tanta dureza. Nada tienes que decir. Vive Dios que me has de oír si me cuesta la cabeza: seis años ha que te quiero, y en servirte los gaste; y cuanto más te obligué hallo tu pecho más fiero. Diez Provincias te he ganado, seis batallas te he vencido, tu Reino te he defendido, y tu persona he guardado. Mas no refiero servicios, pues ya sabes los que son, y tu esquiva condición da agravios por beneficios: si áspiro a tu casamiento, porque tu desdén me agravia, no soy Duque de Calabría, no ha sido honesto mi intento, ya que ingrata correspondes, dime, porque desmerezco? Duque porque te aborrezco. De esa suerte me respondes tirana, no soy tu primo. Quéjate de las estrellas, que es antipatía de ellas, y a quererte no me animo, no vuelvas a entrar aquí, ni irrites mi indignación, que haré ponerte en prisión. Vengareme yo de ti, Mandárete yo matar, y aquesas torres de viento desharé yo en un momento si me llegas a enojar. Ya está el Secretario aquí. Dejadnos solos los dos. Yo me iré más vive Dios que te has de acordar de mí. Grid, Hiciéronse las pinturas? Ya las acabó el maestro, copiando en el arte diestro de una, muchas hermosuras, por estar tan parecida, señora con VA. que esa singular belleza vi en mil partes dividida. Mas yo quisiera saber de este silencio, y recato, para que es tanto retrato, y lo que intentas hacer? y así te ruega mi amor, perdona este atrevimiento, que me declares tu intento, si merezco este favor. Para eso te he llamado, para fiarme de ti, escucha, y sabras de mí, mi congoja, y mi cuidado. Ya sabes, Tibel amigo, de mi padre el cautiverio, de mis hermanos la muerte, y perdida de mi Reino; y que las guerras pasadas de aquellas justas nacieron, donde convocó la fama tantos Príncipes diversos: y que huyendo de mi Corte con los tesoros que tengo, me he retirado a esta Isla, que opuesta al mar compitiendo, si el hinchado en ondas crespas, ella en peñascos soberbios, parece que la batalla se dan los dos cuerpo a cuerpo, pues azotando la orilla el proceloso elemento, resuenan de sus embates en sus concabos los ecos, y en bramidos retronantes en vez de polvora; y fuego, promontorios de cristal disparan balas de hielo, y que oprimida la roca si inexpugnable elemento, parece que ya le humilla el nunca vencido cuello, en todo a mi parecida, pues opuesta al dolor fiero, ella con el mar convate: y yo con mis pensamientos. Viéndome en fin tributaría, o cautiva, que es lo mesmo, solo a la venganza aspiro de mi agravio, y de mi Reino: todo lo sabes, pues fuiste testigo de este suceso, asistiéndome leal, y aconsejándome cuerdo: y pues a todo presente estuviste, escucha atento. Después que Pigmaleón, aquese Aleman soberbio, en quien todo el mundo adoar, y a quien sola yo aborrezco: Ese que mató en campaña tres Gigantes con esfuerzo, y al golpe del fuerte brazo partió una roca por medio: y por timbre de su fama, o fábula de sus hechos, el de la roca partida llimán propios, y extranjeros. Dio muerte a mis doshermanos en el infausto torneo, y justa de las tres lanzas que me atraviesan el pecho, y venció al Rey mi señor, de quien ya la parca el feudo cobró, cortándole el hilo al caduco estambre, viejo, por cuya prisión, y muerte única quedo en el Reino, y heredera de su agravio, sangre lloro, y furias vierto, pues a todas horas miro, pues a todas horas veo, presentes tantas desdichas, pasados tantos contentos. cual nublado, o nuber opaca, que hidrópica de los vientos, aborta en exhalaciones, rayos, relampagos, truenos; o cual vívora preñada, que al despedir los hijuelos revienta para matarse por arrojar el beneno. Así yo afligida, y presa, huerfana sin padre, y Reino, furias de cólera éxhalo, dilubios de sangre vierto, y anhelo para arrojar el yugo infame del cuello, que mi altiva frente oprime en vez de corona, y cetro; pues no viviré con gusto, ni dormiré con sosiego hasta alcanzar la venganza de este tirano soberbio. Viendo que me da la fama lo que me niega el esfuerzo, y pues el Fenix de Grecia me aclaman mil lisonjeros, quiero de esta vanidad valerme, que así pretendo conseguir por la hermosura lo que no por el aliento: y que esos retratos sean la manzana en quien pusieron envidias la vil discordia, por quien el Troyano; y Griego hoy en urnas de ceniza, o monumentos de fuego eternizan duraciones de su infausto sin postrero, y que tú con ellos seas otro Paris poco atento, que afrente a Palas, y a Juno, dando la manzana Venus, y en varias partes del mundo todos cuantos Caballeros, y Príncipes soberanos: crujen malla, y visten hierro, los aplaces de mi parte contando a todos mi duelo, incitando a mi venganza con tus razones su pecho, con mi retrato su amor, con mi enemigo su esfuerzo: su orgullo con la victoria, su aplauso con mi deseo. Y aquel que tan veleroso pelee con tan denuedo, que me traiga la cabeza, mi mano, y Reino le ofrezco, esto has de hacer luego al punto, bajando (a mi honor atento) desde el más remoto clima al polo más extranjero. Y pues de todo informado estás ya, parte al momento a dar el cuerpo a la nave, y a dar las velas al viento: porque con su muerte vea este monstruo horrible, y fiero, si tengo el pecho de cera, que tengo el alma de acero. Pues el Duque no ha venido, señora, desde su tierra a dar fin a tanta guerra, y a servirte, Yo no pido consejo en lo que he de hacer solo en vengarme me fundo, porque han de asombrar al mundo las venganzas de mujer: y así, Tibel, al instante parte a hacer lo que te mando, y no me repliques, cuando conoces que soy diamante. Voy, señora; a obedecerte, guárdete el cielo mil años y de todos estos daños vengada llegue yo a verte. . Acosta la nave a tierra, que el mar la quiere sorber, y habemos de perecer: boga, boga, aferra, aferra, Sosiega ya, señora, el prolijo cuidado de aquel susto pasado, pues tu suerte mejora: y quiso el cielo santo templar mi pena, y enjugar tu llanto, Pues mi desdicha sabes, no tengo que decirte, porque será afligirte, que perdiste tus naves, y tus gallardos Moros, aunque libres te quedé tus tesoros, pues te mostro el Cristiano afable, y piadoso el pecho generoso, con darte de su mano la libertad preciosa, (mosa, que gozas por discreta, y por her- aquesta oculta cala podrá guardarte en tanto Tro, que busco algún remedio a daño ran pues su hermosura, y gala, por pisar tu planta, L. Abriles goza, y Mayos adelanta. Advendamar valiente del Aleman gallardo, que ya premiar aguardo, el valor excelente me deja en amorada, agradecida quedo, y obligada. Apresta luego al punto mi partida dichosa, que triste, y pavorosa mayor dano barrunto, pues mi contraria suerte parece que me lleva a dar la muer Tristeza causa el ruido de este dulce remanso, rendir quiero al descanso el alma, y el sentido, pues al sueño rendida parentesís haremos yo, y mi vida Brindamar, vienes cansado? Pues no lo tengo de estar si hoy habemos sin parar veinte millas caminado, y engrandeces tus hazañas sin dormir, ni descansar, y sin comer, ni almorzar, a costa de mis entrañas, y de mis tripas, pues vengo muerto de ambre, y cansado, desvaldo, y despeado: no juzgues que me entretengo a costa de mis talones, por esta áspera maleza, rompiéndome la cabeza a saltos, y a trómpicones, y no puedo sin parar, que en pensarlo desatino ser una vez brinda vino, siendo tantas Brindamar; descansa por Dios un poco, que de esta vida, señor, es bastante su rigor a volver a un hombre loco. Razón tienes, yo confieso, que es forzoso descansar, y en esta orilla del mar me he detenido por eso, retírate hacia esas peñas, y descunsa, y duerme un poco, más aparta, o yo estoy loco, o allí me dicen las señas de una beldad que rendida en los brazos de Morfeo, cobra el descanso en su empleo alimentos de la vida, y avariento de su Abril, goza el cefiro (por Dios) claveles de dos en dos, jazmines de mil en mil. Y en las mejillas de rosa con el carmín de su labio, parece que el tiempo sabio, forma Primavera hermosa, Africano viste el traje. Bellas son estas perrazas, a nadar sin calabacas me atrevoyo en este aguaje. Bella Mora no me ultraje tu rigor el alma así. Pues de cuando acá, me di, el perro de su linaje merecio que de esta suerte te eleves en contemplarla, cuando puedes cautivalla, y alegre en sus brazos verte. Bien has dicho, llegar quiero, y despertarla, pues siento de amor el fuego violento, y en él mariposa muero. Pues antes que la dispiertes, te quisiera suplicar, si luego la has de dejar, yen mis servicios adviertes, pues yo en el traje advertí, por estar tan enjoyada, que d espués de tripulada, norámala para mí, me dejes en conclusión, y esto sin hacer melindres, y en acabando tú el brindís, que haga yo la razón. Aunque temo que esta Mora vendrá muy acompañada, y que ha de haber emboscada, que parece gran señora. Nunca temio mi valor; pues se bañan las campañas con sangre de mis hazañas, y está con ella mi amor. Parece que ya despierta. Retírate hacia este lado. Sabes en que he reparado? En qué Brindamar. Si es tuerta? Siempre de humor has de estar, por Dios que esa gracia es fría, Del Poeta es, que no es mía, no la puedo calentar. En este alivio pequeño, hoy mi descanso me advierte, aunque imagen de la muerte, que está la vida en el sueño. Mucho tarda Advenamar, y en verme sola me aflijo de su descuido prolijo: pues me quisiera embarcar, mas ya viene, y con mi esposo parece que ya me veo, gozando en casto imeneo frutos de mi amor dichoso. Ya tienes embarcación, la nave calafeteada, queda bien asegurada. Mucha fue tu dilación. Dejé embarcada tu gente, que a costa de mis gemidos, son pocos, y mal heridos. Espera, Moro, detente. Mi libertad es perdida, pues los hados inhumanos, en poder de los Cristianos han puesto otra vez mi vida. No te aflijas de esa suerte; pues te guarda Advenamar, que hoy osado ha de comprar tú libertad con su muerte. Detente arrogante Moro, si vida quieres tener, pues no es mi intento ofender de esta beldad el decoro; antes quiero que me digas, quien eres, y como a estar te atroves fuera del mar, en las costas enemigas? Si quieres saber de mí la relación que preguntas, de los aceros las pantas midamos primero aquí. Antes que la daga embracer, ni el corbo alfanje desnudes, tu muerte, Moro, no dudes, pues deséstimas mis paces. Prueva la fuerza conmigo, y verás en tus palabras, que aquí tu sepulcro labras, queriendo ser mi enemigo. Par Dios que mi amo es valiente, dale de esos coscorrones, hazle cincuenta chichones, pues le tienes frente a frente. Aunque es el Moro esforzado, en vano librar pretende su vida del que le ofende, que ya se muestra cansado. . En mi suerte tropecé, venciste mi fortaleza. Pagarame tu cabeza el enojo que tomé. Ten la espada, no le mates, pues traigo endote un tesoro, y un millón de plata; y oro te daré por los rescates. Pues ya estás en mi poder, si tu calidad ignoro; vida, y libertad el Moro por tu causa ha de tener, porque entiendas que te adoro usate de esta mesura, pues me ha dado mi ventura con tan dichosa ocasión, para lograr mi afición, tiempo, lugar, y ventura: dormida sobre el arena en esta playa te hallé, y que era nieve juzgué el candor de esa azucena que desojada miré, Cautivarte he pretendido de tu belleza rendido: he conseguido mi intento, con que loco de contento, ni sé lo que soy, ni he sido. Enfrenad, señor, la legua, corregid aquese acento, con que mancháis arrojado el casto honor de mi necho. Reportaos, y reparad, que precipitado, y ciego, no solo a mí me ofendéis, sino a Advenamar mi dueño; y aunque ahora la fortuna nos trujo a tan vil desprecio, no por eso se colige ser siempreiguales los tiempos, pues yo. No me digas más, pues solo por eso quiero el que te quedes conmigo, y que Aduendamar tu dueño libre vaya, para que convoque a todo su Reino, y muy esforzado venga a librar tu cautiverio, que entonces yo des daré. Qué señor? Que, pan de perro. Una carga con que vayan a cenar a los infiernos. hola Brindamar? Señor. Esa Mora te encomiendo. Hechó sobre mi desdicha la fortuna todo el sello. Hechó sobre midesgracia toda la sentencia el cielo. Advendamar. Qué hay Campora? Qué dices de este suceso? Mira que puedo decirte cuando esta desgracia veo, sino que te doy palabra de volver por ti tan presto, que a pesar de todo el mundo, y de aquese Ingles soberbio. Oye, hable bien de mi amo, o llevará maza el perro. Has de volver a gozar libre, y con quietud tu Reino. Lo que Advendamar teencargó es decirte vayas luego, y al punto pongas por obra el rescate que ya espero. Volando iré, pues me llevan mis altivos pensamientos. Eso es lo que ha menester, tras Moro ser hechicero. Y así queda en paz Campora, que al grande Mahoma ruego, con gran victoria te saque de este infeliz cautiverio. Advenamar vete en paz, y mira que vuelvas presto. Por venir más velozmente, ya señora te obedezco. Oyes, oyes. Qué me mandas? Vuelve que decirte tengo. Yes? Que des en llegando. aqueste abrazo a mi dueño. Harelo como lo mandas. Ve con Dios. Guárdete el cielo. Gracias a Dios que acabaron aquestos carantoñeros.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya tarda el Embajador para venir al concierto, y de estar aquí encubierto se queja ya mi valor, doce días ha que espero. Y sabe que has de esperar? Así se llegó a tratar. Pues yo de ti saber quiero, a quien has dado a Campora, mostrándote tas ingrato. Al dueño de este retrato, a quien ya mi alma adora, se la envíe presentada, que como vengo a esta guerra, no quise en ajena tierra dejarla desamparada. No te acabo de entender, pues en tus dudas perplejas, ni comes, ni comer dejas, Condeno tu parecer, pues viendo tu escasa mano, juzgo de tu amor conflicto, que viene a ser tu apetito el perro del hortelano. Yo tengo por deleitosa mi condición, Brindamar, porque el tropo variar hace bella cualquier cosa, Gridonia es Reina de Grecia, y si la llego a vengar, con ella puedo casar, C que ya mi gusto la aprecia, aunque si verdad te digo, no me da mucho desvelo: solo quiero en este duelo castigar a su enemigo Sabes como puede ser, que no te de malos ratos, porque tienes muchos, platos, y en todos quieres comer: y sin picar en ninguno, aunque tienes austinencia, ni cumples la penitencia, ni quebrantas el ayuno. Mas dejando el gracejar para mejor ocasión, saber quiero tu intención, si lo puedo preguntar. Hay algo de desafío? Y contra Pigmaleón. Terrible resolución, por no decir desvarío: fuerte es el competidor. Haces de tu pecho alarde, que en efeto eres cobarde. Yo confieso mi temor. Pues tú has de desafiarlo? Por JesuCristo, señor, que perdonará el favor, mira si puedo excusarlo. No hay remedio, aquí te espero Desdichada fue mi suerte, algún diablo me convierte de lacayo en escudero. No llores, que esto es burlar, para tener que reír, al instante he de salir, venme a ayudar a armar. Gracias a Dios que llegó un día tan deseado. Abuen tiempo habéis llegado, que ahora trataba yo de lo que tengo de hacer, y pues llegó la ocasión, hoy verá Pigmaleón mi valor, y mi poder. Hola, dadme de vestir, que no puedo sosegar, pues no salgo a pelear, a caza quiero salir. Mal gustas de las delicias de que gozas en Palacio. De verme en él tan despacio, me enfadan tantas caricias. Si supieras que es amor tuvieras algún sosiego. Nunca de su ardiente fuego llegué a provar el rigor; antes me llego a espantar oyendo de muchos hombres, de esclarecidos renombres que se dejan sujetar de esa loca fantasía. Y si alguno conociera, a cuchilladas le hiciera perdiese esta cobardía. De uno de ellos he leido, que hiló por hacer un gusto a una mujer. Caso injusto, de escucharte esoicorrido, ya Grecia nos ha dejado, templó Gridonia el rigor. Quien se opondrá a tu valor, si a tantos la muerte has dado. Escuchas qué caja es esta? Deguerra es al parecer. Pues velo al punto a saber, y vuelve con la respuesta. Señor, desde este balcón puede tu Alteza saber la causa que puede ser de este estruendo la ocasión. Ha del Palacio, a quien digo Príncipe Pigmaleón, asomate a ese balcón. Ya estás hablando conmigo, di extranjero lo que quieres, pues atención te prevengo. Escúchame a lo que vengo, si el mismo que busco eres: porno alargar episodios, gasto muy pocas palabras, que nunca doy a la lengua lo que le debo a las armas: porque mis hazañas todas, son tan grandes, y son tantas, que el referirlas no importa, cuando las dice la fama. Príncipe de Ingalaterra por todo el mundo me aclama, es mi nombre don Duardo, y el decirte quien soy, basta para que sepas que puedo entrar contigo en batalla, retándote en desafío pues mi grandeza te iguala. Esto supuesto, y notorio, escucha ahora la causa, que a la batalla me obliga, y a la venganza me llama. Gridonia Reina de Grecia, dulce encanto de las almas, raro prodigio del Orbe, deidad que merece estatuas; y a vivir entre Gentiles mil Templos la edificaran, para adorarla por diosa, sacrificando en sus aras, los hombres almas, y pechos, los campos brutos, y plantas, los Dioses astros, y estrellas, el mar, perlas, oro, y plata: ya sabes que es tu enemiga. Ya lo se, adelante pasa. Quien su mano mere ciere con tu vida ha de ganarla, y aunque han venido otros muchos, que vencidos por tu espada, sus intentos malograron, y escurecieron su fama: vengo yo por tu cabeza, que es tu cabeza la escala para subir a su cielo. Tarde llegarás, que es alta, y soy yo quien la defiende, y mi valor quien la guarda de tus locos desvaríos, y sus necias amenazas. Aunque tu valor la guarde, sabrá esta manó cortarla, y llevarla a su presencia en la punta de la lanza. Extranjero, no respondo a tu reto con palabras, cuando fácilmente puedo responderte con las armas: espérame que ya voy a burlar tus amenazas. Para tanta bizarría, si has de salir mucho tardas. Vivirás lo que tardare. Y tu poco si me aguardas. Ya estoy rabiando por ver como estos huapos se cascan. Que al fin sale a la batalla? Armándose está su Alteza. No puedo hablar de terneza, o quien pudiera excusarla! mal haya amen la mujer, que corre desenfrenada de su condición llevada, y no se sabe vencer. Pues mi edad larga, y cansada, para tantos desafíos en mis ya pasados bríos, dejo colgada la espada. Salid Flerida, salid en mi nombre a la cuestión, y llevad mi Real bastón para despartir la lid, que es valeroso el contrario según la fama lo cuenta, y será guerra sangrienta, que es mi hijo temerario. Téngole al Príncipe amor, que es mi prenda más querida, y estando a riesgo su vida, a todo es miedo mi valor. Guarde el Cielo gran, señor, la tuya, como deseo. Como en espejo me veo cuando me miro en su amor. Ahora puedes decirme, de que nace tanta pena, veré si puede la ajena de la mía divertirme: cuéntame como veniste a parar en mi poder, que gustaré de saber la causa de verte triste. Pues me mandas granseñora, que te diga de la suerte, que he venido a ser tu esclava, escúchame atentamente, pues es cierto al escucharme, forzoso el enternecerte cuando refiera la causa de mis suspiros ardientes, que ya contarte es forzoso, por quien soy, y por quien eres. El Sultan de Berberia, a quien temieron valientes, en Horan los Castellanos, y en Ceuta los Portugueses. Fue mi padre, y me dejó de tan tierna edad su muerte. que los años de mi infancia, aún no llegaban a siere. Mostasa un hermano mío, también quedó de años nueve, y en Tremecen nos criamos, sin padres, y con parientes, Sarracina Aldoradí, se encargó de mis niñeces, por ser de mi madre hermana, y adorarme tiernamente. Viéndome en la edad florida, de los anos diez y siete, concertó en mi casamiento, las exequias de mi muerte. Casome al fin por sus cartas con Tarife, descendiente del linaje esclarecido de los nobles Melioneses. Vive Tarife en Argel, porque Mulahacen le quiere de suerte, que fue forzoso, que yo me partiese a verle. Advenamar deudo suyo, Turco valeroso, y fuerte, para llevarme a mi esposo vino por mí, triste suerte! Mostafa con muchos Turcos, y con todos mis parientes, de acompañarme trataron, al tiempo que me partiese. Los gallardos Africanos, atlantes de sus copetes, daban al aire las tocas, ricos penachos de nieve. Cuajadas de bordaduras las marlotas, y alquiceles, de perlas, y oro sembradas, que más que el Sol resplandecen. Parecen al embarcarse, que el mar sediento de bienes, escarcha de crespa plata, en vasos de nacar beve. Era mía tanta dicha, (que las tales, siempre suelen si un desdichado las goza, sergrandes porque se pierde.) El Sol escondió sus rayos, y en tempestad se revuelve el mar de contrarios vientos, el tino el Piloto pierde. Quince dias zozobrando, Galeotas, y bajeles, dando surcos, y zabordos, entre las ondas que beben. Parecían compelidos del bracan que las mueve, ya escollos que al Cielo tocan, ya tumbas que en él fenecen. Mostrose el Iris al fin de rojo, amarillo, y verde, dejando tránquilo el mar, descubrió el Norte el grumete. Reconocieron el sitio, a mi intento diferente, pues para Argel navegaba, y fue a Alemanía mi suerte. Por sus costas caminaban contentos todos de verse viento en popa, cuando fuimos asaltados de repente. La causa fue Mostafa, porque atrevido, y valiente, quiso hacer algunas presas en sus costas, y en sus gentes. Ese tu enemigo ilustre, que yo estimo, y tu aborreces, a pique me echó las Naves, matando toda mi gente. Compasivo de mirarme, pues bastó que mujerfuese, libre me dejó el pasaje, cortés, afable, y valiente. Consolome en mis desdichas, con razones tan corteses, que no pareció enemigo, libres me dejó mis bienes. Es cortes, bien entendido. es piadoso, es valiente, y es en efecto un mi agro, que a naturaleza excede, porque es tan igual en todo, que se juntan dulcemente, en él lo feroz matando, y lo sabió en el vencerse. Mas no le quiero alabar que no es mi intento atreverme a loar en tu presencia un hombre que tu aborreces; aún que pudiera decir de sus partes excelentes, que tú no le aborrecieras como llegaras a verle. Qué es bizarro? Por extremo. Pasa adelante, y advierte. que alabar a mi enemigo, ni me enoja, ni me ofende, pues cuanto más le alabares de gallardo, y de valiente, tanto más si triunfo de él mi Majestad engrandeces. Vuelve a tu historia, prosigue, que escuchándote parece, que miro ya mi victoria coronada de laureles. Quedó mi Galerasola, y destrozada de suerte, que me obligan a que salte en tierra por no perderme. Cautivome Don Duardo, enamorado de verme, según dijo, aunque mintió, si al punto que llegó a verme me dejó por tu retrato: es un Príncipe, y no puede dejar un Águila Real, por un pajarilloleve. Bizarros los dos Cristianos, corteses cuanto valientes, por el trato, y por las armas me han cautivado dos veces. Esta es señora mi historia, si tragedia antes de verte, que pues servirte merezco, de triste me vuelvo alegre. v Con tanto gusto he quedado de tu relación sompora, que a estar en mi Corte ahora te mejorara de estado. Toma este bello diamante por premisa de mi amor, que al Sol vence en resplandor, por lo claro, y lo brillante. El Cielo tu vida guarde, y te dé lo que mereces, pues a esta esclava engrandeces. Veme a desnudar, que es tarde, y no te llames esclava, cuando yo te llamo amiga, que tu proceder me obliga, y tu relación te alaba. Deja ya tanto llorar, y de mí puedes creer, que a tu patria has de volver, y que te he de libertar. Aunque estimo este favor, yo Cristiana quiero ser. Con eso puedes tener más de tu parte mi amor. . Esto hago por Tibel, porque me tiene obligada, y de mi ley olvidada, seré Cristiana por él; pues puedo con él casada (si llego a ser tan dichosa) en vida quieta, y gustosa, vivir contenta, y honrrada. El corazón alterado dando saltos en el pecho, parece que a mi despecho sale a ver lo que ha pasado, decid la verdad, es muerto? Vivo está, y mucho mejor el Príncipe mi señor, lo que te aseguro es cierto. Como Flerida no viene a verme, pues mis cuidados, la envían tantos recados, mucha es la causa que tiene. Ya su Alteza viene a verte. Hija de mi corazón, como está Pigmaleón. Es su condición muy fuerte, como ya mejor se halla, sin poderle reprimir, hoy se ha querido vestir para acáballa batalla. No teme, señor, la muerte, es valiente con exceso. Cuéntame todo el suceso como pasó. Destasiere 112ALII Que yo saliera gran, señor, mandaste, por estar tu indispuesto, a esta batalla, y obedeciendo lo que me ordenaste, en tu nombre asistí para juzgarla, pero dudo encontrar razón que baste, al referirla aquí para contarla: solo decir sabré, que lid sangrienta, de otra tal en el mundo no se cuenta. Entró el gallardo Ingles de punta en blanco. armado, tan galán, y tan lustroso (qué pareció que daba vida al campo, orlándole su globo luminoso) en un bruto, que cisne más que el campo, monte de nieve ardía tan sogoso, que en las centellas que su pie encendia, lo que la huella hollaba el centro ardía. El Príncipe mi hermano vino luego, con tan sobrada; y brava gallardia, que pareció la nube de aquel fuego, pues la luz apagó que antes ardía: las armas registraron, y a su ruego, di el seguro que al caso convenía, y cerrando la puerta a la palestra, a la batalla cada cual se apresta. Hizose la reseña, y se calaron las viseras, empuñan lanzas gruesas, corrieron, y aunque fuertes le encontraron a su intento se muestran tan diversas, que en bago sin herirse las quebraron, destrozando las hastas tan espesas, que si hieren al aire las cuesirlas, ellas bajan al suelo hechas hastillas. Segunda lanza toman, y envistieron, y al juntarse dos montes parecían, que tirubean, pues los dos cayeron, y aprovechando el golpe que perdían, los brutos al caer ambos se hirieron, aseronse a los brazos, y porfían a derribarse con tan gran denuedo, que entiendo que el mirarse les dio miedo. Heridos los caballos, y furiosos, tascan el freno, y el bocado muerden, y aunque heridos mostrándose animosos, hace el dolor que su venganza acuerden, corriendo uno tras otro tan briosos, que de ligeros ganan lo que pierden de sangre, si al correr se esparece enolas, sembrando al campo un vulgo de amapolas, Los guerreros mostrándose inmortales, pareció que al cansancio escarnecían, sacando del coraje fuerzas tales, que en uno se juntaban, y se unian, al redópelo andaban tan iguales, que dos ramas de un tronco parecían, más viendo que trabajan sin provecho, saltáronse a pesar de su despecho. Echan mano alas armas tan feroces, que la turba levanta en halarido, por verlos dar los golpes tan atroces, un confuso clamor, y triste ruido, en una, se escucharon tristes voces; pues del caso estupendo ya temido, solo esperan mirar el fin violento, que denota coraje tan sangriento. Saltando las centerlas del acero, a un tiempo trueno, y rayo despedían, imitando los golpes del Errero Bulcano, que en su fragua se encendian, mostroseles el Sol tan lisoniero, que luces de su esfera parecían, si a pedazos su ardor se vido en ellas, subiendo bomvas, y bajando estrellas. Tres horas convatieron, sin que pueda reconocer de alguno la ventaja, porque era su ardimiento de manera, que de Marte el valor el suyo ultraja, si envidioso (aunque Dios) desde su esfera, hecho un rayo en los dos al mundo baja, pues cada cual un Marte parecía, cuando el golpe que daba al otro hería. Mirando su peligro manifiesto, y el campo de despojos tan poblado, a despartir la lid, bajo, y me apresto de valor, y de acero el pecho armado: ayudome Titonía para eso, desplegando el móngil tan enlutado, que pareció que el luto se vestía por sus vidas, si alguno la perdía. Póngome en un caballo, y frente afrente de la trabada guerra, que sangrienta el bruto reconoce, y impaciente del hierro que calzaba la tormenta, volcán de fuego arroja tan ardiente, que abrasarse la ropa en el intenta, o y en el mar que de espumas inundaba, el fuego que encendia se apagaba. Tiró el bastón, diciendo paz, detente, y en su cólera, y furia se ensanaron, uno bravo, y feroz, otro impaciente, entrambos la obediencia me negaron: llegó tu Capitán, y con su gente, las armas de las manos les quitaron, a uno, y otro a Palacio truje preso, hasta que se disuelva este suceso. @i ie a Y qué treguas acetaron? Solamente quince días, a ruego de mis porfías, y así los dos lo juraron: docientos hombres de guarda, conociendo su intención, he puesto en cada prisión, y otros ciento de alabarda. Caso jamás sucedido, Palacio está alborotado. Que es Marqués lo que ha pasado? Que el Extranjero se ha ido, sin que se sepa por donde, y el faltar de la prisión nos ha puesto en confusión, sin saber donde se esconde. Cómo ignoran el amor que entre los dos ha pasado, tan honesto, y tan callado, por el riesgo de mi honor, ignoran también que yo en el jardín le escondí: y allí le tengo ay de mí! en grosero traje, no, a su persona decente, por ver si sana mi hermano, yo le quiero, aquesto es llano, que es galán, noble, y valiente. Hacer fuga de repente, no puede ser cobardía, conociendo su osadía, y así tan nuevo accidente, me ha dado mucho cuidado pues muestra mala intención. De haberle puesto en prisión está el Ingles agraviado, que así me lo dijo a mí entrándole a visitar: dijele que hasta sanar forzoso era estar así. Aquí puedes esperar, que al Príncipe voy a ver, y lo que en esto he de hacer quiero con él consultar. Salid del pecho retrato, y veré en vuestra pintura, que en esa rara hermosura no sois al pincel ingrato. Que aunque me abrasáis de celos, no niego que es vuestro dueño milagroso desenipeño de la imagen de los Cielos. En el pecho mi enemigo os tenía, y mi cuidado os trajo de allá robado para que viváis conmigo, que pues fue mi perdición el llegarle a ver, y hablar, para que os deje de amar le he quitado la ocasión: más mi hermano viene allí, colerico, y enojado, ya del suceso informado; quierome quitar de aquí. Vuélvete al pecho pintura de la deidad que aborrezco, que yo te juro, y ofrezco vengarme de su hermosura. Idos luego, o vive Dios, si no me queréis dejar, pues no me puedo vengar, A que os dé la muerte a los dos. Donde te escondes cobarde Príncipe de Ingalaterra, que aunque te trague la tierra, para matarte no es tarde. Que así mi valor desprecia, y en el suyo no asegura: mas que es esto, no es pintura? Gridonia Reina de Grecia la copia de mi enemiga, el Príncipe despreció, y sin duda la dejó para que yo no le siga. Que a tantas guerras me obligue esta loca vanidad, veré por cuñosidad lo que tanto me persiguen. tu despejo airoso, Dulce letargo, en labra sepulcro a mi valor osado, pues de tu blanco pecho ya vengado, miro el rencor conmigo riguroso. Peve la vista al parecer gustoso, veneno que en el pecho dilatado, el alma, y corazón me ha penetrado, pues me obliga a mirarlo temeroso. Si tu crueldad a tu belleza mides, pues ya me tienes a tus pies postrado, no embíes más guerreros a las lides. Mujer, pues ya te he visto, y ha bastado, que si en venganza mi cabeza pides, a tienes mi cabeza enamorado, Mataldo, muera el traidor, Mentis, desdichado si, pues por leal pierdo aquí la vida; mas no el valor. Teneos no le matéis, válgale aquí mi sagrado, pues a mis pies ha llegado; por qué matarle queréis? 1 Como lo ves disfrazado, este Greciano atrevido, a darte muerte ha venido, y hasta tu cuarto se ha entrado. Dejadlo a solas conmigo. 1. Pues de él te quieres fiar? Yo le sabré castigar. 1. Advierte que es tu enemigo. . Porqué vienes a matarme? Jamás tal cosa intenté, que solo en Palacio entré, para poder informarme, si es verdad que n Duardo. de Palacio se ausentó. Cosa es, cierta que faltó. Ya ninguremedio aguardo. . De qué sirves a la Reina? Segura de mi valor me hizo su Embajador, y el odio que en ella reina a este estado me ha traído. Pues te libre de la muerte, no fue muy mala tu suerte. A esos pies estoy rendido. Eres noble? Soy honrado, y Grecia en mi nacimiento, dichoso, rico, y contento: prosapia ilustre me ha dado. Pienso que otra vez te vi. Del pirata me libraste, cuando la justa ganaste, y a Grecia fuiste por mí. Si eres noble, y bien nacido, pues dos veces te he obligado, claro está que siendo honrado, que serás agradecido. En prueba de esta verdad, para conocer mi amor prueba, señor, mi valor, y en él verás mi lealtad. Podré fiarme de ti para decirte un secreto? Guardarlo juro, y prometo, y dar la vida por ti, como no sea en agravio de mi Reina, y de mi tierra. Procedes como hombresabio, ven conmigo, pues el cielo te trujo a tal ocasión, que has de ser restauración de mi vida en mi desvelo.

JORNADA TERCERA

JORNada tercera Todo el jardín resplandece, la hierba brota alegría, ambar respiran las flores; las fuentes publican risa. Sin duda viene mi esposa, porque tan dulce armonía. a su venida hace salva, y adulación a mi vista. Al fin estás desposado? Sí, Brindamar, que tal dicha de otra suerte no pudiera merecerla, y conseguirla. Retírate, no te vea. Cuando ha de ser la partida? Siente el dejara su padre, más vencerá mi porfía: quiero cabar, y cantar, porque a la seña advertida: entienda que estoy aquí cabando en las penas mías, pues soy tanta lo sediento, que entre las ondas porfía, y con el agua a la boca, mas con la sed se fatiga, En Londrés de Ingalaterra, son de oro de Turquía los tanices, que bordados declaran toda mi dicha. Retratan una batalla, más dichosa, que temida, pues me rindio una belleza, y tengo el alma cautiva. Allí canta un jardinero. Y su dulce voz me avisa; ̱. que es el reclamo que busco para caer en la liga. Leonida corta unas flores mientras que yo entretenida miro de esta hermosa fuente despeñar la plata riza. Solo me vencio el amor. Yo mi bien soy la vencida, que pues a buscarte vengo, claro está que estoy rendida, Pienso que has quedado sola. Llega esposo. Hay prenda mía las lágrimas que me cuesta el carecer de tu vista: es posible que tu amor ha estado sin verme un día, dejando penar un alma tan amante, y afligida? Hale apretado la gota a mi padre aquestos días, porque le aflige este achaque con muy grosera porfía: mas ya se sente mejor: De tanta ausencia temía, que de haberle desposado estarás arrepentida. Mucho mi valor ofendes, pues de mí fe desconfías: y así me quiero volver sin decirte a que venía. Cuando estoy desesperado, tu burlas, no por tu vida? dime mi bien a que bienes? Para qué? Por vida mía. Mañana voy a cazar, quiero que al monte me sigas para verte más despacio, allá me haré perdidaza, espera junto a la peña, que es parte más escondida para que estés más seguro. No hay suerte como la mía, esta noche al monte ire. El cielo guarde tu vida, que temo mucho tu riesgo. Nada temo con tal dicha, que adorando tu belleza, aunque se arriesgue mi vida, perdiéndola entre esos brazos la daré por bien perdida: Dame siquiera una mano. Ya mi voluntad no es mía, que pues dueño mío eres, nada aura que te revsta. Dura cosa es esperar cuando un amante desea, hasta que a la Reina vea no he de poder sollegar, que al fin me he determinado de ir a la Isla encubierto, fingiendo al de Transilvanía, que con este engaño intento scrvirla para obligarla. Darela a entender que quiero dar la muerte a su enemigo, y no mentiré, pues muero: ausente, y enamorado, solo al secretario espero, pues fo de su lealtad la dicha de este secreto: Vuestra tardanza he culpado: tengo postas? No señor, que es más dichoso tu amor, y así no las he buscado, ya el partir no es menester. Porqué causa? Porque espero mostrarte lo que te quiero, y en esta lo puedes ver. Es de la Reina? Encubierta hasta tu Corte ha llegado, y en la falda se ha parado del monte. Y es cosa cierta? En esto no hay que dudar, así lo envía a decir, y me vengo a despedir, porque me envía a llamar. Hbéis su intento sabido? Cómo lo puedo saber, hasta que la vaya a ver, solo dice que ha venido. Vive el cielo que estoy loco: y aunque albricias no pedís, si es verdad lo que decís, el daros un mundo es poco. Yo he llegado de secreto a esta Aldea, y solo esperó que me veáis, porque quiero para conseguir mi afecto deciros lo que he de hacer: Prevenid, vuestra partida, pues solo estoy detenida: hasta llegaros a ver? Que sepa el Rey su venida importa para mi intento, porque a su recibimiento la Corte esté previda: y para que se prevenga; pues ya la Infanta a cazar, también la quiero avisar para que allá la detenga: porque ya tengo pensado lo que en esto se ha de hacer, a la Reina he de prender. Mal mi fineza has pagado, pues te revele el secreto: Cuando conocéis mi amor de nada tengáis temor, pues sois prudente, y discreto, esto, secretario, es justo, que el saber que es mi enemiga a este cuidado me obliga, quiero darla este disgusto, que así la, quiero obligar a que temple su rigor; antes que entienda mi amor su desdén quiero amansar: Con vos encubierto he de ir, que sin darme a conocer primero la quiro ver. En todo te he de servir, a tu voluntad me ajusto. Mucho me habéis obligado; pero vivid confiado de que os pagaré este gusto. . No puede Tibel tardar, y hasta que venga he querido en este tosco vestido mi persona asegurar. Mucho atrevimiento ha sido hauerte determinado a este riesgo. Yon he fiado el intento que he traído, Duque, de vuestro valor: y viniendo a vuestro lado, no me da un mundo cuidado, de nada tengáis temor. Miedo a vuestra vida tengo. Si llego a verme vengada, eso importa poco, o nada, por eso a esta Aldea vengo; que está cerca de su Corte, hoy la industria ha de vencer lo que no venció el poder, dando a mi fortuna un corte; que pues el Ingles se fue sin acabar la batalla, yo, Duque, quiero acaballa, yo la muerte le daré, Aquí encubierta he de estar hasta tener ocasión de lograr mi pretensión, saldré a ese monta a cazar, para divertir, aquí la pena, y el sentimiento, que me causa este tormento. qué es lo que escucho, ay de mí! . En viniendo el secretario, pues conoce a mi enemigo, irá a la Corte conmigo. Es intento temerario arriésgaros de esa suerte. Pues me veis determinada, no me repliquéis a nada, que no me asombra la muerte. Vencerlo yo, no es mejor? No, porque os llego a estimar, y no os quiero aventurar. Mucho estimo este favor, ya no quiero replicar, en todo os he de servir, y así voy a prevenir con que os pueda regalar. No fo mi pensamiento . de mi aliento, con sermío; aunque en suspiros lo envío al dueño de mi tormento, que después que esta cautiva me hizo aquella relación, estoy con Pigmaleón menos fuerte, y vengativa, y en este desasosiego rendida a tanto desvelo, es mi pecho un mongibelo, que me consume en su fuego: Y pues no pude vengar mis agravios con rigor, quiero ver si tiene amor destreza para matar; pues fiada en mi hermosura, aunque un imposible sigo, voy a buscar mi enemigo, y vengo a provar ventura. En Campora he conocido, que ha mostrado sentimiento, y el verla con pena siento, que sin duda lo ha creído: con ella quiero aliviar mi pena, pues llego a ver, aunque es Mora, que es mujer de quien me puedo fiar. De que estás triste, Campora? El ver tus cuidados siento. Escucha, y sabrás mi intento, mas no es ocasión ahora de que podamos hablar, que mi primo viene allí, sígueme, y oirás de mí lo que te llego mar. s Al monte habemos llegado, Ly nadie te ha conocido. De la noche, y del vestido. mis intentos he fiado, y el ser la jornada corta, (aunque ha sido atrevimiento) alento mi pensamiento. Mucho tu recato importa: entremos a la espesura, (antes que nadie te vea) que está cercana esa Aldea. Eso mismo me asegura para encubrir mi valor, pues tan cerca del lugar, quien me viere ha de juzgar, que soy algún labrador. Vamos, que quiero buscar en este monte la peña que Hlerida dio por seña, allí tengo de esperar. . A Que soy Duquesa de Mantua le quiero dar a entender. Segura estás de vencer, pues tu belleza le encanta: Plegue al cielo que logrado se vea tu pensamiento. Campora, con ese intento al Duque traigo engañado: por venir acompañada. que es lo que escucho, ayde mi! . Calla, porque viene aquí. Ella será la engañada, y pues que viene a cazar, y la tengo en mi poder, hoy mi rigor ha de ver, por fuerza la he de gozar. Retírese VAlteza, hasta que pase el calor, que puede su resplandor ofender esa belleza, de cólera estoy mortal. . Vamos hacia aquella pena, veré como se despeña aquel hermoso cristal: Qué intentas Duqué traidor? Hay tal traición? daré voces. Pues matarela vo a coces. Muerta me tiene el temor: Calle, y vaya por al, o Vive Dios que la dé. Ay de mí, yo callaré, que desdichada náci! . No es vano tu pensamiento, que allí miro una mujer, y un hombre, que al parecer, tiene de ofenderla intento. Suelta la daga. Traidor, no la tengo de soltar, con ella me he de matar antes que manches mi honor. otra hay acá, vive Dios, a esta puedes socorrer, porque yo quiero correr, y alcazar aquellos dos. , Antes muerta que gozada, villano vil, me has de ver, bañada del roficler de mi sangre desdichada. En qué tu locura piensa, pues eres sola, y mujer, mirándote en mi poder, y con tan poca defensa? No es villano, sino mucha, porque la defiendo yo, y el cielo la libertó de tu abominable lucha. Hombre loco, y atrevido, cómo te atreves así a estorbar mi gusto, di? pues quien soy no has conocido: Sabes acaso quien soy? Ya lo sé, pues llego a ver, que ofendes a una mujer. Dios me valga, muerto, soy. No le acabes de matar, que es mi primo, aunque es traidor, y cuanto debo a su amor en esto lo he de pagar. A mal tiempo hemos venido, retiraos hacia este lado, que pues vengo disfrazado sabre lo que ha sucedido: Ya por vos le he perdonado, y le he hecho retirar donde le puedan curar. En todo me has obligado, pues te debo honor, y vida, y premiar mi dicha espero: dime quien eres, que quiero ser contigo agradecidas Confuso estoy, y as obrado, . o estoy loco, o el retrato no ha sido al pincel ingrato. El villano se ha turbado, . aunque es hombre de valor. Quiérola dar a entender, . que la llego a conocer. No respondes labrador? Perdóneme ViA. Ay de mí, perdida estoy! . sabéis acaso quien soy? Sé que he visto esta belleza. Pues ya os corre obligación de satisfacer mi gusto. Serviros en todo es justo, aunque es en mala ocasión: porque me importa el secreto, más por vos le he de quebrar, por llegaros a obligar. Guardarlo os juro, y prometo: y si queréis preguntar, porque causa estoy aquí, también lo sabréis de mí. Esto llego a desear. Yo soy Gridonma divina, el Príncipe don Duardo, (solo en decir me acobardo que a otra dama amor me inclina) Perdonad mi atrevimiento, que si habéis sabido amar, llegaréis a disculpar en el vuestro mi tormento. Yo adoro a Flerida bella, de vuestro enemigo hermana, por su beldad soberana desposado estoy con ella: Viene a este monte a cazar, dejome ayer avisado, y cómo veis disfrazado aquí la vine a esperar, y estoy con algún cuidado, que temo el ser conocido, y pienso que siento ruido. Vuestra esposa aura llegado, retirémonos los dos, pues el sitio da lugar, que allá podemos hablar. . Confuso estoy, vive Dios. Hay lance más apretado del que aquí me ha sucedido, el Príncipe me ha ofendido, y el Príncipe me ha obligado, y si le llego a matar, a la Reina he de perder, pues la llegó a defender. Un consejo te he de dar, que me parece acertado, sepa nuestro pensamiento, para que ayude al intento, pues eres ya su cuñado. Antes, pues está escondido, y es tan lícito su amor, me parece que es mejor no darme por entendido, que pues no tiene remedio, y ya me tiene obligado, supuesto que está casado he de escoger otro medio. Quiero, pues soy vuestro amigo, que estas albricias ganéis, y que la nueva le deis, sin decir que yo lo digo: y pues la Infanta ha llegado, quiero de traje mudar, que no quiero dilatar de ejecutar lo tratado. . De paces quiero tratar, y dar a mis cosas medio pues no tengo otro remedio. En eso no hay que dudar, digo que le conocí. Todo se ha echado a perder si a mi amo llegó a ver, que está con la Reina allí: Retírese VA. que está su enemigo aquí. Qué es lo que escucho, aidemi! Por guardar esta belleza el riesgo he de aventurar. Yo os ruego que os retiréis, que si aquí por mí os perdéis, será mayor el pesar: En iros me haréis gran gusto, retiraos por vida mía. Pues V. A porfía, no quiero darla disgusto, aunque me pesa. Idos presto, que no tengo que temer, pues no me ha de conocer. Yo os quiero servir en esto. Qué es lo que intentas hacer? Gozar de la coyuntura; pues el traje me asegura quiero que me llegue a ver? que aunque espero temerosa, pues la ocasión ha llegado, que mi gusto ha deseado, quiero ver si soy dichosa. Que al fin la quieres prender? este susto la he de dar, que quiero experimen: si es verdad que una mujer en viéndose despreciada, el desdén trueca en favor. Pues de que tienes temor? . Deberlo aquí estoiturbada, . De ese a prisión Vaa. que ya quien es he sabido, aunque encubierta ha venido. Un hielo soy de tristeza, ni yo lo quiero negar, aunque siento ese rigor, pues de la Infanta el favor aquí me debe amparar, y así a sus plantas rendida. Solo la vengo a servir, que pues a la Corte ha de ir, y soy la favorecida, hoy la vengo a acompañar. Ya me corre obligación de ir con gusto a la prisión, si esta dicha he de gozar: luego podemos partir, que el obedecerla es justo, y pues busque mi disgusto, ap. amor, callar, y sentir: que pues no tuve ventura de rendir este tirano, y salió mi intento vano, nada importó mi hermosura. Conmigo vuestra hermosura puede venir sin temor, que quien la prende es amor, y también quien la asegura. Al fin a la Corte va? No sé como se ha sabido, de allá por ella han venido, Agora conocerá su loca resolución, pues no me quiso creer: y pues está en su poder, claro está que está en prisión su enemigo me ha vengado de mi agravio, y su rigor, Cómo te sientes? Mejor, que no es cosa de cuidado. Y no lo has de defender? Solo trato de vivir, hoy me tengo de partir, que no me quiero perder. Pues tu herida ha de quedar sin castigo? Sí, Roberto, que yo estaba allí encubierto; y antes me llegó a obligar el que matarme intento, pues defendió una mujer, a quien yo quise ofender, y lo mismo hiciera yo a no ser el agresor, que en semejante ocasión le corre esa obligación al que es hombre de valor. Y aquelvillano ha mostrado, en andar tan atrevido, que es sin duda bien nacido, y antes quedo aficionado: y pues soy aborrecido, de ella me quiero vengar, ven, que presa ha de quedar, conozca que me ha perdido. . Cuanto he referido es cierto, fiate, señor, de mí. Por eso he venido aquí, más quiero estar encubierto, y hasta saber su intención pues a Palacio he llegado, quiero esperar embozado, pues da el bullicio ocasión. Pieza de salva han tirado. Y el Emperador contento sale ya al recibimiento, retiraos hacia este lado. s, En hora dichosa venga V. Ala este palacio, porque de sus penas tenga algún alivio, o descanso. Vuestra Sacra Majestad honra tanto a sus vasallos, que aunque presa le suplico que me de a besar su mano, y así postrada a esos pies. Ezos, ̱. No a mis pies, sino a mis bra- y a que mi Imperio la sirva como dueño soberano: y yo el primero he de ser con ponerla de mi mano: La corona que merece, y goce por largos años. Yo os ofrezco mi cabeza, si en ese pecho bizarro puede más que no mi amor la venganza de un agravio: Mas si el perdón os merezco, con el alma, y con la mano hoy pagaré cuantó debo, amante, esposo, y esclavo. De tantas obligaciones, solo estimo el desengaño, de verque soy tan dichosa que puedo gozar su mano, pues V. A me debe un grande amor tan callado, que solo el ver que soy suya me obligará a confelarlo, esto le debe a Campora. También debo al Secretario la gloria de aqueste día, de renta seis mil dncados le doy, y que dé a Campora luego de esposo la mano, que sé que la tiene amor: y para el Bautismo Santo seremos los dos padrinos. Vivas, señor, muchos años. Pues yo quiero suplicarle, que al Príncipe n Duardo le dé la mano de amigo, pues a hacerlo está obligado, que él defendió mi persona. Vayan al punto a buscarlo, que yo sé que está en la Corté, y con la Infanta casado, que a todo estuve presente. Con el alma, y con los brazos. confirmese la amistad. Yo soy quien en ello gano. No hay dicha como la mía. Dos gallardos Africanos se apearon de dos postas a las puertas de Palacio, y de paz te quieren ver. Entren que ya los aguardo. Alá te guarde, señor. Seáis Moros bien llegados: que buscáis, o qué queréis? Al Príncipe don Duardo. Yo soy Moro, ese que buscas, qué quieres? Darte los brazos, y darte, Príncipe invicto, un presente que te traigo en rescate de Campora. Tarife tarde has llegado, porque yo ya soy Cristiana, y Tibel un secretario de la Reina mi señora, es mi esposo. Cielo santo, no sin causa me has traído a vivir entre Cristianos: y pues perdiendo a Campora hoy llego a ser desgraciado, he de vencer mi fortuna pidiendo el Bautismo Sacro. Tarife a tu lado vengo, también quiero ser Cristiano, pues he de vivir contigo. Yo Moros tomo a mi cargo el ser de los dos padrino, y daros honrosos cargos conforme a vuestras personas. 2. Viváis, señor, siglos largos. Pues diero fin mis venganzas, truecuense en gustos agravios. Vitoria por el amor, pues a Cridonia me ha dado. Y a mí no me premia nadie, tu premio queda a mi cargo, que pues a mí me serviste, yo soy quien debo pagarlo. Con eso quedo contento. Pues pide al noble Senado el perdón de nuestras faltas. Mosqueteros tan honrados, Don Manuel Morchónd os pide rendido, apacible, y blando, le deis de limosna un vitor, cuando no por el trabajo, siquiera por el deseo con que queda de agradaros.