Texto digital de Venir el amor al mundo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Melchor Fernández de León
- Atribución estilometría
- Melchor Fernández de León Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Venir el amor al mundo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/venir-el-amor-al-mundo.

VENIR EL AMOR AL MUNDO
JORNADA PRIMERA Vaya de alegría, de gusto, y de fiesta: venga en feliz hora, venga en hora buena, norabuena venga. Pues hoy es el día; en que Venus bella, viene con sus rayos a dorar las selvas. (fiesta. Vaya de alegría, de gusto, y de Pues que las tres Gracias, sus hijas, la esperan, vertiendo de gozo lágrimas de perlas. Venga en feliz hora, Vaya de alegría,. repetid otra, y mil veces; pues hoy venturoso llega el día, en que nuestra madre Venus, al cariño atenta con que esta Isla de Cipre, la adora, y la reverencia, pisará su verde margen. Repetid, y de la amena población de sus confines, componed de las diversas flores, fragrantes guirnaldas, que a su hermosa planta sean bella alfombra. . Y de la siempre festiva, siempre risueña tropa, que la aguarda, lazos armoniosos se tejan. Talia. Aglaya, Eufrosina, cuya singular belleza, con decir, que sois las tres Gracias, explicado queda, a cuya hermosura; debe Cipre, la clara influencia; con que siempre alegre vive, y siempre gustosa alienta. Ya la armonía seguimos (ellas, de vuestras voces. . . Y en . Suspendan el alborozo se explica, más festivo en la obediencia. Bailemos, pues que vivimos en tan apacible tierra, que todo es gusto, sin que en Chipre la vida sepa, a que saben las desdichas, los pesares, las miserias, y lo de la vita bona, se dijo solo por ella. Y tan feliz, que jamás han pisado sus arenas Doctores, porque no hallan aquí, ni un dolor de muelas. Y en fin señores, es el Pipitipao de las tierras. Pues Alción Céfiro, Glaucó, el festivo coro vuelva a alternar sus consonancias, por si acaso a tiempo llegan, que reciban la Deidad, que nuestras ansias esperan, volviendo a decir sus dulces, sus concertadas cadencias. en que Venus bella, viene con sus rayos, a dorar las selvas. Vaya de alegría,. Pues a Cipre, donde nació su belleza, hoy ha de ilustrarla, la luz de su estrella. . Venga, Pues Abril alegre sus flores. vuestras voces las dulzuras, pues ya descubro, que en esa riza campaña de vidro, la sumprvosa Venera, cuyo nácar, es el trono de la hermosísima perla, que esperamos sus cristales, prósperamente navega. Y las alas de los blancos cisnes, que se la gobiernan, son, ya a la espuma, ya al aire, tal vez remos, tal vez velas, Y de los marinos Dioses, la envidiosa turba inquieta, la acompaña, . Y los Tritones, el viento, y el mar alteran, al son de sus instrumentos. Pues que ya a la orilla llega, vuélvanse a tejer los lazos, diciendo en voces diversas. 4̱. . Pues que las tres gracias, sus hijas la esperan; o vertiendo de gozo lágrimas de perias, (fiesta. Pues hoy es el día, . . Vaya de alegría, de gusto, y de No vaya, no de alegría, ni de gusto, ni de fiesta, ni venga en hora felice, ni en hora dichosa venga, quien paga los regocijos con lo ingrato de las penas: callad. . Qué accidente injusto, puede turbar tu belleza? Pues quién ay, que a tu hermosura, Venus Divina, se atreva? Pues cómo puede caber en tu deidad, una pena? Tú, que los rayos de Jove fulminas? . Tú, que gobiernas los Astros. . Tú, que las luces repartes a las esferas? Lloras? . Suires? Y padeces? 3̱. Dinos tu mal. Oíd atentas: este infante, que dormido en mi regazo se hóspeda, hijo mío es, y de Marte, entre cuya dulce estrecha unión, natió, para ser escándalo de la tierra. Cupido es su nombre, que se le debió a las secretas prevenciones de los hados, que el que así se llame, ordenan, el cual vuelto en nuestro Idioma, con propiedad se interpreta, amor, calidad tan rara, que en sus efectos se encierran, riesgos, sustos, sobresaltos, tormentos, dolores, penas, pesares, ansias, fatigas, males, lides, y sospechas, sin que la turba de tantas infelicidades, pueda quitar el que también haya, en su exquisita violencia, gustos, regocijos, dichas, placeres, alhagos, fiestas, descansos, glorias, quietudes, bienes, paces, y finezas. Este conjunto de tantas contrariedades opuestas, empezó a obrar tan conforme al nombre, que las alienta, que fue su primer prodigio, y más raro, el que le vean crecer tan luego, que no hay que esperar, el que más crezca. Alas calzó, con que quiso mostrar la naturaleza, que alcanzaría su ira, Cielos, montes, mares, selvas; y que en selvas, mares montes, y Cielos, no habrá quien pueda resistirle, sujetando Dioses, brutos, peces, fieras, no perdonando su rabia a él, ni a mí; pues en ella, los dos seriamos triunfo de su inhumana violencia. Yo viendo, que las fatales prevenciones, tarde hierran; y que cuando avisan males, las más veces salen ciertas: quise (ya que no evitarlas, que no es tan fácil) ponerlas medios, que si no los borran del todo, en algo las templan. Y siendo el más principal, la educación en su tierna edad, viendo, que con Marte su padre, entre la violencia del marcial terror, sería todo lides, todo guerras, y que el ruido de las cajas, y el horror de las trompetas, espíritu menos noble, que es el suyo, le encendieran; resolví traerle a Cipre, para que vuestra asistencia, como hijo mío, y hermano vuestro, le ayude, y en ella, nada vea, sino alagos, bailes, músicas, y fiestas; cuanto oiga sean dulzuras, cuanto escuche, sean ternezas, por si es que los vaticinios de los hados se sosiegan. Dormido yace, y supuesto, que es esta la vez primera, que le vi más entregado a la pesada tarea del sueño, y que ha permitido su desvelada violencia, que os avise su peligro, vosotras gracias, atentas, vigilantes, cuidadosas estad, y porque no sepa la prevención, que yo os hice, cuando del letargo vuelva, repetid las consonancias, que festivas, y risueñas, alternaban vuestras voces, porque digan. Guerra, guerra, nadie viva, todos mueran, porque nace a la tierra, el pesar, el honor, el mal, la pena. Ay de mí! que aún entre sueños, sus crueles rigores muestra: Eufrósina, tú, qué dices? Yo, que si decir pudiera. Y tu Aglaya? Yo, que el susto, Tu Jalia? . Que no acierta el ansia. . Y tu Alción? Si cuando escuché. . Tu Glauco? Deja la vida tan sin aliento. (tra Tu Céfiro? . Que no encuen- la voz. . Enmudecéis todos? Pues qué mucho, que en mudezcan todos, si escuchan que dice ese rayo. . Guerra, guerra,. juzgo, que con este niño, que aquí nos trae Venus bella, nos ha venido muy bien, quebradero de cabeza. Alentad, y proseguid la armonía. . En vano prueba Vaya de alegría, . - Pues Abril alegre, las flores despierta al susurro fuabe de su Primavera. Guerra, guerra, Qué susto! . Qué ansia! Qué miedo! Qué temor! . Qué mal! Qué pena! Guerra, pues mis iras van contra la tierra, a que nadie viva, y a que todos mueran. Guerra contra el aire, pues que sus esferas, serán a mis alas inútil defensa. Guerra contra el agua; pues sus ondas crespas, serán a mis rayos fáciles pavesas. Guerra contra el fuego; pues en mi violencia, incendio ay, que al proprio incendio le quema. Guerra, guerra; pues que ya despierta, quién es, para el aire, quién es, para el fuego, para el agua, y la tierra, el pesar, el horror, el mal, la pena. Y pues, al aire, al agua, a la tierra, y al fuego, alcanza mi Imperio, padezcan iguales, (en el aire, en el agua, en el fuego, en la tierra, los peces, las llamas, los hombres, pues alcanza mi Imperio, (las aves; a la tierra, al aire, al agua, y al fue- Y en señal, de que dominio, y (go. en los elementos tengo, la primer vez, que me oyen, túr vense los elementos. Llamas éxale la tierra, cristales respire el viento, pavesas fulmine el agua, y arenas reparta el fuego. Qué es esto, Dioses? . Esto es ejecutar su decreto los hados. . Venir al Mundo el amor, juzgo que es esto. Qué horror! . Qué susto! Qué pasmo! Qué terror! . Qué grande miedo es ven, que suba la tierra, y se venga abajo el Cielo. (dad? Piedad Dioses. . que es pie- Clemencia Júpiter. 3̱. Creo, que solo puede encontrarse en el Orbe. Guerra, guerra, pues que ya despierta quién es, para el aire, quién es, para el fuego, para el agua, y la tierra, el pesar, el horror, el mal, la pena. Muy buena albaja nos trujo para regalarnos Venus. En ninguna parte halla acogida el dolor nuestro. (están Cómo ha de hallarla, si turbados los elementos? Pues al aire, al agua, a la tierra, y al fuego, alcanza su Imperio. Hacia dónde estás Dorisca? Yo, mucho ha, que no me encuentro Lo propio a mí me sucede, pues no me hallo, aunque me tiento: En esta confusión, todos logran unos propios males. Pues padezcan iguales (en el aire, en el agua, en la tierra, en el fuego, los peces, las llamas, los hombres, pues alcanza su Imperio, (las Aves; a la tierra, al aire, al agua, y al fueg, , , . . . Es el amor. , 3̱. Ay, qué temor! Y para que empiece el Mundo a padecer este incendio, cuya lid será forzosa, batalla de los afectos. Busque mi rigor tirano, el alevoso instrumento, que lleve a los corazones su dulce desasosiego. Y pues que nada se esconde a mi perspicacia, y veo, que aquella funebre gruta, madre del horror, y el miedo, es la que oculta, y esconde en su espacio macilento, de la fragua de Vulcano, los afanes más violentos. A cuyo funesto ruido, vierte congojas el eco, y se escucha por aquel melancólico bostezo. Llamar quiero: Ha de la gruta, en cuyo lugubre seno, el un aliento se ve impedido de otro aliento: ha de la encendida fragua. Quién pregunta por su fuego? Quién es, quien llama su horror? 3̱. Quién es, quién busca su incendio? Quien trae en su pecho (rror. otro incendio mayor, que su incendio, su fuego, y su hor pues de amor, no hay más cerca . Quién es quien trae en otro incendio mayor, (su pecho, que su incendio, su fuego, y su horror? pues tan tirano acento, (timiento, vuelve en congoja, en ansia, y sen- a su fuego, su horror, y su incendio. . Y ya desmayado el brío, y suspendido el aliento, llega a gobernar el brazo, la congoja, y no el esfuerzo. . Y sin que pueda el martillo herir al yunque sujeto, llega a deberle el alivio, al ansia, más que no al peso, . Y la fatiga constante, que sus afanes tuvieron, llega a dejar el cansancio, vencido del sentimiento. 3̱. Pues tan tirano acento, (miento. vuelve en congoja, en ansia, y senti- a su fuego, su horror, y su incendio, Pues apartad, que yo solo, las flechas labrar intento; pues soy quien las ha de dar el destemplado veneno, cuya ira rigurosa, hará, que este tibio fuego, de la fragua se reduzca, en Vesubio, y Mongibelo; (llega y esto no será mucho, pues Amor a labraren la fragua sus duras flechas . Ay, ay, qué pena! De los celos arpones; sean los primeros; nada, que celos. . Ay, que tormento! Esta lleve de olvido, la punta yerra. que es agravio que abrasa con lo que Ay, ay, qué pena. (iela. Lleve de ingratitudes está el veneno, flecha con que no valen merecimientos, Ay, que tormento. Quede en esta la ira de las sospechas, que aún fingidas se lloran por verdaderas. Ay, ay, qué penal La desconfianza, en esta logre su efecto, penetrante martirio de los discretos. Ay, qué tormento! Y pues que llena la aljaba de aleves arpones, llevo, volved a cerrar la gruta, pues que ya en su fragua os dejo otro incendio mayor, que su incendio, su fuego, y su horror, Ay, qué temor, pues tan tirano acento, Y pues forgé el enemigo, aleve injusto pesar, con quien llegaré a probar su tiranía? Conmigo, ven Dorisca, Fauno, ven. Ya Coridón te seguimos. Por si acaso descubrimos en toda la selva, quien nos diga de este rapaz, que Venus buscar nos manda. Desde que vino, no anda cosa ninguna con paz, En toda mi vida vi sabandija tan cruel. Quién nos sabrá decir de él? Dónde estará? Veisle aquí. Él es, alentar no puedo. Yo estoy muerta. Yo temblando. Pues que me venís buscando, y me halláis, perded el miedo; qué queréis? Venus mandó, que te siguiesemos, y aunque te encontramos, si nos quisiere dejar, no reñiriamos. . Por qué? Porque a quien no ha de espantar, y ha de aturdir el mirar, niño, que adornar se ve de arco, de cuerda, y arpón, de aljaba, y de flechas crueles, en lugar de cascabeles, y de mano de tejón. Pues qué supisteis llegar a este tiempo a mi presencia, con vosotros experiencia he de hacer, y he de probar estas flechas, que forió la ira de amor, y desdén. Porque no las prueba en la perra que lo parió? No temáis su dulce mal. Conmigo enseñarse quiere? pues qué hace, que no hiere amantes del Hospital? (vano; Huyamos pues. . Será en pues la ligereza suma, os seguirá de su pluma. Detén Cúpido la mano, que te culparin aquí, que en tres simples, su rigor estrenes. El cruel amor, nadie perdona. Ay de mí! Qué tienes? . Yo no lo sé: y tu Fauno? . Qué sé yo. A ti, te duele? . Sí, y no. Y de qué? . No sé de qué. Digamos nuestros extremos, a ver si nos explicamos, este mal que aquí pasamos. Digamos, si es que sabemos. Desde que aquel Cupido me dio el flechazo, a Coridón no puedo (ces, verle pintado. Pues a mí desde enton- bella Dorisca, la misma no pareces, con ser la misma. Coridón, lo contrario que a ti me pasa, pues a mí me parece peor que se estaba. Ay Fauno de mi vida, que es lo que has dicho, que me dejas el alma con calosfríos. Ay Dorisca del diablo, dime, que has hecho, que con esa palabra, trasudo, y tiemblo. Por no verte, tomara no tener ojos. Por verla más, quisiera yo tener otros. Qué será, que mi pecho, mucho más sienta, rendir su grosería, que su fineza. Es no andar en el Mundo. cosa con cosa, desde que vino el niño (tud. de la rollona. Y pues es tal su inquíe. Y pues es tal su rigor. Y pues tal es su crueldad. Todos a este ciego Dios, le maldigamos, diciendo, con desesperada voz. Amor. . Amor. (parió. Amor. 3̱. Maldita sea la madre que te JORNADA SEGUNDA Dorisca, de qué das voces? Qué es esto, di Coridón? di Fauno? . De que os quejáis? Nos quéjamos del amor. Pues le habéis hallado? Sí; vosotros le hallasteis? . 6̱. No. Muy bien se conoce, pues a encontrar con su rigor, no os estuvieráis tan quietos. Decid, qué os hizo? Un arpón penetrante a cada uno, de los tres, nos disparó, con tan tirana violencia. Que a mí un rayo me dejó dentro del alma. A mí un hielo. Una desesperación a mí. . Con que el tal Cupido, bien, que rascar nos dejó, y tanto, que nos obliga a que repita la voz, Amor, amor, amor, maldita sea la madre, que te parió. Puas a pesar del espanto, del susto, y la turbación, que amenaza, he de buscarle. No ha de poder el temor obligarme, a que en su busca; perdone osado; y veloz, la más escondida planta; la más retirada flor. No ha de quedar tronco; o pe- que no examine. . A mi voz, ha de igualarse mi planta. La más oculta mansión penetraré de la Isla. Supuesto, que obligación es de todos; el buscarle, por precepto superior de Venus, cada uno puede ir por sullado, pues no es posible que se esconda a todos. Bien dice Alción; y por si es, que la armonía fuere acorde suspensión de su fuga, de las tres, la Música en tonación se alterne. Y Céfiro puede, con lo suave de su voz ayudarnos. . Nhora buena. Pues diga el dulce rumor. Ave. . Monte. Risco. . Peña. Planta. Fiera. Tronco. . . Flor. Quién ha visto al amor, quien le vio, pues que dicen, que anda. En la peña. En el risco. . En el monte. En el Ave. . En la flor. En el tronco. En la fiera. . Y la planta. quien le vio, pues que dicen que anda en la peña, en el risco, Decidme, si alguno ha visto este ceguezuelo Dios, que el temor le busca, y deseas hallarle el temor. Quién le vio? Decidme, si por la selva se retira; porque no conozcan, que es su poder menos, que su presunción. Quién le vio? . Quién no le vio? pues es cierto que anda, en la peña, en el risco, en el monte, en el Ave, en la flor, en el tronco, en la fiera, y la planta. Escuchasteis la voz? . Sí. Visteis quien la alienta? . No; pues solo escuchamos, que al preguntar, quien le vio, nos respondió aquel acento aleve, quien no le vio; pues es cierto que anda,. Y ahora lo veréis, supuesto, que en cuanto descubre el Sol, no habrá risco, peña, monte, ave, fiera, planta, y flor, que no hiele, que no abrase, siendo de mi indignación instrumento, tan aleve el hielo como el ardor: vuelen, vuelen las flechas. Ay, qué dolor! Vuelen, vuelen las flechas. Ay, qué traición! Porque digan todos, buscando al amor. Quién no le vio? pues es cierto, que anda,. Qué es esto Dioses? Qué es esto? Qué tirana sinrazón! Qué decís? . Qué sentimiento injusto! . Qué cruel pasión! Dejando entera la vida, me ha partido el corazón. De qué os quejáis? qué tenéis? de qué esos extremos son? Huiré de aquí. No te vayas bella Eufrosina; pues no viviré, si tú te ausentas. Por qué? . Porque esta traición, que se introdujo en mi pecho, desde que aquella voz, se alimenta dulcemente de su vista, y es dolor, tal, que la razón lamenta, que falta su sinrazón. Qué ira será la que nace en mí, de mirar, que Alción, con Eufrósina hable? . Qué . podrá ser un vil temor, que Alción me causa, notando, que con Eufrósina habló? Qué será, que mire a Glauco, . no el acaso, la atención, y que de mirarle, nazca volverle a mirar. . Quién vio tales extremos en todos, sin tener alguno yo? Qué será, que estimaria . mas, que se apartara Alción de mí, qué Céfito? . Qué será este nuevo dolor? . El amor. Estos mismos desvelos? . Los celos. . Valedme Cielos! pues se ha añadido al rigor, de la ira de Ellos, . El amor. La violencia de E. . Los celos Qué es esto que veis? qué oís? de qué os quejáis? qué tenéis? qué lloráis? qué padecéis? qué suspiráis? qué sentís? Luego tu oído no inflama, un sonido tan violento, que antes de escuchar su acento, llega a parecerse llama? Luego no oíste un rigor, que con arte aleve deja lisonjeada la queja, con la maña del dolor? Pues no escuchaste un estrago, con tal traición esparcido, que iba introduciendo el ruido por la senda del alago? No atendiste a una crueldad, cuya dura sinrazón, dispuso, que a la prisión buscase la libertad? No miraste una enemiga pasión, cuyo sentimiento, consiguió, que al desaliento esforzase la fatiga? No escuché tales desvelos. Ni ha llegado a tu temor la violencia de , . El amor. Ni la ira de , . Los celos. No. . Pues yo sus penas paso. Yo lloro el mal, y le ignoro Yo me ánimo, en lo que lloro. Yo me quemo. Yo me abraso. Yo en el dolor injusto de mi tormento, suspiro, y peno mas solamente vivo lo que padezco. A la llama, que llora mi desvarío, tanto la imito, que la alientan las alas de mis suspiros. Yo no acierto a culparme mis dulces penas; porque entre ellas, sueña más la armonía, que no la queja. Entre la bella causa de mi fatiga, las ansias mías, hallan lo que les sobro para ser dichas. 4̱ . Ay, ay, ay, ay, que podrá ser dolor tal, que será tormento en quien no hay mal, que no se oiga bien, ni bien, que no se oiga mal. HAy, ay, ay, hay, qué será, qué será? Qué es esto Alción, Eufrosiaa, Céfiro, de qué os quejáis? Aglaya, de qué suspiras? Talia, dime, qué mal padeces? 3̱. Pues qué tenéis? Un sentimiento. . Un pesar. Un dolor. . Un frenesí. Un delirio. . Cuánto va, que habéis hallado al amor, según eso. . Así es verdad. Luego al punto, que escuché el gemir, y el suspirar, lo dije. . Os clavó una flecha ha cada uno. . Mirad, si la clavaria. . Y a donde estaba? . En la ociosidad, estaría. . Ay de mí triste! Decidme, no era un rapaz, con facciones de Gigante, con alas de Gavilán, y una venda por los ojos, con la cual fingiendo está, que hierra el tiro; porque de él no se quieran guardar? No desparó al corazón la flecha, con ardid tal, que sin que se abriese el pecho, se quedó de par en par? No os queda una comezón de sarna tan infernal, que convertia en coraje lo sabroso del rascar? Quejas les daré a los Dioses, Mas no te remediarán. Suspiraré. . Contra ti el aire se volverá del suspiro. . Huiré de aquí. Tampoco te servirá. Lloraré. . No basta; pues el llanto, le enciende más. Matareme con mis manos. Es remedio Doctoral. Y tú, Glauco, no te quejas del amor? . La necedad, que estos padecen, a mí no se ha atrevide a llegar: nada siento, nada lloro. Calla, que tu llorarás. Céfiro, vente conmigo. Qué he escuchado? Ay dicha iguall ya con el alma te sigo. Tente, no la seguirás. Pues por qué? Porque el ardiente, el encendido volcán, que nuevamente ha crecido, de haber llegado a escuchar, que a él le mandes, que te siga, y no a mí, de imaginar, que el más venturoso sea, que no yo, repartirá iras, cuyo incendio sepa, ya consumir, ya abrasar, su vida, y la mía, aunque haya la desigualdad, de que para él sea dicha, lo que para mi impiedad. Veis aquí pintiparado, Dorisca, mi fiero mal; tú le das a Fauno, y yo pago lo que tú le das. Y cuando de Alción la ira, no lo impidiera, sabrá, la que en mi nace, de ver el que llegue a sentir más, que tú le dejes, que no, que yo le busque, estorbar el que Céfiro te siga; porque la que a mí me da ocasión para esta rabia, esta ira, este volcán, no ha de conseguir tener su alivio con mi pesar. Ay infelice de mí, y quien pudiera pasar a la ribieza de una, de otra el ardor! No podrás; porque a ninguno, el amor, lo que le pide, le da. Y tu Glauco, nada dices? Qué he de decir, si a escuchar llego locuras, que no las he entendido, jamás. Pues no hay remedio a mi pensí. Pues no hay alivio a mi mal. Pues padezco. . Pues suspiro, Pues lloro. Pues que ya está con venir Amor al Mundo, el Mundo cómo ha de estar? A una voz, digamos todos, y todas. Ay, ay, ay, ay. . que podrá ser dolor tal,. Qué ha de ser? un desvarío torpe de la voluntad, un poner la ceguedad, por guarda del albedrío, Un cobarde sentimiento, que le debe su rigor, no a la fuerza de su ardor, sino a mi consentimiento. Una injusta inadvertencia, un ardid mal resistido; a quieno solo ha introducido el dejo de la paciencia; una locura, sin más fundamento, que sentir la pena, sin discurrir la causa. Ahora lo verás; pues no es justo, que blasone lo rudo de tu altivez, de que solo te libraste de mi dominio cruel. No ves amar aquel risco, a aquella saiente, sin que deje firme de adorar, por verla fácil correr: pues por qué? pues por qué? lo que hace un risco, tú no lo has de hacer? No ves amar aquel tronco, a aquella vid tan fiel, que ocupado en adorar, se ha olvidado de crecer: pues por qué? pues por qué? lo que hace un tronco, tú no lo has de hacer? No ves por su amada Rosa, aquel púrpure Clavel, convirtiendo en suspirar todo el primor del oler: pues por qué? pues por qué? lo que hace una flor, tú no lo has de hacer? No ves aquel Ruiseñor, que antes, que la luz, se ve. su enamorada armonía, ensayaron padecer? pues por qué? pues por qué? lo que hace una Ave, ei no lo has de hacer? En la anticipada luz, de aquella Estrella, no ves como ha sido el adorar, antes, que el amanecer? pues por qué? pues por qué? lo que hace una Estrella, tú no lo has de hacer? Porque risco, tronco, flor, Ave, y Estrella, no es ejemplar, para que yo le imite; pues no se ve en estrella, ennave, en flor en tronco, y en risco, aquel conocimiento, ni aquella precisa razón, que dé discurso, como el que yo tengo, de huir una ley, en quien no hay otra disculpa, que sentir, y padecer; y más cuando tu crueldad, de tan corto esfuerzo es, que basta con su rigor, el huir, para vencer. Y así quédate rapaz ceguezuelo, o vete a quien quiera hacer a su albedrío esclavo de tu poder. Buenas fueran las flechas, que hay en mi aljaba, si bastara el huirlas, para excusarlas; Mira que es tal la ira de su violencia, que es cuando de ellas huyes, cuando te acercas. Escaparme procuro, pues ya te temo. Seguro es alcanzarte, si huyes con miedo, Y así este arpón tirano, fiero peligro, Aves, flores, peces, brutos, montes, Valles, riscos, senos) plantas, fuentes, ríos, Mares, Astros, Signos, y Luceros, oíd mis gemidos, escuchad mi lamento; escándalo ligero, de los sentidos: despedido del arco, será, en tu pecho, el que llegue a vengarme, Valedme, Cielos; pues violentando la cuerda tirana, por dar a su fuga mayor seguimiento, entre mi propia priesa he caído, y con mi flecha herido me veo. Como traidoras, mis propias violencias, sus rabias convierten contra mi sosiego: mal haya el esfuerzo, que aleve dispuso, que se llegase a culpar el esfuerzo. A qué tempre tan raro, la flecha, debió, entre mi furia, su origen primero, que va helando la vida con llama, y encendiendo la vida con hielo. El corazón del horror asustado, quiere medroso, huirse del pecho, y en el volcán, que padece su ira, va tropezando de incendio, en incendio. Qué susto, qué pena, qué ansia, qué angustia, qué mal, qué temor, qué pesar, qué tormento, la vida fallece, el juicio delira, la voz titúbea, y desmaya el acento. De púrpura ardiente, la tierra se baña, y al paso, que va de la herida saliendo, en lugar de ir gastando la vida, con el dolor, va la vida creciendo, Ay infelice! que lloro, y suspiro; ay de mi triste! que me abraso, y me quemo, y por decir de una vez esta ira, ay infeliz! que me he entrado en mí mesmo. atended mi llanto, mirad mi tormento, porque soy el amor, y de mi muero. Me, quejo, y me castigo, quien vio juntarse, Cielos, de Juez las asperezas, con lástimas de reo? Piedad, contra mí mismo, mas como la pretendo, si con mi propia ira, desfiguró mi ruego. Si dejo de afligirme, de ser el amor dejo, y me podrá el alivio, malquistar el incendio. Yo incito los rigores, y yo me los padezco, y víctima infelice, soy de mi propio Templo: no habrá. . . Su voz he oído, que en lastimosos ecos se queja, . No habrá, digo, quien en mi mal. . Qué veo? Cupido, amado hijo? Ay infeliz! . Qué es esto? Un agravio, una ira, un volcán, un veneno, un coraje, una rabia, (tos un horror, una furia, y un tormen- Pues con mi propia flecha, tan herido me veo, que solo queda vida, para saber (ay infeliz!) que muero, Y para ver el dulce, el adorado objero, que sobornó la mano, de la amorosa ansis, que padezco. Siquís, Siquis, Divina, no huyas de mí tan presto; mas si el viento te forma, (to. ya te hallarán mis ayes, en el vien- Ay de mi desdichada! pues ya cumplido advierto de los Astros fatales, el temido decreto. Ay Siquis! . Oh mal haya el aleve instrumento, que le forjó la ira, y contra ti se ha vuelto. Deja, que te le quite; porque pueda con eso, a la tirana herida, aplicarse remedio. (mita, Eso madre no esperes, que lo per- si me arrancas la flecha, qué bará Qué me dijera el dueño (la vida? de mi albedrío, si el tormento trocara por el alivio? Viertan las venas, viertan púrpura amante; porque crece el aliento verter la sangre. Consérvela la herida, no haya quien piense, que hay más remedio al golpe, que padecerle. u . Por más que desesperado, (ay de mi infeliz!) intentes, que la desdichada herida, mantenga el arpón aleve; no lo has de lograr, pues yo contradiciendo. Detente A su ciego desvarío. (me, No hagas tal. . He de oponer y la flecha rigurosa, que fue causa. . Qué pretendes? De tu herida, y de mi llanto, será aquí. . El brazo suspende; mira Venus. . Qué hay que mire, cuando así te veo, . Advierte. Qué hay que advertir, si la herida advierto. . No, no te acerques, teme, que la flecha aguda contra ti. Cielos, valedme! que yendo a sacarla airada, contra mí su ira convierte, y su punta, ay de mi triste! con tanto rigor me hiere, que todo se pasma, todo se hiela, y todo se enciende. La razón falta, el aliento se ahoga; la voz se pierde, y solo queda en la vida fuerza para ver, en ese espacio immenso del aire, que la forma, y desvanece, la imagen de un bello joven, que en dicha el rigor convierte, de la punta venenosa: Adonis, no huyas, detente, espera, mira, que el alma, la cruel herida no siente, si no el que huyas, Adonis, vuelve mis fatigas, vuelve: Vuelve, Siquís, a mis ansias; Y por si ellas te enternecen, peñas, riscos, montes, prados, selvas, mares, ríos, fuentes, troncos, plantas, ramas, flores, hombres, brutos, aves, peces. Quién llama a las peñas? Quién llama a los montes? Quién llama a los riscos? Quién llama a las fuentes? Quién llama a las flores? Quién llama a las plantas? Quién llama a los brutos? Quién llama a los peces? Quién llora, quien sufre; Quién gime, quien siente, ansias terribles, penas aleves, iras amantes, y rabias crueles. Tú, siendo el dueño tirano, de las iras, las padeces? (ras? Tú, te quejas? . Tú, suspir Tu lloras? Tú, te entristeces? Tu haces extremos? Tu amor, que fuiste el travieso duende del Mundo, gimes? . Tu Venus, que en tu mano, el amor tienes, te quejas? . Para nosotros, deja tus iras crueles; porque desde que veniste, nadie vive, todos mueren. (nos También yo muero a las - de mis rigores; pues este arpón, que forjó mi rabia, contra mi propio la vuelve. Y al ir piadosa a sacarle, también su punta me ofende; pues envueltas en piedades, están sus traiciones siempre. Y así no os quejéis mor- de mis crueldades aleves, (tales, pues veis que entre sus rigores, el amor por Siquis muere. Y veis también, que su madre, el propio dolor padece; pues de un Adonis soñado, aún en la sombra se enciende. Y somos entrambos quien llora, quien sufre, quién gime, quien siente, ansias terribles, penas aleves, Alivio a nuestros pesares, es el mirar, que los sienta el propio amor. Con las ansias de Venus, que se consuelen las nuestras es justo. . Todos padeceremos alegres sus iras. . Y yo corrido, de que mi albedrío niegue, vasallaje a su dominio, me dedico a padecerle. Entrando en la cofradía de enamorados, ustedes tendrán piedad de nosotros, . Vivid, vivid alegres, pues veis, que amor, y Venus, vuestras ansias terribles, vuestras penas aleves, vuestras iras amantes, vuestras rabias crueles, las lloran, las sufren, las gimen, las sienten. Pues amor, siente sus iras. Pues Venus sus iras siente. Pues nuestros males felices, son, viendo que los padecen. Todos a una voz digamos, pues al Mundo el Amor viene, Viva, triunfe, avasalle, y Reine, el amor, pues alhaga, con lo que Viva, (ofende. Y pues a la tierra, al aire, al fuego, al agua enciende, su dulce amoroso imperio, en la tierra, en el aire, en el fuego, en el agua se le sujeten, (peces. los hombres, las aves, las llamas, los Con cuyo aplauso festivo, sin este la fábula tiene. Volviendo a repetir todos, las consonancias alegres, viva, triunfe, avasarle, Reine. el amor, que alhaga con lo que ofende; y pues a la tierra, al aire, al fuego, y al agua estiende, su dulce amoroso Imperio, en la tierra, en el aire, en el fuego? en el agua se le fujeten, los hombres, las aves, las llamas, los peces.
