Texto digital de La venganza y el amor
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- Diego de Villegas
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La venganza y el amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/venganza-y-el-amor-la.

LA VENGANZA Y EL AMOR
JORNADA PRIMERA
Que seguirle no pudieras Coriso? . Lindo poder, si tú te precias de ver mas que un Cisne, no siguieras sus pasos; que bien los dos quedamos. Qué oscuridad! Al entrar de la ciudad dijo, seguidme; y por Dios que no le vi más. Su extraña grandeza me suspendió. Buen criado te envió Polinesto, si acompaña a Sicilia tu persona, y al mejor tiempo nos deja; qué oscura noche! aunque más me aqueja la hambre. . Poco me abona mi valor, pues impedido de estas armas, no enseñado a su peso, de cuidado mas que de guarda han servido. De Nápoles una aldea me ha criado; y aunque allí, vesti sangrienta librea. A los campos, que en sus flores lisonjas de más tropeos, para alentar mis deseos dieron alma a sus amores, A no ser por el amor que a Polinesto le debo, hoy de mi pecho de nuevo mostrara al mundo el valor. Por el de Nápoles vengo a Sicilia; que obligado mi respeto a su cuidado, por ley su obediencia tengo. No le conozco, y deseo verle; porque en mi valor diera, aunque humilde pastor, más agradecido empleo. Qué nunca le has visto? No: que en privanzas divertido, nuestros campos no ha podido honrar; y a mí no me dio su padre jamás licencia de que a Nápoles dejase, porque el rigor se aplacase de no sé que diferencia, de enemistades que había, hasta que ahora en secreto por mí, para cierto efecto, con tan grande prisa envía. Polinesto; y el criado que a Nápoles fue por mí, se nos ha perdido aquí, pera turbar mi cuidado. No sé qué habemos de hacer, que no hay a quien preguntar por él. . Lindo neguciar; Tú me has echado a perder, Yo pasar la mar por ti! no me estaba yo mejor en los campos sin temor? que a penas las olas vi cuando sin poder yo más, entre el espanto y la pena, pensé de alguna Billena ser un segundo Juanblas. Y todo por no dejar su amistad y compañía, pues desde aquel mismo día que te dieron acriar, a mi madre; ya murió, téngala Dios de su mano: como si fueras mi hermano, mi padre te sustentó Y porque te acompañase, contigo ahora me envía, para que llagase el día en que mis culpas llorase. Pues después de haberandado tanta luegas por el mar, me vengo ahora a hallar, por ti sin haber cenado. Castigo que el cielo ordena. contra mí; pues en sus dudas, aún a Judas, con ser Judas, jamás le faltó la ceno. De que te astiges, Choriso, cuando en la ciudad estamos? Sí, pero sino cenamos? Calla, que mal saridizo guorancia a tu amistad, Puede mucho el no comer. No hay quién me pueda valer? De esta casa coronada de muro, una puerta abrieron pequeña, si mal no vieron los ojos. . Mi hora es llegada, Y de ella sale esta gente para alguna hazaña vil. Por huir del perejil, me ha salido ya en la frente. Que de esta suerte mi honor quieras, Príncipe, ofender, si cuando te puedo ofrecer la fe de mi limpio amor? Si con honestos favores siempre te he correspondido, sin que ofensas de mi olvido den a tu crueldad temores. Porque al torpe amor sujeto, pierdes, cuando más te adoro, A a la virtud el decoro, y a la piedad el respeto. Deja a la desdicha mía mi suerte, pues cuando espero que de mi samor verdadero llegue aliventuroso día; En que me hiciera dichosa la mano que me ofreciste; escucho la nuevatriste de que llega ya tu esposa la Reina de Chipre, a quien dan los cielos más ventura: y ahora que a la hermosura del jardín, en mi desdén pidiendo estaba consuelos, me siento de tus criados robada, siempre enseñados a traiciones. Hoy los cielos quieren sin duda provar mi esfuerzo. Diana hermosa, mi voluntad amorosa no ha permitido lugar a tus quejas; siempre he sido de tu voluntad constante, tan firme y dichoso amante, que disculparme ha podido de este delito amoroso la constancia de mi fe; tus desde nes adoré: mas, como ahora es forzoso, confieso que es ambición de heredar las dos Coronas de Sicilia, y Chipre. . Abonas su maldad? . Disculpas son en tu favor; pues mi suerte me rinde para adorarte mayores trionfos que darte, y más Reinos que ofrecerte. Sola tu hermosura adoro, que si a Aurora doy la mano, es porque su Reyno gano, cuando te pierdo el decoro. Y así como en tu rigor siente el alma que te adora Reinos me ofrece en Aurora cuando en tus ojos amor. Tú eres Príncipe, primero que me puedas ofender verás que llego a ofrecer mi vida al villano acero que ciñes. . No habrá quien mude ya mi ejecutivo amor. que he de cobrar con rigor lo que con piedad no pude. Que esta ha sido la ocasión que del jardín te sacara, porque tu voz no turbara el palacio. . Qué traición! tal fuerza el cielo permite! tal maldad un hombre intenta! Es posible que en mi afrenta tu ciego amor solicite tan fiera maldad? no sabes a tu noble sangre opuesto, que es mi padre Polinesto, de quien las cosas más gaaves fía el Rey, y en tantos años es su privanza mayor. El nombre de mi señor dijo, no padece engaños el oído; a Polinesto llama padre, librarela, aunque en su fiera cautela contra mi lealtad opuesto venga el mundo. . No verás que mi padre no te envía a provar mi valentía. A mi lado no podrás, pues somos dos, sus traiciones castigar con pecho osado? Si en eso estás confiado, haz cuenta que estás de nones? Qué a tal rigor me condenas? Glorias amor me promete. Huye, señor, quien te mete en saber vidas ajenas. Ya es sin remedio; cobardes dejad la presa. . Villano quién eres? No son en vano ya mis voces: que me guardes te pido. Aquí he de acabar. Favor los cielos me den. Matadle. . No huelo bien; salvo sea este lugar. Veréis primero en mi espada la imagen de vuestra muerte. 1. No he visto brazo más fuerte! Qué máquina desatada del cielo en rayos feroces sobre la rodela siento en sus golpes! 2. Qué portento! Hacia aquí fueran las voces. Este es mi padre: mi culpa y a sus rigores pregona; que aunque la verdad me abona en su honor no habrá disculpa. Acudid presto: señor, quien te ha dado en tal lugar ocasión para sacar la espada? . tú mismo honor. Aquí la industria es forzosa, . porque desmienta el delito que viene en mi frente escrito. Cómo, ha de llegar tu esposa mañana, y las calles todas. fiestas de fuego aperciben; en cuyas luces escriben el parabién de tus bodas. Porque salieras a ver, que quiere el Reino agradarte, entré en tu cuarto a llamarte; y entre el dudar y el temer, como en tu cuarto no estabas, salí a buscarte al jardín, con la guarda; y hallo al fin que mis venturas llamabas. Para levantar mi nombre, con el favor que te doy; pero más confuso estoy de ver que ofendiendo a un hombre, que encubierto y retirado previene el desnudo acero: me dices grave y severo, que es mi honor, quien te ha obligado. Dime, quien pudo ofender el claro honor que me abona? que aunque es tu Regia persona paderosa a defender la mía, honor me ha enseñado, si a ti mis venganzas pido, que quedaré agradecido, mas no quedaré vengado. Polinesto, aquel villano que miras de armas cubierto, en el jardín descubierto, aunque se defiende en vano, por las voces que Diana tu hija, al viento esparcia, su hermosura pretendía robar con fuerza tirana. Sin duda que es pretensor, que así encubierto, recelo que a los rayos de su cielo vuela con alas de amor. Lograra su intento al fin, si a las voces no acudiera mi persona, y defendiera casi al salir del jardín, su honor: mas pues a tu agravio pudiste hallarte presente; castiga como valiente, y examina como sabio. . 1. Hubo cautela mayor! 2. No en vano, no le está afecto el Reino. Hombre, quién eres? que dudo, viendo que solo veniste, si en mi desdicha trujiste el valor, que darte pudo. Mas porque disculpas creo, si eres un bruto villano. Quién al valor sobera no que alienta el noble deseo de mi pecho, bajamente ofendiere, al mundo opuesto; exceptando a Polinesto: digo mil veces que miente. Tened; de suerte me tratas, que cuando mi honor pretendes, con agravios me defiendes, y con lisonjas me atas. Como excepta tu valor a Polinesto; y le das tanto honor? . Porque a él no más le respeto por señor. Pues quién eres? . Soy un hombre que apenas nombre he tenido; mas aunque humilde he nacido, a la fama de su nombre. Recibo tal calidad, que desmintiendo mi ser, en mí ha venido a vencer el valor a la humildad. Eres de este Reino? Apenas de Nápoles he llegado, y de Sicilia tocado, por mi daño sus arenas: porque a un hombre, que por mí a Nápoles fue, y guiaba mis pasos, cuando llegaba a los muros le perdí. Y sin peder preguntar por quien a llamarme envía; porque a los rayos del día no dio la noche lugar. Discurriendo divertido y confuso, vi esta puerta a los rigores abierta de un hombre, que endurecido en su obstinada porfía, con gente, y armas procura ofender esta hermosura; que al cielo quejas envía. Temiendo perder su honor, y entre las voces que daba, a Polinesto llamaba, padre venciome el furor. Dando en su defensa alientos, el nombre al brazo, y la espada. El alma a su voz turbada suspende mis pensamientos, que a sus señas advertido, y a su rostro más atento, renueva el conocimiento memorias que no he perdido. Mucho al retrato confirma; al fin eres extranjero. Sin duda es casamentero, pues tan de espacio se informa. Cómo te llamas? . Leonido. Este es el que espero, cielos! que asegure los recelos de su muerte, en el fingido nombre; que mayor disculpa pudo hallar la ofensa mía! Albano manchar quería mi honor, celando su culpa. Qué cierto está que Diana, si a su amor correspondiera, con voces no defendiera su honor, la disculpa es llana. Que la mujer cuando llega al riesgo en que ver se puede, con el silencio concede lo que con las voces niega. Mintio Albano; mas de espacio me dará su culpa enmienda: sin que nadie el caso entienda llevad los dos a palacio a Diana. 1. Has de quedar solo? Mi honor va conmigo. Señor, el cielo es testigo. No tienes que replicar, que en la verdad que te impara, ni aún duda poner espero, que contra mi honor, primero te matara, que dudara: llevadla. Pues si al libralla tantos riesgos atropella mi vida, por defenderla, cómo dejaré llevarla? Yo agradezco mi defensa, que en su poder voy segura, pues mi inocencia asegura. Temo tu ofensa, y si no es muriendo aquí, te ha de amparar mi valor. Pues ejecuta señor la furia del brazo en mí. Quién eres si no me engaña la burlada fantasía. Quién gracias al cielo envía por tan valerosa hazaña: Polinesto soy. . Señor! tú a mis pies? . Verás ahora si hay causa. . El cielo mejora las horas . Este pastor quién es? Iglesia me llamo. Que de su temor da indicios. Quién, por secretos juicios de Dios, corre como un gamo. Choriso soy, cuya vida siempre se arriesgó por ti; y así puedo estar aquí, y en cualquier olla podrida, Ejemplo esas canas son del respeto que os prevengo. Pues oye, y verás si tengo de servirte obligación. ̱ Esta es Bicilia, que el mar entre sus olas soerbias, en piramides de espumas sobre sus peñascos trepa. Mafredo es su Rey, que hoy goza (dando a la fama materia) con memorias de Licurgo largos olvidos de Grecia. Caló con el Rey de Albanía su hija; que pudo apenas gozar tálamos dichosos, por llorartristes exequias. Viuda volvió a Sicilia, mas con esperanzas ciertas de que en su preñez, el Reino sucesión alegre espera. Así Manfredo gozaba su Corona, sin que pueda la envidia estorbar sus dichas, hasta que entre mil sospechas pudo temer a su nieto, por un sueño: quien creyera que en su Cristiana piedad pudieran con tanta fuerza mprimir especies vivas, las santásticas quimeras de una medrosa ilusión, Pues entre las pardas nieblas de una perezosa noche, que desvaneciendo estrellas, con silencios amenaza, y con sueños lisonjea, Mansiedo dejaba el lecho, a cuyo descanso aponas pudo entre púrpura y oro competir la primavera. Cuando entre asombros y voces a más sueño nos despierta, pues juzgamos por verdades los imposibles que sueña. Una sombra dice: ay, triste! entre crueldades violentas, amenazando mi vida, tiranías me oaconseja tan bárbaras, que a su furia, porque la naturaleza no turbara sus efectos, (en los temores que engendra su vista, esparciendo asombros) dejó desiertas las venas de la sangre, en cuyo espacio fuego y hielos se mezclan. Perderás con muerte infame la vida a las manos fieras de tu nieto Segismundo, coronando su cabeza con el laurel de la tuya; para que afrentado mueras, dijo la amarilla imagen: Y el Rey abrazando penas, en vez de la sombra fría, con la turbación despierta. Llama su Guarda, y criados; y antes que en doradas trenzas se manifestase el Sol, mandó por sentencia fiera que su miedo asegurase de su meto la inocencia, que por su pequeña edad era incapaz de la ofensa. Quien vio en tiranas historias, donde crueldades se cuentan; que se anticipe el castigo al delito; pues no hay ciencia que enseñe casos futuros, que el Cristiano los reserva al pecho Arcano de Dios. Al fin a mi cargo deja su muerte, mas yo advirtiendo que ya pisaban Estrellas sus padres: y que era solo quien nuestros Reinos hereda, A Nápoles le envié, porque en una pobre aldea desmintiera sus crueldades mi piadosa inobediencia. Con disfraz de humildes paños le respetaron las selvas, que aún sin alma conocieron la que su valor les muestra. Crecio al fin:, y el Rey creyendo que las profundas arenas del mar le dieron sepulcro: como la vejez se atreva a la salud de sus años, dejar la Corona intenta de Sicilia a su sobrino Albano; aquel, que en mi afrenta pudo contra tus lealtades opober nuevas ofensas. Por su heredero le nombra; y de casarle concierta con la bellísima Aurora; Reina de Chipre, que deja las estrellas con envidia, y los cielos con vergüenza. Acentó las condiciones Aurora, con que le dieran primero que ella la mano, a su esposo la Diadema de Sicilia: este fue el trato. Y ya su venida espera Manfredo, porque le jure su Reino: mas como engendra mi pecho solo lealtades, pude con nuevas cautelas turbar las ejecuciones, sin dilatar las promesas. Por un retrato de Albano pude enviar a la Reina el de mi Rey Segismundo, que así mi lealtad espera, dándole el Reino, obligarle con las soberanas prendas de Aurora; que enamorada, según en sus cartas muestra, para lograr mis deseos mañana a Sicilia llega con el mayor aparato que vio la humana grandeza; cuando entre Griegas vengazas lloró Troyanas tragedias. Ya a su generosa Aruiada hacen nuestras torres fiestas, que su retrato sin duda tanto su afición alienta. Que en las alas del amor, juzgando tardas sus velas viene abreviando cristales, siendo Cilnes sus Galeras. Este eres; mancebo ilustre, de Reyes es tu ascendencia; Sicilia es tu noble patria: tú solo a tu abuelo heredas. Es tu nombre Segismundo, no Leonido, como piensas; que así asegure tu vida con la fingida cautela de ese nombre: tu retrato es el que pude a la Reina q enviar: que aura dos meses que un pintor (si bien te acuerdas) enviado por mi orden, te retrató de manera; que dejando el rostro al vivo; solo el traje diferencia. Para eso a llamarte envío, que el criado que a la puerta perdiste, para buscarte volpio, sin darme las nuevas de tu dichosa venida, que tanto mi amor desea. Ya, pues, noble Segismundo, el tiempo llegó en que puedas asegurar tu Corona, acreditar tu nobleza. Ya tus vasallos te aclaman, que mi industria los granjea con tanto amor; que tu nombre podrán escuchar apenas, cuando a tus plantas rendidos, tremolando tus banderas, los cielos vistan de flores, siembre los campos de estrellas. Coronarse piensa Albano mañana; y antes que vea las bodas que alegre aguarda, llora a tristes tragedias. No la venganza me incita de aquella pasada ofensa, que donde están tus agravios, no tienen lugar mis quejas. Después de tu abuelo soy el gobierno de su tierra: mi hija está en su palacio; no tu privanza me eleva, que no aspiro a esos favores: solo la razón me fuerza, de que mi Rey natural y legítimo posea los Reinos que le dio el cielo. De tu fama el mundo tiembla; mi lealtad te llama a voces: tus agravios te despiertan. Rey naciste, poder tienes; favor te dan las estrellas; cobra tu Reino: y mi vida muestro a tus pies su obediencia. Levanta padre del suelo, que este nombre es bien te deba, pues que me das Reino y vida. Mucho mis lealtades premias, Tres razones acredita mi valor, que fuerte allenta para mayores tropeos mi altiva naturaleza. Vamos, Sicilia vea tu valor. . Asombre al mundo tu lealtad y tu nobleza. No me mintió mi valor. Salió mi esperanza cierta. No haya miedo que esta noche me haga mucho mal la cena. . Que con tanta grandeza manifieste la Reina su belleza! Cómo es su nombre Aurora, causando envidia a la que perlas dora cuando despierta el día; luces dilata que a la tierra envía. Entró en la mar; y apenas se ausentaron las Cípricas arenas, cuando bañada en Oro su Nave, emulación del crespo Toro, que robó la doncella, monumentos de espumas atropella. Y como en Chipre tiene su imperio Aurora, y a las aguas viene dando luces cambiantes, entre bajeles de su flota errantes al pincel, y a la pluma, parece diosa que engendró la espuma. Tocó, señor, tus puertos, como tus brazos asu amparo abiertos dando a nuestras riberas alegres plantas, como al Sol banderas: que aunque a casar se viene, la pompay fausto militar previene; porque nació inclinada a verse en la palestra en blanco armada. Y a sí junta animosa extremos de valiente y de hermosa: su padre en la campaña gobierna el escuadrón, que en luces baña el Sol que nace ahora; que siempre nace, donde viene Aurora. Pues desde aquí podremos gozar en un sujeto dos extremos de valor y hermosura, Podra llamarse la mayor ventura la suerte de gozarla, que me obligue la ley a respetarla, permitiendo los cielos que la haya de servir, dándome celos. El Rey Polidamante mas que Tisón soberbio y arrogante, porque rige a Cerdeña viene feroz con una escuadra isleña. Que en la Magicasciencia acredita tan sabio su experiencia, que dando al mundo asombros sustenta el cielo en sus valientes hombros. Pero de suerte humilla su fuerte brío que a tocar la orilla que el mar Tireno baña, precursor de sus luces la acompaña, siendo en su compañía el bárbaro el ocaso, Aurora el día. 1. Ya llega a tu presencia dándole para verla al Sol licencia. A tus generosos brazos, de quien es razón que tiemblen las contrapuestas naciones que el cristal del Indo beben. Llega la Reina de Chipre, que como en Arabia el Fénix viene a ser sola en las dichas. Oy a tu hermosura puede rendir tropeos la envidia. A tu amistad obediente laureles rinde Cerdeña. A tu Majestad se ofrece el suerte Polidamante, Honrar a Sicilia puede con su valor y su fama. Si con desprecios me ofende Aurora cuando la adoro, que me aprovecha que reinen en su pecho cortesías? Que si a desposarse viene con Albano, que me importa que esté a mi voz obediente la máquina de los cielos. Pero pues mi amor me mueve a que sirviendo la venga cuando desdenes me ofrece, verá el cielo, y verá el mundo que con armas, fuerza y gente sus casamientos impido. Y cuando no me aprovechen con la máquina en que puedo hacer que estrellas me tiemblen estorbaré sus intentos. Si mi padre se detiene en cumplir su obligación, es porque la armada gente de Chipre, tiene a su cargo. Esa disculpa se debe señora al Príncipe Albano, que solo en servirte entiende, alojando tus es cuadras. A tus pies; ay triste suerte! humilde llego a servirte. Honrar a Diana puedes, que es hija de Polinesto, privanza que hoy solo tiene en sus hombros mi corona. Bien su hermosura merece lisonjas de mayor fama. 1. Ya por gozar parabienes de las venturas que aguarda, tu esposo el Príncipe viene. Logró amor mis esperanzas, Qué rigor! . Qué pena! Deme vuestra Majestad las manos, si es que el amor las merece, de quien la adora rendido. Cielos! qué prodigio es este? engañoso fue el retrato, mintiéronme los pinceles: no es este el rostro que vi; no hay a quien el gusto apele. Si he de cumplir mi palabra? (. Preciome de vuestra siempre; y así, como a dueño (ay, cielo!) quiere mi amor que sujete el corazón que os ofrezco, si antes no llega la muerte. Posible es que una palabra tanto obliga, tanto puede? Que tierno la mira Albano. A, traidor, y como vence la ambición a las promesas! más presto en tu sangre aleve logrará Amor mis venganzas. Temo que el fuego reviente por los volcanes del pecho. Las promesas de los Reyes deben escribirse en bronce, porque permanezcan siempre. Y pues que di mi palabra de que para merecerte, Albano, sería primero Rey de Sicilia, conviene que el laurel que en el renuncio ciña su dichosa frente. Albano es ya vuestro Rey, vasallos decid que reine, y que largos siglos viva, para que en paz os gobierne. Viva Albano. Muera Albano. Quién más venturas ofende. Viva Segismundo. . Viva aunque a su abuelo le pese. Qué voces son las que escucho? Quién hay que en Sicilia intente novedades, cuando el mundo me rinde heroicos laureles? Salva tu vida, señor: mira que a matarte vienen tus mismos vasallos. Celio, que dices? . Señor, que vence la inobediencia al respeto. Dicen a voces, que tienen Rey legítimo, a quien tú mandaste darle la muerte. Es su nombre Segismundo, que feroz, como valiente, acaudillando soldados, que Polinesto le ofrece. Entra furioso en Palacio: y ellos que agradarle quieren, dicen que ha de ser su Rey en tu vida: y le incitan que se vengue. Caso extraño! Si con esto se impidiesen mis bodas. Mis escuadrones haré que Italia los tiemble, viéndome en campaña armado. Hubo más dichosa suerte? Ya puede tener mi amor remedio. Quién hay que intente tu ofensa, estando yo vivo? con escarmientos crueles daré venganza a esta injuria. Muera Manfredo. No llegue sino es humilde a sus plantas, quien agradarme pretende. En tu desensa mi espada esgrime airosa. Quién eres mancebo, que así me das la vida? Quién más os debe: vuestro nieto Segismundo soy, que a vuestros pies merece blasones de vuestra sangre. No los sagrados laureles de Sicilia he de quitaros cuando los del Indio Oriente a vuestras plantas se humillan. Rey sois a quien obedecen los vasallos que miráis, tan leales, como fuertes, Polinesto me guardó, para que a Sicilia herede; mas después de vuestros días. Es sombra que el alma vence con prodigios admirables! Cielos, qué miro! no es este el gallardo original de aquellos vivos pinceles que tengo en el alma escritos? Oh, cómo los sueños miente! que cuando no haya más prueba para conocer que hierbe mi sangre en tú mismo pecho, que ver cuán humilde vienes a defenderme la vida, cuando el Imperio te ofrecen, por nieto te confesara. Pues, señor, mientras gobierne el alma el valor del pecho, procuraré defenderte. Cuánto debo a Polinesto! pues por él tus brazos pueden vencer en mí los temores de la imagen de la muerte. Vuestro Rey es Segismundo vasallos, que el alma tiene con sangre impresas sus señas. Mi abuelo mientras viviere solo es vuestro Rey, soldados. A los dos rinda laufeles la fama. Quién tal creyera! que quiere amor que respete a quién el Reino me quita? Contienda dudosa tienen el amor y la promesa. Ya no es posible que quiebre mi palabra, a Albano debo la fe de esposo; y me vence el amor de Segismundo: qué haré en dudas tan crueles? Dándose están la batalla: ya a mi padre pertenece el cargo de mis escuadras, pues es razón que le deje sin ir a darle favor? Nieto, mi Reino se pierde: quiero ver si mi presencia templar sus rigores puede. Viva Segismundo. Muera, pues que arrogante se atreve al mismo Sol, en que Aurera despide rayos ardientes. Eres la Reina de Chipre? Qué quieres? yo soy. Mil veces miente la fama, más bella que el mismo Sol resplandeces. Mas a qué aguardo? Qué espero? . Aurora? Mi padre es este: su voz seguiré animosa. En vano el amor se atreve a obligaciones de honor: haré que los montes tiemblen de mi furia; ea soldados, que quien a la guerra os mueve ha de ser rayo en Italia. como Alejandro en Oriente. Qué furor te precipita? qué orgullo te desvanece? si has de ser rayo en Sicilia, yo el Júpiter que gobierne el fuego con que amenazas, que como al fin se resuelve en humo, haré que el viento tus arrogancias desprecie. Toca al arma. . Alarma toca. Qué arrogante qué te atreves! Qué hermosos matan tus ojos! Tiemble Italia. El mundo tiemble. Mucho puede su valor. Mucho su hermosura puede.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Ya de Chipre la hermosura vencer las fábulas puede, pues con tanto extremo excede la verdad a la pintura. Ya con la luz que atesora muestra entre hermoso arrebol que esta es la casa del Sol, siendo el Palacio de Aurora. Murió su padre en la guerra de Sicilia, y retirada con su gente, al mundo airada, en Chipre su luz destierra. Aurora en llanto profundo ruego al Cielo que el rigor vencido premie el amor de nuestro Rey Segismundo. Aquí esperar me mandó, mas por donde va saliendo, negras nunes van cubriendo rayos que el Sol envidió. La púrpura que vestía, porque a las sombras iguale, con funesto luto sale como de la noche el día. No sé, como en tanto amor puedas lograr tu venganza. Mucho, Segismundo, alcanza; pero vencerá el rigor. Deme vuesa Majestad los pies. . Bien venido seas. Porque salud le deseas a quien con tanta crueldad me quitó el Reino, ocasión de que muriese en la guerra tu padre? en tu misma tierra te dará satisfacción su muerte. . como no adviertes cuando en tu rigor porfías, que para venganzas mías son menester muchas muertes? No ejecuto mi rigor, que siento afrenta en un viejo; gozar piadosa le dejo las leyes de Embajador. Di, a lo que vienes? . Señora, Segismundo, a quien los cielos piadosamente guardaron su corona en su destierro; hoy por mi lealtad la goza como Príncipe heredero; porque ya muertos sus padres, hereda el Reino a su abuelo. Los contratos de tus bodas, bien te acuerdas, que se hiciero con aquel, que de Sicilia fuese Rey: y así primero que tú le dieses la mano, renunciaba en el Manfredo el Reino, para que fuese el que tan alto sujeto como el tuyo mereciera de aquella corona el dueño. Hoy, pues, por mí, Segismundo te ruega que los conciertos pasen con el adelante, pues goza ya de su Reino legítima sucesión: euitáranse con esto las ya comenzadas guera, los aparatos soberbios que en tus armados bajeles amenazan nuestros puertos, tantas máquinas, que el mar mostró en abrasados leños del fuego encendiendo el agua, del agua venciendo el fuego, tantas muertes, donde pudo la crueldad turbando extremos ir aprendiendo crueldades, que ignoró su mismo pecho. Paz segura te promete, y del Rey tu padre muerto tan vivas satisfacciones, que humilde a tus plantas puesto esclavo de tu hermosura, confesándote por dueño, te da la mano de esposo; con la posesión del Reino. Que esto escuchas, cuando miras por tan afrentosos medios con desprecio tu venganza, sin temor su atrevimiento? Cuando tus vasallos todos venganza te están pidiendo de una muerte tan injusta; tú con tan cuerdo silencio escuchas a tu enemigo. Basta Albano, que el intento de las ofensas que callo, algún día querrá el Cielo que le dé satisfacciones a mi espada. . Si el respeto de la Reina no templara los rigores de mi pecho, borrando antiguas memorias de torres, muros, y templos: diera en venganzas a Chipre temerosos escarmientos; porque abrasando edificios en monumentos de fuego, fueran el humo, y las voces, trágicos triunfos del viento, Esperad, esa cortina corred; descubrid el cuerpo de quien para su venganza heredé el valor, que muestro. Cuando tan enamorada me descubriste tu pecho, y adoras en un retrato al que confiesas por dueño; como de su original pides venganza a los cielos. Camila, el honor da voces, satisfacerle pretendo. Espantosa prevención! como ha estado tanto tiempo el Cadauer sin sepulcho? Amigos estadme atentos. ̱ Este que muerto veis, helado y frío, vivo despertador de mi venganza, a quien piadosas lágrimas envío, el Rey de Chipre fue, cuya esperanza muerta en el mundo, y en el pecho mío, alentada ocasión tan fuerte alcanza soberano valor del cielo quinto, que más Planeta, que mujer me pinto. Muró cual veis, atravesado el pecho, sin dar lugar a que mis tiernos ojos pudiesen de la guerra en tanto estrecho del Cadaver banar mudos despojos: Dio la sangrienta arena último lecho al más claro varón, causando enojos al mismo Sol dejando en noche fría sin luz el cielo sin Aurora hel día. Dio la piedad en re el funesto luto seudo al amor; y acreditando penas, a sus exequias rinden por tributo sangre los ojos, lágrimas las venas? No que su efecto en el copioso fruto de amor y llanto, que bañando arenas del mar piadoso a mi incansable ruego, llevo entre espumas lágrimas de lugo Aquí el llanto cesó; no la memoria, causa fatal del sentimiento mío: Semira mis honró pincel y historia desde el caliente Sur al Norte frío: Imitadora soy de tanta gloria, que mi venganza con valiente brío abraza la crueldad con lazo estrecho, rompiendo el luto, y descubriendo el pecho. Vive mi padre en mí, porque en su muerte nunca murió el valor; que en las heladas cenizas de mi ardor, el mundo advierte nuevo Fénix en llamas abrasadas: Vuestro Príncipe soy, del pecho fuerte os rige mi valor, que a las doradas luces del Sol, que en rayos se eterniza daré en arnas de fuego a su ceniza. Verá Sicilia en trágicos sucesos, (fun esta emulación de sus volcanes) duras montañas de amarillos huesos, como ella oprime bárbaros Titanes: Si allí en cárcel de fuego viven presos, aquí verá de muertos Capitanes a mi encendida luz nuevos Faetontes, amenazando al Sol entrambos montes. No tendrá Segismundo en el dorado cerco del Sol, cuando volar presuma, seguro asilo, ni lugar sagrado en pies de viento, en piélagosa espuma: Ni gozará mi padre el venerado digno sepulcro de la Griega pluma, porque despierte en trágicos tropeos vida a su honor, venganza a mis deseos. Cubrid el cuerpo, y mi respuesta sea la helada imagen que miráis presente; nadie piedades de mi pecho crea, airado Marte soy, Palas valiente: Anajarte cruel, feroz Medea, dilatada venganza, rayo ardiente, ira, pena, rigor, rabia, desvelos, del mundo asombro, y furia de los cielos. Admirable valor. . Que en su hermosura blanda lisonja de purpúreas flores: viva la luz de la piedad escura, entre nuves de bárbaros rigores. Que bien la Reina dilatar procur- al mundo su venganga, y mis lavoro pues entre furias me ofreció crueles glorias su amor, y su rigor laureles? Segismundo verá, que el heredero soy de Sicilia. Cansaraste en vano. Apenas entre láminas de acero armado me verá el feroz villano cuando en sangriento campo. En el espero, que su valor conozcas soberano. El ser Embajador. Pues algún día lograré su venganza con la mía. (ras Detente Albano, apresurar no quie al tiempo la venganza, cuando miras sobre el Faro pendientes más Galeras que agravios guardan tus celosas iras, de Chipre, y de Cerdeña en olas fieras levantaran al Sol sangrientas piras, si el enemigo en líquidos cristales espera nuestras máquinas navales. Tu amigo soy, y coronarte juro, dando laureles a tu heroica frente, con que mi Reino libertar procuro del seudo injusto, que pagó obediente a Sicilia, mi padre: y pues seguro te obedece mi ejército valiente, valga la industria en los futurosdaños arme cautelas, y descubra engaños. Es mi prima Camila, a quien Aurora comunica del pecho los más graves secretos; de ella supe como adora un retrato, no el tuyo; que ya sabes que Polinesto con la fe traidora como tiene del Reino cetros, llaves para lograr más bien su aleve trato. trocó por el villano tu retrato. Este vio Aurora, y de el enamorada los contratos firmó; pero la muerte del Rey su padre la dejó abrasada en la venganza que tu vista advierte: mas por si amor de la ceniza helada a su primero fuego la convierte, y no pudieron mis armadas velas darte a Sicilia, venceran cautelas. Ya sabes cuanto ahora está valida la Magia; en ella soy tan eminente, que cuando de su amor quede vencida y el opuesto poder tu agravio intente de los Polos la máquina oprimida a mi ciencia verás tan obediente que pondrá a Segismundo mi desvelo, donde solo librarle pueda el cielo. Dame esos brazos, que en tu ciencia fío y en tu valor que respetado veo en las venganzas que a Sicilia envío, lograrse ya mi amor, ya mi deseo. El Sol se opone al pensamiento mío; que ya la Reina por mayor tropeo nos espera en el mar. Dichosa nueva. Zarpando van el ferro. . Toca a leva. Toca a leva. Es posible, que no sabes la respuesta que le dieron a mi padre? . No quisieron tratando en cosas tan graves tu padre y el Rey pedirme consejo; ni yo le diera, porque me trae de manera este modo de vestirme, que pienso han de acabarme estas calzas, aunque se que ellas me tienen en pie, porque no puedo sentarme. Pues cuando pensé logradas mis dichas, vivir holgado, para vestirme me han dado un hato de cuchilladas. En cuya ciega espesura de calzada Religión antes de hacer profesión padezco estrecha clausura. De eso estás triste? . No debo estarlo, pues al traellas, jamás supe, aunque anda en ellas, si me llevan, o las llevo. Qué fáciles son tus dichas. Dificultades prevengo. Donaire tienes. . No tengo sino calzas, y desdichas. En tus burlas divertida pude templar los recelos; mas ya a manos de mis celos de nuevo pierdo la vida. Memorias que pretendéis en mis turbados sentidos, pues cuando más busco olvidos, en más amor me encendéis? Por un Reino despreció Albano mi firme fe, y cuando más le adoré ingrato me aborreció. Permitidme pues memorias, que ya juzgo por ajenas, no me atormenten las penas de tantas pasadas glorias. Cuando más busco venganzas, mas me enternece su amor: y entre piedad y rigor se alientan mis confianzas. Viva el desdén tengo miedo; fue traidor, hame obligado: es ingrato, fue adorado; matarele, cómo puedo? Si cuando animado estoy, los desdenes que le ofrezco, fingiendo que le aborrezco de nuevo el alma le doy. Qué enredo tan importuno! Aliente Amor mis cuidados. Yo he visto pollos calzados, pero Choriso ninguno. Si a caso fueron conciertos de paz los que se trataron; si mis celos se templaron siempre en mi dolor despiertos. Que si se desposa Aurora con Segismundo, está llano que será mi esposo Albano, cuya ausencia el alma adora, De ti al fin tener no puedo en mis tinieblas más luz. No juro a Dios y a esta cruz, y a las palabras del Credo. Pero tu padre y el Rey vienen. Permitan los cielos que no ejecutén los celos en mí su tirana ley. Tan vengarivo furor mostró la Reina, que luego rompiendo al mar el sosiago, dio a nuestros puertos temor. Apenas rasgando espumas del elemento cruel pudo volar mi bajel con remos de pardas plumas. Cuando las armadas fieras de Cerdeña y Chipre alzaron velas que al Sol engañaron, formando nuves ligeras. Y entre uno y otro fanal, como el Dios, amante Toro, con proas de Evano y Oro siguen rastros de Cristal. La Reina en furia abrasada tanto mis pasos seguía, que mi bajel parecía pino de su misma armada. Salté en tierra, y esperé sus Capitanes pidiendo que cese el Marcial estruendo; que Marte suspenso esté. Hasta que a la Reina vieras, y que de paces trataras, tantas muertes escularas, y tantos riesgos vencieras. Que como sé de tu amor, que quieres con él vencer, descubriendo en tu poder mas la piedad que el rigor. Y ordenaste que su armada tomase puerto segura, cuando estorbarles procura nuestro ejército la entrada. Confiado en tu valor estas diligencias hice, pues con ellas satisfice a mi lealtad, y a tu amor. La respuesta espero aquí de Aurora; y cuando no quiera la paz que tu Rey no espera, fuerza y valor hay en ti, para mayores tropeos. Agradezco, como es justo, tu lealtad, pues en mi gusto tanto alientas mis deseos. No merece mi cuidado su vista, que en glorias tantas poco es rendirle a sus plantas el Reino que tú me has dado. Que tanto Aurara hasentido un engaño tan dichoso cuando cobra por esposo un Rey de Europa temido. Diana, en el cielo fío, que estás guerras han de dar ocasiones de lograr cierto pensamiento mío. De esos altos miradores de palacio podrás ver el mar que el campo ha de ser de paces y de rigores. Pues con tu licencia quiero ser atalaya del mar, adonde podré llorar las desventuras que espero. Desde esta puerta que mira al mar en tanto que siene re puesta, de quien previene el valor que a Marte admira. Entre las tiendas Marciales verás como resplandece la de Aurora, que amanece como oriente en los cristales. Pues desde la rubia arena donde reflejos envía, es blanco Farol del día, del mar nermosa Sirena. Esperando desconfío el bien de poder hablar a quien no puede llegar ni aún el pensamiento mío. Que ama tanto mi afición imposibles, que no alcanza que viene a ser la esperanza en mi desesperación. Qué esperanzas ni temores te pueden causar cuidado, si está Choriso a tu lado, como Dios hizo unas flores. Con sola una diligencia que se haga, te aseguro victoria y Rey no seguro. Y cuál es? . Ya en la experiencia mis temores son testigos, pues como vayan llegando, solo con illes echando calzas a tus enemigos, podrás vencer su escuadrón; que si desnuda es tan fuerte; que será de ver la muerte hoy en calzas y en jubón? 1. Ya la Reina está esperando para hablarte. No echaremos a este calza? Sg en mis extremos plumas estoy envidiando, que de la sutil región del viento vencen ligeras, entre éículas y esferas la breve imaginación. Porque en su vago elamento tan presto a ver la llegara; que atrás volando dejara a mí mismo pensamiento. Tan ligero como el al pabellón has llegado de la Reina. . Mi cuidado por amoroso eruel desde esta margen advierte los ejércitos de Aurora. Rayos su luz atesora; plega a Dios que amor concierte sus contrarias voluntades, porque logre mis deseos. 1. Ya con hermosos tropeos de vencidas majestades sale Aurora a recibirte. La palabra prometida espero verla cumplida. Yo haré que llegue a tendirte despojos su vencimiento: que mal entiendes mi amor, cuando me da su favor (. cobarde todo elemento. Necio es quien desprecia el bien, cuando lo puede gozar. Que yo me llegue a turbar no es mucho cuando se ven medrosas en tu presencia las estrellas más lucidas, pues para verse vestidas de luz, te piden licencia. Que si tú belleza advierte, te importa darme valor, pues la victoria es mayor, si el enemigo es más fuerte. Que si venganza desea ( mayor tu pecho esforzado, sin armas la has alcanzado, permitiendo que se via. Vuesa Alteza se levante. Mal podrá ser mi valor sin fuerzas de tu favor, de tu mismo Cielo Adlante. Tú misma mano será quien mi humildad eternice. Aunque al rigor contradice, ninguno vencer podrá por humilde ni cortés los pensamientos de Aurora, y así le levanto ahora por derribarle después. Quién vio hermosura mayor? Fuego mi pecho despide. Mi honor vengazas me pide; pero ternezas su amor. Traed sillas. . Sus desvíos trueca en amantes trofeos. Encienda amor sus deseos, porque se logren los míos. Vuesa Alteza tome asiento, que así le quiero pagar. el ver que pudo obligar tan cortés mi pensamiento. Que el no querer resistirme la entrada en su puerto, ha sido mostrar que un Reino vencido puede obligarme, y rendirme. Que como a la fuerza mía se mira en todo inferior, lo que no puede el valor pretende la cortesía. Y así pues solo al poder da mi venganza lugar, cortés le pienso pagar para poderle vencer. Su desdén el alma adora. De celos estoy perdido. Estrellas favor os pido. Muestre mi Mágica ahora su poder, viven los cielos, que antes que el Planeta ardiente se despeñe al Ocidente, me he de vengar de mis celos. Yo le pondré donde pueda ver lo que mi ciencia alcanza. Para, fortuna, tu rueda. No hay concierto en mi rigor. Pues qué pretendes? . Vencer. Eres monte? . Soy mujer. Quién te incita? . Mi valor. Quién me condena? . Tu suerte. Podré esperar? . Es en vano. Quién me ha de vencer? . Mi mano Tiene mi vida? . Y tu muerte. Tienes un retrato? . Yo? por ser tuyo le rompí. Al fin he demorir? . Sí. Que no ha de haber piedad. . No. Siento el perderla el decoro. En mis venganzas me animo. Mas ofendido, la estimo. Mas, desdeñosa, le adoro. Sabe el cielo: mas mi gente admira ya mi sosiego, viendo dilatarse el fuego, de su venganza impaciente. Qué, señora? . Que su Alteza a la ciudad se retire, y por su persona mire; porque sola su cabeza es el último concierto de paz que mi gente espera. Que pues soy viva heredera del valor de un padre muerto han de ver por justa ley que soy con pecho esforzado para vengarme soldado, y para regillos Rey. Pues qué eliges por partido el rigor, será forzoso el defender valeroso lo que te ofrezco rendido. Mas, si pretendes vencer, no salgas a pelear, que en llegándote a mirar, no has de ponderme ofender. Porque al vengarte de mí, viendo que en mi pecho estás, tu misma me guardarás, para no matarte a ti. Busca, pues, en tu esperanza, pues te da tu furia aliento, para salir con tu intento, nuevos modos de venganza. Que yo también por morir a manos de tu poder, esfuerzos he de aprender para poderme rendir. Deja vanas cortesías; quién escucharle pudiera! Tarde tu rigor espera cuando tú el valor me envías, Tu valor bendiga el cielo. Aquí mis calzas están. Que valiente, y que galán. No hay quien me cause recelo. Pues allá verás quien soy. Allá obligarte sabré. No sé si vencer podré. Preso quedo. . Muerta voy Ahora Polidamante en tu mano vencedora están las glorias que espero. Seguras están tus glorias. Vete a acompañar la Reina, Albano, que la espantosa ciencia que al cielo se opone, la verás lograrse ahora. Presto verás mis deseos cumplidos y que corona Sicilia, tu altivafrente. Para que yo reconozca que es de tu mano el Imperio, y que tu nombre se oponga contra caducos olvidos en inmortales memorias. . No voy contra la palabra de Rey pues mi voz pregona qué he de cumplir mis deseos? Si Albano piensa que logra los suyos en mi esperanza, es porque mi amor ignora. Amante soy, si prometo que Segismundo entre sombras, de Mágicas apariencias, ha de perder la corona. Es por mi propio interes, pues así podré de Aurora sin estorbos de sus celos gozar amantes lisonjas. Ya en medio de los dos campos seguro piensa que goza sus intentos Segismundo. Ea nieblas vencedoras del ardiente Sol, ya es tiempo que su clara luz se esconda a mi obediencia os obligan los cielos, a quien ahora fuerzan mis mágicas voces. Ya las nuves procelosas amenazando diluvios, nuevos prodigios abortan? ya ostentan oscuridades, ya los Polos se trastornan. Ya Segismundo perdido, oyendo la voz de Aurora, en cuyo fingido cuerpo mis pensamientos se logran: entre las sombras la sigue, y vanamente se embosea en las redes que fabrico. Aguarda, señor. Aurora? Válganme diez Patriarcas y la docena devota de los Apostoles juntos, quién vio la noche a estas horas? El Sol se acostó temprano, debió de correr la posta. Mas dónde está mi señor? Veredes de aquella roca de mi ciencia los efectos. . Que no trajera yo ahora reliquias contra los truenos: pues decir que no sobran en cas de el Cura mi tío, allá me las dejé todas. Que pude traer la hiel de la bendita palema del diluuio, y una muela de la quijada espantosa de san Tobías, y más una escama de la cola del pez del señor Sansón. Que no basta que las sombras que han escurecido el día, puedan apartarme ahora de mi gente, sin que pierda vestigios que el alma adora, cuando sus voces me llaman, como es posible que escondan su resplandor las tinieblas. Voces oigo y aunque pocas, no soy amigo de voces. Quién es? . No sé. Quién? . La ronda. Eres Chorizo? . Y al humo, que andan los rayos de forma, que sirven de chimeneas las nunes. . Oíste ahora la voz que favor me pide. Tuve una abuela muy sorda. Mas ya pasó la tormenta, y el Sol con luces hermosas mis recelos asegura. Mas donde están las frondosas riberas del mar, las selvas que verdes montes coronan. Dónde está mi gente, cielos! donde las tiendas de Aurora? Yo, señor, solo he sabido que he seguido tu derrota, Y aunque perdidos estamos, donde la noche nos coja; tenemos, que este palacio será de gente debota, que nos dé, a media con limpio, cama después de la sopa. Qué valiente muro ciñe aquesta máquina hermosa. Dónde estoy! qué tierra piso? Segismudo. . Ya de Aurora escucho otra vez las voces. Vuelve, señor, y perdona que te atajo, aunque no atajo las mércedes generosas que el cielo te puede hacer: y tu palabra y tu honra vaya adelante. Qué dices? Que más que la luz hermosa viene. . Bien has advertido. Sobre una dorada roca entre nuves carmesíes que un hermoso oriente forman, entre los brazos de Albano viene dilitando Aurora sus tiernas quejas al viento. Ya la música sonora que la acompaña, se escucha. Haré que los cielos oigan mi venganza con su muerte. Mas quien entre nuevas sombras desvanece mi esperanza? Por Dios, señor, que la roca y el palacio, a un mismo tiempo, deben de correr la posta, los dos desaparecieron. Mira aquesta tierra toda, como en otra nacen hongos, engendra miedos y sombras. deja ya, por vida tuya las borracheras de Aurora, y vámonos. . Oh, villano; olvido quieres que ponga en la belleza mayor? Adónde hermosa señora te encubres, en que silencios quieren mis celos que escondas tu voz dulce a mis oídos? Adonde, insanta Amazona, de tus siempre eburneos ojos su luz encandiladora, huye por montes y valles? calla necio. . Dios me oiga. Del Sol más bello entre nuves se eclipso la luz hermosa. No sé, si el Repertorio puso este eclipse a estas horas. Bárbaro, viven los cielos. Pues de esto, señor, te enojas? no ves que estamos perdidos? deja pretensiones locas. Primero a mis manos fieras verás tu muerte. . No es cosa que me está bien; antes quiero, pues tan mal me galardonas, irme a contara tu abuelo, tus locuras. . Pues mis glorias tan bajamente ofendiste; ya por los aires ahora las nuevas podrás llevar. Matará me, si me arrojas muy lejos. . Despeñarete, porque otra vez no te opongas a la furia de mis celos. Quién vio a Choriso pelota? En poder de mi enemigo la imagen a quien se postra mi alma, y yo lo permito: poro no es bien que me pongas culpa, hermoso dueño mío, cuando es mi dicha tan corta que no merezco morir en tu defensa. Con sombras de estos fantásticos cuerpos, a quien de Albano, y de Aurora, dio fingidas semejanzas mi Mágica, que coronan los vencedores laureles, en los encantos se engolfa Segismundo; de la guerra el belico son ahora divierta sus esperanzas, dorque en sus confusas sombras pierda del todo la vida. . Hubo suerte mat dichosa! Aurora es esta que viene defendiendo su persona de mi mayor enemigo. Villano, como blasonas cuando a una mujer agravias? Mas quién mi furia reporta! quién me detiene! que encantos me obligan, que no socorra los sucesos del sol que adoro! Guerra, guerra. Viva Aurora. Viva, pero no mi honor pierda su opinión dichosa. Victoria por Chipre. Cielos, qué escucho! quien la victoria contra Sicilia declara? Pero ya en confusas tropas mis soldados se retiran. Ya los contrarios pregonan la victoria: pues que aguardo cuando mis fuerzas asombran rayos de la ardiente esfera! Polinesto al arma toca. Volved soldados, volved: no así con fuga afrentosa borréis antignos blasones, que a mi espada vencedora mayores triunfos aguardan. Segismundo; así las glorias pierdes de amor? . Con tu voz nuevo aliento el alma cobra. Ya te sigo. Al arma, al arma. En qué dudas tan forzosas divierto mis esperanzas. Pero quien hay que se oponga a la fuerza de mi amor? Aunque vueles, poco importa Albano; que he de alcanzarte. Y a Sicilia la victoria volveré a dar con tu muerte. Espera divina Aurora, que Marte y Amor me han dado en empresas tan honrosas, para seguir los deseos, y para alcanzar las obras.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Esperad. . no hay que esperar. Advertid. . No hay que advertir: Vive Dios que has de morir, o a Sicilia has de entregar. Falta el Rey; y cuando estamos dándole a Cipre venganzas, tú con muertas esperanzas permites que nos perdamos. No miras los escuadrones de Aurora opuestos al cielo, que faldas del Mongibelo son más que peñas pendones. Pues a qué aguardas, que intentas? especie es ya de traición, y paliada ambición la que en nuestro daño alientas. Murió el viejo Rey Manfredo: y cuando a su nieto llama pública a voces la fama, que lo tiene oculto el miedo. No sois vasallos leales. Nuestra se conoce el mundo. Pues no tarda Segismundo; con pensamientos reales vive; que lo guarda el cielo. Tarde tu voz le defiende, Albano el Reino pretende, el nuestro es piadoso celo: que no es razón que veamos por tu causa tantas muertes. Oíd. En tu daño adviertes partidos que no acetamos. Las ciudades, y castillos que con juramento guardan tus órdenes, solo aguardan tu firma para rendillos. Esto has de hacer, si pretendes vivir. Qué es esto? señor rinde al peligro el valor, pues ves, que en vano defiendes a Segismundo; no llega por el Cetro que le das, y tu defendiendo estás lo que su temor le niega. Ríndete ya a la fortuna; y no con pecho obstinado te opongas, pues te ha dejado tan sin esperanza alguna. Tome posesión Albano del Reino; pues ya los cielos permiten, que entre mis celos llore su imperio tirano. Tú me aconsejas Diana que sea a mi Rey traidor? No es verdadero señor dueño de acción tan villana. Si es nuestro Rey Segismundo, como así nos desampara; y en su peligro repara cuando le avergüenza el mundo? Cuando tantos enemigos tiene en su casa, le ausenta, sin ver que en su misma afrenta hace a los cielos testigos. Albano es del Rey sobrino, y quedó por su heredero; y cuando fuera extranjero, por su valor era digno de la corona Real; que al Reino es más conveniente un extranjero valiente, que un cobarde natural. Amor, mas que la razón la enseña en casos tan graves; pero he de entregar las llaves, he de dar la posesión a Albano; sin ver primero que Segismundo murió? si a Nápoles se volvió (. temiendo el peligro fiero de la guerra; en tantas dudas qué he de hacer? Qué determinas? si a la razón no te inclinas, y de propósito mudas, verás en tu sangre tinto este acero. . Espera un poco, mira que es intento loco, señor. . En qué laberinto me ha dejado mi lealtad? morir primero quisiera. Advierte que Albano espera tu resuelta voluntad; y tus palabras escucha. Hay linaje de tormento más fuerte? mi serimiento con nuevos temores lucha. Polinesto, en qué piensas? si juzgas por ser vicios las ofensas, y por ellas pretendes premio seguro, tu lealtad ofendes. A Sicilia engañaste con el fingido Rey; y me quitaste la opinión adquirida, a costa de mi honor, y de mi vida: si tu maldad adviertes, tu fuiste el causador de tantas muertes, que en infinitas sumas lloran pinceles, y lamentan plumas. Heridos y cansados mira al temor rendidos tus soldados, y las escuadras fieras de Chipre tremolando las banderas, entre cuyos rigores, soldados abortando en vez de flores, las ásperas montañas niegan piedades afrentando hazañas, Ya ves que huyó cobarde, sin que las dudas de laguerra aguarde ese monstro villano, ese heredero de Sicilia, en vano soberbio y arrogante: que bien cumplio su fe Polidamante, pues Reinos me previene, (̱. cuando entre sobras mágicas detiene a mi enemigo fiero; que aguardas pues, si la Corona espero? Oscuro nombre aguarda el valor, que por miedo se acobarda. Cómo es posible, cielos, que pueda más su amor, que no mis celos! Por su Rey debe un homer- sin que la muerte y su temorl a sombre, dar mil veces la vida, por el y por la patria es bien perdida A que aguardáis soldados, cuando os contemplo de furor armados? Muera el loco villano, que así me ofende. Muera, y viva Albano. Yo en paso tan estrecho ofrezco el mío por guardar tu pecho. Soldados, que es aquesto; en mi palacio, y contra Polinesto tan soberbia licencia? Señor advierte. La mor al senteneia tu vista ha revocado. Podo suceso haber más desdichado, pues fue en vano la ciencia, que dio a Polidamante en su experiencia la fama, en quién confío? Quién en Sicilia con tan loco brío te dio Albano, licencia? (cia. La causa fue, señor, tu breve ausen Embajador he sido de Aurora. Y a su luz desvanecido, con poderosa mano quieres dar a Sicilia Rey tirano? si trujiste embajada, que vienes a pedir con gente armada? la exennción has perdido de Embajador, y tu delito ha sido merecedor de muerte. Por nuestra dicha se trocó la suerte; engañonos a todos, y persuadidos por diversos modos faltando tu persona, le dábamos injusta la Corona; pero ya que has venido, su pensamiento pagará atrevido, Señor, no muera Albano; mira que las crueldades. Cuán en vano cubrir su amor procura con los engaños que en su fe asegura: mas aunque su amor veo, por su piedad perdono su deseo. A tus pies pues que gano en ellos tal favor; para que a Albano le des la vida, llego anteponiendo a su impiedad mi ruego. Viva pues tú le amparas. Al mundo tu nobleza así declaras. Es mi padre en efecto, pues ofendido le guardo respeto defendiendo su vida, El alma me ha dejado agradecida, mas puede Aurora. Vuelveto, Muano y si veniste ahora resuelto y confiado, mira que vivo estoy, que no han bastado vuestros encantos viles contra mi pecho, que del Griego Aquiles imitación es fuerte; pues cuando por librarte de la muerte en tu favor trujeras a Sicilia más armas y banderas que sujetó en Oriente, turbado el Ganje, el Macedó valiente, con infame huida vientos vencieras por salvar tu vida: Vete. Mucho blasonas, cuando quisiera verte más Coronas cíbicas y murales, que Rona guarda en trágicos Anales; porque vencidas, diera rayos a mi furor la ardiente esfera. Veré, que quien te envía me obliga con su nombre a cortesía. Si sales a campaña verás entonces que el valor te engaña. Señor, con que fortuna dejaste al Sol sin esperanza alguna de dar más primaveras, que sin tu luz se eclipsan las riberas del Reino que te adora. Pues ya salió mi espada vencedora, aunque permite el cielo que llore ausencias de mi muerto abuelo, cuya penosa muerte, de vuestro llanto mi dolor advierte, escuchad mis sucesos entre victorias de la muerte impresos. Deiré las tiendas de Aurora, que en amorosas batallas despreció mis cortesías, y acreditó sus venganzas. Y acercándome a los muros, como en la torre que labran bárbaras idolatrias, entre confusiones tantas. Descubrí más laberintos que en sus locas amenazas, turbando al Sol edificios, caducas cenizas guardan. A un mismo tiempo las nuves, sobre los campos desatan prodigios en mis sentidos, asombros en mis escuadras. Quiero seguira mi gente, y la confusión es tanta, que veloces desvanecen muros, tiendas, monte y playas. Confuso entre nieblas mudas, perdido entre sombras vanas, escucho la voz de Aurora, que amorosa, si turbada, Me pide favor; seguila, y al verla, tocando al arma mis escuadrones vencidos, entre dudas tan contrarias de amor y honor, la perdí; sibien distinctas y claras, iba escuchando sus voces, que me incitan y me llaman. Por la boca de una cueva entre medrosas fantasmas, siguiendo vestigios mudos, me arrojo por ampararla. Aquí nieto de Manfredo, ocultando tus hazañas, págaras tu atrevimiento. Dice una voz, que amenaza mi vida; mas yo que al miedo desprecié en sombras turbadas. A pesar de encantos viles que forman quimeras falsas, al mudo horror de la cueva le descubrí las entrañas. Mas el pie afirmando apenas vi en unos campos que bañan lagos de sangre, por flores, que sus márgenes esmaltan. Sangrientos cuerpos sin nombre, porque como se desatan de los hombros las cabezas, troncos por las ondas nadan. Era otro diluvió el río; porque sus olas trepavan sobre montes de saetas, siendo muertes las aljabas. De mis valientes soldados vi en la funesta campaña una muerte en cada herida, y en cada gemido un alma. Quiero socorrerlos, cuando furiosos vientos que braman desencajando peñascos, que por átomos juzgaras el Sol su número inmenso, me detienen y desmayan tanto, que al sangriento campo entre sus flores manchadas, rendí la turbada frente. Mas, como al hijo que en varias formas ánima la tierra cuando la tocan sus plantas; así a la vista de Aurora, entre esfuerzos y venganzas cobra mi valor alientos: aquí a no pensar que falsas fueron tan vanas crueldades, de nuevo el alma turbara, porque la vi; qué rigor! que entre las ondas estaba. Favor pidiendo a los cielos, vi la que en sangre bañaba pecho y rostro; y que él esto que furioso Albano levanta. Contra su inocente cuello; detente, que a un angel matas. Voy, viva, a decir; y la voz de la turbación helada, casi al salir de los labios dejo con muda esperanza sin conceptos los deseos, y las quejas sin palabras, Mas como el fuego del pecho cobardes hielos desata, desvaneciendo imposibles, por la margen coronada: De manchados coscletes rotas banderas, y cajas, al arrojarme a sus oudas, siento las sangrientas garras de un león que el paso impide a mis amorosas ansias. Tírole una punta al bruto, y apenas pudo la espada tocar la bellosa piel; cuando los campos esmalta con los rompidos espejos que en su fino temple faltan. Admirado en tanto riesgo con valor, aunque sin armas doy mis brazos a la fiera, que entre los suyos me abraza con tal fuerza, que si el cielo, que con piedades me ampara no asegurara mi vida, viera mi sepulcro Italia. entre mortales hechizos. Mas arropándome al agua, que vierte sangrienta espuma en vez do nevada escarcha, Contra las fuerzas del bruto, que el paso invencible guarda a las fantásticas ondas, por dar fin a mi batalla. Con la espada que de Aurora el pecho de nieve y nácar ronme feroz, a sus pies llegó entre mudas borrascas. Y al asir su ardiente pomo con rosistencias dobladas, siento enamigos mayores, que los elementos arman. Gime la espelunca horrible, y de los dielos se talgan las firmes arquitecturas, que en imagines deradas portentos de luz abortan. Mas entre furias contrarias creciendo mi amante brío, al sacar la roja espada del pecho en la sangre tinto, a un mismo tiempo burladas sus mágicas apariencias; resueltos en sombras llanas. Los bellos rayos de Aurora al querer para obligarla morir abrazando el viento me hallé en las alegres playas. Claro el cielo, manso el viento, libre el Sol, el mar en calma, a la vista de mis muros, sin que de quimeras tantas quedasen vivas memorias mas que un criado que guarda con lealtades mi persona, engaños, sin duda; y trazas? de cobardes pensamientos, que como el valor les sulta con encantos aseguran lo que no pueden con armas. Mas, como el cielo en mis dichas para vuestro bien me guarda, a vuestros ojos me ofrece para victorias más altas. Sus escuadrones he visto que ocupando la montaña, a mi ejército se oponen en una misma distancia. Mas antes que en nuves de oro llantos desperdicie el alba al son de animados ecos, les pienso dar la batalla. Que contra victorias mías, que eternos bronces aguardan rayos fieras, montes, fuegos, cuevas, nuves, sombras, y aguas: serán en mi resistencia polvo viento humo, y nada. Vivas mil gloriosos siglos, para que en ellos la fema tus venturas eternice, y acrestite tus hazañas. No en vano pregona el mundo lo que de la Magia alcanza el fuerte Rey de Cerdeña, pues con ella aseguraba sus victorias; pero el cielo desmintió sus esperanzas. Quién vio prodigios malores? Que valor al suyo iguala? Todos estamos acá. qué ay, Chorilo? . Mi Diana; Polinesto de mis ojos; Segismundo de mi alma. Dónde has estado? . Oh que lindo: luego entre la historia extraña de Segismundo, no fue mi relación a las ancas? Pues oigan, estenme atentos, que en brevísimas palabras les diré cuantas son cinco. que donaire. . El tejto habla: Reprendiendo a mi amo de un disparate en que daba; dejándome de su mano, con una furia inhumana me arrojó por esos trigos; trigos dije, mala Pascua me dé Dios, si no eran peñas, y peñas muy espigadas. Adiviné que era encanto, porque desde allí me arrastran a una sala algo trigüeña: era una zorra pagiza, con once varas y cuarta de cola, nadie me tire, que aún pienso, que era más larga. Yo, pues, que me vi en lo oscuro diestro en historias profanas, como el que asido a otra zorra, salió a libertar su patria, agarrado de la mía, aunque ella lo rehusaba; la venei con cortesía. después de andar a puñadas. Alzo en prendas de amistad la cola que me guíaba, por plumaje que la adorna, por bordón que me acompaña. Íbame contando cuentos; y sacándome a campaña, a un mismo tiempo huyeron cola, monte, peña, y cuadra. Vime al lado de mi amo, y llorando la desgracia de mi ausente compañera, que más de dos la tomaran. A no saber que era encanto, presumiera que soñabas. Lo que es en cuanto a la cola, nadie dirá que era salsa, que era cola de Milan. Ya, señor, tiemblan tus armas los enemigos. . Pues vea el mundo entre mis hazañas puesta a mis pies su soberbia. Hasta morir te acompaña quien te guardó la Corona. De nuevo te rindo el alma, Aurora; porque tus ojos me vencen más que tus armas. El cielo les dé victoria: pero entre dudas contrarias no sea acosta de la vida de Albano. Por Dios, que con mi cola he de entrar en la colada. Que no pudiese vencer con encantos su valor. No era matarle mejor, pues estuvo en tu poder? No, que la traición no vive jamás en pecho Real; que si a tu rigor igual fuerzas mi ciencia apercibe. Fue solo porque pudieras poner (mientras divertido presta su nombre al olvido) sobre el muro tus banderas. Que de ella suerte pensé (. lagrar mi amor; mas ahora que en sus venganzas Aurora promete palabra y fe de esposa; a quien pueda tanto que le traiga muerto, quiero que pueda ahora el acero lo que no pudo el encanto. Eterna será en el mundo tu amistad. Bien lo dispones, (. mientras que tus escuadrones esperan a Segismundo, quiero ocupar la ribera, para no darle lugar, que pueda librarle el mar. Muera Segismundo. . Muera; bien el amor me encamina porque sus glorias espere, que si en la guerra no muere, fabricada está una mina. En el alma de una cueva que es del monte oculta puente, por donde baja su gente. Hoy su destino le lleva a la muerte, sin que lleguen Polidamante, ni Aurora, a saber mi intento ahora, que temo que el paso nieguen. Ya en el monte, que ha de ser su abrasado monumento, dan sus pendones al viento; que presto espero vencer. Ya viene Aurora a quien yo pretendo servir de guía. Soldados, este es el día que mi venganza espero. Hasta el opuesto orizonte huiran mi nombre, temiendo que yo en persona pretendo desalojarlos del monte. Qué pretende con subir la Reina a nuestra montaña. Mucho su valor la engaña, bajémosla a recibir. Aunque como solo voy oponiendo a sus ofensas, enamoradas defensas, dudoso y confuso estoy. Solo intentando que vea que hay fuerza que la resista. Temiendo voy que me envista otra zorra. Bien se emplea mi engaño. Cuanto me alegro de ver que esté vivo! Quién pudiera dalle, sin que honor perdiera, ocasión para vencer. Ya sobre la mina está, y aunque recelo su muerte, si mi cuidado la advierte, por traición la juzgará. Como avisarla podré de mis pensamientos fieros, si aguardan los ingenieros a que sobre el monte esté Segismundo; y la señal ha de ser el duro acento de sus trompetas, ya siento como afecto natural. Mas la pasión de mi amor quiero apartarla, señora advierte que el riesgo. Ahora pones duda en mi valor? Ea soldados ya tenéis la ocasión que deseáis. Capitanes, no ofendáis los rayos del Sol que veis. Con una traza ingeniosa su vida he de asegurar. Mira que te viene a hablar Polidamante; forzosa es la ocasión que le mueve, que una poderosa armada dejando la mar turbada, a tus Galeras se atreve, y el orden quiere saber que le das. . Adónde queda para que avisarle pueda de lo que pretendo hacer, Ya sube el monte. La prisa me llama; a avisarle voy. Qué venturoso que soy! . Su retirada me avisa que temen; alarma enviste. Válgame el cielo! Traiciones caben en mis escuadrones? Cayó Segismundo: ay, triste! si está muerto; la esperanza perdí: perdone el honor, que hoy en mí tiene el amor más poder que la venganza. qué prodigio! . Tienes vida. Cuando ahora la perdiera en tus ojos la tuviera; tú pienso que estás herida: quien la pudiera abrazar! Qué ocasión tan venturosa! A tu piedad amorosa entre el temer y el dudar tan rendido estoy. . Advierte que en mi pecho no hay amor, solo un piadoso temor de ver que te daban muerte. Con la traición que acrisola mi rigor por varios modos, defendiéndote de todos, para matarte yo sola. Que si premios mande dar por tu muerte, fue temiendo que te escaparas huyendo. Mas pues llegas a esperar mi furor; en mí has de ver que soy sola tu homicida. Mas segura está tu vida, (. si yo tu muerte he de ser. Qué impiedad tus luces bellas viste de ajenos rigores, cuando el campo entre sus flores pudo admirar tus estrellas. Humilla altivos intentos a tu arrogancia atrevida, que no es bien que una caida levante tus pensamientos. Que si doy a tu esperanza vida cuando muerto estás es porque viviendo más, será mayor mi venganza. Pues si de mi honor adviertes las venganzas homicidas, quisiera darte más vidas, por poder darte más muertes. Vete, que mi campo llega, y no te podré librar. . Tu gente parte a ordenar, que herida, turbada y ciega rinde escarmientos al fuego de la cautelosa mina. Si no es amor que te inclina, si es piedad, si es blando ruego. Mi vida gobiernas ya tuya es de cualquiera suerte, que en mí no tiene la muerte poder, si en tu mano está. Que ya a la arena rostada de la ardiente Libia, adonde con puntas de fuego esconde el Sol su imagenidorada. Adonde vertiendo plata, si ya no peinada nieve, Seiria carámbanos bebe, que entre peñarcos desata. Me lleve adverso rigor rendido a tu cortelía, verá Sicilia este día lo que en mí puede tu amor. Muera. Su vida defiendo. Tu amparas a tu enemigo? Nunca a traiciones me obligo; que si su muerte pretendo, es en abierta campaña; que el premio que prometí fue solo porque temí alguna cobarde hazaña, huyendo de mi rigor: pero no, que con ventaja le matasen, que se ultraja la nobleza y el valor. Mas adónde está la armada que decías? . Solamente quise en riesgo tan urgente de la máquina abrasada librarte, que recele cuando te encubrí el secreto de la mina, el mismo efeto, que hoy en tu piedad se ve. Pues tanto has favorecido a mi enemigo mayor? Albano, el darle favor señal de victoria ha sido. Que estimo tanto su vida, para que a mis manos muera, que a matarle el fuego diera hoy mi esperanza perdida. Y nadie en locos intentos llegue a incitar mis enojos; que vive Dios, que en mis ojos le abrasen los pensamientos. Ahora ha de ver el mundo juntos mi ciencia y valor. Hay esperanza en mi amor. Con muerte de Segismundo. Siéntate Polidamante. Qué nuevas son estas, cielos! Hoy, Aurora, a tus recelos, mi amor, de tu cielo Adlante, te quiere hacer un presente, que logrando tu venganza, premios rinda a la esperanza de mi corazón valiente. Qué dices? Que al son funesto de los huecos atambores tus soldados vencedores traen mi triunfo al mundo opuesto. Si llego a tocar su mano, . jamás me podrá ofender, que fuerza, ingenio, y poder, forman imperio tirano. El alma ignora rendida tus dudas. . Dichosa suerte! Oye, y verás que una muerte da a tus esperanzas vida. Después que librar se pudo de aquel cauteloso fuego que Albano en venganzas ciego y de piedades desnudo. Secretamente previno Segismundo por el valle guíaba, y pudo encontrarle nturoso destino. irtiendo que de esposa mano a quien te ofrezca a vida; porque merezca yo la posesión dichosa. Cuerpo a cuerpo, aunque valores ostentó contra mi espada, manchó en su sangre bañada troncos, peñas, selva, y flores. Al fin su orgullo arrogante miró a mis pies la campaña, porque se deba esta hazaña a solo Polidamante. Y así a tus pies su cabeza y sus armas por despojos te ofrezco, porque en tus ojos acredites su fiereza. Esta es ilusión! . Ahora cumplir tu palabra puedes. Hoy fábrico nuevas redes para darle esposo a Aurora, Qué dolor se iguala al mío! Favorezca amor mi intento. Vencio amor ya el sufrimiento, es locura, es desvarío. Valientus Capitanes que en abrasadas piras, dando a la fama plumas, como al viento cenizas, eternizáis memorias abrasando en Sicilia mas que el Bena sus montes, que con el cielo frisan. Oíd de vuestra Reina las infelices dichas memorias que en el alma tuvo el amor esclitas. Yo adoré en un retrato, que ya mi voz pública ocultos pensamientos la imagen siempre viva del muerto Segismundo. Mas ya que entre mis dichas, faltando al pecho espodas sobran al alma vidas. La estrella que me huye, el amor que me anima, la muerte que me sigue, la piedad que me obliga, Serán testigos firmes de la fe más rendida que en reciprocos lazos gozó trágicas dichas. Esta es, Polidamante, la mano prometida; más gozarás sin alma las glorias que codicias. Que pues de Segismundo mi venganza acredita; blasones da mi pecho el mundo a un tiempo escriba el amor que le debo, Que pues faltó en la vida el tálamo al deseo, con este acero. Viva Aurora, il unpay Ay, cielo santo! quien suspende atrevida mi ejecución? . Yo soy quien a tus pies se humilla. Laureles vencedores ab supe que promerías para mi muerte premios, Y como está mi vida solemente en tus manos vengo a tus manos mismas, porque venganzas logres cuando lloro desdichas. Armas, soldados, llaves, y cuantos ve Sicilia desde la más caduca, a la edad más florida, a pedirte clemencia llegan; porque se diga, que aunque muero a tus manos son las victorias mías. Cielos, qué engaño es este! quien sombras acredita; Polidamante? . En vano mi ciego amor porfía. Vencio su fuerte estrella, que a su amistad me obliga, pues ya su rendimiento la victoria me quita. Yo siempre firme amante de tus luces divinas, sufriendo disfavores con máquinas fingidas. Divertía Segismundo, y como promerías por premio de su muerte tu mano que acredita mi gloria a esta cabeza, que a Segismundo imita. Di en sombras aparentes imagines fingidas, que si una vez tu mano mereciera la mía, en tanto amor mi engaño disculparas tú misma, Mas ya que quiere el cielo, previniendo tus dichas, que el mismo se te ofrezca, corrido y afrentado a Cerdeña me envían (donde jamás te vea) mis locas fantasías, huyendo en sombras vanas. Nuevo temor me admira! Por Jesucristo vivo, que Rey, cabeza, y silla, con todas carandajas, volaron hacia arriba. Burló mis esperanzas amor con locas dichas. Solo es ya, Segismundo, quien tus glorias conquista; dale Aurora la mano. Dásela por tu vida, así Dios te dé un hijo, y si es poco, una hija; porque no hay mayor zorra. Tu palabra te obliga, pues hoy en mí te ofrezco tu venganza cumplida. Vencieron tus firmezas mis locas tiranías. Tu esclavo soy humilde. Siglos dichosos vivas con el laurel que gozas. Mi amor te gratifica dando a tu hija esposo. Tuya es señor, mi vida. Paga esta deuda, Albano, que está por cuenta mía. Mi obediencia es forzosa, que el alma agradecida a sus favores debo. Logra el amor mis dichas. Yo por premio te pido que mandes, pues me estimas, que todos tomen zorras, por si encuentran la mía. Trocó así mis venganzas amor en alegrías. Porque juntas acaben, y yo perdón os pida.
