Texto digital de Venganza en el empeño
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- Juan de Matos Fragoso
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- Juan de Matos Fragoso Segura
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Venganza en el empeño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/venganza-en-el-empeno.

VENGANZA EN EL EMPEÑO
JORNADA PRIMERA
MERA ADA PI Cese el estruendo de Marte, que yo por el parque quiero entrar secreto en Palacio De que, señor, tan suspenso, triste, afligido, y mostrando algún oculto misterio de dolor, que no penetra el discurso, ni el recelo, llegas a la Corte ahora? No sin causa, Beltran, llego melancólico a Pamplona. Cuando tus grandes trofeos, y tus insignes victorias, que en repetidos acentos el parche pública a voces, y el metal declara en ecos, te dan renombre famoso del más valiente, el más diestro Capitán, que vio Navarra en antiguos, y modernos siglos, pues vuelves triunfando del Aragonés soberbio, dando a su ejército leyes, que derrotado, y deshecho en campaña, sufre el yugo, que le puso tu ardimiento; dejando ajustadas paces con tan ventajosos medios para el Reino de Navarra, que aún más que alianza, es feudo, con tales tristezas quieres desvanecer el estruendo de tus insignes victorias, y dar que decir al pueblo, que con aplausos festivos te jura ya? Y aún por eso; Beltrán, por ese postigo del Parque a entrar me resucivo en Palacio, porque ahora mas para lutos funestos estoy, que para alegría Cómo la causa no entiendo, mas dudo, y menos alcanzo. Ya sabes que tuve un pliego de la Corte, en que me avisa, que el Rey Don Pedro enfermo de una aguda siebre estaba, y que ajustando el concierto de las paces con el Rey de Aragón, partiese luego a socorrer las fronteras de Nav arra; porque el fiero Castellano, publicando la guerra a sangre, y a fuego, entra por Agreda ya talando los campos nuestros. Y aunque tan grande enemigo pudiera darle a mi esfuerzo algún cuidado; Beltran, no es aquesto, no, el recelo, que fatiga mi memoria, pues miro prudente, y cuerdo, que si de aquesta dolencia, o muera yo solo al miedo de este discurso! fallece nuestro Rey, infeliz temo, que en mil civiles discordias se turbe el común sosiego, y en tumultos se dividan los Nobles, y los plebeyo porque en Don Sancho el Infante, hermano del Rey, advierto una ambición cautelosa, y un político altanero: mañoso sin de reinar, que sin mirar el derecho de la Reina, que está en cinta, y del fruto ópimo, y tierno de sus entrañas espera Navarra un claro lucero, Real esplendor del Sol, que amanezca a todo el Reir coronarse, posponiendo la lealtad a la Corona, y la vil codicia al Cetro. Esta es la pena, la duda, que adivino, el pensamiento la previene a mi memoria, y este el torcedor violento que me entristece. . Repara, que el varón constante, y cuerdo, gran Don Ramón de Guevara, no adelanta los sucesos. de la fortuna, yo fío de las piedades del Cielo, que el Rey tendrá ya salud, y que has de salir muy presto del cuidado que te aflige. Mas divertidos en esto hemos entrado en Palacio. Y en él, ay de mí! contemplo, que mi presunción fue cierta; pues el profundo silencio lo dice de aquestas cuadras. No ves el suelo cubierto de funebres aparatos, y de ropajes groseros vestidas estas paredes? No adviertes en el funesto adorno de esto salones, todo triste, y todo negro? muerto sin duda es el Rey. Mas que popular estruendo es el que escucho? Viva mil edades el Rey nuestro, viva el Rey Don Sancho, viva. Qué escucho? válgame el Cielo! el Rey murió, y a su hermano Don Sancho le aclama el pueblo, sin advertir, que la Reina en si guarda el heredero aquí en toca esta Corona. Ah fielcorazón, que presto me anunciaste este presa que para el mal tenga el pecho tan seguros los avisos, y para el bien tan inciertos! Qué haré? pero de dudarlo estoy corrido, el derecho he de seguir de la Reina: para cuando es el esfuerzo de la sangre de Güenara, si a un infeliz no defiendo? Viva el Rey Don Sancho, viv Fidalgos, y Caballeros de Navarra, a cuyos timbres en carecteres eternos la fama conserva fijos en los archivos del tiempo, Rey tenéis, en vuestra Reina Doña Elvira lo estáis viendo. Tened paciencia, vasallos, y no manchéis el excerso. blasón de vuestra lealtad; presto en divinos reflejos nacerá el Sol de Navarra. El que os ánima resuelto es Don Ramón de Guevara; ya conocéis los aceros de aquesta noble cuchilla. Ea leales compañeros, de mi razón, y justicia, seguidme todos, diciendo: Viva Doña Elvira. Quién, tan locuatrevido, y ciego, quiere perturbar la gloria del Rey Lion Sancho? que veo mi padre es, echarme quiero a sus pies: dame la mano, padre, y señor. Ah villano! No os conozco, Caballero Como tu vista me ignora? a Don Martín de Guevara? ̱a Menos os conozco ahora. Tu hijo soy. . Quién te lo dijo no te ha tratado verdad, pues quien falta a su lealtad, mie Guévara, ni es mi hijo. Seguro estás, cuando intentas hajar mi lealtad, y brío; porque solo al padre mío ojera tales afrentas. Ya ser otro, vive el cielo, el que así hablara en mi mengua, le arráncara yo la lengua. a Cómo, atrevido mozuelo, para aumentar mis agravios, y crecer mi indignación, cómplice en una traición, osas desplegar los labios? Cómo, teniendo heredero esta Corona, arrogante, quieres dársela al Infante, ile aclamas el primero? Si Dios se ha llevado al Rey, sucesión suya nos queda, que justamente la hereda. Quitársela, es justa ley, a quien seña nos ha dado de Príncipe sin segundo, pues antes de ver al mundo comienza a ser desdichado? Vive Dios, que ha de reinar, pues lo dispone la ley, el sucesor de mi Rey. No quisiera disputar contigo en esta ocasión, alberte contra el Infante en tu opinión tan constante. Cómo di, la posesión daremos, si se repara, al que miras tan remoto, que para ofrecerle el voto aún no le vemos la cara? Cuando está el Aragonés, y el soberbio Castellano con la cuchilla en la mano, unidos con el Francés? Y cada cual con bizarra gente alistada en su tierra, entran rompiendo la guerra por los campos de Navarra? No ves que es poca destreza, aunque el buen celo te abona, querer poner la Corono a quien no tiene cabeza? No fuera, di, buena ofrenda, dar el Cetro a quien no siente, ni brazo que le sustente, ni mano que le defienda? Luego a Don Sancho prefiero justamente a la Corona, por su gallarda persona? Por valiente, por guerrero, merece reinar, tengamos cabeza que nos defienda; porque el enemigo entienda, que su poder aguardamos con Capitán valeroso, que refrene su osadía: Aclama en aqueste día a tu Rey. . Cómo, alevoso, de ser mi hijo blasona, queen borra el timbre fiel de aquel gran Ladrón, de aquel que al niño Rey en Pamplona Don Sancho Abarca le hurtó del pueblo todo a pesar, criándole en el Solar de Oñate, hasta que reinó? Ni eres mi hijo, ni adquieres, cuando miro tus traiciones, la línea delos Ladrones: espúreo, y bastardo eres, que a ser a tu Rey la sucesión. Ya veo que eres Ladrón, pero no de los Guevaras; y así resuélvete presto, mi opinión has de seguir, o a mi mano has de morir? Mira, señor. Qué es aquesto, Don Ramón? cómo empuñáis la espada, a lo que colijo, con Don Martín vuestro hijo? En eso mirando estáis mi razón, y su malicia, pues caso imposible fuera, que un padre a un hijo ofendiera, sino tuviera justicia. En mi Palacio, es error de hombre poco cuerdo, y sabio, querer vengar un agravio. Aquí he hallado al ofensor; y de hombres como yo, piensa, sin culpar mi ardiente furia, que donde encuentran la injuria, han de castigar la ofensa. Yo soy tu Rey, y en rigor este agravio, este despecho a mi persona se ha hecho. Don Pedro, el Rey mi señor, el que ya reinó en Navarra y a falta suya, primero ha de reinar su heredero. La Reina honesta, y bizarra Doña Elvira en cinta queda; con que tenemos presente en la luz de aquel Oriente al que esta Corona hereda. Este derecho es muy llano, y yo en tu grandeza fundo; que no has de ser el segundo que al sucesor de tu hermano, con pública aclamación jure a sus plantas rendido el homenaje debido; pues tu sangre. Don. Ramón, baste ya tanta osadías Navarra porjusta ley me ha jurado por su Rey, aquesta Corona es mía. Murió mi hermano mayor, sin dejarnos heredero; luego a todos me prefiero, no quedando sucesor? La Reina quiere fundar, fingiendo aquese accidente, con un engaño aparente, el derecho de reinar; pues hay bastantes testigos, de que finge con engaño esta cautela en mi daño. Don Ramón, seamos amigos, que estimo vuestra persona, y de vos fiar espero, como a Ministro primero, el peso de mi Corona. Y porque vuestro valor adquiera el premio bastante, del Reino os hago Almirante, y Mayordomo mayor. Parece que no estimáis las mércedes que os he hecho? No me dejan satisfecho los honores que me dais, y esa condición bizarta guardadla para adelante, que no le toca a un Infante dar los puestos de Navarra: Vuestro Rey soy. Eso ignora mi lealtad, si me apuráis, puede pero no lo sois ahora. Vive Dios, loco, atrevido, Vuestra Alteza mire bien como ha de tratar a quien tan Grande por si ha nacido; que de vos abajo soy el mayor por justa ley, y aún no sufriera a mi Rey lo que escuchando os estoy. La mano me has de besar, viejo, loco, necio, y vano. Cómo he de besar la mano de quien intenta borrar el blasón esclarecido de la Casa de Guevera? Y pues mi afrenta repara, que vengarme no he podido, tomando satisfacción de este agravio, pues es llano, que eres de mi Rey hermano, me pasaré al de Aragón. Y pues mi celo me abona, y mi lealtad se eterniza, hoy se desnaturaliza de Navarra mi persona. Dejar a mi padre quiero, pues me ha tratado tan mal; y quejoso, aunque leal, buscaré Rey Extranjero, que estime la sangre mía. Y tú Don Sancho, repara, que has ofendido a un Guevara, y reinas con tiranía. Prendedle, Señor. En vano intentáis templarme ahora. Qué es aquesto? . Gran señora, nuestro Rey. . Calla villano, C ros de Nan cuyos blasones antiguos, en repetidos añales la fama pública a gritos, cuyos nobles ascendientes, ya en merciales desafíos, y ya en campales batallas, que no sepulta el olvido, ni desluce la memoria; dieron al tiempo motivo para fijar en sus triunfos la eternidad de los siglos. Doña Elvira, vuestra Reina, os habla; atended, amigos, fieles vasallos, y dadle los ojos, y los oídos a mi voz, y mi semblante. porque podáis compasivos ver mi razón en mi queja, y escuchéis a un tiempo mismo, que como mujer os ruego, y como Reina os animo. Qué causa tenéis, vasallos? que pretexto? qué motivo a una sinrazón os mueve, y os alienta un precipicio? Vuestro legítimo Rey Don Pedro, y esposo mío, en mí no os deja la rama, y el fruto esperando ópimo del tronco Real de Navarra? En el Oriente nativo de mis entrañas, no veis que duerme con rayos tibios el Sol de aquesta Corona? Presto nacerá benigno iris de Paz, que os anuncie con resplandores más finos mil dichosas influencias, imán que labre el impío acero de vuestros pechos, cariñoso, y atractivo. que este animado Narciso, que estáis esperando, sea aborto del pecho mío; bien que de parte del Cielo lo contrario os vaticino. Entonces podrá Don Sancho llegar al Regio dominio, que le toca por herencia de su hermano, y dueño mío. Si es hembra, el infante es mozo, espere constante, y fino gozar en dulce himeneo sus brazos, y sus cariños. Siendo esto así, como aleves intentáis (tiemblo al decirlo) anteponer un vasallo al derecho conocido de un legítimo heredero? Como sin ley, sin aviso le aclamáis por Rey, teniendo, Rey a quien toca el dominio. de aquesta Corona? cómo borráis el blasón antiguo de la lealtad de Navarra? Y como el Cielo propicio. a mi razón, no permite, que dejando al laurel vivo para timbre de su dueño, fulmine un rayo atrevido. la cabeza que le usurpa? dando en ejemplares vivos, satisfacción a mi agravio, a la traición un castigo, a la sedición un miedo, y un escarmiento al delito? Pero mal digo; vasallos, no con iras os íntimo la venganza de mi ofensa, con lágrimas, con suspiros, que de las penas del alma son los mejores indicios, os ruego, os mando, os protesto que amparéis un desválido Rey infeliz, y inocente, a quien los hados esquivos, antes de nacer baldonan. Mi corazón adivino, os ofrece, os asegura con dichosos vaticinios, que es varón; y que ha de ser un Príncipe esclarecido, gloria, y honor de Navarra. Me parece que le miro sobre el Andaluz bridón blandiendo el errado pinó, y embrazando el fuerte escudo, ser asombro, y ser prodigio de los Reyes comarcanos, y los Moros fronterizos. Dentro del botón fragante, que flor no ha reconocido, el beneficio del Sol; que con sus rayos divinos, la despliega, y la corona? Que fiera faltó al gemido del hijuelo, que la llama, y por natural instinto; no le abriga, y le sustenta? Qué bruto diamante fino con sangre, no se enternece al duro afán repetido del buril con que le labra? Luego si lo sensitivo; y vejetable, vasallos, os dan ejemplos tan vivos de lealtad, y de fineza; porque ciegos, y remisos, negáis el fiel homenaje, que justamente previno naturaleza a los Reyes? Velved por vosotros mismos, aclamando a vuestro Rey, y al pundonor claro, y limpio de el vano pretexto indigno del bien común de la patria; pues su bien mayor ha sido, que la rija quien la hereda, Y con blasón tan invicto daréis motivo a la fama, daréis al tiempo motivo, para que el clarín, y el bronce, uno errante, y otro fijo, ya en repetidos acentos, ya en caracteres escritos, sin lengua, y con voz divulgan, que leales, que benignos dais la Corona a su dueño, y amparáis a un desvalido. Aunque tan injusta queja pudiera darle motivo a mi indignación, no quiero faltar ahora al debido respeto, que os reconozco por mujer, y que lo ha sido de mi hermano: esta Corona por derecho sucesivo, que nadie ignora, me toca como hermano, y como a hijo de los dos últimos Reyes, que tuvieron su dominio. Y confesando primero, que es respetaros preciso por hija, y mujer de Reyes, os advierto, y notifico, que con vanas apariencias; y con pretextos fingidos no alleréis el Reino, siendo sediciosa en mi servicio. Cómo, alevoso Don Sancho, tan grosero, y atrevido vuelves a tu Rey la espalda? Como el Cielo vengativo no castiga? Doña Elvira, vuestro arrojo, y mi paciencia; pero es forzoso advertiros, que aunque para detener a mi venganza el castigo, sois mujer, y fuiste Reina; yo soy Rey, harto os he dicho. . Oye, espera, muerta quedo: Conde Don Martín, amigo, volved por mí en esta afrenta. Perdonad, que no os asisto, que me está esperando el Rey. . Vos, heroico Don Ramiro, gran Canciller de Navarra, amparad el honor mío, socorred a un inocente. Yo bien quisiera serviros, pero mi Rey es primero. . Así os vais? que los gemidos de una infelice mujer no os mueven? ha como os miro a la sinrazón tan prontos, y a la razón tan remisos! Pediré al Cielo venganza, romperé el aire a suspiros, poblaré a voces la tierra; y pues me falta el auxilio de los hombres, a las fieras, a las peñas, a los riscos apelaré de este agravio, para que compadecidos de mi pena. . Gran señora, huye luego de este sitio, porque vienen a prenderte; y es cierto, según me dijo un criado del Infante, su parcial, y amigo mío, que han de quitarte la vida, Y así leal, y compasivo, aunque la mía aventure, vengo a darte aqueste aviso: Mucho tu lealtad estimo; echó mi fortuna el resto; mas por donde este peligro podré evitar? . Con aquesta llave abriré este postigo del jardín, que sale al parque, y te pondre en el camino. del valle de Miraflor; y en él te darán abrigo. los montes de Peñalón. Desde allí con más aviso. a Francia puedes pasarte, u Aragón. . Aqueste anillo, en señal de agradecida, recibe. . Yo le recibo, por timbre de mi lealtad. Vamos, pues: hados impíos, tened lástima de mí. . Grandolor! Fuerte martirio! Ampare el Cielo tuvida. Valedme Cielos Divinos. Gilote ingrato, que así me traes por el valle a ciegas, y desde que no me ruegas me estó muriendo por ti, De Miraflor he salido. siguiéndote, donda vas? de que tan confuso estás? qué tienes? quien te ha ofendido mi Gilote? . Aqueste enfado nace, para darme enojos, de que eres alegre de ojos, Sin causa te has enojado, que no tengo culpa yo de que ellos fuesen así; tengo de echar por aí los ojos que Dios me dio? La fegura no me inquiera tus ojos bailar sino que a todo te incrines, pues la musa del Poeta, la insignia del Capitán, del Médico las sangrías, del Bárbero las solias, el tono del Sacristan; del Hetrador el martillo, la pruma del Escribano, la lanza del Clrujano, y el clamor del Monacillo. Todo te agrada demodo, que sin penas, ni conflitos, con esos ojos maldiros quieres tragártelo todo. Desde que a la Corte vas andas malicioso, y creo, según discreto te veo, que allá enquillotrado estás. Ah te ha parecido bien alguna dama de aquellas a fuerza del arte bellas? Mal juego las que me, amen; deja esos varios asuntos, que en la Corte, mi Pascuala, ninguna a tu pie se iguala, porque calzas trace puntos. Y pues los dos mos queremos, aunque por diversos modos, tú los quieres bien a todos, mijor es que nos casemos, que así mis locas porfías cesarán, sin este abulo, y seré marido al uso, no mirando en niñerías. Doña Branca mi señora, Condesa de dirastor, flecha divina de amor, del Cielo brillante Aurora, bello humano Serafín de hermosura, y discreción. nuera del gran Don Ramón, Mujer que aunque más le importe, siendo en sus ojos avara, ni al Rey vio jamás la cara, ni jamás entró en la Corte; pues vive en aquesta Aldea contenta, alegre, y ufana, burlando la pompa vana de quien la Corte desea. Hoy cumple años, y ha trazado salir con sus Labradores. a darles vida a las flores, y a dar matices al Prado. A este sitio ha de venir, porque el Puebro mui llocido, un báilele ha prevenido, y le podemos pedir; que mos despose a los dos; y que el Cura, sin ninguna. dilación, de la tribuna mos eche en gracia de Dion Mas ya llegan sin tardanza, pues las voces escuchamos, en la danza mos metamos. Metámonos en la daza. Que si linda era la berbena, mas linda era Blanca bella; que si linda es la albahaca, más bella es la bella Blanca. El Prado gentil . más galas le debe a su pre de nieve, que al Mayo, ni Abril porque flores mil produce su huella. Que si linda era la berbena, los daños del tiempo extraños, con carrera tan medida, coronan tu edad flor que aún no son veinte los años. Celebren tus años los propios, y extraños, sin los desengaños, que da el tiempo locos; porque siendo tus años tan pocos, lisonja es el númaro, y no hay malos años. Or una alegría; . y nuevos matices, tus años felices los númere el día? Y el tiempo se vuelva atrás, castigando su locura, porque solo en tu hermosura no es defecto un año más, Quiera Dios te vea ver en esta campiña tan linda, y tan niña, cuando suegra seas. Y sean tan felices tus años tiernos, que aunque pasen los días, no llegue el tiempo. Yo os agradezco, Zagales, la fe de vuestro deseo, y el sencillo amor que veo en vuestros pechos leales. Dichosa yo, que he logrado en tan pacifico norte, sin los riesgos de la Corte, gozar un seguro estado, donde sin ver la importuna ambición que en todos lidia, ni me atormenta la envidia, ni me aflige la fortuna. Mas precio, con elegante estilo, verme servida, festejada, y asistida y ver en aquesos prados al despuntar la masena, fingirme golfos de lana las ondas de mis ganados. Mas precio verme querida de Don Martín de Guevara, mi esposo, sin que la avara suerte los brazos me impida, y sin dudas, ni recelos, que en la Corte son mayores, gozar tan castos amores, sin la prisión de los celos. Que el culto que dan las leyes, con ritos majestuosos, con Palacios suntuosos, a los Príncipes, y Reyes. Y aunque tan gustosa vivo, en mi Estado retirada, de mis vasallos amada, alguna pena recibo, de ver ausente a mi esposo, que a las Cortes fue llamado, después del fin desdichado del Rey, y será forzoso, que en ella se halle en persona, hasta averiguar mejor, quien ha de ser sucesor de esta invencible Corona, y a la competencia grave de Don Sancho, y Doña Elvira, sabéis todos. . Y se admira el mundo, porque lo sabe, de ver la pasión tan loca, con que el vulgo lisonjero hace al Infante heredero. Eso Juana, no nos toca a las mujeres. . Repara en que suelen las mujeres, no erraren sus procederes. Esta fuente pura, y clara, con su cristal nos convida aqueste sitio fle alfombra nos ha tejido: sentaos todos, por mi vida, Ese conjuro, señora, nos obliga sin porfías a tales descortesías. A quien me acertare ahora esta enigma, le daré un vestido. . Ya le espero. Así divertirme quiero. De esta vez me vestiré. Quién es aquel animal, hijo adoctivo del viento, que dejando su elemento, vive en la duda inmortal? ciego al bien, y lince al mal, obra unos mismos efectos, en diferentes conceptos, y tanto con él se implican. que los necios la publican, y lo callan los discretos? No es hijo del viento? . Sí. No tiene efoctos contrarios? También. . Y con modos varios; no anda de aquí pararlí? Así es Pues sin interés, de esta vez salgo llocido, me puede dar el vestido, porque yo no sé lo que es, Diga Pascuala. Señores, para que tien de decilla, si yo he acertado? el almilla. Piadosos labradores, y tu hermosa Doña Blanca, que eres por justo derecho Condesa de Miraflor, de estos contornos amenos dueño absoluto, y señora oíd, escuchadme todos el más extraño, mas nuevo suceso que han referido las novelas, y los versos. Esta tarde, cuando el Sol con más ardientes reflejos, doraba peñas, y flores, con el rebaño grosero de mis cabras salí al monte; y pasando aquel repecho, llegué a la florida margen del arroyo del Enebro, que al monte de Peñalón, con poco cristal sereno lava las plantas soberbias. Y apenas allí resuelvo apacentar mi ganado, cuando un profundo lamento derepente me acobarda; vuelvo los ojos, y veo una afligida mujer, que arrimada a un tronco seco, con mil extremos torcia sus manos, dándole al viento mil sollozos, y suspiros. Llego compasivo a tiempo, que con un gemido ronco, a la hierba en sangre envuelto, dio un infante tan hermoso. que compadecido el Cielo, libró en mi amparo su vida; pues entre mis brazes tiernos le recibo; y le acomodo, y a su infeliz madre ofrezco mi albergue, a que me responde, cubierto el rostro de un velo: Piadoso pastor, a quien el honor, y vida debo, ese infeliz inocente, a quien los hados severos dan cuna en aqueste monte, es noble, ahora no puedo referirte de mi historia, porque me amenaza un riesgo los sucesos prodigiosos, compadecido a mi ruego le cría; esa esmeralda; será seña, que algún tiempo mi obligación reconozca; y porque no me echen menos mis padres, quédate a Dios, y dejando atrás el viento, sin aguardar mi respuesta se entró por lo más espeso. Abrigado en mi capote, en aquel tronco grosero, está el inocente niño, vuestro es, señora; el empeño, socorredle, y amparadle. De bronce tuviera el pecho, sino amparara su vida, acudamos todos presto: vamos amigos. Ataja del valle, y del monte a un tiempo las veredas; y caminos, pues por esta senda es cierto, que la habemos de encontrar. Huyendo el enojo fiero de Don Sancho, a estas montañas. me trae mi lealtad, y celo a ampararme de sus iras. De sus guardas, y monteros son las voces que se escuchan, hacia aquí sueñan los ecos: socorred, Cielos piadosos, a un infeliz Caballero; que en su lealtad eterniza su fama; mas qué lamento triste percibe mi oído? muero en lugar tan oculto. O es ilusión del deseo, que el eco forma en mi oído, o de esta voz les acentos, conozco; voz que me alteras, y compadeces a un tiempo, pues ignoro donde asistes, dile a tu infelice dueño, que en este sitio le aguardo. Generoso Caballero, una infelice mujer, fia a vuestro noble esfuerzo su vida, qué es lo que miro? Don Ramón. . Qué es lo que veo? Reina, y señora. . Ay de mí! Cómo en lugar tan secreto, tan remoto, y apartado, a pie, sola, y sin aliento, y sin vos os ven mis dudas? No es tiempo, ay de mí! no es tiempo de contarte mis desdichas, cuando en el monte diversos soldados me andan buscando: Basta decirte, que viendo los rigores de Don Sancho, di a luz un Infante bello al pie de una bronca encina, que por permissión del cielo, entregué aun pastor. Seguidlos, matadlos. Pero estos ecos nuestro riesgo nos avisan, ay de mí! . Tened aliento, porque estando Don Ramón de Guevara allado vuestro, estáis segura de todos. De vuestra lealtad lo creo. Y pues ele toca ampararos, y de este monte lo espeso mil veces he penerrado, en el robusto, y l ejercicio de la caza, sin que de mí pie ligero, ni de mi vista se encubran sus más intrincados senos. Mis pasos seguid, que os juro por la fe de Caballero, puesta la mano en la espada, que ha sido rayo de acero, defenderos, y ampararos de aquel tirano soberbio, que os usurpa la Corona, y volver por el derecho de mi Rey, hasta morir, y juntamente os ofrezco del tiempo que os acompañé, que halléis en mi noble pecho, como padre los cariños, como vasallo el respecto. Ah Don Ramón de Guevara? cuando ha de pagar mi afecto esta fineza? . Seguidme, que yo os pago lo que os debo; pues cumplo mi obligación, A vuestro lado no temo, padre, mi adversa fortuna. Bien ese nombre os merezco, Volved por un inocente. Para todo tengo esfuerzo, Vamos, y el cielo permita. Vamos, y permita el cielo. Que la Reina, y Don Ramón, con la razón, y el acero, restituyan la Corona al hijo del Rey Don Pedro.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA De esta vez, Pascuala ingrata, tengo de acabar convos, fuere digo. . Aquí de Dios, A mis manos moriréis, que os vea yo desollada? Porqué Gilote? . Por nada, escochadme, y lo sabréis: Yo Pascuala, por mi daño, pienso bien lo sabe Dios, que me desposé con vos, estas hierbas hizo uuaño eráis mujer muy honrada, y tan fecunda veniste, que un muchacho me pariste a tres meses de casada. Y aunque de vos, con gran mañas que era mi trasado oí, dice, que se parece a mí, como un huevo a una castaña. Ningún hombre crió Dios horrible por varios modos, que os parezca mal, pues todos hallan su disculpa en vos. Ser piadosa demasiado es costumbre vuesa ya, pues nadie un pellizco os da, que vaya desconsolado. Y me está mal, así viva, cuando yo lo he menestes para mi gasto tener mujer tan caritativa. Aunque pidáis confesión, será cansaros mojer: y así bien podéis hacer un Acto de Contrición. Yo hacerte traición? desvía, jumento, mal te haga Dios. Pues es novedad en vos pegármela cada día? Quince años, o estoy borracho, pienso que hace por ahora, que Branca nuesa señora cría en su casa un mochacho; que nació en el campo en fin, a quien regala, y mantiene, pues como ella hijos no tiene de suesposo Don Martín, tanto en quererle porfía, que tal amor no se vio en el mundo. . Cómo yo, que le adora el alma mía. Cada día más, y más le quiere con tanto exceso, que con sus alas travieso ha salido un Barrabás. No hay en el valle Aldeana iraña, mansa, o cruel, que no se muera por él, y vos sos la Capitana. En la lucha maravillas hace, y crueles destrozos, y a los más robustos mozos los hace dar de costillas. Pues, Gilote, aquí de Dios, yo que tengo, di, que ver con la fuerza? . Esto es temer, que os rinda Pascuala a vos. Oh malas landrés os den- Pues como sin embarazo le disteis hoy un abrazo? Mal fuego me queme, amen Gilote, si no has soñado ese entedo, esa quimera. Yo el abrazo no sintiera, solo sentí lo apretado, pues puerca de viles tratos habrá como yo otros dos? cuando merecistes vos delealzarme los zapatos? parece mucho pringaros, por cosa de este jáez. . Marido, Por esta vez, no haré más que desollaros: ya vuesas mañas entiendo. Así pagáis mi lealtad? mentís, esta es la verdad. Siempre habéis de estar riñendo? abrácense luego aquí. Mal haya quien tal hiciere. Ya yo se lo que ella quiere, abrácela este por mí. Que diga un tonto insolente, que ha mil años que so mala. Yo solo he dicho Pascuala, que queréis bien al presente. Gilote, con el arado vete al momento al rastrojo, que yo aplacaré su enojo. Pues con eso está acabado. Y ne haya en aquesto más. Eso es lo que ella quería, buena quedas honra mía; luego me la pagarás. Tu del ganado a sa gente puedes llevar de comer. En fin, yo me he de atrever? dando estó diente con diente, Alfonso ingrato, y cruel, que sin que a mí me aproveche, más branco eres que la leche, y más rubio que la miel. Por tus ojos mil cosquillas bullen en mi corazón, por tus manos de algodon, y tu cara de natillas: hecha estó por ti una criba, y por eso estotan brava. Esto solo le faltaba a mi condición altiva, Pardiobre, que aunque te aburra, de mi boca lo sabrás: sabe que te quiero más, que a mi pollino, y mi burra, solos estamos los dos. Su simpleza me entretiene. Pero allí muesama viene, a Dios mi Alfonsico. Adiós. . Alfonso tú aquí? . Señora, no en vano se alegra el día, porque ya le parecía, que se tardaba el Aurora. No en vano en nuevos primores este prado reverdece, pues con vuestra vista crece el imperio de las flores. No en vano esta fuente pura desperdicia su raudal, y con lenguas de cristal encarece tu hermosura, no en vano. Quién te enseñó, Alfonso, a ser cortesano? Aunque al cielo soberano tan poco mi ser debió, que en ese monte nací, sin que imagine hasta ahora, mas de que a vos gran señora, honra, vida, y ser debí. Y aunque siempre entre Pastores me crién de allí adelante, tengo un natural distante de los demás labradores. Segun esto que os desvela, no son mis discursos vanos, que para hacer cortesanos vuestra casa es buena escuela. Ay, Alfonso, lo cierto es, que me debes mucho agrado, que en efecto te he criado. Deja me besar tus pies, y del suelo no he de alzarme, sin que ahora me concedas una merced. . Qué te tardas? Saber, señora, quisiera. . Qué? Quiénes fueron mis padres? porque este consuelo tenga, un expósito del hado. Alfonso, en esa materia no me hables más, solo advierte, tu nobl qu no te quisiera yo tanto: Cielos, disuadirle es fuerza de su humilde nacimiento. Un labrador de esta Aldea me dio este anillo. . Bien dices, esa sin duda es la seña, de que es verdad lo que dijo. Cuando estas señales muestran, el corazón en el pecho a voces me lo confiesa. Y dejando aquesto a un lado, sabe que he tenido nueva. de mi elposo Don Martín; que habiendo ajustado treguas con Francia, y Castilla, escribe, como hoya la Corte llega, y que al punto vendrá a verme: Yo, como ha sido su ausencia tan prolija, quise, Alfonso, hacer por él la fineza de salir a recibirle a esta fuente, pues es fuerza, que viniendo de la Corte, por este camino venga. Y como yo; Alfonso, nunca he salido del Aldea, ni al Rey Don Sancho conozco, aunque a mis oídos llega, que quiere a mi esposo tanto, que un alma en los dos alienta: tantas ausencias me matan. Yo fío; que a tu presencia, Don Martín, mi señor, hoy con salud, y gusto venga. Y en que, Alfonso, te entretienes, estos días? . Mi tarea. mas repetida es la caza. En la intrincada maleza de ese monte me divierto, corriendo una, y otra senda; porque un infeliz, a quien persigue tanto su estrel solo es bien que comunique con aves, troncos, y fieras. Y lo que al monte, señora, mas de ordinario me lleva, es, que han visto en él, según algunos pastores cuentan, dos falvajes, o dos monstruos de extraordinaria fiereza, de toscas pieles vestidos, y aún dicen, que el Rey intenta venir a ver los prodigios, que aquestos montes encierra. Y sabe el Cielo, señora; que yo en contrarlos quisiera, solo para hacer con ellos. un presente a tu belleza. Precioso estás; pues tú, Alfonso, que has de hacer si los encuentras? Mal conoces mi valor; con una espadilla vieja que tengo, no temo al mundo. Al monte, al valle, ala senda. Quédate a Dios, que sin duda andan buscando las fieras, y yo quiero ver si puedo? hacer, que despojos sean de tus plantas. Señora, sin duda que hay más nobleza en él de la que presumes: bien merece que le quieras. De mis Monteros perdido, y de la seo fatigado, hasta este sitio he llegado, ciego, cansado, y rendido. A este lado, dicen que se mira una clara fuente. En su apacible corriente mi fatisiga aliviaré. un hombre viene hacia aquí. Dos mujeres miro allí, de ellas informarme quiero. El paso, Juana, apresura. Sabreisme decir las dos, adonde: válgame Dios, que peregrina hermosura! una fuente está? ay enojos, distinta sed os provoca! todo el fuego de la boca se me ha pasado a los ojos. Sígueme, Juana. . Yo muero! no me respondéis, señora? Esta es la fuente, y ahora quedaos con Dios, Caballero. Esperad, porque son cosas de fábulas, o quimeras, que venga a caza de fieras, y solo la halle de hermosas, No tenéis, señora, vos, para que este alivio os deba, alguna cosa en que beba? Ninguna aquí de las dos es en prevenciones diestra, y así podéis, Cortesano, beber. . Con qué? Con la mano. Si dijeras con la vuestra, ciego llegara al raudal, logrando en dichosos fines, beber agua de jazmines en un vaso de cristal: así el volcán que respiro algún alivio tendrá. Aquí me han dicho que está; más Cielos, qué es lo que miro! Señor, vuestra Majestad? Sin alma estoy, ay de mí! el Rey es. . Tan solo aquí, a mudaso de este prado? . Don Martín; vos seáis muy bienvenido; aquí estaba divertido con aqueste Serafín, que es discreta, y es hermosa. Sospechas, que me queréis? Advertid que la que veis, es Doña Blanca mi esposa; y de hallarla ahora aquí estoy alegre, y ufano, para que os bese la mano. Su esposa dijo? ay de mí! vana mi esperanza ha sido; pero todo lo atropella el amor vos, Blanca bella, de verla pierdo el sentido! perdonadme, y de vos fío, que por vos, y por mujer del mayor amigo mío os estimo, como es justo Y yo a tus pies, gran señor, agradezco ese favor: aún no estoy en mí del susto! Y ahora, porque es ya tarde, licencia me habéis de dar, que está lejos el lugar. Id con Dios. El Cielo os guarde: muerta voy! Vos, Don Martín, muy presto habéis despachado. Ya queda todo ajustado. Como yendo vos, en fin. En su ambición cauteloso se aumenta más mi cuidado. No sabréis cuanto me he holgado de conocer vuestra esposa. Es intratable, señor, no hay quien poderoso sea a sacarla de la Aldea. Esto ha de ser, venza amor: . de que sitve, suerte ingrara, mi poder, si tanto peno? yo alcanzaré este veneno, que tan escondido mata. Don Martín, solo de vos fiara ahora mi labio un negocio. Ya me agravio de que lo dudéis, por Dios, pues nací para serviros. Aunque en aquesta ocasión vengáis cansado, a Aragón manana habéis de partiros. Con su Infanta concertado tengo ya mi casamiento, y solo yendo vos, siento, que quedará efetuado. Esta materia de vos fío, descansad, y luego cerrado os darán un pliego; vedme mañana, y a Dios. A quien en el mundo, Cielos, habrá sucedido, a quien, perder en solo un instante tantos siglos de placer? Válgame Dios! si fue engaño lo que vi, y lo que escuché? mas pues no muero, sin duda, que engaño debió de ser. Don Sancho, que le ha debido a mi lealtad, y a mi fe tener el Cetro en la mano, y en las sienes el laurel, puede ofenderme? Ah tirana imaginación cruel! que despierta para el mal, que dormida para el bien te halla un infeliz! y Blanca, que dueño del alm cuya, honestidad empaña a ese puro rosicler del Sol, puedo imaginar, que con traición, y doblez falte a su sangre, y escuche las persuasiones del Rey? Sí, que lo han visto mis ojos; mil veces mal haya, amen, un sentido, que aunque dicen, que el mejor de todos es, y el principal, en el mundo hay tantos ciegos por él; O si no dígalo yo, pues hay ocasión en que, para no ver su desdicha, más vale cegar, que ver. Pero a la razón volvamos; sospechas, no puede ser, que el Rey no conoce a Blanca, pues nunca a la Corte fue, ni de la Aldea ha salido; y no pudo acaso ser, el que imagino delito? concluyente razón es. Pero acabar dellegar de ajustar, y disponer paces con Francia, y Castilla, y sin dar treguas el Rey a mi cansancio, mandarme, que Aragón vaya? o que bien, entre mis dudas, aquesta me aprieta más el cordel! Y así, pues un leve indicio, en cualquier hombre de bien pesa tanto, mis sospechas he de apurar de una vez. Y pues me han de dar un pliego, mañana me partiré de la Corte, y a la noche pienso a mi casa volver, y con la llave maestra que tengo, en a ser muda centinela de mi honor; porque aunque sé, que el Rey no quiere ofenderme, y que mi esposa es quien es, son muy fuertes enemigos la hermosura, y el poder, Injusta estrella mía, que solo para mí no eres piadosa, cuando ha de ser el día que acabes con mi vida lastimosa; pues me veo de suerte; que alivio fuera para mí la muerte? Tres lustros ha, que en las ocultas breñas de este monte, a mis quejas compasivo, racional tronco de estas rudas peñas, sin libertad, y sin paciencia vivo, que aunque por duras de piedad carecen, a mi continuo llanto se enternecen. Cuando miro el estado que he tenido, me parece ilusión, o fantasía; pues a quien en el mundo ha sucedido perder en solo un día, solo porque su estrella lo ocasiona, marido, libertad, hijo, y Corona? Ay dulce prenda amada! donde estás, que no ves esta afligida madre, tan desdichada, que dejándote a ti, dejo la vida? si eres muerto, veré sin duda alguna el último rigor mi fortuna. Desde que en ese prado naciste a los afanes de un gemido, dejándote a un Zagal encomendado, de ti noticia alguna no he tenido; hoy parece que fue, que en mis clamores aún me duran tan vivos los dolores. Apartado del trato de las gentes yo, y Don Ramón, a quien por padre estimo, vivimos en dos cuevas diferentes, que al frío, y al calor sirven de arrimo, que hasta las peñas rudas no están del todo de piedad desnudas. Aquí a las claras fuentes, a quien mengua el cristal el seco Estío, aumento las corrientes con el líquido humor del llanto mío, digo a un árbol mi pena, y él parece, que moviendo las hojas, lo encarece. Las aves aquí y fieras, que en dura oposición entre si luchan, con pasivas, sentidas, y ligeras, fuera de su costumbre, nos escuchan, que aún los irracionales sienten a veces los injustos males. Pero ay de mí! a quién refiero mis angustias, y mis ansias, si el cielo las está oyendo, y no quiere remediarías? Cansada estoy; la aspereza de esta fragosa montaña me ha fatigado, y ya siento lo que Don Ramón se tarda, que la falta del aliento me tiene más desmayada. Pero qué miro! un villano, si la vista no me engaña, viene aquí, esconderme quiero, pues bien puede ser que traiga algún lustento que alivie tanta fatiga. . . Arte parda, verá el diabro de la burra lo que brinca, y lo que salta. Jó, malos llovos te coman, que tenga tan malas mañas esta buira del dimoño, que por quítame esas pajas, en sintiendo agua, o arena, luego al mimento se caiga; mal muermo le dé, hasta aquí se parece a mi Pascuala. Ahora bien, pues he venido por leña, no será mala prevención la de que ya las tripas me danzan en la barriga; y me alegro de que convidado no haya, que tengo un hambre canina. Pues si eso solo te falta, ten paciencia, porque yo vengo a ser tu convidada. Verbum caro tactum est. Quién eres? Santa Susana, y las cinco Letanías, y todo el Credo me valga: Ay qué salvaje tan fiero! Hombre, qué temes? qué extreñas racional soy, no soy bruto, dame luego la vianda que traes contigo; que de ella estoy muy necesitada Aqueste salvaje es hembra, y si yo doy en sus garras, no tendrá en mí para un diente, y así es mijor. Qué te tardas? Escorrir la bola, pues más vale salto de mata: señor monstruo, de esta suerte sabré escapar de sus garras. De qué das voces? detente, Otro salvaje en la danza? ay que fiera catadura! Este villano la causa, que trajendo que comer, con ingratitud tirana; no quiere partir conmigo, Pobre Gilote, hoy te tragan Todo ese monte, Filena, han registrado mis plantas, hecho muda centinela, y vigilante atalaya de sus contornos, y en él no he visto persona humana a quien pedir la comida. Y pues con este se halla atención tan poca, como. tenerla; y no querer darla, pasto ha de ser de las fieras. Esto solo me faltaba: señores lalvajes míos, por todas las cinco llagas, y las tres necesidades, que su pasto no me hagan, que el pasto es verde, y del mío es amarilla la hilaza: desdo luego les entrego alforja, burra, y albarda, como no sea pasto yo. No temas, y alpunto saca lo que traes. Entre esta juncia nos sentemos. . Eso vaya, que como comamos todos, en las alforjas no falta queso, pan nueces, y fruta, y este tasajo de vaca, y una vota Pro que puede abrirle la gana al mismo Rey. En mi vida vi cosa más sazonada. Y se echa de ver por cierto: mas la señora salvaja porque no come? qué tiene? Ah vil memoria tirana! comed vosotros, que yo no quiero en desdicha tanta mas sustento que mis penas, ni más manjar que mis ansias. No comes? Qué he de comer? aqueste de las barbazas es un prodigio por Dios; que a cuatro carrillos masca. Vive Cristo, que su hambre debe de ser atrasada; después que se lo ha comido en cumprimientos me anda? Eres casado? . No sé: vustedes coman, y callen, y hasta comer yo, paciencia, porque no he de habrar palabra. Ya los dos hemos comido. Yo no he bebido; a Dios gracias, y será bien que a la bota. una paegunta le haga. Sebe, pues . A esta señora quiero aflojarla la panza; porque delante de ustedes no es bien que esten tan hinchada: Vaya, pues, a su salud, y a que no haya de ellos casta, pues un par de salvaistos. era lo que nos faltaba. Levántate; de dónde eres? Soy de una Aldea, que llaman Es Don Martín de Guevara. Ah hijo traidor. . Ah cruel: y que novedades andan más válidas en tu Aldea? ya en la Reina no se habla? Como de la Corte es cierto, que ha tanto tiempo que falta, se presume que habrá muerto. El cielo su vida guarda, Por aquel tiempo en mi Aldea socedió una cosa tara; por donde mi honor está a pique de una desgracia. Y qué fue? . Fue, que en el monte una gran picaronaza parió un mochacho, y a un mozo, que con su ganado estaba, se le entregó, y él le trujo muy envuelto en una capa a mi Aldea, y endeflectuo le ha caído tan en gracia a moesa ama, y a su esposo, que le quieren, y regalan como si fuera hijo suyo. Qué es lo que escuchan mis ansias? Pues, y qué se saca de eso? Lo que de aquesto se saca, es, que el moc hacho es discreto, que corre, que sucha, y salta, que es jugador de pelota, y gran tirador de barra; que tiene altos pensamientos, y que yo se los quitara con una tranca, también, que enamora cuantas halla. Sácase, que es muy bonico, y no hay ninguna Aldeana que no se muera por él: sácase, que mi Pascuala es la primera de todas; y finalmente se saca, debió de traecie a casa, para que le haga a mi frente una burla tan pesada. Y quien fue la madre, nunca se ha sabido? . Una borracha, que sí, yo aquí la cogiera la diera dos mil patadas. Y qué nombre tiene? . Alfonso, y el del anillo le llaman, por uno que trae al dedo. Todos del monte a la falda os quedad, que mi valor para aquesta empresa basta. Que poco le dura el gusto a quien nació desdichada! Filena, quédate aquí, que desde estas peñas altas voy a ver que gente es esta. Tú, vete, y vuelve mañana, que más despacio quisiera, que esta historia me contaras, pues me va en ella la vida; pero me has de dar palabra de no decir a ninguno, que nos has visto. . Mal haya quien lo dijere, si no es a todo el puebro en la praza: bien escapé de sus uñas. Hay fortuna más extraña! cielos, Alfonso es mi hijo, que así me lo dice el alma. En lo espeso de estas ramas, sin duda está fiero monstruo, si no eres persona humana, que con el aspecto asombras, y con el horror engañas, aunque aquesas pieles fueran bien entretejidas mallas, conocerás de mi brazo el valor. valedme piadosos cielos. Aunque el temor te da alas, probaras de mi venablo. la fuerza. El cielo me valga. Muere a mis manos. Detente joven, detente, repara, que soy mujer. . En mi vida. vi belleza tan extraña. Bella ignorada beldad, raro prodigio de amor. que encubierta eres horror, y aparente eres deidad, Dueño de la libertad, que ya mi fe te asegura; porque en aquesta espesura, aprendiendo en su aspereza, te vales de la fiereza. si asombras con la hermosura? Dos veces muerto, ay de mí! en tu presencia quedé: la una, cuando te mire; y la otra cuando te vi. Si eres tan hermosa, di; y árboles, peñas, y flores. gozaban de tus favores, para que tus impiedades, quieren matar con crueldades, pudiendo matar de amores? Hermoso imposible mío, en quien tanto bien se esconde, fiera, o mujer, dime donde ocultaste mi albedrío? Apacible desvarío, y dulce adorado objeto; que al corazón traes inquieto, que tienes, que mi pasión te mira con aten y te adora con respeto? Quién eres? que para mí; estando de verte ajeno, guardaste tanto veneno? Una infelice, ay de mí! que ha mucho que vivo aquí, porque mi estrella atropella mi ventura. . Ellabio sella, que ese es engaño recelo; mujer; porque cuando al cielo pudo atreverse una estrella? De mirar su perfección absorta la vista está! Solo de verte me da mil saltos el corazón. Quién pudo darte ocasión a que vivas apartada; y entre fieras retirada? Quién? mi suerte rigurosa. No hubieras nacido hermosa, no fueras tan desdichada. Y tú, joven generoso; a quien la vida debí; quién eres? . Con verte aquí un infeliz venturoso, infeliz, porque ignorado este monte me dio el ser, y venturoso, mujer, solo con haberte hallado. Luego tú, según las señas, ay de mí! qué reseriste, en este monte naciste. Testigos son estas peñas Y dime, puesto que aquí este monte el ser te dio, conoces tus padres? . No. Y llamaste Alfonso? . Sí: Mas quien mi nombre te dijo? Es una triste me moría de mi desdichada historia: Cielos aqueste es mi hijo! Alma bien puedes vivir, que mal pudiera mantir ese talle, y esa cara: verdad me dijo el villano. Mujer, pues ves que te adoro con reverencia, y decoro, dame a besar una mano, podré decir. . Qué locura! Que todo el cielo conquisto. l Aguarda; en la suya he visto (. las señas de mi ventura quién este anillo te dio? Un labrador de mi Aldea. Cielos, quien habrá que crea tal dicha? el que le diyo al villano es, aquel día para mí de tanto azar: en fin tevine a encontrar, hay hijo del alma mía! Lloras? si te doy pesar íreme al punto de aquí? Antes; Alfonso, hallé en ti cuanto pude desear: llegaré más, que aunque lloro, por tu causa puede ser. Hay peregrina mujer! luego me quieres? . Te adoro. Nuevas cadenas, y lazos me pones. . Tú ya seré. Quién lo asegura? . Mi fe. Quién lo confirma? Mis brazos. Ay dulce apacible pena! Llegó de mi dicha el día. Qué ventura! Qué alegría. Cómo te llamas? . Filena. En fin respuesta no das a lo que intento saber? Soy una infeliz mujer, no puedo decirte más y no pregu que a tanto marme convida; porque de mí triste vida es verdugo la memoria, que aunque en este estado estoy, es imposible, ay de mí! ni ser más de lo que fui, ni menos de lo que soy. hacia aquí se escucha el ruido, de las matas en lo espeso. Estos vienen a buscarte. Pues generoso mancebo, quédate a Dios, y mañana, en aqueste mismo puesto, sabrás quien soy, que no es poco lo que te importa el saberlo, ya ves que no hay tiempo ahora. Aqueste albergue grosero, junto a esta empinada roca, libre atalaya del viento; es mi cueva, aquí te aguardo. Una, y mil veces lo ofrezco con el alma, y con la vida, pues no sé lo que entiveo de Majestad, que me obliga a reverencia, y respeto. Adiós Alfonso querido. Adiós mi adorado dueño, sin ti no quiero la vida. Como vivas, nada temo. Qué alegría! . Qué ventura! Muerto voy. i Sin alma quedo. El que quisiere medrar, y vivir siempre gustoso, tenga oficio provechoso, dice un adagio vulgar. Yo he sido hasta aquí un pobrete, siempre frojo, y descuidado; y ende fletvo estó meorado El Rey, no me maravillo, perdido por Branca está, y por que le cuele acá me ha dado aqueste bolsillo, Tomele con mano franca, y enfinrico me dejó: el primer hombre es que dio dobrones por una Branca, Desde que en aquesto di mejuró mi suerte mala; fuego hallara por Pascuala quien diera un maravedí. Ahora bien, en concrusión, cumpro con mi oficio en fina y pues mi amo Don Martín hoy se ha partido a Aragón, y el Rey conmigo concierta, que aquí le tengo de entrar, ya poco podrá tardar: mas ruido siento a la puerta, el será; Gilote, amigo, Dios ponga en tus, manos tiento Es Gilote? Sí señor, su Gamestad entre quedo, porque aún no se han recogido, Apenas las plantas muevo, ea amor, dame fortuna, pues me diste atrevimiento. Este es el cuarto de Branca, y pues que ya en él le dejo, y yo cumpricoo mi oficio, no os descuidéis con el vuestro, y porque podáis salir os dejo el postigo abierto, Vete, pues. Ya le obedezco . Cielos, quién habrá luchado con dos contrarios a un tiempo tan poderosos, y entrambos imposibles de vencerlos. No es mi amigo Don Martín? a su lealtad, y su celo no le debo esta Corona? Pues cómo, ingrato, y soberbio, contra un amigo leal tan grande traición emprendo? Quiero volverme, que es mengua que pueda tanto un afecto en mí, que por conseguirle, filte a lo que en mí me debo; Fuera, de que dejaré a las edades ejemplo, para que se ofenda el mundo, para que se irrite el cielo. Mas como podré librarme de adorar los ojos bellos de Blanca, cuya hermosura fue tosigo, fueveneno del corazón? no es posible; y así, aunque se ofenda el cielo, y aunque el mundo lo murmure, he de procurar remedio a esta pasión que me mata; pues para vencerme, tengo tan ciega la voluntad, o que arrastra al entendimiento, Pero una luz me parece que hacia aquí viene, yo quiero retirarme hacia esta parte. Deja, señora, te ruego el llanto, que dilatado, más es dolor, que remedio. Déjame, Juana, llorar, porque en la pena que siento, las lágrimas detenidas matan más, y alivian menos; Ay esposo de mi vida! De que sirven los extremos, si Don Martín mi señor vendrá a tus ojos tan presto, cómo te ofreció al partirse? Ya no basta el sufrimiento para tanta ausencia, Juana, pues apenas mis deseos tienen de verle el alivio, gozan de hallarle el consuelo, cuando el día del placer es víspera del tormento. Si estas ausencias, señora, nacieran de otros efetos, fuera el dolor más terribles pero si te hallas viviendo adorada de tu esposo; sin la pensión de los celos, y aquestas ausencias nacen de quererle con extremo el Rey, para que te afliges? Es verdad, yo lo confiesos pero al Rey le perdonara, ay Juana, aquesos afectos por tener siempre a mi esposo conmigo; y pues es ya tiempo de recogerme, bien puedes. irte, y dejarme, que quiero quedarme sola. . Repara, que esa pasión. . Ya lo veo: vete por Dios, que de untriste es la soledan el centro. Quiéres que algo cante? . No Ni que te desnude? . Menos: ay de mí! . Grave tristeza. No te vas? Ya te obedezco, Ayesposo de mis ojos, cuando ha de llegar el tiempo de tu quietud, y mi dicha? Pero en vano doy alviento mis quejas, y mis suspiros si está de alivio tan lejos. Ya de recogerme es hora, tómo esta luz, mas que veo! un hombre aquí, cielos fantos? vos, cómo, cuando, el aliento me falta. Detén la voz, dulce idolatrado dueño, que un hombre soy que te adora. Hombre, que altivo, y resuelto a esta casa te atreviste, pagará tu atrevimiento con la vidriola, criados. Que no des voces te advierso, porque soy yo. . Ay infelice! muda estatua soy de vele: Señor, vuestra Majestad. a tales horas aquí? sin alma estoy, ay de mí! Qué intento, que novedad, que motivo, y que locura os provoca a tal error? Pues que novedad mayor, hay Blanca, que tu hermosura? Yo te vi, yo te adoré con el alma, de tal suerte, que el adorarte, y el verto una misma cosa fue. Y pues tan feliz he sido, que sola te encuentro aquí, ten, Blanca, piedad de mí, a tus pies estoy rendido; advirtiendo, si tu agrado no apaga mi amor constante, que soy Rey, y soy amante, y está ciego mi cuidado. Por lo que a tu Alteza he pido, llego a discurrir aquí, que se ha olvidado de sí, o por otra me ha tenido; pues siempre de vos pensara llegaros por mi sangre, y por mujer de Don Martín de Guevara; estimad más supersona, que en vos fuera grande error querer quitarle el honor, a quien os dio una Corona. Blanca, tú tienes razón, mas no te puedo olvidar. Mire. . Que puedo mirar, si está ciega mi pasión? deja que se temple aquí, mi fuego en la nieve puea de tu mano . Cese tu voz. Qué es aquesto? Ese embozado lo dirá. Hombre, sombra; o confusión, que más con la vista crece, pues hallarte aquí parece, fantasía, o ilusión. Quién eres? cómo has entrado tan ciego aquí, y imprudente? sino es que por delincuente; te vales de este sagrado. Si fue codicia, repara, que a mucho empeño te pones, que no consienten ladrones, los Ladrones de Guevara. Mas si otra pasión te abrasa, ocioso efeto sería; que empaña la luz del día la honestidad de esta casa. En tú mismo sobrescrito leo tu malicia ciara, que quien encubre la cara manifiesta su delito. Y pues estamos los dos, sin quien lo pueda estorbar, y aquí te atreviste a entrar, te he de matarvoto a Dios, Rapaz, loco, y atrevido, que con vanas presuncione así a mi valor te opones, osado, y desvanecido? De ti aunque más me resista, me encubro, por conocer, que si me llegas a ver te he de matar con la vista. Aparta rapaz. Primero la vida te he de quitar, Desvía. . Si has de pasar, ha de ser por este acero: salir intentar en vano. Quién me lo podrá impedir? Cómo lo has de conseguir? Como soy el Rey, villano. Si en tu traición se repara, que no lo eres he juzgado, y aunque en la Corte no estado, ni jamásle vi la cara, no eres tú el Rey, que en sus leyes nunca han cabido traiciones; porque en las buenas acciones se han de conocer los Reyes, y que no lo eres es llano, pues que crédito he dar a quien no puede escapar de alevoso, o de tirano? Y pues ya de extremo pasa tu ciego error, y tu empeño, y yo a falta de mi dueño debo mirar por su casa, ya seas el Rey, o no, aunque nunca lo creí, defiéndete porque aquí no hay otro Rey, si no yo. De aquesta suerte, villano, castigo tu atrevimiento. Mejor es que tú, quien habla con la lengua del acero Hacia aquí se escucha el ruido: sacad unas luces presto. Ya es fuerza salir de aquí; que ariesgo el honor de Blanca: así remediarlo intento. Ah cobarde! la luz matas? Con esta llave, a ser vuelvo centinela de mi honor, desde el camino. . Ya cielos hallé la puerta, qué aguardo? Pasos a esta parte siento, quién va, quién es? Qué preguntas, villano? cuando mi acero. Ya están las luces aquí. Pero qué miro! Qué veo! por dónde mi esposo? Cómo aquel hombre? A este aposento entró . Se ausentó de aquí? Cuanto miro, cuanto advierto aumenta más mi sospecha; pero honor disimulemos: tu vestida a tales horas? y tú; Alfonso? mal me templo, con el acero en la mano; sin mí estoy, decidme presto la causa de este alboroto. Estándome recogiendo, sentí ruido en estas cuadras, y imaginando, o crejendo, que eran ladrones, aquien darles pudo atrevimiento; tu ausencia; a este cuarto vine, y cuidadoso; y atento registre todas las piezas; ya nadie hallé, y lo que siento; es haber alborotado a mi señora, que es cierto, que estaba ya recogida. Loco, inadvertido, necio, mío defendido de sí mismo? Señor? . A mi casa quien pudo atreverse: abiando, que el Sol, si entra en ella, es con atención; y respecto al decoro de mi esposa; vete de mi vista luego, hasta averiguarla viva. Mi sospecha, connuencio; solo siento, Blanca mía, que el descuido de este necio te causase un sobresalto; tan pesado. . Muerta cielos estoy! si al Prey habrá visto: yo esposo, y señor, es cierto, que la mayor dicha mía, al sobresalto le debo, pues por él mi bien consigo, llegara verte mis presto. Toda esa fineza. Blanca, te paga mi amor, pues vuelvo, desde el camino, bien mío, a adorar tus ojos bellos; que aunque mañana es preciso volverme a partir mi afecto, quiso a este instante de alivio feriar siglos de tormentos, posible es que en Blanca quepa traición alguna? a si el pecho te viera, para apurar de una vez tanto veneno. Ay de mí! que en su semblante, todas mis desdichas leo: la verdad le diré . Alfonso, retírate a tu aposento, y tu Blanca, ven conmigo. iras. . Fortuna. Recelos. Buscaré aquel alevoso. Desengañaré a mi dueño. Veré, si me ofende Blanca. Y hastá que le satisfaga. Y hasta averiguar mis celos, hallando a Blanca sin culpa. Deme el valor sufrimiento. Deme el alivio mi pena. Denme paciencia los cielos.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Salios todos allá fuera. Blanca, que oculto misterio es este de tus temores? para examinar mis celos, fingirme alagüeño importa. Querido adorado dueño, en mí no estoy de asustada. Qué tristeza, que violento rigor turba tu semblante, cuando venturoso vengo de ajustar con Aragón de Don Sancho el casamiento, cuando me hace Condestable de Navarra, en desempeño de mis servicios, y cuando lleno de honores, y premios busco tus ojos amante, para ver mi dicha en ellos, con tristeza me recibes? Sí, esposo, porque estoy viendo, que los premios que públicas, que te ha dado el Rey, son medios para lograr su cautela, bien como astuto alagüeño áspid, que encubre en las flores disimulado el veneno. Veneno disimulado puede haber en Reales pechos? nabla claro, Blanca, y dime tu pena, y tu sentimiento. Bien te acordarás, bien mío, de cuando Don Sar al acaso de los ojos, sin la permisión del dueño, se dejó llevar amante de una ilusión, un deseo, que la libertad del campo, o la ociosidad del tiempo, por razón de lo ignorado, le dispensó lo grosero? Que llegué, que se detuvo, que aquel bastardo altanero verdor de su fantasía sepultó en olvidos cuerdos, que si otro intentara; que es intentar, si un pensamiento, una ilusión, una idea, un viso, un átomo, un sueño, un amago, una sospecha, una vil sombra, un recelo engendrado acá en el alma, para mi agravio, y desprecios Vive Dios, que le arrancara, (poco mi furia encarezco) contra el mismo Sol, si el Sol quisiera ofenderme, pienso que para ajarle, una nube formara de mis alientos, de mi cólera, y mis iras, relámpago, rayo; y trueno. Si te enoja la noticia; que darte de todo intento, no hablaremos. . Blanca mía, mi bien; mi adorado dueño, tu enojarme? ya conozco que anduve poco discreto: la desatención perdona, no estuve en mí, porque el pecho se dejó llevar amante del vivo de los afectos: prosigue. . Digo, que el Rey Don Sancho: que mal empiezo, pues por librarme de un daño, Rey dije, engañose el labio, porque no es capaz de serlo el que pública, el que tiene de bruto indócil los hechos. Con la ocasión de tu ausencia, y ultraje de mi respeto, se publicó amante mío, más referirte no quiero lances, cautelas, y industrias, papeles, músicas, versos, nobles resistencias mías, sobre indignados desprecios, desengaños repetidos, a mal pagados afectos. Solo diré, que en el mar, peñasco robusto, es menos firme que mi honor constante; a cuyo irritado ceño se le avasallan las olas; y se le humillen los vientos. Y en fin, resuelta a no oír su injusto amoroso ruego; que en la opinión de los nobles, también la que escucha es reo. Y presumiendo en su enojo algún impulso violento, que el poder vence imposibles; y es grande enengo un Cetro: Temerosa del peligro; puertas, y ventanas cierro, y de mi casa en lo oculto vivo retirada al riesgo. Mas no le bastó al recato la oposición; ni el despecho, pues vencido de la industria, se halló mi decoro honesto con un papel en las manos, donde mis ojos bebieron de resolución tirana el más injusto veneno. Sus mal formados rengiones, te sirvan aquí de en que animoso consultes mi honor, y tus sentimientos? Lo que el empeñó te obliga harás, después de seerlo, que con esto cumplo yo con la obligación que tengo. Válgame el aliento mío, si es que puede haber aliento, que resista a tanto agravio, mas veré el papel primero. Blanca, tu desdén esquivo apura mi sufrimiento y así es precisoque yo busque a mi vida remedio, con la muerte de tu esposo quiero hacer mi amor honesto, coronándote en Navarra por Reina. . Válgame el cielo! na traidor amigo! ah falso tirano Rey! este premio das a mis sealtades? cuando solamente a los esfuerzos de mi industria, mana, y brío debiste el laurel supremo? No te jurara en Navarra su invencible airado Pueblo; si a pesar de sus furores, no te aclamara mi aliento, a instancias de mis aplausos, te entrego este Reino, y Cetro. Mas que el intento, el asombro de tu ingratitud condeno: yo tuve la culpa en todo lo que me esta sucediendo, sin duda, ay de mí! sin duda, que este es castigo del cielo, por no haber obedecido de mi padre el fiel consejo. Pues quien contra la inocencia se opone airado, y severo, bien merece este castigo. en lo más vivo del alma me fueron a herir tus hierros, venganza pide este agravio. Ahora bien, honor, entremos en juicio con esta causa, y en ella por fiscal diestro pongamos a la razón natural, que por decreto permite, que matar pueda a mi enemigo primero, sin culpa, si es que en mi vida conozco evidente el riesgo. Pero las leyes no dicen, que en ningún delito es reo la Majestad para ser castigada; porque el Regio laurel, defensor del rayo, le hace del castigo exento. Pero Don Sancho no es Rey; porque asentando primero, que es tirano, y que ha quitado a quien le tocaba el Reino: que a la Reina matar quiso con un tosigo; que huyendo se fue de su tiranía; que los que esta voz siguieron quiso prender, y ultrajas; que fue mi padre uno de ellos, porque en defensa se puso de su Rey, que en el materno borón, porcomún aplauso, gozaba el futuro Cerro. Cargos son que le condenan de traidor, y segunesto, bien puede mi honor vengarse en un intruso violento tirano, infiel de la patria, que intenta empañar el terso sacro divino homenaje del honor, que de este fiero tacional monstruo, a las iras, vencido de mi despech yo haré, que a pesar de tanta tiranía, y vil desprecio, que de mi venganza escrita en los añales del tiempo. Viva nuestro Rey Don Sancho, que viene a honrar nuestro pueblo, Qué es eso, Gilote? Es, que con todos sus Monteros el Rey llegaa Miraflor, y se encamina acá dentro. Vendrá a cazar a estos monta y de camino primero querrá honrarme su grandeza, quiero salirle al encuentro. Saliendo a caza esta tarde a Peñalón, quise veros, que no hay cosa en que no me haga falta, Conde, el lado vuestro. Sin prevenirme esta dicha me honráis? gran señor, qué es esto? Daros a entender lo mucho que os estimo, y ver si puedo ver a Blanca, a cuyas luces, sin consumirse, arde el pecho. Muy bien tengo conocido lo mucho, señor, que os debo. Yo te atajaré los pasos, de suerte, que ningún riesgo tenga mi honor: a tirano! Y así mi agradecimiento veréis, de cuya memoria ha de ser testigo el tiempo. Mas debo a vuestras lealtades: Mas yo quitaré muy presto . este estorbo a mis disinios, y podré lograr mi intento; pues muerto el Conde, no habrá quien se oponga a mis deseos. Hanme dicho, que en los montes de Peñasón andan ciertos rutos en hur y determinado vengo, a penetrar de sus cumbres los más intrincados senos, para ver este prodigio. Dícenlo, mas no lo creo, que la fama siempre añade circunstancia a los sucesos. Estos rústicos Zagales, que entraron, señor, a veros. podrán de todo informaros. Yo; como testigo de ello, diré a su Perliquitencia lo que ayer pasó a Llorenzo con aquesos animales. El venía para el Puebro con una carga de pan, y al camino le salieron; y Dios mos libre, a bocados, como quien zampa buñuelos, en un punto se tragaron serón, albarda, y jumento. Qué forma tienen? . Jesús, de decir su forma tiembro, serán como una persona: así poco más a menos, como su merce digamos. Y andan en pier Y muy derechos; con la cara hacia delante, y hacia la espalda el pescuezo; y en fin satiros disformes. Tú lo viste? . Sí señor, y comí, y bebí con ellos, y ellos comieron conmigo, porque amigos se me hicieron, y en fe de aquella amistad, medio lado me comieron, pegándoseme de gorra. Salvajes de muy buen pelo he visto en la Corte yo, que suelen hacer lo mismo. Pues segunro racionales? . Craro es eso, que son mostos raciones, importunos, y traviesos, no quitando lo presente. Como digo de mi cuento. Ea bueno está, señor. Dejadle, que me entretengo con oírle. Digo, pues, que de Miraflor el Puebro levanta una compañía contra estos salvajes fieros, que destruyen los sembrado, y cortijos, porque en menos de seis días han faltado el barraco del Concejo, las cabras de Marigita, de Antón Caparto el borrego, la paba de Inés Gaceba, de Blas Martín el sabueso, el gallo de Ana Pintada; el buey de Simocho el tuerto, la marrana de mi Suegra, y el pollino del Barbero; y en fin al Doctor le hurtaron, de vino un pellejo lleno, y así su merce me haga de estos salvajes Sargento, porque yo no intento más. que quitalles el pellejo. Y a quién hacen Capitán? Alfónsico, que es un Hector, Y quién es Alsonsico? Alfonso, no le conoce? Que estruendo hace este hombre en el alma, que me atemoriza el eco, no está aquí? No para en casa. porque anda por esos cerros continuamente cazando. Las baridas, y monteros, Vamos, yo os hago Sargento de toda la compañía, con veinte escudos de sueldo. Vivas la edad de aquel ave, que contra el hollín del tiempo, se sabe engullir los siglos Yo osiré, señor, sirviendo. Convos, Conde, y con tu muerte, tener buena tarde espero. Para mí será dichosa, si ejecuto lo que intento. Asperísimas sierras, que en altura sois Ícaros del Sol, a cuyo oriente gigantes levantáis la altiva frente, para que deis asalto a su hermosura. Las blancas alas de la nieve pura os derrite su voz, que humildemente, despeñadas en líquida corriente, buscan en ese arroyo sepultura. Años he sido vuestra humana fiera; yo pienso que en mi muerte se declaran los mismos que intentaron la primera. Mas aunque Cielo, y tierra nos amparan, que fuera de los tristes, si no hubiera muerte en que todas las desdichas paran? erre Hasta cuando has de durar, fortuna, que tan adversa, para lograr tus rigores vas dilatando mi ofensa? La noche, y la Aurora al móvil de mi llanto se encadena, con que es mi queja infinita, pues si una acaba, otra empieza. Todo para mi es dolor; mas como la Providencia suele dar en las desdichas una esperanza que alienta, ya me parece que en parte mis pesares se consuelan con la memoria de Alfonso. Ay dulce adorada prenda! Como tan presto olvidaste aquella firme promesa de volver a verme? cómo falta el que es noble a la deuda? Sin duda que te has mudado, o sin duda, que mi estrella, n? por no perder la costumbre de atormentarme severa, en mi daño conjurada, te estorba la diligencia. Válgame Dios, que habrá sido? si habrá perdido la senda? o si estos ásperos riscos, equivocando las señas, le embarazaron el paso? No me admira que así sea, pues yo misma, con haber cursado tanto esta selva, en su inculto laberinto suelo no acertar las huellas. Que mal hice en ocultarle de mi infeliz suerte adversa toda mi trágica historia! Altas montañas, y fieras, pues me defendéis piadosas, no le impidáis a que venga; pero el cansancio me rinde al sueño, y en esta que es mi habitación segura, dar quiero a mis ansias treguas. Voto al Sol, que es desatino traerme con una cesta cargado por estas cumbres, donde si tropiezo, es fuerza, que me haga dos mil anicos. Pues yo te guío, no temás. Ahora, Alfónsico, yo quiero descansar en esta peña, y tomar aquí un bocado de esto que llevamos. . Bestia, no ves que va de regalo, y que mi piedad me lleva al prodigio de estos montes? A Filena? . Sí, a Filena. Pues salvaje por salvaje, para mi es mijor que sea, pues siempre la caridad diz que empieza de sí misma. ̱. Mira que me enojaré. Pues hay más de que no sea: Hay cesta de mis entrañas, quién aliviarte pudiera! Ve bajando poco a poco Ya como cabra montesa, volatín de aquestos riscos, yo haciendo mil diferencias por la maroma, mas temo dar del cabrilla la vuelta: que me caigo. . No hay peligro, Sin embargo, no quisiera que fuese, cayendo yo para ti día de fiesta. Qué intrincado laberinto! pero ya de la eminencia hemos bajado a la falda. Así el mundo se gobierna. Qué grutas tan espantosas! sin duda en una de aquestas, afiera qu Y es la comida para ella? Claro está . No extraño el modo de tu extravagante idea, que a muchos he visto yo gastar su caudal en fieras. Enira en esa cueva, y mira Qué dice usted? . Que entres, El alma que la parió, vusted cuando otra vez venga, traiga podencos, y hurones, que no só perro de muestra, y tengo a las cuevas miedo; porque de entrar en la cueva me quedé otra vez tullido. Llega. . Qué llegue? esa es buena; llegue usted, que es más razón, que a mí me estorba la cesta. Y u no traiga a Pascuala, que es la que mejor se llega, y tiene perdido el miedo a los salvajes. Que seas tan vil, que de tu mujer tengas tan malas ausencias? No importa, que ella por mí las suele tener muy buenas. Pascuala es mujer de bien. Ya sabe toda la Aldea la merced que usted la hace, En silencio está la selva, ni bruto fatiga el monte, ni el ave los aires peina: Filena, adónde te escondes? La llamas? maldita sea la lengua que tal pronuncia. Que silbestre sirio hospeda tu beldad? . Que lindos palos la pegara yo a la puerca. Quiero apartar estos ramos, porque aquí me dijo que era su choza; pero qué miro! reclinada en la cenefa rendida al sueño hace treguas con la fatiga . Aay que ocico tan disforme. . La voz sella. No duerme. Pues qué hace? . Ronca, como un macho de litera; si dormida causa horror, que hará; ay de mi su despierta? que patazas! . Necio, calla, y pues que solo viniera me encargó, vete, no estorbes mi intento. . Solo te queda, y pues Dios me hizo Sargento, con mi compañra entera vendré contra esta alimaña, y al Rey la he de llevar presa. Válgame Dios, que asustado tengo el corazón, qué inquieto! todo mi amor es respego, todo es piedad mi cuidado. Qué hechizo mujer me has dado? que esta inclinación de amante, es otro cariño aparte, y otro modo de quererte, pues solo el gusto de verte, es el premio de adorarte. Duerme, descansa, y reposa venciendo así los rigores, y en catre de incultas flores te alague el haura amorosa, que mi atención generosa guardarte el sueño quisiera, y que todo en mudeciera al aplauso de tu aliento, el bosque; el cristal, el viento, el tronco, el ave, y la fiera. De que altiva Majestad, es la tuya sostiruta, que en nubes de una piel bruta escondes tanta deidad? En tu divina beldad ci a el e tiene este monte alegría, coge el rosicler colores, rayos el Sol Mayo flores, flechas amor, luz el día. Según mi amor te venera con un interionplacer, pareco que de mi ser eres la causa primera. Profano amor no me altera, no sé qué impulso vehemente me obliga a que reverente aplauda este sirio yo, no como amante, sino como un esclavo obediente. Alfoso, mi amor. . Qué escucho? Afonso, adorada prenda. Mi adorada prenda dijo? misterio este amor encierra; mas cuando dichosas señas, no han salido siempre inciertas? Si el Regió lantel. ún Qué escucho! Aguarda, derente, espera, quién está aquí? no sup Quién humilde aguarda que estés despierta. Alfonso, tú aquí? . Señora, esto es cumplir la promesa. Cielos, mi infeliz fortuna ya parece que se enmienda: ya la tardanza culpaña de tu venida, ansias tiernas disimulad el cariño. Tan larga ha sido la ausencia? Poco sabe amar quien piensa, que en la cláususa de un día no cabe infinita pena. Así es verdad; pero cuando la tardanza es diligencia para obligar, no es culpada la que supo errar de atenta. perdóname la llaneza, porque en sé de que ha de ser todos los días; te empeña a que no extrañes lo corto. El cielo querrá que pueda algún día mi cuidado pagar tu noble fineza. No me dirás, que motivo te obliga, a que de estas sierras habites las soledades; rigurosamente expuesta del Sol, del aire, y la escarcha a la repetida ofensa? Enque el me ito a la dicha pudo ofender, mi Filena, que así venga la fortuna delitos de la belleza? Quién eres, que cruel destino te trujo a tanta miseria? Y pues el cielo dispuso a que bastasen las fuerzas de mi valor a seguirte por tan desusadas señas. Vente a Mirsflor conmigo, que aunque es una corta Aldea de Don Martín de Guevara, disposición tengo en ella para ampararte, y servirte, que si por vivir se creta, en estos oscuros montes sin trato humano te albergas, mejor podrás en mi casa ocultarte, donde tengas el uso de racional en adorno, traje, y mesa. Que te aseguro como hombre de bien, que en mi pecho veas las atenciones de noble, que este afecto que me lleva de verte en mejor fortuna, es una oculta influencia del cielo, que me perJuade. a que te asista; y te quiera; qué dices, no me responce? Mi silencio no te ofenda, pues no es posible que admira tan firmes correspondencias. Por qué? . Tengo otro motivo, que mi albedrío gobierna. Dame de él parte, así vivas. Todo un imposible intentas. Qué informarme en fin no quieres de tu fortuna, y que seas tan cruel? Mucho me obligas, Comunícame tus penas, capaz soy de remediarlas, aunque grandes te parezcan. Pues a fe, Alfonso, que no tienes poca parte en ellas. Yo parte? Sí. Pues porque lo que me toca me niegas? Porque es tan extraño el caso, que temo que no me creas. Tú de mi amor desconfías? no creerte yo? eso fuera negar los rayos al Sol, dilo, acaba, no me tengas pendiente de tantas dudas. Yo, ay de mí! soy, mas la lengua detenida con el llanto natural, la voz me enfrena. No con lágrimas, señora, el corazón me enternezcas, que antes de saber la causa pueden crecer de manera, que ni tú puedas decirla, ni yo escuchártela pueda. Conociendo tus piedades, y el gran valor que te alienta, a ti solo he de fiarte, prodigios que el pecho oncierta. Nadio aquí prosigue, no te detengas. Yo, Alfonso, soy; ay de mí! porque de una vez lo sepas. la olvidada Doña Elvira, de Navarra infeliz Reina. Tú la Reina de Navarra? de oírlo el pecho se altera, admirado, y suspendido. Pluguiera a Dios no lo fuera: no extrañes, que a interrumpirme vuelvan las lágrimas tiernas. Si de escuchártelas lloro, no es mucho que tú las sientas. Es tan pública en el mundo, mi historia, que ya la cuentan, como fábula sonada las Naciones Extranjeras. Por muerte del Rey Don Padro, mi esposo, y tu padre. . Espera: El Rey Don Pedro mi padre? Sí, Alfonso, no te suspendas, que al Rey Don Pedro, y a mí debiste el ser que te alienta. Hijo de entrambo; naciste, mas con tan adversa estrella, que aún antes de ver la luz del Sol, injusta violencia marchitó el laurel fecundo, que en la clausura materna te esperaba hereditario. Como en una corta Aldea viví ignorado hasta ahora? Porque la noche que intenta darme la muerte Don Sancho, para asegurar su empresa, salí de Palacio huyendo a estos montes, donde apenas llegué, cuando los dolores de tu nacimiento empiezan a afligirme, y de la carce! natural, donde se hospedan los vivientes tributarios de tanta humana miseria, naciste a ser desdichado, sirviéndote en la primera congoja de cuna el campo, y de traspontín la hierba. A la piedad de un Pastor te entrego, y con diligencia, para escapar del peligro, la enmarañada desierta cumbre examino cobarde, donde ignorada entre peñas viví, debiendo a sus grutas amparo, abrigo, y defensa. Sígueme en estas fortunas, siendo mi piadoso Eneas, el gran Ramón de Guevara, queles, porque mejor lo entiendas, padre de ese Don Martín, a cuya casa te llevan recién nacido, que el Cielo. siempre guardola inocencia, Pasados algunos meses, la piel rústica, y grosera de oso, o venado me visto por adorno, demanera, que el desaliño del arte me pudo añadir fiereza. Con tan asombroso traje, a las vec inás Aldeas bajo a buscar el sustento, y teniendo me por fiera estos contornos se asustan, late el can, el Pastor tiembla; porque cubriéndome el rostro la desgreñada madeja, parecí desfigurada escándalo de la selvas. Cogi un villano una tarde, de quien supe, aunque por fuerza que en Miraflor te criabas, y por las distintas señas de tiempo, anillo Y en fin, la naturaleza, que adivinando la langre, es la que mejor enseña, sé que eres mi hijo, y que de Navarra el Reino heredas. Tuyo es el Cetro, y Gorona, que con mañosa violencia te usurpa el cruel Don Sancho, teniéndome ya por muerta. Vuelve por ti, y por tu madre, pues cuando el tirano ostenta aplausos, y vanidades en deleites, y opulencias. Yo sacudiendo la encina, porque el fruto me conceda, bebo las salobres aguas, sobre viandas groseras, cuando él en mullida pluma descansa a la sombra excelsa. ̱ No llores más, dame ahora a besar tu mano bella, que ha mucho que el corazón dándo me estaba estas nuevas. Desde ahora de tu lado no ha de apartarse mi diestra, hasta que ese vil tirano desempeño heroico sea de mi valor, y mis iras, cura púrpura sangrienta, humedeciendo las flores, y matizando la arena, servirá de espejo al Sol, donde en reflejiones vea la razón de mi venganza dibujada en las estrellas. Y antes que el Planeta rojo en la circular carrera debane la edad del año al torno azul de sus ruedas, de los Príncipes de Europa me ha de valer la defensa, que amparar tan aún más que piedad, es deuda. Monteros, varid los riscos, que aquí se esconde la fiera. Sin duda que estos me buscan: Ay de mí, Alfonso! . No temas. Preñado de armas el monte se escucha. . Nada me altera. Ténganse al Rey los salvajes, que orden del Rey tengo expresa de prender atroche, y moche, jabalí, venado, oveja, oso, cabra, lobo, y corta, lagarto, al acrán, culebra, y en fin, toda sabandija. No os asusta mi presencia, villanos? . La comisión se ha de ejecutar, prendedle. Cobardes, volved la espalda, si es que no queréis. . Detengas Ahora bien, señor Alfenso, pártase la diferencia; esta señora salvaja, dicen todos que es compuesta de ternera, y de mujer: y así vuste se convenga, quédese con la mujer, y entreguenos la ternera. Todos para mí sois pocos. Resistencia, resistencia. Favor al Rey. 2. Que me mata. 3. Que me rompió la bandera. Huyamos. Señora, ahora sigue animosa mis huellas, y al gran Don Ramón busquemos; para que yo le agradezca las lealtades, que contigo uso su heroica fineza. que aunque abortaran los montes armados gien tes, fueran poco triunfo de mi brazo. Tu vida el cielo defienda. Cazadores, y Monteros. seguidlaespantosa fiera. Al monte. Al monte. . Muera. Ya que mis pasos ligeros se escaparon de un tirano, que aún hasta aquí me persigue, antes que el bosque fatigue, y llegue a pisar el llano; a la Reina, con desvelos vengo a librar, que esta caza grande riesgo le amenaza. Sola está su cueva, Cielos, de todo aqueste Horizonte esta era la más segura: ha desdichada hermosura! Ay de mí! si por el monte la irán siguiendo veloces, imaginando que es fiera? pero no, que si esto fuera, ya me avisaran sus voces. Si acaso se ha declarado a Alfonso, y a Miraflor la condujo el vil temor? confuso estoy de turbado. Sa lá llamo, es avisar al Cazador, y al Monrero, y si no la buico, muero; pues muera yo que a pesar del temor que me acobarda; la buscará mi porfie; Filena, Filena mía. . Aguarda horrible monstruo, y verás como este arpón formidable. Este es mi hijo, detente, que racional soy, no vltrajes con ventaj Nunca con desigual dades compito. . A mis brazos llega, Los míos serán bastantes MiS2 para matarte, y rendirte. Vive Dios, fuerza notable te alienta. . Eres invencible. al fuego de mi coraje te re sistes? . Hasta aquí eres traidor con tu sangre? Detante, ay de mí! qué juzgo, que esa voz, y ese semblante he conocido. Es engaño. No puede el alma engañarse, que esa voz me está diciendo, que eres Don Ramón mi padre. Tú en este trajo? . Desvía, aparta, injusto, cobarde; ciego estás, no me conoces; que viles oscuridades. te empañan la vista, y turban la luz que a otro Sol hurtaste. Yo si que te he conocido, pues sabiendo tus crueldades, que a un inocente persigues, y una tiranía aplaudes, me vine huyendo a estos montes; porque el vivir es más fácil con las fieras, que con hombres, ingratos, y dosleales. Y así otra vez en su centro he volver a ocultarme, por no verte, y por temer; que aquella porción josame, quene alimenta denojusto, inficionando los airos con el con agia me ofende; y es bien que de ti me aparten pues quien contra mi respetos quiso manchar el esmalte de su lealtad, no es mi hijo. Y pues vienes a matarme, mi vida esta cumbre ampare. Padre; y señor, tente, espera, ya sé que mi error fue grande. Si no lo enmiendas, qué importa? Ya solícito enmendarle: escucha, espera, detente. En vano me periuades. Mira que todo mi honor estriba en que el curso pares, y que me escuches. . Que has dicho hombre? el honor? . Es constante: en que me oigas, padre, estriba. Pues ya es preciso escucharte, porque en casos del honor, cuando uno de otro sevale; aunque un enemigo sea, debe el que es nobre ampararle, y así bajo a locorrerte; pues me tira en este lance, mas el empeño de noble; que la obligación de padre. Sabrás, señor, que Don Sancho, debiéndome lo que sabes, intenta violentamente la vida, y honor quitarme. Honor, y vida? es castigo del Cielo, pues contra un Ángel inocente te opusiste, y al vil tirano aclamaste. Es verdad, y mi delito conozco. . Pasa adelante. De mi esposa Doña Blanca enamorado, combate su noble desdén, y viendo la empresa imposible, y grande el empeño; por ser yo quien ya sus designios sabe, con mi muerte solicita G lograr sus atrocidades. Válgame Dios! y qué intentas? pues siéndolo, ya no goza de Rey las inmunidades. Claro está que no las goza, cuando este Reino inconstante tiene legítime Rey, que le gobierne, y le mande. Legítimo Rey? . No hay duda, no te admires, ni te espantes, Rey legítimo es Alfonso, el que en tu casa criaste ignorado desde niño, del Cielo fueron piedades. Ese es el hijo de Elvira? en la admiración no cabe tan raro caso; y la Reina vive? En este mismo traje que yo estos montes habita; mas por ahora esto baste, que ya Don Sancho se acerca. Ya echó por esotra parte; porque a cazar solamente la curiosidad le trae unas desusadas fieras, que andan aquí; si el dictamen no me engaña, tú, y Elvira son los que busca el cobarde, por brutos de humana forma. En ese error, los Zagales han dado . Y por eso al monte viene Don Sancho esta tarde: hoy vengarme del intento despechado, señor, antes que el ejecute mi muerte, con que aseguro mis males, fama, honor, vida, y sosiego: Alfonso Reine. . Ayuidarte intento con una industria; sin nota de sus perciales. No dices que viene a caza de unos monstruos formidables, que vengo a ser yo, y Eivr a que tu venganza logres, sin escándalo de nadie: yo le iré cebando el curso; para que vaya en mi alcance, hasta esa empinada cumbre; donde. . Adelante no pases, que ya tu intención penetro. Siempre a tu lado ha de hallarse mi valor; pero qué miro! tu brazo mi vida ampare, gran Don Ramón; mas qué veo! Gran señora, los pies dadme, paraque ahora mi error arrepentido restaure. Sin duda, que Don Martín ya todo el secreto sabe. Alzad del suelo a mis brazos; que ignoro estas novedades. Por ser Don Martín mi hijo. merezca vuestras piedades, y no queráis por ahora. inquirir las variedades. de estos prodigios, que a mí, viendo que en solo un instante sucedieron; me parece más fábulas, que verdades. Generoso Don Ramón, Alfonso soy, abrazadme, y no extrañéis este afecto, pues lo que te debo sabes. El cielo permita, Alfonso, que tú; pero mi voz calle, y remita a la fortuna. el suceso. Heroico padre de la patria. Callad todas, que importa, que no nos hallen aquí los que a Sancho siguen: Monteros, todos al valle. Ea, Martín, al empeño. Llegad, villanos, cobardes. Casia y que os retiréis. Dejarte en el riesgo es imposible. De ti no pienso apartarme. Que lo hagáis es ya preciso. Opedecedme, o matadme: tú a la cueva te retira; y en ella Alfonso te ampare. Yo encerrado en una cueva, cuando a mi noble coraje el mundo le viene estrecho? No repliques, que adelante sabrás el fin de esta enigma. Ven, Alfonso. . Extraño lance solo pudiera tu amor, y tu respeto obligarme. . El Roy se acerca la industria. h , Fiera invencible, que al aire en laligereza excedes. Que una pasión tanto atrastre! ya tengo determinado, . porque este mi amor no ataje, que a la salida del bosque le den muerte. Indomable monstruo aguardo. . Si él me sigue, logre la acción: Condestable, habéis la fiera encontrado? . Si señor, los ojos alo vuestra Alteza verá el bruto. He de suguirle el alcanco. Sube apriesa, y logra el triunfe no conseguido de nadie. Don Martín, rara eminencia. Ea, señor, no dosmayes, logra el Cetro, que ya falta Ahora era el tiempo. En vano buscas por sagrado el aire M Así mi honor se defiende. tirano. Ah traidor, cobarde! Válgame el Cielo, ay de mí! Tres vidas aseguraste. Ah del valle, ha de la selva: Rey infeliz! lamentable desdichal amigos, Monteros, y Caballeros leales de Navarra, acudid todos. Aquí las voces nos traen. Esta es la voz de mi esposo, a quien sigo. . Mas pesares, aquí el Rey muerto se mira. La más infeliz, más grande desdiche: por esa cumbre, con ambición de ser ave, el Rey seguía esa fiera, y con tal fuerza el errante: fresno a los aires despide, que resvalando el pie frágil, desde esa encumbrada altura bajó despeñado al valle. Su trágico fin lloremos, pues sin Rey, sin luz, sin padre queda este Reino infelice. De mis ojos retiradle; no os desconsoléis, Navarros, que Rey tenéis que os amparé. Que Rey, si en Sancho fenece. el tronco Real. No os desmaye, del Rey Don Pedro tenéis feliz sucesor, miradle: este es vuestro Rey, Navarros, y Doña Elvira su madre. es esta, que perseguida de Don Sancho, en este traje vivio oculta entre estos montes; asistida de mi padre Don Ramón, que es el que veis. Acuyas finezas grandes debo honor, vida, y Corona: vuestro Rey tenéis delante, que la noche que Don Sancho tirano intentó matarme, nació expuesto a los rigores del destino; porque al darle a un Pastor, se le llevó a Blanca, que con piedados en su casa le ha criado. Y por más claras señales del lugar, tiempo, y Pastor, y otras evidencias grandes, que para después reservo, mas claras que el Sol, os hacen que le rindáis obediencia. Esta es la verdad, leales vasallos, decid que vivas vuestro Rey. Viva. Y descanse Gilote, de reformado Sargento de los salvajes. Con que aquí. Senado ilustre, da fin la Comedia, acabe con un perdón por lo menos, pues con un victor no es fácile
