Texto digital de La venganza de Tamar
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Felipe Godínez o Tirso de Molina
- Atribución estilometría
- Tirso de Molina Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La venganza de Tamar. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/venganza-de-tamar-la.

LA VENGANZA DE TAMAR
JORNADA PRIMERA
Quítame aquestas espuelas, descálzame aquestas botas. Ya de ver murallas rotas, por cuyas escalas vuelas, te debes de haber cansado. Es mi padre pertinaz, ni viejo dejó la paz, ni mozo quitó del lado el acero que desciño. De esto, señor, no te espantes, quien descabezó Gigantes, y comenzó a vencer niño. Si es otra naturaleza la poderosa costumbre, viejo tendrá pesadumbre con la paz. . A la grandeza del Reino que le corona, Pasuar por sus hazañas subió. No soy tan Soldado, cual de él la fama pregona, De los Amonitas cerque David la idólatra Corte, máquinas la industria corte, sin nuestra sangre la merque, Que si en eso se halla bien, porque sus Reinos mejora, mas quiero, Eliacer, un hora de nuestra, Jerusalén, que cuantas victorias dan a su nombre eterna fama. Si fueras de alguna dama alanbicado galán. No presumo que la ausencia te hiciera la guerra odiosa, que amor, que en la paz reposa, pierde dimado la paciencia. Mas no amando, aborrecer las armas, que de pesadas suelen ser desamoradas, cosa es nueva. . Sí, Eliacer, en todo soy singular, que no es digno de alabar el que no lo sabe hacer. No gozaremos las treguas, que el Rey da al contrario bien, no estando en Jerusalén. Corrido habemos dos leguas, que hay de Arabata hasta aquí, volando. . Qué bien pensé, quién las postas inventa! No, alomenos, para mí. Doilas a la maldición, que cabriolando jornadas, me han puesto las dos lunadas como ruedas de Salmón. Eliacer, también tu gozas paces? . Travesuras mozas, nunca, hermano, están de espacia; trocamos en nuestra tierra, por las tiendas de la guerra, los salones de Palacio. Diez días han de durar las que al bárbaro Amonita dio David: Amor permita sus murallas escalar. Si son murallas de amor? Rondando de noche un hombre, hay peligro que le asombre en presunciones de amor? Una dama dejé aquí, por quien pierdo la paciencia, y quiero ver si en mi ausencia tiene memoria de mí. Si así sus defectos salvas, qué hacen en quererte bien, pues todo Jerusalén te llama remienda calvas? Y las muchas que compones, debiéndote sus bellezas, haces que haya en las cabezas infinitos Absalones. Al cabello, dicen ellas. Pues sin rodeos, ni atajos, fueran, al fin, ristras de ajos, sino es por ti, las más bellas, En fin, el Príncipe da en no querer a ninguna. Mientras no encuentre con una perfecta, no me verá en su minuta el Amor. Elisabeth, no es hermosa? De cercano, que es hoyosa, pónese mucha color. Ruth? . Esa es muy negra. Aristóbala? . Es común, habla conciento en un año. María? Éncubre mucho paño, y huele siempre al betún. No tiene falta María? Ser melindrosa no es falta. Dina? . Enfádame por alta, y más me lo parecía. Jazabel es buena, hermanos? Dicen, que es un poco espesa. Alejandra? . Yo sé; que esa. trae juaneres en las manos. Silene? . Rostro bizarro; más flaca, o impertinente. Pues no hallas quien te contente, haz una dama de barro. Válgate Dios por Amón, qué satirico que estás! No has de verme amar jamás? tengo mala condición. Luego no querrás mañana en la noche ir a la fiesta, y boda, que Elisa apresta la juventud cortesana? Con quién, ldecidme, se casa? Con Joseph el de Isacar. Bella mujer le han de dar, buena para estar en casa. Tú, que nunca te enamoras, no la tendrás por muy bella. Piensas ir allá? . Iré a danzar, mas que no a verla, si es que máscaras permiten, En los saraos las admiten. Lástima tengo al casado, con una mujer acuestas. Ya sé, que a David, mi padre, no le han parecido mal, testigo la de Nabal, y Bersabeth, hermosa madre del discreto Salomón. Y las muchas concubinas, cuyas bellezas divinas milagros del mundo son? Guárdalas el Rey de suerte, que no ha de tener la muerte entrada para vercerlas. El recato de Palacio, y poca seguridad de la feminil beldad, no las deja ver de espacio. Mas, por Dios, que ha pocos días, que a una muchacha que vi entre ellas, luego le di toda el alma. . Oye, Adonias, del modo que está Absalón a la mujer de tu padre. Solo perdono a mi madre: tengo tal inclinación, que con quien celebra bodas, envidiando su vejez, me enamora, y habrá vez en que se las goce todas. Vete, Absalón, a la mano, y no digas desatinos. Qué es lo que habemos de hacer? Cierta dama he de ir a ver en durmiendo los vecinos. Yo me pierdo por jugar. Yo, que no adoro, ni juego, leeré verlos. . Buen sosiego, En esto quiero imitar a David, pues no le imito en amar, ni en querer tanto. Serás Poeta a lo santo: los Psalmos en verso ha escrito, Qué es Dios la masa perfecta, que en el mismo Cielo está, Misterios escribirá, que es Poeta, y es Profeta. Divinos estáis los dos. Ya nos vamos a humanar; quiéresnos acompañar? No hermano. Pues adiós. Qué habemos de hacer ahora? No sé que se me ha antojado, Mas si estuvieses preñado, Tanta dama, que enamora a David mi padre viejo, como pasarán sin él? Claramente puedes ver, que la que es divino espejo de la firmeza, y razón, es mujer en el efecto, un animal imperfecto. Si toda la privación es del apetito madre, deseará su liviandad al hombre, que es su mitad, y no estando ya su padre para fiestas, ya lo ves. Harto mal lo pasarán. El calor es demasiado, y con la noche, y nublado, quien duda que en el jardín pedirán limosna al frezco las damas? lo que apetezco he de ejecutar, al fin: curioso tengo hoy de ser. Si el Rey lo viene a saber? no le enojes, pues ignoras, que a quien dentro de él cogiese, por más principal que fuese viviría pocas horas. Que las casas de los Reyes gozan de la inmunidad. de los Templos. Es verdad, mas no se entienden las leyes con el Príncipe heredero: Príncipe soy de Israel, el calor que hace es cruel; y así, divertirle quiero. En dando yo en una cosa, ya sabes que he de salir con ella. . Empieza a subir; mas siendo tan peligrosa, un mal rato te darán. Hacia allí he visto unas yedras, que abrazadas con sus piedras, de escalas me servirán. Vive el Cielo, que es bajeza. En dándole en la cabeza. una cosa, no podrán persuadirle a lo contrario catorce predicadores. Extraños son los señores! Y el nuestro es un temerario. Viste jamás tal calor? Tú, Dina, mejor lo pasas que yo. . Pues por qué mejor? Porque no llegas las brasas del tiempo, al fuego de amor, Notable calma, no mueve un hoja el viento siquiera. Si aquesta fuente se atreve aplacar la furia fiera, que en la taza de oro bebe, de su arena, aqueste prado, denos su margen asiento, En cojines de brocado sus flores ciento entre ciento te ofrecen su Real estrado; que, al fin, como eres Infanta, no te contentas con menos. Dina alguna cosa canta, que en los jardines amenos así amor su mal espanta. Yo no tengo que espantar, que no estoy enamorada: tú al viento puedes llamar; pues siendo tan celebrada en la música Tamar, como en la belleza, a oírte, si tú aquí ahora cantas, vendrán las aves, y plantas alegres por divertirte. La mocedad no repara en cuanto intentar procura, la noche mi gusto ampara, cuanto me entristece oscura, me alegra esta fuente clara. Como no sé adonde voy, a cada paso tropiezo. Ay, Dina, qué triste estoy! Cuando yo a cantar empiezo, tregua a mis pesares doy. Mi deseo se cumplió, aquí hablar mujeres siento, La música se inventó en alivio del tormento. De algo mi intento sirvió. Ay si mi amante me oyera! No hay parte oculta de amor, hasta aquí llega su esfera. Pues fía de su valor, que no serás la primera. Ligero pensamiento de amor, pájaro alegre, que vistes la esperanza de plumas, y alas verdes. Si fuente de tus gustos mi querido ausente, donde celoso asiste, dónde sediento bebe? Tu vuelta me dilates, cuando a verle llegues, que me darán tus dichas envidia, si no vuelves. Pajarillo, si vas a la fuente, bebe, y vente; bebe, y vente, Qué voz tan apacible! qué quejas tan ardientes! qué accentos tan suaves! amor, qué hechizo es este? Ay, Dios! quién mereciera atestigar presente, lo que pierde de vista, lo que de oídas siente. Así tu amante goces, y de tus años cuentes los sustros a millares, en primavera siempre. Qué prosiguiendo olvides el calor que suspendes, y alivias con oírte. Vaya, pues tú lo quieres, Ay, pensamiento mío! qué de ello te detienes? qué lisonjero qué partes! qué perezoso que vuelves! Celo la estoy de que goces de mi adorado ausente, la vista con que aplacas, la viva sed de verle. Pajarillo, que vas, Entrad, celos crueles, serviréis de testigos, con que mi amor comience, mujer ausente, y firme, celoso yo, y presente, sin ver, y con oídos. Oh milagro valiente de un ciego que nos rinde, cuanto desnudo fuerte! Un poco quiero acercarme hacia ella: Jesús! caí. Ay, Cielo! quién está ahí? Ya es imposible ocultarme, Como encubriré quién soy? Aunque la noche es de suerte, que creo que nadie acierte a ver el traje en que estoy, Quién va allá? Deme la mano, hijo soy del hortelano, que he caído: al diabro doy la música, que ella hue ocasión que tropezase en un tronco, y me quebrase la espinilla: no me ve? No veis vos por donde vais; y hemos de verlo nosotras? Pardiez damas, o quillotras: lindamente lo cantáis! oyeraos yo treinta días sin comer. . Ahos contentado? Pardiós, que lo habéis cantado como un Gigante Golias: dadme la mano, que peso un monte: tomésela, besela, y juro, en verdad, que a la miel me supo el beso. Atrevido sois, villano. Qué quiere? siempre se vido ser dichoso el atrevido. En fin, sois el hortelano? Sí señora, e inficionado a música. . Buen modorro, Vos tenéis un gentil chorro, Si en la cara os ha ayudado, como en la voz, la ventura, con todo podéis alzar; más diz, que no suele andar con buena voz la hermosura. Tosco pensamiento es ese. No suele, aunque esto os espanta, decirse, a la que bien canta, quién te oyese, y no te viese? Cumpliraos ese deseo la oscuridad que hace ahora. Antes me aburro, señora, de que aunque os oigo, no os veo. Pues no me habéis conocido? Sois tantas las que aquí estáis, y de día, y noche andáis pisando el jardín florido, que como no me endilguéis vuestro nombre, no me espanto, que no os conozca en el canto; que aunque tal vez os lleguéis a inquillotrarme, y me quejo, demás de un pellizco; y dos, que me dais, quizá, por Dios, de que el Rey, que ya está viejo, os cumple mal de justicia, teniendo tanta mujer, soy rudo en el conocer. Qué villano! Qué malicia! Píaburlas de esta gente. Quiere decirme quién es, y llevarela después de flor, y fruta un presente? Andad, que sois hablador, El guante que la quité, cuando su mano besé, me he de llevar por favor. Dina, ven. . Ado va? cante, así le remoce el Cielo a David, si es su marido. Un guante se me ha perdido. Debe de estar en el suelo. Hallele, pardiez, que gano en hallazgos mucho ya. Qué es de él? Tome. . Dadle acá, Besela otra vez la mano, que es más dulce que un turrón: o quién la besara ciento! Ese es mucho atrevimiento, No hice más que un topeton. No gustas de lo que pasa, buen jardinero? . De amor, qué quiere? Todo esto es flor. Yo haré que os echen de casa, Con qué vestido mañana a mi boda irás? . No sé; quizá el azul sacaré. Es elección soberana. De aquí mis venturas saco, que sin cantar más. se van: su nombre no me dirán? No, que sois un gran bellaco. . Ahora, noche, sí, que a escuras quedo, pues un Sol hasta aquí tuve delante, libre de Amor entré, y salgo amante, burlábame antes de él ya llorar puedo. Ay amorosa voz, oscuro enredo! cifrada mi ventura en solo un guante, si iguala con su música el semblante: vencido, Amor, me habéis, yo lo concedo, Sin saber donde voy enamorado, asaltando murallas del olvido, mas dichoso saldrá vuestro cuidado. Si sacando a quien es por el vestido, aunque al principio azul celos me ha da- al fin será mi amor favorecido. (do, Quedaba el Rey mi señor bueno? . Alegre salud goza, que entre el bélico furor la sangre se le remoza, y cobra nuevo valor. Quitárale la memoria de nosotras, el deseo del triunfo de esta victoria, Amaros es su trofeo, consérvaros es mi gloria. En la más ardua victoria es vuestro amor buen testigo, que tiene, en fe de su gloria, la espada en el enemigo, y en vosotras la memoria. Qué tienes, señor, que así, desde que al jardín entraste, no duermes, ni estás en ti? Qué viste cuando llegaste? Loco estoy, porque no vi, Oh Príncipe! Aón querido. Las treguas, que David da, a veros nos han traído. Y habéis de volver allá? Como el Rey fuere servido. Absalón; galán venís; y vos Amón, sois su igual, y en la esfera celestial, con la del Sol competís. Como hoy se casa Elisa, nuevas fiestas ocasiona, que dan a las galas prisa. Merécelo su persona. Para vos, cosa de risa son casamientos, y amores. No sé lo que en eso os diga, Josephéspera, señores, que le honréis. Y nos obliga a que le hagan favores. Ea, hermanos, vamos todos a ver a los desposados, y pues estáis convidados, acompañémos le todos. Qué melancólico está! Venís. Príncipe? . Ya voy. Qué tengo que hacer ahora? Salid, encarnada Aurora, postrareme a vuestros pies; salid, hermosa señora, que en la voz enamoráis, verá vuestro Sol mi día, y veré yo si igualáis la cara a la melodía. Si mudará parecer? si trocará la color? qué mi tercera ha de ser? no lo permitáis, amor, pues tenéis tanto poder. Ya vienen acompañando a los esposados, todos; dudo alegre, temo amando? ay, amor, porqué de modos soberbios vas humillando! (azul, No es esta, Cielo, estrellado de mi hermana? Esta es, Cielos! Tamar, buena suerte he echado; ay, imposibles desvelos, en mi hermana habéis parado! No quiera Dios, que un deseo desatinado, y cruel, venza con amor tan feo a un Príncipe de Israel; morir es noble trofeo. Incurable es mi deseo, pues ya soy vuestro vasallo; ciego Dios, dadme favor, porque adorar, y callarlo, son imposibles de amor. No quiera el Cielo, que muera del pecho esta llama! amor es pasión ligera, ausente olvida quien ama, y más de la vez primera. Al cerco quiero partirme, que a los principios se olvida una pasión poco firme; y no quiero que mi vida esta locura confirme. Señor, qué quieres pedir? Sácame botas, y espuelas. Postas voy a prevenir. Pero ciegó, y con piguelas, cómo podrá el sacre huir? Dejadlas, que ya no quiero. Dadme de tela un baquero, y sacad también un rostro, que hallarme en el sarao quiero? de imposibles soy un monstruo, esperando desespero. Ame al Delfín el cantor, al Plantano el Persa adore, a la estatua tenga amor, el otro bruto enamore, la Afiria de más valor: Que de mi locura vana, el tormento es más atroz, y mi pasión inhumana, pues me enamoró una voz, e idólatro en una hermana. Gocéis, Joseph, el estado con Elisa años prolijos, en la vejez coronado; de nobles, y hermosos hijos, fruto de un amor pagado. Si vuestra Alteza nos da tan felices parabienes, quien duda que nos dará el Cielo todos los bienes, que nos pronóstica ya? Máscaras quieren danzar. Dese principio a la fiesta, El Cielo juntó en Tamar, con una hermosura honesta, un donaire singular. Desocupado está el puesto de mi imposible tirana: vuestro deudor soy en esto, que de estorbos, bella hermana, en mi amor el Cielo ha puesto. Por gozar tal coyuntura, bien me holgara yo, señora, que casara mi ventura una mujer cada hora, puesto que la noche oscura también voluntades casa, hecho talamo un jardín, donde cuando el fuego abrasa, con voces de un Serafín hace el Cielo vuestra casa. Yo sé quien antes de veros, enamorado de oíros, los árboles lisonjeros movio anoche con suspiros, y a vos no puedo moveros. Yo sé quien bese una mano tres veces: fueran tres mil; yo sé. . Fingido hortelano, para vuestro mal sutil, y para mi honor villano. Ya el engaño he colegido, que en fe de la oscuridad os hizo anoche atrevido: la sagrada inmunidad del Palacio habéis rompido. Pero agradeced, que intento no dar a esta fiesta fin, que lástima mi contento, que hoy os sirviera el jardín de castigo, y de escarmiento. De castigo, cosa es clara, que vuestra piedad cumplió mi fortuna siempre avara, pero de escarmiento no. Y ojalá, que escarmentara yo en mí mismo; mas el Cielo tuvo culpa, pues me hizo furioso con tanto extremo, que yo mismo el fuego atizo, y llamas en que me quemo. Quién sois vos, qué habláis así? Un compuesto de contrarios, desde anoche que os cí, que me abrasan temerarios, y todos son contra mí Una quimera encantada, una es finge, con que lucho, un volcán en nieve helada; y al fin, por ser con vos mucho, no vengo, Infanta, a ser nada. Viose loco semejante? Yo sé; que anoche perdistos, porque yo ganase un guante, la mano, que a un Pastor distes, dadla ahora a un noble amante. Máscara descomedida, levantad al punto de ahí, que os haré quitar la vida. La vida, anoche os la di, tarde vendrá quien la pida. Y porque a un tosco villano, no es bien que de noche hagáis más favor, que a un cortesano, que queráis, que no queráis, os he de besar la mano. Hola, seguidle, matadle, criados, emigos, deudos. 1. A quién, señora? A un traidor, robador de mis contentos. Para en tristeza mi fiesta. Luto el tálamo se ha vuelto. 1. Cerrad el Palacio, y muera el villano. Ah, santos Cielos! qué dos veces un villano ponga en tal vil menosprecio mi honor atrevidamente! Plega a Dios, que en blando sueño te mate el mayor amigo; sin causa rayos soberbios derriben, traidor, tus alas. Bocas abiertas el suelo, pronostique tu ruina; hambrientas aves, tu cuerpo sepultén en sus entrañas. Mas dónde el discurso llevo? A quién castigan mis voces? Mas ha de haber en el suelo quien, fuera de Joab, goce mis amorosos trofeos: No puede ser: muera digo; pero si tu atrevimiento nació de tenerme amor, amor disculpe sus hierros. Que si a quien me quiere bien le doy tan fieros tormentos, para los que me aborrezcan no tendré castigos nuevos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA No lo aciertas gran señor, en levantarte. . La cama es potro de la paciencia. Un discreto la compara a los celos. . De qué modo? De la suerte que maltratan, cuando pocos, si son muchos, o causan flaqueza, o mantan. Bien has dicho:hola. . Señor? Dadle cien escudos. . Pagas como Príncipe, y no solo las obras, mas las palabras. Di algo que me entretenga. Qué es la causa porque callas tanto. Eliacer? . Señor, no quiero decirte nada, porque sé no tienes gusto, y despides a quien habla. Tu grave melancolía tiene, señor, lastimada a toda Jerusalén: no hay tan desdeñosa dama, que a costa de tu salud no te sirve con el alma. Quiérenme bien? . Señor, como a su Plíncipe. . Basta, no me hables más en mujeres. Pluguiera a Dios, que se hallara mado con que conservar la naturaleza humana, sin haberlas menester. Vino el Médico? No mandas, que ninguno te visite? Si curaran como hablan, no estuviera enfermo yo. No estudian, señor, palabra; sangrar, y purgar son Polos de su ciencia. . Y su gancia. Todo es seda, ámbar, y mulas, Si dos de ellos enviara a Siria, o a Egirto, el Rey, con dos recetas mataran mas que un ejército armado. Cómo? juntáronse ayer en casa de Dobora seis Doctores, que ha días que está muy mala, para consultar entre ellos la enfermedad de esta dama. Y hablando unos con otros, retiráronse a una sala, echando la gente fuera; diole gusto a una criado (que bastaba ser mujer) de saber de lo que hablaban; y cuando tuvo por cierto, que del mal filosofaban de la enferma, y experiencias de sus estudios trataban, oyó preguntar al uno: señor Doctor, qué ganancia sacará vuesa merced, una con otra semana? Respondió: cincuenta escudos, con que he comprado una granja, veinte alanzadas de viñas, y un soto, en que tengo Bacas. Pero no me descontenta el buen gusto de las casas, que vuesa merced labró. Dijo otro: son extremadas! Pero tenéis muchos libros (docientos cuerpos no bastan) con cuatro dedos de polvo, que ni ellos hablan palabra, ni yo miro lo que dicen: obstentación, e ignorancia nos van dando de comer. Mas ha de cuatro semanas que no hojeo, si no son pechugas de pabos blancas, lomos de gazapos tiernos, y con pimienta, y naranja, perdiz pichón, y baquita, que así a la ternera llaman los estudiantes de hogaño; pero lo parlado basta. Vamos a ver nuestra enferma, que estará muy confiada en nuestra consulta. Fueron, y dijo el de mayor barba: Lo que se laca de aquí, es, que al momento le hagan una fregación de piernas, y por todas las espaldas lo echen catoras ventosas, las siete, y ocho sajadas. Sobre el corazón le pongan un socorcio, y somentada con manteca de azahar: tenga segura esperanza, que la consulta de hoy la dará tan presto sana, que a estos señores Dectores tenga después que dar gracias. Diéronles doncientos Reales, y volviéndose a sus casas tan contentos de la junta, como te he contado. . Calla, relaton imperiinente, que me atormentas, y cansas: es posible que hables tanto? Tú, señor, no me lo mandas? si callo, te doy pesar; si hablo, te canso el alma: Dios te dé sosiego, y gusto. Escuchad, que afuera cantan. Pajarillos, que hacéis al Alba con lisonjas alegre salva; cantadle, cantadle, Amón, que tristezas le quitan la vida, y no sabe si son de amor. Hola, Eliacer, Jonad, echadlos por las ventanas; dadlos muerte, despeñadlos, tendrán sepultura honrada, como gusanos de seda. Qué extraña pasión de melancolía! Yo llorando, y ellos cautan, mi enfermedad los alegra. Aquí está el Maestro de arma, que viene a darte lección. Dadme, pues, la negra espada, aunque, pues, se queda en blanco mi nunca verde esperanza; mejor, que la espada negra, pudieran jugar la blanca. Vuelva el Cielo; gran señor, las colores a tu cara, que la tristeza marchita con la salud que te falta. Retórico bachiller, el que es discreto jamás habla, jugad las armas callando, o no entréis en esta sala. Perdé neme vuestra Alteza, dije, en la lección pasada, que con aquesta postura al contrario se ganaban dos pies de tierra. . Con siete, que son los que a un hombre bastan, cuando os haya muerto a todos, daré sosiego a mis ansias. Qué es lo que hace Vi Alteza? Castigar vuestra ignorancia; necio es el mal que me aflige: siendo de amor, no se casa con instrumentos de guerra? Huyamos mientras amansa el frenesí de su furia. Ay, libertad de mi alma! sayal negro, y jerga basta os tiene de hacer desde hoy las exequias lastimadas. Hola, Eliacer, Jonad, no hay quien venga a dar alivio al tormento que me abrasa? Sosiégate, gran señor. Cómo, si es quimera mi alma, de contradicciones hecha, e imposibles sustentada? no estaba en la cama yo? quién me ha cubierto de galas? desnudadme presto, presto. Tú te vistes, y levantas contra el parecer de todos. Mentís. Desnúdale, y calla. Qué es aquesto? Viene tu padre, Rey, y Monarca de los doce ilustres Tribus, entre clarines, y cajas, triunfando a Jerusalén. Después que por tierra extraña del idólatra Amonita, las Ciudades conquistadas ganó con su gran valor: Con parabienes, y danzas le salen a recibir, cubiertos de cedro, y palmas, los cortesanos alegres. Y la victoria le cantan, que en el triunfo de Goliad sus agradecidas damas: sal a darle el parabién, y con su festina entrada hnní divertirás tu tristeza. Al melancólico agravan; al mal infinitos, bienes. Idos todos de mi casa, dejadme a solas en ella, mientras veis que me acompaña desesperación, tristeza, congaja, imposible, rabia; pues cuando mi padre triunfe, muerte me darán mis ansias. . Lastimoso frenes?! Que no se sepa la causa de tanto mal! si es amor? Ah serlo, quien agradara a quién este Reino hereda! Es así; mas pues qué calla la ocasión de su tristeza, Amón está loco, o ama, Míchol querida, que por tantos años a indigno poseedor diste trofeos, a la envidia venganza, a amor engaños, al tiempo de contar ya mi deseos: dadme en esos abrazos desengaños, como yo a vuestras aras Filisteos, pues les dais en tan heroicas sumas, gloria al Sabio, y a la Fama plumas. Discreta Abigail, a quien el Cielo gracias de aplacar cóleras ha dado, del rústico Pastor en el Cármelo, premio no merecido, ni excusado, en esos brazos, Polos del consuelo, en quien vive mi amor depositado, descansa mi vejez, que pues los goza, si largos años cuenta, ya está moza. Y vos, mi Salomón, noble sujeto; que el Cielo, ciencia infusa deposira, de la fábrica celebre arquitectero, que la niebla de Dios, en niebla imita: el Libano de Iran, grato, y discreto, Cedros os corte, donde eterna habita la incorrujción, que el tiempo no maltrata, con oro os sirve Ofir, Tarsis con plata. Bellísima Tamar, hija querida, cárcel del Sol, en vuestras hebras pre- dichosa es mi victoria, reducida (so, al triunfo que con veros intereso: cómo os halláis? , Con nueva alegre vida, que ya por vos, señor, tener confieso. Porque un padre tan bueno da a sus hijos con su presencia alegres regocijos. Esta corona, peso de un talento, y veinte mil ducados, rica, y bella, lo fue del Amonita, que os presento, alegre en ver que sois las piedras de ella: mi Generel Joab, merecimiento de las famas que envidias atropella, de mis victorias la ocasión ha sido, valiente Capitán, si comedido. Dadle las gracias de ellas. En esas plantas puesta la boca, quedaré premiado, pues a mayores glorias me levantas, con solo el nombre, o Rey de tu Soldado: cuélgate el Arca con tus armas santas, trofeos que a la envidia den cuidado, y al Arpa fanta de tu gusto abismo, cántate las victorias a ti mismo. (nias, Hablad a mi Absalón, a mi Ado- diestros en guerra, si en la paz galanes. A tu lado, señor, que valentías podrán dar luz a heroicos Capitanes? Viero después de eso nuestros días, al tremolar sútiles tafetanes, juntar en dos sujetos de ventura el esfue zoabrazado a la hermosura. Mi Amón, mi mayorazgo, el pri- mer fruto, de mi amor, como esta? Dando a tu Corte tristeza, en darle a su pesar tributo, prisa a la muerte, que sus años corte, llanto a sus ojos, y a nosotros luto, pues no dice su mal, ni hay quien reporte la pálida tristeza, que enfadosa de su rostro volvió gualda la rosa. No hay Médico ta celebre, que acierte la causa de tan gran melancolía, ni con música, y juegos se divierte, ni va a cazar, ni admite, compañía. A los umbrales llavia de la muerte, para dar a este Reino un triste día. Háblale, y el dolor que le molesta aliviarás: su cuadra es, señor, esta. Qué es esto? caro traslado de este triste original, que en alivio de tu mal, de todo el Hebreo estado. La mitad darte prometo, gozale, y no estés así, pon esos ojos en mí, de todo tu gusto objeto. No se oscurezca el Apolo de tu cara, el mal despide: qué quieres hablarme? pide. Qué es vais, y me dejéis solo, Bi en eso tu gusto estriba, no te quiero dar pesar, tu tristeza, ha de causar, que yo sin consuelo viva. Aguado está el regocijo, con que Hrael se señala; pero que contento iguala al dolor que causa un hijo? Que no mereciera yo, aunque fingiendo lo fuera, una palabra, siquiera, de amor! dirasme, que no. Príncipe, un mirarme solo: cruel con mis canas eres: hijo, qué tienes? qué quieres? Que os vais, y me dejéis solo, El dejarle es lo más cuerdo, pues persuadirle es en vano. Qué vale el Reino que gano, hijos, si al Príncipe pierdo? Tamar hermana, señora. O Príncipe, hermano mío! Oye de mi desvarío la causa que el Rey ignora: quieres darme tu salud? A estar el medio en mi mano, sabe Dios, querido hermano, con cuanta solicitud, hierbas, y piedras buscara, Esperiencias inquiriera, montes ásperos subiera, Filósofos consultara, intop para volver a Ilrael un Príncipe, que la muerte quitarle intenta. . Advierte, que no siendo tu cruel, sin piedras, hierbas, mentiras, V metales, montes, y llanos, un b está la vida en tus manos, que ya en el último miras. Toma este pulso, en él pon el dedo, como instrumento, a cuyo entendido acento conceptos da el corazón. Entiendes? . Desasosiego muestra. Cáusanle mis penas, sangre habitan otras venas, en las mías solo hay fuego. Qué temerario rigor! dime ya tu mal acaba. Darte cuenta de él pensaba; pero vete, que es mejor, no estemos aquí los dos: morir quiero no te vas? Si en eso resuelto estás, voyme, quédate con Dios. Qué te vas? crueldad extraña! vuelve. Vuelvo. Pero vete. Voyme. Vuelve, y contarete el fiero mal que me engaña. Si de una hermana no fías un secreto, qué he de hacer? De ser mi hermana, y mujer penden mis melancolías. Yo, mi Tamar, cuando fui contra el Amonita fiero, y en el combate primero del Rey mi padre seguí las banderas y el valor. vi sobre el muro una tarde un Sol bello haciendo alarde de sus victorias amor. Quedé ciego en la conquista de sus ojos soberanos, y sin llegar a las manos me venció sola su vista. Desde entonces me alistó amor entre sus Soldados; supe lo que eran cuidados, que hasta aquel instante no. Tiré sueldo de desvelos, imposibles me animaron, sospechas me desvelaron, quilatando mi amor celos. Y procurando saber quien era la causa, hermosa, de la pasión amorosa, en que me siento encender: Supe que era la Princesa, hija del bárbaro Rey, contraria en sangre, y en ley, si una sola amor profesa. Y como imposibilita con ella juntar, hermana, sangre idolatra, y pagana, con la sangre Israelita. Viendo mi amor invencible, a la ausencia remití mis celos, porque entendí ser allá cosa imposible. Víneme a Jerusalén, dejé belicos despojos, quise divertir los ojos, que siempre su daño ven. Pero ni converlaciones de casas, juegos, ni vicios fueron remedios propicios para aplacar mis pasiones. Crecio el mal de día en día, con la ausencia, que quien ama, espuelas de amor la llama; y al fin, mi melancolía me ha traí do a tal extremo, que lo que quiero, aborrezco, lo que no quiero, apetezco, y en este fuego me quemo. Aguardé a mi padre el Rey, para que cuando volviese de la guerra, me la diese, que aunque de contraria ley, Tamar, la nuestra dispensa, del Druteronomio santo, que el hombre, que amando tanto como yo, casarse piensa con mujer incircuncisa, ganada en licita guerra, la traiga a su patria, y tierra, donde en paz sus campos pisa. La quite el gentil vestido. y la adorne de otros bellos; la corte unas, y cabellos, y después sea su marido. Esta esperanza en sosiego tuvo, hermana, mi sentido; pero después que he sabido, que mi padre a sangre, y fuego, la Ciudad de quien adoro destruyó, quedando en ella muerta mi inocente bella, por lágrimas sangre lloro. Este es mi malvé imposible de sanar; esta es mi historia, que conserva mi memoria, para hacerla más terrible. Ten piedad, hermana bella, de mí. . Dios, hermano, sabe, si cuanto es tu mal más grave, mas me asige tu quererla: Mas yo como puedo, Amón; remediarte? Bien pudieras, mi Tamar, si tú quisieras. Prueba, hermano, mi afición. Mira, hermana de mi vida, cómo es mi pasión extraña! Como el niño amor te engaña con cualquier cosa fingida. Llora un niño, y a su ama pide el pecho, y dale el pecho; tal vez entra sin provecho, porque lagri más derrama. Hambriento he yo conocido, que de partir, y trinchar suele más harto quedar, que los demás que han comido. Pues mi amor, al finerapaz, si ha engañarles hermana, llegas, si amorosas tretas juegas, si tocas cajas en paz. Si le das fingidas flores, si el pecho toma a un engaño, si esgrime seguro el daño, si de aparentes colores, trincha el gusto que interesa, puede ser, bella Tamar, que sin que llegue al manjar, le satisfaga la mosa. Mi idólatra mal lograda fue imagen de tu hermosura, suspender su mal procura, o en tu nombre transformada. Sed tú mi dama fingida, consiente que te enamore, que ronde, escriba, y que llore, cele, alabe, obligue, y pida. Que el ser mi hermana asegura en Palacio las sospechas; y mis llamas satisfechas al plato de tu hermosura: Mientras el tiempo las cura, serás fuente artificial, que alivia al enfermo el mal, sin sanar mientras que dura. Si en eso estriba no más, caro, hermano, tu sosiego, tu gusto ejecuta luego, que en mí tu dama hallarás. Quizá más correspondiente, que la que a ti te abrasó; ya no soy tu hermana yo, preténdeme diligente. Que con industrioso engaño, mientras tu hermana no soy, para que sanes te doy, Amón, término de un año. dm Oh lengua medicinal! Oh Cielo de la hermosura! Oh manos de mi ventura! Oh remedio de mi mal! Ya vivo, ya puedo dar salud a mi mortal llama. Dicesme eso como a hermana, o cómo a sola Tamar? Como a Tamar hasta ahora; pero desde aquí adelante sabrás ya que soy tu amante, y que to adoro, señora. Pues este abrazo recibe. Finge que en tu patria estoy, y que a hablar contigo voy al Alcázar, dondelvive tu padre el Rey, que cercado por el medio está, y seguro: por un portillo del muro te voy a hablar disfrazado, porque soy tu amante firme. Esta es doñosa aventura, comienzo a hacer mi figura; mas no sé si he de reírme. Entro; pues, árboles bellos de este jardín, cuyas hojas son ojos, que mis congojas lloró amor por todos ellos. Habéis visto a quién adoro? Pero si visto le habéis, pues el ámbar que vertéis, condensado en gamos de oro. Son sus hermosos cabellos, y aquellos ojos, que son saetas del corazón, pues matan con solo bellos. Fuentes, el curso parad a vuestros cristales fríos; no digáis mis desvaríos, pues nacen de voluntad. Pero no calléis, hablad, y decidme si ha venido aquel mi dueño querido? o pues porque me lo digáis, y mi secreto encubráis, que calléis, y que habléis pido. Cé, ce, sois vos mi bien? . Y soy. Venís solo? . No es discreto el amor que no es secreto, aunque sea con desdén. Como amores no me ofreces esos brazos amorosos, que con mis suspiros creces, pues con los brazos hermosos me das vida tantas veces? . Zona soy, que se corona con los signos de oro bellos, de esos hermosos cabellos bien merezco tu persona. Ay, mi bien! aquestas manos, que al cristal envidia dan, la leche, y grana serán de mis gustos soberanos. Hay mis manos! que me abraso, si a los labios no os arrimo, con que mi fuego reprimo. . remediadme. . Paso, paso, que no os doy tanta licencia. Dicesme eso como a hermano, o cómo a galán? qué ufano está loco en tu presencia. Como a hermano, y a galán, que si de verás te abrasas, las leyes de hermano pasas; y si hoy acasión te dan, por galán, de que aquí estés, la primera vez que vienes a ver tu dama, no tienes de mediar por descortés. Basta por ahora esto. Cómo te sientes? . Mejor. Dónosas burlas? . De amor. Sospechoso es este puesto. Qué importa, no soy tu hermano? El serlo, recato pide. Como a galán me despide. Vaya, pues, suelta la mano. Adiós, dulce prenda. . Adiós. Quiéresme mucho? . Infinito. No admites mi amor? Si admito. Dormiréis? . Soñan lo en vos. Querrasme? . Toda mi vida. Olvidarasme? . Jamás. Qué te quedas? . Qué te vas? Ay, mi dueño! Ay, mi hominida! Tuyo soy. . Tuya seré. Por ti vivo. . Por ti muero. Seré bronce. . Seré acero. Tendré lealtad. . Tendré fe. Amor nos guíe a los dos. Él te guarde. . Él te defienda. Adiós, mi adorada prenda. Mi engañado amante, adiós. Escuchando atento he estado, tras este tapiz, finezas, requiebros, gustos, ternezas de un amor desatinado. Usase entre los hermanos, ni aún entre gente perdida, esto de mi bien, mi vida, ceñir cuellos, besar manos? No sé yo, que haya señales entre hermanos de afición, como estas, si ya no son, Tamar, de hermanos carnales, En pago de mis hazañas pedirte al Rey entendí; por causa tuya emprendí dificultades extrañas. El primero que asaltó, a vista del campo Hebreo, con muerte del Jebuseo, muros en Sion, fui yo. Su Cápitán General el Profeta Rey me hizo, con que en partes satisfizo mi pecho firme, y leal. Al Rey diré lo que pasa, como testigo de vista; pues cuando extraños conquista, afrentáis los dos su casa. Y mientras hace el olvido en mi pecho habitación, en el industrioso Amón tendrás hermano, y marido. Oye, espera, Joab valiente, así alargue Dios tus años, que escuches ciegos engaños de un amor solo aparente. Si un loco, que con furor Rey se finge, el que es discreto, por librarse de un aprieto, le va siguiendo el humor. Le llama de Majestad, cual vasallo se le humilla, le habla hincada la rodilla, sabiendo que es necedad, y con aquello le lleva; a que adviertas te provoco, que está Amón de amores loco, y que de esta pasión ciega. Podrá ser enloquecer, con que a mi padre procura darle triste sepultura, es mi hermano, sé el poder del ciego amor que le quema; y para que poco a poco aplaque el tiempo este loco, sigo, como ves, su tema. Mas pues resuelta en mi daño, y en riesgo de tu opinión, muérase mi hermano Amón, y cese desde hoy mi engaño. Si él ama, yo amo también la parte de un Capitán, el más valiente, y galán, que ha visto Jerusalén. Píreme a mi padre luego, que otras hijas ha casado con hombres que no han llegado a lo que hoy en ti a ver llego. Estás ya desenojado? Y justamente corrido de haber yo tan necio sido, que tal de ti haya pensado. Conozco tu discrección, tu mucha virtud no ignoro, tu honesta belleza adoro, y sé tu mucha afición. No haya más celos, y enojos, perdona, hermosa Tamar; que deseehoy juro no dar fe, ni crédito a los ojos. Yo soy la que gano en eso, pregúntaselo a mi amor. En pago de tal favor esa hermosa mano beso. Besar la mano, donde el labio ha puesto (ve, un Príncipe, un vasallo, es hecho ale- si el vaso se reserva donde bebe, el vestido, el caballo, y el Real puesto. Cómo, hermano, es mi agravio mani- fiesto, y como amante firme, mi amor breve, ídolo de mi amor, hermana aleve, tan presto atormentar, celos, tan presto. Yo he de matar a tu Joab villano; y cuando niegues tu miudanza loca, desmentírate tu besada mano. Y pues a tanta furia me provoca, por mi mano verás muerto al villano, dando a tus pies el alma por la boca. Ya soy, Amón, tu hermana, ya tú dama, la una verdadera, otra fingida, sabrás que dice amor, que por mi fama, come a galán, y hermano te déspida. Aquí cesó la traza que me infama, tuya es mi honra, mi hacienda, y vida; mas no mi amor, que firme, y verdadero, manda que no te quiera porque quiero. . Así te vas, homicida, con palabras tan resueltas? la venda a la herida sueltas, para que pierda la vida. Pues yo te daré venganza, cruel mudable Tamar, que, en fin, acabas en mar, por ser mar de la mudanza. Qué me abraso, ingratos Cielos! qué me da muerte un furor. Qué es lo que tienes, señor? Mal de corazón de celos. No sabré, señor, yo acaso de quién es? Sí, que pues que muero, ni puedo callar, ni quiero: por Tamar de amor me abraso. Pues para que no te quejes de mi lealtad conocida, tu pasión quiero aliviar; pierda su honra Tamar, y tú no pierdas la vida. Fíngete malo en la cama. No es mi tormento ficción. Disimula tu afición, y al Rey, que te adora, llama. Pídele, que venga a darte, Tamar, tu hermano a comer, y cuando esté en tu poder, aquí no hay que aconsejarte. Discreto eres, la ocasión lo que has de hacer te dirá. En ese remedio está mi vida, o mi perdición. Ve por mi padre, qué esperas? A llamarle voy señor; pero mira por tu honor: cierto me envías de veras? . Si amor consiste solo en semejanza, y tanto los hermanos se parecen, que sangre en miembros, en amor merecen igual correspondencia, y alabanza. Que los impide la que amor alcanza, de Adan los mayorazgos apetecen, lo mismo que apetezco, y me ofrecen, lo propio que apetece mi esperarza. Perdone, pues, la ley que mi amor priva, hacien lo que entre hermanos se conserve, y la ley natual se estienda, y siga: Que si el amor, al fin, sin fuego hierbe, el fuego, y el amor a mí me obliga, para alcanzar lo que en razón se pierde. De que envíes a llamarme, hijo, arrimo de mi vida, ya mi tristeza se olvida, y vuelves a consolarme. Qué quieres pedirme? acaba. Padre, mi flaqueza es tanta, que a la muerte se adelanta, pues que en el último estaba. No puedo comer bocado, ni hay manjar tan exquisito, que despierte el apetito, que está de mi desterrado. Como el mal es todo antojos, paréceme, padre, a mí, que a venir Tamar aquí, con solo poner los ojos, o la mano en algún pisto, una sustancia, o bebida, diera treguas a la vida, que ya en el último has visto. Quiere, señor, vuestra Alteza, hacerme aqueste sabor? Poco pides a mi amor, si así alivias tu tristeza. Tuamar vendrá diligente. Guisa Tamar a mi gusto, y entiéndele solamente. Pues en eso tienes gusto, voy a llamar a la Infanta. . Eliacer, dime algo, canta, si alivia el enfermo el mal. Cuando el bien que adoro los campos pisa, madruga el Alba, lloro de risa. h. Mándome el Rey mi señor, que a vuestra Alteza trajese de mi mano, que comiese, porque conozco su humor. Mas aunque yo le he guisado, si llaman gracia a la sal, yo vengo, Príncipe, tal, que no ha de estar sazonado. Jonad, tomad ese plato, cierea esta puerta, Ellcas, que a solas quiero comer un manjar, que es tan ingrato. Caro hermano (qué harto caro me saldrás, si eres cruel) Príncipe eres de Itrací. todos están en tu amparo. Mi honra es espejo claro, a donde me miro, y precio: no ignoras mi menosprecio? refreva tu ardiente llama, que no tendrás otra fama, si no de torpe, y de necio: lo que haces considera. Ya no hay que considerar, tú sola has de ser manjar del alma, a quien avarienta tanto ha que tienes hambrienta, pudiéndola sustentar. Qué quieres? . Tamar, amar. Tu hermana soy. . Así te amo. Si llamo al Rey? Si a amor llamo? Traidor. . No haya que tratar. Ay, Dios, qué temor tan justo! y el Rey? No hay cuenta con Rey. Tú ley? No conozco esa ley. Ley, y Rey solo es mi gusto.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Vete de aquí, salte fuera, veneno en taza dorada, templo hermoso por defuera, arpía, que en rostro agrada, siendo una asquerosa fiera. Al Basilisco retratas, veneno mirando arrojas, no me mires, que me matas; vete, monstruo, que me enojas, y mi juventud maltratas. Que yo te quise? es posible, que yo te tuve afición? fruta de Sodoma horrible, en la apariencia carbón, si en la belleza apacible, sal fuera, que eres horror de mi vida, y escarmiento, mas es mi aborrecimiento, que fue mi pasado amor. De suerte mi honor se injuria en tratarme Amón así, que con la violenta furia de tu torpe frenesí, has hecho mayor mi injuria. Honra con tales despojos a quien me reció servirte; y a mi dame más enojos; quien por no verte, ni oírte sorda estuviera, y sin ojos. Hola, gente, echad de aquí esta vivora, y centella. Víbora, señor, qué es de ella? Echad de aquí esta mujer, cerrad la puerta tras de ella. Carta, Tamar vino a ser, leyola, y quiere rompella. Voyme, por no te escuchar. Extraño caso, Eliacer! . Qué así pretendas manchar el honor de una mujer, que antes debieras honrar? Mas vive, traidor, el Cielo, que he de ser yo tu homicida, cuando me falte en el suelo venganza a mí triste vida, y a mi deshonra consuelo. Procúrate, Amóna guardar de mi valor, en quien fundo velver mi honor a cobrar, para que publique el mundo la venganza de Tamar. Bersaberh, vuestra madre, me ha pedido (bre; por vos, mi Salomón: creced, sed hon- que si amado de Dios sois, y querido, según se pronóstica en vuestro nombre: Yo espero en él, que al trono Real su- bido, futuros siglos vuestra fama asombre. Védrame a mí, gran señor, esa alaban- por ser de vos retrato, y semejanza. (za, Príncioes. , Gran señor. En qué se entiende? La cabeza, que el ocio nos defiende, nos obliga a buscar las soledades, esta trazamos, y tras ellas fiestas. (aquestas? Ay! Válgame Dios! qué voces son Gran Monarca de Israel, descendiente del León, que para vengar injurias dio ayuda al viejo Jacob: Si lágrimas, y suspiros, si mi enternecida voz, si lutos, si menosprecios, si el ser hija tuya yo, con lágrimas que derramo, te obligan a compasión, por los ojos vierto el alma, luto traigo por mi honor. La fingida en fermedad del cruel Príncipe Amón, peste de mi honra fue, su contagio me pegó. Que le guisase mandasto alguna cosa a labar de su lascibo apetito, veneno fuera mejor. Y sin admitir mis quejas, y el proponerle que soy tu hija, Rey, y su hermana, su estado, su ley, su Dios. A puerta cerrada entra, a donde cruel violo en el Templo de la Fama, el sagrado de mi honor. Aborreciome gozada; no me espante, que, al fin, son declarados enemigos, la venganza, y el temor. Echome furiosamente de su casa el violador, aprobrios por gustos dando; paga al fin, de tal señor. Deshonrada por sus calles, tu Corte mi llanto oyó, sus cortes se compadecen, cubre sus rayos el Sol. Y solo por no mirar caso tan triste, y atroz, todos te piden justicia; justicia, invicto señor. Dirás, que es Amón tu sangre, el vicio la corrompló, sángrate de ella, si quieres dejar vivo tu valor: que mal honrará a su padre quien a su hermana no honré, Ea, sangre de Abrahan; ea, invencible varón, pues veo, que vive en ti de tus deudos el valor. Contra su inocente hijo el cuchillo levantó; uno tuvo muchos tienes; inocente fue. Amón no. Así sirvió a Dios Abrahán; así servirás a Dios; véncete, Rey, a ti mismo, muestra aquí ya tu rigor; perque, al fin, es más hazaña) que hacer piezas a un León: hermanos, pedid justicia; conmigo, bello Absalón. Un padre nos ha engendrado, una madre nos parió, y los demás que no saben de mi deshonra, y baldón, sino sola la mitad, mis medios hermanos son; vos lo sois de padre, y madre, entera satisfacción tomad, o en eterna infamia vivid alegres desde hoy. Padre, hermanos, Israelitas, Luna, Cielo, Estrellas, Sol, calles, puertas, hombres, aves, brutos, elementos, hoy pedid al Cielo justicia, pues la pido de un traidor. Ay caso tan lastimoso!! llamad al Príncipe Amón: Cielos, esto es tener hijos? mucho me aflige el dolor! Llorad, hijos, si podéis, sentid mi mal todos hoy, lagri más serán palabras, que expliquen el corazón. Incestuoso tirano, presto cobrará Absalón, quitándote el Reino, y vida, su justa satisfacción. Ay tan protentoso caso? No hay palabra, ni razón con que su pasión impida: triste, y corrido me voy. Entre aquestas tristes nuevas, y entre esta tribulación. no halla mi lengua palabras para templar la pasión del Rey mi señor, pues sé, que, al fin, excusadas son. La Infanta es hermana mía, del Príncipe hermano soy; la afrenta de Tamar siento, el suceso causa horror, más vale dar con el tiempo lugar con la suspensión. El Rey mi señor me llama: iré ante el Rey mi señor? osaré mirar su cara, sin vergüenza, y sin temor? Mas qué es aquesto que digo? Mal digo, porque, al fin, son los pecados frías cenizas del fuego que enciende amor. Aquí a tus pies estoy. Príncipe. Amoroso padre. El alma me traspasó. Padre amoroso me llama, socorro pide a mi amor. Pero qué es del valor mío? A dónde está mi valor? Qué dirá de mi Israel, con tan necia remisión? Viva la justicia, y muera el Príncipe violador. Pero qué es esto que digo? Mas no, que, al fin, no es razón. Qué digo, si más bien digo? Es mi hijo, fue agreflor piedad sus ojos me piden; la Infanta satisfacción. Pero muera. . Cómo estás, pmadoso padre? . Mejor. En mirándole, es cera mi enojo, y su cara es Sol. Biendo adúltero homicida, piadoso me perdonó el justo Dios, porque dije un pequé de corazón. Vencio en él a la justicia la piedad, su imagen soy; el castigo es mano izquierda, mano derecha el perdón. Pues ser izquierda es defecto; mirad, Príncipe, por vos, cuidad de vuestro regalo. Ay, prenda del corazón! Oh poderosas hazañas del Amor unico Dios, que hoy a David ha vencido, siendo siempre vencedor! Qué mirase por mi dijo; blandamente me avisó: yo págare amor tan gran le con ofenderle desde hoy. Que una razón no le dijo en señal de sus enojos, ni un severo mirar de ojos! Hija es Tamar, si él es hijo. Hablar a mi padre quiero, y del sueño despertarle, que ha podido el eclipsarle amor, siempre lisonjero. Aquí está; pero qué es esto, la Corona en una fuente, con qué ciñe su Real frente? Mi padre grave, y compuesto? la mesa el plato me ha puesto, que ha tanto que he deseado? Bebo de ser convidado: si el reinar es tan sabroso, como dice el ambicioso, no es de perder tal bocado. Amón no os ha de gozar, cerco en que mi gusto encierro, que sois vos de oro, y fue yerro el que deshonró a Tamar. Mi cabeza quiero honrar con vuestro círculo bello; más excusáis el hacerlo; pues aunque más os encubre, temblaréis de que os dislumbre el oro de mi cabello. Sabreos yo defender? Sí. Y saldré con vida? No. Aquí el temor respondió, y el valor me ánima allí: para quién sois? Para ti. Sabré gobernar? Muy bien. Quien hay en Jerusalén, que lo impida? Amón? Matarlo. Mi padre querrá estorbarlo? Matar a mi padre. A quién? Ay, Cielos! a quién no es vasallo de vuestra Alteza. Con corona en la cabeza no dices bien a mis pies. Pienso heredarte después, que el Príncipe está indispuesto. Hástela puesto muy presto, no serás sucesor suyo; que de esta corona arguyo, que como llega a valer un talento, es menester mayor tálamo que el tuyo. En fin, me quieres matar? Yo? . No acabas de decirlo? Si llegara, bien a oírlo, mi fe habías de premiar. Si llego (dijo) a Reinar, vivo tú en Jerusalén; mi enojo probará quien por traidor su fama aumenta; y siendo traidor, intenta matar a mi padre. . A quién dices? . Pienso yo, que quien su hermana no honró, también matará a su padre. Por ser los dos de una madre, contra Amón te has indignado; pues ten por averiguado, que quien fuere su enemigo no ha de tener paz conmigo. Si porque te has enojado, solo conmigo cruel eres. . Por qué lo estás con Amón? No le quiere más que yo nadie en Israel. Antes, gran señor, con él, y los Príncipes, quisiera, que vuestra Alteza viniera al esquilmo, que ha empezado en Balacor mi ganado, y aquesta merced me hiciera. Tan lejos de desatinos, y venganzas necias vengo, que allí banquetes prevengo; a tales personas dignos. Honre nuestros bellocinos vuestra presencia, señor: Y divierta allí el dolor, que le causa este suceso, conocerá que intereso granjear solo su amor. Haremoste mucho gasto; no, hijo, guarda tu hacienda, y al Reino pide que atienda la vejez, que en canas gasto. Pues obligarte no basto, concédeme otra licencia. Y es? . Que Adonias, Salomon hagan, yendo con Amón, de mi amor noble experiencia. Amón, eso no, hijo mío. Si melancólico está, su pena divertirá el ganado, el campo, el río. Temo, que algún desvarío da nueva causa a mi llanto. De la poca fe me espanto que tiene mi amor contigo; mira que soy muy su amigo. Deja ese enojo cruel. Si haciere memoria de él, plegue a Dios, que me haga guerra cuanto el Sol dora, y encierra; y contra ti rebelado, de mis cabellos colgado muera entre el Cielo, y la tierra. Si eso cumples, mi Absalón, mocedades te perdono, con los brazos te corono, si mejor corona son. Pero en fe de que me fío de ti, yo te la concedo. Cierto ya de tu amor quedo. De qué dudáis, temor frío? No temas. . Ay, mi Absalón, lo mucho que temo pruebas. Ay, Dios! Mira que me llevas la mitad del corazón. Al esquilmo, ganaderos, que balan las ovejas, y corderos; ganaderos, a esquilmar, que llama los Pastores el mayoral. Dichosos serán desde hoy los hatos, que en el Jordan cristales líquidos beben, y en tomillos pacen sal. Ya con vuestra hermosa vista hierba el campo nos dará, por más que la tece el Sol, si vos sus campos pisáis. Cómo estáis cariquebrada, la muesa, hermosa Tamar, pues con vuestros ojos bellos, nuestros campos alegráis. Si dicen, que está la Corte do quiera que el Rey está, y vos sois Reina en belleza, la Corte es esta, no hay más. Ea, Infanta, entreteneos, vuestra hermosura mirad en las aguas que os ofrecen por espejo su cristal. Bajaos a mirar en ellas. Ay de mí! no puedo más; si agua esta mancha quitara, harta agua mis ojos dan; solo a lavarla es bastante la sangre de un desleal. Sangre, nunca vi tal muda, miel virgen afeita acá, que ya hasta las caras venden póstica virginidad. Tirso, no queda por eso, toda yo soy rejalgar. Ea, volved a cantar, y aliviad la pesadumbre, que entristece a los demás. Que si triste estáis, la Jnfanta, el trempo todo lo acaba. Todas estas flores bellas a la Primavera he hurtado; que pues de amor sois el prado, competir podéis con ellas. Lleno viene este cestillo de mil hierbas olorosas, jazmines, sándalos, rosas, desde el clavel al tomillo. Aquí está la manutisa, la estrella más turquesada, y la mosqueta morada, que amor, porque huela pisa. Tomadlas, que son despojos del campo, y juntad con ellos labios, alientos, cabellos, pechos, frente, cejas, y ojos. Todas las que Abril esmalta pierden en mí su color, Laureta, porque la flor, que más me imperta, me falta. Ya vendréis a adivinar sueños, o cosas de risa, que como sois Finotisa, consolaréis a Tamar. Hola, Laureta, diz que habláis con el diablo? Hola, ya que han venido los Príncipes que han quedado, a honrrarnos hoy, qué aguardáis? Qué breve que el tiempo pasa! Al soto apacible vamos, y de flores, juncia, y ramos entapicemos la casa. Lauro ha tenido razón, démonos prisa, Pastores; pero qué ramos, y flores ay, como ver a Absalón? Que si triste estáis, la Insanta, el tiempo todo lo acaba. Vámonos de aquí, Laureta. Para qué? Bien disfrazada estás. . Di bien agraviada, Olvida, y serás discreta. Di yo un día por remedio a un ingenio singular, que era el remedio olvidar, y olvidóseme el remedio. Bello está el campo! Es Mayo. Y tiene nombre de flor. Mejor diréis labrador, pues así agirova el layo. Absalón, aquí hay Serranas. Y no de mal aire, y brío. De mi hacienda son, y os fío, que envidien los cortesanos su no ayudada hermosura. Esta es mujer tan curiosa, que de lo futuro avisa, tiénenla por Fitonisa estos rústicos. . Y es cosa de importancia? . Es viento creerlo, y es vanidad, tal vez dirá una verdad, y después mentirá ciento. Ahora bien con vos me entiendo, llegaos, mi Serrana, acá. Su Alteza pretenderá, y en picando, se va huyendo, Bien parecéis adivina, llena de flores venís: porqué no las repartís? Suélteme, que estoy mahina; estos prados son testro do representa Amaltea; mas porque no os quejéis, ea, a cada cual de los cuatro tengo de dar un flor. Quél me cabe? Esta azucena suave. . A mi azucena? Es imagen del amor; y sé que olerla os agrada; pero no la deshojéis, que la españada que veis. tiene la forma de espada. Y aquesos granillos de oro, aunque la vista recrean, manchan si los manosean, por conservar su decoro. De ser incasto quitaos, Amón, de deshojar flor, con espadañas de honor, y si la ofendéis, guardaos. Cuál me cabe? . Extraña espuela de de caballero! . Bien por el nombre la quiero. A vecas la espuela daña. Discreta sois. . Si lo soy, alto; más guardaos, aunque os agrada. dama doncella, o casada, no os perdáis por picar alto. Mas conmigo os declarad. Esta es corona de Rey, . flor de vista, olor y ley, sus propriedades gozad: Que aunque Rey, seréis espejo; y el mejor de los mejores; temo que os perdáis por flores de amor, siendo verde viejo. Buena flor. . Con su pimienta. Cábeme a mí? . Este Narciso. Ese; a sí mismo se quiso. Pues tened, Absalón, cuenta con él, y no os queráis tanto; que de puro engrandeceros, estimaros, y quereros, de Israel seréis espanto. Vuestra hermosura en lo quece a toda vuestra nación; Narciso sois, Absalón, que también os desvanece, Y más esos, y los bellos; que si los dejáis crecer, os habéis presto de ver en alto por los cabellos. Óyeme espera: si en alto por los cabellos me veo, cumplió el Cielo mi deseo, a Esrael daré un asalto. La comida, que se enfría, a vuestras Altezas llama. De aquesta Serrana dama ver la cara gustaria, que me tiene con cuidado. No nos hagáis esperar, sobre el trono me he de hallar de mi padre levantado. Yo estoy. Serrana, piendo de esos ojos lisonjeros, que deben de ser fulieros, pues el alma me han ganado. Quéreisme vos despicar? Causardos el juego presto, y en ganando el primer resto, luego os queréis levantar. Basta: qué aquí todos dais en adivinos? . Queremos estudiar como podemos. engañar, pues engañáis. Flores, sabéis vos también? Cada cual humilde, o alta, mira aquello que le falta. Ay tan notable desdén? buenas manos. . De Pastora. Dadme una. . Será en vano dar mano a quien da de mano, y ya aborrece, y ya adora. Yo la llegaré a basar, aunque de mi gusto tuerza ser grosero. Cómo? . Por fuerza. Qué amigo sois de forzar. Yo os tengo de destapar, porque ya me será fuerza. Vos tomáis cosa por fuerza? qué amigo sois de forzar? Ay, Cielos! fiera, tú eres? quien los ojos se sacara primero, que te mirara, oprobrio de las mujeres. Voyme, y pienso que sin vida, pues tu vista me mató: nunca pensé tener yo tal principio de comida. Peor postre te han de dar, bárbaro, cruel, ingrato, pues será el último plato la venganza de Tamar. A las puertas de vuestros amos vamos, vamos a coger ramos. La comida has de pagar, dándote muerte, viliano. Por qué me matas, hermano? Por dar venganza a Tamar. Ay! ay! ay! muerta soy! Tente, bárbaro fin ley. Contra los hijos del Rey? Rey, sin duda, he de ser hoy, Oste puto, eso va malo. Huyamos, no nos alcance. Mirad que negro regalo. Por Dios que echamos buen lance. Buen combite. Oh mi cebella! mas os quiero, que de Absalón los pabos. . Tirso, chitón, que nos darán en la chola. Ya, hermana, quedas vengada, y tu honra satisfecha; muerto Amón, a quien mis manos han dado muerte violenta. Con su muerte te ha pagado de tu honor la justa deuda, que aquí la deuda se cobra, como el acreedor se muera. Mi padre viene furioso, que adivina esta tragedia, a cestigar mis delitos; yo, huyendo de su presencia, voy avisar a mi gente, con quien pienso darle guerra, hesta que en Jerusalén coronado Rey me vea. Tú, Tamar, pues ya vengada estás, procura discreta entretener su rigor, mientras que corriendo pueda poner mi persona en salvo. Que si los Cielos me dejan, en alto me han de ver todos; mas ya los clarines sueñan, mi padre llega a Tamar: adiós. . . El defienda (pues mi honor recuperaste) tu vida, y tu honra. , s Mueran los que a mi Amón ofendieron, que bían aquesta cautela recelo mi corazón. Saldados, mostrad la fuerza de vuestros antiguos bríos: vengad mi agravio. No pueda, padre, mas en ti el dolor, que la discreta prudencia, con que siempre gobernaste. Ay hija! dame tu cuenta de mis prendas adoradas. Yo, señor? Sí, que estas penas, recelando el corazón, me obligan con nueva fuerza a que con mi gente llegue, antes que lleguen las nuevas. Vivos, ni muertos, tus hijos no parecen. . Calla, y deja, que mi llanto solemnice mi dolor. Ay. dulces prendas! ay, Abialón! quién pudiera vengarse de tu rigor. Tú has sido la causa fiera de su muerte; plega a Dios, hijo aleve. Ya no quieras castigar con maldiciones, a quien está dando cuenta de agravios que llora un padre. Murió Absalón? Triste nueva! Con tu ejército siguiendo sus pisadas, en la espesa confusión de un encinar, Absalón se me presenta. Que entre sus confusas ramas, corriendo, de suerte enredan sus cabellos, hilos de oro, que pendiente su belleza, tuvo el fin más desgraciado, que historias antiguas cuentan, De tres lanzadas mortales el cuerpo pasado muestra, que castiga siempre el Cielo humanas desobediencias. A tu hijo Amón después, muerto encima de una mesa, por convite de su vida, halló nuestra diligencia. Mira, señor, tus dos hijos, y modera con prudencia los rigores con que el Cielo acrísola tu paciencia. Ay, Absalón, hijo mío! antes me aflige tu pena, que la de Amón, con ser tú la causa que me destierra. De mi quietud, y mi gozo, nunca pensé yo que hubiera quien se atreviera a matarte, sin que a mí la muerte diera. Tu arrepentimiento quise, no tu muerte, pues me queda ahora el dolor de verte muerto en mis desobediencias. Ay, Absalón, si límí! Ay, Absalón! y tu prenda, tan mitad del corazón; hijo Amón, quien tal creyera, que este día me faltaba? Mas vengan trabajos, vengan; vengan penas, y rigores, prueben en mí ya sus fuerzas: que pues Dios me die los hijos, y él me los quita, paciencia. Ay, Absalón, y Amón, y quien pue diera decir llorando, lo que siente, y pena! Ay, querido Absalón mío! si de ver tu muerte fiera no me acaban los rigores, sin duda que soy de piedia. Si no es que ocupada el alma toda en sentir mis afrentas, para que tu muerte llore, no da a mi dolor licencia. Y tú, Príncipe cruel, que con tirana violencia has causado tantos daños; plega a los Cielos, que tengas pena a mi deshonra igual. Y pluguiera a Dios volvieras a renacer muchas veces, como el hijo de la tierra; porque teniendo más vidas, más veces muerte te diera. Que cuando faltaran armas, tanto mi rabia me alienta, que abocados con los dientes, como leona, que intenta cobrar sus perdidos hijos, vengado en ti mis afrentas, con mis manos te ahogara, con mi aliento te encendiera, con mis ojos te abrasara, y con mis ansias murieras. Ay, fuego! ay, rabia! ay, pena! muriendo vivas, pues que vivo muerta. Deja hija, el sentimiento. Ay, pabre, que es tan de verás, que aún con ver muerto el traidor, dudo si es su muerte cierta, Y por salir de esta duda, y dar alivio a mis quejas, de nuevo darle la muerte intento. Ay, hija, espera, que bien tu honor has vengado; da lugar a la prudencia, y no tanto de la ira te dejes ilevar. . Qué pruebas tan de perfeto varón! Cubrid los cuerpos, que es fuerza que demos lugar al llanto, mientras su entierro se apresta; Tamar, para que ahora al luto dé lugar nuestra tristeza. De tus badas, y quietud, y del Reino que hoy hereda mi querido Salomón, como padre tendré cuenta, Sea como tu ordenares. Y aquí, Senado, contenta; porque perdonéis sus faltas, da Tamar fin a sus quejas,
