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Texto digital de El vengador de los cielos y rapto de Elías

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Barcelona, Juan Centené y Juan Serra, s.a.).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El vengador de los cielos y rapto de Elías. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vengador-de-los-cielos-y-rapto-de-elias-el.

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EL VENGADOR DE LOS CIELOS Y RAPTO DE ELÍAS

JORNADA PRIMERA

VIva nuestro Rey Achab. Siempre Invicto. Grande siempre. Que ceñido de victorias. Que ilustrado de laureles. Viva, reine, mande, triunfe. Triunfe, mande, viva, y reine. Generoso Rey Achab, cuyas victorias numeren, en cuadernos de zasir, celestiales caracteres. Si a tan heroicas hazañas, como tu valor emprende esas laminas azules, no son volúmenes breves, mil veces en hora buena, en público reverencies al Dios de Bahal, renunciando las siempre pesadas leyes, de los Ritos de Israel: en hora feliz mil veces, des en sabeos perfumes, con sacrificios solemnes, fragrantes nieblas, que el aire, religiosas oscurecen; a cuya causa, mis Damas, en festivos parabienes, sonoras cláusulas trinan, repitiendo dulcemente. Viva nuestro Rey Achab, En buen hora, o gran Monarca de Israel, Caudillo fuerte. En hora buena, o Gran Rey, a quien Samaria obedece. A los Dioses sacrifiques. A los Dioses reverencies. A cuya causa, festivos vagos tumultos de gente. A cuya ocasión, gozosos regocijos de la plebe. Repiten en varias voces. Dicen en voces alegres. Viva nuestro Rey Achab, Jezabel, amada esposa, cuyos luceros exceden esos explendores linces de el Argos, que reluciente, ojos brilla de diumantes, y bate plumas celestes; ya la instancia de tus ruegos, me han obligado a que deje el Dios de Israel Supremo: ay de mí! mas qué no pueden en los pechos de los hombres, lágrimas de las mujeres? que no persuaden, pues son el más atractivo afeite de la hermosura, que a un hombre (viendo llorar a quien quiere, Y que está hermosa en la pena este tirano, este aleve cencanto líquido, a un tiempo, lisonjea, y enternece: Ya a Bahal he sacrificado, qué mucho, si reverente, idólatra de tus rayos, en rendimientos corteses, víctimas de fuego expongo. a un simulacro de nieve? Y así, en aplauso de tanta heroica acción (pues no tiene mi amor acción más heroica, ni que más bien la festeje el alma, que aquella en que a darte a ti gusto acierte bien es, que templadas cajas, que broncas al aire suenen; bien es, que confusas voces, unidas discordemente, cláusulas, que el aire alagan, con lo mismo que le hieren, digan confundiendo el eco, que tanta dicha celebre. Viva nuestro Rey Achab, siempre. Invicto, grande siempre, que ceñido de victorias, que adornado de lauroles, reine, mande, triunfe, y viva, viva triunfe, mande, y reine. O si tan festivo estruendo, Abdias, mi amante, viese; pero ay infeliz memoria! no sabes, que en el ausente, aumente más los pesares, el acordar los placeres? . Oh si Abdias, con la noticia; pero qué clarín es este? Dame, gran Señor, tus plantas. Y a mí tus Reales juanetes, aunque estén tan mal tratados, que es imposible que dejen, Señor, de tener tus pies, callos de que te los besen. Abdias, llega a mis brazos. Ay amor! felice suerte! A vuestras plantas, Señora: ay Sura, lo que me debes! . Seáis, Abdias, bienvenido, pues en día tan solemne, que el Rey, mi Señor, a Bahal, con pompa obstentosa ofrece humo religioso en cuantas gomas el Arabia fértil suda en sus troncos y cuantas en las selvas del Oriente, tálamo son de la Aurora, y túmulo son del Pénix, que al cephiro de sus alas, ascuas fragrantes enciende. En día (vuelvo a decir que el Rey con fervor ardiente, víctimas expone, a causa de que uiestros Dioses templen su saña, pues ha tres años, que en todo el Reino no llueve: no me faltaba otro gusto, que el de que ufano vinieses a avisarme que habéis muerto cuantos. Profetas Infieles, el Dios de Abrahan predican, y nuestro Dios aborrecen. Oh tirana Reina, o fiera, injusta, ingrata, y aleve, Dios te ha de dar el custigo: más disimular conviene. Salí con algunas Tropas del Ejército, que tienes junto para esta Campaña, contra el Mohabita rebelde, y contra el Bárbaro Sirio, que vencido tantas veces, examinando el estrago de tus victoriosas huestes, le hace el furor, que se tirrite, y no el riesgo que escarmiente. Discurrí toda Samaria, sin que haya en cuanto contiena; monte, que no se registre, selva, que no se penetre, Ciudad, que no se examine, ni Villa, que se reserve de mi cuidado, buscando cuantos Profetas hubiese del Dios de Isruel, que al cuchillo de tus Soldados valientes fueron miserable estrago de la parca, o cuanto pueden errores de Religión, cuando la aprensión los cree; pues estos errados hombres, siempre en su fe permanentes, antes que su desengaño, pudieron hallar su muerte! Ninguno, en fin queda vivo: (ah si la Reina supiese, que tengo ciento escondidos en dos cabernas, de suerte, que ellos mismos a sí mismos, pueden hallarse, y no verse, porque solo el tacto sirve de luz en las lobreguezos!) Solo, Señor, a mis iras pudo en el centro esconderse Elias, aquel prodigio de Galaad, de quien suelen decir, que soñó su Padre, que le vio, antes que naciese, alimentarse con fuego, que introduciéndose ardiente en sus venas tantas llamas, le ilustran, sin que le quemen. Aquel que ha cerrado el Cielo; pues desde que él impaciente, te juró por su Gran Dios, a quien el Cielo obedece, que no había de llover, hastá qu él mismo quisiese, nunca preñado vapor de exalaciones terrestres, en hombros del viento sube, donde la Región condense oscitro toldo a su esfera, en las nubes eminentes, que siendo del Sol cortinas, son de las cumbres doseles. Todo tu Reino, en efecto, tanta sed, Señor padece, que secas las cataratas del profundo abismo, quieren sorberse adentro los ríos. El Sol, Monarca luciente, cuando hace, que ardientes rayos en el jordan reberveren, hidrópico de sus aguas, parece que se las bebe. Los arroyos, que al calor del seco Estio fallecen, mariposas de cristal, a los rayos del Sol mueren. En la epidemia común, ardiendo en líquida fiebre al incendio de sus ondas, se mueren de sed las fuentes: qué mucho si los raudales son en males tan crueles, al ver marchitarse el árbol, y al ver apostarse el cesped, lágrimas, que llora el monte, y no cristales, que vierte! Perdidos los arreboles, que el Prado en púrpura encienden, y se desmayan las rozas, ya caducan los claveles, y en cada flor, que agoniza, un desengaño florece. Estas son obras de Elías, a quien no es fácil que encuentre tu saña, pues mi cuidado le ha buscado diligente en todo el Reino, inquiriendo los más oscuros retretes de las grutas del Carmelo, en cuyo concabo vientre, muchos de sus Sacerdotes hallaron bárbaro albergue, huyendo de tus rigores, donde altivo, y eminente, Siendo antorchas de su cumbre todas las luces Colestes, a tanto cadaver vivo, era el monte tumba verde. Calla, suspende la voz. Calla, el acento suspende. Pues al oír que se oculta. Fues al ver que no parece. Ese monstruo que me aflige. Esa fiera, que me ofende. Diera. . Padeciera, ay triste! Ufano. . Gozosa. Alegre. Mi muerte, yo por su vida. Mi vida, yo por su muerte. Muy buenas gracias nos dan; pero este pago erece quien se va a cazar Profetas, habiendo en el Mundo liebres. Eliud, si Elias vive, nucho recelo que deje Achab nuestra Religión. En vano, Nacor, lo temes, que es el amor de su esposa, rémora que lo detiene. Pero templese este enojo. Pero esta pasión se temple, que él pagará con la vida. Sacad las mesas, pues este día en público he de comer, para que más se celebre la fiesta, dándoos a todos un explendido banquete. Pues dijo a todos, también la fiesta me comprende: yo haré como el miserable, que en su casa se mantiene con discursos, y en convites le suelta ensanchas al vientre. Después de comer, Abdias, y yo, iremos con la gento a buscar en ondos valles, donde menos el Sol hiere, si ha quedado algún arroyo, cuya preciosa corriento, sertilice alguna grama, alguna hierba reserve, donde beban mis caballos, mis bagajes se apacienten, pues mueren de sed y hambre. Que mucho, si por lo estéril del tiempo, de sed, y de hambre, los racionales se mueren? Todo el Campo está agostado, sin agua: mas quien me mete en discursos, si de el agua he sido enemigo siempre? Si no se secan las cubas, mas que lo demás se seque. Sentaos, Abdias y también Nacor, y Eliud se sienten, que por Profetas de Bahal, tanta estimación merecen. . Yo quiero pescar un plato; mas qué fuera que viniesen aquellos animalitos, que en la mesa de Achab, siempre son pajes de phima; pues como hacer los pajes suelen, quitan los platos, aún antes que quien los come, los deje. Cantad. . Ay hermosa Sara! que aunque en idioma elocuente te habla el alma por los ojos, no sé si el alma me entiendes. El más glorioso Monarca, a cuya dichosa frente, todos los rayos del Sol, laureles de liz le tejen. Qué grandeza, y qué aparato? Qué gozosa estoy de verle. Cierto, señores, que engullen con gran Majestad los Reyes: quitaré a mi amo un plato, qué grande trabajo tienen los Señores; pues si comen cosa en que se saborcen, y hay mirón que los atisva, aguardando que algo quede, cada bocado que sucan, se le sacan al sirviente: yo tomo este; pero ay Dios! qué es esto que me sucede? antes que vuelva por él, mo quiero sorber el pebre. Qué prodigio! Asombro, encanto, qué me quieres, qué me quieres? Señor sosiega. Pues como quieres, di, que me sosiegue? No has visto aleves arpías a mis mesas atreverse esas dos sombras de pluma, que el vago viento anochecen? no los has visto? Si han visto; pues pueden dejar de verse dos cuervos aves, que al punto a los ojos se nos vienen? Qué te admira, Señor, si esto todos los días sucede? Aunque este prodigio ha muchos días que acontece, pues a estas infaustas aves no puedo estorbar, que lleven de mi mesa los despojos, sin saber, donde los dejen: el ver, que hoy ha sucedido a los ojos de la Plobe, me ha causado tanto enojo, me deja tan inpaciente, que estaba por arrancarme el corazón, que pues tiene alas, en alcance suyo, rompiendo los vientos fuese. Señor. . Señor. Ea, dejadme, quitad las mesas: aleves Cielos, por qué consentís, que esos pájaros crueles, mucho más que en mis manjaros, en mi corazón se ceben? . Seguirele, mis astucias le aseguren, y constielen. . Fuerza es ir con ella: amor, de mi mal te compadece. . Vamos nosotros al Templo. Vamos, Esiud, a ofrecerle sacrificio a Bahal, porque tan gran prodigio revele. . Ven, Amorreo, conmigo: ay Sara, si yo pudiese hablarte que la presencia de la Reina, cruel siempre, no solamente los labios, mas los ojos me enmudece. . Señores, y que por fuerza mi plato el cuervo eligiese? Cuervo Etiope del aire, por si otra vez acá vuelves, lo mismo es sacarme un ojo, que el que ima polla me lleves. . Santa soledad mía, cuyo silencio quieto, y sosegado es dulce compañía, ni aún de love sisurro profanado; pues absorto examino, en bárbaro desierto, horror divino en tu quietud amena, y deliciosa, mi espíritu cansado, con santa paz reposa en el caduco cuerpo sepultado, que el cuerpo, si se apura, solo es del alma viva sepultura. De entre estas pardas rocas desatado, de estos rudos escollos desasido, arroyuelo florido, entre las asperezas me has brindado, prestándote bizarras, copas de pedernal estas pizarras. No corras presuroso de esta suerte, que si el correr por la estación florida, es gozar de tu vida, cuando al Jordan te acercas, y a tu muerte mira que mueres lo que vas viviendo, pero que es el vivir, sino ir muriendo. Retirome a mi gruta, o soledades, qué quietud, qué descanso, qué reposo se hallará en las Ciudades entre tanto tumulto bullicioso, si en este horror, que admiro, y reverencio, aún yo mismo me estorbo a mí el silencio? Ya tus borcales Ministros, Elias Propeta Sunto, te conducen el sustento de la mesa del Tirano; pues Dios ha ordenado, que se humanen las fieras; cuando los hombres son mhumanos. Oh lo que me honráis, Señor. Paraninfo soberano; tanto favor? no bastaba el portentoso milagro hasta aquí, otra vez no visto; de qué pájaros infaustos tan voraces, que del viento son siempre piratas vagos me alimentasen, sin que bajaséis a acompañarlos? Come. Profeta, y advierte las miserias, y trabajos, que los de Israel padecen, pues no ha llovido en tres años. Por ti, que enojado lo mandaste celoso, pues eres quien venga de Dios los agravios. Duélete ya. Qué es dolerme? en fin ese intento es vano, que si ellos, que tan inmensa calamidad han pasado, de si no tienen clemencia, pidiéndola al Soberano Dios de Jacob, como puedo enternecerme a su llanto? No lloverá, vive Dios, hasta tanto que postrados al Dios verdadero adoren, abandonando los falsos; y en fin aquí no hay más medios que los dos que les he dado, o adorar el Dios que adoro, o morir de hambre penando. Cuando las Sagradas Letras cuenten esta historia; a cuantos quizá podrá parecer ira lo que es celo santo? mira, que aunque pecadores, son hombres y que acosados de tanta necesidad lamentan inmensos daños: Pues debiiitados, aún se mueren del viento, que ardiente respiran mancebos, y ancianos. Lloras? Sí, que me enternecen, porque en fin son desdichados; y este fervoroso celo no contradice lo humano; Pero que digo, si están en su error tan obstinados? o adorar el Dios que adoro, o morir de hambre penando. Como consentís, Señor, que viva este Pueblo ingrato, que niega a su Dios, y erigen a los vicios simulacros? mueran vuestros enemigos, yo mismo sabré matarlos, pues vuestro poder ignoran, haced, que en sangriento estrago conozcan vuestro poder al golpe de vuestro brazo, dadme a mí, Señor::: . Elias:? Divertime arrebatado de este celo: ya he comido, a este hermoso arroyo claro de Carith voy a beber, pues en sus cristales mansos siempre apago mi sed, donde sirve de búcaro el labio. Pero qué es esto, Señor, también a mí me ha saltado vuestro socorro? el arroyo, sus raudales agotados, apenas indicio deja de sus cristalinos pasos, ya no hay agua en él. Elías, así el Señor lo ha ordenado, que mal puede, el que no sabe entre angustias, y trabajos de necesidad, dolerse del triste necesitado, vete a Sarepta, que allí por impulso Soberano te sustentará una Viuda, y entonces más aplacado, sabiendo cuanta vergüenza cuesta pedir un pedazo de pan, sabrás que dolor cuesta pedirlo, y no hallarlo. Aguarda Celeste Nuncio; pero ya en vano le llamo, pues va coronando el viento de las luces de sus rayos. A Sarepta ir determino, pues tan cerca está, el cansancio no temo, sino la sed; infeliz. Pueblo, obstinado, duélete de tu miseria, pide perdón, pues es llano que desatarán los Cielos las aguas del mar, si acaso rendido riegas la tierra con el agua de tu llanto. Pero si ciego en tu error estás, llorarás, tus daños sin remedio, pues no hay otro en tu tenaz engaño, que adorar el Dios que adoro, o morir de hambre penando. . Que me hayan enviado a m a recorrer estos. Prados, y a ver si hay agua, o forraje para dar a los Caballos del Rey? agua yo, señores? vive diez, que si la hallo será un pasmo, porque a mí en viéndola me da pasmo. Pero en esta Casería, que dista muy pocos pasos do los miros de Sarepta, con mis discursos he dado, una Viuda sale de ella; hola, y por Dios que no es malo lo personal; quien ha visto un Ángel amortajado? Con cansado afán prolijo a esta oculta selva umbría, pues se aumenta cada día la ensermedad de mi hijo, la leña salgo a buscar para el grosero alimento suyo que en fin su tormento a los dos ha de acabar. Por cierto que a mí me agrada. de las Vindas la mesura, que en fin es fruta madura, como no esté muy pasada; bien que con recelo incierto se han de usar muy en su punto, que es alhaja de un difunto, y no sé yo dol que ha muerto. Del esposo la conciencia buena entre las viudas anda, e pues sin dejarlas por manda P ellas se dan por herencia, a lástima me provoca, porque entre tanta aflicción f a las que bonitas son les dan tormento de Toca. Mas la Toca se acomoda. al intento más felice, pues es cédula que dice, aquí se alquila ima boda; yo llego mi reina, aquí. Ya a vista de la Ciudad estoy. . Qué ferocidad! ay que viene tras de mí! A buena mujer? . Señor, qué venerable presencia! Yo tiemblo, y no sé en conciencia si es de respeto, o temor. Ya sé que es esta la Viuda que los Cielos me revelan; piadosa mujer, que el Cielo determina, que: lo seas, no sin misterio, aunque haga casiiales sus providencias: Tienes acaso entre tanta angustia, tanta miseria, un poco de agua que apague esta sed, que me molesta? Agua? mujer así hagas alesuya sempiterna el requien, que no la saques. Su venerable presencia mucho: dice al alma; ese florido arroyo, que en esta ardiente agostada estancia fue mariposa de perlas, se secó, con que faltando sin bulliciosa carrera, miestra universal sed, solo de lágrimas se sustenta; pero esperad. Qué? la saca? no hay quien diga que me meta? Oís? pues mirad si alguna frágil reliquia pequeña. de pan ha quedado. El Padre. pide más que una Tornera. Solo un puñado de harina la necesidad severa, y un pequeño vaso de licor de oliva nos deja a mí, y a Jonás mi hijo, que una enfermedad violenta padece; ay de mí! sin más remedio que su paciencia, para comer, y después morir entrambos. Pues venga, que para enfermos y Viudas es gran remedio la dieta. ̱. Pues dadme primero a mí de comer estando cierta, que hasta que llueva, jamás os ha de fultar la misma porción de harina, y de olio, con que los dos comer puedan, y también yo. Oigan por Dios, que es Santo de conveniencia. Ya obedesco que tus voces en dos acciones diversas parece que al alma mandan aquello mismo que ruegan. . Adónde vas? de qué huyes? Yo de nada. Pues qué tiemblas? Válgame Dios! este Santo hace grande penitencia, pues hasta las barbas viste Silicio, blanco de cerdas. Calle, y deje esa locura. Diga, Padre, y son Profetas todos los que traen ahora la boca con cabellera? Por este valle venid. Corred todos esa selva, a ver si hay grama, entre tanto que con, este Pastor llega mi cuidado a ver la fuente, pues dice que está tan cerca. Por este Prado corría. Adónde, Pastor, me llevas? cuando del Rey dividido; pero ya es la contingoncia dicha; varón justo? . Abdías? Qué venerable presencia! Qué aspecto tan agradable! No sé que virtud secreta tiene, que al mirarle, el alma inquietamente se alegra. No sé, al ver este Pastor, que oculta correspondencia tiene en el alma, que el pecho en regocijos se altera. A respeto persuade, con una muda elocuencia. El corazón a latidos me habla, sin que yo lo entienda. Un afecto me arrebata a abrazarle. . Una violenta inclinación, arastrado a que le abrace, me lleva. Padre? . Hijo? Pues de qué me conocéis? . Esa misma es mi duda: de qué a mí me conocéis? . Esta es buena. Yo no os conozco. . Ni yo. Por Dios, que yo creí que eran grandes amigos. . Pues cómo me abrazáis de esta manera, llamándome hijo? . Y como vuestro rendimiento llega, llamándome Padre? . A mí una oculta reverencia me dictó el nombre de Padre. A mi una virtud secreta me inspiró el nombre de Hijo. Pues en vuestros brazos pueda, Padre, unirnos el amor, que hoy en nosotros se engendra, por alma de nuestras almas, transformado de manera, que un amor de nuestros pechos, espíritu ardiente sea. Cómo es tu nombre? . Eliseo. Qué misterio me revela el Cielo, Padre has llamado a Elías, que se interpreta Señor Dios, yo llamé Hijo a Elisco, que en la Hebrea Lengua, dice Dios, que salva, cuya suprema excelencia toca al Hijo y un amor de nuestra unión verdadera produce? o alegoría, en tantas sombras envuelta! Ese Pastor a enseñarme viene una fuente risueña, que corre por este prado; pero como no recelas las amenazas de Achab, que riguroso me ordena, que injusto acero desate la sangre de los Profetas? Ya al rigor de Jezabel fueran víctima sangrienta, si yo, que al Supremo Dios doy adoración secreta, no hubiera ocultado ciento en la horrorosa, en la ciega concavidad, que permiten las entrañas de dos peñas. Huye, Elías, porque Achab todo este contorno cerca, buscando agua cuidadoso con su gente, y si te encuentra en estos campos, tu muerte, y mi desdicha son ciertas. Aún hay en esto misterio; pues los Santos que reserva en esas profundas grutas de este Hebreo la clemencia, Simbolizan a los Padres, que su redención esperan en el Seno de Abrahamn, que también en sus cabernas, resgándose las entrañas, les da si limbo la tierra. En donde aguardan el día en que el indulto les venga de salir a ver la liz: ya no temo su fiereza, Abdias, avisa al Rey, que estoy aquí, que me vea. Este es Elias? yo he visto Santos que curan la lepra, la sarna y los lamparanos, mas no Santos que den secas? Cómo, Profeta de Dios, no miras, no consideras, que emprendes acción, en que mi vida, y honor se arriesga? si sabe que yo te he visto, y que no te prendí, es fuerza que resulte contra mí el furor de su soberbia. Si yo aguardo para hablarle, ningún recelo te queda. El Señor, que es poderoso te ocultará. . Mal recelas, no sías de mi palabra? . Sí. Pues llámale, y no temas, que yo aquí le he de aguardar. Respóndate mi obediencia. . No he de perderle de vista, porque si de aquí se ausenta le estará mal a mi amo, mas yo seré centinela, si ya no es que entre sus barbas emboscado se me pierda. Ay de mí! . Qué te ha asustado? Este gemido, que empieza en solfa de locutorio, y acaba en canto de vieja. Barón Celestial, amparo este día tu clemencia mi dolor; ay Dios! mi hijo que de una siebra violenta los ardores padecía, es ya cadáver de piedra, de algún frenesí llevado quiso bestirse y la fuerza del delirio, o el ardor armentaron, de manera el accidente, que hicieron con repentina violencia, que al tiempo que arrebatado, en una silla se sienta su triste último suspiro, el últimó aliento sea. Estando en mi casa tú, Varón de Dios, no consientas que a una esclava que te sirve, tanta desdicha suceda. Dejadme entrar solo donde está. . Sea en horabuena. Sigámosle todos para ver maravilla tan nueva. . Aquí está el cadáver, Cielos, vues- vuestra piedad no consienta afligir a esta mujer, que socorre mi miseria; y aunque el dar vida a un difunto es maravilla tan nueva, que hasta hoy no la ha visto el mundo: de vuestra piedad inmensa aguardo, Señor, lograrla, porque en el Mundo se sepa, que Israel le debe a Elías la resurrección primera. Elias, Dios te concede, que darle la vida puedas, como aplacado el enojo quieres permitir que llueva. Qué llueva? eso no, que yo . Quién, ay de mí! lo juré, y hasta que vuelvan a adorur al Dios que adoro, no habrá para ellos clemencia. Pues en día que a Dios pidas un prodigio, que en la tierra no se ha visto, es mucho, di, que esta petición no concedas? No ha de llover vive Dios. Pues Dios no te da licencia. para que lo resucites; y así advierte, y considera que, o no ha de resucitar; o has de permitir que venga el agua tan deseada. . Pues si eso es así, paciencia: Ea, Señor, resucitadle, que yo permito que llueba cuando yo diga, y en tanto lleguemos a la experiencia: quiero estenderle los brazos con los míos de esta manera: Esta señal milagrosa de la Cruz, a quien mi idea en las futuras edades. misteriosa considera, y este aliento, que tres veces te infundo en el rostro, en muestra de que todas tres Personas reducidas a una esencia, con solo sin aliento al hombre le dieron alma perfecta, la tuya te restituyan, pues dos vidas se contemplan hoy en ti, una por la Cruz, símbolo de la que espera en el Mesias el Mundo, y otra en este aire, que sea imitación entre sombras de la formación primera; y así, Joven resucita, y tu vida feliz vuelva, simbolizando dos vidas, de gracia, y naturaleza; venid al prodigio todos. Ya todos a tu voz llegan. Qué habla el muerto, y se espantan de las Dueñas? Oh varón de Dios Sagrado, que a los mortales enseñas desde la muerte a la vida, la nunca pisada senda. Varón justo, sin duda eres brazo de la Omnipotencia; hijo? Jonas? Cielos sueño? Qué es esto? El alma se alegra. Qué de este aliento de Elías; en la Bótica no vendan? mas qué hicieran los Doctores, sus purgas, y sus recetas, si como agua de la vida, aire de la vida hubiera? La vida debes a Elías, agradecele la deuda. A vuestras plantas. Señor, bien es, mi vida agradezca a tanta piedad, siendo hoy en vos dadiva, en mi ofrenda. A mis brazos, alza, Jonas, que no será la postrera vez, que vuelvas a nacer, porque ya me representa el espíritu, inslamando de suera luz mis potencias, que peregrino del mar, en una escamada peña, on un animado buque, nuya robusta fiereza, alas batiendo por remos, l tenderá ascamas por velas, has de discurrir su seno cristalino, donde vean que te sorbe a las espumas, y te escupe a las aronas, marino monstruo feroz, que himanas vidas bostoza. Allí aguarda. Su escarmiento dará venganza a mi osensa, El Rey llega ya. Y con él sus faisos Profetas llegan. Yo me ausento, pues no es bien que con vosotros me vea. . Yo no, que pues me dio vida le seguiré hasta que muera. Aquí está. Tú eres Elías? aquel que a Israel altera? No soy quien le altera yo, ti sí, que con tal torpeza, idolatra a Bahalín das sacrílega obediencia. Cómo a uiestro Dios ofendes? Cómo su culto desprecias? Como su respeto santo bárbaramente atropellas? Que importa, falsos Ministros, que le atropelle, y le ofenda, siendo vano su poder? Cierra el labio. El labio sella. Oh celo siempre invencible! el mismo valor me alienta. Vive el gran Dios de Israel, en cuya sacra presencia estoy, que mientras su estatua no se reduzca a pavesas, no ha de llover gota de agua. Mejor es que vino llueva. Qué atrevimiento! . Qué celo! Qué osadía! . Qué entereza A Balial? A nuestro gran Dios? Ofendes? . Ajas? Desprecias? Ea, pues si es Dios, ahora lo veremos. 3. Pues qué intentas? En el Cármelo se juntea ochocientos y cincuenta Profetas de vuestro Dios, y donde todos lo vean dos Reses se Sacrifiquen, y el dueño de aquella ofrenda, a quien del Cielo bajare pricipitada contella, que la abrase, y la consuma verdadero Dios profesa. Yo lo acepto. . Yo lo admito. Y yo también; a qué esperas? Pues convoca a todo el Reino que tanto prodigio atienda, y vamos al Sacrificio. De Novillos es la fiesta? o quien encima del monte algún terrado tuviera! El Cielo le dé victoria. . Si hará, para que defienda las grandezas del Señor. Y advertid, que si os reserve mi enojo, es porque veáis el error de vuestro tema. En viendo tú la verdad serás oblación sangrienta de nuestro Dios. . Ya sabrán quien es el falso Profeta. Yo el Reino convocaré. Hoy de su virtud espera mi afecto, que tanto falso bárbaro dictamen venza. Pues al Carmelo. , . A la cumbre. 2. Donde veáis. Donde vean. 2. Los engaños. Los errores. Que profesáis. Ea, Profetas del gran Dios de Bahal, a der un escarmiento a esa fiera. Ea, Señor, a volver por vuestra honra merezca este celo que me abrasa, que mire Israel mi diestra en vuestra venganza al mundo vibrar ardiente cometa. JORNADA SEGUNDA , , . Tú, que el espín calidonio , rendiste, habiendo esgrimido ; - y en cada diente un cuchillo. , , . Tú, que venciste los fieros , racionales obeliscos,

JORNADA SEGUNDA

Gran Dios de Sidonia recibe benigno este humilde voto, y en señal de que admites nuestros ritos, voraz consuma el fuego el Sacrificio. Ya que a ver tanto portento. Ya que a ver tan gran prodigio. A las faldas del Cármelo todo Israel ha venido. A este bárbaro Teatro tus vasallos concurrimos. Ya Jonas, que determinas seguirme de agradecido. Esperemos el suceso. Hoy verás, que redicido Israel, su Dios conoce, pues desde que el Alba vino ensartando en hilos verdes las perlas de su rocío mas de ochocientos Profetas, ese vano Dios fingido adoran, están a voces invocándole propicio, sin que de sus voces quiera dárseles por entendido. Ya, que dejando a mi Madre (en cuya casa estivimos hasta hoy) ser de tu virtud Discípulo determino, absorto en tus maravillas a todo he de ser testigo. Sacro, Soberano Alcides, Dios de Sidonios, y Tirios, a quien con nombre de Bahal hoy veneramos rendidos. Tú, que venciste la Idra, fiero escamado ventigio, que en su aliento inficionaba el aire con sus gemidos. en cada cerda una flecha, que con escalas de escollos asaltaban el Olimpo. Oye ahora miestros ruegos. Atiende a nuestros suspiros. Pues rendidos pronunciamos. Pues postrados repetimos. 2. Gran Dios de Sidonia, Bahal, Bahal. Llamad más recio, que estará quizá dormido; dad más voces, despertadle. Cielos, este agravio miro! Qué se burla de nosotros? Muy bien, Elías, ha dicho, pese el alma de su Dios; porque no han de darle gritos, que a un sordo, sea quien fuere se le puede hablar con brío. Abdias, qué dices de esto? Que habremos de persuadirnos, que no hay más Dios, que el de Elías. Él suceso ha de decirlo. Con esta sutil lanceta, Eliud, podemos herirnos los brazos, pues Bahal airado nos niega piadoso oído, sin mirar de sus Profetas las lágrimas, y suspiros. Desatemos de las venas, purplíreos ardientes ríos, que a estas lágrimas de sangre le verás compadecido. Los brazos se hieren, ved, que al bajar el fuego activo no encenderá el holocausto, si es que le halla humedecido. Mas temo yo que ella sola lo encienda todo, y es fijo, que su sangre puede ardor, porque es todo un puro vino. Ved con que ancias pronunciamos. Con que dolor repetimos. 2. . Gran Dios de Sidonia, Y es fuerza, desesperados, que nos demos por vencidos. Sí, pues nuestras culpas tienen a nuestro Dios tan remiso. Pues ya que en vuestra porfía decesperados os miro, y ya, que a cuantos Profetas ese vano Dios fingido, idólatras reverencian, Siendo sus ciegos ministros, en esta experiencia, en fin, examino, ya desengañados, sino reducidos, pues todo Israel me atiende convocado por Edictos del Rey Achab, a este monte, a este eminente obelisco del Orbe cuya alta frente se corona de Zapliiros; pues su bárbara cerviz, tan cerca está de el Olimpo, que las rozas, que en su cumbre rompen el verde capillo, tanto se acercan al Cielo, que duda el más advertido, si las rozas son luceros en su púrpura encendidos, o los luceros con rozas, que coronan esos riscos, pues la vista equivocada juzga los purpúreos visos; los Astros, rozas lucientes; las rozas, Astros floridos, ya que en este monte, vuelvo a decir, cuyo apellido. es bien misterioso, si en él examino, que dijo Cordero, quien Cármelo dijo. Todos estáis juntos, todos atended a lo que os digo. Generoso Rey, qué tema! Corte ilustre, qué capricho! Samaritanos, qué furia! Israelitas, qué delirio! Hebreos, qué ceguedad! qué locura, Palestinos! tanto os priva de razón, tanto os ciega los sentidos; que el demonio, que os engaña ha podido persuadiros a que árbitros de los Cielos puedan vuestros desvaríos introducir a su Trono negras sombras del abismo, y yque abandonando sus Sagrados ritos, podéis escoger Dios a vuestro arbitrio; solo es Dios el que yo adoro, el que yo venero y sigo: Ea, volved en vuestro acuerdo, y no deis inadvertidos humo de aromas preciosas a unos hombres tan iniquos, que a vista de un Dios tan grande me corro de referirlos. Este es el Dios verdadero, que sin fin, y sin principio excede su Eternidad, a los siglos; de los siglos. El que a Jacob, y a Abraham libró de tantos peligros, y el que a vuestros ascendientes del cautiverio de Egipto sacó, dígalo el Mar rojo, donde aquel fiero Hipogrifo de cristal, por siete bocas espira con tanto ruido, que idra undosa; ancioso muere con acento cristalino a siete fances de rocas, dando espumosos bramidos, díganlo sus hondas, prios rompiendo su seno frío, sus tersos cristales fueron divididos de líquido mármol, muro diamantino. La tierra puente del más al Pueblo fue, que Dios quiso, debajo de tantas ondas, tener el puente escondido. Pero al bárbaro tumulto de Gitanos, que atrevidos a seguirle se arrojaron, sepultados en su abirmo, entre bóbedas ceruleas, dio monumento de vidrio. Cuando de sus huestes era que apenas hubo agua, para anegar tantos Egipcios pues por mucho rato del fiero conflicto, en olas de gente se anegó el mar mismo. Este es el Dios, que David, sobre el Trono esclarecido de Isruel, puso, y le dio tantas victorias, que hizo tributarios de su Imperio sus mayores Enemigos. El que a Salomón dio ciencia, y el que le hizo, en fin, tan rico, que dilataba su Imperio, desde el caudaloso Río Tapsa, hasta el bárbara Éufrates, y este apenas al distrito de su Monarquía pudo ser término cristalino. Mas después que idolatró Salomón, y dividido de Ahías el manto (en que el Cielo mostrarle quiso la división de su Imperio) pertenecieron diez Tribus de Israel a Jeroboham, reserbando a Roboham, hijo de Saloón, dos tan solos, pues el Cielo, agradecido de David, quiso dejar a su descendencia fijo su Trono en Jerusalén: o Supremo Dios benigno, que a los descendientes de un Rey San- to, y pío, ni aún con tantas culpas ponéis en olvido! Después de esta división del Reino vuelvo a deciros: Robohám reinó en Judea, y seroboham invieto un Israel; y temiendo, que si los Sagrados Ritos iban a Jerusalón sus Vasallos advertidos a la Casa de David, volviesen el Señorio. Dos becerros de metal fabricó, en cuyo artificio, aspíritus infernales, a su ruego introducidos, al organo de metal prestaban voz, cuando impíos sacrílegos Sacerdotes consultaban vaticinos, el uno, pues puso en Dan, y el otro en Betel, y dijo: Israelitas, vuestro Dios es este, nadie atrevido vaya a Jerusalén: o bárbaro desatino! o deseo de reinar, que neciamente han podido injustos Monarcas despreciar altivos, por razón de estado, preceptos divinos! Idólatras desde entonces sois; y como es tan preciso, que a aquel delirio pramero se sigan muchos delirios, desde que Achab se casó con la hija del Rey de Tiro Jezabel, otro Dios nuevo ha querido introduciros. Hércules es el que adoran los Sidonios, y Penicios con nombre de Bahal, y porque hoy veáis desvanecidos los encantos, las mentiras, que queréis llamar prodigios, ved ochocientos Profetas suyos confesar vencidos su poco poder, después que en Sagrado desafío intentamos entre todos inmolar dos Ternerillos; y aunque ellos desde la Aurora al medio día rendidos, a voces le han invocado en supersticiosos Hiiunos, aún no les responde el eco de escollos huecos vestido, hoy conoceréis, que el Dios que adoro, temo, y predico, es solo Dios, bien pudierais haberle ya conocido, cuando no en las maravillas, que en si grandeza habéis visto, en lo que os ha castigado; qué infeliz es el dominio, on que es menester mostrar al poder en el castigo! Pero en cualquiera gobierno es conveniente, y preciso, que tema el estrago, quien no agradece el beneficio. Ya he fabricado el Altar de doce piedras, pues miro, que en el Altar, donde a Dios Sacrifico ha de haber memoria de sus doce Tribus. Ya está puesto el Holocausto, ypor todo su circulto hecha una fosa bien llena de agua, que así determino ver, si a lo ardiente del Cielo resiste lo humedecido de la tierra ea, Señor, yo solo he quedado vivo de todos vuestros Profetas, que santamente atrevidos vuelvan hoy por vuestra honra; yo solamente me aninio a defenderos, volved por mí, Señor, pues mi brío hoy vuelve pon Vos valiente, este Pueblo endurecido conozca que sois su Dios, y soy yo vuestro Ainistro, haced que yo quede bien, y que aquí se vea cumplido. cuanto hubiere dicho, pues en vuestro nombre loshe dicho, y confesad hiego, como es admitido, con lengua de fuego este Sacrificio. Qué maravilia! . Qué pasmo! Qué confusión! . Qué marticio! Ved si es maravilla, pues no solo el fuego ha podido. consimir el holocausto; mas también deshizo activo la leña, el polvo, y el agria de la sosa se ha babido. Un buey se ha tragado el fuego? cierto que estoy aturdido, o quien tuviera como él calor para digerirlo! Viva el Dios de Elías, viva. Y yo a voces lo público: viva el Dios de Elías. . Viva. Confuso estoy. . Yo corrido. Ya, pues que lo confesáis, estos bárbaros impíos, a quien llamasteis Profetas, de tan Santo nombre indignos, vive el Dios de las venganzas, en cuya presencia asisto, que han de morir de mi espada hoy a los ardientes filos; el arroyo de Cisón correrá en su sangre tinto, que este celo que me inflama es solo furor divino; morid aleves. Ay triste! . Detente, no vengativo, hoy nuestra sangre derrames. Ninguno ha de quedar vivo, pues aunque mío es el brazo, solo de Dios el cuchillo. Oh ardiente celo de Dios! Ya todo el Pueblo, que ha visto tal maravilla, irritado contra esos viejos malditos, y contra cuantos Profetas su errada ley han seguido, ejecuta sus rigores: entre ellos a Elias miro esgrimiendo ardiente espada, cortando sus gallillos. y Infelices de nosotros. Valednos, Cielos Divinos. Jonas. . Varón Celestía Hira que siento gran ruido de agua sobre la alta cumbre del Cármelo, que florido le teme en su esfera el Sol gigante vejetativo. Mira siempre al Jonio mar, y avisarás advertido cuanto en él vieres en tanto que estos bárbaros Ministros mueren todos todos mueran. ̱. Hacerlo así determino. . Y en tanto los instrumentos, que para aplaudir indignos Dioses, trajeron, alaben a Dios con sonoros ritos. que piadoso, que benigno para conceder oí premio con portentos admite el Sacrificio. Qué es esto? cuando mi amór no consiente, esposo mío, tu ausencia, y vengo a saber quien venció en el Sacrificio, hallo tan grande alboroto? Esto es, si no lo has sabido, que el Sacrificio de Elías admite Dios con prodigios, y él santamente irritado, sin poder nadie impedirlo ha muerto tus Sacerdotes. Cielos, sin alma respiro! pues cómo Rey, tal consientes? en tu presencia atrevido, ese monstruo que aborrezco, esa fiera que persigo, ese horror que me atormenta, atrevimiento ha tenido de matar mis Sacerdotes con tano desprecio mío? Si el Dios de Elías lo manda, cómo puedo resistirlo? Ese es engaño. . Es verdad, que este varón peregrino es Médico de Israel. Y hoy bien se le ha conocido que es Médico. . En qué? En que mata más gente que un tabardillo. Esa de su condición solo es locura, es delirio. Cómo locura? antes mata Sacerdotes, que es un juicio. Solo es Dios el Dios de Elías. ̱. Yo lo ignoro. . Yo lo afirmo. Yo también lo creo. . Y yo. Todos decimos lo mismo. Qué pena qué ira! qué rabia! qué furor! qué desvarío! en el corazón, y el pecho un incendio ha introducido; ay de mí! yo desairada? mis criados ofendidos? despreciado el Dios que adoro? muertos todos sus Ministros? a qué aguardo, que no doy a tanto arrojo el castigo; Antenor. . Señora.? . Pero, luego sabrás mi designio. Vamos a pasar lo ardiente de la siesta al surco umbrío de ese arroyo, que corría de estas peñas desasido. Todo el monte se confunde en estruendos desunidos, pues en varias partes dicen ecos, y acentos distintos. Viva el gran Dios, Infelices de nosotros. Valednos, Cielos divinos. Mueran todos a mis manos, no quede ninguno vivo. A Reina engañada! . A Rey lisonjero, y poco fino! esto es lo que me adorabas! Primero es Dios, que el cariño. . Aguarda Deidad hermosa. Pese al alma que me hizo, que hacía ya grande falta algo de amor, señor mío. Ya ves, que cosas mayores hasta ahora lo han impedido. Qué quieres? . Solo quisiera, adorado hermoso echizo, que de mí no te olvidases. En oso poco te sirvo, pues qué me fultaba a mí, si en las penas que reprimo, si en los males que padezco pudiese hallar el olvido? Luego lo deseas? . No, Solo decirte he querido, que veas cuanto te adoro, que adviertas cuanto te estimo, pues si quisiera olvidarte, aún no encontrara ese alivio; pues como para dejarte pudiera tener arbitrio, sí, ni aún albedrío tengo para darte el albedrío? Con violencia tan afable, con rigor tan atractivo me has tiranizado el alma, me has robado los sentidos, que siendo así que la usurpas, parece que yo la rindo. No puedo ya detenerme por la Reina, que aunque ha dicho, que presto de nuestras bodas se verá el plazo cumplido, no quiero que me heche menos, pues ella nunca ha sabido, que para este casamiento he dado más que el permiso. Pues a Dios, y el Cielo quiera tan grande dicha cumplirnos, aunque aquel tiempo que abrevie me descuente del que vivo. No pidas que abrevie el tiempo hombre, que al verte perdido marido, por tus pecados, con mujer, y con chiquillos, cuanto ahora dieras por serlo, darás por no haberlo sido. Ya, Señor, que conocieren vuestras grandezas perfectas, y que ochocientos Profetas víctima sangrienta fueron, descansen hoy mis sentidos en vos; quien con ira fiera tantos idólatras viera, o muertos, o convertidos. Vos sabéis que no es rigor este impetu tan furioso, sino celo fervoroso de vuestra honra, Señor, en esto os imito a Vos; pues siendo sin altivez Dios de piedades, tal vez de las venganzas sois Dios. En espíritu contemplo al Sacro Verbo humanado castigar fiero, y airado profanidades del Templo; no puedo, Señor, sufrir, que este Pueblo singular estatrias llegue a adorar. y a Vos no os quiera servir. Vos hacéis que yo me abrasé en celo de tal manera, que al demonio, si pudiera, hiciera que os adórase. . Ahora, Señor, de el celo el fuego ardiente mitigo; y pues ya les di el castigo, Vos les daréis el consuelo; merezcan las ansias mías con lágrimas de dolor, que tengan agua, Señor; agua a vuestro Pueblo. Elías, de esa roca singular, que el mar con sus choques raya, Polifemo de la playa, Atalaya fui del mar, siete veces registre los anchos campos de plata, que hacia el Cármelo dilata, y en la última divice una breve nubecilla, tan grande, como la planta de un hombre, que se levanta del mar. Grande maravilla hoy admiramos los dos. Nube, que saliendo va de las aguas, donde está el Espíritu de Dios; y que Jonás, su Profeta, se la anuncia a mi deseo, cuando Jonás en Hebreo la Paloma se interpreta, que siete veces miró, y en el niero se ve séptimo, que el dia fue, en que el Señor descansó; y a la cumbre de el Carmelo de las hondas de el mar sube? quien duda que esta es la nube que ha de darnos el consuelo? o Sagrada alegoría! Nube, en que el agua nos den, para que el pan nazca, quien prede ser, sino María? y quizá al texto lo ajusto, que al Real Profeta se ve decir en sus Psalmos, que lluevan las mibes al justo, ya me está representando el Cielo, porque me asombre la Religión de su nombre, que la tierra va inundando, pues tomando con mi celo de este monte el nombre ya santa advocación tendrá de María de el Carmelo. Sagradas invndaciones suyas nos darán el pan; con sus aguas ceserán las de las tribulaciones. A Rey de Israel! a Hebreos! Quién llama? Quién me ha nombrado? El Cielo ha determinado cumplir hoy vuestros deseos, tir carroza harás poner: luego a Jezrrael te irás, y no te detengas más, mira que quiere llover, que yo delante corriendo, hasta Jezrrael iré. Hacel eso que os mandé. Obedecerte pretendo. . Ya con ímpetus ardientes va por la arenosa playa corriendo el Santo, o bien haya los Santos que son corrientes! Parentesís de los rayos del Sol, es la niebla fría. Parasismos teme el día. El Sol padece desmayos. Qué tempestad espantosa! . Guerra hacen los Elementos. Sueltos se miran los vientos de la prisión cabernosa. Ya de copioso rocio bañan las mibes el suelo. Parece que suda el Cielo todo el calor del estío. Ya llueve, y de buena gana: agua, aunque Dios te envió no me hagas charco, que yo bien sabes que no soy rana, esto es malo. Con violento ardor infestan copiosos, en cometas luminosos áspides de fuego el viento. Prestame, Señor, tu ropa. Quita villano. . Temor te tengo, que ahora, Señor, me puedes comer por sopa. Llega la carroza, y vamos veloces a Jozrrael, considera, Jezabel, si ya el alivio gozamos por el Sagrado Profeta. Presto morirá. Ah cruel! que no en vano, Jezabel la crueldad se interpreta. Esto me manda el Señor ya Elíseo, que encontrarte pude a vista de los muros de Jezrrael arrogantes. Dejad, Sagrado Profeta, que me admire, que tan grandes sucesos, como este no se dudan por admirarse. A mí, que un Labrador soy de ese pequeño villaje, vecino, de quien aquí con doce yuntus hallastéis, rompiendo duras entrañas de nuestra primera Madre. En esta heredad de tierras, que pocos pasos distante de Jezrrael por herencia conierva mi anciano Padre, me elige Dios por Profeta? Sí, Elisco, no te espantes, que al que las espera menos vienen las prosperalades. Profeta has de ser de Dios, tanto que de aquí adelante te infandirá vaticinios, alto Sagrado dietamen. En la cumbre del Cármelo, que verde valle arroganto de Palestina, y Fenicia es fragoso inexpugnable bárbaro intrincado maro al mar Jonio que le bate, con ímpetu tan furioso, con tan soberbio coraje, que al desenfrenado choque, rechazados sus cristales hacen que ese monstruo undoso espumosamente brame. Está un Convento, en que suelen a su claustro retirarse los hijos de los Profetas, buscando, el precioso esmalte de la alta contemplación, que se halla en las soledades. De este has de ser el Prelado, que en las futuras edades querrán los Cielos, que tanto Su Religión se dilate, que inunde toda la tierra. Dame, varón justo, dame licencia de despedirme de mis Padres, que al instante te sigo. Varón de Dios, expuesta al último trance tu vida está, si de Dios todo el poder no te vale; y puesto que antes de entrar en Jezrraeí pude hallarte, sabe, que airada la Reina te amenaza, que señales milagrosas y prodigios tan portentosos, tan grandes mas su obstinación anmentan, pues los bienes que se hacen a un ingrato endurecido, siempre en su tema constante, mas sus rencores irritan, que su piedad persuaden, mal un envidioso puede con beneficios templarse, que como el ser generoso es acción tan admirable, le añade otra nueva envidia quien beneficios le añade, y en cada don que se siembra un nuevo peligro nace; cincuenta veloces hijos, del cephiro, que arrogantes quieren persuadirnos, que se vistió pieles el aire, van en tu alcance con orden de prenderte, o de matarte; y así ponte en salvo, y guarda con tu vida, tus pesares, no permitas, no consientas, que en tan impensado lance, con el último tormento tantos tormentos acaben. . Y con esto a Dios Profeta, porque si la Reina sabe, que te hemos dado el aviso, ha de hacer luego ahorcarme, y no quiero que por ti en el estrecho inconstante del golfo de unos calzones se me ahoguen los gaznates. . Qué es lo que pasa por mí? no en vano por tus piedades ese hombre te convino, pues Abdías en lenguajo Hebreo; siervo es del Señor: esto escucho? ay Dios que gravo es de esta tirana Reina la fiera saña implacable; hijos, a Dios. Pues, qué es esto, tan presto nos dejas, Padre? Para perderte tan presto, para qué, Padre, me hallaste? Aquién tú, segunda vida, Señor, has podido darle, no sabrá morir contigo expuesto a cualquiera trance? Muera contigo, no temo sus vibradas flechas aves venenosas, que matizan sus plumas de humana sangre. Muramos todos, no temo que sus nervios disparen aspides de acero y pluma, tosigo veloz del aire. Cielos, qué martirio es este, que hoy habéis querido darme? al ver sus lágrimas tiernas el corazón se me parte. C Para qué me diste vida, si hoy entre tantos pesares, con el dolor de tu ausencia intentas, Señor, matarme? Para qué me hiciste vorte para perderte al instante, cuando hay distancia tan breve de conocerte a llorarte? Hijos, mas ya arré el principio que si alo fin he de dejarles es este suave nombre muy dulce para ausentarme. Esta es orden del Señor, y así no repagne nadio; al Cármelo os retirad, y allí podéis aguardarme hasta que a buscaros vuelva; que yo profugo y errante, Ciudadano de los montes, huéspeda de los hondos valles. huyéndola, iré a buscar la muerte que me combate. Qué martirio! . Qué tormento! No me atrevo a replicarle. No puedo contradecirle. Dame, siervo de Dios. Dame. 2. Tu Bendición. La de Dios, hijos míos, os alcance. 2. Él te libre. . Él os asista. 2. Él to defienda. Él os guarde, para defender mi vida, del cúmino he de apartarme, y entrarme por este monte, cuya siempre impenetrable verde greña, inculta apenas peina el viento on tempestades, pero ay de mí! que el cansancio de haber corrido delante del Rey, hasta Jezrrael la sél ardiente y la hambre me afligen y aunque el peligro tan cercano me amenace, se rinde el cansado aliento; no hagáis, Señor, que me falte el brío en tanto peligro, y verl, que para evitarle, el espíritu está pronto, y desfallece la carne; pero un árbol, cuya copa en puntas piramidales verde pabellón frondoso, dosel umbroso es del valle, con su sombra me convida; no es posible ya que pase . de aquí, que si dos peligros os preciso que me aguarden, uno en el cansancio, y otro ene el riesgo de encontrarme los Soldados que me buscan, si he de escoger es más fácil eligiendo el menos cierto del evidente librarme. Qué infeliz doscanso encuentra el triste, que entre dos males escogo el menor, pues cuando otro mayor evítase tener un mal por descanso, viene a ser al mal más grande; qué es esto, Señor, que es esto, que habéis querido cercarme de tantos peligros, como me amenazan formidables? De qué me sirve la vida, si solo para pesares me la guardáis? pues si en algo intenta, Señor, mostrarse vuestra gran misericordia en mal tan inexcusable, ha de ser en hacer solo: pues ya, Señor, no hay que aguardo que con mi vida penosa tantos tormentos acaben. Por ventura soy mejor, para querer recervarme del fiero fatal tributo, que es fuerza que todos paguen, que mis ascendientes, que cádrcas cenizas yacen? La muerte, Señor, deseo, que aunque otro escandalizarso pueda de esta petición, que sueña a despecho, nadie como Vos que la dietáis, que es bien misteriosa sabe. Pero un perezoso sueño con una violencia afable tiraniza los sentidos: en si breve muerte halle, sino alivio a mis dolores, parentesís a mis males. Profeta de Dios Sagrado, tu valor siempre constante, no se rinda, pues que siempre tienes a Dios de tu parte. Este Pan sabeinericio, prodigiosa, y venerable, sombra de un alto misterio, de quien tantos Celestiales Quérubes la lz adorán en este Pan y este Caliz te dejo aquí, come, y bebe, que su aliñiento suave Viático es misterioso para el prolijo viaje que te queda. Tente, espera, que aún no pueden divisarse de tus luces los reflejos, Sagrado incendio del aire . pero qué clarín es este, que me asusta, al ver que en fauces de organizado metal el viento oprimido brame? Sin duda los que me buscan son. Pues do este monte sale el que acompañarle suele; sin duda en él ocultarse quiere Elías. Ya no hay duda; ni riesgo que me acompañe: con este auxilio divino, como puedo estar cobarde? Sagrado. Pan que dol Cielo. hoy a la tierra bajaste, Caliz, en cuyo licor mi hidropión sed se apague; manjar, que el Cielo me envía; cuando en este oecuro valle fatigado me oprimia el sueño funesta imagen de la muerte, lamentando de una imuger las crnuldades, mucho, a mi espíritu dices, mas ay, que hasta que a lograrsé llegue la luz de quien eres, la sombra más admirable, por más que el alma lo entienda fuerza es que el labio lo calle, llevarle quiero conmigo, y entrarme en la impenetrable aspereza de ese monte. Divididos a buscarle vamos por distintas sendas. 1. Al Monte. 2. Al Arroyo. 3. Al Valle. Cielos, dadme la paciencia, pues dais las adversidades. Vamos por aquí nosotros, mientras por las otras partes discurren todos el Monte. 1. No ha de poder escaparse de muestras manos. 2. Y más. siendo el que la indomable cerviz del Monte corona, garzota de su turbante. Como ya de nuestras manos se podrá librar? 3. No es fácil, pues ya no tiene defensa, aunque a ella se alistasen las verdes blándidas hojas de los chopos, y los sances. A varón de Dios, descionde, que un recado quiero darte de parte del Rey. . Por burla varón de Dios mo llamasto: si yo soy varón de Dios ardientes centellas bajen del Cielo, que a ti, y a cuantos contigo vienen, abrasen. Ay de mi infeliz! 1. Ay triste! Cielos, favor. . Amparadme Santos Cielos. . Que me quemo. Qué: me abrazo. Que piedades sisáis conmigo, Señón! todo el Monte en llamas arde, cincuenta Soldados mueren, pues los globos Celestiales, hoy en mi favor esgrimen al viento flechas voraces: Si siempre habéis de valerme enviad, Señor, más pecaros, más infortunios, más penas, que en sin todo es tolerable con tal amparo; y así en empeño semejante, pues han de venir alivios, vengan infelicidades. . JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Venid a la Viña, a la Viña, Zagales, que a Nabor le quitó la justicia, y dueño Achabde sus frutos ordona, que en vez de la vid, la corone, la oliva, venid a la Viña que coronada de frutos ópimos los bastagos tienden, los pampaños riza. Ya Achab, que Nabot ingrato, el que a tu corona altiva negó esa Viña, sabiendo cuanto mi furor irrita, que se niegue a un ruego, aquello que ha de ser soberanía, muerto escurmienta el diluvio de piedras, que vengativas vívoras fueron del viento, que cortando el aire silban, y del cañamo a los truenos en la tempestad peligra, pues nubes de pedernal humana sangre granizan. Ya en fin que murió Nabor, el que tenaz resistía darte esta Viña pequeña; pero vecina a tu Quinta toma posesión de cuantas frondosas cepas floridas del surcado mar terrestre son Islas vejetativas, a cuyo efecto promulgue dulce rustica armonía. , . Venid a la Vina a la Viña Zagales, que a Nabor le quitó la justicia. En mi vida, amada esposa, he tenido mejor día que este, porque posesión de esta heredad tomo; o altiva condición de los Monarcas! no tanto por la codicia de su breve sitio, estancia, que un verde recinto gira, cuanto porque, mi poder vanamente se ofendía, de que haya quien arrogante preceptos míos resista. Y así, aunque hoy con dos cuidados, el uno de ver, que aflija injusta tirana siebre a nuestro hijo Ochocias; otro, de que Abenadad, floro Rey de Siria alista contra mí tantó poder en las Coronas vecinas, si bien ya de Josapat espero aquí cada día fuertes auxiliares Armas, que tanto golpe resistan; aunque estos cuidados, vuelvo a repetirte, podían ocasionarme disgusto, lo suspende la alegría de ver triunfar de Navor mi deseo, y mi abaricia vea Jezrrael que on su hacienda, si soberbia se castiga. Y Dueño Achab de sus Troncos ordena, que en vez de la vid, la corone la oliva. Que infeliz soy, pues cuando hor Jezabel me prometía, que Abdias fuese mi esposo, a esta jornada le envían; o necia esperanza vana, que entretienes mi desdicha, por cuanto; ay de mí! no fueras infelice, siendo mía. Oh cuanto esposa me debes, permite que lo repita, no porque el contar finezas a ti de acuerdo te sirva, ni yo te haga cargo de ellas, sino porque mi caricia entiende, que es renovarlas aquello, que es repetirlas. Por ti adoré Dios estraño; y aunque después reducida mi obstinación confesó al Dios, que en las Gerarquías Celestiales, y en las sombras del negro abismo donsina los preceptos de su ley, por ti, rompo siempre mira que importara el conocerle, Sin que las obras lo digan, que adorar un Dios Supremo, Sin que el afecto le sirva, es saber que hay Dios, no es adorarle, y en la vida para salvarse no basta el tener de Dios noticia. Cuando enviabas tus criados a consultar la prolija enfermedad, que lamenta hoy el Príncipe Ochocías, nuestro hijo, con el Dios da Beelcebr, a quien indigna adoración da Accarón en su vana idolatria; en el camino (qué horror? les salió al encuentro Elías, y les dijo (pena fiera!) que el Príncipe moriría: que le prendiese mandose, y viendo, que enternecida, aspides de perlas celan las rosas de tus mejillas; para que puenda al Profeta se senbió con gente a Abdías; mira si es poca fineza, cuando en religiosa ira abrasó dos Capitanes, que fueron de las Milicias por dos veces con cincuenta hombres, de caya osadía, aún no quedará memoria, pues ni aún ardientes Reliquias quedarón, para que avise de su estrago, su ruina. Ay Dios, que susto me aflije No tus finezas repitas Achab, que desluce mucho al hacerlas, el decirlas, Mis májimas no fundaron tu absoluta Monarquía? No te adiestro yo a Reinar? dígalo el ver que oprimida tu grandeza, a un pesar leve todo el corazón rendía, porque Nabor te negaba esta heredad, cuando altiva yo, con su muerte compré su posesión; no me estimas que por mí, sonoras voces hoy solo en tu aplauso digan. Israelitas, así Dios un bárbaro Rey castiga; penitencia, penitencia. Qué horror! . Qué pasmo! Qué ira! Hola, criados, qué es esto? Solo a darte esa noticia me adelanté: esto es, señor, que llegando a ea vecina cumbre del Cármelo, hallé a Elías que se retira en su soledad desierta con otros que le seguían; y aunque otros dos Capitanes fueron miserable ruina de su enojo, yo llegué con la reverencia digna a tal Profeta de Dios, pidiendo, que no permita, que yo a sus manos perezca; y su condición benigna tan piadosa es, que conmigo se vino, que en esto imita a Dios cuya gran piedad ostentar siempre se mira, con los humildes clemente, con los soberbios altiva; ya entró en la Viña, Señor, y en ella a voces predica. Arma, arma, guerra, guerra. Así Dios a un Rey castiga Ay de mí! qué mevo estrucado todo el Monte escandeiza? S. Qué voces son, que aún el eco se asusta de repetirías? Sin mi estoy! Pues ya, Señor, llega a tu presencia Elías, yo voy a saber la causa de este nievo estruendo: impía fortuna cuando mis bodas estaban hoy prevenidas, tu rueda inconstante mueve tantas cosas que lo impidan! Caminen, Padres, ya que por su piedad infinita, de sor chicharrones vivos, a mi amo, y a mí nos libran. Porque vi su humildad vengo. Eso es cosa muy sabida: válgame Dios, que aún sea buena con Santos la cortesía? Aquí está el tirano Rey. Bárbaro. Rey homicida, injusta tirana Reina, de la Majestad indigna, tan presto se os olvidó de Dios el poder; la ira del Señor, sobre vosotros caerá, que en tanta persidia le creeréis con el castigo, sino bastan maravillas. Al inocente Nabor mató vuestra tiranía, que aún habéis hecho a la muerte cómplice en vuestra codicia; habiendo en Israel Dios, al Ídolo vano envían a preguntar, cuidadosos, si ha de morir Ochocias; pues vive Dios, que del lecho donde triste se reclina, no volverá a levantarse, y en la perversa doctrina de Si Madre perderá su obstinación consumida. Y en este mismo lugar, donde por vuestra avaricia lamieron canes la sangre de Nabot, que aún no muy fría, en su cadaver al Cielo se queja en lo que palpita, han de lamer la de Achab; pues la despojada Viña verá que su error escribe con infamia, e ignominia en las infolices letras de sangre que la sálpica. Profeta de Dios Sagrado, considera, advierte, mira, que nunca fui tu contrario. Qué importa si tus impías acciones lo son de Dios; pues de las falsas caricias de una mujer arrastrado. en su Fe siempre vacilas? Aún no ha de quedar memoria de tu casa; de su ruina, no ha de reservar el tiempo los estragos por reliquias. Será tu generación de todo punto extinguida, como la de Jeroboham, hijo de Nabor, y la altiva descendencia abominable de Baasa, hijo de Ahías. Ay de mí infeliz! . Qué pena! Qué castigo! . Qué desdicha! Qué es esto, tú te enterneces? tu gimes, y tu suspiras? adonde está aquel valor, donde está la valentía, con que dos veces triunfaste de Benadad, Rey de Siria? no sabes cuanto esa fiera se me opone? . No prosigas tirana bárbara Reina, que ya el Cielo te destina el castigo, pues los canes saciarán su hidropesía con tu sangre y a tu cuerpo darán palpitante pira, en su vientre, o si murieres, en el campo a tus cenizas errantes tumbas de pluma dará la región vacía en sus aves. . Y sus huesos roerán con hambre canina, sino es que acaso a otro perro con aquese hueso digan. Antes probarás tu muerte; prendedle. . Nadie se anima a tanta hazaña, que el Santo en chicharrones envía al diablo, a los que le ofenden, y mi valor determina guardar mi vida, que temo que el Profeta me la fría. Jezabel, deja el enojo, que de la mano Divina nadie ha de librarnos, sí nuestra humildad no nos libra; ay de mi infeliz! qué es esto? yo he de mirar abatida mi casa, y del Trono Real de Israel desposeida, cuando: , . Arma, guerra. A la Plaza. . A la Colina. Vamos de aquí, y porque veas cumplida mi profecia, ese Ejército que ves ha de triunfar de tu vida; porque todos los Profetas conmigo unánimes digan. 3. Israelitas, así Dios un bárbaró Rey castiga. . Qué horror es este, qué asombro! Qué confusión, ansias mías! Apenas mi ira alienta. Mi pecho apenas respira. Detras de este altivo Monte, dicen en voces distintas. A embestir, porque la Plaza, que ya tenéis a la vista, entrada a fuego, y a sangre, sea sepulcro de sí misma. Arma, arma, guerra, guerra. : Hacia estotra parte Elías me amenaza, pues sus voces al vago viento publican. Alto y ocupad los puestos; porque puedan nuestras iras a ese Ejército hacer frente, que hasía la Plaza camina. Al muro; Al monte, a la Plaza, a la Colina. A los fuertes. Cielos, qué es esto? Ay de mí! . Achab glorioso, invicto siempre, siempre victorioso, con dos motivos hoy (acción estraña!) olas de gente inundan la Campaña; dos Ejércitos vienen arrogantes marchando a Jezrrael, cuyos gigantes muros altos, son bárbara columna, donde descansa el globo de la Luna: uno es de Benadad, Monarca altivo de Siria, que te busca vengativo, Siendo ya en dos batallas por su hado siempre vencido, y nunca escarmentado; pues cuando te previenes, y Ejército tan grande junto tienes, Solo para buscarte el impaciente llega a tus muros impensadamente. otro es de Josapat, Rey de Judea, que sus Armas emplea por vuestro parentesco en ayudarte, estando esta Campaña de tu parte, y como que viniese aquí quisiste, y a Jozrrael Plaza de Armas elegiste, hoy a tiempo ha llegado que con el Sirio sbárbaro ha encontrado, y a escaramuza leve se han dispuesto, hasta que a empeñar lleguen todo el resto de los dos Campos; de la Plaza viendo tu riesgo, pues te estabas divertiendo Escuadrones armados Salen a tu defensa destinados; y así socorre a Josaphat tu amigo, que con el Enemigo con tal ímpetu cierra, repitiendo. Arma, arma, guerra, guerra. Aquí de el valor mío, que accidentes no triunfan de mi brío: yo a un susto he de postrarme, ni las voces de un hombre acobardarme pueden? dejadme ya, vanos recelos; mas hay que contra mi tengo a los Cielos! No eres Rey de Israel, caudillo fuerte? Ministro de tu brazo, no es la muerte? pues qué temes, Monarca, si ha llegado tu dicha a tal estado, a fortuna tan alta, y eminente, que nadie de ella derribarte intente; pues ni aún (pasando el Cielo de la Luna) dueños los Dioses son de tu fortuna. Esto solo es lo que llevar no puedo, que a un hombre no le dejen tener miedo? Dices bien, rayos vibro por los ojos, quién se puede atrever a darme enojos? y pues de la Ciudad salen armados Escuadrones osados, acaudillarlos con valor intento conozca mi enemigo, mi ardimiento; tu Jezabel divina, pues tanto el enemigo se avecina, que quizá algún fracaso puede estorbarte a la Ciudad el paso, en nuestra Quinta, que esta heredad tiene vecina (pues es fuerte) te conviene quedar (ay Dios) con guarnición bastante, en tanto que arrogante en esta espada solo con tal gloria a Josapat lo llevo la vietoria. De tu valor lo espero, embiste al enemigo osado, y fiero, que en cualquier parte puedo quedar segura, si conmigo quedo. Pues a embestir que aquí tu gente tienes. otro susto, fortuna me previenes? A cada paso; ay triste! trance suerte! en la sombra tropieso de mi muerte; pero iré disfrazado ser hoy notado batalla por o a la en el real aparato, y pompa estraña, con que sucio salir a la campaña, por si estorbar pudieran mis delirios ser blanco de las flechas de los Sirios. Yo a la campaña, donde asaeteado venga de flechas bárbaras mechado? ay señores, que presto he de parecer pájaro funesto, porque con tanta suma de flechas han de hacerme criar pluma. Adiós, esposa. Adiós, esposo amado. Adiós, Sara. Ay Abdíns, que cuidado me dejas en tu ausencia. Yo he de reñir por fuerza? y mi prudencia? A vencer. . A triunfar de tu contrario. A buscar Cirujano, y Boticario. A matar. . A morir. A correr tierra. Arma, arma, guerra, guerra. . Padre, aunque con tal rigor, que aquí me quede me ordenas, mi afecto no me permite persuadirme a la obediencia: hoy quiere el Señor llevarte para si (ay Dios!) y tu intentas que yo lo ignore, pues como no solamente nos dejas mas nos huyes, pues te vales conmigo de esta cautela. Advertid, hijos, que yo por la florida ribera del Jordan a divertirme vengo no quiero que sepan . que hoy a los ojos del mundo hurtarme el Señor ordena. Yo, Padre, no he de dejarte. Quedaos hasta que yo vuelva. Padre, no hay en mi valor, para obedecerte, si esta es la última vez que habemos de verte di porqué intentas a tus Discípulos hoy desamparar, sin que vean donde te lleva el Señor a descunsar, de manera, que no solo nos ocultas, mas nos hurtas tu presencia? Por donde lo habrán sabido; pero qué duda es aquesta, cuando está el Cármelo Sacro lleno de Santos Profetas, a quien Dios, como a Ministros altos Misterios revela, y siéndolo los dos? pero, aunque sepan, que me lleva, el lugar a donde voy, no quiere Dios que lo sepan; ea pues, venid conmigo. Arma, arma, guerra, guerra. Desde este sitio se mira la batalla; qué revuelta? qué furiosa, y qué confusa? cuando en la tenaz refriega las densas nubes del polvo hacen, que el aire anochezca. Quién vencerá? Por el Sirio, el brazo de Dios pelea. Por el Sirio? . Por el Sirio. Sí, porque es tal la grandeza del Señor, que aún los Insieles saben castigar su ofensa, y aquellos que no le adoran, son siempre los que le vengan. Después, que esa fiera ingrata, después, que esa injusta Reina me persiguió, y yo temiendo condición, siempre fiera huis, no tanto su enojo, como quizá su presencia; me entré en el monte, y allí lamentando tantas penas a tantas persecuciones busqué en el sueño la tregua. Bajó el Ángel del Señor, donde socorrió mi estrecha necesidad con un Pan (oh Divina Providencia! y un vaso de agua; diréis que tanta distinta materia, qué tiene que ver con lo que me preguntáis? mas sea la disculpa que mi labio, a un tiempo responde, y cuenta lo que entonces me pasó, pues siendo en una desierta soledad, y sin testigos, hoy que he de ausentarme, es fuerza que vosotros lo sepáis, para que el mundo lo sepa. Cuarenta días, y noches caminé en fortaleza de aquel Pan subcinericio; mas que me admiro, si era Víático de Pan, que dar puedo a mayor jornadas fuerzas? Al Monte llegué de Oreb, en donde Moises vio aquella Zarza, que símbolo ardiente fue de una intacta pureza; pues en misteriosa llama, arde, luce, y no se quema. En su soledad sagrada vivi algún tiempo, donde era una gruta mi retiro; pues para que la fiereza de la Reina no me hallase, fue menester que quisieran ocultarme, más piadosas las entrañas de la tierra. Un día me dijo el Ángel del Señor, sal a la puerta de tu oscura cueva, Elías, que el Señor hablarte intenta, Salí, hoy tal estruendo en la montaña, que apenas ertive en mí, pues los troncos blándidos en la eminencia del viento, que los azota, con ronco estruendo se quejan. Aquí no viene el señor, dije entonces, que no hiciera guerra a la tierra viniendo, pues solo la vez que venga, ha do ser (oh feliz siglo!) a traer paz a la tierra. Vi después un terremoto, de modo, que las excelsas cumbres de opuestas montañas chocaron con la cabeza, y fue tal el golpe, que hizo, que impendos de la fuerza del rechazo de una, y otra a su sitio se volvieran. El viente, que ha tantos años, que el firmamento sustenta sobre sí, pareció que intentaba su soberbia, moviendo los bastos hombros arrojar de si la tierra. Tampoco viene el Señor aquí por la razón misma, dije entonces; pero luego un fuego vi, de quien eran vibradas luces al aire precipitadas estrellas. Tampoco aquí viene Dios, pues solo la vez postrera que venga ha de antecederle el fuego de tal manera, que hondas vibradas de llamas con las lhibias de cometas han de crecer tanto, que el diluvio ardiente pueda ancioso sorber el Orbe, anegándole, en centellas. Después sentí mi airecillo, como el Aura blanda y fresca de la mañana, que bate con suave sutileza alas con fragrantes plumas de rozas, y de azicenas. Aquí si viene el Señor, que solo el aire pudiera, porque llena todo el Orbe simbolizar su grandeza; y porque causa segunda de la vida es; de manera, que todo vive por él, pues todo por el alienta. Cubrí con mi manto el rostro, el Señor me habla, y me ordena, después de haber consolado mis angustías, y tristezas, que vaya a Damasco a ungir por Rey de toda la excelsa Monarquía de los Sirios a Hazael, y que me vuelva por Samaria, y a Jehu unja por sucesor de ella; hicelo así, y al Carmelo. me retiré a su desierta soledad, hasta que yendo los criados de la Reina a saber de Beelcebub, Ídolo que se venera on. Acarón, si Ochocias. libre de aquella violenta enfermedad se vería, les encontré, y de su ciega superstición, la ignorancia. reprendí con aspereza. Lo demás ya lo sabéis, de aquí sacaréis cual sea la volintad del Señor, y que ha ordenado que mueran Achab, y Ochocias, a quien ungido Jehi suceda, y a Benadad. Hazael en Siria, pues aunque hoy quiera que instrumento de su ira a Achab, y Josuphat venza, mañana será vencido, porque la alta Providencia; con quien se vengue castiga, y castiga a quien se veniga. Misterios son soberanos, más todabia pelean tan tenazmonte los campos, que está la victor a incierta. Son tantos los Sirios, que los de Samaria, y Judea mueren del timulto, y no de la ospada, si de la flecha; pues solamente, aún sin armas la multitud los anega. Mientras Eliseo, y yo hablamos, aquí te queda Jonás: vamos. ̱. Nunca, Cielos, hallar pudiera mi idea, como ahora, a sus preceptos repugnancia en mi obodiencia. Los dos hemos menester ir a la opuesta nibera. de el Jordán. Cómo, o por donde, si en medio el agua interpuesta valle es de cristal, sin que puente, o barca alguna tenga cerca de aquí? De este modo, porque no es la vez primera, que las aguas de su seno descubren ocusta senda. Qué asombro! Qué maravilla! obediente al golpe deja dividido su cristal, camino enjuto en la arena. Vamos, que no son en Dios estas maravillas, nuevas. Por el dividido Río van caminando y él cierpa otra vez con sus cristales el paso, quien, Cielos fuera con ellos; pero esta orilla costeando iré, porque pueda irlos siguiendo la vista, ya que la planta los pierda. . Victoria por Benadad. Mueran todos a mis manos, valientes Samaritanos, no huyáis, volved aguardad. Lleve el diablo, quien volviore, ni quien más aquí aguardaré, a que un Sirio me dispare cuantos saetazos quisiero: valor llama el aguardar a la imierte mi señor; pues digo, no es más valor saberse de ella librar? Allí Sirios impacientes hacen matanza inhumanos, y aquí los Samaritanos huyen, como muy valientes; yo soy el que huir no puedo, o si el temor me dejara! qué no hará mi valor, para atreverme a tener miedo? Ya de Judea los bríos se empiezan a retirar, como podré yo esperar, si aún no esperan los Judios; o que buena va la danza. Esperad, que yo la suerte volveré. Esperen la muerte? cierto que es linda esperanza, espere la muerte fiera un Soldado pretendiente, que nunca, aunque se esté a diente, consigue aquello que espera, mas no yo que en nada errante Sale mi esperanza vana, jamás esperé terciana, que no viniese al instante. La flecha no he de llevar, que aunque en la batalla sé que anduve tan cuerdo, que nadie me vio disparar, sin flechas iré; y así a mi amo a entender daré que todas las disparé; vaya esta al aire. Ay de mí! A un Soldado con rigor alcanzó la flecha mía, por Dios que yo no sabia que era tan gran tirador. Ay do mí! que atravesado de esta flecha: Suerte fiera! Ven, pues si darle quisiera no había de haberle acertado; tirando yo con desmán el acero fue derecho a él? cuanto va que en el pecho trae alguna piedra imán. Ya fortuna, me has rendido, y ya es mi mayor dolor ver que ayer fui vencedor, al ver que soy hoy vencido; cuando ayer para rendir a los Sirios tuve aliento, hoy le falta a mi ardimiento, aliento para morir. El Rey es, y ya no apuro si iba, o no iba derecha, que pues cuyó de mi flecha estaba ya muy maduro, callaré que yo le herí. Ya no huy que hacer resistencia del destino a la violencia. Ay infelice de mí! Mas Cielos, qué es lo que veo? hechó la fortuna el resto; qué es esto Cielos, qué es esto? que lo miro y no lo creo; Rey, señor, vos de esta suerte? quien fue el bárbaro homicida que dio a vuestra muerte vida con daros a vos la muerte? No culpe, Abdias, tu desvelo a quien la muerte me dio, no preguntes quien es, no; pues solo me mata el Cielo. Retirándome venía de la batalla vencido, y por ser desconocido himilde traje trasa, y al entrar a la heredad, para que me atemorice, que a Nabor el infelice le quitó mi crueldad, perdida una flecha vino por el aire a darme muerte, que no hay en la humana suerte sagrado contra el destino; ya no puedo hablar, que el viento, que con ímpetu veloz me sirve para la voz, me falta para el aliento. Qué dolor, fortima impía! Ya tengo una muerte hecha; mas vive Dios que la flecha le ha herido por simpatia. Pues suspende Abenadad el venirnos persiguiendo, por ir sangriento siguiendo la gente de Josapat; a la Caseria vamos antes que espere con él, en donde hoy a Jesabel con tanta, guardia dejamos. Mucho, temor, me molestas; que me haga este desconcierto llevar a cuestas el muerto, y echarme su muerte a cuestas. Ya que del jordán pasamos enjuto el humedo seno, antes que de ti me ausente pide, que yo te concedo lo que me, pidas. Solo para el celo de Dios quiero tu espíritu duplicado. Mucho pides, Eliseo, mas si me ves ausentar verás cumplido tu intento. Ven a descunsar, Elias, hasta que seas supremo Precursor de Cristo, cuando agonice el Universo. Contigo voy Soberano Nuncio, hasta que en ese tiempo resucite el celo. Aguarda, no tan presto, no tan presto arrebatado a mis ojos te hurte ese globo de fuego, o Carroza de Israel! Y tu Direetor excelto que la guías, no te olvides, supuesto que a verte llego, de mi petición, más ya su Manto, nevando el viento sobre mi desciende, conque a los siglos venideros su espíritu en mi descanga; deposita en mí su celo, sepan todos los himanos Serafines del Cármelo mi substitución dichosa, volveré a cortar los tersós cristales del río, para decir a cuantos atentos en la otra orilla me aguardan la gloria de su Maestro, pues ya la muerte de Achab lamentan todos, diciendo. Muerto el Rey, ay de mi triste! Señora. Apartad; qué es esto? Dioses Santos, ay de mí! que el Rey; y el Príncipe han muerto; ay de mi infeliz! que no hay a tanta pena remedio. Iehú, Rey de Israel viva. ̱. Pues escuchad, qué es aquello? Tirana Reina: esto es, que en vago tumulto el Pueblo aclama Rey a Jeltu, a quien Elías, supremo Profeta de Dios, ingió por sucesor de este Reino, para tu castigo pues de tu linaje sangriento ningimo ha de quedar vivo, y aún a la memoria muerto, quedará, si acaso hubiera para la memoria acero. Esta es la venganza, que hoy el Señor ha dispuesto por mano de Elías, que ha sido el Vengador de los Cielos. Y aunque Dios le ha arrebatado al Paraiso, su celo, según Elisco dice, ha quedado en Eliseo. Qué furia es esta, que rabia que se introduce en el pecho; Sagrados Dioses, que solo de ver que no muero, mmitero, pero para que es la vida sufriendo tantos desprecios, infelicemente acabe con mi vida mi tormento. . Precipitada cayó. Allá vas comante perros. Cumpliose la Profecia d, . Pues ya nos vemos libres, Sara, demos logro a nuestro casto de seo. Si por Dios, para que acabe la Comedia en casamiento. Mi mano es esta, y el alma. Y aquí, Senado discreto tiene venturoso fin el Vengador de los Cielos.