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Texto digital de El veneno para sí

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Juan Bautista Diamante
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El veneno para sí. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/veneno-para-si-el.

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EL VENENO PARA SÍ

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Amigo del alma mía, tú seas tan bien venido como has sido deseado; cómo vienes? . De camino, de la posta tan cansado, de su trote tan molido, verdugo tan sin justicia, que sin haberdelinquido, como a salteador le trata al pobre que va a su arbitrio. Pues a sus golpes postrado, y a su tormento rendido, descuartizándole a trozos, y destrozándole a brincos, le pone a cada galope sus cuartos por los caminos. Y en fin viniendo car sado, medio muerto, y medio vivo, a tu servicio no vengo, porque aún no estoy para el mío, No podrá la voz decir lo que tu pena he sentido; mas dime, como estuviste entre los Turcos? Cautivo. No me dirás por tu vida, porque gustare de oírlo, como la batalla fue, que con los Turcos se hizo, donde tú, y tu amo Alegio presos fuistes, y cautivos, porque acá en Constantino pla diversas cosas se han dicho, y nunca supe lo cierto? Escucha, y oirás prodigios. Ya sabes que al Grande Icacio, auestro Emperador Invicto, cuya afable Majestad Impera en los albedríos, sele atrevieron los Turcos a entrarse por sus distritos, aso ándole las tierras, y derribando Castillos, causa de que Alegió entonces valiente fue a resistirlos con el marcial aparato, que tu viste, y yo no digo. Nos echaron a los perros, los cuales bien prevenidos, aventajándose en puesto, nos rechazaron altivos. Cercaronnos, y cerconos el humbre, cruel cuchillo de la vida, y arrestados, en el mismo precipicio, pre sentamos la batalla; siendo tanto el homicidio. Escucha, que aquesto solo quiero por menor decirlo, porque fue un juicio misado, aunque no verlo es más juizio. Travose, pues, la batalla con gran crueldad, y gran brío; ya parece que me veo dentro del confuso abismo, que uno tropieza, otro cae, este clama, aquel da gritos, allíá un cojo pajarero le van dando curra al nido, y el no quiere conocer; que esto no es para tullidos. Y al ver su mala costumbre hay perrezo tan maliguo, que le tira, solo por quebrar la piorna al mal vicio. Cabezas, piernas, y brazos. rodando están infinitos, y allirendidos los muertos son alfombras de los vivos. A lí a un Capitán difunto de rizo, y lama vestido, unos la lamale lamen, y otros le raspan el rizo. Allí se desboca un mudo, que ya le han roto el frenillo, y a un sordo, sin ser milagro, le han abierto tanto oído. Y en fin allí todos tienen solo el matar por oficio, que en la guerra los soldados viven de los homicidios, porque sustentan los muertos donde perecen los valo Biblioteca Esta la batalla fue, que con los Turcos se hizo, donde vo, y mi amo Alegio presos fuimos, y cautivos. A Turquía nos llevaron de donde nos ha traído Jeacio, que el cielo guarde a aqueste Imperio mil siglos. Ya a Palacio hemos llegado, y aqueste estruendo es aviso que llega Mlegio, y Jcacio, que a recibirle ha salido. También por aquella parte; cuanto habrá que esto no he visto? de la harmosa Primavera se deja ver lo florido. Aquesta es la Emperatriz, y su prim . Dime, amigo, se casó leacio otra vez? Con una hija de Emilio quiere casarse, y aguarda la dispensación muy fino. En sabiéndolo mi amo perderá sin duda el juicio, porque rendido la adora. Revírate de este sirio. A vuestros pies Gran Señor, nunca de mi merecidos, vuestro humilde hermano llega. Mas sois de mis brazos digno; levantad valiente Alegio, que aunque el hado inadvertido postrar vuestra suerte intente, no ha de poder conseguirlo, pues contra él en su rueda tiene mi poder duminio. Siempre vos favorecéis con piedad a los rendidos. arasl Darle el gobierno pretendo, aunque recelo advertido, pues al nacer todo el aire fue un asombro, fue un delirio, pronosticándome en el del Imperio el Señorio. Pero dándole el gobierno, el Imperio habrá tenido, y cesarán mis temores cumpliéndose el baticinio. Ya desde hoy Gobernador sois de este Imperio que rijo, sujeta a vuestro precepto hoy mi Corona os dedico. Mi Real anillo tomad, pero advertid de camino seáis con pobres afable, severo con los altivos o? piadolo con los vasallos, serío con los enemigos. De este anilio que os entrego ha de ser el lugar fijo el dedo del corazón, porque el corazón es hijo donde tiene la osadía los alientos recogidos. En este, pues, os le pongo, para que estéis advertido, por si el mal del corazón inquietare los sentidos. A vuestros pies otra vez el rendimiento indeciso, no sabe que responder a tan grandes beneficios. Alzad, Alegio, del suelo, ved que os espera mi hijo. A quien postrado venero, do y humilde me sacrifico. Para que logren mis brazos la dicha de haberos visto. Todos de vuestras fortunas nos alegramos festivos. Y de vuestras dichas todos el parabién nos pedimos. Narcés, vuestra fe agradezco; y vuestra voluntad Libio. La Emperatriz de su cuarto va saliendo ya. . Hado impío para que das la razón, si niegas el albedrío? Esta es la ocasión más fuerte, que con razón he temido, porque sabiendo que a un tiempo quieren Alegio, y mi hijo a Arminda, por estorbar que Alegio llegue a impedirlo con su natural severo, el casamiento he fingido, y con la dispensación entretengo mis disignios, hasta que con Alejandro se logre el intento mío. Llegad, Alegio, que ya la Emperatriz ha salido. Vuestros pies sean, señora, de este vuestro esclavo asilo; en donde el aplauso logre de serlo vuestro; que he visto, válgame el cielo! si es sueño lo que toco, y lo que milo? Qué es esto que por mi pasa! Cubierto de un sudor frío he quedado, al movimiento de mi pecho aún no respio. Alzad, Alegio, del suelo; . que se añada otro martirio a mi pesar? no le basta este forzado delitio, sin que de nuevo tormento se conficionen sus filos? Del semblante de los dos . bien su pesar averiguo. A cuenta de aquellos rayos, en tantos rigores vivo, Ay Alejandro, en tu vista . ha lan mis penas alivio! Que aún el que repare en mí, a Lisarda no he debido! . Que no merezca en Lisarda, que agradezca mis cariños! a Ellazo Alejandro lleva; Que mi hermano libertad me de, y me dé a un tiempo mismo el sosiego de los celos, que aprisiona mis sentidos! A Alejandro hablar quisiera, que aunque amor ha pretendido. . Ahora que aquí no hay nadie, el declararle su fe, la suerte lo ha referido. Id, Alegio, a descansar, que yo también me retiro; mi industria ha de con seguir . que triunfe en su amor mi hijo. Mucho siento que a Alejandro que siempre lo ha sido vuestro, hablar aquí no he podido. . A padecer voy en tantas confusiones de delirios. . Tomad, Lisarda, este lazo, que acaso se os ha caído. Harro siento yo, Alejandro, que no le hayáis entendido, que en las señas de su amor da bien claros los indicios. Llevadle, y mirad que el alma hoy en él os sacrifico; amor dame tu favor, pues feliz he merecido del logro de mi esperanza ver los felices principios. Vive el cielo, que a Alejandro. . Y quisisteis bien a alguna? Lisarda ha favorecido; muda a su voz he quedado, ernas de celos respiro. Que sin tiempo estos favores hallan en mi pecho abrigo! mas guardar el lazo intento, que aunque imposible en mí miro, que tenga su amor entrada en el cortesano estilo, no ha de encontrar una dama con un grosero delito. . como mi fuego tan tibio tarda en abrasar el alma; en que acabe vengativo con esta pasión, que oprime el celoso pecho mío? . y que ya todos se hanido, . es ocasión de afirmarme si es Zapato el que allí miro. Porcia se ha quedado sola, ahora bien, yo me apropinquo Avuestras ínclitas plantas llega este firme cautivo, y de nuevo lo confirmo. Sois Don Zapato? . Yo soy, que estoy a esos pies rendido; y que a mí que la conozco quiera pegar lo fruncido! Muy desgarrado venía; mas siempre vos lo habéis sido. Siempre yo por imitaros; vuestras costumbres me visto. Cómo venís? . Como quien entre Turcos ha vivido. Son muy hermosas las Moras? Hermosas son, un prodigio; quiero darla con los celos . por conocer si la pico. Ya ha caído en el garlito; . a una cogí una vez, y como yo siempre he sido buen Cristiano por la gracia de mi Señor JesuCristo, vin viendo la mancha tan grande, que en mí se había esculpido, aplicar quise el remedio, y como curioso he sido, oí decir, que la mancha de una Morá de improviso, refregándola con otra se lavaba, y muy conflito, una, y otra le aplicaba; y por más que lo examino, mientras más Moras llegaban, crecia la mancha infinito. Pues como en ofensa mía fuisteis vos tan atrevido, que a enamorar a las Moras se atrevió vuestro cariño? Es que estaba en otro Reino, y allá ay diferentes ritos; pero tan constante vengo, que a esos ojuelos divinos les rindo mi voluntad hoy con nuevo sacrificio. Vive Dios, que esto va malo, y así el remedio le aplico. Seor Zapato, esa dama sepa que es cuidado mío, y si a mirarla se atreve, sabre yo con tradecirlo. Pues tú te atreves a mí, despavilador mendigo, cuando sabes que soy rayo? Yo solo lo que le digo es, que salga a la campaña a mostrar aquesos bríos. Siguiéndote iré, y verás que este brazo es un prodigio. Zapato, detente. . Aparta, que te he de traer asido a Esparto, para que sea estera de tus diez puntos. . Válgame Dios, que mi honor se ve en notable peligro, y una dama de mis prendas no ha de andar en los corrillos de los vulgares, en donde la reputación es vidrio, que se quiebra al leve aliento del más inocente juicio, O quién pudiera estorbar de los dos el trance esquivo! voy a ver si hay aquí gente que vaya a templar sus bríos. . Ciego, y desesperado, habiendo con mis celos encontrado altiva mi osadía, antes que borde con su luz el día en aqueste Horizonte el abrasado padre de Faetonte, atrevido procuro, valiéndome del negro manto oscuro, que la noche despliega, acabar de una vez mi pasión ciega. En esta parte intento aguardar a Lisarda, y delviolento rigor aprovecharme, pues ingrata ha llegado a despreciarme, Cuando a su cuarto pase gozaré la ocasión, aunque se abrase cual otra Troya, este Palacio altivo; sienta Lisarda su desdén esquivo, y pues que yo me abraso, pase por los rigores que yo paso. Ruido de pasos siento, quiero ocultarme, aún de mi propio aliento, porque nadie me vea hasta en contar mi ardor lo que desea. Tirano amor, que osado mi pecho con tu arpón has abrasado; porqué, di, a mi osadía. ocultar quieres el farol del día, que en Arminda contemplo, haciendo con rigor cruel ejemplo en mi vida, y al cielo que procuro, su luz oculta el negro manto oscuro? De esteceloso infierno, que quiere acreditarse en mí de eterno, pues ninguna esperanza mi fiel cariño en la piedad alcanza; mal mi pasión resisto, pues los ojos de los celos publican sus enojos. No me bastaba (ay cielos!) que Alejandro incitase mis desvelos, sin que ahora mi hermano de Arminda usurpe la felice mano? Cielos, o retiradme el sentimiento, o fáltele a mi amor el dulce acento. Alegio es quien ha entrado; que mal logra su intento un desdichado! Mientras el Alba hermosa sale a dar ser al prado; y a la rosa, por divertir mis penas, aunque de su consuelo están ajenas, ver estas cartas quiero que escriben a mi hermano, por si infiero de ellas algún aviso en que el remedio llegue a ser preciso. Esta es de Eusebio mi primo; o si acaso en ella hallara algún auvio mi pena en que divertir sus ansias! Cuando a Alegió liberteis, y cuando le deis la alta posesión en el gobierno, no en olvido pongáis tantas señales, como al nacer vuestra Corona amenaza; vuestra vida va en su muerte, Dios os guarde edades largas: vuestro primo Eusebio. Cielos con un nudo la garganta al articular las voces, se quedan en el heladas. Mi primo contra mi esgrime la acusación? que amenaza infeliz fina mi vida para darvoz a su infamia? Si acaso mi hermano ha dado para este consejo entrada? Mas esto no puede ser, que si él acaso intentara tan infame alevosía su ingenio no publicara, pues llega a servir de estorbo una intención declarada. Antes que a la ejecución entregue la acción ingrata; pues Eusebio contra mí, cuando le debe a mi espada los triunfos de que corona las Provincias que abasarla? En estas dos confusiones cielos de la duda salga, y de su centro el secreto venga a aliviar esta extraña pena, que aumenta las mías con tan rigurosa causa. La ocasión de su deseo feliz ha encontrado el alma, de ella en mis celos intento hallar mi propia venganza. Quién de esta duda saliera? Yo, señor, si ofreces grata la atención, te informare de lo que a saber alcanza; mi lealtad, cuando tu ofensa hoy tú misma sangre trata. Qué dices, que no te entiendo? Ya es tiempo, señor, que salga pronunciadas de mi afecto en tu favor las palabras. En esta parte escondido tus dudas oí, y la carta que Eusebio a tu hermano escribe oculta con infielsaña. Y cacio, señor, pretende darte la muerte, y te engaña con los alagos que muestra cuando el Gobierno te encarga? Yo lo sé, porque a mí mismo me comunicó la traza de ejecutar sus crueldades, y la ejecución dilata hasta el aviso de Eusebio, a quienle dio cuenta larga de su intento, y la in ención de como darte intentaba el Gobierno, con fingida acción, porque así lograra asegurar tu persona, hasta dar fin a sus ansias. Vuelve, señor por tu vida cuando se ve amenazada del poder, y pues tu sangre acabar contigo trata, muera tu hermano, y. Detente; como aquí tu voz osada esgrime contra mi Rey el fuego de la amenaza? Ni puede ser, ni yo creo de mi hermano tal infamia; pues como tan atrevido en vano persua dir tratas a que crea de tus voces las acusaciones falsas? Señor, yo. . Salte de aquí; pero detente; o mal hayas el discurso que mantiene tantas ilusiones vanas! Si de mi hermano disculpo la intención, mi vida se halla a los peligros expuesta con que cruel me amenaza; y cobro un nuevo enemigo. en Narces, que me declara, para libertad mi vida, los riesgos en que se halla. Pues si atiundo a la razón que mis furores dilata, muera mi hermano, y derrame. laatrevida sangre ingrata; que pretende con mi ofensa acreditarse tirana. Esto ha de ser, Narces. . Torpe no acierto a mover las plantas. Para que veas que estimo lo que leal me declaras, y que a ejecutar me pongo. el conmejo de tu instancia, resuelto estoy en dar muerte a aqueste ingrato, fiada. mi cólera en ti se mira, resuélvete, que mi rabia atropellará peligros. sobre montes de inconstancia; qué respondes? . Que rendido, Invicto Alegio, a tus plantas, verás cuan leal te sirvo, pues has de ver convocada a la gran Constantinopla en tu favor, y postrada la Imperial Silla a tus pies, siendo a un tiempo Coronada tu frente con la Diadema de las Águilas Romanas. A la ejecución, amigo. Ya tu vasallo me llama. Y porque nuestra intención nunca llegue a barajarla la suerte, un veneno sea quien lo asegure; mañana ejecutadas las iras consigan dicha tan alta. Bien dices, sea el veneno de su infame vida parca. Logre mi industria fortuna. A tu pesa de Lisarda ha de triunfar mi osadía con la prevenida traza. Ya dorando con sus luces el Palacio baja el Alba; y porque nadie sospeche el intento en mi venganza, dividámonos los dos, sin que ahente ociosa el alma, mas que en prevenir castigos, que a mis dichas seadelantan. Pues al desempeño, Alegio. Bien ves que es justa la causa. Mueran Icacio, y su hijo. Viértase su sangre ingrata. Lauros te previene el tiempo El los me prometen fama. La fortuna nos ayude. A los osados ampara. Apenas bordó de luz la que es del Sol precursora los montos, y con su Aurora deesterró el negro capuz, cuando en el desasosiego de mi malogrado amor hizo dejase el rigor el lecho de mi sosiego. Desesperado el pesar me tiene en lance tan fuerte. cuando veo que la suerte la mía llegó a trocar: Que sea mi padre, ay Dios! quien desenlace violento el nudo que amor sediento llegó a unir en almas dos! Y que del pesar mi vida pueda alentar sin morir! y que haya de resisir una afición tan herida! Dios ciego; pues fuiste quien dulcemente me arrastró, ya que mi bien me postro, no me niegues a mi bien. Determinado a mudar amo vengo, y a servir a Alejandro, pues morir será con Alegio estar, pues siempre ingrato se muestra . Lisarda se ha entrado sola, con sus acciones crueles, y de sus lances noveles a dar mal pago se adiestra. Ayer, por vierto embarazo Esparto se me escapó, pero pues se agazapó, yo le vendré a echar un lazo. Mas ya mi dicha es profunda, que con Alejandro he dado; desde luego me encriado, que lo Príncipe retumba. ̱. Qué queréis? Solo quisiera; que al llegar a vuestras plantas, quien consigue dichas tantas, el servicio os consiguiera. Como os llamáis? . Yo, señor, a quien mis ansias coronan, soy don Cipato, hetervido a Alegio, y cautivo he sido, y un hombre de gran valor. Buen humor gastáis. Yo siempre he gastado lo que es mío. En vos diversiones fío; en mi servicio estáis, Deme otra vez la planta heroica vuestra Alreza. Alzad del suelo. Mir años te guarde el cielo, y aún es plegaria muy corta. Ya que del Príncipe soy ciado ha de ver ahora Eparto como se atreve a oponerse a mi persona. Hacia esta parte a Alexandro vi venir, y pues dichosa mi suerte fue en declararle . mi amor, uero ver ahora como paga mis finezas. quiero fingir que la quiero, para no hacer sospechosa la fe que en Arminda tengo, . porque una mujer celosa. aún los atomos inquiere. Con justa causa la Aurora sale esmaltada de luces, cuando vos salís, pues logra que se acrecentéis los rayos, que vuestra hermosura adornan. Ese cortés rendimiento es fuerza que reconozca, por la Fe con que le estimo, aunque se pase a lisonja. i . Inquieta con mis pesares, salgo a divertir mis penas a esa galeria umbrosa. Mas no es Alejandro aquel que está con Lisarda ahora? Sí, que tengo que dudar, cuando es regla tan forzosa el que se sigan a un triste las penas unas a otras? Quiero escuchar por si puedo encontrar en tantas olas del discurso algún aliento a este raudal que me ahoga. Y que haya flema en el mundo para estar empie diez horas galanteando una dama de estas que el Palacio embosca, y volverse haciendo cruces? No es mejor una gorrona, donde el gusto de la voz ya que se gasta se toca? Aunque tu voz Alejandro, tu constante amor informa, vive mi desconfianza del mérito recelosa. Vive Dios, que aunque lo finjo, y aunque Arminda no lo oiga, siento que haya de ser fueza . el fingir de aquesta forma. Lisarda, mi amor tan fino es de tu luz mariposa, que solo en tu vista halla el término de sus glorias. Ay ingrato, que bien pagas mis quererlas amorosas! Príncipe, siempre mi afecto está impreso en mi memoria. Y siempre Clicie a tus giros has de ser mi sol tú sola. Tu padre, señor, se acerca. Pues el retirarme importa; a Dios Alejandro. a. A Dios. Y mi amor? . Es mi victoria. Pues consigo tal fortuna ya no áspiro a tenerotra Alejandro, Qué es, señor, lo que inquieta tu persona: a este puesto te conduce. Salios fuera. Me conforma; diera por el secretillo cuanto vale mi persona. Ya sabes, hijo Alexandro, (como las armas de Gocia e atrevieron a mi Imperio, rebeldes a mi Corona; pues ahora en una carta desde Alemania me informan lo oprimidas que se miran nuestras armas vencedoras: Yo viendo cuanto a su vista importará tu persona, he resuelto el encargarte en su defensa mis Tropas. Por General te he elegido, solo a lo que vengo ahora es a saber si admitirlo quiere tu sangre briosa. Pues, señor, para serviros, que vos lo mandéis no sobra? Luego al punto obedeciendo saldré, siendo mis victorias quien postre, y ponga a tus pies las Provincias más remotas. Hay hijo, que bien mi sangre en ti luciento se adorna! A disponer tu partida voy, y quiera mi dichosa suerte, que sea tu frente con el laurel de las glorias, de los triunfos de tu espada, belico asombro de Europa. . Que venga envuelto en rigor el favor que me acrisola, y cuando consigo un lauro, un tormento se me oponga? Qué haya de dejar a Arminda por esta deuda forzosa de mi honor, cuando me cercan tantas celosas discordias? Mas cumplir mi obligación es lo que a tivo me toca, que aquesta en un Noble asiste, sin que el amor se le oponga. A dar a Arminda iré cuenta de mi partida, si ahora permite mi sentimiento que le artícule la boca. . Mas, señora, vos aquí con tal silencio dudosa? hablad, y no acrecentéis con esa muda acción toda esa región, que me oprime de tanta pena alevosa? Alejandro, ya cesaron en mí tantas engañosas finezas, como hasta aquí me has propuesto fabulosas. Ya he despedido del pecho, aunque su pesar lo llora, las fementidas reliquias de esa tu afición traidora. Eres tú el que con alagos de caricias mentirosas me juraste tantas veces, que solo tu Fe amorosa, al centro de mi hermosura aspiraba en si gloriosa? Pues como a mi vista, ingrato, con inconstancia traidora llegas a favorecer a Lisarda, a quien adoras? Eso fue. . No te disculpes, porque yo no busco ahora más razón, que lo que he visto, y lo que he oído yo propia: Logra abrasarte en sus luces como ardiente mariposa, Aravos, siendo Clicienc a quien todo tu amor postra, y no vayas a Alemanía, porque no quede quejosa, que en tan dichoso principio la dejes tan lastimosa, que yo me voy a no oír de su logro tantas glorias, o a padecer tantas penas, como de nuevo me ahogan. Oye, escucha. No he de oírte. . Mi bien, Qué vana lisonja! Yo te adoro. . No es posible, Seralo como me oigas. Pues qué disculpa dar puedes? Mi verdad lo será sola. Puede haberla? . Sí. Cuál es? Cuando a esa dorada antorcha opuesta la Luna mira, y empaña las luminosas luces, que nos comúnica a eclipse, sus rayos postra, y como la vista advierte tan trocada en si su forma, duda si podrá volver a su claridad hermosa. Pero apenas de las dudas ve oprimidas sus victorias, cuando en batalla campal de más sangrienta discordia, con su vencimiento quita los vapores que le estorban: y aquel que antes parecia parda nube sediciosa, volviendo a su ser primero, desmiente las cautelosas dudas, que a su terso ser se opusieron engañosas. No de otra suerte en las tuyas errada ingrato me nombra, amor están tuyo, que aunque la vista disponga algún echíos que le borte, como a ti solo se postra, batallando con mis ansias, hallarás claras sus sombras, y las ciegas fantasías desmintiéndose a si propias. Es aquesa tu disculpa? Sí, que no puedo darotra. Cuando es tan ciego tu amor hay ocasión que lo estorba. Sí, que el respeto lo impide, y es fineza muy costosa, que me pase a ser grosero por satisfacerte ahora. Bien haces, que en tu silencio muy claro el eclos me informa, que de las tinieblas suyas los desengaños se forman. Eso es queter tu tomar, fingiendo celos ahora, ocasión para admitir de este Imperio la Corona; y si esto es así, bien haces en mostrarte desdeñosa, triunfa en tu amor, y el aplauso de tanta majestad goza; que yo ingrata por no verlo; huyendo tu rigurosa sentencia iré, donde el cielo quiera que las venenosas flechas sean de mi vida el instrumento, que acorta con la muerte los pesares en que las penas se postran. Pues vete, que bien entiendo que esas mentidas congojas solo tiran a querer huir de mi vista ahora. Y eso es querer apurar de mi pecho la ponzoña? Esto es conocer cuan falso pagas mi amor. . Pues si toda mi verdades, y disculpas en ti piedades no logran, y de tu trocado intento se ven las señas notorias, yo iré huyendo de tu vista, para que quedes gustosa. Para que lo vayas tú te dejaré yo. . Pues sola una fineza te pido, y es, que cuando la Corona del Sacro Imperio te ciñas hagas que a Constantinopla no vuelva a ver, que aunque sé que en esta nueva costosa, cuando no pierda la vida, he de vivir con zozobras, y no he de verte jamás, como es causa tan forzosa. La de la obediencia temo, que me obligue a tan costosa acción, en donde aventure que encuentre el discurso sombras. No ves que Lisarda puede de tu ausencia estar quejosa? Aquesa es vana quimera. La que tu indicias es otra. Que en fin te vas? Amorir; y tú te ausentas? . Tu propia no eres quien lo mandas? . Sí Pues a Dios. Qué afición loca! Qué tormento! . qué dolor! Qué ansia! La pena me ahoga; Alejandro. . Qué me quieres? Que, pues, te partes a Gocia, ya que te pierda, y lo sienta, sepas que mi afición sola siempre a ti la he dirigido; y aunque a mis pies más Coronas se postraran, que hay arenas, y flores d buja Flora, no han de hallar en mi acogida con sus ansias amorosas. Pues yo juro a tu deidad, que solo a tu amor se postra. el mío, y que a él no falte con constancia valerosa; ya Dios, porque mi partida ha llegado a ser forzosa. Qué te ausentas? . Es preciso, que honor me llama a sus glorias. Pues tu palabra asegure mis recelos. . En ti sola. halla su descanso el alma. La mía en tu fe reposa. Pues quiera el hado. La suerte. permita. . Que la victoria de mi amor. . Que mi froseo, En segura unión. En pompa de más felice fortuna, Logue. . Se vea. Gloriosa. . Altiva; Firme. . Constante. Y en su dicha procelosa. Libres las nieblas, que opuestas. se combaten envidiosas.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Cuando a Alegio liberteis; mal haya la pluma infame que formó líneas aleves con tan sangrientos celajes? Mal haya el rigor violento con que sus alas se abaren, pues de su voraz aliento tantos origina males! Munca su vista llegara tan fuerte a precipitarme, pues quiero hacer escarmiento por ella en mi propia sangre. Pero si ella contra mí montañas de industrias late, pretendiendo que yo sea el yunque de sus crueldades, que piedad puede moverme a que el castigo di ate? No he de ver hoy coronada con las Armas Imperiales mi cabeza? pues si llego en su Real trono a sentarme, y ser con Regio aparato de esta Monarquía Atlante; por qué rendidas mis iras se entregan a las piedades? Vayan fuera los delirios de aquesta ilusión errante, y no pierda la ocasión, que me ofrece aplausos tales, pues de perderla, mi vida aventuraré inconstante. Un Imperio se me oculta, y lo que más persuade para incitar mi crueldad, es perder la más brillante estrella, que al firmamento asiste, hermoso diamente. Arminda; cuya deidad, aunque su esquivez me ablase, y en la ofensa de los celos dé nuevo ser a mis males, salamandra de sus luces en ellas ardo constante. Luego si logro una vida, y una Corona me añaden, y consigo a un tiempo a Arminda, que me ocultan mis pesares? como dudo en el acierto de tan dichosas crueldades? y más cuando solo el plazo es hasta que venga Narcés, que en un veneno asegure intídotos que me ensalcen. Alengio, señor. Amigo; qué es lo que inquieto te trae? Ya sabes como de Gocia todo el Reino, en deseales bandos se opuso al Imperio con tantas huestes triunfaores. Y después de muchas lides, sitios, y asaltos tan grandes, con que a nuestras armas puso en las dudosas señales, o la represa a sus triunfos, o ya el freno a su coraje. Favor a Icació le piden de Alemanía las Ciudades, por verse tan oprimidas en sus batallas campales. Y resuelto en fin tu hermano, llegó a Alejandro a encargarle su ejército, y él al punto, obedeciendo a su padre, salió de Constantinopla. Y aunque todo aquesto sabes, es fuerza que te proponga en tantas dificultades que barájar nuestro intento pueden, si acaso lle tase Alexandro a ler. Detente que onofición ese lance puede haceren que la dicha de nuestro ardor se dilate? Es que faltando Alejandro punde obquer con las haces. de su ojército, a tus timores dudar de dificultades. Y eso solo te acobarda? Muera Icacio, que yo darle labré el castigo, si acaso él se atreviere a aguardarle, Bien lo fío en tu valor, que solo al asegurarte libre en el Imperio ha sido quien mis recelos añade. Has prevenido el veneno? Dos la diligencia trae; aqueste tiene tal fuerza, que su incendio vigilante apenas la vista informa, mentida unión del caracter, cuando introduce en los ojos de la parca inejorable la pálida forma, que abrevia alientos vitales. Dímele, que ya prevengo pera introducirle el lance. Mas que nuevo hielo es este, que por las venas se esparce? qué es lo que me dice el alma al ir alegre a tomarle? Pero ahora la ilusión tropieza en dificurtades? no halle acogida en mi pecho el ciego temor errante. Este bebido, señor, los mismos efectos hace. Entrambos te los entrego, haz que aunque son mudos hables en venganca de tu vida, vertiendo en tú aleve sangre aquella, que contra ti en crueldad quiere borrarse, Detente, que Icacio viene, y esta es ocasión de darle el veneno no te vea: en esa sala ocultarte puedes. . El servirte elijo. Alegio yo vengo a darre cuenta de como Alejandro a Gocia tan promto parte, que pera la ejecución no huyo más que lo mandase. Ya, señor, me despedí de su Alteza, que Dios guarde, como al Imperio conviene; que mal disimular sabe conmentidas apariencias aquel que en rencores ardel Empiece ahora mi industria, porque la victuria alcance. Ayer, gran Señor, de Fusebio hubo una carta. . Pues dadme la alegría de sabor, que nuevas en ella trae; que lo estimo, como debo a la atención de mi sangre. Si tu atendieras a ella, estuviera de tu parte la parte de la piedad, que a ella tener no sabes. Esta es mas la turbación temo que no me declare. De que te turbas Alegio, porque mudado el semblante, no sé qué oculta armonía en ti se destempla grave? Yo, señor, mas ya la halle, fue que. , y de sus turbadas señas Tu imprudencia acabe, para darme aquí una carta tantos disgustos te añades? Prevenidmientras la leo, que Arminda que al monte sale, a las montaraces luchas de los silvestres plumajes, entre en el coche, que yo salgo a sus luces brillantes a ser girasol, siguiendo sus rayos siempre brillantes. Voy a obedecerte; presto. . del venenoso coraje serás despojo y a un tiempo mi altivez ha de lograrle. No sé de su turbación lo que llegue a recelarme? Siempre vivo con cuidados de su intención vigilante, y de aquella grave estrella para mí tan inconstante, que por estorbo me pone un caos de dificultades. La carta quiero lrer por si de ella el ansia nace. Cuando a Alegio liberteis, y cuando le desla alta posesión en el Gobierno, no en olvido pongáis tantas señales, como al nacer vuestra Corona amenazan. Vuestra vida está en su muerte, Dios os guarde edades largas; vuestro primo Eusebio, penas presto salisteis a darme la alegría del recelo, que altivo llegó a ofuscarme. Bien su inocencia declara, pues la carta llegó a darme, da conocidas lealtades, que si otra intención tuviera, él la ocultara, no uitraje mas su postrada lcaltad, y aquesta carta del aire en breves átomos sea quien su escarmiento declaro. Ya estará obrando el veneno; qué es lo que miro? a mitades reduce el papel, ay cielos! si acaso en mis deslealtades ha tenido algún aviso? Pero que llegó a ofuscarme? Lo que el veneno no puede, aqueste acero lo acabe, Arminda, señora, espera; si Vuestra Majestad sale. Que aqueste estorbo se haya interpuesto a mis crueldades! Decid que va salgo; Alegio escuchad, en esta parte yo vi la carta de Eusebio; ya la turbación que añades he conocido la causa; proseguid de aquí adelante con disignios de lealtad, que siempre de vuestra parte, en estando en ella fijo, me mostraré yo con tante. Venid, no caseis fortuna, competid, competid males; bien de sus razones toco cuando llega a declararse, que sabiendo mis intentos procura cuerdo atejarles lalínea de que se forman, y luego serio vengarse; mas Narces viene. . Señor, quién da causa a tus pesares? Ay Narcés, que ya mi hermano todonuestro intento sabe, él aquí se ha declarado, mira en tan dudoso lance que puedo hacer? . Que, señor? romper las dificultades, que opuestas a tu valor pretenden darle cantraste. (da Tu hermano, y la hermosa Armín hoy al monte a cazar salen, en él puede tu venganza en su rigor estrenarse Dos mil parciales el monte tendrá ocultos, que al llarmarles con la seña que dispuesta mi industria pensada trae, serán para dartes yudo rrientes tayos tronantos. Todo a tu amistad lo debe; dame amigo Narcés, dame los brazos, que yo te juro, si consiguo el Laurearme, serás otro yo al Imperio. El servirte es mi dictimen, Aquesta carta de Eusebio en mi pecho abrigo hasle, porque sirva a mis disculpas, si alguna vez importare. Al monte, valiente Alegio. ̱ A emprender la dicha. Narcés, A cobrar dicha en la muerte ̱̱ A prevenir los parciales. Aarda el monte, gima el prado. Viva Arminda, Alegio acabe, Para que en una venganza tengan fin tantos pesares. . Cansado de caminar vengo a aguardar a este monte a Zacato, a quien valiente desafié la otra noche. Hubo ciertos embarazos, con que cesó por entonces nuestra contienda; y ahora con la ocasión que a este bosque trae de la caza del César. hecho de mí mismo roble, determinado a matarle mis celos me traen, en donde (u escarmionio vea y yo a un tiempo venganza tomo, Pero supongo en mi idea, que él viene, y Rinoceronte hacia mi airado sotira, y me da sus treinta golpes, repartidos con gran cuenta por entre los dos braones. Y yo aturdido del caso, que soy valiente ad honoren, cojo las de Villa Diego, si es que él antes no mesoje los pasos entre la fuga de acelerada desorden; como Esparto quedaremos? Ya siento su brazo inorme, miedo, que dices? rehusa una acasión tan disforme, mejor es huirá solas, que los pasos corredores, si hay quien por detras los pique, se pasan a voladores, y así a las plantas apelo; pero ya él viene, cogiome, yo soy perdido, que él es soldado degran escote. San Babilés me defienda, pues a potrosos socorre. A buscar a Esparto vengo y no vengo muy conforme, porque el miedo es muy mujer y es fuerza temerle un hombre. Con él he dado, aquí es Troya, que iracundo está, y que grave! él me da con la de Rengo, si es que no trae la de Juanes; más mostrar valor imparta. Ea seor Esparto, acabo, saque la espada, qué aguarda? Hoy para mi será Martes. No acaba? . Reporte veed, que me importa preguntarle, por no encargar mi conciencia, porque yo la tengo grande, si sabe jugar la espada? Esa pregunta es en valde. No es tal, y porque lo vea, todas mis tretas repare; si no finjo, mi pellejo, se ve en peligroso trance. La torneada es la una, que con tal fuerza se hace su ejecución, que en llegando corneara cuanto encontrare, Si el me tornea las tripas ha de hacerme que no pare de aquí a mi casa. . Qué dice? ya infiero de su semblante . el miedo que le acompaña; saque aquesa espada, acabe. Tenga uced, que yo obligado de todas sus buenas partes, tengo lástima a su vida, y me obliga a que no acabe con ella, porque mi espada veneno infundido trae, y de una herida pequeña la vida pierde al insiante el mísero que recibe su crueldad informidable. Está tocada a una piedra allá en Turquía, admirable por su venenoso toque, y así desde aquí adelante sepa con la cortesía que debe hablas, y repare, que Porcia es mía; y si acaso a su necedad tornare, aqueste cruel acero haré que su vida acabe, entiéndeme? . Baste ya, seamos amigos leales, que yo me ofrerco a servirle en todo cuanto mandaré. Vive Cristo que la espada . hará a cualquiera cobarde. Monteros, acudid presto, que el Emperador peligra. Válgame el cielo? El caballo le arrastra, y le precipita. Vamos a favorecerle. de Mis brazos logren la dicha libraros del peligro, que amenaza vuestra vida. Siemprevos, hermano, sois el Arlante en quien estriba. Que en estaocasión no esté ya la gente prevenida para conseguir mi intento? . Mas ya mi cósera arbitró su muerte; yo voy, señor, por agua, que a la caída preserve los acidentes a que el sobresalto incita. . Cuánto a mi hermano le debo? ya en mi es experiencia fija su lealtad, mas no sé que ocasión me martitiza, con espantosos procigios, que se vienen a la vista? Parece que el Sol sangriento hoy contra mi se conspira, y a su imitación los Astros disformes entre silidian! Con sobresalto el pecho, solo en horrores palpita. En esta parte la fuente ha de estar, hermosa Arminda, En sus cristales se apague la calurosa fatiga. El Emperador, señora, es el que sentado, miras. . Señor. Arminda, hacia donde aireso encáminas el curso? Buscando ibamos la fuente, que está cerca, yo, y mi prima. Alegió vendrá con agua, que a causa de una caída en que me arrojó el caballo, la fue a buscar. Ya se mira puestro Emperador, Monter? cesén ya vuestras fatigas. . Señor Levantad, amigos, y no el recelo os aflija, que ya mi hermano en sus brazos dio nuevo aliento a mi vida. Ya para lograr mi intento llegó la hora precisa; el veneno prevenido. echar quiero al agua limpia, sea el rosigo quien de el fin infausto a su vida. En estos polbos envuelta va la airada tiranía, no duerma quien de enemigos tan acosado se mira; yo llego, ya está aquí el agua. Pues dadiela, Alegio, a Arminda Bebed, señor, que después volveré a la suentecilla por más agua, porque importa que adelante la caída en accidentes no pase. No he de peber por mi vida sin que Arminda haya bebido; dadsela, pues. . Ay desdichas mas crueles contra mí, que unas, y otras se compitan! Si aquí no le doy el agua, todo el secreto peligra, pues dársela no lo apruebo, porque mi vida en su vida cobra el ser; pues de qué forma tendrá mi engaño solida? Tomad el agua, señora. Su rendimiento me irtita. El barro se me ha caído, que siempre las dichas mías al tocarlas se deshacen en vapores convertidas; en cruel lance me he visto a no ocurrirse la industria, la lo Guiemos hacia la fuente, pues que tan cerca se mira, y en ella apague el prodigio que contra mí se conspira. ̱. Cuando he de tener el logro que al alto honor me convida? Narcés, a buen tiempo llegas; dime, está ya prevenida lagente? . En aquese monte aculta está, y advertida, disparar un arcabuz es la seña, a que su furia saldrá desatada a darte en tus intentos ayuda. Al valle, al monte, a la sierra, cortad los pasos, seguidla. Pues, Narcés, a nuestro intento pues ya empiezan la batida, y en hallando a Icacio solo, muera, sin que se resista anuestro furor, o preso tenga más penosa vida. Pues seguid esa vereda, que siempre estaré a la mira, porque se logre el disignio aque el trofeo camina. Solo de esta ocasión pende el fin de nuestras fatigas. Herido va el jabalí; tiradle. . El monte me encubra, mis pasos lleven su guía; porque Iracio no me vea, y está entamada escondida acechanza suya sea. Por aquí la fiera herida, huyendo de mis Monteros debió de bajar sin duda; aquellas ramas se mueven, la fiera será, mis iras solo impías para un bruto, lleve en fuego convertidas. (na . La seña del arcabuz. Válgame Dios! . Voz huma. es la que el oído admira. Válgame Dios! mis traiciones con justa cansa castiga el cielo. . Infeliz, quién eres, que en esas ramas afirmas admiración en tu voz, y precipicio en tu vida? Narces soy, señor, y soy quien a tu persona invicta perdón de una traición pide, hoy contra ti prometida. Huye, señor, de este monte, la montaraz caza olvida, que dos mil hombres esconde, que solo en el ordenmía, y de tu hermano amenazan a ti, y a tu Imperio ruinas. Alegio, señor, pretende usurpar con tiranía tu Imperio; y yo, Gran Señor, cómplice de sus desdichas, fui quien; pero ya a mortales parasismos redueida la lengua, anudado el eco, a otro centro se retira. . Válgame el cielo! mi hermano borrar pretende mi vida? pero en tan claro peligro hoy el mejor medio elija la prudencia, a la Ciudad mas poblado de soldados todo ese monte se mira, Alegio los acompaña; ninguna senda divisa la atención, para escaparme, albergueme la malicia encubierta del esmalte de lisonjera mentira. de esta parte se fulmina, Si en esta parte la muerte atrevimientos castiga. Turbado un hielo me cubre; pero mi intención peligra si no logro mis intentos. Prendedle. . Como atrevida osa desatenta aquí vuestra presunción altiiva a oponerse contra mí? La razón la lealtad priva; y a quien oretende mi muerte, no es mucho busque la suya. Quién más que yo os ha querido? Alegabién la razón loacredita. Yo no os levanté al Gobierno? Fueron mentidas caricias; pero como yo suspendo, mi cólera en tus porfías? Llevadle. Como en vosotros falta la obediencia fija? No le escuchéis. . Ah tirano! Dios, que la inociencia mira ha de volver por mi causa. Está mirando la mía. Ruego al cielo. . En este acero acabará tu osadía. Alegio, letente, aguarda, y no con tu sangre misma marizar las flores quieras. Quién si no es tú, bella Arminda, solsegar mi impulso puede? Llevadle, no esté a mi vista, que es áspid que con sus ojos mas mis venganzas irrira. Hay hijo Alexandro len ti hoy mi libertad confía. Bárbaro parto de un monte, cuyas entrañas imbias, para abortar crueldades. se está traneformando en Libia, diculto vapor del Cierzo, que arrastras con tiranía los frutos, que se alimentan al Aura de sus fatigas. Qué motivo? o qué ocasión tan vorazmente te incita a querer ser de tu sangre cruel Caribe, o Scita? tan atrevido el acero, y la lengua tan remisa? Mas bien haces en callarlo, ten silencio, no lo digas, que es más delito a un agravio dar disculpa inadvertida, que se compone del viento, en quien se deshace tibia. Mas ya que en ti la razón tan encontrada se mira, huyendo de tus rigores irán las lágrimas mías a padecer en sus ansias sentimientos en que habitan. Bellocentro de mi amor, suspende el enojo ciego a que te incita el pesar de tu propio sentimiento. Esas lágrimas, que perlas. son forjadas en tu cielo, de cuya brillante Aurora. es el rocio sereno, no ingrata las desperdicies, que no es razón que en el suelo hajados de humana huella, est én desperdicios vuestros. Suspendedlas, y mi amante, para vos rendido afecto, halle alivio, cuando alegre mire tu rostro perfecto. Amás cólera me incitas, cuando alevoso te veo. No ves que ya me obedece. por su señor el Imperio? Y quieres con el poder vencer un amor que es velo? Para que tal no atribuyas, escucha mi rendimiento. Hasta que de tu hermosura, bello imán de mi deseo, fue mi ventura trofeo, no conocí mi ventura. Ahora sí que segura por tal la conozco, pues el más glorioso interés, el honor más soberano, no fue adorno de mi mano, hasta serlo de tus pies. Bien que al verme en ellos, toco nuevas dudas con que lucho, pues para mi mano es mucho, y para tus pies es poco. Cuerdo el rendimiento, y loco el alboroco hoy estén; porque al crisol del desdén de tanto sol celestial, lo que el uno diga mal, el otro asegure bien. Ves todas aqueses ansias, y esos repetidos ruegos tan inmóvil los escucho, tan diamante los atiendo, que bronce de su fineza, en durezas me convierto. No podrá acaso labrarte el blando buril del tiempo? No podrá, que contra él seré yo rayo sangriento. (me. Y mi amor? . No ha de vencer. Y mi fe? . No la agradezco, No he de poder obligarte? No, que soy nieve a tu fuego, Ande, acabe. . Que te olvides de nuestra amistad tan presto? Qué ruido es esto? Señor, es un Zapato, que vengo a ofrecerte, por criado de tu enemigo. . Ponedlo en un árbol al instante. Siempre dije, que con gestos había yo de acabar. Válgale, señor, mi ruego, que él que culpa en ser criado tuvo de un hermano vuestro? Dejadlo, pero en su vida le vea yo, que me ofendo de ver, hasta los criados del que me ocasiona incendios. Y que haya aquí de ser fuerza valerme de quien me ofendo! . Vos, señora, a la Ciudad os venid, que ya prevengo para mereceros digno, no disgustaros severo. Mal podrá tu amor quitarme a mi Alejandro del pecho. . Fortuna, ya subial trono en que tu rueda me ha puesto, fija el clavo tan constante, que no se me atreva el tiempo con los triunfos, y laureles, que ya tan dichoso adquiero, que yo le ofrezco a tu imagen labrarle de jaspe un templo, que del Gentílico aplauso borre la fama en su acierto. . Fueronse, y yo me he quedada bien confuso en mis sucesos; pero el apelar importa a los pies; que es lo que veo? Libio viene allí, Dios mío, de una salgo, y a otra entro? Zapato. . Señor. No temas. Pues acaso es temer esto? Eres fiel criana? . Sí, que algo ha de haber en mi bueno. Te vendrás conmigo? Adónde? . A ver a Alexandro. Acepto. Hasta encontrarle serán las horas siglos enteros. Digo, y hemos de ir a pata? En un tronco atados dejo dos Delfines, que con alas. son estornudos del Euro. Pues vámonos no nos coja que el Danubio con líquida esmeralda. le ofrece en su conduto la cristalina playa por tributo. Descansen los Soldados aqueste traidor de Alegio; que tiene traza de echarnos, si nos coge, a los infiernos. Vamos, y mi dicha quiera que llegue a ser instrumento, para que Icacio otra vez se restituya a su Imperio. Y para que aqueste Esparto, que es también un traidorzuelo, con un ramal de su nombre sea rácimo del viento. Haced alto en el llano de esa falda, del belico clamor disciplinados, pues humillada ya la Goda tierra a la ley del valor, que altivo encierra, mi campo numeroso a Minérvale ofrecen paso undoso. El orden ya cumpilendo todos, señor, te están obececiendo. Cuando será aquel día, que llegue la felice dicha mía a pisar los hermosos campos de Tracia, siempre victoriosos, y con victorias tantas llegue a lograr en las invictas plantas de mi padre el deseo de cumplirse en su vista mi trofeo? Y cuando, claros cielos, los laureles, que la fortuna me ha ofrecido fieles, postraré más glorioso al coturno de Arminda victorioso? Dos hombres en dos onzas, a quien alas les presta el propio viento, aquí se acercan, y con más violento impulso ya se apean, y dan indicios de que hablar desean a Vuestra Alteza. . Pues decid que lleguen? suspenden, nuevos asombros mi valora Dadme, señor, las plantas. Mis brazos logren hoy finezas tantas. Ya mí, que aunque me olvides, soy leal, y he de ser un nuevo Alcides. Qué causa os ha movido para que a aqueste puesto hayáis venido? Sí me das atención, muy brevemente el motivo sabrás, si es que prudente hasta el fin aguardares, que todo viene lleno de pesares. Ya mi atención te escucha; el sobresalto con temores lucha. Después, señor, que a Alemanía veniste a acabar la guerra, que inquietaba estos Estados, con señales tan inciertas, nueva traición, nuevo asombro salió, infestado en la excelsa Corte de Constantinopla, ya de su lealtad incierta, un Cocodrilo engañoso, una tirana Sirena, que con tropiezos engaña, y con voces lisonjea. Alegio, señor, tu tío, que trocando ya las señas de tu sangre, Tigre Hircano, tiranías le alimentan, es quien alterando el Reino, con una intención secreta en un monte prevenidos tuvo un día con cautela dos mil Soldados, a tiempo que vuestro padre! aqui entra, para apresurar los males, el principio en la tragedia) a caza, señor, salió con vuestra prima, tan bella, que cazadora Diana la confesaron las fieras. Y al tiempo que discurriendo las encontradas veredas, tras un jabalí, tu padre se fue intrincando en la sierra, salió Alegio, y los soldados, que traidores le veneran, que ya de su voluntad, o su ficción se gobierna: y lobo atrevido al robo, o como Leona hambrienta a quien el cordero humild acaricia, y lisonjea, y ella en su hambriento coraje, haciendo plato la tierra, trinchante las fuertes garras, apetito la inclemencia, cebada en iras, y agravios, en su sangre se alimenta. No de otra suerte a tu padre postró el tirano, que presa su persona, y oprimida de la bárbara inclemencia, a las voces del suspiro de su ingratitud se queja Habrado pretendió darle con unadaga sangrienta Alegio, si Arminda entonces su ruego no interpusiera, que solo aquesta atención a tanta crueldad reserva. Llevole a Constantinopla, y con el a Arminda lleva, que en lágrimas derramaba. argentadas tantas perlas, que las flores codiciosas se las bebian sedientas, para cobrar nuevo aliento en el color que alimentan. Yo entonces, viendo el suceso en lo oculto de unas peñas, salí al tiempo que ya habían dado a la Corte la vuelta. Solo a Narcés en su sangre bañado hallé, que en la tierra era cadaver helado, de su traición paga cierta; pues siendo cómplice el de aquesta infausta tragedia, oculto en el monte estaba, y entendiendo que era fiera, a las manos de tu padre, abrió su muerte las puertas. Y Alegio, que impío en todo, solo en horrores se ostenta, ni aún en darle sepultura en sus piedades se entrega. Y enfina darte ha venido aquesta infelice nueva, porque tu valor atojo de este raudal la inclemencia, poniéndole a su corriente el yugo de la repreta, postrando su fuerte orgullo, sujerando su fiereza, restituyendo en su trono a Jeacio la silla Regia, y dando el castigo a cuantos en el delito se encierran. Heroicos soldados míos, que en la belica tarea, con tan adquirido triunfo a fama altivaos laute. Valiente asombro de Marte bella Militar escuela, donde la muerte se ensaya, que vuestro brazo gobierna, ya de vuestro Emperador veis la impensada tragedia, solo puede remediarla. el valor que en vos se encierra, en él fío el desempeño, que mueve esta honrosa empresa; qué respondéis? (gro muera. Viva Icacio, y el traidor Alé- ̱. Ya solo por vuestro impalso mis victorias se gobiernan. A Constantinopla, amigos, el traidor Alegio muera. Y adelantándome yo a la Corte con cautea, iré, y fingiendo la parte del nuevo violento César, estorbaré cualquier lance que contra Icacio pretenda intentar, y con vocando los leales, será cierta tu victoria, y quedará su inútir traición deshecha. Bien dices, tú te acelanta, y tu Zapato te queda; presto ingrato Alegio en ti verás la tiuna severa con que mi cuchilla heroye. resolverá tu soberbia. El cielo tu intento ayude. Él a mi padre defienda. (cio. Toca a marchar. . Viva Ica- Ya vuestra lealtad me enseña el lauro de mis disigios. Ya se mueven las hileras. Vamos, guárdate de mí tirano, puesto que llevas contra ti todo un agravio, y unos celos que me alteran. Mira si infande valor el caracter de una ofensa, que hara cuando con los celos dos agravios se conciertan?

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA En un infierno los dos gloria habemos de tener; vos en verme padecer, y no en verlo que veis vos. Qué bien de aqueste dolor, que ciegamente me oprime, aquesta letra redime en el acento el rigor! Qué inútil esta quererla contra mi pasión se labra, y el eco de su palaora cuanto mis tormentos sella! Volved la letra a cantar. Vuestro acento interrumpid, En qué os enoja, decid? Aberrezco su impiedad. En qué impía se os previene? En ese fingida gluria. De ella fundo la victoria en que constante se obltiene. Pues como puede decid, en un tormento cruel e ber una gloria fiel? A mi desempeño oíd: Cone desden, tu hermosura atormenta mi deseo, negar dole a mí trofeo el logro de tal ventura; mi amor pena os asegura a ofensas del ciego Dios, ya un mismo tiempo yo, y vos padecemos igual calma, teniendo oprimida el alma en un infierno los dos. En el en mi amor contento; por el bello imán que sigo, sin ver lo que no consigo, haré gloria del tormento; vos también con grave aliento la llegaréis a ostener, pues al verme padecer templarciso, estra pasión, con que en diferente unión gloria habemos de tener. Al ver la confusa pena, que acrecienta mi dolor, y que a desayo el valor, ingrato amor le condena; al ver, pues, que en la cadena del rigor llego a tener un fuego altivo en que arder, a no esperada victoria llegaréis a tener gloria vos en verme padecer. Si vuestra vista, señora, es la gloria que poseo, en mí mi mayor trofeo es siempre el ver vuestra aurora; si esta dicha gozo ahora, y mi pesar miráis vos, gloria tenemos los dos de inculto pesar violento; vos alber mi sentimiento, y yo al ver que le veis vos. Señor, los Astros que influyen del amor la dulce unión, le niegan a tu pasión la que a querer en tiincluyen; y así precurad templar esa segosa porfía, pues siempre su hidropesía esta entereza ha de hallar, que aquesa enigma ajustada, del afecto presumida, siempre llegará ofendida, y uunca saldrá premiada. Aunque el desengaño veo, no mis pasiones reprimo, que en ese desdén estimo los rigores que poseo; y yo tengo por victoria vivir en tal cautiverio, pues me dijo aquel misterio, que es mi martirio mi gloria. Y cuando no tenga alguna, halla mi satisfacción, que gano por elección lo que pierdo por fortuna. La sangre de mi cuidado no es sacrificio admitido, mas yo le estimo perdido, como pudiera premiado. Aqueso es querer cortés persuadirme a vuestro error. Esto es tener por favor el rigor como interés. Qué vana es vuestra porfía! Mi infeliz suerte compiendo. Mas con el ruego me ofendes, digo, con la dicha mía. Bien de vuestra voz infiero el disgusto con que estáis, cuando hermosa destempláis lo altivo con lo severo: Y así atento a vuestros ojos no a disgustaros áspiro, que a mi cuarto me retiro, por no causaros enojos. Alejandro se ha resuelto en querer hablar a lcacio, y ha mucho que está en Palacio sin que sepa si se ha vuelto; y no quisiera encontrara este bárbaro con él, porque su mano cruel hoy en él no se vengara, pues se mira en sus enojos tan atrevido, y tirano. que ayer a su propio hermano mandó sacarle los ojos, Pero como en mi confía su prisión, no ejecuté el orden, aver iré si encuentro a Alexandro, Impía la suerte con las violencias, atrastra mis esperanzas, y de sus graves mudanzas son raudallas evidencias. Contra mi amor oportuna, voltaría inconstante estrella, de firme voluntad huella la más felice fortuna. Para aprebar su tormento quiete el cielo sustentarme, y solo por no acabarme sustenta mi pensamiento. Bien me muestra la experiencia, que de aquesta pena son los alivios ilusión, y los daños existencia. Y que severas las dos han quedado en sus aores, que parecen Regidores que les toca el mes, por Dios? señora. . Duro pesar! Arminda. Grave porfía! Lisarda. o. Qué tiranía! Oídme. Qué he de escuchar? Siempre a las melancolías os he de ver tan postradas? siempre a la tristeza dadas os han de encontrar los días? Culpa de mi aleve hado la infelice ingratitud, Y culpa la latitud de un centro desesperado. Más déjame, que este fuerte precipicio que me abrasa, sol solo en soledades pasa alegre, y gustosa muerte. Ven Porcia, porque mi prima entre tanto desconsuelo, alguna pena al desvelo en la soledad redima. Qués es alivio para un triste, cuando en sus males se inflama, estar, siendo lo más que ama, en donde ninguno asiste. Si en eso está su consuelo obedecerte prometo, y el irme al instante acepto, pues aliviarla es mi celo. . Es tan cruel el sentimiento mío, que consigo compite solamente, sin que espere se vea diferente oprimido; y postrado el albedrío. Pensar que ha de menguar, es desvarío, cuando se llega a ver tan emiuente, y de aqueste pesar, que el alma siente, en cualquiera esperanza desconfío. Dar fin pretende el ínfimo elemento con mi vida, y amor, siendo deefecto de mi gloria, con velos tan mortales. La parte superior del pensamiento solo me ánima en misterioso objeto a persuasión de fines inmortales. En aquesta parte fue donde me propuso cuerdo; Libio, que me recatase hasta que él viniera; cielos, si yo lograra de Arminda ver los hermosos luceros? Mas si la vista no miente, o no sueña mi deseo, es la que miro, pues como a su vista está mi fuego tan tibio, siendo sus luces lazos de mi cautiverio? Quién aquí? pero que miro? Yo soy, señora, que vengo de mi voluntad rendido. a vivir en vuestro cielo. El alborozo alterado está brotando en el pecho; es posible, dueño mío, que es verdad que te estoy viendo? Lo mismo estaba dudando, porque es tan firme mi afecto, que al reparar su desgracia; su firmeza está temiendo. Sea apariencia la dicha, o ilusión el pensamiento; mas como endarme los brazos está tu amor tan suspenso? Porque también como tú, hice yo el propio concepto, uno quise hacer al aire la fineza que a ti debo, porque aún el aire no diga, que otro que no fue mi dueño llegó en mí a lograr favores. La firmeza que contemplo; hermosa Arminda, en tu amor, es de la mía epitecto. De estos amorosos lazos no llegue a triunfar el cierzo de la envidia, . Y más gloriosa unión les prevenga el tiempo. ̱m Aunque es verdad que tu vista da nuevoser a mi aliento, temo que aqueste tirano halle tu persona, siendo de los dos breve cuchillo, que divida nuestro afecto. No tus recelos te inquieten, que el venir a aqueste puesto, es porque Libio asegura el paso libre, y mi intoto fue el hablar en la prisión a mi padre, pues pretendo aquesta noche asalrar la Ciudad, a cuyo efecto los leales convocados tengo ya, y este loberbio, dando a mis manos la vida dará fin a mi tormento. Tan nuevo ser he cobrado con tus razones que creo que tan impensadas dichas mas que las toco las sueño. Prosigue la ejecución, y pague atrevido Alegio de su falsa alevosía los fementidos atientos. Y atiende a ver que yo vivo, si es que se vive muriendo, tan oprimida, que solo la esperanza del remedio de los pesares que paso, de las penas que padezco ha podido conservar mi desesperado es fuerzo. Tu padre en una prisión, espectáculo el más nuevo que aquesa antorcha del día registró desde su asiento, ve despreciada su frente a quien veneró el Imperio. Esto es ponerte delante los originados riesgo que deestar en el Palacio se pueden causar, supuesto, que de tu dama, y tu padre aventuras el remedio. Y pues es tan breve el placo de conseguir tus intentos, vuélvete, y conseguirás dos triunfos a un mismo tiempo; uno del ver a tu padre, y otro en él laurel supremo. Suspende desconfianzas de tu fiel temor, que es cierto, que de Libio asegurado, no hay que recelar el riesgo. Mis temores son. . Señor, ya de que vengas es tiempo a ver a tu invicto padre, por estar todo en silencio. Ya te sigo; a Dios Arminda, sabe el cielo que te dejo bien a pesar de mi amor. . Y sabe el cielo que quedo al ver tu resolución en tormentas de recelos. . Detente airado prodigio, suspende el luciente acero, que esgrimiendo contra mí vienes en rayos envuelto. Ropara, pero qué digo? yo con fantasías ciego? yo entre temores cobarde, torpes ilusiones creo? Afuera vanos delirios, no basten en mis sosiegos a perturbar industriosos lo altivo de mis trofeos. Mas no vi que por mi vista so introducia un veneno de áspid cometa, que en luces estaba en forjado acero? Mas la idea aprender pudo tan fantásticos efectos, de qué tiblo me acabardo? para qué son mis desvelos? no me obedecen ya todos por su señor? no esta preso en mi Palacio mi hermano? Y si Alejandro soberbio intentare contra mí valerse de sus esfuerzos, no hallara con su castigo la pena a su atrevimiento? Pues quien a mí ha de poder ocasionarme recelos? Un papel que el pecho oculta. Un papel me dijo el eco; oráculo bien gracioso! lo que no pudo un Imperio reducir, podrá un papel? mas yo me valgo de agüeros? Sabre quien causa este ruido. Yo soy, señor, que prevengo los daños que ocurtir pueden a tu Corona, y saliendo por aquesa cuadra ahora, encontré aqueste escudero, que es criado de Alexandro; y abímismo aqueste pliego, que muy oculto traía, y recatado en el pecho. Muestralo que en sus renglonos que alterando mis sentidos, mas bien informarme quiero: El asaltar la Ciudad, para esta noche prevengo; en ello estad prevenido, y avisadme si es que puedo ejecurarlo, y aDios, que os guarde, Alejandro. Cielos, el atrevido escarmiento? no en vano mis iluliones adelantan mis recelos? para quien viene esta carta? Señor, no lo sé, más creo, que a Alberto tu Capitán es a quien viene. . Su intento en un suplicio tendrá el fin de su atrevimiento. No quise decir que a Libio; . pues aventuraba en esto de Alejandro la victoria. Si no decís verdad luego, he de hacer que de un valcón os arrojen. . Bolaverum; yo diré cuanto supiere; Dios me libre de este fiero ap- tirano Rey, que en mi vida he sido amigo de vuelos. Adónde Alejandro está? que gente trae? y qué intento? no respondes? . Si señor; o qué cruél es el miedo! Alejandro en este bosque del Danubio está encubierto; cien mil hombres le acompañan, que valientes, y resueltos. prometen librar a leacio, restituyendo su Imperio; y también juran, si os cogen; que os han de freir, y luego haceros gígote, y otros mas de trecientos tormentos. Calla, calla, que tu vez es un impensado fuego, forja en él nuevos incendios. Alejandro contra mí se atieve vano, y resuelto? no sabe que aqueste brazo es ministro horrible, y fiero de la muerte, donde halla Mas porque vea cuan poco me asusta su arrojamiento, vete, y dile que acampaña salgo a acobardarle presto, que solo podrá librarse de mis furores huyendo. Que porque conozca cuanto sobresalto me da el ciego poder suyo, antes que salga a vencer su leve esfuerzo he de dar la muerte a Icacio su padre, porque no temo de sus huestes el poder, ni en su cólera el incendio. o señor, se lo diré sin punto de más, ni menos. Vete de aquí. . Por no ser porfiado te obedezco. ̱. Ande, pues, no se detenga, porque le echaré al infierno de un soplo. . Yo no lo dudo, que tus soplos son de fuego; mas tú me la pagarás de otro soglo, si yo puedo. Vive Dios que ha de morir mi hermano ingrato, si el cielo en su desensa pusiera ejército de desvelos. A ejecutar el castigo airado voy, y resuelpo, pues de esta suerte consigo seguridad en mi Imperio, amedrentando a Alexandro con las crueldades que emprendo. Ya llegó la fatal hora, aleve hermano, en que intento de tu atrevida intención vengar los falsos deseos. Aquesta daga esmaltada será en coral de tu pecho, en donde apague el coraje, que en mise esconde sediento. Ir a la prisión procuro, illos dee aunque con g y el me vimiento embaraza no se que oculto se creto. Todo es horror cuanto miro, solo con sombras encuentro; mas yo cobarde con dudes de sobresaltos, qué es esto? tan presto el animo falta a quien no conoce el miedo? He de entrar, aunque se opongan contra mi montes de riesgos, y dar fin; pero que miro? Elado cadáver hierto, qué intentas? qué es lo que quieres? No, no esglimas el acero, que enárbolas contra mí en rayos de luz envuelto. En esta espada amenaza Dios con su justicia. Alegio; en esta antorcha la luz del desengaño prevengo, quien su claridad no viere, tocará la de este acero. Espera, raro prodigio, suspende el paso violento, que es más el horror del susto, que será el golpe del riesgo; mas nada se ve, la sombra convertida en leve viento, desapareció a mi vista; todo estoy de horror cubierto. Mas no pudo ser ficción de fantásticos deseos? No, que el sentir lo asegura, y en el humano concepto no le forman fantasías de declarados misterios, de quien la vista se informa, y el oído escuchaeleco. Pero yo he de sujetarme a fáciles debancos? yo he de rendirme a apariencias de tan devil fundamento? Sí, que la verdad las forma; no, que es muy cruel su intento; si, que un castigo amenaca; no, pues que yo no le temo. Retírese a un lado el juicio, reine en mi el pesar protervo, y la vengativa saña se anteponga a si primero. Con el grave cuidado, Ya se han vencido mis dudas, mi rigor está resuelto, pues qué aguardo? vil hermano, a aque te defienda el cielo, no ha de poder a mi saña libarte, porque soy fuego, que notímido se desata del más boraz elemento, y no están de mi segaros aún los más remotos seños. . que el rielgo de Alejandro me ha dejado, el péchono sosiega, y sobresaltos de temor despliega. Mas, pues, por esta parte a la prisión de Icacio se reparte el paso, en ella intento ser argos del más leve movimiento. Mucho Alejandro tarda, y a quien su vista afectuosa aguarda, como la Clicie rofa, que a ese torno del Sol es matiposa, que las luces le bebe, y al monimiento suyo, el suyo mueve. Aún en el pensamiento cadaminuto es siglo de tormento, y su aleve perfía aumenta la cruel melancolía. A asegurar el paso, por si por el alguno pasa acaso vengo, porque en saliendo. Alejandro ninguno pueda, viendo su persona en Palacio, en nuestro intento, Boreas cruel, desminvirle en viento. O si yo acaso hallase con quien tan gran desdicha remediase! mas con Arminda he dado, y con Libio también he encontrado, señor, señora. . Di, qué es lo que quieres? Habla, pues, dinos presto lo que inquieres, Estando en ese cuarto llegó a reconocerme ahora Esparto. conociome, y llevome a la presencia del que es de las crueldadas quinta esencia; de Alegio, digo, en donde la maldad, y traición la envidia esconde. El pecho me miraron, y un pliego para Libio en él hallaron; y como no sabia el para quien el pliego yo traía, troqué el nombre, diciendo, ser para Alberto; él sus razones viendo, me pregunta, que en donde Alejandro, y su ejército se esconde? Resístime prudente, él entonces con un coraje ardiente me intima, que si acaso no le refiero la verdad del caso, de un valcón ha de echarme, o que un garrote luego ha de hacer darme. Yo entonces temeroso, decirle la verdad tímido oso; y apenas, pues, la dije, cuando él, que sus ruinas bien colige, dijo que le dijese a Alejandro, que al punto del huyese, sin aguardar osado a verse de su acero castigado, Y porque viese que sus batallones, ni le causan recelos, ni ilusiones, que asímismo le advierte, que a su padre al instante ha de dar muerte. Yo entonces temeroso, de él me aparté blandiendo lo industrioso, y a daros cuenta vengo, y irla a dar a Alejandro ya prevengo, por ver si acaso hallasen vuestros ingenios medios que excusasen su intención rigurosa, atajando una acción tan lastimosa. No en va no hay de mí triste! tal confusión al pensamiento asiste, desde que aquí Alejandro entró resuelto a ver a Jeacio en su piedad envuelto. La ocasión no consiente diaciones ahora en lo que siente, Al Alejandro, y Jcacio he de sacar al punto de Palacio, que después tiempo queda en que entrar la Ciudad osado pueda, y de aqueste villano castigar un intento tan tirano. A la prisión guiemos, y fin a tantos sustos luego demos. Alegio, señor, viene, y que juntos nos vea no conviene. Los dos os retirad; válgame el cielo, y que mal mi lealtad logra el desvelo! , . Libio. . Señor. A la prisión me lleva, donde en venganza mi pasión se ceba; a la prisión de Icacio, digo, en donde mi agravio, y mi ambición el hado esconde. Esta la puerta es; suerte inhumana, toda mi industria al fin ha sido vana! A Alejandro ha de ver; suerte oportuna ya no ha quedado en mi esperanza alguna! Pero qué es lo que lo digo? de mis temores yo la idea sigo? La vida ha de costarle, yo con mis propias manor he de darle la muerte en la prisión. . Dame la llave; ninguno mis intentos aquí sabe; cerrada está la puerta, que solo a mi rigor se verá abierta. Libio vente conmigo; asegurar mi Imperio así consigo. Qué es, señor, lo que intentas, que consuso a la voz niegas en pasión el uio? Alberto ha de morir, viven los cielos! y Jeacio, porque acaben mis desvelos. Van, Libio, que allá fuera sabrás de aquesta confusión severa la causa. . O quién pudiera tener al cacio, y Alexandro fuera! , . Fueronse? . Ya se fuero. Nada entendí de lo que aquí dijeron. Solo vi que la puerta a la prisión Alegio cerró, y cierta nuestra sospecha ha sido. Que se entrase Alejandro inadvertido a buscar en la suerte el infeliz teatro de la muerte? piélagos de pasiones me oprimen en tan graves confusiones! Qué remedio podría hallar en tan gran mal la suerte mía? Mas yo he de despecharme, y con este tirano declararme; y si acaso pretende quitar la vida, que mi amor defiende, yo con mis propias manos he de evitar intentos tan villanos, y no habiendo remedio, mi muerte servirá de último medio. . Yo pretendo ocultarme, por si acaso al furor puedo librarme de este Nerón, pues que la paz convida, que a la tercera llega la vencida. En la prisión de mi padre, resuelto, aunque temerario, opuesto a todos los riesgos, ya por mi dicha me hallo. Allí está, al querer llegar mi ahogo me estorba el paso, que el amor, y el sentimiento con formes están luchando. Ay de mi! para qué cielos, estáis mi vida guardando, cuara do con la muerte está en congrando a cada paso? Quiero escuchar lo que dice) Que en llegando un leve a siquiera para dar vado. a las penas que padezco; Infeliz, y cruelad eca Nacional de seplecho en que ciegos fie ha de llegar me está por instantes, sendo parca horrible, que a mis años en manos de la impiedad, los minutos está hilando? Las lágrimas a los ojos del dolor van asomando. Ah tiranía! que puedas. reducir a tal estado. a quien haber en su trone miro el Orbe venerado? Mas que no alcanzarás tú, que ya a ser más estimado llega en el mundo, el que ado su espíritu en ser tirano? de humilde a verse en salzado solo a la pasión atienden, sin queter ver lo villano rasallos son más de la novedad de su antojo altivo, y vano, que del heroico blasón, que al leal esta ilustrando? Ay Alejandro, hijo mío! cuando te veré triunfando de este bárbaro, y consuelo tendré en las penas que paso? Cuando tu ejército altivo será en glorias laureado, y en dulce unión con Arminda te llegaré a ver ufano? Cielos, qué es esto que escucho? . Entremos en esa cuadra; nuevo ser su voz me ha dado. Solo siento en mis desdichas el no haber dicho a Alexandro la intención con que fingía el dar a Arminda la mano, siendo siempre mi disignio, que él fuese su esposo, cuando a dispensación llegara, que para él pedí, ocultando aquesta intención a Alegio, porque no pudiese en tanto atreverse a pretender de Arminda el sol soberano. Como al escuchar su voz remiso en besarle tardo los pies? señor. Hijo mío; que gozo tan impensado! Dadme los pies. . Mejor puerto te previenen ya mis brazos. Tus preceptes siempre elijo. De obediencia eres retrato; mas como a riesgo tu vida aquí has puesto, aventurando que aqueste monstruo te encuentre? De Libio entré asegurado a besar, señor, tus plantas, que esta dicha no alcanzando, cual quieta para mi fuera de cortotriunfo a mis lauros. mis infortunios cesaron; mucho a Libio le debemos, él con su industria ha alcanzado ser Alcaide en mi prisión, los leales convocados tiene, para cuando tú a la Ciudad dar asalto intentes; por él los ojos, hay hijo! no me han sacado, que por injusta sentencia lo mandó aquese tirano. que quiero ahora informaros de lo que por veros libre en vuestro Imperio he trazado. Dices bien, que allí estaremos de las guardas retirados, sin que ningún desleal escuche lo que tratamos. Esperad en esta parte, que yo solo quiero entrar; cuando basto para dar temor, y asombros a Marte. Yo de mí mismo olvidado? A este aleve daté muerte, que al conseguirlo mi suerte, mi fuego estará templado. Haverse Libio ausentado me ha causado algún recelo, porque siempre mi desvelo vive en sombras alterado. A Alberto preso dejé, que su intención pagará, y en su escarmiento dará señas de su ingrata Fe. Ninguno a mí ha de oponerse, que esté seguro de mí, que su atrevimiento allí, con el castigo ha de verse. Qué aguardo? aquesta es la puerta, abrir quiero; mas que duda la llave en la cerradura resistiendo? ya esta abierta; adentro pasos guiad, y con severos enojos, a quien quitasteis los ojos, también la vida quitad. . Ya que merecí la vista de mi padre, vuelva alegre mi valor, y con sus triunfos, le restituya laureles, y coronas, que le niegan a su obediencia rebeldes. Ya estoy dentro, mas si acaso mi ciego antojo no miente, que de vanas fantasías se está alimentando siempre, ruido he sentido? . Sin duda, que mi amigo Libio es este, acercarme quiero; Libio, es hora ya que mi gente vaya a prevenir. . qué escucho? si es ilusión aparente? La voz de Alexandro es esta, mi acero le dará muerte. n Hombre, quién eres, que altivo esgrimes el brazo fuerte contra mí, y con tu castigo mis desempeños ofreces? z. En aquesta parte el ruido se escucha. . Llegad, prendedle y con su sangre manchad vuestros aceros crueles. Válgame Dios! bien temí yo ver lance como aqueste. Llegad, que ya que mi vida se apague en los accidentes de vuestro cobarde intento, he de hacer primero os cueste. Infeliz, y @ Biblioteca Nda de llegar mas vidas, que fementidos son los intentos aleves. Matadle. . Tened, amigo vuestras iras en mi estrenen los rigores, y la saña; no en Alexandro se venguen vuestras sedientas cuchillas, perdonad la tama verde, y en aqueste inútil tronco vuestros ardores se templen. Con vista está, mi sospecha no en vano ha sido; o aleve. Libio! y a tú misma culpa el castigo, te previene. Levantad, padre del suelo, que mi voluntad se ofrece a dar la vida, la vuestra el cielo, señor, próspere. qué aguardáis? mueran entranbos No es traidor el que obedece, Detened vuestro coraje. Templad el impulso ardiente, Alegio, señor escucha. Mi ruego, y mi voz atiende, Aplara el enojo ciego. Piadoso el furor suspende. Bejadme, que llegan tarde vuestros ruegos; ya no pueden hallar entraza en mi pecho de tu amor palabras fieles. Ya soy furia, que en centellas solo precipicios vierte, y a cualquier parte que gira, todo en su crueldad lo endiende Ya he cerrado los vídos con que suspendí otras veces mis furores; qué aguardáis? como no los dais la muerte? Pues en mi pecho primero han de imprimir los crueles, aceros, que llegue a ver mi vista lance tan fuerte. Ya que tu impiedad aquí tan bárbara acción intente, dinos siquiera la causa, que a tal vil pasión te mueve; que ocasión te habemos dado los dos, para que así vengues tus iras, que con tu sarigre verter la tuya pretendes? Aunque son muchas razones las que a mi razón se ofrecen, no he de atajar con decirlas vuestro castigo. . Si pueden alcanzar algo contigo estas lágrimas, que vierte mi dolor, este consuelo, los dos de tu agravio lleven. O quien con aquesto fines . pudiera aquí detenerle, en tanto que llegue Libio, que fue a conducir la gente de Alejandro, y los leales, que encubiertos le obedecen! Pues porque no formes quejas de que a tu ruego le niegue esta fineza, las causas diré, que a mi rigor mueven. Sea la primera, Arminda, usurparme el sol celeste de tus ojos, ese ingrato, de quien la vista me ofende. Y aunque no es la menor causa esta que mi pecho siente, hay otras, que a mi venganza mas lo alientos encienden. Dígalo, pues, esta carta de Fusebio, que el pecho tiene guardada por desempeño, que de sus letras infiere el trato, que aquese impío tuvo con él en mi muerte. Yo, cuando? . Suspende el labio, que son tus disculgas leves Esta es la carta atrevida, a sus razones atiende, dice así; pero que rayos son los que la vista ofende, y entrándose por los ojos hasta las venas se estienden? Que veneno, o basilisco es el que atormenta aleve en últimos parasismos, mi infeliz vida? Ya puedes, Icacio, contar las glorias que de mis triunfos adviertes. El veneno, que a tu vida prevení tan impiudente, guardé más inadvertido para mí, que el cielo quiere hacerme propio instrumento en que mi traición se vengue. Ya va acabando mi vida, ya la vida desfallece, el tosigo se apresure, muera quien rabiando muere. Grato el cielo, por mi causa hoy con sus piedades vuelve. Entrad, soldados, y nadie a quien vuestro enojo encuentre le reservéis de la vida. Detente, Libio, susperde la espada, que ya vengados a todos el cielo tiene, ese que ves es Alegio, a quien le cortó la muerte el hilo de su traición. Dichoso quien ya merece el veros restiruido a vuestro trono eminente. Esperad, señor, aquí se oculta otro delincuente. Todos de mi indulto gocen; Y pues ya quiso la suerte restituir mi Corona, desde hoy Alejandro reine, con Arminda, cuya esposa felices siglos celebre. Esta, Alexandro, es mi mano. Que juntas mis dichas vienen! Y tú, Libio, da a Lisarda la mano, que a ti se deben mis glorias. Señor, mi vida de nuevo llego a ofreceerte. El premio de tus finezas durará en mi eternamente. Y el Veneno para sí da aquí fin, y humildemente, que le perdonéis sus faltas solo el Poeta pretende