Texto digital de El veneno en la guirnalda
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Melchor Fernández de León
- Atribución estilometría
- Melchor Fernández de León Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El veneno en la guirnalda. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/veneno-en-la-guirnalda-el.

EL VENENO EN LA GUIRNALDA
JORNADA PRIMERA
A Pan celebremos sus glorias cantemos, y sean su trofeo el tirso de Baco, y el mirto de Venus. Ay bella Cois mía! Ay Dafnidís, y cuando será el día, que sepa yo el dolor que me maltrata! Cuando sabré la muerte que me mata? Más pesares callemos! ERA , . Y a Pan celebremos, sus glorias cantemos. Todos venid, pues que su día empieza. Yo de Pan solo adoro la corteza. Solo mi vida adore a mi deseo. , . . Y sean su trofeo el tirso de Baco, y el mirto de Venus. Mueve los pasoSiento. Aún los duda mi propio movimiento? Dejas surta la lancha? A Ya su quilla, huésped traidor, se esconde entre la orilla dr aquella, prodigiosa vil enfenada, o cala insidiosa. 9b Pues que ya los contemplo llegar a todos al sagrado Templo de Pan por quien la Ila dedicada dichosa vive, y vive asegurada: YY pues testigo, ya de nuestro intento, solo el oído nos será del viento, y seguro, que en bosque tan cerrado aún hasta el viento vive aprisionado: Y llamado de mi aviso vienes, con que aseguras el horror que tienes a entrarte solo en enemiga tierra, con quien la tuya tiene cruba guerra; soltiega. . A tu favor, Licenia, entrego la vida, la esperanza, y el sosiego, pero mi pena es cruel. Mi poder mucho; y ahora escúchame atento, Ya te escucho. Acuda a un tiempo, pues que son iguales a. a los males de este, y a mis males, por fi es que alcanza alivio tan severo a Dafnidis, que es por quien yo muero. Briajís, noble Pirata, En tiempo que entre las Islas a quien encargado tienen tuya, y la de Mitilene, los Metimneos ceñir que ahora pisamos, vestía stus memocias de laureles, la paz su pellico alegre, Viste un día entre el sagrado coro, que festivo teje de las zágalas del valle el bullicio reverente, a Cióis. Ninfa jurada del bosque, por cuanta verde aclamación se compone su república silvestre. Numen del afre, asistada de cuanto su esfera atiente, ya con armonía bianda, o ya con susurro leve. Diosa del fuego, fundando su imperio entre las celestes antorchas, que de sus ojos la perpetua luz encienden. Deidad del mar venerada en sus profundos retretes, desde el insimo Tritón, hasta el anciano Tridente. Para que en tierra, y en aire, en fuego, y en mar no quede quien a su imperio no viva sujeto pues que se estiende a los hombres, a las aves, a las llamas, y a los peces. (Yo hasta su nombre aborrezco, tu hasta en su nombre enloqueces; con que en los dos quedará seguro: en ti el no ofenderte te repita lo que sabes: y en mí también el creerse ser verdad lo que encarezco, cuano todos conocieren, que para las dos razones, nos asistengualmente, el oído del que adora, al sabio del que aborrece.) Vistela, y dócil el alma, aún conociendo el perderse, por manos de tu albedrío se ofrecio víctima alegre. Mas porque no a las dulzuras toda tu atención se entregue, pues oves lo que te alhaga, escucha lo que te ofende, Dafnidis, ese Pastor, ese ingrato joven, ese (aquí de todos mis celos, todas mis rabias crueles, todas mis iras, porque iras, rabias, celos, dejen tan poco culto el estilo, o la voz tan balbuciente, que desfigure el tirano, el incapaz, el rebelde desalino del dolor la razón de encarecerle) Ese, pues, que igual fortuna debió desde sus niñeces a las estrellas, que Clois, amante garzón, pretende eternizar en su llama el holocausto que ofrece, i no en balde, pues que Clois, no solo escucharle siente su gemido pero juzgo, que si acaso no le oyese, orque llegara, se harían sus lágrimas impacientes. Mas tan rudo entre los dos está el idioma elocuente del amor que no se explican aún aquello que se entienden. Ámanse, mas de manera ignoran los accidentes del amor, que él irritado la gloria darles no quiere der placer, porque ignoran la causa de que padecen. No en valde nacieron hijos de estos montes eminentes, pues de sus duros peñascos la inculta enseñanza apienden: y aún ellos aún ellos saben sentir más, pues a la esteril intratable, seca, torpe altura en que se mantienen; tal vez le debe la mano, tal vez la vista le debe a la persuasión del Sol, al efecto de la nieve, alhago que el cielo esparce, llanto que las nubes vierten, o ya la planta inficunda, o ya la rosa sil velre. Esta, pues, rudeza torpe, no es causa de que se templen. nuestros celos pues que nadie, que es alivio decir puede la ignorancia en quien los da al dolor de quien los tiene: y así al remedio ecudamos: Clois, ocupada siempre en su rebano, oficiosa discurte en el valle alagre desdé los claros arroyos, a los laberintos verdes, Róbala, y entre sus brazos, cuando hurto traidor se piense, y luego restituida a ser tú el tendido llegues; bien podrá ser, que trocados ya sus temores vebementes, teniendo porque culparte, tenga porque agredecerte. A la materia intratable. de los bronces, no la mueve la persvasión, que la alhaga, si no el butir que la muerde, No simulacro, apacible, rora si fuera rebelde la guatna, que el témelo adorna, si el artifice prudente no la aplicara la dura congoja de los finceles. Para este violento alivio surta en la enseñada tienes la nave: y así. Briajis, puede tú lo que no puede tu amor que aunque es tan activo, hemos vino muchas veces, que vence por poderoso, lo que por dulce no vence. Qué importara que te culpen- en que el ser hurto te ofende, si puedes a lo dichoso comprarpor lo delincuente? Has de aguardar de su helado desdén que su suerte llegue? no es mejor en lo difícil arrebatar a la suerte? Si mejor es, quita, aparta delante de nuestras crueles fatigas aquel estorbo, que nuestras dos almas tienen, Y cuando al robarla tú no se te rinda, ni ese Dasnidir (mejor dijera mi vos, escollo viviente) con la ausencia no borrare las mal gravadas especies; para qué soy yo Licenia, de cuyoarbitrio dependen, por estas segundas causas. los humanos accidentes? Tiene la Mágica acaso conjuro que no respete los efectos de mi voz? Pues cuando el pecho la aliente, o va irritada la anime, o ya suave la alterne, hasta las aves se pasman, hasta los montes se mueven No haré yo que de los Cielos la fábrica titubeé? y que ande e las espumas na lando rotos los ejes? hay hierba, o hay flor alguna, que en mi esperiencia no deje apuradas las ocultas calidades que contiene? Hay propiedad en los signos, que yo no la experimente? los Astros, acaso, influyen, sin que primero obedientes a mi voluntad, con migo consulten a lo que mueven? y aunque uno puede juzgarse, que desleal, y rebelde se sale de mi dominio: Pues ves ese? pues aún ese me atormenta, solo porque quiero yo que me atormente, Pues si esto sabes que soy, y yo lo sé, deque temen nuestras pasiones? prosigan en lo regular, que empiecen para su remedio, y cuando lo natural no aproveche, si no hay medio que persuada, habrá razón que viosente. Deja que a tus pies humilde mi rendila pasión llegue; porque desde esa ventura a ser más feliz empiece: pero repara. . Qué dices? Tímido no te resuelves? a Es tiranía. . Es venganza, Es robo injusto, Es decente cuipa. . Es violencia cobarde, Es indignación valiente. Es ofensa a lo que adoro. Arrojos de amor no ofenden, Infamemente ha vencido el que con traiciones vence. Oyes, no eres tú el que ciego busca alivio, y yo quien quiere que le logres? pues según yo le propongo rebelde, y tu cuerdo le reusas; que se ha trocado parece la advertencia del que alivia, en ceguedad del que siente. Bien dices; cuando el amor llega al paraje rebelde en que estoy, las ceguedades los sacrificios encienden? Sí, que cuando lo que adoro, sin más razón me aborece que lo injusto, ya mis iras se labran de sus desdenes. Pues a lo propuesto vamos. Esa gruta, que es mi albergue; en sus profundos espacios, todo el ámbito contiene de la selva; pues no hay parte en su enmarañada, y verde espesura, que no abra boca, que a ella no entre, aunque las más reservadas, solo a mi experiencia mueven a todos a la medrosa autoridad que contienen. Ten prevenida la lancha, y cuando al hurto volvieres, entra en la gruta, que yo te buscaré, . Suelta. Advierte, que las rompes. . Pues es mía, nadie ha de llevarla. . A este sitio los zagales llegan, y porque con migo al verte, no te conozcan, es justo que te vayas. . Diligente mi amor los pasos anima. Como a mí los celos; vete. Ay Cloís, quieran los hados, que entre los dolores crueles de perderte, y de enojarte, mi vida postrada quede, para cumplir con los dos, en no enojarte, y perderte! Ea, Licenia, veamos si aún cuando Dafnidis deje desauciados los alivios, saber encontrar la muerte. Quita loco . Aparca necio. Soltad los dos, porque nadie querer por querer, la quiere mas que yo. . Cuando intentares llevarla, será tu muerte lo que consigas. . Ditante, Dafnidis, pues no es mejor, porque no se queje nadie, la lleve yo pues conviene, entre tres que aquí combaten, por no dejar dos quejosos, que un indigno se adelante. Yo he de llevarla a Licenia, porque con el oro esmalle de su pelo tanta alegre varia multitud fragante? Para Clóis ha de ser, porque en su esfera radiante aromas haya que luzgan, como hay estrellas que exhalen. Para Licenia quien duda que se fabricó, pues antes que ellas fuesen flores, era ella el dueño por quien le hacen? Quién duda que para Clóis artifice clegan? del Mayo la hizo, sabiendo; el que nunca podía darles mejor dominio, que donde llegaran a eternizarse? Para Clearista ha de ser. que el propio Mayo es quien sabe muy bien lo que la ha debido siempre en sus necescidades. Y así, suelta. . Y así, quita, El modo es estrabagante de pleitear, por lo que estiman: tiran los dos, con que antes se acabará lo que quier en, que la porfía se acabe. Dice bien Dorcón, y puesto que no será ceder nadie el que en su mano se quede, mientras las nuestras buscaren su razón en las estrecnas razones de los corajes, ellos habien por nosotros. Muy bien dices eslos hablen. Tenla en tu mano, y a aquel que por vencedor quedare se la darás. . No haré cierto, que fuera gran disparate solicitar yo una dicha, y cuando en mi poder se halle, esperar que venga otro, para que me la arrebate; no tiene ya la fortuna tanta pachorra, que aguarde. Pues porque loce no intentea huir, y porque te halle nuestro duelo (aunque incapaz) por un testigo del lance, atado a este tronco. . , Cielos, quién vio tan extrabagan te duelo! pues cuando se ha visto el que a los padrinos atén? no les basta aquella suma mansedumbre con que salen? Y ahora los brazos preben. Y serán para ahogarte. Licrnmia, Clois Filetas, llegad antes que se maten dos simples. . Calla villano. Acuded todos. Qué violentos, que tenaces sus nubes el alma oprimen? Qué te resistes? No hay nadie, que estorbe aquí quince muertes. Rapaces; qué es esto? . Ay de mi infelice! Dafnidis es. Que llegase Filetas a esta ocasión? Que no pudiera acabarle? Hablad, decía lo que ha sido? Haz, señor, que me desaten, que yo lo contaré todo. Qué bien que tratan el grande juicio tú yo Dorrón mío. Mas primero es bien te encarge esa guirnalda, por er , la flor de su disparate: y ahora vaya de cuento. Aparta loco. Dejddle, lo deciome lo que ha sido. 2. si haré aunque sea sin matarle, Esa guirudida hermosa, del Mayo copia bella, que antes de ser estrella quiso pasar por rosa, y su explendor redujto a que fuese fragancia, antes que influjo Esa, que de la falda del prado lisonjero su engaste fue primero, la rústica esmeralda, y ya cerca la miro de ser su engaste el diáfano zafito. Nació entre la que dora al día edad primera, y fue su primavera el llanto de la Aurora: y asombro peregrino, (tino por ser hermósa se ofreció al des- Crecio contra el tirano escándalo del viento, y su apacible aliento le dedico al Verano, en cuyo eterno día honro sualegre amable monarquía Al acaso encargada encontré su hermosura, tuvela por ventura al ver no era buscada, y a Licenia la entrego. (fuego. que es en mi amor la llama de su No por amor (que ha sido hoy el día primero que este nombre severo ha llegado a mi oído) por ofrenda, consagro (gro. a Ciois, que es deidad nuevo mila Arcela dor de estaba, Mi mano la tenía. Dafnidis la quería. Dirante la defraba. 2. Y una duda tan fuerte averiguar quisimos con la muerte. Dafnidis, que desvelos tan nobles ha costado, tu fortuna al cuidado provido de los Cielos! porque se experimente tudo el amor en alma inteligente? Necios, vuestra locura, sea, torpe, engañada, hoy la mente sagrada del Cielo desfigura; porque en su justo intento, (to!) nunca hay ventura, sin metecimien- Y aunque tal vez se advierte lo indigno adelantado, sabe también el hado castigar con, la suerte, y no en todos es una; la dulce fassedad de la fortuna, Es verdad que ese hermoso círculo matizado, el Cielo le ha labrado, para hacer un dichoso; mas también ha querido, (do.) que antes de serlo, lo haya mereci- Y así, escuchad atentos el disignio sagrado, que hoy el Cielo ha mandado expliquen mis acentos, orga vuestra porfía: los dioses hablan, y la yoz es mía. Depósito feliz será la frente de Pan de la guirnalda, hasta que suya la llame,, de los dos el que concluya la acción más amorosar, o más valiente. 2. Depórito feliz,. Mía será la palma, que amor valor ha sido. Si como he presuñido, el amor es del alma noble pren da importante, el que fuere valiente, será amante. Y así mi esperanza quede en las manos de mi amor. Y así encárguele a mi brío solicitar la ocasión. Pues que vecinos estamos del Templo de nuestro dios, venid, para que reciva en su sacra aceptación la ofrenda que le dedica la porfía dellos dos: hasta que de uno la suerte la vuelva a cobrar, pues son tan para nuestro interés los sacrificios, que hoy espera la Deidad culto, y manana será don para el que le ofrece, pues para que duré el fervor, aún ha menester hacerse usura la adoración. Ay Clois! como mi vida solo tu hermosura halló por deidad, qué mal que sufre. el dar cultos a otro dios! Viva segura en tu frente esta fragante oblación de los enojos del Cierzo, de las violencias del Sol, hasta que con el aliento de tu sacra inspiración a ser eterna la lleve, ya el esfuerzo, o ya el amor. Ay., Clearista, si yo fuera sujeto que entre los dos tuviera igualdad, que presto por ti me hicieran señor de la oronalpues aunque no supo mi corazón lo que es querer, ni tampoco mipecho lo que es valor: para ser docto en entrambos, dicen que bastantes son fanfarrias para el esfuerzo; suspiros para el amor. Venid zagales, venid, que pues a Licenia voy a ver, quien duda que llevo seguro el triunfo mavor? Vamos, Cloís, a estu llar en aquel oculto ardor de la vida el ser feliz. No os vais esperad los dos, Qué nos mandas? No te vayas tampoco de aquí, Dorcón: fueronse ya los zagales? Todos con festiva unión, lo enmarañado del bosque pisan. . Sin duda que hoy, como es el día de Pan, tiene Filetas sermón. Parece alguno? . La selva solopor testigos dio estos troncor, Pues sentaos, Miren si lo dije yo Pendiente de su respeto está mi veneración Dafnidís, Clois, en los dos se advierte la más próspera suerte, que ha contado una a una la serie irregular de la fortuna. Esa hermosa guirnalda a tus anhelos, la piedad ha ofrecido de los Cielos; y una deidad que en ellos está, quiso. que fuese ella instrumento, y yo el aviso, La acción más amorosa, o más valiente, dijo la voz prudente dal Oránulo en mí, la llevaria: hoy pretende que a ti la valentía (porque es preuda del alma, te consiga la palma. Pero más el amor aquella muda deidad, que asiste en vuestra pena ruda, ignoraisla, y ardéis en sus tormentos: queréis saber quién es? pues oíd atentos. El alma esta suspensa de advertida, La vid? está esperando nueva vida. Plática misteriosa, veamas lo que es aquesta queficosa, En ese jardín, que ufano mi sosiego ha enriquecido, adonde con justa mano hoy se nalla constituido el imperio del Verano; donde trocando primores bellos, las flores suaves, y los pajaros mejores, son elocuentes las flores, son olorosas las aves. Donde no se oye que aliente del viento el ronco gemido; y aún despierto no consiente el arrullo de una fuente, del blando Zéfito al ruido; Estaba a tiempo que aquel Planeta, en todo mayor. me hizo con su estrago cruel huir de su resplandor, al sagrado de un laurel, Respetanan sus enojos las ramas, de quien desmayos padeció por sus arrojos; y estaban allí los rayos solo sirviendo de ojos. Buelvo los míos (acabe mi voz con su tosco aliño) y eo volar suave la bella ferma de un niño, con la perfección de ave. Desnudo cifró, y contento su adorno de galas sumas en las alas, y sediento del dulce sufurto, el viento le iba peinando las plumas, Ai hombro terlo fiava el arco, y de alí pendia el carcas que le prestaba al enojo de su aljaba la volante tiranía. Saltando de flor en flor en cada vuelo sutil que vertía el resplandor de su fuego por olor ardía todo el Abril. Juego que su voz me llama, voy a venerarle atento, viéndole el pecho se inflama, hablo en fin, y en cada aliento íbase oyendo una llama, Dafnidís, y Clon (dice) esos dos a quien el hado suerte dichosa predice, han de ser el más felice asunto de mi cuidado. Mi deidad asiste muda en ellos, con que se advierte, que por su ignorancia ruda les esta hurtando la duda todo el primor a la suerte. Diles quien soy, porque gocen las venturas en que crecen; no mis efectos se envocen, porque si no me conocen; dirán que no me padecen. Esto pronunció su acento, y luego fiando veloz sus plumas a su elemento, quedó respirando el viento los alhagos de su voz. Este, que es justo os asombre, es amor. Qué es lo que he oído! Os asustáis con el nombre? Qué mucho, si ya no hay hombre que pare aquí con el ruido. Niño es, mas no hay elemento que no le rinda tributo, sien lo triunfo de tu aliento, en tierra, agua, fuego, y viento, ave, llama, pez, y bruto. Ciego espero su traición, esta ya al rigor tan hecha, que cuando vibra el arpón, aún no ha salido la flecha, y está herido el corazón. Como cabe en la verdad, que una ceguedad camino dé pues no es contrariedad? No; porque esa ceguedad. va alumbrada del destino. Persuaden sus sinrazones a no sentirse su pena; y son tal es sus traiciones, que divierte las prisiones el ruido de la cadena. Como uno y otro eslabón puede ser alivio mío? Llevándote tu pasión a que doré el albedrío los verros de la prisión Con eso la impropiedad crece. . Qué rara virtud! Luego en su injusta impiedad me cuesta mi libertad el comprar su esclavitud? Así en su rigor se entiende, y no por tanto interés el que le compra se ofende. Qué carísimo que vende! es hijo de Ginoves? Ay Clóis, cuanta advertenciaao. de esta enseñanza consigue de mi dolor la experiencia! El amor no tiene ciencia. Prosigue, señor, rosigue. Conjura para su intento todas las contrariedades, pues cuandolespira su aliento, fábrica las ceguedades la luz del entendimiento, Mi discurso no ma llega a lo mejor? . Es verdad. Pues porque al daño se entrega? Porque se fio de la ciega orden de la voluntad. Y puede un hombre excusarse de esa que tu voz pregona? Difícil es apartarse. Con que no está el amorarse en manos de la persona. No puedo con mi advertencia resistir tan cruel herida? No, que en su dura violencia aún la propia resistencia polea contra la vida. Mi vida puede servir de mi daño? cruel rigor! Sí, porque en llegando a herir, ya no conoce el amor otro modo de vivir. Hijos suyos aquí sabio vuestro oído, el más atroz efecto que hay en su agravio escuché, que ya está el labio con el susto de la voz. Por hijos ha originado unos aleves recelos, que hadle hasta hoy les ha hallado título más apropiado que darles, que el de ser celos. Del amor su origen mueven; y contra el amor procuran iras, que a su ira se atreven; y cuando se le conjuran, le paga, como le deben. Ya de amor, con la voz mía de encareceros no trato mas la aleve tiranía; pues aún pura el ingrato o labra lo propio que cría. Entre un a presución muda, y entre un temor, su denuedo compone esta pasión ruda: y está instruyendo la duda las desconfianzas del miedo. Sin fundamento se mira la causa de su impiedad; pero compone su ira del susto de la verdad, y el traje de la mentira. Mentira que es sin razón; injuria mi inteligencia? Sí, que basta en su pasión amago de presunción, para dolor de evidencia. No apurarán mis oídos, y mis ojos, en tal daño, la verdad? . Mal instruidor alegan por el engaño, los fueros de los sentidos. Pues para tan gran traición no está la razón, que es juez contra la sinrazón? Qué importa, si el interés tiene ciega la razón, Pues mi rudeza instruida saca en estas advertencias, que en dando el amor su herida, pues no le sirven, la vida puede alquilar las potencias, Este es amor, su rigor este; su pena enemiga la que os cuento, no el temor os tenga, que el propio amor es quien me ordena os lo diga: y pues en sus eslabones estáis los dos, no el disgusto ócupe los corazones, porque es tan noble su susto, que se va tras las prisiones, Aguarda, detente, espera, Oye misterioso acento, donde se escucha el aviso tan asistido del riesgo, que no puede la enseñanza aprovecharse entre el miedo, Siguiendo sus pasos voy, y con Clearista ver quiero, si según lo que me ha dicho, tengo algo de lo que tengo. Daruidis. . Clóis, Qué dices? Qué sinrazón, que desvelo es este, que acá en el alma introducido tenemos? Qué hechizo es este tan rato, que cuando a apurarle llego, de conocer que es injusto nace el sentirle al agueno? Sin duda es amor. Filetas no dijo que sus extremos etan contrarios? . No dijo, que en lo dulce del tormento aún el temor de la llama iba alagando el incendio? No dijo que sus prisiones, haciendo tratable el hierro, ponían la libertad, con ansia del cautiverio? No dijo que conjurados en su favor los afectos, era parcial de la sombra la luz del entendimiento? Nosotros, en tan contrarias acciones, no padecemos, como irritar con el llanto, las eficacías del fuego? Nuestra pasión, mariposa del resplandor alagueno, no está en círculos fatales llamando a tornos el riesgo? Nuestro albedrío no asiste enla cárcel tan contento, que de no huírse, le quita a quien le guarda el recelo? No es el discurso el más firme, y persuasivo tercero de la pasión, y quien hace ser razón el sentimiento? Luego es amor? Luego es este el mal que padecemos? (̱ Solo falta aquel injusto, aquel poderoso efecto de su tiranía, aquel que dijo llamarse celos. Calla, no, no los pronuncies, pues según lo que me acuerdo, que dijo, quieran los dioses, que aunque del amor nacieron, ni tú llegues a causarlos, ni llegue yo a conocerlos. Tú te acuerdas si Filetas dio de este mal el remedio? No, Clois, pero imagino, que en llegando amor a serlo, no le tiene, pues estando colocado aún más adentro de la vida, no se acaba, aunque se acabe el aliento. Pues muramos. Pues muramos. ̱. Ahora. Briajis, es tiempo, que yo hasta lograr la acción de robar a Clois, quiero estar aquí retirada, por ocultar el intento. Ea, amigos. Ay de mí! Al mar la llevad. Qué es esto, Dafnidis? Traición, cobardes piratas, hijos del miedo! Ha de la Isla; acudid, que llevan robado el cielo, Que en vano entregas al aire esos míseros lamentos! Dafnidís, no me locorres, qué hede hacer, pese a mi esfuerzo! En vano soltar procuras nuestros lazos. . Si severos lleváis a Cloís, porque a mí me dejáis, sabiendo, que viviendo uno sin otro, ni ella se vani yo quedo? 1. Porque fintí, va a ser ella dueño de más nomble dueño. Callad, callad. Clois mía, que presto, ay de mí! qué presto en la tan oculta ciencia vine a conocer aquellos viles, que aún el ignorarlos basto para padecerlos! Dafnidis mío. Ay dé mí! Confundanse estos acentos lastimosor con la varia disposición de mis ecos, que como Ninfa del aire las formo, las fingo; y muevo. 1. Al valle. Al risco.3. A la fuente. Piedad Dioses. Piedad cielos. Eso sí, dude el gemido. No confundáis los acentos. 1. Bira al mar. 2. Sube la lancha, Y entregue se luego, pues el viento la forma, mi esperanza al viento. A Dios Dafnidis. Que viva, yo no es posible! A la selva. Al mar soldados. Y entréguese luego; pues el viento la forma, la esperanca al viento. Dejadle atado en alguno de esos tudo s troncos hiertos. Pues no se escucha su voz, Pues ya dejaron el puerta. Pues yo muero con tan rato dolor, que morir no puedo. Pues desconfío en las propias instancias de mi remedio. Viva para morir más, y entréguese luego, pues el viento la forma, la esperanza al viento,
JORNADA SEGUNDA
Cielos, porqué en desgracia tan crecida, porqué, Dioses, en daño tan violento, pues tan presto acabasteis con la vida, no queréis acabar con el aliento? No es parte suya aquella mal unida desproporción que forma el sentimiento? pues como con la muerte ya no expiro? sin duda no es aliento, el que es suspiro. Apenas los Piratas alcanzaron aquel hermoso hurto, a que vivieron, cuando (porque sin alma me dejaron a un verto tronco, un tronco vino unieron. Los lazos fuertes, con mi mal, sobraron, y con mi suspensión ociosos fueron, erte oja su se vistió los desmavos de la muerte. Mas de tu vista (oh Pan! ) ves que robada la llevan con acción tan indecente, y tal sufre tu imagen venerada? y tu sagrado bulto tal consiente? falsa esigie(sin duda) de engañada adoración tus sacrificios miente; que la que a ver, sin castigar se entrega, o es mentida deidad, o deidad ciega. Buen premio das a aquella que adornaba tu altar con las fragancias que tejía, y que al tierno valido fomentaba, con púrpura caliente el ara fría. A la que con los humos que exhalaba el resplandor desfiguro del día, muriendo el Sol con palideces sumas, mas veces entre aromas que entre espumas. Y tú, tirano mar, como no sales a la defensa con tus ondas rizas? como, mirando sinrazones tales, vengándolas, tu nombre no eternizas? Muden naturaleza tus cristales, convertidos en pálidas cenizas, y no lo extraño dificultes luego, que este suspiro te da:á harto fuego? Ay que el ardor, que nace de mi pecho, nunca más que en el agua parece incendio! Quén acompaña mi atroz tormento? . A Dafnidis miro. s. Quién malogra en un suspiro los alhagos de una voz? Quién persuadida a su intento quiere con ciega porfía disfrazar en la armonía los horrores del tormento, Y quien, por haberle hechon su mal tan cierto el agravio, quiere probar en el labio la infelicidad del pecho. Licenia, pues que mis brazos, a mi tormento rendidos, ya ceden a los torcidos nudos de tan fuertes lazos, desatalos, y la suma ansia de mi dolor ciego vaya a autorizar su fuego en el crisol de la espuma. A Clois, que es por quien halla mi vida iustración nueva; Pirata cobarde lleva por hurto, y yo muero. . Calla, no tanto una pasión pueda, que no temple, en quen está, al dolor de quien se va el ansia de quien se queda: débate atención mi ruego. Desátame. . Antes previene mi dolor ver si te tiene. tu amor sordo, como ciego: has de escuchar mi gemido, y motirá consolado, solo con que haya perado en tu suspensión su ruido. Aunque es en ti tan contrario olime, mi pasión, quiso. ver si engaña lo preciso la acción de lo voluntario. Cielos, aunque ensordecidos. no oís seden mi favor testigos, que en mi dolor tengo todos los sentidos, Oye variado mi acento, porque no sea en su porfía todo éxtasís la armonía, ni todo horror el tormento. Dafnides, mi esquivo hado te vio un infelice día, y en mi pecho sosegado, para entrar buscó el cuidado el ruido de la alegría. Y viendo introducido su mortal sentimiento, tan dentro del sentido, desapareció el contento, y en el alma que lo no más que el ruido. Conozco yo la traición, mas como el conocimiento pacia del corazón, y él reñava la racón era segundo toimento. Y en el rigor extraño. de su alevoso curso, noré que por mi daño la luz fue del discurso la que la sombra dio para el engaño. Pues mi suerte ha permitido que este efecto riguroso inmueva el haberte atendido, no sea lo favorecido causa de lo desdeñoso. Basta que esta primera. afrenta de mi vida mi fuerte mude fiera, no añadas al que quiera, el dolor de que quiera aborrecida. Nada atiendo, y solo en mí ougo mi triste suspiro. A quién preguntaré di, amor, si Licensa aquí está más qué es lo que miro! Ya cristalinos, y a suaves, son testigos diferentes, que dicen mis penas graves, o con su risa las aves, o con su llanto las fuentes. Y aún no cuentan mis males en dilatadas sumas, aunque pongan iguales pájaros, y cristales. canoras perlas, y nevadas plumas. Dioses, que es lo que he escuchado? Que esto permitan los cielos! y que dé un ii feliz hado tanta vida a un desdichado! Yo saldré a vengar mis celos, De flores, y Astros el ser, al suspirar, y al gemir, culpan de mi mal por ver, que a unos estorbo el lucir, y a otros impido el oler, ̱. Porque está mi cuidado de tal ponzoña lleno, que se ve inficionado con su mortal veneno, de la esfera el verdor, la luz del . Eso sí, sagrados Cielos. prado. Ya que mi suerte inhumana con tan impropios colores viste a la nieve de grana, no permitan tus rigores que muera. Quita tirana, que ya que mi suerte quiso, que a tan cruel tiempo viniera, que escuchase de tus labios sus dichas, y mis ofensas, has de ver que con tu muerte, y con mi vida se aumentan, pues para ser así basta en su dicha, y en mi pena, que yo desgraciado viva, y que él venturoso muera: yo desataré estos lazos, porque a los míos les debas morir felice. . Ay de mí! Solo es preciso que sienta, que co matarte (aunque es cruel) tu piedad desagradezca. Cielos, rayos, dioses, mares, no sordos hoy a mis ciencias, como antes a mis gemidos, estéis, si no haced que densas nabes la vida de uno, y de otro la ira oscurezcan! Ya libre estás. Pero Dioses, quien tan de repente trueca el Sol en rayo, y el aire en agua, la luz en niebla? Qué nuevo asombro a la tierra persigue, que en su robusta máquina los montes tiemblan! Qué Dios recién heredado en los Orbes travesea, que anda revolviendo todos los barrios de las Esferas? Si es que Júpiter se quiere mudar a otra parte, y lleva puestos del Sol en el carro los trastos de las Estrellas? Qué desusado prodigio el rizo páramo inquieta tanto que ya que no puede soltar la antigua cadena de su límite convierte en espumas las arenas? De cielo, y mar confundidas las armas con que pelean, uno vibra hundosos rayos, y otro ardientes olas flecha. Y si no miente el oscuro palmo, que la vista trueca, aquella que entre los leños de la confusa tormenta, algo más proporcionado leno se divisa apenas; aquella que de vracanes contrastada muere; aquella, que cada hola la esconde, y cada hola la enseña, la nave es, cómplice aleve de la más tirana ofensa, que en hurto lloro la lala; pues robada a Clois lleva. Y aunque mintieran los ojos, como es posible que mientan los oídos, si se escuchan en equivocadas quejas. Piedad dioses! Piedad cielos! Amaina. El velamen deja a la discreción del hado, ya toque en roca, o arena. Socorro sagrados dioses! Ya que mi ventura ordena que esté libre, en ocasión, que movidas a mis quejas las olas, contra la nave que alimentaron, pelean, no diga nadie que pude mirar yo libre mi ofensa, sin echarme, a que en lugar de venganza al mar ofrezca mi vida, por más que airados sus rizos cristales crezcan, a querer mojar la fija multitud de las estrellas. Y así, aves, plantas, montes, riscos, fuentes, valles, selvas, sed testigos de que viendo Dafnidis que hurtada llevan su Clois, al mar se arroja, a fin de morir por ella. Y tu Filetas, pues fuiste, quien no solo en la contienda de la corona explicaste el mérito digno de ella. en amor, y valor, sino. a mi y lo que ya te acuerdas, siacaso ese hotrible monstruo cuya hidrópica soberbia bomita a espumosas bascas lo propio que le alimenta, permitiere que este helado cuerpo a las orillas vuelva; antes que boraz la llama en su religiosa hoguera, lo que sobró a las espumas, encargaré a las pavesas, ciña tu pálida frente esa sagrada diadema; que aquel que para la vida solo los honores precia, solicita que su fama también con su vida muera, Quién negará que a tus sienes la corona se te deba, si amor, y valor en una acción juntas? Y quien niega con cuanto ceño los hados mi infeliz vida atormenta? donde hallaré de mi suerte la fatallinea postrera? Cómo permiten mis celos fiar de la ira violenta del mar mi venganza! . Dioses, o quien socorrer pudiera su vida! . Como es posible, (aunque mi ira la desea para quitársela) cuando ya ni aún las olas le muestran? Buen es eso, cuando juzgo que le habrán ya a la hora de esta trinchado por apetito tiburones, y ballenas, Ya los enojos del cielo cesaren. . Pero no cesan los del mar, pues irritada su cristalina violencia, equellos mismos embates que arroja, con tanta fuerza a él vuelven, que su coraje gime lo propio que flecha, Y la nave, combatida de olas tan contrapuestas, ya unas que la contrastan, y ya otras que la anegan, su embreada fábrica cede a sus iras, y disuelta su arquitectura, no hay parte que a la deshorden violenta no se rinda. . Los lamentos de los míseros que lleva, los implacables gemidos de ese airado monstruo aumetan. Piedad dioses! Piedad cielos! Qué me ahogo! Mala bestia eres estando enojado. Y aún apacible lo era. Ya el que antes fue promontorio de árboles, jarcias, y velas, tan alto, que encender quiso su fanal en las estrellas, de su máquina robusta la mayor parte que alienta, es breve tabla, árbol roto, trozo infeliz, débil cuerda. Y de esos tragmentos tristes, anfiosos abrazos cuelgan, en que el amor de la vida pone sus últimas fuerzas. Viendo su aflicción que está tan vecina la ribera, sácar quiere la esperanza aún de su desmayo fuerza, y no en balde, pues algunos, luchando contra la inmensa turba de cristales rizos, a la amada orilla llegan. Aunque contrarios, el ir a socorterlos es fuerza. Sí, que el rato de infelices, de ser enemigos dejan. No vas a ampararlos? . Yo harto haré, cuando defienda el bergantín de mi pecho de una borrasca casera. Casera borrasca? . Sí, Quién la muene? Ver que tengan tus ojos serenidades para Dorisco, y tormentas para Dorcón. Luego celos tienes? Yo no sé que sean; pero escucha en gerigonza mal explicada su fuerza: Cuando tu vista fiel repara en el otro, y en mí no; entonces cruel se me escurre un ay de mí, por aquello que ay de él. Si es que veo que él logró vencerte tu ingratitu, en la gloria que alcanzó aquello que le das tú, después vengó a pagar yo; De esto más dijera, si yo supiera decir más de mi loco franesí. Muy bien explicado te has. Ay infelicede mí! No tu hermosura desmaye, que aún se mantiene en mi vida resistencia para tanta fatalidad cristalina, Piedad cielos aunque en vano hoy en vos la solicita quién os enoja. No en veno, cuando mi poder te anima. Los bustos, tan enebrados, que aún no conoce la vista si son dos, el mar arroja; sin otros, que a otras orillas en brazos piadosor llegan. Ya, dioses, ya no peligra mi vida, pues que de Clois veo ya en salvo la vida. Dafnidis es el que vno. Y Clois la que a él asida salió. Señor de mi alma. Dorcón, pues la suerte mía no en todo es cabal, pues Ciois con el desmayo no anima, ve tú por aquella parte, y tu por la otra, Clearista, a llamar quien nos socorra, Publiquelo la voz mía esta nueva a los rincones verdes de toda la Iela. No se le ocultará a nadie, si está a su cuenta el decirla. En mí lo parlero no es defecto, sino manía. Venid, Filetas, Dirante. Hacia allí gente se mira. Vuelve en ti, Cloís, pues sabes que tienes alma en la mía, no el desmayo. Di quién eres sifeliz a quien la orilla? amor. . Dafnidas, qué veo? tres tú? No, que quien mira en el desmayo de Clois la mitad del ser perdida, no puede decir que es él: Las débiles fuerzas mías ayuda, para llevarla don de socorter su vida. Ve poco a poco hasta que vuelva a cobrar la perdida respiración. Como, di, saliste? . Arrojado a la orilla del mar, sin más esperanza de que le dieran sus frías ondas. Panteón de cristales, a tan gloriosas cenizas, a tiempo que la engañosa nave rota padecía castigo justificado de su inculpable malicia, la hallé, no como a otros tristes que del mar entre las iras eran míseros despojos de sus inconstancias rizas, sino como a diosa nueva, a quien las olas servían de salobre trono, donde su deidad se mantenía. Las espumas, que ambiciosas de su adoración vivían, como sus luces tocaban, en llamas se combertían, De Sirenas, y Tritones cuanta humeda armonía imperfecto labio forma, o alienta ronca bocina, en destemplados acentos tuidosos quiebros se oían, Escamoso Semideo no quedó ni verde Ninfa de cuantas en las algosas profundidades que habitan, antedada obra compone, y Bruto coral aliña, que conformes no ofrecian en aclamación festiva las cristalinas guirnaldas, que de sus brazos tegían. Pero yo, no satisfecho de ver cuanto desmentía el recelo del peligro, al aplauso de la dicha; la arrebaté de entre todas cuantas su beldad servían; y proejando más contra la envidiosa tiranía de su dolor (mas que mucho, si ya su ausencia sentían) que no contra la tormenta, que a mis brazos se oponía, pisé feliz las arenas, adonde la suerte mía, para colocar el bruto, hará templo de la orilla, Pero repara, parece, que en algo restituida a su aliento, vuelve. l Donde, aleves desgracias mías, estoy? . Albricias cuidado! alienta Ciois divina. Dafnidis, a quien le debo por tantas veces la vida, pues no es menos tuya cuando por tu amante aliento anima; que cuando por tus esfuerzos del vr can no peligra, siendo igual en mí la deuda, porque me amas, y me libras, quien si no tú se arrojara a tal riesgo? . Pues, se mira ya más contado tu aliento, tu noble Fsetase guía a la primera cabana, porque en ella de las iras del mar, a quien mucha parte, que el traje bebió, destila, se repare. . Pues seguidme, Cómo, di, la edad crecida de estos instantes, sin quien tanto te adora, vivías? Yo en poder de aquel Pirata, cuya traición enemiga quiso separar en vano. tus lealtades de las mías, apenas me vi en su nave, cuando él, sin que le permita su delito, que del rostro quite una alevosa cifra; que hay traiciones que abergüenzan al propio que las incita) empezó a decir no sé que plática tan indigna del oído, que la ignora, o el alma, que la abomina, que nunca más en silencio se quedo, que cuando dicha, Pero yo, mal satisfecia, aún con él no distinguirla, (que hay cláusulas que en si guardan tan venenosa malicia, que basta aunque no se entienda, para que agravien, oírlas,) Venganza pedí a los cielos, y apenas el ansia mía corto con sutil congoja aquesas distancias frías, cuando todas las Esferas a mi exclamación envían, disueltas en fuego, y agua, sus reconcentradas iras, una tempestad; mas que pretendo que el labio diga. si tu costosa experiencia sabe más que mi noticia? cero lo que en mi preciso es que mil veces repita. La dulce guirnalda de flores afirme, el suave clarín de la fama te- IB pita de Pafnidis glorias, y en ecos, y olores, el uno le aplaudais y la otra le caña. Qué bien las aclamaciones llegaron con voz festiva a ser oráculo digno de las intenciones mías, y cuando oigo que en tu alabanza repite toda la Iela, la dulce guirfialda Ay Clóis! que más aplauso que sograr entre las dichas de verte, apurarle toda su confusión al enigma de Filetas, en que juzgo, que el alma, siendo instruida de tus ojos, con tu objecto sabe más, cuanto más mira? Yo no, cuanto menos veo, tanto más recapacita mi dolor el apurarle, porque mirándote; ol vida el discurso del tormento la diversión de la vista. Mi examen será más fino, que el aprender no peligra en el que nunca se aparta de la senda que le guía. Si más cual será an firme, quien de sus ojos se fía, a quien tal vez el cansancio con dulce ciueldan fatiga? o el que su imaginación siempre conservada viva, que está el descanso impiliendo con su mental armonía? Será, pues, justo en los casos de tu acción, y de la mía, mas que de un dolor despierta; fiar de una atención dormida? Sí más mi peza constante. Hacia allí todos se miran. No aquí os detengáis, zagales? sino guardad las sestivas voces para cuando está prole, de la más benigna constelación de entre todas cuantas influencias fijas la inferior esfera mandan, la superior iluminan, mas bien reparadas vean sus venturosas desdichas: y porque no pueda haber instante, que ocioso impida el premio, después que enjutos de tanta salobre ira estén, y después quelal templo suba en debotas caricias el alma, a la verde ara de Pan, a quien deposita el cielo aquella guirnalda con que tu frente se ciña, vamos diciendo con dulce entonación repetida. Oh pese al bago acento, que escandalo mortal esparce el viento! yopese a mis oídos; que dóciles escuchan sus sonidos! Licenia, en mi hado esquivo no fue ventura, no que salga vivo de entre tanta tormenta, que mi suspiro, y que mi llanto aumenta; no fue dichosa suerte en una tabla reparar la muerte; no que el aire violento impidiese que el mar mi monumento fuese; no que mi pena me trajese al alivio de la arena, sino influjo más triste de mi hado, que ser que nunca muera un desdichado; Y así deja primero, que este fatal acero un aliento consuma, que pudo batallar con tanta espuma. Tú. Briajis, y yo, con dos extremos una misma congoja padecemos; en ti no halló tu fuerte el modo de morir en tanta muerte: y en mí no halla la mía fementida el modo de morir en tanta vida. El idioma no extrañes de explicarlo, pues tan difícil hallo, que mi vida severa en tanta infeliz vida ya no muera, como que tan esquiva la tuya entre los riesgos salga viva. Pero tu pecho aliente, que nada ha de quedar que yo no intente: y pues Clois no sabe quien fue quien la condujo a aquella nava, pues el rostro cubierto siempre te vio mudarte el traje advierto, entra en mi gruta, y en Pastor trocado, tu intento disfrazado, al blanco armiño debe llevar tu fuego entre prisión de nieve? Yo aquí me quedo donde, si es que también mi ciencia no se esconde, y no quiere mi suerte fementida, que con sentir hasta el saber se olvida) Dafnidis ha de ser más no nos vean los que con varias voceslisonjean su más felice suerte. No por huir los riesgos de mi muerte; ni porque juzgue que defensa alguna ha de tener mi mísera fortuna, hoy tus preceptos sigo, sino por ver si acabo yo conmigo. Ah de cuanta fatal ira violenta esta mortal congoja en mi fomenta! ha de todo el rabioso sentimiento en que el dolor se anuda, y el aliento! ha de mis experiencias! ha de mi observación, y de mis ciencias? ha del encanto, que apurar obligol y ha, de todo yóspero que digo? Errada voz dictaban mis desvelos, pues bastaba dejir, ha de mis celos? y pudiera explicar un solo acento ira, congoja, rabia, y sentimiento, siendo efecto su causa en cualquier parte de noticia, experiencia, hechizo, y arte! Ha de mis celos, y otra vez lo digo! que ociosa voz a quien esta conmigo! Pero que me de tiene? Dafnidis hoy no viene, después que el sacrificio al templo afrezca, a que su frente de explendor guarnezca esa bella guirnalda? No contiene la falda de ese soberbio monte venenosas raices, hierbas prodigiosas, cuantas cuenta una a una en su manguidad el de la Luna? No hay flores, que cortadas, y a la frente aplicadas del que con más fineza amante ha sido, reducen a su amor a eterno olvido? No las conozco volpues a que aguardo? como dudosa tardo en que aplique mi efecto poderoso al círculo oloroso, de mil fragancias lleno, la parte de este rústico veneno; cu yo humor no consiente otro remedio más, que el de la fuente, que allí corre vecina, entre cuya triaca cristalina, si es que a ella se arroja, y en sus ondas se moja, su poder pierde grave? pero quien tal virtud si no yo sabe? Veamos Dafnidis hoy, para mis celos, si puede más tu amor, que no los cielos; mi voz disfrace mi alevoso intento, o inficiónese el habre con mi aliento! Busca, busca entreflores suaves, pues que lo sabes, amor tus rigores, ya que ocultan tus desvelos, entre inocencias de flores, las malicias de los celos. Este rojo alelí, cuya púrpura infiel en si afesera cruel ponzoña de rubí, encadenada aquí dirá con mis temores, busca, busca entre flores suanes, pues que lo sabes. amor, tus rigores. A esta azul tuiste flor, en quien cfrado está el efecto que da coraje a mi dolor, le dice mi temor, animen mis alhelos, prestada a tu sacre bulto tus soberanos decretos. Llepa, Dafnidis. Ay Cióis, solo porque en ella veo que nace de ti esta dicha, por felicidad la acepto. Ahora, fragantes industrias de contagiosos venenos! Cántenle todos, Ay de mí! Sea nora buena, Dafnidis el cairel nuevo, que la melena del prado ha trasladado a tuspelo; muy bien te está. Quita, aparta, o sino, viven los cielos, que mi coraje, no solo a ti en pavesas deshecho te enviaré a aumentar la turba de los átomos del viento; pero a cuantos alcanzare la mortal ira en que peno, ceniza haré la sedienta actividad de mi aliento! Huid todos de mi rabia, nadie averigue el interno volcán, que en nuevo prodigio mantiene en llamas el pecho! Qué es, esto dioses sagranos? Cielos divinos, qué es esto? Esto es haberme dejado de un bofetón medio muerto. No es si no morir yo solo con tan extraño tormento, con tan nunca usada ira, y con un tencor tan nuevos que aún hasta la propia causa, porque vivo, la abortezco: Dejadme todos dejadme. Ay de mi triste! si ha puesto ciega mi pasión alguna yerba, entre otras, cuyo fiero humor la naturaleza infesto para otro efecto, y viene a pagar su vida el delito de mis celos? Pues qué te aflige? Qué sientes? Ves aquel ardorprimero, que nacido de tus ojos iban los míos sedientos de su llama imperceptible examinando el incendio, y cuanto más explicada la iba la almacomprendiendo; entonces, por repetirla mas la averiguana menos? Pues esta acción convertida la hallo en contrarios efectos; y tanto, que donde hallaba luz ahora un volcán encuentro; donde exhalaba la rosa el áspid oculto veo. Pues si yo soy quien lo causa, muera yo. . Aguárdate dueño de un alma que te idolatra; mas no aguar les, vete luego. Oh cuán extraña ponzoña debe de ocultarse dentro de tus ojos o los míos, pues equivocada a un tiempo en no viéndolos me matan, y cuando los miro muero. Eso si, experiencia mía de averiguado veneno, como su muerte no causes, causa su aborrecimiento. Dafnidís, que contagioso aire, que furor secreto turbar pretende la noble parte de tu entendimiento? vuelve en ti. . Cuando yo vuelva en mí, será cuando yerto cadaver, sea sin cecinas ocioso mi movimiento, pues dichas que el viento hizo, también las llevará el viento, Sueñe de voces suaves, de acordes instrumentos la armonía, pues destierra el dulce, el acorde acento, pasión que infunden al alma espíritus imperfectos; repetid todos . Callad. (c. Cántele todos un cántico nuevo, Mentís que yo, ni valor, ni amor, sino rabia tengo. Le parece que va mucha diferencia de eso a esto? No dejen la consonancia, mientras apurar podemos su pasión. i Injustos dioses. Cruel mudanza! cruel! Hado severo! Yo cumpliré con morir. Yo ya he cumplido, pues muero, Yo no porque he de morir a mis manos, o a mis celos,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Luces claras, y bellas, que a no ser locas, or llamira estrellas, dejad en tanto aprieto de Dafnidis un rato el juicio quieto; mirad que andan sus penas desatadas repartiendo cachetes, y puñarlas, tantas, que temo, que en tasados días reinarán en la boca las encias: y así luces no seáis tan inclementes, o temed, si es que acaso tenéis dientes, Astros, cuya inclemencia en ira ha convertido la influencia, siendo en Dafnidis tal el dolor ciego, que hasta mi enojo ha reducido a ruego; y a mi lástima noble a creer obligo, que es impropio enemigo que lidia en pasión tan importuna contra todo el rigor de la fortuna atended hoy propicios a tantos lastimados sacrificios. Dioses, clemencia os pido contra un tormento, no contra un olvido: Ved cual será el tormento, que de Dafnidis mueve al sentimiento, pues hay en mi pasión, que ansiosa os pide, algo que sienta más, que el que me olvide? Y pues que de Filetas al ejemplo todos su compasión llevan al templo, a mis tristes gemidos, Dioses, tened de Dioses los oídos. . Cielos, haya piedad en dolor tanto, de desdicha que cuesta un común llanto, pues legítima lástima merece, en tormento que a todos entristece. Tanto el pesar en Dafnidis se apura, que pasando ya a rabia de locura, deja inútil la ciencia, la presunción, el arte, y la experiencia: y pues tan nunca visto es este daño, a los cielos pedid remedio extraño! Tengan piedad en tan- tos desconsuelos. Las luces. Las luces. Los Astros. Los Astros. Los Dioses. Los Dioses. Los Cielos. Los Cielos. Celos, iras nubes rayos, cómplices de misfunebres desmayos, nada hoy la Isla vea, que tormento, furor, rabia no sea: Y pues disimulado, (dado, por si a Clois encuentra mi cuye a la verde ara llego, con hipócrita fe, confalso ruego, mi acento invoque ahora contra quien llama en lastima soñora, 2. Luces. Astros, Dioses, Cielos. Rayos, nubes, iras, celos. Porque en lides airadas hoy se conjuren estas iras, y celos, tayos, y nubes, contra Cielos, y Astros, Dioses, y Luces. Iras contra cielos haya, y aquella irritada lumbre, con el tumor del coraje, su sacro silencio turbe: Y así rabiosas iras mi poder junte, Porque en lides airadas hoy se conjuten los celos entre los Astros, oscuras verdades hurten, poniéndoles las traidoras datidades con que influyen: Y el efecto alevoso le harán ilustre estas iras, y celos, tayos, y mibes. De los Dioses las esferas rayos una vez asisten, y aún no se libran de celos sus soberanas quietundes: Pues que nació su airada crueldad se arguye, contra Cielos, y Astros, Dioses, y Luces. Tanto a las luces se oponga la irritada muchedundre de las nubes, que parezca, que muere el Sol en las mibes: Porque en lides airadas hoy se conjuren estas iras, y celos, rayos, y nubes, contra Cielos, y Astros, Dioses, y Luces. Callad, que ni de unos temo la enojada pesadumbre, ni espero de otros la amable benignidad que producen, Si mi vida nació expuesta para punto, en quien se unen cuantas violentas airadas poderosas inquietudes las fieras iras imponen, los crueles celos producen, los ardientes rayos flechan, y arrojan las pardas nubes: Y si este mal que padezco in humanamente, huye de cuanta brillante hermosa sagrada compasión unen en lo que pueden los Dioses, en lo que alumbran las luces, los cielos en lo que mueven, y los Astros lo que infiuyen, qué importará que unos, y otros su activa eficacia frusten? Porque en lides airadas hoy se conjuren estas iras, y celos, rayos, y nubes, contra Cielos, y Astros, Dioses, y Luces. Si importa, cuando unos, y otros tanto el peder substituyen en mi precepto, que no hay ira que yo no ejecute, celos que yo no somente, rayos que sean de otro lumbre; ni a otro vapor, que a mi ceño, deben su enojo las nubes. No hay dios que su inteligencia con mi poder no consuste, ni luces, que por mi aliento no confiesen el ser luces. Los cielos por mi mantienen en sus mansiones azules los Astros, y ellos rendidos, con fatal cadena unen a mi sujeción aquella eficacia indefectible: Mira si puede importarte que mi invocación los jante? Porque en lides alradas,. qué importa, aunque la experiencia testigo sea de tu aliento, siendo mayor mi tormento, que sea grande tu ciencia? Turssaber acaso apura un mal, que en el propio fuego que adora enciende el losiego la llama de la locura? Un frenesí tan activo, que cuando a mi Clois hallo, la parte para aumentarlo la borro de lo que vivo? Un pesar, que de no verla causa en mí tan cruel herida, que ya la llora perdida el ansia de no perderla? Y cuando llego a mitarla, con la pasión que me advierte, solo el gozo de la muerte festeja el gusto de hallarla? Una tirana centella, en quien igual arder halla el intento de oívidalía, que el intento de atenderla? Pues si nada de esto alcanza, ni puede alcanzar tu ciencia; no estorbes que mi imprudencia acabe con mi esperanza: Deja que a mi mal prolijo, pues todo es morir severo, pueda, ya que le tolero; darte a entender que le elijo, Permite que en penas tantas sea remedio, aunque tibio, desesperar del alivios y no intentes. . Ves de cuantar desdichas cuentas aquí, no solo la causa sé, mas puedo decirte que el hado las probó en mí. De tu mal la causa empieza de aquel empeño que hizo tu cuidado (así a mi hechizo ayudara su rudeza) de rendirte al ardor ciego de Clóis, donde ocultaba, en fe de lo que alumbraba, toda su traición el fuego. Ves aquel amable estrago, que en tu pecho confundido; iba dulcemente al ruido enfordeciendo el alhago? Pues ese, ya conociendo su traición asegurada, mueve en ti la conjurada aclamación de su estruendo? Aquellos suaves enojos de sus ojos la batalla contra ti movieron. Calla, no digas malde sus ojos que aunque aquí no me asistier un no sé como lo diga, un horror, que ya me obliga a aborrecerte, lo hiciera solo por haberte cido presumir. . Fiero rigor! Qué tenga yo por dolor, dolor que de ella ha nacido! pluguiera a los sacros cielos llorara tan suave herida! Pues no le mueve su vida; . acudamos a sus celos. Y di(pues desprecio tanto te debe el acento mío, y pues tu propio albedrío da fuerzas para su encanto) si de mi verdad oyeras, que otro Pastor ha logrado mas sin peligro el cuidado de sus ojos, que dijeras? Tubiera (o hado severo, para mi nunca piadoso!) como aquello por dudoso, a estotro por verdadero; Por qué? Porque a la amorosa llama morir, era suerte tal que aún lograda la muerte, se quedaria dudosa. Era un apacible medio, entre mi fe, y mi dolor, y por decirlo mejor, era el último remedio. Que a otro atienda fementida, será un pesar de ira lleno, que vaya con su veneno alimentando la vida: Será un sentimiento extraño, hijo de su infiel ardor, Y por decirlo mejor, él será el último daño, Pues ahora mira si entre una, y otra razón, que he escuchado, puede el más rriste, y hajado objecto de la fortuna, persuadirse a que el severo influjo de su astro tibio, escoja el postrer alivio, antes que el dolor postrero? Ni creer, que antes llegar cabe en su traición infelice, la muerte que le eternice, que la vida que le acabe? Y así prosigue, que enojos me han de deber desiguales las desdichas de mis males, que las culpas de sus ojos, Un forastero Pastor, que de extraña Isla ha llegado a ser airoso cuidado de tu infelice dolor, en Clois amante deja su queja, y ella a su ruido le da tan piadoso dido, que vuelta a dír, ya no es queja, Al primer albor del día, saliendo de su cabaña, por complacerla, acompaña de las aves la armonía. Y ella, afeitando rigores, que el favor deja en duda; le responde con la muda rejórica de las flores. Uno, y otro pecho amante, lostando la inteligencia, entre una al hada elocuencia, y entre un silencio fragante. Nihay tronco en toda la espesa multitued vejetativa, en quien amante no escriba el nombre de Clois. Cusia, y más tus labios no apoyen esas aleves crueldades, que ya las llora verdades la rabia con que se oyen! Pero di más, que tan ciego es el mal que por mi pasa, pues el conocer que abrasa incita el ansia del fuego. Di quién es el que ha logrado verle tan favorecido, y a tu amor agradecido seré. Qué es lo que he escuchado? Seré a tu cuidado atento, y seré. . El labio suspende, que yo le diré el que ha sido, el que has de fer, y el que eres. El más injusto zagal, más ingrato, mas aleve de todos cuantos el Sol, desde el círculo celeste, sabe registrar con tantas curiosidades lucientes. El más desleal de entre cuantos queridos, o porque quieren, la ruda campaña inflaman, y el rústico coro tejen. Ven acá no eres tú aquel, que con fingido accidente, ipócrita dolor, todas nuestras compasiones mueve? No eres tú aquel que engañada la común lástima tiene, obligándola a que ya que por sí sola no puede aliviarte, al templo acuda, por si los dioses la atienden, siendo reo indisculpable, no, una vez sola, dos veces, por lo que miente tu engaño, que nuestra lástima miente? No eres quien a tus extremos, cuando hay quien te los observe, porque los crean furiosos, aún los pasas a crueles? Y cuando a solas te hallo con Licenia en esta verde mansión, donde solo el aire oído, y no labio tiene, tan dóciles tus locuras, a tu atención se suspenden, que a no saber mi desdicha guardarte los aceidentes, juzgara aunque desiguales hijos de un efecto, el verte aquí en la quietud inmóvil, como allá en la ira revelde? Y en sin no eres, quien faltando a tanto como le debes a un dolor, tan siempre amante; a una fe tan firme siempre, con fingidas sinrazones, no solo ofendes pretendes su amor, mas por no pagarle, su propio discurso ofendes, como si necesitara para su valdón, ponerle mas que ser tuyo, y lo ingrato su mayor baldón no fuese? Para que en coros distintos permires que la Irla lleve al templo su compasión, puesta en ritmos diferentes: porque en su motivo tristes, y en su explicación alegres, por lástima, o sacrificio, una gima; y otra suene, si en solo Licenia todos tus alivios hallar puedes? Y pues a la perspicacia de mis prevenciones crueles, aquel tan oculto enigma de tu sinrazón se vence, ya que a mi inhumano mal proseguir dejerno deje proseguir los que eng los por ti sus lágrimas vierten. . Volved Files, Dirante, Dorcor, Clearista. . Suspende, ingrata, tan falso acento, sin que presumas, ni pienses, que quitas con lo esforzado los indicios de lo aleve, antes una culpa más añades a las que tienes, pues me ofendes, y me buscas, para decir que me ofendes. Yo te ofendo, y yo lo digo? Sí que quien culpar pretende tan sin razón, sin motivo, lo que te quiero; mas miente mi labio, lo que te quise: y aún también a mentir vuelve, que no te quise, y no es justo, cuando ofendido me tienes, que te haga el disculparme la costa de envanecerte. Lo que dije que te quise, ahora dije bien, y advierte, que aunque haya sido fingido mi amor, no excusas lo aleve, pues una vez ya explicado, y ya creído, no puede, que yo tuese mentiroso, borrar que tu lugrata fueses, Quien tan sin causa (repito) cuipa, sin duda pretende, que la sinrazón su agravio con más encacia acuerde. Y si esto, ingrata, procuras, no lo has de lograr, ni el verme añadir a los pesares de mis suspiros crueles, uno más de sentir qué haya Pastor, cuya feliz suerte, en extranjera fortuna el cual logre; mas no quiero que el referirte esto llegue a tiempo, que mis locuras con su explicación se mecclen, y del tormento el gemido a queja de amor te suene: Y porque (aunque mis desdichas no deben satisfacerte a falsa culpa) ni aún falsa imaginación te quede. Tampoco quiero tus voces a . atender, porque desuerte ese venenoso acento mi infelice oído ofende, que no se atreve a escucharte, aún para escuchar tu muerte. Y así quedaos injustas beldades, que por no verme entre un volcán tan helado, y entre un hielo tan ardiente, iré a padecer las iras de mis delirios. Advierte, que una lástima piadosa no ha de ser culpa. Detente una vez al que rendido te ha buscado tantas veces. Suelta, solo le faltaba a mi pasión impaciente, cuando se va a quien adora, venir a quien aborrece. . Yo seguiré tus rigores halle que muer s Quién eres Pastor, contra quien mis ojos otra admiración con vierten, que la forzosa, nacida. de que otra vez no te viesen? Quién eres, vuelvo a decir, porque si aca no le mienten al alma aquellos avisos, que el corazón enviar, suele, donde vea en lo que palpita. en hulto lo que enternece, algún tormento disfraza en ti mi fortuna aleve? Bien puede ser, que el aliento de mi mal es tan impropio, que después de serlo mío, pase a ser de otro tormento, y llegará su atrevida cóserá más irritada, pues crecera inficionada del veneno de mi vida. Un extremo soy, que ciego ardo, y jamás me consumo; una llama, que es toda humo, un humo, que todo es fuego, Una contrariedad suma, en quien un infeliz dolor espuma hizo del ardor, y pavesa de la espuma. Un toimento disfrazado, que aumenta aún del blanco armisia el alegre desaliño lo triste de ta cuidado. Soy quien en sus ojos hallo tan apacible su fuego, que aún mirado su despego, no puede mi atención. . Callaa, que si los ciertos latidos, ahora los calificaron las pruebas de los sentidos: Y según las que en ti han hecho, averiguan (pena atroz!) que es la rabia hija atroz. del más alevoso pecho de cuantos han fabricado, en violentas tiranías, con inútiles porfías, su intento disimulado: Y si (según lo que creo) eres quien tu sabes, pues de un vil deseo, solo es quien lo sabe su deseo. Solo doy a tus desvelos por respuesta en sus pesares, el enojo de esos mares, la cóleta de esos cielos, Ya los viste en mi favor volverse, para tu mal, ira todo su cristal, y toda su luz ardor: Y aún falto a tu pesar necio de experimentar también corajen de mi desdén, y enojos de mi desprecio. Pero ahora que el desmayo su aleve fuerza retira, hará el ceño de mi vida, y de mí colera el rayo, que amedrentado presuma, aún ya en la tierra tu aliento, que está toletando el violento flechas del cielo, y la espuma, Y pues que de mi cuidado tu traición la causa sabe, ya Pirata en una nave, o va Pastor en un prado, huye, si no es que tu suerte, a la muerte se apercibe. Quién en tu desgracia vive, cómo ha de tehusar la muerte? Suelta. . Escucha. Cuanto más estos aleves delirios de Clois me apartan, tanto más amoroso le sigo, pues viéndola me da muerte, y no viendosa; que miro! es ilusión, que el tormento finge? mas no, que es preciso que de verdadero tenga, lo que tuviere de mío; este sin duda el Pastor es. . Por más que persuasivo tu engaño otra vez se esfuerce, no ha de poder conseguirlo, pues ya es otro tiempo. otro tiempo, y otra vez ha dicho! que antiguos deben de ser mis celos, y mis delitos! no quiero oír más, que aunque pueden no ser celos, tanto irrito contra mi vida mi rabia, que no me expongo al alivio. . Advierte. Infeliz dos veces, pastor, pues dos te ha traído tu desgraciada fortuna, con esa fiera, y conmigo a padecer las dos muertes de lo ingrato, y lo ofendido: Ya, que según de tu extremo, y de sus labios he oído, ella logró la que toca a su fe cruel, detérmino la que toca a mi venganza darte, por darte cumplido lo que re ofreció tu hado en mudanza, y en cuchillo, sin que dude que porque ella te ofendió falte a mi brío materia para sus rabios; pues fundan tales martirios tu habllidad, en hacer que quede a quien matan vivo. Quién vio suerte tan severa! advierte, Dafnidis mío, que este pastor. . Calla, ingrata Joven, que con tus del irios te hallas tan hecho el enojo, ya sea cierto, ya fingido, que no solo tus extremos imprimes en los oídos de cuanta lástima escucha tus quejas, mas has podido con muchos que lo irritado pasen a lo compasino, engañaste si imaginas, que te ha de valer conmigo ese mañoso tormento, en cuyo aleve artificio, de la lástima al sagrado se acoge tu aliento tibio; que yo tus males no creo, ni aunque los creyera, miro, que con ellos se haga menos la cruel razón de los míos: y así en mis brazos. Detente, y pues tan dichoso has sido, que oyendo tus falsedades, y callando yo, has podido dar a tu vil presunción de mi indecencia otro indicio: puesto que en quien te ha escuchado, y no te ha muerto, es preciso creer que hay gran falta de esfuerzo o mucha sobra de juicio. No lo has de ser en que vea tu postrero parasismo esa ingrata, que es muy fácil trueques también los indicios, y te alabes que te ha muerto distración, y no mi brío. Mirad los dos que ninguno tenéis (en vano me animo) razón. . A ti, por osado, te toca escoger el sitio. s. Advierte. . Sigue mis huellas. Ay de mí! . Porque no has sido tú el primero que su muerte conveloz planta haseguido. En vano mi helado pie los sigue ya, ni imagino que el alcanzarlos quitara la ceguedad al motivo, pues no templará el hallar yo delante su delirio: y así por estotra senda solicitar determino quien los aparte. Repara, que voy buscando advertido un lugar solo, no sea tan desgraciado contigo, que creas, como otras veces, no muy atento, que ha sido (peligro el dilatar la ocasión, tener temor al Yo te sigo valeroso, y mudo, que en desafíos son prendas que ha menester llevar un noble enemigo. Por tal te tengo, pues basta para ser noble, ser mío: Yahora guiemos. Al bosque, que en su maleza entra herido mi o tu perro tan maldito, que te se caen los dientes luego que ves los colmillos! Ya no es posible seguir el entedado camino del bosque, porque sus breñas en el fogoso bullicio de los cazadores arden: mas por aquí detérmino. No alafuente del sance te acerques ardiente suspiro; que también en el agua se encuentra del fuego el peligro. También por esotra parte acorde embarazo ha sido ese acento. . Mas no tanto; que en si no esconda el aviso que hemos menester, pues siendo aleve engañoso hijo de una voz, a quien le debe mi mal sus crueles principios, y ella dice que a la fuente no se acerque su suspiro, a la suente nuestro enojo se acerque; pues sobre sitio, donde entre sances, y chopos aún vive el afre escondido; jamás su verde silencio inquieta el ronco latido, ni cazadora tarca repite, . . Ya dejó el risco, y con otro viento otro tumbo escoge. . Ya te sigo, por más que mi auxiliar eco d te en dulce sonido. . . No ala fuente del sance te acerques ardiente suspiro, que también en el agua se esconde del fuego el peligro. Esta prodigiosa fuente, que consagrada ha vivido siempre a la deidad de Apelo, en cuyo altar cristalino, en vez de humos exhala crespos penascos de vidro, de testigo transparente, sirva al coraje encendido de nuestro duelo. Mis brazos suy lan del puñal los filos. Raro valor! Rara fuerza! o que en vano solicito ahogarl! . Cómo, dime, puedes haber resistido este rato, combatiendo con mis celos, y conmigo? Qué oculta deidad te asiste, pues que cuando más te oprimo, impone a tu resistencia mi propio esfuerzo más brío? es valor que te ha pegado de andar tu brazo entre el mío? No es si no ser imposible, que muera yo. . Los latidos del corazón son desuerte, que ya cuanto aprieto gimo. Por más que me esfuerzo aún vives? Muero, por más que me animo! por más que te ahogo alientas. Por más que entre selva, i risco, ni en risco te hallé, ni en selva te he de seguir. . Al retiro, de la fuente hace sagrado de su vida. Acá han, corrido sus alcances., . A la fuente. Pero en los lazos torcidos No a la fuente del sance te acerques ardiente suspiro, que también en el agua se esconde del fuego el peligro. La otra voz a estotra parte también, sueña, mas mi brío. Llegad todos, que sin duda han buscado lo escondido de la selva de la fuente. También esa ingrata quiso que estorbo tu muerte tenga; pero no ha de conseguirlo, pues convertirá mi rabia los estorbos en testigos, llegando ya a serlo cuantos; o en venatorio ruido, o en armonioso concepto, o en apiadado conflicto, dicen. s Todos a la fuente. Tienen su umbroso sitio. No a la fuente del sauce, Ay de mí! . Válgame el cielo! Que ya muero! Que ya vivo! Aguarda, no uses soberbio del laurel que te ha a aquirido tu suerte en vencermeno me acabes. . Dioses propicios, que nuevo ser en mi ser otra vez se ha introducido! G. Cobra esa corona que con los baibenes prolijos de la lucha: por tener la de vencerme has perdido. Déjala, joven gallardo, y cóbrate tú, que miro en perderla, no en vencerte int. cifrado todo mi alivio: pues apenas su esmeralda, con violento precipicio, fue a buscar en los raudales diáfano cerco de vidio, cuando de mí se apartaron aquellos males prolijos, aquellas crueles congojas, aquellos fieros delirios, tan del todo, que parece; que en la guirnalda que ad miro estaban para mi daño con fatar engaste unidos. Ya cuerdamente dichoso conozco restituido del hurto de mi coraje, el teloro de mi juivio. Y así pues la presunción, que contra mi has convertido, es fuerza que desvanezcas, pues ves del modo que lidio, siendo mi valor muy cierto, aunque el furor sea fingido. No quiero de ti más gloria, que el que veas cuan benigno; quien te compite valiente, te sabe tratar rendido, Deja que a tus pies postrado ahora con el albedrío, si antes con la violencia, llegue a estar. Allí les miro, venid todos. . Llegues, y su engaño, y su vida medite mos Dasnidis, di qué es esto . Es con vertirsepresto el mal en bien, el padecer en gloria, es volverse el olvido a la memoria, huir de mí el coraje padecido, restituir sus leyes el sentido; es cesar el tormento, llegarse a la razón el pensamiento, a deshacer aquel incendio fiero; ponerse en proporción el albedrío, deshacerse las penas, que en el yerto camino de las venas introdujo una suerte fementida, mezclándose el veneno con la vida: Es mirar menos ciego. a Cloís, como aluz, no como a fuego; volverme a los dulcísimos enojos de no llorar morir entre sus ojos. Pero que digo cielos, que aún no no he quedado libre de los celos! sin duda vuestro ruego lo ha alcanzado, (aunque mi dicha había imaginado, desde que a esa guirbalda no consiente por lance extraño mi dichosa frente, que su círculo lleno se llegó a ver de mortal veneno) mas sin duda repetido vuestro llanto hoy con los dioses ha podido tanto: Y pues lo ha conseguido, víctima llegue a ser lo agradecido, Hay tan dichosa suerte! Para otros vida, y para mí no hay muerte! Señor, mira si estás asegurado, no procures cogerme descuidado, que en quien fue loco hay que fiar muy poco, porque siempre le quedado algo de loco, Prodigio raro ha sido, que nuestro ruego al cielo ha merecido, Hoy mis ojos sin duda le ablandaron. Qué pequeño prodigio, si lloraron! Pues al templo guiemos: Justo es donde lloramos, que cantemos; Yo he de pedir a Pan que se resuelva a que lo que te quita, no te vuelva. A darle gracias vamos los propios que sus ará socu con nuestro ruego humilde, y repitiendo con dulce aplauso, con sonoro estruendo. , . Mares, y riscos, valles, y peñas, montes, y aves, fuentes, y fieras, ved como el cielo se ablanda a una queja; Si no a la mía en quien mi vida dejo, pues más me aflige, cuanto más me quejo: y así solo a penar ré llorando, diciendo, y publicando mi alevoso contra ese suave acento (tormento Selvas, y riscos, va- lles, y peñas, montes, y aves, fuentes, y fieras ved como al cielo no ablanda una queja. Porque en voces diferente llaman de mares, y fuentes las corrientes lisonjeras? porque en ecos tan suaves llaman riscos, llaman aves, llaman fieras? Si es para que sea conmigo cada uno fiel testigo, de que digo mi quebranto, mas mi sinrazón se ofende, que nadie el silencio entiende de mi llanto. Solo tú, fuente divina, a cuya fe cristalima se destina mi suspiro, hoy apresurada llego a comunicar mi fuego; mas que míro! Quién en tu raudal sagrado a mi pesar ha arrojado el cuidado; de ira lleno, de su ventura, porque esté en mí, que es la parte en que más dura su veneno? Sin duda por mi quebranto feste jaba el dulce canto pesar tante como veo, pues es consecuencia ahora, si todos cantan, que llora mi deseo. Ya sin duda no consiente en su venturosa frente este ardiente fiero mal, y quiebra por mi dolor su cruel veneno la flor en el cristal. Ya será restituido su enamorado sentido al perdido padecer, y ya, para mis enojos, volverán a ver sus ojos, lo que es ver: Y pues que ya a mí tormento no le queda más aliento, que el intento de morir, acompañe la voz mía esa violenta alegría, con decir: Mares, y riscos, valles, y peñas, montes, y aves, (queja, fuentes, y fieras, ved como al cielo no abian da una Y puesto que no le ablandan; sean testigos ellos, y ellas, los mares con sas espumas, los riscos con su inclemencia, con su espesura los valles, con su resistir las peñas; las aves con su dulzura, los montes con su tudeza, las fuentes con su mormurio; y con su ahullido las fieras, de que Licenia, que puso la venenosa violencia de flores porque a su amor Dafnidis fino atendiera: burlado el hechizo docto en la cristalina ciencia de esa fuente, que es quien pudo aliviarle sola ella, intenta, ya sea locura; ya sen frenesí, ya sea rabia, que todo será menos error que su pena, apurar todo el veneno de flores, plantas, y hierbas, en sí misma, sin que haya escrúpulo de que pueda mezclarse la cristalina triaca entre su oblencia, pues con huir del alivio, será la ponzoña eterna. Haya una vez quien mal quista con su rabiosa fineza, con su voluntario empleo, ardiente el tosigo beba. Yo propia, mi propia vida inficione, una vez sea el precio del asesino la voluntad de la pena. Irrite contra mí misma mi propio saber, y tengan, en que muero autorizado testigo mis experiencias. Quéjese amor de que cupo en mi pasión tan grosera, que irritada con la herida, quiere arrancarse la flecha, No siempre las sinrazones el albedrío agradezca, tenga una vez la felice, la considerada fuerza, el fatal robusto grave eslabón de la cadena: Y diga yo contra todos, lo que en cláusulas diversas agradecen de los dioses la limitada clemencia, mares, y riscos, valles, y peñas, Ya que aún sin averiguar porque causa se te templan, Dafnidis, aquellas iras, cuya sinrazón violenta tiranizaban el uso de sentidos, y potencias: pues no es mucho que ignorada la razón del mal, lo sea la del alivio, dejando uno, y otro a la secreta disposición de los dioses, en cuya sagrada idea nada hay acaso; ahora solo el darles gracias es fuerza de las dichas, pues que nunca falto para agradecerlas causa, ni razón: Y a ti, zagal, que de extraña sierra a esta Isla has aportado, también a las aras llega, que el culto es común idioma; para que todos le entiendan. En día de tanto aplauso . mi voz el callar intenta, que este fue el Pirata, no el gusto en furor se vuelva. Pues disimula, yo sigo . el raro influjo a mi estrella, y más debiendo la vida a Dafnidis. . . Cuando vea acabado el sacrificio, yo vengaré mis ofensas, pues ya olvidado el delirio, es igual la competencia. Ay Clois del alma mía, quien pudiera, quien pudiera cobrar ahora las perdidas edades de mi dolencia! Ven con toda esta quietud, pues yo me retiro afuera, porque aunque de los delirios segura esté tu cabeza, sino lo está del amor, tan loco se está como era, Y si contra la guirnalda está la mayor sospecha, pues pudo algún vil intento; sabiendo cuan digno eras de su triunfo intraducir el activo hechizo en ella: Contraposición debota estotras guirnaldas sean, estando parificadas en la religiosa hoguera del sacrificio, que es ritual ceremonia nuestra. Decid todos con mi acento, en entonación alterna, Al dios de las piedades, pues propicio se muestra, dedique el voto el alma, (na. para que sea limpio holocansto, y oblación eter Yo en tanto que tus aras tiño de las sangrientas manchas, con que su jaspe, que se le infunde, crea a su color, segunda sacra naturaleza. Dedique el voto el alma, para que sea limplo holocausto, y oblacioneterna. Y yo; mientras que los humos de aromas extranjeras, religiosa dedico, y del ara a la esfera, el dios al atre blando ministro inquieto vea, , . Dedique el voto el al ma para que sea, Yo hasta que (ah fortuna, que rigurosa intentas!) con más decente culto, y más airoso pueda asegurar el ruego con declarar la ofrenda. Dedique el voto el alma Yo hasta que mis intentos. Muera infelice, muera a impulsos de su mano, quien vive a las violencias de su desgracia. . Quién hoy lastimosa intenta turbar el sacrificio? La que selo desea dejar entre la ira su vanidad deshecha. Aquí estás tú, tirano motivo de mis quejas, quítate de delante, o si no la sedienta rabia, que de mirarte se forja, y se alimenta, hará que con mis manos esta disfana esfera, por ellas reducido en átomos te veal De Dafnidis la ira se ha pasado a Licenia. Peste es esta locura, pues vemos que se pega, El furor que él tenía, tengo yo, y porque entiendan que le forjó mi rabia, a manos de su ciencia. Y que ya que él dichoso por mi desgracia llega a acertar del remedio la tan oculta senda, en mí no puede verse curada la dolencia, pues no querrá mi ira, cruel contra mi misma, usar de los alivios la feliz experiencia. Desde ahora, tu Dirante, (por morir más apriesa, pues ya sé que no alcanza tu desconsuelo mis penas) venturoso a mi mano (ay de mí triste jllega: Veamos cielos si basta, para acabar tan nueva espeoso de martirio, como que dueño sea de la vida, aquel propio que mi vida abrevia! Oh amor, y lo que puedes! feliz yos que aunque sea, por los pasados lances, mi dicha tan Volenta, quien como yo padece, no repara en que tenga la razón del alivio su calidad perfecta. Pues las casaalidades a conocer nos deban del accidente injusto la sintaron secreta, prosiga el sacrificio, juntándose a la nueva razón de suniegila, el que Dafnidis tengan con Clois en sus dichas, felicidad entera. Antes (oh pese a mí!) sacar mi ruego intenta de la Isla un perdón, de quien oculto llega a sus puertos con una amorosa cautela. Yo, que sé lo que dices? el responder es fuerza. Ese Pastor, que oculta, con disfrazadas señas, sus errados disignios, aquel Pirata era, que procutó en la nave. Qué es lo que oigo! . Espera que ya el perdón alcanza, quien la culpa confiesa; Y si enemigo vine ayer a estas riberas, hoy aún otro metivo trocaré mi primera. amorosa codicia. en eféctuar que tengan Lesbor, y Mitilene, Irlas, cuyas opuestas lides de sangre bañan sus dilatadas tierras, aquella paz antigua, haciendo con la nueva; que sea en eterno lazo nuestra amistad eterna, Próspero día es este! Y más cuando se llega a juntar con la dicha el desengaño. . Si esto es la verdad, y yo soy dueño de Licenia, ya es injusto mi enojo. , Y ya es vana mi sospecha descubierto el enigma. Ya remedio no intenta mi venenosa rabia. Ya en mi sufrir es fuerza, Y ya todos se casan, menos yo, que no intenta desesperarse ahora mi querida paciencia, sino vivir seguro de sustos, y de penas. Pues siga el sacrificio; diciendo en la postrera cláusula de sus ruegos. Venturosas mis quejas, Felices mis suspiros. Prósperas mis tormentas, Infausto mi cariño, Prolija mi tarea. Mi libertad dichosa. Pues que digo con ellas, Pues con ellas repito en voces lisonjetas. Al dios de las piedades, pues propicio se muestra, dedique el voto el alma, (na. para que sea limpio holocausto, y oblación eter FFN
