Texto digital de El vencimiento de Turno
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- Atribución tradicional
- Antonio Manuel del Campo
- Atribución estilometría
- Antonio Manuel del Campo Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XII de Nuevas escogidas (1658).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El vencimiento de Turno. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vencimiento-de-turno-el.

EL VENCIMIENTO DE TURNO
JORNADA PRIMERA
venga, vuestra hermana libre, que ser su rescate quiero, y dichosa yo, que al fin sirvo a Estefania en esto. No, Rosimunda, esto no, yo tengo joyas, y tengo hacienda para sácar mi hermana del cautiverio, y para que vos quedéis, libre, y don César contento. Para que vos lo quedéis, lo que yo digo es más puesto en razón: sea yo cautiva, y cesen disgustos vuestros. De tan honrada contienda fácaros a todos quiero: Rosimunda es vuestra hermana César. . El Alcalde mesmo lo afirma, y que fue criada con reverencia, y respeto, como hija del Bajá, desde aquellos años tiernos de su prisión, buen testigo es la sangre en vuestros pechos. Mil veces quise decirlo antes de saber el cuento: tu hermana es? Cielos no en valde con encontrados afectos admiraba en Rosimunda la hermosura, y el respeto: hermana del alma mía. Ya con los brazos abiertos te espero, César, que el alma me reveló estos secretos. Los botones de diamantes se han de dar? . Sí, Calbatrueno y ahora mejor: qué ahora sirvo a una hermana con ellos Con licencia de su Alteza tomar por mi cuenta quiero el dar esposo a mi hermana. Yo premiaré esos deseos. Pues, señor, sea Federico? el premio: Es muy justo el premio. Casarme quiero yo mismo, porque es mía de derecho Dorotea. . Yo soy tuya. Y aquí da fin el ejemp de lo que alcanza, y merece la mujer, que por lo cuerdo, Prudente, Sabia, y Honrada, perdonad faltas, y hierros. FAMOSA o, . a fortaleza el soberbio Atlante, Turno a quien de los hombres la cabeza pagó fatal tributo en breve instante: Turno, cuyo valor; cuya braveza reconoce la esfera de diamante, Turno invencible, victorioso Turno, Monarcs fuerte del horror noturno. A Lavinia que es alma con que vivo, me pides que te entregue por esposa, que tu espíritu ardiente, y brío altivo con menores empleos no reposa: y aunque por tu altivez, Turno, concibo que eternamente vivirá quejosa, por tantas persuasiones te la diera, si de tu ardor el fuego no temiera. Drances, que es en mi casa Enrendimiento, y el más antiguo consejero mío, con claro, y perspicaz conocimiento, los peligros me avisa de tu brío: y aunque pudiera yo cumplir tu intento, que al fin soy Rey, y soy el Albedrío, pero es, Turno; consejo más seguro el prevenir con tiempo el malfuturo. No contra ti mi indignación fulmino, que procedes al fin aconsejado, mas de Drances el ciego desatino quedará por mi furia castigado: No conoces a Turno. Rey Latino? ignoras el valor con que ha robado mi diestra fuerte las Impíreas cuadras, despeñando al infierno sus escuadras? Di, Drances, loco, presumido, viejo, de donde contra mí tan atrevido, que te arrojes a dar tan vil consejo, cuando no ignoras, que a Lavinia pido? más justamente de tu error me quejo, cuando afirmas me tienes conocido, pues mal puede ignorar quien me conoce serme debido, que a Lavinia goce. Qué razón puede haber que me despida de este bien soberano que aperezco? dime al punto la causa, que a mi vida tiene en las duras penas que padezco: no ser amor el que a Lavinia tienes, no afecto tierno de su dulce empleo: solo con la esperanza te mantienes de ejecutar un pensamiento feo, (to para que el alma e tu dominio injus- llegue aperder eternamente es gusto Dírasla alos principios milamores, y ofrecerasla Turno montes de oro, y para que se incline a tus favores, será de todo el mar corto tesoro: más ay, que alpunto en cardeles de orro la que tras condenar a eternolloro, (res acaba, di, que puede haber que impida el gozar esta prenda que merezco, que será algún alivio de mi pena, el saber la razón que me condena. Aunque pudiera a tu furor violento, o Turno, responder con aspereza, es bien corrija el alto Entendimiento con solidas razones tu fiereza Estame, pues, a mi discurso atento, ya que a desengañarte se endereza, y verás como ha sido en mi justicia, a consejar al Rey, y no malicia. Es la Infanta una imagen soberana del cielo mismo, y de su Autor divino, celeste imitación en forma humana, que con supremas gracias la previno. Esta, pues de sus manos, prenda ufana concedió liberal al Rey Latino, porque en efeto, al alma el cielo pío en manos la dejó de su albedrío. La gran sabia Fenisa, a quien el cielo me ha dado por maestra de mis años, que es la Fe, por quien vivo sin recelo, de aconsejar al Rey vanos engaños, me ha declarado, Turno, el desconsuelo, la gran fatiga; los eternos daños, con que a Lavinia el cielo la amenaza, si contigo en un vínculo se enlaza. Bien sabes tú, si en confesarlo vienes que sabes con tiranas injusticias por más que disimules tu deseo, atormentar lo mesmo que codicia Ofreces mil deleites deliciosos, con falso resplandor iluminados prometes los bocados más sabros con apariencias frágiles dorados, anzuelos so tus glorias cauteloso dode muere los hombres engañados porque la luz que en ellas aparece, en humo, y sombra vil se desvanece Es el alma legítima heredera de un Reino tanglorioso, y dilatado que los términos vence de la esfera, que engasta he plata el pielagosalado de esta Corona que adquitir espera, por dulce fin de su dichoso estado, pierde el derecho que gozar pretende llaruegos del pecado condeciende, porque en tu casa, o Turno, tenebrosa se escurecen ilustres sucesiones, y la que pudo ser siempre dichosa, seofusca entre dudosas confusiones. Mira si al alma pides por esposa espeligro fatal a que la expones, luego si su desdicha no deseas, justo será que a mis consejos creas. No piense tu sagaz bachilleria, Brance, que me ha dejado convencido, que si tu engaño contra mi porfía, qudará el mar de mi furor teñido. No puede escurecer la gloria mía de tus palabras el confuso ruido, que antes que el Sol esmalte su Occidente alarde haré de mi splendor luciente. Llamasme en las promesas enga- ñoso Eaas, testigos de tu error son mis rique. testigo el aparato suntuoso, con que público al Orbe mis grandezas Jestigo es el tesoro prodigioso con que mi amor ostenta sus finezas, oro, perlas, diamantes, que seguros tiranizan al Sol sus rayos puros. Si de Reino opulento, y anchuroso es dueño el alma, como tu blaso nas, no perderá en tenermepor esposo, otros más ricos Cetros, y Coronas. que en mi linaje ilustre, y generoso, aunque tu injustamente le baldonas, vendrá a que dar su gloria más lucida estado siempre a mi grandeza unida. En fin el interés de mi porfía ha de alcazar su efeto pretendido, y si llega la injusta tiranía a privarme de premio tan debido, hoy ha de verse la venganza mía superior a la envidia, y al olvido, y cuando el Rey en mi favorno. fuerza a su Lavinia robaré por fuerza. Furioso va. . Es tan terrible en su furor denodado, que pasa de lo pesado, al término de insufrible. Prosigue siempre constante en tu determinación, y advierte la condición, o Rey, de este falso amante. Que derrotado navegas, si oído a sus quejas das, y que dichoso serás, si cuanto pide le niegas. No te mueva su furor, ni sus promesas tampoco, que aquel le declara loco, y aquestas engañador. Advierte Alvedrío advierte, que eres Rey del alma ya, por ley suprema, y está en ti su vida, y su muerte. A Turno, Rey de tinieblas, no es justo el alma se entregue, guardaré Rey no te ciegue la oscuridad de sus nieblas. No se deben apariencias de sus dorados engaños, que suelen tener sus daños apanibles las presencias. Mas yo de su ardid presumo que sabe su mano diestra hacer de luces la muestra, por vender mejor el humo. No te engañe la embozad lisonja con que convida, que es veneno la bevida, aunque es la copa dorada. Y si agora muestra amor al alma, como al fin ves, al punto que se la des le ha de trocar en rigor. Ya estoy, Drances, advertido del engaño con que intenta. mi daño, y mi eterna afrenta aqueste amante fingido: más Lavinia viene aquí, y vuestra hermana con ella. Mira que prenda tan bella. el cielo fio de ti. Rey, y señor. Alma mía; en cuyo gusto, y consuelo tiene vinculado el cielo, mi descanso, y alegría: cómo estás? señor, ya sabes que estoy siempre a tu servicio, pues tienes por propio oficio de mi gobierno las llaves. Diote el cielo potestad sobre todas mis acciones, con que siempre las dispones. conforme a tu voluntad. Y así, según lo que ordena, o albedrío, tu poder; puedes de mi disponer que esté mala, o esté buena. Y pues que tú solo eres por quien mala, o buena soy, si preguntas como estoy, diré que como quisieres. Diote el cielo soberano gran discreción, y cordura, al fin, como bella hechura de aquella Divina mano: Justa, mucho me consuela ver que al alma acompañéis, que bien la aconsejaréis. Siempre, Justa, se desvela en lo que me está mejor, con ella estoy muy ufana, al fin de Drances hermana, tu consejero mayor. Ella en ninguna ocasión señor, de avisarme deja, y es razón lo que aconseja, porque es la misma razón. El amor que te he cobrado, por tu suerte milagrosa, me obliga, Lavinia hermosa, a asistir siempre a tu lado. Mi hermana, señor, yo sé que tendrá bien defendida. a tú Lavinia querida. Drances, con eso estaré seguro siempre, y contento, yo a defenderla me obligo, si están con ella, y conmigo la Razón, y Entendimiento Vamos los dos a tratar del gobierno; y aquí puede, la Razón, que es la que pues sola al alma gobernar. Prosigo con mi advertenci pues solas hemos quedado. Prosigue pues yo te he dad las llaves de mi obediencia. Ni me dan de merendar, ni aún hacen caso de mí. Este rapaz viene aquí. a estorbarme, que pesar! qué hay Petis? . más que no a vos me tratáis de manera, que siempre cantar quisiera el tono del hay hay ay. La razón no hay apartalla de vuestro lado un momento y el Apetito, aún que hambriente que se cuelgue de la hagarlas pesiatal con la razón. Qué descortés siempre estás? Como si importase más la razón, que la ración: Señora, no me máltrate por la razón su merced, que también yo haré, si hay sed, la razón por el gaznate. Quitadla de vuestro lado, que manda más que una suegra, y la razón no me alegra, si no cuando estoy brindado. Siempre contra mí se alza, como una tirana injusta, aunque bien la llaman Justa, que es más justa que una calza. Vos sois un descomedido, y sois un deshonra buenos. Descomedido? a lo menos vos me tenéis descomido. Id mucho de noramala, yo sé que comido habéis mucho más que merecéis. Doña Justa, o Martíngala, como a esclavo me tratáis, y me tenéis trashijado. No veis que el cielo ha mandado que vos mi esclavo seáis? Hermana Justa, recelo que mil engaños os venden estas Beatas, que entienden que hablan luego con el cielo, El cielo manda que vos con rigor no me tratéis, vos me tratáis, y así hacéis contra lo que manda Dios. Y que habléis con la otra vida es terrible desconsuelo que siempre os revele el cielo que me acortéis la comida? No habrá un Ángel merendón, que revele por , que me entregue Justa a mí cada tarde un pastelón? Que siempre tengo de hallar en la Bótica de Justa para morir muerte injusta, un recipe de ayunar. Perís, no te mata Justa, en lo que dices advierte. Para quien hay mayor muerte que quitarle lo que gusta: que ya os daba, apostaré, con retóricas mortales, más consejos, que animales tuvo el arca de Noe. Primero os querrá poner (que a eso tiran sus cuidados) en la boca dos candados, para no hablar, ni comer. Luego os dará un Rosariazo de cincobaras, o seis, para que rezando deis, con cada cuenta un porrazo. Que es Beatona, y se contenta mucho de aquese artificio, plegue a Dios, que el día del juicio no haga más ruido su cuenta. Que más de seis veces llegan, aunque más disimuladas, aquestas boquiplegadas, a tiempo que le despliegan. Dará porque os arrobéis, traza de que un soplo os mueva, aunque en mujeres no es nueva, que todas así os movéis. Llamareisnos hermanucos, cortareisos el cabello, y cargaréis luego al cuello cincuenta bolas de trucos. Vestireisos de sayal, con un manto de tres suelas, en moeceranse las muelas, y a mí me estará muy mal. Por comida no habrá más que mucho del canelón, de aqueste que hace traición en bistiendo por detras. Del que me tiene picado dándome en las mataduras, y aún cuando estamos a escuras me hace poner colorado. Del que sacude sin tiento nunca en los golpes escaso, que no son golpes de paso, porque son golpés de asiento. A cólera me provoca una disciplina recía, que muy de cuerda se precia, y sacude como loca. Y aunque más dice que es cuerda, de tratarla me recato, que a la mi fe, que su trato viene a ser trato de cuerda. Quien te mete en poner cisma entre el alma, y entre mí, con tu mano azotes? dí, que te has hecho tú a ti misma? Nolvés que es en mi perjuinio? pues filicio? aquí de Dios, si hay olanda, y lienzo, a vos quien os mete consilicio? No has de tener hora buena, alma, si no soy tu amigo, y si Justa está contigo, siempre serás alma en pena, No tienes razón, Peris. Que no la tengáis deseo, y que reñiremos, creo, si a Justa no despedís. No presumas Apetito, mudar mi justo cuidado, que no por verte enojado mi condición facilito Y por más que te enarmones sabré tu orgullo vencer, que soy Razón, y han de ser preferidas mis razones. No pienses ganar la palma. en el Reino Espirirmal, que quien es tan material no ha de reimar en el alma. Es tosca, amigo, la ley de tus injustos tributos, porque a ti solo los brutos te reconocon por Rey. A mi bestia? menos voces, que si llegáis a picar, os sabré yo derribar del Reino del alma a coces. Lavinia, siempre condeno el trato de este atrevido, entra endulzando el oído, para arrojar el veneno. Si conservarme deseas nunca con sus quejas luches, ni sus, doñaires escuches, ni sus persuasiones creas. Tenle rendido en el suelo, que si él en el suelo está, de escala te servirá para que subas al cielo. O que bien lo acomodaste mas a fe, que si la escala se bámbalea, o resvala suele dar con todo al traste. Un Embajador de Eneas quiere hablarme de su parte, y con él vengo a buscarte, Lavinia, porque le veas. Dizque es heroico Troyano este Eneas valeroso, por Príncipe, y por piadoso tan divino como humano, Este noble Embajador me ha agradado de manera, que ver a Éneas quisiera de tu belleza Señor. Tomemos, Lavinia, asiento, y tú la embajada di. ̱. Oh gran bien, que estén aquí la Razón, y Entendimiento. ̱. Yo creo, que a darme enojos este Eneas ha venido, la Justilla lo ha entendido, ya se le alegran los ojos. Eneas el piadoso es. el más noble de todos los morta discreto, y generoso, (les, pisaya, Rey Latino, tus umbra que a tu Reino ha llegado de tu bella Lavinia enamorado, de amores tan rendido (no, viene el valor, que encierra sobera que aunque divino ha sido, (no, ya comienza también a ser huma y así para su esposa Lla, Éneas pide a tú Lavinia hermo. sabe que Turno fuerte te la pide también, y condolido de la infelice suerte, Lrido, que el alma ha de tener con tal - quiere el noble Troyano rescatarla a dominio tan tirano, yo soy su fiel Acates, (jada, su auxilio soy, y traigo su enva- justo será que trates. (trada, de dar a Eneas en tu Reino en- y a Lavinia un esposo noble, rico, discreto, y amoroso: yo soy aquel que llamó Idrío, de su parte a tus puertas Albe. yo soy aquel que clamó, (bio, convoces claras, que a tu pecho en ya quien con brazo fuerte del camino te apartó de la muer mira, pues, no resista Ete, tu duro pecho al llamamiento pues el cielo conquista (mío, por mí medio tus puertas Albe. y Eneas que se abrasa (orio, de amor de tú Lavinia, está en tú (casa. Turno el noble, el glorioso, de ausencia inmortal, y siempre au me envía, o Rey famoso (gusta a proponer una embajada justa, y es, que pretende hablarte, y de sus pretensiones informarte. yo soy su gran privado, el deleite instrumento de sus glo. por quien ha conquistado rías tantas almas con prósperas vito- a cuya dulce guerra Crias se rinde lo más fuerte de la tierra por mi vencio batallas, defamosos guerreros esforzados por mi asaltó murallas, (dos, y puso Reinos a sus pies postra. que no hay guerra más dura, que la que se acomete con blandura, en mi valor confía, que ha de rendir a tú Lavinia hermo y la potencia mía rin a su esperanza no tendrá quejosa, que en empresas mayores hemostrado mis fuerzas superio hablarte al fin quisiera, (res, y está esperando a que subir le man- Rey Éneas espera,Ides. y entrar puede. Confusiones grandes. Señor, que nos turbamos, entre los dos, y su razón oigamos. O que dichosa fueras si hoy a Turno la entrada lenegaras? Si a Encas no admitieras, yo sé que alegremente lo pasaras. Justa, no hay cosa hecha, que quien oye, ni admite, ni desecha, Rey Latino, famoso Tente, espera Troyano, no co a Turno el valeroso? (noces Bien te conozco Turno, menos que gallardo es Eneas. (voces. Tendrás, Lavinia, en el cuanto Escucha, porque quiero (deseas primero hablar. El mal de allí te vino de querer ser primero. Eres un derrotado peregrino, y contra mí te pones? Atento quiero estar a sus razo- Ya sabes Rey poderoso, (ues que soy el gallardo Turno, a cuya voz se estremecen el cielo, el abismo, el mundo: ya conoces el poder con que a mis. Reinos difusos hago que naciones tantas paguen continvos triburos: ya te consta, que he vencido Reyes, y Monarcas muchos, que como esclavos habitan mis calabozos profundos: querer decir mis hazañas será contar en un punto los ejércitos, que forman átomos del Sol menudos: mi generosa nobleza humano origen no tuvo, que allá en la esfera celeste mi claro ser se produjo: Mi hermosura es tan notoria, que en varios fragantes humos adoraciones ofrecen mil Provincias a mis bultos: Mi riqueza es infinita, pues que yo desprecio, y hundo cuanta encierra el ancho mar en su salado sepulcro: Al fin mis grandezas son tanta, que en vano reduzgo a numero mis blasones tan coronados de triunfos: Quien será tan arrogante, que presuma estar seguro de mi furor, cuando solo rendir al Orbe presumo: quien podrá contradecir de mi dominio absoluto la ley, que sin freno corre por los campos de mi gust no soy yo el que dando sac a los celestiales muros de tan tas antorchas bellas, hice carbones inmundos? soy quien penetrando esfera y atravesando coluros, quise emprender, que mi tr el cielo rindiese culto? soy el que a mis perfeccione divinidad atribuyo, sin querer en excelencia ser al mismo Dios, segundo: soy de quien tiemblan los O en cuyo poder robusto hallan los pielagos freno, y sienten los montes yugos soy quien trocando las leye de Ceres, y de Neptuno, con opresiones violentas golfos haro, y campos suro soy aquel que, o con mi alien o con mi belleza anublo al Sol cuando más ufano sigue sus celestes rumbos: tienen dominio en mis gloria de los astros los influjos? está sujeto mi imperio al vario tiempo caduco? siente acaso mi grandeza los asaltos importunos de un desastre? u de una suerte los mal regidos impulsos? el que de mi campo sigue las banderas cuando supo, ni lo duro de un pesar, ni lo amargo de un disgusto? pues si yo a Lavinia pido, que pecho habrá tan injusto, que la procure, sabiendo que no me iguala ninguno? será razón, Rey Latino, que a mí un Troyano desnudo me preceda, y anteponga sus desmayos a mi orgullo? será razón despreciar el alto cetro que empuño, prefiriendo a un desvalido a mi valor siempre augusto? ya la cólera me anega, con el sufrimiento lucho, y mi pecho altivo inunda. de furores un diluvio pero mirando, o Lavinia, los hermosos ojos tuyos, soles que nacen de un parto en un oriente purpúreo: refreno mi furia toda, mis despechos disimulo, mis impaciencias destierro, y mis enojos sepulto: si tú libertad entregas a los lazos que procuro, odándome el premio que piden mis gloriosos atributos verás las felicidades. con que tu hermosura ilustro, sin que tus umbrales toquen desastrados infortunios: verás como del Oriente los tesoros acumulo a tus plantas, porque sean tapetes de tus coturnos, para que huellen tus pies verás las planchas que usurpo; si el oro, y plata que engendran los mineros más ocultos coronaran de tu frente el rico tesoro rubio, agravio de las estrellas en diamantes, y carbuncos: verás como al Sol sus rayos, por ser de tus trenzas hurto, le quito, y a tu cabeza sus cabellos restituyo: verás, que a tu juventud eternidad aseguro, y a tu dorada hermosura divinas aras construyo: verás como no descanso por regalarte un minuto, desde el bullicio del día, hasta el silencio noturno: dárete para la vista. colores claros, y oscuros, y las luces de mis glorias, con que a las del cielo ofusco; telas, y bordados ricos para tus adornos junto cuantas la gala apetece, cuantas introduce el uso: para el oído tendrás. cuantos canoros prenuncios. hacen a la Aurora salva de gorjeos, y de arrullos. los instrumentos suaves, las músicas que dispuso el arte, con los primores de consonantes, y puntos: para tu olfato la aroma de toda Arabia consumo, y cuanto encierra el Oriente, cinamomo, y calambuco: la rosa, que despejada deja el estrecho capulló, y las flores que Amaltea vierte a los campos fecundos: para el gusto arrancaré los árboles con sus frutos, al apetito los verdes, al provecho los maduros: de las carnes lo sabroso, de los dulces lo más puro, de los pescados lo fresco para tu régalo bulco: para el tacto las olandas, las pieles de que desnudo, para tu abrigo, y blandura los más agradables brutos: el deleite abetecido hechizo blando en que ocupo el Orbe, y de cuyos lazos a ningún mortal ejeluyos gozará tu entendimiento mil amorosos discursos con delgadezas negadas a la ignorancia del vulgo: tendrás en la voluntad del amor los gozos sumos, manjar sabroso del alma en que sus contentos fundo: en que verás la fineza con que en los siglos futuros tus contentos facilito, y tus penas dificulto: finalmente, dichas tantas, si me prefieres, te anuncio, que para solo contarlas le falten al tiempo lustros: y así Troyano te aviso, que pues mi intento descubro, verte opuesto a mi deseo, ni lo apruevo, ni lo sufro: si prosigues tu porfía has de ver como destruyo las celestiales esferas, desde la Luna a Saturno. verás el denuedo altivo con que en furores prorumpo, y en belicosas campañas rayo animado discurro: verás de cuantos te siguen hecho mi alfanje verdugo con que tiño en sangre el mar con que los campos inundo. verás de mi bulto airado el semblante con que turbo los cielos, que aún a mirarme no se atreverán sin susto. verás que a sola mi voz el Sol parará su curso, quedándose sus caballos, o pasmados, o difuntos; y si desnudo el alfanje, y embrazo el luciente escudo, verás que en menudas piezas tus soldados desmenuzo: y viendo el valor que encierr los orgullos que consundo, las injurias que castigo, las amenazas que cumplo: sienta el cielo, y el mundo, que no hay quien pueda competir Valiente persuade, (Tur y elo cuente amenaza. Oh fieros daños, plegue al cielo no agrade al alma la invención de sus en (no Derríbola el trabuco de perlas galas, oro, y calambu Gallardo ofrecimiento infalible es por Turno la vito Todo es humo, y es viento De aquesta tan lucida pepito cena el alma esta noelie, solo a faltado el ofrecerla uno Que es Turno tan valiente tan galáns tan próspero? tan rico Con verdad aparente a hablado Turno, la atención aplio al valeroso Eneas. Habla Trovano, si informar de Yo sol el piado Eneas, (seas. o Rey, porque siempre quise, que fuese en mí la piedad de mis blasones el timbre: la verdad, y manse dumbre serán las colunas firmes en que de mis excelencias la noble fábrica estribe, que no ha menester mi gloria elocuencias que la pinten, furoros que la defiendan, ni engaños, que la acrediten: mi ascendencia soberana endos líneas se divide, que aunque infinito distaban, en mí vinieron a unirse: La una fue tan antigua, y tan noble, que no admite numero alguno en los siglos, ni rastro de humano origen: Con su duración perpetua nunca los tiempos conspiten, que sus divinos blasones. a eternidades se miden: por otra parte me toca ascendencia más humilde, porque fue mi padre Adán del género humano Anquises. Diole de su mano el cielo, para que contento habite, una Troya, que en si encierra. paraísos apacibles: allí pasana la vida siempre en lucesos felices. en los campos donde fueron todos los meses Abriles: lusta que la sierpe antigua, caballo fatal, que vive preñado de los engaños de mil Sinones, y Ulises: por medio de una manzada, que la discordia dirige, de una mujera los leves. apetitos femeniles, excitando su deseo, o ya goloso, o ya simple, encendio en la bella Troya llamas de fuego terribles: logró, al fin, el enemigo. sus perniciosos ardides, y de mi frágil linaje fiera victoria consigue: Yo que vi de ardientes globos montanas inaccesibles, doliéndome, que mis padres en tanto incendio peligren: pesaroso que en sus hijos por justa ley infalible de la comida manzana el castigo se derive. mi tierno pecho amoroso sosiegos no me permite mientras no dejo a los míos de tantos peligros libres: cargué, pues, sobre mis hombros más fuertes que los de Alcides, las menguas de mi linaje, y los males que me afligen: y viendo, que el justo cielo en sus decretos decide, que yo por bien de los míos por el mundo peregrine: escogí para embarcarme una hermosa nave, Virgen; a quien del pasado incendio no tocó el calor horrible: porque de su amor llevado, con mi gracia la previne, que pues me fue Madre, es justo que adas demás se anticipe: su materia siempre pura fue de cedro incorruptible, fue de palma victoriosa, y fue de cipres sublime, no entro en su fábrica el yugo, que violentamente oprime de los hijos de los hombres las desdichadas cérvices: ya es hoy Estrella luciente, Alba hermosa, que seríe cuando lloran los demás sus tinieblas infelices: Luna clara, que a menguantes jamás su belleza rinde, ardiente Sol, no sujeto al común fatal eclipse: al puerto, al fin, de este mundo llegué, donde tantas surtes, me combaten, mas que esconde tantas Scilas, y Caribdis: ha ocho días una herida mi cuerpo tierno recibe, que quien pone pieen el suelo, no es milagro que se pique: a trece, tres nobles Reyes me adoran, porque perciben rayos de mi luz divina por los humanos víriles: a cuarenta. Simeón; blúnco profetico cisco, fue Eleno, que mis trabajos con sonora voz predice: ni Sibila me faltó, pues la de Cumas fue lince, que vio de lejos mi vida, y en dulce verso la escribe: peregriné algunos años, pero a los doce perdime, y entre Sabios me halló alegre, la que me buscana triste: doce nobles compañeros en mis peligros me siguen, si bien, tal vez, he sentido, que el temor me los desvier mas yo como buen Pastor, antes que se descaminen supe con silbo amoroso volverlos a mis rediles: uno solo me vendió, que aún a mí a veces me así corazones donde caben resoluciones tan viles: júntase a mis enemigos, y alevosamente finge mil caricias, que me engañ y engaños, que me acaricie más por saber, que a Lavín que es el alma a quien elig para su esposa mi pecho con amor siempre invencil le es conveniente, que yo a padecer me convide: quise entregarme a mí mí a duras sangrientas lides, al fin, en lo más florido de mis años juveniles, cuando la mano del tiempo contó dos veces los quince quiso mi amor siempre gra que alentado me dedique a que la envidia me culpe y a que la culpa me envidi sovaron de la batalla los velicosos clarines, y por mil partes, rabiosos fieros contrarios me cinen cual locamente irritado golpes de acero despide, y cual aún más atrevido dedos en mi rostro imprime lastímeme de que el cielo al parecer se me indigne, y en mis congojas mayores caliz amargo me brinde: pero mi amor, que me avisa que mi sangre sacrifique, me anima, que de a la tierne rojos lúcidos mátices: vila entonces, que adquiría con el licor que la tiñe, nueva hermosura en esmaltes, fértil riqueza en rubiés; navegue, al fin, en un leño de congojas increibles un mar, si bien a tres días apuerto alegre me rige: salí, pues, de la batalla con mil victorias insignes, y de ellas, Alma, pretendo que tú sola párticipes: estas finezas, Lavinía, bien será que las estimes, pues padeciendo, he querido, que mi amor se califique: quiere el cielo, que a tu Reino mis designios se encaminen, y una fábrica en Italia, que será eterna, fabrique su hermosura, y fortaleza, he dispuesto, que se cifre en siere fuertes colunas, que su máquina eternicen: poblaré sus campos bellos de sembrados, y de vides, porque su vino, y su pan mil suavidades distilen, solo te encargo Lavinía, solo te encargo que mires, que Turno, no por amor, mas por interés te sirve: guárdate de sus furores, no quieras que tiranice tu luz, y en sus calabozos furioso te precipite: recátate a sus palabras, a sus promesas resiste, que son sus principios dulces, y son amargos sus fines: mira, que te va la vida, advierte, que no te fíes del, que es blando en sus alagos, y son sus hechos de tigre: solo mi afecto amoroso es justo, que solicite tu pecho, tu amor alcance, y tus favores conquiste: mira que en quererme a mí eternidad te apercibes, Sol glorias, estrellas, cielos, para que tus plantas pisen, y en mi un amor tan firme, que viva fénix, y que muera cisne. Cómo, piadosos cielos, queréis que se sujete a sustentar el alma, cómbate tan valiente? que olas tan terribles furiosas acometen, con dudas de mi vida, con dudas de mi muerte? Turno me solicita, y liberal me ofrece riquezas, y regalos, blanduras, y deleites: Éneas me conquista, y Eneas me enternece, pues ha por mi sufrido tormentes tan crueles: que haremos Albedrío? a quien rendir me quieres? a quien me ofrece un mundo, o a quien por mi padece? o terribles encuentros! duras conquistas fuertes! suspensiones me asaltan, y asaltos me suspenden. Ya mi discurso claro te hace, Señor, patente lo amargo de los males, lo dulce de los bienes, ya que el entendimiento de todo te previene, resuélvete Albedrío, pues rey del Alma eres. Agora es tiempo amigos, Aujilio no te alejes, llega eficaz al Alma. Infierno, gloria, muerte. Qué terrible aldabada! A Delicio, ha deleite, haz que frustrado salga aquel Aujilio débil. Amores, fiestas, galas. a Qué blandas que acomete. delicias regaladas, y pegajosos bienes. Razón, amiga, llega. Vislumbres aparentes son las que ofrece el mundo. Ay que razón que tienes, no más mundanas glorias, fugitivos deleites, mentiras engañosas, y promesas infieles. Qué aguardas Apetito? Pabos, sopa de leche, perdiz, conejos, pollos, cabrito con su pebre. Qué libre el Apetito a la Razón se atreve. Aprieta Aujilio, llama. Vivir eternamente. O qué eficas Aujilio! hay cielos, que he de verme adonde eterna dure mi bueda, o mala suerte? afuera injustos gozos, afuera glorias leves, mundanas apariencias. Deleite, amigo, vuelve. Venus humana Diosa de gustos, y placeres. No puedo resistirme, arrastrame el deselte, he de pasar sin gozos, y sin que me festeien galanes entendidos, y Príncipes corteses? Razón, que la perdemos. Vida caduca, y breve. Mas ay, que ha de acabarse cuanto el amor promete, si todo es frágil polvo, si todo es viento débil, apariencias lucidas, y luces aparentes, de que me sirve el mundo? Vuelve, Apetito, vuelve. Agora la derriengo, vente bóbita, vente, darete manjar blanco, torreznos, cubileres, en el muierno estufa, y en el verano nieve, señores, que la tumbo. Oh combatido fuerte, que todos me contrastan, y todos me defienden: dos caminos descubro, el uno me promete contentos, regocijos, dulzuras, y deleites: este presentes glorias, el otro eternos bienes, lo eterno qué importante! que vivo lo presente! a Turno me abalanzo, arrojome al deleite, mas ay, que es despeñarme en desastrada muerte! quiero entregarme a Eneas, ya la Razón me vence, mas hay que se malogran mis tiernos años verdes, o dudas congojosas, osuspensión doliente! con tan fieros impulsos el alma desfallece. Yo, Rey, mi oficio hice, el tuyo es bien empiece. . Vamos, Lavinia hermosa, haber lo que conviene, dejad competidores, que el albedrío pese las razones, y el alma a quien gustare entregue. . e . Para estas, doña Justa, que os ponga yo en un brete. Debajo de mis plantas os pondré yo insolente. . hi Frustrado, y sin provecho Auvilio, haré que quedes. Con mis continvos toques quebrantaré el deleite. . Que ya no te me rindas? ̱. Que no te me sujetes? ̱. En ti verás mi furia. En mí verás tu muerte. JORNADA II.
JORNADA SEGUNDA
Discreta resolución, y tanto, que me asegura, que aún excede tu hermosura Lavinia, tu discreción al fin vencio la razón, pues ya solo te recreas con las memorias de Eneas, y con prudente valor estimas solo su amor, y sus favores deseas. Rindiome su cortesía, la blandura de su agrado, y su sosiego alentado, con rayos de gallardía: no temas ya, Justa mía verme a Turno dedicada, que ni me siento inclinada, ni a ser suya me provoca la arrogancia de su boca, ni el denuedo de su espada. Gentil camino tomáis, yo os prometo, que algún día no os parezca corresía lo que en vuestro esposo amáis: cuando los golpes sintáis Alma, de su rigon fiero, vos le tendréis por severo, atended a lo que pasa, que las alajas, y casa que os pondrá, deciros quiero: tendréis por haya, mohina la señora doña Justa, que continvamente gusta de meteros en petrina, doña maridiciplina, moza de cámara es. nada limpia, ni cortés, pues tiene caprichos tales, que anda por los arrabales, y sirve siempre al revés: don Silicio es un criado áspero de condición, entrecano, y tan glotón, que os comerá medio lado, don Ayuno trashijado, despensero singular, tan largo, que os sabrá dar por haceros gran placer, cuaresma para comer, vigilias para cenar, Muy fruncida, y pensativa vendrá Madama oración, a pedir habitación allá en los cuartos de arriba. Dueña ceñuda, y esquiva será doña penitencia, y haciendo una reverencia. os dirá con gran consuelo, sírvale de cama el suelo hermana, y tenga paciencia. Pues para que os entretenga os daran un buen busón, que es fray Silencio, un simplón persona de poca arenga, luego mandarán que venga a serviros de escudero maese temor calcetero, que va dando zancadirlas con gorrapanda, y calcillas; sacó escarceia, y braguero Marife una buena vieja os dirá grandes historias, dará esperanza de glorias, dirá que el tiempo se os llega, caridádica trasiega las cubas, y por costumbre tiene el sorverse un azumbre, y así trae sarpullidos los carrillos, y en cendidos, como quien sopla la lumbre: el guarda damas será el señor Miser recato, que os metera en un zapato, y las puertas clavara: fortaleza os servira de mocetona roltiza, y hará en casa brava riza: resabida sor Prudencia, os muele a pura advertencia, por ser en todo maciza: tréis toda la vida recetas de culantrillo, y un menudo picadillo de quien vos seréis comida la música a que os convida alma, ese amante cruel suéñale muy bien a él por ser de cerdas, y cuerdas para el laudsón las cerdas, las cuerdas para el rabel: al fin tendrás una vida cosquillosa, atribulada, triste, afligida, menguada, rencillosa, y aturdida: no me andes cabiz caída, ni me gimas, ni me llores, trata de galas, y amores, de juegos, y libertades, y deja las santidades, que no es cosa de señores. No te lleguen a cebar de este loco los desaires, que con capa de donaires. sabe tirar a matar: A vos os le he de entreg para que le castiguéis, Pardios bueno me ponéis, en manos de mi enemiga. Yo sé, que nunca os cast si vos no lo merecéis, voy a decir a Oración, que es de mi amor la tercera que ruegue a Eneas, que quien pagar mi justa afición: vente conmigo Razón, que hoy quiero en la soledad declarar mi voluntad, y será con dulces lazos constantes nuestros abrazos, eterna nuestra amistad. Resolución justa es, y así va Justa a tulado: venid vos, desvergonzado, que habéis de estar a mis pies. Déjame Justa. . Ea pues, que no os valdrá el ser busón. Amiga, ten compasión. Venid. Déjame tantito. Acabad. El apetito cuando no fue rezongón, . mas determinado voy de dar aviso secreto a Turno, y yo me prometo hacer una y buena, hoy, bella traza, diablo soy. Que estás pensando falsario? Revuelvo mi calendario. Para qué? . Señora Justilla para echar una solfilla en aqueste antisonario. Dadme todos parabienes pues el alma ha conocido la eternidad de mis bienes, y a su esquivez he venido, y rendido sus desdenes: Esta tarde ha de venir a verme en la soledad, y allí la quiero decir lo fino de mi amistad, que durará hasta morir: Bizarro, amigo, Palante, tú eres mi gracia divina, por quien el alma es constante de su beldad peregrina, no te apartes un instante Acates, auxilio fuerte, defiende siempre la gracia con tu asistencia, y advierte, que consiste en tu eficacía el librarla de la muerte: tu Alcanio, mi amor divino, eres quien lleva la palma de este afecto peregrino, pues por ti estoy en el alma tan amoroso, y tan fino: dadme el para bien, que espero dar nuevo lustre a mi gloria, y estar muy gozoso quiero pues he alcanzado vitoria de Turno, contrario fiero. Yo, señor, quien te incita al gozo, y quien los favores para el alma no limita, que las empresas mayores el amor las facilita: por mí tu afecto en derezas a amarla, con que aseguras, que goce de tus riquezas lo fino de tus ternuras, lo tierno de tus finezas: en este glorioso empleo que hoy hace tu pecho ardiente, me deleito, y me recreo, pues tan fervorosamente el bien del alma deseo: muestra, señor, la afición de tu pecho enamorado, y prende su corazón con cadenas de cuidado, con lazos de obligación. Yo vengo, divino Eneas, a ser del Alma hermosura, y pues amarla deseas, tu deseo me asegura, que siempre en ella me veas. Contigo y con mi valor, y con sus merecimientos ha de acaudalar, señor de mí, felices aumentos, y finezas de tu amor. Podrá mi presencia amable, y condición generosa, si soy en el alma estable, hacer a Lavinia hermosa, y a tus ojos agradable. borrándola la memoria, del Príncipe tenebroso tendrás en ella victoria, que es tu gracia el más hermoso escalón para tu gloria. Yo, como tu embajador, le daré un toque valiente; para que con tu favor siempre animosa se aliente en tu gracia, y en tu amor; cuando tu ciencia divina vea, que si yo la llamo será eficaz medicina: verás como entonces clamo, y como a mi voz se inclina iré con mi claridad derramando lumbre pura, que atraiga su voluntad, aunque siempre con blandura, guardando su libertad segura certeza ten, que vendrá el alma a buscarte. enamorada también, y así, señor, puedes darte a ti mismo el parabién. Si doy, y en breves razones. lo que el alma gana en mí; quiero declararlo ansí por estas comparaciones: Vistes en su indignación hirviendo del mar el agua; de cuya impaciente fragua chispas las espumas son? Vistes, que con faria cruda acude al escollo grave a que le vuelva una nave trocada en piezas menudas? Vistes por el gorfo incierto ya la esperanza perdida, un navegante con vida, nadando en busca del puerto? pues pensad, que en tanta pena halló un brazo poderoso, que del abismo furioso le restituye a la arena. Vistes con golpes, y afrentas un fiero toro irritado, en su furor anegado naufragó en ondas sangriene Vistes la fiera venganza, que contra un triste prepara, ya le mira, ya le encara, ya le sigue ya le alcanza? Vistesle temer la herida; ánimo, y color perdido, antes da el golpe rendido; antes de morir sin vida? Pues pensad, que estando as le libra un Rey generoso, que quiso tomar piadoso el peligro para sí. Vistes en el Julio ardiente al Pastor mal satisfecho con un volcán en el pecho de fiera sed impaciente? Vistesle con mil cuidado entre fieros alborotos, trepar montes, trillar soto medir selvas, cruzar prad Vistes como se provoca el triste a llorar su mengua hecha una yesca la lengua, y hecha un pedernal la boc Pues pensad, que en tanto encuentra una hermosa fue y mata su sed ardiente. a estocadas de cristal. Vistes, que el Sol fugitivo se le pone al caminante, que teme triste, y errante de la noche el ceño esquivo Vistes, que andando en contieno la turbación con el tino, ya se le esconde el camino, jase le cierra la senda? vistes, que en tan repetida calamidad de aflicción, ignora ya el corazón el camino de la vida? pues pensad, que en tal porfía de congojas, y de enojos, halla luz para sus ojos, y para sus hierros guía: es Turno un mar alterado, que al alma anegar pretende, es un toro, que se enciende de su furor irritado: es fuego que causa sed con infernal calententura, es traídora noche oscura, que prende en confusa reda puerto para el alma fui con que del mar se libró, róbela al toro, y quedó, todo el riesgo para mí: a su sed halla consuelo en mí, que soy fuente pura, soy luz en su noche oscura, pues la encamino hasta el cielo y así goce desde aquí el Alma puerto alegría, libertad, luz, fuente, y guía, que todo lo tiene en mí: ven conmigo Ascanio mío, y vos Palante, y Acates asistid a sus combates con fuerte, animoso brío. Hoy ganaremos la palma. A Dios mi Palante amado. De tu auxilio acompañado, seré valiente en el alma. . Este es el camino, aquí Turno valeroso; espera, verás que en la trampa cae, sin que escapársete pueda. Que se resuelva Lavinia a ser esposa de Eneas? hoy verás, hermosa ingrata el valor que en mi desprecias: hoy verás, que si te subes a las celestes esferas, sabrá mi mano oprimirte hasta el centro de la tierra: hoy verás, que podré yo llevarte a mi Reino presa sin que Acates te apadrine, ni Palante te desienda: que ya a dar muerte a la gracia están estas manos hechas, y a convertir en desmayos de los auxilios las fuerzas. Si el Deleite te acompaña, y si el Apetito llevas, quien resistirá a los goloes de tus dulces armas bellas: Turno acomete seguro, que adquirirás la obediencia de Lavinia, y reinarán siempre tus gustos en ella. Turno, que venzas te aviso y si no no la acometas, que si de esta vez salimos las manos en la cabeza, y me agarra a mi Justilla, vive diez que me desuella, y en una sarten me fría con plomo en vez demanteca, mas si vencemos, y yo la pesco a la muy quitería, tengo de hacer pepitoria de sus pies, sesos, y lengua, que si ella en mis manos cae han de ver, en mi conciencia, como, aunque sea razón, queda sin pies, ni cabeza. No temas, Peris amigo. que venceremos. . Alarra, que vienen todos aquí, Hoy se verá mi porencia. o. Después que Palante, amigo, te asiste, Lavinia bella, en vano pretende el cielo con tu rostro competencias: a la lumbre de tus ojos oscuras son las estrellas, y de mirarte, confusas vaten doradas banderas: de safían los primores de tu divina belleza al mismo Sol, rayó a rayo, ya la Aurora, perla a perla: tú sola alegras la vista, pues son de la Primavera, los jardines de tu rostro dulce, bellísima esfera, que en tu verde hermoso brío, hallán bizarras ideas los dos más galanes meses para sus flores, y hierbas: nunca dejes a la gracia Alma, que si no la dejas, será más bella tu gloria con los esmaltes de eterna. Si tal belleza a mí ser, divina gracia acrecientas, quien será tan descuidada, o tan loca, que te pierda, que alma será tan ingrata, tan torpemente resuelta, tan en su daño engañada, tan perdidamente ciega, que quiera verse en estado, sujeta a tantas miserias, siendo de Dios enemiga, ay de mí! jamás suceda tal desdicha en mi albedrío, en mi pecho tal dolencia, tal engaño en mis oídos, en mis ojos tal ceguera. Si a mis avisos respondes La vinia hermosa, no temas perder del galán Palante la gracia, y la fortaleza. Pues reconoces que soy Lavinia, quien te hermosea, guárdame, que estaré en ti, si tú mesma no me dejas. Gran gracia tiene Palante. El verle me da molestía, que después que le perdí, en ninguno me contenta. Ea Turno, que aguardamos; ya es tiempo. . Deseite llega que hoy he de robar al Alma, aunque el cielo la desienda: Caballeros, a la Infanta. he de llevar, si la dejan, excusarán pesadumbres. Cómo dejarla? . Pues muera Deleite deja las armas, y haz con halagos la guerra. Aujilio, tú la persuade mientras la gracia pelea. Armas, señor, he sentido, en el campo. ey Ruido suena El bravo Turno, a Palante sale al encuentro. . El intente robar, sin duda, a Lavinía. Pues es bien, que tu pretendas a quien no es esposa tuya, quererla robar por fuerza? Aay qué susto! qué es aquesto Ánimo Lavinía bella, que bien podrás resistir. Todos contra mi pelean. Falante mucho resistes, pero mis armas aprietan con un tajo de ambición; y una punta de riquezas. Yo te resisto enemigo de mi soberano Eneas con la sangre, y la memoria de la muerte y vida eterna. No defiedes a Lavinia, Rey? Pues si Turno la lleva, tan mal estará empleada en esposo de sus prendas? Ya flaquea el asbedrío. Tiempo, Deleite, no pierdas. Lavinia atiende a los gozos con que Venus se recrea. Aujilio acude. Alma huir que a tentaciones como esta se han de volver las espaldas. Qué desmayada te muestras. Bizarro es Turno, y valiente Ya desfallecen mis fuerzas. Flaquezas muestra Palante, el deleste la derrienga, que al mismo paso, que el Alma combatida titubea en la yerdad, va perdiendo la gracia, y la fortaleza. Ya has visto, Rey, lo que pasa. Ea, Lavinia, no temas, fuerte Capitán es Turno, no te pese de que venza. Cansado estoy. . Yo perdido, a Lavinia, que flaqueas, Entendimiento declara la verdad con más viveza, a Rey, tan remiso estás, gallardo Palante esfuerza, que nos perdemos amigos. Aprieta, Acates, aprieta. Mucho me aficiona Turno. Si con tu favor me alientas como sufro, que en mis manos la victoria se detenga, muere enemigo. . Al demí! Ay dulce, y piadoso Eneas Palante a manos de Turno muere en batalla sangriera, Lavinia queda sin mí, sin gracia el Alma se queda, sola su culpa me mata, porque ella quiere que muera, Ay dolor! . Frustrado que do. Yo digo, que no me pesa. Mal haces, mas yo tampoco me meto en gozos, y penas, que el entendimiento solo los males, y bienes muestra, y deja a la Volutad, que los goce, o que los pierda. . No temas, Lavinia hermosa verás mis dulces finejas. Después de muerto Palante no me turba tu presencia. Ya murió el mal logradillo, pues primero que acá vuelva pastarán años, que yo tendré cerradas las puertas, o cuál está la Justilla, ya no hay que hacer caso de ella: tanta agua llora la triste, que si un Tudesco la viera; se quedará desmayado: hoy las llaves se me entregan sin que me registre Justa los almuerzos, y meriendas. muerto está el mancebo ermoso la rica banda que ostenta me pondré, y será trofeo de la vencida pelea, esta será la arrogancia con que mi furor se precia de haber al alma robado. dejando su gracia muenta, que si en Palante fue adorno, que dio de su gracia muestras, yo me atribuyo a mí mismo de la gracia la belleza: vamos Lavinia querida, que ya deseo que tengas de mi blando, y dulce trato desengañada experiencia: todo tu gusto ejecuta, ningún contento te veda mi amor, que del cielo; y mundo, te coronare, por Reina. Turno, galán, y discreto, gozosa estoy, y contenta de verme puesta en tus manos, y a tu voluntad sujeta, cautivanme tus placeres, tus gozos me tienen presa, tus galas me regocijan, y tus deleites me alientan. Ay Acates, que pesar! vete, y a Palante lleva. Que dolor le llevo a Ascanio, y que tormentos a Eneas, llevaré sobre mis hombros, (aunque me falten las fuerzas del bello difunto joven) la mal lograda belleza, que de un Ausilio frustrado: a quien el alma se cierra sin oírle, es propia acción volver con la gracia muerta. Ay Alma, y cómo has perdido. la hermosura, ay Dios que fea pareces a la Razón después que a Turno te entregas: a Eneas, que es de la vida Príncipe justo, le dem por entregarte al oscuro tirano Rey de tinieblas, matar dejaste a Palante, con que sin gracia te quedas al divino Aujilio sorda, y a la luz del cielo ciega, ingrata, quiero dejarte. No hermana Justa, detenga vuesa merced esos pies, que un poquito de pendencia hemos de renir los dos: pensaba la bachillera pagar en el otro mundo los azores, y molestias con que me ha tratado, diga venga Marijusta, venga, piensa quedar sin castigo criada, que llama fea a su señora, en su cara, yo le prometo, que tenga en mi poder buena vida, pues gusta de penitencia: Madama pasó solía, y después de aquesta guerra, como vino mal pecado, aveisme de estar sujeta, que ya sabéis, que si el Alma sigue al Diablo, y a Dios deje ya es esclava la Razón, y ya el Apetito reina. Que estado tan miserable, ay Dios, el Alma que ciega en el deleite se engolfa, y en el vicio se recrea. Verás, hermosa Lavinia, de placeres la opulencia. que gozas en el deleite. Dichosa ha sido mi estre ya no me afligen cu dados, ya solo Turno me alegra, no hay de Palante memoria, ni pensamiento de Eneas: tolía Pero que ruido es aqueste? Es que mi gente festeja mis glorias porque ha tenido, de mi buena dicha nuevas. Concertad los instrumentos, músicos, amigos, ea, dad gusto a Lavinia hermosa, tened, cantad, va de fiesta. (Eneas, Robe Turno la fruta, que era de porque fruta robada mejor le sepa Lavinía dichosa, que con Turno reimas, al Deleite abrazas, y al pesar desechas, Viva el alegría, muera la tristeza, y pues cobras glorias, olvida las penas, robe Turno, Bello ejército de flores que al campo vierte Amaltea; haceda. Lavinia salva de jazminas, y violeras. agentes de los altos riscos; despeñadas por traviesas, pagad tributo al cristal de su hermosa planta tierna. Calandrías, y ruisenores. sean vuestras dulces lenguas; ispula de sus oídos, y ejemplo de mis ternezas. Enlace el hermoso cielo sus más luciantes estrellas, o para adornar su frente, o para sentir afrentas. Sus tesoros opurentos, para regalarla, ofrezcan rendido a su Albedrío, el agua, el viento, y la tierra. Cuanto miras, prenda mía, cuanto tocas, cuanto piensas, u tuyo es todo, ordena, rige, quita, anade, manda, y veda. O que amoroso la engaña! como pretende tenerla segura, para trocar en rigores sus finezas. Vamos generoso Turno, a descansar a tu tienda. Venid vos, hermana Justa, que allí tengo en la bodega no sé que cuba vacia, y quiero que estéis en ella, que no siempre la Razón se ha de hacer en cubas llenas: Vamos, señor, a que goce Lavinia de nuestras fiestas. Celebrad todos el robo de tan estimada prenda, Robe Turno, Que tal desdicha pasa! o cruel ignominía, que de Turno, Lavinia en él fuego se abrasa, y sorda a mis avisos desprecie deliciosos Paraisos? O que justamente sientes; señor, perdida tanta, rescatar a la Infanta será razón que intentes, (so? que tu amor fervoroso mas se alienta a lo más dificulto Vila en tiranos lazos con su Príncipe injusto, sacrificar al Gusto mil víctimas de abrazos, Tría. y en su profana gloria. vi adulterar, Eneas, tu memo. Del Deleite cautiva pia en su daño reposa, siempre a Turno amorosa, siempre a tu nombre esquiva, el vicio la mantiene, (tiene. el disfrazado engaño la entre- lo cegarla puede el régalo profanó, que la usurpa tirano, sin que en el alma quedé (moria. a tu segura gloria una luz, un resquicio, una me Mil amantes lascibos la siguen encubiertos, a su provecho muertos, a su deleite vivos, (tenta. y ella a todos atenta vive engañada; por vivir con Esa fiera canalla del díos, amor profano, OT es el cebó tirano de su dulce batalla, y así son sus desvelos, favores, y desdén amor, y celos. Vi como prevenía Turno abundantes mesas, a donde a sus promesas engañoso cumplia, pues en vasos dorados sdos. venenos la brindaba disfraza- El manjar opulento era solo accidentes, régalos aparentes, y sustancias de viento, y el alma en tantos daños eños. viles lisonjas beve, y come enga Bórica regalada de vano viento llena, es la dulce Sirena que la tiene engañada, y es el oído puerta (ta. a su ilusión, y a su desdicha abier Ricas joyas brillantes, bordados diferentes, tibli olandas transparentes Faa y ropas roz agantes aumentan de su estado esfalso resplandor iluminado. Licenciosos jardines, bulliciosos cristales, taperes naturales de rosas, y jazmines (ga. llevan su vista ciega por el revuelto mar en que nave. Ya Turno, de Palante la banda al pecho ostenta, y de subrio cuenta mil glorias arrogante, que es siempre la arrogancia de todas sus victorias la ganancia Estos daños consiente el mudable Alucdrio, utr y el alma tu desvío engañada no siente, y porque más se pierda (da del difunto Palante no se acuen A este encanto rendida en una vida muerta, juzga su dicha cierta, su desventura olvida, y en perdición se anega; (ciega sorda a mis voces, y a tus luces Cesa, Acates, que me matas, cesa Acates, no prosigas en los injustos desprecios de la infelice Lavinía, mira que en mi tierno pecho duras batallas excitas, cuando la pintas ingrata, y cuando ciega la pintas. Que al fin al pecado el alma tan locamente rendida está, que se juzga libre en sus prisiones cautiva! Qué Turno a Lavina goza! que a su mesa la convida! que su ponzoña la ofrece, y su veneno la brinda? Hay dolor! que la que un tiemp gozaba de mil delicias, agora ciega apetece toscas, groseras comidas? O vosotros los que andáis por caminos noche y día, mirad si hay dolor alguno que con el mío compita. Eneas, yo soy Severa, y como soy la Justicia, tus lágrimas me provocan, y tus razones me incitan. Pues Severa, qué pretendes? El castigo de Lavinía, que de Turno en los amores se entrega a torpes caricias, advierte piadoso Eneas, y si bien todo lo miras, de la muerte de tu esposa contempla la estampa viva. Ay dolor! hay alma ingrata! Mira señor, que dormida goza de su dueño infame la tirana compañía, mira como del Deleite torpemente poseida, a la razón atropella, y con sus plantas la pisa. Mira que ciega te deja, mira que sorda te olvida, con todo el pecho rebelde, y con toda el alma esquiva. Desenlaza, hermoso cielo. tú máquina cristalina, pues hoy el alma se emplea en acciones tan indignas. Los algives rotos busca, que los licores disipan, y despreciado me deja siendo fuente de aguas vivas. Es esclava por ventura la que se ve redimida con mi sangre; pues si es libre, como en cadenas habita? Cómo se ven con el yugo de profana tiranía sus Ciudades abrasadas, y sus tierras destruidas? No conoces Alma ciega, que te viene esta desdicha por dejar al que amoroso por buen camino te guía? Qué buscas en los desiertos, ya de Eginto, y ya de Siria? sino beber aguas turbias dejando las cristalinas. Ya tu haversión te condena, ya te arguye tu malicia. por haber dejado, ingrata, al que fue Autor de tu vida. Rompes mi yugo volviendo a tus costumbres antiguas, y que servirme, no quieres, dices neciamente esquiva? No fui yo quien te planté fecunda lozana viña? pues como en lugar de frutos me das, abrojos; y esplnas? Cómo ya eres, asolada, triste Ciudad, que algún día llena de pueblo, y de glorias te viste próspera, y rica? La señora de las gentes se ve a nuserias rendida, y como viuda triste, de mil duelos participa? Cómo, quien Princesa fue de tantas nobles Provincias se mira en yugo tirano, con triburos oprimida? Como la razón, que un tiempe fue causa de tú alegría, mira de copiosas fuentes inundadas sus mejillas? Ya toda salió de ti, la hermosura, y la alegría, y tus ganados, sin pasto por los montes peregrinan. Pecaste, ingrata, pecaste, y mirando tu ignominía, los que antes te daban gloria, ya te afrentan, ya te gritan. Bañan tus hermosos pies, cenagosas inmundicias, porque a tus principios vuelves, y de tus fines te olvidas. Rompidos miro tus fuertes, tus alimenas destruidas, y el muro, y la barbacaña, se han disipado en un día. Los Ancianos de Sion a la tierra se derriban, y llorando, en su cabeza esparcen polvó; y ceniza. A quien te compararé, después que ciega caminas, pues a los mares exceden los mares de tus desdichas. Ya los tuyos desfallecen, o con hambre, o con heridas, porque mi vino detramas, y mi trigo desperdicias. Todo tu pueblo afligido, llorando lágrimas vivas, por un pedazo de pan sus riovezas ofrecia. Tus adivinas te dicen necias profanas mentiras, con que aún al Dotor te niegas de mirarte tan perdida. De su púrpura desnudos tus Príncipes, parecían reses, que no hallando pasto, descarriadas caminan. Cuántos, mirando pasaban: esta es la Ciudad decían, que encerrana un tiempo en sí tantas grandezas lucidas. Ya moviendo sus cabezas, te mofan, y se lastiman de que tan falsa deseches, y de que tan torpe admitas. Como del oro el color, que vistoso siempre brilla, como sombra se oscurece, y sus luces amortigua! Cómo tus culpas, las piedras del santuario derriban, y se ven perdidamente por las plazas esparcidas? Yo, pues, varón de dolores, o ingrata! o desconocida! por ti a rigores tiranos ofreceré mis mejillas. Harto me verás de oprobios, y pondré en la tierra misma, mi boca, por la esperanza de que a mi yugo te rindas. Que tan esquiva me niegas? que me dejas? que me olvidas que mis gozos dificultas? que mis ansias facilitas? Que en mi muerte te recreas con tus vicios? que tú misma cubras mi rostro de afrentas? cargues mi cuerpo de heridas? Que tus gustos al demonio adúltera sacríficas? que desprecies el amor con quete ofrezco mi vida. Vuelve Jerusalén, vuelve algún día, pues tu Dios de tu daño se lastima, conniértete a mi amor, muevante un poco penas que paso, y lágrimas que lloro. Que no la muevan tus quejas? que a tus lágrimas no siga su dolor? o torpe, dura obstinación repetida: quiero ensangrentar en ella mi acero, su sangre tiña con rico esmalte los filos de mi luciente cuchilla. Señor, deten a Severa; refrena de tu justicia los impetus rigurosos, que contra el alma la incitan. Lavinia se enmendará, Aujilio, Acates anima, llámala con fuerza, amigo, porque despierte Lavinia. Detén el brazo, Severa. Recuerde el alma dormida, avive el sueño, y despierte del sueño que la cautiva. , je: Está señor, hecha un mármol, porque el Deleite la priva para mis voces, de oídos, para tus luces, de vista. Ea, que no hay que esperar; Señor, señor, no prosiga con sus rigores. Severa, dale más termino, mira que podíá ser que se enmiende, Acares, vuelve, porfía. Mira alma que te condenas, recuerda, enmienda tu vida. Es duro bronce a mis golpes, que el Deleite tiraniza las puertas de sus sentidos, porque mis toques impida. Ea, señor, que esperamos? Éneas, piadoso, mira que te ha costado la sangre aquesta infeliz cautiva. Por ella, señor, pasaste mil trabajos, mil fatigas; y en el mar del mundo tantas tempestades de desdichas. Pues será bien que tu pierdas tantas finezas, no digan que agora una culpa el mar de tu piedad infinita. Ay Amor, y como aprietas. Ea, señor, no te rindas, no digan que tus agravios con re misión se castigan. Ay. Justicia, razonitines. Señor, el rigor mitiga, mira que me pongo en medio del alma, y de la Justicia. Yo sé que puedo contigo, sufre más, pues que te obligan mis ruegos siempre eficaces, a que refrenes tus iras, ear señor. . Ay Amor, conno a perdonar me animas; hay Justicia, que victoria tan justamente indecisa. Aquí el rigor me provoca; aquí el amor me retira, ya me irritan las maldades, ya me ablandan las caricias, terceralvez llega Aujilio, y vaya a tres la vencida. A señor, no esperes tanto. Acates, espera, mira, aguárdate un poco amigo, que está el Alma muy dormida. Yo quiero hacer un encanto que sirva de medicina, para que despierte el alma. Qué hacer. Amor, imaginas? Herirte con esta flecha, para que por esta herida viertas sangre, que se meccle con estas rojas espigas. Yluego? . Haré un panécico con que el alma más dormida despierte. . O Amor valiente! Detente; por que ejércitas tantas finezas con quien solo en ofenderte es fina? Severa, el Amor lo dice, y basta que Amor lo diga, las espigas, con mi sangre están Ascanio, teñidas. El divino hechizo es hecho, espera. Señor, y fía que buscaré hoy ocasión para que este manjar sirva de despertador al alma. Que estupenda maravilla! Ea, Severa, sosiega, que presto verás cumplida mi promesa, con el Alma. Cuanto me questas, Luvinia, quede heridas me acrecientas, y quede gozos me quitas, retira el golpe, Severa. Puesto que Ascanio porfía, que en mi gobierna el Amor la rienda de la Justicia. Hay pesares! ay desvelos! alma, que no te me rindas, y que mi amor recompenses con mortandades tan tibias? Que así te prendan los lazos, de su encantada mentira, que tus rayos oscurecen, y que tus luces eclipsan. Pasión es terrible, y fiera, que tu noble ser derriba a indignidades tan torpes, perdiendo glorias divinas. Mira que te pierdes, Alma, mira que errada caminas, mira que no ves tus hierros mírate esclava, y cautiva. Mira mis ansias ardientes, mira tu ingrata porfía, mira mi amor, que te llama mi abrasado pecho mira. Vuelve Jerusalén, vuelve algún de muee tu Dios, de tu dano se lastima conviértete a mi amor, muevan un poco, penas que paso, y lágrimas que lloro Hay más profundo dormir, pardiez, que ya es mucha fiesa que tengo la mesa puesta, y rabio por engullir. Alma, despierta un poquito. O mi Peris. . Hay perdida al Aújilo que dormida! que despierta al Apetito! Es hora ya de comer? La hora no sé si es dada, más mi panza está horadad a pura hambre desde ayer. La lengua tengo abrasada como de una calentura, a pura sed, y bien pura, porque en mí no hay sed aguad Lavinía. . quérido espor Cómo estás? estás contenta A todas horas me alienta ver que contigo reposo: un sueño tuve pesado, que me apartaban de aquí. Ay desdichada! que en ti todo lo bueno es soñado. A señora camarada, decid, como lo pasáis? ya me parece que estáis, no justa, sino apretada. Mis deleites te aseguran siempre los hados risueños, deja, Lavinia, esos sueños que entristecerte procuran. Vamos, esposa, y no creas. ilusiones, que Delicio sabra hacer, que atenta al vicio. ni las oigas, ni las veas. Bien podréis estar contentos, que la edad en verdes años, ni consiente desengaños, ni tropieza en escarmientos. Siempre te seré leal, y tenorás en mí la palma, que es mi amor, amor del alma, que es fuerza ser inmortal. Vamos, Lavinía, al banquete, que da priesta el Apetito. Para está ocasión remiro. el llenarme hasta el gollete. Vamos, que quiero que veas como tus preceptos sigo. Bueno va Delicio amigo. u. Ya va por el suelo Eneas. Agora os podéis quedar Justa que voy a comer, porque solo el padecer ha de ser vuestro manjar. Ay de mí! No hay levantaros, dejadme sentar muy grave, que quiero ver a que sabe? el rendiros, y pisaros. Qué llanísima peana, no daré en vos tropezón, porque como sois Razón, preciaisos mucho de llana. Que grave estoy! en mi vida de te estrado me apeara, si en la mesa no esperara. el brindís, y la comida. Bellamente habéis sudado, limpiaos, Justa, con la toca, voy a ejercitar la boca, porque estoy muy desbocado. Llegaré a resocilar el gaznate con comer, que si tengo de correr, el bocado quiero echar. Quedaos, Justa, en oración, que a comer voy, y así os quito el venir, que el Apetito nunca come con Razón. Piad lojusto cielo, que vientos se levantan, que a la Razón anegan en tempestades tantas? La que el imperio tuvo en la ciudad del Alma, tan bajamente sirve de miserable esclava. La que triunfo un tiempo en prósperas batallas, yace entre los desastres de la fortuna varia. Vencida me sujetan, sujeta me quebrantan, quebrantada me oprimen, y oprimida me matan. Oh dichosa Lavinia, pues gozas abundancia, regalos, y deleites, banquetes, fiestas, galas, a darte parabienes vengo, y a Turno gracias, que celebrar es justo gozos que siente el alma. Ya yo, noble Albedrío, te he dicho veces varias, lo que el Entendimiento en este caso alcanza: pero tu gusto sigue. Ay cielos! el Rey baja a festejar alegre a Turno, que le engaña, con él mi hermano viene, voces daré tan altas, que lleguen a los cielos, y sus esferas abran. Engañado Albedrío, por que con él tirana, en ciegos laberintos dejas perder el alma? Mucho te aflijes, Justa. A Drances, con quién hablas? Con la Razón, que grita. Pues quién es esa dama? Presente aquí la tienes. Ni veo, ni oigo nada. Ya. Rey, no me conoces, porque con Dios no tratas. No la ves? no la oyes? Drances, o tú me engañas, o yo estoy ciego, y sordo. Aquesla es, Rey, la causa.
JORNADA TERCERA
Que gano yo de que se pierda el alma, o vil obstinación, dura porfía, y de cruel vitoria inútil palma. Al alma siempre miro como mía, y rescatarla intento a Turno fiero, que la usurpa con loca tiranía. Mayor rigor en mis tormentos quiero, Atiende. Rey, a Justa. Entendimiento, calla, que razón, y razones son cosas que me cansan: entrome a hablar con Turno. A la Razón agravias? mas ya no la conoces, porque murió la Gracia, a mí también, o Justa, parte de luz me falta, que en mí, si reina Turno, se hospeda la ignorancia, mas tú sola lo sientes, paciencia, Justa hermana, que yo ni adquiero gozos, ni me combaten ansias, . Oh tiempo desdichado, todos me desamparan, con que ofuscada vive mi luz serena, y clara, hasta el Entendimiento, por más que ve mi infamia propone inconvenientes con menos eficacia. Casi ofuscada vivo, con que se queda el alma en nieblas oprimida, y en sombras sepultada. El Apetito loco, la Libertad tirana, el Deleite insolente, y la Razón esclava, hay pesares, hay lágrimas, hay ansias cielos, piedad, que se me pierde e , . Calma qué me queréis, pensamientos? donde me lleváis cuidados? aque áspiráis suspensiones? que pretendéis sobresaltos? Que furiosa batería padece el pecho alterado, si acaso me mata el Gusto, si es mi verdugo el engaño, aque borrascas me entrego, cuando animosa levanto soy en altivos furores porfiado, en mi dañado intento persevero. Solo sacarla de tan triste estado es lo que mi valiente Amor intenta, juzgándose en su bien interesado. Algo miro a Lavinia descontenta, si acaso de sus culpas remordida de su rescate trata, y de mi afrenta. Siempre la solicito combatida, con diligencias de mi Aujilio, Acates, llamándola al camino de la vida. De la presa. Razón, vanos dislates, razones libres, y resueltas quejas, son ya sus sobresaltos, y combates. O si supieses, Alma, lo que dejas, y como entre el Deleité, y Apetito al mal caminas, y del bien te alejas. Hoy con gallarda industria facilito acallar la conciencia que remuerde, para que dure el alma en su delito. Hoy intento exortarla a que recuerde, para que Turno, por eternos años, llore el tesoro que en Lavinia pierde. Hoy la confirmo en sus fatales daños, y haré que el Apetito se disfrace, dando en esto color a sus engaños. Yo haré, que mi amoroso Ascanio trace de descubrir el pervicioso afeite de ese gozo aparente, y desenlace al Alma de la cárcel del deseire. las velas por el revuelto lojompazal golfo del placer mundano? Como puede ser seguro el rumbo que voy surcando pues temores, y recelos son mis continuos cosarios? En todo turbada, y ciega solo con vistaa mis daños, aquí me suspendo en dudas, allí en furores me abraso, aquí en recelos doy voces, allí en suspensiones callo, aquí me animan alientos, allí me asaltan desmayos, ya valerosa acometo, ya fugitiva me es capo, ya determinada rompo, ya medrosa me acobardo; o costoso Deleite, o Gusto caro, goce exquisitos regalos, donde voy? qué pretendo? en que me Cuando anegada me veollencanto. en mares de sobresaltos, quiero entra conmigo en cuenta, y restando lo que pago, al recibo del Deleite Entra Peris ahora disfrazado, con la ropa de Justa, el Apetito con capa de Bazón, que es a fe mía, de los lindos papeles que hace el diablo. De la Razón ofendida las justas leyes quebranto, pues cierro más mis oídos cuanto más abre sus labios. De las quejosas razones. mal advertida me apartó, que es una quietudnui necia. Inquietos pensamientos sosege engañar al desengaño. Por mí por ella, por Dios, Qué delicada es Justa de cintura, Y es que me manda; que a Lavinia engañe, que asegurarla en su temor desea, que a la voz de Justilla tambalea: pesiatal con la ropa, y como aprieta, vive crís, que trasuda el Apetito si se mete a Razón, aunque sea en burlas. ya no puedo sufrir tanta apretura. Qué hay Justa? qué me quieres? ya te escucho, resuelta estoy a oír tus desengaños, o si pudiesten tus contindas quejas quitar mis miedos, y atajar mis daños: habla, que en mí tendrás gratos, oídos, con mucho caudal alcanzo. Qué importa que el Apetito corra siempre desbocado, si con ese curso queda. el corazón palpitando? Y qué importa que mi amana si en la pensión de mi vida estoy temiendo su engaño? Qué importan de su convite los varios costosos platos, si siendo el principio dulce, son los postres tan amargos? por los males que padezco; por las angustias que paso. Quiero oír a la Razón, quiero remediar mis daños, aslegurar mis caminos, y poner tiento en mis pasos que sois crueles hen matardudando, cuando anegada en tan confusosn por mi bien; por mi descanso, pago si breve placer con mil pesa quite tu Sol la niebla a mis sentidos. El Apetito viene disfrazado, que la apariencia a la Razón le ha hurtado, en este engaño mí quietud consiste, que a tanto ardid el alma no resiste. Ya conozco el disfraz del Apetito, su engaño sufro, y su maldad permito; pero aunque nuevas máquinas intente, las vendrá a derribar mi Amor valiente. Agora son mis quejas más fundadas, agora soy esclava, agora digo, Lavinia, que no estrano tu castigo. Pues por qué agora más que nunca, Justa? Porque tan vanamente te entristeces, que aún premio de lo bueno no mereces. Pues no he de entristecerme si me has dicho que voy perdida cuando sigo a Turno? Sí, más te inclinas tanto al otro extremo, que es mayor vicio, y que te pierdas temo. Ya va arrojando el engañoso cebo. Que bien ha comenzado, bien la engaña. Lavinía hermosa, mira que te engaña esa aprensión con que suspensa vives. Luego no es cierto, Justa, que me pierdo en seguir al Deleite, al Vicio, al Gusto, y al engañoso bien de Turno injusto? Alma, seguir al vicio siempre es malo, más la virtud bien sufre algún regalo. Qué tu eres Justa? apenas te conozco. Pues que pensabas tú que era mi intento, dejarte despojada de contento? cuando fue la Razón precipitada: Mándate acaso el cielo, que te mates, en penas, en rigores, en combates? pasar la vida alegre no es deleite, que Dios crió para servicio tuyo los regalos, los peces, y las aves, lícitos gustos, músicas suaves, ni menos, Dios, pretende te condenes: Pues, Alma, que razón obligar puede a que te entregues al rigor prolijo, desterrando el piadoso regocijo? Todos me dejen entrar, que yo en todas partes entro: Y yo siempre te acompaño. Pues qué buscáis zagalejos? Vengo a verla, que me pesa de algunas cosas que veo, que es lástima que la engañen con mentiras, y embelecos. Pues quién me engaña zagal? Aquí traigo un compañero, que si ella le cree en todo; (que pocas veces lo ha hecho) verá más claro que el día los perniciosos enredos con que perdida la tienen, y de remedio muy lejos. Quién está en tu compañía? La Razón es, con quien tengo alivio en las suspensiones, deja el vano temor, que me maltratas, y deja la tristeza, que me matas. O que apretadamente la combate! cuantas conciencias quita el Apetito cuando el vestido a la Razón usurpa. Que ciega tiene la torpeza al alma, pues no conoce tan dañoso engaño! Grandemente me alivias, Justa mía, restituirme quiero a la alegría, que ya no es justo de afligirme trate; pues la Razón no quiere que me mate. Esta ya es insolente desvergüenza, venga mi Amor, y estos engaños venza. Contento voy, que está ya quieta el Alma, el Apetito se llevó la palm, en mi amistad será su muerte cierta; pues ya es su yerro imaginar que acierta. Tragola bellamente, ya con eso, aunque grite Justilla solfeando mas que un Franchote que limosna pide, han de ver como el Alma la desdide. , , y quietud en los desvelos La Razón? triste de ti! O pesia a tal, yo me pier que a toda priesa me va esta gente conociendo: hoy ha de llegar mi fin. Y qué dice? . qué es mall el desterrar la alegría, porque no pretende el cie que me alteren aflicciones que me desatinen duelos, que me combatan pesares, ni, que me maten tormento Ay Alma, que agora vivel en el peligro más fiero, que en el mar de tus desdicha anegan tus pensamientos. Desémbózate, insolente, pues con loco atrevimiento a la Razón oprimida. has usurpado sus velos. Mira que te pierdes, alma, que el Apétito protervo te disfraza tus errores, para que mueras con ellos. Sus industrias reconoce, alma, despioerta de el sueño que tiene ciega tu vista, y endurecido tu pecho. ̱. Que bien comienzas, Aujilio, M. Que fieros remordimientos asaltan a mi conciencia. Qué bravos azotes temo, si me entregan a Justilla ya yo me juzgo por muerto, no hay excusarme, sin duda, que el diablo me metió en esto, al fin, no hay sino tragarlo con buen ánimo hacer quiero deesas tripas corazón, pues tan grandes tripas tengo. Ea, que todo esto es burla, tiempo es ya que merendemos, Lavinia, que pesadumbres no es manjar que le aperezco. ̱. Ay Apetito traidor. Agora ha venido el tiempo de que mi divino hechizo comience a hacer sus efectos. Alma, si quieres comer, en esta céstica tengo un panécico de leche, regalado, blanco, y tierno. O pesia a tal panécico! salga al punto, venga luego, que rabio por sepultarle debajo del balsopeto. Mira que blanco, y que hermoso. Ay zagal, dámele luego, que se me antoja ese pan. No está tu pecho dispuesto para recibirle agora. Pues qué me falta, mancebo? Diselo, Acates, amigo, acude Aujilio, que es tiempo. Cifrado tienes, Lavinía, en este blanco sustento, el más seguro rescate de tu duro cautiverio, que quien más tu bien desea, disfraza en pan tu remedio, condescendiendo a las ganas de tu Apetito grosero. En este bocado tienes de tus libertades, freno, no de tus males, medicina, y de tu inquietud, sosiego, restauración de la gracia, a quien diste fin violento, prenda hermosa de la Gloria a que perdiste el derecho. Hay mancebo, que me pones un encendido deseon de gustar manjar que encierra tan escondidos secretos. Es fuerza que te dispongas para comerle primero, y tengas justo dolor de tus mortales excesos, que llores amargamente al galán Palante muerto, que es la Gracia, sin la cual estás hecha un monstro fiero. No me han dado buena espina estos zagales, ya veo que son de parte de Eneas, avisar a Turno quiero para que evite este daño. Oh vellacos hechiceros, con panécicos queréis engañarme? ya os entiendo. . Porque veas alma ingrata el espectáculo tierno de los daños que has causado, lo que has perdido te muestro. ur, , fuere Este difunto contempla, cuyo bulto está diciendo, que lo bello, está sin alma, y el alma está sin el cuerpo. Del demonio, y del Deleite, contempla el rigor soberbio, con que las galas te roban, que fueron su adorno un tiempo. Las bellas plumas le quitan, que eran alma tus deseos, con que ligera volabas, hasta la cumbre del cielo. Aquel gallardo diamante, de que despojan su pecho, fue tu heroica fortaleza, que ya en desmayo se ha vuelto. El encendido rubí, era el abrasado afecto de tu piedad, con que diste socorro a pobres, y enfermos. Ya el collar de la humildad le quitan, tesoro bello, que se descubre en la tierra del propio conocimiento. Del propio galán vestido le desnudan, que era el celo de la perfeta observancia de los divinos preceptos. Estas virtudes tenían todas en la Gracia asiento, mas como murió la Gracia, todas con ella murieron. Solas te dejan dos joyas los salteadores sangrientos, una de la Fe divina. el claro carbunco terso. otra, la verde esmeralda. de la Esperanza, más muerto el gallardo joven, quedan sin alma; y sin lucimiento. Que estas solas no perecen del pecado en el incendio, si bien está así la antorcha que les da gracia, y aliento. Mira, pues, como perdiste en el difunto mancebo, más hermosura, que flores, visten los campos amenos, Mas luz, que al mundo derrama este globo azul inmenso, por dorados arcaduces. de Planetas, y luceros. Dime Pastórcico, amigo, así te próspere el cielo, así vivas, así adquieras el logro de tus defeos, Así el ganado que guardas, jamás le mires sujeto a la voraz tiranía. de torpes lobos ambrientos Así encuentrenaguas limpia ajenas siempre de cieno, y asi oveja perdida vuelva a tus rediles luego, que me digas si adquirir. por algún camino puedo, alivio en tantos pesares, y en tantos males aliento. No desvíes esta dicha, no frustres este deseo; pues ya con los toques tuyos voy conociendo mis hierros. Alma, en este panecico traigo el hechizo encubierto, en que consiste tu vida. Pues cómo podré comerlo? Diselo también, Aujilio. Ya viene el Entendimiento a quien le ha dado la Fe este prefundo Misterio, para que le entienda el alma. Hermosa Lavinia, vengo de consultar a Fenisa, maestra de mis aciertos, y que te diga me manda, como en este pan de el cielo de Cristo divino Eneas está la sangre; y el cuerpo: manda también que te advierta o el grave profano hierro de amar a Turno, y que a Eneas eentregues todo tu pecho, que el blanco hechizo del pan hará que con amor tierno pde adores, y a Turno olvides, más has menester primero que resucite Palante. Pues yo, Drances, como puedo resucitar un disunto, solo lo pueden los cielos. Díjome, que el justo Eneas surcando el abismo inmenso del hundoso mar del mundo entre mil golfos revueltos, llegó con los que le siguen a una cueva, donde vieron a la gran sabia Circea, que con su profundo ingenio sabe divinos encantos, en todo, Lavinía, opuestos de la otra Circe profana in zol a los viles emvelecos; que si aquellos convertían los hombres en brutos, estos de los brutos hacen hombres con más piadosos efetos. Y con mayor maravilla verás alma, que si aquellos daban la muerte a los vivos, estos danvida a los muertos Si la buscas, y la encuentras, tendrán tus borrascas puento tu Palante tendrá vida, todas tus ansias sosiego. Pues quién ha de ser miguía? Alma, yo alcanzo el secreto, atiende al poder divino con que descubro el misterio de la más sabia Circea, tú, que con teson entero vives negada a los gozos del mundo con tanto extremo. Tú que a rigurosos golpes con que fatigas el cuerpo, llamas, para que entre el alma a las puertas de los cielos. Tú que con divino encanto haces de los monstruos fieros, que se entregan a tus manos divinos Ángeles bellos. Mira que el alma te busca, responde presto a sus ruegos, y del difunto Palante restaura el perdido aliento. Aquí vengo? Amor divino, porque a tus voces me muevo a obedecer a tu gusto. Ay. Dios, que terrible aspecto! Al principio te parece áspero, intratable, y fiero, mas si te animas, yo fío que ha de parecerte menos. La vinia, yo soy Circea, y en lenguaje verdadero la Penitencia, que soy la encantadora del cielo. Mándame el Amor divino, a cuyo imperio obedezco, que de alivio a tus fatigas, y a tus pesares remedio. Y viendo como has perdido. la gracia en ese mancebo, a quien mataron tus culpas, viendo que Turno soberbio del despojo de Palante hace arrogantes trofeos. Quiero hacer un nuevo encanto que cure tus desaciertos, hase de hacer de palabras. dichas con dolor, y luego de agua amarga destilada, de pesares, y de duelos: mas todo lo has de poner. Pues yo, Sabias, como puedo; sino, soy dueño del agua, si las palabras no aprendo? Alma, pues tus culpas sabes, dilas con dolor intenso, pidiendo al cielo perdón, y con vivo sentimi ento lágrimas tiernas de rrama, que ese solo es el misterio Vos con mis ropas fabricar engaños, hay tal maldad. . Yo, Justa, te aseguro, que tengo bien pagados tus pesares, pues reventaba ya por los hijares: cuerpo de tal, y que apretado vistes, yo como ando estos días bien cebado no me puedo vestir tan ajustado. Pues no basta, que a cara descubierta de las palabras, y el agua del divino encanto nuevo, Con este di la salud a Madalena, y a Pedro, cuando estuvieron los dos de tú mismo mal enfermos. Con este, pues, sanarás, y verás con este presto a tu Palante con vida. Pues e tus manos me entrege tuya soy, Sabia divina, a obedecerte me ofrezco, y dédico a tu enseñanza mis obras, y pensamientos. Vente conmigo, y traerás a Drances, que por su medio se ha de disponer la cura. Ven conmigo Entendimienteo Allá voy a descubrirte la verdad, pues mensajero me hace el cielo de tus biene y arcaduz de tus aciertos. Con esto podrás, Lavinía, hecho este encanto primero, comer del pan regalado. Hay quién pudiese comerlo! Ven conmigo. Tú me guía. Auxilio, con nuestro intento hemos de salir. . Amor, bien lo vamos disponiendo. Bárbara; infame canalla, viles, cobardes, traidores, para mi mal diligentes, me abrases con injurias cada día, sino que intentes, con afrenta mía, dar al alma consejos perniciosos? o duro azar! o tiempos lastimosos! Justa, que no se os pone mal el juego; porque ya veo al alma remordida, que anda jugando a salga la parida, tal la dan los auxilios de empujones, tales porradas, que la tiene muerta, y vos con ellos dispondréis, que trate de arrojarse a intentar un disparate, mas si fuere tan boba, que se mueva dejando a nuestro Turno a vida nueva; yo te ruego, Justilla, por tus ojos, que te vayas despacio en darme enojos. Pues no ves que no cumplo con mi oficio si no corrijo al licencioso vicio a que continuamente al alma inclinas. Por fuerza ha de ser todo disciplinas? dime, no puede ser el alma santa sin tanto ayuno hoy penitencia tanta? conozco yo sánticos, y sánticas, que comen a sus horas, sazonado su perdigón; o su pollito asado, su fruta, su móllete, lindo vino, con su cantimplórica en el Verano, y con su braserito en el Invierno, cuidan, que lo que comen sea muy tierno, muy limpio, muy sabroso, y bien guisado, y acaban con decir: Dios sea loado, pues porque me amenazas Justa mía, puesto que puede ser el alma santa sin tanto ayuno, y disciplina tanta? O invenciónero loco, y como sabes buscarte en todo. . Razóncita hermana, lo que importa es vivir: mas Turno viene hecho lo mismo que es viene hecho un diablo. Voyme, que ni me habla, ni le hablo. para mi provecho torpes; que habéis hecho, que Lavinia ya de mis ojos se e cono y tratando de dejarme, mi eterna afrenta dispone, vil deleite fugitivo, que siempre en las ocasiones desfalleces, con que el alma tus flacas fuerzas conoce: desenfrenado apetito, porque tan flojo recoges. el impetu con que siempre desvocadamente corres. como permites, que el alma con tan locas sinrazones pretenda dejar el cebo. de mis lascivos favores, y la combatan de Eneas las continuas persuasiones, porque de vuestra defensa la flaqueza reconocé: perros, habéis de morir con estas manos feroces. Refrena, Turno, las iras; y pon límite a los golpes. Tente allá, válgate tú, pardiez que son lindas flores, mil bueno estará el apetito si el diablo le da de coces. Pues sabes que el alma es libre, que culpa, Turno, nos pones? Bien sabéis vosotros, viles, derribar pechos de bronce, bien sabéis echar por tierra las más empinadas torres, y a vuestra reseña suele temblar lo mejor del Orbe: pues como dueréis tan presto oscurecer los blasones con que os respetan los siglos por heroicos vencedores? es posible, que con esto vuestro valor no se corre, y que no os afrente el ver, que en vil mente os deshonren? pero que escucho, en el aire furioso ruido se oye, a cuyo impulso parece que se desgaja este monte. e̱̱ , e que es lo que miro ay de mí es el alma a quien esconde aquesta montaña; o son fantásticas ilusiones? ella es, que espero? . Ser mira que la carnerompe Lavinia, y su cuerpo esmalt duros sangrientos azotes: mira como por sus ojos fuentes de lágrimas corren, y su pecho arroja al cielo mil suspiros voladores: mira que la penitencia el retrato le propone de Eneas, que puesto en Cr conquista los corazones: mira que el entendimien con los vivos resplandores de la Fela alumbra, y huye de nuestro engaño la eoch Mira en el suelo las joyas dingendajes, y listones, y mira el tabiltrocado en sado vil de pícote. Reducido a la luz del de alma, ya el advertido entendín a fuerza de interior conocín el peligro te enseña de tu daño huye del arrogante dueño estra que por inquieto golfo turbule a la región te lleva del tormento en la pomposa nave del engaño? mira, pues; esta luz resplandeciente, que en el pecho de Cristo reberuera mostrando triunfos de su amor valien el es la cristalina vidriera, (te quesi con luzte enciende enfuego ardien volarpodrás a la suprema esfera (te cire mira eloriginal enquien consiste el remedio que buscas alma herida; esta es la clara fuente de la vida donde el alivio de tu sed consiste, si errada en tus caminos anduviste, por confusos engaños divertida, fue, porque en el deleite entretenida nada a su original te pareciste: saca de aquesta copia un fiel traslado, quedando apenas de su luz distinta, limpia de los borrones del pecado sus duras penas en ti misma pinta, será el papel tu cuerpo golpeado; pluma será el ramal, la sangre tinta. amante celestial, divino esposo los errores conozco de mi vida, porque, señor, oveja fui perdida aquíen descamino pasto engañoso: tu aprisco busco con afecto ansioso, y para ser por tuya conocida. siñe el velló mi sangre ya vertida con impetu de azote riguroso a la tuya, señór, corra mezclada, ya su puro esplendor se restituya limpia de tanto cieno, y tanta escoria será arroyó mi sangre derramada, que si al río se junta de la tuya llegará al mar inmenso de tugloria. Remediemos este daño, ea Deseite disponte, ea engañoso Apetito adudid juntos, no logre su intento hueas. . Entremos. Hay tal desdicha. Cerrose. . Qué es esto? Que nos quedamos todos tres a buenas noches; miren con que sale el alma; hay disparate más torpe, que siempre aquestas mujeres han de andar en invenciones. La culpa tenéis aleves, pues con flogedad enorme permitís que intente el alma esta afrenta en que me pone, morirás Deleite infame. Ay de mí! Peris socorre, que me ahoga. . Matarate sin duda, mal le conoces. Y el Apetito no espere, que mi furor le perdone. Ay, ay que me lleva el diablo por aquestos cabezones. Perro infame. . Huye Petís, Por testimonio me tomen, que el apetito del diablo huye, temiendo sus golpes: parece algún Escribano, que lo escriba? sino volme de aquí al infierno por él, que allá los haya montones. Qué aguardo, que no disparó- mil reforzados cañones, que de ese cielo derriben cristalinos orizontes r abio de pena, y coraje, en este pecho se esconden de todo el infierno junto furiosas indignaciones: en mi corazón asisten los turbulentos ardores rabiosamente inspirados de Mejera, y Tesifonte: sierpes mis entrañas muerden, basiliscos me las comen, calmanes me despedazan, y me atormentan dragones: mil furores mongivelos mi pecho abrasado rompen, y ardientes llamas bomitan de arrebatados furores, haré de mi furia escala para penetrar los orbes, y despeñaré a la tierra lucientes constelaciones: más seguro que Tifeo a las celestes regiones subiré, sin que me sean pesada tumba los montes: el volver el alma en sí? Yo pienso, señor, que a ti con mi industria volverá, porque conociendo va el vil deleite inconstante de Turno, tirano amante, la desdicha en que ha caído, y la gracia que ha pendido con la muerte de Palante. De la gran sabia Circea queda en el poder Lavinia para borrar la ignominía con que ha quedado tan fea: disponerse así desea por poder gustar mejor del hechizo superior del blanco pan soberano, precioso don de tu mano, dulce encanto de tu amor. Que alegre dichoso día Ascanio aquel en que trata el alma, hasta agora ingrata, de reducirse a ser mía: si venciera mi porfía el rigor de su desdén, todos sientan mi ardor, tiembleme el Orbe, rayo del mundo soy, del mundo azote, mi pecho es pedernal, en llamas ardo, que son golpes de acero los agravios . Que en tan buen estado está quiero, amigos, que me den no te escaparás, Lavinia, de mis violentos rigores, aunque advertidos te guarden reforzados escuadrones; soldados míos al arma, alentad los corazones, antes que del todo Eneas su prenda perdida cobre: ea espíritus horrendos, hijos del miedo, y la noche, arrojad espantos, iras, furias, asombros, horrores tino dé mi victoria, contentos todos los cuatro elementos un dichoso parabién: El fuego en continvo ardor delicadas llamas bellas celebrará las centerlas del incendio de mi amor: la tierra en lengua de flor diga mis afectos fieles, y cantando mis laureles en vez de dulces clarines, haga salva de jazmines, y música de claveles: Mi victoria peregrina por el imperio de Flora publique el agna sonora con su lengua cristalina: del aire la más vecina esfera, en varios colores haga fiesta a mis amores, cantando en acentos graves las calandrías más suaves, los más dulces ruiseñores: Del cielo el zafir luciente haga patente su gloria, hay en mi dichosa victoria vanderás de luz ostente: dérrame la copia ardiente de su opulento tesoro, y guardando fiel decoro a mis dulces dichas bellas; viertan la Luna, y Estrellas aplausos de plata, y oro. Venza mi solicitud la fuerza de aquel rigor, que no quedará inferior mi amor a su ingratitud: si de tanta esclavitud el alma rompe los lazos, hallará en mis dulces brazos una mina de favores, a un desvelo mil amores, a un suspiro mil abrazos. Verá el alma reducida lo que mis amores crecen, pues aún solas me enternecen as señas de arrepentida. si al Tirano Turno olvida, será mi amor tan constante, que a cualquiera leve instante de dolor, que admita en sí, le ha de responder en mí una eternidad de amante. Sin duda favorece el justo cielo a Eneas el piadoso, pues el poder descrecel(rioso, del bravo Turno, por su mal fue y en el campo del alma (. si un tiempo la ganó, pierde la pal Ya de la insigne sabía va obrando su eficacia poderosa, con que se desagravia. de mis locuras, la Razón quejosa, y así volver espero al resplador con que mevi primero- El Rey a verte viene. Ya sabes tú, que siempre el Albe- en poder me tiene. drío. Lmío. Oh querida Lavinia. . o señor Ya favorece el cielo del justo Eneas el piadoso celo, ya está la suerte echada, sube Lavinia mía, y toma asiento que aquesta es la estacada. Al tierno corazón le falta aliento Con razón teme el Alma en tan cierto peligro, incierta pal el confuso bullicio se acerca ya, y las señas se repiten del belico ejercicio a los bravos guerros, que compiten del alma el casamiento, ya siembra el campo guerra, orror el Por esta parte veo viento altos montes, que en plumas de co- ganan bello trofeo lores al numeroso ejército de flores. Yo en bandas, y banderas miro esparcir al viento primave. Los dos contrarios miro (ras v estidos de furor, de luz armados Yo tanta pompa admiro. que bizarros que vienen, que alentados, ya las cajas se llegan: sgan. terribles olas de temorme ane Famoso Rey, que en el alma ejércitas el dominio, imponiendo libres leyes de tu imperioso albedrío, iensabes, que a pedir vengo el precio, que es tan debido a las finezas, que siempre por bien del alma ejército: bien sabes que la he librado de mil fatales peligros, pagando sus esquiveces con favores infinitos. hoy llego a dar la batalla al furioso Turno altivo, porque pretende el derecho, que tan justamente pido, y así en la razón que tengo, y en mi destreza, confío que tendrá su furia freno, y su arrogancia castigo. Rey Latino generoso, quien ignora ser delito querer quitarme por fuerza, lo que por derecho es mío, aunque a Lavinia robé, pero, al fin, ella lo quiso, y libremente en mis manos dejó su gusto cautivo: pues ella misma se entrega, quien no juzga a desatino querer conquistar, con armas las leyes del albedrío, más sabrá, a pesar del cielo, este brazo ejecutivo malograr con su valor intentos tan deslucidos, y porque siempre, con obras mis palabras acrédito, ahora verás, Troyano, que ejecuto cuanto digo. Mucho furor muestras Turno. Agora verás mis bríos, toma esta herida cruel. Eneas se muestra herido. Ay, la sangre que derrama Muere insolente enemigo Ya mis bríos desfallecen. Qué misterioso prodigio que siendo el herido Eneas se muestra Turno vencido, y vertiendo sangre el uno, el otro pierde los bríos. En esto solo consisten mis vencimientos divinos, pues con mi sangre el poder de mis contrarios derribo. Aunque me siento cansa aliento cobro, y me animo a herirte segunda vez. Esas heridas recibo, porque sé que son tu muerte En vano ya me resisto. Afirmate, Turno, y crú cruza presto fementido. Ay, que me mata esa O Aunque tú a mis enemia para dármela, incitaste, hoy morirás a sus filos. Cuán a mi pesar confiese que aquesa Cruz me ha rendí No pides perdó? . no humildad para pedirlo, que aún dura en mí la arros de que a Palante he vencido y eternamente estaré obstinado en mis delitos: toda tu sangre desprecio, y aunque llegaras propicio a ofrecerme tu amistad, ni la busco, ni la admito: reniego de tu clemencia, blasfemo tu nombre, piso tu Imagen, y contra ti pérpetua guerra público. , , á. tu Iglesia derribaré a coces, y a tus ministros a bofetadas, a golpes, apuñadas, a mordiscos. los desharé con mis dientes, con mis uñas: y a ti mismo se atreverán los soldados, que desde mi infierno alisto: esta banda, aunque te pese, mira con que me glorio de haber rendido a tu gracia. Ha fiero traidor, que he visto en esa banda que muestras, cuán obstinado, y altivo te tienen de tu soberbia los proternos desatinos, y así no te mato yo la gracia que tus delitos. te quitaron la arrogancia. con que obstinado has vivido te destruye, Turno fiero, Palante por ti vencido: Turno, Palante te mata. Palante me echa al abismo. La victoria por Eneas. Ouistos cielos benignos, que piedad tan milagrosa! Oh suceso peregrino, bajemos, Lavinía amada. Aay que desgracia Delicio, esta vez, a ti, y a mí nos esperan en dos picos, o nos hacen chicharrones en sendas sartenes fritos, para que almuerce Justilla las Fiestas, y los Domingos. Que victoria tan dichosa. oblanaomu Tinmeb cántenla siempre los siglos. Qué lauro tan bien ganado, Todo es tuyo Ascanio mío, que siempre vence el amor. Yo triste quedo cautivo. Ya mis meriendas, y almuerzos los daré por un comino. Dame los brazos Eneas. Ya nuestra amistad confirmo, pues he visto, que Circea ha vuelto a Palante vivo: ya estás en gracia alma mía. Ay Dios, que dichosa he sido, que bella viene la Gracia. Con el encanto divino de la sabia Penitencia mas gallardo resucito, por ti vivimos Eneas. Pues desde hoy mas, Albedrío ten con el alma cuidado. Alma; el soberano hechizo de las palabras, y el agua dichoso efecto han tenido. El ser te debo Circea. En este mar de prodigios se anega el entendimiento. Gracias a Dios, que he salido del penoso cautiverio en que el infame Apetito me ha tenido tanto tiempo. Razón tu tiempo ha venido rige a Delicio, y Peris, que si el Alma está conmigo, luego la Razón gobierna al Deleite, y Apetito. Yo, señor, acepto el cargo. Qué riguroso castigo. Juna me entrega a Circea, y a su azote, y su fincio, no me mates . No te mato, pero la ración te quito. Si vivo, y sin holla, cuando desollado vivo. Pues soy, tu divino Amor, ahora, señor, te incito Y a hacer un banquete al Alma, para que así el regocijo de tu victoria celebre. Pon la mesa Amor divino. Mesa, y sustento traeré, Acates vente conmigo, . Con este hechizo de Ascanso el Alma, en mi amor confirmo, para que en ella no quepa de mis favores olvido. Aquí está, señor, la mesa. Siéntate Rey Alvedrío, siéntate Lavinia hermosa, siéntate Drances, amigo, que este es pan de entendimiento. Y tu esposo? . Yo te sirvo aqueste manjar en cuerpo; porque él es mi cuerpo mismo: llega al Alma, Penitencia, porque aqueste, sacrificio bano de lágrimas quiere. , que Tú llega también Auxilio, y toca en tanto que comen algún tono a lo divino., punteando el corazón, y a buen bocado, buen grito: y tu bizarro Palante por quien en el alma asisto, llega, que de aquesta mesa aldirás más bello, y crecido: su Razón, aunque no alcanzas los primores de este nechizo, llégate al Entendimiento, porque quedéis convencidos de la verdad que os enseño, el Amor sirva conmigo a esta soberana mesa, a donde a pan, y cuchillo estamos el Alma, y yo hechos para siempre amigos, dándole mi pan entero, y con el mi cuerpo mismo. O qué divivo manjar. Que sabor tan peregrino. Que rara invención de Amor. Que banquete tan lucido. Para un pobre envergonzante no hay si quiera un bocadito. Un pobre desvergonzado estuviera mejor dicho. Es, porque ya mi vergüenza en temor se ha convertido. De esta mesa se destierran el Deleite, y Apetito Grande, y celestial convite. Ya, señor hemos comido Pues con ese pan tendrás para seguirme más bríos. Lavinia nunca me olvides. Viviré siempre contigo, y a ti bizarro Palante mi tierno pecho dédico, Pues sabes que tu hermosura acreciento cuando vivo, guárdate de verme muerto, que no siempre resucito. Dulce vencedor glorioso A ni mis glorias te aplico, decid todos, viva el Alma. , Viva el Alma eternos siglos Y así rindiendo al demonio la roja sangre de Cristo Antonio Manuel del Campo da fin al Turno vencido.
