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Texto digital de Vencerse es mayor valor

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Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Vencerse es mayor valor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vencerse-es-mayor-valor.

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VENCERSE ES MAYOR VALOR

JORNADA PRIMERA

Ataste en aquese prado las postas? . Ya las até, y confreno las dejé, porque tengan un bocado. Desgracia fue del destino, perdernos en tal lugar. Siempre el que se va a casar, va muy fuera de camino, porque quien comete un yerro, que toda la vida dura, alir por su mano al Cura, se va por su pie al entierro. Esa opinión no se entiende conmigo, pues he venido a ser de Blanca marido, y tu locura me ofende, cuando sabes que en tres años, que amante la festejé en Calabría, solo hallé por finezas desengaños. Hasta que viéndome arder tan fino, y enamorado, agradeció mi cuidado, y la pedí por mujer, siendo el Duque, intercesor, de Calabría nuestro dueño, que facilitó este empeño: pues el Marqués de Belflor, su padre, alegre, y ufano, de la igualdad del empleo, admitiendo mi deseo, me ofreció su blanca mano. Ya supe que la serviste, la asististe, la obligaste, la gemiste, la lloraste, la cansaste, y la moliste, con porfía tan atenta, y ademan tan lisonjero, que cayó Blanca primero en la boda, que en la cuenta. Cuando su padre cansado del bullicio de la Corte, solicitando otro norte, se fue a vivir a su Estado, que cae en esa ribera del mar, donde se trató la boda, y se concluyó por cartas, y a la ligera nos pártimos a este fin, los dos de la Corte ayer, como nobios de alquiler, cada cual en su rocín, de estatura tan angosta, y tan vuidas complisiones, que sobre dos ilusiones hemos corrido la posta. Hasta que en esta espesura, esta tarde nos perdimos, y sin camino nos vimos. Eso mi paciencia apura. Hechos andantes en pena, y cuando a Belflor pensamos llegar, los dos nos hallamos, tu sin blanca, y yo sin cena. Mi muerte hay Golilla creo; en dilación tan penosa, solo vivo en Blanca hermosa. Deja ese loco deseo, que el suceso te acomoda, más de lo que tu imaginas. Cosas tienes peregrinas. Si se dilata la boda todo este tiempo, sin tasa debe alegrarte el fracaso. Necio es quien de ti hace caso. Harto necio es quien se casa. Un siglo es lo que me tardo en ver a Blanca. Señor, no tuviste a Laura amor, hija del Conde Ricardo, Embajador de Florencia? pues como tan presto olvidas, finezas también nacidas? Aunque amante en la apariencia la serví en la Corte, donde hasta que rompió la guerra Florencia, y volvió a su tierra Laura, con su padré el Conde, logre en lícito favor, aquella exterior porsía, que afecta la cortesía, sin las pensiones de amor. Nunca este empeño pasó, de un honesto galanteo, que para Blanca el deseo, todo mi afecto guardó, a Blanca adoro, y ninguna señal de Laura en mi amor ha quedado. En fin, señor, amaste de dos la una. Lo mismo hiciera Golilla, que hoy en amantes placeres, escoger en cien mujeres, es del amor la cartilla. Y entrándome más despacio, de amor fino en la alabanza, quien perdiere la esperanza, quiera al uso de Palacio. Que allí logrará el discreto, que amar en razón procura, la ocasión en la hermosura, y en lo imposible el respeto. Bien discurres. . Soy un rayo, y que sepa el mundo quiero, que si no hay santo cochero, hay Filósofo lacayo. Pero dejando esto a un lado, a buscar me detérmino, quien nos enseñe el camino. Si no lo finge el cuidado, allí una voz mi atención escucha. . Oye por tu vida. Salió a Misa de parida, a san Isidro en León. A buen hombre, a labrador, más cerca el acento sueña. La bella fombra Jimena, mujer del Cid Campeador. No hay quien su rudeza iguale, atended que no os engañan. Sus doncellas la acompañan, sus dueñas otro que tale. El camino de Belflor los dos habemos perdido: decid si le habéis sabido, por donde iremos? . Señor, heche por aquel otero, qué se ve a mano derecha, y en aquella senda estrecha donde encontrará primero, a mano iz quierda un tomillo, hallarán luego un barbecho, y como coja derecho, el ejido del pradillo, pasando el río después, porque más se satisfaga, hallará el camino azaga. Que tudo el villano es. De suerto, que si tomamos el ejido aman derecha, y por una senda estrecha, buscando el otero vamos, y el barbecho de tropel, seguimos por el tomillo, dejando azaga el pradillo, pararemos en Argel. Toma esto doblón; y ven a enseñarnos el camino. Diabrón, pardiez ya me encrino. a ondilgarlos. . Tú preven los caballos que ya el día, se va acostando en el mar. Mas que habemos de parar en Ballecas, o en Turquía. Que si linda es la bervena, más linda era Blanca bella; que si linda es la albaca, más linda es la bella Blanca, El prado gentil; más galas le debe a su pie de nieve, que al Mayo, y Abril, porque flores mil; produce su huella, que si linda es la bervena, 1. En hora buena este prado, donde el Abril se retrata, mudo, y con labios de plata, la le besa el pie el mar salado, publique con mil primores, agradecido, y cortés, que al contacto de esos pies, crece el vulgo de sus flores. En hora buena vengáis Blanca hermosa a este Horizonte, donde Venus de ese monte los corazones robáis, abos y en buen hora vuestro esposo Carlos, a quien esperamos cada día, y aún dudamos, viéndole tan venturoso, si la fama por desprecio, tan discreto le ha pintado, pues nunca en el desdichado corre la opinión de necio, venga a lograr advertido. vuestra mano tan galante, que desmienta con lo amante los azares de marido, y vos de Carlos amada, gocéis en unión dichosa, sin el peligro de hermosa, la dicha de bien casada. Yo os agradezco zagales, la fe de vuestro deseo, y el parabién de mi empleo, y pues los puros cristales, del mar que besan la falda de aquesta hermosa ribera, que borda la Primavera, con matices de esmeralda, nos convidan a pasar la tarde, y el Sol ardiente, despeñado al Occidente, murió en las ondas del mar, sentaos, hay Garlos querido! cuando ha de verte mi amor, Está tan cerca Belflor, de aqueste sitio florido, que todas las tardes sales a gozar su estancia hermosa, dando púrpura a la rosa; vida al prado, al mar cristales. Lisonjas Luisa? . Señora. verdades del alma son, que pronuncia mi atención. A quien me acertare agora esta enigma, le daré un vestido. . 2. Ya la espero. Ansi divertirme quiero. 2. De esta vez me vestiré. Quién es aquel animal, hijo adoptivo del viento, que dejando su elemento, vive en la duda inmortal, ciego al bien, y lince al mal, obra unos mismos efectos, en diferentes conceptos, y tanto con él se implican, que los necios lo publican, y lo callan los discretos. 2. No es hijo del viento? . Sí 2. No tien eftentos contrarios? También. 2. Y con modos varios, no anda de aquí para allí? Así es. 2. Pus sin interés, (de esta vez salgo locido) me puede dar el vestido, porque yo no sé lo que es. Diga Belardo, que en fin, es el Sabio del lugar, y lo podrá de clarar. 2. Volverme quiero rocin si lo dijere. . 1. En señal de obediente, no de sabio, dirá lo que siente el labio. Aquose fiero animal, son los celos, que el discreto solo recatar pudiera una pasión tan severa, y con diferente afecto, publicarla el necio. Vos Belardo habéis acertado, y así el premio habéis ganado. 2. Mala Pascua me de Dios, si en el pico de la luenga no lo tuve. Pisad quedo, que ha poco que anocheció, y si nos han descubierto las centinelas, que guardan la costa, es fuerza volvernos a las barcas sin la empresa, pues las galeras tenemos más de dos leguas de aquí, y consiste este suceso en el silencio, y la noche. Gran General, cuyo esfuerzo, premió el Duque de Florencia, encargándote el gobierno de sus galeras, que intentas después que en el mar soberbio hechaste a pique la Dama de Calabría. . Mis intentos Alberto, son saquear aquesta noche algún pueblo abierto de esta marina, llevando algún prisionero, que de noticia al gran Duque del motivo, y los pertrechos, que el de Calabría previene en su defensa, y por eso fiando al mar las galeras, he llegado a aqueste puesto, costa a costa en los bateles, con cien soldados que dejo emboscados; pero aguarda, que si no me engaña el eco, gente a esta parte he sentido. Gracias a Dios que a su centro, llegó la esperanza mía. Proseguid el dulce acento, y volvamos a Belflor. 1 Arma, arma. Señor, qué es esto? Qué voces confusas son las que embarazan el viento? 1. Centinelas de esas torres, acudid, acudid presto, que hay en la playa enemigos. Sentidos somos, que haremos Ludóvico? . Lleva al mar Alberto esos prisioneros, mientras con estos me embarco. Valednos piadosos cielos. Aa villanos a traición, sin que me valga mi esfuerzo, lográis acción tan infame. En la guerra no hay respetos. Llevadlos al mar. Ay Carlos! Volviose el sueño del perro nuestro casamiento. Ay Blanca! Hay mi rocin esqueleto! A embarcarse soldados míos. Zarpa; zarpa, leva el ferro. , os, Solo el silencio testigo, ha de ser de mi tormento, y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo. Solo el silencio testigo ha de ser de mi tormento, y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo? Ese concepto sonoro en mi pena se retrata, pues cuando me aflije ingrata, callo lo mismo que lloro, muda en el alibio ignoro, remedio a mal tan violento, porque en el dolor que siento, y el afecto que prosigo. Solo el silencio testigo, ha de ser de mi tormento. Mas ay que en aqueste encanto mi pena se contradice, pues yo callo lo que dice la retórica del llanto. Ceda al silencio el quebranto de estas lágrimas que sigo, pues a templarlas me obligo, sin publicar mi tormento. Y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo. No cantéis más que el dolor, el cuidado, y la porfía crecen con vuestra armonía. Grave tristeza. Hay amor! amor he dicho, ha traidor, hijo al fin de las espumas, vuelve al pecho, y no presumas, que han de fiar mis enojos el decoro a tus antojos, y la atención a tus plumas. Ay Carlo! qué resistencia tendré en tan confusa calma, si dejé en Calabría el alma, y estoy sin vida en Florencia, hable con muda elocuencia el pecho, y en conclusión, si muerte, y ausencia son, efectos tan parecidos, o llévame los sentidos, o vuélveme el corazón. Ha señora, a esotra puerta, desde que a Florencia vino, de Calabría con su padre, tiene Laura unos desvíos conmigo, que yo no alcanzo, aunque me cuesta infinito, discurrir de sus tristezas. el confuso laberinto: rabiando estoy por saberlo. Ines tu estabas conmigo? Si señora; y muy mohina, de mirar en tu retiro mal lograda la fineza, de la fe con qué te sirvo: en fin recatas de mí tus penas? En vano ha sido tu queja, porque mis males son interiores avisos del alma; que yo no entiendo, y así no acierto a decirlos, aunque a sentirlos acierto, y ya sabes tú, bien finjo, . que no te encubriera nada. Esté loco desvarío, viva en el alma encubierto, sin que del silencio mío, salga esta llama amorosa, que fuera en mi honor delito aunque el mal comunicado, suele aliviar su martirio, arriesgarme a una flaqueza, por procurarme un alivio. Señora. Laura. Tu padre. Es posible, que contigo pueda tanto una tristeza? un achaque no entendido que tu discreción arrastre, empañando el cristal limpio de tu hermosura. Señor, este llanto, estos suspiros, que el alma produce en fuego, y el pecho brota en gemidos, es una pasión del alma, que ni alcanzo, ni averiguo, (ay Carlos lo que me cuestas) y solo del llanto fío el alivio. Hija querida, Laura descansa conmigo, no me aflijas, vuelve al pecho, de tu pena esos indicios, y es impropia acción del llanto; cuando en sus efectos miro su pesar, y mi dolor, su congoja; y mi martirio, que siendo tuyo el achaque, sea el sentimiento mío. Ya con tan grandes favores, fuera en mi grosero estilo, dar lugar a mis tristezas: desde hoy señor determino alegrarme, y daros gusto. Bien merece mi cariño, Laura mía esa fineza, que en quererte, te anticipo a Ludóvico tu hermano, aunque me tiene afligido, no saber de él, desde el día que el gran Duque Federico, de quien tengo la privanza, siendo su primer Ministro en Florencia, le encargó sus galeras, y navios, para correr de Calabría las costas. De Ludóvico mi hermano, espero señor que tengas muy presto aviso, con victorias, y trofeos, que del tiempo en los archivos, inmortalice la fama, sin el borrón del olvido. Dios te guarde, que en efecto, os quiero como a mis hijos, que sois pedazos del alma. Y pues en Palacio mismo tenemos cuarto, que sale a esos jardines floridos, donde el gran Duque ha dispuesto con diversos regocijos, de academias, y saraos, dar treguas al repetido, afan del gobierno, puedes en tan decente ejercicio, divertir esas tristezas, pues tu ingenio peregrido, compite con su hermosura. Mas el Duque hacia este sitio viene al despacho, tu Laura te retira, que es preciso salirle al paso; y podrás por este retrete mismo; pasar con Ines, al cuarto de su hermana. Conde amigo Ricardo. Ya gran señor, con tal favor es preciso, no temer a la fortuna. Vos le tenéis merecido, sin la pensión de ese riesgo, siendo atlante de quien fío, el peso de mis cuidados, en cuyos consejos libro el político gobierno de mi Estado, y en su advitrio; la justicia en la templanza, la piedad en el castigo, la constancia en los negocios, y finalmente el dominio de Florencia, conociendo, que debo a vuestros avisos segundo ser, pues en ellos, como en un cristal me miro, para ser de mis vasallos, a un tiempo amado, y temido. Dadme mil veces los pies, gran Duque, gran Federico, que aunque a mi lealtad debéis la educación desdeniño, nunca lograron mis canas el fruto de persuadiros, la verdad con el consejo, hasta hoy quien nos averiguó sin lisonja una prudencia, tan distante del camino, de la juventud lozana, que sois en ejemplos vivos, segundo Numa en Italia. En vos Ricardo confirmo, mi elección, y mis aciertos, y dejando estos indicios, de amor, lealtad, y amistad, acudamos al preciso afan del despacho, Conde. Nunca a vuestra Alteza he visto descansar, despejad todos. En mi obligación ha sido, descanso la vigilancia, sentaos pues. Nunca fui digno, señor, de favor tan grande. Vuestros anos dan motivo para honraros yo, sentaos. Ya obediente no replico. Leed esos memoriales, que ya os escucho advertido. En este Laurencio pide: más que sonoro clarín, que el diafano con fin del aire en acentos mid Deme los pies vuestra Alteza. Amigo Alberto, que ay de nuevo? Que en el Puerto queda tu Armada. Ya es mi alegría con exceso. El suceso no público, porque llega Ludóvico, y de él sabrás el suceso. Deme señor vuestra Alteza las plantas. Llega a mis brazos, gran General Ludóvico, diré que en ellos levanto, la columna de Florencia. Con favor tan soberano, si los incita este premio, no es mucho que tus vasallos, pongan a tus pies el mundo. Con vuestra licencia aguardo dar los brazos a mi hijo. Y yo en ellos adelanto, padre, y señor, mi fortuna. Qué hay de la Armada? Logramos la victoria. Feliz nueva, A tu grandeza consagro el suceso, porque fuera grosero influjo en los Astros, siendo tuya aquesta empresa, dejar indeciso el lauro: seguras quedan tus costas. Qué discreto. Qué bizarro. Oye, y sabrás el suceso, Ya te atiende mi cuidado. Partí, señor, siando a las espumas, de ese monstruo de plata seis galeras, cisues sin alas; águilas sin plumas, y del viento artilladas Primaveras, brumó la quilla sus esferas sumas, y al dividir sus ondas, no pudieras, siendo tan dilatado este elemento, seguirlas con el mismo pensamiento, soberbio el mar con repetido empeño, sacudir quiere el peso que le oprime, y en marañando el cristalino ceño, brama en el aire, y en el centro gime, burla al cristal el uno, y otro leño, y tanto en él su ligereza imprime, que anticipando al tiempo su carrera, llegamos de Calabría a la ribera. Cerró sus costas, sin hallar alguna contradicción del tiempo en la mudanza, que unidas tu grandeza, y mi fortuna, para el laurel fijaron mi esperanza, y una mañana que en púrpurea cuna, doraba el Sol los términos que alcanza, porque de mi valor fuese testigo, la armada descubrí del enemigo. Con diez galeras que al cristal salado, baten la espalda; el General valiente, más de valor que de prudencia armado, surcó a Neptuno el humedo tridente, pues a penas descubre por un lado, su Armada, gran señor, cuando imprudente, sin eligir los términos del viento, nos enviste perdiendo el ballovento. Con un tiro a batalla me provoca, en lo inferior juzgando mi desmayo respondo en otro, cuya ardiente boca, antes del trueno pronunciaba el rayo, y fulminando su arrogancia loca, nuestra ruina en el primer ensayo, fijo en la mano el indomable acero, a remo, y vela acometió el primero. Pongo al encuentro el espolón errado, y logrando ocasión tan peregrina, del cnoque abrí el bajel por un costado, con que cedió a mi esfuerzo su ruina, y tan presto soberbio; y erizado, les sirvió el mar de pira cristalina, que fueron en sus ondas sumergidos, aún antes anegados que vencidos. Muerto su General público luego, la victoria por mi sin resistencia, que desmaya el valor confuso, y ciego, faltándole el Caudillo, y la experiencia, seis galeras, del aire, el agua, el fuego, despojos fueron con fatal violencia, y descendiendo el centro en que se ocultan, todos cuatro elementos las sepultan. Allí fía del mara la mudanza, su vida un joven, de una tabla asido, otro aquí solicita su venganza, más de la saña que del plomo herido, cual en el fuego alienta su esperanza, y cual sangriento en púrpura teñido, arrojando su vida a los raudales, lo que bevió en cristal volvió en corales. Turbado el Sol entre confusas huellas, en nubes de alquitrán perdió el camino, con que faltando el tino a las Estrellas, erraron los efectos del destino, pasmose el Cielo, y sin sus luces bellas, nuevo caos a la tierra le previno, y entre el horror que de las sombras nace, tu armada triunfa; y la contraria yace. Llegó la noche, y con sus sombras fieras, cesaron del cónvate los rigores, quedando victoriosas tus galeras, y tus fuertes soldados vencedores, trémolo al mar tus inclitas banderas, y cortando mis proas sus horrores, vuelvo a Florencia ufano con tal gloria; donde pongo a tus plantas la victoria. Vuelve Marqués de Santangel, del de Calabría vasallo, segunda vez a mis brazos. Tanto favor es exceso. Nunca al valor le dilato el premio. En cierta ocasión, que contaré más de espacio a tu Alteza, gran señor, hice prisionero a Carlos Colona, un gran Caballero, que podrá informarte ahora, el motivo; y el estado de las cosas de Calabría, Y yo en mi galera traigo a Blanca Visino, una dama, hija del Marqués otanio de Balflor, que aquella no ho prendí en el mismo fracaso, que refiere Ludóvico, sin haberse visto entrambos, por venir en diferentes galeras. Mucho me he holgado, de tener dos prisioneros tan Nobles, para trocarlos, por Alejandro, y Arnesto, que en el encuentro pasado, prendió el Duque de Calabría. Afuera están. Pues llamadlos. Carlos, el Duque te espera. Su Alteza te está esperando, Blanca. s, - pues por su sangre merecen A tus plantas, más que miro! mientras ordeno otra cosa. Postrada, no es este Carlos! Rendido, no es Blanca esta! Llego alegre. Llego ufano. Dónde mi prisión es triunfo. Dónde mi desgracia es lauro. Levantad, rara belleza. . bolveré, en acompañando . Ay Carlos! esposo amado, quien creyerá en mi fortuna, ver efectos tan contrarios. . , , . Ay. Blanca divina! quin . Blanca hermosa, hado severo! juzgara en tan breve espacio, ver peregrinando al Sol . . Tu prisionera, y yo vivo! No vi milagro tan taro de hermosura. Blanca hermosa, no por prisionera trato de teneros en Florencia: solo os pido, que al cansacio del mar, dais algún alibio unos días, en mi Estado, mientras despacho un aviso a Calabría, cuyo plazo, que hermosura! será breve, que después sin embarazo, iréis libre a vuestra tierra. Si estos favores alcanzo de vuestra grande clemencia, aunque logre ese agasajo, será eterna mi prisión. Y mi obediencia. Vos Carlos, descansad, porque después os quiero hablar mus de espacio, Tu esclavo soy. Ludónico, di a tu hermana, que en su cuarto, tenga a Blanca, y en el tuyo, estará con tigo Carlos, los dos aqueste agasajo, Solo obedecerte aguardo. Vamos Conde, porque Laura, de el parabién a su hermano, de victoria tan felice. Aquí esperad, mientras paso con su Alteza, que después al Duque, llevaré a Blanca, de Laura mi hermana al cuarto. Carlos, ha dolor esouivo! Yo viva, y tu prisiónero! Como del dolor no muero! Como en pena tan atroz vivo, y el viento veloz, de mis afectos herido, no se enternece al gemido? no se irtita con la voz! Tu en Hlorencia? suerte impía! o muera yo a mi pasión. Después sabrás mi prisión. Y yo te diré la mía, Llegó de mi muerte el día. Lloras? ay dulces despojos! No Carlos, que estos enojos, los pronuncian mis agravios, y no los fío a los labios, porque hablan mejor los ojos. Solo tu prisión sentí. En ella funda mi amor, el alibio a su dolor. Cómo? No has venido aquí sin libertad? . Es así. No he llegado a tu presencia prisiónero? . Es evidencia. Luego debe mi atención, estimar una prisión, que me excusa de una ausencia. Callar mi pasión severa, elijo en mal tan extraño. Y yo publicar mi daño, turbando al aire en su esfera. Mas siente quien persevera, callando un dolor violento. Porque si crece el tormento. Porque advertido en tal calma, habla el silencio en el alma, y la voz habla en el viento. Aquí acabó mi esperanza. Porque, ay Carlos! tu dolor desconfía. . Siempre amor vive en la desconfianza. En mí has temido mudanza? Mi estrella. Blanca, recelo. Tu estrella? Si que el desvelo de una voluntad amante, a su estrella si es errante, quisiera quitar del Cielo. Ya el Duque te ha prometido libertad, con que en rigor, tiene alibió mi dolor. Quién mi ausencia ha permitido, no Carlos, no me ha querido. Blanca, esta experiencia hice, por probar (suerte felizo!) tu fe en aqueste accidente, que no dice lo que siente, quien no siente lo que dice. En este punto he sabido, en el cuarto de su Alteza, tu venida, hermano: Cielos, Carlos aquí! . Laura es esta, a quien festejé en Calabría. Pues como de esta manera la veo, en Florencia? Hermana. Oh duerme el discurso, o sueña; No lo creo, aunque lo miro! Cómo a mis brazos no llegas? Con la vida, y con el alma, celebro en ellos las nuevas de tus insignes victorias. Bien merece mi fineza, Laura mía, ese cariño, aunque siento tus tristezas como propias, que mi padre de todo me ha dado cuenta, y es menester alegrarte. Ya con lo que miro es fuerza, hermano el obedecerte. Nunca yo hermana creyera, menos de lo que te debo. Y dejando esta materia, quién es este Caballero, (como si no lo supiera lo pregunto) y esta dama? Son despojos de la guerra de Calabría, llega ha hablarlos, que por orden de su Alteza, han de estar en nuestro cuarto. Vivid esperanza muerta. De Ludóvico he sabido vuestra desgracia, y quisiera en ocasión de más gusto, darme a mí la norabuena, de conoceros, y hablaros. Mas pues la fortuna ordena, de este modo nuestra dicha, no hay si no tener paciencia, y recibir en mi cuarto, una voluntad tan vuestra, que os hóspeda como dueño, y no como a prisionera. A la fortuna agradezco mi prisión, pues logro en ella, señora, tantos favores. Cuando obligación no fuera serviros, por ser quien soy, vuestra divina belleza, me persuadiera a estímaros, porque también las estrellas, tienen entre las mujeres, diferentes influencias, de amor, y aborrecimiento, y vuestra hermosura, es deuda amarla. . Dejad, señora, sofísticas apariencias de vuestro ingenio divino, que para ser tan discreta, sois muy hermosa, y mirad, que Carlos Colona llega ha hablaros. A vuestras plantas, hay Blanca, aún de esta manera, me parece que te ofendo, llega mi fortuna ciega, pues no me ha dado esta dicha, antes que. Turbado empieza, sin duda de aquel incendio, viven las cenizas muertas, él me quiere, aquesto es cierto; proseguid, que si lo fuera, no os turbaráis de ese modo. Digo, que a prisión como esta, viniera por elección, sin que aquí la contingencia del hado tuviera parte. Muy tierno Carlos se muestra, pero aquesto es cortesía, que presto el amor tropieza en los celos. Yo agradezco, voluntad tan verdadera, por mi hermano, de quien ya sois huésped, y estoy muy cierta, que muy si no ha de serviros. Laura, mi hermana confiesa mi obligación por entrambos, y ansi remite mi lengua, a las obras las palabras, donde veréis la fineza, con que os sirve mi cuidado. Que mucho, si Blanca bella . es imán de mis deseos, vamos: a tu cuarto lleva. a Blanca. Ya te obedezco. Y Carlos conmigo venga. Ay Blanca del alma mía, que breves las horas vuelan, que estoy en los ojos tuyos. Ay Carlos, y cuán apriesa corre el tiempo en que te veo. Mira que el alma me llevas. No vienes Blanca? Ven Carlos. Ya te sigo. A Dios te queda. Serás firme? Soy tu esposa. Serás mía? Eso recelas. Ay Blanca lo que me obligas. Ay Carlos lo que me cuestas. Hay bobos, y lo que hacéis, de quebrarnos las cabezas.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Amor que el poder imitas de los Astros Celestiales, pues los bienes, y los males, a un mismo tiempo ejércitas, si ya en mi pecho acreditas, el imperio que pretendes, porque tirano me ofendes, y con distintas cautelas, me enciendes cuando me hielas, me hielas cuando me enciendes. En vano el pecho procura, tan grave pasión vencer, que no hay humano poder a vista de la hermosura, que es amor una locura, un frenesí, un desvarío. pase al sentimiento mío ajeno de la razón, si arrastra la inclinación, de que sirve el albedrío. Quién es Blanca? una mujer hermosa, afuera violencia, y yo un Duque de Florencia, que a su vista llego arder, no la tengo en mi poder, amor vamos poco a poco, que aunque amarla me provoco, cuando de mi ser me acuerdo, he de consultarme cuerdo, antes de empeñarme loco. Amor pues eres deidad, tes apla mi pasión severa, no pueda una prisionera, robarme la voluntad. Válgame la vanidad, en tan desigual ardor, mas no me acuerde el dolor, que tan divina la vi, Blanca no es hermosa? si, rendime, venció el amor. Buscando bien despacio a Carlos, mis atenciones, porque siempre los busones, tienen entrada en Palacio. Quién es? Con el Duque he dado, ha si escurrirme pudiera. Decid quién sois, pena fiera! De Carlos menor criado; hay que ojos echa, turbado me voy, porque estoy sin mí. Cómo habéis entrado aquí? Señor mío, entreme andando, tomo perderla sencilla. De dónde sois? Él me abolla; soy de Gargantalahorla. Y cómo os llamáis? Golilla. Él tiene famoso humor, en fin mi pena divierte: parecéis hombre de suerte. Soy Golilla el toreador. Extraño nombre. Si escuchas, has de saber lo primero, que mi padre fue cochero, con que tuvo vueltas muchas: mi madre era una persona, que hizo de serlo promesa, unos dicen que Francesa, mas yo sé que fue Balona. Golilla por maravilla me puso, y porque te cuadre, ya ves en mi padre, y madre, vueltas, balona, y golilla. Aunque tu nombre te excusa, no dice bien con el traje. No es antiguo mi linaje, porque a poco que se usa. Mas volviendo a la maraña, que fui el primero diré, gran señor, que desterré, calzas, y cuellos de España. Y aunque de verlos mohinos, cobré diferentes famas, por respeto de las damas, reservé los abánicos. Qué hace Carlos? Muy ufano, aprende lo que no entiende. Pues no me diréis que aprende? Señor hablar por la mano; triste está con de masia. Bien le trata mi llaneza. No se espante vuestra Alteza, porque tiene hipocondría. g. Venid acá, a Blanca bella, (apuremos este ardor) conoceisla? . No señor, pero me crié con ella. Amor, la lengua deten; que a Carlos sirves escucho. Ha dado en quererme mucho, porque no le sirvo bien. Es Carlos a lo que arguyo, muy honrado Caballero, a pagar de mi dinero, pero no a pagar del suyo. Tiene linda condición, es amigo de agradar, pero es hablar de la mar; hablarle de mi ración. Según lo que habéis contado, mal os havendréis los dos? Mucho pregunta, por Dios, que está recién heredado: si señor, pero soy fiel. Despediros no es mejor? Para hallar otro peor, mejor me estaré con él, soy pobre, que es gran trabajo, Tan pobre estáis? Por mi mal, no sé que es camino Real, y así echo por el atajo. Veros pobre no os de pena. El remedio es extremado. Llegaos más. Estoy turbado. Tomad aquesta cadena. Es correrme aunque perdones. La corresía os alabo. Aquí tenéis vuestro esclavo, no hay sino añadir prisiones. Vedme después porque aquí, de vuestro humor he gustado. Pues si me hubiera tratado, perdiera el juicio nor mí. Hasta este cuarto he llegado, por si consigue mi estrella, encontrar a Blanca bella, el Duque está aquí. Fiado en la merced que me hacéis, os cansarán mis porfías. Venidme a ver los más días, esta licencia tenéis. Pues me tratáis con llaneza, yo me escurro poco a poco. Quita necio, de este loco, no haga caudal vuestra Alteza, Carlos. . Señor, Bien llegado. A vuestras plantas rendido estoy. Muy entretenido me tiene vuestro criado. Es frío, y da en ser gracioso. El tiene famoso humor, Bien, sobre mal pagador, es el Carlos envidioso? no hay tal Carlos en Castilla. Hablarte a solas quisiera. Golilla salte allá fuera. Dejanos solos Golilla. La cadena me da pena, mientras se ponen a hablar, irá Golilla a alibiar, el peso de esta cadena. Dichoso he llegado a ser, pues en tan prolijo ardor, para proseguir mi amor, de Carlos me he de valer. El Duque con tal recelo, querer cuidadoso aquí, a solas hablarme a mí, que querrá? válgame el Cielo. No es mala aquesta ocasión. Carlos. . Señor. Han me dicho, que estáis triste. Gran señor, no acertó quien os lo dijo, que aunque está mi libertad, pendiente de vuestro advitrio, todas mis buenas fortunas, en ser vuestro esclavo libro. Estás bien hallado? Es tanto lo que debo a Ludónico, que aún no pueden mis deseos igualar sus beneficios. Pues Carlos, aunque lo niegues, de tu femblante colijo, tu tristeza, y porque entiendas, do. desde hoy sin ser prisionero has de ser Carlos mi amigo, Beso tus pies. Pero dime la tristeza, que averiguo en tu semblante es amor, quieres a caso? No he sido tan necio, que no conozca, de esa pasión los bajios, ni tan discreto, que sepa librarme de sus peligros. Amar con justa elección, en un Príncipe es delito, No señor, porque aunque nacen a los demás tan distintos, no es dado a la Majestad, sujetar el albedrío, y no desdicen de humanos, aunque parecen divinos. Pues Carlos, yo tengo amor, yo quiero bien, ya lo he dicho, y porque sepas, que solo a tu prudencia le fío el secreto de mi pecho, me he de declarar contigo; para morir del remedio, o mejorar del alivio. Vuestra Alteza se declare, pues párticipe me hizo de su pena, y de su amor sepa yo el obieto digno; no sé que me dice el alma. Pues ya tú lealtad he visto: Ay de mí! Sabe que Blanca. Valedme cielos divinos: Quién, Señor? . Blanca. Qué escucho! Es el objeto, el hechizo, que amante, rendido, adoro, que idolatramente sigo; si bien está mi des tan templado en mi cariño, tan hallado en la atención, y en la pasión tan remiso, que la esperanza me niego, si al amor me solicito, porque no publique el pecho; cuando a sus ojos me rindo, que al caer en el amor, tropiece en el apetito. Honestamente la adoro, si por Dios, y me he valido. de ti, por no declararme, a ningún vasallo mío. Háblala Carlos, y dila, pero es ocioso el decirlo; tú eres discreto, y amante, harro con esto te he dicho. Ay Blanca del alma mía, que bien el pecho adivino, dé mi mal pronosticaba la causa de mi peligro. Direlo ad Dirque mi empeño, pero esté imudio no ello, que somos sus prisioneros, y es poderoso enemigo, mejor es disimular, que el tiempo abrirá camino, para que industria, y amor, salgan de este laberinto. Qué respondes? Yo señor, que es responderte delito, si a tus preceptos por mí, el silencio ha respondido. Desde hoy Carlos te levanto, a ser mi mayor amigo. Y vuestra Alteza verá, con el gusto que le sirvo. Lograré con esta industria, afectos tan bien nacidos. Buscaré ocasión que pueda librarnos de este peligro, A mucho te empeñas Carlos, mira que el alma te fío. El mío, y vuestro cuidado, haced cuenta que es el mismo. Agora dame los brazos, y vente Carlos conmigo; Blanca; a tus divinos ojos, toda el alma sacrifico. Zelos a morir de amante, pues mi fortuna lo quiso. Que bien hice en declararme, en Carlos mi suerte libro, vente conmigo. Ha tirano! . No me sigues? Hh enemigo! Fortuna, por Blanca muero. Fortuna, por Blanca vivo. Cielos piadosos valedme. Valedme Cielos divinos. A la dicha de encontraros, tan agradecido estoy, l que aún no he mirado si soy grosero en acompañaros, que aunque rendido me ofrezco, a serviros a las dos, es por Laura, que por vos, ya sé que no lo merezco. Cierto que vienes hermano, muy discreto para amante. A vista de lo galante, os sobra lo cortesano. También en mi voluntad tiene imperio Laura bella, pues desde que estoy con ella, no sé de mi libertad. Cuando mucho os agasaje, que os dará, puedo decir, ocasión para suplir las faltas del hospedaje. Antes Laura en mis empleos, no hallo más que desear, porque siempre han de quedar desairados mis deseos. Ay Laura, yo intento en vano, remediar esta pasión. Ahora es buena ocasión, dila. . Qué es eso? Mi hermano, que anda. Blanca, te prometo, desazonado estos días, con muchas melancolías. Pensiones son del discreto. Y pues yo su hermana soy has de saber. . Para qué; yo señora os lo diré; temblando a su vista estoy. Es enigma mi pasión, que me entristece, y agrada, y cuanto más declarada, me causa mi confusión. Es una cuerda locura, alinio a un tiempo, y engaño, que llegando por mi daño, yo la tengo por ventura. Llama es que helada se mueve con tan desigual calor, que me hiela cuando ardor, y me abrasa cuando nieve. Es un sentimiento atroz, tan callado; y tan violento, que ánima con el aliento, y acobarda con la voz. Mira en males tan ajenos, Blanca, si en la enigmadas, pues con padecerla más, soy yo quien la siente menos. Declárala hermano aquí. Ya la aguardamos las dos. Preguntalda a Laura vos, que ella os la dará por mí. Qué es esto Laura? No sé, para ser tan entendida, mucho ignoras por tu vida. Cómo? . Yo te lo diré, Tu hermano, no declaro la causa de su accidente. Nadie amiga es elocuente, delante de quien amó, en ti los ojos ponía, entiéndelo Blanca ahora. Luego soy yo? Quién lo ignora. Ay Carlos del alma mía? Que le agradezcas te pido, tan honesto proceder, pues te llega a pretender, a fin de ser tu marido. En que te está bien me fundo, pues sabes a lo que infiero, que en Florencia es el primero, y en amarte sin segundo. Y pues estás en Palacio, y sabes su calidad. Cosas de la voluntad, se han de mirar más despacio! solo a Carlos me rendí. Y ya que hizo mi papel, hablándote Blanca de él, escúchame ahora a mí. A quien podrá mi pasión, declararle su fatiga, sino a Blanca que es mi amiga, no es mala aquesta ocasión. Ya sabes Blanca, que fue mi padre, de Embajador, por el Duque mi señor, a tu tierra . Ya lo sé. Que consigo me llevó, hado infeliz! dura suerte! que en Calabría hallé mi muerte. Eso es lo que ignoro yo. Pues sabe que a Carlos vi, qué a su talle me obligué, que al descuido le miré, y que amiga. Ay de mí! que escucha mis sentimientos? Con fieles demostraciones, pagaba mis atenciones, en públicos rendimientos. Luego él. Deja que prosiga. Dió motivo, estoimortal a tu amor? Sí, por mi mal. Prosigue pues, ha enemiga! No tengo más qué decir, que estoy turbada confieso. Harto me has dicho con eso, ni yo tengo más que oír, quien duda infelice calma, que te hablaba sin enojos? la verdad. . Si con los ojos, que son las señas del alma: mi atención fue buen testigo, de un afecto verdadero. Miren el buen Caballero, que hallado estaba contigo, querrás que le hable por ti? Ya me doy el parabién. De que le hablaré muy bien, eso fialo de mí, desde que llegó, ha cruel! hablaste con Carlos más? Mui curiosa Blanca estás. No quiero errar mi papel. No Blanca, porque eso fuera, desdoro en mi conocido, y así de ti me he válido, por amiga verdadera, quisiera, suerte dichosa, que se lograra. Ha tirano! Ser tu mujer de mi hermano, y yo de Carlos esposa. Dírasle, por vida mía, si hubiere ocasión ahora, que solo Carlos. Señora, que manda Vueseñoria, decidme la causa aquí, de suspenderos las dos. Preguntaldo a Blanca vos, que ella os lo dirá por mí. . Nombrarme Laura, y partirse; Cielos, qué enigmas son estas? cuando yo desesperado, el alma en celos se anega. Vengo de parte del Duque, a declarar sus finezas a Blanca, no estoy en mí, denme los Cielos paciencia. Quedamos buenos amor? Amor hemos la hecho buena? Carlos a Laura enamora? El Duque a Blanca festeja? Y no me acaba el dolor? Y no me acaba la pena? Dejadme celos, mal dije, que son claras evidencias. Pero si ha de ser preciio, viva el Duque, y Carlos muera. Pero si a Carlos adoro, aunque él ingrato me ofenda, mi ofensa le intime el labio, y échese a perder la queja. Que no me mire, ha tirano! como tu mudanza muestras. Blanca, Cielos, sin hablarme, vamos poco a poco penas. Irme sin mirarle elijo. Mejor es irme sin verla: no vuelve? yo estoy perdido. No lo siente? yo estoy muerta. Cielos que se ausenta Blanca. Cielos; que Carlos se ausenta. Ya no lo, puedo sufrir. Ya se acabó mi paciencia. e- Blanca. Carlos. Dueño mío. Miren que argentado empieza. En hora buena a mis ojos tu hermosura me amanezca, a ser envidia del Sol, y aplauso de las Estrellas, En hora buena. Detente, por mi hermosura comienzas, trie ahora en ella reparas. Nunca he reparado en ella, ay Blanca, con mas razón. Porque causa? Oye, y direla. El amante que seguro vive de su dama bella, que ni celos le ocasionan, ni turbaciones le cercan; mas que atento a su hermosura vive atento a su fineza, porque esta siempre la halla, y busca rendido aquella: Suele en aquesta ocasión interponerse una ausencia, y el descuido que previno la seguridad de verla, es atención que le avisa los peligros de perderla; más hermosa le parece, más atenciones le cuesta; que aunque siempre es una propia, la mira ya como ajena; porque es tan frágil el ser de nuestra naturaleza, que no estima lo que goza, si el riesgo no se lo acuerda. Amante tuyo he vivido, de tus favores acuenta, bien hallado en tu hermosura, y adorando tus finezas: Mas como al quererte fue primer causa tu belleza, al perderte, fue preciso irme a la causa primera: Y así no te admiros, Blanca, si es forzoso que te pierda, que al aviso del peligro más hermosa me parezcas. Que escucho, cielos divinos! Perderme: de qué manera? Porque mi suerte lo quiso. Hay más linajes de ofensas! Declarate. No es posible. Habla. No acierta la lengua. Acaba, Carlos. . Pues digo: Al pasar por esta pieza escuché la voz de Carlos, y aunque el Sarao, y Academia me aguardan, quiero escucharlos, y sabré de esta manera si la habla por mí. Pues digo: Que el Gran Duque de Florencia, en quien a un tiempo compiten el poder, y la grandeza, te quiere bien; y me ha dicho, que yo su tercero sea: No tengo más que decirte, dame Blanca la respuesta. Ay Carlos: Hay fiel amigo: Pendiente estoy de su lengua. Hay más generos de agravios: Que aqueste ingrato se atreva a proponerme otro amor cuando él a Laura festeja: Pero ya hallé la venganza del linaje de la ofea, y pues con celos me mata, con los mismos celos muera, Qué respondes? Muerto escucho. Dile Carlos a su Alteza, que estoy muy agradecida, a la afición que me muestra, yo no sé lo que me digo, pues será con la decencia, de celos estoy perdida, que una mujer de mis prendas, se debe con el decoro de mi honor, y mi nobleza, esto le podéis decir, y idos con Dios, porque es fuerza, que siendo vos el tercero, yo la agradecida sea. Venciste amor, en tus aras pondré el alma por ofrenda. . digo. . Qué? Mujer que has dicho? qué has dicho? Pues aquesto le da pena, responderá quien procura, galante mis conveniencias. Mi bien, mi gloria, mi dueño. Jesús, palabras tan tiernas, puede advertir señor Carlos, que no está aquí el dueño de ellas. Pues quién es el dueño? Laura, a quien amante festeja, a quien rendido enamora, y a quien firme galantea, y tiene famoso gusto. Blanca por Dios deja, deja, de martirizarme el alma. Ya ingrato sé tus cautelas. Yo a Laura, has perdido el juicio Pues no es verdad, que lo niegas? Mi bien el cielo me falte, si a Laura he dado materia, para su amor. Eso es faso, que agora lo supe de ella. Atiende. No he de escucharte. Aguarda. En vano lo intentas. Y mi cuidado? Es de Laura. Y mi amor? Es apariencia. Pues Blanca. La voz de Carlos, (a que buen tiempo que llega mi amor) hablando con Blanca está aquí, y sin que me vean, puedo escucharlos. Pues Blanca, lo que tú quisieres sea, Que quiero a Laura, quieres más? Si lo confiesa tu amor. Si tu gustas de ello. Hy amiga verdadera, que bien a Carlos persuade; pero hacía esta parte llega mi padre, venció el amor, viva mi esperanza muerta. . En fin Carlos. En fin Blanca. Que a Laura quieres confiesas. Que al Duque quieres públicas. Si tu tirano me dejas. Si tu mudable me ofendes. No soy bronce. No soy peña. Goces a Laura mil años. Mil años del Duque seas: muerto voy. Señor. . Señora. El Duque aguardando queda. Laura te queda aguardando. Si aquesto mi suerte ordena. Si esto mi suerte dispone. Paciencia, cielos paciencia! Luisa que en decir me fundo, mi atención es buen testigo, que son enanas contigo; todas las Luisas del mundo, Luisa no común de dos, pues eres única ya, escúchame. . Bien está, dadme el memorial, y a Dios. Luisa, que mi alma emnbelecas, . Pues Blanca a decir empiece, tu gravedades? Despacio, mirad que estoy en Palacio. Como quedamos los dos? Que necio, al fin de la villa. Luisa, memento Gosilla. Yo me acordaré de vos. Al festin que esta noche pública . Amante que mudo está, de nuestro gran buque la gala gentil, ocultando su pasión con disfraces, y nuevos deseos, atentos galanes, y Damas venid, al festín, al festín; porque cuente felices sus años, a Estrellas el cielo, y a flores Abril, al festin; al festín: Yo os agradezco el festejo que vuestra lealtad previno, en fieles demostraciones, y en públicos regocijos; y pues aqueste jardín, nos convida con su sitio, que borda la Primavera de claveles, y jacintos, puede empezar la academia, Conde. . Gran señor. Cubrios, oíd que en esta pregunta, toda la academia cifro. Qué sujeto es más felice, si enamorado se halla, aquel que su pena calla, o aquel que su pena dice? prosiga Blanca. . Prosigo, el amante que rendido, adora desconfiado, asegura en lo callado desengaños que a temido. Luego el que calla advertido mayor discreción alcanza, que aunque ame sin esperanza, cuando oculta su tormento, logra firme un rendimiento, y no alienta una esperanza. Son los amantes mudos, discretos siempre que en afectos bien dichos, los más se pierden. padece, y al corazón ningún allbió le da, su mal eterno será; pues no dice lo que siente, luego el hablar solamente hace su pena mayor, porque un declarado amor, se aventura aún accidente. Declaradas finezas, no son seguras; pero tienen a veces buena fortuna. Ese afecto declarando, no es amor en mi opinión, bastardos afectos son que la malicia ha engendrado: amor firme en su cuidado, esperanzas no consiente: Luego el que calla prudente, divierte su pena atroz, porque no alivia una voz a toda un alma que siente. Amar sin esperanza, de amor es punto, y aunque lo intentan pocos, lo logran muchos. El que oculta su cuidado, de ser dichoso se aleja, que un mal que se siente, deja de ser mal comunicado: Luego el que vive callado, mayor ignorante ha sido, porque al mostrarse rendido, que importa en mal tan violento que consiga un sufrimiento, si va labrando un olvido. Los amantes que callan su amor activos, bien pueden ser discretos, mas no entendidos. Por dar gusto a vuestra Alteza en la Academia, diré el tema que sigo fiel del que calla la firmeza: Qué siente más, es certeza mas segura en mi opinión; y aunque explique su pasión, es hacerle al alma agravio, pensar que declara el labio lo que siente el corazón. Los afectos amantes de un pecho firme, dicen más con los ojos, cuando no dicen. Cuestión difinida ha sido en un amante cuidado, antes que verse olvidado, querer ser aborrecido: Quien calla supone olvido, negándose la victoria: Luego viene a ser más gloria en un declarado intento, exponerse a un escarmiento por lograr una memoria. De los aborrecidos la suerte es corta, que lo son, y los tienen en la memoria. Perdóneme vuestra Alteza, que también he de decir, y al que calla preferir: vaya un cuento con llaneza. Un tuerto con mil porfías amaba con tiernas quejas a una vieja, porque hay vieras hermosas pues tienen días: Su amor con mil alegrías a la viera le declara, y ella de dientes avara al tuerto le respondió: No puedo quereros yo por un ojo de la cara: Luego el que calla su queja, solo es quien del mundo goza; o si no, que hará una moza, cuando se ensancha una vieja? Basta ya por esta noche; todos habéis discurrido con agudeza, y yo soy el primero que me rindo a vuestro argumento. Todos al ingenio peregrino. de vuestra Alteza, nos vemos claramente convencidos. Ay Carlos, y quien creyera que mudable hubieras sido! Carlos, pues me correspondes, tú has de ser el dueño mío. . Ha Blanca, si me entendieras, claro mi dolor te he dicho! . Gracias a Dios que a mi Laura el semblante alegre miro. . Blanca, como no te mueve el aire de mis suspiros? Ay Blanca, tú eres mudable? No hay Astro en el cielo fijo. . Gracias a Dios que se van, que lo tengo a maravilla. Escuche el señor Golilla. Que manda el señor Caiman? Conóceme? . Caiman es su nombre, que es nombre extraño, y es nieto, si no me engaño, del Caiman de San Gines. Sabe que es un prisionero? Quedo por amor de Dios, que ya sé que no soi dos. Pues como es tan majadero, que se atreve a enamorar a ines en mil ocasiones? Aqueso va en complesiones, mas soy amante al quitar; y si le llego a ofender, desistiré muy aprisa de mi amor, y me iré a Luisa, que en fin no me puede ver. Si más con ella se arruga, dos mil palos le darán. Siempre tuvo el buen Caiman más conchas que una Tortuga. Agradezca que me parto sin que riñamos los dos. que ya sé que es gran lagarto: pues no la he de hablar, permita que a Jues le escriba un papel. Y que ha de decirle en él? Prebéndrele mi visita. Ni aún visitarla consiento: la paciencia se me acaba. Yo pensé que no agraviaba un amor de cumplimiento. Darele mil estocadas si me llega a replicar. Busted me quiere matar, más que andamos a puñadas. Estos avisos le dan mis celos, con fe sencilla, guárdelos, señor Golilla. Descuide el señor Caiman, Cielos, quién habrá tenido en su pena tal dolor! Carlos a su fe traidor, trueca el amor en olvido, y para que airada crea que en todo soy infelice, que quiera al Duque me dice, bien se ve que lo desea. Laura amorosa, y constante, quiere a Carlos, no hace mucho, cuando de su boca escucho, que ha sido Carlos su amante: pues yo en tan graves desvelos (Carlos ingrato, y traidor) disimularé un amor, pero no podré unos celos. Gente a este sitio ha llegado, si es Carlos el que ha venido? hay amor, que grande ha sido de una sospecha el cuidado. Oscura noche. . Señor, donde vamos de esta suerte? A ver si acaso divierte este sitio mi dolor. Este puesto, que ocasión en él tu dicha restaura? De los jardines de Laura estas las ventanas son, y como vive con ella Blanca, causa de mis males, vengo a adorar sus umbrales siempre que no puedo bella; que hará Blanca? Descuidada, durmiendo, a lo que imagino, sabe muy bien el camino, y ya estará en la posada. Dos hombres pasan, y creo, si no me engaño, que oí la voz de Golilla, así satisfaré mi deseo. . No oyes, señor? Bien se ordena; Amor, mitiga tus llamas: Quién tosera? Un guardadamas, que anda en su rocin en pena. Llegarme quiero, guiado de tan divino arrebol, a la luz de tanto sol, llego aquí de salumbrado: tened lástima de mí, corregid vuestros luceros. Pues muy bien podéis volveros, porque no está Laura aquí: Carlos es, yo veré ahora si me ha tenido por ella. No repara en una Estrella, quien va siguiendo a la Aurora. Sin duda me ha conocido pues que niega su mudanza. De mí perdida esperanza solo Blanca el blanco ha sido: nadie nos oye a los dos, ella es, ya la conocí. Luego lo decís por mí? Luego es nuevo para vos? Estraño al veros rendido, muy amante Caballero, que aquí vengáis (dolor fiero si Blanca no lo ha sabido. A eso dice mi cuidado lo mismo, si lo advertís, porque a esta reja asistís, cuando Carlos lo ha ignorado: Por ver al Duque sería. Por ver a Laura será. Esa es mucha de masia. Y eso pasa de osadía. Solo yo llevo la palma del amonque te he tenido, Blanca, el alma te he rendido, informate tú del alma. Gente viene, vete pues, que aquí te quedo aguardando, retírate, y en pasando, podrás llegarte después. Hasta este puesto he llegado por si a Blanca puedo ver: de que me sirve el poder, si está sujeto a un cuidado? Este es el Duque ( ay amor) ya mi duda es evidencia, a hablarla viene, paciencia. Quién es, es Carlos? Señor. Ahora hay fiesta de toros. Solo con Gosilla vos? Aquí estábamos los dos rezando el Rosario a coros. Que el Duque hubo de venir de aquí me quiero quitar, que a Carlos no podré hablar, pues con el Duque se ha de ir. Qué hacéis? La verdad diré: hablando con Blanca estaba, y tu amor la declaraba. Y está en el valcón? No sé. Cómo es noche de Academia, y estos jardines amenos dan paso, los del Sarao, vienen por aqueste puesto, y yo vengo a ver si Carlos es acaso alguno de ellos. Pues mira si todabía está en la reja, que quiero llegar a hablarla, que aquí te aguardo. Ya te obedezco. Si la habla el Duque, sabré si me olvida por lo menos. Hacia aquí se acerca un hombre, y se parece en extremo a Carlos. En el valcón está Blanca. A Caballero (fingiré la voz) por dicha sois Carlos? Yo soy, que vengo a decirte como el Duque. Como estoy un poco lejos, nada escucho. Quiere hablarte, mira (Ay de mí!) si hay tormento que pueda igualar al mío. Ahora bien, yo me duermo, mejor echado que en pie, a aquesta parte me tiendo. c. Que es la causa que os provoca a tener tal sentimiento? No pienso que ignoras tú, que te quise, y que te quiero, Que más claro me ha de hablar, él me adora, aquesto es cierto, y tiene celos del Duque. Hay ingrata, que mal templo mis celos, pues le llamaste para hablarle en este puesto: qué respondes? Que le digas al Duque, que mude intento, y que quiera en otra parte; y esa banda, que en el suelo se ha caído, os dirá, Carlos, con mudas señas, el dueño, que callando os corresponde: harto os he dicho con esto. Cielos, qué es esto que escucho? sin duda finge este enredo Blanca, porque yo la estorbo hablar al Duque. Yo quiero llegar, Carlos que te ha dicho? Vive Dios que no la entiendo: dice, que es cansarte en vano quererla hablar, y con esto se fue, porque la llamaron. Vamos poco apoco, celos, sospechas, que es lo que escucho! mis atenciones no oyeron que Blanca mi amor pagaba, sin duda con falso pecho Carlos a Blanca enamora, mas que digo; yo me llevo de imaginación tan vana, de tan mal nacido afecto: Carlos es noble, y le di parte de mi pensamiento, y viene a ser más delito, cuando su lealtad condeno, el llegar yo a imaginarlo, que llegar él a emprenderlo. Vive Dios que le ha pesado de encontrarme en este puesto. Ven conmigo; pero aguarda, que, si no me engaño, creo, que un hombre a esta parte llega, hacia aquí nos retiremos. Donde me llevas, amor, suspende el arco violento, si todo tiene mudanza, como en mi mal no la veo? Laura mi hermana me ha dicho, que con el mudo silencio de la noche, venga a hablarla a estas rejas, y a este puesto, para darme la respuesta de Blanca, que según creo, mi malle habrá declarado; temblando a saberla vengo, que quien nace desdichado, se anticipa el mal suceso. No he podido sosegar, y así a esta reja me vuelvo, que aunque Laura recogida está, no duermen mis celos, y si Carlos se ha ausentado, a saber celosa vengo: pero un hombre miro allí, él será, valedme cielos. Si no me miente la vista, en aquella reja veo una mujer, y es sin duda Laura; qué aguardo? yo llego: Es Laura? Carlos es este, fingir que soy Laura quiero (Ha traidor! a ingrato amante!) yo soy. A buen tiempo vengo, Laura mía. Ay infelice! Mil siglos ha que te espero, para lograr con tu vista mi esperanza, y mi remedio: quien duda que soy dichoso, pues está a tu cuenta el serlo. Habla, Laura, que no en valde me pagas lo que te quiero. Qué es lo que pasa por mí; esto escucho, y esto veo! advertid que no soy Laura, si bien (ay de mí!) es mal hecho que cuando vos por su causa estáis tomando el sereno, ella esté ya recogida, burlando vuestros deseos, sin acordarse de vos: no digo que sois un necio, pero no sabéis velando lo que ella sabe durmiendo. Cielos, que es lo que escucha Ya es fuerza reconocerlo. Deja que yo le conozca, pues me va la vida en ello: Ay Blanca lo que me cuestas! Pasos oigo. Caballero, decid quien sois, que es preciso morir, o reconoceros. A tan necia presunción, responda por mí el acero; irme quiero retirando, hasta sacarso del puesto, porque después, con la vida pagará su atrevimiento. A qué aguardo que no voy; Quién es? Señores que sueño tan pesado, quien me pisa? Es Golilla? Soy un puerco: dime señor, es ya hora Carlos? has hablado a Blanca, hubo picante de celos, no te fuiste con el Duque? Fingir que soy Carlos quiero, no fue vana mi sospecha, ya es forzoso acudir presto, que después de este criado me informaré. Volaberon; así te vas, yo también, cojo las de Villadiego. Conoceros es preciso. Morir, o matar pretendo. No vi tan raro valor. No vi tan extraño essuerzo; no es Carlos? No es Ludóvico? Carlos amigo, que veo, tú la espada contra mí? Corrido he quedado, y ciego, perdóname Ludóvico, que te ofendo, y no te ofendo. No dices más? habla Carlos. Harto te he dicho con esto, lo que has de hacer es fingir. Ahora te entiendo menos, Yo sabré satisfacerte. Cómo podrás. Qué es aquestó? Carlos supiste quien era, el que arrogante, y resuelto, de ti se quiso encubrir? El Duque es viven los Cielos, y por él sin duda Carlos, echarme quiso del puesto, no tengo más que saber, ya Carlos me ha satisfecho. de irnos a dormir, que has hecho . No señor, que con las sombras de la noche, le perdieron mis diligencias, llegó Ludóvico a aqueste tiempo: (bien sinjo) sacó la espada, fuímosle entrambos siguiendo, y sin poder alcanzarle, los dos juntos nos volvemos. Bien está, veníos conmigo, un volcán llevo en el pecho, Cielos, si Carlos me ofende, yo daré al mundo escarmiento. El Duque tan receloso, alguna desdicha temo, y entre el amor, y el honor dos veces me miro ciego. Válgame Dios quien será, de sus finezas el dueño, en Laura me va el honor, y en Blanca la vida, Cielos, muera yo si a Laura adora, que en dos distintos efectos, cuando el honor es lo más, todo lo demás es menos. . Cielos, si es la causa Blanca de todo el mal que padezco, o muera yo del dolor, o quitadme el sentimiento. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA 1. Echa por esta parte, que el jabali cerdoso horror de Marte, por esa senda enfurecido baja al prado. 2. Alllano. Al monte. 2. Ataja, ataja. Todos van tras la fiera, y yo me quedo, pero no va en mi mano el tener miedo, que el Duque, y sus porfías, hayan dado en cazar aquestos días, y en aqueste ejercicio se desvela; que haya brocado, y puedan ver la tela: temblando estoy aquí con estar lejos, aún si fuera la caza de conejos, no me escapara yo como me escapo, que nunca huyen las llebres de un gazapo. Ya llevan las orquillas los monteros, ya el Duque aguarda con los Caballeros, ya avisa el riesgo el ruido de las ramas, ya los coches se juntan de las damas, ya al galán más bizarro, si a caballo no va, le coge el carro. Biene el bruto feroz, la fiesta empieza, este cay, el otro huye, aquel tropieza, uno corre, otro grita, aquel se para, y es por un puerco toda esta algazara? Solo a Blanca, y a Laura no desvela, la fiesta de la tela, pues llevadas las dos de otros cuidados, a caza fueron ambas de venados, y hicieron bien, que es caza más segura; señores la paciencia se me apura, yo con un jabalí, tiemblo de oíllo, que me puede amolar con un colmillo: más que digo, soy yo quien no le aguardo? yo por un puerquecillo me acobardo, vive Dios que lo tengo a marabilla, quien puede ser más puerco que Golilla? Hago cuenta que estoy, quienlo embaraza, de Madrid en la plaza: ea valor que ya mí miedo ignoro, ve aquí que entra del Rey un fiero toro, yo le aguardo de lejos, él se viene hacia mí, que es de los viejos, de las dos madres es en lo hosco, y gacho, húrtole el cuerpo, plántole un penacho, admirase la Villa, y todos dan aplausos a Golilla. otro sale feroz que a aquel prefiere, voyme a él como un rayo, no me quiere, que un cabestro le dijo allá en el prado, que con Golilla tenga gran cuidado. Buscale por un lado mi osadía, dígole que me escuche en cortesía, él se viene hacia mi viendo mi queja; que llevado por bien es una oveja, y acosado de lanzas, y rejones, me deja con Golilla, y sin calzones. Saco la espada. 1. Ataja, ataja digo al fiero jabalí. Dios sea conmigo. De seguira ese bruto fatigado, en la estancia florida de este prado, a donde el Sol, por raro, o por distinto, no penetra su hermoso laberinto, descansaré mirando sus primores, pues siguiéndole van mis cazadores. Este es el Duque. Ay Blanca, quien creyerá, que esta caza por ti mi amor fingiera: a cazar ha venido con Laura, y yo tan infelice he sido, que cuando más amante hablarla intento, sordo a mis quejas se embaraza el viento, quién es? Golilla soy, aunque perdones, que anda dando en él monte trascartones, Qué haces aquí? el temor no te embarace. Aguardaba un montero que me caze. De este informarme quiero, si Carlos es leal, que en el terrero por él me tuno. . miren que ojos echa. Con que dio más motivo a mi sospecha: ven acá. El Duque quiere destruirme. Mira que una verdad has de decirme. No es fácil. . Cómo no? Templa laira, más fácil es decirte una mentira, porque si te he de hablar confundamento, cuarenta veces de las treintamiento, Mira que yo he sabido, que Carlos quiere a Blanca. Él me ha cogido. Y aquí sin ser molesto, tú me lo has de decir. . Malo va esto. No lo puedes negar. . Él me provoca, Porque lo supe de tu misma boca, por él me hablaste anoche en el terrero, y si se quieren, yo casarlos quiero. Ya esto es apretar mucho, no soy criado fiel sino desbucho: yo te lo dije? . Sí. Tómala a cuenta, porque mentira fue de las cuarenta. Anoche fue a las diez. Gentil despacho, siempro a esas horas suelo estar borracho. Habla villano. Ten la furia airada, sabe que Blanca no es para casada; tuvo una enfermedad siendo chiquita, y hizo voto de ser Monja Benita, Dime, Carlos la quiere? Yo prometo decirlo, si me guardas el secreto. Habla, que ya te escucho. Pues no la puede ver, poco ni mucho. Debes de estar, Golilla, como sueles, dilo, acaba. . Señor. Aunque más vueles bruto feroz, del monte a la maleza, perezosa será tu ligereza. Esta es Blanca, mal finge mi cuidado, apa bien puedes irte ya. Bien me he escapado. En guardar el secreto está tu vida. Seré mudo, la historia va perdida, el Duque a Blanca espera, voy ha avisar a Carlos de carrera. Hacia esta parte llega, feliz suerte. Pago el bruto su tema con su muerte. Blanca. . Señor. Hh suerte rigurosa, ahora me parece más hermosa. Que con el Duque he dado, o nunca aquí llegara mi cuidado. Cómo hasta aquí has venido? aún no la comprende mi sentido. Divertida, señor, por la espesura de ese monte, que en varia arquitectura, Ciudad de fresnos es, y tan extraña, que su Corte la aclama la campaña, siendo objeto a la vista en sus regiones, que ostenta vejetables poblaciones. Salí aquesta mañana, cuando el Sol con reflejos de oro, y grana, alma viviente de los Horizontes, dora peñascos, y ilumina montes. Yo que el riesgo mayor no me embaraza, con Laura (como sabes) iba acaza, por ser las dos (influjo fue propicio) inclinadas, señor, a este ejercicio. Llevome más la suerte, que el cuidado, a la fragancia de un hermoso prado, que con varias colores, su alfombra matizaban muchas flores. Olgo en las ramas advertida ruido, embargo la atención a mi sentido, y tan inmóvil con la duda estaba, que aún de mí mis alientos recataba. Llégueme, mas tan quedo, que lo que era valor pareció miedo, hice ruido culpando su tardanza, y un ciervo por las matas se abalanza, corrió veloz desafiando al viento, no es ligero a su vista el pensamiento; mudo se alarga, y se acobarda astuto, hiero el hijar de mi animado bruto, y antes que con la vista, ciega creo, que le alcancé, señor, con el deseo. Llegamos a este sitio porfiando, él corriendo veloz, y yo volando, si bien vino a ser vana su porfía, que era mujer, y airada le seguía, emparejé con él junto a una roca, sagaz se oculta, y libre me provoca, da un salto, por librarse (pero en vano) despido el fresno de la airada mano, con tan feliz acierto, que muerto estaba, y se ignora muerto, pues fue en el aire a un tiempo su homicida, amago, ejecución, muerte, y herida. Dejo muerta la fiera, llego a esta parte. Blanca, aguarda, espera, quien vio muerte más segura, no tu acero la mató, que yo sé que ella murió de ver tu rara hermosura. Quién se libra (pena dura!) al verte de hallarse ansí, yo (ay triste!) el primero fui, que esa muerte padeció, tu donaire me rindió, ten Blanca piedad de mí. Roca he sido en la firmeza, honesto ha sido mi amor, advierte Blanca. . Señor, repórtese vuestra Alteza, y de mi honor la pureza. Remedio a mi mal ignoro, pues que he de hacer si te adoro? O pesea mi vanidad! corregir la voluntad, a vista de mi decoro. Solo a tu piedad apelo, tu Blanca has de remediar, este excesivo penar, pues mi fe. Válgame el Cielo! 1. Cayó del caballo al suelo. Mas qué es lo que llego a ver? aguarda, que una mujer, de un bruto se despeñó. 1. No hay quien la socorra. Yo la tengo de socorrer. Ya señora, mas que miro? Laura es esta, mas qué veo? Con mucha duda lo creo. Con mucho dolor lo admiro. Blanca con el Duque ansí? o muera yo del cuidado! Vive Dios que se ha turbado, de hallarme con ella aquí; evidencia es mi recelo. En todo infelice soy. Laura hermosa? Dónde estoy? . Ya volvió. Válgame el Cielo! no es Carlos a quien debí la vida, él me ha satisfecho, pues miro cruzar su pecho, la banda que yo le di. Qué es lo que miran mis celos? aquella banda, a traidor! no es de Laura? por favor se la dio, valedme Cielos! Cómo os sentís Laura hermosa? Con tal favor, ya mi vida no peligra en la caída, pues la hacéis vos venturosa. Señor, el coche te espera; que un Genti hombre ha llegado de Calabría, y su cuidado, hablarte a solas quisiera. Pues este aviso me obliga, y ha sucedido este azar, id al momento a avisar, que la caza no prosiga. Pues me ofende la presencia a de Carlos, y me embaraza, yo buscaré alguna traza, para echarle de Florencia. Vos Carlos aquí asistid. Yo os quisiera acompañar, pero vos podéis mandar. Y de camino advertid, que no muestre tal dolor, vuestra pasión declarada, que es Laura la desmayada, y vos perdéis el color, Cielos, si el Duque ha sabido, que yo tengo a Blanca amor. Disimular es mejor, Laura cómo te has sentido. A tu afecto agradecida, y de Carlos obligada. Yo señora, no hice nada. No es nada darme la vida? Esa banda le alentó; que mal mis celos reprimo, . Si Blanca, que yo la estimo mucho, por quien me la dio: con aquesto Blanca bella, sabrá que el alma la adora. Yo se la di, quien lo ignora, hay más venturosa estrella! Esto escucho, y tengo vida! Carlos (oh venga la muerte!) se declara de esta suerte, cuando Laura. , s. Hija querida, el Duque porque me aflija, me dijo en ese pinar tu suceso, y mi pesar; y yo vengo a saber hija, cómo te sientes. Mejor. Gracias a Dios que lo oí, vamos mi Laura de aquí: ciego me lleva el dolor, arrimate a mi de espacio. 1. Ya señora aguarda el coche. Antes que llegue la noche has de llegar a Palacio. Darte gusto es mi atención, ay Carlos! . Yo estoy mortal. Enterneciome su mal, hay hija del coracón! Gracias doy al dolor mío, que solo con tigo quedo, y que darte ahora puedo, quejas, que a el alma le fío. Tú con el Duque, ha homicida; mis celos me han de matar. Mirad que se puede dar, la banda por ofendida. Dices bien, pero yo extraño, que no advierta tu rigor, que la traigo por favor, y se ha vuelto desengaño. Por favor la tienes? . Sí, no te lo puedo negar. Aquesto llego a escuchar? Luego te pesa? . Ay de mí! Pues tu cuidado advertido, no me la dio? Falso, aleve Caballero, ingrato, y desconocido, yo que la banda te di? esto escucha mi dolor, era menester favor para pretenderme a mí? No bastan tantos enojos, como por tu causa ves que paso, sin que me des, con el desprecio en los ojos. De aquesta manera tratas, finezas tan bien nacidas? así tirano me olvidas, y aleve, y traidor me matas? Mas pues despreciando vas, a quien fiel te corresponde, yo sabré ocultarme, donde no sepas de mi jamás. Espera, luego no fuiste, quien esta banda me dio? Mejor lo sabes que yo, mal en preguntar lo hiciste. Aguarda. No hay que aguardar. Advierte. No hay que advertir. Dueño mío. Eso es fingir. . Mi bien, Es disimular. Si no me la diste, di quién es su dueño por Dios. Preguntaldo a Laura vos, que ella os lo dirá por mí . Aguarda, escucha, qué digo ella se fue, donde voy, loco estoy, sin alma estoy, ay de mí! Carlos amigo, de prisa vengo a buscarte, porque mi padre me espera ya en el coche, y yo quisiera cierto mal comunicarte. Porser mi amigo, de ti he de fiar mi esperanza, que si tu ruego la alcanza, tendrás un esclavo en mí. El imán de mi cuidado, por quien hoy mi muerte lloro, Blanca ha sido a quien adoro, rendido, y desconfiado. Por influjo, o por estrella, en lícito galanteo la pretende mi deseo, para casarme con ella. A mi hermana he de llevar, con mi padre tengo de ir, a mí me es fuerza partir, y tú aquí te has de quedar. Si a caso os vieréis los dos, y diere el tiempo lugar, en míi la puedes hablar, llamándome están, a Dios. . Es verdad lo que escuché? quedamos buenos amor! más pues no muero al dolor, engaño sin duda fue. En vano remedio aplico, al infierno de mis celos, no bastaba el Duque, Cielos, sino también Ludóvico. Blanca cautelosa aquí, burla ingrata mi cuidado, sin duda se ha conjurado, todo el Cielo contra mí. Ven muerte, para que crea, algún alivio mi suerte; pero no viene la muerte a quien tanto la desea. No hay en mis desdichas medio; para que quiero vivir, bien digo, solo morir es el último remedio: hablaré a Blanca en Florencia, que es quien mi muerte dilata; y si fuere Blanca ingrata, paciencia, cielos, paciencia. . Gracias a Dios, Luisa mía, que a tu presencia he llegado. Debes mucho a mi cuidado. Yo lo creo en cortesía: ya el Duque llegó, y las Damas; y yo, porque me prefieres, que a saber que no me quieres, me quedara entre las ramas. Cuéntame ahora Gosilla lo que ha avido? Linda traza; ha avido sobra de caza, y gran falta de beatilla. Has cazado mucho, di? Bueno es eso a mi valor, he cazado por menor cien monos, y un jabalí. Cien monos cazaste tú? Tu ignorancia me desvela, tomé postas en la Tela, y me alargue hasta Tolú, cazé, para entre los dos (aquí puse gran cuidado) cierto ermitaño, venado, que era un gran ciervo de Dios. No eres, Golilla, muy bobo, tu gastas linda pachorra. otra vez cogí una zorra, y tomé con ella un lobo. Porque algó mi amor te deba, que me traes? Fuera de chanza te traigo, Qué? Una esperanza; que en Palacio es fruta nueva. Mas de tu fineza aguardo. Pues direlo de una vez: crédito en Aranjuez, y una letra para el Pardo. Más esperaba de ti, todo aqueso es cosa poca. Digo, que te traigo, loca, pues que te mueres por mí. Eres grosero; y truhan, con esto te he dicho harto. No niego que soy lagarto, pero hay otro, que es caiman. Mi nombre ahora escuché. Yo sé que te trae rendida. Y piensas bien por tu vida, Pero yo me vengaré, nadie a mi valor iguala, si a solas le llego a ver, yo haré. Qué es lo que ha de hacer? Irme muy enorámala. Oye? ya está aquí Caiman, Afloje usted la mohina. Es un pícaro gallina. Vaya de al. Ya se irán. Ven, Luisa, en esta ocasión hablarte en mi amor prevengo. De aquesta suerte me vengo. . Quédese para un busón. Esto escucho! yo permito, que Caiman se lleve a Luisa! si no se va tan aprisa, le mato por Dios bendito, Golilla, ya son precisas mis penas, a hablar no acierto. Que tienes? Yo vengo muerto. Vendrás a pedirme Misas. Yo estoy loco. Mi cuidado te atará. Infelice calma, yo he perdido toda el alma. Señal de predestinado. Yo celos tan a mi costa, morir, Golilla, es mejor. Yo te llamaré a un Dotor, que te mate por la posta. En que a mi Blanca ofendí? el corazón se me arranca. Si haces caso de una blanca, que harás de un marabedí? Por qué tanta indignación? al cielo me quejaré. Y yo también te daré las quejas de mi ración. De Carlos, si no me engaño, la voz escuché quejosa: o si fuera tan dichosa, que hallara algún desengaño. Suspenso está, y divertido, y tanto (ay de mí! ) le quiero, que ya que no es verdadero, tomara un amor fingido. Parece que se quejó, bien la suspensión lo dice. Quién será más infelice? No estaba muy lejos yo. Quién ama con más dolor? Mi amor, Quién quiere con más certeza? Mi firmeza. Quién con mayor ceguedad? Mi lealtad. Pues cielos, si esto es verdad, porque padezco un olvido? Porque en ti no he conocido, amor, firmeza, y lealtad. Quién adorando se hiela? Tu cautela. Quién causa mi mal extraño? Tu engaño. Quién busca mi perdición? Tu traición. Pues cielos; porque ocasión vivo tan mal satisfecho? Porque hallo solo en tu pecho, cautela, engaño, y traición. Ya se apuró mi paciencia: Golilla. Señor, que mandas? Yo voy a morir (ay triste!) quédate tú, y dile a Blanca, pues es precisa mi muerte, como ha sido por su causa: dile (ay de mí!) que sus celos, con mi triste vida acaban, y que fueron sus sospechas imaginaciones vanas: que ha sido roca a mi amor, a quien en vano contrastan olas de sus pensamientos, que imaginados me agravian: vete presto que me abraso, llévale amigo esta banda, y dile, que aquella noche que yo en el terrero estaba, alegre (sabelo el cielo) de poder verla, y hablarla, la tomé acaso, creyendo, que era suya, y no de Laura. Esta es la verdad, Gosilla, sin culpa esta pena pasa mi amor: Si a Blanca he ofendido el cielo sobre mi calga. Mas viendo que mi firmeza ocasionó su mudanza, y que amor tan bien nacido de aquesta suerte se paga, que mis finezas la ofenden, que mis suspiros la cansan, que mis ruegos la enmudecen, que mis afectos la agravian, y que me quita la vida, tras haberla dado el alma. Amorir voy inocente, pues con aquesto se acaban, tantas dudas, tantas penas, tantas quejas, tantas ansias, tantos males, tantas furias, tantos celos, tantas rabias, y mi vida se acaba, que no puede vivir, quien pierde a Blanca. Cielos, qué es lo que escuché! Aguarda, Carlos, aguarda: Ay Carlos del alma mía; que satisfacción más clara: vuelve, ya estoy satisfecha. Y yo rendido a tus plantas. Tú a morir: Ay Carlos mío, no me enternezcas el alma. Ven bustedes estás furias? pues más que en pucheros paran. Levanta, Carlos. Primero has de dar crédito a tantas verdades, si me has oído. Ya yo estoy desengañada, míralo en mi regocijo, y en mi amor. Andallo pabas. Tú también estarlo puedes: por tomar de ti venganza, fingí que al Duque quería. Aquí paz, y después gracia, Dios os haga muy dichosos, y Dios os dé lo que os falta. Pues Carlos, si tus finezas. Pues si tus afectos, Blanca. Mis sospechas desvanecen. Mis recelos desengañan. Seré monte en la firmeza, Roca seré a la mudanza. Y Laura? No me la nombres. Y el Duqué? Mucho me agravias. Tuyo soy. Tuya he nacido. Y no ha de faltarnos traza para salir de Florencia. El Duque nos agasaja, tan benigno, y tan cortés, que sin muchas circunstancias, podemos en su descuido prevenir nuestra esperanza. Por esos verdes jardines, que a tu cuarto dan entrada, podrás salir una noche, y pasando la Toscana, disfrazados, tomaremos el camino de Calabría. Solo obedecerte espero. Amor nos dará sus alas. Contigo no temo el riesgo. Ya mis celos desengañan tus finezas; y en tus brazos espero ahora. Mas Laura es aquella. Ludóvico. Ay de mí! Llaneza extraña. Zelos, vamos poco a poco. Pero remediarlo aguarda mi cautela. Mas ya hallé remedio a tanta desgracia. Laura hermosa. Ludóvico. Bien entretenida estabas. No estabas mal divertido. En tu casamiento hablaba a Carlos, que muy amante, admite dicha tan alta, con el alma, y con los brazos. Yo, Ludóvico; con Blanca hablaba en tu amor ahora, que con honestas palabras, tus finezas agradece, y solo dar cuenta aguarda del casamiento a su padre, para rendirte en sus aras la libertad; y yo alegre, de ver tu intención lograda, quise arrojarme a sus pies: pero ella más cortesana, me levantó con los brazos. Vivid, perdida esperanza. Volved a vivir, amor. Solo en tu amistad hallaran esa dicha mis deseos. Solo en tu amistad mis ansias, fueran, Blanca, tanfelices. No, no me agradezcas nada, que aquesto por mí lo he hecho. En vano me das las gracias de lo que mi amor dispuso. Ya sé que te debo, Blanca, mucho cariño. Si amiga, que soy muy tu apasionada, y de Carlos estoy cierta, porque tengas confianza, que hará cuanto yo le pida. Tuya soy. Mas a esta sala viene el Duque; yen conmigo. Ya te sigo. Mi esperanza, y mi vida está en tu mano. Bien puedes de mi fiarla. Ay Blanca lo que te debo. Soy tu amiga. Y muy del alma. q. Carlos. Señor. De una vez tengan alivio mis ansias, salga Carlos de Florencia, que aunque no está averiguada su traición, con el recelo mi cuidado no descansa. Que me manda vuestra Alteza La libertad deseada, tienes, Carlos, y esta tarde has de partir a Calabría sin falta. Válgame el cielo! Con un pliego de importancia para el Duque tu señor, y hago de ti confianza, por tu sangre, y tu valor. Muerto estoy. Beso tus plantas, señor, por tan gran merced. Una galera te aguarda en el puerto; parte luego. Vos, Conde, dadle las cartas, Vamos, Carlos. Hay amigo, dichosa fue mi esperanza, pues en Calabría, podrás dar cuenta al padre de Blanca, de nuestros justos deseos, con que mi fineza aguarda merecer su blanca mano. Esto solo me faltaba; para apurar mi paciencia: . Allá haré lo que me mandas, si aunque me cueste la vida llevaré conmigo a Blanca. Así se quitan mis celos. Así mi dicha se traza. Ludóvico. Gran señor. Ya Carlos desembaraza el hospedaje. Por él beso mil veces tus plantas, que en su valor tus piedades, están muy bien empleadas. Pues la ocasión me convida, . y con sus favores Blanca me alienta; pediré al Duque, que ayude mis esperanzas, escribiéndole a su padre. Gran Federico, si alcanzan mi lealtad, y mis servicios, que tu grandeza me valga: Quisiera. De que en mudeces? cuando sabes que mi gracia. la mereces de justicia? Pues con esa confianza, sabe que a Blanca pretendo por esposa. . A quién? A Blanca, señor, y así te suplico. Parece que el amor anda como ciego, y como niño, jugando con mi esperanza, pues unos celos me empiezan, cuando otros celos me acaban. Que le escribas a su padre, que si tu grandeza ampara tan bien nacidos deseos, serán felices mis ansias. Hasta que de Blanca sepas el gusto, será excusada. la diligencia. Señor; honestamente se halla favorecido mi amor; solo de su padre aguarda licencia para casarnos. Yo pienso que a otra jornada . he de envíar a Ludónico: luego escribiré la carta. Mil veces tus plantas beso; hoy fortuna me levantas a la cumbre de tu rueda. Amor, hoy de nuevo el alma en tus traiciones se hiela, y en tus cautelas se abrasa. Ya al parque habemos llegado, mira lo que haces, señor. En vano teniendo honor me aconseja tu cuidado, a Blanca avisé advertido, que en los jardines me espera de Laura. Pues bien, que quiere tu pensamiento atrevido; cuando el Duque te encargó negocio tan importante, vuelves a Florencia amante, buscando tu muerte? Yo no he de disputar contigo lo que me tocare obrar, y a Blanca no he de dejar en poder de mi enemigo; llevarla conmigo intento esta noche en la galera, que ya en el puerto me espera. Mira. Es vano pensamiento. Advierte. Ya estás pesado. Aquí de Dios, y del Rey, señores, no es dura ley, que solo por ser criado he de seguirte el humor; aunque en estos intérbalos me muelan el cuerpo a palos: por Jesucristo, señor, que tengas de mi mancilla, y que te muevan mis duelos, pues con tu amor, y tus celos, que tiene que ver Golilla? Calla, cobarde. Él me manea en fin, mi pena se alegra, que ha de ser mi suerte negra, porque la niña sea Blanca? Vete villano de aquí. Eso es mengua del valor, y en tocando al pundonor, cesa lo demás en mí: acomete, sin temer un riesgo tan manifiesto, que para mí, todo esto ha de parar en correr: mas allí he sentido gente. Hacia aquí nos retiremos, y escucha. Temblando estoy. 1. Esto ha de ser, compañeros. 2. A este sitio viene, y solo. 3. Pues le venimos siguiendo, y nadie puede estorbarnos, el cintillo del sombrero, la espada, y capa serán despojo de nuestro esfuerzo, No oyes, Golilla? Ya escucho, y aqueste nublado, temo que ha de llover sobre mí. 1. Quién será? Algún Caballero de los que a este sitio acuden. Solo he venido a este puesto, por ver (ay Blanca divina) si tus hermosos luceros, haciendo oriente sus rizos, salen a dorar mis hierros: Gracias a Dios, que sin Carlos ha quedado mi deseo, menos celoso, y más firme. 2. Este es, amigos. 3. Lleguemos, pues el silencio, y la noche nos encubren. 1. Caballero, tres hidalgos, que no pueden adquirir para el sustento con el trabajo, os suplican, que les hagáis. Malo es esto. 1. Un socorro. Este volsillo recibid, que ahora no vengo con más prevención. 2. También ese cintillo queremos. Ese es ruego, o es violencia? 1. Ni esto es violencia, ni es ruego, deje el volso, y el cintillo, o deje la vida. Fuego. Vive el cielo que es el Duque. Así a ladrones mi acero responde. Tente, señor. Estás loco? Al lado vuestro está mi acero, y mi vida. 1. Huyamos tan grande riesgo. Mueran, que con los ladrones . Que en la justa de tus celos no hay que andar en cumplimientos. No es mui diablo el que me cupo, él me tira como un perro: señor gato racional, riña limpio, y cepos quedos; zas, dile por la tetilla, esto se acabó, Laus Deo. Cansado estoy de reñir. Obligado, Caballero, (encubrirme solicito) . . Y Carlos? os estoy. Así lo creo, que a muchos que he socorrido, luego me dicen lo mesmo. Quitanecio. 1. Ah de la Guarda, acudid al parque luego, y prended los que profanan la inmunidad de aquel puesto con los aceros. Ya veis, que estamos en grande riesgo, si la Guarda nos encuentra, excusad aqueste empeño, dejando este puesto ahora; y en señal de que os confieso deber la vida, admitid este diamante, que el dueño algún día ha de págaros esta acción; y así os advierto, que le busquéis en Palacio, que allí podréis conocerlo. Qué dices de esto, Golilla? te has llevado la sortija, y echaste al Duque del puesto; con que ya sin embarazo, puedes lograr tus deseos. Haz la seña, que ya es hora. Temblando a la puerta llego, Dios me guie. Ce, es Golilla? Yo soy, que a sacarte vengo de la prisión, como un Marte, hecho Amadís del tererro. Mucho preguntas, allí me aguarda, poniendo en un tono aquesta fuga, sino da al traste con ello: más dejando aquesto a un lado, no nos tengas al sereno, abre pues, y avisa a Blanca. Ya voy. Que hay Golilla? Pienso que ban labrando tu dicha la fortuna, y el silencio de la noche. Entrad los dos, y ocultos en los amenos espacios de esos jardines, esperaréis a que el sueño recoja a Laura, y su hermano, pues mientras estén despiertos, no puede Blanca salir. Amor, ayuda mi intento, y pondré en las aras tuyas el corazón por trofeo. Aunque no se han recogido Laura, y su hermano, mi amor me trae: ah fiero dolor! a ver si Luisa ha venido con Carlos a estos jardines, puesto que a abrirle bajó la puerta, y lo supe yo: Rosas, murtas, y jazmines, ocultad mi dueño amado, porque logre mi deseo, tan casto, y feliz empleo. Aquí me trae mi cuidado, por si hablar a Blanca puedo, que hacia este jardín venía. Aquí la tristeza mía, hija del amor, y el miedo, a comunicar me obliga esta pasión, que me inquieta, con Blanca hermosa, y discreta, y en fin mi mayor amiga, buscarela, aunque es en vano, dar alivio a mi dolor. Esta es, albricias, amor; turbado estoy: Blanca? Hermano, tú en el jardín a estas horas? No te admires de que venga a este sitio mi cuidado, que sipisa Blanca bella la estancia de estos jardines, la memoria es quien me lleva, siguiendo el norte que adoro. Ocultos entre estas yedras, esperaremos a Blanca. Bien merece esa fineza, cuando a casamiento aspiras, que Blanca te favorezca: lleguemos a hablarla. Luisa, y Carlos son los que llegan. Carlos mío, esposo amado, en hora buena te vean mis ojos; llega a mis brazos. Qué es esto que escucho penas! Muerta estoy. A qué aguardamos; si ya prevenidos dejas los caballos en el parque, que no huimos la violencia del Duque, que nos persigue, de Laura que nos desvela, y de Ludóvico en fin, que muy fino mefesteja, cuando hasta su nombre mismó aborrezco. Cesa. . Cesa. De martirizarme el alma. De hacer mayores mis penas, Ay lance más apretado! Engañeme, yo estoy muerta, Pues como traídora amiga? Pues cómo engañosa fiera? Así mi amistad ofendes? Así burlas mis finezas? Más pues mi muerte procuras. Mas pues mi muerte deseas. Yo vengaré mis agravios. Yo satisfaré mi ofensa. Quitaré a Carlos la vida. Beberé su sangre mesma. Ven, tirana. Ven aleve, Señor donde vas? qué intentas Que pues he perdido a Blanca, la vida también se pierda. Caballero, esas palabras, no dicen con la Nobleza de vuestra sangre, a las damas, y más de tan alta esfera como Blanca, hasta los rayos del mismo Sol las respetan, Ay de mi! Carlos es este. Quien eres tú, que así intentas provocar los celos míos? Soy quien sabrá en su defensa; castigar con el acero, desatención tan grosera. Aunque este sitio respeto, ya en mi pundonor, es fuerza satisfacer mis agravios. . Qué desdicha! Qué tragedia! Raro valor. Euerte brazo. 1. Hacia los jardines sueñan las espadas, llegad todos. Quién tan atrevido llega a profanar. . Ludóvico, qué es esto? Mi muerte es cierta. Vos Carlos en mis jardines? (el alma en celos se anega) cuando haciendo confianza mi fue de vuestra Nobleza. A Calabría os embíe. No sé por Dios, que respuesta le dé, señor. . Bien está, haré que escarmiento sea su traición a toda Italia, con su muerte. . La cabeza se le anda a Carlos. Vos Conde, haced que con diligencia, lleve mi guarda a una torre, a Carlos. . Amor paciencia. Y esté en otra Ludóvico, así vengaré mi ofensa, y mis celos. Duqué invicto, porque mi prisión no sea con la nota de traidor, escúcheme vuestra Alteza, y sabrá. Qué es lo que miro? Que no pudo mi inocencia. No es mi sortija? Ofenderos. Sin duda a Carlos confiesa, la vida mi obligación. Pues solo mi honor pudiera oponerse a vuestro gusto, Ya en esta ocasión es fuerza, . que se ponga mi justicia, de parte de mi clemencia. Hablad Carlos, que ya escucho. Pues ya con esa licencia, fiado en vuestra piedad, digo que la noche misma, que nos llevó prisioneros, Ludóvico, a tus galeras, iva a casarme con Blanca, con que su honor por mi cuenta corrió, señor, desde entonces, y aunque en los lances que sella en el pecho mi silencio, y que sabe vuestra Alteza, siempre atento a su decoro, obró mi honor con cautela, y aquesta noche he venido, fiado en sus sombras negras, a llevar conmigo a Blanca. No es bien que el nombre merezca de traición, lo que es honor, si en mi obligación fue deuda, que siendo Blanca mi esposa, no la dejase en Florencia, y ansí a tus plantas rendido, te suplico. . De la tierra alza Carlos, ya es preciso, aunque el amor me aconseja la venganza, que advertida la razón al gusto venza. Carlos me ha dado la vida, pues Carlos de Blanca sea, que fuera hacer lo contrario, usar mal de mi grandeza, Vencerse es mayor Valor. Carlos viva, y mi amor muera, esto ha de ser Blanca hermosa, desde que entraste en Florencia, prometí enviarte libre, y para que en mi promesa, se logren dos libertades. y quede airosa, y bien puesta mi palabra, dale a Carlos la mano, y en la galera, que ya le espera en el puerto, partiréis a vuestra tierra mañana. . Gran Federico, mil veces mis labios sellan, la tierra que pisas. Vivas, señor, edades eternas. Perdí a Blanca. Buena quedo sin Carlos, amor paciencia. Y aquí la comedia acaba, perdonad las faltas nuestras.