Texto digital

Texto digital de Vencer la muerte muriendo (segunda parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Carlos Vivas
Atribución estilometría
Carlos Vivas Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Vencer la muerte muriendo (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vencer-la-muerte-muriendo-segunda-parte.

Logo BICUVE

VENCER LA MUERTE MURIENDO (SEGUNDA PARTE)

Sal ; Sol obso t. Pasio ignominosa, jescidens, : Nudos anmas ligno conclavata, - Mírrens Spíritún, ad Calestia yo us existens, virt Pedes confo! vat: in Ligno desce Mors ,̱ : Nimios do- Ignis extinctus, - nfosí, endens; es anochece en muriendo? quien a vista de estas sombras no lo ve; mas es que ciego! Ya las peñas se hacen lenguas! Tiembla el Orbe! Pasma el Eco! Su dolor pronuncia el Casio con los estallidos mismos! los Invicta, laureada de Judea Metrópolí sagrada: Heroica, Peregrina política de toda Palestina: Frondosa, como amena fragrante de estos valles azucente Antiguo, como sacro del rifeo prodigo simulacro Jerusalén lustrosa, cuya cumbre te eleva a más famosa: Jerusalén, que esperas descubrir de tu cumbre cuanto imperas: Cuyos hechos arguyen más victorias, que almenas te circuyen: Cuyos altos empleos coronaron tus triuinfos de trofeos; Cuya laudable fama pública Siria, que inmortal te acclama: Cuyo nombre dichoso el Arabe repite de invidioso; Cuyo nombre figura , o Pz segura: Cuyo sacro hemisferio y te dio Melchisedech, no sin misterio: Cuyos lizaces regios te dio Melchisadech por privilegios: Cuya ciencia inaudita goza Atenas, y Volonia imita: Cuyas leyes, y Norma observa Tebas, y Licurgo informa: Con cuyas armas Roma sujeta a Grecia, y a Carrago do ma De los pechos la dureza dice el eco en los repechos! Jerusalén, baste, baste tatno ingrato desacierto? Sean tus luces las sombras que ha dejado el Sol que has mu Con cuyas altas obras sola te igualas al honor que cobras: Y con cuya nobleza Momonia luce con igual riqueza: Y en cuya sangre miro salirle al rostro su color a Tiro: Dónde está la prudencia, que fue realce de tu heroica ciencia? Dónde está la cordura, que fue la pauta de la ley segura? Dónde, di, los blasones, que Invidian cuerdas las demás naciones? Dónde, di, la Justicia, que Atropos era de la audaz malicia? Y donde do micante de tu clara virtud, y amor constante? Y donde tantas leyes, que en ti sembraron tus prudentes Reyes. No digas, no prefumas ser gala de tus Yelmos tantas plumas: pues ya no es más tu gloria; que añodir doronistas a tu historia. No blasones, no digas, que venciste coronas enemigas: que si bien lo examinas te transformas sus puntas en espinas. No blasones de firme; que es querer que tu yefro se confirme. No afectes entereza, reciente el yerro de tu vil fiereza. Joseph está conmigo; que el paso sigue de este fin que sigo. Nicódemus me sigue, porque mi pena su pesar mitigue. Leal, y caro amigo! Buscando alivio, tus pisadas sigo en tan vivo tormento? Sin duda vienes con mí mismo intento. Nuestros pechos, y celo emodo en uno los copa que reciprocamente siente él uno lo que el otro siente. Y aquí se verifica, que amor própala, lo amor no explica, Enfe de que coligen mis sunmás penas, las que atí te asigan; escucha el argumento de la angustia que sientes, y que siento, Que aún que en pena tan grave mi dolor diga lo que el tuyo sabe; supponiendo primero la unión de entrambos con amor fincero impropio no parece que el labio diga lo que amor padece, No tendrá repetida el alivio Joseph, de dividida esta pena importuna, por ser en ambos con razón tan una, Mas, di lo que gustares; y en nada, amigo, por tu amor repares; que he de servirte en todo. Digo, pues, Nicódemus, de este modo, De Bethanía salía con cuerda diligencia a triunfar de la muerte el sacro misteriosa porfía! la dichosa Bethania se interpreta; que en acción tan discreta (de amor haciendo alarde) ostenta su fineza tan libre de tibieza; que sin señas la deja de cobarde: porque sepa el prudente, que es realce el amor, del obediente. Derramose ligera la novedad flamante por toda la Ciudad en solo un punto; y el pueblo que le espera con ávimo constante; exa yermas las calles todo junto; discurren el asunto: más, con pasión tan ciega, que el miserable infiere lo que el máguate quiere: y el necio, afirma, porque el otro niega; saliendo indeferente con tropel torpe la plebeya gente, Sin prudencia que dome la acelarada prisa le espera la caterva, a lo que veo? pues primero que asome, ya cree le divisa el sútil lince del veloz deseoa Mas logrando el empieo el apetito altivo; todo el enojo calma espojando la Palma; suudando de ramos al olivo el que en esto no insuda, e viste el suelo con lo que el desun En divididos coros, los rudos, y los sabios al ternan himnos; cuya acción ceden más canoras. con la leche en los labios, (seguro desempeño del Profeta pendientes de la teta los niños a porfía con néctar en la bocas Aunque la invidia loca atribuya el prodigo a niñeria; que el misterio, por ceiga no llega altiva, y el humilde, llega, Con himnos soberanos, con triunfo merecido, con justo aplauso, con obsequio raro; de nobles cortesanos dignamente asistido, entró en Jerusalén el S y con cona y con del rico, y der vuelve a Bethania, su seguro hospicio, con prudente congoja; no hallando, con ser tarde, quien le acoja. Nicodemus, no asombra, si a discurrir se llega, que no admita Balen al sol que ignora: si en medio de la sombra de su ignorancia ciega en brazos no le ha visto de la auroras pero, que quien le adora, y como a Diós le mira (pues a lo humano eccede ingrato no le hospede; es, con justa razón, lo que me admira Mas sempre a competencia va tras la ingratitud, la irreverenti Así que como digo, con enojo prudente de tiena se retira a Betaardo Lávaro su amigo hospedaje decente, como lleno de afesto le pretienes y al amigo le viene también como nacida tan saera conveniencia: Y así, con revetencia. hóspeda humilde la sagrada vida: Porque, si bien se advierte, sabe Lázaro bien quien es la muerte. Luego, si la extrañeza al Sol que a macer llega le ha negado cortes alojamiento; Y la riograr al vileza de este pueblo, der niega cuando viene a morir, acogimiento: no usto reo ser el amp er el benencio er el abrig me e mue os la ven hospedarle e le falte est haceder di ya dice Joseph, tan santa piedad o (como digna fineza) tmino de tu nobleza; y hija de tu bondad. laas, me hace dificultad de este vil Juez el obrar. cmindo no puedó apear le Cristo que quiere hacer: pui ya le manda perder, ya le manda guardar. blero pedírele yo; te al fin es dueño, y Juca es por mi amistad tal vez, ta sabra decirme no. Cuaado de Cristo afirmó si impoluto su trato; eblo se craja ánimo ambicio eno de verdad, el salvador ven arle generoso premio a cadao que fuese prim virtud el proer omo si al erro éyase grosero, solo su fin de esta arto semejante ofensa: atura en decente sepultura. te bien, en algún modo todo: en las piedras; sol, racional: oso, y amor sincero; nía ual; un Cielo entero, nero mío: r se diese premio. va era, a falsa vida transitoria. el término postrero a más, ni más se uniera que se nombre lmármol, al hombre! no le condenó Pilato? pues, quien así fementido la primera vez ha sido, será la segundda, ingrato. Y así, que mires te digo mejor el empeño: pues amigo del interés, raro es bueno para amigo: Aque sea mi enemigo el César, no me acomodo; porque primero que todo es que sea un Juez bien quisto, dijo; y firmó contra Cristo. Cómo es eso? De esté mado, al primer punto de la eterna gloria; sin que hiciese memoria de tanto agravio junto; como acosa no propia del asunto En estas indecentes y vanas esperanzas, redican la ventura que conciben; y en metros diferentes alternan alabanzas al tiempo que ambiciosos le recibena y aunque oliva apreciben, fin caridad les veo andarse por las ramas el eseor A un necio entre mi dije (previendo su malicia mientras trepa una Palma cuidadoso) ese afán que te aflije, arguye que es codicia prevenir tantas palmas oficioso; cuando al dar generoso los premios soberanos, podrá ser, que te sobren las dos manos. La plebe que no osaba en presencia del noble hablar siquiera, por su infiel vileza? ya la voz levantaba entre todos al doble engreida de verse en la grandeza de la eterna riqueza, que según su dictamen el Señor le ha de dar fin más examen Pero viendo que el precio del bien que no merece el torpe pecho de su amor inmundo, ha de ser el desprecio de todo lo que ofrece el falso engaño del altivo mundo: con ánimo iracundo, con pérfida pujanza, traduce en quejala, que fue al abanza si h ya con su a cuano a y el pueblo como si su por ser voto Si del Rey es el temp (decían te muy mal lo que l pues con ya con de est A tan con alti juntaba el que hijo de le llama, y se ambicioso de virtio el le, plebe nunca estab echa lenguas pública segura la suerte que pretende; rabia detestable mbición verifica, do aquí niega, lo que ende: o condeciende, malicia, común fuese justicia! no que ofrece lo figura odos con mortal congoja) se compadece risto asegura; con nota de infamia nos arroja todos nos despoja rápido denvedo to bien, que del Cielo es un remedo. n torpe motivo vez ínica, vulgo, y alegara vano; Dios vivo pública el Reino soberano: endo tirano, as pasó el día, os por ser hijo le aplaudía, Presidente ion oía, y al verla de razón con tal penuria? de la alevosa gente an mal concepto hacía, le oyó la queja, y entendió la injuria: y apesar de su furia dedajo sin rodeos inmune el Reo, los quejosos, reos. La atención, en efecto, tena el Presidente ojos; árbaros del vil vulgo en los ba Y comigual respeto, la ater si está de la saco cuyo Sol so en el fune del menor como es Pero aper con rustio habían los que en favor de! la celebre se, cuando alzan alternaron ti contra Crisi. una nueva mano Insistia discreto con única porfía el Juez perplejo confirmaba el de siempre que reíp a la altiva caterv y al ver que no razón a moderar azotar le mando Quién, Joseph, que este Jueza a tan bárbaro, volvería la cara sin duda al o al dar tan porque m n el mis everente puso con valor los ojos; culpando los arrojos del pueblo; a competencia sentenciando en favor de la obediencia. Que mucho, que se porte prudente, si propicia ención de Pilato en este caso; mirando al norte ra justicia: oberano no da paso sto ocaso r desconcierto, pauta segura del acierto? nas oída ca impaciencia quejosos inhumanos a vida entencia ado las voces, y las manos. iranos o bendito idad en cada grito. que a la mira estaba: creto ondia as que clamaba: bastaba los, o por contentarlos. no repara, arrojado verro, que ha previsto, otrolado vil decreto, si se h irando a Cristo, mo Pilato no es posible, que fuese tan ingrato? Y la invidia al instante, de Cristo en la persona el rigor ejecuta de esta afrenta: pero, ciega no obstante de modo se apasiona; que demás de no darse por contenta; nuevamente sedienta con rabia envejecida la muerte pide de la mejor vida. Pero, viendo que duda, y otra vez la despide propalando de Cristo la inocencia: nuevo metodo muda, y amenezando pide sin vergüenza, sin ley, y sin conciencia: que aquesta irreverencia merece un Juez medroso, aquíen saben el vicio de ambicioso. Pudo más en efecto el susto de mal quisto, que toda la verdad que al pueblo indicas pues perdiendo el respeto en presencia de Cristo con miedo detestable a la justicia; abraza la malicia, y del César augusto colige el patrocinio por más justo. Decretó fácilmente tan vil tan peregrino, tan extraño furor, como severo: que el error precedente le pudo abrir camino para dar otra vez en ser grosero: quel delito primero en pecho tan inmundo, se ha visto raras veces sin segundo. Pues, Joseph, cuando esquivo con tanto desacierto profana la sagrada reverenci Nicódemus; de su trato se infiere, que su maldad guardará anadie amistad, pues a Cristo ha sido ingrato; Pues yerro tan sin igual lo arguye: porque en rigor quien a su Rey fue traidor a nadie será leal. Pero al fin, no menos ves que el César a Dios prefiere; y si por Dios no lo hiciere, lo hará por otro intejes. Que cuando tan justo intento, mal logre su proceder, nunca se pierde en tener conocido al desatentos Y le comprare si necio le niega con desacato? Quién le compro tan barato, no sabrá ponerle precio. Ea, Nicodemus, vamos, que si en tan triste contienda un aleve no se enmienda, para que el tiempo gastamos! de Jesucristo vivo: ahora que ya muerto le mira, con intrépida que piedad, que cle esperas, en efecto, al mismo Jesú Puesto que mi intercesión puede nada con Pilato, ve tú solo, mientras trato de hacer otra prevenciós. Confío que mi amistad será dichosa esta vez. Justo Juez; tenga este jues más fe, menos seriedad Señor, si piedad no cabe en este, tenedla vos? Mire por su causa Dios, ya que Pilato no sabe. Ya, pues que por tuyo ton a Pilato persuadir; yo me voy a prevenir Di qué? Cien libras de aro Sírvale de tumba el suelo en fe de sus sombras raría Ofrezca sus luminarin sin humos de sombra el tiel e Cdde, Sol onde, norte a onde va mí a cia donde can tiene ya eco los hombres la ligereza i pesar esqu a imprudencia mencia tam A done ado ha do y a si os de y si de m de nuevo se concentra, y el adlivio no encuentra, no espera, mi Rey, vivo; ser cierto aro, si os encuentra muerto sentimiento, esconsuelo, mi pena, mi ternura; Cotormento, ste desvelo, n esta cozobra, y apreturas uta desventura de tanto pesar junto, no tiena mi congoja oído que la acoja; si vos, que sois mi amparo, estáis ifuito? ts, si vivo os tuviera, que pesar, que tormento me alligiera! Amor en quien confío, amante en quien espero, aurora singular de mi alegría; sagrado Pastor mío, mirísimo Cordero, lucero hermoso del fulgente día y dulce vida mía: or la que más os ama, or la que más os quiere; ecidme que se infiere e pender dulce Bien, de extraña uando fruto lucido de mis propias entrañas ha ve Pero, ya si se advierte, responden por escrito vuestras llagas con enfasi profundo; ne pues vencéis la muerte; e vos, fruto bendito, a vida pende del ingrato mando; y como si segundo (aunque de hierros ll ena la una, y otra mano) generoso, y humano por fineza pagáis la culpa el fruto que esto emp como hallaros y en la tierras no hallar amp A quien mí aquien mí de a quien diré a quien tant a quien es y aquíen si entar con misterio pend ando dueño ervado, se ha cogido: que un prudente mirando el riesgo, y el empeño, y al audaz en peligro conocido descuelga prevebido de un árbol competente N la fragrante presea, que es timbre de amaltea; y de un lazo dejándole pendiente así al ladrón disculpa, y el fruto muere por ajena culpa: De la misma manera: (oh fruto verdadero? del bastago frondoso de mip echa por la la culpa primera, por el fruto primero, por el robo primero, que se ha hecho cruelmente a despecho con afán imprudente contra el dueño más sabira por dorar el agravio, por salvar al aleve delincuentes si mi pecho os anida, en brazos de la Crua perdéis la vida Que mano se ha atrevido de mi alegría funma a trocar la razón en desconsuelo! o cual aquella ha sido soberbia, y vana puuna, que la muerte ha subido ran de un br que entrar pudo en el Cielo donde no tiene oficio su sombra por confusa; sin temer por intrusa de un Ícaro imitar el precipicio? Quien aquel sin prudencia, de se dio, sentenciando, ajena rama hanera de cua specho deél co rese Quién lo duda, gran Señora, que la sentencia que a Cristo nicamente se ha dado; ha de ser el precipició (pies la pronunció soberbio) del desatento ministro? o no fuera la ambición tn til, detestable vicio, sino llenase de horrores odos los falsos desivios e aquel que le da en su pecho treridamente os picio. ̱. Ol ciega ambición tirana! quien te ha dados tantos bríos, que del fin de mi alegría has podido ser principio! No vencen sus ademanes, por más que aflijan altivos: porque ofender, y vencer, son efetos muy distintos. Cuando os ofende, no triunfa: pues solo templa el cuchillo, para que con más destreza se le excecute el castigo. Explícate, Madalena. Pues, oíd, que así prosig ecios noveleros ndose con barba ver de lison usto eno vi; po etl Dos nec valler (a fu del jo con Sal a Isbos El dividido cuello coral vertiendo por do entró nta; y del rubio cabello la cabeza pendiente ya difunta, con alegre indecencia llegaron de David a la presencia. La erizada melena que mustia cuelga de las torpes manos; mudamente condena la falsa suerte de los dos Tiranos, cuando no advierten ellos que la arrastra el rigor por los cabellos. Pero de su enemigo el Profeta saliendo a la defensa, les tradujo castigo la que ellos se creirón recompensa: logrando en tal conflito una afrenta por lengua del delito. Muy bien se compadece, que mostró con la acción Da premios que merece Madalena; por demás tanto argumento previenes, si mis justos sentimientos con su razón no convences. Pero, qué pasos son estos? Juan es sin duda el que viene. Amada Madre? Mi Juan; que ocupación os detiene, que así retardáis mi alivio con tantas horas de ausente? No es flaquear el cariño haber tardado: pues este rato, Señora, que estuve (que para mí no fue breve) sin vos; en vuestro consuelo se que lo he empleado siempre, En mi consuelo? Si Madre. Y qué tal ha sido? Este. Joseph Abatimatea (varón noble, si prudente; y que de Judea toda del infame llsonjero: lsabio nigo hacer agravio, cecuente sin duda ya David presuponia, cuando mandó prudente degollar al rapaz que refería con remedos prolijos la muerte de Saul, y de sus hijos. Quien duda que Pilato, mas que cuerdo portándose grosero; no solo menos grato al César ha de hacer, por lisonjero; sinó que en ese amigo buscando el premio, halla aciono mismo que e re a su enes consen hanla el castigo? es el que mejor merece los aplausos de entendido, y el realce de Ejelente dispone con Nicodemu (hombre no menes que p blasonar atodas luces de cabals pues se le advie que al dicho Joseph in por no decir que le ectad disponen, pues, como estos dos piadosa sepultar con reverencia a mi Jesús; porque llegu desde sus brazos el Sol al ocaso que previene; para que en vos, sacra aute amanezca más luciente: y así desde la encumbrada humildad, que os ennoblez le veamos vuestros hijos más claro, más eminente:. Gran ventura! Y donde quedan cortésanos tan corteses, pechos tan nobles, y he que tan noblemente emprenden tomar todo el Cielo en peso: para que los pies les bese por tan alto beneficio? Luego vendrán diligentes perenidas las aromas, y luego que el Precidente lalicencia les conceda, para el hecho que pretenden. a̱̱. Pues hacia al calvario vamos, que no sufre detenerse d alma este breve rato, como ella vive de verle. 1. Discreta 2. No se conque order des, do se motivos han tan necios desaciertos? es impertinencia? eñor; si están vivos; ando cual veis, los hombres m a; a que fin tan despiertos esta guarda se ofrece? 1. Anda, vobo, no gruñas, y obedece! Oh! si como el decreto del Precidente impío guardó en público, con tan fiel desvelo; el amor que en secreto os tengo, Jesús mío, pudiera publicar mi justo celo: y como mi consuelo uerá más que público? ero, al fin, vor sabéis Dulce centro de mi vida, como es posible que llegue al árbol que enoblecéis con vuestra sangre celeste, si con vos estoy clavada con lazos de amor tan fuertes! Dichosa cumbre (pues llegas al Cielo dichosamente) fama inmortal heredaste del que en ti venció a la muerte! Todo a Filato le ofende desde que cometió el hierro hubiera, pues, su prudenci sabido tener aceros. que fin, tan indiscreto as sin razones verificas lo al alma tu pasión notoria? Joseph ab Arimathea (que abesar tu mano viene) licencia aguarda. Joseph es persona que merece, no solo licencia; pero que no sufra yo que espere. Sin duda es el mejor viejo de toda judea aqueste! No admite duda: mas, dime de que, Bróculo, lo infieres? Porque en el tiempo de matras no dice que fue valiente que esto, en ellos es tan viejo, cómo los viejos? Di que entre, Voy volando; por servirle V me sabré hacer Ganimedes. Así se divertirá de mis memorias crueles la vívora, que en el pecho es inseparable huésped? Deme tún guifío las en secreto pues las públicas la memoria u historia: creces que apeteces hlas (que sirven de Testigo siella repite tu castigo) donde el título exara que mereces, y así decide tu fatal denvedo: cobarde arro En vano padecer ecta tu Temor; ualeve fiscal; a onista de tú o proceso laurelo las hor en él. o! a besar los pies. No es ese estilo (afuer de corte!) en esta ocasión decente: Pues me toca ami (deriendo a vuestra amistad prudente tantos respetos) postrarme, aquien tanto se ledere. Es el favor como vuestro Joseph, sin más detenerte en epizodios; declara el intento con que vienes Ya sé, que para explicime. como tú, para entenderme no hemos menester presudio! (aveces impertinetes) y más, cuando, Gran señor, está el caso tan reciente acerca de lo que vengo. Será acerca de la muerte de Jesús? Ya tú lo has dicho Pues, prosigue. Seré breve. Ya, Señor, que la plebe impertinente que vulgo no sería año ser necia; atisfizo su invidia con el hecho: smpuesto que viéndole inoco ante la desdicha mía. tesi el Corazón zozobra d Sila demi angustia tmrna, y otra congoja; quee repita la causa asanca memoria: saque ariren los impulses la paliadas lisonjas a este Decurión piadoso! olfera ambición! Tú sola puiste hacer tan audaces o temeres que mal logras! Ol detestable privanza, me maesperanza engañosa e seguia con arrojo. en tanto miedo a la posta; lantes de alcanzarte; y? tu mostrado en pocar horas, ne si al principio despeñan rabaás con deshonra! Pues señor, que me respendes? epe anca das a verdad la sin razón desprecia) la Sentencia firmaste a tu despecho: Tu generoso pecho, tu justiciero celo, y tu laudable anhelo; confirmen tu verdad a competencia: No quiera tu piedad, que la inocencia, que conace, y afirma tu desuelo ya que queda contenta la malicia) des ea tanto tiempo la injusticia. ve cuando egecutada del lince vulgo con rencor el ojo esta justa piedad, señor, te advierta: será menos su enojo, si mira laverdad, no solo muerta; pero en lóbrega Tumba sepultada: para esto, permite le decienda; pues nada arriesgas en que el vil lo entieda. cuando mandarlo tú, basta; ya conocerás que sobran. Pero, para que la invidia segunda vez alevosa no me moleste iracunda, torpe, necia, ciega, loca, atrevida, vil, impía, desaenta, y sediciosa; te ratardaré el decreto solo en tanto, que me informan las guardas, que a Cristo asisten de si ha muerto, o no: que importa para el popular sosiego diligencia tan forzosa: y así mismo, para que no peligre tu persona. Obras con tanta prudencia, que me satisfaces. Hola. Que me mandan Sin tardanza e en el orde haz al Centurión que venga. No habrá Gamo que más corra. Vive, señor, tantos lustros, cuanto de dichas me colmas: que pues ya Jesús ha muerto, las miro seguras todas, si solo en eso estribaba la petición que me otorgas. Joseph, esta voluntad me ha debido tu persona, en fe de la cual, colige que no es porque yo suponga falso tu informe; querer que aga un térsero notoria la muerte del Nazareno: sinó, porque se conozca que ago mi oficio, sin dar C la más descuidada nota de que tu amistad acaso mi rectitud apasiona, De tu prudente dictamen son los testigos tus obras, Oh! que violentas pronuncio . estas forzosas lisonjas! Ol necia razón de estado! . que el hipérbole conocea la razón; y que confiese que no la entiende, la boca? Apenas el indo- (que esperaba con barba mintiendo en cada voz vi reelbió tu decreto en la sen. cuando ciegó, tirano, fiero, estulto Co acometio, con intlemeno, no si en lo que tuvo por jun- emveriera el rigor de esta mai modo de tropel fueron cargao. de al compas, que se ibanar com se an De El Centurión está aquí. Gran señor? Amí me iraporta saber, si Je sús a muerto. Detoda su lastimosa pasión, he sido testigo, como de su muerte heroica. Pues refiere cuanto has visto. Miren el punto que toca si de esta no se convierte, no hay que aguardar a la otra Si este el suceso refiere, Lo con desprecio, o con mosa, será doblar mi tormento! Haga mi maldad notoria; porque rosigo me sea de una vez esta congoja. que abeber me da fortuna de mi memoria en la copa despacha. Ya que prosiga; lo poco culto perdana de las frases, que en la go es la retoriós impropia o porque el dolor no es cuero o porque el pesar la ignor: Pues qué acuardas el presudlo no se excusa en estas cosa. p mito tumulto t impaciencia nuevo insulto) rencia; ia id. do ado opezando, y los más, a los muchos oprimiendo; ejepto los que vide agonizando, inúmeros se estaban derritiendo: entanto que en tal lid por varios modos eran todos estorbo para todos. Llegaron a porfía los primeros al MMando el ahogo en que palpitan como ellos los golpes dando fieros sobre el cándido rostro que marchitan; entanto que sin orden los postreros contra estos vocean, y se irritan: no porque le mastra tan iracundos; sino porque no han sidos los segundos. Un soberbio verdugo de mal jesto, que no pudo llegar con más presteza; rompiendo las triucheras inmodesto de las puntas que ciñen la cabeza; por éncima de todos descompuesto él brazo levantó con tal fiereza; que eligió en ademan tan inhumano, por hincárselas más; perder la mano. Nave cuando ductus parecia la confusa caterba conjurada: con las olas del vulgo, allí porfía, y entre arroyos que suda, acilia nada: de la áncora tal vez el remohacia conque boga, y aferra acelerada; sendo escollos los pechos enque topa desunido el amor de proz a popa. En esto estaba la confusa lucha vacilando en tan bárbaros cuidados; cuando él ronco clarín, que allí se escuch descompuso los bríos porfiados: pero era su cólera tan mucha, que quedaron de nuevo conjurados el fatal ministerio prosiguiendo entanto que él pregónivan siguiendo. El pesado patíbulo cargaron sobre e puro mársil del rica fiel de su lo que aflige tormen. otra boca, otra leng padeciera los vine Así pues, lell e yos rúsica y cristal se equivocaron par, que mármol nombro; pues de pórfida nieve la juzgaron cuantos vieron atentos este asombros que con peso poder tan invencible, no ser nieve de acero, fue imposible. Prosiguió de este modo él largo trecho con intrépido aliento, y pena extraña: cual le hiere con furia él blanco pecho, con salivas él rostro aquel le vaña: entre cardena margen; deja hecho arroyo de coral flejible caña; abortando carmín con tierna angustia ya la herida flamante, ya la mustra. Reducido manojo a cordel breve de hacerados cambrones erizados pauta lincas de sangre sobre nieva los rigores dejando rubricados. sin quedarle al sayón, que así se atreve colores, que le salgan abrasados: tanto heridas con ojos se equivocan, que a rosa cada cual, todas les tocan peor fue lo que más admirar pudo su silencio en tormento tan severo! que él mayor sentimiento, no es tan mude que no rompa talves leyes de acero; y así en cuerpo tan roto, yo no dudo que alguna deidad le tieneentero: porque más que ser hombre al talleta para con tantas hoy no tener bozas Deduzga, pues, la racional clemer de tan nuevo dolor lo impercaptible; pues ya dice contoda la elocuenes (con frales elegantes de invencible) tretoric de su paciencia eo tan terrible. gua en tanta duda éculos de muda. levaban oprimido sona, que ceñía el cuerpo fatigado, desvalido: que con ser insensible; parecía que quejoso él esparto retorcido mudamente a chalquidos le decía a la altiva caterva, cuanto lerda: pues resisto esta injuria, no soy cuerda; Llegó su madre en esto: Pero, ceso en tan trágica, triste conjeturas pues apenas mirando a Cristo preso se quiso transformar en su ternura; cuando el crudo dolor con nuevo exceso, la vida le anudó con la apretura; e indecisa la muerte en mal tan fiero no supo acual de dos vencer primere, Hirábale María más ya dige, e no cabe en acentos repetidos el robusto tormento, que la aflige; pues dejó a los oyentes doloridos tu justo sentimiento: tú, colige los dolores acerrimos unidos con vínculo infragible, y temerario, que pudieron causar hasta él calvario! Y más, cuando inmodestos los soldados con escarnio desprecian su tristeza; pues impíos sin modo acelerados le daban enviones con fiereza si volvia los ojos recatados a mirar a su madre con terneza! Porque entrañas de pórsido tan llenas se endurecen con lástimas ajenas. Salteado él rolor de angustia altiva, embargado el aliento, y sumergido, el pulso desmayado, la ansia viva. torpe él paso, sin orden repetido; o dudosa la muerte, o compafiva; cardeno el rostro, su candor sumido un sayón le vio apenas; cuando alpunto en él, suelo le hechó medio difunto! Juagó toda la plebe suspendida e seria de Cristo odo de vida, era de la muerte: utingentes convencida. declara infausta su lograda suerte, si la intrépida parca precipita la misma sin razón que solicita. Arrastrados, en fin, de estos engaños, que con sombras fantásticas engañan; por poder evitar riesgos tamaños con furia imponderable le levantan; con gritos, y alaridos tan extraños; que pues con tal rigor no se cuebrantan sus pechos; deben ser según la seña. animado diamente; viva peña! Como fueron hompuestos los impulsos; cuando a un lado, y a otro le tiraban des almados sayones, cuanto insulsos, que sacrílegamente le trataban; cuandó en pie vacilando, sin los pulsos que en las cándidas plantas animaban; cual álamo flegible, aquíen despoja altiva tempestad copete, y hoja. Viendo, pues, que la muerte aceleraba los horribles amagos de severa; la mano puesta ya sobre la aljaba tras la flecha de Atroyos por prostreras y que en cadazozobra ejecutare. una ley inviolable cierta, y fiera; le quitaron la Cruer que al Ombro unida hechaba ya raices por prendida. Cargó un viejo con ella (que fue Atlante; sino del cielo, de su escala acaso) después de haber hechado hacia delante a Cristo casi muerto: cuyo paso avivaba un sayón a cada instante. con fieros empellones: porque escaso el alivio del tronco en tal anhelo no pasase de prisa aser consuelo. Al Calvario llegó; donde aguardando. atable multitud vide impaciente; lles n los unos a lugar a tanta gente: delante forcejando, ,se hallan lejos de repento si pinos los últimos hacían, nacidos en el monte parecían. Cercado de atenciones desatentas, echo círculo el pueblo todo junto, las lenguas, sin compás, de amor esentas, siendo el odio cruel su infausto asunto; al tirar sin medida las afrentas, lavan en Cristo, como en fijo punto: no que justas, ni rectas hayan sido; si que ellas, saben hirse al desvalido! Desnudar le mandaron: cuando al punto! las cardenas del rostro violetas amintiendo las señas de difunto, mápolas ardieron inquietas: ncendiose él recato todo junto n prudencia, y modestia tan perfetas; que explicó de la queja las razones, e roral, él silencio, en dos rongiones. Callando, los suspiros respondían lprecepto tan bárbaro, y severo: los ministros indomitos porfían asta tanto que un rústico grosero mientras otros aún lado el hoyo hacían) de un sayón ayudado, vil, y fiero, la túnica quitándole imprudente, desnudo le dejó públicamente. Salieron a la túnica pegados de su cándida carne mil fragmentos, que la Sangre en arroyos conjelados salpicó de granates tul bulentos: sus oficios de modo equivocados; que ser creyeron los que vide atentos, de solido coral, la sangre fría: o que la carne líquida corría. Demanera, a mi ver, se halló ofendido, uando todos desnudo le miraros puesto eligen otros, haces estos pasan aquellos, se! que de todo el rigor, que ha precedido las fatales angustias se juntaron: mas quien duda, que estando tan corrido, que todas las afrentas le alcanzaron: sibien, de tanto mal las fieras puntas, nada fueron con esta todas juntas. Hechando en el patíbulo él barreno, le clavaba un sayón la blanca mano con furia, con fiereza tan sin freno, que el límite excedía de tirano: pues de rabia, de cólera; tan lleno daba a bulto los golpes inhumano; que errando el clavo, sobre Cristo daba y eran muchas las veces que lo erraba! De tanta indignación no satisfecho, a la izquierda pasó muy comedido; y al verla no alargar de mucho trecho, por haberse los nervios encogido (trocando en bronce su villano pecho, y en rabia el corazón endurecido) puso al brazo un cordel con fuerte lazo; y tirando con furia, siguió el brazo. Clávole con igual desasosiego, con no visto rigor, con fiera furia, y abrasado de rabia en vivo fuego: sin mirar, que en tan mísera penuria así propio se engaña necio, y ciego añadiendo a un rendido nueva injuria: que hay hombre tan cruel, tan inhumano, que no sabe ser vil, sin ser tirano! De tan fieras acciones ambicioso, diligente a los pies de un brinco pasa: que nohay pecho tirano perezoso, A ni malicia de rústicos escasa: que en dando un corazón en sediciosos del incendio infernal conque se abrasa eterna le renace la malicia, el odio, la venganza, la injusticia? Él izquierdo agarró con mano airada, dando un golpe en la Cruz, que henderla pudo; y al barreno la planta ya ayustada, pasola con un clavo; tan agudo, como él mismo dolor de atravesada: y él sayón arrogante, cuanto rudo, como mira quel clavo él un pie hiende, le saca con furor, y él otro emprende. Demodo con coraje, y rabia fiera él piedrecho asió con vil malicia, que disozarle del tirón pudiera su constencia no siéndole propicia: ol si él ministro indomito tuviera, como él delecho en mano, la justicia; y como gobernara más humano sin fin siniestro la alevosa mano? Taladrando el segundo con fiereza; alabastro, y carmín hiere; y desune: luego junta los dos con vil fiereza con un yerro (aplicado al más inmune) que acciones que comete la vileza, quien duda que es él yerro quien las une? y más, cuando un ministro (bien me explico) arrastrado del odio, se hace inico! Unidos ya los pies; al tronco arrima con acción sin piedad (que él llama astuta) el cándido talón: y allí le lima ajustándole al fiel con furia bruta (a que pecho de acero no lástima el tirano rigor que este ejecura; cuando acción que enternece imaginarla sabe un vil sin vergüenza ejecutarla!) Tuvo apenas él hombre prevenidos clavó, martillio, y pies atravesados (que de púrpura líquida teñidos corrían a pesar de aprisionados) cuando dando los golpes repetidos, dejó pechos inúmeros clavados en él tronco; que hiende con porfía: tan sin alma él sayón su oficio hacía? Volver de la otra parte el leño fuerte quisieron los sayones? y feroces desuer oprobios cometiendo tan atroces; que les pudo temer la misma muerte huyendo el alarido de las voces; para que al ramacharse las tres puntas, las penas la suplisen todas juntas. Trastornaron la Cruz (notable ecceso? y a dos palmos de tierra levantada (porque en ella su rostro quede impreso! la dejaron caer con furia osada; y llamada del centro, y grate peso llegó al suelo de modo acelerada; que a no verle vivir la tierra dura, de Cristo se llámara sepultura! Hincada la rodilla sobre él leño nuevamente el sayón a Cristo oprime? da los golpes; y él yerro en este empe corrido de ser yerro, tenaz gime repite sin cesar con furia, y seño doblándole de modo que lastime: pero diga él silencio sus tormentos; pues no pueden caber en tos acentos? Basta en fin, para, breve conjetura decirte, que del pueblo la dureza se pudo transformar en fiel ternura del verdugo mirando la fiereza: porque eccede los límites de duro A la razón, aquien tiene la vileza inculta, sumergida; sin estima, cuando en lástima tal no se lastima. Levantar otra vez la Crus previenen, porque a nuevo dolor él lance obligue: mientras estos en hombros la sostienen, uno solo la emprende, y la consigue: si le escapa tal vez, se la mantienen, porque cobre él aliento, o le mitiguer que aún delito, no falta quien acuda; porque vil, a otro vil; gustoso ayuda. penas levantada la tuvieron, ando aplomo en el hoyo la enn lpe todos juntos la dejaron: de nuevo las heridas florecieron: las venas, otra vez coral brotaron rasgadas ambas manore donde noto, que sufrió liberal lo manironco. En él hoyo importunos oprimieron robustístimas tuñas prevenida que efer o no menor hacer pudieron en Cristo que o por tan unido pues los golpea alternaron él eco en las herida cual fruto que en la rama nace, y cro que oye él golpe en el tronco, y se estremece. En medio estaba, para más afrenta de dos ladrones: uno despecha ve al incrédulo nacio represe como él otro leal, al humillado: con Dimas, liberal él Rey se ostenta; strando con entrambos, que a su la pues Gestas no le dice que se acuaro e salva él omrdo, como él vil se pierde Miraba Dimas desde él diestro lado la paciencia de Cristo generosa: confesole con ánimo postrado su Rey, y su señor: notable cofa! pues a Cristo dejó tan obligado, que le dijo con ansia cariñosa conmigo vendrás hoy adorde reino: sin duda arrepentirse vale un Reino. Burlávanse con mosa, y con deseoco de que un Reino prometa, y Rey se nombres cuando dijo afligido (nota loco, el enfasis, que es justo que te asombre sed tengo (y repara lo que tocos porque fue tener sed del bien del hombre! como si nos dijeras darle puedo: y aún de dar infiniros, con sed quedo. Corrió un soldado (que correrse pa o y alárgole una esponja en vo llena de hiel, y de vin templa (dijo) la sedque cuando viendo rigor tan fiero, y crudo, y dureza de pecho tan extraña; a su Padre, exclamó con tiernas quejas: cómo, Padre, entre pérsidos me dejas! Esto dije: y apenas pronunciado hubo el último accento; cuando al punto, el cardeno color más demudado dio las últimas señas de difunto: cubriose de sudor el cuerpo hesado; el dolor, conjurose todo junto; y el pulso fl aqueando intercadente, dara paso a la muerte lentamente: Roba al labio el coral el dolor mismo, desmáyase la voz, la pena incita, diminuto el valor, la pena abismo, resiste el corazón; pero palpita: el coraje, mudado en parasismo, la muerte casi ya su pecho habita; y entre alientos que pierde, y que reconra una muerte le da cada zocobra. Así estaba luchando pecho ha pecho las únicas congojas impeliendo: hecho un mar, si no en lágrimas deshechos ya un ahogor ya otro resistiendo; cuando dijo a su Padre (lance estrecho!) en tus manos mi espíritu entomiendo: y al argando la muerte el postrer paso, el gran Sol de justicia, vio el Ocaso. Finalmente espiró? cuyo gemido de modo se explayó por todo el mundo; que pudo desplomarse sumergido nuevo centro buscando en el profundo; que impellido del rápido estallido; hecho solido rayo sin segundo, rimbombando los otros elementos; centellas parecieron sus fragmentos, El aire de manera rafragaba. que mantanas intrepias movía; desa accio erró ati mbre sina lo con des sa Mira, Juez (prosegul con cuanta ceguedad, frágilte er a sus impulsos reparara, mismas entrañas paso hacía: ir oprimido, suspiraba lo que dentro sus concabos gemía: y escupiendo peñascos sus entrañas, al aire apedrearon las montañas. Negaron Luna, y Sol, a todo el suelo de su curso lo rápido incesable: ha pagado el blandón del cuarto Cielo, cuando con el horror inhabitable ambos ojos cerró con justo duelo por no ver un rigor tan detestable: y aún los árboles vi, que en tal congoja también se desojaron hoja a hoja. Llegó un ciego soldado (que lo era mucho más por atroz, y atento,) y al darle una lanzada (acción grosera!) con errar la ocasión, acerró ariento: de yerro, no de acero; si de cera es la lanza que a un hombre simdiento cobarde rompe el pecio con de precios al fin; era ciego, y era necio! pero, sangre, y agua; vertiendo el pecho harido (del muerto corazón vivos despojos) los ojos sálpico del atrevido, aquien vista ferió con darle en ojos; para que si hasta hoy su oppuesto ha le pueda ya mirar con buenos joos: o tal vez, porque vean mis maldades lo que son para Dios las seguedades Decia un circunstante compasivo (así me explicaré con más recaro) como abre los ojos este altivo con sola una lanzada que da ingrato; y no los abre aquel, que por esquivo innúmeras le dio con su viltrato? sin duda, su seguera ponderable se ha pasado de fácil a incurable la lamentando) hombre de todos se porte a gusto; a menester que pronuncia a gusto de cada unos una sentencia, un decreto para cada cual asunto: y como esto no es factible, no debes tener a mucho, que me censuren la acción con tan oppuestos discursos: por, al fin, soy uno solo, y muy descontento el vulgo. Quién obra bien, no se ofende de la calumnia: ni es justo querer contentar a todos: porque, según yo discurro, es querer con imprudencia a un hecho (tal vez absurdo) que se oppone a todo voto, arrastrarlos todos juntos. También pica el soldadillo con honesto disimulo? Ol prudencia, y lo que puedes! sinó, mira lo que sutro? El capitán, es bellaco! pues estás con tu yerro tropezando, hallando un ciego luz en sus entrañas? en mármol has de estarte trasformando; o son de débil cera esas montañas; pues, persido no sientes desatento, lo que al pórsido obliga a sentimien Así, pues, suspiraba dolorido, lastimado (tal vez con impaciencia) de no pocos quejosos asistido, que unánimes culpaban tu incteman ndo yo, de tu aviso conducido alas vine aquí de mi obediencia: preguntasme, señor, si ha muerto Criste? y obediente relato, lo que he visto. Así su audaría Joseph, ya tienes lite obra como tengas guste; y el Centurión, que te alsta porque lo astorbe ningano: aún que él, como es tan prid no querrá, según barrumo, viendo los votos opuestos arrastrarlos todos junta Págate el Cielo, seño, tanto favor. Oste puto? revilbando se va el qu Absorto quedo, y confus Entendiolo, y sacudió zahirléndote a lo zurdo. De tu narración, amigo, tu justo celo dedurgo. Y aún por eso va con reol nuestro Pretor? No lo dudo, porque me explicé sobrado Los delitos; aún que oculte en el corazón se hospeden sin que los emienda el mún tan parorosos ojos erecen de la sombra el ba qe el más descuidado amo lo le di cuidadoso sul lega, cuando son notorios, ono vivirán sego le cuardo, que los condena? a Joseph, en estos discursos, n es bien malgastar el tiempo cuedo aquí nada arentoro oque emendiese Pilato, qe soy uno de los mochos, ne viendo morir a Cristo; lu verdad me reduzgo. Qe pues de tanta falacia simento me desnudo; gundo Pllato me culpe stes de mi amor orgullos; hdr vir como su infamia do el Orbe divulgo. dime enque negocio e te asistas que gusto l erl que he de servirtes y m preceptos procuro: peeste es en mi primero, no lo demás, segundo. be también seguir deseas aecumentos augustos e Cristo? Con el silencio o que no explico pronuncio. Qu sicha puase a tanto pudo! Luego no menos te ocupas usolo esa bien? Me ccupo. Que pudo también su rostro (spesar de estar difunto) sete sel, para mirarle piadosos ojos? Pudo. Pues mira en lo que te sirvo: que en fe de lo que espéculo, verás con cuanto más gozo a tus órdenes acudo. Sígueme, pues; y sabrás lo que mi piedad dispuso, para sosegar un tanto de esta pena en que fluctuo; de este llanto enque zoobro. Vamos, amigor que juzgo (como te miro los ojos,) que el corazón te descubro; y ya a tus fines diviso. Tal vez. No lo difsculto. Este, Juan, es el calvario donde me lleva el deseo tan ligeramente, como quien sabe que va a su centro? Nicodemus; mi cuidado se ha pasado aser desvelo: Porque como al Sol camiva (que es oriente verdadero de mis soberanas dichas,) y tristemente le veo eclipsado entre el celaje de tan acerbos tormentos; de la muerte con las sombras se me figura más lejos. Tu madre llega, señor. Ella será mi consuelo: que acompañarla en las penas es ya mi eficaz remedio. está con Nicoden Guardeos el cielo: pues de todos sus Tesoros archivo fue vuestro pecho. Él os pague la piedad, el cariño, y el afecto conque me asistis en tantos sobrefaltos que me veo; en tanta angustia que lucho, y en tanto afán que padezco! Serenad, sagrada madre, vuestros divinos luceros (que ya soles se acreditan solamente por ser vuestros) para que en angustia tanta nos alivien sus reflejos? Ya, señora, vamos cerca del que tantos sentimientos vence en la insigne palestra, pues les espera a pie quedo: y aún clavados: porque lepan que no ha de huirles el cuerpo? Cómo ha de cesar mi llanto, cuando a la causa me acerco? Aurora de nuestras dichas con razón os reverencio: y así, no queráis, señora, Que el César lo ha sabido, no admite a alguna: leed vos esa carta. Ya César! ite duda vos esa carta. la leo. EL Ya lo tengo entendido? a lo entiendo fortuna! ya de cerca tu mudanza veo! ligero deseo l uien, di, te precipita que los sunmos desconsuelos como nube se interpongan entre vos, y nuestro aliento pues sino os eclipsan luces, ni rayos os dejan menos: opacan de nuestros ojos la dicha, y felia consuelo de miraros con alivio, y de más serena verbos. Hijos míos, no ora mis angustias; cuando e viva, la causa del llanto y él sol de mi alivio, muerto Joseph aguarda, Pues vamos! Siguiendo os voy, norta bella Ohl tu singular asomipo Oy tu, prodigio el más on de cuantos en las hedades el linte ha visto del tienm cuanto más llorais lae más claras las señas ven de divina en vuestro te perorque mucho, si es Sed mi estrella; pues ya vais a mi amor preo Impleta funt, cua concinir David fideli carmine, sitendo nationibus: maviz a ligno Des. Ceba mía (rque serlo pruebas, porque en ti me reconcentre; pues el fruto de mí vientre es el mismo, que tú llevas) en aflicciones tan nevas, que ninguna las alcanza: de mi ingustia, y mi esperanza, cual de dos vencer se advierte cuando la vida; y la muerte tienes en tu fies balanza? Igual, mi dolor esquivo, mella, en vos hacer no he visto; pues vos, me dais muerto a Cris- y yo, Cruz, os le di vivo! (to, si decís, que es eccesivo el peso de un Dios; y así que más os pesa que amí: quien sentirá más digáis; vos, que un muerto sustentáis; o yo, Cruz, que le parí? Mas árbol sagrado, vos si en peso a Cristo tenéis, pues no os pesa, no sabréis lo mucho, que pesa dios: dividámonos las dos. ministerio tan sin par: el cuerpo, os ha de tocar, y amí el dolor: que en eso tendréis, por valanza, el peso; y yo por madre, el pesar. Ol Cruz; que si Testamento hozo Cristo repartido; vos altamente habéis sido el misterioso instrumento: Para cuyo complemento cinco signos soberanos autorizan más que hermanos de nuestra culpa el descargo; pues lo estípuló tan largo, que en vos alargó dos manos? Y a sí, si me ha sustanciado la muerte mi causa extensa, ya tengo para derensa a Cristo transubstanciado: su costado me hará lado, aunque mi culpa despierte que es sentencia de mi muerte: pues del infierno a despecho, en la margen de su pecho es postilla, que lo advierte. Que si esa llaga siguía lo que a la alta Majestad ofende una seguedad; también su vista asegura: y así, dígase que jura sobre vos, Cruz, si le sigo, las paces que hace conmigo absolviéndome el destierro: que quien da la mano al hierro, dará de mano al castigo. Si mi culpa porque cara os cueste, sangre vertéis; porque un diluvio llovéis, cuando una gota sobrara? mas, ya, Señor, se repara, que es la Cruz con propiedad de la arca en la tempestad jerolifico tan vivo; que hasta el título de olivo promete serenidad. Pero, con esta advertencia; que si allá castigo fue, ya en vuestra sangre se ve un diluvio de clemencia: sangre, y agua a competencia (porque mi bien se concierte) verter al pecho se advierte: que si con aquella allá la muerte anegando va, con esta anegáis la muerte. Dudo que en sus manos haya raya que el yerro no ha herido; que, al fin, hoy el yerro ha sido cuando pasó más de raya: si así vuestro amor desmaya del corazón inhumano la fiereza de tirano: decidme, Señor, que hiciera este yerro, si estuviera dejado de vuestra mano? Árbol feliz, en ti están con noble trocada suerte, vencida de Adan la muerte, cierta la vida de Adán: pues siendo tu fruto pan, si su sentido acomodo (que es Todo) miro de la suerte tan mejorada; que Adán (que al reves es N llega a ser dichoso en toda. Aconojor, pues, empieje de Dios el bien que reciba; que si un fruto le prohibe, hoy otro fruto le oferecas si del primero padece fatal muerte, y merecida (pues con su mano atrevida que se la dio se previene) ya felicemente tiene en el fruto Adan la vida. Ea pues, Joseph, alcanza del Cielo el fruto impolo porque tengamos el frues más cerca de la esperan;: que es bien, pues esta valana tiene la justicia en calma (siendo; como aliusto palmí medida contra el ecceso) que al bajar del cuerpo el peso se encubre ligera la alma. Vos me habéis de permitir, que en alto estemos los dos? que para que bajéis vos, gran Señor; he de subir? pero ya llego advertir, sin que el misterio me asombre, que es bien que Arlante me nos de ese cielo reducido; pervuestro bajar, no ha sido etro que encumbrar al hombre. Bero, como ha, de empeñarme i desfijaros mi amor; se dejáis clavar, Señor solamente por salvarme? sin duda, que es enseñarme, que pues yo puedo obligaros apneros, a clavaros tuesa Cruz que os aflige; searazón que os desfije prra así desenojaros. Jumí viniéndose a encarnar, lo bajó un Ángel de luz? pes, como así de la Cruz el hombre le ha de bajar? porque al Cielo ha de negar de que es su digno empleo? es Cristo (según yo creo) eusitará triunfante; o le dilate un instante esta ventuza al deseo a Oíd. Nicódemus, vos mel Centurión, atento; qe con solo un argumento o respondere a los dos: supóngase, que Dios ruejó a Adán por tributo aquel sabido estatuto; qe no era bien, en rigor, y el hombre que estaba en flor emanósease el fruto. Muando Adán indeciso a ley, y de Eva la gracia, ó mano de la audacía, y dio de mano al aviso: hera ya del. Paraíso se ingratos con el renombre, puso en la puerta (no asombre) un Ángel contra los dos; que ya parece que Dios se recelaba del hombre. Cumpliose (dichoso día!) el tiempo que Dios mandó, y su hijo decendió a ser fruto de María: un Ángel le precedía a este fruto esclarecido como al hombre ve atrevido: y aún se vistió (conjeturo) Dios, para entrar más seguro, del mismo Adán el vestido. Disfrazado de esta suerte con prudencia nunca oída, el redentor de la vida, venció muriendo, a la muerte: aquí cumplido se advierte lo que el dijo misterioso del Grano, que generoso promete dar por entero (con tal que muera primero) dulce fruto si copioso. Ya, pues el Grano murió reparando (fuerte escudo?) nuestros ierros: y aún que pudo, en nada se anticipó: . para su tiempo guardó la muerte: porque así tenga ejemplo el hombre; y prevenga (si su afecto se acelera) que no quiera, cuando quiera; sinó, cuando más convenga, Luego, si ya fénix arde, sin nuevo incendio temer; Ángel ya no ha menester, que le cele, o que le guarde: si al declinar de la tarde (cuando por postrer congoja al ocaso el Sol se arroja) pende el fruto de esa rama; quien duda que al hombre llama, porque con sazón le coja? Nicodemus, quien dirá, que atener prenda mejor no se la diera el Señor al mundo que amando está? luego, si al hombre le da para más ennoblecerle, para más enriquecerle el fruto que le defiende; cuando ya del árbol pende, a quién tocará el cogerle? Ol sacro Rey, que así amáis al hombre! pues con ser Dios, si ingrato no os busca a vos, vos amante le buscáis! no solamente bajáis de los Cielos soberanos a transformar los humanos en divinos como veis; mas, tan humano os hacéis, que se les vais a las manos? Qué interés tenéis, Señor, para que vuestra virtud, aunviendo mi ingratitud me busque con tanto amor? y aún no queréis (qué favor!) previsto mi frenesí; que os baje un Agel: yo sí; porque a amaros me provoque: porque por mis manos toque lo muerto que estáis por mí! Hijos; por la alta bondad de esa mi eclipsada luz, de la cárcel de la Cruz a mí Jesús libertad libre, pues, me lo entregad? que cuando ya no compiten la vida y muerste; repiten esos clavos, su pasión: que pues ya pagó es razón, que los hierros se le quiten? Por vuestro consuelo alio no es mucho subir los dos. Cuando no fue para vos darnos un cielo, consuelo? Siempre a vuestro fiel de os deberá la ansia mía este favor. Siempre fía en vos mi amor, Madalena. Temple tan violenta pena el centro de mi aegríar Cómo mi turbado anhelo verbos clavado sufriera, aunque hasta al Cielo Idbié por no ver clavado al Cielo? como fuera mi consuelo mayor, este fruto ópimo, si esto de que me lástimo no hubiera per vos pasado! como estando a vuestro lade no he de tener buen arrimos Oh! mi Rey! como no imite tus sienes llenas de abrojos como Ícaro a tus ojos en llanto no me derrito? como no me precipito cegando a la luz más clara pero aquí mi amor repara viéndose tan encumbrado; que commo estáis ecchpladd os puedo ver cara acara! Como a la real persona de tu alteza (caso infiel!) aún no ciñen de laurel la merecida corona? Si una corona pregona los triunfos que se alcanzaron; bien con el rubi mostraron de la sangre el precipicio; pues es su incendio el indicio de la mucha que costaron. fero tú, Rey sin segundo, h. Hor mbre, di: que que a Cristo trato o acaso habrá podid tu ingrata vida neg no: porque si tu fueras, de solo imaginarlo te cortieras! Pudieran tus maldades hagerle a eu Señor tantos ennios? tus necias ceguedades cegado hubieran a Jesús los ojos, cuando a quí se repara, que a mirarle te arteves en la caral Tu altivez no es tan loca que el amor, que te tiene no haya visto: ni creo que tu boca en la cara escupiese al mismo Cristo, sin temer con recelo: que eso fuera escupir al mismo Cielo! No, hombre; no es creible, que de Cristo a la cara te atrevieras; ni tengo por posible, que en su rostro las manos le pusieras: pues si bien se pondera, ingrato puedes ser; pero no fiera! Pues quién, Jesús, eterno, hacer os pudo tan villana afrenta? es acaso el infierno que la Imagen de Dios borrar intenta? no: no: que su inclemencia el nombre os aborrece, y rere esas cienes poregrinas dejas coronar de espinas habiendo gabado un mundo: jerolifico profundo son de tus victorias juntas las cienes, que descountas: pues coronándote así, te da la sangre el rubí, y las espinas, las puntas! a sido aquesta i Si es que amor dificulta lo: que le baste una boca atanto agra ya cuando más lo oculta, de cada llaga lo pronuncia el labio; diciendo con recato: quien pudo sino el hombre ser ingrato? Quien pudo tan tirano, quien pudo tan infiel, desconocido; quien pudo tan villano; quien tan bárbaro, vil, tan atrevido quién tan ingrato fuera! quien fuera fino el hombre aquesta fera? Demodo, que tu fuiste, hombre vil, desatento, si grosero, el que mano pusiste en Dios mismo, tu Padre verdadero sin mirar más humano que eres hechura de su propia mano? Pues como si esto sabes un punto vives, sin que el duro pecho arrepentido laves en lágrimas dejándole deshechos para que en el no quede lugar endonde la maldad se hospede? Tu contrición atienda en la muerte de Cristo, reducida (en precio de tu enmienda) tu constante salud, tu eterna vida? para que victorioso resucite en tu afecto cariñoso Sin tan trágico asunto no le ha dado la muerte tanta herida; pues tu dolor difunto bastó para empañar la mejor vidas cual noche tenebrosa que desuce a la luz, caliginosa. No llevó por despojos a sus ojos la muerte, si se adviertes cegáronle los ojos, que ciegos del te pega del tropiezo no arguyen que están ciegos? ̱. No tienen fin oído a Cristo, del tumulto los baldones; la causa si que han sido de ingrato las torpes sin razones: pues debiéndole tanto ensordece de Cristo con el llanto? La perdida ovejuela oyo el silvo al pastor, y le responde: si al triste le desvela, con lo dócil le paga, y corresponde: cariños le merece: de bruta pierde, lo que le obedece. Hrejuela perdida, escucha a tu Pastor, de angustias muerto: A de una, y otra herida despide silvos mil, aunque en desierto: no quieras tantas veces perder de racional lo que ensordeces. Porque si torpe huye, aunque vala de sed de breña, en breña, pues no restituye; avista del rebaño se despeña: y aún que el valido crece, se ensordece el Pastor, y la aborrece, Aqueste clavo horrible no aprisiona su brazo soberano, por ser cosa imposible caber yerro, de Dios en la alta mano: clávole la malicia, que no teme el poder de su justicia. Quién pudo sino el hombre clavar al manso Cristo soberano con fiereza que asombre; si los ierros no deja de la mano? y aún no se do llegara si al yerro de su mano Dios o Nocabe, como dije o del O! Rey el man angular! como así la aleve gente (cuando debe agradeceros ser de vuestra feliz plebe) se porta, contra los fueros de vuestro amor, tan rebelde! je, es con enfasis único, y profundos pues se hundiera al abismo, a no darle la mano Cristo mismo! Ingrato miserable, cuyas culpas te sirven de destierro; mira cuan destestable es la funma dureza de tu hierro; que tiene a Cristo opreso; porque nadie pudiera con tal peso? Ea, tus culpas lava con lágrimas, que amor derrame intensas: pues las manos se clava a favor de no vengar tantas ofensas: antes, paces pretende, pues las manos da al yerro que le ofende, Aún ciego impertinente, que el pecho le rotó con vil fiereza; el delito reciente le olvidó por hacerle una fineza: que de un ciego despecho, así se ha de vengar un noble pecho. Con tan necios arrojos cobró vista, y salvose (raro caso!) imítenle los ojos, que lancean a Cristo a cada paso: que es ceguedad sobrada no hacer mella en un pecho uno lanzad Del árbol de la vida (ya promete salud el atributo!) des, alma rendida conseguir de raiz el mejor fruto? Llega: que te suspende, si de el pende, de quien la vida perde! pas Cómo, si os clavan las mano quieren que les déis laureles? Cómo han de, llevar la palma deleales, y corteses; si en una palma, las palmas; os rompen sus procederes Ol Pies, amo siendo los dieñándonos lo e der lacorona he de quitarte? a. Rey mío; que es impropia. ntí, la corona, que poderecho a mí me toca; es a mi culpa le falta, ya tu inocencia lo sobra! Corona, que mi altivez elabtó, para cozobra a la cabeza de Cristo: sorma, que así te formas ar mis vanidades necias: corona, no te compongas paraz, de mis deslices biendo que a Cristo enojas? Josamiento descompuesto, Na que a Cristo coronas; nde lacintos, ni perlas; de Diamantes, ni aljófar: fno de espinas agudas, de espinas afrentosas!) ira que a Cristo maltratas, tibeza, si te apasionas? mira, que sus cienes rompes, qundo las tuyas no domas! Mira, soberbia, que ultrajas a más humilde persona! oos, no labréis espinas, que al celebro a Cristo rompan? no cojáis espinas, quejas! así os vinculan los hombres? como el hombre es tan aleve, que de un clavo os atraviesa, sin que la alma se atreviese? lma, vuelve: no huyas trepando de tu error las altas a Dios te restituyas ardanza; pues ves que que aunque era- s breña te despeñ JUECICCA menosprecie el válido: te aborrezca! odio, cerremos la boca: que no está para sentirnos cabeza que está tan rota! Sentidos mal enseñados; corred, corred, a la posta; que Cristo está sin sentido? No seáis más alevosas, potencias mías! mirad, que os hacéis espinas todas en la cabeza de Cristo! Cabeza mía; mejora de los ojos; porque vean como los de Cristo lloran! Boca; deja aparte el odio: tus palabras acrisola; que a Cristo tienes fin habla desde que tan mal te portas! Yvos, Señora; que sois del Parque de Dios la rosa; recibid estas espinas: pues nunca tuvistes otras. A mi pecho, el derecho le toca de esta prenda con cerreza: que pues tuvo en su pecho seguro hospicio mi feliz cabeza; el timbre de la suya almío será bien se le construya. No lo meresisteis vos, hijo mío! de este modo os tratan tantos ingratos, que ultragen vuestro decoro! Desclavad el primer clavo! Ol valor de Cristo heroico? y como sabéis atarbos las manos; cuando nosotros os ofendemos! sin duda por no castigar oprobios? Cuán escaso es mi dolor? pero vos, cuan manirroto? Quita el vinzulo, Joseph de esa mano: que me corro Oh! que golpe! allá en el alma llegó a resonar el eco! Pero, como dado el golpe sobre el fuerte clavo recio está el yerro tan reacio! más, ya diviso el misterio. Como puede desclavarse de Cristo la mano; atiempo que el yerro del hombre insiste en pertinaces denuedos? Vaya otro golpe: veamos si dando en el clavo, puedo hacer que lleguen por dicha algunos ecos al pecho? . Ol que dolor me ha infundido este golpe! mas, no veo hacer mención este clavo? debe ser (según pondero) que no quiete desclavarse Cristo, sin que afloje el yero. Yerro, no tengas a Cristo de que el hombre no se cor viendo preso a su Dios pro Dichoso me hacéis, Señor, subiéndome al consistorio superior: de tuya mano pende el eterno tesoro. Mas, que clavo tan robusto oh clavo fuerte: enti noto; que como para clavarte fue menester todo el odior para arrancarte, no menos todo el valor es fora Jerusalén, que hiz a que fin con apla diligente saliste sin méritos, con si cuandon aste? usos cortesanos a palmas en ando as te calmas, en ella rompes a Jesúsla as palm tan clavado a tus despegos? Yerro, no tengas, no tengas sin libertad al remedio? De Cristo deja la mano, dichosisimo madero: que si ambicioso del fruto que sazonaron los Cielos, quieres no perder la suerte que mis defetos te dieron: al corazón te ocasionas con imponderable riesgo pena, dolor sin medida mientras le tienos, empeso! Pero, no tienes, cruz mía, tú sin vida a mi consuelo! el yerro tiene la culpa! suyo fue, Cruz, el efeto? el yerro, que le atraviesa ha sido; Cruz, el travieso? Y de vos también deduzgo, candidísimo cordero; que en peso tomáis mi culpa, aque así me pese menos, peda pesarme más a micho que os cuesta viendo! a. Señor; baste, baste! a mi bien: demos, demos; nos dos golpes! el uno leá mi arrepentimiento, rnestro perdón, el otro? a ceracon grostero, da adaradas: que este clavo cia aldaba del Cielo; estando el Cielo clavado, omenester que abre el ruego? dinemos, dolor: no sea, pepor ser los golpes lentos nsordezcan las piedades, sin abrigo quedemos, algamoste, dolor mío, rulentemente al encuentro lamor, que nos convida eu vida de gusto inmenso; nes que con estas llaves os dierte la puerta el dueño! ed cuerdo, dolor: nosea qe os deje amor, para necios orque son necias caricias aque no llaman a tiempo! alá la caridad propia n la lampara del pecho, inque mendigue el descuido envano socorro ajeno! no hos quedéis puertas afuera cuando Cristo es el portero, y os franquea ya las llaves eonque sus manos abrieron: que cuando aldarles la vuelta a brazo le falte esfuerzo; eréis las manos de Cristo que hos faciliten el hechos llechade a la llave fuerte s lágrimas contodo afecto, para que se fácilite, y de la vuelta más presto? Ya dio vuelta: ya la llave el paso me abrió del Cielo, Y vos, que de este tesoro tuviste el feliz manejo, esta llave recibid, para cuando nuestro anhelo implorando vuestro amparo, os mendigue los remedios. Yo recibiré, Joseph, ese clavo: que no quiero que al verle María; añada una punta mas al pecho? Ol clavo, que llave fuiste de la habitación del verbo; y quien tuvo por la mano aprisionado mi aliento: cierra mis íntimas penas, como abriste el cristal terso de la mano de mi hijo; porque cese mi tormento! Nicodemos desclavad la siniestra: porque entiendo, que ha de costar más suspiros ese clavo, que el primero, como le fraguan del hombre los procederes Annestros. Madalena; como miro, que ese clavo compusieron las sin razones del hombre: y así mismo, como veo, que en la mano tiene Cristo el testigo de mis hierros, para darme en rostro, tantos atravidos desaciertos; temo llegar a la mano que tan ofendida tengo. Porque, si con los impulsos de mi zozobra, me atrevo: de mis atrevidas culpas, con el fiel conocimiento; o dudo el medio que arbitro, o pusilánime, temo. Y más, cuando (si me animan de su generoso pecho las piedades que examino) con mis memorias encuentro? Pues ya que prodigo quiera apesar de mis defetos darme el perdón que le pido, cuando el castigo merezco; parece que mis congojas P teno Nos que e al que llevó el amor Qué liberal Vuestra mano, Señor, a mí terr según más ha podido o mi dolor; que del yerro la dures que apenas le confieso, cuando veo en mis manos mi proce Ol penas venturosas! que aser glorias pasáis, si sois prudentes! Ol lágrimas dichosas! quién os hizo tan doctas, y elocuentes? Dónde habéis aprendido adejar al quejoso agradecido? Recibe, Juan, amigo, este yerro que amor disculpa, y luce Ahora, ya es testigo del amor que en acierto le traduce. Ya clavo, a tu despecho. todo el yerro su incendior- pentrar ambos. pecho! es esclavos; de nuevo as solturas isionero! se apartaron del derecho que en sus sacras bizarrías. en algún modo tú vieron, pues las manos le clavaron, para que no pueda hacerlo Pero ánimo, congoja: que si mi arrepentimiento no equívale a mis delitos, y no iguala mis tropiezos: hayen Cristo amor bastante para deshacor lo feo de mis errores: si acudo. amante, humilde, y atento, rendido, reconocido; y en vivo llauto deshecho! de ha deshecho; Ya tenéis en ese clavo vuestra libertad sin riesgo. Dulce esposo, de las almas, ya reconozco, ya veo que estáis la esposa aguardas con ambos bra, os abiertos a Abiertos tenéis los brazos, peros les rotó el tormento! abiertes tienes los brazos dellavar mi culpa en peso: y abierros, Señor, buscando de tu rebaño lo entero! dchoso del que llegare en esta ocasión a ellos! Pero, que harán los ingratos, ino llegaren a tiempo? sombre; pues te abraza Cristo, oseas tan desatento. qe las espaldas le vuelvas mrtamente a desprecios! De Arón, y de Hur los dos eldcio estáis haciendo; pes al Moisen sagrado, A juizo reparo nuestro, n lacumbre de este monte Estis con fiel desvelo, mtanto que vence heroico mir (losué discreto!) l opposición de Amalech, hterquedad de los pechos, hidireza, la soberbma, Juñn, lo falso, lo ciego, hurano, lo atrevido rungo rebelde afecto. Amor, ahora tus flechas ln de acreditar aceros! amor, rindiéndote humilde, has tus triunfos eternos! hombre; pues Cristo te abraza me aguardas? llega presto! lira que abiertos los brazos, spera no pierdas tiempo! uaque sepas, lo mucho pe sin ellos pierde el necio; iraque sepas lo mucho se alesoras con ellos! Ol si como yo supieras lo fino, leal, lo tierno, lo dulce; lo fiel, lo neble, lo amoroso, y alagüeño que se porta mi querido, cuando abraza mi cordero: yo se, que no va a las aguas herido el ciervo sediento más veloz, más presuroso, mas libre, ni más ligero, que tu fueras, hombre ingrato, de tan noble amor al centro! Que no llegas? Que no vienes? Qué estás, sordo? Qué estás ciego? Que no gimes? Que no lloras? Qué estás loco? Qué estás muerto? Qué eres bronce? Qué eres mármol? Qué eres nieve? Qué eres hielo? Pero; debes serlo todo? Pero, todo debes serlo? Pues el cielo menosprecias: Pues menosprecias el cielo: Haciendo aprecio del mundo: Haciendo del mundo aprecio: Oh (lo que es más cierto enti) Oh (lo que es enti más cierto) Porque cuerdo ser no sabes: Porque no sabes ser cuerdos Afuer de groseno ingrato! Afuer de ingrato grosero? Pues advierte, Pues repara, Que pues vil; Que pues prote Cuando llama Cuando abraza Cristo propio Cristo mismo No corres No te des alas Concuidado; Con desvelo; A tu despecho has de verle Has de verle a tu despecho Justistero riguroso, Riguroso justiciero, Ya no con abiertos brozos? No con los brazos abiertos! Josephe entanto que sacas el tuerte clavo tersero, me quedaré sustentando la mayor parte del Cielo. Toma empeso mi cuidado en tanto que te obedezco. Pies soberanos; mis pasos aprisionaron los vuestros: pues cesaron mis solturas, razón será que estén sueltos! de Me vite Crato. par. 2. cap. í.) Pies, que me estáis enseñan el camino más derecho; como estáis aprisionados sin que el arrepentimiento os quite el vínculo altivo, que os pusieron mis tropiece hamad, amor, a esta puerta, que da paso al Cielo mismo; y es desde donde a pies junto os podéis entrar adentro, Ya está libertado ahora mi cuidado, y mi remedio. Ya del hombre las soltur: Pueden césar esto viendo! que es lástima que han de suel la razón, si esta Dios preso! Hijo, vos que de mis brazos (que vuestro consuelo fuero hallando en ellos abrigo tantas ástimas previendo! salistes para la peno, para tanto sentimierto, para tantas sinrazones, y para tantos desprecios: venid, venid; otravez a vestro estable consuelo; que en la tierra entre los hor no lo encontraréis más cien Cuando os hibais de mi so digiesteis hibáis a un hinero y se os conoce en las señas, pues venís un jardín hecho con tanta encarnada rosa con tanto clavel ameno? Divisa fue de mi amor lo encarnado: y en vos ve que os vestís de esta divifa: que sois muy fino, enefe: Siempre he tenido a tus pies mpie todo mi remedio? ̱. Vos, que en vuestro pecho noble diste al mío acogimiento? peguntad, Rey soberano lo que siente el mío, al vuestro! Redentor mío; si libre he dejado vuestro cuerpo; que libertad el alma. ̱. Sagrado Pastor inmenso, sed la libertad felice de este humilde esclavo vuestro? Digan mis ojos, Rey mío, o que lastimado siento: de ellos (si el labio no basta) uan lenguas del silensio! Ou me querido esposo h el eclipsado, tus triunfos r. De las almas esposo, ya no os busca la esposa con celo amante, con terneza osada con paso presuroso, A con anha fervotosa, de las Guardas acaso maltratada! ya la suerte trocada, en vuestro amor ostenta más amante el desvelo: pues siendo honor del Cielo os tratan los ingratos con afrenta: cuando vos dáis la vida por vencerle la muerte al homicida dulce, y amado dueño Tanta cardena violeta que con mis lágrimas riego; y tanto clavel flamante que os matizan: por extremo (si son lunares que al hombre, al rostro le están saliendo) os hacen, Señor, al doble más galán, más rico, y bello! los pies, mi bien me reciban tantas lágrimas que viertos porque regadas las plantas de vuestro jardín supremo; produzga más saludable ese pensil del rifeo el fruto de mis deleites; y que vos sois fruto nue la fama eterna celebre. Pues apesar de lo infausto vitoriosamente vences. Lleve en hombros vuestra pena quien os quiera imitar, siempre. Porque es bien que os tome en peso, para que haga que le pese. Vuestro cuerpo, Rey insigne, hoy pesa equivocamente: para el deseal, inmenso, y para el amigo, leve. Valor habrá menester, Señor, quien en peso os lleve. Es que se muestran los bríos cuanto más el pesar vence, Mi cuidadoso cariño los despojos vuestros quiere: que lo son del mayor triunfo. Cifra en ellos los laureles de sus laudables aplausos. Y de este pesar se advierte; que vencéis siendo el vencido, para que sepa vencerme. Yo seguiré vuestras huellas: que pues sois mi norte siempre no ha de haber horror, Sol mí que de vuestra luz me aleje. Hombre; sigamos a Cristo: que puede ser que te deje, si en tanta aflicción le dejas. Pues felicemente tienes en el fruto, Adán, la vida; Si otro fruto fue tu muera lonte goun t dien llaun temcn. Me en vi cit que es mevin lacri haldái pranuntía non posumcorpore, m es, Silun que, suos haber arbor cuiter ascendo, sed dar mi hi go te fárete parí, arque aures advert ali species, mille salutís erún cun sape id remedivn agritudía es aime, tenta, peraje mandatu tu dumprimia florer tibitempo cuan de morte hominís cue un cithara dedit. O. atento Prócul esus avo. . ibus, viranque sube, famanque ostmultos una serena dieaR. mor, moneoque: locúmdate saera te andís anversa sonis dulcenque per aún ouirque bonun summú, quo tendimus sier cuacuncua notumgens ima racen dimus veteres, sed nostris utimor anmis. expertus terras remeabit Apollo. tu he Túmulo, Cristo inclamante res a aliquid summe? minví mi hí: sed, tibitor nsis tenebrís in lucem sácula fudit. paliún vita, multos da, Júpiter, an no emores. . loria vires. . ite vestras. A. nt. I. nun. R un tuvin. . otis atas. . catio longa est. Na reverti. erentí. S. res. T. omnes. tem. Y. y. t Aa. a est. Bb Pal ̱l Proper lib. 3. Eleg. Don Claudíar irac. Cristi Oví epist. 27. Heroid Olimp. Nemes. e- cloge 4. G. Proper lib. 4 elega Sil itale libete. 1. Ovis libe a deRem- amor Teren. Hcante acte ye se2 Seneca inHíppol y. Tíbul. leg. S libar. Ni Jún. Juve Sátio, Oh. Hor libe trepigr. Hor . 2. carmad. Sal. QuClaudian? ad Hadr. Tíbul elege Slibe;- 5. Oví. lib. 1 de Ponto. T. Manil. libe 2. Astró. V. Luer. lib.6 de natrer Calph. Ecelega Y. . . 1. Fest. Val flac.lib. 1. argona, Aa Clau. de mirac. Crí. Aul, per. Hac. Sati.6. Clau instil, laullib. Jun. Juve. Satiaro. e. borem. . as, perdere cartas. nora. E. vixmente videtur. Y fine teste fide. Min. túú, laudesque manebut No. nebrís, lucenque timebunt. Oo. ucorde relíquit. . ni tímide rogar, numina mortem Te. cite munus. Vi. e lejetur in orbe. . repararer nova, yy. unque negas. . vendo paranda. Aza. ilíapede. bb. o est tua semper imago. Co. gilata córpora noctes. Dod. n crédimus ese. Fe. nimum, carmine iacto. l eacus nova lumina tagnotum se mervise diem. E rin venís, sit medicina sides. . m invariple favor, minvir que lab si suntíe cuam plures malí. H versículos, mísera ucembrevioren a nostris, animí raestanda est, o sonos, nomenque s que capunter is fratri frater su constent verba qu re. Qué cuecunque datís mihí lam. Rr. a nomen haber, nobilis ipso. ignorabir, quitaceré necit. concordes, nostrum discite si harebír totoque a semper soboler loquitur cuoden obis illí vi do labitur os prest nunvig iustún :a nirar Claud, de n rist. pertotuen. Ide Oví libego de Por lo. Hh. Plaut instich T. Ma e Boes. Luetetios nata rer. M̱̱. Orí evist No. . Ecclo 1. Encid Do. T calph. Es Si atius, li 6o Seneca in Hipp Lucan hbe bel Oví. . 2. Metán Te Ausoran Pitas Vu. Claudianus in talam. . se Martial . Idemin Here. Ídemin Hera Ana. Ausón eglde big vita es Tibal, liblele Oví librig de p de o. Ideo aman- Ausón. uni sup Ovi. ad Pisonto