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Texto digital de El vencedor de sí mismo

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Atribución tradicional
Álvaro Cubillo de Aragón
Atribución estilometría
Álvaro Cubillo de Aragón Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El vencedor de sí mismo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vencedor-de-si-mismo-el.

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EL VENCEDOR DE SÍ MISMO

JORNADA PRIMERA

Déjame, Dudón, no quieras seguir cual sombra mis pasos: detenga ya tu porfía el más claro desengaño. A dónde huyes de mí? A mí misma, porque es llano, que en ningún lugar estoy apartada más, ni tanto. El quererte bien te ofende? No es querer ser porfiado: tema viene a ser, no amor. Tú misma te has condenado, pues porfías en querer al dueño de tus agravios, a Rugero, que homicida de tu esposo Mandricardo, grosero con tu afición, de ti; y de él se ha burlado: si es así, porque le sigues? Porque todos somos sabios en los negocios ajenos, y en los propios siempre erramos: haz tú lo que yo te digo, y no mires lo que hago. Pues haclo tú así también, y déjame a mi penando en el mayor imposible, pues dejarte es excusado. Deja que sienta, y que llore verme de ti despreciado, cuando el dichoso Rugero entra en la Corte de Carlos, Que le traen los Paladines para volverle Cristiano; y por seguirte yo a ti, ni le sigo, ni acompaño. Hoy el Baptismo recibe, y hoy da la dichosa mano a la hermosa Bradamante, digna hermana de Reinaldos. Tú lloras, y ella se alegra; yo peno, y él goza aplausos; tu amante, y él muy esquivo; yo sin dicha, y él ingrato. Tal es la pompa del mundo, sus accidentes son tantos, que no hay desdicha sin gusto, ni dicha alguna sin llanto. Ya salen de San Dionis: mira desde aquí tu engaño; que aunque venganza parezca, ni me vengo, ni te ultrajo. Ooí. Rugero, es el día que habéis dado de enemigas, y bárbaras espadas Del mayor enemigo habéis triunfa- con la mayor victoria os considero. (do Cristiano os armo. Y yo poneros quiero la espuela, porque en sangre matizada la enemiga derrame vuestra espada. Vuesa Alteza honrar procura vasallo suyo, y su menor hechura Cuando ya generoso me asegura que saber que os he armado caballero, que ilustráis el nombre de Cristiano. (za, . Tu proceder injusto Favor notable. Esta es la banda blanca, que tanto estima la familia franca. me levante del suelo vuestra mano. que a tu valiente acero prodigioso hoy la virtud se agrega de Cristiano; por quien ya victorioso, ya triunfante , , , cuya sangre, y valor son ejemplares, y heroica emulación de Caballeros, hoy el número aumento a vuestros Pares: un nuevo Paladín quiero ofreceros, una espada, una lanza, que a millares mayor blasón al nombre de Rugero. al carro ofrezca, y a la rueda atadas. A valor tanto, a tal merecimiento dignamente, señor, le has construido a la mesa que ofrece igual asiento, Oí la espada ceñida a vuestrolado al asiento que heroico le es debido. El mío es de Rugero, yo lo consiento, pues con él igualmente dividido cumpliré la palabra que le he dado de amigo fiel hermano, y de cuñado. Ninguno habrá, Reinaldos valeroso, mi humildad, porque el mundo me señale que no parta su asiento, y yo el primero, pues basta ser de Bradamante esposo, título en mí, que otro ninguno iguale, para que el Sol le admita lisonjero. (toso, Eso aunque es justo es muy dificul- vuestro valor lo que pública; y vale, (ro si Reinaldos palabra dio a Rugero, no quiero más blasón, más bienn no qui. Bradamante es mi hija; y caso es llano que me ha de obedecer más a su hermano. Yo porque más debáis a mi grandeza . Yo la di, señor, y veréis que es justo la insignia quiero daros de mi mano . Tú no pudiste hacer nada en mi au- de Paladín. . Quien llega a tal alteza . Mi hermana es de Rugero. (sencia. dichas mayores no presuma en vano. . Sin mi gusto? . Ella le tiene, y yo. Conozco en vuestra sangre la noble. . Sin mi licencia? . Mira, señor. castigaré, y su loca inobediencia, pues con razones torpes, y livianas mi autoridad ofendes, y mis canas. Al Príncipe León, que es immediato Dadme, Sr, los pies porque dichoso heredero de Grecia, y la pretende; palabra he dado, y de faltar al trato Llega a mis brazos, heroe generoso mi nombre, mi verdad mi ser ofendo. confusión del Audaz nombre Africano, No al valor de Rugero sol ingrato, bien sé que la merece, y que desciende de Reyes tantos, que mi casa honrara, si mi palabra en esto no faltara. desharé la soberbia de Agramante. Vos, gran señor, en cuyas manos fío Dudón, Reinaldos, Orlandos, y Holí mi honor, interpondréis vuestra persona, (veros, para que tenga efecto el trato mío; no ambicioso pretendo la Corona: porque de Men talban el Señorio mi casa ilustra, mi nobleza abona; solo, señor, me obliga, y fuerza la palabra que di. . Cuplilla es fuerza; heredada en los brazos de la cuna, del Príncipe León estáis prendado? Sí señor. Pues mirad, el caso es grave; (do yo al golpe que a mi garganta acierte su autoridad, y su valor se sabe el poderoso, el mozo, el empeñado: conviene que busquéis medio suave para salir airoso de este empeño. de Bradamante el yugo soberano, al Príncipe de Grecia le agradezco honre su Imperio con su hermosa mano No se espante o ya loco de amor, o de honor cuerdo: ha llegado a perder lo que yo pierdo. . Qué es esto? la frente que del Sol ya coronada de diamantes, o estrellas tachonada tan firme, tan airoso, y ajustado, postre a sus pies, y para más honrarlos que parece que son en la entereza, por ver a Bradamante en tal grandeza y con locas presunciones engañaré mi propia fantasía, y desharé la rueda en mi pobreza: Si ya el dolor antes que llegue el día . Traidor pública a Rugero, de ver con dueño ajeno su belleza . Cobarde le llama a voces. no me provoca, no me anama, y llama, . Por Doralice se agravia. a morir menos cuerdo, y con más fama: . Vengar la muerte propone Pobre soy, esta espada solamente es el mayor caudal que me acompaña . Injurias dice, y baldones quien la pretende un Príncipe eminente a Bradamante. . Seis días, yo humilde, él poderoso en la campaña: o seis repetidos Soles a mí un brazo me ampara, a él mucha le da de plazo. .o, soberbio, y claro está que es desigual hazaña el querer competir humilde, y pobre un junco débil con un fuerte roble. Mas a pesar de mi enemiga suerte despreciando él esto que de la muerte vencerá mi valor a mi fortuna; contra el Bulgaro está en campaña arma yo abreviaré la vida que importuna a mi pesar me aflije con memorias, babiendo penas, y acechando glorias. Rugero, el desistir tan fácilmente no es cuerda acción de generoso amante, De ese medio, señor, yo seré dueño, pues falta averiguar qué dice, y siente Que pues toque confieso no merezco la parte principal, que es Bradamante. Corrido estoy de que mi Padre intente romper con mi palabra. si agravios lloro, o si de dolor padezco vuesa Alteza, que siempre escarmentado siéntalo quien con pecho más humano, de experiencias las huye el desdichado. Venga dichoso Príncipe, y corone . Sobre el viento a la gineta (Alarbe disciplina) se ha mostrado oscurece los rayos que interpone, un arrogante Moro, de un trompeta, crencha de Ofir en nácar dilatada: que pública su acción acompañado: La carroza del Sol, que se compone Blandiendo al asta al Andaluz inquieta, de sus coyundas quite los caballos. hombre, y caballo de una misma pieza. Que yo contento en la desdicha mía, . Rodamonte es, vive el Cielo; . mi nombre ultraja, y provoca a la venganza mi nombre. del Tártaro Mandricardo. su hermosura desconoces? Bárbaro, aguarda a Rugero. Sacrílego, aguarda al Conde. Villano, aguarda a Remaldos. Aguarda a Dudón, inorme. Aguarda a Argalín, cuitado, que a cuchilladas, y a coces sabe Argalín castigar a Moros que se descosen. Basta, basta, Caballeros, ninguno las armas tome, que me enojaré por Dios. Caballeros, dijo? Honrome; cierta señal de que todos entramos en el cumprole. Si esta merced me concedes. Cómo este favor me otorgües, Cómo esta dicha consiga. Vuestros alientos perdonen, que solo toca a Rugero el castigar la desorden de este bárbaro arrogante. Deja que a tus pies me postre por tanta merced. . Rugero, la ocasión hace a los hombres. Pues sois discreto, logradla; no la perdáis, pues sois noble, que un solo desaire ofende muchos ganados blasones. Yo haré, señor, que los míos con esta acción se coronen. Ven, Argalín, ven conmigo, que a soberbias presunciones de ese bárbaro arrogante seré castigo, y azote: y si Rodámonte ha sido toda a esta vez del monte. Aguarda, enemigo, aguarda; oye a Doralice, oye a quien más que a sí te quiere; si el bárbaro Rodamonte de mi desdicha se vale para vengar sus pasiones, yo no tengo parte en ellas. Yo te estimo; yo conforme con mi suerte te perdono; y por lo que a mí me toque dejar puedes la batalla, sin que tu honor se desdore. Generosa, y bella Infanta, a tantas obligaciones quisiera corresponder agradecido, y conforme. Pero de imposibles tantos combatido estoy, que rompe las leyes de cortesía el mismo que las conoce. Y Bradamante ofendida, ya se atravisan mayores agravios que el de mi honor: vuestra hermosura perdone, que hoy he de ser su enemigo. Ah, ingrato, así correspondes a una voluntad tan firme? Soy de otro dueño, y me corren obligaciones de amante. Ay tal rigor! . Soy de bronce. Oye, espera. . No es posible. Eres cruel. . No me nombres. Eres falso. . No me creas. Tú eres hombre? . No sor hombre, sino escollo, que resiste del mar repetidos golpes. Dente los Cielos ventura; y aunque me maten rigores de tu amor, y de mis celos, la prenda que estimas goces. . Los Bulgaros que han negado al Imperio la obediencia, verán con loca experiencia su castigo ejecutado. Ejército gobernado de soberbia, y ambición camine a su perdición; y atropellado, y vencido tema el Bulgaro atrevido mi nombre, pues soy León. Las fuerzas del Griego Imperio acrediten mis blasones, tremolando sus pendones en el opuesto Fmisferio. Con su afrenta, y vituperio daré a la invidia temor; méritos daré a mi amor, pues ya la fama inconstante le habrá dicho a Bradamante, que venga a ser vencedor. Cenirá el laurel su frente con el nombre de mi esposa, la que al paso que es hermosa se precia de ser valiente. Ya tu vencedora gente batiendo al favor las alas, plumas tercía, y viste galas. Y el Bulgaro retirado, testigo será agraviado de que pongo al Sol escalas. Prevéngase el campo todo, que a Francia partir no quiero, hasta que triunfe primero a su usanza, y a su modo. Sepa el Fenicio, y el Godo, que del Bulgaro atrevido triunfador valiente he sido: y para aumentar mi gloria. sepan que de esta victoria dueño Bradamante ha sido. Que aunque está por suceder la gloria que me sublima; en fe de que ella me estima he de triunfar, y vencer. Toca a marchar, que he de ser por ella esta vez dichoso; aclamadme victorioso, decid que viva mi dueño, pues no es imperio pequeño ser de Bradamante esposo. Cielos, si el dolor que siento la piedad que pide alcanza, dadme rayos de venganza, o escudos de sentimiento! A quién diré mi tormento? Rugero a mi amor faltó. A Doralice miró? No es posible; aunque me dice mi temor, que es Doralice dichosa, y sin dicha yo. A quien diré mi dolor, cuando a los Cielos obligo? Rugero traidor conmigo? Rugero ingrato a mi amor? Rugero falso, y traidor? No puede ser, no lo creo: mas en tan dudoso empleo volved, ojos, a llorar que cabe en poco lugar un agravio, y un deseo. Una invencible pasión, y una amorosa violencia me da para hablar licencia, y solicita atención. Ciertas mis desdichas son, . Doralice, bella Infanta. Si la novedad te espanta, oye mi suerte infelice, y sabrás que es Doralice Cisne, que muriendo canta. No hay para que referirte quien sol; pues aunque me abona inmediata una Corona, mi mayor honra es servirte. Solo pretendo advertirte la parte que importa más: pues si a tu nobleza das la presunción heredada, mas que a ti misma, obligada a favorecerme estás. Rugero mató a mi esposo Mandricardo, en cuyo acero experimentó Rugero lo que importa el ser dichoso, pues no menos valeroso el escudo defendía que el Ave Imperial tenía; pero mató a Mandricardo, no otro brazo más gallardo, sino la desdicha mía. Creí que entonces Rugero, piadosamente obligado, diera a mi infelice estado el remedio que en ti espero: mas cuando le considero piadoso para ampararme, hallo sin poder vengarme, en vez de satisfacerme, su espada para ofenderme, tu amor para despreciarme. Quise a mi enemigo bien, busqué en la duda la paga, la medicina en la llaga, en los peligros el bien: el amor en el desdén, consuelo en el ofensor, quietud en tanto dolor; pero ya desengañada vengo a tus pies confiada, que en ti lo he de hallar mejor. Aquel caso no has oído del delincuente, que huyendo de la justicia el estruendo, se entró turbado, y perdido en casa del ofendido? Pues hoy me sucede a mí lo mismo: yo te ofendí, y huyendo de mi fortuna, que me persigue importuna, vengo a valerme de ti, No me niegues esta gloria, DE SI MISMO, pues si tu amor lo concede de darme a Rugero, puede eternizar tu memoria: darás materia a la historia, fama a tu nombre darás, a Alejandro excederás; pues si él generoso dio la prenda que amó, y gozó, tú sin gozarla, que es más. A tus pies estoyrendida. mira si es obra piadosa buscarte estando celosa, pedirte estando ofendida: mas no extrañes que te pida quien necesita el vivir; mi desdicha has de sentir si llegas a ponderar, que es acción gloriosa el dar, desdichada el pedir. A tus razones atenta admiro en la novedad un linaje de piedad, que a ser contra mí me alienta: y aunque es fuerza, que yo sienta la ofensa que has referido: mi ánimo persuadido se halla tan de tu parte que ya no puedo negarte el favor que me has pedido. Solo quiero preguntar a tu amoroso cuidado, donde el estilo has hallado de persuadir, y obligar. No es aquí lo más el dar, la admiración no es debida a quien dé su amor su vida; pero véndrase a deber al valor de una mujer, que a otra mujer su amor pida. Confieso, que he de tener invidia de este valor, pues no sé cual sea mayor, el pedir, o el conceder. solo quisiera poder querer más de lo que quiero; porque en lo que hacer espero fuera mayor la victoria, borrando de mi memoria mayor parte de Rugero. Este laurel, esta palma contigo alcanzar quisiera, por ser la mujer primera, que dio la mitad del alma: ya mis sentidos en calma lo mismo ignoran que soy: ya aventajándote voy, pues si la distancia mides, todas tus lenguas me pides, todas las manos te doy. júzgame ya desde aquí tu tercera cuidadosa, hablando a Rugero, cosa que no la hiciera por mí: pero aprenderé de ti a pedir, con que ya espero goces del bien que más quiero; que más el alma estimó; porque a no quererle yo, qué hiciera en darte a Rugero? Pedirele que te quiera, rogarele que te adore, diré que por tu amor llore, diré que en tu ausencia muera: haré oficio de tercera, seré en mi causa enemigo. Y si aquesto no le obliga perdonarame tu amor, que nunca el Procurador siente el mal del que litiga. Deja, Bradamante hermosa, que sellen tus pies mis labios. Vete en paz, y olvida agravios en la esfera de celosa. Por ti espero ser dichosa. En mi amor te constituyo. Todo mi bien te atribuyo, Ser tuya, y servirte espero. Qué al fin me das a Rugero? Como él quiera, todo es tuya. De qué mujer se ha dicho que haya usado remedio igual? Quién fue tan atrevido, que de su propia voluntad vencido, la apena pida en el sujeto amado. Quién sino yo en amor tan dilatado a tan breve olvidar se ha persuadido? Doralice ignoro lo que ha pedido; y yo también ignoro lo que he dado. Puédeme ella pedir lo que no es mío? Puedo yo dar la voluntad ajena? Uno, y otro es enorme desvarío. Sufra quien ama lo que amor ordena, que es caso injusto, que es remedio impío querer con mi dolor curar su pena, Turbados pasos de amor me conducen, dueño hermoso, a tu presencia ofendido, cuando a tus favores corto. Agravios de Amón tu Padre vengo a templar en tus ojos, que no con menos virtud pudiera sanar mi oprobrio. En la presencia de Carlos hizo desprecio afrentoso de mi valor conocido, mira si con causa lloro: mira si en tan duro agravio con justa razón me corro. Pero si a tanta grandeza dispone tu cielo hermoso disculpas suyas prevengo: no quiera Dios que mis corto merecimientos te impidan de augustas dichas el logre. Goce el Príncipe León tan dignamente dichoso la mano que no merezco, el bien que incapiz ignoro. Que yo pagado con tus dichas donde libro, o donde cobro finezas de tantos años, a quien humilde correspondo, Sacrificaré a tu gusto, o el desengaño dichoso entre abismos de pesares, entre piélagos de oprobrios, Un mar de esperanzas vanas, un caos de deseos locos, un mongíbelo de penas, y una confusión de enojos. Vienes a linda ocasión, proponiéndome celoso la queja de tus agravios, cuando tus culpas conozco; y tus cautelas entiendo. Yo culpas, a dónde, o cómo? cuando jamás te ofendí? Qué encanto fue poderoso en los Palacios de Alcina, ni en las florestas de Astolfo a contrastar mi lealtad? Ya, Rugero, lo sé todo; ( para qué es negarme nada, si yo he de ser el piadoso tercero de tus amores? Qué dices? . Cuanto me gozo de oír ignorancias tuyas! ( . Vuelve, Rugero, los ojos a la hermosa Doralice, mira el ofendido rostro, que de las perlas que vierte (no ya por su muerto esposo, sino por cobrarle en ti) psarta pequeños globos en ilos de las pestañas globisa afrenta del oro. Mira eslabel de su boca, más bello, cuando más roto, que incluye en dos breves hojas belleza de toda solio. Mira sus hermosas manos, DE SI MiSMO, que en cinco nevados copos se dividen azucenas, donde el amor cauteloso, para precipicios de almas se esconde en pequeños hoyos. Mira. . Basta ya, señora, que en tus discursos conozco si son barlas, mucho peso, y si son verás, muy poco. Yo no me burlo jamás; ni el caso que te propongo burlas consiente, Rugero; pues cuando así te provoco, razones de Doralice mueven mi pecho piadoso. Si a su esposo le mataste, por qué a sus lástimas sordo niegas la satisfucción, que solicita en ti propio? No ves que ofendes al Cielo? Ya veo, que si quejoso entré de tu Padre aquí, en ti mis desdichas doblo. Ella me dijo su amor; y ella me pidió en retorno de esta verdad, que te hablase. Y tienesme tú en tan poco, que porque ella te lo dijo cambiase mi amor por otro? No puedo yo presumir; ( que haya mujer de tan locos, o tan bajos pensa mientos, que sin empeño forzoso llegue a pedir cosas tales. La que faltó a su decoro, y a su honestidad, es fuerza que tome rumbos, y bordos para remediar su afrenta, no menos que ella afrentosos, guiados de su desdicha, que a un yerro se siguen otros, Tú sabes lo que hay en esto: y yo, Rugero, perdono hierros que el amor induce. Remedia su honor quejoso, quiérela bien por tu vida, que es obra de pecho heroico saber perdonar flaquezas, aún en sujetos más cortos. Si quieres que pierda el seso, no es menester buscar modos más exquísitos, y extraños, daré mi furia a los troncos de las vecinas riberas. Deja que viva Medoro, (. que no es tu amor tan Orlando, ni tus celos tan furiosos. Para quitarme la vida lo serán. . No por tus ojos, que sentirá Doralice . perder uno, y otro esposo. Hablemos claro, señora, cualquiera engaño es ocioso: si áspiras a la grandeza del Príncipe Macedonio, disculpada estás conmigo. Yo soy pobre, ya conozco, que allí ganas un Imperio, y aquí pierdes un estorbo para llegarle a gozar. Ay de mí, que todo es poco, . si con tanto amor se mide! No llego a ignorar, no ignoro las ventajas que te obligan. Ahora, Rugero, yo acorto de razones: Doralice su amor me ha dicho, de modo, que cuando fuera yo un mármol me enternecieran sus ojos. Ya la ofrecí mi favor; y aunque en este valgo poco, por lo que valí algún día contigo (a morir me pongo) . te pido la correspondas. Si obedecerte es forzoso, digo que haré lo que mandas. Ah, traidor! Ah, fiero asombro de ingratitud! Ah, enemigo, qué fácil volviste el rostro! Solo te pido, señora, licencia. Yo te la otorgo. Para sentir mis desdichas. Tusentimiento es tan poco, a que no habrá de él al consuelo mil leguas cabales. Cómo vivirá quién esto escucha! Lloras? No lloro, aunque lloro, que es sangre del corazón la que derraman los ojos. De mármol soy, pues lo sufro. Males, venid poco a poco, que es cobardía, pudiendo matarme el menor de todos. Mas qué es esto, valor mío? Ay de mi! trompetas oigo, si es el Príncipe León? Fiero nombre para esposo. Cómo, señor no te acuerdas de tu desafío? Y cómo de tu obligación te olvidas? No atiendes al alboroto de las trompas, y las cajas? Arma el pecho valeroso de acero, y no de terneza: quita la vida a ese monstruo; sal a castigar su orgullo. Que yo a tu valor dispongo la ligereza de un bruto, que animado promontorio de nieve, en crines, y cola desata crespos arroyos, que hundosamente le ilustran de los codones al bozo. Tan veloz en la pareja del Alquisón, o del Noto, que cualquier viento cojea, y aún el pensamiento es cojo: pues lo que en él llaman vuelo, en su ligereza es soplo. Sal, pues, señor, no lo niegues esta victoria a tu elogió. Conozca el Moro tu diestra, sienta el golpe rigoroso del brazo que a Mandricardo partió el escudo nervioso, para que igual en la muerte triunfes de iguales despojos. Basta ya, enemigo, basta, no me afrentes. . Gentil modo de agradecer, por mi vida: pensé que por lo brioso (novedad en un lacayo, porque son gallinas todos) te pareciera yo bien; pero si te causo enojo, no vayas en cincuenta años. Que aún en término más corto, sin tu ayuda se habrá muerto de algún tabardillo el Moro, y no habrá que agradecerte. Hágale Dios tan dichoso, que muera a sus manos yo, siendo a la invidia despojos. Cómo he de sufrirlo, Cielos! . cómo callo si lo adoro? Como no revienta el pecho, cuando se abrasa amoroso? Ahora estamos en esto? Es el cuadro de los novios de Hornachuelos: Ea, señora; que sin ti todo brioso corazón llora desmayos, Antes, Argalín, ya sobro donde Doralice está. A lo menos al destrozo de mi honor, y de mi vida, sobran rayos en tus ojos. Pues por Dios que la trompeta no se descuida en tu oprobrio, Ya no es Rugero el que fue, Argalín, faltó al decoro de su honor, cobarde es ya. Eso no, que ya en el potro de la ocasión, diré al Mundo las verdades, que atesoro. Tuya soy. Qué dices. . Digo, que en llegando aquí no ascondo verdades que calló el pecho mas que ofendido, celoso: toma tus armas. . Qué es armas? De que eso digas me corro. Armas, Rugero? Yo armarme? Qué filo de alfanje corbo? qué punta de alarbe lanza, si yo a Bradamante nombro podrá ofenderme jamás? juzga de la punta al pomo mi espada, un rayo, un cometa que agitado, y prodigioso a millares de enemigos resolverá en humo, y polvo. . Vete a amar, y Dios te vuelva, Tu nombre divino invoco. Y el de Doralice. . Ofendes mi verdad cuando te adoro. Victoria te den los Cielos. Tú me has de hacer victorioso, Contigo van mis deseos. Escolta me hacen tus ojos. No dudes, que he de ser tuya: No dudes que venza al Moro.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Venció Rugero, y quitó la vida bárbaro fiero. Quién del valor de Rugero menor suceso esperó? Solo, Hnión, que deseaba la victoria en su enemigo. De sus odios soy testigo, pues mientras él castigaba la soberbia, y osadía de ese bárbaro arrogante, se encerró con Bradamante, a quien cruel persuadía con la lengua de un puñal a su desprecio, y su olvido, Y Rugero lo ha sabido? Sí, señor. . Temo algún mal. Él viene. Argalín, preven mis armas, y mi caballo, que pues remedio no hallo en el bien, huiré del bien, Dadme los brazos, honor de Lirio Francés. A vuestros Cesáreos pies debo rendir tales lazos. Y con ellos advertido el laurel de esta victoria. Es para mí tanta gloria el saber que habéis vencido, que aunque de Orlando, y Dudón ciertas relaciones tengo, para la vuestra prevengo nuevo aplauso, y atención. Campaba libre, y despreciaba ufano de la parcial Palestra el sitio breve al Rey, soberbio, el bárbaro Africano, a al Cielo injuria, a la deidad se atreve: sobre un tordillo, que espumoso, y cano, como en arena el mar se entrena en nie- ten presumido de galán, y airoso, (ve, que pisaba la hierba escrupuloso. Ya el impaciente bárbaro acusaba mi descuido, y señor de todo el campo la trompeta publicaba, incitadora voz, que al alma estampo: cuando en un Andaluz, que despreciaba con piel de armiño de la nieve el ampo, audaz entré, y el vulgo novelero, viva, dijo el Frances, viva Rugero. Yo armado con las armas de Troyano, y él con la adarga Tunecí cubierto, un fresno errado en cada diestra mano, y en cada acción un corazón experto; dimos dos vueltas al cercado llano, y al más cuerdo discurso sin acierto, viendo movernos en tan breve suma, roca yo de cristal, monte él de pluma. Hecha ya la señal, silencio mudo, previno el golpe de fatal encuentro, de la pestana el movimiento dudo, toda respiración se quedo adentro (do, herí en su adarga, respondió en mi escu- la tierra se oprimió contra su centro; y los caballos, que el aliento pierden, tascando el freno, las coscojas muerden. Apenas fue el encuentro ejecutado, cuando las astas libres revolviendo de un torno en otro cada cual librado, sobre la mira de la adarga hiriendo: descuidos halla en el mayor cuidado, y a todo trance heridas previniendo, mas se buscó en batalla tan reñida la ajena muerte, que la propia vida. Blasonando destrezas Agarenas, los hierros dio a su lanza de un diamante, forjados en las fraguas Damascenas, que esgrimió diestro, que vivió pujante, desnudo brazo de robustas venas, despreciador, soberbio, y arrogante, ya con lanza, o con alfanje sea, de cuantos acuchilla, y alanzea. Andaba ya la cruel furia enemiga púrpura derramando de un costado, donde al pesar del jaco, o la lorija, el hierro de mi lanza fue esmaltado: el rojo humor a enflaquecer le obliga, menos brioso andaba, y alentado; cuando guiado de un mortal concepto la lanza en el entistre le acometo. Hiero al caballo en el hijar sangriento; y como si el intento redujera a discurso capaz, procede atento de remesón en la fatal carrera: no llegó tan ligero el pensamiento, rayo fue desatado de la esfera, y obediente a la dura ley del freno, relámpago su aliento, sus pies trueno. Cubriose de la adarga, en cuyos Antes halló mi lanza resistencia poca, y rompiendo las mallas de diamantes le abrió en el pecho una sangrienta boca: pasó a la espalda, y roto los volantes mortaja ya de la animada roca, vieron salir, y yo de ver me admiro, la punta de rubí que entró zafiro. Cayó en el suelo como cuando herido valiente roble de segur villano en su pompa mayor desvanecido le precipita de la cumbre al llano: quedó en su sangre bárbara teñido el suelo mismo que pisaba ufano, siendo a la presupción más arrogante tumba su adarga, para su turbante. No se esperó menos feliz victoria de vuestrogran valor por quien ya espero dar vida al bronce, espíritu a la historia, gloria a este siglo, invidia al venidero. Hazanadigna de inmortal memoria que inmortaliza el nombre de Rugero. Su virtud premia, su valor aclama; con verdes hojas de laurel la fama. Si algo merecí, señor, lo que en esto os he servido; SIMaS. Mo, si algún premio le es debido al nombre de vencedor; solo pretende mi honor licencia para buscar, ya en la tierra, ya en el mar, alguna ocasión dichosa, donde merezca a mi esposa, o a mí me acabe el pesar. Que esto será lo más cierto, pues cuando quien soy no ignoro, si vivo desprecios lloro, honor me aseguro muerto: logre Amón, logre el concierto que a mí me niega por pobre; vida en su esperanza cobre, muera yo desesperado, que no es razón que al honrado falte dicha, y vida sobre. Aguarda, heroico Francés, aguarda, invencible Marte. Desesperado se parte. Qué valiente! qué cortés! Qué pueda un ciego interés preferirse a valer tanto! No de mi Padre me espanto, sino de mi injusta hermana, que arrepentida, o liviana tanta dicha trueca en llanto. Qué pretendes? . Lo que emprendo en nada puede ofenderte: a mis razones advierte, que mi libertad defiendo. Yo soy quien a mí me ofendo, Qué es esto? Invicto señor, un oprimido valor, una voluntad forzada, una mujer lastimada, un valeroso temor. Yo soy la ya sin ventura Bradamante, a quien el Cielo reservó el mayor agravio. y negó el menor consuelo: yo soy la que aficionada desde mis anos primeros a las acciones de Marte seguí el belicoso estruendo, ceñi espada, trancé arnés, cubrí el ante, blandí el fresno; yo la que con diestra mano ya el blando, ya el duro freno en ambas sillas templé, y sobre animados céfiros, que el aire, si no engendró, los prohijó en su elemento, a quien cernejas, y crines sirven alas, y dan vuelos, con admiración gloriosa mostré varonil esfuerzo. Vencí en campal desafío a Sacripante, y Brunelo, quité el anillo encantado de Agramante, y deshaciendo las mágicas prevenciones, abrí el castillo de acero adonde estaba encantado, sin saber su nacimiento, ese valiente Francés, ese gallardo Rugero, ese a cuyo heroico brazo rinde la fortuna el cuello. Por la fuerza de Isabela di la muerte a Pincibelo, sobre el encantado puente derribé con fiero encuentro a Rodámonte, y triunfe de otros muchos Caballeros, que a los golpes de mi lanza fueron de la silla al suelo. Yo, al fin, Carlos valeroso, que igualmente hago aprecio de mis ganados blasones, y de la sangre que tengo, de Rugero, que en Rugero dilatada sucesión promete a mi casa el Cielo; pero contra estas verdades, contra este fatal decreto quiere mi engañado Padre, codicioso de un Imperio, darme al Príncipe León, entregarme a un extranjero, a un hombre que no conozco, si bien no ignoro que es Griego, cuya fe padece engaño, y cuyo engaño aborrezco. Cruel, rigoroso, airado, desnudando los aceros de un puñal a quien tenía tan ultrajados el tiempo que ya de orín, y de olvido se vio envainado en sí mismo, con la muerte me amenaza, puesto la punta en mi pecho: no Padre, fiero enemigo, que cuando pasan violentos los ruegos a demasías, a amenazas los consejos, se olvida el nombre piadoso, se trueca en ira, y en fuego todo el amor paternal, todo el natural afecto. Yo entonces, señor, turbada, sin discurso, sin aliento, anudada la garganta, ronca la voz en el pecho, rasados los ojos en agua; porque ellos solos pudieron (del corazón lenguas mudas, hablar en tanto silencio: con lágrimás le respondo, que no pudiera ser menos, faltando palabras tantas, sobrando tantos respectos: arrojó el puñal, dejome: y yo entonces recorriendo la licencia, volví a llorar, que por padrones ya hechos repiten fácil los ojos amorosos sentimientos. No has visto el blanco bellón de la nieve, a quien el hielo aprisionó sobre un risco en la cárcel del Invierno, y huyendo después del Sol, que desterró el pardo cerro, desata blandos arroyos, que libres corren al centro? Pues así mi pecho helado de la vergüenza, y del miedo, detuvo lágrimas muchas, suspendió blandos acentos, aprisionó libre copos, condensó vidros deshechos, hasta que después herido de amor sin nubes, sin velos soltó la presa a los ojos, e inundó libre, y resuelto la cárcel de las pestañas, y los márgenes de un lienzo. Pero como honor me anima, aunque en mi llanto me anego, discurrí en medio del llanto; busqué en la pena remedio, salida en la confusión, en los temores acuerdo. Y al fin, por mejor cumplir con el paternal respecto, y no faltar al amor que vive en hidalgo pecho, quise reducir a un acto, sino mi elección, su acierto; porque en él se califiquen tan altos merecimientos, No quiero ya repetir obligaciones que dejo; no quiero que sea mi esposo Rugero, solo pretendo. que el que lo hubiere de ser (sea quien fuere llegue a serlo, probando que me me rece, mereciéndome primero, peleando tan amante, resistiendo tan compuesto, que triunfe sin ser cruel, que venza sin ser grosero, y sin heridas consiga la gloria del vencimiento. Pero si yo le venciere, pierda la acción, y el derecho que a mi mano tener pueda, como indigno de tal premio, Para este efecto me armé, y solo ha de ser mi dueño quien me venciere en batalla, Prevenga el valiente acero el Príncipe Macedonio; pruebe su valor en esto: que no es bien que Bradamante rinda el indomable cuello a Príncipe, amante, a esposo, que no la venza primero. Esta es mi justa demanda, esto a suplicarte vengo: honrosa causa me anima, glorioso laurel pretendo. Mas valor doy a mi esposo, más calidad a sus méritos: sea el campo de batalla puerta del tálamo honesto, para que gocen más brazos, quien pueda, y sepa vencerlos, quien superior los oprima, quien los supedite cuerdo, quien dichoso los merezca por valiente, y por discreto. Volvió por si Bradamante, acreditó mis deseos. No puedo negar que sea rigoroso pensamiento, en que Bradamante intenta; pero es fuerza concederlo, pues no hay voluntad forzada que llegue dichosa a serlo. justísimo es lo que pide. Yo lo afirmo. Y yo lo apruebo: y para que lo consiga, cárteles se pongan luego, que publiquen esta acción. Tus Cesáreas plantas beso por tal merced. . En las alas de mi amor volar pretendo a dar aviso a León. Sea el Príncipe el primero que pruebe aquesta aventura; pues si él la vence, con esto cesarán en Bradamante esperanzas de Rugero. Qué dice de esto, señora? Sígueme, Dudón, que llevo para vengar mis agravios, todo un volcán en el pecho. Venga León a Paris, y Amón quede satisfecho de que su palabra cumple en valor de ser su yerno. Vuestra Majestad, señor, autoriza ambos alientos, y Bradamante no falta a su obediencia con esto. Será Rugero su esposo; Será Rugero mi dueño. Tendrá el valor su lugar. Pagará amistad, y deudo. Desnudará amor sus galas, y armará el pecho de acero. Dos Ejércitos, dos campos se envisten, y el uno de ellos falto de ánimo, y de fuerzas se retira casi huyendo. Huyan muy en hora buena; que yo pienso, que el hacerlo será por quererle vivir. Oh, cobarde! vive el Cielo, que afrentosamente huyen. Pues quién te mete a ti en eso? Cómo quién? No echas de ver, que es parecer de hombres cuerdo en viendo ventaja huir? No es si no lición del miedo. Importa que haya quien huya, para distinguir con esto el victorioso, y vencido. Pues si a mí me trujo el Cielo; quizá para esta ocasión, cómo he de sufrirlo, y verlo? Alabando al vencedor. Eso no, si no acudiendo al que favor necesita. Ese es conocido riesgo. Pues eso busco, Argalín, los peligros apetezco, a los vencidos ayudo, contra el vencedor peleo, quizá en un gallardo brazo hallaré el bien que deseo. Ay tal desesperación! contra el Ejército entero, él solo quiere oponerse? Esto es envidar el resto con una sota, y un tres. Caballeros ventureros los que jayanes vencistes, no os alabéis del suceso, que a esto comparado es burla partir gigantes por medio. . Qué furia desatada mueve, y ánima tan valiente espada? Quién este monstruo ha sido, que al Bulgaro vendido de mi Ejército altivo, y numeroso le ha hecho victorioso, y le ha dado esta gloria, quitando de mis manos la victoria? Oh, valor invencibe! o, brazo heroico!o confusión terrible! o, casos desiguales! ya huyen las banderas Imperiales: y ya con vituperio pierde reputación el Griego Imperio. Victoria. . Caso extraño! ya cantan la victoria en nuestro daño. Volved, Griegos valientes, no se diga, que un hombre solo a tanto tiempo obniga; y cuando su valor fiero os asalte, falte la vida, el ánimo no falte, Pero ya, qué me canso? Pues es llano, que al que empieza a huir se anima en vano mi voz no os avergüence, que más es que un hombre quien a tantos vence. Oh, Francés valeroso! ofendido me dejas, y envidioso. . Notable vistoria ha sido de tu brazo valeroso, que pudo hacer victorioso, al que ya estaba vencido. Ni la cuentes por victoria, ni por hazana la alabes, pues de mi desdicha sabes que me concede esta gloria: Porque yo no la deseo, que si vencer deseara, de las manos me quitara, o la ocasión, o el tropeo. Tan desesperado entré a morir con los vencidos, y en los muertos, y heridos, tan sin temor puse el pie, DE SI MIS Mo que viéndome, suspendieron las corrientes que traían, medrosos los que huían, soberbios los que vencieron. La muerte que conoció, que yo su rigor buscaba, suspenso el brazo, y la aljaba, la novedad admitó. Y aunque común enemigo con los hombres declarada, viéndose entonces rozada ruin, se estendió conmigo: Y si mi verdad prefieres a la común opinión, en mi desesperación sostituyo sus poderes. Pues cuando el morir buscaba, aún a mi pesar vencia: sin querer herir hería, sin querer matar mataba. Y de un golpe, de un revés, dividiéndolos en piezas, muchas cortadas cabezas vi convertidas en pies. Porque el temor se los daba para huir, y aunque ya es uso, ninguno a buscar se puso la que a su cuerpo faltaba. Porque fuera bobería, haviendo luego de huir el ponerse a discurrir esta es mía, esta no es mía. Y quien a huir empieza vencido ya del temor, sin cabeza va mejor, pues no volverá cabeza. Sean desprecios, o favores, tu venciste peleando, y ya te vienen buscando los vencidos vencedores, para darte el premio honroso. No fuera acción de hombre cuerdo querer, cuando tanto pierdo el nombre de victorioso. No hal recompensa bastante que mi dolor satisfaga: vencer al mundo no es paga en quien pierda a Bradamante. Volveré el rostro a esa gloria; porque algún día importuna no se alabe la fortuna, que me ha dado esta victoria. Mira señor, que provocas al Cielo. . Esconde el caballo entre esos robles, y encinas, que yo solo, y desarmado quiero huir de mi ventura. Ruego a Dios, que no caigamos en manos de los vencidos. . No temas, que a un desdichado haya muerte que se atreva; que nunca pudieron tanto sus rigores por dejar larga vida en penar largo. Si no me engañan los ojos cue es, señor, el que ha dado la victeria a tu enemigo. Eres tu Argalín? . Matadlo si no se diere a prisión. Qué es esto Cielos! . Tu agravio vengas hoy en tu enemigo. Date a prisión. Cuando me hallo sin armas, no es gran victoria. Pon en sus manos un lazo. ( Yo soy vuestro prisionero. d Ya, señor, está el caballo: mas ay de mí, que es aquesto. Atad a este. . Llegó el plazo que Argalín tanto temía: (. pero que mucho, si andamos huyendo de la ventura, y los peligros buscando. Hoy pagarás atrevido con tu muerte el desacato de haber dado la victoria al que la libró en tu brazo. Si con la muerte me espantas pensando que te has vengado, poco, o nada has conseguido: su rigor los dos buscamos. Habla por ti solamente: que yo, señor, para el paso en que estoy no busco tal. Eso confiesas villano? Y si otra cosa dijere digo que miento, y me llamo Marimáricas, que soy un tuerto; un zurdo, y unzambo. Inventa nuevas crueldades: prueba en mis castigos cuantos la atrocidad introdujo, que de ninguno me espanto. Qué invencible condición! . invidio valor tan alto. Y dígame, aunque perdone el señor Don Matasanos, he de morir yo también? Pues qué remedio has hallado para excusarte? . Pregunto: porqué como en mí no hallo ni deseos, ni accidente de culpa. . Delitos tantos no quieres que culpa sea? No es delito, no es agravio la muerte de tantos hombres vencidos, y destrozados? Por el hombre que yo he muerto consentiré que en un palo pongas luego mi cabeza; porque en el quinto he jurado de no ofender a mi Dios: y en esto el vivir fundando me hallo con buenos pulsos, y deseos de hombre sano. Pues con tan buenas señales morirás más consolado. Guarde Dios al seor doctor por tan notable desengaño, ya que por la cura no: que a fe que aunque sea de paso tengo de contarle un cuento. Visitó a un enfermo honrado un Médico de opinión; e informadose del caso le preguntó, come bien? Y el dijo, no me veo harto: duerme bien? Como un lirón: orina bien? Lleno un jarro; gran morbo, dijo el Doctor: Yo recetaré un bocado con que se le quite todo; que para todo hay Boticarios, Pero respondió el enfermo: ese es remedio de gatos, que yo tengo en mi cocina más seguro lectuario. Esto mismo pienso yo, que de tu receta aguardo, pues las ganas de comer quieres que me quite un lazo. Siempre has de hablar disparates? Déjame morir hablando: que si tú mueres contento, yo de imaginarlo rabio. No quiera Dios qué hombretal civilmente aprisionado, por mi consejo parezca: Caballero, reportaos, que no es valor desear morir. . Con esto me mato; y no acaba de creerme señor? Quitadles a entrambos las prisiones. . Qué pretendes? Dar la vida al más gallardo Caballero, que vio el mundo. Mira, señor, . Excusado es todo consejo aquí. Considera. . Si es criado, muy respondón me parece. Haz luego lo que te mando. Haga luego lo que dicen, y excuse lances cansados. Ya, señor, libres están. Y ya tus pies esperamos reconocidos, y humildes, licencia para besadlos. Cómo, licencia. Sin ella besaré el pie, y el zapato, el escarpín, la calcera, la suela, y el zuelo, y cuanto puede, y no puede besarse, aunque exceda en lo besado. Repórtate majadero. Conocesme? . No he llegado a verte otra vez jamás; solo sé, que confesando de berte la vida, estoy de agradecimientos falto. Que aunque morir deseaba de mi desdicha a las manos, ya tu deudor me confieso; pues por lo menos has dado lugar para que me vengue de un poderose contrario. En mi tendrás quien te ayude, que conmigo puede tanto la virtud, que de enemigo tu amigo mayor me hallo; y desde hoy protesto ser enemigo declarado de cuantos lo fueren tuyos, Guárdete el Cielo mil años, que me obligas de manera con tu proceder hidalgo, que es fuerza vuelva he ofrecerte la vida que tú me has dado: dispón de ella como tuya, mándame como vasallo. Qué te movió defender al Bulgaro? . Has preguntado lo que no sabré decirte. Yo salí desesperado de mi patria, ingrata siempre, por la adversidad de un caso que allí tuve, y vi que estaban trabados esos dos campos, y el uno iba ya vencido, busque el peligro más claro: inclíneme al inferior, y pude con ellos tanto, que fue el vencedor vencido, Pero si en ellos reparo, ni sé con quien peleé, ni a quien la victoria he dado; que quien sin ventura riñe, si en algo acierta es acaso. Dime tu nombre. . Ninguno me toca como el de esclavo tuyo, mas el Caballero del Unicornio me llamo; porque este noble animal traigo en mi pecho pintado. Qué venenosas invidias podrán exponerte al daño! Yo sol Príncipe heredero legítimo, he immediato de Grecia, en mi sostituye mi padre el imperio sacro. Válgame el Cielo, tú eres León? Yo soy, no quien te ha dado la libertad, si no quien trocará el Griego, y Romano Imperio por tu persona. Oh nunca visto milagro! o confusión nunca vista o suceso el más extraño! Qué te admira? Qué es posible, que a quien yo aborresco tanto tal beneficio le deba? Estaba, señor, pensando. Aquí no hay más que pensar, que en dejar de ser ingrato sepa vencerse a sí mismo quien sabe vencer a tantos. Tú me adviertes? Ah fortuna, p. como en el que es desdichado son tus beneficios mengua, y tus favores agravios! Ya la razón me quitaste, ya me has atado las manos contra León; ya es León de beneficios armado, y yo tímido cordero. Tus confusiones extraño. De nuevo, señor, me ofrezco a tu servicio, pues hallo que de una prisión me sacas, y a otra mayor me ha pasado; ligeros hierros me quitas, y grave cadena arrastro, No te entiendo. En mi obediencia verás lo que ignoras claro. Dos Soldados encubiertos quieren hablarte. . Dejadlos entrar. Mi estrella convierte las dichas todas en llaunto. Invicto Príncipe Augusto perdona el poco aparato con que de Francia he venido a besar tus Reales manos, Si el rostro no me descubro, no temas traición, ni engaño; que a darte vengo un aviso, y en mi es forzoso el recato. Este pliego hable por mí. Ya con alborozo aguardo. De Francia dijo: ay de mí! . Quién serán los embozados que con la nueva han venido? Aquí está Rugero? Ah ingrato enemigo de mi vida! Caballero, si obligaros puede un curioso deseo, supliccos que a mi cuidado digáis, qué hace este Francés aquí? . Por un desacato le tiene preso León. En esto mi dicha entablo: Dudón preso está Rugero? Por ti me pesa. Has pensado mal si juzgas mi desprecio tan fácilmente olvidado. Pues qué pretendes? Vengar la muerte de Mandricardo, y mi desprecio afrentoso. Aunque es consejo villano, . amor no permite más, si la buscas, ya has hallado ocasión para vengarte: despara el plomo encerrado, para que le rompa el pecho. Si estoy yo en él, sentíranlo mi vida, y su vida juntas. No llore desprecios tantos quien puede vengarse de ellos. Yo ofenderlo! Yo matarlo! . como podré si lo adoro? Qué aguardas, si está en tu mano la venganza que deseas? No arroja de amor el arco . saetas contra sí mismo. León es prudente, y sabio, y perdonará tu exceso. Fuerte mujer! caso extraño! . Un enemigo le quitas. Muchos contra mi levanto. . Tu quietud está en su muerte. Yo me mato si le mato. Al fin, no te determinas. Mejor ocasión aguardo. Amor las manos te enlaza. Soy mujer, no tengo manos. (sa. Quiéres bien? . Soy muy piado. Eres falsa. . Estoy temblando. Tú me engañaste enemiga, y en ti disculpo mi engaño. Que teme la vida el Cielo, . primero que vea su agravio. Amigos, mucho agradezco el generoso cuidado, con que este aviso me dais, creed que sabré estimarlo. Idos luego a descansar, volvedme a ver despacio; porque con acuerdo vuestro juntos a Francia partamos. Antes con licencia tuya volver a Francia esperamos más brevemente. . En buen hora con ellos parte un Guiardo. Cumpla el Cielo tus deseos. Máteme primero un rayo. Si a mis obras valiente caballero recompencido estás, como lo espero de tu nobleza mucha, piadosamente mi razón escucha. Sabrás que estoy casado en Francia, por palabra que me ha dado el Venerable Amón, ilustre casa de Montalban. El alma se me abrasa. . Con la que es por hermoso, y arrogante dulce afrenta del Sol, con Bradamante, hija de Amón, dichosa; valiente mucho, pero más hermosa. (sido. Ya tú lo habrás sabido, si en Francia alguna vez dichosa has Conozco, gran señor (a suerte es su esposa bella, que mil anos viva, (quiva de la fama, aunque volar procura, njunca es bien alabada su hermosura. Dame los brazos noble Caballero, ya con más razón te estimo, y quiero: tu conoces mi esposa? No te espante, por mi mal conozco a Bradamante. Pues, cómo por tu mal? Dios ponga tiento n su lengua: dejome sin aliento. Quise en Paris, señor una belleza, londe mi dicha, y mi desdicha empieza pues a mi amor ingrata uando la quiero más, mas me maltrata como conocí en un mismo día Bradamente, y a la pena mía, scrito tengo en bronces (tonces. que fue mi dicha, y mi desdicha en ̱. Todo el Cielo lo ordena para remedio de la mía, y tu pena: las de saber, que aunque me llamo esposo le Bradamante, sol menos dichoso, que al que persigue el hado lo le libra el ser Rey de desdichado, pues por precisas leyes ambién caben desdichas en los Reyes. ista carta me abisa (hablo con tigo, orque sé que eres noble, y soy tu amigo) e que soberbia altiva, y arrogante retende Bradamente asarse con Rugero, n Caballero humilde; un Escudero has que rico dichoso; ues es dueño de dueño tan hermoso. que por divertir mi casamiento otra el gusto de Amón, contra mi intento ice, que no ha de dar la hermosa mano no a aquel; que valiente, y cortesano omo el caso requiere, nigual desafío la venciere: cción dificultosa. en quien es tan valiente, y tan hermosa, en mí con más extremo cuando la adoro, y ofenderla temo; pues debo a su decoro el dejarme vencer de quien adoro: y si quedo vencido, pierdo el derecho, y quedo yo perdido con que faltando al término de uibano, vencido pierdo, y vencedor no gane; solo en tu brazo alcanza seguro puerto el fin de mi esperanza, pues sabrás pelear sin ser amante, como quien va a vencer a Bradamante; como quien sin amor, y obligaciones está libre de aquestas confusiones, armate con mis armas, ven conmigo; tu amigo soy, y tu mayor amigo. Conquista el pecho de la prenda mía, ya que no con amor, con bizarría; porque deba a tu mano la que Rugero tiraniza en vano, serás ejemplo de amistad constante: toma mi imperio, y dame a Bradamante. Quién como yo ha llegado . a verse en las ofensas obligado? o estrella rigorosa! con rostro afable, y condición odiosa; pues para más espanto dichas amagas, y ejecutas llanto. Qué dices? Que te engañas, si has pensado, que faltaré a la obligación de honrado. Tuya es mi vida, a disponer empieza; dichoso triunfo en la mayor belleza: pues como dices puedo herir libre de amor, vencer sin miedos, Ay esperanzas! falsas lisonjas! . plugiera al Cielo, que verdad dijera tus armas, tu divisa llevar quiero, y no temás agravios de Rugero, que yo sé que se halla de su muerte más cerca, y más capaz, que de su suerte. a todo riesgo la esperanza ejede. (do! Cielos, que esto suceda a un hombre cuer yo ministro he de ser del bien que pierdo? Yo a conquistar me obligo a Bradamante para mi enemigo! Yo cuando Bradamante se defiende (de? he de ser quien me ofenda, y quien la ofen . Bizarra, y valiente prueba Y que se haya de suerte eslabonado, que lo he de hacer, o no he de ser honrado! juicio tengo poco; pues en pensarlo, no me vuelvo loco. Si lo piensas de serlo das indicio . Mucho Rugero ha tardado. en no perder la vida, y el juicio: no pensarlo te importa. Es vano intento; pues no piensa otra cosa el pensamiento. Valiente Caballero, nuestra jornada prevenir espero; deja por cuenta mía tanto pesar, tanta melancolía: que si Paris os llama condoleos de ver a vuestra Dama, ocasión os ofrece la fortuna, no menos deseada, que oportuna; donde si el Cielo nuesto intento ayuda , que gocéis vuesa Dama: y yo os prometo ser tercero en los medios, y el efecto; porque se logre vuestro amor constante primero que yo gece a Bradamante. Esta palabra os doy, cumplirla espero: . , decid viva Leon. Muera Rugero. Si solo en eso estriba, muera Rugero, y vuestra Alteza viva. Ay tal pedir? Mis esperanzas creces si repites su muerte muchas veces. Ya escampa. . Muchas digo que vivas tú, y que muera tu enemigo: muera Rugero, pues nació culpado en la culpa mayor de desdichado. , , , . Y de mi esperanza muerta E SIMISMO,

JORNADA TERCERA

Llegó el Príncipe León, aunque a toda diligencia el último día del plazo. de su valor ha de hacer, pues consiste en la destreza de pelear tan cortés, que con el vencer no ofenda. La primera vez es esta que un Padre ve pelear a su Hijo, y que desea la victoria en su contrario. Rugero a Dios, que León venza. Ya al son de templadas cajas Bradamante al puesto llega. Quién la apadrina es Orlando, Y quien su victoria alienta. como de vos lo espero, no habrá duda, , , de , Valiente mujer! . Notabl Con gran ventaja pelea Bradamante. . Sí señor; pues la cara descubierta la defiende, su hermosura más bien, que las dobles piezas. Y es condición del cartel, que sin llegar a oferderla el Caballero pelee. celebro al último día las funerales obsequias. En que remoto lugar Rugero hallarse pudiera que no tuviera noticia de este amor, de esta fineza? Solo en la provincia olvido de obligaciones desierta, se puede ocultar mi acción, y aún allí la fama llega. Ah, falso! ah traidor amante! rendido ya a la belleza de Doralice: quien duda si él falta, y ella se ausenta, que dueño ya de sus brazos villanamente se emplea, tiranamente me olvida, y libre de Amor se venga. de , Brioso llega, y valiente el Príncipe. . En todo muestra León el valor Cesareo. Dios te guarde, que presencia! . No he visto después de ver . a Rugero, hombre que tenga, bizarría tan conforme. Antes que a las manos venga . quiero hablar a mi enemigo. Oh soberana belleza. . Si esta hermosura conquisto, invidie mis dichas César. Parecemos ques, y ques: Si el Emperador quisiera calar aquestos melones, y hallara sendas badeas en el Príncipe, y en mí: Todos los ojos se lleva. Sabéis con quién peleáis? Culpable ignorancia fuera sino supiera que sois dueño mío, en quien espera el alma verse empleada. Desengañaros quisiera del yerro que cometéis en querer mujer por fuerza, Por amor conquisto yo. Conquista, dice violencia: y creed que aunque venzáis (si bien no es fácil la empresa, os queda mucho que hacer: mucho por vencer os queda. Pagáis señora muy mal, la voluntad con que llega a rendirse, y no a vencer un heredero de Grecia. Mayor imperio es el alma: y cuando está se sujeta, coronas pone a sus pies, púrpuras rompe, y desprecia. Ya sé qué rompiendo vos los títulos de obediencia tenéis amor a Rugero, no hay cosa que no se sepa. Ese es un hombre sin ley, indigno de que merezca favores, ni disfabores de una mujer de mis prendas. Ay de mí! que estas palabras el corazón me atraviesan. Bien creo, que vos señora conocéis la diferencia que hay entre hombre tan humilde, y mi Cesarea grandeza, pues para vuestro escudero tiene méritos apenas. Paso, paso; que yo sola Príncipe tengo licencia para hablar mal de Engero pero cuando otro se atreva; le quitaré yo la vida. Eso es amor? . Es nobleza heredada con mi sangre. Volviome el alma, y las fuerzas. . Si de galán os preciáis, famosa ocasión es esta. Qué puedo yo hacer por vos? Que desistáis de la empresa, y a vuestra tierra os volváis. Pues qué dirían en mi tierra cuando así me vean volver? Que vuestro amor se aconseja con la más cuerda razón. Pluguiera a Dios que pudiera acabarlo con mi amor! Pues quien con amor pelea déjese vencer. . Tampoco quiere honor que lo consienta. Amor, y honor os obligan? Ambos connmigo pelean mas de lo que vos pensáis. Pues si os venciere, paciencia; que ya la señal escucho en la voz de la trompeta. Valor tanto no es posible, que en otro brazo se vea, si no es en el de Rugero. Qué airosamente, qué diestra ap a la ejecución se aplaca! Valerosa resistencia! Quién es aqueste León que tanto dura en mi ofensa? Vencia mi pesar, vencí: muera yo mil veces, muera; pues fue el ministro mi brazo que destroncó mi cabeza. Aguarda tirano, aguarda; DE SI MISMO, y pues el honor te llevas llevaré también la vida, que ya de vivir me pesa. Victor León. . Vive Dios que si la verdad supieran, que es el victor esefino ganado por mano ajena, y por no oírlo se parte mi mano: seguirlo es fuerza, que temo de su desdicha que a desesperarlo lleva. . Gloriosamente ha vencido, y se recoge a mis tiendas, porque aquí no le conozcan: mi dicha mayor concierta. Cumplió con su oblgación el Príncipe. . Y él se ausenta ufano con la victoria, por quien ya manda, y no ruega. Venció el Príncipe. . Vene mi deseo, y la vergüenza enmudeció a Bradamante: mas ella caerá en la cuenta, que de su esposo vencida honor gana, y dicha medra. Como sin alma he quedado interiormente me deja este suceso, este agravio menos vencida que muerta. Yo sol Bradamante, yo, despojo, y ganada prenda de mi enemigo mayor del dueño de mis ofensas? Yo a vista del mundo, yo que a mis heroicas proezas volumen breve es la fama, corta alabanzas sus lenguas, pequeño teatro el Orbe, inferior triunfo la esfera, vencida, y atropellada, de baratada, y deshecha de brazo que no conozco, de espada que no es Francesa, de un hombre que no es Rugero? Pero qué digo? Qué intenta mi pensamiento engañado, mi poco advertida lengua? Yo pronuncio el nombre vil del mismo que me desprecia, de un tirano que me agravia, de un cobarde que me deja. Borrarele en mi memoria, destruiré la vil potencia; porque a pesar de mi agravio, de un hombre ingrato se acuerda. Yo acordarme de un villano! Yo de quién de mí se aleja! Yo de quien huye mi amor, cuando un Príncipe de Grecia a su conquista ha vencido! Locura culpable fuera; pues este, noble me estima, y aquel, villano me afrenta. Muera Rugero en mi gracia, León me gane, él me pierda: y muera otra vez Rugero, porque Bradamante muera. Mas, ay de mí, que yo sola peleo contra mí misma! imaginados agravios me envisten, vanas sospechas me acometen; y al rigor de lanzas, y de saetas a mi pecho dirigidas, de esperanzas casi muertas se oponen memorias vivas, que resisten, que atropellan el invencible escuadrón que mis temores gobiernan. Si venzo, yo sol vencida; si hiero, mía es la ofensa; si huyo, yo soy quien huye; si triunfo, es la gloria ajena, O, terrible confusión! O, invencible resistencia! Conmigo misma peleo: Amor de mí me defienda Tente, hermosa Bradamante, prodigio del Mundo espera, que aunque pudiera mi agravio inducirme recompensas, y hacerme ingrata contigo, quiero que esto más me debas. Cielos, qué es esto que miro Tu admiración te condena. Qué me quieres, bella Infanta? Qué solicitas? Qué intentas? Darte nuevas de Rugero, para pagarte con ellas la palabra mal cumplida, la mal guardada promesa, que a mi engañada esperanza dio tu piedad lisonjera. Bien creo que tú sabrás de Rugero, y esas nuevas, ni me importan, ni las pido; ni las quiero, ni me inquietan, guárdalas tú con su dueño. La noticia de él posea quien le encubre, y quien le goza porque engañosa no vuelvas a pedírmele otra vez. Eso es burlar mi innocencia: quien pide, como yo, entonces su necesidad confiesa; mas quien promete, y no da, a sí misma se hace ofensa. Vienes a muy lindo tiempo para probar mi paciencia, cansada ya de sufrir desalumbradas quimeras. Quién pide más de lo justo no pide, si no saltea; hurta, arrebata, y usurpa lo que invidia en mano ajena. No obliga quien necia pide, antes descubre, que encierra una simulada invidia, que a más no poder confiesa. Pedirme a Rugero a mí; fue cobarde estratagema: pedir fue una prenda libre a quien su dueño no era. Pues como quieras que yo usara de esta largüeza en tu demanda atrevida, o en tu pertensión molesta, si afectos se atrabesaran con jurisdicción esenta? Y cuando en la voluntad de Rugero parte fuera, y tuviera él en mi alma amante correspondiencia? Quien a una mujer amante le pide la amada prenda? Quien para alcanzar su gusto pide que otro no le tenga, si no es cuando llega a estar postrada ya la vergüenza? No hay razón que te disculpe, no hay piedad que te convenga; pues siendo, o no siendo mío, va libre, o ya amante sea. a u pediste apasionada, yo concedí con soberbia: prometí lo que no pude, quedé burlada, y tu necia. Huélgome que así me trates por Rugero; mas ya venga mis agravios, y los suyos, León Príncipe de Grecia, pues habiéndote vencido, tiene con duras cadenas preso a Rugero. . Qué dices? Ya se turba, ya se altera, . que en una torre le tiene, donde ni encantos ni fuerzas le librarán de la muerte. Mayor desdicha me espera. Y aquestas las nuevas son con que vienes tan contenta? Pues, cómo, si tú le estimas, en los peligros le dejas? quien tiene amor se conoce en ocasiones como esta. Yo aborrezco a quien me olvida Si tu amaras, no perdieras. Luego tú no le aborreces, por haber en esta ausencia vuelto la espalda a tu amor? Si Rugero me tuviera a mí las obligaciones que a ti, cayera la ofensa justamente en su descuido. Pero como faltan estas, no tengo porque ofenderme: demás de que siendo cierra su prisión, ya le disculpo; pues no es posible que venga. Y el irse a Reinos extraños? Fue en su despecho fineza. No fue si no injusto olvido. Efecto fue de sus penas. Estimo en poco tu amor. Por tal su vida desprecia. Quién huye, no quiere bien. Qué te importa que no quiera? Hablo ahora en tu favor. Eres cuerda, eres discreta. No siente quien necio huye. Antes quien siente desea morir, y no ver en brazos ajenos la amada prenda No es cordura. . Es valentíe. Amor disculpas te enseña. Que no es amor, si no honor. Es afición. . Es nobleza. Pues él morirá esta vez. Eso corre por mi cuenta. Por la de León su muerte. No hayas miedo que se atreva. Todo es amor quien te anima, Celos son quien te aconseja. Vana afición te provoca. Cruel invidia te alienta. Yo haré que muera Rugero. Yo haré que tus odios mueran. Mas viva, pues que lo adoro. . Mas, pues que me ofende, muera. . Que no hay venganza en amor. . Que no hay piedad en ofensas. . Qué es esto, Caballero? quién ordena después de tanta dicha, tanta pena? No respondéis? No habláis? Haber vencido tiene vuestro valor enmudecido? por qué de la fortuna estáis quejoso? llore el vencido, cante el victorioso, que parece, según os considero, que habéis perdido vos lo que Rugero. Y si de vuestra Dama los rigores os afligen, por mí serán menores. Pues me habéis obligado a cumplir la palabra que os he dado: vuestro valor, vuestra amistad constante, dueño me ha hecho ya de Bradamente. Mas en tanto que os dure esa tristeza, muera yo, si gozare su belleza. Ese rigor, ese imposible bello, yo os tengo de ayudara padecerlo; y si cruel porfía, ni soy León, ni Bradamante es mía: pues sin el gusto vuestro, es caso llano, que he de ofenderme de tocar su mano (ño Si en brazos la habéis visto de otro due- a entrambos toca tan honoroso empeño: disponed la venganza, pues es agravio que a los dos alcanza. Muera Rugero, y juntamente muera quien la quietud de vuestro amor alte- Serenísimo señor, (ra. invicto Príncipe Augusto, digno de ceñir la frente con la Corona del Mundo. Oye mi confusa historia, oye el caso más confuso, verás con cuanta razón mi remedio dificulto. Yo soy aquel desdichado, que para su mayor triunfo hacerle el más venturoso a la fortuna le plugo. jamás desnudé el acero, ni tercie el fresno robusto ya en singular desafío, ya en numeroso concurso. De uno solo acometido, o amenazados de muchos, que no pudiese a mis pies gloriosamente su orgullo. Jamás en actos festivos, que la grandeza introdujo ya de torneos Franceses, ya de carácoles Turcos. Ya de cañas Africanas, o ya de Españoles, brutos, que rayos crió jarama entre céspedes, y juncos, dejé de ser el primero, colocándome seguro aplausos de la nobleza, parcialidades del vulgo. jamás de humana hermosura solicité rayos puros, que apostaron claridades con el Planeta más rubio, afrentando sus criznejas un caballo de sus tufos, que no alcanzase su gracia, favoreciendo mi asunto, menos cuidadoso afecto, gala con mayor descuido. Al fin de Marte, y de Amor con particular influjo, por tener más que quitarme me dio la fortuna mucho. Refiérote estos favores, porque con ellos injurio la misma estrella dichosa, que los dio, y quitarlos supo. Desde mis primeros años quise a un hermoso trasunto de los Cielos, cuya copia fue trabajo de su estudio. Si yo acertara a decirte las partes de que compuso naturaleza este todo, fuera milagro segundo. Pero aunque sus perfecciones ofenda mi pincel rudo, por dar disculpa a mis penas, emprendo un agravio suyo. Ondas de un crespo cabello en golfos de oro, en diluvios de resplandor, amenazan segunda ruina al Mundo. Que como otra vez en plata halló funeral sepulcro, en fuego, en oro abrasado, ya mariposa le juzgo. Pues aunque un nevado escollo a tanto fuego se opuso, fueron menester dos arcos, para quedar más seguro. Que en el Cielo de su frente, si bien por diverso rumbo, aparecieron temprano permanentes cuatro lustros. Imperio suave obstentan dos animados cárbunclos entre tanta luz estrellas entre tanta nieve, adustos. Y aunque al dosel soberano, que ocupan nadie se opuso, celarte guarda de archeros, hiere con rayos de luto a los que a morir se atreven de achaque de ver su bulto. Dos medios Orbes iguales, en lo cándido, y purpureo, línea de cristal divide Equinocial de dos Mundos, de dos Polos, de dos Cielos, que siguen un mismo curso. La concha, que en el mar breve de Néctar líquido, y puro del Alba, volviendo en perlas la satisfacción del hurto. Invidiosa esta de ver, que el roto coral fecundo crie una mina de perlas, afrenta del parto suyo. La columna que sustenta sobre su márfil eburneo tanto Cielo desvanece del sacro Olimpo los humos porque a lo demás que cubre limpio aseo, y traje culto, sino es corona, es padrón, que descubre su dibudo. Admírelo quien lo ignora misteriosamente a bulto, que a uno permite el respecto, facultades al discurso. Pero si alguna concede la brujula, no rehuso para la basa el pincel, pues descubre su coturno pie, tan breve, tan cortés, tan pequeño, que propuso naturaleza al formarlo, que no había de andar en puntos Este, pues, breve milagro, este, pues, Cielo difuso, de muchos apetecido, merecido de ninguno, dio color a mi esperanza, dio principio a mis disgustos, dio libertad a la vida, que aborrezco, y que apresuro Quísela, y quisome bien: pluguiera al Amor injusto, que nunca a gozar llegara favores tan oportunos! Cuantas veces, cuantas veces el roto cristal, que mudo disimulaba sus lenguas por naturales conductos murmuró nuestros amores, y chismosamente agudo comunicaba a las flores los favores más ocultos? Cuantas veces a la sombra de un verde arrahijan, que supo callar más bien que el cristal delético los arrullos de la tórtola ofendida en el tronco más desnudo? Cuántas veces despojando su mano un jardín compuso en sus flores nuestro amor, su efecto en sus atributos? Y cuanta, por no dejar quejoso al fragrante vulgo del despojo de su mano, que a logro cortó capullos, el contracto de su pie dobladas flores produjo? Pero para qué te canso? para qué mis dichas sumo, si ya son ditas quebradas del libro de mi discurso? Diome palabra de esposa; pero cumplirla no pudo, que estorbaron sus intentos, respetos que disimulo, dificultades que lloro, cuando por ellas discurro, que agravios sin recompensa quien más los calló, más supo. Falté a sus ojos, busqué desesperado, y confuso la dura muerte en un bronce, pero no la hallé en muchos. Antes habiendo vencido tu Ejército al de los Bulgaros, a sus vencidos pendones victoriosos constituyo, que quien del vivir se ofende, ni en espadas, ni en trabucos halla el rigor que desea, y que yo apetezco, y busco. Y cuando ya en tu prisión por horas, y por minutos aqueste bien esperaba, para que acabasen juntos conmigo bienes, y males esperanzas, y recursos, piadosamente cruel me libraste, siendo nudo, lazo, prisión, y cadena, la libertad a mi impulso. Agradecí tu favor, que aunque en mi daño, no pudo de parte de quien se hacía perder su valor un punto. Que de otro hombre diferente quedé sujeto a tu gusto. Hiciste de un vengativo un amigo el más seguro, un esclavo el más fiel, tanto el beneficio pudo. Lo que mandaste, y yo he hecho, ya lo sabes; no divulgo, para obligarte con ellos, servicios de que me excluyo, finezas que a mí me debo, constancias que a mí me usurpo, Solo que entiendas deseo, que fui contra mi verdugo, que peleé contra mí, que perdí el bien que procuro; que sol Rugero, y Rugero te ha dado lo que ya es tuyo. Válgame Dios! quién pudiera a haber cuerdo imaginado, que un enemigo obligado tan grande fineza hiciera? C Quién pensara, quien creyera tan valiente cortesía, tan hidalga titanía? favor que el bien me usurpaba; pues contra mi peleaba, cuando en mi favor vencia. No has visto algún caminante con la noche deslumbrado, que después de haber andado temeroso, y vacilante pierde el camino importante, y por senda desusada, cuando la luz deseada, montes empieza a rayar, se vuelve perdido a hallar donde empezó su jornada? No has visto la incauta nave de ver el puerto contenta, p que la noche, y la tormenta, una cruel, y otra grave la embisten, el que más sabe turbado, perdido, y muerto, olvidado del concierto, se deja llevar del mar, y el Sol los vuelve a mira. trecientas leguas del Puerto? Pues lo mismo considero, que me ha sucedido a mí; por ti en el Puerto me vi, donde ya verme no espero: por ti caminé ligero al bien, y he venido a hallar, que a mi despecho y pesar de mi ignorancia ofendido, soy caminante perdido, soy nave que arroja el mar. Aquí el pesar, y el placer siguen una misma empresa, pues me pesa, y no me pesa; mira como puede ser: solo me llego a ofender de tu silencio engañoso, DE SI MISMO, cuando libre generoso tu vida; más bien está, que a conocerte, quizá me hallaras menos piadoso. Yo soy (venciendo mi amor, despreciando el bien que sigo) no tu mayor enemigo, sino tu amigo mayor: obligado a tu valor retrocedo en un instante, cuanto caminé ignorante; que no quiero yo, ni es justo amor, que solo, y con gusto estuvo tan adelante. Goza el bien que mereciste; que si he de aprender de ti, no venciste para mí solo para ti venciste. Tu conociéndome hiciste mas que yo; pues a tu amor antepusiste el valor, siendo con pecho constante, vencedor de Bradamante, de ti mismo vencedor. Eso es quitarme la gloria, que mi lealtad adquirió: no quiero más premio yo, que el laurel de esta victoria. Si en ti, Rugero, hay memoria del beneficio primero, que en esto lo muestres quiero; esto es serme agradecido: sea León el vencido, sea el vencedor Rugero. Deja que bese tus pies, deja que en la tierra puesto quien te ha servido, confiese que es tu esclavo, y no Rugero. La palabra que te he dado verás cumplida, primero has de gozar de tu Dama, que yo logre mis deseos: pues ya son otros en mí; y estoy alegre, y contento de que tenga Bradamante tan buen gusto, y tan buen dueño. Válgame Dios, qué cansado en busca de los dos vengo! Argalín dónde has estado? No lo sé. Qué dices? . Vengo de ver novedades tantas admirado, y sin aliento, Cómo? otra pata le nace mucho peor a este enfermo. Después, señor, que venciste, todo el Palacio revuelto, una nueva voz confunde la admiración, y el silencio. Dice al fin que Bradamante con el rostro descubierto, de vuestra Alteza se queja porque en Grecia tiene preso a Rugero, a quien ha dado palabra de casamiento. Y que mientras vuestra Alteza no le suelte, y venza luego en un campal desafío, no importa cuanto se ha hecho. Esto lo aprueba Reinaldos, Orlando dice lo mismo; Amor turbado replica, y Carlos conviene en ello. Pues eso no más te afligue? yo pelearé con Rugero. Quién? . Yo. Ay, señores, que ya sin duda ha perdido el seso. Pues qué te admira, villano? No te parece que tengo causa bastante, si quieres pelear contigo mismo? Ceñor ten lástima de él, que es un demonio Rugero. Pues sabes tú dónde está, o presumes que sea cierto el tenerle yo en prisión? Yo? Ni lo sé, ni lo entiendo, ni acabo de imaginar quien nos ha metido en esto; solo sé que dicen que es un hombre en demonio enierto, y que de una cuchillada parte una torre por medio. Que no será tan valiente. Hoy me afirmó un escudero, que comparado con él es enano Polifemo. Que tiene catorce manos, y en cada mano diez dedos, y en cada dedo una porra de treinta libras de acero. Y que con un golpe arrastra una Ciudad por el suelo con sus torres, con sus muros, con sus casas, con sus templos. Y que al gigante mayor se traga como un bunuelo. Extraña cosa, Argalín. Este pobre Caballero qué culpa tiene de nada para ponerse a estos riesgos? Qué Rugero es tan feroz? Mui linda cosa por cierto: para una tierna doncella, qué mal gusto! Ahora veo, que las mujeres se inclinan a lo peor, claro ejemplo tenemos en este caso. Toma, señor, mi consejo, y deja que Bradamante se lo arrevoce, que en esto te vengas, y la castigas con el monstruo más horrendo Tu consejo he de tomar: vamos, amigo, que quiero poner fin a mis cuidados, y a tus trabejos dar premio. Esto sí, cuerpo de Cristo, es negociar. . Anda necio que estás perdido. . Ya sé, que lo estoy; mas ya veremos quien más lo está, cuando llegues a pelear con Rugero. . Qué eso pasa? . Señor, sí: de los Búlgaros que fueron victoriosos por su brazo, a pesar del Griego Imperio Embajador ha venido, ofreciéndole a Rugero en premio de su virtud, la Corona de aquel Reino. Y al fin no sabe de él? Dicen que le tiene preso León. . Desgracia notable! Brava ocasión me da el Cielo para mostrar mi valor! Qué rebozados son estos? Quién a vuestra Majestad viene a servir, ofreciendo cuanto vale, a vuestros pies (. Señor, vuestra Alteza ha puesto en mayor deuda mi amor: deme los brazos, y luego (. sabrá lo que pasa. . Al fin te resuelves? . Me resuelvo a morir, antes que dar la mano a quien aborrezco. Yo he de perder el juicio viendo estas cosas, y viendo que se dispone mi amo a pelear consigo mismo. Quién mereció a Bradamante DE SI MISMO; por su virtud, y su esfuerzo, cumpliendo con el cartel, y cortesmente venciendo, viene a recibir su mano; ya que yo no la merezco. Pues quién si no vuestra Alteza vencer pudo? . El Caballero mejor que conoce el Mundo; él venció, trayendo puesto mi sobreviste, y mis armas, y yo a acompañarle vengo: vuestra Majestad le mande que se descubra. . Primero ha de hacer pleito homenaje vuestra Alteza, prometiendo, que pondrá en su libertad a Rugero; porque en esto consiste el fin de este caso. Así lo juro, y prometo. Pues descubra luego el rostro. Sea quien fuere el encubierto. conmigo se ha de matar (. Eso toca de derecho a Orlando. . A Reinaldos toca. Ya mí que a serviros vengo ( el ponerme a vuestros pies. Válgame el Cielo! qué veo? Es Rugero? . Soy, señor, amigo parcial, y deudo de León. . Dicha notable! Ya con los brazos espero, famoso Rey de los Bulgaros por elección de aquel Reino. Por tener más que ofrecer a Bradamante, lo acepto. Ella es vuestra, y vos sois Rey. Yo lo apruebo. . Y yo la aprue Y yo mi dicha conozco. (yo, porque se dé fin con esto al Vencedor de sí Mismo en el perdón de sus hierros.