Texto digital de El vaquero emperador
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso, Juan Bautista Diamante y Andrés Gil Enríquez
- Atribución estilometría
- Juan de Matos Fragoso Probable yJuan Bautista Diamante Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El vaquero emperador. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vaquero-emperador-el.

EL VAQUERO EMPERADOR
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Victor mil veces, a todos ha llevado la ventaja. Un canto, que dos mancebos; presunción está, si no no podrán mover, por barra le arrojó como una pluma. No agradezco la alabanza, porque no me desvanece acción que en los brutos se halla, sino para publicarlas. La peña saltó de un brinco, Y no pudiera saltarla ningún Corzo. . Si no es yo, que sentado en una mata lo estuve mirando todo. Son mis robustas, y extrañas fuerzas de la edad asombro, amigos, y en mí no es vana rendirle al cielo las gracias, pues las que insluyo benigno la naturaleza varia, no las dio para encubrirlas, Solo a fin de merecerte, hermosa Ismenia, me llama el valora em presar grandes, no sigue mi amor la panta de los comunes estilos. De más noble afecto el alma se adorna por tu hermosura, pues siempre en la bruta, y basta piel, donde alientos anima, te quise fin esperanza, al uso de los Palacios, donde con honesta gala, solo por querer se quiere, sin aspirar a otra causa. Un baquero humilde soy; mas de elevación tan alta, que a no ser tú quien me ordena que de estos montes no salga, todo el cóncabo del Orbe fuera abreviada distancia de mis impulsos altivos, que al Águila coronada lo remontado excedieron, y abatiéndole las alas aún más allá de la esfera del Sol subiendo llegaran. Tú divino entendimiento, y tu presencia gallerda. me sujeta el albedrío de manera, o joven! qué hasta que se deshuban las vidas, una vivirá en dos almas. En esta Aldea vivimos, tú, y yo, con igualdad tanta, que en los dos no hay diferencia, sino aquella que en la balla de tu amor, y tu decoro, puso por linde la hidalga afición con que te quiero, y atención con que me tratas. Y supuesto que igualmente te correspondo obligada, no hagas cargo a mi fineza de la contingencia vana de tu fortuna; y advierte, que aunque dejes la montana, y busques temoros Climas, ha que el oígullo te llama, que constante leal, y firme he de seguir tus piladas. Dasme esa palabra? . Sí. Pues yo acepto la palabra; y comencemos la lucha, imagen de las batallas. Ea, Serranos valientes, ea juventud Persiana, o salid a luchar conmigo, que Tamorlan os aguarda. A lindo plato convidas. Venid. . El diablo que vaya. Sal, Turbante. . que no soy Turbante, si no Almalafa. Llega conmigo a los brazos. Contigo a los brazos? malvas; con ese recado a Ismenia. No temas, que te acobarda? Dame esa mano. . No puedo que la tengo embarazada. No hay quien luche, salte, o corra con Tamorlan? . Todos callan, porque a todos desanima lo fuerte de tu pujanza. Pues, generosos mancebos, porque conozcáis la extraña robusta fuerza, que el cielo puso en un Risco con alma; llegad todos, y intentad torcerme este brazo. Vaya. . Veamos este prodigio. Aqueste es brazo, o mutalla? Voto a Dios que es imposible; fuerza singular! . Yrara fortaleza. . Bien mereces de todo el valle la palma. En brazo que no se dobla, que bien un ceptro asentaba, Oh vil fortunala quien diste excepción tan desusada de espíritu, y de valor, porqué injustamente ingrata le negaste el Real adorno de la dicha, que hóspedada en la porción de mi aliento, diere a las edades largas ejemplo de mis victorias, coronándome de hazañas? Porque otra vez, digo, tienes violentamente tirana esta altivez en tan bajo ejercicio encarcelada? o diérasme aliento corto, o suerte más levantada. , h De laurel le coronemos. Y por pasatiempo, y chanza con el alreinar juguemos. Pero aguardad, que una rama cayó sobre su cabeza, y es muy digno de observancia. este presagio, pues vino en ocasión que el cortarla os excusa. . De este acaso, algún prodigio esperara, pues los extraños prodigios tal vez en acalos hablan. Tú la admite; que por Rey de esta montaña te coronan los Pastores. No merezco honra tan alta. ̱. Quién cómo tú la marece? No está llena la campaña de tus presagios? no tienes. toda tu choza adornada del rigre, el espío, y el oso? y de las ganchosas ramas. de aquel coronado bruto, que en ligereza aventajas, siendo las fieras que digo; despojos de tus hazañas? Si va por aí también yo seré Rey. . Por qué causa? Porque también cazo lobos, y como quien bebe agua los cojo, y tan amenudo unos a otros se alcanzan, que a salir viene a más de diez lobos cada se ñana. Toma el laurel, pues por Rey estos contornos te aclaman. Y cuanto me ha de durar el ser Rey? . Mientras que pasa el Sol. . Para tan breve tiempo me dais tan gloriosa carga? Pues tómala por vn mes, que nade nos embaraza, pues con libertad vivimos en estos montes, sin que haya quién de nosotros se acuerde. Y daume, amigos, pa labra de obedecerme? . Si damos. Y prometemos guardarla. Pues ponedme la corona. El verde laure! que enlaza tu frente de heroicos triunfas, te pronóstica esperanzas. Hincad todos la rodilla, viva el Rey. . Viva. . Por tanto fiesta, vasallos, os queda. mi voluntad obligada, y os haré merced a todos. Oigan, que presto nos mando el Rey de bastos, que hará cuando lo fuere de espadas? y qué esperado se ha puesto! Siéntate sobre esas ramas. Quién ha de velar, vasallos, una República varia de guerra, y paz, no es razón que descanse. . Buena entrada, pues ha de ser grulla un Rey? Pues que labrador trabaja como un Rey, si ha de ser Argos, y lince en la vigilancia con que ha de mirar por todos? Un Sabio a los Reyes llama de la República esclavos, y que por eso le pagan las rentas que sele deben por ley Divina, y humana. Ya somos vasal los tuyos, Ahora solo me falta el elegir a un amigo, sobre quien penda la carga de mi corona, que un hombre solo no es capaz de tanta comprensión para gobierno; y quien lo niega se engaña: Este será Poltarco, que lo que el Rey quiere, vama no lo ha de elegir el pueblo, si no su gusto, y su gracia. Beso tu mano mil veces. Para que en aumento vaya tu sucesión fuera bueno que al instante te casaras con Ismenia, porque hubiese. algo de baile, y de danza; y bailemos las solias, ya que has dejado las bacas. De merecerla mi amor siempre tuvo la esperanza, y en la primera victoria. que consiguieren mis armas, Ismenia será mi esposa que ahora fuera ignorancia hucer las bodas de verás, siendo el reinado de chanza. Es propio de tu valor una atención tan hidalga. Huid pastores, huid, que al valle un León de Albanía baja, deborando a cuantos encuentra. . Deidades sacras! Divinos cielos! . Teneos, y no temáis, no, la saña de un León, cuando yo solo basto a vencer su arrogancia. El que ha de ser Rey de muchos, para ejemplo, en la batalla le toca ser el primero, porque en las empresas arduas. el que se excusa al peligro, a los demás acobarda Huyamos, que hacia acá viene derecho como una bala. Pues yo le saldré al encuentro. que Rey soy, si el Rey se llama de las fieras. . Qué ojos echa! Ninguno de aquesta raya pase a socorrerme, amiyos, que no venzo con ventaja, porque este comvate ahora va de Monarca a Monarca. . El cielo te favorozca. Aunque de agudas habajas, bruto soberbio te adornes, y de las prefasos valgas, en la opiesión de mis fuerzas verás tu ruiva infausta. Sagrados dioser auiardad su vida, Ya de las gartas se vale el animal fiero; ya se estrechan, ya se abrazan demanera, que parecen un monstruo de dos gargantas. Y luchando, en la espesura se encubren, mi vida acaba! a un démosle, Serranos. Eso era pasar de raya, y se enojará. . Turbante, tú le socorre, que aguardas? Si haré; en teniendo dineres, que ahora me hallo sin blanca. Pero qué clarín es este? Boga a la orilla canalla, y arroja en tierra el Esquife. Turcos son, porque las armas del famoso Bayacero se divisan en lagabía. Guardeos Alá, labradores. Ya ti Capitán te traiga con buena fortuna el cielo. Válgame el cielo! que rara . veldad; has visto en tu vida, Muley, tan divina cara? Es sin igual su hermosura. Decid, hermosa Serrana, quién es señor de esta tierra? Yo. . Tú señor? Cosa es clara, porque en la tierra que piso tengo yo cuatro alanzadas. (les No habláis? . Aquestos zaga- os darán noticia clara, que a mí me lleva tras si un cuidado que me llama. . No sabéis que Bayaceto es Rey vuestro, y que vasallas son todas estes Provincias de su Imperio? . No sé nada. Aquí solo conocemos por señor de esta Montaña A Baquero Tamorlan, que es Rey por quiatre semenas. Qué Rey hombres, estáis locos qué decís? en toda el Asia no hay más Rey que Bayaceto. He de poner a tus plantas, Ilmenia, portriunfo tuyo. Pisa ese bruto de Albanía, y sea tu trono el que los bosques tiranizaba. Bien comienza, quien comienza a reinar con esta hazaña. Llegué a brazos con la fieras pero que belica escuadra es esta? . De Bayaceto un Caudillo, soy que a Caria vengo ha llevaros a todos para la guerra. . Pues marcha adelante, que harta guerra tenemos, y harra batalla con las fieras de estos montes, que sembrado, y campos talan. Sabes que soy Fatiman? que traigo facultad amplia para sujetar locuras, y castigar arrogancias? Sibes que soy Tamorlan, y que en toda la distancia de esos Horizontes, aire para respirarme falta? Pues qué resistencia tiene tu loca presunción vana a mi poder? en que bríos te fundas? , s En esta espada, villanos, todos sois pocos para mi valor. . Zarazas. No vi más robusto aliento. Muerto soy. Andallo pabas. Amigos, cercad la selva, . A tu arbitrio estamos todos, y de toda esta canalla. no quede ninguno vivo. Segura tienes la espalda, que aquí esta Turbante, amigos. Anda, sigue sus pisadas. Es que soy de más provecho . Quién desprecia a la fortuna, estando en la retaguardía. Así el femenil aliño no me estorbara las plantas. Pues quítate las basquiñas, y risie como una Palas, porque quien tiene baquero no importa el no tener saya. Huyendo van por el monte, y pues quitamos las armas a los que han muerte, y nos vemos cuantas contiene un vergel, ya dueños de la campaña, aseguremos el triunfo, Y pues que nos han dejado surta una nave en la Playa, apoderémonos de ella, y dando al viento las alas, busquemos otro elemento. Que vil pereza acobarda vuestros alientos? salgamos de esta esfera humilde, y baja, conde siendo el util menos, es mucho mayor la carga. Qué aventuramos? qué riesgo se nos sigue? qué amenaza? dejamos más que una Aldea, dos bueyes, o cuatro cabras, cuyo caudal pobre apenas para sustentarnos basta. Estrene el mar nuestro orgullo, quizá en sus hondas de plata, naufragos descubriremos el rumbo de otra bonanza. ordena, gobierna, y manda, que ya es forzoso seguirte. Pues. Tamorlan, a qué aguardas tus pasos serán mi norte. Y tu luz de mi esperanza. solo es digno de lograrla. Pues a embarcar, que no es la primera vez campañas, que el valor consiguió trinnfos solo en la fe de una tabla. Dices bien, porque no hay cosa como echar el pecho al agua. Esperando están la Rosa flores hijas del Autora, bellas cuanto pueden ser. que a gloria inmortal nos llama. . Cantad, proseguid, pues cuando el divino rosicler de mi bella Rosa adoro; y cuando aqueste vergel su vista florece, sean vuestras voces esta vez, sino clarines de pluma, aves del amanecer. Cantad aplaudid mi dicha; cuando mi luz hace arder al mayor Rey de la tierra, el amor, que es mayor Rey; sean vuestros quiebros, cuando. celebran nuestra unión fiel ecos de un partido triunfo, voces de un entero bien. Canta, he proseguíalegre el armonías, con que mósica edificando la cabeza me romper, que yo cuando abrir el bocas estar dodando si ser, oh bostezos al dormir, o bocados al comer. Calla, interrumpir no quieras la música descortés. Interrumpir, no lo entendo, solamente entender, que en ti no hay que interrumpir, porque en ti no hay que romper. Gusto me ha dado la letra. A repetirla volved. , . Esperando están la Rosa cuantas contiene un vergel, flores, hijas del Aurora, vellas cuanto pueden ser. Repita esa suspersión vuestro son oroso acento, y respiración del viento sea vuestra espiración, que mi Rosa a esta mansión la hace bella, y olorosa, pues cuando tú, Rosa hermosa, bajas al jardín las flores. , . Para lucir sus primores esperando están la Rosa. A ti, o gran señor! tedan Rosa, y Laurel elegante la corona de triunfante, y la palma de galán; mas bastantes no serán, aunque aumenten su tropel, hojas para ti al laurel, y flores para tu gala. Cuántas una selva exhala, cuánes contiene un vergel. Que mucho triunfe en ti bella, mi fortuna superior, si al paso que eres mi flor, eres, o Rosa! mi estrella, tan divinamente bella, que el Sol en ti se atesora? mira que serán ahora, comparando su arrebol, Con la que es madre del Sol flores, hijas del Aurora? Mis gracias, con no ser dignas de tu amor, las adelantas, desuerte que las levantas a que parezcan diuinas. Conozco que por indignas, tu amor, tu fe, y tú querer, do llegan a merecer, aunque fuesen, si es que exceda discretas cuanto ser pueden, Bellas cuanto puede ser, El coplas estar muy bono, mas yo las glosar más ben. De qué suerte las glosaras? De esta manera, atender. Esperando están la holía cuantas contiene el morder, moelas, hijas de la boca, largas cuanto poeden ser. Ven, Rosa, llega a mis brazos, pisa, y lustra cuanto ves; porque en ti bien son dos cosas el pisar, y el florecer. Sean tus bracos mi lauro, y tus plantas mi vergel; sean mi estudio tus ojos, pues para poder leer todo el fragante volu men de este florido papel, son registro de sus hojas las estampas de tus pies. Las de tus plantas, señor, aún no llego a merecer. e. Reina te aclama mi pecho, mi amor, mi gusto, y también Reina el pueblo de estas flores, cautando una, y otra vez: , . Esperando están la Rosa, cuantas contiene un vergel, flores, hijas del Aurora, bellas cuanto pueden ser. O yes Zaida, bravamente se querer los dos . Pues ves, Mas que nueva triste ar el amor de Bayaceto durará solo hasta ver otra beldad que le agrade. Pues tan inconstante es? La misma mudanza. Ay tal! danzante deber de ser. . engaña el reficler de tu mileza? que turbación destempla tu albedrío no eres dueña del Orbe, y dueño mío? no tienes a tu Imperio avasallado de toda el Asia el Polo dilatado? No soy yo Bayaceto a quien venera del Oriente la esfera, cuyo Clima luciente, porque eres tú mi Sol es más Oriente? No soy yo el Gran Señor, cuyo robusto poder del Aleman al Indio adusto, pisa de todo el munde el largo buelo, la tierra digo, y si Imperiare el cielo? Señor por lo mi mo que dijiste una pena me asiste, que me acobarda, astiste, y desalienta, y a triste me pasó desde contenta. Dime la causa. . La desconfianza de que puede tu amor tener mudanza; y no vivo segura, porque sé que olvidaste otra hermosura. Viendo la tuya yo, fuera agraviarte no olvidar eto amor por no olvidarte; pide, resuelve, ordena el precepto mayor, con que tu pena quede desvanecida, pues estriba en tu voz toda mi vida. Para mi nada pido, di eño mío, Para quién Rosa? . Para Osman tu tío. Qué dices? tú de Osman has de apordarme? solo. Rosa, esa voz puede enojarme. Señor a Osman no debes la enseñanza de tu niñez? . Ede justa confianza. No es tu sangre? . Sí, y eso merece sangre que osada púrpura ser quiere. mentira el presagio fuese! No es venerable anciano? Sí, y extraños son más sus desaciertos que sus años. No es hombre sabio? (do, Sí, y tan entendido, que conservar mi gracia no ha sabi- pues dice que un hombre bajo tirano dueño ha de verse de mi invencible Corona, y Astrólogo impertinente, las contingencias futuras quiere reducir a leves. Y en diversas ocasiones; que ya engañando la plebe, por hermano de mi padre, reinar atrevidamente, si no mienten congaturas, quiso. . Congerutas miente, que siempre leal he sido, noble, fino, y tuyo siempre. Qué es esto? como tú así, caduco, y loco te atreves a poner en mi preseccía, quebrando osado las leyes que mi indignación te impuso de nunca hablarme, ni verme? Porque el verte es el cariño, y el hablarte, es la piedad que a darte avisos me mueve. Mira, si entre estas dos cosas, que son lealtades, y entre voces, que es justo se crean canas que es bien se respeten, tengo motivo, y licencia para hablarte, y para verte. No eres tú quien profetiza, y temerario refiere, que un hombre indigno, ignorado, . Cerradle la boca; pero torpe, y vil, ha de vencerme? Sí; pluguiera al cielo que Quitadle de mi presencia, condúcidle preso a ese vecino monte, que sea su cárcel rústica, y desde su cumbre puede estudiar en esos Orbes celestes su fortuna, y no la mía. Pase allí su vida débil, y consuma su edad larga; tasado alimento sea. . Ceso señor, tus iras. . Constante por esta verdad se ofrece a padecer mi inocencia tu rigor; a Alá pluguiese, o Bayaceto infelice! cesando retrocediesen los presagios de tu vida, con los fines de mi muerte! La muerte me pronósticas. Si tanto de sabio tienes, di, como no adivinaste lo que ahora te sucede? Como no viste en los cielos los presagios de tu suerte? La tuya, bárbaro, ignoras, y la mía saber quieres? Es, llevad a ese loco. que en mi el ventu sangre enciende: . Señor, si mis ruegos pueden contigo, si mi humildad. Déjale, Rosa, no empeñes tu her mosura; ay desdichado joven! que presto has de verte vil, y abarido! qué tarde convencido has de creerme! que mal con tus furias borra lo que en los Astros se lee! sabed que rumor es este? Aviso es, que Fatima tu noble caudillo viene, y ya llega. . Tus pies beso! brilla en la noche de aquellas Lo que te pasó refiere. Salí, como me mandaste, gran señor, a juntar gente contra Amurates, que altivo ser tu enemigo pretende; para cuyo efecto al punto aporté a los eminentes montes de Acaya a alistar los rústicos Montañeses moradores de sus grutas: Y entre ellos, el más valiente, el más rato, el más altivo hombre encontré, que rebelde se me resiste, con otros, que su sequito obedecen. Rey se nombra de aquelvalle, Monarca de las vertientes de aquellas altas montañas, adonde aprendió altiveces, siendo un humilde baquero, en quien son cuando dan leyes al ejército Lunado, de sus escuadros Monteses, roncos bramidos las trompas, rústicas puntas las huestes. Este, pues, acaudillando otros villanos, a quienes para tan grande osadía les alienta, y los defiende, me desbarata las fuerzas, se burla de los que teme el mundo decretos suyos, y huciéndose señor . Tente, señor dijiste a un villano? Señor, no tan solamente es ese Ea, un rústico podía el prodigio, si no el de una mujer, o imagen celeste, que estaba entre estos Pastores, como Astro que favorece. de su Sorrmablioteca Ndiae o estrella, que reluciente obstinadas lóbregueces. Perdona, Rosa, que aora tu nombre ofendido quede, cuando nombro otro prodigio; que fue por encarecerle. Y en este suceso solo mi infeliz fortuna siente no traerte esta mujer para que tu esclava fuese. Que si tú, o gran Bayaceto! las más hermosas mujeres. buscas, porque a Rosa sirvan, en esta a todas las tienes. Fátiman, yo me irritara a no imaginar que tienes gran lealtad para servirmes valor para no volverte sin gran causa: pero como permite Alá, que imprudente haya mortal en el mundo que de mi nombre no tiemble? Ay Bayaceto! . Tu lloras otra vez? Pienso que puede ser verdad lo que en anuncios. el sabio Olman te previene. Calla, un hombre vil te asombra? es más en toda su suerte, que un Pastor, que cuando más ser quiera, solo ser puede Caudillo de unos villanos, que gobierna oscuramente con basto cetro de encina rudo ejército de bueyes? embarázar la luciente media Luna de mis armas, lauro entero de mis sienes. A mi media Luna un hombre y ha de atrever a oponerso? Vúscale tu Fatiman, yo te entrego mis poderes, y sea este tu cuidado, paraque yo no me acuerde. Ve presto, que de mi mano tendrás generosamente en los triunfos que alcanzares los premios que tú quisieres. que tan hermosa refieres, y en ti no sean dos cosas el buscarles, y el traeries. En tu nombre voy fiado, que el traidor, y el mar me tiobo cajas a la tierra asusten, clarines el aire alteren. Guiere Alá; Rosa, vamos, Gran Bayacero, modere el enojo tu constancia. Divina Rosa, no entregues tu hermosura a la tristeza. Busca ese hombre, esa mujer Luce afable. . Vive alegre Que si llego a verte airado. Que si triste llego a verte. Solo tus iras me asombran. Solo tus ojos me vencen. Haced alto, soldados, y pues a vista estáis de los murados pertrechos de Perseculí famosa, Corte del Rey de Persia populosa, doblad los escuadrones, y a pesar de sus fuertes torreones, intimad en co nforme muchedumbre, pagar a su reglada pesadumbre. El obalado pino, tosca organización del pergamino, con sonoroso estruendo toda la gente vaya recogiendo en mangas, y en hileras; y puestas en batalla las banderas, haga lo regular en el terreno gustoso lo feroz, lo horrible ameno, porque Calisa, generoso estrago, ensave su ruina en el amago. El sonoroso instrumento, alma de voz, espíritu de viento, con helico estatuto, al soldado prevenga altera albruto, y junto el campo marche, aleco del clarín, y al son del parche. Oh bien haya aquel día en que dejamos nuestra aldea, y los mares navegamos! pues @ Biblioteca Nacional de España pues tan prósperamente brume del mar el humedo tridente, que en la primera empresa que tuvimos, ricos, y poderosos nos hicimos. Qué mucho, que fingiéndote Pirata, quitaste al Gran Señor toda la plata, que llevaba de Arabia en dos bajeles? Con que a tu fama uniste los laureles, pues repartiendo entonces generoso dadivas al Soldado belicoso, al pobre Pescador, y al Marinero viveres, vituarlas, y dinero, te hiciste con acciones singulares absoluto señor de los dos mares. A tu valor, y a tu magnisicencia hoy debes la opulencias Pues todos tus haveres solo para partirlos los adquieres. Con una nave sola comenzaste, y con las que adquiriste, y dominaste en naval lid sangrienta, exceden ya del numero la cuenta; con que varias Naciones tienes a protección de tus pendones. Anade más la suerte, hermosísima Ismenia, de tenerte siempre en mi compañía, que es aparte segunda Monarquía. Que mucho, si la escuela de tu brío da leyes al valor, y al albedrío, teniéndome enseñada del fresno al choque, al silo de la espada, y contigo marchando, el arte de vencer vengo estudiando? No me afrentes, bellísima Belona, que mejorando el nombre de Amazona, dan tus marciales galas envidia a Venus, y temor a Palas. Tú que eres de mi amor, y mi fineza espejo en que se mira, a quien por nueva perfección la ira se añadió a tu belleza, para ser de mejor naturaleza, y en tu rostro lo dicen mal sufridos los jazmines en cólera encendidos. No culpes la omisión de mi cuidado, de no haberte feliz la mano dado, que al fin de esta victoria, en que he de hacer eterna mi memoria, con amantes extremos nuestras bodas mejor celebraremos. Ahora entra la mía; solo yo, gran señor, paso crujía, pues nunca te ha debido este Turbante una pluma siquiera de diamante, con que siempre a mi salvo soy tu Turbante, mas Turbante calvo. Qué es lo que has hecho tu para premiarte? No más que en las batallas ser un Marte. Dónde? . En una emboscada doce Turcos maté de una puñada. Pues cómo pudo ser? De esta manera. Los Turcos doce estaba en hilera, dile un golpazo fuerte aluno, y con las bascas de la muerte dio en el otro, que estaba alli pegado: el otro dio en el otro arrebatado, y como la violencia fue de potro, fue matando tan presto el uno al otro, que del primer impulso airado, y fiero le derribó la muerte allí al postrero, y fueron luego allí todos cayendo unos tras otros, como bolos. Pues del Rey Astiajes en defensa. empeñas tu persona; a que otra vez se ciña la corona, ya que a la vista estamos (mos? de esa Ciudad soberbia, que espera. El dar a entender primero, Ismenia, el noble motivo que me obligaa dar ayuda a un inocente ofendido. Astiajes, Rey de Persia, lograva el feliz dominio de su Reino en paz tranquila, de sus vasallos querido. Pero Califa, su hermano, tiranamente inducido de ciega ambición, que es sed hidrópica de los siglos, le quitó el Reino, que nunca al traidor le faltan visos para dorar la cautela, y acreditar sus disignios. Sentido de este impropedio, y de este ultraje ofendido, hoy Astiajes quiere dar a sus venganzas principio: y para otra vez ceñirse el sacro laurel, que digno fue siempre de su cabeza, como heredero preciso, se ampara de mi poder, y de mis heroicos bríos, cuyo aplauso en ecos vuela por toda el Asia estendido. A esta facción; a este empeño es solo a lo que venimos; con este motivo traigo a Fátiman, y le, abrigo del rigor de Bayaceto; consintiendo en mi servicio al que en nuestro valle entonces tuvimos por enemigo: pues ampararle me toca, porque de mí se ha valido. La razón vence al poder, esta amparo; muera, amigos, Califa, y viva Astiajes, pues me promete benigno, que si le restauro el cetro, tan justamente debido, me hará jurar absoluto por Príncipe esclarecido de Hircania, de quien son hoy tributarios los Fenicios. Porque ese trofeo goces, tus estandartes seguimos. Ya los Cabos Astiajes se incorporan con los míos. Toca al arma. . Al arma toca. Ya del muro el enemigo sale a impedirnos el paso, A ellos, soldados míos, que Tamorlan os alienta. . A limenia llevas contigo. . A la puente, guerra, guerra, no quede Persiano vivo. Cómo que yo la he hecho buena. Voz, que con fuerza de grillo, asustando las orojas, te encajas en los oídos ! con que me detienes? . Guerta. h . Voz, que con ese chillido, para hacerme temblar puedes apostárselas a un silvo; voz, que eres la voz del pueblo sin duda, pues que he temido, haz con tus ecos, que deje sordos, pues dejas tullidos. Guerra. . Vive Dios, que estoy temblando de oírlo! ya se envisten, ya se cascan, vuelto almagre sale el vino de los cascos, y en el van cayendo como mosquitos de una, y otra parte, andallo. Ea, ya yo me detérmino a envestir, pero no sé si he de acabarlo conmigo, que me quiero bien, y es tal la fuerza de mi cariño, que por cuanto hay no quisiera llegarme a ver en peligro. Pero el honor? el honor es un hidálgote antiguo, preciado de Don Quíjote, y ha que pasa muchos siglos. 1. Por aquí, por aquí. . Como, por aquí? yo soy perdido si hacia aquí vienen, porque me darán, si dan conmigo. Un soldado se me acerca, quién será que ya me ha visto? Con la confusión, y estruendo a Tamorlan he perdido; Turbante. . Ismenía. Yo soy. . Si nohablas te cantivo, Entre aquesta confusión he de lograr mi disignio, pues en aquesta batalla, por soldado introducido de Tamorlan, voy siguiendo con cauteloso artificio los pasos de Ismenia, para robarla; bien he fingido, fortuna ayuda mi intento. Ismenia, Ismenia. . qué he oído? quien me a nombrado? . Ella es cielos; yo, que te traigo un aviso de Tamorlan. . Qué me ordena? Que en ese primir navio, que está en el Puerto te embarques, que luego será contigo; porque abrasando a lo grueso viene junto el enemigo, y aquí tú persona ahora corre evidente peligro. Es preciso obedecerle; Turbante vente conmigo. Seguiré tus pasos, vamos. Este es, Ismenia, el camino; si a Bayaceto la llevo. un grande triunfo consigo. Victoria por Tamorlan. Viva Astiajes, amigos, que es Rey de Persia, que yo solo el instrumento he sido de que le valviese el cetro Califa, que huyo vencido. Tamorla es Rey de Persia; viva Tamorlan. . Que he oído? Persas qué decís? . No extranes el apianso repetido, que habiendo muerto Astiajes en la batalla de un tiro, por Rey de Persia te aclaman los ejércitos unidos. Viva el nuevo Rey de Persia Pues lo dispone el destino, déjate aclamar, . Si haré; fuertes Persas, mas estimo ser Rey de tan nobles pechos, que de todo el señorio del Orbe, el laurel sagrado será más vuestro que mío: Yo haré que de vuestro nombre quede memoria en los siglos; llamadme a Ismenia, que ahora quiero coronar festivo su frente de sus aplausos. Tamorlan, esposo mío. Aquesta es la voz de Ismenia Favor. . Ydel cristalín centro del mar sale el eco. Dónde estás, que mis suspiros no escuchas? . Pues quien te ofendo Robada en este navio Fátiman me lleva. Ha cielos! válgame Alá! Ha fementido! aguarda tirano monstruo, del agua embreado pino, y de la joya del alma el más sangriento enemigo. Esperame Fatiman, a quien di piadoso abrigo; que aprestando mis bajeles, Neblies del viento heridos, he de alcanzarte en las ondas, en cuya tumba de vidrio serán mis ardientes celos de tu escarmiento ministros; luego faltará una pena en medio de un regocijo! e
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Bien hallarte en la prisión. De de qué presos venimos Ismenia, y yo, le debimos a Bayacero atención, que como él la quiere tanto, de mí, por cuenta tocada, a su belleza, le agrada cualquier cosa, y no me espanto; que aunque en la amorosa guera que sufre Ismenia sin gana, recelo que la Sultana nos ha de dar pan de perro. Ya tú en fin estar balido del gran señior Bayaceto. Que me hace merced prometo, habiéndome preferido a ti, que eres un pobrete. Ya yo entendido tener, que poder válido ser, si saber ser alcahuete, y tu poderme enseñiar, que lindamente saber. S. Cómo sepas aprender, te procurare enseñar. Comenzar, pues. . A espacito? Di por mí a Zaida. . Eso no, que a Zaida quererla yo. A gran bocado, grangrito; de que me llamó alcahuete, así mi enojo se venga. Dígale usted a Zaidilla, que yo me muero por ella, que corresponda a mis ansias; y si se hiciere de pencas, pues usted es cosas suyas, dígale, que es una perra, y reviéntela a patadas. Y hacer tú eso con Ismenia cuando gran senior mandarte, que decirle que le quieras? La otra no lo ha menester, que está ya como una cera; Y en fin, si aprender desea, de este modo ha de empezar, que a dos liciones como esta introducirá Hametillo las corozas en su tierra. Qué importarme a mi perder a Zaida? yo tener treinta, como poder sustentarlas, como a caballo paseas, como a leñiores visitán, como carrozas tenerlas; pero aquí venir Sultana con sus damas. . En qué queda el alcahuete novicio? En lo que profeso ordena. Pues allí viene Zaidilla. Usted dejar por mi conta. , s. Cómo va, señora? . Mal. Pesia mi alma! resistencia, que ya vendrá por nosotros del Tamorlan la firmeza; aprende de mí a fingir con este Turco bavera, que un poro sí me ha valido. A mí una vida me cuesta. Zaida. . qué quieres, Hamete? Que a sejor Torbante quieras, que a mi importarme. qué dices? Lo que decer. . Que cofienta si quiera que yo la adore. Por mí, yo le doy licencia de que sirva, que regale, que suspire, y que padezca, que después de todo esto, a la obligación atenta, le enviaré noramala. Pues si tu hacerte de pencas, yo reventarte a patadas, como. Torbante aconsejas. no está si no como un bronce. . . Lindamente! . No saber mas en Dios, y en mi conciencia; Solo contigo descanso, aunque tú seas, Ismenia; la causa de mi dolor. Juzgo que estás satisfecha de lo que tu mal me duele, pues cuando bastar pudiera a mi mal verme tu esclava, que no desventura fuera verme ausente de quien amo, por ser esclava, y expuesta al riesgo de la porfía de tu esposo, o la violencia. Verte padecer por mí los celos que te impacientan, son tan graves circunstancias, señora, para que sienta, que como hijos de un dolor los dos males me atormentan; pues si he de sentir los míos, no puedo olvidar tus penas. Tú eres querida. Yo quiero en otra parte. Pudiera argüirte, pero no quiere mi dolor que pueda. Y yo responderte, a ser menos clara la respuesta. Despáchaste al Tamorlan? Aunque imposible parezca el remedio, ya en la carta le di de mis males cuenta. A que triunfase veniste de la tuya mi belleza, y triunfaste de la mía. Si se mira como ajena una hermosura, señora, parecer mejor es fuerza, que la que propia se mira, que hay notable diferencia entre aquello que se goza, y aquello que se desea. Tú me aventajas en todo lo que hay del Sél a la Estrella, mas para tu esposo eres, aunque divina, la misma. Yo soy otra, y de los hombres, es tal la naturaleza, que la otra es la más linda, aunque menos lindasea. Solo en ser más desdichada; pienso yo que soy más bella. Ay Ismenial pues te estimo, y pues de mí te aconsejas, y pues te amparo, y de mí fía tu honor su defensa, repara en que a Bayacero adoro; y pues que licencia te he dado para fingir, no desprecies sus finezas, porque no desesperado pase del ruego a la fuerza. Finge, amiga, pero no fingas donde yo lo vea, hasta que el tiempo remedie. tu peligro, y mis ofensas; y mira como estará mi corazón: cor sidera, Ismenia, mis sobresaltos, consintiéndote que puedas oír ternezas de quien adora en la contingencia. de que te puedan sonar alguna vez a ternezas. Mucho haces al parecer, mas de otro remedio ajena no haces mucho: yo hago más, pues aunque de mi fineza sepa cuan seguros oigo rendimientos que no sean del Tamorlan, me disgustan tanto, tan bastardos suenan a mi oído, que por dar fin a su porfía necia, a no ser del Tamorian mi vida, muerte me diera. Y pues nuestros disimulos el remedio nos conciertan, tú en no saber tus desaires prosigue, y menos severa prosiga yo, pues lo mandas en las falsas apariencias. de escuchar a Bayacero, cuando excusarlo no pueda. Y advierte, porque segura a0101 de pasta vinas de mis resistencias, que primero se verá bestido el campo de estrellas, poblado el cielo de flores, resplandor en las tinieblas, oscuridad en las luces, que se vea en la firmeza de mi cariño mudanza; pues siempre sorda a la queja, intratable siempre al ruego, siempre rebelde a la fuerza, seré; mas no hay que decir mas de que seré yo misma, que ni marmol ni diamante, ni bronce hay que no padezcan a cincel, sangre, o buril; y así a todo riesgo exenta no admite comparación de mi amor la fortaleza. Dame los brazos. . qué mal sabes, que al pecho te llegas el áspid que ha de martarte! Esta amistad me impacienta de Rosa, y de Ismenia, pues como sé que se concierta a embarázar la fortuna de mi amor, y que sin rienda me precipito a que Rosa cumplidos sus miedos vea; muera ella de celos antes que yo de mor. No hay quien deba oponerse, gran Señor, ni al gusto, ni a la grandeza de quien es dueño de todo. Hablastela? . No. A qué esperas . perro? . Ya estar mal oficio. Que no está tan zabareña iba a proseguir. . Qué dices? Esto. . Toma esta cadena. Ya estar bon oficio. Hamete. . Qué? De todo hay en la feria. Mira, a mí solo enseniar cuando haber de dar cadenas, mas no cuando haber poniadas. El Gran Señor. Con bien venga; aquí tienes tus esclavas. De que trates bien a Ismenia, con razón, Rosa, te doy gracias, porque su belleza es digna de tu favor. Quiere, Gran Señor, su Alteza borrarme la esclavitud con las liberales muestras de que sepamos las dos, en diferentes esferas, que de ser esclava suya solamente es digna Ismenia, y que de ser dueño mío solo es digna su grandeza. Y quiero también, señor, ay de mi! quiero que sepas como estimo lo que quiero por ti, pues aunque pudiera por ella estimalla mucho, estimarla por ti es fuerza, mas que por ella, notando, que quien tiene tantas señas de tu cuidado, pues nada tú sin cuidado me dieras, es digna de mi reparo; y así la estimo por prenda tuva, mas que no por mía, y por ti más que por ella. Tus equibocas palabras, que el alma ha entendido, muestra de mi pasión, Fariman; mas qué importa que la entienda? que la estimases te dije, que me alegrava por prenda tuya, o mía, o por su rara perfección, que como vea yo que la estimas, Sultana, por lo que quisieres sea. Ya de mi esclava a mi amiga la he pasado, y porque tenga mas seguro mi favor, no apartarla de mi ordena mi cuidado; a todas horas. desvelada centinela seré de su gusto; mira si hay más que por ti hacer pueda, por ella, o por mí, en la duda de a quien la atención se deba? Ya, que la estimaras menos, presumo que mejor fuera, Pues no la estímate en nada, si de eso, señor, te pesa. Apartándola de ti tendrá mi pesar enmienda. Tu esclava es, lo que quisieres podrás hacer (mucho aprieras . Rosa, el nado de tus celos, mira no rompas la cuerda:) Mal, señora, disimulas, repara en que nos arriesgas, No es mucho olvidarte a ti; cuando a mí me olvida, Ymenia. Hasame favor usted de tomaria. . Norabuena, que yo siempre soy cortes. Tomarla? para que vea si es de oro divo. Ahora esta tomada; hare que lo sepan de mi contraste. . Si vtest la ha limpiado, que otra prueba la quiere hacer? . La del peso. Pues tome lo que me pesa. Con albo le he de dejar. a. Pues con la cadena sea; Y mire que las ladronas de lindas se vuelven feas. Antes dicen que las lindas roban? . Pero no cadenas, que antes las ponen. . Yo estoy cansada ya de ser bella. No me la vuelve? . Ella tiene vueltas, mas no tiene vuelta. Esto que te digo harás, por ver si las lisonjeras voces la apartan de aquí, dando lugar en que pueda hablar a Ismenia en mi amor, Voy a hacer lo que me ordenas Pues el fingimiento importa, señora, aunque más lo sientas. Dices bien, pero el dolor. me olvida de la cautela. Alir, señor, a mandar que cantasen, la funesta musicn de esos clarines, y esas cajas, interpuestas a la indiuisible acción de tu orden, y mi obediencia, me hizo saber que Celín tu General. . Que te inquiena prosigue, pasa adelante. Delgran Tamorlan. Qué esperas? . Vencido. De aquel pastor a quien tu robaste a Ismenia? De aquel enojo de Alá. De aquel, pero cuya hacienda fue en su principio una choza, Del famoso Rey de Persía, Déjame las alabanzas, y los suceso; me cuenta. Ya está más cerca, señora, el alinio de mis penas. Ya está más lejos el mío, de Bayacero la ofensa. En la parte que confina la menor Asia con Persia, dicen que a impedirle el paso se oposo. . Don lo de priesa. Donde los tuyos vencidos, y muertos a la violencia de su valor; con tan pocos de la batalla sungrienta salió Celín mal herido, que llegara darte cuenta, mas que natural, parece obra de nuestro Profeta. Tantos laureles le ciñan, como suspiros me cuesta. Ahorafreir nos manda en acelte a mí, y a Ismenia. Y dónde está el Tamorian? Por el Asia, señor, entra abrasando, y destruvendo lo más noble de tus tierras; y así importa que tú. Yo a un hombre vil? No le ofendas, no le injuries, ni le ultrajes, y advierte, que si pudiera responder suimas en dentro de mí, no te consiotiera, ni ofensa, ni ultraje, pues es su valor de manera. Mira le que haces. Si harés y sabe, que tú advertencia, Sultana, a tiempo que ya solo a mi pasión atenta, iba, Sultana, a olvidarme de todas nuestras protestas. Que me reporte pretende mi amor; pero mi soberbia, que me impaciente procura; pártase la diferencia entre una dama que adoro, y un enojo que me inquieta, sintiendo, y disimulando, hasta que airado resuelva, o amante en un desemueño, lo que ira, y celos conciertan. Porque, Ismenia, no prosigues? Amiga, la pasión templa. No le ofendas, gran señor, que si el valor le desprecias. por tan dueño del valor, indigno es de tu prudencia, que en ti te parezca bien, y en otro mal te parezca, porque a principios humildes. su ser el Tamorlan deba. No es de tu desprecio digno, cuando él su fortuna enmienda, y nadie como tú sabe, si de Otomano te acuerdas, tu antecesor generoso. Y si tus victurias cuentas, que es más propia la adquirida, que la heredada nobleza, que lo que se adquiere es propio; y ajeno lo que se hereda. Fuera de que si la suerte del furco saca la rueda, émula de tus aplansos, que ben te estará que sea sujeto a quien despreciaste, el sujeto que te venca? Nique bien te paede estar los cielos no lo consientan! si tú le vences a él, que el triunfo va denparezca? Si de las prendas de muchos un hombre se compusiera, no era bien quede estimara quien envidia no tuviera. Si luego el Tamorian tiene tantas, que pudieran hacerse de él muchos hombres, y tú en sangre, en gentileza, en discreción, y en valor, en dominios, y en riquezas, no hay porque envidies a nadie. Que razón ay de que pueda tanto contigo el enojo, que envidioso hacerte sepa? Sus movimientos, sin duda se fundan en que desea cobrar lo que suyo fue, que soy yo, aunque soy ajena. Miente mil veces mi labio, que aunque enoje no hace ofensa quien a cobrar lo que es suyo dispone sus diligencias. Envíame al Tamorlan, y verás con cuanta priesa, sin aspirar a más triunfo, él a ti libre te deja; o no me emvies, que en esto harás lo que te parezca, que no quiero que presumas que lo deseo; mas vea a tu templanza mi afecto, pues hacerme favor muestras, que al Tamorlan no maltrates, Bayaceto, en mi presencia, que en ti no es primor, y en mí es política discreta, aunque el cariño lo olvide, que la obligación lo quiera. No sé hacia que lado tome la venganza más sangrienta? ni entiendo la confusión que a mi discurso acarrean? sobre mi poder dominio? Así averiguar pudiera si son en Ismenta olvidos las templanzas, o cautelas! mas yo lo sobré, que al fin juzgar que se funda, Ismenia, el Tamorlan en cobrarte. No es mucho que lo pretenda. Ni poco; pero verá quan discil es la empresa, pues ponra lograrla, cuando a la Corte por ti venga; pues en venganza de su osadía no es ofensa hamarle osado, que quiero que tú esta atención me debas. Veré en venganza si eres tú, Tmenia, lo que desea un imposible, y yo haré que imposible le parezca, no solo a él, sino al cielo. A mazmorra la condena. Hay infelice de mí! B Haciendo que el cielo vea a tus plantas, como esclavo, el que ser tu esposo intenta, pues basta que yo te; pero este reparo me deda Rosa. Parte, Fariman, y con las tropas más prestas destruye, abrasa, atruina, a Tamorlan, de manera, que prisionero le traigas, para que su muerte vea a vista de los aplausos de quien adora, y la afrenta sea su cuchillo; y mira que sea breve tu vuelta, que si tardas hallarás la que queda esclava Reina. Perdone Rosa, y perdone la razón pues me violentan venganza, y amor, que no halle a su poder resistencia. Colmaronse mis desdichas l. Cumplieronte mis tristezas! Pues, señor, que culpa tengo yo, que en mi venganza intenta vuestro enojo? . Nada, Rosa, es primero que mi ofensa. Sultana se ha de ver otra, y yo lo he de ver. . No sientas, que haga contigo lo que hice con otra por tu belleza. Cierto salió mi temor! En llegando a la suprema altura, que ha de llegar un amor, bájar es fuerza, que como no hay más que suba, es preciso que descienda. Ay de mí triste! . Ay de mi! Qué crueldad! Qué desventura! Pues se ha declarado tanto, declararse más intentan mi amor, y mi enojo; ven, Fatiman, Buenas las deja; esto es hecho, si el señor Tamorlan no viene apriesa; que te parece Hametillo? Que querer casar con ella, erepodiar a Soltan Pobre Rosa! . Infeliz Reina! Señora. . Nada me digas. Yo ya infeliz! . Deja, deja, que me acabe mi dolor. No es mal sodorio mi pena, si obra en ti como en mi obra. Tú serás dichosa, Ismenia, mas no tanto, que te dure la dicha, aunque la merezcas; y yo desdichada tanto, que eterno mi dolor sea. Presto seré yo tu esclava, si poco ha mi esclava eras, obras son de la fortuna, que el poder tiene licencia. para tiranas crueldades. Mira no te desvanezas, aunque donde yo me vi felice, Ismenia, te veas; y mira que podrás vert dóndeme pone mi afrenta. . Ve, Celima. . Vamos, Zaida, Se lleva usted la cadena? La de oro, si porque veed con la del amor se queda. . Vetras ella. . Yo pedirla, y sino la dar, molerla. . Echó el resto la fortuna! El gran Bayaceto ordena, que a esa quinta que distante de la Corte está una legua, de sus damas asistida venga, señora, tu Alteza. Con quién hablas? ay de mí! Y no hay vino en esta tierra, y viene borracho el Moro. 1. Contigo, que de la ofensa de Sultana temoroso, la seguridad intenta de tu vista hasta la Luna que ha de seguirse primera, cuyo último día, dice, que has de ser su esposa. . Ha penas! mas que puedo hacer, hay triste! infelice, sola, y presa? sien mí vive el Tamorlan, como así morir me deja? No hayas miedo que te falte; disimula ahora, Ismenia, que si el tiempo no se acorta, ningur remedio nos queda. Bien dices, y yo hago mal en recelar las violencias; no voy conmigo, y no va mi valor conmigo? Ea, aliento, que cuando tantas justas esperanzas pierdas, no puedes perder en mí la reso ución postrera; acero hay para la muerte, si hay para la vida ofensa, 2. Repara en que el gran Señor, para verte partir queda a esos miradores. . Vamos, puesto que una vez resuelta a darme la muerte, no hay peligro que temer pueda. . conmigo casarse quiera. Venid vos también. Yo, y todo? Vos también. A Dios cadena, no falta, sino que el Turco o pese a quien perder me hizo el camino, Pese a la oscuridad! pese al destino! Mahoma, o Alá sea. Por aquí es muy posible que se vea, o Pastor que nos guíe, o senda que al pobiado nos emvie, sacándoros del monte, en cuya falda de sóbrega esmetalda tus cien lanzas quedan esperando. Así creí marchando, adelantado de mi hueste armada, aligerar, Poliarco, la jorvada, sin permitirle al sue la intermisión más leve, el más pequeño descanso, que no es justo que haya descanso, donde falta el gusto. Dígalo el breve tiempo que he gastado en llegar de mi gente adelantado con cien lanzas no más; pero conmigo de Callapolí a vista, Corte de Bayaceto, mi enemigo, en demanda feliz de la conquisia de todo el cielo de mi ismenia amada, que presa, y violentada de su tirano amor, según me advierte, a la tardanza mia fía su riesgo, y su esperanza fi en el socorro de mi brazo fuerte. Pesia la noche, que dilata oscura con este acaso el logro a mi ventura! Mas puesto que se ha perdido marcha, y esperanza a un tiempo, en este monte, hasta tanto que alumbre el Alba, a lo menos no podemos, Poliarco, hallar camino, que luego que amanezca el Sol nos guíe. @ Biblioteca Nae Y así, tu por ese espeso pueblo de breñas le busca, en tanto que yo penetro por este costado el monte; y el que le hallaré primero, a la hoguera, que de norte nos sirve a los dos, volviendo aña añada otra. . Obedecerte es la respuesta que tengo. . Hh pese otra, y otras mil veces al oscuro ceño de aleve noche, que arrasa tantos, tan nobles deseos! Que me importa a mi triunfar, formidable ira del cielo, de los hombres, si un acaso triunfa de mi corto imperio? Humano nadie te goza sin duda, pues paga el feudo a tu caduco dominio del Tamorlan el aliento. Ay infelice de mí! Mas si no finge el deseo, de una voz imagino, que escuché taistes acentos. Ay de mí triste! La no es ilusión, o debanco, sino verdad, pues dos veces. dijo de una voz el eco. Ay infelice de mí! Quién en este sitio? pero si lo puedo averiguar, porque discurrirlo quiero? hacia aquí sueña. . . Ay de mí! , s Dónde estás? Que si no acierto con tantos ados de estudio, la vida que gasté pierdo: y si acierto, ay de mi y todo! que aunque mal trato, y preso. me ha de doler acertar desdichas de Bayaceto. Ya el último paso apresta la noche, y ya faltar veo las señales que la ciencia me ha dado; pues creer no debo, que haya verdad en los fines de quien son falsos los medios. En la infancia de esta Luna, en el aviso primero de su luz prestada, que ya presumo que la veo menos confusa que a mí me tienen mis pensamientos muestran caracteres, signos, y líneas, que forastero llegará perdido a un monte, cuyas señas comprendo en este, por el Planeta de quien dominar le veo, joven, que ha de sojuzgar todo el Otoma no Imperio, a cuyos pies; pero no lo pronuncia mi recelo, y acierte, o verte la ciencia, no me falte a mí el respeto. Como la voz me faltó, perdí el monte; mas que veo? eres tú? . Pero que miro? . r. Quién se lamentaba? Él mismo que me lamentaba soy, y el propio que me lamento; (bre! mas tú quien eres? . Yo, soy un hon Eso ya lo veo. . En queé lo ves? En la formá. Pues no te fundes en eso. Porque? . Porque hay muchos hombres que lo parecen sin serlo. Este es el mayor anuncio . de la desdicha que espero; como a este sitio llegaste? Perdido. . Válgame el cielo! A este monte llegué, cuando escuchando tus lamentos me obligó a solicitarte la extrañeza y el deseo de hallar quien me guíe. Y dónde vas? . Decírtelo debo, porque me encamines, voy a Galiópolí. . A que efecto? A un negocio que me importa, de mucho daño el remedio. Ya es forzoso que averigue todo lo posible, atento a que si pueden faltar los fines, no siendo ciertos los medios, como ya dije, justamente pensar debo, que dirán verdad los fines, cuando no mientan los medios. Aunque enseñarte quisiera el camino, que no lejos de este sitio está, es tan grave de mi mucha edad el peso, y la tierra tan quebrada, que por acertado tengo, que aguardes a que despierte el día, en cuyo instrumento vivientes cuerdas ya templan las aves los dulces pechos. Y en tanto, pues dada arriesgas, que me digas te amonesto quién eres, porque me importa para cierto fin saberlo. Y si de decir quién eres, saber tú quien soy es premio, adelantaré la paga al beneficio, diciendo, que sey Olman. . No prosigas, que de ti noticia tengo, y lástima juntamente; y ya que aguardar resuelo al día, por no atrasar lo que adelantar pretendo, de ti quisiera saber, para complacerte luego en lo que pides, la causa. de hallarte en un monte, siendo tan noble, tan poderoso, y tan sabio, compañero de fieras, y árboles? . Pues sabrás, que abatido, y preso vivo en estas soldades, de donde salir no puedo, acompañado de pocos, y guardado de los mismos. Porque atento a mi lealtad pronostiqué a Bayaceto, mi sobrino, aunque tirano Rey del Otomano Imperio, que al poder de un hombre humilde se había de ver sujeto. No soy yo, que yo no soy humilde, si no es soberbio. No digo en la condición. Pues en qué? En el nacimiento. Yo soy, pues de humildes padres nací, y con tanto denuedo, que aún no me parece aplauso de mis gloriosos alientos triunfar de Mahoma; mira que será de Bavaceto? Lloras? . Sí, porque en ti hallo todas las señas que temo. Pues porque mejor lo digas, atiéndeme. . Ya te atiendo. Nací en un monte de Carla, a cuyo elevado cuello sirven los valles de Haviano. de Arlantes u decimientos. De humildes padres sin suda sería mi nacimiento, aunque los iímoro, pues ni en sus comarcanos pueblos hay generosas familias, ni en darme en un monte al cielo ig significa ilustres padres, si no rústicos baqueros. De la voca de una gruta, donde me asistian fieros dos tigres, velándome uno, yetro dándome sustento, me hurtaron unos pastores, que con cauteloso acecho. de mi custo día lograron, o el descuido, o el sosiego. Compasión necia, si fue compasión, pues considero; según el color que hoy visten todos los humanos pechos, que con mejor esperanza vive el que tiene comercio con brutos, que el que le tiene con hombres, pues por lo menos: hay fieras agradecidas, como muestran los ejemplos, y en los hombres ratas veces se hallan agradecimientos. Trasladado a una cabaña del valle, desde lo oculto del monte me vio una luz de un día, que amaneciendo portentoso; dio señales. de algún prodigio en el viento, pue, toda la azul campaña turbada, o vestida a trechos de pardas nubes, compuso tan basto Josel tan denjo pavelión, que de las llumbres corrido el dorado impario, contra las túpidas sombras, que osadas se le opusieron auxiliares escuadrones de las esferas del fuego, convocó el Planeta airado, y asaltando el ronco seno de las nubes, fue tan duro el cómbate, que gimieron los dos Polos tembió el mundo, y desquiciándose el cielo, se descuadernó el volumen de sus esfericos cuerpos, bejando en rayos la firme clavacón del firmamento, ardiendo hasta las centellas, de los quebrados luceros. Víctimas fueron los manios; recentales, y los techos pajizos de las cabañas brutos sacrificios fueron. Tode se abrasó, hasta tanto que a la destruición atento el cielo, compadecido lloró, cuyo llanto tierno creciendo a soberbia lluvia, vencio la saña del fuego. No fue el prodigio abrasarse: el valle, no fue el portento arder la tierra, quemarse las chozas, ni correr densos arroyos de lumbre fue prodigio, ni asombro; pero respetar la choza humilde en que yo estaba el iuberbio randal de llamas, talando; saqueando, y destruyendo. todas las de su contorno, desuerte, que solo fueron felices los que la mía para refugio eligieron. Asombro, y prodigio fue, y si no le fue alo menos ellos lo pensaron, pues desde entonces me tuieron, no solo en sus voluntades agradecidos, y atentos por su Rey, sino también por Rey de los Blementos, viéndome respetar de agua, ca Macibs a arte, jode fuego Tierno infante me criaban con amor, y con respeto los pocos que perdonó. la ruina del incendio, cuande desmandada fiera, que sedienta descendiendo del monte al valle, sañudo León, asombro rugiendo, a la puerta de mi enoza, mal defendida del miedo, llegó a las pieles roscas, que de solio me sirvieron, humillando la cerviz postró el sañudo ardimiento. Púsele la tierna planta sobre el encrespado cuello, según después me con taban los que la extrañeza vieron, y humilde el Rey de los brutos sufrió el voluntario peso; en señal de que tenía dominio sobre su Imperio. Segundo aviso, segundo presagio fue esté suceso para los que reparaban de mi vida los efectos. Y no son motivos, pues, aunque acasos ser pudieron; uno, y otro eran acasos, que parecían portentos. Desde prodigioso infante pasé a robusto mancebo, donde ejercitado en cuanto permite el uso grosero, excedí en valle a todos cuantos competir quisieron mi fuerza en mi cruda lucha, mi robuster en el peso, mi ligereza en el salto, y en la carrera el aliento; pues para luchar a todos los brazos, a un desperta ojioteca N solo arrojaba de mí a cuantos con laco estrecho de humanos sudos ceñían la solidez de mis nervios. Para el peso desquiciaba una pena de su centro, y para mi salto siempre se hacía la tierra menos, siendo para la carrera pesado conmigo el viento. Mi ejercicio fue guardar lunados bantos, que al eco de mi voz se estremecían, contra la industria deleco. Y esto más que todo es, hacer obediente a un fiero animal, cuando el temor le manda romper el freno, es dominio, que hasta mí los hombres no le tuvieron. Rey, finalmente, de cuanto contenían los desiertos vales de Abamo me vi, ya en acasos, o ya en juegos, cuando vencido me hallé de un rapaz; pero no quiero frases, que al amor humilde pintan, pues desnudo, y ciego, y niño, no son las señas, que le dan mi vencimiento, rayo le llameré, pues de mi corazón soberbio asaltó el valiente muro por más fuerte, o más exento, Vi a Ismenia, y ámela, claro estaba el amarla viendo su peregrina hermosura; con que por notorio tengo, que no me venció el amor, aunque rayo, si no el cielo de Ismenia, que se acobardan en sus divinos luceros las leyes del albedrío, y del amor los trofeos. Atendiome Ismeia afable, escúchome amante, dentro de aquella capacidad, que no pasa de deseo; porque lograr su belleza fuera delito, no siendo dueño del mundo, pues solo su perfección conociendo, puede ser dueño de Ismenia, quien fuere del mundo dueño, Así se lo prometí, y así cumplírselo espero, si un tirano, que ladrón de su hermosura, mas miento en lo que voy a temer con mi estimación grosero, con mi presunción cobarde, y con mi amor desatento. Y yo veré, y mi temor verá que se engaña presto, rescatando su hermosura con la industria, o el esfuerzo, donde si diere la vida, no será sobrado el precio; sino muy proporcionado, que no es bien que cueste menos, que vida tan prodigiosa, tan milagroso sujeto. Amante correspondido, por volver a mis progresos, me vi de Ismenia, sacando otro presagio, otro agüero más feliz que todos; pues solo en la suya me dieron las hermosuras del mundo de la hermosura el imperio. Para cuya posesión, inspirado de mi aliento. de mi esfuerzo acompañado, y de algunos que me dieron nombre de Rey en el valle, sin cansarte con los medios por donde pasé a los triunfos, me vi Rey de Persia, y luego, sediento de aplausos nobles, de la Asiria me hice dueño. Conquisté las dos Armenias, puse a Babisonia cerco, y ganándola pasé a Mesopotamia, siendo mi Militar disciplina usar de tres días de asedio en las plazas regulares, pues me asentaba el primero en un blanco pabellón, uno tojo, y otro negro. Los dos pabellones eran del segundo, y el tercero, significando piedad, justicia, y castigo en ellos, pues a los que se rendían el primer día a mi aliento, vidas, y haciendas dejaba, vida a los segundos; pero a los que me obligaban a descoger el funesto pabellón, puesto una vez, a los pactos, y a los riesgos cerrando piedad, y oídos, los entraba a sangre, y fuego. No sé si es buena, o si es mala política, pero veo que con ella conquisté, sobre lo ya dicho, el Cetro de la Scitia, el de la Albanía, el de Midia, y otros pueblos, que por muchos los olvido, y por mi valor los tengo. Y en fin soy el Tamorlan, que ira de Dios me interpreto, que ya en el Asia pisando las Lunas de Bayaceto, eclipsar sus resplandores comienzas mis ardimientos. Y no han de parar en tanto, que privándose del cielo de Ilmenia, su esclavo haga al que quiso ser su dueño. A cuyo findisfrazado, que de ti fiario puedo, pues tan ofendido estás. de su tirano precepto, voy a su Corte; tu mira, si del anuncio que el cielo. te declara por tu estudio, pueda ser el instrumento, Y sabe, que para que veas si te sale cierto, o incierto lo que te cuesta injurias, y desconsuelos, prisiones, y soledades, prevenciones, y desvelos, tengo de enviar por ti cuando se acercare el tiempo de que a batalla campal. Bayaceto, y yo lleguemos: porque tú, y yo conozcamos, fiado yo de mí esfuerzo, tú de tu ciencia fiado, tu estudioso, y yo guerro, mi valor, y que mi aliento hizo tu ciencia infalible, triunfando de Bayaceto. Ala me valga! qué cerca estoy ya de los extremos. de la desdicha. . otra vez lloras, Osman. . Sí, supuesto que aunque ofendido me juzgas, no es oponerme a su influjo. y aunque injuriado me veo, no me quisiera vengar; y así, Tamorlan, convierto, fiel vasallo, aunque ofendido, la venganza en sentimiento. No estás ultrajado? . Sí. No estás abatido, y preso? no estás desposeido de tus estados? . Confieso, que limas de sinrazones, ninguna ay que no padezco. Y no has de vengarte? . No Por qué? Porque Bayaceto es mi Rey. . Y quieres ir contra lo que ordena el cielo, estorbando lo que añuncia? No lo estorbo, mas lo siento? qué te mueve? . Mi lealtad. Y tu injuria? . No la aprecio. Pues cuando tantas razones me faltarán, como tengo, para conquistar el Asia, solamente por el precio de hallar, en ella un vasallo como tu fino, y atento, la conquistara. . A tus pies estoy si ese es tu deseo, tu vasallo soy. . Levanta a mis brazos, que lo mismo con que pretendes templarme, es con lo que más me enciendo. A qué aguardas, Tamorla, que sin reparar los fuegos, que halló en tu ciencia otro amigo que te avisan de que hallamos el camino? . No hay remedio? No. . Pues a tu intento parte, pero advierte, que yo tengo de darle luego noticia al Gran Señor, sin que de esto el cielo se ofrenda, pues cumplir yo con lo que debo, Nada conmigo recelo. Dale la muerte. . Eso no, que cuando de hacer me precio justicia, no he de tener a lalcaltad por defecto. . Mira. Nada ay que repare. Tu peligro. . Nada temo; puesto que porque no avise de mi disignio el secreto, dejar resuelvo cien lanzas, de las cincuenta que tengo en el monte. . Bien discurres. No te quejes de mi luego, pues la amenaza te aviso. No haré; vamos que el pretejto de mi embajada ha de ser Osman, ah Ismenia! presto te veré, el cielo te guarde. . Mas que no te guie el cielo! Qué haré en tanta desventura? Ay infeliz Bayaceto! pero qué espero? Hola guardas, Celimo, Polí. Qué es esto? 1. Qué mandas? . qué a toda priesa aviséis, amigos, luego al Gran Señor, que va el Tamorlan. 2. Raro sueño! A triunfar de su Corona. 1. Sin duda que el sentimiento le tiene fuera de sí. A qué aguardáis? . Si no vemos a nadie, ni habemos visto lo que dices, ni tenemos orden de dejarte un punto, adónde hemos de irl Ha perros traidores, Corona; y vida importan de Bayaceto, que boléis, o yo pesado caduco barriendo el suelo iré. . No tenemos orden de dejarte. . Yo os protesto la importancia del aviso. 1. Ni dejarte resolvemos, ni ir, pues no hay a que vamos. Porque? . Porque no podemos. Cómo, cuando el cielo quiere embaraza los remedios! Ay Bayeceto infelice! cumpla el hado sus decretos; mas si han de ver tu desdicha, cieguen mis ojos primero. De uno a otro arrebol, siempre el cielo se guarnece, pues cuando un Sol anochece, va amaneciendo otro Sol. Anochezca triste el mío, y alegre el tuyo amanezca, ver yo mi dolor merezca, ajena del albedrío, pues que la suerte ordenó, de mis glorias envidiosa, que para ser tu dichosa, sea desdichada yo. Entre las dos, sin que nada más te responda diré, Rosa infeliz, que no sé cual es la más desdichada. El Tamorlan se olvidó, y hoy es el día postrero de Luna siendo el primero a que el Gran Turco apeló. Pero dime, cuando mudan de mujeres, o Sultanas los Bayacetos, se usa, Hamete, que las dejadas asistan a las venidas? que si se usa es linda usanza. Si. Torbante, que ese estar el modo de repodiarlas. Correses son los repudios. Lo que estar uso no espanta. Y usase también que no vuelvan las señoras Zaidas las cadenas que se ponen? Volver las cosas usadas, siempre fue descortesía, Y usted es gran cortesana. Más tormento me ocasiona del Tamorlan la inconstancia; pues sin duda olvido es, y no temor su tardanza; que la muerte que me espera. 1. El Gran Señor. 2. Plaza. 3. Plaza. El corazón se me hiela. El aliento se me pasma. Y él dice, cual te las tengo. Nunca vi legua tan larga; pero encontré con la sombra. O quien le diera zarazas al desvergonzado perro! Mal haya él! . Ya se aparta mi sombra, para que el Sol de Ismenia, Gran Señor, salga. e . Toma asiento, Ismenia. Yo estoy, señor, a tus plantas mejor. . Asiéntate. Obedezco. Aquí, que aquesta es tu almohada Pues no es de Rosa, señor? No, Ismenia, que quién me daba . Ismenía. . Turbante, calla. ese honor, si me le quita, no me queda a deber nada. Aquí me sentaré yo, que es donde tú te sentabas; sube tu al lugar, que Rosa el que tú has subido baja. Esta paciencia, Celima, es la que me desbarata. Pues qué puede hacer la pobre? Arrancarle aquellas barbas. Sentaos, bellas Sarracenas. Hola. . Señor. Las viandas. Ahora se pone a comer. Tamben esto estar osanza aquí. . Y en Persia también que no hay cosa más usada. qué es eso? . Viendo, seño que de la Corte faltabas, un Embajador de Persia, a materia de importancia sin duda en tu busca viene a la quinta, y solo aguarda tu licencia para entrar. Llegue, puesto que la avara. suerte mía no ha querido, siendo Fátiman la causa, que el Tamorlan este día vea su mucha desgracia, y mi ventura, quien presto pueda volver a contarla. Si me templo hade ser mucho sabiendo ya lo que pasa. Suerte es que esté Fatiman ausente. . Antes es desgracia que sin matarle me vuelva. Y él que callemos también con el dedo nos señala. Lo que te he advertido harás y cuanto antes. . Pues trazad tienes tu venganza; cuerda no la arriesgués con la saña. abiendo visto de Ismenia la siempre firme constancia, ma procuraré templar, Alá te guarde. . Si guarda: l A qué vienes? . Si he de hab a así diré mi embajada. . , Ay Tamorlan! . Ay Ismenía! Bavaceto, que hoy se casa con Ismenia; porque sabe que el Gran Tamorlan la amaba, . Déjate servir. . Levanta digno Rey de Trapisonda, justo Emperador de Tracia, grande Bayboda de Asiria, noble Cabí de Balaquía, Califa de Babilonia, Emperador de Tinacría, del Cairo, Egipto, y Alepo, Armenía, Siria, y Samaria, te escucha, di a lo que vienes, conociendo con quien hablas. . Untese con calabaza. El Gran Tamorlan de Persia. . La confusión de la noche Emperador del Albanía, de Armenia, Midia, y Asiria, Señor de Mesopotamía, Rey de Scitia, y Babilonia, Rey de Trapisonda, y Tracia, del Cairo, Alipo, y Egipto, Emperador de Tinacría, salud conmigo te envía. Como a intitularle pasas en Provincias que no tiene? Cómo para conquistarlas, a pesar del cielo mismo, saber que las hay le basta. Ya te di salvo conducto, permitiéndote la entrada a mi presencia; prosigue lo que toca a tu embajada, que si por Ismenia envía, muy buena respuesta aguarda. Mucho hago en disimular. Compadecido de Osman tu tío, así tiempo hago . hasta la ocasión que espero. Serví la copa, Sultana. A mí me toca, ay de mí! Las ceremonias villanas no las sufre el corazón. del suelo, Rosa divina. Fuego, fuego. Agua, agua. . Si le falta tu asistencia, toda la quinta se abrasa. Fuego, fuego. . Poliarco dio principio a mi venganza. Que me abraso. Que me abraso, que me quemo. desalienta, y acobarda a todos, hacia esta parte vamos, que es mayar la llama. . Huyamos, Celima. . Cielos favor Ismenia. . Qué trazas? , s. Tamorlan, por esta parte tienes la salida franca. Llévate a Ismenia, y a Rosa. Eso ay, yo cargo con Zaida. Y con las demás nosorros. Fuego, fuego. Yo llevarla a Celima, por poder servir en otra jurnada. Traición, ay de mi! traición. Que me roban. Que me escalán. Él se entiende, pues que calla. . Traición, traición. . Conocido ya mi intento, fuerza es que haya en la dilación peligro; y aunque matar intentaba a Bayaceto, aventuro a Ismenia con la tardanza: pues cobrada Ismenia, acuda a su defensa mi espada, que tiempo habrá, si la ciencia no miente, o mi valos falta; de que a Bayaceto vea el Tomarlan a sus plantas.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Dónde vas de esa suerte, si no es a procurar tu propia muerte, no has de pasar de aquí precipitado. Y tú que me lo impides arrojado, como en el campo estás de mi enemigo? Como he visto en él muestras de amigo, con honras, y favores, amparándome así de tus rigores, de el he sido llamado, cuyo intento, pero esto es excusado cuando solo pretendo, que provengas el riesgo, y ni un instante te detengas. Que permitiese Alá que no encontrara a ese traidor villano, y le matara, dejándome sin vida, y sin sosiego entre la confusión perdido, y ciego! y que yo no supiera hasta después quien er cuyo aniso me diste prevenido, sin que en todo este tiempo haya podido, aunque lo he procurado, lograr lo que desea mi cuidado! Pero ya sin el cerco repetido Constantinopla se halla, y viene unido, el ejército, que hoy juzgué llegase, y perder a Damasco embarazase, contra quien ese asalto se previene, y si la tropa que conmigo viene de número mayor se fabricara, que de treinta caballos, le obligara a que retrocediese lo que intenta. Lo mismo habían de hacercién mil que treinta. Cómo, siendo soldados, que en mi aliento aún se estrecha al temor tímido el viento? Como si al campo entraras en él vieras en trajes de hombres, población de fieras, pero ahora, que intento adelantado es el que te ha traido disfrazado? Tomar venganza de una duda ha sido, que es injuria evidente en el sentido. Duda de qué resultas injuriado, y venir de esta suerte tu cuidado cerca ya de la noche, a tanto estruendo, si no me hablas más claro, no te entiendo? Yo lo haré, confesando mi hidalguía, que hablo con quien ostenta sangre mía que solo de esta suerte con templanza te dijera la ofensa sin venganza. De Ismenia enamorado, di a entender repudiaba a Rosa airado, ella sentida, pues estarlo pudo, venganza formaria, no lo dudo. A este tiempo a mi Corte, o fiero abismo! Embajador él propio de sí mismo, el Tamorlan entró, robando osado a Ilmenia, y Rosa (aquí de mi cuidado una duda te dije que traía, y son muchas, Osman, las que tenía) No puede ser que Rosa de agraviada dijese a Ismenia, ya desesperada, que diese a Tamorlan a viso de esto, y fuese de las dos uno el pretejto? Y también ser no puede en recompensa que él me procure hacer la misma ofensa, y ella supla el respeto, oír al triste, a la fuerza, o al trato? mal resiste el discurso el raudal de mi agonia! No puede ser, que Rosa es sangre mía, que soy yo quien la asisto, que venerarla he visto de Tamorlan, que a Ismenia ciego adora, que Rosa por ti llora, (que yo te lo aseguro) y de este modo mira si puede ser nada de todo? Algo con tunoticia me he alentado; pero para volver más consolado, pues en tu mano está ponme advertido donde a Ismenia se halle, ya que ha sido el amparo de Rosa su cuidado. y veré. . No te habías explicado, o no había entendido tu fe ansiosa, pues vienes por Ismenia, y no por Rosa. De qué es la presunción? . No tedé enojo tan oculto intentaste aquel arrojo, que sin que ahora pueda ser malicia; no pudiese llegar a mi noticia? Vive Alá, que rendido es Rosa solo lo que me ha traído. Y tú, que de discreto el renombre adquitiste, y el respeto, donde, donde hay honor que se halla en calma al alma acuerdas, lo que calla el alma? Tu presunción así injuriarme intenta, que allá fue variedad, y aquí era afrenta, Pues si solo un recelo te ha obligado, bien te puedes volver asegurado, que yo no he de ponerte donde de Ismenia está el sagrado fuerte, habiéndo me nombrado el Tamorlan por guarda del sagrado. Soy tu Rey? . Mi señor, y mi Reyeres. Pues por qué al Tamorlan así prefieres, y a obedecerme prompro no te obligo? Porque aunque eres mi Rey, él es mi amigo, y no se ha de decir, que poco atento, ser pude de su ofensa el instrumento. Demás, que a no ser tu al lance preciso te asegurara, y a él le diera aviso, que es lo que hacer no quiero, por no arriesgara un Rey a quien venero. Pero he de embarazar que ofenda airado a un amigo, que firme me ha amparado, cumpliendo de esta suerte lo que digo, a un tiempo con mi Rey, y con mi amigo, Pues ofensa es que vea mi cuidado lo que tu propio me has asegurado? Basta que yo presuma, que otra cosa es la que te ha traído sin ser Rosa, y así puedes volverto. Mira que me provecas a tu muerte. De mi vida eres dueño, y en el trato dirán que fui infeliz, pero no ingrato. Mira. . Advierte. Repara. . Cuanto yerra. Que está en mi mano. , . Quién? . Al arma, guerra. Ya mi pena es mayor, pues han de verte, y no puedo librarte con mi muerte; entrate en este bosque con cuidado, mientras dan el asalto. . Muera osado de una vez. . Y tu ejército sediento, meñana que ha de hacer sin tu ardimiento? Dices bien. . A qué aguardas? . Pena aguda, o morir, o velverme sin la duda. Desde aquí retirado, en habiendo pasado, antes que culpe mi tardanza atento, a la estancia de Ismenia iré al momento. Ninguno quede con vida, pues obstinados, y ciegos, conociéndome aguardaron al rigor que hoy les ofrezco. Haced la señal al punto. Ya sin que me vea puedo retirarme, el cielo guarde la vida de Bayaceto. Señor, ya llega la noche, y salvo tu Real precepto, pudiera para mañana dejarse el asalto puesto, que en todo hoy no se ha dido, como otras vecas se ha hecho, en entrando el tercer día. No culpe tu desacierto esta piedad por extraña, pues fue Ismenia el instrumento, cerrad los ojos al llanto, a ella esa plaza ha debido no estar ya deshecha al fuego de mi cólera sedienta, pues compasiva, entendiendo, que aún hoy pudieran rendirse, vi su mandato en el ruego de Rosa, a quien tanto estimo. Y pues fue mi ofrecimiento suspenderlo hasta esta hora, de ese el asalto, cumpliendo con ella, pues no han llamado, y conmigo pues mi aliento les da el castigo ofrecido sin que pase el día tercero: Y así a las murallas todos, al punto abancen resueltos, y grangee la diligencia las dilaciones del tiempo. No quede edificio en pie a vuestro estrago soberbio, ni periona, que no sea de las demás escarmiento; porque lágrimas, y quejas a piedad no os mueva, ciegos y los oídos al ruego. Qué aguardáis? al arma, amigos, que yo he de ser el primero (rra. a las escalas. . Alarma. . Gue- Tamorlan, y a ellos, a ellos, que es ya de noche; dale a ese que es bermejo, mira no te engañe el calvo, abre el ojo con el tuerto. Ya están arriba. Soldados, proseguid a sangre, y fuego. . Guerra, valentones míos, mientras descansa mi acero, que no ha hecho poco en estar mirándoos desde muy lejos, Noche, a yudenme tus sombras para que logre mi intento. Ay algún perro que salga. Quién es? . La maza del perro; si es este del enemigo? mas que me da pan de perro? Este para mi intención na de ser el instrumento. . Diga quién es, o le mato. Suélteme usted, y hablaremos, que soy hombre de valor, y jamás me vi en aprieto, Hombre es de valor? Y mucho. Pues de qué tiemiba? . De miedo. Juzgo que esta voz conozco. Esta voz conocer quiero. Si es del Tamorlán soldado, todos servimos a un dueño. Hombre del diablo, si tardas un instante más te he muerto. Es Turbante? . Si es quien juzgo, esta mal con su pellejo, pues viene a que se le curren: Yo soy. . Conócesme? Es cierto, es quien si no está borracho, no es posible que sea el mismo Por qué lo dices? . Porque quien a estas horas con seso, oliendo el rastro, se viene por sus pies al matadero. Vuélvete, señor, al punto, que llevado del extremo de mi afecto, que no es poco, por lo mucho que te debo, esta suplica te hago, mira que estás en gran riesgo, y si hablar quieres seguro metámonos más adentro. Me harás un gusto, Turbante A r. Es tanto lo que te quiero, por lo mucho que me diste cuando fui tu mete muertos, que aunque aventure la vida, haz cuenta que es dicho, y hecho Toma, pues, esta sortija. Por no porfiar la acepto; este hombre me ha cautivado. Adónde está Rosa? . Luege tú no vienes por Ismenia? No, Turbante, que otro vengo del que me dejaste. . otro? Sí, que la razón lo ha hecho; mas esto no es para aquí, dime donde está. . Allí dentro de una caseria, que era de aquella plaza el recreo. Y qué hace allí? . Ya sabrás, que Tamorlan en poniendo la tienda negra en campaña, al punto toca a deguello. Esto sucedió en Damasco, a quien según van metiendo en prensa, presto será el Damasco tercio pelo. Nunca Tamorlan se queda, y por hallarse a este tiempo ismenia de un accidente con algún desasosiego, según ella lo decía, porque yo a ninguna creo, mandó que en la caseria todos la hiciesen festejos hasta volver, concordando un sonoroso compuesto de instrumento Militares, y músicos instrumentos; yasí Rosa la acompaña. Tú me has de entrar arlá dentro. Calter quo que. 2. En la lengua, Bien hiciste en tirar piedras, porque es locura del peso. Porque? . Porque es imposible, a. Adelante pasen. . que puedas lograr tu intento. Lo que consignió un villano, no ha de lograr Bayaceto? Es que tú no le esperabas, y él está con el recelo. Díganlo tantos soldados como guarnecen resueltos, con centinelas, y espías, de la caseria el cerco, que ellos solos pueden dar una batalla sin riesgo. Pues no entra nadie en la casa? que según está cubierto Si señor, mas da primero el nombre, y aunque yo sé el de la entrada, que haremos con ira la ratonera, si te echa el rastrillo al queso? Cómo? . El que entra allá una vez, retirarnos, hasta ver no sale sin nombre nuevo, y este le da Tamorlan. Eso nada importa, entremos, que una vez allá, será mi salida por el viento. Si te encuentra Tamorlan, y te arroja, es fácil eso, Yo he de aneriguar mi duda más cerca, o matar muriendo. Mira que nos han sentido. Di el nombre? . Olman. No te entiendo. El no guarda ceremonias, porque el nombre que más presto se le viene a la memoria, o más armonía ha hecho a su discurso aquel día, es el que da. 1. Quién va? . Ego, den el nombre, o los trendremos. Osman. Que nos place. . Ve sin miedo. 2. Recorramos el contorno, porque según va el estruendo del asalto a toda priesa, vendrá Tamorlan muy presto: 2. Vamos. Esto es lo que me ha tocado. Lo demás déjalo al tiempo. Este es el jardín, de luces por todas partes, la noche en día se ha vuelto. Hacia este sitio caminan. Entre estas ramas podremos si el acaso da algún medio. De una dilación penosa se halla quejoso el afecto; al tiempo se espera, y siempre que se espera tarda el tiempo; no tardará alagueño, si se entrara en la senda de los deseos. Muy bien la música explica de tu sentir el concepto. Yo soy de otro parecer, Ismenia. . Y es el más cierto. Mi afecto no está quejoso, ni lo puede estar atento, porque no darme la mano Tamorlan hasta que dueño sea del mundo, por hallarse falto de merecimientos, como él dice, aunque los muchos que le ilustran considero, mas es fineza que agravio, mas que delito es obsequio. Yo no olvido mis principios, ni ignoro que los trofeos adquitidos por su mano sobran ya para su intento: y también conozno que era colmar mis dichas, mas esto es bueno para sentido, no para hacer queja de ello. Que propiamente que son hijas de tu entendimiento esas razones que has dado? y yo escucharte me huelgo, que discurras de esa suerte, porque a Tamorlan venero, en quien miro, ay Rosa bella! no es afligirte mi intento, que tú no tienes la culpa. pero ha de ser, y muy presto, y tanto, que si mañana pasa sin llegar a verlo, mi ciencia acabó, o los Astros han pervertido su asiento. Pues si ha de ser, como dices mucho le debiera al cielo en que cayera su influjo (ticiar sobre Tamorlan. Veneno es la primerno Déjala acabar. . Pues de eso resultaba ser señora Ilmenia de mis Imperios, y le quedara obligada, puesto que los Astros fieros me quitaran el dominio, me dejaban el consuelo, si puede haberle, señora, en mis desdichas, perdiendo a Bayacero, que es alma de la misma con que aliento. Ves como el veneno ya en triaca se te ha vuelto? Déjame, oír, no me impidas el alivio que estoy viendo. Nunca yo podré faltar a lo mucho que te debo; y si llegare a ese caso, excluidó Bayaceto, solo tú fueras señora de lo que yo fuera dueño. Bien pagas con tus finezas de mi cariño el extremo; pero siento que no pueda esperar de ti ese tiempo alguna piedad mi esposo, si ha de ser; no quiera el cielo. . Vamos pasando el jardín, y no cantéis poco cuerdos, esa letra otra vez. . Solo, porque hace a mi pensamiento, es la que me ha divirtido, por la esperanza del tiempo. Pues no cantéis etracosa mientras durate el festejo. Las honras que haces a Rosa como mías te agradezco. De una dilación penosa, se halla quejoso el afecto, al tiempo se espera, y siempre que que se espera falta el tiempo; no tardará alagueño, si se entrara en la senda de los deseos. Hacia aquí vienen por Dios, quiero salir al encuentro; retírate no te vean. Aún no del todo sosiego. Quién está aquí? . Yo, señora, Pues como estás encubierto hallándome en este sitio? Soy Príncipe aventurero, y enamoro en el jardín. A quién? . A la flor del berro. Siempre anda a esa flor Turbante. , - Por ser la tuya la quiero, La mía, en que la has hallado? En un arrebatamiento, que hiciste hacia una cadena, que hasta ahora no me has vuelto, Siendo la cadena de oro, volvértela fuera yerro. Ven conmigo por aquí. No vayas por ese yermo, que está descubierto todo, y te hará mal el sereno; perdido soy si porfía. Sereno ahora? . Y tan fiero, en teniendo una Corona, que te pesará si vieras el mal que está allí encubierto, y tuviera yo la culpa. . De qué? Sobre eso es el pleito. Esta es señal de que viene el Tamorlan. Ya no entro por aí, pues tú no quieres; por ti, Turbante, lo he hecho. Hazlo, y sea por el Turco, como se logre el hacerlo. Salgamos a recibirle. Ya ya llegando a este puesto. Esta experiencia faltaba por última a mi desvelo. Cuanto va que la sortija me sirve de anillo al cuello, y por lo que sucediere. escurrir el lazo quiero por mis pies, antes que otro lo haga por mi pescuezo; y en pudiendo avisare a Osman que busque remedio a su sobrino, y le saque, como el dijo, por el viento. . Ya he visto a Ismenia, ahora si decir que venció el desvelo, pues hasta que vea su cielo no hay victoria para mí; llega a mis brazos, señora. En ellos te espera quien está celebrando un bien, que no ha gozado hasta ahora; Tú eres mía, y vivo en ti, como tuyo estoy, supuesto, si ha sido queja, muy presto no la has de tener de mí. Yo te ofreci dar la mano y al lograrla, tu persona llevaron a aquel tirano. Justa pena padecí, aunque culpándome estás, que una corona no más era poco para ti. Con mi valor sin segundo muchas gané, que te ofrezco; mas sé que no te merezco hasta ser señor del mundo, Y así, pues está cercano. con su poder Bayaceso, y ello es, yo te prometo darte manana la mano. ̱. Injustamente, señor, culpada tu voz me deja; no le des nombre de queja a lo que solo es amor: tú, Rosa, en el empeño mi amistad, afligida no has de estar más. Tuya es mi vida. De ti solo Ismenia es dueño, Rosa, nada recelarte puedes de mi proceder, pues te tengo en su poder, solo para venerarte. Por ti, y por Ilmenia bella de mi serás venerada; por ti, por ser desgraciada, y por servilla por ella, que aunque juzgara atrevido Bayaceto en su entender, que en lo que quiso ofender, podrá ser de mi ofendido; tú, Rosa, segura piensa, que intento con mi templanza dar una noble venganza a una mal nacida ofensa. . Pues ya la duda es extraña, mude de especie mi intento, y sea su atrevimiento castigado en la campaña. A tus pies, señor, . No a mí lo agradezcas de ese modo, a Ismenia lo debes todo. Y yo estás honras a ti. Presto, Olman, de tu desvelo el plazo has de ver cumplido, por testigo te he traído, como Ministro del cielo. En la luz a quete empeñas uno ha de postrarle fiero, y no sé si eres tú; pero hallo en ti todas las señas. Aunque nunco te has cansado recogete. . He de vencer de Bayaceto el poder; vamos, poned gran cuidado en quien entrare, y saliere por el jardín con secreto. Qué nombre das? Bayaceto. Toda mi esperanza hoy muere. He reparado que da siempre el nombre que hace asunto en su memoria aquel punto. 1. En él es costumbre ya. No puedo arrojar de mí su nombre, esclavo ha de ser Bayaceto en mi poder, perdona Rosa. . Ay de mí! Aguarda, Rosa. . Quién es? Señora, o ciega no veo, o es mi señor. . Aún no creo como aquí estas. . A tus pies, dueño mío, arrepentido. Mirad que vuelven la cara. El alma te lo estimara, si por mi hubieras venido. Por ti ha sido, y de mi intento te pido perdón postrado. Qué intento? Lo que he dudado, lo aclaró el conocimiento. Cualquier du da fue indecencia. No os detengáis, yo estoy muda! No digáis mal de una duda, que logró tal evidencia; en mi poder te verás muy presto, dame los brazos. Si fueran eternos lazos. Que viene la ronda. Cómo has de salir? Cobarde no estes, seguro he de ir. Mas que nos han de freir? Alá te libre. . Él te guarde. No he de poder sosegar, dejándole en el aprieto. Vamos. No soy Bayacero? pues que llego a recelar? Lleguémonos a la puerta del jardín. . Desesperado me precipita el cuidado. 1. Un hombre viene. 2. ojo alerta: El aviso de Turbante ha inquietado mi sentido. Hasta saber si ha salido no sosegaré un instante. No sé qué haga el pensamiento. Ya con la ronda encontró. Cómo me detengo yo, si va conmigo mi aliento? esto ha de ser en efecto, para conseguir renombre. Quién sale? . Quién puede. El nombre? . El mío. Y es? .. Bayaceto. Pase, ninguno le estorbe; vamos visitando luego los puestos. Mi nombre es fuego, y ha de consumir el Orbe, Ahora vil teme el efecto. de mis enojos airados, pues ya tiemblan tus soldados del nombre de Bayaceto. . Mal la admiración resisto, gracias a Alá que salió. . Con haberso visto yo; aún nocreo lo que he visto. . , h . Ea, valientes soldados. Ea, soldadilios Martes. Que está Turbante en campaña. Que estar Hamete arrogante. Ved que para todos somos. Tamorian, y yo bastantes. Ya saber que estar aquí. Mahoma de nostra parte. Aquel es Turco, o yo sueño, y si ha venido en mi alcance viendo que me aparto, yo soy desgraciado cobarde. Aquel ser del Persa, ahora sacar Hamete el alfanje. Hamete. . Torbante. Llega, pues que soy tu amigo sabes. Tu enseñiarme mal oficio, e yo venir a matarte. Al maestro? . Yo comerte, que tu ser galinia seambre, peliar cónmego? . Estas loco? Renir, he caliar, Torbante. Este perro está borracho; de esta suerte he de templarle. . Tú, y yo no hemos de reflir, que no quisiera cascarte. desuerte, que te matara; ya ves, que están para darse la batalla los dos campos, cuvos ejércitos grandes. ca Nacionl no airíos que no consuman, solo al probar sus cristales. Si Bayaceto venciere, de conformidad constante desde luego soy tu esclavo; y si Tamorlan triunfare, lo has de ser mío, desuerte, que sin que nos cueste sangre seguiremos la fortuna de nuestros dos Generales. Tú ser sabio he decir ven. Alarma, . Ven a estos sances, que el no haber otra emboscada, se le debe al asonante, ya que los perrazos vienen acercándose a esta parte. Como a mi aliento se opone vuestra osadía cobardes? Victoria por Bayaceto. Mal haya la perra madre, que os parió . Tú ser mi esclavo, crozar el manos, Torbante, e besar pies, llegar perto, No tan presto me maltrates, repara Hamete, que aún puede la suerte trocarse. Pos tu estar mi esclavo ahora, y yo querer ahorcarte. Qué sea yo tan desgraciado! No huyáis, soldados cobardes, porque aún vive Tamorlan. Dad, nobles Turcos, al aire los triunfos de Bayaceto. Oh traidor! qué pude hallarte! tu traición, tu vida parve tu delito. . Muerto soy. Volved la cara arrogantes, y no perdáis el honor, que conseguisteis leales en tantos triunfos; morid como yo. Señor, que haces? que va el campo de vencida, y es imposible escaparte entre tantos enemigos, si das un paso adelante: huye. . Qué dices, villano? huir Tamorlan, infame, solo aquí tu muerte puede ser satisfacción bastante. . 1. Señor. . Pagar el consejo. 2. Muerto soy. . Seguidme, soldados míos. Desesperado al cónbate mira se arroja, y van cobrando aliento nuestros parciales; ira de Dios en su brazo. Caliar, o apretar gaznate? Qué he de callar? si voy viendo, que van los nuestros triunfantes, Victoria por Tamorian. A ellos hasta que acaben? Suelta perro. . Ya ser tuyo. Por Alá que he de pringarte, limpia estos pies con la boca. Yo estar tu esclavo, y besarte; No volváis la espalda huyendo! soldados, que está delante Bayaceto; y porque sea vuestra fama más loable, hoy convida a morir. Aometee me pagarás con tu muerte , . Miren a que mazapanes. Señor, ya salir no puedes con la vida, que en tu alcance viene lo más del contrario. Oh pese a la estrella errante, fija solo para mí, que así acierta en mis pesares! Qué intentas? Morir matando. a, - l Señior. . Si hablas he de abegarte No le matéis deneos. Porque lo estorbas? matadme, que no quiero tu piedad a vista de mis ultrajes. Ahora verás si lo es quedar vivo a mi dictamen, y también conocerás si el Tamorlan pudo darse los títulos que tenías; pues aunque tú los gozaste, y hasta ahora no te has visto postrado a mis plantas Reales; no lo erré, que en mi concepto ya lo estuviste mucho antes. Tú no me has vencido, al cielo debes de mi estrella el trance; donde mi estrella llegara a ser. . No adelante pases, porque si de Ave altanera tener el vuelo juzgaste, y Águila abatida a envidias el fundamento del aire; yo haré que al mamento se haga una jaula en que encerrarte, para que quien ave alienta, tenga la prisión del ave, y no se queje de que no le doy su propia cárcel. Haced febricarla al punto, donde vive hasta que acabe? Y este ha de estar siempre asido a ella, porque le ladre. Yo callar, que estar tu esclavo. Castigo es de Alá. . Llevadle, y ejecutad lo que ordeno. Tú has de cuidar del, Turbante, que solo guarda tan vil como tu puedo nombrarle. Vivas mil años, señor, por las honras que me haces? Mira que me lo has de dar vivo siempre que le llame, o morir. . Pues puedo yo guardar que le dé una landre? Esto ha de ser; vamos presto; para que a Ismenia consagre todo este triunfo, y le cumpla la palabra fiel amante. Si este perro se me muere de garrotillo, he de ahorcarme; ven tú. . Pues Alá hacer esto, Mahoma estar un venagre. Llegó el día venturoso, pues el Tamorlan venció a Bayaceto, . Llegó mi pena en la de mi esposo. Cumplió su decreto el hado. Mis venturas celebrad. Y mis desdichas llorad. Ya el Tamorlan ha llegado. De mis triunfos celebrad, por el mayor, y más digno de mi aplauso, el que hoy adquiero, pues hasta hoy nada he sido. Pues el Tamorlan de Ismenia hoy logra el cielo divino, en su dulce unior conformes se gocen eternos siglos. De mis glorias celebrad el laurel bien merecido; he dicho que le merezco, no porque ignoré al decirlo, como en tu presencia debe hablar mi humildad, mas digo. segunda vez, y otras mil, que es de mi afecto debido, aunque vanidad parezca la cláusula del estilo, que en pretensiones de amantes. dan mérito los cariños. Bien sabes que de ti pende. el merecimiento mío. Ya has sido testigo, Osman, de lo que ha tanto que has visto en tu ciencia aberiguado, y en tujocelo temido. Ya vien mi ciencia infelice. lo que la desdicha quiso. Traed aquí a Bayaceto, que quiero que sea testigo. (pico. de mi mayor lanro. Al pobre aún no lo ha quedado él, No sé si tendré valor, para verle? Ay dueño mío! que poco me debes, pues no muere de haberte visto. Aquí está. . Y asido: Lxhaula. estar tamben Hamotilio. Denmelo por testimonio, como selo entrego vivo. bacadle, y alá que sitial, aunque tan indigno, de mis plantas. Alá quiera, que dé el último suspiro. Postrate, y no de tirano me des el nombre atrevido, que esto es solo ejecutar del cielo el orden Divino, cuyo aviso despreciaste en Olman, poco advertido, menospreciando su ciencia. Y habiéndome a mi elegido por su Mirastro los cielos, como ves, si compastivo. te tratara, de otra suerte no fuera yo buen Ministro; y así lo que es obeciencia, no puede hacerme mal quisto. En esajabia has de ir por toda el Asia oprimido; y siempre que en mi caballo quisiere montar altivo, estando tu dentro de ella, has de servirme de estribo. Solo será tu alimento de mi mesa el desperdicio, que a un can pueda concederse; para que adnoren los sigios, que el Baquerá Emperador a un soberbio, injusto, impío, que dio la muerte a su herman por Reinar desvanecido, castigó, siendo la ira de Dios su poder invicto. , . . . Viva muriendo, pues justo padezco de Alá el castigo. Señor. Ninguno me inite; T. Rosa, estás al arbitrio de limenia, como otra vez te dije; y así contigo no tiene lugar la acción, que pende de otro dominio. Este fue señor del mundo, Ismenia, y ya esta rendido a tus pies, dame la mano ahora; y ten advertido, que a ser posible otro mundo en quien dominar altivo, no te diera yo la mano hasta verle también mío, que para tus aras, todo fuera conto sacdlicio. Llegó el colmo a mis dichas. De mármol soy, pues que vivo. Volvedle a entrar en lájaula. Marche el ejército a Egipto. Y con esto las tres plumas, que la primera han escrito; la segunda parte ofrecen, si acertaren a servitos.
