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Texto digital de El valor todo lo allana

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Francisco Serrano Carimo
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Francisco Serrano Carimo Probable
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor todo lo allana. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valor-todo-lo-allana-el.

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EL VALOR TODO LO ALLANA

JORNADA PRIMERA

Centro que a mi ser rendiste, día que a mi amor llevaste, sol que a mi pecho abrasaste, esfera donde consiste mi bien pues muerte me diste; dulce más que no severa, dichoso suceso espera el que viene como vengo, cuando de mi parte tengo centro, diádol, y esfera. De esa esfera, Flor hermosa, venturoso fuego soy, piedra soy, y al centro voy, del día noche dichosa: De ese sol vengo a ser rosa, aunque con daño menor, pues mira si no es error dejar de seguirte, pues como sabes mi amor es piedra, noche, fuego, y flor. Deje su Alteza el cuidado, que así mi fama atropella, que hay para la piendra estrella. y para el sol hay nublado; En mi agravio desvelado vuestro intento, y la porfía están con gran demasía, sin mirar en tal ensayo, que hay para la esfera un rayo, y una noche para el día. Lo que fue cierto es ya engaño y alimentando ese ardor, es buscarme a mí un dolor, y solicitarme un daño: Baste para desengaño llegar a hablar con temor, que si me hizo vuestro amor centro, sol, día, esfera, otras veces bien pudiera, más ahora es grande error. Solo ahora estoy sintiendo en este mal prevenido, que no me habréis entendido, pues apenas yo lo entiendo: Desengañaros pretendo, por excusarme un dolor, que después será mayor, cuan CIVAIIRA CODOAIsdIsO cuando alcance lo que veis, que no es por mí si os hacéis piedra, noche, fuego y flor. Que enigma; o qué oscuro abismo milagro del cielo Atlante, me descubren tus claveles, me publican tus corales: Vive amor, que es en mi pecho hoy la idolatrada imagen, que en el solio de la idea gobierna mis voluntades, que de imaginar que ha sido tu acento, si horror del aire, escándalo de mí mismo, ocupado en el examen, no me reduzgo a creer, aunque lo escuché que hablaste, por tener de vida aquello, que en entenderlo tardaré: mas aunque me dé la muerte el saber lo que empezaste, de esta vez he de morir, aunque yo busque el cadaver de mi vida, como aquella, que con alas de cristales solicita su destrozo. Breve mariposa errante, que no acierta en lo que emprende, pues ierra aquello que hace, así socilito el mal. No pase más adelante Alteza. . Pues descubre corriendo el denso celaje, Flor divina; a mi bonanza, lo que en bosquejo dejaste, no penado el bien;o el mal me des en aquesta parte. Dónde la razón anima; viene a ser el gusto fácil, a los dos nos está bien, ello es fuerza el declararme. Dos años ha, bien me acuerdo, o Ludóvico de Parsis, único heredero, a quien CIVAIIRA CODOAIsdIsO eterno la fama cante. Dos años ha, que una Aurora en el matizado margen de esa sierpe de cristal, cuyo erizado semblante, si se enoja con la espuma, encanece todo el aire. Estaba pues en su orilla sin cuidado, cuando el valle en un Bucésalo oscuro pasastis poco distante, como son niños los ojos, no me espanto que mirasen, viéronme, mas desde entonces os confieso, que a el instante tomó a cargo la memoria, que el pecho no os olvidase. Vine a palacio aquel día, que llevaron vuestra madre los Dioses, para tener mas honor con vuestra sangre, Miravámonos los dos, que esa es la primera clase, que en la escuela del amor pasan todos los amantes. Mudo por señas, tal vez dijeron con las señales los ojos lo que sentía vuestro pecho, y yo ignorante conjeturo los indicios, y amor como tanto sabe, mis dudas certificaba, lince, aunque ciego se llame: yo en el descuido en el cuido atenta, pero cobarde a pensar en las acciones conoce por el examen la honesta correspondencia, que en amoroso certamen es muy necia quien no entiende, y muy loca quien no sabe. Viose al fin agradecida, De Francisco Serrano Carimo. una voluntad amable, que es necio el que no agradece, aunque por desaire pase, y llegue a ser osadía lo que fue modestia antes. Referir lo que ha pasado en este tiempo, es contarles a los prados los matices, al tridente inexpugnable, peces, arenas, y conchas, rayos al sol: pero baste por consecuencia el saber dejando dificultades) que los dos eramos uno, divididos a mitades, siendo un compuesto el amor, cuando unas las voluntades. En esta pues dicha (ay cielos que en los procelosos mares de amor, cuando está en bonanza, apercibe tempestades, que no hay dicha que no muera, ni desdicha que se acabe, pues con la fuerza de una desluce lo que otra vale? Ahora pues, que mi amor con honestas calidades, sabiendo que V. Alteza era Príncipe de Tarsis, querría cuando no fuera Faetonte en las libertades, Ícaro en atrevimientos, gozar aquel tiempo amable, que la fortuna le diera, sin ofender a mi sangre que primero se juntaran todos los once diamantes. Mas dejo lo que no importa, ayer señor, vuestro padre, con que pena lo público, para conservar las paces de estos Reinos, con el Conde hablando estaba en el parque; De Francisco Serrano Carimo. yo atenta, sin que me viera, por aquel balcón que sale al jardín, y al parque mira, airosa quise escucharle, porque trataban de vos, y en el discurso no grande salió mi muerte (ay de mí salen a luz mis pesares, apenas la lengua puede, anegada en estos males dar noticia del dolor, como instrumento que yace para descubrir del pecho secretos que solo sabe. Suspende ese dulce encanto, que ya hasta el alma me llega, mira que el pecho se anega con las perlas de tu llanto: No llores Flor, porque tanto a sentir tu llanto llego, que esas perlas son de fuego para mí, porque las fragua tu pesar, y es mucha el agua para negar, que me anego. Mas bien has hecho, señora, si te acredita el pesar de llorar, porque el llorar es muy propio del Auroras Aquí con tu llanto, Flora, se ve trocada mi suerte, vida da con lo que vierte el Aurora, y tu homicida con lo que esotra da vida, con lo propio me das muerte. Cuando en trémulos ensayos compite el vario arrebol del Aurora con el Sol, la ofenden del sol los rayos: Siente mujer los desmayos, y llora, como ofendida mírase al dolor rendida, y llora, mas el llorar A 2 El valor todo lo allana. es alivio del pesar, que no dolor de la vida. Yo que viendo los enojos tan ciertos a mi despecho, cuando os admiro en el pecho, quise echaros por los ojos, mas aquí mis desenojos. no sienten alivio tal; que sea al aurora igual, pues se mira en el aurora, que descansa cuando llora, y no descansa mi mal. Excusa Flor, los progresos, deja razones neutrales, no en ciertas razones finjas salgan a luz las verdades, di lo que en mi gran dolor a mi padre le escuchaste. Pues digo, aventure el alma de una vez todos los males, que trató mi casamiento con Federico Rojalí, que el vuestro con Margarita trató también, y que sabe nuestro amoroso desvelo, soy noble, y si ha de casarme, puesto que con vos no puedo, nuestro amor ha de olvidarse: esto es decíroslo todo, y esto lo que te mi amante, que adonde el amor obliga, es el imposible fácil. Ya sabéis la circunstancia, y pues tiene de acabarse nuestro amor, cuando soy noble, más vale que aquí se acabe, no pueda más un deseo, que un honor que tanto vale. Espera, como atropella tu amor a mi fe, y me mata, es por no excusar lo ingrata, ya que naciste tan bella? injusta ley de mi estrella! El valor todo lo allana. pues tanto infortunio encuentro, cuando te tiene tan dentro el alma, tu fe desmedra, si eres centro, y yo soy piedra, es fuerza seguir mi centro. Si cojes tan alto el vuelo; que hasta el firmamento subes, si cautelosas las nubes te ocultan allá en el cielo, hoy mi amoroso desvelo ha de seguir tu carrera; y ha de alcanzarte ligera mi fe, aunque camino ciego, si eres esfera, y yo fuego, el fuego busca su esfera. Si más imposibles, que el Tridente tiene arenas, si se le oponen más penas, que el Délfico luces ve, aunque más muertes me de, el peligro, y la osadía he de seguir mi porfía, cuando tan perdido estoy, que eres día, y noche soy, y la noche sigue al día. Si en horrores y desmayos, ciertas mil muertes mirara, si el tonante me arrojara todo un diluvio de rayos, si el alma en tristes ensayos le diera fin el temor, no te dejará mi amor, ni te olvidara mi fe, pues eres sol como se; y yo que te sigo flor. . A mala ocasión llegué, solo al Príncipe he encontrado, Con Federico mi padre quiere casarte (ah villano) primero, viven los cielos. Con Federico está blando. Mas aquí está Margarita, demos treguas al cuidado De Francisco Se si a caso el dolor aceta en esta ocasión el trato. Oh fuerza de las estrellas! Oh influencia de los hados! Que aunque mi esposo ha de ser Que aunque he de verme casado con ella, ni aún verla pueda! Qué me enfade su cuidado! En mí no está el no quererla. En mí no está el no estimarlo. No quisiera que me viera: Hacia este lado me aparto, mientras Serafina viene. Ella al salon salió a caso. Parece que no me ha visto. Si no me ve dicha alcanzo. Si no me ve alcanzo dicha. Yo me voy, pues se ha apartado. Ya parece que se fue. Casarse Flor es en vano, mas voy a buscar al Conde. para saber todo el caso. Cierta mi dicha salió, como si muchos agravios me hubiera hecho, así miro al Príncipe (caso extraño!) mas las estrellas dispensan lo que estoy ejecutando: ay Federico aquí muero, pues he de estaradorando a un imposible, que nunca se ha de ver mi amor logrado. Ya señora, estoy aquí obediente a tu mandado. De tu lealtad lo conozco, más óyeme atenta un rato. Ya sabes, que de Boecía por muerte del Rey Evandro mi padre, mi tío Androjio el Rey a Tarsis me trajo. Su intento fue (quien lo ignora) como mi reino ha quedado sin sucesor, y mi padre ano Carimo. mi casamiento ha tratado con mi primo Ludóvico, traerme a Tarsis, es llano que será para casarme. Mas alo que importa paso, para que sepas la pena que siente mi pecho, cuando lloro lo mismo que ignoro, siento lo que estoy dudando. Fue de Tarsis Federico Rojalí por mi obligado de la obediencia del Rey, entregando a su cuidado, el cuidado de traerme. Llego a Boecia; y llegando apenas, pues vi sus ojos, cuando sin mirar mi estado, el imposible que intento, a pesar de mi recato por secreto natura y por fuerza de los hados le ofreció el alma el deseo, sin que pudiera estorbarlo la fuerza de la razón, que hay lances donde el más sabio no puede excusarse un mal; aunque penda de sus manos. Quíselo bien de mí a mí, negándome yo este agravio, tal vez haciendo que tenga lo que fue evidencia a engaño. Ahora pues, que el volcán, que está en mi pecho ocultado, como ha tanto que está ardiendo está en si tan condensado que me volviera ceniza a no salir por los labios, porque mientras más se oprime el fuego, hace más estrago. Mi amiga eres Serafina, y porque se que a tu an ha de llegar mi osadía, como a remedio del da me atrevo a decir desaires de mi amor, pues lo son cuando Princesa soy de Boecía, y Federico es vasallo: más gente viene. . El Rey es. Pues vámonos a mi cuarto, que allá mi intento sabrás. Tu gusto sigo. . Pues vamos. Tu intento, señor, es justo. Esto le importa a mi estado, pues casando a Federico con Flor, le estorbo un cuidado al Príncipe, pues sabiendo, aunque se abrase en sus rayos, que es Federico su esposo, cuando no tenga sus pasos el conocer su valor, los tendrá el quererle tanto, y haberse criado juntos, que siendo mi hijo, algo ha de tener de mi sangre aunque en nada me ha imitado; y si esto no fuere medio, lo será el verse casado con Margárita, y mirarse Rey de Boecia, encumbrado en el ser Rey, no tendrá los pensamientos tan bajos. En todo lo que propones miras cuerdo, y juzgas sabio, más advierte, gran señor, que es el poder muy hermano del gusto, y si a caso adora a Flor, como has dicho, en vano viene a ser ese remedio, pues viéndose Rey, es claro el no dejar poderoso lo que sin poder ha amado. De ese daño, de ese estorbo, el remedio está en la mano; pues a su Reino se ha de ir después de haberle casado. El valor todoso añana. Y Federico, con Flor se quedan en mi palacio, presto vendrá Federico, que ya supe que llegaron todos con feliz acierto a Grecia, y luego en llegando ha de ser su esposa Flor: ya mi hija con Trebaldo de Grecia casada está, mi hijo he de ver casado con Margárita, y después ha de ser Rey, con que gano mucha dicha por dos hijos, que me ha dado el cielo santo, de la Grecia, y de Boecía los he de ver coronados: el casar a Margarita, Conde, me excusa dos daños, apaciguar las discordias de todos sus Potentados, que la guerra me ofrecían por los conciertos pasados, que a cerca del casamiento tuve hecho con mi hermano de mudarle del intento a mi hijo, queda honrado Federico, Flor pagada, alegre yo, y sin cuidado, Margarita con esposo, y mi hijo descansado, todos contentos a un tiempo, y yo, Conde, con descanso. Vestido de mil enojos, buscando al Conde he venido, y la fortuna ha querido esconderlo de mis ojos; mal la pasión se reporta, mas aquí le llego a ver. Esto Conde, se ha de hacer, porque es cosa que me importa. Con mi padre esta, el cuidado desecho un poco de mí. El Príncipe viene aquí. ER RTIlIIC Pues apartaos a este lado. Temor me da su presencia. Gusto al verle me ha causado, Para ahora es el cuidado. Para ahora es la prudencia: Ludónico. . Gran señor. Él llegó a ocasión muy buena. Desechar quiero la pena, si lo permite el dolor. Yo vivo con gran cuidado, así he de saber su intento. La ocasión, señor, no siento, el corazón me ha abrasado, no sé que mal, sin los que, siente su rigor el pecho, y para este es muy estrecho todo el pecho, bien se ve. Es de mi mal la ocasión, saber que los Potentados de Boecia conjurados están conjusta razón contra mí, por el concierto, que a mi hermano Euandro hice. Muy bien sé, porque lo dice, pues cuando yo no estoy muerto hay quien se atreva a ofenderte, cuando tu hijo me llama en altas voces la fama? Su duda el caso no advierte, no hay fuerza contra razón, y este hijo es el cuidado que me tiene desvelado. Conocida es su intención, que importa que de su parte tenga razón, si mi espada una vez ensangrentada le causa temor a Marte? Sin el mirarte empeñado, más fácil está el remedio. Este es el perfecto medio, mucho se me ha declarado. Él el caso no ha entendido, más declararme pretendo. JTI CdAINA Pensará que no lo entiendo, cuando lo tengo advertido, mas disimular conviene. Dile palabra a mi hermano, y no la tengo cumplida. El busca el fin de mi vida, y cual padre; es el tirano Potentado, que atrevido tal acción quiso intentar? quiero así disimular. Ningún Potentado ha sido el que mi pena ha causado. En todo dijo verdad Flora hermosa (qué crueldad) pues quién lo es? . Mi cuidado es solo quien culpa tiene del mal en que estoy penando. Federico está esperando para entrar. . Entre, pues viene a tan feliz ocasión, después sabrás mi cuidado, pues aquí se ha malogrado la ocasión. . Qué confusión! , que yo pondré remedio a cuantas (! desdichas pueden venir, que el cuerdo ha de prevenir los fines. . Dame tus plantas, pues en ellas no habrá quien no se juzgue muy dichoso. Vuestro pecho valeroso a mis plantas no está bien, y así al desaire apercibo el remedio con mis brazos, en cuyos estrechos lazos a vuestro valor recibo. Dame a besar el coturno, que hoy explendido se ostenta, cuyo Adlante te sustenta con pensamiento noturno. Pues sabes también hablar valor todoso alana. debes de ser entendido. Si debo; y aún se ha cumplido el término de pagar, prestome un hombre avisado o en su libro lo aprendí todo lo que he dicho aquí, mas como ha sido estudiado, nada señor, me ha valido lo que del libro tomé, pues no digo lo que se, sino aquello que he aprendido. Hombre parecéis de humor. Antes humor tengo poco, que el mucho humor vuelve loco al que es más cuerdo, señor. Dirá dos mil disparates. Y cómo os llamáis? . Mi nombre, señor, porque no te asombre es Garrote, de Amurates descendiente, y de Galeno, y estoy, señor, bien con él, por ser hijo del cordel, que ahoga sin ser veneno, nadie me quiere tener, solo para castigar me quieren, en el lugar ninguno me puede ver, en todo soy desdichado, jamás me tuvo la dicha, muchas veces la desdicha me quiere traer allado, a muchos le doy temor, soy quien algunos inquieta, y sobre todo Poeta, que es la desdicha mayor. Cómo Rosaura llegó? Gracias a los Dioses, bien, su esposo, señor, fue quien primero nos recibio. Salió a Janto otra ciudad a recibirnos contento, siendo su acompañamiento digno a tan gran Majestad. Llegó el Rey Claridiano valor todoso alana. con la ostentación que digo, y siendo el mundo testigo, a su poderosa mano a la Infanta mi señora le entregué, donde al momento con debido acatamiento recibe el Sol al Aurora. Partimos luego, y por donde pasaban sus Majestades, son los cáminos ciudades, una Babilonia asconde cada prado, adonde pudo de asombro un río callar, y en lugar de murmurar celebrar su aplauso mudo. Llegamos a la ciudad, adonde sus luces bellas pudieran con las estrelles competir su claridad. Vio Grecia de noche al día, fuimos con solene espacio todos juntos a palacio, adonde en llamas ardía el Sol, y su carro ardiente toda la ciudad se apresta para la trazada fiesta, que ha de ser el día siguiente Llegó el día, y las Augustas personas en un balcón admiran la admiración, comenzáronse las justas. Aquí en aquesta ocasión es quitarlo de la boca, cuando el asunto provoca el quitar la relación. Apenas puede el contento con la dicha prevenir a que lo pueda sentir Federico el pensamiento, mas ya que cuerdo me das lo que mi contento no, refiere lo que paso. De Francisco Serrano Carimo. Escúchame, y lo sabrás. Al tiempo cuando ese planeta ardiente, viste de plata al humido tridente, ya los montes altivos como a pales, les compone de rayos sus plumajes, cuando la blanca Aurora los crepúsculos corre, y perlas llora; cuando celebran graves, canoro acento las parleras aves, cuando murmura ufano el arroyuelo, cuando la flor se mira más ufana, con el fresco que brinda la mañana, cuando a un tiempo desechan el desvelo, aurora, flor, y sol, mar, y arroyuelo. Salio a la plaza aquel valiente Moro, Príncipe de Carmania Rufaldoro, en un bruto feroz, rucio rodado, tan parecido al mar, que mi cuidado lo examinó cristal, cuando miraba al Moro, que bajel se imaginaba en el golfo erizado sus espumas, siendo el penacho velas con las plumas, el adarga la proa, y la mesana el fuerte yelmo, que bagando ufana, a los vientos desprecia el movimiento, escribiendo borrascas en el viento, siendo en breve señor, al compararlo el pagano bajel mar el caballo: siguiole luego el fuerte Bramarante en un bayo, tan hijo de la noche, que era nublado de esa esfera errante. Y como el Moro tan galán se ofrece, que al mismo sol en todo le parece, derritiose el nublado, y parecía en la clín, y la cola, que llovia, formando tempestad su movimiento, parasismos causando al firmamento, truenos son los busidos, relámpagos los ojos encendidos. Corrió la plaza la volatil nube, el sol se ostenta, sin que al cielo sube, pasó la tempestad, y al puesto llega, fía en la palestrabre la Noruega, De Francisco Serrano Carimo. desecho del celaje, primaveras ofrece su plumaje, vido entonces de todos el cuidado, a la gintea el sol en un nublado, hizo el paseo, y pusose en el puesto, y a Rufaldoro, que al contrario mira para justar opuesto, si lo brioso del contrario admira, hace el clarín la seña, ya los contrarios la embestida enseña, toman dos gruesas lanzas, cada cual se afirmó con su destreza, haciendo alarde de las dos pujanza: el acicate oprime al bruto airado, hiere la espuela a esotro muy osado, dos obeliscos de diamantes hechos, dos olimpos d acero en si deshechos uno la planta mueve, otro brioso a su valor se atreve, encontrarose fuertes los guerreros, el encuentro es crisol de los aceros, rasgan el viento, hechas mil pedazos, con la fuerza invencible de sus brazos, las menudas astillas por el viento, piratas quieren ser del firmamento, escándalo del aire, y de su esfera, registra cada cualla fuerza fiera de su contrario fuerte, desenvainan valientes los diamantes, búscanse airados la temprana muerte, lo que fiesta empezó se acabó en guerra. Adelantose el fiero Bramarante, la espada en alto, y cierra contra quien ya con un feroz semblante, acudiendo al reparo le salía, mas cobró el fuerte Moro la osadía, y tal respuesta arroja Rufaldoro, que a pesar de su brio y de su decoro, el yelmo le sacó con gran presteza, y le hizo pedazos la cabeza. Prenderle manda el Rey, hizose luego, el rigor puso treguas al sosiego, diome licencia el Rey, partí al instante El valor todo lo allana. he llegado a tus plantas, donde mi honor con tu favor levantas, todos alegres quedan, yo he venido a contarte, señor, lo sucedido, guárdete el cielo, pues tu vida precia Boecía, y Tarsis, y la antigua Grecia. Levantaos, Conde del Valle. otra vez los pies te beso, gran señor, por tal favor. Esto debo al valor vuestro pues se pudieran quejar las hazañas que habéis hecho, a quien solo os lo agradece, aunque no os pague el afecto. Tu hechura, y tu esclavo soy. Y aún no quedo satisfecho, Conde, de lo que os he dado, mas para mañana dejo otra dádiva mayor, Respóndate mi silencio, pues no hay palabras que basten. Este es de mi muerte el sello, mas yo atajaré sus pasos. Descansad y vedme luego. Qué me manda vuestra Alteza? Quiero hablaros en secreto. Pues ya estamos los dos solos. Desengañaros pretendo de lo que estáis ignorando. Ya escucho (qué es esto cielos!) Mi padre quiere casaros con Flor, y Flor tiene dueño, que os sabrá quitar la vida. si otorgáis el casamiento. Apenas acierto a hablar, lo que me sucede es sueño, lo que me pasa es engaño, que es mucho para ser menos. Casarme el Rey, y con Flor, y el Príncipe sabe (ay cielo) su pensamiento, y yo cuando he de obedecerle puedo, El valor todo lo allana. si ha de ser cierto el casarme, dejar de quedar perplejo. Mas casarme el Rey, si sabe que Flor admite otro dueño, es pretender mi deshonra, que no es posible, ni puedo creer, que un amago solo tenga de tal desacierto, quien me ha honrado veces tantas y cuando (que lo confieso) no mereciera por mí tal favor, lo hiciera creo por quien es (mas cielo santo) el caso apurar pretendo, iva a decir, que mi Rey, mas es mi Rey en efecto, y no ha de ofenderme a mí, mas este es vano progreso. Fuerte cosa es ser casado, pues tan sosista aprendo, cosas que no imaginaba. Mas si el Príncipe, ahora vuelvo, esposo de imaginado, a la tema de primero, si el Príncipe cauteloso, mariposa del incendio de Flor pretende su llama, y solicita su fuego. y ella no admite su amor. Y el Rey decirle primero como casarla quería, y el celoso (no lo entiendo) quiere como poderoso disuadir mi casamiento: mas sea, o no lo que digo, mi valor está sujeto a los golpes de fortuna. Qué diamante contrapuesto no se ablanda a los peligros, ni se derriba a los riesgos? si el Príncipe, el mundo, el Rey. De Francisco Serrano Carimo. Federico: él en sí mismo sobre el caso discurría. Su presencia cortó el vuelo al Ícaro remontado de mis altivos concetos, que como es sol todos cuantos vapores, o atrevimientos, que éxhala el valor, y el brío, les abrasa los intentos. Fedérico. . Gran señor. Veníos conmigo, que quiero como Rey ser puntual en dar aquello que ofrezco. De Francisco Serrano Carimo. Pronto siempre a tu mandado GUNDA estoy. . El poner remedio en la brevedad consiste. Sin duda (ay de mí) ello es cierto, Él me ha de excusar un daño. Él me ha de buscar un riesgo. Vamos. . Ya te sigo. . El parece que lleva miedo, mas yo con ser yo temí, que me admiro? Vive el cielo, que pretende la fortuna saber todo lo que puedo. Sale la voz condensada,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA segunda en dar aquello que ofrezco. saber todo lo que puedo. O me engaña el pensamiento, o no es verdad lo que he visto, porque he menester negarlo para saber que estoy vivo. Yo casado, y toda el alma, las potencias, y sentidos neutrales a la evidencia, y a la verdad indecisos? No puede ser, mas si es cierto, que emos de hacer Federico? entremos yo y vos en cuentas, puesto que cierto lo miro. El Rey me honro con casarme con Flor, como ya lo has visto, me dio un título de Conde, y Camareto me hizo de su Palacio, está bien, respondiéndome a mí mismo, loanp parece que la razón, desechando solecismos, ni se arroja mal sentida, ni la suspendo ofendido, ni la enfreno reportado, ni la atajo vengativo. Mas ya del centro del pecho concibo estrecho, y ceñido audiencia, dande se ponen p a ser jueces los lentidos. Sale la voz condensada, rayo de dolor tan vivo, que a no ser tan de diamante el sufrimiento, que imito, o le quemaran sus rayos, o le abrasaran sus giros. Qué importa que te haya dado esposa, y títilo a un mismo tiempo, si te ha dado a un tiempo temores, celos, suspiros, pesares, ahogos, penas, recelos, quejas indicios, Si es tampoco comparado lo dado con lo tenido, SE cuanto va de mucho a nada cuanto va de pobre a rico. Mas si es mi Rey, vive el cielo que ley, o injusto castigo permite (o divinos Dioses) que pase por el delito del temor y que agradezca al artifice que ha sido causa del mal que padezco? Mil veces ciego maldigo al primero que inventó este modo de martirio, admitido, y no excusado, excusado aunque admití Mas volviendo a mí El valor todo lo allana. el corazón paraninfo me aviso de lo futuro, por evidencia lo he visto, aunque no ignoro, pues cuano en aqueste oscuro abismo de verme casado, quiero examinar un desinío, ni se por donde lo calle, ni se por donde lo digo. Mas aquí viene mi padre, Alégrome Federico, de tu bien que como tanto alcanzo, cuando mi hijo, te adora el alma, inmortales dándome el cielo mil siglos, anticipados de gloria, en pensar que lo eres mío, o me desvanece el gusto, o me deslumbra el motivo: estás alegre, que bien el Rey pago tus servicios, ve hermosa esposa te dio, ya lo festeja a gemidos el alma con tiernos ecos, y con dulces parasismos: cómo te hallas de casado? Como cuando un obelisco descuadernado y deshecho. se despeña a los abismos, como cuando baja un rayo. Qué dices? . Lo que has oído, Qué he oído? . Lo que es verdad. Qué es verdad? . Lo que te digo. Qué me dices? . Mi pesar. Qué pesar? . El que he tenido. Qué tienes? . Lo que no siento. Si no lo sientes, que abismo es ese? . Escúchame padre, y sabrás a un tiempo mismo lo que siento, y no lo alcanzo, lo que alcanzo, y no lo explico, lo que explico; y no lo entiendo, lo que entiendo, y no lo he visto. El valor todo lo allana. Fuy a Grecia, llevé a la Infanta, vine a Boecía, el Rey me hizo Conde del Valle, y me dio esposa, hallé un indicio, que a no casarme del modo que me caso, fuera un río más fácil apresurado detener su curso altivo, que detener mi valor, hasta averiguar indicios, que aquel que se casa antes de examinar los peligros, serreduce a no vengarlos, y se otorga a no sentirlos. Este indicio o este agravio, que lo fue tan conocido, fue padre; solo amenaza, que el Príncipe Eudónico, a lo que ha juzgado el alma, y a lo que esta noche he visto; bizarría del poder, si ostentación de los bríos, que aquel que conoce a otro, y sabe, que es bien nacido, y que no ha de huirle el rostro, y determinado altivo, llega a decirle un desairé, da por lo menos inotivo, que tiene valor, pues habla conociendo a su enemigo. El Príncipe pues, mi dueño; el día, que llegué dijo, ibno que el Rey casarme quería con Flor, y que yo entendido excusara el casamiento, porque el dueño que ha eligid Flor, o a Flor eligió, no haciendo lo que él me dijo, sabría quitarme la vida si a lo contrario me aplico; quedé suspenso, pensando ve hay que pensar en el dicho. De Francisco Serrano Carimo. Mas al fin casome el Rey, y aquel propio día hizo, si mi valor, resistencia mi nobleza algún desvío. Tómolo el Rey muy a pechos, obedecí lo que dijo; llegó la noche, y fingr un accidente, aquí pido a tu piedad, que me escuche más tierno, y más compasivo. Al fin salí con intento de ocultarme en un abismo, para excusar tantos daños, como en mi pecho imagino. Mas volví en mí, que después que casado estoy me miro, si bien más escrupuloso en mi honor más entendido, haciendo un breve discurso, dije a mi propio sentido, donde vas precipitado, si estás calado? que alivio es ausentarte del mal que padeces, si matido, ni la ausencia te reserva de no quedar ofendido, aunque te trague la tierra, ni aunque te sepulte un río? Cobré la muerta esperanza, que a las puentas del suplicio puesto me tenía, cuando iva tan ciego, y remiso, eran cerca de las doce de la noche, y de improviso, o lo buscase mi suerte, un pensamiento me vino, antídoto del veneno, que inficionado acredito: y fue que llegué a tal hora a la puerta del postigo, que en la espalda del palacio, al jardín de un pasadizo, vuelvo a afirmar el intento, De Francisco Serrano Carimo. y a dar crédito al aviso. Con una maestra llave abro la puerta; y remito al silencio mi osadía, y a la noche mi delito, atropello las violetas, pise azucenas y lirios, descuaderné los claveles, y al pasar un clavel dijo; No pises las demás flores, basta que tu pie atrevido ofenda a una flor, sin que con todas hagas lo mismo. Llego a la segunda puerta, y la entrada facilito, llego a la puerta del cuarto, abrió el cuidado, y termino una luz, que daba errante claridad con artificio a toda la sala; adonde vi en el lecho (ay padre mío con que dolor lo refiero, con que ansia lo público) vi a mi esposa, más escucha) de la suerte que la miro entre algón, y seda los márfiles. Sulnevado color ostenta, cuando de un volante nevando miro perlas, que fueron arrojadas de sus divinos ojos, nieve con voz, pues despidiendo enojos imaginé que hablaron a mi oído, diciéndome; Si perlas emos sido, nos tenía la aurora, más ahora como entregada al sueño está la au- tora, y el sol dando desmayos, el aliento nos niega de sus rayos, no somos perlas, pero somos nieve, que dormida el aurora en copos llueve. Estaba de una colcha guarnecida en su contorno esférico la cama, duplicando plumajes con la rama, El valor todo lo allana. que los fluecos ofrecen, mezclándose las plumas que guarnecen. El toldo donde vi decirse amores, las plumas, y las flores, sirviendo de celajes, los matices que ofrecen los plumajes, mezclando fluecos, plumas y lavores, con diluvios de flores, que pisadas alegres serenasen, y admiradas se resuelven a ser en breve instante aquí flor, allí nieve, aquí diamante, y en recíproca unión de sus amores aquí son nieve lo que allí son flores, adonde en copia breve, aquí son flores lo que allá son nieve. El tálamo estremece, el cambray de sus ondas se guarnece la colcha que antes dilatada miro, en ceñido bajel un mar admiro, que aquel florido albergue surca, cuando es el lecho cristal que va rasgando en condensada plata, telas de Ofir, del globo la escarlata. Aquí rasga la nieve, allí se engolfa aquí rompe cristal, allí le bebe a diluvios, mársil a montes nieve, este aquí se dérrite, allí se ahaja; aquí se mueve cuando allí se cuaja, y de este rombozón los moradores, plata, cristal, márfil, perlas, y flores. un trozo de mársil fue a maravillas, Adlante que sustenta sus mejillas. Cuya purpúrea esfera en clima de carmín rojo pudiera, desmintiendo la humana, darle al clavel envidia con sugrana, donde lo rojo aquí; y allí lo blanco este si rosicler, y al que el nevado cándido a rojo se ha desafiado, y en el campo vítil de aquel escollo, aquí vive cristal, ya es cogollo, blanca, o roja se ve, y en si copiosa, nace arroyuelo cuando muere rosa; El valor todo lo allana. este murmura, aquel ofrece olores, estos son vidros, cuando aquellos flores, bagando airoso el viento, luciendo incauto el diáfano elemento, peinando incierto, cuando hermoso y be, (llo. yace el oro el cabello, desperdicios del sol, y su decoro, tal vez en rayos, y tal vez en oro, crespos racimos, si madejas, cuando aquí se anegan, cuando allí nadando, y entre el rápido curso de las plumas nace, según amor, de esas espumas, Pues yo que a mirar llego tanta lluvia de fuego, tal diluvio de flores, tal abismo de olores, tal prodigio de plumas, tal montaña de espumas dije entonces turbado, este es el sol que al mundo se a abajado, Esto vi padre, al instante, que al bello candor admiro, detúveme como arroyo, aquí en el cortiente frío suspendió el Diciembre helado, transformando en blancos vidros lo que fue márfil con pies, o fue carámbano vivo! Derritió la niese el brazo, cobró el cristal lo perdido, la luz mato en esta mano, conservo el acero limpio, llego al lecho, dise al tacto lo que me faltó al sentido, toco mi mano a su nieve, despertó el cándido armiño con un sobresalto mudo, mi intento ejecuto y digo; vuestro Príncipe soy, ella destroncado Abril florido. Mudo contemplo su ardor, y ciego su incendio admiro, despertó de este Letargo, De Francisco Setrano Carimo. y arrojó al aire un suspiro, adonde el viento libró desmayos y parasismos, lo más quepude la voz le di otra forma, y le digo, mira si poco te adoro, hermosa Flor, dueño mío, pues sin reparar el daño me he arrojado en el peligro. Bien sé que tu esposo yace en la quinta, yo lo he visto, y ella entonces muy airada estas palabras me dijo. Vuestra Alteza se retire, ya se pasó lo que ha sido: aquí fue la Babilonia, aquí el Babel, el abismo de pena, el caos horrendo de mi confusión, pues visto que dijo, Ya se pasó, que lo fue ya es conocido, quise excusarme esta afrenta, y el impulso vengativo opuesto a vengar agravios, que apenas son entendidos. Enarbolaba mi ofensa la daga, mas luego dijo la razón, que era ignorancia, fuera de ser gran delito el quitar la vida a quien sola una palabra ha dicho, que me pudiera ofender, pues pudo en aquel peligro poder más la turbación, que la fuerza de un sentido suspendo la ejecución, y mis intentos desisto. Déjela con intención de examinar este indicio, y después, pero no quiero cuando ofendido me miro, por si hubiere de ser rayo, anticipar el aviso, De Francisco Setrano Carimo. Este es el premio que el Rey mi señor ayer me hizo, este el dolor que padezco, en esto que he referido está la vida que paso, y la muerte con que vivo, donde nacen mil efetos, que son de una causa hijos. No sé hijo en tus enojos lo que te llegue a decir, más refiéralo el sentir con las lenguas de los ojos. El llanto padre no es medio de alivio, que en mi pesar, ni el llanto me ha de librar, ni menos darme remedio. Solo padre como espejo, donde el dolor se ha mirado, como caso tan pesado quiero que me deis consejo, porque es fuerza que le cuadre a mi honor en tal pesar, que no puede aconsejar mal jamás a un hijo un padre. Pues digo (ay de mí) que suiste cuerdo hijo en reportarte, que era gran yerro arrojarte, porque una palabra oiste. Porque pudo (la razón nos lo enseña) al despertar el pecho no articular lo que siente el corazón. Y así anduviste advertido en apaciguar tu pecho, porque si un hecho está hecho, después aunque arrepentido te veas en caso igual, sino hay medio al mal, o al bien, has de ser tú mismo quien te quieras a ti más mal. Mas ya que el consejo pides a mí, que tu padre soy, el consejo que te doy, El valor todo lo allana, si con mi razón te mides, es desechar el temor vivir en todo avisado, andar siempre con cuidado, saber si le tiene amor al Príncipe, que las señas te lo dirán, hijo, cuando tu cuidado examinando esté el caso en que te empeñas. Mas al fin discreto eres, y después en tu capricho, mas esto no es para dicho, harás lo que tú quisieres. Solos estamos los dos, tu padre soy, aunque viejo, tú me has pedido consejo, y yo lo he dado, adiós. Bien tu cuidado me advierte lo que tu consejo importa. Mal la pena se reporta. Fuerza es padre obedecerte. Dime atrevido villano, como habiéndome ofendido, atrevimiento has tenido para vivir? si mi mano solo con el intentar el querer darte la muerte, que no ha de estar dicho, advierte cuando se ha de ejecutar, sabiendo que mi grandeza puede todo cuanto quiero, mas por no manchar mi acero. Repórtese V. Alteza, no obligue la sinrazón a que pierda la prudencia, la debida reverencia, porque en aquesta ocasión cuando me trata inhumano tu Alteza, y quiere ofenderme; será fuerza el defenderme. Pues defiéndete villano. Qué es esto, pues en mis ojos El valor todo lo allana, atrevimiento tenéis? cómo no me respondéis? Yo vengaré mis enojos. El busca mi perdición. Mas ya el suceso he entendido, su duda el amor ha sido del Príncipe la ocasión: qué es aquesto Federico? El Príncipe mi señor lo podrá decir mejor. Cobraos, cobraos Ludónico, cierto lo que imaginé ha salido: i dos vos, y dejadnos a los dos. Ya obedezco. . Nunca fue el amor cuerdo jamás. Todo soy un mongibelo. Todo yo soy un desvelo. Tú aleve lo pagaras. Solos habemos quedado hijo en aquesta ocasión, bien se vuestra sinrazón, porque de ella me ha informado mi diligencia, que ha sido parte de saber el caso. Entre mi fuego me abraso. Y quisiera, que advertido, os pudiera mirar, cuando no quisiera mi deseo, miraros como aquí os veo, ya temiendo, ya dudando, si vuestra intención quisiere, pudiera decirme aquí, que ha sido por verme a mí el temblar, no lo creyera. Y pudierais (yo lo digo) decir, aunque sin razón, que os obliga otra ocasión, fuera del estar conmigo. Ya Ludónico, se ve, y si no quiero enmendarlo, no es la causa el ignorarlo, sino la que yo me sé. De Francisco Serrano Carimo. Vuestro fuego corregí, solos estamos los dos, mirad que os importa a vos, y también me importa a mí. . Un volcán, un mongibelo el pecho me está abrasando, mi padre me vio temblando, y le avisó mi desvelo de mi amorosa pasión, que no pudiera a pesar un rato disimular, o mal haya el corazón, pues de tan poco se altera, mas si es fuego mi cuidado, se como pudo reposado verse ceñir a su esfera? Mas aunque pese a mi amor; a mi padre, a Flor, y a mí; este diamante en rubí con la sangre del traidor he de volver, vive el cielo; aunque el ser yo su homicida, después me cueste la vida, que será poco desvelo después de verme vengado, que la muerte a mí me dé mi padre, porque ya iré fuera de su gran cuidado. . Admirada me ha dejado el caso que has referido. Esta Serafina, ha sido la ocasión de mi cuidado, y en cuanto al mal, lo primero, no sé otra cosa más bien, sino que muero por quien no sabe por quien me muero. Pues qué intentas? . no hallo medio que dé alivio a mi pesar. Solo con el olvidar tendrás, señora, remedio, Eso; aunque el gusto se tuerza, pues me empeñé inadvertida, De Francisco Serrano Carimo. aunque me cueste la vida habré de hacerlo por fuerza. El Príncipe es muy galán, muy cortés, muy entendido, y merece ser querido. Qué importa si no me dan licencia mis pensamientos de amarle, amiga. . Por qué? Ese porque no lo sé. Si han de verse tus intentos logrados con afición, no te está, señora, bien cuando te empeñas con quier has de lograr tu intención. Si ese encubierto rigor es fuerza que has de olvidar con quien más bien empeñar puedes que con él tu amor. Eso en mí no puede ser, que aunque dichas me previene, yo no se amiga que tiene, que no le puedo querer. Ciego camina tu intento; cuando viven empeñados hoy todos los Potentados en solo tu casamiento. qué importa que en varios modos mi muerte traten así, sino me está bien a mí lo que le está bien a todos. Primero soy yo; y así no importa que de esa suerte intenten darme la muerte, si tengo el remedio en mí. Pues si ellos quieren casarme podrá decir mi pesar, que no me quiero casar, por donde vendré a librarme, Pues que ha de ser tu pesar cuando elijas ese medio? Buscar solo mi remedio. Eso no te ha de librar. Tú mi venganza verás avaor tonoso alana. con el fin de mi fatiga, Seráfina, y como amiga, pero después lo sabrás, y verás como atesora mi intento agua para el fuego, mas si has de saberlo luego, no quiero decillo ahora. Mi silencio te responde. Cómo es Fior del alma centro, todo cuanto es el no verla, ánima mi sentimiento, no para el curso el sentido, ni el pesar suspende el pecho. Mas aquí está Margarita, ahora por cierto tengo, que ninguno más que yo desdichado ha sido, puesto que apenas muevo las plantas para ir a buscar mi centro, cuando la fuerte me pone delante a la que aborresco. Mas disimular importa, si la confusión del pecho permite treguas ahora, cuando en si era tanto incendio. Oh amor, que apenas alcanzo el caos de tus pensamientos, pues estás en mí, y te ignoro, vives en mí, y no te entiendo. Qué pretendes de mi vida? que género de tormentos es este que ignora el alma? y aunque lo ignoro, lo siento en mi misma estoy penando, en un imposible has puesto al remedio de mi mal; porque no alcance el remedio. Y para darme más pena, las plantas apenas muevo, que no sea para ver al mismo que yo aborrezco. Mas disimular importa, avaor tonoso alana. si a caso mi sufrimiento le da olvido a sus pesares; y treguas a su tormento. Aquí ya es fuerza hablarle. Aquí ya es forzoso (a cielos) el hablarle. . Margarita. Primo, y señor: ahora entiendo que ha de ver el desengaño de mi amor. . Ahora es cierto, que el desengaño ha de ver del amor que en Flor he puesto. Si a caso algún amor tiene lo ha de templar con mi hielo, Si algún amor tiene a caso, ha de apagar el incendio: mucho prima he deseado hablarte a solas. . Lo mismo he de deseado tambie. Para qué? . Pues que primero el silencio atropellaste, tu causa refiere, y luego sabrás la mía. . Está bien, y el aviso te agradezco, no sé como me declare, mas ya se el como, yo quiero, mal empecé, pues si digo, que a Flor adoro; es muicierto, que inadvertido me pase de asegurarme al desprecio. Empiezo por otra parte, y me excularé con esto dos males, pues si me adora es fuerza que la de celos, si no me quiere también ha de sentir el desprecio. y son los dos muy pesados para ser dados a un tiempo. Para casarte te trajo mi padre a Tarsis es cierto, esto ordenado dejó tu padre en su testamento. Ya sabes que yo el dichoso vengo a ser, pues yo confieso, De Francisco Serrano Carimo. que siento de tal unión un no sé que, pero dejo, mas aquí viene mi padre, después labras lo que siento. Vida me da el desengaño, cuando pudieran veneno ser las palabras. . Adiós. Cuando declares tu pecho, entonces también sabrás, otro no se que que siento. Está bien (mas ay de mí) Flor hermosa, dulce dueño. Sin seso estoy, ay de mí. Dichas previene el encuentro. Vuestra Alteza solo busca mi muerte, esto solo entiendo. Qué ahora viniese mi padre? Qué ahora el Rey viniese, cielos? qué he de hacer! . No se que haga. Vuestra Alteza (esto es respeto) ha de pasar. . Irme es fuerza. Mi tío vino a mal tiempo, mas esto me importa ahora. . Pase vuestra Alteza. . Flor ya es fuerza, aunque paso muerto, o mal haya la fortuna, todo voy vuelto en veneno. . Flor hermosa. . Esposo. Fe. cielos apenas en mis enojos, cuando me miro en sus ojos, me atrevo a verme con celos, mas son tantos mis desvelos, que aunque se ve mi cuidado, en sus ojos sosegado, mirándome en su reslejo, me da el honor otro espejo para mirarme enojado. Cónde. . Gran señor. . A mí me importa la brevedad. De Francisco Serrano Carimo. En que a vuestra Majestad le soy de provecho aquí? Luego a Voecia os partí que le importa a mis estados, pues estar los entados enojados contra mí: en un pliego recibi de su enojo la ocasión, y porque su alteración se apacigue esta escribí, por aquel concierto hecho con mi hermano, en varios modos he recibido de todos un pesar a mi despecho, mas esto no es de provecho. Ves aquí amigo el papel lléúaselo a Claravel, antes que cause algún daño, en el va su desengaño, y mi crédito va en él: a diós . Mi silencio diga lo que siento de esta empresa de nuevo a temer empieza el pecho en esta fatiga, a voces quiere que diga el alma, que confusión que busca mi perdición; pues le ha venido a poner en este lance al poder de a paleta la ocasión. Apenas te merecí verte, dueño, entre mis brazos, con recíprocos abrazos, cuando te ausentas de mí: que rigor es este, di, fortuna? que modo advierte, usas conmigo? de suerte, que eres cuando mi homicida quien no me quita la vida, y quién me busca la muerte? Sin duda el amor procura en esta pena que toco, siendo cuerdo hacerme loc alor todo lo allana. porque pase de locura Tanto el sentido me apura el mal de que aquí me acuerdo que todo cuanto soy pierdo, y aún pienso que pierdo poco, quien esto siente no es loco, nunca un loco está tan cuerdo. Juago la enigma que soy, miro el mal a que me ofrezce temo el daño que padezco, siento la pena en que estoy: El peligro lloro, y voy cuando la sentencia escucho, abrasado cuando bicho con el mal que siento y toco, si esto es mucho para un loco, sino es para un cuerdo mucho. Loco estoy en mi pesar, y cuerdo en el padecer, Do loco en dudar, y temer, uerdo en temer y dudar, pues que es aquesto pesar dónde llevarme procuras? mas como valor te apuras, dejándote así llevar? que a otro mal ha de guiar quien va caminando a escuras; Gracias a Dios, que llegué a veros, diciendo amores, nadie de tales pavores dueño ha sido; bien se ve. Apártome, para que excuse el desaire aquí de aquello de vete allí, y con un semblante airado, apartaos luego a ese lado, nunca más cuerdo me vi. Vos ausente, yo ignorando, vos alegre, yo remiendo, vos con placer, yo sintiendo, yo confusa, vos callando: Ausente vos, y yo amando; lasma ya lo que veo, alor todo lo allana. si mal contento el deseo, cuando más pena reciba, me falta la de estar viva sin vos cosa que no creo. Sin llegar a merecer el favor de tanto amor; hoy me niegas el favor siendo sin amanecer, noche de mi amor el ser, estando el placer en calma, y hacer que lleve la palma la pena de mi alegría. siendo una noche sin día, y siendo un cuerpo sin alma. Solo si advertís he sido, advertido en esta acción, escuchadme la razón por donde amor ha cumplido la obligación que ha tenido, Flor en aquesta ocasión la fuerza de mi razón está en no veros, mirad si esto puede serverdad, aunque parezca ilusión. Él sin vista, que nació ciego, aunque ciego se ve, menos dolor siente, que aquel que vio, y que cego no siente, porque no vio la luz que llego a perder el que conocío su ser, llora Flor lo que perdió, luego el que vio siente, no siente el que no llegó a ver. Vuestro amor sin ver nacio la luz, que mi amor previene, no se conocío, ya tiene disculpa en sentir, pues yo no quise, señora, no sentir tanto, inadvertido, y por eso no he querido veros, señora, que fuera mucho mal el que sintiera, De Francisco Setrano Carimo. si os hubiera conocido. Luego no veros aquí; ha estado bien a los dos, sin veros os libré a vos, y sin ver me libré a mí: Yo quien no os ha visto fui, luego vuestro bien busque, aunque también me libré, veis como ha sido, señora, para los dos bien ahora, no veros, bien lo enmende. . Si bien se llega a advertir, que estamos (oh lance fuerte! más prestos para la muerte, señor; que para vivir: Con esto a contra decir, hoy vuestro argumento llego, pues el que no nació ciego muy bien puede suceder, que cuando venga a perder la vista semuera luego. Y a í mi razón se entiende, pues el que ciego nacio, si antes de ver se murió, dos pesares se pretende: pues ya dos penas atiende, muy bien se deja entender, que más llega a padecer, que esotro con el sentir, pues siente una vez morir, y otra no llegar a ver. Eso a caso sucedio, pues si bien llega a advertirse, a caso pueden morirse, pero de certeza no, luego bien he dicho yo. Y si se le cumple el plazo a la evidencia no paso, como puede suceder, luego lo que llega a ser no es no ser aunque sea acaso. Que así finja esta mujer. Sin duda (mas ay de mí) De Francisco Setrano Carimo. recelos le traen así, Fuerza y razón vino a ser lo que vine a proponer. Ya vio en la contradicción la fuerza de mi razón. Por Dios, que estoy por crees lo que dice, aunque a ofender llegue ciego a la opinión, Ofensa fue conocida el argumento propuesto. La contra hierba halló presto, hoy es cierta mi partida. Vendrá a costarme la vida. Si a caso culpada estás, claro está, que moriras: lloras Flor? . Esposo sí. Haces bien sentirlo aquí; y después no sentiras, usar Flor de tal estilo, es darme más que temer mas el llanto de mujer es llanto de cocodrilo, que en las orillas del Nilo sin sentir finje el llorar, y aquel que llega a escuchar su llanto compadecido, aquel es el ofendido, pues que lo llega a matar: Mas si es verdad lo que escucho? Mas si es verdad lo que veo? por ser hombre no lo creo, Para ser mujer es mucho. Con que de tormentos lucho. Esposa a Dios. . Ay de mí. que así os vais? . Esposa sí. Muerta quedó. . Muerto voy. Pues dame esposo los brazos. Vuesto soy, si estos abrazos fueran ciertos. . Que de mí así os apartáis? . Si esposa. Qué partida tan cruel! Mucho ahoga este cordel. Qué muerte tan rigurosa es C T6 El valor todo lo allana. Adiós. . adiós. . qué penosa muerte es la de aqueste alarde. Acabemos porque es tarde, y estoy para reventar solo de verme callar. Mas tu vida el cielo guarde. Más guarde tu vida el cielo. Aunque a costa de un temor. El valor todo lo allana. Aunque a costa de un dolor Que todo ha sido desvelo. Mas a mi valor apelo, si me ofendes, a tirana. El valor todo lo allana. Morirás. . Yo tengo honor. Todo lo allana el valor. Pues chitón hasta mañana.

JORNADA TERCERA

JORNADA tercera Aunque a costa de un temor. Una vez quiso la suerte ser Pascua de mi Cuarisma, y ser risa de mi llanto. cuando alivio de mi pena. En qué? . Pues eso me dices, cuando con gritos pudiera darle dos mil parabienes, o una fortuna de cera JORNADA en el templo de mi dicha colgar de un poste, o una almena por trofeo, o por despojo de mi bien, cuando a Boecía iva de tan buena gana; como si a casarme fuera, que es lo más que puede ser, para quien tiene mi flema: en el camino topamos a Claravel, o a Clavela, que nos excusó el viaje. Yo con más razón pudiera dar gracias a la fortuna de no llegar a Boecía. Porque? . No es cosa que importa, que tu Garrote lo sepas. Pues no quiero ser curioso. Me importa que no lo seas. No lo seré, mas volviendo a mi risa, y dando vuelta al barrio de mi placer. Digo, que alguna hechicera me echó alguna maldición de aquello de nunca vuelvas con salud: pues aún no estamos de la ciudad media legua, y estoy hecho una basura, pues sin ser de luz pudiera ser penitente de sangre, que ese matalote fiera, siendo el ázote y verdugo, me ha puesto como pudiera ponerme un ventero, y zurdo, cuando da en vender ternera, JORNADA y dice no hay que comer, si a caso hay priesa en la venta. Deja ahora desatinos. No puedo más, que la lengua es caballo desbocado, y no hay quien tenerla pueda. Oh quién pudiera olvidar el fuego que me atormenta, el volcán que me deshace, el pecho con mil centellas, el rayo que condensado del vapor de mis afrentas, me abrasa con la memoria, llama que a su fuego alienta. Mas ya laurel contra el rayo de mi agravio, que a violencias tiranas, que entre mi pecho hasta el corazón me quema, he de ponerme al rigor de su furia, a la violencia terrible, que me amenaza, con el valor, con la fuerza de mi brazo a lo intratable de la impetuosa afrenta. he de suspender las llamas, De Francisco Serrano Carimo. he de atajar las centellas, si el valor todo lo allana, mi venganza tengo cierta, pues valor tengo, y soy noble, ánimo esperanza muerta. En qué piensas? qué imaginas? tratas quedarte en la venta con Claravel? . No Garrote. Pues dime, señor, qué piensas? Que tú te quedes con él, porque regalarle puedas. Yo con enfermo, y si a caso esta noche se muriera? Del cansancio, y del calor habrá sido el mal, y piensas mal en pensar, que esta noche puede morirse. . Eso fuera si hubiera dado palabra la muerte, cuando es tan fiera de no venir esta noche a cenar a aquesta venta, mas si viene, que tenemos de gozo? porque mi agüela me acuerdo que me decía. Lo que te decía deja para cuando estés de espacio. Y ahora quién nos da prisa? Mi amor, aquesto conviene. Mas que quieres dar la vuelta, pues la ocasión te convida a Tarsis, ya se que es fuerza, y que es treta no excusada para paso de comedia, ser desposado, y volverse, y más cuando a ti te espera un cielo. . No digas más, hasta que dé yo la vuelta, no te apartes del un punto. Obedezco lo que ordenas, si el no ordenare otra cosa, o la muerte no lo ordena. a leyes del honor, donde el agravio guora el que es más sabio, De Francisco Serrano Carimo. pues si un hombre se mete en este abis- se olvida de sí mismo, (mo, con tan extraña suerte, que toca muchas veces con su muerte, viendo su propio agravio y tiene mudo el labio, por no saber en tan confusa calma, si es agravio que le a tocado al alma. Mas si es afrenta, acero a ti por mí te toca lo severo, y derramando sangre muy apriesa, limpies mi honor manchando se belleza transformando con sangre sus cristales en el rojo matiz de los corales. Mas si a caso inocente mi afrenta niega, y mi pesar desmiente, como el valor pretende darle muerte, ay de mí, si no me ofende como loco atrevido, para tal desacierto me convido, si hasta ahora (ay pesar) solo un acento ha sido de mi enojo el instrumento, no puede ser, mas no, detén el vuelo pensamiento atrevido; y mira sabio, que te anegas túpropio en el agravio Y pues allí su voz (a ingrata, a fiera fue el fiel testigo d mi agravio; muera muera mi afrenta, y mi venganza viva, aunque después el Rey mal satisfecho me atraviese cruel mihonrado pecho que moriré contento, si se advierte, pues cuando con honor sea mi homicia el matarme será darme más vida: (da esto ha de ser, perdone la belleza, voy, mas después a lo que voy incierto, todo el mundo verá, yo parto muer- , , . (to. Esto Conde, a de ser el replicarme, es en esta ocasión solo matarme, aunque el mundo lo impida, (da, cuando a mi amor esta ocasión conví. he de gozar de Flor, y de sus brazos, aunque después me hagan mil pedazos: C El valor todo lo allana. el Rey mi padre airado, Federico enojado, que cuando todo contra mi seentienda, llamaré a mi valor que me defienda. Obedezco tu gusto sin replicarte, aunque lo miro injusto. eso has d hacer si quieres ser mi amí esta es la puerta, Conde, di postigo (go que sale a su jardín, con esta llave que sabe mi dolor, o mi amor sabe, falicitar intento lo que puso por obra el pensamiento. Ya está abierta la puerta, entra conmigo, y dejárasla abierta, que después podrá ser que sea importante, nunca repara en riesgos unamante: Y si yo Conde, aquí lo he reparado, es por ser más que todos mi cuidado: entra conmigo. . Ya tus pasos sigo Ahora Conde, si que eres mi amigo, yo he de vencer amante mis desvelos, o no he d ser quien soy, viven los cielos, Con mil cuidados peleo, (. y entre el dudar, y el temer, ni uno me puede vencer, ni otro alentar mi deseo. Pero si aunque ciega veo entre el penar, y el sufrir, que no puedo resistir cuando me miro mujer, tal modo de padecer, comodidad es morir. Mas mi sufrimiento miente, cuando se deja vencer, porque solo soy mujer en el nombre solamente: Y si el sol Flor me desmiente, el gírasol me acredita, pues mirando resucita al sol, que idólatra amante, y es a su costa constante con los rayos que le quita. Con mil cuidados peleo, El valor todo lo allana. y entre el dudar, y el temer, solo el dejarme vencer será mi mayor trofeo: Mas como ignorante creo, que yo he de poder conmigo dejar la empresa que sigo, si a el amor, y su poder es a quien he de vencer, y ese es mi mayor amigo. Hoy mi amor es invencible, y es en mi favor aquí, por verte en mí quiere así imaginarse imposible: A quien más quiero es terrible, amor es en mi favor, suyo soy, luego es error en la ocasión pretender vencer a mi propio ser. pues es mi ser el amor. El áspid que el mal ignora de la venganza que aspira, el basilisco que mira, y el cocodrilo que llora: El opio que se incorpora y da muerte) en el sentido, la sicuta, que oprimido tiene en si el vital aliento, todos matan, mas ya siento, que hoy a todos he excedido. A unos en ser racional, y a otros en tan fiera calma, en tener más ser más alma, con previlegio inmortal: Ellos amparan al mal y obran con el movimiento, mas yo en tan fiero tormento, sin intentar el obrar de manos, puedo matar solo con el pensamiento. Este es el cuarto de Flor, ahora seguro os piden los ojos entre sus brazos, lle De Francisco Serrano Carimo llegar como algunas veces, sino a verse deseados, con mi propio amor a verse: el Conde está en el jardín, por aquella parte tiene logradas seguridades mi amor con su brazo fuerte. Mi padre ya es hora que descansando en su retrete le dé treguas al cuidado, con ensayos de la muerte. Yo estoy en su mismo cuarto, y Federico está ausente, yo vengo determinado, y mi amor es muy valiente, el peligro no me impide, el daño no me suspende, el temor no me corrije, ni los riesgos me detienen. Ay esposo, hay dulce dueño, en solo pensarte ausente, lo posible de estar viva, aquí mi dolor desmiente a mis cuidados el sueño, cobarde no se le atreve, que tienen poco de cortos, y tienen mucho de fuertes. La voz de Flor, si el oído no me engaña, o no me miente, parece que entre el silencio he oído, mas como suele el noble, que está ofendido, cuando vengarse pretende, ir buscando al ofensor, y cuantos ve le parece, como le dicta el deseo ser el que buscando viene. Así yo el menor acento, no formado, ni aparente, pienso que es de mi enemigo, más paso a esotro retrete. A esta roca, a este diamante, a este acero, que tan fuerte De Francisco Serrano Carimo se ha ostentado con mi amor, a este fuego tan ardiente, que solo con hielo paga mi amor, si el agua no puede de los ojos ablandar el rigor de sus desdenes. La sangre de mi dolor, siendo diamante pretende labrar de su pecho ingrato los pesares que me debe, La lima de mi porfía vencer al acero emprende de su intratable desvío, y de mi poder la nieve. Al fuego de su constancia, donde mirándose en breve, fuego, acero, roca, y piedra, vencida, que tanto pueden, animados de mi brío, sangre, cristal, lima, y nieve. Ya el cuidado en mi favor se muestra, pues ya parece, que algún tanto me ha dejado, aunque el amor ciego entiende, solo en mirar mi desvelo, que ve aunque ciego, parece que abrasa con lo que hiela, y hiela con lo que enciende, mas el discurso me estorba, voyme; pues a mi retrete. Este es el segundo cuarto, una luz, antorcha breve es la Luna de este cielo, y pues la Luna parece, sin duda que duerme el Sol. Ahora pues el Sol duerme, el intento que consigo seguridad me promete, mas el discurso me estorba, paso pues a su retrete. Este es el segundo cuarto cada sombra me parece un incendio de mi agravio, El valor todo lo allana. mas en que mi honor advierte, cuando el agravio se mira con indicios evidentes? mas el discurso me estorba, paso pues a su retrete, donde limpiando mi honor su cielo manchado quede. Este jardín laberinto, con las sombras me parece, que decreta su espesura, según las vueltas que tiene. Mas a este lado ha de estar, si no me engaño, una fuente, no distante de la puerta, del cuarto de Flor. En este instante dio una lechuza un estornudo, yo siempre lo tengo por mal azar, mas sea lo que se fuere, que ya con bríos me siento para salir, si pudiere, Clarabel se levantó; como si fuera una liebre, y a Tarsis vino, y no dijo, a Dios Garrote: y si es este el mal que cantas traidora, aunque cantando revientes, para mi azar no ha de ser, pues con apretar los dientes, y negar a rienda suelta, he de salir buen ginete. Mas peor está que estaba, abierta la puerta; aqueste es sin duda el gran peligro, que el pájaro me previene, ahora abierto el postigo del jardín, pero no puede haber entrado por el Federico, mas no puede, porque déjara cerrado, mas si el quiso de esta suerte dejar la puerta, porque El valor todo lo allana. yo tengo de apurar este secreto, no siendo bota, ni basos estas paredes, mas en el nombre de Dios. Divertido en el corriente del cristal, y en el susurro amoroso de estos verdes ramos, que a soplado el viento, errantes pájaros verdes, cantan a un tiempo, y murmuran estas aguas, bien se puede llevar el estar parado. Ay de mí, el pájaro tiene mucha razón de cantar, pues si un hombre estaba en este jardín, y yo entraba, es cierto que profetizó mi muerte. Un hombre hacia mí se acerca, y es el Príncipe, muy breve fue la empresa. . Cómo gato pienso que hacía mí se viene. Aquí estoy, señor. . Qué es esto? más ahora me conviene tener valor, aunque sea por fuerza, mas que he de hacerme, si no se qué responder? de estan vez Garrote tiene mal pleito en aquesta audiencia. Hacia el lado de la fuente venir puede vuestra Alteza. Alteza dijo, no puede ir tan de priesa su Alteza: pero sease quien fuere, que peor es que me mate, con miedo, quién es? qué gente? Yo soy señor. . Quién sois vos? El Conde, que pasea este lado, por dejar la puerta, y quitar inconvenientes. Este es el Conde, ay de mí. Vuestra Alteza ha sido breve. Aquí importa mi valor: pues mentecato os parece De Francisco Sertano Carimo que yo vengo tan despacio? Sin duda enojado viene, no responderle me importa, su fuego dio con la nieve. Llegaos, Conde; mas a mí. Aquí vuestra Alteza tiene un esclavo a quien mandar. Qué os parece, qué os parece? yo no sé lo que me digo, milagro ha de ser si en este lance detengo la risa, que me aprieta sin ser gente. Consiguió ya V. Alteza su intento, o estaba fuerte ese peñasco, hermosura, que no a las flores parece, sino es en el nombre solo? Ya se el caso, que me quemen si el Príncipe no ha venido, juzgando a su esposo ausente a ver a Flor esta noche, y trajo al Conde, que fuese escolta de su intención: pero por si a caso fuere, lo que he dicho en la ocasión de la industria he de valerme. Pues qué ordena. . Alteza? Esperad, dejad que ordene lo que he de hacer, Conde amigo. Señor. . Flor es una sierpe, y me dijo, que una esclava le llevó ciertos dobletes, doblones quise decir. Oh consonante que puedes atajar a un hombre honrado en un lance como aqueste, y no quiso ni una mano darme, hasta tanto que lleve los doblones que le faltan, porque me dijo, que pueden costar caros los doblones, si a caso su esposo viene. De eso pende el no gozar De Francisco Sertano Carimo de su cielo? . De esto pende. Supo vuestra Alteza cuantos le faltaron? . Los que fueren he de cumplir, aunque sean dos millones. . Hasta veinte puedo traer, si estos bastan, y si no iré. . Amigo tente, que pienso que habrá bastantes con los que yo traigo. (̱. En este bólfico van los que he dicho. Pues espérame en la fuente, que presto daré la vuelta, mas será para esconderme, donde nunca más me veas, Adiós señor inocente, vos sois lechuza, cantad muy enora buena siempre, con tal, que estas sus desdichas me vea cuando os oyere, Admirado me ha dejado el suceso, las mujeres son madres de la cudicia, mas porque no sucediese algún grave daño en casa lo haría, disculpa tiene, quiero esperar a que salga su Alteza en aquesta fuente, y sentarme en su regazo, pues sabe donde estoy, Este salido sitio es del campo. dilicia; y descanso breve del cuidado que me aflije, de la pena que me vence. Deja loco pensamiento de acordarme los placeres pasados, porque aunque fueron tan pocos, que apenas pueden preciarle de que nacieron gustos de amor, si en su Oriente nacieron cometas, cuando a un tiempo nacen y mueren: parece que me das penas D- El valor todo lo allana. con acordar solamente lo pasado, que hay memorias, que le exceden a la muerte, que matan imaginadas, si ella para matar viene. Aquí está sola, la dicha de hallarla aquí, pudo hacerme buscándola desdichado, tan venturosa mi suerte. Ay de mí, qué es lo que veo! El Príncipe soy, qué temes? y si el venir como vengo te ha hecho desconocerme, sabe que soy Ludónico, y no el Príncipe, porque este nombre cuando así te busco, a mi opinión le conviene más bien que no al de señaor, cuando hevenido, a ofenderte. . Apenas acierto a hablar, porque lo que me sucede, entre las dudas la lengua, indeterminada pierde la forma que le artícula, el pecho en lance tan fuerte. O no es verdad lo que veo; o mi valor poco puede, o me niego a la evidencia, o me juzgo loco en este lance, o yo no soy el mismo que antes era; o me desmiente uno y otro; o soy peñasco, pues tantos aquí se ofrecen discursos, y la venganza entre mi agravio se pierde. Y pues uno no me obliga. ni otro mi corazón mueve, sin duda que es de diamante mi honor, pues tanto consiente. Mas quiero en aqueste abismo buscar para suspenderme, la prudencia, o triste caos, porque reportado puede El valor todo lo allana. usar de todo el poder, el valor más fácilmente, excusándome el peligro, que el enojo causar puede, puesto que ya la venganza victoria a mi honor promete. Has cuenta, Flor, que no soy, supuesto que me aborreces, el Príncipe Ludónico, que soy otro te conviene pensar que soy porque vengo determinado a perderme de bueno a bueno, si bien puesto que tú lo pretendes, el perderme tengo a bien, pues si sé que no me quieres, también se que me está bien el perderme de esta suerte. No prosiga . Alteza. ay de mí, toda soy nieve. Fedenecio es el hombre, que le da la empresa modo para vengarse, y no lo empiende, pues mirarse ofendido le pretende, cuando el fin puede ver d lo que empieza Si he visto contra mí ya la certeza, en que mi brío, y mi valor entiende, pues de aquesta venganza se defiende, cuando pende mi honor de esa presteza Mas ay de mí, que en este lance fuerte el sabio ha de mirar más enojado, que la venganza y dicha se concierte. Antes que se imagina ya vengado, que vengado sin dicha es darse muerte, y vengado con dicha queda honrado. A la disculpa homicida; que a mi razón darle puedes, como se mira vencida, desde los labios se vuelve a su centro, porque cuerda verse desairada teme. Todo como lo he pensado sin duda, que fue evidente, pues lo de claran los ojos De Francisco Setrano Carimo. en este lance presente. Para ahora es el valor, sepa el mundo que es tan fuerte una mujer como yo, mas el discurso no es breve. Que me respondas aguardo. Hasta ahora no merece honor que su cielo manche, pues nadie ha dicho; aunque aqueste indicio es más que evidencia: mas aunque a mi enojo pese, he de escuchar lo que dice, a ver si aquí se desmiente de lo que me dijo cuando me habió en aqueste retrete. Yo soy Flor, y aunque mi nombre: se desmaya a los ardientes. rayos del sol, soy tan otra de la que mi nombre ofrece; que desmayara a los rayos, si a la flor rayos le vencen. Ya es mi esposo Federico, y el como mi dueño puede mandar en mí, nadie no, si licenciosa otras veces, vuestras palabras oía, era mía, y cuando diese el oído a las razones, no había quien se ofendiese de que yo las escuchara, pues me obligaban corteses honestas correspondencias, mas ya que. . El rigor suspende, luego otras veces (ay cielos) le escuchabas tiernamente, ya que ahora no le escuches? pues mi honor no te agradece, por lo que entonces oiste lo que aquí escuchar no quieres. Flor hermosa, tan ingrata cuanto tu beldad promete, no basta que haya pasado por el desaire de verte De Francisco Setrano Carimo. cuando sin obligaciones estabas para quererme, y que del recato mío haya dejadome vencerme, Y al fin que te haya querido, sufriéndote mil desdenes, ya por no verte casada, que esto puede suspenderme, pues yo que nací quien soy mas que llegar a perderte, pues siempre por no enojarte, tal vez sufria mil muertes a cuenta de la esperanza, que engañosa me divierte, ignorando sus intentos: puesto que ha sálido aleve, sin que una mano mi amor te deba, si no que quieres dárselo todo al rigor, para que engañado piense, que eres mujer como todas en engañar solamente. Válgame el cielo, qué escucho! otro laberinto es este, aun que menos riguroso, si más oscuro se ofrece? sin que una mano mi amor te deba; algún tanto puedes, siendo padrino el oído volver esperanza a verme. Cuando es fuego mi cuidado, o mi amor volcán ardiente, tanto hielo es cosa impropia, siendo fuego verme nieve, mas pase a grosero quien se ha puesto a mirarse alene, ahora viven los cielos. Ay de mi perdido soy. Ay de mi mortal estoy. Tendran fin tantos desve Este es el cuarto de Flor, ya estoy en él, y no sabe que El valor todo lo allana. que pudo sola una llave vengar a todo un dolor: a hablarla voy (ah cruel) aquí he de vengar mi agravio, mas tengamos mudo el labio, cuando ha de hablar el papel. Mil cosas he discurrido en aqueste breve instante, mi dueño el Príncipe amante, cuando ciego ha pretendido buscar mi deshonra ingrato: Flor disculpada conmigo, sin luz ella, y mi enemigo entregado a un desacato, muerto soy, mas como puedo dudar en esta ocasión? Yo he de lograr mi intención. Ya lo irracional excede. Dare voces. . Bronce soy. Esposo. . No he de apartarme, Ya no tienes que llamarme, pues en tu retrete estoy. Ah ingrata, sin duda ha sido, engaño en que uso su fe mas si fui quien lo busqué, yo quien me he engañado he sido. En su cuarto me parece, sino me engaña el oído, que hay de palabras, ruido. Mas tanto en mí el valor crece, viéndome en esta ocasión, aunque al presente lo dudo, que el corazón siendo mudo habla por la ejecución. Ya es este mucho dudar del valor que me acompaña, mas es tan fea la hazaña, que me obliga a reportar. Yo no se (cielos) qué hacerme, cuando a Fedérico oí, estando el Príncipe aquí, El valor todo lo allana. todo vendrá a ser perderme. Quisiera sin que me viera su esposo poder salir. Si le doy muerte es morir yo y mi honor, pero quisiera, mas aquí no hay que querer, sino solo ejecutar, mas por qué le he de matar? porque me intenta ofender. No sé qué me escucho, cielos! No no sé como librarme. Irme yo cuando matarme intentan aquí unos celos? es cobarde acción, pues cuando yo me retiré por Flor, podrá decir mi ofensor, que me voy no peleando; puesto que suvoz hoía, pero diga mi ofensor, que pudo más el temor en mí, que la cortesía, y libre a su honor aquí. El cuidado de mi hijo, y el honor de Flor a un tiempo desvelado, y vigilante, me han traido a su aposento. Tirana más que una fiera. Ay de mí, qué es esto cielos! Quién eres? . Ciego es amor, y tal vez acierta ciego. Voces a tal hora aquí? absorto estoy, y perplejo. Lance fuerte, qué he de hacer! entre las dudas me veo perdido, sin alcanzar de tan grave daño el medio. No sé lo que me sucedé, porque por sueño lo tengo. Mas intentar una acción, ver De Francisco Serrano Carimo. y ver cobarde al deseo, es de villanos, que ignoran la obligación de su pecho. Este es mi hijo (ay de mí) el amoroso desvelo de Flor su inquietud alienta, siendo causa del efecto, Abierta la puerta estaba, o el postigo, y vive el cielo, que el amor guió sus pasos por el postigo secreto. Qué he de hacer para atajar, este desfrenado yerro? mas ya se el como: ola Astolfo, Fabricio, Fabio, Riselo. Qué nos mandas? . que traigáis al cuarto de Flor primero luces. Aquí están. , qu Qué miro! . Mi padre. El Rey. . Yo soy muerto. no acierto a hablar. . Soy peñasco Absorto estoy. . Yo perplejo, Vos descompuesto el semblante? vos el color descompuesto? cuando ausente os juzgo, entonces os miro no obedeciendo lo que tanto me importaba, mas ya todo el caso entiendo. Yo no sé qué responder. Tu sobrina, pues qué es esto? Apenas acierto a hablar, Vos Ludónico aquí dentro a tal hora? . Apenas puede la lengua que es instrumento del alma formar la voz, aunque la artícula el pecho. Decille al Rey, que he venido de mi honor mal satisfecho, es buscar yo mi deshonra, De Francisco Serrano Carimo. cuando limpio mi honor veo: negarle que estoy aquí, si me ha visto, cómo puedo? mas ya encontré la disculpa entre mi propio desvelo. Cómo estás aquí? . No sé. qué es esto Flor? . No lo entiendo Y tú dime a que veniste, más examinar pretendo lo que me está a mí tan mal, puesto que todo lo entiendo, El disimular importa; por excusarme esté yerro, que ha de pasar por desaire de un hijo que me dio el cielo, Ya sé que vuestro cuidado solo busca mi sosiego, pues tan presto habéis venido; estará quieto mi Reino. Por aquí lo he de enmendar. Siempre en el servicio vuestro se ha empleado mi cuidado, mas tuvo infeliz encuentro la suerte de mi obediencia, que le excusó a mi deseo lo que otras veces no pude, peligro jamás, ni riesgo. Y cuál fue? Yo lo diré. Mas yo he de hablar primero, que importa por esta parte, quedose en la venta enfermo, cuando lo encontró mi amo, y habrá cuarenta momentos, que salimos a galope, sin obligarle mis ruegos. Llegó a Tarsís, fue a palacio, yo le dejo, y no le dejo, porque según de sus pasos fue de sus pasos el eco, éntreme por cierta puerta, se no se que embeleco El valor todo lo allana. sucediome una desgracia, tuve un mal azar primero, a las puertas de palacio llegué turbado, y contento hallé a Clarabel en ellas, que como le conocieron las guardas por ser tan tarde, al señor honrado viejo, parece que me esperaba, por ir en mí su respeto. Franca la entrada le hacen, entrámonos acá dentro, ahora vuelva por sí, y responda al tal encuentro de Federico, que yo lavo mis manos con esto. Presto me lo has declarado, excusado es el prorgeso. Esa es la disculpa, que al cargo que me habéis hecho os da mi amor. . Ya conozco tu cuidado, los recelos, y la ocasión le han traido, no hay que saber más, y quiero, pues también tengo ocasión, antes que reciba el pliego de Boecía aquí dejar a Clarabel satisfecho. Los Potentados te envían por mí este papel. . Primero he de responder a él que le vea, porque quiero que mi voluntad conozcas tú, ya que vienes por ellos: dale hijo a mi sobrina la mano. . Qué es esto cielos! Ahora es buena ocasión. Si gustas. . Yo gusto de ello. Castigo de amor ha sido, mas si lo dispuso el cielo, El valor todo lo allana. obedecer es forzoso, que los divinos secretos humanos pechos no alcanzan. Amor castigó mi intento, mas si el cielo lo dispuso, obedecerle es acierto, pues los secretos divinos no alcanzan humanos pechos, y más quedando mi honor, seguro con el silencio, adonde no declarado se quedó por el respeto. Esta es mi mano. . esta es mía Ahora dame ese pliego, Dame tus plantas. . Levanta. No esperé yo, señor, menos de vuestra Real persona. Despachado estáis con esto. Y premiado juntamente. Vamos hijo, pues en vuestro cuarto estáis, vedme mañana. La obediencia en mi es preceto. Quedaos a Dios. Él te guarde Aguarden que falta un cuento, el Conde está en el jardín; y pienso que está durmiendo, yo voy a bajarle, que los Condes están despiertos; porque hay lechuzas que cantan, y son muy malos agüeros para los que están dormidos, y tienen muchos dineros. Ya que humilde de sus faltas, Serrano un esclavo vuestro, os piden que perdonéis de sus borrones los hierros, escritos con la esperanza de hallar en vuestros ingenios el asilo del peligro. y antídoto del veneno.