Texto digital

Texto digital de El valor no tiene edad

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Bautista Diamante
Atribución estilometría
Juan Bautista Diamante Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor no tiene edad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valor-no-tiene-edad-el.

Logo BICUVE

EL VALOR NO TIENE EDAD

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Pernil, mete esos Caballos, y preven al Hostelero, que nos traiga de cenor, y que haga dos camas, presto. Diré, que haga tres, porque yo también en cama duermo, que no quiero, aunque Pernil, parecer pernil Gállego. Señor, Sancho de Paredes, venís cansado? Si vengo, por la fe de hombre de bien, Sin que lo jures lo creo, También lo vendrá, el señor Garcia. Yo, no por cierto. Pues por qué lo presumis de mí? Porque no es lo mismo, que Garcia de Paredes, Sancho de Paredes. Bueno, será porque yo soy mozo, y No digáis, que soy viejo, que sin sentir serlo, hijo, me pesa de parecerlo: y en fin no vengo cansado. Ni yo tampoco. Yo os creo. Mas hago yo. Qué hacéis más? Creeros a vos. Majadero, yo lo digo. Pues si no, quien había de creerlo. Mande, señora, Patrona. que traigan de cenar. Cierto, que divertida en la cara, en el talle, y el aseo, aquí me detuve, y ya me había olvidado; pero voy a serviros. Volved, hermosa, que no queremos cenar; porque no dejéis de ver a este Caballero, que tanto os divierte. Hijo, ya en mí se pasó ese tiempo, no habló conmigo la moza, con vos habló, Sancho, y cierto, que tuvo mucha razón, y en esta parte os ofrezco, de no tener celos nunca: aunque al llamarla vos, pienso, que os sucedia hijo mío, lo que ha ella, y no queriendo llamarla, por vos, amí me elegisteis por tercero. No es verdad, Sancho? Sí, yo señor. Todos lo entendemos. Creo, que por vos lo dijo. Pues yo, señor, no lo creo, Ella volverá, y veréis como lo dice. No quiero, que preguntando lo diga, porque despertar no intento, con la mohina de oírlo, el enfado de creerlo. Luego os enfadaráis? Sí, que no viene a ser lo mesmo, alabar por su elección, una mujer, a un sujeto, que responder preguntada, entre dos, cual fue, que es cierto, que lo que es triumpho en el uno, es en el otro desprecio. pues si yo paso por él. Sancho, sentaos, y cenemos. (fina, Cierra esas puertas, Ruz presto, que llegan. Ya cierro. Esto tenemos agora. Qué es eso Pernil? Qué es esto? Esto es, que el Patrón llegó, sin poder echar el huelgo, de puro correr mandando (que en su casa pudo hacerlo) cerrar puertas, y ventanas, y es tanto en todos el miedo, que echando trancas, y aldabas, hasta las luces han muerto, de la venta. Qué será? Pues qué cuidado os da eso? sea lo que fuere, Sancho. Sea. Llama al Hostelero. Hh Patrón. Quedo señores, que si lo oyen somos muertos. Sómos muertos? del semblante de Sancho, colegir quiero, si se asusta, o no, riyose, pues no le inquieta el suceso. Qué acecha, Patrón? Si pasan. Quién ha de pasar? no entiendo. Unas desmandadas Tropas de Borbón, a quien tememos, mas que a la muerte, por ser tantos los males, que han hecho en todo el Páis, que no hay, ni Natural, ni Extranjero, seguro de sus crueldades, matando, por pasatiempo, y robando por costumbre. Es lindo entretenimiento, Y eso me hace cerrar con más cuidado. Suspenso está Sancho. Ay Beatriz mía, que perezoso está el Cielo, en enviarme la Aurora de mañana! Sancho, y de esto, qué os parece? Hh mucho rato, que dado a otros pensamientos, nada oigo de ello que dice. Estará en los embelesos de su amor. No es poco indicio su descuido, de su aliento. Por aquí. Triste de mí, que están ya cerca, qué haremos? Qué, Patrón? abrir las puertas, para excusarles con eso; el cansancio de llamar; y luego al punto trayendo la cena, ellos entrarán, y nosotros cenaremos. Qué decís, señor? Que haga al instante, lo que ordeno. Y mi hija? Retirarla. Oh traérnosla acá dentro, Veislo? Yo, por vos lo digo. Atrévase por lo menos, a traer la cena, y tú abre todas las puertas. Laus Deo. Protesto todos los daños. Por mi cuenta corren. Cierto, que tiene Vueseñoria cosas extrañas, pudiendo llegar a Pavia, quiso quedarse aquí. Y digo, eso es gana de descansar, o susto de este suceso? Si otro que vos lo dijera, lo dejara satisfecho, de otro modo ;pero a vos la satisfacción, que puedo p daros, daré bien aprisa. Dónde vais? A responderos. Cómo? Matando. Sanchico, valga flema, que a su tiempo todos sabremos matar. (to. Todo el Mesón queda abier- Y yo vengo a que guardéis los dos, mi honor de este riesgo Guardaos de otros, que de este, guardaros, hija, prometo; y vuestro padre? Metido en el Pozo. Estará fresco: tomad hermosa. Por ser de vuestra mano, lo aceto, que estoy sin mí. Teméis mucho a los hombres? Os prometo, que si fueran como vos todos, los temiera meños. Y yo más. Y esto, hijo mío, por quien lo dice? Cenemos. Cenemos muy en buen hora, y echa de beber. 1. Abierto está. 2. Qué milagro es este? 1. Y aquí hay unos pasajeros cenando. 2. A buena ocasión llegamos. Vérase luego. Qué es lo que quieren? Querrán, defenderse del sereno de la Noche; no es así, Hidalgos? 1. Mas quieren que eso. Dame esa copa Don Sancho, a la salud del Mancebo Carlos, Que viva mil siglos. Tomad, y comed. No acierto. No hacéis la razón, Soldados? 1. No. Franceses en efecto. No es mejor? Nada es mejor, que lo que hago yo. Acabemos, que tenemos que dormir, y sepan que está aquí dentro. Quién? Un Soldado no más: si me nombras majadero, me enojaré, Pues por qué? gos: Por qué? porque hallo tres ries- el primero, ser posible, que no me conozcan, puesto que no he estado nunca aquí: y el segundo, no siendo esto, que conocido, a mi nombre puedan perderle el respeto: y el tercero, que dirán los valientes, mal contentos, que riño con la opinión, lo que con las manos puedo? A no estar aquí mi padre, ya estos estuvieran lejos. Impaciente está Sánchico, cuanto de verle me huelgo. 1. Si sale de esa consulta, que se nos den al momento las balijas, los caballos, y lo que hubiere en dinero, no se habrá perdido nada; pero si no, es perder tiempo. Palillos. Esta flemaza, me ha de llevar al Infierno: lo que ha de darles después, no es mejor dárselo luego? Cuántos vienen? 2. Muchos. Cuántos? 1. A poco repartiremos, aunque traiga mucho. Yo haré, que vean muy presto, que les toca a mucho más de lo que quisieran; puesto, que no se quieren volver: Sancho, no tiene remedio, apretar, los puños, hijo. Acabaramos con ello. Qué contento está el muchacho. 1. La ropa vaya viniendo. No irán contentos ustedes con lo que darlos podemos. Sí. Pues muchas cuchilladas, llevarán para refresco, que para desvergonzados, este es el caudal que tengo. 1. Matadlos, amigos. Mueran. Verase ahora ese pleito. 3. Muerto soy. Eso excusara, si tomará mi consejo. No te adelantes rapaz. Braba danza. 1. Ay que me han muerto. Huyamos, que dos Demonios, se han soltado del Infierno. A como les cabe amigos. 1. Ay. 2. Ay. 2. Ay. Con gran concierto, el tono del ay, ay, hay, van cantando, Seguirelos, hasta no dejar ninguno. Eso no, que van huyendo; y ya no será valor, sino infamia, los aceros en sangrentar en rendidos. Ya, mozos, salir podemos, pues huyen: a donde están los ladrones? A buen tiempo. Ya no ha quedado ninguno. Pues la Venta cerraremos, que si vuelven. No haga tal, que fuera de ser muy cierto; que no volverán, porque no habrán ido para eso: mientras estuviere aquí, el valeroso Estremeño, Sancho de Paredes, hijo de Gancia, de contento se me olvida la cordura, aunque todo quede abierto, estará todo seguro. Y Pernil no entra en el cuento? También tu parte has sacado. Pues lo manda, así lo haré- pero yo me vuelvo al pozo. (mos; Pues a dormir nos entremos lo que hay, desde aquí a la Aurora, y luego en amaneciendo, partiremos a Pavia; pues tan cerca está, y habiendo visto al Duque de Borbón, veremos, Don Sancho, luego a tu tío el Cardenal, y a sus sobrinos veremos Don Juan, y Doña Beatriz. Aí le pica al mancebo; pero el viejo no lo sabe, Beatriz, pues tienes imperio en todo, mándale al día, que traiga sus luces presto. Entra Rofinilla. . Oye, que dice. . Ya nos veremos. Vaya norámala. . Vaya. Cerraré, que es lo más cierto, en durmiéndose. Pernil, alumbra. . Yo, señor, quiero guiaros. . Pues vos gustáis no replico. . Caballero. Qué queréis? Mucho, y no sé decirlo. Pues en volviendo por aquí, ya habréis Doncella estudiadolo, y con eso, lo sabréis decir, y yo, sabré entonces responderos. Qué es aquello Pernil? Nada, todo, señor, has de verlo? Pues volveréis? Quien lo duda. Y será presto? Muy presto. Anda, Sancho, que te dijo? Pregunto, señor, son celos? Celos, no por cierto. Pues, para qué queréis saberlo? Vamos, señor. Vamos hijo. Cayéndome estoy de sueño, Cansado mi hermano está. En que ha de ser su cuñado, el Marqués Octavio ha dado; mas que cuidado te da, si el Cardenal ha de ser, quién nobio te ha de elegir? fuera de que no es morir, el casarse una mujer, pues la que hoy desesperada, muestra vivir sin contento, en virtud del Sacramento, mañana está bien hallada. Que aquí, para entre las dos, se ve, por lo que sucede, que en esto de bodas puede, mucho la gracia de Dios. Ay ausente bien perdido! Doña Beatriz, mi señora, de eso te acuerdas ahora? Pues di, cuando yo me olvido? no Julia, porque salí de España, mi amor dejé, que antes en la ausencia, fue donde más fuerza le di. Obedeciendo a mí tío, de mi hermano acompañada dejé a Truxillo, olvidada de que es mi albedrío mío; Pero no Julia la calma, de mi penosa partida, ha olvidado, que la vida, se dejó en Trucillo el alma, A Don Sancho, como viste, adoré, y adoro amante, de sesperada, y distante, de lograr mi amor (ay triste!) añade a este padecer, el dolor que ha de causar, si prosigue el porfiar, verme en ajeno poder; pues según dice mi hermano; que lo quiere el Cardenal, fuerza ha de ser por mi mal, que le dé al Marqués la mano. Ya el remedio es apelar al olvido, otro hay más cierto. Cuál? Por un corazón muerto, sentir, padecer, llorar. Finezas mal admitidas, aunque tan bien empleadas, mejor están retiradas, que a ingrato dueño rendidas. juzgando que te divierte, canta més. No canta mal, mas no puede en pena igual, mejorar Julia, de suerte. Del Marqués tengo entendido, que es la letra. 1. Suya es. Y porque la cante Inés, un tesoro le ha valido: parécete bien? A quién lo que es bueno, no ha agradado. Gracias a Dios, que ha llegado, la menguante del desdén. Y de qué lo infieres? Yo, de ver tu afabilidad. Me agrada la habilidad. Y el que la tiene no? No, que si agradarme fue empeño, del concepto, por razón, también lo es por mi pasión, desagradarme del dueño. Busco a Juan, y no hallando. a quien preguntar, aquí llegué; mas qué es lo que vi? venturas, qué estáis mirando? Beatriz es, su hermana bella: qué cobarde está mi amor! mas si ofendo su rigor, y es grosería ofenderla, volverme quiero, a pesar del alivio de mis ojos, y por templar sus enojos, condenarlos a cegar. El Marqués, por qué os volvéis? Calla necia. Porque espero, que no me veáis grosero: a vuestro hermano buscaba, y no hallándole, llegué a donde a vos os hallé, dicha, que no la esperaba, que aunque pudiera tomar, mas licencia a lo que infiero, tómarla, Beatriz, no quiero, por ver si os puedo obligar, que en señas mi intento, es. de mi fineza constante, que es esmalte de lo amante, el perfil de lo cortés: y volviéndome a lograr, lo que propuso mi amor, temiendo vuestro rigor, me ausentaba. . A qué? A callar. Y eso propusisteis? . Sí. Es cuerda resolución, aunque ignoro la razón. Allí os la dicen, y aquí. Finezas mal admitidas, aunque tan bien empleadas, mejor están retiradas, que a ingrato dueño rendidas. En un noble padecer, para sentir, y penar, sobra el alivio de hablar, y basta el mal de querer. No por mí, por mi amor sí; se despechó mi tormento, que no hay de amor sentimiento, que no toque en frenesí. Airada triunfa de mí, mas no ingratas, mis sufridas ansias, crezcan ofendidas; y antes las llore el cuidado, rendidas a dueño airado, que a ingrato dueño rendidas. Pues qué ingratitud con vos? Si la explico, ya es hablar. Pues qué pretendéis? Callar. Id con Dios. Quedad con Dios. . Qué es esto Julia? Si usarán, los hombres, este primor; yo imagino que mejor, las más veces negociaran. Téngolo por de debaneo. Con todo eso, yo he pensado. Qué? Que un riesgo porfiado, no da que hacer al deseo. Un Estremeño Español. Aguardad se lo diré. Los Estremeños no aguardan, Madama, Qué es eso, Ines? Un Soldado, o su figura, que ha dado en que te ha de ver, diciendo que es Español. Ay, señora, Pérnil es. Qué dices Julia? Que es digo. Di que entre. No es menester, que yo viendo que tardaba la orden, sin ella entré. Llega a mis brazos. Mejor, señora, estoy a tus pies, Pues a qué vienes? Pregunta a lo que vénimos. Quién? Diego Garcia, mi amo, y Sancho, mi amo también. Y dónde están? En el cuarto del General los dejé, que es su forzosa visita. Y yo, adelantado, a que sepas la llegada vengo, de Don Sancho, con poder, para decirte mil cosas; pero todas las diré, con decir, que siendo yo, un mentecato esta vez, quisiera ser yo Don Sancho, por estar donde me ves. Y mi tío; cómo viene? Con setenta años, que en él no pasan de veinte y cinco, según casquilucio es. Cómo viene Sancho? Viene, si lo deseas saber, valiente, como Estremeño, fino, como Portugués. Su salud, es lo que importa. Y su amor no? No. Por qué? Porque me casa mi hermano, Con quién, señora, con él. No Pérnil. Ya es mi señora, Marquesa Octavia. Ya es? Digo, que lo será aprisa. No es lo mismo; pero usted habrá andado en los conciertos, si no me, engaño. Si he. Y tú? Yo soy Española, y ella Italiana es. Y qué con eso me dices? Que el que delito no fue en ella, lo fuera en mí. Bien haya tu buena ley, lindas albricias, muy buena respuesta le llevaré a Don Sancho. No soy mía. Y en fin te casas? Ce4 Con quién? sin mí he quedado! Me huelgo. Don Sancho, primo. Detén, que no vengo a que me abraces, aunque a eso venía: Pues, qué te mudó? Haber oído que te casas, y como es, mucho antes que la mía, tu conveniencia, troqué en cumplimiento el cariño, la visita en parabién. Yo, primo. Y pues que te he dado, ya la norabuena, bien, que no sé como se da, lo que no se siente: hah infiel! a buscar vuelvo mi padre, que con Borbón le dejé, con bien frívolo pretejto, a rogarle, que si no es muy forzosa su asistencia, en Pabía, antes, que a ser venido haya por mi mal, yo, testigo de tu bien. De Pavía nos falgamos, y sino pudiero ser, que me deje a mi salir sin su compañía, a que busque en el primer peligro, el alivio que tendré, en que haga una vala, lo que mi dolor no sabe hacer; porque si muere mi amor, muera mi vida con él. Vamos. Señor,, ay de mí! oye. Déjame cruel. Qué culpa tiene mi amor, de lo que violencia es? yo no me caso, mi hermano porfía, y como en mujer de mi Sangre, el albedrío, ser ajeno ha menester, no temo, lo que es Don Sancho, sino lo que puede ser, que no soy yo tan dichosa, que no le deba temer, mucho más que a castigar, obliga a compadecer. Mi desdicha, de mis penas amantes, testigo es; mi propio dolor; que él solo, es el que lo siente bien. Hoy llegas, y en ti el alivio, que perdido ya lloré, pues me traes un bien, Don Sancho; no me desposeas de él. Y pues sintila las porfías, excusas Don Saucho hallé hasta oys mejor desde hoy, contigo las hallaré. Templete primo, mi amor, mi rendimiento, mi fe, no te hallen los males míos, de parte de ellos también, porque primero. Tu hermano. En qué quedamos? En qué no me ausento. Y dime, estás. satisfecho? No lossé. Volverás a verme? Sí. Y estáraslo? Puede ser. No pongas duda. Te quiero mucho. . Que llega. Diré, que a verle vine, pues nada novedad le puede hacer. Muy bien os hallara yo, señor Don Sancho, aunque bien lo solicité, sabiendo vuestra llegada; cierto es, que no se han de procurar las venturas; pues se ve, lo que está tardo, en llegar a mí, porque la busqué. Muy bien venido seáis. Mis brazos respuesta den, señor Don Juan, al afecto, que mostráis, y a la merced, que siempre de vos recibo. Ya la mano le besé, al señor Diego Garcia, de Paredes, y a traen esta noticia a Beatriz volvía, que ociosa es, aunque no puedo dejar de daros queja, de que no haya querido servirse de esta casa, como quien la puede tener por suya; pero pues que no llogré esta dicha, con licencia suya, posada le hallé, cerca, porque no le impida, el achaque de los pies, ver al señor Cardenal nuestro tío, que ha de ser para su Emvencia grande. la alegría de saber vuestra venida: Beatriz, algún régalo preven, desuerte, que se conozca tú aseo, y mi amor en él, Dasme tanto gusto hermano; que en nada obedeceré lo que mandas, como en eso, y aunque la visita fue, tan breve para el deseo, con que la espera mi fe, como muchas repitáis; dadme licencia, de que vaya, primoy a prevenir, lo que etán forzoso es, para que menos sintáis, el desaseo esta vez, de la posada. Señora, que ahora calle, no extrañéis, lo que en vuestro favor creo; pero de mi amor creed, que le sabré venerar, si le llego a conocer. No os olvidéis, de que es breve esta visita. No haré. Ay Don Sancho! Ay. Beatriz bella! Venid, os acompañaré. Antes solo tengo de ir, porque me importa volver solo, a ver el General, y así os ruego, que os quedéis. Su os importa, no replico. Luego a buscaros vendré. Que despacio anda mi ama, Lo que le pesan los pies, a Don, Saucho. No os quedáis? En la calle os dejaré, Beatriz. Don Sancho, 9g911 Qué espera? No tardes. No tardaré, que dejo aquí el corazón, y es fuerza venir por él. . D ol T. A Dios, señora, Italiana. En el Marqués Octavio, como os digo, A Dios, señor, Irlandés. Y a mí no me parió madre? Contigo no he menester, cumplimiento, toca Julia, y veré monos después. tenía yo esta Plaza proveida, que es gran Soldado, a más de ser mi amigo; mas, pues, el César gusta, obedecida su orden sea, y vos muy bien llegado; aunque esta desazón, me hayáis causado. Siento. Señor Garcia de Paredes, muy bien se emplea en vos. Esas mercedes, procuraré pagar con esta espada, sirviendo a vuestra sombra. Presto espero, que haya donde emplear el duro acero. Pues qué hay de guerra? No pasó adelante, el trato de la paz; porque sabemos, que es astucia del Papa no importante. El Legado que envía, según vemos; pues es su intento, Ejército bastante traer de Francia, y Venecia, aqueste día, para juntar el nuestro en Lombardía. Mucho Don Bernardino ha trabajado, el Cardenal Caravajal famoso, aunque nada ha logrado; pues como es Español, que es sospechoso, el Papa le ha enviado a mi ver, más al Nuncio desterrado. Tiene el Alma Francesa el Padre Santo; pero presto verá, si no se doma a la razón, que dando a Francia espanto pone Borbón la planta sobre Roma; sin que mi intento pase a disgustarle; pues solo solícito reportarle. para aquesta ocasión, habéis venido a lindo tiempo, porque solo espero, que llegue Carlos, que anda entretenido, en ver las Plazas, y le considero, cerca ya de Pavia, a quien le pido, esa licencia, que tener espero, y a Roma iréis, Garcia de Paredes. Yo, contra el Papa, perdonarme puedes. Pues qué os detiene si él nos ha obligado? Que no quiero morir descomulgado. El motivo no es justo? No me ajusto, que ello se ha de temer, justo, o injusto. Vos iréis. No haré tal, que es vano empeño, querer, señor, que ponga un Estremeño, que llevo setenta años de oraciones, al cabo, su limpieza en opiniones. Pues no haréis falta allá. Sobra tampoco. Bien puede ser valiente, pero es loco. El Duque de Borbón, es caso llano, que es buen Soldado, pero mal Cristiano. Ay! Qué tenéis? Señor, la gota es esta, que me acaba de dar en pies, y manos. Es mal prolijo. Tanto me molesta, que pasan sus dolores a inhumanos. Sentaos, pues, Ayudadme; si os obligo. Aunque no me obliguéis, soy vuestro amigo. Mientes, y cuantos contigo fueren de tu opinión. Muera. Sancho es este, vive Dios. Dónde vais de esa manera? aguardad. Pues es mi hijo, aquel que anda en la pendencia, y queréis que aguarde; Sancho, rapaz, la casa respeta del General. Esta es calle, y no casa Muera, muera. Estrada, prendedle. Vamos. Solo podrá tu presencia, y podrá mucho excusar, que mil desdichas sucedan; porque a el lado del Marqués, criados, y amigos, quedan puestos; y a el lado de Sancho, que son los de la pendencia, puesto su padre, parecen dos furias; pues sin que cedan, a más de ducientos hombres, tienen la calle cubierta, de muertos, y heridos. Vamos, se sabrá de la refriega el fundamento, y castigo le daré al que le merezca: mirad con la gota el viojo, él no es hombre, si no fiera. Que se retiran. Muchacho. mientras la espalda no vuelvan, no ay, sino apretarlos. Ya, me va faltando la fuerza. Acaba con ese, Sancho, que ese a Beatriz galantea. Zelos a mi enojo añades. Muerto soy. Requien aternam. Huyamos, muerto el Marqués. Ya nadie en la calle queda, sino muertos. Plaza, plaza. Borbón, es este, que llega. Y con él más de mil hombres. Retírate aquí, y no temas a nadie; pues las espaldas están seguras. Qué intentas? Darle por ti la disculpa posible. Y si no la acera, qué hemos de hacer? Que sé yo, no a deluntes las materias. Pues no es mejor escaparnos? Si no me llevan acuestas, yo no puedo menearme, y Saucho es cosa muy cierta, que no me querrá dejar. Aunque alma, y vida perdiera, no te dejara un instante. El muchacho es una perla. Pues ya llega el prendimiento, Plegue muy en horabuena. Pareceos, Diego Garcia, que es hazaña digna esta, de un Coronel Español? Estrada, al punto los prenda, y a una Torre vayan. Yo, no os he de hacer resistencia; pero no habéis de prenderme, ya tengo las manos hiertas. Pues por qué no he de prenderos! Porque en estas faldriqueras, (mas no le puedo sacar) traigo yo, un papel del César, para estas ocasiones; sacadle por vida vuestra, señor Capitán Estrada, y dádsele a su Excelencia. Es este? Sí. Cosa extraña. Para que nadie se atreva, a prender al Coronel Diego Garcia, so pena de traidor a mi persona, el Emperador: con esta cédula, señor Garcia, muy bien matarme pudieráis sin riesgo. No fue el intento cuando me la dio, del César ese, pues sabe muy bien que no hago cosas mal hechas. Yo la obedezco, Paredes, y no disputo, en que sea mal, o bien dada, pues solo me toca a mi obedecerla: dadsela. Hacedme merced, sino os cansáis, de meterla, que cerrar no puedo, amigo, ni abrir las manos. . Y aquellas cuchilladas, que en lo grandes se conocen bien ser vuestras, decid, quién las dio sin manos? La cólera, que si ciega los ojos con su poder, no es mucho, señor, que pueda, adormecer los dolores, cuando está en su mayor fuerza. Y ya no estáis enojado? No, Yo sí. Mucho me pesa: esto es contra ti, Sanchico. Y qué importa que lo sea? Llevad a Don Sancho, Estrada, que en él haré que se vea, castigado tal delito, ya que en su padre no pueda. Tengo otra cédula yo, aunque no de tantas letras. Y dónde está? En esta hoja, el que quisiere la lea. Ay atrevimiento igual! Yo estoy hecho un vadea. Prendedle, qué aguardáis? Hola. Ninguno a llegar se atreva. Rapaz, no dejes prenderte. Déjalo tú por mi cuenta. Y por la mía, que ya los dedos se me ormiguean; pero el lance excusaré antes, todo lo que pueda. Daos a prisión. Esperad, pues se empeñó Vuecelencia, en que Sancho vaya preso, vaya muy en hora buena; pero yo le llevaré, señor, con vuestra licencia. A quien lo mandé, lo haga. Mucho temo, que él no quiera; Qué aguardáis? Da os a prisión. No quiero. Ay tal desvergüenza. No os lo dije yo: atrevido, date a prisión. Fuera, fuera, viva Carlos, Carlos viva. Qué es eso? Que llegó el César, y que teniendo noticia, de este suceso se apea. A muy buen tiempo ha llegado, porque si no, me perdiera. Mientras que yo le recibo, junta gente, que le prenda, o le mate. A quién, Borbón? A quien a tus plantas llega, generoso Carlos Quinto, a que su sagrado sean. Mi hijo Sancho es, señor, el que está a las plantas vuestras. Vuestro hijo es? qué causa, de que le maten, o prendan, pudo dar un hombre tal? Ahora Borbón se venga. Ninguna, que ya le indulta, gran señor, vuestra presencia. Hombre honrado es el Francés. Quiero yo Duque saberla. Yo la sé, señor. Sargento, templalo lo más que puedas, que se me ha vuelto cariño, lo que antes enojo era. Sois Sangre Real finalmente. Decidla. En una refriega, ha herido al Marqués Octavio de muerte. La causa es esa, señor, y yo por hacer, mas segura su obediencia, que como mozo no sabe la doctrina de la Guerra, le amenacé como oísteis. Duque de Borbón, es cierta cosa, que hay muchos Marqueses Octavios, aunque este muera; pero Sancho de Paredes, no hay más de uno. Eso os confiesa, el cariño que he cobrado a su valor. Ahora resta saber, que ocasión tuvisteis. En mada, muchacho, mientas, que mentir al Rey, es culpa, que de traición tiene señas. Señor, volviendo a buscar a mi padre, que por cierta ocupación dejé en casa de Borbón, hallé a su puerta, un conclave de Soldados, y entre ellos un Marqués, que era al parecer el quejoso, diciendo, sin que pudiera mi presencia embarazarlos, que había sido mal hecha, en el caduco Garcia de Paredes, vuestra cuerda elección, en cuanto al puesto de Coronel, y que fuera en este dicho Marqués, más acertada, y discreta, pues Borbón, se la tenía ofrecida: mi paciencia quise probar cortesano; pero como poca era, se me cansó tan aprisa; que sin dejar de si señas, fue mi postrera palabra desmentirle; bien que puesta la espada en la mano ya, para que agravio no fuera, que nunca hombres como yo saben herir con la lengua, porque las heridas sanan, y no sanan las ofensas. Puestos a su lado cuantos con él estaban, en rueda, no bastaron a estorbar, a mi cólera resuelta, que le diese una heridilla, de que muriéndose queda, Llegó mi padre, y cerrando con todos, como dos fieras, a más de ducientos hombres, vimos las espaldas vueltas. Algunos descalabrados, quedaron de la refriega, nosotros limpios: llegó al ruido su Excelencia, y queriéndonos prender, sacó mi padre unas letras de excomunión, para quien prenderle quiso, y con ellas quedó libre, sobre mí, cargó luego la sentencia. Rogole a Borbón, mi padre, que él fuese el que me prendiera: no quiso Borbón, llegasteis, y pues contarlo me ordenas, lo que pasó, granseñor, es esto, al pie de la letra. Que fue cuerda mi elección, le había dicho la experiencia al Marqués Octavio ya, aunque a tanta costa sea, cúrese el Marqués, y vos, Duque, cuidad de que sean amigos. Y si se muere? Faltan en Pavia Iglesias? No señor. Pues enterrarle, y a Don Sancho preso, tenga su padre ; llegad los dos, que así Carlos Quinto premia, en vos pasadas hazañas, y en vos esperanzas nuevas: bravo hijo tenéis Garcia. Esa honra hará que lo sea. Bastale ser vuestro hijo. Y lo parece de verás. Con todo eso refrenadle. (tra. No hallo en qué, por vida vues- Ahora tuvo razón. Pues siempre es de esa manera, Venid, Duque, me daréis, de las cosas de la Iglesia noticia, que a eso he venido; porque yo siempre quisiera, donde el Pontifice pone el pie, poner la cabeza. Oh Cristianísimo Marte! señor, preciso es que tenga vuestra Majestad Césarea descanso. No le quisiera mayor, que tener al Papa gustoso. Hará Dios que sea. Nada más deseo, hijos. Qué juventud tan discreta! aprende hijo a ser modesto, porque es el valor del César, mayor que el tuyo, y el mío, y habla de aquella manera. Su Cristiandad me enternece, Ella es, por quien le premia Dios, y a ti te ha de premiar, porque ahora mi arrimo seas. Poco ha, señor, que era pluma, el pie que plomo semeja. Es el amor de los hijos muy grande, y es la terneza con que yo te quiero, mucha. Dame la mano por esa merced. Y mi bendición, Sancho, y la de Dios con ella. Quieres qué traiga una silla? No quiero mostrar flaqueza. Ya al menos no ha de casarse con el Marqués Beatriz bella. Y si sana? Yo le haré, que a enfermar otra vez vuelva.

JORNADA SEGUNDA

SEGUND A JORNADA La alegriafesteje, al César de Alemanía, ya que como en las vidas, tiene imperio en las almas. Vaya de fiestas, de juegos, y danzas. Vaya,. Ya que me ve el valor convalecido, no me halle la venganza descuidado, para cobrar mi honor os he llamado. A eso solo he venido, mas no estáis agraviado, de Don Sancho, que es cosa muy sentada, que no hay lengua, Marqués, donde hay espada. Sano de las heridas, y más sano estáis de la opinión, y esto os allano. Yo pienso lo contrario, y satisfecha, con su muerte ha de verse mi sospecha: para esto de Milán os he traído, y pues oigo el ruido, con que hoy la alegría atenta anda, en festejar al César, y una banda, que le dio mi enemiga, ha de enseñarme a Don Sancho, hoy Barón, he de vengarme; vos ved, si os toca a vos, de mi llamado, faltar en este riesgo de mi lado. Oíd, oíd: mas puesto que he cumplido, con advertirle el riesgo, y he venido a asistirle en el riesgo, vea Octavio, pues oyó la cordura de mi labio, de mi brazo el valor; pero guiados de su propria alegría desmandados, . unas cuadrillas vienen a esta parte, y él a su vista, y pues he hallado arte de su noticia, para que embarazo, sea mi brío de su airado brazo, estorbaré por hoy su intención loca, la amistad le toca. que esto al valor, y a Ya el César generoso, que obligado se halla, de le altad, y finezas, las premia con honrarlas. . Ya no puedo menearme, maldita sea la usanza. Este de la banda es, mas decirle cara acara, a un hombre como él su riesgo, no es para excusarle causa. Vaya de fiestas; de juegos, danzas,. Qué tan tarde me avisaste de tal traición? Mi tardanza, consistió en saberla tarde. Este detérmino, que haga lo que yo no podré, oídme: ese hidalgo de la banda, es Don Sancho de Paredes, y un peligro le amenaza por ella, haced que la oculte. Pues quién? Esto a mí me basta. Ya he visto a Don Sancho, que la seña me lo declara. Esta es traición del Marqués, y así quiero embarazarla, pues sacarle de aquí, es nota: muchacho, daca esa banda. Por qué, señor? Por qué quiero andar galán en la danza. Qué será esto? En mí la vea, ael que viniere a buscarla, Estáis cansado, señor? Nunca, Duque, a mí me cansa el gusto de mis Vasallos. . Este es Sancho, una criada me ha dicho, que el Marqués quie- apor la seña de esta banda, (re, darte muerte en el festín; vuelvémela, porque salga de este susto, y quedes tú, con la vida asegurada. Ya por lo menos le debo esto, al trueco de la banda, oigan que aprisa el muchacho, puso en cuidado a esta Dama. Qué esperas, bien mío? Bueno: si ella me viera las canas, mas por eso las cubrí, presto no me requebrara. No me respondes? Sí, y puesto que el peligro me declaras, y la causa del peligro a su aviso esté obligada mi vida, por el peligro, no aparta de mí la causa, porque será cobardía: si ella con Sancho encontrara; esto mismo la dijera; y sino, no lo acertara. Hoy de mi vida seré lince. Larga va la danza. Ya he visto a Sancho, muera; Qué mi aviso despreciara, oíd, dónde vais? A dar a mis ofensas venganza. Con vos estoy, pues no pude embarazar la desgracia. Este que repara en mí, es, y yo haré que le salga mal el intento. Así venga mi honor, ofensas osadas. Y así yo amenazas burlo. Traición. Qué es esto? (mo La cara descubierta el César, con nadie la tiene tapada. Estáis herido, señor? No hijo, toma tu banda, que a no ser porque Dios quiso; te hubiera costado cara. Si no estuviera aquí el César le diera de puñaladas. Con el César, ya no os puede servir mi valor de nada. Cómo se haria este trueque? Mi discurso no lo alcanza. Felizmente ha sucedido, y pues nadie en mi repara, vamos. Mucho mejor fuera, que yo al Marqués no avisara. (vio? Qué este es el Marqués octa Sí, señor. Traición extraña. Yo me perdí por mi honor, mas que sería la causa, de que su padre trujese la seña, y no él? yo erraba. la venganza. Engaño fué, el aviso de la banda. Si los hicieráis amigos, este lance se excusara. Señor, ha estado el Marqués? retirado de su casa. Unos a otros se miran, y ninguno habla palabra. Mi sacro decoro ofende, Borbon, quien busca templanza en mi enojo, para culpa tan treidora, y tan villana. Oídle, señor, siquiera. Nunca a la justicia falta mi atención: Marqués Octavio, por qué con traición matabáis. a Garcia de Paredes? No era él a quien yo buscaba,, que fue hierro de una seña. Con que por otro le daba. Pues a quién matar queriáis? A Don Sancho. Por qué causa? No supe satisfacerla, y así no se pronunciarla. Sabiáis, que mi persona en este puesto se hallaba? No, señor, y esta verdad, tiene la prueba muy llana, pues quien vino aquí a dorar los desdoros de su fama. Quién vino a perder la vida, por dejar su honor sin mancha. claro está que no vendría, a donde más le manchara, con saber que estaba aquí,, vuestra persona Césarea, y perderos el respeto, fuera traición declarada; con que yo saber no pude, que aquí, señor, os hallabáis, pues vine a curar mi honor, y no a que más enfermara. Esto, señor, aseguro. Porque de escrúpulos salga mil duda, decidme en qué vuestro honor mal puesto se halla? Aquí tenéis mi cabeza, mandad, señor, derribarla, y no mandéis que mi voz saque a mi labio, mi infamia. El hombre, es hombre de punto; Si haré; pero porque vaya mas consolada a la muerte. vuestra vida, hay otra causa, mas que el lance que tuvisteis, cuando yo en Pabía entraba. No, señor. Decidme vos, sin que os excuséis ennada: pasó cómo me dijesteis? Sin que nada le faltara gran señor, a la más leve, a la menor circunstancia. Pues Carlos Quinto asegura; con la autoridad Cesarea, a las Naciones amigas, (cha: que no hay en vuestro honor mana y a las contrarias Naciones, sustentará con la espada, como Caballero, que vuestra presunción, se engaña; pues no tiene vuestro honor, culpa de vuestra ignorancia. Dadme, gran señor, los pies, que vuestro dictamen basta, para creer, que mi necio escrúpulo, me engañaba. Esta prevención del César, es justificar la causa del Marqués, y he de librarle, si una industria no me engaña. Ya estáis con aquel honor, que creísteis que os faltaba. Sí, gran señor. Pues ahora resta, que se satisfaga mi justicia: Hola. Señor. Nada será de importancia, para estorbar su castigo. Antes que vuestra Cesarea Majestad, firme la muerte del Marqués, con su palabra, a sus invictos pies puesto, le suplico, que le valgan, para indulto del delito, muchas honrosas hazañas, que a las suyas añadidas, podrán ser de circunstancia. Decid: idalga acción, Duque. Digna, señor, de alabarla. Generoso Carlos Quinto, gloriosísimo Monarca, digno de mayor Imperio, aunque tanto se dilata el vuestro, que ni aún la envidia, le cuenta, porque no alcanzan sus venenosos guarismos, a suma tan dilatada. Oíd de un vasallo vuestro, las glorias, que así las llama, por conocer, que resulta su honor, en vuestra alabanza; y no por vos, os acuerdo, quien soy, que fuera excusada prolijidad, cuando es cierto, que en vuestra memoria se hallan, mis progresos, mas notados, que en la mía, pues se estampan pos vos, en mi privilegios, las más leves circunstancias. Por quién me escucha, y por quieo vi mi piedad empeñada en templaros, contaré cosas de mí tan extrañas, que se conozca al oírlas, que no será demasiada, la esperanza en mi por ellas, ni en vos, señor, la templanza. Y así desde mis principios, porque vengan enlazadas, con las de vuestros aplausos, de mi valor las hazañas, del discurso de mi vida, haré una breve sumaria, aunque la vejez se corra, de juguetes de la infancia. Nací en Truxillo, Ciudad vuestra, y Ilustre en España, de nobles Progenitores, en la Casa de Orellana; llámome Diego Garcia de Paredes, que esto basta, para decir mi nobleza, cuando mi origen callara. Tube en mi infancia primera, niñeces tan alentadas, que lo que yo hacia niño, muchos hombres envidiaban; pues de nueve años, apenas cumplidos, hallé en mi casa, un día a mi madre triste, que era muy buena cristiana; porque a el salir de la Iglesia, se le olvidó tomar agua bendita, oílo, y partá a la Iglesia, que no estaba cerca, y hallándome en ella, sin tener con que sacarla, porque no me dio la prisa, lugar de que lo pensara, asiéndome de la pila, a pesar de las instancias, que hacía su relistencia, la saqué de donde estaba, y llevándola en los brazos, sin que se me derramara, dejé a mi madre contenta, y a la Ciudad admirada, pues la que yo truje, solo; y niño, era tan pesada, que fue menester después, que seis hombres la llevaran. Mas suelto era en la carrera, que el ave, que el viento rasga,, en el salto más ligero, que la pluma más liviana. Pues si corría tal vez, no se topaba mi estampa en el suelo, porque no parece que le tocaba. Y si saltaba, era tanto, que admirando la distancias. de un salto mío, creían, los que después lo miraban, que se oncogia la tierra,, para que yo la faltara. Trece años tenía, cuando. en unas fiestas, travada. con la gente forastera la de la Ciudad, a causa de que no hay fiesta de toros, donde pendencias no haya; de la plaza se salieron, repartiendo cuchilladas, unos, y otros; yo viendo que toda la gente honrada, que es la que en esto se ocupa, a sosegar no bastaba. el tumulto, reparé en una viga, que estaba una casa apuntalando; llegué con presteza extraña, y desquiciando su peso, en la calle atravesada la dejé, y en la pendencia, y tengo por cosa llana, (según es grande mi fuerza) que si nor me aprovechara, atravesada la viga, que atravesara la casa. Por estas, y otras acciones, a su propia semejanza, el Sansón de Extremadura, comunmente me llamaban. Hasta que creciendo más, viendo tan mal empleadas. mis fuerzas, en la quietud alagueña de la patria, di el oído al belicoso dulce ruido de las armas, despertando mi ardimiento, del sueño, que le ocupaba, y siendo estímulo noble, de mi colera bizarra, el rumor, que por entonces se oyó sonar en Italia. Dejé mi patria, y partir con diligencia tan rara a Italia, que en poco tiempo ma hallé en servicio del Papa Alejandro, que tenía Guerra, a la sazón, con Francia. Mi primera plaza fue, de Soldado de la Guarda de Alejandro Sejto, aunque muy poco ocupé está plaza, pues para que mi valor, mas no se disimulara, me dio motivo un Romano, Gentil. Hombre, que la barra tiraba muy bien, de que mi aliento manifestara, sobre mi pujanza, pues después de pasar diez brazas su tiro, porque envidioso dijo, no sé qué palabras descomedidas, fiado en los que le acompañaban, le desmentí, y ofendidos, me acometieron con armas, no solo él, sino con él, cuantos la apuesta miraban. barra esgrimi entre todos, hallándome sin espada, (ra y en menos de un cuarto de hor dejé limpia la estacada, de todos, menos aquellos, a quien toqué con la barra, que estos no se fueran nunca, a no haber quien los llevara. Por el Pontifice visto este acto, y calificada mi razón, por él, quedó) mi persona perdonada, de quince, o diez y seis muertes, y fue providencia rara de Alexandro, la atención, pues según ya ciego estaba, pienso que desierta de hombres a toda Roma dejara. Capitán de Infanteria me nombró, por esta hazaña, merced, que le mostré presto, cuan bien en mí se empleaba; pues con su Ejército corto salí de Roma, a la marcha, asiendo a Monte. Frascón; que Franceses ocupaban entonces, donde una noche; arrimando al Muro escalas, y ayudado de la Piea, salté sobre, la Muralla, y matando aquellos pocos, que de Centinela estaban, viendo, que a el rumor, la gente de la Guarnición llegaba, porque mi osado disignio, la dilación no estorbara, me arrojé del Muro al suelo, y a pesar de Partesanas, de Mosquetes, y Arcabuces, que sobre mi granizaban, a la puerta del Castillo llegué, rompiendo su guarda; y tronchando los cerrojos, que la tenían cerrada, aldabones, y pestillos, parecían a mi saña, y a mi fuerza, leves juncos, y recien nacidas cañas. Rindieronse temerosos, de este ejemplo, y no sin causas San Lorenzo, y Toscanela, a la obediencia del Papa. Y yo partí enseguimiento del gran Capitán, a instancia del honor, que ya me hacía, y siguiendo sus estampas, en la Cefalonia, Isla, del Gran Turco, conquistada poco antes al Veneciano, nos hallamos, donde tanta fue la altiva resistencia, con que los Turcos guardaban un Castillo, o Roca fuerte, que la Isla señoreaba, que a no ser por mi valor, hoy, no estuviera ganada. Y fue el caso, que entre muchos. instrumentos, de que usaban para su defensa, era con que más se aseguraban, el de unos garfios de hierro, que desde arriba arrojabán, con cuyas puntas asían, a los que al Muro llegaban, horror que tenía a muchos, distantes de la Muralla. Notelo yo, y previniendo, que de asaltar me excusaba el Muro, si de aquel modo, ponía sobre él la planta. Dejándome llevar de uno, que me prendió las Corazas. subí a ser muerte de cuantos, su Cautivo me juzgaban. Pues apenas sobre el duro terreno, estampe la planta, cuando empuñando el acero, con la ródela embrazada, comencé a despedazar Turcos, con suerte tan varia. de muertes, que hasta la muerte pienso que las extrañaba; pues destroncando cabezas, brazos, pies, piernas, espaldas, hice una gran pepitoria, para que el Diablo se artara, de Enemigos de la Iglesia, que estos son los que le hartan. Tres días duró, este duro cónbate, porque mudaban Compañías, prevenidos los Turcos, que me asaltaban. Pero al cabo de ellos, lleno del sudor, que me anegaba, de la sed, que me afligia, y el hambre, que me angustiaba, tardas las respiraciones, y las fuerzas minoradas, ciegos los ojos, sin uso la ira, y débil la planta, medi el suelo, que es en fin el hombre, por más que haga, hombre, y no puede librarse, de las pensiones humanas. Hiciéronme prisionero, y creyendo que me ahorcaban, cuando preso me tenían, vi, que no mal me trataban; que debe de haber también entre Turcos, gente honrada: mas yo se lo agradecí, pues viendo que se asaltaba, por los fuertes Españoles, con despecho la Muralla, deshaciendo las cadenas gruesas, que me aprisionaban, maté cosa de cien Turcos, que me servían de guarda; y luego, porque no supe, prevenirme de otras armas, o porque supiera el Mundo, que sin ellas peleaba. Saltando en la confusión sangrienta, de la Batalla, y repartiendo un diluvio, de puntapies, y puñadas, di a los Tuscos tanto asombro, que volvieron las espaldas. Y en fin, por irme ciñendo, pues si por menor contara mis tropheos, no cupieran. en un siglo de palabras. Solo diré, las que vos referis en una carta, o privilegio, que el día de vuestra Corona Sacra me disteis, cuando en Bolonia, para blasón de mi Casa, vos me armasteis Caballero, de los de espuela dorada; pues, después de referir que volvieron por mi al Papa diez Ciudades, que a la Iglesia tuvo el Francés usurpadas, que al Católico Fernando, di, en la Conquista nombrada de Nápoles, a Visela, S. German, y Roca de Andría. Acreditando servicios, decís, que cuando a Navarra tuvieron, por vuestra ausencia, los Franceses ocupada, se le debió a mi valor, volver a recuperarla, por la Batalla que dimos, a las Enemigas Armas. junto a Pamplona este día, llené mi honor de alabanzas, de triumphos vuestra Corona, vuestros opuestos de infamia, a todo el Mundo de envidia, y temor; y esta jactancia, no me atreviera a tenerla, si vos no la acreditaráis. Treinta y seis heridas, cuentan de mí, que aunque está cerradas, son las bocas de mis triumphos, mas que mis labios declaran; pero no cuentan, que en premio de ellas, ni de mis hazañas, tenga más tierra, que aquella poca, que mis pies estampan, mas riquezas, señorios, que este brazo, y esta espada. Y me huelgo que así sea pues si premiados se hallaran mis servicios, no tuvieran osadía, o fuera rara, de pediros, que al Marqués perdonéis, por las extrañas proezas de mis servicios, por vos, y porque selladas queden mis hazañas, con la mayor de mis hazañas, pues pediros por la vida, de quien quitar intentaba la de mi hijo, es señor, bizarría tan no usada, que merecerá por nueva, que entre todas sobresalga. Solo este premio os suplico, señor, que sirva de paga, a mis lealtades valientes, y si lo obrado no basta a conseguirlo, yo ofrezco adelantarme, a tan arduas empresas, en vuestro aplauso, que dueño del Mundo os haga, haréos Fénix de la tierra, y porque queden borradas, las memorias menos dignas, de Césares, y Monarcas, y solo la vuestra sea, a todas privilegiadas: de las alas prenderé, a la boladora fama, y rompiéndole el clarín, con que de Alejandro canta, pararé su alado curso, y deshaciendo las alas, pluma a pluma, de su vuelo con las de vuestra alabanza, le compondré dos pensiles, de hermosas plumas, y varias, para que vuele, y poniendo trompa más sonora, y clara, de vuestros hechos famosos, en sus labios, y enseñada, a repetir vuestras glorias, la soltaré, porque vaya, por las Provincias del viento, diciendo, ya no hay más fama, que la del gran Carlos Quinto, digno César de Alemanía. Siendo esto así, gran señor, justo será, que le valgan, méritos tan excelentes, al Marqués. Verdad tan clara, es cuanto refiere, Duque, que su discreción esmalta en callarlo, que yo sé, pues es cosa averiguada, que pareciera prolijo si dijera lo que falta. Cubrid el rostro, y prosiga el festín. Prudencia rara! por no ofender la iusticias rehusa explicar la gracia. Oíd, Garcia. Gran señor. Por vos queda perdonada, la culpa de Octavio, pues fuera ya muy declarada la pasión, que a España tenge, y no sin razón culparan, que perdenando a Don Sancho, a Octavio, no perdonaba. Vos se lo decid, y advierto, que la ociosidad se acaba. Y pues al nacer el día, yo he de partir a Alemanía, y vos, Duque de Borbón, también saldréis a Campaña, No hay para mí, gran señor, noticia más deseada. Pues mañana partiremos, y lo que del día falta, quiero agradecer al gusto, con que Pabía me trata. La alegría festeje, al César de Alemania,. . Ya, señor Marqués, quedáis perdonado, y creed que estaba, temerosa mi piedad, cuanto envidiosa mi fama, de vuestro pundonor noble, pues aunque él os engañaba, hasta que os aseguró, del César, la opinión llana. Cuanto hicisteis, fue bien hecho, aunque si no me avisara una Dama, en el festín, no pienso que lo contara, (así la verdad le digo) pues esta seña declara, quien fue, esta a quien debí el primer aviso, y para que nada dudéis, sabed, que yo le quité la banda, que era vuestra seña, a Sancho, sin que él entendiese nada, y que de esto procedió vuestro engaño. El que intentara, señor Coronel, pagar acción hasta hoy no eschuchada, de piedad, y de valor, necio presumo se hallara; pues nobles primores, solo así se tienen por paga. Julia, es la que le avisó. Y pues las heridas sanas, y sin duda la opinión vuestra, buena suerte os halla, d sed amigo de Don Sancho. Llegad. De muy buena gana, si gusta Octavio. Yo gusto, porque no me escusa nada. Oíd Caballero. Yo? . Vos. Qué me queréis? Dos palabras. Con las amistades hechas, boló Beatriz. Si estorbara esta palabra, mi amor le quebrara la palabra a mi padre, y a mi avuelo, al Emperador, y al Papa. Mi opinión, y yo sanamos, pero mi pasión no sana. Este es de Don Juan; Oh Inés! Este te envía mi ama, leele aprisa. Qué hay de nuevo? Que anda el Diablo en Cantillana. Volviendo a casa, supe, que mi hermano había visto tus pa- peles, por olvido de una llave, y no sabiendo lo que ha pasado, ni que el Marqués estará impedido por el enojo del César, me ha dicho con resolución, que esta noche le ten- go de darla mano, cosa a que yo no me resisto, osí por conocer el impedimento, como por no califi- car su sospecha, anticipándote este aviso, por si pudiere importar. Vuelva a leer dicha, que alivios le trae al alma. (tantos Siendo lo último, que mi tío me de- jo encargado, cuando se volví oa Roma, que os cumpla la palabra que os dio su Eminencia, he sabido como mi hermana queda reducida a daros la mano esta noche: noticia que os doy en esta forma, por que- daros aguardando, y previniendo lo forzoso. Y qué os obliga, Direlo. Buena la ha hecho mi ama, perdonado está el Marqués. Y todos, como unas Pasquás. Mira que estoy muy deprisa. Ay suerte más desgraciada, que la mía! Inés, no hay duda en que el favor de la banda, fue, si pudo ser favor, de parienta, y no de Dama. Pienseló él como quisiere. Esto ha de ser, vuelve a casa, Julia, y en anocheciendo, me tendrás la puerta falsa abierta, que es la respuesta, que has de llevar a tu ama. Como lo dices lo haré, Y pues divertido se halla mi padre, sígueme tú, que esta noche parto a España. Sin mi amo? Peor será partir sin Beatriz mañana. (vida, Vamos. . Me iré hoy por mí que tiempo hay para mi fama. . Que todo eso se previene, para que Beatriz no haga, a mi dicha resistencia. Pues id por la puerta falsa, que esto me mandó advertiros, porque ruido se excusara. . No cumplís con el valor, de vuestra ascendencia clara. Ahora solo testa hacer, que estorbo esta noche no haya a mi buena suerte, y ya se me ha ofrecido una traza, con que a todas luces, quede mi ventura asegurada. Caballeros. Qué queréis? Que para otra vez doblada, que de la conversación. Ya por hoy está acabada. Pues de los dos necesito, aunque en una misma causa, para efectos diferentes, y perdonadme que haga, señor, Coronel, de vos esta justa confianza. Aquí me tenéis, más Sancho dónde está? Como tardaba vuestra plática, y a mí me viese en la de una dama, sin duda por no estar solo, se fue siguiendo las danzas. La juventud le disculpa. Qué era lo que me mandabáis? Que en mi casa, como dueño de ella, y de mí, hasta que vaya (la. me esperéis, a recibir un huésped, que ha de ir a honrar- Obedeceros me toca, yo os buscaré en la posada, señor Coronel. Señor, Barón, yo os veré mañana. Así le aparto, advertido, para que queja no haga. El quiere que sea su huésped; pero están ya muy cansadas mis vejeces: y qué a mí me encargáis? Desida, y alma, la seguridad. Y yo sabré dar cuenta tan larga, vaya a lo que fuere, como a ser su huésped no vaya. Y en fin, qué he de hacer? Tener por una hora guardada una puerta. Y si así os sirvo, la llevaré a mi posada. Vamos, pues, que es hora. Vamos. Ya veis en lo que empeñada va vuestra persona. Veo, que os he de tener guardada la puerta. Así me aseguro. Con dos quintales de canas, os meten, señor Garcia, en géntiles rapazadas. Todo se ha echado a perder, y pues no hay a que apelar, no tienes más que esperar el novio, y obedecer. Primero me daré muerte. Pues tú, no lo prometiste a tu hermano? juzgué, hay triste! desdecir de aquella suerte, su presunción, mas si es cierto, lo que me has asegurado, para verle mejorado, con el remedio me has muerto: Escaparte tú, es conquista imposible, porque es llano, según se ve, que tu hermano, no te ha de perder de vista. Y ello está libre el Marqués, que yo le vi, y lo he sabido. Cómo eso posible ha sido? Como esto posible es. Y a qué hora Sancho vendrá? Luego dijo, que vendría. Ea, pues, Julia, osadía, que menos importará perder mi Casa, que verme sin vida, y sin libertad. Y pues una necedad, ha porfiado en perderme, porfíe una discreción en ganarme, que esto haré, cuando mi pundonor dé, de quien soy satisfacción. Mejor fuera haberle hablado. claro, a tu hermano, señora. Ya, Julia, es muy tarde ahora. El salir me da cuidado. A mí no, que mi valor, hará contra mi destino, a mi libertad camino. Sánchico le hará mejor. Mas qué mandas por ahora? Que me aviles en llegando, Don Sancho. Estaré esperando; pero tu hermano, señora. Qué haces hermana? Esperar, Don Juan, a desenojarte, Solamente con casarte me podrás desenojar: este es gusto de mistío, de mi honon, y del Marqués, y mío también lo es, porque yo. También lo es mío: su enojo atajar prevengo, porque no pase a furor, que tiene razón su honor, aunque yo también la tengo. Disimule mi dolor, pues desde hoy he prevenido, que a cargo de su marido, quede el riesgo de su honor; ya no tardará el Marqués, y así bien puedes entrarte al estrado. Deseo darte gusto en todo. Justo es, si serían los papeles de Octavio, pues que tan llana, está a casarse mi hermana; bien puede ser, más crueles sospechas, sean, o no, hoy ha de quedar casada, y mi duda asegurada, que antes que todo soy yo: Ven. Yo voy, que siento el modo, de librarme, es caso llano; pero perdone mi hermano, que yo soy antes que todo: y pues aquí no hay más medio, que el que elijo por forzoso, sírvale a un mal peligroso, un peligroso remedio. Esta es la puerta, que hoy valiente habéis de guardar. Yo os ofrezco, que por ella nadie, Marqués, entrará; pero decidme, todo esto, pregunto para no errar, y si oigo dentro ruido, para e ntratos a ayudar podré dejarla? El peligro, solo en esta puerta está, y como no entre por ella, ninguno allá dentro habrá. Pues no hay otra puerta? Sí, mas por aí no se abrirá. Idos. Ya, bella Bearriz, entro seguro a gozar el premio, que ha merecido mi fineza, a tu crueldad. Entrose, porque halló abierto, alguna Dama será de calidad, la que a Octavio, tan cuidadoso le trae; mas por qué a mí me trairia, para su seguridad, y no al Barón? pero esto algún emphasis tendrá. Qué se habrá hecho Sanchico? que de su temeridad, estoy siempre cuidadoso, cuando conmigo no está. Mucho se cierra la noche, y nadie en la calle hay, paseémonos, Garcia, que de centínela estáis. Si por tu flema he perdido la ocasión; te he de matar. Tan fáciles te parecen, tres caballos de ensillar, de componer dos balijas, buscar queso, vino, y pan, que es lo que está mi señora, esta noche ha de cenar? Si cena fuera, señor, de que muy poquito ha, que anocheció, y nadie viene, si tiene juicio cabal, a casarse tan aprisa, que no de mucho lugar, de que la mujer le roven, con quien se viene a casar. Deja locuras, y llega, pues la puerta principal está cerrada, por esta, que abierta, Julia, tendrás a avisarla, de que estoy aquí, que quisiera entrar sin ser conocido. Voy. Cerca pienso que oigo hablar, Si no me lleva el Demonio, el Diablo me ha de llevar, en servicio de dos amos, peores, que Satanás. Un bulto se acerca. Hola, que aquí una fantasma hay, y fantasma sin basquiña, con que Julia no será. Señor? Qué quieres? Que un bulto se puso ahora en el humbral. Llega a conocerle, y dile que se vaya. Pues no hay más? Qué más ha de haber? si tienes miedo déjame llegar, que no sufre dilaciones mi sobresalto: quién va? la voz fingiré. La voz pretendo disimular, porque si reñir se ofrece, no me conozcan, que ya lo que es en mi edad valor, locura parecerá, No responde, quien va, digo? . Señor. Pase, si quiere pasar. to! Lo que quiero es, que me diga quién es? qué deje ese humbral; que se salga de la calle, y muy aprisa. No hay más? Qué responde? Que ninguna, de esas cosas ha llugar. Por qué? or Porque yo no quiero. ̱ Yo querré, Allá se verá. . No te pongas a mi lado, mientras más gente no ay. Atención es de valiente, por ella no le haré mal; pero guardaré la puerta, que es lo que a mi cargo está. Que no haya otro, con quien yo, pueda un rato retozar? El diablo del hombrecillo, es un propio Barrabás. Una Muralla es el hombre. Temo que me ha de obligar, a descalabrarle. Así mi valor le ha de quitar de la puerta, y de la vida. A muy buen puerto llegáis. Válgate el Diablo por hom- otro de su aliento ay. Esta fuerza es de mi padre, . Tu opinión? quién eres hombre? Rapaz Sánchico, eres, más quien tuviera valor igual. Cómo a vuestro amo faltabáis en riesgo tal? Como aunque importa su vida, importa su opinión más. Decid, si yo fuera otro, y le matara? No hay otro como tú, y si hubiera otro, con sacrificar a su valor, yo mi vida, intentándole vengan, sin ofender su opinión, cumpliera con mi lealtad. Muy bien habéis respondido, sois hombre honrado, y le al. Ahora, señor, no perdamos. tiempo, que puede importar: qué hacéis a esta puerta? Soy, sin ser Fraile, su Guardian. Quién te trujo aquí? El Marqués. Y qué se hizo? Dentro está. Válgame el Cielo! conoces esta casa? No en verdad. Ni quiero que la conozcas por lo que ha de resuitar; pero aguárdame aquí un poco. (bre . A donde . Sancho vas? (porta. A entrar dentro, que me im- Por Dios que no aprieta mal, . Pues por aquí, no has de entrar. o este es Sancho, o en el Mundo, . Pues mi opinión, y mi vida, a un tiempo se perderán. Sí, que una Dama, de mi valido se ha, para que de una violencia la libre, y en ella están, depositada mi vida, oí y mi opinión. Bien harás en entrar túr; pero yo, por aquí lo he de estorbar. Pues cómo la libraré? Cómo, Sancho? entrando allá, EEOP Voy. Pero no por aquí. Pues por donde, si no hay otra parte. Por adonde, por esta reja, rapaz, que yo te la arrancaré, de su asiento, sin faltar, ni a guardar lo que ofrecí, ni ha el empeño en que tú estás, que aunque otra vez se haya visto, muy cierta cosa será, que ni en lance como este, ni en setenta años de edad. Cuál era para Gitano. Ya, hijo, puedes entrar, pero pórtate allá dentro, sabiendo que sin mi vas, que yo, aunque lo siento mucho, no puedo de aquí faltar. Siempre con migo te llevo, no tienes que recelar. Anda tú, y de él no te apartes. Que llama usted apartar, si el Marqués ha sido bobo, de si se puede quejar, porque harro tiempo ha tenido, de casarse y de en viudar. . Difícil será de creer, si se llegare a contar, que hubo padre que faltó, a un hijo, por observar una palabra, que poco los hombres, mirado han el riesgo de este peligro, reconociendo, que es tal, que las más veces se vence, con mucha dificultad. Cautela fue del Marqués, según averiguo ya, haberme traído aquí, por quererle asegurar, de Sancho, y también es cierto, que está la Dama será, por quien compiten los dos; pero hale salido mal, porque el muchacho allá dentro, y yo aquí, empeñado está el Marqués, tan peligroso, que nunca lo ha estado más. (nor, Por atrevido a mi hor a mis manos morirás. En matándote sabré quién eres. Yo he de librar, a esta Dama de la fuerza, que se hace a su voluntad. Mata esas luces. A escuras, no sé a quien tengo de dar. Mucho hago, si lo que escucho no me obliga a entrar allá, Muerto soy. No es Sancho este, mas yo le voy a ayudar, que sin duda mucha gente, dentro de la casa está; pero mi palabra, Cielos, quién se vio en congoja tal! pero aquí el rumor se acerca: hijo, sacalos acá, y verás que aprisia acabo con todos. Suerte fatal! Mi hermano es el muerto. Pues que le entierre la hermandad: no te apartes de mí, Julia. Dime, Sancho, ante hecho mal? No señor. Quien traes contigo. Estas Dama. Bien está. Y yo traigo estotra aquí. Vamos. No puedo dejar la puerta. Espera traidor. Pero el Marqués sale acá. Y con toda la familia. Pues hacia aquí los retirad todos, y dejadme a mí, que a fe, que me ha de pagar, el mal rato que me ha dado. A dónde traidor estás? No hay aquí ningún traidor mas que vos; pues intentáis, que mi valor os ampare, con cautelosa amistad; y pues ya con vos cumplí, en no haber dejado entrar a nadie, por esta puerta, puesto que en la calle estáis, cumpliendo ahora conmigo, os digo, que he de amparar al que salió de esta casa, y cuantos con él están. Mirad que ha muerto. No importa. Pues de esa temeridad, dará respuesta mi acero. Acabemos de matar, estos que nos han, quedado. Vaya. qu Yo ofrezco vengar esta sinrazón. Huyamos, Pues para entonces guardad esa cuchillada. diole. . No los sigas, hijo, más, sino vamos, y está noche pantiremos a Milán, y allí informados de donde ha de ir Carlos a parar, sirviéndole nuevamente, le podrás desenojar; pero dime antes. Señor. Esta Damares principal? Es tan buena como yo, y en viéndola me creeras, No digas quien soy ahora. Pues ensillados están los Caballos, qué aguardamos? Yo solo a con siderar, que en tan pocos años, quepa esfuerzo tan singular: mas el brío, como es parte del alma, y parte esencial, no teniendo edad el alma, el Valonno tiene Edad. Pues esa respuesta sea, la que yo te deba dar. Síganlos dos Compañías. Ya aquí importa el no tardas, por no haber nuevos delitos: segura conmigo vais, señora, no tengáis miedo, a ninguna adversidad. Tengo yo mucho valor. No te me quedes atrás, Vas gustosa? Voy contiguad con au Buen tiempo de enamorar. Ven, hijo, que si esa gente, nos pretendiere estorban; confirmará, en ti, y en mí, que el Valor no tiene Edad. abellidavo esto

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA s, , Parece que te estremeces, Pérnil? anrmo Engañaste; pues, de la Artilieria es, mas el ruido, que las nueces, El César quiere asaltar a Dura. Josas? dara? Es cosa segura, que la tal Ciudad de Bura, contra él no ha de durar; pero en qué estado tenemos, el enojo de señor? Ya muestra menos rigor. Muchos fueron sus extremos, cuando supo, y con razón que Beatriz la Dama era, cosa que él no consintiera, a saberlo en ocasión. Por eso yo procuré, que se lo dijese el día, distantes ya de Pabía. Treta provechosa fue, aunque hecho un León de Albanía, contigo por eso ha estado, todo el tiempo, que ha durado, el viaje de Alemanía, y aún conmigo. Pudo hacerlo, que es mi padre. Ya se ve: pero conmigo por qué, sin comerlo, ni beberlo. Hás visto a Beatriz? La tiene tu padre; con tal cuidado, que apenas lugarime ha dado, en tres días: mas él viene. con el César ay podré llegarme a la Caseria. Ve volando, ay Beatriz mía Con esto a Julia veré, . En fin; que murió Borbón, Sí, señor, en el asalto, fue el primero, y el primero, que dio la vida a un valazo. No mi alma como la suya. Pero los tuyos vengaron su desgracia, entrando en Roma y la Ciudad saqueando. Válgame Dios! qué decís? la Santa Ciudad a saco! no llaméis míos a hombres, que hicieron tal desacato. Protesto a Dios, como a quien sabe el pensamiento humano, que no le hubo en mi jamás, de este irreverente acto, ni que a Borbón le di orden, de ir contra Roma, afirmando sobre la Cruz de esta espada, que le mandé lo contrario. Creese, que sin orden de Borbón, se dio el asalto a Roma, y que por no poder refrenar la cólera de el Ejército, hubo de hacer lo que le costó la vida. Ahora siento más su muerte, aunque no la siento tanto, como el disgusto forzoso del Pon- Ello es llano, (tifice. si murió asaltando a Roma, que se le ha llevado el Diablo. Eso siento más. Con eso no habrá menester sufrajios. El Pontifice Clemente Séptimo, queda retirado en el Cas- tillo de Santo Ángelo con trece Cardenales, y algunos Soldados, y yo doy a vuestra Cesarea Majes- tad las noticias de estas cosas, como substituto de Borbón, y dispongo los dos mil Españoles, y mil Italia. nos, para que a toda diligencia marche la vuelta, como vuestra Césarea Majestad manda, El Príncipe de Oranje. Despachésele al de Oranje; que le otorgue al Padre Santo, los partidos que quisiere; que bien pueden mis pecados, hacerle a él mi Enemigo, pero no a mí su contrario, Y yo le serviré atento, no al dolor de mis agravios, sino a su queja, que en ella, me tengo por disculpado, convenciéndole, con que quien está solicitando, los aumentos de la Iglesia, siempre levantando el brazo, para defenderla, nunca pudo concurrir, en caso, que se ha mostrado en su ofensa, tan torpe, y tan declarado. Como Dios ha de premiar, señor, vuestro afecto santo bastaba vuestra virtud, sin vuestro valor sobrado, para ocupar los distritos, que hay del Oriente al Ocaso. Diego Garcia. . Señor. Mirad que soy mal Cristiano, Vive Dios, que solo siento, no nacer de aquí a cien años, aunque no hubiera servidoos. Pura qué? . Para rezaros. Qué decís? Cuando la Iglesia lo mande, que o yo me engaño, o ha de haber San Carlos Quinto, señor, en el Jalendario. Dejad eso ya: decidme Estrada, entre los Soldados, vienen hombres conocidos? De valor acreditado vienen muchos; pero entre ellos, el famoso Sevillano Juan de la Rea. Es valiente? Y tanto, que no ha pasado Español más valeroso, a Alemanía. En vos honrarnos, señor, parece forzoso, según se ha hecho ordinario; pero hay sobre Dura muchos valientes, y en el asalto lo veréis. Ya yo lo he visto: y viendo cuan arriesgado era celebrar a otro valiente, donde habrá tantos, no le aventaje a ninguno, si no le iguale Don Sancho. No os parezca eso tan poco; que no sea demasiado. Pues qué os parece? A mí solo, que a vuestra opinión me allano. Y vos de esto qué decís? Que su espíritu gallardo, le desvocó, y el respeto volvió a enfrenarle los labios. Don Juan de Caravajal, viene también. Enterrado, le juzgué yo, ha muchos días. Debió de sanar. Es claro. Mucho me huelgo. Y yo, y todo: dónde estaba? Con el campo en Roma. Y se halló en la escala? Sí. Pues viene excomulgado: y hubiera sido mejor, que le dieras bien, muchacho, porque con eso no hubiera ido, contra el Padre Santo. Ya vendrá absuelto, Paredes. Señor, hay unos pecados, que aunque los perdona Dios, son de descrédito tanto, que es muy justo que se vean, de los hombres castigados. Lo que habéis de hacer, Garcia, es imponer a Don Sancho, en lo que es razón. Harelo, porque vos lo habéis mandado; y por dejar el honor, de Doña Beatriz, en salvo, que por Don Juan, vive Dios, que atendiendo al desacato, aunque es tan gran Caballero, de haber la espada empuñado. contra la Iglesia, lo hiciera, gran señor, tan al contrario, que estorbará que mi hijo diera a su hermana la mano. Muy buen Católico sois. Pues decid, hay hombre honrado, que no lo sea? Ninguno, aunque lo presuman tantos. otros muchos Españoles, vienen, señor, muy nombrados. Y Italianos? Muy famosos, y viene el Marqués Octavio. Este no viniera acá, a no haberle perdonado, yo, por vos. Ni si después, yo, no asojara la mano. Razón entonces tuvisteis, según me lo habéis contado; pero razón para mozo, no para hombre tan anciano: y es muy cierto, que en Pavía, me vierais muy enojado, si os prendiera aquella noche; pero ahora ved que os mando, y a vos Don Sancho, también. Templaos, señor, templaos, que ni mi hijo, ni yo, para vuestro soberano precepto, hemos menester, mas que vuestro acento airado. Y pues este es el que os da blasones tan sublimados, no esté en nosotros de menos, el que está demás en tantos. Decid lo que nos mandáis, y advertid, que este reparo, le hago como por nosotros, por vos, señor, excusando, que mormure quien os viere, con nosotros destemplado; y de nosotros, que os demos motivo, para enojaros; y de vos, porque no hacéis, diferencia de vasallos. Mal afecto la entereza, con hombre a quien debo tanto. A fe que solo esta vez, me he visto sobresaltado. Muy bien ha dicho mi padre. No sé que me haya enojado. Y qué mandáis? Que os portéis, con Don Juan, y con Octavio, sabiendo que están los dos, quejoso uno, otro agraviado. Y pues tienen los aceros, donde ocuparse bizarros, guárdese todo el valor, para el día del asalto. Así lo haré yo. , . Y yo, y todo. Qué es esto? Que ya ha llegado, el Trozo, que se esperaba, de Españoles, y Italianos. Creí, que el Duque de Cleves, era menos obstinado, tanto está en su rebeldía, llorara el último estrago Dura, que a su devoción, se ha resistido a mi campo. Vamos a ver esta gente, Coronel, que no descanso, hasta ver mis Españoles, porque quiero agasajarlos. . Vamos, señor: ah Sanchico, esta vez he dispensado, que a Beatriz veas, y digas, como ha venido su hermano; y que él vivo, se hará todo muy bien, que esté sin cuidado, Voy, señor. Cómo has de verla, si yo, rapaz, he mandado, a la Escuadra que la asiste, que la defiendan su cuarto. Eso por mi cuenta. Bueno. Tú no lo mandas? Muchacho, lo que mando, es, que te llegues, y que le digas al Cabo, el nombre. Y cuál es el nombre, que tengo de decir? Carlos: oyes, mas no la enamores, advirtiendo, que debajo de mi amparo, está su honor. Yo, señor. Eres un Santo, y ola cuenta, que tenemos Enemigos declarados. Ellos mirarán por sí. Con todo eso, cuidado, y a Dios, hasta luego. Voy a no perder este rato, en los ojos de Beatriz, cuando por ellos me abraso. Locuras hace por ti, como te digo, tan grandes, (des, que es cierto que no hay más Flan- para él, que su frenesí. Tan fuera se llega a ver de sí, y a ti tan asido, que olvidando que ha comido, suele volver a comer. Duerme con notable empeño, doce horas en buena fe, porque dice que te ve, en las ideas del sueño. Diciéndome cuando acaba, si alguna vez le he llamado, ay Pernil! que me has quitado, elalivio que soñaba. Tunombre en su paladar, decomún es tan prolijo, que a mí una noche me dijo, Beatriz, entrate acostar. Con Beatriz, su mal espanta; con Beatriz, su afán molesta, y en fin con Beatriz se acuesta, y con Beatriz se levanta. Ay de quién, ni el manjar gusta, ni al descanso se consiente, y ay de quien todo lo siente, y de quien todo le asusta. Padecí amante en Pavía; pero no desesperada, la esperanza dilatada, de un día, sobre otro día. Y olvidando por mi amor, de mi estimación el trato, abandoné mi recato, enemiga de mi honor. Quitó a mi hermano la vida, mi amante aosada locura! para que en esta clausura, llore ausente, y afligida. Pues condenada a no ver a Don Sancho, vivo aquí, vida tan fuera de mí, que vida no puede ser. Pues todos esos enojos, muy presto se han de acabar. Primero me han de anegar, las lágrimas de mis ojos, Quieres que cante, por ver si te alivio en pena tanta? ̱. Por ver si me alivio, canta. No cantes mucho, mujer, si has de cantar, que quebranta el que piensa que remedia, medio paso de Comedia, con un paso de garganta. Me atiendes ya? Mis estremos, a nada me dan lugar. Despacha si has de cantar. Oye, que luego hablaremos, Ay loca esperanza vana, cuantos días ha que estoy, engañando el día de hoy, y esperando el de mañana? Conmigo tu voz habló. Y conmigo. De qué suerte contigo? Dándome muerte la esperanza, que faltó. Eso iba a proseguir, añadiendo la tirana pena, que sufro inhumana, pues solo en mi alivio advierto, que para un dolor muy cierto, hay loca esperanza vana. Padezca yo, por tu ausencia, una muerte tan cruel, que tengar al dolor por fiel, cuando aprieta la dolencia, rindiendo ya a la violencia, del mal el aliento voy. Ventaja, Beatriz, no doy, a tu dolor, porque en má, es más mal estar sin ti, cuantos días ha que estoy. Mas supuesto que hoy te veo, y que enciende mi ventura, en la luz de tu hermosura, las alas de mi deseo, diera mi mal por tropheo, del alivio que me doy. Yo el mío, pues ya no estoy, viéndote hoy la dicha mía, con mi amante fantasía, engañando el día de hoy, vivamos, pues, que templaron, las desdichas, sus enojos. Satisfáganse los ojos, de los días, que cegaron. Que después le mejoraron los males nuestra fe ufana. Y este bien, que el alma gana, pues ser de hoy estamos viendo, quedémosle hoy poseyendo, y esperando el de mañana. Sea así, mi bien. Ya estamos, como unas mismas badeas, acabose el llanto Julia: que seáis de una manera todas las mujeres. Cómo? Sopla un viento, y la tormenta del llanto, salta a los ojos, que estaba en la faltriquera: sopla otro viento, y al punto, la borrasca se serena, volviendo a guardar el llanto, para otra vez, que se ofrezca. Y en fin a tal sujección, tenéis las lágrimas hechas, que a vuestro obediente llanto, tratáis como mosqueteras, que en la Cazuela están siempre, que se salgan, o se metan. Y los hombres, majadero, cómo sois? ay quién no mienta? quién no engañe? quién no finja? ha fuego! y que malas bestias. Démonos todos por malos. Razón es, que me convenga, que hombres. Y mujeres. Son. Embusteros. . Embusteras. Preciso es, pues Don Juan vive, y ha llegado ya, que sea su venida encaminada, a su venganza, y temerla en mí, Don Sancho, es forzoso, por tu riesgo. No le temas: también el Marqués Octavio, ha llegado, y aunque ordena el César, que no renueve, pasados lances, si llega a tiro de verte Octavio, ha de perdonarme el César, porque no he de tolerarlo, Déjame a ese por mi cuenta y pues de ti, y de tu padre, ha probado, cuanto sepan, las manos, pruebe las mías. No tan fácil te parezca, que es muy valiente el Marqués, y puede ser que no sea, desgraciado siempre. Sancho, aúnte estás de esa manera? Ahora acabé de llegar. Ahora Don Sancho llega, señor. Huélgome, Beatriz, de que eso a vos os parezca, pues en materias a donde tiene el recato licencia, para no estar encogido, es decente la fineza. Vuestro esposo ha de ser Saucho, y perdonad que esta sea la primera vez, que os da esta noticia mi lengua: pues hallándome ofendido, de un engaño, sin que fuera, vuestra, ni suya, la culpa, solicitó mi entereza, dar satisfacción, a cuantos ven las cosas por defuera, ocultándoos el intento, que ahora mi voz manifiesta, sin haber en cuatro meses, consentido, que tuvierais, los dos más conversación, que aquella, o muyrara está, que suelen tener los ojos, cuando los labios la niegan. Como mi hija, tratada, habéis estado, a mi mesa, y a mi vista, y aunque vos os hayáis juzgado presa, advertid, que este cuidado, según es vuestra nobleza, creo yo, que le tendríáis, vos, por vos, sin mi asistencia. Próbara ella a descuidarse. Descuidarase él, y viera. Albricias almal señor, aunque manda la modestia, que en este caso no os hable, cuando vos me dais licencia, hablándome en él, parece, que me permitís, que pueda hablar. Sí, señora, mía, habiad muy enhorabuena; que aunque a Sancho he menester, bastante tiempo nos queda. Pues desde mis tiernos años, para que disculpa sea, mi pasión, de mi osadía, de mi arrojo, mi fineza, amé a Don Sancho, señor, y con tal correspondiencia, fui yo amada de Don Sancho, que muy bien se conocieran, los cultos de amor iguales, en las iguales ofrendas. Paso por los sobresaltos, que a un en aquella edad eran advertencias del cariño, y de la pasión espuelas. Y voy, a que sin poder hacer al riesgo defensa, sin dar socorro al martirio, ni reusar la sentencia, me hallé forzada a volver la espalda a mi amor, si pena fue la de este duro golpe, vos allá con la experiencia, la consultad; pues no puede. ser posible, que no sepa vuestro noble corazón, las pasiones de amor tiernas, A este dolor se añadió, el de despedirme, prueba, que le busqué yo a mi vida, solo a intento de perderla, pues al probar el violento, tosigo de las firmezas de Don Sancho, vi que menos peligroso riesgo era, el de morir, que el penoso de ausentarme, mas dispuesta la violencia de mi amor, a que mi hermano siguiera, no me permitió rendir, la vida a su amante queja, porque el tormento del alma, con la vida no perdiera. Despedímonos en fin, cual más sentimiento sea, o el de quien amando parte, o el de quien amando queda. Entre los dos lo sabemos, aunque saberlo no pueda, de los dos ninguno, pues basta el dolor de cualquiera, para impedir con el suyo, que del otro dolor sepa. Llegué a Pavia, y trataron mi casamiento: esta nueva desdicha, este nuevo susto, me oprimió con tal violencia, que para contra mi propia, me hube menester yo misma. En esta ocasión llegó, para que más me perdiera, con vos, Don Sancho, a Pabia resucitando la hoguera, no de apagadas cenizas, sino de mudas centellas. Quejoso de mi inconstancia, oí gustosa su queja, que a quien no las ocasiona, de escucharlas no le pesa. Y en fin para no cansaros, como en materia dispuesta, se volvió a encender la llama, volvió a prorrumpir el erna. De nuestro amante silencio, con más declaradas muestras porfió mi hermano, y yo llena de mi amor, y llena de la razón, de Don Sancho: la resolución postrera resolvi, dejé mi casa, abandoné mi modestia, arriesgué a mi hermano, y todo, a fin de que se supiera, que no cuesta mucho, lo que todo un pundonor no cuesta. Pero esto debe entenderse, que fue debajo de aquella palabra, que de mi esposo, me dio Don Sancho por prenda. Y pues dichos los pretejtos, de mi amor, de mi fineza, declarara la constancia, de mi obligación la deuda. Y de todo la disculpa, nada que decir me queda, perdonadme, que no aguarde de vuestra cortés respuesta, los abonos que previene, porque de vuestra presencia, me retira la atención, o me aparta la vergüenza. Ven Julia. Ya te sigo, a Dios. A Dios, buena pesca. A fe que Doña Beatriz, es como hermosa, discreta: muy buen gusto tienes, hijo; pero la verdad es, que ella, le tiene también muy bueno. Pues, señor, nos lisonjeas? Yo la verdad digo, Sancho, y tengo por cosa cierta, que no te pesa de oírlo, ni a Beatriz, si aquí estuviera, le pesaria tampoco, mas vamos a otra materia, que esta llegará a su tiempo. Pérnil. Señor. Salte fuera, y aguarda. Haré lo que mandas. Qué prevención será esta. Oyenos alguien? No, Padre. Como es la vez primera, esta, que un lance dilato, no quisiera que me oyeran: hijo, yo traigo un papel aquí, que en muy pocas letras, a los dos nos desafía; y aunque yo lo agradeciera, en otra ocasión, te afirmo, que no lo agradezco en esta. Y cuyo es, señor? La firma te lo dirá: Sancho leela. Don Juan de Caravajal. Hay tan grande desvergüenza! Porque es desvergüenza, Sancho, que un Caballero, de prendas, tantas como Don Juan, trate de ver su opinión bien puesta? Porque llamar a dos hombres, como nosotros, es fuerza, si desvergüenza no es, que locura, señor, sea. Él con el Marqués Octavio, nos llama a los dos. Ya esa. es otra cosa. Y qué dices? Que vamos a donde esperan. Eso es lo que yo excusara;, pues matarlos no quisiera, por la palaora que di, a Carlos Quinto. No fuerzan esas palabras, que es llanos, que ni dársela pudieras, contra tu crédito, tú, ni Carlos te la pidiera, pues lo que ofreciste, fue tratar con cuerda prudencia los lances con estos hombres; pero no, que si su necia. presunción a desafío te llámara, no salieras. Dices muy bien; pero hay otro motivo. Oírle quisieras. Pues es, que si has de casarte, con su her mana, como es fuerza, debo yo tratar las cosas, de Don Juan, con la advertencia, deeque ha de ser, hijo mío. Si él ese reparo hiciera, fuera bien hacerle tú. Y como quieres, que él sepa; que tengo yo esta intención, cuando es cierto, que a saberla, no solo no te sacara al campos; pero estuviera, contento de no poner, el suceso en contingencia. El en fin nos llama? Sí. Y dónde dice que espera? Entre la línea, y la plaza, sobre la estrada encubierta, y a media noche. Y no vamos? No. Si él a mí me escribiera; no hubiera tantos reparos. Pues dime, rapaz, espera; eres más valiente tú? No, más tengo menos flema. Y si te hubiera mandado; Carlos, que a la hora misma, a reconocer el Muro, te hallaras con él, qué hicieras? Lo que el César me mandara, que es la obligación primera; pero en tanto, aunque ya es tarde, aviso a esos hombres diera, aplazando el desafío, para mañana. G. Eso sea, que para eso, Pernil mandé, que esperase a fuera; y date por avisado, que voy a escribir dos letras, para que lleve a Don Juan, que aunque no sé donde pueda hallarle, él le buscará. Buena fue la diligencia, de saber el puesto, y pues su ocupación, no dispensa, que salga mi padre, yo, salir por los dos resuelva; pero hay otro inconveniente, pues si me ven solo, es fuerza, que echen menos a mi padre, y su crédito se arriesga, siendo llamado también. Válgame Dios! como hiciera yo, más ya lo he discurrido de modo, que con el César. cumpla mi padre, y presuman, que va conmigo; y pues restas que el papel, Pernil, no lleve, así embarazarlo pueda, Pernil. Yo le he andado buscando, para que dé esta respuesta a Don Juan, más que salió, me ha dicho la Centinela, y va cerrando la noche. Al cuartel, es cosa cierta, que habrá ido? Buen cuidado tiene con lo que le ordenan; pero a mí se me hace tarde, toma tú, ese papel. Venga. Búscale, y manda, que al punto, vaya, a hacer la diligencia, que en él digo, que mañana, el duelo aceptado queda, que pues no puede excusarse, Don Sancho, tenga paciencia, y vivan de aquí a mañana, que esto le doy en las treguas. Bien se dispone mi intento. Así, muchacho, sal fuera, que yo, ya he mudado el nombre, para que volver no puedas, pues no has de ver a Beatriz, mientras su esposo no seas, que ya la dispensación está en esta faltriquera. Poco de mí te aseguras, y poco confías de ella. Decidme, no os queréis bien? Si señor. Pues bueno fuera; que yo juntos os dejara, y neciamente creyera, que de dos enamorados, que están de casarse cerca, muchachos, y sin estorbo, resultase cosa buena. Venid, señor. Ya Pérnil, me hace falta, mas cualquiera; podrá hacer, lo que él había de hacer: noche oscura cierra con tus rúpidas pestañas, los ojos de las Estrellas. Sin dejarme ver Octavio de nadie, hastan que me vea vengado, y mi espada sea el juez de mi desagravio, vengo en vuestra compañía, fiado en vuestro valor, a recuperar mi honor, pues aunque elegir podía, medio más suave, a nada se consiente mi advertencia, pues no hay firme conveniencia, si no la afirma la espada. Muy como vuestra es la acción a que os estoy obligado, pues con vos, y a vuestro lado, vengaré una sinrazón: y pues ya no puedo ser, yo de vuestra hermana esposo, puedo no que dar quejoso, y esto por vos debo hacer. Valientes contrarios son, los que vamos a esperar. Señor Don Juan, confiar en la espada, y la razón. Ningún peligro me olvida, de mi propósito atento, a conseguir el intento, u desperdiciar la vida. Según mi enojo conoce, haré osado, y atrevido, ya que a Beatriz he perdido, que Don Sancho no la goce. Sin esperar a Garcia, aunque sé que no ha tardado, me ha sacado mi cuidado, envuelto en la sombra fría, de mi Tienda a conocer, encaminándome a Dura, por adonde más segura, la escalada podrá ser. Un bulto reparo allí. Pues vamonos acercando, al puesto, que recelando estoy, que me vean aquí. Vamos, que pues esperamos a dos, y este no es más de uno, no será de ellos ninguno. Decis bien, a esperar vamos. Dos bultos se han retirado, algunos Cabos serán, que a mi propio intento van; pero poco he reparado, en que lograr no podré, lo que mi designio trazan conocer, pues de la Plaza, ni aún la Muralla se ve. Oscuridad cierto fiera! Que sea tan desgraciado, que a Estrada no haya encontrado, o a otro Soldado cualquiera, de quien pudiera fiar, lo que quería advertir, y no supiera reñir, cómo supiera callar! La hora se acerca ya, solo al sitio llegaré, y con los dos reñiré; pero mi padre, (hombre, Quién va? Mas por Dios, que hay aquí un y debe de ser honrado, pues el riesgo ha despreciado de estar aquí. Diga el nombre. San Mathías: mas desvela otra cosa mi cuidado: dígame señor Soldado, hallase de Centinela? No: este es Sancho. Diga, aquí detiénele algo importante? Tampoco, que iba adelante, Y es noble? Pienso que sí: que no me conozca quiero. . Bien la obligación sabrá, de un noble. Muy claro está. Pues a otro Caballero, y a mí, a campaña han llamado, otros dos. No oso reír. Y el otro de no salir conmigo, está discul pado. Y en efecto que queréis? Que vos os vengáis conmigo, a parecer él, os digo, y que ni riñáis, ni habléis. Muy bien solo os podéis ir, porque yo no he de pasar por ir con vos a callar, Caballero, y no a reñir. Si venís, medio hallaréis, para los dos bien igual. Vamos, si me decís cual. Qué riñáis, y que calléis. Según del lance colijo, Don Juan, y el Marqués osado, son estos dos que han llamado, a Garcia, y a su hijo. Y Garcia no salió, porque yo le señalé, para ir conmigo, y a fe, que no poco me obligó. Y pues él, por mi fiel, su pundonor ha arriesgado, haga por él, yo, obligado, lo que por mi dejó él. Qué pensáis? Que si supiera, Carlos, esta demasía, cuando al declararse el día, el Muro asaltar espera, lo sintiera. Y con razón: mas cómo lo ha de saber? Todo, Hidalgo, puede ser. Tomasteis resolución? Vamos, así solo infiero, que cumplo con mi valor, porque antes que Emperador, nació Carlos Caballero. Mirad, que no habéis de hablar, que al puesto vamos llegando. Yo no hablo nunca, cuand peleo. Este es el lugar, y estos dos deben de ser, que llegan. Causame risa. Yo me daré tanta prisa, que poco os quede que hacer. Es Don Sancho? Sí, Don Juan, los dos que llamáis venimos. Miente Don Sancho, más no lo que discurri ha mentido. Señor Coronel? Octavio, solo a reñir he venido. y no a parlamentos. Cómo tan apropósito ha sido, la respuesta de este hombre, mas por excusar peligros, que traen tras si los rodeos, Don Juan, notorio el motivo, porque nos llamáis, y cierto, que si hubieráis elegido, medio más cuerdo, quedaráis sin temores de ofendido; pues hablarse en nada puede, hasta no estar fenecido, entre nosotros el duelo, de llamar, y haber salido, lo que han de perder los labios, aprovechenio los bríos. Sois de aquel parecer vos? Yo no hablo, si no riño. . Pues riñamos sin hablar, que es a lo que hemos venido. Buen Caballero es Octavio. Fuerza, y valor excesivo. Cómo va Hidalgo? Muy bien. 1. Hacia aquí se oyó el ruido. 2. Sacad luces de esa Tienda. Ven centinela conmigo, que en sabiendo lo que es esto, te llevaré a Carlos Quinto. Hidalgo, si no os dais prisa, han de llegar a impedirnos, y ha de pesarme por Dios, de ser aquí conocido. Bien dices. Aquí es. Qué es esto? Luego vos no habéis salido, señor Coronel, llamado? No, pero a tiempo he venido: Sancho, qué es esto? Señor. No gastemos tiempo, hijo. Viendo que te había ocupado, el Emperador invicto, y que de dar tu papel, señor, no hallaba camino, porque la hora no pasase, sin haber llegado al sitio, con aquese Caballero, que aún ahora no he conocido, me encontró, mi buena suerte, el cual muy bien ha fingido ser tú, no solo en lo hablado, señor, sino en lo reñido. Pues él me dará licencia. ya que tanto le he debido, de asegurar con la espada, que no ha faltado mi brío, en nada a mi pundonor; pues del César impedido, no pude a la hora salir, que me llamó el desafío: dame el papel. Vesle aquí. Y que este papel escrito, dejé, para que marñana, se lograsen los designios del enojo, Caballero, que le leáis os suplico, como desinteresado, porque quiero haya testigos, de haber cumprido con todo. Ya descubrirme es preciso: dice así. Señor! Señor! Luego hablaréis. Impedido del César, me hallo esta noche; pero mañana os aviso, que estaré al amanecer, donde decís con mi hijo: Esto dice aquí, y es cierto, como lo es, no estar conmigo, porque yo no le esperaba, de mi cuidado movido. Y pues como Caballero he obrado hasta aquí, ya visto, debo como Emperador, obrar desde aquí advertido, tomo sobre mi el cuidado, de todos vuestros litigios. Yo Don Juan, os volveré, todo vuestro honor perdido: y a vos Octavio, sin queja, os dejará el favor mío. Señor, yo reñir con vos? No habéis reñido conmigo, sino con un Caballero, ni yo tampoco he reñido con vos, pues con vos riñeron mi obligación, y mi brío, Y advertid, que no enojarme con todos, es porque miro, si no iguales las razones, casi iguales los motivos. Y porque justo no fuera, habiendo yo delinquido, enojarme con los otros, y no enojarme conmigo. Y pues todo está a mi cargo, y ya el día está vecino, antes que el Alba se asome a su balcón cristalino, reconozcamos el Muro Ya ese cuidado ha tenido mi valor. Cómo? Llegando, hasta dentro del rastrillo, y trayéndoos de la plaza, quien pueda daros aviso: llegad Centinela. Yo, señor. No os turbéis amigo: Don Sancho, este es el valor, que habéis de imitar. Mi brío, cumplió lo que le tocaba, gran señor. Todos reñimos, mas no todos ocupamos, el valor en lo más digno; por donde será el asalto más fácil? Señor invicto, por ninguna parte. Cómo? Como está tan defendido, de infinitas prevenciones, que es imposible rendirlo, Yo lo haré posible. Y más, que habiendo en Dura sabido vuestro intento, han ordenado, para salir a impediros, un Escuadrón valeroso, de quien viene por Caudillo el Capitán Fratres, hombre por su valor conocido. Estas verdades, señor, con mi cabeza os afirmo, pues cuando mováis el Campo, veréis ser como lo digo. Mucho importa la prisión de este hombre, y mudar disignio conviene: muévase el Campo, pues ya el nombre se ha rompido, al Muro con las escalas, Españoles, y los cinco a recibir la ignorante sálida del Enemigo, que el Fratres será valiente, mas no Soldado: ea hijos, Sántiago, y Carlos. España, Sántiago, y Carlos Quinto. Señor, al moverse el Campo, de la Ciudad ha salido al opósito, un diluvio de hombres. A ellos amigos. Vuestra Majestad, señor, se ha de quedar, que su invicto aliento, importa igualmente, que de todos sea visto, que yo os prometo (y tomad la palabra que os afirmo) de abrirle con esta espada, a todo el Campo camino, para entrar en la Ciudad: dad con vuestra voz abrigo, desde aquí, a los del asalto: Ea Don Juans, ea hijo, ea Octavio, aquí es adonde se ha de conocer el brío a la puerta, a la Ciudad. . Sántiago, y Carlos Quinto, Ah valientes Españoles, rompiendo los Enemigos van con aliento invencible: y por acá con el mismo, subiendo por las escalas: arriba Soldados míos, adelante, Caballeros. Mas, señor, por Jesucristo, que una desmandada Tropa, trae hacia acá su camino, y estás en riesgo notable. Yo estoy de mi defendido, Y de Pernil, que ha de hacer de estos borrachos, chorizos. 1. Son Españoles? Si somos. Adelante, Sancho mío, que ya yo vuelvo, aquí está Garcia, señor invicto: ha traidores. Yo bastaba. No es malo que haya venido. 1. Muerto soy. 2. Muerto soy. seor Portero del Infierno, vaya abriendo a esos amigos. Dónde vamos? E. A informarme, con los ojos del peligro, de Don Sancho. Esta es Beatriz, y a lindo tiempo ha venido. Mira lo que haces, señora. Nunca el valor ha temido. . toque coatos Pernil? A qué diablos vienes? a meterte en un granizo, de balas, y cuchilladas. Y Don Sancho? Embravecido, mas que cien tigres, penetra el campo del Enemigo. Hijos, Santiago, y Carlos. Por qué no haces tú lo mismo? Por no dejar el Tablado sin gente. El aliento mío; siga sus pasos. Andar. Yo voy a daros abrigo. Ya la Ciudad han entrado. Todos, señor, nos rendimos, a tu valor, ten la espada, no ensangrientes más sus filos. Dónde está Fratres? Murió. Victoria por Carlos Quinto. A Dios las gracias, que a Dios la victoria se ha debido, y a vuestras nobles espadas: llegad todos, hijos míos, A buena ocasión llegamos. Sí, pues a D Sancho he visto. Dale, uno, dos, tres, cuatro, cinco, . De estos pocos que han quedado, señor, el perdón os pido. Quedén perdonados, y premiados vuestros servicios: enviad por Doña Beatriz. Aquí estoy, señor invicto, de mi afecto conducida. Huélgome que hayáis venido, dadle la mano a Don Sancho: y así Don Juan, he cumplido con vos. Suerte venturosa. Para mí la dicha ha sido. Yo, y tú, nos casaremos. Cuando Dios fuere servido. A vos, Marqués, os encargo, con el Gobierno, el Presidio de Dura, mientras yo parto, (pues la Plaza se ha rendido) siguiendo al rebelde Duque de Cleves. Señor invicto, merced es la que me hacéis, que nunca la he merecido, viva el generoso Carlos. Y habiéndose conocido, en vos tan mozo, el aliento, en mí tan viejo los bríos, y el ardimiento valiente, en los años de mi hijo, que el Valor no tiene Edad, claramente se habrá visto. Perdonad por los deseos, los hierros que haya tenido.