Texto digital de El valor contra fortuna
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Andrés de Baeza
- Atribución estilometría
- Andrés de Baeza Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XI de Nuevas escogidas (1659).
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor contra fortuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valor-contra-fortuna-el.

EL VALOR CONTRA FORTUNA
JORNADA PRIMERA
Ha fortuna! el valor mío será clabó de tu rueda. Pólacos viva quien puede. Hoy es mayorazgo el brío. Invencible Genetal. Felisardo valeroso. Mas qué es esto? Prodigioso. afecto, al cuidado igual de su cargo, y su valor: Felisardo, a Felisardo, despierta. Ya ya te aguardo fortuna. Mas qué tumor es este? que anhelación bastarda rompe los vientos, cuyos heridos acentos sueñan en mi corazón. El Monarca Ungaro es, que en los designios parece, que la batalla te ofrece tocando al arma; ea pues, eternos aplausos ganes hoy, prevenido, y valiente, tus ordenes solamente esperan tus Capitanes. Y tú, señor, para pruebas de últimos tranzes, que son tuvos no más, de morrión, de peto, espaldar, y grevas. Ve de punta en blanco armado, porque yo si he de decillo, voy de punta en amarillo de miedo; pero si osado me armare en esta derrota, siendo del valor estanco, no será de punta en blanco, más será de blanco en bota. Y qué resolución se halla en mis Capitanes? Una, que esperemos la fortuna, al trance de una batalla. Fortuna dijo? si, ha fiera presunción, que horror previno, ya cuerpo a cuerpo imagino, que en la campaña me espera, ya a su nombre mi valor, dando a la confusión calma, me rebiste toda el alma de un generoso furor. Fuera vanas ilusiones de un sueño: ordena Rujero a Trasilbano, y a lbero, que con sus dos batallones reconozcan el ostado intento al lanze preciso, dándome de todo aviso tu valor, y tu cuidado. Esta orden prevenida, halle el enemigo al paso, que para el postrer fracaso, queda el muro de mi vida. Por mí Rey, y por mi honor volveré pedazos hecho, que van ardiendo en mi pecho impulsos de tu valor. A la batalla, aunque pueda; mi fina espada no irá. Pues por qué causa no va tu espada? Porque se queda, y si allá va a destruillo todo, riñendo resuelta, temo que coja una vuelta. Por qué? Porque es de tornillo. Quédate en el Real, que mal ser podrás jamás loable. . Señor, yo soy miserable, y ne de guardar mi real; hoy en esta horrible empresa, con pelear, y triunfar, a brazos has de ganar a tu dama, y mi Princesa. Su mano, Estado, y favor te importan hoy el vencer, si vences la irás a ver, marídito, y vencedor, y si no el Ungaro a dalla la mano irá vive Dios, porque a Fenicia, los dos jugáis en esta batalla, por ella ambos con bámbolla sois hombres (que ya se infiere) y quien más triunfos tuviere hoy, se ha de llevar la polla. De una hermosura ha nacido aquesta guerra encendida, que haya necio que la vida arriesgue por ser marido? Por eso mismo es tanto mi tormento. Puedo si ber tu pena? Escucha atento: no, no es cosa que pueda mi tristeza, Mas que suspensión indicia pena en ti, cuando la gloria te llama de esta victoria, y después la de Fenicia. Ya sabes que Teodomiro, Rey de Polonia, de quien tengo tanta sangre. (miro, Bien sé, conozco, advierto, y como sois primos, sin ser Negros, y cuanto te estima pues que te daba a tu prima, y su hermana, por mujer. Cuando el Ungaro arrogante por esposa la pidió, y negada, publicó, que pasarían adelante las guerras, a cuyo empeño, amante, y desafiado, te conoces obligado, por ser de la causa el dueño. Pues Cázuela. Al caso. . Digo, que de un horror, de un despecho. ciego que me abrasa el pecho, quiero. . Descansa conmigo, qué? te dudas victorioso, cuando tu valor, y el Asia, te dan por antono masía hoy el nombre de dichoso. negarse a tu lealtad, y a tu fineza. Desvelado esta noche, revolviendo esos libros, lección a donde atiendo los ratos los lugares, que me dejan estruendos militares, se me ofreció el piimero, aquel famoso Filósofo de España, Padre honroso, tratando de divina providencia, en cuya consecuencia, divina luz su espíritu recibe: leyendo pues, que de Demetrio escribe, que en el mundo ninguno le parece. mas desdichado (mi atención merece) que aquel a quien jamás le ha sucedido adversidad; porque a este concedido no le fue por temor de su influencia, el hacer de sí mismo la experiencia: Dije entre mí: a los fuertes busca osada la fortuna feroz, y despreciada a la inconstancia deja? oh ciego abismo de mi vario discurso, si a mí mismo los ojos vuelvo con verdad desnuda, conmigo habla Seneca sin duda? No soy yo aquel que siempre laureado con méritos heroicos, he ganado, fuerte en la guerra, y en la paz prudente, renombre de bizarro, y de valiente? No es mi nombre el dichoso? no me mir en la privanza hoy de Teodomiro, y con que más mi gloria se adelanta, gozando los favores de la Infanta? Pues qué me falta bárbaro cuidado? dije, y contra sus fuerzas despechado, desafiando a la fortuna, un sueño me arrebató la vida, cuyo ceño apenas sumiller pudo haber sido, que corrió la cortina a mi sentido, cuando una mujer fiera se me representó de esta manera. El rostro variable, tan feroz, tan diverso, tan mudable, tan cubierto de horrores, tan distinto, y confuso de colores, equívocos, y errantes, que el numero perdí de sus semblantes, Con alas, coronada, en esta mano tip cetro, en ella tirano, y con esta modiendo velozmente una rueda tan grande, y eminente, que como hebra a hebra, monte a monte, debanar pudo en ella el orizonte. Atroz entonces la Fortuna airada, mil oprobios me dijo, y enojada, asiéndome de un brazo, como breve pluma ligera, a quien el viento mueve, sin que al aliento suyo retroceda, me arrojo al viento, y recogió en su rueda; Yo que a la rueda frágil abrazado, apenas me juzgaba asegurado, pues a solo el impulso de un instante, me levantaba, y me bajaba errante. De sus iras atroces, pedi favor al Cielo dando voces, sin olvidarme del hacero, cuando a los acentos vuestros despertando; del belicoso estruendo, me hallé cercado pero ya que atiendo a ilusiones? . Vitoria. Fiero día. Por el gran Vences! ao Rey de Ungría. Cielos que escucho! . General valiente, deshecha mucha parte de tu gente por el Ungaro, esperan tu ardimiento, si quieres que se logre el vencimiento. Si hoy empieza fortuna tu inclemencia. a hacer de mi constancia la experiencia: pero que digo? cuando el alma pierdo perdiendo esta batalla, si me acuerdo de que pierdo a Fenicia cuya gloria, el premio ha de ser hoy de mi victoria. Valientes soldados míos, agora es tiempo de ver de vuestra fuerza el poder, de vuestra lealtad los bríos: toca al arma. . Ensilla el vayo. No ha de vencer mi despecho, si de Fenicia en mi pecho, es cada memoria un rayo. . Ya las escuadras osadas. se acometen; san onofre, mi campo tierra, que es cofre, cuyas llaves son espadas: Mas hacia allí viene gente; que lucida! si será el Rey Ungaro? hecha allá, yo me el condo; es evidente. Digo que es aquella dama su hermana, hermosa Amazona, que el peligro no perdona de la guerra, por la fama. De esta vez me hacen pedazos los hermanos sin piedad, que donde está la Hermandad, no han de faltar saerazos. Viva Venceslao, y con él la bellísima Dantea. Monumento el campo sea. Tiña su arena el clavel. Retírese vuestra Alteza al fuerte. El obedecerte, no es para mí menos fuerte, dejándote en la fiereza de la batalla. . Señora, hoy mi amor se ha de empeñar, y me pudiera estorbar el riesgo tuyo. No ignora mi valor, que hoy el vencer te importa el gusto, señor, y aún por eso mi valor te quisiera disponer la victoria. . Retirada hermana, tendrás noticia, que he conquistado a Fenicia, con el mérito, y la espada. Hoy compiten dos desvelos amantes, donde el valor; rige ejércitos de amor, y haurá pólvora de celos: en el fuerte te aseguro. Pues a vencer. . A esperar. A disponer. . A pelear. A la guerra. . Al campo. Al muro. ̱. Qué estruendo Vngaros osados y vencéis; con que mi dueño pierde la dama, que un sueño se lo dijo a ojos cerrados. Zarra; fiera maravilla, con cadá golpe el Rey fuerte, le hace una gala a la muerte. s. Pues cuando está la batalla travada, sin ocuparme, se está el gallina agachado? Yo también estoy travado, pues no puedo moncarme. Sin que lo entiendas, al fin te he de matar en mi tienda. Matarme sin que lo entienda será matarme en Latín. . Riño Por fuerza es pecado. Yo riño por una blanca. ̱. Tú has estado en Salamanca por eso riñes de grado. Riñe. . No quiero. Es deshonra tu excusa; y a provocarme te forzaré. . Antes forzarme será quitarme mi honra. Pues huye. Eso de mil modos, solo mis gracias lo harán, porque según Montalvan, el huir no es para todos. Mas yo cobarde! estoy loco! ahora bien, a que aguardamos; vase, quiere que riñamos? Yo sí. Pues ni yo tan poco. Déjote por insolente, por covarde; y por juniento. Esto escucho, y no me afrento? yo soy Cazuela el valiente, aquel temido Andaluz? o maldita sea mi aguela, porque no me hizo Cazuela en el corral de la Cruz. Pero el campo se está hundiendo, y aunque me cueste trabajo, no me ha de coger debajo. Allí Felisardo, ardiendo en su desesperación, como se ve de vencida, es desprecio de su vida: que brazo, que corazón, que faz, que arrojo, que ardor: Ungaros esto es querer? Sin la vida he de volver, ̱. Esto es hecho, a cuchilladas, solo mi amo vence, y ve; ahora vengan mil, aunque traigan las manos atadas. Ahora tomaré el hacero, que me opila su osadía; y aún al mismo Rey de Ungría pienso que hizo prisionero. Vive Dios, que es un Nerón Felisardo, en lo cruel, vitoria aclaman por él; agora es linda ocasión de enbestir yo, pero no, pero sí, pero, no, oste, pero sí que para postre son los hombres como yo. Viva Teodomiro de Polonia, vitoria por Felisardo. Gran valor en Felisardo se ve, dos mil honras de él recibo por mi valor, y ahora es cierto, que pues aquí no me han muerto, me ha de hacer Capitán vivo. Sigue el alcanze. Alcanzallos me toca a mi Capitán. Hasta sus murarlas dan con los pechos mis caballos; cuyos encuentros emplean, tan osados los bridones, que de miedo sus terrones, parece que titubean. Felisardo vencedor, triunfar puedes, advertido, u he de volver vencedor. . que hoy de mi hermano has vencido la dicha, mas no el valor. Vuelvete, y logrado fía en mi valor, mi deseo, ya que al lleves por trofeo, para honrarte un Rey de Ungría. Divina mujer (deidad casi la venero al bella, que se compiten en ella el valor, y la beldad) hermosa Dantea, aquí te ofrezco a tu hermano, que era mi mayor triunfo. Eso fuera vencerme también a mí; ni lo admito, ni consiento, y tu promesa es ociosa; que desgracia es una cosa, y otra cosa es rendimiento. En mí es el inconveniente darme por vencida, que menos dichosa seré, pero no menos valiente. Vuelve a tu Corte triunfando, que si hoy a mi Rey aquí peleando le perdí, le he de cobrar peleando. Ungaros valientes, ea, vuelva a su centro el valor, que hoy queda en campaña, por vuestro Caudillo Dantea. . Oye, atiende. No otra vez intentes con mi grandeza, lograr una gentileza a costa de mi altivez. Fenicia el bien logre igual, mas llevo conmigo, a quien me pudo quitar el bien. Pienso que lo llevas mal. Es llevar un enemigo mi amor. Temes? El temió. Aqueso es decir, que no las llevas todas con tigo. Vuestro arrojo, vuestro ardor os venció; mi suerte ha sido. Ya yo sé qué voy vencido de tu dicha, y mi valor. Toca a marchar. No el clarín me toca para que marche, todo el mundo siga el parche, y vamos a Antón Martín. En la campaña de amor, batallan hoy dos cuidados, y se ha de llevar la dicha, el que se llevare el lauro. Vencedor el amor mío, solo espera a Felisardo, si pone duda el romance en mi esperanza, dejadlo, no cantéis. Señora albricias. De qué Europa? Que ha llegado tu primo, y vendedor. Dichas, ya es tiempo de celebraros. Bien lo puedes celebrar, pues recibió el Rey tu hermano con tanto gusto la nueva, que ya la Corte en aplauso de tu amante, al Rey en esto el gusto lisonieando, a su triunfo le ha dispuesto, el más festivo, el mas raro recibimiento, que ha visto Polonia. San Atanabo, que día, por lo triunfal presumo que el día es carro. De Palacio me he metido, hasta los últimos cuartos, que esta licencia tenemos los hombres como yo. Un tanto de un pie, me de al punto, vuestra Alteza, en papel fellado, porque es tan chico, que no creeran que se le he besado, (por no haber en que besar) si no da fe un Escribano. Alza. . Cazuela. Qué dices? (el susto amorme haturbado) venció mi primo? Qué lindo, no lo sabes? cuande hallo, que la Corte se está hundiendo de festinos aparatos a la entrada de mi dueño? La lealtad de los vasallos (como los Poetas coplas) de repente hace milagros. Hoy las calles de la Corte son cielos, pero estrellados de damas; que las tapadas son cielos de noche, es llano, que una tapada de ojo no es cielo de día, en cuanto se ve solamente un Sol puesto en la gloria de un manto; y muchas de estas tapadas sin duda van ayunando, pues me piden colación, si a enamorarlas me paro. Que vistosas colgaduras por las calles! qué brocados! que de fiestas! qué de galas! que de triunfos! qué de arcos! que de caballos de rua! que dejaeces bordados! la gente anda a borbollones, los coches andan rodando, un Agosto es cada dama, cada galán es un Mayo, porque ellas hazen su Agosto, y ellos son flores su gasto: y ya en un carro triunfal, esfera que a seis caballos, no Andaluces, se sujeta, el vencedor Felisardo entra, y a su lado trae al vencido Vencislao, y los demás prisioneros vienen también por sus grados, conforme sus calidades. El despojo, y el aplauso se igualan, pues todo el vulgo le sigue, piélago extraño, en cuyo mar no es lo menos muchos golfos de muchachos; por Dios que puede este triunfe competir con los Romanos. De Palacio los halcones de las damas adornados, (como ellas son en la Corte Soles de mejores rayos) ya son Ocasos, ya Grientes, que a ellos saliendo, y entrando, cuando salen son Orientes, cuando se quitan, Ocasos. Duenas no faltan también, que tocadas de lo vano de tanto placer, parecen contentos amortajados. Las meninas han crecido, mondongas andan por alto, pérpetuas acechadoras de guardillas, y terrados, y esto es, que por ser divinas no son de tejas abajo: mas ya llegan a este sitio con el mismo Rey tu hermano, que a recibirle salio. Feliz día. . Lindo rato. Solamente primo pude recibiéndoos en mis brazos cifrar mi afecto. . Señor, en mí el más honroso aplauso son los pies de vuestra Alteza. Y vuestra Alteza su mano me dé, que aquí soy su amigo, y en la campaña contrario. Dos veces ha sido suerte de mi fortuna el acaso; guarde el cielo a vuestra Alteza Hóspedada Venceslao como quien es, Almirante. Precepto en mí es tu mandato. Primo la Infanta os espera, y vuestra esposa, que mano tan merecida, ya puede sin competencia fiaros favores tan adquiridos de alientos tan heredados. Dichas vivid. . Moridansias. . Vuestra Alteza me ha tocado por suerte. Esa suerte es mía Almitante (ya he logrado esta prisión) es Fenicia esa a quien está adorando Felisardo? Y nuestra Infante. Primo alzad. Hallo el descanso a los pies de Vuestra Alteza. Los afectos me robaron la atención. Si se descuidan un tantito, nos quedamos jugando los matachines a la orilla del tablado. Corrido el Ungaro, y triste a Fenicia mira. El caso de tus victorias espero. Por las venturas que gano en la mano de la Infante te público, y te afianzo, que vencí. De qué manera? Atiende. Tu acento aguardo. Vamos. Descansar querrá Vuestra Alteza; vamos. Sil Vamos a no escuchar Almitante contra mi ajenos aplausos. Invencible Teodomiro, heroico Príncipe, en cuanto Coronista celestial, ya escribiendo ya borrando va el Sol con plumas de luces, hojas del cuaderno humano. Del Ungaro Campo a vista con tu ejército bizarro llegué, y sentando el Real, después de haber visitado las trincheas, y cuarteles del ejército; al descanso de mi tienda, permitido de los marciales cuidados; una noche, que sediento me bevio el alma un letargo, (entre cuyas fantasías con un sueño batallando, me representó prodigios, si no me anunció presagios antes que el brazo del día formará el primer amago me acometio de improviso un Ungaro, temerario de amante, que en los deseos amanece mes temprano. Yo solo esperando entonces ese celeste topacio, ese trémulo diamante, el que por azules campos es ovillo de sus luces, es crizo de sus rayos; el Sol pues, salí con él a recibirle: aquí aguardo que dividas tu atención en un triunfo, y un estrago. Dividia la campaña un arroyo, cuyos ampos Sierra de plata corriente la partio por medio, dando medio campo al enemigo, y otro medio a mis soldados; que de verse entre los dos ejércitos, asombrado, parecio que el arroyualo cobarde al horror de ambos, el forzoso rompimiento mediaba para excusarlo. Viéronse en fin frente afrente los Ungaros, y Pólacos, y temblaron; quien? las plumas solamente, que hondeando con el aire, parecían mares, cuyos golfos varios en el bajel de la vista atenciones navegaron. Era el Sol recién nacido, y siendo entonces su llanto perlas en hilos de grana al herir en los armados. Los haceros parecían espejos, donde (si acaso tembló alguno) fue que todos en los haceros contrarios se miraron a sí mismos, y de sí mismos temblaron. Los bélicos instrumentos, que entonces horror templado eran de las voces mudas del valor, ecos bastardos, ya de la violencia heridos, ya del aliento animados, dentro de los pechos nuestros se oyeron; si allá tocaron: a cuyo impulso, rigiendo un bruto Andaluz tan blanco, que juzgaras que en sus pieles. se movía un río, y tanto, que se presumin que en ellas brillaba con alma el Tajo; blanco, y río dije? si. que si no le confesamos color al agua tampoco pudo el color sermotado en el bruto al corren puesto que su ligereza (el rato que corre) es tan grande, que desmintiéndole al mitarlo, a la mejor vista puede arrebatar el cuidado: luego si hace que se dude su color, bien le comparo; pues bien como río, que desde que nace llorando; hasta que muere gimiendo, es compuesto de un pedazo, corriente cuerpo sin alma de liquidos alavastros. Así el ligero animal mide tan veloz el plazo, desde el partir al parar, que fin distinguir espacio, siendo el veloz movimiento, blancas olas hondeando, desde lejos a la vista golfos que vierten los brazos, centro el alma; y las espumas, crines, y codonrizados, un compuesto la carrera hace partiendo, y parando. Acometimos a un tiempo tan veloces, mas veraslo así: era en los batallones. cada tropa de caballos. un prado, o selva, de quien cada bridón era un árbol, bandas, y galas las ramas, y las hojas (al peinarlos el viento siendo el plumaje libre, los pimpolos altos. No has visto un prado tal vez, que la industria de un engaño, bárbaro ardid de la guerra, le mina para volarlo, y a la polvora que chupa el fuego, revienta el prado, que parece que la tierra le escupe al cielo aquel rayo. De esa suerte acometimos, siendo el polvolevantado, la humareda, los estruendos, las cajas, el fuego, el bano ejército de centerlas, que al acometer sacaron de las piedras de la margen del arroyo los caballos. Tejéronse al fin los dos ejércitos arrojados, volviose horror la campaña, y ya era cada soldado todo estrellado de heridas, (porque todos se estrellaron un gigante de claveles, que se estaba deshojando; ya divididos los cuerpos de sí mismos a pedazos, aquí un muslo, allí una greva, aquí un peto, y allá un brazo, a turbias de bermelión; juzgué al ver regar el campo, que sembraron las cabezas, y nacieron los penachos. Ya era tormenta el estruendo, en cuyo horrible fracaso, ya relampagos, ya truenos, el fuego, el humo, pensamos, que amagaba el Horizonte trastornarse tirubeando. Señolose el vencimiento de la parte del contrario. Yo entonces viendo perder mi dulce premio adorado, con un batallón de celos y rompiestrago, Allí si que fue mi bruto río, que herido de ambos diamantes, se enfurecio, se alborotó, se hincho tanto, que ya a lluvias de corajes fuese, o a vientos de agruvios, animada inundación de furias, se fue llevando de banderas, rojas selvas, de brutos, vivos peñascos, de ardides, bosques confusos, y de hombres, troncos humanos, Vencí huyeron todos, solo muralla el gran Vencislao, parece que entre el horror solicitaba el descanso, pues despreciando la muerte, opuesto agolpes, y a rayos, como del constante bronce surte el hacero tronchado; así el Vúgaro hacía campaña entre mis Polacos. Llegué yo, y él al despecho, entonces más enojado, en mí envez de muerte, halló su arrojamionto gallardo honrosa envidia, y en vez de peligros, agalajos. Por despojo un Rey de Ungría gran Teodomiro te traigo, que teferirlo de menos donde hay esto, es excusado. Defendidas tus Ciudades quedan, si bien ciego al pasmo, me volví de esde una de ellas, porque a sus muros llegando vi a Dantea, hermana heroica del vencido, y corré el paso; que pasar de la hermosura no puede el valor más alto. A vuestro valor iguales ros aplausos. O que mal con la fineza, y el valor de su bizarro pecho vienen los avisos, que a mis oídos llegaron, advertencias de que pueda, viéndose tan levantado a mis honores, hacer traición de los agasajos; más son envidias, cobardes siempre del valor contrarios. Tanta hermosura? no viene . tan vencedor Felisardo. como dice. Ya es Fanicia. vuestra; y mi Corona parto con vos, Felisardo invicto, pues mayor parte alcanzaron en mi pecho vuestra fangre, prendas, valor, y cuidado. Hoy solamente, señor, nombre de dichoso alcanzo: pero a vuestros pies. Quien tiene mi Corona, honor, y Estados en peso no está así bien, mejor estará en mis brazos. Siglos Felisardo goce nuestra Infante, Reino, y lauro. El Ruino entero le aplaude. ̱. Dad a la Infante la manó, Qué dicha! Hay más feliz hombre! . Fortuna; es punto más alto . ocupo ya de tu rueda; no te muevas. Ponla un clavo, antes que la rueda trate a nosotros de clavarnos. ̱. Qué clarín es ese? Heroico Príncipe, ahora llegaron nuevas de los Capitanes de tus fuerzas, avisando, que Dantea, heroica hermana del Ungaro Venceslao, (que hoy tu prisiónero yace recogiendo, y animando las reliquias de su antiguo ejército destrozado, y convocados también los Príncipes comarcanos, soberbia, arrogante, y vana, después de haber recobrado sus perdidos fuertes, untra en Polonia, cuyos campos va talando a sangre, y fuego, con intento. Basta. . El daño pide el remedio, aunque el brío pienso que me ha enamorado de esa dama, no ofendido. Solo a mí el aseguraros, señor, me toca; y así el escudo vuelva al brazo, el hacero a la manopla, y el acicate al caballo. Ay Fenicia! ah dilaciones inhumanas, donde vamos? Esto, Felisardo, es fuerza, que solo puedo fiaros a vos tanto empeño. Toca al arma. Eso sí; bizarros corazones hizo siempre el Genetal: vuestro cargo, primo, es mi fama, y Dantea no os concede más espacios. . Halde este suceso, y cuantas . envidias se han alegrado. Hoy los grandes de Polonia miran mal tan levantado a Felisardo, y no sé si ha de contrastar a tantos. . Esta boda es perro, ves sueño, vel sueño del garo. Son dichas amor, o hazares ap. mis sucesos? Ea vanos temores de que servís? Señora, Fenicia, encanto, dicha, descanso, bien, gloria, dueño de. Aún no es, Felisardo, Fenicia encanto, bien, gloria, dicha, dueño, ni descanso. Dos cosas siento, y no sé cual siento más, pues pesando solo cada sentimiento, cada cual es mayor, y ambos en mi muerte no se dejan permitir averiguados. Siento que se me dilaten todas las dichas que aguardo en ser tuya, y siento que vas, donde quien me hace el daño es una mujer, de quien dices (menos temerario) que pasar de la hermosura no puede el valor más alto. Ella mujer, tu galante, ella hermosa tu bizarro, yo ausente: mas no. Señora, miedos? celos? (yo me abraso) Si temores no son celos, pero oueden ser fracasos contra mí, que mas no: Solo aqueso sí, que es agravio contra mi amor; pues tan poco constante he sido? mas cuando. vos lo sabéis, y me llaman cajas, u desdichas, vano encarecimiento fuera deciros, que sé adoraros. Ya no es tiempo, dueño mío, dé más, que de ir aliviando para mi ausencia mis ansias. Y de averiguar los plazos de la firmeza. Eso digo. Mi muerte primero aguardo que dejar de ser constante. Yo perder la vida a manos de mi firmeza en quererte. Yo seré bronce. Yo mármol. No has de vencer a Dantea? pero es mujer. Solo parto contra todo el poder suyo, y venciéndole te gano. Pues mía llevas un alma que te avise. Pues fiado en eso ya estoy venciendo. Pues a vencer Felisardo. A Dios. . A Dios. Qué me llaman. Qué es forzoso. Vamos. . Vamos. Pero qué es esto que siento? Pero qué es esto que paso? Aguarda (ah tirano incendio) Espera (ah pecho abrasado) has de vencer? Ll Quién lo duda? Qué me dejas? Qué me aparto? Fenie Amorir vas. Yo a vencer. Yo lo espero. Yo lo aguardo. Oyes mi Cazuela. Europa. Cómo te me vas andando? Cómo te me quedas queda? Pero ya te llaman. . Alto, yo seré roca. . Yo rueca. Yo endureciendo, Yo hilando. Pero qué es esto que tengo? Pero qué es esto? qué rabio. Oye. . Espera. Has de vencer? z. Como quien construye nabos. Pues a Dios dulce Cazuela. Pues a Dios suave emplasto. Llévenme allá mis deseos. Mas que te lleven mil diablos. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
No se si para mi mal bastará mi sufrimiento. Solamente del valor de la hermosura, pudieron verse vencidos los hombres como tu al fin prisionero eres de Dantea, hermosa como valiente. Del pecho se me arranca el corazón, y ya. . Detén los extremos. Los extremos de un dolor, como esté que yo padezco, (ay Fenicia de mis ojos!) solo basta a detenerlos. Quién? La constancia. Bien dices. Es desbucado, es ligero bruto el dolor, a quien hieren de la causa de su efecto las memorias, y arrojado, al partir desde el silencio, sale al campo de las quejas, donde para su despeño, estrecha carrera juzga toda la región del viento: pero la constancia, que es quien le rige, previniendo las riendas de la cordura, antes que parta, sujeto le asegura; y si la furia desprevenido el precepto rompio; llamado a violencias para. Aquesto es detenerlos; que donde el dolor es bruto, solo la constancia es freno. Mas que constancia podrá parar mi dolor severo? yo de una mujer vencido? Eso es, señor, lo de menos, porque de haberlo de ser, cuanto mejor que de un Hector, de un César, de un Alexandró, de un Aquiles, de un Pompeyo, de un Numa de un Cipión, de un Anibal, de un Tiberio, es de una mujer? en cuyo donosísimo sujeto abrevió naturaleza toda una gloria, escribiendo en el papel de ella misma con letras de carne; y hueso pues jamás en otra alguna tantas partes juntó el cielo. Y decir que la abrevió la naturaleza, es cierto, porque no la entienden muchos tontos, de los que aprenoteron mal en la escuela del alma alcer merecimientos, que hay natural que conoce, y no confiesa lo bueno, aunque en el siempre evidente potro del conocimiento, juez de los desengaños, siete vueltas le de el tiempo. Y cuando en esta ocasión no te sirva de consuelo lo que hemos sabido; que es que envidiosos de tus hechos, de tus glorias, de tu fama, y de juzgarte del Reino sucesor, dando la mano a Fenicia; dispusieron los Geandes, y Capitanes que te asistían (con medios traidores) en la batalla dejarte; y lo consiguieron desamparándote, donde con dejarte en el empeño, perdiste (de una batalla en el fiero trance a un tiempo reputación, gloria, y fama, gusto, bien, Corona, y dueño. Y eso es consuelo? Dirasme, señor, que si te refiero lo demás que hemos sabido, antes enforzoso aumento de tus infelicisades, pues temerarios o ciegos de sutralción dos cobardes, que de la batalla huyendo te dejurno; a tu primo el Rey Teodomiro, han hecho viles hiformes, y fallos, diciéndole, que saberbio tú, contra el dicta men todo, y el panacer del Conselo de guerrariden Dantea la butalla; y que fue esto de tu perdicsón la causa. Y para adovarlo (viendo que el tiempo que hemos estado por vencidos prisioneros en el poder de Dantea, has recibido del cielo de su atención, mil favores) le han mentido, y le han supuesto, que eres de Dantea amante, y que rendido, y sujeto a su hermosura, procedes contra su fama y su Imperio traidoramente, por ver los logrados vencimientos de Dantea contra él, después que a su lado excelso vienes; porque al fin la infanta guerrera; cuantos sucesos previene, te comúnica con agasojo, y acierto. Demodo; que con el Rey desleal, mal Caballero, y aún traidor eres, y con tu Fenicia eres grosero, ingrato falso, alevoso, entre cuyos dos extremos, hoy contra tisle reparten vengatinos, y severos, de Teodomiro castigos, y de la Brincesa celos Y quieres que no me aflijan tantas ansias, tantos hierros de mi fortuna cobarde, Fenicia siven los cielos? que te adoro, y que soy firme. Osolo es tu sentinsiento tu dama? En dli corazóno sibi es tuyo el primer afecto. ̱. Y el engaño que te imputa de traidor? Calla; yo mesmó me ofendiera en presumir, que mi Rey (menos atento que se debe a su deidad) créditos diera ligeros contra mi lealtad, y contra su sangre. Dejemos esto, porque en dudas de traición, aún me ofenden argumentos, que ni él pudo imaginarlos, ni yo pude cometerlos. Y dime no te divierte la bizarría, el ingenio, y la beldad de Dantea? Solo por Fenicia muero. Y los favores que estorra te hace? . Esos los advierto como favores de Infanta, no de dama. Ya lo veo, que en esta Amazona Infanta todo es Marte, y nada es Venus. Mas ya sin duda a sus tiendas caas. Reales vuelve, que en un cerco pone una tienda una Reina, y no se desprecia de ello; porque aquí es ser mercaderes de balas honroso empleo. . Pero ya llega Dantea armada de punta en negro, (la que en su frente se forma de los rayos de su pelo, que al mismo Sol le hacen punta) como suele, vendrá a hacernos relación de sus hazañas, de sus glorias, y sucesos. Con grandes aplausos llega, si acaso hay algo de nuevo? Aquí la guerra ceso, y que me ha pesado entiendo. Cuente vuestra Alteza siempre tan generosos trofeos, como desdichas yo. Alzad gran Felisardo del suelo. Este lugar me adquirio mi mayor merecimiento, y vencido siendo, estoy esclavo, y despojo vuestro, y esto confesaré siempre. Felisardo, hoy, porque siento vuestras desdichas, según vuestros encarecimientos, os puedo pedir albricias. Do qué, señora? Ya dieron fin vuestros pesares. Cómo? Hoy (porque así está dispuesto) entraréis. . Donde? En la Corte de vuestro Rey. Ha recelos! no sé qué temo. Pues cómo señora? acaso ha resuelto la Ciudad rendirse? habéis capitulado venciendo? triunfante entráis en la Corte de Teodon iro (esto es hecho.) Venciendo no, si trive fando. entro en ella; oídme atento. Vencedor vuestra dicha del vencido accidente fatal, acontecido en mi valiente, y prisiónero hermano; el basión empuñé, cerré la mano al impulso primero, con cinco llaves de valor, y hacero, diciendo altiva: En desagravio osado de mi Rey, de mi fama, y de mi estado, esta insignia valiente, que dedicó a mi mano un accidente, de cuya arca cerrada guardas serán los filos de mi espada; Solo (para impresión de la memoria) la ha de abrir, o mi muerte o mi victoria. Recuperé mis Plazas, que perdidas acosta sujetó de tantas vidas tu brazo altivo; entre arrogante dentro de Polonia, salísteme al encuentro, venciste en la campaña; (esto no más repito por hazaña.) Pasé adelante vencedora, tanto, que hoy tengo a Teodomiro con espanto de Europa, que oye el militar ruido en su Corte sitiado, y oprimido. Es el sitio en la planta preminente, viva Ciudad de gente, donde son las soberbias, estandartes, los heroicos deseos, balvartes, reductos los alientos, fijas murallas los atrevimientos, las constancias torreones, y almás la artilleria, y corazones. Esto es para que entiendas, que me sobran las armas, y las tiendas. La cercada Ciudad tiembla, y parece que apretada, entre horrores se estremece. Tiembla digo otra vez: no has visto hoguera arder en esos campos de manera, que cuantos (bien así como acechando) por entre aquella llama están mirando, cuanto a la vista así se les ofrece, cumbres, árboles, riscos, les parece, (ya que verdad no sea) que tiembla estremecido, o tirubea? Sea la causa, que la llama ardiente, vagando en humo, y fuego inquietamente, los efectos sellando en las señales, turba voraz los rayos visuales. Viva hoguera es mi ejército, abrasado en los corajes de su ardor osado, que húmea alientos, y arrogancias arde. Que mucho así, que esa Ciudad cobarde turbada tiemble, cuando a verla llego, si ya la miro por entre humo, y fuego. Esta opresión constante ha padecido Teodomiro hasta hoy, que ha convertido la llama en hielo (este pesar le debo) escucha ahora pues lo que hay de nuevo. Hoy al primer ensayo del Sol, autor del día, puse el pie en el estrivo de aquel rayo, que en el aire forió la Andalucia, suelo que al Betís debe, para tejer ardor, fraguas de nieve. De mis nobles soldados asistida a esos muros llegué, cuando advertida miré todas las puertas de la Ciudad abiertas, y en que en tropel confuso, aunque contentos, saliendo los Pólacos con acentos festivos, a mis plantas se arrojaron, y en ricas fuentes me entregaron de sus fuerzas las llaves, y de parte de Teodomiro, en otras su estandarte Real, sus armas luego, su bastón, su Corona, y este pliego firmado (como muestra su noticia) de tu Rey, de mi hermano, y de Fenicia. Bien Felisardo advierto, que ha sido efervarse este concierto sin gusto de tu Rey; porque oprimido el Reino todo a voces lo ha pedido; con que averigua mi valor osado, que lo hacen más por fuerza; que de grado. Esto de nuevo el tiempo nos previene; leele pues, sabras lo que contiene. Sin alma leo. Espera la Corte triunfante siem pre a vuestra Alteza, habiendo convenido dé a Teodomiro la mano de esposa, dándola tam- bien Fenicia a Venceslao, her. mano de vuestra Alteza, con cuyos felices casamientos ten gan eterna unión las paces de ambos Reinos. Qué papel? qué te consueles quiero, ha señor, bueno está, mas con este papel ya no harás primeros papeles; la brevedad te ha turbado, qué remedio? Qué os suspende? Disgustale lo que entiende, porque está muy abreviado. Leyendo estáis, o dudando; que sentís? no es bien así. Ya acetó las letras, y por eso las va pagando. Ya no, esperanza perdida, . me reserves pena alguna, hoy que jugó mi fortuna el resto, y perdió mi vida. Ahora como Reina de Polonia, me dé tu Alteza los pies. Alzad: más fineza, gran Felisardo, guarde a vuestra sangre, y valor: Hoy, pues empezáisa ser mi Reina, me habéis de hacer mercedes, señora; por el vasallo más leal, que os sirve, y os obedece. Todo el valor lo merece; pedid. Si no estoy mortal. . Las mercedes que pretendo, es, que con mi Rey, señora, me disculpéis, no que ignora mi lealtad; mas suponiendo. de envidia, y de falsedad cobarde conjuración, para mi fatisfacción quiero vuestra autoridad. Yo también te pido reacio mercedes. Pidelas pues. ̱ Gran señora, que me des alguna plaza en Palacio, sobre la de entretenido, que hacia allá me llevo yo; truan? no, inocente? no, enano? no. Has elegido de esas? No, ni por olor, porque señora, advertid, que yo estoy hecho a Madrid, y quiero plaza mayor. Viva la Reina Dantea. Viva el grande Teodomiro. Qué es esto? En mi campo admiro aplausos, en que se emplea; mis bodas admite ufano. Viva Fenicia. Hh traidora! Viva Venceslao. . Ahora celebra las de mi hermano. Hasta aquí no más pudieran, . cielos mis males llegar. Ven Felisardo a lograr los aplausos que me esperan. . Grandloso día, sacando a mi amo, en quien es chico, pues se le casa su dama con otro gran regocijo se levanta en los Reales de Dantea, alzando el sitio. Ya los soldados del campo, y de la Ciudad los ninfos se mecclan, y en merendonas se convierten los peligros. Ya a la Corte, que es un cielo llegué poquito a poquito. Ya la Infante General cercada de sus altivos Capitanes, a los muros llega, que la han recibido con salvas; la artilleria vagamunda, con el vicio ha dado en ladrona, y todo se le va ya en hacer tiros. Ya entra en la Ciudad, y ya entran todos; mas que miro, las calles son cielos bajos, y el prado es un Paraiso. Todo es fiestas, todo es arcos, tramoyas, raros caprichos de fábulas, de saraos, de Parnasos, y de Olimpos; u se ha venido acá el Bacho, si estamos en el Retiro. El triunfo de Felisardo fue para con este niño, que a la entrada de una Reina es gigante el regocijo. Desde aquí lo he de ver todo; esto es hecho. Afectos finos debo a la Corte. . Recibe a vuestra Alteza con dignos aplausos (ya mí con muertes) . a cuya cuenta respiro.) Dapline te ofrece laureles en amores convertidos, que hoy en ella los efectos son distintos. Esta la fábula es de Daphue. Sí, pero admiro, que siendo su desdén hielo, la apliquen fuego. . Ya dijo la música (que interpreta las cifras) por lo que ha sido, Dápline ofrece a vuestra Alteza el laurel tan merecido de sus triunfos, y confiesa, que si su desdén la hizo laurel, hoy a su árbol hace fuego el amor casto, y limpio, con que admitio, gran señora, el de mi Rey. Ya confirmo, que alegorizan bien hoy la fábula. . Siendo fijo, que al laurel no ofende el rayo, y también que el laurel mismo es fuego, pues que tocado uno con otro, hemos visto, que brota fuego, y enciende. Siempre dudo, que motivo tuvieron los dioses, para hacer de un desdén esquivo una materia abrasada? De lo cual saco, que ha sido el sentido que le aplican aquí de mejor capricho. Hoy el Parnasote ofrece sus abortos cristalinos, que en tu aplauso de andar cortos van corridos. Estas fuentes el Parnaso significan. Ya os han dicho los acentos, que las plumas todas del sagrado risco del Parnaso de Polonia, se emplean en repetidos elogios vuestros. Los Poetas ahora lo quean que es juicio. , que , , La música te consagra, en sus cláusulas, y estilos, ecos, que amantes te sigan, no Narcisos. Qué bien repartidas voces! La música os ha ofrecido cantar vuestras glorias siempre, sellándolas en los siglos; significada en sus voces la fábula de Narciso, publicando, que ninguno, necio amante de sí mismo, ha de ser, viéndose en vos, ecos todos, si, nacidos para adoraros del aire de los afectos más tibios. De representación, solo faltan (para estar cumplido) triunfales carros; mas ya todo su aparato he visto. (sura. Bellísima Dantea. Prodigio del valor, y la hermo. La fama soy, que en ti solo se emplea. El aplauso me llamo, que asegura en si logrados solo sus alientos, Tu gloria repartida en mis acen: (tos apenas en mi cabe. De todo mi podereres la llave. Logra feliz los triunfos que te admiro. Dichas aumenta al grande Teodo. Mi voz te erice. (miro. Mi blasón te llama. A aplauso eterno. A repetida fama. Espera, atiende, escucha a quien más se te rinde. A la Fortuna. Horror, detente, espera. Pero qué es esto? mi valor altera una apariencia? Que, os ha turbado? (ñado. Turbado yo, señora, os ha enga Invencible Belona, mi agroso portento de lo belico, y lo hermoso, sin competencia alguna; hoy tienes a tus pies a la Fortuna, rendida, avasallada, ya tus graves preceptos dedicada; que solo en tu grandeza dispensa el brío, influye la belleza, Representación por cierto ingeniosa, y de artificio. Esta comedia es Polaca, y esta comedia ha tenido fortuna, si no la silban. Yo llevado? yo vencido de un afecto temoroso? Feliz día, si mi amor . no diera a los celos míos vida para que me maten; siendo el tirano principio de mis males un traidor vasallo. Pero qué digo? traidor ha podido ser Felisardo? Al fin preciso, para cumplir con mi Reino, el entrar Dantea ha sido; mas no será esposa mía, hasta que un recelo esquivo quede satisfecho en mí, que es primero. Él más festivo día para todos (a burlador amante) ha sido martirio para mí; bien le puedo llamar martirio; si amor es Dios de mi vida, y muero en la ley que vivo. A un tiempo de vuestra Alteza, de Europa heroico prodigio, a su esposo, y a su hermano la mano. Hoy, señora, he visto en Polonia todo el cielo. A vuestras Altezas rindo, y debo todas mis glorias. La Infanta llega. Confirmo, tan logradas esperanzas, que en posesiones consigo. Los brazos de vuestra Alteza al templo me han erigido de su fineza, a quien mudos rendimientos sacrífico. Que majestuosa atención gastan los Reyes: (o invictos! oh grandes!) parecen años pasados, por lo cumplido. El alma debo a Dantea. Ah Fenicia, que ya he visto . tu mudanza. Ah Felisardo, ya tu culpa he conocido. Aún su traición no desmiente, aún no (qué ciertos indicios) besa la mano a mi hermano. En su cuarto prevenidos esperan a vuestra Alteza fiestas, y aplausos distintos. No llego a los pies del Rey . de confuso, ui de corrido. Vamos, sucedan las galas al arnes. . En mí es alivio, no embarazo y que mejor gala, que haceros tejidos. En sus bodas felices celebren Polonia, y Ungría los triunfos de amor. Pero escuche vuestra Alteza, que a una memoria he debido cumplir una obligación. En que pudiera serviros mi vida, que lo dudara. Felisardo. . Nací hijo de la obediencia. . Llegad. Con mis Reyes? Zelos míos ya sois declarados. . Ansias, . agravios, ya os averiguo. Señor, Felisardo. . Ha penas. Por Felisardo os suplico. hagáis, señor, que? Tened señora (llamas respiro) . no os empeñéis, si la dejo . que prosiga, ya me obligo a hacer cuanto me pidiere por él; y quedo ofendido, sin término a mi venganza, sin acción a su castigo; que tantos como le culpan ya con tan claros indicios. de su traición, y mi ofensa, no pueden haber mentido. Bien en tus felicidades me pronosticó un aviso; ha ingrato! de mis finezas sacaste tus precipicios. Pero esto ha de ser así, (que los celos son arbitrios.) Interponiendo, señora, vuestro mandato (advertido, que ya en la obediencia mía son leyes de mi albedrío.) Era desairar en mí la obligación que público. a Pelisardo; y no es justo que se presuma que ha avido. menester preceptos vuestros lo que me debo a mí mismo. Yo le tengo en la memoria. Cantad, vamos (muerto vivo) Una tristeza en Fenicia contraria a mis dichas miro. En sus bodas felices celebren Polonia, y Ungría los triunfos de amor, siendo yedras las al más Reales, asidas al olmo de su mi ma unión: Qué es esto cielos? Figuras, hágome una, y otra Cruz. Tú, qué dices? Que a Dios luz, que esto es quedarnos a escuras. Padecer, sufrir, callar. Pues un remedio hay grancosa para eso. . Cuál? Comer rosa. . Para qué? Para purgar. Solo el remedio es mi muerte en mi perdida esperanza; ha falsedan! ah mudanza, mujer al fin. Más advierte, que todos pasando van a los cuartos del jardín, donde sin duda festín grande previniendo irán; desde aquí podemos ser linces, todo lo veremos. Ven señor. Por mí, lleguemos, si es morir cuanto he de ver. Si cuanto ves te ha de dar. muerte será cuanto ves basiliscos mas no es sino milagros. . Estar ciego, aún no me excusa. A unsón seremos de una derrota, yo veedor de esta flora, y tu ciego de pasión. No quiero que me resista el ver morir al dolor de mis celos. Siempre amor sale condenado en vista. Mas señor, por aquí pasa el Rey vernos ya es forzoso. Ah Felisardo alevoso, . tu error me ofende, y me abrasa. A vuestros pies, gran señor, estoy, postrado, rendido; señor, en que os ha ofendido mi lealtad, y mi valor? No queréis oírme? no es mi honor capaz de escucharme, más bien hacéis, que es honrarme el tenerme a vuestros pies, mi voz, mi fe, mi razón no oís? en que os he ofendido, oíd. . Inficiona el oído el aire de la traición. Caballeros, Cielos, esto infamada mi lealtad, es sueño? es sombra? es verdad? Echo la fortuna el resto contra ti; pero aquí viene el Almirante. Señor Almirante cid (honor, que desdicha te previene. el Cielo joid, yo reviento, ni aún vuestra atención mi mal merece? Sed vos mas leal, que yo seré más atento. . Malo. Ofensas que me abrasan, golpes en el alma impresos, qué? qué pasa por mí? Esos señores son los que pasan. Yo sin honor? yo infamado? yo vitrajado? yo ofendido? yo por traidor abatido? yo de todos despreciado? Solo puedes apelar a Fenicia. . Su rigor no ha de ser tanto, bien dices, mas ya que importa, si estoy claramente de mi Rey infamado de traidor. Nunca quisiste creer traidora conjuración de envidiosos contra ti? sucediéndote al bastón la corona de Polonia en conforme, y dulce unión con su Infanta, quien envidias de pechos viles dudó? Tu sencillez; y su infamia, hoy tu precipicio son; más la JInfanta también pasa a los jardines. Amor, aquesta es de mis desdichas la postrera apelación. Ah Felilardo enemigo; y como he menester hoy toda la entereza mía, para olvidar tu traición. Muerto llego: gran señora, quien firme muere por vos; pero que digo? la lengua me lleva hacia mi pasión como tiene hecho el camino? señora, pues vos que sois mi dueño, no me escucháis? Cielos qué es esto! Ha traidor! Penas, ansias, muertes, iras, señora, oídme, que soy el vasallo más leal, más fino amante. Eso no. Señora detente, escucha. Basta ya (sin alma voy dejándole) Perdonadme, que mi desesperación a diferentes afectos toda el alma me llevó, pues qué? os vais? no me escucháis? pues qué crueldad? qué rigor? señora en mi ofensa. Basta Felisardo una traición. Traición? vive el Cielo que cuantos en mi deshonor han informado a mi Rey, y os han engañado a vos, mienten mil veces. Remienten. Quejaos al viento, que yo no he de escuchar más engaños. Señora (mortal estoy? supuesto que a mi lealtad no le concedéis la voz, sea, sea este papel de mis descargos autor. Sí será: mas de esta suerte. quien de un falso corazón hiciera lo propio: vamos, celos mis disculpas sois. . Yo quiero que tú me escuches. Si haréis, mas no quiero yo. Aquí dio fin mi esperanza, engaño, envidia, traición, agravio, ofensa, desdicha, ansia, pena infamia, horror, venganza, estrella, fortuna, riesgo, presagio, ambición. hado, tormento fracaso, fiereza, estrago, rigor, montes, Cielos, mares, rayos, no es mucho ser todos hoy contra mí, que aún siendo extraños no me hacéis admiración: pero Fenicia? la Infanta? quien por mí? pero ha traidor hechizo! a mujer ingrata! estas tus finezas son? eran estos tus afectos? tus lágrimas? tu dolor? tus prometidas firmezas? ha mal haya quien creyó traiciones, que en toda el alma impresas mortal estoy; yo me abraso, yo me abraso, remedio amigo. Agua Dios, u el Capitán de la guarda. Aquí está, fuerza es. Señor Capitán, búscame a mi Ueseñoria? Sabe Dios, lo que yo siento buscar a Vuexcelencia, mas yo soy vuestro amigo, y en esta os doy la satisfacción. Cédula? firma Real? y esta gente? esto voló. Cédula de mi Rey? puesta sobre mi cabeza os doy la respuesta. Vive el Cielo, que aquesto es darse a prisión. Y qué sitio me señala su Alteza? Esa Torre. . Por le su Cristo, hay tal paciencia. Esta es mi espada. Señor, en la prisión Vuexcelencia me la dará Aquí es mejor, que pues la sangre enemiga, que tantas veces tiño sus filos, tantas victorias, que pudieran ser blasón, desde el Alemanhelado, hasta el Tártaro feroz de inmunidad no le sirve, de que le sirve a mi honor? Solo siento que mi Rey, créditos dando a la voz de traidores, imagine, que he podido serlo yo. Mas ya no es tiempo de quejas, que en pechos heroicos son flaquezas, y está en el mío contra fortuna el valor. Ha mundillo infame? ayer Eminencia, hoy resbalón, ayer triunfos, hoy desdichas, hoy pícaro, ayer señor: aprended flores de mí, lo que va de ayer a hoy. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Oh Cielos justos! dad a mi tormento, en que ejercitar más el sufrimiento. Inconstante fortuna, condicional imagen de la Luna, por más que en mi tus iras ejecutas, no es infeliz quien de tus iras triunfa. Aquí oí de mi amo los acentos, porque también llevados sentimientos, no han de llamarse quejas: en esta torre, cuyas pardas rejas ven los jardines de Palacio; yace preso, dos meses ha, sin que le trace la fortuna remedio a su inocencia. Oh terrible constancia! oh gran paciencia! nadie se acuerda de él; aún el sustento ha llegado a faltarle; que yo atento a que comí su pan, de mi pobreza le remiendo la vida; y con fineza, porque no se le rompa (o mal horrendo!) le voy agora a echar este remiendo, con aquestas abujas (como hay brujas) porque traigo carnero, y es de abujas, y con el hilo blanco de esta bota, a la hambre más rota, se le ha de hacer una costura humana, que ha de durarle hasta tener más gana. Solo estoy; ahora bien: yo he reparado, no en que el gran Teodomiro a dilatado las bodas, cuyo término se llega; si no en que mientras más Dantea le ruega por mi amo; es peor, y sus rigores contra el preso constante, son mayores, yo no lo entiendo: pero quien me mete ya que me sacó el Cielo de alcaguete, en averiguador: paso adelante, pues allí miro al hombre más constante, y solo a mí la guarda me da entrada, sin salida a mi amo, o suerte airada! agradecer lo que sabe. Valeroso señor mío, solo a pesar de cobardes, en la lealtad, y el valor, en el ingenio, y la sangre. El muy fiel Cazuela soy, alza los ojos, y dame la mitad de aquesos hierros, la mitad de tus pesares; y toma lo que te traigo, grosero, pero amigable: que si desdichas por lealtades truecas, en Polonia tendrás pan de ballecas. Amigo, como pudiera satisfacer tus lealtades? O quien fuera ahora cazuela de cuatrocientos manjares. Antes me viene a ofender tu fineza, porque me hace quedar con el sentimiento vergonzosamente grave de no poderte pagar, y en el que sabe preciarse de agradecido, es ofensa del alma, solicitarle ocasión en que no pueda Señor mío, la constancia no ha de ir (puesto que es en valde) contra la naturaleza, mira que sueles dejarte esas miserias piadosas que te traigo, y no sé parte de donde pueda venirte el sustento. No te espantes, porque no lo he menester. Pues te sustentas del aire? eres dama con vigotes? eres camaleón con guantes? El Noble que está ofendido, la ofensa que se le hace guarda en su pecho afrentoso siempre en él manjar de ultrajes, que no es fácil dijerirse luego, mientras le derare la ofensa, dura la causa, con que poder sustentarse. Solo entre tantas desdichas, pudiera amigo alibiarme, saber de mi Rey (que el Cielo infinitos siglos guarde) triunfos, aumentos grandezas, glorias, y felicidados, come está el Rey mi señor, casose ya? . Dilatarse. las bodas he visto, solo por su causa, con achaques fingidos (a mi entende) de duyas enigmas nacen más rigores contra ti. Vengan, si contra mi caben más rigores; y Fenicia? Muy servida de su amante el gallardo Venceslao, y muy conforme al dictamen de su hermano: no te admires, porque mujeres tan grandes, han de hacer como quien son; y si un tiempo pudo amarte, a cuenta de haber de ser tuya, ya es fuerza que trate. de torcer la inclinación donde la obligación mande. Y al fin no quiere mi Rey escuchar mi razón? . Antes (qué es escuchar tu razón?) lo que sé es que ahora anaden a las culpas que te imputan otra. . Cuál es? Qué dejaste perder aquella batalla, que fue causa de tus males, por averte enamorado de Dantea. . Ea constante corazón mío, sufrid, venid ansias, que ya es tarde, corred desdichas, volad, que todas habéis de hallarme. No te han perdido señor las desdichas, pues te traen de bien halladas contigo de esa suerte; quien más fácil te ha perdido, es el amor. Y estoy a que no me halle resuelto, que le perdí también para no buscarle. Quien ha visto el amor por aquí, yo le vi, yo no, yo sí. ̱. Pues allí señor pregonan a el amor, lindo percanze, si dan hallazgo le busco. Qué música es esta? Salé a esos ardines que vemos de esta reja, a festejarse los Reyes. No es esa voz la que yo escucho a esa parte de esta torre los más días, que tristemente suave, de un sueño de mi fortuna me representa verdades? Esa es la mujer de un guarda de la torre, mas las calles del jardín, están ya llenas de músicas, y donaires. Desde al dentro señor lo puedes ver todo, y dame licencia, porque me quiero introducir esta tarde. en la fiesta, y en habiendo ocasión he de acordarte a Dantea tus dichas, que ella es quien hace tus partes: por aquí salgo al jardín. Ve amigo, y no me dilates el consuelo de venir a verme, ay Dios! y a tratarme en mi suerte, en mis fortunas, que me alibian los pesares. . Aa privanzas de este mundo, bola, que rodando frágil, cabes pones de a paleta, al jugador más constante: y en verdad amiga bola, que cualquiera hyerra el cabe. Solo mi amo de desdichas emboques hace notables; mas si pasarlas es fuerza, que mucho que se las trague. Ya estoy en el jardín, donde viendo el triste estará, catres por una parte de lirios, por otro lado de azares. Quién ha visto al amor aquí, yo le vi, yo no, yo sí. Con la salud de su Alteza, fénix el alma renace, que hoy en mí vive en su vida, vida que murió en su achaque. Grosero fue el accidente, pues no ha dejado lograrle al Rey mi hermano esa dicha. Tal le juzgo por mi parte, y la de mi hermano, puesto, que de tu hermosura amante, padece en deseos, cuanto en posesiones dilate. Tan agradecida soy como dichosa, en pagarle. Saldrán presto sus Altezas a los iardines? Ya saben que estamos aquí, y que hoy los juegos han de empezarse, celebrando la salud de mi hermano. Dios le guarde. Quién es? Una pobre malva del jardín, de estos rosales una mala espina, un quitasol, girasol digo, amante que anda tras vuestros dos soles, gustando de florearse: una violeta, que viola sagrados de estos altares, donde celebran las flores, cultos a vuestras deidades: un jazmín de aqueste modo, un alelí de este traje, y un azar de aquesta suerte, una verdura; un tomate, que aún entre flores en este siglo, hay dares, y tomares: un pepino más picado que en ensalada, por alguien. Anda que eres un florero. Cázuela, que novedades hay en la Corte? Señora de nuevo ay, que en los corrales de comedias, estos días, hay un hombre tan notable, que echa a arrobas por la boca vino; muchos ay que lo hacen, pero en estos muchos, entra, y solo en aqueste sale. Hay una mujer que anda en aqueste es el más grande prodigio que ha visto el mundo, anda en más has de asombrarte. En qué anda? En los pies. Pues todas no es fuerza que en los pies anden. No señora, porque todas andan (por la mayor parte) en embustes, y en enredos, y otras en lo que Dios sabe. Hay más de nuevo, academias, donde los Poetas hacen prodigios. . Ese si es entretenimiento amable, y heroico. Andan muy válidos los equívocos. Mas grave lugar merecen los versos heroicos. No, no te canses, que los equívocos privan. Por qué? Qué lindo donaire, porque es gente de dos caras, y aquesos son los que hoy valé. Basta que has dado en discreto: mas ya a los jardines salen sus Altezas. No te olvides; señora de aquel que yace, preso, y triste. Felisardo? Si señora mía. Notablemente siento sus fortunas; yo hablaré al Rey. Eres Ángel. Goce feliz vuestra Alteza la vida, eternas edades. Como mis felicidades nacen de vuestra fineza, serán grandes (y mayores . mis sentimientos, nacidos. de unos celos presumidos de unos tiranos errores.) Yo en vos, señora, mi vida tengo librada. Yo sé, que siempre os la pagaré como deuda agradecida. Ya el juego puede empezar, tomad asientos. Esta es la disposición dél (pues me toco a mí) ha de tomar cada cual el color que quisiere: verde, morado, azul, negro, y encarnado; con el cual atento esté, a que al instante que diga la música del color que tiene (celos, o amor, lo que signífica) siga diciendo el color, y pierde prenda en no decirlo, u en decir otro color. . bien. Yo tomo el azula Yo el verde. Verde? qué esperanzas son . estas, que mi duda alcanza? si es por mí? a que es la esperanza, pudiendo ser posesión, (ah Felisardo! ah traidor!) Ya yo elegí el encarnado. Yo tomo el color morado, que es mío todo el amor. Yo anteado. Yo amarillo. Yo lo blanco, pues mi estrella dando en que he de ser doncella, lo tiene por estrivillo. Ea la música. . Cuidado, Alarma, al arma Cupido, que arrogante, y victoriosa. Morado, Cupido amor es, y aquese es mi color. De rayos de rabia armada, Encarnado. Corre la esperanza sola. Azul. . Ah errado vuestra Alteza, porque tiene el verde, y dijo esperanza, y respondió, azul. Si alcanza mal mi error lo que previene, si en mis celos suspendida estuvo Dantea (na cielos!) De mi hermano son los celos, no vuestros; prenda perdida pido. . Divertida estoy. A que aguarda mi venganza? . Si es que perdí la esperanza, la misma esperanza doy. Qué esperanza da? qué celos? . Cantad (yo estoy abrasado.) La tierra, el mar, y el aire la obedecen, pero logran contra blancas guerras celos esperanzas vencedoras. Verde. . Azul. Blanco. . Encarnado. Mas qué es esto? Oh justos cielos! Inconstante fortuna, condicional imagen de la Luna; por más que en mí tus iras ejecutas, no es inferiz quien de tus iras triunfa. Oh cielos justos! dad a mi tormento en que ejercitar más el sufrimiento. Qué acentos tristes son estos? De un preso son, que constante en esa torre padece de su fortuna impiedades. Cuanto más padezcoyo . en la prisión de mis males, por causa de sus traiciones. Varios afectos dejadme. . Famoso Rey de Polonia, (ya dueño mío) en los Reales pechos, es culpa que tengan imperio las crueldades. Diversas veces piadosa, piadosa; esto si que cabe en mi pecho; que el valor, y la piedad juntos nacen; os he pedido, señor, la libertad, el rescate de Felisardo; y me admiro, que sus heroicas lealtades, y su valor, necesiten de que yo llegue a empeñarme. Qué escucho! Es verdad mi duda. Los lisonjeros, cobardes, que os han dicho, que fue culpa. suya el perderse en el lance de aquella batalla, donde quedo mi valor triunfante, mienten dígalo yo, que en medio de tu arrogante ejército, ya deshecho, solo le vi (que en el aire con alma de un blanco bruto, tormenta corriendo, errante trueno, que de cuatro brazos cuatro telampagos hace) de manera resistía los vencedores corajes, que llegué a temer, que él solo peleando, me quitase las glorias, que de todo un ejército alcancé antes. Yo vencí, no, no con concierto traidores, que es engañarte, y ofende villanamente mi valor, el que pensare, que para ser yo valiente le hube menester cobarde, Felisardo al fin merece más que cuantos Capitanes ha tenido el Orbe. Ansias aquesto es ya declararse. Esto es piedad, o es afecto? . Señor, ha señor, dormido No es Felisardo tu sangre? no es valiente? no es leal? si; luego es tirano ultraje el que sin culpa padece? Ea gran señor, no manches con tal acción tus blasones, que yo por él, tierna, afable, libre, firme, condolida, piadosa, altiva, constante, afectuosa. . Ya basta señora (ofensas matadme; . saldrá señora al instante de esa torre (yo me abraso) p. mas no vivo si es que sale. Esto importa, si es que basta al remedio de mis males. Yo os lo agradezco en el alma Y yo señor de mi parte os lo suplico también, que conozco el valor grande de Felisardo. En mí sola falta el alma a las piedades, mas ya cielos no soy mía, y si la puerta les abren a la piedad mis afectos, con Felisardo, es muy fácil, que con su entrada en mi pecho, . Ya estamos vuelva a ser lo que fue antes. Vamos: que ya voy resuelto. . . Hoy la obligación, la sangre, Volvió en tristeza el donaire, la música de la torre; mas son cosas que Dios hace. Por sí el cabo se gastó, luz a mi amo le traigo; tentemos por sí, o por no, aunque en trayendo luz yo, siempre en la tentación calgo. está, no me admiro. Quién me llama? Pues has oído tan presto, no duermes bien? En mis males suspendido estaba, y si a yerro abades en mis infelicidades el sueño, antes yo le sigo; porque en los sueños amigo, solamente hallo verdades. pero esto es piedad, no es culpa) . Ya a la Reina le encargué, señor pidiese por ti, mas escucha. . Qué oyes? Sí vive Dios, no lo oyes? . Qué? Que esta puerta de hacia aquí están abriendo. Y es cierta tu presunción. Esa puerta a los cuartos del Rey corre, malo. Jamás esta torre, pienso que la he visto abierta, Junta la puerta. en la torre justamente. la suerte, y los cielos quieren, que puesto que está en mi mano, del peligro de su muerte salga Fesisardo, el Rey mi hermano airado pretende darle la muerte, las causas juzgo que no se conceden averiguar, y ignorarlas quiero, que en casos como este, . A quien debe solamente no saber se ha de saber de los Reyes. Llave le busqué a esta puerta, que casi ignorada, tiene paso a aquesas galerias; pero este caso requiere brevedad, yo he de fingir la voz llega. c , - Quién va? . Suelte, que no entiendo de linternas. San Amaro, san Siluestre, san Panuncio. De quién huyes? Andan en la torre duendes. Cielos qué es esto! esta noche, supo lo que está en mi pecho? que antes de resolverse mi confusión, a dar fin a una vida que me ofende. Mas que digo, en la pureza del Sol, en Dantea puede caber la ocasión menor de matarme, de ofenderme? no, que es mi presunción sola, quien a mi ofensa se atreve. Mas como solicitando entrada a esta torre, siempre con intentos de buscarle a mi duda, alguna leve luz, algún indicio, con que desvanecida en mí quede, hallo otra sospecha más, que es para que a morirentre, abierta esta puerta. Habla. . A Felisardo? mi prisión esta visita? Felisardo. Quién, quién eres? Con Felisardo una voz. Dantea soy. Ya no puede ser más mi ofensa; mas cielos si es ilusión? pero miente su voz? Dantea soy dijo. Señora tantas mercedes el crédito dificulta. Esperad ansias crueles, beved todo el vaso. . Digo. que a darte libertad viene mi cuidado Felisardo, y porque esto no consiente dilación, sígueme. Aguarde. vuestra Alteza, que no viene por mí. . A darte vida vengo. Pues Dantea de qué suerte . ha, culpado está quien teme! Vida, y libertad te ofrezco. Solo la piedad, hacerte inadvertida ha podido, el ánimo te agradece mi constancia, no la acción, que en mi honor caber no puede. Tan leal soy como sabes, huir señora fuera hacerme culpado, y será vileza en quien de honrado se precie, solicitarse una culpa, por excusarse una muerte. Aquí ha de hallar el rigor de mi Rey mi lealtad siempre, u vengativo engañado, u desengañado: y piense, que si de aquí a averiguar mi lealtad tan evidente, le ha de servir de zozobra, quiero antes morir, que verle padecer por mi ocasión, aún el disgusto más leve. Muera yo, viva mi Rey, muera mi honor, si lo quieren los hierros de sus engaños, (si lo son) que de los Reyes aún a los hierros, señora, veneración se les debe. Mas vale que muera yo sin honor, que no que piense mi Rey, que vive ofendido de mí, sin satisfacerse. Castíguese en mi inocencia su imaginación; y de ese mejor lugar a su engaño que a mi verdad; llegue, llegue mi muerte, y a Teodomiro los disgustos se le abrevien, mas que yo muera ofendido, como él satisfecho quede. Mas yo espero que mi Rey, del engaño que padece ha de salir, claro está, pues cuando la verdad muere? Qué importa, que al día empañen pardas nubes, que se tejen de agua, y viento, si en efecto, firme la luz permanece, renaciendo en las cenizas, de su noche mejor fénix. Qué importa, que fugitivo contacto el cristal inquiete del arroyo, y que parezca turbio a la inquietud, si vuelve a quedar con el sosiego, liquida verdad de nieve. Qué importa, que del lugar, que siempre ocupó excelente, hurten el ámbar, si él mismo se descubre en quien se pierde. Qué importa, que la ignorancia en el diamante desprecie el valor, si él su valor consigo mismo se tiene, hasta que el conocimiento le indicia lo que merece. Qué importa, que del almendro flores el viento se lleve, si a menos pompa, el caudal del fruto le queda siempre. Qué importa, que le parezca a mi Rey, presunción leve delito en mí, si al contacto, si a las nubes, si al rebelde viento, a la ignorancia, al robo de traidores, y de aleves, de envidiosos, y cobardes, que le engañan, y me ofenden: he de ser siempre diamante, ambar, día, almendro, y nieve, de lealtades, de finezas, de constancias, y de muertes. No pidáis ya gran señora mas por mí al Rey, si lo siente, que el valerme de vos era, porqué sabéis de la suerte que procedió mi lealtad, prisiónero vuestro siempre. Cerrado este papel señora os encargo solamente, que en las manos de mi Rey pongáis, cuando yo muriere. Vámonos, pues no logré mi intento, y cerrado quede. . Aquí a Felisardo hallo . disculpado, y quien me hiere puede ser Dantea, Cielos, venir aquí, qué la mueve? Cerrando están, ya se han ido, según el oído advierte, ya para salir, de aquesta llave es forzoso valerme. Dudas, si no me ofendió Felisardo, que pretende Dantea: pero qué digo? mas ya Cielos; si no debe Felisardo, él es la causa de mi duda, y no concede, ni a mí el suplirme el dolor, ni a él excusarle la muerte. . No te alteres, fuese la Reina? . Corrida quizá, de que no admitieses la vida con sus finezas; mal haya el alma que tiene honra: de esto, sombras son señor, que te avisan que te mueres. No lo alcanzo. . Yo sí, que corro más; este accidente me da un horror. Ya no temo presajios; pero quien viene a la torre? Pícaro es, pues madruga el tal que fuere. Constante Felisardo en la porfía del rigor, de tu muerte llegó el día. De parte del Rey vengo a tu presencia, donde te notifico esta sentencia, firmada de su Alteza, y de Fenicia, justo juizio es del Cielo esta justicia: tu muerte es esta cifra de venenos. No te lo dije yo? quedamos buenos? Obedecer (señor) mi lealtad debe. Esta es muerte de primos por lo breve. Esto me manda el Rey; y esto es forzoso perdonadme. . No puedo estar quejoso de vos; si agradecido a mi Rey, y señor, en esta suerte, que estorba su disgusto con mi muerte. (Este el último golpe tuyo ha sido, . fortuna fiera) leal, fiel, celoso, he servido a mi Rey, y patria, pero si mal servido se imagina, espero la voluntad de su rigor gustoso; no hallo (como Seneca) en mi vida, porque de sear la muerte prevenida, ni en la muerte rigor tan duro, y fuerte, que desee la vida: o en mi muerte, cuanto insigne varón, cuanto me alienta, vencedor de la muerte, y de la afrenta, roca a morir constante me dispongo, (en tus manos, señor, mi causa pongo. Vamos, no, no os turbéis, que no me altera el orror ciego, ni la muerte fiera, con impaciencia alguna, porque está en mí el Valor contra Fortuna, y pues su firme oposición me admiras, no es infeliz quien triunfa de sus iras. . Oh cuanto puede la sangre, en estos jardines, cuyas piadosamente me busca a dar vida a Felisardo. n n Cielos dadme una disculpa; a Capitán de mi Guarda, hola. Hablad. . Señor. . Injusta de Felisardo es la muerte, mi sentencia no se cumpla; pues si vos, señora, fuisteis, a quien a noche en la escura prisión Felisardo hablaba, pues sus razones ayudan su razón, y aqueste pliego que hoy tuve, en que me asegura el de Buemia, lealtades de Felisardo, sin dudas, sepa el mundo mi rigor ciego, en que su valor triunfa. Ya ejecuré tu mandato, muerto es Felisardo. O nunca mis ceguedades. No es muerto Felisardo. Cómo? . Escucha. Supe tu sentencia, y llena de mil piedades confusas, ayudada de la sangre, del valor, y de la industria, pude trocar el veneno, cuya mudanza fue en una bevida consiliadora de sueño, que solo dura seis horas; seis horas ha que Felisardo en la oculta opresión del sueño yace flores piadosas, quizá a deseos le madrugan. . El alma debo a piedades tan justas. Más válgame el Cielo! agora mas la vida dificultan los sentidos, vivo, o muero, donde? o turbación confusa! Heróico varón, famoso Felisardo, en quien se ilustra más mi sangre, primo, amigo, tuya es mi Corona, tuya es mi vida, tuyo es cuanto los Reinos míos circundan; cuantos aplausos ganastes, cuantas victorias promulga tuyas, el bronce, y la fama, tus Estados, que te usurpan, traidores engaños hoy, hoy son más tuyos que nunca; tuyo es mi poder, gobierna, pacifica, ordena, triunfa? La vida a Fenicia debes, cuya piadosa hermosura, trocando el veneno, hizo sueño tu muerte, y tu injuria, Justicia, justicia al cielo pido, de una muerte zurda, si non me la facéis vos; pero que es esto! Aleluya. No solo cuanto fue mío dejo; mas cuanto pronuncia vuestra grandeza en favor de mi lealtad siempre unas, glorias, grandezas, aplausos, riquezas, triunfos, fortunas, famas, y honores, desprecio, porque hoy solamente busca, señor, mi conocimiento mejor famar esa procura el retorno de una aldea quiero, porque se concluyan vuestras bodas, celebrando las felicidades juntas, a lograr vuestras Altezas sucesiones siempre augustas, y yo donde despreciando glorias del mundo caducas, vencedor del hado, pueda a pesar de sus injurias, decir, que llevo en mi pecho el Valor contra Fortuna. Felisardo, espera, escucha, ya que el valor las grandezas desprecie, han de tener justas solo de mis bizarrías, premio las constancias tuyas. Yo sé, qué siempre adoraste a Fenicia, y quien, quien duda que a su Alteza le debieses aquella fe siempre pura, que pudo consagrarte a cuenta de haber de ser tuya. En su nombre me venciste, y pues me venciste, juzga, que estuvo entonces, del cielo, lo que agora no renuncia. De Fenicia, eres esposo, tanto tu valor procura mi estimación, de ambas bodas. soy padrino, que si tiiunfas de ti mismo has de deberle a mi pecho acción tan justa: Primo obedece a su Alteza. Si su valor me asegura el mérito, esta es mi mano. Amor tantas dichas juntas, tuya soy, viva el de Ungría. Y todo en fiestas concluya, y aquí tiene fin dichoso el Valor contra Fortuna.
