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Texto digital de Valor, beldad y afición

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Atribución tradicional
Manuel de Gallegos
Atribución estilometría
Manuel de Gallegos Probable
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Valor, beldad y afición. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valor-beldad-y-aficion.

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VALOR, BELDAD Y AFICIÓN

JORNADA PRIMERA

̱. Válgame Dios! muerto soy. Muera quien mi mal procura. Ya mi vida está segura: libre, y satisfecho estoy. Darla muerte, a quien quería matarme no fue traición; antes fue prudente acción, y atinada bizarría. Grande mi desdicha ha sido? Ya de aquí se ve Madrid. Nuves bajad, y encubrid li vencedor, y al vencido. Mas lejos pensé que estaba de la Corte. A, dura suerte! Con esta infelice muerte mi gloria, y mi amor se acaba. En tan mísero conflicto que he de hacer? Dar sepultura a muerto sería cordura. Qué pesado es el delito! Pero este barranco sea Mauserlo. Arí aquí de espadas oí, Quién se aparta, y quien se apea es bien que camine a pie. Los compañeros lo hicieron mejor que yo pues se fueron. Desde este campo se ve la felice tierra, donde ya mil grandezas admiro. Y tan bien (ay, cielos,) miro a un traidor, que un muerto esconde dentro en un barranco. Ahora importa huir; mas quién va? No responde? Morirá si calla. . Vaya en buchora. Vive el cielo que he de ver quién es. Será de esta suerte. Tente, no me des la muerte, Ya debes de conocer quien soy. Tu valor, tu brío, y tu victorioso acero dicen que eres Caballero. Y si eres nobla se pio. n . No hay piedad para un ladió. No soy ladrón, soy rendido, soy noble, soy conocido; A y ma- y matarme no es razón. Levanta, y dime tu nombre. Don Beltrán de Aragón soy, y ahora a la Corte voy a un negocio. . . Y aquel hombre que ahora aquí sepultaste, quién era? qué parecía que por noble merecía la vida que le quitaste. Honrando a Manzanares, dando esplendor al suelo, conquistando las almas, y adornando de lauros, y de palmas el templo de Cupido doña Juana de Acuña en Madrid vive aunque mejor dijera en Madrid mata. Admiración del mundo de uno y otro hemisferio amable sujeción glorioso imperio. El padre pues de este angel peregrino me escribió que dejase a mi patria Sevilla, y que al momento me pusiese en camino, que pretendía darme por esposa esta deidad hermosa. Estimé mi ventura; que la amana sin verla; y adoraba por fama su hermosura Después de concercado el casamiento, murió su padre, y ella quedó sola, pero de bienes de fortuna rica, tanto como de gracias. su rostro soberano. Traté de mi jornada y entanto que negocios dilataban mi intento escrebí, pretendí, procuré prendas, y alcancé de su mano una dichosa carta, y un retrato, Esta correspondencia, este amoroso trato, esca noble, y recíproca fineza, abalaron de amor al alma mía; y amor de tal manera su divina belleza cifró en mi fantasía, que si ahora entre ejércitos de estrellas sus ojos escondiera, aunque nunca los vi, los conociera. Llegó en efeto el día, de salir de mi patria: dejé deudos y amigos, y sin más compañía que la de mi valor, y de mi espada di felice principio a mi jornada. Pero apenas a Cordoba llegué, cuando al encuentro me salió don Antonio de Castilla; hermano de una dama, a quien un tiempo pretendí en Sevilla y a quien palabra di de casamiento, (Helena era su nombre, y su beldad igual a la de Heleva) este pues con mi muerte procuraba satisfacer su agravio, y pon frustrar mi noble pensamien fingió que a cierto pleito a Madrid caminaba, y a vista de Madrid los dos llegamo Cuando poniendo mano a la espada me dijo; hoy moriras villano; hoy con tu sangre apagarás mí metimano, y reñimos hasta que mi valor le dio la muerte y mi piedad la sepultura triste, que lastimado viste; mas si fui vencedor, quedé venció pues perdí la hermosura de esta deidad, que adoro. Que ausentarme es forzoso, y perder la esperanza de verme venturoso abralado en los ojos de la que en esta carta del tículo me digna de su esposo de la beldad divina, que es alma de osta copia peregrina. Tan admirable belleza, y gracia tan superior piden gran fer grande amor, gran lealtad, grande fineza. qué es aquesto? Soy perdido. La culpa es madre del miedo; pera en esta cueva puedo escapar. Cómo? . . Escondido. Aguarda; ponte a mi lado, fía tu vida de mí. Retrato después que os vi en vos me miro abrasado. No he visto hermosura igual. Si a la belleza fingida ofrezco el alma, y la vida; que debo al original? Irse tan precipitado don Beltran, no fue temor; providencia fue de Amor que esta prenda me ha dejado? para que mi pensamiento anime a mi corazón a seguir nueva afición, y a sufrir nuevo tormento. Aquí pienso que quedó. Esta es migente: irme quiero; y buscar este lucero; voyme, y será bien que intente ver la luz que me abrasó. Sin descansar del camino he de procurar saber donde vive esta mujer, este portento divino. Amor, en Madrid estás, entremos con osadía; que si esta beldad nos guía, mil glorias alcanzarás. Pierda don Beltrán ahora esta copia celestial, que sin el original en vano el retrato adora. El traidor, a quien mostre la bella imagen que adoro, guardó tan mal el decoro a mi amor, que ya se fue. Hy suerte como la mí! Ay tal pena! Ay tal dolor! Viose desdicha mayor! Viose mayor tiranía! Aguarda fiero enemigo, mira que esa copia hermosa es la estrella venturosa; cuya luz adoro y sigo. Tiende tus alas, Cupido; pero no, suspende el vuelo: cua si lo sigues, recelo que has de morir de atrevido, A villano corazón: así es razón que perdáis prenda que tanto estimáis? Esto sufre mi afición? Si hay peligro en el seguir, en el quedar lo hay mayor: muera a manos del valor quien de miedo ha de morir. Ansí la vida perdéis por un retrato? . . don Diego remedio pide mi fuego; vos remediarme podéis. Conocéis esta mujer? Si conozco, y se su casa. Pues de serte Amor me abrala, que, o la vida he de perder, o con ella he de casarme: A2 que Que aunque don Beltran la adora queda retirado ahora, y no puede ya estorbarme el ca amiento, don . De suerte, que hurtarle la bendición queréis? . Es tal mi pasión que ha de causarme la muerte. Mas no causará si puedo, que cierto entedo he trazado para aliviar mi cuidado. Y qué tal es el enredo? Fingir que soy do Beltran, y efetuar el casamiento. Fácil es el fingimiento. Pero en Madrid que dirán si os conocen? . No daré lugar de ser conocido, que si hoy me veo admitido, mañana me casaré. Aunque en Madrid quién podrá conocernos a los dos, Cuanto a mí, si no sois vos, nadie me conocerá. Pues don Beltran bien se yo que no es conocido aquí. En mi vida yo lo vi. Ni doña Juana lo vio. Ea pues don Diego amigo, todo es engaño en Madrid: que soy don Beltran decid. Ya desde ahora lo digo, que doña Juana mejora de casamiento. . Don Diego, el amor me tiene ciego. Doña Juana es mi señora, y es el fin de mi esperanza. Pues luego a su casa iremos. Vamos, no lo dilatemos, que hay peligro en la tardanza. Martín. . Señor. Ven acá. Para lo que habéis trajido habéis menester criado de importancia; y lo será, Martín, que es hombre de bien, y gasta muy buen humor. Y cualque volte el licor de esquibias gasto muy bien, aunque ahora estoy mohíno, que treinta reales perdí como un santo. . Yo lo vi, más perdió como un Calvino. Ya soy tu señor, Martín. Yo tu marido seré, tu cierno digo, si erré no es grande el yerro, que al fin marido, y cierbo en la Corte, es todo una misma cosa. Gasta Martín linda prosa. Y gastaré cuando importe, versos de culto, y deidades; muncho horror, poca armonía; que es en la Corte poesía de vedme, y no me tangades. Tiene buen gusto. n . Famoso, Vamos, y Martín será quien las nuevas llevará del reciénvenido esposo. Que al fin si con vos se casa doña Juana, su ventura será como su hermosura. Amor me ciega, y me abrasa. Cierra, Inés, esa ventana, y ven tras mí. . Ya te sigo. Mira. . Qué dices? Te digo que esa moza Sevillana no quede en casa. . Antes ya se quitó el manto, y sosiega del camino, porque llega ahora, y cansada está, Bueno es eso: su hermosura es grande para criada. Es mi prima, y es honrada, y acompañarme procura. No lo estorbes, que a fe mía que ha de saberte agradar, y he de morir de pesar, si pierdo su compañía. Quede pues, y no te mueras, Sea tu ventura igual a esa beldad celestial. conque en las almas imperas. De tu tristeza me espanto, no me des lugar, Leonor, a que presuma que Amor es la causa de tu llanto. Hoy en nuestra casa entraste, y hoy para ti debe ser el día de más placer, pues tanto bien alcanzaste afligida, y congojada en el zaguán te encontré: que mandabas pregunte. Dijiste que si criada le faltaba a mi señora, que tu servir la querías, y que por Dios me pedías que fuese tu valedora Y para obligarme más esta sortija me diste, y llorosa me dijiste; a tu señora dirás que soy tu parienta. Yo, aunque no te conocía, dije que eras prima mía. Y pues todo sucedio, a tu gusto, que tristeza, que dolor, o qué pesar le atreve ahora a eclipsar el cielo de tu belleza. Mi señora doña Juana tiene ilustre condición, y si te cobra afición te tratará como hermana. No fuiste muy desgraciada si en el día enque llegaste de Sevilla, luego hallaste una casa tan honrada, Cese la melancolía, que mi señora se casa, y ha días que en nuestra casa todo es fiesta, y alegría, De eso nace mi pesar; ese es el dolor que siento, más ánimo, sufrimiento, alma sufrir, y callar. Mudese el nombre de Heleba en Leonor, y el alma mía le escriba en mi fantasía, porque se aumente mi pena. Y porque el nombre Leonor cada día repetido, atormente a mi sentido con memorias de mi honor. La causa, Inés, de mi mal; ni tú la puedes saber, ni ya dártela a entender. Alguna furia infernal (. vive en mí para matarme. Qué infierno es este, en que vivo; cuando este fuego intensivo descansará de abrasarme? Mas, ay, Dios! cuando mi mano castigará con rigor quien puso mancha en mi honor, quien dio la muerte a mi ermano. Leonor, mi señora vuelve: que te alegres es razón. Ea, noble corazón, a padecer te resuelve. En efeto vino ya don Beltran? . Señora, sí, Cielos qué es esto, que ohí? ya don Belirán aquí está? Dame albricias. Toma amigo. Amigo, y toma: a fe mía que es notable cortesía. qué dices? . Señora digo que hablas elegante, y grave; que A3 que el toma, y amigo, son palabras de un Cicerón; pero el toma es más suave. No se habla mejor en Roma: No hay para mí tal placer como oír a una mujer hablar cuando dice toma. Por lo dulce, y lo fecundo de su boca soberana mi señora doña Juana será milagro del mundo. Afe que estás donairoso. No basta que una mujer diga tuma, para ser más milagro que el Coloso? Desde el cielo hasta el abismo celebre el mundo tu fama; que hallar en la Corte dama, que diga toma, es lo mismo que hallar a Lope en su casa. Tan difícil es de hablar? En casa no hay que tratar. Pues todos los días pasa por mi calle. . Es como el Nilo, que todos ven su corriente, y nadio le ve en la fuente. La corriente de su estilo al Nilo iguala. . Es verdad, el es fácil de entender, mas su casa ha menester, o comento, o claridad. Llamó un amigo a su puerta? Lope está en casa? Salio un fámulo, y respondió, no se sabe cosa cierta. No tiene Gongora estancia más oscura, que la suya. Ni hay más gracia, que la tuya. Soy persona de importancia. Y ahora que tú me das esta prenda, importaré mucho más, y más valdré. Alegre en extremo estáss Señora, dice Galeno que el tama, tiene virtud de alegrar, y dar salud, y que es el dame, veneno. Un día cierta mujer de un barco en la mar cayó, y en un toma, se salvó. Y eso cómo pudo ser? Iba con ella un villano, y viendo que se perdía desde el barco la decía: aguarda, dame la mano, Y mientras en la ribera el verbo, dame, sonaba; ella la muno sacaba, y hacía de esta manera, ya sobre el golfo espumoso cuasi muerta aparecía. Y el villano, que quería salvarla, diestro, y piadoso una tabla le arrojó, diciendo: Toma, mujer: tuvo el toma, tal poder, que luego resuscitó. Y a la dicha tabla asida salvó la vida, de suerte, que el dame, le daba muerte; y el toma, le dio la vida. Alabo el humor. Martín es digno de ese favor; más socórrame el Amor; que mi pobre Bergantín entre dos peñas navega, y con tan grande borrasca, que temo que ya se casca. Aquí de Dios que se anega Martín en mar de hermosura Sirenas del bello mar de amor dejadme pasar. Martín es linda figura. Oh, mi Sirena! . Oh, mi bien! quieres darme esa cadena? Lo que pide una Sirena! reteo Lo que da quien quiere bien! Tiblas mi vida de verás? El pedir en la mujer es querer. . Si eso es querer no quiero yo que me quieras. Mas si es que quieres amarme, trata de decirme amoros, de hacerme algunos favores, de servirme, de alegrarme; y de aliviar mi dolor; que esto, señora, es amar, y lo demás es mamar. No te quiero tan dotor. Doctor no, dator me quieres. Es verdad. . Pues, Reina mía, hablaremos otro día. . Amiga Inés, por quién eres que digas a mi señora, que porque cansada estoy a mi apolento me voy: queda a Dios. . Vete en buenora. Presto mi mano atrevida al mundo dará a entender lo que puede una mujer despreciada, y ofendida. Merezco que me creáis. Si el amor nace del ver, como puedo yo creer que a quien no visteis, amáis? Para obligarme a quereros vuestro retrato bastó, quien sin veros os amó; que hará cuando llega a veros? Esto señor don Beltran es hablar de bizarría. Penetren el alma mía vuestros ojos, y verán un amor ya tan gigante que yo sé que en la grandeza íguala a vuestra belleza. Vos sois el primer amante que sin ver amó. . Señora, quien mira vuestra figura ve vuestra rara hermosura, y en vuestra copia os adora. Ya sé qué quimeras son vuestras palabras; dejad la lisonja: ved, y amad, que el retrato es un borrón. (to agrado, Si engendra amor lo hermeso en cuán y agrada de lo hermoso lo aparente, agradable esplendor, gracia evidente, ostenta la hermosura retratada. Basta pues una imagen contemplada, para infundira un alma fuego ardiente; que no es en el agrado diferente la fingida color de la animada Con vuestro simulacro Amor se anima, y en el alma incendios apercibe; que por mostrarse milagroso quiere. Que una sombra dé luz, y ardor imprimes que vidas quite un rostro que no vive, y una beldad sin alma, almas impere. Detente? . Déjame entrar. (te qué hay, Martín? . Quisiera hablar Habla pues. . Escucha alparte, Aora he visto pasear en el parió un embozado, el cual después que me vio llegó a hablarme y preguntó: Sois de esto casa criado? Yo la respondí que sí, y el dijo con voz sonora: ñaz Pues decid a la señora doña lusna que está aquí un amigo de su esposo; y que de su parte quiere darle una palabra. Espere un poco (dije) y dudoso consideré que podía ser esto y allín no puedo saber lo que es. . Habla cuado, Perdonad, señora mía, ya se quien es, y a que viene: mas mas no logrará su intento; porque ya mi pensamiento remedio a mi mal previene. Él está determinado a entrar acá? . Sí señor, y queda en el corredor. Sin duda que disfrazado viene don Beltran a ver a doña Juana. Quisiera que de la quinta viniera mi tío. . Bien puede ser, que hoy se pusiese a camino. Dónde está Leonor ahora? En su aposento, señura; y que está mala imagino. Pues qué tiene? no le agrada la casa? . Señora sí es hermosa, y cuanto a mí tiene algo de enamorada. Yo lo haré . Pues ten cuidado Suy para embustes famoso. . Perdonad, que fue sorzoso darle a Martín un recado. Qué es esto? . Querer entrar. Sin licencia? . Yo lastengo; porque el negocio a que vengo no me permite esperar. Señora (qué es esto, cielos!) El Amor es adivino. (. n . Que estoy soñando imagino. (. Pero ya muero de celos. Qué mandáis? . No debe ser esta casa cuanto a mí la que busco. Vive aquí? Quién, señor? . Una mujer, La justicia? . Tú dijiste. (un tigre mejor dijera) Una mujer. . Perdonad, que vuestra rara beldad Por don Beltran preguntó me ha turbado de manera que falto a la cortesía que os debo. Al fin preguntáis? Si doña Juana os llamáis. Hoy es de mi muerte el día. Doña Juana soy. . Pues yo de parte de vuestro esposo. Qué decís? . . Cuento gracioso, Que vuestro esposo llegó, y que os quiere bien os digo. Ya se que me quiere bien, y se que llegó también; y aún ahora está comigo. Con vos está! . . No lo veis. O, lo que tarda Martín! Perdonad, señor. . . Al fin turbado estáis. . . No queréis que se turbe quien os ve: corazón, esto sufris? Si por albricias venís, aunque tarde os las daré. Alegre ahora venía a deciros (cielo santo) el callar, y el sufrir tanto parece ya cobardía. Señor don Beltran. Qué quieres? Don Beltran? ay caso igual. Oye. . . Di Vengo mortal. . . Habla. Aguarda por quién eres, luego sabrás lo que pasa. La jus. . . Tonto acaba ya. En cas de don Diego está la que nadie quiere en casa. La justicia? . Tú dijiste. Cuatro soplones llegaron a la puerta; y preguntaron Por mí? . Sí. Qué respondiste? Por don Beltran preguntó un alguácil; y al momento el más oculto aposento con con los ojos vadeó. Luego ocupó la escalera uno y otro belleguín, gente en aspereza al fin peor que una esparraguera. Yo soy muerto, . Finalmente. a la calle me salí, donde cercado me vi de más varas que de gente; El que tiene la minuta de los bancos del teatro; en conclusión tres, o cuatró escuadras de gente bruta te aguardan en esta casa para prenderte. Esto sí, lindamente lo fingí. Esto que a mis ojos pasa es ilusión, o quimera! Qué es esto, esposo? . Señora, es lo que oístes ahora, y retirarme quisiera. V Que aunque jamás culpa alguna tuve digna de prisión, que se acautele es razón el que teme la fortuna. Adiós, señora. . . No os vais, que aderezado tenéis un cuarto, donde estaréis escondido. . Vos me honráis, Inés. . Señora. a. Al momento pasa a las casas de enfrente con Leonor, y diligente adeieza un aposento. . Si tratan ya de prenderme, que le de hacer? disimular, que hoy mi vida ha de acabar Qué es esto, Leonor amiga? si alguien llega a conocerme, Y si más unhora estoy en esta casa recelo La alcoba cuáles? . Esesta. alguna tiaición. El cielo me desienda. Yo me voy, señora a Dios os quedad, y aiqmisal Vos, mi señor, pues llegastis tan presto, y pues alcanzastir tan peregrina beldad, estimad vuestra ventura. Y vos señor advertid que tiene cárcel Madrid, y que es tierra más segura Flandes, Nápoles, y Oran. Vos considerad, señor, que hay honrados, que hay valor, y que seguros no están en el mundo los que ofenden. Y vive Dios. . Bueno está; la vida os enfada ya? Estas manos la defienden, Pero yo sabré volver por mi honor. . Id en buenhora. Quién esos ojos adora, si anto ningún mal debe temer. Qué hombre es este? Es un buscón, presume de caballero; debe de andar sin dinero, y con aquesta invención venía ahora a pescar albricias. . . Venid, señor, y descansaréis. Amor hoy al cielo ha de llegar. Qué es esto, Leonor amiga? contigo vienes hablando, y agimiendo, ya llorando! no se cierto que te diga. La alcoba cuáles? . Esesta. Pon la luz en el bufete: mira que lindo retretel que alcoba tan bien compuestal No No te alegraj? (no te agrada la limpieza y el aseo de esta casa? . Antes desee (. verla de sangre manchada. El nobio es este, Leonor. Pues démosle, Inés, lugar do de dormir, y descansar. No hay gente aquí? . Sí señor aquí tienes quien sabrá Sal servirre con el cuidado que mereces. . Admirado, confuso, y suspenso está mi entendimiento. Parece que me trajo mi ventura al jardín de la hermosura. Vuestra grandeza merece favorable una deidad; mas si sentaros quereis, bufete y silla tenéis. Dejadme solo, y cerrad esa puerta. . Ausí lo haré. Si venzo, Amor, en memoria de tan insigue victoria en el templo de mi fe daré glorioso lugar a tu imagen; mas cansado me tiene ya mi cuidado, y quisiera descansar. i A un corazón ofendido no hay peligro, que le asombre don Beltrán (infame nombre!) está cansado, y dormido. Este es el bárbaro acero que dio la muerte a mihermano, La, valerosa mano, pora vengarme espero. muera don Beltran: quisiera, en tal pena, en tal afán, que muriera don Beltran; pero que de amor muriera. Mas ay de mí! despertó, salirme quiero de aquí. Creo que una dama vi, y soy tan dichoso yo que entiendo que doña Juana venía a verme, y se fue, porque vio que desperté, vuelve, estrella soberana. Mas si es que hablarme desea, mientras hay luz no vendrá, que hablarme a solas querrá: pero sin que yo la vea. Valor noble, ánimo fuerte adónde vas? considera que será fuerza que muera si a don Beltran doy la muerte. Pero cese la afición, deponga el Amor su fuego. Muera don Beltrán, y luego máteme la compasión, Falso, aleve, fementido, grosero, infame, villano, cruel, bárbaro, tirano, traidor, desagradecido al amor más generoso, y a la más ardientilama, que honra el clarín de la Fama: hoy mi brazo valeroso vengará la injusta muerte de mi hermano Helena soy, y para matarte estoy don- donde nadie ha de valerte. Mujer, o furia infernal qué intentas? Vengan a mi hermano. Detén señora la mano, que esa beldad celestial más armas no ha menester que las de tu hermosa vista; que quien viendo almas conquista para matar basta ver. Es ilusión lo que veo! Muerta soy. Quién eres, hombre? hombre soy, mas no es mi nombre don Beltran: antes deseo dar a don Beltran la muerte, pues ingrato despreció la gloria que le otorgó en vuestra beldad la suerte. Luego vos me conocéis? Nunca, mi señora, os vi: mas por lo que un tiempo hoí de vos pienso que queréis en hábito de criada aguardar tiempo, y lugar para que podáis vengar una afición mal pagada. Es verdad, pero decid que enredo es este? . Primero saber la tragedia quiero de vuestro amor. . Pues pid, ̱ De perlas coronada, de aljófares vestida; ríos de oro el cabello, rubies las mejillas: la bella precursora del claro Sol salía a cele brar la fiesta del Precursor Bautista; cuando (ay, Dios la memoria de tan infausto día en lo interior del alma infiernos fertiliza) al fin cuando el aurora llorosa me decía que al cielo, y a los campos lloraba mi desdicha, salí (que no debiera a recrear la vista, y examinar curiosa lo ameno de una quinta. Dulce alago mis ojos hallaron en la risa de un soto, que el verano de flores guarnecía. Aquí las horas de oro v pase alegre y sestiva, al y dando atentos oídos a la dulce armonía de cuanta Filomena el prado ameno habita; de cuanto alado Orfeo la verde selva cría. Hasta que por mi mal, por mi fatal ruina, don Beltran, que engañoso amante me servía, llegó a verme atrevido; y armado de caricias; de álagos, de lisonjas; y de mil gallardías, emprendió temerario la amorosa conquista, y alcanzó los favores, que mi honor defendía. La ocasión, y el amor, que albedríos conquista, que destruye constancias, y bríos precipita: cegaron la razón, ofuscaron la vista, y rindieron el pecho que hasta allí resistia desmayado el decoro, la gravedad vencida, muerto B2 d muerto el brío del alma, la llama de Amor viva, animado el deseo, la afición atrevida, vencedora y triunfante la amorosa porfía a don. Beltran previno mi voluntad cautiva de su esperanza el fruto, de mi amor las primicias. Aquí mi honor dudoso, viendo que se perdía, me obliga a que primero que mi valor se rinda, al vencedor la mano, y la palabra pida de esposo. A, suerte dura! Mujer, que de hombrefía, o la afición la ciega, o se engaña a sí misma. Venció al fin don Beltran, y cuando presumía llamarle espose, entonces se apartó de mi vista. Y sin que puedan ruegos, lágrimas ni caricias, impedir sujornada, a la corte camina. Yo, que tengo el valos igual a mi desdicha, procurando perden con el honor la vida. Cuento a mi hermano el caso, porque sus pasos siga. Mas como la mujer amante y ofendida ama temeridades, peligros solicita. Después que fue mi herman tras el ardiendo en ira, hecha un Volcán el alma, y un infierno mi vista al camino me puse sin otra compañía, que el dolor que me ofende, y el valor que me anima. cuando ya la acababa mi jornada prolija supe que don Beltran fue bárbaro homicida de mi hermano. Si el cielo tal culpa no castiga; no hay rayos en las nuves, no hay sierpes en la Libia; no es poderoso el hado, no hay muertes, no hay ruinas, no hay veneno en Tesalia, ni en el mundo justicia; y el cielo. Mas qué es esto? Tente, lengua atrevida, y tú, perdido honor, en el cielo consía. Llegué a Madrid, luego entré en la casa misma de esta señoraza quien quiere mi honor que sirva hasta hallar la ocasión, que ahora presumia que otorgaba a mi esfuer la Fortuna benigna. Erró mi mano el golpe, y quisiera cortida abrasarla; que el fuego errores califica. Mas mi valor la guarda, para que vengativa en un ingrato pecho castigue tiranías. Vuestra voz enternece, vuestra desgracia admira, y para la venganza os ofrezco la vida. Gran parte del suceso que me contáis, sabia; y de esa injusta muerte soy testigo de vista. La cansa que me fuerza a que ahora me finja don don Beltrán, espero que mi amor os la diga: pero a vos os importa que no sea entendida esta afición; y luego que mi intento consiga. Prometéis ampararme? Al cielo que nos mira juro de defenderos. A vuestro amor propicia; sujeta a vuestro gusto, y a vuestros pies rendida, os serviré; que el alma ya de vos se confía. Don Beltran disfrazado estorbar determina mi pretensión; mas vos le quitaréis la vida. Vuestro amparo me esfuerza. Vuestra industria me anima Muera pues mi enemigo. Venza pues mi porfía.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Hoy don Beltrán disfrazado vuelve a ver a tu señora; animate pues, que ahora se ha de ver tu amor vengado. Aquí la pistola está, que me pediste, y quisiera que un rayo del cielo fuera; mas tal, cuál es, bien podrá castigar, y defender, aunque basta tu valor: que el corazón de un traidor es muy fácil de vencer. No te agrada? . Es excelente, don Enrique dice aquí: y después que en ella vi tu nombre, estoy más valiente. Valor tienes, y beldad. Y tengo afición también. Pues, Helena, no haces bien, No es mía mi voluntad. Qué bárbaro corazón podrá resistirosado a quien los cielos han dado valor, beldad, y afición. Doña Juana viene. Helena vete, que yo te defiendo, y con mi industria pretendo remediar mi dura pena. Quédate a Dios; que quién pude despreciar tanta fineza morirá, si tu grandeza me sirve ahora de escudo. La quinta, señora mía, es para un día, no más. Como en la quinta te estás, sabiendo que es hoy el día de la máscara? . Mi ardid ha de saber remediar mi pena, y ha de dejar eterna fama en Madrid. Ahora importa saber fingir, y disimular. Preso me quieren llevar a Sevilla para ser esposo de cierta dama que ser mi esposa pretende, sabiendo que más me ofende cuando más me estima, y ama. Y ahora al fin ha buscado camino para prenderme: pero para defenderme cierta invención he trazado. Mudé el nombre en don Enrique, y busqué cierto galán, que haciéndose don Beltran, quiero que amante se aplique a serviros, como esposo, porque la justicia entienda B3 que que es don Beltran, y lo prenda: que si soy tan venturoso que logro mi pensamiento: mientras él en mi lugar se va a Sevilla a casar se hará nuestro casamiento. El hombre, a quien eligí- para que os sirva en mi nombre, es un Viises, y es hombre que no es conocido aquí, aunque vos lo vistes ya, que es aquel que el otro día las albricias os pedía. El pobre buscón irá a galeras condenado, que en efeto irse a casa. un hombre es ira remar; y más cuando va forzado, Son malos para un galán, que no tiene que comer, cien ducados, por hacer un papel de don Beltrán? Buena traza me parece. Él viene: veréis ahora como dice que os adora, y que vuestro amor merece; habladle; pero advertid que ha de hablaros de manera que juzgaréis verdadera afición lo que es ardid. Qué es necedad, te prometo; déjame que diga yo que el fior don Beltran murió, y cásate de secreto. Por tu vida que me dejes decir que te dieron damas a beber cuatro mil dramas de los polvos, con que herejes adobaron a Milan: para que decir se pueda con la mucha polvareda perdimos a don Beltran. Solo que os visite quiero on mi nombre, y que os pretenda; porque en mi lugar lo prenda la justicia. . En todo espero huir de causaros pena. Bien defenderme podrán mis trazas de don Beltran, (. hasta que le mate Helena. Por cierta causa hasta ahora mi nombre no he declarado; pero ya desesperado vengo a deciros señora, que don Beltrán de Aragón es el que mirando estáis, y que es razón que admitáis el amante corazón, que en sacrificio os ofrezco, y la libertad, que os di: que ha solo un día que os vi, y mil, que por vos padezco. De una prisión temeroso encubrirme pretendía, pero viendo que perdía la luz de ese rostro hermoso, deliberose mi amor a declararse; que quien ha de perder tanto bien, perder la vida es mejor. Sabe el cielo que me muero, que por vuestra causa lloro, que os respeto, que os adoro, que os estimo, que os venero. Y sabe. . . Basta, señor, que ya sé que me queréis, y se lo que pretendéis. Pretendo vuestro favor. Mas pues ya sabéis que os amo: sabed que soy tan dichoso, que aspiro a ser vuestro esposo, y que don Beltran me llamo. Ya se que sois don Beltran, y se que sabéis querer. Pretended; que el pretender es acción de hombre galán. No os entiendo afe de honrado. Pues yo os entiendo muy bien De vuestro injusto desdén arguyo que habéis mudado de pensamiento. Señora, no estáis desposada? . . Estoy. Pues si vuestro esposo soy, como me decís ahora que os pretenda? Bien fingís. En qué hay aquí fingimiento? ay tan notable tormento! escuchad. . . Qué me decís? Que es don Enrique un traidor. Y si ahora aquí estuviera cuerpo a cuerpo, yo le hiciera que usara de más primor, y que mudara de intento: y por quien soy. . Bien fingís. Ay tal hombre!. . Qué decís? que os alobo el fingimiento. Viose desventura igual! Vive Dios que he de perder la vida, o mía ha de ser la que es causa de mi mal. Honor, si el cielo os ofrece la ocasión, que pretendéis, no es razón que dilatéis el castigo que merece un traidor, un alevoso, un ingrato, un fementido; Desesperado, perdido, ciego, confuso, celoso, y en tan riguroso extremo me tiene ya mi afición, que ni temo la prisión, ni a la muerte misma temo. Valeroso honor, ahora es la dilación nociva. No es bien que en el mundo viva, ni es justo que viva en mí don Beltran, Muera, y con él muera mi afición también; que es infamia amar a quien fue conmigo tan cruel. Y no es razón que me impida la venganza el niño ciego. Válgame. Dios! no dio fuego la pistola: soy perdida. (. Qué es esto, cielos! traición: esto en una casa honrada se consiente? A, vil espada! A, cobarde corazón! como permite mi mano que un fementido me afrente! como mi valor consiente que me persiga un villano! Don Enrique. A, nombre infame! corazón que es tan traidor en vez de fuego de amor fuego de envidia le inflame. Fue sin duda el que tiró don Enrique; y a fe mía que doña Juana sabia de esta traición, pues le dio lugar en su propia casa. A cruel! plegue a los cielos que en el abismo de celos, en que mi alma se abrasa, halle pira esa hermosura, que en mí vive retratada? muera comigo abrasada por lo menos tu figura. Primero falten arenas a la Libia, a Chipre flores agua al Nilo, al Etna ardores, que a tu sufrimiento penas. Pero muera quien me ofende. Aguarda Aguarda, mal caballero, verás que mi noble acero, y mi razón me defionde. No nos apartemos más de la quinta, que imagino que estamos en el camino de Madrid. . . Pesada estás. Nunca repliques Leonor a lo que yo mando: mira que quien sirviéndome aspira a merecer mi favor debe hacer mi voluntad. Procura darme placer, porque para merecer no te basta la beldad. Templar aquí la calor, y ver el tío podrás: siéntate, y descansaras. Parece que en cada flor retrata el cielo una estrella: que alegre el céfiro gira. Es cada aliento, que espira una amorosa quererla: que enamorado, y ausente sabe quejarse a las flores el céfiro. . . Tiene amores? Es galán de cierta fuente que corre en Chipre, y ahora, como en fuego de amor arde, suspira siempre en la tarde, y por la mañana llora. Que las perlas, que el oriente derrama, lágrimas son nacidas de la pasión, que el tierno céfiro siente, Señor toro, hágase allá por amor de San Isidro, que es mi cabeza de vidro, y al fin lástima será que después de enfados mil abrevie un toro mis días; aquí de Dios, Reinas mías. que anda suelto un Aguácil. qué es eso? . los toros son que en Madrid se han de correr mañana; y parece ser que me briada un topetón, un novillo aventurero. Si viene gente, o nos vamos, o las caras nos cubramos hasta que pasen. . Bien dices. Vos no me podéis negar que don Beltrán es honrado; y si os ha desafiado qué disculpa pedéis dor? Viendo que le asegure de traición, mientras pensáis ofenderle, me agraviáis; y con vos me enojaré, Si os ciega Amor, advertid que no es la venganza honrada sino se obra con la espada. y que es villano el ardid. No conviene a vuestro brío que prendáis adón Beltran, que, si se sabe, dirán que teméis él desafío. Decís bien: mas yo quisiera defender, y asegurar el bien que espero alcanzar. n . No ha de ser d esa manera: que primero está el honor, que la afición. . . Si es así decidle que aguardo aquí, y con el mismo valor, por quien ya se vio rendido, n . Adiós. . Id, que aquí le espero, y a mis pies le considero, cuando no muerto, vencido. Oh, mi señor, e . qué ay, Martín? quien quién son aquesas señoras? Dos estrellas, dos auroras, dos flores son del jardín de la madre de Cupido. Doña Juana es la que estás mirando. . Mejor dirás la que admira mi sentido. A tonsar aire salío de la quinta, . Dicha fuera para mí, si no estuviera en el puesto que eligió don Beltran, A, suerte dura! hablarle no puede ser. dejar de hablarle es perder el respeto a su hermosura. No ves, Leonor, como tarda en hablarme don Beltran? un hombre cuerdo, galán, y tan cortesano, aguarda en semejante ocasión! El cuanto a mí no te ve, llega a hablarle. . . Perderé (si le hablo) de mi opinión. Ya su tibieza me enfada: y te confieso que ya celos don Beltran me da, y que estoy desconfiada. eso es amor. . no lo niego. Soy noble, y debo querer a quien mi esposo ha de ser: y como el amor es ciego, si no duda, desconfía. Pues buen remedio . qué tal? Soy más diestro que Marcial, y he de hacer con bizarría una regla de montante, conque he de desocupar el puesto, y no ha de quedar en el viviente ambulante. Vaya de chanza. . Ea pues. guarda el toro guarda el toro; que por vida de Medoro, que no se le irá por pies el mismo Sol. . . Muerta soy! No temáis, señora mía, pues es vuestra compañía, y en vuestro servicio estoy. Huyamos, que cerca está la quinta. No es bien que tema una deidad. . Linda flema; y el toro viene haciacá. Pues qué importa? Cuando menos, si nos defiende esta Diana, el toro podrá mañana vender panzas, y rellenos. Mas ya nos mira. Leonor huye. Aguarda. . Espera. . que aunque una serpiente fuero le venciera mi valor. Qué es esto, Leonor? Querer mostrar mi pecho animoso, que el huires afrentoso, aunque sea en la mujer. Pues yo, mi señora, intento en defensa de esa cara ser tagarote, y tomara los ponlebiés del viento. Guarda el toro, Leonor, mira que la fuga es lo mejor de la múlica. . El temor de este villano me admira. Mas qué mucho? en un villano es el temor natural, y no hay peligro mortal, que tema una honrada mano. El toro ya se volvió, y lo más cierto sería que algún pájaro vería; y to? y toro le pareció. Pero qué es esto? Don Diego me dijo que estaba aquí don Enrique; y cuanto a mí (si de enejo no estoy ciego) él se fue pues no le veo en cuanto la vista alcanza. Cumplió el cielo mi esperanza, logrose al fin mi deseo. Ahora es tiempo, valor; no temáis, que no hay lugar de temer ni de esperar que me perturbe el Amor, don Beltran muera. A villano! que me has muerto! Cielo santo todo el reino del espanto ve mi vista. . Amor tirano (temblando estoy) no me impidas (los cielos favor me den) que quite una vida a quien debe a mi honor cien mil vidas, Así don Enrique mata quién le desafía? A, cielo! en mi pecho reina el hielo, y en mis ojos se desata todo el horror de Acheronte. la sangre, que me cayó en los ojos, me cegó; sobre ellos extrina un monte. Y cuando fuerzas tuviera para defender la vida, como veré el homicida, si estoy ciego? Aguarda, espera; mas ni levantarme puedo, ni ver a quien me mato, Imagina que le hirio don Enrique. . Siempre el miedo fue cruel. A, dura suerte! Pero ya muero, tirano; no me da muerte tu mano, mi culpa me da la muerte. Esto es matar? si el que mata siente la lástima misma, que siente mi corazón, entrañas tiene de piedra si no se deshace en llanto. Pero la lástima venza; que ya la noble piedad en mis sentidos impera. A, dura mano! hasta ahora lloré desprecios, y afrentas, ahora lloro de amor: vengada estoy, pero muerta. No nació para matar la mujer; que si es de cera su corazón: que gemido puede haber, que no la venza? heridas del alma mía (pluguiera a Dios que lo fuera) se pulcro sois, donde el alma todas sus glorias entierra. Frío rostro, que del fuego de Cupido sois esfera; a vuestras marchitas flores llego lastimosa abeja; mas con mis ojos fábrico lágrimas, en vez de néctar lloren comigo las aves, el cielo, el sol, las estrellas; sea consorte el aurora de mi rigurosa pena. Gima el céfiro comigo; y si son las hojas lenguas de los árboles alternen los árboles con mis quejas, Y córrase Manzanares de de ver que más aguas llevan mis ojos, que su corriente; y que igualan mis quererlas, mis sollozos, mis suspiros en número a sus arenas. Aún no acabó de morir. Ay, ciego Amor! quién pudiera cerrar aquestas heridas, y abrir otras con tus flechas. Las heridas de Medoro Angelica mira atenta; y tantas lágrimas llora, cuanta sangre vierten ellas. Tente lastimosa voz; más canta, rompe las piedras, para que el muerto Medoro halle sepultura en ellas. Y para que me acompañen en el llanto aves y fieras canta otra vez, y serás el coro de mi tragedia. Ángel del cielo de Amor, triste Ajión de la selva: no digáis que las heridas de Medoro mira Angelica. Decid que muere Medoro. Y que Angelica quisiera curarle, mas que mal puede dar vida quien está muerta. Las bellas manos que aplica al remedio bien pudieran darle muerte, y darle vida, y aún dejar la vida muerta. Pluguiera al cielo divino y a mi rigurosa estrella, que como el alma le doy, darle la vida pudiera. Aún tiene calor: ay, cielos! quien aplicara a sus venas el calor de aquellos rayos conque el amor me atormenta. Uras lágrimas doblan mi pena fiera. que heridas del cuerpo no me atormentan, Inés. . Qué es esto, Leonor? Huyamos de aquesta selva, que es teatro donde el hado tiranías representa. Este galán está muerto? Poco menos. Llega, llega, verás pálido el donaire, oscura la gentilega, el aseo desmayado, y la gala descompuesta. Quién fue causa de este mal? No lo sé mejor dijera (. una sierpe. . Aún está vivo. Gente viene; aquí te queda: y al primer hombre, que pase, ese herido me encomienda. O lo cure; o lo sepulte; que mi corazón quisiera (si es que remedio le falta) que no le falte la tierra. Válgame el cielo! . Señor. A señor? A, quién pudiera llenarle en brazos, que ya del parasismo despierta. Al fin es fuerza que quedé el uno muerto, . . Y que sea su tumba el coche. Sin duda querrás que tu amigo venza. Claro está. Pues tus deseos cumplio la fortuna adversa. Acabando de morir don Beltran yace en la tierra. Vencio don Enrique. Ahora importa que no se sepa. qué es aquesto? . Un hombre herido, y no hay aquí quien le pueda curar: si podéis llevadle, que podrá ser que no muera. García, tómale en brazos; Ca T que es conocido, y me pesa de su desgracia. Sabéis sobre que fue la pendencia, y quién era el vencedor? No sé nada. . Cosa es cierta que sería desafío. Llévale pues; mas espera como! no sacó la espada don Beltran? detente. Daja, que en la tardanza hay peligro; y vive el cielo que pesa mas que un necio. . Aquesto es justo que un caballero consienta? a traición le dio la muerte don Enrique: y tal bajeza es razón que la castigue (si no mi espada) mi lengua. Hoy doña Juana sabra lo que don Enrique enreda, que no es bien que un caballero a un tirano favorezca. Martín vete, que no quiero compañía. Esta, señor, es mi espada, y mi valor sabe ser buen compañero, Por esa misma razón has de irte luego de aquí. Fiare, señor, de mí; que en semejante ocasión solo sirvo de testigo, y venir con un criado no es venir acompañado. Fuera de que yo me obligo a ver, y callar de suerte que no tienes que temer; que al fin oyente he de ser, y mirón hasta la muerte, Acaba ya, que me enfado. Hay hombre tan desgraciado como yo? . Mas quedo, quedo; gante viene, y debe ser el slor don Beltran. Al fin pues destierras a Martín, será fuerza obedecer. Mortifíquense mis bríos, pues tú lo quieres. Espera. . Esperara si trujera triaca de desafíos. Qué pálido, y perezoso camina a morir el Sol! Adonde vas tan oscuro, triste Cometa de horror? Como reduces a sombra lo que antes era arrebol? Tú, que eras el alegría, y el regalo de la flor? No es el Sol esto que miro, es mi propio corazón; porque tan grande tristeza solo para mi nacio Mas si hasta aquí de mis ojos no aprendió el Sol perfección: ya del alma mía aprende la tristeza, y la color. Sin duda que el Sol ahora su beldad disimuló, porque teme que le quiera mayla que es un tirano mi amor. Huya de mí lo agradable, que hay peligro en mi afición, y dando el aima a quien amo, veneno a quien amo doy. Huya de agradarme el cielo, si apetece duración, que para ser corruptiblo basta que le quiera yo. qué es esto Helena? . tristezas ansias y lágrimas son; que que llora el alma perdido uo bien que no poseyó. Diste a don Beltran la muerte; En la campaña de Amor soy vencedora, y vencida muerta, y homicida soy. Ya mi vengativa mano supo volver por mi honor. Testigos de mi venganza son estas flores, y son también testigos del llanto, con que al alma acreditó un sentimiento, que iguala, y aún excede a mi rigor. Ingrato, mal caballero, tirano de mi afición, pirata de mi albedrío, áspid del jardín de Amor. Sirena del mar de Chipre que con engañosa voz infundiste al alma mía armónica suspensión. Amoroso Cocodrilo, cuyo hanto engañador almas vence, y cuyo mar mis propias lágrimas son Cruel, lisonjero, falso, y más que falso, traidor: ya sé quien eres, ya se que es tu voz la de Sinón. Tu corazón el de Ulises; aunque dijera mejor, que te die naturaleza un mármol por corazón. Tu propio amigo don Diego contra ti se conjuró, y de tu meldad me hizo prodiguesa relación. Después que voló tu engaño al cielo de mi favor das a mi esposo la muerto? mujer; mas honrada soy, apártate de mi vista, u escóndete a mi rigor; que es un Mongibel mi boca, y exhala incendios mi voz. Señora cese el enojo, y dejad que mi razón me disculpe de homicida, ya que de fingido no. Si fue delito adoraros grandes mis delitos son que es mi amor en la grandeza igual a vuestro rigor. Confieso que el alma mía amorosa os engañó; y engañar para querer, si es delito, si es traición, júzguelo vuestra piedad en el tribunal de Amor, y hallará que mis engaños obligan a galardón. El traidor que de homicida y de falso me acusó os contaria el suceso de mi engañosa afición; y contarlo yo, sería dar alma a vuestro furor: más guárdese, en la memor para mejor ocasión. Y advertid que tan capaz de vuestros favores soy por noble, como por firme, y don Beltrán de Aragón (téngale Dios en el cielo, si es que la vida perdíó) solo en la guerra amorosa era mi competidor. Que en la calidad; mas cese mi lengua, que esta cuestión se decide con la espada, y la defiende el valor. Digo pues, que el que dijere que la sangre derramó de vuestro esposo este acero, que miente como traidor Y que en el propio lugar don- p donde don Beltrán murió le haré confesar su culpa: mas diréis (y con razón que lengua que lisonjera tantas veces os mintio, al crédito de mi honra debe más satisfacción. Rómpase pues el secreto que hasta ahora se guardó; perdone la cortesía, atropellese el primor. Sepase quien fue la causa de tanto mal; y que estoy obligado a defenderme. Testigos los cielos son. De qué palabra me diste de ampararme. . Sé que yo soy noble, y debo mostrarme caballero. . En der favor a una mujer. . Y me agravia, y aún se engaña quien pensó que puedo dejar de ser honrado. . Y mi defensor. Quién dio la muerte, señora, a don Beltran de Aragona? Sois vos, señor don Enrío ve? y advertid que no es valor (cuando saben estas flores que sois el culpado vos) culpar a quien podrá ser que volviendo por su honor en las plantas, que testigos de vuestro delito son, escriba con vuestra sangre, don Enrique es un traidor: Ya no tienes que fingir: treguas permite a tu voz, que por falso, y por tirano te destierro de mi amor. Señora. . . Quién una vez lisonjero me engañó: cualquiera verdad, que diga, me parecerá ficción. Advertid. . . No hay que advertir; qué, si don Beltran murió, he de matarte, aunque sea dentro de mi corazón. . Helena yo soy perdido: hoy mi vida se acabó, hoy se ha de rendir mi pecho a la desesperación sino sabe doña Juana que no soy culpado yo, y que te dieron los Astros valor, beldad; y afición. Cuéntale pues las ofensas que tu mano castigó; mas porque seguramente des remedio a mi dolor. Di que eres una señora, y que por cierta ocasión hasta ahora la serviste, y que conviene a tu honor recogerte en un Convento. Y como en la encarnación, o en Calatrava te veas sin peligro, y sin temor confesarás la verdad. Y esta generosa acción en las alas de la Fama émula será del Sol. Aunque ofenderme querías faltando con el favor que a mi honor le prometiste, remediaré tu pasión con ese ardid. . Eres noble. Noble, y desgraciada soy. Honre el mundo tu memoria; y en crédito de tu honor en el papel de los cielos con su flecha el ciego Dios estas palabras escriba VALOR, BELPAD, y Arrerón. JOR

JORNADA TERCERA

ORNADA TERCERA Don Beltrán vive, y espera merecer mi noble mano: don Enrique es un tirano, más fuérzame a que le quiera, No sabe al fin tu sentido a cual de los dos se aplique: el amado es don Enrique, don Beltran él elegido. Pero dejando esto a parte, no alcanzas ya que Leonora después que ha dado en señora no se digna de mirarte, Doña Helena de Castilla es su nombre; y su beldad, su brío, y su gravedad son del Amor maravilla. Hasta ahora disfrazada con el nombre de Leonor, porque importaba a su honor, me sirvio como criada. Ahora dice que quiere recogerse en un Convento. De ese generoso intento bien su calidad se infiere. En efecto es ya Leonor doña Helena? . Sí, Martín. Más bella que un Serafín, con presunciones de flor, y un punto menos que aurora la vi vestida de negro tan gallarda que me alegro de considerarlo ahora Advierte que no le digas que don Beltran vive, . Yo digo a todos que murió por mentir; y si me obligas, la verdad he de decir; porque el hombre mentiroso no miente cuando es forzoso y necesario el mentir. Vuestro amante pensamiento, señor don Enrique ya pena y cuidado me da, y pasa de atrevimiento. Que después de conocido vuestro engaño, visitarme no es quererme, es agraviarme, y es ser loco inadvertido. Paraiso es vuestra casa, si desterrarme queréis basta solo que os arméis del resplandor que me abrasa? que de tan bello jardín solo podrá desterrarme beldad que puede matarme con armas de Serafín. Mientras amorosa sueña . su voz en el alma mía, presume mi fantasía cada acento una Sirena, mas conviene resistir. Anímese mi fiereza, ofender a mi nobleza don Enrique, no es servir. Mudad pues de parecer: que si amar os precipita, y os atrevéis a visita otro día; podrá ser que halléis difícil la entrada. No puede, señora mía, faltar en vos cortesía: estáis ahora enojada. Enojada, y de manera, que por vengarse mi mano de vuestro pecho tirano ser de una tigre quisiera. Señora. Que os vais os digo. Escuchad. . . No hay para que. Tengo amor. . . Nohenéis se, Soy firme. . . Sois enemigo, Merezco vuestro favor. Mi rigor queréis decir. Sé querer. . . Sabéis fingir. Soy leal . Sois un traidor, ñ Dando luz, y serenando la tormenta resplandece el Sol, y pues amanece cese el enojo; que cuando con sonoroso comvas alternan entre las flores, y riñen los ruiseñores, sale el Sol ameter paz. a. A que tiempo vino Helena! mas para dalle un picón es esta buena ocasión, remediose pues mi pena. Parece señora mía de negro vuestra hermosura, que en vos de la noche oscura se ha vestido el claro día. Y que el azul resplandor de vuestras dos luces bella después de vencer estrellas hace gala del horror. El Mongibel encendido sombras oculta, y harrores: n pero de nieve, y de flores reverbera guarnecido. Vos al Mongibel seguís, mas ya de estilo mudáis, que nieve pura ocultáis, y de horrores os vestis. Dice el Amor que si fuera de nieve vuestro vestido, de tanta beldad vencido triste, y negro pareciera. Que no habrá nieve tan pura, que a vista del soberano mársil de esa hermosa mano no sea triste, y oscura Sin duda que pretendéis con esa color mostrar, que si glorias podéis dar, también dar penas podéis, Porque esa oscura color a los ojos representa un infierno enque atormenta los corazones Amor. Esto sufre el alma mía? A falso, vil engañoso! Agrada tanto lo hermoso, la gala la bizarría, el donaire, y el aseo; que de esta amorosa culpa fácilmente me disculpa lo que admiro, y lo que veo, Mi turbado corazón se confiesa descuidado; más suerece perdonado quien se turba con razón. Si es que alabáis la tristeza, y lo oscuro encarecéis, disculpa y razón tenéis. Si encarecéis la belleza, don Enrique, mal andéís; y esa vil lengua habladora conque lisonjero ahora encarecéis, y alabáis lo que os causa admiración, merecía una respuesta atrevida y descompuesta, y un agravo sin razón. Bien en esta grosería se ve que sois atrevido, arrojado, inadvertido, sin primor, sin cortesía: molesto, poco atinado, impertinente, enfadoso, descuidado, licencioso; y merecéis castigado por imprudente, y por loco, Esto, mi señora, no porque a vos os alabó, sino porque dijo poco. Mal supo disimular doña Juana. . Y vos señor estimáis peco su amor, pues pues le dais tanto pesar. Está comigo enojada, y de esta suerte quería ver si picarla podía. Don Enrique, ya me enfada el vivir, y mi tormento me perligue de manera, que en mi sepultar quisiera mi amoroso pensamiento. Mas pues habéis negociado lo del Convento: partamos; porque mientras más tardamos, mas se aumenta mi cuidado, Que me place. Adónde vais? A buscaros compañía; y carroza, . El alma mía presume ya que tardáis. A dar remedio a mi mal se dispuso mi valor: mas si era grave el dolor, el remedia fue mortal. No es el mismo pensamiento tan sútil como un criado. Hasta esta casa he llegado sin hallar impedimento, ni ser visto. . Qué buscáis? La señora doña Juana, y la beldad soberana, conque esa casa ilustráis, dice que sois vos. Al fin, que es lo que queréis. Quisiera, señora mía, que abriera esa mano de jazmín, este papel que os envía don Beltran! Quién? . Vuestro esposo, el que espera venturoso merecer la gallardía de ese rostro. . Este napel decís que me envía a mí don Beltran? . Señora sí. Hay tormento tan cruel cómo el mío? no murió el enemigo, que adora mi corazón; y hasta ahora don Enrique me engañó. Hoy es, mi señora, el día, enque con fuerzas me siento para aliniar el tormento del ausencia en que vivía, con vuestra vista: y mañana iré a veros. No paséis (̱. más adelante, ojos míos: porque si empezasteis ríos, piélagos acabaréis. Ya tiene salud mi esposo? Salud tiene don Beltran, Y mañana más galán, más gallardo; y más airoso, que Narciso le veréis. Y que le lleváis ahora en ese papel? . Señora abridle vos, y sabréis que es su afición verdadera, su firmeza sin segundo; y que por mostrar al mundo que vuestro nombre venera, con esa joya de diamantes el ala quiere prender del sombrero. . Sabe ser enamorado; mas antes que esta joya en su sombrero sea cifra de su amor, morira como traidor y como mal caballero tirano, sin ley, sin sé. Qué decís? Qué mejor fuera que por empresa trajera una, S, y una, Y, que que dijeran, Soy Tirano, Decilde que digo yo, que si en Sevilla dejó una valerosa mano un corazón atrevido, noble gallardo, constante, leal, generoso amante; y más que amante ofendido; y que si su vil espada, como tirano inclemente manchó de sangre inocente, y más que inocente, honrada: Como no teme el castigo que su delito merece. Mirad que por vos padece. Andad, haced lo que os digo. y decidle que hay valor, ocasión, fuerza, y poder, y que basta una mujer para matar a un traidor. . Buenas albricias espero con estas nuevas. García en esta casa! a fe mía que se ha metido a tercero. Qué buscáis aquí? . Señor. No os turbéis, hablad. Buscaba: aún peor está, que estaba. (. El miedo es poco hablador. A vuestro señor decid que era yo mejor amigo, que don Beltran: y advertid que no volváis otro día a esta casa. . Podrá ses que me sabrá defender quien a esta casa me envía. . Hay mayor atrevimiento! ve tras él. . adiós pluguiera que sus espuelas me diera el Sol, y su mula el viento. . Vuela genejoso Amor, que aunque hay peligro en el vuelo estás muy cerca del cielo, y en brazos vas del favor. Fuy como un gamo tras él. Pero apenas le seguí, cuando prudente advertí que se le cayó un papel. Alcele, y vi que tenía. cuando menos, esta joya: y si yo me hallará en Troya, del saco no me cabia tan buena porción. Has sido vencedor, y venturoso. Muestra lo misterioso de esta joya, que Cupido debió sin duda de ser su tracista, y su inventor. Es grande tracista Amor, mas mi ardid ha de vencer. Con esta letra pública don Beltran, que doña Juana es la esfera soberana, a cuyo vuelo se aplica. Esta joya desde ahora es mía; que darte quiero lo que ella vale en dinero. Sea, señor, en buenhora, Y a doña Helena digamos que es tarde ya. . Mira pues si en el corredor la ves; y dile que ya tardamos. Apartarme yo de aquí cierta no es bueno; que es cosa que García en esa puerta está aguardando por mí. A de casa. . Entra. Señor, está tan calva de gente esta casa. . Impertinente que temes. . Causa terror el destierro de estas salas. Vir- Virgen de la soledad, o vos la mano me dad, o me de un Ángel sus alas. A, de casa? Voto a mí, que estamos en un desierto: ya de temor estoy muerto. (. No hay gente? no hay gente aquí? esto de límite pasa. Qué dices? . no sé que diga? cuanto a mí, Sanchez Fatiga representa en esta casa. Dejemos para mañana este negocio, Martín, y vamos. Vamos, que al fin no está en casa Doña Juana, Esta, Inés, es la verdad: la causa de mi pasión es don Beltran, Y es razón que venere tu beldad. Cómo puede agradecer mi afición; si tu señora le casa con el ahora. Mi señora quiere ser su esposa por pundonor: que aun que muestra que lle quiere, por don Enrique se muere. Inés, si me das favor don Beltran estimará la fe de este amor constante, y el valor de este diamante tu servicio pagará. Un Mágico peregrino de ciertas hierbas que halló en Tesalía destiló un liquor dulce, y benigno; que para infundir amor es excelente: y quisiera Qué, señora? . qué vebiera don Beltrán de este liquor. Al fin, cuando agua pidiere, en mi aposento hallarás un vidro, que le darás; y verás, como se muere de amores. Disimulemos. Pueda el veneno, tirano, (. lo que no pudo mi mano. Vete, y después hablaremos. Ya bien se ve que venistis de Sevilla en seguimiento de un amante pensamiento, y hasta ahora lo encubristis, Decidme, cuál es señora de los dos el que queréis: mas quién duda que diréis que ya se quien os adora. Es verdad que solicito honrada satisfacción de un ingrato corazón, y de un rigor infinito. Mudad pues de pensamiento, porque en vano pretendéis casaros, y me ofendéis con vuestro amoroso intento. Y ese perfido tirano que me olvida, que me afrenta, y que merecer intenta el cristal de vuestra mano antes que vaa cumplida su pretensión, ha de ver lo que puede una mujer despreciada, y ofendida, Qué de mi segura estáis? sabe Amor, y sabe Dios; pero cuál es de los dos ese de quien os quejáis. Es el traidor que me ofende un galán, que trae ahora (para deciros, señora, que vuestra hermosura prende corazones arrogantes, y que es vuestro prisionero) presa el ala del sombrero Doa , o con uia joya de diamantes. . Un laberinto es mi casa, donde hierra el alma mía si a más Norte ni más guía, que el incendio, que me abrasa. Vale la joya un millón. De esta manera castigo a don Beltran mi enemigo, y acredito mi afición. Muy bien negociado hanemos, Mas quedo, quedo. Aquí está doña Juana, y bien será que la joya le aceptemos. Ponte el sombrero de modo que la vea. Si a mi error no le disculpa el amor, al castigo me acomodo. Serenad, señura mía, vuestros ojos, y mirad que faltar en vos piedad, es faltar luces al día. Cielos! qué es esto que veo? don Enrique es el querido, y el que paga con olvido el amoroso deseo de doña Helena. Comigo, señor don Enrique, andáis poco airoso, y os mostráis (no galán) mas enemigo. Si estáis ya desengañado, y si casada me veis, a que efeto pretendéis publicar vuestro cuidado con esa joya? Mi esposo es don Beltran; y le quiero por cortés, por caballero, por honrado, por brioso, por enstante, por leal; y porque se que es valiente, galán bizarro, prudente, muy rico, y muy liberal, Idos, señor don Enrique, dejad la amorosa empresa, y pagad lo que debéis a la hermosura de Helena. Condeso que os ofendí; y si castigarme intenta vuestra mano. . . Adiós, señor? Escuchadme. El coche espera. Si vais al río, señora, y vuestra beldad desea templar la calor: mis ojos más agua que el río llevan. Y si pedís dulces auras al prado, y al alameda; Céfiros son mis suspiros, Favonios son mis querellas. Pero en huir de mi vista, andáis (sino amante) cuerda? que son mis lágrimas llamas, y son de fuego mis quejas. Los ríos de vuestros ojos ni los vee, ni me alegran; y Manzanares elivía la calor, y la tristeza, Don Enrique esa afición, ese llanto esas finezas, que desperdiciáis comigo, las debéis a doña Helena. Advertid, que ya celosa de vuestro rigor se queja; y que en vuestro ingrato pecho castigar su agravio espera. Su agravio? Si estáis prendado, pagad la amorosa deuda, a quien os sigue, que es justo que quien os sigue os merezca. Quién me sigue a mí señora? Quién os ama, y quien intenta daros la muerte. . la muerte? Oíd. Qué queréis? . Quisiera mostraros que os engañáis. Si doña Helena confiesa que de Sevilla ha venido a vengar en vos su afrenta, No paséis más adelante, que ya, mi señora, es fuerza que publicando un secreto, mi firme amor se defienda. Mira, señor, lo que dices. Calla, Martín. Doña Helena por un suceso amoroso, que no es bien que se refiera, perdía la patria; y ahora es tan grande su trisieza, que la priva de sentido, y de razón la enajena. Y si os dijo que yo soy su amante, y de mí se queja, por la fe de caballero que está loca; y que me pesa de su desgracia. . . Mi esposo a verme viene, y es fuerza que os vais, señor don Enrique. Y razón, que os obedezca. Si no merezco savores por mi amor, por mi fineza, por razón, por cortesía merecía otra respuesta mi papel. Y una señora cuando amante se confiesa; facilita la piedad, y debe correspondencia. La causa de vuestre enojo me decid, que el que condena debe declarar la culpa antes de dar la sentencia. Cese el rigor, y decidme la ocasión de vuestra queja, Que me volvéis mi papel d es so la lo que quiveja; que para bazarle pedazos lo guarda vnestra fiereza. Qué papel? ni de rigores E vueltra memoria se acuerda. El papel que os dio García, que no es razón que consienta que le haga vuestro desdén lo que al alma mía hiciera, Ni he visto a García yo, ni sé quién es. . Será fuerza creeros, y presumir que García erró la puerta. Una joya de diamantes me perdió con una letra, conque el alma presumía manisestar que era vuestras Y si fuera en esta casa, yo sé que no la perdiera, y sabe el amor, que solo se pierden vidas en ella Y era la letra? . Una, 1. Socorro, Amor, que navega por un mar de confusiones mi vida, y corre tormenta. Dijcos que hablara conmigo? Sí, dijo; pero las señas que me dio, conozco ya que no eran verdaderas, Porque me dijo. Ay tal caso! Que en el corredor os viera vestida de negro. . . Habló sin duda con doña Helena. Con quién? Conmigo. Oh señora, y quien habrá que merezca un rigor de vuestro mano, si el alma mía entendiera que era hijo este desprecio de tan hermosa fiereza: como vuestro le adprata; que quien la beldad vonera reverencia los rigores, la tiranía respeta; y el cielo cuando luciente E y se- y sereno reverbera, no se ve tan respetado como cuando oscuro truena. Ya la lisonja acabó, ya no permite mi ofensa que te escuche, y te responda, que me hable, y que me veas. Despreciaste mis favores, ofendiste mi nobleza, diste la muerte a mi hermano, y ahora ingrato me dejas. Sin considerar que el cielo le dio valor a mi diestra, para defender mi honor, para castigar mi ofensa, y para extinguir con sangre el fuego que me atormenta. A mi rigor esa vida destinaron las estrellas; mas el amor que me abrasa y me turba de manera, que aunque matarte procuro, deseo que te defiendas. Y an sí te digo, y te ruego que huyas de mi fiereza, porque el hado vengativo ya pronunció la sentencia de tu muerte; y mi valor (que ejecutarla desea) porque el Amor no la impida cada día representa en el teatro del alma la miserable tragedia de mi honor; y aunque mujer varoniles son mis fuerzas. Ilustre brío me anima, honrada sangre me alienta, armas me ofrecen mis ansias, noble estimulo mi ofensa. Mi dolor temeridad, mortal veneno mis penas: favor me ofrece la suerte, el Sol, los Astros, la tierra, el mar, y el abismo: el cielo de mi furor te defienda. Hasta ahora don Enrique fue causa de su tristeza, ahora lo es don Beltran, y de su rigor se queja; lo que don Enrique dijo confirma ya la experiencia. Esta infelice señora está loca, y es su tema quejarse de cuantos mira. Y vos, señor, cosa es cierta que sabéis de su locura pues le habláis de esa manera, Conózcola de Sevilla, se la causa de su pena, y se que aquí se marara si ahora no le siguiera el humor. Hoy es el día, en que la fortuna adversa con mi ejemplo ingratitudes y tiranías enfrena. Mas, ay, cielos! Qué tenéis? Bravo susto! agua quisiera. Hola. . Señora, qué mandas? Ve por agua. Ahora es fuerza que el novió beba el jarabe que Cupido le receta. No tardes. Vuelvo al momento. Debió de ser la respuesta de vuestra carta al tenor de estas ansias, de estas quejas. Pésame de su desgracia, que era digna su belleza de generosa afición, de noble correspondencia. Mas a qué vino a Madrid? No se cierto. Amiga espera. . qué dices? Que quiere Amor que en mi castigue mi afrenta; y en crédito de mi brío a matarme estoy resuelta. Ciega estoy. Tente, varón. Ay, Amor! digo que adviertas, que importa disimular. Mas, hay, Dios, Helena muera: que si muerto don Beltran he de morirme de pena, mejor será que una daga me dé muerte. A,dura estrella! Qué es lo que intentas? Escucha, derente; mas llega, llega. qué me detienes? . Advierte. No hay que advertirme. Quisiera; mas vete. . Déjame entrar. Aguarda, el vidro concierta. Aquí está el agua, señor. A, traidora! quién te hiciera el corazón más pedazos que tiane el Ganjes arenas. Tente, aguarda, no bebas, enemigo, rompa mi mano el vidro venenoso (- que a tu delito por fatal castigo destinaba mi brazo valeroso. que aunque en tu muerte mi dolor mitigo, si te veo morir será forzoso perder la vida yo; que el cielo ordena que me mate el remedio de mi pena. Dejé mi patria, y vine en seguimiento de un traidor de un mudable, de un tiras ingrato al más ilustre pensamiento, (no inexorable el ruego más erbaño, y amparada de todo el firmamento, solicitó mi generosa mano venganza del honor, y de la vida de quien fuiste pirata, y homicida. Don Enrique a mi amparo generoso de una pistola armó mi noble diestra, cuando benigno el cielo poderoso a mi venganza la ocasión le muestra; Armada pues del rayo artificioso airosa me atreví, disparé diestra; mas el fuego faltó, que no faltara si con mi coragón la disperara. Al fin cuando tu pecho fementido a su valor por lauro destinaba, de don Enrique el corazón vencido, cuyo amor, cuyas glorias envidiaba: Entonces fuiste por mi mano herido, entonces mi valor te contemplaba muerto; mas con mis lágrimas honrado, a un tiempo mal herido, y bien llorado. Con tu sangre y mi llanto ya pedía Manzanares más puente, y más riberas y en fe de mí padosa tiranía, glorioso nombre, eterna fama espera: Como si destilaran sangre mía tus heridas, y como si yo fuera alma tuya, y tu vida (a, cielo! a suerte!) sentí el desmayo, recelé tu muerte. Ahora con razón más ofendida procuré con veneno castigarte; mas ya por no morir enternecida dentro en mi corazón quiero matartee que de esta suerte perderás la vida sin que puedan mis lágrimas honrarte, máteme generoso atrevimiento si ha de matarme infame sentimiento. Y pues bizarro mi valor intenta dar a mí triste vida muerte honrada; muere dentro en mi pecho, y no te sienta el alma, que te llora despreciada, excusaré la rigurosa afrenta de morir compasiva y lastimada de quien olvida, a quien cuando le hiere, por no verle morir, matarse quiere. Tenedla, que esta furiosa. Está firme; está ofendida, noble, gallarda, atrevida, y es- y está más que nunca hermosa. Con dos heridas vengastis vuestro agravio, érmosa Helena, y para darme más pena por ellas al alma entrastis. Advertid que está fineza cobra ya del alma mía el tributo que debía a vueltra rara belleza. El enojo serenad, y tratadme como esposo, que si soy tan venturoso que alcanzo vuestra piedad. Amante mi corazón os sabra corresponder, y en vos sabrá merecer VALOR BELDAD y ATICIÓN Eso pasa? . lo que os digo es lo cierto. . Bueno está; de hoy más don Beltran será vueltro verdadero amigo. Si con Helena se casa todo ha de parar en bien. Ya siento vuestro desdén, y vuestra vista me abrasa. Un corazón generoso, si a la ingratitud se entrega a todo el extremo llega de ingrato y de riguroso. Y cuando al fin se arrepiente sabe amar, sabe querer; y tan propio viene a ser como antes era inclemente, Don Diego ya se serena el cielo de Amor, y creo que se cumple mi deseo, y se casa doña Helena. Amor vencio tu poder: rendida a tus pies estoy. Qué dices? . Digo que soy vuestra esposa; y quiero ver como me sabéis pagar la lealtad, y la fineza con que os amo. . Esa belleza he de servir, y adorar. ceo Don Beltran, pues ya os miráis a vuestro gusto casado, y estáis ya desengañado, racen será que seáis amigo de don Enrique. Y aún confieso que es razón que yo le pida perdón; y que mi lengua publique su nobleza, y su valor. Tenéis un esclavo en mí. Para serviros nací. Y vos, señora, el amor de don Enrique estimad; que ya forzoso parece que le admitáis, y os merece por amor, y calidad. Si la piedad es forzosa, en vano el alma procura resistir. . Ay tal ventura! ya soy, señor, vuestra esposa, Digno sei de ese favor. Y a vos, señor, en lugar de esta joya os quiero dar de las mías la mejor. Que ya después de casado ni vos la debéis querer, ni yo os la puedo volver. En todo hacéis como honrado, No nos cásamos los dos? Eso es decir, Inés mía, hoy es de tu boda el día, Martín ponte bien con Dios, Ahora bien ello ha de ser; la mano me puedes dar. Temes caer? . El casan es lo mismo que caer. Cumpliose la maldición, que tantas veces me echaba mi padre. Y aquí se acaba VALOR, BELDAD y AFICTON.