Texto digital de El valiente Lucidoro
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Villegas
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por González Barrigón y Onuva López de San Román Alves a partir de un manuscrito de la BNE.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
González Barrigón y Onuva López de San Román Alves. Texto digital de El valiente Lucidoro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valiente-lucidoro-el.

EL VALIENTE LUCIDORO
Digo Fenisa que es cierto ver, y lo que yo digo basta. que esta noche señalaste, cuando hicimos el concierto de fe. Mire, señor, que se engaña porque yo señalé el jueves, pero es miércoles. Tu debes andarme a mi, con maraña el miércoles dijiste viniese. Dile a Lasonec que estuviste adonde estamos los dos. Y pues el plazo es llegado, y en el puesto estoy también. Llévame donde está mi sien, o creeré ser engañada. Eso de ti no se fía, después de tanta amistad. Para mañana en verdad me el más verdadero amante ser el concierto creía. Pero tú puedes entrar, avisaré a mi señora, que está te venida ignora, donde tengo de aguardar, por si está el viejo despierto ya XXXX anda en este pajar si manda estará bien encubierto. Importa que en él me aguardo, la brevedad te encomiendo. Fenisaestoy ardiendo, Guárdela XXXX. ¿Que enredo es esta Fenisa? Fe ya ha de parar este engaño, quiera Dios no sea en tu daño. Aqueste cuento de risa, que estoy puesta de lodo. Piénsalo será mejor. Bien se ve que es el amor, quien lo facilita todo. Abierta la puerta está. ¡Oh Fenisa, cuánto vale! ¿Oh de su sobrera sale! Pues tanto dolor me da. Este es el otro penante Bien al negocio se me enrama. Mi Fenisa. ¿Quién me llama? El más verdadero amante. Pues Fenisa está llegada, de un remedio la hora, podré ver quién mi alma adora, en mis brazos en casa de amos donde la pueda ver. Guíame que, en la tardanza, se me acaba la esperanza. Más paciencia he menester. Que paciencia es bien se halla de esto. Mi Fenisa en quien bien ama, que esté la dama en la cama, y el galán ronde la calle. La prueba de más paciencia, de las que una manteleta, es esta pues esa prueba. Bien lascivo de experiencia, tu testigo podrías ser. Si lo hay más firme en amar, si esta calle rondar, me has visto noches y días. Siempre ha sido muy galán. Pero por bien empleado de eso. Si puede darle pasado, pues hoy el premio le dan. A ti se debe a mi vez, el precio de mi provecho. Pues lo que el amor no ha hecho, tú sola pudiste hacer. Pero en mí Fenisa mía, que agradecerlo sabré. Llévame adonde esté, en descanso el alma mía Pues mientras voy a ver, si está la casa en reposo. Que se estresará forzoso, en esta cuadra ha esconder, porque es muy oscuro puesto y apartado del bullicio XXXXXXXX en el juicio Como Virgilio en el XXXXXXXX Yo me entro pues en la cuadra, Que a todo amor me dispone. Miren en que el amor pongo, a los que, si hallen su escuadra, como a los tristes chiza, En la cuadra entiende entrar. Y el uno está en el pajar, este en la caballeriza. Burla será esta que asombre, pero a seguirla me animo. Que es sin precio lo que sigo, El engañar cualquier hombre. Ahora de veras toco Que el fin de mi pena es cierto Pues he hallado el paso abierto Para que entrase otro loco Mi Fenisa XXXX Pues amiga es buena hora que el fin de mi pena es cierto. Ha sentido tu señora, pero en mí Fenisa mia, aquesta tardanza mía. ¡Ah no es ella ignorante, De que él sus umbrales pite! Para que yo aviste, Que aguarde será importante, en esta cuadra, señor. Puede aguardarme Artemisa, con tal brevedad le avisa. Como lo pide mi amor, hable volando siquiera. Procura la brevedad, pues sabes bien ser verdad, que el que espera desespera. Entre y tenga paciencia, pues dile que sabe amar. Descanse XXXX Tras de tanta paciencia. Por mi vida que es molestia, tratar con enamorados. Que necios porfiados, no hallo más pesada bestia. No soy señora de fuera de casa al mercado, o a la tienda a por recado. Cuando los siento venir, pues el día de la fiesta a penas me voy a misa. Cuando siento a Fenisa, aguarda el oído apresta. Uno me da una receta, de doctor un recado, y al fin todos XXXX En que sirva de alcahueta. Esto siento de manera, quee aquel es burla me anima. Que más valgo para prima, que valgo para tercera. Y pues estos hijos de algo, lo que dio no conocen. Verán sin que a mi ama gocen , que para engañarlos valgo. Más, ¡ay triste quien tropieza! Dentro de mi basilla Dios quiera, que toda aquesta quimera, no lo pague mi cabra. ¡Ay Fenix, si acaso no me encaño! El que allí ha dado al revés Dice XXXX XXXXXXXX Pierres el lacayo es. Si ha recibido algún daño ¿qué mucho ruido ha hecho? Yo lo quiero ir a ver. Fenisa, un señor se viste aprisa, que te ha sentido sospecho. Que te detienes en que andas, que no subes a acostarte. ¿Quién podrá Pierres llevarte? Bien habrás menester andas. ¡ay pierna mía, ay pierna mía! Quien se queja es tu respeto. Pierres es paje yo te prometo, que él vendrá de la taberna. XXXX. Vámosle a ver por tu vida, que no podrá levantarse. El que quiso enamorarte, digno es de aquesta caída. ¿qué es esto Pierres XXXXXXXX? Que vienes mojado y cojo. Salgo ahora de remojo, como si fuera pescado. Hay mi pierna una lumbre, trae por tu vida Andrés, Veremos aquesto que XXXX Ahora habrá quien me alumbre. Dime Pierres, ¿cómo ha sido? Tu caída donde diste, tú la vigilante oíste. Pues a fe que hizo ruido, no oíste platos, sartenes, ollas, cucharas, escudillas. Bien lo saben mis costillas. Pintes narices tienes, yo venía mi alegría, como tu amor no me deja, a hablarte por la reja, Como otras veces solía. Y como antes de llegar, estaba la puerta abierta. Creí estaba así la puerta, Por donde pudiese entrar. XXXXXXXXXXXX Como danzante que baila, matachines en tu paila. Caí luego tropezndo, tan gran batacazo di. Entre sartenes, cazuelas, que los dientes, las muelas del batacazo escupí. Toda aquella muchedumbre, con la cual tú te entretienes. Cantando por estas sienes Me dio XXXX Que tal debo estar manchado, Pues no afecto merecía. El vestido que traía, Que a unos solo se ha extrañado. No tienes mancha ni yo una, Está bien reconocido. Solo estás mojado. Ha sido Aquesta buena fortuna Luego fue mala. Pues no Declárame de qué suerte Que no puedo más que a muerte, ya más ver el agua yo tan mal la quieres XXXX el pansí en mi mano fuera, con vino amasar hiciera como con agua se amasa siempre del agua me quejo. Y esto por Dios quitarme, donde por ella puedo mojarme sin que perdone el pellejo. tanto ruido en mi casa bravo odio la has tomado no puede ser más a fe de lacayo mírenme sin narices me han quedado. todas sus facciones tienes y por Dios que estás galán Estos paces donde están? En vano aquí te entretienes. Éntrate Pierres, por Dios. Luego en ágito pajar, no nos venga aquí a hallar, mi señor juntos los dos. no hay nadie que venga aquí, A encender una XXXX Vete volando cual boba, habré decir, ¡riste de mí! ¡Caminando te vas ya! Aguarda hermoso lacayo. Yo voy más antes que vaya, la paz de Francia me da fe. De espacio estás en buena fe, miren el mal en que para. Si no da paz en la cara, estos cinco le pondré. Váyase luego al pajar, esa su cólera aplaque Será por vida del XXXX que todo lo has de pagar. Tanto ruido en mi casa, y a tal hora la puerta abierta. Decidme no es cosa cierta, de que alguna traición pasa. Quien la puerta abierta deja, por el lacayo requisa. Señor aquí está Fenisa, ¿Que satisfacerá tu queja? Fenisa está aquí, otra vez pierdo la vida. Dime criada atrevida, ¿qué ruido es el que hiciste? ¿Quién en casa has escondido? ¿O a quien de casa has echado? Mira lo que has causado, en mi casa tal ruido. XXXX. Señor dilo desleal, Dame tu traición parte. Yo no se XXXX mi señor no digas tal. Pues, señor,si no lo se, como he de darle razón. Dilo infiel, que la traición, bien en tu cara se atreve. Bien el daño manifiesta, lo que aquí temes y dudas, En los colores que mudas. Nada sé señor, por esta. ¡vive Dios que he de morir, si no lo dices villana! ¿Que lo tengo que decir? ¡Que haré triste de mí! Di lo que ha sido, responde. Mi XXXX allí dentro Don Juan donde caballerica, ¡ay de mí! ¿Donde ha de parar este herido? Hombres en mi casa estar, a esa hora don juan. Repórtese, ¿cómo puedo? Semejante alevosía, castigar a mis caballeros. Dígaselo a don García, es esta la fe y el respeto Que ha de albergar un hidalgo. Aquí de paciencia salgo, cielos, ¿qué es este secreto? Don Juan, mis disculpas, que escuche será rabón. Que sabida es la ocasión, ¿se puede quedar sin culpa? Digo acaso es una cosa nueva, Que hijo un hijo en casa de su padre XXXXXXXX Aquí para que se atreva. ¡Yo me vengo a casar! Con Ariana su hija, no es bien por padre le elija. Ahora te he de matar. El matarle me toca a mi, y el vengarte de esta afrenta. Que esta arma a mi cuenta, Y por ella estoy aquí. Pierres. A que me ha muerto, ¡villano! ¡vive Dios, que has de morir! La mejor manera huir, pues defenderme es en vano. Don Berengario, ¿qué es esto? Ay triste de ti lacayo, cuanto te cuesta el ensayo De tu amor, téngase presto. Cuatro hombres en mi casa, qué buena mi honraba. XXXXDe mi presto se sabrá, lo que en mi venida pasa Aunque yo conozco y siento, que es indecente a tu fama. Solo tu hija Ariana pudo darme atrevimiento, que estoy casado con ella De palabra XXXXXXXX Que soy su marido yo. Mia es Ariana bella. Tuya es Ariana mía, ¿Quién es su marido XXXX A mi una prenda me dio, en señal de que me quería. Yo no me he movido en vano, a servir esta querella. Que en señal que es mía ella, tengo prenda en su mano. XXXX. Sin razón no me moví, a este caso quiero que entiendas. Que si de prendas diste prendas, prenda suya tengo aquí. Como puede ser de tres, ¿cielos, qué traición es esta? ¿En qué estás Fenisa puesta? Tu enredo aquí trabas. Presto las armas dirán, el que tiene de llevalla. Pues es así, obras y calla. Sin duda se matarán. Ah señores, ¿qué es aquesto? En mi casa se concierne. ¿Que tal pase? No es decente. Que por armas se lleve esa fe. Si es que gusta don García Gusta el señor Metrilo, Diré como sea Metrilo. Pues oigan por vida mía, póngase en la riña pausa y acabase de una vez. Haciendo XXXX juez que juzgue de aquesta causa. Ella podrá declarar, el que quieres, el que amas. Y el que escogiere Ariana, podrá con ella casar. Que, pues todos pretendemos teniendo pleito o dones, Ni posible es que los tres Con Ariana casemos será muy justo dejar, este negocio en su mano. Digo que es consejo sano. Pues yo lo voy a llamar, a triste veré y cansada. Ahora en afrentas vengo, mírenla ya que tengo Creyéndote en ella honrada. Escucha Fenisa, di, no dices que me quiere. Digo que por él se muere, como se muere por mí. Pues según eso, a esos dos, envíalos no ramal. Ninguno en que ser le iguala, ella será para vos. Tengo que dudar Fenisa, que salga el pleito en mi daño. Quiere mío es engaño. Ande es cosa de risa, ¿quién le había engañar? Digo que le quiere ama. Pues segundo Ariana, es mía, no hay que dudar. Lo que he tratado contigo, es cierto, afición tenía. Crea que Ariana es suya, del modo que se lo digo. XXXX. Pues suyo es bien que me llame. ¿Dónde me vas así? A cobrar lo que perdí. Hija por mí infame, que me preguntes no ves, que a traerte me ha morido. Otras no hallan marido, y esta dama tiene tres. Esta es la honra que das, al padre que te dio el ser. Responde mala mujer. Si es que no te aclaras más. No te entiendo, ¿no me entiendes? No mi señor de justa enemiga, el querer que te lo diga es que ofenderme pretendes. Que hacen en mi casa, di, Estos hombres escondidos. Aquí pierdo yo los sentidos XXXXtriste de mi. Como dime ingrata no sabes, de mi honra y fama mengua. Si tus manos, tu lengua, le fueron para entregarles. Tu a cualquiera no las has dado. prendas palabra ha de ser, mujer suya XXXX yo mujer. Jamás tal he imaginado, en mi vida les hablé. Pero digan de uno en uno, si de ello he dado a ninguno, prenda, palabra o fe. No es buena satisfacción, la respuesta que has pedido. Ya de ellos tengo sabido, tu maldad, tu traición. No tomes desleal por medio, lo que aquí tu pecho intenta. Que, para soldar mi afrenta, no es bastante ese remedio. Sólo el escoger cual, de los tres bien ha de ser, tu marido puede hacer. Cobre brío mi caudal, no procures esta traza, si no es que trae su suerte. Casada tengo que verte, antes que esto salga a plaza. Estoy luego homicida, de mi honor di con cuál quieres, casarte que las mujeres, Así cubren su caída. Padre, señor, no permitas Sin escucharme primero. Que tal XXXX oír no quiero, en vano me solicitas, así quieres acabarme. Echa pues presto la suerte. Todo lo hallo o la muerte. El casarme es matarme, y más de amor la palma, le di a Lucidoro ya. ¿Como casarse podrá, un cuerpo que está sin alma? Padre, no hay quien te tuerca, aquesta opinión que sigo. Séame el cielo testigo, Que si me caso es por fuerza. El casarme es bien me cuadre, Que tengo suerte contraria. ¿Cuál ha de ser mi Berengario? Pues de esto gusta mi padre. ¿A mí me dices? XXXX, sí, señor. Separa en uno los dos. Yo lo dije, ¡vive Dios!, que escogería lo peor. O contento o soberano, puede acabar suceso igual. Gusto de ellos en señal, te doy de esposo la mano. Yo os doy mi bendición, y mil años gocéis. Los brazos son bien me deis, en pago de esa afición. Don García. Ingrata que te ha morido, a que escogieses tan mal. Así pagas de leal, a quien tanto te ha servido. Pudiendo escoger primero, pues cuya sangre es notoria. Has dado la palma y gloria, de tu amor a un forastero. ¡Ah inventora de males! Como escogiste al revés, a quién no sabes quién es y dejas los materiales. Eso de lo justo excede, yo de mi palabra os doy. Si no sabes quien soy, que presto saber se puede. Confieso que soy francés, mas no de no de nobleza ajeno. Sino que antes soy tan bueno, como cualquiera de los tres. XXXX. Como cualquiera de los tres. Berengario de Tolosa, es mi nombre este nombre, hace noble a cualquier hombre. Quién dijese otra cosa, mientes esto que Ariana ha escogido muy bien. Le daré a entender a quien más tocaré a nuestra fama. ¿Quién puede aquesta pendencia? Reñirla si no sabemos, ni nosotros lo conocemos tu linaje descendencia. Baste, señores, que es justo que de aquesto concluido, mi hija tiene marido. A su contento su gusto, que es satisfacción bastante, para no tratar más de ello. Antes a mí hacedlo me será muy importante, no pienso dejarlo así porque entiendo su malicia. Quiero darles noticia, de quien soy a quien fui. A tu honra alancía, suegro, señor le está bien. Luego despacho en, que luego prenda tenéis con que ese XXXX porfía. Pierres a quien es bien XXXX en que a Tolosa te partas. Y que lleves unas cartas de este suceso a mis padres. En ella daré a entender, esta verdad que defiendo. Se me bien lo que pretendo, para quien pueda hacer. Como quieras ordena, dale la mano a tu esposa y entra a descansar. Gloriosa está mi alma. La mía en pena. Vuestras mercedes, señores, don García, don Metrilo. ¿Qué mandan? ¿Cuál cocodrilo? Pueden llorar sus amores. Servir aún más, don Juan pues a Dios. Los años mil, con su florido abril, los desposados XXXX que damos uno otro bueno cualquier tiene buen despacho, para recoger a un gabacho. No han dejado al sereno. ¡Vive Dios, que pierdo el seso! XXXXXXXXXXXX Que bravo desdeñar. ¿Qué agravio? Ser ingratitud confieso, Que de esta suerte me ofenda, quien ya me dio prenda XXXX, que luego prenda teméis. Vos de aquesta ingrata. Envíome aqueste rubí, en la sortija que veis. Rubí fue el que yo la envié el XXXX que fui su amante, y ella aqueste diamante por premio de amor y fe. Veamos el diamante a risa me provoca aquesta cuenta. Di qué os reís. ¿De qué siento? Que nos engañó Fenisa. De qué suerte no está llano, si vos el rubí disteis. El diamante recibisteis que yo le envié por mi mano. No se aclaró de ver que nos llevó embelesados, con sus fingidos recados esta deminio o mujer. Y para de allí color, a su tan fingido trato a los dos nos hizo un dato con nuestro propio sudor. Digo que es verdad, por Dios que todo fue tras suya y al fin para que con XXXX nos ha engañado a los dos. Digo que es gran tacaña, el diablo de la moza. Como esto hace XXXX en mozas de la montaña. Mas antes no nos burlaba, que casar nos ofreció. A los dos nos ha casado. Pues bien no es de XXXX, cobrando cada uno el juicio. Yo de aquesto no rehuyo, en hora buena que de esto quemos. Y con esto a Dios, señor, don Metrilo, don García iré en vuestra compañía. Si os place no por mi amor que es tarde pues me voy. Aunque corrido confieso, todo y al diablo el suceso. Cansado mi primo está, Dios le gana al ocupar esta mañana en cazar, pero no tardará. Mientras a busca llevan, si acaso no os enfadáis gustar que me digáis, lo de vuestro capitán. No sabe por qué razón se entretiene Lucidoro en esta montaña XXXX ignoro. Hasta ahora la ocasión. No se en verdad como ignora, cosa que tan pública es, que no se halla aragonés que otra cosa trate ahora. Vengo ahora de la corte, y por allá no ha llegado. Está a nuevo cuidado, XXXX, porque se acorte que pues saberlo procuro. Bien es indicio bastante que estoy del caso ignorante. Pues yo decirlo aseguro, al tipo que de su gusto aqueste invencible a manos estaba gozando XXXX Desdichas y desastres, cuando de su dama bella, quiso el cielo que alcanzase el premio de sus amores. Cuando ya favor le hace, cuando si convirtió en gloria, si gloria en el suelo cabe o si infortunios que suele padecer el que es amante cuando a la que fue peña, bronce pedernal diamante. La que fue XXXXXXXX quejas, permitió amor que se ablande. Después de haber descubierto, siendo a colón semejante, el nuevo mundo que encierra de sus deseos el quitarle, cuando al fin una mujer, que mejor dijera un ángel, dejó a parte ingratitudes y desdenes dejó a parte. Cuando ya permitió aquella que antes solía encerrarte, que, en una dichosa reja, Lucidoro la veía XXXX al XXXXXXXXXXXX el contento. Casi en la tierra no cabe por haber hallado el bien, por quien pasó tantos males. En este tio, señor, las tristes nuevas le traían. Que siempre tras un contento, suelen venir mil pesares. Diéronle noticia como un sobrino a quien tan grande amor Lucidoro tuvo, como si fuera su padre era XXXX ya en los tormentos más grandes que de humano entendimiento pudieran imaginarse unos nuevos convertidos que habitan en los lugares. Y del todo del candado de vástago que bien sabe, por discordias que han tenido, con tres hermanos los cuales, Ya sí que son los pintados. Prosigue más adelante. Estos serán montañeses. Y han hecho burlas tales que no llega montañés, que al instante no le mates. Aqueste triste mozuelo, de aquel suceso ignorante cuando llegado al fin, de montañés hablaste, prendiéronle los tiranos. Y como defensa no hace, al instante desnudar, dejándose en vivas carnes hacen en medio de la plaza una orca para ahorcarle. Poniendo debajo de ella, XXXXcopia abundante, puesta al pescuezo la soga, sin acabar ahogándolo. Ya en el fuego se derriban. Ya le suben y XXXX, que al deXXXX al fin fue el martirio semejante. Pues murió quemado vivo y entre infieles y entre alarbes Lucidoro, ¿qué suceso de hecho, tan abominable estaba escuchando apenas? Y le oye escuchas le sabe, que sin mirar esta voz, gozando lo que dije antes. Olvidados los requiebros, los favores donaires. Vuelto en un león furioso, de su señora se parte, sin que le dijera a Dios. Ved lo que puede el amor. Sintió mucho XXXXXXXXXXXXXXXX y porque en decir acabe, el sentir fue de manera que pudo hacer que lloras. Hoy sobrino mío decía hay XXXX en que pecaste. ¿En qué ofendiste a los cielos? Que consintieron que usasen contigo tanta crueldad. Triste suerte, triste trance. Murieras me voy primero, que viera desdichas tales y al fin, mirando a los cielos, con deseo de vengarse, cual otro marqués de Mantua. Un solo XXXX voto hace, de no sentarse a la mesa, ni en la cama desnudarse, de no mudarse la ropa ni cabellos afeitarte. Hasta tanto que en sus manos la triste muerte vengase de su sobrino a quien tanto en su vida demostró amar. Hallémonos en el cuento los tres que tienes delante, que hasta entonces siempre fuimos. Con su gusto acompañarle, como amigo XXXX los leales. En lo próspero ya advierto, es justa cosa acompañen, y ya al fin juntamos cien hombres, no dan XXXX cobardes. Publicando controlado, la guerra a fuego y a sangre, pues si monos en camino, y llegados una tarde con ánimo de a caballos, comenzamos el combate. En breve espacio fue todo, otra Roma semejante, otro nerón Lucidoro. Todo es fuego, todo es snagre. Aquí lloraban los niños, allí lloraban sus madres y aunque por piedad lloraban, fue cual serpiente al encanto. Luego a piña nos partimos y antes de tres días cabales, lo que de codos hizo hizo de ella sus lugares. Con ánimos sentimos si no llegaré a tal parte. De no parar hasta tanto, que se acabara el linaje. Pero hubimos de parar, procurando nuestro escape porque el virrey nos dijeron venía en nuestro alcance. También el gobernador, hizo que le acompañase con la gente que este reino sustenta para aguardarse. Vista así la perdición, tuvo por bien retirase Lucidoro con su gente, en estos montes vales y aunque es verdad nos siguieron, como la tierra no saben, pudimos el lado huirlos. Los que somos naturales si aquí tenemos el día vamos a la noche a otra parte. Que no es justo haga asiento, quien enemigos tales confiscándole su a hacienda el virrey porque es muy honrado. El sentimiento tiene por ser suyos los lugares. Esta es la historia que pediste que relatase. Perdona que yo quisiera haber acabado antes. Digo que es suceso extraño y acabo de entender, como sucedieron. Pocas velas solo un daño, bien supo aquesto decir el filósofo excelente, quedando un inconveniente. Muchos se le XXXX seguir, a mi primo cuanto siento en semejante a fan verte. Su primo es dichosa suerte. Soy quien siento su tormento, soy quien en esta casa lloro y que llore es necesario que tiene fuerte lo contrario. Mis amigos Lucidoro y así tengo alguna afrenta. No temas señor. Bien sé que es justo temer, que en mi pecho se sustenta, pues no puedo ayudarle, en semejante contienda, con mi vida, con mi hacienda, será forzoso animarle. Si yo me veo en Francia, a las XXXX de Jesús. Si yo me veo en Francia, no tomaré más pies. XXXX. Parece que setenta vienen, pues si gente viene aguarda. Pr. no es mejor ir XXXXXXXX tarda para quien no nos conviene. Si yo a Francia me marcho, después en Aragón, me apodaron XXXX y me apodarán gabacho y si este borracho me XXXXXXXX si yo a Francia me marcho, no XXXXXXXXXXXX. Caminante a pies es. XXXX. Cuando mi pensamiento viene, darán con el al XXXX A este nada le espanta, así hace bien en cantar. Como así no suele llevar, poco dinero quien canta. No saldrá mucho provecho, según esto de esta prensa. Di que lengua francesa, ser la que canta sospecho. Si yo llego a Tolosa, yo te XXXXXXXX que no beberás más en tierra Zaragoza. XXXXes su esposa, gocen sus amos. Si yo me XXXX a Francia no tomaré más XXXX. Francés es buena ocasión. XXXXXXXXXXXXXXXX por mayor disimular, de doblones el jubón. Ya llega de lo que XXXX calle, si es discreto, que será mejor, prometo, hacer del modo que hubiere. No bastará que calle. Si nos quiere ayudar, por fuerza habrá de bastar. El gabacho en el talle. O sé muy bienvenido, adonde señor gabacho. Voy a llenar un despacho. Muy buen despacho ha traído. ¿Y cómo tan solo vas? Poco ha que me he apartado, de un caballero honrado. ¿Quién ahí viene? ¡Ay atrás! Está cerca antes XXXXXXXX que ahí parece que se asoma. ¿Dónde? ¿Para aquella loma? y a aquellaXXXXXXXX ¿Adónde dices XXXX? Por Dios no lo veo, ¿vos? Tampoco lo veo por Dios. Ten el que se nos va. Hoy en ti hombre bueno. A buscar a su merced. Escapó XXXXXXXX Aqueste encuentro condeno, harto XXXX de esta vez, salgo de aquí sin camisa. A fe que corríais a prisa Señor, por guardar la XXXX Este sin duda espía, que el XXXXXXXX dice. Señor, no se escandalice, que no soy por vida mía, un triste lacayo soy que ahora corro hago. Y a menos me satisfago. A Tolosa señor voy, que se ha casado mi amo y a su padre cartas llevo. Reconoce este mancebo. Yo Pierres señor, me llamo, mire que no soy quien piensa. Mal suceso en ti imagino. Por san Pierres vino, sino al vino jamás hice a nadie ofensa. A todo esto, me parece que reconocerlo es bien primo está quien merece, que vos le reconozcáis, que por no desconoceros, con aquestos compañeros aguardando estáis. A mi primo perdonad, que esta ha sido la ocasión y luego tras el perdón, aquestos brazos mi edad. Es posible tal merced, en tanta necesidad. La sangre y la amistad, aquí sea pura sabed, como en el crisol el oro, mi persona aquí tenéis. De ella mis bienes haréis. como vuestro Lucidoro. No queráis tanto obligarme, o ponedme ese clavo. No se desnuda Pierres a cabo. Esta alforja puede darme, unas cartas llevan aquí a esta parte un pañuelo. Mis dineros son. ¡Ay cielos! Jamás tantos mundos vi. Cosas eran de importancia, cuando tan XXXX XXXX Dímelo que no hallara, en ello mucha ganancia. No acabáis ya de mirar, ese lacayo o correo. Todo lo que lleva creo que ahí te podemos dar. ¿Qué habéis hallado esta carta? Mostradme acá esa carta. Mostradme acá el pañuelo, tan anudado que recelo, pueda ver quien le desparta para ver la carta quiero sentarme aquí a mi placer. El pañuelo quiero ver. No sé quien lo hará primero. A don Luis de Tolosa, dice el sobre escrito vos desata en nombre de Dios, un nudo va en Tolosa. Quiero abrirla y leerla. Otro nudo, dos son ya. ¡Válgame Dios! ¿Quién será? Que aquesta la esposa bella, saltos me da el corazón. ¿Qué triste prodigio es? Otro nudo, ya está pues. ¡Ay triste imaginación! ¿Otro nudo hasta cuando? nudos se han de deshacer, casi viniera esto a ser, el caso del rey Fernando. ¡Válgame el diablo por hombre! ¿Y qué hiciste para anudar? Corazón has de acabar, una carta es bien a este hombre. Al fin tengo de ella, aunque XXXX algún chico. Pero gabacho mestizo. ¿Cómo de aqueste querella? No hay sino real y medio, debajo de tanto nudo porque lo ataste cortudo. Átelo por mi remedio. ¿Quién en esto me entretiene? y de a tallo gusta y trata. XXXXXXXXXXXXXXXX no más de aquello que tiene. Casi a cólera me inflama tu miseria Pierres pues, eres santo muévete a piedad mi llanto. Y mi esposa es Ariana. ¡Cileos! ¿Qué es lo que he leído? No dice Ariana así, pues como si leí. No perdí luego el sentido, ello es imaginación. Que siempre donde esta obra, más confiar tanta sobra. Volverla a ver es razón, Ariana dice, ¡ay cielos! Ya su esposa la llama, si no hay sino una Ariana. ¿Cómo no rabio de celos? Su padre mío es don Juan, el cual queda a tu servicio. Aquí me falta el juicio, buenos mis negocios ven si son don Juan y Ariana y don Juan es quien pretendo, que yo por padres tenía. Ariana no es mi dama, pues mi dama que ya tenga por esposa la llama. ¿Qué es esto primo? Lucidoro, déjame, ya no hay quien me mantenga, ¿como así los terribles agravios? Ingrata que me olvidaste, que en mi ausencia te casaste. ¿Qué tienes? De celos rabio, que te desnudas don Juan y Ariana contra mi. Estás en lo que haces. Si que todo me causa afán, todo quiero que me deje, y dos no queráis matarme. Pudo Ariana no olvidarme y no queréis que me queje. Que Ariana es quien te aparta, de tu discreción así. Un veneno que bebí cuando leía esta carta, un hechizo, un desconcierto. ¿Quien en este caso penetra? En mirando aquesta carta cual basilisco me ha muerto. Bien temía el corazón, el veneno que encubría aquesta hambrienta harpía, causa de mi perdición. O ingrata carta ha sido veneno, de mi muerte mensajera. Quien el fuego pudiera meterte que has encendido. Quien te pusiera en el pecho papel que en él abrasaras, que de esta suerte quedaras, cual mi corazón deshecho. Mas pues crece mi tormento, esta será mi venganza. Vuelve como mi esperanza que ya se la llevó el viento. Escucha Pierres a quien dices, a ti te escucha Pierres, que a mi llama si piensas soy Ariana, este hombre no está en sí. Que Ariana se ha casado. Sí, sí, yo los vi. Callas y no me mientas así mi tormento y mi cuidado. Si su merced lo pregunta y es verdad que se casó, él ha de decir que no. O qué aguda me apunta y que al fin están casados Ariana y tu señor. Yo lo supe y es mejor decir que no están casados, no lo están que me burlaba. Villano como lo niegas, aquí la muerte te entregas. Verdad vi yo que se dieron, la fe y palabra han de ser, los dos marido y mujer y cuando a la cama fueran, tenerse amor sin igual. Que así se aumenta mi pena, calla infame sirena, no cantes para mí más. ¿Quién te ha puesto triste? ¿Y que en la cama los viste? Sí, sí, que son ya, marido y mujer ya. SI no los aparta Dios, nadie los apartará. Dime XXXX, yo digo, mas no digas, ¡ay callo, calla! Pero tu oíste hablarla con terneza a mi enemigo. No hay menos de alma y vida, mis ojos y mi corazón, estas sus razones son. No digas más, homicida. Esto tengo de sufrir. ¿De qué merezco yo pena? Traer la carta te condena. ¡Vive Dios que has de morir! y pues no puedo tomar venganza en aquella ingrata. Él le lleva a despeñar. ¡Qué bravo amor! Extremado furioso está Lucidoro. XXXX. No lo estuvo más Medoro, de Angélica despreciado. Al menos el amor enseña en él lo que pueden los celos. ¡Qué gran ruido! ¡Cielos! valedme, él despeña. Triste gabacho que paga y sin merecer castigo dadle cielo a mi enemigo, para que lo mismo haga. Y no pararé hasta tanto, que haga lo mismo de él, que ha de ser otro XXXX para que cese mi llanto. Mátalo y que no te espante, que rabio en celos de hacerlo porque se atrevió a mi cielo, a hacerse mi semejante. El que seguirme pretenda, sígame que no reposa un alma que está celosa hasta que vengase entienda. A Zaragoza he de ir, y con estas mismas manos, han de acabar los tiranos, que así me hacen morir. Mi primo reportarte, que eso está de razón de lejos. No me des primo consejos, ven conmigo o quédate. ¡Vive Dios que he de matarte! Al infame que la goza. De servir a Zaragoza. No viviré de otra suerte. Pues si en eso das yo digo que adónde quiera que fueres, mi pria sangre XXXXXXXX Pues solos los dos queréis, en tal peligro poneros. No, amigos y compañeros, los tres me acompañaréis. Que has de llevarlas, llévame aquella media morada. Prenda algún tipo estimado, de quiñen guardo poca fe. Verá en ella como se, ausentes presentes hacer lo que no hizo una mujer. Pues por ausencia de un rey, dando con todo al revés. Mucho de firmeza y ser aquel mi fino alpargate con el cual rondar solía, hasta que su celosía me ofrecía rescate. Llevaréis justo que trate, verá que no me dejo, aunque borrasca paso. El que lo ha de costumbre hacer, y sin ella una mujer, por ausencia me olvido. Este bonete también, Cuyo forro de armiños con su pluma a lo francés, amarilla viene es bien. Verá aquí la ingrata a quien le parece en su mudanza, armiño en la confianza y cuál es el bonete rueda la pluma porque ver pueda, que fuera pluma mi esperanza capa blanca XXXX quiero llevar, ¿qué será? ¿Quieres que la que forrada está date la de oro? ¿pues cuál? En ella veré mi mal, que la pespunte Fabio, me muestra el mal del agrabio, que es la causa del daño. Sería vuelta en tosco paño, quien fue tela por dicho sabio. Si los rubíes, oros, piedras, perlas y otras cosas que el mundo suele amarlas, en poco precio es cierto ha de estimarse, el que sin libertad llega ante ellas si le han de dar tormento y pena el verlas. Por sólo este bien aventurarlas, suele de ordinario quien llega a gozarlas. Teniendo por dichoso empeño hacerlas que le importa a mi padre enriquecerme, mi libertad, mis gustos con sus palas. Ganarme pretendió, quizá perderme. Pudiera ser que han sido muchas malas, por forzarlas hacer lo que hizo hacerme, sirviéndoles a ellas fuera de alas. Pero no lo ha de hacer, que, aunque mujer en Francia mi buena naturaleza me lo podrá defender, que no tiene otro remedio, aqueste mal inhumano. No adviertes, señora mía, que no puedes descasarte. Mira que puede acabarte aquesta melancolía, con tu esposo te entierren. ¿Que es galán si otro se vio? Y pues tu padre le vio XXXXfue por tu vida. Mi padre lo hizo, es verdad, pero advertir fuera justo, que forzar podía el gusto, si fuerzo la voluntad. Bien tú forzarlo podrás, déjate de ruido. Que es necesidad lo demás, que es necedad lo demás. Olvida que estas querellas, que a pinelos lo creías. Hoy mil las tienen por necias, y ahora se burlan de ellas. No me cansa, es inocente. Señora, baste el desdén, mira que decir no es bien, lo presente por lo ausente. Si a esto no te acomodas, conoce que que errada vas. Pues cierto es que serás como perro de dos bodas. XXXX que eres bachillera. Perdona mi atrevimiento, que me mueve mi contento. ¿Cuál me trae esta fiera? A la ventana esta puerta, fortuna rueda ten y después de tanta gloria, no me des conmigo a través. Si será bien que acabe, llegar me está si es bien. ¡ay amor cuánto puedes! Pues viéndola me quite, ya se ha aliviado mi pena ya la cólera se fue, y a mi el temor de hablarla. En mi muerte su poder, ¡qué flaqueza es este cielo! ¡Amor qué flaqueza es! A mujeres inhumanas, ved en mí lo que podéis, pues no ha mucho que rabiaba y ahora podéis ver, que estoy con ellos, callo. ¿Qué es lo más que puede ser? A mi señora Ariana, albricias es bien me des, no miras que bien te pasea. Jesús, Lucidoro es. Ya está aquí XXXXXXXX monte. Ya está aquí el aragonés. Háblale y esta ocasión, no te la dejes perder. Calla, necia impertinente, fácil liviana no ves, que soy casada y honrada. ¿Qué importa casada ser? Solo en hablarla reparas. Sí que la honrada mujer aunque no quiera al marido, le tiene que guardar ley. Háblale, señora mía. Háblale que ofensa no es. Hablará quien has querido, como todo se hable bien, si alguno ve que le hablo; si mi marido lo ve, ha de dejar de dar nota, tente impertinente. No lo ves a tu marido, ni nadie lo podrá ver. Y rece si llego a hablarla porque se que he de morir. Como de aquestas casadas le gustan entretener, en conversación un rato, pues honradas después. Porque cualquiera lo haga, no lo tengo yo que hacer. Que la que quiere casada estar cuál la castaña ha de ser, si entera echan al fuego. Luego en caliente arde en él, salta de allí que no sufre ningún calor su interés y así la mujer amiga, que en conversación seré. Y consienten que la hablen, la que gusta que la den, y al fin la que de ocasión, cual aquesta no me ves, cual la castaña no salta. Cosa buena no me des, cuando quisiere a Lucidoro. Aquestas cosas guardo, quísele siendo doncella. ¿Cómo a marido le hable? Pero ahora que la suerte, le ha trocado, ¿no ves? No me conviene hablarle, aunque al fin le quiero bien. Esto es a mi XXXX paseo, otra mudanza he de hacer. ¡Qué mal sabe ser cobarde! ¡La sangre que yo heredé! Ya se llega, mi señora, no le trates con desdén. Si el te hablare, responda, que él los muestra tener. Calla, embustera atrevida, ¿Quién te llegará a entender? No mucho por mi marido, y ahora ruegas por él. Tanto tu gusto deseo, que por el me revengo a ser, como corredor de lonja, a uno y otro mercader. Perdóneme, mi señora, mi cielo, mi sol, mi bien. Si me he atrevido a llegar que el amor no guarda ley. él me ha dado atrevimiento, después de ausencia de un mes, que llegue a ver tu firmeza, si está tal cual yo la dejé. Agradécemelo pues, y es justo, pues desde hacer bien de leguas he corrido solo por venirte a ver. Cansado de matar vengo, enemigos de la XXXX, con sospecha que la tuya, ya no será lo que fue. Vete con dios, caballero, ya bien te puedes volver, que aquel tu competidor me tiene ya en su poder. Por marido lo obedezco, en tu ausencia me casaste. Que esto alcanza XXXX en un punto. Dejas sola a una mujer, porque cada sol que pasa, mudamos de parecer. Es valiente y es celoso, triste de ti si breve, que así para sus manos, habrás de meter los pies. Será para ti Roldán, tu gabachón para él. Mira que XXXX otro Cid, ponía en barbilla el pie. No quiero yo a ti engañarte, como la hija de aquel, al otro moro engañaba. Guarda, no te llego a ver, sólo por lo que te quise, me ha de pesar después, en sus manos que es valiente; pues le basta ser francés. ¡Oh villana y no tan fiera! ¿Tan desarmado me ves? Pues aguarda que, por fuera, Lo ves que soy rodamonte, sabes que soy montañés, y que esa tu flor de lis, podrá marchitar volver. Así se paga mi amor, así se paga mi fe. Antes de mucho podrás, a muerte la suya ver. ¡Ay que derriba la puerta! Del primero runta pie. ¡Jesús! ¡Mi marido ha muerto! ¡Esto causó tu desdén! ¡Ya ha llegado la justicia! Armada y le va a prender, bravamente se defiende de las balas muerto a Dios. Ya veis que soy Lucidoro, y a mí prenderme entendéis. ¡Válgate el diablo por hombres! ¡Demonio habéis ser! Todos le dejan y huyen, ya como solo le ve, su paso a paso se va, y le llegan a valer y XXXX en un caballo, ya se va volando en él. ¡Ay triste! Pues antes viuda que casada vengo a ser. Vámonos de quí, mi señora, ánimo a entender nos des, que has sido tú la ocasión. Disimular será bien. DON METRILO: ¿Cómo le prendió? DON JUAN: Es cosario. DON METRILO: ¿y aqueso su nombre abona? DON JUAN: La costa de Barcelona suele bogar de ordinario. Empléase en hacer presas en los pequeños bajeles. Ruego, a los cielos fieles, que esta fuera la una de estas. Como en la mar se embarcó, que mejor fuera en su centro, dicen le salió al encuentro este moro y le prendió. DON METRILO: Si eso es verdad, ¿qué más pides? ¿Dicen si se defendió? DON JUAN: Escriben que peleó cual otro segundo al Cid es. DON METRILO: El hado le fue enemigo. DON JUAN: Jamás el cielo dejó bien que no galardonó ni pecado sin castigo. Bogue el inhumano y reme, sufra tormentos y llantos quien padecer hace a tantos y a su Dios tan poco teme. Bien es su furor mitigue y pues en su sobra fue el mundo su poca fe, que uno sin fe le castigue. Recuerde ya de su sueño, conozca su mal vivir pues lo pudo convertir el pedernal en un leño. DON METRILO: ¡Todas son bravas desgracias, señor don Juan, por mi vida! DON JUAN: Pues puedo andar a la brida, bien puedo dar a Dios gracias. DON JUAN: Bien es le vaya a avisar a mi hija de esta nueva. PIERRES: Por hacer, de mi amo, prueba me ha dado el cielo luegar. Aquí veré si agradece los servicios que le he hecho. DON METRILO: Yo estoy de esto satisfecho. DON JUAN: Más nuestra amistad merece. Pero está aún el sentiment, de su marido, reciente. Tiempo vendrá, conveniente, que se trate el casamiento. DON METRILO: Pues, señor don Juan, adiós. DON JUAN: Él le guíe. ¿Es pierres? PIERRES: Sí, que en triste punto nací. DON JUAN: ¡Buenos estamos los dos! ¿Quién de esta suerte te ha puesto? PIERRES: Más de diez mil bandoleros por quitarme los dineros mi salieron en opuesto. Comenzáronme a mirar y estando con ansia harta luego toparon la carta con la cual iba avisar al padre de mi señor del casamiento que sabe. Y de todos el más grave, que decía ser el mayor, toma la carta y abriola y sin mirar seis renglones me entregó a aquellos sayones y el apártose y leyola. No acabó bien de leer que Ariama casada era cuando a voces dijo: “¡ah fiera!; ¡ah, falsa!; ¡ingrata mujer!” Nunca el jabalí herido, el mismo león celoso el toro ni el tigre ni el oso pudo estar más encendido. Loco se volvió en un punto, hizo el papel mil pedazos y cogiéndome los brazos yo lo pagué todo junto. Desde una peña más alta, que la torre nueva es, cogiéndome de los pies me arrojó diciendo “¡salta!, lleva aquesta ganancia por el papel que te hallé”. Saltarme hizo y salté. No fue por el rey de Francia. Creí no escapar con vida de semejante derrota y al fin no hallé cosa rota más de esta pierna rompida. Como mejor pude fui al más cercano lugar donde, para me curar, hallé buen recado allí. Díjome el ensalmador que este de cuidado ajeno que me ofrece, si estoy bueno no tendré ningún dolor. En tal confianza he venido y ya dichoso me llamo pues podré dar, a mi amo, nuevas de lo sucedido. DON JUAN: Mal darlas, Pierres, podrás, que también le ha dado muerte. ¿Quién te puso de esa suerte? PIERRES: ¡Esto me faltaba más! ¿Qué es muerto mi amo? DON JUAN: Sin duda. Matole con una bala. PIERRES: ¿Quién en desdichas me iguala? ¡Triste amo! DON JUAN: ¡Triste viuda! PIERRES: Muriéramos ya los dos. ¿Cuándo le mató? DON JUAN: Una tarde. PIERRES: Mil años allá me aguarde. Hecho xxxxx dole Dios. Mas ¿quién curará mi herida? ¿Quién se acordará de mí? ¡Ay, qué buen amo perdí! ¡Ay, amo de mi vida! DON JUAN: Baste, Pierres, no lloréis a Dios y ved si algo valgo, que si se ofrece algo en mi casa lo hallaréis. PIERRES: Basta, Pierres, no lloréis ya Dios y ved si algo valgo que yo os juro, a fe de hidalgo, que en mi casa lo hallaréis. Por Dios, que no es malo el viento. Así remediáis mis males. Ved que me ha dado de reales. ¡Oh, qué cama! ¡Oh, aposento! ¡Qué recogimiento me hace por el yerno a quien serví! No lloréis, vil, pues así mi amo se satisface. No lloréis, pelón judío, muy buen proceder es ese. Sí lloraré, aunque te pese ¡Ay, mi amo! ¡Ay, amo mío! ¿Que vos sois, señor, don Juan? Yo os echaré, de hoy, más xxxx. FENISA: ¡Ay, Jesús, qué pesadilla! ¿Quién llora aquí en el zaguán? PIERRES: Pierres, quien tú bien quisiste. FENISA: ¡Mas mejor le parta un rayo! PIERRES: ¡Lacaya de este lacayo! FENISA: Pique hermano. PIERRES: ¿Qué dijiste? FENISA: Que no le conozco, ¡ea! PIERRES: ¿Quién tanto se descomide? FENISA: Si acaso, limosna pide, amigo, Dios le provea. PIERRES: Ingrata, ¿ no me conoces? Pierres soy estropeado. FENISA: Oigan este en lo que ha dado. Váyase ya y no dé voces sea Pierres o quién quisiere. ¿Qué le pueden aquí hacer? PIERRES: Porque se fíen de mujer si es que alguno alguna quiere. ¿Dónde ahora, triste, iré? tan estropeado y solo. Sale don Metrilo. DON METRILO: ¡Ay, Dafne de aqueste Apolo! ¿Cuándo ablandar te podré? ¿Cuándo será bien destierro de ingratitud el estilo? PIERRES: ¡Oh, mi señor, don Metrilo! DON METRILO: ¿Qué es aquesto, amigo Pierres? ¿Quién te ha puesto de esa suerte? PIERRES: A la fe, mi poca dicha. ¿Ya no sabes la desdicha de mi señor? DON METRILO: Selo todo. PIERRES: Pues, señor, aquel malvado que a mi amo le mató es el que me despeñó. DON METRILO: De todo estoy informado ¿Pues no te da aqueso pena? PIERRES: No es trato ruin y extraño. DON METRILO: No importa, que tras el daño, siempre el remedio se ordena. Gustarás de estar conmigo. PIERRES: Así que servir podré. DON METRILO: Porque cures, haré cuanto pudiere, contigo. Curando, tú serás parte de visitar esta casa de esta cuyo amor me abrasa sin que lleguen a estorbarte que eres, al fin, conocido. Te agradará mi servicio. PIERRES: Aunque no conozco el oficio, para que soy escogido, que es, claro hablando, alcahuete. Por solo poder vengarme de una, que dio en despreciarme, por verme así servirete ya a servirte me acomodo. DON METRILO: Que a los dos amor oprime. PIERRES: Bien hay razón porque estime mi servicio. DON METRILO: ¿De qué modo? PIERRES: Que tenía ya una traza cómo poder buen bien mas oblige a mí un desdén que con muerte me amenaza. DON METRILO: ¿Luego díceslo de veras? ¡Que es de estimar tu servir! PIERRES: Sí, porque sabía pedir limosna de mil maneras. Sola una quiero que notes en que está mi confianza. DON METRILO: ¿Cuál es? PIERRES: Hacer la danza que dicen de los palotes. Júrole, por vida mía, que si lo quisiera usar me había la pierna de dar renta de una calongia. DON METRILO: A fe que eres extremado. Ven y trata de curarte que de hoy más he de estimarte. PIERRES: Hase un alcahuete honrado. Vanse. Salen en una galera Lucidoro y tres forzados, Amete comitre con su azote xxxx y da a cada uno azotes. AMETE: ¡Ea, perros, mano al remo! ¡Boguen, pues, con diligencia! FORZADO PRIMERO: ¡Ay ¡Ay! ¡Ay, cielo paciencia, que mucho el perderla temo! LUCIDORO: Amigo, sí la dará, ayúdanos nuestro Dios. AMETE: Decidme quién os mete a vos. en esto. Toma y calla. LUCIDORO: Callaré. No sé qué no xxx que este comitre ha tomado conmigo tan grande enfado que me mata apuro azote. Así el cielo permitiese… AMETE: ¿Qué ha de permitir el cielo? Vaya ropa afuera. LUCIDORO: Harelo. AMETE: Vaya. Que el bogar no cese. FORZADO PRIMERO: ¿No sientes aquesta pena? LUCIDORO: Quien tiene penas mayores poco siente los dolores del remo, azote y cadena. FORZADO SEGUNDO: ¿Cómo puede Haber dolor ni mal que esta vida iguale? LUCIDORO: mayor mal es el que sale de ausencia, donde hay amor. FORZADO SEGUNDO: Por Dios que, también hermano, tuve yo amor y fe, mas con esto se me fue, como dicen, por la mano. LUCIDORO: Si tú de veras quisieras, cuando a tu dama dejaras vida y alma le entregaras como quien ama de veras. FORZADO PRIMERO: Esto es “a limpiar la ropa”. LUCIDORO: Ya yo limpio mI bonete. FORZADO SEGUNDO: ¡Qué cruel es este Amete! LUCIDORO: Descalabra donde topa. FORZADO PRIMERO: A dormir hacen señal. LUCIDORO: Quien quisiere dormir, duerma, que quien tiene el alma enferma de amor, puede dormir mal. FORZADO SEGUNDO: Por fuerza se ha de dormir que después no habrá lugar. LUCIDORO: Mas por fuerza ha de velar el que se quiere morir. FORZADO PRIMERO: Pero a mí vivir me place y sufrir aquesta guerra, porque visto ya que yerra el que lo contrario hace. Si tú quisieres velar, vela. Deja dormir tus amigos. LUCIDORO: Hombre que tiene enemigos es bien que haga Centinela. FORZADO SEGUNDO: Tú tienes fuerte dolencia, que es vida de confusión quien tus enemigos son. LUCIDORO: Recelos, amor y ausencia. FORZADO SEGUNDO: ¿De qué recelas si te ama la que tiene tu esperanza? LUCIDORO: Es mujer y una mudanza tiene ya hecha Ariama. FORZADO PRIMERO: ¡No receles, por tu vida! LUCIDORO: Antes que recelo es fuerza que sé, amigo, que su fuerza tiene de ser combatida. Aquesto me hace temer. FORZADO PRIMERO: Si ella te ama y es discreta fuerte será, ¿que te inquieta? LUCIDORO: Es fuerza, de fin, de mujer y tiene padre que sé que ha de tratar de casarla. FORZADO PRIMERO: Esa será ocasión darla de mayor firmeza y fe. Deja una vez que reciba el romance que le enviaste que no habrá quien le contraste porque en tu amor no viva. LUCIDORO: Que lo recibió es muy cierto que fue cierto el portador. ¿Quieres me hacer un favor? FORZADO PRIMERO: Harelo, si acaso acierto. ¿Qué hay en que te dé contento? LUCIDORO: Que, pues, el sueño dejamos algo nos entretengamos, aquí, con ese instrument. Cántame aquel romance que de oírle gustaré. Quizá de esta suerte haré que descanso, el alma, alcance. FORZADO PRIMERO: Soy contento y no pudieras pedirme cosa tan buena que, por aliviar tu pena, digo que haré cuanto quieras. Surcando el sagrado charco que el dios Neptuno gobierna, el licor amargo adonde están las marinas deas, va el fuerte Arnau temami en una fustilla nueva que, por su valor, se dice capitana de Bizerta. Lleva la popa dorada, medio pardas las entenas, proa y espolón azul con la palamenta negra. De ajedreces la xxxx donde los forzados juegan panal de cristal dorado, por divisa una media. Con viento ya en su favor, una tramontana fresca, viento que nace y se parte de los lagos de Ginebra, va la chusma sosegada que con el viento no reman. Pero de allí a poco espacio dan en calma y calma muerta A la vista de xxxx, entre las islas de Bielva, metidos en una cava están aguardando presa. Todos los forzados duermen porque tienen centinela y solo Lucidoro llora ya su Ariama contempla. Como ve que duermen todos les dice “quien duerme, duerma, que yo velo sin razones que mi corazón desvela. Y sacando un instrumo y concertando sus cuerdas, a sus locas fantasías les dice que estén atentas. CAPITÁN: A fe de buen capitán que me han dolido tus quejas Pues dime, cristiano, amigo, qué lloras, qué te lamentas. ¿Trátate el comitre mal, azótate cuando remas? ¿Estás en el bogavante, la cadena acaso pesa? Dímelo que, a fe de moro, que mi palabra te empeño, que pondré remedio al punto por mi divino Profeta. LUCIDORO: Atarais a quien responde, un cristiano, con vergüenza, el instrumento del alma, me ha quedado, que es la lengua. Quise una dama en España en quien la naturaleza puso dos yerros, que alcanzan a todo el mundo de cuenta y a mí la pidió el amor. Por mirarla tan estrecha que teniendo al padre alcaide me condenó a larga ausencia por ver si era cuenta errada, mi memoria suma y resta y llegué a multiplicar, pero mutipliqué penas. Con un vómito del alma arrojarlas, quiero, enteras. Son muchas y salen juntas y en el pecho se me quiebran y entonces me ahogan más, porque son como culebras que, con ser hechas pedazos, no hay ninguna que se muera. Véome cautivo y triste. CAPITÁN: Por la ley que me sustenta, que no le estorbe el vivir a la que en tu pecho reina. Yo te quiero rescatar podrá ser que, cuando vuelvas, viéndote como cautivo de tu mal se compadezca. Irasle a pedir limosna y cuando la mano tienda asírselas con la tuya y, con la boca, la besa y dirasle, de mi parte, que te rescaté por ella, después que le hayas dado mil millones de encomiendas. ¡Ah, renegado!, ¿qué aguardas? Manda que toquen a leva. Pondremos esto, cristiano, en las popas de Marsella. ARNAUTE: ¡Corrido estoy, por Alá! ZULEMA: ¡Dejo estas corrido! ARNAUTE: Sí. ZULEMA: Y es bien. ARNAUTE: Dime, ¿quién creyera que no ha hecho presa Mami después que la playa está? ZULEMA: ¿Has descubierto galera o algún bajel siquiera en que poder hacer presa? ¿Ha habido ocasión de empresa de mostrar tu mano fiera? ¿Has visto algún enemigo que de cobarde has dejado? ARNAUTE: No. ZULEMA: Pues, ¿qué te da cuidado? ARNAUTE: Digo que ya nada, amigo, pues tengo en ti tal soldado. ZULEMA: Deja pasiones aparte. Tu poca gente reparte pues hemos venido a tierra, que es tarde y la noche cierra y el cuidado ha de importarte. ARNAUTE: Ese parecer me agrada. Probemos nuestra ventura esta noche, en la espesura, de esta gente bautizada no quede libre criatura. Zulema, sigue esa senda y Mezod esa otra emprenda, que yo por aquí estaré. Y si es que ocasión se ve será, porque se entienda, porque todos nos juntemos y en la ocasión ayudemos el silbar muy importante. Comos, pues, yo voy delante, así nos entenderemos. ATARAES: Ya, cristiano valeroso, libre te dejo en tu tierra. Mahoma te haga gozoso y de esa que te da guerra te deje ver victorioso. LUCIDORO: Fuerte capitán de Marte, conmigo tanto reparte hoy tu valerosa mano. que juro, a fe de cristiano, que no sé con qué pagarte. ATARAES: Con personas de quilates de esta suerte me gobierno sin que trate de rescate. LUCIDORO: Hoy tu nobleza me abate y haces tu nombre eterno. Al mundo es justo que asombre tal grandeza, pues a un hombre que en nada no te ha servido, antes tu enemigo ha sido, le da libertad tu nombre. Pero fía, que esta vida y libertad que me ofreces, queda en mi pecho esculpida para ofrecerla las veces que tu servicio la pida. ATARAES: Deja ya de cumplimentos, cristiano, que tus intentos conozco y, si no me engaño, que muestras del fino paño son tus nobles pensamientos. Ve y prosigue con tu viaje. Guíete Mahoma y mira si hay por ti más que trabaje que lo haré, aunque al centro baje. LUCIDORO: Tu noble trato me abruma. Con lo que ahora me das, ¿qué tengo que desear más? ATARAES: Alá te guarde y te defienda. LUCIDORO: ¿Por qué sigues esa senda? ¿Cómo a la mar no te vas? ATARAES: Por ser la noche tan buena quiero, en aquesta espesura, entretenerme. LUCIDORO: Segura tengas, de hoy, más tu ventura. Líbrete el cielo de pena. ¡Ay, Lucidoro!, ¿es posible que de un tan grande imposible te has librado y que podrás ver a aquella que jamás creíste fuera visible? Es posible pisar ya aqueste dichoso suelo. Mal dije dichoso, ¡cielo! pues tanta gloria me da, ser sueño o sombra recelo. ARNAU: Si el oído no me engaña, voces, de nación extraña, he sentido hacia esta parte. ZULEMA: ¡Hombre, do tengo de hallarte, que tu voz me desengaña! Es cristiano, sin duda. Salen Mezod y Amete. AMETE: Hacia aquí las voces son. MEZOD: Amete, tienes razón. Silbo. Mami allíse anida. LUCIDORO: ¡Qué terrible confusión de moros es esta tropa! ¿Qué haré si conmigo topa? ZULEMA: Aquí está, fuerte Mami Zulema. MEZOD: Mezod aquí. ARNAU: ¿No veis un bulto de ropa? ZULEMA: Muy bien el bulto apercibo. ARNAUTE: ¡Ea, pues, Zulema, cierra! ¡Muera! ZULEMA: ¿Quién va? LUCIDORO: Un cautivo cristiano. ¡Canalla, espera! ZULEMA: Date si quieres quedar vivo. LUCIDORO: ¿A quién entregarme tengo? ARNAUTE: A mí, que tu bien prevengo en no matarte. LUCIDORO: ¡Ay de mí! cómo he de darme de sí si ya con libertad vengo? ARNAUTE: ¿Qué importa que libre estés? ZULEMA: Deje ya el perro a prisión o sacarle el corazón. ARNAUTE: Matarle no, mejor es prenderle. ZULEMA: Tienes razón. Préndase, pues no ofende ni de nadie se defiende. No lleva arma ninguna. LUCIDORO: ¡Qué poco dura fortuna! Lo que de tu mano pende, Arnau Temami, ¿quién es de todos los que aquí están? ARNAUTE: El que en tu presencia ves. ZULEMA: Él es nuestro capitán. ¿Qué quieres? LUCIDORO: Puesto a tus pies te suplico, moro noble, que de llevarme no trates. Hazme, mejor, que me mate que sin duda soy de roble, pues vivo en tantos combates. Así te dé el cielo dicha, moro famoso en las armas, y triunfes de tu enemigo si te vieres en batalla. No pongas la mano en cosa que tengas suerte contraria. Todo suceda a tu gusto en cuanto intentes hagas. Así alargue Alá tu vida, aumente tu nombre y fama y los bienes temporales: piedras, perlas, oro y plata. Seas dichoso en amores, más que él triste que te cansa: no te atormenten los celos ni el temor de la mudanza. Todo se rinda a tu nombre y ofrezca a tu brazo parias, que hagas lo que te pide este hijo de desgracia: dame la muerto que pido y no quieras darme tantas como he de sufrir si, acaso, ausentarme de aquí tratas. ARNAUTE: Temes el pesado remo. La cadena que te aguarda tiénete ya escarmentado por dicha moro xxxx que sientes tanto el volver, dejando tu amada patria, a tu acostumbrado oficio. Vi temor, cobardía extraña, un cristiano que parece, sola su presencia basta, a matar cuantos veníamos, si ya con armas se hallara, muestra aquí tan poco pecho que a voces la muerte llama. No quisiera, por Mahoma, haber visto tal. LUCIDORO: Aguarda, qué mal conoces mi pecho ni lo que mi brazo alcanza y que mal has advertido, de mi desdicha, la causa. No entiendas que, de tu leño, siento la pesada carga, que tus crueldades temo ni tu cadena me espanto. No nace de aquí el rogarte que cuerpo y alma despartas o que me des libertad. ARNAUTE: Pues de do nace me aclara. LUCIDORO: Solo de adorar una diosa adonde toda la gracia, el donaire y hermosura se perfecciona y esmalta. Y verme que estoy ausente, ausente y sin esperanza, llevándome tu cautivo de poder verla y gozarla, me ha puesto en aqueste punto y el temor de su mudanza hácenme acaben los celos. ¡Ay, que los celos me acaban! ARNAUTE: Tenedle bien, fuertes moros, tenedle bien. No se os vaya. LUCIDORO: Que mal sabéis a qué saben ausencia y desconfianza si después de haber salido de una prisión tan larga y viéndome en libertad si cuando ver esperaba aquella que así me tiene, aquella que así me trata, aquel cielo de la tierra, a quien entregué mi alma, aquella cuya beldad es en el mundo tan rara que por mirarla el sol, es cierto, su curso para, veo que tú me cautivas y de ausente bien me apartas. No quieres me acaben celos. ¡Ay, que los celos me matan! ARNAUTE: Tenedle bien, fuertes moros, tenelde bien. No se os vaya. LUCIDORO: ¡Qué mal sabéis a que saben ausencias y desconfianzas! ARNAUTE: Pues escribe a esa que adoras, esta tu prisión lenarra y, para tu libertad, dale a entender lo que falta. Escribe a deudos y amigos de que, entre todos, den traza de enviarme mil cequies si así el verte libre amas. Aunque si te quiere bien esa que aquí tanto ensalzas ni habrás menester amigos ni deudos, que solo basta con este interés, al fin tu persona se rescata de do puedes conocer que te hago amistad harta. LUCIDORO: Dame libertad, buen moro, y fía de mi palabra que, como noble, prometo cumplirla bien y guardarla de enviarte mil cequies luego en llegando a mi patria dentro de un mes o volverme a ser tu cautivo. ¿Callas? ¿Por qué no respondes, moro? Ved que soy de noble casta y que lo que un noble ofrece es el cumplirlo sin falta. ARNAUTE: Bien dan muestras que eres noble tus razonas y palabras y que puede confiarse eso de tu sangre hidalga, pero advierte que no soy yo de tu nación cristiana y do hay leyes diferentes no ofenden sino se guardan. Lo que te dije primero escoge si eso te agrada y otro medio no pretendas alcanzar. LUCIDORO: ¿Qué te vas? ¡Para! ¡No te muestras tan cruel! Son de bronce tus entrañas. ARNAUTE: Amigos, seguid con él. ZULEMA: Pues el capitán lo manda, ven, cristiano. AMETE: Acaba ya. MEZOD: ¿No caminas? LUCIDORO: ¿Con quién hablan? ZULEMA: Contigo. LUCIDORO: Pues entre cuatro mi voluntad sola aguardan. ZULEMA: ¡Tirad! LUCIDORO: ¡Oh perros, soy toro! ¿Que con maromas tan largas me queréis llevar asido? Antes sacaréis el alma. ZULEMA: ¡Ay, que me arroto una pierna! MEZOD: ¡Ay, que me arroto una espalda! LUCIDORO: Llevarme no me lleváis. MEZOD: ¿Qué furia infernal te iguala! ATARAES: Hacia aquí parece que es el ruido. ¿Quién va? LUCIDORO: ¡Cielo! ¿No es moro Ataraes? ¡Él es! Moro ilustre. ATARAES: ¡Montañés! ¿Qué es aquesto? LUCIDORO: Un nuevo duelo. Luego como tú te fuiste y la liberdad me diste, ha permitido mi hado que estos me han cautivado. ATARAES: ¡Oh, Mahoma! ¿Tal sufriste? ¡Dejadle, moros, dejadle! ¡Desatad esos cordeles1 ¡Acaba ya, desatadle! No atéis las manos más fieles que hay en hombre. ¡Libertadle! ZULEMA: ¿Quién lo manda? ATARAES: Yo lo mando que por libertar le han dado. Dejadle libre o mis brazos harán a todos pedazos. ARNAUTE: ¿Quién está que boceando? Moros, ¿cómo no venís y ese crstiano traéis? ATARAES: Antes libre está cual veis. ARNAUTE: ¿Cómo es eso? ¿Qué decís? ATARAES: Vedlo y creerlo podréis. ARNAUTE: ¿Quién lo hamandado librar? ATARAES: Yo. ARNAUTE: ¿Y es digno de loar tal hecho? ATARAES: Sí. ARNAU: Es de villanos. ATARAES: Eso dirán nuestras manos o libre le habéis de dar. ARNAUTE: ¿Es moro a traje? ATARAES: Sí. ARNAUTE: Hablará para mañana. ATARAES: ¿Eres Arnaute Mami? ARNAUTE: El mismo soy. XXXX. ATARAES: Por Alá, que es cosa extraña. ARNAUTE: A las voces he salido. ATARAES: Yo a las voces he venido que aqueste cautivo dio, a quien libertad diera y cautivo mío ha sido y aunque ahora tuyo es, que pudiendo no la arguyo, yo te suplico le des libertad. ARNAUTE: De eso rehuyo. ATARAES: Mira que es mío el interés. LUCIDORO: En ti está mi bien y amparo, mi perdición o reparo, moro noble, afable y rayo: que le supliques suplico me dé libre aqueste abrazo; darme libertad no quiere si mil cequies no le doy que por interés se muere y he dado, a fe de quien soy, de enviarlos como espere solo un mes o de volver, si eso no puedo cumplir, a su prisión en persona. Con este moro me abona, pues estimas mi vivir, aquesto a tu cargo toma. Por Dios, por su Virgen Madre, por los santos, por Mahoma, si su nombre quieres te cuadre más que los santos de Roma, haz aquesto que te imploro. ATARAES: Ya lo hago, Lucidoro. Da libre aqueste cristiano Arnaute Mami. ARNAUTE: Hermano, no lo puedo a fe de moro. ATARAES: Que ajeno te desvío de esa intención. ARNAUTE: He jurado si no es con mil cequies no librarlo. ATARAES: Como fíes de mí será libertado. Yo los ofrezco a pagar si libre le quieres dar, que si él no lo pudo hacer sé que estará en tu poder antes de un mes fin faltar. ARANAUTE: ¿Tanto le amas? ATARAES: Grande amor le tengo. Dale. ARNAUTE: ¿Quién puede negarlo con tal fiador? Libertad se le concede. LUCIDORO: De ese modo, gran señor, nadie a besar te me impida, pues me das dos veces vida, con humildad esos pies. ATARAES: Levántate, montañes. LUCIDORO: ¡Oh, nobleza nunca oída, páguete el cielo divino, moro ilustre, lo que ofreces a este tu sirviente indigno! ARNAUTE: Mucho, cristiano, mereces y ha hallado buen padrino. ATARAES: Vete, Lucidoro, en paz y, lo que aquí ofreces, haz. LUCIDORO: Antes de un mes cumplido tendrás el precio pedido o mi persona tendrás. Adiós. ATARAES: Mahoma te guíe. ARNAUTE: Qué contento va el cristiano. ZULEMA: Que de un cristiano se fíe… Quiera Alá. ATARAES: ¿Qué hay? ZULEMA: No es llano que de vosotros xxxx. ATARAES: Yo fiador por él salgo. ZULEMA: Él es cristiano. ATARAES: Es hidalgo. ZULEMA: Ruego a Alá que bien pueda. ATARAES: Vamos a la mar que esto queda en fe de lo que yo valgo. PIERRES: Oye. FLORELA: Ya le digo, amigo, que es su plática importuna. Basta el engañar a una sin que engañe a dos. PIERRES: Testigo me es Dios, querida Florela, que te quiero más que a mí y que por servirte a ti, tanto Pierres se desvela. FLORELA: Piensa que soy yo Fenisa que es hecha a toda broja que mal conoce la moza dónde, que es cosa de risa. Conmigo muy poco medras. Bien sé me quiere engañar y que pretende matar dos aves con una piedra. si a Fenisa quiere y ama, traiga pandorga por ella y haga la música a ella, su amo por Ariama, que yo bien sabré pasar sin que a mí me ame y quiera y cual moza aventurera de la música gozar. PIERRES: Pídesme celos, mi bien. FLORELA: Pues quísele yo en mi vida para hacerlo. PIERRES: Mi querida, baste ya aquese desdén. Paga con amor mi honor que es el don con que se paga. Si por ti no hago se haga: muera de rabia y dolor. FLORELA: Aunque veo que me engaña el creerlo me conviene porque, al fin, la que amor tiene con poco se desengaña ¡Ay, cruel lacayo ingrato, cual lacayo xxx talle! ¿Cómo es posible se halle otro a mis ojos más grato? PIERRES: Por ti me pierdo, mi gloria. ¿Quieres creer que por ti la pandorga y que de mí tienes ya el alma en victoria? FLORELA: ¿Cómo quieres que eso crea si sé que a Fenisa adoras? PIERRES: Si tú en esta alma no moras jamás lo que deseo vea. FLORELA: ¿Que no la quieres? PIERRES: Es llano. FLORELA: ¿Ni la has querido? PIERRES: Eso sí, pero ofendióme y yo di a tu fe y amor de mano. FLORELA: ¿Júralo? PIERRES: Pártame un rayo si la puedo ver amores. FLORELA: Hay hombre que sois traidores. PIERRES: No miento, a fe de lacayo. FLORELA: Jura más. PIERRES: Dime, ¿no basta la fe de un hombre tan grave como yo? FLORELA: Quien mentir sabe ese juramento gasta. todos usan de ese modo, ahora, para mentir. PIERRES: Malicias quieres decir. FLORELA: Bien lo entiendo, Pierres, todo: el hidalgo luego jura porque crédito le den a fe de hidalgo, también; el que es noble, por ventura, dice a fe de caballero; el soldado de soldado; tú a fe de lacayo honrado, el otro a fe de escudero; el libre, de pobre mozo y, al fin, por diversos modos, el estado sirve a todos para mentir, de rebozo. PIERRES: Maliciosa, Florela, eres. FLORELA: Lo dicho hase de entender cuando algo quieren hacer los hombres con las mujeres. PIERRES: Es ofender a los buenos lo que has dicho con todo eso. FLORELA: Que puede haber los confieso, pero pocos a lo menos. PIERRES: Pues yo soy uno de aquellos. De verdadera afición despuntó mi corazón que miró tus ojos bellos. Y si no basta la fe, que jurado de quien soy y las muestras que te doy de que te quiero y querré, por la fe del Dios que adoro, que en tú sola está mi palma, por tu vida y por tu alma, pues, mi riqueza y tesoro. ¿Quieres más? FLORELA: No quiero más sino que mano me des de ser mi esposo. LUCIDORO: Esta es la casa. FLORELA: ¿Dudando estás? Dame la mano. ¿Qué tienes? PIERRES: Tu honra, que no es decente darla y que nos vea gente. FLORELA: En malas galeras remes. LUCIDORO: ¿No es la criada primera esta? Mas llegar es bien, amigos, sepan si hay quien dé una caridad. FLORELA: Afuera todos los de esta casa están, no hay quien limosna le dé. LUCIDORO: Un poquito aguardaré que es tarde y no tardarán. FLORELA: Pluguiera al cielo, enemigo, que jamás aquí llegarás, porque mi bien no estorbarás. PIERRES: Mostrado sea el cielo, amigo, pues de esta tormenta tal me has sacado a salvamento. Ya pedía casamiento la mozuela, no iba mal, como si casarse es reconocer algún caballo que, si bueno no lo hallo, lo puedo volver después. FLORELA: ¿Qué dices, Pierres? PIERRES: Que creo que vienen ya tus señores. FLORELA: Baste. PIERRES: No me voy, amores, que con ellos a mi amo veo. LUCIDORO: Ya va saliendo mi sol aunque tan acompañado que, cual nubes, han causado no goce de su arrebol. Pretendientes son, sin duda, los galanes que la siguen. A que te mudes no obliguen. Mas, ¡qué hermosísima viuda! A este pobre cautivo den por, Dios. DON GARCÍA: ¡En hora buena! ARIAMA: El verte aumente mi pena, que en otro cautivo vivo. DON JUAN: ¿De dónde sois? LUCIDORO: Catalán. DON JUAN: Si ser montañes dijera, ser mi enemigo creyera. DON METRILO: ¿Cómo puede ser don Juan? ARIAMA: Cautivo. LUCIDORO: Señora mía. ARIAMA: Toma limosna. LUCIDORO: De fe, si la guardas, tomaré la limosna que pedía, bella dama, de esa mano. Podré, con verdad, decir que no puedo recibir sino algún bien soberano y no es justo que sea honorable esto, que antes le conviene, si del lugar donde viene, lo que se da toma el nombre. Con solamente un quilate que tengo, esto que me dais, es cierto que me entregáis interés por el rescate. ARIAMA: No tiene mucho valor por mí, no por lo que vale. LUCIDORO: No hay interés que le igualos si se ha dado con amor. ARIAMA: Si con eso lo medís sin duda que valdrá mucho. LUCIDORO: ¡Cielos! ¿Qué es esto que escucho? ¿Pero a quien atribuis la causa de donde nace el amor con que lo dais? ARIAMA: Pues por Dios lo demandáis, por Dios primero se hace y después por un cautivo a quien entregue mi fe, que ese me obliga que hoy dé con amor muy excesivo que no le conozco, pienso. LUCIDORO: ¿Tanto le amas? ARIAMA: Con exceso. Fuérame donde esta preso si a mi honor no hiciera ofensa. LUCIDORO: Pues sí es verdad que le amáis Bien presto verlo podéis que delante le tenéis y a él mismo limosna dais. ARIAMA: Esa plática reporta. No es tiempo, mi bien, de darte de la que recibo, parte. Apártate y no des nota. Toma limosna, amigo. Dios os dé vía cautiva. LUCIDORO: Mil años, señora, viva. ARIAMA: Fenisa, oye lo que digo. DON METRILO: ¡Ah, Pierres! PIERRES: ¿Qué es lo que manda vuesa merced? DON METRILO: ¿Qué has tratado con Fenisa? PIERRES: No le he hablado. DON METRILO: Pues háblala luego, anda. FENISA: Descanse que yo lo haré. DON GARCÍA: ¿Qué música queréis dar? DON METRILO: Por solo ver si ablandar aqueste mármol podré. FENISA: Así a este lado se quede, no se vaya sin hablarme que importa. LUCIDORO: No hay que avisarme quien en firmeza te excede. PIERRES: Escuché Fenisa. FLORELA: ¡Ay Dios, ya de celos rabio y muero! PIERRES: También por servir te quiero. FLORELA: ¿Sois el que me queréis vos.? Sois vos, aun me parta un rayo, mas luego tarde sería. Sois vos quien, cuando fingía, juraba, a fe de lacayo. ¡Ah, traidor!, ¿quién en vos crea? Por eso hiciste la mano. PIERRES: Ser por tu servicio es llano. FLORELA: Ved como se regodea. FENISA: Si eso es bien, puede venir. PIERRES: Adiós. FLORELA: ¡Ah, señor honrado, acuérdese lo jurado! PIERRES: Bien está, ya puedo ir a hablar a los músicos. DON METRILO: ¿Cómo? PIERRES: Ya está Fenisa avisada y llevará tu embajada. FENISA: Yo eso a mi cargo tomo. DON METRILO: habla a salas y a romero en salir de la comedia. PIERRES: Pues él su pena remedia también yo pandorga quiero. Yo los voy luego a traer. Será la hora... DON METRILO: ¿Eso ignoras? Entre diez y once horas. Parte ya sin detener. PIERRES: ¿Dónde traeré la respuesta? DON METRILO: Aquí, donde me has de hallar, si este solo es el lugar do mi esperanza está puesta. DON JUAN: Ven, Ariama. ARIAMA: Señor, ya yo voy. Adiós, señores. Esto y vuestro servidor, por menester, algún favor gocen la presencia sola a lo que se cantará esta noche. FENISA: Bien está, quede a mi cargo eso. DON JUAN : No hay quien ponga aquestas mesas. FENISA: Ve, Florela. FLORELA: Ya yo voy. Rabiando en celos estoy. ARIAMA: Ponle en una cuadra de esas. FENISA: ¡Ah, Señor, ¿cautivo salga? ¡Jesús! ¡Lucidoro es! Bien se ve que es montañés y que tiene sangre hidalga. Así no puedo creerlo aunque lo veo que es él. Bravo amante. LUCIDORO: Al menos fiel. FENISA: Lo que me huelgo de verlo. LUCIDORO: ¿Tienes alegría? FENISA: Mucha. LUCIDORO: También la tengo de verte. FENISA: Pues deme un abrazo fuerte. PIERRES: ¡A brazo partido lucha! Claro es, Pierres, tu trabajo, pues luchando una mujer es cierto que ha de caer, de ordinario, debajo. FENISA: No me canso en darle a brazos según tengo regocijo. PIERRES: Plegue a Dios, no pesques, hijo, la que salga de esos lazos. Otro abrazo quiero hablarle que esto ya no puede hacerse. FENISA: ¿Dónde tiene de esconderse? Será hora de enseñarle. Éntrese aquí dentro. LUCIDORO: ¿Aquí? FENISA: Sí, señor,. PIERRES: ¡Ah, fraudalenta! FENISA: Que no le vean, tenga en cuenta. LUCIDORO: No lo haré, Fenisa, así. PIERRES: ¡Aguarde, señora hermosa! FENISA: ¿Qué quieres ahora? PIERRES: ¿Piensa que ninguno la escuchaba su conversación gustosa de cabeza de Medusa, retratro de Carabanda para un cautivo tan blanda y, para mí, cornamusa? Tal en ti es justo se crea meter en casa un cautivo y a mí, que en ti muero y vivo, amigo, Dios le provea, a ingrata, a sangrienta arpía, abrazo al primer ensayo y para aqueste lacayo con desdén en esto danza. ¿Son estos buenos conciertos? ¿Son estas veras o burlas? A un lacayo así burlas, que no ha pasado los puertos otro que puedo decir sea mejor del viaje. FENISA: Hermano, menos coraje. ¿Celos me quieres pedir? PIERRES: ¿Yo celos? ¿Yo color de almoradux? Mejor le den de palos con un xxx que yo ande puntual como reloj armado por Judith ni xxxx. Sirva su señoría solo a un dux que andarse tras las aves haciendo “ux”. Es por vender su trigo alquilar xxx un tiempo de su proa fui reloj y ahora de su fuego soy xxx. No quiero dormir más en su xxxx préstele amor, virote del carcaj, tienda otra vez la red, pesque otro pez y diga como yo otro tiempo xxx. Los desdenes, cruel desdenes haz. Que mala servidumbre pase en Fez si estimo, en una cáscara de nuez, el volver a tener contigo paz. Basta el tiempo que he sido pertinaz, acábese el amor de aquesta vez, que un lacayo humilde y tan fiel detener mi amistad es incapaz. Acuérdome de haber hecho un xxx y ahora unos hace xxxxx Entero se le coma un cuchadrach y en el horno que echaron a Fidrach tema yo arder, traidor gomech y de una entena, amén, te cuelge el drach. PIERRES: ¿Ha dicho, señora? FENISA: Ya he dicho, señor. PIERRES: ¿Pues piensa que me hace alguna ofensa? ¿Piensa que algo se me da de tener y no tener su amistad? FENISA: ¿Y a mí pretende, que en olvidarme e ofende? Pues no se le dé a entender. PIERRES: ¿Hame de faltar a mí, acaso, quien me entretenga? FENISA: ¿Faltara a mí quien tenga mejor talle? PIERRES: ¿Mejor? FENISA: Sí. PIERRES: ¡Tómalo! FENISA: No dé con celos, amigo, por vida suya y, porque esto se concluya, apártese allá. PIERRES: Y más lejos. Estoy bien aquí apartado. FENISA: Bien está si acá no vuelve. PIERRES: Si es que en eso se resuelve, no tengo de ello cuidado que no volveré ni aún a hablarle, en mi vida gustaré. FENISA: Pues me hará mucha merced. Hagamos, a quien más calla, quererlo así. PIERRES: Sí lo quiero. FENISA: Pues no pase de esa raya y mal haya. PIERRES: ¿Quién? FENISA: Mal haya quien hablare primero. PIERRES: Por no hablar a ti he de estarme. FENISA: No se meda de él dos higos. PIERRES: Señores, sean testigos que lo hace por hablarme. FENISA: ¿Por hablar yo? No hay tal. FENISA: Si por eso no es, amiga, palabra alguna no diga que guarda el concierto mal. Calle y si no se le da de mi amistad ni la estima, ¿por qué callar le lastima? FENISA: Menos hablar bueno está, que yo también de hablar dejo. PIERRES: No haya miedo que yo hable. FENISA: Pues, porque mejor se entable, apártese allá. PIERRES: Y más lejos. FENISA: No he de hablar por vida mía, aunque la vida me cueste. PIERRES: Amor paciencia me preste, que si no hablo se enfría. FENISA: ¿Qué me mira? PIERRES: ¿Yo la miro? No haya miedo que tal haga ¿Viose sufrimiento igual? FENISA: ¿Es por hablar el suspiro o por la moza que pierde? Apostaré que le pesa del concierto. PIERRES: ¿Qué princesa para que de ella me acuerde? ¿Ya no le he dicho, señora, que a mí no me han de faltar fregonas con quien me holgar? FENISA: ¡Por su vida!, ¿escuché ahora? ¿Y a mí tiene de faltarme mil lacayos por amigos? PIERRES: Ah, señores, sean testigos que lo hace por hablarme. FENISA: Bueno, a fe, yo por hablalle tanto del talle me pago. ¿No ve los extremos que hago? ¿Voy acaso yo arrogarle? Ser esa ocasión no diga. PIERRES: Ya callar tanto no puede. FENISA: Dejéme, no tenga miedo que le hable ni le siga. PIERRES: A ser amantes más viejos sintiéralo, pero ahora no se me da esto, señora. FENISA: Pues hágase allá. PIERRES: Y más lejos. ¿Qué es aquesto, amor cruel? Sí es verdad que siempre quiebra, por lo delgado, la hebra. ¿Cómo ahora dime, infiel, a esta ingrata no obligas, porque venga yo, a romper y más siendo, al fin, mujer, que son de hablar muy amigos? FENISA: ¿Está arrepentido, hermano? PIERRES: Tú me has vencido, mi gloria. FENISA: Que al fin salgo con victoria senos pien de nuestra porfía. PIERRES: Es llano. FENISA: Un abrazo puedes darme Pues te vencí. FLORELA: ¡Ah, enemigos! PIERRES: Ah, señores, sean testigos que lo hace por abrazarme. FLORELA: ¡Ah, Fenisa! FENISA: ¿Quién me llama? PIERRES: Dame el abrazo. FENISA: No puedo ahora. PIERRES: Burlado quedo. Pícara es aquesta dama. FLORELA: Lacayo de falso trato, ¿así se guarda la fe? Aquí tienes quién te dé un abrazo y mil, ingrato. ¿Pretendes que yo no he visto, surpado de mi pecho, cuanto con Fenisa has hecho? PIERRES: ¡Calla si no, vive Cristo! FLORELA: ¿De esta suerte mi amor pagas cuando palabra me diste, para mi bien, ofreciste esta con que ahora amagas? PIERRES: ¿Qué te he ofrecido en mi vida? FLORELA: Lo que tú sabes y sé. PIERRES: Pues digo que me burlé. ¿Quieres más? FLORELA: ¡Ah, homicida! Todos en aqueso dais, hombres ingratos, crueles: para quien os ama infieles y a quien os olvida amáis. Quédate, falso, fingido. PIERRES: Vete. Acaba y no des voces. FLORELA: Yo haré esa. No goces por quien me echas en olvido. sale don Jutrilo DON METRILO: No puedo hallar a este Pierres. ¡Que traiga música luego! PIERRES: Si amas y amor es ciego no me espanto que me yerres. Ya, señor, estoy aquí y vine a darte el recado que todo está concertado. DON METRILO: ¿Vendrá presto? PIERRES: Señor, sí. ¿Qué hora es? DON METRILO: Cerca de once. PIERRES: Pues ya no pueden tardar. DON METRILO: Que no pueda yo hablandar estas entrañas de bronce... Dime, Pierres, ¿no dijite dónde habían de venir? PIERRES: ¿Pues no lo había de decir? DON METRILO: Discretamente advertiste. ARIAMA: ¡Qué buena noche! LUCIDORO: Mi cielo, con semejante victoria, todo da muestras de gloria cuanto encierra aqueste suelo. DON METRILO: ¡Ah, señores, pónganse de modo que no los vean los que la calle pasean, que música viene, a fe! LUCIDORO: ¿Por quién? FENISA: ¿Por mi señora? LUCIDORO: En mucho lo estimo y precio... ARIAMA: ¿Qué quieres? Cánsase un necio. Aunque le olvido, no ignora. Vámonos, si te parece. LUCIDORO: No, mi Ariama, no es justo, que este lo hace por tu gusto y ese pago no merece. Que los escuches no importa, hagan la fiesta a mi boda. PIERRES: Ya está aquí la gente toda. DON METRILO: No me dé amor fuerte corta. PIERRES: También la pandorga viene. DON METRILO: ¿Y esto es por Fenisa? PIERRES: Pues... FENISA: Sin duda que Pierrres es. Regalarle me conviene. DON METRILO: Guarda, Pierres, esta calle mientras cantan. PIERRES: Sí haré y porque canten iré a que la pandorga calle. DON METRILO: Ya pueden cantar, señores, y canten ingratitudes hasta tanto, amor, que mudes mis desdichas en favores. PIERRES: Señor. DON METRILO: ¿Qué quieres? PIERRES: ¿Vio, acaso, si ha pasado por aquí la pandorga? DON METRILO: Ve de ahí, borracho, y guarda aquel paso. PIERRES: Yo voy. DON METRILO: Vuelvan a cantar. PIERRES: Pasóseme, este fin, ver. Téngase o le harán tener, por Dios, que no ha de pasar. DON METRILO: ¡Deténgase! ¿Quién es? PIERRES: Yo. DON METRILO: Contra un poste acuchillaba. PIERRES: Si el poste vio que llegaba, di por qué no se apartó. DON METRILO: A cualquier borracho excedes. ¿Postes han de ver y oír? PIERRES: ¿Pues no ha oído decir que oyen y ven las paredes? DON METRILO: ¡Calla y vuélvete a tu puesto! ALGUACIL: ¡Téngase al Rey! ¿Sois hidalgo? DON METRILO: Noble soy y algo más valgo. ALGUACIL: Don Metrilo, ¿qué es esto? DON METRILO: Servir al señor alguacil. ALGUACIL: ¿Ofrece algo? Conviene que esta gente que aquí viene se quede aquí. DON METRILO: Gracias mil. No, señor, yo lo agradezco. Bien todos se pueden ir. ALGUACIL: No tengo más que decir. Lo que puedo y debo ofrezco. PIERRES: Señor, guarde aquella entrada de calle si importa algo, que yo para ello no valgo. DON METRILO: ¿Cómo así? PIERRES: No tengo espada. Cuatrocientos que hay vinieron dijeron “al Rey se tenga, que armas espada venga”. Dísela y se volvieron. DON METRILO: ¿Dijiste eras mi criado? PIERRES: No sé, por Dios. DON METRILO: Ven conmigo. ¡Vive Dios que está hecho, amigo! ¡Ah, pobre Pierres! ¿Do has dado? Vamos, haré te la den. DON METRILO: Si la justicia viniere y más te reconociere, majadero, di con quién estás, cuyo criado eres, que si decirlo procuras con aquesto están seguras cuantas armas tú tuvieres. LUCIDORO: Ahora bien, ya se ha acabado DON METRILO: Toda aquesta camarada, Pierres, vaya a mi posada. PIERRES: Yo quedo de eso encargado. LUCIDORO: Tras la gloria recibida, ya es justo que pague censo el que es desdichado en vida. ARIAMA: Verte así obliga que pida por qué causa estás suspenso. Mi bien, di qué te entristece. ¿Qué es la causa que te ofrece aquesa melancolía? No ha mucho, tanta alegría con mi vista ya te empiece. ¿Qué te da pena, mi amor? Dilo, pues sabes te adoro, mi gloria, mi Lucidoro. LUCIDORO: Lucho con amor y honor: esto siento y esto lloro. ¡Ay, mi Ariama ¡Ay, mi ser! ARIAMA: La causa de esto no entiendo. LUCIDORO: Si voy, he de perder mi honra. Si puedo, ofendo. ¿Qué medio podré escoger? El dejarte me avergüenza. Venza el amor, amor venza. No padezca, tu fe, agravio. Pero es pensamento sabio hacer, a mi honor, ofensa. Aquí de paciencia salgo. ¿No es esta mi dama? Sí. Pero yo no soy hidalgo y una palabra que di es prueba de lo que valgo. ¡Ah, fiera imaginación! ARIAMA: ¿No quieres, mi corazón, de tu pena darme parte? Dilo y si puedo ayudarte, ya tú sabes mi afición. Comunica tu cuidado a quien sabes que te adora como a sí, en un mismo grado. Di más, que comunicado, el mal siempre se mejora. LUCIDORO: Mi gloria, no echas de ver qué me puede así tener porque de ello pides parte. ¿Si no hubiese de dejarte, puede me algo entristecer? ARIAMA: ¿Qué te has de ir? LUCIDORO: No puedo más. ARIAMA: ¿Qué te obliga? LUCIDORO: Una palabra. ARIAMA: Yo moriré si te vas. LUCIDORO: El que con palabras labra, por cumplirla ha de hacer más. Perdóname si no os pongo, a tu firme amor, mi honor, que por dárteme mejor en este riesgo me pongo. Echa ese llanto en olvido. Esta mi partida precia, que si voy, la causa ha sido no querer darte marido que tu mismo honor desprecia. Palabra di de enviar mil cequies, sin faltar, dentro de un mes o volver, pues lo uno no puedo hacer justo es que yo vuelva al mar. Esto conviene a mi honra. Abraza por sí no vieres este, cuyo norte eres, porque marido sin honra, dime, ¿para qué le quieres? ARIAMA: ¡Ay, mi amigo verdadero, muriérame yo primero que viera aquesta partida! Porque de ti dividida, ¿para qué la vida quiero? A mi regalo da prenda. No te ofenda mi dolor ni este mi llanto te ofenda pues, aunque me sobra amor, veo que me falta hacienda para poder rescatar tu persona con la mía. LUCIDORO: Cese el llanto mi alegría. ARIAMA: Que un padre pueda estorbar y no lo haga. LUCIDORO: En mi fía, si voy, que haré lo posible por volver. ARIAMA: ¡Dolor terrible! LUCIDORO: Cese ya, mi bien, la pena. ARIAMA: Recibe aquesta cadena pues darte otra es imposible. Yo quisiera darte más. LUCIDORO: Tu dádiva es muy gallarda pues, advierte en tal con paz, que una cadena me das y otra cadena me aguarda Mas si es segura tu fe, la que me das guardaré [que a] la que voy es de perro. AMETE: Amaina, amaina la vela hombre al mar que aquí se apresta, pero en vano se desvela que para librarse de esta el echarse fue cautela. LUCIDORO: Virgen del Pilar, tu ayuda en este trance me acuda. AMETE: ¡Oh, terrible maravilla! Ya sale el hombre a la orilla. Él es demonio, sin duda. ARNAUTE: ¿Que se libró? AMETE: ¿No lo ves? En vano el cuidado ordenas. ARNAUTE: ¿Y quién era? AMETE: El montañés. ARNAUTE: ¿Cómo se fue? AMETE: Las cadenas rompió, que tenía a los pies. ARNAUTE: ¡Por Mahoma, bravo hecho, muestras de su fuerte pecho! ZULEMA: Moro Mami, valiente, retírate, porque gente acude a este paso estrecho. ARNAUTE: Ven dentro, el mar te aleja. Por Mahoma, que corrido este cristiano me deja. ZULEMA: Ven, señor, di ¿no has oído que la gente se aparece? Vámonos volando al mar, ¿qué quieres aquí aguardar? ARNAUTE: Seguidme, que ya yo voy. Posible es, que mami soy. FABIO: Por aquí. Car, car, car. BANDOLERO PRIMERO: Que se fue. BANDOLERO SEGUNDO: ¿Pues no era cierto que se habían de meter estos perros en su puerto? BANDOLERO PRIMERO: Por, ayer, nos detener vos, no los habemos muerto. ¿Quién de su sangre se hartara y las manos se lavara en sangre de aquestos perros? LUCIDORO: Cumpliéronse mis destierros con vuestro amor, Virgen cara, a vos, Reina soberana del Pilar de Zaragoza, que siempre fuiste humana, debo lo que mi alma gana y lo que mi cuerpo goza. FABIO: Perro debe de ser este. Muera, amigos, tiradle, mas no muera, cautivadle. LUCIDORO: Paciencia, mi Dios, me preste. FABIO: Él es cautivo, dejadle. LUCIDORO: Amigos, no me matéis que soy cristiano ¿no veis? BANDOLERO PRIMERO: Déjale estar, Fabio, amigo, que es cristiano. LUCIDORO: Así lo digo. Pero oíd, es que entendéis no xx xxx, Fabio. BANDOLERO SEGUNDO: Lo mismo dijo con seis lobos. Aunque salgo del abismo, conózcole y a los dos conozco como a mí mismo. FABIO: ¿Quién sois? LUCIDORO: Lucidoro. FABIO: ¡Oh, mi señor! ¿Es posible? Ya puesto a tus pies estoy. LUCIDORO: Amigos, los brazos doy que los pies es imposible. FABIO: Gusto en el alma recibo ¿Cómo, señor, te libraste? Que yo solamente vivo, después que tú estás cautivo, en el lugar que me hallaste porque supe que ese perro, cuyo remo, cuyo cerro, has llevado tantos días, con su xxxx y espías suele andar por este cerro, mi pretension, al fin, era andar por este contorno por si prenderle pudiera, siquiera porque, en retorno, ese perro te nos diera. Este fue mi parecer. LUCIDORO: Bien se puede asi ejercer, amigo, mas de ti fío. FABIO: Y también, por darle suyo no nos pudiesen prender, que lo procura, en extremo, el Virrey, por su gran daño. Y así, vine a reino extraño do mi peligro no temo y por ti, traerlo a engaño. LUCIDORO: Amigo, prendan o no, quien quisiere vivir, viva, que no puedo dejar yo de ir donde el alma quedó, aunque está libre, cautiva. FABIO: Adonde quisieres parte que habemos de acompañarte. LUCIDORO: Por eso os vuelvo abrazar. BANDOLERO SEGUNDO: Vamos, te prodrás mudar que acá hay vestido que darte. DON METRILO: Siendo tan oscura noche mal he hecho de apearme y con un mozo apartarme de la otra gente y del coche. PIERRES: Que por este preto atajo me haga subir a pie… Ya por expierencia sé, no hay atajo sin trabajo y lo que más me alborota y me aflige el corazón es que en aquesta ocasión vengo a hallarme a pie y sin bota. DON METRILO: Pierres. PIERRES: Señor. DON METRILO: No caminas. PIERRES: No puedo más. DON METRILO: Cómo no, es porque el vino faltó. PIERRES: Por San Pierres, que adivinas. DON METRILO: Camina ya. PIERRES: Imagino que no sabe. DON METRILO: Qué. PIERRES: Un refrán: que esta mal mesa sin pan y caminante sin vino. Sepa que es buena cautela de ordinario le llevar, que le sirve para andar, al caminante, de espuela. Yo me bebiera dos pegas si aquí se hallaran tavernas, que las tripas llevan piernas y no las piernas las tripas. DON METRILO: Siempre el vino es tu quimera. PIERRES: En materia del dios Baco los argumentos me saco como de la faldiquera y más, que me es tan molesta esta que está por do vengo que hablando de él me entretengo hasta subida la cuesta. DON METRILO: Pues camina y beberás que parece siento gente y era el coche. PIERRES: Detente, señor, que engañado te has. FABIO: ¡Por Dios, que tenemos presa! BANDOLERO PRIMERO: No es mala esta ocasión. Hidalgo. DON METRILO: ¿Qué hay, quién son? BANDOLERO SEGUNDO: ¡Qué buena pregunta es esa! Dejen las armas en tierra y den lo que traen. PIERRES: ¡Qué lindo! DON METRILO: Las armas en paz no rindo, sino en suerte y dura guerra. FABIO: Pues muera. PIERRES: ¡Señor, por Dios, que no me maten a mí! DON METRILO: Mis armas venlas ahí. Pocos somos siendo dos. Que me rinda es caso justo. Quiero la espada entregar. No muera quien va a gozar su tan deseado gusto. Veis aquí, amigo, mi espada. LUCIDORO: ¿Qué es Fabio, qué andamos? FABIO: Señor Capitán, hallamos aquí aqueste camarada y no dámosle. LUCIDORO: Detente, no te le muestres ingrato. ¿No sabes que aquese trato mi hidalguía no consiente? No estando yo le habrán hecho alguna vez este exceso, pero estando yo, confieso, no lo consiente mi pecho. DON METRILO: Qué gente. ¿Quién podrá haceros en su ocasión amistad? LUCIDORO: Luego las armas le dad. Ved que hay caballeros. LUCIDORO: Por la merced, que puedes darme tus pies. LUCIDORO: Eso no. Id en paz. DON METRILO: Si merezco ser capaz de en tu amistad confirmarme, suplícote que me digas quién es el que aquesto ha hecho por si algo soy de provecho, que extrañamente me obligas. FABIO: Caballero, no os importa saber quién aquesto hace. Id con Dios. PIERRES: Que me place. DON METRILO: La vida que tengo es corta para emplearla en servicio de aquel que tanto me da. PIERRES: ¡Ah mi señor, vamos ya! LUCIDORO: El hacer esto es mi oficio. DON METRILO: Pues no queréis declararme quién sois, suplicoos queráis, para que honrarme podáis, donde voy acompañarme. LUCIDORO: ¿Adónde váis? DON METRILO: A un lugar que no está lejos de aquí. Por vida vuestra, venid que ya os deseo pagar. Hacedme aquesta merced que, pues no sois conocido estaréis entretenido. LUCIDORO: ¿Y a qué bueno váis? DON METRILO: Sabed que a casarme voy. LUCIDORO: Por eso estimáis tanto el favor qué os he hecho. PIERRES: Ven, señor. DON METRILO: Señor, así verdad confieso. LUCIDORO: ¿Y es del lugar esa dama? DON METRILO: Antes es de Zaragoza. LUCIDORO: ¿Es viuda o dama esa moza? DON METRILO: Viuda moza es Ariama. LUCIDORO: ¿Cómo se dice? DON METRILO: Ya he dicho que se llama Ariama Bella. LUCIDORO: No os casaréis vos con ella que yo os pondré en entredicho. ¿Tiene padre y madre? DON METRILO: Padre solamente tiene. LUCIDORO: ¿Y ella con gusto a eso viene? DON METRILO: Justa cosa es que le cuadre pues es de su padre gusto y aunque ella mucho merece el marido que le ofrece, lo es, en calidad, al justo. LUCIDORO: ¿Qué hace en este llegar? DON METRILO: En casa de un su tío está que su hacienda le dará. LUCIDORO: No la habéis, vos, de gozar. ¿Por qué se la da? DON METRILO: Por solo que al fin se case conmigo. LUCIDORO: ¡Ah, tío! ¡Ah, padre enemigo! Yo desharé aqueste solo. Estarás contento. DON METRILO: Gloria no ha de tener el que en guerra, a su enemigo, destierra. Y de la leal xxxx victoria no ha de recebir contento quien su riqueza en la mar tiene y la viene a hallar en puerto de salvamento. No es bien se alegre un cautivo, que lo ha sido muchos años, viendo ya el fin de sus años pues de aquesta suerte vivo. Guerra he tenido con esta de quien hoy victoria tengo pues para gozarla vengo. LUCIDORO: Aquí está quien más le cuesta. DON METRILO: También mercader he sido, que el tesoro de mi fe en su nave y su mar fue y a salvamento he salido pues cautivo tengo mucho. Lo he sido de esta que ahora enriquece y atesora mi alma. LUCIDORO: ¿Qué tal mucho? DON METRILO: Con la posesión que aguardo no quieres contento este después que tanto pase. LUCIDORO: ¿La quieres mucho? DON METRILO: Me ardo en fuego de amor por ella. Tanto mi alma la estima que ella le da ser y anima con su amorosa centella. Y a tales efectos hace su fuego de ella en mi pecho, que queda ceniza hecho y como fénix renace. LUCIDORO: Según eso, yo confío que el frío no sentirás que da la noche. DON METRILO: Jamás un amante tiene frío. LUCIDORO: Eso tengo de probar. Deja las armas, villano, que para vestirme es llano que te puedo desnudar. xxxxx DON METRILO: ¿No te avergüenza quitarme lo que me diste? LUCIDORO: La caridad aquí no asiste, pues siempre por sí comienza. Desnudadle. DON METRILO: Oye, suplico… LUCIDORO: No hay qué decir. PIERRES: ¡De esta vez, señor mío, amo, pardiez, que perdiste por el pico! ¿Quién le mandaba hacer a este tal confesión? Tendrá en el pecho un capón y esto no pudo tener. LUCIDORO: ¿Qué es? FABIO: Un pliego de cartas. LUCIDORO: Mostradlas acá que son buenas para mi intención. FABIO: Muchas son. LUCIDORO: Al menos hartas. DON METRILO: ¡Viose jamás tal rigor! LUCIDORO: Ahora que está desnudo atadle a ese roble xxxxx por ver si se le envía el amor. DON METRILO: Más duras son tus entrañas que este roble a que me atas pues de esta suerte me tratas. LUCIDORO: Por mi vida, que te engañas. DON METRILO: Bien poca piedad se tiene conmigo, al menos. LUCIDORO: Esfuerza, que hago contigo esta fuerza por lo que a mí me conviene. ¿Cómo no habéis desnudado ese otro? Hacedlo y atadlo. Acabad ya, desnudadlo. PIERRES: ¿Pues estoy yo enamorado? FABIO: Desnude, señor lacayo. PIERRES: No me desnudéis, señores, que jamás yo tuve amores que me pasasen del sayo. BANDOLERO SEGUNDO: Desnudar le han más que apriesa si no lo hace. PIERRES: ¡Ay mis costillas! Estas erán las servillas que yo llevaba a Fenixa. Señores, no me las quiten. BANDOLERO SEGUNDO: Eran de alguna fregona. PIERRES: Hagan esta mi persona hasta que me precipiten y déjenme los zapatos. BANDOLERO PRIMERO: No los tiene de llevar. PIERRES: Pues no te los puedo dar. Quejas tendrás de mis tratos. LUCIDORO: Bien quedan así, señores. DON METRILO: Midiérase esto en Arabia. LUCIDORO: Así verán si el frío agravia al hombre que tiene amores. DON METRILO: Tal rigor, cielo inhumano, Pierres, qué buenos quedamos. Adonde desconfiamos puede haber auxilio xxx xxxx que tal crueldad se ha visto entre cristianos jamás. PIERRES: ¡Aquí, Pierres, morirás sin remedio, vive Cristo! DON METRILO: No siento estar de esta suerte. No me aflige este dolor porque, sin duda, es mayor, Arama mía, no verte. Cuando ya, ufano, aguardaba tus amorosos abrazos, son de cordeles los lazos aqueste dolor me acaba, que ajena estás de mi suerte. Mi Ariama y mi esperanza, cómo ignoras la mudanza que a los dos ha de dar muerte, ¿quién te llevará las nuevas de mi desdicha, mi Gloria? PIERRES: Pierres, tu muerte es notoria pues no hay remedio que vivas. DON METRILO: Cielos, que por mil caminos ayudas al que en ti espera, permite que antes que muera no me falte un montesinos que, las nuevas, llevar pueda a mi esposa, de este daño. y así vengue este hecho extraño que el castigo al daño exceed. ¡Quién ha visto suerte igual! ¡Ay mi bien, ay mi alegría! ¿Dónde estás, señora mía, que no te duele mi mal? PIERRES (): Cielo de piedad ajeno, sordo a mis ruegos y mudo, que de más de estar desnudo, como ves, al frío y sereno, de tu crueldad das nota Cruelmente cruel fuiste, pues que ahora permitiste se me olvidase la bota que y así bota tuviera fuera menor mi tormento, que se aplaca el sentimito con él en potro y galera. Y así yo con una mona y tomando monas hartas, como con ropa de martas, se abrigara mi persona. ¡Por Dios, mucho sopla el viento y aqueste puesto es muy alto! Bien se ve de qué estoy falto, pues tanto su furia siento. Ya me muero aquí de frío y de sed muero, que es más. ¡Ay, Fenixa!, ¿dónde estás ajena del dolor mío? ¡Ay mi capa de sayal, que contigo me cubría! ¿Dónde estás, señora mía, que no te duele mi mal? DON METRILO: ¡Ah, Pierres! ¿quiéreste oír? Ahora cantas. PIERRES: Quien canta sus males dice que espanta. He de dejarme morir, por esto uso de este ardid. DON METRILO: Todo, al fin, eres extremos. PIERRES: ¿No sabes a quién parecemos? Los dos las hijas del Cid. DON METRILO: A fe, que es tu humor, galano. PIERRES: Pero si no, tenga cuenta, vive Dios, que representa muy bien un San Sebastián, mas fáltanle las saetas para que lleven las almas. DON METRILO: Saetas tengo en el alma, pues tanto, amor, me sujetas. PIERRES: También represento yo otra figura muy buena que parezco a la doncella a quien Mercurio libró, aunque en aquesto me injurio pues aquí habré de quedar no viniéndome a librar dios Baco, que es mi Mercurio. DON METRILO: Calla Pierres, que me cansas, qué mal mi dolor conoces. PIERRES: ¡Ah, mi señor!, ¿no oyes voces? DON METRILO: ¡Qué poco, dolor, te amansas! PIERRES: ¿Quién grita? DON METRILO: Si son, acaso, aquesos los salteadores… PIERRES: ¿Cómo han de ser? DON METRILO: Son traidores y pueden volver al paso a acabarnos de dar muerte y sin duda aquí caminan porque, entiende, no imaginan. les conocí. PIERRES: Triste suerte. Queso acostumbran hacer. DON METRILO: Sí, amigo, cuando ven ellos que han podido conocellos. PIERRES: Pues ¿qué remedio ha de haber? DON METRILO: Que el canto en silencio trueca y así nos podrán errar. PIERRES: Yo seguro estoy de hablar que tengo la voca seca. DON JUAN: No veo dónde echo el pie. ¡Qué terrible oscuridad! ESCUDERO: Digo que es temeridad la oscuridad que se ve. DON JUAN: ¿Qué se habrá hecho Metrilo? Si le ha muerto alguna fiera… ESCUDERO: ¿Yo no le dije que ir era por atajos mal estilo? DON JUAN: ¡Jesús!, ¿qué es lo que me asombra: esta si es sombra o si es hombre? ESCUDERO: Esta que hace que me asombre ¿si es, acaso, hombre o sombra? DON JUAN: ¿Quién va? ESCUDERO: ¿Quién va? DON JUAN: ¡Escudero! ESCUDERO: ¡Señor, don Juan! DON JUAN: ¿Qué queréis? ESCUDERO: ¿No mira hacia allí? DON JUAN: ¿Qué veis? ESCUDERO: Una cosa blanca. PIERRES: ¡Muero! ¡Sin duda que a mí se allegan! DON METRILO: Don Juan dijo, sí, sin duda. ¡Ah, Señor, don Juan acuda que aún a buen tiempo llega! DON JUAN: Don Metrilo ¿qué es aquesto? ¿Quién os puso aquí? DON METRILO: Imagino salteadores de camino son los que así me han puesto. ESCUDERO: ¿Pierres? PIERRES: ¡Escudero honrado! ESCUDERO: ¿Quién te ha puesto así? PIERRES: Imagino que la falta de haber vino de aquesta suerte me ha atado, porque si vino llevara, en ver ladrones bebiera, harto de vino yo hiciera más que los siete de Lara. ESCUDERO: Sí que un borracho y un loco son furiosos. PIERRES: Para mí, si acaso me viera así, todo el mundo fuera poco, pero faltome la furia por la falta del licor y en faltándome su ardor no siento cualquier injuria. ESCUDERO: Ya estás desatado. PIERRES: Sí tú de la muerte me escapas, digan, ¿no hay algunas capas que ponerme por ahí?, que mucho el frío me daña. Denme algo si hay sobrado. ESCUDERO: ¡Oh, hideputa, qué soldado para un año de campana! Toma esta. ¿Quieres más? PIERRES: Cual si nada no tuviese, échenme otra que más pese. DON JUAN: Ahora contento estás pues tienes ya ropa tanta. PIERRES: ¡Aún tengo frío, por Dios! Miren uno de los dos si hay por hay alguna manta. DON JUAN: Manta pides, ¡qué locura! DON METRILO: En el campo es desvarío. PIERRES: Desvarío con el frío como otros con calentura. DON METRILO: ¿Está el coche muy aparte? DON JUAN: No está lejos, luego vamos que cerquita le dejamos. ESCUDERO: Yo sé muy bien en qué parte. DON DIEGO: ¿Qué es esto, sobrina amada? Ya tu condición me admira, todo parece te enfada. ¿Quieres ya alegrarte? Mira que estás aquí regalada. Desecha ese mal humor y considera y advierte que él no hacerlo es grande error y que para entretenerte. te tiene aquí tu señor. ¿Qué es lo que te tiene triste? Después que a casa has venido, ¿esa pena en qué consiste? Luego tendrás ya marido, si es por el que perdiste. Ya no tardarán tus bodas. Porque a tal dolor te ofreces, así de razón careces, pues, con lo que gustan todas. Eres tú quién te entristeces ¿No ves tú lo que yo hago por ti y aun hacer pretendo? De verte triste me ofendo, que das a tu tío mal pago y la causa no la entiendo. DON GARCÍA: Señor don Diego, peor es tratarle así a quien tiene tan melancólico humor, porque solo se entretiene con soledad su dolor. Dejadla, por vida vuestra. DON DIEGO: ¿Cómo queréis que la deje? Decidme ¿será honra nuestra tenga el marido a la diestra y que suspire y se queje? DON GARCÍA: No hayas miedo que eso haga, que el verle venir galán es remedio de esta llaga y cual otra Piedra, imán. Voluntad estira y paga. Dejad, vos, que el galán venga, que la halle y diga amores y con ella se entetenga y no hayáis miedo que tenga mas estos malos humores. Esto tiene el casamiento que, aunque la dama rehuya, luego en viéndose influye el amor, gloria y contento, y el aborrecer excluye. DON DIEGO: Pues ya no pueden tardar según escribió mi primo. Yo solo le viese entrar si el verle te ha de alegrar, mira si tu gusto estimo. ¿No me respondes sobrina? ¿Por qué así quieres tratarme? A estar alegre te inclina pues sabes que he de alegrarme. No seas tan peregrina. Mira si hay que te dé gusto: qué te agrada, qué caricias, qué pretendes, qué codicias, que se hará luego y es justo. FENISA: Albricias, señor, albricias. DON DIEGO: Di de que que yo las mando. FENISA: Que ya viene el desposado y si al lugar no ha llegado, vendrá muy presto. DON DIEGO: ¿Cuándo aquesas nuevas te han dado? FENISA: Un hombre que no a gran rato dice de ellos se apartó y ahora, al lugar llegó, me lo ha dicho. ARIAMA: ¡Cielo ingrato! Primero moriré yo que nadie lleve la palma de mi amor y fe, si no es mi querido montañés a quien entregué mi alma. FENISA: Albricias quiero me des. DON DIEGO: ¿Otra vez? ¿De qué las pides? FENISA: Pídolas porque ha llegado a tu casa el desposado. DON DIEGO: Ruego sobrina que olvides ya tu llanto acostumbrado. FENISA: Yo las mando. Mucho estuve sin irle a ver apear. El desposado ya sube. DON DIEGO: Bien te puedes alegrar. ARIAMA: Jamás tal triteza tuve. FENISA: Ya llega ahí el desposado. DON DIEGO: Dadme, señor, vuestros brazos. LUCIDORO: Será favor muy sobrado, los pies me da. DON DIEGO: Es excusado. LUCIDORO: Indigno soy de estos lazos. DON DIEGO: En recibirlos yo gano. Visitad a vuestra esposa, que estaba ya congojosa de la tardanza. ARIAMA: En vano me lastimo ya. Dichosa puedo llamarme de hoy más, que este Lucidoro es. Gran favor, amor, me das. LUCIDORO: Dame, señora, tus pies. ARIAMA: Mejor de esta suerte estás. DON GARCÍA: ¿No veis cómo está contenta Ariama? Ved, decidme, ¿hay cosa que la lastime? ¿Gime ahora ni lamenta, lamenta ahora ni gime? DON DIEGO: En el alma gusto de ello. Estás contenta, sobrina. ARIAMA: Señor tío, solo en verlo aquí le adore e inclina, ya echado de amor, el sello. DON DIEGO: Por Dios, señor don Metrilo, si no hubiese de enfadaros que me holgará de contaros cierto caso. LUCIDORO: ¿Qué es? Decidlo, que gustaré de escucharos. DON DIEGO: ¿No veis que contenta está, mi sobrina amada, ahora? Pues mucho rato no ha, como rato no a media hora, lloraba. LUCIDORO: ¿Ah, sí? DON DIEGO: Sí, en verdad. Tan grande melancolía tenía y tanta tristeza, que a todos entristecía y que ahora su alegría, de vuestra venida, empieza. LUCIDORO: Ya estimo aquí este amor en lo que es justo mi gloria, que es muestra de mucho amor. ARIAMA: Amigo, con tal vitoria todo es gusto. FENISA: ¡Ah, señor!, ¿cómo no habla? ¿Por qué se encubre: es por no dar las servillas? Descúbrase, que se cubre. No son nuevas maravillas ya que, en no darlas, descubre. FABIO: Señor Pierres, pues, después de la amistad confirmada, sin duda que la taimada prenda de lacayo es ella, ha de ser engañada. ¡Oh, qué bien viene el zapato que al lacayo le quité para encubrir lo que trato! FENISA: ¿No responde? FABIO: Bien, a fe, ya me juzgas por ingrato, pues no pienses que lo soy porque en mi vida lo fui. Ya traigo lo que ofrecí, recibe lo que te doy. FENIXA: ¿Que traes los zapatos? FABIO: Sí. FENISA: Llegárate a abrazar si no hubiera tanta gente que nos pudiera mirar. FABIO: Pues vamos, vida, al pastar. FENISA: Aguarda, hermano, detente. FABIO: Que es menester aguardarme. Pues se casan nuestros amos, también quiero yo casarme. FENISA: ¿Si, quieres, palabra darme de casarte, que lo hagamos? FABIO: Una vez y mil ofrezco que lo haré y te doy la mano, si yo gozarte merezco como a Pierres le parezco. Todo lo tiene por llano. Com Pierres piensa juntarse xxxx una por una y después podrá casarse con Pierres. ARIAMA: Fue gran fortuna de tal peligro librarse. DON DIEGO: Ya, señores, será bien que os entréis a descansar. Ve tú, sobrina, también, comiénzale a regalar pues cesó ya tu desdén. Y entre tanto que entendéis, tú en darle y él en tomar algo con que refrescar, para que luego os caséis se irá el notario a llamar. ARIAMA: Si eso está ya contento. DON DIEGO: Será, pues, en breve espacio que riñas y casamiento, si han de tener fundamento, breves. FENISA: ¡Húndase el palacio! LUCIDORO: Dame, mi bien, esa mano. FENIXA: Regocíjese la boda. LUCIDORO: De contento soberano. FABIO: ¡Húndase la casa toda! ¡Haya villano, haya villano! DON JUAN: ¡Gracias a Dios que llegamos, bien cansados, al lugar donde descansar podamos! Pierres, ya nos puedes dar las capas que te entregamos. PIERRES: ¿Que ya me las quitan? ¡Bueno! ¡Como me hallaron me mudan, aqueste trato condeno! Pero siempre, así, desnudan quien se viste de lo ajeno. DON METRILO: Ya no estás en casa, llama a la puerta. PIERRES: Pues ir, yo voy. LUCIDORO: Muy bueno, a fe de quien soy, esa mudanza. Es de fama. PIERRES: Pan de regocijo hay hoy. ¡Ah de casa, ah de casa! LUCIDORO: Esta ordinaria mudanza, esa de límite pasa. FABIO: Va de danza, va de danza. PIERRES: Señor, la casa se abrasa de fiesta y de regocijo y ninguno oye llamar. DON METRILO: Ve y llama, no seas prolijo. Ajenos de mi pesar están, nadie se lo dijo. PIERRES: Yo vuelvo. ¿Quién está acá? FABIO: ¿Quién es? PIERRES: Han de responder. ¡Abran! ¿Quién tiene de ser? Metrilo, que llegó ya. FABIO: Bueno, burla viene a hacer. PIERRES: Abre luego al desposado. FABIO: ¿Qué desposado? PIERRES: Metrilo. FABIO: Ya él está en casa y casado. PIERRES: Deságome y aniquilo de oír tal. DON JUAN: Hola, ¿has llamado? PIERRES: Ya he llamado, señor, sí. Dígame, ¿es Metrilo él? DON METRILO: ¿No lo ves, borracho? Di. PIERRES: Otro dicen que hay allí y ahora se burlan de él. DON JUAN: ¿Cómo es noche de fiesta? ¿Burlando xxxx? ¡Decidlo! DON METRILO: ¡Si ella es burla, es molesta! LUCIDORO: A bailar esto te apresta. FABIO: ¡Qué baile ya! LUCIDORO: xxxx FABIO: Toquen pues y bailaré. LUCIDORO: No abras sino al notario aunque llamen. FABIO: No abriré LUCIDORO: ¿Oyes, Pierres? FABIO: Bueno, a fe tormento es este candario. PIERRES: Otro Pierres hay también. Señor, ¿no soy Pierres yo? DON JUAN: ¿Aqueso dudas? Pues no. PIERRES: ¿O yo no he entendido bien? ¡Otro en mí se convirtió! DON METRILO: ¡Corre, llama otra vez ya, que para burla es pesada! PIERRES: ¡Ah, de casa! ¡Oye! FABIO: ¿Quién va? PIERRES: Pierres es quien voces da. Abra, señor camarada. FABIO: ¿Qué Pierres? Váyase, amigo, que yo soy Pierres y aquí no hay otro Pierres, sí en mí. PIERRES: ¿Qué me dices? FABIO: Lo que digo. Váyase luego de ahí. PIERRES: Señor, ¿sabes lo que pasa según me dan los despachos? O que venimos borrachos o que aquesta no es la casa. DON METRILO: ¡Calla! ¡Infamia de gabachos! DON JUAN: ¡Por Dios, que advertir no puedo qué sea aquesta novedad! DON METRILO: Tonto de pensarlo quedo. ¿Hase visto tal maldad? DON JUAN: He los, temerario enredo. DON METRILO: Apartémonos a un lado que viene luz. No nos vean cómo estamos. NOTARIO: ¿Has llamado? FENISA: ¿Quién llama? PAJE: Abre, que ha llegado el notario. FENISA: Entren, señores, y sean, por cierto, muy bien venidos. DON JUAN: ¿Notario dijo? ¿Qué es esto? Aquí pierdo los sentidos. PIERRES: A fe que este que entró presto. DON JUAN: ¡Oh villanos, oh atrevidos! Alguna traición recelo. ¡Vuelve! ¡Llama, Pierres, llama! ¡Llama ya que, vive el cielo, que me abraso en viva llama y es de honor aqueste celo! PIERRES: Ya voy, señor, a llamar. ¿Quién está en su casa? FENISA: ¿Quién llama? PIERRES: ¿Quieres bajar? Abre, Fenisa, mi bien, no nos hagas aquí estar. LUCIDORO: Ah, Fenisa, ya abrir puedes. FENISA: Pues yo abro. PIERRES: Es para hoy. FENISA: Éntrense ya sus mercedes. LUCIDORO: Antes aquí es bien te quedes. y sabrás que tuyo soy. NOTARIO: ¡Gócense los desposados mil años! Adiós, señores, Dios los haga bien casados. DON DIEGO: ¿Qué es lo que escucho, traidores? FABIO: Miren que hay aquí soldados Señor don Juan, no es justo que esto por rigor selle. ARIAMA: Después de aqueste disgusto, humilde tu hija se atreve a pedirte, sea tu gusto. LUCIDORO: También humilde lo pide tu fiel hijo, Lucidoro. Tu voluntad, esto, mide, que pues sangre tuya adoro lo pesado, lo pasado es bien olvide. ARIAMA: Padre, yo no me he de xxxx que perdón no me concedas o me tienes de matar si es que satisfecho quedas con mi muerte. LUCIDORO: Así he de estar hasta tanto que tu pecho use de su gran clemencia por aquesta inobediencia que los dos habemos hecho. DON DIEGO: Digo que es grande insolencia y que no es de caballeros en casa tan principal como la mía de hacer tal. FABIO: Señor don Diego, menos fiero. No se lleve esto por mal. DON DIEGO: Cada uno forma su agravio y yo, que soy ofendido, callo, porque he conocido que este hecho, discreto y sabio, este de mi primo ha sido. Que mi primo es lucidoro y por tal es bien me nombre. Guárdenle todos decoro que ya estimo que, en mi nombre, alcánzase este tesoro. Y, pues, que se humilla tanto suplícote lo hecho abones y aqueste yerro perdones. FABIO: Pues gustas, yo los lavanto. ARIAMA: Hoy fenecen mis pasiones. LUCIDORO: Esos pies nos puedes dar por tan subidos favores y querernos perdonar pues los yerros por amores son dignos de perdonar. FABIO: También a mí que fingí llamarme Pierres sin serlo, perdóneme. FENISA: ¡Ay de mí! Sin llegar a conocerlo mi fe y libertad le di. No le perdones, señor, sin que conmigo se case porque me debe mi honor siendo Pierres el traidor. Me ha engañado. DON DIEGO: Que tal pase. ¿Es verdad esto? FABIO: Verdad. dice Fenixa. Yo quiero cumplir tu fidelidad. Tu marido soy. PIERRES: Yo muero ¿Hase visto tal maldad? mujer llena de zozobras, ¿qué dices? FENISA: En vano labras. PIERRES: De ingrata renombre cobras. FENISA: Hermano, estas fueron obras. Las mías todas palabras. PIERRES: Las palabras no obligaban si tú otra mujer fueras a que firmeza tuvieras. FLORELA: No, pues los pleitos se acaban. Si eso dices de veras, que si la palabra oblige, palabra tengo, alevoso, que tienes de ser mi esposo. PIERRES: ¿Quién quieres lo contradiga? Y estoy por ello gozoso. DON DIEGO: ¿De esto sabéis lo que digo? Tantos casamientos veo que según hoy hacen, amigo, el año que viene, creo, será año de mucho trigo. LUCIDORO: Pues con eso se remedia de muchos pobres el lloro. Y pues ya en tu gracia moro, acabe aquí la comedia de . FIN
