Texto digital de Un bobo hace un ciento
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Solís y Rivadeneyra
- Atribución estilometría
- Antonio de Solís y Rivadeneyra Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción de un impreso contenido en la BVMC, corregido posteriormente.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Un bobo hace un ciento. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/un-bobo-hace-un-ciento.

UN BOBO HACE UN CIENTO
JORNADA PRIMERA
Juanilla estaba con ella, si el manto no me engañó. Juanilla? te burlas? . No, antes creí conocerla por ti, y deseaba verte para animar mi esperanza. Como siempre hablas de chanza, no sé cuando he de creerte. Nadie en el mundo sirvió con tal pensión: yo me llamo el Gracioso, y sirvo a un Amo, que es más gracioso que yo. Cuando pienso que has de darme por una gracia un vestido, muy falso, y muy resabido, con otra sueles pagarme: y es temeraria desgracia, que me aburre, y me fatiga, que a todas horas se diga, y nunca se haga la gracia. Digo otra vez, que venía Juana con esta beldad, que dejó en mi libertad señas de su tiranía; y como tú la has hablado, juzgué por ella saber quién es tan bella mujer. Fue unos días mi cuidado Juana; pero ya ha mudado casa, y no he sabido yo donde está, ni si ha mudado con el barrio el galanteo; mas si a esta Infanta encantada sirve ya, en una empañada tenemos nuestro deseo. Que saliese a San Joaquín a esta hora me avisó; pero no descubro yo señas de mi dicha. . En fin, ha de haber paciencia acá dentro de mi oído viendo, que siempre me estás diciendo, que de Amor no se te da un bledo; y entre esta austera condición, y este desgarro, te dejas coger del carro de Venus, como cualquiera? Qué gloria en fingir recibes de ti acciones tan distintas? o vive como te pintas, o píntate como vives. Mira, Martín, yo no puedo decir que no se ha de amar, porque fuera limitar a la hermosura de nuevo: solo de aquellos me río que sin saber como quieren, imaginando se mueren a un vaivén de su albedrío: y ayudando su pasión con afectada flaqueza, las faltas de su cabeza echan a su corazón. Esto suelo yo decir, no que un hombre no ha de amar, que también yo sé adorar con mi poco de sentir: y entre juegos frenesíes me hallo tal vez en el pecho, sin saber quien los ha hecho, unos pocos de ay de míes; mas no por eso diré, que esto es amor, ni fineza, hasta que entre la firmeza al examen de la fe. otros entre los placeres de Amor, de que libre estás, quieren por no poder más, mas tú quieres porque quieres. Eso es lo seguro. . Y di, ya que falté de tu lado en ese lance pasado, piensas decírmele? . Sí. Ya yo deseo saber de cuyo pan come Juana. Y yo también tengo gana de hablar en esta mujer. Pues vaya de relación. Bien raro el suceso ha sido. Pregunta luego a mi oído si es más que la prevención. Oye, y sabrás todo el lance. A buen seguro que atienda. Sali::- . Quiéres que lo entienda? Sí. . Pues dímelo en romance. Salí, pues, como te digo, al Parque, bien descuidado, un día que me dejó la pereza de su mano: y apenas del sitio umbroso penetré el florido espacio (donde, a pesar de sus luces, el Sol resplandece avaro; porque los árboles verdes solo dispensan los rayos, que, sin estorbar lo ameno, pueden servir a lo vario cuando me robó la vista turba de Ninfas, que el campo florecían con sus huellas; pero en lo vulgar he dado, que si esto del florecer se hace en virtud del contacto, mas que alabanza del pie, fue lisonja del zapato. Entre esta, pues, copia bella de hermosura, vi un milagro de la perfección, en cuya Monarquía ha fabricado el Amor un nuevo Imperio, donde, a pesar del estrago, siendo el poder más violento, parece menos tirano. Yo te confieso, que al verla todo mi desembarazo, si no se rindió a los golpes, se adormeció a los halagos: qué mucho, si de esta suerte la halló mi vista en el campo? Sin orden el cabello discurría, con que dos veces vano quedó el viento; sus ojos abreviando el lucimiento, dilataban los términos del día. Breve concha las perlas concibía, engendradas del astro de su aliento; en su nevado cuello el movimiento, del mármol solamente desmentía. Y en fin, toda era tal, que entre violencias del imperio en el alma resistidos, hallé en los ojos muchas obediencias. Yo no sé si se dieron por vencidos; solo sé, que, robadas las potencias, quedaron disculpados los sentidos. Llegué a hablarla, y en mi vida me acuerdo de haber hallado tal donaire de mujer, ni gusto tan cortesano; porque las burlas, y veras mezclaba con primor tanto, que mesuraran sus veras a un bobo alegre de cascos, e hicieran reír sus burlas a uno que empieza a ser santo. Seguila, pues, y se opuso a mi intento, y a mis pasos, prometiéndome, que allí la vería más despacio. Fuese, y quedé, no rendido, pero al menos escuchando lisonjas de la memoria, mas dócil, que nunca ha estado; que ni esto me quitó el sueño, ni me trajo cabizbajo, ni con las demás facciones de amante de los de antaño. Allí la hallé otros dos días su hermosura ponderando, sin saber nunca quien era, ni ser posible apurarlo; porque siempre me decía, que la perdía en llegando a saberlo, y que mi dicha estaba en solo ignorarlo. Pero ayer, Martín, que fue de mi amor el día cuarto (que tanto en un pecho noble dura un amor obstinado faltó del puesto: yo anduve entre confuso, y turbado todo el día, hasta que ya al anochecer, buscando a Don Diego, con intento de decirle mi cuidado, de la casa más vecina a la suya, me llamaron por una reja; llegué gustoso a ella, juzgan que era esta Dama, y hallé, que la que me había Tamado fue Doña Isabel, aquella que ha dado en quererme tanto, sin merecérselo yo, mas que con no desearlo: que desde el barrio de Atocha se ha mudado a un cuarto bajo de aquella casa: quejose de mi proceder ingrato, con los comunes despechos, de quién creyera este pago? si yo fuera; esto merece: hombre en efecto, no en vano; y los demás sonsonetes con que dicen su trabajo las que andan en la paciencia, y sobran en el cuidado. Pidiome, en fin, muchos celos de que yo acudiese tanto a la casa de Don Diego, dándome a entender (qué raro disparate!) que yo entraba allí con tanto cuidado por su hermana, siendo así, que ni la he visto, ni hablado en mi vida: procuré satisfacer, y estando en la empresa de apurar, y de convencer su engaño, una Dama, que tapada pasaba, no sé si acaso, tirándome de la capa, con gentil desembarazo me desvió de la reja, y me dijo con recato, que era la Dama del Parque, que yo deseaba tanto. No has visto la hermosa flor, que obedece al mayor Astro, con cuanta atención se mueve al arbitrio de sus rayos? Pues así yo de otro Sol más atractivo robado, sin elección, fui siguiendo sus luces, tan voluntario, que parece que formaba su movimiento mis pasos. Había ya anochecido, y ella se paró, en doblando la primera esquina, en donde me pidió de mejor garbo, que la pasada, unos celos, que a otra cosa me sonaron, o es que yo les hice el tono con la gana de escucharlos. Satisfice, en fin, su enojo, como supe, y barajando con la traza mi discurso, me ofreció, que hoy a las cuatro me vería en este sitio; cuando hacia mí se llegaron dos embozados, haciendo en la Dama tal reparo, que me obligó a preguntarles, qué querían; y ellos dando con su acero la respuesta, pronto, y prevenido hallaron el mío: cerré con ellos, y a los primeros reparos llegó gente a la pendencia, con que los dos se apartaron, por no darse a conocer, y yo me hallé en breve rato solo en la calle. Este fue, Martín, el suceso raro, que te prometí: de suerte, que en un instante me hallo con una Dama encubierta, que triunfa de mi cuidado; con otra que me embaraza, y da en seguirme los pasos; con dos valientes, que intentan conocerme acuchillando; y conmigo, en fin, que tengo tan cabal mi desenfado, que si la Dama querida, al sitio donde la aguardo saliere, estaré contento, y si no, estaré pagado. Si la aborrecida diere en perseguirme los pasos, me reiré de ella; y si airada me dejare, haré otro tanto; si los valientes volvieren, dejaré apurar el caso; y si no, del mismo modo pasaré sin apurarlo, que en esta vida, Martín, no hay cosa de más enfado que morirse, y yo no pienso hacer más pocos mis años, añadiéndole a la muerte el afán de mi cuidado. Bien raro ha sido el suceso, mas yo he de pudrirme un rato. Tú pudrirte? . Yo pudrirme. De qué? . De escuchar tan rato dictámenes, que el oído es discreto en tales casos, y para pudrirse tiene el oído su gusano. Ven acá, Doña Isabel no te quiere mucho? . Es llano. No la debes mil finezas? Ni las niego, ni las pago. No es muy hermosa? . Así, así. No tiene tres mil ducados de renta, por hermosura, afeite, que basta hogaño a que tenga buena tez la misma piel de los diablos? Digo, que todo eso sea. Pues por qué estás despreciando mujer de estas conveniencias, y andas hecho un mentecato por otra que viste ayer? Qué he de hacer, si se ha empeñado con Doña Isabel mi amigo Don Diego? . No es eso malo: pues tú no eres antes? . Sí; pero él se empeñó, ignorando mi galanteo, y después de mí su amor ha fiado: y como yo estaba ya con deseo de dejarlo, no le repliqué al oído; demás, que por el hermano de Doña Isabel, no fuera su galán, por todo cuanto fingir supiera el deseo. Yo confieso, que es extraño majadero el tal Don Cosme, y que es recién transplantado Vizcaíno; hombre en efecto de los del duelo en la mano, y la razón en el pie, muy señor de un Mayorazgo, y que trae lo presumido junto a lo desconfiado. Pues mira tú si era bueno, que siendo ese hombre tan raro, tan ridículo, y tan necio, de Doña Isabel hermano, me casara yo con ella. Sí, que por el mismo caso, que no es bueno para amigo, es bueno para cuñado. Aguárdate, que parece que hacia acá viene guiando Don Diego con dos mujeres. Si es la Dama del encanto del Parque, que anda en tu busca? Yo la dije, que hacia el campo de San Joaquín me hallaría; sin duda es lo que has pensado. Don Luis? . Don Diego? Escuchadme: . estas Damas: . Hablad paso. Hay cosa como llegar muy confiada en tu manto, a preguntar a Don Diego por Don Luis, siendo el cuitado tu amante, y venir él mismo a entregarte a su contrario? Porque no me conociese, la voz he disimulado, preguntando por Don Luis, que estoy, Inés, deseando saber quien fue aquella Dama, que con tal desembarazo le desvió de mi reja anoche. . A mí se llegaron, preguntándome por vos, y yo aquí las he guiado. Aquesta Dama que os dije del Parque, es sin duda. Aguardo a que habléis con ella? . Sí. Pues aquí estoy retirado: por cuanto hiciera conmigo Doña Isabel otro tanto! . Por si es Juana la sirvienta, quiero llegar por un lado. . Hermosísima deidad, . por quien hoy en estos campos no hay Garzón que no suspire, y que no suspire en vano. No me ha conocido. . Ya desconfiaba el cuidado de esta dicha; desviad el negro cendal del manto, que como se ve tan rico, sabe guardar como avaro. Señora Juana? . Yo Juana? que soy otra ha imaginado . sin duda; no es malo esto: yo he de intentar apurarlo. Desde el día que en el Parque os vi: . En el Parque? hay agravio más urgente! él con otra . imagina que está hablando. Rendila mi libertad. Yo me descubro, veamos . qué disculpa habrá que pueda dar. , . Señora, tu hermano:- Qué dices? . Que viene aquí. Sígueme sin mirar. . Vamos, que si él ve que es necedad el seguir, no ha de dejarnos. Dónde vais? . Di que se quede. No me respondéis? . Quedaos, Don Luis, porque importa mucho, que aquí:: más ya va llegando: adiós, adiós. Bien se ha hecho. No nos han dejado malos. Don Diego, qué será esto? No lo se; por allí abajo viene Don Cosme, y sin duda es de quien se recataron. Yo he de apurar todo el lance; divertídmele entre tanto que voy tras ella. . Aguardad, no veis que los dos no estamos corrientes, porque a su hermana Doña Isabel he tratado de servir, y él es celoso, al paso que mentecato? Pues vamos ambos. . Sí haré. Una palabra: aguardaos un poco. . Esto me faltaba. A mirarlas se ha parado. Don Diego amigo, no sé si me atreva a suplicaros, que procuréis detenerla; y que pues está en el paso vuestra casa, y es el vuestro un cuarto tan retirado de la familia, veáis si podéis hacer que un rato me espere en él. . Por serviros lo intentaré, aunque es mi cuarto. Ya sé que me hacéis fineza en esto. . Pues por si acaso lo consigo, esta es la llave, que yo si llego a lograrlo, abriré con la maestra; . pero no podré esperaros, porque cierta ocupación precisa me está llamando. Bien está: a Dios. Volver luego me es preciso, a ver si hallo razón de hablar a la hermosa ocasión de mi cuidado; porque un criado me ha dicho, que sale esta tarde al campo. . Señor Don Luis, qué secretos son estos que estáis hablando con Don Diego? . Hay tal pregunta! qué no pueda yo quitaros el que seáis Caballero de Ciudad? . Don Luis, a espacio, que el Galateo Español en el capítulo cuarto, dice expresísimamente, que es grosería hablar paso. Oh, pues si es del Galareo, no lo haré otra vez. . Y cuando Don Diego, y vos otra vez hagáis ese desacato, no sabré yo::- . Qué sabréis? Cómo qué? sabré mataros. A los dos? . Y otros cincuenta Sabéis matar por ensalmo? hay más raros desatinos! Juanchillo, cómo quedamos? En paz, que es quedar muy bien. Quedamos bien; soy bizarro: mas, Don Luis, dejemos esto, y a lo que importa volvamos, que he tenido una pendencia, y quiero comunicaros el lance, para saber si he quedado, o no he quedado. Esto me faltaba ahora. . No será el cuento muy malo. Yo, Don Lúis, como digo, quiero bien, ya lo digo: estáis conmigo? Jesús! quién tal confiesa? Digo, que quiero bien, y no me pesa. Pues así lo decís? . Así lo digo; qué, os espantáis? . Yo, amigo, no confieso, que estoy enamorado, sino es cuando confieso mi pecado: (yo le he de ir empeñando en que me diga . quién es su Dama) y es esa enemiga, que decís, muy hermosa? Oíd, que quiero pintaros su hermosura por entero: Es Filis (no es así como se llama, que finjo por la honra de mi Dama) Es, pues, una hermosura tan grandiosa, que parece otra cosa; quiéreme mucho, vive mal segura; mirad, Don Luis, si es barro su hermosura. Lacónico pintáis. . Bonitamente sabe pintar un hombre lo que siente; no más, Don Luis, lisonjas, yo las dejo. Es gran beldad. Pues este es un bosquejo. Esta, pues, me rindió tan ciegamente, desde que vi sus ojos, y su frente, que me obligó (qué amor, qué barbarismo!) a descubrirla mi pasión yo mismo. Qué, le dijiste vuestro pensamiento? rara fineza! . Extraña, a lo que siento; mas sabe Amor (aunque lo escucha mudo) que hizo mi resistencia lo que pudo; y no es aquesta la mayor fineza, que debe a mi cuidado su belleza. La hay mayor? No es mayor sacar la espada por ella yo, sin importarme nada? La espada habéis sacado? Sí, en conciencia. Fineza es de las cuatro la pendencia. Mirad, yo que venía cuando tocaban al Ave María, por la calle abajito de esta Dama, que el corazón me inflama; y ella, que de su casa iba saliendo tapada: vais conmigo? Bien lo entiendo. Seguila, y al llegar junto a mi casa:- no me entendéis? parece que se os pasa? En todo estoy. Parado estaba un hombre, y ella le conocía por el nombre sin duda, porque asiéndole de un brazo se le llevó con gran desembarazo hacia la esquina. Cielos, qué he escuchado? sin duda este menguado fue el que riñó conmigo, y la tapada por esto ahora se apartó turbada cuando le vio venir: hay desengaño más notable! hay suceso más extraño! Quién tal creyera de tan bella Dama? Pues mirad, yo que vi un como se llama, tan no se como, desnudé el acero, y a fe de Caballero, que yo al dicho le diera con algo, si por algo no me fuera. Y a él le conocisteis? No por cierto, porque riñó cubierto; mas perdone su ausencia a mi mohína, el tal era grandísimo gallina. Bueno es esto, riñendo dos conmigo: . cobarde en fin? Y tan cobarde, amigo, que es vergüenza contarlo. . Peleaba con ventaja? Mirad, conmigo estaba Juancho solo. . Y con él? Solo venía el otro. . Pues cuál fue la cobardía? Que eso pregunte un hombre que es dis- ingenios bachilleres en efecto: (creto? Vení acá; pues teniendo él a su lado la Dama que me tiene a mí postrado, no fue tener poquísima destreza el no saber romperme la cabeza? Jesús! si él fuera diestro, vive el Cielo, que me pudo matar como un buñuelo. Decís bien: hay más raro desatino? De qué os reís? Celebro el peregrino pensar de un ingenio, y el sainete. Parece que os reís con sonsonete, como quien oye una friolera? y os pudierais reír de otra manera, sabiendo, que ninguno, o alto, o bajo, se ha reído de mí del Rey abajo: y más vos, que sabéis que soy Mendieta de los de Baronia, y línea recta; pero aquí mejor es irme, y déjaros. Aguardad, dónde vais? A no mataros. Ved, que me levantáis un testimonio. Yo conozco estas manos de demonio. Bueno quedas. . Lo has oído? Mas me huelgo. Qué, menguado? Que te hallaste buena droga allá en el Parque. . Si ha entrado en el cuarto de Don Diego, allí sabré todo el caso. En fin, de este necio es Dama? Confieso, que me ha pesado. Y la chanza? . Luego piensas, que de estas cosas me mato? no, Martín; obre el deseo, y estese ocioso el cuidado. Ello dirá. . Vete tú por esa parte, cuidando de si nos sigue este necio, que yo por esta me aparto, y daré luego la vuelta. Buen lance habemos echado. . Este es mi cuarto, señora: yo no vi tales misterios; todo es responder por señas, mas no gasté muchos ruegos para que entrasen: queréis que cierre la puerta? Bueno: yo la cerraré; quedad con Dios: Hacia el campo vuelvo a ver si es tanta mi dicha, que a Doña Isabel encuentro: Don Luis tiene allá otra llave de este cuarto, y vendrá luego: Ay más rara hazañería! este parece embeleco de mujer, que se supone señora; pero él es cuerdo, y sabrá diferenciar lo afectado de lo cierto. Buenas quedamos, señora; cierto, que parece cuento de Comedia: un Galán tuyo te deja en su cuarto mismo para hablar a otro Galán. No me acuerdes lo que emprendo. que yo misma estoy corrida de verme a mí en este empeño; mas con celos, quién discurre si son locuras los celos? Deseaba hablar a Don Luis, acerté a ver a Don Diego; llegaste tú a preguntarle por él; respondió, ofreciendo guiarnos a donde estaba; empezó Don Luis muy tierno a hablarme por otra Dama: llegó mi hermano en efecto; volví huyendo hacia mi cuarto, que es aquí pared en medio. Vino Don Diego a rogarme, que le esperase aquí dentro; y yo no sé si acceptando por desearlo, o temiendo, que entrar me viese en mi casa, o que durando en el ruego me conociese, o que ciega de enojo, que es lo más cierto, sin acordarme de mí, obedecí mis afectos. Yo, en fin, me hallé en la indecencia, antes que tuviese tiempo de hacer con la voluntad su oficio el entendimiento: mas ya que el yerro conozco, he de aprovechar el yerro, rompiendo con Don Luis de una vez, porque Don Diego con diferente fineza me galantea, y no quiero, que padezca la opinión, ya que padezca el afecto. Sabes lo que he discurrido? que si es, como estás creyendo, Dama de Don Luis Doña Ana, será raro atrevimiento el venirse a hablar contigo en el cuarto de Don Diego tu hermano. . Ya no conoces su osadía, y su despejo? demás, que este cuarto tiene sin registro, y algo lejos del de Doña Ana la entrada. Aquella puerta, que vemos cerrada, debe de ser la que manda por de dentro al cuarto donde reside . esa deidad: mas qué es esto? abriéndola están. . Ay triste! no me faltaba otro riesgo. Pues no es posible salir, que estamos cerradas. . Presto, cúbrete bien. . Mejor es, que en la alcoba nos entremos, hasta ver quién es. . Bien dices: hay más sobresaltos, Cielos! Así Martín me lo dijo. Aunque el manto tenía puesto para hacer una visita, lo he de apurar, que no creo lo que dices, ni es posible. Digo otra vez, que saliendo al campo, para excusarte con Don Luis de no ir al puesto, que le habías señalado, encontré a Martín y luego que pregunté por su amo, me dijo (es famoso cuento) que en el cuarto de tu hermano discurriendo en unos celos le hallaría con mi ama. Íbame a turbar, creyendo, que te habían conocido, pero dio en vago mi miedo; porque antes de pocos lances descubrí, que este embustero de tu amante viene a verte en aqueste cuarto mismo con dos tapadas, y que ha pedido para ello la llave a tu hermano: andaos creyendo a los hombres; fuego: todas son afectaciones las que ellos llaman afectos. Doña Ana es. Si ahora entrase Don Luis, la habíamos hecho buena. . No me pesara, porque con eso veremos si la conoce. . No sé yo en lo que están discurriendo. Aunque el salir a este cuarto es nuevo en mí, y es más nuevo en mi condición el dar a estos pesares el pecho, y en mis ojos el hacerse testigos de atrevimientos de esta calidad, no ha sido posible con mi deseo, que no me arroje a esta acción, dorándome el desacierto, como si el ver el agravio no fuese un castigo necio, que mortificase al Juez, y al culpado a un mismo tiempo. Don Luis no puede extrañar el hallarme aquí, sabiendo, que es el cuarto de mi hermano: y así, Juana, me resuelvo a aventurar el que sepa quien soy yo, porque al saberlo sepa que sé quién es él: mas la puerta están abriendo; déjalos entrar, no mires. Sin duda es él, empecemos a disimular. Juanilla dijo con mil juramentos, que su ama no ha salido de casa. . Yo también creo, que es otra, que si ella fuera::- más por Dios, que es ella. . Bueno; y luego dirán, que el bobo escogió mal. . Estoy muerto! Poco se ha turbado al verme: este, Juana, no es despejo, sino locura. . Oye, Inés. Turbado estoy! mas yo llego: señora? . Señor Don Luis, pues vos aquí? . Yo no acierto: dónde están mis desahogos? . Qué sería, que de veros me hubiese turbado yo? Qué sería? bueno es eso: sería haber conocido, que sois mortal. . Ya lo veo? los dos se conocen; cierta fue mi sospecha: escuchemos. Confieso, que estoy turbado, después que sé que me ha muerto una deidad, que concede sus aras a muchos ruegos. Eso es necio, o es turbado? qué decís? que no os entiendo. Saber quisiera deciros un rasgo de lo que siento. Los rasgos, Don Luis, no son letras; mas legible os quiero. Mas legible? atended, pues. Mucho pedís; pero atiendo. Yo soy un buen cortesano, que la vez que llego a amar, me rindo tan a lo llano, que siempre puedo alcanzar mi libertad con la mano. Por el amor que ha rendido mi corazón más violento, nunca mi pecho encendido le gastó un átomo al viento para formar un gemido. Y es mi dureza tan rara, que en la más tierna parosa de un sentimiento no echara una lágrima tan sola por un ojo de la cara. Con eso me hago querer, y a vos os lo digo así; porque tal me llego a ver, que pienso que he menester desconfiaros de mí. Yo os vi, y el amor sangriento, flechando allí mi quietud, dejó el corazón violento fuerza para la inquietud, y no para el movimiento: y hoy por solo unas sospechas me trae con tal desazón, que debe de tener hechas sus alas mi corazón de las plumas de sus flechas. Esto en mis acciones veo, esto dice Amor, señora, sin que lo sepa el deseo, vos no lo creáis ahora, que yo tampoco lo creo. Ocultaros no he podido estos mis ciegos desvelos, y así vengo algo encogido a pediros unos celos, sin haberlos merecido. Don Cosme en vuestro favor halla dulces acogidas, y no me espanto en rigor; porque tal vez sus heridas con simples cura el Amor. Yo no me enojo más que esto, aunque haya más ocasión: si es verdad estoy dispuesto a romper esta prisión con mucha flema, y muy presto. Decidme, pues, si es así, antes con antes, porque después, señora, que os vi, me tiráis mucho, y no sé, qué tanto he de dar de mí. Cuando yo estoy extrañando veros aquí, y el intento con que habéis venido aquí, salís con pedirme celos? No entiendo este desahogo: como no le asusta el riesgo de que vengan sus tapadas? El juicio estoy perdiendo: hay más claro desengaño! ya me falta el sufrimiento. Hará, vive Dios, que yo . me estoy aquí deshaciendo de que Juana no ha llegado a hablarme. . Martín se ha hecho de pencas y yo le azoto . con ellas, a lo que entiendo. Ello ha de quebrar por mí. . Ah mi Reina. . Nombre tengo. No acostumbro decir nombres, cuando quiero decir verbos. Diga, pues, lo que me quiere. Entrémonos aquí dentro, y dejemos discretar a nuestros amos. . Entremos. Mas quién es? qué ha sucedido? Haber llegado primero, que nosotras, estas Damas. Ya me han visto, y ya no puedo excusar el lance, Inés. Ahora verás si es cierto. Abrid, Don Luis, esa puerta. Pues cómo? quién es? Yo pienso, que os hago en no descubrirme lisonja (rabio de celos) y pudierais excusar el traerme a estos empeños. Juana, ellas son. . No lo ves? Cuanto me dijiste es cierto. Yo os he traído? aguardad: yo a vos? . Pobre Caballero! pues esto teníáis guardado? Señora viven los Cielos, que es engaño. . Acabad, pues, de abrir la puerta. . Antes quiero saber quién sois, y yo mismo he de llegar. Deteneos, que yo soy; menos importa darme a conocer en estos delitos, que permitiros que andéis conmigo grosero. Pues vos, señora? . Esta es otra, y aquella es una. . No acierto a discurrir. . Raro lance! Pues vos, amiga, qué es esto? en mi casa de esta suerte? Doña Ana, aunque el desacierto de una ciega::- mas la puerta parece que están abriendo. Don Diego debe de ser. Mi hermano? válgame el Cielo! Pues Don Diego es vuestro hermano? Ahora salís con eso? No pude hallar en el campo a Doña Isabel, y vuelvo por si para sus tapadas quiere Don Luis::- mas qué veo! mi hermana, y Doña Isabel aquí con Don Lúis? no entiendo lo que puede ser. Está en casa el señor Don Diego? Esta es otra más. . Ay triste! mi hermano. Pero qué es esto? Don Diego, y Don Luis aquí? mi hermana, y Dama con ellos? Don Diego, y mi hermana? malo: Don Luis, y mi Dama? bueno. Todos se han quedado mudos. Confuso estoy, y suspenso: pues Don Luis, qué es esto? adónde la Dama está, que aquí dentro venisteis a hablar, y cómo tan diferentes sujetos hallo con vos? . Yo no sé . qué responder. . El saberlo a mí me toca también de parte de hermana. . Ay riesgo mayor! mas pues todos callan, . aquí de todo mi ingenio: por los cabos he cogido el caso: yo lo remedio de esta suerte. No os admire el ver a este Caballero turbado, porque lo está de escuchar mi sentimiento. Sentimiento vos, Doña Ana? pues de qué? . La culpa de esto vos la tenéis. . Yo la culpa? Y estoy corrida, por cierto, de que aquí Doña Isabel haya visto estos excesos. No te entiendo. Hoy vino a verme, porque aquí pared en medio se ha mudado y entre tanto que se ordenaba el festejo de la merienda, quisimos ver los coches, que saliendo van al Sol de Leganitos, porque solo este aposento rejas a la calle tiene: y apenas abrí para ello esta puerta, que a la calle corresponde, cuando dentro hallamos unas tapadas, que corridas se salieron, sin querer decir quien eran, por la misma puerta, y luego abriendo esotra Don Lúis, y cerrando por de dentro, donde sin duda buscaba sus tapadas, vino a vernos: de esto me enojé con él, y ahora me enojo de esto con vos, que dais vuestra casa para estos atrevimientos, teniendo una hermana en ella. Remediadlo, pues, Don Diego, que yo entre tanto a mi cuarto con Doña Isabel me vuelvo. Rara salida! a los dos hermanos ha satisfecho nuestra Ana. . No quiebra ma! el octavo Mandamiento. Digo que estás enojada con razón: Don Luis, en esto no hay que hablar, tiene razón. No tiene tal, bueno es eso. Vos por disputarlo todo, lo decís, que aquesto mismo sentiréis, siendo quien sois. Don Diego amigo, no siento; que en queriendo gobernarnos en cuantas cosas hacemos, se hacen madres las hermanas dentro de muy poco tiempo. Qué entendido soy! nunca me persuadí, que había hecho traición a mi amor Doña Ana. Don Cosme, por acá dentro con vuestra hermana venid. Estase por mí muriendo; . esta es cosa rematada. Don Luis, por acá saldremos nosotros. . Don Diego, vamos: celoso voy de este necio. Qué me empeñe yo en llevar . conmigo a la que me ha muerto! Qué reciba yo agasajos de la causa de mis celos! Qué haya perdido a las dos . por tan extraño suceso! Qué me quiera a mí Doña Ana, y yo como, río y duermo! . Confieso, que voy sin juicio. Que voy sin alma confieso. Muriéndome voy de pena. Rabiando voy de contento.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Baja. . No hay más de bajar? Ahora tienes temor? Yo no; pero esto, señor, es convidarme a saltar. Habla paso, que estás necio, y pon donde yo los pies. Lo que tú me dices, es, que hable paso, y caiga recio: a ti te trae tu afición ciego a saltar por aquí; pero cuitado de mí, que he de saltar sin pasión. Si el miedo a vencerte empieza, volverte, o callar te toca. Eso es cerrarme la boca, para abrirme la cabeza: pero ya que hemos pasado de tu jardín al jardín de Doña Isabel, qué fin lleva en esto tu cuidado? Después que aquí se mudó, de este medio me hace usar el no hallar otro de entrar a hablarla. Y qué he de hacer yo? Ven, y pisa con recato. Yo soy hombre tan discreto; que sabrá guardar secreto la suela de mi zapato. Don Cosme quedaba ahora entretenido en la casa del juego (el alma se abrasa, y los remedios ignora e Isabel anda remisa en admitir mi afición; yo tengo poca ocasión, y el trato no obra de prisa. Este necio de su hermano deja la casa cerrada de noche, y tan pertrechada, que hablarla es intento vano: y así, como se ha venido a vivir pared en medio de mi casa, este remedio mi cuidado ha prevenido y ciegamente saltando las tapias, que nos dividen, y los estorbos, que impiden, mi deseo atropellando, a hablarla resuelto vengo; bien que la tengo enojada, por no tenerla avisada, mas ya en vano lo prevengo. Para esto a Don Luis busqué, no le hallé en casa; y así, en este intento, de ti mi pecho, Martín, fie, pidiéndote, que vinieses conmigo; pues lo tendrá por bien tu amo. . Y te dará muchas gracias, si le hicieses merced de acabar conmigo: y he de entrar allá tras ti? No, Martín, quédate aquí. Soy Criado de tu amigo: en lo que me has encargado, descuida, y déjame obrar. Bien sé, que puedo fiar mucho más de tu cuidado: En esta primera pieza, que al zaguán, y al cuarto mira, me espera. . Yo estoy sin ira, y el miedo a irritarme empieza. Amor, haya dicha alguna cierta, o cabal en tus glorias, y no siempre tus victorias den triunfos a la fortuna. . Ahora mis desconsuelos salgan en estos retiros, y repasando mis celos, entonen ya mis suspiros el ay, ay, ay, a los Cielos. Don Cosme ceceó a Juana denantes, y ella al reclamo respondió; mas si se humana con este necio, y mi amo echa la culpa a Doña Ana? Para ser recado, era muy cerca aquel razonar; y cuando recado fuera, no hay quien no sepa templar sus falsas con la tercera. Pero pasos he sentido, si el miedo no los imita; retirome a ver qué ha sido: un soliloquio me quita, como del Altar, el ruido. . Desde la casa del juego me he venido paso a paso a mi casa, y es el caso, ya me entiendes, que estoy ciego. Toma aquesta escala, y ve . a la casa de Doña Ana, que ya tengo hablada a Juana, y hará lo que yo me sé: ofrécela treinta minas, y di que la ponga luego, que ya yo se que Don Diego se acuesta con las gallinas. Don Cosme es sin duda (ay Dios!) y hablando con Juancho está: si ha visto a Don Diego ya, buena la hicimos los dos. Llévala, pues. Yo voy. . Tente, y escucha un poco. . Ya escucho. Lo que la has de encargar mucho, es, que la ate fuertemente; que aunque, al mirar su belleza, a Doña Ana el alma di, no quiero que sea mí quebradero de cabeza. Y el atarla esa mozuela; que apadrina tu afición, ha de ser en el balcón, que cae a la callejuela? Cómo qué? por Dios, que trae lindas maulas: majadero, no os he dicho, que no quiero que sea en el balcón que cae? Pero descuidaos, por vida vuestra, que vos subiréis delante de mí, y me haréis la salva de la caída. . Ahora bien, a mi aposento un rato me quiero entrar, y a mis solas ensayar un bello razonamiento, para decir lindamente a Doña Ana mi sentir; porque el hablar, y el morir, no quieren ser de repente. . Uno hacia al cuarto se entró, y otro hacia el zaguán se fue, que con la Luna se ve: pero él vuelve; si me vio? Juancho, aguarda, espera, tente. Yo callo. . Qué bueno ha sido, Juancho, que no te hayas ido: porque haga más fácilmente Juana lo que la he pedido, llévala estos diez doblones: esto es en las ocasiones . saber ser uno advertido. . Porque haga más fácilmente Juana lo que la he pedido, llévala estos diez doblones? Ay Amor! buena la hicimos: mira, si para un agravio son menester más indicios. A Juana Don Cosme, a Juana sus doblones, y conmigo? yo el precio vil de mi afrenta? yo sin honra, y con bolsillo? vive Dios, que los echara más altos que treinta gritos, sino fuera por las Cruces, y las armas de Carlillos. Pero otra vez siento pasos que se acercan; no ha podido cuajárseme un soliloquio, por más que lo solicito. Dónde queda? . Hacia tu cuarto ser entró. . Si nos ha sentido? Pienso que sí, porque entraba con pasos muy desmedidos. Terrible susto! Don Diego, nunca acreditéis lo fino con los arrojado; idos presto, que de tal suerte he sentido este atrevimiento vuestro, que a ser hombre de otro estilo mi hermano, de él me valiera contra vuestros desvaríos: idos, pues . Bella Isabel::- Reparad en mi peligro. Cómo reparando en él puedo dejar de asistiros? Porque el peligro es que os halle aquí mi hermano conmigo. Pues ya que::- No he de escucharos. Obediente::- . No he de oíros. Pues sepa yo que no voy en desgracia vuestra. . Digo, que todo lo que quisiereis. Dichoso infeliz he sido: Martín. . Aquí estoy; nos vamos? Sígueme. . No es mejor irnos por la puerta de la calle, que ahora salió Juanchillo, y se la ha dejado abierta? Bien dices: vente conmigo hacia tu casa, que quiero ver a tus amos. . Prestico, que un hermano bobo monta mas que un bellaco marido. . Fuéronse ya? . Ya se fueron. Muerta estoy. . Si nos ha visto es un Nerón, y no doy por nuestras vidas un higo. Inés, volvamos adentro antes que: pero qué miro? mi hermano vuelve, la espada desnuda, y el color perdido, y los pasos descompuestos. Yo doy la vida, y no miro: con una luz en la mano, y vibrando el vengativo acero hacia acá se acerca. Dónde vas, hombre atrevido? mira que te mato. . Ya evidencias, y no indicios, me asustan: Inés, qué haremos? Fuerza ha de ser el salirnos al zaguán, pues no podemos volver adentro: aturdido tengo todo el corazón. Nada acierto, nada elijo: mas ya llega, ven aprisa. Muerta estoy. . Voy sin sentido. Después de haber ensayado un razonamiento altivo, con que decirle a Doña Ana, que quiero ser su marido: por otra tal, he tomado, y con la espada he venido ensayando una pendencia, por si acaso me acuchillo; y llevado del afecto, di a mi contrario dos gritos, porque yo siempre acostumbro hablar recio cuando riño. Pesarame, que mi hermana se haya asustado de oírlo; mas ya dormirá, que es suya, y no yo por quien se dijo: Como amorosos cuidados consienten ojos dormidos? Vuelva el acero a la vaina, y bien sabe el acerillo, que es esta la vez primera, que vuelve a la vaina limpio. Váyanse a pasear las muy, y no digo más. . Juanchillo, qué es eso? Que en el zaguán se nos habían metido dos mujeres. . De qué porte? De seda eran los vestidos; pero serían de porte medio real. . Qué Vizcaíno te estás: serían quejosas, que me rondan por esquivo: y fuéronse? . Como vieron que tú salias al ruido, apretaron a correr, y yo cerré. . No me admiro, soy de codiciar, y hay muchas, que honrarse quieren conmigo, y con la sangre Mendieta, que me dejó el padre mío en su testamento: y bien, hablaste a Juana? qué ha dicho de la escala? . Que estaría puesta, y todo prevenido. Lo que hacen unos doblones: este es muy fiel Vizcaíno; . no sisaría: Jesús, jurara por él a Cristo. Y es Juana moza de fuerza? Moza de fuerza, y de brío. Cómo ella ha de atar la escala? dígolo, porque lo digo. Descuida. . Los de mi casa siempre hemos sido enemigos de caídas, porque somos los Mendietas como un vidrio. Pero vamos a hacer hora de escalar, que ya le he dicho, que hasta que yo haga la seña, no la ponga: ven conmigo, que quiero dejar cerrada la puerta, que no me olvido del cuidado de mi casa, que tengo en este Castillo una hermana, y las hermanas guardarlas como Domingos. . Pon, Juana, esa luz allí, y ve luego a abrir la puerta a Don Luis. Cómo? estoy muerta! Don Luis viene a verte? . Sí; que mi hermano nunca viene tan temprano a casa, y yo estoy tan ciega, que no teme el alma, ni aún previene los riesgos: Vile en la calle desde una reja, intenté desviarme, y no basté conmigo a dejar de hablarle. Dijele, en fin, que a esta hora viniese a verme, y yo estoy celosa, ya lo dije, y doy la disculpa a quien no ignora la culpa de mi cuidado; porque sepas que no admito réplicas, sé que es delito, y los ojos he cerrado. Si ella supiera, que ahora . en el balcón de esta sala puso poco ha una escala esta mano pecadora: no sé como no ha subido Don Cosme: si me engañé, y de otro la seña fue? en buen riesgo me he metido. No vas? . Si señora: yo no puedo yal remediarlo; . voy a obedecer, y callo, que bien sé decir de no: tan bizarramente niego, que nunca de mí barruntan, porque niego si preguntan, y si porfían reniego. . Corazón, yo me perdí; confieso, que estoy mortal, y voy siguiendo mi mal con apartarme de mí: Mas qué es esto? yo que di las flechas de Amor al viento, hoy en mi pecho somento el fuego que él encendió? miente Amor, y miento yo, si imagino que no miento. Y de un hombre, que a otra quiere, prendada ya con pasión? ea, triunfe la razón de lo que el amor venciere: persuádase a que adquiere el pecho el perdido aliento: mas ay! que está muy violento Amor, y yo inadvertida, con creer que estoy rendida, perfecciono el rendimiento. Finjo, y afecto el valor, pero es salud inconstante; porque si quiero a mi amante, si a Don Luis tengo amor, qué importa que en lo exterior esté el sentimiento mudo, si queda dentro lo agudo del dolor que me despecha, y es esto romper la flecha, pensando que la sacudo? Entrad, que aquí está: si puedo he de llegar al balcón en viéndolos divertidos, y quitar la escala. . Yo confieso, que estoy turbado. Señor Don Luis, aunque vos tendréis por atrevimiento de una mujer como yo el tomar esta licencia, quiero, que aquí entre los dos apuremos la verdad de nuestras quejas, y que hoy busquemos el desengaño primero, que la pasión, conociendo que el remedio le haga parecer dolor. Yo no sé, hermosa enemiga, como has tenido valor para escuchar a un quejoso, que ha de buscar con su voz la paciencia de tu oído primero, que la atención. Yo no sé::- . Señor Don Luis, aunque juzgáis que el amor me tiene ciega, conozco de colores, y que hoy pecan de muy claros esos que adornan vuestro fervor: menos retórica busco, y más afecto. . Yo estoy tan lejos de ponderar, que aún al decir mi pasión, el dolor me ofende menos, que el desaire del dolor: porque como he de deciros, que al ver vuestra perfección, la lisonja de la luz se introdujo en el ardor, y a pocos pasos del fuego se fue aumentando la acción, y la luz que me guiaba, en el humor se escondió? y como pasaré luegó a quejarme de que vos, teniéndome de esta suerte, permitáis, siendo quien sois, que un necio pueda decir, que escucháis: más vive Dios, que no estoy en lo que digo, ni sé a qué título os doy estas inútiles quejas: tenedme lástima vos, que en pleitos de quejas, es desdicha tener razón. Yo quito la escala ahora . que están en fuga los dos. Dónde vas, Juana? . Parece que estaba abierto el balcón, y le quería cerrar. Ciértale, pues. . No nació con días mi embuste. . Cierto, señor Don Luis, que son de calidad vuestros celos, que he tenido por mejor despreciarlos por indignos de mi oído, y vuestra voz; y acordándome también de lo que hoy os sucedió en el cuarto de mi hermano a Dona Isabel, y a vos, solamente he de deciros, que si me pintasteis hoy muy falso, y muy despejado vuestra libre condición, os quiero pintar la mía: y así, pues entonces yo os presté un rato el oído, volvédmele ahora vos. Yo soy, Don Luis, una Dama, que no conozco ese duende del Amor, si no es por fama; y aunque no sé lo que enciende, sé lo que alumbra su llama: porque con ojos atentos he visto en otras paciencias, lo que pueden sus tormentos, y de ajenas experiencias compuse mis escarmientos. Las voces que a su pasión da un amante en un despecho, o en una ponderación, ya sé que salen del pecho huyendo del corazón. Con solo ajustar la mira, desentraño sus cuidados, y saco al que más suspira la verdad, de siete estados debajo de la mentira. De esto nace, que el gemido con que llama el ciego Dios un amante enternecido, se me entra por un oído, y se me sale por dos. Mis ojos en la mitad de este cuidado alagüeño, que andan tras la libertad, tratan con cariño al sueño, y al llanto con sequedad. Y así, esos tiernos gemidos, y esas suaves violencias, guardad para otros oídos, que yo tengo las potencias delante de los sentidos. Eso debe de ser bueno para Isabeles; errado viene, Don Luis, el veneno; porque acá dan el trenzado a lo que allá dan el freno. Gran socorro es lo piadoso para una fea, que hallara en amor mucho reposo, si lo dócil no llenara los vacíos de lo hermoso. En ella, Don Luis, haced esas suertes, que impedida en vuestra amorosa red, será quitarla la vida, hacérsela de merced: que yo me hallo tan señora de mí, que sin que este caso me haga sacar por ahora a la muerte de su paso, pienso morirme a mi hora: porque al ver que está de Dios el no querernos los dos, en menos que ha que lo digo, hice la cuenta conmigo, y puedo vivir sin vos. Nada de cuanto decís me ha causado admiración; porque nunca esperé más de mi dicha, ni de vos: pero dejad que me admire, de que siendo como sois, o como os pintáis:: qué escucho? señas en vuestro balcón? Juana, qué es esto? . Qué bueno! Juana, di con turbación, como que a tu ama temes, que estos son yerros de Amor, y que a ti te hace la seña: no es esto así? . Yo, señor, no sé nada. Este es Don Cosme; . temblando de miedo estoy. Don Luis. No hay Don Luis, Doña Ana; estos desengaños son muy costosos; yo no tengo para sufrirlos valor: a Dios, a Dios. . Tente, espera, que has de averiguarlo. . Yo? a qué propósito? aparta. No te has de ir. Si es prevención, porque no me vean salir, por eso mismo me voy. Don Luis, el Cielo me falte si sé quien es, y es rigor: pero qué es esto? . Esto es ya hacer fuerza en el balcón para abrirle. . Yo estoy muerta! Quién será? válgame Dios! Yo lo sabré de esta suerte. Tente, dónde vas? . Ya estoy resuelto a cumplir conmigo, pues no he de cumplir con vos. Buena la hemos hecho. . Ahora sabremos quién es. Señor, tú aquí? terrible desdicha! Qué es esto? . Fuerte ocasión! Qué traes? . Escóndete aprisa. Cómo? de quién? . Qué sé yo? de Don Diego. . De mi hermano? pues dónde está? Hecho un Nerón queda en la calle. . De qué? De que ha visto en el balcón la escala. . La qué? . La escala. Pues quién (sin aliento estoy) pudo atreverse? . Esto más? Doña Ana, di que es rigor el no creerte. . Don Luis. Ya, ingrata, se acabó Don Luis, prosigue, Martín, sepa todo el lance yo, para ver lo que he de hacer. Viviendo ahora los dos de buscarte, después que fui un rato su guardador de espaldas en otro lance, que dije en otra ocasión, dio la vuelta hacia su casa, por no haberte hallado, y vio con los rayos de la Luna, pendiente de ese balcón una escala: fue a la puerta de la calle, y la encontró abierta; quedó aturdido, y el mismo ciego furor le hizo discurrir entonces, que si entrar por el balcón resolvia, por la puerta se le iría el agresor; y si por la puerta entraba, dejaba sin prevención la ventana; y así quiso, que entrase por ella yo a solo espantar la caza, remitiendo a su valor el guardar ambas salidas: mirad ahora los dos, qué habéis de hacer, porque él queda en la calle. . Muerta estoy! Fuerte empeño! En hora mala troqué la seña. . Señor, resolvámonos aprisa. Doña Ana, aunque está mi amor por tan claras evidencias desobligado de vos, soy Caballero, y está obligado mi valor: adentro os podéis entrar, que aquí retirado yo, veré en lo que para el lance, y os defenderé, que no porque esté ahora sin gusto, estoy sin obligación. Don Luis, el Cielo es testigo de que yo sin culpa estoy. Bien está, no os detengáis en disculpas. . Pues a Dios, que en esa cuadra estaré viendo lo que pasa. . Y yo en esa de esotro lado. Y yo hacia la calle voy a deslumbrar a Don Diego. . Buen pago dais a mi amor. Vos veréis el desengaño. Qué desengaño mayor? Aprisa, que siento pasos allá fuera. . Adiós. . Adiós. Todo está solo. . Entra, Inés, y pregunta por Don Diego, que ya que fue su amor ciego causa de mis riesgos, es empeño suyo ampararme, y mío el no desear otro amparo en mi pesar, cuando por él llego a hallarme perdida. . Bien se ordenó el que estos mantos nos diese mi amiga, sin que supiese la causa que me obligó a pedirlos: ya no es tanto mi miedo, que una mujer no conoce a quien temer, si se ve detrás de un manto. Cansado vengo, y rendido. Ay Dios! que es tu hermano. Quién? Él es. . Pues cúbrete bien. A quién esto ha sucedido? Buscando la escala, hallé la puerta de mi Doña Ana abierta, y tuve más gana de entrarme aquí por mi pie, que por los pasos ajenos de una escala majadera, que por lo menos me hiciera una cabeza de menos. Tapadas aquí? qué es esto? y Don Cosme? . Hay más extraño suceso! . Parece engaño del sentido. . Yo protesto ser cortés en la ocasión. Abro, pues: pero aquí están dos tapadas; quién serán? mas qué pregunto? ellas son: Doña Ana es sin duda alguna, que impaciente de aguardar, me quería ir a buscar: yo tengo gentil fortuna. Oh qué bien he discurrido! luego mi ingenio lo errara, vive Dios, que es cosa rara lo que tengo de entendido. Lleguemos, pues: yo quisiera:- Hay más infeliz mujer! Como dijo el otro, ver toda la carilla entera. Como tardaste en salir, hice la escala pedazos, y volviendo hacia la puerta, vi dos mujeres que entraron en mi casa, aguardé un poco que pasase más abajo un hombre, que por la calle venía, y acá se ha entrado también: qué puede ser esto? Yo los encontré, bajando al zaguán, mas no me vieron. Aguarda, que, o yo me engaño, o es Don Cosme. . Él es, y está con dos Damas porfiando. Y ellas se recatan de él: escucha un poco. . Mi hermano entró ya: válgame Dios! si se quitasen del paso, para que salga Don Luis. Don Diego entró; bien me ha estado que con los dos se detenga. Yo me resuelvo a apurarlo. Dale que ha de estar tapada: pero quien::- Don Diego? andallo, aquí se ha de hundir el mundo. Hay más raros sobresaltos! Don Cosme, qué es esto? vos entráis de esa suerte? . Paso, no me preguntéis, Don Diego, que no respondo en el campo. Yo estoy resuelto a amparar a vuestra hermana: apartaos, Doña Aña, hacia mis espaldas, por si hubiere chincharrazos. Mi hermana: pero qué miro? Doña Isabel es, que el manto levantó para avisarme: Hay empeño más extraño! Vive Dios, que me ha temido: si es gallina? queréis algo para ello? qué decís? Señores, este menguado nos ha de quitar el juicio. Absorto estoy de escucharlo. Si estáis de paz, acabemos, que me cansa lo empuñado. No sé qué hacer, pues no es bien sufrir, que ni aún engañado, . piense que me ofende; a todo he de ocurrir. . Buen cuñado, por cierto. . Señor Don Cosme, vos padecéis grande engaño: Esta Dama, que tapada de vos se está recatando, ni es mi hermana, ni yo puedo dejar, a que he de estorbaros con mi acero el conocerla, si os resolvéis a intentarlo. Patarata, patarata; de risa estoy reventando: así es la Corte; que no es . su hermana dice el cuitado, y es eso no querer darse por entendido del caso; mas no le valdrá. Don Diego, no hay cosa como hablar claro: vuestra hermana, que decís, que no es la que está escuchando, era mi mujer in mente, y para hablarla en el caso, hice poner una escala a ese balcón. . Qué he escuchado! de este necio era la escala? ha traidora! . Bien quedamos de esta vez, vanidad mía. Atándome está las manos . su hermana, para que aquí no le deje castigado de este atrevimiento. . Y, como digo de mi cuento, hallando la puerta de par en par, por ella de entrar acabo. Mas soy tan pundonoroso, y el veros tan reportado me ha desquejado de suerte, que ya se me va quitando la gana de ser su esposo: y por Jesucristo santo, que por no tener mujer civil de parte de hermano, si no me matáis primero, no he de ser vuestro cuñado. . Esperad. . Tened, Don Diego: queréis perderme? . Hhy más raro disgusto! Doña Isabel, pues vos, qué es esto? en mi cuarto de esta suerte, y a esta hora? Ya, Don Diego, me ha engañado mi fortuna, en que mi honor solicite vuestro amparo, cuando padece por vos estos riesgos. . Yo he causado vuestros riesgos? . Sí, que luego que os fuisteis, y yo a mi cuarto asustada, como visteis, me quise volver, mi hermano salió de adentro, la espada desnuda, el color turbado, y las voces descompuestas, y fue fuerza retirarnos Inés, y yo, hasta el zaguán, desde donde nos hal lamos empeñadas en salir huyendo a la calle, y cuando me vi sin otro recurso, pidiendo Inés estos mantos a una amiga suya, vine a deciros el estado en que vuestro amor me ha puesto; y apenas había llegado, cuando pasó lo que aquí habéis visto. . El mismo caso me ha de sacar del empeño. No tenéis que congojaros, ni rendiros, pues yo estoy, bella Isabel, empeñado en defender vuestra vida; y así, señora, entre tanto, que se median estas cosas, podéis estar en el cuarto de mi hermana. . Solo ahora me faltaba, sobre tantos, este pesar. . Don Diego, lo primero que os encargo, es, que no me vea Doña Ana. Pues por qué? . No es este caso para que nadie lo sepa. Pues mi hermana debe daros? Por ningún caso, Don Diego. Bien está. . No fuera malo dar venganza a mi enemiga. Si fuera algo más temprano, os pusiera en un Convento, donde estaréis, entre tanto, que con más decoro vuestro llega de mi dicha el plazo; mas no es posible a esta hora disponerlo, ni yo hallo otro medio, que pedir por esta noche su cuarto a Don Luis, de quien hoy solo puedo fiar mi cuidado, trayéndole a él conmigo, porque estéis con el recato, que se debe a vuestro honor. Mi honor solo está en mi mano; vuestra me hizo la fortuna, y en lo demás, en juzgando vos que es decente, no tengo que reparar, mas reparo en que no sepa quien soy vuestro amigo. . Eso dejadlo a la atención de mi amor. Aunque el ser de este menguado la escala, y lo que yo fío . de la atención, y el recato de mi hermana:: mas después apuraré todo el caso, que esto es ya lo más preciso: vamos, pues, señora. . Vamos. Ven, Martín. Famosamente se ha dispuesto, que mi amo salga del riesgo en que está, y de camino ha apurado sus celos: mi tema es, que un Bobo basta a embobarnos a todos, que a mí también con Juana celos me ha dado; y yo soy tan para poco, que un soliloquio no acabo. . Irme sin verla quisiera. Don Luis, dónde vais? yo salgo . corrida. . Doña Ana, adiós. Oíd. . Mucho desenfado, o mucho valor tenéis; pues, vuestro respeto ajando, queréis oír el lenguaje de un hombre desengañado. Ah, pese a mi sufrimiento! pues soy tan necia, que a hablaros de veras me mortifico en la acción de un mentecato. Yo me holgara de ser fácil de creer, para aventuraros, con lo dócil del oído, los adornos del engaño: mas no estoy::- . Ea, callad, que temo mucho acordaros cuan necio estáis, y correrme en habiéndooslo acordado: la osadía de este loco remediará::- . Quién? Mi hermano, que la ha sabido, o yo sola, que para el remedio basto. Remedio? y decid, con eso queda cabal vuestro garbo, si es propiedad del remedio el llegar después del daño? De suerte, que yo sabría lo que este necio ha intentado? Dejadme, no me obliguéis a responder. . Y esperando a este necio, os llamaria, para qué, para ocultaros mi delito? . Y ese necio tendría esos desacatos, si antes no le ocasionara la infamia de vuestro agrado? Advertid, que habláis conmigo. Advertido, y desairado me queréis? quedad con Dios. Mirad, que estoy violentando mi decoro en deteneros. Y qué haré yo en escucharos? Por mí ha de volver el tiempo; vos veréis que todo es falso. El tiempo? bueno: y mis celos queréis que estén tan de espacio? Aún bien, que está vuestra Dama esta noche en vuestro cuarto. Despropósitos ahora, que las disculpas faltaron? ea, dejadme. . Qué os deje? bien está; ya os dejo, y tanto, que no habéis de verme más. Yo veros? pártame un rayo, si lo intente. . Y a mí si en eso os fuere a la mano. Juráis? . No jurasteis vos primero? . Mucho intentamos, . corazón. . Amor muy presto os habéis determinado. Yo verla? . Yo detenerle? . Oís? mirad. . Tenéis algo que mandarme? . Nada; solo, que advirtáis, que habéis jurado. Bien está; a Dios: pero oís? Qué queréis? . Si os he llamado, solo quería deciros, que no sé jurar en vano. Esto es amor? yo voy muerta! . Esto es querer? voy rabiando! . Dónde estáis, mis altiveces, que así os dejáis mis agravios? Dónde estáis, mis desahogos, que en verás habéis parado?
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Esto es cierto. . Que eso pasa? Un vecino que lo vio, me lo dijo a mí. . Que entró Don Diego anoche en mi casa? Sí señor, Don Diego ha sido sin duda, y él diz que ahora tiene oculta a mi señora. A mi hermana se ha atrevido Don Diego? . Es gran desafuero. Don Diego? . Don Diego, pues. Mucho me espanto, porque es bonísimo Caballero. Yo no llegara a decillo, si no estuviera informado. Heme puesto colorado? No lo veo. . Ni amarillo? No señor. . Es gran mentira: ni pálido? . No lo toco. Ni verdinegro? . Tampoco. Pues en qué entiende la ira? . Eso habías de decir? que es posible que no echo llamas por los ojos? . Muda es tu cólera. . Sin duda tiene que hacer en el pecho: quiero, pues, soplar su fuego. Que es posible que así fue? Don Diego a mi hermana? a fe, que me ha cansado Don Diego. Cansado? poco te amarga, pues hablas con tal descanso. Majadero, si me canso, no me echaré con la carga? Pareceos, que no darán la muerte a Don Diego? luego haced doblar por Don Diego al primero Sacristán, y por cuantos Diegos dora el Sol desde Polo a Polo; porque por aqueste solo, piensan la hora de ahora, sin dudas, ni pareceres, matar mis enojos ciegos mas de cuatro mil Don Diegos, sin los niños, y mujeres. Eso si es lo que conviene. Heme demudado ya? mas que un color se me va tras otro que se me viene? Tú eres Vizcaino honrado, y tienes el juicio presto; pues hagote para esto de mi Consejo de Estado. Haz cuenta que viene allí Don Diego: yo me mesuro; él disimula perjuro, yo se lo entiendo entre mí; llego en ademán valiente, mirole con rostro fiero, él me quita a mí el sombrero, y yo le digo, que miente. Jesús, y qué arrojamiento! Pues habrá más de dejallo? eso tengo yo, que callo en viendo que no contento. Va por acá: su venida advierto, saco el acero, y dígole: Caballero, venga mi hermana, o la vida. Pues darele? . Es mala acción. Qué rebesados que son los principios del reñir! Eso un Caballero ignota? has de llegar muy compuesto, y has de decirle, en tal puesto, cuerpo a cuerpo, y a tal hora. Déjalo: qué necia tema! compuesto, y airado? hay tal: y si me diese algún mal la cólera con la flema? Pero ya que ello ha de ser, paciencia, y matarle luego: Aguarda aquí, mientras llego a aquella Bótica a hacer un papel de desafío, que le lleves. . No es mejor decírselo tú, señor? No, que si me habla contrito, me moverá hoy a piedad; y en fin, yo soy en verdad más airado por escrito. Vaya; pero no quisiera, que al tomar ese papel, alguna libertad él airado me respondiera, y me matara al sereno. Bien, y querriades vos uno, y para mí otro Dios? vení acá; y sería muy bueno, que al llegar yo a señalarle la campaña muy mohíno, me dijera un desatino, que me obligara a matarle? Noramala, hacedlo así, rompeos, y desasnaos, y si os matare, dejaos matar que yo estoy aquí. . Yo sirvo a un entendimiento de gran fondo: cosa rara, y digna, cierto, de envidia, es el consuelo que gastan los bobos en este mundo, y aquella gran confianza de que imaginan que son sentencias las patochadas. Dos horas ha que perdida, con un papel de mi ama, ando buscando a Don Luis; pero Juancho es este, vaya mientras hago otro papel, el tal papel a la manga, que esto que vale dineros, es primero: Juancho? . Juana, bien venida. . Dónde está tu amo? . Por ahí anda como ánima en pena: y bien, qué hay de nuevo? . Que mi casa está llena de temores; que Don Diego trae la cara rostrituerta, y desde anoche no ha entrado a ver a su hermana; que ella pierde el juicio, viendo que se puso aquella escala sin su orden, y que yo niego tan disimulada, que casi yo misma creo mi mentira. . Esa es la gracia, que quien bien miente, bien siente. No sino mentir sin alma. Pero allí he visto a Don Luis . por aquella encrucijada muy deprisa; quiero darle este papel de mi ama. Adiós. . Dónde vas? Ya vuelvo. Espérate, no te vayas, que al punto vendrá mi amo. No puedo esperar. . Aguarda, que no te has de ir. Bueno es eso; vaya el bribón noramala. No me escucharás? No niega . el Vizcaíno su patria, muy ladino de porfías, y muy corto de palabras? Hay tal polvora! no sé qué ha visto, que con tal ansia camina: pero un papel . se le cayó; de su ama es sin duda, y es sin duda para el mío, pues llegaba a preguntarme por él; yo he dado con linda manla: dichoso he sido, perdió las albricias la cuitada. En este papel le reto de salteador, hurta hermanas, para que salga, si es hombre, y si no, más que no salga, que él está escrito en Botica, y para matarle basta. Juanchillo, aquí está el papel del tal desafío. . Aguarda; qué me albriciarás si yo te doy::: mas no digo nada. Qué me has de dar? dilo presto. Qué me has de dar? dilo, acaba. Conforme fuere. . Un papel. Va un cuarto, qué es de Doña Ana? Poco apuestas para dar mucho. . Toma esas patacas: qué feliz soy! . Vesle aquí. Dónde le hubiste? . En Juana. Déjame, que antes de leerle, con los labios: pero aguarda, que viene Don Luis; ahora te he de hacer segunda paga del papel. . Cómo? Eres bobo; escucha un poco, y sabrasla. No puedo hallar a Don Diego, Él nos citó a nuestra casa anoche para llevar a Isabel, y esta mañana me dijeron en la suya que madrugó. . Él intentaba llevarme consigo anoche, mas yo me fui a una posada, por no embarazarle, y pienso, que por huir de Doña Ana. Seáis, Don Luis, bienvenido. Don Cosme? no me faltaba . otro azar sobre mis penas. Don Luis amigo, palabras. Decid. . Yo estoy agraviado por mis pecados; la causa yo me la sé: quien me ofende es Don Diego, y una hermana, que Dios me dio para él, pues él solo en ella manda: en este papel le digo con toda amistad, que salga a reñir conmigo; y vos, pues sois amigo de entrambas partes, le habéis de dar el tal papel en sus barbas. Don Cosme (hay tal majadero!) ya que me dais tan extraña comisión, yo llevaré . el papel; mas cuando salga Don Diego a reñir con vos, saldré yo a su lado. . Es chanza? dos contra uno? . Sacad otro padrino a campaña. Yo buscaré algún valiente de cólera ajena, y brava: con esto, quedad con Dios, y veámonos mañana, si vivimos: Ven, Juanchillo, que ya te di la otra paga del papel, con excusarte la vuelta que recelabas. . Hay más raro mentecato! Bien notable es su ignorancia; pero más sabe que tú, pues te ha soplado la Dama. Déjalo, no me lo acuerdes, que el caso de aquella escala me tiene muerto. . Y a mí el no haber hallado a Juana, para que entre ambos se acabe el soliloquio de marras. . Don Luis amigo? . Don Diego? Rato ha que esperando estaba a que os dejase ese necio: qué os quería? qué os hablaba? que me tiene cuidadoso el suceso de su hermana, y ya tengo prevenida la licencia para entrarla en un Convento, entre tanto, que estos disgustos se acaban. Un famoso cuento os tengo: habéis de saber que trata de reñir con vos. . Pues sabe, que está oculta por mi causa Doña Isabel? . No lo sé; pero aquí de darme acaba un papel de desaflo para vos y tendrá extraña nota, riamos un poco antes de reñir. . Yo estaba con ánimo de buscarle, porque se atrevió a mi casa anoche, y lo he dilatado hasta poner a su hermana en el Convento: Don Luis, dadme el papel. . Ya le aguardan a la puerta tres, o cuatro millones de carcajadas. Dejadme leer primero, porque no se pierda nada leyendo mal. Mas qué miro! . esta letra (estoy sin alma no es de mi hermana? . Martín, llégate acá, no reparas cual se ha puesto Don Diego leyendo el papel? . La cara se le ha mudado a tres barrios desde que le abrió. . Con rara turbación vuelve a mirarme de cuando en cuando. . Turbada la atención, a mis ojos desmiente: a Don Luis mi hermana! Vuelvo a leer, que no es posible. Ten, que otra vez le repasa. Señor Don Luis, anoche (si no me acuerdo mal) hicisteis ju- ramento simple de no volver a ver- me; y temiendo que habéis de que- brantarle, y salir con la frialdad de que no viene a verme quien me bus- ca ciego, me salgo esta tarde disfra- zada a Leganitos, huyendo de vos; y os lo aviso para que sepáis donde habéis de apartaros de mí. Dios os guarde. Así, llevad con vos a mí hermano, con pretexto de que os asista desde lejos, para que yo es- té segura de que no me ha de bus- car en casa; y os prevengo esto, por si acaso os dejáis de vuestra mano. Válgame el Cielo! este golpe que mi suerte me guardaba, es de aquellos que se sienten en lo más vivo del alma: mi hermana a Don Luis? Don Luis, siendo mi amigo, a mi hermana? él ha trocado el papel, y ha creído que me daba el de Don Cosme: qué haré? que aunque la razón me llama hacia el enojo, ella misma deteniéndome la espada, me dice, que en estos casos no remedia, si no daña la espada, porque el honor aún con la sangre se mancha. Lo que conviene es callar, hasta saber de mi hermana todo el fondo a mi desdicha; quiero, pues, ir a buscarla, y a justificar mi queja, antes que de apresurada lo eche a perder la razón, o se yerre la venganza. Don Luis, a mí se me ofrece un nagocio de importancia: quedaos con Dios. . Bueno es eso; pues cuando a reñir me llama este necio, y yo le he dicho que con otro al campo salga, porque he de salir con vos, queréis que os deje? . Ahora basta, que os diga que no es pendencia en lo que el papel me habla, y que si llegare el caso de reñir, os doy palabra de avisaros. . Yo no puedo déjaros. . Ni yo os dejara, si pudiera. . A cualquier parte os he de seguir. . Es vana porfía. . Soy vuestro amigo. Yo os lo diré cuando salga de una duda, que se ha puesto a culpar mi confianza. Qué es esto? Yo no lo entiendo: parece que va de mala. Qué le habrá escrito Don Cosme, que le ha irritado? . Es muy agría la nota de un majadero, que desafía. . A la larga le he de seguir; pero allí viene Don Cosme. . Y te llama con la mano, y con la ceda muy de prisa. No era nada el yerro: Don Luis amigo? Qué traéis? . Vengo sin alma: en denantes (bravo chiste! creyendo, Don Luis, que os daba el papel de desafío, os di el papel de una Dama, que recibi al mismo tiempo: y fuera cosa extremada darle un papel de requiebros por otro de cuchilladas: veis aquí el papel; troquemos. A buen tiempo recordabáis: ya tiene el papel Don Diego. Qué decís? (ay tal desgracia!) Pues qué ha sido? Jesucristo. Tened. . Cayose la casa. me duelen de andar a coces con la puerta: pero quién? Doña Ana hermosa, tú eres? que la quise conocer. Qué es esto? todo se ha errado: . turbada estoy! . Para qué te tapabas? pero tú en esta casa? . Qué haré? . sin duda encontró a su hermana tapada. . No fuera bien responderme? . Y ahora piensa, que soy yo la que callé. . Has tenido algún pesar con tu hermano, por aquel billete que me escribiste? qué es esto? ha querido hacer algún fratricidio horrendo, y vienes huyendo de él? Yo billete? no os entiendo. Predicarla es menester, . porque a salir de su casa no se me atreva otra vez; yo la pondré como nueva. Venga acá, Doña Ana, es bien, que una mujer como ella, que aspira a ser mi mujer, se venga en cas de los hombres solteros? en buena fe, que el proceder de este modo no es modo de proceder. Qué dijeran mis abuelos, si una nuera que busqué para ellos, callejeara? Vinieran (en gloria estén) mas de cuatro mil Mendietas a echarse a los pies del Rey. Antes de enyugarme el cuello con la estola, he menester leerla yo la Cartilla del Vizcaíno A, be, ce, que al enhornar tiene el riesgo este pan de la mujer. No me faltaba ahora más, . que este necio, tras haber errado toda la acción; pero ya Doña Isabel se habrá escapado, yo quiero irme de aquí. . Cómo? qué os vais? aún no se ha acabado la Cartilla, detened. Primeramente::- . Qué es esto? estáis en vos? no sabéis con quien habláis, o lo necio mezcláis con lo descortés? Oigan, y como me trata; qué más pudierais hacer, si a mí me hubierais hallado en cas de alguna mujer? Apartad. . Yo seré breve. Hay tal necio! . Eso que hacéis es el diablo, que no os deja oír lo que os está bien. Mirad que se va acercando la noche, y yo he de volver a mi casa antes que pueda mi hermano::- Señora. . Quién? Presto, que viene Don Luis, y tan cerca, que no es posible salir sin vernos. Válgame Dios! qué he de hacer? Escondámonos aprisa aquí dentro. . Dices bien; entra presto. Cómo es esto? vos no os habéis de esconder. Por qué? Porque no es decencia. Reparad:: . No lo intenteis: yo no me escondo en mi vida, y mi Dama no ha de hacer lo que yo no hiciere. . Juana, No hay Juana aquí. Mirad, que es::- Sea quien fuere. . Apartad. Voto a Dios, que no ha de ser. No puedo hallar a Bun Diego, para ver si puede haber algún medio en su disgusto, y vengo a mi cuarto a ver si por llevar al Convento a esta Dama::- mas quién es? Don Cosme aquí? peor es esto; y aquella es Doña Isabel su hermana: rara desdicha! Don Cosme, tened, qué hacéis? Ahi estaba, no dejando que se esconda esta mujer. Pues cómo, cuando en mi casa está una tapada? . Y bien; si soy yo a quien ella busca, qué viene a importar, que esté en vuestra casa? . otro riesgo es este raro tropel de pesares! . Según esto, . no la ha conocido. . Fue preciso el entrarse aquí huyendo cierto vaivén de su fortuna, mas yo estoy enojado, haced las amistades; llegad, como que no lo sabéis, y decidla, que yo tengo razón, y que ahora es bien que quiebre por ella; andad, que yo aparte esperaré algo ceñudo. . Con esto (bien se dispone) sabré de Doña Isabel el modo, que aquí podremos tener de deslumbrar a su hermano. Don Cosme, yo llegaré a hablarla, y a persuadirla, pues vos así lo queréis. Sois mi amigo; andad aprisa, y reñidmela muy bien. Qué es esto que me sucede? Hermosa Doña Isabel? . Él no le ha dicho quien soy; . mucho ha sido: callo, pues. Siento infinito, señora, los pesares en que os veis; pero ya que han sucedido, es preciso disponer el que salgáis de este aprieto. Solo falta, que ahora él se me ponga a requebrar por la otra. . Extrañaréis que yo os hable en el empeño de Don Diego, cuando fue primero el mío, más ya que soy su amigo sabéis, y que mi decente amor el suyo debió ceder por haceros más dichosa: mas no es tiempo de esto, ved, supuesto que no os conoce vuestro hermano, qué podré decirle, para que os deje? Calláis? no me respondéis? qué es esto? . A solos mis celos ha estado este caso bien. Se hace fuerte? pues, Don Luis, dejadla: si su merced no quiere desenojarse, santas Pascuas. . Mejor es irnos, y que la porfía no pase a grosería. . Qué? primero me ha de pedir perdón. No la conocéis? pues es la misma Doña Ana. Quién decís? Doña Ana. . Quién? Pues a quién queréis que os diga? Doña Ana: no lo creéis? No lo creo. . Pues Don Luis, por Dios, que la habéis de ver, y que la he de descubrir, aunque me pierda. . Tened. Apartad. . Notable empeño! Esto ha de ser. . No ha de ser. Señora, tu hermano. Ay triste! Quién dices? . Quién ha de ser? Don Diego, que yo le he visto desde ese balcón. . Lo veis? es Doña Ana, o no es Doña Ana? Es esto encanto? ella es: hay más desengaños, Cielos! Destapola sin querer la criada. . Yo estoy muerta! Señor Don Luis, ya me veis perdida, y el Cielo sabe . si fuisteis vos: pero haced lo que vuestra obligación debe a una infeliz mujer, que por apurar sus celos::- pero él llega: Juana, ven. . Aquí es ello: qué os decía? Dejadme, que no lo sé: solo me faltaba ahora, que cargo me quiera hacer de que por mí se ha perdido: ha mujer! en fin mujer. Aquí dijo, que vendría tu amo a buscarme? . Sí, pero ya tarda. . Yo fui a Leganitos, y el día he perdido sin hallar a nadie: mas no es aquel Don Luis, y está con él Don Cosme? . Hame de entregar a mi hermana, o he de hacer represalia de la suya. Mas vale, que se concluya de una vez; esto ha de ser. Martín, aguarda allá fuera. . Don Lúis, no me detengáis. Mirad lo que aventuráis. Él caerá en la ratonera: el caso de la honra mía en un quidam le pondré; oíd, veréis como sé hablar por alegoría. Don Diego, el ingenio humano solo preguntando gana: Un hombre tenía una hermana, y esta tal tenía un hermano: la hermana se enamoró de otro hermano, que tenía otra hermana, y cierto día con este las afufó. La hermana del robador robó el robado después: decidnos ahora, pues, como quedaron mejor (para que esto se concluya, sin tomar uno por otro) cada uno con la del otro, o cada uno con la suya? Don Cosme, esas digresiones para otra ocasión dejemos, las palabras olvidemos, y vamos a las razones. juntos a los dos he hallado, y juntos hablaros quiero en mi cuidado, primero que haga enojo del cuidado. Vuestra hermana es ya mi esposa; el modo se pudo errar, mas no la acción, ni dejar de ser vuestra queja ociosa. Esto supuesto, y que yo no he de presumir ahora, que el señor Don Luis ignora lo que su criado vio; quiero, que aquí nos digáis, si fue vuestra aquella escala que hallé en mi casa? No es mala la pregunta? Eso dudáis? Qué intentó vuestra osadía, escalando una ventana? Hermanar con vuestra hermana, como hicisteis con la mía. De ese estilo que gastáis, no es fácil el enmendaros; y así, dejo de acordaros con quien, y de quien habláis. Pues vaya de informaciones. Quién os ayudó a poner la escala? . Quién pudo ser? Amor, criada, y doblones. Súpolo mi hermana? . Bien. Qué decís? . Dejadme estar. Hablad. . Ya es mucho apurar. Esto he de saber también. Usted, ni aún en duda acierta: si lo supiera su hermana, fuera yo por la ventana a la que manda en la puerta? Antes, como ella es tan fiera, me pasó una cosa brava, que iba yo a verla, y entraba temblando de que me viera. Pues, Don Luis, aunque yo estaba seguro de esta verdad, y bastaba estarlo yo he querido que lo oigáis de la boca de Don Cosme. Yo, amigo, puedo dudar, que si vuestro honor:- . No es eso lo que os propongo, escuchad. Yo soy vuestro amigo, y antes de hablaros en lo que es ya preciso, y en lo que vos me queréis también hablar, he querido hacer decente lo que os digo, y que veáis en lo que atiende la mía, lo que erró vuestra amistad. Mi hermana, señor Don Luis, (vos lo sabéis, claro está) os aventaja en la hacienda, y os íguala en lo demás, vuestra esposa ha de ser hoy, y siento mucho que hayáis dispuesto que suene a queja esto que es felicidad. Don Diego: válgame el Cielo! raro empeño! estoy mortal! . Dejémosle responder, que los sordos nos oírán después. . Qué me respondéis? No extrañéis::- No he de extrañar que me respondáis dudoso? cosas de esta calidad, sin el acero en la mano, no se empiezan a dudar. . Vive Dios:- . Tened la espada, que si una vez la sacáis, aunque es preciso el oírme, quedéis de oírme incapaz; porque en sacando la espada, vuestros oídos serán de bronce, y será de acero la lengua con que he de hablar. Vuestra hermana está casada; qué me proponéis? . Que está casada? con quién? . Conmigo, y no será bien que hagáis, que sea en rebés, y en guerra, lo que ha sido en haz, y en paz. Qué es esto? . Yo sí, Don Diego, de vos me puedo quejar, pues habiendo recibido de mi mano poco ha un papel, que vuestra hermana escribio a Don Cosme, habláis en que puede ser mi esposa quien favorece::- . Aguardad, que me estoy templando yo, y vos os precipitáis: veis aquí el papel, Don Lúis, leedle, que él os dirá si os podéis quejar de mí. Qué es esto, Cielos! . Tomad, que yo, sobrado de atento, quiero que en este pesar, . porque el honor quede bien, quede el sentimiento mal: Es para vos el papel? es de mi hermana? os turbáis? es otro a quien favorece? Dale que ha de porfiar: ese papel yo le di al señor Don Luis, por dar otro en que desafiaba a un amigo. . Esto es verdad, . es sueño, o es ilusión! pues como pudo llegar este papel a las manos de Don Cosme? . Qué esperáis? entre hombres como nosotros, yerros de esta calidad se enmiendan, no se disculpan. Don Diego, la ceguedad de un amor, que no es delito si es decente. . Bien está esa disculpa, y no busco sino el remedio. . Pues ya que en el caso de la escala no me queda que dudar, ni en el papel, y que es tiempo de verdades, preguntad a Don Cosme, si yo mismo hallé con él poco ha a vuestra hermana. A mi hermana? Dice la pura verdad; y eso es querer descasarme, y hermanas se han visto ya descasar por el Vicario, pero no por la hermandad. Pues dónde, o cómo? Ya es fuerza, Doña Isabel, que volváis por mi honor: yo os lo diré, que os he escuchado y no es ya tiempo de guardar la vida, padeciendo lo que es más. Juanchillo, el diablo anda suelto. Todos estamos acá. Si se ha mudado a esta casa el Valle de Josafat? Doña Ana aquí? . Sí, Don Diego, ved si os digo la verdad. Señora hermana perdida, bien parecida seáis. Muy necio, señor Don Luis: Don Diego, déjame hablar en defensa de mi honor, que luego, hermano, podrá satisfacerse tu enojo, y si en mí le has de vengar, donde está mi confusión, tu acero estará de más. Muy necio (digo) o muy ciego, señor Don Luis, estáis, pues llegáis a presumir, que yo había de buscar a Don Cosme en vuestro cuarto, y más cuando en él está su hermana, y sabéis que yo lo sabia. . Eso es errar los principios, o querer desconocer la verdad: Doña Ana me vino a ver, y aún no acababa de entrar, cuando mi hermano llegó. Y si ese papel miráis los dos, veréis que a los dos con él quise embarazar por hacer esta visita; y tú, Don Diego, hallarás, que mi yerro fue querer a un hombre, que tu amistad calificó, y tu alabanza hizo amable; en lo demás yo he de poner el dolor, y tú el remedio has de dar. Hay más extraño suceso! mas cómo pudo llegar este papel a las manos de Don Cosme? . Eso será, que yo le perdí al llevarle, y callé por ocultar mi culpa. . Y que yo lo hallé, y se le di por ganar las albricias a mi amo. Y que yo por otro tal le troqué: mas las albricias, si tan contentico estáis, yo os las pondré en vuestra cuenta. Aguardad, no prosigáis, que a todos nos ha tenido necios vuestra necedad. Miren si un Bobo hace ciento, como el loco del refrán. Pues ved ahora, Don Luis, si os queda algo que dudar, y si otro escrúpulo os queda, solo os digo, que será, bien que con menos testigos lo ajustemos. . Aguardad, que este duelo de los dos ajustado quedará, rindiendo yo a vuestra hermana la mano, y la libertad. Aunque para castigaros quisiera poder dejar de ser vuestra, esta es mi mano. Y la mía quedará premiada con el favor . de Doña Inés. . Tomad si soy muy bobo, pues quedo soltero, y hago casar a los otros. . Yo también me quedo en mi libertad, porque no me han satisfecho, ni me han dejado acabar un soliloquio. . Y con esto la Comedia aquí fin da: decid que un Bobo hace ciento, sus defectos perdonad.
