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Texto digital de Turno vencido

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Atribución tradicional
Guillén de Castro y Bellvís
Atribución estilometría
Guillén de Castro y Bellvís Probable
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Turno vencido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/turno-vencido.

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TURNO VENCIDO

JORNADA PRIMERA

Turno invencible, cuya fuerte mano las famosas hazañas da al olvido del bravo Griego, y del feroz Tebano, que celebradas en el mundo han sido; porque veas mi pecho tan humano, cuanto a tu voluntad agradecido, quiero darte razón de mi tristeza, desmayo vil de heroica fortaleza. a quien fluecos de luz sirven de encaje, Bien sabes que intentaba mi deseo darte a mi hija en premio tan hermosa, para que en dulce lazo de Emineo fuese tu amadable, y regalada esposa: pero ya, Turno, entre mis dudas veo no merecer tu mano poderosa, para enlazar la de Labenia bella, del cielo de tu amor cándida estrella. Que aunque en los dos el cielo sempiterno sus poderes cifró, tanto, que fuera en conforme igualdad el lazo eterno, y tal, que al mismo amor envidias diera, con todo no es posible ser mi yerno, aunque Italia te aclama, y te benera, porque el hado fatal atento advierte la triste causa de tu infeliz suerte. Cuando dejaba el Sol el cortinaje azul, de estrellas claras guarnecido, a quien fluecos de luz sirven de encaje, y de adorno el diamante más lucido: cuando su rostro claro en el celaje, no crepúsculo ya mal advertido, sino distinta luz mostraba Apolo, dejando a escuras elopuesto Polo. Gran multitud de avejas vi en el viento dar dar un vuelo agradable, y deleitoso, y en el lautel que da nombre al Laurento, y en el jardín de mi Palacio hermoso, todas tumaron sosegado asiento. De la parte del mar vi que vinieron a mi ciudad, y a mi Palacio, cuando mis sentidos turbados advirtieron lo que estaban confusos admirando: del mar las olas nunca avejas dieron, dije entre mí, y a Drances consultando Con tu licencia responder intento, esta interpretación me dio elocuente, dicha tan breve como fabiamente. Con más tiento Dice en efeto Drances, que a mi hija le tiene el cielo esposo decretado, y que en Italia sucesor no elija, Pierde el cuidado, pues por el mar a verle coronado Siempre mi vida en ella ha de venir, que no me aflija dice también, porque escuadrón formado El consejo que he dado, Turno fuerte, de avejas, y en laurel tomar su asiento, causa es de bien, y anuncio de contento. Esto me dice un sabio consejero, cuyo voto es a todos preferido, y así confuso estoy, pues considero que a Labinia he de dar otro matido, y este no natural, si no extranjero, Turno, y pues tu consejo, y favor pido, desecha la pasión, el amor deja, que con pasión, y amor mal se aconseja. Tus razones, señor, escuché atento, aunque dudoso, triste, y admirado, y en ellas vi que está tu pensamiento bien advertido, y mal aconsejado; ya se que paro el Sol, y alcanzo el viento: si por el cielo todo está ordenado, Si me replicas que no goce a Lavinia; pero advierte que lo que viste entiendo de otra suerte. Yo soy ese varón del mar venido, y de sangre extranjera deribado, de Italia en mis abuelos admitido, y por ella de Reinos heredado, de Grecia vino el escuadrón lucido de mis primeros, y del mar salado salieron, con que pruebo claramente, que las avejas somos yo, y mi gente. Y demás de esto, no es razón que creas lo que sin causa suceder te pudo, y pues premiarme horándome deseas, deja un consejo de verdad desnudo, que si a Labinia en mi valor empleas, a toda Italia serviré de escudo, aunque cubriesen para hacerte guerra naves el mar, y ejércitos la tierra. Con tu licencia responder intento, probando que el consejo que te he dado es el que te conviene. Con más tiento responde, porque Turno es arrojado. En ti mi gloria fundo, o mi tormento en tus manos estoy. Pierde el cuidado, que suya no has de ser, Siempre mi vida verás de ese favor agradecida. El consejo que he dado, Turno fuerte, a quien tu llamas de verdad desnudo, es el mejor, y que oses atreverte a estas canas, aún viéndolo lo dudo: el melistuo escuadrón, si bien se advierte que en Italia la paz anunciar pudo, aún está por llegar, tú ya has llegado, mira quien anunció lo que ha pasado, Y si dices, que solo eres bastante a defender a Italia, considera al más valiente, y menos arrogante Hector midiendo el campo. (lante? Cómo? Epera. Hector fue más que yo, ni el mismo At- fuerte coluna de la fuerte esfera me iguala. Mi valor. Si me replicas Escules soy, y tú serás mi Licas. No es razón altercar en mi presencia con acción tan colerica. Obligado aliento aliento mi valor a mi impaciencia, y a mi pesar este despecho he dado: pero advierte la mucha diferencia (do, que ay de mí a Drances, que aun que gran solda. y gran sabio, Rey, soy por cuya espada fue Italia defendida, y respetada. Aunque vasallo, soy tan bien nacido, que esforzar mi opinión contra ti puedo Por vida. Turno. Desdichada he sido, y a cuantas hay en desventura excedo, si he de tener este feroz marido, no solo triste, mas sin alma quedo, que la mujer que cala a su disgusto, la vida pierde, pues cautiva el gusto. Hoy pienso resolverme en este caso, y hoy mismo, Turno amigo, vuelve a ver Con esta dilación mil muertes paso (me. o si para excusar el detenerme no temiera Faetón otro fracaso, o volara su padre por valerme, de los diamantes que la tierra goza le tachonara su veloz carroza. Y tu Labinia hermosa, si el deseo con que te adoro estás considerando, en el verás el superior trofeo que te ofrezco, los Orbes admirando, el celeste Arsión, el tracio Orfeo, estén tus eminencias celebrando, (das mientras da el Sol por cumbres, y por fal- blancas perlas a verdes esmeraldas. A tu afición Labinia agradecida tan por extremo está cuantos bligada. A sus pies, y a sus manos alma, y vida En el Tiber Laurentino, está pera adoraros dedicada. Drances confusa quedo, y suspendida, estoy más afligida que turbada. Su espola no has de ser, antes la tierra fácil ceniza hará la civil guerra. Veinte bajeles, señor, dejando el mar inconstante con novedad superior, al Tiber dan arroganto más caudal, y más valor. Y en sus hermosas orillas, de cables hacen piguelas, esparciendo maravillas, hurtando al viento las velas, y a la corriente las quillas. Su viaje han suspendido; un Embajador espera para entrar licencia. . Ah sido esta vez la vez primera que tal se ha visto, ni oído. Brava cosa, que se entregan hombres al río, y navegan por él, quién serán, quién son! A qué gallarda ocasión estas veinte naves llegan. Dile que entre. . Jamas vi sobre las aguas del Tiber tantos leños. . Ay de mí, si mi pensamiento libre cautiva mi padre en ti. Postrado a tus pies te pido la mano. . Quita del suelo la rodilla, y di que ha sido la novedad con que el cielo a mis ojos te ha traido. Habéis errado el camino del mar? venís derrotados por su campo cristalino, de sus olas arrojados? En el Tiber Laurentino, señor, el cielo piadoso nuestra intención ha guiado solo a ver tu Reino hermoso, centro de nuestro cuidado, ya por tu causa dichoso. No las olas levantadas del mar mil, contrario viento por las espumas saladas A nos nos guiaron a Laurento, si no deidades sagradas: de la gente desdichada somos, Reguí aquel Griego no pudo en Troya abrasada alcanzarnos con el fuego, ni ofendernos con la espada. Nuestro caudillo es Eneas, en quien es razón que veas el hombre más eminente, mas piadoso, y más valiente de cuantos honrar deseas. Por el vengo a suplicarte, que le des alguna parte de Italia, en quien mostrar pueda cuan heroicamente hereda de Venus valor de Marte. Levanta, y a Éneas di, que suya ha de ser mi tierra, que hallará Priamo en mí, que no le hará Italia guerra donde su alabanza oí. Y que venga. . No presumas. que es descuido el no venir; pero al dejar las espumas del mar, quiso prevenir a la Sibila de Cumas, fue a consultarla; y a mí venir aquí me mando. Quién eres? . Señor, yo fui el que a Eneas no dejó cuando entre llamas le vi; y el que entre fieros combates. a su lado, los quilates mostré de mi pundonor, dándome Troya el valor, y siendo mi nombre Acates: Vete, y dile que me vea a tu gran Troyano. . Sea siempre tuyo el bien por vario. Un contento extraordinarjo el alma me lisonjea; no ves como mi verdad se va acreditando bien? Tan extraña novedad, me sobresalta, y también alguna oculta deidad me amenaza; pero eterno no hice mi nombre, enviando tantas almas al aberno? pues seré, que estoy pensando? hoy Rey del dichoso Reino, o causando al mundo espanto, Italia verá su tierra bañarse con sangre, y llanto, o arderse en mi amante guerra la prenda que estimo tanto. Tienes razón. Es sin duda. este el que esperas, señor. Piadoso el cielo me ayuda. Hoy, Turno, es bien que tu amor a solicitar acuda lo que en esto debo hacer. Cuidadoso amante soy. Qué haré? Dichoso he de ser. Si a Labinia no le doy, Italia se ha de perder; el cielo quede contigo. Y a ti te guarde. . Yo muero. Con tiernos ojos te digo, que en tu imán hacer espero constante el Norte que sigo. A mi padre estoy rendida. Pues hoy mi esposa has de ser, se a mi amor agradecida. Primero verás perder. Yo mi sangre. . Yo mi vida. Ya Acates, sin duda alguna, aurá visto al Rey. . Y creo, que logrando tu deseo me- mejorará tu fortuna. Ya, señor, podrás seguro, libre del viento, y del mar, tus desdichas olvidar, fundar ciudad, canjar muro, Ya de Caribdís, y Sila podrás estar sin recelo, y ver secretos del cielo en manos de la Sibila. Ya, Ascanio, la suerte mía, a mis cansados pesares, en los montes de los mares les dio sepultura fría. Ya me libré de Neptuno, ya dejará de afligirme; ya también de perseguirme estará cansada Juno. Ya mis desdichas olvido, solo queda en mi memoria de Troya la triste historia, el amor de Elisa Dido. A Troya, y a Elisa olvida. Mi patria está con razón gravada en mi corazón, Dido en mi alma esculpida. El corazón que es mortal, de Troya se olvidará, mas de Elisa no podrá el alma, que es inmortal. Sin olvido habrá consuelo en tu memoria. . Dejadme, y en las naves aguardadme; id en paz. . Guárdete el cielo. Dete mil dichas. Ya estoy donde la Síbila habita, de cuya ciencia infinita curioso devoto soy. Este es el bosque intrincado, donde en una, y otra gruta, parda adelsa, vil sejuta, se esconden del verde prado. Hacen aquí habitaciones las no estimadas verdades, que dejaron las ciudades, huyendo las confusiones, Aquí la Sibila toca los sucesos venideros, que solo son verdaderos en su pecho, y en su boca. Pero ya advierto el ruido de pasos tan deseados, entre penas dilatados, y entre sombras escondido. Hijo del fámoso Anquises, ya que el cielo ha permitido que aqueste bosque florido con pasos humanos pises, Desde él seguro podrás mirar el Aberno triste, cuya eterna muerte asiste en los campos donde estás. Míralos bien, que después pienso hacer que alegre veas a quien ver, y hablar deseas. Primero puesto a tus pies deseo saber de ti, si podré alegre, y seguro levantar segundo muro de Troya en Italia, di. De aquí saldrás enseñado a cuanto debes hacer: ahora comienza a ver ese bosque dilatado. Este es él Aberno, en quien no pueden gozar las almas de los Esiseos las palmas, que desean, y no ven. Aquí no admiten disculpas, ni hay número entre cadenas, de los nombres de las penas, ni las formas de las culpas. Aquí la envidia soez A3 vive, vive y muere en su crueldad, la pálida enfermedad, y la cansada vejez. Aquí la hambre, que induce a emprender viles acciones, sembrando varias traiciones, tristes sucesos produce. Aquí la pobreza siente su oprobio en lugar interno; porque hasta en el mismo infierno. está vergonzosamente. Allí las Furias están; allí el triunfante Cerbero oculta al feroz barquero, varios trabajos le dan. De su barca mal segura, todas las almas destierra, cuyos cuerpos en la tierra carecen de sepultura. Ay cielo, dime señora, que es lo que veo, y no miro, porque me espanto, y retiro? De qué recelas ahora? no temas, que estás seguro. Yo no conozco al temor, pero aflígeme el dolor de ver allí a Palinuro, el que mi nave guíaba; el que como viese en ella entre nubes una estrella, mi viaje aseguraba. Quítole la vida Juno con su obstinado rigor, al más sabio agricultor que aró el campo de Neptuno. Aguarda, que aún has de ver cosas mayores. . Procuro no ver muerto a Palinuro, que mi amigo selía ser. Aquellos que miras, son los que por amor se han dado la muerte. . Que desdichado fin tuvieron; que visión es aquella, que dejando a los que la van siguiendo, comenzó a venir corriendo, pero ya llega anhelando. No temas. . Valor eterno tengo, porque soy Troyano; la espada pondré en la mano, y sombras llueva el infierno. No importa valiente espada para quien sin cuerpo viene. Bien has dicho, pero tiene fuerza oculta si es honrada, Es antidoto al temor, y puesta en la mano mía, quilates da a mi osadía, y elmaltes a mi valor: Mas ay de mi desdichado, no es esta que el viento pisa la hermosa Dido Fenisa, sangriento el pecho, y nevado? Qué crueles, que prolijos, entre ingratitudes feas, Tesón, Cupido, y Eneas, entrambos de Venus hijos. Pues te hicieron desdichada, a mil mundanzas sujeta, de aquella, feroz saeta, y de este, la injusta espada. Cuando tú en el mismo espacio, por él me mandaste dar seguro puerto en tu mar; franca entrada en tu Palacio, que ingratitud, pero advierte, que ella misma me condena. a sentirla con tus pena; y a pagarla con tu muerte. Responde, o con tiernos lazos. me recibe, o prenda amada, dame lugar en tu espada, para que muera en tus brazos. Así siempre los Feniseos hagan memoria de ti; así saliendo de aquí goces los campos Eliseos. así con tu fuego ardiente vengando el agravio estes que te hice, que me des los brazos. Hijo detente. Qué voz es la que he oído, que a un tiempo me ha nombrado, y detenido? pero a mi padre veo, Ya bien puedes partirte, o es ilusión que forma mi deseo: mas no, a mi padre miro, Norte de los consuelos a que aspiro; padre, seré dichoso en Italia después que el proceloso fiero mar me ha dejado? daré al ti impo edificio levantado, que a la Troyana gente recoja alegre, y fértil la sustente? Si tanto bien merezco, templos de mármol a la Diosa ofrezco, que me persigue tanto, víctimas le prometo, si causa soy de tan dichoso efeto. Eneas de mi vida, la tormenta del mar ya es fenecida, pero falta en la tierra prolijo campo de sangrienta guerra, y podrán tus Troyanos mostrar los pechos y ejércer las manos De nuevo vuelve Juno, por no mostrar desdicha o daño alguno, que contra ti no pruebe el alto Alcázar, y enojada mueve desde el lúblime asiento contra la tierra rayos en el viento: no ha de faltarte llanto, pues con el crecerán las aguas tanto del Tiber, que presuma pagar tributo al mar en roja espuma: y contra ti más fuegos verás en los Latinos que en los Griegos; mas no desmayes hijo, pues aunque te parezca al fin prolijo, y aunque ofrezca Tesalia sus monstruos contra ti, que será Italia tuya, animoso espera, pues yo te asisto en superior Esfera. Padre espera, detente, no abras las nubes tan ligeramente, la voz oye de Eneas, pues me engendraste, pues mi bien deseas en vano me atormento, y en vano voces doy al frágil viento. Ya bien puedes partirte, y para heroicas guerras prevenirte, pide la paz primero, antes que saques el valiente acero, y en fiendote negada, en sangre tiñe la valiente espada, y ahora en paz te queda, fía de mí el valerte en cuanto pueda, dame la invicta mano, y confía en el cielo soberano, que la verás triunfante, tanto que admire al sol, y el cielo espante. Que tan infeliz sea, que en el mar, y en la tierra en tal me vea, el contra mis vavios rocas opuso, descubrío bajios, y ella para mi afrenta, gentes previene, y máquinas inventa. Oh míseros Troyanos, si os acabaran las sangrientas manos de los feroces Griegos, y os abrasaran sus boraces fuegos, fuera por menos larga, mayor la pena, aún siendo más amarga Pero en tierras extrañas han de ser tan heroicas mis hazañas, que la Troyana historia A 4 haré inmortal la suya, y mi memoria, y mi valiente espada en sangre roja se verá manchada; a dios Elisa Dido, cuyo rostro en mi alma está esculpido, queda en paz padre amado, que a mostrar voy la sangre que me has dado: Italia vencedora, si no me admites, tus desdichas llora. Deja la melancolía, que si te llega a vencer, será parte a escurecer el cielo de tu alegría. Y con más cuidado advierte, que en la más cuerda asegura alguna fácil locura, o alguna temprana muerte. Mal, Celaura, me aconsejas, que me alegre, cuando ves la causa cuan justa es para mis amargas quejas. Que pues tan ciega mi suerte mi cautiverio procura, no recelo la locura, ni me excuso de la muerte. Porque viéndome oprimida a casarme en mi opinión, la locura es discreción, y la muerte será vida. Si a Turno aborrezco, cuanto llama ardiente a nieve fría, como la tiniebla al día, o como la risa al llanto. Porque te admiras de verme? porque te espantas de oírmes con pesares adigirme? con penas entristecerme? Pues no dudo, si cautiva tengo el alma, que me espera alguna vida que muera, o alguna muerte que viva. Y más de un hombre tan fiero, que a tiernas obligaciones, dará de bronce razones, entre palabras de acero. Cómo será cortesano, afable, blando, y discreto, siempre en los hombros el peto, siempre la espada en la mano? Y en fin, después de advertir cuan vario gusto apetezco, tras decir que le aborrezco, que más tengo que decir? Dichosa Labinia, el cielo piadoso te favorece, como tu valor merece, y le importa a tu consuelo. Qué hay de nuevo Drances mío? que dice mi padre amado? Que las naves que han llegado desde el mar peinando el ri- las que yo te dije son; y que el cielo soberano quiere dar tu hermosa mano a este eminente varón, y no a Turno. Tu procuras mis bienes, porque yo pida que le dé el cielo a tu vida lo que en la mía aseguras. Permitan pues en tu suerte las deidades soberanas, que la nieve de tus canas no la derrita la muerte. Y a ti, Princesa divina, logren tus altos deseos de la caza a los empleos. Mi nacimiento me inclina: Y aunque el corazón aliento, si tras el oso, o la cierva oprimo el campo, la hierba, parto la región del viento. Con Con todo no soy tan fiera, que quiera a Turno entregar la libertad. . Obligar solo el ser Rey te pudiera. En Italia mucha parte tiene Turno, ya lo veo, mas no reina en mi deseo. Ya viene tu padre a darte consuelo. Ya el alma advierte que por ti he de ser dichosa. Serás la primera hermosa que tuvo felice suerte. Hija del alma querida, siéntate a mi lado. . El cielo alabe tu justo celo, y aumente tu heroica vida: Celaura llégate a mí. Ya estás del todo advertido. A los cielos favor pido, a quien entiendo por ti. Ya Turno espera licencia para entrar. . Ya pide Eneas licencia, para que veas su persona en tu presencia. Entrambos pueden hablarme, a quien cuidadoso espero. Ay de mí, que triste muero cuando pensaba alegrarme. Rey que das. Señor que amparas, Valor. Quién. Aguarda. ̱. Espera. Yo soy Turno, y he de hablar al Rey primero, Pues hierra no conoce, perdona; mas yo, Turno, soy Eneas, y si modestas razones me informaran de quien eras, entonces yo respetara tu valor, mas pues en ellas tanta arrogancia mostraste, en mí no será suberbia el decir que al extranjero el Rey debe dar licencia primero que al natural. Siendo yo quien la pretenda. Turno, Éneas, esas sillas, y el lugar primero, tengan el respeto de estas canas. Y el segundo mi obediencia para ponerme a tus pies, a donde es razón que veas, que en la insigne patria mía las boraces llamas Griegas destruyeron, y abrasaron, hasta las marmoreas piedras, pero no la cortesía, que es hija de mi nobleza. No vi joven más gallardo. No he sentido mayor pena No vi mayor hermosura. El corazón me revienta. Turno, bien sabes que el cielo con superior eminencia inobediencias castiga, y coronas atropella. Bien sabes también que vi aquel escuadrón de avejas, que al salir del mar, tomó asiento en mi casa misma. Y me dijeron callando, que case a Labinia bella con Príncipe que del mar me pida amparo en la tierra. Ahora estas veinte naves has has visto también que llegan, con el famoso caudillo, que sus soldados gobierna, con que confirme de Drances la no dudosa respuesta, cuando procuraba yo, que mi heroico yerno fueras, supuesto lo cual si el cielo prodigiosamente ordena que otro a mi Labinia obligue, de modo que la merezca, debes tú sin sentimientos que te obliguen, y enfarezcan, los decretos no impedir que señalan las estrellas; pues si concordes quedamos, tendrás padre en mí que pueda, regalándote en la paz, favorecerte en la guerra. Pues ya la resolución, que pudieras excusarte, te escuché, escúchame atento mis penas, y mis pesares. No soy yo el que en tu defensa regué el campo con más sangro que las aguas de los ríos pagan tributo a los mares? No soy yo el que di a Sicilia, cuando quiso revelarse. más fuego del pecho mío, qué arrojaron sus Volcanes? No soy tan Rey como tú, y no ocupo tanta parte en Italia? pues porque a Labinia has de negarme? Yo puedo dejar de ser su esposo, siendo su amante? y en esto ha de haber quien quiera si no excederme, i gualarme? Has de ser tú por ventura, que por fácará tu padre de entre las llamas, piadoso te llaman, siendo arrogante? Tú, tú a mis glorias te opones, como al cielo los Gigantes, librando tus buenas suertes a tus falsas humildades? No ves que tus hechos viles ya Italia, y el mundo sabe, desde que Aquelenos tuyos navegan olas errantes? Si vienes, Troyano injusto, como engañoso, a llevarte a Labinia, como a Elena robó tu pariente Paris, también puedo juntar yo, como el Griego, tantas naves, aunque Ulises, y Senones en mis ejércitos falten No te cortes de haber sido ingrato huésped de un Ángel, de quien regalado fuiste, y fugitivo dejaste, para no venir ahora con fingidos ademanes, a interromper nuestros gustos, y a perturbar nuestras paces? Vuelve a las naves tu gente, da sus velas a los aires, y entre Nortes no entendidos, quiebra dudosos cristales. Y si no, por los que habitan el cielo eternas deidades, que han de ver el claro río teñido en tu ruja sangre. Yo soy el piadoso Eneas, hijo del Troyano Anquises, y de la Diosa que tuvo en las espumas su origen. Cuando el caballo fatal, que el engañador Ulises fábrico, para que Troya fuera del todo infelice. A la mitad de la noche salí A salí de mi casa triste, sin saber la causa cierta de la confusión terrible. Cuando deslumbrado entonces, los capiteles insignes vi abrasar entre las llamas, y entre los humos hundirse. Quedé como cuando el rayo peñas, y troncos divide, que los ganados espanta; y los pastores astije. Y con mi espada; y mi escudo, medroso, y valiente fuime al Palacio, donde ya solo sus memorias viven. Y animando a los Troyanos, todo cuanto pude hice; mas los divinos decretos, quien los ve, no los impide; volví a mi casa, a sus puertas vi arder mis honrolos timbres, y con amable piedad, de entre las llamas horribles saqué a mi padre, y mi hijo; y a mi esposa que me sigue pierdo, y por buscarla, dejo entre unos cipreses tristes. a mi hijo, y a mi padre, y como furiosa Tigre, que los hijuelos les roban, y entre sus venganzas gime, maté más Griegos entonces. que rayos adora Clicie, que el cielo estrellas sustenta; y que el mar arenas ciñe, hasta ver Crevisa an sombra, que me consuela, y despide: y yo, y los demás Troyanos, que se animan a seguirme, otupamos treinta naves, y dando el viento apacible en las velas, manso el mar, nos abraza, y nos recibe. Mas Juno, que a los Troyanos airadamente persigue, porque Paris no le dio Manzana tan infelice, le dio una Ninfa a Neptuno, y el de agradecido enviste, con mis naves, ayudado de los vientos que le siguen; pero asido de sus brazos, sin turbarme, y sin hundirme, para peligros mayores, me vi entre Sila, y Caribdis: llegué al Reino de Laertes, donde afligido maldije una tierra que produjo las astucias de un Ulises. Con las Harpías hablé, y una me dijo, que firme puerto tomaré en Italia después con ánimo libre. En Laúcates tomé puerto, donde Eleno me predice que seré señor de Italia; aunque estornos me lo impiden. Toqué en Sicilia, y murio en ella mi padre Anquises; después otra gran tormenta tanto a mis naves divide, que unas las estrellas tocan, y otras las arenas miden. La de Cloanto en un escollo tan furiosamente enviste, que la vi desde la gabía hasta la quilla partirse. Pero mi diestro Piloto; mi nave a la tierra firme guía, y luego las demás su dudoso rumbo siguen. Tomamos puerto en Carrago; donde vi su Reina, y vime en sus brazos recojerme, y a su hermosura rendirme. Si pagué mal su hospedaje, no por mi culpa lo hice, sino por orden expresa del cielo, que dividirme quiso de sus ojos bellos, muerto en mis penas terribles. Venus mi madre me habló desde un globo inacesible, donde con voz enojada estas palabras me dice: Cuando entre rayos de luz, dando a los campos matices, los blancos pechos del Alba candida leche distilen, deja Eneas a Cartago, donde si adoras olvides, antes que Júpiter santo fuegos lance, y rayos bibre. Busca a Italia, y esto dicho, cuatro palomas, que visten en alas ocho diamantes, y en picos cuatro rubíes, su tachonada carroza, sobre los aires sutiles llevaron, si no a los cielos, a los jardines de Chipre. Matose Dido después, que muerta en mi alma vive, en quien otro amor no cabe, ni otra belleza permite, hasta que viendo la tuya, alta Princesa, la imprimen en mi corazón los Dioses, con cuyos alientos vine a ser milagrosamente de tu decendencia origen. Y en fin si Crevisa en Troya, las Harpías en las tes, en sus dístritos Eleno, Venus en su asiento insigne, la Síbila entre los montes, y en los Eliseos Anquises; todos me ofrecen a Italia, cuando a ganalla me anime, si los hados me la ofrecen, que contrarios me la impiden, Turno? si tú la deseas, o ser para perseguirme otro Senon cauteloso, y otro valeroso Aquiles, yo soy yo, y cuando en Italia toda su gente acaudilles, que yo sea dueño suyo no has de poder impedirme. Y si no, por los que habitan los superiores confines, que ha de pagar con tu sangre al mar su tributo el Tiber. Tu valor, que con el mío imaginas que compite he holgado de oir, Eneas, pero quisiera medirle con la espada. Turno vete, y no trates de afligirme con los extremos que haces, y las razones que dices. Y tú, Eneas, en mi tierra puesto conveniente elige, donde fundando ciudades, correspondencias confirmes. Mil veces beso tu mano. Que tal los cielos permiten! pero yo haré que mi espada lo que lo dieron le quite. Qué braveza tan prudente! que gala tan apacible! Lavinia le mira, ay cielo, rayos sus ojos despiden. aura, y a hoy mí C entro de mi pecho vive. cares; ya por Labinia nuero alegre, no triste

JORNADA SEGUNDA

Dame, señor, la vencedora mano. seas Hijo del alma, Ascanio de mi vida, digna esperanza del valor Troyano, pide las manos de la bienvenida a Palante. El valor de tu persona alabe el cielo. Y a tu edad florida preste rayos el sol desde la zona, a quien parten signiferas figuras, que del soberbio Atlante son corona. Cuando el Sol entre azules colgaduras, y pabellón de espumas guarnecido, sosegaba las ondas mal seguras, con mis dos leños el cristal divido del Tiber, hasta llegar a ver los muros Euandro, a mi amistad agradecido. Hablele, y en sus brazos vi seguros mis pensamientos, diome tanta gente, que seca el campo los arroyos puros; y diome más por capitán valiente asuadorado hijo, al gran Pulante, aunque mozo, en hazañas eminente, con que yo fuerte brazo, el arrogante Turno verá la fuerza de mi mano, que rayo es ya de Júpiter tonante. Que sea tal la desventura mía Del Rútulo; y Latino, ya el Troyano tiene en Italia cierta la victoria, pues la funda en esfuerzo soberano. Ya la inmortal, y venidera gloria a mi padre, y a mí nos honra tanto, que hará eterna de entrambos la memoria. Bien tu ausencia empleaste aunque entre tantos. convoco tantas gentes extranjeras; Turno, que al cielo dan horror, y espanto, Mesencio, y Lauso, ocupan las riberas. Italianas, con dos mil vasallos, bastantes a escalar la misma esfera: Mesapo valeroso mil caballos ofrece al campo, que pudiera Febo, para mudar los suyos, deseallos. Ufeute imitador del gran Corebo representa dos mil, y de la parte que baña en sombras el sagrado Erebo, Aleso vino, que pretende a Marte escurecer con hechos hazañosos, y cuatro mil conduce a su estandarte. Camila, de soldados valerosos, rigiendo una gallarda compañía, cubre del Sol los rayos luminosos, y en fin, de donde nace, y muere el día, tan grande multitud de gente vino como hace espuma; y de arena cría. Y aunque casi forzado el Rey Latino padre de tu Labenía se ha mostrado tu contrario en su Alcázar Laurentino, con cuyo aliento Turno ha levantado libres banderas contra el nuevo muro, en tu ciudad apenas acabado, por tres veces le vemos mal seguro, y otras tantas de Ascanio defendido: dio envidia al aire denso, y al sol puro, por lo cual el acero suspendido formamos treguas, hasta ver el día del plazo señalado bien tenido. Que sea tal la desventura mía que muestren contra mí la sangre, y fuego, contra el viento, y las aguas su porfía: que más, que más el ofendido Griego hizo para cobrar su libre Elena, que convertir a Troya en humo ciego? ya en mi nueva ciudad Juno condena al muro sin su ofensa levantado al mismo incendio, y a la misma pena: si Paris la ofendió? si le ha pagado a costa de su sangre, y de su tierra fuego amoroso en fuego acelerado, yo debo. Al arma, al arma, guerra, guerra. Quizá rotas las treguas Turno vuelve a batir tu ciudad. Nunca se encierra Éneas entre muros, si revuelve contra mí el mundo, espero en la campaña que esto en mi pecho mi valor resuelve: Ascanio, ocupa el pie de esa montaña, y con la sangre vil del enemigo tiñe el lustroso acero, el campo baña, y tú, Palante, a todo fiel testigo, imita con tu brío, y a mi lado, tu fuerte padre, y mi mayor amigo. Acómete señor, Pierde el cuidado. Que a tu lado verás mi espada fiera. Tróvanos, rayo soy del cielo airado, muera Turno, soldados, Muera, muera. Primero, piadoso Eneas, que el belico son retumbe en lo hueco de los montes, a lo opaco de las nubes, te detengo a que me ampares, y te obligo a que me escuches, para que sabiendo el daño, mejor el remedio busques. Después que el Latinó Rey, contra su heroica costun bre prevaricó la promesa, que yo en su pecho dispuse, de darte a su hermosa hija, y al feroz Turno atribuye las desventuras de Italia, tan grandes como comunes. Y después que fuiste a Euandro, con cuya amistad concluyes, que su hijo te acompañe, y sus amigos te ayuden. Y después que haurás sabido que en tus ausencias destruyen de tu ciudad las murallas, que al son nuevamente lucen. Lavinia, Labinia, ay Dios, cuyas soberanas luces, en lo mejor de su pecho tus cuidados intro ducen. Sabiendo que tu venías, y que las gentes que incluyen tus lucidos elcuadrones, los vecinos campos cubren, para verte, para hablarte, y pedirte, que procures con su advertencia algún me dio menos cruel, y más útil: porque logres esperanzas, que ya en los dos son comunes, sin que las aguas Latinas con humor sangriento enturbies. asegurado en las treguas, como yo se lo propuse. Licencia el Rey me concede, para que en los campos hurte Lavinia el oficio al Sol, y nuestro Horizonte alumbre, Salió a caza acompañela, y no descuidado anduve, pues con número bastante, ya que no con muchedumbre de gente, pronostique, en los recelos que tuve, lo que al decírtelo ahora me agoniza, y me confunde. Con un papel te avise, que a la parte donde puse un lienzo blanco, acudieses; mas la fortuna que induce contra esperanzas veloces, atrevidas pesadumbres, quiso la traidora causa, como adivinada supe, que llegó a manos de Turno papel, para que junte gentes, que desangaños venturas disminuyen; furores a sus celos, puncan sus costumbres ellas, como los vientos sencadenados rugen, dales corrientes pasan, races llamas destruyen; escoltas acometen Lavinia, yo aunque pude marlos con la voz, ito el miedo los confunde, e flacamente pelean, ifrentosamente huyen. o viendo, ay de mí, a Labinia, perdida, solo supe imper con quejas del cielo pnimentos azules. viendo que ya en Laurento ican al arma, y se hunde or todas partés la tierra, vantando polvo inútil los cielos, que piadosos ranas ofensas sufren. n las uñas de un caballo nsi muerta esperanza puse, asta poner a tus pies, ara que tu enojo alumbres. con aceros que en ti lnto puedan como lucen, un Ángel la libertad de le debes, le procures. Hasta aquí, cielo, hasta aquí ueden llegar lo que infunden eenojos, celos que abrasen, erabia, ofensas que injurien. la. Troyanos, ahora s tiempo, porque se apure lvenganza, que el agravio on la diligencia luche. Ascanio, Palante, y todos cuantos me sigan, no duden, que Títrenos, y Latinos me han de quedar, que no ocupen con cadaveres los campos, o con cenizas las nubes. Y aún no está seguro el cielo si otros Gigantes produce de mis agravios la tierra, que otros edificios funden. Toca al arma, muera Turno. Turno muera. Y si le inftuyen Estrellas que le defiendan, caerá, aunque procure hacer que sus rayos bajen por donde mis quejas suben. Espera, y con tus rigores no ofrezcan tus pies divinos en los campos Laurentinos, roja sangre a blancas flores. Mira que son loberanos, ofreciendo mil despojos, liberal, para los ojos, si ahora para las manos. Tras tu veloz movimiento iré asido a este volante, pero mal será constante favor que alcanzo en el viento: oye señora. Obligarme pretendes con perseguirme, villano, para afligirme, y traidor para robarme. Suelta, que en esta ocasión quisiera, rompiendo lazos, dejar hecho más pedazos que el volante, el corazón, pues sus alas no han podido librarme de tu rigor. T Turno vencido. Soy amante. . Y es amor hidalgo el que fue atrevido? y para atreverte, ay cielos, no sabes quien soy? espera, qué haces? La envidia es grosera, y son villanos los celos. Por lo cual mi pensamiento tiene con más propiedad disculpa en tu libertad, que culpa en mi atrevimiento. Pues si mandaste llamar a Éneas, cuando procura Turno tener su ventura, por venir en su lugar, no se ofende riguroso, porque la mengua en la fama de que al querido llama, quita el respeto al celoso: perdona. Y quien hay que entienda que causa bastante ha sido el escoger al querido, para que al celoso ofenda? Querer a Éneas, y a ti no quererte, es libertad, lo que está en la voluntad mides con la fuerza? . Sí, cuando el desprecio es injusto, y a venganza la elección obliga. . En qué corazón hace agravio lo que es justo? En el mío. . Ten la mano, y suspende la esperanza; teme juntas la venganza del Latino, y del Troyano, mira que tu vil empleo entre mis desdichas traza tu ruina. . Esa amenaza me enciende más el deseo. De mis heroicas acciones suspenderán los destinos Turno vencido. los estandartes Latinos, y los Tróyanos pendones. No soy Turno Telamón? no robó Alcione Áquiles a Hipodamia, y nunca viles los robos amantes son. Apasionados, y ciegos, muchos Eroes los viaron, pero solos los vengaron en los Tróyanos los Griegos. Cuanto y más, que en mi esperanza con mayor cuidado empleo la fuerza de mi deseo, que el temor de tu venganza, porque en mi ninguno cabe. Cielos, si os puedo obligar, formad de este arroyo un mar, o haced de este monte unave, porque en mis fortunas malas, ampare mis fuerzas solas, el uno sobre sus olas, o el otro sobre sus alas. Sígueme. Mi pena es mucha; a traidor. . Por ti lo he sido. Deja el intento atrevido, y el belico son escucha, suspende hazañas tan feas por tu presunción altiva. Muera, muera, viva, viva, muera Turno, viva Eneas. Qué escucho? Troyanos son. Mas me espantan tus desdenes. Ve a pelear. . Tú me tienes asido de él corazón. Mira las espadas fieras de los Tróyanos varones, ya romper tus escuadrones, y ya y ya arrastrar tus banderas. ̱. El ver sus viles hazañas lucir en tus ojos bellos, me arrastra por los cabellos, y me rompe las entrañas. Porque no vas, cuando ves por la tierra tu estandarte? ̱. Ay cielo, porque el dejarte mayor desventura es. ̱ . Turno, Turno. A quién infama tu nombre no le conoces? ve, y pelea. Con sus voces tú me tienes, y él me llama, qué haré? Ve . Infelice suerte. Irme quisiera, y quedarme, dices que es por no dejarme, y será por no atreverte, siendo en tu pecho una excusa mas que amorosa, cobarde. Cruel, aunque llega tarde mi resulación confusa, tanto me apuras, y aprietas, que mi honor mal satisfecho, más brasas pone en tu pecho, que tu amor puso saetas. Y porque veas mejor que merezco tu hermosura, a no faltar en ventura lo que me sobra en valor, levantaré mis banderas con mi voz, y mis soldados, que aves fueron retirados, secogidos serán fieras. Verán por sus Horizontes los montes de sangre ríos, viendo de contrarios míos n los llanos otros montes. Lacabeza del Troyano, intre sangrientos despojos, por vengarme de tus ojos, hle de traer a tus manos. Pero primero a esta seña vendrá la escuadra valiente que escondí de armada gente en los huecos de esta peña, a llevarte por las faldas de esta montaña que ves, donde como sol estés, escondido en sus espaldas; y yo te halle, en volviendo, victorioso, esto emprended, ea amigo esto haced, del alma, que os encomiendo, mientras yo voy ofendido, qué haré? Ve . Infelice suerte. para volver vencedor a restaurar el honor que mis gentes han perdido, 1. Vamos, y la blanca nieve de tus pies convierta en flores las espinas. . Quién traidores, a mi respeto se atreve? 2. Turno en nuestra confianza. Rigores son de la guerra. En el cielo, y en la tierra no hay justicia, no hay venganza? Eneas hecha pedazos, Eneas, podéis ahora llevarme? mas no. . Señora llevaremoste en los brazos. Eneas, Eneas piadoso, se conmigo. No escucháis, mi nombre? dónde lleváis vil canalla, un cielo hermoso? Mueran, mueran, causa es que da ocasiones sobradas. De plomo son sus espadas. Y de azogue son sus pies. Ascanio, Acates, Palante, pues tanta dicha os tocó perse perseguildos, mientras yo quedo a ser segundo Atiante. Ya, cielo hermoso, a despecho. de las nubes, tus enojos pueden serenar tus ojos; y a tus hermosas mejillas. volver el puro arrebol, con que oscureces el sol, con que el cielo maravillas. Dame la mano, y perdona, si por ser la causa urgente, sustente atrevidamente. todo el cielo en tu persona. Y cuando te ves servida, y obligada generosa, no agradezcas vergonzosa, ni te atrevas encogida. No des causa a mis antojos, para que formando agravios, vean cobardes tus labios, y lisonjeros tus ojos. Pues yo en tan felice día, para tan heroico intento, fundo mi merecimiento en solo mi cortesía. Troyano invencible, cuyo trato noble da agrado a las fieras; y ejemplo a los hombres. Si dudé encogida. el pagarte dócil, con respuestas mías tus obligaciones, es porque no pude hacer que conforme: mi deseo vivo con mi lengua torpe. Mas no, porque fueran fáciles rigores. descubrirte el alma entre las razones, en mí, que no sigo solo inclinaciones. de amables estrellas; pero justos Dioses en mi voluntad, a tus pretensiones, les prestan Tridentes, y les muestran Nortes. Y así, desde el día que te vi en mi Corte, tu viste en mi pecho fuerzas superiores. Oí tus naufragios, sentí tus pasiones, que ablandar pudieran marmores, y bronces. Lloré tiernamente, y maldije a voces la Diosa que causa tus persecuciones. Entre tus memorias siempre perlas corren, que las bierte el Alba, porque yo las llore. Por ver si podía verte en este bosque, he salido a caza, Turno en el robome, sus culpas bendigo, causa de que goce por ti el verme libre de sus sinrazones. Y en tus cortesías mis dichas conocen cándidos ejemplos de honestas pasiones. Llévame a mi padre, para que no llore. mis perdidos ojos, como ausentes soles. De don Guillen de Castro. y en presencia suya será en tus amores no agradecimiento, lo que aquí es desorden. Pues te doy palabra, d. que has de ser el Norte de mis pensamientos, hasta que discordes nobuci de un golpe dos vidas olecida en nosotros cortén. Divina señora, morvinp viendo en tus favores al de tu heroico pecho las entrañas nobles, he quedado yo con admiraciones, mas que estrellas tienen los supremos Orbes! Comó el que los cielos ve abiertos, y pone entre las deidades las elevaciones. Y así suspendido el no hallar razones para responderte, me hiela, y me encoge, dejando mis labios elca de obligados, torpes; yigo pero si tú misma rigo no- por mí te respondes, seré aliento tuyo, alana y podré en tu nombre, sin soberbia mía, a levantando torres, conquistar los cielos, aunque me lo estorben, bo nubés que congelen, y rayos que arrojen; l tu esposo he de ser. Oye Eneas, oye, que segunda vez, los belicos sones, De don Guillen de Castro. los aires alteran, y los cielos rompen. Turno con su gente, que vuelve, y recoge, la tuya acomete, terribles rigores. Pues verás mi espada, que por tus favores, a la suya tiene cum, superior el corte. i Déjame, no temas, pues das ocasiones a que ofensas mías mmeta sean tus temores. ̱g Y si sola quedo, p no cubren, no esconden el campo enemigos, i y fieras el monte? Dices bien, ay cielo, tienes más razones que dudas me ofrecen los hados feroces. c Qué haré, cuando Turno en peligro pone pror de Ascanio, y Palante, los dos corazones? i Dejarte no es justo, ad en mis hombros ponte, mostraré piedad, quinto la a y valor conforme, llevándote en ellos, cuamp y con fuerzas dobles, dando a mis contrarios heridas disformes, mas seré cobarde, temiendo los golpes, hedibla que a mí se me tiran, ida que a ti no te toquen, vm A ingrata fortuna, florca a con que confusiones el alma me afligen, y el pecho me rompen, podrías, podrías, podrías pedille a este monte, para amparo tuyo, lo hueco de un roble. cup Bien podría Eneas, animosa entonces, i pero no me atrevo a dar permisiones anaont de que tu peleas, y yo aunque mayores. tus fuerzas alabe, tus peligros llore. ped Labinia, y no escuchas los tiernos clamores de sangre Troyana, que hecha arroyos corre? nca en oquanla No ves que me matas. la si me dejas? oye. Eneas, Eneas, No escuchas mi nombre? Turno es, que ha dejado. a sus escuadrones, mip como antes vencidos, casi vencedores, Eneas, Eneas, Solo se dispone a buscarme, y ya, podmoaino aunque tú te enoje le saldré al camino. Antes reconoce quien por esta parte atruena estos montes. Vanderas Latinas, Latinos pendones, las gentes que vienen al viento descogen. Solo Pues mi viejo padre t imcap las ruedas veloces o ol del carro apresura, A n mientras no me pones. en su mano, espera. eo Eneas. . Las voces de Turno me llaman, y me descomponen, Pero llamarele, porque mis valores cup cumplan de esta suerte dos obligaciones, i Turno, Turno, y tú, dando admiraciones, anaont entre los dos puedes. no partir dos soles, que tuyo ninguno quiero que le toque, ped sino ver con ellos. s ̱e en competidores, que a servirte aspiran, cual acero rompe con más dicha el pecho nca en que al suyo se opone: oquanla y después mil años el que al sol conforme, dichoso te alcance, contento te goce. Encas. . Turno. . Ay ci toda de fuego soy, toda de hielo. Ya, Eíneas, he logrado mi deseo esta vez, y tú has cobrado con oírme, y llamarme, con oirte, atreverte, y esperarme, creditó en mi opinión. Tú le has perdido, porque nunca es valiente el arrogant Si es, cuando al instante que habló arrojado, y procedió atrevio en su razón fundada, ti acredita la lengua con la espada. Y no es mejor sin recesar su meng dar a la espada el filo de la lengua? Pues pelea. Eso solo es de importancia. Verás si es valentía mi arroganca Ay triste, oíd, tened, y a mi albedrío dejad el escoger, pues mi persona os obliga a tan ciego desvarío, que yo pondré de Italia la cordna en la mejor cabeza ̱. Contraria es de mi gusto tu belleza, y quiero en tal jornada fiar más del acero de mi espada. Yo tambión quiero de la misma suerte . Para contradecillo está mi espada primero que alcanzarte; merecerte, cuando mi esfuerzo veas. Ay de mí, Turno, Eneas, n aio cene e deteneos. y ̱. Tengo amor. ̱. Desdenes lluro. i Respetad por mi gusto mi decoro. Cuanto pidas prometo. (peto. ̱. Donde hay celos, y agravios, no hay res- Pues yo muriendo voy, llegad volando. ̱̱. Ya estoy muriendo por estar matando. Ahora el cielo envía a castigar tu poca cortesía. En eso vengo yo, porque animoso Mi acero no es bastante? Tente piadoso Eneas, Esto concede, pues con este medio tu joven arrogante, osaar Ea pues, no os repliquen mis razones, deja de proseguir hazañas seas. n. Defender mi derecho (cho? no es digna hazaña de mi heroico pe- No es empresa afrentosa el robar con cautela la misma que pretendes por esposa? No, cuando me desvela con injustos recelos, agravios viles, y villanos celos, Yo voy a recoger la gente mía, llamando con papeles, que la imitan ligeros, y crueles, n a Éneas, si el testigo es este; pero cielo a que me obligo? rompérele primero que me venza, leido he su mudanza, y mi vergüenza. Ay triste, oíd, tened, y a mi albedrío Turno, si es verdad, porque no dejas os obliga a tan ciego desvarío, de perseguir la causa de tus quejas, que tu opinión infama ̱. Contraria es de mi gusto tu belleza, y quiero en tal jornada el querer tú lo que otro esposa llama? Yo tambión quiero de la misma suerte . Para contradecillo está mi espada Porque a provar me ofrezco, que me desdeña a mí; por ser su gusto destado fácil, y del todo injusto, n aio cene e y que solo soy yo el que la merezco. prevenida en mi mano; y obligada; y tú para apurallo, Rey Latino, no, concedenos licencia, pues por más llano; y por mejor camino, lip se verá entre los dos la diferencia, que no entre tantas manos de Terrenos, Latinos, y Troyanos, cuya sangre entre llanto, y desconsuelo, la tierra atemoriza, y clama al cielo. En eso vengo yo, porque animoso pretendo a tu despecho teñir mi mano en sangre de tu pecho, para darla de esposo a la cruel Lavinia, en quien consiento, por su desprecio vil, mi amor sangriento. Esto concede, pues con este medio dispone Italia su total remedio. Ea pues, no os repliquen mis razones, cuando tenéis entran bos corazones en eso concertados, E retire cada uno sus soldados, toquen a recogor! y sepan todos, que mudando los modos con mejor providencia esta gran competencia en que Italia se halla, se ha reducido a singular batalla. a Yo voy a recoger la gente mía, apresurando el plazo, en quien me tnca victoriosa alegría. . Yo haré parando el Sol, crecer el día, dando con el aliento de mi boca a mis gentes sosiego, y confianza de Turno te mata, de lograr por mi mano mi esperanza. El cielo la concluya dichosamente, pues que no es tan tuya la causa como mía Toquen a recoger, llegue al momento la paz a las murallas de Laurento Parte, atrevido mancebo, Primero verá el Sol sangriento el día, que su promesa vana qu. V tenga lugar ahora; Ninfa de Juno soy, perseguidora de la nación Troyana, que como ve la superior ventura que Eneas el Troyano on tiene a Turno, aunque en armas eminente, quejosa, y mal segura, en la feroz batalla no consiente, (mano, que emplacen pecho a pecho, y manoa y así, para que esparza entre su gente furor, como de rayos, o cometas, ella misma me ha dado las saetas, con valor infinito, para flechar el arco que ejército; el primero fatal desasosiego daré a Palante, y luego, viéndole en el combate, causa a Turno daré de que le mate, su juveñil belleza oso me lástima, y me ofrece su terneza llanto al pecho importuno, pero no puedo más, que quiere Juno, y si tú no lo atajas, ipue, aunque a recojer toquen las cajas será cosa imposible impedir el rigor ciego, y terible, que la discordia emplea en la mísera gente que pelea. , h Muerto soy. En el aire escucho Turno te mata, honra es morir de mi mano. Cielo, cielo soberano, Toquen a recoger, llegue al momento hacela fortuna ingrata, Turno lo que tu deseas, y yo pago lo que debo. Parte, atrevido mancebo, a las corientes Leteas, y tu desdichada suerte vea en las alas del viento tu padre. . Su sentimiento me aflije más que mi muerte. Y Eneas ciego de enojo venga con loca esperanza a emplear esta venganza que emplacen pecho a pecho, y manoa y a quitarme este despojo. Éneas, aunque te espante mi valor, ven, dónde estás? que en esta banda verás, que Turno mató a Palante: Éneas, Eneas. Cielos, esato quí valedme, piedad, piedad, y en tan tierna mocedad dadme piadosos consuelos. No siento, no siento tanto morir en esta batalla, como el ver que ha de llorarla mi padre con tierno llanto. en Esta pena me asegura el camino, el trance fuerte que hay de mi vida a mi muerte, más corto que mi ventura; ay cielo. En el aire escucho las voces de mi eremigo, con sobresalto le sigo, que pues yo le tengo es mucho. Mas siempre adivino cierto de mis desdichas he sido; Palan: Palante quién te ha herido! Eneas, Turno, me ha muerto, Ay de mí, pues solo vida te ha dado mi suerte poca, para que en tu tierna boca viese tu gusto, homicida, y en su sangriento semblante tu distino riguroso. No hace mucho en ser piadoso ahora Éneas. Palante, con tierno llanto maldigo la muerte, pues me ha llevado el hijo más adorado del más verdadero amigo. Mas mi heroica fortaleza donde está, pues cuando estoy tan ofendido, no doy la cólera a la terneza, para fundar mi esperanza en que, pues rabiando muero, sepa tu padre primero, que tu muerte, tu venganza? Y cuando ya por el viento, entre desdichas, y enojos, despiden flechas mis ojos, y arroja rayos mi aliento. Pio Eneas. . Muerto estoy, haz, Acates, al instante, haz retirar a Palante, qua; mientras yo a vengarle voy. Qué mal logrado deseo! Qué joven tan desdichado! . No vi rayo acelerado como ahora a Eneas veo. Guarte Turno, por guardarlo de su furia envío ahora mi saeta voladora a herir su veloz caballo. Ya con Turno se abalanza, y atropellando destruye, Eneas piensa que huye, la sigue, y casi le alcanza. En los bagos vientos veo a Juno, y hame mandado que le alibie su cuidado, y le logre su deseo. Por asegurar la vida de Turno, me señaló, que a Eneas dispare yo esta saeta atrevida. Y Venus con vario extremo me amenaza si lo hago, en la una deudas pago, y en la otra enojos temo. Qué haré, cuando estoy mirando, que a pesar del mayor Dios, ya contrapuestas las dos, en el aire están luchando? Juno me fuerza, aunque en trance tan seroz, tiembla mi mano q a que dispare al Troyano, para que a Turno no alcence. No huyas cobarde Turno, arrogante Turno espera, que ya te sigo, aunque corres, y ya te alcanzo, aunque vuelas, De mi corazón las alas se esfuerzan en mi cabeza, para vengar este agravio las plumas de esta saeta. Mas es mi muerte fatal, porque es injusta mi estrella, y lo que aliento me quita, no me añade ligereza. Señor. . Señor. Ay amigos, dónde está Ascanio? Gobierna tu ejército, que es tu sangre, también tu valor hereda. Mal herido estás señor, retí? retírate. . Bueno fuera, matando quiero morir, el mismo impalso me lleva de la muerte más ay cielos, en que ya me desalienta he conocido, la mano sao poderosa, pues que venga en mí de Paris la injuria, que ninguna humana fuerza, contrastando mi valor, postrara mi fortaleza. No siento mi muerte, no, solo siento que se pierdan sin mí los Tróyanos míos, con Alcanio, que me lleva, pedazos de las entrañas: y más que todo me queja el morirme, sin vengar en Turno la muerte fiera de Palante, esta memoria parece que me renueva la vida, Turno cobarde no huyas, aguarda, espera; pero el ánimo me engaña. Venus santa, madre tierna, como en mi favor ahora no revuelves las estrellas? cómo no injurias los Dioses? como los cielos no afrentas? y como si no hay piedad en mi venganza, no empleas, de tu hijo poderoso las invencibles saetas? Si soy de una estrella hijo, como con tantas estrellas me influyen desdichas tantas, y matan con tantas penas? Señor, en mis mismos hombros; te llevaré, donde puedas favorecerte. Mejor. será que en el campo mueras Sergesto, el hijo de Anquises, Ácates, el pio Eneas os fía sus confianzas, y su Ascanio os encomienda. Qué rigurosa piedad. Qué lastimosa tragedia. Qué es esto? todos los cielos: se rasgán, toda la tierra se hunde, y los vientos todos unos con otros se encuentran, De caliginosas nubes, clanbo y de horrizonas tinieblas los ejércitos se cubren, los Horizontes se ciegan. Y los valientes soldados, de turbados no pelean, solo un globo soberano con mayor asombro deja liclos divina luz, esparcida, cercado de gloria inmensa; Venus es, que al tierno hijo favorece tan soberbia, que para oilla con alas, juntó plumas de mis flechas. Éncas no me conoces? Madre heroica, Diosa bella, tu vista me infunde bríos, n y tu aliento me da fuerzas. Quién para darte en Cartago, acogimiento que fuera seguro con el amor, y amable con la terneza, levantó los torbellinos, que hicieron aquella cueva: venéreo talamo tuyo, y de la infelice Reina ha hecho lo mismo ahora para valerse en la guerra, donde peligro corrías: da vete llegando, no temas, ya todo el cielo te ampara, DEA ya Juno vencida queda, y para curar tu herida sin peligro, y fin sespecha, palabras tiene mi boca, y este monte tiene hierbas: y si no, yo tengo alas, para llevarte, con ellas, hasta que abriendo los cielos se conformen los Planetas, para alcanzar que te cure DEA T CERCERA Juno con su mano misma; ponte en mi brazo. . Ya estoy en tu piedad. Pues con ella verás la cumbre del monte, y si no, del Sol la esfera. Qué soberana deidad! Qué divina providencia! PORNA DEA

JORNADA TERCERA

Ya mi Ascanio llegó el día en que el cielo soberano quiere lograr de mi mano la heroica esperanza mía. Hoy de persona a persona Turno, y yo habemos de ver cual merece en tal mujer tal belleza, y tal corona. Padre, y señor, cuando ves que han puesto en tres ocasiones: de Turno los escuadrones, la confianza en los pies. Cuanto a tu nombre, en el viento los cielos lisonjeando, parece que están temblando las murallas del Laurento. Cuando la dicha que esperas, y que Italia te resiste, sujetándola, consiste no más de que tú lo quieras. No es buena razón de estado, perdóname, ni es cordura fian dudoso en tu ventura lo que es cierto en tu cuidado. Hijo, bien lograr pudiera de esa suerte mi intención, pero no tanta opinión ganara como perdiera; o al menos no tanta gloria T DEA CERCERA ganara yo como gano, debiendo a sola mi mano el premio de la victoria. Demás de que yo al instante que emplacé este desafío, ostenté gallardo brío, mas no ejército pujante. Yi dirían ser verdad, que inferior, viendo aquel día mi gente, la valentía fundé en la necesidad. Y quedaría, aunque tarde, desengañado, y quejoso, en Italia victorioso, con sospecha de cobarde, y con razón descontento, mi valor en opiniones. Qué soberanas razones! Qué divino entendimiento! Yo confieso mi ignorancia, más fue en la naturaleza de hijo tuyo la terneza, de mi valor repugnancia. Pero no lo será cuando, si es infelice tu suerte, al haya de vengar tu muerte, destruyendo, y asolando. No, Ascanio, que he prometido que de Italia te saldrás. Tú con mandármelo haurás de tu obligación salido. Y yo Y yo después de tu muerte cumpliré la que me alcanza, que es para hacer tu venganza el dejar de obedecerte. Ay hijo, bien satisfecho estoy, pues de cadadía más fervor de sangre mía veo salir de tu pecho. Mas hijo, de aquí adelante, porque bien de ti se arguya, cuando alguna prenda tuya veas en acto semejante, acuérdale, porque aguarde valiente el plazo, la gloria del vencer, no la memoria de la muerte, que es cobarde. Y darale temor cierto, que le impida al pelear, pues nunca acierta a matar quien teme que ha de ser muerto. De mi experiencia sabrás esta verdad, fácilmente sabes como tanta gente mato sin morir jamás. Cómo? . Aprende pues de mí esta lición importante. Con oído vigilante me tienes ya. Escucha. . Di. Cuando quiero pelear, como humano al fin recelo la muerte, un horror, un hielo me hace temer, y temblar. Pero luego este temor de corrido me hace fuerte, olvídome de la muerte, y acuerdome del honor. Y como alcanzarle espero, y no me ocupo en pensar en morir, si no en matar, mato siempre, y nunca muero. Sacando de esta esperanza confiada, el advertir. que es solo para reñir discreta la confianza. Y ahora para tenerla tengo yo después de Marte, en el cielo, de mi parte hasta la menor estrella. Amigos, ya llegó el plazo, en quien veré si es más fuerte, en mí el rigor de la suerte, que la pujanza del brazo. Pues ya en mí, aunque yo aninguna humana fuerza he temido, o, eluchan a brazo partido mi valor, y mi fortuna. Y deseando que traten Ju el como conformes queden, mil agüeros me suceden, mil prodigios me combaten, Del campo, en los Horizontes, pienso que a falta de gentes, causando risa a las fuentes, me tiran piedras los montes, Los poblados, como en redes, me oprimen, porque sospecho; que para apretarme el pecho se me juntan las paredes, Parece que mis pisadas p siguen furias espantosas, a y entre nubes tenebrosas, veo sangrientas espadas. Paréceme que en los vientos, entre oscuras semejanzas, veo muertas esperanzas, y enlutados pensamientos, Hasta en el sol que me toca, funestas sombras diviso, y ninguna tierra piso en quien no vea una boca, En fin fin, yo estoy de modo con con el cielo casi encima, que todo se desanima, y me ánimo contra todo. J. Pues señor, has que se impida la batalla, que has de hacer? Y no es más muerte el perder la opinión, que no la vida? Yo aceté este desafío, y he de salir, pues los cielos, cuanto más me dan recelos, mas me acrecientan el brío. Porque de la misma suerte que suele hacer de ordinario el esfuerzo de un contrario, otro contrario más fuerte. Así yo al mismo compás con que el camino prevengo, cuanto más contrarios tengo, siento que mi esfuerzo es más. mas de que pone pausa coidado de mi vida, el sospechar que es fingida de estos efetos la causa. Pues Drances este hechicero, por Eneas temeroso, para hacer más receloso, que no valiente, mi acero, con ilusiones que inventa me atemoriza, y me sigue, con agüeros me persigue, con asombros me atormenta. Pero no le ha de vales la invención con que me engaña, pues no solo en la campaña he de morir, o vencer. Pero por lo menos cuando no pueda salir venciendo, golpes dando, y recibiendo, saldré con murir, matando. Ya viene el Rey, y ha llegado, Turno. . 1. Eneas ha venido. Qué humildes se han recibido. t 2. Qué soberbios se han mirado. Que animosa fortaleza cuando le miro granjeo. Con que horror cuando le veo cubro el alma de tristeza. Y no es más muerte el perder En mi pecho reina Marte contra Turno, y sus porfías. Contrarias estrellas mías tiene Éneas de mi parte. Ya el sacrificio piadoso baña en sangre el Sol dorado, y el humo aromatizado sube a su centro dichoso. Y yo que al Ara divina alargué la indigna mano, conforme al rito Troyano, y la costumbre Latina, recibo los juramentos con que los grandes varones dan a las libres acciones leales los pensamientos. Tu claro sol, que para ser testigo de las verdades puras, y seberas, la invención con que me engaña, D que con la boca, y con el alma digo, en este limpio acero reverberas, tu joven soberano, que ya detienes la divina mano de quien sin culpa mía Qué humildes se han recibido. las reliquias Trovanas perseguía, tu Marte poderoso, y eminente, que hasta en el solio Etéreo eres valiente para ser en la tierra a mano del cielo, y alma de la guerra. Oíd mi voz, oídcomo prometo, l que si en el desafío que a Turno hago, y que de Turno acero, t no salgo vencedor, como confío, de mi razón fundada en valor mío, para que goce Turno por esposa la mujer más hermosa que que vieron los humanos, Ascanio volverá con mis Troyanos, llorando en mis desdichas sus pesares, . Padre, para mí esta vez a buscar tierras, cultivando mares, dejando libre a Italia, sin que fiero desnude en ella vengativo acero, aunque lleve esparcidas, y crueles mis cenizas por lastre en sus bajeles. Yo de la misma suerte, dando al sol por espejo, mi acero tan lucido como fuerte, por testigo le dejo de mi verdad, cuando en sus filos ttoco la fiereza de Marte, a quien invoco. Ya, joven soberano, levantando la voz pido la mano, para que la publique, y el juramento firme que haré ahora con sus ardientes rayos retifique la negra noche; o la luciente Aurora: pues yo juro, y prometo, que si en el desañío que a Eneas llago, y en su nombre acepto no salgo vencedor como confío, de mi razón, si no de mi ventura, para que goce Éneas la hermosura de Labinia con dichas tan valientes, que en Italia eternice decendientes, pondrán mis capitanes, y soldados mis armas a sus pies en mis banderas, y marchando en pacificas hileras, dejarán de su peso aligerados los campos Laurentinos, comunés en Tróyanos, y Latinos, dando por orden mía, al veloz viento mi cenizafría. Ahora falta que Labinia venga, porque a la condición del juramento, dé su consentimiento. Y la corona de laurel prevenga al que por más dichoso vencedor sea, para ser su esposo. llorando en mis desdichas sus pesares, . Padre, para mí esta vez mas que piadoso, sebero, Turno fuerte, pio Eneas, Rútulos, Latinos) Griegos, no vengó a condecender con vuestros tratos, pues vengo a que suban por los aires mis quererlas a los cielos, de que sin tener de mí seguro consentimiento, prometáis mi tierna mano, cautivéis mi libre pecho. Por premio del vencedor me ofrecéis por dicha el promio, siendo yo, es algún castillo? es una ciudad, un Reino? no es una mujer con vida, sujeta a los movimientos que a Eneas llago, y en su nombre acepto que le alientan los cuidados, y le inclinan los deseos? Pues si soy premio con alma, bastará que el gusto ajeno satisfagan, sin quedar con el mío satisfecho. Si de los dos, vencedor quedase el que yo no quiero, ay de mí, y con cuantos ojos lloraria sentimientos. Y si el que quiero venciese, todo el agradecimiento que debería a su espada, quitaria a mi deseo. Y cuando en balanza igual estén en mi pensamiento, cosa que nunca el cuidado la concertó con el tiempo, es justo elegir esposo, que en ajena sangre envuelto me ofenda la tierna mano, y me tiña el blanco lecho? Que Qué horrores pondrá en el alma, y que Astros en el cuerpo, e el que a tratos amorosos llega con gustos sangrientos? Pues porque, padre, porque, viendo mi razón, y viendo como en cristal mis entrañas, y como en brasas mi aliento, quieres permitir que yo, p siendo tu hija, y teniendo libre albedrío, en mi daño lo reduzga a cautiverio? Lo que en mi elección consiste quieres que fíe al acero en dos hombres más dichoso, y en dos vidas más sangriento? Lo que en mi cuidado es justo, lo que en mi esperanza es cierto quieres que fie dudosa ajad Drbados, y a los tiempos? sla visto, quien ha visto, que cielos, que tierras vieron con discordes voluntades imo pacificos casamientos? Y Turno, tú pues conoces si ya con los ojos ciegos a no viste lo que en los míos sale helando, y queda ardiendo, que por áspero me implicas, que me encoges por severo, que por descortés me enojas, que me ofendes por soberbio, que te temo por cruel, que te huyo por violento, y que en fin por desdichado te abómino, y te aborrezco, porque porfías? porque revuelves a Italia, haciendo. que la tierra sufra agravios, y rayos fulmine el cielo? Voluntad quieres por fuerza? amor quieres con desprecio? corazón quieres sin alma? y sin gusto acogimiento? mujer quieres que te huye? ojos quieres, que te dieron por venir las confianzas, y adelantados los celos? Es esto ser presumido? esto tener en ti mismo soberbios los pundonores, y altivos los pensamientos? In Y tu Éneas, cuando ves con los ojos tan abiertos, que Anquises entre las sombras, entre las estrellas Venus, la Síbila entre los montes, y mi padre entre los sueños del laurel, y las avejas; y el pronóstico más cierto que entre mi pecho, y mis ojos dijo más, aunque habló menos, te dicen, que por mi mano has de reinar en mi pecho, y en Italia, haciendo en ella tus decendientes eternos, lo que yo con mi elección te aseguro, y te prometo, porque lo quieres fiar a los filos de tu acero? No fuera mejor de esposo darme la mano primero para defender después a tus contrarios soberbios? Aunque fueran de su parte muchos mundos, muchos cielos, que solo tú me mereces, u y sola yo te merezco. no En duda pones mis gustos, en balanza mis empleos, l errida en contingencias mis glorias, y en peligros mis sucesos. t Esto es ser amante mío, esto es tener en tu extremo de de firmeza levantados, amorosos pensamientos. Los dos me habéis ofendido, iguales agravios temo en los dos, menos el ser en los cáminos diversos. Si por el Reino Latino peleáis, bien habéis hecho en juntar al Sol esamante, del beliguero instrumento, en los mares, en los campos, en los ríos, en los vientos, tantas gentes, tantas armas, tanto rigor, tanto estruendo, repetido, y dilatado, por las bocas de los ecos, hasta los desiertos fines b de los Polos contrapuestos, y en daros tantas batallas, con tanta furia añadiendo guerra a guerra, dafíoa daño, sangre a sangre, y fuego a suego, Dando causa a dos arroyos, que comunicar pudieron con el Tiber sus corrientes, para que fuesa dispuesto e q a teñir con sangre roja de los valedores vuestros, dando esponjadas espumas de Neptuno, y de Nereo. Y al emplazar la bitalla, mano a mano, y pecho a pecho, entre los dos, porque el uno que de Rey, y el otro muerto. Mas si peleáis por mí, en vano se previnieron guerras, gentes, alborotos, furias, crueldades, estruendos, estratagemas, rigores, desafíos, desafueros, porque a mí no han de obligarme victorias, ni vencimientos, sino un amor bien nacido, tan reciproco en dos pechos, que midiéndole las almas, conozcan los pensamientos, que apurándole los gustos, le han de eternizar los tiempos: y antes que tuerza estos fines, y que mude estos intentos, con propia, con propia sangre, pedazos, padazos hecho, me sacaré el corazón, si ya no se sale el mismo, y con palpitantes alas, por los aires discurriendo, siempre venganza en la tierra, o pide justicia al cielo. Porque Turno se previono a respondrares poquiero hacer a tus libertades cargo de mis sentimientos. Si como pendiente el alma de un agravio, y de un cabello, en tus libres desengaños desesperado roviento, am fuera capaz de razón, fuera capaz de consejo el corazón que me abrasas, confesara que te debo, pero con estar tan loco, pero con estar tan ciego, respondo a tue fbertades lo onrreno con enojo; y con respeso, que ya yo soldado amante a no me abraso, no peleo por tu rigurosa mano, nind ni por tu Latino Reino; quepa sino por vergarme en ti de la manera que puedo, matando, matando a quien me tiene muerto de celos. Y porque también no es justo que en Italia un extranjero, vivien- De don Guillen de Castro. fmiendo yo, quiera ser deño tu yo, y daño nuestro. elee favorecido, pelearé contento, pues me honraron tus desdenes, rocurando tus recelos. mpedir el desafío; olo porque tienes miedo, que ha de morir a mi mano quien vive en tu pensamiento. ̱. Señora, cuanto más quieras mostrar lo que en ti merezco, anto más debes ahora honrar mis merecimientos, con hacer que en opiniones esté por ti la que tengo, granjeadas con aplausos, lucida con ejemplos. No dudes en consentir la condición del concierto, mira cuan confiado voy a vencer, que no temo el verte esposa de Turno, a quien en el campo pienso hacer que vea que en ti ise amoroso recelo nlo fue poca confianza le mi dicha, y de mi esfuerzo, ino puro amor, mezclado con mujériles afectos. lo dudes lo que a tus pies, nas ofendido que tierno, e estoy suplicando ansí, us soberanos luceros ean lograr una esperanza, la común en nuestros pechos: y si no, advierte, señora que de no honrarme con esto, sun que te pierda decoros, y no te guarde respetos, por solo matar a Turno, in más fin ni sin más premio, De don Guillen de Castro. el desafío aplazado ha de tener justo efeto. Será para el bien común el más acertado medio, Y tendrá, señora, el fin tan dichoso como presto, Yo me rindo, aunque las alas de mi corazón, batiendo, me acobardan, y me animan entre brasas, y entre hielos. Pues vamos a prevenirnos. Fácilmente me prevengo. Verás que voy animoso en lo que parto ligero . Si es ligereza el valor, harto hago, pues no vuelo. . Esta corona, Labinia, del mismo laurel se ha hecho, que famoso en mi Palacio le da su nombre a Laurento, Del que fuere vencedor, honrada con tus cabellos, la pondrás en la cabeza, honrando con este premio la mano, y la voluntad. Si es Éneas, será cierto. y. En mi Trono prevenido, Ascanio, a mi lado os llevo, Honraisme, mas yo, señor, de mejor ganaros prometo, orque en el campo peleara por mi padre. . Yo lo creo de esa juventud florida, n y de ese valor inmenso. Cuál me dejan la memoria il contrarios con quien peleo, an una victoria deseo, Eno y recelo otra victoria; prométenme pena gloria bobosía mane: las dos en un mismo ser com- mazos. y en compitiendo, para ver cual me da mayor pesar, la duda en el desear, o el espanto en el temer. Ya parece que estoy viendo 1Y4 dos espadas peleando, la de Eneas animando, i mo y la de Turno temiendo: y para quedar muriendo tan confusa me lastimo, me sobresalto, y me oprimo desde el uno al otro extremo, que al compás de lo que temo me desmaya la que animo. Primero verte han querido que pelear tus amantes, y al Rey le pidieron antes licencia, Turno ha venido. El venir lo aborrecido primero que lo estimado, cuando de ser ha dejado? En tu semblante piadoso, lo que no por amoroso, merezca por lastimado. No vengo a que tus rigores, señora, enmienden mis daños, que nunca el ver desengaños alienta a pedir favores; solo aspiro a que mejores mi suerte, con que si quiera salga al campo, en que me espera con tu licencia, y no atento a que mate con tu aliento, sino a que en tu nombre muera. La licencia que te pido me da porque no dilate el salir donde me mate tu amante favorecido: eso dudas? quién ha sido tan cruel? quién de admitir deja tan cortés pedir? en que boca le ha faltado al hombre más desdichado licencia para morir? Si tan justa permisión me niega tu cortesía, no llames descortesía grosera mi condición áspera en mi corazón, a lo que es lance forzoso, que en el trato riguroso de los amantes, no es el desdeñado cortés, ni enternecido el celoso. Turno, el darte libertad, y con mi licencia, y brío de morir en nombre mío, hubiera sido crueldad; el ofender la piedad de tu contrario, y forzarme. y dártela para darme con el matarle un abismo de penas, fuera lo mismo que darla para matarme. Y así, en cuanto a ti no empleo uno, ni otro temerario extremo, aunque a tu contrario ayudo con el deseo al victorioso troseo, porque pienso que el ser fiel con su amor, no es ser cruel contigo, pues esto en mí no es porque te mate a ti, sino porque viva el. Y no es más fuerte combate en mí de tu mano esquiva, el animarle al que viva, alienta a pedir favores; que el desear que me mate? que habrá que no me maltrate, celoso, y desesperado; pero voyme consolado, con que casi siempre ha sido el el vivir lo aborrecido, para que muera lo amado; arabia infunde el despecho. Qué bien le está la guirnalda de laureles. Por la espalda viendo a Turno, y por el pecho a Éneas, que satisfecho tengo el gusto, que solene, bien alcanza, y gloria tiene, quien a un punto viendo está, que lo enfadoso se va, y que lo agradable viene. De piedra soy cielo santo, rayos me das por estrellas. ̱. Levanta. A tus luces bellas, como al cielo, me levanto, pero no las ciegue el llanto, pero el dudar, o el temer mi victoria, echa de ver que es imposible, señora, dejar de ser vencedora mano que tuya ha de ser. Y así, ahora no prevengo en tu vista, ni en amor, el alcanzar tu favor porque ya sé que le tengo; pero confiado vengo solo a dejarte segura de que el vencer me asegura con tu impulso soberano, si no la fuerza en mi mano, en el alma tu hermosura. Pues cuando en mi fortaleza, cosa que no la imagino, por algún fatal camino viese cobarde flaqueza, tu hermosura, tu belleza mostraré en tus ojos bellos a mi contrario, que al bellos airados, será forzoso quedar muerto, y yo envidioso de que le mates con ellos. Eneas, cuando advertí tu peligro en la batalla, cobarde al imaginarla, dudé, recelé, y temí: mas ya después que te vi, esforzando mis memorias, me parece, que entre glorias tan felices como extrañas, te veo esparcer hazañas, te veo brotar victorias. Ya soy toda confianzas, ya no temen mis desvelos desdichas en mis recelos, ni en mi fortuna mudanzas: vea lograr mis esperanzas, y esta banda. Infeliz hombre. Lleva al cuello, porque asombre tu contrario, si le das con ella fe, de que vas a pelear en mi nombre. Quién gozó tan sumo bien? Los cesos en que me abraso me llevan con lento paso donde mis desdichas ven. Ay triste, el paso detén. Si el plazo de la batalla entre los dos. Tente, espera. No viera tan cerca, fuera imposible el dilatalla. Pues vamos a ejecutarla. Vamos, C Estoy sin sentido. Pues de Labinia no he sido. con rigor menos furioso, alentado por celoso, que tú por favorecido. Yo, aunque es mío ese favor, contra ti ahora condeno el tener impulso ajeno, temiendo propio rigor. Qué temerario valor! temblando voy por no bello, levantándome el cabello, la carona me derriba. A sojo mi mano altiva toca despojo tan bello. Esos son ciegos furores. de tus locos desafueros. Ay cielos, tantos agüeros. Ay cielos, tantos favoras, que venturas. Qué rigores; sangre el laurel riguroso me da. Bálsamo oloroso el bello laurel me ha dado. Moriré por desdichado. Mataré por venturoso. Ya el Sol parte el Emisferio, igualmente, y a las altas cumbres de soberbios montes, pone lustrosas guirnaldas. A sus fogosos caballos, con las riendas de oro, y plata, quiere perar, para ver esta sangrienta batalla. Ya los Troyanos valientes del campo oprimen las plantas. con las suyas, y animosos felice victoria aguardan. Y los vasallos de Turno la mitad de la campaña. ocupan, fiando alegres de su rigurosa espada. Pero el cielo, que dio a Eneas, por los fuegos, y las aguas. paso, le dará victoria como le dio confianza. Ya viene mi bella hija. Y en sus ojos perlas blancas detiene, que en sus mejillas. dieron onvidia a la grana; cuerdamente disimula. su dolor, Hija del alma, no te más, porque los cielos siempre la justicia amparan. Siéntate, que ya no pueden tardar los que en la batalla han de darenvidia al Dios. que viste lucientes armas. Harto me alientan el pecho de Eneas las confianzas, pero si no las temiera, creyera que no le amaba. Ya vienen, pues ya repiten los ecos de las montañas, con duplicados acentos, el sonido de las cajas. Ya como aves se descubren por esta parte bizarras plumas, que pomposamente en los aires se dilatan. A variar sus colores ayud judan las ricas bandas, impeando con más lustre s de azul, y las de nácar. Que gallardo viene Eneas, y de mí, mas qué me espanta? bien duda que ha de vencer, ves pelea con dos almas? Rey Latino, cuyo nombre eme el mundo, cuando iguala tu poder a tu justicia, que acreditan tu alabanza. Por tu valor, por el mío te pido, que si me mata Turno, venciendo esta vez a la razón la desgracia, y los Troyanos quisieren venga mi muerte, que valgas a Turno, que los persigas, hasta que arando las aguas de la mar, den a los vientos querellas, y confianzas Yo añadiendo a tu valo las obligaciones varias que me tienes, Rey Latino, repido, que si en campaña me deja el valor de Eneas, y mis valedores armas quisieren vengar mi muerte, que tú con cetro, y espada valgas a Eneas, persigas mis gentes, hasta que salgan si humildes no te respetan, los confines de Francia. Ya partido espera el Sol. Pues. Turno, la espada saca Eneas, pierde la vida. I. Mas bien pelea quien calla. Quién es más dichoso, hay cielo, puede más, y a mí me faltan la ventura, y el aliento pues no me defiendo, aguarda, y advierte, Eneas, advierte, que si rendido me matas, tu nombre infamas, tu crueldad pregonas, pues te llaman piadoso, y no perdonas. Mi condición compasiva me ha suspendido la espada, no es bien quitarle la vida cuando está rendido, vaya con el perdón obligado. Mas ay cielo, aquesta banda es de Palante, y con ella me da voces en el alma, para que niegue el perdón, y ejecute la venganza. Espera Eneas, no adviertes, que si rendido me matas, tu nombre infamas, tu crueldad pregonas, pues te llaman piadoso, y no perdonas, Turno, no te mato yo, Turno, Palante te mata. Mis arrogancias me han muerto. Bajemos a la estacada a celebrar la victoria. Amor de padre me llama. Los saltos del corazón me saltean las palabras Esa banda, Acates, luego le quita a Turno, y con alas de lienzo, sobre un bajel que corte al Tiber las aguas, a Evandro la lleva, y dile, que por mi mano vengada en Turno queda la muerte de su hijo. Lo que mandas haré al punto A vuestro Rey llevad, y su muerte infausta sienta Turno vencido. sienta su padre, imitando en la desdicha a la causa. Oh rueda de la fortuna, que a unos subes, y a otros bajas, por una parte con fordos clarines, y rencas cajas, entre clamores que alientan, y entre banderas que arrastran llevan muerto al fuerte Turno, sobre piadosas espaldas. Por otra, con instrumentos que alborozan, y regalán, vienen Ascunio, y el Rey, trayendo en medio a la Infanta, con infinidad de gentes, que alegres los acompañan, a coronar la cabeza de Eneas, ya Rey de Italia, Dame los brazos valientes. Dame a mí la mano. El alma, repartiré entre los dos y luego a tus bellas plantas pondré mi feliz victoria. Dale la mano, ganada con igual merecimiento. Para dejar coronada dignamente su cabeza, y lograr mis esperanzas. Rey de Italia eres, Eneas, Mucho obliga quien alcanza los venideros sucesos. La Latina, y la Troyana gente te han de obedecer. Tú solo valor me basta; para que con esto demos fin a Eneas en Italia,