Texto digital de Triunfo y venganza de amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Agustín de Salazar y Torres
- Atribución estilometría
- Agustín de Salazar y Torres Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Triunfo y venganza de amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/triunfo-y-venganza-de-amor.

TRIUNFO Y VENGANZA DE AMOR
JORNADA PRIMERA
Cantemos las alabanzas de Apolo el inmenso Dios, cuando da con sus saetas al Mundo la vida, la muerte a Fitón A la cuarta Esfera lleguen, saludando al mismo Sol los acentos aunque sean silvestres los versos, humana la voz. Envidien los altos Dioses este gallardo blasón, pues a los rayos de Apolo se rinden humildes las flechas de Amor. Dad aplausos, Pastores, al trofeo que a Júpiter imita, (el que la escala a los Gigantes quita, a pesar de la furia de Tiseo;) cuando inunda las aguas del Leteo al Orbe universal, y de ellas nace un dragón, que deshace, con pálido veneno la pompa, y el honor del prado ameno, la líquida hermosura de la fuente más pura, y el dulcísimo aliento, que a las cándidas flores bebe el viento. Si yo quité valiente mortal respiración a la serpiente, volviendo a los Pastores Aguas, y Prados, Zafiros, y Flores; bien merezco la gloria, que dedica ese canto a mi victoria. En este mirto, a Venus consagrado, (cuyos verdes cabellos ya fueron del Amor dulce cuidado, o en sueltas trenzas de oro, o rizos bellos) penderán las saetas, rayos sin luz, ni trueno, aves sin alma, inconstantes Cometas, por quien me coroné de verde palma; aquí serán trofeos, y despojos, denles adoración mortales ojos: Cantad, decid, que Apolo es poderoso Dios, y vence solo. Cantemos las alabanzas de Apolo el inmenso Dios, cuando da con sus saetas al Mundo la vida, la muerte a Fitón. Apolo poderoso, que, en traje de pastor, vas encubriendo tu resplandor hermoso; errando, y discurriendo sin orden, y a su rústico albedrío huyen tus vacas, por el margen frío de ese cristal, que corre sin estruendo a su centro fatal, ladrón famoso te las lleva robadas; y las que de oro, y nieve están manchadas, con remiendos de armiños, las que Estrellas erráticas parecen, son aquellas que el ladrón ha robado; sigue sus huellas, busca tu ganado. . Los mortales se atreven a las vacas hermosas, que ambrosía pacen, y que néctar beben, sino perlas del Alba entre las, rosas? vengan mis flechas, venga el arco mío, y tiemble a mi rigor el monte, y río: mas qué es esto? No veo pender aquí las armas, y el trofeo, que al culto dediqué de los mortales: Arbitros Celestiales, quién pudo, quién osó, quién, sin decoro, hurtar flechas de luz en arco de oro? Mortal hombre no fue, Mercurio ha sido; que tan sutil osar, solo es debido al que es hijo de Júpiter, y Maya; vaya mi enojo, pues, mi furia vaya templando su pasión. Si entre esos ramos ocultas tu Deidad, sal, y seamos amigos esta vez, que no me injurio de tu ingenio sutil, sacro Mercurio. Como es Apolo adivino, nada en los Orbes ignora desde que sale el Aurora, previniéndole el camino, hasta que la noche negra le recibe osadamente en los Mares del Poniente. Tú elocuente voz me alegra. Templar quise el alegría con que te vi blasonar. Es victoria singular en estos campos la mía. Fue Fitón una serpiente, cuyos ojos parecieron volcanes, que incendios fueron de los campos, y la gente. Con el ímpetu de un río, exhalaba por la boca tal veneno, que una roca, como si fuera el Estío, en el Diciembre abrasaba: y la furia de su aliento a las Regiones del viento Esferas de fuego daba. Abismos de humo, y llamas respiraban, y salían de sus poros, que cubrían las verdinegras escamas. Era en lo terrible, y fuerte el dragón cerúleo, y feo un aborto del Leteo, un prodigio de la muerte. Daba a los hombres desmayos, tuve lástima, y así, segundo Júpiter fui, las flechas fueron mis rayos: dile muerte. Con razón el arco, y flechas estimas; tómalas, para que oprimas otro monstruo, otro dragón. Las flechas de Amor no han hecho tan dulce guerra, ni paz, son armas de un Dios rapaz, penetran un flaco pecho. No dé reverencia el hombre a las flechas del Amor, ni se cante su valor, ni se idolatre su nombre. Dar Amor (qué tiranía!) a un alma pena por gloria, no es poderosa victoria, no compite con la mía. Flechas de un ciego, no son del valor eterno, que estas: cantad hombres, haced fiestas al más heroico blasón. No blasones contra Amor, que el Dios de Cipre, y de Samos hiere sin que le veamos. Eso tiene de traidor. Entriega, Apolo, al olvido vanaglorias lisonjeras, que si tú vences las rústicas fieras, las sacras Deidades sujeta Cúpido. Venus soy, a cargo tomo las venganzas del Amor, hoy amará su rigor dos flechas de oro, y de plomo. Porque tu engañado pecho conozca la fuerza inmensa de un Dios, contra quien defensa aún al Cielo es sin provecho. A sus triunfos da trofeos, con armas propias, y ajenas, guerra te dará de penas, armado de tus deseos. Hará a Mercurio dichoso, hará a Apolo desdichado, premio será al envidiado la pena del envidioso. Y así, pondrás en olvido vanaglorias lisonjeras; que si tú vences las rústicas fieras, las sacras Deidades sujeta Cupido. Entre esos mirtos no oíste armonía, y suavidad? Venas es, que en su Deidad! en sus árboles asiste, si su madre te ha escuchado, Amor se venga de ti. No hay venganzas contra mí. No vivas tan confiado. Por esos verdes caminos vamos, por tus vacas bellas, de quien las mismas Estrellas son manchas, y remolinos. Yo, Apolo, las escondí, sígueme, Pastor bizarro, ya que te niegas al carro de topacio, y de rubí. Vamos, y la gloria mía celebraremos los dos a la lira, pues soy Dios de Música, y Poesía. Cantemos las alabanzas de Apolo el inmenso Dios, cuando da con sus saetas al Mundo la vida, la muerte a Fitón. , . No blasones, Apolo, que vives exento de las flechas ardientes de Amor, que tu probaras su apacible veneno. Amor soy, cuyos triunfos no ignoran Tierra, y Cielo, pues al poder de mis blandos arpones, aún lo Divino avasalla mi Imperio. Incendio de los Dioses, y Dios de los incendios me llama la voz del amante gemido, y solo respondo piadoso a los ruegos. Soy el que en los Abismos, tal vez que los penetro, sé introducir, con nevados ardores, las llamas penosas, que apagan su fuego. Tú verás que mis puntas en tu rebelde pecho enbeben el oro, que dócil le ablandan, obrando con plomo contrarios efectos. Mercurio, más dichoso, en feliz Himeneo disfrutará su florida esperanza, porque en posesiones se colme su lecho. , . No blasones, Apolo, que vives, . Detente, tirano Dios, aguarda Rey inhumano. No digas, que es Rey tirano quien desengaña a los dos. Si es aleve el desengaño, porque no le he de injuriar? Porque has de considerar que es más traidor el engaño. Quién será aquella Deidad con quien mi ruina predice? Con quién he de ser felice? si fuera Herse esta beldad! Vamos, Mercurio, que osado, su fuerza he de resistir. Yo voy, Apolo, a morir con vida de enamorado. Yo vivo con albedrío, que siempre es más poderoso que el suyo. . Yo soy dichoso, y porque es gran desvarío. , . No blasones Apolo, que vives exento de las flechas ardientes de Amor, que tú probarás su apacible veneno, Excelso señor, a quien naturaleza, y fortuna no han negado cosa alguna, que nombre tenga de bien: de qué tu gentil semblante se muestra tan descontento? caber tanto sentimiento puede en ánimo constante? Mis servicios no han llegado, ni mi amoroso respeto a merecer tu secreto? conmigo estás recatado? De Liguria eres señor, del gran Tempe, y su belleza, quien se atreve a tu grandeza, si no es que se atreva Amor? Abante, nunca he dudado de tu amor, y discreción; a ti solo en mi pasión el tenerla no he celado; y así, de tal sentimiento, nunca visto en mi valor, conociste ser Amor la causa de mi tormento. No es mucho que de él señales den mis ojos, porque son ventanas de un corazón, donde viven tantos males. cuyo líquido crista! Redúcenme a tanto estrecho, que me obligan que al secreto llegue a perder el respeto, mas todo cabe en tu pecho. Dafne, hija de Peneo, milagro de su ribera, de sus flores Primavera, tirana de mi deseo, es de mi alma adorada con tal fineza, y verdad, que aún su misma crueldad en mi muerte es venerada. No ha cabido en su memoria esquiva, dolor, ni ruego, su helado desdén es fuego, dulce pena, y dura gloria: Sigue el culto consagrado a Diana; el Himeneo huye siempre, aunque Peneo desea, que elija este estado. De su deseo la fama esperanza artificial hizo el mío, que en su mal se vale de cualquier rama: al fin, hablaré a Peneo, y ostentaré mi pasión. No dudes, que en su razón halle entrada tu deseo; llégale, pues, a invocar, y esfuerza más tu esperanza, que mucha desconfianza con desaire suele obrar. í Sacro Semidiós Peneo, el terreno Celestial baña, del Tempe al Ejeo: pues dan paso a tu deseo Tesalia, y sus eminentes montes, que de tus corrientes hacen corteses desvíos, mostrando, que por ser míos, te serán siempre obedientes. Tu venerable cabeza, que corona sacra oliva, levante su frente altiva, mueva mi voz tu grandeza: oh padre de la belleza mayor, que en humano velo concedió a la Tierra, y Cielo: deja el Palacio brillante de esmeralda, y de diamante, y atiende a mi amante anhelo. Príncipe de Liguria valeroso, ya supe tu venida, desde cuando mis riberas tocaste, el luminoso Olimpo su cenefa atravesando: de Ninfas, que mi largo Reino undoso van en conchas de nácar penetrando, tuve el aviso, y esperé contento, que tu cuidado sé tu justo intento. Sé que eres del gran Jove descendiente, que cuanto el defatado cristal baña desde el Pindo al Termópila eminente, al Macedonio Imperio, y su montaña, vive a tus justas leyes obediente, y en tu valor segura su campañía: por esto estimación, y amor, por deudo, te ofrece el alma con eterno feudo. Y ojalá el santo Cielo permitiera, que estrechar este amor, y parentesco en solo mi querer libre estuviera, que vieras si hacia más de lo que ofrezco: mi hermosa Dafne condición tan fiera viene, que aún yo en su amor penas padezco, que haré cuanto pudiere, te prometo, ya con fuerzas de amor, ya de respeto. Aquesos verdes árboles frondosos secreto te podrán hacer testigo de como con deseos amorosos. hago oficio de padre, y buen amigo: más juzgo, que unos ecos sonorosos, y no lejos, se oyen, no conmigo, Dafne te halle, pues que ya es forzoso, que venga a descansar su cuerpo hermoso. Qué reconocimiento será el mío, que a tan inmensa deuda satisfaga; si de la Libia ardiente al Tanais frío fuera, su largo Imperio, corta paga: ofrecerte la vida, y albedrío no puedo, que es de Dafne, el amor haga, no que, sin ella, cobre lo perdido, que viva, sí, en los dos bien repartido. No me has dejado a mí que decir pueda, ni sé si yo pudiera decir tanto, pues hablarte en mi amor, Amor lo veda, su dolor, y grandeza pone espanto; cual mandas, entraré en esa arboleda, encúbrame Lampecie con su manto, y esfuerze su color una esperanza, que solo en tu favor aliento alcanza. Clava esa fiera cabeza, Lisi; en eminente, parte, que quiso al celoso Marte desmentir en la braveza. Vénguese hoy en su traslado de Adonis la muerte atroz. Dafne, Dame? . Si es la voz que oí de mi padre amado? a su cristalino asiento llego a ver si me engañe. Ya, Dafne, el prado se ve con nueva vida, y aliento; y aunque siempre deseada eres de mi amor, hoy más lo has sido, por lo que oirás. Solo servirte me agrada. Hermosa Dafne querida, porque quieres que un pesar, por no poderme acabar, haga triste eterna vida: mi pretensión mal cumplida, si bien, fundada en razón, no ha de perder ocasión de acusar tu inobediencia, que ya vence a mi paciencia la fuerza de mi pasión. Muchas veces mi deseo mis lágrimas te han mostrado, que pueden haber formado otro segundo Peneo admite, pues, de Himeneo el sacro yugo; y no quieras que falten a mis riberas de aquesa planta gentil flores, que en escrilo Abril las den nuevas Primaveras, Tu hermosura, y discreción, tu sangre, que no desprecia el gran joven, en toda Grecia dilatan digna opinión: con generosa ambición pretende la Majestad de mil Reyes tu beldad ya no sé qué responder, que alguno podrá creer, que es injusta vanidad. Pues qué haré, cuando te pide el Rey de nuestro hemisferio, cuyo dilatado Imperio con ningún otro se mide? si esto tu rigor impide, mucho Júpiter consiente, de quien él es descendiente; su amor es cortés verdad, con respeto a tu Deidad, es galán; sabio, y valiente. Su deseo, con el mío, nacidos de ardiente amor, venzan ya, Dafne, el rigor de ese helado pecho frío: no respondas con desvío; deja el culto de Diana, en que vas tarde, y mañana siguiendo fieras que aún son de más blando corazón. de condición más humana. Honor del Templo sagrado, sabe el Cesa cuanto siento que te aflija eres de mí venerado fin que de esta obligado se aparte mi corazón mas los Dioses soberanos no ponen esto en mis manos y opónense a tu razón. Mil veces estoy dispuesta a sacrificar mi gusto a tu obediencia, y ser justo su luz al alma amonesta voy a darte la respuesta que deseas; y al querer formar voz, algún poder divino, según parece, el intento desvanece con que te iba a responder. A Delia, Diosa sagrada ofrezco culto de voto, como sabes, no por voto, por audar bien ocupada: en tu ribera, esmaltada de la copia de Amaltea, vivir mi alma desea, pasando de la dulzura de este Tempe, a la espesura tal vez, que alienta, y recrea. En vivir aquí contigo en tu amparo, y protección, hago segura elección, porque eres seguro amigo: y me es Júpiter testigo, que el no admitir otro amor, ya no es desdén, es temor, que adversión de tal exceso pronostica algún suceso, que te cause más dolor. Mas, al fin, por tu obediencia de Palas el sacro Altar quiero en esto consuitar, si me concedes licencia: hoy, cuando la competencia de sus fiestas da cuidado a todas las de mi estado; allí a Aglauros, y Herse hermosas veré, que estarán quejosas de mi amor, por descuidado. Hágase, Dafne, tu gusto, y ampare el Cielo tu vida, y mi deseo no impida. Ni Palas mi intento justo. , . i- Detén el paso veloz, Dafne bella, aunque en mi suerte no quepa el poder moverte, ni mi tormento en mi voz: que si su dolor pudiera al vivo el alma mostrar, no dudo, que, a tu pesar, a compasión te moviera; y de este impulsó forzado no se ofenda tu Deidad, que ni fuera en ti piedad, ni alivio de mi cuidado: que es tan justo mi tormento, que te libra de cruel; y aún en mí la gloria de él se opone al merecimiento: solo un bien el alma alcanza, aliento del mayor mal, que es vivir con fe inmortal, y con rendida esperanza. Y así, temo entrar en cuenta mil, veces con mi dolor, que siempre queda inferior, siendo tal, y ella contenta: mas, no es esto porque quede segura de adversidad, que ver perder su verdad, a qué tormento no excede? Y aún no llorarla perdida por desdicha, o por desdén, mal, con sombra de algún bien, mas aún no verla entendida: cal vez tu beldad me ofrece desesperado consuelo, juzgando, que eres del Cielo, y mortal no te merece; que era falta en tu sujeto, si pudiera en él caber, negar paso al merecer de un amor puro, y perfecto. Esta parte, aunque te ofendas, (pues no ofende tu respeto) quiero, Dafne, que la entiendas: por ser lo que me dio aliento sobre suerte tan perdida a manifestar mi herida, oír a tu padre mi intento. Decir más no me consiente, sobra esto a tu discreción; no sé si a mi corazón mi lengua será obediente. Del Dios, de los Dioses Rey, desciendo, toda Boecia, Liguria, y lo más de Grecia sujeto vive a mi ley. No antepongo esto, porque presuma, podrá llegar a tener mejor lugar mi calidad, que mi fe. La verdad, en que me fundo, quiero solo esté por mí, que bien sé, que para ti es Imperio corto el mundo: mas libertad, ser, y vida consagrado a tu obediencia, es debida diligencia, aunque venga a ser perdida. Apenas a responderte acierto, porque no sé el misterio de esa fe, de esta buena, o mala suerte. En diversa profesión vivimos, y yo contenta, sin entrar jamás en cuenta con fuerzas de inclinación: siguiendo la mía, lleno mis lebreles a esos montes, gozando en sus Horizontes la primer lénea de Febo. Otras veces la salida de estos prados me divierte, cuando de su helada muerte Abril los reduce a vida. Si bien, su dulce templanza casi eterna vida goza, mas, cual Fénix, se remoza su siempre verde esperanza. Mi vida, si mi deseo con los Dioses tiene fuerza, tal será, sin que la tuerza mi amado padre Peneo. Que tus razones postreras ahora me han advertido, que a las nuestras diste oído, cosa, que excusar pudieras. De los padres el respecto obliga a cualquier salida, cuando, tan contra la vida, quieren de su gusto efecto. Por remedio me amparé de Palas, en quien confío, que tendrá gusto del mío, que en razón funda su fe. Flaca esperanza te ha dado, o imposible tanto aliento, y de mi padre el intento solo mira a darme estado, Tanto pueden los deseos, que forman un ser de nada. Cuelga, bella Diosa airada en tu templo mis trofeos; y escucha como mis penas son forzosas en mi fe. Forzosas? dime, por qué? que son de mí muy ajenas, Ser debido el amor a lo perfecto, ningún remoto bárbaro ha negado; la esperanza de premio en el cuidado es el tibio sentir, es lo imperfecto. Seguro de este mal vive el respeto del que de su dolor se halla premiado; y casi, del alivio recatado, no fía al pensamiento este secreto. Amarte quien te vio Dafne hermosa, forzoso vino a ser, como el tormento, que yo no trocaré por gloria ajena: La razón juzga el alma por dichosa, mi amor nació de su conocimiento, conocerte no es culpa, será pena. Será pena forzosa, aún no advertida de quien juzgas causó tal descontento, siendo falsa esperanza el fundamento, que sin ella el dolor no tiene vida. Tan vanamente amada, y presumida fue, como ya negada en el tormento del justo desengaño siempre atento, a verdad mal, y tarde conocida. Que la influencia de Astros Celestiales a amar inclinen, cosa es, que no niego, sabida por razón, sin experiencia: Mas el confuso Abismo de los males de un violento deseo, impulso ciego, no es puro amor, furor es, y dolencia. . sus hazañas celebradas, Da nueva fuerza al tormento, Amor, que no le verás desamado, por ser más, ni menos mi sufrimiento: si es imposible mi intento, no hay temor en quien no espera; ya te sigo, hermosa fiera, no a ver si es buena mi suerte, sino a que veas mi muerte, si en desdichas hay quien muera. Ya las puertas reveladas del gran Templo de Minerva, donde el duro broace observa brillan, de Febo tocadas, y resonantes se mueven, concediéndoles, que lleven las Ninfas a su Deidad en esta festividad flores, que a sus Aras deben. Los instrumentos marciales de que la Diosa sagrada tanto en tus fiestas se agrada, dieron de empezar señales: los ecos sus Celestiales oídos habrán tocado, con lisonja del cuidado, que en corazones humanos ven sus ojos soberanos a su culto dedicado. A nosotros dar ejemplo nos toca, y llegar primero; yo en mis penas también quiero consultar su santo Templo; ya, bella Herse, contemplo tu respuesta favorable; quiera el Cielo, que agradable, Aglauros, la tuya sea, no un pronóstico se vea, como decreto, inviolable. En esta figura hermosa, que en la vida tanta parte dio Fidias, que estuvo al arte naturaleza envidiosa; su alto espíritu la Diosa comunica, y del destino el reservado camino a los Dioses soberanos, luz concede a los humanos el Oráculo Divino. Dafne ingrata, hermosa fiera, . yo, aunque pregunte, bien sé, no espera premio a mi fe, más la fe no desespera: la esperanza, que en su esfera vive, sin ofensa tuya, como el fuego está en la suya, solo tiene calidad, no fuerza de actividad, que su fineza destruya: lleguemos, pues, que ya es hora; mas qué ruido es aquel? Lisi, ten ese lebrel, que su oficio cesa ahora Dioses santos, duermo, o velo? hermanas, Dafne no es esta? mas si alentó la floresta, dando nueva luz al Cielo, qué dudo? Si en la lucida ribera con mayor salva es recibida, que el Alba, démosle la bienvenida. Florida, y bella Amaltea, luz, y vida de este prado, que ya, de tu pie tocado, haces que otro Tempe sea: pues cuanto el alma desea, su entera satisfación se hallará en tu perfección, si cupiera en mortal velo, vive aquí, tendrá de Cielo este valle presunción, Bella Dafne, prima mía; ya Palas, con este gusto, ha premiado el celo justo con que he venido este día que respuesta de alegría pudo mi alma esperar, que ya se atreva a igualar con el bien de tu venida? en ti sola prevenida mi ventura pudo estar. Dafme hermosa, aunque tu olvido pudiera haber entibiado nuestro amoroso cuidado, siempre en el alma has vivido: nunca en mi amor han cabido mas quejas, que las de amor, que negar tanto el favor, nombre merece de mal; mas ya en ti, por natural, vive sin culpa el rigor. Si el alma mostrar pudiera, bellas primas, su verdad, buena ley de voluntad bien guardada os respondiera; la luz de la cuarta Esfera no es más pura, que mi fe, vuestra ausencia siempre fue y para mi grave dolor, mas de mi padre el amor manda que con él este. Por veros, tomé ocasión de venir a consultar una duda, o un pesar, que no vive en opinión, solo viene el corazón fiado en que errar no puede el suceso, que si excede de su esperanza la suerte, el remedio de la muerte su dolor se le concede. Y así, la víctima mía, con las vuestras llevar quiero, que feliz respuesta espero en tan dulce compañía; en las fiestas de este día no sé que el Rey tenga parte, trate cuidados de Marte, que importan a su Corona. Diosa de Guerra es Belona, y qué mayor, que mirarte? . También su Deidad atiende a militares cuidados, mas los míos, no escuchados, nunca tu rigor entiende. También la de un desdichado. Deseo de amado engaño, Divina Palas, hermosa, gloria que el alma no alcanza dónde llevas mi esperanza, que aún buscas más desengaño? Temeroso voy siguiendo los dulces pasos que mides; sagrada planta de Alcides, en tu sombra me encomiendo. Bella. Diosa, en cuya mente Justo celo premio alcanza, divina, como pasados, viven los futuros hados, el tiempo incierto es presente tu saber, que no consiente reservado pensamiento de luz a mi justo intento, y al dolor que de él me alcanza; sepa yo si es de esperanza, o de Infierno mi tormento. Una dulce voz, que vence duras peñas, darte medio podrá en mal tan sin remedio. No bien mi duda convence. Hija de el sumo saber, que a las armas, y a las ciencias con divinas asistencias preside tu gran poder, si está prevenido al ser humano el preciso hado, concédele a mi cuidado luz, conque alcance que suerte de bien, o mal, vida, o muerte, el Cielo le ha destinado, Herse, mi padre sagrado, feliz te ofrece una suerte, que vive opuesta a la muerte, que por tus hechos, y glorias en diamantes de memorias eternas vives famosa, mi voluntad, sacra Diosa, pues amas la perfección, recibe en tu protección; y si es justo mi deseo, trueque en mi padre Peneo tu Deidad el corazón. triunfarás del fiero Amor, y él por ti, con tu dolor. Y aún de mi loca esperanza: Dioses santos, justo intento . merece una pena tal, pues no me rindo a mi mal. Aún faltaba este tormento? gran Minerva, la porfía de mi amor ofende al Cielo? Respondiome el triste vuelo. del ave sombra del día: mas caber nuevo pesar puede en suerte tan perdida? que esperas cansada vida, si el morir no es esperar? . Sacra Diosa sabia, y fuerte, que al sacrílego Palante, soberbio, y fiero Gigante, diste merecida muerte: temerosa de su suerte. Aglauros, a consultar llega tu divino Altar; si la amenaza su Estrella, de Jove eres hija bella, y Estrellas puedes mandar. Santo Cielo, a tanto llega. mi desdicha, o mi destino, que el Oráculo Divino su sagrada voz me niega? Hermana, el dolor te ciega, no te desconfíes tanto: vuelve a instar, venza tu llanto rebeldes diamantes duros; y por humilde, los muros de su pecho sabio, y santo. Gran Belona, los oídos de los Dioses Celestiales al dolor de los mortales se muestran endurecidos? La piedad con los caídos, digna de ánimos humanos, en los pechos soberanos no ha de caber? Tu Deidad no autorice por verdad. injustos agüeros vanos. Dura suerte! fiero hado! funesto presagio triste! Ya, Aglauros, con lo que viste, Minerva, te ha castigado; no llores, que la piedad. atributo es del valor, y en los Dioses el mayor que acompaña su Deidad. Dinos, pues, que la conciencia a nadie permite olvido, con qué exceso cometido te opones a su clemencia? Sabrás de mi pena, o Rey, la causa, que ya Herse sabe, debido amor, y respeto a ti, y a la hermosa Dafne. Para el sacrílego asalto, que los soberbios Gigantes. intentaron contra el Cielo, dando escalas a los aires, de última esencia de acero, que apuro divino arte, superior al Sol, el fuego, forjó de nuevo diamante. luciente arnés el herrero Dios, que a Júpiter armase, emulo a su luz divina, y a su rayo impenetrable: lisonjeados sus ojos con el don, aunque inmortales; premio a su elección ofrece. a Vulcano el gran Tunante: afirmolo el juramento del agua negra inviolable, y en lazo divino a Palas pidió, celoso de Marte. Los Cielos no consintieron intento tan arrogante, ni la tierra, que ofendida. dio nuevos monstruos al aire. Erictonio, que lo fue, (si bien de sacro linaje) a la luz, honor del Cielo, negado quedó al instante: tejidas mimbres le dieron primer túnica por cárcel; y a Herse, y a mí el secreto quiso Palas se fiase. Herse al secreto divino, no a vanas curiosidades atenta, guardo el respeto, que perdí, y que lloro tarde. No descansó mi deseo, mal resistido, o en balde, hasta saber el misterio, que el recato formó grande. El prodigio de la tierra, con el intentado ultraje de la Diosa, di a la luz, y a memorias inmortales. Violo Coronis, a quien ya otro chisme semejante, costó, perder su hermosura, ser siniestra entre las aves; y negada al escarmiento, con alas veloces parte a dar a Palas la nueva, que así llegan los pesares. Entró en su pecho divino permitido dolor grave, y de su gracia a Coronis despidió, por el mensaje; y a mí en todas ocasiones con castigo su semblante me amenaza, como veis; de aquí mi desdicha nace. No temas, Aglauros mía, sino es otro tu cuidado, que ya Palas se ha vengado con la pena de este día. Cuito sacrificio a Palas hagamos, nuestra oración su sagrado corazón toque con ardientes alas, y no dudes halle en él acogida tu dolor, que el Cielo vive en amor, por ser justo, no es cruel. Aglauros, esto no ha sido presagio de nuevo mal, antes ha sido el fatal del pronóstico temido: con esta demostración hecha en público en su Templo quiso Palas dar ejemplo, y tomar satisfación. Con tal consuelo, no oprima ya de hoy mas tu pensamiento pena, que venza el contento que tenemos con tu prima. Da el lugar a la alegría, que con tal huéspeda es justo, y discurramos con gusto por aquesa margen fría. Si gusto puede llevar . quien tiene en su pensamiento tanta fuerza de tormento, tanta causa de pesar: mas si mostrar, Dafne, hermosa tu gallardo corazón su alentada inclinación quiere en caza belicosa; aquel que Astros soberanos, siendo un monte, desafía fieras tan dichosas cría, que morirán a tus manos: o si no, podrás volver por el valle, que hoy espera por ti nueva Primavera, y un segundo amanecer: y si el Sol te diere ardientes. rayos de luz envidiosa, música en sombra amorosa te darán risueñas fuentes, que de espejo su cristal sirva ufano a tu hermosura, pues tu rigor se asegura de pena a Narciso igual, que aún esquiva a tu belleza negará tu condición el amor, y admiración que la da naturaleza: elija; pues, tu beldad de sitios al gusto iguales, porque aún en sujetos tales. pueda haber felicidad. A mi altiva inclinación es muy fácil acertar el camino; montear es mi mayor profesión. Y así, llegar a ese monte, si no os causare disgusto, será para mí de gusto; que aquel que nuestro Horizonte: termina tan brevemente, será, y podremos llegar, antes que Febo en el Mar se bañe del Occidente. El servirte, Dafme hermosa, es el gusto, y la razón, que más ama el corazón, que hace al alma más dichosa. Mal huyo de mi pasión, si va la causa conmigo, y es mi mayor enemigo mi propia imaginación; traidores al alma son mis sentidos, y no alcanza mi mal inmenso mudanza, ni un punto espero de bien, que es voz soberana quien me ha negado la esperanza. Muero, y no de aborrecido, del rigor de una mujer, que quien dice aborrecer, supone que fue querido: y aún desdeñado no he sido, que quien dice desdeñado, supone que fue escuchado; muero; y el nombre no sé de la causa; mas diré que muero de desdichado. Selvas, donde mi dolor no se templa; ni divierte, sed testigos de mi muerte, pues que lo sois de mi amor:, amé la beldad mayor, y mi inmenso amor no ha, sido escuchado; ni creído; pues para que me atormenta? loco es aquel que alimenta un amor no agradecido. Muera, pues, esta pasión, y pues al alma está unida, acábese con la vida; muramos ya con razón; demos gusto a la ocasión de mi eterna adversidad, sirvamos a su Deidad, ya que no amando, muriendo; que en Dafne están compitiendo la belleza; y la crueldad. A un corazón tan esquivo, y alma tan ingrata; es cierto, que sabrá agradarla muerto, quien no la merece vivo: pues si dos bienes recibo, que a Dafne llego a agradar, y mi amor se ha de acabar, para qué la vida quiero? venga la muerte, pues muero por amar, y por no amar; pero allí viene la ingrata, que es honor de estas riberas; mal perdonará las fieras Ninfa, que los hombres mata: fuentes con lenguas de plata, ayudádmela a decir, que me cansa ya el vivir, y que tal es mi dolencia, que he menester su licencia, para acertar a morir. Esta selva lisonjera del Sol los rayos encubre, tanto, que a pesar de Octubre, es perpetua Primavera. El Sol a entrarla porfía, las hojas lo están negando, y de sus rayos temblando, parecen argentería. Albergue dulce, y sombrío, el verde, y florido seno, de canoras aves lleno, se opone al ardiente Estío, que de peñas coronado, que lo están de eterna nieve, nunca su rigor se atreve a la hermosura del prado. Retrata naturaleza con calidad, y colores, Dasne, en peñas, nieve, y flores tu beldad, y tu dureza. También esos dos Atlantes, amenos, si espesos montes, formando están horizontes de varia caza abundantes. El ciervo, de industria inmensa, aquí lleva diligente un árbol seco en la frente, que es más carga, que descansa; Allí el jabalí preserva sus cuchillos de marfil, con oído tan sutil, que aún oye nacer la hierba, Haz de una senda elección de esas que el campo rodean, que ambos montes lisonjean tu gusto, y tu inclinación. Aunque las sendas son tantas, esta elijo. . Das favores a sus hierbas, y a sus flores, porque besarán tus plantas. Yo al rumor sonoro, y blando de este arroyuelo pequeño, quiero que me usurpe el sueño el tiempo que estáis cazando, soledad es mi alegría, aquí espero. . Y entretanto podrá Lisi con su canto templar tu melancolía. junto a aquel árbol florido, las cuerdas, y labios mueve, porque haya distancia breve entre la voz, y el oído. Y yo adorándote en vano, sigo tus plantas ligeras, por si a vuelta de las fieras, me da la muerte tu mano, Si la vida me es penosa, no será a mi pecho fiel ese venablo cruel, ni esa mano rigurosa. . En las márgenes floridas de una peregrina fuente oscurece el sueño en vano los Soles hermosos de Herse. El campo queda sin luz, para ostentar sus claveles; y así, pide a los cristales, que murmuren, si durmiere. Eclipses del Sol, y el sueño jamás han visto las gentes; noche es el sueño; y el Alba será cuando ella despierte. Escuchas, Mercurio? . Ya, para oír, suspendo el paso. Como está cerca el Parnaso, alguna Mula será. No respiren las Auras, suspendan el curso, sus cláusulas calmen; y al Imperio de quien obedecen, no respiren, no alienten, no inquieten el aire. Veneno de los sentidos, que con lisonjas mortales compones de fuego, y nieve tus opuestas calidades. Hechizo de los cuidados, que con aleves disfraces confundes los albedríos, cautivas las libertades. Letargo de la memoria, que con hermosos compases triunfas del entendimiento con fingidas realidades. Cadena del pensamiento, que con sonoros engarces reduces a cautiverios sus libres inmunidades. No durmáis, porque en acentos fundáis las seguridades, y las más despiertas voces son desperdicios del aire. No respiren las Auras, suspendan el curso,. Qué acorde, y grave dulzura! con ella mis ansias crecen. Estos aplausos parecen de la voz, y la hermosura: Si la voz que nos admira, es de la Ninfa que ves, no es Musa, no, Venus es, que en esa fuente se mira; y así, el Céfiro veloz su cabello ondear procura, porque es mayor la hermosura, que lo dulce de la voz. El sueño la está robando luz a los ojos. Si ahora sin voz, ni vista enamora, que hará mirando, y hablando? Por qué imaginas que quiso dormirse a la fuente bella? para no mirarse en ella, y ser segundo Narciso. Qué suspensa, y divertida se nos niega! Con razón llaman al sueño, ladrón de la mitad de la vida. No digas Apolo, tal, que viviendo está, y obrando, si a mí me está enamorando, vida tiene por mi mal: vida tiene por mi bien, diré con más propriedad; pues si mata su beldad, gloria me causa también. Presto obró el dulce veneno, En un instante no sube vapor cálido a una nube, que rasgándola con trueno, baja en fuego, y hombres mata con un súbito desmayo? La fuerza de Amor es rayo, presto eleva, y arrebata. Cuanto más, que no cometo culpa de facilidad, si provoca su beldad a adoración, y respeto: yo la venero, y admiro, y con debido decoro a mi Deidad, no la adoro; porque durmiendo la miro dar indicios de mortal. No ves la corriente clara, que, por mirarla, se para? Saltos va dando el cristal, por salpicarla de perlas, y otras ondas envidiando, las primeras, tropezando en plata, van a cogerlas. Bien lo encareces; y a mí una estatua me parece. Mi admiración lo encarece, no mi amor, aunque la di con un impulso divino, y con un misterio oculto la libertad. Solo un bulto vemos hasta aquí, imagino, que ni vive, ni se mueve, aunque da al Amor envidias; quizá es un mármol de Fidias, quizá un escollo de nieve. No te admira? A luz escasa no me deslumbro. . Yo llego a ver si hiela su fuego, a ver si su nieve abrasa. Quiero tocarla una mano; mas recelo no despierte, que no es sombra de la muerte este sueño soberano: imagen es de la vida, porque está naturaleza retratando su belleza, y ella se finge dormida. Rara hermosura! Ay de mí! . Lisi? Aglauros? Dafne? hermano? Lo mortal; lo que es humano, teme, y se recata así: pero no lo Celestial, que no le atreve el temor al soberano valor de una belleza inmortal. No ha sido descortesía romper los lazos del sueño? No señora: quien es dueño. de los albores del día, no ha de negar a los Cielos rosicler, y tornasoles; ni a sus ojos; ni a sus Soles, ha de dar nubes, y velos: de sus lucientes pestañas salgan rayos eminentes, den luz, alegren las fuentes, den color a esas montañas. Herse, qué es esto? a tus voces, vine a diligencia tanta, que no pudiera Atalanta seguir mis pasos veloces. Quién te ofende? qué groseros dan agravios, dan enojos a la beldad de tus ojos, al brillar de tus Luceros? Quién causó el hermoso ceño de aquese Cielo enojado? que atrevido confiado osó romper dulce sueño? Yo fui causa que sus labios diesen quejas sin sosiego, vila, y adorela luego, estos fueron sus agravios. Confianza es responder así, cuando airada os hablo. Para qué quieres venablo, si tienes ojos, mujer? arme el arco en tu beldad contra los hombres Amor; no fleches tu más rigor, pues te trajo la piedad. Son tus ojos soberanos, tu donaire Celestial; y quisiera ser mortal, para morir a tus manos. Pienso que enojado Amor, me tenía prevenida, antes de verte, la herida, y ahora siento el dolor. Ya de mi ser me enajeno, un milagro raro vi, Mercurio, no estoy en mí. Presto obró el dulce veneno. Ves, que a su hermosura debe Venus gloriosas envidias. Quizá es un mármol de Fidias, quizá un escollo de nieve. Entre flores, que admirar puede su beldad, la rosa es Dafne, por más hermosa. Alaba su comparar, que entre las flores más bellas, Herse es alto girasol: y así en presencia del Sol, on átomos las Estrellas. Quién son estos? Ni los vi, ni entiendo su pretensión. Los conceptos de Amor, son otra lengua para mí. Sombra soy, que su luz sigo, siempre acecho, siempre escucho, peno mucho, y siento mucho, velo Dafne, y no la obligo. Herse gallarda, Mercurio, (dígalo este Caduceo) es tu amoroso trofeo, no, con amarte, te injurio; que aunque mi Deidad alcanza poder público, y secreto, no te han perdido el respeto mi intención, ni mi esperanza. Aunque un pastor viendo estás, Dafne hermosa, Apolo soy, el que de luz rayos doy, mas tú de gloria los das. Seas quien fueres, no oses a hablarme en cosas de amor, que este acero, y mi rigor se atreverán a los Dioses. Ves cómo se venga Amor? No podrá un Dios ser amado? Eso, Apolo, no ha llegado. Temes bien de su rigor. Ven, Herse. . Tu condición haga en su rigor mudanza. Yo llevo alguna esperanza. Yo poca satisfacción. Si con Apolo es cruel, justamente desconfío, que ha de esperar lo mortal, si desprecia lo divino? y cuando al Amor mostrara semblante menos esquivo, de competencias de un Dios, nacieran desaires míos. Demos, pues, demos sosiego a este piélago, a este Abismo de desdichas, y de amor; la postrera línea ha sido de los cuidados la muerte, último descanso han dicho los sabios que es sepa el Mundo, que es el amante mar fino el Príncipe de Liguria. Tú, Semidios, claro río, padre de mi hermosa ingrata, prevenme tumbas de vidrio; escriban mis epitafios caracteres cristalinos, ya que en montañas de espuma esta vida precipito. Aguas, que a Dafne cruel disteis gallardo principio, sed mi fin, dad a mi nombre diáfanos obeliscos: Narciso amándose muere, yo me aborrezco a mí mismo; y así, aunque muero en las aguas, soy contrario de Narciso. Si dicen que es cobardía darse la muerte, yo digo, que es heroica acción en mí, pues muriendo me eternizo. Sagrados Dioses, que dueños de los años, y los siglos, dais vida a la eterna luz de los Planetas, y Signos, atended a mi dolor, que después que a Dafne he visto, aún para excusar mi muerte, me ha faltado el albedrío. Tú Júpiter poderoso, que con rayos vengativos amenazas los mortales, das prodigiosos castigos; no fulmines más rigores, que también tu Deidad quiso a Europa, y en bruta forma, sepultaste tus sentidos. No quiero, Amor, tus favores, aunque soy tu sacrificio; si solo lástima debes, solo lástima te pido: humanos ojos, llorad, si a lágrimas os obligo, cuando debéis escarmientos a mi cordura sin juicio; reciban los Elementos lo que de ellos participo: estos despojos la tierra lleve, el fuego mis suspiros, lleve mis quejas el aire, lléveme el agua a mí mismo, Muera quien es desdichado, si tal bien le es concedido; y las Ninfas de este prado, que son de mí fin testigos, digan que soy el primero, que murió de amor; ya habito en tus frías ondas, Peneo, porque mi fatal destino, donde el tálamo buscaba, sepulcro me ha prevenido. Príncipe, espera, detente, que tus quejas, y suspiros, nos han sacado piadosos de esos verdes laberintos. Arrojose entre las ondas, Raro asombro! Gran prodigio! hombre, que muere de amores, abrasar puede ese río. No ves como entre las ondas el huésped se ha convertido en globo rizo de nieve, oh blancas plumas? . Ya miro, que alas le nacen, y son rayos de oro pies, y pico, dando hermosura a las ondas lo cándido, y lo pajizo. En Cisne le han transformado los Dioses. Si los oídos no engaña el rumor del agua, cantando está su principio, y su fin. . Dará a los Dioses las gracias agradecido. Vamos a contar a Dafne lo que el Príncipe la quiso, y el más trágico suceso, que los mortales han visto.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Los Palacios son aquellos que Herse vive, y hace iguales a los Solios Celestiales, pues su gloria abrevia en ellos: mármoles, jaspe Español y pórfidos, con brillantes pulimentos, son diamantes, que forman Signo a este Sol. Los gallardos capiteles, o montes en proporción, están negando, que son obra de humanos cinceles: y en su cristal sin segundo hiere el Sol, formando Soles, que son perpetuos faroles, que alumbran de noche al Mundo. Su forma, y materia unida, de tal manera compiten, que juzgar no nos permiten, cual de cual es excedida: y en las paredes que adoro parece ébano el márfil, la plata materia vil, desprecios padece el oro. Firmamento son pequeño, que las piedras son Estrellas, cuando reverbera en ellas la hermosura de su dueño. Resplandores celestiales inundan estos Palacios, reflejos dan de topacios desmentidos los cristales. Alguna Deidad los dora con oculta Majestad. Dices bien, y aún es Deidad, que tu Sol humano adora: Herse hermosa, no te injurio con una fe tan constante, merezca por ser amante, lo que no por ser Mercurio, Amar debemos los dos; yo, estimando tu belleza, conozco en mi igual grandeza de ser amante, y ser Dios: tú no debes, sin cuidado, dejar mi fe desvalida, ama por agradecida, como yo por obligado. Para turbar tu presencia, estando a solas los dos, bastaba que fueses Dios, sin ser Dios de la elocuencia. A responder no me atrevo, tu voz sola se merece; perdona, que me enmudece el respeto que te debo. Eso respondes turbada Herse, los miedos depón; que armas invencibles son las de una hermosura amada. Oye. . En materias de An es ocioso el escuchar. Oír para desdeñar, no es piedad, sido rigor: no me escuches de piadosa, gloria oyéndome tendrás, pues mientras oyeres más, estarás más rigurosa; y pues la elocuencia mía casi contigo es pequeña, responde a aquesto que enseña la humana filosofía: Cuantas cosas ves aquí en este Mundo inferior, ostentando están amor, luego amor es bueno en sí. Sus fueros, mal entendidos de la ciega juventud, hace que, siendo virtud, ofenda amor mis oídos. Y en ese numero pones un amor, que no es vulgar, ni en mi pecho da lugar a descorteses pasiones? Cándida pureza alcanza este amor, en él no veo lo grosero del deseo, lo necio de la esperanza. Un rendimiento fiel a tu hermosura prevengo, tal es mi amor, que no tengo fin determinado en él: Amo solo por amar, amo solo, por saber, que amada merece ser belleza tan singular: cuerdo es quien te ama. . Así tu amor pierde su valor, pues parece propio amor; que vienes a amarte a ti, fundándolo en discreción: y si así de amor te obligas, ama, pero no lo digas, que cumplir tu obligación bastante premio habrá sido para tu amor. Y a mi fe, qué respondes? Que la sé. . Premio es ya haberla sabido. Quién eres? pero qué veo? bella luz me ha suspendido, Parece que te han traído las alas de mi deseo; pierde, Aglauros el recelo, que tienes un Dios delante, nieto del inmenso Atlante, viva Coluna del Cielo: vuelve en amor el espanto; hijo de Júpiter soy, y sus embajadas doy, calzándome el Iris santo. Este ambiente resplandor forma Mercurio en su pecho, mira lo que Amor ha hecho, mira lo que puede Amor: penetrando, y transcendiendo las Celestiales Esferas, diáfanas vidrieras de los Dioses, hoy desciendo herido de Amor, que es tal, que en una mortal criatura suele flechar la hermosura, para vencer lo inmortal. Sin duda, que ya mis ojos . cuidado a los Dioses dan si Mercurio es mi galán, no temeré los enojos de Palas. Amor ha sido quien triunfo de mi poder; tu favor he menester, Aglauros, favor te pido. Sed esquivo, corazón, . pues los Dioses os estiman, que a ser soberbio os animan, y os enseñan presunción. Mercurio, si tal ultraje hace en los Dioses Amor, pensaré que hay más valor en el humano linaje. No conozco su poder, qué mucho que te desdeñe? deja que el amor me enseñe lo que te he de responder. Como es posible que amas, si ahora me ven tus ojos? sin duda, que son antojos aquellos que amores llamas; la primera vez es esta, que te vi a mi amor rendido, desalumbramiento ha sido hacerme así manifiesta tu pasión; date osadía la Deidad que te corona, o a los Dioses no perdona la villana grosería: mis rigores. Son inciertos, y vanas las quejas tuyas, Aglauros, no me atribuyas errores, y desconciertos. Mas atenta, y advertida es mi lengua recatada, y yo la tengo enseñada, que esté en si la vez que pida. Cuerdo soy, y no he tenido con beldad, que estimo, y precio, encogimientos de necio, ni despejos de atrevido. Amo a tu hermana, y quisiera que tu sangre, y amistad valiesen mi voluntad, para que dichosa fuera. Pretendo que su hermosura esté en el Cielo segundo con mi Estrella, dando al Mundo luz más trémula, y más pura. Y allí con Venus compita, pues que solamente es ella entre las Diosas Estrella, que a cuatro Dioses imita: en las Esferas inquietas, que vida influyen al hombre, Herse quiero que se nombre uno de siete Planetas; porque siendo esposa mía, mi Estrella hermosa no fuera de la magnitud tercera, sino luz del mismo día. Si intercedes, si eres parte de mis glorias pretendidas, envidia darán a Midas las riquezas que he de darte; que te dé, puedes mandar, cuanto Júpiter encierra en las venas de la Tierra, en los cóncavos del Mar. Que los tesoros humanos vendrán con paso veloz a lo dulce de mi voz, a lo hermoso de tus manos. Herse la querida es, . tome, tome mi furor de esta burla del Amor venganza en el interés; pero no ha de ser tesoro, que fuera civilidad rendir yo mi libertad a prisión, por ser de oro: daré, pues a Amor te humillas, valimientos a tu empleo, si me das el Cadúceo con que tantas maravillas sueles obrar, que no temo sus áspides enroscados. Los mortales son osados , a pedir lo más supremo de las ruedas soberanas? las insignias Celestiales de los Dioses inmortales, han de ser prendas humanas? Templa, Aglauros, el deseo, no con vana presunción quieras ser otro Faetón, si te doy mi Cadúceo. A mis altos pensamientos al aliento, y bizarría de la heroica ambición mía das hombre de atrevimientos? En vano me persuades, que dé medio a esos errores, poner pienso en tus amores montes de dificultades. . A los Gigantes igualas en estar soberbia así; bien se indignó contra ti la Sabia, y Divina Palas. Por qué, Diosa de tres nombres, Palas, Minerva, y Belona, tu castigo la perdona, sin dar ejemplo a los hombres? Por fulminarla esta lanza, como Júpiter bizarro, a Juno pedí su carro, que es Diosa de la venganza: ya escuché que te ha pedido su ambición el Caduceo; morirá, cual Prometeo. Ya estoy, Diosa arrepentido, su muerte ha de suspenderse, si es hermana de Herse bella, lo que fuere sangre en ella, serán lágrimas en Herse. Si veniste vengativa, vuelve rompiendo piadosa nubes de jazmín, y rosa, así de tu verde oliva coronados los Altares, Templos te levanten sacros, y te erijan simulacros en los montes, y en los mares. Si mi rigor no la mata, de ti no ha de estar segura. Imán es una hermosura, que la vida me arrebata. Perdona, Divina Palas, si a tu presencia me niego, desplieguen, desplieguén luego la hermosura de sus alas esos Pavones lucidos, porque ostenten al partir, que de esmeralda, y zafir llevan cien ojos dormidos. Su castigo a los mortales escarmientos debe dar, a la Envidia he de sacar de sus senos infernales, Y el mismo Mercurio sea quien la de castigo eterno; ya miro en el lago Averno el agua triforme, y fea. Ya sus pálidas espumas en silencio, y en horror besan los pies con temor a las montañas de Cumas: ya su tremenda campaña se comienza a aparecer, que en otro tiempo ha de ser del gran Monarca de España; Ya sobre el Monte Miseno miro oscurecer al Sol los balcones de Puzol, de nocturnas aves lleno. Sobre la Estigia laguna, entre horrisonas tinieblas, miro que manchan las nieblas los cristales de la Luna. Ya miro en nuevo Horizonte, no con poca admiración, la barquilla de Carón en las aguas de Aqueronte. carro de Juno veo venir a este Reino, oscuro, o turban el aire puro los vapores del Leteo; y mis ojos no perciben términos del viento largos, qué buscan los ojos de Argos donde los Cíclopes viven? Y tú, cualquiera que seas de las Consortes Divinas, detente, donde caminas sobre las aguas Lereas? Pues negras exhalaciones, que densan el vago viento, sofocarán el aliento, que respiran los Pavones. Aún a Júpiter se niega ver el Reino de Plutón, si en la barca de Carón estas ondas no navega. Deja el carro, entra en mi barca, aunque tu Deidad Suprema no es de linaje, que tema las tijeras de la Parca. Ya que los Héroes Divinos, sin pasar por fuegos tales, no ven los senos fatales de Radamanto, y de Minos; llega acá, porque hoy es Palas tu pasajero bizarro, la barca será mi carro, los remos serán las alas. Calla, bruto, que es Minerva esta Deidad soberana, que de tu furia tirana, y tu rigor se reserva. Calla, Trifance animal, que no debes latir tanto cuando al Reino del Espanto viene huésped Celestial. Entra, pues, Palas Divina, que tus palabras, y acentos, suspenderán los tormentos del Reino de Proserpina: Si la hermosura que veo el pie pone en sus arenas, fuerza es que paren las penas, como a música de Orfeo. Ya te ladra el Cancerbero, más con aplausos, que enojos, que a la Deidad de tus ojos está el bruto lisonjero. Y con quién podré avisar? Ya Proserpina te espera, sin duda, en esa ribera: tú misma la has de invocar, bájará en su solio a verte, no con sonora armonía, porque todo es sombra fría del Espanto, y de la Muerte, El concento soberano de redobles, y sencillos, es de yunques, y martillos en las fraguas de Vulcano. A este rápido furor de agua, que baña ese monte, le llamaron Aqueronte, porque es río de dolor: cuando en mi barquilla admito algún alma, y no algún Dios, pasamos por otros dos, el Flegetonte, y Cocito; pero tú, Diosa gallarda, pues ya en la ribera estás, llamar desde aquí podrás a Proserpina, que guarda. esta cárcel de las vidas; queda en paz, que no me fuera, si en la otra margen no viera muchas almas detenidas. Oh tú, Triforr, Diosa Proserpina, que en el Cielo, en la Tierra, en el Infierno, triunfando ilustra, vence, y predomina tu luz, tu brazo, y tu poder eterno; cuya beldad divina, oh hija del gran Júpiter, y Ceres, enamora a Plutón entre las flores en campos de Sicilia; Diosa, que eres en fecundos, si breves resplandores, medio curso del Sol, y medio asistes. en esta confusión de quejas tristes. Tú, que fuiste robada, (que no respeta Amor Deidad sagrada) y en Tálamo nocturno. el hijo de Saturno, bella Esposa te aclama, atiende hoy a mi voz, Palas te llama, Oh Palas, que triunfando de Palante. el soberbio Gigante, de cuyo vencimiento. tu nombre procedió, hija sin madre, del celebro divino del gran Padre, que en el Impíreo asiento. gobierna con mirar el movimiento, de las altas Esferas, vengas felicemente a las riberas. del temeroso río, aplauda a tu Deidad el Reino mío. Soberana Minerva, que repartes. las liberales artes, y con prodigas manos infundes el saber en los humanos; llamada antes Tritonia, por aquella Laguna, que te sirvió de cuna. en los campos, que ilustra Babilonia; qué busca tu Deidad hermosa, y fuerte en los Reinos oscuros de la Muerte? Poderoso Plutón, hijo tercero de Saturno, que el Mundo al tres hijos dejó; el Cielo al primero, Esfera superior, Mundo eminente; y del Mar al segundo el humido Tridente; y los Elisios campos te reserva; Proserpina dichosa, del hermano de Júpiter esposa; la que Palas llamáis, la que Minerva, busca a la envidia, sus oscuros senos de angustia, y dolor llenos, pretendo penetrar. . Pues ella luego saldrá a tu voz del horroroso fuego. Antes que salga, ni su rostro veas con pálido color las sombras feas, verás en este Infierno unas vislumbres del poder eterno; algunos, que padecen, por graves culpas inmortales penas, a tus ojos se ofrecen, al rumor de suspiros, y cadenas. h; , , Atiende al eco, que doliente dice, Ay mísero de mí! Ay infelice! Cuando se me permite algún alivio al pecho; que con hambre, y con sed paga el convite; que a los Dioses he hecho? Cristales, no corráis, sois sombras vanas? esperad una vez, rojas manzanas. Júpiter soberano, árbitro de la vida, y de la muerte, en cuya diestra mano vibras los rayos dame un pecho fuerte, infatigable al mal, si lo merece un atrevido exceso, o alivia este peñasco, cuyo peso la mitad del Olimpo me parece. Cuando hallará piedad la vanagloria de haber amado a Juno? y las aguas del Lete, la memoria de mal tan importuno. inundarán, borrando, y suspendiendo. la esfera de dolor tan estupendo? Por qué a tu dulce lira, amante Orfeo, negaste la armonía? hiere las cuerdas, y serán trofeo, de la desdicha mía; lastímete mi pecho, que es tributo, pasto, y bebida de un sediento bruto, La gallarda hermosura de la Divina Palas pueda ahora lo que la voz de Orfeo, que ha callado. A tu Deidad, señora, las penas inmortales se han parado. Favor, es, que recibo, porque piadosa entre los Dioses vivos, la pena de estos cuatro es peregrina. Refiérate la causa Proserpina. Bella excepción de la muerte, bella imagen de lo eterno, a cuya hermosura guarda inmunidades el tiempo; de estos cuatro, y de otros muchos, suspendiste los tormentos, porque tiene la belleza. prerrogativas de Cielo. Aquel que en el agua miras, y entre los ramos amenos, que de púrpura, y de gualda su fruta están produciendo, es Tántalo el impaciente, aquel que quiso en un tiempo tentar la Divinidad de los Dioses sempiternos; para ver si sabios eran hizo un convite opulento, donde disfrazó en vianda su hijo: qué humano fuero! (oh qué aleve tiranía!) supo a delito tan nuevo hallar castigo, que diese experiencia al escarmiento? Reconocieron los Dioses el Caribe plato, y dieron humana vida al manjar, y a su padre ese tormento. Del Eridiano las aguas le están brindando, mas luego huye el liquido cristal, dejándole más sediento; en la copa de esmeralda de ese manzano le han puesto, lisonjeando su hambre, fruto dulce, si ligero: el licor, y las manzanas están negando avarientos la blanca, y pálida vida a su hidrópico deseo; mas no todos los sentidos penan, pues permite el Cielo alguna gloria a los ojos en medio de su tormento. Ese eminente retrato de un Atlante, con el peso de un peñasco, ya que no con el globo de los Cielos; ese, que un monte parece, en cuyos hombros soberbios otro monte se ha caído con los vaivenes del tiempo, Sísifo se llama, y es hijo del Dios de los Vientos, ladrón astuto de Grecia, muerto a manos de Teseo, Condenáronle los Dioses a un eterno movimiento, aliviando ese peñasco desde la falda al extremo de ese monte, que compite con el Calpe, y Lilibeo, donde violetas, y escarchas le vende Abril, y da Enero. El que ves en esa esfera de metales, y de fuego, que anhela por alcanzarse, cuando de sí va huyendo, es un amante que tuvo elecciones de discreto, osadías de dichoso, vanaglorias de necio; llámase Ixión, es hijo del gran Júpiter; y fueron hasta la Deidad de Juno atrevidos sus deseos: Arrogante publicaba, sin decoro, y sin respecto, favores, a quien negó, o la verdad, o el silencio. Flechó Júpiter un rayo, y con divino despecho le fulminó condenado a los incesables vuelcos de esa rueda; pena justa en un amante indiscreto, que hace públicas sus glorias, o jactándose; o mintiendo; así trata a los mortales con accidentes diversos fortuna, siempre injuriada del ambicioso deseo. Ticio es ese que se sigue, cuyo error, y desconciertos, parecidos a Ixión, en ese trance le han puesto. Amó a Latona, a la madre de Apolo, y sus pensamientos: osó decir temerario. Ya quien era causa de ellos; ame el hombre lo inmortal, que amor debe a lo perfecto mas no a su fineza injurie violada ley al secreto. Supo Apolo su osadía, vibró el arco, y le temieron las arenas de los Mares, los Astros del Firmamento. Dio a la cuerda una saeta. de aquellas que son trofeos en la muerte de Fitón, y rayos alados fueron. Rompió el pecho, que no tuvo moderados sus afectos, dándole pena que ignoran las leyes del Universo: los buitres rapantes hallan en sus venas alimento; y su púrpura debida, vuelve a engendrarse de nuevo: Si pelícano parece, fénix es en los tormentos, que anda en círculo su vida espirando, y renaciendo. otros linajes de penas se deben dar al silencio; por no usurparte las horas, que son las alas del tiempos y ya tu saber divino penetrara los secretos más ocultos, y distantes, cuando le importe el saberlos. Permite, pues, bella Palas, que a padecer vuelvan estos, porque tu Deidad no sea. suspensión de su escarmiento: cubre el rostro peregrino, corre a su hermosura el velo, que con negarte a sus ojos, podrán padecer de nuevo. Pena eterna es la que lloro. Breve alivio es el que siento. Insufrible mal me aflige. Inmortal dolor padezco. Ay de mí! que la pena, y el tormento, para afligir al alma, son eternos. s. Veniste, Palas hermosa, a los letargos del sueño, y de la muerte, en un día que la Música de Orfeo, en pretensión de su esposa, daba alivio en sus acentos a las penas que escuchaste, entreténgate el misterio de ese músico de Tracia, admiración de los Griegos: Apolo, amante de Dafne, y una Musa el ser le dieron, Mercurio le dio su Lira, que es tan sonoro instrumento, que merece ser imagen entre los Astros del Cielo. La dulzura de su voz arranca de sus asientos los árboles, y peñascos, y los brutos más soberbios están, a sus consonancias, domesticados, y atentos. Erudice fue su esposa, cuyos hermosos cabellos eran émulos osados de la belleza de Febo. A esta hermosura eminente se vio rendido Aristeo, que a la villana violencia quiso fiar sus deseos. Huyó Euridice, y un áspid, que entre las flores durmiendo, daba treguas con el ocio, al rigor de su veneno, despertó, por su desdicha, y al cristal hermoso, y terso dio claveles con su sangre, quitó vida con su aliento: por Eurídice difunta, bajó su esposo a mi Reino, y Proserpina piadosa oyó sus amantes ruegos. Son las quejas de un amante misteriosos elementos, o son incendios de nieve, o son lágrimas de fuego qué Deidad no han obligado? qué piedad no merecieron? y qué lástima no alcanza, cuando les huye el remedio? Diósela con una ley, a quien negó el cumplimiento, dando el rostro a las espaldas, que este solo fue el precepto; perdió el candido color, perdió la belleza luego, y en una sombra del día su inobediencia la ha vuelto; su esposo en vano porfía, atiende a la voz de Orfeo, y mira a Eurídice; Palas, alternando dulces versos. Si en mi pena rigurosa, las Parcas se lastimaron, las Eurias tiernas lloraron, la Envidia estuvo piadosa, al eco de mi lira armoniosa. Halle piedad mi dolor, revocad la cruel sentencia: si sabéis lo que es ausencia, si sabéis lo que es amor, templad, sacras Deidades el rigor: Orfeo, si de perderme, ha procedido tu mal, advierte, que estoy ya tal, que será más pena el verme: pues aún yo misma juzgo aborrecer- en el tronco de un ciprés: Y en está Región oscura. (me. aquella que exhala injurias no es mi mal el más atroz, pues me permiten la voz, cuando pierdo la hermosura, para quejarme en métrica dulzura. como Tártara violencia, Ver tu belleza perdida, si es desdicha, no es tormento, que yo volveré contento, como vuelva con tu vida, que es de mi amor la prenda aperecida. Merezca, merezca tanto amor, que al Amor admita, lo que no la dulce lira, pueda ahora amargo llanto, ya que no os mueve mi amoroso canto. En vano, esposo; pretendes dar alivio a nuestras penas, si suspendes las ajenas, y las tuyas no suspendes, para que los Abismos hoy transciendes? Revocó tu lira el hado, que se mostraba piadoso, tu voz te hizo dichoso, tu descuido desdichado: (ciado? mas cuando no es el que ama desgra- Basta Orfeo? . Basta Orfeo: vete a los montes de Tracia, para llorar la desgracia. de un imposible deseo, que dos causas han prescrito pena a Eurídice tan fiera, un áspid fue la primera, la segunda tu delito. Amor es el que porfía: En vano buscas piedad. Lloraré mi soledad. Lloraré tu compañía. Aquella gruta que ves, a quien defiende la entrada una zarza, enmarañada de proceloso alquitrán, como abortos de Volcán; como aliento de las Furias, es la morada, en que asiste la Envidia bárbara; y triste. Provocaré su inclemencia. Cuando hayas de irte, no importa de tu grandeza al blasón, la barquilla de Carón, que negras espumas corta; a tu valor mismo debe paz Aqueronte, y sosiego, cuyos golfos son de fuego, cuyas márgenes de nieve. Tú, dolor del bien ajeno, que en esas horribles sombras, víboras son tus alfombras, y néctares su veneno; villano afecto, y pasión, que del tormento, y pesar venganza sueles tomar en tu propio corazón; niégate a la oscuridad, salga tu aspecto feroz, obedeciendo mi voz, envidiando mi Deidad: tú que al bien más inconstante enojo, y rabia no pierdes, y lo manchas, y lo muerdes con áspides de diamante: sombra que suele turbar al día su rosicler, que en el mal hallas placer, y en el bien hallas pesar. Minerva soy, sal a verme; ven, Envidia, a respetarme, al menos, por envidiarme, sino por obedecerme. Qué es lo que pretendes, Pa- dónde no hay placer alguno? (las, porqué en el carro de Juno te vistes de ajenas galas? Por qué viene tu hermosura a darme pesar aquí? en estos senos nací, y aborrezco la luz pura. No perturbes mi sosiego, si Divina salgo a verte de las aguas de la muerte, de las cárceles del fuego. Ya que me busca Deidad, la Deidad de Apolo fuera, porque algún placer me diera la suma infelicidad de sus amores: Orfeo fuera bien que me buscase, porque lástimas cantase, que ajenos males deseo. Pero tú, Diosa inmortal, a quien el tiempo no agravia; qué pretendes de mi rabia? qué pretendes de mi mal? Vuelve en el carro lucido, que solamente no muerdo el bien de que no me acuerdo, o el mal, de que no me olvido, Los Pavones son las aves de Juno; por qué no vienes en los pájaros que tienes, que son nocturnos, y graves? Aunque también impaciencia. me causaran, y pasión, porque las lechuzas son símbolo de la prudencia. Calla, mordaz, nunca intentes mover con tales razones lengua que fue de escorpiones, labios, que son de serpientes. De ti nacen las mudanzas de los humanos Imperios: cuales son tus vituperios, si ofenden tus alabanzas? Son, en fin, como Centauros, medio honores, medio afrentas, parte luego adonde sientas las presunciones de Aglauros; y rabiosa de mirar, que está de si satisfecha, fulmínale alguna flecha de veneno, y de pesar; hazla que envidie a su hermana, porque la sirve Mercurio. De esos amores me injurios por qué la belleza humana ha de gozar esa gloria? Herse muera, Aglauros muera, porque yo de esta manera. tendré de las dos victoria. Mide las líneas del Cielo, vuelve a tus divinos cargos, batiendo los ojos de Argos, las zafiros de su abuelo, que yo en esta oscuridad, por sendas de pedernales, daré guerra a los mortales, Qué remedio aprovecha, Y venganza a mi Deidad. , llevo al lado la flecha, , , . sin poder desecharla del sentido? Qué Alpes, qué espesuras, en qué cuevas oscuras, en qué desnuda peña; o mar airada, en qué bárbara tierra Cerrado me has el paso. donde quiera me abraso; y alegre el pensamiento te sigue, sin sentir el mal que siento. Pavimentos dorados, que en Cielo transformados, gozad en siglo eterno Vivir yo aquí en la pena del que cristal, y fruta fugitiva le impide su cadena. seguir, porque en dolor eterno viva; es injusta paciencia, habiendo muerte al triste, habiendo ausencia. Mas qué sirve la huida, si armada contra mí la mano hermosa, que despojó mi vida, sigue el alcance airada, y rigurosa; y es la defensa en vano, pues siento el golpe, sin mirar la mano. Si voy al Tanais frío, si a la abrasada arena de la Libia, si al monte me desvío, adonde el Moro Arlante al Cielo alivia, si al oloroso Oriente, nunca estará en mi amor mi pena ausente. si donde quiera, como ciervo herido, , , que aunque baje al Abismo; , . Cielo puedo mudar, mas no a mí mismo; Cuando mi pena fiera en qué Región incierta no habitada, dejará de cansar la selva, y monte, el eco, y la ribera? cuando Sol nacerá, que se tramonte, sin que yo triste pene? podré, Amor, defenderme de tu guerra? cuando una Aurora, que mi mal serene? Con un tan bravo Anteo, en el Abismo, en Mar, en Tierra, y Cielo, en vano intento la temida gloria, venciendo a mi deseo, que tienes muy ligero, Amor el vuelo, si el alma es quien se opone a esta victoria; y en nuevos eslabones, se esfuerzan, y se enlazan mis pasiones, Mil veces determino mármoles, gratos al cincel de Fidias, volver atrás el paso, y refrenarme; mas del uso continuo, con Dafne estáis al Mundo dando envidias, y costumbre del mal siento llevarme, que el bien en mi es extraño, gloria, que a vuestro dueño causa Infierno. y natural el habito del daño: más allí la pena mía, mal dije, mi gloria viene. Mañana, Lisi, conviene, que cuando el Sol vista al día de celajes de oro, y grana, de flores, y verde hierba, corones aquella cierva, que he de ofrecerle a Diana. No señale el Sol la hora de ofrecer esos despojos, pues es luz la de tus ojos, que crepúsculos ignora: con que aquí, por tu asistencia, ya en más fija luz se vive, que en la línea que recibe de Febo tan corta ausencia; aunque no a mí tu rigor tan feliz concede el día, no viste Amor de alegría un desesperado amor; mas mantiénenle finezas, y asegurado en su fe, con el bien que adora, y cree, vence vistas a esperezas: está que los montes muda, en cuya Esfera divina no hay impresión peregrina, no cabe temor ni duda; da con alto sentimiento gloria al alma en padecer, y de tu divino ser la esfuerza al conocimiento: Mas no, Dafne, a este respeto siente la parte inferior, ni puede a tanto rigor vivir un mortal sujeto. Dar, pues vida, es de tu mano digna acción, y poderosa: que el quitarla, en cualquier cosa cabe, con poder liviano. Tú fundas tu amor, y quejas en tu misma fantasía. Tanto cansa mi porfía, que sin respuesta me dejas? no por mí, que aunque tan loco, no me ofrezco premio tal; mas por mi mal, si un gran mal mover puede, escucha un poco. Bien sé que no hay que decir, que al caso pueda importar; pero quiérote escuchar, por poderte disuadir. Y yo, que escuche mis celos, quiero atender a los dos, pues atrevidos a un Dios los permitieron los Cielos. Dafne, y a en tu gran poder, casi igual a tu rigor, no cabe vencer amor, que por ti puedo vencer: Con el alma vive unida su fuerza, tú se la diste; tu poder es quien resiste que se acabe sin la vida. Y aún después que esta destruya la muerte, si ser pudiera que un alma a otra sirviera, fuera la mía a la tuya. Cosas, Cécrope, encareces, que dudo en imaginarlas. Oh falsa! ya con dudarlas en parte las agradeces? vive mi Deidad suprema, que si le das esperanza, ha de obligar mi venganza a que todo mortal tema. Sobre extremos no hay aumento, Dafne hermosa; y así sé, que no encarezco mi fe, tu beldad, ni mi tormento; que es tal, que hubiera movido aún tu rigor, a piedad, si llegara voluntad donde no llega el sentido. Oyendo tu sentimiento estoy, aunque no le entiendo. No escuchas? estás oyendo con sentido poco atento, Ser oído estima en poco el que causa mis agravios: ponga Amor ley a tus labios, Dafne ingrata, que estoy loco. De los engaños de Amor, cuando escuche, cuando atienda, no esperes que más entienda. Desmayando va el rigor, una flecha prevenir quiero, gima el arco de oro; Cielo santo, la que adoro por mi mano ha de morir. Si el alma vivir de engaño. elige por buena suerte, permite, Dafne, que acierte a servirte con su daño; que harto premio de su mal puede ser aún tu desden; pues todo viene de quien no tiene en el Mundo igual: y así, estimo el padecer, que encierra en si galardón, y no desesperación, incapaz de merecer. No digo que desesperes, que aún no sé de que esperanza, lo que el sentido no alcanza, será esto. . Que aún no quieres. dejar al dolor salida? Antes deseo te avengas mejor con él, y que tengas con descanso alegre vida. Reconozco en su beldad el desdén menos valido, y vence el fuego atrevido de los celos mi Deidad, . matarela: o invencible fuerza de Amor! ya suspendo. la ira. . Yo no pretendo vida en descanso imposible; no te ofenda ser amada de quien adquiere en el Mundo renombre de sinsegundo por su estado, y por su espada; reinando en la grande Atenas, vengo a ser de sabios Rey, mi voluntad les da ley, así pudiera a mis penas; nuestro deudo ya le sabes, básteme por calidad. Y a mí, por seguridad, mi valor, y prendas graves? tu casa me da aposento con mis primas, no es razón, que tomes de esta ocasión, por ley a tu pensamiento. Que aunque muestras al respecto tan rendidas tus pasiones, gastas perdidas razones, que son sin causa, ni efectos y aún el darte desengaño juzgo en mí por demasía; pues formas tu fantasía de lisonjas del engaño; mas, al fin, por excusar ocasión de responder; digo, que antes podrá ser mundar al Cielo el Mar, reducir el Firmamento a su confusión primera cuanto contiene su esfera, que obligar mi pensamiento. Descanse el arco oprimido. de su cuerda; fiero Amor, y afloja la del dolor, que atormentaba el sentido; perdona; nuevo milagro de valor, y de beldad. Si es que hay templo de crueldad, por tuyo en él me consagro: y antes has de ver que hielo sea el fuego, el aire grave, leve la tierra, y acabe abrasado en agua el Cielo, que haya en tu rigor mudanza, de imposibles el mayor, (si hay alguno) que en amor tan bien fundado mudanza. A tormenta tan deshecha de porfía no hay razón Quiero ver si en mi pasión habla a solas, si aprovecha algo en mi amor singular, aquí me intento esconder. Mas un Dios no ha de poder, que un mortal? quiero llegar, . y aunque tan rendido, y ciego, he de ostentarme bizarro; oh si hoy fuera mi carro el Toro de Europa en fuego! Qué es aquesto? en mi Palacio entra a hablar con Dafne un hombre? haré un castigo, que asombre del Orbe el inmenso espacio. Bella Dafne, a quien el Cielo hizo al Mundo Fénix solo, si ya no envidia de Apolo, por su tormeneo, y desvelo. No desdeñes justo celo de un Dios, que servir desea tu Deidad, y que posea la cuarta Esfera luciente; donde tu luz eminente, que es divina, eterna sea. De Dioses es tu linaje, aspira a ser inmortal, tu hermosura Celestial no admita del tiempo ultraje: que aunque de pastor el traje humano quise vestir, y en él te llegué a servir, y a guardar nuevos cuidados, de Estrellas son mis ganados, y mis prados de Zafir. Apolo es este que veo, buen competidor alcanza mi ya imposible esperanza: ay de mi loco deseo! De la suma omnipotencia de Júpiter hijo soy, vida al Universo doy, sombra de muerte es mi ausencia, desmayan, sin mi asistencia, el clavel, la fresca rosa, la blanca azucena hermosa, flores, que en dulce unidad, apenas de tu beldad, vislumbre son invidiosa. Tu divina perfección castigue con el mirar el pensamiento vulgar de una humana presunción: de Argos rinda el pavón los ojos, con que bizarro deslumbra sus pies de barro, mas no rayo igual de hielo: fulmine a quien pisa el Cielo, y es rayo de luz su carro. En mi rayo este puñal será, que acabe mi vida, si a tal dolor no vencida, no soy, como tú, inmortal. La armonía, y el concento de mi música suave vence cualquier pena grave: y aunque nunca mi tormento a Orfeo, que de su asiento la roca, a mi luz ingrata, con su dulce voz desata, yo le enseñe, soy quien mueve voz numerosa en las nueve, que los fieros vientos ata. El Amor, pues, que un sujeto divino pudo vencer, Dame hermosa, no ha de ser en su esencia más perfecto? la firmeza, y el respeto prendas son de mi saber, mudanza no ha de caber en tan divina elección, concédele a mi razón, por rendida, algún poder. Si a dulce voz concedido la respuesta Celestial dejó el remedio a mi mal, a Orfeo estoy remitido: el seno más escondido, el monte más elevado penetrará mi cuidado con las alas de mi amor. Apolo, esforzar valor conocido, es excusado. En Cielo, en Tierra, y en Mar confiesan tus atributos hombres, fieras, plantas, brutos, sin poderlos ignorar: lo flaco se ha de animar, aunque en mí todo igualmente, se mide, no es diferente del valle humilde la furia, del monte excelso, que injuria las Estrellas con su frente. Por lo humano, ni divino, si piedad vive en los Cielos, que ampare los justos celos, no he de torcer mi camino: o esto es fuerza de destino, o lo es ya de voluntad; imposibles tu Deidad no intente, no has de obligarme; volver de nuevo a informarme es menor dificultad. Ver despreciado el deseo de un Dios, me niega esperanza, mas por ver si alivio alcanza, intento buscar a Orfeo. . El abe de sí misma la heredera de los sacros olores de mi Oriente, en llama licenciosa, diligente solicita el morir, que vida espera. Prohibe la fe sentir que muera, que fuego a su esperanza ya obediente, con plumas de oro, a vidamas luciente la re restituye ya su antigua Esfera, Amor, si con más fe mi pensamiento esfuerza con sus alas fuego en hielo, no de Dafne el desdén te da venganza: Pues no en el bien que espera cobra aliento, sino en mi amor, que es fénix, que a su Cielo renace, cuando muere la esperanza.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Del enojo que conmmigo tiene Palas, me resulta una pena tan oculta, que aún al labio no la digo; sombras de temores sigo en la claridad del día, y en mí un letargo porfía a hacerse del alma dueño ni bien muere, ni bien sueño, oh inmortal melancolía! En medio de este pesar, que sé callar, y sentir, ni me fío del dormir, ni me atrevo a desvelar: temo, que a no despertar viene el sueño, y que convida a la última despedida al alma, y al corazón, que el sueño, y tristeza son crepúsculos de la vida. Quiere Mercurio que cuente a mi hermana su fatiga, quiere Palas que no diga prodigios de una serpiente: Oh peregrino accidente! a los dos enojos hice; ay de la lengua infelice! en que confusión se halla, cuando ofende lo que calla, cuando agravia lo que dice! De un Dios, y Diosa el castigo. con amenazas me aflije; de la Diosa, porque dije; y del Dios, porque no digo: con ninguna acción obligo: o qué desdichada suerte! callo, y él enojos vierte; hablo, y ella está ofendida: en la lengua está la vida, en la lengua está la muerte. En sus ojos mal dormidos. derramé veneno, y ya rabiosa envidia será la que usurpé sus sentidos: del bien ajeno ofendidos, despertarán estos ojos, el placer les dará enojos, el pesar satisfación, porque será la razón esclava de sus antojos. Cómo, Aglauros, no te inquiera, que Herle aspire a Semidiosa, siendo tú la más hermosa, siendo tú la más discreta? porqué el segundo planeta ha de coronar su frente. de candor resplandeciente, siendo en altos paralelos. hermosura de esos Cielos, y admiración de la gente? Tálamo divino espera la que es tu hermana menor; desprecios en el honor te piden venganza fiera: sobre la segunda esfera. hoy se verán sus deseos coronados de trofeos: hasta su luz la levantan, epitalamios la cantan, y la aguardan Himeneos. Si es la ira inflamación de sangre, que recogida al principio de la vida, al humano corazón suele excitar la pasión del ánimo más templado, arda en ira tu cuidado, dete su gloria tormento, que es veneno de mi aliento el Aura que te he inspirado. El sueño en la fantasía, de quien apenas se ausenta, especies me representa, que me dan melancolía; Mercurio amante porfía, Herse áspira a ser su esposa, que tiene, como dichosa, ambiciones de inmortal; cuando siento, por mi mal, indignación de envidiosa. Quién ha de ver la eminencia. que Amor la tiene guardada, pues que, solo imaginada, me causa tanta impaciencia? qué furor, o qué violencia es la que en el alma, siento: su ambicioso atrevimiento. despeñado debe ser, su pesar me da placer, su placer me da tormento. Agradecida al respeto con, que su galanteria Mercurio discreto fía. al decoro, y al secreto; unas veces me prometo felicidades, y honor; otras concibo temor, y me siento arrepentida, porque el ser agradecida. es el Alba del Amor. Si principios suelen ser de amar agradecimientos, mis esquivos pensamientos no deben agradecer; pero aquesto viene a ser necio, y villano rigor, qué he de hacer, si ve el honor dificultades en todo? quiero agradecer el modo, y ser ingrata al Amor: Discurramos sobre el caso, pensamiento; si le admito, émula soy, y compito con luces, que en el Ocaso brillan, al último paso del Planeta radiante, y agradezco fe constante, pues que desdenes me obligan, recelándome, que digan, que estimé un cortés amante. Digan, pues, que agradecí, cuando mis dichas prevengo, vislumbres, y amagos tengo de ser inmortal así: sin duda, cuando nací, Mercurio en sus Orbes era señor de la hora primera; pues fuerza su resplandor a que agradezca su amor, y me incline a que le quiera. Quiero escuchar lo que pasa, sin ser vista, porque siento una música, un concento, que me hiela, y que me abrasa: en pórfidos de esta casa luz hermosa reverbera; lris es la mensajera de los Dioses, y del día; flores trae, flores que cría la celestial Primavera. En el Arco de colores? con que se muestra el Oriente, traigo a tu gallarda frente esta guirnalda de flores, que fueron sus productores los Elisios, no el Himeto; Mercurio amante discreto intenta así tu favor, ya que rebelde a su amor, agradeces su respeto. Iris, en cuya hermosura, al morir la tempestad, prometen serenidad las Estrellas de luz pura: don tan alto me asegura, que será inmortal tesoro, flores divinas adoro, cuando de ellas envidiosa está la nevada rosa, que coronan granos de oro. . Aprenda la Primavera, (. copie Flora de estas flores la fragrancia, y los colores, que el hermoso Mayo espera: esta guirnalda, esta Esfera nuevo Cielo es para mí; en cuyo círculo vi rasgos de eterno pincel, y en quien es cada clavel una Estrella carmesí. Ausias padezco envidiosas, áspid en las flores vi, y flechas son para mí las espinas de las rosas, y las furias prodigiosas tanto fuego al pecho dan, que soy humano Volcán; quiero ultrajar con mis manos los claveles soberanos, y el cabello donde están. De sus glorias la divierta mi furor, flores deshoje; pedazos de nieve arroje, lluvias de púrpura vierta: que la envidia nunca acierta a sufrir de envidia muero, perturbar sus dichas quiero, y el tálamo que desea, infausto túmulo sea. de un espectáculo fiero. Brazo, y fuerza superior me ha robado la victoria, o por aumentar su gloria, o por doblar mi furor: éxtasis fue del Amor, raptos, o impulsos han sido. de Mercurio, y de Cupido; si en envidia tan extraña no se ejecuta mi saña, por lo menos, me han temido. Qué vendrá a ser (ay de mí!) una mujer tan dichosa, que a mí me trae envidiosa? será Diosa, Cielos. Sí, que con dicha todo así, sucede, y sin ella no; pues nunca a tiempo llegó el remedio al desdichado, quién la dio vuelo alentado? quién mi ira desmayó? . Yo: quien a este Palacio asiste con afecto soberano; quien tramontó el Sol humano, de quien envidia tuviste: aquellas flores que viste, prendas son de eterno amor; aliéntese tu furor, que hoy ha de ser, pues te enoja, una Estrella cada hoja, será un Cielo cada flor. Para inspirarte tormento, hoy divina la has de ver, y su guirnalda ha de ser. imagen del Firmamento. Obstará mi impedimento, no te dejaré yo entrar al Palacio singular del famoso Rey de Atenas. Cuentas átomos, y arenas, números del Sol, y el Mar, piélagos del aire mides, climas, y rumbos penetras, de líneas, que forman letras, montes de montes divides, cuando mis pasos impides: hechos intenta mayores; quién da desprecio a mis flores? quién en su bulto suspende Divinidad, que transciende. en alas de resplandores? Entrar no debes. . Desvía, cómo mis fuerzas resistes? No han de mirar ojos tristes bodas de eterna alegría, Qué fuerza basta? . La mía, Piadoso el brazo detengo. Así mis agravios vengo. Deja la puerta. . Soy monte, las aguas de Flegetonte. bebió la furia que tengo. No despiertes mi rigor, ofendiendo mi piedad. No amenace tu crueldad. Templanzas son del amor las que muestro. . Mi rigor procedió del Reino Oscuro. A su Estigio Lago juro. Que inmóvil tengo de ser. Si serás, que te he de hacer estatua de mármol duro. , qu . Ahora si permanente esta puerta guardarás. Ay infeliz! . No dirás otra palabra; imprudente: piedra tosca, eternamente asistirás los umbrales, dando ejemplo a los mortales, que sin razón, ni saber, contradicen el poder de los brazos Celestiales. Aún piedra, estás injuriosa, sientes rabia; y no la dices; hoy las entregas felices de Herse discreta, y hermosa, has de escuchar envidiosa; si el Impíreo me ha mirado de favores coronado, y Mercurio amante ha sido dichoso, y favorecido, cuando Apolo desdeñado. . Ya de Tracia la campaña tocan mis pies cuidadosos; y los términos fragosos de su estendida montaña. Ya ostenta el soberbio Hemo, aún en monte transformado la ambición de ser llamado en la tierra Dios supremo; ya del Rodope eminente piso la cenesa verde, que nunca las quejas pierde de aquel Músico elocuente. Del que de Apolo su padre heredó voz, y concento, y el numeroso ornamento de Caliope su madre. De este monte la espesura opaco, y dulce aposento es a Orfeo, en el lamento de una perdida hermosura. Aquí con dolor seguro alimenta en su memoria la mal lograda victoria, que tuvo del Reino Oscuro. Aquí con dulces acentos, lenguas de sus penas graves, enfrena el curso a las aves, condensa los vagos vientos; las fieras su furor bruto muestran tan enternecido, que no a su piadoso oído está su semblante enjuto. Suspendida la corriente, el Lebro forma diamante de su cristal, que constante estuvo al Noto inclemente. Las peñas, a su dolor rendidas, dejan su asiento; que ya sienten que es tormento, que ya sienten que es Amor. Lampecie, y el consagrado árbol de Amor, a sus penas las riberas sin almenas dejan, y sin sombra el prado. Todo a su voz muestra vida, y no vida irracional; y todo a su grave mal sentimiento a la partida: y tú, Amor, a quien los Sabios, los Héroes, los inmortales dan trofeo de sus males, alabanzas por agravios. Mas, que peñas, insensible, más furioso, que las fieras, más sordo, que las riberas, más, que el Infierno, invencible, con intrépido semblante miras el dolor cruel de quien, por serte fiel, es su pena tan constante: por ti en él tuvo poder de Eurídice la belleza, por ti volvió la cabeza, cuando la volvió a perder. Tantos vasallos leales establezcan tu malicia, que en él, y en mí tu justicia muestre, que premias con males; así sean tus trofeos, no mal rompidas prisiones, sino vivos corazones ardientes en sus deseos: así del vil interés, y el desengaño que asombra, tejan tus Ninfas alfombra sobre que pisen tus pies, que concedas a mi oído, la voz a que Palas bella. me remitió, si es que en ella tu favor vive escondido. Dolorosos versos míos, fiados a voz doliente, mostrad lo que el alma siente, no deis al dolor desvíos; pasad los amargos ríos de la Región del Espanto, tributo al Mar de mi llanto les pedid, tregua a sus Reyes, romped otra vez las leyes, del furor de Radamanto. La voz es esta sin duda en que mi esperanza fundo, ser la superior del Mundo. dice la campaña muda: o fuerza de Amor, desnuda de razón, y de clemencia, revóquese su sentencia, venza su amoroso celo, si el Infierno, como el Cielo por ti padece violencia. Id mis suspiros ardientes robando al campo colores, rindan su cuello las flores, suspensas que den las fuentes: entre penas impacientes causen asombro las mías, muestre mi verdad los días que paso sin la beldad. de Eurídice, si verdad, vive en confusas porfías. Bien ostentas, dulce Orfeo, la verdad de tu dolor; tu nunca vencido amor, tu mal logrado deseo: ya a tu voz moverse veo cuanto este monte contiene, que vida, o razón no tiene, con tan hidalga razón, que rendido a compasión, a sentir contigo viene. Peñas, plantas, y animales, vencidos a mis razones, acusad los corazones. de los Dioses inmortales: si es imposible a mis males el remedio, como a vida tan imposible, y rendida, permiten tal resistencia contra el rigor de la ausencia de mi Eurídice perdida. Oh retrato, que hizo al vivo Amor de mi amor perfecto, puesto en casi igual sujeto, del sin vida al tan esquivo! consuelo en tu mal recibo, y dolor también en verte importunar a la muerte; y que su rigor fatal te reserve a ti inmortal, como a mí en tan triste suerte. Luz, que ya eres sombra fría, y fuiste Aurora a estos prados, bellos Soles ya eclipsados, por quien noche ignoró el día: si faltare al alma mía dolor, que tal pena encierra, fáltenla el Cielo, y la tierra; oyentes mudos, que dais tributo al mal que escucháis, id en paz, dejadme en guerra. ( Un nuevo oyente a tu mal dulce Orfeo, te ha quedado, que mantiene igual cuidado, que siente tormento igual: Oráculo Celestial me envía a ti remitido con dolor nunca vencido, por remedio, si le alcanza un amor sin esperanza, un estado tan perdido. Tu voz advierte a la mía, que no muy lejos te niega, y que a hacer mi queja llega a la tuya compañía; pues sabes lo que porfía un admitido dolor, concédeme tu favor, no es nuevo en ti las ajenas suspender, y no tus penas, vence en esto la mayor. Amo una beldad ingrata, amo el inmortal desdén de una hermosura, por quien Amor su Imperio dilata: los duros lazos desata de mi pena, o de mi vida; que a ti, Orfeo, concedida la templanza a mi dolor dejó Minerva, mi amor halle en tu amor acogida. O tú, cualquiera que seas, que rendido a injusta ley, sirviendo a un tirano Rey, tu vida infeliz empleas: el remedio que deseas no está en mi voz, aunque atentos la escuchan los Elementos, ya es solo acento de un llanto, que obliga a piedad, y espanto, no a suspensión de tormentos. Mas si remedio consiente tu dolor, hoy darte quiero el alivio; que no espero en mi rabioso accidente: líquida plata una fuente te ofrece, de que argentado verás ese verde prado, que aunque en toscas peñas vive, culto mármol la recibe; bebe su licor sagrado. Con Orfeo suspendido, no di vista a esta cultura, ni del monte en la espesura busqué su albergue escondido: como a Oráculo he querido consultarle, porque veo, que es soledad su deseo: paréceme, por las señas, será hijo de estas peñas el cristal que ofrece Orfeo: Mas si ya mano piadosa, a la confusión negada, de otras aguas segregada, esta puso milagrosa: la fábrica artificiosa de su mármol no pondría en oscura sombra fría; estará en la margen verde de este monte, que no pierde la primera luz del día. Voyla a buscar; mas ay Cielo! tan presto el remedio ofreces, Amor? pues no le encareces, mucho su favor recelo: fuego helado, ardiente hielo me has causado, hermosa fuente, nieve pura es tu corriente, rígida el alma penetras: qué contienen esas letras, de qué coronas tu frente? ró . Letargo soy del Amor, contra su fuego soy hielo, mas libre vivo, que el Cielo. Oh veneno! oh ira! oh furor! nunca el Cielo tal permita, qué busque yo por defensa lo que es de mi amor ofensa, lo que sus fuerzas limita? Este es remedio de Amor? Qué los dichosos sentidos. vivan a su bien dormidos, por cobardes al dolor? Aqueste infame remedio. elija quien bajamente de las penas de amor siente; vil afecto admita medio, que en la excelsa jerarquía de mi amor, nunca han cabido. temor, ni grosero olvido. Contra mi heroica porfía invente nuevos tormentos el tirano más cruel, que al martirio seré fiel, y a mis altos pensamientos: que mi alma en su elección, Dafne hermosa, no consiente ningún extraño accidente, ni peregrina impresión; ni en mi fe podrá ser parte fuerza de humano poder a que, no perdiendo el ser, pueda vivir sin amarte. Tenga fin lo mal fundado del amor, en quien se ve, que la esperanza es su fe, su propio bien su cuidado; viva mi amor inmortal, aunque la pena lo sea, que con rabia huyó mi idea, de esa fuente en el cristal. Curar perdido albedrío, por tal causa, es sin efecto; mil veces le haré sujeto, si mil veces fuere mío: pues quedar el sentimiento remiso en el padecer, es penar sin merecer, hacer culpa del tormento, Tibiezas conoce Orfeo, que yo nunca conocí; remedios me ofrece a mí, que no elige su deseo: es mi tormento inferior, es la causa menos fuerte; es blanda al ruego la muerte, es inejorable Amor. Si lo imposible no alcanza remedio, ni le consiente, consulte esa tibia fuente, busque a su dolor templanza; que aunque casi es la belleza de Dafne imposible objeto, por grandeza es del sujeto, y no por naturaleza. Mas si el Oráculo, incierto, o no bien de mi entendido, me niega el fin prometido, me da remedio de muerto: para qué quiero vivir? pues ni me falta valor para morir por amor, ni dolor de que morir. Tú Júpiter, fumo Rey del Celeste Firmamento, que al eterno movimiento de las Esferas das ley: pues sabe tu omnipotencia, en quien no cabe dolor, sentir la fuerza de Amor, desdenes, celos, y ausencia: pues aún tu Deidad tributa al Amor, y sus pasiones diversas transformaciones, hasta honrar la forma bruta; halle en tu poder divino alguna piedad mi fuerte; y si el remedio en la muerte me ofrece el sordo destino, tú, que los hados gobiernas, haz, que mi amor eminente letargos del tiempo afrente, viva en memorias eternas: no sin la vida se acabe, ni aún con ella, si ser puede. Amor, a quien solo excede lo que en posible no cabe. Volcán de fuego amoroso quede el obelisco hecho, que eleve a mi ardiente pecho dulce pira en el reposo: o ya en agua convertido de mi llanto la corriente, abrase de Amor, sea fuente contraria a la del olvido. Nunca mis piedades niego, si parezco vengativa, porque no hay Deidad esquiva al humano, y justo ruego daré a tus penas sosiego, hoy serás hermosa fuente, cuya líquida corriente enseñe a amar sin olvido, ejemplo, de que has tenido amor en grado eminente. Con Aglauros, y contigo ostento riguridad; pero en ti será piedad, lo que en Aglauros castigo. Hermosísimo testigo de mi muerte, y de mi amor, sepa Dafne mi valor. Este fin te he prevenido, y antes de ser, lo has sabido, da consuelo a tu dolor. Aquí los mortales tienen varias Ninfas, que admirar, las unas fuerza de amar, las otras de olvido tienen en Herse, y Dafne mantienen sus efectos diferentes, victorias son eminentes, y venganzas son de un Dios, que injusto, reparte a dos veneno de estas dos fuentes. Dónde el curso encaminas de plantas por los campos peregrinas? Dónde por estas selvas, coronadas de blancas madreselvas? Yo voy en compañía de Dafne, la que al Cielo desafía en hermoso trofeo, que vuelve a las riberas del Peneo; después que de tu amo; y de sus primos, cuatro accidentes tan diversos vimos, pues Cigno, de su amor desesperado, quedó en canoro Cisne transformado; el Rey Cecrope en fuente contraria del olvido, que amores fugitivos no consiente; Aglauros; que rebelde siempre ha sido a los supremos Dioses inmortales, en mármol, que defiende los umbrales del Palacio eminente; y Herse, más dichosa, de Mercurio divino dulce esposa. Vuélvele Dafne, al fin, a la ribera del Padre cristalino, que fue a su infante edad cuna primera. Pues dónde Dafne está? Cazando vino, que infatigable aliento respira su valor, imita al viento por esa selva ufana, esquiva con el Sol, sigue a Diana. Tan dada es a los montes? Siempre de luz rayó sus Horizontes. Ya del monte desciende, flores silvestres con su planta ofende; si ya cuando las pisa, no es Alba, que con lágrimas, y risa les da rocío eterno, que perdió el ser aljófar, por ser tierno. Oh Lisi, caminemos, que ya el patrio cristal desde aquí vemos, mira sus ondas, pues, formando Esferas de plata, que entre márgenes de rosas las hace, si blasonan de ligeras, su misma competencia más hermosas: tras el curso veloz de las primeras alhelando las últimas celosas; despeñándose van, sin ser amantes, porque al centro del Mar no lleguen antes. Mira la selva, mira el bosque ameno, dedicado a las aras de Diana, cuya maleza, cuyo inculto seno jamás ha penetrado planta humana: de flores racionales está lleno, que a sus lágrimas brinda la mañana, pues lloran en su verde laberinto su forma Adonis, su beldad Jacinto. Allí en breve reducto, que de iguales jaspes se ve constar, puestos sin mano, desatados de un risco los cristales, con la nieve compiten el Verano: la Diosa cazadora en ondas tales, huyendo de los rayos de su hermano, tal vez se entrega al ocio, y al sosiego, mejor que en su Región, vecina al fueso Divertido ha otra acción, al monte dado vio mi valor allí el sacro Peneo, qué selva con furor no he fatigado, templando la fatiga en el deseo? qué feroz jabalí, de mi cuidado presa no ha sido, y rústico trofeo? aún Marte me temió, cuando celoso, mintiendo forma, hirió al Rival hermoso Con verde, y engañosa red cubría cazadora sin par, sendas estrechas, camino que a las fuentes conducia, despeñado cristal, ondas deshechas: cercaba el monte, al declararse el día, alcanzando las plumas de mis flechas simple corzuelo, que mi voz temiendo, solicitó prisión, de que iba huyendo, Tal vez árbol fingido, al margen verde del espejo que dio a Narciso amores, mi movimiento en la atención se pierde, el cuerpo transformado en rama, y flores traidoras hojas el jilguero muerde, pican la falsa flor los ruiseñores, y al ciervo, cuya vida solicito, el licor, y la sed de un golpe quito Tal vez, tras de la imagen aparente de un imitado bien, y manso toro, que astuto con el paso negligente, finge a la mies robar los granos de oro como suele en la noche el diligente ladrón, ya de beldad, y a de teloro; seguir los pasos de la cabra inquieta, que no esperó de un buey mortal saete Vuelve el rostro al Oriente, y un prodigio verás resplandeciente: paréceme que el Sol se desencaja de las Celestes Zonas, y que baja abrasando estas selvas. Ay que Apolo será, el rostro no vuelvas. Sin duda, que bizarro sigue tu sombra en su divino carro, Atiende a mi cuidado, bella ingrata, si ya, con adorarte, no te ofendo; por climas de zafir, rumbos de plata, para ostentarte mi poder, desciendo: de las líneas Celestrales se desata, este carro que ves, tu luz pretendo; que en la eclíptica cruel de la fortuna me eclipsó tu desdén, como la Luna. Pastor vi tu beldad, esquiva fuiste; galán te visité, y esquiva has sido; a obligar tu beldad, que se resiste, en Trono, y Majestad he descendido: todo el fuego del carro es amatista, las ruedas son crisolito bruñido, los caballos que ves, al Alba nacen, y en los Elisios el ambrosia pacen. Si mios son los términos del día, si soy el alma yo de los mortales, merezca tu favor la Deidad mía, porque a los Astros, que ilumino, iguales: no imites, Dafne, no, a la noche fría que opone a mi candor sombras fatales; qué mármol, que cristal, qué riza nieve contra los rayos de mi luz se atreve? Todo lo venzo yo, solo tu pecho en hielos de crueldad vive constante; de qué materia frígida se ha hecho? no de Scitio cristal, no de diamante: carámbanos del Ártico he deshecho, montañas liquidé, y siendo tu amante, no te puedo vencer: naturaleza, qué nueva esencia es esta de dureza? Mira, Dafne cruel la pompa hermosa con que te vengo a ver; el Solio mira de luz universal Majestuosa, que en el círculo azul eterno gira: si por amante no; por ambiciosa, modera ese rigor, que al Cielo admira, y en este Plaustro de oro irás luciente, retirando las sombras del Poniente. Contemplarás del Cielo el movimiento, del Alba arrebatado hasta el Ocaso, dará envidia tu luz al Firmamento, y templarás las Zonas que yo abraso: el Impíreo verás desde este asiento, en quien los Orbes, y los Signos paso; el Impíreo verás, sin ser divina, donde el Cretense Dios rayos fulmina. Ninfa cruel, hija de un Río, que de esto te procede el ser de hielo; agradece la fe del amor mío, ama la luz hermosa, honor del Cielo; no eres ave cruel, que al seno frío de la noche fio el tímido vuelo, ama la luz. . En vano te fatigas, ni Pastor, ni Galán, ni Sol me obligas. Pues yo juro, tirana a las fatales ondas Estigias, que este es juramento, que si rompen los Dioses inmortales, del néctar se les niega el sacro aliento; que contra tu desdén, contra mis males inmortal será en mí este pensamiento; y en tu pecho hallarán piedad acaso los Abismos de Amor, en que me abraso, En ardientes enojos de tu rigor, señora, y tu desvío rayos despiden sus divinos ojos, que parecen reflejos del Estío; abrasando Planetas vuela su carro, teme sus saetas, teme; Dafne gallarda. Quién se defiende huyendo? quién se guarda del brazo riguroso, que despreciado ostenta un poderoso? Dale, Dafne; un favor, dale, una rosa, dale un cabello de esa trenza hermosa; denle esperanza tus divinos labios, o mírenle tus ojos sin ceño de rigores, y de enojos, que un Dios llamará agravios al honesto recato, a la defensa. de esquiva condición, con furia inmensa. Eso me dices? ánimo, cobarde; si a las Estigias aguas juró Apolo: yo juro por el Polo donde la luz de los Triones arde; por el impíreo juro, diáfana materia, aliento puro, de ser, mientras que viva, prodigio de rigor, Fénix esquiva; y teñiré la nieve del pecho tuyo, de esa Esfera breve: en su sangre infelice, si esas palabras otra vez me dice. Pues huye, que ya viene el señor de las Limphas de Hipocrene, o arrójale esa flor, que en tu cabello padece envidias, viéndole más bello, y será la manzana de Atalanta, mientras que vuela tu ligera planta. Si el favor soberano, que sirve a Amor de palma, no se da con el alma, qué importa que lo dé a traición la mano? y tú, Lisis, no temas; desdenes son guirnaldas, y diademas, que previene la fama a mi nombre inmortal. . Invoca, llama el undoso favor, y la corriente de tu vecino Padre: huye. , . Detente, de quién el alma te dio huyendo vas, enemiga? los vientos dejas atrás? las fieras dejas vencidas? Huyendo vas de la luz? eres la tiniebla fría? eres hermosa sirena, que en los escollos habita de los mares? eres monstruo que se espanta, si le miran? eres la envidia tirana, que se aborrece a si misma, amando la oscuridad? Sirena, tiniebla, envidia, fiera, monstruo, si te adoro, escúchame agradecida; no quieras, tirana hermosa, que en tu semblante compita lo que tienes de gallarda, con lo que alcanzas de esquiva: oye piadosa mis ruegos, parca humana; no permitas que blasone Amor, triunfando de glorias que son tan mías: de tus cabellos hermosos llevaré esta vez tejida una trenza, que en los Cielos de Zodiaco me sirva. A la tirana violencia pospondré la cortesía; al desprecio la modestia, y el decoro a mi porfía: honra es ya lo que fue amor, porque arrogantes no digan Venus, y Amor, que mis flechas a sus victorias se humillan. Ya que las fuerzas humanas no resisten las divinas, penetrando iré esos montes, seré sombra fugitiva. Al veloz, y rapto curso de mi luz hay quien resista con alas de pensamientos? solo la Luna podía, que en ligereza me vence; admiración de las Ninfas, oposición del Amor, hermosura peregrina, en vano vas compitiendo con Diana, Autor del día es quien te sigue, y desea en esas hebras lucidas de tus cabellos un rayo, para colocar por línea donde me igualen las noches, a tu desdén parecidas: Si tu beldad me arrebata, oh gallarda calamita, rémora, soy de tu curso, cuando el viento solicitas. Cielos! temores me hielan, mal en sus fuerzas confía lo mortal contra los Dioses, que piadosos nos obligan. Mi pecho desalentado, pues que el Aura que respira le ha negado, invoque ahora superiores jerarquías: oh Júpiter soberano; que rayos eternos vibras, amenazando Gigantes, cuando montañas fulminas; oh padre ilustre Peneo (padre al fin de mis desdichas) que entre cenefas de flores, corren tus espumas rizas, favorece mi intención, mis sueltos cabellos libra de los ultrajes de Apolo: llegue la voz de tu hija a romper los blancos hielos de tu rostro; cristalinas aguas, puro undoso albergue de tantas cándidas Ninfas, dadme favor contra Amor, y su aleve tiranía. Cuando los hados injustos contra el amante porfían, este es el último trance de tu rigor. . De mi vida lo será primero. . Ingrata, tengan fin tus rebeldías. Rigores son los que ves, que alguna Deidad inspira a mi libre condición; y así, en vano solicitas mi favor; y al mismo paso que parece que me obligan tus amorosos afectos, los desamo, y me fastidian: oh Palas, excelsa Diosa, la esperanza prometida de tu voz venza de amor la tirana Monarquía! oh bella luz argentada! Triforme Delia Divina, en cuyo culto he gastado lo que puede llamar vida; sin mudar de condición, que rigurosa, y esquiva me es gloriosa, dad remedio a la tirana osadia de un Dios ardiente dos veces; borrad a su luz mis días, deshaced hoy mi belleza, si es belleza una desdicha, Mal podrá tanta beldad verse borrada, no pidas otra forma, que en cualquiera has de ser hermosa, y mía. Mas ay, que tus pies hermosos tanto a la tierra se aplican, que imitan ya las raíces pálidas, y retorcidas. Júpiter, deten el brazo de tu rigor, que si quitas la forma a Dafne, mis rayos con eterna noche eclipsas: ya son fragmentos de selva las que eran columnas vivas de la fábrica más bella, imagen más peregrina. Laurel vas siendo, tirana? antes de ver detenida entre cortezas la voz, premie un favor la fe mía, o muestra, al menos, que adviertes en mi dolor, y desdicha, cuando la tuya ha de darme de lágrimas suspendidas copiosos mates. . Diana, a tus aras sacrifica su bulto infelice Dafne. Árbol es ya la que envidia fue de Venus, ya son hojas, que a mi culto se dedican; los cabellos, que eran ondas de oro, y luz, cuando esparcidas del sútil Céfiro, daban fuego al Sol, y al Alba risa, si no de oro, verde trenza llevar podré, ingrata Ninfa de tu cabello, y aún temo, que esto tus ramas resistan; si, si harán, que ya al Laurel, por tuyo, el tiempo no inclina: crece, pues, árbol ingrato, bañado en lágrimas mías: y aunque el Mar también pudiera. crecer con ellas, la ira de mi rayo ardiente abrase, sus ondas, sus grutas frías, volcanes de fuego sean, humo exhalen los que habitan entre cristal, y corales, vean Deidades marinas el Reino undoso de Tetis, Reino ya de Proserpina: mueran como Salamandras, los Delfines, y no viva el tributo de Peneo: aguas, que la sangre, y vida. dieron a la ingratitud, a la beldad más esquiva, que vio mi luz, por mi mal; si bien, a la más divina hermosura, que en los Cielos, vive en Deidades Impírea La tierra, con mi furor, ingrata, y dura, no rinda, ni los frutos liberales, ni las cosechas debidas: sientan los irraciones, y los hombres mis desdicha, toquen los Cielos sus cajas con más dolor, con más vivas. causas, que las que tuvieron contra la acción atrevida del infelice Faetón, que en los Dioses no hay caidas; y a no serlo yo, aún el Cielo nueva guerra vengativa viera en mí, nuevo Tifeo, sus murallas cristalinas: mas pues esto ser no puede, ni morir la Deidad mía, pues lo es, por mi mal, mi vida: y tú, bellísima causa de tal pena, aún muerta, vivas; tiende los ramos amenos, para que de amparo sirvan a las aves, dete el Fénix, o su nido, o sus cenizas: aún en las toscas arrugas, que los hados te destinan, estás hermosa; y gallarda, y a dulce penar convidas; aún la luz de tu beldad tiene tus ramas lucidas, y tu cumbre retocada se ve de doradas líneas. 2. . Cruel venganza tomo Ay Dafne! ay amada Ninfa! Al fin, triunfaste, tirano, ya tu madre vengativa mis arrogancias acusa, cuando, tu Imperio acredita. 2. . Todos temen sus arpones, 4. . Todos lloremos sus iras, El Dios soy de los incendios si tu incendio eres del día; y aún examinan mis flechas ardientes mas, que tus rayos de luz examinan Al Imperio de mis puntas lo más soberbio se humilla, y a mis halagos lo humilde se eleva porque uno distancias en mi Monarquía Lo sensible vegetable, y lo racional, que animas con generosas influencias sutiles, ama, y alienta también a las mías. Y si los cuatro Elementos por ti feliz vida, a mí me componen, y yo los domino, en mis esplendores el quinto se cifra. De ti he tomado venganza con esa beldad esquiva, porque conozcas qué humanas bellezas. son las esquiveces, se forman divinas. , . Que el amor ofendido se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras. Yo lo confieso 2. A tu Imperio ninguno hay que no se rinda. A la fuerza de tu incendio, no es poderosa la mía. Pues digamos obedientes. Pues nuestro dolor repita. Que el amor ofendido se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras. En soledades de Dafne dulces canciones festivas, escuchan Mercurio, y Herse: tus presunciones altivas, Apolo, y tus confianzas, a las flechas no vencidas de Amor, que no admiten ruego, también es justo se rindan; que ser Mercurio dichoso, ser Herse Estrella Divina, y acompañarla Minerva. Deidad de tal jerarquía, defectos son del poder de Amor, que a doliente lira le obliga, y a que celebres su venganza, y tu porfía. Que el Amor ofendido se venga, y castiga con fuego, con rayos, con flechas, con iras. Apelo, trocadas suertes fueron las nuestras, no digas baldones contra el Amor; contra quien fuerzas divinas no valen, y en quien piedad vive extraña, y desvalida. De su Templo las paredes trofeos tienen vestidas divinos, y sus prisiones tarde, o mal verás rompidas. Si de Júpiter los rayos ardientes Amor enfría entre sus manos airadas; qué mucho tus flechas rinda? Si en diversas formas vuelto sigue su carro el que anima los espíritus Celestes, a tal fuerza no resista tu poder, porque es inútil para huir su dulce herida. , . Que el Amor ofendido se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras. Pues son por fin tan glorioso, nunca podrán ser desdichas de Dafne las que miramos, inmortal será su vida, inmortal será su nombre: Dafne gallarda, que imitas de Palas, y de Diana la condición peregrina, que nunca Amor conoció, pues con valor sacrificas de tu pecho la pureza; tus ramas serán insignias del vencedor, que yo soy la Deidad sacra, que anima en las sangrientas batallas, que la venganza, o codicia de los hombres inventó. Que el Amor en tus ramas por premio te cifra las glorias, los lauros, los triunfos, las dichas. Hoy en laurel transformada, del tiempo contra las iras será eterno tu verdor, pues a tu beldad esquiva, de un Dios contra los rigores, el desdén te inmortaliza. , . Que el Amor en tus ramas por premio te cifra las glorias, los lauros, los triunfos, las dichas. Desde hoy, árbol soberano, Corona de mi Poesía serán tus ramas hermosas, y en las sienes no vencidas: Verase exenta su pompa del fuego con que fulmina de Júpiter brazo airado; que ramas que son tan mías, aún de los rayos de Jove, y de sus mortales ruinas han de eximirse, aunque en truenos, en relámpagos, y en iras desgaje con susto ardiente toda la Esfera encendida; y aunque al aire vanamente en baldón mío repitan. , . Que el Amor ofendido se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras. 1. Yo confieso, que sus flechas pudieron más, que mis dichas. 2. Yo confieso, que con celos triunfó de la razón mía. Yo, aunque morí despreciado, le sacrifiqué mi vida. 4. Yo, esclavo de su albedrío, arrastro cadena esquiva. se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras. Publicad en triunfo mío, que con ansias, y caricias, los corazones amantes, que enciendo, sé reducirlos a leves cenizas, Decid también en mi abono, que con alas, y sin vista, sé penetrar las distantes Regiones, uniendo en distancias las almas difuntas Repetid hoy en mi aplauso, que sé con dulces fatigas, hacer, que se eleven amantes doblando a mi yugo cervices Publicad, que sé vengarme, pues ya encuentran en las Ninfas los corazones rebeldes, que endurecidos de amantes porfías , . Que el amor ofendido, se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras. Así mi dolor lo dice, 1. Así mi fe lo confirma. 2. Así lo llora mi pecho. 3. Así mi pasión lo explicas 4. Así mi afecto lo llora. Así lo sienten las Ninfas, Y aún las Deidades lo gimen porque todo el Orbe diga. Que el Amor ofendido se venga, y castiga, con fuego, con rayos, con flechas, con iras.
