Texto digital de Triunfo de la paz y el tiempo
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De la Rosa, Javier, Álvaro Cuéllar y Jörg Lehmann. Texto digital de Triunfo de la paz y el tiempo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/triunfo-de-la-paz-y-el-tiempo.

TRIUNFO DE LA PAZ Y EL TIEMPO
Si puede triunfar amor del desdén. no se ofenda quien viere desear, que si en porfiar funda el conseguir también en sufrir funda el alcanzar. Pero hoy publicar quiere el parabién, queriendo el desdén del amor triunfar. Los triunfos que me cantan tus desdenes mi mérito adelantan. El rigor con que crece mi desdén, tus finezas aborrece. A ti, que nunca humana te halló la fe de gloria soberana, tan en tu ser segura, que no hizo vanidad de la hermosura. a ti sacrificado un corazón te ofrece mi cuidado, que en aras del respecto, libre blasona de morir sujeto. ¡Qué pesado sentido para la vanidad es el oído. registro que pasar a un tiempo deja mezclada la lisonja con la queja, sin dejar que se escoja, lo que agrada a la luz de lo que enoja. Liseno el que me dice que me adora mi vanidad desdora, pues más fineza fuera que me adorara y no me lo dijiera, pues aquel sufrimiento fuera disculpa del atrevimiento, pero esta confïanza es villano lunar de la esperanza. Si los dioses sagrados, cuyo origen tenemos, en repetidos hados predicen con extremos, prójimo grato el día, tan esperado de la gloria mía porque de mi esperanza ofendes la memoria, que enoja quien no alcanza más que la pena que gozó por gloria, acaso tus rigores. contradirán los hados superiores? soy yo tan desdichado, que pierde en mí su culto lo sagrado? No Amarili divina, la posesión que el cielo me destina, contradición espere en daño triste de quien fino muere. Mira esos troncos, cuyos verdes huecos en sus duras entrañas, mis amorosos ecos en dulces quejas dan a las montañas, pues culpando tu rigor contra la fineza mía, esperan que tu porfía se ha de vencer de mi amor. Amor. Amar. Acento, traidor, yo vencida, yo obligada de tu voz mal pronunciada? será mi rigor. Amor. Amar. Eco, alevosa tirana, ofensa de mis sentidos, no recelas ofendidos los decretos de Diana? Injustos nombres ha dado a Eco, cuando yo sé que no habló ella. ¿Quién fue ¿Quién habló pues? Mi cuidado, pues como fino mi ardor tanto en amar se adelanta, de oírme no hay flor ni planta, que no diga... Amor, amor. Veloz huiré, de quien mueve tan injustas voces, Dafne, mis plantas veloces ampara. ¡Desdén, desdén! ¡Aguarda! ¡Amar! Sobre ofendida, me solicitas airada? ¿Qué harás, cruel irritada, si hermosa quitas la vida? Seguirete. No hagas tal. ¿Cúya eres, voz superior, que así halagas? Del amor. Si fuera a la vista igual de tu presencia el placer, me aliviara quien lo ignora. Aunque cualquiera me adora ninguno me puede ver. Pues ¿cómo así, a mi pesar tu labio el paso me corta? Porque alguna vez importa no seguir para alcanzar. Si es cierto que tu poder trofeos procura aquí, sigue a Amarili, que en mí, no tienes ya que vencer; pero no, aunque mis desvelos no se templen, en tus iras la sigas, que si la miras, has de matarme de celos; pero como a mi razón callas? Ya lo considero, faltas al oído; pero vives en el corazón. Huyendo, mas como yo aquí otra vez he llegado? Amor es que, transformado en Amarili, volvió para los blandos enojos de sus divinas traiciones, no halló fuerza en los arpones, y se valió de estos ojos dos veces, deidad si acaso haciendo el descuido arte, no vuelves, para llevarte una vida en cada paso, si acaso para no huir de mis amantes temores, vuelves para los rigores siquiera a verme morir. Soberano impulso ordena, guiando mis atenciones, que no estorbe tus pasiones, aunque violente mi pena. Y pues a oírte se atreve mi cuidado desigual, Sin duda no es natural el impulso que me mueve, Dioses, que en mí prevenís con esta blanda violencia, cuando de una inteligencia no esperada me advertís. La quietud destos campos, el bien destas riberas, la gala de estos montes, la gloria de estas selvas, que con la amada paz se espera. Espera, venga. venga, venga, y humille la discordia sus banderas. Y tu tiempo prolijo que conducirla esperas, no perezosas alas tu movimiento tuerzan. Vuela, vuela, vuela, y humille la discordia sus banderas. Mira cómo parece ¡Qué profética voz mi alivio ofrece! No discreto hagas caso de vaticinio que ofreció el acaso. Llega tiempo dichoso, porque de amor las flechas en dos pechos divinos una punta ennoblezcan. Vuela, vuela, vuela, y ríndase al halago la fineza. Callad, villanos, que Amor qué esperanza publicáis, ¿qué tiempo es el que esperáis si conocéis mi rigor? Del impulso superior no te podrás defender, tema de amor el poder tu descuidada beldad, que aunque te miras deidad. no te libras de mujer. ¿Quién eres tú, que osado de mi descuido labras mi cuidado? disfrazado mancebo quién eres, que a escucharte aún no me atrevo. ¿Quién ha de ser? ¿No ves que es un perdido? un olgazán desnudo o mal vestido? que no hay cosa que mala no le cuadre, y con las alas que le da su madre, cazador y pirata en tirador del vuelo solo trata. ¿No me conoces? Con mi aliento lucha un temor extranjero. Pues escucha. Soy la paz de los mortales, por cuyo medio dispensan, los afectos sus fatigas, sus cuidados las tareas. Soy la guerra de las almas, la inquietud de las potencias, susto a quien sobresalta la ociosa naturaleza. Y en un tiempo mismo en mí se contemplan, el ocio y el susto, la paz y la guerra. Halago soy de las vidas que a mi dominio se entregan, blanda prisión del que da fïanzas de la cadena. Ministro irritado soy contra el que mi culto afrenta, tribunal donde no absuelve del descuido a la defensa; Porque al que me busca mi halago festeja, y al que no me sigue le buscan mis flechas. No hay blandura que no rinda de mi agrado a la obediencia, gustosa aun rendida, viendo que de mí vencida queda. Ni hay tiranía que osada con injustas resistencias, a mi imperio no tribute el culto de la soberbia. Mezclando en dominios que a mí me sujetan, soberbios y humildes el susto y la fuerza A la planta enamorada permito amantes licencias, de beberle en rayos de oro al sol la hermosa pureza. Y al sol desagradecido. porque de su amor se ausenta, en otra planta le ofrezco desdén que el suyo le acuerda. Que para el ingrato reserve en su ofensa, otro que con él ingrato parezca. Adanae facilite las soberanas ternezas, burlando sin su albedrío tantas vanas asistencias. Pero también a Anajarte, que tantas veces fue piedra, en su misma condición le transforme la belleza. Pero yo irritado quedé, viendo en ella, que aunque mudó forma, no naturaleza. Pues siendo así, bella ninfa de las sagradas riberas, del Manzanares, origen de divinas descendencias, como me ignoras, olvidas del oráculo las señas? yo soy el que para ti ha de fabricar la flecha. A mi dulce fuego deberá la tierra, que tus atenciones templen tus tibiezas. Mas ¿por qué tanto suceso a más ministros reservan los dioses, para que unidos sus decretos obedezcan? En la intermisión te aguarda dulce albergue donde aprendas, no a querer, que eres deidad, sino donde querer veas, que si es la ternura del oído ofensa, nunca de los ojos es culpa la queja. Sígueme apacible antes que te obligue la violencia, no a ser amante, sino a que ingrata no parezcas. Yo no te puedo obligar hasta que el tiempo lo ofrezca, a que te crean piadosa, sino a desmentirte fiera. que para que el arco despida la flecha, poco a poco aparta la mano, la cuerda. Y vosotros, entre tanto que el tiempo feliz se acerca, con los hados de los dioses a cumplir las influencias. Seguidme y divertiréis la soberana belleza de la divina Amarili, a quien amor reverencia; Diciéndole al tiempo con blandas cadencias, Llega, Llega, Llega, tiempo venturoso, que el amor te espera. ¡Aguarda, espera! ¡Ay de mí! ¿Así Amarilime dejas? ¿Así otro cuidado sigues? por insufrible dolencia tuve al amor, mas ya veo que hay enfermedad más fiera. Liseno, aunque en el destino doy lugar a la influencia, siguiendo este impulso blando, que tras su halago me llena, siento ausentarme de ti. Pero no obstante te ausentas, Sí, Lueno, mas no basta que lo diga y que lo sienta? No am. Pues ¿cuándo me has debido más que esta piedad primera? Nunca. ¿Y no me la agradeces? Cuando en mi albedrío hubiera dejado tu imperio algo por descuido de mi deuda, no fuera agradecimiento. Pues ¿qué fuera? Fuera pena. ¿Pena del favor? Y grande. ¿Por qué? Porque es cosa cierta, que ausentándote no me haces el favor porque le tenga. Pues ¿por qué? Porque ofendido de ese impulso que te fuerza, vea que le lleva en ti el favor con que me alientas, y como es mayor el mal mas el sentimiento sea. Amarili. Ya te sigo. ¡Oye! No el pie le suspendas. Permíteme que la siga. No hagas a tu dicha ofensa. ¿Cómo ofensa? En adorarla me ofendo. ¿No en detenerla? Que cuanto se aparta del arco la cuerda, tanto más altiva suele herir la flecha. Ponte sufrir que me deje entre enemigas violencias, de deseo y de cuidado, entre esperanzas y penas, y te ausentas, Amarili, y huyes de quien te desea, dotando la grosería con las divinas licencias. Solo sin ti me has dejado, y sin alma, pues la llevas, si te cansare, repara en que es mía y no en qué pesa. Solo dice que ha quedado, pues no conoce su flema, que soy yo quien le acompaña. No sé hasta ahora quién seas. Y no conoce otra cosa en batallas y en penas, no extrañaré que me ignore, quien no hace al valor ofensa; pero en amantes cuidados es seguridad muy necia no conocerme. ¿Quién eres? que añades nueva materia a mi temor? Ese soy, aunque con mil diferencias de nombres, pues soy en uno, reparo en otro advertencia, omisión en uno, en otro respeto, en otro modestia, y siendo vergüenza en unos, soy en otros desvergüenza. Y en fin, para no cansarle de Amarili en el ausencia, soy con vuesasted el miedo que le dejó de perderla. Aunque del alma tenía por eficaz la centella, mas creo ahora mi amor del temor en la presencia, que no hay parte en el afecto, que traiga más vivas señas; Mas ¿por qué aquí te quedaste? Porque en la presente era en los desiertos amantes, y en las penas recoletas, como no coman verdura, me cabe a hacer penitencia. Pues ¿qué haré yo temor mío? Si conmigo se aconseja desesperar. Es villana acción de la noble fuerza del amor. Pues esperar. Es de la lealtad tibieza. Pues desesperar un poco y otro poco esperar, mientras se va cubriendo de canas, con esperanza y sin ella. ¡Ay Amarili! Mied. De que inadvertido te quejas? Sigámosla. Si en las alas de amor presurosa vuela, ¿quién la alcanzará? Nosotros. Pues miedo, tú me aconsejas osadías? ¿Tú me animas? Pues ¿qué novedad es esta? Es que, mudando sentido, al ver que el tiempo se acerca, de tu esperanza, mudé también de naturaleza. Dichoso joven, ¿qué aguardas de mi esperada carrera, el curso que a tu cuidado se ofrece con tardas huellas. Sabe que ya en la mansión de las sagradas esferas, por decreto soberano tu logro feliz se espera. El gran padre de los dioses que te acompañe me ordena, al tálamo venturoso de la deidad más suprema. Confía en mí que obediente desde la borrasca fiera, del temor de la quietud te sacaré a las riberas. El tiempo soy, y aunque tarda, a la vista te parezca, esta pesadez caduca junto al pensamiento vuela. Dígalo el que prevenido aguarda mis asistencias, pues solo sabe que pasan, no sabiendo cuándo llegan. Mas ¿para qué confiado a mi consejo te ofrezcas, mira la quietud ociosa de esas campañas desiertas nada verás; mas ahora, que mi mano te gobierna, mira a Amarili asistida de majestuosas señas, en la ilustre Jerarquía, de otras deidades supremas, dorado sitial ofrece rendimiento a su grandeza, oye las voces festivas. que afectuosas festejan mi nombre, porque con él tus alegrías esperan, diciendo, porque te guío a su dinina presencia. Vuela. vuela, vuela. Tiempo venturoso, que el amor te espera. Tiempo piadoso suspende el pie, permite que pueda dar desde aquí por los ojos este descanso a mis penas Amarili, pero ya ni a la vista ni a la queja se ofrece, quedando todo cubierto de triste ausencia, porque este bien me has negado? No soy yo quien te le niega. Pues ¿no me apartaste tú de aquella amorosa idea? No. Pues ¿quién? De aquesas voces escucharás la respuesta. ¿Qué ocio es este tiranías? ¡Arma, horrores! ¡Guerra, guerra! ¿Cómo me podré librar, que la Discordia se acerca a estos campos? ¿Quién caber pudiera en sus faltriqueras. Cobarde hermana, que osada mis estatutos alteras, en tu vil sangre enemiga se cebarán mis fierezas. ¡Piedad hados superiores, mied! Ya la pobre paz se queja. Socorreré tus fatigas. Eso solo es apariencia detie. de lo que el vulgo presume, que sucede sin que tenga, aunque es verdad, de verdad, más que una aparente idea, pues para que tú dichoso llegues del logro a la esfera, no es necesario este anuncio, más como la contigencia en esta ocasión dispone la dicha que amante esperas, con aquel horror mezclada, se cree que estuvo suspensa. Pero se cree mal, supuesto que independentes materias ni aquella estorba la paz, ni esta embaraza la guerra, Pero ¿para qué el discurso corra engañado en la fuerza desta apariencia, repara en que no podrás vencerla, en tanto que la Discordia, triunfo de la paz no sea. Pues ¿cómo la venceré? Siguiéndome. Si el que intenta consigue tiempo veloz, alcanzarante mis quejas. Tan mal le va a usted conmigo, que la compañía deja, pues sepa que aunque más corra le ha de alcanzar mi pereza, que mientras lleva al amor, al temor consigo lleva. Huid zagales. Huid de la amenaza sangrienta de la Discordia. ¡Ay de mí! ¡Arma, horrores! ¡Guerra, guerra! Soberanas deidades, si aun en los dioses duran las piedades, porque los desvalidos pierden el fuero de favorecidos? No logre esta tirana, esta alevosa, esta cruel hermana, su injusta tiranía. en vuestro ultraje y en ofensa mía. Y tu padre piadoso, que atento tanto al culto religioso, mis descréditos quieres, y a la discordia entre las dos prefieres, a un más por la osadía, que por la mal fundada mayoría. Duélete de mí ultraje, refrena de sus iras el coraje, goce en esta campaña, pajizo techo, rústica cabaña, la paz de la Discordia aborrecida, ¡Ah, pobre albergue, viva reducida! descanse aquí mi nombre, sin que el eco traidor mi oído asombre. Y tu previsto día, noble reparo de la injuria mía, corre veloz, aligerar procura los pasos con que el tiempo te asegura. Tu deidad soberana más preciada de humana, en la piedad que espero, al agradable trueca el uso fiero. Tu joven venturoso, de los dioses cuidado, alcanza el presuroso tiempo que corre al fin de mi cuidado. Mas, ¡ay triste!, ¿qué escucho? con el temor entre esperanzas lucho, que estos ecos traidores de la Discordia anuncia los horrores. Huiré triste en tanto, que los cielos movidos a mi llanto, me descubren camino, para cumplir las leyes del destino. Mas ¿qué quieta suspensión a mi esperanza da aliento, si será este albergue el sitio, que los hados eligieron? Por descanso de mis males, todo en el dulce silencio, sin ocupación se mira, de un ocio, que no es defecto desde que entré en tu distrito olvidada de mis riesgos, ni aun para acusar los males en el dolor los acuerdo, de un descuido los sentidos nobles voy entorpeciendo, sin temer que la pereza pueda culpar el efecto. ¿Dónde estoy sacras deidades, pues poco a poco rindiendo aun no sé qué, el ser humano, casi de mí no me acuerdo. dioses destas soledades, aun articular no puedo, no respondéis a mi duda, ¿Qué sitio es este? Del sueño. Morfeo, que a quietudes inclina el blando pecho en la mansión segura de dulce cautiverio contra la tierna mordaza del piadoso silencio, para amparar tu vida, te redujo a su imperio aquí hasta que el aplauso te dispierte halagüeño, vivirás defendida de los temidos riesgos, Llegad, llegad, ministros, y de vuestros efectos sus sentidos conozcan, vuestro poder supremo. Ya la vista se oculta. Ya el tacto no hace efecto. Ya el susto no distingue. Ya no aprehende el aliento. Ya el oído no escucha. Y todo a un mismo tiempo, vista, olfato y oído, gusto y tacto quietos, en blandas suspensiones, se han sujetado al sueño. Celebrad de la divina Amarili las bellezas. Huid, que con sus fierezas la Discordia se avecina. ¿No temáis los ecos fieros de sus osados rigores, que con hados superiores Iris baja a socorreros. Yo, que otra vez anuncio de discordias y horrores, de Juno mensajera, guerra fui de los orbes, trocando el duro aviso en blandas persuasiones, mejor naturaleza doy a logros mejores, cuando todo se altera de su preciso orden, el uso del concepto nuevas ideas forme. Oíd, oíd deidades blandas exclamaciones, que hoy iris por Mercurio a vuestro oído expone. náyades de los ríos, Nápeas de los bosques, Dríades de la selva, Horéades del monte, Corred, corred ligeras, Llegad, llegad veloces, y aplausos de deidades, a las deidades toquen. ¿Qué quieres, bella iris? ¿Que tu deidad propone? ¿Que tu anuncio predice? ¿Qué aseguran tus voces? Que para oírte todas con voluntad conforme, y para obedecerte festivas se disponen. Para haceros capaces de dichas superiores, mezclaré mi contento con vuestras suspensiones Allá en el sabio coro de los supremos dioses, te decretó el asumpto de mis festivas voces. Sabed que se ha cumplido el Natal, que disponen los hados al mineo, deidad de las uniones, y que la paz, que al sueño ocupa las regiones, ya con bostezos blandos deshace nudos torpes. Solo este neutro estado durará mientras rompe Imineo los aires en alas de los dioses. Y así, en tanto vosotras, dignas aclamaciones ofreced a las aras de los castos amores. Decid conmigo unidas mientras que me recoge el aire, origen digno de mis bellos colores. Ven, Imineo, ven donde te goce en dulce unión conforme con el hermoso asunto de las flores, deidad del Austria, invidia de los dioses, Ven, Imineo, ven donde te goces. Ven presto, que te esperan. Dos afectos concordes. Trueca el globo de nácar. Al tálamo de flores, para que la esperanza alguna vez blasone, venciendo el estatuto de los graves rigores. Ven, Imineo, ven donde te goces. Ninfas, oíd, que parece que ya a vuestras persuasiones, movido el piadoso cielo sus sagrados velos rompe. Y de una nube vestido. el cuerpo de muchos soles, a nosotras se encamina hermoso ignorado joven. ¿Quién será? Oíd. Imíneo, ninfas, vuestro afecto oye. En mi sagrado solio vuestras inspiraciones, admitidas movieron mis blandos pasos nobles. El número prescripto cumplido ya dispone, a la discordia ultrajes, como a la paz honores. El engaño aparente, que el uso de rigores guarda por prestiba, de la crueldad discorde. En contrario sentido, y en actitud disforme, severa para aplauso de deidades y hombres. Y para que entre tanto la fatiga no estorbe, de vuestros blandos pechos los festivos rumores. Creed desvanecida en los aires veloces; la sensible apariencia de vuestras confusiones. Invocadla dispierta, fïadas de que os oye, quien providente, atento vuestro alivio dispone. Y para que no falten señales que os informen, de su felice hallazgo, esta os dejo conforme. Cuando veáis ociosas de Estérope y de Bronte, las fatigas templando afectos por arpones. Cuando el fiero Vulcano en el ocio repose, labrando rendimientos en vez de pasadores. Entonces me invocad, y me veréis entonces, cumplir con el decreto de los divinos dioses. A la paz querida con dulces canciones, le canten el triunfo proféticas voces. Y en tanto que el tiempo en su aplauso corre, alegres formemos en su honor primores, ¡Paz divina! ¡Clarines y cajas! ¡Al valle! a la selva, al monte. Acogedme, ninfas, de aquellos atroces ecos, que pregonad la Discordia. Oye, ¿Quién eres que huyes? ¿No lo ves? Un zote, que de valentías tuvo tentaciones; Seguir quise al tiempo los largos galopes, y aunque corre el miedo, mas el tiempo corre. Por una esperanza Liseno, déjome, que es grosero el miedo junto a los favores. Y así la Discordia manda que me borren sus iras la plaza. pero si me cogen, yo me escape huyendo, Mas, ¡ay!, que la oyen mis pobres oídos, ninfas acabose. La Discordia dentro. Cercad de la rabia mía el orbe, nobles rencores, de suerte que a mis horrores fallezca la luz del día. ¡Ay de mí!, que huir no puedo deste alboroto enemigo! mas mientras estoy conmigo ¿cómo podré estar sin miedo? huid ninfas ninf. Alentadas prosigamos los placeres. Huid, no seáis mujeres, ninfas en ser porfiadas. Iris alienta las voces que guiamos a tu intento. Dioses, ya llegar la siento, Ven, Paz querida, ven donde te goces ¿Quién se ha de gozar, villanos, anuncios de mi pesar, decid quién se ha de gozar? ¡Piedad, dioses soberanos! ¿Qué aguardáis? Corred veloces. Napeas. Náyades bellas. Drïades, volad. Huid ¡Oreades! A la selva, al llano, al río, a la cumbre. Hasta que Imineo vuelva a ejecutar el decreto, que las deidades ordenan. Oye, aguarda tú. ¡Ay de mí! y que tal mi temor sea, que a un la libertad de huir me estorbe! Ello es cosa cierta, que hay otro miedo mayor que el de huir, pues si huir fuera el mayor; según yo estoy me parece a mí que huyera. Llega, villano, quién eres, y qué voces son aquestas, que con blandos aparatos las vagas regiones pueblan en ofensa de mi aplauso? Sí diré si usted me suelta. No has de huir. No soy yo valiente que hacerlo pueda. Di, pues. Yo, señora mía, soy para que usté lo sepa, un miedo que han cautivado entre la paz y la guerra, y temo que han de llevarme a Jérez de la Frontera. Esto es cuanto a mí, mas cuanto a esta harmonía halagüeña, que al compás de los afectos dulce en los oídos suena. Con perdón de uced fue iris una ninfa causa dellas, convocando en Manzanares las ninfas de sus riberas, a fin de que se celebren unas bodas en que espera quietud el orbe, admitida de muchas previstas señas el motivo. No prosigas, cierra el labio que en mi ofensa abfiste, sacras deidades tan débiles son mis fuerzas, que las desprecias presumen necios el cielo y la tierra triunfar de mí? ¿Cómo osados tan poco de mí se acuerdan? ¿Qué paz anuncian? ¿Qué paz pregonan? ¿Qué paz esperan? pues vivo yo, y este fuego de rencor que me alimenta, cuyos ardores en sangre, mas que se apuran se ceban, que no ha de ser, y que airada he de dar al cielo guerra, tan estrecha, tan osada, que apenas defender pueda sus cristalinas murallas de mis sediciones fieras. Este penetrante arpón de venenosa materia, inficionado publique iras, ruinas y tragedias. vean los dioses, los hombres, el cielo y la tierra vean, más o hados poderosos, la aljaba perdí y las flechas, triste anuncio de mi ultraje; pues que me presuma es fuerza, vencida al ver que me faltan armas con que me defienda. Mas yo me doy a partido, cuando mi naturaleza centellas forma, volcanes bibra, ray os alimenta. ha de Estérope y de Bronte, ha de las turbias cavernas de Vulcano ha de la fragua, donde con sangre se templa, la Discordia soy, abrid. Ve que no hacen caso de ella. cíclopes. ¿Quién nos llama? ¿No me conocéis qué quieta suspensión está cuando buscando las armas vuestras, para embarazar del cielo, no sé qué paz que decreta, vengo aquí; pues ¿qué razón del ocio os tiene en la tregua? sin mí estoy, iras ya son estas muchas advertencias. Con sonoros instrumentos me prevenís la respuesta, que esperé de los metales, que no de heridos se quejan. Cantando quieren decirlo para que usted lo entienda. Ya no se fraguan aquí armas de rigor, después que el amor labra para sí. En la fragua de Vulcano, fábrica el amor sus flechas al manso süave fuego de mil apacibles quejas, el afable incendio blando de suspiros se alimenta, y los ardientes arpones, en dulces llantos se templan. Ya las Discordias son paces, halagos son las fierezas, y las guerras del rencor, ya son amorosas guerras. Dos corazones divinos, para un solo arpón reserva, que admite lo voluntario descuidos en la violencia. Gustoso de haber logrado el fin de su noble empresa, juntando al arco las puntas, dijo tirando la flecha. Hoy desde mi arco partes noble arpón, a ser en dos almas. cuidado de un dios, Obedece al impulso pues te despide, no a que hieras airado sino a que inclines. Si llegares violento para disculpa, no propongas el oro, sino las plumas. Vuela flecha amorosa, mas donde vuelas, llega como rendida, no como flecha. Vuela, vuela, vuela, dulce mensajerá, y adonde te envío sin herida llega, embota los filos en la reverencia. Proseguid, ninfas bellas en buscar la paz, pues la voz de Imineo se ha cumplido ya. Es sueño este, es fantasía, es ilusión de la idea, o es verdad? ¿Por qué hace en mí tan extraña diferencia su novedad, que borrando de mí mi naturaleza, solo sé que fui una cosa pero no que cosa sea; Ven acá. Mied. ¡Cuál ha quedado! ¿Sabes quién soy? Sé qué enferma está uste, y mucho ¿Yo? Sí, pues diga de ver no lo echa, en que ya apalpa la ropa? mayor indicio no quiera de ver que usted se acabo, que ver que yo no la tema. Y di, ¿quién era yo antes? La Discordia, linda flema, asombro de hombres y dioses espanto de cielo y tierra. Y ahora ¿quién soy? ¿No lo ve? un espantajo de higuera. ¿Y quién en tan bajo estado me ha puesto? Mie. La. Ten la lengua, que si me mata la duda, ¿qué hará, ¡ay de mí!, la evidencia? y pues solo con su muerte se embaraza mi tragedia, intente el rigor corajes, fulmine el dolor soberbias; y aunque incapaz de morir, a mis iras muera. ¡Muera! La paz. La Discordia injusta Eco, en tu voz lisonjera la mezcla de mi tormento mal disimulada suena; muera, porque ofende. ¿Qué ofende? Del cielo la bella. La bella Disc. Luz de que es capaz. Luz de que es capaz, Paz Dis La Discordia muera. ¡Muera, muera! Ahora sí, que me halaga tu acento. ¿Está muy contenta? pues vuelva al Eco a escuchar juntas todas las cadencias, y después podrá decirnos como le ha ido en la feria. La Discordia injusta, que ofende la bella luz de que es capaz la paz, muera, muera. ¿Qué es esto, ingratitudes? así mi horror desprecia, el brazo del enojo, que mis iras gobierna? Yo, que fui de los dioses en la ocasión primera a imperios y coronas sucesiva tercera, he de morir a vista de las vitorias mesmas? Yo, que a triunfos y glorias, divisible materia, vencidas y ultrajadas veré mis competencias? Mas muera, pues lo manda inexorable ciencia, que comprehensión no alcanza débil naturaleza. Morfeo, que custodia de la paz lisonjera en su ocioso descanso tienes la preeminencia. Si no es piedad la tuya, sino naturaleza, tu inmunidad les valga a mis sensibles penas. El sueño que la ocupa, introduce en mis venas Y al descubrir sus luces, mis tristes ojos cierra. Socorre mis fatigas, que no será extrañeza, que duerma la Discordia cuando la paz despierta. ¡Ah, del centro prolijo! ha de la oscura puerta, donde se cree la vida por confusas ideas, a sueño. ¿Quién me llama? De dos varas y media se me abre la boquita, mas que el miedo no duerma, ni aun en casa del sueño. ¿Quién formar puede apenas acentos que declaren lo que a tu umbral me acerca, Mas pues ya me socorres a otra estancia me lleva, antes que el accidente vuelva a ser indecencia. No alterar imagines lo que el cielo decreta, huyendo el destinado lugar de tus soberbias, aquí los soberanos dioses tu estancia ordenan, cuando llegue un aviso, mas ya el aviso llega. Amarili divina a este sitio te acerca. Herida de un engaño, que a tu acento me entrega. Liseno venturoso sigue mis libres huellas. Pues te alcance cumplido Tiempo tu anuncio vea. ninfas a Imineo Invocad. Ya llega con el blando fuego de la nupcial tea. Pues, Liseno tardo, ¿Así al bien te acercas? Esto es disculparme, con que tú me llevas. Las señas cumplidas, que Amarili esperas, Amar. Tener por disculpa del amor la fuerza. No, no por las dioses, hasta que disperta. la paz triunfo suyo la Discordia vea, Dispertadla aprisa. Dulce paz despierta. No quiere. A Liseno, y a Amarili, dejan los cielos divinos esa preheminencia. A Paz. ¿Con qué halago a mi oído llegan, voces que me libran de duras cadenas. Y pues ya rendida, a mis plantas puesta, la Discordia, veo cumplidas las señas. Eso a mí me toca, noble zagal, llega, Llega, bella ninfa. y esta unión estrecha, que celebra el cielo, celebre la tierra. Repitiendo en voces... Llamando en cadencias. Triunfos a las dichas. Que de aquí se esperan. Baste, baste el afecto, señores cesen, y pues con paz nos vamos, en paz se queden. Baste, baste, &c.
