Texto digital de El triunfo de Judith y muerte de Holofernes
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Vera Tassis y Villarroel
- Atribución estilometría
- Juan de Vera Tassis y Villarroel Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El triunfo de Judith y muerte de Holofernes. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/triunfo-de-judith-y-muerte-de-holofernes-el.

EL TRIUNFO DE JUDITH Y MUERTE DE HOLOFERNES
JORNADA PRIMERA
A Sirios esforzados, (dos, de inmortales laureles corona- porque a vuestro robusto brazo fuerte, cada amago es un golpe de la muerte: ese soberbio monte, gigante pedernal del Horizonte, pues tan altivo sube, que el medio cuerpo es peña, el medio nube; y tanto, que aún el Cielo al ver que crece, o se asusta o se encoge o se estremece; fácil ruina ha de ser de mi desvelo, para quitarle ese cuidado al Cielo; pues cuanto más su inmenso Zafir toca, tanto más a la injuria me provoca. Tema el Hebreo infame, porque aunque unido aclame la Deidad de sus padres venerada, hoy en su sangre ha de llorar manchada la Ciudad insolente, que a Nabuco mi Rey, desobediente en su Dios y en sus muros altos fía, aún más que en su ardidosa valentía. Solo Betulia os queda, famosos Capitanes, con que pueda vuestro esfuerzo de hazañas tan notorias el número llenar de vuestras glorias. Holofernes glorioso, hijo de Marte y rayo escandaloso, tanto espíritu enciendes en tus nobles Asirios, que si emprendes conquistar las murallas de diamante, cada Soldado te será un gigante. Cómo tú en esta empresa nos gobiernes, quien se ha de resistir a un Holofernes? Hoy se han de ver tus bélicos Pendo- de Betulia en los altos torreones. (nes Tóquese al arma ya sienta el cobar- (de llegar a ser tu prisionero tarde. Temo, que han de vencer sus flacos bríos, porque con más dichosos que Judíos. Callad vos, Babilonio. Aparta, loco. El hablar bien, señores, cuesta poco. Haced, que los Soldados más expertos, feroces e indignados destrocen los conductos de sus fuentes, porque escaseando al labio sus vertientes, con hidrópicas iras congojosas, y en mortales angustías pavorosas, perezcan a los duros y esforzados ahogos de la sed desesperados. . Todos con tu dictamen conveni- Y en tu honor prevenimos (mos. estatuas, que autoricen tus memorias. Marte os concederá inmortales glorias: qué dices tú, Aquior? Que antes que emprendas tan heroica facción, mi voz atiendas. Bien sabes, por los avisos que has tenido del Hebreo, como preparado intenta resistir el duro asedio en estas fuertes montañas. En ira y furor me enciendo. Príncipes de Moab augustos, Capitanes de Amón Regios, Soldados fuertes, decid, decid, quién es este Pueblo? o cuantas son sus Ciudades? o cuál es la virtud de ellos? quién gobierna sus milicias, que osadamente soberbio le niegan la adoración a Nabuco, Dios supremo? No ha triunfado de Arfajad, robusto Rey de los Medos? y a violencia de mi brazo no le rinde justo feudo toda la Cilicia, y yo de muchas glorias sediento, no hice puente del Éufrates para pasar destruyendo toda la Mesopotamia, sin que a mi furor sangriento se resistieran rebeldes el Libano ni el Carmelo? La Galilea y Samaria no la uní con sus Imperios? Los de Madián y Damasco no le obed cen sujetos? No le tributan rendidos los valientes Idumeos con otras muchas Provincias? Pues en qué (de ira reviento!) estos hijos de Israel confían? . En ser Hebreos; porque no puede faltarles palabra que les dio el Cielo. Si te dignaras, señor, de escuchar mi humilde acento, limpio de pasión, dijera la virtud de aqueste Pueblo. Prosigue, Aquior. . Pues digo, que de los nobles Caldeos es generosa progenie, y que habitaron primero en la gran Mesopotamia, donde negaron inciensos a los Dioses de sus padres, reverenciando en su Templo con votos y sacrificios a un solo Dios verdadero. Fueron a Canaan y de allí a Egipto por su precepto, donde cuatrocientos años a sus Reyes resistieron. De esta dura servidumbre el clamor llegó hasta el Cielo, del Cielo bajó a la tierra la libertad, y en sangriento azote, que en varias plagas Sacudió por todo el Reino: huyendo en fin del tirano las aguas del mar Bermejo se arrollaron, siendo muros de cristalinos espejos en que se miró el Gitano sepultado, y libres ellos. A la tierra prometida caminaron, donde un bello norte condujo sus pasos en una columna, siendo sombra apacible de día, y de noche alma de fuego. Si la sed les fatigaba, eran cristales deshechos los pedernales: si el hambre, llueven al candor primero sabroso maná las nubes: si el enemigo soberbio por encontrarlos sin armas pelea, vence por ellos su Dios; pues como no falten a su culto y su respeto, nunca les falta su auxilio ni su virtud: mas si ciegos reverencian otros Dioses, al cuchillo y al desprecio les entrega: siendo así, soy de parecer, que cuerdo, antes de embestir inquieras si alguna maldad han hecho contra su Dios; que si no inútil hallo el esfuerzo de todo el mundo, y será para solo oprobio nuestro. Quién es este, que los hijos de Israel tan poco expertos en la milicia, asegura que resistirán sangrientos a Nabuco. Donosor y a su Ejército soberbio? Tú eres, Aquior? tú eres, fuerte Capitán excelso de los nobles Amonitas? Sí, Bagao, y de tal me precio. A la montaña ascendamos, y verás cuando estén muertos o cautivos si hay más Dios que Nabuco en todo el suelo. Ascendamos, que el engaño conocerá en su escarmiento. Aún más airado me deja, Aquior, ese consejo, que su resistencia; y pues profetizaste blasfemo, que hay otro Dios que Nabuco, y que él podrá defenderlos de nosotros; a sus manos te he de entregar, porque al fiero golpe de nuestro cuchillo perezcas junto con ellos. Si estimas su profecía, allí vivirás contento, y ese Dios, que es tan robusto, te defenderá del nuestro. Hola, prendedle, y ligadle a un árbol, donde el Hebreo llegue a ver a su Profeta de oprobios y heridas lleno. No, señor, tu indignación::- Llevadle: rayos aliento, Venga el Profeta a Betulia, porque según el proverbio, ninguno lo es en su patria. Siempre dije, que este puerco aborrecía el tocino, y me he salido con ello. Si una verdad::- No le oigas. Se castiga::- No hay remedio. Como culpa:- Mas me indigno. Inocente:- Vamos presto. Para el gran Dios de Israel de esta sinrazón apelo. . Mueran al señudo brazo de Holofernes los Hebreos, rindan la Ciudad rebelde: y pues más confían ellos en lo fragoso del sitio, que en el militar pertrecho, manda que toquen al arma; no quede en su campo ameno espiga que no se tale; en los muros ni en su Templo piedra, que no sea ceniza a las violencias del fuego. Tocad a embestir, Soldados. Sean vuestros fuertes pechos en el combate glorioso antes que vencidos muertos, penetrad la inaccesible montaña, sin que en el seno mas retirado halle abrigo su pavor o su despecho: Abrasadlos, destruidlos, flechas arrojando al Cielo, y para ignominia suya repetid en honor vuestro, viva el Dios Nabuco. Viva. Y muera el rebelde Hebreo. Piadoso Dios de Israel, (. oye en preces lamentables la voz de tu Pueblo humilde, y al soberbio Pueblo abate. Entréguese la Ciudad, pues no puede la sed y hambre resistir más al Asirio. No vuestro valor desmaye, confiad en el gran Dios de Israel que ha de apiadarse. Betulia, Príncipe Ocias, y Sacerdote admirable, para referir su ahogo hoy de mi lengua se vale: todo el Pueblo es quien te habla; como podrás escucharle Sin compasión en el pecho, si le atiendes como padre, cuando la voz por los ojos sílabas forma de sangre? Qué importa, que dos defiendan los altivos homenajes de este monte, cuya cima en las campañas del aire a los vientos que le asaltan, la jurisdicción les parte? Qué importa, que nos prevenga en alturas formidables cada peña una muralla, cada risco un baluarte, si ya sus mismos peñascos en tan horroroso trance, mas que defensa de vivos, serán losas sepulcrales de tanto cadáver triste, que en funesta tumba yace? De qué nos sirven los muros, cuando nos asalta el hambre, que es doméstico enemigo; pues siendo el número grande de habitadores, es fuerza ser el daño irremediable? Vuelve a esas fuentes los ojos, que nos daban agradables halagüeña risa en perlas dulce licor en cristales: que unas de sus acueductos, destrozadas las canales por ardid del enemigo, desperdician en sus valles el agua de sus corrientes con que nos brindaron antes: y en otras tiene Holofernes Centinelas vigilantes, dividiendo ciento a ciento los Soldados que las guarden: con que solo falta, Ocias, que porque pueda alargarse el aliento, unos a otros nos bebamos nuestra sangre. Mira cuan dañoso es el remedio, si más tarde, y con no menor peligro dilatas el entregarte. Mejor será que de un golpe nos siegue el Asirio alfanje la vida, que estar teniendo siempre la muerte delante. De una vez acabaremos de morir que es duro tranco vivir muriendo por horas, y espirando por instantes. Mira cual será el estrago del enemigo coraje cuando de injurias vestido y desnudo de piedades en Betulia represente esta historia lamentable: y cuando entre la miseria en solo no día le falte a nuestro Dios el respeto la atención a sus Altares, el decoro a los ancianos, la reverencia a los padres, la honra a nuestras mujeres, la piedad a los infantes, y a todos la vida. . Calla, no, no pases adelante, que solo de imaginarlo es preciso que se exhale el corazón por los ojos en cristalinos volcanes. Si en relación tanto afligen funestas calamidades, cual será el tormento, cuando lleguen a experimentarse? Confieso, Nacor, que han sido hoy tus razones bastantes al dolor para sentirse, al hecho para dudarse. Bien reconozco el aprieto en que los Asirios Reales ponen a Betulia, y cuando nuestro valor lo ignorase por esforzado, no pueden esconderse las señales de la ruina en la lid nueva con que asalta la sed y hambre a los sitiados: por eso con pareceres iguales vinieron en mi consejo Príncipes y Capitanes; y fue, que si en cinco días a la esperanza faltasen los socorros, y a la vida medios con que sustentarse, se entregue la Plaza y cuando tan limitados nos tase la fortuna sus favores, o la deidad sus piedades, entonces, Nacor, es fuerza, que a mísera estrecha cárcel nos entreguemos, pidiendo misericordia constantes a Dios, para que se alivie el yerro con arrastrarle: qué respondes? Que si es fuerza padecer los miserables golpes de una tal desdicha, aguardemos a que pase el término señalado, porque no es razón negarle sus fueros a la esperanza. Cuerdamente lo pensaste; mas será Nacor, forzoso hacerle participante al Pueblo de esta precisa resolución. . Sosegarle procuraré, y dar aviso a ese portento, a ese Ángel de Judith, por quien espero que Dios sus iras aplaque. Pero qué rumores roncos lejanos pronuncia el aire? Del Campo de los Asirios confuso el viento los trae. Entréguese la Ciudad antes que la sed nos mate. Pecamos, Señor, pecamos así como nuestros padres. Con los clamores del Pueblo no es el percibirlos fácil. Oh mire el Cielo benigno nuestras congojas mortales, que si a mirarlas se niega, fuerza es que el valor desmaye! . Pecamos, Señor, pecamos así como nuestros padres. Entréguese la Ciudad antes que la sed nos mate. Señor, al oír los gemidos de instrumentos militares, bajamos de la Ciudad, y viendo el injusto ultraje que en Aquior (que es el que tienes presente) los suyos hacen, a defenderle acudimos. Y el que a tus plantas Reales llega feliz. . Mas razón es que en mis brazos descanses. Dime, qué suceso es este? Holofernes arrogante, viendo que solo vosotros os resistíais constantes en vuestra Fe, a la coyunda de sus leyes miserables, los hijos de Moab y Amón juntó para preguntarles en qué virtud confiabais? Yo que me hallaba delante, y con noticias propuse les favores admirables que vuestro Dios os ha hecho en vuestras adversidades; y él aquí más indignado, negó haber Deidad más grande que Nabuco, y desterrome donde encontré las piedades de estos Soldados::- Detente, que en religioso coraje por los ojos y la boca el corazón se deshace. Al Dios de Israel se atreve sacrílego labio infame? Ese Dios y Señor nuestro, cuya virtud predicaste, te ha de hacer libre, triunfando de sus huestes formidables. Dime y qué Ejérciro rige? Por la campaña reparte con veinte y dos mil Caballos, ciento y veinte mil Infantes, y otros más. Todos son pocos, como a sus siervos no falte el gran Dios de las Batallas. Hijos, movedle a piedades, y sobre vuestras cabezas más ceñiza se derrame: ceñid cilicios, y avive el fuego de sus Altares el llanto, que es a sus ojos el sacrificio agradable. Misericordia, Señor, mirad nuestras humildades. Pecamos, Señor, pecamos así como nuestros padres. Mirad ya por vuestro Pueblo, no digan los ignorantes, donde está su Dios, que no los asiste en ansias tales. Vamos, Aquior. No dudo, que os ha de aclamar triunfante. Dios solo es nuestra es peranza, instemos en aplacarle. Y unidos con todo el Pueblo, digamos con pecho amante::- Piadoso Dios de Israel, oye en preces lamentables la vez de tu Pueblo humilde, y al soberbio Pueblo abate. . Deja un poco de llorar que el cilicio, la oración, el ayuno y reclusión bastan para lastimar. Si perdistes tu remedio en mi señor Manases tu esposo que muerto es habrá tres años y medio, mal remedias la hermosura casada con tu dolor. Abra, siempre fue el mejor remedio el de la clausura. Da algún alivio al pesar en las congojas que sientes, que no son malas las gentes porque dejen de rezar. Si la viudez te fatiga del bendito malogrado, vele a contar tu cuidado esta tarde a alguna amiga. Sosiega las tristes olas de tan amargo rigor. Abra, no será mejor hablar con su Dios a solas? Solo hemos de hablar de Dios? bien puedes estar cantando, y decir de cuando en cuando te rogamos audí nos. Casada y con libertad puedes ostentar segura, sobre siglos de hermosura, sin muchos años de edad. De qué sirve en la riqueza tanta posesión preciosa, la familia tan copiosa, si aún es mayor tu tristeza? De tener más que ofrecer a la suma providencia. Pues esta correspondencia siempre la puedes tener. No aumentes mis aflicciones, que ahora estoy con gran cuidado. Será porque no has rezado hoy todas tus devociones? Mira si ha llegado Ocias en nombre de la Ciudad. Oh qué grande novedad! hombre en casa? no en mis días. Mucho he sentido el concierto, que ha tratado de la entrega. Ya Ocias, señora, llega. Dé Dios a mis ansias puerto. Judith? . Oh Príncipe Ocias? Caballeros esforzados, de la Nación la defensa, y de Betulia el amparo. Como eres milagro en todo en tu virtud confiamos. Tu vida aumenten los Cielos, que con verte he recobrado el brío, que flacamente se rendía ya al desmayo. Quién eres? Es Aquior, Capitán de Amón bizarro. Y siendo Asirio, he de ser del mismo Asirio el estrago, confiando en vuestro Dios. Altamente has confiado. Conociendo tu virtud, unánimes acordamos darte cuenta por extenso de nuestro infeliz estado, que como eres en Betulia cristal no espejo claro de las sombras que nos cercan, será posible tengamos en tu luz y tu dictamen remedio, norte y descanso. Vuestros favores estimo; y pues sabéis por mi estado, por mi retiro y mi vida, que a ningún Hebreo trato, refiéranme de este cerco el motivo vuestros labios. Atiende, Judith, un poco, que aunque requería espacio historias de tantas penas, las referiré de paso. Después que el fiero Cambires, oh Nabuco oh Merodacho, que con estos y otros nombres vanamente se ha nombrado, venció a Arfajad y a los Medos, se ensoberbeció, intentando que a su grande Imperio fuese todo el mundo tributario. A Holofernes envió, Capitán el más osado de cuantos a Marte encienden de la crueldad holocaustos, con excesivo poder; y él ferozmente enojado sujetó a Cilicia, a Siria, Mesopotamia y Damasco, sin reservar a ninguna Ciudad, pues solo quedaron las ruinas por memoria de su furor inhumano. Temiendo pues Israel de este monstruo el fiero asalto, cuyo coraje encendia de nuestras tierras cercano, Joaquín sumo Sacerdote, y yo Príncipe jurado del Pueblo Hebreo (en ausencia de Zorobabel) llegamos a prevenir el remedio antes de llorar el daño. Joaquín fue a Jerusalén, y yo vine aquí, juntando casi a todos los Hebreos de los Pueblos comarcanos. Pertrechamos la Ciudad, y ociosos la pertrechamos, que si el Señor no la vela, es la vigilancia en vano. Llegó Holofernes, y supo (o lo que él oro ha logrado! la resistencia, y teniendo nuestro valor por agravio, juntó a Consejo de Guerra sus más valerosos Cabos. Resolvieron la conquista a fuego y sangre, negando la piedad a los rendidos (política de tiranos) Solo Aquior, que está presente, su consejo reprobando, honró a nuestro Dios, creyendo en su auxilio soberano. Por esta contradicción le ataron de pies y manos, sacrílegamente injustos, comenzando en este espacio más iracundo Holofernes a destruir nuestros campos. Taló la tierra, ciñendo con cordón tan apretado a Betulia, que no puede ni aún respirar por descanso. Pues padece cada instante iras, congojas, desmayos, tribulaciones, miserias, aprietos, sustos, asaltos, afanes, penas y muertes. quedando los Ciudadanos, si de la hambre oprimidos, de la sed desesperados. Con que en estas aflicciones todos han determinado, que entreguemos la Ciudad Sin condiciones ni pactos: mas yo, del clamor movido, con la triste voz de llanto respondí, que entregaría por consejo de otros sabios la Ciudad, si en cinco días misericordia no hallamos. Y por huir de la muerte nos convenimos nosotros. Decidme, y quién sois vosotros, que a Dios tentáis de esa suerte? Mal templará la discordia, que en vuestros contrarios mira, si le provocáis a ira, aún más que a misericordia. A Dios tiempo le imponéis a vuestro arbitrio? callad, que no aplaudís su piedad, pues su justicia ofendéis. Aguardemos resignados, firmes, devotos, contritos, lavando nuestros delitos con llantos; que si tentados sois de las tribulaciones como Abraham, Isaac, Moisés y Jacob, mas triunfo es resistir las tentaciones: pues con las adversidades, limpios de toda malicia, al gran Dios de la justicia le robaron las piedades, y eterna gloria eligieron sobre el llanto, y la oración, porque las columnas son, que siempre permanecieron. Viviendo, a Dios adoramos, aunque vivamos cautivos. No es más gloria que estar vivos, que por nuestra Fe muramos? Cuanto dice es la verdad, que es justa y sabia mujer. Pero el Pueblo qué ha de hacer si ahora ve otra novedad? Con gran desconsuelo, Ocias, la obstinación reconozco, con que entregarse al Asirio Solicita el Pueblo todo. Poco en el gran Dios confían los Ciudadanos, y poco en su piedad, cuando de ella tiene tantos testimonios. Fáltale poder al Cielo aunque ignorantes nosotros no sepamos merecer la gracia de su socorro para que en tan duro trance fulminando iras y enojos vengue del bárbaro Asirio los sacrílegos oprobios? Dejará Dios sin castigo tanto pensamiento loco, tanta soberbia insolente, de que presume ambicioso publicar al Cielo guerra, y en los superiores globos introducir con sus armas cuidados, cuando no asombros? Qué importarán de Nabuco Ejércitos numerosos en su coraje encendidos? Y qué importarán tampoco prevenciones de Holofernes, aunque sañudo y furioso arroje contra Betulia en formidable destrozo truenos que fraguó su ira, rayos que inflamó su enojo? No supo otra vez la esfera cuando aquel Jayán heroico al precepto de sus voces hizo obedecer los Polos, enfrenando del Sol bello los caballos luminosos, llover contra los rebeldes el soberano decoro en dura lluvia de piedras, torbellinos tempestuosos? No supo: pero no es tiempo de gastarle en lo que todos Sabéis, sino emplearle, por ser el bien más precioso, que liberal nos da el Cielo, en un término tan corto. Solo pretendo advertir, que es dictamen peligroso poner límites a Dios, y a su providencia coto, abreviando en cinco días la esperanza del socorro. Dios no se ciñe a los tiempos, porque en un instante solo puede a unos darles la muerte, y la libertad a otros. No caiga pues la esperanza de su piedad, que aunque somos de tanto favor indignos por autorizar su trono, cuando el hombre es más culpado Sabe Dios ser más piadoso. Tan irrefragables son tus elocuentes apoyos, que cuando al cobarde arguyen, convencen al valeroso. Noble heroína, consigue con gemidos y sollozos la piedad a que te muevan las voces de nuestros ojos pues que fortalece el Cielo tu espíritu generoso. Pues eres mujer tan santa ahora ruega por nosotros. Porque veáis, que en mi elocuencia es Dios quien os habla solo, orad contritos y humildes; pedidle en rendidos votos, que patrocine su auxilio el progreso, que dispongo en su gloria, que esta noche cuando entre el silencio sordo a los mortales dibuja en cada sombra un asombro, yo y mi criada saldremos. Aquesa cláusula borro, . que yo no sé andar a oscuras. Y en este tiempo vosotros sin más noticia del caso, sin más examen curioso del destino que me induce, del peligro a que me arrojo, paso libre por la puerta me daréis, y no en el modo que os ordeno se haga falta; fiemos de Dios el socorro, y en mi favor le enviad humildes ruegos devotos, Sin que en mi ausencia se entibie el afecto fervoroso, que yo a daros volveré larga relación de todo. Si de Dios es el impulso para el alto fin que ignoro, ve en paz, heroica mujer, que en ti fiamos nosotros. Gloriosa beldad humana, remedia nuestros ahogos, puesto que la Omnipotencia contigo parte su trono. Ve y el Señor sea contigo. Confuso estoy. Y yo absorto. Dios os guarde. Él te defienda. Y haga tu intento gloriosa. . Señora, quién te ha metido en aquestos alborotos? No fuera mejor ahora estar en el Oratorio haciendo allá en tu retiro ciertos visajes devotos, que no andarse entre Soldados? Si hay ánimo generoso en débil naturaleza, fuerza es emprender lo heroico. Abra, mientras mis sentidos doy retirados al ocio, tú me puedes prevenir los vestidos más costosos, los más ricos aderezos. Pues qué vas de matrimonio? Obedece y no preguntes. Y digo, también dispongo las Sandalias y el tocado? También. De esta tengo un novio. Mira que antes me he de ungir y lavar. . Allí hay precioso ungüento de mirto y vino. Tenlo prevenido todo. Y pregunto, para mí no habrá algún vestido roto, que nadie le haya estrenado? No gastes el tiempo ocioso. Qué ha de gastar quien por pobre no tiene otro patrimonio? . Ahora, gran Dios de Israel, ahora es tiempo que encendido vuele a tu piedad el llanto con las alas del sus piro. Atiende, Señor, atiende al clamoroso gemido, con que en víctima preciosa el corazón te dedico. Ya supo tu fuerte brazo dar el airado cuchillo a mi padre Simeón, aquel Patriarca invicto, que castigó los insultos del Siquimita atrevido, cuado en el rapto de Dina violó su honor claro y limpio, porque al golpe del agravio vengara tanto delito. Ya supo tu airada mano (porque lo sabes lo digo, pues te empeño en los favores con la ansia de repetirlos.) Ya supo tu airada mano, y lo sabe el Pueblo Asirio, pues antes lloró la ruina, que recelase el peligro. Ya supo, digo otra vez (como el saber te repito, si aún antes de oír los ruegos, respondes con los alivios? al animado volcán, salamandra de sí mismo, que en el ardor de su enojo vivió escándalo del siglo, al fiero Senaquerib, de Judá infame cuchillo, aún sin esgrimir el suyo, darle la muerte a sus filos: y porque para un blasfemo solo una es corto castigo, la repetiste a millares en su Campo fementido, pues un Nuncio de tu Corte en una alborada hizo de ciento y ochenta mil tumba horrorosa de Asirios. Dígnate de ver ahora a este Ejército enemigo, como miraste otro tiempo los Reales del Egipcio, cuando con intentos locos, ciegamente enfurecidos, persiguiendo de tu Pueblo el soberano destino, por alcanzar la victoria dieron en el precipicio. Pues al Rojo mar llegando los raudales fugitivos, negándose a su corriente, en promontorio de vidrio, y en murallas de rubíes, se endurecieron tan fijos, que conformarse del agua, se imaginaban de risco hasta que se desataron velozmente desunidos, calzándole impetuosos al Girano sordos grillos, para darle eterna cárcel en sus profundos abismos. Levanta, Señor, tu brazo, como lo hiciste al principio, y a tu virtud poderosa su poder quede abatido; porque al golpe de tu ira, o al esfuerzo de tu auxilio, ese sacrílego monstruo, ese bárbaro Caudillo, que pretende tus Altares profanar con torpes ritos, manchando sus puras aras con perfumes denegridos, halle primero en su oprobio el estrago, que el aviso. Su entronizada soberbia sea el sangriento Ministro, que al desvanecerle el Solio, padrón le elija al delito. Muera, Señor, a mis manos con sus armas: tus caminos me enseña y pues que pusiste tu providencia en los juicios, pon en mis labios también un dulce agradable estilo, porque el sonoro veneno con suave letal ruido le transpire el corazón; y el aplacible atractivo de mis ojos sea el lazo adonde gima cautivo, y así será la belleza sin culpa esta vez hechizo. Dale a mi espíritu humilde aliento, constancia y brío, y en su ignominia batallen desprecio y valor unidos: porque a este dragón soberbio le encuentren a un tiempo mismo con la virtud despreciado, con el valor destruido, que tu nombre ensalzarán devotos todos los siglos, cuando oigan, que una mujer quebrantó su cuello altivo. Nunca, Señor, te agradaron los soberbios; siempre han sido los ruegos mansos y humildes de tú alta piedad oídos. Oh milagroso, que en ese terso Zafiro con rasgos de luz estampas los permanentes prodigios! Criador de Cielo y tierra, cuyo poder infinito, por saber y por amar, todo de nada lo hizo; el misero ruego humilde de tu Sierva oye benigno? muévate a misericordia quien a rigor te ha movido. Haz decentes mis acciones consejo me da y auxilio: infúndeme fortaleza, dame tu aliento Divino, para que tu Santa Casa. permanezca en sacrificios. Conozcan todas las gentes, que tú solo eres Dios vivo, y que en Cielo y tierra no hay mas Dios, que el que es Uno y Trino. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Fía en Dios, que ha de ayudarnos en tan áspero camino. Pues traigo pan, queso y vino, bien será desayunarnos. Crecida es, Señor, la pena con que esta noche salí. Pues por lo menos a mí bien me ha sabido la cena. Vos, que sois luciente guía, mis pasos encaminad. Yo almorzaré la mitad antes que amanezca el día. Qué decías? Que es delirio seguir tus pisadas ya; porque este camino va a las tiendas del Asirio, que tú le dudas, señora, como has estado encerrada. Abra, ve en Dios confiada. Tú has salido a buena hora, Dios me libre a mi de viudas, que dan en salir de noche: no es mejor de día en coche? Camina. Si tú me ayudas. . Ay! maldito sea el guijarro, que me ha recalcado el pie; pero con todo veré si se ha lastimado el jarro. Señora, ya esta es porfía. Abra, poco durará. Si yo me mato si hará. Ya va despuntando el día. Sabes lo que he reparado? No sé. Pues me ha parecido, que tu hermosura ha crecido, o que mi vista ha menguado. Gracias el Autor de todo, que así me ha querido honrar. Ay Dios! que para hermosear mi cara, no halle yo un modo? Ah de la vela? Señora, este acento me acobarda. Ah del Campo? ah de la Guarda? Estamos buenas ahora solas entre los Soldados dos mujeres, y en Campaña. Cuando Dios nos acompaña, no tengas, Abra, cuidado. Quién va? Ya nada recelo. Quién es? No digas que hay dos. Ah de allá, quién vive? Dios. Quién reuna? El poder del Cielo. Y no da el nombre? El nombre solo es de Dios. . Mucho se desmanda: y quién es Dios? . El que manda desde el uno al otro Polo. Conocerla es fuerza ya: quién va por el Campo ahora sin el nombre? . Es mi señora, que se le ha dejado allá. De qué Nación? Soy Hebrea. Y vienes? . De mi cuidado vengo huyendo. . A la verdad, que no me parece fea: sabrá el General quien eres. Ea, ahorremos de parolas, que parece mal a solas un hombre con dos mujeres. Vamos, señor, a su tienda. Toda ella es admiración: ven, y le harás relación de todo. Dios me defienda. Viva Holofernes. . Viva, y su nombre en el globo azul se escriba. Viva más que ha vivido el muy nombrado Cribas Crespo alto Coyme, y Cristiana. Goces, señor, el venturoso día, (do. con solaz, con aplauso y alegría altamente en los siglos repetido, gloria del tiempo, injuria del olvido. Agradezco, Bagao, tu deseo. En tan dichoso empleo vive más que han vivido los apodos. Si todo lo que aciertan viven todos, no dudo que la fama, que en lenguas por los orbes se derrama, ocupada en tus ínclitas memorias, se niegue a referir ajenas glorias. Vive más que las suegras y las tías. que es racional carcoma de los días. Quítate, necio. . Ay tal como! déjame hablar; señor, pues que no como; que aunque tú eres mi amo, no te toca quitarme las palabras de la boca: porque basta que en todas ocasiones me quites de la boca las raciones como dará mi boca testimonio. Llega también, amigo Babilonio. Beso tu mano Real, mano horadada, que a Betulia ha de dar tal manotada, que hocicando en el suelo, la despiernes, porque en fin esta es mano de Holofernes; y será con tal furia, que hasta Jerusalén llegue la injuria, a pesar del veloz tiempo caduco, y a Nínive la gloria al Dios Nabuco. De lauros a tu frente el Hebreo insolente, por cuanto gira en luz la eterna llama, triunfo a tus Tropas, y a la Asiria fama. Seas eternos años lustre de Asiria, horror de los extraños. Mucho estimo el obsequio generoso. Quién será con tu aliento perezoso? quién:: mas qué ruido es este? En la Campaña una mujer extraña encontré al despuntar la luz del día. Conoces la Nación? Temo es espía del Hebreo, señor mas tan hermosa, que es el sol de sus luces mariposa. Quién ha de haber, villano, que te crea? hermosa puede ser mujer Hebrea? Solo es digno de ser conmemorado un robusto varón, que el esforzado aplausos no ha de dar a la belleza, quitándole ese honor a la fiereza. Haz que llegue, y verás, pues ver lo quieres, del modo que yo trato a las mujeres. Extraña condición! Es un menguado: quién de lo hermoso no se ha enamorado? Por Júpiter, que yo si mujer veo, me acomodo, aunque sea con lo feo. A tus pies, gran señor::- Belleza rara! Llega una Esclava humilde. Hermosa cara! Levantad: no hay valor que la resista; la admiración tropieza con la vista; . y tal fuego introdujo acá en mi pecho, que revienta el volcán de puro estrecho. Dime, hermosa mujer, a qué has venido? mal mi mal disimulo. Ya ha caído, pues solo a la mujer, que es una perla, la desprecia el que no ha podido verla. No concibas pavor, prodigio hermoso, que mi robusto brazo poderoso no se ejercita en quien servir desea a Nabuco mi Rey. Hermosa Hebrea, . mucho tu fuego emprende. Oye a tu Esclava humilde. Empieza. . Atiende. Yo soy hija de Merati, Judith, señor, es mi nombre, del linaje de Reben, y de aquella Tribu noble de Simeón descendiente: mas no es justo que blasone de la nobleza, pues solo gozan sus altos renombres los que a la ley ajustados de virtudes superiores se ilustraren; pero aquellos que los preceptos corrompen con la fealdad de los vicios, son vanos, mas no son nobles. Betulia es mi Patria, aquella cuyos altos torreones asaltan la luz del día en los primeros albores; y porque sus pedernales son ardientes corazones, que irritados reduplican mas centellas a más golpes, confían en sus murallas sus tristes habitadores: pero yo reconociendo con cuán flacas fuerzas ponen su resistencia en los muros, y su esperanza en los montes, pues contra tu fuerte brazo (que es feroz sañudo azote de todos cuantos errados su ptrestad desconocen) es cualquier defensa inútil, pues por él vive en el orbe Nabuco, Rey de la tierra, a quien no solo los hombres Sirven, sino aún los brutos su ancho Imperio reconocen; resolví salvar la vida, viendo las culpas enormes, que el Pueblo contra el Dios nuestro sacrílegamente torpe ha cometido, y su enojo con justas indignaciones castigará, siendo tú el instrumento que tome, como no solo Aquior dijo, sino en proféticas voces nos lo tiene decretado, y la experiencia conoce; pues ya en el prolijo asedio pavorosamente se oyen los lamentos, las congojas, las ansias, las aflicciones, las angustias, las miserias, los sustos y los clamores, Sin que a más lidiar, se esfuercen sus flacas respiraciones, y ya esperan por instantes en el confuso desorden de los tristes parasismos, que sangrientos se interponen entre su vida y su muerte, como ministros atroces, que la hambre los consuma, o que la sed los ahogue. Este pues trance es pantoso movió mis pasos veloces a tus tiendas, por huir sus execrables errores, reverenciando a mi Dios, que es quien me dio luz entonces para salvarme, alentando mis desmayados temores. Yo, Príncipe valeroso, Sin que aventures un hombre de tu Ejército, diré a qué hora, címo, y por dónde la puedes dar el asalto, y guiando tus Pendones por la gran Jerusalén iré, pues sus moradores, como ovejas sin Pastor viven: (Mi Patria perdone, . que estos ardides de guerra se somentan porque logre su libertad.) Y mi Dios, que reveló a los menores sus Divinas providencias, por altos juicios que esconde, me envía a que te lo anuncie, porque sus justos rigores quiere arrejar sobre el Pueblo, para que sus culpas llore. Ya eres dueño de Israel, haz que sus cervices doble a la pesadez del yugo, y las espaldas agobie a la servidumbre dura de tus leyes, pues ya él rompe el más suave y más leve, que su justicia le impone. Ea, Príncipe glorioso, no te admires ni te asombre el que sea una mujer con varonil pecho noble quien a tal facción te induzca, quien a tal gloria te exhorte, quien a tal rigor se ofrezca, quien a tal riesgo se expone, quien tus escuadras gobierne, quien tus Banderas trémole, que sin duda Dios me esfuerza para otros triunfos mayores: y así, a tus pies humillada:- Levanta: valedme Dioses, que este acaso no sé qué diciendo está a mis temores! Llegó el tiempo en que el dragón el cuello a sus plantas doble. Cobra, señor, el alfanje. Suspende, suspende el golpe: por qué infamas los aceros, cuando esgrimen tus dos soles tantos penetrantes rayos de suavísimos rigores? Esto es caer de todo punto en la tentación el hombre. Yo soy tu esclava rendida. No sino el luciente norte, que con invisible mano me arrebata a que te adore. Mas qué digo? adónde está . mi razón, que no socorre desde el pasmo de los ojos el despeño de las voces. Inmenso Dios de Israel, . haz honestas mis acciones. No hay tal mujer en la tierra, pues sus altas perfecciones con su elocuencia se miden. Qué ignorante habrá, que note por tiempo ocioso el que gastan nuestros fuertes escuadrones en hacer guerra al Hebreo, si entre su fealdad esconde tan bellísimas mujeres? Toda ella es admiraciones. Bien hizo el Dios de Israel en fiar el secreto orden, para que el Pueblo me entregues: y pues que lo que propones es mi triunfo, si tu Dios con tu oferta corresponde, también ha de ser Dios mío, y eterno será tu nombre en la casa de Nabuco, para perpetuos honores. A ser conocida en ella aspiro. . Pues sueñe el bronce hiriendo el aire y no quede de ese corpulento monte, ya en la falda o ya en la cima, tronco que estragos no llore, piedra que no sea pavesa a las violencias. No toquen (ay amada Patria mía!) tan mal mis proposiciones admites, que sin ser tiempo los asaltas? . Tus temores destierra y aunque el veneno contra todo el mundo arroje mi corazón irritado, no es fácil que a ti te toque, pues exenta has de vivir por los ámbitos del orbe, en las leyes generales de enemigas invasiones. Pues fía de mi palabra, que yo haré que te coloquen sobre la cerviz del Pueblo en lo eminente del monte. Tú serás privilegiada entre todas, si me pones en tal altura. . Eso creo; y desde ahora los favores agradezco. . Esa exención tu Dios es quien la dispone, pues te libró de las iras de tu Pueblo. . Estos, señores, se andan poniendo enigmas, y con ser yo un pobre zote, no puedo entender palabra, y esto no habrá quien lo ignore. Por mi Dios, y por ti vine de mi Campo al tuyo anoche. Por mí vienes? Por si vengo. Quién te mueve? Causa noble. Y a qué aspiras? Solo al triunfo. Quién le esfuerza? Mis favores. Y quién le asegura? El tiempo. Oh corra veloz! Ya corre. Pues por ahora, Judith treguas haz en mis rencores. Oh cuánta beldad le aumentan los modestos arreboles de sus mejillas! oh cuántos valientes rasgos descogen las luces de su elocuencia en el lienzo de sus soles! mas la admiración me usurpa la voz, con que el labio torpe, o balbuciente no encuentra aún para aplaudirla voces. Hola, Bagao, haced que luego a Judith se le adorne retiro en mi Guarda joyas y que de mí mesa goce los más sabrosos manjares. Se hará como lo dispones. Permitirás que no acepte mas que el aposento, porque del sustento necesario prevenida estoy, conforme lo ordena mi ley. . Y aquí hay queso, pan, macarrones acederas y otras hierbas que en nuestra tierra se comen, y no me dejan mentir. Por tu amigo me conoce si convidas. . A su gueto la comida se sazone. Si ucé es mi amigo tendrá ayuno por fuerza. . Nones. Ve a descansar, porque luego más por extenso me informes. Y pues hoy solo es mi día, vuelvan las aclamaciones, repitiendo al compás dulce de clarines y tambores, no que viva yo, que viva de Judith el alto nombre. Dios cumplirá tu deseo. En ti la esperanza pone. La gloriosa Judith viva, y el rebelde Hebreo llore. . Solo quisira advertirte::- Qué me dices? Que no ignores, que llevas un alma presa con tan suaves prisiones, que aún más que la libertad, la estrecha cárcel escoge. A poder yo, libertara con benignas compasiones, de Judith, no solo tu alma, sino es aún la de todos los hombres. Pues para la mía tienes potestad. Cómo, o por dónde? Como el Cielo te ha dejado libres todas tus acciones. En lo que me toque a mí; mas no en lo que a ti te toque. Usad de ellas con piedad, y harás que yo me conforme. Hablemos solo en Betulia. Tiempo habrá. Pues no malogres este, que te ofrece el Cielo. Bien le emplean mis pasiones. Pues a Dios. Olvidarasme? Quién por ti al riesgo te expone, no es posible que te olvide. Pues como ese favor goce, mas que se pierda Betulia. Buenos van los dos, señores. Cree, que tú solo has movido mi ardiente espíritu noble. Válgate Amor por mujer, y cuaáta deidad escondes! Adiós, y veámonos luego. Hable usted, ya que no come. , . La gloriosa Judith viva, y el rebelde Hebreo llore. . Gran Dios de las Batallas, oye a tu amado Pueblo, que en alas del suspiro el corazón te envía como aliento: atiende a nuestros himnos, y hagan eco en tus oídos, oídos nuestros ruegos y gemidos. . Gran Dios de las Batallas, la ardiente lid, que mueve el fuerte armado, apaga con tu fuego poderoso, y de terror postrado, en la palestra quede ignominioso, en fatales pavesas desatado; pues en despeños funda lo elevado tu brazo omnipotente, descargue el golpe en tanto inobediente. que rebelde a tus aras con ceniza de negro incienso el Orbe escandaliza. Mira, Señor, tu Pueblo dolorido, que solloza afligido con fervoroso, con amante celo, temiendo en su agonía de aquel tremendo día el pavor la miseria, el desconsuelo; cuando (ay infeliz!) cuando tus Altares manchando el sacrílego llegue delincuente, y ahume el Templo con llama irreverente: vuelve el rostro a los ayes repetidos. 4̱ Y hagan eco a tus oídos, oídos nuestros ruegos y gemidos. Pues Dios de las venganzas te aclama el Serafín, te tiembla el hombre, haz que tu indignación frustre y asombre las ciegas, confianzas del bárbaro arrogante, que duda tus auxilios ignorante; pues nunca te agradaron los soberbios espíritus mentidos, y siempre se ensalzaron los humildes, mansuetos y abatidos, registra nuestro pecho congojado, verás que el corazón, aunque fallece, a tus Altares vuela resignado. A Judith fortalece para que en nombre tuyo victoriosa dé libertad al Pueblo aprisionado; y con saña y con ira religiosa quebrante humildemente al soberbio dragón la errada frente: los acentos escucha doloridos. Y hagan eco en tus oídos, oídos nuestros ruegos y gemidos. No paséis de aquí, esperemos que con los devotos himnos lleguen al Templo. Tus pasos y tus acentos seguimos, que al ejemplo de los Reyes siempre todos se han movido. Atiende a nuestros, . Ay Nacor! ay Aquior! cuánto me tiene afligido esta ausencia de Judith, y que se exponga al peligro antes que yo! No conviene nunca arriesgar al Caudillo, porque más pelca siempre a vista del enemigo la quietud de una cabeza, que el monstruoso bullicio de un Pueblo desordenado: y en cuanto a Judith, confío en Dios (pues con fin oculto su flaco pecho ha elegido) que la librará del riesgo, fortaleciendo benigno su espíritu resignado con providentes auxilios. No dudo en la providencia Divina, ni desconfío de la gran misericordia de su poder infinito: solo dudo el fin que lleva. Los secretos escondidos del Señor, solo nos toca admirarlos, no inquirirlos. Decís bien, Nacor: mas dime, qué ha de sentir el Asirio del Hebreo, al ver que cuando nos tiene el cruel delito presos y cercados, sea para confusión de él mismo, una humilde mujer quien se adelante a redimirnos? Por deidad la adorará, pues entre sus falsos ritos todas son con menos causa reverenciadas. No digo, que su gracia, su hermosura, su discreción y su brío no merecen inmortales reverentes sacrificios; sino que harán de nosotros vilipendio, al ver que indignos somos; pues faltan razones, que en un campal desafío sepan fuertes cara a cara lidiar con los enemigos. Discurrirán como necios; porque los que resistirlos Saben, ya sabrán lidiarlos aunque no alcanzar los juicios del Señor, que los reserva a la ciencia de los dignos. Si vuestro Dios la eligió, no dudo que así convino; y que para un fin glorioso la destina. Su excesivo saber inventará un arte con que triunfar del Asirio eximiéndose del riesgo. No recelo ese peligro; pues su virtud la asegura del contrario, que aunque es fijo, que a vecindades de alientos no hay espejo claro y limpio que no se empañe, elevando el tosco vapor maligno: ella siendo claro espejo, por alto favor Divino, desvanecerá el vapor, Sin que la manche atrevido. Así de la Judith lo creo, y en esa opinión me afirmo: porque es cosa sin espinas, la que es entre espinas lirio. O quiera Dios nuestras preces atender con grato oído; pues ve, que su Pueblo humilde penitente ya y contrito viste cenicientos sacos, y ciñe ásperos cilicios, repite austeros ayunos, oraciones y suspiros! Absorto me tiene el modo . con que a Dios buscan propicio: cómo de humanos esfuerzos serán los suyos vencidos, si pelean con las armas de la oración y el gemido? Vamos al Templo y mezclando nuestros votos con sus himnos, hoy la mortificación sea de tanta fatiga alivio. Gran Deidad oculta el Dios de Israel; pues si el castigo se lo agradece así el Pueblo, cómo será el beneficio. Vamos, y el llanto del alma eficazmente encendido, sea obediencia en el pecho; y en los ojos sacrificios. Liquídese el corazón, por si logra ennoblecido con el caudal limitado feriar el bien infinito: y para templar la justa indignación del Empíreo, en lo íntimo del alma repita el acorde grito::- Señor misericordioso, oye a tu Pueblo benigno, y hagan eco a tus oídos, oídos nuestros ruegos y gemidos. . Sueño, delirio, Judith:: valedme, Cielos piadosos! Señor? Señor, qué soñaste? Dejadme, dejadme todos. Posible es, que a una ilusión un ánimo generoso se sujete? . No es fantasma, no es ilusión la que absorto acá en lo interior del alma realmente la miro y toco. Esa, señor, será imagen, que dibujó el pincel tosco de la fantasía en la idea, y tú puedes generoso con la razón y el desprecio desfigurarle su rostro. Ay de mí! que está tan viva, que el sentido pavoroso, dando sus fuerzas al susto enflaquece el desahogo. Deja, señor, de creer embelecos del demonio. Es esto del sueño, mas que un dulce engaño del ocio, a quien llaman comunmente, por ser, tan sutil, los Doctos, ladrón de la media vida, que ejecutar sabe el robo, que quiera el hombre o no quiera, como se descuide, y como no le hagan mucho ruido, y si este hombre fuere tonto, y creyere el mal por cierto, cuando despierten sus ojos le robará la otra media, por no dejarle quejoso, Si no es más, señor, qué temes? Quita, necio. Aparta, loco. Más loco y necio es quien cree, que el sueño no es sueño solo. Señor, si por leal criado te merezco en tan penoso accidente algún favor, entre los que reconozco, suplícote que me hagas participe de tu ahogo. Oídme, sí me ha dejado voz el susto en tanto asombro. Contemplando el alma estaba en aquel milagro heroico, que de Betulia a ser vino escándalo de mis ojos: esa beldad, que parece que apuró el estudio todo del Cielo, al formarse, y él después aprendió en su rostro un nuevo arte de lucir con la aclamación de hermoso; porque no lo fuera tanto si de este lucido polvo no se formara Judith, (con cuánto temor la nombro!) Judith, ese nuevo cielo, gloria mayor de los otros. En esta suspensión dulce quedé extático y absorto, cuando resistiendo en vano las persuasiones del ocio, el cuerpo anegado en sombras, fluctuando el alma en sollozos, ni muerto bien, ni bien vivo, mal sumergido en mi propio, me arrojó la fantasía a su más profundo golfo, y en el basto mar:- (ay triste!) memorias, dejadme un poco, que os llamo para el alivio, y venís para el ahogo. Libre el sentimiento al daño, privado el sentido al gozo, la mitad del alma menos, la mitad del pecho roto, soñaba (ay de mí!) que vi remontándose a los soplos, que dulcemente inspiraba el blando y veloz Fabonio, advertida en su recato, no imitada en su decoro, honesta Garza, que al viento que la celó religioso, generosamente paga ser en elevado solio de sus cristales espuma, y de sus páramos copo; a quien el Sol (que él pudiera atreverse a tanto solo aún no violó con sus rayos la candidez ni el adorno, y a quien en mudos idiomas flores aves, ondas, troncos, mucha deidad la acreditan, humana la fingen poco. La dulce quietud gozaba en su vuelo misterioso, ni ufana en pompas de plumas, ni altiva en coturnos de oro; cuando un osado Neblí discurriendo vagoroso, suelto mal de las pigüelas, que le calzan grillos toscos, altanero se remonta en puntas que gira a tornos; pero la Garza, que sabe por su instinto prodigioso de cual de tantos osados puede ser fácil despojo, y que asegura su riesgo con seguir el rumbo y corso del Neblí, que la amenaza soberbiamente orgulloso, astuta y sagaz previene en la fuga el triunfo heroico, y alado bajel del aire hizo remos los pies corbos, las alas vela, la frente proa quilla el cuello, el lomo popa, la cola timón, jarcia y baque el cuerpo todo, con que en piélagos lucientes siendo norte el Sol lustroso, a toda pluma navega, mendigando al Austro soplos; y en golfos vagos desmiente cristalinos promontorios: mas calándose soberbio el Neblí, que valeroso, si a lo difícil osado, se arroja a lo fácil pronto, pretende a uno y otro choque embotar un humor rojo el negro sañudo pico de su agudo acero corbo. Tres veces pues a la herida destinó el golpe furioso, y tres depuso el amago de la victoria o el odio; porque oponiendo la Garza por defensa, y por enojo su intacto luciente pico al impulso impetuoso del pájaro, que en el triunfo solicitaba el oprobio, a dos tremendas heridas le precipitó en su arrojo. A pique el Neblí se vino al embate presuroso, y al caer revoloteando entre un desaliento y otro, fluctúa naufraga pluma, yerra ventilado copo, y en sanguinolentas ansias zozobra en su orgullo propio. Del dolor fiero aquejado, esparció gemidos roncos al aire, a cuyo lamento acudieron temerosos el Gerifalte bizarro, el cruel Sacre, hijo del Noto, el siempre tardo Baharí, el Borní siempre animoso (al que ha nacido infelice, qué tarde llega el socorro!) pues en vano se apresuran, porque el Neblí ya en canoro quejido, endechando el aire con tardo pie y pico sordo, infausta alcándara busca no ya de laurel frondoso, como otra vez a sus sienes, de inútil, si estéril tronco. que de los rayos sañudos probó el violento destrozo. Allí pues vencido, elige en vez de triunfante solio, al fatal destino suyo, lamentable mauseolo, donde con práctica muda (en que por desdicha es docto enseña, que de lo indigno, no hay conquista a lo dichoso. La Garza voló al desierto, los Halcones al contorno, y el Neblí en lástimas tristes inánime midió el soto; pasando (ay de mí!) pasando con lamento pavoroso a mis manos, a exhalar la vida en claveles rojos. Así se elevó la Garza con trofeo victorioso; así el pájaro yacía escarmentando los otros; así vaciló la idea, dejando el discurso absorto; y así meditaba injurias el alma en su centro hondo; cuando redimido el cuerpo del grave sueño espantoso, cuanto vi en sombra soñando, tanto al despertar fue asombro. Hoy tus glorias derrama, Campeón invicto, la parlera fama por el mundo, y tu nombre inmortaliza, que este sueño tus glorias simboliza. Pues en qué mis venturas afianza? Escucha, oiras lo que mi ingenio alcanza. Señor, no viste que una Garza bella, que por lo altivo fue mentida estrella, al combate sangriento de un Neblí, que es maltaba el firmamento, en porfiada lucha ella triunfa, y él muere? pues escucha. La Garza es Siria nuestra Patria amada, de todas las Naciones envidiada; el Neblí horrible y feo bien se conoce que es el Pueblo Hebreo, a quien cercado tienes, para tejer el lauro de tus sienes; y pues él de la Garza hermosa herido a tus manos cayó desvanecido, ya anuncia que será en angustia tanta por tus manos alfombra de tu planta: vuele la Garza, vuelen tus Pendones, ascendiendo a sus altos torreones, y verás que desciende en pena suma, envuelto en sangre, ese bajel de pluma. Aunque es tu vaticinio lisonjero, no sé, no, si será infeliz agüero, que mi fin pronostica desastrado. Aunque no es acertado hacer juicio del sueño sin perjuicio, yo también en los sueños tengo juicio: escúchale, y verás mi conjetura, que si juicio no es, será locura, para que el nombre tuyo el viento esparza: esa Garza, señor, será una Garza, y ese Neblí un Neblí. Quién lo ha dudado? Pues atiéndeme, que esto no es soñado: Garza y Neblí serán entre otros cosas dos aves de rapiña muy hermosas; una macho, otra hembra, como muchas que escuchándome están, y tú no escuchas: la Garza y el Neblí::- Gracioso empeño! Pueden ser::- . Qué han de ser? Cosa de sueño. Villano, cuando yo en iras fatales la confusión padezco de mis males, mi sufrimiento apuras? No hagas caso, señor, de sus locuras. Mas quién puede a mi espíritu fogoso oponerse con fuego escandaloso, si en mi sangrienta cólera encendida no irrita su furor contra mi vida? Dime, Bagao, tú si alguno puede vencerme a mí? Ninguno a ti te excede en valor: ya lo admira en esta guerra el Cielo en sustos, y en pavor la tierra. Mas quiero adelantarme: y si alguno pudiere sujetarme, no me dirás en tanto desconsuelo, quién podrá ser? Judith. Válgame el Cielo! No hay eco ya ni voz, que no me asombre: ved quién es? Holofernes es el nombre. A Judith y a Holofernes han nombrado; pero este dulce acento regalado Judith le pronunció, y ella ha podido deshacer la ilusión de mi sentido. Judith. . Llega segura. Con esto sé ya el sueño y la soltura, que son Garza y Neblí señas fatales. Señor, como ordenaste en tus Reales, que Judith salga y entre cuando quiera, esta noche, que ya no es la primera, descendiendo de orar desde la fuente a su cuarto volvia; mas la gente que aquí tienes de guarda pidió el nombre, y diole en Holofernes. . Es vil hombre cualquiera que a oír el suyo no se humilla. No llegaron, señor, quizá a oílla. Haz que aquí venga luego antes que prueben todos mi fuego. Mala prueba será, según arguyo, porque el fuego no es sano, aunque sea tuyo. A tus pies Judith llega agradecida. Ay dulce muerte de mi amarga vida! Y yo a tus pies postrado vengo a ver qué me mandas? Tú el Soldado fuiste quien a Judith la pidió el nombre? Sí señor, que fue el orden que tenía. Mientes, grosero; y para que otro día se respete su nombre soberano, haced que ahorquen luego a ese villano, pues dando ella su nombre, pidió el mío. Señor: . Llevadle luego. En ti confío. No, señor, a ese hombre le dije yo mi nombre ni él la entrada a mi cuarto me resiste, que si acaso le oíste, fue porque Abra venía algo distante, y temiendo perderme vigilante a voces me llamó. . Yo lo concedo, que las voces son cláusulas del miedo. Y así, a tus pies te pido el perdón suyo. Judith, que no haré yo en obsequio tuyo? vuelve al puesto, Soldado, y agradece hoy la vida a Judith. Bien lo merece, que es Redentora mía; dichoso aquel que de mujeres fía. . Eso es mucho decir, según lo toco, porque en algunas hay que fiar poco. Oh beldad soberana y prodigiosa! la primera eres tú que vi piadosa. Con tu licencia, señor, entro a recogerme un poco. Tu esquivez me tiene loco: cese tan nuevo rigor, si ver mi muerte no quieres: no esfuerces tus blandas iras, que si hieres cuando miras, mas cuando no miras hieres: Pues me dice la experiencia, que la llama penetrante de amor, mientras más distante hiere con mayor violencia. Para tu quietud señor, a tratar vine a esta tierra los progresos de la guerra. Pues qué más guerra que amor? que donde él reina animoso ninguno otro tiene parte, porque es su vasallo Marte, que se obedece gustoso. No entiendo las leyes suyas, por ser faltas de justicia. Fundadas son en milicia. De esa tratemos. No huyas. Y usted, señora doncella, Salvo sea el lugar, no quiere casarse conmigo? . Espere, que yo le daré:: . Con ella. Una mano digo. Es llano. Como usted me espere sí. Quién puede esperar aquí? El que esperare tal mano. Como yo no soy Judío nunca he sabido esperar. Pues no se puede casar, quien ya perdió el albedrío. Cómo? Como si lo apura casada estoy a placer. No me querrá usted hacer marido de la futura? Esa es larga, y de hombre vil Por qué? Porque no es celoso. Seré así Gentil esposo. Pues deje de ser Gentil. Ya de los Dioses reniego como tú quieras ser mía. Ni aún por esas, que otro día renegarás de mí. . Niego. Pues qué haré para vencer? Temer. Dime, y para no morir? Seguir. Y para no te indignar? Esperar. Ya en esta escuela de amar por no indignar y vencer, morir quiero, por saber temer, seguir y esperar. Si esperar, seguir, temer, por no morir ni indignar, sabes atento estudiar, todo lo sabrás vencer. Pero llego a recelar la indignidad de emprender; porque no sé merecer y así no sabré lograr. No vengo yo en tu favor? Mas me vienes a matar. No te quiero asegurar. Aún recela mi dolor. Pues qué recelas en fin? El fin. De qué nace susto igual? Del mal. Pues ese no es mi desdén? Es el bien, que de él me asusto también; porque anuncia lo fatal, y conozco en pena igual, que el fin del mal es el bien. Pues advierte en caso tal lo que espera, porque en fin el bien del mal es el fin, y el fin del bien es al mal. . Aguarda: mas qué temor reverencial me suspende? mucha deidad comprende quien puede más que mi amor. Qué oscuro enigma decirme intentas para aplacarme? vuelve, tirana, a matarme, no huyas no, para rendirme: pues no dudo en la crueldad, que acabar con el dolor es la clemencia mayor, que ejecutó la impiedad. Ven acá, Bagao valiente, no viste la beldad rara de Judith, en cuya cara rayó el Sol mejor oriente; para cuyo ornato bello, con majestuoso decoro, labró una mina de oro en su radiante cabello? Y a cuya labor asiste, para esmaltar su esplendor, todo el Cielo? . Sí señor. Pues mientes, que no la viste: como, di, con vista osada su inmensa beldad miraste? tú la viste y no cegaste? Yo, señor, no he visto nada. Oh infame! pues cómo tú, Siendo tanta su pureza, no admiraste su belleza? Que te entienda Belcebú. Ya en él lloro algún despecho, . pues delira y no reposa. Ya que viste la gloriosa deidad de mi ardiente pecho, Bagao, no viste que por más generoso espanto el Sol la viste su manto, la Luna calza su pie? Siendo a su guirnalda bella, en ostentación hermosa, cada lucero una rosa, y cada rosa una estrella, donde en puros rosicleres. admiran su exaltación? Mi amo, señor, es capón, y no puede ver mujeres. Villano, está en su lucir es más deidad que mujer. Si es culpa ver y no ver, quién diablos te ha de servir? Bien atendí tus intentos, cuando viste su beldad, que quien sirve con lealtad es lince de pensamientos: y así, como el mío es templar tu amoroso fuego, yo me obligo desde luego a ponértela a tus pies. Y si te quieres servir de la Esclava, también yo te la pondré: donde no la puedas tú ver ni oír. Fío, que bien lo gobiernes. Tu deseo has de vencer. No se alabe una mujer de que triunfo de Holofernes. . Y a la esclavilla mirlada, para despicar mi enojo, si entre mis manos la cojo la he de hacer:: no digo nada. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Pide aliento a Dios, y ayuda. Ni aún para eso tengo aliento. Cómo desmayas ahora? Como no como ni ceno. Camina, que poco falta. Para morir bien lo creo. Dime, por qué desconfías? Porque no hay ley en derecho de que ayune la criada por la abstinencia del dueño. Ayuna tú hasta caer, o hasta quedar en los huesos, y déjame a mí que roa si quiera los de un conejo. Qué delito es comer carne? por ventura yo profeso la Regla de los Cartujos, Todo ha de ser espinacas, romazas, lechugas, bledos? este es mucho perejil para tan poco carnero. Ves aquí que no ha quedado de toda cuanto había puesto en la mochila, sino es un pedacito de queso; y esta, señora, no es vida, según me enseñó mi abuelo, ni para seguirla más, ni para llegar a viejos. Aunque os debo empeño grande a mayor triunfo os empeño. Quien tiene seguro a Dios, poco cuida del puchero: señora, allí está la fuente. Abra amiga, ya la veo; confía en la providencia del Altísimo, que presto nos sacará de esta vida. Es verdad, según comemos. Retírate. Reza tú mientras yo voy ofreciendo, porque de las oraciones luego me voy al pan nuestro. , . Y clarines del aire Dios y Señor de Israel, árbitro de tierra y Cielo, de Judith, dirige mis nobles pasos para libertar tu Pueblo. Tres días ha, que su ausencia interiormente padezco, porque en lo íntimo del alma presente sus penas tengo. Tres días ha, que entregado al clamor y al desconsuelo, le dejé en Betulia. . Y tres ha, que no como ni bebo . Como en la edad perezosa del dolor, podrá el aliento débil ministrar socorro al corazón, padeciendo en tres días de esperanza siglos casi de tormentos? que empezará andando el tiempo? . Y cómo estarán los pobres sin comerlo ni beberlo? . Vuestro poder fortalezca mi flaco abatido pecho: por la fe que os invoco lograr tanto auxilio espero: y para que mi congoja se alivie, Señor inmenso, sepa yo de mis hermanos, y tu poderoso fuego encienda sus corazones. En sermón largo me aduermo, que es la almendra mejor, . que pudo inventar el sueño. Por mi Rey y por mi Patria te pido, y por todo el Pueblo. Llega, llega a la fuente, y si el agua es incendio, que templa tus ansias, y aviva tu celo. Llega, llega a la fuente; que en su claro espejo verás el retrato del Alba perfecto. acordes diremos, bendito sea tu nombre en tierra y Cielo. . Salve, Judith valerosa, pues con tu abatido vuelo te escondes en lo profundo para elevarte a lo excelso. Salve, Heroína esforzada, que con generoso aliento tú, vida expones humilde para libertar tu Pueblo. En dura batalla combate creyendo, que siempre el humilde derriba al soberbio. Yo soy un Ángel Celeste, que al ver tu limpio deseo, intacta he de conservarte en los deslices del riesgo. Yo otro, que fortaleza del alto Dios te prometo, y en su nombre por su gloria he de infundirla en tu pecho. Combate animosa al fuerte Guerrero, verás que a tu planta se dobla su cuello. Y pues celosa pretendes ver en el prolijo cerco al Pueblo amado oprimido por el tenaz cautiverio:- Sube a nuestros hombros oirás el triste lamento, que en breve por tu eficacía respirará los consuelos. Esclava soy del Señor, cúmplanse en mí sus decretos. Vuela, vuela, vuela, orando y ascendiendo, y el Cielo penetra en alas de fuego: y clarines del aire acordes diremos, bendito sea tu nombre en Tierra y Cielo. Por la causa referida os he traído a este puesto; y así, amigos, confirmamos en tanta aflicción el medio de sacudir de los hombros tan duro y gravoso peso, y de saber por Judith, que es el último consuelo, que previene la esperanza para esforzar el aliento. Aunque por tu dignidad, por tus canas y respeto, Ocias, debemos todos reverenciar tu consejo, mas sabio eres en pedirle; y el mío, que lo es del Pueblo, discurre, que el resistir al enemigo soberbio mas tiempo, es temeridad, y el embestirle es despecho; porque estando ventajoso de Soldados y sustento, pelearán como robustos, y como flacos los nuestros; y así yo era de opinión en dos tan arduos empeños, que a partido nos rindamos. Yo soy de contrario acuerdo porque morir en defensa de la Patria es blasón nuevo; y así al contrario se embista (que lo es mío) y muriendo en las voces del aplauso nueva vida adquiriremos: este es mi sentir y si este se admite, seré el primero, que en defensa de Betulía contra amigos, contra deudor, para morir venturoso, vibre este luciente acero. Entréguese la Ciudad. No se entregue. Oh vulgo ciego! monstruo de tantas cabezas y juicios, como hay de genios. Generosos Capitanes, a cualquiera luz encuentro para cualquier nuevo arbitrio un inconveniente nuevo; porque el hambre nos asalta de parté del bastimento, y a este voraz enemigo nosotros, nosotros mismos cruelmente le alimentamos; pues el querer mantenernos por engaño o por industría, nos debilitamos puesto, que esforzándole sus fuerzas, las nuestras enflaquecemos, y mi cada día crece nuestro desmayo y su aliento. De parte de los socorros se ven negados los fueros a la esperanza, pues todos los pasos tiene cubiertos: y de parte de las huestes también veis por el efecto, que se halla señor del campo, y con Soldados expertos: pues que más de cien Asirios tiene para cada Hebreo, y esto se entiende contando niños, mujeres y viejos: y así, pues que la justicia, que autoriza los decretos del omnipotente brazo, mueven los pecados nuestros; muramos sin permitir profanar su santo Templo, pues nunca en vano a la tierra baja el castigo del Cielo; y antes bajará su ira sobre el escogido Pueblo, pues más delinque a sus ojos el ingrato que el protervo. Si a partido no nos damos. ni embestimos, haya un medio para saber de Judith. Cuál puede ser? Este es bueno: que a los Reales de Holofernes cauteloso y encubierto baje alguno, y averigüe sus designios. Buen acuerdo: y quién ha de ir? Yo iré. No, que yo solo ir pretendo con el resguardo y seguro de que allá parciales tengo. Esa acción a mí me toca, que si empeño es del Hebreo, se quejará mi valor sin la gloria de este empeño. Eso es ofender el mío, y yo fui quien dio el consejo. Y yo le he de ejecutar. Yo he de ir. Yo he de ir. Deteneos, que la acción es de los dos, pues tan generoso esfuerzo no es justo que se divida. Súbdito soy, obedezco: el Nacor me habia picado. . Siempre me honran tus preceptos. Id, que esta noche la puerta abierta estará, y tendremos la gente allí prevenida para cualquiera suceso. Entréguese la Ciudad. Piedad, Señor. Yo me muero. Abrid la puerta al Asirio. No se abra. Vamos presto a sosegar estos bandos. Tu vida aumenten los Cielos. Pues ya has visto al Pueblo amado, prosigue, Judith, tu empeño. Vuela, vuela, vuela, orando y descendiendo, y el Cielo penetra con alas de fuego, y clarines del aire acordes diremos, bendito sea tu nombre en Tierra y Cielo. . Espíritus celestiales, aguardad. Toda me duermo, y aún el comer se me olvida ahora que bien me acuerdo. . Gracias te rindo, Señor, por el favor tan supremo, que haces a tu humilde Esclava. Por aquí, por aquí fueron. Con el bocado en la boca me han cogido, al mismo tiempo que a Judith con la palabra. Sube al monte. De esta muero. No temas, que Dios nos guía. Este no es temor, que es miedo. Válgame Baco. A buen Santo te acoges a todo ruego. Hacia aquí están. Ellas son. Ay mis narices! Qué es esto? Haber rodado del monte ahora que caigo en ello. Levanta. Judith valiente, hermosísimo portento, a quien admiro en la tierra milagro especial del Cielo: Holofernes, el mayor Príncipe y el más excelso de cuantos en solio adoran a Nabuco, Dios supremo, vio tu hermosura; ya queda encarecido su afecto: oyó tu voz, y autoriza la razón de encarecerlo; pues que por vista y oído a lo hermoso y lo discreto Sacrificó reverente voluntad y entendimiento. Este pues Campeón robusto, que antes tu beldad ha impreso en el papel del semblante las expresiones del pecho; hoy por mi medio declara su congoja, pretendiendo en vínculo indisoluble enlazar con nudo estrecho tu blanca mano a la suya, para que en dulce Himeneo ardan las teas nupciales con explendores eternos, a cuyo fin obsequioso y liberal ha dispuesto (dándole tú antes licencia) hacer un suntuoso y regio banquete a sus Capitanes, donde el ansia de su ruego solicita, que presidas como Reina de su Imperio a coronar su esperanza. Bravamente comeremos: señora, acepta la boda. Al caer otros dijeron, que se hacían las narices, mas yo me las he deshecho. Dudando estoy la respuesta; . Dios me dé espíritu nuevo. Diréisle, que no soy digna de tal favor; y le acepto, pues todo cuanto a los ojos de mi Señor sea bueno, esfuerza serlo a los míos. Quién soy yo, que los decretos suyos cancelar podía? nada soy si no obedezco su voluntad; ella se haga, que es la que más reverencio. Con esta anfibología a los dos he satisfecho. Agradecido a tus plantas en su nombre te las beso. Y todos te las besamos: Abra veámonos luego. Vamos, porque para tanto Solaz adornarme quiero. Señor, vuestro grande auxilio llene mis humildes ruegos. . Oh bellísimo prodigio, luciente blasón del Cielo! . Oye uced, señora, bien ve estas narices. Si veo; mas con ellas, qué pretende? Que las dé ucé algún remedio. Hermano, Dios le provea. No mendigo, aunque pretendo. Hermano, a quien dan no escoge; si es pobre no sea soberbio. . Ah señora bachillera, en la boda nos veremos. . Vino Judith? No ha venido. Mucho padece el que espera. Que está lejos considera. Y están todo prevenido? Sí señor. Que estén ordena nuestras Tropas prevenidas, que han hecho algunas sálidas de la Plaza. Ay de mi pena! qué mal, Dioses, se conquista el fuerte de una hermosura! Que el despecho o la locura:- No hay valor que la resista:- Los obligue a ser valientes! Ni el volcán de mi tormento. Y si adquieren bastimento resistirse podrán. Mientes, que estando Judith conmigo, que es alma de su poder, qué fuerza podrá tener el valor del enemigo? Decíalo. H̱̱. No habléis más, que en Judith. Ay del Asirio, si este vehemente delirio . dura! Y tú no vencerás ese ardiente frenesí, a fuerzas de la razón? Menos soy que mi pasión, pues ella triunfa de mí. Yo pretendiera acabar el aliento del vivir, si encontrara en el morir nueva vida para amar. Mas si muero de esta suerte, mi muerte he de duplicarla, que es él no poder amarla otro linaje de muerte. Ya flacamente respiro, porque en mi duro tormento no hay vida para un aliento, ni aliento para un suspiro: que este continuo sentir, que no me deja matar, es la vida del penar, y la muerte del vivir. Mirad si Bagao viene, que rabio en la dilación. Extraña es su condición. Gran daño el alma previene. . Dichoso fuera mi empleo, si no llegara a mezclar la delicia del amar con la culpa del deseo: y fineza no es morir en la ansia repetida, porque me sirve la vida al penar, y no al vivir. Mas cuando a Judith contemplo, que apresura mi morir, mi muerte llegué a sentir de lástima, y no de ejemplo. Solo puede su hermosura dar remedio a mi dolor, porque la herida de amor quien la causa es quien la cura. Mas cuando su ser venero, y de ella otro ser recibo, es la pena por quien vivo, y la gloria por quien muero. Y así, porque ella reciba este congojado aliento, repetirá mi tormento::- Viva Judith, Judith viva. . Ya parece que ha venido. Judith, señor, ha llegado. Y nunca más regalado llegó su acento a mi oído: forzoso es que la reciba el alma firme y constante, y para que viva amante:- Viva Judith, Judith viva. . Qué es esto, Dioses divinos! que al ocio dulce se entregue del amor el más robusto Campeón, que Asiria tiene, y al hechizo de una Hebrea, que entre flores aparentes de suavidad el sañudo enemigo Áspid aduerme, para que cauto transpire el sutil veneno ardiente! por quien cantará la fama destroncando sus laureles, en vez de gloriosos triunfos:- Vivan Judith y Holofernes. Judith y Holofernes reinan. Vamos con este bufete. Usted lo es. Poco ruido. En día de boda quiere, que poco ruido se use? mal sabe lo que es meterse a marido un hombre honrado, con mujer hermosa y fuerte. Esos frascos son de vino? Pues de qué han de ser, de aceite? son de vino, y el mejor que ha pisado Coca y Yepes. Dónde caen esos Lugares? Sabralo el que los tuviere. Y bébenle las Hebreas? Pues qué Sambenito es ese? Juzgué yo que de Engadí la bebían solamente. Oye ucé, señor Soldado, de ahí le beben, si le beben. . Y de ahí también usted. Esto es probar si se puede. Pues todos lo probaremos. . Vivan Judith y Holofernes. . Ven al tálamo feliz de rosa, de nardo, clavel y jazmín. La servilleta allí: acaba; pon tú aquí ese taburete. Señor Babilonio, trabaje algo, pues que tanto bebe. Como yo soy Babilonio conmigo uced no se entiende. Es verdad, que a todas horas está bebiendo Babeles. Qué me hace coplas uced? No lo son, mas lo parecen. Pues por vida del Dios Baco: Vaya allá, y no porvidee. Que a no tener las narices, que me están llorando pebre, hiciera::- Qué había de hacer? Todo lo que usted quisiere. Sepa, que Abra es mi cuidado: déjela. . Usted me lo acuerde, que soy flaco de memoria. Y ahora a su salud va este. . Gentil lobo es el Soldado. Vivan Judith y Holofernes. Ven al tálamo feliz de rosa, de nardo, de lirio y jazmín, ven gozarás aquí del arrullo amoroso del ave los perfumes de Mayo y Abril: ven, ven, valerosa Judith. Vivan Judith y Holofernes. Repetid, que Judith viva de lo que Holofernes muere. Que Judith viva consiste . solo en que muera Holofernes. Este es vuestro asiento. Ya le ocupo Y el vuestro este. Abra, sírveme esta noche las legumbres que tuvieres, que hoy en mí es día de ayuno. Vigilia, y no fiesta quiere. Llega, y tu luz milagrosa . me dé nueva vida al verte: llega, y débante mis ojos lo que aún al Cielo no deben: llega, imposible adorado. Aún no es hora de que llegue, que mi Dios me mandará, que llegue a ti cuando fuere. Deja a tu Dios por ahora. No es fácil que yo le deje, si antes no me deja a mí, pues de su mano me tiene. Pues llega a la mía, y templa tanto fuego en tanta nieve. Válgame amor! qué respeto me acobarda y me enmudece de modo, que la acción ciega, torpe la voz, balbuciente el labio, sordo el sentido, toda la razón pervierte, baraja todo el afecto, y todo el valor suspende? Ay de mí! rabiando vivo. Qué te ha dado? Come y bebe; que esta indignación es solo de que el Hebreo insolente no haya venido a entregarse, Sabiendo que a ti te pierde. Él vendrá a tiempo oportuno. De beber. . Aquí le tienes. Brindo a tu salud. Hacemos. la razón, Judith valiente. Abra, dame de beber, que así mi amor lo agradece. Y yo la razón deshago, que es la que aquí hacerse suele. . Raros extremos de amor. Muy inquieto esta. Va este: a que mil Holofernitos vean nuestros descendientes. . Bebe más, beldad divina, y tu corazón se alegre, pues ha encontrado mi gracia. Muy bien alegrarse puede, pues mi alma en esta hora aún más mi Dios la engrandece, que la engrandeció en mi vida: y es porque confianza tiene . de sacudir el tirano yugo del Pueblo inocente. De beber. . Bien menudea: envidia me ha dado el verle. Qué haces, Abra? Entretener la ociosidad de los dientes. Da modesta buen ejemplo. De este ejemplo nadie aprende, porque la hambre no come nada más de lo que puede. No olvides, Judith hermosa, a un alma que te obedece, pues dueño eres de mi vida. Haz verdad lo que me ofreces, que yo no te olvidaré. Cómo puede suponerse, viendo que de tu albedrío todas mis acciones penden? Cómo los cariños dicen lo que aman, no lo que sienten. Tanto siento, como amo; mas uno y otro accidente es forzoso que en la voz, como en el alma, se estreche. Ya he dicho, que por ti vengo de Betulia de esta suerte. Yo ufano con favor tanto cantaré tu nombre siempre; hola, como no prosiguen con la Música? Ya vuelven. Ven al tálamo feliz de rosa, de nardo, de lirio y jazmín. Ven coronada de flores, luciente hermosa Judith, para que en tu aplauso puedan con nuevo aliento vivir. Ven, donde el Aura leve con lento arder sutil te mulla un blando catre de rosa y de alelí, í̱e . Ven valerosa Judith. Ven, como exaltada Reina de este espacioso confín, y dominarás en cuantos pechos respiran por ti. . Ven, donde unidas bajen tus sienes a ceñir la oliva de Sion, y muerte la Palma de Setín. Ven, valerosa Judith. Palma, Cedro, Oliva, Nardo, Rosa, Lirio y Alelí, misteriosas voces son, que admirada puedo aquí venerar, y no entender. Fácil es de discurrir, pues son atributos tuyos por gloriosa Emperatriz del Líbano de Sion, de Cadés y de Setín, con cuyos ámbares puros forman voz blanda y sutil, que movida de mi llanto vuelve acorde a repetir::- , . Y Ven al florido lecho, donde en fragrancias mil tu limpio labio libe el néctar de Engadí. Ven, valerosa Judith. Indigna soy de este aplauso, que ese concepto feliz es de un noble Sol, de quien sombra soy grosera y vil. Vaya otro trago, señor, y no aborrezcas así el vino, porque bien puedes quererle amando a Judith. Venga y por Judith le bebo. No dado yo, que es por mí. Parece que le hace gestos, y por Baco, que es la vid que le crio más hermosa, que esta lonja de pernil. Cepos quedos, Babilonio. Déjeme, que quiero ir a ver si prueba una Hebrea este torrezno gentil. Ven, gozarás aquí el arrullo sonoro del ave, los perfumes de Mayo y Abril. Levantad la mesa; y todos a vuestros cuarteles id, que este volcán, que alimento, no cabe dentro de mí. Fuerte es el vino. Yo llevo brava gana de dormir. Ay de mí! que en cada aliento lidia el alma por salir. Señor, todas estas luces no pueden quedarse aquí. Si pueden; Salte allá fuera. Buen ruido harán trece mil: ven, Abra mía. . Qué es esto? aparta, villano ruin. Esto ha sido trocar barbas, yendo de ruin a rocín. . El Señor nos saque bien de esta batalla civil. No te alejes, dulce encanto de mis ojos tan feliz, porque es desigual partido en esta amorosa lid, que yo te vea triunfar, y tú me veas morir. Ay de mí! fuerte batalla he llegado a introducir en lo íntimo del pecho: y pues el vencerse así aunque en mí no hay que vencer, ni aún el temor femenil) es el mérito mayor, vencer quiero, y no morir. Llega a mis amantes brazos. Pues muriendo estoy por ti, sosiega, que si sosiegas yo te doy palabra de ir. Esa hermosa tiranía, ese generoso ardid, que con eficaz impulso sabe obligar y rendir, cese ya, Judith valiente; y acude a distribuir los des ojos de la guerra, pues ya has triunfado de mí, Sabe el Señor de Israel, que es el que me ha puesto aquí, que no huyo del combate. Desaire es el combatir con un corazón rendido un pecho tan varonil. Tuyo he de ser. Feliz suerte? Serás tu constante. Sí, que autoriza el emprender el blasón de conseguir. Luego mi fin es el tuyo? Desde el punto que te vi. Pues tus ojos? Son tu lazo. Tus acentos? Son mi ardid. Tu hermosura? Es tu veneno. En tus brazos. Tengas fin. En mi alma. Qué me dices? Rendido estoy. . Soy feliz. Mal me animo. No te entiendo. Tuyo Holofernes. . Eso sí, que mi sosiego consiste en que empieces a dormir. . Abra, ponte en esa puerta, sin llegar a permitir, que por ella entre persona. Siempre yo te he de servir, pero temo a Babilonio, que ahora se partió de aquí con un lobo como un templo, bostezando a San Martín. Ponte por fuera; y si acaso le llegares a sentir, vuelve y avísame al punto. Pues he de dejarte a ti con un lobo carnicero? Cualquiera recelo es vil: conmigo quedo, y con Dios, mira tú si en esta lid sabré yo por Dios hacer lo que no hiciera por mí. Pues a Dios, señora mía, que yo me voy así, así. . Parece que aún sumergido está en el sueño. Judith. Válgame Dios! Holofernes? mas debe de referir en fantasmas de la idea lo que antes llegó a imprimir. Judith, Judith, Garza hermosa, deja el altivo Neblí. Garza y Neblí? gran misterio llega esta vez a incluir: y pues en Dios no hay acasos, sin duda me avisa aquí de que como Garza humilde rinda al soberbio Neblí. Susto y horror me ha causado su descuido, porque al fin aquel que sabe ofender no es bien que sepa dormir. Ahora es ocasión de que, fuerte inmenso Adonai, siendo Dios de las venganzas, llegue tu brazo a esgrimir el duro enojado acero, pues usas piedad así? con el ya desalentado mísero Pueblo infeliz. Fortalece en esta hora, omnipotente Eloín, mi espíritu religioso porque llegue a conseguir con el ansia del rogar el mérito del gemir. Así como en tantos riesgos me diste valor, y así como a tu Jerusalén prometiste redimir; sea solo el memorial, que yo presente ante ti el del llanto: o cuanto sabe este idioma persuadir! Quebrante yo, gran Jeová, la ruda inhiesta cerviz de este formidable monstruo, de este nuevo Filisama laurearé mi tierna edad con más timbres, que David. Sea pues mi débil mano el instrumento feliz; tuyo el impulso, y del Cielo toda la gloria sin un. . Y pues pende aquí tu alfanje con él le he de dividir la cabeza de los hombros: pero qué dirán de mí No fuera triunfo mayor despertarle a combatir matándole cara a cara? Mas si él representa aquí la culpa, muera durmiendo, pues no se ha de arrepentir. Judith, Judith. Ya, gran Dios, te ofrece el triunfo Judith. Abra, Abra, ya entrar puedes. Ya voy, señora (ay de mí!) válgame aquí el San Dios mío, qué figura de tapiz tan horrenda! No te asustes, ten esa cabeza ahí. Ay señora! que da saltos, que aún está vivo el mastín. Pues con ese conopeo ahora le podrás cubrir. Ay! ay! que aún abre los ojos. No te lleguen a sentir: calla, y camina a Betulia. No sé si podré sufrir el vino hediondo que arroja, sin la mano en la nariz. Vamos, que a Dios en su Templo quiero las gracias rendir. Señora, estará cerrado, y vamos sin un candil? Calla, que ya de Besulia nos salen a recibir. Pues de ese modo hasta allá no tendrá este triunfo fin. como borracho. Abra? . Quién? No hay encontrarla: vuelve, que ese es testimonio: miente el soez babilonio. Camina a Betulia, y calla. Adiós, zorrito casero. . Por Baco, que me ha sentido: Babilonio está dormido, y este es todo mi dinero. Qué venga? gentil despacho para quien se ha de casar! por esto no puede estar un hombre de bien borracho. Apártate allá, chiquillo: es chasco? ha señor compadre, por el siglo de mi madre, si señor, basta el decirlo. Qué oscuros están los Cielos! no se descubre una teja: que, me hace gestos la vieja? bravo molde para abuelos. Fuera, y el mundo se asombre; quiero arrimarme a este muro: calor hace, aunque está oscuro, derramose todo el hombre. . Todo es confuso ruido; los Dioses nos desamparan. Cepos quedos, no reparan que está aquí un hombre dormido? Hacia aquella parte viene desordenado tropel, diciendo:- Viva Israel, muera el Gentil. No conviene, que Holofernes con reposo ignore aqueste frangente; despierte a regir su gente, y tendremos sin glorioso. . Cada infame en el Real se aumenta la tropelía. Adónde estás, Abra mis, que no te duele mi mal? Quén está aquí? Ya le digo, que miente Cómo habla así? Nadie sino él lo es aquí. . De una Hebrea es el castigo. Por qué así tu dolor clama? Porque Holofernes bañado en sangre está y degollado, vedle a los pies de su cama. Perdidos somos. . Los dos id por esos dos costados a detener los Soldados. Buenas nuevas te de Dios. . Victoria, viva Israel. Gran desdicha! quiero ir las Escuadras a regir, que es la matanza cruel: por esta parte ir procuro. Digo, quién aquí tropieza? De Holofernes la cabeza esta pendiente del muro. Si esta voz llega a correr, fuerza es huir del Hebreo. . Lleve el diablo cuanto veo, aunque sea mi mujer. Morid, rebeldes. Matando. Rendid las armas. Venciendo. Viva el Hebreo. En muriendo. Muera el Asirio. En triunfando. Por aquí escaparme quiero. Date a prisión. No os canséis. Matadle. No le matéis, porque ya es mi prisionero. . Venga él. Por Dios adorado: Qué Dios? El que usted quisiere. Venga el lobo. Judío, espere. Victoria. Vaya el menguado. Aplaudan a Judith (rin; el órgano, la cítara, el tambor y el cla- denla el parabién, y ciñan su frente la oliva y laurel. Luego llegan ya? Ya llegan, con que a darla el parabién del triunfo los Ciudadanos han salido. Es justa ley. Y otros quedan al despojo, que durará el saco un mes, según lo que hay de riquezas. Bravo dote he de tener: Ay Dios, qué triunfante que entra! Aún más llega a merecer. Arrastrando triunfos la gloria de Israel, llegue a coronarse de oliva y laurel. Denla el parabién, y el tirso y la palma se ilustre a sus pies Sube a ese eminente Trono, gloria mayor de Rubén, lustre Real de Simeón, y esposa de Manasés. Solo a Dios tan repetido obsequio se debe hacer, no a su Esclava. A coronarte Judith suba. El Pueblo es quien, después de rendirle gracias, pronuncia una y otra vez::- Denla el parabién,. Judith suba a coronarse. Mi Dios, la honra que hacéis a esta Sierva humilde admito. . Muera quien tal llega a ver. Ya dio las heces mi lobo, y se quedó pez con pez. De enemiga sangre sació la ardiente sed, sin que se manchara su pura candidez. Denla el parabién, Salve, sacro honor del Pueblo, gloria de Jerusalén, Palma de la castidad, alegría de Israel, sabia honesta Abigaíl, benigna amante Raquel, Débora constante y justa, fuerte animosa Jael, providente humilde Ruth, piadosa invencible Ester, sombra de aquella luz pura, que distante adoro, y que Siendo Virgen, Alba hermosa nos dará el Sol de Belén; esa Real Corona admite, que para tu blanca sien de matutinas estrellas se había de entretejer. Esa cabeza, que sirve a tus plantas de escabel, sea en memoria de que ya al Dragón hoyó tu pie: Y esa triunfadora palma adorne tu mano, en fe de que libertaste al Pueblo, quebrantando del cruel monstruo la crespa cerviz, como la fuerte mujer. Denla el parabién, Cantad al Señor, loadle, porque puso su poder en medio de los Reales del enemigo infiel: entonad Cánticos dulces, nuevos Salmos componed, invocad su nombre santo, pues la soberbia altivez derribó de los Asirios, llegando a fortalecer la humildad para exaltarla al más augusto dosel. A él primero reverente canta nuestro labio fiel, luego a ti, pues entre todas te quiso Dios exceder. Bendita tú seas, Judith, de tu Dios, y siempre estés en la casa de Jacob reverenciada con fe; que yo el rito de los Dioses abómino, y en tu ley moriré firme cantando glorias al Dios de Israel. Seas bien aventurada. Mas siento que una mujer sea quien liberte al Pueblo, que mi desgracia. . A tus pies tu Esclava está. . Libertad por el tiempo te daré: y pues hoy indulto goza . el bueno y malo volved a Nínive, y a Nabuco, que no sea soberbio Rey decid, que hay mujer que sabe aún sin lidiar vencer. Vivas aún más que has triunfado. Y aún más que Matusalén. De aquí saldréis con escolta: porque ya orden envíen de que persigan a todos los fugitivos. Aún bien que no hubieran, si llegaran en tu fortuna a correr. Y ahora en acción de gracias vamos a Jerusalén, que en su Templo agradecida quiero al Señor ofrecer los bélicos instrumentos, que generosos habéis dado a mi humildad con este conopeo, para que con título de anatema en perpetuo honor estén. Viva Judith, Judith viva. Denla el parabién, y el tirso y la palma se ilustre a sus pies. Y aquí tiene fin su historia, Los hierros suplid de quien, conociendo que son muchos, yace humilde a vuestros pies.
