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Texto digital de Los tres soles de Madrid

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Atribución tradicional
Cristóbal de Monroy y Silva
Atribución estilometría
Cristóbal de Monroy y Silva Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los tres soles de Madrid. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tres-soles-de-madrid-los.

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LOS TRES SOLES DE MADRID

JORNADA PRIMERA

YO estoy en mi de tristeza. Luna hermosa, qué accidente se opone atrevidamente a la luz de tu belleza? Cuando en la Corte gozosa fiestas celebrando están, que aplauden de Soliman la victoria prodigiosa, tú encerrada? tú escondida? depuesto tú el rosicler? por qué no has querido ver las fiestas? . Estoy sin vida. Si senes, Fénix, que adoro a mió primo Soliman, que previniéndole están la nueva ausencia que lloro; pues apenas, Fénix mía, triunfando de Grecia viene, cuando aquesta tarde tiene de partirse para Ungría: por qué no me han de afligir pesares tan repetidos? déjame, que los sentidos se hicieron para sentir. Cuando de Ungria glorioso vuelva, dice el Gran Señor, que ha de premiar su valor, Luna, haciéndole tu esposo. Templa la triste pasión, que el tiempo todo lo alcanza, y supla aquesta esperanza faltas de esa posesión. Pésame, que hayas pardido las fiestas. . Pues no las vi, podré saberlas de ti? Pues que me atiendas te pido. Anoche::- Fénix, perdona, que pues yo soy el deudor de esta fineza de amor, Solo toca a mi persona, ya que Luna de escuchar gusta las fiestas, decirlas. Con más gusto podré oírlas; bien puedes, primo empezar. Ayer, después que el ascua luminosa, . Soliman? . Señor? a quien la Aurora hermosa en el brasero del Oriente atiza, soplando de la noche la ceniza, se apagó en los cristales de Occidente, festiva, alegre la Otomana gente, con la nueva feliz de mi victoria, por dar que vincular a la memoria, regocijos y fiestas ordenaron, con que a Constantinopla alborotaron. . Licencia para embarcarme Las Naos y las Galeras de mi Armada, con gala, con destreza bien lograda, Salva hicieron: las luces y favales parecían Estrellas celestiales, que el mar en la apariencia trabó con las esferas competencia. La Corte, al tiempo mismo, de lucidos incendios era abismo, a quien daba la Armada lisonjera brindis de fuego, en vasos de madera. Alborotose toda la nobleza viendo aquesta grandeza; el más cuerdo sentido se negó a lo severo y advertido, la atención más prudente faltó a lo aurtorizado y lo decente; que en el cortejo de tan gran ventura, fue el no tenerla la mayor cordura. Salieron disfrazados mil Turcos y Genizaros osados, en libreas galantes, intro duciendo copias de diamantes. El Gran Señor, el sol, en un caballo, que Marte tuvo envidia de mirarlo, salió tambien, y el bruto (intentos vanos) desbaratando piedras con las manos, . Soliman, sobrino, amigo, pareció que intentaba de su centro quitar la tierra, o hundirla hacia dentro; y así el pisar tan reció paseando, fue que con ella estaba peleando, como que la decía en muda guerra, por donde pasa el sol, ha de haber tierra? Mas ay de mí! para qué gasto el tiempo inútilmente, cuando esta señal me avisa de mi ausencia y de mi muerte? Las Naves vanas soberbias y alegres, que sobre la riza espuma del Mar son alados peces, esperando están festivas que tu valor las gobierne, y con acentos de fuego marciales salvas te ofrecen. aguarlaba; tiempo es que entre a regir sus Capitanes, y a ser Neptuno, que fuerte los ímpetus de ese golfo, o los rompa o los refrene. Ochenta vasos me aguardan, cuyas flámulas parecen flores del octavo globo, o Estrellas del Abril verde. Treinta mil Turcos las pueblan, sin Cabos ni Belerbeyes, Hércules por lo robusto, y Martes por lo valiente. No solamente la Plaza, que en esa Costa defiende el Ungaro, que es el fin principal, según me adviertes de esta jornada; mas pienso, Yo, Alá permita!) que llegues. sobre el Muro de Viena a ver tremolar valientes tus otomanos Pendones. Vive Alá, que ha de temerme la Cristiandad, mi cuchilla será su escándalo y muerte. no es justo que yo te acuerde tu obligación; pues conoces, que debes cuanto prometes en este empeño de Marte. Mueran hoy cuantos aleves Ungaros a mi Corona desvanecidos se atreven: ese piélago espumoso, que es libro donde se leen las cóleras de los vientos procelosos, cuantas tiene hojas de cristal, su sangre las rubrique o las margene. Muera el Ungaro atrevido: sus costas, sus campos verdes con púrpura las anega, o las tiñe con claveles. Celín, mi mayor amigo, te acompaña y en él tienes el valor y la experiencia tan juntos, unidos siempre, que en lo diestro se aventaja, y en lo valiente se excede. A ti, Celín, mi sobrino te encargo porque le lleves donde de su vencimiento la nueva feliz espere. Bien sabes, que ha de heredar este Imperio, y que merece la Monarquía del Orbe; su ardor tu prudencia temple, porque aunque vencen los bríos, sin la prudencia no vencen. Verás, gran señor, el celo, con que te sirvo obediente. Y de Amete gran señor, oirás, que al Cristiano vence, siendo rayo de Mahoma. Guárdete el Cielo, Amete. Mil nárices de Cristianos a tus pies he de traerte; porque tu valor conozca lo que aquesta espada puede. Ya el Mar te aguarda, sobrino. Alá con dicha te lleve. El Cielo, señor, te guarde. Si como de Grecia, vienes vencedor de Ungría, lauros inmortales a tu frente colocaré. Querrá el Cielo. Dadme, bellísima Fénix, la mano. . Volváis triunfante, donde ciñan vuestas sienes todos los Reinos del Asia. . Besoos los pies: Celín, vete. No puede excusar los celos, . que el amante pecho enciende. . Sin alma voy: Luna, aguarda. Cómo, mi bien, de esta suerte te vas, viendo mi partida? Vuelvan tus ojos a verme, aliéntenme tus favores, para que dichoso llegue a ser del mundo prodigio; aunque de esa Luna ausente, será mi gloria menguante, pues solo con verte crece. Que al fin te vas? No lo ves? Bien pagas lo que me debes. Obedecer es forzoso. Eres tú muy obediente. Firme en tu ausencia seré. Como en dejarme lo eres. Pues no sabes qué te adoro? No: pues (ay ansías crueles!) te vas, ingrato, y me dejas en los brazos de la muerte. . Lloras? Siempre por la Luna (ay de mí!) las nubes llueven. No son nubes, cielos son tus ojos, donde amanecen dos soles, que ciego adoro. Me has de olvidar? Si lo hiciere, ese hipogrifo de tablas, cuando su cristal encrespe el mar en escollo o roca, chocando infelicemente, o por la quilla se rompa, o por el buque se quiebre. Luna, mira que te aguarda el Gran Señor. . Vete, vete, y Alá te guarde. Oye, escucha: sin vida, Luna, me tienes. Señor, la Armada te espera: por qué ocasión te suspendes? Ya voy. . Amante de Luna idólatro sus desdenes; y de Soliman, celoso, ernas me abrasan de ardientes llamas. . Luna? Soliman? Firme amante he de quererte: será crisol esta ausencia, que el oro de mi amor pruebe. Yo en tu ausencia, dueño mío, seré: pero, lengua, tente: nada he de ser en tu ausencia, pues no he de vivir sin verte. Señora:: . Señor::- Yo voy::- Yo parto::- Repara:- . Atiende::- Para cuando son los rayos? Para cuándo son las muertes? Uuélvame el Cielo a tus ojos. Alá con dicha te lleve. . Cese, Flora, tu rigor, no me acaben tus enojos, que bastan, mi bien, tus ojos para matarme de amor: Clicie de tu resplandor, idolatro tu beldad, y con severa crueldad, cuando tu amor solicito, como si fuera delito, castigas mi voluntad. No quieras, no, que mi vida muera a las manos, señora, de tu desdén; nadie, Flora, se cansa de ser querida: mas si mi vida afligida, por infeliz te cansó, tan fina el alma te amó, que con angustia amorosa, porque tú vivas gustosa, moriré contento yo. Mi desprecio no te espante, sino amar es despreciar; que yo no te puedo amar, porque me precio de amante: adoro con se constante, y no a ti; es, Ricardo, mucho el ahogo con que lucho en continvo padecer; y si lo quieres saber, escúchame. . Ya te escucho. Nací en Madrid, como sabes, nunca naciera en Madrid, para ser de la fortuna desprecio y blanco infeliz. En la riqueza y la sangre pocas me exceden a mí; mas en el honor, con nadie he llegado a competir. Una dorada mañana de las floridas de Abril, a quien ilumina Febo con pinceles de carmín, en un bajel de la tierra salí al Prado a divertir el tiempo, cortando alegre la mosqueta, el alelí y la rosa, que es Cupido de las flores; pues feliz siempre está armada de flechas para matar y herir. Festejosa la miraba (ay Cielos!) cuando sentí llegar a Enrique tu hermano, más galán y más gentil, que cuando con toga de oro, brilla el Sol en su Zenit. Díjome no sé qué cosas, de aquestas que usais decir; y yo confusa y turbada no sé si le respondí. Sé, que como, Garza libre, que el elemento sutil acuchilla con las alas Sin recelo de su fin, de la ley de Amor esento vivió ma pecho hasta allí, y que de Enraque tu hermano me dejé ver y servir: que, pocas, Gaezas se libran del alcance de un Neblí. Dos años me tuvo amor cste Adonis de Madrid; y yo a sus dulces finezas firme le correspondí. Dió un Caballero en amarme con libertad tan civil en este tiempo, que pudo celoso Enrique vivir, Argos volando mi calle de mis balcones le vi, y al fuego de mis desprecios Salamandra era gentil. Ya el Castillo de mi pecho, que a más no poder rendí, goberbaba Enrique; ya era mi dueño feliz, con fe y palabra de esposo: no he sido sola (ay de mí!) quien de esta palabra y fe no se pudo resistir. Viniendo una noche a verme, después que en negro telliz sepultó la noche oscura a la bóveda turquí; a mi nuevo amante Enrique harló a mi puerta, y allí (juzgando ser la ocasión facilidad mujéril su competidor osado mató, celoso de mí. Tres años ha que se fue, dejando muerto en Madrid un honor y un Caballero, sin poderse descubrir donde esté de mi opinión aqueste homicida vil: hasta que ayer, que fue a Flandes me dijeron, y partir le vio quien me dio esta nueva; que la fortuna infeliz quiso en tres años de ausencia tenerla oculta de mí. Desde ayer, Ricardo, es el corazón Vergantín, que en tormentas de desvelos naufraga: yo tengo de ir a cobrar de un falso amante el honor que le ofrecí. Cuando a la opinión y al alma consulto para partir, la opinión dice, que no, el alma dice, que sí. Pero al sin ya estoy resuelta: y antes que el azul pensil borde de nácar la Aurora, coronada de jazmín, tengo de partirme a Flandes con firmeza, con ardid, con voluntad, con valor, aunque sin dicha; y al fin, peregrinando horizontes, hasta poder descubrir a este aleve, a este tirano, a quien el alma rendí: pues estoy Ricardo, a un tiempo sintiendo verme en Madrid Sula, ausente y olvidada, cuando en amor excedí a Penélope, a Lucrecia, y a cuantas llega a aplaudir la fama en los dulces ecos de su instrumento sutil. Este es mi amor mi desdicha; C- mi sentimiento, y al fin el dolor que me sujeta, enoeo el valor con que nací. Resuelta estoy a buscarle, a Flandes me he de partir; y si fuere necesario para hallarle, discurrir del Océano los rumbos, el espumoso Zasir del hondo Mediterráneo, el dulce cristal del Rin, la gran corriente del Tiber y del Nilo, monstruo al fin, que escupe por siete bocas sus raudales de jazmín, lo haré resuelta y osada. Este es el mal que sentí; mira si es posible amarte; si te ofendo en resistir tu amor y si con razón puedo llamarme infeliz. Válgame el Cielo, qué engaño! ya con inmenso dolor perdió la vida mi amor a manos de un desengaño: de un daño nace otro daño, de un pesar otro pesar; y llego a considerar, que aunque su mal es mayor, él mío es, por ser de amor, difícil de remediar. Los dos de una misma herida nos rendimos a un dolor; ella adolece de honor, yo adolezco de la vida: ella aún no tiene perdida la esperanza, con que alcanza medio en su desconfianza; pero yo juzgo mortal, que es otro infierno mi mal, pues vive sin esperanza. Ay Flora! ay Enrique! ay Cielos! mas, alma, disimulad, pues murió la voluntad, mueran con ella los celos: afuera, locos desvelos, cese el tirano dolor a manos de este rigor, donde amor su fin alcanza; que sin celos ni esperanza, cómo puede haber amor? Qué haces, señor, aquí tan suspenso y elevado? No te suspende del Prado la bizarría? . Ay de mí! Vuelve los ojos, y mira esas humanas deidades, cuyas inciertas beldades la atención confusa admira: Porque hay belleza que espanta, ver que haciendo a su amor fiesta, con una cara se acuesta, y con otra se levanta. Mira de aquesos hermosos álamos, siempre felices, sobre sus bienes raices, tantos muebles amorosos. Mira las corrientes claras del cristal, que en curso blando pasa, señor, murmurando tantas hipócritas caras, que fingen lo que no son; mas los, que las ven, no dudan, que con las mudas se mudan toda imperfecta facción. Cómo, Ricardo, estas triste? dime, no consideraste la variedad que miraste, y la confusión que viste? Haz, señor, que esta belleza te divierta el pensamiento, que es siempre el divertimiento, alivio de la tristeza. Tan cabizbajo y fruncido estás que he considerado, que algunos celos te han dado, o has jugado y has perdido. Dime, qué tienes? . No sé, Pípote. . Qué desconcierto! Sé que una mujer me ha muerto. Tales son ellas, a fe que no pueden ser peores: bien espadas las llamó un docto, que conoció sus crueldades y rigores. Espadas las llamó? . Sí: hay cosa más apropiada a la mujer, que la espada? De qué suerte? Escucha. . Di. Digo pues, que la mujer a la espada es parecida: en ser vistosa y lucida, y tener buen parecer. Mas, en que por su interes tiran con uñas a bajo a la faldriquera un rajo, y a la opinión un reves. Item, en herir pues si ama, confiesa cualquier bobón, que le hiere el corazón la belleza de su Dama. Y en el matar, pues me enojo de ver con cuanta congoja; si una mata con la hoja, otra mata con el ojo. Y en el sacar, pues infiero, que donde pueden entrar, nunca dejan de sacar una sangre, otra dinero. Item más, en que advertidos siempre al lado han de traellas; item, en la Cruz, pues ellas son la Cruz de sus maridos. Y al fin, son parecidas mujer y espada, por Dios, en que desnudas las dos hacen más mal que vestidas. Tu padre viene. Señor? Qué haces, Ricardo? No sé: mal disimular podré de mi pesar el rigor: hoy de mi hermano he sabido. Qué dices? de Enrique? es cierto? a dónde está? es vivo o muerto? Un hombre me ha referido, que cuando le sucedió aquel pesar, pasó a Flandes. Son mis desventuras grandes, muerte su ausencia me dio: por él el tiempo se atreve a ofenderme y él ha sido quien el rostro me ha teñido de esta anticipada nieve. En vano (ay de mí!) me aflijo, pues no alivia el padecer: Señor, merezca yo ver, antes que muera, a mi hijo. Caballeros, si hay nobleza en vosotros yo os obligo con ruegos: un enemigo poderoso con fiereza me sigue parar matarme por un suceso impensado, sed de mi vida sagrado, a donde pueda librarme. Entrad, que esa es nuestra casa donde os podréis esconder. Ya viene. . Entrad, que es perder tiempo. 1. Si al Cielo se pasa, no se ha de librar de mí. Caballero, dónde vais? 1. No mi enojo pretendáis reportar los dos aquí, que es justa mi indignación. Cuál ocasión os ha dado? 2. Pues no es bastante un enfado? Esa es pequeña ocasión. 1. Yo he de entrar airado y fuerte, a donde a vuestro pesar, mi disgusto he de vengar, dándole al villano muerte. En vos los límites pasa la pasión y la prudencia, ninguno sin mi licencia se atreve a entrar en mi casa. Mas volveos en efecto, y no el decoro ultrajéis de esta casa, pues sabéis, que me debéis más respeto. 1. Mas del que debo he guardado, pues ninguno merecéis: yo he de buscarle. . No haréis, que si prudente he callado, es porque mi padre habló, y en su presencia soy mudo, mas ya el acero desnudo::- Detente, hidalgo, si no mi calidad advertís, de mi nobleza os diré el valor. 1. Ya que sois sé un viejo loco. . Mentís. 1. Toma. Oh cobarde, villano, a mis manos morirás, con la vida pagarás los intentos de la mano. Suelta. . Ocasión peregrina, con qué he de reñir después? sean testigos, que no es culpa mía el ser gallina. Que vivo en el mundo esté quién así se descomida! no mataré hombre en mi vida, pues este hombre no maté. 1. Muerto soy. Muy buen provecho le haga. Llama ese hombre. Salid. Dejad que me asombre del valor de vuestro pecho, agradeciendo, señor, mi vi la en vos defendida. Por defender vuestra vida y restaurar nuestro honor, le dimos muerte; idos luego, y de ese Templo que estáis viendo, os amparad. . Viváis mil siglos. De enojo ciego estoy, mi peligro advierto, qué podré hacer? (ay de mí!) Señor, vámonos de aquí, porque el hombre que hemos muerto, que es poderoso he sabido, sus deudos se han convocado, y al alboroto ha llegado la justicia. . Qué haya sido tal mi suerte! (ah pesar! Por aquí podemos ir. Yo con ellos quiero huir, pues se lo ayudé a matar. . Al valle, al valle. . Tente, Monarca de los brutos, si valiente eres en este esférico Horizonte, pasmo del risco, escándalo del monte: por qué cuando atrevida te amenazo, huyes de aqueste acero y de este brazo? Aguarda, Luna hermosa, no en este golfo de jazmín y rosa quieran tus plantas bellas dar a sus flores majestad de estrellas; qué buscas? . Un León, cuyos rigores rompiendo el escuadrón de cazadores, herido al mar desciende, donde buscarle mi valor pretende. Cazadora Diana, templa el enojo, lo sangriento humana: no por vencer su indómita fiereza expongas al peligro la belleza. Vuela un ave, de cuantas con aliento ramilletes con alma son del viento, que es caza más gustosa, más apacible y menos peligrosa. Qué es esto? Sordo aquel clarín, parece que la razón diáfana entristece. El mar a donde sueña, si cabe pena en él, está con pena. Ronco le vuelve el eco la tosca cumbre de ese monte hueco. El monte, el mar y el viento amenazan mi vida con su acento. Válgame Alá, qué miro! un Vergantín sin vela, jarcia y tiro, del mar salado en las campañas hondas es nanfrago despojo de las ondas; la Nao es derrotada, sino mienten las señas, de mi Armada. Un hombre salta en tierra. Infelices anuncios de la guerra. Celín es. De fortuna son mudanzas, ya mi valor perdió las esperanzas. Gran Emperador del mundo, a quien hoy Constantinopla, como a sol que la ilumina, te venera y te corona. Tú, de quien la alada fama en las Provincias remotas, ya la grandeza divulga, ya la Majestad pregona, escucha el más fatal golpe de fortuna; pues ahora te trajo la suerte al mar, porque quiso rigurosa, como traigo malas nuevas, que sin dilación las oigas; que temenles falte el tiempo, y caminan por la posta. Diez días ha que salimos de la gran Constantinopla, dando población de pinos al mar, y en sus rizas olas, conduciendo de madera una Isla poderosa, el mar se espanta mirando, con lienzos que le hacen sombra, tanto enarbolado pino, de quien volantes garzotas son, tremolando en el viento, flámulas y banderolas. Llegamos a los tres días a la fortaleza heroica de Fluvia, en que el enemigo se fortaleció en la Costa, para estorbarles el paso a tus Otomanas Flotas. A pesar de los vesubios, que en balas, rayos y bombas nos disparan de los muros, en sus playas arenosas Saltamos, como los Griegos en las campañas de Troya. El Ungaro valeroso, que con sus bélicas Tropas aguardaba prevenido, nos presentó la victoria; no la batalla, señor, pues tan dichoso nos postra, que vencer y pelear, fue todo una misma cosa. No te admires, no te espantes, porque Alemania y Escocia a su defensa ayudaron, por lo que a todos importa; y más que en nosotros penas, hubo en su campo personas. Tu sobrino Soliman, con cólera valerosa, sus Genizaros anima, sus Belerbeyes exhorta sobre un pedazo de nieve, manchado de negras moscas desde el codón al copete, desde la crin a la cola. Y era tan veloz el bruto, que no enciende en guijas toscas con la ovada herradura fuego, ni centellas forma; porque él en el viento corre, y no en campaña arenosa; y mal puede encender fuego, cuando en las peñas no toca. Embestímosles, rompiendo por las picas y pistolas, aquí un volcán se desata de truenos, llamas y sombras: allí un etna de centellas arde en las cuchillas corvas: aquí raudales de sangre toda la selva coloran: allí se estremece el viento, temblando en débiles hojas; todo es muerte, todo es ira, todo es veneno y ponzoña. Y al fin, este triste día fueron (terrible memoria tus Soldados (gran desdicha! castigados de Mahoma. Pero siendo, gran señor, la ventaja tan notoria, qué mucho, que la fortuna, de nuestra fama envidiosa, le desmayara el aplauso, y le abatiera la pompa? Entre ahogos tan notables, entre angustías tan penosas, viendo tungente vencida, que al mar buscando se arroja las Naos, busco tu sobrino, y no hallando su persona en la campaña, en el mar descubro dos Galeotas, que fugitivas cortaban del mar es pumosas olas. Que iba Soliman en ellas algunos Turcos me informan, aunque fue sin fundamento; porque otros me han dicho ahora (no sé, señor, si se engañan) que quedó en el Campo (oh corta dicha, en que el valor y el hado las esperanzas malogran!) En su seguimiento iba, cuando al agua el viento azota, vistese el Cielo de nubes, su plata esconde Latona, llora el Cielo, tiembla el vaso, el mar brama, el viento sopla; porque siempre las desdichas se llaman unas a otras. El agua, escalando esferas, se levantó de tal forma, que a trechos descubre el mar su arena, y las Galeotas en que a Soliman seguía, se juzgan en tierra, y cobran aliento, hasta que las vuelve otro golpe, y las arroja junto a la región del fuego, donde se abrasaran todas, si cuanto encienden las llamas, no lo apagaran las olas, Y tal vez subieron tanto, que dijeron mil personas: sin duda, que ya hemos muerto, pues subimos a la gloria. Mas después amainó el viento, pasó la noche espantosa; y el siguiente día, cuando sobre Orientales alfombras salió retozando Febo, cuanto dibujó la Aurora, miro el mar, y no descubro las primeras Galeotas; y a darte las tristes nuevas vengo, sin vida sin honra, sin General, sin Armada, sin aliento y sin victoria; pues te ofendió mi desdicha, mi cuello infelice corta. Calla, que contra mi vida se han conjurado Mahoma, el viento, el mar y la tierra: vive Alá:: mas será poca mi pena, si el sentimiento le fío a la lengua sola. Pero a ti, vil instrumento de mi muerte y mi deshonra, qué aguardo, que no te quito mil vidas? . Señor, reporta el enojo. . Por qué causa? por qué, aleve, la persona de Soliman descuidaste? La confusión te responda de la guerra, y sino basta, venganza en mi vida toma. Sin vida me tiene el susto, suspensa, muda y absorta. No siento perder (ah Cielos!) con tan pública deshonra por el Ungaro soberbio la Armada ni la victoria; Solo siento a Soliman, solo mi sobrino llora el alma; pues falta en él sucesor a mi Corona. Vuelve, cobarde, a buscarles diez Galeras luego escoja tu diligencia; y pues dices, que si quedó en tierra, ignoras, o se volvió al mar, de paz ve recorriendo esas costas. Si está cautivo, rescata con mis tesoros y joyas su vida; que vive Alá, si vuelves sin él, que ponga terror con tu muerte a cuantos en el Asia y en Europa a mi Imperio están sujetos. Partiré, porque conozcas el celo con que te sirvo: no dejaré en el mar roca, ni en la tierra monte o valle, donde no le busque. . Todas mis esperanzas murieron. Pártete al punto. . En las obras. verás mi lealtad. . Qué adversa suerte! . Muerta voy. . Mahoma, mis designios favorece, y mis esperanzas logra.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Señor, Celín, qué me quieres, que de la gruesa cadena, (que es rémora de mis pasos, y prisión que me sujeta) a la cámara de popa con recato y con cautela me has traído? en qué te sirve un cautivo, cuya adversa fortuna le trajo a ser blanco de tantas miserias, centro de tantas injurias, y archivo de tantas penas? Ya sabes mi nombre y patria, y he dicho, que es mi nobleza ninguna, pues soy esclavo, y mucha, sino lo fuera. Ya te he dicho, que el amor, que es aljaba de las flechas de las desdichas, fue causa de mi mal: que amé a una bella Dama en mi patria Madrid, nunca la amara ni viera. Que correspondió a mis ruegos, y cuando con más firmeza navegaba viento en popa en el mar de Amor, las velas sueltas al bajel del alma, una ilusión, una adea trocó la bonanza en riesgo, trocó la calma en mareta. Que maté un competidor celoso; no anduvo cuerda la antigüedad en pintar al Dios del Amor con venda, que son más ciegos los celos, y es más justo que la tengan. Que fugitivo y amante, temiendo las diligencias de la justicia, pasé a Flaudes, y unas Turquescas Galeazas nos rindieron dos Españolas Galeras. Que desde entó ices cautivo, este banco (qué tragedia! enternecido me escucha, lastimado me contempla. Supuesto, que sabes ya. la ocasión de mis tristezas, a qué con tanto secreto, Sin que Turco alguno pueda mirarnos, cuando en la playa haciendo catres de arena descansan, me traes aquí, el alma toda suspensa? De, tus desgracias, Enrique, Sabe el Cielo que me pesa; pero ya menos cruel fortuna el semblante ostenta, y quiere trocarte en dichas cuanto te ha ofrecido en penas, Ya sabes, que el Gran Señor, a quien el Asia respeta, a quien celebra la fama, y Constantínopla tiembla, perdió en la costa de Ungria toda su Armada Turquesca; y más sintió, que la Armada, perder su sobrino en ella, heredero de su Imperio, sucesor de su grandeza. No supe si en la batalla quedó Soliman en tierra, o si murió derrotado de una furiosa tormenta. Y así me envió a buscarle, costeando en diez Galeras todo el mar tres años ha, que ya en el mar, ya en la tierra he buscado a Soliman, sin perdonar diligencia de las que el ingenio advierte, de las que el desvelo intenta; y en Ungria y Alemania jamás, como sabes, nueva he tenido; de que infiero, que murió en la infeliz guerra. Desesperado de hallarle, he dado, Enrique, la vuelta a Constantinopla, y ya sus Imperiales almenas diviso; pero temer me detiene y me sujeta, porque Amúrates me dijo, que a precio de mi cabeza, restauraria la falta de Soliman; y en tal pena vacilando el pensamiento con el peligro a las puertas de la vida, me ha ofrecido la fortuna una cautela, después que en ti he reparado; conque pienso dar la vuelta victorioso de mi empeño y triunfante de mi empresa. Tú, Enrique, tan parecido en el rostro y la presencia eres al difunto joven, que al formaros, desatenta o divertida de un rostro, os formó naturaleza. Y vive Alá, que mil veces por Soliman te tuviera engañado, a no ponerse por objeción tu miseria. Tú pues si tienes valor (si tendrás, que cosa es cierta, que nunca valor le falta a quien le sobra nobleza vestido en traje de Turco has de animar la cautela; fingiéndote Soliman: y pues te ayudo, no temas, que con esto se consigue, que tú salgas de cadenas, que el Gran Señor tenga vida, y que yo a su gracia vuelva. Qué respondes? . No es posible, Celín, que yo te obedezca; porque mi Ley::- . Tente, aguarda, que con esto no la dejas: Enrique, vive en tu Ley. Confuso me hallo. . No temas. Nada teme un Español: es tan difícil la empresa, que me ha dejado dudoso. Tú no sabes bien la lengua? En seis años, que la ignore quieres? . Pues yo con secreta diligencia aquesta noche fingiré hallarte, y que venías huyendo al puerto: daré (porque: más crédito tenga) muerte a un esclavo, diciendo que eres tú; y cuando la bella Aurora, al nacer el día los campos borde de perlas, llevaré en ti a Soliman. Español, si esto me niegas, en la pira del olvido pondré mi esperanza muerta. Digo, que estoy obediente, Celín, a lo que me ordenas: a servirte me dispongo, por verme de aquesta estrecha vida libre; agradecido me tendrás a tu obediencia. Del lugar de Soliman ocuparás la grandeza; mas una condición sola, Enrique, el alma reserva. Y cuál es? . Que yo a la Infanta; objeto de mis potencias, adoro, Luna en el nombre; pero Sol en la belleza: El Gran Señor, su sobrino trató de casar con ella, porque juntos heredaran el Imperio; y las finezas de Luna han de ser mi muerte, porque le adoraba tierna: hoy teniéndote por él, como a su imagen perfecta, te ha de amar. . otro peligro? Sí quisiere Luna bella casarse, tú lo dilata, y advertido la desprecia. Fuerza es, quien hace lo más, que en lo menos te obedezca. Vamos luego a disponer lo que importa. En la Fe excelsa, Señor, que profeso, firme viviré; si a vuestra Iglesia soy desleal, perdonadme, que en semejantes cautelas, con el alma la venero, aunque en el traje la ofenda. Nada, Fénix, me divierte, con nada sosiego cobro, siempre el corazón naufraga en piélagos procelosos de cuidados y de penas, de disgustos y de ahogos. La falta de Soliman, cuyas memorias adoro, han de ocasionar mi muerte. Templa al pesar los enojos, que profeta el corazón, no sé qué alegres asombros, alentando mi esperanza, me da de mi ausente esposo. Después de Celín, señor, no enviaste a Ungría otro escuadrón de Armada, a cargo de Alí, Visir valeroso? Si Celín y Alí en su busca corren el inmenso golfo, fía de su diligencia, que atropellarán estorbos de imposibles por traerle; y piensa, que Alá piadoso no permitió la batalla a su juventud malogros: cautivo estará en Viena. Tres años ha ya que lloro su ausencia. . A mí me parecen tres siglos, y amando es poco. Esta mañana, señor, cuando la Aurora en su trono los rosicleres del Sol pronunció con labios rojos, salí al jardín de Palacio, y un pajarillo sonoro, sobre la rama de un árbol suavizó con dulces tonos el viento: triste (le dije) dame nuevas de mi esposo; dime, si volando has visto la dulce prenda que adoro. Y él me pareció que alegre, lisonjeando a Fabonio, en voz más festiva al alma repitió alivios gustosos. A las flores, a las fuentes pregunté lo mismo, y todos cuanto penosa consulto, y cuanto amorosa toco, vivifican mi esperanza. Oh, quiera Alá tenga logro mi deseo! Canta, Luna, me divertirás un poco. Voy por instrumento. . Aguarda, que no hallo desahogo en la música, refiere algún suceso amoroso, o algún lance de la caza; pues de tu afición el soto tantas veces es testigo. Escúchame el vuelo heroico de dos Garzas, que la una de mis pájaros despojo fue ayer. . Di, hermosa Luna, que con atención te oigo. De un arroyo la margen cristalina, culebra diamantina, que enroscada en el prado de su cristal le tiene embarazado, dos Garzas ocupaban, que las plumas pulían o peinaban. Alborotadas pues con el estruendo, las alas esgrimiendo cuando volaban, si cuando subían, blancas nubes del Cielo parecían. Un Baharí sangriento fue el primero, que las siguió ligero, con remisa porfía, dudaba contra cual se empeñaría; y en la duda importuna, por herir a las dos no hirió a ninguna. Después a la más libre y altanera, de quien mayor victoria y triunfo espera, acometió arrogante, batallando en un punto, en un instante los ojos, por seguirla, el alfanje del pico por herirla, las alas por correrla y alcanzarla, las uñas por trincharla; mas ella se escapó de ser despojos de las alas, las uñas, pico y ojos. Al Cielo sube, y tan al Cielo sube, que embozado el volante de una nube; aunque ve al Baharí, que anda corrido por haberla perdido, y que ya erige el vuelo y ya le abate, por un buen rato dilató el combate. Un Jerifalte y un Neblí soltaron, a la segunda Garza se acercaron; y ella cobarde en suma, con el temor espeluzó la pluma; cobarde titubea, vuela derecha ya, ya se rodea, ya al Cielo aspira, ya se arroja al suelo, hace que va a volar y tuerce el vuelo. El Jerisalte, que veloz la oprime, los ocho alfanjes de sus pies esgrime. Ella de los dos cosarios oprimida, la esperanza perdida, el altento postrado, el vuelo desmayado, frustrados los deseos, falta en las vueltas, torpe en los rodeos, permite, que de púrpura le esmalte el Baharí, el Neblí y el Jerifalte; y teñida de grana lastimosa, subió al viento azucena y bajó rosa. Mas la Garza primera, que se ocultó en la nube más ligera, por escaparse del fatal destino, de nuevo aliento su valor previno; del Jerifalte y Baharí volaba, porque el Neblí en la herida se cebaba. Los cazadores viendo su ardimiento, nuevos bándidos sueltan por el viento, cual por volar sacude la pigüela, cual vuela tan sereno, que no vuela. Los caballos corriendo, los pájaros animan con su estruendo; y ella que ve la que le forman guerra, aves y brutos en el viento y tierra, al sagrado del Cielo fue a retraerse con mortal desvelo; si ya no es que por verse blanca y bella, se subió a pretender plaza de Estrella. Viva, viva Soliman. Mas qué confuso alboroto de voces y de clarines pueblan mis Palacios todos? Albricias, señor, que viene Soliman. . Cielos, qué oigo! También impensado mata un gusto, como un enojo. Señor? . Soliman, sobrino; dame los brazos, los ojos bañan indicios del gusto. Confuso y turbado todo . me siento, Después de ausencia tan infeliz, soy dichoso. Háblale a Fénix y a Luna. Dame, Fénix:: peligroso . lance! . A Fénix no conoces? Sí, señor, si la conozco. Esa es Luna. . Soy perdido. . No te espantes, porque como, aunque a pesar de la ausencia, a mi prima Luna, adoro, y es Fénix de la hermosura, como el alma que le postro oyó a Fénix, se fué a Fénix de Luna, que si uno hay solo, no la tuviera por Fénix, si me iba a buscar a otro. Bien lo enmendó; quiera Alá, . que no le agrade a sus ojos. Estimo, primo, el favor. Fénix, hipérboles locos disculpe Amor. . Alá os guarde. Celín? . Señor. . Tanto gozo? levanta Visir. . Señor, tal honra? . Y es premio corto. Soliman? . Luna, mi bien. No aparta de ella los ojos: . mas si yo hubiera traído quién me ofendiera alevoso! Qué es esto? . Alí, gran señor, pone a tus pies victoriosos estos Cristianos que miras, que en un Vergantín, con otros, que quedan fuera, rendí, y te ofrezco por despojos. Tres Galeotas de Argel traigo, que el viento furioso nos derrotó a Argel, perdidos, nuestros Vergantines todos. Seas, Alí, bienvenido. Mil parabienes gustoso te doy, de que a Soliman hallase, Celín heroico. Con la orden que me diste a buscarle me dispongo, y no, pude descubrirle. Sirvan a Soliman todos esos cautivos. . Señor, deme aqueste esclavo solo en premio de mis hazañas. Tuyo es. Vivas más que un ronto. En todo soy desgraciado; no basta, venir penoso a ser atahona humana, o a moler tabaco en polvo, ser azacán sin jumento, y comer negro bizcocho, sino caberme por amo el más ruin Turco de todos? Vente conmigo, pues eres mi esclavo. Qué ven mis ojos! mi padre, mi hermano y Dama son testigos de mi oprobio! Él es Enrique, no hay duda. Que este es Enrique, no ignoro, O es Enrique, o estoy ciego. Oh amante ingrato alevoso! Oh hijo infame! Hermano aleve! Mi muerte y su daño lloro. Aunque importara mil vidas, la suya en quedando solos le he de quitar. . Si a su Dios es desleal, no me asombro, que con su esposa lo sea. Estoy confuso! estoy loco! . Refiéreme de tu ausencia los sucesos prodigiosos: lleva, Alí, a aquestos cautivos. Luego volveremos todos a castigar con su sangre delito tan afrentoso. Para otra ocasión lo deja. Qué sentimiento! qué ahogo! . Permite que ahora descanse. Deéís bien: vamos, famoso Soliman: Constantinopla en júbilos festejosos celebrará tu venida. Conserves tu nombre solo más allá de las edades, gran señor. . Publicad todos mi alegría. . Viva, viva Soliman siglos heroicos. Cristiano, aleve, traidor, sacrílego de esta suerte Solicitando tu muerte has ofendido el honor de nuestro Profeta santo? vive Alá, que has de morir. Tente, aguarda, que de oír tus sinrazones me espanto. Cómo en el Templo escupiste? Y aquese es pecado? . Sí. Perderás la vida aquí: a Mahoma te atreviste? Pues cuando admirando yo su grandeza singular me he resuelto a renegar (del galgo que te engendró) tú, bárbaro, con crueldad, loco me estás injuriando, sin ver, que estoy venerando a su perrenga deidad? Yo juzgué que te burlabas: que al fin renegar pretendes? Con esa duda me ofendes; ves cuán engañado estabas? Sirva al peligro de medio decir que he de renegar; así le podré engañar, que no hallo otro remedio a lo que he hecho, y con eso me ahorraré de majar esparto, y de trabajar, que es la esclavitud gran peso. Qué es esto? . Qué renegar quiere Pípote. . Ay de mí! Cielos, qué es esto que oí? . Que la Fe quieres dejar? Cómo podré reducirle, sin que pueda conocerme la intención? será perderme. Qué así un Cristiano se humille! qué quiera dejar su Ley! No he de poder mis enojos . disimular. . Ay que ojos me echa el sobrino del Rey. Traidor. Quién pudiera huir: porque reniego::- . Es en vano. Me matas? No, que es, villano, porque no lo has de cumplir. Si haré . Quién tan fácilmente su Ley pretende olvidar, la nuestra podrá dejar por cualquier leve accidente. Eres cobarde. . Señor, yo cobarde? a creer disponte, que en todo aqueste Htizonte no hay hombre de tal valor. De Amete, señor, podrás saberlo, que al cautivarme hice:- . Pretendes burlarme? Oye, mi valor sabrás. Con un Turco peleé, y huyome al embestir; mas yo viéndole huir, el estoque le tiré: tan derecho con presteza por las espaldas le entró, que todo al pecho salió; y como con tanta priesa de pasos precipitados corría, en el primer toque ensartó él mismo en mi estoque algunos quince Soldados. Luego otro Turco miré, que se iba acercando a mí; yo, que sin armas me vi, una piedra le tiré; entrésela por el pecho, las espaldas me volvió; mas otro le tiré yo, y con pulso tan derecho, que por la espalda horadando con la del pecho topó, y una con otra encendió fuego, y se murió quemando. Luego tomé dos espadas, y a dos Turcos que hallé, a ambos juntos les tiré dos tan fuertes cuchilladas a un tiempo por los pescuezos, que la una y otra cabeza corré con tal sutileza y valerosos excesos, que al cercenarlas cruel se pegaron como peste, aquella al pescuezo de este, y esta al pescuezo de aquel: y ellos de ver mis empresas, absortos si vengativos, se quedaron ambos vivos, con diferentes cabezas. Señor mintiéndote está, nada de esto llegué a ver. No, pero púdelo hacer, y todo se sale allá. Dejadme en qué consusión, Cielos, batallar me siento, cobarde el entendimiento, temerosa la razón! Solo ha quedado, lleguemos. Ingrato::- . Aleve::- Traidor::- Tú eres mi hijo? . Tú eres mi sangre? . Así te llamó dueño el alma? . Cómo, Enrique, atropellando el honor, infamaste tu nobleza, perdiste el respeto a Dios? . Si por verte libre hiciste tan ciega demonstración, no reparaste que el alma en más cautiverio entró? Cuando dejando mi patria, inducida de mi amor, permití al alma finezas, que temeridades son, te hallo de aquesta suerte? Qué es aquesto? Vive Dios, . que no puedo articular la voz; inmenso el dolor la lengua traba, entorpece las acciones sin mi estoy! No disimular pretendas. Enrique, supla el dolor tan escandaloso yerro; que pues tan piadoso es Dios, remedio tendrá tu daño, si tú le pides perdón. Primero será su vida, padre, despojo feroz de mis brazos. . Vil Cristiano::- Templa, Ricardo, el furor. Déjale. . Que pueda tanto . conmigo mi turbación! Vive Alá, locos Cristianos::- qué he de hacer? si voces doy, . han de quitarles las vidas: si callo, es hacer mayor mi yerro y es confirmar su sospecha y mi traición: si con los tres me declaro, que este es el medio mejor, o no han de querer creerme, o no han de callarlo: yo me detérmino a fingir, si me deja la pasión. Vuestra locura me tiene suspensa el alma y la voz: cono me llamáis Enrique, viendo que Soliman soy? Nunca, bárbaros, la fama os informó mi valor? No sabéis, que de este acero, rayo que Marte forjó, tiembla el Orbe y se estremece aquese azul pabellón? Aquesta hoja, en que tantas muertes la fama leyo, de cuyo acerado libro cada filo es un rengión, qué trofeos no ha rendido a los pies del Gran Señor? Cobardía es el mataros, que el coronado León, en humildes presas mancha, y envilece su valor. A ti, por mujer perdono; a ti, por viejo, no doy la muerte: a ti, vive Alá, que castigando tu error, estoy porque entre mis brazos conozcas mi indignación, hecho tan menudas piezas, que puedan servirle hoy de átomos al Sol, si tiene viles átomos el Sol. Al árbol más atrevido, cuyo tronco, fruto y flor, son pompa del Mayo, suele destrozarlo aire veloz: un árbol miro en los tres, en ti, caduco, el troncón de frescas ramas vestido, en ti el fruto, en ti la flor. Deshacer el árbol fuera amancillar mi opinión; porque hazañas en el aire no tengo de hacerlas yo. Dejadme, esclavos, dejadme; salid fuera, porque estoy rayos vibrando en los ojos, y en el pecho indignación. Si es Soliman y no Eurique. . Si naturaleza obró este prodigio? . Los Cielos . declaren mi confusión. No os vais? no me obedecéis? qué aguardáis? . Oye, señor: perdónanos, Soliman::- . Ay, padre mío! Este error; porque eres tan parecido a un hijo que Dios me dio, que no lo sé encarecer. Qué es eso que te cayó? Una Imagen. . Suelta, suelta: qué mujer es esta? . Un Sol, en quien están sincopadas las maravillas de Dios. Un retrato de la Virgen de Atocha, que me sirvió de consuelo en mi desgracia, y de alivio en mi prisión. Es esta la que llamáis María? . Aquesta es, señor, Madre del mejor Cordero, que a Dios se sacrificó. Con tun retrato que tengo . de Enrique, quiero mejor cotejándole con él, . salir de mi confusión. No sabéis que a los cautivos::- O es Enrique, o ciego estoy. . Tener está prohibido Cruces é Imágenes? . Yo ese precepto ignoraba, como ha poco que lo soy. Cielos, no es este Enrique? . Qué miras? . Mirando estoy tu rostro en este retrato, que es de un hombre, que adoró con mejor fortuna el alma. Suelta, y olvida el amor, de quien es la esclavitud . indigna: ya se acabó con la libertad lo dulce de aquesa imaginación. Y a ti, cautivo esta Imagen en un fuego::- . Qué pasión! La convertiré en ceniza. Oh, no lo permita Dios! quítame la vida, y dame esa Imagen: tal dolor no vean mis ojos. . Dejadme. Qué pena! . Qué turbación! No os vais? . Virgen soberana, cómo viviré sin vos? Apenas, Cielos, apenas me deja vida el dolor: hielo ardiente, helado ardor corre en mis mortales venas: imaginaciones llenas de confusión, resistir no puedo, todo es morir, alma y opinión perdida; o quién no tuviera vida, cuando tiene que sentir! Virgen de Atocha, Señora, con este traje te miro? avergonzado retiro la vista, que incendios llora: aunque no es, Divina Aurora, impropio el traje que ves de la cabeza a los pies; que no merece inhumano, ni aún el traje de Cristiano, el que mal Cristiano es. Cruel con mi padre he sido, atrevido con mi hermano, y con mi esposa tirano; pierdo en pensarlo el sentido: tres testigos me ha traído la culpa que me atormenta: mi hermano, porque mi afrenta para afligirme no ignore; mi padre, porque la llore; mi esposa, porque lo sienta. Turcos, no soy Soliman, más solicito mi daño; aunque no, ved que es engaño; dónde mis despeños van? Enrique soy, qué no harán en tan penosa pasión, partiéndome el corazón, de un hermano el sentimiento, de una mujer el tormento, y de un padre la aflicción? . Por qué das voces? . No sé: sé, que declarar pretendo este engaño, con que ofendo mi honor, mi patria y mi Fe. Antes muerte te daré; falso, engañoso, enemigo. En vano el pesar mitigo: . Cielos, en tanto tormento, no diga yo lo que siento, o no sienta lo que digo. Celín, aqueste retrato . es de una Dama que adoro, con mi engaño a su decoro he correspondido ingrato: ya de declararme trato. Es ilusión lo que oí! Confuso estoy. . Ay de mí! Dame el retrato. En tal calma, Celín, no he de darte el alma, basta que el honor te di. Sobre un retrato los dos riñen, si mal no he entendido; porque ocultarle no pueda, a salir me determino. Soliman? . Luna? Qué escondes? Nada: ya temo el peligro. . Ese retrato he de ver. Te engañas, si has presumido, que yo tengo algún retrato, que cuando con amor fino, firme fe y afecto tierno a tus ojos me dedico, en tu belleza idolatro, y con finezas te obligo; qué otro cuidado pudiera divertirme, dueño mío? Mas me ofenden tus engaños, pues me niegas lo que he visto. Qué retrato te pedía? Pues tú enojada conmigo? no sabes, que como Clicie, los reflejos peregrinos sigo de ese sol hermoso, rayo a rayo, y giro a giro? No sabes, que es mi amor Fénix, que abrasado en el activo fuego de tus ojos, muero cuando en ellos resucito? No la hables tan tierno, que pierdo celoso el sentido. . Pues háblala tú por mí. Eres falso. . Dueño mío, no tan cruel. . Aún porfías? Quieres que pierda el juicio? Vive Dios, que algún demonio . me trajo a este laberinto. Qué caja y clarín son estas? Amurates viene: él mismo nos informará. . De celos . soy un vesubio. Sobrino? Señor? . El Persa desciende poderoso y atrevido contra mi Imperio. . Querrá que yo salga a resistirlo; y gustará Celín de esto. Tu valor de este peligro el Imperio ha de librar: en Alá y en ti confío de su bárbara osadía el remedio y el castigo. Señor, y si me sucede lo que en Ungría? . Ese brío recela de la fortuna accidentes ni peligros? fuera de que en la batalla pasada, el campo vencido, tú te libraste en un bosque oculto, como me has dicho, un año, hasta después, que habiendo reconocido mis Galeras en el mar, te trajo Celín: yo estimo mas tu vida, que el Imperio; porque él de ella le confío, y nada perdí en Ungría, pues que tú quedaste vivo. Solo a la fortuna temo, que al valor menos remiso, malogra las bizarrías. Porque no dudes del mío, iré a matar cuantos Persas se te atreven; poco he dicho: a cuantos han de nacer lo que duraren los siglos. Eres mi sangre. . Tú mientes. . Vamos Celín: ven, sobrino, que al punto te has de partir. . Ya te obedezco, y te sigo. Tormentas de ausencia y celos rinden al Amor el brío. . Yo, por General del Turco contra el Persa? . Enrique amigo, fingir o morir. A quién, Cielos, habrá sucedido aquesto que por mí pasa? es sombra, es sueño, o delirio? A un tiempo siento el oír de mi esposa los suspiros, las lágrimas de mi padre, de mi hermano lo afligido, de Luna celos y enojos, de Amúrates los designios, de Celín las amenazas: y de tantas combatido congojas, ya me acobardo, ya me enojo, ya me irrito, sin saber determinarme, cuando tan confuso vivo, qué medio elija; los Cielos me libren de estos peligros.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Sea, primo, bienvenido V. Alteza a ser Iris en tanto sentimiento, Neptuno en tantos golfos de tristeza, gloria en tantos abismos de tormento; paz en la guerra que el dolor empieza, vida en la muerte que penosa siento; Siendo, señor, a un tiempo tu venida, Iris, Neptuno, gloria, paz y vida. Murió mi padre díganlo mis ojos; murió tu tío, díganlo mis penas, con angustía lo expliquen mis enojos, y mis potencias de dolores llenas: sus pompas de la Parca son despojos; díganlo, tremolando en las almenas de aquesos invencibles Baluartes, tristes Banderás negros Estandartes. Murió, señor, y a ti por su heredero en el Imperio te dejó nombrado, con una condición; y es, que primero, que te obedezca el Asia coronado, seas, primo, mi esposo verdadero, seas mi dulce dueño deseado; aquí tienes el Trono y mi persona, dame la mano, sube a mi Corona. Qué haré, Cielos? confusión estraña! . Qué dudas, Soliman? Es hoy perdido! o, triste Enrique! deshonor de España! Suba a ser vuestra Alteza coronado. Si la mano le da, pienso atrevido . , - descubrir la cautela. . En hielo baña al corazón esté dolor temido. . Qué respondes? Que quiero coronarme, que tiempo habrá después para casarme; porque aunque vengo, Luna, victorioso de esé Persa soberbio y arrogante, la Plaza que pretende valeroso, que no se desmántele es importante: importa que en mi Imperio poderoso, con Marcial prevención, gente levante; y así, aguarde el amor, Dios de la tierra, . Vos, Celín, gran Visir sois de mi Armada; que no hay logrados gustos donte hay guerra, En huyendo el Ejército vencido del Persa, serás tú con más contento mi esposa. De escuchar pierdo el sentido . este desprecio, que llorosa siento. Eso, señor, desobediencia ha sido. . Beso, señor, los pies de Va Alteza. Eso es contravenir al testamento. Antes es más amor, Luna querida. Mi es peranza da alientos a mi vida. . pues todo es vuestro. . Siempre amor, aspirando a mi deseo, . En vano me lastimo. se ofende, Soliman, de dilaciones. Con qué festejos, di, del Himeneo . Ah tirano cruellah ingrato primo! . las fiestas gozaré y aclamaciones, cuando en campaña armado, Luna, veo . La fama en bronces tu valor escriba. al Persa y a mis fuertes Escuadrones, sin saber, divertida la memoria, quién de los dos saldrá con la victoria? . Afligido pensamiento, Que si bien en la Plaza, que siriada tenía, le vencí; y a mi denuedo rindió soberbio la cervizrosada, con que a Anibal y a Numa altivo excedo, ha de rehacer su Ejército, y poblada la campaña, ha de dar al Asia miedo; importa con Ejército copioso volverle a resistir más valeroso. Haz cuenta, Luna, que te doy la mano; conqué, gusto será, si se teparte el corazón, que se reporta en vano, en guerra y en amor al adorarte? turbarán el aliento soberano la música de amor y la de Marte. Guerra es amor? . Es apacible guerra. Luna; y pues tu amor olvida, Bien dice, suba, adórele la tierra. Si de mi amor mi primo se ha olvidado? Hoy recibe Soliman, digno y soberano dueño, la Corona de Amurates, para gloria de este Imperio. La edad, señor, por siglos te se cuente. Decid, que viva Soliman valiente. Viva Soliman único y solo, Emperador del uno y otro Polo. la riqueza gozad que yo tenía; el Imperio defienda vuestra espada; segundo sois en esta Monarquía: sin vos, Celín, sin vos no valgo nada; vuestra es esta Corona, que no mía; dueño sois de mi Imperio y mi grandeza. Vos, Fénix, vos, señora, a quien estimo, mi asilo habéis de ser, nada os ofrezco; Gran señor, los savores agradezco. de incendios de desdén etna parezco. El gran Emperador del mundo viva. el cursó ceja al rigor, que en el potro del dolor confieso mi sentimiento: que Soliman desatento a mi honor, mi honor ofenda! que así un retrato pretenda eclipsar mi amor! mas ya murió amor; pues claro está, que hay empeñó donde hay prenda. De tus quejas obligado, movido de tu razn, vengo i templar tu pasión, y a remediar tu cuidado: Soliman te ha despreciado, premia mi afición lucida; y no, ingrata, de esta suerte dés, a quien te adora muerte, y a quien te aborrece vida. Esa fuente, ese arroyuelo del jardín, que en metro igual ella es violín de cristal, y él es citara de hielo: ella da aljófar al suelo, él lo guarnece de nieve; ella blandas olas mueve, y ambos son con dulce salva, copas en que brinda el Alba, búcaros en que el Sol bebe. Pues ese arroyo esa fuente, cuando él su nieve desata, cuando ella enrosca su plata en la esmeralda luciente la cristalina corriente, suspendiendo en la espesura; como ven que tu hermosura niega su luz a mi amor, él mormura tu rigor, y ella tu crueldad mormura. Soliman altivo y vano, a tus méritos no atento, quebrantando el testamento, te niega, Luna, la mano: si con valor soberano la muerte le quieres dar, Celín te quiere ayudar; muera, si gustas que muera. Calla, repórtate, espera: qué disgusto! qué pesar! . Cómo, cuando te ha premiado, tan ingrato has procedido? Elos la ocasión han sido; el amor me ha disculpado. Mal su afición has pagado. La que te tengo es mayor. Es tiranó tu rigor. Qué mucho, si me da celos? No he de admitir tus desvelos. Pues yo he de aumentar mi amor. Con callar responderé, Celín, a tanta osadía. Y yo de noche y de día sombra de ese sol seré. Mil vidas te quitaré. Morir por ti no es penas: dame una mano. . A mirar me vuelves? Suelta, atrevido. Escucha, que estoy perdido. Luna hermosa? . Qué pesar! . juntos los dos? bien está; mil años os guarde Dios, luego casaré a los dos. Eso imposible será. Pues quién la mano dará a quien con otro hombre ve? Quién sabe el amor y fe con que te idólatro yo: y si te adoro y a él no, de esta suerte lo diré. Cruel rigor! . Mujer, tente: Luna, cuya claridad menguante está de lealtad, y de deslealtad creciente. No de ilusiones intente tu desprecio, y tu rigor valerse contra mi amor; ni en tan ciegas confusiones sean nubes tus razones del explendor de mi honor. Con atrevida afición el dueño de aquesta espada::- pero quien no está culpada, no ha de dar satisfacción: irme es más cuerda elección: si a culparme te prefieres, y el decoro borrar quieres, que mi nobleza ilustró, haga lo que debo yo, y cree tú lo que quisieres. No finjo bien . Y tan bien finjes, que viven los Cielos, que estoy muriendo de celos. Es notable su desdén; más firme esperanza ten, Celín, que ha de ser tu esposa: pero volviendo a otra cosa, en qué caos confuso, di, Celín, me has entrado aquí, que con el alma dudosa dilato a un tiempo la vida, procuro a un tiempo la muerte, mirándola de esta suerte ya ganada, ya perdidas pero lo que más me olvida de mí, es ver cuán parecido a Soliman he salido, y tan perfecto traslado, que de cuantos me han hablado nadie me ha desconocido. La industría ha sido notable, nuestra dicha en ella estriba; y advierte::- mas la cautiva pasa. . Ocasión admirable: vete, y dile que me hable. Después nos veremos, voy. . Qué engaño es este en que estoy? yo Emperador Otomano? yo Turco, siendo Cristiano? de mi mismo enigma soy. Qué manda tu Majestad? Flora, estamos solos? . Sí. . Dime lo que te ha pasado, Yo he de descubrirme aquí: . Amor, el alma animad. Sin duda naturaleza este prodigio ha formado. Cuéstame más de un cuidado, cautiva, vuestra belleza. A un hombre quiero, señor, que aunque me dejó y se fue, le adoro con firme fe. Si os dejó no tendría amor. A Enrique por verdadero amante el alma publique. Yo sé que no os quiere Enrique, cautiva, mas que yo os quiero. Yo de otra Ley, y vos Rey? yo cautiva? . Si en vos vivo, también con vos soy cautivo, también guardo vuestra Ley. Quiero a Enrique. . Ingrata estáis. No he de hacer a Enrique afrenta. Queredme a mí, y haced cuenta, que a Enrique, cautiva, amáis. No es posible. Esposa mía::- Qué escucho? . Divina Flora, de quien aprende el Aurora rayos que forman el día: yo soy Enrique tu amante, yo quien en Madrid te amó, yo quien a Don Juan mató, yo quien adoras constante. A Frandes, mi bien, pasé, a tu honor guardé decoro; y soy, aunque en traje Moro, quien firme vive en la Fe. Qué dices? qué es lo que he oído? Bastantes señas no son? Sí, esposo: esta ilusión es fábrica del sentido? Como el Imperio y Corona tienes, y firme en la Fe vives? . Yo te lo diré: pero primero, perdona, mas has de decir, como aquí con mi padre y con mi hermano veniste. . Ay hado tirano! . por buscarte, Enrique, a ti. Tal fineza! . Es mi amor mucho: el alma no se ha engañado. que atento, Flora, te escucho. Después, señor, que tres años lloré tu ausencia, y después, que prudencia y sufrimiento faltaron al padecer: dejando a Madrid mi patria, con lealtad, firmeza y fe, vine hasta Nápoles bella, de cuyas campañas es, violando leyes del tiempo, Mayo su eterno pincel. Para Flandes, donde supe, que asistías, me embarqué con tu padre y con tu hermano, que a Flandes iban también, huyendo de la justicia, en tu busca, por haber un hombre muerto los dos. Llegamos a Flandes pues, donde en dos años, Enrique, nunca podimos saber de ti: y porque ya en Madrid faltó dinero y poder, el perdón solicitaron contra fortuna cruel. Determinaron Ricardo y Feliciano, volver, y yo con ellos, si viva, díganlo mis ojos; pues las corrientes de los mares pudieron ellos crecer. En un Bergantín salimos de Nápoles vimos tres aves en el mar un día, que aves parecen en él, según vuelan en el agua tres Galeotas de Argel. Fue tal su velocidad, tal su ligereza fue, que absortos los Marineros presumen cuando las ven, que un Aquilón Africano las engendró a todas tres. El Genoves Bergantín en que ibamos, también valiéndose de sus alas, síncopa del agua fue. Y según los vientos pisa el Bergantín Genoves, pensamos que se librara; pues temiendo su vaiven, sino viste el temor alas, de pluma lleva los pies. Las tres Turcas Galeotas, con soberbia, con desdén, con velocidad, con brío, con valor y con poder, mortal caza vienen dando al fugitivo Bajel. Los Soldados se acobardan, los Marineros se ven perdidos, yo triste, muerta; junto a mi llorar miré un Español con dos hijas, una sol, y otra clavel, que venían de España, y eran tan bellas:: mas para qué te exagero su belleza, si eran infelices, y es fuerza que fueran hermosas? pero solo te diré de este clavel y sol, ya sin púrpura y rosicler, que tuvieron a León por Oriente y por vergel. Garza el Bajel parecía, que temiéndose perder, vuela con alas de lino: y el General de las tres, el Tagarote Africano, que la Español Garza ve, en su blanco pecho quiere hacer presa con desdén, en su noble sangre piensa esmaltar el cascabel. Logrose su intento fiero, pues con festivo placer, nuestro Bajel destrozado desde la quilla al vaupres, se rindió a las Galeotas: rindionos Alí Muley, porque dos veces esclava tenga más que padecer. Aquesta, Enrique, es la causa, por qué cautiva me ves, de ella podrás inferir si fui culpada, mi bien, en los celos de Don Juan: siempre invencible te amé, rompiendo por los peligros, atropellando la ley de honor, osada, valiente, noble, constante y fiel. Mal he hecho en descubrirme, . pero yo lo enmendaré, que no es durable el secreto, que se fía de mujer. Flora, no soy el que piensas; desde que te vi te amé, y no pretendo engañarte, que te quiero, Flora, bien. T Tu esposo Enrique, cautivo en esta Corte se ve: yo Flora, soy Soliman, y no Enrique, aunque un pincel sin equivocar las líneas, nos imitó al parecer. Cuanto te he dicho, señora, de él lo he sabido tal vez, que movido de su llanto la ocasión le pregunté. Bien conoces, que pudiera sin conquistar tu desdén, valiéndome de este engaño, tus favores merecer: mas si engañada me amaras, juzgando con noble fe, que era yo Enrique, sería, que bien se deja entender, no ser amante conmigo, sino ser firme con él. Ya me has vuelto a dar la muerte? Cómo, cómo puede ser, que no seas Enrique, cuando talle, rostro y parecer el pecho alteran, señor? Pero si es verdad, si es cierto que eres Soliman, y no Enrique, déjame ver a Enrique, pues me dices que está cautivo. . Si haré. Cuándo me le has de enseñar? Esta noche le has de ver. Dónde? . En el jardín, allí podrás esperar, después que el carro de la luz baje a anegar su rosicler; pero advierte, que mi amor no has de tratar con desdén. Dueño serás de mi Imperio, si me estimas, a tus pies cuantas perlas el Sor cría, divina Flora, pondré, que lágrimas fueron antes, y aljófares son después. Qué respondes? . Qué primero, que mi honor llegues a ver vencido, yo propicida la muerte a mí me daré. Mas, di, me engañas, o es cierto, señor, que a Enrique veré? En el jardín de Palacio le aguarda. . Beso tus pies. Gente viene; vete, Flora, y vuélveme Flora, a ver, que mal podré tener vida, si tus ojos no me ven. Como de amor no me trates, siempre a servirte vendré. Oh, valerosa Española, invencible, aunque mujer! en bronce y mármol el tiempo escriba tu nombre y fe. . Siempre llorando, señor, le das rienda al sentimiento, siempre de tu pensamiento es verdugo tu dolor. Deja, padre, los enojos, que muero, señor, de verte; y lo que ha hecho la suerte, no lo paguen, no, los ojos. Aqueste Melquisedech, según siempre llora y siente, debe de ser descendiente de Alberto el de Escanderbech. Ay hijo! ay Ricardo mío! Ay triste vejez prolija! la memoria es bien me aflija del bien de que desconfío. No es menor mi mal, señor; pues a un tiempo estoy sintiendo el que yo estoy padeciendo, y el mirarte, que es mayor. Lo que me da más enojos, es el ver a Soliman; porque es Eurique, o están ciegos, Ricardo, mis ojos. Mi atención señor, aquí absorta en verle quedó; el traje dice que no, el rostro dice que sí. Yo no lo puedo juzgar, porque nunca vi en Madrid a Errique: pero, decid, un hijo de tal lugar había de hacer tal acción? No lo he podido creer. Ánimo habla de tener un Cristiano corazón para casarse con treinta, sien sole fuerza sufrir tremra suegras o morir, cuando con una revienta un hombre de pesadumbre? A estos bárbaros les dio Mahoma una ley, que yo juzgo, visto a buena lumbre, que fue burlarse de todos; pues él les prohibió el tocino, el siempre divino vino; y con satíricos modos les dio muchas suegras, pues permitió muchas mujeres: luego ya en sus pareceres, su Secta una burla es; pues cuando atento la igualo, veo que de malicia lleno, les vedó todo lo bueno, y les dio todo lo malo. . Pípote, vente conmigo, que ya está todo dispuesto, y has de renegar mañana. Pues ten, Amete, secreto, no lo oigan estos cautivos; que ya que afrentarlos tengo, no será bien que lo sepan, amigo, hasta que esté hecho. Bien dices, idos allá fuera, porque a Pípote en secreto tengo que hablarle. . Ay de mí? qué vida tan triste! . Cielos, cuando tendrán mis desdichas descanso, alivio, o remedio! . Ya previne el Alfaquí. Que así me ande persiguiendo . este demonio! . Mañana se ha de hacer el reniego. Cómo se reniega? . Mira, cuando uno reniega, el dueño un explendido convite le da un día antes. . Eso es bueno: y tienes ya prevenida las comida? . Ya la tengo. Y qué tienes? . Cabra, macho, alcucenz; . No hay, de lo añejo un traguillo? . Ese es pocado: vino y tocino ni olello. Y cómo me, he de llamar, dime, en haciendo el reniego? Cómo quisieres. . Di algunos nombres, y escogeré entre ellos. Mamihamus. . Ese nombre para casado no es bueno; que es llamarse un hombre mus, ser aguero de sí mismo. Soliman. . No me contenta, que soy gallina y no quiero matar con el nombre a nadie, pues con las manos no puedo. Zulema. . Es nombre de suela, y yo no soy Zapatero. Auchalí. . Eso es huchearme. Acén. . Es nombre plebeyo. Májamet. . Nombre que empieza por majar, fuera muy bueno, Amete, a no haber esparto. Celindo. . Soy yo muy feo. Muza. . Soy nominativo? Dragud. . Dragón: soy yo suegro? Llámate como quisieres. Llamarme Pípote quiero; pues ya que me falte el vino, me quede el nombre a lo menos. No hay ningún Turco Pípote. Seré el Pípote primero. Cómamos, porque a ensayarte tienes de ir, Pípote, luego a la Mezquita mayor. Tú verás como reniego: del perro de tu linaje. Llega a la mesa. . Ya llego a comer como cochino, o como galgo, en el suelo. Yo te he de servir, que es ley, que sirva a su esclavo el dueño, cuando quiere renegar. Está muy bien; mas qué es esto? Macho con aceite. . Y no fuera más sabroso y bueno con manteca? . Es gran pecado. Muy grande, yo lo confieso: todavía no soy. Turco . pléguete Cristo;, y es yerro, que yo guarde antes con antes la Secta que no profeso. Cómo es esto? . Mientras comes, quiero cantarte unos versos. No entendí que honraban tanto los renegantes: no bebo Aquí hay agua. . No, Amete; aquí hay licor de los Cielos. Quita la bota, mal Turco. Bota, voto a Dios, de un perro, que si me quitas la bota, te bote hasta los Infiernos. Todavía no soy Turco; en siéndolo, te prometo no beber. . Ensaya ahora. Qué observante es el podenco? . Éusaya el teniego . Va de ensayo, va de reniego. Ponte así, cruza los brazos. Válganme los Evangelios. Di, cómo has de renegar? De este modo. . Empieza. Empiezo. Yo reniego de Mahoma, de las suegras, de los suegros, de Soliman y de Amete, y de todos cuantos perros. en el, aula de la Corte viven: y también reniego de las tías. . Tente, estás loco? Jamás he estado más cuerdo: No reniegas de la Virgen y de Cristo? . No por cierto: yo he comido bien, ahora mas que me muelas los huesos. Pues cómo me has engañado? Yo no te engañe, podenco: dije, que renegaria, mas no de quien. . Para esto te di música y banquete? . Ay, que me ha muerto esté perro! tráíganme un saludador. Matarete, vive el Cielo. . Este es el jardín, y aquí, si Soliman no me engaña, veré a Enrique (dicha extraña!) pasos siento (estoy sin mí!) Celosa, en su cuarto hallé a Soliman, el vestido trocó, al jardín ha venido, ver escondida podré lo que pretende; mudando el traje: confusa! estoy. Quién eres? . Enrique soy. Qué es lo qué estoy escuchando? Llega. . Déjame temer, dudando el bien que deseo Enrique soy. . No te creo, auque te quiero creer. Dame los: brazos. Traidor, eran estos tus desvelos? tú con una esclava celos? tú a una vil esclava amor? Los celos con más razón debo tenerlos de ti. Pues tú te me opones? . Sí, que tes mi esposo. . Qué pasión! Tú eres esposo de Flora? Tú quieres a Luna bien? Qué desprecio! . Qué desdén! Yo, Luna bella, yo, Flora, vacilando el pensamiento, dudosa el alma perdida, vivo estoy, sin tener vida, y sin sentimiento siento. Si me vuelvo a Luna agravio . a Flora: (oh suerte importuna!) si me vuelvo a Flora a Luna ofendo: hielo es mi ilabio! Qué he de hacer? válgame Dios! quién en tan fieras pasiones tuviera dos corazones, que repartir en las idos que igualando su luz bella; se los diera en tal batalla, a Luna por no irritalla, a Flora por no ofenderla. Tú absorto? . Tú sus pendido? Tú perplejo? . Tú dudoso? Sabes, qué has de ser mi esposo? Sabes, que eres mi marido? Tú a una Cristiana la mano? Tú la mano a una infiel? Pena extraña! mal cruel! . Eres Turco? . Eres Cristiano? Qué responderé? ay de mí! . mas fuera bárbaros exceso negar la Fe que profeso. Dime, eres Cristiano? . Sí. Tal traición? ha de la guarda: Vasallos y Capitanes, Turcos, criados, prended a Soliman al instante; nuestra ley ha quebrantado, Cristiano es, muera, matadle. Por qué das voces? . Qué es esto? La causa los diré, escuchadme. Yo soy, invencibles, Turcos, yo, cautivos miserables; soy Enrique soy Cristiano, no Soliman el Infante. Por serle tan parecido, me obligó a bestir su traje Celín, y porque la pena se templara de Amurates. Madrid insigne es mi patria, y Feliciano es mi padre, que es el que tenéis presente; es Flora mi esposa amable, mi propio hermano Ricardo, que es el que tenéis delante. Yo, Turcos, no os engañe; yo hermano, yo, ilustre padre, siempre observando mi Ley, Cristiano soy, como antes. Mirad, qué presto os he dicho un desengaño tan grande: aquí, Turcos, me tenéis, si os he ofendido matadme. Fementido, falso, aguarda. Tente, Celín, no le mates. Enrique, aunque de este agravio pudiera ahora vengarme, no lo haré, si renegando quieres conmigo casarte; porque te adoro, por ser tan perfecta y viva imagen del difunto Soliman: a tus pies rendida, amante te ofrezco el alma, el Imperio, que mis vasallos leales te rendirán la obediencia, como de tu Ley te apartes. Vuelve los ojos, qué dices? no me dejes, no me mates, muerte o Imperio te esperan. Hijo::- . Hermano::- Hermano y padre, nada me digáis, sabiendo que soy vuestra propia sangre. Qué respondes? . De María responda por mí la Imagen. . De reinar he de dejar, sino os dejo de servir; pero podréisme decir, que serviros es reinar: En semejante pesar, Luna, a mi alma afligida, con dos Coronas convida; más advierto (trance fuerte!) que una es Corona de muerte, y otra es Corona da vida. María es Sol, tu importuna Luna, y en igual porfía es el Sol dueño del día, y de la noche la Luna: Luego en ocasión alguna dejar será ceguedad de este Sol la claridad; porque si en la noche vive la Luna, cuanto la sigue es sombra y oscuridad. La Luna luciendo está del Sol con el rosicler, qué luz puedes tú tener si este Sol no te la da? Advertida el alma ya busca su propio interes, siguiendo a María, pues vence tu luz importuna, que por despojo la Luna la pintan siempre a los pies. A seguir me determino al Sol que al alma luz dio; pues quién la Luna siguió, y dejó al Sol peregrino Sol de Atocha, Sol Divino, sed de esta Nave fatol: Luna, este Sacro arrebol sigo, y no me ha de faltar; porque tu puedes menguar, pero nunca mengua el Sol. Eres mi hijo, que basta. El pecho exhala volcanes. Tú, Ricardo, si vivir pretendes, luego al instante has de renegar porque viendo tu hermano que haces lo que él por temor de ti no se atreve a hacer cobarde, no dudo que con tu ejemplo de aqueste intento se aparte. Esta Divina Reliquia venero de suerte, que antes que el pensamiento la ofenda, ni a mi Dios ni a mi Ley falte, sufriré mil muertes. . Tú de este empeño has de sacarme: por tu respeto los dos no se atreven. . Fuerte trance! . Reniega, o viven los Cielos, que derramando tu sangre, si al punto no me obedeces, vivo tengo de quemarte. El llanto me tiene ciego porque son mis ojos fragua, y se previenen de agua como están temiendo el fuego; mas no ha de ablandarme el ruego. Pues a la muerte me llamas, Luna, entrégame a las llamas que en semejante ocasión, no ha de caer el troncón, quedando firmes las ramas. Si gustas de verme arder, no el fuego me atemoriza, que aunque me hagas ceniza, no me has de quitar el ser, pues soy ceniza: el poder emplea en mí, yo te lo ruego; tronco soy; quémame luego, y a las ramas que me amparan, que tarde o temprano paran los árboles en el fuego. Resueltos están, señora. Qué esto sufra! qué esto pase! Vasallos, yo a este tirano, pensando que era el Infante, quise engañada; y pues élga los martirizan, ya no quiere altivo casarse, o dejando de ser Cristiano a Celín mi antiguo amante le doy la mano de esposa obedecedle leales, que por? su valor, nobleza, poder, hazañas y sangre merede el Imperió. . Viva. Pero antes, pero antes, que corones la cabeza de rayos piramidales; antes que me des le mano; y que Emperador te llamen, has de dar muerte a los tres, en tres troncos, en tres saudes mueran los Cristianos viles; y derramando su sangre, a ese Cristo a quien adoran, imiten los arrogantes. Ya te obedezco. . Señor, por vos muero. Hijos? . Padre. Ánimo, viva la Fe, derrámese nuestra sangre en defensa de la Iglesia, de quien será fino esmalte. . Ah cruel Luna! ah inconstante! ah falsa! ah atrevida! ahofiera! pues envías a matarle, viva, viva do me dejes, para ver dolor tan grande. Mas qué es esto? Yo soy noble? Española yo? Yo amante? A tus pies he de rendir . la vida. . No quiero darte más muerte, que verle muerto. Espera, divino Martir, que como lo fui en la vida, seré en la muerte constante. . Que me desprecie un traidor! que en vivos celos me abrase! Muera Enrique, pues me ha muerto; ya los desnudan: su padre, Ricardo y él a los Cielos piden favor: qué esto pase! lagos vierten de sangre. a los pies de Enrique, Flora Siñortal llega, triste yace: so ejemplo de amor, y ejemplo de rigores y crueldades! Ya, Luna, te he obedecido, y ya están como mandaste. Prodigio: ha sido el de Flora, pues también ha muerto Martir de su dolor, . Luna hermosa, pues te he obedecido, dame la mano. . Y condella el alma. Y aquí la Comedia acabe, cuya verdadera historia refieren nuestros Anales.