Texto digital de Las travesuras de don Luis Coello (Segunda parte)
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán
- Atribución estilometría
- Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1765).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las travesuras de don Luis Coello (Segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/travesuras-de-don-luis-coello-las-segunda-parte.

LAS TRAVESURAS DE DON LUIS COELLO (SEGUNDA PARTE)
JORNADA PRIMERA
Ate elemosinam pauperí, Escolas tico Toscano, qui non habet rem, per Dominam Maríam Reginam Martirúm. A quién pides por la playa, Garatusa? . A aquesos Cancros, osculabit pedes vestros, duos alter Licenciatus: si acudir deprecatoriam, pues acudit, que os te rogamus. Calla y camina. . Fortuna, dónde vas? . Camino y callo; mas cómo quieres que deje, en tono de lamentatio, de decir, cecidit pietas hodíe, sin el ergo tantum, cuantum volvir inquiriendo al Peregrino ipso facto sine remisione, sine dubio, sine expectavero? Vive Dios, que al Mar te arroje. Al Mar? soy yo vacallao, o porque estoy a la extrema me quieres ver oleado? yo me voy. . Deja locuras, Garatusa, que embargado del pesar. está Don Luis. Y quiere darme este pago? Ha habido amo en el mundo (si ha habido es aquí mi amo) que quiera, que las fortunas de Ero, las pague Leandro? Señor Don Luis Cuello, o señor Don todos los diablos, tengo yo la culpa, que Margárita tantos años, lebrel de su honor, te siga, tes ventear ndo? Ni tampoco tengo yo la culpa, que retocados fueramos de los ladrones, pues nos pusieron (quitando hasta el color, pues del susto se ve que quedó robado) de forma, que un santo Cura nos hizo aquestos dos sacos, y a estos vínculos asidos por no decir a estos báculos, que es esdrujulo, y no quiero que me le censure el Patio o algún Ingenio olivete o algún Poeta calvario, desde los Italos montes a los montes Lusitanos hayamos llegado, tengo::- Ay Leonor, imaginario ídolo del alma! ay bello hechizo, que soberano imprimiste en mi memoria tan a mi costa mi encanto! Mi bien, mi señor, mi dueño, gustos son estos trabajos, contigo todas son dichas. Habrá dolor más tirano como haber de fingir uno afectos? Mi bien, son tantos mis pesares, que no dejan aún el breve alivio al labio, para explicar, que por ti Siento más, que por mi daño, los acasos de la suerte. Si tú buscas los acasos, qué te quejas? Cómo? . Cómo huyendo de unos, en brazos das de otros, pues sabiendo, que está todo aqueste agrio Reino Lusitano ardiendo en sediciones y bandos, y que hasta las mujeres andan en esos peñascos, de los riscos semir hombres, de las peñas semirmachos, te vienes a Portugal. Es bien hecho, que su agravio atisfaga la venganza. No lo vituperes tanto, que lo mismo hiciste tú con Margarita en su cuarto, cuando el caso del tesoro de Brunelo y Traquitano. Pues que tan cerca el Lugar se descubre ya, al cansacio demos treguas. . Dices bien, sentémonos aquí un rato: . de qué hablaremos? . De qué? de ti, pues no tienen tanto de que hablar los doce Pares, Don Belianis, los encantos del Caballero del Febo, Marsilio, Merlín, Tacaño, como tienen de tu vida la vida de tus milagros. Ea, calla, que parece, que dormida se ha quedado Margarita. . Di que el Sol se quedó parpadeando. Que habiendo visto a Leonor, digas eso? Hombre del diablo, la mejor es la presente: mas qué va, si llega el caso, que haces con Leonor lo mismo, que con esotra? . Villano, qué dices? pues si yo fuera tan feliz, al puro rayo del Sol tan infame había de agraviar? . Llegará el caso. Margarita, mi bien, duermes? No la ves que está roncando? Ven acá, buena ocasión es esta. . Qué intentas vario? Seguir mi estrella. Y a pie, que corre más que un Gitano? Dónde corre? En el embuste, que tú empiezas, va a caballo. 1. El trato está hecho. 2. No puede valer por ahora el trato. Amigos, qué es la cuestión? 2. Es la cuestión, que este hidalgo allos y que tenía ya comprados por cincuenta y seis doblones, que en este volsillo traigo, con condición de que fuera igual el rucio al castaño en el correr; he sabido, que no lo son, y distrato. Mientras que mi hermana duerme, los dos, si queréis, montados en ellos los correremos: qué decís? 1. Que yo me allano, porque mi verdad se vea. 2. Y por ir asegurado, yo también. Vamos, qué esperas? Sin los doblones, qué hago? A qué esperáis? Lo que resta es el deposito claro, porque no haya litigio sobre el dinero. 2. Yo os hago depositario, tomad. . Aqueso estaba esperando. Vamos a montarlos presto. Y en subiendo? . No pararlos hasta ir a Cordoba, donde de Leonor vive el milagro. . Mi bien, señor, no me dejes: ay de mí! 1. Ya vuestro hermano volverá; mirad si corre igual el rucio al castaño. 2. Volved, Peregrinos, ya, que míos son los caballos. Antes son de Don Luis Cuello: vuesarcedes la mamaron. Aguarda, señor, mi bien, Don Luis, no cruel y falso:- Busque usted otro Estudiante, y enjugue con él el llanto, y saqué un bonete a otro, que un clavo saca otro clavo. 2. Con mis cincuenta doblones se van. 1. Y con mis caballos: quién son estos hombres? . Nada puede responder un mármol, que con sentidos mentidos es piedra en lo imaginario, que ciego está, aunque con ojos, que esta mudo, aunque con labios, ensordecido el oído, sin respirar el olfato; y para faltarle todo se le anudan ya las manos, estatua de su pesar o bulto de su quebranto, pues a solo un sentimiento cinco sentidos faltaron. 1. Pues mientras que los seguimos, en ese laurel, que el paso cierra a esa senda, la atemos con esta banda, que es llano, que ella nos dirá quien son, si no parecen. Los lazos, amigos, están de más a quien le anuda el letargo de un mal. 2. Pues por San Antonio, que han de morir a mis manos . Al ansia de tanto ahogo el letargo va animando, desentumeciendo el alma de su mismo sobresalto: como la pena (ay de mí!) será en que ánima un letargo, gima a los riscos mi ansia, que puesto que se ha trocado a la dureza de risco el corazón de un tirano, a las peñas dejaría de lo racional lo blando. Viva el agravio en todas inmortal. Muera atrevido mi dolor cruel. Guadiana tiña el bárbaro matiz. Corran torrentes de su sangre infiel. Y el Páis Portugués sea a mi voz::- Y de mi lealtad sea aquesta vez::- Acompañando mi dolor civil::- Auxiliando mi agravio con su fer- Un etna cada monte en Portugal. Un volcán cada tronco Portugués: más detened el rayo al polvoriu::- Mas al seguro el pedernal vol Que unida a un tronco una mortal Deidad: Que a un tronco atada una infeliz mujer:- Dos veces peregrina es al dolor. Peregrina al pesar dos veces es. Quién atrevido: . Quién: . Ay infeliz! quien sois vosotros, que al afán cruel, quién sois, que enternecidos al dolor, violento el curso, aquí parar queréis? Quién desatando al tronco este cendal:- Quién vatiendo del monte la altivez::- Alivios le previene a tu pesar. Venganzas solicita a tu interés, siguiendo a los traidores, que intentaron de tu belleza ajar el rosicler. . Disimular el ansia es fuerza aquí. . Permíteme, señora, el suspender a tu piedad de nuevo mi razón, siendo una duda la que descortés, sabiendo a quien le debe la piedad, ignore a quien poderla agradecer. Mientras Fadrique corre ahora veloz tras uno y otro salteador infiel, que eclipses le formaron a tu luz en los alientos de su amanecer, con lo que a todas iba aquí a decir, a tu duda también responderé. Portuguesas hermosuras, que hoy vuestro agravio os arroja a ser del agua Sirenas, a ser Circes de estas rocas, pues en espumas y riscos os mira quien os asombra, ya abanderizar los montes, ya piratear las ondas, Siendo en espumas y riscos, tale peñas, surque obas, o la planta que las huella o el remo que las azota, allí pasmo de las aguas, y aquí asombro de las rocas; año de cuarenta, cuando la mayor parte de Europa parece se conjuró con ira y saña furiosa, lamentó tanta desgracia la deidad de la discordia, se tumultuó Portugal con de Inglaterra, formando un mar de sangrientas olas, en que una Dominación se inundó y apareció otra: por cuya funesta causa la enfurecida Belona tuvo bien en que ensayar sus iras facinerosas, sin reservar de sus rayos vidas, haciendas ni honras, exceptuar el Alcázar ni privilegiar la choza, bien como furia, que vive a costa de cuanto logra matar: pues en cuantos seres la naturaleza forman, tantas destrucciones hace, cuantas numera victorias. Dejo de contar los varios sucesos y las derrotas que ha padecido y padece esta Raya, y voy ahora a que el Ejército a vista esta de Villaviciosa, el Caudillo poderoso e las Tropas Españolas, Don Gaspar de Haro se llama) los Cabos que le adornan la mayor de toda España. La Portuguesa Corona, atenta en la prevención, que está haciendo de sus Tropas, por no decir sublevada, con los auxiliados, nombra al Conde de Villaflor: y habiendo entrado las Tropas del Señor Felipe Cuarto en Estremoz valerosas, dejando cortado a Gelves, a la estación deliciosa de una Alquería me vine, cuando (la pena me ahoga! entró en mi casa (ay de mí! gallarda una de estas Tropas, en que iba el de Villaflor, Cabo de la gente toda; y mientras que divertidos se saciaban los Soldados, él, ciego amante, con loca furia pretendió robar Paris, el honor a Troya. Altiva su intento culpo, villano más se provoca: hombre racional le busco, bárbara fiera se enoja; suspiro, y no se enternece, gimo, y su ira está sorda, lloro, y duro no se ablanda, ruego, y feroz se apasiona; y en fin, de un lance a otro lance llegando cerca a una rota ventana, a quien un jardín ciñó de frutos y hojas, sin reparo como ciega, sin discurso como loca, arrojada, soy mujer, valiente, nací con honra; como el Castor, que guardando la piel blanca, a quien zozobra el montero que le sigue, o el sabueso que le acosa desde la cumbre hasta el valle, es Ícaro de las rocas; así yo precipitada me arrojé, midiendo pronta, desde el dintel al jardín, la dimensión espaciosa. Piso flores, paso fuentes, cuadros mido, corto hojas, salgo al monte, donde encuentro, del mismo motín quejosas, gemidas voces de bellas vagas Portugüesas Tropas, que de mi ardor conducidas y animadas de mis obras, dándonos las cercanías amparo a tanta zozobra, una semana trabajan, y el corto útil de su obra, sin dar al sustento más, que hierbas y pan, ahorran, comprando pólvora y balas, cazadoras de las rocas. Peleemos por la Patria, vuelva el Reino a la Corona de España, y los que rebeldes de la coyunda gloriosa sacudir el yugo intentan; por Dueño suyo conozcan a su Rey, y el pedernal del polvorín con la sombra, se atece volando en rayos la materia salitrosa. Nuestra música sea el bronce, la caja nuestra tiorba, nuestro adorno la vengala, nuestro tocador las rocas, nuestro color roja sangre, sus despojos nuestras joyas, sus miedos nuestros afeites, sus quejas nuestras lisonjas, canbiando entre tanta ira, trocando en tanta zozobra, la ballena por el peto, por desaliño la gola, por la pica el abánico, el ponleví por la bota, el escudo por el manto, la marta por la pistola, por guante la espada, y por el rizo la borgoñota, a donde vean los siglos, donde panten las historias la satisfacción más noble, la venganza más heroica, que de su honor ofendido, y en defensa de su honra, ilustremente tomaron las Portuguesas Belonas. No quede hombre vivo hoy. Viva Porcia. . Viva Porcia, y viva la libertad, que es suprema defensora. Pues para nuestro gobierno elegid una entre todas, que os gobierne y os defienda por nuestro Rey. . A ti en nombre del Rey de Es te juramos defensora de esta Provincia. con leales ceremonias, juramento a Dio de que dará obediencia a su Rey? juramento hacemos todas de morir en su defensa. De quién cuentan las Historias tal lealtad ni tal valor? Repetid conmigo todas: deidades de la espuma::- Deidades de la espuma::- Ninfas SemiDiosas::- Ninfas Semi- Diosas::- Vivan gloriosas::- Vivan gloriosas:- Las luces del Cuarto Planeta de Europa. Las luces del Cuarto Planeta de Europa. Y el Guadiano río, que halaga y azota::- Y el Guadiano río, que halaga y azota::- Postre, consagre, rinda Coronas. Postre, consagre, rinda Coronas. Nayade perlas, Césalo plumas. Nayade perlas, Céfalo plumas. Júpiter rayos, y Céfiro aromas. Júpiter rayos, y Céfiro aromas. Pues ya habéis sabido quien os ampara aquí, señora, venid, donde me repita vuestro acaso la memoria: . pero qué Cajas el monte de nuevo asustando asombran, cuando por estotra parte el Clarín el aire azota? Todo es sustos, todo es ansias. Aunque la enemiga Tropa; Lusitanos, os ataque, a embarazarles las obras salid, qué mi brazo os rige. Españoles, pues se logra poner el Campo a la vista de las enemigas Tropas, tomad la orilla del Río. Pues la arrogancia Española hallar vado solicita, la artilleria se ponga al oposito del vado. Fadrique. Divina Porcia, corrí el monte en seguimiento de los rebeldes, y ansiosa no pudo mi ira alcanzarlos, cuando de Vanderas rojas la Armada de España veo, que marcha a la orilla undosa del Río para pasarle, y de esotra parte toma la orilla de Guadiana Don Sancho Manuel con loca temeridad: Amor quiera, que la Española Corona logre de nuestra esperanza la deseada victoria. Tuya seré si consigo, que amor y rencor me pongan en tus brazos con hálagos, si gano a Villaviciosa. Sola esa fortuna espero. Hacia mi Quinta, Española, venid conmigo. . Tus pasos sean norte a mis congojas. Y en tanto que las fatigas Militares se equivocan univocas al concepto, alternese armoniosa la música, haciendo salva a los montes y a las ondas. Deidades de la espuma, Ninfas Semi- Diosas, vivan gloriosas las luces del Cuarto Planeta de Europa. Arma, arma. Guerra, guerra. Fadrique, ven. . Vamos, Porcia. Que esto ordene la fortuna! Déjate de esas quimeras, que no es Obispo la suerte para ordenar; tus ideas, tus embustes, tus patrañas te han puesto de esta manera. Ven acá, hombre del diablo, quién te puso en la cabeza venir a Cordoba, di, para que así te prendiera el señor Corregidor? No sé, mas si sé, mi Estrella o Leo ñor, que todo es uno. jornada, que de Granada Salí para Roma, en esta Ciudad me quedé unos días. Valiéndote la receta de Capitán de Caballos. Que en un paseo vi a esa hermosura, descuidada de su donaire compuesta sin prevención, que no hubo menester naturaleza en las mujeres más arte, que el ser mujeres, pues ellas por si solo, sin aquel afectado adorno, elevan a su adoración las almas, como centro de su idea. Diferenciense las modas, que la gran naturaleza es hermosa, porque viste con unión sus diferencias, que esta es la verdad. La hermosa, cuando vestida la veas de artificios, no es hermosa. Pues qué es? Aunque compuesta, belleza desaseada. Dejemos esa quimera, que esto no tiene que ver con Leonor. . Digo que el verla y amarla, fue todo a un tiempo, que no dio lugar la fuerza del arpón a más discurso, entre mirar sin idea, y entre herir sin prevención, a más que abrigar la flecha, que pasó noticia al alma, corrió al desvelo advertencia, creció hielo en el sentido, y vivió en el pecho etna. Supo nuestro amor su hermano, y antes de gozar la bella luz, que rondé mariposa amante de tanta esfera, de Cordoba me ausenté; fui a Nápoles, donde en ella motivo fui de prender a Mázanelo, cabeza del motín, y a Margarita dejando, tomé la vuelta hasta esta Ciudad, a donde::- Entrando con diez líteras, veinte coches de camino, seis de rua, dos docenas de acémilas con las Armas de los Colonas en ellas, seis Mayordomos, cien Pajes, Gentiles hombres cuarenta, cien Cocheros, mil Lacayos, treinta Enanos y diez Dueñas, y confirmándote el nombre con el nombre de Don Cesar Colona, y Extraordinario de la Cesarea Grandeza de Felipe Cuarto al Papa, te hallaste y me hallé a la vuelta de aquesta Ciudad, después de engañar tu ligereza a los del trato, y dejar a Margarita en la selva. Púsome el Corregidor casa, y Leonor:- . Espera esta noche, que la saques de la suya. . Y que mi estrella adversa en esta ocasión::- Ah descubierto la tela, y que te la están urdiendo por embustero ad perpetuam reí memoriam, porque supo el Corregidor tu arenga, y le aconsejó su tía el que ponga en cas de abuela a los Negros y a los Pajes, los Enanos y las Dueñas, y a ti, por ser Don Luis Cuello, hombre que en una carrera de fantasías y embustes, corre, para y galopea. De qué suerte o con qué industría, engaño, modo o manera, nos hemos de librar, presos y estraños en tierra ajena? Tú a las Galeras del Papa irás, y yo a las Galeras del Rey a hacer cuanto un pito as. Calla, que la vuelta presto, si no me engaña la idea, tomaremos de Sevilla. Para tomar esta vuelta::- Ya sabes que el día mismo, que nos prendieron en esta Ciudad, profesó un hermano del Alcaide, y que se quedan el Maestro de Novicios y él en la cárcel. . La regla les da aquesa libertad por la prisión que les queda. También sabes, que se quitan los Hábitos y los cuelgan de esa ventana. . El calor motiva esa diligencia. Que en casa del Capellan del Obispo nos esperan dos yeguas como dos aves. Sí, porque tú diste cuenta hoy de todo al Arzobispo, y mientras las diligencias se hacen, al Capellan avisaste te tuviera en qué irte, y él lo ha hecho, previniéndote esas yeguas; y valiéndote de algunos doblones, que de entretela Sirven al jubón que traes, se ha dispuesto una receta en vino confeccionado, que al instante que se beba provocará a sueño: gracias a tu viva diligencia. También sabes que tres noches que ha que estoy preso, se queda conmigo a cenar::- El dicho Alcaide: dónde van esas prevenciones a parar? A que tú y yo:: mas él llega, disimula. Pues ya es hora de que prevenga la cena a este Caballero preso, entro a verle, porque ordena, entras el Corregidor le está ajustando las cuentas, que con él tenga cuidado: buenas noches usted tenga; no hay que preguntar a un preso si va bien, que es friolera. Bien presto le ha de pesar tratarme de esta manera al Juez. . Eso la Posta lo dirá que corre apriesa; y en sabiéndose en Madrid, que tiene preso a Don Cesar Colona y en una cárcel, verá lo que el César pesa. Yo me holgaré, porque estoy deudor a vuestras finezas. Si os parece, cenaremos. Cenemos. . Venga la mesa: Ah fortuna! . Aquí está. Qué es lo que os aflige y desvela? que yo quisiera aliviaros. Nada, amigo: quién dijera el que un sobrino del Papa ahora en Córdoba estuviera preso en la Cárcel! . Jesús! yo estoy con la boca abierta. Muy salado está el tocino, no es verdad? . Eso se templa con la bebida. . Bebamos: . no está mala la conserva. Ese Paje la aprendió en Roma; qué tal? . Es regia. Del Botillero mayor del Papa mi señor, esa mistelilla aprendi allá. A la salud de la Regia Majestad del gran Felipe. Hago la razón. . Apriesa no podrás hacer ninguna. Aquí está el fin de la cena, los palillos. . Bien está; ea, levanta la mesa: ha mucho que sois Alcaide? No señor. Sois, de esta tierra? Soy de Ecija. . Cordoba es Vive Dios, que no obra el vino, y la hora extremada era, porque el Sota. Alcaide está en la requisa y la puerta. La boca se me abre, y la cabeza no está buena: qué será esto? En cuanto he andado no he visto Ciudad más bella, ni Nápoles ni Paris ni Lisboa ni Florencia, perdone Roma, qué es Roma? la Italia. . Obró la receta: durmiose; veamos donde aquesta prevención llega. Hasta quitarle no más aquesta llave maestra, que en la cinta trae. . Y ahora? Los Hábitos, y a la puerta, porque si alguno nos ve, o bien nos dude o nos crea el Corista y el Maestro. Muy bueno el Alcaide queda. Ya es hora de la requisa, registro todas las puertas, no se diga, que por mí descuido o poca advertencia sucede algo, y el Alcaide me eche la culpa: una pierna . me he lastimado: qué miro! tendido con esta flema el Alcaide? el cuarto solo, y aquella ventana abierta? los dos presos de aquí faltan: señor Alcaide. . Quién llega a dispertarme? Yo soy. Y qué queréis? . Esa es buena; y los presos de este cuarto? Los presos? pese a mi estrella, que me han burlado. Pues cómo? Porque la llave maestra me han quitado. . Cómo ha sido? Hagamos la diligencia, que yo os lo diré; a bellaco, esta la mistela era? se. Deja los Hábitos, que previno audaz mi cautela para escaparnos mejor. Dejo; y a qué das la vuelta desde el Campo a la Ciudad, dejando las pobres yeguas papando aire y a riesgo? Nadie logra, que no arriesga. Aquí tu espada y la mía, que en los Hábitos envueltas venían, y los sombreros están, dime lo que intentas. Pues Leonor no habrá sabido mi prisión, pues ella misma me escribió, que no pasase por su calle:- . Aquesa letra a Zaide escribió su Mora. Y que advertido estuviera prevenido, para que la noche del día treinta de Junio, que era la noche en que hacía la Nobleza una máscara, y su hermano, mozo en fin, salía en ella, la sácase de su casa, y a media noche a la puerta del jardín diese dos golpes, que esa sería la seña; pretendo no despreciar esta ocasión. . Eso intentas? Algo se ha de aventurar a la suerte; esta es la puerta del jardín. . Lleve el demonio Haz la seña. quien tal llevare. Ya la hago, y a la pregunta del golpe, dio la respuesta su cuidado. Es Garatusa? Garatusa es. . Y Don Cesar? En hora buena mi amor llegue a lograr:- . Norabuenas dejemos, y vamos ya. Mi bien, a mucho se arriesga por ti mi amor en seguirte, no faltes a tanta deuda. V nos presto a los caballos, hombre del diablo, a qué esperas? Tuyo he de ser. . Eso solo puede asegurar mis penas. La familia va delante? Si señor, mas de dos leguas. Pues vamos. Vamos, que el diablo es solo quien te aconseja. Dadme los brazos, Portugués valiente. Gran General de España, aunque no hay fabríquela el valor; esguace el río (puente, en su rápido curso el centro frío: permite en esta parte, que a escándalos de Venus y de Marte, se toque al arma, pues que la Amazona Porcia leal, envidia de Belona, en la opuesta ribera, escuadronada y auxiliar, espera tu intento, y a porfía de ese valle la gran Castellania seguirá tus pendones, colérica de tantas invasiones como el contrario ha hecho, cruel satisfaciendo su despecho, con valor sin segundo, adiós, al Rey, a Portugal y al Mundo. Valiente Portugués, vuelve a mis brazos a ser de la lealtad estrechos lazos. Fadrique Portugal, en tu presencia trono forma del pie de Vuecelencia. Pues valiente Fadrique, el orden del esguazo se publique. Aquel esquivo verde ramo del Sol, donde su fuerza pierde, que en ardientes desmayos, defendiendo las luces, vence rayos, ciña tu augusta frente, que yo segunda vez a esa corriente, nautico Faetonte, si no marino Ícaro del monte, haciendo en tu servicio proa la frente, si timón el juicio, el cuerpo buque, anclas los extremos, los labios velas, y las manos remos, de la noche en la calma, bajel vivo seré, que flete el alma. Antes que así te empeñes, será bien que ese vado nos enseñes, pues como natural, mejor lo sabes. Si haré, señor, y de las vivas naves, cuando quieran el río entrar surcando, iré delante barloventeando, racional Capitana, el rumbo incierto, a la opuesta ribera, que es el puerto. Acción noble y gallarda! a sangre y fuego he de hacer que arda todo el valle y el monte, antes que se oscurezca Faetonte; y si el de Villaflor airado espera a defenderme el paso en la ribera, segura ya la espalda, teñiré de rubies la esmeralda, y el pais Portugués quemaré ciego, publicando la guerra a sangre y fuego. Estimo como es razón el puesto de Capitán. Mis atenciones están obligadas. . Estas son . las patentes que me envía su Majestad, que Dios guarde; tomad pues, que yo hago alarde del logro. . Vueseñoria de nuevo las frentes sella. Que esta orden, que no dudo, le alcánzase! . Y que no pudo, como ves, librarse de ella. Mil hombres aquí en Sevilla tengo orden de levantar. Muchos más se han de acostar. Sienta el ardor la cuchilla del Sevillano valiente: ha señores Capitanes. Qué mandáis? Hechos bausanes los tiene a todos. . Qué gente se ha reclutado? . Habrá (y de ello no te asombres) hasta unos quinientos hombres, que como la paga está tan puntual::- . Siempre fundo en las pagas el cuidado. El Enrique es gran Soldado. El Guzmán es sin segundo. Caballeros, en los dos fundo de tan arduo empeño el dichoso desempeño. Quedad con Dios. Id con Dios: Leonor, hermosa beldad, a seguirme estás dispuesta? Por ti, a todo estoy expuesta. Pagasme la voluntad. Quién tan fino amor te tiene, que su casa atropelló, Cesar ya no reparó imposibles. . Gente viene. En este portal podemos ocultarnos mientras pasa de largo esta gente. . Casa hay? pues embuste tenemos. . Señor de Nasaú, tomad vuestro vale, aqueste es. Puntual sois y cortés, mi firma con él rasgad. Pregunta a ese hombre, quien es el del vale. . Rasgado está ya y asegurado. Así corre el trato. Bien: quedad con Dios. . Cuál podenco llego a oler: diréisme aquí quién es ese hidalgo? . Sí, Juan de Nasan el Flamenco: su caudal es superior. Tiene escritorio? . En la calle de Génoba. . Decid. Talle tenéis de preguntador. Quiero saber para hablar, inquirir para aprender, preguntar para saber, y saber para contar. Recoge aquellos pedazos. Pues qué con ellos se amasa? Luego te lo diré en casa: vuelva, Leonor, en tus brazos a tener ser: mas tu hermano. Qué dices? . Que yo le vi. Qué desdichada nací! Oh fortuna, qué tirano ha sido siempre tu imperio! Don César, qué hemos de hacer? Echar los tres a correr. Aquí en este Beaterio puedes entrarte, Leonor, pues la suerte nos concierta, que está abierto. . Y a la puerta una Beata mayor. Espérame aquí. . Si haré; sea mi asilo este sagrado. Dame aquel papel rasgado. Vesle aquí; mas para qué un papel rasgado escarbas? Qué has de ser preguntador! . Lo mismo y con su tenor, me dijo el otro en mis barbas. Mal haya el punto por quien todo vive y muere todo, pues sin él, de ningún modo nada nos parece bien. Todo cuanto el gran conjunto del Orbe mantiene el centro, se gobierna por adentro solamente con el punto. A un punto llega la pena, a otro punto la alegría, en el punto se confía, sin punto el canto disuena. Para que dulcee el clarete el punto se le apercibe, punto le será el que vive, punto el que se entremete. Pónese punto a la guerra, punto tiene el arcabuz, con punto el Sol y la luz se mide, y también la tierra, el mar, el cristal, el norte, el viento, el fuego entre ascuas, entran con punto las Pascuas, y el punto ostenta la Corte. Punto el Cielo y el Lucero tiene, punto el Astrolabio, con punto se cierra el labio, punto ostenta el Caballero, y hasta una chirimia tiene punto en lo que junto, y solo una cosa punto no tiene, que es la porfía. De esta mi amo está tocado, majadero, con quien lucho, que no se distinguen mucho majadero y porfiado; y aunque a ocultarse aquí aspire en unos y otros ajustes, con que logra sus embustes, me temo que el diablo tire la manta del palafrén, a donde, según entablo, a él se lo lleve el diablo, y el demonio a mí también. Válgame Dios! en mi lidio, al verte, otro embuste hay más; imitar quieres, di, las . transformaciones de Ovidio? Gracias a Dios, que he logrado salir hoy tan fácilmente de Leonor: qué impertinente estaba! . La has engañado? No, más queda asegurada. De tu amor no lo creyera. Pues qué querías que hiciera con una mujer lograda? Luego fingido fue el cuento del hermano por dejarla? Sí, pues pude asegurarla mejor así en un Convento. Advierte, que algún desmán no venga. . Cesar Colona para ella, si lo pregona, soy, y Enrique Guzmán para la guerra, y mi amparo de esto fío, que mi maña, en nombre del Rey de España, le tiene escrito al de Haro. Dejo que mudes semblantes para hacer a todos menguas; dejo que sepas las lenguas de Naciones Comerciantes: dejo que hables en Polaco, en Arabe, en Alemán, en Flamenco, en Catalán, en Portugués, en Cosaco: dejo también, que ejecuta tu pulso cualquiera letra, que ninguno la penetra, y que una y otra conduta hagas, y cualquier despacho, que a tu pluma es hacedero: pero dónde está el dinero? Ya lo tengo. . Estás borracho? pues cuanto por las ginetas los pobrecillos han dado, en las pagas has gastado, y mucho más si me aprietas. Ven conmigo. Aqueste es vicio: dónde guían tus acciones? A que traigas mil doblones. Él me hara perder el juicio. De Génova esta es la calle, y el Flamenco ha de vivir aquí. . Ya la empieza a urdir: mira, señor::- . Tu voz calle: Fortuna, si no paráis, hoy mi dicha se concierta. El Flamenco está a la puerta. Caballero, qué mandáis? El Comendador Don Lope Alfonso Gutierre Laso soy, que a Sevilla de paso::- Mas que se ha embarcado en Jope por seguir el consonante? Su grandeza quise ver en el interín, que a ser dulce esposo, fino amante llego a Madrid, de la bella Matilde, hija del Conde de Pozuelos: . Bien esconde su Estado. . Divina Estrella: y quisiera de Sevilla llevar joyas y vestidos. Que esto sufran mis oídos! Veréis una maravilla de China, que ha de ser medra en serviros. . Mal de orina a la pieza de la China le ha de dar con esta piedra. Ved el múrice constante de Tiro; mirad si yerro qué fl Será la del berro, antes que pase un instante. Aquestas cartas que traje conmigo, meter intento en esta pieza. . El asiento mirad de este maridaje. Ay póbrete, que te ensartas! Dejad que mire a deseo esotra pieza: qué veo! en las ropas tenéis cartas? Cartas yo? de dónde o cómo? Flamenco tú, y levantado el Pais, me dan cuidado. Con su firma le da el cómo. A Juan de Nasau dice aquesta, y esta también: rompo la nema. . A mí quien puede:: yo nací infelice. Será algún trato del canje. Escribirme? . No te estés. No lo sabes? . No. Pues es del gran Príncipe de Oranje. De quién? yo no estoy en mí. Del de Oranje? Ah pena esquiva! que el de Oranje a mí me escriba! Escucha, que dice así: l , Ella se confirma. Los socorros que he enviado han sido en oro. . Turbado está. . Mirad vuestra firma. Ella es o yo estoy ciego. Vive Dios, que la sacó de los pedazos que vio. Así dice estotro pliego: e. 1a 44. Gran traición! rigor profundo! Yo, sí, cuando, pude en fe::- mortal estoy! . Yo daré cuenta al Consejo y al mundo. De tu prudencia se fía mi honra; mi hacienda es tuya. No queremos cosa suya; bailando estoy de alegría. A tus pies. . No sé qué esperas en tal lance; de tu mal me pesa (él está mortal) pero si tú leal fueras, (pues ves que es la deuda inmensa, y en hombres de mi opinión no se vende una traición, pues no hay en la recompensa caudal a tales acciones) supuesto que aquí previenes dos mil doblones que tienes, dame solo mil doblones. Ven, señor, los llevarás, y sea el trato llave doble, en fe que en tu pecho noble el secreto guardarás. Tu duda mi voz ataje. Él está en terrible aprieto. Que de guardar el secreto te hago aquí pleito homenaje. Tu embuste en todos es ley, tus ideas no prevengo. Pues al de Haro le tengo, contrahaciéndole del Rey la firma, escrito: . Comercio con el demonio puntual tendrás. . Hasta Portugal no he de parar con mi Tercio, donde juzgo que ya tarda a dar con inmortal gloria al Rey una gran victoria: vamos, que el Flamenco aguarda. Vamos: Oh embuste el más bello de los embustes! mirones, aprended, que con doblones será Visir Don Luis Cuello. tatee len cl enen JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
No estés triste, Margarita. Qué mal que Porcia conoce de qué nace mi tristeza! Vuelve a aliviar mis pasiones con las tuyas, que los males divertidos son menores. De una ira son mis penas. De un amor son mis temores. Ausente mi mal::- . Ausente mi bien::- . Sin saber a donde::- Sabiéndolo yo::- . Me deja. Se parte. Y venciendo indócil::- El etna de mis suspiros::- El golfo de mis pasiones::- Sus finezas:- . Mis agravios:- Grava el agua. Escribe el monte. En esta peña, que a un tiempo es cimiento de la torre de la Quinta, siendo freno de tanta margen de flores, sentémonos mientras llega Fadrique de ese disforme laberinto undoso, de quien serán hilo las voces, boreales centinelas, para ser bocales nortes; y el afecto en su dicha, y en su mal la cautela, descanse, no duerma, en fe de que el amor es atalaya, en fe de que el agravio es centinela. Ah de la atalaya. De la centinela. A la vela. . A la vela. Y descansen solo::- Y solo no duerman::- Finezas, agravios. Favores, ofensas. Amor, al descanso. Agravio, a la vela. . Durmiose Porcia: Ay del ansia, que en desvelos y temores, canbiando luces a sombras, hace días de las noches! La luz apagó ahora el aire, no quiero inquietar con voces su quietud. Dónde, Celestes Astros, que alumbráis el Orbe, estará el Ulises falso, aleve, cruel? a dónde el traidor de Don Luis Cuello, que así mi sangre hoy expone al desaire de ofendida con el desdoro de torpe, estará, Cielos? Fortuna, con el silencio se logre la prisión de Porcia, que es entre plumas y entre flores, dando muerte en lo que halaga, Sirena y Áspid. . A dónde el atrevido cruel estará, que ciego y torpe, el templo casto del alma abrasó con sus rigores? Habiendo sabido antes seña, contraseña y nombre, que como en parcialidades, ya unidos, ya desconformes, los Portugueses se mudan, no fue difícil el monte pasar, llegando a la Quinta, esfera de Porcia, a donde fingiéndome ser Fadrique de Portugal, falso y doble Portugués, que a pesar mío la sirve y adora, al monte la sacarán mis cautelas, donde a pesar de sus soles, hidrópico de sus luces, sacie con rayos ardores: que si desde el tercer Cielo es Astro de las traiciones Mercurio, este mismo sea el que a mi favor convoque terrestres influjos contra celestes ejecuciones. Sin mí, y conmigo, la pena suspendida en el informe, tal vez me muda en cadáver, y tal me anima las voces, que en el teatro del alma, en que representa innoble trágica historia el sentido, corre el dolor mutaciones. Qué hacia aquí quiso quedarse Sola, me dijo (temores, qué os asustáis?) una de esas que cantan; nada se oye. Mas discursiva mi pena, intenta, para que logre descubrir a este tirano, declararle mis pasiones a Fadrique, que es valiente, discreto, sagaz y noble; mas no quisiera que Porcia sos pechara. Aunque veloces las sombras, borrando el día, atecen más a la noche, he de llegar a la Quinta. En el campo se oyen voces. Fadrique, mi bien: sin luz me han dejado aquí. . La noche es tan oscura, que apenas Siente el tacto donde pone la planta. Es Fadrique? . Sí, no se asuste, no se asombre tu beldad. . Fadrique, Cielos, se quedó oculto en el monte, y ciego no pasó al Campo del Rey; oigamos, temores. Sabes ya quién soy? Quién eres sé, aunque perdido te ignore. Si me fiaré de Fadrique? yo me resuelvo, que es noble: pero no sea que dispierte Porcia, mas, Fadrique, oye. Ah cruel tirana amiga! Venció la sombra a la noche: y habiendo pasado el Río, siguiendo como a mi norte estrella bocal, el dulce eco, que repite acorde de mi Campo centinela::- A la vela. . . A la vela. Donde entrando por el monte a la Quinta, a quien dan paso por una brecha los robles, a dar el aviso vengo a Porcia. . Tú lo dispones mejor, pues una vez fuera de la Quinta, pues la noche lo permite, has de ir conmigo. No lograrás tus traiciones. Cielos, al decir mi agravio, mi pecho al dolor se expone, por ver si mis ansias pueden remediar males con voces. Cielos, conseguí mi engaño; ya en mi poder Porcia, logre lo que no puede el cariño, la fuerza de los rigores. . No, traidor Fadrique::- . Quién a mí::- Tus falsas traiciones se lograrán, sin que::- Nise, Matilde. De qué das voces? quién te ha ofendido? Un traidor, que aún se envilece lo noble de la pena, con la causa aleve de sus traiciones. Mi bien, señora::- . Mi mal, mi ira, mi rabia. . Las voces detén, y di en qué te ofende el que amante de tus soles, por abreviar a la suerte plazos, valiente dispone cortar al Río la espuma, y vivo bajel del norte de ese páramo de nieve, romper las ondas veloces? Y mientras que el General dispone, que aquesta noche esguace su gente el Río, para que el intento logre de atacar al enemigo, segunda vez vuelvo donde::- Con Margárita te encuentro solicitando favores de su hermosura, no es cierto? de qué te turbas? responde. Yo con Margarita? . Solo falta el hacer tus razones lo evidente imaginario. Suspende, Porcia, las voces, que ese enojo es::- . Qué es? Que ya mi suerte dispone, que en iras se mude el bello semblante de tus favores. Luego niegas, que no estabas (aún de pensarlo se corre mi vanidad) en mi Quinta, y aún a mis ojos (las voces dudan repetirlo) con esa Española, que esconden tus engaños de mi ira? Mi bien, mi dueño, ese monte desquiciado de su asiento sobre mi vida zozobre, si he hablado con Margarita. Pues dónde está? Sé yo dónde? Yo te he oído hablar con ella. Será ilusión. . Pues dónde, vuelvo a decir, dónde está? También vuelven mis razones a decirte, que no sé. Ay de mí! . Su voz responde a tu duda y mi ignorancia. Portugueses Españoles, favor. . Dónde vas? Siguiendo sus ecos, que el noble que oye la pena de una mujer, y al punto no la socorre, envilece con lo tardo lo puntual de lo noble. Buen modo habías hallado de asegurar tus traiciones; pues no, falso, pues no, aleve::- Espera, que pisa el monte Don Gaspar de Haro, que ya esguazan sus Batallones las espumas, y sabrás lo que el labio te propone. Déjale ya que se vaya a mudar de ropa el pobre, antes, señora, que haya algún crítico que note tus celos sobre mojado. Ah! que son falsas sus voces. Aal que son verdad mis ansias: y mientras pasan recoge las fieras iras al bello descanso de tus dos soles. Cómo pretendes, aleve, que descanse, cuando oyes, al romper el Alba, que repiten aquesas voces::- A la vela. Porque ellas mismas te avisan el seguro en los temores. Pues dicen, si las atiendes::- Pues repiten, si las oyes::- A los montes. . A las selvas. A la vela, y descansen solo::- A la vela, y solo no duerman::- Finezas. . Agravios. Favores. . Ofensas. Amor, al descanso. Agravio, a la vela. A embestir, Españoles. Cierra, cierra. Españoles, al arma. Guerra, guerra. Ea, valientes Capitanes míos, muéstrense aquí los heredados bríos de fuertes Españoles, Hércules en lealtad, en valor Soles: y pues que ya oportuna la suerte nos previene la fortuna, y por aquesta parte se resisten a escándalos de Marte, y el Río nos defiende su ardor fiero, halle vado el valor con el acero: pues nuestro General no habemos visto, Santiago, y al esguazo. Vive Cristo, que en el lance que entablo, aqueste Don Luis Cuello es algún diablo: o si discurro en ello, aún es más que demonio Don Luis Cuello: ya lo miro discreto y prevenido, una vez es cobarde, otra atrevido, ya teme, ya se ánima, ya se esconde, a un tiempo es Sastre, y a otro tienmpo es Conde; y aunque es Conde, y es Sastre en tal abismo, el Sastre esconde, y viene a ser lo mismo: Válgame Dios, qué miedo la campaña pone al cobarde aquí! Victoria España. Desampararon el Río. Déboselo a tus parciales, y a ese Tercio de Españoles. Y para que hoy la mandes, tienes a tus pies a Porcia. Qué fuerza será bastante a tu hermosura, valiente Palas divina, realce de Portugal? el Maestre de Campo, decid, qué hace, Españoles, que no llega para que mi amor le abrace, pues su socorro abanzado hizo la victoria fácil? Para besarle la mano a Vuecelencia, cobarde Don Enrique de Guzmán esperaba; y pues le hace tantas honras, animado a su favor llega. . Marte Español, dame los brazos, que tu hazaña memorable impresa en mi estimación quedará, dándole parte a su Majestad: quién son esos nobles Capitanes? Cabos del Tercio, señor, de Don Enrique, y si cabe también soy Cabo. . Qué Cabo? Cabo. Verde, y a honras tales Cabo de Buena Esperanza espero ser. . Necio, baste: Señor, es criado mío Garatusa. . Humor notable! Hermosa es la Portugüesa. Su Majestad, que Dios guarde, me avisó de vuestro Tercio. La carta creyó al instante. Hónrame su Majestad. Ah señores Capitanes. Llegad, Don Carlos Verdugo, Don Fernando Bustamante, llegad. . Qué mandáis, señor? Vuestras Compañías pasen a mis Guardías, que es razón; y pues al pasar el margen del Río murió el Sargento Mayor, este puesto pase a Fadrique, y con aqueste anillo, que en su diamante grava mis Armas, le doy, de lo que es deuda estimarle, satisfacción. . Tus pies beso. A todos, señor, repartes tus órdenes, y me admira, que me hagas el desaire de dejarme, sin que pueda en tu servicio emplearme. Bella Porcia, no tus luces se enojen, que no es desaire dar a los hombres los riesgos, por rendir seguridades a las Damas; que aunque es cierto, que del valor son capaces, y las más veces temidas, las res arda aquel dictamen, de que no nacen a iras las que a desenojos nacen. Para qué el combate buscas, si ya logras el combate? Márchese a Villaviciosa. Pase la palabra y marchen. A donde logren mis iras con sus celos su coraje. Viso Reina. . Viso. Rey. Digo, ya me entiende. Hable. Quisiera este Garatusa todas sus ganancias darle, por tomarle::- . Qué? Las manos sin que la pierda. . Baraje el Cabo de Cabos. Ten, que me das de parte a parte. Fuese ya la Portugüesa, y sin mí me deja. . Tate, presto Beaterio tendrá la pobre, si te escuchare. Cubierta de aquesta banda, hasta que el día se aclare, te he tenido, porque veas, que quiero valerme antes del hálago, que la fuerza; . y así, Porcia (ay de mí!) males, qué miro! . Ay de mi infeliz! Quién eres, mujer, que haces, equivocando sucesos, mentirosas las verdades? Una Espáñola infeliz soy no más. . Cómo (ha pesares!) estabas con Porcia? . Cómo noble me amparó su sangre de un acaso, que a tu duda nada puede aquí importarle. Estaba allí Porcia cuando te robé? . Sí. Ah inconstante fortuna! cuando no esculpes en tu ídolo mudable, en el rostro de las dichas la espalda de los pesares! Don Sancho Manuel, ilustre General invicto, sabe, que el Ejército de España, habiendo tomado antes de esotra parte del Río los más cercarnos Lugares, a lo que se deja ver, va poniendo los ataques con valerosa osadía a Villaviciosa, y antes que de nuestro Campo intenten del sitio desalojarle, llamada han hecho del suyo. Querrán capitular paces: responded a la llamada: tú, Española, aquí un instante te retira. . Si haré: Cielos, habrá más penas que pase! . No me dirás para qué te pusiste aquese parche a la entrada de esta plaza? Por lo que puede adelante importar: que no haya visto mi rostro el Cónde! . Bien haces en prevenirte. . Dirás, gran señor, así te guarde Dios, porque apañes fortunas, si eres tú los Generales. Yo soy; mas saber procuro, viendo tan raras señales, quien eres. . Quién soy preguntas? llamas Lorenzo de Ugalde. No te conozco en la guerra; mas di, qué mensaje traes, o qué quieres? . Allí pierdes lados izquierdos y parches traes en rostros. Santos Cielos, qué hombre es este? hay más pesares! Pues dime lo que pretendes. Si apañas sillas, oirasle. . El Reyes, y en su gran nombres de Haro Gaspar Generales, avisan, que si no entregas del fuerte Ciudad las llaves, juras por Santos Santiagos, que a patas tienes alarbes, y por Santos San Migueles, que pesos en manos traes, que a voces de trompeteros, a fuegos entras y sangres a estas plazas, y a tus vistas las verás arder al aire, como en campaña el rastrojos del bálagos, sin que aplaquen el mujériles plañidos, ni el llantos de los infantes en venganzas; y que::- . Cesa, porque el oírte es desaire de mi valor: dile al de Haro, que le ponga los ataques a la Ciudad, y verá, que a su plomo son diamantes las murallas de esta Plaza: esto le di de mi parte. No les temes los engaños de Luises Cuellos? . Dislate es querer con los engaños hacer al valor ultrajes. Qué he oído! No? pues le avisas, Portugueses, de él te guardes, que juras a Dios y a cruces, que los haga, si él lo sabes. Norabuena. Dónde irán a parar tus disparates? Qué miro! Cielos, no es él? sí, porque al criado trae. Vamos, que pienso llevar aqueste engaño adelante. Tened, señor Don Luis Cuello. Quién le llamas? Mas, pesares, no es aquesta Margarita? Pues quiso el Cielo que te halle, traidor: . Margárita aquí? cayó Lorenzo de Ugalde. Qué nuevo enredo es aqueste? no con la lengua y el parche en el ojo tus embustes de mí han podido librarse. Dueñas, no entiendes el hablas. No te has de ir, traidor cobarde. Estás locas las mujeres en Portugal. . Mis pesares vengaré: Soldados, Conde, aquí está el traidor que sabe. Aguardate. Aguarde un Turco. No te has de ir. Hombre, no aguardes, yo me voy. . Cierras postigos, por si de golpes es llaves. . Que así, cobarde, me burles! De qué haces extremos tales, Española? por qué llamas? Ahóguenme mis pesares: Sabe, que el que Embajador aquí has visto, y aquí hablaste, es el traidor Don Luis Cuello, compuesto de ardides tales, que fábrica los engaños nuevo Ulises de maldades, y es el cobarde Sinón, traidor, que robó a mi sangre el honor y que el agravio abandonada me trae en su seguimiento; mira, que de su astucia te guardes. Qué dices? hola, Soldados, el Embajador no pase la guarda, cerrad las puertas, prendedle, y si no matadle. . Que así me pague un traidor! El Conde salió a la calle, no ha de librarse, si no se convierte en humo o aire: segundo asombro a mis ojos es que le prendan o maten, y ya me pesa el haberle puesto (ay de mí!) en este lance, que con su muerte no gana el perdido honor mi sangre: Buscaré al Conde, que quiero decir, que me engañé fácil: o cuantos daños un mal precipitados atrae! Lindamente la tragó. Del monte hacia aquella parte caminemos. . Caminemos, no sea que nos alcancen: milagro ha sido por Dios, el poder dejar el traje. Con mucho recelo voy, que andan por estos parajes muchas tropas de enemigos, y la causa de asustarme son las cartas, que por orden::- Tente, dónde vas? . Mal lance he echado, triste de mí! Dónde vas? . Señor::- Acabe. Voy a llevar unas cartas a Don Sancho Manuel. . Baste; daca las cartas. . Por Dios te pido, que no me mates. No haré. . Estas son. Ahora dime, estas cartas de qué parte las traes? . De Inglaterra són, que vine a desembarcarme a Lisboa y a traerlas. Por el camino que traes vuélvete. . Ya te obedezco: gran susto llegué a tragarme. . Oh, si abriese la fortuna camino, con que engañase a este Portugués altivo! Nóvela hay de Don Cervantes. Te atreverás a volver a la Plaza? . Que eso hables! díceslo de veras? . Sí. Cómo, dime, con tan grande estorbo como el que tienes? Cuál es? No es nada, albergarse en la Plaza Margarita. No importa, que disfrazarte podrás, y fingiendo que eres tú: . Pasa adelante. Aqueste mismo Correo, entre las otras, llevarle al General una carta. Es preciso? . Sí. Pues baste; vamos a escribir la carta, inventor de embustes. . Dame favor, ingenio, porque mi nombre en láminas grave. . Mucho se tarda, Fadrique, Don Enrique ya. . Remiso, si está bien, llega el aviso, más fuerza es que comunique a todos los Concilieres el Conde tu intento justo, que sea con su gusto la respuesta. . Bien infieres. En eso se detendrá: que sea falsa la fe . de Porcia conmigo, y que::- Enrique ha llegado ya. Deme, señor, Vuecelencia su mano, que es mi interés. Lo que han respondido, qué es? Niegan señor, la obediencia: rebelde la Plaza está. Pues los ataques tomados están ya por mis Soldados, prevéngase el Campo ya: Don Enrique aquese monte tome, y aquella colina, que a la Ciudad predomina, y con su Tercio desmonte la selva que lo embaraza. Solo el servirte imagino: la fortuna abre el camino a la industría que ahora traza mi ingenio que es su interés: y si no miente el deseo, ya habrá el fingido Correo dado la carta después. Mi Campo al muro se acerque, sin dejar el menor vago nuestra hostilidad, que a estrago de su Páis no se trueque, y arda hoy a nuestra saña su muro en lid prodigiosa, y quede Villaviciosa por Filipo Rey de España. Mucho tarda Garatusa, no sé lo que habrá pasado, mas ya por aquel collado él su tardanza se acusa: Garatus Arda Bayona. Creyó, di, la carta? Andando. Y vendrá al sitio? . Volando, y le has de hacer la mamona. Pero dime, de qué modo has de faltar, que este es grave arrojo. . Sígueme, y sabe, que está prevenido todo. Qué dices? Que neciamente me engañé, por ser su rostro parecido al del aleve, que así me trae. Fuese o no, que con la duda me quede es preciso, pues no pude encontrarle ni prenderle: Y ahora, pues ves, Castellana, que no permite la suerte, que a tu Campo te acompañe, pues solo pude atreverme hasta aqueste espeso monte a cierta orden, que tiene de mi Rey hoy mi lealtad, vuélvete pues, y allá puedes decirle a Porcia:: mas nada le digas. . Oh quién pudiese vencer su enojo! . Es Deidad. Señor. . Bien está: ea, vete, antes que la oscura noche, que espera ya sucederle al día, te halle en el monte. Los siglos vivas del Fénix. Válgame Dios, qué será lo que aquí puede traerle! El ver mi Campo tan cerca, me anima a que oculta espere su intención, pues soy leal, y es preciso que sospeche, que perdida la ocasión de encontrar aquel aleve, no se pierda aquí el saber algún aviso, que puede importar. El Cardenal, gran señor, espera verte. Fuese la Madama? . Sí, ya se fue. Feliz mil veces dichoso el que logra hacer hoy a Portugal aqueste corto servicio; este pliego con brevedad le lee. . Siempre Lieja se mostró fina conmigo; ponga en mi frente del Príncipe la Real firma. Si tropelías la suerte conmigo no juega, el rostro del Cardenal se parece mucho al de Don Luis: desdichas, qué me atormentáis! Y viene el Príncipe vuestro primo lejos? . Un instante breve puede tardar, esperadle: porque en la Plaza no puede entrar, por no dar sospechas se quedó. . Doy que fuese este Don Luis Cuello; cómo es Cardenal, y previene el que el Príncipe su primo llegará presto? valerme de engaños contra cautelas para poder conocerle, solicito, mas no es fácil; engaño sin duda es este. Esta me escribe, mandando de que al punto se le entreguen dos mil doblones. . Y a eso mi primo a mí me previene el que os vea, porque al punto estén aquí. . Dionis, vuelve, y del socorro al instante este dinero se entregue, y con él aquí te aguardo. Voy volando. Y yo que entre en el Ejército es fuerza, que esta orden dada tiene mi primo, y con el dinero ni que él llegue: esperad aqu quedad con Dios. . Él os guarde. Mi nombre el mundo celebre. . Ya partió, y en un instante a aquese monte eminente tomó la vuelta volando ligero el bruto. A que llegue el Príncipe me he quedado, porque si acaso no viene, es engaño de Don Luis. Los dos mil doblones tienes prevenidos, y reparo, señor, que ahora te arriesgues a esperar, cuando la noche está tan cerca. . El que espere es preciso; mas no ves, que allí hacia nosotros vienen dos hombres con dos caballos? Sí señor. Ah Portugüeses, quién es el de Villaflor de vosotros? . Quién previene al gran Príncipe de Oranje la rodilla. . Conocerme ha sido mucho, no habiendo vistome otra vez. Quién puede ver la luz, que no conozca luego el sol de que procede el Cardenal? . Sois discreto: mi primo se me parece. Qué miro! válgame el Cielo! él es o la vista miente; mas, si sospeché que era el Cardenal, cómo puede ser este? y si es este, cómo puede ser aquel? valedme, entendimiento, que el juicio delira ya con la fiebre. Él hará como nos den dos mil palos esta gente. Y en fin, el socorro intentan entrar? Sí, porque convienen los Generales en que mañana el socorro se entre sin dilación en la Plaza, pues a este fin solamente de Holanda y de Inglaterra doce Tercios se previenen. No lo entrarán, como pueda dar el aviso prudente. Dadme licencia, señor, de que a ese criado entregue los dos mil doblones. . Vamos: Oh embusterazo excelente! Id en hora buena, Conde. Pues solo se queda, intente reconocerlo mejor mi pena de aquesta suerte: . Señor, si penas y ansias un noble pecho enternecen, una mujer ofendida, que es estrago de la suerte, es la que, si algún alivio pudo tal vez concederle, a vuestra Alteza le pide::- Margárita es, si no mienten . las sombras, que ya han caído. La ampare contra un aleve, un fementido Español::- Ella es. Que injustamente robó mi honor atrevido. Tu suceso me enternece. Él habla (qué es lo que escucho!) de Don Luis Cuello parece, . o yo sueño. Ya el criado los dos mil doblones tiene: mas quién aquí::- Una Madama. Pues cómo? Decidme, es este el secreto que os encarga mi atención, que fácilmente os fíais de una mujer? Que ahora esta Española intente el hacerme sospechoso! pues cómo, señora::- . Cesen tus voces; yo haré, si puedo, que algunos días me deje. Hablar al Príncipe quise. Cesa, Española, y no intentes::- Conde. Decid, qué queréis? Confusa estoy. No conviene que esta mujer que Española en el lenguaje parece, la dejéis ir, que ha escuchado todo nuestro intento, y puede ser que nos sirva::- Advertido estoy, señor: Que estuviese aquí Margarita! a qué pudo esperar? pues tu suerte, del gran Príncipe de Oranje te condujo ahora a valerte, ven conmigo, que palabra te doy de ampararte siempre, hasta conseguir tu honor. Mirad, que es mi empeño ese. Tu nombre celebre el mundo. Y aqueste embuste celebre. Dadme licencia, porque me avisó una espía, que este monte lo vienen talando. Talado el dinero tienes. Adiós; mas antes::- Decid. Tomad el recibo de ese dinero, que prevenido os traía. . Lo que conviene es el secreto y aviso. De todo avisaré, y quede secreta nuestra amistad. Aunque a todo el mundo pese. Qué locura fue juzgar el que Don Luis Cuello fuese! Un embuste masculino en femenino conviertes, y haces un común de dos. Hacia el maltratado albergue de la Quinta vamos. . Vamos. A fe que el Conde me sueñe. Cómo a Margarita aquí la encontraste? Aqueso quiere más espacio. Sea en buen hora; mas qué escribiste en aquese pliego, que al Cónde le diste? El que en depósito tiene los dos mil Lorenzo Ugalde, que es quien quiso prender. Teme, que al de Haro no se lo diga. Y cuando a saberlo llegue, como puede averiguarse, estando él en el Oriente, y siendo yo Don Enrique de Guzmán? nada receles mientras Don Luis Cuello viva. Qué haces? Sacar de aqueste bolso eslabón, yesca y piedra, y ver si mi industría puede tomar el tabaco andando. Qué ruin vicio! ea, vuelve a meterle ya y montemos. Pues qué prisa, señor, tienes? (ya pegó; enciendo la cuerda) cuando a dos pasos en este monte está todo tu Tercio de Sevillanos valientes, y embolsados los dos mil? Ser de noche, y ver si puede saber mi juicio la seña que han dado por los Cuárteles para ir:: . Dónde? A la Quinta de Porcia, en que está mi suerte. No más que eso? pues ya es tarde. No hagas que me impaciente: suelta la cuerda. . Así tú sueltes la loca que tienes: mas un bulto hacia nosotros se llega, y el que advirtiese es preciso ya la lumbre de la cuerda. Todo este cuidado es preciso haber cuando un Ejército duerme, en fe de que vela un hombre. Allí puedes esconderte, pues por ti ahora, villano, llego en este lance a verme. Quién va? . Esta es centinela. Diga quién es, si no quiere el que le pasen dos balas el pecho. El demonio es este hombre, con la cuerda finge el que es el bastón mosquete. San Juan. Dé la seña. . España. Un poco ahora se acerque, y diga la contraseña. El Rey Felipe. A valerme ha llegado aquí el engaño aún más de lo que parece, pues sé seña, contraseña, y nombre; pase. Valiente es la centinela: Amigo, a quien sirve de esa suerte tan advertido y leal, su Cabo es bien que le premie: tomad ese anillo y ved al de Haro: por conocerle, mi anillo le he dado; a Dios. Oh Españoles, quién no os quiere! . Quién era? Él de Haro no más. A tu deseo sucede como él lo imagina. Vamos a la Quinta, que es albergue de Porcia, que estará Nise Que reniegue me harás de ti y de tu embuste: hombre, cuanto quieras miente, y no te enamores tanto. Todo la industría lo puede. Pues qué, intentas alcanzar a Porcia? . Sí, que la suerte la tengo ya de mi parte. Dime el modo. A Nise hablele, y la dije como yo vivía abrasado Fénix por la luz de Porcia; puso dificultades crueles, diciéndome, que a Fadrique ama, y que espera se entregue la Plaza, para lograr el nudo feliz y alegre el casto lazo de amor; pero que rabiosa siente de Fadrique cierto agravio, de que celosa parece: y que mientras este amor su pecho cebara ardiente, tenía por imposible el que a otro amor se rindiese. Dila unas joyas, y tanto con el interés se vence, que discurrió (que al discurso primero son las mujeres sutiles en su concepto) hacerles creer, que hay duende o encantado en esa Quinta, para que sola la dejen las Damas, que a Porcia sirven; y no tan solo he de hacerles que lo crean, sino Porcia también lo ha de creer. Teme a Porcia, que es animosa, y puede ser que no llegue a temer su ira. Necio, no sabes que las mujeres, por su natural, aquestos embustes fáciles creen? Y pues ya la entrada sé por Nise, y cogido tiene nombre, seña y contraseña mi juicio, a vencer aqueste imposible vamos. . Vamos, y ruego que no te tiente el diablo conmigo, que me has de engañar si quieres. Si celos engendra amor, viboreznos, que crueles matan naciendo, sospechas, qué les queda en lo evidente, si postumos del agravio, antes de nacer dan muerte? Si amor es todo cariño, cómo concibe crueles conceptos, que en embriones materia sin forma hieren, explicados son tormentos, callados son pena fuerte? Qué bien el Domine Lucas dijo hacia el caso presente: Oh interés y lo que vales? pues porque sola aquí dejen las Damas a Porcia, y pueda Don Enrique aquí valerse de algún acaso y hablarla, las he fingido, que hay duende si encantado en esta Quinta. Que estás inquieta parece. No he de estar, si las más noches sueñan como cascabeles? Buena va la danza, sí me lo cree Marí Perez. Tú sola en aquesa idéa has dado. Señora, duende hay en la Quinta, si no se engaña el oído. . Miente muchas veces el oído. Ay de mí! Jesus mil veces. Laura, qué tienes? qué traes, Matilde? . Decir no puede mi voz lo que vio. La mía, aunque turbada, lo cuente: Después de un grande rumor, que atemoriza y suspende toda la Quinta, y que::- Porcia. otra vez se oye. Ay, que vuelve. No va mala la tramoya. Callad, no mis altiveces irritéis. Pues no lo escuchas? Pues no lo has oído? Mienten vuestras vanas ilusiones. Vamos de aquí. Trae, si puedes, una luz (ay de mí!) Nise. Dando estoy diente con diente; voyme. . Espera. Espere el diablo, que yo no entiendo de duendes. . Escucha, Porcia. Ay de mí! No te asustes, no te alteres, Don Ramón soy Vasconcelos, dueño que fui de este alegre sitio, en el cual mi avaricia dejó encerrado infielmente grande cantidad de oro, joyas y piedras, que tiene para ti el Hado, si en yugo amante, el joven valiente del gran Don Enrique enlaza tu mano: penas crueles estoy pasando por ti, donde con iras ardientes me atormentan más, al ver cerca mi dicha; y pues eres la causa de mi descanso, no lo seas de mi muerte. Todo el valor de mi pecho al temor se desfallece, y el juicio suspenso, el pasmo solo es al susto elocuente: Laura, Nise, yo, sí, cuando::- valedme, Cielos, valedme, que ya suspenso al dolor, mas que al temor, desfallece el corazón, en el lazo cruel de mi triste suerte. . Pues la noche es oscura, y el camino en lo eminente del monte perdimos, ten ese estrivo, pues previene a nuestra suerte esta Quinta el Cielo. . Felice suerte! hombre, tienes m las em Seas bienvenido; aquí tienes luz. . Ah zurcidora insigne! Espera (ay de mí!) detente, que desmayado, su día yace infelice. . Tú tienes de eso la culpa. Ay de mí! Porcia, mi bien, los claveles de sus labios, que eran nacar, en azucenas convierte: Señora, Porcia. . Quién llama? déjame, sombra, no intentes el acabar con mi vida. Lo que dices, Porcia, advierte; qué sombra, di, te amenaza, cuando tantas luces tienes, que te defiendan? . Qué miro! Sosiéguense los aleves temores, que de algún sueño son motivo al accidente: Don Enrique de Guzmán soy, que saliendo a ese verde laberinto a desmontar su falda, orden que tiene del General mi valor, fue preciso a sus Cuarteles pasar, para cierto aviso, desde los míos, y en ese monte, sin saber, señora, el terreno (ha lobregueces de la noche!) me perdí bien distante de mi gente, aunque mal dije perdido, si se halla en lo que se pierde mi fortuna, pues me dio en vuestra Quinta la suerte, contra las sombras las luces de esos dos rayos ardientes. Aunque lindamente habla, mucho mejor que habla miente: válgate el diablo por hombre! Antes que pudiera verte, te adoró el entendimiento, como a Deidad en su mente, buscando tus perfecciones para amarlas. . No os entiende, Enrique, el discurso; nuevo estilo de amar es ese: no me habíáis visto? . No. Con que antes de conocerme me quisistéis? . Sí. Él dirá desatinos mil y veinte. Dúdase si es el objeto de Amor en las altas leyes, antes conocido, que amado, o si acaso puede, sin ser antes conocido, el que a ser amado llegue: Yo, Porcia, te idolatré aún antes de conocerte, no es difícil, sino fácil hacer la causa presente; que si Amor es insidioso canto, que halagando hiere por el oído hasta el alma, qué mucho que me abenene tosigo el eco, ni que idea al culto ofreciese al alto conocimiento de amarte sin conocerte? Pues si afectuoso el voto te consagra el ansia ardiente, lo que te adoro te irrita, lo que te rindo te ofende, lo que te ofrezco te cansa, qué dejan tus esquiveces para el sacrílego, sí castigas al reverente? No habrá tal hombre en el mundo. Ved, Enrique, que amanece; idos, que al Campo hacéis falta. Cómo que me vaya quieres Sin esperanza? . Soy Porcia. Hasta en el nombre me adviertes, que eres cruel. . Nací noble. Y mi amor? Tu amor me ofende. Mis suspiros? . Son al aire. Mis quejas? No me enternecen; agradece que te he oído. Lo que agradezco me ofende. Por qué? Porque el desengaño me has dado. Estímalo y vete, que si engañado veniste, ya desengañado vuelves. Perdiendo el sentido? . Sí, que peor fuera el perderte. Ninguno perdiendo algo, deja de querer perderse. Mira que a mucho te arriesgas. Qué importa que mucho arriesgue? El perdido que es perdido, que se pierda, qué se pierde? Válgate Dios los acasos, que a una infeliz le suceden! Válgate Dios por Deidad, que contra mí te defiendes! Válgate Dios por Don Luis, y qué embustero que eres! tia cat n ERCERA
JORNADA TERCERA
Ah del alto obelisco, cuyo gigante monte, cuyo risco de dos colores viste lo eminente, pues desde el verde pie a la blanca frente, ya nieve o ya esmeralda, en la soberbia cumbre y en la falda te admira, cuando el Sol a herir se atreve medio cuerpo esmeralda y medio nieve::- Ah del pardo Horizonte, cuyo caduco monte a la vista parece, que en el día que nace se envejece, cubriendo a risco infante, anciana nieve, que peinó el Levante, desmelenando en hebras canos arroyos por las pardas quiebras::- Rústicos me decid::- Decidme sabios::- Pues que bocas tenéis::- Pues tenéis labios::- Porque diga mi mal::- Mi bien publique: si vino Porcia. . Si llegó Fadrique. Mas ya mi amor la descubre. Pero ya le ven mis celos. Mientras forman los ataques::- Mientras se toma el terreno de las baterías, quise quitar la mía a mi pecho. Yo también quise el alivio buscar a tanto tormento. Y en ejército de ansias, cada uno aventurero, para vuestra lid formasteis campaña de aqueste puesto. En fin, mudable tu amor::- Inconstante, en fin, tu pecho tiene oculta a Margarita. Se vale de ese pretexto. Pues dónde está? A la primera duda, Porcia, nos volvemos? vete, y el silencio a voces se quejará del tormento, que ingratitudes harán dar gritos hasta el silencio: ve, y déjame morir de este mentido veneno, que finge aparente el daño, es realidad el tormento. Si me iré. Ah ingrato hechizo de amante encanto! tan presto así me das libertad? así me quitas los hierros, dulce lisonja, que arrastra por alivio el cautiverio? No sofístico tu engaño con mentidos argumentos quiera concluir mi queja, ni quiera incauto halagüeño, tan traidoramente amante adormir Argos mis celos, tocándome a los sentidos, veleñoso el Caduceo de tu amor, para robarme el alma con traidor sueño. Detente, que está aquí Porcia y Fadrique. . Ya los veo: Que sea yo tan infeliz, primer paso que aliento, que al para afirmar con cariños, sea tropezar con celos! Qué celos ni qué cariños? déjate de esos enredos, y vámonos a Granada, pues tienes tanto dinero: Qué pretendes? qué imaginas? Calla, y desde aquí escuchemos. Plegue a Amor, Porcia divina:::- Para qué son juramentos, si a Margarita la tienes::- Escucha. . Escondida. Fuego en la que cree en ninguno. En ninguna, que es lo cierto. Que din dilindín lindona, como lo baila esta señora. 1. Qué lindo mozo es el Pedro! 2. Alvarado Juan de Porras. 2. Cante Gracia. Vaya de eso. Que din dilindín lindona, como lo baila esta señora. Garatusa, ven conmigo. Dónde vas? A ver si puedo desunir aqueste amor, pues me motivan los celos de Porcia, y ver si consigo con un engaño su efecto; que si es voluntad su amor, mi amor es entendimiento. . Bueno está, dulce letargo del ansia de mi desvelo, bueno está, divina Porcia; y si acaso no está bueno, de la culpa, aunque inocente, me confesaré por reo, que es insufrible el martirio, que me das en el tormento. Me hablas verdad? . Cómo puede mentir, señora, el pecho, que no es la mudanza, en fin, la que el enojo te ha impuesto? Pudiera (dime) mudarse ese monte de su asiento? No. . Pues tampoco mi amor, como sean falsos mis celos. Falsos son. . Pues aleluya, y con aqueso laus Deo. Señor Sargento mayor, el General, que vais luego manda. . Ya obedezco; adiós, Porcia, en hablándole vuelvo a este sitio, en él me aguarda. En él constante te espero: Ay Fadrique! . Qué? No sé; vete, pues. . Ay dulce dueño! Qué decías? . No sé; adiós y quiera Amor::- Quiera el Cielo::- Que tu mudanza sea falsa. Que sean mentidos mis celos: Qué ruido es ese? . Gitanos de aquesos vecinos Pueblos, que aunque se miran patentes, siempre traen a hurto el cuerpo; mas aquí llegan ahora. Y din dilindín, y lindona, y como lo baila esta señora. 1. Ea, Gitanoz, bailemoz, a ezta hermoza Portugüeza doz tañidoz. . Vayan luego. Apenas estos Gitanos vieron apuntar dinero, cuando los dos al instante nos vimos Gitanos hechos. Ay qué ojoz de enamorada tiene la ceñora! Pedro, toca la zonaja. 1. Vaya. Y tú, Mencia, el pandero. 1. Zon laz cejaz hermozaz, manita, de mi morena, doz arcoz con que tiran, manita, al alma flechaz. 2. El color de zuz niñaz, manita, ez, porcer pardo, político paceo, manita, de corteza noz. 1. Quiere ceñora, por vida de zuz hermozoz luceroz, que le diga zu ventura ece Gitano mancebo, que zabe mucho a fe mía? Mientras a Fadrique espero, por engañar la esperanza con la diversión lo aceto: dile al Gitano que llegue. 1. Llega, que te llaman, Pedro. A ver, ceñora, la mano, y perdonad lo grocero de la mía, que a la llama eztá de mis penzamientoz tiznada. . Sobresaldrá lo blanco sobre lo negro. Qué bien que dijo el que dijo, . que por el tacto halagüeño los demás sentidos daba! pues al tocar breve el cielo de su mano, toda el alma reduce a tacto el deseo, donde al cambio de un sentido los demás sentidos ferio. Ay qué larga vida tienez! Si Dios se la da. Y no miento: pero Jezuz y qué cozaz que tiene el monte de Venuz! y no pience que la engaño (otra cosa no pretendo) puez a lo que la dijere, meta la mano en zu pecho. Engañada la trae un hombre, el cual encubre (ezto ez cierto) otro amor de una eztranjera: válgame Dioz, y qué enredoz! dadme limozna y oíreiz mucho maz, cara de cielo. Oh quién un favor lograra! . Qué es esto, Nise, que oyendo estoy? . La verdad, señora: el Gitano es hechicero. Nada tengo aquí que darte; más aguarda, que si tengo: toma esta joya. Qué miro! su retrato en un espejo esculpe: dadme licencia, que la dé a mi compañero, que la guarde. Ves al punto, y graba luego al momento un rengión que diga, soy de Enrique. Aunque Sombrerero dicen algunos que fue el criado fiel de Cuello, hay otros más fijos, que afirman que fue Platero. Prosigue. . Aquezte galán, como antez iba diciendo, una noche de una Quinta (un cierto engaño fingiendo, en que hubo agua y montaña) robó otra Dama, encubierto con laz zombraz de la noche; mazezi de ezte amante necio te quiérez vengar, yo cé el que otro te eztá queriendo, y yo te daré laz ceñaz. Ay Gitano, que me has muerto! Ay pobrecita muchacha, qué láztima que la tengo! O si Garatusa ahora llegara, que pierdo tiempo! 1. Ez el mozo como un oro; mucho zabe. Aquí está esto. otro oz adora, ceñora, y de ezte galán mancebo te diré yo muchaz cozaz. Vete, hombre, que en el pecho desvelos has tumultuado de iras. . No de ezcarmientoz? Qué sé yo. Porcia divina, el General a este puesto viene sosegando el Campo, que amotinado está; pero qué tienes? de qué está triste el resplandor de tu cielo? No pierdaz la ocación, llega, y haz lo que te digo. 1. Llego: Ceñor. . Qué quieres, Gitana? Díceme mi compañero, que zi noz ven ezta joya, dirán que ez hurtada. . 2. Ez cierto. Quién os la dio? . 1. La ceñora. Pues yo feriárosla quiero: tomad estos cien doblones. Bobo, que comprás tus celos. . 1. Puez con aquezto, a la troba volved, alegrez diciendo::- Y din dilindín lindona, como lo baila esta señora. Señor Fadrique, volvedme ese retrato. . Qué es esto? un instante ha no estaba sin pesadumbre tu cielo? De un instante a otro hay nubes con que se empaña el reflejo. Mi bien::- Ya, señor Fadrique, todo se acabó. . Qué es esto, Nise? . Qué sé yo. Volvedme el retrato, que no quiero que del acaso favor haga vuestro aleve pecho. Si este retrato:: qué miro! De qué os suspendéis? Qué veo! de Porcia el retrato (ay Dios!) grava la joya (yo muero!) y en la orla dice, soy de Don Enrique (ahora celos!) de Guzmán (muerto he quedado! qué he de hacer? Dádmele presto. Si daré, para que veas tu mudanza y mi escarmiento: le, cruel, lee, ingrata, tu falsedad y mis celos, tus engaños y mis dudas, tu cariño y mi tormento. Qué he de leer? De quién eres. Qué miro! válgame el Cielo! Para aquesto fueron, falsa, de Margarita los celos? aquesto es mentira, Nise? No señor, pero este es hecho de Don Ramón el difunto. Con desatinos el seso no me hagas perder, que vive Dios::- . Fadrique, deteneos. Ya he sabido, Porcia cruel, de qué nace tu desprecio. También, falso, yo he sabido, a mi pesar, mi tormento. El que eres de otro ingrata, tu retrato está diciendo. Copió de tu original la falsedad su bosquejo. Yo he visto un retrato tuyo, que se explica de otro dueño. Yo he visto, que tú a otra dama robaste a mi vista huyendo. Es falso, y esta evidencia no lo es. Cómo, si el pecho ignora quien lo escribió? No dices tú, que es enredo lo de Margárita? . Sí. Pues discurre, que es lo mismo lo del retrato. . No puede mi agravio aquí ser incierto. Como no puede tampoco el otro dejar de serlo. Eres falsa. Tú inconstante. Eres cruel. . Quedo, quedo, que el General aquí viene, y el Campo tras él. El pecho disimule. . Disimule el alma tanto tormento. Alcese el sitio, el sitio se levante. Esperad, Españoles, un instante, no la ira os arrastre a hacer extremos. Mira, señor, que de hambre perecemos. Adónde el sufrimiento está, Españoles, Hércules en lealtad, en valor Soles, si aquí le miro falto? Pues désenos el orden del asalto. Si daré, si se templa vuestra saña. Pues con eso, Españoles, viva España. Viva, siendo esta vez Villaviciosa monumento funesto, pira y losa: mucho ya en socorrerme se tarda España, y nadie ha de moverme del intento que sigo, aunque de hambre nos vea el enemigo, en ansias infelices, hacer manjar de hojas y raices. Pues el acaso ha hecho, que me haya hallado aquí, oye de un pecho leal, que bien conoces, nobles avisos de leales voces, que aunque mujer, tal vez de las mujeres prontos se han de tomar los pareceres. Yo, gran señor, que he sido la que al intento siempre te ha movido, de esa que fue mi cuna, a que sea Panteón de la fortuna; hoy, gran señor, desisto del rencoroso enojo, que ya has visto, que es tesón arrogante al polvorín su muro de diamante; pues si acaso deshecha la muralla nos abre alguna brecha, tal vez volada de atacada mina, la cubre el terraplén o la fagina, dejando más seguro incontrastable el movedizo muro: y pues ya del socorro esperanzado Vuecelencia se halla, qué cuidado nos puede dar la Plaza, que sitiada un día más la pone aniquilada, y de socorro se halla tan ajena, que ya es común en todos la ansia y pena: el asedio la acabe que esta hazaña sin sangre puede conseguir España. Mas que de mujer, discurso de Soldado en la Milicia experto es el tuyo, sí empeñado en la conquista de esta Plaza no estuviera. Que pueda fingir, a vista de lo que miro y escucho! pues viendo que ya es precisa cumplir la palabra entrada la Plaza, dilata esquiva, por no cumplírmela, el cerco, a que mi esperanza incita: necio es quien a inconstantes deidades esperó fijas. Don Enrique de Guzmán, Maestre de Campo, viva. Qué ruido es ese? Señor, oyendo que ya a la vista de la victoria, tu campo sin viveres, solicita, falto de socorro, hacer, que el intento se desista de tomar Villaviciosa, Plaza importante y precisa: y habiendo muerto en Madrid, según de ello me notician, Doña Guiomar de Guzmán, que fue, gran señor, mi tía, y dejádome su hacienda, me remitió un Asentista dos mil doblones; y viendo la falta, y que se amotina. el Campo, por los cuarteles yo por mi persona misma repartí mil y ochocientos doblones, y en fin, se animan con este refresco, mientras el Sol de España avecina, de la piedad de su oriente el mejor socorro. . Viva tu nombre impreso en la fama. Pues no espere que otra tía se muera tan presto. Dame los brazos. . Que estés tan tibia con este hombre y que quieras a Fadrique! . Ay Nise mía! que con lo que sucedió anoche, y hoy me noticia aquel Gitano, resuelta estoy a olvidarle. . Olvida, y casate con Enrique, y desencanta la Quinta, y saca de penas tantas, como tiene en la otra vida, a Don Ramón Vasconcelos. El hablarle determinan a Don Enrique mis celos. Qué dices? . El que una espía me dijo, como pretenden; ya de olivenza a la vista, con el Marqués de Frontera, que valeroso acaudilla las Inglesas y Hlandesas Tropas, de la Plaza a vista introducir el socorro. Al de Montesarco avisa, Marte Español, que si logra el Duque la empresa altiva, se nos rendirá la Plaza: y al Embajador envía Malta a España, que he sabido, que en los Algarbes se abriga de una tormenta, darasle a un tiempo la bienvenida. Al punto parto. . Señor Don Enrique, yo tenía en un cuidado que hablaros. Si no es cosa muy precisa, ya veis que faltar no puedo. Lugar nos dará otro día. El retrato es, vive Dios, según el color me pinta. Mirando a Porcia, no sé como el sentido se anima. Dejadme llegar. Dejad, que a besar su mano invicta llegue. Qué miro! . Qué veo! Leonor es. . Y Margarita. Vete, hombre, no te vean. Pues quédate tú a la mira mientras otra forma mudo, y de lo que hubiere avisa. A dónde? si ya no eres a un tiempo Juan de las Viñas, que has de estar en mar y tierra? Presto volveré. Camina. Hemos de llegar. Mirad::- Capitanes, ved qué grita es esa. . La guarda es, a lo que de aquí se mira, que detiene a dos mujeres. Cubierto de aquesta encina escucharé lo que pasa. Dejadlas llegar. No impidan el paso a nadie. A tus pies::- Señor, a tus pies rendida::- Una mujer desdichada::- Una mujer ofendida::- justicia te pide a voces. Te viene a pedir justicia. Margarita es esta, Cielos! Repara, tirana, mira como es fingido el engaño de ocultar yo a Margarita. Señoras, del suelo alzad, y decid vuestra fatiga. Desdichas. . Infortunios. Riesgos. . Males. De que fue, señor, mi esquiva estrella el móbil. . De qué mi estrella cruel fue cifra. Mal sabrán grabar agravios con noblezas. . Mal distintas sabrán engastar ofensas tiranas en hidalguías; y así el nombre suyo::- . Solo el nombre::- . Las voces mías os dirán::- . Dirán mis penas::- Yo, gran señor, soy Leonor. Yo me llamo Margarita. Que en Cordoba::- Que en Granada:- Ataja esa montería: Oh quién fuera ingenio ahora! Hacer una cortapisa para atajarlas el cuento, que se desfajan las niñas sin poderlas detener. Esperad, qué artilleria es esa? Es, señor, la salva, que la Armada en alegría al Embajador de Malta ha hecho, y esta te envía. Dice así: A Don Gaspar de Haro: veré lo que fiel me avisa. Oh Embajador quita cuentos! habían en las boticas de venderte por adarmes: bien haya tu bienvenida. Señoras, vedme después, que a las dos haré justicia. . Gran nueva espera mi amo. A dónde irán mis desdichas a buscar remedio, que no lo embarace mi esquiva estrella contraria, pues sabiendo que en la Milicia Don Luis se oculta, salieron abandonadas mis iras desde la Plaza a valerme del General? cruel me priva mi suerte este alivio. A dónde el reparo solicita mi discurso, si la suerte es contraria de mi vida, pues saliendo del Convento, donde cauta la malicia de Don Cesar me dejó, y trayéndome mis iras a Extremadura a vengarme, donde sé que está, enemiga mi estrella, la queja al labio no permite por ser dicha? Ven, Nise, que intento hablar al paso con Margarita, por si hallo la triaca donde el veneno se abriga. . El seguir a Porcia intento, por si encuentro en la desdicha la fortuna de que queden satisfechas mis fatigas. De esta encina, que ha servido de antemurarla a mi vista, pues que ya las dos se fueron, saco mi barba de encina, y paso entre paso quiero ir a ver si se registra en todo el Campo mi amo, de enredos esencia quinta: pero si mal no reparo, por hacia allí se encamina al Cuartel de Italianos un Clerigo, y si la vista no se engaña, así en la cara como en el cuerpo es la misma persona de Don Luis Cuello: ir detrás de él solicita mi advertencia, a darle en breve de todo larga noticia. Así mi ingenio discurre de Leonor y Margarita librarse con este traje, en que el discurso se fía: pues habiéndome enviado a dar aquella noticia, y bienvenida al de Malta, a mi tardanza salida dará cualquiera disculpa. Quiero retirarme aprisa al Cuartel de Italianos, donde el juicio determina; pues sé la lengua Toscana, el fingirme que venía por Capellan del Maltés, y que a guardar me motiva un accidente, y en tanto el tiempo dará salida. Hábito trae de San Juan, no debe de ser, la vista se engañó; pero no puede ser embuste, que está en cinta, y a los primeros dolores va abortando esta mentira? quiero llamarle: ha señor. Garatusa llama, y mira como que no me conoce, el no hablarle determina el discurso, y más estando mil Soldados a la vista: irme quiero, que su duda le ha de hacer el que me siga. . Ah señor; fuese, él no es, yo me engañé; a la sordina quiero ir paso entre paso buscándole. algún favor me concede, pues el hombre que registra mi advertencia, es Garatusa. Aquel hombre que allí fija la vista me representa, Garatusa es, si la vista no me engaña. Dónde iré que le encuentre? . Aguarda. . Chispas: ya vuelvo; por esta senda no pararé hasta Turquía huyendo de ella. Detente. Fuego, que entre Margarita y Leonor, que son aquí fariseas ofendidas, el paso del prendimiento conmigo han de hacer. Querías irte, infame? . No señora. Irte, traidor, solicitas? Tampoco. Pues qué intentabas? No más que hasta Berbería ponerme de aquí en un salto: Dime, traidor, solicitas el negar, que tu señor es Don Luis Cuello? Hay tal grima! Señora, si vuestra pena el traje de mi desdicha se viste también, repare, que no es del dueño que incita su pesar criado este. El advertiros quería yo lo mismo, que aunque el Cielo parece que puso unidas nuestras penas, son las causas, si lo reparáis, distintas: y sabed, que ese criado es uno dé la familia de Don Cesar de Colona. En vano tu voz porfía, que este pícaro es criado de Don Luis Cuello. Hay tal risa! Y conmigo ha de venir. Que conmigo vaya aspira mi venganza. Buen remedio. Ya lo espero. No lo explicas? Solo hay uno. Cuál es? . Dilo. El que dividatur infans. Pícaro, vive mi furia::- Infame, vive mi ira::- Señoras, los diablos solo he visto que se embotijan, no los Ángeles. Siguiendo he venido a Margarita, mas con el criado está de Enrique, y saber quería si ha vuelto del mar; el pecho disimule: Margarita? Divina Porcia? Qué es esto? qué acaso (di) de mi vista te ha tenido ausente? Breve lo sabrás: ya mi enemiga deja de ser mi fortuna, que hasta hoy me persigue esquiva. Saliendo ahora de la tienda de hablar al General mi ira, ofendido de que pueda, o la industría o la malicia de Lorenzo Ugalde, hacer menos precio de mi altiva sangre, dejándome un pliego en que el engaño me afirma; reparé en aquel criado, que al Sinon falso servía de aquel (decirlo es vileza) que se fingió (acción indigna) el Gran Príncipe de Oranje. Garatusa? . Quién? Por dicha, Don Enrique de Guzmán tu amo, volvió a la Marina? Lorenzo de Orella Ugalde tu señor: . Cayose encima de golpe toda la casa. Saber dónde está quería. El Conde en el Campo está! . ha cruel! . Porcia mía, mi amor: pero ya no es tiempo de esta llama que la entibia la fama, el honor y el punto. Advierte, Porcia divina, que Garatusa es criado del traidor, que mi desdicha ha causado. . Caballero. Qué decís? Almas benditas, si me libráis de los cuatro, de aceite os mando una libra. Ved, que de Cesar Colona es criado, o él lo diga. De Don Luis Cuello criado es este traidor que miras. De Don Luis Cuello? qué dices? engañada, Margarita, estás, porque a Don Enrique de Guzman sirve. Mi vista no se engaña, que a Lorenzo Ugalde sirve. . Servía en Granada a Don Luis Cuello, a Don Enrique en Sevilla, serví en Córdoba a Don César, y a Lorenzo en Filipinas; mas ahora sirvo::- (qué haré?) Viendo que no me seguía Garatusa, vuelvo donde::- mas en dudosa porfía parece que está con Porcia, con el Conde, Margarita, y Leonor: qué intentarán? y a qué el Conde la salida habrá hecho de la Plaza? 4. A quién? Atajar aprisa importa este lance ahora: mas cómo? que Margarita, el Conde, Porcia o Leonor, alguno (es cosa precisa) que me conozca o me dude Embajador; y aunque lidia el discurso por hallar traza, ninguna sálida encuentro; mas ya hallé una: apartada mi familia está para lo que intento. En qué dudas? Qué imaginas? Qué discurres? Qué pensando estás? . Que ni una mentira se me ocurra aquí! Jesús? ninguno de mi familia está aquí? ola, criados, Garatusa. . Resucita, corazón: Señor qué ha sido? Que sabiendo que la vista tanto me falta, me dejen estos pícaros! la ira no sé como os sufre. . 1. Yo::- 2. Señor::- Callad, que me irritan más vuestras necias disculpas. Señor, es golpe o herida la del rostro? Aprieta más el pañuelo por tu vida, que una contusión es mala, si se habréa y se ventisca. El sirve al Embajador; en qué suspendo mi ira, que no busco a este cobarde? . Al Maltés, es cosa fija, que sirve; donde hallará el remedio mi fatiga? Que no sepa de un tirano ni mi rencor ni mi ira! Que no haya podido hablar un instante a Margarita! Todos se fueron, y Porcia solo ha quedado. . Mas tibia, qué me detengo en vengarme de un falso? quién creería, que tan vilmente pagara lealtades con tiranías! Señora, había de hallarte? que buscándote perdida me traes más ha de dos horas. Porcia te busca, imagina que trae enjambre de celos, que son peores que abispas. Détenla, mientras que puedo mudar este traje aprisa. Mira no te encuentre el Conde o Leonor o Margarita. Hola, llevadme a la tienda. Vamos, señor. Tú me irritas mas que el golpe. Pues no iré, si os enojáis de mi vista. Quién creyera que Leonor me siga desde Sevilla! Guerra, guerra, viva España. Al arma, Portugal viva. . El denuedo defiende entrar ahora el socorro, que pretende el Portugués altivo y arrogante, y Don Gaspar de Haro vigilante, con todo el grueso de la Armada, traza estorbar la sálida de la Plaza. El cuerpo hecho de gonces a cada tiro tengo. De los bronces empieza ya a jugar la batería. Juego del diablo es la artilleria. De qué temes? . Del sumo fuego del diablo, de que sale el humo. También yo temo, porque nunca supe de esas vivoras, que el salitre escupe. Viva la libertad. España viva, siendo del bronce plomo la saliva. No miráis: . Yo estoy ciego. Que la trabada lid a sangre y fuego tanto se ha ensangrentado, que percibir no puedo del nublado que el aire ocupa y llano, el Campo Portugués ni el Castellano? Todo eso es conjetura, que nada miro con la sombra oscura, que ocupa la campaña. Y no escuchas decir::- Victoria España. Eso si solo escucho, con que ánimo el valor, que no era mucho. Grabe en láminas de bronce hoy de España el nombre heroico la fama: divina Porcia? Enrique? Aunque sirvo a otro, mi señor fuisteis primero: dame los brazos. . Sus ojos me están diciendo mi dicha. Mira qué galán, qué airoso:- acaba. . Déjame, Nise, que no sabe el pecho como borrar en él a Fadrique. Eso es muy fácil, si el modo aprendos Italiano, en quien se varia el tropo. Antes de ver al de Haro, para darle generoso el parabién de dejar desbaratado el socorro, me dijeron en la tienda, que me buscabas, y pronto, como el acero al imán, como el Sol al eleutropio, como a su centro la piedra, y como el arroyo al golfo, flor me avecindé a tus luces, acero al imán que adoró, piedra me vine a mi centro y al mar me desprendí arroyo. Y nosotros cómo estamos? Así así, quiérole un poco. Que infeliz mi amor::- Qué miro! Señora, deja el decoro. Ni aún a esperanzas le alientas, y más cuando reconozco, que Fadrique te desprecia, y su pretendido logro es otra? . Y como que es: fuego en los hombres! . Qué oigo! Muerta estoy! Si pasa aqueste madurativo, no hay otro; porque celos y desprecios, aunque es emplastro enfadoso, una peña ablandarán. Quién, decidme, de tomó venganza jamás? idos pues, y baste solo el favor::- . De qué? De qué? Rematado está este loco. Ay Fadrique! no es desprecio, sino desengaño solo. Ay Nise! que esto es morir. De tu parte está mi abono, y ha de quererte por mí. Toma esta cadena. . Tomo: Cadena no das? pues deja, yo te la prenderé. . Todo mi alivio de ti confío. Siempre he de estar en tu abono. Antes sabrá aquí mi ira dar la muerte a un alevoso. Responda mi acero. Chispas. Cayose de una vez todo: el General, pese a mi alma. Pues detrás de aqueste soto solo os espero. Ya os sigo. Metió la larga hasta el codo. . Qué me embarace este azar! Vuestro pesar reconozco: id vos, Don Fernando, al punto, y haced prender industrioso a Don Luis Cuello, ese hombre, que de engaños es asombro: y vos, Don Carlos, también prended (aunque no conozco quién sea) a Cesar Colona, que ofendió el honor heroico de aquesta Dama: y también al Cardenal alevoso, que la Púrpura sagrada fingió para hacer el robo, que al de Villaflor hicieron. Vos, Fadrique, prended solo a Lorenzo Orella Ugalde, que se mintió, ciego o loco, el gran Príncipe de Oranje. Llegó de mi vida el logro. Llegó de mi suerte el día. Conde. . Señor: qué tal oigo! Ya he mandado al agresor buscar en todo el contorno. Siempre obra así Vuecelencia. Seguro podéis del todo volveros, que yo haré que se descubra el cauteloso, que os agravió de tal suerte; que vive Dios, que me corro, que juzguéis que con engaños vence aqueste brazo heroico: la Plaza hoy ha de ser mía. . Dejaré al de Haro, y pronto saldré al sitio donde espera Don Enrique. Quedé absorto, y aún si pudiera decirlo sin venganza, temeroso: ya, Porcia, perdí tus luces. Un engaño sobre otro; hombre del diablo, repara::- Así mayor daño estorbo, que pues al de Haro le ha dicho mi cautela el Conde, todo se pierde si no lo enmiendo. Y si así te prenden? . Pronto, por un ojo ha de dar luego de la suerte el golpe loco. Cardenal? (qué es lo que miro!) este es otro nuevo asombro. Valiente Conde, qué es esto? vos en el Campo y tan solo? habéis recibido ya el aviso (decid) como quiere retirarse el Campo por la falta del socorro? qué decís? porque mi primo al punto os avisó pronto. Puede ser, Cielos, mentira esto que advertido toco? Sin duda es aquel que miro: llegad y tapadle el rostro. Daos a prisión. . Quién a mí::- Llevadle de aquese modo de Don Enrique a la Tienda, mientras que yo el Campo corro con otra orden: qué esperáis? Vaya el embustero. Logro es mío, que este es mi Tercio, y podré: pero industrioso lo dirá el tiempo. Los Santos de todo el Martirologio me saquen de aquí. Dudando la causa estoy; pero cómo, sino es que fuera el de Oranje, me había de avisar pronto, que sin viveres el Campo se retiraba? y supongo que no sea, como andaba por el Ejército todo con traje de Cardenal? Luego el de Haro cauteloso negó que le conocía, o yo aqueste engaño ignoro? Por no perder el juicio, hoy acudir me dispongo a ver el fin del suceso, y con qué engaño o qué modo al de Haro y a mí este hombre fábrica tanto alboroto. Apenas entré en la Tienda, y allí me dejaron solo, cuando quitándome el traje, ninguno fue al paso estorbo, y ahora para la deshecha busco a Garatusa. . El propio Bercebú es este embustero: ni en su Tienda está ni topo noticia; pero qué miro? Garatusa? Amo u demonio, qué mutaciones son estas? eres hijo de aquel monstruo, que para engañar mudaba distintas formas? el golfo corramos, y no paremos hasta el clima más remoto: cómo escaparte pudiste? Escucha, y te diré como. Allí está con su criado. Allí tá el vil alevoso. Llegad, que ese es Don Luis Cuello. Don Cesar Colona es, prontos llegad a prenderle. . Sois::- Qué miro! Don Carlos? . Qué noto! Fernando? válgame el Cielo! . Margárita y Leonor? . Solo eso nos faltaba ahora. Ese es Don Luis Cuello, cómo no le prendéis? . Este es César Colona; de qué ahora absorto te has quedado? . Cómo quieres el que al hombre más heroico prenda yo por Don Luis Cuello, y más cuando reconozco, que es mi Maestre de Campo? No he de quedar (dime) absorto en que por César Colona tengas al Cabo famoso Don Enrique de Guzman? Sin duda volvernos locos quieren aquestas señoras, que andan rabiando por novios. Pues qué dicen? Que eres tú el fiero, el vil y alevoso de Don Luis Cuello. . Que tú eres el que hiciste el robo de mi honor: César Colona eres. . Su tema vosotros . seguid, que aquese es delirio: mas esas cajas que oigo, qué serán? . Esta es la entrega de la Plaza. . Vamos todos a darle la enorabuena al General. . Lindo estorbo. . Pícaro, vive mi ira::- Infame::- . Cielos piadosos, qué encanto es este, que tiene este hombre? . Lo que noto puede ser verdad, Celestes Orbes, que atendéis mí ahogo? O yo deliro a la pena, o este hombre engaña a todos. O yo de la pasión ciega Sin juicio estoy, o ellos locos. Mas aquí el General llega; disimulemos, ahogos. Aquí llega todo el Campo; pesares, dejadme un poco. Estas, señor, son las llaves de la Plaza. . Llegó al logro mi deseo. . Y mi esperanza, . si iras no fueran estorbo; pues aunque al sitio salí, a la causa de mi enojo no hallé en él, faltando al punto de Español noble y brioso. Qué alegre día, si no fuera Fadrique alevoso! Don Enrique es lo primero, y saquemos el tesoro. Habéis preso al que se finge Príncipe, y al que alevoso la Púrpura sacra ofende? Al Cardenal prendí solo, y en mi Tienda está. Traedle a mi presencia. Voy pronto. Que para darle castigo la victoria no es estorbo. Que no pudiese encontrar . a Don Enrique alevoso! en el bosque le perdí. Dónde vas, hombre? estás loco? Esto ha de ser, el perdón he de alcanzar por mí solo. . Tirana Porcia, tus iras me venguen de tus enojos. Señor. . Qué es lo que decís? Aqueste hombre es demonio, o de otra suerte no pudo de la Tienda salir; solo la Púrpura hallé no más. Carlos, qué decís? Tampoco de Don Luis Cuello, señor, noticia en el Campo topo. Ni yo de Lorenzo Igalde. Ni a Enrique. Aunque el caso ignoro, habiendo tenido hoy carta en que el Consejo todo me avisa, como no sabe de este Tercio, y que si el logro del socorro fue por él, haga premio en lo celoso del castigo; puede ser que Enrique: no me conformo a presumirlo: ha llegado Don Enrique? . Con nosotros estuvo ahora. . Sin verme? Un Capellan, que de todos su rostro encubre, y de parte del Maltés viene, es su logro hablarte. . Decid que llegue; idos todos, por si solo quiere hablarme. No señor, que mi embajada es a todos. El Embajador de Malta mi señor, sabiendo como Don Luis Cuello se ha fingido Cardenal a un lance, y a otro el gran Príncipe de Oranje, haciendo del mismo modo, que Cesar le crea Leonor, Porcia a veces industrioso cadáver para un engaño enamorado a sus ojos, el Conde Lorenzo Ugalde, y Enrique de Guzmán todos; y sabiendo también, que fue gran parte en el famoso socorro del Campo, y que no se amotínase todo, por mi pide a Vuecelencia el perdón. . Yo le perdono. Eso no es razón. . Por qué? Pues qué satisfacción tomo del engaño que me hizo? Conde, permitido es todo el ardid en la campaña: bueno está, yo le perdono. Cómo, señor, si me debe mi honor? Con que sea tu esposo. Eso sí. . No puede serlo. Por qué? . Porque debe otro. Quién ha visto que se haga concurso de matrimonios? A vos también? . Si señor, que con el nombre industrioso de Don Cesar me engañó. Pues que se case con otro. De Evánjelio, no es posible el pagar uno ni otro; pero liberal se obliga a las dos cumplirles pronto sus dotes en un Convento. Será de mi vida el logro. Será el descanso a mis penas. Y el Conde antes, porque todo lleguéis a saberlo, diga quien una noche industrioso robó a Margarita? . Yo, que por Porcia la hice el robo. Qué escucho! Y sepa Fadrique, que el nombre que vio celoso en el retrato de Porcia, lo hizo::- . Quién? Quién industrioso, con nombre de Capellan, . os está engañando a todos: y a tus pies, señor invicto::- Cielos, aqueste es asombro! Tienes aquí a Don Luis Cuello. Por el hombre más famoso que admiró jamás el siglo, tus travesuras perdono. Hombre que no es Portugués, Sabe tanto? estoy absorto! Pues salí de mis sospechas::- Pues salí de tanto asombro::- Llegue al logro mi esperanza. Tuya soy, que ese es mi gozo. Y aquí la segunda parte de los hechos prodigiosos de Don Luis Cuello, tendrán con vuestro aplauso buen logro,
