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Texto digital de Las travesuras de don Luis Coello (Primera parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán
Atribución estilometría
Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1765).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las travesuras de don Luis Coello (Primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/travesuras-de-don-luis-coello-las-primera-parte.

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LAS TRAVESURAS DE DON LUIS COELLO (PRIMERA PARTE)

JORNADA PRIMERA

y Usticos Pescadores de esos montes: Bellísimas Sirenas de esos sotos: Que en vóveda marítima de es pumas: Que en áspera república de olmos: Áncora y redecháis a los cristales: Báculo y piel traéis en los escollos: Dónde estáis a las cláusulas del eco? Dónde estáis a mis débiles sollozos? Mas yo solo los céfiros venciendo: Mas corriendo estos álamos frondosos: Abrasaré colérico los mares. Inundaré con máquinas el soto. Matando: . Válgame el Cielo! Qué aprisa desde uno a otro extremo pasó el sentido! pues equivoco el enojo, mudó con solo este objeto, lo irritado en amoroso. Qué aprisa entre casi iguales ansias, en distinto asombro de ira y amor, calzó la ira talar de plomo! Mas qué aguardo? Mas qué espero? Mueran pues. Aguarda un poco. Espera: quién, Mazanelo, le da a tu valor enojo? Quién de las luces, Laurencia, pudo a tu cielo hacer robo? No me dirás el motivo de dejar de aqueste modo, por el acero el palangre? No me dirás, dueño hermoso, quien también a ti te mueve a que corriendo los sotos, el cañamo desceñido, trueques en fatiga el ocio? Si diré, para que el vaso del alma derrame a soplos el tosigo de mi pena, para que así mis sollozos del pesar de tu suceso vuelva a tener nuevo logro, al subir de esa montaña, al otero de ese colmo, que siendo pira del Mar, es pabellón de esos olmos, celoso atlante del agua, y de la tierra tal monstruo, que apenas el cristal calza, flores le abotonan otros: Por este pues de la tierra atlante y del Mar escollo, guiaba por su pedrisco, nevado el ganado a copos, haciendo su irracional política con retozos y válidos, dulce salva al Alba, que los medrosos breves parpados del día iba abriendo poco a poco. Entré quebrando las perlas al pestañear sus ojos, murmurando tiernas auras del galán Fabonio al gozo, cuando una tropa me asalta de Naciones, aún más prontos, que libre del capirote Sale el alcón ambicioso contra la tímida cuerva, que haciendo en el aire tornos, apenas le gana el viento, cuando le bate espantoso el vuelo con tal violencia, que aún no es presa, ya es despojo. Así al tímido ganado, que pacia poco a poco la hierba, a quien el rocío nevó de cuajado polvo, le arrojan con tal violencia, le abaten con tal encono, que entre el espanto y la prisa imaginé sueño el robo. Doy voces a los peñascos, doy gritos a los escollos, al ay de la queja, el viento traía el válido, como que de mí se despedian en tristes gemidos roncos. Desciño el cañamo al aire, y el pedernal en él pongo, y al chasquido de la ira resonó el eco mi enojo. Corro el monte, paso riscos, quiebro minas, salto arroyos, piso flores, talo selvas, voces gimo, enojos lloro, y al estampar en la playa sorda arena, pie ruidoso, en su Marina te encuentro, para alivio de mi ahogo. Si Sirena a ti del Mar, si a ti, que Ninfa del soto te juran plantas y espumas, ya del prado, ya del golfo, por Diosa y Ninfa de tanta perla en nácar, flor en tronco, se atreven esos Soldados, o crueles o ambiciosos; qué me espanto, que a la orilla de aquese salobre monstruo, cuando estaba entre las redes yo embebecido en el copo, divertido en el reciente nántico marino robo, que a tanto Isleño sustenta profugo el cristal piadoso, llégase bándida tropa de Españoles a mi solo, porque a distintas faenas lejos estaban los otros, y robándome el pescado, talasen esos escollos: y uno de ellos (fuerte pena!) y uno de ellos (fuerte ahogo! porque con un tronco quise defender airado el robo, soberbio gravó (qué ira!) mi agravio en un golpe solo: más sacando este puñal, vengativo y animoso, del múrice de sus venas, hice manantiales rojos, ha, nde se lavó la m que cayó sobre mi rostro. Qué me admiro ni me espanto el que a un hombre pobre y solo, entre palangres y anzuelos consigan hacer el robo, si a tus corderos se atreven, sin darles temor tus ojos Mas viven ellos, sagradas Estrellas, que desde el globo de aquese cielo iluminan dos luces para un asombro, que han de morir a mis manos los crueles ambiciosos Españoles, siendo ruina::- Solo Mazánelo, solo ha de ser nuestro Caudillo. Los Pescadores bríosos por su Caudillo me aclaman. Mira::- . Querer ser estorbo de vengarme, es no quererme. El ir a evitar tu arrojo, es, Mazanelo, adorarte: advierte, que es ambicioso tu designio, no lo intentes. No lo es, cuando admiro y noto, que me hago insigne. Que, en fin, estás resuelto? . Es forzoso. Mazanelo, ya has oído, que te nombra por heroico Caudillo de aquesta empresa la Plebe en ecos sonoros; y pues de mí te has valido, estando en Nápoles, solo a seguir las dependencias de mis intéreses propios, aficionado a tu brío, te daré favor; mas como particular solamente esta palabra te otorgo. Vuecelencia, señor Duque de Fléisburg, norte es solo de esta empresa. La Serrana me dejó al mirarla absorto. . Viva la libertad. . Viva; debate el blasón honroso tu Patria en aquesta empresa. Cautiverio es, si lo noto, faltar a su propio Rey. Siendo mujer, no sé como la novedad no te agrada. Porque en ella reconozco, que es traición, es tiranía. Tú sola no eres estorbo. Yo sola amotinaré sus mujeres, siendo asombro de los traidores. . Si harás; pues ya me han muerto tus ojos. . Húmeda la noche fría, desde los altos escollos se deja caer al valle. Estás, Mázanelo, pronto? juro por la luz del Cielo, que el Sol ilumina a tornos, a quien sustenta en el vago imaginario de Polos, de morir o libertar mi brío a Nápoles solo. Serranas, yo he de decirlo. Pescadores, y yo y todo. Sabed vosotras, Zagalas::- Sabed, Zagales, vosotros::- Como las Carnestolendas:- Están, que parecen novios. Y diz que han dado tres días::- Por término perentorio::- Para que puedan andar::- Con máscaras en los ojos. Mázanelo, a lo que importa. Presto verás los arroyos de Espáñola sangre hacer el Gaditano Mar rojo: vivirá mi fama altiva. No lo podrán tus enojos. Y muera yo, si no alcanzo, bella Serrana, tus ojos. Quiero a mi amo Belianis seguir. Frazco, dónde vas? A que me paguen: vendrás? Pues no le falta ni un tris, vuélvete presto, qué luchas? un hombre así ha de ultrajarse? piensas tú, que el revelarse es el ir a pescar truchas, ni tampoco a coger peces? Qué es revelado? . Cuitado, no lo sabes? revelado es ser velado dos veces: dentro en Nápoles nos vemos. Andando no lo he sentido. Apenas ha anochecido, cuando con varios extremos uno y otro se compite en la celebre alegría, mas ya con dulce armonía el sarao aquí repite::- Al métrico sonido de la voz pregonando la máscara el festín, a publicar en golfos de cristal, Napolitanas Nayades, venid. Que no te mueva mi amor! Es en vano tu porfía. Logre Nápoles su día. Presto será todo horror. Detén, mi bien, el motín. No lo querrán mis parciales. Acábense tantos males. Presto oiremos el clarín. Al métrico sonido de la voz, Libertad. Hoy, Flora, obispas. Traición, traición. Ya, leales, del vulgo de mis parciales reventó el fuego. . Y sin chispas. Este lazo, que en favor oprimió silencio sabio, u desátelo el agravio, o quiébrelo ya el valor; que como una vez celebre, que se rompió la memoria, tanto monta a nuestra gloria, que se desate o se quiebre. . Viva Nápoles. . Osado, falta haces ya, Mazanelo. Del arco de tu desvelo arpón seré disparado: de la honda de tu ira, piedra que silve los vientos: del bronce de tus alientos, bala que un volcán respira, donde aunque el laurel se esconda, seré, si mi suerte medra, no de bala, arpón y piedra, sino de arco, bronce y honda. . Antes, o Venus divina, que de mis ojos te ausentes::- Napolitanos valientes, temed vuestra propia ruina: mirad que es preñado horror ese altivo Valuarte. Si en las batallas de Marte treguas pudo dar Amor::- Suspende aquesos desvelos, que tu intento es desvarío: Mázanelo, dueño mío. A Amor respondes con celos? Un fuego a otro fuego apaga, uno de otro sea homicida. Y es bien, por curar la herida, curarla con mayor llaga? Vive Dios, que de por fuerza mi amor ha de conseguillo. Españoles, al Castillo. No intentes la fortaleza asaltar, que escandalizas. El cruel desdén revoca. Si no quieres de su roca bajar deshecho en cenizas. Con su amor y con mis celos, en uno y otro sentido, equivoca ha respondido: irme es preciso, desvelos. Y sea antes que machuque. Pues mi suerte es tan tirana, válgate Dios por Serrana. Válgate el diablo por Daque. . Ni Biljan ni Estebanillo Gonzalez, ni el gran Juanelo, ni Periquillo Urdémalas formarán un Don Luis Cuello. Todos cuantos arbitristas, por no decir embusteros, hubo, hay y habrá en el mundo, no valen contigo un bledo. Las Nóvelas de Cervantes, las Comedias de Don Pedro, y las Fábulas de Hisopo, aprendieron de ti enredos: todas las transformaciones de Ovidio están en tus dedos: tú eres Fraile y no eres Fraile, tú eres casado y mancebo, Estudiante, Capitán, vagamundo, Caballero, Turco, Cosaco::- . Ea, calla, no lo precioso del tiempo, Garatusa, en desatinos gastes. . Por tus desaciertos, dime, señor (que algún diablo hizo que fueras mi dueño) habrá en el mundo quedado embuste que no hayas hecho? traza, que no hayas urdido? emboscada, que::- . El compuesto de la gran naturaleza es igual, que aunque en extremos ves a uno rico, a otro pobre, no desiguala por eso; porque lo que le da al rico de caudal, quita de ingenio, y se reparte en el pobre, igualando los talentos: y así, verás poderosos bobos, y pobres discretos, que unos y otros en el grande teatro del Universo viven, mas con diferencia, pues los que ricos nacieron, viven del caudal, y el pobre solo de su entendimiento. Doy que con necesidad, que es gran maestra de ingenios, hicieras, picado de aquel ladrón Cancerbero de la hambre, aquestos actos de tu discurso supremo: porque es gran sabia la hambre, y de esta suerte lo pruebo. Dice el texto, sal sapientia, si cuando viene un hambriento escupiendo, preguntaran, qué iba allí en la flema envuelto? respondiera, que salciva; pues aquí sic argumento: La sal es sabiduria, secundo aprobato texto sicerís, que lo que escupe la hambre es sal, y esta es ingenio; sequitur, quod difinitur, que la hambre es entendimiento. Esto asentado de paso, ni he acabado ni te dejo; y si pareciere largo, perdonen los Mosqueteros. Doy, que siendo pobre para calzar, vestir y ir comiendo, y más un hidalgo honrado como tú, que hagas enredos, ficciones y fantasías, vaya con el diablo; pero que enamores, no lo paso, sin pagar, ni aún en soneto, como pagaba un Poeta estudiante de mi tiempo. Has acabado? . Si y no; sí, porque pober remedio, es pedir peras al olmo; no, porque acabar no puedo de celebrar el embuste, que para gozar el cielo de Margarita formaste; pues apenas en lo ameno del prado hermoso la vistes, cuando urdistes el más nuevo, más exquísito, más raro enredo de tus enredos; pues fingiendo una receta, hicistes creer al viejo, dueño de la casa, que había un tesoro dentro, como lo decía Mahomad Abentajelí, Maestro de alzar figura en Turquía: y para que de su centro saliera, era menester, que se encerrasen primero los de la casa ipso facto para el tesoro, incurriendo el pacto, y quedando solos tú y una doncella, habiendo dejado asadas dos pollas, una lonja y vino bueno; y que si la tal doncella, al ver salir al Brunelo traquitano, traquiluces, al pelicraneo y su hueso, diera gritos, era que la atemorizaba el miedo. Creyolo el dicho señor; llegó la noche del hecho, y codicioso, pensando estar del oro partiendo, te entregó a su Margarita, dejando encerrarte dentro de su cuarto, y esto a oscuras: llegó del caso el suceso, daba gritos Margarita, y al escucharlos el viejo, decía: Pobre muchacha, los gigantes está viendo. Entre el enojo y la fuerza, tu retrato, que en el pecho traías para otro embuste, muy a lo de Caballero con Hábito de Santiago, te quitó, y en fin saliendo a la calle, la dejaste, sin tener conocimiento, de ti burlada y burlado a su pobre padre viejo, que se querelló de ti, y por eso estamos presos en esta Cárcel de Corte de Granada, y es bien hecho: pero yo, vive el Dios Baco, que si de razón me lleno, tengo de hacer::- . Calla, loco, mira si el Alcaide Pedro ha venido. . otra qui volta, aún no sales de un enredo, y quieres meterte en otro? Di, señor, para qué has hecho, que limasen el doblón, y entre arena::- . Calla, necio. Ya el Alcaide está en campaña. Garatusa, y Don Luis Cuello? Allí está algo pensativo: en qué vendrá a para esto! Amigo, dadme los brazos, que de mi amistad estrechos nudos serán. . Pues, Alcaide, que os mueve a hacer este extremo? Beneficiada la arena::- Ya no me acordaba de eso; pero decid. . Un doblón de oro se sacó. . Qué es cierto? Y tan cierto, que esta noche, si os parece, pues el sueño aprisiona ya la vida al descanso de su imperio, podemos ir, pues sabéis el sitio y la mina. . Eso como yo lo sabe. . Pues prevenga el Alcaide Pedro dos costales, dos espuertas y una hazada. . Todo eso prevenido está, y también hecha la requisa. . Puesto que ya la noche ha mediado, si hemos de partir, qué hacemos? Vive Dios, que eres demonio. . Calla. . Amigos, con silencio. Oh calle, o gran libertad: ha señor, no pediremos en Santa Ana Iglesia? . Calla, que más gracioso, si puedo, ha de ser el cuento. . Callo. Estas fortunas el Cielo las da a quien tiene fortuna. Aquí a la falda del cerro de Santa Elena, que el Sol hiere su primer cabezo, es la mina, y:: no sé qué me ha dado, que no estoy bueno. Será el cansancio: tú y yo aqueste costal llenemos, y le llevaré yo, mientras llenas el otro. . Convengo. Oh codicia, o ambición, adulterinos engendros en la nobleza del alma, qué no has conseguido! el Griego lo diga, adorando el agua; Egipto el buey, el Caldeo la llama, creyendo que elTruto, el agua y el fuego eran Deidades, pues eran a su interés de provecho. Vive Dios, que pesa bien. Y irá ahí muy poco menos de dos millares de arena. Todo es de Don Luis Cuello. La traza es solo la suya. Caba tú, mientras yo vuelvo. . Fuese? . Si señor; contigo ningún infortunio temo: digo que eres el demonio. Pues el camino tomemos de Guádix, pues aún el Plaustro azul ocupa el Lucero, y la media vuelta al carro apenas ha dado. . Andemos. Divirtamos el camino. Divirtámosle por cierto. Qué hará el viejo del tesoro? Pensando estará en Brunelo. Y Margárita qué hará? Buscar la paz de un Convento. No es hermosa? . Trasto es de él escaparate de Venus. A ver, señor, dame el pulso; vuelve a tomar por remedio polvos de Margaritona, que te han de hacer gran provecho. 1. Muerto soy. Jesus mil veces! . San Nicasio, San Ánselmo, San toda la Letania, con Artículos y Credo. Qué ruido aqueste será? De tempestad, porque hay truenos: volvámonos a Granada. Cuando va ya amaneciendo, y cerca de Diezma estamos, habiamos de volvernos? A la luz que escasamente despide al primer bostezo medio dormida la Aurora, dos hombres registro muertos: dónde vas? . Quiero acercarme no más que a reconocerlos: vive Dios, que son de porte, como cartas de correo: Desbalijada la ropa de la maleta, en el suelo hay unos papeles con . las Armas Reales por sello. Papeles de consecuencia son sin duda; dame el pliego. . Ahora te quieres parar a ver los trastos de un muerto, que tendrá sus dependencias en el otro mundo? . Presto desnúdate, Garatusa, y de ese infeliz mancebo ponte el vestido tú, mientras yo también me voy poniendo el vestido de su amo. Señor, has perdido el seso? No te libré de la cárcel? Sí señor. . Pues ahora intento librarte de que te sigan. Eso norabuena; pero si me pegan en lo vivo, porque desnudo este muerto? Mira que el Sol se avecina. Y qué tenemos con eso? Que puede ser que nos vean; y si el valor y el ingenio del tiempo penden, aunque se junte el entendimiento y valor, no importa nada, si viene a faltar el tiempo. Bravo Capitán pareces. No solo he de parecerlo, sino que antes de mañana tengo de hacer, según pienso, gente en Guádix. Y aún hoy puedes, que de tu ingenio lo creo. A esos cadaveres viste las sotanas y manteos de los dos, y entre esas ramas los deja. . Todo está hecho como lo has mandado. . Mas escucha, que pasos siento . en el camino. . Bien dices; pero dos Caballos sueltos son, con sillas y corazas. Lo que puede ser advierto. Qué puede ser? . Los Caballos de esos infelices hiertos cadáveres, que asombrados al monte se recogieron, y con el día al camino Salen, y todo es dispuesto de mi fortuna. . Di como. Como aquese Caballero, que en su patente se llama Don Enrique de Toledo, venía a levantar gente a Guádix, para el apresto del socorro, que ha de hacer a Nápoles el esfuerzo del señor Conde de Oñate, Marte augusto; mas su intento frustró la tirana suerte, Sin duda alguna, muriendo a las manos de cobardes Salteadores; y supuesto, que el hado en un mismo instante es favorable y adverso, recoge aquellos Caballos, porque en Guádix entrar pienso a presentar esta orden del Rey, logrando con esto el que hallándose después con nuestros vestidos estos cadáveres, crean o duden, que somos tú y yo los muertos: y en levantando la gente, no detener ni un momento la leva, y hacer la marcha a Nápoles, donde pienso no de poca consecuencia ser, y más si llega a tiempo el socorro, donde logren las vivezas de mi ingenio, siguiendo su natural, logros de mi entendimiento; que si la guerra es ardid, todo es trazas Don Luis Cuello. . Mas que Pescador pareces con el traje de Soldado, que pienso que te has criado mas entre balas que peces. Nápoles está a un andar, hecho infierno por mayor; mas no me dirás, señor, para qué a Castelo Mar vas, si a instantes esperando en uno y otro debate, están el Conde de Oñate, porque el socorro logrando, te den? Temor inventado es de tu ánimo cobarde; vendrá el Conde mal y tarde, pues al Cardenal primado vengo a esperar encubierto, que de Saboya ha bajado a la Italia, y ajustado ha de quedar el concierto, que el de Saboya, en rigor, aunque España salga, en vano del Reino Napolitano ha de ser el Protector: a esto vengo puntual. Ya estás señor, en la Quinta. Del Cardenal es la pinta. Eminente Cardenal, dadme vuestros pies. . Del suelo alzad a mis brazos hoy. Mirad, que un Pescador soy. Pescador sois, Mazanelo, y no os cause deshonor en los aplausos que os dan, que pescador fue el Soldán, y Biriato fue Pastor: en qué estado está la guerra? Para que en más furias ardan, hoy al de Saboya aguardan por Protector de esta tierra: que el mundo la razón sabe, que la ira reventó; que el Duque de Arcos salió desde Palacio a una nave: que los Españoles fuertes que es lo que más maravillo, no han entregado el Castillo asediados entre muertes, asaltos, armas y aproches, viviendo en esta muralla, de día con la batalla, en centinela las noches, Sin que la hambre y la sed, la desnudez y la instancia les acabe la arrogancia; y así, señor, disponed, que ya por tierra o por mar, el socorro nos rescate, antes que el Conde de Oñate, que ya no puede tardar, embarace mis intentos, advirtiendo en tal estado, qué hará un Español pagado, si aquesto hacen hambrientos? En caso ya tan violento, pide mucha brevedad: yo, que la Real Majestad del Rey aquí represento, para tan grande facción presto el socorro enviarlo os prometo, y en lograrlo no he de poner dilación. Amaina la mayor. Qué es aquesto? Ved, señor, que en esa vecina costa su gente el Conde de Oñate va desembarcando ahora. En grande peligro estamos. A acompañar tu persona iré, hasta que esté segura. Ay de mí! Todo me asombra: la voz de Laurencia, Cielos, parece aquella. . Las Postas tienes ya puestas: qué aguardas? Aunque te oculten las rocas, he de seguirte. No hay quien a una infeliz la socorra? Mázanelo, a dios te queda. Con bien lleve tu persona. Valor por la libertad, que presto sobre esas ondas volverá a vencer mañana, quien tímido huye ahora. Sígueme. . Sígate el diablo. Temes? . Que me des un toma. La voz de Laurencia oíste? Sí señor. . Cierra la boca, villano, que no es posible: ay de mí! . Es muy linda cosa, que a mí me duela y te quejes. Sin duda la han hecho ahora prisionera por seguirme; pero la playa arenosa no han tomado los Soldados, y penetrando esas rocas, seré onza que la siga. Pues yo no quiero ser onza, porque no venga otro a darme, que de mercader de bogas me ha quedado la experiencia de saber guardar la ropa; y por si acaso me embisten, lo mejor es hacer choza. El primero he de ser, Nápoles bella, que pisando tu margen arenosa, pise también el levantado muro tantas cervices de gargantas locas. El primero he de ser, que de la tabla, que dio jurisdicción a ríos y olas, de pino pez, o pájaro de Abeto, que con escama y pluma se equivoca, pues ya vuele, o ya nade húmeda quiebra vientos de Astrea, y de Neptuno ondas, Siendo de los dos páramos de nieve marino pez, y naútica garzota, pise tu orilla, y de mi planta escrita escuche mi valor tu arena sorda. El primero he de ser: . Una infeliz mujer, a quien abandona el destino, en los influjos de desdichada y dichosa, os pide que la amparéis. Aunque en los mares te escondas, cruel Laurencia, mi amor volverá incendios las olas. Mas qué miro! . Caballero, que aunque aquí vuestra persona lo da a entender, lo desmiente vuestro intento con las obras; de estas canas se ha valido el honor de esta señ ni sé quién es ni quien sois, Solo sé lo que me toca, y es, que si al punto la espalda no volvéis, sabrá esta hoja enseñaros el respeto con que en España enamoran. Que ya escuché, que dijisteis no sé qué de amor, de forma, que porque esta Dama sea, o cruel o desdeñosa o no os quiera o ame a otro, ha de conseguir la gloria, a una fuerza de un cariño, de un amor una deshonra? Por cierto que es lindo lance, cuando a castigar traidoras invasiones vengo, hallarme a empeños de amor. Las Tropas, excelso Conde de Oñate, van desembarcando todas. Qué escucho! Válgame el Cielo! Idos vos: y vos, señora, venid conmigo. . Si cuantos ocultan breadas conchas de esos vasos, estuvieran con vos en campaña ahora, estórbara mi valor, que la llevéis, que una cosa es seguirla por amarla; y dejarla en riesgo otra, y obre yo adorando, aunque ella aborreciendo obra. Mirad bien lo que intentáis. Corriendo selvas y rocas hasta este valle:: qué miro! Laurencia y el Duque? . Loca será tu acción si eso emprendes. Con esta gente Española Laurencia y el Duque dieron, el ampararlos me toca antes que sean prisioneros: si es loca, vereislo ahora. . A ellos, amigos. . Arma. Arma las Galeras tocan, primero es aquel empeño, que este; librad las personas, que aunque pudiera prenderlos, no lo intento, que no es gloria aventurar por lo menos lo que es más. . Por esas rocas de Castelo Mar huyamos, porque no puedan las Tropas en escuadrones seguirnos. Quién creerá, Cielos, ahora, que al que su agravio pretende, le defienda de esta forma! A Nápoles, Mazanelo. A Nápoles, que aunque ignora mi discurso este suceso, no detenernos importa. Fuéronse? sí, ya se fueron: bien haya la vieja heroica, que enseñó a atisbar: bien haya la fábula de las Moras, que dio a conocer a Tisbe: por Dios, que sé mucho, hola, desde que me entré a Soldado: voy de dos saltos ahora a dar cuenta a Mazanelo, que se me hace agua la boca. . Señor Sargento, mañana la gente ha de salir toda. juntaré la ropa antes que nos meneen la ropa. Luego tienes miedo? . Mucho, y tan mucho, que por horas espera mi Garatusa libranza de penca sorda. Qué disparate! Un hidalgo, señor Capitán, ahora pregunta por vos. . Decidle, que entre ya. . A cada pelota imaginan nuestra falta. Cómo el Capitán se nombra? Don Enrique de Toledo. Que un traidor así me ponga! Señor Don Enrique? . Chispas. La guerra y mis años: . Sopla. Me obligan a que la siga; y si esta fortuna logra mi deseo, seré nuevo Alcides con vuestra sombra. Si contara estos acasos, por mentiras fabulosas se escucharan: quien creyera, que Margarita::- Él se enboba. Mas disimular conviene. Si mi pasión no me ahoga, . mucho al retrato parece; pero son ideas locas, pues tan presto Capitán, como era posible cosa que fuera? . Mucho, señor, te pasa una vez y otra; no sea el diablo, que te tome de una vez bien de memoria. Cómo os llamáis? Don Fernando Perez de Aragón. . La boba trae apellido de pero, y ella es camuesa de hoja. Señor Sargento, la Plaza le siente. . Sea en buen hora. Desde allí viendo el retrato, averiguar cuidadosa hoy mis dudas determino; y si no es él, con heroica determinación pasar a Nápoles, donde ahora me dijeron, que fue huyendo el robador de mi honra; y si le encuentran mis iras, cruel, vengativa y rabiosa saciaré con su vil sangre las sedes de mi congoja. No te apartes de ella un punto. Seré todo un Argos. Ahora, entendimiento, que en tantos uracanes y zozobras como al bajel del discurso han pasado a las derrotas del mar de mi vida, eres, aunque cautivo te arrojan los marineros sentidos, Piloto mayor en todas; qué me aconsejas que haga en ocasión tan forzosa? Vengativa Margarita me busca, informada ahora, que a la Italia me he pasado; y sabiendo (es cierta cosa) que en Guádix se reclutaba para Nápoles, bríosa, mudando el traje, se vale de mí, para que la ponga en Nápoles contra mí, que a esto su ofensa la arroja. Llevarla conmigo yo, y más teniendo una copia de mi rostro en su poder, que solo el traje, dudosa, la puede haber suspendido, no está bien: dejarla sola, para que con las especies, que con el retrato informa, por conocerme mejor, diga que soy el que roba su honor, y que me he fingido Capitán, tampoco: ahora es el tiempo, entendimiento, del caudal que en mi malogras. Señor, qué haces, que no piensas algún embuste, de forma, que a esta mujer (que algún diablo condujo aquí su persona) quite el retrato, porque somos perdidos? Ahora le metió en una cartera; piensa alguna carambola; que la hagas truco por alto; Si es ida, mejor bola. Tú lo viste? . Sí señor. Ah Tambor, a Bando toca, que el que tuviere papeles o cartas, luego las ponga de manifiesto, que así al servicio Real importa, pena de traidor el que las encubriere. A Etiopia han de llegar tus embustes, si el retrato gan Loca resolución, quita, suelta. Qué es eso? . Primero en bocas saldrá! el alma hecha pedazos, que la cartera. . Donosa resolución; ea, suelte. Esperad, que es fuerte cosa, que sé le hagan agravios a quien quiero hacerle honras: quita el retrato. . Ya entiendo. En este pliego que ahora recibí del siempre Augusto Monarca, a quien por Corona circular, ciñe su frente el Mundo, que su pie orla::- No le des más dilación, que ya le tengo en la bolsa. En este pliego me manda, que inquiera yo, qué persona de mi Compañía tiene correspondencia traidora con Mazanelo, ese pasmo, que a Nápoles alborota; para esto publiqué el Vando, y a Don Fernando no toca, pues todabia la plaza sentada no tiene en forma, y solo con los Soldados es el orden; y así todas las cartas y los papeles le volved. . Aquí están prontas. Beso mil veces tus manos. Y lo agradece la boba. Dadme los demás. . Aquí los tiene, menos las solfas con que entonaba las pintas un músico habrá dos horas. Entonar pintas, qué dices? Pues las pintas no se entonan? Cómo? . Sentose a jugar cantando al usmo la tropa un músico, y echó el naipe seis pintillas en su contra: fuelas contando, cual suele un muchacho a quien azotan, diciendo: Ut, una, re, dos, mí, tres, fa, cuatro, sol, sota, la, seis, y perdió la suerte, con el ut, te, mí, fa; sol, la. Señor Don Fernando, el brío y valor de su persona, me obligan a que le sirva conomi Vandera y la ponga seguramente en su mano. Esto es taparle la boca. Señor Don Enrique, a tal favor, sin voces responda político mi silencio, mudo retórico idioma, con que dice en lo que calla aún mucho más que en lo que obra. Qué haces? . Borrar con esto la especie a que me conozca. Qué de casos un acaso hoy la fortuna eslabona! Tiran a un estanque claro una piedra de una sola honda, proceden del centro hasta el margen una y otra, llegando cuasi infinitas; y así, que me admiro ahora, que de un lance en otro lance haga la suerte en sus obras multiplique los acasos, como las piedras las ondas. Ea, fortuna, a lograr empresas a la memoria. Ea, fortuna, a vengar agravios, que el alma llora. Que si consigue mi dicha tu rueda, a mi favor pronta::- Que si no son tus influjos de mis intentos en contra::- Haré, que llene la fama n Luis Cuello sus hojas. de Do Haré que la fama escriba la venganza más heroica. Y en servicio de mi Rey::- Y en venganza de mi honra:- Seré Víises con engaños. Seré Tomirís en obras. Y aquí toma la Jornada para la segunda postas. en le t E DA

JORNADA SEGUNDA

1. Loado sea Dios. . Por siempre. 2. Ah señor Ventero Judas. Qué manda el señor Pilatos? 3. Bien se sacude las pulgas. 2. Tiene que comamos? . Tengo unas perdices. 1. Lechuzas. Conejos tengo también. 2. Serán gatos muertos. . Y unas pollas. 3. Que nacieron grajas. Un buen trago, y dijo el Cura: Aleluya, buen provecho, que no hay más por vida suya. 1. Después de Cuaresma, yo me suelo hartar de alesuyas. 2. Desde que aquellos vestidos en aquesa selva ruda::- 3. Buena es para el mal de madre. 2. Que los hicimos garulla, dejando a los Españoles, desnudos como Eva en culpa, no hemos hecho más pillaje. 3. El seor Ventero Arrempuja, entre tanto que dormimos, asenos cuatro pechugas. Las uñas no se las corte conmigo, por vida suya, que es ladrón y puede ser, que le hagan falta las uñas. . 1. Ahora bien, hagamos todos la forma de la tortuga. 2. Dueñas parecen mis ojos. 3. Por qué? 2. Porque se repulgan. 1. Si a los que se arrullan doblan, dóbleme por vida suya, pues por más que estiro el cuerpo, la pesadilla me arruga. Ten, Garatusa, ese estribo. Oh qué lindas Garatusas gastas aquí en una Venta, donde me alegrara en suma, que te molieran a palos los Vándidos, que se ocultan en estos montes de Italia, porque dejes mal segura la Tropa, con el Alferez Margárito, a quien las dudas de si eres o no eres, con el retrato la ofuscan: aguardémoslos que lleguen, si te parece, que una legua estarán de nosotros; advierte pues que me escuchas, que aunque no es Flandes Italia, no estás seguro de brujas, pues dicen que los vestidos aquí fueron garagulla. El deseo de llegar a Nápoles, me estimula, y el ver lo poco que falta de camino, me asegura. He querido preguntarte por el camino una duda, y quiero aquí salir de ella. Dila pues. . Va de pregunta: Dónde a Margarita llevas? que el alma tengo confusa. Sábeslo tú? . No. Ni yo. La respuesta es como tuya. Habia un Duende en una casa, y una y otra travesura, no pudiéndola sufrir el vecino, con cordura trató de mudarse, y cuando los trastos los arrebuja, los suyos juntando el Duende, fuéronse a mudar, y en suma, viéndole el vecino, dijo: dónde vas? En eso hay duda? respondió el Duende, me mudo con él, si no se disgusta. Pues si conmigo has de irte, dijo el vecino con mucha paciencia, quédome en casa, si a donde me voy me buscas: áplica el cuento, señor. Para qué, por vida tuya, es huir de Margarita, si a cualquier parte que huyas, es el Duende del vecino, que se va dónde te mudas? Un lance me empeñó a otro, dejándole a la fortuna salir del segundo, como del primero, y solo turba mi sentido no sé qué, haciendo verdad mi duda, ya que me oculté en Guádix, que en Nápoles me descubra: llama al Ventero. . Ya voy: pero no voy. . Qué te asusta? No te espantes de mi miedo, que estás bocas me trabucan. Sin duda que aquestos son los Vándidos. . Pues hay duda? Si los vestidos llevara al Conde, no fuera una entrada de mucho garbo? Si la Compañía junta estuviera aquí, si fuera. Pues ha de faltar industría? vierte de las cazoletas todos los cebos. . San Lucas, pues que fue Pintor, le dé su tiento a mi travesura: . pero no es mejor quitarlas? No, porque es corta la astucia. Y maniatarlos? . Tampoco: de todos, si aquí me ayuda la suerte, me he de burlar. Por cierto que es nueva burla, que queriéndoles pescar, quites el cebo a estas truchas. Están los cebos quitados? Si señor. . Aquí te oculta: haga alto la Compañía. Pase la palabra. 1. Mucha es la gente que nos cerca. . 2. Amigos, a la espesura, que nos cercan. . Vive Dios, que unos con otros se ofuscan. Ah de la Venta: qué miro! logré, amigos, la fortuna, aquí están; ea, las armas rendid, antes que mi furia os haga a todos pedazos. 1. Primero morir no dudan mis compañeros. . A ellos. 2. Muerto soy. . Cayó esta grulla. 1. Suspende tu altivo brazo, que alguna Deidad te ayuda: ya rendidos a tus pies confesamos nuestra culpa. Las armas les quita, y luego trae un cordel, Garatusa, y a todos ata las manos. Decidme, donde se ocultan los vestidos que quitasteis? 1. Aquí están: que estas fortunas órdenes, desdicha aleve! Déjese de esas locuras. Aquí paró el Capitán. Toma aquesa añadidura. Señor Capitán, qué es esto? Prender a los que perturban la paz de Nápoles. . Solo vuestro valor ejecuta tales hechos. 1. Vive Dios, que nos engañó su astucia. Qué quieres de mí, sos pecha, . que enciendes lo que deslumbras? pues el faltarme el retrato cuando la cartera, industria pudo ser, y pudo ser perderse allí, suerte dura! es parecerle en el rostro; pero aquesto me repugna el traje, el valor, el trato de la Milicia, y son muchas razones contra una incierta razón solo de mi duda: más basta, sentido, basta, discurso de conjeturas, que a todas la razón ciega con lo mismo que la alumbra. Con este lance que ha visto, de que no soy se asegura. Eres de la fama el solo. La vuelta a Nápoles suba la Compañía ese monte. A marchar pues; qué no escuc alto a marchar. . Desengaño, solo ya tu templo busca una mujer desdichada. Dónde nos llevas, fortuna? . Tocad a recoger aquesas Tropas, pues de los montes las nevadas copas desde su claro coche enjuga el Sol lo que mojó la noche; y pues en este fuerte, temeroso al estrago de la muerte, el gran Conde de Oñate sus pende acuartelado mi combate, a un tiempo por la mar y por la tierra sufra el asedio más terrible guerra: que aunque los Españoles, Hércules en valor, en lealtad Soles, le asistan, poco importa, pues viendo que les corta aquel vital estambre el asediado filo de la hambre, se entregará su saña antes que sea del valor de España, en ese centro oscuro, tumba el Castillo y panteón el Muro: ay Frazco! yo estoy muerto; qué es cierto mi dolor? Cómo que es cierto? ella, señor, huía, el Duque la seguía, yo lo miré escondido. Aún no cabe la pena en el sentido, siendo en mi pensamiento, aún más que mi sentido mi tormento. Por si cabe su agravio, dudoso el pecho y temeroso el labio, haré que en tanto daño mienta la voz, verdad sea el engaño. Pero finja la voz, y el volcán ciego vista de nieve mi desnudo fuego. Que así está bien::- Que así es asegurarme::- Hasta lograr mi amor. Hasta vengarme. Antes, Mazanelo, que recobrarse pueda entre su anhelo, es mi opinión, que demos el avance, y dejando a la suerte el postrer lance, no darles una hora de sosiego, asaltando el Castillo a sangre y fuego. Mas que bien Vuecelencia lo ha pensado si el Eminente Cardenal Primado, que en nombre del Tercero gran Rey de Chipre, vino mensajero, pronto hubiera enviado el socorro que tanto ha dilatado; pero vive mi enojo, que si de un golpe el mongibelo arrojo, fuego donde agoniza Fénix el corazón, que en la ceniza de aquel ardor, que con el humo hiere; tantas veces renace, cuantas muere, que he de matar con locos desvaríos al que mi agravio intenta, aunque más bríos le dé Saboya contra mí::- . Qué dice, Mazanelo, tu voz soy infelice; él sabe mis desvelos. Qué mal sabe callar amor con celos! España fui a decir, equivóqueme. Nada mi valor teme, aunque el señor Don Juan con sus Galeras del Mar de Italia inquiete las riberas. Ya le aguarda valiente mi impaciencia para poder lograr::- Viva Laurencia. Pero qué extrañas voces suspende el sentido en lo veloces, el discurso extrañando tan impensada novedad. . Marchando no ves hacia nosotros con mil galas, ya sean Tropas de Venus, ya de Palas, huestes de Ninfas bellas, con rayos Soles, con influjo estrellas? Ya más cercanas veo, si no me lo ha mentido mi deseo, univocar el arte, bellezas Venus, y osadías Marte; y una, que más bríosa desmiente el ser humana con ser Diosa, con rara maravilla, el soberano Ejército acaudilla. El Duque está aquí: a traidor! más disimule la pena. Valientes Napolitanos, moradores de la bella Nápoles, a quien dio nombre el horror y la belleza: de Nápoles moradores, vuelvo a decir, bien se acuerda la memoria (que no es fácil olvidar lo que atormenta) del testamento que hizo Juana la última Reina de Nápoles, que principio dio a estos Bandos, en que deja a Don Alonso su Tío la Corona de esta Tierra. Divisa en parcialidades Nápoles, formó en sus Tierras doméstico civil bando, que es un gusano esta fiera, que nace de aquello propio que mata, y con tal cautela va aumentando el ser, que acaba al mismo que le alimenta. Ardió Nápoles en bandos, batió el parche la baqueta, espumó el caballo el freno, gimió el clarín las esferas, vibró la pica la mano, exhaló incendios la guerra, publicó Marte la ira, lloró estragos la belleza, y el Templo del Dios mentido abrió con verdad sus puertas. Al Señor Rey Don Fernando el Católico, que estrellas pisa en globos de zafir, el Pontifice le aprueba, con la Real inbestidura, el derecho de esta Tierra, negándole a Don Alonso, por ser bastardo, la herencia. Dejo los varios sucesos de las porfiadas guerras, muertes, asaltos, ruinas, abances, asedios, fuerzas, hasta que el Rey Don Fernando quedó con toda la herencia, y el absoluto dominio de Nápoles, sin que tenga otro derecho, hasta que bela, Fernando e a tu hija Doña Juana, única Real heredera de esta heroica Monarquía de España, que dure eterna, con Don Felipe el Hermoso, de ascendencia en ascendencia succedió Felipe Cuarto en el derecho y herencia de Nápoles y de España, a quien le juró obediencia la lealtad Napolitana, en su Plebe y su Nobleza, por su absoluto Señor; y hasta aquí, por su clemencia, discreción, benignidad, y Real afecto, que muestra a sus Vasallos felices, con magnánima grandeza, aún más en los corazones, que en todo Nápoles reina. Qué es esto, Napolitanos, tanto una pasión os lleva? tanto un enojo os arrastra? tanto una ira os alienta? tanto un rencor os anima? tanto una traición os ciega? volved, volved en vosotros; esto os piden, esto os ruegan las bellas Napolitanas: Mazanelo, aquesto pueda Laurencia, si eres amante: Qué no oyes a Laurencia? que ya es tu memoria olvido? ya es ingrata la fineza? ya mis suspiros no escuchas? ya no atiendes a mis quejas? Pescador ayer querías, y hoy Caudillo me desdeñas? qué la fortuna a las almas muda la naturaleza? Pues yo sola y todas cuantas me siguen para la empresa, prometemos y juramos, leales, nobles y atentas, que no ha de mandarnos otro, que nuestro Rey, sin que muera todas primero, pues todas, acaudillando sus penas, sabrán defenderlo, y yo sabré también la primera, desnudando mujeriles adornos de la belleza, vestir el arnés, tirar la bota, calzar la espuela, ceñir la espada, la lanza blandir, manejar la rienda, afirmar el pie a la brida, correr firme la gineta, y el hijar batiendo al bruto enseñado a mi obediencia; acaudillar de Amazonas ejército de bellezas, siendo otra nueva Tomirís, Siendo otra Floripes nueva, y siendo en las lides Palas, si fui Sirena en las selvas. Qué es esto, cruel fortuna! Qué es esto, tirana estrella! Tanto influjo contra mí? Contra mí tanta influencia! Mas hasta lograr mi intento, disimulemos la pena. Mas hasta lograr mi amor, oculte su fuego el etna. Oigan, qué caras que tienen los tres que parecen suegras. No merecen mis razones de vuestra razón respuesta? tan retórica la ira, y tan muda la elocuencia? Aqueste emprendido fuego, como árbitro de la guerra, o enciéndalo más tu enojo, o apáguelo tu prudencia: Desde Pescador estás en la mitad de la rueda de tu fortuna; si caes, en tu misma humildad quedas; sube a la altura, no bajes, pues ves la cumbre tan cerca. . Tarde podrá tu razón, porque mujeres resueltas a cualquier lance, no es fácil el consejo ni la fuerza, a que las sujete airadas, ni a que amantes las detenga. No te vayas. . Suelta, Flora. Qué, te vas tú? . Frazco, suelta, que no he de ver a esa Esfinge. Dice muy bien, no me vea un ingrato, que a su dama en tantos peligros deja. Sirena, que cautamente, con las voces que me elevas, para mi estrago me halagas; Circe, que con blandas quejas tus encantos introduces, y bien Circe y bien Sirena, pues rebozas en tu hechizo el tosigo de mis penas; qué pretendes, qué imaginas, cuando con el Duque (hah fiera!) yendo a hablar al Cardenal yo a esta Quinta, tu resuelta, con él tirana::- . Bien dices con él tirana; y es esa la culpa que me castigas? Es, dime, para ti ofensa, que robándome cruel, al tiempo que su cautela se iba a embarcar, yo ofendida, penetrando esa aspereza, búscase amparo en los riscos; que a mi honor le fue defensa el Conde de Oñate; que acaso quiso mi estrella, que saliese de su Nao el primero a tomar tierra para mi amparo; que tú al Duque, que es quien intenta tu agravio, defiendes contra aquel que cortés se arriesga por defenderte tu dama; que amotiné las bellezas de Nápoles contra el Duque; que mi ira está resuelta a ser contra ti, pues tú tú mismo agravio conservas en su vida? Es esto, dime, el ser tirana Laurencia? es esto ser Circe a encantos? es ser aquesto Sirena? o es tu falsedad, o tú mudanza o tu olvido? o pesía la voz que pronunció olvido, pues son tosigo sus letras, donde Prometeo el alma nunca vive y siempre pena, y a donde lo soberano de nuestra naturaleza (ya sea Serrana o señora, que no distinguen noblezas las almas que iguales son para sentir las potencias) siente el olvido, por ser más desaire que la ofensa. Que el agravio disculpado aún es del fuego pavesa; pero el olvido que hace ignorancia la advertencia, no es olvido, que es desprecio, y este desprecio es un etna, que reconcentrando incendios de cuidados que rodean lo oculto del corazón, descuidos de hielo ostenta, es muerta nieve, que encubre disimulada la hoguera, hasta que ya de una vez fuego la razón revienta, y abrevia el incendio vivo la que esperó nieve muerta. . Oye, aguarda. . Esto es ahora, que el enojo la atropella, que al instante se le pasa; mas suave que una seda estará luego que un tiro de bronce es de esta manera, se llevará una muralla, y al punto queda serena, y jugarán con él luego. Ah fuego de Dios en ellas! . Alto pensamiento mío, qué discurres? qué aconsejas? Entre un amor, unos celos, una patria y una afrenta, qué haré? qué? matar al Duque, pues vengada a un tiempo queda la ofensa que hizo a mi dama, juntamente con mi ofensa. Esta noche he de intentarlo, consiguiendo con aquesta acción, mis celos venganza, desenojos en Laurencia, mi agravio satisfacción, y Nápoles su defensa. Tal arrojo vuestra Alteza, y pasar de aqueste modo la línea? . Por veros, todo lo da a cambio mi fineza. Con mis Galeras llegué a dar vista a las murallas de Nápoles, y asaltallas dispuse; pero noté su fortaleza, y que aquí entrar el socorro fuera mejor, pues de esa manera se mantenía. . Es así, porque el valor no es remedio, pues mientras se fortalecen, los Españoles perecen a tanto continuo asedio. Los vestidos, que por tierra envie, en fin, los robaron. Los Vándidos los quitaron, que dan favor a esta tierra: y vive Dios, que me corro, que esto logren atrevidos cuatro traidores Bándidos, que a la desnudez socorro fuera, y socorro excelente, que a Españoles y Soldados, vestidos y bien pagados, bien pueden echarles gente. Del Español el denuedo, sin comer y sin bestir, temo no lo ha de sufrir. Don Enrique de Toledo, Capitán de Infantería, pide, señor, vuestra mano, que estos Vándidos ufano rindió en esa selva fría, que causaron atrevidos del socorro aquel desmán, pero a vuestros pies están salteadores y vestidos. Qué decís? dadme los brazos, que un hecho tan generoso, aún merece más honroso premio. . Señor, estos lazos son el supremo quilate de la grandeza mayor, porque dan supremo honor. Hablad al Conde de Oñate. Aquel Pájaro Español, que ve al Sol, al Sol camina, porque su luz le ilumina a ser átomo del Sol: pésame el descuido harto, y si acaso no os hablé, fue porque Águila miré la luz del Planeta Cuarto. Estáis muy bien disculpado, que aunque me honra su Alteza, a donde está su grandeza no soy yo más que un Soldado. Perdón pido a su Excelencia. Tenéis muy galán Alferez. Llegad, Don Fernando Perez. Tiene muy gentil presencia. Dadme, señor, vuestra mano. Mozo servís. . Si señor, oblígame a ello mi honor y la fuerza de un tirano: pero en esta civil guerra su muerte espero lograr, aunque me lo encubra el mar o le sepulte la tierra: Todo aquesto es mi desvelo, como algún día sabréis. Por Mazanelo hablaréis. Si señor, por Mazanelo. Lo has entendido? . Muy bien. Pues el favor no reusa; el Sargento Garatusa pide la mano también. De dónde sois? . De Granada; es, señor, mi fruta enjerta, y aunque en la paz es abierta, en guerra la hago cerrada. Un embuste sea el reclamo de mi sargenta visita, pues si lo cree Margarita, se irá y dejará a mi amo. Serví en Granada al mayor tracista, que pudo habello. Llamábase? . Don Luis Cuello, que aqueste fue mi señor: y si en ser largo no yerro, fue de arbitristas armario, y fue gran caniculario buscando la flor del berro: para Italia primorosa cosa es andar al joropo, porque aquí dicen, que el tropo barrane, es bella cosa: y ya que su historia toco, lo mataron::- . Qué oigo, Cielos! Huyendo de los recelos de una Dama. . Quita, loco. Dejadle que me divierta, mayor rato no he logrado. Margarita se ha quedado, al oírme, medio muerta. Qué castigo a la traición de estos hombres, señor, dais? Ninguno; libres estáis, castíguelos el perdón, que es mejor, si les obligo, perdonarlos, a mi ver, cuando va el perdón a hacer de un enemigo un amigo: que hay lances en que convence Sin fuerza airada el valor, porque no vence el rigor tanto como el amor vence. 1. Testigos de esa verdad diremos por la campaña::- Viva Augusto el Rey de España, que castiga con piedad. Aunque confusos, los vientos parece que traen veloces unas mal distintas voces de acordados instrumentos. Aquese dulce metal dice, que cena contento, cuando tu Ejército hambriento, de Saboya el General. Y no cenará fiambre. En su mesa el manjar crece, cuando el Español perece, sitiado a la sed y a la hambre, haciendo en tanta zozobra, mientras qué no nos asalta, risa de lo que nos falta, gala de lo que le sobra. No hay sino tener paciencia, que presto alivio al quebranto dará el socorro. . Entre tanto le prometo a Vuecelencia traer: . otro disparate intenta, que me trabuque. Los manjares del tal Duque, para que cene el de Oñate. . El Don Enrique es valiente: Conde, a Diós. Con vuestra Alteza::- No dejéis la Fortaleza, que vuestro valor ampara con militar disciplina: por la puerta de Mecina o por la de Santa Clara, que las mantiene la fe de los leales, seguro desde la Marina al Muro, pues ya es de noche, saldré. El riesgo, señor::- . Previsto está, vuestra duda es vana, y más la lengua Toscana Sabiendo. . Pues no resisto. Y el mundo, o gran Capitán::- Publique en este combate::- Triunfos del Conde de Oñate. Glorias de él señor Don Juan. Quedamos buena, desdichas, estamos buena, pesares, sin honra y sin esperanza de lograrla, y de vengarme muerto Don Luis Cuello, que era árbitro de tantos males! Qué haré (qué ira!) ay de mí! qué he de hacer? aconsejarme de mis pesares, pues es lo que mejor puede estarme: mas si aconsejáis mi muerte, no me aconsejéis, dejadme, que esa gloria ha de deberme la ira de no vengarme. Sin conocerme ninguno, ni sin que el paso estorbasen los criados, mis ardientes celos me traen a vengarme. Con el papel que escribí al traidor del Duque, nadie ha sido a mi paso estorbo; vengaranse mis pesares en su vida. . Hacia aquel lado daré treguas al coraje, mientras que logro mi intento. . Allí quiero retirarme, mientras que mi intento logre, y con un impulso alcance quietud mi honor y mi Patria, pues arrojada me trae mi osadía, donde un riesgo logre dos seguridades. Cruel Nerón el Amor, desde el Tarpeyo discurso, tirano emprendió con celos mi fuego para su humo. Por esta carta me manda su Santidad, que Dios guarde, que al Duque Valentín busque; es el Duque al fin su sangre, porque ha faltado de Roma, y por cosa cierta sabe, que está en Nápoles, haré cuanto pueda por hallarle: porque los afectos vean de España, si acaso entrasen los Españoles hambrientos, cuando están hartos mis canes, les mandé a mis Guardías, que no fuesen estorbo a nadie, y también lo hice porque el aviso puedan darme de donde Laurencia espera, que me escribió aquesta tarde menos cruel, más piadosa, mudándose del dictamen de querer a Mazanelo; es mujer, será mudable. El capitolio del pecho ardió víctima a su culto, donde con lo que me ciega a su simulacro alumbro. Den al pobre Peregriní, que aporta aquí de caminí, de pelear con el Soldaní, con el Turqui y Preste Juaní, y con el Españoliní, que a todos hizo gruñir, aunque tudis eran zainos, purtándolos al inferní, y ahora pidi que está fermí, el archent le den per Din, lantúrulu, lanturulu. Sois Saboyanos? . Sí somos. Eres, pícaro, un cobarde: este solo es Saboyano, y yo Español. . En qué parte habéis servido? . En Bárcelí. Y tú, Español, dónde? En Flandes. Toma, Saboyano, tú. Diú, señor, te lo pague. No te detengas. . No haré: Dios nos saque de este trance. . A qué esperas? . Me suspende ver, que el Saboyano alcance tu limosna y a mí, que soy Español, poco afable me despides, no advirtiendo, que las virtudes morales no distinguen las personas, sino las necesidades, siendo la sangre del pobre, del rico la misma sangres que aunque de las dos fortunas se distinguen los semblantes en la forma, solo es una la materia de que nacen. Muy moral es tu argumento. Quién a un Saboyano amparí, que le dan morte. . Qué escucho! bajad todos al instante a socorrerle conmigo. Muy bien se ha logrado el lance, todo cuanto hay en la mesa le he de llevar al de Ofate: una carta se dejó, puede ser que importe, apague mi industría ahora la luz. Ruido escuché hacia esta parte. Esta es la puerta. . Quién va? Quién quiere que vaya? un Paje. Pues decidme, donde queda el Duque? . Espere, aguarde, que ahí se queda paseando. Sin luz? . Las apagó el aire, y voy a que traigan otras; hola, luces al instante. Desde el sitio, que el valor oprimió el brío al coraje, salgo oyendo de unas voces varios ecos. . A vengarme no vine, y a asegurar con la muerte de un cobarde a Nápoles; pues qué aguardo? Pasos oigo hacia esta parte. Pasos a este lado siento, será el Duque. . Recatarme pretendo; quién va? . Es el Duque? aseguremos el lance, porque la persona soy, que viene para guiarle a donde Laurencia espera. Qué habéis oído, pesares! . fingirme pretendo el Duque. No me respondéis? . Guiadme a donde Laurencia espera; el Duque soy. A la calle salí, de las voces solo oí el eco, y no vi a nadie. En qué dilato el impulso! Hola, luces aquí trae. Aquí están prontas, señor. Quién aquí::- . Qué veo, males! Desdichas mías, qué miro! Laurencia en aqueste traje! Mázanelo aquí en mi cuarto! Tenéis, dudas, más verdades! Tenéis, desdichas, más penas! Tenéis, acasos, más lances! pues cuando amorosa viene, y de este embozo se vale, Mazanelo aquí la encuentra! Tendrá disculpas que darme? 1. Señor. 2. Señor. Qué queréis? hablad (ay de mí!) pesares, qué pretendéis de mi vida? 1. Cómo prisionero trae la patrulla, que a correr Salió la campaña, antes de salir el Sol, aquese Soldado Español. 2. Contarte, como aquellos pobres eran Españoles, que a llevarse vinieron tú mesa, y este . papel dejaron. . Sagaces anduvieron: Don Luis Cuello::- Qué escucho! Que de él se guarden avisa, pues de la forma que ha llegado aquí a engañarte, engañará a Mazanelo con sus industrías sagaces, al Cardenal Utelino, y a todo el mundo; avisarte quiere, porque sobre aviso su discurso sea más grande. Hay tan grande atrevimiento! y lo que siento del lance mas que el arrojo, es la carta: Que así su industría me trate! Quién creyera, que este acaso fuera dicha en mis pesares! verdad salió mi malicia. Don Luis Cuello a mi engañarme? quién será aqueste Español? Que de aquesta suerte hablen sus engaños! ha Soldado. Obediente a que me mandes estoy. . A verme no ha vuelto: ha tirana! . Ni aún mirarme ha querido Mazanelo. Conocéis a este arrogante Sinón, que así nos previene? Ojalá, que mis pesares no le conocieran, pues causa de todos mis males ha sido. . Cómo? . Sucesos son para mi bien fatales; guárdate de él, pues si quiere, hará que la nieve abrase, enfrie el fuego, la tierra vuele, que produzca el aire, y hará, si quiere su ingenio, cosas, gran señor, bien grandes. Pues a Nápoles te vuelve, y dile allá de mi parte, que aunque más engaños busque, que intentó para vengarse de Troya Ulises, son pocos, si a mí solo ha de engañarme. Escribiré al Rey de Chipre, porque pueda asegurarse. Que sea contra mis intentos la suerte tan inconstante, que en el remedio que busco, nuevo tosigo me mate! Que cuando a vengar mi agravio amor y celos me traen, llegue al colmo de mi pena el compuesto de mis males! Que cuando mi ceguedad iba ya a desesperarse, encontrara la noticia donde más juzgué ignorarse! Que cuando Amor del desdén pudo vencer las crueldades, contraria en todo mi suerte, de los acasos se vale! Mas entre tanto que Amor cruel mi pecho atormentare::- Mas en tanto que mis celos examinan sus volcanes::- Pero entre tanto que llego, si no a morir, a vengarme::- Y mientras mi injusta estrella su influjo no revocare::- Deme prudencia mi ira. Denme esperanza mis males. Deme disculpa mi amor. Denme mis celos pesares ta era era ta ta JORNAD

JORNADA TERCERA

Tres meses habrá ya, Españoles míos, que sitiados se hallan nuestros bríos de rebeldes osados, que a un tiempo sitiadores y sitiados de las Galeras, que el socorro emprenden, ofenden el Castillo, y se defienden circumbalando el medio, Sin que a la línea falten ni al asedio: tres meses ha, que la esperanza alienta con el socorro que su Alteza intenta, Siendo imposible conseguir el modo; y aunque nos falte todo, y en acción importuna flechas vibre en desdichas la fortuna, vencida ha de quedar su saña impía, si socorro Saboya no le envía. Enrique? . Gran señor? Sois gran Soldado. Si Vuecelencia lo mirara osado entrar por las cuchillas de la guarda del Duque, maravillas haciendo su denuedo y su ira fiera, con más razón esa verdad dijera. Avisar a su Alteza del estado en que está la fortaleza me importa, y me es preciso, que el aviso no tarde. . Yo el aviso le llevaré de todo. . Oh gran Soldado! al fin, Toledo, estáis determinado? Dígole a Vuecelencia, que pasaré la línea en su presencia, y llegaré a la playa, y en cualquier pescador barco que haya sobre las ondas vagamente instable, tomando el remo y desatando el cable, las azules Esferas cortaré hasta llegar a sus Galeras, donde daré de todo cuenta a su Alteza. Yo del mismo modo: qué intentará este hombre? (bre. . Tu valor y tu sangre el mundo asom- Señor Don Luis Cuello; o señor de todos los diablos, qué intenta vuesa merced? Que tenga yo por criado un cobarde! . Y que no quiere en la Mar ser bacallao: no estás contento con que te dejara el embarazo de Margarita por mí? Cómo? . Cómo te ha dejado por muerto, creyendo que ya los diablos te llevaron. No irás conmigo a Saboya? A Saboya? estoy borracho? señor, bueno está lo hecho. Pues qué he hecho, si no hago más astucias, más enredos? Te vale para este caso del Pontifice la carta? No, Garatusa, a otro engaño reservado está: fortuna, ampara determinado un discurso que se arroja al más difícil, más arduo empeño, que pantar pudo ese numeroso espacio del tiempo, en cuantos ha escrito su cuaderno imaginario. El más importante fuerte los Españoles tomaron, y para recuperarle, no detener el asalto importa. . Ya los ataques forman los Napolitanos. Ah cruel Laurencia! ha falsa Esfinge! quien tanto agravio creyera de ti? . Ahora dudas, que las mujeres de ogaño son tan embusteras, como fueron el año pasado? Ay Frazco, que yo me muero::- Requiescat in pace. Al pasmo de unos hielos que me abrasan. Ese mal es temerario, que es como el caldo de zorra, que enfría y está quemando: quieres un remedio? . Cuál puede ser a tanto daño? Un ungüento de patadas, y de coces un emplastro. Habrá hombre, di, en el mundo tan vil, sujeto tan bajo, que a una mujer, que hasta el nombre trae sentido soberano, ofenda de aqueste modo? Sí señor. Mientes, villano. Del fuerte del Carmen ahora hicieron llamada al Campo. Responded a la llamada. Con el seguro han echado el levado puente al foso. Quién vendrá? Espérate un rato. Con bien, Capitán:: qué miro! Con bien tú, Napolitano::- qué veo! . Flora, tú aquí? Soy ya gran Soldado, Frazco. O es encanto del cariño::- O es de mi pesar encanto::- Oh le ha traído mi amor a que le dé el desengaño. O la han traído mis celos a dar más pena a mi agravio: vámonos, Frazco, de aquí. Señor Mazanelo, a espacio. Tengo, señora Laurencia, que hablar con el Duque: vamos. No hay más Duque aquí que yo; esperad, que puede estaros bien el oírme. . De quién está pretendiendo estragos a su Patria y su galán, qué bien puede estarme? vamos. Mirad, que os puede estar bien mi disculpa. . No la hallo. Plegue al Cielo, Mazanelo::- . Lloras? . Son testigos claros estas lágrimas, de que te hablo verdad. Sí, que el llanto es lo menos que se finge, me querrá decir tu labio, y es lo más con que engañáis, cocodrilos siempre falsos: hermosa está, vive Dios. Mi bien, Mazanelo, un rayo parta mi pecho, si yo al Duque no he despreciado. Buen modo de despreciar es encontrarte en su cuarto, fingiéndote tú tercero de su amor, para guiarlo a donde de tus finezas consiguiera los halagos? Ves tu traición y mis celos? ves mi desaire y tu engaño? qué pretendes? qué imaginas? Desengañarte. . Tomando contra mí las armas, falsa? Buen modo de desengaño. Capitulas con tus celos a mi amor, averiguando mas testigos que tu ira, para dar mi amor culpado. No tan solo mudé el traje para dar muerte a un tirano, sino que escribí un papel para más asegurarlo. Que entré en el cuarto resuelta, y a la fortuna di a cambio, al ejecutar el golpe, tus celos, por el acaso de la luz, pues ella fue (aunque intercadente el brazo estaba como remiso) lo que me evitó mi daño, pues era fuerza el morir padeciendo tú el estrago. Árguyesme ahora también, que soy contra ti, es engaño, pues esas Napolitanas, que me eligieron por Cabo, al tomar aquese fuerte del Carmen, todo su garbo fue solo contra traidores; y si contra el que te ha dado celos, es todo el enojo, el argumento está claro, que no es contra ti Laurencia, Sino contra ese tiran Mi bien, mi dueño, señor, pueda contigo mi llanto, mi cariño, mi fineza, que el cruel tirano pacto, que antes lo escribio la ira, lo pueda borrar mi halago. Qué me respondes? . No sé, porque me hechiza tu labio. Viva España. . Viva España; pero aún no estoy bien vengado. Pues mira como ha de ser, que el Fuerte del Carmen guardo. Pues mira como ha de ser, que yo tengo de tomarlo. Que la razón no te obligue! Mira, que orden he dado de que abancen al Castillo. Mira que yo he de guardarlo. Qué estás resuelta? Qué estás tú también determinado? Pues toca al arma. Esperad, no toquéis, Napolitanos. Esperad, Napolitanas, no toquéis. . Dime, has mudado de discurso? . Has elegido mejor medio a empeño tanto? El que abancen al Castillo. El que salgan al reparo. Toca al arma: mas qué intento! Toca al arma: mas qué hago! que es Mázanelo mi dueño, y está en su vida mi amparo. . Que es el contrario Laurencia, y es muy divino contrario. Esto ha de ser: levantad el sitio al Fuerte, Soldados, y no contra las mujeres sea la guerra, que el halago las vence más que la ira, que para vencer triunfando de aquella soberanía, de su natural gallardo, ha de ser con rendimiento, y no ha de ser con estrago, que los ruegos son las armas para conseguir milagros. Contento estoy. . Yo también, porque ya no estoy rizado. Por mirarte empapelada diera, Flora, aqueste brazo: vivamos y ande la rueda. Ande la rueda y vivamos. . Y cuándo, Cardenal, se va la Armada? Mañana, gran señor, de la ensenada playa dejará el muelle, y los bajeles irán a coronarse de laureles, y de victoria tanta el marcial triunfo adornará tu planta. Él de Fléis burg, decidme, qué os escribe? Lo que el Duque en la suya me apercibe es justo que te asombre, que nos guardemos, gran señor, de un hombre, que llaman Don Luis Cuello: aqueste ha dicho nos ha de perturbar. . Raro capricho! Fuera, quita, aparta. Qué ruido es ese, Cardenal? Lo ignoro; saldré a saber lo que es. Que a mi decoro se atreva nuevo Ulises con engaños! con el aviso enmendaré los daños. De España un Enviado pide audiencia. Antes que llegue a mi Real presencia, haced que le acompañe, toda la Corte, porque así no estrañe en su asistencia ni aún la menor falta, pues el nombre le esmalta de Enviado de España, que le abona con su grandeza: como a mi persona sea el trato, Cardenal. Quedo advertido. Quién será el Español, que así atrevido mi daño solicita? la duda de ignorarlo más me irrita; pero el Embajador pienso que ha entrado: a qué vendrá de España este Enviado? Deme señor, vuestra Alteza lo o Alzad, y el motivo que os ha traído decid. Propongo a lo que he venido. El Rey Don Felipe Cuarto, mi Señor, León invicto en León, Muro en Castilla, Cadena en Navarra, Armiño en Borgoña, Águila en Austria, Barra en Aragón altivo, Quina blanca en Portugal, y en Francia celeste Lirio; pretendiendo que se acabe la guerra, monstruo enemigo, que para lograr su intento, afectando lo nocivo con la piedad, de que vivan para matar, tal vez hizo alimento de los muertos para conservar los vivos, y que aquestos dos Imperios queden parciales y amigos, pretende, que se reparta entre los dos el florido Reino de Nápoles, siendo por los dos, Reino diviso, como antes se poseia; pero si no das oídos a este trato, tiene ya treinta nadantes Castillos, que ya arriando briosos, o ya bogando atrevidos, peces nadan, aves vuelan, rayos corren, paran riscos, preñados Paladiones de etnas, volcanes y abismos: y así, heroico Rey, elige uno de los dos partidos de guerra y paz y sea presto, porque el brazo está remiso del señor Don Juan, y espera dejar en la fama escrito este triunfo más, en tantos como numera prodigios. Señor, la mitad del Reino que España ofrece, es muy digno de acetarle, y que los dos Imperios queden unidos: esto siento. . Decís bien: Embajador, ya has oído al Cardenal. . Es muy sabio el Cardenal. . Yo te admito las condiciones; mañana capitularé, y unidos con fe y amistad, bien puede temernos el enemigo: venid, Cardenal. . Señor, Águila tus luces miro. Ya lo más, fortuna, has hecho, pues lo menos conseguirlo no será dificultoso; y es, si puede mi capricho socorrer con el dinero del de Saboya el Castillo de Nápoles; para ello en nombre del Papa escrito tengo un pliego al Cardenal, tan bien hecho, que yo mismo dudaba al mirarle, si era o verdadero o fingido. La carta que hallé en la mesa del General, dio el motivo, pues fingiéndome yo el Duque Valentín, logro el designio, y para ello el retrato, que yo traía conmigo, metí en el pliego, borrado un ojo, donde postizo un parche me he de poner, porque al verme el de Utelino, no me conozca; fortuna, ampara el intento mío. Dónde me arrastran, estrella, tus impulsos vengativos, si a cualquier parte que voy es contra mí tu destino? Viendo al traidor (ay de mí!) pasar el cerco atrevido, y que desatando un barco llegó a dar no sé qué aviso a la Armada, y que después en un bajel de los mismos del señor Don Juan, partió por los mares cristalinos, donde saliendo a la playa mis ansias, la suerte quiso que un bajel contrario salga al mismo instante (qué impíos a un infelice los hados suelen conceder benignos tal vez algún bien a costa de mayores precipicios.) Digo, que llegando (ay triste! al bajel, la suerte quiso, para ejecutar más bien el golpe de su destino, que a la Española Galera saliera un Inglés Navio a apresar, a donde iba aquel Sinon atrevido del traidor de Don Luis Cuello: albricias al pecho mío pidió de esta nueva, cuando calmó el aire, arrió el lino, sin poder hacer la boga, por más que mi pecho quiso, con los deseos del alma, llevar la vela a suspiros. Alejose la Galera con negras alas de pino, tanto, que ni desde el tope, Argos el grúmete, indicio no dio de ella, por más que lince penetraba el vidrio. Pasariamos dos horas de esta suerte, cuando vino una mareta ligera por popa, voló el Navio por la salobre campaña, y sin poder resistirnos, en Genova me hallo, donde hoy mi intento más perdido que nunca está, pues me hallo sin rastro, senda o camino de dar venganza a mi honor, y vagando sin arbitrio mi discurso hasta Palacio, sin saber a qué he venido, me trajo, indicio bien claro de mi mal, pues otro indicio mayor no hay de una pena, que atormenta los sentidos, como cuando la razón no sabe de su albedrío. Gante viene, retirada gima el llanto el pecho mío. . Del Pontifice Correo? Si señor. . Algún aviso será que importe, di que entre el Correo. . Ya te sirvo. . Qué será lo que le mueve a su Santidad? Por Cristo, que si me descubren, pienso que no he de parar con frito. Sois el Correo? . Ego sum. Sabéis Latín? Un poquito; Romano vivito more, que yo estaba en Roma digo, cuando sabiéndose que, dando un salto sin ser brinco, Salvo más leguas, que caben en salvadera polvillos; me nombró su Santidad Correo por movedizo, hasta que llegué corriendo con este pliego corrido. . Humor gastáis. Si no viene nunca otro caudal conmigo para gastar, gasto humor, que es dinero de capricho. Su Santidad, que Dios guarde, me avisa, que su sobrino el gran Duque Valentín dejó a Roma, y fugitivo de su grandeza (en fin mozo) encubierto se ha venido a Saboya; alguna dama sin duda que fue el motivo: para que yo le conozca, su retrato prevenido me envía; todo mi Estado diera por hallarle. . Lindo. El Daque en Saboya? Bueno. No habrá industría ni camino, te no inquiera. . Remejor. De su Santidad el sobrino en e ta ( Corté rola, Ci dos. Señor, qué mandas? Relindo. Que traigáis a mi presencia::- Cayó el pobre en el garlito. Con recado de mi parte, a los Caballeros:- . Lindo. Que del Orden de San Juan se hallaren prontos. Serviros deseamos, Monseñor. Él se clava. Mas qué miro! el criado (aún no lo creo) de Don Luis Cuello allí miro. Si mi amo ahora viniera; . no hubiera tiempo más lindo; más ételo ya en campaña. Tardarme ha sido preciso, mudando el traje mi industría: si al Cardenal Utelino Garatusa le habrá dado::- más allí está: oís, amigo, sois criado de Palacio? A lindo tiempo has venido. Disímula. . No lo soy, pero lo seré en serviros. Tiene aquí su Majestad un suntuoso edificio. Suspensa vuelve a leer la admiración el aviso: con el retrato en la mano he de buscarle yo mismo. Qué bien sobre aquellas doce pilastras: . Pero qué miro! Los Corintios jaspes suben cincelados a prodigios. Dirá dos mil ad Efesios, si él ha tocado en Corintios. Me mira? . Sí. Todo es a él. Qué bien que dejó allí unidos el arte aquellos festones adornados de caprichos! No es muy mal capricho el tuyo, si sale como imagino. No es Don Luis Cuello? ah traidor! logró mi pena su alivio. Yo le llamo: a Caballero. Voló la mina, por Cristo. Perdone vuestra Eminencia el que hasta aquí divertido haya entrado, y sea disculpa de mi inadvertencia el sitio, que no le hay mejor en Roma; en España, señor, digo; porque al mirar sus labores, sus cornisas y sus frisos, a mí de mí me sacaron. Si a la memoria le pido su acuerdo aquí, aquel retrato, el defecto que le miro en la vista, no tenía. Todo su rostro averiguo: de dónde sois? . Soy de España. Y a qué habéis aquí venido? Dejé muerto a un Caballero, y fue a mi vida preciso, por ser muchos sus parientes, mi ausencia; en el desafío perdí este ojo. . Sería, que os aojaron desde niño. Si el Gitano viera este cabado al arte obelisco, sin duda, que despreciara en su Menfis los altivos Mauséolos, por ser este más pasmo, que aquel prodigio. Ahora he de convencerle, viendo su retrato mismo. Si este, como los demás, será engaño o será hechizo? el parche en el ojo! dudas, basten ya vuestros abismos. Conocéis este retrato? Cuándo o cómo::- Él ha perdido el color. . Que te la clava sin sentir. . Duque, conmigo tanto recato? . Qué es esto? yo he de perder el sentido; Duque le llama? Así a Roma dejáis, y así a vuestro Tío el Pontifice le dais tal pesadumbre? . Sobrino del Pontifice, qué es esto? yo he de perder el juicio entre dudas y evidencias que oigo y veo. No me admiro, que cosas de mozos son; mas hoy habéis de partiros para Roma. . Yo, señor, (pues declararme es preciso) quise a una Dama:- . Lo dije? todo de Amor ha nacido; nada me admira, sois mozo. El Pontifice mi Tío::- Es Santo, lo estorbaría. Si señor, y fue el motivo para salir yo de Roma y empeñarme, y os suplico me perdonéis, que yo así a los ojos de mi Tío no he volver, sin llevar el lustre a mi sangre digno. Aguardadme; y vos, Correo, esperadme, porque estimo el que lleve la respuesta el que me trajo el aviso: sabrá el Papa cuan de veras y de corazón le sirvo. Dame los brazos, señor, que el diablo te dio ese arbitrio: Con ese parche en el ojo estás tan desconocido, que te ignoro por el bulto, y te saco por el tino. Ah tirano! aqueste es . señor Luis Cuello? . Vino a plano todo el embuste. Disímula. . Vive Cristo, que es Margarita. . Qué dices? Como tres y dos son cinco. No me respondéis, señor Capitán, tan bien fingido como sobrino del Papa? me conocéis? . No os he visto; y si en otra parte fuera, os respondiera mi brío de otra suerte. . Para qué son más engaños mentidos? Yo, señor Don Luis, ya que vos no me habéis conocido, soy Margárita, a quien vos, falso, cruel, atrevido, quitasteis su honor, buscando vuestro engaño fementido aquel engañoso encanto. Que el Cardenal vuelve, idos. Si me descubre me pierde, . valerme de ella es preciso. Margárita, ya no puede negar a tu amor el mío, que fue quien robó tu honor, de mi yerro fue el motivo tu hermosura; y ahora solo te ruego, si mis cariños pueden suspender tu enojo, que te retires al sitio, que antes estabas. . Si haré, por ver si pueden contigo finezas a ingratitudes; quiero ocultarme. Preciso ha sido, Duque, el tardarme, Si no cae en el garlito. Ya los caballos aguardan, donde en ellos prevenidos tenéis cuatro mil doblones, que es diligencia que hizo antes mi puntualidad. Creed de mi pecho fino, que a mi Tio daré cuenta de todo: y pues hoy conmigo tan liberal os mostráis con favores, os suplico, que detengáis a una Dama, que oculta ahora el retiro de ese cancel, que es la misma que desde Roma he seguido: que no puedo hacer por vos mas, que dejar el hechizo de sus ojos; disculpadme, y con esto, adiós. . Invicto Duque Valentín, los brazos me dad. . Ellos sean testigos de mi amistad firme: a Dios. . Antes salir determino que se vaya: oís, señor? Detenedla por Dios vivo, que no puede ver mujeres el ganado que he traído. Ah tirano! así me dejas, llevándome el albedrío? Qué decís? sin duda que es esta la Dama. . Suplico a vuestra Eminencia, que antes que haga un precipicio, deje seguir a un tirano. El detenerla es preciso, pues con aquesto le logro al Pontífice su Tío el sosiego del gran Duque. Ya vuestra pena he entendido, pueda la reportación mas, que vuestro enojo mismo: el Duque volverá aquí, segura quedáis conmigo, de vos cuidaré: Madama, templad la pena, el delirio. Si a vos, señor Cardenal, os engaña, qué me admiro, qué siendo mujer, a mí me engañase ese atrevido de Don Luis Cuello. De quién? De Don Luis Cuello. Qué has dicho? Que él es el Duque. Criados, hola; todos divertidos buscando los Caballeros están; mas si bien lo miro, no ha podido equivocarse o parecerse; el sentido el último examen haga: por si la pena, el delirio os sacó de vos, mirad . este retrato. . Qué miro! Reparad, miradle bien. Este (ay de mí!) es el testigo más verdadero. . Qué dices? Que aqueste retrato mismo le arranqué del pecho, cuando robó mi honor atrevido. Ira tras él mi venganza: loco voy, etnas respiro. Iré tras él, hasta que logre mi honor el castigo. . El que nacistes infiero para Prior; te está bien el Hábito, y yo también para Padre Cocinero: El oro por balaustres en ese Hábito santo te cosistes, entre tanto que te descoses a embustes, para poderlo meter por socorro en el Castillo: tus ideas maravillo, y no las puedo creer. Mi nombre eterno verás, si el socorro entro en la Plaza. Señor, eso te embaraza? toréa y socorrerás, aunque temo::- . Qué te espanta Que si la verdad te hablo, temo que no tire el diablo, como suele, de la manta. Tu discurso no vacila, para que el socorro entremos, en qué mudarnos podemos? En las mudanzas de Gila. Que tu juicio, testimonio dé siempre, que no ha de habello. Pues mudate en Don Luis Cuello, que es lo mismo que en demonio. Ahora mi discurso esconde mi juicio en tanto combate. Viva el gran Conde de Oñate. Nadie tire, viva el Conde. Ningún Español dispare. No disparen. Viva España, al Fuerte del Carmen, hijos, que las mujeres lo guardan. No es el Conde? . Sí señor. Dadme, señor vuestras plantas. Don Enrique, qué es aquesto? Que aquestos Hábitos guardan cuatro mil doblones. . Hijo, qué dices? . Que de esta traza, para entraros el socorro, me valí. . Tan de importancia es en aquesta ocasión, que ya no temo las armas del Pueblo, aunque compasivo o temeroso, mis canas respetaron; solo temo, que el ver que Saboya tarda con el socorro ofrecido, Mázanelo no le valga, que he sabido que le ha escrito. Socórranse ahora las Plazas, que es lo que importa. Bien dices. Eso sí, pese a mi alma, que nos cuesta gran trabajo . este socorro. . Qué cajas se escucharon en el viento? Con la novedad que causa tu salida, los rebeldes dejaron sola la playa, y toma tierra su Alteza. Con bien a la orilla salga, de donde llegue a mis brazos. . Mas cerca se oye la marcha. Don Enrique. . Gran señor. Pues la confusión es tanta, y ninguno está en su puesto, acaudillad una Escuadra, que a la guarnición que dejo en el Castillo por guarda, le entre ahora algún socorro. Haré, señor, lo que mandas; y antes quiero preguntaros si vos sabéis, que se ampara Mázanelo, del Gran Turco. Cierto es. Pues a tus plantas has de ver a Mazanelo, si la vida me costara: oyes, sígueme. . Ya voy: otro embuste está en campaña. . Ea, Españoles valientes, que hoy a Nápoles se gana. Su Alteza llega. Haced alto. Alto y pase la palabra. Qué es esto, Conde de Oñate, qué habéis hecho? . De la Plaza salir a morir, señor, a acabar de una vez tanta doméstica civil guerra: ninguno tomó las armas contra mí, logré el intento, y ya la gente con paga; otros tres meses de asedio, no temeré la mudanza de la fortuna. . Quién trajo dinero? . Vos y la maña con que lo entró Don Enrique de Toledo. . Mas me espanta, que a Don Enrique no he dado yo dinero. . Será hazaña de su valor, ello es cierto: y ahora, señor, lo que falta, es, que en el Jesus se aloje, conseguida su alboreada. El dinero y el socorro, que enviar Saboya trata, sin milagro no es posible. Favorable y no contraria se nos muestra la fortuna, Nápoles será de España. Márchese a Jesús, Oñate, pues ya lograda se halla nuestra unión, aunque les pese a los rebeldes de Italia. . Perdidos somos sin duda. Solo el arrojo me espanta que tuvo el Conde de Oñate; qué ninguno disparara de mis Soldados! el Cielo sin duda de mí le guarda. Que Saboya no haya enviado el socorro! . Aunque no le haya enviado, ya mi intento el mejor socorro aguarda. Un Morazo como un perro ahora se desembarca, y quiere hablarte. . Llegó la hora de mi venganza. A Nápoles dar intentas al Turco? . Lo que no abraza Saboya, otro lo apetece. Resolución temeraría! Dile a ese Moro que llegue. Él llega ya. Con bien haya este embuste zancarrón, que se te infundió por taba. Alá, Mazanelo invicto, te guarde, amparo de Italia. Con bien vengas. Mahomad, Emperador de la Arabia, Señor de África y Armenia, y de la Europa Monarca; habiendo oído tus ruegos, a Alí Solimán le manda, Baja de Constantinopla, que en estos Mares se halla, te socorra con cincuenta mil Turcos, el cual me encarga, como Cabo que soy suyo, que dé ese bajel al agua, y te avise como queda en alta mar con su Armada esperando tu persona, para que quede pactada la condición de la liga, que con la Casa Otomana has de hacer, donde al instante verás poblar de almalafas y turbantes la Marina de Nápoles, y en Escuadras de Tunecies marlotas y de capelares tanta multitud, como de espigas producen esas campañas. Éstimo del Gran Señor el socorro en tan estraña ocasión, que el lance pide breve ejecución. Qué? aguardas? el Bajá queda esperando. Vamos los dos: en demanda Solo he de ir a que no logre este traidor la alianza de enemigos de la Fe, que infesten a toda Italia. Vestidos de Moros tengo cien Soldados, que las plantas en el bajel no habrán puesto, cuando prisioneros vayan. Vamos, Moro. Ven, Cristiano. Vamos, pues. Que si contraria no es la suerte::- . Que si ayuda la fortuna::- . Que si ampara como hasta aquí mi destino::- Malograré su esperanza. Será Nápoles del Turco. Será Nápoles de España. ;- Cristianilio, venir tú. No quiero, que me da bascas gente que a un zancarrón besa: dime, Moro de Morabía, está la taba aún en Meca? Todabia está y es taba. Yo entre gente, que no bebe cristal sacado a patadas? Si beber, haciendo gor, gor, gor con la calabaza. Merar, yo daré a ti gigos, alcuzcuz, almendra, pasa, jamoncilio, vino greco, e tender luego la pata. De todo comeré vamos, como tú no me des cabra. Allá lo veredes dijo Agrajes, si allá te encajas. . Viva España, España viva. Ya Nápoles es de España. Apenas, señor, el Pueblo te vio en medio de la Plaza, cuando te aclamó a una voz. Debo a las Napolitanas la mayor parte en la gloria. Ay Mazanelo, que el alma . leal y amante, sin ti, siente más dura batalla! Qué había de suceder, si a las dos de la mañana mandaste, que los Soldados comulgasen, que con ansia de Carólicos lo hicieron en el Jesus, y las armas tomaron luego, y fue casi igual la gloria a la gracia. Si es día de hacer mercedes día de victoria tanta::- Nada podéis pedir vos que no otorgue. . Esa palabra la aceta el pecho; y así os pide, señor, el alma la vida de Mazanelo. Como no alborote a Italia, yo le perdono, Laurencia. Vivas más que en el Arabia vive el Fénix. Yo también pido, señor, pues que andas tan liberal, otra vida. Cuál? . La de Frazco. Otorgada está también: qué es aquesto? Un Embajador, que acaba de llegar, que es de Saboya. Qué intenta con su embajada? haced que entre. Vuestra Alteza::- Ya se logró mi venganza. . Al Cardenal de Saboya dé la mano. . Contra Italia, si ahora traes el socorro, tarde vienes. . No es la causa a que he venido a animar como otras veces sus Armas; y aunque vengo a que las paces nuestras queden ajustadas, vengo a conocer a un hombre, que si tal hijo mi Patria tuviera, fuera del mundo dueño. . Pues nombradle, para que él se honre cuando os sirva. Que tal hombre haya en España! quién es aquí Don Luis Cuello? En todas cuanta Escuadras hay en Nápoles. no he oído tal nombre. Ni yo en la Armada tal Soldado he visto nunca. Este se fingió de España Embajador, y detuvo el socorro con tan cauta disimulación, que aún ahora sabiéndolo me engañara: y después el grande Duque Valentín, sangre del Papa, se fingió, a quien entregué cuatro mil doblones, para volver con su tío a Roma. Este, señor, en Granada violó mi honor atrevido, que por eso con palabras equivocas, otra vez que besé, señor, tus plantas, di a entender el ignorado dueño de cautela tanta, tan ignorado de mí, que al equivocar el ansia, la ignorasteis al oírla, él la entendió al escucharla: y pues el tiempo ha llegado, y cumplo aquí la palabra de que algún día el intento de seguir vuestras Escuadras se sabría; aqueste ha sido, y este, señor, el que llaman Don Enrique de Toledo; este es el Paris, que al alma robó la preciosa joya de mi honor, y a vuestras plantas os pide, señor, justicia una mujer desgraciada. Alzad del suelo, señora. Viva España, viva España. Qué novedad es aquesta? Que ya tienes a tus plantas a Mázanelo y al Duque de Fléisburg, y si lo mandas al Cardenal de Saboya traeré y al mundo. Ya escampa. No es menester, Don Luis Cuel que por veros: tiró de una vez diablo. Vengo yo. El Cielo me valga! Que la fortuna cruel a tal estado me traiga! Cardenal, por veros doy a cambio tanta desgracia. Vos con tal atrevimiento? mas que Mázanelo a Italia, a Nápoles y a Saboya alborotáis: a esa Dama conocéis? . Sí, gran señor. La primera verdad que habla. Aunque le riño me pesa: . su esposo seréis mañana: por ser su padrino quiero dilatar su boda, y vaya preso, donde justamente satisfaga su garganta engañar al Rey y a mí. Gran señor, puesta a tus plantas su vida pido. . A Don Luis se debe aquesta campaña, Nápoles la libertad y la prisión celebrada de Mazanelo. . Yo en nombre del gran Daque que esto obrara, os pido por él, pues son ardides de la campaña, y todos los cuatro mil doblones le doy. . Si tantas honras le hacéis, perdonado está ya. . Beso tus plantas, y a tu Eminencia, señor, por mi amparo. Lo que falta es, que Mazanelo:- . Cielos, llegó el fin de mi desgracia. Sepa que está perdonado por esa Napolitana. Qué escucho! dame tus pies; y pues ya, señor, me amparas, dame licencia que dé a Laurencia con el alma la mano de esposo. . Tuya es Laurencia. . Frazco, habla, que también gozas de indulto. Pues la primera palabra es decir, que tuyo soy. Malográronse mis ansias. Y hasta la segunda Parte aquí la Comedia acaba.