Texto digital de Transformaciones de amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Jerónimo de Villaizán
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Villegas Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Transformaciones de amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/transformaciones-de-amor.

TRANSFORMACIONES DE AMOR
JORNADA PRIMERA
De tan grande brevedad, Lelio, con razón me admiro. A desengañarte aspiro, y a decirte la verdad. Llegaste a Nápoles? Sí. Hablaste con Carlos? No. Pues qué ocasión te movió? Ver su mudanza. Ay de mí! olvidome? De su olvido, quejas no puedo formar; que no te puede olvidar, el que nunca te ha querido; la carta que le escribías, te vuelvo. Muestra veré, las ternezas que noté, desdichadas, como mías, serás el primer Correo, que vuelve las cartas, c quien desengaños te doy, enemigos del deseo. Carlos de vuestro valor, sol de superior esfera, no pude creer que fuera, tan ingrato con mi amor. Cuando por Embajador, fuistes a Roma, en Ferrara, os ospedé, y con tan clara, voluntad os regalé, que os dije mi rara fe, con los ojos, y la cara. De vos pude conocer, y gual agradecimiento, si ya no fue vuestro intento, engañarme por mujer. Juraste volverme a ver, y espero que lo cumpláis, si a caso no me engañáis: y advertid en mi temor, que aunque no lleváis mi honor, él esto que me dejáis. La Duquesa de Ferrara. En lo mismo que he leido, la respuesta he conocido; ninguna cosa me ampara. oy Liviana fui, cosa es clara, castigome con razón, ver mi poca discreción: cegó el amor, y suy ciega, porque la mujer que ruega, no merece estimación. Pero en vano doy al viento quejas, y culpo mi fe, pues lloro, y no se porque, no he visto el mal, y le siento. Profeta mi pensamiento, antes de llegarte a oír, quiere empezar a sentir; que cuando es perfeto amor, a las sombras del temor, no se puede resistir. Di Lelio acaba. Llegué a Napeles, y en tristeza. virrocada su grandeza, que muerto a su Rey hallé, Su hija Ypolita fue, jurada, y obedecida por Reina, y es pretendida, por bizarra, y por hermosa. Que no ha visto el Mayo rosa, de más púrpura teñida. Y entre muchos pretensores, llevados de la esperanza; el Duque Carlos alcanza, mil conocidos favores, y son tan superiores, que tratan el casamiento, públicamente. Ya siento, otra pena más mortal, que ha sido mayor el mal, que previno el pensamiento. Lléguele a tratar de ti, por ver que me respondía, y de su respuesa fría, su poco amor conocí; por eso no me atreví, a dar tu carta, pues fuera afrenta tuya, que viera que le ruevas. Bien hiciste, muera honrada, y viva triste, pues remedio no se espera. Ay Lelio de suerte estoy, con las penas que he sentido, que ya no soy la que he sido, pues no harécomo quien soy. En vano remedios doy, y ninguno es de piovecho, de eso temo, y sospecho, ya mi fuego al alma toca, un ena tengo en la boca, y un mengibelo en el pecho. Ahora lo que has de hacer, es olvidar. Nunca olvida, hasta que pierde la vida, la que es priscipal mujer; la que no sabe querer, finge que el apetito amo, pero ya que imito, a los antiguos amantes, de que intente no te espantes, un amoroso delito. Breve determinación; es la mía, ven conmigo. Como tu sombra te sigo, mas no pueda la pasión, oscurecer el blasón, de tus claros ascendientes. Ni me culpes, ni me afrentes, no quieres, y consideras, que quien quiere bien de verás, no mira inconvenientes? Ya perdí la esperanza que tenía. Del Duque de Calabría los favores, se aumentan Ludónico cada día. Presiere a los demás competidores la Reina, todo el Reino le confía. Que a un vasallo se incline. (res, Los errores, de amor, so de esa suerte en las muje siguen los más humildes pareceres. De Milan vine a Nápoles, que en ella encubierto he vivido algunos días, y de los ojos de la Reina bella, los rayos abrasaron mis porfías, Reyes desprecia, estados atropella, que al abrir grave hermosas celosías, que ponen a las niñas sus pestañas, (nas. muestra bien que me engaño, y te enga No menos que a Florencia Duque amigo dejé para saber las intenciones, de Ypolita, y oculto fui testigo, de que ha juntado amor dos corazones, quiero salir de tantas conusiones Carlos la goce. (ta: Solamente resta, de vuestra carta, que he dado la respués- doy a entender que de Milan la envío, solicitando aqueste casamiento. Adivinaste el pensamiento mío, también escribí yo con ese intento, y la respuella aguardo. En ella fío, que iguale nuestro altivo pensamiento, y nos iguale a entrambos. Carlos viene, Nápoles la corona le previene. Con algún temor voy. De qué ha nacido? De aquestas cartas nacen mis recelos, pues Príncipes tan grandes han que rido, el premio que merecen mis desuelos. Tu estado no es igual, y preferido tu amor? Por ser imagen de los cielos, los ojos de la Reina, he sospechado el eclise infeliz de algún nublado, carlos trae unas cartas. Qué consulta, en favores esperamos, Confianza, te puede dar una pasión oculta, libre en tales sujetos de mudanza. Quién no teme, recela, y dificulta, no merece lavor, que la esperanza, mientras a posesión no se reduce, sembrando firme amor dudas produce, El ser noble desmiente, el variable ser de mujer: señor a Dios plubiera que a pesar de mi Estado miserable, a mí, como te quiere, me quisiera. Yo fuera Rey, y fuéralo admirable; que de leyes injustas deshiciera, y diera para alivio de cuidados, libertad de conciencia a los casados, Calla ignorante. Aquesta es ignorancia? pues cuando seas Rey, en Dios espero que han de ser mis consejos de importan- Tú serás un famoso consejero. (cia. Al menos no buscara mi ganancia, i dolatra avariento del dinero, sino el común provecho. Ya ha salido; el más hermoso sol de luz vestido. Desde aquí escuchar podemos, retírate Ludóvico. Bien mi amor le comunico. En tan piadosos extremos, bien merece tu favor. Qué bien hace, y que bien dice, Laura el que no contradice, al que tiene firme amor. Deme vuestra Majertud los pies, Levantaos, cubríos. Hjos al mirar tardios, bien mostráis la voluntad. Las almas se están veviendo, por los ojos. Qué hay de nuevo? Cómo daros parte debo, de lo que pasa, pretendo, que aquestas cartas veáis. Avéis las vos visto? Sí. Pues no me las deis a mí, basta que vos las veáis. Tendrás ahora temor. Aunque yo las vea: resta, que vos les deis la respuesta; no porque tan gran favor, no estimo; pero podrán, quejarse en la competencia, De quién son? Del de Florencia, y del Duque de Milan. Y piden? Vuestra hermosura, con afectos atrevidos, cautiva, por los oídos: que poco hace el que ve, algunos bellos despojos, en rendirse por los ojos; que a vos os quieren por fe. Aspiran a casamiento? Eso piden. . Esperad. Hola, solos nos dejad. Mi intento fundo en el viento, torre en arena fabrico, Que no declarara su amor. Si es Rey Carlos mi señor, quedo poderoso, y rico. Ya señora sola estáis. Aquí para entre los dos, Carlos siempre estoy con vos, aunque vos no me veáis; cubríos no estéis ansí. A tan divino sujeto, quien no ha de tener respetos. ̱. Para vos humana fui. Por mi señora, os debía reverencia semejante, y porque en un amante, es fineza la cortesía. Dejad que adorando esté con respeto, y con temor, el ydolo del amor, por devoción de mi fe. Una igual correspondencia, os ha igualado conmigo, haced Carlos lo que os digo, que amor quiere la obediencia. No amáis, si no obedecéis; dejo de sacrificar, y obedezco, ansí he de estar mientras que de ello gusteis. En efecto el de Milan, y el de Florencia me escriben. De que a vos sujetos viven, bastantes indicios dan. Será bien corresponder a alguno. . Triste de mí, si os respondiera que sí, y lo quisierais hacer. Yo Duque vuestro consejo tómara, . Yo he respondido, señora lo que he sentido, lo demás a vos lo dejo. Soy vasallo he de sufrir, mi muerte por agradaros; yo solo puedo adoraros, pero no puedo pedir. Y ansí en el fin de mi amor, cuando competencias veo, de mi parte está el deseo, y de la vuestra el favor. ̱. Bien decís, satisfacer pretendo nuestros desvelos, cuerdos en vos son los celos, si celos lo pueden ser. Duque si ahora os dijera, yo que casarime quería, y que a vos no os admitía, qué hicierais? . Me descubriera, para mostrarme inferior, que ahora parezco y gual a vos. . Con esa señal, se entenderá nuestro amor; cubierto podéis estar, pues os declaráis con eso, y claramente os confieso, que presto me he de casar. Dejad, que lo que pisáis, pues adoraros me toca, vese con humilde boca. Sí, pero no os descubráis, De estas cartas qué he de hacer? Esa pregunta es error, lo que os esté a vos mejor, Duque podéis responder; no decís que si a otro quiero por mi esposo, y os despido, por vasallo, y comedido, os quitaréis el sombrero. Digo, que no os lo quitéis, y que me quiero casar, las cartas podéis guardar, y ved lo que me respondéis. . Alimaes cobardía, despedid el temor, perded el miedo; hoy Ypolita es mía, Rey de Nápoles, soy, decirlo puedo a estos cuadros, y sepan mis venturas de estos mudos tápices las figuras, Oh cuando. Reina bella, llegue el punto felice, y deseado, que de tan clara estrella, el celestial candor comunicado; en mi alma respire, y se engrandezca y igualmente a tu lado resplandezca. Qué gloria pronóstico, al corazón que ya latiendo el pecho, con las alas que le aplico, quiere roperle, por hallarle estrecho aposento, y subir con presto vuelo, desde su tierra humilde hasta su cie (lo. Ha sido de tu cuello, coluna de cristal donde el tesoro carga del rostro bello, rmejirlas de coral, cabello de oros veberé como hidrópico sediento, el néctar, y Ambrosia de tu aliento, Que poco te he servido, hermoso dueño para bienes tantos; quien hubiera sufrido, más penas, mas deseos, más espantos; que ahora que he podido reducirte dejara de gozarte por servirte, Ay flujo de alegría, Retócete el contento que tenemos bien Carlos te decía, tu gusto siguifican tus extremos: declarose la Reina ya contigo? (go, Venció mi amor, y mi firmeza ami- yo soy dichoso adlante: (des del cielo de la Reina. . Si lo mí- por fábula arrogante, teme que te la quite algún alcides. La dicha en tal sujeto está segura; aunque es necio el que fía en su ventura. Que prueba más urgente, queréis que con mi guilo corresponda, si dice claramente, que por ella a los Duques corresponda, conforme a lo que aspira mi deseo, Mi mal escucho, Mi desdicha veo. Y al fin cuál es tu intento. Responder de este modo determino, lleve el ligero viento . sus deseos, y cartas, que imagino, gozar lo que pretenden sus cuidados. Alberto ya quedamos despachados. La paciencia es forzosa, aunque siento en el alma el menosprecio, Ya la Reina es tu esposa; (cio. desde aquí a lo Milanes marco por ne Y al Florentín si duran sus porfías. Ellas aumentaran las dichas mías, Escuchas esto Alberto? Estoy por responder. Esos cuitados, piensan tomar el puesto, a que van navepando tus cuidados; que tontos deben de ser? qué impertinentes? De esta suerte se tratan los ausentes. Amigo no te alteres: esto se usa en la Corte, y en Palacio, En todo los prefieres, eres galán prudente. Vete a espacio: Petrolín la lisonia impertinente, siempre toca tabien en maldiciente; Alberto, y Ludóvico, quizá será más sabios, más galanes: a mi dicha lo aplico, lo que tú con alegres ademanes, a mis méritos das. (to. Escucha atento. Habla cómo quién es, yo estoy conten No previenes libreas; no das albricias, corto desposado, pienso que no deseas: sé liberal si estás enamorado, que jamás tuvo amor el miserable, aunque lo finga, y tiernamente hable. Eso no es cierto, Conde amigo vamos, porquea solas quiero, pues tu amor corresponde al mío, celebrar el bien que espero. Ruego a Dios le goces largos años, que siempre en esperanzas hay engaños, Duque ahora solo resta, entre mares tan crueles, que de estos rotos papeles, recibamos la respuesta, aquí no hay más que saber. Yo me doy por entendido; de Nápoles me despido, para no volverle a ver; Y polita ha procedido, como mujer en efecto. Alberto si eres discreto, no debes estar corrido, no tiene el gusto razón, ni hay ley en la voluntad, el estado, y calidad de poco provecho son, cuando falta la ventura. Si acaso pudiera ser, quisiera darla a entender sus errores, y locura. Quieres que le declaremos, quien somos en tal porfía, y que luego el mismo día, nos vamos? Qué bien haremos, porque vea a quien desprecia, y a quien favorece. Espera, sea pues de esta manera; porque conozca que si necia, a Carlos en vos de hablar; y hacer que a la Reina pida, la Audiencia a todos debida; y en ella significar, el poder de los estados, que a los dos ha dado el cielo, y el amoroso desvelo, que incitó nuestres cuidados, y luego, sin aguardar, las cortellas loszosas, en personas poderosas, los dos hemos de dejar la Corte. . Tu parecer, sigo, tu consejo alabo, que de esa manera acabo, de cansar, y pretender. Póngase en ejecución; nueltro intento. Ven conmigo, hablemos al enemigo de nuestra honrosa fición, y déjame disponer, el caso. Traza extremada. Quiza querrá despreciada, que es condición de mujer. (to Amor a que aguardáis, pues ya el secre- para mi casamiento es excusado, cuando habéis sido vos considerado, pues nodejáis sentido al más discreto Hice elección, si no en igual objeto, por haber diferencia en el estado; en hombre que a mi gusto se a mostrado siempre rendido, y siempre más sujeto. No eligí quien me exceda en la riueza tengo por acertados pareceres, si ha de querer mandar por su grandeza Noble eres Carlos, un vasallo eres, y sujeto estarás a mi belleza, que de mandar gustamos las mujeres. Alterada la Ciudad, con alegría he sentido, porque dicen que han venido, con notable autoridad, dos Príncipes extranjeros, a verte. Extraña locura, ya Laura, hallo mi hermosura, los gustos más verdaderos; cáusanme, y cansanse en vano. Con todo honrarlos es justo, que no ha de quitar el gusto, el proceder cortefano; envía a saber quien son. Ellos mismos lo dirán, si quisieren, y vendrán a declarar tu intención. No te quiero replicar. Eso importa Laura mía, no hay leyes de cortesía, donde el gusto ha de mandar, la que quiere hablar, y ver, que es especie de fabor, no diga que tiene amor, que yo no lo he de creer; que si el caso considero, conozco que es desvarío, que en lo que no hay gusto mío, le disguste lo que quiero. Cásate pues. Eso intento. Siempre a los dos juntos veo, Saber su intento deseo, y su oculto pensamiento. Ahora audiencia han pedido, y en Nápoles han estado. tantos días. Qué cuidado, tan sin causa has recibido; sean quien fueren que importa, ya no estas en posesión? Tiene Petrolín razón; de pensamientos acorta. Floro, no tengo temor, que solo es curiosidad, querer saber la verdad. La Reina está aquí señón Y todos los bienes míos; deme vuestra Majestad, los pies. Duque levantad. Pretendientes hay. Cubrios. Ya la entiendo, que ventura; dos Caballeros desean, hablaros, para que vean, el sol de vuestra hermosura. Quién son? Ellos lo dirán, que os juro que no lo sé; lo que deciros sabré es que ha ya días que están, en Nápoles; y hasta ahora nadie los ha conocido: por ellos licencia os pido, para que os hablen señora. Cómo lo puedo negar, si vos la pedís? Yo voy por ellos. Echura soy vuestra. Mas os pienso honrar. Con que cuidado esperaban. Tú quien somos les dirás, Aquí mi industria verás. Ahora de entrar acaban, dos forasteros, y son de suerte que en poca edad, sus talles, su gravedad, su hermosura, y discreción, con mil certezas publican, la grandeza de su estado. Quién son? No se han declarado; que les des lugar suplican, para hablarte. Pues vinieron juntos los dos? No señora. No hay lugar de hablar ahora, los que vienen lo impidieron. Hoy en la corte han entrado, y divididos venían. Duque que en vano por fían, cubríos, no estéis turbados, salidlos a recibir, y llegad sillas. Espera. Yo saber quien son quisiera. Desde aquí puedes oír. Que presto vi la causa de mi pena. No te turbes Elena; mire que le recibe a vuestra Alteza, el Duque de Calabría. Su nobleza estimo, y su ventura considero. Qué galán Caballero! que edad! qué gallardía, y gentileza! ya le tiemblo, ya temo. No es gallardo mancebo? Por extremo. Ánimo, pues tan grande le has tenido Porcia en haber venido, a empresa tan difícil. No me espanto, hoy pongo treguas a mi tierno llanto. Deseaba en extremo conoceros, que la fama sin veros, vuestro valor me dijo. Conocido hauréis que en muchas cosas ha mentido. No mintierais vos más; encubro mi pena en vano. . Qué galán! qué cortesano! Has visto tal belleza Ludóvico? A Carlos pronosticó, viendo estos talles mis forzosos celos. de su mal me olgare vive los cielos Su presencia, y semblante, merecen cortesía semejante. Oh qué bella es la Reina! Qué belleza! de nuevo el mal empieza. A vuestra Majestad la mano pido, Mejor recibimiento os es debido. Vuestras manos espero. En vos mayor nobleza considero. Has visto semejante gallardía. Confieso Laura mía, que son gallardos. Cielos, si soy muerto? pienso que puedo estar ya descubierto, entre fuegos, y hielos, me consumen la vida nuevos celos. Ya Carlos en la cara, su temor, y recelos te declara. Sentaos, saber quién sois he deseado, para salir de duda, y de cuidado. Él, vos señor informar podéis primero mientras yo vuestro talle considero. Bella Ypolita, en quien pinta naturaleza sutil, con ingeniosos pinceles, clavel, y casto jazmín. A quien el más aprestado, abollando su buril, del coral lo vergonzoso, para labios de carmín. Las perlas que en buzos crían, para que os puedan servir, de dientes con orden bello, y composición gentil. Y a cuyo cabello Arabia: emulación del Sosir, dio madejas que al sol vence, en medio de su cerviz. La fama de esa belleza, con su sonoro clarín, llega donde nace el día, y donde vuelve a morir. Dice que sois otra Venus, en el alegre pensil de Chipre, y que dulcemente, los corazones rendís, Que por vos se puso amor, venda, por no se rendir, como a Siquis, y que sois un humano serafín. Llegó esta nueva a Florencia, señora; donde nací, de cuyo estado deseo, que vos os queráis servir. Su Duque soy, que gozaba joven en edad pueril, dulce paz, hasta aquel día, que un retrato vuestro vi. Deleitábame gozoso, en aquel bello páis, donde eternamente vive, fresca Flora, y verde Abril, Con pasa tiempos honestos; o ya en bosque, o ya en jardín, ya siguiendo el suelto corzo, ya el valiente jabalí, ya viendo en copas de jaspe, correr caños de márfil; plumas de cristal, que rotas, bordan flores de rubí, hecha Narciso en las fuentes, tan ajeno de senier, penas de amor, que pensaba. que no nacio para mí. Cuando (que penosa gloria) entrando en un Camarín; enrioso, como en Italia, que no sé más que os decir. Entre otros bellos retratos, que eran cubierta, y toniz, de unas desnudas paredes, uno vuestro conora, Y aunque en otros bellos cuadros, vi un Mapa, sobre el cérral novillo, y a Tisbe hermosa, el amante pecho abrir. A Cleopatra, y a Lucrecia, a Dido, y Porcia, y al fin, a Venus, que con el cisne, pudo en candor competir. Hallé en vos la diferencia, de la rosa carmesí, entre las rústicas flores, de delicada raiz. La de litis entre nubes, que en el celeste zafir, cambiando varias colores, paz nos promete feliz. Que mucho que os adorase, pues pude notar así, una imagen de los cielos, cuya gloria, he de seguir. Como no reposa el fuego, y abrasado me sentí, vive a veros, sin que hubiese, quien lo pudiese impedir. Vive al fin donde conozco, que anduvo el Pintor civil, pues no os pinto tan hermosa, como yo os contemplo aquí. Dichoso yo si soy hiedra, de tan bella, y fresca vid, porque vuestra nieve temple, mi abrasado frenesí. Mucho le mira la Reina. Qué discreto discurrir. Cielos que enredo es aqueste. mi estado usurpan an sí. Calla hasta ver en que para. Vizarro es el Florentín, no le iguala el de Calabría. Ves también quien sois, decid. Dudoso contaros quiero, quien soy, pues contra la sé, que os rinde mi amor se ofrece, competidor tan cruel. La edad, y gala del Duque, que piedra no ha de mover, sus méritos me han turbado, no se si hablaros podré. Pero animo en mi amor, que no es de amantes temor, que cuando la empresa es tal, dichosa la muerte es, El Duque de Milan soy, ya mi calidad sabéis, la riqueza de mi Estado, mi grandeza, y mi poder, Pero todo no basto, para librarme esta vez, de amor, desnudo; y rapaz, que Dios, y absolvio Rey, todas las armas que forja, mi Estado, no pueden ser, defensa a flechas que pasan, el más bien templado Arnes, Si Marte confiesa amor, por Dios, cojido en la red, del ingenioso marido, quien bastará contra él. Yo pues Ypolita bella, en mi verde edad troqué, el lauro de mis vitorias, por el funesto cipres. Supe que el Rey vuestro padre, que en gloria, señora esté, pasó a mejor Reino, y vos, que pudierais merecer, todo el Imperio del mundo, quedastes por Reina, y fue, causa esta nueva en mi pecho, de pesar, y de placer. Fue el pesar, porque temí, la soberbia, y altivez, de los muchos pretensores, que os han de venir a ver. Y el placer, porque imagino, que ha de causar en bien, si no por rico, y galán, por amante, y por fiel. Mirad con piadosos ojos, pues tan bellos los tenéis, mi amor, pues ansi confío, que el gusto consiguiré. Que yo en vuestras mejillas, el desojado clavel, con cuya púrpura exceden, el más vibo rosicler, El cabello que parece, que al salir por el cancel, de Oriente, le dio sus rayos, el Sol, del mundo Juez. Y en vuestra boca las perlas, que suele el Alba verter, cuando bostezando luces, besa a la noche los pies. Al puerto de vuestro pecho, llegué mi roto bajel, entre las sirtes, y enripos, que me impiden el vencer. Goce esa mano, en quien puso, el soberano pincel, cinco puntas de azucenas, que no se dejan romper. Que en Y polita divina, humilde esclavo tendréis, contento como dichoso. y como amante cortés, Hay enredo como aqueste, del Estado que heredé, hay otro dueño en Ytalía. Calla, y sabraslo después. Qué gallardo que es el Duque de Milan? ya me inclino a su talle. . Él de Florencia, me agrada. . El Milanes, es gallardo caballero. Qué es esto cielos, qué haré? al Duque de Milan mira, sin que a mí me quiera ver. Por Dios, que temo a mi amo, Para que respuesta os dé, es forzoso consultarlo, con mi consejo también; honrad ahora la Corte: vos, quiero que os encargéis, de su aposento. . Mi casa. pobre, hauran de engrandecer; que yo del Conde Florelo, seré huésped. . La merced agradezco. . Y yo la acepto, Allí de espacio hablaré al de Milan, que me agrada por extremo. . Qué interes más rico, si al de Florencia puedo tan de espacio ver. Que dudas tengo en el alma. Desdichas que me queréis. Qué haremos, y en nuestros nombres regalados han de ser. El de Milan es notable. Los ojos no aparta de él. Yr me quiero, porque temo, que me he de dar a entender. Duque de espacio pretendo hablaros. . Lo que pisáis beso mil veces. Hoy Carlos, de tu olvido me vengue. Regaladlos mucho Carlos; vos los acompañaréis. Mirad señora que estoy descubierto. . Ya lo sé, Ya lo sé? viven los cielos que el sentido he de perder. Aúnque hemos de competir deseo que me mandéis, Yo os ha de servir en todo, que no importa el pretender. Seréis dueño de la Reina? No Duque, vos lo seréis. Estos Príncipes campiños. resplandecientes de tez, todos pero, y guedesita, preciados de pierna, y pie, temo vive Jesucristo, que nos echen a perder. Qué donaire! Qué hermosura! Pues qué haremos? Ya lo sé, Pensemos algún remedio, para declararnos, , Vena que si a engañar han venido, han de engañarse después. Ya desleo la venganza. Mas despacio os hablaré. Príncipes de la Podocía, o diablos, que nos queréis, Duque, Carlos, que es aquesto; vielve en ti No he de poder, Mira en la parte que estas, di que sientes. Ya lo sé, Pues dímelo si lo sabes. No me acabas de entender, La mano de amigo os doy. Yo la mía os doy también. Ay que blanda, y que bien hecha. Nieve, y algodon toqué. Floro acompaña a estos hombres, ve tu Petrolín con él, que luego voy tras vosotros. Mi amo tiene que hacer, venid señores, Yo voy sirviéndoos, y enseñaré casa adonde os ospedéis, rica noble, y capaz es. Basta ser de el de Calabría; pasad delante. No haré, por Dios, pase vuestra Alteza. Vos en todo me excedéis, Yo iré delante. Detente. Por mi vida, que ha de ser esto, Porque vos viváis, quiero yo ser descortes.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA segunda Dónde vais? Voy a saber, si su Alteza ha despertado. Con ese mismo cuidado, voy a vuestro dueño a ver, porque el Duque mi señor; con grande extremo le estima. Con mayor afecto anima, el de Florencia su amor; porque apenas despertó, con amorosa inquietud, y a saber de su salud, como aquí veis me envió. Lo mismo se ha sucedido, al de Milan, que contento estoy, que otro casamiento, más cierto le he prevenido: ya olvida a Carlos, y adora al de Florencia, es galán? en igualdad están, y su estado se mejora, goce Carlos los favores de la Reina, Bien se ordena, el fin de tan larga pena, entre amorosos temores, que aunque vino la Duquesa, disfrazada con intento, de estorbar el casamiento, de Carlos, más interesa, pues es tan bello; y galán, y mudar de parecer, y ser del Duque mujer, junte a Mantua con Milan. Que con estados iguales, quizá se aunaran mejor. Umillar sabe el amor, a las personas reales. Alberto esto se ha de hacer. A tu voluntad me ajusto, en todo sigo tu gusto, y apruebo tu parecer. Los dos hombres que vinieron, con ellos, están aquí. Mejor competen ansí. Muestras de nobleza dieron Escuchad, si sois servidor, y pues es justo que amparen los nobles, a los que son pobres, si de ilustre sangre; amparad a los hidalgos, que por riguroso trance, de la fortuna, umillaron, pretensiones arrogantes. Vuestra presencia, acreditan, vuestro valor. Nuestros padres, en este Reino, han tenido rentas, y oficios reales: por no nacer los primeros, fue forzoso, que heredasen, nuestros hermanos, injusta ley, que afrenta los linajes, pues naciendo en la nobleza, todos los hijos y guales, el segundo, por ser pobre, a indignas cosas se abate, y los dichosos que heredan, de hermanos, dioses se hacen, pues les piden cada día, el pan para sustentarse, De esto enfadados los dos, pretendemos que nos mande, quien en estado, y grandeza, nos exceda, y aventaje? Él de Florencia, y Milan, que el cielo mil años guarde, han llegado a aquesta Corte, aquien admira su talle; y pues es fuerza que vengan, sin aparato bastante, de criados, y nosotros, podemos ser importantes, por ser de aquella Ciudad. Haced piadosos, y afables, que nos reciban, Merece, tan conocido lenguaje, y proceder tan discreto, que mil favores alcancen. Yo haré que el Duque os reciba Bien nuestros intentos salen, Yo os recibo por mi dueño, que yo sé, que ha de holgarsa, con tal criado. Lo mismo, aseguro de mi parte, Permitidnos, que vesemos vuestras manos. Semejantes cortesías, contradicen, a vuestro noble semblante. En fin ya tervimos Duque, a estos hermosos rapaces, que nuestros nombres usurpan. Calla que así has de vengarte; al Duque de Milan sirvo. Y yo al de Florencia. Y guales son las suertes disimula. Poco sosiega un amante. Dele Dios muy buenos días a vuestra Alteza. . El guarde, vuestra edad, y gentileza. Mal hacéis en adularme, No se llama adulación, la verdad. Llega a vesarle la mano. Los pies os pido. Hoy le recibí, estimaldle por noble. Está bien, alzad. Dejad, que la boca estampe, donde vos tenéis las plantas. Yo confío que os ha de agradar, que es hidalgo y bien nacido. Basta Arnesto el abonarle vos. . Sus rostros y su modo de hablar, tan modesto y grave dicen que son, ya que no lo que dicen, de más grande calidad. Con nuestros nombres, quieran estos ocultarse, mas vive el cielo que son. grandes señores. No nace, con más resplandor el Sol, entre rosados celajes, que el rostro del Milanés, Cuando entre nubes cambiantes, de púrpura y nieve, tiende rayos el Sol por el aire, con más belleza que tiene el Duque. Quién declararse pudiera con él. Quisiera, decir quien soy, y excusarme, de los celos, que la Reina, es forzoso que me cause, viendo que la solicita. Con la Reina a de casarse. y yo moriré de celos. Duque, nuestras amistades, para que más firmes sean, es bien que el decoro guarden; queréis a Ypolita mucho? El pensamiento me hurtáis? vos quercisa mucho? Tanto, que me pesará, que hable con vos, y así si es posible, mudad de intento, no trate vuestro amor, de ser su esposo, ni mi deseo os agravie, que si me dais este gusto, yo os daré esposa que iguale; en hermosura a la Reina, rica y de excelentes partes; dejad a Y polita Duque: o si entendiese mis males. Enamorado astá de ella, de celos quiere matarme. Duque lo que me mandáis, pienso que fuera más fácil, que vos lo hicieseis dejando esa pretensión aparte. También os daré con esposa, vica y noble. Mis pesares vine a buscar; bien la quiere: ya el niño amor, es gigante. Llegad ese espejo. Muestra, aunque pudiera mirarme, mejor en el Duque. Hola, pasad todos adelante; aquí veo lo que adoro. El cristal quiere agradarme. En tres espejos me veo, para que en los dos me abrase. En fin de Nápoles sois? De aquí soy, aunque mis padres fueron señor de Florencia. Cómo os llamáis? César. . Baste. Camo es vuestro nombre? Celio. Poned más hacía esta parte, el espejo, que no veo; bueno. A y ojos celestiales. Sois casado? . No señor; aunque pretendo casarme, con una señora ilustre. Pues no llega a efetuarse? Vino un cierto forastero. y hizo un enredo admirable, con mi nombre, de manera, que imagino que ha de hurtarme, el bien que gozar deseo. Y no puede remediarse? Eso solícito ahora. Ay, que mirar tan suave, Está bien esta golilla? Y que bien. Y muy iguales las almenillas. Estáis, por mi vida como un ángel, Con quién habláis señor? Necio, quien os mete en preguntarme. Vos estáis como un Adonis, no hay Narciso que os iguale, Aquién decís eso? Ayer, cierta señora en la Corte, me dijo aqueste requiebro, y pude ahora acordarme, viéndome en tan claro espejo. Bien merecéis que os alaben. En un fabuloso libro: si me entendéis escuchadme; ley que cierta Princesa en un espelo, a su amante via, y estaba en la gloria, sin que otro bien desease; y ahora creo, que pudo ser verdad que fuera fácil en mí, el vivir largos siglos, si este espejo no faltase. Hermoso encarecimiento. Faltales más que afeitarse. aquestos caluos de barba, que mi nísulos visajes, están haciendo los dos. Que mal estoy con galanes, de tapa de espejo, bien haya Carlos, y la madre que le pario, que no tiene espejo, si no le trae, el que la barba le quita. Que estás muñecas de Flandes, duermen como encarcelados, y comen puestos los guantes: no sé como las mujeres, se atreven a enamorarse, de un mozuelo presumido, cuidadoso de su talle; que si no es amor perfecto, el que se tiene en dos partes: quien se quiere tanto a sí, como ha de querer a nadie. Qué buscáis. Carlos espera, que estos señores acaben, de vestirse, para entrar; y pienso que será tarde, que no he visto caballeros, que menos cólera gasten. Bien por Dios, Carlos espera. Carlos, señor, viene a hablarte, Dadme la capa, y la espada. Salgamos para aguardarle, a la puerta. No imagino, que he de poder reportarme. A vuestras Altezas, veso las manos. Con más señales de amor, los brazos le doy a yue excelencia. Quién sabe, honrar sus huéspedes tanto, no le esta bien humillarse. Es cosa al fin de escudero, pude en escaso quedarme. . , Llegad sillas. A los dos, tengo que decir aparte. Despejad. Celoso viene, no es de menos el semblante. Noble Duque de Milan, que el cielo próspere, y guarde, cuyo rostro, y gallardía, rendirán a la más constante, Y vos Duque de Florencia, que a no tener tales partes, el de Milan, fuerais Fenis, que en sus mismas llamas nace. Yo soy Carlos, a quien dieron i lustre origen sus padres, y los Reyes de este. Reino, eroica, y antigua sangre. El valor de mis pasados, he imitado en varios trances, defendiendo con las armas, Fortalezas, y Ciudades. Bien me conoce Cicilia, que en dos batallas campales, he desecho sus Galeras, y surmejido sus Naves. Yo teñí del mar tireno, los viriles, o cristales, convirtiendo sus espumas, en púrpura, y en granates. Los Turcos, cercando a Ostento. huyendo de mi estandarte, sin que mi diese mi estoque, con sus teñidos alfanjes. Soy en fin, mas para que hago, que mi lengua alabe, lo que mis manos hicieron; esto no importa, adelante. Después que deje la guerra, conocí amor en las paces, si hay paces, donde hay amor, que con los celos combate. Quise en fin, he de decirlo, de que sirve el relatarme; los Vasallos, hombres son, no es milagro enamorarse. Adoré a la Reina bella, y si he de decir verdades, pienso que lo agradecio; que no es bien que más me alargue. Por ser bien quisto en el Reino. ha habido algunos que traten, de que se case conmigo, porque extraños no lo manden. Casi estaba efetuado, y esperando ser adlante, de un cielo de tal belleza; eran siglos los instantes. Cuando entrasteis en la Certe; que nunca España criase, en las riberas del Betis, y en su generosa margen; caballos que aquí os trujesen? no los engendrara el aire, como dicen, o estuvieran, a donde su juncia pasen. Si carrozas os trujeron, pluviera a Dios se quebrasen. las ruedas, o se os pusieran, en medio todos los Alpes. Que vive Dios, si supiera, tan impensado desastre, que os pusiera en el camino, todo el Triguis, o el Lufrates? Mas ya venisteis, paciencia: voy al caso, como es fácil, la mujer que más presume, de firmezas, y lealtades. No se a cual de los dos mira la Reina, alegre, y afable, y temo que con el uno de los dos ha de casarse. Digo, ninguno se conoce; que primero que tal pase, es menester que haya alguno, que se disponga a matarme; porque yo sin que mire respetos; y me resuelvan bastantes; tengo de quitar la vida, al que quisiere agraviarme, Lo mejor será volveros, que no es posible que os falten, casamientos que os convengan, y señoras que os igualen, Ferrara tiene Duquesa, que es en la belleza un Ángel, y Mantua otra, cuyo brío, es imán de libertades, Estas podéis pretender; y porque no le dilate mi bien, respondedme luego, como atentos me escuchasteis. Perdóneme vuestra Alteza, aunque descortes le ataje, que a mi responder me toca, a este término arrogante. Pienso Carlos, vive Dios, que ignoráis quien soy? No a fe? no sois Duque de Milan? Saber más es importante. No me puedo reportar: volved a verme, miradme. Carlos, y sabréis quien soy. Antes que a veros entrase, os he conocido Duques. Pues yo os digo de mi parte, que no dejaré la empresa, aunque el mundo me amenaes, espada tengo, y valor. Y yo un corazón muy grande, en este pequeño pecho. Si a la de Ferrara hablasteis alguna vez, pretendedla; porque vuestro estado ensalce, que a Ypolita he de servir, Y yo? . Porque no me canse tanto en volveros a hablar, será mejor levantarme; estáis ya determinados? En eso puede dudarse. Pues vive Dios que me pesa, de que no sean Gigantes; que me corro de reñir, i con dos niños, dos rapaces. Pero pues morir es fuerza, o que vuestro intento ataje; sin que más voces se den, ni venga a saberlo nadie, hasta que llegue la noche: a las espaldas del Parque de Palacio espero a alguno, que me lleve aqueste guante. Yo le llevare sin duda. Vive Dios que he de llevarle. Ya yo le tengo. . Qué importa? las ofensas son iguales; y lo ha de ser la venganza. Acabad, señor dejadme, a mí me toca esta empresa: temo que si con él sale, le han de matar, mejor es el ir yo, que al postrer lance, con decir quien soy, excuso la pendencia. . Es otro Marte, el de Calabría, no quiero que salga, y que me le mate, yo saldré, que con decirle quien soy enito mis males. . Suelte vuestra Alteza. Escuche; que no es bien aventurarse tal persona. Eso, responda al intento que mostrastes; también os aventuráis vos si salís perdonadme. Muerta quedo, hay dueño mío; que remedio puedo darle, si le sigo es ofenderle, y si le dejo es matarme: amor busquemos remedio. Dónde apresurado sale mi señor, que no ha querido, que ninguno le acompañe? Que sois noble, y animoso, me dice vuestro semblante; seguilde, y no digáis nada. Vos César acompañadme, que voy volando a Palacio. Estas enimás aclare el cielo, que yo estoy loco. . Dadme un caballo al instante; sin duda moriré presto, si llega el remedio tarde. Ciego de cólera estoy, no me puedo reportar, pero quien puede callar, con celos. . Siguiendo voy, sus pasos, y si le escucho, el verle me da cuidado; busar antes de casado, que después no fuera mucho; al campo, y descolorido, o tiene celos, o come barro. . Ya a su cargo tomé mi amor, procurar su olvido, a si sale alguno de ellos: paréceme que es al reves, primero besa mis pies, y deja su amor en ellos: que aunque espada no tuviera, león en tantos desvelos, con la cuartana de celos, con las manos le rompiera; según soy de desdichado, no faldran. Llegar quisiera, y el verle airado me altera; quiero llegar por el lado, i zquierdo, que juega menos de mano. Que he de perder, gusto, amor, Reino, y mujer, graves ojos, y serenos, por dos rapaces, por Dios! que rabio, cielos tiranos; pues que me disteis dos manos; haced que salgan los dos, que en tan confusa sospecha, pues mi enojo me incitaba, esta sola me bastaba. Mejor fuera la derecha, C. Quién está aquí? Pesia tal, mucho el resuello me apura; al que no tiene ventura, el bien se vuelve en mal; por más seguro escogí, el lado izquierdo, y hallé mayor mal del que pensé. Cómo veniste tras mí? Andando. . Sabes si yo quiero, que estes a mi lado? A saber lo que ha pasado, viniera un tigre; yo no; mas ya señor que he venido, y que el dolor ha pasado; qué tienes? . Desesperado, de mi bien, he pretendido, quitar la vida a estos dos, Príncipes recién venidos; para mi ofensa atrevidos. Tienes razón, vive Dios, pero para esos mancebos, es menester cuchilladas? bajarles los afollados, y ponerlos como nuevos: tu venganza determina, mas será cosa acertada, que no desnudes la espada, pues te basta la pretina; yo los tendré, si tú quieres, acuestas. . Que desvaríos, Pues contigo tienen bríos, aquestos medio mujeres; estoy por llegarme allá. N. Antes que te escondas, digo, que no es bien que estés conmigo, Y pienso que bienen ya. El de Milan viene aquí; vive Dios, que es animoso. El esconderme es forzoso, para acreditarte a ti Dónde voy determinada? que entredo es el que se ordena? tus ojos fueron Elena, más valientes que tu espada; tu hermosura celebrada, truecas por el limpio acero: tu locura considero; pero la mujer con ira, por sustentar su mentira, morirá como yo muero. Por librar al de Florencia; a quien eternamente adoro, contra el femenil decoro, tomo por él la pendencia, mas donde aura resistencia, contra Carlos! ay de mí, de solo verle temí: miente quien dice, que ha habido, mujer valiente. He tenido gusto, de veros ansí, con tan alentado modo, No le acierto a responder, y es mucho siendo mujer, el no responder a todo. A mostraros me acomodo, Carlos, que nunca ha de hablar, quien no puede sustentar, lo que dijere. . Es ansi: pero en que no lo cumplí; pues que me veis aguardar? Yo se que no habéis cumplido, Carlos, en cierta ocasión, de crédito, y opinión. Qué? Lo que habéis prometido. Quién os lo ha dicho, ha mentido, que yo se decir, y hacer. En algo bien puede ser, pero en cosas de importancia, hay temeraría distancia, del cumplir al prometer. Acordaos bien que promesas, no habéis cumplido. . Secreto prometí, mas qué discreto calla impidiendo la empresa? Ya vuestra lengua confiesa, que a una cosa habéis faltado: mas si lo tengo olvidado, . el declararme es error. Reliquias son del amor, memorias de lo pasado. Duque a lo que importa vamos; vos habéis de pretender, a la Reina por mujer: solos en el campo estamos, y con aquesto acortamos de razones. . Hay quimera, como la que aquí se espera? Verdad digo vive Dios: solo el no quererla vos, hará que yo no la quiera. Eso es imposible. . Ansí, en mí lo es el olvidar. Pues que, quereisme quitar, que no la quiera? . Sí, no queréis lo mismo en mí? Es más antigua afición la mía, y mi pretensión en la razón he fundado. Y cuando un enamorado, funda su pleito en razón. Aquí están, escuchar quiero. Las palabras no os amparan, solo las obras aclaren, de esta causa el fin postrero; yo soy también Caballero, como el de Milan, y aquí sustentare, que nací, más noble, honrado, y fiel. Basta que habla con él, y me está agraviando a mí. Oye. . Quiero responder, y mostrarle mi valor. Qué hacéis? . Perdonad señor, que os tengo de defender. Vuestro altivo proceder, a los árboles que están sin sentido, moveran. Vos que méritos tenéis, para que los comparéis, con el Duque de Milan? En eso gusto me das; ni me espanto, ni temí. Si el uno me toca a mí, salga el propio Barrabas. Pues no se dilate más. Ten la espada Carlos, tente Celio, que es loco accidente el que os mueve. . Estoy furioso, El Duquecillo es hermoso, pero no es nada valiente; mucha gente viene allí, sin duda paz meteran, ellos me asegurarán. Ea señor, yo estoy aquí: fuera digo. . Estas en ti? Fuera digo, fuera digo. Pésame de ser testigo, Carlos de esta sin razón. Con celos no hay discreción, ni paciencia, Conde amigo. Qué es esto Celio? . No sé, volví por el de Milan; a quien ofendiendo están. Pues qué importa si avisé? No se si cordura fue, hasta que diera el castigo, a tan soberbio enemigo? Que os llevase me mandó. y mucho enojo mostró. Fuera digo, fuera digo. Prended a ese pícaro. . Quedo, decir fuera digo, es delito. . Dejadle pues. No tengo a los males miedo, Con razón quejarme puedo. No os enojéis por mi vida; estoy por su amor perdida. Ya mi corazón espera, que se acabe esta quimera, difícil, y no entendida. Estos con razón quejosa: viose tal atrevimiento? Disculpa su error señora, si saben lo que son celos. Aunque es pasión insufrible, cuanto es tan alto el sujeto, no ha de obligar a locuras, ni hacer agravio al silencio, Decir que yo le quería, y que estaba el casamiento, ya tratado, y que le olvido, tan fácilmente por ellos. No es decir que fácil fui; que juz garan los que oyeron, semejantes desatinos, Ni respondo, ni me atrevo. Yo Laura, me incliné a Carlos, por verle siempre sujeto; mira si es justo olvidarle, cuando le miro soberbio: mucho ha perdido conmigo. Es porque en tus ojos bellos, ha ganado el de Milan mucho. . Yo se lo confieso, Pues siempre en lo que olvidamos, hallas faltas, no habiendo. Cuando se quiso ninguno, tan cabal, y tan perfeto? cada vez que a Carlos veas, hallaras en el defetos, que te ofendan, y te cansen. Lo que no se quiere es feo; mas yo no le olvido Laura, por lo que yo le dejo: lo que gana por galán, lo desmerece por necio. Si como antes lo quisieras, alabarás el despejo, de desafian dos hombres, sin ver las sombras del miedo; dijeras que era valiente; mas si cayó de tu cielo; obras hechas en pecado, no le dan merecimientos. No soy amiga de bravos, humildades apetezco. No hay que argumentar contigo; ya vienen. . Eso deseo. Aquí me mandan que os traigan, Humilde Floro obedezco. Tras de pedir vuestras manos, que indigno mil veces beso, os pido me perdonéis, este disgusto, supuesto que no he sido causa de él, sino lo ha sido el quereros. Con los brazos os recibo, y con el alma agradezco, la fatisfacción. . Mayor, y más larga os la prometo, No muriera yo en el campo, como noble Caballero, antes que ver esto. . El alma, está entre dudas ardiendo. Muy enojada estoy Carlos, mal sabéis guardar respetos: descubríos. . Y de modo, que jamás esté cubierto. Qué hacéis? Arrojar de mí, lo que sustentar no puedo; sino he de cubrirme nunca, de que me sirve el sombrero? Yo os descubro porque vos Duque os habéis descubierto. Ya no habrá acciones en mí, que no sean desaciertos; no me quiero disculpar, porque perdón no pretendo; solo hay de mérito en mí, el saber que no os merezco, Cubierto pudiera estar, por grande de vuestro Reino: porque los Duques, mis padres, les dieron sangre a los vuestros. Pero todo lo renuncio; y el estado que poseo, si lo queréis os le doy; que poco en perderle pierdo: Rey tiene España, y Francia; y yo valor, con que excedo, a Príncipes que heredaron Estado, pero no esfuerzo. Y ya que no lo queráis; que me deis licencia os ruego, para que viva en Calabría, seguro, si no contento. Yo me quiero castigar, solamente con no veros; que ansi penas excusando, no es castigo, si no premio. Du que muy soberbio estáis? si en España, y Francia hay dueño, yo os puedo quitar la vida, antes que lleguéis a verlos. A vuestros pies os suplico. que me la quitéis, Ya tengo lástima a Carlos, que al fin le he querido en otro tiempo. Cuando no os quite la vida. bastará teneros preso: Conde llevadle a una torre, pues con tal atrevimiento; tras de alborotar la Corte, da por disculpa otros hierros mayores. Siempre es cruel la mujer, aborreciendo. Perdonad amigo Carlos, soy mandado obedezco. Donde hay prisiones del alma, se han de sentir las del cuerpo; no Conde, no importa nada, tomad, la espada os entrego. Jamás se quita las armas, a tan grandes Caballeros. Ya yo no soy naide, Conde, ya no soy nadie, Florelo; sin armas, y con prisiones, podéis llevarme. . Qué es esto? Entrega Carlos la espada: por ser quien es no la quiero; si me dais licencia. . Conde, cuando hay un tiempo desecho en la mar, la Nave aligeran, porque no corra algún riesgo: dejad que arroje la espada, pues he arrojado el sombrero. Vaya preso, y vaya como quisiere. Ya no me atrevo a replicar, Duque amigo. Ya ni me enojo, ni temo, Bastará un pleito homenale. No quiero nada por pleito, que adonde mujeres juzgan. se pierde todo el derecho. El volver por el señora, es acción de noble. Lelio, demos lugar a la ira, porque le admitan los ruegos. Ypolita al de Milan mira, será el casamiento cierto, y perderé la vida, de amor, de rabia, y de celos. Qué tienes señora mía? No lo adivinas Arnesto; de los ojos de la Reina, para el de Milan tan tiernos? No veniste a ver a Carlos, y a impidir su boda, el cielo no te da lo que pediste? Ya lo contrario deseo. Las prolijas dilaciones, causarán más recibimientos en Nápoles, y mi boda, es forzoso que sea presto: esto mi Consejo dice, y yo a mi amor le aconsejo, que elija a su gusto Esposo. Perdida soy. . Esto escucho: conmigo quiere casarse; es imposible, y me alegro, porque el Duque de Florencia; olvide su pensamiento. El Duque de Milan, es mi Esposo. Dejad que el suelo bese, en que tenéis los pies. También señora os los beso, y tomo aquesa palabra, por el Duque. . Amigo Celio, en todo muestras tu amor; esa lealtad agradezco. Quiero al Duque de Milan, señora, como a mí mismo, ̱̱. Vuelvo a decir, que soy suya. Y yo digo, que soy vuestro. Vos, y yo, Duque gallardo, dejar la empresa podemos, que aunque yo no pretendía, por vos me pesa, y lo siento. Paciencia Porcia. Estoy loca, Qué turbado está mi dueño; pierda esta esperanza ahora, que otra mayor la prometo. Tuyo será ahora Carlos. Oh que excusados consuelos. Vos podéis trazar el modo, Pobre Carlos, Esto es bueno; ya se entornó la esperanza: las nuevas tristes te llevo; plega a Dios, no haya locura, que vive Dios, que la temo. Mi ventura es conocida. Yo soy quien gano en quereros, Disponedlo a vuestro gusto, y adiós. Adiós dulce dueño. Qué esperas a declararte? Calla, y disimula Alberto, que la Reina será mía, si antes la vida no pierdo. Yo estoy de cualquier modo, excluido, sin remedio; mas con todo determino, para fin de mis sucesos, saber quien es, a quien sirvo. Yo también he de saberlo, llega, y tratemos el modo. Temeroso a hablaros llego. De qué? Duque muchos años, guarde a vuestra Esposa el cielo: y a vos os dé vida, Oídme. Perdonadme que no puedo; no deis lugar a que digan, mis ojos, mi sentimiento. Tanto queréis a la Reina? Dios sabe lo que no quiero; mas de que sirve decirlo, sino ha de ser de provecho? Sabed, Duque de Florencia, que os amo con tanto extremo; que si palabra me dais, de acetar el casamiento, que os ofrecí esta maña; dejare el que yo poseo. Que no os casaréis. No amigo. Pues yo amigo, os daré luego, otra esposa que os merezca; y mañana Duque ofrezco, enseñarosa. . Pues yo, mañana también prometo, enseñaros una dama, celebrada en nuestros tiempos. Ansí queda. . Quede ansí; alegrad los ojos tiernos. El que no llora de amor, no le ha tenido perfecto. En fin ha de ser ansí? Esta noche lo sabremos. Ay Duque, cuanto me cuestas. Ay Duque, cuanto, te quiero.
JORNADA TERCERA
JORNADA tercera Ya seguro, y satisfecho, fortuna me llego a ver, pues no temo, ni sospecho; que ya no puedes hacer, mayor mal del que me has hecho; todo lo habemos perdido amor, la suerte molesta, contraria en todo ha salido. Solamente ahora resta, que procuréis el olvido; con el trabajo se adquiere todo, nadie de amor muere, todo el tiempo lo ha aclarado, que no puede ser honrado, quien menospreciado quiere. Tan grande melancolía; aunque con tanta ocasión, divertir así querría. Ánimo pues corazón, ved que es necio el que porfía; alegraos, si puede ser. Temeroso te entro a ver, pero discúlpeme en parte, el procurar alegrarte. la música suele hacer, que se divierta el sentido, con las pasiones de amor, mas turbado, y afligido. Libio el remedio mejor, para mi mal has traido; porque un triste se alienta, de su tristeza violenta. Y en la música suave, también el efecto cabe, pues dulcemente lo aumenta: haz que canten. . Que alegría, me ha causado el alegrarte. Ea necia fantasía, echad cuidados a parte; pues llego lo que temía. Esperanzas engañosas, felice yo cuando os pierda, que el que ha tenido los males, no es posible que los tema. Que bien dice, porque yo, presumí que es menor pena, buscar remedio a los males, que no esperar a que vengan. Siempre dais falsa esperanza, con engañosa cautela; los bienes de prometido, y en posesión las sospecha. Ese es propio efeto suyo; bien haya el que desespera, que si no se dan los gustos; es dolor que los promesan. Señor. . Que quieres. Pordona, el darte tan malas nuevas, la Reina. . No digas más: cásase, para bien sea; pasa adelante. . Bueno, poco se espanta, y altera; no ha llorado, ni mal dice, no es celoso de Comedia. Al templo del desengaño, en una tabla desecha, llego a pintar los peligros, de una bien temida aviencia. Es el novio el de Milan? Amor te hace profeta; si señor. . Gallardo mezo, muy bien merece a la Reina, tendremos hermoso Rey. Yo pensé. Siempre tú piensas, al reves de lo que pasa. Cualquier sastre lo hierra, y se guía por quien trata verdad que son las estrellas, quien poronigeres se guía; como sabrá cola cierta. Adelante, que me agrada la voz, el tono, y la letía: Sácame de aquesta duda, primero que a cantar vuelvan; estabas enamorado? Mi Y como te consuelas, cuando tu dama se casa, y despreciado te deja: que yo pense que arrojaras, la capa, y te enloquecieras, y que con un estrivillo, de los del alma me llevas: llena la boca de esperanza, por hablar mucho, y apriesa, te entraras muy satisfecho, como algunos represeman. Mira Petrolín, los sabios, todos los remedios prueban, para excusar sus pelares, mas ya venidos, paciencia. No le dé Dios tantos males, a nadie, como pudiera sufrir, todo ha de acabarse: firmes es fuerza que tengan, todas las cosas del mundo: de más de que no aprovecha, para consuelo de el alma, el dar voces con la leugua. Ya la reina me dejo, que puedo hacer si me deja morir, y olvidar, el agua poco a poco abre las peñas. Hoy siento mucho, mañana, si a la razón se sujeta el alma, sentiré menos: volando, en los pechos entra amor, y con pies de plomo, sale de ellos. . Mucho enseña, en la facultad de amor, Carlos señor, la esperiencia. Querer, no querer, es cosa, que cualquier amor remedia, el seguir a los que huyen, no es valor, si no bajeza. Ya en aquestos verdes sauces, quices tn trumentos cuvigan; los pensa mientos cautivos, hasta que a librar se vuelvan. Qué hacéis Carlos? . Amigo, procurar que se divierta la memaria. Habéis sabid como le casa la Reina, con el Duque de Milan. Si Conde, ya es cosa viela; bien le estará al Reino esta boda; la Corte estará contenta: yo he de ser si salgo libre, quien más alegre la fiesta; o que libreas prometo. Qué cordura; qué prudencia? en eso de salir libre, ya lo estáis. . De que manera; tan presto pasó el rigor. l Ooque con advertencia; callo cuando presto os truje, pero después con nobleza notable, rogó por vos. Un liglo viva su Alteza. La Reina, que adora en él; comó ya ser suya espera: me manda que os deje libre, y solamente por pena; os da, que beséis la mano, al de Milan. Antes premia, mi humildad, que si es mi Rey, ir a besársela es fuerza: iré al punto a obedecer. No hay cosa que tanto sienta? que riguroso castigo, y que costosa obediencia: hay que se me abrasa el alma. Mas no he de mostrar flaquza: ojos no me deshonréis, advertid, que hay quien os vea; pero si saben de amor, los que os miran, y os consuelan: bien podéis olos llorar; no lo dejéis de vergüenza? A quien estuviera solo. Ya tenéis franca la puerta, Ouque si falir queréis. La mejor prisión no es buena; yo quiero salir al punto. Qué falsa risa; y compuestas no lo disímula mal; mucho se anima, y alienta, pero ase que el corazón está, como digan dueñas. Petrolín. . Señor. Qué haces; mi libertad no celebras: no puedo dejar de darte albricias. . Cuanto deseas, veas cumplido. . Que puedo, ya desear, que simpleza; la vida de nuestros Reyes, solamente que posean en paz el Reino mil años, y que hermosos hijos tengan, y que de verse casados, en su vida se arrepientan. No desees imposiblos, esa es impertinencia, que dejarse de arrepentirse, quien se casa, es pedir peras al olmo. Que bien declaras, Carlos tu heroica nobleza; hoy tu valor acreditas; más bien, que en tantas empresas, que han ilustrado tu Casa, con blasones de la guerea. Con qué Cónde? Tú me entiendes. Y qué importa, que me entiendas? estará en Palacio el Duque? Presumo que será fuerza: ya es tarde. Vamos pues; que pues lo manda la Reina, quiero besarle la mano, si es posible, en su presencia, el cielo me de valor, que no basta fortaleza humana, a tantas desdichas. Vamos. La carroza apresta? Ya está aguardando. Y yo aguardo, a pesar de mis ofensas, vencerme a mí, que es valor, que no le ha tenido César. Siento que no haya venido; que no es buen enamorado, el que vive descuidado. Ocasión habrá tenido; forzosa es la prevención, en boda tan deseada. Nunca un alma apasionada, considera la razón: quien desde Milan venía, con tan verdadero amor, cuando ha visto mi favor, ansí se hiela; y enfría; estoy con razón quejosa. Oh qué enamorada estas: por la tardanza estarás, desconfiada, y celosa; ya fabricará quimeras el temor. No hay que temer; pero quisiera saber, con más presurosas verás. Qué burlado se quedó, el de Florencia. Y fue justo; que no para darle gusto; tengo de perderle yo. También es mozo, y galán. Yo hice buena elección; partes superiores son, las del Duque de Milan; es gallardo, y más brioso. Yo en fin por lo sucedido, veo que lo que es querido, Laura, es solamente hermoso. Cuándo la boda ha de ser? Mi amor pide brevedad. De perder la libertad, deseo puedes tener. Si Laura, pues es forgoso, que todo el Reino lo pida, fuera de que es bien perdida; cuando gano tal esposo. Salió ya de la prisión Carlos? Libertad le di, por el Duque. Si está aquí, no desmayes corazón, ahora habéis menester vuestro valor. . Quién entró? La Reina está aquí, y él no? cielos quierome volver. Carlos es. Carlos. . Señora, ya me vio, temo el llegar; ya no lo puedo excusar. A dónde vais? Salgo ahora de la Torre, y como es ley, la obediencia, por quien gano; entraba a besar la mano, a vuestro esposo, y mi Rey. Eso os emvíe a mandar. Y yo vengo a obedeceros; y al punto le voy a ver, si licencia queréis dar. ̱̱. Qué decís de mi elección? Que todo el Reino os alaba, porque esto solo se esperaba, de vuestra gran discreción. Que está Nápoles contento? Os bendice, y os adora. Y vos? Y yo también señera. Carlos si mudé de intento, fue porque me vi ofendida de vos: quien no sentirá, que falte el secreto. . Ya. la fiesta está prevenida, en máscaras, y torneos, Porque podáis estimarlos, mostraran vuestros Vasallos, la verdad de sus deseos. Está bien al fin, el ver en vos tanta libertad. Arcos, hace la ociosidad: que al Cielo se han de oponer. No fuera bien que eligiera, por mi esposo, a quien perdió. Todo el Reino lo miro, al sin ver su Rey espera. El secreto que espere. Ahora le he de ir a ver. No me debéis de entender. Vos no me entendéas a mí: no doy balla te señal, señora de mi intención, ni del Rey, satisfacción, ni se la pida el leal. Poco señora lo siente, No fue vado mi temor: que nunca el perseto amor, se consuela fácilmente. Duque, susto fuera dar succesión a vuestro Estado: y ya que yo me he casado, os quisiera a vos casar. El cuidado os agradezco, perdedle si puede ser, que yo le sabre tener, si el casamiento apetezco. Que si mi boda se ordeba, para excusar el disgusto, me he de casar por mi gusto no por voluntad ajena. Yo fui por embajador a Roma, y cuando velví, en Ferrara reciba, de su Duquesa favor. Si bien con la honestidad, que su valor requería. Seréis suyo. . Ser podría si os he de decir verdad, que es retrato de los Cielos, Escribidla. Eso he pensado. El verle tan consolado, casi, casi me da celos, Mas en viendo el rostro hermoso, del de Milamperderé e este susto que tome: Carlos hablad a mir esposo. Id, y besadle la mano, y decinle que le espero, que mi dicha considero, en rostro tan soberano. Que su tardanza he sentido; y que sospechas me dan, viéndole tibio galán, de mal coenso marado. No lo creáis, que es adora, cuanto podéis merecer, que no hay más que encarecer. Sabeislo bien? . Si señora. Yo se Carlos, que le pago. Bien señora lo mostráis. La de Ferra alabáis, pues ansi me satisfago. Yo he de tener más valor: temiendo mi suerte avara. Para casarme en Ferrara, os pido ayuda, y favor. ̱. Cómo os puedo yo ayudar. Escribiendo a la Duquesa: que si consigo esta empresa, podrá mi dicha envidiar, el que ha sido el más dichoso, Y os causara admiración, el ver tanta discreción, en sujeto tan hermoso. Yo escribiré. No os espante, mi amor. Qué impulsos me dan, yo diré que sois galán, pero no que sois constante. Ven Laura. Ya la entendí, y casi voy consolado: cella quien se ha mudado, y échame la culpa a mí. Templando se va el querer, lo que me ofende me ayuda, porque mujer que se muda, no es buena para mujer. Celosa aquí se ha mostrado, cuando adora al de Milan, quien no me estimo galán, no me pudo honrar casado. Hoy se deshace tan confuso enredo: voy a avisar al Duque de Florencia Cesen ya tan notables confusiones, para estas ocasiones, es menester la edad, y la experiencia: será suya si puedo. Ya espera al de Milan apercibida, en su traje vestida. Amigo Arnesto, el Duque me a mandado, que al de Florencia, diga, que ha llegado la dama que le tiene prometida. Lo mismo dice el Duque de Florencia; la dama que ofrecio para su esposa tan bizarra y hermosa, que con el Sol presume competencia, ha llegado, y espera a que su alteza; vea su discreción, y su belleza. Advertid que le tiene prometido, mi dueño al vuestro, que si da la mano a la dama, que ahora le enseñaré, sin que en nada repare; hará que el casamiento salga en vano, a la Reina ofrecido. El caso y las promesas he sabido? sean las vistas en aquesta sala. Veréis Arnesto que a la Reina iguala, en rostro, en discreción, y gallardía. Qué burlado a de hallarse, cuando vea, que el dueño que desea, es mujer, y que puede dar al día, rayos de luz. Qué vano pensamiento, sigue, la que pretende el casamiento de mi señora. Espera que ya sale. No hay hermosura, que a la suya y guale, Ay cielos, Qué es lo que veo? No vi semejanza igual; es el Duque de Florencia? Es el Duque de Milan? Yo soy el que lo fingí. Y yo quien por estorbar, una boda que temía; mudé el traje. Ay caso igual. Engañados hemos sido, y quisimos engañar. Quién eres mujer, que has hecho tal agravio a mi amistad? Y tú quien eres mujer, que en llegándote a mirar, de varón fue tu hermosura; de mis sentidos imán? Duquesa de Mantua soy, que acabando de ganar, tan rico estado perdí, mi rebelde libertad. Entre diversos retratos, de hombres famosos, que hay en Italia, vi el de Carlos; valiente como galán: pregunté quien era, supe su estado, y calidad; y que con la Reina bella, se pretendía casar; determíneme en efeto, mudé el traje, lo demás, ya lo has visto, y que engañada, he adorado tu veldad. Esa misma causa ha sido, la que me obligo a dejar, a Ferrara, porque Carlos, fue la causa de mi mal. Con el traje de varón, vine a esta hermosa Ciudad, a impedir su casamiento: pero vinele a olvidar, viendo tu talle, y belleza: que estos enredos harán, transformaciones de amor; en el pecho más leal. Pero pues que el desengaño, con notoria claridad, me dice, que es imposible, mujer, poderte gozar; a Carlos rindo de nuevo, el alma. Cómo será posible, si yo le adoro, y le he venido a buscar? El amor que tenía, en odio se trocará, si solicitas a Carlos. Por mi respuesta darán, mis abrasados deseos; en todo te soy y gual: noble soy, y poderosa, que miedo me puede dar: cuando llegue a rompimiento, Duquesa tu enemistad? Repórtate Porcia bella. Mira Elena donde estás. Porcia, si es este tu nombre; si en razón se ha de fundar, nuestra pretensión, advierte menos furiosa, que ha ya días, que Carlos me vio, y me mostró voluntad; siendo huésped mío, Elena, que leyes sabe guardar el amor? a qué consejo de guerra, papeles das? de los servicios que has hecho: que Juez vas a informar, que para ganar el pleito, alegas antiguedad? con esta razón te arguyo; si es que pretendes la paz. El purgatorio de amor, en un día, hace penar a algunos, mas que en diez años a otros, y mi amor es tal, que en lo poco que aquí adoro, a Carlos puedo igualar, a lo que a que tú le quieres, si fuera una eternidad, Porcia, como todos dicen, cada uno siente su mal. Si te descubriera el pecho, vieras en él un volcán. Cuantos amantes celebra, la antigua Gentilidad, no se igualaron conmigo. Pues di, si eres tan leal, como por mí le olvidaste? Eso te respondera? no le olvidaste por mí; porque alabas tu leastad? Si le olvidamos las dos, desde hoy se vuelve a empezar, el amor, y guales somos, y en las dos es de una edad. Mira Porcia. Mira Elena. Ya todo perdido va, reportaos. Tente señora. Porcia, la empresa dejad. Eso mismo os digo Elena. Oídme, considerad: porque excuséis la cuestión; que llegado a publicar, que sois mujeres, la Reina, como de antes, volverá a querer a Carlos bien, y con él se ha de casar. Vuélvete a Mantua Duquesa, que de esta manera irá adelante mi intención; si me vuelvo a disfrazar. Antes me daré la muerte, En tal desatino das? Quién da voces? Qué es aquesto? Entraos al punto, y callad, que viene gente. I Dama hermosa, dónde vais? Tente César, Suelta Celio. Cosa imposible será; que no haber hallado al Duque, me ha dado que sospechar. Qué quieres? Veros señora. y saber una verdad. Yo soy, qué pretendes Celio? Ya no me puedo ocultar. Ni yo dejar de saber, tan extraña novedad. Vos sois Duque de Florencia? Vos sois Duque de Milan? Celio cuando no lo sea, no me excede en calidad, y en Estado, y en riqueza, le soy justamente igual. Sino soy el Duque, soy tanto como él, si no más, Duquesa de Mantua soy. Y una imagen celestial, de quien espero el remedio, provechoso; y eficaz. Yo soy Elena Duquesa, de Ferrara. Esa beldad, acredita las palabras; y ansí mi enojo templáis. Calla Celio, y disimula. Ludóvico me llamad: yo soy lo que habéis fingido; no receléis, no temáis; declaradme vuestro intento, que en todo os he de ayudar. Transformaciones de amor. han sido. Después sabrás César, todo lo que pasa. Mirad señora que habláis, con el Duque de Florencia; que amor hizo este disfraz, y a mi propio me serví. En pública parte estáis. Venid y sabréis de espacio. mis intentos, y mi mal. Duque yo estoy de manera, que no he de poder hablar; dejadme ahora por Dios, y después a verme entrad, y os contaré lo que pasa. En todo os quiero agradar; que el que encubierto os sirvio, conocido os servira. Lelio que tengo de hacer. A la obediencia me allano, y vengo a besar la mano, del que mi Rey ha de ser; temo que al llegarle a ver, la cólera, y la pasión, alteren mi corazón? Qué dama es la que está aquí: quien viene a casarse ansí, tiene esta conversación? dama trae viven los cielos; cuando sus ofensas hallo, que como leal Vasallo; tengo por la Reina celos. Carlos viene, tus desuelos, y sus quimeras, no han sido de importancia. Estoy corrido. Ya es forzoso declararme, pues quiere Porcia, usurparme, la gloria que he pretendido. Dama hermosa, si buscáis, al Duque, no es justa ley, cuando es de Nápoles Rey; que ansí a su esposa ofendáis, Y vos porque no miráis, por el honroso interes? El caso sabréis después, cuando veáis mi lealtad. Al Duque busco, es verdad; que también Carlos lo es. Luego me buscáis a mí? En vuestra casa no estoy? Al de Milan, se la doy; yo muero, y no vivo aquí; lo que pretendéis decí. Conoceisme? Bien pudiera, decir que sí, si creyera, que los ojos no mentían; pues que viendo lo que vian, dudan, y el alma se altera: en vos, el original contemplo, que aborrecí; y por quien siempre temí, mis desdichas, y mi mal: y ahora con celestial belleza, el alma reposa en una confusión clara, pues mis ojos os verán hombre, señor de Milan; mujer, dueño de Ferrara. Sacal de esta confusión, si es posible, mis sentidos: decid ya de los vestidos, cuales, verdaderos son: haréis en el corazón, mudanza a mi parecer, imposible de creer, pues con notoria alegría, quien hombre os aborrecía, os adorará mujer. La causa de aqueste enredo, no conoceros ha sido; cuando os vi quedé afligido, y siempre ve poco el miedo. Ay Carlos, apenas puedo, mover la lengua turbada: Elena soy olvidada? que pena mal merecida. La Reina os deja querida; y yo os busco despreciada; mirad bien a quien debéis mas, si es de pecho honrado, que allá sirváis despreciado, y aquí querido olvidéis. Por lo menos bien sabéis, que es inconstante su amor, y casaros es error: con que mi razón se esfuerza; que aunque no os ofenda es fuerza, que estéis con ese temor. Que efetos del ciego Dios, a quien el alma prendí; ella os dejaba por mí, y yo la dejo por vos. Mirad a cual de los dos, quedaréis más obligado; yo os adoro despreciado, y ella os desprecia querido. Cuando ella niega, yo pido; por burlarme os ha burlado. Carlos vuestra soy, mirad que es más segura esta empresa. No puedo negar Duquesa, que en todo decís verdad: vuestra divina beldad, me anima, vuestro he de ser. Desde aquí sois mi mujer, y la Reina me perdió; que al fin si no me ofendió; bastó quererme ofender. Y un honrado corazón, para evitar su deshonra, debe en tocando a la honra, castigar a un la intención. Yo pago como es razón, quede el intento burlado, de la que me ha despreciado, liviana, y presuntuosa; porque es la más dulce cosa, castigar a un confiado. La mano señora os pido. que por guardar justa ley, quiero dejar de ser Rey, para ser agradecido. Y porque quede cumplido, lo que mandó rigurosa Y polita, es justa cosa; porque mi dicha confiese, mi bien, que la mano os bese; por mi dueño, y por mi esposa. Dejad que os la bese yo, pues tan venturosa fui. No mi bien, que cumplo ansí, lo que la Reina mandó; a besaros me envío la mano. Mayor bonanza, no esperó mi confianza, entre la duda, y tristeza. La hermosura, y la firmeza, aseguran la esperanza. Cuando acabas de besar, la mano al Duque. Detente. Poco el casamiento siente, ya se comienza a alegrar. No importa, dejade entrar. Ya sin causa le resisto. Dime Petrolín has visto, este rostro? Sí señor; direlo? Pierde el temor. El Duque es por Jesucristo pues Carlos en esto das, desde luego me despido; hombre de mujer vestido, no ves que en Italia estás? Mírala atento, y verás, a la que viste en Ferrara. Ella, o, cortada su cara, es vive Dios. Petrolín, llega. Yo me engañé al fin, y quien quiera se engañaras atras a los hombres dejas, en el brioso semblante. Yo tendré de aquí adelante, cuidado con las orejas, aunque las muchas guedejas, cubren los sarcillos ya. Ven, y la Reina sabrá para fin de su porfía, como eres mujer, y mía. Temor el verla me da. No temas. De ti me fío, en medio de mi cuidado. Mas si la hubiera azotado, cuando falio al desafío: ya de pensarlo me río. Basta que tuyo me nombres: ni te turbes, ni te asombres, muestra tus ojos serenos, Basta que han trocado frenos. las mujeres, y los hombres. Declararme con la Reina, Arnesto es más importante, porque antes que Elena llegue, con el que adoro me case. Advierte mejor señora, cuerdamente lo que haces, De todo vengo advertida, no tienes que replicarme, ya la he pedido licencia. para hablarla. El cielo acabe, tus penas; y tus pasiones. Hoy la industria a de ayudarme Ya la Reina sale aquí. La novedad es notable; en Nápoles La Duquesa de Mantua. Vendrá a hallarse, en las fiestas de tus bodas. Reina hermosa perdonadme, y dadme esas bellas manos. Mas razón es que os abrace; válgame Dios! no es el Duque de Florencia? Qué admirable semejanza. Amor ha hecho, Transformación semejante: yo fingiendo ser el Duque, vine a hacer que se estorbase, con Carlos el casamiento: a quien otro tiempo amastes. Ya que el de Milan es dueño, de vuestras divinas partes, pido a vuestros pies señora, que me deis a Carlos. Baste: aunque el engaño he sentido, bien es que el perdón alcance, vuestra humildad, y belleza: su Esposa seréis. Dejadme, vesar vuestras bellas manos. Mucho siento, que le amen otras, cuando yo le olvido, pero mi esposo, es un Ángel, ya estoy muriendo por verle. Mira si ha sido importante, el haberme descubierto, con el promete casarme. A qué a palacio a venido? escucharlas quiero aparte: cielos, Porcia ha de ser mía, o la vida ha de costarme. Hoy industria habéis de hacer, que el gusto, y el Reino alcance; pues dio palabra la Reina, que es imposible que falte: de casarse con el Duque de Milan, y ahora es fácil; pues a Carlos aborrece, y a de hallar mujer su amante, ser mía, si me declaro: quiero aguardar hasta que halle ocasión. Digo, que ha sido Carlos, venganza notable; mucho alabo tu prudencia, No hay lengua humana, que alabe el rostro de la Duquesa, mucho a ganado en mudarse. Aquí esta Carlos, señora. Hoy señora habéis de honrarme, la Duquesa de Ferrara; de quien os dije las partes, ha llegado a vuestra Corte; y pues es fuerza casarme, para dar a mis Estados heredero de mi sangre; os pido que permitáis, que sea mi esposa. Trance terrible! mira señora, que tu palabra no falte. Duque yo os tengo casado. Mi gusto ha de cautivarme, solamente: y porque vean todos los que están delante, la buena elección que hice, os quiero enseñar un ángel, para que veáis un cielo, cistado en sus ojos graves, Ay cielos este es mi Esposo, Amor estas burlas hace, Elena soy Reina bella. De este modo me engañaste, Amor es quien os burló. Pues Carlos, porque no mande, mi Reino, señor extraño, la corona quiero darte, con mi mano. Es imposible, que antes que a veros entrase, me despose con Elena: para mi amor más constante. Y fuera de eso, señora, acordaos de que jurastes, de ser esposa del Duque de Milan. Si es burla baste? No es burla, yo soy el Duque, y si ruegos son bastantes, a vuestros pies os suplico, admitáis mis humildades. Cumplir mi palabra es fuerza. Y también lo es declararme, y pediros Porcia bella, que deis remedio a mis males, pues ya conocéis quien soy. Yo quiero Duque pagarte, a ver tu nombre usurpado. En ocasión semejante, el abreviar en los fines, es bien para que no cansen; y ansí pues en cualquier cosa, contentan las novedades: os doy fin a una Comedia, en que Damas, y Galanes, por diferenciar en algo, ninguno ha sido constante,
