Texto digital

Texto digital de El tramposo con las damas, y castigo merecido

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Alonso Jerónimo Salas Barbadillo
Atribución estilometría
Alonso Jerónimo Salas Barbadillo Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El tramposo con las damas, y castigo merecido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tramposo-con-las-damas-y-castigo-merecido-el.

Logo BICUVE

EL TRAMPOSO CON LAS DAMAS, Y CASTIGO MERECIDO

JORNADA PRIMERA

que tu primo ha llegado de León, Calificada opinión goza, y por ella le estimo. Este hombre es Don García, y por escrito emprimé con él, qué bien que corté ingenio, y pluma aquel día. Por Dios, que es notable treta. De eso vienes admirado? muchos primos he ganado en virtud de la estafeta. Qué graciosos desatinos! Aún para más te prevengo? qué te espantas? primos tengo Isleños, y Ultramarinos. Pues solo para imprimar con algún hombre afamado con mis cartas he pasado de la otra parte del mar. Suelo yo con gracia extraña (acción que nadie me veda) pasearme por la arboleda de los linajes de España. De donde con osadía conforme, el ingenio vuela tal vez desgajo una abuela, y tal arranco una tía. Mil abuelos prevenidos tengo de quien me amparar, porque yo suelo mudar mas abuelos que vestidos. Considerado, tu humor tienes. Dime lo que sientes. Recámara de parientes, no de vestidos, señor. No he visto mayor frescura de condición. . . Cómo voy por esta árboleda, estoy amenísimo. . Procura Mejorarte de accidentes, porque esos árboles son muy secos, y no es razón que de sombras te contentes, Campaña es poco segura la selva por donde vas, que las más veces podrás perderte por su espesura. Busca fruto con astuto ingenio, y más no te ultrajes, que arbóledas de linajes dan flor mucha, y poco fruto. Deja las vanas ficciones de esa árbóleda molesta, que no hay más bella floresta, que un talegón de doblones. Que el oro se considera, y en justa razón se funda de el hombre sangre segunda, que ennoblece a la primera. Y así cualquiera mortal tiene en su sangre tesoro, porque la segunda es oro, y la primera coral. Oye, que a los entendidos se debe satisfacer, por Dios, que les he de hacer gran banquete a tus oídos. Si otros a la vanidad consagran este deseo, yo solamente le empleo en fértil utilidad. De estos deudos adquiridos con arte, y ya confirmados saco yo premios honrados, logro frutos muy lucidos. Y así huésped me he de hacer del que a ser mi huésped viene. ̱ a de parnro pierene tu ingenio. . . Pues ha de ser. Tu atrevimiento me agrada, bizarría singular. Por Dios que he de emparentar con él, hasta en la posada. Parece que siento ruido: Dices verdad; y a llegó. Y no al puerto, que él pensó. En el puerto se ha perdido. Subir la escalera siento. También la sube el que va a la horca. . No será este menor escarmiento. Escucha por vida mía. Como un mármol pienso estar. Oye que quiero soltar toda la volatería. . El juicio tengo perdido. Parece que está enojado. Aún en mí no ha reparado de el enojo divertido. Retirémonos aquí, y su indignación labremos. Señor, templa tus extremos. No cabé templanza en mí. Esta casa me alquilabas si en ella un hombre murió de peste? quién te engañó? Tú, que tu engaño buscabas. Dándome tan grando prisa, que busque, mas no elegí. No son buenas para aquí ni aún apariencias de risa. Responde más mesurado. Como el mal año murió de una seca, que le dio. este huésped desdichado. Tus furores no se alteren, no te admires, no te asombres, es mucho morir los hombres de lo que los años mueren? Riñe con mucha razón. Que a ser su huésped venías, en camino te ponías de la barca de Aqueron? Busca luego una posada y ropa, porque en la mía hay malicla desde el día, que estuvo en casa apestada. O edad ciega, y alevosa, triste yo, que en ti nací; pues hasta la ropa en ti se sabe hacer maliciosa. Mas compétele a esta edad la malicia con justicia, que mal faltará malicia, a quien sobra necedad. Gracias dices ignorante? Vive el Cielo! . Siempre vive, y no servicio recibe de memoria semejante. Pues siempre te veo acordar del Cielo en los juramentos. No deis más seña a los vientos, templad el justo pesar. Mirad, que soy Don García. Ahora con más razón crecerá la indignación, que en mi pecho se encendia. Dime, donde hospedaré a mi primo, dime dondé? Mi turbación te responde con humildad, que no sé. Pues hay deudo, y amistad, perdone, y su estrella siga, que una casa seca obliga a tan grande sequedad. Esto no admite dispura, antes es opinión llana, a casa más seca es sana, y está es seca aunque no esjuta. Si por tal huésped enojos el verla seca te da, llora, y húmeda estará con el agua de tus ojos. Tu llanto el remedio gaste, que si el bien nace de allí, le podrás decir así, que en los ojos le hospedaste. Mas contra la sequedad medio más fácil intenta, en el pozo le aposenta, y sobrarale humedad. A la muerte le condeno será hospedarle traición en la casa donde son aún las paredes veneno. Pues después, que entró tan fuerte la muerte a verter sus iras, estas paredes que miras están cebadas en muerte. Pocas en Madrid verás, que no estén por su camino de uno, y otro desatino apestadas mucho más. La casa más noble peca deseca, bien claro esta, pues que en ninguna se da mira si hay cosa más seca. Yo no pido por temer algún suceso bien malo; si algo dan es con un palo, y aún este seco ha de ser: Que hoy la sequedad, señor, tan estendida a estar viene, que aún tal vil dádiva tiene sequedad, y no verdor. Soco está el Mundo, y no crece sino en ser grosero, y vil, que solo el prodigo Abril dadivas verdes ofrece. Mas injuria me propones con la excusa que me das, puesto, que apestado estás aún en las mismas razones. Mis criados han buscado para si cierta posada, tan compuesta, y aliñada, que excede su humilde estado. Desde aquí buscar podremos con nuestra comodidad mas pompa, y autnoridad pues en muchas la hallaremos. Yo que os había de hospedar vuestro huésped he de ser? Hoy tenéis de obedecer. Vuestra luz me ha de guiar. Adiós, que en casa apestada ya es mucha conversación esta. Salió la invención tan sutil, como acertada, bellísimo embuste. . Airoso mientes con tal desenfado, que en ti el mentir ha ganado un dístrito prodigioso. Gran provincia es el mentir después que leguas te augmentas, y distancias le acrecientas; al fin irás? . . No he de ir. Ya tenemos asentado, que a comodidad aspiro, y que a las leyes no miro de un ingenio recatado. Bien haces en no tratar con el honor melindroso, que es un enfermo achacoso, que siempre se ha de guardar. Cualquiera soplo le hiere de la fama; a quien no enfada cosa que es tan delicada que de un ventecillo muere? Envidio tu desenfado, con tu despejo me ajusto; de las escuelas de el gusto debes de ser Licenciado. Y aún Retor, que el proceder tuyo me deja advertido, que de el gusto mal regido digno Retor puedes ser. J. Soy de los gustos buscón, Que dulce tendrás la vida. Ya os espera prevenida posada, y buena intención: Porque enmiende la segunda lo que falta a la primera. Nuestra amistad verdadera sobre la intención se funda. Hoy Don García me ha preso con nuevas obligaciones; augmentó a su amor blasones, en él gloria, y en mi exceso. Decirle que ya ha venido la noche, y que he de ir primero a ver de cierto lucero los rayos que me han herido. Yo procuraré abreviar, reciba por vos mi excusa, que aún aquí el alma me acusa, que no le voy a buscar. Jesús, que buen caballero es el Monsiur Leones, que blando, y fácil, no ves, que el León se hace Cordero? juzgara en su fantasía el hidálgote enfadoso, que es acto caballeroso este de la hospedería. Y por ser muy caballero no de su bolsa sin daño tendrá en Madrid todo el año oficio de mesonero. Donde, o pesia a mi linaje. Cal Tu voz no me impida, verá su hacienda comida del cancer del hospedaje. Ven a ver la bizarría de una, y otra hermosa dama, dulce augmento de la fama, y émulo hermoso del día. Espera, que tengo aquí de esas damas dos papeles, que a tus intentos infieles gustan de premiar así. Este es de Doña Isabel, que con ser madre parece, que ayer nació, y este ofrece más niña, aunque no más fiel su hija Doña Inés. Pudieras haber albricias pedido. Tú eres tan bien entendido, que con manos lisonjeras darás lo que no pedí, que hace el mérito mayor no haber pedido, señor, lo mismo que merecí. Dame, señor, que es gran mengua de tu hidalgo entendimiento, que pague el merecimiento los descuidos de la lengua. El decoro maternal a Doña Isabel la quiero guardar, leyendo primero este papel majistral. No tendrá cuatro razones, que es la madre muy sucinta, Y serán de buena tintar todas serán conclusiones. En la puerta del jardín de mi casa que sale al campo os espero esta no- che entre doce y una: mi voluntados llama, y mucho más la soledad de el sitio. Dios os guarde, El papel no me mintió. Bien muestra en su brevedad ingenio, y autoridad. Su gran belleza nego. Él de la graciosa Inés hija suya, y tan perfeta, que la iguala en ser discreta, este es, señor. . . Este es? Pues también será pulido, que es la Inés gran papelista: aún apenas tengo vista. Pienso que está el Sol dormido; pero al fin le podrás leer, que un escrúpulo ha quedado de luz confuso, y turbado. Sí, que breve viene a ser. Entre doce y una os espero esta no- che en la puerta de el jardín de mí casa, que mira al campo: el sitio es solo, y la hora le hace mucho más Dios os guarde. Qué poco habladoras son estas damas por escrito, bien escriben de poquito, no forman tercer renglón: Pero en tan pocas razones tu perdición te han pedido. Es mi ingenio más lucido en las fuertes ocasiones. Contra dos puedes pelear? Puedo pelear, y vencer, Oh prodigioso poder! Ofendesme con dudar. Los ingenios femeninos son como alamos ojosos, sin fruto vanagloriosos entre arroyos cristalinos. Pues no es fácil de quitar tanta hoja? . . Yo podré, que cierzo airado seré, que las sabre desnudar. Cierzo dices? No quisiera verte imitar los cuidarba. de el Comitre de lus pados, que les dice ropa fuera. Oh qué ingenio tan verdoso, hazia los prados te vas: vamos. . Voy muerto. Serás testigo de un caso honroso. Pues engañar dos mujeres vengando a los demás hombres merece inmortales nombres. Qué tan grande empresa esperes? Pues cuando Eva inportuna comio lo que no debía, no pensó el diablo, que hacía poco en engañar a una. Desde entonces viene a ser gran tragona esta canalla, pues buscó para engañarla cosa que era de comer. Ven, y mi ingenio verás vencedor, nunca vencido. Quedará el diablo corrido: un proto diablo serás. Si tu engañas sus extraños engaños con rostro tierno, podrán llevarte al infierno a seer catedra de engaños. No te quieres acostar? Es noche para gozada, que es hermosa. Y tu pesada. Título es que me ha de honrar. Que el ser liviana es delito: en calidad cual la mía. Qué vana bachilleria, con vergüenza te permito que ocupes este lugar: (como la engañe no sé.) Grande mi desdicha fue cómo la podré engañar? Que a mi madre que jamás a este lugar salió, antojo, y parto le dio tan sin tiempo. Necia estás. Y si es que tu inadvertencia en su obstinación se está, mi chapín castigara descuidos de tu obediencia. Ya te aguardan en el puesto, tu estrago tengo de ver. Antes mi gloria en vencer, o morir la gloria he puesto. Qué está no se quiso entrar? Don Lope es, y tengo miedo, que se vuelva. Apenas puedo mi espíritu sosegar. Mi madre será ocasión de que Don Lope retire sus pasos, porque suspire fuego eterno el corazón. Mi paso determinado alaba. . Tras el suceso, que antes, señor, te confieso que me dejas lastimado. Mas que no hazaña locura es empresa semejante, o buen Caballoro andante, el Cielo te dé ventura. Jamás entendí que diera la noche luces tan claras entre sus sombras avaras liberal, y lisonjera. Que en la ilustre claridad que vuestra belleza envía, renace Fénix el día, y muere la oscuridad. Jesús Huigamos. . . Huy Pues de quién? Don Lope soy, que hecho en este campo estoy Ave de sus verdes ramos. Dices bien. . . Cómo? Me aplico a que eres Ave, Señor, que quién es tan hablador, es fuerza que tenga pico. El veros tan escondido en la capa haciendo fieros a la misma noche, y veros acometer atrevido, miedo nos pudo poner, A mí me le puso tanto; que de el recibido espanto, purgarme abré menester. Melindre, pero gracioso. No lo es porque se aplica Ma concepto de botica, purgativo y reboltoso. No anduvo graciosa, y grave? Si hablas de la purga, no por Dios, que el aire dejo oliendo todo a jarabe. Concepto no solemnices, cuyo efecto dividido, si es bueno para el oído, hace ofensa a las narices. Bien con mi hija cumplí, . mi turbación la agrado. De mi espanto se creyo . mi madré, yo la vencí. Pésame de haber turbado vuestro seguro reposo, salteador poco dichoso cuante pude afortunado. Y así, pues debéis de estar en silencio tan sereno, dandor al verde campo ameno más colores que imitar. Poco dije discurriendo con altas contemplaciones, las. Celestes Estaciones, que los Signos van haciendo. Pues esta noche tan bellas luces el Cielo sacó, que en este campo intentó ver Estrellas contra Estrellas. Yo me voy por no impediros, aunque aquí pierdan los ojos los siempre bellos despojos, que se compran con suspiros. El oro terso, y la plata compran los suspiros? No, porque a ser moneda, yo me hiciera luego beata, que es la más copiosa gente de moveda suspirona, tan astuta, y socarrona, que entre el suspirar ardiente con un modo no entendido suelen dormir y roncar, pretendiéndonos pasar por suspiro el que es ronquido. Y yo sé de cierto bobo (engaño a fe no pequeño) que cabezadas de sueño, las pasa en cuenta de arrobo, Boca tienes de Serpiente, que aún la virtud no perdona. Honrenos vuestra persona, pues cesó el inconveniente. i . Con un engaño las dos se burlan, calla, y verás, que las he de engañar más. ̱. Haclo, y paguerelo Dios. Oh noche más bien vestida, que fue el día precedente, pues más Sol está presente todo luz, y todo vida. A larga ausencia de Febo, sepulta su claridad, pues tanta serenidad a tu silencio le debo. A la noche deja, de miento por otro modo, que por hablártelo todo gustas de hablar a una muda. Tanto hablas, que conviene, que ella mude sus sentidos, convirtiéndose en oídos todo lo que en ojos tiene. Dime si te recogieras de buena gana a dormir. Primero tengo de oír del Sol las Aves parleras. Veré en rosas florecientes a la Aurora, que en naciendo, muy falsa se está riyendo or mostrar los buenos dientes. Verela bordar, Señor, el campo, con gran placer de haber visto una mujer que madruga a hacer lavor. Y aún más estoy advirtiendo de esta doncella lozana, que labra de buena gana, pues siempre se está riyendo, Pero he llegado a temer que es necia. . . Quién te lo avisa? Blanca, y rubia, y toda risa, por fuerza necia ha de ser. Con que siendo esto verdad, que bien ser verdad parece, lo primero que amanece en el mundo, es necedad. Qué buena noche he pasado, muchas como esta quisiera; aunque yo a mayor Esfera me juzgaba destinado, porque en ella concerté hablar cierta hermosa dama, por cuya luciente llama rayos del Sol desprecié: Y cuando fui por hablarla, halle persona con ella, que me impidió proponerla cuanto me gozo en amarla. Este lo ha dicho por mí. . Sin duda por mí lo dice. . Bien a las dos satisfice. Pienso que aún yo te creí. Una parienta cercana de la dama, me impidió. Oh que bien se declaró, Alma tiene cortesana. . Que más cercana parienta, que la hija que parí? Su grande ingenio advertí: A que le adore me alienta. . Ay parienta más cercana, que mi madre? El que es discreto, qué bien dice su concepto. i . Lloro mi muerte inhumana; aunque no debo llorar, que si aquel bien me faltó, otro el Cielo me ofreció bien digno de celebrar. Si aquí la dama estuviera, persuádase a que lo está, y hable con ella. . Será desterrarle Escucha. . Espera. Engañalas, y verás como a todos te prefieres, que quieren más las mujeres a quien las engaña más. Dijera, señora mía, en cuyos ojos amor, para salir vencedor tiene luciente armeria? A ofreceros he venido un Alma donde reinéis, que sola vos merecéis un Imperio tan lucido. En esta Alma, vuestra, y mía, ejercitad Majestades, que asegura eternidades tan constante Monarquía: Que a no ser prenda inmortal, señora, no os la ofreciera, que de daros me ofendiera un imperio temporal. A ser yo esa dama hermosa, estuviera agradecida. Y yo tan reconocida, como bien vanagloriosa. Qué bien te ha favorecido. . De las dos voy obligado, tan felizmente premiado, que restauré lo perdido. Qué vano que está, qué grave! Presto se desvaneció. Mi madre no me entendió. Engañela, poco sabe. Oh grande amor! Y tan fuerte, que muero a manos de amor. Por morirse sin Doctor, será dichosa tal muerte. Mas quiero morir de amores, con ser tan necio morir, que no llegarme a rendí a consultas de Doctores. su grande malicia ved, pues dan con mano pesada, una muerte consultada, como si fuera merced. Pues cuando saber codicio de mi salud mal perdida, está en consulta mi vida como si fuera un oficio. Sus consultas, sus recatos, a quien no turban, y alteran? nuestras vidas consideran, Garnachas, o Virreinatos. Gente he sentido. . Por Dios? ̱. . Vamos Móndego, camina, que aquella frontera esquina descubre un hombre. . Y aún dos. Aunque es campo, no alborote el barrio, váyase luego. No inquiete nuestro sosiego, ni de causa que se note. Muy bien se pueden entrar vuestras mércedes seguras. No habrá marciales locuras, que no me inclino a matar, sino es a la mal regida hambre, con quien estoy mal; hambre matante, y mortal de quien yo soy hambricida. Notable empresa. Creed, que en esto soy temerario? aunque yo; mas de ordinario me acuchillo con la sed: Con dos hebras de tocino la suelo resucitar para volverla a matar con el estoque del vino. Nace con tocino, y deja su vidatal vino, advertir quiere en nacer, y morir, que es mi sed, Cristiana vieja. Vámonos, que sin comer puedes la sed provocar, porque para tanto hablar, bien has menester beber. Adiós, y vaya ocupado en esa dama. . . Si haré. No la olvide. . . No podré, que es Alma de mi cuidado. Mi madre ruega por mí. Mi hija, por mi rogó: Amor, tu industria venció. Amor venciste, y vencí. Oh prodigioso pintor, cuyos ilustres colores, dan al aire tantas flores, tantas plumas al amor. Quién era el hombre que e viste? porque yo aunque dije dos, a ninguno vi, por Dios. Oye, pues no me entendiste. yo que la incomodidad menor, siempre la condeno por excusar de el sereno la molesta calidad, la plática conciuí con aparente invención. Declárame tu intención. Pregunta. . Pregunto así? Preguntar puedes sin miedo. Soy yo tonto, o gran Señor, que preguntan sin temor? Lo primero, te concedo. Di, por qué causa enamoras a madre, y hija? . Has andado curioso, y determinado. Dime, entre estas dos señoras, aunque es la madre muy bella, no era la hija mejor? Yo no soy preso de amor, tengo interesable estrella, la hija tiene de renta. Cuánto? Hasta tres mil ducados. Son fieles? Tan bien contados, que no resvale en la cuenta. Tres mil todos efetivos, y que se pueden palpar? Dudas? Pues no he de dudar, si suelen ser fugitivos. El que oí conquistar pretende. al dinero loco va, pues en un castillo está donde un León le defiende. Sus armas he contemplado, y hallar dinero no espero, porque sé que está el dinero en un Castillo encantado. Oye, si no es que esta gloria me la quieres divertir Muy bien puedes proseguir con tu adinerada historia. Al fin la historia te agrada? Dala el oro tal valor, que esta es la historia señor mas digna de ser contada. La madre con un hermano de este señor Don García, que a ser mi huésped venía, trae un pleito: es caso llano, que con él ha de salir, porque tiene en su favor dos sentencias. Y señor. Di; bien puedes proseguir. Cuánto el mayorazgo vale? Siete mil escudos: Yo a quien nunca amor hirió por más que el golpe señale. Voy con dos fines, y son, que si la madre es postrada en el pleito, aunque entregada mi alma juzga a su afición. La desmentiré la traza, y de la hija seré; mas si vence entregaré toda el alma a la mudanza. Siete mil, tanto dinero a una hembra se le concede, hacienda es que suplir puede las faltas de un majadero. Son todos en oro puro? Había de ser aguado? De ese modo me le han dado. siempre. . . Por Dios? Por él juro. Cuando a uno dan un y el oro que en él le dan (tesoro, es a precio de su afán, a este tal le aguan el oro. Y así pobre la imagino entre tantas vanidades, que yo busco puridades en el oro, y en el vino. El gusto más lisonjero poco, o mucho viene aguado. De la fortuna he pensado mil veces, que es rabernero. y aún grande borracha, y tal. Qué dices? Probar lo quiero: cuando a uno le dan dinero, es vino de Ciudad Real: Mas cuando suelta el corriente de las penas, digo yo que entonces se emborrachó de el vinazo de Torrente. Docto en los vinos estás. En sus nombres, no en sus obras. Fama de vinoso cobras, Calla, que otros lo son más. Di, viene con Don García su hermano? Viene Don Diego esta noche, y trae Mondego fuego a la esperanza mía. Cómo, Don Diego se llama? Don Diego un mozo valiente, sagaz, cortes, y prudente, buena dicha, y mejor fama. Este trata de casarse con ella, para excusar el pleito, y asegurar los peligros de anegarse. Y por rendilla mejor con su hermano, que es muy rico trata, que mal significo (sino muero) mi dolor. De casarle su hija bella con que ellos gozan de estado seguro, y yo desdichado quedo a remar con mi estrella. Luego a esta calle vendrán los dos, p. Es muy cierto, yo vengo tan encubierto, que no me conocerán. Dos hombres vienen allí. Escucha. Entrar no podemos siendo tan tarde. Veremos las rejas. Oyes. . Yo? . . Sí. Bien conocí a Don García. Y yo al otro, que es Don Diego, estos con tirano fuego afrentan la gloria mía. A las puertas del jardín dos hombres hermano veo, y mi curioso deseo saber quisiera a que fin. Yo pienso que estos intentan reconocernos. . . Mi engaño les previene un grave daño, tal que en él su sangre afrentan. Llámame tu señoría, y déjame hacer a mí, alza la voz, y di así: Señor, donde va Vusia. Que la respuesta veloz yo la daré prontamente, acertada, y conveniente, mudando el tono, y la voz. Dónde va Vusia? . . Vamos, en este campo qué hacemos, pues de este jardín tenemos el fruto que deseamos? n Sigámoslos Don García. Y a Don Diego para que, si entre estas sombras hallé aún más luz que pretendía. que con soberbia osadía dijese, porque perdamos el juicio, si honor gozamos en este campo que hacemos pues de este jardín tenemos el fruto que deseamos? Qué es esto hermano un veneno por mis venas ha corrido negras nubes ha vestido el Cielo de amor sereno: cayó el rayo sin el trueno, y sin prevención, fue tanto el horror, que helado el llanto aún no ha podido correr, que aquí menos vino a ser el golpe que no el espanto. Arrebátanme furores, todo soy congoja, y luto de ver que estos gozan fruto donde nos niegan las flores: han pensado mis temores, si es que este nos conoció, y con arte se valió de lenguaje malicioso, quien sería tan curioso pues que ahora llegué yo, Decid generoso acero resplandeciente, y lucido, qué sueño os ha suspendido perezoso, y lisonjero? Dad el límite postrero a mi vida; no es rigor este sangriento furor, pues dais con igual efecto paz eterna a mi sujeto, y escarmiento con su horror. Cuando los pasados días en este gran mar entré de la Corte, las miré triunfar de dos señorras, pero que a sus bizarrías despreciaban, fue opinión, mas yo ausente, la ocasión (tal no pronuncian los labios) abrió puerta en mis agravios con llaves de la traición. Dirás tú, que porfiado a tu infamia te he traído, véngate en mí, aunque no he sido en tal bajeza culpado, porque yo, desesperado, mucho más, mientras me advierte más razón, amo la muerte, y aún yo propio me matara, porque aún en esto quedara desobligado a la suerte. Recelo que por allí viene una luz, y será la justicia, y hacia acá se llegan. . Pienso que sí: Vamos, qué hacemos aquí? no demos nueva ocasión para nuestra perdición cayendo en más triste estado: Basta, que me han desarmado los celos al corazón. Este Alguácil vuestro amigo haber venido pudiera, y esta gente no se fuera sin reconoderla. . Digo que tenéis mucha razón, mas otra noche podremos buscar otro, y gozaremos mas a tiempo la ocasión. Ser fino amigo mostráis, vuestro amor es infinito, pues me ayudáis a un delito sin que la razón sepáis. Mas escuchad. . . Vuestro gusto me sirve a mí de razón. Juzgue vuestro corazón si debe llamarse justo. Sevilla es mi patria ilustre, que el Mar, y el Sol lisonjean, aquel engendrando el oro, y este en traerlo a sus puertas. Que solo por adularla pieñadas de oro navegan por desiertos cristalinos naves ricas, y soberbias. Ciudad, cuyo Alcázar noble confiesa mayor defensa a la sombra de un Guzman, que a las torres que le cercan. Guzman, generoso Alcides, que el hombro aplica, y sustenta con el invencible Atlante Español, tantas esferas. A quien por su patrocinio deben igual reverencia en su Palestra las armas, y en su Academia las letras. En esta Ciudad, que siendo fértil campo de riquezas los que animosos las buscan, generosos las desprecian. Tengo una hermana, lucida floreciente competencia de el Aurora, y de el Abril con más flores, y más perlas. Cuyos ilustres tesoros cela el manto, porque sea de lo que prodigo el Cielo la honestidad avarienta. Nacio en una aldea, a quien el Betis viste de amena emulación a su rostro, sino es que copiar le intenta. Allí se crió, rendida tanto a fatigar las selvas, que en su venablo llevaba su postrer paso a las fieras. Con la sangre de los brutos hizo florecer la hierba, fiscal de sus tiranías, aunque se vengaba en ellas. Pero apenas vio suedad diez, y siete Primaveras. siendo a su rostro retratos las que su edad años cuenta. Cuando mis padres la llaman a Sevilla; mas con fuerza que voluntad, despreciando vanamente su opulencia. Tan divertida se hallaba en la caza, y satisfecha, que la debieron suspiros sus bárbaras asperezas. En la Ciudad halló aplauso tanto que se dijo en ella, que ejercitaba su oficio en más ilustre materia: Que si allá cazaba brutos, acá con mayores fuerzas almas, y deseos libres, ya rendidos en sus quejas. Al fin pasaron mis padres a la Ciudad que se asienta sobre Luceros, y Signos, no menos firme que bella. Mi hermana solicitaron dos hombres de ilustres prendas. Uno rico, y presuntuoso, y otro con pobres finezas, En la elección se detuvo consultándose a sí misma, porque entre intereses grandes amor dudoso se muestra. Verdad es que al menos rico la inclinaba la grandeza de su ánimo, y sus virtudes, que bien generosas eran. Cuando llegó allí un Don Lope, un hombre que no se precia de más valor que su aumento, corta espada, y larga lengua. intentó también casarse con ella, y halló la empresa cuanto atrevida, burlada por codiciosa, y no cuerda. El por conseguir su intento falsamente al mundo cuenta vanos, mentidos favores, que aún nombrarlos es torpeza. Ausentose persuadido a que nuestra diligencia le buscara, para darle bien por el mal que nos deja. Consultó conmigo el caso mi hermana, cuando las rejas de un Convento, fueron cárcel de aquella infeliz belleza: Déjela depositada, y partí con fieles nuevas de que en esta Corte asiste, siendo la fábula en ella. Supe que aquí en esta casa, cuyos balcones, y rejas siendo jueces de este campo coronan sus alamedas. Con arrogante osadía a ciertas damas requiebra bien livianas si le escuchan, perdidas si le desprecian. Y fiado en la amistad, que entre los dos se profesa, vínculo fiel, y seguro lazo de correspondiencia. Te truje en mi compañía para que mi amparo fueras, por si acaso mayor daño prevenían las Estrellas. Y para reconocer a Don Lope esta literna, porque no se errara el golpe, que entonces en mi alma diera. Mas porque sin la justicia nadie a reconocer llega a otro, que a ella tan solo se concede esa licencia, Esperaba ese Alguácil, y para que también fuera testigo de mi venganza, aunque en pesadas cadenas. Me entregara a la prisión, porque así lograra en ella el no haber quedado en duda el vengador de mi afrenta: Cómo se llama la bella causa de vuestra jornada? Leonor. . . Leonor? Celebrada tanto Sevilla por ella. Que ella es todo su hornamento, este retrato os dirá si es que igualarla podrá cuanto ilustra el firmamento, Y alabaréis igualmente con espíritu elegante tanto de bello semblante, cuanto al pincel de valiente. Llegade a la vecindad de está luz, rara belleza en quien la naturaleza juntó gracia, y majestad: De espacio le quiero ver, yo os le volveré mañana. Advertid que es de mi hermana, Lo que debo saber hacer, Es por ver en competencia este, y otro de otra dama que allá celebra la fama. Habrá mucha diferencia. Temed esos resplandores, sino es que acaso queréis el retrato que traéis abrasarle en sus colores. Este retrato podrá ser de esotro incendio ciego, que uno tabla, y otro fuego fácil el remedio está. Mas sois amante que hermano. Es un cielo mi Leonor. todo el imperio de amor se ha reducido a su mano. Los elementos mejores la imitan (feliz destino) el agua en lo cristalino, y el fuego en los resplandores. Demos fin a esta venganza, que en Sevilla la veréis. Con ese favor hacéis lisomas a mi esperanza. Mas dudo de mis estrellas tan singular maravilla, porque bellía, y en Sevilla; es ver dos cosas muy bellas.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA segunda Mis senores me mandaron que a vuesa merced dijese, que a la Trinidad se fuese a Misa, y que no esperaron: Porque habían de oír primero un sermón docto. Está bien, bella esclava, en quien se ven hierros de un bárbaro fiero. El más impío fue del suelo pues sacrílego, y tirano errar quiso con su mano un grande acierto del Cielo. Prodigiosas muestras daba de sacrílega osadía, pues quiso errar a porfía en lo que el Cielo acertaba. Y en campo tan descubierto quedó por su deshonor más conocido el error, y sin ofensa el acierto. Con dama tan berberisca requiebros no has de perder, que pienso que ha de tener ciertos resabios de arisca. Qué amores tan singulares por lo ardiente, y lo emperrado dirás que estás abrasado de amores caniculares: Si no es que va por las bellas luces que ofrece en despojos, digas que ves en sus ojos los canes que son estrellas. De este amor can no hay dudar será fiel, y no cobarde, tendrás amor que te guarde, y no de quien te guardar. Por eso su noble trato celebro, estimo, y venero, que en Madrid es el primero que ha dejado de sergato. Amores perros me alientan, porque otros con sus excesos dejan a un hombre en los huesos, y a estos huesos los sustentan. Bien bufoniza el sirviente. Qué presto que me mordió, al primer golpe arrojó las tenazadas del diente. Sin duda sois gran señor pues con vos habéis traído siervo, que es entretenido con lenguaje moledor. Los señores, singulares en todo venís a ser, gente llamáis de placer a los que dicen pesares. . No vi galga más hidalga, que veloz. . . Veloz? Tal siento, si me alcanzó el pensamiento no es velocísima galga? Sabe que esta es de su dueño privanza, que le gobierna, y yo con esta acción tierna en un negocio la empeño que mucho me ha de valer, que yo sin particular fin, no supiera gastar tanta prosa. . Así ha de ser, y es justo al negocio acuda. Gran dificultad encierra. Pues si ayuda bien la perra será tu perra de ayuda. Ella le ha de disuadir a su amo el casamiento. Escucha, que pasos siento, temo que vuelve a venir. Que natable desatino, a mil errores te ofreces. Siempre los perros, dos veces suelen andar el camino. Don Docto sermón. . . Este Orador Sagrado de erudicción Cristiana, y de elocuencia rica, y feliz, es campo cultivado, donde el ornato es flor, fruto la ciencia, este es el Prodigioso Ortensio, armado espíritu de luz, que sin violencia alumbra, mas no abrasa, que al más ciego reparte luz, sin castigar con fuego. Oh señores, tan presto habéis oído Misa, y Sermón? . . La Misa hemos dejado para después, que estoy ciego, y herido de un fuego, todo sombra en mi cuidado. Don Diego, escucha. El caso sucedió anoche, entre los cuatro, ha levantado Móndego estás borrascas de recelos, que son nublado de el amor los celos. . Don Lope solo os quiero. . Tu entendiste muy bien su pecho. . . Vete, y vuelve luego García vuestro rostro grave, y triste me ha empeñado en un gran desasosiego, decidme vuestro mal en qué consiste? Estamos solos? . . Ya se fue Mondego. n Y yo cerré la puerta, Don García. Exequias hago a la esperanza mía. Don Lope bien sabéis mi fe, mi ardiente voluntad para vos. . . Queréis ahora diferir con un término imprudente vuestro intento? Ya sé que sois Aurora, que amaneció mis dichas, y el oriente donde con nuevos rayos se colora, vertiendo en mi bien prósperos augmentos. No vengo yo a pediros cumplimientos. Vamos al caso. . . Vamos norabuena. Bien sabéis, que mi hermano, y yo tratamos bodas conciertas damas. . . La cadena connozco, que os ha preso. . . Prosigamos: apenas aquí ayer con la serena noche mi hermano entró, cuando buscamos la calle de estas damas (caso fuerte) Vamos a la ocasión que así os advierte. Dos hombres allí hallamos, y entendimos, que eran señores, tan confusamente, que por írsenos luego no pudimos aún percibir sus señas, diligente cualquiera de nosotros emprendimos seguirlos; pero pudo aquel presente dolor atarnos con la misma pena, porque es la adversidad fuerte cadena. Tú que eres tan antiguo cortesano di quien son estos dos. Contra mujeres, y principales, es vil, es villano quien no enfrena la lengua: o pareceres del vulgo vario. Aquí es cuando me gano fortuna si me ayudas, si tú quieres. No os receléis de amigos tan leales. He de hablar mal de damas principales, Que pudiese caber en la pureza de unas mujeres nobles tal exceso? Do. Habla más claro, rompe la pereza de tu discurio, o mallograr el seso de tus primos verás. . . Con la estrecheza de el deudo, que me obligas te confieso a no cumplir con el silencio justo, que se debe a su honor por darte gusto, El Marqués Fabio, el Conde Pinabelo pasearon por su calle algunos días, pero nunca me dijo mi recelo que aquellas fuesen más que bizarrías, mas la fama vulgar cubrió de un velo su honor con sospechosas fantasías, que hubo vecinó (engáñanse los tales) que dicen, que pasaron sus umbrales. Sus umbrales, y en tiempo sospechoso, y aún dicen, que el Marqués decir solía (no lo creo por Dios) muy jactancioso que el uno, y otro de ellas poseía aún más que procuraron: yo celoso en vuestro nombre el golpe recibia injuriando a las luces de los Cielos, que el polvorín de amor labran los celos. No más Don Lope, estoy desengado tanto, que aún que está en duda mi justicia proseguir quiero el pleito, provocado de este bárbaro error, de esta malicia, violentas guerras me propone el hado, mas yo despreciador de esta codicia, no quiero viles paces, que me llama la ambición de vivir sobre la fama. De no pasear su calle juramento hago, para lo que es enamorarlas. Y yo lo mismo juro. . . Con mi intento salí, proseguiré con engañarlas. n Qué decís? . . Qué celebro el sentimiento justo, y que así se debe castigarlas: o que empeñado estoy; ya tengo miedo a los, últimos nudos de este enredo. Y esos señores siguen obstinados la pretensión de justos tan injustos? Tal vez si de ellas son importunados, porque ya los divierten otros gustos: la verdad es que fueron despreciados, y que los desterraron los disgustos. de los desdenes de las damas bellas, mas yo sigo el error de mis estrellas. Yo voy a Misa, volveré a buscaros, cuanto me pesa haberos referido. vuestra desdicha, y no poder libraros de tan grave dolor. Yo estoy corrido. . . Yo desesperado. Oh cuán avaros. los hados nuestro bien han divertido; busquemos estos hombres, que quisiera despicarme en su sangre si pudiera. No es bien, que dos señores Italianos se burlen de la nuestra, que en Castilla tantos blasones goza soberanos de la fama constante maravilla, rayo será de insultos tan tiranos; a los vientos desnuda mi cuchilla: saber quiero la casa. Escucha, advierte, n Sus umbrales serán lecho en su muerte. No porque de este modo se oscurece nuestra venganza, que está a los umbrales ha de ser de ellas mismas. . n Me parece que te iluminan rayos celestiales; pero sola una duda se me ofrece. Yo quiero, que la duda me señales. n Él no pasar su calle haber jurado. Yo te puedo absolver de ese cuidado: n Cómo? . . Condicional el juramento hicimos, solo en cuanto a enamorarlas, y así, como llevamos otro intento no se quiebra, aunque vamos a rondarlas la puerta. . Dn Dices bien, y yo consiento, castigarlas pretendo con vengarlas, pues hago así su error más conocido, que aún estoy más furioso, que ofendido. Perdonad el entrarnos sin licencia: está en casa el señor Don Lope? . . Ahora hizo, llevado de la Misa, ausencia, y a eso vamos los dos, porque ya es hora, Aveisle de esperar? . . Es diligencia que con cualquier tardanza se empeora. Entrad donde os sentéis. Estos umbrales bastan. No a los que son tan principales Andad con Dios, que es día de precepto, y pienso que es muy tarde, . D solamente nos llevara la Misa. l. . Qué discreto, y que cortés. a Cualquiera es bien prudente. Que ha sido diligencia te prometo, ay grande el descubrir tan brevemente la casa del autor de estas injurias, con que ya empiezo a sosegar mis furias. Que el ver que la venganza se avecina suspende, y entretiene los furores. Mientras el llega a ver la postrer ruina de sus años, que abrán de darse en flores a la sangrienta parca, si te inclina la piedad, y suspendes los rigores, en breve relación diré: . Ya espero. omo vivo de aquello por quien muero Pasando del mar las hondas, que sacrílego, y soberbio a los Cielos desafía en la campaña del viento. Cuando arrebatando arenas de lo profundo del centro quiere manchar la hermosura de tanto dorado espejo. A Méjico he navegado tres veces, mas con deseos de ambición, que de codicia, honrado sí, no avariento. Porque siendo yo en Navarra mi patria, de los más buenos, que en lo que es tan conocido ser mi coronista puedo. Le quiero obligar al Rey a que me haga, como intento, merced dé la roja insignía portada de ilustres pechos. Testimonio de la sangre leal, y lucido premio, que aún después de muerto sirve de pompa al mármol desierto. Viniendo pues en la flota última con buen suceso, no dado del mar, acaso debido a piadosos ruegos. Puse los pies en Sevilla, gran madre, y copioso pueblo de admiraciones constantes en edificios soberbios. vi a Leonor tu hermosa hermana cuyo poderoso incendio sin perdonar lo sagrado pidió al alma rendimiento. Con imperioso desdén estragos hizo, y desprecios, o por blasonar victorias, o para dar escarmientos. Sabiendo su calidad celebrar quiso Himeneos con ella, y hacer dichosos mis años con tal acierto. Cuando el consejo que rige tantos distantes Imperios, adonde el Sol, y la Luna se hacen tributarios nuestros. Al tiempo que me propuse con blando, y cortés ingenio, a intercesores felices de tan alto casamiento. Para el servicio del Rey me llama, dándome en esto ocupación más ilustre bien que opuesta a mi amor tierno. Fue la obediencia forzosa, que en los nobles el precepto de superiores tan sabios tiene gran parte del Cielo. Supe que un pintor tenía un retrato de ella, extremo de imitaciones, y amable robo por ser tan perfecto. Pédisele con el oro, y resistiose, ofreciendo copiarle tan fiel, que pueda ser distinto, y ser el mismo. juntos los miré en mis manos como aquí ahora los veo, y turbada la elección ocioso tuvo su efecto. Al fin partí con el uno, que es este a quien diferencio por la cinta verde, hermosa adulación de el deseo. Seis meses ha que en Madrid estoy de amores tan ciego, que aunque muchos cortesanos me califican por necio: La calle mayor, y el prado teatros tan lisonjeros, que halla el Rey de los sentidos dulce suspensión en ellos. Con diligencias extrañas huyo, excuso, y aborrezco de su trafago ofendido, de su pompa descontento. Luego que a Madrid llegaste te vi, y el oculto fuego que en la sangre está encendido, puso en tu amor sus extremos. Sin saber porque ofrecime a servirte, con esfuerzos tan grandes como tú sabes, tan fieles como yo siento. Mas cuando en esta pasada noche, retrato tan bello vi en tus manos, conocí la causa de estos efetos. Quise llevarle a mi casa, y entre dudas, y recelos junté los dos, y conformes ser uno me respondieron. Fernando, a Leonor adoro, de mi hacienda, y nacimiento podrá informarte la Corte en quien tengo ilustres deudos. Dámela por cara esposa, que altivo me la prometo, sino ultrajaren desdichas lo que abonaren los méritos. cualquier parte Aunque ca selación con qu me pudiera causar admiraciones, la mano del sutil pintor venero, que pudo, siendo fiel, ser lisonjero, Déjámelos ver juntos: o prodigio a donde viene breve la alabanza de la más elocuente confianza. No alabes al pintor, responde luego a mi importuno amor; a Leonor pido, dame a Leonor, o pediré a los Cielos, que flechen contra ti rayos de ira, hijos del fuego, que mi pecho espira. Dame a Leonor, que sin Leonor desprecio altivas, y gloriosas ambiciones, merézcala el amor, que en mí se enseña, y advierta tu poder a quien desdeña. Mira que soy amor, no soy Rodrigo. En los casos tan graves más despacio consulto a la razón, espera, y ama, y no des más augmento a tu llama. Mucho tienen las bodas de infelices cuando sin elección se hacen por gusto: con pasos caminemos soñolientos, y no seremos juego de los vientos. Pues volverme el retrato. . . Cuál? El mío, que con la cinta verde se señala No pidas tanto. Pido lo que es justo, que estas no son violencias de mi gusto. Pues advierte Rodrigo, en la dichosa patria donde naciste tengo un tío, que en la virtud, y sangre resplandece, decoro al tiempo, y majestad al mundo de quien desesperó tener segundo. Con su hijo, y mi primo hemos tratado las bodas de Leonor, que han de seguirse después de esta venganza generosa, si los hados la ofrecen venturosa. Y no es bien que mi hermana allá casada el bello robo de su restro enseñes, que en las tierras pequeñas aún los buenos escándalo, y horror hallan en menos. Si fuera en esta Corte, o en Sevilla con tu casto deleite dispensara, pues jamás ofendieron los pinceles la honestidad de las mujeres sieles; Escúchame por Dios. No habrá razones con que puedas vencerme: en casa espero. Oye, detente. Estoy algo ofendido. De quién? De aquel pintor, que licencioso roba el valiente rostro de mi hermana, pues le profana su avaricia necia, que poniéndole en precio le desprecia. di mí, cuan vanamente esparcí mi confianza, pues peligro en la bonanza por un pequeño accidente: desdicha ha sido la mía tan singular; que no hubiera quien su daño previniera, porque no se conocía. Que ya mi infelicidad tanto en mi mal se entretiene, que a mis desdichas previene invención, y novedad: porque es tanta la aspereza, que en mi Estrella conocí, que aún ha mudado por mí su estilo naturaleza. Mas ya que aquí me quedé, con mi espada valerosa, hoy en la sangre alevosa. de este hombre, me vengare. Pero el no haberle jamás visto me puede traer daño. Déjase entender ya por lo menos lo más. Yo desdé hoy he renunciado? aún el mirar sus umbrales, que con desengaños tales no puedo amar obstinado. Aún se está aquí el forastero que busca a don Lope? . . Sí. Y aún me ha parecido a mí por lo que en él considero, Que esté hombre no está gustoso, y que el negocio que tiene es de gran peso. . . Conviene que le hables artificioso. Déjame solo, y sabrás después el suceso todo. Fío del prudente modo tuyo, que le vencerás. y conviene penetrarle. el Alma, porque no sienta don Lope aún sombra de afrenta en casa que ha de ampararle. Soy del mismo parecer, déjame solo. . . De modo me voy, que me quedo todo contigo. No es menester. Caballero a quién buscáis? Ya cuando a Misa os partisteis, señor, de mí lo entendisteis. Por Don Lope preguntáis? conoceisle? No señor, pero el hombre que venía haciéndome compañía, que es persona de valor A lo que de él entendí, le conoce. ̱ No creáis tal. Pues por qué lo dudáis tanto? Porque no es así. Qué certidumbre tenéis de que se engañó? . n Si el fuera hombre que me conociera, viéndome como me veis ya me hubiera conocido. Luego vos sois? . n Sí, yo soy, que me queréis? Aquí estoy para todo prevenido, Que entonces; porque partí a cumplir con tanta prisa la obligación de la Misa, a conocer no me di. i Posible es, qué pudo errarse en vuestro conocimiento un hombre de entendimiento? n Es fácil el engañarse. Yo soy, ved que me queréis, porqué si me lo ocultáis, justas sospechas me dais, dé que otros fines tenéis. Hablad con resolución, que ya no saldréis de aquí, sin que de vos para mí yo conozca la intención. Voy al caso. . Al caso id. En Sevilla no estuvistes algún tiempo, y de allá distes después la vuelta a Madrid? No lo niego. . . Festejastes a Doña Leonor, que es dama que dio ocasión a la fama (con lo que vos la infamastes) de espanto, y admiración? n Tal mujer no conocí, pero direle que sí adoré su perfeción. Fue su beldad peregrina, y aún hoy la memoria adoro de aquel honesto tesoro, de aquella beldad divina. Bien le excuso por aquí a Don Lope algún disgusto. Vuestro proceder injusto me trae por ella, y sin mí. n Decidme, como entendéis señor de mi vida tanto? De esto recibas espanto? se mucho más. . n Qué sabéis? Decidlo por vida mía, ya en esto soy más curioso de lo que importa. . . Es forzoso cumplir con la cortesía. Hare lo que me mandáis, sé que aquí a Doña Isabel y a Doña Inés con infiel trato a un tiempo enamoráis. Las que viven en la calle de el Río? Las dos que son madre, he hija. otra ocasión hallé por examinarle, de la misma que buscaba diferente: Y para mí mas importante, es así, sabéis lo que aún yo inoraba: Mas vamos a vuestro intento. Yo vengo a desafiaros, que en el campo he de mostraros que es vil vuestro pensamiento, pues a la ilustre belleza de aquella dama ofendistes. n Qué vana jornada hicistes con arrogante fiereza. Enfrenar quiero el violento golpe de mi noble espada, porque esta casa alterada no se oponga a nuestro intento: Que yo, cuyo corazón esta enseñado a vencer, huyo siempre de tener pendencias de ostentación: En el campo con recato reñiréis, y sin cuadrilla, que acuchillarse en la villa es batalla de aparato. Allí vence aún el que muere con virtud jamás postrada, y aquí desnuda la espada más resplandece que hiere. Enviad mañana un criado con un papel, y el lugar donde me habéis de esperar me advertid. Voy avisado. n Proceded con gran secreto. Tan reeatado, y prudente, que me llamen justamente, amigo fiel, y discreto. Qué ay, hermano? Admiración, y no poca para mí. Cómo se ha entregado en ti tan violenta turbación? n Este Don Lope es pariente nuestro, El que si porfía, yo de su genealogía no anduve tan diligente, que lo haya averiguado, mas por la correspondencia de cartas, y diligencia, que en mis causas ha mostrado. El querer que me hospedara en su casa, que lo hiciera si una desgracia no hubiera, que el intento le estorbara: Verle andar con principal gente, y en traje decente me hace pensar que es pariente mío No es mala señal. Pero con vuestra licencia he de averiguar su vida, que pienso que anda vestida de infame, y vil apariencia. Templa hermano los verdores de tu ardiente lozanía, mira que se llega el día de dar fruto entre esas flores, Que ese indicio cauteloso quizá en el viento fundado, puede llevarte arriscado. a un precipicio furioso. Navegar mares inciertos desmiente prosperidades porque a las temeridades se deben pocos aciertos. Qué es lo que quieres Marina? Vuestras primas han enviado un bien gracioso recado. Pasa adelante, camina. Dicen con gran bizarría, que pues que no vais a verlas a veros vienen hoy ellas, Diraslas que Don García por no esperarlas, se fue de casa. Más cortesmente responded. Cómo lo siente el alma lo pronuncie, Cómo se fue tan furioso? Si lo que yo se supiera menos furioso se fuera. n Qué huésped tan alevoso? Mas yo quiero moderarlas la embajada de tal modo, que ni me déspida en todo, ni me empeñe en esperarlas, Por quedar indiferente para lo que resultare de lo que hoy examinare de este fingido pariente, que es tal, que después que os su artificioso rodeo traigo hecho espada el deseo contra él, y contra mí. Y querrá que no resista mi hermano a tanta vileza juzgando que es gran nobleza dar crédito a un quimerista. Que siendo tan bien nacido (aunque en eso hablo por mí) es desconocerse a sí el no haberle conocido, De tu parte qué diré? n Responder cuerdo querría . sin arrogante osadía cómo templarme podré? Diraslas, que nos llamó un ministro de los graves para un dicho, y que no sabes el gran secreto, y que yo fui del respeto llevado, y también porque vinieron dos Alguáciles, que hicieron volver el gusto en cuidado. Oyes? . Señor. . n Dilo así De ese modo lo diré, n Engaño, yo os seguiré, tanto, que acabéis en A los filos moriréis de la razón que en mí está, aunque más fácil, será, que vos a mí me acabéis. Porque estás bodas divierta Don Lope, ofrece copioso dinero, tan poderoso, que a la traición me despierta. El orden pienso guardar, que me dejó Don García, y a estas damas su osadía bárbara representar. Olvidaré de Don Diego la prudencia con que habló cuando modesto intentó templar de su hermano el fuego. Que así pretendo irritar sus pechos, y con veneno de tantas malicias lleno celosa guerra sembrar. Mas en el arte, y el modo de atención me he de valer, que no me quiero perder por aventurarlo todo. Que es digno de eternos daños; casi infierno merecía el que malogró en un día estudio de muchos años. Parece que ya paró un coche, no me engañé este la trompeta fue que a batalla me llamó: En mis engaños sutiles fácilmente han de perderse, que un esclavo ha de valerte aún de las fuerzas más viles. No están mis primos acá? No están acá, mis señoras, quien son las bellas Auroras, duplicado el Sol está? Tales plamas en el suelo mis dueños han conseguido, parentesco han contraído con los luceros del Cielo. Qué alentada lozanía de su natural salió, dime amiga, quien llevó lisonjas a Berbería? Tierra que palmas produce como lisonjas consiente, si en ellas tan diferente fin se reconoce, y luce? Ánteslas palmas severas virtudes solían premiar, mas ya saben adular como viles lisonjeras. Apostaré que es doncella. Dime, de qué lo inferiste? Por lo que en la palma diste vendraste a quedar con ella. La palma tuve ocasión, y por eso la tomé. De tu virgen sangre fue justísima pretensión, Qué ladina! Qué discreta! no tiene precio. . Si tengo, porque a ser vendible vengo, y no hay cosa tan perfeta: Que en llegando a ser vendible no tenga precio, y desprecio, que todo está en darse a precio. Es su donaire increible. Con qué terneza que os miro, bendigo mi esclavitud, pues por ella la virtud de vuestras almas admiro. Hay suspiro descuidado, mas no, cuidadoso fue. Como cautrvo se ve suspira el pecho abrasado. No se empeñó mi suspiro en mi triste cautiverio, causas de mayor misterio son, que al silencio retiro. En vuestro amor se engendró este suspiro violento, y por esto atrevimiento tan licencioso tomó. Porque si en mí se engendrara, fordo de el alma saliera, o entre los labios muriera sin que el viento le gozara. Como tu puedes tener años cincuenta de edad, y tan perfeta beldad en ellos resplandecer? Quién lo dice? . Don García. mi señor. . . Mi primo? . Sí, en quien mil señales vi de traidora alevosía. Señora, aunque te dé pena te dice esto quien te ama, cuando te nombra te llama la prima Matusalena. Y hoy levantando yo un plato notando tu ancianidad. dijo, que tenías edad para cualquier Virreinato. Mas yo que miro esos dientes que a las de el Aurora iguales, sobre esos rojos corales son perlas resplandecientes. Presumo que se burlaba. Necias burlas son Mariana. Mía ha de ser la moina, pues que contra mi fundaba, el engaño que aquí veo con mis ojos desmentido. De mí qué te han referido, porque saberlo deseor Dijeron de ti estos días, y hoy si no estoy engañada, que eres mujer tan delgada, que ser concepto podías: Y aún pluma para escribir en escuelas, aunque en suma esta con pelo esta pluma, porque sabes maldecir. Don Diego dijos es la niña toda melindres, y enfados, y un duende de los estrados, que anda con ropa, y basquiña, Y concluyó (que el decoro tanto te ha perdido ines) que eres zancarrón con pies envuelto en seda, y en oro. Bien ves que te han engañado, descúbrese la quimera, pues si yo zancarrón fuera tú me hubieras adorado. Ved con que gentil despejo con el zancarrón me dio, El gracejo te pagó en moneda de gracejo. Pues más piedad pienso fuera dejar las burlas suaves, y hablaros en verás graves, aunque su golpe os doliera. Habla Marina, di quien te impide, verdades quiero. Al fin desnudó el acero. La muerte nos está bien. Apercibid la paciencia, que es tal la descortesía de mi señor Don García, que con loca inadvertencia: Dijo a voces que se fue por no esperaros, su hermano, aunque anduvo más humano. Por qué te turbas? . No sé. Aunque si se, porque vi poco menor sequedad en él, y esta libertad se funda, a lo que entendí, en que traen los pensamientos en otra parte ocupados, divertidos, y entregados al arbitrio de los vientos. Y hacen tan loca fineza por damas, que están las tales lejos de seros iguales en calidad, y en belleza. Bien puede amor cegar cualquier deseo, y triunfar de un espíritu constante, que se opone arrogante a sus violentas leyes, temidas, y adoradas de los Reyes. Que esté en otras memorias ocupado, y contra la razón tiranizado mi primo, ni lo dudo, ni me ofendo, acto de amor jamás le reprendo, que es libre el albedrío, y busca novedades licencioso, que en la quietud pretende su reposo: Mas el ejercitarse en descortés desprecio, en vez de amante nos le ofrece necio. Pudiera ser despojos de otra dama, y ser cortés conmigo, mas yo ya le prevengo tal castigo, que en mi satisfacción, como en su afrenta traiga fuerza violenta. Tanto vuestro decoro han ofendido, que hablan de vuestro casto honor con saña, y el uno al otro cauteloso engaña, diciendo con espíritu atrevido lo que yo aún no lo fío de los labios, que no han de pronunciar vuestros agravios. Cielos, de las virtudes protectores, sidelísimo amparo de la honesta esperanza, castigad esta ofensa, que tanto atrevimiento injuria al Sol, y le apadrina el viento; no es bien que tantos bárbaros errores manchen de nuestro honor las castas flores, Dime querida Inés, como a los Cielos presentas tus agravios? Llama es la que fue púrpura en mis labios, el que antes pecho fue, volcán de celos, mas yo tengo la espada prevenida, que con noble venganza vida de mi esperanza será, y fin de su vida, que el esposo que tengo yo elegido no reconoce igual en todo el suelo. El mío prenda fue dada del Cielo. No puede hacer al mío competencia. Ay Dios cuanto estimara poder hablar ahora libremente, y pasar a los labios desde el pecho el nombre de Don Lope, el desengaño de esta que competirme ha pretendido, en la elección dichosa de marido. Amor a no ser larga esta licencia, publicara aquel último secreto, que en mi depositaste, viera mi madre el venturoso efecto, pues conociendo que a Don Lope a doro la pusiera ambición tanto tesoro. Mas, qué hacemos aquí tan divertidas en nuestra propia injuria? espire el corazón llamas, y furia. Administre venganza, crezca fuerzas el daño, que en este desengaño disculpa llenó para mi mudanza: Yo pediré sus armas a los Cielos. Bástame a mí las que me dan los celos. Arded, arded las dos, que así conviene a aquel que en esforzar estos engaños puesta su dicha tiene; pero yo al escapar de tantos daños, cómo sin daño puedo? mas hay que tarde me ha llegado el miedo. De qué efecto será llegando tarde? animaos pues espíritu cobarde sigamos nuestra suerte pues es acción gloriosa, o sacudir la esclavitud odiosa o entregarse a los filos de la muerte, que después del sangriento, y negro ocaso de sus trágicos pálidos horrores amanece la fama en resplandores. ilustre asunto me provoca, y llama morir a infamia, y renacer en fama. A señora, to, to, to, quien la dijo sal ahí, que se nos sale de aquí? diga, por qué no ladró Cuándo me sintió que entraba? Oh finísimo picaño- así me dieran el paño. Por Dios bellísima esclava. Bravos ojazos, si aguzas sus rayos, yo me perdí, por Dios que en sus niñas vi dos valientes Moros Muzas. Cautivan almas, despojos de que apoblar los veniste, que el Argel donde naciste te trujistes acá en los ojos, Pregúntote por mi vida que taberbero te dio vino tan cortés, que yo debo estarle agradecida? Cuando yo te he merecido favor que es tan singular, que aquí vienes a gastar la alegría que has bebido? Desprecias requiebros míos? Antes los juzgo amorosos, que requiebros tan vinosos, no serán requiebros fríos. Ojos tiernos, tu belleza cuando la miro, me debe. Ojos tiernos en quien bebe, son achaque, y no fineza. Tus dos mejillas, señora, se cortaron. . No soy vana. De las mantillas de grana en que envuelven a la Aurora. De tus dientes excelentes no hablo nada. Cómo así? Porque es pulla para ti hablarte, Marina, en dientes. Tenemos algo de nuevo en aquel punto? . Sí, ven, que quiero que sepas bien el suceso. Ya le apruebo. Ve delante. Por qué atajos buscas? Tus dientes temí quiérolos librar así de peligro a mis zancajos. Delante has de caminar esta vez, y no te alteres, porque si acaso cayeres te pueda yo levantar, Voy delante. Y yo te sigo, líbrete Dios que te corra. . Por qué? Soy perra, y tu zorra. Al fin voy con mi enemigo.

JORNADA TERCERA

JORNADA tERCERA Ya de mí estos ignorantes se recelan? . Si señor. Mira si entienden la flor estos Leones amantes. Pocas burlas con Leones, que a la primer manotada te dejarán desollada la piel de tus invenciones; Y en quitándote (oh gran daño) esta piel de caballero quedas (decirte lo quiero) hecho un cadáver picaño. No los temo. . La razón? Pinta Isopo a la raposa siempre engañando ingeniosa la fiereza del León. Llega el oído, y aplica el entendimiento en él, El Caballero no vel tiene inventiva tan rica, que con diversa tramoya el juicio les volverá a mis dueños, y será segundo Sinón en troya. Oh qué ingenioso procedes, sutilísima invención, si aciertas la ejecución darte parabienes puedes. Como hallas tan varias tretas para mentir? Yo he pensado, que es tu consejo de estado de sastres, y de Poetas. Por Dios, peregrina unión, cómo se pueden unir? En el hurtar, y el mentir una misma cosa son. Los Poetas a los Sastres bien pueden ser comparados, pues según son desgraciados todos ellos son desastres. Ya no, gracias al Mecenas, cuyas fértiles Olivas ofrecen luces tan vivas a nuestras Musas amenas. Oye que mis dueños vienen. Qué presto que los oyó. No los oyo, los sacó por el olfato, que tienen narigudo natural los perros, que a su Señor conocen por el olor, No hablas bien, si no hablas mal. Ya va de juego, ten cuenta, Jesús, Jesús. El cayó. No es Don Lope? Qué le dio? La triste pasión violenta. Que se le suele cargar sobe el corazón; Marina quitémosle este pretina, también me ayuda a quitar los botones. . Qué más quieres? Estas vueltas le aflojemos de los brazos; no valemos los hombres sin las mujeres nada en una enfermedad, por Dios que es gente piadosa Llevarle a la cama, es cosa más segura. . Gran piedad. Seguir tu consejo quiero; vamos, que yo he de ayudarte. Hasta en esto has de mostrarte? Cantar tu piedad espero. Qué dichoso es el marido que tiene mujer suave en dolencia larga, y grave de su agrado socorrido. Que bien le sabe servir, que apacible le entretiene. Es por el gusto que tiene en pensar se ha de morir. Si es que le asiste a curar, no es por lo bien que le ama, mas por cobrar buena fama para volverse a casar. Fines lleva no entendidos en aquellas obras mudas, que hay mujer, mano de Judas, que es toda mata maridos. Este papel se cayó a Don Lope, que en el pecho le trara, y satisfecho quedaré con verle yo. Eso no, por vida mía que se le hemos de volver sin seerle, que viene a ser género de alevosía Leerle sin voluntad. Don Leerle con la mía quiero. No es acción de caballero, sino mucha liviandad. n Yo para esto degradarme quiero de la fantasía de tanta caballería, por Dios que he de aventurarme. Mirad que le romperé, No romperéis vive::: Hermano, no juréis. . n Quitad la mano, si así no excusáis que os dé luz de tantas invenciones, que yo del papel confío, que no vendrá muy bacio de engaños, y de traiciones. No beber el desengaño queréis, pues ello ha de ser preveníos a beber, la muerte de vuestro engaño Leo. . . Estoy tan persuadido de vos, que diré que sí para vos, no; para mí. También me daréis oído. Firma el Conde Pinabelo, veis como hay mucho que ver. Presto, que puede volver Mondego. Dn Justo recelo, Habiéndoos pedido por un papel de mi parte, y de la del Marqués Fabio, advirtiésedes a vuestros huéspedes es- cusasen el acudir de noche a la calle de aquellas dos damas, madre, he hija, por excusar el aventurarlos, y el aventu- rarnos: Dijistes al criado de palabra, que esos Caballeros eran vuestros huéspedes, y deudos, y que a tan li- brepetición responderiades mejor con la espada, que con la pluma, adver- tidme con el portador donde me que- reis dar esa respuesta, y sea luego. Dios os guarde. Suspenso os habéis quedado, vuestra injuria habéis leído, por Don Lope ha respondido el Cielo en el agraviado. Con el fuego de amor fiel, que en este papel esconde, gallardamente responde por nosotros, y por él. No seas ingrato por Dios de hoy más, que en la opinión mía cuanto por vos respondía; os está acusando a vos. Quien tal caso no admiró, pues él os dio, y vos le distes el bien que no merecistes, vos mal que no mereció. Al sin calláis? . Don Os confieso que me da bien que pensar el suceso, y por pagar lo que debo a este suceso, y también satisfacer unas dudas que hay en mí, que fácil las admití, y no las puedo vencer. Al Alferez he de hablar Don Martín, que ha muchos años que a Don Lope trata. . . Extraño caminos queréis buscar. Voyme, porque ya anochece, y esta hora séñale de verme con él. Diré, que jamás os amenace, de esta ofensa a mí me alcanza aún más que mi hermano piensa, que es en mi mayor la ofensa, que en él la desconfianza. Qué hace el enfermo Marina? Siéntese más aliviado, Gracias doy a tu cuidado. Es enfermera divina. Como a mi propia persona le regala: No he tratado Caballero más honrado. Señor tu virtud lo abona. La virtud que asiste en él le ilustra, y le califica, que es joya preciosa, y rica digna de su pecho fiel, Vos le honráis. . . Bien justamente, que a un varón tan valeroso, mas le amo por virtuoso, que por mi deudo, y pariente. Que bien hizo su papel el papel. . Tú has negociado barato, pues no ha costado matar fuego tan cruel, mas que solamente un pliego de papel (hazana brava) no pensé, que se mataba jamás con papel el fuego, y más fuegos semejantes al que aquí vimos arder, porqué el papel suele ser la lena de los amantes. Principalmente de aquellos que son necias lisonjas, trasgos de tornos de Monjas, que el papel habla por ellos. Razón será que confieses a mi ingenio este blasón. Poco papelistas son estos amantes Leoneses, mal ser fulleros mostraron, que amor, quiere penetrarse, No supieron descartarse, y encartados se quedaron. Esta vuelta de cadena recibe Marina mía, y espera de mí, confía. Oye señora morena, mire que no espere nada mas que lo mismo que ve, que el esperar, siempre fue dádiva desesperada, Y así yo tan solo creo en lo que miro presente, que el espera, es propriamente dádiva para un Hebreo. Solo en la esperanza como de Dios, porque esta es efecto, Por esto dijo un discreto, que es Dios lindo Mayordomo. Verdad es, que experimento con más verdad cada día. El que la dijo tenía claro ingenio, y nacimiento. Buena cadenilla, y tal que en ti cobra más tesoro, porque se realza el oro en tus manos de cristal. Cristal yo? Quita, desvía, caro requiebro. . Por qué? Porque si es de cristal, fue comprado en la platería, Por jazmines las celebro. Mal requiebro. . Por qué mal? Es requiebro tempor al Pasa junio, y no hay requiebro. Esa alabanza florida, casi a ser injuria viene, porque es tan mortal, que tiene solo dos meses de vida. Oír requiebros quisiera nuevos a la Poesía, sin ir a la plateria; ni esperar la Primavera. Caminando voy, sin ver donde me llevan las plantas, veloces más que felices, que traen las desdichas alas. Oh imperio duro de amor con cuanto dolor del alma la sombra del Sol perdí, que fue luz de mi esperanza. Perdí una tabla en el tiempo que con las ondas airadas peleaba de mi fortuna, y anegábame sin tabla. Este es el campo, y aquellas son las puertas de mi casa, en quien Don Lope fábrica torres a sus esperanzas. Aquí es donde Don Fernando, y yo la noche pasada quisimos hacer su sangre triunfo de nuestras espadas. A Don Rodrigo parece aquel que en acciones varias gran divertimiento muestra por culpa de mi ignorancia. Quítele el retrato al tiempo cuando en él puede a mi hermana dejar resguardo a sus bodas por si las primeras faltan. Vana presunción de el hombre, que fácilmente se engaña aquel que alargar se deja de su altiva confianza. Que mal consejo fue el mío pues la persona bizarra de Don Rodrigo pregona de él virtudes soberanas. Qué airoso que se pasea con gentileza bizarra, la espada empuña, si busca de mis desprecios venganzar De tanta cólera ciego no me ha visto, y como se halla en este campo tan solo, habla airado en voces altas, Matarele vive Dios. Matar dijo, gran palabra, parece que estos son fieros con que a mi vida amenaza, Pagárame la osadía. Si acaso osadía llama el quitarle yo el retrato, será soberbia arrogancia. Desatemos estas dudas, que hablándonos cara a cara, él romperá su silencio, yo vencere mi ignorancia. Qué hacéis señor Don Rodrigo? Quién os turba, y sobresalta? Oye Fernando, y sabrás de tantas iras la causa. Después que sin el retrato me dejaste entre las llamas de mis altivos deseos tributarios de la parca. En casa del Don García donde tu conmigo estabas, entró ese Don Lope, aquel que fue nuve de tu fama. Hablome, y recibi espanto, porque habiendo tú su cara visto, le desconociste, mas son del tiempo mudanzas. Quedamos desafiados, y que yo le señalara, por un papel fue concierto, el campo, el día, y las armas. Mas apenas me partí para disponer la traza, de que di cuenta a un amigo digno de esta confianza: Cuando él, que bien le conoce, ha días me dijo tantas vilezas de sus costumbres, que me ofendí en escucharlas: Pues por lo menos le habían en el rostro, y las espaldas hecho afrentas vergonzosas sin defenderlo su espada, Yo sé bien que de este campo noche alguna apenas falta con ofensa de estas rejas, a quien dice que idolatra. Vertere su sangre vil, y si aquí por mi desgracia no viene antes que amanezca, le he de matar en su cama. Tan lleno de este furor en mi pensamiento estaba, que dije a solas conmigo, vertiendo veneno el alma. Matarele vive Dios, y después con mayor saña pagareme la osadía como si con el hablara. Yo cumpliré la promesa. mostrando en fineza tanta que soy tu mayor amigo, y muy galán de tu hermana. Engañose mi discurso. O presunción necia, y bárbara, pues lo que fue en mi defensa, yo por mi ofensa juzgaba! Sin duda que es Don Rodrigo gran Caballero en España, que este valor generoso nace de valiente causa. A mi hermana darlé quiero pues que mi primo dilata estas bodas, fiel indicio de que no sabe estimarlas. Darele muerte esta noche, porque yo larga distancia tengo de estar de Madrid mañana al nacer del Alba. Cómo Don Rodrigo, donde te partes? . . Voy a Navara, que desde allá de mi padré he recibido una ca en que el venerable viejo, dice, que le sobresaltan de la más común, y cierta aquellas últimas ansias. Solo ocasión tan sorzosa, solo tan vigente causa pudiera llevarme: ay Cielos que en las últimas palabras dice, que lo que le obliga mas a verme antes que salga de este mundo, es darme el orden (aquí el ánimo me falta) que he de tener en casarme, porque ha elegido la dama. Casar te quieres, Rodrigo? Yo no quiero, él me lo manda. Mira la carta. . . Obedezco. Al fin con mis propias plantas pasos doy hacia la muerte, y será ventura hallarla. haslo visto? . . Sí, la firma quiero ver, ver, y besarla: Don Diego de Beamonte es tu padre? Qué te espantas? Porque es tu padre mi tío; pero di, como te llamas Mendoza? Porque el hacienda muda el apellido, y casa. De esto ha nacido el engaño de tan forzosa ignorancia se apadrina mi disculpa: toma los brazos, y el alma. Primo, tu esposa es Leonor, En las mayores borrascas se pacifican las hondas, los vientos su fuerza amansan, Sabe, primo, que ella es la dama que te señala por esposa, y podrás verlo de cartas que me acompañan. Pero antes que consigas su manó hermosa, con manchas de la sangre de Don Lope tengo de lavar mi fama La noche llega, y oscura, tanto, que pienso que traza la muerte de este alevoso que de sus sombras se ampara. Muera el aleve. . . No dudes mas oye una industria extraña, y es, que si acaso justicia; como en el lugar hay tanta, Al mismo tiempo llegare de la ocasión por templarla, y hacerla que nos respete hemos de usar de esta traza. Tú has de llamarme el Marqués, yo a ti el Conde, y será causa de que si nos retiramos, sino es grande la desgracia, elijan él no seguirnos. Con tal prudencia lo trazas, que me obligas entregarte un gran tesoro del Alma. Los dos retratos recibe, que es bien digna confianza, si has de ser dichoso dueño de el original que aguardas. más bellas Oh vosotros del Sol copias ás donde tanto se esfuerzan los colores, que ambiciosas os buscan las Estrellas por robaros robados resplandores: como pudo el pincel copiar centellas, mentir acciones, y fingir ardores, suprema fue de el arte valentía en fe de la verdad que aquí mentía. Retratos de Leonor os miro, y tales que viendo perfección tan ingeniosa os juzgo ser como ella originales, viva verdad, no sombra mentirosa: porque su luz que en rayos inmortales suave nace, y crece prodigiosa os ha tan igualmente conmutado, que sois conmutación, y no traslado. Cualquiera de vosotios me parece único, aunque sois dos (suma grandeza) duplicados el número os ofrece, y único os propone la belleza: eterno Oriente sois que permanece, sin que decline el Sol de la fineza de aquel nativo resplandor primero jamás Occidental, siempre Lucero. A vosotros consagra por trofeos mi vista sus espíritus sutiles, porque aquí ve excedidos los Hibleo y halla más ilustrados los Pensiles: canora voz de espíritus Orfeos o saera emulación de los Abriles más fértiles os cante, que yo en tanto aprisiono la voz, y espero el canto. Vuelve a pedir el alma a los pinceles, mira que te la llevan fugitiva, que no es bien dar a sombras aunque fieles lo que se debe a la belleza viva: en esta imitación no te desveles, pues te guarda virtud más atractiva; mira que viene gente, escucha, espera. Vengar la injuria de este Sol quisiera. Supe que este Don Lope es embustero. y que en la Corte pasa introducido a la gran dignidad de Caballero, al fin es Caballero permitido? comprolo con linaje lisonjero, y con temeridades de atrevido, que aquí tal vez se premian osadías, y son las libertades bizarrías. El Marqués Fabio, el Conde Pinabelo fueron fantasmas, que formó su engaño, con que injuriando a la verdad del Cielo manchó esta casa, y fabricó su daño: mintió culpas el vil, con que su celo, que fue tan atrevido como extraño, dando veneno en la fingida afrenta irritar nuestros ánimos intenta. De vuestra liviandad estoy corrido, ̱ se al que trofeos, y blasones miente. Testigo fiel no hicistes vuestro oído aquella noche, y vistes libremente hablar aquellos hombres embozados? No hay secreto constante en los criados, Porque el suyo ha contado como fueron los dos de aquella fábula inventores, y aquellos dos; señores se fingieron ostentando mentidos resplandores, que a la fortuna así imitar quisieron, que tal vez pasar suele a los honores. más altos, los más viles velozmente, sin aplauso, y con queja de la gente. Pues yo aún sigo las sombras de mi engaño. y en esta calle hasta el brillar del día tengo de estar, pidiendo al desengaño más luz que el rayo de el Oriente envía: al Conde, y al Marqués busco, y con daño castigo justo, y fiel de su osadía, verter su sangre en este campo espero dando insignias de púrpura al acero. Si este Don Lope es? . . No lo parece. Sus pasos seguiré. . . Los tuyos sigo. Hacia acá viene gente. . . El ruido crece. Don Diego acometamos; ven conmigo. Pienso que la pendencia nos ofrece esta gente Si no es nuestro enemigo habemos de reñir? Yo reñiría, porque huir la ocasión es cobardía Yo siempre lo he tenido por prudencia. Cuando no está a los ojos: mas llegada en cualquier hombre noble es indecencia negarla el rostro, y retirar la espada. Desocupad la calle. . Esa violencia la veréis en los dos ejecutada. Oh loco cuanto vano atrevimiento. O aleves vuestro fin será violento. Defiéndense los dos con gallardía. Por allí pasa luz, y viene gente retirele Marqués Vueseñoria, que es la justicia. Sí, que es indecente Conde, que aquí nos halle, Al claro día iguala tanta luz. Vamos. . G detente, que no son la justicia, y cuando sea, que importa, que nos halle, y que nos vea. Ya se fueron. . .̱ Quisiera haber reñido antes con estos por él libre modo con que nuestros semblantes han herido con su luz. . . En Madrid se suiré todo. Yo en tondas partes soy muy mal sufrido. Yo en la Corte a su estilo me acomodo. que no me toca a mi fabricar leyes a los ojos sagrados de los Reyes. Ya el vil nombre no darás a Don Lope de embustero, que a tan noble Caballero más reverencia tendrás. Ya al Marqués, y al Conde oíste. Sí; pero aún queda mi pecho de este hombre mal satisfecho. Dudas lo mismo que viste? De los hombres principales habla con estimación, que es igual obligación hablar bien de los iguales. Con fácil credulidad. a sus émulos creíste, error con que desmentiste nuestra antigua caliddd. Quién duda que te hallarías en un corrillo de aquellos que peinan barba, y cabellos, y adúlteran damerías? Y admirando sus valientes bríos vanos, tal te hiciste, que el veneno recibiste de estos Narcisos Serpientes. Si es que te quieres casar, y dispensar liviandades, sin ofender calidades de otros, te puedes manchar: Que vive el Cielo, que estoy. él lo sabe. . . Hermano espera, y el respeto considera que por anciano te doy. Suspende tan vanas furias, corrige vanas pasiones y de las reprensiones no hagas parte las injurias, Como me das casamiento tan desigual, y engañoso, cuando ves, que estoy celoso aún de los pasos del viento? Yo no niego lo que vi, que fuera temeridad, mas también haré verdad lo que de Don Lope oí. A dónde? . .̱ En este lugar mismo, porque quien espera aún más de lo que quisiera, tal vez suele averiguar. Yo estoy del sueño vencido. Lo mismo es que de el engaño, mal verás al desengaño cuando de él te hallas rendido. Alienta las luces muertas de tus ojos mal vendidas, que diligencias dormidas no hallan verdades despiertas, Noble, y perfeta hermandad te obliga a asistir conmigo; de tu verdad fui testigo seraslo de mi verdad. Y si es que acaso engañoso fuere el discurso en que espero serás solo el verdadero, y yo el vano, y sospechoso. Escucha, que por allí viene gente, y recelosa. Por si llega cuidadosa retirémonos aquí. Al fin das en proseguir este engaño? . . No es engaño si de mi pobreza el daño quiero con alas huir. He vivido de artificio tanto tiempo, que no sé ya que tretas usaré en tan peligroso oficio. Oh poltrón, que al floreciente ingenio dejas rendir en el campo de el mentir te estrechas tan cortamente? No eres lucido oficial, coseras poca tarea, breve invención, flaca idea, desconténtame el caudal. Tus engaños por más daños los veniste a recibir, pues te dieron el mentir tasado hasta ciertos años. Admiración grave siento, y es su fundamento fuerte, que no mienta hasta la muerte quien miente de nacimiento. También se acaba el fingir digo él su til, y curioso. Miente menos ingenioso. Es insolente mentir. En un rico casamiento, y que tenga calidad, pongo mi felicidad bien honrado pensamiento. Y este le he de conseguir buscando aún los viles medios, que no ha de excusar remedio quien no se quiere morir. Saliome mal en Sevilla este intento, aquí no sé como de el caso saldré. Tu empresa me maravilla. Llama a la ventana. . Ya se acercan a la ventana. Empresa necia, y que vana aún la intención les saldrá. Deja que llamen primero. y espera el suceso. . . Quién con angre de hombre de bien no desnudará el acero. Mondego llama tan recio que les haga despertar. Quieres, que hasta en el llamar haga el examen de necio? Tú no has menester examen, bastante aprobación tienes. ̱. Parece que a dar me vienes un prevenido vejamen. Y al tiempo de amanecer será como el tiempo frío. Llama. . Será desvarío tan dulce sueño romper, ̱ Cómo en el sueño me empeño siempre con tal voluntad, trato con gran caridad de mis procimos al sueño. Porque el sueño si se advierte, es con virtud conocida parte mayor de la vida, aunque imagen de la muerte. Deja de filosofar. Hágolo muy pocas veces. Y esas desprecio mereces, porque llegas a cansar. Don Lope es este, salí con mi intento: He conocido talle, y voz Estoy corrido de que jamás lo creí. Oyes? . . Qué? Las cinco dan, y el Alba empieza a reír de que nos ve sin dormir cuando ellas durmiendo están. En la esquina de allí enfrente pienso que gente he sentido. Yo también, y he prevenido, Di lo que tu ingenio siente. El irnos pues con el día, aquí es imposible hablar, que después en mi lugar vendrá la Africana espía. Oh la Marina es Princesa de Berberiscas esclavas, solo con menear las habas hace jardín de una artesa. Suele el infierno cercar con sacrílegos conjuros, y pues le cerca los muros, sin duda le quiere entrar. Siempre murmura entre sí, y es que trae allá consigo algún familiar amigo con quien razona. Ay de ti. Ay de ella es lo ver dadero, mas ay de mí que podría tener aquí por espía algún duende gran parlero. Yo conseguí la victoria. Con la luz que el Alba da todo le he visto. . n Él se va con nuestra pena. y su gloria. Vive el Cielo que quisiera haberle aquí castigado, porque donde fue culpado ejemplar pena tuviera. Que si aquí los instrumentos de mis aceros banara, a estas piedras les dejara sangre suya, y escarmientos. A hermano, yo la nobleza alabo de tu bondad, mas tanta credulidad fue liviandad, y flaqueza. Qué hombre tan ceremonioso en las acciones que hacía, más atentas descubría un ánimo cauteloso. Y te prometo. . . No más hermano, que es dar veneno al pecho que tengo lleno de un volcán. Rendido tás, Tan rendido, y tan surioso, que por poderme vengar más presto, vengo a estimar el estar de mi quejoso. Que esta liviandad se vea en mujeres principales? Y que yo de amigos tales tanto crédito posea? Oh corte toda aparato, fábula, y obstentación prevenida en la invención, y cautelosa, en el trato. Los días no pienso estar en Madaid. Que no es culpado Madrid, tú sí, que has dejado tus esperanzas burlar. Que aningún lugar debemos mas, si lomos ingeniosos pues contra los cautelosos de ellos mismos aprendemos. Con que así en los mismos daños los remedios nos previene, porque en sus engaños tiene, eúscela de desengaños. La Corte es la verdadera elase, ilustra entendimientos, los demás son rudimentos esta es la línea postrera. Sea ilustre, y generosa, que yo hallo más ganancia en mi sincera ignorancia, que en su malicia ingeniosa. Al fin me quiero partir a una amena soledad, donde sonora verdad pienso a las aves oír. Pues como fieles amantes sin artificios traidores, cuando cantan sus amores, dicen verdades constantes. Pero antes he de hablar a estas mujeres, que intento castigar su atrevimiento. Sí, te quieres despeñar? Dime, qué más despeñado? Llamas? Estarán durmiendo, Las ventanas van abriendo. Pues para qué han madrugado? Ayer supe yo que habían de ir Atocha esta mañana que a esta empresa soberana devotas se preventan. Que aunque en vida libertada viven con desasosiego, cenizas tienen del fuego de esta devoción sagrada. ̱ Ya ellas salen. bien sabia yo que había prevención. Madrugó la devoción, qué temprana romería! No llegues, que desde aquí más atentos las veremos, aunque no llegar podemos; qué te parece? . Que sí. Adónde tan de mañana? Respuesta dar no debía a vuestra descortesía Si haréis, que sois cortesana, y estáis en el proceder de la Corte puntual. ̱ En el campo estamos mal. Visita no me ha de hacer En mi casa el que se huyó de la suya, cuando en ella puse los pies. . . Merecerla aún por eso pienso yo: Que despus que al Pinabelo; y al Fabio Marqués, y Conde, vuestro gusto corresponde sin el honrado recelo. Tendréis por muy buen partido que no os vea el que pudiera impedirlo. . . No creyera que erades tan atrevido. A no haber el licencioso lenguaje que ahora usais plática en que ya mostráis ser más libre que curioso. Las mujeres no podemos, aún las de más altos nombres, excusarles a los hombres sus extremados extremos. Las vanas galanterias que el Conde; y Marqués tuvieron, si como fuego nacieron, fueron humo en breves días, Pues cuanto ellos ariscados siguieron suliviandad con igual velocidad volvieron desengañados. Mas para qué cuenta doy a quien ni debo, ni es justo? De este proceder injulto, señora, admirado estoy. Qué esto se sufre en Madrid? Esto siempre lo veréis. Por qué el discurso rompéis? Escuchad los dos, oíd, Si la noche que mi hermano en Madrid puso los pies, que ha tampoco tiempo, que es aún moderno cortesano. Los dos la puerta paseaban, y en altas voces decían que de este jardín tenían el fruto que deseaban. Como con tanto furor lo que es tan cierto negáis, y dar sombras procuráis a tan claro resplandor? Pues si apenas ha diez días, que aquí tu hermano llego? Tantos ha que vine yo. Si es así, como podías ver a los que están ausentes ha cuatro meses, y más, que en ser quimerista das! qué tan sin vergüenza mientes? Cuando esos hombres tuvieron favores, aún de las vanas vistas que dan las ventanas, que para ellos no se abrieron? A toda la vecindad examina, y sabrás de ella si es resplandeciente estrella la de nuestra castidad. Esto niegas? Esto afirmas? ni eres noble, ni pariente mío, pues tan libremente en tu opinión te conormas, ̱ Esto no es para tratado. en el campo, aquí entraremos en tu jardín, y podremos hablar con menos cuidado. Ya que allá dentro no quieres darnos lugar? . . Aún aquí estamos más bien. . . Sea así, di todo le que supieres. ̱ Yo digo: Negar podéis qué aquí un Don Lope os pasea? Eso no, y quiero que sea mi esposo, porque paguéis vuestro desprecio, y locura. . Por cierto que es el empleo. igual con vuestro deseo. Estimad vuestra ventura. Haré tanta estimación por mi gusto, y vuestro daño, que antes que se cumpla el añó tendrá premio su intención. Sin duda será mi esposo. Eso no lo pudo ser; que yo he de ser su mujer, mi casamiento es forzoso. Qué dices? Que tengo aquí la cédula que él me dio, y otra que le hice yo tiene el mía. . . Él te dio a ti Cédula, por vida mía, que el embuste bueno fuera si igual burla nos hiciera. Presto mostrorla podía. Veamos. . . Toma. . . Esta su letra, y su firma es esta. ̱ Qué me dices de esta fiesta? es bien que engañado estés? Qué dices? . . Tan alevoso hombre en mi vida no vi. Qué Don Lope encierra en sí un trato tan cauteloso? Dice las mismas razones tu cédula que la mía? Pues su intención qué sería? No entiendo sus intenciones: Tú en esta casa Marina? Triste de mí, yo soy muerta, diciplina tengo cierta. Diga, por qué el rostro inclina? A solas la he visto hablar con Don Lope el embustero, y en ella no menos: si infiero mal, podránme castigar? Señor. Déjate vencer habla claro; o morirás. Quita la daga, y sabrás cuanto pretendes saber. Vuestro huésped, que procura fortuna a fuerza de engaños, intentando un casamiento noble, aunque por medios bajos. A estas señoras engaña, a un tiempo solicitando casarse con la más rica. siempre que llegare el caso. A ninguna quiere bien, porque es tan interesado, que lo que le está mejor prefiera lo justo, y lanto Solo quiere acomodarse por este modo faltando. de el amistad a las leyes. enemigo del buen trato. Pues a vosotros señores. hizo una noche un engaño para echaros de esta puerta. Verdad dices. Verdad trato. porque su criado, y él dos señores ritulados. se fingieron, y el Don Lope dijo así, la voz mudando. En este campo que hacemos. pues de este jardín llevamos. Calla, escucha, no prosigas. Oh vil. . . Oh infame. . S. Oh villano. Era su intento con esto divertiros, y apartaros de estas damas, y que yo ayudase al trato falso. Confieso, que así lo hice el ánimo arrebatado de promesas, y intereses. que me habrán de salir vanos, La confesión de tu culpa te absuelve. Oh suceso raro! Oh amigo falso! quisiera dar castigo a tanto agravio. Retirate allá Marina, que nunca de los esclavos me espanto, que sean traidores, de los amigos me espanto Señor Don Lope, acá fuera una palabra . e Engañado fuistes, que no soy Don Lope, y en engaño que fue tanto: Me disculpa el ser su amigo, porque pretendí librarlo de vuestro valiente acero, temeroso de su daño. Mas ya que traiciones tantas sé de su vida en tregaros juro la persona misma, y con mi espada, y mi brazo. Para la satisfacción vuestra, prometo ayudaros, y tomar a costa mía venganza de vuestro agravio. Cuál es? . . Intento en Sevilla insolente, y no bizarro, bodas con Leonor hermosa hermana de Don Fernando. Y porque la disfamó pretendimos con matarlo satisfacer nuestra injuria. Lográranse vuestros pasos. Anoche aquí nos fingimos dos senores titulados en este campo, queriendo sin riesgo nuestro matarlo. Mas estórbolo una luz. ̱ Qué os parece de esto hermano? de aquí nació el confirmarse el engaño en los dos tanto? Él ha de venir ahora aquí; que de su criado lo tenemos entendido, que no fue poco engañarlo. Haced una cosa todos. Qué? Dejad puesto en mis el castigo de este hombre. Todos en ti le dejamos. Pues para principio de él es bien nos halle casados: dame la mano señora. El alma doy, y la mano. Y yo también a mi primo Don Diego. Aquí celebramos todo nuestro casamiento; primo tus brazos aguardo. Yo te doy la mano primo por Leonor. Yo el alma, y brazos. Llegué al puerto de mis glorias. ̱ Caso admirable, y extraño. Suspensión, Don Lope viene. Muera. De veros me espanto tan conformes, gran desdicha, Jesús, Jesús. . . Oh villano Tus injurias, tus vilezas, que aún son veneno en los labies todas tus culpas se saben. Marina de tus engaños Ha dado larga noticia. En la trampa habemos dado, vive Dios, que nos espera gentil borrasca de palos. Vive Dios, que ha de morir. Ya tenemos asemado, que yo he de darle el castigo. Por lo que hicieres pálamos, Qué haces Marina: Aquí estoy. Marina, desde hoy te hago libre, y te doy por esposo a Don Lope, y yo te mando. Don Lope no lo rehulés, porque por el Cielo Santo, que te pasemos el pecho todos cuantos aquí estamos. Obedezco a mi desdicha. Así quedas castigado. Dime, por qué de este modo morir pudiendo en tus brazos: Tu culpa fue pretender casamiento rico, y alto, y así yo te doy la pena con el más pobre, y más bajo. Venga la gata de casa. Para qué? Porque está llano que si a mi amo dan la perra, yo con la gata me caso. Mi fábrica dio en el suelo, perdonad varones sabios del Tramposo con las Damas el Castigo merecido.