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Texto digital de Traidor contra su sangre y siete infantes de Lara

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
Atribución estilometría
Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Traidor contra su sangre y siete infantes de Lara. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/traidor-contra-su-sangre-y-siete-infantes-de-lara.

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TRAIDOR CONTRA SU SANGRE Y SIETE INFANTES DE LARA

JORNADA PRIMERA

e VA que os habéis de partir Y a hablar al Rey Almanzor, Gónzalo Bustos, honor de Castilla, mi sentir diréis al Moro, que quiero que de vos quede advertido, que aunque la tregua le pido, no temo su corbo acero; pues con armas desiguales, siendo su campo mayor, me ha dado vuestro valor ocho batallas campales: partiréis, pariente mío, porque sepa su cuidado, yendo vos, que en un Soldado, un Ejército le envío. Garcí Fernández, buen Conde de Castilla, el Lidiador, pues este nombre, al valor que hay en vos, bien corresponde. Yo voy con mil regocijos a serviros satisfecho, que han de hallar en vuestro pecho otro padre mis siete hijos; que como asaz son traviesos, y Gozalvico, mató a Albar Fañez, temo yo si hacen algunos excesos, faltando el amparo mío, que con el menor arrojo, resuciten el enojo de Ruy Velazquez su tío, que como al fin se casó con Doña Alambra, su hermana de Albar Fañez y tirana vengarse solicitó, aunque vos metisteis paz, temo algún hecho inhumano; que Ruy Velazquez no es sano, y es muy valiente el rapaz. No hay en Burgos quien le iguale, en fuerza, gala y valor, que aunque es el hijo menor entre todos sobre sale, y es de vos vivo traslado. Porque el enojo mitigue: qué su tío le castigue en mi ausencia le he mandado; y a él, que esté muy obediente a sus preceptos, Señor, para que cese el rencor de Doña Alambra, y su gente: que tiene tal ogeriza su familia con mi casa, que aquella difunta brasa, que abriga el pecho, ceniza, después que el odio empezó, temo que se ha de encender. No podrá volver a arder, que estoy de pormedio yo; y además. . . Muere, villano, antes de lograr tu intento. De enojo, y rabia reviento. Bastón para mí en mi mano? Conzalo! No hay quien me cuadre. Es un rapaz sin recato. Agradeced, que no os mato. a estar delante mi padre. Si no llego yo le ahoga. Él es un desmesurado. Qué, fue, Vasco? Estando airado, quiso el tío darle soga, y él le deshizo el carrillo. Su enojo al alma me llega! Adonde su mano pega, parece cae un martillo. Sobre que fue la cuestión decidla. . No ha sido nada. Vio a Gónzalo sin espada, y atreviósele el sollón. A una dueña de mi esposa, hizo una burla pesada, con que quedó lastimada. Qué fue la burla! Famosa: en la silla de costillas una pua la clavó, y la dueña se sentó, y no se hirió en las rodillas, Yo le quise castigar. Y yo no se lo sufrí. Su padre me mandó a mí que quedase en su lugar, y esta licencia me dio: y así yo hice su mandado. Temprano habéis comenzado, que aún no me he partido yo, Bustos de cortés lo haría, o si no juramentadle, que cuando os decía dadle, que no le dieses decía: que un padre en tal ocasión, si es noble, tal mandará, mas quien a su hijo da le hiere en el corazón. Yo hice el gusto de su padre, que para quitarle el brío, no es menos que padre un tío, que es hermano de su madre. Verdad es que os lo mandé, si es que él os daba ocasión, mas mi gana en tal sazón fue, y os juro por mi fe, le castigaseis Rodrigo, de lengua, pero con mano, o bastón, como a villano, no lo quise, es Dios testigo; porque solamente a mí lo sufriera el garzón tal, que aunque es travieso, es leal, y el más humilde que vi. Si os ofendí, ya está hecho. Si más limpiaos la cara. Ah aleve, quien la labara con la sangre de tu pecho. Sangre tenéis? . Sí. Hoy prevengo la venganza que me toca, que aunque hay sangre hasta la boca, parece que no la tengo. Fue herida? . Puñete atroz fue, que él los tira valientes, mas si le cogió los dientes, bien puede comer arroz. Gonzalvillo. . Señor mío. Qué gallardo es el rapaz! Yo deseo vuestra paz: dad la mano a vuestro tío. . Esta es mi mano, señor. Presto me veré vengado. . pues la carta le he trocado que escribe el Conde, a Almanzor. Dejad pasados enojos, y atended solo Rodrigo, que a vuestra amistad me obligo. De sayón tiene los ojos. Yo, señor, no me he enojado: (fingir importa mi intento.) Tuvo Alambra sentimiento de que Gonzalvillo ha dado en estorbar sus placeres mátale fiero un hermano, y después a un hortelano, y ahora barla sus mujeres. Porque antes que prosigas a todo te satisfaga, y mi justa razón sea de nuestra amistad fianza. Aunque di muerte a Albar Fañez, arended las circunstancias, que no es bien que ande su queja echando a perder mi fama. Cuando en las fiestas de Burgos salimos a correr cañas, mi padre, con mis hermanos, que una cuadrilla formaban de una hermosa primayera, todos de encarnado, y plata. En ocho brutos morcillos, que tan veloces pisaban, chascando las duras piedras donde la herradura estampan que al ver que sacan centellas, a cada golpe, nevaban con la blanca espuma el suelo, que fue diligencia extraña irla primero nevando para no encender la plaza. Corrieron, pues, las parejas dos a dos, luego dobladas cuatro a cuatro, embrazando cada ginete su adarga, para ir recibiendo diestros de unos en otros las cargas. Salieron largos los cuatro, a quien tirar nos tocaba, y yo desde nuestro puesto, viendo que tanto se alargan, tiré una caña tan fuerte, que para volar con alas, para acreditarse flecha, le saco las plumas blancas del capellar a un ginete, y en la punta enmarañadas, pasó con tanta violencia de frente a frente la plaza, que se quedó con las plumas clavada en una ventana. Viendo entonces Albar Fañez, que esta acción me celebraban, con envidia, los galanes, y con aplauso las damas. Por agradar a la suya, quiso apropiarse esta hazaña, atribuyendo a su diestra, de mi brazo la pujanza. Ligereza fue, y no es nuevo, que hay hombres que con la maña imitando a la corneja, con ajenas plumas campan. Mas cuando la ven compuesta de hermosas plumas, y varias, cada pájaro conoce el hurto en la que le falta, y envistiendo a la corneja, se las quitan a picadas. Viendo al fin, que persevera en usurparme mi fama, estando delante de otros Caballeros, cara a cara le dije, que era mal hecho, y vanidad mal fundada, quitarme a mí la opinión, por lograr él su alabanza; a lo cual me respondió, defendería en campaña nlo que una vez había dicho. Rétome, y sin más palabras, pidiéndole campo al Conde, en Castilla antigua usanza, salimos desafiados, ambos con iguales armas, donde yo logré una herida, y él lamentó una desgracia. Su vanidad le dio muerte, esta fue solo la causa, mirad si fue ligereza, pues solo pesó una caña. Desde este suceso, tienen tanto enojo con mi casa, conmigo, y con mis hermanos por tener sangre de Laras, que no emprendemos facción que no les parezca mala, el salimos con los Moros a pelear en campaña, siguiendo con nuestro padre, las banderas Castellanas, constantes siempre los riscos, sin volver jamás la espalda. Cuando venimos cargados de trofeos en las lanzas, con más cabezas de Moros, que espigas siega doradas, el Labrador venturoso, que el oro amontona en parbas, se entristecen de mirarnos; pesándoles de que aplauda Castilla nuestro valor, y llore su horror Bandalia. Esta es la queja que tienes, intentando Doña Alambra, que cese su sentimiento, por medio de la venganza. Mal sabe lo que es ofensa, porque si al campo me saca su hermano, en que le he ofendido si le mate sin ventaja. Si un acaso hace delito, su mal fundada ignorancia, lo que piensa como injuria, piénselo como ignorancia, y verá, que así a su sangre llegó primero mi espada: y si lo que tengo dicho por satisfacción no basta, para que cese su enojo, y lo que es más tu palabra, que en hacer las amistades, está, señor, empeñada; quien aventura la vida, tantas veces en batalla contra el Andaluz turbante en defensa de su patria; una la pondrá, y mil veces, se hubiere uno, y mil que salgan a la campaña conmigo, que señalándonos armas, con mi vida, o con la suya acabe el odios de tantas, y aunque la mía se pierda, perderla será ganarla, que una vida bien perdida un honrado fin alcanza. Por mi fe, que tiene el joven fuerte corazón, y el alma se regocija de oírle: fuerza tiene en las palabras, como en el brazo. Y aún hace mucho más de lo que habla. Y huyen de él los Moros más que los cocheros del agua. Y con razón era espejo de su madre Doña Sancha, que ya pasó a mejor vida. Por ella este luto arrastran. Gónzalo, vuestra opinión está bien asegurada; todos saben en Castilla, que fue vuestra acción hidalga, y Rodrigo lo conoce. No es así? . Señor, la causa es, como él la ha referido. Disimular la venganza, conviene, hasta que en su sangre toda la sed fatigada de Doña Alambra mi esposa, a quien el alma idolatra. Cesen, pues, pasados odios, ved que los rencores manchan el corazón de los nobles; y advertid, que si su espada os mató a vuestro cuñado, que es hijo de vuestra hermana. Yo, señor, como a sobrino le quiero. . Gónzalo abraza a su tío. . Aquellos lazos sean de tu amor la paga, Presto los verás cortados. . Ya, pues, que de mi jornada es tiempo a que me despida de otros dos hijos del alma, Fernan Gonzalez, y Diego, que se quedaron en Salas, me daréis, señor, licencia. No la pidas, que ya en casa están, y ahora se apean de dos yeguas alazanas, céfiros con herraduras, que perdió el Moro en batalla, cuando regó con su sangre las Vegas de Guadiana. Señor, por tu bendición venimos antes que partas. Llegad hijos a mis brazos. Mejor dirás tus plantas, padre, porque nos bendigas. La honra son de los Laras. Tu bendición esperamos. La de Dios primero os caiga, hijos, y después la mía. Qué obediencia, qué Cristiana acción. . Levanta del suelo. El Cielo con bien te traiga, y dé los triunfos que suele. No le esperéis, que la carta, . que escribió el Conde, he trocado, y en ella su muerte traza mi cautela. . Con siete hijos dais a Castilla honra tanta, Gónzalo, que son los siete siete Leones de Albanía. Bien dice, que aquestos siete hacen un siete de espadas, con quien hace flux Castilla, y al Moro, el resto le gana, con que le deja desnudo, por más que envide, y sin armas, pues que si juegan al hombre, a cada paso le fallan, y arrastran todos los triunfos; que en cada mano se hallan, y al Moro pata de perro, no le dejan hacer baza. Y vos Vasco, qué habéis hecho? Yo purgo lo que ellos sangran, y sino mueren de Vasco, hago que mueran de bascas. Bien está: vamos Gonzalo, para que en vuestra embajada, de la tregua que deseo se asegure la esperanza. Para que Almanzor conozca al que teme en la campaña. Para que su alfanje sea la segur de su garganta. Para que en las treguas cobren nuevo aliento nuestras armas. Para que te aclame el mundo por el padre de la patria. Y para que Vasco vuelva triunfante, y traiga en la espada, cien mil Moros que vender, que a más Moros más ganancia. En el día feliz que de Arlaja celebra los años el Mayo galán, no esté triste porque años floridos, que aumentan belleza, no añaden edad. Es posible, que en el día que se celebran tus años, y a todo Cordoba llama el Rey Almanzor tu hermano, para tu aplauso, estés triste? Yo los celebro llorando, mira cual será mi pena, Celima, pues que no hallo, ni en el callar remedio, ni en el llorar descanso. ue Muchos días ha, señora, que en tu rostro he reparado, que no tiene aquel contento que solía. . Es que ando con una melancolía, que no entiendo. . Poco valgó, ya contigo, pues solía de tu pecho ser traslado mi corazón. . Haz que canten los músicos retirados, porque mi hermano no entienda que no estimo el agasajo, y queda sola conmigo. Cantad hacia esotro cuarto de la torre, que su Alteza. lo ordena. . Su gusto hagamos, En el día feliz, . Muchos días ha, Celima, que vive en mi enajenado él libre imperio del alma de un pensamiento tirano. Desde que de esa torre vi pelear los dos campos de Andalucia, y Castilla, que el ceño de Marte airado en las dos frentes formaban para la lid, despertando el parche a la Infanteria, y la trompeta al Caballo. Envistieron a los nuestros con tal furia los contrarios, que al trabar la escaramuza; allí hiriendo, aquí matando, este acometiendo diestro, y aquel volviendo bizarro, cual va huyendo, y cual le sigue, y de un golpe temerario, al ver que un Moro le enviste, le corta la espada, y brazo. Finalmente embravecidos, como suele el noto airado robar al florido almendro la primer gala del año; y es salteador de sus flores, pues le desnuda en el campo. No de otra suerte envistieron contra las vidas de tantos, triunfando con feliz suerte los aceros Castellanos, de tanta florida toca, que en los turbantes gallardos, flores eran del almendro, pareciendo en el rebato la juventud más florida de Cordoba, que al espacio de dos horas de batalla, luego su muerte encontraron, que siempre la halla más presto, quien florece más temprano. Aclamaron la victoria, y sin quedar en el campo uno que los resistiese, intentaron dar asalto a la Ciudad, y a este tiempo me vio en la torre llorando el Cabo que los gobierna, que como era el más bizarro fue el primero que dio vista a los muros de Palacio, y al ver el llanto en mis ojos: dijo, parando el caballo: No llores, hermosa Mora, que juro a esos soles claros, que en dos campañas azules, almas están cautivando, de no hacer mal a los tuyos, y ahora perdono el asalto por ti sola: Ala te guarde: le dije, noble Cristiano, y de la dicha que esperas. Partió al fin solemnizando mi hermosura, y iba a trecho, arbolando un lienzo blanco, como que ratificaba la palabra que había dado de no ofenden a los míos, Yo entonces viendo su agrado, su valor, su bizarría, y estilo tan cortesano, quedé el modo agradeciendo, y no sé si diga amando; puesto que desde aquel día jamás la memoria aparto, Celima, de este suceso. Y ahora que el Rey mi hermano; porque todos le conozcan, para prenderlo, ha mandado poner un retrato suyo en la sala de Palacio, adonde da las Audiencias, crece con ver el retrato este afecto que reprimo, y esta memoria. . Tu hermano viene. . Después hablaremos. Solo fío de tu brazo, Celín, tan grande interpresa. Ya para salir al campo están, señor prevenidos tus valerosos Soldados, y solo tu aviso esperan. En todo hoy la carta aguardo de Ruy Velazquez mi amigo, con quien he firmado el trato, de darle de la conquista los Castillos señalados, y las Villas, si me entrega los siete hijos de Gonzalo, aquel General valiente, que con ellos ha triunfado tantas veces de mis huestes, para que cese el amago, que he alcanzado por mi estudio, leyendo, y examinando esos cristalinos libros de Signos, Luceros, y Astros; pues he visto que ha de ser de mi Corona el estrago un joven que tenga sangre de los Laras Castellanos: y así quedará estinguida, porque además de entregar los a la Morisca escarcina, por interpresa en los campos de Palomeres, también tenemos capitulado que ha de enviarme a su padre; y para mayor resguardo elige que esté su vida al arbitrio de mi mano; y hasta que esta empresa logre no has de partir. . A mi cargo solo está el obedecerte. Mas qué miro! Arlaja, cuando tus años festejan todos los Nobles de mi Palacio, tan sola estás? . Con Celima estaba, señor, tratando de lo mucho que te debo. Mas me has de deber, pues mando que este día reines sola, y como a mí, mis vasallos te obedezcan. . Nadie ha visto tal amor, ni tal hermano! Hola, llegadnos asientos, para que en igual aplauso, como Reina hagas mercedes en mi solio soberano. (riente Yo he de entrar, que soy pa- de Almanzor. 1. Tener, Cristiano, o llevar palo en cabeza. Qué ruido es ese? 1. Un Soldado, que dice que es deudo tuyo. Dejadle. . Yo soy Don Vasco, que es, señor, de vuestra sangre el pariente más cercano que tenéis. . Qué parentesco es? No más que ser hermanos. Hermanos? estabo algún tiempo tu madre dentro en Palacio? No señor, mi padre sí. Bellaco es el tal Cristiano, Mi padre fue cocinero de tu padre, que finando, no paró en el Purgatorio, porque se fue más abajo; y como al fin le guisaba, siendo cautivo, los platos que él más gustaba, y comían de un mismo manjar entrambos, criaban la misma sangre, con la cual nos engendraron, mi padre a mí, y a ti el tuyo; luego nos alimentaron con unos manjares mismos, y así una sangre criamos. Con que de esta suerte somos parientes al fin, y hermanos de alcuzcuz, como de leche: ved si el parentesco es algo. a Humor tiene el Cristianillo; 1. Bosón ser por Alá Santo. Y a qué has venido? He sabido, gran señor, que estabais male de una gran melancolía, y así he venido a curatos, que he estudiado medicina. Serás muy grande Hervolario, Hervolario, no señor mas soy Galgario. . Galgario, qué arte es? . Un arte nuevo, con que queda un hombre sano, purgándose una vez sola, aunque haya comido cantos. Cómo así? . Escuchen atentos, que es un secreto muy raro: Pónese en una olla entera una liebre, a fuego manso, viva hasta que se consuma, y deje un sabroso caldo, y en otra solla mayor luego se pone a cocer un galgo, el cual se va consumiendo también con el mismo espacio que la liebre, y luego que están bien cocidos ambos, sorbe el enfermo primero el caldo de liebre a tragos, y otros tantos se han de echar tras él de caído de galgo; y como el caldo de libre le siente bullir debajo, el caldo de galgo corre tras él tan desaforado, que dejan limpias las tripas, dando carreras, y saltos, sin parar uno tras otro, hasta que salen entrambos; con que dejan al doliente bueno; pero aporreado. Notable es la medicina. El remedio es aprobado. Y eres Latino? . Muy grande, que estudié siendo muchacho, y soy Gramático fuerte. Pues pídeme en Latín algo, Vinun mihí Morus, mite vota Muza, maza echabo, vaciata postea; que quiere decir esto en Castellano: Que me hagas con vino un mico, y que la vota vaciando, postea, fuerte como un poste, se la echaré temerario al Moro Muza por maza. Muy bien el premio has ganado, toma, Vasco, este bolsillo. Gran señor, con favor tanto vencedor soy, pues con él el oro, y el Moro gano. Señor un Embajador de Castilla, está aguardando para hablarte. . Decid que entre. Este, señor, es mi amo. Quién es tu amo? . El que miras. Cielos, este es el Cristiano, . que mi hermosura obligó con tan corteses aplausos! Cielos, aquesta es la Mora . que vi en la torre llorando! Gónzalo Bustos de Lara, es este que estoy mirando, y apenas mi dicha creo! a Faltándoles este Cabo, no hay que temer de Castilla en los nuestros más estrago! Qué os suspendéis? . Esta carta para V. Alteza traigo del gran Conde de Castilla. Que el Cónde me escriba, extraño! De Ruy Velazquez la firma es, bien ha cumplido el trato. Mirándome está la Mora. No vi más galán Soldado! Hermosa es como el Sol mismo! Mal sabe el Cristiano el lazo que trae al cuello en la carta; que le de muerte en llegando me avisa mi fiel amigo. Las guardías de mi Palacio apresta, Celín, al punto. Ya yo a obedecerte salgo. Sin duda que divertido, a al Rey se le habrá olvidado la ceremonia, y yo quiero, si fue descuido, acordarlo así, y si acaso es malicia, . darle a entender que la alcanzo, porque en los puestos se pierden las preeminencias, y es llano, por un descuido tal vez de aquel que llega a ocuparlos; y así ha sido buen acuerdo tomar asiento entre tanto que lee. Qué habéis hecho? . Honrarme, pues vos no me habéis honrado; que por venir como vengo a vos del Conde enviado con la embajada, en que os pide treguas: de este fuero usando debo hacer esto, y por mí lo hiciera, que soy Gonzalo Bustos de Lara, en Castilla de los primeros hidalgos, nieto del Rey Don Ramiro, y por mi espada, y mi brazo, Almanzor; en lo que os cuesto, podéis saber lo que valgo. Porque sé lo que valéis, hoy detérmino Gonzalo, que no volváis a Castilla. El quiere darle algún cargo. Vuestro designio no entiendo. Es, que ha menester mi Estado cabezas como la vuestra, que cuando se va acabando, es el remedio de un Reino la cabeza de un Soldado. Bien se ve que no conoce Alteza al que está hablando. Por haveros conocido, esto he resuelto, Soldados de mi guarda, dadle luego, la muerte. . Señor, pues cuando de mi nacimiento el día celebras, quieres airado verter sangre? yo su vida te pido, y así hasta tanto que esta merced me concedas, tus pies no dejaré, hermano. Por ti perdono su vida, Arlaja, llega a mis brazos; pero dejar de prenderle no podré. . Qué causa ha dado para enojaros, señor, mi vida, pues quebrantando de Embajador el indulto, así me tratáis? si acaso, porque delante de vos me senté, no es desacato, pues en nombre de quien vengo pude hacer eso. . Eso es cierto, mas que olla de Colegiales Artistas. . Yo sé, Gonzalo, que no quiebro y que no ofendo de vuestra embajada el cargo; porque el Conde de Castilla no es quien me ha escrito. Algún falso, traidor, infiel, fementido, me ha vendido con engaño. Entradle luego al instante en la torre de Palacio. En efecto, estáis resuelto en prenderme? . Esto he mandado, Y el no decirme la causa, es razón? . Razón de Estado, porque solo con prenderos, lo que he perdido restauro. Tanto ganáis en prenderme? Mas de lo que piensas gano. Ay Celima! ya es mi mal menor, pues queda en Palacio este Cabo valeroso. Perdida estas por el Cabo. Señor, oídme. . Llevadle, Así os vais? No he de escucharos: vamos Celín, y vosotros ejecutad lo que mando. Con eso de las Estrellas, queda vencido el amago. . Tu prisión menos pesada hará mi piedad, Gonzalo. Si tu memoria merezco, ya es dicha el ser desdichado. Adiós, señor. . Tú me dejas? Sí, pues me dejan por bajo, libre volveré a Castilla a avisar a los muchachos, que en sabiendo que estás pa sueltos vendrán siete rayos a caballo contra el Moro, sin parar hasta acabarlo. Detente, sombra fría, sueño, asombro, ilusión, o fantasía: Por qué me das la muerte? . Qué susto. Qué temor. . Tu pecho fuerte, hermano te disgusta? Ya pues vivos estáis nada me asusta: miento, que aún todo yo despavorido, rindo a los sobresaltos el sentido. Pues, qué nueva inquietud tu pecho siente? Dinos tu mal, explica tu accidente. Quién turba tus alientos? . Vosotros. De qué suerte? . Vosotros, Oigan, que Gonzalvico, también como la pica, manda el pico. AI Después que Almanzor tirano, con traición, y alevosía, quebrantado el Real seguro del fuero de la Milicia, nos cautivo a nuestro padre: Bien sabéis, que la alegría desde entonces en mi pecho tan extranjera se mira, que selo ha quedado en mí contra su infame ignominia, un rencor, un sentimiento, para el estrago, y las iras: pues hasta que hemos pisado los Campos de Andalucia, marchando en robustas Tropas, que generoso acaudilla nuestro tío Ruy Velazquez, a fin de vengar la indigna acción de Almanzor soberbio, no dé tregua a la fatiga,

JORNADA SEGUNDA

Jornada Segunda de este pesar, de esta ofensa. Y de una melancolía vencido fue en mí el sueño, parentesís de la vida, y apenas de aquel letargo entre especies mal distintas surcaba el golfo aparente de asombros, y tantasías, cuando me hallé en el ribazo de un valle, cuya florida estancia, era mansión grata del pensamiento, y la vista. Desde un peñasco una fuente, trabuco de nieve riña, tiraba a las rojas flores municiones cristalinas; después formaba un arroyo de cuya apacible orilla, siete cándidos corderos la verde grama pacían. Un Pastor los gobernaba, hasta un prado, a quien matiza, en vez de silbestres hojas, bruta guarnición de espinas. Allí el Pastor (aún el miedo no deja que lo repita) los entregaba a una fiera, que feroz, y embravecida, contra su inocente sangre esgrimió agudas cuchillas, y siendo uno solo el golpe, ejecutó siete heridas, cuya púrpura en los campos, sino sembrada, vertida quedó estampada en las flores, por señas de la ruina. De esta suerte a mí se llega la sombra que el viento pisa, y con imperioso acento, escuché que me decía, Joven, vuelve atrás, no pases adelante osado, y mira, que en el asalto que intentas dar a Almanzor este día, sangrienta muerte te espera; cuyo rigor, y desdicha, sucederá a tus hermanos, pues en la batalla misma verán cortado el estambre de su juventud florida. La tragedia lastimosa de estos corderos que miras, es de vuestra infausta suerte: triste, y misterioso enigma. La mano que los entrega al sacrificio, es la misma que os amenaza el estrago, que aplausos, y honor os quita: Volved al riesgo la espalda, huid, huid su enemiga traición, que no valen fuerzas contra una vil tirama, Desperte todo turbado, sin valor, sin osadía; pero ahora que os encuentro no hay temor que me persiga; que aunque esta visión me asombra con espantosas porfías, y parece que en el alma secretamente me avisa infaustas atrocidades de alguna traición nacidas, nada me acobarda, viendo la razón que nos obliga a tan heroica venganza; y aunque fuera esta desdicha cierta, no temiera estragos, riesgos, asombros, ruinas, daños, peligros, destrozos, cuando la acción se encamina a libertar a mi padre; por quien con noble codicia, deseo en cambio dichoso, dar por la suya mi vida. Sin duda que algún presagio tu sueño nos pronostica. Ese es un vano temor. Del sueño ilusión sería. No hay que temer en agüeros. Cómo que no? vive cribas, que no he de pasar de aquí. Una voz no te decía, que nos volviesemos? pues el irme es cosa precisa, porque si acaso hay batalla, mucho mejor es que digan, en vez de aquí murió un hombre, aquí huyó cierto gallina. Mas vuestro tío Velazquez. Al verle se atemoriza el pecho, . Amados sobrinos, ya se ha llegado aquel día en que vuestros pechos nobles han de ser de Marte envidia; muéstrese en vuestro valor hoy la sangre esclarecida que tenéis del Rey Ramiro de León, cuya ceniza del olvido no apagada, y en nosotros encendida, de sus heroicas hazañas ha de ser copia más viva. Hoy de Almanzor la soberbia hemos de dejar vencida, darnos la batalla intenta en esta verde campiña. Ea, infantes, cada cual valeroso se aperciba para el encuentro, vosotros por esa apacible orilla, podéis ir marchando en tropas, mientras mi atención registra la espesura de ese monte. De mi apartarlos querría, . porque en este sitio espero a Celín, donde me avisa estará presto a tratar conmigo la industria fija de entregarle a estos soberbios, en quien mi rencor se cifra; pues a Almanzor tengo ya sus cabezas ofrecidas, y dándole este trofeo logro la venganza mía. Tu precepto obedecemos. Yo no, porqué soy espía doble, y me toca explorar el terrero, y la campiña. Quién ese cargo te ha dado? Ah sido inclinación mía, que esto es virtud gratis data. Si espía eres, qué noticia tienes del campo contrario? No me toca el inquirirlas, que soy espía capona; marche, pues, la Infanteria, que yo me quedo de escolta: Tu dejas tu compañía? Sí, porque es de los conformes, y no es ganancia el seguirla. Antes que el orden nos des de embestir en la colina, que señorea esta Vega, haremos alto. . Muy aprisa a juntarnos volveremos, porque en tan justa conquista el primero he de ser yo que entre la turba Morisca me arroje precipitado, para blasón de Castilla, Adiós. . Adiós. Marche el campo. Nunca os perderé de vista. Si tu valor nos alienta, no habrá temor que nos rinda. . Mío ha de ser el trofeo, si Ruy Velazquez os gía. Yo pienso escurrir la bola, que lo demás es mentira; que ha de hacer quien no tiene hora sino escapar con la vida? La ofensa me pagarán de las injurias antiguas: mucho Celín tarda, y temo, que entre la selva sombría, haya perdido la senda. Pero qué es esto, que miran mis ojos? sobre una yegua un Moro Andaluz, con prisa viene atravesando el bosque, y hacia esta parte camina. Ruy Velazquez. Quién me llama? Quién amante solicita, y la fineza agradece en la amistad que públicas. Primero noble Celín, me da los brazos. . Mi dicha en los tuyos se asegura. Tu hidalgo valor me obliga. Agradocido Almanzor a las nobles bizarrías, con que su amistad procuras, por mi asegurarte envía desde Cordoba por cartas, el premio de acción tan fina. Hoy cumpliré la palabra a tu Rey, pues tanto estima ver estínguida la sangre de esta soberbia familia de los Laras: ellos llevan noble Adalid por divisa, sobre el paves bandas rojas, y en la primera cuadrilla de la vanguardia irán juntos; y finguiendo que los guía mi cuidado, a todos siete entregaré a la cuchilla de vuestros nobles aceros; y sin que nadie lo impida, les cortaréis las cabezas, que podrán ir remitidas de parte mía a Almanzor, a quien mi cerviz se humilla: pues con esta, otras finezas de demostración más viva me ha de deber, pues si puedo le he de entregar a Castilla. De toda ella serás dueño, pues con aquesto eternizas tu memoria, que Almanzor, con mercedes excesivas desea honrar tus afectos. Celín, no se pierda el día, y pues aquí sin ser visto de los míos, prevenida te tengo ya la victoria; tu gente al punto acaudilla, porque empiece la batalla; y a tus escuadras avisa, que me den el paso franco, pues por seña conocida llevaré una banda blanca. Yo haré que esa seña sirva de respetar tu persona. El Cielo guarde tu vida. . Por Alá, que estoy dudoso, y aún admirado, de ver que pueda en el mundo haber un pecho tan alevoso como el de aqueste Cristiano; que su misma sangre entregue, y a tener piedad no llegue, por lo que tiene de humano; acción tan vil, e importuna, no estimara a ser yo Rey, que aunque es distinta mi ley, la naturaleza es una: y a un Cristiano tan cruel, no quisiera por amigo, pues quien es traidor consigo, con quien podrá ser fiel? Vive ese Planeta ardiente, que me rasga el corazón, ver con tan baja traición vendida tan noble gente: de valor a valor pruebe el brazo ardientes desvíos, que desluce heroicos bríos una tiranma aleve, que en la militar escuela, yo más quisiera haber sido con bizarría vencido, que vencedor con cautela. Oh desdichados hermanos! quien un Cristiano topara, que de esto los avisara: mas son mis intentos vanos. Mate Moros quien quisiere, que a mí no me han hecho mal, porque uno que a mí me cabe, de viejo se morira. Pero allí un Cristiano infiero, que huyendo va con afán. Quién canta dice el refrán. Quién es quién va? Un tornillero. . Qué oficio? Es un exorcismo, que buscar la patria mueve, y es por no hallar quien le lleve, enviarse un hombre a sí mismo, es ser de complexión flaca, es temer del Moro el zas, es para que dure más, saber volver la casaca. Cómo, por aquestos cerros, sin que el temor te amedrente, va cantando alegremente? Antes vengo dado a perros. Si para escapar madruga tu miedo, no es más primor el silencio? . Es, que mejor cantando se hace la fuga. Según eso no penetras el peligro a que te expones, pues vas cantando canciones? Soy Correo, y llevo cartas. Correo? verás tu fin. Moro tu furor aplaca, que no soy Correo, ni acá, sino, solo un malandrín, que aunque me vi Caballero, fue un acaso. . Pues qué fue? Que de lacayo de a pie, subí a ser sotacochero: y si intenta tu rigor venderme como lagarto, ne te darán por mí un cuarto. Por qué? . No tengo valor. Ríndete. . Quedarás muerto si te llegas a mi lado, mira que vengo apestado. Apestado? . Aquesto es cierto. Pues qué haré? . Déjame aquí, hacer en Sierra Morena primero la cuarentena, y después vuelve por mí. Cautivo irás. . Moro esquivo, si te he de decir verdad, yo de cierta enfermedad, no quedé para cautivo: por Cristo que no me prendas, que otra vez me darás caza, y me llevaras por maza para las Carnestolendas; déjame ir como un trabuco sin parar, que enviarte espero, por mí, un cierto mosquetero, que sirva a tu Rey de eunuco, Libertad te quiero dar, mas será con condición, que volviendo a tu escuadrón de mi parte has de avisar a los Infantes de Lara, diciendo, que con cautela Ruy Velazquez tiene al Moro ofrecidas sus cabezas; que sin parar un instante, al punto a Salas se vuelvan, que el escapar con las vidas, les va en esta diligencia: y que un Moro lastimado de ver sin razón tan fiera, les da piadoso este aviso, para que librarse puedan. . Oh segundo Escandárbey! oh Moro Andalua! afrenta de los de Argel, pues parece, según el valor que muestras, que te has criado en Madrid en la Morería vieja: por lo castizo, y leal eres Moro Valenzuela; bien haya la yegua Mora, que parió tan bella bestia: dónde hallaré los Infantes? Pero qué cajas son estas? el Cielo se viene abajo, o al Cielo sube la tierra. Ea Españoles bizarros, la Fe divina os alienta de vuestro invencible brazo; vea la Andaluz soberbia su orgullo desvanecido, pues hasta las torres mismas de Cordova, donde el Moro tiene a mi padre en cadenas, no ha de parar mi coraje, si el Cielo ampara mi diestra. Todos tus pasos seguimos, pues la razón nos alienta. Y la Fe, que sobre todo, es la que más nos empeña. Santiago, cierra España. Contra toda esa propuesta traigo nuevas dimisorias, De quién? De un Moro, profeta de vista, que pronóstica los sucesos de la guerra; el cual piadoso os íntima, que dais a Salas la vuelta, y que a uña de caballo huyáis, porque con cautela vuestro tío Ruy Velazquez hoy vendidos os entrega al Rey Moro: ved ahora que fundamento esto lleva, porque quien os da el aviso no os engaña, que con tierna piedad se ha compadecido de vuestra incauta inocencia, y de ver vuestra desgracia, lastimado os aconseja. Miente mil veces quien puso en Ruy Velazquez la lengua, que en su noble sangre, mancha haber no puede, y si es nuestra la suya, no, no es posible que se halle traición en ella. Mintió quien eso te ha dicho. Un Moro, que os lo dijera me encargó con gran cuidado, y aunque el tal no era Abicena, yo se que ha tomado el pulso muy bien de aquestas materias, y que estáis en gran peligro, si no partís de carrera. El persuadirte ese Moro a que ese aviso nos dieras, mas que piedad, es temor de vernos aquí, y desean que nos volvamos, sin que batallemos fuerza a fuerza. Oh engañada juventud! . Empecemos la pelea. Pero qué miro los Moros en escuadrones y hileras, como amápolas los campos de rojos turbantes pueblan. Mil habrá para un Cristiano, y no tenemos defensa. . Es el número excesivo, y pordos partes nos cercan. Y casi que nos emvisten, sin que mi tío parezca: válgame Dios qué habrá sido? que viendo el riesgo tan cerca no nos socorre, y tan solos en el peligro nos deja. Hy crueldad más rigurosa! Ay sinrazón más se vera! Hay traición más declarada! Vasco, tu verdad fue cierta. Pues qué hemos de hacer? Hermanos, otro remedio no queda, si no morir, o vencer. Por las dos partes opuestas nos vienen cortando el paso. Pues ha embestir. Guerra, guerra. Digo que renuncio el pacto, y que protesto la fuerza, si alguno aquí me matare: que por un poco de tierra, que tal vez por arenisca, para sembrar no aprovecha, se maten como cochinos; y que los Reyes con tema riñan siempre por las plazas, como si fueran fruteras: por cierto que es rara cosa! mas ay, que la gente nuestra destrozada se retira, y con heroica violencia mis amos van en los Moros abriendo anchurosa senda: mas ya todo un escuadrón carga sobre ellos; y apenas se ve en el campo un Cristiano que los socorra, paciencia: Ea, Vasco, ten valor, y partamos de carrera sin parar, hasta Jétafe. Bárbara canalla, espera, que a no ser tantos vosotros, yo sé que no se rindieran los Laras. . No los matéis, que por Alá que es fiereza, que pechos tan valerosos mueran aquí sin defensa: dejadlos tomar aliento, 2. Qué es tomar aliento? mueran, pues el orden de Almanzor cumplimos de esta manera; y en ti, Celín, es traición aquesta piedad que muestras. Noble Moro, a tu valor tan obligados nos dejas, que si por esta piedad aventura tu cabeza, antes la muerte elegimos, para que nunca se entienda, que pudo ser de un Cristiano excedida la fineza. Pues aunque ariesgue la vida; he de ver en esta empresa, si puede quedar vencida hoy de la mía la vuestra. Infelices Caballeros, cuyas juveniles fuerzas han sido temor y asombre de las Moriscas banderas, un aviso no os han dado, que prudentes os aconseja, volvieseis atrás el paso, salvando con diligencia las vidas? . Así es verdada pero imaginamos que era temor de los Africanos. Y con ignorancia ciega despreciamos el aviso. Porque esa duda no os venza, mirad toda esa campiña de Sarrácenos cubierta, sin que haya ningún Cristiano que os ayude, ni defienda. Ruy Velazquez cauteloso, hoy con doblez os entrega a los Moros, porque acabe vuestra noble descendencia; y aunque yo como Caudille aquí ejecutar pudiera vuestra muerte, enternecido de una lástima secreta, porque en fin todos los hombres son de una naturaleza. A que escapéis con las vidas, he de ayudaros, pues de ellas es dueño aquí Ruy Velazquez, que es el que os vende aquí llega, vosotros podéis ahora templar su injusta fiereza; porque os conceda las vidas; que si él lo resiste, es fuerza que muráis, pues de mi aviso despreciasteis la clemencia. Acabadlos de matar, verted su sangre soberbia. Pero qué miro! Celín ha dado a sus vidas treguas. Qué sangre es esta que dices, qué viertan, señor? . La vuestra. Advierte, que es también tuya, y la mejor; y así es fuerza, que se te quede la mala, si desperdicias la buena. No diga el mundo, señor, que Ruy Velazquez se venga con traición, cuando nosotros no te ofendemos con ella. De fe carece, quien ciego con sangre Cristiana intenta dar al Moro una victoria, por vengarse de una ofensa. Nuestro campo está deshecho, toda nuestra gente es muerta, con doble trato entregada a tan infeliz tragedia. Nosotros solos quedamos, pendientes de la clemencia de tu valor, que en los nobles, vinculó el Cielo por deuda. Si de los pasados lances hoy vengativo te acuerdas, y vengarte solicitas, muera yo solo, no mueran mis hermanos, que de esclavos podrán servir la grandeza, de Almanzor, que es más trofeo el tener en su presencia vivos testigos que acuerden sus victorias, y proezas. Tío, señor. . Padre. . Amigo. Tu gran piedad nos conceda la vidas. . Señor, los hijos de Gónzalo. Bustos, vean, que imitando a Dios, perdonas pasados yerros, y ofensas. Si perdonara, a no ser vuestra infame desvergüenza tan grande, que en mi solaz, cuando mis bodas celebra Burgos, bañaste en mi sangre mi rostro: no se los acuerda, cuando perdiendo el respeto a Doña Alambra, en sus mismas faldas matasteis osados al Jardinero, que de ella se quiso amparar, ajando el decoro a su belleza? No esta pidiendo a los Cielos venganza, la muerte fiera de Albar Fañez? . Es verdad; pero, señor, de esa queja nuestro Conde de Castilla, ya el duelo ajustó. . No es esta bastante causa, si el odio, y el rencor, que os tengo, pesa mas que el agravio mayor. Quitadlos de mi presencia, pagen con su sangre ahora su vil osadía, mueran: Celín, ejecuta el orden de Almanzor. De esta manera, traidor, infame, alevoso. A pesar de tu fiereza, hemos de vender las vidas. Es vana esta resistencia. No importa el morir, y así conseguimos fama eterna. Entre los mismos alfanjes se arrojan (rara braveza!) y con ser tanto los Moros, no son pocos los que quedan muertos de su ciego arrojo. Virgen santa de la Vega, ampararme, Muerto soy. Acabad canalla fiera, de matarme, llegad todos con furor, y con violencia, que todos sois menester. Rindiose en la acción postrera. Ya queda el orden cumplido. Y tú, Celín, de la empresa serás el dueño dichoso, pues llevando sus cabezas, Almanzor te dará el premio que merecen tus finezas. Nadie las tuyas estima. Adiós, que mi gente espera. . Con el temor del castigo, ejecuté acción tan fea, que a no verme ese traidor, la vida a los siete diera. Cuando, Cielos, será el día que de esta confusa cárcel saldré a ver la luz del Sol, que oscurecieron mis males: pero el gusto para un triste siempre llego nunca, o tarde; cuando engañando a Castilla el vil traidor Ruy Velazquez, logra aplausos a su fama, en dulces tranquilidades. Gónzalo Bustos de Lara, que de los corbos alfanjes fue terror, solo, y cautivo habita una oscura cárcel, no he podido dar noticia de esta traición, ni de nadie tengo aviso, de mí todos se han olvidado (ha pesares!) Adónde estáis, hijos míos? donde el valor, coraje de vuestros hidalgos pechos? Qué torpe sueño os combate? que sirena os adormece con olvidos desiguales, que así perdéis la memoria de librar a vuestro padre? Que se hicieron los cariños, que allá en la paz me mostrasteis; también de los hijos son las finezas temporales? pero mi queja injusta, que en vuestro valor no cabes amadas prendas queridas, ningún temor que os ultraje. El alma me está diciendo, que algún embarazo grande os ataja el noble intento de tan heroicas piedades, con que murió mi esperanza; que aunque Arlaja favorable, secretamente entra a verme, por una puerta que sale desde su cuarto a esta torre: no espero que ha de librarme, porque los favores son para más aprisionarme; pues después que me hizo dueño del mayor (como no caen sobre mi vida estos montes!) pensando que era bastante, para que me diese luego libertad, lograr afable sus brazos, de otra manera sucedió, pues vigilante, que dure mi prisión quiere, para más asegurarme, como deudor de aquel hurto; con que imposible se me hace la libertad, y es castigo del Cielo, pues quien se vale de un delito por remedio, más acrecienta el achaque: y aunque arrepentido lloro (. este error. , . Entra adelante, Celima, que este Cristiano hoy la vida ha de quitarme, si prosigue en los desprecios de mi amor. . De aquí escucharle podrás, que apurar espero su pecho, y las novedades de su tibieza. . Quién entra? Quién viene a templar tus males de parte de mi Señora. Celima hermosa, es tan grande mi tristeza, que ese alivio en mis suspiros no cabe. Quién de una Infanta ha logrado los favores más iguales, pues te hizo dueño dichoso de su honor, tiene pesares; con tan suprema fortuna, te hallas mal, cuando a Amurates desprecia por tu cariño, y otros Príncipes, que amantes su hermosura solicitan? En hidalgos pechos caben tan viles ingratitudes? vuelve en ti, Cristiano Marte, y mira que esas tibiezas que pública tu semblante, son de tu valor defectos, z para Arlaja desaires, i y más cuando por tu amor padece un extraño achaque. Cuál es? . No tener ninguno, que en ella es falta notable. Válgame el Cielo qué escucho? No tienes de que admirarte, que tan bien como en las plantas, de la flor el fruto nace. Con eso me estás diciendo la obligación que me cabe, por noble, y por Caballero, de corresponder amante; es verdad, pero mi Ley? Mas adelante no pases, que tú Ley no contradice la obligación de la sangre. En cuanto a estimar, señora, los favores, y piedades con que bizarra me obligas, en mí es precepto inviolable; pero en cuanto en proseguir finezas que han de costarme un tormento a la memoria, y al alma un nuevo combate, eso no, que era ofenderte, Los desvíos desiguales, y tibiezas que en ti miro de unos días a esta parte, me han dado gran pena, y ya sé la razón de que nacen. Conocerás el efecto pero la causa no es fácil. Ya sé que estarás quejoso, de que yo pudiendo darte la libertad te la niego; pero si atento mirares mi corazón afligido, con obligación de amarte, por la prenda que en sí tiene, verás que aquestas crueldades son finezas de mi amor, pues si te libro, al instante quedo yo sin alma, viendo de mis cariños distante, al que más estimo, y quiero: sino te libro es matarme, pues me enternecen tus penas, desuerte, que en dos mitades zozobra el alma confusa, de librarte, o no librarte; pues niega amor lo que manda de la razón el dictamen; pero para que conozcas, que rompo dificultades, y que estiro más tu vida, que la mía en esta parte, por mi cuarto salir puedes libre a lograr los suaves triunfos de tu libertad; que aunque el Rey mi hermano ultraje por tu causa mi hermosura, nada importa, más repare tu atención, que al mismo punto que de mis ojos faltaras ese será el plazo fijo, de mi muerte, ahora afable, o cruel te determina de irte libre, o de quedarte; pero no te quedes, vete, y logra felicidades allá en tu patria seguro, muera yo en las soledades de mi pena acompañada: hasta que ese llanto acabe mi vida, que por lo menos lograré las vanidades de que sepan que fui firme, y que te excedí constante, haciendo que en mi sepulcro se escriba en oro: Aquí yace quien murió por dar piadosa la libertad a su amante. Enjuga Arlaja divina, el llanto, tu sol no empaña el rosicler, que entre imbes padece oscuros celajes, y pues dices que una prenda ato nuestras voluntades, fruto que un alma contiene, no aventuren tus pesares. No llores, que juro al Cielo, o a ti, que lo mismo vales, de no dejar la prisión, hasta que Almanzor se canse de verme cautivo, y quiera lastimado de mis males, o darme la libertad, o la muerte, si no es que antes soy de mirarte imposible de mi propia vida el áspid. Mi dolor con eso alivia, La razón lo persuade. Pues sabes mi mal, no olvides lo que debes a tu sangre. Yo haré. Las puertas abrid de esta prisión. . Cruel lance! El Rey se entra acá. . Qué dices, Esta es novedad notable. El Rey en la torre? qué miro? Válgame el Cielo! si sabe, que está tu parto cercano, y acaso quiere indultarte, Adiós. Luego vuelvo a verte. Vamos a prisa que sale. Noble Capitán valiente, lastimado de tus males a la prisión vengo a verte, y a usar contigo piedades, por las victorias que el Cielo benigno ha querido darme. Ya de un cuidado importuno, que lidiaba en mis afanes, vivo seguro, y por eso hoy liberal quiero honrarte. Con favor tan soberano, mi dicha espero, pues nadie a vista del Rey padece prisión, ni muerte. Es constante, ya estas libre, hoy tu partida puedes prevenir más antes que te ausentes, quiero yo con extremos obligarte: hoy conmigo has de comer a mi mesa, pues tu sangre merece aquestos favores de mi grandeza. . Pesares, . esto algún misterio encierra, que no alcanza mi dictamen. No agradeces mi cariño? Si gran señor, tus Reales plantas beso, una, y mil veces; que esto en mis dichas no cabe. Hoy de tu valor espero hacer, Gónzalo un examen: Conmigo a mi lado ahora ven pisando, la agradable estancia de estos jardines: mientras la música aplaude mis triunfos. Dudoso voy. Ah, Cristiano miserable, quien te dijera la pena, que el convite ha de costarte! Norabuena victorioso en nombre de Almanzor gane Provincias Celín, venciendo los Cristianos estandartes. Ya, Cielos con lo que escucho son mis temores más grandes. Aquí, gran señor, podrás de aquesta fuente a la margen comer. . Proseguid cantando mis trofeos singulares. De los campos de Castilla, vuelta la esmeralda en sangre, quedó anegada a los filos de los Moriscos alfanjes. Ya para mí, gran señor, no es el convite agradable, oyendo de los Cristianos la tragedia lamentable. Siéntate, noble Español, que sucesos semejantes son hijos de la fortuna, no de valor? qué es lo que hace? por qué no comes? . El gusto, señor, de favor tan grande me ha divertido. . Sabrás, Gónzalo, que entre tus haces, y entre las mías, ha habido muchos extraños combates; mío fue el día, y la suerte: pues dicen, que de tu parte no quedó Cristiano vivo; y en albricias de tan grande suceso, me han remitido un presente, que más vale para mí, que toda España; pues de mis tristezas graves sosegó el peso importuno, que me inquietaba cobarde: dártele quiero, por ser plato de valor notable, y porque te sirva aquí de postre para que acabes: Válgame el Cielo mil veces! Todos os salid dejadle, que si libertad le he dado, bien ha pagado el rescate. Ay de mi infeliz, qué miro! hijos de mi corazón, dulces prendas de mi vida, que cierzo airado arrancó de tanto tronco florido la bella, y lozana flor? Quién de esta suerte os ha puesto? si con aqueste dolor, no muero deshecho en llanto, no soy vuestro padre, no: pues no es posible que viva, animando aliento, y voz, quien tiene con siete heridas traspasado el corazón. Bárbaros, tiranos, viles, sin duda que hombres no sois, sino fieras, pues me herís con un golpe tan a trz. Gonzalvico, Ángel querido no eráis mi contento vos? como no me habláis, mi vida? Este por ser el menor era de mí el más querido; mas no es esa la razón, sino que ha menos que había salido del corazón. Fernando, Diego, Martín, Don Bustos, Rodrigo (ay Dios!) cómo me atrevo a nombrarlos? pero sí, que como son, muchos pedazos del alma, por eso quiere el amor que haya muchos sentimientos; y así con distinta voz va repitiendo la queja de un dolor a otro dolor. Llorad, tristes ojos míos, que si hoy falta el llanto en vos, lloraréis toda la vida, de no haber llorado hoy. Pimpollos reciennacidos en el árbol del valor, antes que veros cortados, muriera mil veces yo. Muerte injusta, a los más leves tu guadana se alargó del camino del morir, no estaba más cerca yo. Matarasme a mi primero; más supuesto que Almanzor hoy me ha dado libertad, como irritado León que asusta el monte ha bramidos contra el fiero cazador, volveré con mis banderas a ser escándalo, horror, asombro, venganza, estrago, escarmiento, admiración, de estos tiraños, vengando de tanta ofensa el rigor. Y es justo vengar tu agravios Quién me ha interrumpido? Yo, que no cumpliera con menos, que con sentir tu dolor. Por qué causa? . Es también mío, Quién le hizo tuyo? . El amor, que como Rey de las armas, nunca en leyes reparó. Solo a ti, ilustre Africana, debe alivios mi pasión; pues cuando todos crueles me desamparan, tu voz me solicita el consuelo. Es corto el que aquí te doy. Yo le pagaré, volviendo a cumplir mi obligación. Sabes cuál es? . No lo ignoro, pues dejo preso en tu sol un vivo empeño que adoro. Con eso, ya mi dolor no tiene más que advertirte. Ni más que ofrecerte yo. junto a esa torre hallarás un cautivo, y un veloz caballo, que al viento excede; en él podrás con valor ponerte al punto en Castilla. Y yo palabra te doy de no olvidar prendas tuyas, en quien dejo el corazón. Y si tienen vida? . Entonces yo las buscaré mejor. Qué he de perderte? Es forzoso por ahora, Cruel rigor! No puedo más. Ya lo veo. . Fuy infeliz, Mas lo soy yo. No se va quien deja el alma. Mas siente quien se quedó. No puedo excusar mi ausencia. Ya se que es fuerza el ser hoy. Precisos males me obligan. Qué no hay más remedio? . No, Pues qué hemos de hacer? Llorar. . Y con eso? Adiós. . Adiós.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Dime, Señora, tu pena. Ya sabes que tengo un hijo de aquel noble Castellano Gónzalo Bustos, que vino por mi mal pues que mi hermano su prisionero le hizo? y cuando partió a Castilla, aún no era entonces nacido. Mudarra, que este es el nombre que le han dado desde niño: que tiene sangre Cristiana sin duda el alma le ha dicho. Y él lo muestra, pues que siempre con los Cristianos cautivos se divierte conversando. Bien se ve, pues su motivo es de partirse a Castilla, a pesar del amor mío, a saber quien es su padre; y aunque una carta he tenido por Vasco, criado suyo, a quien el Rey mi hermano hizo prender, porque entró en los baños, crimen grave en nuestros ritos; que es criado de su padre le callé, por visuadirlo de este viaje que intenta, desviando sus designios, por evitarle a mi amor con su ausencia este martirio! y está tan determinado que en vano he de resistirlo: Mucho lo sentirá el Rey. Aunque le llama sobrino, ya sabes que con cautela, por disfrazar mi delito, le di a entender a mi hermano, que le crié desde niño, y que fue hallado a la puerta de mi cuarto, y que encendido de amor y piedad el pecho, le di de hijo adoptivo el nombre, mas como hace en él sangre su oficio, y resplandece en las venas, dando de quien es indicio, como a sobrino le quiere, y ha de sentir su desvío: que como de guerreador en él las muestras ha visto, pues desde la tierna infancia esgrimia embravecido el duro acero, trocando por las espadas los libros, tanto, que a solas un día se hallaron (raro prodigio!) que estando viendo un retrato de aquel caso tan impío de los siete Infantes muertos, furioso, y enternecido, con un diluvio en los ojos, y en la mano un puñal limpio; pidiendo venganza al Cielo, llama al traidor a gritos. Supo mi hermano este caso, y admirado, y indeciso, sin saber que fuese causa natural este prodigio en él, pues de sus hermanos muertos por traidores filos, en su pecho generoso daba la sangre latidos. Atribuyó a su bizarro aliento, tan peregrino suceso, juzgando que era efecto del valor mismo: que como son las traiciones por si opuestas al juicio de la razón y aún la fiera las aborrece en su instinto; así para castigarlas se irritaba vengativo: que mucho, si en uno de ellos se estaba mirando él mismo? según un cautivo anciano, viéndole un día, me dijo, que era del menor hermano Mudarra un retrato vivo. Cobrole, tanta afición el Rey mi hermano, que ha sido siempre estudio de sus ojos, y objeto de sus carmos. Con él anda a todas horas, mas qué mucho, si le ha visto brazo a brazo en fiera lucha, vencer un oso en el circo, blandir el errado fresno, y escalar muros altivos, correr el bridón gallardo, y paran de un carro el bríos poniendo sola una mano, y afirmando los pies fijo. Como a sí mismo le quiere, y aunque tal vez ofendido, le muestra el rostro severo, porque suelen darle aviso, que trata con los Cristianos, luego vuelve más benigno a hacerle nuevos favores: y así que sienta es preciso su ausencia, y sin su licencia, que se ha de partir ha dicho, Ve cual estará mi pecho dedos dudas combatido; pues si a mi hermano le calle de Mudarra los designios, ofendo su Real persona; y también si se lo digo, a mi propio hijo ofendo, pues le descubro un delito, que es el pasarse a Castilla: y aunque es tan justo el motivo, doy causa de que le prenda, y en él haga algún castigo: ya él sabe quien es su padre, que yo misma se lo he dicho, y le conté la tragedia de sus hermanos, vendidos por el traidor Ruy Velazquez, y a cuanto mi voz le dijo, lo que yo empecé en palabras, él lo acababa en suspiros. Hoy trata de ir a vengarse, sin que impidan el camino, ni mis ruegos, ni mis ojos: y así determine hablarle, por si puedo reducirle a que aquí dentro me aguarde. Aquí, Celima, me espera, mientras yo voy a buscarle, que pues eres el archivo de este secreto, y va sabes todo mi cuidado, fío por dar alivio a mis males comunicados contigo, si es que tienen los pesares comunicados, alivio. Aquí, señora, te aguardo; muy buen medio has prevenido en Celín. . Permitid, Cielos, que no pierda yo a mi hijo, ya que he perdido a su padre. Los Cielos serán propicios. Eso espero: Alá te guarde. . El vaya, Arlaja contigo. Ay infelice de mí! Hasta cuando, astro corito, has de dejar de ofenderme, Estos míseros gemidos que hacia esta parte se oyen, son de Cristianos, oírlos quiero hacia aquí retirada, por si la voz apercibo de Vasco entre ellos. Mal haya el mazmorrero maldito, que con tan duras prisiones me ha mazmorrado el sentido. Qué sientes? . Estos grillos. Quién te los echó? . Un Morillo de los Moros Melioneses. . Por qué? Porque enternecido, me vio hablar con una moza; los de la vieja echar me hizo. Que son Moros Melioneses? Melioneses son, amigo los que siembran melonares. No es mes de ese tu delito? No fue solo esto. . Qué fue? Que entre en los banos, Qué fas hecho? en los baños? Si en los baños. . Cómo entras (tel En cueros vivos: y unos perros me acecharon, que eran grandes de aquel sitio, y me azotaron crueles, poniéndome como un lirio, con unos arcos de cubo, desde el hombro hasta el tobillo. Y al fin te hallaron bañando? Y dentro del baño mismo. Y entraron dentro a cogerte? Sí, porque aquellos Morillos eran todos perros de agua. Pésame de haberte oído, que tienen pena de muerte los que entran en aquel sitio. Pues no es esto lo más que hecho. Di qué fue? . otro pecadillo, que ahora me han acomulado. Qué es? . Ser Cura del tocino, Cura del tocino? cómo? Entré de Moro vestido aquí a cierta diligencia, que mandó un amo a quien sirvo, y gastóseme el dinero, porque yo compré un cochino; con él entré al arrabal, puse allí escuela de niños, que como yo hablo aljemiado, me fue fácil el fingirlo: y en breve espacio a mi escuela vinieron tantos Morillos que tuve en mi compañía mas de ducientos pupilos. A todos por las mañanas les daba unos torreznitos, y con esta maña, a todos enseñaba el Catecismo. Y al que más iba aprendiendo deba el torrezno más frito, y al regalado bocado, sabían ya los Morillos la Doctrina, como rayos: de tal suerte, amigo mío, que con esta maña sola, en breve tiempo, a infinitos le meti en el alma, y cuerpo Fe Católica, y tocino. Por eso, y por irte al baño harán en ti dos castigos. El uno será por puerco, y el otro será por limpio. Un susto a Vasco dar quiero ya que la plática he oído. Celima? . Vasco? . De mí tu nombre bien recibido fuera, si la mitad sola vinieras. . Cómo, Vasquillo? Dejando la Ce, y viniendo la lima para estos grillos. Sientes mucho la prisión? Mucho. . Durara dos siglos, y nunca salieras de ella. Por qué? . Porque he oído decir, que estás condenado a atenazarte vivo. Dime, y cómo atenacean? Yo lo diré, que lo he visto: Atanle a un hombre en un palo pies, y manos. . San Cirilo. Y al lado le ponen luego dos braseros encendidos rodeados de tenazas. . Fuego. Y el que lleva el martirio va en cueros. . San Blas. Y en medio, hay dos ministros impíos con dos tenazas ardiendo, le van sacando a pellizcos la carne, y el hueso dejan. Hasta en eso son ministros, pues llevan carne sin hueso. De esta suerte al pobrecito le quitan la vida a pausas. A pausas? pierdo el sentido, porque sin ser miserable, de miserable el castigo es, pues me harán Caballero de la Tenaza: Dios mío, quién me trajo a estas andanzas? Librad a cuantos cautivos la oscura mazmorra encierra. Bien haya el padre que te nizo, o la Mora que dio leche a boca que tal ha dicho. No hacéis lo que mando luego? 1. Yo señor, no te replico: el diablo que resistiera lo que manda, pues al río desde aquí al punto me echara de un puntapie: ya sin grillos están: Decid, que Mudarra os dio libertad, amigos, que con eso iréis seguros. Yo lo publicaré a gritos, que escapé ya de la trena: viva Mudarra mil siglos, que con beneficios tales a este Cura del tocino hoy le hace beneficiado. Id cautivos en paz. Espera. . Qué quieres? Atreveraste a ir conmigo? Adónde? . Adónde me esperes dentro en Palacio escondido, porque de aquel pliego lleves respuesta. Si no hay peligro, guía, pues así a mi amo con más fineza le sirvo. Gozad lo que antes tuvisteis, prisioneros afligidos, que aunque os da la libertad piadoso el corazón mío, nmada os da, pues solo os vuelve lo mismo que habéis perdido. Válgame Ala. si supiera antes, lo que hoy he sabido, que soy de Estirpe Cristiana, de tan noble padre hijo, yo me vengara más presto, dando a aquel traidor castigo: no en vano dentro del pecho para vengar tal delito, me daba la sangre voces, no acaso ha sido el cariño, que hallan en mí los Cristianos. Cómo, Mudarra, atrevido, sin esperar mis decretos, contra mis leyes altivo, vos por vos sin mi licencia, a mis preceptos remiso, disteis libertad a cuantos Cristianos, el duro abismo de esa mazmorta encerraba. Sino habéis tenido aviso hasta hoy de lo que sois, para que templéis el brío, y no os desvanezca el veros de Arlaja, y de mi querido: Sabed, que os hemos criado como a Príncipe, y sois hijo de no conocidos padres. Vos la culpa habéis tenido de que yo piadoso sea con esos pobres cautivos; porque si vos me criasteis como a Príncipe, he cumplido, con parecerlo en librarlos, que de este nombre no es digno, ni Príncipe ha de llamarse aquel que no es compasivo, Discreto es como valiente, . diciéndome está el cariño, que no le riña, y es fuerza mostrar mi enojo: Lo mismo, en otra ocasión hicisteis, y aunque otra vez os he dicho, que no tratéis con Cristianos, no me habéis obedecido; y más no he de perdonaros, loco, rapaz, atrevido, corregid vuestra soberbia, temed, temed mi castigo: no fies en mi favor, pues de él os hacéis indigno, que os juro por Alá santo, que yo irritado conmigo, si mis leyes quebrantara con semejante delito, yo a mí mismo me ofendiera, me matara yo a mí mismo. . Espera, Almanzor. Qué intentas? Darle a entender a mi tío, que no temo sus enojos, que él ha de temer los míos, pues fue cómplice en la muerte de mis hermanos, impío; amparando a Ruy Velazquez, a quien matar determino: mas pues luego he de partirme para esta empresa que sigo, mejor medio es el que sepa, esta venganza a que áspiro el Rey, pues quien soy ignora? porque a saber que era hijo tuyo y de Gónzalo Bustos, él me impidiera el camino. Qué en eso en fin te resuelves? Este es, Celín, mi designio. Y mi llanto no te mueve. No pues con él más me irrito, Buscar tu contrario intentas? Sí, su muerte solicito. Tú, Celín, qué dices de esto? Que le aconsejo lo mismo, que no es bien que un traidor viva, estando Mudarra vivo. De buen padrino ha llegado a valerse el dolor mío: qué has dicho? Que he de ir con él hasta encontrar su enemigo, acompañándole. . Nunca; Celín de tu pecho invicto, esperé yo menos, pues mi padre segundo has sido. Pues ya que determinados estáis los dos de partiros, para que en ti el creimiento no desdiga de sobrino de un Rey, ven que quiero darte mis joyas, hijo querido, con todo el oro que guardo, y un criado ha de ir contigo también. . De quién? De tu padre, por quien cartas he tenido. De mi padre? . De tu padre. Nuevas dichas examino: y adónde está ese criado? Aquí Vasco esta escondido hasta llegar a buscarte: De contento salto, y brinco; aprieta, Mudarra hermoso, retrato de mi amo el chico. Jesús! No vi cosa tal. Soy a él muy parecido? Mas que el freir al llover. El Vasco tiene capricho. Vamos, Celín, que en ti llevo buen maestro, y buen amigo. Mejor dirás un vasallo leal, para tu servicio. El Cielo con bien te traiga a mis ojos, hijo mío. No hay que temer, que va Vasco, con quien comparado ha sido Vasco Palla hombre trillado, y Vasco rigueiro un hijo. . Sancho, Nuño, hola, criados, escuderos, cómo es esto? no hay quién responda? Señor. . Quién eres tú? El Jardinero: No me conoces? . No, amigo, pues de llorar ya estoy ciego: ponme en lugar donde pueda gozar del Sol. . Soy contento, ven andando poco a poco. Mis criados, qué se han hecho? Como el Conde de Castilla hoy se hóspeda en este Pueblo; tus Escuderos, y Pajes a ver la entrada salieron. Sin avisarme entra en Salas el Conde? algún daño temo. Hacia aquí puedes sentarte, que da el Sol de medio a medio. Y adónde os vais? . Yo, señor, a la tarea me vuelvo de cultivar esos cuadros, pues cantando lisonjeo el trabajo. . Bien está. Pues adioós. Válgame el Cielo! qué inútilmente he vivido, pues mi agravio no he deshecho! Cuando pensé, que en Castilla, de mi enemigo soberbio no quedara seña alguna, que a los estragos sangrientos de mi venganza, no fuese de su traición escarmiento; amparado, y defendido del Cielo, que poco atento, da crédito a sus engaños, vive el traidor lisonjero, y sin que pudiese yo vengar en tan largo tiempo aquella inocente sangre, que entregó su aleve pecho, pues temiendo mi venganza, se ausentó a Francia huyendo, y hasta saber que yo estaba de llorar mis penas ciego, no vino a Castilla, y hoy que me ve incapaz del duelo, de mis ya caducos bríos hace donaire, y desprecio! Siete piedras cada día tira a mis ventanas, siendo este acuerdo repetido vil memoria, y vituperio de mis siete hijos queridos, que para herirme de nuevo en el alma cada día me acuerda estos sentimientos. Gónzalo Bustos de Lara, en poder de Almanzor fiero, por una carta engañosa, se queja cautivo, y preso. Tan sabida es ya mi historia, que hasta los propios plebeyos condenan la alevosía de tan bárbaro despecho: y solo un Conde en Castilla, ignorando este suceso, sin escuchar mi razón, ampara su atrevimiento. Convidarale a comer el Rey Moro, y por festejo le dio en un amargo plato, por postre, a sus hijos tiernos. Ojalá, que entonces yo (. muriera también con ellos, pues la desdicha que lloro fuera en mi memoria menos: Oh pluguiera a Dios, que allá, al ver horror tan sangriento, cegara de no mirarlo, cómo he cegado de verlo! De la hermana de Amanzor dizque tuvo un hijo bello, que apenas le vio nacido, porque libertad le dieron. Es verdad, que un hijo tave de Arlaja, según me dieron noticia papeles suyos. Pero como ha tanto tiempo, que no tengo de ella aviso, quien duda que se habrá muerto aquella prenda querida de los dos: Ya por lo menos, veinte años tuviera el joven, y ya pudiera resuelto blandir la lanza en defensa de su padre, y con denuedo vengar de sus siete hermanos la sangre, que clama al Cielo, Válgame Dios! si ofendida Arlaja, de que grosero no la cumplí la palabra de volver a verla, ha hecho sentimiento de este olvido, y no me escribe por eso: yo no sé lo que habrá sido. Mas presto saberlo espero, pues a Vasco he remitido a Cordova, con intento de que hable a Arlaja, y me traiga de todo el aviso cierto. Pero, qué es esto que escucho? que con militar estruendo asusta el aire! Señor, en gran peligro estás puesto, porque un escuadrón de Moros vienen cercando resueltos tu casa. . Válgame Dios. Si viene el caudillo de ellos, que es un bellísimo joven, juraria que era el mismo retrato de Gonzalvico. No vi tan raro portento! Qué dices, hombre? Qué huyamos, pues con violencia soberbios se van entrando hasta aquí. Moverme, amigo, no puedo; deja que lleguen, y acaben mi vida con fin sangriento. Sin duda que Ruy Velazquez, esta traición ha dispuesto. Tened, aguardad, Cristianos, no temáis mi heroico acero, pues solo a Gónzalo Bustos, es a quien buscando vengo. Pues ya le tenéis presente: Moros, yo soy, más primero que vuestro rigor se logre en mi triste vida os ruego, que a un Moro que se parece a un hijo que me dio el Cielo, me le dejéis abrazar ya que mirarle no puedo. Aquesto, vuestro valor permita, y matadme luego. Válgame Alá! qué es mi padre el alma me está diciendo, pues de una extraña alegría se me ha revestido el pecho. No me respondéis? . Señor, enternecido, y suspenso, de haberos ciego mirado, me dejó absorto el silencio, pues de vuestro mal me toca el dolor, y el sentimiento. ̱. Por qué razón? . Porque soy el Moro que me parezco a Gonzalvico. . Llegaos mas a mí: y es bastante eso para que sintáis mis males. Sí, que me obliga un precepto. Y cuál es? . Es que yo soy, padre, y señor, hijo vuestro, y de Arlaja, que postrado a estos pies, la mano os beso. Hijo mío tú: qué has dicho? Deja que dude el suceso, pues si creo estas verdades, puede matarme el contento. Dame los brazos: ay Dios! si es ilusión del deseo. Hijo mío, hijo el gusto me estorba la voz, si es sueño! Que el ser me has dado confirma lo mucho que te respeto, que soy tu hijo no dudes, porque a no ser verdadero, nací a pesar de la envidia, con tan altos pensamientos, que a pensar que no eras tú, quien me ha dado el ser que tengo, solo al Sol reconociera por padre de mis alientos. Y de ello Vasco es testigo, pues como fiel podenco, ventor de capa, y espada, de Irlanda insigne sabueso; desde Cordoba te traigo; en respuesta de tu pliego, a este joven, que es tu hijo, como de la tierra el puerto. Pues por los poros brotando de los Laras el esfuerzo, tienen los ojos Gonzalez, Gonzalez los pensamientos. Y no hay valor más Gonzalez, desde Gónzalo el primero, el cual, si se hace Cristiano, espero en Dios, que muy presto, se ha de traer por morillo la chimenca del Cielo. Pues Vasco, cómo no hablas? Ahora si que lo creo: vuelve a abrazarme, hijo mío, llégate más a mi pecho, junta con mi rostro el tuyo. Ojalá, que con mi aliento darte pudiera la vista, pues me diste el ser que tengo. Por el tacto reconozco, que tienes el mismo cuerpo de Gonzalvico (ay memorias!) las manos son de mi Diego, y de Fernando la voz: ya por lo menos no puedo decir que lo perdí todo, pues me queda por consuelo en quien emplear gustoso el amor de todos ellos. Pues de ellos sois viva copia; por todos lograr espero la más heroica venganza, que haya eternizado el tiempo? por esto vine a Castilla, que a mi diligencia debo, el saber que soy tu hijo, y que mis hermanos fueron vendidos por Ruy Velazquez, y que el traidor, conociendo la razón con que intentaras vengarte, se ausentó siendo esté imposible la causa, de que cegases, al tierno curso de llorar honrado tan repetidos tormentos. No ha de quedar en Castilla, de este enemigo soberbio, huella, seña, sombra, amago, vislumbre, indicio, bosquejo, que no borre, que no sea de mi venganza escarmiento. Pues si el pol mismo ofendiera con traiciones mi respeto, del mismo Sol me vengara, monte sobre monte haciendo escala para el estrago; y aunque bájara resuelto mi atrevimiento en ceniza, no me quitara a lo menos, por más que arrojase rayos, el valor del emprenderlo: que quien por vengar su agravio muere en el bizarro empeño, aunque no consiga el triunfo, hace glorioso su intento. En aquesta edad caduca, cuyo fatigado aliento me señala el postrer plazo, venganzas no te aconsejo, ya está padeciendo el daño, a lo hecho no hay remedio; dejar a Dios la venganza es en la ley que profeso, la acción mayor; perdonando al enemigo los hyerros, Padre, y señor, y si en tu ley la venganza es desacierto, en la mía no, que pide el agravio desempeño. Vengareme como Moro, y como Cristiano luego le perdonaré, después que haya a mi cólera muerto, Yo no pienso persuadirte a tal acción; pero advierto, que es poderoso enemigo, que de lo mejor del Reino le acompaña una cuadrilla, y que es muy cercano deudo de la Condesa, mujer de Gracia nuestro dueño. Matándole sin ventaja, no hay que temer ningún riesgo, Y cuando le hubiera, en ese traidor, que siempre maestro de cautelas, y de engaños, veo sin valor, ni aliento: yo que al lado de Mudarra tan justa empresa defiendo, haré que rinda el orgullo solo de mi nombre al eco: pues bien conoce a Celín, su traidor, y aleve pecho. Tu fama, Celín valiente, vuelve por ti: en algún tiempo batallamos lanza a lanza. Es verdad; pero tu esfuerzo siempre ha sido sin igual. Eras tu entonces pequeño, mas siempre mostraste el brío notable, que te hizo dueño de la gracia de Almanzor. Por tu amigo me confieso. Y yo los favores que haces a este muchacho agradezco. Siempre tuve a los Cristianos la inclinación, y no entiendo la causa. . Sin duda alguna te quiere hacer uno de ellos el Cielo, pues nunca acaso son los influjos del Cielo. Entre el Conde solamente, y Ruy Velazquez. . Qué es esto? Que Ruy Velazquez, y el Conde con noble acompañamiento, se entran acá. . A mirar vienen la novedad del suceso: hijo, reportarte intenta. Yo haré, señor, lo que debo. Famosa ocasión es esta para que logres tu intento. Gónzalo Bustos de Lara, a quien le estimo, y venero, por noble, por valeroso, por Rico hombre de mi Reino, y por pariente, que es más: hallándome en este Pueblo de Salas hoy no he querido pasar a Burgos sin veros; que aunque estáis de mi quejoso, por motivos que no entiendo, ni vos los justificáis con testigos, ni instrumentos; soy vuestro amigo, y quisiera saber Gónzalo, a que efecto os buscan Moros de paz en vuestra casa? qué es esto? sin darme parte. . Señor, pues favor tanto os merezco, que honráis mi casa, escuchad, El decir todo el suceso me toca a mí, pues soy quien cometió el atrevimiento. Conde heroico de Castilla, porque sepas por extenso la razón que me ha movido a entrar osado en tu Reino, primero me has de enseñar a Ruy Velazquez. . Recelos, qué escucho! Yo soy: qué intenta, Moro, tu osado despecho? Solo conocerte: ahora sabrás, Conde, a lo que vengo; Yo soy Mudarra Gonzalez, que de ser hijo me precio del noble Gónzalo Bustos, y de Arlaja Infanta, Regio linaje, que generoso me infunde altivos alientos, A ti, pues, el más aleve Cristiano, que en vituperio de la nobleza Española, manchaste los privilegios. A ti, que contra tu sangre, contra tu Dios, patria, y suelos traidor vendiste a mi padre, con la falsedad de un pliego; y sin atender al uso de los militares fueros, sin fe, sin razón, sin alma, entregaste a los aceros Moriscos, mis siete hermanos: delito por si el más nuevo, más cruel, más horroroso, que cupo en humano pecho. Por esto, y por otras muchas infamias, que no refiero, que aunque son grandes las más, todas con esta son menos: te reto, y te desafío a batalla, cuerpo a cuerpo, por alevoso, y cobarde, por vil traidor, lisonjero que aunque pudiera a traición vengarme, en razón del duelo, por no parecerme a ti, usar de acción vil no quiero. Sal conmigo a la campaña, o el Conde séñale puesto, que como a Rey de Castilla le toca este antiguo fuero, de dar campo al ofendido, como Juez justo, y recto. Llega a mis brazos, siquieres concluir luego este pleito, que aquí sin armas te aguardo, porque si tardas, sospecho, que en los Elementos cuatro esparcido este veneno de mi furor vengativo, ha de matarte el aliento en el aire, si respiras, en la tierra, si te encuentro, en el fuego, si te ampara, en el agua, si sediento, templas la sed, que mecclada esta furia en sus efectos, para tu estrago conjura agua, tierra, llama, y viento En piedad se me ha trocado el rencor, y mucho siento, que este muchacho le trate con tan libre arrojamiento. Miente la voz, miente el labio, que contra mi honor opuesto, mi lealtad desacredita, con envidia, y rencor ciego. No miente. . Calla bastardo. Bastardo yo? buen desprecio; en aquesto te engañaste, porque en la ley que profeso, solamente es matrimonio la voluntad de dos pechos: Mas tú. . Bueno está rapaz, no hables más, calla. . Obedezco. e De nuestra naturaleza, qué extraño, y terrible afecto es este, aunque le riño, de que le hable así me huelgo! Eres Moro, y tus razones no hacen fe. Soy noble, y tengo testigos que te condenan. Testigos tú? . Y verdaderos; podrás negarme, que a mí me hiciste doble instrumento de tu traición? . No conozco quien puedas ser, ni te entiendo, Ea, a Celín no conoces, con quien trataste el concierto de entregar a tus sobrinos a Almanzor muertos, o presos? No te turbes. . El color se le ha puesto verdinegro. Mentís, villanos. Tened, como ultrajando el respeto de mi presencia, atrevidos, así empuñáis los aceros? Aquí es menester prudencia, porque hasta ahora sospecho, que me ha tenido engañado Ruy Velazquez, y si es cierto por la razón de Gonzalo, he de volver justiciero. Ruy Velazques. . Gran señor. A los dos señalo puesto de batalla aquesta tarde en la Plaza de este Pueblo: Acetáis el desafío? Sí, gran señor, que le aceto, y honrado desmentiré el vil cargo que me han hecho: y pues elegir me toca las armas, conforme al duelo, para salir al combate a prevenirme iré luego. Gónzalo Bustos de Lara, Mudarra, Celín, el tiempo va descubriendo verdades de mi ignoradas, que el Cielo parece que lo permite, para doblaros el premio. Yo tengo de hacer justicia. 1. Señor, si no corréis presto tras aquel traidor cobarde, no se logrará tu intento. Qué dices? 1. Que Ruy Velazquez, del noble Mudarra huyendo, va penetrando los campos en un caballo ligero. Ya de su traición confirmo la verdad: todos a un tiempo le seguid por esa parte, que yo por estotra quiero ir en su alcance. . Ah cobarde! aunque te sepulte el centro de la tierra en sus abismos; no has de escapar de mi acero. . Será en veno su cautela. De acción tan vil me avergüenzo! Vos, gran señor, lo ajustad de suerte que no haya riesgo en la vida de Mudarra, que es mozo, y mucho le temo. A Ruy Velazquez, señor, yo le perdono sus hierros, no corra sangre este agravio, que yo vengarme no intento. Yo haré, Gónzalo, de modo que vos quedéis satisfecho. . Ay hijo del alma mía! ampare tu vida el Cielo, y de ese traidor te libre; Vasco, vámosle siguiendo. Vive Dios, que si le topo, que ha de llevar pan de perro. . Bruto Andaluz, qué prodigio oculto te ensoberbece, que corriendo desbocado, sin que pueda detenerte, desde ti al suelo me arrojas? Válgame el Cielo mil veces! también en brutos leales hay traición, sin duda es este enigma de mi delito, pues cuando huyo velozmente los rigores, y amenazas, que mi sinrazón convencen, se me desboca el caballo, y de la cerviz rebelde indócil me precipita: tan extraños accidentes; presagios son de algún daño, que dudoso el pecho teme. Cielos, qué haré? de este monte en la espesura silvestre a me escondere, mas que digo, a un rapaz, que apenas tiene varonil aliento, torpes se rinden mis altiveces: no será mejor que cumpla de Caballero las leyes, volviendo al sitio aplazado? claro está que es mejor cesen aquestos temores viles, que mi nobleza oscurecen; mas qué torpe es el delito, la culpa qué negligente, más acertado es huir, porque viendo estoy mi muerte en los filos de aquel joven. Traidor, cobarde, detente, no huyas que ya te he visto. Sombra, ilusión aparente, voz que en el aire me asustas, di, qué intentas? qué me quieres? Matarte, saca el acero, porque sino te defiendes, aqueso vivirás menos: Qué es lo que te turba? Atiende: no es bastante vencimiento, que te adorna de laureles, ver que un hombre como yo huye tu furor? . No es ese el aplauso que procuro. Pues cuál es? Darte la muerte. Puede ser que no la logres, aunque con ventaja ofendes. Qué ventaja? . La razón que tu presumes que tienes. Si la razón es ventaja, con esa he reñido siempre. . No he visto más fuerte brazo! No vi pulso más valiente! quien riñe así no es cobarde. Solo intento defenderme. No te retires. . Escucha. Qué te escuche? de esta suerte, que eso es querer hacer tiempo para que los tuyos lleguen. Muerto soy válgame el Cielo Así pagarás aleve, con tu vida la memoria de aquella sangre inocente. Señores, acudan todos, que los dos se dan la muerte, Qué es esto? Hberme vengado. Ruy Velazquez es aqueste. justa ha sido la venganza. Yo muero por justas leyes del Cielo, que me castiga; pues sin piedad ciegamente fui cruel contra mi sangre. Dios por su justicia vuelve. Dame hijo mío, los brazos; mas qué es esto? de repente he cobrado vista, Cielos! ̱. Para que el gusto celebre de tan piadoso prodigio, pido que luego al punto me lleven a darme el Agua Sagrada del Bautismo. . Seguirete yo también, que el ser Cristiano es la verdad. . Yo alegre de los dos seré padrino, con el aplauso solemne, que pide triunfo tan grande, Y aquí su historia fin tiene, del Traidor contra su Sangre, si es que un vitor os merece;