Texto digital

Texto digital de La traición en propia sangre

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Diego Ribera
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La traición en propia sangre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/traicion-en-propia-sangre-la.

Logo BICUVE

LA TRAICIÓN EN PROPIA SANGRE

JORNADA PRIMERA

s JORNADA PRIMERA Si reñís como soldado; como retiráis cobarde el cuerpo a rigores míos, cuando en cada golpe parten mis penas un sentimiento, mi sentir, tales desaires, que aún no conoce si riño lo cruel de mi semblante? Detened, primo, la espada, que aunque mi heredada sangre no, permite dilaciones en tan apretados lances, las dudas de la presente ocasión, en mi reparten, cuando conviene prudencia; y cuando a las voces salen del centro de la modestia palabras mal asonantes, conoce el mundo, que puedo (sin que el corazón me engañe! dar al filo de mi espada, con mi valor, el esmalte, el lauro con mi nobleza, sin que pueda asegurarse, aún la misma sangre mía, que como vuestra, enseñarse quiere aquí que la digáis, por mí, por vos, que señales de agravio; habéis conocido en ella, que así distraen vuestros locos pensamientos, que es justo que así los llame, cuando por razón no puedo, ni articular por celajes acaso algún movimiento, ni menos que deis al aire la causa del desafío? el cual excuso, hasta hallarme con suficientes informes, que ya que hayan de hallarse competencias bien reñidas, es razón conocer antes, o finezas de amistad, o deslealtad de mi sangre. Pues para que conozcáis, que no sin misterio, baten las murallas de mi honra albedríos radicales, mientras mis quejas informo, treguas ofrezco, si caben en paréntesis tan largo sufrimientos, que hay quilates de pundonores tan vivos, que con solo imaginarse engendran tantos temores, y aumentan tantos pesares, que a un rasgo, un punto es estorbo, que a un noble agravia, escuchadme que diré muchos cuidados, que olvide comodidades, que seguí vuestra opinión, que os prometi vasallaje, que vine a veros a Vrbino, que mi venida estimasteis, que soy hechura del Duque, que he sido vuestro, que horarme. habéis puesto por las obras, pues para mayor realce me habéis dado honrada esposa. Esto es cierro, pues sidarme. todo el bien habéis querido, que razón ay de que anden- medrosos vuestros cuidados en mi casa, que al mirarles con atención, sino anuncian algún oculto desastre, proféticas las acciones me dicen el recelarse. vuestra persona de mí, cuando como, cuando en parte urbanizo mi opinión, si hago de ella (sinque aje a mi ser) nuevas estimas, con oposición de Atlante, o me dejáis, o no apoyan, ni razones, ni lenguajes, las en tradas que tenéis, y lo que es más, que los pajes, que os sirven, jamás se quitan de mis honrosos umbrales, o ya para daros cuenta de si salgo, o no, la calle siendo de esto pregonera, decillo ella no es tan fácil, que no se haga un imposible, más para decirlo, basten, si no libres advertencias de vecinos vigilantes, vuestra entrada, tanta excusa, que os reparé en una tarde (bien libre de estos recelos) tan sin color, que a olvidarme entonces de lo que soy, dijera, que más no exalen mas anuncios mis congojas, que sin decirlos, se abate muchos grados el honor, que venero como a imagen, fuera querer de una vez conseguir el enturbiarle menos cauto, y pues que ahora la ocasión pide el volante, la soledad nos oculta, quiero que entendáis que es traje disfrazado de traición, que un primo, con los disfraces de Vuses, siempre de mí, o se huya, o se récate, pudiéndolo prevenir: y así porque no se alaven estos cuerdos pensamientos, de que he recibido ultraje, sin llevar satisfacción, quiero que esta espada ensalce a los que traigo recelos, para quitar de delante los estorbos que me oprimen, que no es justo, que en mi se halle siendo dueño de mi casa, persona, que sea parte; como la vuestra, a causar (con vaticinios infames) lo que puede suceder, esto es deciros, que entrasteis en ella, no sin malicia, la cual me obliga a que pague antes de mayor sospecha de una vez, tantos pesares que me habéis dado, ofreciendo a este peligro, el rescate; a este cuidado, su abeno; a este récelo, la llave, a esta espada, mi valor, y al silencio, los debates, que va a las obras temito pundonoroso, y constante. Satisfacción suficiente, con las que gasto le altades, dar pudiera, mas a fuerza de valor tan arrogante, respondo con el acero, que no quiero incuitables hacer frívolas razones de quien no se satisface. Don Nicolas, Don Francisco. Señor. . Señor. Baste, baste la porfía que tenéis. Señor, no es nada importante. Señor el disgusto es poco. Así lo creo, mas darme será infínito pesar, si con desconformidades a riencidir volvéis, esto es decir, que se atajen (porque yo lo mando) causas, que no sirven, si de estarse encendidas con disgustos. . Este ha llegado al alcance de los intentos que llevo: amos, porque quiero darles a entretenimiento, el gusto que pide, dando a beldades con disfraz, las buenas noches, halta que el Alba nos llame a recogerla en Palacio. Sola mi obediencia sabe los deseos de serviros. Cuando palabras me falten soy en las obras muy vuestro. Sois vasallos muy leales. Agravios llevo conmigo; vengarelos contal arte que no ha de buscar respectos la Traición en propia Sangre. Honra, pues que cautelosos estos pretenden obuiarme de mis recelos, cuidado, porque en las flores, el áspid quiere encubrirse de mí, con venenosos disfraces. Vivo, hermana, tan contenta con mi esposo, que Dios guaro que hago de mi amor alarde, pues el suyo me alimenta. No entiendas me desalienta la proposición que haces, que si al Duque satisfaces, como debes, no hay rigor que cause olvido a mi amor, con argumentos falaces. Si por ser Don Nicolas tu amante, gusto le ofreces, cuanto más me lo encareces, más pesadumbre me das. De mi intento ajenavas, pues solamente lo ajusto a prevenir un disgusto pidiendo que le entretengas, porque de esta suerte vengas a no hacer falta a tu gusto. Antes hallo por más cierto el deshonor de esa suerte, por ser dilatada muerte gusto con tal desconcierto; dime, cuando a un hombre muerto lo entierran, se olvida luego? (go laNo. . Pues si mi honor entre: al tumulto popular, se podrá acaso dejar la memoria de este fuego? Habrá alguno que pretenda dolo poner en el Duque? Sí, y aún habrá quien trabuque, que falta quien me defienda: querer su lasciva rienda de apetito tan infame, que en mi honra se derrame, es darlugar a que yo arriesgada con un no, tirano, y cruel lellame. No has conocido hclardor que tiene la que es honrada? Dime, que te desagrada, y que no tienes amor. Dime, que por dar calor al deseo de tu amante, escureces lo brillante del valor, que en mi campea: hermana, en fuenza tan fea hay petrechos de diamante. otra vez nuego que excuses plática tan sin provecho, sino quieres, que mi pecho (aunque de nigor lo acuses) pierda el decoro no vies, si darme contento quieres, menos, ni más pareceres, porque no parece bien, que tu alagues mi desdén O qué escrupulosa eres, Pues porque ya mi paciencia va en términos de acabarse, perce, que en mí no ha de hallarse un ápice declemencia; escrúpulo de conciencia es este, y en mi desvelo, no tengo mayor consuelo, que en caso de honor tan grave dar de mi alma la llave al más pequeño recelo. Perdona, que aunque importuna mucho deseo he mostrado; como el amante en lo amado, no halla distinción alguna. De dos voluntades, una hice con Don Nicolas; pero supuesto, que es más reparo tan importante, yo me excusare. . Un amante no ha de pedir sin compas. Del Duque la estimación sabe el cielo, que me inflama; querer quitarme la fama, está ajeno de razón. De esto no quiero perdón, porque sabre, aunque me llamen rigurosa, hacer examen, y así sus intentos van, si muy cerca de galán, muy lejos de mi dictamen. Tengo un esposo, que esmalta a la misma estimación, a quien doy en galardón, voluntad, que no me falta. El es el que el mulo asalta de cuanto tengo albedrío, que a solo su señorio (cuando otra cosa no hubiera de mi alma se lo hiciera, dueño, esposo, y señor mío. Suficientemente pruebas méritos tan sin igual, bien como Águila caudal procreación al Sol elevas; con feliz instinto llevas, prueba de tan altos rayos. Que te parezcan ensayos. hacer pueder lo que vea, para que veas después la ejecución sin desmayos. Estamos tan divertidas, que el Sol ya las cumbres dora. El Sol que mi alma adora, no me falte; que cumplidas es fuerza que estén, y unidas las luces de mi deseo, Dichoso tan buen empleo Dichosa yo, que he hallado a más de lo deseado, bien, gusto, honon y recreo. Ya ocupa sombra el jardín; y la noche sobreviene. Tabién Estrellas previene. En busca de un sera fin vengo, y en este confín, de tan sufragrantes flores dos he hallado, porque olores no falten después de hallaros, porque a más de desearos lleve olor, y deje amores. Perdonad, si de improviso entró averos sin licencia, que obliga tanto la ausencia, que no da tiempo al aviso, con afecto tan preciso, sin ella me quise entrar. Quien tan bien lisonjear sabe, como en casa propia, no se halla razón impropia, para dejar de mandar. Por la parte que me toca del favor, Doña Ana mía, ofrece mi cortesía ofrendas, que no revoca. No quiero diga la boca, mi respuesta estimativa, porque si el silencio liba más bien un ofrecimiento, ya in lico con mi contento el bien, de que no mupriva. Qué bien las dos me obligáis, cuando yo soy la que gano, parece que de antemano lisonjeras os mostráis. De la sangre que heredáis me hallo reconocida. Tuya es Duña Ana mi vida. Mi albedrío todo es tuyo. De argumento tal, arguyo, sin cadencia, mi subida, Gerónima, que tristeza entre tus ojos le espacia? darmenndicios de desgracia no es justo a tanta belleza, el jardín parece empieza a sentir, que tu beldad encubra la claridad, de tus dos Solos. . Ay Ana, que una desdicha amilana la más alta majestad. A decirte mi cuidado, solo vine, ya no es nada, porque hasta que descuidada esté del que tú has romado, con ánimo denodado, tus penas he de sentir. Tratemos de discurrir en el dolor que me amaga, y por que te satisfaga, como amiga me has deorir. Nadie en ser fielme supone. Pues has de saber, que el alma traigo con desesosiegos, congojosa, y fatigada, porque mi esposo. . Señoras vuestro padre está en la sala, y pregunta por las dos. Después sabrás, mi Doña Ana, del sentimiento que tengo, quien este dolor me cabsa, De damas de esta noche, que de enfado sus gustos me han causado, con malos talles, y peores caras, de su hermosura han sido tan avaras, que entiendo a lo que veo, que aún hermoso no ha sido su deseo, Pues, señor, Doña Laura no puede daral Sol anuncias de aura? Tan remilgada estuvo en la poca conuersa, que mantuno, que viendo que se oía, que hablaba sospeché por celosia, no tratemos más de ella; quedará con silencio su quererla: Aquella que el valcón púlpito hizo, con sus conceptos no te satisfizo? Si me entretuve un poco, mas cuando oigo lo oculto, me provoco a colegir, que a prenden de memoria los modos de parlar con vanagloria, y está por lo aforisma, yo la entendí nise entendió así misma. En otra discurramos; que puede ser que acríticos nos vamos, porque es lenguaje esté, que ya te pega, como mal de peste. Aquella que por fuerza abrió su casa, pareció que a las leyes puso tasa. Bien por cierto acomodas, a la que pareció más mal que todas, fingiendo tal un tud en sus acciones, con tan varios Sermones, cagana no que hizo púlpito en forma: con estas tales mi gusto no conforma. Quien tal señor, pensara, que tal virtud en la mujer se hallara? salvo tu parecer lo que yo hiciera fuera darle de hoy más con que comiera, porque hace diferencia; la que el gusto recibe en penitencia, a la que por su gusto no merece el premio que granjea en lo que ofrece. Parece que prédicas, y tu oración a ella la dedicas, bastele por merced de su conquista en el numero entrar que hay en mi lista. Señor, a recrearte (si no te cansas) vamos a otra parte, que la noche se pasa, y puede el Alba llegar más presto con su antigua salva, y darnos un disgusto, antes de haber cumplido con tu gusto. Esta noche, Colones malos habemos sido. . Diga vrones Vuesciencia, si quiere, y quédese enurón el que lo fuere. Pues tú tan bueno eres, tomar tengo la caza que me dieres: guía que a tu elección la boca cierro. Lo mismo es que decir, que soy cencerro que esto de guía, cencerro con esquila, parece, son hermanos de una pila; más supuesto que llevo buen oficio, ya comienzo a gozar del beneficio. Aquí vive una roma, y dispensa con todos, porque toma de grado en grado, orden, a su modo, y vienea ser de todo, con esta toma, tan señora suya, que en Cuaresma nos canta el Aleluya. Luego más adelante, hace posada una natiz galante, tan larga, que a mí ver es cosa clara, que es pico de alquitara con una gracia más, que si hace frío este caño no suda en el Estío, porque de humores fríos se mantiene, y cuando a su disgusto a sudar biene, para que por el pico humor expela, le ayuda una virvela tanto, que ciertamente, que la natiz, y cara es todo fuente, A espaldas de esta esquina, una gorda avecina a cualquier flaco andante, otra luego de enfrente, de portante, como posta en lo flaca, el apetito de cualquiera aplaca: Señor, si alguna de estas quieres oír, traírete sus respuestas, ya yo prometo darte cualquiera de ellas, pero si enfadarte es cierto, yo te ruego, que mitigues el fuego, porque una roma, y una nariguda. no pueden ser al gusto de remuda, ni menos una gorda, ni una flaca: de aquí si quieres saca, que es imposible cosa dejar de ser cualquiera melindrosa, Pues dime, como sabes, Aguaderas, ser estas faltas todas verdaderas? Lo diré, si me oyes, con tal concierto, que después me apoyes: Yo tuve en una pieza un quebradero grande de cabeza, y ella que por quererme, entendiendo hacer bien, quiso perderme, porque con un conjuro, hecho un bagaje, me dejó tan puro, que un día en cierta parte a unos piojuelos dándoles descarte estaba, cuando un mozo de la guarda me puso en mis costillas una albarda, y luego fue al momento, y porque plaza pasara dejumento, me echó las aguaderas: esto pasa, con que vine a quedar de casa en casa tan hecho en sus entradas, que a sus amas dejé tan retratadas, que pude bien más señas sacar de las que dieron estas dueñas. porque al subirlos cántaros veía otras más faltas, que callo en cortesía. vágaje graduado, sabidor de sus talles, y escrutador de casas, y de valles: Si de mí más esperas, de aquí me vino el nombre de Aguaderas. Buen nombre has heredado: vámonos, que me pesa haber rondado, si ya no es que un disgusto. me ha quitado gran parte de mi gusto. Ya estamos, Francisco, envuestra puerta. Bien cierto es, que a deshora no está abierta. Quédaos por mi vida, que estar a vuestra esposa desabrida con tan grande tardanza. Por el favor que alcanza; beso las plantas, y obediente callo, Asegurarle quiero, i reportallo: . vamos, que se hace tarde. Contra mi propria sangre el alma arde. Qué haré con mis recelos? alivio dadme piadosos cielos! mas pues dudo el que intenta mi deshonra, ojos, cuidado, con silencio honra. Qué cuidado te inflama? Nada, Aguaderas, a la puertallama: mas tente, que ruido por la parte de adentro lo hesentido: aquí nos apartemos, y lo que fuere, es cierto que veremos. Jacinta, una bujía: a Dios amiga mía. , s Él te guarde mil añor; si venido hubiera mi escudero, consentido no hubiera, Don Rodrigo; a que a deshora fuerades conmigo. Aunque ya lo galante puse al trenzado, y olviden lo amante, mi Doña Ana, bien pued ir may seguro del valor que heredo: y tu por con siguiente, te asegura, que tengo por feliz esta ventura. Solo el reparo era, que en ausencia de Don Francisco, es buena tu presencia. . Doña Ana es de visita, en esta parte sospechas me ha quitado, mas reparte en las palabras dichas anuncios de infortunios, y desdichas: mas tente, lengua, que es agravio mucho, no susrir las congojas con que lucho. Mi señor con tristeza? no se quele amenaza la cabeza. Dichoso yo que el corazón me pinta mucho amor, y lealtad en mi sacinta. . Bella Ciudad es Urbino. B.Bien lo de muestra la fama. Como el deseo me llama de aquel Será fin divino, todo me parece bien, que desde que descubrí sus muros, reconocí recibos de parabién. Vengo tan enamorado del retrato, que si es tal su divino original, hallé lo que he deseido. Y no te admires, octón, de estas que informo finezas, porque es propio de noblezas hacer esta concepción. ̱ Que dejas cuando la veas en su estrado paraiso? Yo apostaré que Narciso en su cristal te hermoseas. Según tus intentos van, será un Ángel humanado: Señor, quítame un cuidado, sus gracias, cómo serán? Mi idea (según parece afecto con que la pinto) saca de ella un laberinto, que ignora por donde empiece. Sin duda que en lo gen til de su cuerpo, es un pincel, repartidos con nivel, rasgo de fino buril. Serán sus madejas bellas, hebras que destila el Sol, en cuyo rubio arrebol se escurecen las Estredlas. La frente, campo que esmalta los visos de sus colores, todo cercado de flores, sin que se le halle falta. Sus ojos, luceros tales, que dan invidia a sueninas, con bien apacibles risias, a vista de sus cristales. Cejas, y pestañas, hechas en tan alta proporción, que antes que llegue el perdón, dejarán almas deshechas. La nariz tan bien sacada, que acompañan las mejillas, porque pueda reducillas, a que su parte encarnada, Con lo nacarado traten a conservación igual, porque coral a coral, rosa a rosa, no se maten. La boca la he reducido a formación muy pequeña, con la cual hace reseña, de verdadero Cupido. Los labios de grana sina, con la caja de marfil, barba con hoyo sutil, en donde si le avecina, de una gota algún licor en breve congelará carbunelo; que alumbrará a su mismo resplandor. El demás talle, y adorno bello será, como suyo, de que colijo, y arguyo, sin género de soborno; que es de la naturaleza. el más principal primor, para que amor con amor, y belleza con belleza, postré sin más dilaciones, almas, sentidos, porencias, y las más quintas esencias de todos los corazones. Cómo ha podido pintarla mi imaginación, ya ves, saca tu ahora sies esto causa de adorarla. Ahora podemos ir. a una posada, hasta tanto, que aqueste divino encanto doy orden de discurir, y porque de intento estoy, de ver primero su brío. Promerote, señor mío; que es tuyo el lauro desde hoy. , Cómo instrumento, así yo, Poco sosiega un amante ausente de la que adora; mas cuando sale su Aurora, como olvida en un instante tanto llanto, y tanta pena? A quien dístrae el amor, o cuanto siente el dolor, si de su bien se enajena! Doña Juana, hecho había un discurso con tu ausencia. Ya el mío con tu presencia aumenta la luz del día. Pónese al Sol un nublado, y causale oscuridad, fuerza de una tempestad, deja al mar alborotado. Cuando el nublado se quita, con su claridad se queda, tras la tempestad hereda el mar lo que solicita. Mi ausencia el nublado ha sido, tempestad mi ocupación, con que éxplico la razón, de que si algo divertido, no he dado a verte lugar; ya con lo ocioso bien puedes con tu Sol hacer mercedes, y siendo mar en el mar del sosiego, que te alcanza, ofrecerlo desde luego, para que pueda mi fuego ver al Sol, y hallar bonanza. Fáltale a un buen instrumes una cuerda principal, tañido sueña tan mal, que a nadie deja contento. En reparando el que toca, luego al punto lo adereza, y quien causo la tristeza, ya regocijo provoca. careciendo de mi bien, he sido toda desdén, desde el punto que faltó. Llegaste, y sin más reparo, temple todo mi rigor, de que colige mi amor, sin serte con el avaro, que puedes articular tus voces a mi instrumento. Esto es decir lo que siento, y este es modo de pagar. Si la fineza agradezco, a mi amor se lo pregunta. Porque está la mía junta callando, mas lo encarezco. Mi bien, como lo has pasado en tantos siglos de ausente? Como sin ti, más presente ya no me hallo con cuidado: tú has hecho acuerdos de mí en las visitas que has hecho? No he sosegado en mi pecho, hasta que tus ojos vi. Que has negociado de aquello, que te encarguén de tu hermana? mas quien es tan cortesana, no habrá excusado el hacerlo. Háblela, y tan insufrible llegó a estar, que te prometo, que el caso tener efecto, lo hallo por imposible. Apretarla quise tanto, que sin más considerar, comenzó de derramar muchos cristales su llanto. Y como arroyo que pasa en la avenida furioso, y después deja al reposo su corriente más escasa: así mi hermana impensada de la que hice propuesta, lo furioso manifiesta, corriendo de de masiada, Mientras decirme no pudo nada de lo que sintió: mas luego que sosego, con un sosiego tan mudo (que me puso en confusión) me dijo muy prestamente, que querer naturalmente al Duque, era razón; mas que en llegando a faltar a la honra que profesa, cesa el amor, y que cesa quererle más venerar. De aquí podrás colegir la ejecuciónde este caso, río ha sido de mal paso, que aunque se ve discurrir de aquella primera furia, en su abono fue el sosiego, pues apenas pasó el riego, cuando aclaró tanta injuria. De las razones que escucho, saco grande sentimiento, porque ya con el tormento del Duque pienso que lucho. Procuraré divertirle con esperanza segura, en el interior procura otra vez a permadirle. Yo lo haré como verás. Pues con esa confianza daré al Duque la esperanza, y en mí un esclavo tendrás. Por tu esclava me confieso, y muchas veces dichola. En causa tan amorosa, adorarte no es exceso. Está cierto que te pago con una misma fineza. Vive cierta en mi firmeza, con que ya te satisfago. Siempre tendré este desvelo. Seré en quererte diamante. los mi querido amante. Mil años te guarde el cielo Mucho desea el Papa, que me case con mí prima Leonora, porque tenga (sin que en disgusto el casamiento venga) heredero legítimo, a quien pase este Ducado, no sé si convenga, querer que su opinión en mi traspase: pideme mucho, porque al casamiento le ha de sobrar muchísimo contento, que os parece, Rodrigo, que concierte en cosa, que mi gusto no se inclina? Señor, que dispongáis a mejor suerte este cuidado, porque se avecina de hacerle de ese modo un caso fuerte, y no hay duda, sí, que la cortina de poca paz tendrá más fuerte brío, viendo postrado allibre poderío. Soy de tal parecer en este caso, que no convieve, porque cuando os falta la voluntad, es hacer acaso de virtud, que avirtudes las esmalta, y porque si de liza el débil vaso, como de vidrio, en tantas partes salta, que al remedio no halle ningún modo, porque sin voluntad, se quiebra todo. Don Francisco, qué inclina vuestra parte? decid lo que sentís, que he de seguiros. Mi opinión la reduzgo, con talarte, que solo intento amaros, y serviros; pero pues Don Rodrigo la reparte, no es justo, que yo llegue a preveniros, porque si él siente lo que yo he de hablaros, no aperciben excusalos reparos. A mi voto los dos estáis unidos, ahora resta llevarle la embajada a el Papa, por si quiere convenidos tratos hacer, que es justo venerada sea su Beatitud, y en concluidos (aquí me importa la intención cifrada) decretos, repare en que no es justo esposa darme, que me da disgusto, quien irá, Don Rodrigo, si os parece, y ha de ler de respecto la persona: mi voluntad, en Don Francisco crece, porque el despacho su lealtad abona, nadie como él, cargo tal merece. Cómo serviros es lo que blasona, aunque presente está, su parte ofrezco, y tan gran de favor os le agradezco: esta ocasión con lauro os eterniza, Don Francisco, y así con la obediencia la firme voluntad le solemniza. Cielos valedme, o dadme más paciencia, . porque Fénix renazca en mi ceniza, para más ver rigores de inclemencia. (to, Qué respondes? . Que parto luego al pun- sacrificando en vos mi afecto junto. Para el camino llevad seis mil ducados, por si necesidades se ofrecieren, vamos, y escribiré. , . Ea cuidados, que ya unos a otros se refieren tantos recelos, más si en denodados atrevimientos, rigores se vinieren, juntaranse desdichas, con crueldades; culpa es tanto tal vez en Majestades: Pudo el récelo tan fuertemente herirme, que es cierto, que conmigo no he de hallarme, tan suyo llego a ser, que ya ausentarme del cuidado no puedo, ni aún sufrirme, de tan grande rigor, y de tan firme imposibilidad, de mi apartarme al punto, que con él pude prendarme, mucho favor será de él de salirme, vida con tal zozobra, se transforme en desesperación, pues llego a verme contra el propio dictamen desconforme. De hoy más procuraré de aborrecerme, y con desvelos serme tan conforme, que solo de dolor he de perderme. En ocasión tan feliz te llama ahora la fama, hijo al instante te parte, porque es prevenida gracia obedecer los mayores, dando al camino las plantas, y a los deseos espuelas. indician tan atristeza? Cómo, señor, jamás paran las ruedas de la fortuna, hoy en mi se ofrecen tantas, que tengo por mejoria. entre una, y otra ansia, dejárselas al silencio, Cuando extremos de mi amor conoces, que sienta el a ma tus disgustos, ya me es fuerza, dales aliuió a estas canas, porque siento tanto el verte puesta en la tierra la cara, descolorido el semblante, y marchita tu arrogancia, que sospecho, que mi vida. perderá las esperanzas. de no vivir, sino ofreces. relación de tan pesada tristeza, que por la posta mis espíritus arranca. No has visto, señor, que cuando Mientras, aunque sentiré un mudo la voz, que clara en algún tiempo la tuvo, y si quiere articularla, por hablar, hace tal fuerza; que a más no poder dispara. unos confusos suspiros? Así yo, viendo que estaba. mi ser en prósperidad, y ahora que en impensada. discordia le veo envuelto, si la explicación me llama, articularla no puedo, porque el sentir no descansa, mientras dura la ocasión, que hace fuerza a la garganta, y como no puede más, se confunde en sus palabras. Sácame por Dios de dudas. Qué tienes? qué ocultas causas. Señor, mi honra me llama, y algún poderoso puede con su poder deslustrarla. Un Caballero Extranjero pregunta, de si hay posada en esta casa; ya entra. pues que me importa callarlas. . Dadme, señor, esas plantas, vos Don Francifco, los brazos. Don Pedro? como en mi cas no habéis venido a apearos, cuando sabéis que mi alma os estima, como es justo? Ofrecióseme a la entrada hacer cierta diligencia, y así para excusa basta, a quien es tanto mi amigo. Haced, que la ropa traigan, aunque venís a tal tiempo, que yo me parto mañana a disponer obediente lo que mi Duque me manda. el no veros, no es tan larga la jornada, que he de hacer, que deje de apresurarla; y porque antes que os volváis, asistáis en esta casa con mi señor Don Rodrigo. Ya no excuso el aceptarla, porque vengo muy despació, según lo dicen las cartas que le traigo en mi favor. Sin ellas tenéis entrada, para disponer de mí Pues sabed, que con DoñaA vuestra sobrina me caso, y así para visitarla, y disponer lo que importa, mientras Don Fran cilo falta seréis mi señor, y amparo. Caso de tanta importancia tomo a mi cargo, venid, porque es tiempo que se vaya disponiendo Don Francisco. Apar lo siento del alma. Ay si el corazón me vieras, hay si supieras la causa! cierto es, que no tardaré, que son mis deseos alas. Pues amigo, yo os prometo, de procurar dilatarla la boda, hasta que vengáis. . Tendrelo a mucha ganancia.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Esposo, si tus pelares, y disgustos siento tanto, anegaré con mi llanto alos más profundos mares, pues mi amor te ofrece Altares, no es genero dde rigor dejarme con taldolor, por no decirme tu pena? baste al alma verle lleva, con tan excesivo amor, mi bien, como no merezco, que alces tus ojos a verme? porque es señal de ofenderme, cuando los míos te ofrezco. Con no mirarme, encarezco tanto mis ansias, que ya mi vida acabando va tan por la posta, y tan breve, que ya el aliento me bebe el silencio, que en ti está Esta jornada presumo, que con gusto no la emprendes, no vayas, porque me ofendes con tu pesar, con tan sumo dolor, que quisiera en humo se desvaneciera luego. Alza esos ojos te ruego, o me mataré a tus ojos, porque lleves por despojos, alma, llanto, pona, y fuego. Incomunicable es dolor, que tanto me aflige, si a tu padre se lo dije, de él lo entenderas después. Pues cómo, que no me des cuenta de lo que te pasa, ya mi padre sí? qué brasa! en el alma me has dejado ay de mí, que tu cuidado, todo el corazón me abrasa! No tienes de que tenerlo, pues que presto he de venir. Pues cómo quiés, que vivir pueda sin de ti saberlo? Si llegas a conocerlo, es declarar mi intención: ay que tengo el corazón fuera de su centro mismo! Esposo, mi bien, que abismo causa tanta confusión? enque te falte, que niegas declaración de este caso? ser conmigo tan escaso, de cuando acá, mi bien, llegas? no soy tuya? como anegas el ser que tengo de ti, no eres mío? como así le pagas a mi deseo? Ya, esposa mía, lo veo, hhay honor mío, ay de mí! Que el honor veo reduces mi poca seguridad. No puede una Majestad apagar esas dos luces? No, porque cuando conduces estás luces a tu vista, no hay imperiosa conquista, que pueda apagar su llama, porque cuando honor te llama, mi brío se le resista. Tanto te has ya declarado. que podía formar quejas, cuando conoces que dejas en mí a tu honor aureado, que la sangre que he heredado . me basta para saber lo que en tal caso he de hacer, bien lo labes, pues ahora oye a una mujer que llora de pesar, y de placer. Ármose una debílnube, y para haber de llover, fuele forzoso coger a quel va porque le sube de la tierra: yo le ruve atención en lo que hacía, puesto el Sol, vi que llovia con tristeza, mas saliendo, que lloraba estuve viendo su aljófar con alegría. A este modo, sin pensar, dentro de mis ojos mismos, formo una nube de abismos que me incitan a llorar. Viéndote de mi apartar, lloro con mucha tristeza, sale el Sol de mi nobleza, y tanto su vista estimo, que ya alegre no reprimo aljófar de mi firmeza. Con esto a entender te doy, que tu honor (estando ausente como en mi no es accidente, siempre conservando estoy. Aunque flaca nube soy, poseo tú mala esfera, que si alguno considera, menos engaño apercibe, porque tu honor en mí vive ya como causa primera. Como tan amargamente, si el Sol del honor te toca, entre los labios, y boca no hace alegre su corriente? Como tu partida siente, de tristeza llora ahora el alma, y fuera a deshora el gozo, que aún no ha venido, baste haberle prevenido, pues mi honor no se desdora. Yo me quedo, y tú te partes llevándome el alma allá, en la mía quedas ya, sin que de ella te me apartes. Muy bien, querida, repartes el quedarte, y el partirme, pues es fuerza despedirme, queda a Dios, y estos abrazos recibe de eternos lacos, de mucho amor, y fe firme. Sin que en lágrimas deshaga el corazón, no podré de ti apartar a mi fe, que teciproca te paga. No es mejor, señor, que haga esta jornada contigo? dulce esposo, yo me obligo (si esto ahora me concedes) a seguirte, porque quedes seguro de tu enemigo. De ningún modo llevarte puedo, pues me quedo en ti, bien se miraras por mí, que no ceso de adorarte. Toda el alma se me parte: si quieres hallarme viva; no tardes, porque reciba gozo en la que paso flecha. El alma llevo deshecha. El dolor la mía aviva. De ti me parto seguro. Bien puedes, porque te amo. Con eso feliz me llamo. Soy diamante, y fuerte maro. Mucho mi sentir apuro. Ya no puedo sosegar. En puntos voy de espirar. De morirme quedo en puntos. Murámonos los dos juntos. Esto es querer, esto amar. Esta es mi mayor firmeza. Esto lo que puedo hacer. Este es modo de querer. Esta mi última firmeza. Esto lleva mi nobleza. Esto me ordena la mía. Ya estas lágrimas te envía. Ya como aviente las das. A Dios, que no puedo más. Ay Dios, qué dulce porfía! Aguaderas, que te vas, y tan llorosa me dejas? Ya no es tiempo de dar quejas. Que quieres, no puedo más, que de Roma me trairás? (Lleve el diablo el que se escapa) traire, si me diere el Papa, alguna cosa que comas, pues también pides, y tomas: si no hay más, trairé mi capa. Eso es ya desconfiarte, sacándolo por la pinta. Yo te prometo Jacinta, traer con que confesarte. Y es? . Atiende, que darte relación de todo quiero; trairé cuanto a lo primero, si vengo enfermo, al dolor; si muero; el enterrador también vendrá con el Clero. Tráirete las bendiciones, que la Iglesia suele dar, trairé para este Lugar las Crismas, y Extremaunciones. Tráyrete algunos Sermones, para que los des al Cura- traite de fina excultura las Cruces, y las Medallas, trairé, para conservarlas, hasta su misma moldura: la absolución te trairé de pecados reservados: dispensa para casados, hacer eso no podré, Confesor te enviare para tu alma recreo, y si yo fuere el correo, para tus pecados graves, traite de Pedro las llaves, con plenario Juvileo. Traire de esta Romeria, todo lo que hay, y si quieres, trairé lo que tú quisieres, porque veas mi osadía. Haré a toda Roma mía, y después, por agradarte, la trairé de parte a parte, porque te quiero de modo, quesino lo traigo todo, lo mismo es, que no pagarte. En fin, mi lacinta bella; si nos hemos de casar, Bulero particular trairé, y por si la Estrella el Sacramento atropella, puedas con mucho contento divorciar el Sacramento, trairé, que puedas instar a poderte descasar, tu contenta, y yo contento. Poco en prometerte alejas, no teniendo concesión, para tan grande Sermón, qué es lo que ahora me dejas? Estas Aguaderas viejas te dejaré, y mi memoria, por que se acabe la historia, por siempre jamás, amén. Porque no dices también, aquí paz, y después gloria? No se canta hasta la fin, y no la digo por eso. De Judas parece el beso, o la traición de Caín. Tate, que eres será fin, que en mi cielo se avecina, y no puede haber neblina, que me oculte ser tu gallo. Según lo que dices, hallo que quiero ser tu gallina. Dices la suma verdad, y dame ahora los brazos. . Pues que te vas; estos lazos, lazos serán de amistad. Hay mayor felicidad! Hay mejores Aguaderas. Hay más valientes quimeras. Hay más grande maravilla. Hay más bien cumplida silla. Hay amor, con tantas verás. Voyme, que si no me voy, sin falta me quedaré. Si yo me quedo, estaré sosegada en donde estoy. Sombra mía ya no soy, supuesto pierdó mi bien. No harás, porque mi desdén no es de dama tran sitoria. Aquí principio mi gloria. Por siempre jamás, amén. Las ocasiones, cuan pocas son para que yo te vea. Lo que tu pecho desea, ya se ha llegado, y provocas mi afecto con tanta instancia, que puedes de mi servicio ser señora, en beneficio del medro de mi ganancia: en servirte de mi piensa, haz de tu gusto reseña. Tu gran cortesía enseña a una obligación inmensa. Es de gusto mi embajada, y el ser última reserva, y si la tuya es acerva, primero he de ver pasada, porque siempre estoy dispuesta, si dos cuidados recrecen, los malos primero empiecen, pues con estomanifiesta mi voluntad, de que es justo sea el último el mejor, y más si es de amor, y amor eslisonjero del gusto. El mío está de vacio, sin que regoci jo lleve, y así en discurso muy breve lo propongo sin desvío. Como dije de mi esposo, ha llegado a tener celos, bien creo, que no de mí, con que concluyo, diciendo, que soy noble, que es honrado y que el Monarca Supremo no me podrá divertir, esto lloro, y esto siento: Dime, Ana, ahora el tuyo, porque su es de gusto pueda quitar los miedos, que hereda tristeza, que de mi arguyo; y también, porque da prisa ver si es disgusto, o placer, por si puedo entretener tu gusto con mi divisa, que en esto sé que consisten sosiegos del corazón, cuando en hermanada unión; a los cuidados tesisten los apacibles al gusto. Pues dilatarlo no quiero, has de saber como espero casamiento sin disgusto Don Pedro Albarec es quien este casamiento hace, y de que me satisface puedes darme el parabién Enviósele un retrato de mi persona, y conviene, pues me han dicho, que lo tiene no en veneración de ingrato: Asimismo del correo he sabido, que dispone su venida; y cierto pone mas alas a mi deseo, y según lo he imaginado, sospecho en Urbino está y lo apercibo, que querrá entrar algo disfrazado, y me agravia si es así, porque con sudilación aumenta mi inclinación desde que sus cartas vi. Y este cuidado es desuerte, que del modo que se halla un enfermo en la batalla de las ansias de la muerte, y viendo, que no se llega el término señalado, divertido en su cuidado, algún poquito sosiega: Asi yo, que enferma estoy del afecto de este bien, mientras no llega, también betalla a la muerte doy. Vilas cartas, y alivie un poco la enfermedad, pronóstica sanidad ya el cuidado de mi fe. Conque vengo a colegir, si ahora ausente lo tengo, presto vendrá pues prevengo este modo de vivir. Pues yo, que tuya soy tanto, quiero este gozo llevarme, porque pueda consolarme en alivio de mi llanto. Has de saber, que posada tiene dentro de mi casa: esto amiga es lo que pasa; vive quieta; y consolada. Doyte mi gusto en albricias, porque si lo has menester. Ya no tienes que temer, pues verás al que codicias. De las dos, la que el tocado tiene de color de grana, es Don Pedro, tu Doña Ana, pon en ella tu cuidado, y dime, que te parece la galá de su hermosura? Paréceme a mi ventura, pues que mi amorse le ofrece, El retrato que me dieron, pócole debe al pintor, porque aunque le dio color con primor bosquejos fueron con pintura desigual, que aunque el retrato es muy fino, mucho tiene de divino tan hermoso original. Yo llego, porque reparo han hecho en nosotros ya, señoras, acaso habrá (si vuestro Sol no es avaro) algo de suclaridad, a dos perdidos amantes? Quién entra, con semejantes advertencias de humildad, (pues que soles nos hacéis) bien tengo por cosa cierta; que una, y otra abre la puerta para que por ella entréis, Do Pedro, a Doña Ana viene, a recibir su favor, y a mostrar el grande amor, que su vida le entretiene, siendo entrada de amoroso, da que hace, sin duda alguna ha lará buena fortuna, traiendo nombre de esposo. Muy bien sebe negociar, travende a vuestra perlona, su sangre mucho le abona, mas le es fuerza confesar, que esta vez ha delinquido, pues con acuerdo podía onte cerme está alegría, pues que no es reción venido, cierto ha sido rigor habérmela dilatado; pero ya está perdonado. No tiene la culpa amor, no quise, Doña Ana, bella, verme de repente muerto; y así he venido encubierto a ver luz de vuestra estrella, y ha sido feliz acuerdo de esta suerte prevenirme, porque si antes lentiherirme, sin veros, y ya me pierdo con vista tan milagrosa, mirad si tuve razón de prevenir la ocasión, de muerte tan rigurosa? De vuestra salud ahora, noticia pido me deis, o no dudo que la tendréis, estando con vuestra Aurora, que como anuncio del Sol, y vos lo sois tan hermoso, no puede haber achacoso vuestro encarnado arrébol. Si así nos favorecéis, y a las dos luz tanta dais, de desposado mostráis lisonjas, porque no deis sus ecos con inquietud, crced, que sois muy galán, y que en serviros están mis deseos con salud. La respuesta; que me toca de agradecimiento a mí; luego, Don Pedro, que os vi, vistes en labios, y boca, Y porque a mi esposo ausente le tengo, dadme lugar, a que pueda contemplar cercanías de presente. Por abreviar de razones, vamos todos, que he de hacer antes de la nochecor vuestras capitulaciones. Favor en esto recibo. Nada doy, pues tanto debo, todo a mi cargo lo llevo. Por vos, Don Rodrigo, vivo. Señoras, no os detengáis por nosotros? . Vamos, pues. Vamos; o que galán es Don Pedro! . Ahora estáis porencias bien avenidas, no que hermosa, que es Doña Ana en este juego el que gana soy con ventajas crecidas. Que poco es el sosiego, que tengo, y mi cuidado, como e e grande, viendo, que esta Auajarte no se ablande atanto como fuego amoroso le ofrezco, no mirando al amor, con que padezco, en tan pequeña suerte; lisonja vendrás ser darme la muerte. Pues su marido ausente sabes que está, como te fatigas, y más teniendo imperio, en que le digas anejo tan vehemente? hablala, porque entienda. el sacrificio, que le da tu ofrenda pues siempre el sacrificio. amoroso, siempre trae el beneficio. Según, que tú me has dicho, Doña Juana le ha ha blado, y ella dura, aún no me ha dado indicios de ventura, porque es de tal capricho, y tanto de su esposo, que veo desestinsa n poderoso. Si el remedio no buscas, cuanto más lo dilatas, mas me ofuscas. Señor, biensabe el cielo el gusto que quisiera siempre darte, mas si inventiva de amorosa arte, puede dar al desvelo algún modo apacible, para ti, y para ella convenible, el que tengo dictamen podrá servirte de segundo examen, Qué es lo que te ha dictado? Que a Doña Juana la hablaré esta tarde, y dírcla del modo con que arde tu amoroso cuidado, concluyendo con ella, que esta noche al balcón salga su estrella, con tal industria, y modo, que él si conceda del negocio todo, que la diga direle; que aprima noche salgan a lo fresco las dos, y luego entrando de refresco tú, sin que a nadie apele, podrá de boca aboca hacer en la ocasión lo que te toca, sole y no dudo, que saques útil remedio, con que el mal aplaques, mas si acaso dilatas la ocasión, y esta noche no previenes este remedio, advierte que ya tienes cerca el mal, sino tratas, de disponerlo luego, Don Francisco, ya viene con el fuego de los celos, que aborta, pues que con ellos hasta el aire cortas De qué correspondencia has sabido una nueva tan pesada? De un amigo, que tiene vinculada (a faltas de mi ausencia) la obligación de darme modo con que él pueda avisarme, y ahora muy de prisa de su venida, y lo que pasa avisa. Díceme, que en llegando. a Roma Don Francisco luego puso en tu intención particular abuso, con tal doblez, mostrando contra ti sus rencores que a más de deslealtad, fueron rigores, pues puedes castigarlos, será impiedad dejar de dilatarlos. Pues que orden daremos para darle el castigo que merece? El que hallo es, que puesto, que en él crece tal desaire, cortemos las alas con que vuela, saliéndole al camino centinela, esto siente mi pecho, y del puede nacer grande provecho, porque si en el camino le prende, lograrás tus intenciones y después, aunque quiera en sus razones, hacerse peregrino, mientras la excusa halla, es cierto la ocasión podrás gozalla, tu gusto en esto busco, con que leal a él te desofusco. Hasme dado contento, vaya Elenardo, y préndale desuerte, que si se resistiere, con su muerte hallará el monumento a su vida, y su honra, por ser en mi particular deshonra, ver a un vasallo infame, que de esta suerte mi opinión disfame, pues que mi arrimo eres, a tu gusto, y al mío determina: lo que se debe hacer, en tireclina el peso que en mí vieres: parte antes que el cielo frustrado deje mi mayor desvelo. Prometo por tu vida, dártele preso, y a su mujerrendida. Pintaron a Amor desnudo los antiguos, porque es libre de todo interés, y tan niño, que en el nudo, que víncula cuando prende, deja toda su firmeza, y cuanta más gentileza, en su malicia deprende, mas su desnudez blasona, y así quisieron que fuera en la pelea primera el que lleva la corona. Yo, que ayer no supe amar, ya me he enseñado a querer, mas que mucho? soy mujer, y deprendí el desear. Del desear, he llegado atrato, y correspondencia; de aquí he pasado a la esencia del haberme desnudado. Con disposición tan clara, y tan extraña manera, que ya no puedo, aunque quiera de mí misma ser avara. Yo quiero a Don Nicolas con afición tan extrema, que al paso que abrasa, y quema, la voy aumentando más. En esto mi desnudez a conocer he venido, no fuera amor tan perdido, si tuviera otro jaez. Solamente lo que siento, es ver, que al Duque se incline, y temo que no arruine a mi amor con el tormento que me da, cuando le veo tan empeñado a serville, que aunque quiero disuadirle, es tal su afecto, y deseo, que me óprime, y que me incita, a que a mi sangre le venda, y por lograr su encomienda, trata, pide, y solicita. Esta acción sola le acuso, sin que este disgusto olvide, pero apenas cosa pide, que en hacella no rehuso. teniendo de esto la culpa el amor: o cuanto hierra la que en amorosa guerra, no tiene armas de disculpa! Los rayos que has dispendido, me han enseñado a buscarte, dichoso yo, pues hallarte. agora sola hevenido. Mi amor se lleva la palma en adorarte, y quererte, pues no dejo de ofrecerte lo más cendrado del alma, y según me siento arder, si muchas almas tuviera, del mismo modo las diera, y las llegara a ofrece:. Sin esa ofrenda que haces, siempre te admitien la mía, si bien con tal cortesía me empeñas, y satisfaces. Aunque con causa muy justa, podía vivir quejosa; mas como soy mariposa; que andar tras la llama gusta, no reparo en tanto extremo; porque te adoro de suerte, que tengo a dichosa muerte ver que en tu fuego me quemo, No tienes que fulminar queja, pues sabes, mi bien, que el Duque por su desdén no me da a verte lugar. Y porque veas que es cierta esta escusa que te he dado, que te diga me ha mandado, que esta noche estés despierta alas diez en el valcón, y que tu cuidado lleve a tu hermana, porque pruebe el mal de su corazón. Está con aquesta ausencia de su esposo tan contrita, que no sé cómo permita ir con tan grave dolencia. Mas está cierto que haré lo que mandas, aunque al daño lo palie con engaño, condisímulos de fe. Pues porque ya las Estrellas se ofrecen, voile a avisar al Duque . Yo a concertar voy con mi hermana; y con ella con mi hermana de que vaya: con ellas, de que su broche nos asegure la noche, sirviéndonos de atalaya. Como si estuviera hecho, voya darle la noticia. Cómo te adoro propicia, partir puedes satisfecho, Que algún podero puede con su poder deslustrarla? Pues yo tengo de guardarla, aunque en la demanda quede mi vida, porque es favor; y muy fácil de sufrir, dejarse un hombre morir en defensa de su honor. Cómo de mi hija esposo, a rondar vengo su casa; como padre, doy sin tasa demonstración de celoso; y es bien que este modo cuadre a aquel que honra profesa, porque son de cama, y mesa hermanos, esposo; y padre, Aunque ya la senetud ímpide estás valentías, no hay honor, que en sus porfías no traiga la juventud, Recogido me han dejado mis dos hijas, muy bien puedo, con mi arrogante de nuedo dará la ronda cuidado: mas el balcón abrirsiento, aquí retirarme es bien. Cuando daréis parabién Estrellas del firmamento a mi vida, de que viene mi querido esposo ya, que animando donde está, áquino sabe si tiene aún espíritus vitales? (pues que sois tan ciertas guías) alimad las ansias mí as, que están cerca de mortales. No digo bien, porque el mal asentirlo llego tanto, que ya no puedo a mi llanto dejar de hacerlo inmortal. Diviértete por tu vida en alguna cosa, hermana, pues que la noche congana a serenidad convida. Mira que claro está el Norte, quitándote tanta pena, mira que bien la novena te da de ello pasaporte. Norte, y no vena ya veo, y no abientan mi dolor. porque no me dan mi amor con portes de mi deseo. Pues mira como ya sale aquel Lucero mayor, pues que con su resplandor a todo el cielo equivale. Deténgase Vueselencia, porque en el valcón están, con título de galán moveré a Juana a clemencia; y la pedite que abra con caticias, y después (antes que sepan quien es) entre sin hablar palabra, Todo el bien en ti reduje, aquí me aparto. . Señoras, a la prima noche Auroras, quien podrá haber que os dibuje? Si ahora fuera pintor. bien sé que no me atreviera, porque sois la Primavera, planta a planta, y flor a flor. Sois Don Nicolas por dicha? Soy el que es vuestro criado, si mis suspiros han dado poco indicio de desdicha, me holgara de entrar a hablaros. Pues yo bajo a abrirte luego, Hermana, por Dios te ruego, que mires en los reparos. En ello no dificulto. Yo sí; que es bien que presuma, que no trae muy buena pluma el que se deja aquel bulto. Este es un criado mío, con que escrúpulos se excusan. Estos indicios excusan el que traéis descarío, esta vez podréis decir, desde al lo que se ofrece, porque no bien me parece, de que baje Juana a abrir. Pues veo qué es imposible el torcer su voluntad: Señora, una Majestad viene a veros apacible, tan rendida la tenéis, que si no le dais la vida, ellaserá su homicida, pues vos, señora, queréis. Mirigad tanto rigor, y permitidme que entre; que a buen seguro, que encuentre ese rigor con mi amor. Y si acaso no os ablanda, tened por sin duda alguna, que habéis de ver mi fortuna perdida de banda a banda. No entendí, señor, que fueras el bulto, que imagine, pues ya es tiempo de que os dé de estas burlas muchas verás. Sabed, que mi honor estimo en grado tan superior, que con este pundonor, no digo, que os desestimo; pero que en llegando a hacer con escándalo esta fuerza, sin que mi rigor se tuerza; no os tengo de obedecer. (tro En cortesía os suplico, que os vais por mi honor, y el vues- Como amante, y como diestro, en mi amor me ratifico, Pues no tebéis a razón, cortesía tan fundada, cortés, discreta, y honrada, es fuerza os cierre el balcón. Espera ingrata, que haces? fuese, que es aquesto cielos! hay mayores desconsuelos! a una Majestad deshaces de este modo? vive Dios, que tengo de aventurar mi Estado, o te he de gozar, aunque muramos los dos. Quen está aquí, que no dice quién es? no habláis? qué dez Señor, si acaso advertís, enque no se contradice, ninguna cosa, el que quiere entrar en su casa, y halla estorbos, repara, y calla mientras la ocasión viniere. Sobra es de mucha malicia, estar a esta hora aquí. Señor, en que os ofendí con tan extraña caricia? Entra a acostaros buen viejo y agradeced, que no llego a echara esta casa fuego. Mas vamonos, porque os dejo por hombre queya no es hombre. Que lo soy conocen todos, y aún hasta los mismos Godos reverenciaron mi nombre. Ya he llegado a conocer, que el Duque es el pretensor; mas que importa, si mi honor se libra de su poder? Doña Ana, el cielo sabe, lo que llego a sentir, que D Francisco (ne a su amoroso aprisco no acabe de llegar, porque no agra (mosa el pesar de su esposa, que tan honrada, cuanto la hallo he (de En esto que procuro mi interés hallo, para ver cumplio mi deseo impelido, siendo en este manjar tan Epicuro que descansar antojos, cómo podrán a vista de tus ojos? Prometile al partirse, que ausente estando no me casarid Dona Ana, si ser mía no admite duda, como desasirse podrá mi amor, quilate mas sino que la perla, y que el granate Yo biencreo, Don Pedro, no es dilación, por ver que tu venida (cedro fue ayer, y prevenida no puedo estar, mas como ya mí eres, y te cultivo, sé que con ansias, y cuidado vivo. Con ese desengaño da: de tu deseo, hasta mañana! aguar- si Don Francisco tarda, satisfacerele de que no esengaño, y a falta de testigo, yo basto solo, pues que soy su amigo; ademas que prevengo para esta noche sumo regocijo, porque el correo dijo, que ya venía: esta noticia tengo, mira si podrá el alma presto salir de tan confusa calma. Dame un favor, si quieres, por las albricias que dichoso gano, dame esa blanca mano. Porque no desesperes, (te. la mano no, de amante señales doy, pues que te doy un guan Que bien galante enseña puntos Doña Ana de la cortesía; pues ya la prenda es mía, (deña anhelar quiero amas, pues no des a mi amor con el guante, (amante. contento parto, pues que soy su Que etna tengo en mi pecho, que así me oprime, y me mueve? Como veo en tanta nieve, a tanto fuego deshecho? Adonde está mi poder, que no abrasa este horizonte? Cómo de este risco, o monte, peñas no empiezo haverter? Si te aflijes de esa suerte, no miras, señor, que apocas tu ser, pues que lo provocas a buscar así tu muerte? No has procutado gozar con amor esta tirana? Con poder podrás mañana su firmeza contrastar. Nunca jamás hagas caso de cosa que no se ofrece de voluntad, que parece ser un quebradizo baso: este en llegando a oprimirse, la violencia no le obliga, a que de su ser desdiga, y comience a desasirse? Bien, poro quebrado ya, ya no viene a importar nada. Nicolas, la cosa amada. en mí no se quebrará. Traidores, dejadme entrar, porque ofende a mi valor tanto género de agravios. . Quién se alborota? . Yo soy. Cómo quebrantas mi orden? No es quebrantarla, señor, cuando por preso me tengo, que esta cadena es prisión, que no desdice el mandato, y pues obediente estoy a él, me tienes de oír, como libre Embajador. Di, que quiero aqueste rato dar oídos a tu error, para que pueda después derogar tu aclamación. No importa, que solo quiero, que entiendas, que ser traidor, a mi sangre no lo debo; ni mi mucha estimación. Señores, por Cirineo, bien pudiera decir yo alguna cosa, pues llevo un paso de la pasión. Perdona si mis servicios, Príncipe, quiero que sepas, aunque la propia alabanza no ha de nacer de sí misma. Muy bien pudiera callarlos, pues ya lo sabes, más vuela tan remontado tu olvido, que según lo manifiestas, o ha sido de ingratitud, o has dado gusto a que sea habitador de ti proprio, o morador de otra esfera. Saliendo una tarde a caza de entre una montaña espesa, llegó un Leon tan furioso, y fiado en la escopeta tu valor, no te dio lumbre, lo cual visto de la fiera te acometió; yo que vi (por estar de ti bien cerca, que siempre en tales acasos. he uiado de estas finezas) su arrogancia, parto al punto, y con mi valor apenas mostré el filo de mi espada, cuando por la punta misma le atrávesé el corazón, con ligereza tan presta, que entre su vida, y su muerte, se pudo dudar de verás a un tiempo, cual de las dos fueron la causa primera. Un día, que en cierto gusto inclinaste tus potencias, unos traidores quisieron, de concertada cautela, quitarte la vida; y yo, que estaba como el que entra a hacer el cuerpo de guardía, te avisé, y dando la vuelta, di en ellos con tal furor (a aquesto quiero que atiendas? que a algunos puse en huida, dejándome en la pendencia muertos ados: no fue mucho; porque como en mi pelea tanta lealtad, por quien eres, por lo que soy, y por ella, si el ejército de Jerjes, si el de Alejandro vinieran, fueran nada, que hay razones, que ellas proprias se concierta y al paso de su lealtad reconocen obediencia. Merendando en un festín, descuidado de que hubiera tal género de traición, quiso un traidor que bebieras de un licor, que fue veneno: mas yo que tuve sospecha, hice que un perro de falda su vertimiento la miera: el cual gustado, cayó tan derrepente en la tierra, que murió en aquel instante, y en tus ojos vi las señas, que diste de agradecido. No sé como olvidos cierran (a servicios semejantes ingratas las dos orejas. Embajador me enviaste a Roma, y porque entendieras el gusto con que partía, al deseo puse espuelas, y acícates en los pies; que solo en mí se pudieran hallar tales agasajos. Pues por partir más apriesa, aún no lo supo mi esposa, porque quise que entendiera, que por ser a ti obediente, no hice reparo en su ofensa. llegué, puse mi embajada, recibiola con clemencia el Papa, y sin dilatarlo, estas cartas, estas letras me entregó porque no quiere que a tu gusto se haga fuerza: Y esto con tales señales de amor, que de su prudencia jamás pude prevenir otra cosa: y porque veas su piedad, y a lo que fui, abrelas, que ellas de muestran las puntualidades mías, a tus disgustos tan hechas, que jamás hallaron premio, no lo buscan, porque apelan a solo saber servirte, no amás, y esto sin que sean retratadas de lo hecho, aunque pase más tormentas, que Estrellas tienen los cielos, y que esos mares arenas. Pues ya que el premio no busco, como, señor, como ordenas, que me paguen con castigos mis trabajos? en que yermá República de animales, un buen servicio no aprecian, aunque no haya galardón? Ea, Príncipe, que abiertas tengo con la vida, y alma, los sentidos, y potencias. castiga, destruye, mata, detérmina, mira, apremia, dispón, concluye, y emprende, enójate, y encárcela, que estoy tan dispuesto ya, que aunque castigues, que prendas; tuyo soy, tuya es mi vida, aquí tengo mi cabeza. Vasallo obediente soy, con acción de tal firmeza, que si faltare verdugo, su oficio haré, sin que entienda aún su rigor la cuchilla, con tan aguda presteza, que tengo de verme muerto tan sin pensar, que su fiera cortadura ha de ignorar, si cuando llegue con ella a dar el golpe, fue antes su rigor, o mi obediencia: que respondes? . De que ya con esa acción te libertas con apoyo de esas cartas. (das Y no más? Baste, pues que. libre de tales informes. Deshizose mi cautela, aún no he de parar aquí, que aún el Duque (sin que pueda valerse) me ha de pagar este género de ofensa. , Cielos, que esto se permita! ai rigores? Hay más penas? No digas como te ha ido, pues que dejas en conserva tu vida por este rato: que haremos de esta cadena? Haz lo que de ella quisieres, que aunque voy libre, atormentan la libertad mis cuidados, que aún hasta aquí no me dejan de perseguir, viendo que estas son estratagemas dirígidas a mi honor. Mas si mi esposa es tan buena, para que temo recelos? vamos a verla, Aguaderas. Para que soy menester? anda tú, que quiero mientras la hablas, ir a colgar en un Templo esta cadena, en señal de agradecido, porque no traerla a cuestas, ya lo atribuyo a milagro: por Cruz a milagros celsa, yo voy a ponerla luego, y con un cuerpo de cera en la ermita que se llama, la gloriosa Santa Elena.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Tan mal pagados trabajos, hijo, con el sufrimiento, pues aliviar dando al viento este camino de atajos, tienen sus altos, y bajos y a todas las Majestades, y así premian las verdades. de este modo, y a las veces sus deseos son jueces, con que castigan lealtades. Jamás sospeehe que hubiera. tal genero de rigor, no me espanto, que hay señor. de la condición de fiera, la cualviendo la venera, que se le pone de alagos, busca al que la pone estragos, y cuando no puede más, con las uñas hacia tras, castiga con los amagos. El Duque, que acciones obra, ajenas de tu servicio, (en lugar del beneficio) pensión de rigores cobra, Razón veo que te sobra, disímula, sufre, y calla, que entrar con él en batalla. no es justo, y así conviene, porque entre las unas tiene. lanza, espada, cora, y malla, Yo admito tu parecer; mas mira que lo que dije cuando me fui, si me aflije, en mi puedes conocer. No importa, que tu mujer es Penelope bizarra, y tanto tira la barra con su honor, que estás seguro, porque es yedra, que en el muro de su mucha fe se agarta. Jamás a intentar lleguén ápices de algún delito, mas si miro el sobre escrito de carta del Duque, habré de dar erédito a mi fe? Sí, que muchas veces vemos (entre unos, y otros extremos) sobreescrito de una letra, y otra en lo interior penetra diferencias que leemos. Del Duque la pluma altiva, aquí rasgos ejecuta, que aprovecha, si refuta lo de adentro (con tan viva diferencia y lo que escriba su mano, la de tu esposa; carta que es tan misteriosa, que cuando yo no la viera, en mi vida concibiera de su honor infame cosa. Pues qué has visto? dime luego para más descanso mío (supuesto que en ti confío) lo que pasa, porque el fuego me incita a desasosiego. No hay para que, si has hallado en tu esposa laureado. todo el bien en su sujeto: esto es verdad te prometo. Ya descansa mi cuidado. La noche que de consejo de acuerdo, te fuiste a Roma; ronde galán (qué bien toma tal vez las armas un viejo) con aire, brío, y despejo quise rondar, hasta el alba, vi que el Duque hizo salva en tu casa, mas no entró, porque sin pensar halló ala ocasión toda calva, Gerónima, que al balcón, con engaños fue traida, ella la gozó impelida, con fuerzas de su tazón, propuso su estimación, con tan valiente denuedo, que sin cargarse de miedo; con sus lastimosas quejas, cerrando entrambas orojas, deshizo todo el enredo. Como si yo la dictara, mi consejó, en tales trances, le dio a los primeroslances con el balcón en la cara. Fuese, y al irse, repara en la sombra que yo hacia, el Duque, y con demasía me dijo, fuera a dormir, como vi tu honra vivir, no falte a mi cortesía, no quieras pruebas mayores. otras más tengo de hacer. . Qué dices? . Que tal mujer es digna de más loores. Deja, ya vanos temores. No dejarlos fuera injusto, Tienes mujer de tu gusto. Adorola con extremo. Ya ningún desastre temo. Ya no espero más disgusto. Don Francisco, con los brazos, y el alma, doy parabienes. del bien venido. . En mi tienes amistad, vida; y abrazos servirán de eternos lazos, con un afecto infinible. De amor, por indivisible, la conservación ofrezco, y más viendo, que merezco por tu esposa, favor tal, que me paga sin igual mas amor, que te encarezco. Quiero a mi esposo, y estimo en grado tan superior, que aquel que le tiene amor; parte del mío le imprimo: y a la contra desestimo a cualquiera, que desama sus parte con esta llama, tan irremediable en mí, que al paso que aborrecí, mi alma al mismo le ama. El dolor se ha conocido, que he recibido en su ausencia, y así busco su presencia, con afecto tan cumplido, que solo a verlo he salido, en esto poco, que ha estado de mi cuadra separado, que entiendo, si no le veo, que he de morir de deseo, mal contenta, y bien pagado. No en valde, esposa, me pagas, con amor tan singular. Esto no es más de pintar las señales de las llagas. No más mi bien satisfagas al retorno, que en mi ves. Sin genero de interés, mas que de amor, te obedezco, pues cuanto más lo encarezco, mas queda que ver después. Toma el manto allá Jacinta, porque vengo muy despacio, y han menester mucho tiempo los parabienes que traigo; Don Francisco, bien venido seáis, como deseado. Estimo mucho el cuidado, y favor, que he recibido. Preguntar, como os ha ido, tray excusa, pues no ignoro lo que ha pasado al decoro vuestro, dando tal pesar. Servicios suelen pagar así . Eso es lo que lloro. Gerónima, ya cesó tanto llanto, y desconsuelo, la oscuridad de tu cielo se fue, ya la luz volvió; el gozo, que te causo la venida, no dirás? No procures saber más, que después de penas tales, se han ausentado mis males. Que contento, que me das. Vracan el mar empieza, y tan altamente sube, que quiere de alguna nube beber su licor, presteza de su rigor, ligereza de tormenta tan pesada, que mientras alborotada, gime, y brama, es confusión, mas pasada su hinchazón, queda mania, y sosegada. Yo corriendo, contormenta, subí tanto mi desvelo, que a las Estrellas del cielo quité un rayo descontenta. En batalla tan sangrienta (mientras que permanecí) que de rigor conocí? mas quito la tempestad; luego que la claridad de mi esposo recibí. Cómo parte interesada, ratifico mi contento. Pues que de tu casamiento, es la ncasión ya llegada. pagaré a la desposada con regoz jo, en albricias, tan amoralas caricias. Aquí excuso el obligar, porque no podré pagar tanto amor, que desperdicias. Don Peuro, con uspension su deseo daa entender. Busco, para agradecer particulares razones, no las hallo, y así acciones mi silencio satisfacen, que como quiera que hacen vivo mi agradecimiento, en pago del casamiento, unas con otras renacen. Pues qué brevedad su cinta los deseos estimula, mi regoz jo regula mucho más de lo que pinta, mientras me llego a mi quinta, la disposición aguardo; en venir no seré tardo, y partiéndome a esta hora, vendré ante del Aurora. En dolor, y penas ardo: yo entendí, esposo querido, que mis penas se acabaron, y veo que comenzaron, aún antes de haber venido, Considerar, que te has ido, (aunque presto has de volver) ya los ojos a llover comienzán: dame lugar a que pueda con llorar tantas tormentas creer. ped Llorando va . No os espante Don Pedro llanto tan fino, porque tiene hecho el camino, como verdadero amante. Si yo os entregara un guante, ya mis ojos se perdiera, mi sentimiento no fuera: mucho, no, por su valía, si por la estima que hacía de que con vos estuviera. Doña Gerónima así hizo entrega de su gozo, velo caído en el pozo al apartarse de aquí, (aunque puede su tubi) luego al punto parecer, no es mucho, que dé a entender su pesar mientras parece, y cuando en ella más crece, mas le queda que vertero Supongo, que a mí se ha dado el guante, y que se ha perdido, concederé de que ha lido descuido, no de olvidado, vendrá a ser, que retratado le tiene mi amor impreso en el alma, y un exceso de causa, que es accesoría, lo restaura la memoria, que es acuerdo de más peso, Don Francisco, si se ausenta, de volver no tardará, porque su amor lleva allá, y la vuelta representa, Doña Ana hermosa, a esta cuenta (volviendo al guante) ya hallé la perdida, y restauré la caja, si no la perla, para en ella recogerla la pide mi mucha fe. El tiempo ya solemniza el ramo de verde oliva, pues que con la perspectiva prontitudes subriliza: si la doy, pareecalta estimaciones brillantes, y antipaciones, antes mucho estorban lo que doy, es, que pues tan vuestra soy, las manos en los dos guantes. Bizarra mujer. . Es Diosa de toda mi idolatría, obliga su cortesía, cuanto enoja desdeñosa. Porque dilación forzosa, no se halle, yo me voy, que a Aguaderas desde hoy le he mandado, que prepare un caballo; antes que aclare el día en mi casa estoy. . Estos cuidados recelo, que alguna prenez encierran, no sé si ellos lo destierran con semejante desvelo. No hay que tener desconsuelo alguno, y sin duda importa el ir, pues los aires corta tan deprisa, camos pues. Esta acción sospecho, que es la que la vida me acorta. Déjame por Dios la cinta, que muero de pesadumbre. Siempre ha sido en ti costumbre traer voluntad distinta. Cuanto tengo en sangre tinta la circular redondez de postear, mi juez quies hacerte? y al alforja, (como si fuera de goija) dejármela pez com pez? Pues no te has do ir sin que vea lo que has traído de Roma o he de abrasar a Sodoma a puro fuego de anea, acaba, o si no pelea he de hacer de san Quintín, contigo, si el polvorin de los cielos, tu ruina, porque no he de ser galliva, sin costa del saldellín. No prometi con cordura los modos de confesar? Eso quiero averiguar. Ya en poder queda del Cura, Como sabes, que procura aliviarle mi conciencia con él? . Porque es evidencia, que al poner la mano encirna puntual, pone, y arrima saludable penitencia. Dejemos tal frenesí, y haz de la alforja bótica. Por vida de mi borrica, que no traigo un centí. Qué es lo que llevas al? Bota, no ves que es subsidio para el camino, y mi Ovidio, en quien leo mis amores, librándome estos licores. de algún violento homicidio? Nada creo, que más llevas? Mira, que mi amo aguarda, y que Aguaderas se tarda. Tus finezas muy bien pruebas. Tómala, para que bebas esta bota, toma pan, queso, especias, azafran, ajos, lechugas, cebollas, pucheros, jarros, y ollas, y llévame el cordoban, toma lo que más quisieres. da quiero, Aguaderas. La mano en las faltriqueras entra, que las más mujeres estos tienen pareceres, tu puedes alo agarrante quitar todo el dinerante a este tulindo lacayo, siendo cada dedo un rayo, como mano de estudiante. No quiero ya más engaños, déjame, y vete conDios. Tú, y yo la cinta a otros dos, con que tengan menos años, pero abriendo desengaños, todo cuanto traigo es tuyo, esto es decir, que concluyo, y porque señor me espera, Dios te guarde. . Considera, que eso es decir, que eres suyo. Tudicho yo no concluyo, porque tuyo soy, y aún más. Pues como con él te vas? Eso no lo diré yo, declaro, que aunque mandó quele siga, el cuerpo solo va con él, porque enárboló para ti el alma. . Es así? Ella te dice, que sí. el cuerpo no . A Dios mi ap Que fuera de la Ciudad ha salido, es cosa cierta, la ocasión te abre la puerta, con mucha seguridad. Cuando salió espía puse fidedigna, y ha traído relación, de que se ha ido, con que a tu gusto dispuse orden, con que has de vencer a esta Esfinge, a esta Hiena, a esta que canta Sirena, a esta roca, a esta mujer. En tiempo, que oscura sombra la noche comienza a dar, me has traido a este lugar, y aunque estar en él no asombra a mi valor, detérmino, antes de cualquier facción, facilitar con razón el peligro del camino. Cuando mi lealtad te adiestra seguridades conoce, entre Vueselencia, y goce, con esta llave maestra al Sol, que le aflije tanto, el cual, aunque salga fuera, la noche a su vidriera escurece con su manto. Los vaticinios del alma son los correos de aviso, y aunque se no estoy repiso, me ponenen mucha calma. La prevención está hecha. con mi industria, y con tal traza, que ni fracaso amenaza, ni genero de sospecha. El dilatado progreso, de esta determinación, nos vadando ejecución para un felice suceso: la puerta es esta, no hay más. Si proseguir la cautela. Un cuidado me desvela, quisiera volverme atrás. Qué detérminas señor? Que entro sin tener recelo a gozar de aqueste cielo, con poder, y con amor. Mucho temor lleva el Duque, plegue a Dios sea por bien, no me espanto, que un desdén puede ser que lo trabuque, De nadie sentido he sido, por si es menester después ayuda, que oculto estes en esa cuadra te pido. No faltaré a tu mandato, a Juana voy a avisar. Ho lo que cuesta el amar, cuando su dueño es ingrato! A dentro de esta cortina está mi luz eclipsada, de su Sol acompañada, por parecer más divina; que bien hizo en echarbelo a las niñas de sus ojos! Jesús! qué vanos antojos. Ya ha amanecido su cielo. Jacinta eres tú? . Yo soy, no lacinta, mi luz bella, siguiendo vengo tu estrella por donde quiera que voy. Cómo señor, ay de mí! no sé qué diga: qué es esto? este es rigor manifiesto, ola. . Calla, o desde aquí comenzare a publicar, que he sido de ti llamado: yo vengo determinado a tu rigor contrastar, y así fin dar embarazos. a mi amor, te he de vencer, y a fuerza de mi poder he de gozar de tus brazos. Vueselencia se detenga, no intente tal desafuero, y tal fuerza, que primero, que los posea, y los tenga, (no mirando inconvenientes) como leona parida, le he de quitar esa vida; con las manos, y los dientes. Ya es esto en mi cobardía, de este modo he de hacer. Supuesto que ha de vencer, por esta punta, a fe mía ha de sacar la victoria de unatraición tan infame, Vueselencia no disfame mi honor con tal vil memoria. Aunque te armes de ese modo, he de salir con mi intento. Ya es mucho mi sufrimiento, yo me detérmino a todo. Hola criados, traición en mi casa, padre, esposo. Válgame Dios, que animoso, es un noble corazón. quién da voces en mi casa? Ay dé mí! mi esposo, es este mi señor que ves? (el corazón se me abrasa) es, no sé qué diga, ay de mí! Deja, no te turbes, calla, que entrami honor en batalla; si está seguro de ti, quien quiera que es se descubra, porque como honrado, quiero darle a entender, que este acero (sin que vileza le encubra) es el que a fuego, y a sangre le ha de datá conocer, que si hay modos de ofender, hay quien su vida desangre. es querer ocultar lo que has sabido; que le he dado ocasiones es querer desmentira mis razones; que a Roma te ha enviado, callelo el alma, pues que lo ha pasado, Escándalos a estas horas, quien los mueve? qué es aquest Un agravio manifiesto, que con infamia lo doras. Traidor, si tú las verdades amaras, y vil no fueras, cierto es, que no consintieras tal desaire en Majestades. Yo sirvo, como es razón. Y yo defiendo este agravio, para cuyo desagravio. llevad este bofetón. No es agravio conocido lo de un señor a un vasallo, por no irme sin vengallo, aquí está este fementido. el alma le sacaré, Muera, y con él acabemos. No hara, que en tales extremo sola lo defenderé. Aquí he menester mi brío, primero habéis de pasar este corazón, que dar muerte a quien es señor mío. Aparta, que sus desvelos llevan mi honra delante, y tiene armas de gigante quien rtiñe estando con celos. Esta es resistencia mucha. No es, y porque la hoyas, dadme atención. Bien lo apoyas: decid, pues. Esposo escucha. Que el Duque mi hermosura ha pretendido, que poderoso ha hecho fuertes violencias, dígalo mi pecho; que una noche engañada; fui traida al balcón, es excusada reflejión, pues mi brío sacó victoria de este desafío. Que ha ostentado finezas, yo lo confieso; pero mis firmezas han obrado otra cosa, es lo más cierto, (no se como amover el labio acierto) nada de esto ignorante te tiene, esposo, vamos adelante. Esta noche, esta noche antes que con la luz Faetón su coche a orra Región llevara, en mi Oratorio entre, y es cosa clara, que por tenerte ausente, quise hacer mis obsequias de presente: no me ha faltado Cruz, menos el canto, pues la música fue mi amargo llanto. De puro fatigada, dormida me quedé en el almohada, que tal vez se permite descanso alguno a quien dolorrepite. Mi espíritu llevado a la consideración de lo formado, le dejo divertirse (para poder más bien contigo asirse) del cuidado mayor, que lo oprimía. Cómo contigo estaba, se dormía del cuerpo la congoja, mas apenas el viento le deshoja de aqueste atrevimiento el delicado acento, cuando el rumor sentí, y aunque distaba del cuerpo el alma, como en ti se hallaba, convoque con mi susto tu fuertebrío, y tu semblante adusto, mientras, con tal desaire, animeme a mí misma, con tal aire, que no pasó por miedo, lo que a mis ojos percibi denuedo. Esta daga lo diga, que aunque es propia alabanza, mi fatiga no es justo, que yo mienta, porque este pundonor llevo a mi cuenta, tan fuerte, y animosa, que si de la montaña más fragosa me envistieran más fieras, que el mar arenas tiene, siempre vieras resistencia en mi pecho, en mi honra pertrecho, en mi lealtad asombros, que aunque de flacos hombros, naturaleza me hizo: en la ocasión deshizo la mujeril flaqueza, y vine a verme sin la necesidad de ti valerme, porque a más de mostrarme desdeñosa bastome por valor el ser tu esposa. Apenas, pues llegaste, cuando con tu valor fuerte me hallaste, aquí muestro flaqueza, porque más pelcé con tu nobleza, que a no tenerla por mayor venera, quién de tanto poder se resistiera? Negarno puede el Duque lo que pasa, la que tu casa abrasa ha sido su intención, escusa no hallo para poder en algo disculparlo, o que es cierro, si la hallara, sin duda alguna, que lo disculpara, con el respecto que a señor se debe, mas como frágil bebe licor de su incentivo, mientras que sus disculpas apercibo, puede llegar mi suerte a ver las sombras de la amarga muerte, y todas las verdades, y más de honor, contrarian Majestades: aquí esposo me tienes, si delito (como el dolor repito) hallas en mí, con esta daga misma, que ha sido la defensa de mí misma, le sacaré la vida, tan fuerte, y atrevida, tan briosa, y valiente, que haré mi desafío frente a frente del campo de tu gusto, para que veas el modo a que me ajusto, que quitaré el aliento, tan fácil de vencer el elemento del aire de mi brazo, que sin más embarazo, no ha de saber el viento de su amago, por ser más breve estrago el quitarme la vida voluntaria, que no dejarlo a acción tan temeraria. Esto supuesto ahora, no encarezco mi vida más, pues a tus pies la ofrezco, permíteme que afable a nuestro Duque hable, pidiendo de rodillas, no tu vida, sino que tan reñida ocasión no permita, a que el infame vulgo la repita, porque a su modo juzga de repente, honores deslustrando en gente en gente. Señor, ya me has oído, . si no concedes esto, que he pedido, primero que de aquí pase, tu espada has de verla en mi cuerpo ensangrentada: si has de darle la muerte por mi pecho has de entrarle, que es el fuerte que le tiene escondido tan adentro, que después de burcarle centro a centro, cada vez que lo quieras, lo he de dalle, sin que peligro tengas en buscarle. Porque vivas con pena, mi mucho agravio a vida le condena, antes, pues, que se borre tanto pesar, y ofensa: en una torre le poned con prisiones, Don Nicolas, sin que haya dilaciones en mi mandato: vos mirad, que a tantas desenvolturas, sé quitar gargantas. . Vamor, primo, y tened por cosa cierta, que a cualquiera hora tendréis la puerta abierta. Si no hubiera traidores, menos rigor usarán los señores. En señal, que no es nada, no se os quita la daga, ni la espada. Ah primo! como ofreces entre pocas palabras mil dobleces! esposa a Dios te queda Cómo podré vivir, si en mí se queda la pena, y los dolores? llevándote contigo mis amores? No es tiempo ahora de afecto tan galante. A mí se me permite, idvos delante, que quien vende una vez a la nobleza, claramente de muestra su vileza. Cubrí, si no con rayos, triste amante, angustiedos sollozos, que hay bien dadas lágrimas, cuando mueven señaladas. desdichas mías a un amor constante. Cuando entendi volaba más pujante, con línea igual, conozco mis pisadas, de contraria opinión; tan separadas, que pierdo el bien, teniéndolo delante. Esposo, tuya soy, mas la fortuna. el tratarte me quita, no adorarte, de día eres mi Sol, de noche Luna. Bien creo, que no tienes de mudarte, conque no temeré a desdicha alguna, sin que en mi llegue tiempo de no amarte. . Entendí, que el Sol falía. para mi esperanza cierto, y vi como al descubierte a mis ojos se ponía. Caque a mi amigo llevan preso, y tan contuso vivo, que si tormento recibo, mis sentimientos lo aprueban. Con las tardanzas de ayer, hice Fénix monumento de mí mismo, sin que aliento me pudiera suceder Hoy, que entendí, que conizas mi vida vivificaron, y que mi opinión frustraron, vienen a ler tan pagizas, que desespero desuerte, en dilación tan cruel, que pueden darmelaurel de menos vida,y más muerte. Ya, Don Pedro, has conocid mi voluntad, pues el cielo nos dilata este consuelo. dándole por recibido, será oportuno remedio sufrir incomodidad, mientras que esta tempestad se aplaca con algún medio. Y cuando por dicha avara se dilate esta prisión, con dar a la ejecución los deseos que declara, de una vez acabaremos impulsos tan ajustados. Conozco que dilatados, pasan de extremos a extremos. Pero pues que ya termina; el tiempo, y cuando serás mi esposa, y licenciadas con esas voces divinas, quiero, que pues ya tu amor tan conocídole veo, le ofrezcas a mi deseo un particular favor. De las manos los dos guantes, que los ofrecí no ignoras: por cuales favores noras? porque en casos semejantes, solas las manos me quedan para ofrecerlas después. Si el favor que pides, es este, a tu gusto se cedan: y esto hacerlo na bien puedo, por haber llegado a punto, que ya tu amorvive junto al mío, y me quita el miedo. Pues mi petición, Doña Ana, no es esta, y quien la concede, la que suplico, bien puede dilatarla hasta mañana. Bien puedes por recibida darla a gusto, que pretendes que bien, Don Pedro, queprendes! No es mucho, cuando mi vida, con tu favor se ha enleñado n a saber pedir cortés. El favor, que pido, es, que pues preso, y apretado esta Don Fráncisco, ahora (aunque muera de pesar) mi afecto tiene de dar luz, tiempo, y lugar tu Aurora, para que se vea el fin de su prisión, que es crueldad, por fastar a su amistad, ser a su opinión ruin. Esto es lo que siente el alma, Ahora digo, Don Pedro, que si tu amor es el cedro para mí, para él es palma. Con tu acción soy la que gano, pues soy cercana parienta. Bien puedes a buena cuenta ofrecer tu blanca mano. Cómo siempre tuya ha sido la voluntad la ofreció; mas primero comenzó a hacer con guante el partido. Ya como pobre de bienes, tan apurada me veo, con las manos hago empleo, en ellas mi vida tienes. Cantó mi amor la victoria. Con mi afecto la laurea. Cumpliose lo que desea. No puedo darte más glria. Justo es que vamos a ver a Gerónima tu amiga. Vamos, porque a mucho obliga una aflígida mujer. , s, El tiempo, hermano Aguaderas, está cercano de darte un cordel para ahorcarte. Si hacer testamento esperas, a que aguardas? pues tu amo, sino lo ha hecho, ya está, sino perneando. ya sirviéndole de reclamo. El, aunque preso le ves, tiene muchas esperanzas: mas tú, vive Dios, no alcanzas, si no la vida al revés. Procura no dilatar antes de tu parasismo, testamento de ti mismo, porque tocan a horcar. Este eco, que en micanta, ha de volver de castaño, plateado el desengaño, a costa de mi garganta. Hagamos abecedario, en confusión tan amarga: Primeramente le alarga mi alición al Boticario, ciertos botes, porque enfrasque su uncias, y sus jaropes, sus letuarias, y arropes, porque en ellos no se tasque: Al Médico, que me dio un cierto día una purga, déjole aquello que purga la madre que me parió. Y porque mi Cirujano hizo su oficio muy bien, después de muerto, le den- cierta paga de antemano, y sea tal, que le deje mal satisfecho, y sin tino, sin que a su cura halle vino, aunque es de bodegas pejes. Tres enemigos contentos, y tales, paso a otras mandas: Mando, que traigan las andas comunes de los Conventos, porque quiero con más verás ser pobre, y al descubierto, digan, Dios perdone al muerto del desdichado Aguaderas. Al enterrador, que es gato, y toca la campañilla, si tiene de mi mancilla, yo le mando mi zapato, El otro tengo por cierto, que con garbo garrasil lo quitara muy sutil, aunque dude si estoy muerto. Con esto, pues, si me dijo, in pulvere reverterís, cantemos he recorderís: solo en pensarlo me aflijo. Ya el mullidor ha salido, ya se ha llegado lacera, ya el Sacristan está fuera ya los del duelo han venido. Ya el Cura con su garganta los Riries está entonando, ya llega de cuando en cuando, y me hisopa hasta la planta. Ya porque el calor no sea causa de algún mal hedor, buen cantor, o mal cantor, de prisa me galopea. Ya me sepultan debajo de una losa bien pesada; ya vuelven a la posada, con los pesames de atajo. Todos se vana comer, ya sepultado me dejan, ya los dolores se alejan, Jacinta vuelve a su ser. Ya de mí no hay que hace más, perdóneme Dios, que cierto, no sé si estoy vivo, o muerto. Amen, por siempre jamás. Aguaderas, en que entiendes? Jesús! esto va de verás, el requiescar de Aguaderas es este. . Acaba, no entiendes? anda a la torre, y repara, si eres menester en algo. Corriendo voy como un galgo la yema se ha vuelto clara. Hija, cuando has de abrázar, tu valor, es ya llegado el tiempo, no el deseado, pues que te obliga a llorar. Pon la confianza en Dios, que poderoso reparte susbienes. . Señor, que arte dará consuelo a los dos? yo no niego, padre amado, que es muy uril tu consuelo. Pues hija, dejando al cielo la venganza; es excusado. tanto llanto, sufre, y calla, que el esperar, y sufrir puede postrar, y abatir la más cercada muralla. Señor, pues de mí has sabido lo que paso aquella noche, no podrá, sin que trasnoche mi dolor, darlo al olvido. El lustre de tu nobleza, ya el fuego lo acrisoló, bien haya quien te parió, pues puso en ti tal firmeza, las lágrimas se despeñan entre niña, y niñaya, cuando me acuerdo, que está mi cuidado, en donde enseñan a vista de estos rigores, los rigores tal pesar, faltan lágrimas al mar, sobrándome a mi dolores. El corazon me atraviesa (padre amado) (amas del mío) tu sentimiento bajio, en quien se pierde la presa, A la fuente, como cierva ir procura mi corriente, pues que mi esposo es la fuente, y sus cristales me observa. Con tu licencia me voy a enviarle en aguas puras mis afectos, y aventuras, con que batallando estoy. Le remitiré en un pliego de mi elemento humedades, para que puedan verdades aplacar su mucho fuego; y cuando no satisfecho de mi estuviere, señor, con enviar mi dolor, le doya entender mi pecho. Todos estos movimientos, hija, causan aflicciones, vamos, que no halla razones a tan crueles tormentos. Supuesto, que en tu honor sías, pon la confianza en quien te imprimió tanto desdén. Bien, señor, en él consías, esto solo me asegura, y los consejos que das. Hija, aquel que sufre más, es señor de la ventura. Por la puerta del jardín he entrado, y las guardas quedan divertidas, sin que puedan levantar algún motín. Esta es la cuadra de aquella Venus mía, Palas Diosa, parece que no reposa, porque veo la centella del cuidado, con que escribe válga me Dios, si no indica en mi favor, vivifica el recelo, que en mí vive, mas no, como puedeser, que cuando me tienen preso, quepa tan notable exceso, en tan honrada mujer? Ya de puro fatigada, con el papel en las manos, sus despojos soberanos ha entregado a la almollada. Lo que ha escrito en el papel verlo tengo; de manera, que llegue a ser la postrera prueba: dice, pues en él. Esposo, que bien empieza. Preso mío, mi dolor está aumentando mi amor: bien haya tanta firmeza. Llega mi cuidado a estar, en puntos de ver la muerte: hay más venturosa suerte! ya no hay más que averiguar. Pero porque no suceda desastre más singular, la daga le he de dejar, porque defender se pueda, y porque entienda el pincel, que he dibujado de honor, confinezas de mi amor le tengo escribir en él. . Ya queda bien retratado el advertimiento aquí, prevención, que se hace así, es correo adelantado. Voyme antes que de pierte a mi prisión, que no es justo darle otro mayor disgusto, pues gloria se me convierte. No se, que pesado sueño he tenido: en este instante soñaba estaba delante de mi querido, y mi dueño. Al de mí! que en el busete esta daga me han dejado, aún es mayor mi cuidado, porque veo en mi retrete el papel, que yo escrib? con otra letras mi Dios, desdichas de dos endos se me encuentran, ay de mí! si es de mi esposo la letra? si, lo que escribó, ver quiero: dolor tan terrible, y fiero el corazón me penetra. La que con cuidado se halla, si se duerme, aquí le queda el desagravio mayor en la daga, y estas letras. Cómo ha podido venir mi esposo? No: mas que dudo? quien esto ha hecho, bien pudo la libertad prevenir. Precogámonos potencias, sin dormir, con tal consejo, pues veo, como en espejo, presentes a las ausencias. Si en mi vida temor tuve le tengo ahora, desuerte, que parece que convierte, en sombras la opuesta nube, que en opaca arquitectura, pronóstica tempestad. Pues, señor, la claridad con siste de tu ventura en esta noche, gozarla puedes tan seguro, y quieto, que no has de estar te prometo una hora sin alcanzarla. Aquesta ocasión es buena, y aunque de traidor me llamen, por dos partes, mi dictamen a que muera le condena. Qué es lo que a tus solas hablas? que inconvenientes se ofrecen? Señor, que es justo se empiecen las ocasiones que entablas: No se ha dispuesto, que muera; Don Francisco, averiguando con testigos, que en entrando en la corre, salió fuera a darte muerte atrevido? Pues acaba de una vez, que para eso eres Juez, y estás, señor, ofendido. Procuraré asegurarlo, para darle, que es injusto, que yo ande tras su gusto, sinque deje de mandarlo. Ya he dado orden en secreto, que a Don Francisco lo maten, muertos los dos, de que traten haré concibido efecto, que por ser libertador de la Patria Duque lea, y todo el Reino posea, como absoluto señor. El hablar contigo mismo, me da sospechas: si vienes conmigo, di como tienes a tus solas tanto abismo? Consideración que hago de temor me tiene así, y no quisiera, que en ti suce diera algún estrago. Con tu grande cobardía has quitado mi temor, ven conmigo, que señor antes que amanezca el día de esta tirana he de ser. Ya es tiempo, muere atrevido, que así paga quien ha sido tan feliz en ofender. Jesús: ah traidor ! espera; infame, que has hecho? aguarda; muerto soy, ha de mi guarda, hay quien me mate a esta fiera? Quién da voces en mi puerta? Qué es aquesto? . Rodrigo, padre, señor, deudo, amigo, tu Duque soy. . Encubierta tal traición quien ha tenido? Un ingrato, un desleal, uno a quien hice mi igual, un amigo fementido. Levanta, señor, del suelo. Yo muero, no puedo más, ha ingrato Don Nicolas! cómo te consiente el cielo? Esta es la mayor crueldada Prodigios son soberanos. Quien tuviera en estas manos un rayo! ay mi Dios! piedad os pido, que no es razón, que yo deje de imitar a vuestro hijo, y confesar, dando a un ingrato perdón. Vasallos, supuesto muero, escarmentad, que el que vive del modo que yo, recibe estos premios; verdadero Don Rodrigo amigo mío, perdón te pido, y que seas uno de mis Albaceas, como de ti lo confío. Gerónima, si pequé contra Dios, y contra ti, perdóname, Duque fui, otro Duque restauré, y este tu esposo será, si acaso no hubiere muerto, hablar no puedo, que abierto tengo todo el pecho ya, Dios mío, misericordia, Jesús, María! Murió, pues tan mal se gobernó, digno es de eterna memoria, hágase su enterramiento. . Duque Don Francisco sea, . Yo pagaré tanto amor, viva el Duque. Habrá quien crea tal gozo entre tal tormento? De la torre me han sacado, y sin prisión me han traído, que puede haber sucedido? Lo que suele. . Hijo amado, ya se detuvo la rueda. de tus desdichas, cesó todo el daño, y se llegó un sumo bien. Porque pueda darles crédiro a los ojos, que ha sucédico? Repara, y verás la verdad clara, en quien causó tus enojos. Sábese del agresor, quién es? Es Don Nicolas. Basta, no me digas más. Cumplió el Duque tú señor su obligación, y excetiva demostró su voluntad, Duque te hizo su amistad. . Viva el Duque, el Duque viva. Pues yo el primero obedezco, y beso tus lustres plantas. Mucho mi humildad levantas. Si en obedecer ofrezco de finezas nuevos modos, toda amor, los pies te pido. Pues esto el cielo ha querido, las gracias le demos todos. Cómo podré yo faltar a obediencia tan gustosa? siendo padrino al momento, Ana, de tu casamiento. Callando estimo el favor. Mi lacinta, ya los duelos se han acabado, mi Duca te hago, pues no trabuca ninguno a mi amor con celos. El pez soy de tu garlito. Pues mi señor un Ducado a mi señora le ha dado, yo te daré un ducadito, Al salir de la Ciudad, el agresor escaparse quiso de todas las guardas, no pudo tanto, que al aire no diese sus diligencias, porque llegando al alcance hecho fue dos mil pedazos. Ay de mi desdicha grande. Dios su culpa ha castigado, Doña Juana, esos pesares los tomo a mi cargoyo. Llevad de aquí este cadaver, para que por él se hagan obsequias, y porque acabe el llanto, y empiece el victor, el deseo en esta parte os pide, que lo digáis la Traición en Propia Sangre,