Texto digital de La tragedia por los celos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Guillén de Castro y Bellvís
- Atribución estilometría
- Guillén de Castro y Bellvís Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La tragedia por los celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tragedia-por-los-celos-la.

LA TRAGEDIA POR LOS CELOS
JORNADA PRIMERA
p Abrate mareado la litera? ino Algo vengo cansada: Descansa aquí sentada, pues los que te acompañan quedan fuera: Si no es yo, que este pliego daré con tu licencia; JORNADA PRIMERA Si don Diego toda el alma con él se me alboroza: vuestro cuidado estimo: como queda mi primo? cuanto hay de este lugar a Zaragoza? Dos leguas, salud tiene el Rey tu esposo. Y dichas me previene. Por él, esa merced, ese cuidado, señora, estimar quiero; Su mayor Camarero ois, Guillen Vique, y su mayor privado. Hoy mi privanza empieza, pues me enplea en servir a vuestra Alteza y así ire a despacharle cierto aviso, de que a su esposa amada verá presto. Extremada discreción! Pone término preciso a todo lo posible: Retratadme su extremo, No es posible, porque desde el cabello, hasta la planta, apura perfeciones, y luego, en sus acciones da a las partes del alma beldad tanta que las del cuerpo entre ellas divinas son, y aún no parecen bellas, De lo majestuoso a lo suave, la admiración de un hilo: con tan notable estilo mezcla lo donairoso con lo grave. que parece engendrado, en su liberalidad su desenfado. Como si viera, al dalle tu embajada, tu imagen en mi pecho me dio un abrazo estrecho, y por premio después, la heroica espada de su lado eminente, que que fue con propiedad favor valiente. Mándome detener, para que viera on noa muestras de su alegría; hicelo, y aquel día obiverit hubo en el coso general carrera: y si yo te pintara la que el pasó, mi dicha examinara En un bello Alazan (pero no quiero detenerme a pintarlo. pues verás el caballo. supuesta la elección del caballero) que airoso en él, no dudo, que el móvil de los cielos parar pudo, Paseó la carrera, prevenciones fiando a fuerza airosa; y con flema briosa, del silencio alcanzando admiraciones, al Andaluz valiente rienda gira, abre pecho, afirma frente, Parte furioso, compasado bate bien toda, fuego brilla, y así el suelo martilla. nibelado entre freno, y hacicate, que en término sucinto leyes de la razón pone al instinto. Pasa, y llegando al fin, que no llegara más breve el pensamiento, suelta la capa al viento entre las falcas que interpone, para, y a un tiempo prevenido, saca el brazo, y levanta el alarido, Después, con más bizarras prevenciones de gentileza y gala, ocupan una sala las damas, que ocuparon mil balcones al dando sones festivos, lisonjas muertas a cuidados vivos, Formando así otra nueva maravilla ciionzunp todas, porque era justo una empaoq lisonjearte el gusto, ador A2 adornaron los trajes de Castilla con joyas tan brillantes, que sirvieron de espejos sus diamantes, Anduvo, entre belleza, y bizarría, atrevido el deseo: el común galanteo prestó a la libertad la cortesía, aplicando a las danzas, unas efetos, y otras esperanzas. Pero entre todas una, que infinita alabanza merece, pues preciosa parece, hasta en el nombre, es doña Margarita de Ijar, mujer bella, cielo breve, sol claro, amable estrella. Pedila arrodillado, que conmigo danzara, y como si prestara brío cortes desabrido enfado, se excusó en su tristeza, si perdido el color, no la belleza. n Mandó el Rey que saliera, y como a dueño le obedeció al instante, mostrando en el semblante enojo libre con piadoso ceño, y esparciendo despojos, llevo tras cada paso muchos ojos, Pero a los tres primeros, triste ensayo, habiendo parecido otro Faetón cuidado; perdió la fuerza, y esforzó el desmayo, y así en distancia breve, eló las brasas, y enfendió la nieve. El sarao se alborota, y otras damas llegan volando a ella; túrbase el Rey de bella verter los hielos, y encender las llamas, y yo admire el espanto de ver que puesto el sol luciese tanto. porque entre resplandores diferentes, hermo. hermoseando enojos, vi brotar por sus ojos lágrimas encendidas, que hechas fuentes, por camino tan bello, corrían a las ondas del cabello. Pues que fue, al ver acelerando entre ellas, un templado suspiro, con anhelante giro, abrir las puertas de sus luces bellas? no vio alegrando el mundo, iris tan bello nuestro Adan segundo. Alborotose el Rey, con pecho humano la levantó, y corrida, de enfadada atrevida, le dio los ojos, y le huyó la mano, y casi descompuesta, ciega la noche, seneció la fiesta. Lo que me han avisado fue sin duda. con causa estoy celosa; La fama es mentirosa: Esta vez, Blanca, ay Dios, parlera, y muda, mi pena solicita. don Diego, tan hermosa es Margarita? Es la misma beldad. Qué cuerdamente me aconsejan mis celos: si la hiciesen los cielos vuestra prenda? Una dicha tan valiente. llámara milagrosa; l Pues yo la haré, don Diego, vuestra esposa. Es muy tuyo el favor. A señor don Diego, somos por dicha, de los que llevan siempre la esperanza al hombro. Fue cortés cosa decirme, espera, que luego torno, y estarse, como caído en un rincón, o en un pozo? De esto sucede, que yo, atrevido a medio enojo, quise entrarme, y el portero me detiene riguroso. Clamo entonces la hidalguía y ya enojado del todo. (cho, hincho el bose, ensancho el pe respingo, reviento, y soplo una A3 un ala del corazón: escupo; y dile en un ojo; y al cuitado, si no muerto le dejo entre muerto, y roto. Y porque tú me perdones, señora a tus pies me postro o sabe que estos delitos yo mismo me los perdono. Quién es? Un truhán del Rey, que por estilo gustoso tiene, señora el mentir pero con galantes modos. Cómo te llamas? Godín sangre tengo de los Godos, y llámanme el Gitanillo: dírete el porque, y el como, si gustas. Yo, señora, que la habilidad abono de hiperbolizar caprichos revelantes, y sonoros, que es mentir, en buen romance, no halle tan seguro modo, como el ser busón, oficio descansado, y provechoso. Aprendilo, y dejé al Rey de mi estilo tan gustoso tros. que ya con licencia suya, puedo hablar, como hacen o- No diré quien son por no decir verdad, que es impropio en mí; por eso me llaman el Gitanillo: compongo ansí mi vida, y ansi siempre río, nunca lloro: doy gusto, entretengo brinco, bufonizo, y garipondio; Bien. V. Alteza es muy grave y si no da boto al soto, de limosna alguna risa a este mendigo gracioso, me obligará a que la haga cosquillas: Notable loco. Eso sí, descubra dientes, ya que no gorjee; da Es plomo mi cuidado, salios fuera; oye Blanca ay que celoso tengo el pecho. Ireme? Espera; Margarita yo te adoro. Godín, es hermosa dama doña Margarita? Y cómo. más bien lo sabe: Quién, quién? Nadie, nadie, el Rey tu esposo Quiérela bien? Y algo más: Galanteala? Más fondo tiene la historia, di más. Debela gusto amoroso? Di más: Amigablemente la trata? Mas otro poco: Que más, si ya con el Rey no está terribles enojos, no está casada en secreto? Eso, eso dicen todos? mas pues estás ya informada de que soy yo mentiroso, no lo creas, imagina ongo que lo invento y lo con Toma esta cadena: No haré tal, pues más gustoso de lo que gano, jamás lo que me presentan tomo: más venga, para tener que darte, porque no sordo oído a mis chismes des pues vengo a ser tan cismoso que pago a los que me escuchan levantar un testimonio. Toma, y oye Ay tal desdicha? habla de verás, ya oigo. Sabe que ya son vulgares los estilos amorosos del Rey, y de Margarita de cuya planta, un cogollo dicen que es ya de seis años: dicen más, niños, y locos, que el desmayo del sarao fue, porque siendo tu esposo el Rey, la estrujaba a ella los agraces en los ojos. Mas pues estás informada de que yo soy mentiroso cuerdamente no me creas, ni me descubras tampoco. Escucha, y dírete más. pero al buche me lo torno, que entran ya. Muerta de celos, la vida del alma acorto. Vique, disponed que luego me parta: Notable estorbo, será, que de no avisarle venga el Rey a quedar corto, no saliendo a recebirte. No importa: De algún enojo se previene: Por servirte, todo lo demás depongo. Blanca, yo podré remedio, y en la cordura el enojo: De tu pena tengo pena, De su enfado estoy dudoso; A mi Margárita llevo en el alma, y en los ojos. Vaste? Margarita, si es fuerza? Falso amante, injusto dueño, así me dejas? Así me mato yo mismo a mí. Suspender no se pudiera esa ejecución severa? No, no porque es dura ley la que justifica a un Rey Pluguiera a Dios no lo fuera, pues por ella a mi albedrío, entre lazos y venenos, siguiendo gustos ajenos, no me deja hacer el mío. Con que diferente brío fuera tuyo, que lo soy de la que esperando estoy pero mitiga el pesar, o acábeme de matar l cuando ves que a morir voy, Pues tenías obligado tu valor, entonces fuerte, a esta inexcusable suerte. a esté golpe tan pesado, como ahora violentado, A 4 del de la congoja al despecho entre lágrimas deshecho el corazón, con tal calma haciendo de fuego el alma minas, revienta en el pecho? Entonces con luz, vencida alumbré sanos consejos, vi la muerte desde lejos, y prometerle la vida pude a ciegas, a tal vida: pero ahora, hay desdichada veo al corazón la espada, a la garganta el cordel; y la muerte, más cruel es vista, que imaginada. Señora, con tus razones flechas tiras, rayos llueves, mas pues pagas lo que debes de consuelos en pasiones, cruelmente te dispones turbando mis pensamientos, a matarme con tormentos, y los muchos que me das, en ti ya parecen más venganzas que sentimientos. Y si es esto, yo me allano déjame que en recompensa de que di el pecho a tu ofensa, dé a tu venganza la mano: matareme. Qué inhumano doterminar, que sebero! no, no señor, ser no quiero sobre desdichada esquiva, vive tú, vive, aunque viva yo sin ti, que por ti muero, Ya tardas señor: Ya estoy muerta, hay triste: Yo voy loco; adiós: Espera otro poco, Id Moncada, que ya voy, no puedo más tuyo soy, mide tus tiernos enojos por tan divinos despojos mira, . Infelice mujer, ay que pena: y podré ver mis ojos en otros ojos? Pues tantos años de amor te obligan, si ya perderme no quieres, manda ponerme entre paredes, señor. Donde morire mejor, ustificando desuíos, escondiendo desvaríos con el alma hecha pedazos, que viendo en ajenos brazos el bien que tuve en los míos? Ay Margárita, quien fuera, no un Rey, sino: Ya de ti murmuran: Oye, ay de mí? Corella ya voy, . Espera porque rabiando no muera. Usa de menor crueldad, que el dar con alma atrevida breve muerte a triste vida, es verdadera piedad: tenla de mí: El corazón rindo, ea; y pues te adoro, mi palabra, mi decoro rompe, atropella, depón mi Reino, busque Aragón otro otro Rey, vente conmigo a un monte. No Rey, no amigo, no señor, que mi tormento significa lo que siento. mas no sabe lo que digo. Vete, vete, vete a ser justo Rey, y fiel esposo; Ay de mí, tan riguroso despedir, es de temer, sin mí estoy Pues qué he de hacer, cuando con tan vario brío, que en cuanto yo le prevengo, me culpa, si te detengo, y te ofendo si te envío. Quieres que muera callando? yo lo haré. tt Señor, señor, no advierte, que tu valor de ti mismo está temblando? véncete a ti, que esperando estás? ya llega tu esposa: una pasión amorosa rinde el sabio corazón de un Rey, mira que es acción, iva a decir, vergonzosa. Perdóname: Sufro; y callo, porque debe en buena ley, tener por lisonja un Rey, la reprensión de un vasallo. ya de mi sentencia el fallo llegó; a Dios duros enojos, tan soberanos despojos me detienen, que no harán lenguas, son lenguas de imán lágrimas de tales ojos. ese nudo en tu garganta, mi bien, es lazo en mi cuello: Ya tu esposa; Qué es aquellos Llega a palacio: Que tanta pena no me acabe, espanta Fortuna, cruel estas, pues por instantes me das golpes tan varios, y esquivos por quien con sones festivos clamorearon jamás. Ea, ea hay desdichada suerte, pues tal he quedado: llevadme, llevadme atado, Vique, Corella, Moncada, pues será menos pesada muerte, menos desconcierto y vencimiento más cierto, llevarme los tres con lazos de piedad, en vuestros brazos que irme yo en mis manos muer Señor; (to. Es fuerza el recato: Animate; Bien hacéis, ayudadme, pues podéis, ayudadme a ser ingrato, pues primero no me mato que dejar quien viendo estoy, mudo el labio, y muerto el gus a cielos, a honor injusto, alguna vez tras ti voy. A cruel, ya el nudo estrecho que en mi garganta tenía hecho la congoja mía con mi rabia se ha deshecho Así se paga un amor, así se aplica un consuelo: no tiene justicia el cielo? y yo y yo no tengo valor? vive Dios, Tu voces das, señora? Pierdo el sentido Hasta la puerta has salido de la sala, donde vas A que muera mi esperanza con muerte injusta, y sangrienta, a que publique mi afrenta mi desdicha; y mi desgracia. Estas loca? Adiós pluguiera, pues a estarlo (a suerte avara) aunque lo que ves pasara, lo que siento no sintiera. Ay Rey traidor, hay cuitada, Qué es lo que haces? Qué he de hacer? El juicio ha, de perder Es señor, ser desdichada, perdonad No huseis de tanto desdén, no señora mía, neguéis a la cortesía lo que prometéis al llanto. Pienso que sabéis quien soy, y esto supuesto, mirad que debo a vuestra piedad la sangre que a mí me doy. Y si un corazón deshecho alentase vuestra calma entre pedazos, el alma me la sácara del pecho. Y no es grande esta fineza en mí, que animando el ser, dos veces os vi crecer con el llanto la belleza Ya se vuestra calidad, y justo agradecimiento doy al noble ofrecimiento de vuestra cortés piedad más perdonad, si obligada de mi pena, y de mi miedo señor, deciros no puedo. mas de que soy desdichada Cielos, tras haberla oído decir con llanto y dolor, una vez, a Rey traidor, decirme (pierdo el sentido) ahora, en llanto deshecha, dos veces que es desdichada, que será en razón fundada; doy la duda a la sospecha. Honra en ella mal segura, me señala, cielo santo, su llanto, y también su llanto da más fuerza a su hermosura. De suerte, que a un mismo peso. un mismo yerro me obliga, a que la huya y la siga: que haré, pues estoy sin seso Tan contrapuesto rigor confusamente prevengo? soy honrado, y amor tengo, soy amante, y tengo honor. Mas estas dudas y enojos suspenderé, hasta que vea deshacer nube tan fea al sol de tan bellos ojos. En la cara el corazón trae la Reina: Hase enojado? Anduvo el Rey descuidado, Siempre es ciega la pasión. Re Parece que descontento trae Vuestra Alteza? Y qué grave, vuestra Alteza no lo sabe? Mejor que lo sé lo siento: (los, Desposados de Hornachue. Rey y Reina propiamente, parecen: Diversamente, el tiene amor, y ella celos. Siempre estaré temeroso, hasta quedar disculpado: Ser cortés tan descuidado, quien es tan rediente esposo; no es desdén poco siniestro. o para desdicha mía, M. cuidado ajeno sería; quizá sin descuido vuestro. Qué decís? Y si esto es, hizo bien, si a puros lazos, quien os detuno en los brazos os puso plomo en los pies. En el presumir que ha sido mi culpa ajeno cuidado, pensamiento disculpado habéis, señora, tenido, tanto, que llega a ser bueno en vos, y de buena ley porque el cuidado del Rey, siempre, aunque suyo es ajeno. Mas no quedáis discul Sada del aven puesto en mi fe tanta duda; porque fue malicia en vos declarada. Y así, con justos recelos, temer el fin me convienes de un casamiento que tiene tan al principio los celos, Di, que ha sido el querer verte la Reina? Sin mí me atrevo el llanto en los ojos llevo; y está en el alma la muerte. Que será el haber mandado llamarme la Reina? Ay cielo! a que vienen, que recelo me sobresalta el cuidado Oh pesía a tal, no lo ves? Qué he de ver? miubaemlos Esto que pasa: ya está cabal esta vasa, porque es el juego entre tres. Ya a los pies de Vl Alteza, como me ordenan, señora, estoy, no merecedora de besallos, Gran belleza; pero tú la tratas mal; pues señalas que has llorado, y lloras, algún cuidado te aflige, será mortal. Costumbre propia es llorar una dicha mal segura. Pensión es dela hermosura, mas yo la quiero excusar: levanta, si es que mi esposo me da licencia: Qué ordena? Ay tal desdicha? Ay tal pena? Muerta estoy: Estoy dudoso. Pero supuesto que no me la da, y con lengua muda me responde, mientras duda podré tomármela yo Señora, Soy desdichado, l Oy de Hay más que me suceda? Don Diego de Melo hereda en Portugal grande estado, y es mi cercano pariente: Hónrame así . Alteza: Pareciole tu belleza, con razón, divinamente, Prometile, que te haría su esposa, y aslo de ser, porque ya no he de tener colmadamente alegría en mi boda, sin que efecto tenga primero la vuestra Acábose, dientes muestra la Reina: El Rey es discreto, Señora, para tan corta dicha, tanta brevedad? El casarse es voluntad, y no fuerza, Poco importa. Dale la mano; Mas vale lo que, llasrend Dudas? Qué he de hacer? Quién se puede resolver tan presto a cosa tan grave? Cuerdo es don Diego, procede como cortés: Vuestra pasión no lo es, pues se declara tan presto. Es hija de vuestro enfado, y de mi pena también, don Diego conmigo ven, A morir en mi cuidado. Ya esta ofensa es, siendo mía por descortés, desdichada, Será la primer casada que lo advierte al primer día. Qué desabrido morir: Qué pesadumbre tan grave; Con vueltas cierra esta llave, difícil será de abrir. Idos, y dejadme sola; Margarita: Ay tal rigor! Celos tiene, y lo peor de los celos es la cola. Margárita ten sosiego, no te aflijas: Muerta soy, que un cuerpo de sangre soy, aunque con alma de fuego. Sé que el Rey te adora a ti con vínculos de amistad, no te turbes, di verdad; no receles, verdad di: que tú no me has ofendido, claro está; pues en tu intento, tu culpa a mi casamiento, tan antecedente ha sido. Di que hay en esto, y advierte, que en mi hallarás prevenida, si dices verdad, mi vida, y si mentira tu muerte. Señora escucha, pues mandas que desdichas y verdades salgan de mí tan valientes, como estuvieron cobardes. Y perdóname, si dando a congojas libertades, en tus respetos tropiezan. y en mis desuenturas caen. Porque yo entre tantas penas, porque porque yo entre tantos males, que son, porque fueron míos, ya valientes, ya tan grandes; Estoy turbada, y confusa, Si M clamando al cielo en el aire, como el que se arroja al mar porque se abrasa la nave. Como el que todas las puertas de la casa que se cae, ve impedidas, y se arroja, por la ventana a la calle. Como el que se ve cercado, y opreso por todas partes, que a los mismos que le hieren les convida a que le maten. Y como mujer, al fin, que se rinde, porque sabe que en ella misma castigan los agravios que le hacen. La Reina doña Leonor de Aragón, felice madre del Rey, que en tus brazos goce eternas felicidades. Me crió desde tan niña que no es posible acordarme de que entonces era en mí solo de leche la sangre. in Dando causa a estos extremos ser yo nieta de un Infante de Aragón, y honrar mi casa con parentesco tan grande. Tu esposo aún no Rey entoces y yo, compitiendo edades en dos inocentes almas, unimos un gusto amable. Tanto, que admiraba el ver en nosotros, siempre iguales, sobre apetitos pueriles, amorosos disparares. Estas ternezas, por niñas, aunque en algunos llegasen a pronosticar el daño, se aplicaron al donaire. Pero al peso de los días crecieron las voluntades, aunque, si en ser conformes, no en la prudencia iguales; Pues el daba por rendirme a mis recatos combates, y yo para defenderme es forzaba el recatarme. Mas ay Dios, como el seguía amorosas libertades, cuanto más hallaba en mí resistencias importantes, tanto se esforzaban más sus deseos, sus pesares; fiando a escándalos libres piadosas facilidades. Las noches en el terrero, adonde le hoy quejarse con suspiros, animados de sufrimientos cobardes. Los días por las campañas, por no alborotar las calles con voces, que hasta los, cielos se subían por los aires. Así entre el Sol y la Luna dividía palpitantes quejas, que escuchaba yo con el alma, media parte de la suya: esta inquietud adivinaron sus padres, viendo en su color perdida su salud poco constante. Quisieron, ansí pudieran, con prevenille, curarle; mas no bien, piadosamente, se curan heridas grandes. Y así importó el repreederle, sola. g solamente para dalle a la esperanza más fuego, y al pensamiento más aire. Previno esfuerzo mayor con más brío; dio señales de loco en las amenazas, y de cuerdo en las piedades. Descompuso diligencias, busco medios, llegó a trances, que por descubrir extremos emprendió temeridades, Juntó el amor al poder, omo y tuvo en mí; de su parte up el corazón, que del pecho le rindió todas las llaves, Pues, de resistir cansada, contrarios tan vigilantes, y así mismo, que fue más, al penúltimo combate, que fue darme en un papel, fe, y palabra de casarse conmigo hay Dios, quedé yo, tan rendida, tan cobarde: (con que vergüenza lo digo) que en dando a mi falso amante el primer favor, después d él ninguno pudo negarle. Duró nuestro amor doce años para que del resultase al mundo una prenda suya, que ya tiene diez cabales. Mas ni estas obligaciones, ni otras muchas, fueron parte en mis entrañas exentas, y en sus ojos memorables. Con lágrimas de los míos, quuo para que no efetuase su casamiento contigo, dando por excusa fácil el ser Rey, y no poder eximirse, ni excusarse de seguir el común gusto de sus vasallos leales. Mienrras se anduvo en el trato. fue fácil cosa engañarme, con dudas en el suceso, y en el engaño crueldades. Mas cuando supe (perdona que venías a casarte, con quien en fe de mi esposo, se preció de ser mi amante Tomé el cielo con los dientes preste al Sol escuridades, de fuego arrojé sus piros lágrimas llore de sangre Injuriele por injusto, despreciele por mudable, pedile por piadoso, suplíquele por lo grave; que para que al mundo fuese mi afrenta menos infame, me encerrase entre paredes, o entre aceros me matase. No quiso, para extremar contra mi rigores tales ni olvidarme, ni quererme, ni esconderme, ni matarme. Ansí yo, viendo que en mí no hay ya paciencia que baste, tormento que no me aflija y pena que no me acabe, Puesta a tus pies, de tus manos me fío, guardarme sabe, si es que del Rey celos tienes, que te importa que me guardes. Envíame a un monasterio, o ponme, señora en parte, donde, ni aún resquicios solos den sol a mis soledades. Aunque pues ves mis congojas, cuan cuan justas son, y pues sabes, cuanto tienen mis desdichas de crueles, y de infames. Mas generosa piedad será en ti para excusarte de que mis culpas te ofendan. que tus castigos me maten. Levanta, no te congojes no te aflijas, que me partes el alma, pudiendo más, que ofenderme, lastimarme. Dónde está tu hijo? El Rey, señora, lo sabe, que aún ese consuelo mío gustó siempre de negarme. Margarita cobra aliento y advierte, que el confiarte de mí alentando congojas, para decirme verdades. Me ha obligado sumamente; y así para asegurarme, no pretendo entre paredes esconderte, ni encerrarte. En mi casa he de tenerte, y a mi lado, pues no hay parte donde más segura estés del Rey y sus libertades. Tú has de ser privanza mía, con palabra de allanarte a cualquiera gusto tuyo seberás dificultades. Mi compañera has de ser, tan conformes, tan iguales tú, y yo, en todas las acciones, que unas a otras se llamen. Pero advierte, que si tratas de proceder como de antes con el Rey, te juro al cielo, que mis pensamientos sabe, que yo con mis proprias manos cruelmente he de matarte, aunque después ofendido (gres mezcle el Rey nuestras dos san Señora, tanto me obligas, que a morir puedo obligarme por no ofenderte, y así no me atrevo a suplicarte. Comienza a ser alma mía; Esclava tuya me haces: Qué remedio tan dichoso, Que desventura tan grande. JORNADA
JORNADA SEGUNDA
Qué pena, que sentimiento tan cruel! Aquí sentado descansa. No es mi cuidado para tomarle de asiento. Dejadme con sus porfías. pues no importa a mi pasión, que los que tan míos son entiendan flaquezas mías Aunque en Nápoles, respetos me perdían mis pasiones, amorosas las acciones de la guerra, y los efetos de mis pasadas memorias, los pensamientos vencian, y mis penas divertían al paso de mis victorias. Pero ha un año que volví, y en todo él, como ahora, estoy tal, que cada hora es un siglo para mí Has visto tanto papel, que te has melancolizado, mas: Ese injusto cuidado, nunca excuso, aunque es cruel porque obligación primera, es de un Rey, y no excusalla debe, aunque en propia batalla de otros pensamientos muera. Vique, aquellos memoriales que decretados dejé, dad a sus dueños: SE GUNDA Haré lo que mandas. Son mortales mis ansias, y tú, Corella. a la causa de mi agravio. dile mi mal como sabio, vence en mi nombre mi estrella Lo que tratado tenemos le di amigo, no lo harás? Mis diligencias verás competir con mis extremos Para salir a campaña ten prevenido: Ire luego señor. Ve, Viste, don Diego, pena en un Rey tan extraña. en quien pudo verse, en quien Con lástima maravilla: , Llega llega aquella silla. pero en ninguna estoy bien; porque todas tienen fuego para mí de ansia amorosa: don Diego, no es muy hermosa Margarita, di don Diego? Si no un cielo, señor, es una celestial figura, que muchos cielos apura, desde el cabello a los pies. No te tuvo muy rendida el alma? Si me atreviera a tu respeto, dijera, No importapor vida mía: pues pues tal vez, la simpatia del gusto, engendra amistad, supuesto que la lealtad se interponga a la osadía. Conjurado de esa suerte, diré, que cuando sin mí con su desmayo la vi, dando belleza a la muerte, quedé tan inpasionado. que aunque después, a la nube de su bello sol, estuve de mi sospecha avisado Pienso, temblando, al temor, que a no hallar contrariedad de tu gusto en mi lealtad, atropellara mi honor. Pues ahora mi fe altiva, aunque en tu decoro veo muerto a mi amante deseo; doy inclinación tan viva que salvando en su quererla mi honor todo cuanto en mí no fuera ofenderte a ti, fuera cierto hacer por ella. Oh cuanto me has obligado, Hechura soy de tus pies; Eres, al fin Portugues, en lo tierno, y en lo honrado, Don Diego, que prevenciones haré, pues la Reina; a cielos, de Margárita los celos convierte en obligaciones, siendo toda su privanza, dándola todo su ser? que extraño modo de hacer infelice mi esperanza: Pues ella, tanto previene esta obligación, que en calma, aunque me tiene en el alma, deja la que a mí me tiene. He sabido, que mi esposa, en que sea tuya insiste a Margarita: Y no supiste que es por constante dichosa mi lealtad? Todo lo sé, y en su confianza, quiero que seas tú mi tercero; oye Tu esclavo seré. A la sombra de tu amor; pues la Reina lo consiente; procura industriosamente darle este papel: lin Señor. (mo Calla: ay Dios! notable estre de la Reina: hay mis despojos bellos, el sol que en tus ojos estoy adorando temo. Sabe el cielo, que corrida voy a esto; Ve contenta: Pues mi disimulo aumenta mi dolor, y te perdida. Verás lo que fío ahora de ti, pues a verle vengo contigo: ento El alma prevengo para esa merced, señora. En los ojos la he de ver si es cómplice en los amores que alienta el Rey son traidores los celos, y soy mujer. Blanca ayúdame a mirar lo que sabes: Ya te asisto advertida. Quién ha visto, ionoll con favorecer matar? Gran visita caso nuevo. de aquí acecho que habrá sido, ya parece el Rey marido de dos yemas, como huevo: Tanto puede la tristeza en vuestra Alreza, señor; Es costumbre, es puro humor de propia naturaleza: pero vuestra Alteza es parte a vencerla. Mi advertencia, no perdona diligencia ninguna para alegrarte. Rey mío, y así he venido con mis damas. Un cabello tuyo bastara, Lo bello, do; cuando es mucho, es más lucí sola una planta, no apura los deleites de un jardín, que la variedad, en fin, es alma de la hermosura. Con esta ocasión, despojos daré a tan inútil calma: Con rayos de fuego; el alma me está volviendo los ojos, mas no podrá. Qué prevista es Margárita, que cuerda; no da lugar que se pierda solo un rayo de su vista. Al fin. Rey, te divertiste con mirarla? que pesar No lo hiciera, a no tomar la licencia que me diste. Y que descompuestamente la tomas, que desventura. Por Dios que la miradura anda cobarde, y valiente, salir quiero a despartilla. Es infelice mi estado: De Margarita el cuidado, es extremo, Es maravilla. Qué hay Godín? Mucho por Dios, pues nueva ley nos previene, de que el marido que tiene una mujer, tenga dos; con tal, que a ninguna dé lugar de traelle suegra, si con esto no se alegra el Rey, no sé yo con que: Malicioso picaron. Si me aseguran los cielos que ninguna tenga celos, causa de alegrarme son. Qué poco amor te tuvieran sin celos. Mas me obligaran, Y sin tenerlos amaran, dichosas mujeres fueran. Los amorosos desuelos, siempre, para ser valientes, son hijos intercedentes de la envidia, y de los celos. por celos y envidia, en mí dos grandes sucesos mira. Dilos, Alguna mentira será tuya. Creo que sí. ir En Nápoles, donde estaba yo tan galán como el Sol, y a caballero Español, holja, porque engañaba. Un O Col l Un día, esperando el fallo de una dama, y por buscarle, paseándole la calle en un botador caballo, la vide, que en la ventana leyendo estaba un papel, y como indicio con el me dio de ser casquivana, quise saber su cautela, y al saludarla, no en vano, séñalo al Napolitano con la vara, y con la espuela; el voto, y tanto subí con el ypogrifo en pie, que a emparejarle llegué, y medio papel leí Mas no viendo la verdad entera, al volver un salto, vi en el caballo tan alto, que leí la otra mitad: con que quedé satisfecho de los celos que tenía, y ella vio la bizarría de mi brío, y de mi pecho. Hay mentira tan extraña? Buen pícaro, ella no Es socarrón: De envidia, en otra ocasión, hice otra notable hazaña. Dos noches más adelante, viendo en un festín de fama danzar con la misma dama un hombre medio gigante, túvele envidia; y después, yo al danzar, mal satisfecho de ver tan menor el rrecho de mi cabeza a mis pies, esfórceme, y al compás de mi ligereza rara, dance con ella, una vara S alto del suelo, y aún más. Como a tu despejo añades mentiras tan extremadas? Porque después de inventadas; pienso que fueron verdades. Qué divertido, que ciego mira el Rey a Margarita; celosa estoy, infinita es mi pena, soy de fuego. Vete, vete, que aunque abono lo que en tu lealtad merezco, tus recatos agradezco, y mis celos no perdono. Mira mucho tu belleza mi esposo y yo moriré de congoja: Voy, y haré lo que manda vuestra Alteza. uir Mucho el mal en el semblan se te parece encendido, te, color tuviste, y perdido le tienes ya. No es constante mi salud. Mide el desuelo, haz cama, el cuidado emplea: De campo quiero que sea, que tenga por cielo el cielo, porque mi melancolía anchuras pide. Está ya prevenido? Ya lo está: Aunque tan a costa mía, quieres que mande volver a Margarita? Qué enfado? y obrinón soy marido desdichado, Soy osel dida mujer. toago s B2 Brávamente se inquieta la Reina: El Rey va perdido Algún demonio atrevido entre los dos se entremeta. Blanca escucha, vete Elvira: No estés, señora, tan triste, Blanca, pues mis celos viste por mis desuenturas mira. Disponte; acecha, y verás, si al Rey, que la solicita, corresponde Margarita con el aliento no más. Pues el día que aperciba que es en mi ofensa culpada, pues ve que soy desdichada, iera que soy vengativa. No te descuides, No haré, pues cuanto estoy envidiosa de su privanza, curiosa para su daño seré. Pequeñas culpas verán hechas gigantes mis ojos en ella: Pues mis enojos son celos, muerte serán. Si hallare a don Jimen Perez Corella? siempre encantado cuando vengo, y cuando voy, me parece este palabio. Bueno es el vejetes donde honrado viejo? Buscando anv voy quien me haga favores, y halle quien me dice agravios. Qué agravios? Llamarme viejo, que fue, y en tiempo tan malo que el honrado majadero parece llamarme honrado: que ha sido. Humor tiene el hombre. De cierto negocio trato: Con quién? Con don Jimen Perez Corella, y quisiera hablarlo. Mal venís, porque esto es embocaderque del cuarto. Y vos? Portero: Portero? q Portero: aveislo soñado? Portero; y tan pocas barbas? Más aderto hay otros cuatro, que como por gradas, son unos más que otros barbados: tanto, que el postrero llega con la barba al suelo, y cuando sale la Reina, él va barriendo de paso en paso, lo que pisan sus chapines, con ella. O Tendréis ogaño gran cosecha de mentiras, a quien yo aborrezco tanto, dejadas. n Esto es verdad: Sea, o no sea, guiando me id, por Dios, para que pueda hablar con este privado del Rey, porque esta gran casa, que en Valencia llamahos el Real, tiene más piezas que días hay en el año, y siempre en ella me pierdo, siendo siendo para mi otro tanto que el laberinto de Creta. El vejete es extremado: pues algunos aposentos, que no habéis visto milagros) esconden, el uno de ellos, esparcido, y triangulado, donde el Rey por las mañanas suele lavarse las manos. Tiene una fuente, que surte en una Venus de mármol, por cuantas partes resuella, y evacua un cuerpo humano. De diamante es su cabeza, de cárbunco son los rayos, de sus cabellos, zafiros son sus ojos, de topacio sus pechos, sus largas uñas de oro, y crecen tanto, que la vi arañar la Luna con solo alargar el brazo Callad, callad, vive Dios; Jesús, que mentir extraño, dejadme pues: Escuchad lo que este edificio extraño tiene más, en cada dama tiene del cielo un milagro. Hay una, cuyos cabellos le llegan a los zapatos, y los enfiesa, y entiza como una cola de pavo; con que arrojando coetes, llega al Sol de cuado en cuan- otra hay, que canta ran bien, do. que un jumento, que en el prado pacia, la oyó, y cortiendo, gruñendo, y orejeando, esa escalera subía por oírla. Hy otro bravo extremo en otra, tan bellos los ojos tiene, y tan claros, que en un aposento a escuras, si los abre, ira alumbrando como una antorcha. Esa dama, mejor era para gato. Ay dueña que se santigua con el pie, ved qué retablo será en cueros. Calla hombre, que me estoy desbautizando. de oírte tantas mentiras: no vi tal habiendo andado medio mundo. Tú no diste, con ser viejo, tantos pasos como yo por todo el mundo. Eso no, yo vi los campos de África, Alemania, y Flandes, Italia, y he navegado todos los mares. v yo si lob Yo estuve en el Ártico, y Antártico, tan cerca del Sol, que pude con el sombrero taparlo, y de lástima del mundo le dejé esparcir sus rayos. Jesús, Jesús; quién tal dijo? señores está borracho este hombre; por no escucharle no entraré más en palacio. Oídme otro poco: il Oh pesía mi linaje. dequí Espero un rato. Galindez, Señor, me está desvaneciendo, y matando B3 con con mentiras, No sabéis nuis zolo coí quién es? quey nono En la cuenta caigo, el es busón mentiroso; Eso mismo: Pues digamos de conformidad mentiras, supuesto que no las hago. Norabuena, Y esperadme en el corredor entrambos. Yo os enseñare a mentir buen viejo: De viejo abajo, cuanto quisiereis decid: Idme oyendo. Idme escuchando. Temo a la Reina, y si viene, que haré yo? Aunque la privanza soy del Rey, tal confianza en lo que la sirvo tiene, que sin sobresalto, y mucho, pues me ha mandado llamar, como suele, puedo hablar contigo aquí. Y yo que puedo, don Jimen Perez Corella, que me quieres? Qué piedad tengas del Rey, pues crueldad es tuya hallarte sin ella. Mira que pasa de un año que de Nápoles volvió, y en tus ojos solo vio despierto su desengaño. Mira, que de pena muere: Y quién la culpa ha tenido de esa desdicha? Él ha sido, claro está: Pues qué me quiere? Pues él fue tan poco sabio, que la trató como ajena, pase, como yo, su pena sienta, como yo mi agravio. Si encaminas tu rigor a castigo o a mudanza, eso en ti es justa venganza, y si no perdido amor. Yo a venganza, yo castigo? esperaré en recompensa, cuando en mi es favor, la ofensa de mí adorado enemigo. No Jimen Perez, más llanos pasos doy pero ya ves que grillos pone a mis pies, esposas pone en mis manos. Del todo me ha cautivado la Reina, y a mi juez, con mi palabra una una vez, y mil veces con su agrado. Qué hará? no será rigor de fe injusta, y suerte varia; al ser quien soy, ser contraria tantas veces a mi amor? Y que mayor desconcierto puede haber en propia ley, que estar por tu causa el Rey entre sus pesares muerto dejando tú de obligarte a valerle? Dices bien: calla, calla, que también soy en eso de tu parte: porque cuando vi que hacía la mansedumbre feroz, y en el metal de su voz noté noté su melencolía. Y cuando acortó en su enojo, vi, acosta de mi valor, trasponérsele el color, de lo pálido a lo rojo. Por alentarle la calma, por divertille el despecho, diera la sangre del pecho. diera la vida del alma. Pero hay Dios. Pues no procura ni piensa de aquí adelante, llevar, como ciego amante, despojos de tu hermosura, sino tal vez, por despojos, cuando se abrasa en tus ojos valerse de tus consuelos, consolarse con tus ojos. Dale lugar, sea suya tu piedad, pues en llegando a tenerle, en don Fernando verás una imagen tuya. En mi hijo, hay quien le diera un beso en cada suspiro, que tiernamente le miro con el alma, hay quien se viera: dónde estar Por cuenta mía corre su crianza: Y de velle, mi esperanza podrá lograrse; Podría. si al Rey das lugar. Ay Dios, 30l ese venturoso empleo, ya Jimen, ya le deseo, por mí misma, y por ros dos. Pero Blanca, Camarera de la Reina, es guarda mía, vigilante noche y día, S y el fiarme de ella, fuera peligroso atrevimiento, y sin su medio, ha de ser cosa imposible el poder lograr tan buen pensamiento, Quizá con las confianzas mías, porque tuyas son, dará a mi gusto ocasión, y paso a sus esperanzas. Déjame a mí, que con ella trate de esto; No osaré bello con dudosa fe, grande amor, y mala estrella, Mira bien; i Pierde cuidado: Ea amor, con fe constante muera en tu paz el amante, como en la guerra el soldado. Que bien lograda esperanza: Cuya? Cuya ser podía, siendo tuya, si no mía? Estimo tu confianza, por mi parte bien seguras qué cuidado te ha traido? Señora, el primero ha sido el que debo a tu hermosura; y luego, a que sepas cuanto, con luz ciega, y se constante, ama el Rey, pues más amante es que Rey: y aunque lo es tanto, para que así se prometa, que oculto lugar le des de ver su dama, y estés elo muda, pues eres discreta. Y de tu cordura arguyo, que harás tu valor piadoso porque porque el Rey es poderoso, y yo soy esclavo tuyo. Voyme que pasos oí, mas pues soy tan tuya, advierte que no puedo responderte otra cosa, si no sí Habla pues con Margarita, Si haré, avisando primero la Reina. . En ti considera mi confianza infinita, voy seguro. Almenos vas engañado en mis desuelos, pues de la Reina, a los celos, y a mi envidia debo más. Señora Amiga, tal vengo que no es mucho que señalen las colores que me salen, la gran vergüenza que tengo. Di, no lo dudes, que soy tuya. Escucha; ay cielo pero don Diego de Melo nos lo impide hasta después. Pienso que con él te envía un recado mi señora la Reina La pena ahora depongo en la cortesía Ya conozco el enfado con que soy recibido: pero a ser atrevido la Reina me ha enviado espera. . A mi tristeza le dais diverso nombre: Gran belleza! cómo estáis? mó Con perdida color de causa triste, que en el alma consiste. Señora, vuestra vida tenéis poco segura, hoy es gran enfermedad gran her mosura. Pero la que en vos veo aunque es tan rigurosa. es solo peligrosa para el común deseo, pues con gloriosas penas mata con propio ser vidas aje- nas. Bien mi experiencia mide sus divinos despojos, pues vos la huis los ojos, con qué flechas despide, y con todo es tan cierto que sin querer matarme me habéis muerto. Mas ay, que estoy diciendo. Si no es más el recado que la Reina os ha dado, decilda que lo entiendo, pero con nuevo brío vuelvo por vuestro honor, y por el mío Oídme, estuve loco, disculpa al haber sido traidor, otro sentido oíd, esperad un poco, dad a mi sentimiento, lo que os digo escuchad, no lo que otra cosa venía siento. a deciros agora, mas como en vos señora ostentó el alma mía tan divinos despojos vojos, de los di a la boca el impulso Y cuán. Y cuanto el los miraban; yva diciendo ella, porque cada centella de los vuestros, llegaba a poner en olvido lo que hiua a decir estoy perdido, otra vez me divierte el mismo extraño efeto, en vano me prometo el ser leal, y verte; estoy, pues nada es parte ha- por sacarme los ojos para blarte. Pero el semblante bajo, probaré si es posible, pasar con invencible tan peligroso atejo, dándote este billete de la Reina Mil dudas me promete; si en él, hay cielo santo, capítula el intento de este mi casamiento, que ella procura tanto. Advierte, que con ella no has de comunicarle: Injusta estrella. Un papel le dio ahora: Qué es esto? Ya, don Diego te esperan. Amor ciego, mi lealtad vencedora porque sirva de ejemplo, escrita en bronce colgaré en tú templo. n00 Oyes? . Señor. Mi Ángel bello; Perdóname No es razón perder ahora ocasión de tan hermoso cabello; déjame, pues la he buscado, gozalla Qué haré pues veo que me obliga tu deseo, y me mata tu cuidado. No temas, espera, advierte, yo no temo (estoy perdida) el peligro de la vida, porque soy la misma muerte: pero obligación tan mía en la Reina es mi enemigo, y que grande si contigo me viese; ay Dios, qué sería? Busca pues otro lugar donde te hable, o te vea, Si haré. Advierte que no sea esto temer, y engañar, mira que sin alma vengo a estar, de tu vista ausente. Y aunque peligrosamente ya le busco, y si le tengo, don Jimen Perez Corella te avisará? Puede ser, i Pero si puedes hacer felice en algo mi estrella, procura que tenga efeto ver a Fernando ese día, prenda tuya, y alma mía. No lo harás? Yo lo prometo: Dame la mano; Detente: Por que la huyes de mí? La Reina viene, Nací para motir tristemente. Válgame Dios, es antojo, o es cierto? Infelice soy. Mucho haré, mucho, si doy mi disimulo a mi enojo. Parece que en mi cabeza cayó un monte. Reina mía: Señor mío, no quería ir a caza vuestra Alteza? pero que necia razón dije, viendo en lo que pasa, que los cuartos de esta casa son sus bosques; que traición Señora, menos aceros en las palabras mostrad que yo vine, esto es verdad, a no partirme sin veros: que como os dejé enojada, me pareció que sería, no veros descortesía, antes de irme; Aay desdichada. Y para eso, convino, que Margarita: Qué siento? Para entrar en mi aposento os enseñara el camino? Vamos habláreos en él. Dáreos yo satisfacción: Mis celos mortales son, Y mis desdichas también. Y tú, entretanto, comienza a ver, aspira a pensar una mentira que dar, para velo a tu vergüenza. Que he de pedir, si no muerte para mi vida, pues veo que se pierde en mi deseo cuanto procuro en mi suerte: que una vez sola que ose atreverme a este suceso, me obligase: estoy sin seso; vivo sin alma, que haré? Aunque les pese he de entrar? Dejadle, da a su hermosura donaire: Bella criatura! Con la Reina quiero hablar. Si es algún Ángel que envía para consolarme el cielo? Esta es, daré al pañuelo el llanto, señora mía: qué tenéis que os da cuidado, hermoso niño? Señora: De qué lloráis? Lloro ahora, con rabia de haber llorado, que un hombre, solo de amor ha de llorar, y de rabia, que si es de otra cosa, agravia con su llanto su valor Ay que sal, que otra ocasión os obliga a tal despojó? Hijo soy de un pobre viejo de maldita condición, envíome por vino, fui, y al volver con otro niño, con quien de ordinario riño por cosas de honor, reñí: que hago, pues de aquí le agarro, y dan- vi y dándole con presteza con el jarro en la cabeza, vierto el vino, y quiebro el jar Temí, que de esto mohíno, (ro. mi padre, me azotaría, y pensé a quien pediría para el jarro, y para el vino. Apuré, que en buena ley, ningún hombre honrado abona el pedir a otra persona que no sea Reina, o Rey. Y así yo, porque en mi reina la altivez, en su lugar, no me quise sujetar menos que al Rey, o a la Reina Si es la Reina V. Alteza, deme dos reales, que yo se los volveré: Quién vio tal donaire, y tal belleza? consolando mis enojos. tanto alienta el alma mía, que lágrimas de alegría doy de mi pecho a mis ojos. De esta edad debe de ser mi Fernando, o quien le viera, que aunque estoy tal, me tuviera por venturosa mujer. Quién es vuestro padre? Mi amo es Galindez, un pobre hombre, y tómele yo su nombre, y Galindillo me llamo. Dónde esta? Junto al Mercado cintas clava; deme presto los dos reales, y deme por azotado. Tomad, eso no os aflija Es muy cruel el viejote; Decilde que no os azote, por señas de esta sortija, y volved a verme. Haré yo e lo que debo: Extremos tiene, el Rey con la Reina viene: No es ella la Reina? No. Con que vergüenza la espero Oh quién hablarla pudiese: Con un niño está, si fuese su hijo, de envidia muero. No siendo la Reina, clama mi engaño Oíd, cómo ansí? Señor Rey pague por mí esta sortija a esta dama: creyendo ser Reina, ahora de su mano la tomé pero ya, después que se que es la Reina esta señora que me engañó considero: y así por más que me haga caricias, si no la paga un Rey por mí, no la quiero: porque tengo por bajeza el recibir de persona que no tenga la corona de Aragón en la cabeza. Notable niño, a mis ojos llama sangre de mi pecho: Su extrañeza me confirma en la sospecha que tengo. Yo la pagaré por vos, dádsela a la Reina Un Reino va le esta prenda; Señora, con dártela me contento. Cuyo tan lindo rapaz es, Margarita? Del mismo supe, cuando aquí se entró, que era hijo de un buen viejo, que de su trabajo vive. Alguna desdicha temo, cómo vino aquí? Es un vivo azogue el rapaz travieso Tras él me voy, porque gasta lindo humor el vejezuelo. Con ciento, y aún más diamantes este os pago; demás de esto, mi Camarera mayor os hago: Los pies te beso, Pues le pagastes por mí ese diamante, derecho tendré a él. a otra merced que más valga, haceros quiero. Llegad Llegaré temblando. Paréceme que me quedo sin tener con que comprat jarro y vino, azotes llevo: mi padre es este Señor, con tan grande desconsuelo buscaba este hombre este niño, que me persuadio a traello donde le vieras. qo Cuyo es? No temáis, decid do Bueso; Es de Vi Alteza, y mío, Extremado cumplimiento, bien, sin licencia del Rey, honráis la Reina. Hombre, de buena fortuna quiero hacerle. Ay ojos bellos, a hurto me habláis? Pedazos del alma arrojo del pecho. Crialle quiero en palacio, Re maña podéis traello. Es gran merced. Vuestra Alteza le mande, porque le temo, que no me azote, No hará. Deme la mano, con eso voy seguro; Bien podéis. Pues mañana nos veremos, señora, y dírele entonces cuan con el alma la quiero, su enamorado he de ser; Si mi vida hay tal extremo! Vamos, que de aquí adelante grandes amigos seremos. Quédaos algo que mentir? Del gigante gatiluengo, el de la disforme, cara, una hazaña. tivas Id al Infierno a contalla señor mande, que no me mate mintiendo este demonio. Escuchad. Déjame hombre: pinia Lindo viejo. a quel niño: Tu Fernando es ha Ay Dios, por volver a bello daré. daré: Qué haces? Sin mí me llevaban mis deseos: volveré a verle? Pues no? De mi dicha no lo creo. En fin, al campo te vas? A divertir pensamientos: Mira no hierres los tiros, si es que los haces al vuelo. Adiós, tu cuidado estimo; Adiós, toma mi consejo; Margárita, no te vayas. Que de confusiones tengo: Aquel niño es el Infante don Fernando: Es cierto, es cierto? Es sin duda: En su peligro importa poner remedio, díreos lo que habéis de hacer, escuchad; Ya te obedezcó. Margárita, alza los ojos, que el ponerlos en el suelo, si es vergüenza, no es disculpa, ni fatisfacción, si es miedo de que hablabas con el Rey: di verdad, Señora harelo. Arrodillada quería pedirle, que sus deseos no fuesen agravios tuyos, y menguas mías, a esto saliste tú; Y que te dijo; no dices? Fáltole tiempo. No te dejó algún papel? No señora hay Dios. a . Verelo, pues tu perdido el color, tan turbada estás: Don Diego este me dio de tu parte: Engaño fue, yo he de bello. Esta letra no es del Rey? Sí señora: Pues qué es esto? Yo no lo sé, así tu vivas, que a mí, don Diego de Melo me le dio. R Todos me engañan, y al Rey sirven, ya lo veo; sola Blanca, Blanca sola me ha dicho verdad, reviento de pena? bien por mi vida. Dueño mío, yo se cierto, que si de la Reina a ti, no te obligaran respetos, dieras alivio a mi pena, dieras a mi mal remedio; pues nunca de amor tan grande salió vencedor el tiempo: Pero si quieres que viva un Rey tan tuyo, da esfuerzo a la ocasión que te doy, y si no, dame por muerto. Margarita yo: Señora; cho No me repliques: yo he he- en mi prevención milagros, y en tu confianza extremos, por obligarte; yo he dado a mis cuidados desuelos, por por adivinar en ti tus ocultos pensamientos. otra yo has sido en mi casa, cumplí mi palabra en esto; advierte tú si la tuya tiene cabal cumplimiento. o sino Señora; Calla, cho pues hasta aquí, cuanto has he te perdono; pero mira que si en tus mismos intentos no te enmiendas, Margarita, por última vez te advierto, que si con mi esposo ofendes tu lealtad, verás mi acero en mis agravios vengado, y en tu corazón sangriento Señora, No me hables, vete, y solo a decirte vuelvo, que no hagas tragedias tuyas los rigores de mis celos. . Buena me dejan mis males: a la Reina tengo miedo, al Rey tengo amor, a entrambos les di mi palabra, cielos quitadme la vida, cuando tal me hallo tal me veo. que en mis discursos deliro, y en mis desdichas tropiezo. JORNADA , r .
JORNADA TERCERA
Galindillo, noque uo Ya me estoy vistiendo: Hasta en la pereza sois, señor, honrada pieza: he de ir? acabad, Ya voy; 11b1 Ya conozco vuestras tretas: oigan, cual el rapagón sale, en calzas, y en jubón, los zaparos en chancletas. il Fuera fue mi madre, y no me los puedo yo calzar, calcémelos padre: Andar, imta luego hauré de hacerlo yo: ya os entiendo, bien podéis calzaros, mas sois amigo T ERCERA que os sirvan: Lo mismo digo gusto de ello; Bien hacéis, soñaisos Rey? No podría erlo padre? Calabaza n para vos, donosa traza n de Rey. IODEIMDIO Mi padre no iría? A dónde? A la vecindad, B011 y haga dos niños venir, que de ayudarme a vestir suelen hacerme amistad. Vestios vos, pléguete Dios, nora mala; que esto escucho? Para el padre, no era mucho hacer esto; Para vos será: vestios rapacillo: Tengo calambre en un dedo. No os vestís? Solo no puedo: Galindillo, Galindillo, tengamos la fiesta en paz. Mal me visto sin tener quien me sirva: Hay más que ver, que altivillo es el rapaz; tiene sangre de Corella, que es de Reyes: ya os ayudo, porque os quedaréis desnudo, según sois. Es cosa bella el ser servido, ya estoy contento. Lindo consuelo: que habéis pensado recelo, que vuestro criado soy enseñaos, cuerpo de tal, y vestios de aquí adelante, que no sois ningún Infante, ni persona principal. Esas locas gravedades, no son para gente pobre, oro imagináis el cobre, o que lindas necedades, Llega os pondré la ropilla, . negras horas os dé Dios, pues no me falta con vos cada día un prencilla. A las diez os levantáis, linda tronera, a fe mía. yo os madrugaré otro día, veréis que tanda lleváis; aprended, al diablo os doy. Ahora bien, aquesto heced, tomad la lanza, y traed aceite, que es Viernes hoy, y hemos de freir pescado Si ha de llevarme también hoy al Rey, será bien ira palacio aceitado; Oigan, ya se le ha metido una Reina en la barriga. Esto haced, y a esotro siga lo que Dios fuere servido; No quiero Afe si os agarro, que ha de andar la garatusa, tomad, y haced con la alcuza lo que hicistes con el jarro No haré porque es buen agüero ver el vino derramado, y no el aceite. Habéis dado, Llega os pondré la ropilla, . faltaos más, en hechicero, No sé si el Rey lo acierta, en querer que su hijo don Fernando sea públicamente, por quien es conocido, pues despierta mas la murmuración? Imaginando oñol toquiob que es cosa tan vulgar, y tan patente, y viendo que le ha visto en palacio la Reina, que desea tenell tenerle en su poder, para que vea que es su hijo, no estreme su condición, a quien con causa teme, Quiere con este efecto, que le tenga por suyo más respeto, y no excuse después el verle, fiera, con decir que no supo que lo era. Dice también el Rey, que habiendo de irse a Nápoles tan presto, a proseguir la guerra comenzada, quiere llevarse el niño, y prevenirse de velle bien criado, y bien dispuesto, dándole ejemplos vivos en su espada. Plega a Dios que lo acierte, mas yo callo, pues siempre en el vasallo ha de ser muda, y ciega la obediencia del Rey. Galindez, llega. 1. Aquí están, 2. Pues llegemos; Las cosas de la Corte son extremos. En mi casa, señor, tan buena gente? de hoy más quedará honrada; Ya ella lo está: Pesada pobreza en ella, es grande inconveniente, tiénela deslustrada, que en lo demíás, hidalgo por la vida, de sangre noble, Montañesa toda, en la cuna; en el trato, y en en la boda. Qué se ofrece señores? Bien la pintas: sno Hay mucho que gastar, vienen por cintas? Qué es de vuestro ahijado? Por aceite fue, y habrá deir por leña, harto, de mala gana, Rey se sueña. Y está de serlo un paso. El rapacejo tiene tiene bravo despejo, a todos manda a voces, una vez blandas, y otra vez feroces, y quiere ser servido hasta en la cama: Lo natural con vehemencia llama; Mirad que viene. Con que vergüenza vengo: Volviérase, por Dios, si no le tengo; porque arrojáis la alcuza? Muy bien hago, pues parecer no quiero e delante estos señores aceitero. Qué señoril amago! No decís que es agüero derramar el aceites Derramado aposta, no es agüero: Y mi pescado, llevarelo a freillo; dónde decid? por Dios de un rapacillo que ha de andar el azote tras vos. Mucho me obliga padre. Mal haya, amén, quien no os castiga; sois lindo picarote, despreciáis mi pobreza; Quitad: Denos la mano vuestra Alteza. Si burláis, si hacéis risa cp de mi estado y bajeza. onsl olondito sabed, pues os lo advierto, que yo no sufro burlas: edinamemo Esto es cierto. Del magnánimo Alfonso sois hechura: Del Rey sois hijo; Viose tal ventura! siempre le tuve yo por hijo vuestro, mas mas no del Rey; Lo que es verdad os muestro. Entre dudas me veo, pero ya no lo dudo, ya lo creo. porque nunca he creido, nnas que en mi fuera posible haber nacido de tan bajos despojos. Ya vierto el alegría por los ojos. Vamos, veré a mi padre; 1. A caza es ido: Mientras vuelve; en mi casa entreten ido estará vuestra Alteza, Y ahora daros quiero, llegad, los brazos. Oigan, que severo, parece autoridad tan prevenida de hombre que ha sido Rey toda su vida. Cómo se llama aquella dama hermosa que me dio la sortija, que es muy bella. Aunque en secreto, aquella es tu madre, señor, Notable cosa; yo guardaré secreto: cuando la podré ver? Quizá será esta noche: Alvorozado la esperaré, A señor, quién le ha criado, no merece, si quiera, que le mires Hasta el alma le quisiera dar, que no hubiera sido d. lla imob dichoso, si no fuera agradecido: veníos conmigo, con mi madre y todo; Tiernamente a servirte me acomodo. Quién vio en el mundo cosa semejante! 1. Plaza plaza; devo 2. Los coches del Infante. oaslorivojí esn Qué gallardo tiro, has muer. la garza al vuelo. (te Acertar quien viene triste, a matar parece infelice acierto. Quita esa escopeta, quita pues ya me da, como sabes, piedad por tierna infinita, cuando en el suelo la vi brotando sangre del pecho de arrepentido; sospecho que lágrimas resistí. Que pudo ser, imagino, ir, cuando al suelo cayó, a ver su consorte, y yo le atajé tan buen camino: porque aunque humilde, y ajena sea la causa; tal estoy, que con ella ejemplo doy, y lástimas a mi pena. Diviértere, iblicita el gusto; Vuelve en tu ser Y eso, amigo, puede ser, puede ser sin Margarita? Tu corneta, o tu vocina, toma señor; pero guarda de ponértela en la boca, huyendo de su fragancia las narices. Cómo ansí? Menos limpia está que estaba, por cierta cosa, que tiene extrañezas en la causa. Como mandaste, volví por ella, y a la tornada que en caballo venía, vi salir por esa falda del monte, un gran jabalí; tan colmilludo, que daba, como algunos a las frentes, a los paladares almas. Yo entonces, que tan perdido me vi, sin dardo, ni lanza, hícele un jesto, saquele la lengua, por Dios, tan larga. Espantose, huyó, seguile, y como no le alcanzaba, tomo la vocina, y tiro, y doile con fuerza tanta, por debajo de la cola, que media corneta incada, piensa por donde corría; y como tanto soplaba, recio por entrambas puertas, la delantera, y la falsa, sonó la vocina tanto, que tus monteros, que andaban esparcidos, corren, llegan, el jabalí despedazan: Y yo esta nueva te traigo, dudando, que tan bien causa el mensir, cuando se inventan, mentiras galantizadas, Esa es notable Es cruel. Basta ser mía: Fue brava. cino No ves don Diego de Melo, mira don Juan de Moncada, un Águila, que arrogante tiende a los vientos las alas. En las unas lleva, lleva una palómida blanca, que piedad tan prodigiosa, que rigurosa amenaza! Parece que está pidiendo contra la fuerza tirana, socorro el Águila muera, tiraldla tiralda todos, tiralda. Dame esa escopeta, y yo, para poder derribarla, hechas plomo, daré al fuego pedazos de las entrañas. Válgame Dios, que secreto esto incluye, qué señala? al levantar la cabeza cayó su sangre en mi cara: La valona ha salpicado. Y en mi pecho alborotado el corazón me revienta, el cabello me levanta; Ay cielo: Cómo si fuera racionalmente, bizarra echó la presa a tus pies, y pomposamente ufana hizo alto en aquel cerro. En efecto, grande causa promete, ve, ve a Valencia, que solo a tu confianza puedo yo fiar, don Diego, un cuidado tan del alma Ay mi Margarita: vete, revienta un caballo, vayan mis pensamintos contigo, que ellos te darán sus alas. Y si lo que ha tantos días que yo pronóstico, pasa, avisa. . . Por ti, y por mí, iré volando, descansa. Y yo al traslado inocente, de aquel sol, que helando hiela, de mis ojos a mi boca daré, entre penas, palabras. Amable avecilla, exenta de malicia, Reina es de las aves, a mis pies n depuso, herida, y sangrienta el Águila; si violenta desdicha, pena forzosa, pues será, siendo mi esposa Reina, que el Águila imita, la paloma Margarita, y que sin hiel, y que hermosa. Qué decís? decid, hablando me responded, pues entiendo que me hablara respondiendo quien supo hablarme callando y más cuando estoy mirando, que la sangrienta homicida de una inocente vida; porque el mal que pronostico no callaráis con el pico, os dio boca por la herida. Decid, que representáis su papel, que sangre escribe: vive Margarita, vive, o está cómo vos estáis? No me respondéis, calláis? pero son lances perdidos, pues turbados mis sentidos entre mis penas feroces, vuestra sangre dando voces de mis ojos hace oídos. Mas ay Dios, que es aquello, sin impulsos me hallo, Infelices es mi estrella, jimen Perez Corella plumas pone a los hierros de un caballo, de la silla se arroja, tal, que al golpe atrevido, mas Y yo al traslado inocente, mas que arrojado, pareció caído. . ay no! Alegra te señor, tu gusto es cierto. Por quererme alegrar me hubiera muerto: pues nunca breve nueva de embajador turbado; echa a la buena parte el desdichado Dila, dímela presto: Ya queda bien dispuesto, que tonme lin que te vea tu amante; nob, qto noigo Y qué tan mía? Dos horas antes que amanezca el día. En cerrando la noche irás con amorosa diligencia, de este campo de Lidia al de Valencia; u pues de mi acompañado solamente, lo demás de tu gente, posible no será que lo atribuya a sospecha, que en todos es tan tuya. calo Preben nuestra partida, y los brazos me da estuve sin vida muerto a las manos de un agüero triste, y tú, tú del pudiste sacarme tan en palmas; que ya vuelvo a vivir con muchas almas. Yo haré la prevención, tú al Sol espera que se esconda en su Ocaso: Ya en las reliquias de su luz me abraso. O quien tanta amistad con el tuviera, que con piadoso aliento incita su tardo movimiento, launoñod. o quién pudiera tanto, que a pura fuerza de valor y espanto, le hiciera, le obligara: a que se fuera, aunque jamás tornara Ay Dios que tiernamente mp milo voy acechando, y viendo, si atento a ser quien soy se va escondiendo; irme quiero acercando en su orizonte, y pues no vuelven su pesado coche, echarle encima el manto de la noche. C3 S Válgame Dios, quién canta? Dónde vas el Caballero, que la tu querida prenda donde vas, triste de ti, muerta es que yo la vi? Válgame Dios, quién canta? Dónde vas el Caballero, que la tu querida prenda donde vas, triste de ti, muerta es que yo la vi? Diéronla de puñaladas, trocó la grana, y la nieve Válgame Dios, quién canta? es de humana garganta obezadmo hab esta voz, o le da acentos fingidos donde vas, triste de ti, muerta es que yo la vi? este horror, que le pone en mis sentidos: no me dice que es muerta mi amada prenda, si mi muerte es cierta. Quién cantó, donde está, o para ser mías, entre peñascos huecos, prodigios son las bocas de los ecos. Diéronla de puñaladas, y de la muerte el buril en un cárdeno alcilí l trocó la grana, y la nieve l y de la muerte el buril, en un cárdeno alcilí lo Señor: aup alanool Hay suerte avara: que eisiaún novar Señor: soonso iomeopiad ol Aay desdichado: emaa osavn Cómo te has alargado tanto al monte? por poco no te hallara. Y no ves que me hallas oodagnp muerto. A Porque, señor, suspenso callas? No oiste aquella voz, mejor advierte. no miras, que mi muerte, como cisne que canta, i pronóstica con pasos de garganta, Señor, valor de un Rey, quien hay que crea que se rinda a las sombras de esa idea; No ves una villana, d que canta? escucha bien, sospecha es yana, Con todo: inanmia DOICIYA Mira que cantando viene? vov Llanto da, llanto llama, horror previene. in om Las andas que la previenen, cubiertas de tela negra, de Evano son, y Marfil. con una Cruz carmesí. Quién te puso en la boca voy oquia tarerya esas palabras? habla; anmoq ozemisiquaon Y que le toca ol avcanquemviso eso a eParre allá; tiene algún rastro de la ofensa suya? huir es buen consejo: es un tomance viejo, n del Rey don Pedro, y doña Inés de Castro. Así es verdad señor: acin on adided la supada Hay prenda bella; noco Huye el alma a tu agüero, oorgra ajona Estoy sin ella, pues nunca fue el temor menos extraño; servir de propio ejemplo ajeno daño Vamos? Donpeniolal nm De azogue soy en lo inquieto, ibazbno y de plomo en la pena, mnoo Ya convida la negra noche a tu amoroso efecto. Hasta ver a mi vida. viéndome en su belleza. dando a la confusión la ligereza, y al cuidado el sosiego, tan abrasante fuego daré a mi desatino, que brasas pisare por el camino. bunimo Noche para mí tan ciega, de tan conbarde, y extraño horror, que me anuncia el daño, y hasta el silencio me niega. Quien con tan hclado fuego, dio a su amorosa esperanza tan incierta confianza, tan desalado sosiego? milveces salí del lecho, y puse, al ruido incierta, los ojos en esta puerta, en esta ventana el pecho. (lla Desde ayer no hay en mi estre estrella que no me aflija: que brasas pisare por el camino. la piedra de esta sortija saltó sin tocar a ella. El espejo, ay que cruel desuentura, triste yo. no solo se me quebró, pero vi una muerte en él. Toda esta noche sentí aullar un perro, el graznido de una lechuza, en mí ha sidoa quien clamórea por mí. Y el Rey no vienc. a Fernando no he de ver, ay Ángel bello, desde la planta al cabello: pasos siento, estoy tenblando. que brasas pisare por el camino. pues no merecí jamás Margarita; ciega voy, no te pregunto porque estás así, pues ya se lo que esperas: none Muerta soy. d aoazurla Ya, ya lo veo: a traidora, mas pues informada estás, el rigor? sabe que el hablar no más, fuera tu ofensa señora. Eso es engaño, Eso es sin duda: Pues di en hora tan perdida, como estas medio vestida, más lasciva que desnuda. Por dar disimulación, con más fea mi enfermedad en la cama. Hay tal maldad! La fingía: Ay tal traición! Saliendo de cuando en cuando a verme en luz tan oscura: Qué infamia! Qué desuentura! Ya temiendo estoy tenblando Yo no te dije, aunque en vano que de romperme esta ley, Margarita, con el Rey, moririas por mi mano. Pues verás, villana: oloron Ay triste; Qué cumplo; aboT Mal te informón, Mejor mi palabra yo, que tú la tuya cumpliste. Con el decirme, señora, p que de esta suerte vería a Fernando, prenda mía, y del Rey. Calla traidora, pues no merecí jamás tal bien con falsas piedades, porque a mis celos añades i esa envidia que me das? Disponte, pues me destruyes, a morir: d aoazurla Templar no puedes mas pues informada estás, el rigor? Si en las peredes has de dar, para que huyes? Señora, tanto rigor? Hasme ofendido: Ay de mí, no vive piedad en ti. dad. Donde hay celos, no hay pie. Qué haurá sido? escuridades camino, navego calmas: en los hombros de dos almas hago peso mil piedades. Tan mal recibido estoy de mi bien! desdicha es mía, pues solamente me guía mi estrella; perdido soy. La puerta abierta, y medroso el silencio en la ocasión: mas qué es esto? vasas son de aquel edificio hermoso. Válgame Dios, si cayó de su estado, caiga el cielo sobre mí, si es este velo toca suya, triste yo? Cómo sabré si mi daño es cierto? hacía allí he sentido un un descompuesto ruido de pasos, recelo extraño! una silla arrastra: llego pues a esta parte, a esta puerta; los lados de una antepuerta me dan luz, si no estoy ciego Entrar quiero, cielo santo, que me puede suceder? ay que horror! debe de ser gran mal, pues le debo tanto. Sol, de sangrientas nuves eclipsado rígido acero en vos su fuerza emplea, vos dais con sangre y nieve aliento helado, que clamando a los cielos vaporea: esto es posible en vos, o en mi soñado? esta es verdad? para que yo lo crea, dad lugar a que un alma desualida, que en mí no cabe, quepa en vuestra vida. Dejad, que asegurando el pensamiento, bese mil veces vuestra mano helada: estáis muerta, mi bien? que pena siento, pero aunque es vuestra muerte averiguada, vivid con las reliquias en mi aliento, con mi vida vivid hay prenda amada: pero como podré, el alma perdida, sino puedo palabras, daros vida. Quién dio tanta ocasión a mis enojos? quién turbó tan del todo mi sosiego? todos ponéis las lenguas en los ojos, todos callando así, aumentáis mi fuego. son estos de lealtad fieles despojos? vos lo sabéis, decid, decid don Diego: quien puso con furor tan riguroso tan cruel mano en rostro tan hermoso? Oh Regia obstentación, a que de calmas miserables espíritus condenas, pues son por ti en lo culto de las almas, los disimulos, almas de las penas. o quien fuera un villano, que en las palmas llevara mis entrañas como ajenas pero amigos, sabéis; dolor extraño? quién fue la causa de este injusto daño? Antes correre este velo, por si en el pesar conformes tus ojos, y tus oídos, la congoja te disponen. Las ternezas te acompañan, las desdichas te conocen, con la pena no te acaben con el llanto no te ahoguen. Cuando te deje aflijido, llegué anhelando temores, en las alas que me dieron tus pensamientos veloces. Supolo tu esposa, y luego mando llamarme, y mándome que a servilla, mi cuidado la asistiese aquella noche. No pude excusarme: ay cielo, fui con mi pena, y llevome, no digo quien, por no darte más causas que te congojen. Llévome e fin, dando en sombras lentos miedos, pasos torpes, a la espalda de este cuarto por donde la vista corre, de una puerta, y de una reja, a esos cuatro corredores. Allí me entretuve estando tu guarda bien puesta entoces: y yo, con el corazón más negro que muchas noches; Cuando por la reja vi, la una fiera, la otra torpe, persiguiendo a Margarita la Reina con furia indócil: sus celos en el acero, en sus entrañas el bronce: el la hay Dios, que hermosamente pidiendo al cielo favores: hacer pedazos la puerta quise; llegue, reportome su respeto Real en fin, con los decoros tan nobles, que hizo en mi pecho plomo lo que era en mi alma azogue: Y oyéndola, que me dijo; don diego, ved mis rigores, porque el ver, como mi agravio, tan bien la venganza os toque. Vuelvo sin vida, y la veo hacer sus ejecuciones en tu cordera, que dando, como válidos, clamores, mansamente se congoja por dofenderse; mas donde no aprovecharon ternezas, mal pudieran defensiones. En manos, en rostro; en pecho la hiere, quien pudo entonces ver sobre copos de nieve, que arroyos de sangre corren. Ansí, con mudos suspiros, entre desmayadas voces dijo; mi hijo encomiendo al Rey, con estrellas lloren esta terneza los cielos, haciéndose corazones. Después poniendo en la boca tres veces el santo nombre, que en los pechos, la piedad, y la dulzura proponen tan hermosos le dejaron sus crepúsculos dos soles, que con acabarse el día, aún no pudo hacerse noche. Ansí en la funesta silla, donde la viste, la ponen, porque tu al entrar la veas con tal lástima, y la llores, como la ves en tu idea, y en mi telación la oyes Descom Descompusose el silencio, el palacio alborotose; los privados de tu casa, y los grandes de tu Corte. para que tu enojo amansen. y tu cólera reporten mandó prevenir la Reina: sus respetos me perdonen, porque callar no es posible con tu lástima, en tu nombre, el alma en aquella pena, y la vista en aquel norte, que desconpuso crueldades, que ejército sinrazones: aunque diga que sus celos, rígida mente feroces provocaron sus venganzas y ejercieron sus rigores, i Y que grandes, que crueles; cuando el ser me descompón los de mi venganza sean, pues son más justos, mayores Vive Dios, que este palacio será otro templo, perdone mi compuesta autoridad, que no son los Reyes robles. Qué haces señor? los Reyes no ha d ser como otros hombres porque son, como en el cielo, en la tierra el primer móvil. No digo que no castigues pero acuerdo justo, y dócil: prevente de tus consejos y haz tus ejecuciones. Con estas cosas, no es mucho que Valencia se alborote, Parecen mentiras mías las desventuras que corren: R Cuándo, señor, a tus ojos este Serafín se pone, consuélate Ay hijo mío, con que varias prevenciones creí recibiros yo. Deme la mano; los hombres lloran? Vuestra madre es muerta. Quién la mató? Los atroces hados míos. Ya es a la causa conforme: dejadme bella. Esperad, no lloréis, no me congojen a un tiempo vuestras ternezas, y mis pesares mayores. i Qué severidad tan grande de mujer! Nudos me ponen mis palabras en la boca y en el pecho mis acciones, Señor, no vengo a tus pies a que mis culpas perdones, sino a que en mis celos veas que son las culpas menores? Qué he de hacer, si es esta fiera mi enemiga, y ser propone otro yo: en el alma tengo terribles oposiciones. Levantad Reina, pensando que aunque la pena os verdone, no la cuipa, pues por grande, todo el corazón me rompe. Muerta Margarita, y vos viva, en su ausencia conformes seréis seréis piadoso castigo a delito tan norme. No he de veros en mi vida, aunque mis hazañas borre, pues me obligan mis agravios, y me vencen mis pasiones. No he de asistir en mi Reino, yéndome a Nápoles, donde, si de conquistarla acabo, su Corona haré que goce mi Fernando, común prenda de dos muertos corazones Vos gobernad a Aragón, pues tanto el mundo conoce, que sabréis, como matar, gobernar mil aragones: Así no tuvierais celos tan crueles, tan feroces (dura? Quién vio un Rey con más cor- Quién vio venganza más no No se aflija padre mío. (ble: Qué ternezas! Qué pasiones: Señor: Dejadme, dejadme que me vaya donde llore un sol que nació en mis ojos, y en mis desdichas se pone. Y yo, mi arrepentimiento llorarel a celos traidores matadme. A celos piadosos, templad tan pesados golpes. La tragedia por los celos aquí se acaba señores, cuya historia verdadera pide a sus faltas perdones.
