Texto digital de La tragedia del Duque de Berganza
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- Atribución tradicional
- Álvaro Cubillo de Aragón
- Atribución estilometría
- Álvaro Cubillo de Aragón Probable
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La tragedia del Duque de Berganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tragedia-del-duque-de-berganza-la.

LA TRAGEDIA DEL DUQUE DE BERGANZA
JORNADA PRIMERA
Brito, si en la dicha mía no te alegras, pensaré que no es segura tu fe. Brito es la misma alegría. Loco vengo de contento Qué tienes? qué ha sucedido? Tuyo es aqueste vestido, Pues desnúdate al momento, y cumplirás poco a poco, pues dices que loco estás: la palabra que me das, y la obligación de loco. Toma esta cadend. Ya dichoso me considero: tú eres el señor primero, que antes que le pidan da: mas no me dirás que tiene Vi a Violante, vi a Viola Y qué más? Pues no es bastante favor, si el favor previenes? mirome, y no me extrañó. Y qué más? Déjose ver, que el Sol no lo suele hacer con todos. No digo yo? Qué has de decir, ignorante? celebra la dicha mía. Diré de tu cortesía. que eres Portugues, y amante. Soy dichoso. Y moscatel: yo pensé que te había dado Violaute algún apretado abrazo, o cosa como él. Eso pensaste, atrevido? pues quien del Sol no repara, que abrasado me dejara? Alo menos derretido. Oye en la forma que fue, qué aunque te parece poco, ya sé que para estar loco, favor le sobra a mi fe. Fui (como sabes) a dar de parte del Rey, recaudo a don Nuño. Con cuidado; sé que se fuiste a buscar. De una sala en otra sala me entré, sin que nadie hubiera, que me hablara; ni impidiera, llegue a un jardín, cuya gala de hierbas cuadros, y flores, en abreviado pensil, mayorazgos del Abril ostentaban sus colores. Vi a Violante, y reparé, que todo aquel vulgo hermoso deseaba codicioso el contacto de su pie: porque la flor más fragrante, la más entonadarosa, no queda airosa, ni hermosa, si no la pisa Violante. Quede turbado, y sin mí, como el que ve de repente la luz de que estuvo ausente. Y cómo la viste? . Así. ablara, ni impí Como en cárcel de amor, preso el cabello en una breve cinta, que pudiera vana con la prisión de Sol tan bello, dejar a buenas noches esa esfera: torrente hermoso del undoso cuello, por la espalda gentil se considera Cisne el deseo en la dorada espuma, con tormentos de luz bajel de pluma. De nacarada lama tiene airosa cotilla Ingresa, pero tan medida, que pasando de justa a Religiosa, abrevió la cintura estrecha vida: mas la pollera nada escrupulosa, de ancha cintura, y de virtud fingida, olvidando los límites de saya, de mar a mar por el jardín se esplaya, En dorado coturno suspendido el breve pie, corresmente ligero, se recatea del mejor sentido, A siendo a la vista trasgo lisonjero: visto no puede ser, pero es oído, solo es pie porque pisa, y tan severo se desmiente, se esconde, y se retira, que el que le busca más, menos le mir Conó un iazmín, y alg brotó muchos la rama generosa, pisó una rosa, y fuenodo el Verano restauración gentil de aquella rosa: la clauellina tímida, que en vano se finge honesta, y se presume hermosa, para que en ella este favor se vea, su mano busca, si su pie desea. La celosa violeta, que primero a la fraguancia, que a la vista aplace, dejándose llevar del más ligero soplo del viento, satrificios le haces el lirio Portugues, y Caballero, que el borceguí se casza antes que nace, para poderla ver con más decoro, de amor se viste con perfiles de oro. En este, pues, humano paraiso, una guirnalda de diversas flores regió su mano, que aún en esto quiso que luciesen en todo sus favores, con tal primor, con tal sazón, y aviso fue colocando en ella los colores, que puesta éncima de su frente bella, la menos digna flor juro de estrella. Ya Violante de estrellas coronada, al Sol desprecia, al Alba desafía, cobarde aquel; y aquesta despreciada, huyen dejando por su cuenta el día; y ella de tantas flores adorada, cuantas gloriosamente presidía, afianzó la hermosa Primavera de los asombros de la noche fiera. El traje, y el adorno te he pintado, que es lo que se permite a la pintura, no su hermosura, porque a más delgado pincel aún no se rinde su hermosura: demás de que contigo es excusado, pues ya la has visto, y fuera gran locura querer pintar mi rústico desvelo un Alba, un Sol, una deidad, y un cielo. su hermosura ando alabas más bien seijibel F noa T il jo est se in y que le dijiste? A Nada. Pues has negociado bien. Ya con el alma la dije, ya la avisé con los ojos mis penas, y mis enojos. Eso es lo que más me aflige, que siendo del corazón instrumento bien templado la lengua, a quien Dios ha dado divina jurisdicción para decir lo que siente, quiera un amante fingido callando ser entendido, mirando ser elocuente. Si Brito, que no es zallar, cuando entre penas, y enojos se asoma el alma a los ojos, sino un hablar, y un errar, un lenguajé que regala sin solecismos, y en fin. es un hablar en Latín, con elegancia, y con gala: desuerte que en esta parte, si en ella hicieres juicio, hablar la lengua es oficio, hablar los ojos es arte; A y mejorarse es forzoso, si lo quieres advertir, todo lo que va a decir, de mecánico a ingenioso. Dices bien, y eso después, señor, se junta al paseo, la música, el galanteo de un año, el salircortes a fiestas con sus colores, y en Palacio noches varias servirla con luminarias. Que más quieres, que mayores señales, ni que más ciara de su favor enadencia? Sí, pero la competencia de don Duarte de Lara, no te aflige? No me aflige, antes me causa mayor estímulo, porque amor que hombre tan grande le elige, muy alto debe de ser, mucho de imposible tiene: heroico laurel previene al servir, y al padecer, que es deudo del de Verganza, y del de Viseo tanibien. Eso al honor está bien, pero no a la confianza. Habla paso, que aún estamos en la calle de Violante. Aguarda, y por Jesucristo, que con su criada sale. Turbado estoy. Pues ahora? El amor que no es cobarde, no es amor. Inés, advierte, que don Vasco está en la calle. Le has de hablar? Jesús, tal dices? Si le quieres, de que haces tales extremos? . Inés, las mujeres principales Portuguesas, tienen siempre por más lícito, y más fácil motirse de recaradas, que de libres declararse. Llega señor, Soy de piedra No reparas que Violante te mira? Soy Portugues. Pues por eso has de alentarte: llega, ofrece, habla, ruega, que mientras que tú lo haces, yo entretendré a Montení. Nunca en ocasiones tales, señora, por corto quise a mi obligación negarme: si honrar queréis mi humildad, ya que tiro vuestros gajes, vasallo de esa hermosura, dejad que pase de amante a gentilhombre esta vez. Don Vasco, si de mi padre algún recado preciso os conduce a mis umbrales, ya está en Palacio. Señora, mayor estrella me trae, que aunque la obediencia mía sigue los decretos Reales, con mayor imperio amor triunfar de las almas sabe. Quedaos pues, y obedeced al Rey, que faltas notables no las disculpa el amor. Pasome de parte a parte el rayo de tu hermosura, la gloria de tus celajes. Han visto con el descoco que llega el picaño a hablarme? Mi Reina, sepa que soy cortesano de buen aire, y hasta decilla mi intento, no haya miedo que me empache. Quedaos, que no pasaré de aquí. Si es cierto que vale el obedecer, aún más que el sacrificar, no pase mi afecto de vuestro gusto. Adiós pues. El cielo os guarde. Qué cortés. Y no dirás que poco favor le haces. Aquí a Violante he de hablar, que aunque don Nuño su padre es de la facción del Rey, y opuesto a todos los Grandes, su hermosura me reduce de odiose rumbo al diamante. Don Duarte llega, Brito, ya es más apretado el lance: pues lo que ofreci cortes no puedo cumplir. Qué haces? volverme al puesto primero, ya no es posible quedarme, señora. Muy bien hacéis, ya os entiendo, acompañadme don Vasco. Poned la mano. sobre mi hombro, seré Atlante de tanto cielo. Eso fuera a no estar aquí don Duarte, que para serviros tiene más méritos, y más sangre. Mas que do Vasco de Almeida? mucho hará quien lo intentaré, tanta como él el más noble, mas del Rey abajo nadie. Vive Dios, que a no mirar los peligros de Violante. A no mirar yo eso mismo, esa que soberbio os hace, sangre que tanto alabáis, derrámara en estos saspes. Señor don Duarte, advertid, señor don Vasco esto baste. Quién con respeto os adora, no os ofenderá arrogante. Quién delante de su dama reñir no sabe, es cobarde. Mas lo es quien hamenester que esté su dama delante. Esto es reusar la ocasión. No la reusa quien sabe cumplir sus obligaciones; pero tomad ese guante, que no faltará ocasión para aquese duelo. Zape, desafío, aviso al Rey, porque lo estorbe. Reparen vuestros intentos, que soy hija de Nuño Jusarte, y que se debe respeto a su nombre. Cuando nacen de los favores del Rey atrevimientos tan grandes, la espada pondrá remedio. Vamos, señora. Este trance debéis don Vasco a mi honor. Pues que mi vida os lo pague. Nuño, ved esos papeles. Eso es, señor, lo acertado, resuelto, y determinado por vuestros vasallos fieles, en las Cortes que se han hecho en Evora. Sabe el Cielo la Cristiandad de mi celo, y la intención de mi pecho. Concédese que no tenga jurisdicción criminal ningún Grande en Portugal. No hay cosa que más convenga. El Reino junto acordó, que los Grandes y señores no puedan ser superiores a la ley. Nuño, si yo, que soy alma de la ley, a la ley contraviniere, y algo en su desprecio hiciere, seré Rey, pero mal Rey. Tan superior considero su fuerza, que juzgo yo, que el Rey que la promulgó, la ha de obedecer primero. Pues si el Rey está obligado, Nuño, a obedecer la ley, al que es señor, y no es Rey, quién le excusa de culpado? Los Grandes todos se ofenden, y más que todos, señor, el de Verganza. Al rigor de su obligación no atienden: quéjase el Duque? Habla más libre, y más de vos se aleja. Yo siento sola esa queja mas que todas las demás, por lo que su casa estimo, y por lo que la he estimado; porque el Duque es mi cuñado, y después de esto es mi primo. Mayor cuidado me da, don Nuño, el haber sabido, si ya el Príncipe ha partido, o si en tehenes está todabía por las paces, que con Castilla he jurado: esto si me da cuidado, que son los más eficaces achaques de mi salud, Vuestra Alteza y hasta verle en mi poder, no puedo, Nuño, tener contento, paz, ni quietud. Mas pues este cuidado, del trabajo del Rey no me ha es- ved esos memoriales. ( suestra Altez sabe pruden te usar de su grando doña Beatriz de Silva, hija heredera de don Lope de Silva, a quien abona tanto servicio hecho a esta Corona, que se le haga merced. Soy su compadre, yo la saqué de pila, y obligado le estoy, que fue don Lope un gran soldado. Con empeño quedó. Los Contadores. de los libros mayores del sueldo, haréis que hagan copia breve de aquello que a don Lope se le debe, y páguese a su hija. El Cielo aumente tu vida: qué piadoso, qué prudente! Dice Brito, que sirve, y medra poco, criado de don Vasco, este es un loco. Ahora me le dio, y pidio le vieste. Si vuestra Majestad le conociese! a Pues qué dice? Será alguna quimera. Ved que hombre nacio, como cualquiera. A vuestra Majestad, señor, doy parte, que don Vasco de Almeida, y don Duarte, sobre querer acompañar ahora los dos ambos a un tiempo a mi señora doña Violante, hija de don Nuño: Cielos, la espada por el filo empuño. Qué decís? proseguid. Mi muerte toco. Veis como no es del todo este homb Leed Nuño. Celosos; y enojados para reñir están desafiados: remediadlo pues, y de aquel modo, a vos os toca el remediarlo todo, señor. No os alteréis, que ya tenía noticia de este amor más ha de un día, y sé que de Violante está segura la autoridad en su mayor cordura: lo demás que a los dos amantes toca, yo lo remediaré. Sensible roca, de la pena he quedado. Quién tiene hijos, tiene gran cuidado: Venid Nuño conmigo, y no os dé pena, pues es preciso lo que el Cielo ordena. Encerrado en esta puerta, porque no me está bien dejarla abierta, os diré mi deseo: cerre, escuchadme Duque de Viseo: Romper el Rey los privilegios míos, son locos desatinos, que el que me había de rogar, que yo quisiera pedirle más aún cuando más le diera. Tenerme a mi contento, es, Duque, el más seguro fundamento de su Reino, y no son consejos sabios que él reine, y que yo sufra estos agravios, cuando yo puedo hacer tan fácilmente titubear la Corona de su frente. Pues que ocasión mejor, decid, hubiera, para que nuestro enojo fin tuviera, como verle que está necesitado, y el Reino de gauelas abrasado? Y estando los vasallos mal contentos, han de tener buen fin mis pensamientos. No hay Fidalgo, o pechero, es evidencia, que no procure estar a mi obediencia: no hay fuerza en Portugal que tenga gente para oponerse a mi raudal valiente: pues los soldados viejos que tenían, con que a respeto, y atención movían para las guerras de Castilla, todos los ha sacado, porque tantos modos de conveniencias mías me den bríos para lograr los pensamientos míos, y aunque algunos soldados ha metido en los castillos, sin provecho ha sido: pues todos son visoños, mal contentos, y han de vivir a mi merced atentos: no es razón que con tantos intereses vivan a su elección los Portugüeses, teniendo un hombre como yo, que puedo dándoles libertad causarle miedo: pues siendo así, quien duda de su Alteza, que pase la corona a mi cabeza? Hablad paso, que estamos. Dónde estamos? no estáis seguro si en mi casa hablamos? Duque aquí os he traído, porque veáis las cartas que he tenido de los Reyes que ayudan mi pretexto: esto Duque supuesto, venid a este aposento, donde abiertas tengo las cartas, y veréis tan ciertas mis esperanzas, que daréis por hecho cuanto recato se guardó en mi pecho. A la puerta han llamado. Qué importa Duque, nada os de cuidado, sea quien fuere, mudará consejo, castigando el llamar con tal despejo. Quién es? Yo soy. Mucho por Dios me pesa. Hermana. . Duque. Qué mandáis, Duquesa? Juntos los dos, mi desdicha lo ha causado, que ha días que lo tengo deseado. Hermana, guarde Dios av. Excelencia. Aunque del Duque siempre en la presencia mi esposo, estoy a v. Excelencia, hermano, no puedo hablarle y verla tan a mano. Diga pues la Duquesa lo que decirnos quiere muy apri que tenemos qu me hacer. Antes pretendo divertir lo que ahora estáis haciendo. Duque de Viseo hermano, Duque de Verganza dueño, señor, esposo, y del alma la parte mayor, hoy quiero hablaros en lo que importa al honor, al parentesco, a la sangre, a la lealtad, ya la obligación que tengo. Yo he sabido, no hay negarlo, que los dos andáis inquietos con siniestras pretensiones turbando la paz del Reino. Yo sé, nunca lo supiera los tratos que tenéis hechos en Castilla, procurando vuestra ruina, y su aumento. Por muerte de don Alfonso, que Dios haya, fue heredero el Rey don Juan a quien todos llaman Príncipe perfecto. Con mi hermana, y vuestra herma. (na, señer Duque de Viseo, está casada, y vos Duque lo estáis conmigo: si el cielo en aquel lugar le puso, ni lo hizo acaso, ni es vuestro: basta que después del Rey ocupáis el más supremo. Sois sus primos, y vos Duque, hermano, sois su heredero; desuerte que en Portugal, en sangre, y en parentesco, solo el Rey puede igualaros, ningún otro puede hacerlo. La autoridad, y grandeza con que vivís, solo el Cetro, solo digo el Cetro puede, y la Corona echar menos: pues por qué causa? porque, si está tiene digno dueño tan de vuestra sangre propia le miráis con sobrecejo? Por qué queréis mal al Rey? qué os ha dicho? qué os ha hecho? ha faltado por ventura a la Religión ha puesto en necesidad la Iglesia? acaso de lo que es vuestro ha tomado alguna parte tiranamente soberbio? tiene oprimidas las leyes de la razón tuerce el peso a la justicia? o acaso es bastardo, o Extranjero? Ninguna cosa, ninguna de aquesta puede moveros, porque es Católico, y santo, honra, y venera los Templos, ni vn estra hacienda os usurpa, ni en el padece desprecio la justicia antes le abona de piadoso, y justiciero legítimamente goza la imbestidura del Reino; y a vosotros todos tiene ligados el juramento: luego es sinrazón la vuestra? luego no hay ley ni pretexto que abone pasión tan grande, que disculpe error tan ciego: yo os digo de mí, yo os digo, si la verdad os confieso, que por mi Rey, y marido, que es de mi hermana, lo siento: enmendaos pues, corregid vuestras acciones; vos Diego con menos años mostrad como la niñez, lo tierno. Y vos, señor, que os halláis por más hombre en más pequeño, apartaos de error tan grande, mudad, mudad de consejo, no mancilléis el honor, que vive resplandeciendo a pesar del odio, en sangre de tan heroyeos abuelos: será razón, será justo que se diga en algún tiempo del esplendor de Verganza, de la gloria de Viseo, que deslizo su valor en rebeldes pensamientos? Vive Dios, que de pensarlo, desde ahora me avergüenzo. de imaginarlo me asombro, de considerarlo tiemblo; no le jurasteis lealtad, y obediencia: pues qué es esto? mirad que os engaña alguno que desea vuestro incendio: alguno que solicita ver a Portugal deshecho, y estadista no repara en lo trágico, y sangriento. Amad al Rey, porque es Rey, y cuando por él no, hacedlo por Dios, cuya grave ofensa vengada en su brazo temo; y en fin, cuando a Dios, y al Rey, perdáis el justo respelo, por vosotros mismos sea, enmendaos por vuestro riesgo. Vos señor tenéis tres hijos, Dionisio, Felipe, y Diego, que en mis entranas, como antes de nacer los considero: no los hagáis desdichados, por vuestra falta, no demos achaques a la venganza, ni ocasiones al desprecio. Vos hermano, que os halláis en más tierna edad, sujeto a corrección más decente, no seáis sordo a mi ruego: Ved que a Manuel vuestro hermano le cría el Rey, pretendiendo hacerle como a su sangre honras, y favores nuevos: y advertid, que hay quien se atreve a decir, yo no lo creo, mas suele tal vez salir cierto pronóstico el pueblo, que ha de ser Roy vuestro hermano no ayudéis vos al conceto. Su hermano mayor nacisteis, su cabeza sois, y agüeros previstos en vaticinios, se han de temer, no creerlos. Hermano, esposo, yo sey quien os amo, y aconsejo; y aunque en la mujer es poco, tal vez no tomarle es yerro. Atended a mis razones, volved a mi voz atentos, pueda la lealtad preciosa, mas que el odio lisonjero, para que verificado en lo ilustre, y lo plebeyo: sea Portugal temido, sea famoso su imperio, sea vuestro Rey amado, y vuestro nombre sea eterno. Duque, responder os toca a vuestra hermana. No acierto, vive Dios a responder. Trascendido se ha el secreto; quién os ha dicho, señora, tan fábulo sos enredos? A mí no hay negarme nada, ni hay que preguntar los medios por donde a saberse llega, que el más cerrado secreto, si es contra el Rey, le publican la tierra, el agua, y el viento. Duquesa, aunque el Rey agravia los antiguos privilegios de mi casa, aunque destruye mi inmunidad, no por eso dejo de amarle, y servirle. Pluguiera a Dios fuera cierto. Duque, aquí el disimular importa. Disimulemos. Aquí del Rey, favor pido a la justicia. Qué es esto? hola, criados, ninguno de cuantos me asisten veo. V Excelencia, gran señor me ampare, que aunque del riesgo, al riesgo me precipito, por menor el suyo tengo. Con don Duarte he tenido una pendencia, y le dejo mal herido; y aunque sé que de V. Excelencia es deudo, en fe de la razón mía a tanta grandeza apelo. Don Vasco, seguro estáis, entraos en ese aposento, o sala, archivo en mi casa, donde mis papeles tengo de sus privilegios todos. Válganme sus privilegios. Excelencia de licencia para que de aquí saquemos un delincuente que deja mal herido a un Caballero. Pues a mi estrado llegáis tan libres, y descompuestos? 2. Tenemos orden del Rey. Bien sabe el Rey que hay en es excepción, y que a mi casa siempre han tenido respeto los ministros como vos. El Rey lo manda, y yo entiendo que en cosas de su servicio, como la que ahora ejerzo, me han de ayudar Va Excelencia Bien está; mas aquí dentro no hay delincuente ninguno. 2. Eso basta; yo lo creo. Parécele a Va Excelencia que esto se puede sufrir? Esto es querer destruir con poderosa violencia las casas de Portugal, y allanar la presunción de los Grandes. No estano que del Rey fintáis tan mal. y La autoridad de mi casa se estraga, y se mancha de esta suerte? Nadie crea que el Rey de lo justo pasa; los ministros sí, y por eso A. padece agravios la ley; y antes se hallará en un Rey el castigo de este exceso. Dónde las cartas dejasteis, Sobre un Bnfete, Pues ya vistolas don Valco habrá. A mal tiempo me avisasteis, matar a este hombre coqviene antes que salga de aquí, Porque os escusáis de mí, si vuestra intención no tiene riesgo? porque porqué os digo lo que es justo? por qué os amo? porque a la obediencia os llamo de un Rey que es señor y amigo? Vive Dios que es un tirano, y que en lo terrible, y fiero el nombre de justiciero quiere adquirir en vuno. Si usa liberalidad, no es con ánimo piadoso, astuto sí, y cauteloso: finge modestia, y piedad. Y esto en los pechos ruines hace su impresión mayos, que jazgar por lo exterior, sin adivinar los finea Que se atreven a la ley, al fuero a la corresía mas podrá ser que algún día le pese de ser tan Rey. Duque, primo, que es aquesto qué tenéis? con quien estáis enojado? Señor, yo? Oiga vuestra Majestad por mí al Duque. No os turbéis, que yo no os vengo a turbar, como deudos os visito. Siempre, señor, nos honráis. Entraron vuestros ministros hasta este mismo lugar, buscando a un hombre. Yo sé que le entraron a buscar; y ya sé que los ministros, Duquela, hicieron muy mal, que las casas de mis deudos las debo, y las quiero honrar. Sintió el Duque aqueste exceso. Yo sabré desenojar al Duque, aunque es muy pequeña causa de poderlo estar, pues los ministros no ofenden. Mas pues ya se hizo; y pues ya ha de correr por mi cuena. del Duque la autoridad. cual es mayor preeminencia de su casa, el amparar a un delincuente, o después que preso, o cautivo está, en poder de la justicia, poderdarle libertad? Nadie negará, señor, que el último lance es más. Diensi es más, libre está el preso, Duque, mandadle soltar, don Vusco está en vuestra casa, el negarlo es por demás: yo lo sé, y en mi presencia libre ha de salir. Mirad, señor, que está don Duarte herido. Poco importa, bien está. Es mi deudo. Pues qué importa, vuestra casa importa más: valiose de ella don Basco, válgame su inmunidad. Frustrado nos ha el intento. Si vio las cartas, no hay seguridad en las vidas, ni en las honras. Acabad, o entregadle a la justicia, que ella le castigará; no vos Duque, que el castigo a vos no os puede tocar. Señor. Duque, aquí hay dos puntos, ved cual mejor os está; vos le habéis de dar por libre, o yo le he de castigar. Esto no tiene remedio. Don Vasco, salid acá. Señor a vuestros pies llego turbado. S. Don Vasco, alzad: de buen sagrado os valisteis, libre por la Duquesa estáis; agradecédselo al Duque. Idos don Vasco, y mirad por vos, que quien hoy os libra, no siempre os podrá librar. Tan alta merced, señor, reconoce mi humildad. Vedme después en palacio. Soy de vuestra Majestad, y estaré siempre a sus pies, Cielos, quien podrá callar lo que en las cartas leí! quién callará si es leal? Duque, estáis desenojado? Nunca yo lo puedo estar, señor, en vuestra presencia, cuando estás piedras pisáis; que aunque es verdad que las ba que con tanta antiguedad gozan, a vos os ofenden, y las queréis derogar: no por eso, aunque mi queja llegue a vos, se atreverá a psaar de queja a enojo. Creo dovuestra lealtad cuanto decís. A don Vasco; Duque, pretendo culpar, por si hablare en nuestro daño. Solo siento que os juzgáis bien servido de don Vasco, cuando. Débole estimar; que sus servicios han sido muy grandes, y él muy leal. Mucho hay que decir en eso; y algún día se sabrá. De don Basco? De don Vasco. No Duque, no lo creáis. También, señor, os ofende en mi boca la verdad? También queréis que estaque: tenga de vos cuando está tan cerca de vos mi nombre, que no es menesterbajas dos dedos para igualarnos. Eso quizá causa os da a quéjaros, mas no quiero, que aunque esa queja tengáis, Duque, los grandes señores, siempre deben trabajar en considerarse menos, no en adelantarse más: que como no hay más que ser, todas las veces que dan lugar a los pensamientos, o que se dejan llevar de aquel lugar que ocupan, un paso adelante más, se encuentran con la Corona, y se suelen lastimar. Conténtese con lo justo quien punto menos está del Reino, y deje aquel punto para quien Dios se le da. En todo hay peso, y medida, y quien no sabe pesar sus méritos, mal se ajusta al fiel de la lealtad. No hay privilegios que pesen tanto como la verdad. La razón es tan valiente, que aún el mismo Dios está mirándose en ella, y nunca le pudo parecer mal. A ella se humillan los Reyes, a ella se han de sujetar los Príncipes, los señores, los privilegios, por más que la antiguedad los selle, que los confirme la edad. No puede aquel ser buen Rey, que no manda examinar con ojos de la razón, las costumbres que ya están envejecidas del tiempo. Que tal vez se suele hallar un abusio, y arrancalo conviene de donde está. Y así Duque de vos fío que antes me habéis de ayudar a ser buen Rey, pues el serlo, Duque, no os puede estar mal. Señor. Quedaos Duque. Iremos entrambos a acompañar a vuestra Majestad. No Duque, entrambos os quedad con la Duquesa, que en esto importa que discurráis. Señor, el Duque es muy vuestro. Sí, Duquesa, ello dirá.
JORNADA SEGUNDA
Don Duarte. Señor. Huélgome mucho que estéis mejor. Con mis agravios lucho: ya, señor, he salido del peligro a serviros. Dicha ha sido. Al cielo os agradezco la vida que me deja, y os ofrezco Ya seréis muy amigo de don Vasco? Yo sigo vuestro gusto, y es llano que lo he de ser, si ya le di la mano Duarte, eso conviene cuando la fama, y crédito interbiene uin culpa suya de una honesta dama, que arriesga vida, autoridad, y fama. Sí señor, esa fue la intención mía. Idos a descansar, que aún toda via estáis falto de sangre. A ese cuidado reconocido siempre, y obligado: ocasiones deseo, donde pueda verter por vos, señor, la que me queda. Dios os guarde. Hay pasión más conocida. Qué hosco está, señal dejó la herida. No lo creas, que el noble con la espada siempre deja su herida bien curada. Haced lo que he mandado, idos Duarte, que estaréis cansado. Huire de su presencia, ya, señor, os consagro mi obediencia. Don Vasco, mucho tengo que reñiros. Yo, señor, que adoraros, y serviros. Mis amigos, don Vasco, y confidentes, cuerdos los quiero yo, que no valientes. Cerca del Rey la espada más segura, y de temple mejor; es la cordura. Con ella se defiende, excusa el riesgo, y al contrario osende; tan libre de venganza, que donde quiere sin moverse alcanza. Vos de vuestro delito provocado huisteis mi justicia, y por sagrado escogisteis la casa de Verganza. Ved cuan poco el discurso humano alcanza. vuestra muerte buscasteis, a más riesgo que el mío os sujetasteis: pues el Duque ofendido del delito, y de que yo, como es razón, le quito la criminal juridición, quería, ya que preso os tenía, ejecutarla en vos, haciendo injusto, autos de posesión contra mi gusto. Entre en su cnsa yo, y entre tan mudo, S que tocar mis oídos su voz pudo; disimulé prudente, grave le hablé, y él se mostró obediente. Y comando por medio más discreto el privilegio mismo, y el respeto que a su casa pretende le es debida, salistes libre de ella y con la vida. Y no es esto lo más que por vos hice, porque aquí mi justicia satisfice. Lo más es, que aunque el Duque habló enojado, mas de vuestra altad ningún cuidado me dio. De mi lealtad, señor, quien puede hablar cuando en pureza al Sol excede? Estoy de vos, don Vasco, satisfecho. Que el Deque agravio a mi lealtad ha hecho? Yo le oí, y respondí lo que pudiera, si vítil de cristal el pecho fuera: mirad que me debéis obligaciones. Quién negera, señor, tantas razones? y quien cuando obligado las confiesa, podrá faltar a obligación como esa; pero sin duda, poderoso influjo de estrella me condujo, quizá porque en aquel retraimiento, archivo, o aposento donde estuve, os hiciera un servicio tan grande, que pudiera A dejaros satisfecho de la merced que ahora me beis hecho. Qué decís? Brito, salte de la sala, ni lealtad, mi obligación iguala. En la antésala espero. Perdone el Duque, que es mi Rey pri eñor entre estos papeles, (mero le sobre un bufete estaban, illé unas copias del Duque originales, que hablan tan en deservicio vuestro, que un triste fin amenazan. A los Reyes de Castilla se escriben, haciendo instancia, para que le favorezcan con gente, dineros, y armas para impedir los intento que V. Majestad mande ejecutar, en razón de la justicia agraviada, sobre las juridiciones propone que a doña Juana que llaman la Beltraneja, del Convento sea sacada, y que se le entregue al Duque, con ánimo de entregarla al de Castilla; y con esto dice también, que la Infanta doña Isabel de Castilla, prenda de la paz jurada. se restituya, pues es bastante fe la palabra de los Reyes: persuade a que el comercio se abra con Castilla, y que es injusta la prohibición contraria, para que los Castellanos entren libremente, y salgan en los puertos de Guínea, y de la India: a estas cartas responden poco los Reyes, remitiéndose a la habla de Pedro Jusarte, que es por cuya mano se tratan. Esto supe, y también supe como el Duque se ausentaba de la Corte, y que en Portel, una villa suya, aguarda a su hermano el Condestable, que con soberbia arrogancia le acorseja: mas el cielo, que sin duda alguna os guarda, permitió, no sin misterio, d. encaminarme a la casa del Duque, porque supieste lo que en ella se trataba contra vos; pero que mucho, si su providencia sacra afianza vuestra vida con dos Áugeles de guarda? Valor, señor, tenéis mucho, aún siendo Príncipe daba temor vuestro nombre al mundo; Castilla, y Europa os llama el hombre de Portugal, Hoy que su laurel os grava, hamaos Príncipe perfecto A en cuantos iguales hallan la piedad con la justicia, la indignación con la gracia. Don Vasco, guardeos el cielo, que vuestra lealtad iguala a mi amor, y ahora veo la razón con que alababa a los Admeidas mi padre: sois Almeida, y esto basta. Pero quieroos advertir, que mis cuidados no pagan tributo al sueño; ya tengo traslado yo de esas cartas: que Pedro Jusarte, a quien el secreto se fiaba, las traslado; y las bobvió al archivo donde estaban. Que el Duque se haya ausentado de la Corte por mi causa, siento mucho; mas no creo no, que el Duque de Verganza mi primo, por malos medios quiera adelantar su casa: y así no habléis más en esto, que Dios que reina en las almas mudará su condición. Mirad, señor, que no es mal. la prevención. Cómo yo haga lo que debo, nada me da temor; nada Almeida, me inquieta, ni me acobarda. Pues, señor, cuando yo sé que su pundonor agravia l Duque, y que contra vos avores previene, y arma; le de sufrir que introduzga en mi lealtad, sombra, o mancha? e. v. Don Vasco, si yo de vos lo creo nada, todo es nada. Deme V. Majestad besar sus Reales plantas, para mi el mayor favor. Nuño, alzad, que es lo que pasa; El Príncipe mi señor lega esta noche sin falta Ébora porque ya a Serénístima Infanta loña Isabel de Castilla lizo lo mismo a su patria. Alegres nuevas me dais suño: esto solo faltaba mi grandeza ahora si de podré hablar en la causa el Duque. 3. Pasó su Alteza or un lugar que se llama orrel donde retirado de Verganza se hallaba: viéne e acompañando in la grandeza ordinarla le acostumbra. Estimo al Duque se con que le acompaña. Sin duda entra ya su Alteza. Y. La Ciudad alborotada n públicas alegrías recibe. Lealtad rara! Ebora asistir quiero estos días, por pretmsarla. Y ahora venid conmigo, Nuño, que quiero darje a Dios por suceso iguo! Oh grandeza Lusitana! Oh Príncipe valeroso, con que modestia, y templanza oye las ofensas: cante tu nombre inmortal la fama. Inés, si buscando vas a mi señor, tu cuidado sobra, que de puro hallado con el Rey, no le hallaras. Este papel le traía de Violante. Eso es cuanto a mi señor, Inés, cuanto a mí, saber querría que me traes; pero ya de lo dicho me desdigo: si tú te vienes contigo, nada tedejas allá. Sí, pero entiende de mí, puesto el amor que te tengo, que aunque toda entera vengo, nada traigo para ti. Yo, de tu piedad espero que lo harás mejor después: más vamos al caso Inés. Brito, ir al caso no quiero. Eso es mirar por los dos: tuyo he de ser; y eres mía. La caza es de quien porfía. Adiós Brito. Inés, adios, las albricias del papel de mi amo espero ahora: mas que dirá mi señora doña Violante por él? Setán ternezas, y a parte estimar, y agradecer el bizarro proceder que tuvo con don Duarte. Pero él, y el de Verganza llegan, retirarme quiero. Si Va Excelencia es primero, como olvida su venganza. No la olvido, que el venir acompañando a su Alteza, no es, don Duarte flaqueza; mas lo he hecho por cumplir, que por amor, ni respeto. Y así lograré mejor, desmentida entre el amor de mi venganza el efeto, Mas quién está aquí? Un criado es de don Basco. Si ha oído lo que habemos referido? Vive Dios que me han pescado. Qué hacéis aquí? De temor a responder no me atrevor señor, este papel llevo a don Vasco mi señor. Cuyo es? Qué he de decir? yo presumo que ha de ser de un Judio mercader, en que le envía a pedir seo Así lo veré; mostrad, que yo pagaré esa deuda por don Vasco. Señor? Qué decís? Suplico a V. Excelencia. Yo quiero pagar. Es mucho dinero. No repliquéis. No réplico: voy a dar cuenta a mi amo de esta desgracia cruel; pero en razón de papel, no Brito, Iglesia me llamo, . Veamos lo que viene en él: letra es de mujer, y viene sin firma. Malicia tiene mas que el criado, el papel. Misa, señor, como es cierto que el Rey obra contra ti: y el haber venido aquí al peligro, es desacierto. No puedo yo peligrar, ni el Rey saber el secreto de mi intención: y en efecto ya vine, y no he de faltar al festejo, y alegrías que se hacen por su Alteza; porque importa a mi grandeza asistir aquí estos días. ̱. Ya el lance no puedo huir, no hay respeto que lo impida, para una vez es la uda, vivir con honra, o morir: Señor, Vuecelencia sea a Evora bien venido. Don Vasco, quien ha servido al Rey, mas que bien se emplea. Un paprlabrí, que en él vuestro criado decía, que codicioso os pedía cierta deuda un mercader. Con intención declarada le abrí de pagar por vos; leile, y antes por Dios dice que no debéis nada. Señor, tu traidorme pones en esto? ̱. Ya en él veréis a quien amistad debéis. Qué terribles ocasiones: iempre yo confesaré seudas a vuestra grandeza; mas, cuando de mi nobleza mi lealtad, mi sangre, y fe abe tanto Vuecelencia, pudiera haberlo excusalo, que para un pa,el co olo el Rey tiene lio Y cuando no hubiene Rey, que en Portugal nos oyera, yo con las armas hiciera lugar al fuero, y la ley. Qué decís? Qué satisface mal Vuecelencia a mi amor, y deja de ser señor quien una sinrazón hace. Yo sinrazón? Vuecelencia, y pudiera reparar, que en un señor debe estar segura cualquier ausencia. Pero no ha de ser bastante la grandeza, ni el dosel, que para un roto papel hay un valor de diamante. . A dvertid. Sígueme Brito, que en honra de mi opinión, a tan grande sinrazón responderé por escrito. Villano, qué es esto, a mí? Duque, tened, reportad. Sola vuestra Majestad pudo reportarme aquí: que un villano atrevimiento a quien como yo ha nacido, vuestra grandeza ha ofendido. Yo como es razón lo siento, mas quien se pudo atrever avos? Un vil escudero, un don Vasco, que grosero del favor, y del poder se vale, y con voz ajena se atreve, y se arroja así. Duque, como vos a mí me tengáis, nada os de pena. Yo os estimo, no hay siniestra ocasión entre mí y vos: y busco fábelo Dios, la quietud mía, y la vuestra. Hoy que de fiestas estoy, porque el Príncipe ha venido, no os quiero ver desabrido, ni que sin gusto estéis hoy. Pues ya la ocasión sabéis en que la Corte se emplea, abrazadme. Duque y sea para que amigos quedéis. Yo sé quien la culpa tiene de atrevimientos iguales. Basta. A vuestros pies Reales, mi fe llega, y mi amor viene. Duque, a mi pecho juntad el vuestro. Qué injustos lazos. O si con estos abrazos le pudiera dar lealtad! Decidme; ya que por mí el enojo habéis dejado, como el Príncipe os ha honrado desde Santaren aquí; y lo que de su talento habéis conocido. Ya que vuestra Majestad da licencia, escúcheme atento: en el castillo de Marra, adonde juntos se hallaron el Príncipe don Alfonso, que guarde Dios muchos años, la Infanta doña Isabel de Castilla, y Fray Fernando de Talavera, Prior de Santa María del Prado de Valladolid; que vino por Isabel, y Fenando; se públicó, y dio noticia a todos los Cortesanos, Cabal eros de ambos Reinos, que ya las causas cesando, que pudieron prevertir la paz, se había acordado poner en su libertad. los rehenes, y entregarles a los dos Embajadores de ambos Reinos, fue el tratarlo, y el ejecutarlo a un tiempo, sin duda; y sin embarazo. Porque la señora Infanta doña Beatriz de Alencastro, en cuyo poder estaban, hizo la entrega de entrambos. A la Infanta de Castilla acompañó con bizarro lucimiento el de Viseo, hermano vuestro, y mi hermano. Y a nuestro Príncipe vino sirviendo, y acompañando la Infanta doña Beatriz. Yo que me hallaba en el paso salí de Villaviciosa con cuatrocientos fidalgos a recebiza su Alteza. No quiero ahora contaros de la nación Portuguesa la fineza, y los aplausos, las galas, la bizarría, telas, diamantes, bordados. Por no incurrir en aquella civilidad en que han dado, admirada de la plebe, los que en aqueste apararo funvan sa mayor grandeza. Y así lo desprecio, y paso en silencio; pues aquesto no me ha de hacer más bizarro. Si yo os serví, no hice mucho, mucho más hiciera cuando déjara de hacerlo: al fin por la modestia lo callo; que nunca de ostentaciones, que todas paran en gasto, se ha de hacer alarde, y yo valgo más que todo cuanto pueda decir, siendo así, que os sirvo, señor, y os amo. En mi villa de Portel, bese a su Alteza la mano, honrome como a pariente; si bien extrañe el reparo de su Alteza, cuando supe que oyó con notable enfado que asistían mi persona los cuetrocientos caballos, cosa para mí tan poca; más es mozo, no me espanto. Vos, señor, podréis decirle lo que puedo, y lo que valgo, porque me excuséis a mí el decírselo más claro. Vamos pues a lo que importa, y a lo que me ha preguntado vuestra Majestad, acerca de su talento. Qué vano, y que severo responde. Digo, señor, que notando las acciones de su Alteza, su natural es bizarro, su condición muy compuesta, su entendimiento muy claro, y al fin su discurso es de un Príncipe soberano, que de vuestra Majestad. parece vivo retrato. Dios le guarde, que presumo tantas partes contemplando, que en honra de Portugal ha de ser del mundo espanto, pasmo de Europa, y asombro de los Reinos Africanos. Quiéralo Dios, porque vea vuestra Majestad temprano, en su crepúsculo el día, en su resplandor sus rayos. Que así me responda el Duque; ya no sé como llevarlo. Duque, escogí esta ocasión, por haber de oír entrambos una Misa, y porque a oírla más seguramente vamos, atended Duque, y creed por el sacrificio santo, que vamos a ver, en quien es Dios el sacrificado, que es verdad cuanto dijere. Yo he averiguado los tratos que en mi deservicio habéis tenido con don Fernando Rey de Castilla afrentosos para vos, y tan bastardos en vuestra sangre, que apenas creo lo que estoy mirando. Y así, en aqueste lugar, el más digno de Palacio, no con el poder de Rey, mas con razones de hermano, y amigo, como lo soy, quise advertiros, y daros a entender, que con aquella grandeza que siempre os hablo, y con el amor que os debo por pariente tan cercano. Aunque con hecho tan feo habéis, Duque, mancillado vuestra casa, y los servicios de progenitores tantos, estoy resuelto, estoy, Duque, determinado a borrarlo. de la memoria, y buscar ocasiones de premiaros, como si fueran servicios, los que ofensas son, y agravios. Solo quiero, solo os pido que os enmendéis, enmendaos, Duque y sed de aquí adelante obediente a los mandatos, y leyes de esta Corona, que Dios ha puesto en mis manos. Ya veo que las pasiones. se vencen mal; ya reparo en que mis Corregidores, en las tierras se han entrado de vuestra juridición. Y si han excedido en algo, que si habrán, que son ministros; no por eso ha de causaros alteración, que los hombres de nacimiento tan alto como vos, más bien parecen prudentes, que apasionados. Y fuera razón que vos hubiesedes, Duque, dado con vuestra paciencia ejemplo a naturales, y extraños. Valga pues aqueste aviso, que yo os prometo hacer cuanto pudiere, haciéndoos merced en los pleitos que tratamos. Con que olvidados disgustos, y rencores olvidados, yo piadoso, y vos leal, nos enmendaremos ambos, Señor, todo lo he sabido, y todo, si no me engaño, es temor que me ha traído. Cuanto a lo primero, os hago muchas gracias por la honra que me habéis hecho: y hablando en lo principal, ofrezco con mi vida mis estados a vuestros pies; y os suplico deis menos crédito a tantos envidiosos como asisten en los Reales palacios: doliéndoos de la desdicha de aquellos que más cercanos a los Reyes por su sangre ocupan lugares altos. La mía, señor, es vuestra: y es traidor quien ha pensado que pueda caber en mí el más leve desacato contra vos, siendo en ofensa. de la lealtad que idolatro. Yo desleal? Mucho me alegro de oíros abominallo, que cerca de arrepentido está el que conoce el daño. Yo arrepentido, señor? yo culpa? Duque, hablad paso, entrad, que espera la Misa. Cielos, de cólera rabio. Brito, fija ese cartel, sepa el de Verganza; y yo le daré a entender por él, que injustamente ofendió a un vasallo noble, y fiel. Ya en el Palacio fijada tu veriganza está. Al valor, Brito, no le turba nada; si por sangre es gran señor, sea valiente por la espada. Postas hay para los dos, callar la afrenta, es sufrirla, a la raya de Castilla me parto: Violante a Dios. . Tan contra mi voluntad vino el Duque, que deseo, Duque, hermano de Viseo, que salga de esta Ciudad: que en ella pienso que está por influencia de estrella toda mi desdicha. En ella su Majestad le dará licencia, si V. Excelencia se la pide, pues no hallo que a tan ilustre vasallo le pueda negar licencia. Cuando yo al Rey se la pida, no dudo el tabor desnudo del Duque: si temo, y dudo que la tenga merecida. Aquí, cuando salga el Rey, puede V. Excelencia hablarle, y a que vino, y no se aflija: mas que cartel arrogante es este? Ay de mí, cartel! no hay voz que no me aconarde. , h , d , h 4 Qué es esto Duque? qué es esto? Atrevimiento notable: un Escudero se atreve a desafiar los Grandes de Portugal? vive Dios que el Rey tiene en esto parte, y que es el quien le da aliento. Hermano, de eso no se hable; que nunca el Rey es culpado. Cómo no? pero el Rey sale. eño Esa noticis r, envía Gaspar Jusarte, de los tratos con Castilla del Duque de Verganza. Habien por mí las leyes, pues ya la piedad con él no vale: que en ofensa mía quiera el Duque precipitarse, y que mi piedad desprecie, no debo más de avisarle: primero soy yo que el Duque, quien lo debiere lo pague. Duquesa, pues vos aquí? Y con pesares tan grandes, cuanto vuestra Majestad es justo que los repare. Pues bien, Duque, que se ofrece? Vuelva a mirar los umbrales de Palacio, vuelva, y mire vuestra Majestad que ultrajes padecen los que nacieron con el blasón de su sangre. Esto se ha de permitir en la Corte? esto se hace donde vuestra Majestad, que el cielo mil años guarde, nos gobierna? Duque Duque, a espacio, que el Rey no es Ángel, que ha de prevenir excesos aún antes de ejecutarse: qué tenéis? Vasco de Almeida atrevido, y arrogante fija cárteles, y reta al de Verganza: entre iguales aún era grave delito: esta ofensa a vos se hace, señor. Confiésolo así, pero puedo consolarme, con que es Dios mayor, y el hombre se atreve ingrato a enojarle. Contra mí son los carteles, mucho quiere aventurarse don Vasco; pero de él solo no creo facciones tales, más espíritu le alienta. Duque, si vos le agraviasteis, y no hay otro medio en quien el pueda desagraviarse, hace como Caballero lo posible de su parte: mas yo lo remediaré: Nuño partan a buscarle, y a prenderle los caminos se tomen por todas partes. Mejor es, señor, pues ya mi persona aquí no os hace falta ninguna, que deis licencia para tornarme a mis tierras, donde algunos negocios inexcusables me llaman: que cuando a vuestro servicio sea importante, siempre estaré a vuestros pies. Y yo, sin que me levante de ellos espero alcanzar esta merced. Nuño, obrasteis lo que os dije? Sí señor. Tenéis prevención bastante? Todo prevenido está. Duquesa, Nuño Jusarte, dejadnos solos, que importa, y tengo un negocio grave que consultar con el Duque. Poco dichosas señales veo en el Rey. Mas parece prenderle, que consultarle. Ya estamos solos ahora, que aquí no nos oye nadie: deseo saber la causa, Duque, que pudo obligarle a don Vasco, que papel le abristeis? Este, miradle. Qué es eso? Unas cartas son de correspondencias graves, que porque. Mostrad, mostrad. Señor, el cielo se cae sobre mí las cartas son donde ofrecen ayudarme los Reyes. Qué decís? Digo, Qué turbación tan notable? Hareisme, señor mercede Duque, no puede negarse, que lo que pedís es justo, pero más justo, y más fácil fuera tomar mi consejo, y con intentos cales tratar de vuestra obediencia: como Rey, y como padre os lo pedí, y aunque vos obedecerme jurasteis, lo abes cumplido muy mal, nadie como vos lo sabe. Y así por la voz, que ya por todo el Reino se esparee, tan contra el Real decoro, cuanto a vuestro honor culpable. Conviene que por ahora os quedéis, porque se trate, Duque, de vuestros descargos, si algunos en esto valen. Pues cómo podré, señor, cuando obligaciones tales me corren cumplir con ellas. Es bien que el duelo me llame, y qué deje de salir? A un preso no hay quien le agra- Yo preso, y en su poder (uie, las cartas, terrible lance: en viéndolas soy perdido, matarele porque acabe de una vez. Qué es eso? Nada: venciome solo en mirarme. Preso me dejáis? Si Duque. Oídme, señor. Ya es tardo. La doble echó, y me dejó, cautelosamente grave, preso en Palacio: qué injuria! que desdicha! qué desaire! Ya el peligro en la evidencia me amenaza, y persuade: ya llegó a lograr la dicha de sus intentos cobardes. Pero no hay aquí balcones por donde puedo arrojarme a la desesperación, primero mi vida acabe: máteme mi atrevimiento, y su rigor no me mate. Pero ya toda la guarda prevenida está en la calle, tomados están los puestos: todo el remedio me falte, pues yo me vive al peligro, rompa un escollo la nave, y sorba el mar sus ruinas desde la quilla al velamen. Su Majestad me ha mandado que yo a V. Excelencia guarde con el decoro que es justo. Mandó que me desarmaséis? No señor. Esta es mi espada. haga yo más que el Rey mande. No señor, que Va Excelencia, aunque preso, Dios le guarde, es quien es; y esta ocasión es donde puede mostrarse del ánimo la grandeza; y yo espero que he de hallarme en los aumentos de honor de V. Excelencia, Jusarte, mal pensáis, que cuando el Rey prende a un hombre de mis partes, gran causa tiene, y no es para volver a soltarle. DA ERA ERe
JORNADA TERCERA
Cómo está el Duque? Señor, como preso, y apartado de vuestra gracia, aunque ha dado muestras del mucho valor que goza: pues aunque espera ser juzgado: tan constante muestra sereno el semblante, como si libre estuviera. De don Vasco ha habido quien diga? Sí señor, y ya está preso. Dónde está? Prendiéronle en Santaren, y con guarda suficiente le traeran a vuestros pies. Que el Imperio Portugues, dilatado hasta el Oriente, se vea tan oprimido de aquellos mismos que fueron los que ensancharle pudieron, culpas de mí solo han sido. Y por diferentes modos debo de ofender la ley, sin duda que soy mal Rey, pues que se me atrevien todos. Sabéis Nuño vos, si injusto yo he faltado a la piedad? Señor, vuestra Majestad prote decono Rey justo. Decídmelo, no tengáis escrúpulo, ni recelo, que os juro por todo el cielo, si con claridad me habláis, de haceros merced: callarme lo que sentís, no es razón: sepa, Nuño, cuales son mis hierros, para enmendarme. Señor, si a los malcontentos habemos de daroído, dicen que habéis destruido con pareceres violentos a la autoridad Real ois privilegios mayores ve gozaban los señores, Grandes de Portugal. Dicen más? Esto sospecho le dice el que dice más. Pues Nuño, si eso no más icen de mí, está bien hecho: os Grandes no han de tener cabeza en los extremos. luchos Reyes no cabemos, n Rey no más ha de haber. ̱. Aquí, señor, está ya lon Vasco preso. Entre pues. Delincuente a vuestros pies, melealtad, señor, está. Vos sois leal? Porque soy an leal, en atrevido onfieso que he delinquido, por eso preso estoy. No son intentos fieles as venganzas: y pues vos an contra mí, y contra Dios ijáis públicos carteles. yo haré un castigo ejemplar, que autorice el nombre mío. Vos público desafío? vos batalla singular? Nuño llevadle a una torre, londe averigue, y conozca le mi rigor los efetos, veriguación penosa. Y yo, señor, que inocente en criminales congojas soy la chispa desta rragua, y la maza destamona, he de ir preso? Vos también. Señor. Acabad. No corra la mano el señor ministro tan cruel, y cortadora, que todos somos de carne. Todos? Sí señor, y todas. Acaba necio. No es necio quien temiendo una mazmorra, es porfiado. Cobarde, una prisión te alborota? Cómo una prisión? y aún media, y yo la trocara ahora por la mitad de un cuatrín. Tu bajeza me deshonra. La verdadera bajeza, es morir, porque no hay cosa mas vil que un muerto. Ea vamos. Vamos, llévenme: a que bodas me convidan la prisión es alguna cantimplora de San Martín, o Alaejos? Qué es eso? No es otra cosa, que ir preso de mala gana. Haced lo que os mando, Moscas. Idos pues. Tus pies Reales beso. Nuño ida saber si han dado su parecer los jueces: y siendo iguales los suyos al mío, luego la sentencia me traed, para firmarla, y creed, sin estar de pasión ciego, que si en su fortuna abara el Duque ingrato tuviera mil vidas, culpa tan fiera otras tantas le quitara. Pague esta vez su malicia, porque sirva de escarmiento: que si bien su muerte siento, es primero mi justicia. La Doquesa de Verganza pide licencia. Qué haré? mas si a mi dolor busqué pena que en justa venganza de una vez quite la vida: A esta es la ocasión mejor, pues me acabará el dolor de mirarla enternecida. Entre. Ya está a vuestros pies. Dejadnos solos. Señor, con respeto, y con temor, que aplauso debido es a vuestra grandeza. Alzad Duquesa. Sabré primero. Alzad. Suplícaros quiero. Decid, mis brazos tomad. Llegue mi llanto a esos pies, señor. A tantos enojos, enternecerse mis ojos, es valor de un Portugues: a quien tanto amor inflama con bien cortesana herida, que siente más que la vida la terneza de una dama. Decid Duquesa. Señor, digo: como acertaré que mi dolor bien se ve lo grande de mi dolor. A pedir vengo un favor; mas siendo vos tan galán, cuando a vuestros pies están de mis ojos los despojos, quien negará que mis ojos el favor alcanzarán? El Duque, más para que lo que vos sabéis repito: donde es mayor el delito, hace la piedad más fe. Su primo sois, ya se ve; yo vuestra prima; y cuñada, suspended, señor, la espada, aunque es grande su malicia, quede esta vez la justicia en lo severo envainada. Hijo Diego, a vuestro tío por vuestro padre rogad. Este Ángel, señor, mirad, si no vale el ruego mío. Respete del rayo el brío cuando baje más cruel hacer su castigo en él esta temprana puericia: y si es rayo la justicia, sea mi hijo el laurel. Parece que enternecido, la espalda, señor, bos enternecido os habéis, aréis, señor, lo que pido. a piedad pide partido la justicia, y se allana omo a deidad soberana: aunque cierta determina, eje ahora el ser divina, perdone como humana. llantos llanto competimos, me engañan mis enojos, ese lienzo en vuestros ojos he dice que un mal sentimos. ves si con llanto pedimos, oja yos, y vos por los dos, vos os pedís, por Dio eñor, que me socorráis: pues mi pena lloráis, emediadla vos en vos. Aunque el soberano nombre e Roy, mi aliento su blima, o es posible que reprima is obligaciones de hombre. las primero es el renombre e justo, no es bien que baje ejusticia a tanto ultraje. castigarle me obligo, plegue a Dios que el castigo carmiente a su linaje. n vano el llanto me impide acer justicia severa. ̱. Señor Rey, haga siquiera que mi madre le pide. Mal a lo justo se mide piadoso. No responde? Cuando tan mal corresponde Duque ingrato, y cruel. ,. Hizo efeto este laurel, Rayo, señor, se esconde. La sentencia: mas que veo, no es la Ducuesa? Ay de mí. Sí, la Duquesa está aquí, que haré, volverme deseo, que firmar en su presencia la sentencia. Nuño amigo, llegad, qué es eso? El castigo. Qué me decís? La violencia: aquí aparte me escorbad. Decid. Pues os vais, señor? Aguardad. Es mi temor profeta de su crueldad: aparte Nuño, ay de mí, con el Rey! Aquesta es la sentencia, firmad pues. Qué grave pesarsentí, que no le hallaron disculpe! Son los cargos muy atroces. La justicia me da voces, y el Duque tiene la culpa. Disimulad, y no sepa la Duquesa este pesar, si bien no tiene lugar en mi pecho donde quepa. Mostrad. Señor. Qué decís? Que estoy aquí, reparad. Decís bien, mas esperad. Pues qué firmáis so escribi Una firma, que confirma la grandeza que hay en mí. Tío, pues óígame a mí antes de echar esa firma. El rapaz me ha enternecido. Firmo. No firme. Por qué? Porque pregunta no sé. Mucho en eso has respondido: hay terneza semejante? pero ya pasa de ley mi remisión. Señor Rey, alma tiene de diamante. Un Ángel debes de ser. Mal a quien es corresponde. Sin saber lo que responde, me responde sin saber. Como es Ángel, nada ignora: a su ruego responded. Mostrad la pluma. Tened. Dejadme firmar ahora, que yo haré cuanto pudiere, por vida de vuestra madre. No firme contra mi padre, y firme lo que quisiere. Como al encanto el oído, debe el que juzga cerrar, porque no pierda el lugar a la justicia debido. No ha de torcerse la ley por ruego grande, o piadoso: hacer justicia es forzoso, esto es primero. YELR Tomad despáchese presto a este hidalgo Portugues. Y vos Duquesa después, (divertitela con esto) me ved, y hablad a los jueces, que puede ser importar. Dadme la mano a besar. Y yo os la beso mil veces. Sobrino consolad vos a vuestra madre. Si haré. Es posible que firme viendo a mis pies los dos? Qué me consuele decís! luego mi pena afirmáis: L la espalda volvéis, y os vais? mal, señor, me despedís: justicia hacéis bien hacéis: mal hacéis, y no os asombre, que aunque Rey, señor, sois hombre, y como hombre me ofendéis. Que si juez sois justiciero, si hombre os miráis, es forzoso ser con mi llanto piadoso: no me mbláis? mal de esto infiero. En fin se fue sin hablarme: mucho zabando me dijo, sin esperanza voy hijo; mal podéís vos consolarme. Vamos temiendo el desvío del Rey, asido a la ley. El bien puede ser buen Rey, mas no pareco buen tío. En esta honrada prisión me tiene el Rey, y sospecho, que aunque contra mí se ha he el bastante averiguación. Solo que mude intención desea, y vive engañado: que del intento empezado no me he de apartar por eso: soy mucho hombre para preso, y grande para enmendado. P Preso estoy en su poder; y me conviene aplicar el remedio de callar al mal: mas qué puede hacer la grandeza de mi ser, no asegura mis recelos. Quién puede inquietarme, cielos, si ignorándome vasallo, Duque dos veces me hallo, de Verganza y de Barcelos. Segura está mi cabeza: ni el Rey ni su Reino importa; el cuchillo que más corta se embotará en mi grandeza. Vil pensamiento, torpeza. que pensalla me ofendió. Yo cuchillo dije, yo? divertime, erre, soy hombre, olvídeme de mi nombre, y aún la prisión se engañó. Piense el Rey, que cuanto más piense contra mí, en llegando al gran Duque don Fernando, ha de volver paso atrás. Hizo Dios por un compas los hombres, mas la razón, el valor, y la atención de su mayor nacimiento, a unos les dio crecimiento, y a otros diminución. En sitio, en espacio breve, se ve sin mucha fatiga la humilde, y pálida hortiga, y el Cedro que al Sol se atreve. Cedro soy, a quien se debe por privilegios rodados, el honor de mis pasados, y así por natural ley, horrigas cortatá el Rey, mas no Cedros levantados. Dulces cláusulas repite, sin duda es algún criado: menos cuidados le afligen. La verde grama en el campo, alegre, y contenta vive, porque las iras del noto perdonan a los humildes. No así el empinado Cedro, porque mientras más se erige, a mayor riesgo se expone, mas se fatiga, y más gime. Qué es esto? será del Rey este cantor infelice, que con asombradas voces se desvela en persuadirme. Músico predicador, que me quieres? qué repites ejemplos impertinentes contra mi dictamen firme? Mas válgame Dios, qué es esto? bulto odioso, sombra horrible, qué buscas? adonde, adonde tus torpes pasos diriges? adónde vas? A la muerte. Quién eres? El infelice Duque de Verganza. Espera, di pero ya respondiste para enmudecerme ay cielo. Pasos de pasion terribles adónde vais! pero el Duque al sueño potencias rinde. Quiero dejarle, descanse este rato que no vive: pues el descanso más cierto solo en no vivir consiste: mejor será despertarle. Sombra fiera, sombra triste, que me quieres? Ya os parezco sombra, señor, mas qué dije? ya es sombra quien por sus males de sombras negras se viste. Sombra me llamáis, y es cierto que ya padezco el eclipse de aquel esplendor primero que de vos tuvo su origen. Duquesa, viven los cielos que estoy corrido; invencible es el temor nada siento como que ahajado me mire la Duquesa, o quien pudiera cantar penas cómo el Cisne! Duque, no vengo a alegraros; que ya sé que no se admiten a los consuelos vulgaras los corazones fublimes. A veros vengo; señor, y no sé si a despedirme. A vuestros hijos, y míos, don Dionisio, y don Felipe los he enviado a Castilla: a Diego enviar no quise por su niñez, y terneza. Ved si vive como vive, quien en tan distantes partes todo el corazón divide. Duquesa no me cogéis de susto, pues aunque quise encubriros mi cuidado, va el negarlo es imposible. Yo me ne visto sin cabeza; aquí una visión terrible me espantó, si bien a todo mi corazón se resiste. Ya los Jueces auran dado la sentencia: nadie admire la brevedad, que no es mucho siendo un Rey quien los asiste. Vinte días he tevido. de prisión: más de que sirve ser luyo el pleito, si el quiere que aprisa se determine: mi vida importa muy poco, y al Rey le importa que quiten este estorbo: muera pues quien se hizo esclavo de libre. Valor tengo para todo: solo, Duquela, me aflige vuestra pena: y solo os pido que la desdicha no pise el animo generoso, y el valor con que nacistes. Abrazadme, y no volváis a vermo, que no permite vuestra grandeza estos pasos. Que abrazos tan infelices. Señor? Nuño, V. Excelencia, pues el caso lo permite, nos deje solos. Ay cielos! Qué falta que se averigue con el Duque cierto cargo, en quien su vida consiste. Traes, Nuño, buenas nuevas? Después las sabréis, retiré Excelencia su persona, y perdone. Ca Permitidme que le dé al Duque los brazos, opitr Será el abrazo infelice por postrero. Duque, adiós. Oh qué mortal despedirse! No sé que me dice el almao No señora, no vais triste, Ni sé si vivo, o si muero. Vuestra terneza me aflige. Si os veré, mas ay de mí! Son mis cuilpas tan terribles. Mi dicha es siempre tan poca. Que tengo por imposible. Qué hará verdad mi sospecha! Que me veáis, ya lo dije. Pues no vea el Sol mi cara, con este manto se eclipse, hagan funebres exequias a mujer tan infelice. Podré hablaros? Si Jusarte, que es mi valor invencible. Y aunque el llanto de mi esposa toda el alma pudo hetirme: mi corazón quiero que por inmortal me eternice: qué dudáis? Temo deciros. Sin decirlo lo dijisteis; no temáis, que mi valor ha prevenido estos fines, y quien su muerte previene, cuando muere es cuando vive. Señor, si ya V. Excelencia creyese de mi verdad que es más en mí la piedad que el rigor en la sentencia: sería en tal descon suelo algún alivio, y tendría en desdicha que es tan mía el socorro, que el consuelo. A notificaros vengo no sé, perdonad señor. Nuño, aún me queda el valor de aquella sangre que tengo. No os turbéis, que no es razón: Siodosea del Rey obedecida cienla voluntad que en la vida para su juridición. Y esa debe a quien la dio hasta quedar satisfecha, cuenta, Nuño, tan estrecha que no se la envidio yo. Leed Dice afis EAllamos por la culpa que estás veriguada contra el Duque de Verganza, acusado in primo ca- pite, que debemos de conder lle, y le condenamos a que en blico cadahalso le sea cortado cabeza; y sus bienes, y est extínguidos, y confiscados para el Realtisco, y por esta nuestra sen- tencia: así lo pronunciamos, y man- damos. Pues al fin no hay quien abone la causa de este rigor, decid al Rey mi señor, don Nuño, que me perdone, y que con amor procure, ya que de rigor ha usado Seño en mí, hacer que su Reinado viva, permanezca, y dure. Que no hay imperio mayor que el que en las almas se impone, ni es Rey a quien no corone la diadema del amor: dejadme, y tomad mis brazos por última despedida. Holgárame que su vida defendieran estos lazos. por, solo he quedado, vos conmigo, ompañía me hacéis, en mis prisiones, que solo vos en tales ocasiones no faltáis, como Dios, y como amigo. Ya es otro tiempo ya los pasos sigo que a vos me llevan, ya las ambiciones que hasta vos levantaron torreones, entregaron la fuerza al enemigo. La autoridad, la honra, la grandeza, y la vida, Señor, os sacrifico; bien sé que de mi culpa es corta paga. Mas como quiera que el que paga empies a caminar por vos de pobre a rico, la falta mía en vos sa satisfaga. mía en vos sa sat Dejadme todos, dejadme, nadie divertirme intente, que a tanto vulgo de penas quiero morir muchas veces. No os vais? 1. Señor. No os detengan mis sentimientos cruieles: dejadme morir a solas, nadie mis penas remedie, que se ha la mejor un trise cuando él solo se divierte. . Firme la justa semtencia, primer motivo en los Reyes. Morirá el Duque a tirano! que ocasión te di que fuese bastante a querer quitarme la corona de las sienes? En Portugal no eras tú dueño absoluto, tan fuerte, que cualquier decreto mío, aprobado de los lueces, en bueno, o en mal suceso; si se valia la plebe A de ti, solo al ruego tuyo se moderaban las leyes? Tal vez alterado el vnigo, en las Ciudar es rebeldes, al pecho que les impuso mi necesidad urgente? Aunque contra mí las armas tomaron los Portugunsas, temple mi enojo porque tu estimación fue de suerte, que bastó pedirme tú que este desaire supiese, perdonándolos a todos, cuando luego se concede. Pues cómo, traidor ingrato a tanto favor procedes? como, pregunto ignorante la pregunta me parece, porque bastó a hacerte ingrato el fiarme de ti siempre? Duque de Verganza fuiste, estimado de los Reyes, tan Rey en la estimación, como si el cetro tuvieses. Y ahora ambicioso, y loco al desaire te concedes. de morir, por ser traidor: mal fiaste de accidentes del pueblo; pero gozaste, y gozaras de esos bienes. Que si Dios en tu ambición esa vida te concede, será por pecados míos. Con justa causa la tienes, cuanto a mí, mas cuanto a Dios que mira piadosamiente mi causa, no ha consentido, ni consentirá, que aleve un vasallo tiranice el puesto que no merece. Nuño, amigo, hablad. El Duque Pues qué os suspende? ejecutose el castigo? no me habláis? Notifiquele la sentencia; obedeció noble, Cristiano y prudente; pero aquí viene don Basco, de quien informarte puedes, que con orden tuya, yo, porque sin culpa padece, de la prisionle saqué. Y el anduvo tan valiente, tan Cristiano Caballero, que sin que a besarte llegue la mano, al Duque asistió, echándose muchas veces a sus pies, dando los dos indicio de amigos fieles, Y así, con vuestra licencia, viéndole honrado, y valiente, le hecasado con mi hija. Cuerdo parecer es ese. Él os dirá lo demás, que el pensarlo me enternece. Murió el Duque? Ya murió, como destroncada suele la rosa de tosco arado: y desde aquí puedes verle. Ya mi valor prevenido está a mayores báyuenes de pesares muera el Duque, para que otros escarmienten. Quién está fuera? Señor, el de Viseo. Pues entre, los Grandes, y señores de mi Corte juntamente. Casi todos le acompañan, y ya a tus órdenes vienen. Seáis todos bien venidos: el de Víseo que quiere? Qué honréis al Duque, señor, sino en su vida, en su muerte. Abrid de esa galería los balcones que he de verle. Lusitanos valerosos, Grandes, nobles ricos, plebe, quien quiso ser vuestro Rey matándome a mí, es aqueste: mirad cuan poco les dura la ambición a los crueles. Y vos Duque de Viseo, primo, y cuñado atendedme: por vuestros pueriles años, que os disculpan como pueden, vuestra cabeza a mis ples no está como la presente. Escarmentad en la suya: porque no todas las veces hallan lugar las disculpas en agravios de los Reyes: ni se ha escapado tirano, que no pague lo que debe. Señor. Llegad a mis brazos que honraros de hoy más pretende Y yo prometo serviros como leal muchas veces. Y si ne lo hacéis, cuñado, yo sabre satisfacerme: cubrid el funesto asombro. De fin la trágica muerte del gran Duque de Verganza, cuyo mayor descendiente siguiendo los mismos pasos, hoy a Castilla se atreve.
