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Texto digital de Los trabajos de David y finezas de Michol

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Cristóbal Lozano Sánchez
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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los trabajos de David y finezas de Michol. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/trabajos-de-david-y-finezas-de-michol-los.

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LOS TRABAJOS DE DAVID Y FINEZAS DE MICHOL

JORNADA PRIMERA

FEmplad, hermanos, las iras, y no tiñáis los aceros en quien tiene merecidos, en vez de castigos premios. Vaya a guardar el ganado. Que vaya al monte queremos. Con que mi padre lo mande, digo, hermanos, que estoy presto. Ah de ir, o::- Qué cosa es esta? no basta estar yo por medio? No veis, señor, que nos deja con el Rey muy descompuestos? En qué forma u de qué modo? Porque consintió soberbio, que en el triunfo le aplaudiesen con más altos epitectos que al Rey mismo. Pues qué culpa me impugnáis de lo que hicieron las damas en mi alabanza? Que las harías los versos. No hay tal, porque jamás yo he trabajado a mi ingenio en Poema, que no vaya dirigido al alto Cielo. Coplillas al son de adufes son mujériles conceptos, y no se ajustan al arpa si no es cánticos supremos. En fin, quiso el Rey mataros, y os habéis venido huyendo. Es verdad, pero lo causa no estar el Rey en su acuerdo, que es demonio quien le irrita, y huir de un demonio es bueno. Al Rey con eso afrentáis. Sois un villano grosero. Hablad bien, que soy David. Ea, que ya os entendemos, que tenéis humos de Rey desde cuando aquí os ungieron. Bueno está, digo otra vez; y si con callar no os muevo, probaréis de mi rigor las iras que fragua el pecho. Eso es, decid, ser hermanos? ser hijos míos es eso? Perseguir su misma sangre, qué bárbaros lo aprendieron? En qué ha pecado David, cuando de todos los Pueblos me han venido parabienes de las hazañas que ha hecho? Si ha rodado la fortuna, qué hay que afligirle, sabiendo, que siempre a los hombres grandes prueba en trabajos el Cielo? Contadme lo que ha pasado. Yo te haré relación de ello. Idos vosotros de aquí. Obedecerte es precepto. 2. Ya sabes, amado padre, que aquellos años primeros en que gastan las niñeces la primera flor del tiempo, por necesidad o gusto, o por ser de ocho herederos el ústimo, que es desdicha llegar a nacer postrero, o por todo junto en fin, me hiciste entre los Ganaderos de los montes de Belén Pastorcillo bien atento. Guardaba allí tu rebaño, siendo mis divertimientos tocar a veces un arpa, y a veces por los oteros seguir cual rayo a las fieras; que hartas veces cuerpo a cuerpo hice a mis plantas rindiesen los bravos y érguidos cuellos. Vestido de pieles toscas, no envidiaba los aseos de la Ciudad, pues no hay gusto mayor, que vivir contento. Pasaba así pues mi vida, cuando por suerte del Cielo, entre mis hermanos siete me viste ungir y fai electo para Rey, para Monarca del Israelítico Pueblo. Qué mal hacen, que mal hacen los que dan, padre, los premios a vista de otros, que piensan que se los deben a ellos! Dígolo por mis hermanos, pues desde entonces me han hecho, envidiosos a mis dichas, mal tercio en mis valimientos. Remitísteme a la Corte a petición del Rey mismo, por si en mi música hallaba a su dolencia remedio. Divina salió la cura, pues al son de mi instrumento dejaba al Rey con agrados, y al accidente con miedos. Aficionado Saul a mi música, a mi ingenio, mandó quedarme en Palacio, dándote cuenta primero. Honrome con un oficio, con que los Grandes me hicieron lugar, procurando todos mi favor en sus empeños. Como era yo tan muchacho, sin sospechas, sin recelos jugaba con las Infantas, hacialas galanteos, Sin saber lo que me hacía; que hay casos que aún el más cuerdo, sin saber lo que se hace, se arma lazos a sí mismo. Aunque las dos son hermosas, sentí que con dulce imperio me iba arrastrando Míchol el alma por los cabellos. Di en mirarla con agrado, di en hacerla algunos versos, di en no hallarme sin su vista, di en celar sus pensamientos, di en seguirla a todas horas, llegando esto a tal extremo, que aún yo mismo eche de ver, que no andaba bien en esto; que aunque amor vence imposibles, y alcanzan perdón sus hierros, quien nació humilde no es justo busque desvanecimientos. Viéndome pues, aunque noble, Pastor, y a mi hermoso objeto considerándola hija de un Rey, a quien reverencio, por más que la vi prendada de mi amor, por más que el fuego comenzó a dar batería con amorosos incendios, me resolví a morir antes que me arrestase el deseo a demasías, que manchan de una Majestad los fueros. Troqué memorias a olvidos, puse tregua al pensamiento, Sintió Míchol mi descuido, sentí su desasosiego; que aunque son rapacerías, y nadie repara en ello, jamás faltó en los Palacios quien envidiase a un discreto. En fin, sin averiguarse la causa, razón o intento, dejé a la Corte y volví a mis ejercicios nuevos, trocando por el pellico galas que vistió el aseo. Pasáronse algunos años, cuando de los Fristeos se embravecieron las guerras, poniendo al Rey en aprieto de salir personalmente a la defensa del Reino. Tú, en quien siempre aquellos humos de mis invictos Avuelos huméan, porque hay cenizas que siempre conservan fuego, enviaste a mis hermanos al Ejército, queriendo ganasen a fuer de nobles con su Rey honroso sueldo. Como padre pues juzgando, que unos días de silencio suelen ser en quien bien quiere anuncios de un mal suceso, me rogaste (no es bien dicho) me mandaste (así lo enmiendo) fuese a ver en los Reales la disposición, el tiempo y el estado de las cosas, llevando también refresco, porque mis hermanos vieran en el regalo tu afecto: que en un mediano interes los hijos más verdaderos suelen negar a sus padres las deudas con que nacieron. Partí obediente a tu gusto; llegué al Real, que hallé puesto del Valle del Teberinto en los empinados cerros, Llegué a tan fuerte ocasión, que un Gigante Filisteo, monte de carne con alma, roca preñada con huasos, con quien fuera Nembrot niño, y un rasguño el Polifemo, tan desde el pie a la cabeza cubierto de armas y hierro, que al más soberbio Elefante le hiciera crujir el peso. Este pues Gigante espurio, Goliat por nombre, blandiendo un grueso pino por asta, bravo, arrogante y so berbio, bajó al Valle, y con escarnio comenzó a retar los nuestros, proponiéndoles a todos la batalla cuerpo a cuerpo. Asombrado se halló el Rey, a fuer de confuso, viendo, que todo el campo uno a uno se hicieron todos al miedo. Mandó pues echar un bando, su hija mayor ofreciendo, con otros premios, a quien le sacase del empeño. Nadie arrostraba a la lid, aunque eran tales los premios, y los que más braveaban, entonces enmudecieron. Ufanábase el Gigante, y continuaba sus retos, que es propio en viendo flaquio cobrar el contrario alientos. En este estado hallé pues las cosas, cuando en mi pecho sentí tan fuertes impulsos, auxilios tantos del Cielo, que me pareció que un mundo de Gigantes contrapuestos a mi valor quedarían entre mis brazos deshechos. Dejémelo así decir: mis hermanos me riñeron: si fue envidia, ellos lo saben, pudo ser que fuese celo. Llegó al Rey esta noticia, llámame a su tienda luego, voy a sus pies sin turbarme, exámina mis intentos, repruébame el ser tan mozo y el Gigante tan guerrero. Pícome a fuer de valiente, cuéntole todos mis hechos, y que es más vencer Leones, que a espurios, que con despreció retan del Dios de Israel gentes, que gobierna él mismo. Agrádase de mis bríos, mándame salir al reto, y aunque me vistió sus armas, salí sin ellas, haciendo con mi báculo y mi honda alardes que pasmé al Pueblo. Por las cumbres de los montes los dos campos contrapuestos se pusieron a la mira del más celebrado duelo. Goliat, corrido, de verme, rabias al Cielo escupiendo, con mil baldones me ultraja, y me amenaza con fieros. Mas yo en nombre del Señor, a quien los Orbes inmensos hincan la podilla humildes, satisfago tan a tiempo, que ya abrasado en sus iras, y ya en sus enojos ciego, para mí se viene: y yo tan activo, cuanto diestro, uno de cinco guijarros, que él arroyo de los Cedros me ofreció limpios de arena entre sus cristales tersos, pongo en la honda, hago el tiro con tan valiente denuedo, que del cáñamo aún apenas sintió el estallido el viento, cuando de la piedra al golpe cayó el Gigante en el suelo. Viste un soberbio edificio, que ya los cimientos huecos, desmoronados a edades, o carcomidos del peso, al verse herido del rayo que de sus preñados senos vibró entre abortos la nube, cae haciendo tal estruendo, que aún a los montes que miran con mil lastimados ecos, tantos temblores esparcen, que embargan el aire a miedos? pues de aquesta misma suerte, al rodar el Filisteo, torre de Nembrod soberbia, tan grande tropel fue haciendo, que no solo aquellos valles y montes se estremecieron, si no muchos de los suyos cayeron del pasmo muertos. Tal fue el terror y el asombro del Ejército Geteo al mirar cadaver frío a quien respetaron dueño, que embargados en si propios, dieron lugar a los nuestros de hacer tumba la campaña de un millón de Filisteos. Al fin, con su mismo alfanje al Gigante segué el cuello, cuya cabeza ante el Rey fue el timbre de los trofeos. Las caricias, los aplausos, los favores que me hicieron no son para referidos, al buen discurrir los dejo. El Príncipe Jonatas me dio sus vestidos mismos; que solo su amor pudiera hacer bizarros excesos. Marchamos pues a la Corte, despoblándose los Pueblos con fiestas y regocijos, señalándose en extremo las damas y las doncellas, que al son de sus instrumentos mil coplillas me cantaban; de una pienso que me acuerdo: Venga en buen hora el Zagal gentil, que si Saul mil ha muerto, a diez mil mató David. Vi desazonado al Rey al escuchar los acentos; si hubo otra causa, lo dudo, que fue envidia es lo más cierto, porque ajenas alabanzas a nadie hicieron buen cuerpo. Nunca más le vi con gusto, si no enojado, severo, apesadumbrado, triste, impaciente, mal contento. juzgando pues que el demonio causaba aquestos efectos, cual solia, tomé el arpa una tarde, que suspenso le hallé en mil melancolías; y apenas pongo los dedos en las cuerdas, y en los labios formo apenas los acentos, cuando arrebata furioso una lanza, y a mi pecho con tal violencia le embiste, que sino le hurtara el cuerpo me cose con la pared, e pues quedó en ella blandiendo. Viendo peligros tan claros, salí de Palacio huyendo, para que conozca el mundo lo que duran valimientos, pues al primer escalón de la dicha, en que me vieron coronado de victorias, en visperas ya de un Reino, de los Príncipes querido, hecho de una Infanta dueño, victoreado del vulgo, amado de todo el Pueblo, temido de mis contrarios, respetado de ellos mismos, a un solo vaiben cayó toda esta dicha en el suelo. Esto, padre, es de mi historia un testimonio; y si en esto hay causa, que mis hermanos me persigan, cuando ellos debieran antes honrarme, júzgalo tú como cuerdo; que yo que obediente soy a tu gusto, a tus preceptos, si antes te serví Pastor, Pastor a servirte vuelvo: si el desecho de tus hijos, más humilde por desecho: si antes de ungirme gustoso, ungido con más afecto: si entonces muy puntual, ahora más verdadero: si allí con más sencillez, aquí con más escarmientos; porque los trabajos son quien hace a los hombres buenos. Dame los brazos, David, llega, llégate a mi pecho, que me has sazonadó el alma con tus dulces desconsuelos. Pero qué clarín es este? . Ay Padre, y cómo recelo, que arma lazos la fortuna a esta vida que te debo! mas que vienen a prenderme! No lo permitan los Cielos. Ahora verás, señor, los amenazados riesgos, que ya cordel, ya cuchillo preparan a nuestros cuellos. Un gran trozo de Soldados, tan armados, cuanto diestros, cuyos tafetanes bordan pabellones sobre el viento, y las aceradas armas hurtan al Sol los reflejos, viene marchando a Belen, con tal tropel, que al estruendo, la Ciudad alborotada, y los ánimos suspensos, van poblando las almenas a ver desde allí el suceso. Padre, si a salvar la vida se han de prevenir remedios, a la puerta está el peligro, y poco seguro hay dentro. Soldados del Rey, y muchos, cuyos penachos diversos son ramilletes de plumas, que visten de Abril al viento, vienen buscando:- . A quién? di. A David. . Para qué efecto? No se dice. . Si es por mal, gustoso mi vida ofrezco con que os deje el rigor libres. Hijos, que servís de espejos al alma que os dio la vida, tanto os mira, cuanto os quiero. Eliab, mi mayorazgo, Aminadab, mi consuelo, que como a mayores, más os hago del alma dueños, mirad por David; mirad, que os tiene guardado el Cielo en él laureles que ilustren nuestra casa, timbres vuestros. A la puerta llaman. . Vamos nosotros, y estese quedo David. . Padre::- Esto ha de ser. Cuanto mandares haremos. Señor, señor. . Oh mi Brito: qué ha pasado? qué hay de nuevo? Apenas, señor, partiste, cuando la Infanta llorosa, desperdiciando la rosa, hizo alardes de lo triste; óyeme. un símil: no viste en un jardín una flor, qué bebiéndole el sudor al Alba, que la regala, madruga a salir de gala de un color y otro color? Y cuando más engreida al Sol, que la mira atento, le hace cocos ciento a ciento, bien dispierta, mal dormida, suele tal vez de corrida salir un cierzo cruel, que a lo verdugo a lo infiel, tantas heridas la da, que aún no queda jazmín ya quién blasonó de clavel? Pues de esta suerte Míchol, cuando más bella, en sí misma estaba metiendo cisma, si es la Aurora o si es el Sol, cuando en dorado arrebol se miraba más hermosa, llegó la pena enojosa de tu ausencia y de tu mal, y del dolor quedo tal, que aún no queda para rosa. Discretamente lo has dicho. Si señor, ya soy discreto, que dos días de Palacio adelgazan los pergeños. Ay Míchol del alma mía! No la suspires, que pienso que te has de enreinar con ella haciéndote el Rey su yerno. Ahora lo sabrás todo. Señor Doec, cómo puedo pagar mercedes tan grandes? Llega, David, llega presto, bésale al señor Doco la mano. . Turbado llego, . pues pienso que este me vende, envidioso y lisonjero. Dame los brazos, David, y las albricias con ellos, pues Capitán de mil lanzas el Rey mi señor te ha hecho. Tribuno te constituye, porque cual antes guerrero seas rayo en Palestina, haciendo estragos sangrientos; y aunque a la Infanta Merob te ofreció esposa, sabiendo (mal los amores se encubren) . que es Míchol a quien has hecho dulce objeto de tu vista, dueño de tus galanteos, y que ella también te quiere, a dártela se ha resuelto por mujer, en cuyos brazos te goces siglos eternos. Vuelve, David, a la Corte, sin temores ni recelos de aquellas furias del Rey, que está corrido, confieso, que su mal le ocasiónase a un arrojo tan tremendo. Falto me hallo de palabras a tales ofrecimientos. Mas cómo, Docc, decidme, en qué forma, como puedo, Pastor de Belén humilde, úíltimo de ocho herederos, cuyo caudal, cuando mucho, será un par de trillos viejos (que a tomar solo las sobras obliga el nacer postrero cómo puedo pues así, entre pobrezas envuelto, ofrecer arras, que basten a méritos tan excelsos? Todo eso está ya mirado, ya el Rey te dispensa en eso, con tal, que en arras le ofrezcas vidas de cien Filisteos. Pues atajada esta duda, no hay más, que al punto marchemos, tú a la Corte yo a Acarón, en cuyos vecinos pienso, antes que al Rey vuelva a ver, y antes que a los soles bellos de Míchol vaya a abrasarme, hacer estragos tan fieros, que como el que ensarta aljófar he de ir ensartando cuellos de los Paganos, que basten a darme el computo entero. Qué lindamente a Saul se le trazan sus intentos! perezca así este atrevido. Padre, adiós. . Con buen suceso te vuelva el Cielo a mis brazos: abrázame. . Soy contento. Ea id con David vosotros. Ya a su lado motiremos. Yo guardaré vuestras vidas. Y a mí que me papen duelos. Trepando el monte arriba va la fiera, tan brava, tan veloz y tan ligera, que como al pensamiento, alas parece que le presta el viento: ya se divisa en la empinada cumbre. Qué aún la caza me cause pesadumbre! Quiero aquí retirarme, no tanto a descansar, cuanto a quejarme de mi mal, de mi pena, de mi suerte; que si a darme la muerte se han conjurado todos, vive el Cielo, que antes que muera he de abrasar el suelo. Que un rapaz de Belén, que un Davidillo (que me afrento por Dios aún de decirlo) los ánimos arrastre de tal modo, que a mí me dan la parte, y a él el todo! Porque venció a un Gigante tengo de consentir, que el vulgo cante que es más que yo diez veces? Si supiera el Autor de las coplas, yo le hiciera, desmenuzado en átomos diversos, que bájara al Infierno a hacer los versos. Aunque la caza suele divertirme, hoy ha servido solo de afligirme, que como amo a David, y soy su amigo, cuanto hallo, cuanto topo y cuanto sigo lo juzga el alma por agüero triste, pues a ejemplos me dice: di, no viste cuando al seguir la fiera, divertido al tropel, a las voces, al ruido, Saltó de una enramada la cervatilla entonces descuidada? y quizá compasiva del fracaso, cuando se pudo huir, se puso al paso? Mas juzgándola estorbo el oso fiero, cruel la embiste, y mátala grosero, pagando la inocente la pena que pudiera un delincuente; porque de entrarse en la pendencia ajena, nunca se paga menos que la pena: y si respondo sí, ya lo vi todo, la consecuencia al símil acomodo; pues de la misma suerte temo en David tropiezos de su muerte: que mal puede salvarse una inocencia sentida con un Rey en la pendencia. Qué tema yo a David! que piense loco, que ha de usurparme el Reino poco a poco, y que en recelos tales gracias haya de hacerle en vez de males! . Beso tus pies, porque es David mi amigo muero de pena, y de pena rabio. Aquí mi padre está, y según le miro, . Por qué estás, señora, triste, hecho a la queja, pálido al suspiro, con pesadumbre está: quiero escucharle. Que pueda yo matarle, y me lo estorbe hasta mi propio hijo! de esto me encono más, de esto me aflijo; mas la traza que he dado, juzgo me dejará presto vengado. Tráígame por Michol las cien cabezas, que quizá sobre el caso le harán piezas, y más vale que muera entre Paganos, que no en su vida ensangrentar mis manos. No quiero escucarmas; hablarlequiero: Oh padre y señor mío? Oh mi heredero? o Jonatas querido, y a que buen tiempo el Cielo te ha traído! Engolfado en un mar de pensamientos, de ver cual veo casi con certeza, que te quita David de la cabeza el Laurel que me ciño, que quisiera, en la forma que lo riño, atajar embarazos semejantes, pues eres mi hijo tú, y eres tú antes. Ea, señor, olvida esos temores, deja venganzas ya, deja rencores. En qué, di, te ha ofendido David? quién más rendido puede haber a tu gusto? quién te ha dado hallarte en el que gozas dulce estado? Si no fuera por él, donde estubiera el Laurel que en tus sienes reverbera? Quién si no es él saliera al desafío, con tal gala, tal aire, con tal brío? Quién si no es él tómara por su cuenta librar todo el Reino de una afrenta? Pues si estás obligado, él sirviendo valiente, y mal pagado, tú con la deuda, y él aún no con queja, ya que nada le das, vivir le deja, que a quien te dio la vida des la muerte. Tienes mucha razón; ya el rigor dejo: o lo que vale al alma un buen consejo! No morirá David, viven los Cielos, aunque me cerquen montes de recelos. . A hurtadillas, a lo zurdo, que tengo de encubrir mi propio agravio! . Digo, que mate Dios a mi enemigo. si ya de David esposa vida pasarás gustosa? Ay Abigail! no viste acaso un pleito reñido en tres partes, a la una muy adversa la fortuna, y a la otra el poder rendido? Y viendo, que es la justicia de la parte más caída, porque agraviado no pida, dan un corte con malicia? Adjudícanle el derecho; pero (este pero es lo duro) que no ha de poseer el juro Sin dar primero tal pecho; y este con que puede ir con tal arte y condición, que suele sin posesión el que litigó morir? Pues de aquesta suerte yo considero mi ventura: mi padre a David procura darle el juro que ganó; porque aunque cual poderoso quiso la deuda negar, cual Rey no pudo llevar tener a un pobre quejoso. Pero con tal condición conmigo quiso casarle, que so color de pagarle le echó de mi posesión. Por cien bárbaros despojos mis arras le permutó, con que a los perros le echó en vez de echarle a mis ojos. Y así, si ausente le lloro, y a pique de no volver, qué gozo podré tener ausente de lo que adoro? que es inhumanidad y es rigor fuerte, . Graciosa lo has discurrido; pero fía de David, que le hará vencer la lid, mirar, que es ya tu marido. a lo tonto, a lo gabacho, y a lo entrome acá que llueve, vengo a enjugarme a tus rayos. Para ganar las albricias me he dado en verda un mal rato; que quise ganar por pies venirte a besar las manos. Digo pues, que tu David, esposo tuyo y mi amo, el matador de valientes, el destripador de bravos, a la Ciudad de Acarón envistió con tal desgarro, que no sé de sus vecinos si quedan con vidas cuatro. Si el Rey pidió cien despojos de incircuncisos Paganos, por cumplir mejor las arras doscientos despojos traigo. No quiero decirte más, pues es bastante lo hablado para que tu mano premie mi buen gusto y mi trabajo. Toma, Brito, este diamante. Besote de tu zapato los cinco puntos estrechos, que son para un sol muy anchos. A dónde queda mi dueño? Ya le tienes a tu lado, que tiene amor, y el amor corre siempre más que galgo. A tus pies, Michol hermosa, (si no es que me das los brazos) vengo cual antes humilde, por más banderas que arrastro: cómo estás? . Ya con mil vidas, pues te veo Que tan vanos salgan siempre mis intentos! no sé si podré mirarlo. Señor, disimula. . Mal en un pecho lastimado se disímula el dolor. Padre y señor por qué agravio vuelves a tu antiguo enojo? Porque estoy endemoniado: déjame, Príncipe. . Mira::- No hables más. . Terrible caso! Ay David! mi padre sale a recibirte. . Postrado a sus pies pero qué miro! tan severo, tan airado, tan enojado, tan triste; alguna desdicha aguardo. Ay Michól! . Llega sin miedo. Cumpliendo con tus mandatos::- Señor::- . Ya estoy entendido. Puesto a tus pies::- . Levantaos. Por Dios, que tiene el Rey cara para destetar muchachos, y no para casar novios. Vengo pues. Seáis bien llegado. Vengo, digo. . Qué queréis? no estáis ya, David, casado con Michol? os debo más? Confieso que soy tu esclavo. Antes os juzgáis ya Rey, pues sois el reverenciado, el aplaudido, el valiente; y supuesto que sois tanto, quitaos, David, de mis ojos, que no consiente un Palacio dos Reyes, y soy yo el Rey, sí, a pesar de villanos: vos a mí? Señor::- . Qué haces? Padre::- . Por el Cielo sacro::- Ven, señor, templa la furia. Vamos, señor, a tu cuarto. Temblando estoy como azogue, y aún pienso que estoy sudando. David. . Señora. Qué es esto? Qué ha de ser? estos son casos, que se ajustan casi siempre a los poco afortunados. Yo no sé en qué haya ofendido a tu padre; pero cuando no fue ofensa el hacer bien en corazones ingratos? Mas todo puede llevarse, pues que contigo me caso, que deshacen unos soles muchas nubes de trabajos. Tenga yo a Dios de mi parte, y veate siempre a mi lado, y más que el Cielo granice iras, furias, penas, rayos. David, ya sabes que soy tu amigo. . Soy tu vasallo. Mi padre está con su furia, puede hacer algún desgarro, y así es bien, que de él te ocultes, en tanto que yo le aplaco. A tu cuarto os podéis ir esta noche. . Tu mandato obedezco con mil gustos. La amistad que hemos jurado, que no ha de faltar te advierto. Seré eterno en todo cuanto te he ofrecido. Así lo fío. Vamos, Michol. Vamos. . Vamos, que quiero arrojar al río este costal, como cuando dan una carta sin porte, que la arrojan con los diablos. . No hay replicarme, Docc, que irritarás más mi enojo: traeme luego a David preso. A tu mandato estoy pronto; más reparo::- . En qué reparas? En la Infanta, que es forzoso, que haga sentimientos muchos. Haga muchos o haga pocos, esto ha de ser, que en materias graves, como las que toco, cuando a un Rey le va la vida o la honra o le va todo, mas vale que un hijo sienta del castigo unos asomos, que no que se quede el Rey a la merced de los otros: y así, parte con mi guardía, cerca la casa en contorno de modo que no se escape, pues va en ello mi reposo. Supuesto que estás resuelto, sin haberte sido estorbo mi consejo, ahora digo, que haces un hecho famoso; pues no es razón que un villano venga a echarte de tu Solio: muera David. Parte al punto, que estoy de pesares loco. Hay tormento mayor para quien siente, que a vista de sus ojos estar viendo, que le estén la mortaja previniendo, sin haber muerto, sin estar doliente? Podrá sufrir acaso el más paciente el que estén de sus cosas disponiendo, sino el tirano a fuerza de valiente? Pues si a mis ojos la mortaja miro, al Príncipe contemplo sin la herencia, y a David arrastrando voluntades, justa es mi queja, y con razón suspiro, pues no puede en un pecho haber paciencia cuando le dan garrote las crueldades, no el heredero a quien se están debiendo. De los brazos de mi esposa con harto dolor me hurto, pues no consienten que duerma penas, ansias, miedos, sustos. De la cama salgo al patio; pues si no me engaño, escucho, que andan royendo las puertas trasgos, duendes, gatos, bubos. Pasos siento por la casa, ciertas mis sospechas juzgo, que ya a la garganta ponen puñal, cordel, lazos, nudos. Batid las puertas y entrad. Si vienen por un disunto, entre el ataud, que ya peno muero, tiemblo, sudo. Mas quién está aquí? Un cadáver, un alma en pena, un lechuzo. Que saliese yo sin armas! válgame Dios, qué descuido! David falta de mi lecho, negándose a mis arrullos, cuando oigo la casa en armas, y es asombros cuanto escucho. Quiero llamar: David mío? Michol hermosa. Ay que susto me has dado! quién anda aquí? Qué es mi desgracia presumo. Hola, una luz. Ya está aquí. Veámonos ya los bultos, cuerpo de Dios, y sepamos en una luz, que muere uno. No ha de reservarse el lecho de Michol. Ya escampa el nublo, y caían ladrillos. . Ea, esto es hecho, sepa el mundo que una mujer con amor deshace ejércitos juntos. Ya miro que el riesgo es grande, el lance apretado mucho, el enemigo a la puerta, para huir ningún seguro; pero en la industría hay poder, y industria fue la que pudo salvar vidas en un arca por montañas de diluvios: entra, Brito, a aquella cama, haz en ella como un bulto. Y que me pesquen en ella a mí el coleto? oste puto. Yo estoy aquí, no hayas miedo. Ahora bien, yo me ensvaulo. . Ven, David, a esta ventana. Ya te sigo y bien confuso. Siguenos, Abigail, y ayúndame. . Ya te ayudo. . Ya estamos en la antesala, con que de todas las puertas están cogidos los pasos, y asegurada la presa. Sentirse tiene el desaire; mas siéntase o no se sienta, porque a mandatos del Rey es forzosa la obediencia. Llamo pues aquí a David: Ah Infanta? Qué desvergüenza causa atrevimientos tales? Tráteme bien vuestra Alteza, que soy Docc. Pues, mulero, idos a guardar las bestias. Qué esto sufro! ved, David, que el Rey me manda que os prenda. El Rey no manda en la cama, que yo solo mando en ella. Abrid pues. Harto me holgara de ir a abriros la cabeza. A no ser este el Palacio de la Infanta, no creyera que es David el que me habla: él me pagará esta afrenta. Ea, mi señora gusta (aunque salgo de revuelta) que os abra, llega y veréis con bien penosa dolencia a David: todo esto es traza . de Michol: Dios dé a mi lengua palabras con que esforzar tan discreta estratagema. Entrad, señor. . De tus luces voy ya siguiendo las huellas. . Quién si no ingenio divino dar esta traza pudiera! Apriesa apriesa, David, que importa toda la priesa cuando hay gran salto que dar, y está el enemigo cerca. Bajo pues; ten bien de arriba. Asete bien de las cuerdas, que yo te tendré valiente. Siendo tú quien me sustentas, ni peligros me acobardan, ni caídas me amedrentan. Ay David! y cuánto siento el ver que de mí te ausentas! Ay Michó!! y cuán sin alma me va dejando tu ausencia! Mal haya mi poca suerte. Mal haya mi corta estrella; pero aguarda, ten, Michol, pasos oigo, gente suena, perdidos somos. . Ay triste! muerta soy! mas cómo muerta en la ocasión? eso no, afuera, penas, afuera, dejadme ahora vivir, que tiempo habrá para penas. Subo o bajo? Escucha, aguarda, que bien dicen, que si empieza a perseguir la fortuna, da por todas partes guerra. Colgado estoy de tu gusto, ni bien en Cielo ni en tierra, mas al sol si de tus ojos, y al aire si de tus quejas. Entre horrores de la noche tantos desvelos me cercan, que salgo, dejando el lecho, a buscar quien me desvela. Como amo a David, y el Rey le persigue tan sin cuenta, aún la primer noche temo le dejen la duerma entera. A rondar vengo su cuarto; pero qué miro! o la idea fragua bultos con las sombras, o a su recámara misma escalando sube un hombre: aquí es menester prudencia. Si no me engaña la vista, Solo un hombre es quien espera, y a uno, aunque voy sin armas, no le temo: Michol, ea, dame cuerda. . Michol dijo? mayor pienso que es la afrenta. Has llegado ya, David? Sí, mi bien, a Dios te queda. Hay gente? . No os dé cuidado. Quién va? Con la verdad misma he de engañar a esta guarda. No responde. . Quién se altera, cuando por dar gusto al Rey, dejo anegado entre penas a Michol sin su marido. Válgame el Cielo, oye, espera. No puede es perar quien huye. . Usar quiero de otra treta, por dar lugar a David. Ah de abajo. . Quién vocea? Si sois quien me escucháis noble, socorred a una inocencia: la Infanta soy, y a mi esposo oculto en mi cama misma tengo cercado de guardas, aunque hay alguno que piensa que ya sin marido estoy, y irá alegre a dar la nueva. Vive David? Por mi industría. Qué no le han muerto? Es quimera. Quién bajó ahora? Un cuitado. Con gusto tuyo? . Por fuerza. Hablabas con él? . Riñendo. Y conocístele? . Apenas. Dónde está David? . Conmigo. Qué falta? . Quién le defienda. Él verá bien mis servicios. Mejor verá mis finezas. tra caa m ca calter t

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Entrad, y del mismo lecho del modo que esté sacadle. Padre, señor. . Quita, Infanta: para qué me llamas padre, cuando niegas mi obediencia? Pues dime, señor, no es antes obligación de marido, que obligaciones de sangre? Demás, que qué ley permite, por rigorosa que ande, que a un inocente y enfermo dentro en su casa le ultrajen? Contra quien a un Rey ofende, no hay clemencia que se ablande. En qué te ofende David? En que quiere ya aclamarse Rey de Israel. . Quién tal dice? Pregúntaselo a mis males, que ellos te dirán bien dicho los avisos que me traen. Qué hacéis vosotros? 1. Ya vamos. Si se resiste, matadle. A no haberle puesto en salvo, . cual me hallara en este trance! Ay señora y qué has de hacer cuando burlado se halle? Tenga yo a mi esposo libre, y más que lluevan pesares; que la que es noble mujer, siempre tiene por más fácil morir a manos del riesgo, que ver riesgos en su amante. 1. No esta David en su cama, si no solo este cadaver, que si es que ha sido el doliente, ya ha acabado de finarse. Cómo es eso? 2. Que no hay más de lo que ves. . En volcanes de enojo se abrasa el alma, pues no hay pesar que se iguale a una burla, cuando de ella se siguen a un Rey desaires. Así me engañas, Michol? Pero bien haces, bien haces, si tú te atreves a ello, y yo sufro que me engañes. Pues qué pude hacer, si anocho, cuando a prender enviaste e mi esposo, me mandó, bien demudado el semblante, fingiese estaba doliente, para que con este achaque, saltando, como saltó desde el balcón a la callé, tuviese lugar de huir de riesgos tan formidables? Qué, en fin, le ayudaste a huir? Temí, en fin, que me mátase. Y tú, Abigail, también? Quien sirve obediente nace. A quién sirves? . A la Infanta. Sí, que ya yo no soy nadie. Mi Rey eres. . Bien se muestra, sino guardáis, ni hay quien guarde mis mandatos, antes bien con engaños, con desaires me burláis, como si fueran de burlas las Majestades. Mas yo vengaré esta afrenta, y esto sin ensangrentarme, que os defiende el ser mujeres a no ejecutar crueldades. Hola. . Señor. . A qué efecto cargados de ese cadaver, me dais con él en los ojos? Tiradle al suelo, o echadle a una hoguera porque en polvos se desvanezca la imagen, que fue causa en la materia que a un Rey se le hiciese ultraje. Llamadme al Doctor Falciel. Siempre estoy muy vigilante en tu obediencia, señor: dame tus pies. . Dios te guarde. Id pues, y llamad también a Nabal Cármelo: paguen las burlas con otras burlas los que me han dado pesares. Este Falciel es Letrado, Michol muy afecta a Marte, Abígail es discreta, Nabal un hombre salvaje; casando pues a los dos con estos dos, es vengarme por el modo más cruel que ha llegado a imaginarse, pues no puede haber martirio mayor entre las crueldades, que mujer que ama a un valiente con un Letrado la casen; y que una discreta tenga por marido a un ignorante. 1. Ya está aquí Nabal. Que vengo humilde a tus pies Reales. Levanta: cómo está el monte? De todo muy abundante. Ea, Michol::- . Ay de mí! . qué es lo que intenta mi padre? Alguna desdicha temo. . Dale la mano al instante a Falciel. . Señor, qué dices? Lo que oyes. . Cómo haces:- Cómo quiero. . Agravio tal? Es mi gusto. Aunque me mates es fuerza ser de quien tiene de mis potencias las llaves. Mira, Michol::- . Padre, mira::- Que son excusas en balde. Que son injustas violencias. Esto ha de ser, no te canses, que pues David es forzoso, que buscará en otra parte mujeres que le hagan lado, también yo quiero casarte con esposo que te asista, con marido que te guarde: dale la mano, Falciel. Señor, mira::- . Es irritarme. Ya obedezco, aunque sintiera ver despegos en un Ángel. Qué a esto llegue mi desdicha! . haré que se encienda el aire a mis suspiros, y formen rayos con que al mundo abrase. Tú, Abígail, da la mano a Nabal; sin replicarme, pues sabes que tú eres pobre, y que es él muy rico sabes, y en calidad basta ser el de Judá su linaje. Pues lo mandas soy contenta. Ya sé que voy a ser martir . llevando un marido necio; pero si con excusarme había de granjear odios de una y otra parte, y casarme al fin, más quiero mostrar gusto de casarme, que no que se vengue el Rey de que forzada me case. Venciome discreta, haciendo . gala del mismo desaire. Vivasme, señor, mil años por la merced que me haces, que es la moza, si par Dios, de oro y azul. Qué lenguaje! no hay si paciencia y pasar. Levántese mi Estandarte, y alístense en él mis gentes, que por montes y por valles he de seguir a David hasta beber de su sangre. Vamos, señora, a mi casa, y destierra los pesares, que en ausencias del David te sabré servir galante. Para tener tantas letras, ay, Falciel, y qué mal sabes, que no deshacen los Reyes nudos que los Cielos hacen! Yo y David somos un alma, Dios nos unió con tal arte, que no puede todo el mundo desunir las voluntades. Llévame donde quisieres, hasta que violencias pasen, custodio si de mi honor, no empero, tirano amante, porque a intentos atrevidos sabré prevenir puñales; y si hay alguien a quien muevan de mis suspiros los ayes, que a lástimas compasivas puede moverse un cadáver. Ya lo escucho. Lleve, lleve esta nueva lamentable al dulcé dueño que adoro, que venga a aliviar mis males. . Mucha pensión me echa el Rey en la merced que me hace, si la mujer que me da tiene el alma en otra parte. . Ahora sus, Abigail, pues yo he echado tan buen buce. que en charco donde hay atunes, Estrucha he venido a pescarte, porque algún goloso no te pellizque o te sonsaque, que en la Corte hay mil gallufos que se andan tras de la carne, vámonos a mi cortijo del Cármelo; que más vale gozar allí vida alegre entre rústicos gañanes, que verme en la Corte a pique de alguna armadura infame. Ya soy, Nabal, mujer tuya, y así aquí y en cualquier parte, por más que malicias tengas, por más que hables necedades, te seré fiel, pierde el miedo, que las mujeres de partes son honradas por quien son, que es la obligación más grande. Al Rey traje unas muletas, y más que no me las pague, pues me ha dado en refacción una mula como un Ángel. . ̱. Oh mal hayan seis albardas de cohetes: me oye alguien? afuéronse ya? queda alguno? podré ya resucitarme? . Si creo que puedo: por Dios, que después que di en cadaver, estoy yerto como tranca, y adormecidas las carnes. Quién diablos me metió a estatua, pues ha podido costarme hacerme polvos, o hacerme salpicón los atabales? Demonios sois las mujeres, ipues por lograr vuestros lances, metéis a un hombre de bien idonde es milagro el que escape. Las gracias me debo a mí, pues supe con lindo arte (mas tal me iba en ello) hacer tún muerto con mil donaires, en saber plegar los ojos, y no abrirlos ni aún aparte, con usarse en las Comedias, no lo hiciera si no un martir. Pues qué en tener el resuello, aquí fue el mortificarme: porque a no tener postigo, que ha servido en este lance de dar perfumes de muerto con algunas cosas de aire, no fuera mucho ni aún nada, reventar por los hijares. Pero ahorremos de discursos, no vuelva algún arrogante, y busquemos a mi amo, siquiera por darle parte, que entra en signo Capricornio de su Juna esta menguante. . Ásperos montes de Odolla, cuyas tenebrosas grutas son albergue a los que marca de infelices la fortuna; a vuestro asilo me acojo, tan hecho ya a las injurias, que no temo las del tiempo, ni por graves ni por muchas. Del Rey Achis me he escapado por mi locura o mi industría, que hay casos en que es forzoso valerse de las locuras. Huyendo del Rey Saul salí una noche, entre angustías, de los brazos de mi esposa; (ay bella Michol! a cuyas finezas debo la vida, que consagro a tus ternuras y después que en Ramatá conté con lágrimas muchas al gran Samuel mi tragedia (porque una tristeza suma cobra alivios, referida a quien piadoso la escucha partí desarmado y pobre a Achimelec; mi apretura le referí: diome el Pan Sagrado, que no es injuria en necesidad extrema llegar a las Aras puras. Pedile acaso algún arma, diome por más oportuna este alfanje, que yo mismo quité al Gigante en la lucha. Y cuando en Achis pensé tener la vida segura, émulos de mis victorias tiraron a hacerme punta con ladrarle a las orejas; que émulos son los que nunca quieren ver medras de nadie, porque campen más las suyas. En fin, el fingirme loco no fue, no, poca ventura para escaparme a buscar otra parte más oculta: Ay Cielos! ay rigor! ay cruel fortuna! que no hallo sin Michol bonanza alguna. Ya la temerosa noche, desgreñada y capotuda, de la sierra se descuelga a dejar el valle a oscuras. Ya los animales todos cada cual su albergue buscan, y entre las sombras y horrores graznan las aves nocturnas. Ya apenas, si no es a penas, queda al mundo luz alguna, que también penan las luces hasta que el Alba madruga. Ya no divisan los ojos mas que las sombras confusas, y ya el camino me pierden malezas de la espesura. . Válgame el Dios de Israel! No desmayes, David, busca compañeros en el monte, que alivien tus desventuras. Si eres Ángel quien me animas, o deidad la que me escuchas, deja que nois labios sellen primero las plantas tuyas. Pero qué miro! una luz, aunque algo lejos, me anuncia que es cabaña de Pastores, o que es foragida turba. Yo llamo: ha de la cabaña? ha de la cabaña? mucha es la distancia, mejor será acercarme, pues nunca se halla sin muchos afanes la ventura que se busca: Ay Cielos! ay rigor! ay cruel fortuna! que no hallo sin Michol bonanza algúna Pagueos Dios la buena obra que nos habéis hecho, amigos, pues ya por el monte errantes, yo, mi mujer y mis hijos andabamos sin consuelo, cuando en vuestras manos dimos; y aunque en el traje conozco que parecéis forajidos, vuestros términos obligan a estimaros y a serviros. Cuando vos no fuerais padre de David, y que tal hijo merece que todo el Orbe le tribute beneficios, bastaba en trabajo veros; para ampararos. . Estimo el favor. Ea, Eliab, no estés triste. . Mal resisto los trabajos, cuando son de un mal acuerdo nacidos. Deja ya esas acedías, mira, mira que no es digno de culpa David, si ingrato el Rey a tales servicios, da en perseguirnos a todos. Ya estamos todos perdidos, no hay si paciencia. . Buen Dio tenemos, no hay que afligiros: han llegado tus hermanos? Mi madre, hermanos y primos están en aquella cueva. Allí tendrán todo abrigo. Tú, Adelfo, haz que nos aliñen de cenar, y toca el pito, porque a nuestros camaradas importará prevenirlos, no piensen que es otra gente. Zabulón, muy bien has dicho, yo parto a hacer lo que mandas. Cuatrocientos fugitivos, por fracasos y por deudas, habitamos estos riscos; y aunque a nadie hacen agravio para el sustento, es preciso valerme tal vez del robo, y tal vez del homicidio. Siempre la necesidad carece de ley, amigos, y así hay muy gran diferencia a los que roban por vicio. , . Y esa es causa? Trepando por las malezas, solo de la luz al viso, he llegado, sin que nadie de los que he topado y visto haya reparado en mí, que es prudencia en los peligros el no aventurarse al riesgo, sin primero prevenirlo. Gente hay aquí, y no quisiera dar en manos de enemigos: reconocerlos primero será mejor. . Allí miro, y no siento bien del caso, un hombre como escondido tras de aquellos troncos. Hombre? no puede haberle, imagino, que no sea camarada. Sin duda que ya me han visto. Y si no, presto saldremos de cuidado. Valor mío, alerta, que al arma tocan. Quién va? no responde? o tiro. No sé, por Dios, qué decirme: . aguarda, detente, amigo. Diga quién es, o disparo. Soy un Rey, que ando perdido: así descubriré tierra. Es el Rey? Que es el Rey dijo. Pues huyamos. Pues huyamos. Sí sois el Rey, qué designio os trae por estas malezas? Busco a David en mí mismo. No oyes, padre Ya lo oigo. Si a David buscáis propicio, tendréis aquí buen al bergue; pero si no, podréis iros a hacer rancho en otra parte: que los que andamos bandidos, no conocemos más Rey, que nuestro libre albedrío. Qué os mueve a amar a David? Solo verle perseguido. Y es gran causa, que es lástima ver un siglo, que castigan inocencias, y dejan libres delitos. Pues yo soy David, llegad, llegad a abrazarme, amigos. Hijo mío? . Padre amado? Hermano? . Hermano querido? vosotros aquí? qué es esto? es encanto lo que miro? Hay tal dicha! . Hay tal suceso! Todos andamos perdidos, mas ya bien hallados todos. Gracias al Cielo Divino, que al paso que corren penas, socorre con los alivios. David, no hay sino valor, que a tu mando y tu servicio tienes cuatrocientos hombres, que ocultan aquestos riscos. Se nuestro Príncipe, sé nuestro Campeón y Caudillo, que en defensa de tu vida hará el que menos prodigios. La cena está ya esperando. Pon, Adelfo, otro servicio, y en cabecera de mesa. Hay más hués pedes? Sí, amigo. David es, llaga a besarle la mano. . A sus pies me rindo. Mis brazos están más cerca. Por Príncipe le elegimos de todos los camaradas. Ha sido un famoso arbitrio. Yo os lo agradezco; y pues soy por el Cielo Rey ungido, ya como Rey os absuelvo de deudas y de delitos. Pues viva el Rey. . Eso no, que es mi Rey y señor vivo. Viva David. . David viva, Príncipe de perseguidos. Ya los que en Gabaa, Soldados míos, manifestáis para servirme bríos, y los que de mi linaje especialmente, sangre de Benjamín noble y valiente, avistís a mi lado, escucha atentos los que me abrasan justos sentimientos. Es posible, es posible que todos contra mi (pena terrible!) os mostráis conjurados, aumentando cuidados ha cuidados, de David encubriendo traiciones tantas como estoy temiendo? El hajo de Isaí, decidme, acaso (en cólera me abraso) os podrá enriquecer de posesiones, ennobleceros, haceros Centuriones, ni daros cosa alguna, para que así ayudéis a su fortuna? No basta, sí, que jonatas le abone, que haga pactos con él, sin que perdone la que me tiene obligación de hijo, sino que todos (con razón me aflijo) me encubráis la intención y la persona de quién quiere quitarme la Corona? No puedo, padre, a lo que ordena el Cielo en nada resistir, ni a tu desvelo puedo dar medicina más atenta, que el que dejes venganza tan sangrienta. Déjame, Jonatas, déjame y calla, que vive Dios, que de la vil canalla no ha de quedar memoria. Puesto que mi lealtad te es tan notoria, decirte, señor, quiero lo que pasó en Nobé. De rabia muero. En Nobé. Ciudad bella, a cuyo culto Sacerdotal se apropia todo indulto (que es razón que el lugar de Sacerdotes honren los Reyes con preciosos dotes) a cumplir cierto voto allí en su Templo llegué en cierta ocasión, cuando contemplo desde el lugardo estaba retirado, que David muy hambriento y bien cansado, al Sacerdote Achinelec demanda le socorra con armas y vianda; y Achinelec debiendo como sabio, a tu Alteza no hacer aqueste agravio, le dio (cosa inaudita!) por sustento el Pan que se venera Sacramento; y para más honrarle (qué osadía!) le dio el alfanje mismo, que algún día al Templo se ofreció como trofeo del triunfo que alcanzó del Filisteo. Qué dices? . Que esto pasa. El alma en mil volcanes se me abrasa. Armas da Achimelec a mi enemigo? sustento a quien conmigo quiere tener debates, y procura quitarme la Corona? qué cordura será bastante a tanto atrevimiento? Parte al punto, Doec, marcha al momento, y tráeme a Achimelec a mi presencia, y sin tener clemencia del más anciano y justo Sacerdote, Sin que el sacro vestido te alborote, no perdonando, no, ni aún sus Altares, mata y deguella a todos los que hallares. No quede con la vida Sacerdore ninguno; destruida quede Nobé de suerte, que sea el non plus ultra de la muerte; pues buscan mi mal por varios modos, páguenlo así los Sacerdotes todos. No hagas, señor, agravio tan injusto. Hacerse tiene, pues que de ello gusto. Mira que al Cielo irritas. En disvadirme más me precipitas: Déjame, Jonatas, que vive el Cielo, que abrase con mi furia todo el suelo. Tú te opones a mí? . Ya no te hablo. Por Dios, que te atraviese este venablo. Tente, señor. Porque a David te abono? Por eso pues, por eso más me encono: no me hables más en él; bellaca casta, hijo de::- . Señor mira::- Aquesto basta, que ya me entenderán los que me entienden. Voyme, pues mis consejos tanto ofenden; y a David contaré, que ya la suerte . le ha pronunciado el fallo de su muerte. Parte al punto, Docc. Yo parto luego a llevar la Ciudad a sangre y fuego, Salid, lágrimas, salid, si es que os mueve a compasión, que se anegue un corazón en una penosa lid. En ausencias de David la vida ha de ser llorar, porque querer apostar a encubrir lo que se siente, no es darse vida un doliente, si no quererse matar. . Llorad pues lágrimas mías, a esta fuente nuestros males, repasad por sus cristales penas y melancolías. Cuántas noches, cuantos días ha ya, que en este jardín aguardo mi triste fin, dándome en varias colores mullido lecho de flores, rosa, clavel, y jazmín? Aunque la batalla espero, que suele salir a darme Falciel, que piensa ablandarme, cuando estoy hecha de acero, dormida esperarle quiero, que mejor sabré dormida darle con la entretenida, pues en sueños le diré, que guarde a David la fe, o que guarde de él su vida. . Te has hecho mal? . Pese a mí, que hay un salto de los diablos; pero la subida temo, que el caer ya está pasado. No hagas ruido. . No haré, que ya sé que en estos casos se han de beber los dolores como purga; sin mascarlos. Entrarnos a prima noche ha sido acuerdo extremado, pues el bullir de la gente; cerrar puertas y abrir cuartos, toquetear de candeleros, y arrastrar sillas y bancos, impiden a otros ruidos el que nadie haga reparos. Ocultos entre estas murtas estaremos hasta tanto, que se sepulte en silencios la noche y que este Letrado se duerma (ay de mí!) y yo vea si con Michol me hace agravio. Llaves traigo prevenidas para entrar a averiguarlo, que siempre fueron los celos, como penosos, osados. Por buen hombre está tenido Falciel, mas ya será un santo, si estando al lado de un sol, no se chamusca en sus rayos. Al lado? qué dices? . Digo, que hablé por boca de ganso: no te alteres. . Vive Dios::- Digo, que viva y vivamos: ay tal! ay tal! . Si supiera Solo que la había mirado contra mi honor, le sacara vida y ojos con mis manos. Fuego de Dios! no la miro. La Luna nos va buscando, ven retírate a esas sombras que hacen estos cedros altos; pero tente, tente, Brito. Ay! qué has visto? qué has pisado? No es áspid, no, entre las flores, Ángel si el que me ha picado. Ángel y pica? oste puto; mira no sea algún lagarto. No ves a Michol, que al pie de estos cedros y naranjos duerme rosa entre otras flores que la están acompañando? Ya la veo. O si pudieras cogerla ahora; y de un salto dar con ella allá en el monte! A todo hemos de arriesgarnos. Mas oye, señor, que pienso que abren una puerta. . En dando en perseguir la fortuna, pinta azar en todos casos: volvámonos a nuestro puesto. El lance se ha malogrado, porque si a Michol nos llevan, a la Luna nos quedamos. A buscar vengo a Michol, y en ella vengo a buscarme, que estoy tal, que aún para hallarme me ha de dar luces su sol: en su dorado arrebol me siento abrasar y arder, que aunque es de David mujer, y debo mucho a David, por más que excuso la lid, me vengo a dejar vencer. Siempre fue el amor tirano, pues aún con los mismos Reyes hacen quebrante sus leyes con la poderosa mano: así yo, con ver que es llano el agravio en violentar a Michol, y en la casar conmigo, siendo casada, no hay ley que me persuada a dejarla de gozar. Durmiendo está aquí, y la Luna, viendo dormidos dos Soles, le cuenta con sus faroles mil bellezas una a una: ocasión era oportuna para un buen lance de amor; pero quién será traidor en un caso contingente, si dispértase serpiente la que se durmió antes flor? Detente, espera, Falciel, no hagas a mi honor agravio. Soñando está, y aún en sueños me da con los desengaños. Michol, señora? No seas atrevido ni villano. Michol sueña: no oyes, Brito? Ya oigo y es bravo el paso, pues aún en sueños le da al Letrado jaquimazos. Que aún dormida estés esquiva! Siempre, siempre estoy velando en guardar la fe a mi esposo. Vivas, mi bien, muchos años. Según me responde, pienso, que el sueño es fingido. . A palos sabrá David, y yo y todo::- Que te los repare un calvo Qué habéis de hacer tú y David? Por Dios; que se va aliñando una de todos los tres, o una de todos los diablos. Levanta, Michol. . Ay triste! quién está aquí? . Yo te aguardo. Pues cómo, Falciel, pues cómo? (ahora con otro engaño . le haré que olvide el amor.) Qué te alteras? Tú a mis brazos? sabiendo traidor, sabiendo::- Qué dices, Michol? Ah ingrato! por qué me quitas la vida, si hay quien la tiene a su cargo? Por Dios, que he perdido el seso. Qué es esto, Brito? . Qué estamos todos por locos a pique que nos pillen y hagan cuartos. Dispierta, Michol, dispierta, que creo que estás soñando. Que no es sueño, que no es sueño, si veo lo que he soñado. Soñaba, mas no soñaba, que al recogerme a mi cuarto, apagadas ya las luces, recogidos los criados, llegabas (tiemblo en decirlo!) a querer (estoy rabiando. que me rindiese (oh qué furia!) a tu amor o toda soy rayos!) y yo entonces, viendo que estaba sola, y que hay casos en que mejor que los fieros se hacen lugar los halagos, te dije: Falciel (atiende a lo que soñé y te hablo, que hay sueños de calidad, que son también para hablados) no me llegues pues (te dije) por lo menos hasta tanto, que vive el dueño que tiene hoy toda el alma a su cargo: o aguárdate, aguándate, si se te hace largo el plazo, un año, que no harás mucho en ser pretendiente un año de hermosura, que a David costó un siglo de trabajos. Qué te parece que a esto (cuenta, que en el sueño estamos respondiste tú? . Diría, que no puedo aguardar tanto. Y lo dices? luego bien hice en llamarte villano? que quien a ruegos humildes de una mujer es ingrato, tiene mucho de grosero, y tiene poco de hidalgo. Y así cual herida Tigre, al irme a tomar la mano, tanto me embestí en furores, y a las penas me hice tanto, que aún dispierta como ves, quejas formo, iras esparzo, favor busco, ayuda pido, de ti huyo, a David llamo: David? David? . Aquí estoy, que a efectos de amor tan raros no arriesgar David la vida fuera un gónero de agravio. Ay Dios! quién es? Quién oculto::- Oh qué paso de turbados! Está en mi casa a estas horas? No hable más, si cierre el labio. Hombre, mira::- Dulce esposa, yo soy. . Oh qué sobresalto! Conócesme? . Sí, mas quiero tratarte como a un extraño. Falciel, llama gente. . Hola? Cierre la boca el menguado, o le envaino este guifero. Hola, criados? . En vano da voces, que somos mil. Yo solo aquí nada valgo, mejor es convocar gente. Por nuestro nos deja el campo; pero el abreviar importa. Dame, Michol, mil abrazos. Y el alma con cada uno. Qué te veo? . Qué te hablo? Sí es todo sueño? . No sé: mas dime, cómo has entrado? Por las paredes. . Y a qué? A ver si me hacéis agravio. Y qué has visto? . Tus finezas. Y qué sacas? . Desengaños. Soy fina? . Como un coral. Estoy firme? Como un mármol. Me defiendo? . Eres valiente. Fue bueno el sueño? Extremado. Todo lo fingí. . Eres sabia. Y dónde andas tú? En trabajos. Quién te asiste? . Forajidos. Dónde habitas? En los campos. Y te hallas sin mí? . Muriendo. Y te vuelves? . Consolado. Y me dejas? . Es forzoso. Señores no hay si abreviarlo, que es muy notorio el peligro, y llueve gente, que es pasmo. No conocerme fue dicha. Y el dejarme fue milagro. La mujer nos dejó y fuese; quizá fue a estudiar el caso, que así acostumbran a hacerlo muchas veces los Letrados. Cérquese todo el jardín, tómense todos los pasos. Esto es hecho. . Mi bien, vete, que yo con un nuevo engaño (toma, toma estos diamantes, que pueden servirte en algo) diré, que ya os contenté, como a hombres, que forzados de la necesidad, suelen arrojarse a estos desgarros. Qué discreta me socorres! beso mil veces tus manos. A entretener voy la gente, salte presto. . Ya me parto, aunque me llevas el alma. Fía, que bien te la guardo. . Ah señor? señor? . Qué quieres? Que nos han cogido el paso. No importa, aunque haya cien hombres, que estoy ahora más bravo, que aún cuando en el monte hacía a los Leones pedazos. Al alboroto que ha habido vengo con mil sobresaltos, que como somos un alma yo y David, no hay caso arduo en que no piense que esté metido; por remediarlo por este postigo vengo, dejándome a los criados. Quién va? . Un hombre de bien. Decid quién sois porque salgo a socorreros, y soy Jonatas. . Oh amigo caro! dale tus pies a David. . Oh David! toma mis brazos: cómo estás? . Con mis desdichas. Yo las siento. . Y yo las paso. Qué hay de nuevo? . Mucho mal; que ya mi padre echó el fallo contra ti. . Válgame el Cielo! No hay sino ponerte en salvo. Al Rey de Moab me iré, con quien algún deudo traigo por mi visabuela Ruth; y con mis padres y hermanos allí pasaré, hasta que tengan fin tantos trabajos. Que has de ser Rey no lo dudo; y así, lo que hemos jurado de ser amigos eternos, y que mi vida faltando, con mi casa y con mis hijos serás fiel y serás grato, júralo otra vez a Dios. Juro por Dios Sacrosanto, que si la Corona ciño, y el Cetro empuño en la mano, tendréis en mí, tú y tus hijos, custodia, asilo y amparo. Vuelve a abrazarme, y a Dios. No me deja hablar ya el llanto: ay buen jonatas! . No puedo responder de lastimado. t

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué buscáis en el Carmelo? Escuchad nuestra embajada. Sea breve, porque es toy de priesa. . No será Janga. David, Príncipe famoso, de los que arrastrados atadan de la fortuna, a quien Dios Cetros y Coronas guarda, con paz y amistad, que ofrece, saluda a toda tu casa, cuando no por la de de uido (pues eres ilustre rama de Judá) por ser en quien consagra sus esperanzas. Dícete, que hagas memoria de tantos años que pasa desterrado en estos monces, ya de cabaña en cabaña, sin que a Pastor ni a ganado, ni a otra cosa de tu granja, se haya ofendido, pues de ello tendrás noticia bien larga Y hoy hallándose en extrema necesidad (cuya causa, aunque da licencia al robo, él jamás consiente darla y habiendo sabido; que repartes con mesa franca en la esquila a tus sirvientes mil manjares y viandas, por Dios te suplica, y dice, que algo a sus gentes repartas, pues nunca los beneficios dejaron de hallar su paga. Pues quién es Davidl, que viene a mí con esa demanda? Es porque es un fugitivo? es porque a su dueño crata quitarle el Reino? es porque se vino de guardar cabras, a agavillar foragidos? que en el tiempo que se alcanza, aún no nos dejan vivir seguros en nuestras casas. He de quitar yo el sustento a los que mi hacienda guardan, por darla a holgazanazos, que comen y no trabajan? Andad con Dios, y harto es no enviaros noramala. Mirad, que no acostumbramos a sufrir malas palabras. Váyanse de aquí les digo. Ya se irán. . Qué gentil gracia! Agradezca a que venimos dos solos, que yo sacara comida, y más que comida. No me hable a las espaldas el gallufo, que le haré, vive Dios, hacer tajadas. Hola, Criados? . Señor. 1. Con quién riñes? quién te agravia? Aquí no hace nadie agravio, ni venimos a hacer armas, a si no a pedir con amor un sustento. . Que se vayan les digo otra vez. . Ya iremos a decir como nos tratan. 2. Díganle a David mil veces, que no quiero darle nada. . 1. No es razón despedir mal a quien humilde demanda, pues más que no dar la cosa se sienten respuestas malas. Con quién reñía mi esposo? que traigo asustada el alma, como sé que su imprudencia está expuesta a muchas faltas. 1. Pa. Dios, nuesama, que ha sido la de ahora más de marca; porque aunque llegamos tarde, de las últimas palabras se dejó entender muy bien de la pendencia la causa: y es, que al parecer David, como sabe que no hay tasa de comida en los esquilos, y él en sus trabajos anda, debió con unos criados de pedir le remediaran: y nuesamo no tan solo no les concedió la gracia, si no que arrogante y fiero les ultrajó de palabra. Y no merece David, no, por Dios, que esto se haga con él, cuando: él ha sido nuestro asilo y nuestra guarda. jamás mientras que estuvimos con su gente en la cabaña, se echó menos cosa alguna, ni hallamos la menor falta. Por lo cual, pues a ti el Cielo dio saber y gracia tanta, piensa bien lo que has de hacer, pues no dudes, que amenaza gran ruina a tu marido, y estrago a toda tu casa. Ay de mí! venid conmigo (Dios me ayude, y él me valga) venid, amigos, venid, no digáis a Nabal nada, por si podemos con tiempo remediar esta desgracia. Que aún no cese la fortuna, tras tantos años y tiempos, de arrastrarme con desdichas! qué rigor! válgame el Cielo! No basta que por el chisme de aquel infame Jlumeo, que como navaja aguda, maliciosamente fiero, segó a fuerza de su engaño tantos inocentes cuellos? No basta pues, que por él indignado el Rey soberbio, mató a tantos Sacerdotes, hijos, mujeres, y deudos; estrago el más lamentable que ha visto ni verá el tiempo? No basta, que allá en Maón, por aer falsos los Zifeos, tan apretado me vi en sus ásperos desiertos, cercado por todas partes, cual de canes suele el ciervo, que a no obligarle a Saul, quizá por orden del Cielo, ir a socorrer los suyos, quedara rendido y muerto? No basta, que en Engadí, en un cabernoso seno nos hallamos yo y mi gente puestos en tan grande aprieto, que si como el Rey entró en la guerra (a quien sin verlo corté el girón del vestido) él sabe que estamos dentro, pudiera a muy poca costa, darnos vivos el entierro? Estas pues, y otras tragedias, no bastaban para un pecho, sin saber que el Moabita, bárbaramente sangriento, haya quitado a mis padres y a mis hermanos (ah Cielos!) la vida (el dolor me ahoga! a quién tantas deudas debo? Apenas el Rey infiel vio que dejaste su Reino, cuando indignado y furioso promulgó fatal decreto contra tu casa y tu sangre: tus padres, en fin, murieron, y los más de tus hermanos; los que escaparon huyendo, deudos, parientes y amigos, me han dicho que se acogieron al Rey de los Amonitas, el cual compasivo y tierno les hace muy buen pasaje a todos. . Dios le dé el premio: dime, Abisal, sobrino, escapáronse del riesgo tus hermanos? . Si señor, con mi padre quedan buenos. Dios los guarde: hay padres míos, que aún no se os cumplió el deseo de verme Rey corenado! Dado habemos con los huevos en la ceniza. Qué hay Brito? Que traen Zabulón y Adelfo para comer tú y tu gente, norámala, que es contento. Cómo es eso? qué ha pasado? habla, Zabulón. . No puedo hablar de enojo. . Qué hay que andar aquí por rodeos, si no decir claramente, que dice Nabal Carmelo, que somos unos bribones. Si no dijera más de eso::- Es un villano: y en fin, os dio algo? . Con un leño: diz que dar? no hay sino dar? Con mil oprobios volvemos. Pues vive Dios, ruin villano, que antes que el dorado Febo vuelva a registrar el mundo, monte a monte, y Cielo a Cielo, ha de quedar mi cortijo tumba horrible de hombres muertos; o qué en balde te hice bien! pero hacer bien a groseros, cuando recibió más paga que ingratitud y desprecio? Pero deles Dios venganza a mis enemigos fieros contra mí, y entre sus manos rinda la vida que tengo, si yo dejare persona viviente en todo el Carmelo, desde el animal más noblé, hasta el doméstico perro. Tomad al punto las armas, quédense solos doscientos a guardar los aduares, y con valiente denuedo seguidme, porque veáis el destrozo más sangriento. A tus nobles pies, . Capitán valiente, cuyas sienes ciñan preciosos Laureles, vengo confiada, porque las mujeres, con quien mucho vale muestran lo que pueden. Ya sé tus enojos, oxhalá no fuesen para mí tan tristes, como a ti crueles. Caiga en mí esta culpa, puesto que en mi puedes vengarla mejor, que en quien necio ofende. No pongas, Rey mío, la mira en quien tiene de necio hasta el nombre, que eso, si se advierte, es Nabal, y así pecó neciamente. Como quien es hizo, y así no condenes necedades suyas cuando a mí me vieres. No vi a tus criados (tuve poca suerte porque a verlos yo, yo supiera hacerles volver a tu vista cargados de bienes. Y así, pues que ahora contigo clemente Dios ha sido estorbo que a vengar te fueses (que esto de venganzas no es de pechos Reyes) plegue a Dios, señor, que en tus años verdes la púrpura arrastres, y que los rebeldes, que mal te buscaren o mal te quisieren, queden cual Nabal, necios para siempre. Recibe, recibe con semblante alegre estas bendiciones de quien bien te quiere. Perdona mis culpas, mi delito absuelve, que si así lo haces (pues de Dios defiendes causa que guerreas Dios cumplidamente sabrá darte el premio colmado de creces. Si alguno a tu vida se atreviere aleve, Dios sabrá guardarla, como al ramillete, de aquellos que están gozando a Dios siempre. Y de tus contrarios el alma doliente rodará al abismo con ímpetus fuertes. Cuando vieras pues, ceñidas tus sienes del Laurel Augusto, y que Dios te hiciese, las que aquí te informo, gracias y mercedes; si no perdonases, no tuvieras siempre cochurosa el alma, de ver que vertieses con tus propias manos la sangre inocente? Y si a mis consejos el rigor suspendes, no dirás entonces, que supe prudente quitarle a tu alma congojas crueles? Puesto pues, que todo puede sucederte, mira como obras y veré quién eres. Y si es que en tus ojos gracia hallé, no dejes de poner los tuyos en la que te ofrece niñería el alma en este presente. Bendito el Señor, que en Orbes Celestes cuanto el Sol alumbra gobierna eminente. Y tú seas bendita un millón de veces, pues con tus palabras dulces y elocuentes furias has vencido y estorbado muertes, porque la razón siempre fue valiente; y tú tienes tanta, que pienso que puedes, vencer obstinados, y matar rebeldes. Mas por Dios te juro, que estaba de suerte (tanto sinrazones cóleras encienden) que si te tardaras, por poco que fuese, vieras en Nabal castigos crueles. Por ti le perdono, porque a ti se deben, een no perdones solos, si no mil laureles. Vete en paz, y estimo tu rico presente, por ser grande y ser tú quien me le ofreces. No esperé menos victoria de su ilustre y noble pecho. Benditas sois las mujeres, que haréis con cuatro pucheros, que se derritan los bronces. Ea, id recibiendo esto. Que tal mujer den a un tonto! Lástima es, por Dios eterno. Cargue cada cual su cosa, que para todos hay resto. Tomo esta fuente. Yo tomo este tabaque: o qué bueno! pabo es vive Dios. . Yo cargo, que es lo más, de este pellejo. Hola, Zabulón, ahora propiamente irás en cueros, en el que llevas acuestas, y en el que siempre traes puesto. Siempre has de tener malicias? Amigos muy buen provecho os haga: quedaos con Dios. Mil años te guarde el Cielo. Oye, señora, a Nabal dígale, que su pesquezo le iba oliendo ya a cordel, que no sea otra vez necio. Mucho debo a los Zifeos, pues son dos veces con esta las que me han dado a David en las manos. . Muy bien muestran tenerte amor: todo el monte cercado está de manera, que es imposible escaparse; y así gran señor, te acuesta y duerme un poco, que todos al rededor de tu tienda te guardaremos el sueño. Ya conozco tus finezas, Abuer, General valiente, acabemos ya esta guerra, porque acudamos a tantas como ya nos representan los Filisteos. . Señor, antes que el Alba risueña al Sol le dé la camisa entre aljófares y perlas, tendrás preso a tu enemigo, que descuidado en la selva sé que ignora la celada. Yo me acuesto: estad alerta. Los dos tendremos cuidado, que a todos toca la vela. Confieso es atrevimiento, y temeraría la empresa; mas qué corazón valiente a peligros no se arriesga? Rompiendo por tres mil hombres, que dándole al sueño riendas, como muertos forman tumba toda la campaña entera, hemos llegado hasta el lecho de Saul, nadie se duerma si tiene enemigos, que enemigos siempre velan. No soy enemigo yo, pues para que el Rey lo vea, vengo a mostrar lo que valgo en medio de mis tragedias. Cuidado Brito. . Aquí estoy, que parezco ánima en pena, sin osar aún resollar. A la misma cabecera tiene el Rey puesto el venablo: ea, David, hoy te entrega Dios a tu enemigo, hoy sales de trabajos y miserias. Tente, Abisal. . Mejor es coserle con la tierra: muera quien persigue a justos. Pues no es justo que un Rey muera a las manos de un vasallo, ni es justo que tú te atrevas a un Cristo de Dios ungido, porque es sacrílega ofensa. Vive Dios, que hasta que Dios le mate ya con dolencia o ya en la guerra, que no ha de morir porque entienda el mundo, que no hay victoria mayor en estas materias, que dejarle a Dios que tome la venganza por su cuenta. Toma el flasco y el venablo, y con pisadas secretas volvámonos, podrá ser que a beneficios le venza. Aguarda, David, qué haces? qué me sigues, qué me inquietas? ha de mi guarda? ha Soldados? que me matan, mueran, mueran. Ah de la campaña? ola? hola, los que hacéis la vela? y tú, General Abuer, deja el sueño ya y dispierta. Todos nos hemos darmido. Qué voces, Abuer, son estas? En aquel monte diviso uin hombre por qué voceas, atrevido? di, quién eres, AEEEEEIRAREARC que así nuestro Rey dispiertas: Ay Abuer! cómo tan mal tú y los que están de tu cuenta, guardáis del Rey la persona? pues hay quien entró en su tienda a matarlo: o sino ved si tiene a la cabecera su venablo y bárril de agua. Digna es vuestra negligencia (sí, vive Dios) de que os quite de los hombros las cabezas. Esta voz es de David, o son vanas apariencias las que me inquietan el alma; eres tú David? . No tengas duda en que tu vida guardo, cuando matarte pudiera. Por qué, señor, di, persigues, sin causa que justa sea, a un siervo que en los agravios te sacrifica paciencias? Después que de mi cabaña vine a tu presencia regía, después que me haces injurias, después que recibo ofensas, has visto, señor, en mí de agravio la menor muestra? Cuando te corté el giron en la tenebrosa cueva, y pude en ella matarte, no te acuerdas, no te acuerdas que me hiciste mil caricias, y con palabras bien tiernas me aseguraste la vida? pues por qué tan presto quiebras la se que me prometiste, Siendo el quebrarla bajeza? Si es Dios quien rige tu impulso, si es Dios quien te da licencia, cúmplase su voluntad, y ante sus aras eternas ofrézcase en holocausro mi humildad y mi paciencia. Mas si son hombres, quel juzgo, los que te indignan y alteran (que nunca a un Rey faltan canes, que le ladren a la oreja) malditos sean de Dios, pues me obligan, pues me fuerzan a que entre bárbaros busque domicilio que me niegas. Y no hay desdicha mayor, en cuantos registran penas, como vivir entre infieles; pues por más que un fiel se abstenga, sino idolatra, a lo menos algún resabio se pega. Confiésote, hijo David, los cargos que aquí me objetas, mas ya arrepentido busco entre piedades enmienda. Si neciamente he pecado, ya sabiamente me enseñas, que perdonar al caído es la virtud más inmensa. Vuelve, David, a mis brazos, donde en lazadas estrechas te hará prisiones el alma, amorosas cuanto tiernas. No, Rey, no, señor, no mandes que yo vuelva a tu presencia, que aunque ahora estás tan tierno, podrás volverte a tu tema. Tu venablo es este, envía a un Paje que te le vuelva, que no es bien asegurarme, si émulos míos te cercan. Dios le dará a cada uno el premio de la manera consisten premios o penas. Hoy Dios te puso en mis manos, cual lo dicen estas señas; pero no quise ofenderte porque vieras mi clemencia, y porque en mis causas Dios use conmigo la misma. Bendito seas, David, que en palabras y obras muestras ser digno de la Corona, que tanto por mí te cuesta. Adiós, señor. . Dónde vas? AJeth, donde Achis me espera. Mi enemigo? . Tu enemigo me hace mejor conveniencia. La Ciudad de Siceleg me tiene asignada, en ella con seiscientos que se alistan debajo de mi bandera, te seré siempre leal. Dios te guarde. Adiós te queda: No hay duda, sí, que a David le ayuda el Cielo. . Es soberbia cuanto emprende y cuanto hace. Refrena, Doec, la lengua, y no me digas mal de él; cese, cese ya la guerra contra David, y volvamos a la gente Filistea, que con Achis, Rey de Jeth, va talando nuestras tierras. El Príncipe Jonatas, con los tercios que gobierna (que en guerras contra su amigo siempre huyó de la pelea) y tú, Abuer, con lo restante del campo, marchen apriesa a Jelboé, cuyos montes guarnecidos de malezas, si los tomamos primero, nos prestan mucha defensa. Hágase en todo tu gusto. Ay amigos, cuántas penas cercan a quien sin razón ha perseguido inocencias! . que obrare, porque en las obras . Oh cuánto puede el amor, pues sin que miedos la estorben, obliga a un alma a arrojarse a las fieras y a los montes! De la Quinta en que Falciel lastimado en sus amores me tiene, porque divierta las quejas que siempre oye, con la traza que previne, que en diez días con sus noches no había de hablarme ni verme si no es a los miradores; (que en siendo amante, muy fácil se deja engañar un hombre) y dejando a una criada con mis trajes, que se asome a dar vista a sus horas a quien es fuerza me ronde; disfrazada a buscar vengo a David, que son rigores muy crueles las ausencias en amantes corazones. Cruzando montes y selvas vengo a este cortijo, a donde mi esposo suele acogerse, si no mienten los informes. Pero un Soldado ha salido, de él me informaré. . A piñones le ha sabido a Abigail, que la haga su consorte David; mas quien con un tonto pasó tan malas noches, qué mucho las busque buenas con quién sepa hacerle amores? Qué escucho! David se casa y me olvida? daré vocés; pero salgamos de duda: oiga, dígame, buen hombre, vive aquí Nabal Carmelo? Ya murió, Dios le perdone. Ah mucho? ̱. No ha cuatro días. Y Abigail? . Consolose con otro al primer envite. Con quién, di? Con un Rey pobre; con David. . Válgame el Cielo! Parece que os turba el nombre. No, si que me espanto mucho, que David haga traiciones a la Infanta. . Linda flema! pues hase de estar un hombre si le quitan su mujer pagando remifasoles? Pues fuera de Abigail, le hace también los amores a una bella Jezraelita. Plegue a Dios, que no se logren. Tanto como a tu belleza rendido a tus discreciones, vengo a hacerte esposa mía, y a mandarte que no llores, que por un necio no es justo que se enluten tantos soles. Qué más me dijera a mí? . Mal hayan, amen los hombres, que más fáciles se olvidan de propias obligaciones. Tu esclava soy, que tus pies beso por tales favores. Levanta a mis brzos. Quiero que el abrazo se malogre. Aa señor, pues tan piadoso se muestra con quien se acoge a sus plantas, deme a mí la mano, porque no cortén de mi vida el fatal hilo unos términos traidores. Quién eres, bella Aldeana? Soy una doncella pobre de ventura, pues me obliga a venirme así a los montes. Tengo un padre muy cruel, enamoreme de un pobre, fuile fiel, saliome falso, y sin concierto y sin orden salí de mi casa huyendo; que cuando un amor es noble, aunque a peligros se arriesgue, nunca teme que le enojen. Viniendo pues (ay de mí!) buscando de roble en roble a este que me lleva el alma, me topé (ah celos traidores!) con mi agravio (pierdo el seso!) pues le vi estar (oh mal hombre!) en brazos de otra zagala; y así al punto dando voces, vengo a que vengues mi injuria primero que te desposes. Aparta el velo del rostro. Malos años, que se corre . una mujer ofendida a vista de quien la note. Por Dios, que a no ser locura, . juzgara por las razones, que es Michol la que me habla. Dime, en qué parte del monte está quien así te ofende? Oígame, y le diré a donde: en quien busca otra mujer, teniendo mujer de porte. Tente quién eres? . Criada de Michó!. . No te alborotes, que es sola Michol del alma vida, espejo, luz y norte. Eso les decís a todas; Dios me libre de los hombres. . Seguidla; pero dejadla, que no quiero que se enoje Abígail, si presume me arrastran nuevos amores. Soy tu esclava y no me ofendo. Mi esposa eres. Ya se oyen las cajas. . Achís es este, a cuyas obligaciones es fuerza que corresponda. Caminen toda la noche a Siceleg las mujeres, en cuyas soberbias torres tendrán guarida, hasta tanto que esta batalla se rompe. . A vista de Gelbos estamos ya, do es forzoso que experimente Saul lo que vale y lo que somos. En fuerzas, armas y en gente le estamos muy ventajosos, con que verá de su campo ruinas, muertes y destrozos. Paguennos ya los Hebreos cuantos nos han hecho oprobios, y de su vertida sangre bajen por el monte arroyos. David, aquel perseguido, que por leal reconozco, viene también a ayudarnos, que como agraviado, él solo puede darnos la victoria, aún sin mancharnos nosotros. 1. Eso, señor, solamente reprueba tu campo todo. El que David nos ayude? 2. Sí, que es muy cabiloso, y a costa de nuestras vidas, cuando envuelto Marte en polvo todo es confusión, podrá, volviendo contra nosotros, comprar de su Rey la gracia, y quitarle los enojos. Esa es malicia. 1. Pues esto Sienten los Satrapas todos. Pues que no venga David, y aunque es desaire notorio, voy a hacerle que se vaya. 2. Con Hebreos no hay ahorros. Ya a los primeros encuentros todo mi campo se turba, que como miedos me cercan, piensan que en verme se asustan. Ya sin concierto y sin orden anda la guerra confusa, y en desconcertadas lides buen suceso no le hay nunca. Ya miro mis tafetanes, que por el suelo se arrugan, que no hay quien alce bandera cuando rueda la fortuna. Ya de tres hijos, apenas veo reliquia ninguna, que se halla mal una vida en medio de muertes muchas; pero a la batalla vuelvo: Cielos, dadme vuestra ayuda. Ríndete, Hebreo, y no mueras, Rendirme fuera locura. Pues muere. . Será con honra Mucho, bárbaro, me apuras. 1. Soy rayo. . Pues a mis golpes te haré centellas menudas. 2. Si vais vencidos, qué aguardas? Darte a ti la sepultura. 2. Pues pelea. Aí lonago. Y pasado con mil puntas de agudas flechas, apenas puedo tenerme: ahfortuna, y qué cruel que has andado! Toda la campaña es tumba de nuestra gente: ah señor! Ay Doec! qué desventura es esta? dame la muerte, porque infieles no presuman honrarse de mí. . Qué dices? Que me mates. . Es locura. Pues en mi espada me arrojo, por castigo de mi culpa. Pues yo que fui el más culpado te imito en la travesura, porque las desdichas siempre unas a otras se buscan. Muy bien los Amalecitas te han pagado la deshonra. Después que ciño las armas, no he tenido tal victoria. Un millón monta el despojo. Abigail y Achinoa vienen buenas? . Si señor, muy buenas vienen y gordas, que las mujeres se tragan las penas como las lloran. Descansen en Siceleg: pero de qué se alborotan los Soldados? Es, que un hombre viene hendiendo por las Tropas, cubierto de sangre y polvo. Si me anuncia otra congoja. A tus plantas, Rey invicto, a pedir misericordia vengo. . Quién eres? qué traes? de dónde vienes? . Do lloran los montes de Gelboé la desgracia más notoria. Pues qué ha sucedido? ah Cielos! cuéntame todas las cosas. Huyó Israel derrotado, murió la nobleza toda, y Saul y jonatas murieron también. . Reporta la lengua: los viste tú? Sí señor. Cómo? en qué forma? Acaso me hallé en el monte, y al pie de unas altas rocas vi a Saul agonizando entre angustías y congojas, y yo acabé de matarle, porque con ansias no pocas me lo rogó. . Ah insolente! Tráígote pues su Corona, que la goces largos años sin trabajos ni zozobras. Ah desventurado Rey! ah desdicha lastimosa! hah glorias del mundo vanas! cuán presto dejáis ser glorias! Matad a aqueste Ilumeo; llevadle de aquí, no oiga yo más a quien en un Rey sacrílegamente osa poner las manos. . Señor::- No hay que hablar: matadle, hola. Ven, hijo de aquel que tantas hizo muertes alevosas. Llorad, amigos, llorad perdida de tanta monta. Señor, tu pena sentimos. Tú eres quien más nos importa. Mira, señor por tu vida. Israel, por qué no lloras a tus ínclitos varones, que entre mortiferas sombras yacen en su sangre tintos las armas a golpes rotas? No lleguen a Geth las nuevas, porque con festiva pompa las Filisteas no canten en sus bailes tal deshonra. O montes de Gelboé, donde las armas heroicas de Saul y Joatas ya destrozadas se postran! plegue a Dios, que a vuestros campos las pluvias se nieguen todas, y que aún no derrame el Alba en vuestras flores su aljófar. Hijas de Jerusalén, llorad con tristes congojas sobre vuestro Rey Saul, pues os hizo tantas honras. Ay querido jonatas! si eramos un alma sola, qué hará una mitad del alma, si se ha muerto en ti la otra? Señor, dame mil albricias, y deja llantos ahora; todo el Tribu de Juda viene a darte la Corona: y aunque al Príncipe Isboset siguen otros, poco importa, que te aman todas las Tribus, y has de ser dueño de todas; esto es lo menos: lo más esque te traen una novia, la que fielmente te ama, la que tiernamente adoras. Si fuera Michol, las diera. Pues ya las tengo en la bolsa: Michol viene. . Qué me dices? Que ha amanecido la Aurora. No me sigas más, Falciel, que es ya pertinacía loca. Ay Michol! de placer lloro de haber guardado tu honra. Dios sabe intenciones. . Vete, antes que David te oiga. A tus pies, señor::- . Mas cerca hay brazos que te recojan. Vengo pues::- Ya veo, que vienes dando envidias a las rosas: que traerás penas no dudo, más dejémoslas ahora, que no es bien que tanta dicha me la malogren congojas. Algo enojada me tienes. Ya ya sé que estás celosa, mas no lo estés, pues del alma eres el dueño tú sola. Dame, gran señor, tus pies, y fía de mi persona ser Rey de todo Israel. Yo te pagaré estas honras. Juda te aclama ya Rey. Y en su nombre la Corona te pongo. Viva David. Y digan todos mámola Falciel, pues se fue en ayunas, y nos dejó acá la polla. Con lo cual, Senado ilustre, tendrán fin en esta historia los Trabajos de David, y finezas de su esposa.