Texto digital de Torneos de Cristo con el amor
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Martín, Irene y Julia Rodríguez. Texto digital de Torneos de Cristo con el amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/torneos-de-cristo-con-el-amor.

TORNEOS DE CRISTO CON EL AMOR
Las cuatro partes del mundo oigan el son de mi trompa: el Asia mi voz escuche y la política Europa, entre los trópicos puesta África mis ecos oigan, en la línea equinoccial América me responda. Blancos seitas, indios negros, desde donde el sol se aloja hasta donde le despiertan los caballos de la aurora, ¡todos, oíd! ¡Oíd, mares, abrid las saladas ondas para que mi voz penetre vuestras profundas alcobas! ¡Oíd, delfines, ballenas, proteos, caimanes, rocas, madres de perlas, abrid vuestros nácares y conchas! ¡Oíd, montañas y valles, que vana el alba de aljófar! ¡Dios y fuentes, dejad las arenas y las rocas! ¡Alzad la cabeza, selvas! ¡Sierras, abrid vuestras rocas, unas vestidas de nieve y otras de verdes alfombra! ¡Palmas, cinamomos, cedros, bálsamos, mirras llorosas, abrid a mi voz los troncos, derramad puros aromas! ¡Oíd, animales fieros: leones, panteras, oncas! Los minerales descubran piedras: oro, plata y joyas; divinos tornos del cielo que con vuelta presurosa traéis los años al mundo. Frío, calor, luz y sombra, suspended el armonía y las lámparas hermosas que de vuestros techos cuelgan, su cándida luz encojan. ¡Oíd, celestial milicia de alba blanca y roja estola que llamáis santo al cordero, digno de su honor y gloria! ¡Oíd el pregón famoso, oíd que el Amor pregona fiestas por las nuevas paces que hacen Dios y el hombre ahora! A todos notorio sea, pues a todos parte os toca, que en el alto consistorio de Dios y sus tres personas el decreto sea firmado; que el verbo carne toma, que ya la Justicia y Paz se han dado un beso en la boca. Aunque tu alegre pregón, Fama, no me nombra a mí, salgo en aquesta ocasión mas a quejarme de ti; que por saber la razón no he sido de Dios hechura en semejanza, no tuve tanto que por mi hermosura un dedo de ser lo estuve. La exorbitancia te dura. Ese dedo entre los dos, como era de Dios, divide de tal suerte a Dios y a vos, que para siempre os despide de llegar cerca de Dios. Pues, Fama, si amar y tierra y cuanto uno y otro encierra de aquestas paces avisas, ¿cómo mi centro no pisas? Porque es de paz y sois guerra. Quieras hoy, Fama, esa fe. Yo fui el primer capitán que alzó bandera por sí, pero porque no me dan cuenta de esta paz a mí, si a un cedro llamas, yo he sido cedro en Líbano florido, si al sol, yo fui sol, si al mar, de ciencia lo fui. De amor os fuera mejor partido. Sí, Dios me dio cuenta a mí del más divino secreto que cupo en Dios, pues yo fui quien contradijo el decreto por quien hoy me tiene así. Sí, me reveló que había de ser hombre el verbo y ser el hombre Dios aquel día, de dónde vino a nacer envidia y soberbia mía por no querer adorar al hombre en tanta grandeza, viéndole a Dios levantar la humana naturaleza y la angélica humillar. ¿Qué dudas, Fama, en decirme qué paz y fiestas son estas? Luzbel, no es justo impedirme; el Amor hace estas fiestas. ¿Qué Amor? El eterno y firme, el siempre bueno, el que es Dios, el que es su grande atributo. Luto cortan para vos, que resulta en vuestro luto dar libre al hombre a Dios. ¡Mirad qué mantenedor para no ganar trofeo! Si hace las fiestas Amor, ¿para qué es tanto rodeo? Algún ensayo serán de las que des, pues harán Dios y su amor contra mí. Todas serán contra ti. Contra mí todas están. ¿Quiéresme, Fama, creer? ¡Más temo su amor que a Dios! Dios es Amor todo un ser, contra mí parecen dos porque es querer y poder. A Dios yo no le temo; hasta su trono subí, pero a su Amor temo tanto que de su nombre me espanto desde que sus fuerzas oí. Dios puédeme a mi vencer, pero el Amor vence a Dios. Luzbel, yo tengo qué hacer. No digo adiós, porque vos a Dios no habéis de querer. Tengo que dar vuelta al suelo y volver con el recaudo al mayor monte del cielo. ¿Dónde hallará mi cuidado eternamente consuelo? Fiestas hace ahora Dios, Dios anda ahora de fiesta. Paces hay hombre con vos y a la Fama manifiesta que las formaron los dos. A fe que aquestos ensayos no están de mi daño ajenos; costar me tienen desmayos. Por allá suenan los truenos y acá bajarán los rayos. ¡Ah, del infierno! ¿Quién llama? Tu rey, Culpa. Oh, rey de llanto, de hablar vengo con la Fama. ¿Hay algo de nuevo? ¡Y tanto! Que nuestro valor infama: Dios hace ensayo a una fiesta. ¿Con quién? Con el niño Amor, que un rico torneo apresta. Si es Amor mantenedor, tú verás lo que te cuesta. Que Dios un sol sin aurora, tiempo sin tiempo es, cuyo es en sí mismo. Se atesora tan viejo como lo es; juegue con un niño ahora, ahora ensaya torneos. ¿No ves que son sus deseos? Si de juego les das nombres con los hijos de los hombres. Que Amor levante trofeos, que Amor mantenga, que trate de hacer torneo y combate con el mayor caballero del Cielo. Tu mal recelo y, de esta gente, el rescate. Pues Culpa, mi carcelero, si es aquesta estratagema, guardar nuestros presos quiero, que es justo que el daño tema qué de aquesta fiesta espero. Suele hacer un capitán alguna fiesta fingida y, mientras viéndola están, tomar la más defendida. Cuidad los que armados van; ese caballero eterno tiene muy alto gobierno. A fiestas nos llama allá y entre tanto bajará a despojar el Infierno. ¿Qué hace el género humano? Llora y llama a su hacedor. Echa otra llave, villano. Oye un poco su clamor. Será su clamor en vano. ¡De lo más profundo os llamo! ¡Señor, mi clamor oíd, y este llanto que derramo! ¿Quién es aquel? Es David. En extremo le desamo que, por la carne mortal de Dios, abuelo se nombre. Divino rey celestial, ¿cuándo cumpliréis al hombre vuestra palabra real? ¿Quién es aquel? Abraham, a quien prometido han que de su generación saldrá aquesta redención que ahora esperando están. Todos están engañados. ¡Dad, Cielos, blanco rocío de vuestros montes sagrados! ¡Nubes, lloved, el rey mío! ¡Cierra, Culpa! ¡Echa candados! Señor, que a la vil serpiente prometistes que su frente una mujer. Qué gracia, ¿cuándo veremos el día de esta mujer excelente? ¿Quién es aquella? Eva es. Éntrate allá y vella. Culpa. que verás presto sus pies. En tu frente este torneo se funda en más interés. A fe, cielos, que sospecho que torneáis de placer de que tornea a mi despecho el hombre a su antiguo ser. El enojo satisfecho porque, como solo Dios puede a Dios satisfacer y Amor anda entre ellos dos, darán a un hombre el poder si viene a ser hombre, Dios, mas he dicho que querría. Gente viene. Es de manera, Mundo, amigo, mi alegría que, estando dentro o acá fuera, sale a declarar que es mía. Riénseme, como ves, los ojos, la boca, el pecho y el cuello, manos y pies. Y yo estoy muy satisfecho, Contento, de que lo estés, mas por tu vida me di, ¿qué cargo me dan a mí? Hacer la placa al torneo. Al Mundo contento veo; todos lo están contra mí. ¿Dónde la haré? ¿Tú no sabes adónde será mejor, Mundo, pues ves cuanto cabes? Si esta fiesta es la mejor y entre personas tan graves, en medio del mundo sea. Tú dices, Mundo, muy bien: para que el mundo lo vea. El medio es Jerusalén; en Jerusalén tornea al ara de los profetas. Lleva a Dios el niño Amor; grandes cosas hay secretas con eso, Mundo, mejor. Al rey Salmista interpretas la salud; dice que obró Dios en medio de la tierra. Contento, aquí se cumplió. Pues otro secreto encierra que de su nombre salió. Jerusalén significa visión de paz y, pues Dios fiesta a estas paces aplica, bien es que en ella los dos tomen la espada y la pica. ¿Por dónde ha de ser la entrada? Por esa puerta dorada si oliva y palma cortamos. Será Domingo de Ramos; toda la traza me agrada. A mí no, que rabio y muero. ¿Quién habla aquí? Un caballero que se ha venido a informar de estas fiestas para dar muestras de su fuerte acero. ¡Voto al sol! Más parecéis Lucero al humo colgado. ¿Vos tornear pretendéis donde mantiene el que ha dado vida a cuantas cosas veis? Cuando son fiestas reales bien pueden, aunque extranjeros, salir caballeros tales. Con tan altos caballeros son los demás desiguales. El Caballero divino, que es el verbo con su amor, tornea, y es desatino que el ángel de más valor emprenda el mismo camino. Pues, si Dios no tiene igual, ¿por qué, Amor, le igualáis vos? Porque es su ser tan igual como Dios, que Amor es Dios y Dios, su amor celestial. Pues, ¿cómo le vence Amor? que un hombre de amor vencido llama pasión su rigor y si Dios vencido ha sido, seralo en él. Es errar, pues su atributo no veis, con su ser apartais y pasión en Dios ponéis. Mas vos, en efecto, habláis como la cara tenéis, que de aquel reino sagrado ni se dirá ni se oirá lo que de Dios humanado, porque el padre engendra al hijo, mas no es el padre engendrado, y del hijo no diremos que procede de los dos; del amor, sí. Mas sabemos que, juntándose hombre y Dios, con verdad decir podremos: Dios nace y el hombre es Dios, Dios padece, el hombre vive, porque esta unión de los dos del uno al otro recibe lo que no entendistes vos. Pues tú me enseñas, villano, que antes que el tiempo nací y con la espada en la mano al mismo Dios me atreví y a su poder soberano. Que vos sois, señor gigante, señor Nimbrot de los cielos, torre de viento arrogante, del amor habláis con celos. ¡Oh, qué lindo torneante! ¿No sabéis que el capitán que os echó de aquella silla, si otra vez causa le dan, os ponía por la mejilla la argolla de Levetán? Yo en mal hora de aquí anda acá, Mundo. ¡Oh, qué bueno! ¿Pues de mí os burlais así, pollo de águila ajeno? ¿Qué buscas, triste de ti? Si por no haberte humillado al sol de Cristo sagrado de su nido te arrojó. ¿Qué has de tornear si yo soy la joya que le han dado? ¿Cómo dado? Pues, ¿no es cierto? Primero lo ha de sudar. Bien acertais. ¿En qué acierto? En que tengo de costar sudor de sangre en un huerto. Mundo, yo tengo en prisión a todo el género humano. Por eso estas fiestas son. Mantiene Amor soberano, que es justa esta paz y unión y esta unión será aquel día en la corte de María, una bendita doncella, que será Dios hombre en ella. ¿Qué es esto, soberbia mía? Dios pone en ejecución lo que al príncipe del cielo me dijo en revelación. Dios baja a ser hombre al suelo, por eso las fiestas son, Dios cumple ya la promesa a Abraham, Jacob, David, como que la fiesta es esa, pues no faltará un ardid. Mucho de esta fiesta os pesa. Voyme a armar. ¿Vos contra Dios? ¡Oh, qué lindo majadero! ¿Ya no os dijeron a vos “¡quién como Dios!”? Probar quiero mis armas contra los dos. Contra Amor y contra aquel que dio su espada a Miguel y en virtud de Cristo santo pudo obrar con ella tanto. ¡Mentecato sois, Luzbel! Por darle con algo estuve. ¡Contra Dios otra vez sube! Miguel le dará una coz que le arroje más veloz que arroja el rayo la nube Cajas suenan. El cartel viene a poner el Amor. Padrinos vienen con él. Aquí te para a tambor y de lo que viene en él. Hoy el Amor soberano que mantiene este torneo sustenta con fuerte mano, viendo en Dios tanto deseo del bien del género humano, qué puede ser y qué es bien, que baje el verbo a ser hombre y que a Dios nombre le den de Dios hombre y que se nombre el hombre, hombre, y Dios también. Del mundo es precio el destierro, el campo es un alto cerro, el plazo de luz a luz a tres golpes de una cruz, ya cinco heridas de hierro. Fijar de allí. Bien está. Oh, qué contento me da el galán mantenedor! Enamora como Amor. Bien puedes hablarle ya. Amor soberano y casto, veis aquí el Mundo a tus pies. Duélate mi amargo llanto, la miseria en que me ves y haber esperado tanto. Solo Amor tanto pudiera que obligara a Dios que diera su mayorazgo por mí. Mundo, pues Dios te ama ya, de Dios tu remedio espera. Amor, ya está prevenida la plaza de este torneo. En esa villa extendida a la muerte muerta veo y reparada la vida. Y, porque veas que quiero hacer como caballero, hoy verás de qué modo junto el consistorio todo que vuelve su león, cordero. Caballero Celestial, hijo del eterno padre que, contemplando en sí mismo de su hermosura las partes, eternamente os engendra noticia suya admirable, figura de su sustancia, luz que de sus rayos nace, espejo donde se mira viva soberana imagen. Con debido acatamiento de ese trono venerable de lecho zafiro y fuego y de esos cuatro animales que esas ruedas altas mueven: águila, toro, león, ángel, hoy la celestial milicia que con voces celestiales “santo, santo Sabagot” os cantan mañana, tarde. Digo que, viendo que el hombre en poder de Luzbel yace preso por la deuda antigua con tantos años de cárcel, he tratado que con él y vuestro padre hagáis paces, porque sólo vos podéis satisfacer y pagarle para cuyas fiestas quiero que este torneo se trace. Así, digo no, que os reto que, ¿a Dios quién puede retarle siendo la suma justa y la verdad inefable? Mas solo que os desafío donde con armas iguales. Quiero tornear con vos apadrinando mi parte; la paz y misericordia de todo el mortal linaje. Bajad, divino señor, que ya los primeros padres, patriarcas y profetas, príncipes y capitanes esperan a que el baptista a pedir albricias baje, de que os vio y llamó cordero del Jordán santo en la margen. Venid, que me voy a armar para el divino combate, donde venceréis bañado tres enemigos tan grandes. Caballero Amor, respondo que en el palenque me aguardes, que mi justa es contenta de que por el hombre pague. ¿No es así, Justicia mía? ¿No lo quiere así mi padre? Caballero de armas blancas que teñiréis presto en sangre, a mucho riesgo os ponéis, que Amor es niño y gigante. Probad con él vuestras fuerzas para cuando en el combate de la cruz y de la muerte paséis aventuras tales. Con espinas os coronen, con azotes os señalen, con afrentas os lastimen y con clavos os enclaven, con burlas os llamen rey y con una lanza os pasen y estéis tal que una palabra digáis sola a vuestra madre. ¡Eh, Justicia, qué de cosas que estáis poniendo delante al Caballero divino tan sangrientas y mortales! Caballero Celestial, cuando en la cruz os levanten, pensad que es llave de cruz que al hombre los cielos abre. Pensad que allí le dejáis tan abierto por mil partes que hasta los ladrones pueden entrar con vos a robarle. La Paz os dice muy bien, santo caballero amante, que vuestra sangre ha de ser de todo el mundo rescate puesto que temáis la muerte. Y cuando a la humana carne a vuestro padre pidáis, que pase de vos el cáliz. Bien sabréis que tendréis siempre eso que una vez tomasteis, que es con que el hombre os obliga, pues los oís por vuestra madre. Bien sabéis que en el sepulcro, como con el alma parte, queda la divinidad con el cuerpo que allí yace. Que si sois arco que puede por medio entonces quebrarse, la divinidad es cuerda, que está asida a las dos partes. Pensad, pues, que despojáis aquel pirata arrogante que de despojos del mundo carga al infierno las naves y que entráis del don triunfando por las puertas celestiales, donde las ropas sangrientas al sol prestaran diamantes. Señor, el Amor os llama a las fiestas de estas paces Justicia abraza a la Paz y vamos donde se trate la ejecución de mi muerte. Pardiez, Mundo, aquesta vez Justicia y Paz se abrazaron; el padre tienes juez. Hoy la argolla te quitaron y la soga de la nuez. Alienta a viva y respira, que baja el cordero, mira, del monte de su grandeza la mortal naturaleza. De verse endiosar se admira. todo lo debo al Amor. Señor, yo me quiero armar. Pues me hacéis este favor. Y yo mis armas trazar contra tal mantenedor. ¿Y qué librea os agrada? Paz, de color encarnada librea de humanidad cortada a Mi Majestad de una tela inmaculada. Una Virgen palestina la tejerá nueve meses siendo de mi sol, cortina. Mundo, hoy es justo que beses aquella tierra divina y honra mucho a nácares, que allí va a tomar librea quién te ha de hacer tanto bien. ¡Virgen por mil años sea! Y por mil siglos también. Que buenas pascuas tengáis en vuestro parto es razón, pues tan buenas nos las dais que por deudas de prisión en tal pascua me sacáis. ¿Por dónde salir te agrada, Caballero celestial, con la librea encarnada? Por Belén y en un portal pondré una tienda nevada. ¿Y la entrada? Esa pretendo hacer por Jerusalén, donde me entrarán siguiendo con palma y laurel también, mil que me irán bendiciendo. Y van doce aventureros conmigo XX: Pedro andrés y Diego de los primeros. Haré una cena después para armar los caballeros, donde por prenda de amor darles a mí mismo quiero. ¡Qué soberano favor! Que, aunque soy aventurero, soy también mantenedor. Estos, de pobres a barcas, subirán a ser monarcas. Fueron su figura, en fin, las doce fuentes de Hellín. Y los doce patriarcas. Figura también les dan las doce piedras que están en el racional compuestas, y las doce en el Jordán, doce profetas mayores, los doce panes propuestos y los doce exploradores; mis padrinos serán estos. Y después mantenedores no todos, que uno de doce que a mi mesa cenarán tan mal, ser yo el pan conoce, que tendrá vendido el pan y habrá quien su ser te goce. Vuestra figura imitaba caballero en profecía, David, cuando se quejaba de que que con él comía y después traición le armaba, pero el mismo le señala bien corta la dignidad. ¿Que habrá persona tan mala mundo? Aunque en mayor maldad con barquito, fe se iguala Pésame de que haya en ti, Mundo, un hombre tan infame. Plegue a Dios que no haya en mí otro que también se llame como el que se nombra aquí, pues cualquiera que comiere, del Caballero divino a la mesa en quedar quiere, su pan, si llegare indigno, ese mismo nombre espere. ¿Quién habrá que traidor sea, Mundo, al pan de tal señor en cuanto el sol te rodea? A mucho os obliga Amor. En estos actos me emplea. Nunca en las caballerías del mundo vi tan extrañas aventuras y osadías. ¿No ves que aquestas hazañas es bien que parezcan mías? ¿Oyes aquello, Contento? Tiene razón. La aventura tuvo tal encantamento, pues darse el mismo procura ya los hombres en sustento. Todas son cosas extrañas las de aqueste caballero. Si de ser Dios le acompañas a su principio, primero corresponden sus hazañas, la gentilidad hacia fábulas y fingimientos, que en falsos dioses ponía. Mas mira sus nacimientos, supuesto que los fingía, que ninguno de ellos es hijo de madre doncella, antes pariendo, hoy después. Cupo el sol en una estrella segunda, en personas, tres. ¿De cual habrás oído que el cuerpo y sangre haya dado? Invención de Amor ha sido. De estos doce acompañado iré al plazo prometido, y aunque Pedro ha de negarme su llanto y sangre, han de darme una piedra en él tan fuerte que me suceda en la muerte y de mis armas le arme de aquesta caballería; será Pedro mi clavero. Andrés en Acaya un día mostrará ser caballero, dando su sangre a la mía, peleará en Jerusalén Diego y, con fuerza divina, el justo menor también, Juan en Roma en una tina, Tomás en las Indias bien, en Armenia su deseo mostrará Bartolomé, y en Etiopía Mateo. Felipe en Frigia sufre, Simón en Persia y Hades, Matías, que entró en lugar del caballero traidor, en Judea ha de mostrar cuán diferente valor tuvo en saber pelear. No creerá que atormentado, Tomás, hasta que lo entienda, de la herida del costado, donde mi roja encomienda le estampe en el suyo helado. Éstos me apadrinaron. Y no tendrás capitán, mas soldados. Si se cuenta la lista tendré setenta, que tras estos doce irán Jacobo, Tito, Simón, Aristóbolo, Silvano, XXXX, Patrobas, Flegón, Lino, Gayo, Ágabo, Urbano, Narciso y Heraclión, Onesífero, Jonías, Apeles, Andronio, Amplías, Prócoro, César, Crescente, Prisca, Aquila, Clemente, Carpo, Estaquio y Ananías, Esteban, Hermes, Hermas, dos Marcos, Epafrodito, Jasón, Artemis, Cefas, Demas, Judas, Asíncrito, Nicanor, Cuarto y Cleofas, Sosípatro, Rodión, Lucas, Teófilo, Pármenas, Sila, Erasto, Aristarco, Licodo, Tíquico, Zenas, Filólogo y Filemón, Timoteo, Barnabás, Tercio, Filipo, Hermógenes, Epéneto, Nicolás, Apolo, Olimpas, Sóstenes, Josefi, Lucio y pocos más. ¿No escuchas los caballeros, que tras los doce primeros, dice el fuerte capitán que a la gran conquista irán de Jerusalén luceros? Ya lo oigo y son setenta. Después de estos no habrá cuenta de mártires, de doctores, vírgenes y confesores de esto, la blanca y sangrienta. ¡Qué linda caballería! ¿Y habrá para todos pan? Cinco mil de infantería puede hartar el capitán con cinco panes un día, que por testigos dos peces serán el sino del cielo. Hartará de pan mil veces si es Dios el pan, cielo y suelo. Nuestros ojos son jueces de solo el pan, más la fe, que es de lo que no se ve, me mostraba lo demás. Cajas suenan. ¿Dónde vas? Padrino, apenas lo sé. Si soy la Duda y me llevas por padrino, ¿qué pretendes? Saber si esto es Dios. Si pruebas sus armas y no lo entiendes, ¿dónde habrá mayores nuevas? Caballero aventurero que el Celestial apellidan, que, habiendo de tornear, ayunáis cuarenta días. Ya que salís del Jordán lavado en sus aguas limpias y dice que sois cordero, camino y voz del baptista, decid que se vuelvan pan las piedras de esta campiña para que cobréis valor. que al mantenedor resista. El caballero dudoso a batalla os desafía con aquesta lanza negra en sangre humana teñida. ¿Qué respondéis a este encuentro si tenéis virtud divina? Caballero mentiroso, a quien la duda apadrina del golpe de vuestra lanza. Tomaré ahora la mía. No vive de sólo pan el hombre, que es bien que viva de la palabra de Dios. Dame otra lanza, osadía. Ves aquí a Jerusalén; esta es la fábrica antigua del templo de Salomón. De su extremo te derriba, que si eres hijo de Dios seguramente caminas. A sus ángeles mando que te guarden noche y día para que ni el pie te ofendas. Vil caballero, no miras que no es bien tentar a Dios. Dame otra fuerte mentira ¿Veis, Caballero, esta tierra? ¿Veis este mundo que mira con tantas vueltas el sol? Pues sabed que toda es mía. Si vencido me adoráis y vuestra fuerza se inclina a mis pies, yo os la daré. ¿No ves que es sentencia escrita del mismo Dios, que a él no más se adore, se alabe y sirva? ¡Venció mi tercera lanza! Vámonos, Duda, camina, que no es bien probar con él la espada de mi malicia. ¡Qué gracioso aventurero! ¡Corrido va el caballero! ¿Qué pensaba Satanás? Poder más. Pues ese “más” será tormento más fiero. Cajas suenan. ¡El Amor! Debe de venir al puesto. Pues siendo el mantenedor viene ahora, ¿cómo es esto? ¿Primero no era mejor? ¿No ves que Dios siempre está en un ser que no se muda y, aunque aventuroso, va siempre mantiene? Esa duda queda satisfecha ya. Quédense atrás los padrinos, que yo abasto en la estacada mis atributos divinos. Ya de su lanza y espada muestra Amor los temples finos. Quiero mi lanza tomar al hombro, aunque ha de pesar, hasta arrodillar con ella. ¡Qué gallarda entrada! ¡Bella! Cielos, ¿hay más que mirar? Cúmplanse las profecías. Al ara de Jeremías voy como cordero nuevo, mi imperio en mis hombros llevo, como lo dijo Isaías. Ya estoy en el puesto, Amor. Ya de los hombros me quito la lanza, mantenedor. Y yo vuestra gala imito, soberano torneador. ¿Cómo? ¿Tan pequeña es? La causa sabréis después, aunque vos lo sabéis todo Encuéntrame. ¿De este modo? ¡Detente, Amor! ¡No le des! ¿Qué quieres? Atar así tu lanza a la suya, Amor, porque satisfaga aquí mi justicia. ¿Ya, señor, vistes el golpe que os di? Levantad esa bandera que en esa habéis de morir. ¡Oh, cruz, por quién hoy espera el hombre muerto vivir! ¡Bella lanza la primera! La de la caña de hiel también hará golpe en él. La que correrá enclavado pasarle tiene el costado, que a un muerto es cosa cruel. Así llamará su esposa a esa lanza, por ser muerto, cruel, fiera y rigurosa. ¡Oh, cruz santa, dulce puerto adonde el hombre reposa! En vos la muerte, el pecado venceré. Dulce bandera y, cual sierpe levantado los que mordió la primera, sanaré siendo mirado. Las palomas, los corderos, las ovejas, las terneras; los sacrificios primeros harán sombra de estas veras con que pienso entonces veros. Mi mansedumbre mostraban simplicidad e inocencia. Ya, cruz, se limpian y lavan en mi sangre, en mi clemencia, los que manchados estaban, porque estos brazos cruzados a Efraín y Manasés muestran ya santificados. Vos sois vara de Moisés, vos remisión de pecados, vos de XXX la leña santa. Vos, quien al hombre levanta, vos, estandarte excelente, que desde Oriente a Poniente se extiende con gloria tanta. Vos, escala que hasta el Cielo vio Jacob mostrando el suelo el cielo desde su pie. Todo en vos lo cumpliré rompiéndose al templo el velo. ¿Tantos amores, señor.? Si tú me has vencido, Amor, no he de hablar enamorado. Aventurero sagrado, pues ya sois mantenedor, el Mundo puesto a tus pies os da mil gracias. Yo soy su contento, que después que os vi en la tierra, lo estoy, vestido de humano arnés. Señor, vuestra es la victoria. Descansad, cansado estáis. Tened del mundo memoria. Seguidme porque subáis desde mi gracia a mi gloria.
