Texto digital de El tormento del demonio
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Auto
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El tormento del demonio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tormento-del-demonio-el.

EL TORMENTO DEL DEMONIO
Es posible, que las furias, que respiro con los ojos, siendo sin límite, puedan caber dentro de mi propio? No me bastaban las muertes, que en lóbregos calabozos, por inobediente peno, y por atrevido lloro? Si no darme dos, después de tan contrarios destrozos, el más rígido, el más grande que han tolerado mis hombros? De la Mujer más Divina, del prodigio más hermoso de perfecciones, en quien se esmere el Impíreo todo. De una Celestial Aurora, a quien obedece Apolo, tanto de sus excelencias, como de su luz, y adorno. Y en fin, de una Virgen pura, (bien a mi pesar lo nombro, porque en mi boca también son preciosos sus elugios que ha de nacer el Autor de esos cristalinos Globos, de esos Palacios de nieve; de esos Celestiales troncos, Mil profecias afirman, pero yo cuando lo nuea con más cólera me irvia con más rabia me provoce despidiendo por la boca de los martirios que toco, de las ansias que público, de los volcanes que escondo; la actividad, cuya fuerza cobándose en mis ahogos, si a los alivios me niega, me eterniza a los ahugos; y así intento que las luces de ese Oriente luminoso, hallen ocaso en mis trazas, y se apaguen en mis odios. Yo he de sufrir, que después de poner fuertes cerrojos a las formidables puertas de esos Reinos espantosos, donde absoluto señor me reconocen los monstruos de sus cabernas, si esgrimo el azote de mi enojo, que esta Mujer que refiero, excella Rama del tronco del gran Profeta David, y de sus nobles pimpollos, fecunda flor, pues ofrece en sus frutos generosos, si a mi fatales ruinas, al hombre celestes logros, mi altiva cerviz oprima, siendo yo quien ambicioso, con no muy grandes desvelos, pretendo ocupar el Solio de Dios, porque a mi soberbia le vino el ser Ángel, corto? Eso no; y porque comiencen las invasiones que forjo, las máquinas que fábrico, la crueldad a que me exhorto Tesifón me guérrea, el Octo, y cuantas furias el hondo cocito habitáis, mostrando en las piedades solo ser hijos de mis furores, y de mis rabias aborto, salid, que con vuestra ayuda arrestado me dispongo, a que Dios muera en naciendo, que no es bien que a mis oprobios niegue sangrientas venganzas, cuando los miro forzosos: como no os mueven las quejas qué desciendo? cómo, cómo? no es vuestra obediencia el eco de mis voces? . A los roncos gemidos, con que estremeces esos homenajes toscos, de tu baratro he salido ignorando tus sollozos; ya en tu presencia me tienes, y con el ánimo pronto te agasajan mis finezas, y te sirven mis arrojos, y con iras obligarte me resuelvo y acomodado, que para tus ambiciones soy el sainete más propio. Dame cuenta de tus males, refiere de tus enojos la causa, dime tu pena. Prestame atención un poco, y verás si con razón los espacios anchurosos de ese habitable elemento, de ese bello promontorio, de ese tachonado Cielo, y de ese caos hermoso, a pesar de su edificio, con tristes suspiros rompo. Desde el lóbrego seno, donde soberbias de un instante peno de adonde mi pecado, por siglos mil, me tiene condenado hoy me conduce una pena impía, que por sangrienta, por cruel, por mía pretendiendo mi estrago, (go una muerte ejecuta en cada ama Este mal enemigo, que me aflige sin sin cuando lo digo, y si no lo refiero, con más precisas inquietudes muero. Nace una intacta Virgen bella, puerta del Cielo, si del Mar Estrella, que ha de parir de sus entrañas puras al hermoso Factor de las criaturas, siendo dichosa Madre del Hijo Eterno, del Eterno Padre: En cuyo parto (aunque el dolor me asombre,) sus intereses asegura el hombre, porque quiere su Amor Divino, y fuerte comprar su vida, a costa de su muerte, que solo un Dios pudiera hacer feliz fortuna tan severa. No es esto de sufrir tan malo, aunque con fuerza tanta es verdugo, y cordel de mi garganta; y me aflige severo, como el que ahora referirte quiero. Pero la voz suspensa, y muda, entre los mismos labios se me anuda, en lazo tan estrecho, que volviendo a la cárcel de mi pecho, sin dejar explicados de la dura opresión de mis cuidados los bárbaros enojos, se vale de las lenguas de los ojos, que destrozo tan grave, en el silencio solamente cabe. Pues la Mujer que dije, a quien altares el Impíreo erige, y a quien con luces bellas sirven la Luna, el Sol, y las Estrellas, ha de poner en mi soberbia frente, (dejadme que de cólera reviente) el pie Divino, y puro, sin que el tartareo muro sea bastante defensa para librarme de tan grave ofensa. Y así, porque este mal que es tan impío halle satisfacción en vuestro brío, alista cuantos horridos soldados del undecimo globo despeñados, a persuasiones mías dejaron las celestes compañías. No haya en todo el concabo lereo, quien con nueva piedad, con buen deseo, a vista de mi saña, no afile de sus iras la guadaña. Nadie el furor reprima, el parche herido, por los aires gima; y vistan tremolando mis banderas, negros tafetanes las esferas. Suenen roncos Clarines, que penetren del aire sus confines, y subiendo veloces a esas visibles máquinas sus voces. Publiquen desde el centro de la tierra, que haga también a sus diamantes guerra, de cuantos escuadrones de mis estandartes, y pendones d en los lagos estigios siguen eternamente los vestigios, Hoy te entrego el gobierno, hasta que las moradas del Infierno desamparen, con fijas esperanzas, para la ejecución de mis venganzas, que como sean conmigo mis confusiones, a vencer me obligo, pues me asegura mi esquivez notoria, el suceso feliz de la victoria. Por esto te he llamado, mi pena es esta, y este mi cuidado, mira si con razón pretendo ciego, que se apague en venganzas tanto fuego, O si puede mi vida, una muerte sufrir tan repetida, sin procurar la idea algún remedio, aunque pequeño sea De tus confusiones suertes tanto me anima el dolor, que ha de trocar mi valor en felicidad sus muertes. Pues si en mí de nuevo adviertes en tus trágicas historias, sin dificultad sus glorias, verás, que sin embarazo atribuyes a mi brazo los triunfos de tus victorias. Ya sabes que mi quimera nadie vencerla ha podido, pues con el menor gemido hago temblar esa esfera. Por el laurel, la primera conseguir en este encuentro presumo, en viéndome dentro, pues soy sin dificultad abismo de la crueldad, y de la soberbia centro. Hoy mi arrogante cuidado mejoraba tu fortuna, porque a mi valor, ninguna de las furias ha igualado. Bien puedes triunfar del hado, que si a vengarte me exhorto, de los incendios que aborto, suspendo la furia impía, porque para mi osadía le alberga empeño muy corto, Ya en ese pecho leal hallan mis solicitudes alivio a sus inquietudes, y desahogo a su mal. Con un deseo immortal solicita mi sosiego, que yo también loco, y ciego, con presunciones atentas, satisfacer mis afrentas procuraré a sangre, y fuego. Tesifón ha de seguir tu designio, la primera, tremolaré mi bandera, la impiedad he de rendir, y solo he de conseguir la victoria que conquisto. Pues ya que a vengarme insisto, una pena tan esquiva, viva mi corazón. Viva. Cristo muera: Muera Cristo. Déjame, ponsamiento, no me atormentes más, suspende un poco el martirio violento de tus furores, que me vuelvo loco, pues te armas en mi suerte de unas sospechas para darme Antes que tus arrojos, (muerte. empeñen los mátices de María, mira si son autojos, que fabricó tu loca fantasía, porque tan vil bajeza no es posible caber en su pureza. Dejar mi Esposa amada solícito, a pesar de mis furores, (res, pues si la veo preñada, el vulgo, que se informa de exterio- (agravio. ahora con fácil labio, cierta es su infamia, y público mí De penas tan extrañas, en las cumbres más altas de los montes, librarme determino, ya que así lo dispone mi destino. Allí darán mis ojos (jamás de tristeslágrimas enjutos, de sus graves enojos) a los arroyos fúnebres tributos. Por si acaso mis males se pueden mitigar en sus raudales; como sin su presencia podrá vivir un punto el alma mía? Cielos, dadme paciencia, o quitadme la vida en tal porfía, que a destrozos tan fuertes, le sobra ingratitud para mil muer- Pero qué sueño prolijo, (tes. con imperiosos halagos, rendir pretende a su fuerza la pena de mis cuidados? Aunque sus desasosiegos vencer solicita en vano porque mal puede dormir quien vive tan desvelado, mas mi triste corazón entre tan fieros quebrantos, por imagen de la muerte aparece sus embargos. Joseph, Hijo de David, el Cielo que ha penetrado el interior de tus motivos, quiere atajarte los pasos. No te ausentes de María, que su Vientre Sacrosanto incluye la luz más pura de los Alcázares Sacros. Vuelve a recibir tu Esposa alegre, y desengañado, que lo que ha de nacer de ella, es del Espíritu Santo. No temas, Varón dichoso, pues debajo de tu amparo, tienes del Cielo, y la Tierra los más insignes milagros. Al Verbo Encarnado digo, y a su Madre, cuyo Parto la redención asegura de todo el género humano. Mensajero Celestial, bello Paraninfo alhado, que del aire puro rompes los cristalinos espacios, suspende el curso veloz de tus alas, mientras pago con devotas sumisiones favores tan realzados. Oh quién luchara contigo como Jacob, hasta tanto, que de la Aurora María nos dividiesen los rayos! Válgame Dios! que han podido, siendo yo un pobre gusano, caber en mi corazón alborozos tan extraños! Si son verdades, o son ilusiones? pero cuando intereses tan Divinos, no parecieron soñados? Padre putativo yo de Dios? yo con mi trabajo sustentar, a quien el mundo liberal sustenta, y franco? Sin duda ho perdido el juicio; pero en prodigios tan altos, para llegar a creerlos, es requísito el dudarlos. Aunque ya, mi Dios, conozco, que vuestro Divino Brazo, como castigar soberbios, sabe levantar postrados. Por si los desasosiegos de mi Esposo hallan descanso en las fervorosas ansias de mi Fe, a buscarle salgo: Mi Joseph? Dulce María, prenda hermosa; Espejo claro, de cuya radiante Luna reciben luces los Astros, a quien servir de vestido! pudiera el Planeta cuarto, si no juzgara en tal Gloria sus resplandores escasos; y a quien yo entre generosas solicitudes consagro, si todo el alma en favores, todo el ser en agasajos; considerando mi vida, y mi amor considerando, que quien se rinde a tus ojos consigue el logro más arduo, me fuerza a que estas finezas te repita a cada paso. Gracias a Dios que mis ojos te miran, Joseph amado, libre de los uracanes de tan terribles naufragios. Mas siendo de Dios la causa, y tan misteriosa, es llano, que había de tomar él mismo la satisfacción a cargo. Tan advertido en mis dudas anduve de tus aplausos, as que me imaginaba en éll. indigno de ser tu esclavo Y para que experimentes que lo soy, poner ufano quiero la boca en tus plantas. No con tan profundos actos de humildad, encarecer de tus afectos hidalgos la esicacia solicites, porque mis pies se formaron, no para pisar rendidos, si para castigar osados; y así levantaos del suelo. Ya del suelo me levanto a inmortales glorias, pues está el Impíreo en tus manos, en ellas toda mi vida consiste, y en ellas hago pleito emenaje desde hoy, para la fe con que te amo, de adorar eternamente al Divino Simulacro de Dios, en tus perfecciones, de cuyo bulto Sagrado, mis fervorosos deseos serán decente holocausto. De esas finezas, Joseph, y de regocijos tantos, gracias a los Cielos demos. Quién a Dios se ha dedicado, y a tu obediencia, mal puede de empeños tan necesarios eximirse, Dueño mío. Pues vamos, Esposo, Vamos, que ya en tus huellas Divinas mis indignos pies estampo. Hay fortuna más dichosa? Hay más venturoso estado? Hay más hermosos hechizos? Hay más apacible encanto? , Contigo es dulce la vida. Sin ti es mi vida ocaso. Siempre he de quedarte fina? Ya más has de hallarme ingrato? Oh quién te sirviera mucho! Oh quién te imitara en algo! Mientras el dorado coche, con ausencia tan impía, olvidándose del día, viste incendios de la noche, nuestros prolijos cuidados en algún modo olvidemos, pues a la vista tenemos sin peligro los ganados, Digo, Celio, que me ajusto a seguir tu parecer, que no se puede perder un rato de tanto gusto, porque son las suavidades de tus discretas razones, imán de las atenciones, norte de las voluntades. Esos favores que escucho atribuyo a exceso loco, que siempre a quien vale poco, todo le parece mucho; y así, sentémonos, pues que el arroyo nos canbida. No sé como traigo vida, no sé como traigo pies, porqué el monte he descorrido, en buen hora se ha mentado, dejando todo el ganado a pique de ser perdido. Por buscar a mi mojer, que aumentando mis enojos, sin tener nubes sus ojos, da en que no me puede ver, Como si guera mi suegro pretende su enojo franco, que sea de sus iras branco, por ponerme como un negro. Mi gran sujeción, las penas a sentimiento provoca, me pone, cual digan, dueñas, y de suerte me dejó entre sus cóleras ya, que no me conocerá la madre que me pario. Dígalo de mis desvelos la congoja repetida, pues ando toda la vida hecho un retablo de duelos. No comer, y su fiereza me tienel aborrido, y fracó, y si se lo digo, saco las manos en la cabeza. Pues anoche, con extraña impiedad, y desenfado, después de haberme pegado se me gue de la cabaña. No sé qué tengo de her en tan penoso gemir, que no me atrevo a vivir un punto sin mi mojer. Pues de mi amor, sin compás son tan dulces los venenos, que cuando pudiera menos, entonces la quiero más. Hay mojer de llalma mía, qué solo me hallo sin ti! que es posible que así vivir he podido un día! Si mis mayores regalos fundaban, ya mis antojos, en solo mirar tus ojos, mas que me mates a palos. Qué lastimosos acentos por esas vagas regiones bien impelidas discurro, y mal pronunciadas se oyen? Hacia esta parte se escuchan. Penetremos todo el monte, para saber el motivo, que ha originado estas voces, Pues seguidme, que si el eco nos conduce, o nos socorre, nuestros piadosos intentos será posible que estorben alguna grave desdicha. Ya te seguimos conformes, que son tus preceptos Leyes. Bien con mi amor corresponde esa fineza. El servirte siempre nuestras intenciones han sido deuda precisa. Sin duda algunos ladrones que como fieras, en grutas de estas montañas se esconden, por decente habitación de sus impulsos atroces, la causa deben de ser. Antes que las dilaciones hagan de nuestras piedades inútiles los fervores, seguidme. Ya te seguimos. Aunque traigas el garrote con que todas las costillas me desencajaste a noche, Benita de mis entrañas, te agradeceré que tornes. Ya se oye la voz más cerca. Tienes el pecho de bronce, que me duelen los gallillos de llamarte, y no respondes? Quién se queja entre las matas? Aquesto es hecho, acabose: lladrones dieron conmigo, y yo apuesto que me ponen como me parió mi madre. Oh reniego de los hombres, y de mí mismo reniego, que como camaleones se andan bebiendo los vientos, pudiendo beber aloque! No respondes? Ya respondo, que no son bestias: han visto la priesa que traen? por donde podré yo escurrir la bola? que si aquestos tres me cogen entre sus uñas, presumo, que han de her de mi gígote. Hable; de qué se suspende? Si están de priesa, señores, váyanse, y vuelvan después, que en ciertas ocupaciones estó ahora, y no es bien, que me maten, y me roben de repente, sin dejarme. Vuestros miedos se reporten, y reparad, qué distintos son de vuestras intenciones los motivos. Hoste, puto. Qué dices? Que pues conocen, que no vale cuanto traigo acuestas dos caracoles, que no se estén en sus trece, aunque estén en sus catorce. Desde hoy, hasta el día del juicio, no han de sacar de mí con que bober una vez de vino. Sosiéguese, y no se enoje. Vive Dios, que si me enfadan; que lo he de echar todo a doce, y que han de ver quien es Brito; en las minas del azogue parece que estoy metido, bien lo saben mis cazones, que huelen más que a pastillas. Luego Brito es vuestro nombre? Pues qué tenemos con eso? Que sin que más le alborote, nos diga de sus gemidos la causa, que las veloces congojas, con que los ayes lastimosamente rompe, nos ha conducido aquí, solo con deseos nobles de socorrer vuestra vido, Pues ya que no me socorren, que se vayan les suplico, y adviertan, que los Pastores de Celio, mi Mayoral, la falda ocupan del monte, y que no les iria bien si encuentran con ellos, porque son más de soventa, como Filisteos, y mayores. Brito, quién te trajo aquí? El diabro. No me conoces? No por cierto. Celio soy. Sí, pero con muchos conques, y no me está bien creerlo; pero dígame y perdone: Aquellas bónicas piezas, quién son? Cómo estás tan torpe? qué, no conoces a Silvio, y a Ergasto? Son mis males muy grandes, no os espantéis. . Lloras? No queréis que llore, si Benita mi mojer, con una vara de robre, como si huera membrillo, quiso madurarme a golpes, y después de haberme puesto desde la planta al cogote, mijor que yo merecía, sin decir oste, ni moste, tomó las de Villa diego? Mas yo entonces, con mis once de buen marido, salí tras ella por esos montes, y no puedo descobrilla. Ten ánimo, y no te postre tan fácilmente una pena. Es mi natural tan nobre, que no he de hallarme sin ella, pues ya con esta, dos noches habrá sin mentir, que no sé si es mojer, o si es hombre. No hayas miedo que se pierda, Primero que yo la tope me habré muerto treinta veces. Antes que los campos dore aquel cientifico Dios, que desde el caos salobre comúnica sus incendios a distintos Horizontes, parecerá tu mujer; y así, para que se logren mis intentos y tu acabes de salir de esas pasiones, sígueme. Ya te obedezco. Silvio, y Ergasto coronen las cimas de esas montañas en busca suya. Ya el orden de tu gusto ejecutamos. Qué es posible, que te escondes, Benita, de mí, sabiendo, que so marido tan dócil? Ya, Purísima María, se ven las heroicas torres, de la Ciudad de Belén, cuyos homenajes nobles, taladrando las esferas, segundo adlante se oponen a sostener en sus hombros esos cristalinos Orbes. Cómo he venido escuchando de vos aquesos favores, no he sentido del camino las prolijas desazones. Pues de modo me suspenden tus finezas, que son móvil de toda mi voluntad, y de toda el alma norte. Ya hemos llegado a Belen, y para que se me logren en parte los alborozos. que me ocasionan tus soles, no hallo en toda la Ciudad, por más que discurro, adonde pueda pasar tu hermosura lo áspero de la noche. Como la pase contigo, las más fuertes aflicciones serán para mi dulzuras: esto supuesto, disponte a llevarme donde quieras, que ya te sigo. Ya con veloces pies procuro, que tus miedos se quieten, o se reporten. Contigo, qué habrá que tema? Las congojas más enormes serán por tu causa alivios. Y todo, sin ti, aflicciones. . Terrible, Benita, estás, advierte que eres mujer. Yo no tengo de volver con ese hombrecillo más. Di de tus resoluciones. el motivo en el aprieto. Porque me pierde el respeto, y me da mil ocasiones; y aunque acción desacertada es el escurrir la bola, mas quiero yo andarme sola, que no mal acompañada. Benita, de cuanto dices, que solo es verdad presumo, el que te se sube el humo muy presto por las natices. Pues en el mal que señalo, esto ahorrando de rencillas) sobre mis pobres costillas tienes el mando, y el palo; y lo que más me atormenta en tu mala condición, es, que sin tener razón, tienes de matarme cuenta. Y así olviden tus ojos la tirana pesadumbre, pues sabes que eres lla llumbre de esta vida, y de estos ojos. Deja de estar tan cruel, y a sus caricias advierte. Solo por obedecerte, volveré, Celio, con él, que propósito tenía de no volver al exido. Hay más dichoso marido? Dirás, esta boca es mía, aunque desde el pie al cogote te muela mi enojo? Digo, que aunque más blando que un higo me dejes con el garrote, por delante, y por detrás, que no habraré más que un muerto. En fe de que será cierto eso, que diciendo estás, echa un juramento, Brito. Pues comienzo, y digo así: Tenga siempre sobre mí todas las pragas de Egito, y que con tormento ererno, premita el hado inhumano, que no aiga sombra el Verano, y que el Sol falte el Invierno, que me des una paliza, y que ande por más trabajos, de pulgas, y escarabajos, hecho una caballeriza, que tenga una, y otra llaga, y con tanta boca abierta, que ande de puerta en puerta, y no halle quien bien me haga. Y porque sea más fuerte de mi mal la prisión dura, que me falte tu hermosura a la hora de la muerte. Mas si quieres, Benita, que jure más, o mejor, porque so gran jurador en soltando la maldita. Con lo que has jurado, Brito, mis deseos satisfacen. Pues que ya los dos las paces habéis hecho, solicito, que a la corriente risueña de este arroyo, que el Sol dora, claro espejo de la Aurora, puro aborto de una peña, lo que resta de la noche, pasemos, mientras el mar del supremo luminar sepulta el ardiente coche. Ya mi afecto, sin segundo, tu obediencia solicita. Cómo vaya mi Benita, iré hasta el cabo del mundo. Siempre tus preceptos, leyes para mi amor han de ser. Si es que no va mi mojer, una carreta de bueyes no me apartarán de aquí, porque ha dado en ser tan bella, que presumo que sin ella, no valgo un maravedí. Tu amor en vano se acuerda de desvelo semejante. Vuesamerce no se espante, que temo que se me pierda, Ya estamos en el arroyo. Y yo en sus cristales limpios, con mi mojer tan contento, como si hueran de vino. Siéntate a esta parte, Ergasto, y hacia esta se siente Silvio, que yo en medio de los dos lograré bien mi designio. Y ya sin que se lo manden, se sientan Benita, y Brito, por no andar en comprimientos, Elegid a vuestro arbitrio, materia con que podames esta noche divertirnos. Si es que materia buscáis, yo sé quien tiene un pollino con más de mil mataduras, y sin mentir, un cuartillo de materia en cada una, él os puede dar motivo para habrar todas las noches del Invierno, y del Estío. El aviso es tuyo propio. Con volverme lo que es mio si no lo quieren habrar estos señores compridos, a mí no se me da nada. Quieres no hablar desatinos? Un imposible me pides, porque cuando no los digo, si no huera de mi centro, estó huera de mi juicio. Mas ya callo, porque veas, que te adoro, y que te sirvo mas allá de lo imposible. Sirva de asunto, y principio a nuestra conversación, del Mesías prometido la venturosa venida. No dijo bien el que dijo que dos no pueden estar en un pensamiento mismo, porque yo también tenía propósito de pediros, que en ese punto se hablase. Mil veces he discurrido sobre Misterio tan alto, y embarazado en prodigios, mis discursos desfallecen. Hablando Dios con el Rey Acaz, después de infinitos favores, que de su boca fue trasladando a su oído, le asegura, que una Virgen, para gloria del Impíreo, había de concibir, y parir también un Hijo, que se llamará Emanuel. También el noble Caudillo del Pueblo de Dios, que obró milagros tan repetidos, a vista de Faraón, fiero Monarca de Egipto, pidiendo misericordia, dice a Dios: Señor benigno, envía al que has de enviar, para que tengan alivio nuestras graves aflicciones. De donde claro colijo, que por quien Moises clamaba, era el Hijo de Dios vivo. El gran Profeta Isaias, que clamarian predijo, por el Salvador del Mundo, los Santos Padres del Limbo, aludiendo de David, a los ardientes suspiros con que el Autor de los Cielos repartia compasivo, que excitase su Potencia, y viniese a redimirnos, y también, según mi cuenta, casi ya cumplidas miro las Semanas de Daniel, en cuyo dichoso siglo ha de nacer nuestra vida. Aquí pierde los estrivos mi cólera, y se deshacen en huevas iras mis bríos; por qué unos hombres, a quien sirven de albergue los riscos, han de confesar misterios, que de mi ciencia en indicios toda la fuerza destruyen por grandes, o por temidos? Mas yo sabré convencer su opinión con filogismos tan urgentes, como falsos, ya que, para mi castigo, permite Dios que lo escuche, Que alboroto repentino nuestro silencio profana? En busca de los cabritos debe de andar algún lobo pensando, que se han perdido, Ve a requerir el ganado. Sosegaos, que un peregrino; que viene a pagar al César el tributo, compelido de sus órdenes, erró en este monte el camino, y a vuestra piedad se acoge. En toda mi vida he visto hombre de más mala cara. Si no estuvieras conmigo presumiera que eras tú, Por tuyo y por exquisito ese favor agradezco. y reparad, si podemos en algún modo serviros. Sentado en las asperezas os oí mil desatinos, que si no los disculpara vuestra inocencia, imagino, que no tuvieran disculpa; y así intento reducitos a la verdad, porque no habléis en tales delirios. Decidme, cómo es posible, que siendo Dios infinito, pueda caber en el vientre de una Mujer y si es Trino, con inseparable unión, según tenéis entendido? Pudiendo bajar el Verbo, y dividirse, averiguo, que es una Persona sola, o son tres Dioses distintos. Y para que de una vez quede el error destruido, en que habéis dado, mirad, que es forzoso barbarismo dar crédito, que una Virgen, (cosa que nunca se ha visto ha de parir, sin perder antes, ni en el parto mismo, ni después de él su pureza. Y así, pues restituidos a la verdad, os halláis, salid de esos desvaríos, y no hagáis cierto lo que hombres mortales no han dicho. Tenéis más que decir? No. Pues oídme. Tamanito me tiene el diabro del hombre. Ya a escuchar me apercibo. Si la Majestad Divina esos orbes cristalinos, tachonados de diamantes, con solo su querer hizo; si pobló de aves el viento, y los terrestres distritos de animales y de flores; si los mares, y los ríos, llenos de peces, y al hombre le dio sobre ellos dominio, el cual de barro formó, por qué hemos de persuadirnos, siendo inmenso su poder, que no pudo cuanto quiso? Y así, las proposiciones con que derribar el fijo cimiento de nuestra Fe habéis aquí pretendido, tan vanas son como vuestras; y que esto os certifico, avergonzado de haber con tanta paciencia oído las aleves intenciones de vuestro pecho maligno; idos con Dios. Advertid, que necios, y presumidos, con esos ciegos errores, buscáis vuestros precipicios. Más ciegos fueron los vuestros. En vano el furor reprimó, si por la boca, y los ojos rabiosas muertes respiro, que mi dolor interpretan. Deja, que mi enojo impío le derribe de un cachete las muclas, y colmillos, que es un vergante un fegura, un deslenguado, un cochino, y le sabré yo poner, si acaso me encollorizo, todo su cuerpo más niegro, que una cola de cochino. Qué nuevas flores rompiendo la noche con suavidades entre las oscuridades van el día introduciendo? Los campos son, que desmayos causa el hielo a sus pensiles, y aunque produciendo Abriles, están paspitando Mayos. Con alegría precisa, del más humilde arroyuelo, las carceles de su hielo se van desatando en risa. De misteriosas señales lleno todo el aire miro. Y en sus esferas admiro mil músicas celestiales. Pensamiento, el alegría no me admiro que te asombre, pues ha parido a Dios, y Hombre la Purísima María. Voz que los aires atruenas con felices armonías, convirtiendo en alegrías nuestras repetidas penas; suspende, pues, tu dulzura, porque mi dicha asegura la gloria de tus acentos. Porque de vuestros favores, con la obediencia, se aumente el amante fuego ardiente: sabed, dichosos Pastores, que del bien más sin segundo, aquí las nuevas os doy, pues para vosotros hoy nació el Salvador del mundo. En la Ciudad de Belén, hallaréis en un Portal a Jesús, que con su mal, solicita vuestro bien. No de la nieve el rigor basta a inquietar su sosiego, que busca alivios al fuego como se abrasa de amor. Entre una mula, y un buey, uno, y otro animal rudo, en un Pesebre desnudo queda al hielo vuestro Rey. Una Virgen, claro abismo de santidad, y belleza; que es centro de la pureza, y admiración del Dios mismo, dando Gloria su hermosura a la tierra sin medida, produjo al Sol de la vida, y también vuestra ventura. No dilatéis un momento dichas de tanto valor, porque en los lances de amor es delito el sufrimiento. . Quedáis satisfecho ya con tan cierto desengaño de ese pernicioso engaño en que vuestro error está? A qué declaréis espero mas lo que habéis referido. No habéis en el aire oído, que un celeste Mensajero, con soberana armonía, dijo, que por nuestro bien, había nacido en Belén, Jesús, Hijo de María? Solo ese nombre Divino me pone temor, y espanto, y hace mayor el quebranto de mi infelice destino. Cuando pronunciando estabas de Jesús el nombre sumo, se fue resumiendo en humo el hombre con quien hablabas. Sus depravadas razones, de que fue, dan testimonio, nuestro adversario el Demonio. Gentiles proposiciones trajo para destruir las supremas maravillas de nuestra Fe. Que parillas quisiese contradecir tan soberano interés, que vida a las almas da, y no llevase hacia allá cuatrocientos puntapies! Pero si sus esquiveces me pusieran en cuidado, después de habérselas dado, dijera, Jesús mil veces. Y quedaramos, supuestas mis cóleras, y sus mañas, yo libre de sus marañas, y él con sus coces acuestas. Vamos, Silvio: Ergasto, ven a ver el recién nacido Dios, que de amores herido, padece al hielo en Belen dentro de un pobre Portal, las superiores delicias, que me enamora en noticias su hermosura celestial. Ya te sigue mi desvelo. Ya te obedece mi amor. Por ver vuestro Redentor, por ver la gloria en el suelo. No hayas miedo que me asombre de velle llotar en cueros, que bien sabrá hacer pucheros quien formó de barro al hobre. Quién no admira sus grandezas puestas por mí en tal estado, está como enamorado, pienso decirle bellezas. Pues consigamos apriesa venida tan deseada. Yo pienso que esta jornada ha de ser cosa de risa. Ya se ha llegado el día, en que de las crueles congojas que padezco, la dura opresión vengue. Pues si Dios ha nacido, he de hacer que se truequen, en sombras de su Ocaso, las luces de su Oriente. Muera Dios, pues yo muero: más ay! que en vano ejerce impiedades, la rabia del dolor que me ofende. Que cuando a los Pastores aquella voz celeste, que dicen, que en el aire les anunció sus bienes, tan en el aire fue, que con estar presente, les propuso sus dichas sin que yo las oyese. De donde a conocer mis cuidados vienen, o que mintieron ellos, o que las voces mienten; Y así neutral mi pecho en lo mismo que cree, ni bien a las venganzas, ni a las dudas atiende. Pero si es un portal de Belén, puro albergue de aquella luz que al Sol en pavesas resuelve; aunque segunda vez mi precipicio intento, (ya que no puede ser) sabré darle la muerte. Y si es verdad que ha nacido, pues hombre quiere hacerse, y como los demás sujeto a la muerte; aunque tenga más vidas, que el Sol átomos breves, de flor el Abril, y el Cielo astros lucientes, se las sabré quitar, aunque a defenderle los Espíritus puros del Cielo descendiesen. Salga en las iras deshecho mi corazón valiente, que quien vive ofendido, hasta vengarse muere. No hará mi atrevimiento mi dolor más urgente, que por buscar alivios jamás los males crecen. Movido de tus voces, y de tus ansias fuertes, oyendo tus gemidos, salgo a ver que tienes, que por vengar tus penas, vengo a saber que tienes. Pues escúchame un poco, ya que saber pretende tu cuidado, el mío: En la margen alegre, que ese arroyo con perlas, y esmeraldas guarnece, vi estar unos Pastores: (aquí la voz no puede articular razones por más que lo pretende, si bien aunque decirlo mil destrozos me cueste.) Sabed, que del Mesías, con estilo elocuente, en la venida hablaban: quise infinitas veces, a su Ley verdadera imponer nuevas leyes, con falsos argumentos; mas ellos se defienden de modo que a mi ciencia, y a mis astucias vencen. Después el uno dijo con glorias tan patentes: no queda vuestro engaño vencido; roguele que se explicase más. Y al punto me refiere, como una voz Divina les anunció, que el Fénix de perfección, MARÍA, produjo en un Pesebre, al mismo Dios en carne, Mas antes que lleguen a lograr sus intentos, de la sangre inocente, a pesar del Invierno, se vestirá el Diciembre de corrientes, y lluvias, de líquidos claveles. Estos son mis designios, y mi desvelo es este; si quieres seguirme, verás ceñir mis sienes, no cosas caducas, de ramos, de laureles, sino de aquel metal, que dura eternamente. Seguirte solicitan, acompañarte quieren, no dejarte procuran mis atenciones fieles, mis afectos debidos, s ardí Pues de mis confusiones Cielos, y Tierra tiemblen, que aún yo no estoy seguro. Ya el parche te obedece, y los clarines suevan, y el aire el plomo yere. Pues toca al arma, y marchen las infernales huestes publicando mis iras. . Nadie habrá que te deje, yo servirte procuro, todos tu bien pretenden. . Eterno Dios, que los Cielos, Palacios, que habitáis cándidos, trocado por los más fértiles habéis de este mundo bárbaro; como no advertís, que insipidos, cuando más estéis honrándolos, han de vestiros de púrpura? Pero responderá impavido a las preguntas insipidas vuestro corazón magnánimo, que para un amor sin limite, cualquier desacierto es párbulo. Soberana Luz purísima, con quien el oro seráfico se abrasa, y todos los Ángeles, sin fin, os repiten cánticos, bien puede la suerte mísera enjugar feliz los párparos, porque en vos serán júbilos los desconsuelos más ásperos. Este es el Portal sin duda. Bien lo dicen las señales, pues el ausencia del día suplen con más claridades: no vi mayor perfección! Ni yo hermosura más grande? Ello puede ser Portal adonde hubiere portales. Dios humano, Hombre Divino, que en los incendios amantes, solo para darnos vida, buscando la muerte naces: Sabiduria increada, que desde el seno del Padre bajáis, para hacer dichosas nuestras infelicidades: Divino Fénix de gracia, que ufano entre los volcanes de vuestro amor, os quemáis solo para eternizarme: Eterno Rey de los Cielos, que para nuestros achaques, porque vos nos deis salud, es necesario que os sangren: Cordero puro, y sin mancha, que haciendo del fuego alarde, las inclemencias del hielo estáis padeciendo en carnes: Este recental que apenas parió la Esmeralda al valle, os ofrezco, Niño Dios, perdonad mis cortedades. Y vos, Soberano Espejo de pureza, y Virgen Madre, recibid mi corazón, que en vuestro amor se deshace Este panal de miel, Virgen, os consagro, aunque cobarde, porque es presente pigmeo, y es la voluntad gigante. Pero vos, Divina Aurora, le admitiréis, que más vale que sean los dones humildes, Este bellón, que a la nive ventaja en candores hace, os presentan mis deseos, tan nobles como eficaces. Recibidle, Virgen vos, y si acaso a compararse llega con vuestra pureza, ser a como de azabache. Yo, Niño de mis entrañas, (quiera el Cielo que os agraden para que comáis cébito, os traigo estás dos cucharas. Recibidlas vos, Señora, así gocéis el Infante, sin que la envidia le ofenda, ni la ingratitud le ultraje. Yo, como só el más ruin, quise a la postre quedarme, porque quien a Dios camina, jamás puede llegar tarde. Y así tomad, Niño mío, esta baraja de naipes, porque hay de vuestra Pasión una cifra en sus manjares, Ay oros, con que un amigo os venda por treinta reales, espadas para que os prendan en el Huerto y os maltraten. Bastos, para que en un leño las manos, y pies os claven; y copas, para que os den a beber hiel, y vinagre. Y a vos Divina María, en señal de estas verdades, os dejo mi corazón envuelto en ansias suaves. De vuestros pechos sencillos, los deseos liberales, mas que las obras, estimo. El recién nacido os pague los generosos desvelos con que venís a adorarle. Quedaos allá fuera todos, y ninguno me acompañe, que para triunfos mayores, es mi presencia bastante. Este Portal que le alberga, sin que me lo impida nadie, he de hacer su monumento: muera el que tantos pesares me induce, y no sufra más, si está mi alivio en vengarme. Hoy para que castigada quede tu soberbia infame, quiere el Cielo que a mis pies el mayor tormento pases Cuantos el infierno tiene, no me confunden tan graves, como los que aquí padezco. . No será bien que le casque a este demonio faldero, porque tras mí no se ande, mas de mil, y quinientas y sesenta coces, antes que sus diabólicas trazas me peguen con la del Martes? Y aquí, Auditorio feliz, para que el Auto se acabe con el aplauso que piden los deseos singulares del Poera en agradar, será bien que siempre alcance del Tormento del Demonio, porque así ha de intitularse, un victor, para que sirva otras muchas Navidades de alegría a los farsantes,
