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Texto digital de Todo sucede al revés

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Atribución tradicional
Pedro Rosete Niño
Atribución estilometría
Pedro Rosete Niño Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Todo sucede al revés. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/todo-sucede-al-reves.

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TODO SUCEDE AL REVÉS

JORNADA PRIMERA

Vivan los Médices, vivan. Esta aclamación me ofende. Toda la envididia me atiende. En ti sus panas estriban. no Que la Señoría hiciese elección tan de sigual? Contra quien nos quiere mal quiso el cielo que saliese, Hablarles he deseado, por ver sillabran podré esa piedra de su fe a con el cincel de mi agrados Hablales, pues pero atento aún de su aliento desvía el pecho, que en su porfía es peligroso su aliento, Ya que vuestra estimación, ciegamente inadvertida en esta gloria adquirida atropella la razón. Yo que en humanos despojos me fundo, y en este ser con las nubes del poder no se perturban mis ojos, os llego a hablar, hasta cuando Jacobo de Saluiarí ilustre honor de Florencia, en quien la gloriosa sangre de tanto ascendiente noble, aún en frías venararde? hasta cuando el odio inútil de vuestras parcialidades alentara infectos soplos, que vana ponzoña esparcen? Librad el anciano pecho, a fuerza de mis piedados, de ese incorregible de ese envejecido coraje, de hoy más al libre albedrío, que está oprimido en la cárcel del enojorla razón, heroscos palacios labre. Advertid Jacobo ilustre, que al pie de ese tronco frágil, mas que el gusano del tiempo roe de la envidia el áspid, si su diente venenoso no le quebrantáis aún antes, os hallaréis muerto de ella, que no del común achaque. Y vos Guillermo de Pazos, no manchéis con ese ultraje aquel paño que tejieron la Griega, y Latina sangre, Deponed gañardo joveo el arco de donde salen las herboladas saetas, maliciosamente graves. Segad la yerba al arroyo de vuestra nobleza grande, porque nuestro pie conozca, donde podamos finarle. Ya el Senado de Florencia. de la Toscana me hace. Dictador, y ya gobierno del más humilde hasta el grande, Decís que no lo merezco, repatad en que no vale el poto de uno que acierte contra muchos, que se engañen. Muchos en mí se han errado, yo os lo confieso, mas hace asta parte de bienquisto a cualquier indigno abil. Mi harmano Laurencio, y yo prendemos las voluntades, no con lazos que sujeten, con coyundas si que enlacen esta libre Señoria, que ha tantos siglos, que a nadie corba fumisión sujeta, el érguido cuello abate a nuestro gobierno ya, dejando varones graves, por elección se remite, cuando no por vasallaje. De eso nacen mis enojos. De eso mis rencores nacen, Pues como solo, vosotros con odios tan pertinaces, estas antorchas, que a cuenta de tantas fortunas arden, queréis apagar a soplos; mas qué efectivos cobardes? vanos fueron los impulsos de los bárbaros gigantes, que para escalar los cielos osaron poblar los aires. Vano también el intento de aquel joven arrogante, que a las enmiendas del Sol fue escándalo de los mares. Cielo es ya nuestra grandeza en lo fijo, y en lo estable, si pretendéis que se caiga, temed que en estragos baje, que en tempestades furiosas dicen, que el cielo se cae. Sol es ya, de cuyos rayos. será despojo inviolable cualquier inconstante vuelo de osadas temeridades, desaprovechando siempre nuestra paciencia constante, acechando nuestro daño; el tiempo se os pasa en balde, el golpe de la racón, tan duro te son quebrante, que incita a lo desabrido quien usa mal de lo afable. Hijos somos del gran Cosme de Medicis, a quien padre le llamaron de la patria, y cualquier fineza grande, que con nosotros hicierais, la debéis a su cadaver. Esto os pedimos corteses. Esto os rogamos afables, Y de no hacerlo cansados, ya de enojos tan constantes. Y de no hacerlo ofendidos, ya de tan pesados lances. Yo el luciente arnes vistiendo. Yo olvidando las piedades. Con valor siempre invencible. Con justicia siempre grave. No aura pechos. No aura cuellos. De Pazos, y Salviatís. Para que mi espada corte. Para que mi acero pase. . No basta cielo, no basta el poder, que supo darles la dicha, si no también, que altivos nos amenacen? No hasta haber adquirido las comunes voluntades, estos Mediéis soberbios? sin que también nos arrastren con el Imperio, el honor, la opinión con el ultraje? Su fin el odio fabrique. La ira la venganza trace. Guillermo. Jacobo. . Ya es tiempo amigo que hablen las lenguas de los aceros, que de hoy más a los desastres nuestra astuta providencia lentamente desenvaine: mueran los Medióis. . Mueran. Y en nosotros en quien antes brillaba el lustre, que ya en sombras humildes yace, renaciendo a mayor luz, mayores visos alcance. Nosotros somos aquellos, y lb fueron nuestros padres, a quien no igualo ninguno, ni en el poder, ni en la sangre, Nosotros los que túvimos el gobierno tan estable, que pareció herencia fija lo que era elección mudable, y hoy en estos se vincula, Pues no ha de ser, porque es grande de la República el daño, cuando a elecciones vulgares a los indignos levantan. y a los mayores abaten. Pues comiencen nuestras huellas ahora más sangrientas que antes, a descabezar las flores, que en el campo sobresalén. Sacudamos este yugo, que quiere el hado inconstante, que en vez de enlazar los cuellos sobre los pechos se cargue, Acabemos de cortar con tijera inejorable los cogollos de las murtas soberbias, y desiguales, cómo ha de ser? . El consejo lo ha de ordenar, escuchadme, El Arzobispo de Pisa, Francisco de Salviatí, mi hermano, ha de disponer el medio más importante, de cuya cordura fío el suceso; y porque entable el deudo en nosotros esta alcanzará más constante. Yo os casaré con mi hija María de Salviatí, a quien hoy le propondré, mi intento. . Y a quien amante ha tantos años que adoro, y aquí por merced tan grande los pies mil veces os pido. Pues Pazos ilustre callen las lenguas de hoy más en todo y las diligencias hablen. Quién conoce tu hermosura esquivas adorada imagen poco en arriesgar la vida para conseguirte hace, estatua viva seré. Y yo racional diamante, y bruto, porque después con esa sangra me lave. Ya deseo el tiempo, cuando mas deje de recrearse la memoria en lo futuro, mientras lo futuro aplaude. Vuestra es mi hija, y mi hacienda Vuestra es mi hacienda, y mi sagre Esto confirmado queda. Lo, determinado basto. Pues Guillermo a Dios quedad. Pues Jacobo Dios os guarde. noo Deja señora el llanto; y suspende tus penas entre tanto, alque la suerte piadosa te hace con el tiempo más dichosa. Ay Lucrecia, que el cielo acábase mi vida; o mi desuelo, mas si he de estarle siempre agradecida: mi desuelo se acabe con mi vida. Hoy a tu amante vi, que del Senado del toda la ciudad acompañado, con su hermano salía su hermano Julian, a quien había por dictador glorioso nombradole a pesar del bando odioso. Vibme Laurencio, y luego tiernos indioios de su amante fuego escuche de sus ojos, cuyo agrado a un tiempo fue atención, y fue recado, pues con ellos me dijo, aunque de paso dile a tu dueño, que en su amor me abrazo Oh cuánto te debiera mi decoro al respondos los tuyos que le adoro. Para que si aunque mudos corresponden ha tanto, que los tuyos te responden Confieso, que le adoro hay mi Leutencio cuando de la cadena del silencio, esta unión oprimida esta conformidad mal dividida, saldrá a vivir; y trocara mi pena en amoroso lazo la cadena? Qué ocasión, que accidente fue testigo para cobrarle amor a tu enemigo? Atiende si algún ruido se declara. Bien el peligro advierto, mas repara, que este jardín florido ansiteatro de tu historia será verde teatro, donde a nadie la entrada se concede, y la noche es tan culta, que la puede pelliscar, y decirla, hablando atiento cualquier comentador su pensamiento. Oye lo que hasta ahora te he callado. Quién a quien quiso bien no ha declarado como, el cuando, la hora, y el principio de cuando se enamora monstruo ha sido entre todas, si se advierte, Pues fue Lucrecia mía de esta suerte. Mi padre en quien el fuego se eterniza contra esa ilustre casa; que es tan fuerte, que aún no ha de consumirse en la ceniza de la fatal hoguera de la muerte; ob Heredada esta bárbara ojeriza, fue también patrimonio de su suerte, que hay odio tan activo en la asistencia, que lo adquieren los hijos con la herencia, Ya yo de la opinión iua prendada de ese joven galán, que quien atiende a la alabanza allí de quien le agrada. mas de aquella alabanza se defiende; porque es voz de sireva; que escuchada arruina, y parece que no ofende, y vivora el aplauso de el querido, que muerde el corazón por el oído. Ya vivía a Diana semejante, persiguiendo la fiera colmilluda, y soltando el Sabueso vigilante, porque al latido por la huella acuda, hacia que el Lebrel al mismo instante del collar tachonado se sacuda, cuya preza tenaz con que le aqueja, le traía a mis plantas por la oreja. Sobre un bruto, que indócil a lasenmienda, obediente jamás había guardado el preceto suave de la rienda, mi la dura doctrina del bocado; Me hallé una vez en una angosta senda, que arrimando la espuela al bruto airado, pudiera ser por lo veloz, y fuerte, instrumento, y cometa de mi muerte. Cuando de otro un mancebo se derriba, que el bosque inculto a caso penetraba, y al desbocado mostruo con la altiva, y desnuda cuchilla amenazaba: Cuya vil casta con violencia esquiva, de la espada el poder atropellaba, mas un reves a tiempo ejecutado postró del monstro el movimiento airado. Gayó, y del mismo golpe sacudida yo en sus brazos también, que de esta suerte desvaneció el peligro de mi vida, atajando los riesgos de mi muerte: Laurencio fue, y el alma agradecida, la piedad nota el beneficio advierte, y el precipicio que en entrambos hallo más peligroso fue que el del caballo. Pues desde entonces (ay Lucrecia mía) tan recíproca ha sido la fineza, que encubierto zagal de mi alquería, era tierno galán de mi belleza; Y yo tan dulcemente le acogía en el regazo fiel de mi firmeza, que a su amor, y a su fe mi pecho amante a un tiempo fue de cera, y de diamante. Acercánase el día, en que Florencia nombrase dictador, y como ha sido mi padre por su sangre, y su experiencia, tantas veces en el constituido; A la elección convocan su presencia, en diez días que ha ya, que hemos venido, no he visto a mi Laurencio, quien no siente menos la muerte, que el mirarse ausente. Aquella fue la causa de mi herida, y está la causa ha sido de mi muerte, allí empezó mi bien con la caída, y aquí paró la dicha con mi suerte; En gloria allí me vi constituida, aquí en penoso infierno se convierte, aquella es la ocasión, porque le adoro, y estotro el accidente, porque lloro. Suspende pues el dolor, señora, conmigo aquí, que aunque tu inferior nací, también se yo que es amor, que mi fe a Baul adora, su criado, que en la quinta me requebraba. . Distinta estará en mi pecho ahora la alegría, que el empeño de la pena, que contempla, jamás el dolor se templa, sino es con el mismo dueño. l Salta Banl. . Ay. . Qué fue? Desuencijarme no más. Levanta. . Gracioso estás. Sigue mis pasos. . A qué? A ser testigo advertido de mi locura, y mi amor. De tu locura señor yo lo soy; pues atrevido de tu enemigo en la casa oo con tanto riesgo has saltado. Quién fue cuerdo enamorado? El que como yo se pasa, quien como yo se enamora, que ni el desdén me entristece, ni el favor me desuanece, ni la ausencia me desdora, ni me mueven los donaires, ni los celos me desuelan, ni los agravios me hielan, ni me encienden los desaires, Y cuerdo, y acomodado quiero a todas igualmente, a cualquiera de repente; y a ninguna de pensado. No te dijo el jardinero, que aquí su cuarto caía? Y que la hermosa María, porque nombrártela quiero, las más de las noches era de este cerrado jardín, sin espada Serafín, y con alma primavera. Calla; que si no me engaño en este sitio he sentido gente. . Parece que he oído pasos. . No es Lucrecia enga- que dos bultos. . Ay de mí; (ño Se llegan. Las que se ofrecen dos mujeres me parecen. Ansí, pues más vale an sí, Hombres quien sois, No os turbéis Cómo puedo a esa razón excusar la turbación? Con que el iros excuséis. No es mi Laurencio el que ve mis ojos? . Huye señora. Calla, y espérate ahora. Dios nos alumbre con bien. Si sois de aqueste jardín Ninfa, que ese estanque rigo alentáis, mirando en el quietos albergues de vidrio, Parad, y veréis, que soy no Satino, que entre el mirto vuestros descuidos acecha, para robaros lascibo. Amante, sí, que fiando a los vientos mis suspiros, a los peñascos mis quejas, mis lágrimas allos ríos, Sin caber mi amor en este espacio del pecho mío, al dulce dueño que adoro, ya que ella no pueda oirlo. Solicino quien le diga mis ansias, y así os suplico, pues miadosas ya parece, que me atendéis con cariño. Le digáis a la Diana de estas selvas, que ha sabido de los campos a las casas traducir el artificio o aquella que como el sol después del primer rocio, saliendo a ilustrarlo todo, no hay rosa que en el capullo se esté rehacía a los rayos de sus dos soles divinos. Aquella que como sabe, que pende de su albedrío, C el jardín la lisonjea, ofreciéndola advertido a su frente, y su altivez, la azucena, y el narciso a sus mejillas, y labios, la rosa, y clavel más fino, a sus manos, y a sus venas, los jazmillas, y los lirios, a su aliento todo el Mayo; todo el céfiro a su brío. la que a su vista suspende los arroyos oristalinos, la que se lleva tras sí las entrañas de los riscos, que al encanto de sus ojos, que de su rostro esculpido se fija, todo lo móvil, se mueve todo lo fijo. Y si extrañáis estas señas, a caso porque he excedido la urbanidad ha causado otra beldad a los visos de vuestra hermosura ahora conoceréis quien os dijo, decid a María, en quien se cifra todo lo dicho, que Laurencio, que yo. Albricias. Atropellando peligros, faltando esas verdes tapias de iedra, cuyos lascibos, brazos fueron firmes, basas de mis amantes desiníos, la vengo a ver, porque he estado los días que no la he visto, como el raudal detenido, como el navio en la arena, como el fuego reprimido, y como amante en efecto, que ha tanto que no la ha visto, Gran dicha! Que yo la adoro. Ay mi bien. Que yo la estimo, y así como piedra quiero llegar a mi centro mismo, soltar la presa pretendo al raudal de mis gemidos, y atento que desencallen de mis ansias el navio, que suba quiero a su esfera el fuego de mis suspiros, y en fin solícito amante los brazos del dueño mío. Dícelo tú, pues alcanza la dicha de haberte oído. Pues corone mis finezas con los brazos que te pido. Veslos aquí. Quién no sabe lo que es ferjar a peligros, el favor en poco estima, el gusto de conseguirlo. Tan fuera de mí al contento de tan impensado alivio me hallo, querido dueño, que ni el suceso examino, ni tu atrevimiento aruso, ni me desmaya el peligro, que todo se desuanece, solo con haberte visto. Diote a caso (ay dulce dueño) el aire de mis suspiros, que ha poto que mi desdicha si de quejaba del destino? n Oiste a caso los ecos postreros de mis gemidos, que ha podo que con mi llanto regaba el jardín florido? Bien lo dice de las flores el nuevo ser redebido, Como tórtola lloraba con arrullos tus desinios Yo como su amante esposo bolé al reclamo del nido. Mi amor es eterno en mí, a pesar del hado esquivo. Y en mí a pesar de la envidia es incontrastable el mío. Feliz yo que lo he escuchado. Dichoso yo que lo he oído. Supuesto que tan de espacio estáis, y de aquel postigo tengo, la llave, yo quiero abrirle, porque advertido por si mi señor bájare, como suele dando gritos a buscarte, luego al punto se salgan. . Has advertido Lucrecia bien? . Pues yo voy y desechando el postillo me vuelvo a dejar la puerta como estaba, ya se hizo. Oyes? . Sí, lo que me hasta, Para mi basta un poquito, Qué mandas? leo Que aunque criados, todos de un barro nacimos y que supuesto que somosoo frágiles, y quebradizos, como nuestros amos, demos, como quien monda pepinos, en quitarnos las cortezas, del cumplimiento, vestido, que no le vienoe al amor, desnudo el de criadismo, y aunque yo no te conozco. Pues que no me ha conocido le he de apurar si es verdad lo que en la quinta me dijo. Eres a caso Lucrecia? No si no Silvia. . Perdido por hallarte he andado siempre, no estoy en mí si no finjo, Silvia mía has de saber, que te quiero. Buen principio. Dar un perro si es posible. . Pues yo se cuando me dijo Lucrecia en grande secreto, señor Baul, que muy fino la quería. . Esa mozuela es la verdad, que me quiso, mas yo no la puedo ver, Por qué? Por ochenta y cinco. faltas, que no estando en cinta, en ella he reconocido. Muy obligada le estoy. Es fría, y me mortifico, es boba, y me desespera, es puercona, y dame hastio, es desairada, y me mata, es vana, y me martirizo, tiene una nariz de un palmo, de palmo, y medio un hocico, un rasgón de oreja a oreja, que llama boca, y yo chirlo, unos ojos de un demonio, y unos dientes de un borrico. Calla, mal dígate Dios, que es mi amiga, y no he de oirlo. Pues no he dicho más de diez. que aún faltan setenta y cinco. Yo me vengaré de ti. Qué lindamente la obligo. Cómo ya dueño me juzgo de el dulce desdén esquivo de María, del jardín, tondando el ameno sitio estaba, cuando dos hombres sin poder yo prevenirlo, saltaron por esas tapias; y yo que al empeño mismo me detérmino, no puedo, por más que me determino, arribar, que como eran dos los hombres atrevidos, más fácilmente pudieron, ayudándose el altivo, sacro homenaje asaltar de ese palacio divino: más solicitando parte por donde entre, el cielo quiso, que este postigo hallé fácil al primer impulso mío; y también extraño mucho hallar abierto al postigo: ya estoy dentro, y aunque sea difícil el conseguirlo, he de intentar conocerlos, de valor; y honor vestido. Digo mi bien. . Gente suena, y pues que no me han sentido, según su quietud lo muestra, quiero ir escurhando indicios de la duda que me aflije, la oreja a su voz aplico. Qué dices bella María? Qué escucho Qué determino! que mi padre. . Esta es Marí viven los cielos divinos, porque jamás me mintio su voz en agravios míos. Sepa de mí que te adoro. Mayor mal me ha sucedido de el que temí, quien será el infame dueño indigno de la deidad, que idolatro? Dírele Laurencio mío. A celos, celos no bastan ser celos para sentiros, sin tomar por instrumento a mi mayor enemigo? Direle que soy tu esposa. Y no erraras en decirlo. Para que cesen con esto estos rencores antiguos. Cómo han de cesar si yo de nuevas furias me visto? Así tú lo consiguieses. De la fortuna lo fío Cuándo se lo has de decir? Luego que tú te hayas ido, me echaré a sus pies a ser materia para los filos de su espada, si no alcanzo la dicha que solicito. Qué dicha habrá, que se iguale a la de ser tu marido? Qué bien cómo el ser tu esposa? Qué tormento hay cómo el mío? Rabiando estoy de escuchar semejantes desatinos. En mi vida más me he holgado que ahora, que así lo fiojo. Qué aguardo, que con tus manos, no sello los labios míos? Ya mis brazos mi Laurencio te culpaban de remiso. Qué aguardan, que no se vengan mis celos, y ejecutivo a este villano. . . María, Mi padre viene a este sitio a buscarme cada noche, y ahora. . Yo me reprimo, que allá fuera vengaré los celos en mi enemigo; pero tan turbado estoy, que aunque salir determino, no encuentro la puerta (a cielos,) Ya con la luz le diviso, vente Laurencio tras mí. Y yo? Salta, aunque esté altillo, en ese prado, que luego volveré a hablarte a este sitio, Salto pues, santa Susana. En él están, que ha caído. Laurencio vete con Dios. Acuérdate de lo dicho. Ay amor, y que de penas por seguirte me han seguido. Ya queda fuera, y cerré, mas quién está aquí? . Perdido soy si lacobo mi encuentra, Oh María. . Padre mío. Qué hombre es aquel? Ay de mí! Laurencio es, que aún no ha salido. Atrevido caballero. quién sois? . Suspended el filo, señor, y mi atrevimiento castigad en mi delito, este amante embozado, de vergüenza quizá tan recatado hasta que yo te diga quien es señor tu cólera mitiga, y luego tu esperanza ejecute en entrambos la venganza, ̱. Qué intentará María! ha habido confusión como la mía! jor tu cólera Paciencia honor, que no es consejo sabio no apurar los indicios al agravio Hasta ahora en la cárcel del silencio, Ella se echa aperder, que no es Laurencio Este secreto ha estado, mas ya que ha sido permisión del hado, que tú lo hayas sabido, su mano a un tiempo, y el perdón te pido este es mi esposo. . Ah cielos Hay más penas! desdicha hay más desuelos? Qué dices? . Si te enojo, mitiga ahora, que a tus pies me arrojo, el ímpetu primero de tu furia, y si te pareciere más la injuria, después de conocido para entonces también perdón te pido, y no ha de conocerle tu cuidado, hasta que haya el perdón asegurado. No es cordura, señor, de dos amantes, que en su amor han vivido tan constantes, que el yugo por los vientos se confunda; cuando enlazan los astros la coyunda. Padre eres, y aunque esté tu honor quejoso reconvenido estás de lo piadoso. Hija soy, y aunque el miedo más me aflija llevo conmigo el mérito de hija, amante es, y aunque el riesgo se adelante, la inmunidad le ha de valer de amante. Padre otra vez si el ser que te confieso, quieres que solo en eso consista, en poco estimas lo que has hecho pues que con solo un no lo habías desecho. Hazme de nuevo con hacerme esposo, este que aún de tu enojo está medroso, este que cuando ser tu esclavo trata; tímido de tus iras se recata, atiende cuerdo, y exámina sabio, la calidad ilustre del agravio. verás que son de amor estos extremos, anúp oja y si te me recemos, piadoso quiera Dios, que lo apercibe, que solo en esto tu quietud estrives Ea señor, mi dueño, Padre, pues que con esto más te empeño, pues que a tus pies mi cuello se convida dame a mi esposo, o quítame la vida. Levanta, porqué aquí tu atrevimiento solo sabiendo castigar intento, si te merece, o no, que si atrevido indignamente a tu favor ha sido, en ti; y en el pretendo, y gualmente vengar lo que me ofendos Vos miraréis mejor lo que os importa. Cielos qué es esto! . Mi cuchilla corta también delanciano filo acicalada, a vencer mis contrarios enseñada, si es igual tuyo le darás la mano, como no sea Médices villano. Triste suerte . Encubierto caballero que con osada planta tan grosero, cuando al sol en pureza se adelanta, vos estampasteis en mi honor la planta, quién sois causa cruel de mi desuelo? Descubrios. . Yo soy. . Válgame el cielo. Guillermo. . Muerta he que dado, cómo aquí? . Sin alma estoy. Qué es esto? . Perdida soy, Tunos os habéis torbado, mayor mal, no os alteréis, temía. . Fuerte pesar! Que antes me lhe llegado a holgar de lo que dicho me habéis, de modo, que si el amor vuestros dos pechos ha unido, fuera bien; que yo atrovido. a su fuerza por mi honor resistiese s poder, y más cuando yo entendía, que el amor que en ti vivía, te diera mucho que hacer. No María, que antes soy yo quien sabó con su intento, pues tu mano en casamiento le ofrecir. Guillérmolos Y aunque enojarme podía, de que me calló su amor; cuando remedia a mi honor lo mismo que yo quería. Fuera embarazar mis gozos el no daros el perdón; que ya yo se lo que son galenterías de mozos. Pasen por tal los extremos de Guillermo, que te adora amante hasta aquí; y ahora a lo que importa pasemos. Yo a proponerte venía esto mismo, y pues hallé en ti tan pronta la fe, a lo mismo que quería. Dejando del todo vanos tus miedos con el perdón, luego sin más dilación os habéis de dar las manos. Señor. . Agradecimiento excusado. . Padre. . Bien podéis darme el parabién todos a mí de contento. Advierte. . Que hay que advertir Repara. . Qué hay que aguardar? luego os habéis de casar. No hay si no echar, y freir. A quién aura sucedido semejante aprieto? . Ah cielos a quien iguales desuelos haurán nunca acontecido? que he de hacer, yo me he apretado el cordel a la garganta. Vuestra remisión me espanta. pues la veo, y la he dudado; di, no eres tú de verdad quien aquí he encontrado yo, y quién hoy la agradeció? Confieso, mi voluntad, Y no eres tu afectuosa temiendo el rigor en mí quién me lo ha rogado? . Sí? Pues como cuando reposa en mí; que soy padre el miedo tan varios os vuelvo a hallar? Porque no me he de casar? Porque casarme no puedo, Hay confusión más tirana! válgame el cielo, porque? Mañana te lo dite. Yo te lo diré mañana. Porque con voz tan escasa, Guillermo, conmigo habláis? Solo os digo que tengáis cuidado con vuestra casa. Qué decís? . Ay suerte triste Dejad pues, que yo la dejo vuestra venganza al consejo. En nada mi feos resiste, saber ahora pretende mi honor quien me ofende más. Así lo remediarás, Médices es quien te ofende, abridme ahora el postigo, La maestra se abrirá. Mañana descansará vuestro cuidado conmigo. De vos esperando estoy impaciente esa sentencia. Tacobo aprende paciencia de mí, que rabiando voy. . No descubrire el intento María hasta averiguar la causa de mi pesar: recogete. . Mi tormento a cada duda es mayor. Mucho viento le contrasta, cuando solo un soplo basta a este vidrio del honor.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Dime Julian el intento, que tanto me has prevenido, y luego más advertido oirás tú mi pensamiento. Declararle aquí he pensado mi pensamiento pues ya María dicho le habrá a su padre mi cuidado. De tu valor satisfecho pretende mi corazón declararte una pasión, que ha tanto que oculta el pecho, Decirle quiero la suerte, que el amor me ha concedido, No este ya más escondido este ardor. . Comienza, Advierte. Ya ves la ostinación con que prosigue ese bando, que tanto nos persigue, pues caducando nunca en ese estado, tantas canas el odio se ha peinado, que pudiera decrépito al consejo, morir de anciano, y fallecer de viejo? Ya veo hermano; que ostinado lidia el poder venenoso de la envidia contra nosotros, y que ocultos lazos los Salviatís nos arman, y los Pazos. pero que conveniencia con tu intento tiene aquesa memoria? Escucha atento. Nos somos, los que siempre aunque envidiados habemos sido de la plebe amados, y aunque es verdad que ha sido siempre la voz común de más ruido, no es aplauso cabal el que se fía a la vulgar confusa vocería, si con igual respeto el noble no lo apoya, o el discreto; El medio que he buscado para igualar el uno, y otro estado, es que pedirle intento a Jacobo su hija en casamiento, con que pueden cesar estos desuelos, y yo que de su amor, a Qué escucho cielos! Aunque trunca a los labios me ha salido, en oculta campaña estoy vencido, y con mudo decoro tácitamente su hermosura adoro, quedaré con su mano, mas libre, mas contento, más ufano. Advierte, muerto estoy, No te parece, que es segura elección la que me ofrece la ocasión, y la dicha? Que esto concierte ahora mi desdicha! También a ti te alcanza el bien de ver lograda mi esperanza? parte tienes también en mi contento? No si no el todo del mayor tormento, Pero como callado tampoco mi elección has celebrado, que pareces Laurencio jeroglifico vivo del silencio? Amor disimulemos los de suelos, si disimula bien quien tiene celos. No respondes? . Corrido de tu proposición no he respondido, tú que eres por tus partes, y nobleza de los ilustres Médices cabeza, y en verde edad con experiencia cana eres ya Dictador de la Toscana, de tu amor contrario al albedrío has de rendir la voluntad, y el brío, Sabes lo que es rogar al enemigo, cuanto de su rencor eres testigo, y en negándolo sabes lo que es lluego el que dar desairado con el ruego, aún yo no me espantara, que tal cosa intentara, o que yo le rogara, que en efecto mengua la circunstancia en el respeto. Pero tú en quien al paso que se sabe eres de la república el más grave, como el más poderoso será el desaire más escandaloso, que es rogalle tú a él, ni imaginarlo disvádete hermano de pensarlo; que mancha tu decoro según siento, aunque vea el borrón el pensamiento. Yo te agradezco hermano el afecto que muestras cortesano, y conozco que nacen tus extremos del amor natural que nos tenemos. Oh si le persuadiera, porque mi amor sin su pasión supiera. Quédares satisfecho, de que el nuevo caracter en mi pecho ha impreso tu cuidado, y que aquel amoroso me has borrado, pues no que antes inflama el ardorigeneroso de quien ama, cualquier dificultad que se le ofrece, porque al fin quiere más, quien más padece Hablarle mi fe ordena. Pues ahógueme el lazo de mi pena, Que se yo si cansado Jacobo está del odio, y su cuidado, desea aquesto mismo para salir de tan penoso abismo? y si me respondiere ásperamente a lo que propusiere, dejando mis deseos pesarosos, desaires por amor son muy airosos. Que al fin te determinas al empeño? De la hermosa María he de ser dueño. Y tu estado? . He notado. que es primero mi gusto, que mi estado. Mi consejo no admites? . Dél me alejo. aunque estimo Laurencio tu consejo. Tu hermano soy, y temo el mal temprano Ya veo que hablas con pasión de hermano Si más no hablara con pasión de amanto. riesgo es rogar. . No hay ruego que lo sea Pues muera yo primero que lo vea Maldita sea la taimada, que haste ahora me ha tenido en el estanque metido, barbo de capa, y espada. No ose salir hasta ser socorrido de su ayuda; y el detenerse sin duda, que lo hizo a mal hacer. No valió el ser perro viejo, pues me ha tenido su enojo toda una noche en remojo, como si fuera abadejo. Baul. . Hay mayor mohína? Escucha. . Ahora me llama voy a cargar con mi cama, que salgo de la picina. Qué ha habido? Hay mayor trabajo, déjame acortar siquiera, que he estado una noche entera aprendiendo a renecuajo. Cállale a mi hermano aquí lo que anoche nos pasó Ah señor, que he visto yolio grandes cosas desde allí. Cómo? . Tu pena es preciso, Ay de mí. . Tú la sabrás. Pues luego me la dirás. En mudándome camisa Oh Baul, qué barbacaha, que foso has ido a saltar? ocion Señor vengo denidan De nadar tan de mañana Si señor, que aunque refresca, me ha mandado mi Doctor. que para ciento dolor me dé un baño con la fresco Ya qué recera? mrara, tan temprano ejecutaste; porque no te desnudaste? Porque no me resfriara. Rara prevención, y extraño es el modo de bañar. No ves; que puede matar el entrar desnudo al baño, según cuen tan escritores, mucho más, que de ahogados han muerto de resfriados, Leandro, y mil nadadores, Vete de ahi majadero, nada divierte mi pena. La mentira ha sido buena? Hoy lograr mi amor espero. Ya que el agua se derrama, y el labarme ha sido fuerza, voy a buscar quien me tuerza. para tenderme en la cama. . Qué mal descansa quien tiene el honor tan oprimido, pues toda esta noche ha sido discurrir lo que conviene hacer; y mi industria ha hallado dantes que al Guillermo vea, modo de saber cual sea. de los dos quien me ha agraviado. Die un Médices ofendido estoy, y no se de cual, pero averigue mi mal la traza que he discurrido, Señón lácobo esta casa de vos honrada se ve? Cielos sin duda mi fe a ser más dichosa pasa, que está novedad procede de haberle dicho María nuestro amor; hay prenda mía, ya aluntar mispecho puede, Disimulad corazón, antes yo soy quien me vengo a honrar, pues ya me prevengo por muy vuestro, que es razón, que ya que el tiempo no sabe mas que envejecer la ira, que en duengos odios respira, que un accidente la acabe. Pues porque con más cariño estas paredes miréis, que de vuestra vista hacéis ron más ricas que el desaliño. Quiero ir cautelo samente . recatando mi pasión, porque quede en su opinión el desaire indiferente. Qué importa, que proponerlo, pretenda mi hermano acá, si ya él viene desde allá de mi parte a concedello. Si uno de los dos que veis, que igual sangre nos ha dado el cielo, y de igual estado, también dueños nos hacéis, pretendiera por quietar tanta antigua sedición. Ya comienza el corazón a descubrir su pesar. Por amor; por cortesía, por empleo, soberano pretendiera. . Qué? La mano qué respondierais? . Aquí entra bien mi industrias . Amor si consigo este favor tendrás un esclavo en mí. Solo escucharlo me ofende, más disimular me importa. Aunque fortuna tan corta tan alta fortuna emprende; Con el tormento arrogante, de los celos bien sospecho, que lo que me calla el pecho, me confesará el semblante. An sí pretendo saber cual de los dos la enamora, con lo que pretendo ahora estimar, y agradecer la lisonja que me hacéis, tan fundada en la razón. es con, que con atención a lo que vine escuchéis: a noche. . Qué bien comienza Contallo empacha mi ardor, pero padecea mi honor, por ahora esta vergüenza, Anoche señor, en fin después de andarla a buscar cuidadoso vine a hallar a mi hija en el jardín. Que bien mis dudas absuelve, señas de mi dicha son. Si con esta prevención a dármela se resuelve? Y después que mis enojos conocieron por un rato, novedad en su recato, y lágrimas en sus ojos, y después que mi piedad previno con su respeto, ya mis manos con afecto, ya mis pies con humildad, declarando su encogida, arrojando se turbada, efisciegamenteguiada, Oo medrosamente atrevida, D dorando tierna el agravio. y porque el perdón le cuadre, el tierno nombre de padre, repitiéndome su labio, como si para obligar la razón de una mujer hubiera más menester, que el mérito del llorar me rogó. . Válgame el cielo, si parara en mi favor. Ya no hay que temer temor, logrose tanto desuelo. Espero como el enfermo la luz de la aurora clara. Me rogó que la casara. Con quién? Con quién? Con Guillermo de Pazos. Qué es lo que he oído! Qué es lo que ahora he escuchando! muerto estoy. . Estoy turbado. Ambos se han descolorido, y aunque he procedido sabio, con acciones semejantes la igualdad de sus semblantes, deja equivoco mi agravio. Con Guillermo, que embozado en el jardín lo encontre, donde se valió su fe de amigo, y de enamorado, que como de mi sabia, que no había de ofenderla, estaba hablando con ella. Con María? . Con María? Sí, y aún que pude quejoso castigar su atrevimiento. más valor fue según siento el dársela por esposo. Qué hizo de su amor alarde? Qué en efecto os lo rogó? Por eso la caso yo. Cuándo ha de ser? dine Esta tarde. Ah falsa. . Ah infeliz estrella. An sí se paga mi amor? Ansí veré mi dolor. Ansí mi fe se atropella. Para esto pues he venido a daros parte, y a que se reconcilie la fe con que me honréis esto os pido. y porque agradezca el uno la fineza de obligarme cual de los dos quiso honrarme con ser mi hyerno. Ninguno. No sepa quien llega a amarla, pues ya es la ocasión perdida, Aunque me cueste la vida, luego al punto he de ir a hablarla. La duda que truje llevo, porque mi pesar prolijo de ninguno le colijo cuando de entrambos lo apruebo iréis a honrarme. . Di a ver mi muerte, yo ire a serviros. Volved al pecho suspiros, pues que ya no puede ser te vea, ingrata María. Adiós penar, y sufrir. , Acompañándoos he de ir. No iréis tal por vida mía, vamos a trazar venganzas contra estos dos atrevidos. Penar, y buscar olvidos. Celos a sentir mudanzas. Déjame llorar Lucrecia, que quien no muere al dolor de ver perdido un amor, es poco amante, o es necia, Mas necia será otro tanto la que en la amorosa fragua, como la sal en el agua se deshiciese en el llanto. Quién busca el llorar por medio de alivio en su poca dicha, no se enmienda la desdicha, antes se ciega el remedio. Qué he de hacer? Tener paciencia, todo el tiempo lo mejora, que a veces en una hora sana el tiempo una dolencia; quien creyera que embozado Guillermo estuviese allí para estarte mal a ti. El que nacio desdichado no averigue en caso tal, de la fortuna el desdén, porque basto estarle bien para sucederle mal; ay Laurencio. . Tu tormento es de calidad, señora, que puede afligirte ahora mas que el caso el pensamiento. Pero ahora que me acuerdo, lindamente me vengue de Baulillo. . No sé si el juicio, o la vida pierdo, pues el juicio tan trocado le tengo del accidente, que de mi mal solamente la memoria me ha quedado, y la vida tan al filo de la tijera del hado, que ya entiendo, que ha empezado a cortar el postrer hilo. Y como a un tiempo oprimida estoy de tanto rigor, infiero de mi dolor, que pierdo el juicio, y la vida, Consuélate. . Antes recelo que siempre, Lucrecia, ha sido al cuello del afligido más fuerte lazo el consuelo, que como llega a mirar al que le consuela asento de aquel su cruel tormento, de aquel su interior pesar. Rasgando su corazón la violencia, que así ordena de ver al otro sin pena, dobla a un triste la pasión, Pues qué quieres? Si acertar lo deseas, déjame sola, y ansí quedare más gustosa en mi pesar. Ya te obedezco. No tarde la muerte, que la deseo, Tiene el semblante muy feo, quédate a Dios. Él te guarde. Amor ya que sola estoy, dime que tiene que ver con las fortunas de ayer los infortumos de hoy? la misma que ayer no soy, pues como si de tu altar, soy víctima singular, me pagas como traidor, el celo con un rigor, la ofrenda con un pesar? Cuando con dulce cariño te acogí en mi pecho noble, disimulaste lo doble con la sencillez de niño: mas luego que del armiño de mi fe fuiste abrigado, tan otro (ay de mí) te he hallado, que en la primera ocasión me vendiste el corazón, y me dejaste el cuidado. Ya perdí mi bien, si alguna te mueve a piedad tormento, o quítame el sentimiento, o vuélveme mi fortuna: Pero es tan importuna tu condición desigual, que cruel en lance tal, en repetido desdén me dejarás fin el bien con la memoria del mal. Ay de mí, que la esperanza aún le has quitado a mi dicha, que no es la menor desdicha creer la desconfianza, mas pues remedio no alcanza, mi fe, veamos con amor, cual tiene mayor valor, y hagamos duelo el pesar, o tú en hacerme penar, o yo en sufrir tu rigor. Señora, señora mía. Qué me quieres? Que Laurencio. Dulce nombre. A la antesala, perdido el color, o muerto, ha llegado, y dice, que te ha de hablar. Válgame el cielo, si se han visto, di Lucrecia, que se vuelva. an Ya me vuelvo; que solo oírtelo a ti le faltaba a mi tormento, Laurencio (ay de mí) Lucrecia salte allá fuera, y en viendo cualquiera seña que viene, ya mi padre, o ya Guillermo, avisa. . Eso si recela ingrata tus pensamientos de ese a quien adoras firme, no le des pesar en ellos. Todos estamos acá. Pues allá fuera hablaremos, Y aún allá fuera quizas, a puñadas andaremos, que no haya habido lugar de haberle dicho aquel trueco; que vi anoche en el jardín a mi amo; mas yo quiero que me pague Lucrecilla este catarro que tengo. Laurencio mi bien. Detente áspid, que entre flores puesto acecha el pie al caminante, arroyo, que lisonjero la tez de cristal le afeita el verde engaño del tiempo, hiena, que cautelosa. con aquel semblante bello de mujer al fin, a falsa, mata a quien llamó primero, cocodrilo, cuyo llanto es lamentable veneno, y sirena cuya voz, porque caiga el marinero en las redes de su muerte, es armonioso cebo, detente, y no de tus ojos, que me abraso, que me quemo, no de tus ojos mudable, viertas el líquido fuego, que son las lágrimas tuyas? Flores que el áspid cubrieron hierba que el arroyo tapa, faz del animal sangriento, llanto al sin de cocodrilo, voz de la sirena, y temo peligrar segunda vez con tanto inuencible riesgo, dime ingrata, dime aleve. Qué es esto que escucho cielos! esto ahora le faltaba para más pena a mi pecho, no acierto a hablar. Si es verdad, que encarecidos requiebros tantas veces repetidos, alma tuya me hicieron, como no le descubrí esa traición a tu pecho, no fue verdad, ni tampoco es verdad, que tus incendios con los ojos me mostrabas, y me abrasabas con ellos, que era con igual cautela al reves del mongibelo, fuego ardiente por de fuera, nube helada por de dentro. Laurencio mortal estoy, si quieres, el juicio pierdo, matarme (estoy sin sentido) tu vez (estoy sin aliento) es lazo de mi garganta, y es esto que de mi pecho, poro como en ocasión, que tanto valor me debo, me consiento estás flaquezas? me permito estos afectos? qué dices estas en ti? mentidos son mis requiebros, fingidas son mis finezas, no son verdad mis deseos? sabes quién soy? . Ya lo sé, que de eso ahora me quejo, y si presumes a caso, alevoso, ingrato dueño, que a bizarrías ahora has de confundir mis celos, te engañas, porque es querer meter a voces el pleito. Y yo, que se la verdad, no quederé satisfecho, aunque quede convencido, mira si yerras en ello. Dices bien, a sumisiones quiero obligarte, Laurencio, si el amor alguna vez has creído de mi pecho. Y si es verdad, que del tuyo fueron verdad los afectos, si te obliga la memoria de aquellos dichosos tiempos en que en la quinta vivimos libres, seguros, y tiernos. Déjame no me lo acuerdes. Ya lo olvidaste tan presto? Son los agravios muy fuertes. Qué agravios? Los, que me has hecho es poco agravio el estar de referillo me muero, mas porqué calló mi injuria? en el jardín con Guillermo? Y es eso lo que te aflije? Es poco ingrata? Alomenos es lo que basta a mi muerte. Poco fue yo lo confieso, más fue, que tu enamorada, tierna, humilde, y con respeto a tu padre le rogaras, que te casara al momento con él. Pues quién te lo ha dicho? Ya lo confiesas tan presto? el socorro de la duda aún no dejas a mis celos: tu padre, que a convidarnos fue a casa, porque esta tarde, mira si mi mal es cierto, has de casarte con él. Echó la fortuna el resto. Enmudeces; que bien haces callar tus traiciones puesto, que las descubren las obras, que son coronistas ciertos. Son estas dí, las promesas? los favores di; son estos, que de tus labios oí, y que escuche de tu pecho? Mentira fue tanto amor, di para cuando los cielos guardan los rayos, si ahora no me fulminan con ellos, no vine a satisfacerme, que en lance tan manifiesto? Ya fuera error admitir satissación, ni consejo a ser testigo he venido, sin alma estoy, a ser vengo testigo aquí de tu vida, y mi hermano vendrá luego, que también ha sido parte del torcedor de mis celos, goza ingrata, goza ingrata. Muda estoy. El nuevo dueño mil siglos, que de mi muerte verás el día tan presto, que a un tiempo celebraran tu desposorio, y mi entierro, y si a caso no muriere, que para mayor tormento sabe el cielo dilatar la vida, a infelices pechos, conociendo de mi amor, que fue a tu hermosura atento, bapor que exaló la tierra, centella que arrojó el cielo, hielo del sol desatado, rosa quemada del cierzo, flechas vibradas del arco, voz llevada de los vientos, ademán hecho del aire carácter en agua impreso, y al fin por decirlo todo, que harto ahora lo encarezco, ventura de un desdichado, que es lo que acabe más presto, Fugitivo de tus ojos tocare de extraños reinos los más remotos lugares. y los climas más adversos, como esclavo que pretende escapar de ingrato dueño, la vida de la amenaza, y la libertad del riesgo, huiré de ti contigo, porque te lleno en el pecho, y cuando a solas me vea, tus traiciones discurriendo, imaginando mis males, y a tus ofensas atento, Guárdate de mí si puedes, que loco ofendido, y ciego, no sé lo que haré contigo, que al fin conmigo te llevo. Espera Laurencio, espera, Qué he de esperar? A mis ruegos, Ya llegan tarde. Y mi amor? Eso preguntarte quiero, adonde estuvo tu amor al agraviarme. . En mi pecho, que yo nunca te he agraviado. Pregúntaselo al suceso. Pues óyeme, y lo sabrás. No he de oírte, vive el cielo. Mira que soy. . Si mudable. Tuya he de ser. No te creo. sl Déjame luego, y escucha. Qué he de escuchar? Más afectos. Di ingrata, aunque no los crea. Ohielos, que no lo temo. negarte, ay mi bien, negarte, que yo rogué con afecto, que me casase a mi padre, fue error, pero te advierto. pus alo od tú el ba Señora, señora mía. Cerrada la habemos hecho. Qué ay Lucrecia? Caunada, que está vez como unos perros nos han cogido entre puertas. Que mi señor, y Guillermo poco a poco hacía este cuarto vienen hablando en secreto. Ay de mí, perdida soy. Huélgome que entren a tiempo que me podrán dar la muerte; Hay mayores majederos. Dices bien piérdase todo, y piérdame yo primero, padre Guillermo. . Señora. Calla, calla, que no quiero aventurarte la vida, aunque la mía desprecio. Pues si algún humor. Que llegan. Te he debido en algún tiempo escóndete, por mi vida, y verás desde allá dentro las finezas que me debes. Sí señor, y sea luego. que ya pienso, que le roen los zancajos a mi miedo. Pues por ti vida me escondo. Entra acaba, que allá dentro te diré más de mil cosas, que por decirte reviento, Ah ingrata lo que me cuestas. Ay mi bien lo que te quiero, Supuesto que no ha de ser, y ansí le llego a obligar, no le quiero aventurar cuando más lo he menester. Esto habéis de hacer pon mí. Digo señor, que lo haré, que importa que yo le de esta palabra, si aquí se que no lo ha de admitir María, porque a saberlo fuera deshonra el hacerlo. Ningún escrúpulo ha de ir sin castigo entre los dos, pues ya sé por varios modos, como matarlos, a todos, y quedar seguro vos. Aquí está. Sin alma vengo. que a ver mis celos asisto, mas pues ninguno me ha visto, verlo que tratan prevengo. Parece que estás contento, después que el engaño sabes? Sí, pero penas más graves, se disponen según siento. Hija ya que tu intención de tus labios he sabido, y tu gusto no he querido, que turbe la dilación el fruto que puede darme vuestro feliz casamiento, y más cuando tan contento viene ya Guillermo a honrarme. Valor el amor me dé, antes señor, que empeñado, en público mi cuidado haga alarde de mi fe, estimando la elección del esposo que me dais, quiero si no os disgustáis hacerle una prevención. Malo es esto si porfía. Esta vez mi dicha es cierta. Su muerte así se concierta. Muy tibia escucho a María. Vos señor, aunque no os cuadre mi afecto determinado, si lo sentís como honrado, perdonaldle como padre. Y vos aunque de mi amante, el hombre os deba mi pecho de lo que sois satisfecho, suplildo como galante, y ansi os previene mi pecho, que es más cordura en el daño estimar el desengaño que sentir el escarmiento merecéis señor Guillermo, vos por lo mucho que sois esposa, que os quiera mucho, y que en su vida a otro amor haya rendido tributo. Pues si para ser lo vos, hallaráis a una mujer, que tuviera su afición en otro sujeto puesta. Y supierais este error cuando usar de los remedios os déjara la ocasión, que hicierais. . Agradecerle el desengañarme, y yo retirar de dar la mano al peligro de mi honor, a ingrata; que bien sabia tu respuesta el corazón. Pues agradece de ahora a mi pecho este favor, que yo quiero en otra parte retirad la mano vos. Qué dices hija traidora? Qué es lo que escuchando estoy! Resuelta es como otro tanto. Cierta es mi ventura amor. No fue nada lo que dice. Ya me abraso en nuevo ardor. Digo, que aunque viera a un tiempo un asombro a mi valor, una pístola a mi pecho, un acero al corazón, un torzal a la garganta, y diera con esta acción el postrer paso a la vida, y el postrerñudo a la voz. No me apartarán un punto de esta firme inclinación, de este propósito fijo, ni de este constante amor. Villana, atrevida, ciega, que en el papel de mi honor con torpe alevosa mano echaste el primer borrón, yo te quitaré la vida Defenderla sabré yo. Salir, quiero a defenderló. Detente cuerpo de Dios, que puñaladas de un padre tienen mil tiempos señor. A qué villano, hija ingrata; entregaste el corazón de tan bajas prendas, que no se a atrevido (ay honor) a pedirte? . Solo sé, que es tan bueno como vos. Pues quién es, porque me vengue ese infame amante. Yo. Mi hermano es, viven los cielos, el dueño de su afición. Todo lo ha echado a perder, Yo quien la merece soy, y yo soy quien dignamente áspiro a su posesión. Pero aunque rabio de celos, a su lado he de estar yo, porque primero es mi sangre, No pienso salir por Dios, hasta ver seguro el campo. Pues quien di, Médices hoy te librara de mi acero? No os despeñe la pasión; que no hay en Florencia Pazos bastantes a mi valor. Y quien de mi noble espada ampararte puede? . Yo. Demos a entrambos la muerte. Deténeos, porque el rigor se templa con la prudencia, se corrije a la razón, oídme primero, y luego si os estuviere mejor el reñir, aquí quedamos para eso, Laurencio, y yo. Solo el pesar de mi hermano siento en aquesta ocasión. Porque no me declaraste Laurencio aquesta pasión? Fue por no darte disgusto, aunque ahora te le doy, más perdón mi amor merece. No importa tu hermano soy. San Blas libra mi gaznate. Ampara mi causa amor. Como un azogado tiemblo, Ya que no la alcance yo, huélgome de que mi hermano sea objecto de su amor: No tiene medio la ira. No tiene freno el valor. Todos con tan ciego impulso queréis hacer del honor palestra esta sala? adónde tenéis la imaginación? Por dicha no conocéis, Jacobo, a vuestro ofensor para buscarle? esta casa, a quien el tiempo adornó de tanto antigo respeto, ha de profanarse hoy de escandalosas venganzas? y cuando hay madio mejor para atajallas, no es ejecutarlas error? Acábese ya con esto el sedicioso rencor, y la unión de nuestros hijos. comience con esta unión. Decís bien, cautela mía, pues no hay ahora ocasión, y he discurrido otro medio para vengarme mejor. asegurarlos conviene: vuestra cordura señor, también lo ha dispuesto ahora, que convencida dejó vuestra cordura a mi enojo, vuestra advertencia a mi error. Pues qué decís? Que no quiero darle más tiempo al rencor, cesen con esto los bandos. Cielos si se persuadio, perdidos van mis intentos. Guillermo ayudadme vos, que todo es asegurar nuestra venganza mejor. Ahora el pecho respira. Ahora alienta mi amor. Aún no aseguro mi pena. De celos muriendo estoy, Esto mi pecho desea, y porque con más unión de todos sea este empeño, escribir pretendo hoy al Arzovispo de Pisa mi hermano, que su valor venga a desposaros luego, que sola esta dilación consiento a vuestros deseos para lograrlos mejor, an si lo ire dilatando, mas lo que he de escribir yo es, que me avise en que estado está la conjuración. En esto solo conozco, que con doble corazón les habla Jacobo ahora. A tus pies rendido estoy. Y yo señor te agradezco la vida, que ya me dio segunda vez tu palabra. Yo a vuestros brazos les doy el parabién con los míos, firmes lazos de mi amor, Algún día lo serán de vuestra ruina mejor. Mucho peor lo temí. Mucho peor lo vi yo. Ya aseguré mis fortunas. Ya he perdido la ocasión. Cielos llegaron mis dichas. Ya me abraso en nuevo ardor. Ya se acabaron los odios. Ya cesaron desde hoy. Verá el mundo mi lealtad. Verá Italia mi valor. El tiempo dirá el suceso. Y el caso la relación. Adiós prenda de mis ojos. Dueño de mi vida a dios.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Ya que el manto de la noche se adorna confusamente de tanto luciente broche, y las puertas de Occidente guardan el divino coche, Ya que el diamante Oriental, llegando el plazo fatal, troco el blanco en cármesí y en sepulcro de cristal, es cadaver de rubí. Y ya que en la sombra fría con tan eterna porfía, entrando el triunfo de nieblas, borra la línea del día el carro de las tinieblas. Quiero hasta que haga la seña Guillermo en este jardín, pues tanto el odio me empeña de mi empresa no pequeña, disponer sagaz el fin. Ya llega el día tratando, bien disimulado enojo, que con general espanto será sangriento despojo de la tragedia, y del llanto. Herencia sin competencia fue en Salviatís, y Pazos el gobierno de Florencia, y estos ya con nuevos brazos, se levantan con la herencia. Honor sin competidor, ha sido mi honor sagrado, y estos ya con nuevo error, viendo su valor postrado se han atrevido a mi honor. Mas presto que vuelva espero por el honor, y la herencia, cuando han sí lo considero, por aquesta la violencia, y por aquel el acero. Aquí me mando esperar Jacobo, que como estoy en su servicio mostrar, que muy su criado soy, me importa para engañar. Como no me conocía fue fácil entrar en paz a servirle, y doble espía, soy por el amor sagaz de Laurencio; y de María. Por esto ahora consigo saber lo que acá pasare, y pues la llave conmigo traigo, mientras no bajare le pienso abrir el postigo. Que con la seña que hará le conocere al momento, y a ver su esposa entrará, que mañana lo será; pues al feliz casamiento el Arzobispo ha llegado mas de espacio, que un Legado, que para hacerlo cabal su persona Arzobispal solamente se ha esperado. Como puntual me ve, y le cuesto tan barato, que hace el viejo? mándame, y yo por tenerle grato, que hago? obedeceré con una, y otra carrera: no parece el tal señor, sino que urde una quimera, pero es él el tejedor, y yo soy la lanzadera. No hallo mayor menguados, que los muy listos criados, pues los amos a los tales, como los ven puntuales los traen aperreados. Por aquella puerta cuando sea ocasión, pues que está dentro con mi hermano hablando le dije que en acabando llámase Guillermo acá. que como es del cuarto adonde se os hóspeda, y ocultamente a este jardín corresponde, cuando de tantos se esconde, entrará secretamente; pero el llama. . Ya ha llamado Laurencio, a abrirle me inclino. Voile a abrir, mas de camino, pues a buen tiempo he acordado, entraré por el papel, que Baul ha de llevar. Con valor, pero al quitar llego como Judas fiel, leal como Bercebú. y encasquetando la llave. que ya de estas mañas sabe, abro el postigo; eres tú? Yo soy. . Pues entra pasito, porque el viejo ha de bajar, y pues ya he vuelto a cerrar, vente tras mí de quedito, que si nos topa; no dudo de su cólera inhumana, que nos quere la badana. Por lo sucil; por lo mudo, que piso, y habló con leve movimiento, soy en fin baga estatua del jardín, que huello con pies de nieve. obntuperianqu allane maollioo En tan grande oscuridad nuestro silencio se ampara. Oh si ya el día llegara de nuestra felicidad, Presto su ruina verás mas quién está aquí? Yo soy, que aquí esperando te estoy. Pues espera un poco más Si da un paso más a fe, que nos caza en ratonera. Qué quieres hacer? . Espera que antes que vuelva, yo aure dispuesto que entres allá, voy como un rayo. Ven presto. No te apartes de ese puesto, has cuenta que he vuelto ya. Porque no os viese no quiso mi industria entregarle allí este papel, pero aquí me esperad, porque es preciso, que luego para quien es lo lleve aquese criado, que importa a nuestro cuidado. Aquí me hallaréis después. Cielo acabe tu rigor de asegurarme la dicha. Baul. . Qué nueva desdicha! pero esto importa, señor Para lo que me has estado esperando, es para que confiando de tu fe, de tu agudeza, y cuidado, luego al punto sin que aquí se detenga tu camino des a Bernardo Budino ul no ese pliego up Harelo ansí. . Pues a diós. Válgame el cielo? no es este que me a nombrado mi enemigo declarado? pues como, todo soy hielo, si mañana nos entabla el casamiento presente, por papel secretamente con mis enemigos habla? callar pienso este recado, a Baul, yo he de dejar descifrado este pesar, mi escrúpulo asegurado. Ya está hecho, y ya se ha ido. Todo bien dispuesto va. Pues mejor sucederá, Mira que presto he venido. Entra señor, . No me atrevo, por quedarme airme con él. Adónde llevo el papel parece que un áspid llevo. Cansado estoy, quiero un poquito en aqueste lado, que está del puesto apartado, tenderme como un atún, y váyase el viejo al rollo si se tarda, porque aquí. como un atún me rendí, y roncaré como un sollo Quiero requerir las puertas, porque nadie nos estorbe. Ya la vista se me sorbe hacía el colodrillo. . Muertas esperanzas ya podéis renacer de otra esperanza, en que estriva una venganza, donde vosotras ardéis. Viejo pues prolijo estás. en buscarme para hallarme poco te cuesta a buscarme el dar cuatro pasos más. Todo está quieto. . El intento con que me llamáis aguardo. Ya en declararoslotardo, escuchad Guillermo atento, Cosme de Médices, cuya astuta sagaz prudencia se alzó con todo el concurso de la aclamación plebeya. Padre de aquestos dos mostruna, que a pesar de la nobleza con sucesiva fortuna la misma atención se llevan Fue el primero, que afectando los ánimos su riqueza con el veneno del oro, que no mata sino apremia. Dado a beber en el baso del amor, y la llaneza atrajo a si cuantos pechos con facilidad se dejan vencer, con que ahora digo, que fueron casi en Florencia todos, que de aquel veneno pecos resisten la fuerza. Con esto no quedo gremio, que una estatua no erigiera en cada plaza a este Cosme con un padrón, cuyas letras ilustremente decían, caminante el que veneras es el padre de la patria, padrastro mejor dijera. Pensé que muriendo el cesara esta competencia, más muriendo aquel de cuyo semblante pendía esta República, a quien ya temo mas humildes obediencias, quedaron estos en quien se ha proseguido más cierta la aclamación, pues tres veces ese Julian que reina en todas las voluntades. Dictador ha sido en ella, y Laurencio (aquí se irritan mis sentidos mis potencias, y aquí a la par del coraje se van doblando las fuerzas) emparentar ha querido conmigo, con la cautela de enamorar a mi hija, mas presto veré Florencia, que osadías mal nacidas en escarmientos se truecan. Ya sabéis como al momento, que en vos, y en mí de sus lenguas, aftentosamente heridas quedaron las almas nuestras. Al Arzobispo mi hermano declarándole mis quejas, despache correos, y él con la misma diligencia, al Rey de Nápoles luego dio aviso de estas emprezas. De modo que de esta suerte sin saberlo vos dispuesta tengo la venganza ahora, escuchad de que manera. Tan cuerdamente he guiado los pasos con la cautela, que ni aún primer movimiento han conocido en las señas del rostro, ni en las palabras, pues más que nunca halagüeñas, han disimulado falsas, y han acariciado tiernas la dilación de la boda, que es autorizarlo piensan. con que mi hermano la asista, y es tan al reves, que apenas a dejar reliquia suya vino de Pisa a Florencia a darle la bienvenida llegaron, y el con ofertas les agasajó, diciendo, que mañana de la bella mano de mi hija el hará a Laurencio en la Iglesia. Pero advertid, que al contrario les ha de salir la empreza mañana, o llegue la hora a mi enojo, que se cuentan tres de Mayo, día festivo, que la Invención se celebra de la Cruz en quien murio el Redentor de la tierra. Antes de acabar la Misa, y antes que el Preste los venga a desposar, que ha de ser según los Médices piensan, en acabándola, el mundo verá la mayor tragedia. que escriba el búril en bronce, que talle la pluma en letras. Cuatro mil hombres armados de parte del Rey se aprestan dentro en Florencia, y tres mil de parte mía; y se quedan de guarnición los mutos, cuando la facción se apresta. Francisco de Pazos vuestro tío a la mano siniestra se pondrá de Julian, y la otra con cautela. Bernardo Bándino, a quien se ha encargado la presteza de darle la muerte, y yo le he escrito en esa materia cierto aviso en el papel, que aquel criado le lleva a la otra parte también, donde Laurencio se sienta. Estelano Sacerdote con Antonio de Bolserta se han encargado de darle muerte con manos violentas. Para ejecutar a un tiempo estarán todos a lerta vigilantes al suceso, y pendientes de la seña, que será cuando en la Misa, que un Cardenal la celebra, del Pontífice sobrino, que ignora la estratagema, cuando en la Misa aquel Pan, soberano, aquella Oblea, gloriosa Nema divina, que los corazones sella; cuando por mayor asombro se traslada con decencia al pecho de un hombre humano, toda una deidad inmensa, al consumir de la Hostía se verán dentro en la Iglesía ruinas, estragos, prodigios de venganzas, y violencias, Entonces pues cada cual al suyo dará sangrienta, dará atroz, dará cruel muerte a su enemigo en ella. Pazos, y Baudino a aquel Julian, que nos impera Estefano, y su aliado a Laurencio, que me afrenta. Vos prevenid un caballo, yo tendré otro a la puerta, y vos, y yo a un tiempo mismo luego al punto que suceda, por las calles, por las plazas a voces, que nos entiendan, iremos apellidando libertad, mi hermano ordena ir luego a la Señoría a darle de todo cuenta. Los soldados prevenidos no dejaran a violencias contradicción, que no estorben, ni calle que no posean. Con esto de esta semilla que tanto cunde a Florencia, no quedara grano vivo para renacer en ella. Con esto de este árbol grave, que tanto oprime la tierta, no quedará rama altiva, que no desgaje la fuerza. Y con esto de la patria el esplendor se despega, que empañado lo tenía de la sujeción la niebla. Y así acabando con todos, los Médices de Florencia de Saluiatís, y Pazos serán las glorias eternas. Mis brazos os agradecen lo que el alma manifiesta. Guillermo, amigo, pariente la patria en esto se alienta. Jacobo, padre, señor, mis celos también se vengan Sacudamos este yugo No quede piedra con piedra. Arda su casa en incendios. Vuele en caducas pabesas. Pues ya es la postrera noche, idos no demos sospecha. Pues a Dios hasta mañana. Adiós hasta la tragedia. Lisonjead mi esperanza. Mueran los Medices. Mueran. Qué es que mueran? vive Dios, que estoy a su lado, y venga el mundo amatarlos. . Ya creo mi bien, que se acerca el Alba, a decir que el día de mi mayor dicha llega. No estoy en mí hasta saber lo que este papel encierra. Vete señor, que ya es tarde. Lleguen los pícaros ea a dar la muerte a mis amos, afuera infames, afuera. Qué es esto? Con pistolitas. Baul es, que si no sueña, esta como suele estar. Ya les digo que se tengan. Qué será lo que le asusta? Despierta loco, despierta. Con estos cuatro pelliscos le quitaré la zorrera. Ay. Jesús, que me matan madre, válgame la Cananca: quien es. Yo soy, no lo ves? Jesús, Jesús. Qué me atientas? Adónde tienes la herida? En el pecho de esta flecha, Tantos favores bien mío? Mira bien, que en las pendencia no se siente hasta después Qué pendencias son aquestas? De verás que no lo estás? Digo que no estoy de verás, Jurara que a puñaladas os mataban con cautesa a ti, y a Julian a un tiempo. No es de muy mal vino esta. Todos son presagios tristes. Calla villano esa lengua, y no con funestas voces turbes la alegría nuestra. Nada mi amor acobarda. Mucho quien ama recela, Adiós dueño de mi vida. Adiós adorada prenda. Quiera amor que mis fortunas no atropellen mis sospechas. Cierro, y vuélvome a salir, servitor sehora Lucrecia. Ah señor Baultumbado. Mientes como una doncella. Toda esta noche asistido de un pesaroso cuidado, inquieto no he sosegado, ni vigilante he dormido. Y cuando por mi decoro golfos de dudas navego, solo se el desasosiego, y solo el cuidado ignoro. Y en la duda que me aflije de ningún fin me aprovecho, pues de lo que teme el pecho nada el discurso colije. Y apenas la sombra fría acabo su negro curso, cuando con ciego discurso me levanté con el día. Este papel, que cerrado es para mi reconozco, que un hombre a quien no conozco, esta mañana me ha dado. Leer quiero, porque aquí no todo se pase en dudas; quiero sus palabras mudas escucharlas dice así. Luego dirán con certezas, que siempre el mal venidero, el corazón agorero lo lo previene con tristezas. Y tan al contrario siento esos efetos en mí, que ellas en lo que leí anunciaron mi contento. Pues hoy con la aclamación, quedará sin duda alguna, entablada mi fortuna, y segura mi opinión. Julian. Laurencio hermano. Huélgome de hallarte a fe en ocasión que podré un escrúpulo tirano, que me violenta el sentido declararte, porque a mí hasta que te encuentre a ti consultarle no he querido. Dónde esa inquietud te va conduciendo presurosa? quién tus sosiegos acosa? Este papel lo dirá, leámosle; que imagino, que no es diligencia en vano leerle pues a mi mano misteriosamente vino. El sobreesorito primero leer aquí determino; dice a Bernardo Bandino, que Dios guarde, abrirle quiero. Como a hermano, como amigo te consulto lo que ves. Bien has hecho, porque es nuestro mayor enemigo, mas por lo que más deseo ver lo que se dice en él, es porque escrito el papel, viene en cifra a lo que veo. Pero aunque el daño se cifra en sutiles argumentos, para saber sus intentos tengo aquí la contracifra. Y con más sutil primor veré su definio vario, que es el tenerla el contrario la política mejor. Y así con recelo alguno ire la pluma tomando, a cada letra ajustando los números uno a uno. Oh envidia, o tu pasión de los mortales, que andas entre los pechos escondida; ni aún de los naturales corregida, ni aún resistida de los más leales. Que cetros, que laureles Imperiales, lamentando sus dueños la caída, rotos; y desojados en la vida, no ha sido adulación de tus umbrales. Oh víbora, que a un tiempo por más pena, de dos lenguas armada en el empeño, a dos sujetos tu rigor se ordena. Pues con ingrato arpón, con dulce ceño con una muerdes la ventura ajena, y con otra inficionas a tu dueño. Ya sus méritos aquí he reducido a renglones, y aunque en sucintas razones está escrito dice así daabiba qaem Qué escucho! Qué es lo que he visto? No en vano temió mi pecho. Ya estoy menos satisfecho. De hielo a la pena asiisto. Pero lee ese papel Laurencio, y conocerás de las dudas en que estás los reparos que hay en él. Qué prevención puede haber, que nos libre de este engaño? Con él se remedia el daño. Pues ya le empiezo a leer. Aquel dichoso, que en humilde estado, a pobre albergue se acogio gozoso, y el alimento de el vivir forzoso, lo libra en los afanes del arado: Y aquel mil veces necio, y desdichado. que viviendo el tumulto populoso, si por ventura escapa de invidioso, elo é a lo menos no huye de invidiado. m Qué política habrá que conveniente; de ese daño; y de aquel pueda librarme, y sin entrambos viva quietamente,o No sé no sí la ay, que es sujetarme, si yo merezco al juicio de la gente, si otro mereco al riesgo de pesare, Notables contrariedades en los dos papeles vemos, a este aplausos le debemos. ese nos dicta crueldades, acual de ellos, porque cese algo de mi pena incierta, debemos la se más cierta? acual creeremos? . A ese. A ese no, que es a quien debemos más, pues advierte las señas de nuestra muerte, no hemos de creer? También mas de ese ya tengo yo certeza, cuando ha de ser, y al tiempo que se ha de ver el suceso de este no. Y así mi parecer es, que a este el crédito se apreste, y para el suceso de este nos prevengamos después. Y no puede ser también, que para hoy este trazada la traición, y ejecutada no tenga remedio? . Quién es tan necio si advertida nuestra estratagema lleva, que al uno embestirse atreva, dejando al otro con vida. Lo que a mí me ha parecido es, que a Jacobo le hablemos, y este papel le enseñemos. Antes no, porque corrido se incitara a la venganza más presto, y an si mejor espero que su rigor, modere nuestra templanza. Apuren nuestra paciencia, que ella los ha de vencer, y sea a mas no poder el usar de la violencia. Tú solo a la Yglesía hermano irás a ver a tu esposa, y si por alguna cosa te dilataren su mano, es señal que su traición la quieren ejecutar, y con esto a su pesar prevendremos su intención. Pues esta tarde, aunque es día de fiesta pretendo en él a leerle este papel convocar la Señoría, y ella remedio pondrá. pues a todos los culpados, parciales, y conjurados enemigos prenderá Mas si hoy de la mano bella de María te hacen dueño, es diferente el empeño, pues se ha de atajar por ella la traición que solicita, pues si ya Jacobo allí se irritare contra ti, contra su sangre se irrita. Y aunque más crueldad se arguya de su pecho, y su poder, si es cuerdo no ha de querer verter su sangre en la tuya. Yo porque el riesgo se aplaque, en casa me quedare, y lo que es doblada fe echaremos a un achaque. Pero llego a reparar, que será a lo que imagino, quedarme siendo padrino dar mucho que sospechar. Y ansí por más prevención te advierto, como solemos, que apartados nos sentemos para cualquiera ocasión, con que la sagacidad dispondra la conveniencia, si te casas con prudencia, y si no con crueldad. Tu consejo admito. Vamos, y pues hay ocho mil hombres para ensalzar nuestros nombres, nada Laurencio temamos. Algo recela mi pena. Nada teme mi fortuna. Menguantes hay en la luna! También crece hasta que llena, Pues ya toda la ciudad a las puertas va llegando para irnos acompañando Nobles de Florencia entrad, Y yo el primero seré aunque lo miente mi labio, que haré a Pilades agravio en la lealtad, y en la fe. Ya señor Jacobo, ya de eso hay bastante testigo. Claro está, que es vuestro amigo aquel que su sangre os da. Ya el Cardenal se previene, ya el Arzóbispo os aguarda, y ya Florencia gallarda toda a acompañaros viene. Pero solo he reparado, que ningún plebeyo ha hecho ostentación de su pecho en haveros celebrado todos con muda intención, andan de prisa, y no sé que intento lleva su fe. Si supierais la ocasión. Ea vamos que la bella desposada está aguardando sus venturas celebrando, a que solo vais por ella. Si llegare a ser su esposo? , Dejadme tristezas mías. Vencisteis mudas porfías. No seré yo tan dichoso. Mas qué tengo que temer? Hoy lograre mi cuidado. Hoy no he ser aclamado? Hoy vuestra ruina de ser Vamos. Cumplí mi esperanza. Caminad a la desdicha. A ver el fin de la dicha. A ejecutar la venganza. . Erase un nobio tan flaco de memoria, que una vez que le cupo el desposarse, como si no hubiera a que, se olvido de ir a la noche a dormir con su mujer; ella que el discuido supo, cogió un pedazo de aquel material de los tinteros, y hecho polvos a beber se lo dio; pero extrañando aquella bevida él, le preguntó, que era aquello, y respondiole, esa es la nacardina, que hace avivar, y tracender al marido descuidado de dormir con su mujer. No sucederá a Laurencio hoy este descuido a fe, pues yo apuesto que se acuesta antes del anochecer. Mas ya pienso que he llegado a la Iglesía, ten con ten, un pie tras otro, y pían pían que más fácil es, quedarme pienso acá fuera, que como es gente soez, en estos lances no son los pícaros menester. No he podido hablar al viejo, para que me diga a que me mandó esperar anoche, pero tal la burla es. Ya llegan, pero apartado desde aquí los pienso ver, como un pausan elevado, como un pasguato nobel. Estad advertido a todo. Ya estoy en lo que he de hacer. Siéntate Laurencio lejos. Ansi Julian lo hará. Hermosa vas por tu vida. Triste voy no se de que. Ven vustedes esta gala, pues lléveme el diablo amén, si los envidio, que luego serán marido, y mujer. Señores, que haya en el mundo, pudiendo excusarlo, quien valado a pan, y manteles, hasta que se muera esté? Que haya quien sufra un marido, ni quien sufra una mujer, propios entrambos de casa, y precisos ella, y él, que aunque riñan más no puedan, aunque se junten después, enviarse noramala el uno al otro tal vez. Si me caso con hermosa; temo lo que hay que temer, si con fea, ya se advierte, si con fácil, ya se ve, si con gorda, Dios nos libre, tiene el gusto en su grosez, tan a mano los ahitos, que no la puedo comer. Si con flaca, es como dicen, estar en la espina de Santa Lucia, y estar en la guesa con un pie. Si con morena, se pone sus dos déditos, o tres de albayaldle, y toda vista se enjalbega con su tez. Si con blanca, los demonios pueden sufrirla también, mostrará un brazo al verdugo, por vanidad, o interés. Si con casera, que lindo manojo de llaves es, y aunque lindo, eso no, que estás puerquísimas suelen ser, Si con rica, llevo a casa un perpetuo Lucifer, y a cualquier enojo luego me dice quien era él. En amaneciendo Dios voy a buscar de comer: y ella se queda en la cama, vuelvo, y luego pideme la moza para recado, el hijo para papel, si hay dos para reileros, para zapatos, si hay tres. Señores casados digo, que si llevan como es bien, con paciencia a sus mujeres, que se ahorrarían el tener, que purgar, pues ya lo llevan purgado para después. Mas vive Dios, que la Misa, según lo que alcanzo ver, que va aprisa caminando. hacía el Ite Misa est. Es de cazador, el tal Cardenal debe de ser flaco de estomago, y quiere irle sin duda a sorber chocólate, porque al Preste diz que le sabe muy bien, ya cónsume, en acabando pienso escapar a poner. Muerto soy, válgame el cielo! Mas que alboroto cruel se ha movido de mi amo es la voz, entrole a ver. Florentinos libertad. Villanos que os atrevéis, aún está vivo Laurencio. Ah mal haya el brazo, amén, que erro el golpe de su pecho. Jacobo que hemos de hacer? Que toméis vuestro caballo, y yo el mío; yendo en él libertad apedillando. Pues comencémoslo a hacer. Libertad. Libertad mueran los Médices. . Si podéis. de esta suerte de mi pecho la sangre se ha de verter? A tu lado estoy, a ellos, Ya estamos fuera; atended los que mi parcialidad seguís; y mi bando fiel; a mi hermano han muerto, los que mi aclamación pretendéis, mueran los Pazos, y mueran los Salviatís también. Mueran Saluiatís, y Pazos, y viva Laurencio, que es padre de la patria. . Y yo vuestro caudillo seré. Qué queréis, que ya tropiezo en mi muerte? Qué queréis, que ya en mi sangre me anego, Quitémosles de una vez las vidas. Detente, espera Laurencio, esposo, mi bien. Oh qué irritado que estoy, pues no me ha templado al ver esta lumisión hermosa. mataldos todos. Detén ese brazo vengativo, y pasa por mí esta vez el acero, y en mi padre lo remataras después. Que más vengado, y altivo te quieres, Laurencio, ver, pues nos tiene la fortuna ya postrados a tus pies? Que nos quieres no reparas como ya el vulgo cruel en la casa venerable de la Señoría infiel entra, y en ella (ay de mí) de una ventana que ven mis ojos, al Arzobispo mi hermano con un cordel le suspenden por motín de la sedición que ves, atroz empreza un Prelado de la Iglesía en tal se ve! Cuando son tales cualquiera castigo les viene bien. No ves arruinar mis casas? No ves mis casas arder? No ves arrastrarlo todo? Y a los soldados no ves de nuestra facción, que huyendo se vuelven a su cuartel? Venganzas pide mi pecho. Piedades mi amor también. Mi muerto hermano me incita. Tu esposa te ruega fiel. Sangre vierten sus heridas. Lágrimas yo, y soy mujer. Sabrán vengarse mis brazos. Y los míos detener. Quitarte podrán mis manos. Y yo arrojarme a tus pies. Yo a mis pies mi dama, cielos! Yo a mi amante tan cruel! A mi enojo. A mi humildad. No cesa. No ha de valer. Levanta, que pueden mucho los ruegos de una mujer. Pues qué intentas? Qué respondes? Qué ordenas? Que me escuchéis, Nobles de Florencia graves, padres del Senado fiel, concurso, que me ha aclamado, Jacobo, Guillerme, que me habéis juzgado vencido, y ya vencedor me veis, nosotros triunfar pensamos hoy con segura altivez, vosotros con nuestras muertes pensasteis engrandecer vuestros linajes, y patria, y con oculto poder la fortuna ha confundido el suceso pues en él, ni se ve logrado el vuestro, ni nuestro intento se ve. De suerte que en los humanos juicios como nunca ven lo por venir nuestros ojos, todo sucede al reves. Y porque ya el fin del caso me da voces disponed funebre pompa al cadaver de mi hermano, y para ser como soy de la piedad ejemplo de amor también, perdonando vuestras vidas, que ya obligados se ven, le doy la mano a María, para que también le de Don Pedro Rosete fin a la historia, para ser si os ha dado gusto en esta, quien muchos gustos os de.