Texto digital de Todo lo vence el amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Zamora
- Atribución estilometría
- Antonio de Zamora Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Todo lo vence el amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/todo-lo-vence-el-amor.

TODO LO VENCE EL AMOR
JORNADA PRIMERA
Pues el Amor de Arióbates, Monarca invicto del Orbe, trueca a delicias del campo H . los cuidados de la Corte: (tores, aplaudid, Zagales, celebrad, Pas la beldad soberana de Filonoe. Sigue las mudanzas, Menga. Dale al tamboril, Gilote. Baile, y calle. Desenlaza, traillas, y capirotes. 2. Ataja, que a las traviesas hondas del Río se acoge, herido el Jabalí. Egrna, Cintia, Selenisa, Doris, seguidme por aquí. Vayan en la cuerda los arpones. , . Y aplaudid, Za- gales, celebrad, Pastores, la beldad soberana de Filonoe. Alllano, a la fuente. Al Río, a la Torre, Soltad los Sabuesos. Calad los Alcones. Diciendo conformes. Uchó. Tó, tó. Al risco. Al llano. A la selva. Al monte. Y pues la selva florida, (cuyos lozanos verdores, de nuevo otra vez florecen, porque mi ardor los agoste) teatro ha deser ameno de las sabias prevenciones, que en favor de las Estrellas, hace el mayor de los Dioses: empezad, májimas mías, la fábrica, que dispone el poder contra el amor, unidamente discorde. Logrando:: pero Cupido! Consiguiendo:: pero Jove! Tu desertor de la Esfera? Tu peregrino en el Bosque? Sí, pues en justo despique de una ofensa; mis furores a licia me traen, a ser ruina de Belerosonte. Pues en qué pudo irritar tu Deidad, para que tomes contra él las armas? Por qué pretende tu error, que doble las injurias de la ofensa, en las voces del informe? Yo he de vengarme, Cupido. No así tu Deidad desdore un humano afecto, y mira, que Alumno de Venus, corre por mi cuenta su defensa. Ya que a ampararle te ar- rojes, en qué poder te confías? En el mismo, que conoces, Yo solo sé:: Ataja, ataja. Ya las venatorias voces sueñan de más cerca. Pues fuerza es retirarme, donde este oculto, hasta su tiempo: en qué quedamos? En que obres cuanto el odio te aconseje, y verás, que mis arpones dueñole hacen de la esquiva belleza de Filonoe. Yo, antes, que esa dicha al. cance, sabré ponerle en mayores peligros. Por aquí, Friso. Déjame arredrar a un Roble los Caballos, que después te alcanzaré de un galope. Ya, Belerosonte, a vista de su dicha está. Pues ponte de su parte, y luego verás malogrados tus favores. Presto hablará la experiencia; y ahora entre las confusiones, mezclado de los Zagales, Criados, y Cazadores, con ellos repita. Y yo, cuando esotra senda tome. . Batalle el valor. Defienda el amor. 2. Y triunfe el ardid. Pues mi ira previno. Pues quiere el destino. 2. Que siga en mi empresa el laurel a la lid. Batalle, Pues tantas tropas festivas la estancia a la Selva corren, no con nuestra prisa demos lugar (pues no nos conocen) a que si acaso la Infanta anda entre ellos, nos arrojen del sitio las Guardas. Cierto, señor Don Belerosonte, que uste es hombre de manías. Por qué lo dices? Responde: en Argos, de donde ahora venimos Embajadores, con esa carta (de quien estoy temiendo un mal porte) no teníamos gran vida? Debí a sus Reyes favores excesivos. Pues por qué (queriendo que yo me ahorque) desprecias los beneficios, y pretendes las pensiones? Porque has oído decir, (malditas sean las voces) que es Filónoe, la Infanta de Licia, el Dios nos perdone de la hermosura, te vienes en un trotón matalote, posteando leguas? Que quieres, si vi (sin mirar entonces) de Filonoe en la copia una Esfera con dos Soles, un Mayo de quince Abriles, y un jazmín de diez botones. Está bien: mas pues intentas, que nos informen, de donde la Infanta, y el Rey se hallan, para hacer tu enviada, tome cada uno su senda. Yo por aquí iré. Cazadores, decidme, si por aqueste verde corazón del Bosque la Infanta con sus Monteros ha pasado Airoso Joven, mal puede daros respuesta quien sin tino, guía, o norte, perdido en sus cotos, busca quien le dé en sus confusiones la misma noticia, pues forasteros en los montes, verdes murallas de Licia, aún es preciso, que ignore quién me lo pregunta! Quién en mirar sus resplandores interesa:: Dios te guíe. Alma, y vida. Buenas noches. Pero esperad, que a este puesto, huyendo de los ardores del Sol, con la alegre Tropa de Zagales, los acoge el cansancio de la caza; y podéis, si traéis orden de hablar al Rey, conseguirlo. Parécele a usted, que es hombre mi amo de los que hablan Reyes entraje de Postillones? Calla, loco: yo el aviso os estimo, mas no corre tal prisa mi diligencia, que su diversión estorbe; y así me ausento. Pues idos, sabiendo, que (así que logre premiarla a vista del Rey el gozo de los Pastores) en esa Quinta (que alpié de aquel risco, es de su Corte retirado Hibleo) con los Grandes del Reino, come hoy Ariobates, en justo aplauso de que corone un Abril más, las floridas edades de Philonce. Y así, allí podéis hablarle, antes, que tomando el coche, a Palacio vuelva. El Cielo os guarde, por los favores que me hacéis. Adiós. . Ay Friso, que son de mis intenciones el primer encuentro celos! Así lo fuera el gígote prevenido del convite! Trae los caballos. Alonje te iré siguiendo: malaya quien sirve a estos Principotes con amor, y sin dinero! . Ya al incendio de sus Soles se bruñe de fuego el río, y se entorcha de oro el monte. Ay dulce peligro! Vamos poniendo en forma, Gilote, la danza, pues viene el Rey a verla. Vayan conformes el son de las castañuelas, y el ruido de los albogues. Huid, Zagalejos, huid del ardor, a la vista feliz de dos Soles, pues no arde a su vista la llama del Sol. Huid, Zagalejos, huid del ardor. Yo os agradezco, Zagales, la singular alegría, con que aplaudís tanto día. Denos su meste sus Rales patas a besar; y crea, que por haberle aplaudido, se ha hecho cuanto se ha pudido. Y a nosotras, porque sea igual la suerte, que al vuelo hoy consigue ese pelmazo, nos dé su meste un abrazo. Alzad, Zagales, del suelo, pero, Atamas? Señor? De nosotros retirado? Si estoy como tu criado, donde puedo estar mejor. Disculpe el que lo consienta, del campo la libertad. Qué delincuente humildad! . Va de baile a buena cuenta? Pardiós vaya, y a compás. Antes pedirte quisiera un favor. Tu voz, qué espera? Orestes::: No digas más; (go, que aunque de verle me abstena desde que culpando hyerra los motivos de la guerra, que con Ariclea tengo; (decuya victoria estoy noticia esperando) queda (cuando por él interceda tu fe) en mi gracia desde hoy. El Cielo, señor, prospere tu vida: Licas? Señora. Di a Orestes cuanto mejora ya su fortuna, pues quiere mi padre honrarle, con que volverle a servir consiga. Así hubiera en mi fatiga . piedades para mi fe! Señor Rey, cuidado con las mudanzas de habilencia, que hemos de hacer. Qué inocencia tan dentro de la razón! , h , s, Bribró el niño lince ciego de su fuego, un arpón contra mi vida, cuya herida se llevó todo el sosiego. Bribro el niño lince ciego un arpón contra mi vida. En sí trujo un nuevo agrado del vendado el impulso vengativo, con que vivo a merced de mi cuidado. En sí trujo un nuevo agrado el impulso vengativo. . Qué les parece? Qué iguales compiten primor, y celo. Mil años los guarde el Cielo. Mas quien son estos Zagales forasteros? Qué sé yo. Con esta industria he de ver si puedo al Amor vencer. Pues el traje me valió, así intento introducir mis piedades en la Infanta. Pues no es la distancia tanta, bien, hija, podremos ir hacia la Quinta. Mi amor solo obedecer intenta. Antes merezca la atenta fineza nuestra, Señor, que el pequeño don reciba su soberana beldad. Culpa fuera en su piedad, el corresponder esquiva, Zagales, a vuestra fe; llegad. El Amor aquí? Aquí Jove? Pero así dos veces le venceré. Estas fértiles asquás fra- grantes, que el Mayo, Señora, fecunda, y enciendé, siendo víctima, y llama, a tus plantas mi júbilo ofrece. Estas cándidas aves mi afecto hoy pone a tus pies, porque logre su suerte, que a los délficos rayos se dore su trémula nieve. Mudo símbolo son del desvío, pues de espinas agudas guarnecen en el vastago verde, que adornan su púrpura fértil. Jeroglifico son sus gemidos de amor, que de quejas su dicha mantiene, pues en música amante de arru- llos sus cláusulas vierten. Tú luz las admita. Tu ardor las acepte. Y pues vienen a ser holo- causto, felice las queme, del divino volcán de tus ojos la hoguera celeste. Cuanto vuestra melodía; Jovenes, me ha lisonjeado, diga el aceptar mi agrado la ofrenda. Ventura es mía talfavor. Y así, mirad, (pues a agradecerla llego) en qué puede a vuestro ruego corresponder mi piedad. En ver, que copiando a amor esas palomas estén. En ver copiar al desdén las espinas de esa flor. Y cuando llegue a adver- tirlo, qué os irá a los dos en verlo? Es presto para saberlo. Aún no es tiempo de decirlo. Ven, Pilonoe. Que entre esta sencillez haya también lides de amor, y desdén! Hijos, persiga la fiesta hasta salir del pensil. Bien ha dicho; la canción vuelva a repetir al son de sonaja, y tamboril. Huid, Zagalejos, huid de él ardor, a la vista feliz de dos Soles, pues no arde a su vista la llama del Sol; huid, Zagalejos, huid del ardor. . Adiós, Amor. Que en fin, Jove:: No prosigas, que no has de lograr, por más que mi oposición estás maquinando. Nada digas tu tampoco, pues mejor lo ha de decir la experiencia; y así en nuestra competencia, a Dios, Jove. Échale fuera. Señores, ustedes se compadezcan de mi humildad. 1. No era malo, que viese al Rey en la mesa. En la mesa, cuando quiero, veo yo al Rey en mi tierra, y es más Rey que el suyo. Dale. Usastedes se detengan, que con el Rey, si me enfado, he de comer. 3. Buena pieza! Porque me han dicho, que el que con él a comer se sienta no puede ser condenado en pena ordinaria. Esa es ley en todo su Imperio. Y como a mí la conciencia me dice, que he de morir estirado de gorgüera, me importaba el no morir ahorcado, y de hambre. S. Ay tal bestia! Usted me honra. Dale recio. Pero ya los Reyes entran, armas, armas. Pues mi amo, para dar la carta espera al paso, aquí me retiro. 2. Oye, pues si se menea de ese cancel::: Si usted calla, me estaré como una piedra. m, , , . Hoy, feliz, Pilónoe divina, un círculo añade a su edad lison jera; mas como todo es Abriles el año, cuando se acaba, parece que em- pieza. Invictísimo Ariobates, a quien la fama celebra, si Monarca de la Licia, Oráculo de la Grecia; dad los pies a quien dichoso huésped a lograrlos llega en tan feliz día. Alzad, y decid quien sois; no sea que con la ignorancia, arriesgue la atención. En tanto que esta carta os lo dice por mí, vos, señora (a espacio penas!) permitid, que ansiosa vaya mi veneración atenta, repitiendo con los labios las líneas de vuestras huellas. No estéis así, airoso joven. Qué hermosura! Vuestra Alteza sea bienvenido; y pues con lo que la carta empieza, es, con decirme mi hijo quien sois; y después nos queda tiempo para ver de espacio lo que participa en ella: conmige habéis de comer. Como a honra tan inmensa podré excusarme? Me huelgo, pues para lo que suceda no es malo este indulto. Hija, quien hoy a coronar llega las dichas de este día, es Belerosonte::: Aí va esa. El Príncipe de Corinto. Con darme la enhorabuena de tanta ventura, muestro cuanto mi afecto la aprecia. La suerte es solo, de quien consiguió a las plantas vuestras la mayor honra; y pues hoy me trae la fortuna a ellas desde Argos, recibid de mi senora la Reina amantes memorias. Cómo mi hermana Estenove queda? Como siempre, hermosa envidia de luces, flores, y perlas. Príncipes, Vasallos, ya es hora de que en opulentas demostraciones, mi afecto pague lealtades, y deudas. Venid, pues; disimulemos . el recelo con que espera mi susto, noticias de los progresos de esta guerra. A no ser tan invencible este riesgo, amor, pues no sé qué ignorada violencia:: pero qué delirio! vamos. Quien si no yo se contenta queriendo pagar incendios con irbebiendo centellas? Ah, señor! Qué quires, loco? Que de la mesa, siquiera me envies dos, o tres pabos, cuatro barcos deternera y un queso hecho rebanadas. Qué frialdad! Qué borrachera! mi desdén, solo temiera . . Haced, que los instrumentos, y Músicos nos diviertan. Hoy, feliz Pilonoe divina, un círculo añade a su edad li- sonjera; mas como todo es Abriles el año, cuando se acaba parece que em- pieza. No prosigáis, suspended de la empezada cadencia la feliz salva. Este hombre está endemoniado, o sueña? Suspended (digo otra vez, el júbilo. Quién altera tan sonorá quietud? Yo. Pues cómo, cuando de debieras tu alentarle, le disuades? Cómo inflamado de aquella frenética ira, que en mí familiar espíritu engendra, vengo a decirte, que en fin salió mi amenaza cierta: Ariclea venció. Calla, que al ver, que a mis Armas (ven- una mujer:: No señor, tan presto a tu pesar creas; quizá Orestes. En la azul revelación de la Esfera, jamás me mintió la docta observación de misreglas, y si a perturbar tu gusto he entrado, es, porque no pierdas un solo instante; tus Tropas fugitivas, y deshechas, sin General vagan; mira, que sin esperar más nuevas, que las de mi aviso, debes enviar bastón, que las vuelva a unir, antes, que en tu línea las suyas se fortalezcan: qué resuelves? Qué bien, Cielos, temía tan dura adversa suerte en día tan plausible! Señor::: Señor::: Nadie quiera consolar mi pena; y todos os quitad de mi presencia. Cierto, que el señor vejete trujo al convite estupendas aceitunas. Qué no os vais? Mira: Advierte:: Considera:: No os escucho. Muerta voy. Guarde el Cielo a Vuestra Alteza. Si Ariclea, a quien en Lidia. festejé amante, supiera . cuan distintas son mis ansias, cuan otras fueran sus quejas; mas no habiendo ya de vernos poco importa, que las sepa. Si con esto se olvidara la carta, qué bueno fuera. Orestes? Señor? Ya que más sosegado te deja la enajenación del rapto, por si sus líneas concuerdan con tu noticia, esa carta de Preto, que en Argos reina, (feliz esposo de mi hija Estenove) lee, y o quiera el hado (pues el principio vi no más) que no contenga otro pesar! Pues preven sufrimiento, y fortaleza, que otro pesar es. Qué dices? (tre Que el mismo que te la en- dice Preto, que le importa a su pundonor, que muera, pues él (por no declarar el delito con la pena) no le ha dado muerte, Y como podré yo hacerlo, si apenas (ay de mí!) Belerofonte logró sentarse a mi mesa, cuando por ley general, libre quedó, de que pueda quitarle la vida yo? Qué fuera, señor, qué fuera, que de trágicas premisas, sacase yo consecuencias favorables! Cómo así? Enviándole (pues apuesta con Marte el valor, que le hace hijo marcial de la guerra) a Lidia, con orden para que, rehaciendo las pequeñas (ta fuerzas, que han quedado, envis- a los Reales de Ariclea; si con tan cortas Escuadras vence, tú el desdoro enmiendas de tus Armas; si es vencido, consigues también, que muera en la lid a que le envías; con que de entrambas maneras, o una vanagloria adquieres, o muchos agravios vengas. Bien dices, si se ha perdido lo más, lo menos se pierda: llámale, pues. Oh, si hallara (pues favorable se muestra la Esfera en su amparo) modo de hacer, que se atribuyera a mi industria su ventura. . Qué poco, fortuna adversa, ay que fiar de las vanas inconstancias de tu rueda; pero qué mucho, si eres, en competidas violencias, la fragua de los pesares, y el taller de las tragedias! Ya está aquí Belerosonte. . Qué es lo que tu Alteza ordena? Príncipe, (finjamos ansias) del valor de vuestra diestra tengo que fiar, no menos que el honor. Pues a qué esperas? no en el precepto dilates la gloria de la obediencia. Ariclea, Reina Augusta de Lidia. Deshecho deja tu Ejército: ve adelante, Profugas, y descompuesta? mis Huestes. Sin General, en vano cobrarse intentan. Tú solo. No digas más, que si tu intento es, que sea yo quien uniendo las vagas Tropas tuyas, acometa al contrario Campo, dando laureles a tu Diadema, ya me parece que tarda la ocasión de que me debas tan alta victoria: el orden me da, y cartas de creencia, para que el Bastón rigiendo de tus Armas, me obedezcan sus Cabos. Mi Real Anillo es la más segura seña de que esta empresa te fío; y solo el orden, que llevas, es, o vencer, o morir. Pues dame, Señor, licencia de prevenir mi jornada. Esa ha de ser más apriesa, de lo que juzgáis los dos. Cómo? De aquesta manera: Negros genios, que del pacto a la forzada obediencia me asistis, posteando el viento a indivisibles carreras, poner a Belerosonte en la Montuosa Frontera de Lidia. Cielos, valedme! Qué espanto! qué horror! No temas, que en alas de mis usados Májicos conjuros vuelas. Qué has hecho, Orestes? Servirte. para que no se detenga en el viaje. Y si acaso sale tu noticia incierta, qué haremos? De mi verdad es fiadora mi cabeza. Pues adiós. Guárdete el Cielo. Suerte injusta:: Adversa estrella:: O si con esta venganza hiciese mi fama eterna! O si hiciese propias glorias de las fatigas ajenas! , e , - Ya que por la Campaña, al superior arbitrio de mi saña, vagan deshechos, yerran fugiti- vas. de Licia las Escuadras, cuando altivas pretendíán a golpes de Velona las puntas desgastar de mi Coro- na: Ya, en fin, que sin recurso de que pueda su Campo rehacerse, no les queda camino a la esperanza de la satisfacción, o la venganza; truequen Marciales pompas el aplauso de Cajas, y de Troma pas, a la apacible salva lisonjera de Liras, y Tiorbas, y en la Esfera de mi Tienda, conmute un eco solo quejas de Marte, a Músicas de Apolo. En el valor de Ariclea tiene, aumentando su fama, mejor Tomitis la Lidia, mejor Floripes el Asia. Tened; parad, oíd, que si en el hueco cóncabo de aquel Riscoronco el eco no miente la noticia, marcha sueña, Cómo es posible (si en mental Ecena (na) no síncopo los tiempos la fortu- que intentar pueda operación alguna el contrario, a quien inclito acobarda el eco de tu nombre? Ah de la guarda. Si de ese tardo acento, . con que se queja entonquecido el viento, has extrañado el ruido, sabe, que de ese Monte, en que (le; escondido tu contrario lloró su último va- a vencer, o morir, marchando sale el resto, que quedó fortificado en su espesura. Aún no han escarmentado de mi furor? Sin duda han elegido (viendo, que no les has de dar partido) General, que los mande, preten- diendo morir antes matando, que te: miendo. Dadme un caballo. Al lado de tu estribo me verás ser de Marte vengativo bribrado estrago, que su ardor provoca. Viva Lidia, decid. Al arma toca. Guerrero, hijo de Juno, cuyo aliento o bien de la fragrancia, del viento, encendido vesubió el Orbe que- o tú, de quien es belica Diadema (para premiar asuntos de la fama) círculo breve de tegida grama: Marte? Quién me ha nombrado? Yo soy. Pues como tú, Jove sagrado peregrino del Cielos Como vengo, a que logre mi desvelo mi venganza en tu influjo. Ya que a servirte mi valor me trujo, qué mandas? Pues del Monte saliendo al campo va Belerosonte empeñado en triunfar, quiero que sea todo el laurel de el brazo de Ariclea. Pues vibra el rayo la cólera ardiente, y vuele a ser ruina del campo asustado. La lanza despoja del ristro dorado, y seña indignada sus ruinas aumente. Pues vibra, Sufra, padezca. Gima, y lamente. Tus iras crueles. Tus ceños violentos. Y toquen a marcha Esfe- ras, y vientos; Arma, arma, guerra, guerra. Guerra, guerra, arma, arma, y de Marte, y de Jove las iras, hoy postren de Amor, y de Venus las armas. Arma, arma, guerra, guerra, guerra, guerra, arma, arma. Como imaginas vencer los Influjos, errado Cupido, del rayo, y la lanza? Como de Amor a los duros arpones, verás, que la tierra produce venganzas. Aunque te empeñes, en va- no procuras, que al campo enemigo tu auxi- lio le valga. Aunque más armes cautelas traidoras, se han de lograr sus valientes hazañas. Vuelen las iras. Vuelen las sañas, 2. Y nazca un armado socorro viviente, de cada volante arpón de mí Aljaba: vuelen las iras, vuelen las sañas. Pues contra nosotros hoy produce Tropas Armadas la tierra, a retirar toca. . Soldados, pues nos am- para superior Deidad, seguid el alcance. Abanza, abanza. . Al monte, al monte. Ves como vuelve Ariclea la espalda? Sí; pero no porqué logre un trofeo, quien me agravia he de ceder. Con mi amparo ningún riesgo le acobarda. Ea, amor, ea, fortuna, pues de Ariobates la gracia me asegura esta victoria, haced, que la soberana belleza de Philonoe corone mis esperanzas: Arma, arma, guerra, guerra, guerra, guerra, al arma, al arma,
JORNADA SEGUNDA
segunda jornada en ver pasar se divier en formado alarde, todo el número de mi gente, (para que después reciba a Belerosonte en este Regio Salón mío) dime, qué es lo que hacer debo, Ores- tes, con él, para mi venganza, ya que victorioso vuelve des primer riesgo? Señor, (re, pues cuando un aplauso adquie- una Corona te gana, mi dictamen es, que empieces a premiarle, y que el premiarle sea modo de perderle. Premiarle, y perderle? Sí. Cómo? Haciendo; que se empeñe en vencer nuevos peligros; y en una acción solamente, con la confianza le premias, y con la intención le pierdes. Bién dices; pero a que vencida A Esa es dificultad tan leve, que con menos docto estudio, que el mío, podrá vencerse. Pues para que lo consiga, que has discurrido? No siempre ocurre pronto al discurso el medio; deja, que llegue vencedor; deja que logre, que con cariños le premies, que mientras disfruta él sus venturas aparentes, estaré yo máquinando su ruina, y: s oz suspende, que ya heridos los metales, y fatigadas las pieles, seña hacen de que a este sitio llegan. Pues queden pendientes la plática, y el arbitrio. Pues tanto se acercan, vete sin que te vean. Los Cielos tu vida, señor, prosperen. Al Marte de Corinto, con músicas celebre la fama, repitiendo, que viva, triunfe, y reine. Si quien mereció, señor, serviros, besar merece vuestras plantas, permitid (para que su afecto premie! cuando a la tierra se humilla, que hasta la Esfera se eleve. A mis brazos, Vuestra Alteza en hora dichosa llegue. Ahora, que ese honor consigo, es solo cuando parece que he triunfado, si no es ya gran Señor, que me desmiente tan divina prisionera. Si vengativa mi suerte . ha mudado los semblantes, (ha fortuna, esto consientes!) baste por consuelo (cuando por dueño mío os confiese ver que le quito a mi enojo la causa de que se queje, Vuestra Majestad, Señora, verá cuanto imperio adquiere en el mío, pues vencida, le commuta, y no le pierde, siendo mi hija Pilonoe quien primero desempeñe mi verdad. A vuestras plantas. Si todo el Cielo desciende, donde habrá proporcionado Atlante, qué le sustente? Y así yo, porque no el Orbe en tanto incendio se queme, haré, que en mi amor descanse primero, que se despeñe. No es aquel Átamas, Cie- los! mas qué me admiro de verle, si viene a darme más penas? Bueno es, que mi estrella aleve, cerca de lo que se adora, traiga lo que se aborrece! Ya, Príncipe, que mi afecto el mayor laurel adquiere en vuestros brazos, podéis ir (en fe de que os lo ruegue) a descansar de la marcha: y tú, Pilonoe, puedes florecer con Ariclea las calles de esos vergeles, en tanto que yo al Despacho me retiro. Ya obedece, Señor, mi afecto; Ariclea vamos, Una esclava tienes en en mí, que te sirva. Y vuelvan, porque el aplauso no cese, (a unque me pese de oírle) a decir una, y mil veces. Al Marte de Corinto con júbilos celebre la Fama, repitiendo, que viva, triunfe, y reine. Pues a los Jardines baja, veré si en ellos pudiese repetir mis ansias. Penas, (pues tan buena ocasión viene a buscaros) no a remisas os paséis desde corteses. Ahora que se queda solo mi amo, llegar me conviene: Buenos días, Caballero. Friso, era hora de verte? Dónde has estado? Ajustando la cuenta de treinta meses de ración, y vengo, a que la pagues, ya que la debes; porque yo no he de servir a hombre, que se desparece como fantasma, y adora con privilegios de Duende. Gracioso estás, pero ahora no es posible responderte, que voy siguiendo mi norte; a la puerta del Retrete me espera, y adiós. Adiós, y él permita, que no vueles desde él, adonde el señor Diablo Familiar quisiere. Fuentes lisonjeras, Aves voladoras, celebrad parleras, que un Mayo se acerque con dos Primaveras, y suplan la falta de un Sol dos Auroras. Por si Philónoe, acaso se separa de Ariclea, . mi norte esta senda sea. Por si acaso tuerce el paso hacia este sitio la Infanta, tomar esta senda intento. Síguela volando, aliento. Sigámosla huyendo, planta. Y ojalá, aunque despre- ció mi queja, la oiga otra vez. . Y ojalá de su esqu iyez persuada el ceño. Eso no, eso no, furores; eso no, desvelos; pues primero has de dar en los celos, que ver los favores. Bueno fuera que Cupido, lograse en ofensa mía, que su tiranía no hiciese en tu olvido, que altierno gemido respondan sus fieros hermosos rigores! Eso no, furores; eso no, recelos; pues primero has de dar en los celos, que ver los favores. Bueno fuera, que inconstante. su bellísima crueldad, con fácil piedad; de lástima amante, postrase ignorante a indignos incendios, sus nobles ardores! Eso no, furores; eso no, recelos; pues primero has de dar con los celos, que ver los favores. Y ya que en aqueste traje me introduje en su jardín, fingido zagal, a fin de aconsejar en su ultraje a Philónoe, mi saña, pues hacia aquí se encamina, empiece a fingir. Egina, mientras la fértil Campaña del vergel pisa Ariclea, otra letra canta, ya que solo mi queja da alivios a mi taréa. Cupidillo desleal, qué te hizo mi corazón? Qué te hizo mi vida? Que te hizo mi amor? que astutamente cruel has disparado contra él la saña, y la perfección? Cupidillo desleal, qué te hizo mi corazón? Te gusta el concepto? mas quien tanto encareció, Egina, su pena? Yo. Ay Cielos! quién está aquí? Quién solo por veros, vino desde Argos a Licia; quien adora vuestro desdén, aunque te me su destino; quien solo por vos, osó lidiar amante, y Soldado, y aunque sabe, que ha triunfado, aún no sabe si venció; quien calla, y padece cuando ama, siente, y desconfía; y en fin, en su fiel porfía quien llega a saber, que amando:: No hay que creer en finnezas de la esperanza, pues parece, que obligan, y solo engañan. Ya por mi eselisonjero acento os respondíó. Aún no me doy por vencido yo, pues la voz de un Jardinero, que acaso canta, es quien ya casual respuesta previno. Hacia aquí, Atamas vino. Aquí, Pilonoe esta. Y el que en distinta fatiga él hable con su dolor, no estorbar puede a mi amor el que con más razón diga:: Quién ponderá sus ansias a la belleza, mas pretende aliviarlas, que padecerlas. Y este es acaso? Pues quién lo duda, al ver mis desvelos. Para morir, sin los celos, no me bastaba el desdén? Ved, que en vano porfíáis, si obligarme pretendéis. Ved vos, que en vano que- reís:: La flor; pero dónde vais? A volvérosla, que en vano guardarla mi amor creyó. Y quien os dijo, que yo la tome de vuestra mano? Pues como cumpliré aquí, con mi respeto, y mi amor? Sabiendo, que aquesa flor . solo nació para mí. Qué esto sufra? Y aunque a tanta dicha, incapaz me confieso, yo la alzaré. Para eso tiene criadas la Infanta; y así es bien, que yo pretenda, como una de ellas, volver esa flor a su poder. . Qué hacéis? Cobraros la prenda. Tened, que ni en mí, ni en vos estar airosa podrá, pues desprecio de una, es ya ojeriza de las dos; y así entre los cuatro quiero mediar el empeño ahora. Señora, yo:: Yo, Señora:: No os discalpéis, Jardinero. Señora. Esa flor, que al suelo precipitó mi descuido, alzad; pero id advertido . de que quedo sin recelo de que otro a vos os la pida, ni a otro la deis vos, sabiendo, que de uno, y otro me ofendo; y pues en esto la vida os va, guardadla, que en fin, pues cultiváis sus verdores, no ignoraréis, que las flores son los gajes del Jardín. . Y por si vuestra ignorante. acción pensáis, que he sentido, volved a ser atrevido, mas no estando yo delante. . Airada la Infanta va. Quejosa Ariclea queda. Aunque dar a Atamas pueda el ramo, mejor será, hasta mejor ocasión, guardarle. Yo, Jardinero, feriar esa prenda quiero a precio del corazón. Lo mismo intento. Ved, que debo defenderla aquí. Para uno no ha de ser? Sí. Luego es para mí? Nos Eso es querer con muerte mediar el lance importuno. No es si no servir a uno. De qué suerte? De esta suerte. Volando, la Esfera mide. Ave es, añadida al viento. Pues este nuevo portento nuestra competencia impide, y ser Deidad acredita. esta acción, ella dirá a quien la ventura da. Aunque hasta ahora me la quita, paciencia, Amor, y callando, aspirad al bien, que emprendo. Pues la he perdido murien- do, yo la cobraré matando. Pues por esta senda esfuerza que al Templo de Marte pasen las festivas Tropas, que hoy acompañan a Ariobates (en fe de que no permite la espesura impenetrable de riscos, troncos, y quiebras, llegar hasta sus umbrales. las carrozas) tiempo es de que a ser ejecución pase el intento. Bien, o sabio Orestes, puedes fiarte de nuestro valor; y pues nos tienes a tu dictamen, día quien hemos de dar muerte. Es, Cenón, tan importante el secreto, que aún apenas permite fiarse al aire; pues siendo. Belerofhonte. A haber misterios casuales, creyera::: Nocreas nada; y pues llega hacia esta parte un hombre, en la copa de ese enmarañado Gigante os emboscad, hasta que el Rey con la Infanta pase al Templo; y por si en la Tropa viene, advertid, que el que ha. blare teniendo un lienzo en la mano, ha de morir al volante, ardiente aborto de vuestros foragidos pedernales: Está bien. Al Monte. Al Monte, que en su maraña no es fácil, que la vista nos descubra. Hola, han, ha del Villaje, nadie me responde? Friso, adónde bueno? A cansarme en buscar un amo, que sin duda me ha dado el diantre; pues por ponerse de acecho a unos ojos de azabache, a quien guiña, se ha perdido entre aquesos Matorrales; y pues a fuerde criado leal, es fuerza buscarle, (si hay leal criado) alón, pues diciendo voy, como antes, hola, ahu, ha señor mío. . Oh! no quieran mis afanes, que echando por otra senda, la ejecución embarace a mi ira. Pues pie a tierra echaron sus Jamestades, vaya de baile. Escompiencen la gira, el canto, y el baile. Estas voces, pues de aquí sonaron poco distantes, dan aviso de que el Rey, con la tropa de Zagales, viene tomando la senda, salirlos es importante al paso, para que al Rey avise de que hoy, si vale el hado a la industria, cuando sus cóleras satisface. Cenón? Qué hay? Alerta. Cómo tú, de la seña te encargües, descuida. Oh codicia, y cuan costosas lisonjas hace S En hora dichosa desciendan al Valle de la Infanta hermosa luces, y celajes, y verán, que afables, después le florecen, si le abrasan antes. Ya que esta angosta vereda es el paso para el grande Templo, en que venera Licia el Simulacro de Marte, prosigamos el camino. En fin, fortuna inconstante, me has traído a que mi enojo vea celebrar mi ultraje! Tú, Orestes, en este sitio? Cuándo, Señor, mis lealtades te han dejado selo? Dime, qué hay de nuestro empeño? Baste saber, que a servirte vengo; y antes, que del Templobajes, quizá estarás satisfecho. Solo tu pudieras darme tan alegre nueva. Ea, Caballeros, adelante. Ven, Filónoe. Persigue el camino? Sí. Pus anden. En hora dichosa desciendan al Valle de la Infanta hermosa luces, y celajes, y verán que afables, despuesle florecen, si leabras antes. Luego dirás, viendo cuanto entre todos sobresale la beldad de la Princesa, que tan dichosos afanes no tienen disculpa. Voila, que yo soy de hueso, y carne, y se, que lo que me duele, me duele. Qué disparate! No tanto, pues solo pasan esas píctimas mentales entre la gente del filis. Aunque sé que llego tarde, a daros la en hora buena del trofeo, que alcanzasteis, con la confianza llego de que sabrá disculparme mi respeto. Cuando a vos, sabio Orestes, debo el grande triunfo, que en Lidia el precepto desempeñó de Ariobates; nada en mí puede ser queja. Cuidado; que llegó a hablarle. Pues en esa confianza, id con Dios. El Cielo os guarde. Ese es, amigos. Pues muera. No muera, que hay quien le ampare, Traidores, pues cómo! Cielos, favor. Socorro; Deidades. Ay, qué me han muerto! Qué es eso? Haber dado en otra parte las valas. A tanto asombro; absorta mi ciencia yace! En divididos fragmentos el escollo se deshace, y cada pedazo suyo hace, que los vientos rasgue con un traidor Vandolero, a tiempo, que en el paraje en que un escollo agoniza, un verde Rosal renace; raro pasmo! Extraño asombro! mas pues mi astucia no vale, apelemos a mis ciencias, haciendo::: pero en tal lance mejor lo dirá el suceso. . Bi en conocisteis, cobardes, mi valor, pues para huirle (toy pedisteis alas al aire. No le he dicho austed, que es- pasado de parte a parte? Te han dado? No; mas qué importa eso, si pudieron darme. Ah traidor Orestes! pero pues hay Deidad que me ampare, ven conmigo. Adónde? Adónde consiga beber constante de Philonce en las luces tantos esquivos volcanes. Este Amo, si no me engaño, ha de dar conmigo al traste. No; no te escarmienten; no, no te acobarden amantes fatigas, esquivos desaires, que el amor, que las dichas in- fluye, los ceños disuade: y pues lo que era Risco transforman mis piedades en Rosal, cuyas flores tiñó de Adonis la vertida sangre. Tus vastagos estiende, o pompa vejetable, hasta que en las Estrellas las hojas quemes, y las rosas manches. Y pues vencidos riesgos son del poder ultraje, bien pueden mis cadencias asegurar con dulces suavidades: Aunque de Júpiter la sacra cólera májimas busque, que asusten tu fe. Yo triunfaré, sí, sí, yo triunfaré. Pues sus escándalos no pueden rígidos émulos ser de mi sacro Laurel. Yo triunfare, sí, sí, yo triunfaré. Aunque de Júpiter, Soberanas Ninfas bellas, cuyo divino arrebol, bebiendo rayos al Sol, os hace vivas Estrellas; decid, cuando al Templo llego a rendir, para más gloria, las gracias de esta victoria, (antes de entregar al fuego las víctimas que postré) si de Marte la Deidad acepta con su piedad las ofrendas de mi fe? Glorioso Monarca nuestro, cuando de Deidad tan alta piedad a los votos falta, qué la rindes? Y pues muestra yo su agrado, entre festivas glorias, por maslisonjearte, te ofrezco, que acepte Marte tantas ofrendas votivas. No entras? No: pues desde aquí la luz veo a que cegue. Desde aquí mirar podré la ceguedad con que vi. Creusa, el eco suave de tu religioso Coro, haga el culto más sonoro, pidiendo a Marte, que acaben en Lidia el continuo susto, que nuestra Corona altera. Si haré, siendo la primera; que pronuncie, pues es justo? Tutelar Deidad de Licia, de quien su Cerro procura lograr, para más ventura, una gratitud propicia, diga tu voz. Diga tu voz. Guerrero Numen, belico Dios. Guerrero Numen, belico Dios. Si para Licia cesan desde hoy:: Si para Licia cesan desde hoy:: En quietud nueva los sustos? En quietud nueva los sustos? No. Qué es esto? la Deidad propia nos habla desde su asiento, habilitando en el viento los silencios de su copia. Pues todo es nuestro Horizón? te horror, tu acento nos diga quien la esperada fatiga vencera? Belerosonte. De una en otra novedad, vagando el alma infelice, todo es miedos! Que nos dice, Marte, tu voz? Escuchad. Tema Licia, y tema él, el nuevo riesgo en que esta, pues en uno, y otro va el rayo contra el Laurel. Tema Licia, y tema él el nuevo riesgo en que está. Qué he escuchado! Mala peste, p Martecillo, dé tras ti. Pues qué peligro, ay de mí! nos queda que vencer? Este. Huye, Selvagio. Huye, Flora. A la Fuente, a la Ribera. Zagales, huid la Fiera. Que en vano ya el alma ignora el mal prevenido. Digo, vamos limpios, Caballeros, que yo no entiendo de fieros, ni fieras. Hado enemigo, hasta cuando han de durar las flechas de tu rigor? No temas, que mi valor . sabrá morir, o matar. Pues el monstruo vuestro afán causa con iras mortales, al Templo, al Templo, Z Válgame Baco! A mi Pan. Villanos, qué es esto; Esto es, que sin decir alba, la señora tierra da dragóncitos de repuesto. Y uno he visto, que ha de ser:: Y uno he mirado, que ha sido. Mas bestia, que mi marido. Más monstruo, que mi mujer. Si a Belerosonte aquí solo tanto triunfo está destinado, qué haré? Ya Belerófonte está aquí; y pues del monstruo el poder mi brazo ha de domeñar, conmigo ven, no a lidiar, sino a mirarme vencer. Qué es a no lidiar? mi acero verá su furor postrado. Yo os quitaré ese cuidado, sujetándole primero. Friso, ven. Pues anda aspacio. Philónoe, si tu cielo va en mi favor, qué recelo? . Al río, al Templo, al Palacio. Creusa, las Sacras Puertas cierra del Templo, y tú en tanto, que cesa tan nuevo espanto, dél no salgas. Solo abiertas, señor, las verá tu celo. Qué me dices, corazón? Y el Himno en nueva can- repita, obligando al Cielo, (ción Suspende la saña, Deidad de la guerra, y el susto destierra de nuestra Campaña, (mor: pues ves cuan extraña la lástima dice en confuso ru- Clemencia, Deidades, Deidades, favor. Ya que me trujo el acaso ocasión para que pruebe, que aún hay fuego entre esta nie- ve; o si hallar la fiera al paso pudiese:: pero qué veo! una escamada serpiente, que ave, y fiera, indiferente, monstruo horrible, aborto feo es del viento, y de la tierra, cruzando la selva va tan veloz, que apenas da noticia de lo que yerra: pues qué espera (aunque a mí ardor el tiempocubra de nieve) mi brazo, que no se atreve a ir donde:: Qué haces, señor? Tú me lo preguntas? Sí: Pues ese monstruo, que el monte discurre, a Belerosonte solo amaga. Cómo así? Cómo fingida Quimera de mi magia, a mi conjuro la abortó un peñasco duro; y hacer, que Marte dijera, que solo él la vencería, solo es por ponerle a él en peligro tan cruel. Pues si la venganza mía estriba en que él empeñado en vencerle esté, de aquí vamos Orestes; pues vi con cuán fiero ceño airado le amenaza. Tras ti voy, en segura confianza de que hoy logras tu venganza. Qué infeliz, amor, que soy! pues consistiendo obligar a Philonoe en morir, aún no lo sé conseguir; por donde (fiero pesar!) el no esperado portento tras los Zagales iría? pero la mansión umbría correr en su busca intento. . Suspende la planta, detén el orgullo, Campeón heroico, Adalid Augusto, que aunque bastará tu noble denuedo, es bien, que luzca ovido mí in flujo Quién, Cielos, me habla? y quién es tan piadosamente injusto, que con embargarme el brazo, me está dilatando el triunfo? Yo soy, valiente Joven, yo soy, glorioso Alumno, Cupido, a cuya cuenta corren los lauros tuyos. Yo, que a su instable vuelo sigo el ardiente rumbo, Venus soy, cuyo auxilio es desempeño suyo. En tan no visto monstruo, que has de vencer, no dudo, del májico desvelo el lisonjero estudio. Y pues para la empresa facilitar procuro, el Palafren alhado, y el diamantino Escudo. Suspende la planta, detén el orgullo, Piadosas Deidades, como (cuando tal favor desfruto) podré responder ingrato, aún estando tan confuso? Y pues sagrados preceptos, aún más venero, que arguyo, qué me mandáis? Oye. Espera. Ya os atiendo absorto, (río y mudo, Ah del Marítimo Impe- de Tetis; ha del cerúleo Trono, en quien coral, y al) vagarosamente puso, o tanto perfil nevado, o tanto ramo purpúreo; ha del Occeano. Quién llama al Reino de Neptuno? El que trágico concepto de vuestro cristal impuro, quejándose para copo, se animó para vesubio. Y que es lo que ordena de Amor, y de Venus, la voz imperiosa, y el Cetro absoluto? Que desde el cabado Risco, donde a los Gorgonas puso Tetis por su guarda, al margen, salga aquel nevado bruto, que en la sangre de Medusa, congelado aborto, supo ser blanco parto de tanto líquido carmín adusto. Ya su concha rompiendo la espuma del golfo profundo, al Pegaso conduce, rigiendo el vuelo, o el curso. soberanas Deidades, que vuestro precepto pudo, sincopando las distancias, facilitaros los cultos; pronto tenéis del Pagaso el ardiente afán robusto, para que obediente al peso, se deje regir del uso. Este que ves (valiente airoso Joven, a quien auxilio astuto) es, el que domador de su fiereza ha de estrenar el Trono de su orgullo. A vencer la Quimera ese sangriento airado monstruo rudo, ha de volar sobre su espada el aire, hasta lograr el pretendido triunfo. Pues como en él, sin freno que le mande, podrá correr seguro del viénto la Campaña? Para eso hará la Estera, que descienda Mundo. h, , De Minerva el dorado precepto. De Velona el Marcial yelmo Augusto. Del Alcides Tevano la Clava. Del Herrero Bulcano el Escudo. Porque todos juntos al amante Adalid le tributen adornos Marciales, Laureles fecundos. Yo del bruto arrogante la saña domo, dando a furias de nieve castigos de oro. Solo tu puedes, pues se enmienda lo indócil con lo prudente. Yo, poblando de plumas tu frente heroica, hago que la defienda lo que la adorna. Solo en tu yelmo lo galán es esmalte de lo guerrero. o . De mi afecto recibe, para que triunfes, por Escudo ese Espejo, labrado al yunque, Tu fragua ardiente da al Amor los Harpones, y los Laureles. Cuando el Monstruo en tu mano viere mi Clava, menos sentirá el golpe, que la amenaza. Sus iras vence, que ya saben sus puntas postrar Serpientes. Pues ya, Belerosonte, qué aguardas, sube, y volando tu orgullo, la Fiera busque. Pero te advierto, que este riesgo es principio de mayor riesgo. Qué peligro puede haber, B que teniendo yo tan sumo favor de mi parte, pueda acobardarme? Ninguno. Pues tiende, o Cisne, Caballo, del nevado adorno tuyo las blancas alas, y en corso de aquel vivo asombro bruto, que horror de la Licia, pone a sus moradores susto; penetremos los Vorcales Golfos, y en nautico rumbo vete remontando Esquise, para despeñarte huzo. Mientras tú sobre su espalda, del aire el inmenso, puro, diáfano cristal debañas; verás, que contigo subo yo a la Esfera, Y yo a mi helado vago albergue me reduzco. Diciendo, para que alientes con el laurel que te anuncio. Vuela, vuela Cometad pieles. Vuela, vuela Neblí de los brutos. Y tu nieve te arroje por copo. Y tu fuego te exale por humo. Vuela, vuela Cometa de pieles; vuela, vuela Neblí de los brutos.
JORNADA TERCERA
tercera jornada Vándido Monstruo, que del Horizonte riesgo común, salteas la Campaña, y retraido en el verdor del Monte, te indulta la traición, y no la saña; pues va en el Campo está Belerosonte, sal (si ambicioso vives de esta hazaña) del oscuro sagrado de esa Roca, aunque desgarres, al salir, la boca. Sal, que no con ventaja, o con cautela, querer vencerte en mi denuedo cabe, pues si el cándido bruto airado vuela, Centauro eres también de Fiera, y Ave: Si armado vengo a la frondosa tela, armado tú me esperas de esa grave malla, que del copete hasta la garra parece concha, y no es si no pizarra. Mas ya a mi voz, que se movió parece tu ocio cobarde, tu traidor sosiego, pues el Risco,, que fácil se estremece, en voces de humo, da gritos de fuego; mas qué mucho, si en ti su seno ofrece (excediendo las máquinas del Griego) otro mayor volcán, que desentraña el verde Paladión de la Montaña. Enviste, asalta, lidia, pues te espera amante Guerreador, que se asegura, con persuadir los ceños de una fiera, domeñar el desdén de una her mosura; O! qué en vano tu cólera; Quimera! desconfiar mi vanidad procura, de que ha de sujetar tu furia brava el dentado precepto de esta Clava. Dígalo el ver (por más que en nuevosusto brincando el aire, brames, y horrorices) que desangrada del carmín adusto, manchas al Campo dés, y no matices; gime, pues, otra vez, si el brazo augusto es quien causó tus ansias infelices; mas no, no gimas, si el pesar me dejas, de saber yo, que aún vives, pues te quejas; y pues a mi fuerza ya rendiste la siempre altiva saña feroz, de mi planta antes que de mi cuchilla conoce el Imperio. Ahora, que ha hecho ya la mortecina Doña Sierpe, mi Señora::: Ahora, que está hecho una criba Don Monstruo, mi Señor: Vaya un pásito de gallina. Haya lo de a Toro muerto gran lanzada. Aún en su misma sangre nadando, un vesubio en cada aliento respira. Señ Qué ay, Friso? Hacia donde está la fiera maldita, Quimerilla de no nada, y Monstruo de tres en libra? Para qué quieres saberlo? Para hacerla más astillas que: pero no digo nada, que ya la he visto, y me brinca el acer Fuera, digo; que esta es bestia campesina, y me toca a mí el matarla. Necios, no vuestra manía dilate el que de este acero el filo agudo divida la monstruosa testa; y pues consagrarla solicita mi fe a Marte, en cuyo Templo hay otra fiera divina, (bien que aún es más imposible el ser su beldad vencida) toma Escudo, y Clava; y tú, a . volante Calupa viva, (pues ya me dejas en tierra) en segundo corso vira, y a descansar del viaje, en la floreciente cima del Parnaso, a su sagrada vi partida cumbre arriba. Qué va, señor, que desde hoy le llama la Poesía Belerosonte al Pegaso? Pues hacia el Templo camina mi amor, para consagrar esa fiereza votiva, a él llevad entre los dos la cerviz, que dividida mi brazo dejó. Usted vea:: Si yo, señor:: Id aprisa, que le importa a mi fineza: sacras Deidades propicias, que a favor de mis deseos coronáis mis osadías, si de mí fe la constante, leal fineza os obliga, haced que de Pilonoe (para premiar mis fatigas) un no desdén me consuele: ay amor, qué poco fías de tu mérito, pues solo con un no desdén ánimas? . Seó Gilote, sepa usted, que todas las fanfurriñas fueron miedo. A mí de verla se me revuelven las tripas; mas qué hemos de hacer? Buscar por toda aquesta campiña quien tenga hecho el buche ha feas. Has dicho bien: grita. Grita. Hola, han. Hola, han. Cómba allá? Vive Cristo, que es Menguilla; ha mujer? Cay? pero ay Dios, que alimaña, o sabandija es esta? No tengas miedo, que ahí es una niñería. Ira del Sol, qué bestiaza? detres especies distintas está compuesta. Ara veamos, pues eres discreta, hija, quien la ha de llevar al Templo, Si me escucháis una pizca, daré una industria, con que los tres la llevemos. Dila. A esa señora cabeza hemos de echar una cinta muy bien atada; y después de tenerla bien prendida, tirar de ella, y arrastrando, irá como en una silla. Bien; pero falta saber quien ha de echar, al asirla, ese cascabel al gato. Ay tan gran bellaquería! yo; pues que Dama no gusta de unas cuantas quimerillas al cabo del año? Oyes, la agarraste? Sí. Pues tira. Ea, Rey, meter el hombro, y andar con ella. Aforquiña. Se rebulle? No. Pues canta; haciendo la agachadiza. Cabecita de Dueña, fondo en Tarasca. Anda. Anda. Anda. Anda; pues al fin te pasean cuando te arrastran; anda, anda, anda. Ay, que viene tras nosotros. Pues no quieres que te siga, tirando de ella? Villanos, sabréis decir a mis irás donde la Fiera se esconde, que, o verdadera, o fingida abortó el Monte? Señor, ya de ella se hizo josticia, por señas que va arrastrada. Quién consiguió la alta dicha de su triunfo, adelantando su osadía a mi osadía? Mi amo Don Belerosonte, mata Quimeras, un quidam, que es Príncipe de Corinto. Déjame alentar, envidia! Y pues hacia el Templo vamos con ella, deje que digan:: Quimerilla celosa de Daifo, y Daifa. Anda. Anda. Anda, Anda; y pues corres, no pares en bofetadas; anda, anda, anda. Ya que es tiempo, o tú, indignada, cruel, rebelde, estrella impía, de que entre contigo en cuentas, no me dirás, qué ojeriza contrajiste en el infausto oróscopo de mi vida, que en vez deguiarme afable, me deslumbras, enemiga? tiene para tus favores mas altas prerrogativas Belerofonte? al nombrarle de la celosa, encendida, azul hoguera del pecho es cada aliento una chispa! Pues, fortuna, cuando habrá para vencer la divina saña, con que Pilonoe amables arpones vibra, un favor para mí? Ahora. Quién en la esfera vacía del aire, oráculo fausto, dulces cadencias anima? . El Dios de los rayos, a cuyos ensayos la Esfera caduca, y la tierra delira; bien que hoy sin los truenos, despliega serenos los rojos incendios, templando su ira; el Dios de los rayos, Sacro Júpiter, quien mueve tu piedad, para que asistas a un infeliz? Mi venganza; pues todo su logro estriba en perder Belerosonte el noble premio a que aspira: Y pues yo el disimulado Jardinero fui, a quien fía del hilonoe el desprecio, esta esperauza florida, toma el ramo, y al dichoso, . que sus favores conquista, mátale a celos, pues es la más penetrante herida. Si haré, y aún puede ser jove::: pero el efecto lo diga antes que yo, porque vean, que contra suerte, que humilla si una Quimera en el Monte, muchas cóleras en Licia, basta un Noble, si con celos solo por vengarlos lidia. Vete, pues. Cuando del Templo baje, encontrará su ruina; y tú, prenda, que por ser de aquella hermosa enemiga, violenta conmigo vienes, disimula el que la irrita mi amor, que yo me contento con creerlo, aunque lo finjas. Ya que a nuevo peligros le conduce mi saña poderosa; pues una ira celosa mal se sujeta, o tarde se reduce: Si dirá el amor, que su alto favor los triunfos le da? No dirá, no dirá; y que ha de vencer un mortal poder, un ceño inmortal? No dirá. , . Si dirá. Si dirá el amor, que su alto favor los triunfos le da. Si dirá? Si dirá? Aún porfías, Cupido, en que a pesar de envidias tu Ribal se corone de la fausta Guirnalda de sus dichas? Si Amor todo lo vence, así harás, que no sirva tu continuada saña, mas que de hacer más grande su conquista. Qué en balde lo persuades! Por más que lo resistas, suyo es el lauro. Calla, y ya que lo ejecutes, no lo digas. Distinta senda toma. Fuerza es ser tan distinta, como lo es entre ambos, mi fuerza airada, y tu piedad propicia. Vete, pues, a llorar tu desaire, pues yo voy a cantar mi blasón. Ya me voy. Vete, pues. Ya me voy. Que yo haré que de amor la esperanza pase presto a ser dicha de amor. Ya me voy. Vete, pues. Ya me voy. Mil veces enhorabuena te vuelva mi afecto a ver, padre, y señor. Ya vencer puedes la impensada pena, en que nos puso el amago, de monstruo tan desmedido, pues tan gran valor ha habido, que nos libró del estrago; ya la Quimera murió. Qué dices, señor? Que ya vencida la firera está. Pues quién tanto pudo? Yo; que solo mi ardor pudiera ver como el brazo a segura el culto de una hermosura en la ruina de una fiera: y pues toda la campaña libre está de su furor, dadme las plantas, señor. Solo tan no vista hazaña, como la que sin igual excede a toda proeza, fue digna de Vuestra Alteza. Pues también en logro igual soy la interesada yo; recibid el parabién. Mirad, Señora, (ay mi bien!) que no ha merecido, no, tan soberano interes, tan no aventurada lid. De todas le recibid, pues logro de todas es. Mal sé toda mi atención apartar de su hermosura. Qué me dices, conjetura? Qué me anuncias, corazón? . Pero que en su auxilio es llano, alta Deidad permanece. Mas quién duda que merece de Philonoe la mano. Como Átamas no consiga . lisonjear a la que quiere, sea el triunfo de quien fuere, Pues se trocó la fatiga en gozo, y volver me importe, (sincopando espacio a espacio, al Solio de mi Palacio, en la quietud de mi Corte; prevenid (porque el camino aumente nuestra alegría) Venatoria, y Cetreria; y tú del Templo Divino, Sacerdotisa Sagrada, en paz queda. A nuestro anhelo, tu vida prospere el Cielo. Creusa, adiós. Si postrada merezco tanto favor; la mano os logre besar. Pues como sin consagran los triunfos de mi valor a la Deidad que venero, que quiere ausentarse muestra la atenta fineza vuestra? y pues la rindió mi acero, que es preciso que arda, mira, (supliendo el amor la hoguera) la testa de la Quimera en la llama de la Pira. Dices bien, eso es preciso, y más cuando supo darte tan plausible laurel Marte. Pues detén la planta, Friso? Fuera de atrás, porque si algunotropieza, y juega a pies con cabeza, morirá sin más, ni más, que es la sangre venenosa. Qué monstruosidad! Qué espanto! No lo dije yo por tanto. O iga la señora hermosa el dengue con que la mira! pues por cierto, que con ella vengo, y me tengo por bella, aunque digan que es mentira. Qué aguardas? el nuevo don sacrifica a la Deidad. a Amor, sepa su impiedad . cuanto debe a mi pasión. Ídolo, a cuyos Altares han sido, por no propicios, reverentes sacrificios, disimulados pesares; aunque te ofenda mi intento supla tu hermoso desvío (siquiera por ser el mío disculpable atrevimiento) la ofrenda que te consagro; bien que es ocioso contemplo; que vaya el milagro al Témolo, siendo el Templo más milagro. Príncipe, qué hacéis? Mirad, que no a Pilónoe, a Marte tan nuevo don se reparte. Pues tengo yo más Deidad (perdone otra adoración) que la luz que está presente? Declarose de repente. Qué osadía! Ved, que son culpables vuestros antojos, que a esa Ara llegan discretos, aún con miedo los respetos, mirad, que harán los arrojos. Bien en declararse hizo. . Si yo:: No me digáis nada: vamos, hija. Aunque indignada tu cólera satisfizo ya el error, deja que yo desenoje a Marte, pues suyo el holocausto es. Cómo? Así: Marte, a quien no ofender en gloria tanta, debe mi afecto, recibe la ofrenda, que te apercibe su fe; y pues:: Detén la planta. Qué miro! A tanto portento turbada animo! Qué encanto! Aí va eso, Con el espanto se ha entorpecido el aliento. Como desvanecida, jactanciosa beldad, creyó tú en gaño; como osado Garzón, para tú daño, juzgar tu ceguedad, pudo atre- vida, que entre una, y otra ofensa re- petida, ni de otro ser pudiera tan alto culto; y caso, que lo fue, ra, pudiera permitir yo, que se argua ya, que fuese mía, ofrenda que fue tuya? salid todos del Templo; y porquí vea vuestro error, cuan aprisa el Cielo emplea su furor enemigo, en el latigo justo del castigo: Truene la Esfera, gimiendo severa la tierra, que altera los quietos sosiegos del mar, del Sol; y a oscuros ensayos de ardientes desmayos, empañen los rayos el vago cristal, y el ardiente farol. , s El Templo se viene abajo. onde irá mi admiración, que no halle otra confusión? Echemos por el atajo, señor, y salgamos fuera, antes que a nuestro cogote limpie la roña un cáscote. A nuestra apartada Esfera, venid Ninfas. A la Quinta nos retiremos, en tanto que pasa tan nuevo espanto. Ven, Friso. Toma si pinta, Menga, la borrasca bien, pues dando truenos a pares, no hay en la baraja azares. Estrella, todo desdén, has de ser en mis desvelos? Adónde irá mi fatiga? o fortuna! que no diga:: Piedad, Dioses. Favor, Cielos. Truene la Esfera, digo, que bien así de Júpiter obligo la saña vengativa; y ya que viva, amor, con sustos viva, sin que deje mi Coro de halagar melancólico, y sonoro mientras allí sus tristes descon- suelos dicen: Dioses, piedad: Clemencia, Cielos, pues cuando estaba esperando, que descendiese del Templo Belerósonte, impensado uracán, parto del viento, estremeciendo los riscos, altera los elementos; por donde iré, que de oscuro el aire, le pone al miedo invisibles grillos? Amo, aspácito, y pisar huevos. que esto va de mala. Calla, y sígueme, que aún espero triunsar del hado. Recoge todo el ganado, Fileno. Difícil será; pues ya ahuyentado de los truenos vaga confuso. A la Quinta. A la cabaña. Me huelgo. Oculta Deidad, que auxi- lías mis amantes pensamientos, dónde estás? Dónde consigue, que de su voz al imperio, respiren las luces. Respiren las luces. Fallezcan los sustos. Fallezcan los sustos. Y callen los truenos. Y callen los truenos. Friso, no ves como el aire, iluminado al reflejo de aquel Iris, le da al día nueva vida? Ya lo veo; por señas, que una abispada Ninfilla, que viene dentro, se te encara. Cada paso es un prodigio. Escuchemos. Glorioso Príncipe, a quien solo han servido los riesgos de crecer con intentarlos la vanidad de vencerlos; ya mi soberano influjo te asiste, y ya a mi precepto, porque aún no pueda este caso embarazar tu cortejo. Respiran las luces, sallecen los sustos, y callan los truenos. Y pues el último paso es este para tu premio, a sin de que tu Corona labre tu merecimiento: A conseguir, a lograr sp ir fabricando el favor; pues para que llegue a ser más placer, todo lo vence el Amor. A conseguir, Hermosa Venus, perdona, si acobardado el acento, no acierta a darte las gracias; mas dime como:::: Monteros, seguid la Garza, que al Sol quiere llegar con el vuelo. Pues mal defendido, corre riesgo aquel Neblí, otro Alete soltad que le agude. otra novedad? Qué es esto? Esto es, que habiendo el uracán cesado, bajan del Templo Philónoe, y Ariobates, haciendo el cansancio menos del camino, con que en él los divierta el Noble, el Regio afán de la Cetreria. Pues ya ves, prodigio bello, cuanto le importa a mi pena ir buscando su consuelo, dame licencia de que::: No prosigas, que antes quiero dejarte yo. Tú me dejas? Si;; pues quizá es este el n dio de tu dicha, pues ya has visto, que de mi voz al precepto. , . Respiran las fallecen los sustos, y callán los truenos. Ven, Friso. Por este lado me escapo yo, Caballero. Dónde vas? A no ir contigo; que no quiero que por yerro, buscándote a ti el peligro, dé conmigo. No se hicieron peligros tan generosos para ti. Pues se habrán hecho otros de menor estofa; adiós. En Palacio espero. Eso ha de decir la pinta de un oculto galanteo, que tengo entre manos. Cuanto se le hace tarde al deseo en ir buscando su norte! Feliz soy, pues os en- cuentro. Si lo que habéis de man- darme, permite buscarnos luego, perdonad, que voy de prisa: No creí, que vuestro denuedo buscase al peligro excusas. Aunque sé, que no le tengo con vos, decid; que una cosa es ignorar el empeño, y otra dilatarle. Ya sabéis cuan sino venero (no me atrevo a decir que amo!) p a Philonoe; y que habiendo pleiteado sobre una prenda en su jardín:: Hado adverso, qué me quieres? Nos dejó pendientes un Jardinero, Deidad, sin duda, que al aire se retrajo. Ya me acuerdo. Pues para ver si quien vence batallas, lidia portentos, y rinde Monstruos, consigue vencerme a mi cuerpo a cuerpo, le traigo aquí; ved si es él. Bien claro nos dice él mismo (no habiéndose marchitado) que hizo su verdor eterno el contacto de la Infanta. Pues a un riscole encomiendo, matándome a mí, podéis cobrarle de él. Los aceros obren callando. A Y callando obrará también mi imperio. Dichoso es, pues dura tanto su vida. Valedme, Cielos! De Pilónoe el caballo se desbocó, acudid presto a su socorro. Qué escucho? Qué lástima! Qué es aquello, villanos? Que va un caballo despeñando, cuando menos, a la Principesa. No, que son manzanas. Andemos, mujer. Si tú no apaciguas a la bestia, no hay remedio. Ya veis cuanto ese motivo embaraza nuestro duelo por ahora, pues es preciso el ir en su seguimiento. Decís bien, yo os buscaré mas de espacio. Yo lo creo de vuestro garbo; mas donde está el ramillete? Eso a vos os lo preguntad. Sin duda aquellos groseros, rústicos Villanos, son los que le llevan; mas luego acudiré a recobrarle. Id con Dios. Guardeos el Cielo. Araja, ataja. No hay quien me socorra? Sí, que tengo mi vida en ti; y si falleces, son dos vidas las que pierdo. . Adónde, estrella enemiga, de un despeño a otro despeño voy a parar? A mis brazos. Ay infeliz! que aunque en ellos la ruina evito, no el susto con que estremecido el pecho, mas no pudo hablar; ay triste! pues, sí, yo:: Desecha el miedo. Ay de mí! Dichoso Joven, que a su socorro primero llegar conseguiste, quita, y aunque con el sentimiento de mirarla sin sentido, sea yo Atlante pequeño a tanta Esfera. Qué aguardas? llega, que si por ti he hecho la fineza, es bien alegues la fortuna para el premio. Infelice dueño mío, en quien el desmayo ha puesto poco aliento para vivo, mucho influjo para muerto; perdona, si es que atrevido::: Allí la he visto. Lleguemos a ver si aún vive. Ay de mí, que con dos sustos encuentro! Belerosonte? Señor, llega a ver como, aunque a pre- cio del susto de su desmayo, aún da esperanza su aliento. Amiga? Señora? Hija? Qué es, Cielos, lo que estoy viendo? Lo que has de decir, pues ya llegó el tiempo de saberlo. Príncipe, de vuestros bra- zo5 bien es que pase a los nuestros su fatiga. Aguarda, espera, que antes que se aparte de ellos, es bien que sepa Ariobates el soberano decreto del hado. Qué es esto, Orestes? Esto es, que inflamado el genio, mas que de espíritu impuro de soberano precepto, quiere alta Deidad por mí manifestar, como el Cielo a Belerosonte guarda con su hermosura tu Cetro. Bien el vencer con tan pocas armas, de Ariclea el ceño lo dijo; como también los repetidos empeños en que le puso mi astucia, y le libro su denuedo. Y en fin, sabe, que en su abono supuestas calumnias fueron de Estenove la malicia, y la acusación de Preto; yo lo aseguro, y bien sabes cuan pocas veces mintieron mis avisos; con que en fe (después de lo que refiero) de que contra las Estrellas no hay resistencia, y le vemos, como acreedor de la dicha, en la posesión del premio; muda de intento, y repara, que cuando en casos como estos todo lo vence el Amor, todo lo mejora el tiempo. Oye, espera. Qué he escuchado? Ay infelice! Ya ha vuelto. Hija, Pilonoe. Adonde, injustos hados severos, estoy Dónde yo te he dado la poca vida que tengo. Gracias a la suerte, pues va poco a poco volviendo el nácar a tus mejillas. Vamos a Palacio presto a cuidar de su reparo. A quién la fortuna debo de mi socorro? Aunque yo fui, señora, el instrumento, no fui yo el móvil. Oh cuanto que hayas tú sido agradezco. Desenojar es preciso ya a Ariclea. De suspenso, entre susto, y confianza, apenas a hablar acierto. Vamos, hija; en fin, Sagradas Deidades, está resuelto, que Beleresonte haya de ser el dichoso dueño. de Pilónoe, pues vamos, a facilitar los medios. Las carrozas. Oh fortuna, cuántos favores te debo! Vencimos, arpones, vencimos, cuidados, de impulsos osados las contradicciones; pues ya que vencimos, los que eran contrarios, hagamos amigos, Júpiter? , . Qué solicitas? Marte? , . Qué es, Amor, tu intento? Que pues ya sabéis (bien como altas Deidades) el nuevo designio con que Ariobates quiere premiar un afecto, los tres::: Calla. No prosigas. Qué reparando::: Que viendo::: Cuán poderoso es tu Areo. Cuán absoluto es tu Imperio. El primer ceño vencido. El primer rigor depuesto, Concurrira mi alborozo. a celebrar tu troseo. Pues venid, para que todos, a sus bodas asistiendo, coronemos de laureles. las antorchas de Himeneo. Al logro: Al triunfo:: Al favor:: De la más nueva ría Y suerte. Y fama. p Canten, que, para más gloria, todo lo vence el Amor. Al logro, altriunfo, al favor de la más nueva victoria. No he de escucharos. Señora, ved, que un lícito cortejo, en que me empeñó un acaso, (no, estando. aquí vos) no es yerro tan sin disculpa:; Advertid, que al suntuoso Salón Regio de las Estatuas convoca (mudando quizá de intento) su Corte Arióbates; y que no es razón, que faltemos de su lado. Para ir- confiado, si no contento, esto conviene, perdida . Philonoe) saber quiero a qué Esfera en vuestras iras se elevan mis rendimientos? No isé; los Cielos os guar- den. Hay más penas! Caballero. sabrá usted si acaso a un amo (que por mi desgracia tengo) se ha llevado por el aire algún diablo Calesero que Alquilador de conjuros, da cebada en los infiernos? Para responder a locos. estoy yo. Bueno va esto! mas pues al fin:: Plaza, plaza. Cómo qué, plato tenemos de novedad? Pues allá, ya que me escurro, me cue lo. Ilustre Corte de Licia, vasallos, amigos, deudos, en quien a glorias se exceden lealtades, y parentescos; ya llegó el dichoso día en que unido el lazo estrecho de Himeneo, con mi hija Philonce, daros quiero sue succesor, en que afiance los blasones de mi imperio; este es, pues, Belerofonte, hijo de Glauco, Supremo Rey de Corinto, y en quien (después de los cognomentos de aplaudido, liberal, prudente, justo, y guerrero) concurre el haber tenido en su favor todo el Cielo; y pues en pocas palabras explique mucho concepto, qué decís? Siendo en nosotros ley, Gran Señor, el precepto, que Belerosonte viva. Qué es lo que he escuchado, afecto! Qué es lo que he oído, fortuna! Lo que agradecen mis celos. Ya que a la vista el Sarao esta, que quedó dispuesto, pasad a vuestro lugar. Aguarda, que antes preten- do, que recobrando esa prenda, aún te falte aquel recelo. Solo tú, sagrada llama del más soberano incendio, pudieras darme igual dicha. Y yo solo, siendo Anteros, que es amor correspondido, pudiera hacer, que Himeneo, nupcial numen, esta vez me dediese tea, y velo. Porque Júpiter vencido; más gustoso, que violento, le subministre los rayos. Temis, luz para el gubier- no. Bulcano, armas con que venza. Velona, heroico ardimiento Tetis, dominio en los Ma- res. Ceres, frutos para el Reino. Pues todos ellos participan aplausos de sus aciertos. Absorto estoy! Yo confuso! Oh cuanto de ser me alegro yo causa de igual ventura. . A qué añadirás, que siendo yo, quien parcial de Cupido, le facilitó el trofeo, amantes glorias le anuncio. Marte, bélicos trofeos. Apolo, influjos, que cuenten a victorias los reflejos. Hércules, marciales timbres. Saturno, imperio en los tiempos. Mercurio, mando en las Artes. Y coronando sus hechos. Minerva, una paz, que sea interés del Universo. Pues todos ellos, lo que deben en triunfos. pagan en feudos. Apenas, de alborozado. a tocar, señora, acierto vuestra mano. Mi alegría se retrae a mi silencio. Vuestra Alteza, ya en albricias. tiene libertad. Me huelgo de saberlo. Con la eterna alianza, que prometo, tanto favor satisfago. Yo, señora, si merezco:: Vuestro soy. Yo vuestro esclavo. Pues ya que ufano, y con tento tantas venturas consigo, (en tanto que las celebro con más condignos aplausos) los músicos instrumentos den principio al festín. Ea, Señores Dioses Caseros, pie a tierra, y este Sarao (ya que vino de Peteo) nos ahorre un fin de fiesta. 12. Quién puede a tanto cor- tejo excusarse? De la Salva diga primero el obsequio. , . Al logro, al triun- fo, al favor de la más nueva victoria; de suerte, fama, y valor, canten, que, para más gloria, todo lo vence el Amor. que
