Texto digital de El tirano de sí propio
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- Atribución tradicional
- Gabriel Blanco Álvarez
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- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Josef Antonio de Hermosilla, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El tirano de sí propio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tirano-de-si-propio-el.

EL TIRANO DE SÍ PROPIO
JORNADA PRIMERA
y viba la Infanta de Chipre, V Muera el Príncipe Riselo. Paisanos, deudos, y amigos, si al nombre atentos de deudos, para templar vuestras iras, le dais lugar en el pecho, deponed las armas ya; que no es bien que tanto Pueblo, monstruo de muchas cabezas, se pase de extremo a extremo. Por muerte de Segismundo, mi Padre, heredó este Reino o puesto a vuestro dictamen, mi hermano mayor Riselo. Ciñose la Real Corona, empuñó el augusto Cetro, labrando él propio su ruina en su mal visto gobierno; que como puede mandar, con prudencia, y con acierto a muchos, el que no supo ni aún gobernarse a sí mismo? Ya sabéis, que varias veces en público, y en secreto con lágrimas os previno mi Paere aquestos sucesos; porque como conocía el natural tan travieso del Príncipe, prevenía los acasos venideros. También sabéis, que mirando en todo al sosiego vuestro, varios modos intentó, para quitarle el derecho de la Corona, y a mí llamarme en su testamento. Heredó, en fin, de mi Padre, el ser Rey, mas no el ser recto; que aunque los dos una sangre tenían, no fue aún bosquejo, que solo es del Padre un hijo. parecido en los extremos. Gobernó algún tiempo en fin con paz, quietud, y sosiego los Vasallos; pero como todo el infeliz progreso de su infancia, fue entregado a fiestas, y pasatiempos (sin atender a que un Rey debe dar gracias al Cielo de que le haya dado norma para guiar sus aciertos) trocó la primera causa en los trágicos sucesos, que todo el mundo ha sabido, y hoy llora todo este Reino; que Monarca, que no atiende mas de a su propio provecho sin atender al común, ello por si está diciendo, que no puede ser buen Rey, cuando es el primer intento del Rey, atender a todos, olvidándose a sí mismo; pues Vasallos fin Rey hubo, y Rey no ha habido sin ellos. Llegó a tanto su crueldad, que piadoso amaneciendo, anocheció en la impiedad, de manso pasó a soberbio, de recto se pasó a injusto, de benevolo a sangriento, de amado a aborrecido, de apacible a sermolesto, de familiar se hizo extraño, de Padre hijo depuesto, de Rey querido de todos a abominación del pueblo; que el Príncipe que a los vicios rinde todos sus desvelos, dará el acierto a su gusto, pero no gusto al acierto. Levántose el Reino en Bandos, aunque suspenso algún tiempo. estuvo, por si hemendaba aquel natural perverso; pero como en él el vicio tenía ya curso hecho. de naturaleza, solo la gustaba lo sangriento. irritose, en fin, la plebe, y viendo con el remedio se viciaba más la llaga, atropellando, el respecto de su Real persona, en arma, desde el noble hasta el plebeyo me aclamasteis por Princesa de Chipre; que os agradezco tanto favor: más ahora yo propia he de ser tercero por mi hermano: puede ser, que a vista de tanto riesgo vuelva el hitural, y sea piadoso, clemente, recto, afable, benigno, justo, prudente, sagaz, entero, de su Reino cuidadoso, de sus Vasallos afecto, en el gobierno más sabio, en daros gusto más cuerdo, yo a este beneficio atenta y él a favor tanto atento. Y cuando emienda no tenga en su natural, prometo ser yo la primera que contra él empuñe el acero. Concededme esta fineza, vuelva a su Trono Riselo; que no es bien que cuando aguardo, publicados los torneos, de Tracia al Príncipe, halle tan grande desasosiego. Mirad, que yo os lo suplico, y que aunque míos los ecos, Segismundo es el que os habla, mas que aún mío Padre vuestro. Todos tu gusto seguimos, Pues repitan los accentos. Viva la Infanta de Chipre viva el Príncipe Riselo. El Príncipe de Tracia en este punto llega, y vuestra gracia para hablaros espera. Dile que entre: ved ahora si era justo que tanto huéspedos hallara en arma, y que injuriado se tornara. Dejad a mi cuidado lo que queda del Príncipe ordenado, que yo haré diligencia. de que otro le veáis en su asistencia. Guarde el Cielo immortal grandeza tanta. El mismo os guarde en paz. . Viva la Infat Por colmo a dichas tantas Ca conceda vuestra Alteza, que a sus plantas mis labios juramenten homenaje. Vuestra Alteza gran Príncipe no ultraje Majestad tanta, cuando en justos lazos es corto pabelión el de mis brazos; que cuando no atendiera a lo que os debo, a nueva deuda me obligáis de nuevo. Favores tan supremos os estimo. Vuestro el mérito es. . Ver a mi Prinio con anhelo deseo. Quién vio pesar mayor! Príncipe creo; pero finjo pretexto, no sepa, que está el Príncipe depuesto. Tiempo después habrá, que ahora imagino el descanso es más propio del camino; que si el Príncipe sabe habéis llegado, las fiestas, que ha ordenado, querrá luego empezar, y no conviene cansar de nuevo al que cansado viene, Para mí será el gusto. . Aqueso fuera cuando el tiempo lugar no permitiera: mas pues venís de espacio, entrad a descansar. Celín, a Palacio al Conde llamarás. . Bien el enredo ha fingido la Infantas voy, Señora. La brevedad le encarga. . Vendrá ahora. De esta suerte, aunque a costa del desvelo, . haré que luego busquen a Riselo, que ha de dara Fabricio pena grave si la injuria del Pueblo acaso sabe. Arma, arma, guerra, guerra. Cierto es ya mi pesar, Cielos! Soldados la tierra toda destruid a sangre, y fuego. Pero qué confusas voces, y marciales instrumentos el aire pueblan? . No sé. Sea el estrago sangriento de mis iras su sepulcro. Sin mí a tus Reales pies llego; pues de mí mismo me olvida la desgracia, que estoy viendo. Cónde, qué alboroto es ese? Señora, improviso veo el campo todo poblado de Ejército tan guerrero, que no cabe en el guarismo su número. . Y a qué efecto a Chipre viene? . No sé. Quién los conduce? . Riselo. Ríselo, Conde? . Según un Soldado ha dicho, es cierto. Ríselo contra su patria? Persuadirme a tal no puedo, Sí, Príncipe, verdad es, que hay notivo de que luego os intormare de espacio, asegurado este riergo. Fues voy con vuestra licencia a averiguar el intento de esta guerra, y quien la da. Tened, Príncipe, no quiero antepongáis a la vida conveniencias de mi Reino. No hay peligro. . Puede ser. Nada en defenderos temo. Conde, qué remedio habrá en tanto pesar? . El medio, a mi ver, solo es que vuelva el Príncipe al ser primero. Ese medio, Conde, ya está prevenido, y tengo él sí de toda la plebe. Pues ponerlo por efecto por Embajador. . Pues id, como Válido, y hacedlo. Obedeciendo os respondo. Y advertid, que el buen suceso consiste en la diligencia. Seré rayo horror del viento. . Celia, de penas el alma es confuso Mongibelo, Que cuando el de Tracia viene tan gustoso, y tan contento a ver a mi hermano, halle todo el Reino tan inquieto! Eso, señora, os da pena? No fuera peor que muerto le hallara? . Ay Celia, juzgo que fuera mi dolor menos, que eso era en fin natural, y sobre natural esto. Huye, cobarde, mi enojo. Aleve, teme mi furia. Huye, traidor. . Soy immóbil. Pues aguarda. . No rehusa mi valor: huye cobarde. Cielos, las penas se adunan contra mí. Mi hermano, Celia, airado la espada empuña con el Príncipe: no es él? A él me parece. . Procura conocer bien si es mi hermano. Qué de mi rigor no huya! Que mi valor no le asombre! Príncipe, tu Alteza Augusta de esta suerte? . No os admire, que fiado a la ventura del mar presuroso venga por lograr tanta fortuna. Valiente, Príncipe, sois. Tal vez no habéis visto ocultas del Sol las flamantes luces, y que esto no obstante alumbran, sin que la casualidad la primer causa confunda? Así vos Sol en quien lucen con luz más brillante, y pura los reflenos del valor, aunque disfraces la usurpan su lucir, era preciso como a todo el Orbe ilustran iluminasen mi pecho. Príncipes. . Señora? . Sunma pena me dio, cuando vi, cuan irritada, y sañuda vuestra ira cuerpo a cuerpo, cuando enviste, cuando lucha, sin conoceros. . Apenas entre tinieblas oscuras de ignorancia, el primer paso di en la muralla, confusa la vista, cuando su Alteza rayo, que aborto deslumbra, se me opuso, resistile, los dos con fuerza tan mucha, que pareció, que el empeño en los dos solos se funda. Que me abraso, que me quemo! Piedad, Dioses. . Pero acuda a este ahogo mi valor. Esto es sin duda, que usan los Soldados de mi orden: venid donde esté segura tu vida, Infanta, que hoy ha de ser mísera tumba la Ciudad de esos traidores. Mirad, señor, con cordura. lo que intentáis, antes que la ceguedad os confunda: porque aunque el Reino asoléia en vos el daño redanda; pues vos solo perdéis más. que toda la gente junta. Luego es error pueda más la cólera, que os usurpa el uso de la razón, que del juicio la luz pura. Mirad, que así os graviáis, y que el Príncipe, que usa de rigor con los Vasallos, mas que se venga se injuria. Dejad, señor, ese intento, y si no, en vano procuras mi vida asegurar, si las de todos no aseguras. Es imposible. . También lo será en mí, si no buscas modo de librarlos. . Tú en mi contra te conjuras! Sí, Príncipe, que no puedo negar, que fue acción muy justa la de la plebe: . Por eso hoy he de vengar la injuria, Pues si vengarla resuelves, busca modos, traza industrias para librarte de mí; porque por vida de Augusta mi Madre, que contra ti seré del Infierno furia. En paz te queda. . Id en paz. Teme:: . Qué? . A la fortuna. No encuentre yo en sus rigores piedad en acción alguna. Eres mujer. . Agraviada, áspid, que ponzoña escupa. Aquesta osadía sola corona todas mis dichas: no vi mujer más hermosa, no fue de ella asomo Cinihía. Señora? Muerta está, Cielos! Ay de mí! . No, que respira. Cuánto un mal discurso yerra! Con cuanto afecto te mira el alma! . Mas quién piadoso por asegurar mi vida, se arrojo a tanto peligro? Quién con el alma rendida. de tu belleza en las aras de nuevo se secrifica para que: . Príncipe. . Dueño De qué, señor? . De vos misma. Mal lo advertís. . De qué suerte? De esta si os debo la vida no seré yo el dueño. Miren si el oífato me mentía: para guarda Damas mi amo era cosa peremin Qué hay Prón? . Qué ha de haber? nada de bueno: as, y desdichas a montones. . Ceso el fuego? Cómo es cesar? parecía que el Diablo le ion soplando, según por pustos crecia. Todo se abrasso? . Y lo más que ahora me matigriza, unas gallinas, que vi de constantes derretidas. Y la Infanta? . Yo no sé donde está, solo vi que iba colérica. . Dónde? . Al rollo; que tiene en él piedrecita. Es varonil. . E insufrible si tigeretas porfía. Soldados a sangre, y fuego entrad la Ciudad. . Desdicha semejante quién vio nunca! Quede segura tu vida, Reremunda, y mueran cuantos en tanto riesgo peligran. Y la Infanta? . Ahora mi esfuerzo irá a lograr esa dicha. Eso es lo que el alma siente; que es la Infanta en fin mi Prima, vos Príncipe, y yo vasalla. Amor, que los pechos guía no atiende a los intereses, si no al gusto, que le inclina. Pero en Ein: . Él no dejarla al riesgo es deuda precisa. Mirad: . Qué? . Que os dije ya que a vos el vivir debía. Socorro, Cielos. . Piedad. Ninguno el paso le impida a la infanta. Vuestra Alteza Señora, con toda prisa. deje la Ciudad, sino quiere ser mísera ruina del enejo de Riselo. Qué respondió? . Que en ceniza; había de dar al mundo. del estrago las noticias. Eso responde? . Y aún antes de apartarme de su vista, órdenes dio a los Soldados, que usan de ellas como miras. Lástima es ver la Ciudad. Piedad, Deidades Divinas. Mas lastiman estas voces. Discurrid que medio elija para contra este tirano. El que discurro es que escriba vuestra Alteza al gran Camilo de Rodas, pidiendo asista al socorro con su gente; que según la antipatia, que con el Príncipe tiene, no imagino lo resista. Pues prevenid vos las postas; porque luego que yo escriba, para Rodas os partáis. La obediencia en mi es precisa: y mientras, veré si puedo hacer, que el fuego se impida. Decid a qué venís? . La Infanta quiero. Equivoco no habléis, que si grosero atropelláis villano su decoro, por el Cielo, que adoro: Vuesasced no se muestre temerario, que soy Embajador extraordinario. Eso pudo tan solo reportarme. Pues si de moscas me hincho, ha de soñarme. Dónde la Infanta esta? . Estará ocupada. Decilda como traigo una embajada. Embajador sois vos? . En casos tales. pueden dar embajadas animales. Pudieras de político graduarte. Solo curso políticas de Marte. Si aquesta temerona no le ataja de carrera me voy a la baraja. Pues decidle a Ríselo, que mañana los dos pondremos fin a la campaña. Cogiome: a lo que vengo, ni es a eso, ni tal licencia tengo: y creed si enviado no me hallara, que el reto por los Cielos aceptara. Pues si de Embajador no hacéis alarde, o sois prudente mucho, o muy cobarde: mas decid qué queréis? . Llamad la Insanta Yo en su nombre os oíres leced la planta. Ríselo mi señor, que guarde el Cielo. El nombre me provoca de Riselo. A sangre, y fuegó todo el Reino intenta a polvo reducir. . Hay más violenta ocasión! selía el labio, que me irrita la voz de tanto agravio: responded que Fabricio la deñende. No he dicho la substancia, y ya me entiende? Es uste lzahorí? . Váyase presto. Mucho lo siente, pues que pone gesto: quedad, señor, en paz. . El Cielo os guarde: mirad que he de ir a veros esta tarde; pero sin el honor de extraordinario. Ya os entiendo. . Id en paz. Qué hay perdularlo? Mi industria se me aguó, Tizón, amigo. Tan guapo este embustero. . No lo digo? hábleme, Tizoncillo, mesurado que soy del gran Ríselo un Enviado. Qué Enviado, u que acá? . Que soy Embajador. . La espada saca. Entre amigos leales han de dar qué decir acciones tales? Pues dolte que curar: llévate esa. Ay de mí! que me ha roto la cabeza. Quién al Embajador: . Dale, ya escampa, del escarmiento hoy me hacen estampa. (nido? Qué hay Disparate, dime a que has ve- El Fríncipe os lo diga, que lo ha oído. Viene en nombre del Príncipe a decirnos, que quiere a sangre, y fuego destruirnos. Y vos qué respondéis? . Que lo aventure; que mi brazo está aquí, que lo asegure. No es mejor hacer paces? . Vuestra Alteza permitirá, que corte mi cabeza, antes que proponer ese partido. Por qué, señor? . Por ser yo el ofendido. Pues, y los Ciudadanos? . A ninguno vuestra Alteza verá soy importuno: yo por mí he de vengarme; prended a ese traidor. . Qué queréis darme? Un garrote os daré por la embajada. Dárosle a vos, que yo no os pido nada. Prendedle luego. . Es juicio temerario que soy Embajador extraordinario. Val gale mi sagrado. Vos le amparáis? . A sido mi criado. El Cielo os guarde amén por honra tanta; que si no, hoy hago pasos de garganta. Ilos pues. . Ya me voy, tenga pace día mas voime; nn reboque la sentencia. Perdone vuestra Alteza mi tardanze. De vos, Príncipe, fío mi esperanza: pero temo os perdáis. . En defenderos mis mayores fortunas considero: puesto el feliz suceso me asegura de tan divino cielo la hermosura. Ya en la Ciudad parece cesó el fuego. Eso voy a saber. . Pues volved luego Celia? . Señora? . Y mi Primo? No ha venido. . Si la gente ciegamente vagamunda a su decoro. . Aquí viene. Ruremunda? . Floresinda? Cómo estáis? . Muy vuestra siempre, Con gran cuidado me tuvo el riesgo tan contingente del fuego. . La suerte quiso si el ver deseracias es suerte, librarme. . De qué manera? Por un joven: lengua tente, no digas quien es. . Prosigue. Que de intento, o casualmente entro, donde hallé en sus brazos la vida de nuevo . Y a ese joven le debes la vida? Sí, Prima, que al no atreverse, fueran las veraces llamas mi sepultro. . Mucho debes agradecer la fineza. Creed que atenta me muestre. Le conoces? . Cómo a ti. Me le enseñaras? . Ah aleve! Haré porque la memoria vuelva a renovar especies. Y eso es conocerle? . Sí. Cómo puede ser? . Atiende. Señora, el Príncipe manda deis órdenes a la plebe, para que luego las armas tome, porque volver quiere a entrar la Ciudad Rilelo. Qué mi hermano es tan rebelde? Venid, Prima. . Este tirano tener tu sangre no puede. Cómo puede tener él lo que estotro cuerpo tiene? Alguna rabiosa tigre juzgo, que le dio su albergue; que tal rigor no es posible en pecho humano se engendre. . Soldados hoy es el día, que cante gloriosamente nuestro brío esta victoria. A vuestro gusto obedientes, señor, la vida ofrecemos. Tirano vivo no quede. Huid, cobardes. . Tiranos, huid. . Mi coraje advierte. Huye de mi indignación. 1. Qué es esto? . Ustedes me dejen: que soy muy flaco riñón: y si es que comerme quieren, les ha de suber muy mal por lo mucho que les cueste de especias, y de aderezo. 2. Levántese. . Ustedes quieren dejarme, que soy el otro? 1. Cuál otro? . Él de marras. 2. Pese a su alma, ande, qué aguarda? A que el Diablo se los lleve. Qué es eso? . 2. Señor, un hombre. No soy tal, que en eso miente. Decid quien sois. . Aquel mismo. Pues a ese mismo prendedle. 1. Ahora veremos si gasta frioleras. . Digo, ustedes. hablan de verás? . 2. Mañana lo verá . Decid, qué gente tiene el Príncipe en el campo? Con el socorro, que viene ya caminando; y la que hay, es cosa muy evidente; que a cada uno de los vuestros les vendrá a caber a veinte, sin yo, que soy el más guapo. Pues por más guapo ponedle en esa Torre. . 1. Ande el guapo. . . Soy lisiado de la frente 2. Vaya el bribón. . Vaya usted. 1. Acabe. . Usted si se muere. Ya habréis conocido, amigos, cuan a costa de la gente nos ha salido este encuentro; y ya sabéis, que conviene a mi honor, decoro, y fama, para que immortal se cuente: esta victoria: ordenad los medios que condujeren para su logro, pues sois con la experiencia prudente en los ardides de guerra; que mi intento solo atiende a la venganza, que fuego con la dilación enciende en mi pecho, pues sabéis cuan justo es el que me queje. Ya la Corona no estimo, el nombre de Rey me ofende, solo el agravio en mí vive, y así es justo que le vengue. Los despojos vuestros son, que solo quiero me quede memoria de la venganza cuando el agravio renueve. Volver al Augusto Solio es ir al riesgo obediente; pues aunque lealtades jaren los sucesos precedentes, si me aseguran tal vez, es fuerza muchas me inquieten. Mas cuando sé, que la envidia aún no exceptua a los Reyes: en algún tiempo lo fui: pero los tiempos pervierten las suertes con su inconstancia, y al que feliz le parece vive en posesión segura, vive mal, si bien lo advierte; pues solo duran las dichas. lo que el pesar se detiene. Todo el Reino es fatal ruina, su mísero fin lamente. Como de tu voluntad. usar de la nuestra puedes. Pues, Soldados, a mi ver el medio más conveniente es el cercar la Ciudad, con tal fuerza; y de tal suerte, que no les dejemos parte por donde socorro entren; que de ese modo oprimidos, viendo que comer no tienen, es preciso se nos rindan aunque el valor los esfuerce. Cuanto ejecutarlo tardas, de verte trianfante pierdes. Pues ea, Soldados, hoy desolada Chipre quede. Viva el Príncipe de Chipre, para que su agravio vengue. Después que de la salida victorioso me hizo el hado, me tiene con gran cuidado el saber de vuestra vida. Porque como fue pretiso los cuarieles disponer, no podo el pecho atender a todo aquelle que quiso. Príncipe, a vuestro favor estoy tan agradecida, que es corto premio la vida a premiar tanto favor. Mi valor el premio tiene de serviros en la gloria. Siempre le tendré en memoria; mas mi Prima hacia aquí viene. Al paño está Ruremunda, y airada, a mi ver, me mira. El alma fuego respira. Toda mi gloria se funda en acertar a serviros. Cortés sois, como galán. Cómo de tanto volcán no me abrasan los suspiros? El premio, que yo os prevengo, es de mayor entidad. Celos, conmigo acabad, porque ya fuerzas no tengo! Para qué, aleve, me hiciste dichosa aquel tiempo breve, si fementido, y aleve me quitas lo que me diste? Estando, Infanta, segura del rigor de este tirano: Qué? . Al cielo soberano serviré de tu hermosura. Seréis firme? . Si seré. Temo que:? . No hay que temer. El tiempo: . No podrá hacer. os mude. . Entibie mi fe; que cuando tanto interesa en daros gusto mi amor, con la mudanza menor era deslucir la empresa. Yo procuraré, que en hielos quede vuestro amor en calma; que el poner a riesgo el alma, vale más que sufrir celos. Con grande priesa la gente el Príncipe ha recogido. Y dónde camina? . He oído quiere cercarnos. . Qué intente este malvado rigores cada instante más sangrientos! Ya del Clarín los accentos pueblan el aire de horrores. Señora, dadme licencia de ir a impedirles la entrada, si no quieres asolada ver la tierra. . Ay impaciencia mayor. Qué querrá este aleve, sin admatir medio alguno! Que todos uno por uno dos mil ducados le lieve. Al de Rodas escrib? dándole en mi angustia parte. Parece, que en Fstandarte viene maichando hacia aquí. El sosiego de la tierra con eso se aseguraba. El Conde fue de embajada. Arma, arma: guerra, guerra. Pues mientras viene de Rodas el Conde, discurrid maña por donde esté la Campaña segura, y las vidas todas. . . Quedad con Dios . Él es guarde, de Tracia, y Chipre blasón. Si es la pasiada cuestión, Tizón voló aquesta tarde. Señora, el Conde. . Di que entre. En vuestras plantas, señora, descanse el cuidado ahora, para que la dicha encuentre. Qué responde? . Apenas vio la carta de vos firmada, cuando de aprestar la Armada orden a sus Cabos dio de que a Chipre se partiesen, con veinte y dos mil Soldados, que arrogantes, y esforzados vuestras órdenes siguiesen. Esto en suma es de el de Rodas la respuesta, y ese pliego. Si a ver esa gente llego cesarán mis penas todas, Celía, a los criados di lleven la ropa, y bagajes, y que avisen a mis pajes de como ya quedo aquí. Que el de Rodas esta enfermo! seerlo pesar me dio. Por eso, señora, no vino su hijo Guillermo. Obligada a tal fineza en todo tiempo estaré. Y yo atento le seré, que me hospedó con grandeza. Pues id, Conde, a descansar mientras esa gente viene. Señora, si le detiene será violencia del mar. . Quiera el Cielo este tirano conozca su sinrazón. He de vengar su traición, por el Cielo soberano; que pues fue el Pueblo grosero perdiendo el respocto al Rey hacer la venganza ley en su agravio considero. Yo me empeño en este asunto. decidme on claridad vuestro intento; mas mirad, que no toquéis a este punto. La obediencia me negó a una voz toda la plebe, que novelera, y aleve contra mí se tumultó. Con que si bien advertidas son las quejas que aprisiona mi pecho por la Corona he de quitarles las vidas. Y aunque de un Rey es impropio rigor tal, he de vengarme, o la vida he de quitarme Tirano conmigo proprio. Si como a Rey hasta aquí g mi sufrimiento os oyó, ya la prudencia perdió s la paciencia que le di. Mas el empeño, que sigo por rumbos he de intentar, por si así puedo lograr lo que no amigo, enemigo. Pues advertid aquí osado, vuestro pecho en eso está siempre en mi brajo hallura no un Príncipe, si un Solvado. Un Príncipe por que no? De igual a igual no hay ventaja, no soy Rey? . Y de baraja con que la plebe jugó. Sí; mas cuando ciegamente os rendís a la pasión llámaros Rey no es razón, y el respeto es indecente; Porque no hay razón que cuadre para indignaros así. No lo hicieron contra mí? Es verdad, mas vos sois Padre: que por eso un Sabio dijo, en un caso semejante, de un hijo es el Padre amante, lo que no del Padre el hijo. Porque como es semejanza del Padre el hijo, es forzoso que le atienda piadoso si algún desorden le alcanza: y así de estar ofendido no sé que razón tengáis. Atendedla, si gustáis. Ya os atiendo. . Aqueste ha sido Ya habréis sabido, Fabricio, la enemistad con que siempre en guerras han sido opuestos de Chipre, y Rodas los Reyes. Murió Eduarte de Rodas y en el Real Solio sucede Camilo su único hijo, hoy Rey que el Cielo próspete de vida edades, que no porque mi opuesto se muestre contra la naturaleza, es bien pervertir las leyas, que como a projimo debo desear, siglos numere, eni Entró Camilo reinando de Eduarte por la muerte, al parecer agradable, y en las acciones prudente. Mas como la antipatía en cualesquier pecho tiene asiento, y de sus influzos es la fuerce tan vehemente, públicó guerras a Chipre, sin guiarle más intereses, que la misma oposición de todos sus Ascendiantes opuestos siempre a la paz, por ser en guerras valientes. Mi Padre pues, Segismundo, viendo que Nobleza, y piebe de tantas guerras cansados en las nuevas no convienen, concertó con el de Rodas las paces, porque viviesen las dos Coronas conformes (ójalá que tal no hiciese, si no es siempre en viva guerra violentos los mantuviese; pues de aquella ociosidad hoy esta inquietud proviene.) yo que mientras divertido al gusto con los deseites, ni a la experiencia atendía, ni al manejo de las leyes: por muerte de Segismundo puso en mis sienes la muerte la Corona, despertando de los descuidos aleves, en que viví ciego, y torpe al golpe, que dio en mis sienes, Camilo viendo, que ya el Numa sabio, y prudente faltó, y que yo quedaba atento más a niñeces, que a políticas de Rey, de nuevo guerras praviene contra mí, con fuerza tunta, que ni tratados, ni reenes fueron bastantes, a que de su intento desistiese, Por mar, y tierra en mi Reino puso tan copiosas huestes, que apostaban competencias a las del invicto jerjes. Porque mientras hubo paces todo fue renojar Fuertes, todo máquinar ardides, todo prevenir bajeles, siendo nuestra negligencia volante que a él le despierte. Viendo yo, que era precisa la resistencia, por verme sin prevención, con descuido, con ociosidad, sin gente; libre el Reino en su albedrío, y en dar gusto al Rey rebelde, Mandó con rigor, que todos se alisten, y se numeren, para defender de Chipre las tietras, que ostado quiere Camilo asosar, y como si esto bien común no fuese, se opusieron al Decreto tan altivos, y crueles, que en arma contra mí todos al Real Palacio se atreven sacrílegos en las voces, a darme en las voces muerte. Y no dudéis que lo hicieran que no dudo (realmente) si no fuera por la Infanta, que viendo el riesgo pendiente, por un postigo me libra, y a la multitud detiene con razones; dando tiempo, hasta que libre estuviese, que a la indignación del hombre, no hay más que la mujer temple. Fui a Grecia, y al gran Ricardo le pedi ayuda, y me ofrece con toda su gente pronto ayudarme, y defenderme. Este, Príncipe es mi agravio, mi sentimiento es aqueste, esta la causa, y motivo, que a vengarme me promuebes en vuestro juicio lo pongo, haced mi parte, y advierte, que es el Rey el agraviado, y Vasallos quien le ofende. Y así, Príncipe, en vengarme mi honor, mi fama, mi suerte, mi respeto, mi decoro, y mi estimación depende. Ya os he dicho como amigo lo que en esto el pecho siente, sola una cofa os suplico, O (a que agradecido siempre os estaré) que a la Infanta, si acaso ocasión tuvieres, la pongáis donde yo pueda asegurarla, pues puede ella sola refrenar el volcán, que el pecho siente. Príncipe, a quejas tan justas la misma razón concede razón, mas las deslucis, De qué forma? . De está fuerte, vos mismo no decís, que B es novelera la plebe? Es verdad. . Pues conociendo, que solo a su gusto atiende, de qué es vuestro sentimiento? H ha habido en el mundo Reyes que hayan dodo a todo un vulgo satisfacción competente a su gusto? Porque si a unos lo piadoso bien parece, a otros les da que decir; si es guerrero, al que no tiene valor le parece mal: si es parifico, y clemente, al que el valor le acompaña, mal tanta paz le parece. Y así por todas las cosas atento discurrir puedes, y hallarás que nunca han sido conformes los pareceres. Vamos haciendo las paces, y pelos a la mar se echén, que no ha de parar en bien, nqul Príncipe antes que dijese el motivo de mi enojo os previne que advirtieseis el no tocar a este punto; porque de ninguna suerte os he de atender. . Pues ya, que medio ninguno quieres admitir, y solo aspiras al error, que ciegamente le das fantásticas alas, para que a vengarte vuele. A la infanta no atendáis que si en peligro estuviere procuraré asegurarla aunque la vida me cueste. Solo ese cuidado llevo. No tenéis porque tenerle. Es mi sangre. . Ese es engaño No es mi hermana. . Serlo puede: pero no lo parecéis, El ser nos dio un mismo vientre, De una misma flor mendigan la Abeja, y la Abispa especies, y lo que una miel suaviza, otra en veneno convierte. Con que en eso me decís que ella es piadosa, y yo aleve, Pudiera. . Pues advertid que más rigorosamente he de obrar de aquí adelante. Pues sabed que más valiente me hallaréis a resistiros. Volverás? . Sí, al campo a verte. UNDA
JORNADA SEGUNDA
Señora, de vuestro hermano fui a averiguar los designios, que en lo monstruoso acreditan ser hijos de su capricho. Pues qué resuelve? . Inhumano poner a la Ciudad sitio, con tal rigor, que no puedan tener amparo, ni abrigo de nadie, para vengarse con rigores tan impíos. Pues yo seré en su defensa rayo, fiera, y basilisco, que opuesta siempre a su saña le aterre con mis silvidos. Y yo a vuestro lado siempre, Infanta, juro asistiros, sin que a mi pecho le asombre el terror de los peligros, Nosutros vidas, y haciendas ponemos a vuestro arbitrio. 1. Echa el bote. 2. Amaina velas. 3. Tira el ancia. 2. En tierra dimos. Viva la Infanta de Chipre. Mas qué voces? . Mas qué ruido es este? . Yo lo diré: pero antes albricios pido. Ciertas están. . No más ciertas las tendré yo en mi bolsillo. Toma esa joya. . Inmortal tengas, señora, ese pico. Descuidado en la muralla miraba del mar los rizos, cuando de improviso veo todo el puerto guarnecido de naves; del mar azotes, que volando perseguidos, como dicen los Poetas, burlaban el viento mismo. Pregunto a voces, qué gente? y con elegante estilo me respondieron: Vasallos del Invicto Rey Camilo. Yo le di gracias al Cielo: cuando, uno entre todos dijo: hoy no ha de quedar tirano, que no se pase a cuchillo. Con que hoy, señora, sin duda se ha de ver el finiquito de ese tirano, que quiere cercarnos con tanto ahinco. Ya, señora, vuestra Alteza ve su deseo cumplido, A vuestras plantas, señora, postrado, humilde, y rendide espero me concedáis el acierto de serviros, Alzad, y decid quien sois. General del Gran Camilo, que a vuestra obediencia vengo en nombre de mi Rey mismo, con veinte y dos mil Soldados, del guerrero Marte hijos, a que nos mandéis. . Y cómo su Alteza está? . Muy sentido de no poder en persona venir, señora, a serviros: aunque de su mal mejor. Favores tantos le estimo. Obráis tan atenta siempre, como quien es Prototipo de aquel sabio Segismundo, honra, y gloria, de este siglo. Ya, Príncipe, a tantas penas os concede el Cielo alivio, Señor, perdonad sierré, que no haberos conocido pudo en mi ocasionar yerro, mas no motivar delito. En cumpliendo con la Infanta, conmigo tenéis cumplido. Pues ya con vuestra licencia al desembarcar principio daré, para que la gente vaya ocupando los sitios. Cuanto fuere necesario podéis, General, pedirlo, Solo, señora, en la empresa del acierto necesito. Mas, Cielos, qué oculta fuerza ap. al verla se ha introducido en el Alma, que la adoro sin hallar de amor indicios? Poniendo el valor los medios, de la suerte es conseguirlo: id en paz. . El Cielo os guarde Ya, Príncipe, el Cielo quiso aseguraros del riesgo. Antes ahora imagino la legítima ocasión de aventurar los peligros; porque hasta aquí fui yo solo el que seguí los arbitrios, y ahora tengo competencia. Pues antes por eso mismo juzgaba yo que estarías más seguro. Del cariño con que vuestra Alteza me honra, lo tengo así conocido. Ah traidor, falso, y aleve. . Creed, que os lo tengo, y fino. Ya el primer paso mis celos dieron a su precipicio. En otra ocasión, señora, me mostraré agradecido, que ahora no puedo. . Por qué? Porque todo el valor mío quedó empeñado en Riselo, y el desempeño es preciso. oín Ya mi perdida esperanza . de nuevo vida ha sentido. Por no veros en acasos quisiera no haberos visto. Quién a las casualidades jamás defensa previno. S. Mirad. . Qué, señora? . No sé Qué decís? . Que sois el hilo de donde mi vida pende. Todo mi valor, y brío al se empeña solo por vos. El pecho es un fuego vivo. e. El alma, y vida me llevas. De su beldad voy cantivo. . sin mí estoy. . Sin alma quedo. Y yo quedo en los suspiros exhalando vivas llamas de celos al fuego impío. . Soldados hoy es el día de lograr eterna fama: ya sabéis como de Rodas, rige Flaminio la Armada contra rosotros, y puesto consiste en la vigilancia asegarar los acasos, que la homisión adelanta, asaltemos la Ciudad con brevedad, y la entrada. aseguremos, no fea que Flaminio al paso salga. Todos tu gusto seguimos. Pues los Clarines, y Cajas llenen el aire de horrores. Guerra, guerra. . Arma, arma. Vamos, amigos, que ya nos avisan de la Plaza es tiempo de que triunfenios. Viva el Príncipe de Tracia. Soldados, ninguno quede, que no muera a nuestra saña; y para asaltarla, al muró podéis arrimar escalas, que el primero seré yo que penetre sus murallas. t Fa, invictos Ciudadanos, ninguno le huya la cara al riesgo, que hoy es el día de cobrar eterna fama. Antes nos verás morir, que ejecutar tal infamia. A las murallas, Soldados. Ya seguimos tus pisadas. Ninguno al Príncipe tire, que aunque tirano a su patria, n por Tirano de si propio tiene disculpa. . Las balas, y el humo de los inosquetes sombrío, noche, y opaca de oscuridad han conpuesto. A ellos, Soldados. . Qué aguarda vuestro valor? Nos perdemos, que nos coge las espaldas el de Rodas. A ellos, que huyen. Fuerza es ya de mi desgracia. No le matéis. . De la muerte hoy me consagro en las aras. Fabricio, y Flaminio vivan gloria de Rodas, y Tracia. Dadme la muerte. . No puedo solo atendiendo a la infanta hacer tal: Mas yo después en más honrosa campaña cuerpo a cuerpo os buscaré. Amigos, si alguno le halla, no tenga piedad con él. Id en paz antes que salga la plebe, que en busca vuestra airada la Ciudad anda, y lo que por mi ahora puedo, no podré, si ellos os hallan. Mirad que el partido acepto. No vuelvo atrás mi palabra: yo os buscuré. . Quiera el Cielo. Yo os lo juro. . Pues mi espada pronta en todo tiempo está. Yo os daré ocasión. . Ya tarda. Príncipe. . Infanta, y señora permitid, que a vuestras plantas con el aplauso que debo consagre victoria tanta. Qué decís, señor? . Que ya la Ciudad victoria danta. Fabricio, y Flaminio viva, gloria de Rodas, y Tracia. Pues son tan ampuradoras quien un Dispárate ampara Mas qué lastimosas voces? Ande el vergante: qué aguarda? que Que me quite esta cadena, que me da mucha marraca. El criado es de Riselo. Estando hoy, señor, de guardia, como mandas, de este hombre reconocí que con maña la pared de la prisión va socabando. . Ay tal rabia! Cómo puede? . Con las uñas, que ya las tiene gastadas. Pues al instante hecho cuartos le pongan en cuatro escarpias. Ay Dispárate, aquí dieron tus aventuras en laja. Señor, que miente ese hombre, Que se ahorquen. . Oíd clara la verdad, yo sol Poeta, y haciendo hoy unas octavas me las comí. . Perdonadle, que es Dispárate con gracia. Idos, pues, y agradeced el amparo de la Infanta, que si no, otra cosa fuera, Quedad en paz. Por si instancia hace el Príncine, la gente no deje desamparadas las murallas, mientras yo belo a tu alteza las plantas. Flaminio? . Señora, el Cielo os de vidas prolongadas. Ya sé que vuestro valor ha dado lengua a la fama. Siendo contra vos la afensa, no hice yo nada en vengarla. Venenoso áspid de celos, que el pecho abrasa en volcanes, vengo a averiguar de Fabricio recelos que me combaten: con la Infanta está, y Flaminio: ha falso, y aleve amante! para que vida me diste, si después me la quitaste? Flaminios tan obligada de vos estol, que no sabe el pecho correspondencia para favores tan grandas, Señora, al Príncipe puedo tu Alteza recompensarle el logro de la victoria. Fabricio es en fin mi sangre. Pues yo ten bien, que el afecto tiene fuerza de linaje; y más si el gusto intercede. Qué decís? . Que el Cielo sabe con cuanto gusto os serví, desde que emprendí el viaje. Oigan como el General le da por las generales. Dioses, que oculto poder . con mis afectos combate, que el alma se le ha vendido luego que llegó a mirarle! Y los Soldados? . Al muro les mandé, que se alojasen. Pues, señora, los dos vamos, con vuestra licencia, a darles prevención a los Soldados, no se deseviden, y asalten la muralla los contrarios. Id en paz. . El Cielo os guarde. Que los grillos de un respecto a me impidan que me declare! Volveréis? . Después, señora. Pues en Palacio esta tarde os espero. . Cuidadosos iremos a que nos mandes. Caballero. . Qué mandáis? Perdonad que os perturbase: de camino en una duda quiero de vos informarme. Proponed. Es pecho noble el que un beneficio hace a otro sujeto, y después se le quita sin él darle motivo, ni causa alguna? No me parece, si antes en parte incurre en infamia. Miradlo bien. . Y aún de infame le diera públicamente baldón, si yo en tal me hallase. Y si en alguna ocasión de este punto se tratare seréis de la opinión misma? No solo a ratificarme con razones estoy pronto: pero aún la espada: . Baste: de aquesa palabra fío. No veréis que la retrate. Ay, Príncipe, si supieras la intención que el cuento trae! Mandáis, señora, otra cosa? Que el mundo dueño os aclame. Cierto, que es muy linda flema, que así en darés, y tomares con Damas andéis, sabiendo que vuelto a recuperarse el euemigo nos tiene cercados por todas partes. Qué dices? . Cayó el pobrete Quedad con Dios, que no es dable, en mi ver pendiente el riesgo, y dejar de remediarle. El Cielo os dé a vos más vida que de Arabia vive el Ave: pero mirad. . Ya os entiendo. Me conocéis? . Dicha grande fuera para mi saber quien tantas mércedes me hace. No conviene ahora: mas cuando suceda del punto hablarte me conoceréis. . Pues mientras dadme licencia: no sabe por dónde el alma salit! Qué no puedo veros! . Baste deciros, señor, que es quien pudo algún tiempo mostrarse de un beneficio obligada, si hubierais sido constante. Tened, señora, . No puedo. No me baldonéis de infame. Llega: a tiempo . Atended. No porfiéis, que es en balde. Miren si llevaba enigma el cuentecito. . Ay tal lance; No te dé pena, señor, que todas son tales cuales. Él no conocerla siento. Pues echar por otra calle, hacérsele encontradizo, y hacerla que se destape. Y el respeto? . Le tuvo ello para hacer aquel desairé? Puede ser no me conozca. Pues discurres que llegase sin conocerte? . Bien puede. Puede ser, mas lleve el Diantre si tal creyere: lo fijo es, que ella intentó engañarte. Calla, necio, una mujer de atención tan noble: . Dale de la mejor, lleve el Diablo mi alma, si yo fiare; pero en suma, qué quería? Dijo que la aconsejase en un caso. . Andallo pabas; preciso es fingir achaque para no ayunar el Viernes. Deja, loco, necedades. Punto en boca: Mas Flaminio, qué dirá? . Nada, pues sabe, que me llamó una mujer. Boquí rubio es este amante. De tal suerte el Ejército ha quedado, que va huyendo, sin orden, derrotado. Si el Príncipe no toma la muralla, ya iban todos subiendo. . La batalla, Flaminio consiguió por detenerse, que ya estuvo muy cerca de perderie. Pues quiso el Clelo hacernos victoriosos, justo es que celebremos jubilosos al Príncipe, y Flaminio; pues debemos a su valor la vida, que tenemos. Ordenad el festejo. . En un sarao con adornos vistosos me parece, que es lo que en la ocasión más pertenece. A las Damas llamad, y a Ruremunda, que yo también celebraré jocunda la victoria feliz de aqueste día, con donalte, primor, y bizarría. Vol al punto a avisarlas. . Volved presto un favor a Fabricio haré con esto, fiando de mi Prima los desvelos; pues de ella el corazón se abrasa en celos. Ya está aquí Ruremunda con las Damas. Cuidadosa me trae el ver que llamas, más estando tan vivo el sobrelalto, con que el riesgo me tuvo del asfalto. No Prima, antes ordeno agradecida, de verme por el Príncipe con vida, en un sarao su valor airoso celebrar, y a Flaminio valeroso, entrando tú también. . Por darte gusto intenteré lo justo hoserlo injuste Pues a adornarse todas que esta tarde ha de ser, id las dos. . El Cielo os guarde. . Al Príncipe, y Flaminio dad recado del festejo, que tengo yo ordenado: Celia, he irene, ensayad la letra al intento más propia, y más discreta. A mi cargo está ya. . Cuidado es mío. Pedid todas las galas, y atabio, que hubiereis menester para el festejo. Tímido el corazón está, y perplejo, no sé que teme que en confusa casma, de algún grave pesar avisa al alma. Prima, un desasosiego el alma siente, que dominando el pecho airadamente, sin ser amor con celos me atormenta en guerra tan civil, y tan sangrienta, que el corazón perdiendo el albedrío, ni fuerzas tiene ya, ni menos brío. Si en tu pena remedio puedo darte, le pierdes lo que homites declararte: ya de la Infanta declarados veo el amoroso efecto de el deseo. Yo, Pria, quiero al Príncipe Fabricio, Penas, acrecentad el artificio, para martirizarme; a infiel, y aleve! yo haré que ese volcán se vuelva nieve: pues qué dispones? . Que tu industria sea la que al alma le de lo que desea haciéndole un favor con esta banda. Lo haré como tu gusto me lo manda; mas llevaré la industria tan hilada que del Príncipe quedes desairada: a tu gusto estoy siempre. . El Cielo quiera me pague voluntad tan verdadera. Pues a dar calor vamos a las Damas. El pecho en el alieno es hala llamas. Yo lo pondré de modo que hielo veas ese fuego todo. Vamos, pues, a ensayar, que mi esperanza en el sarao tiene su fianza. No es menester decir quién se la envia? Ya me la ha visto puesta. . Dicha es mía, que así industrio más cierto el desempeño. . Ay, Príncipe, si ya fueras mi dueño. Eso fuera si yo lo permitiera, o que, de él mi vivir no procediera. . Prima, de vos me fío. Asegúroos que es ya cuidado mío. . Agradecida la infanta al beneficio, y cortés que debe a vuestro valor, dispone esta tarde:: . Qué? Con Buremunda, y las Damas vistoso un sarao hacer celebrando la victoria. También su Alteza? . Tambié; para cuyo empleo vengo, en su nombre, a que a las tres para el fertejo os convida, Detid, que gustoso ifé, Y que yo por darla gusto al plazo no atenderé, Bien estár guardeos el Cielo. . El mismo os prospere en bien: quiera el Cielo que mi fuerte propicia esta vez esté. Por ver su divino rostro la hora adelantaré. Pues mientras vamos Flaminio a dar órdenes, que estén los Soldados con cuidado, no atentos al interés del divertimiento el hado haga pesar el placer. Tu gusto es en mi precepto: vamos, Príncipe. . Mi fe, infanta, te sacrifico. Amor, pues ciego me ves, de su belleza a los rayos luces a mis ojos den. Isene, en un grave empeño toda el alma está empeñada, yo me miro desdeñada de un falso, y aleve dueño. De ti fío el desempeño. de aqueste tirano ardor, que del alma adulador, me postra ya con desvelos; mas qué mucho, si los celos son relatiyos de amor. La Infanta al Príncipe ama, yo de su cuidado vivo, aunque el ingrato, y esquivo de amor desmiente la llama; mas el mismo al pecho inflanma con empeño tan cruel, que sabiendo que es infiel, y que soy su aborrecida, le sacrifico la vida amante, gustosa, y fiel. Aquesta banda me dio para que al Príncipe diese y que intercesora fuese de lo que deseo yo; mi cautela la ofreció dársela: pero! ya advierte, que es rigor tirano, y suerte, queriéndole yo tamor ir a buscar un desdén, que me pueda dar la muerte. Tómala, Irene, y dirás al Príncipe, que en mi nombre se la ponga, y no te asombre, qué alivio a mis penas das. Después mi intento sabrás; mas ay que se me cayó del volvillo, si la halló otro que el no fuese, ver mira si me la dejé en mi cuarto, pero no. Toma esta mía, que así mejor lo remediaré, que sido sabe, diré que sin verlo la perdí. Mira que fío de ti mi alivio en tan dura calmas y puesto que ella la palma por Infanta ha de llevar, sepa que le ha de costar ta: tanta dicha toda el alma. Qué sabes si querrá él a la Infanta? . Esto conviene: mira que si se detiene la diligencia, cruel mi suerte, esquiva, e infiel si hasta aquí propicia ha estado volverá el influjo al hado, para que augmentando el mal mi enemiga capital se alegre con mi cuidado. Voy al punto a obedecerte: . más Flaminio sale. . Ay, Cielos, las venas son fríos helos: no sé que el alma me advierte. Qué es tan dichosa mi suerte! presente está, y no lo creo, ciego estoy de lo que veo; porque favor semejante, que no es para mi es constante, aunque lo apoye el deseo. Porque si a mi fuera hecho, preciso era lo supiese, para que correspondiese agradecido mi pecho. Objeto mayor sospecho por la letra que estoy viendo; pues claro me está diciendo, que a otro dueño el favor va, pues le confiesa, que está de amante por él mariendo. Mas Ruremunda está aquí? no sé si fingir podré, . pues me escuchó lo que hablé loco, atrevido, y fin mí. Perdonad, que no advertí , grosero, y descomedido. No, Flaminio, no habéis sido descomedido, ni ciego, que si Amor es como el fuego, no puede estar escondido; mas cuando os veo tener en las manos tal favor. Fue aborta llama de amor, que quiso enseñarse a arder. Con qué empezó? . La dio ser una soñada ventura. Soñada fue? . Mi ventura, cuando en sueño no paró? Y la causa quién la dio? El Cielo de esta hermosura. Esa banda he visto yo en otras manos. . Incierta la fortuna en una puerta de Palacio me la dio. Qué os la dieron decís? . No, digo que fue casual el hallarla en el umbral de una puertas . Y si supierais de quién es, se la volvierais? Cierto estuviera nentral. No sabiendo de quien es, que aventurabáis en darla? Solo, señora, guardarla por si sucede después de que sabrá que cortés, rendido el pecho; y no ingrato, en su belleza idolatro; pues quien la adoró neutral, fuerza es que al original adoré más que al retrato. Con qué no la daréis? . No; pues así un bien aseguro, lo que no si la aventuro, Y si os la pidiera yo? Quién en tal lance se vio. a. No respondéis, qué dadáis? Nueva confusio a me dais. Nueva confusión, porque? Porqué responder no sé a lo que me preguntáis. Qué digáis, si, o no, es duda: Para mí, señora, sí. No os entiendo. . Ni yo a mí, que el alma ha quedado muda. Mas resolviendo la duda, no dudáis que es gran rigor lo que preguntáis, que amor, que al pecho a querer inflamma dice no estima a la Dama quien no estima su favor. No os culpara de grosero, cuando no se declarós Es verdad; mas quiero yo ser cortés, que Caballero. De rabia me desespero; qué se frustró mi desvelo! que no la daréis? . Recelo: En vano: no hay que dudar, yo la banda he de cobrar siguiendo la sey del duelo. . Quién en lance semejante, como en el que estoy, ha estado, que cumplido haya quedado con una Dama, y galante! Porque si resuelvo amante, darle el favor, puede ser. no sea suyo, y puede hacer llegue a noticias del dueño: con que en tan tirano empeño, solo el medio es padecer. Que aunque casual le hallé, no sé si llevó intención el ponerle, y la razón dice que casual no fue. Para mi mal te encontré bello encanto de mi vida, que aunque eres desconocida, no te vio cuando te amó, y luego se consagró a tanto cielo rendida. Príncipe? . Qué me queréis? ay tal rigor! . Vuestra Alteza, señor, mire que con Damas es la indignación su persiua. Guarda Pablo, qué briosa es la tapada, qué fuera viniese con otra duda. Decid que mandáis. . Si ofensa os da el que os llamen; discurro seré en decíroslo necia. No siempre el gusto en un cuerpo humano, señora, reina. Hombre mira lo que dices que eso es cosa de veleta, de tejado. . Decid, pues. Una señora de prendas tan ilustres como vos, porque serviros desea, esa fineza os envía. Tomadla. . Hay más grave empresa? Mira, señor, si te dije, que está la de marras era. Cómo puede! en los extremos no notas la diferencia? Señor, el Demonio al día mil veces la mujer tienta, y si ella no logró entontes que tú la favorecioras, puede ser que ella más fina ahora a ti te favorezca. No seas necio; no sé que haga, si la tome, o se la vuelva. Ay tal dudar. Nadie del vendado Dios fie en fingidas finezas, que son tanto más nocivas, cuando son más alagüeñas. Cuando ya los instrumentos dan señas de comenzarse el sarao. Qué respondéis? . La respuesta con la obediencia la doy, mas decidme quién es. . Esa duda en mí vive también- solo me dijo os dijera, que al paso que voz de ingrato, blasona de fina ella. Hay confusión semejante! que con un favor me vea obligado a agradecer, y que del dueño no sepa! Lo mejor del caso es eso: tomar favores a priesa, y en viéndolas derretidas hacerse un puquito a fuera, que vendrán luego a buscar juzgando que las desprecian. Una banda es. . Y te hacías de rogar: si a mí vivieran cada día seis, u ocho, tras las Damas me anduviera. Buscando al Príncipe vengo que ya la hora se llega del Sarao. . Qué ay, Flaminio? Ya puede ver vuestra Alreza. En un grave empeño estoy. De esos empeños me vengan, que serán mis desempeños. Qué os ha sucedido? . Apenas di el primer paso en Palacio, cuando a mí tapada llega una mujer, y a esto sitio me trajo el alma suspensa, diciéndome, que una Dama me favorece con esta banda. . No es esta la misma a (mas disimular esfuerza) que yo hallé: el color parece: podemos, Principe, verla. Sí, Flaminio, veisla aquí. . Ya son vanas mis sospechas pues aunque en labor son unas, en las copias son diversas. Qué me aconsejáis, Flaminio, en ocultarla, oh traerla? A mí, señor, me parece que será mayor fineza el traerla, que ocultarla. La razón decidme. . Es esta. A qué aspira el Amor, qué favorece? A verse de otro igual correspondido: luego es justo de quejas el sentido, si la correspondencia no merece. Esa Dama en la banda se os ofrece, y con el alma os ha favorecido: luego corresponderla con olvido esa correspondencia os envilece. Ocultarla la banda de sus ojos es injuriar la Dama claramente, cuando ella el alma os rinde por despojos. Traerla a que la vea es conveniente; pues oculta podrá causarla enojos, y viéndola será con vos clemente. Muy bien habéis respondido: pero mi opinión es esta. Si a la Dama, que así me favorece, hubiera tal cual vez correspondido, debiera mi desaire ser sentido, que a mi ver ignorado no merece. Verdad es, que en la banda se me ofrece; mas no sé de quién soy favorecido, de que corresponderla con olvido, mis acciones discurro no envilece. En ocultar la banda de sus ojos digo no la conozco claramente, aunque el alma me rinda por despojos. Esto a mí me parece conveniente, si después mi tibieza la da enojos, mi ignorancia podrá hacerla cleniente Necedad fuera querer guiar voluntad ajena: pero por darla motivo a que ella se descubriera, con afecto alguno, siempre hiciera yo alarde de ella. Esa razón me convence. Pues ya que decifo quedas en la duda, en otra yo quiero ver la opinión vuestra. Al entrar hoy en Palacio, en el umbral de una puerta, me hallé esta banda, discurro no estaba para mi puesta, sino es que quiso la suerte dármela así: queréis verla? Sí, Flaminio: hay tal pesar! esa, General, es prenda digna de la estimación de vuestra correspondencia. No os entiendo. . Digo que es de mayor consecuencia vuestro favor que no el mío. Por qué, señor? . Porque en esa se esmero más la atención, y así es más superior prenda. Será del arte lisonja, y no del dueño fineza. A Infanta aleve, a otro amas! . Qué bien hace la desecha! lástima es que no le chillen, que es el Flaminio de cera. Confuso, Príncipe, estoy. Es por demás que la tengas. Haminio, y Fabricio vivan Viva de Chipre la Reina. Mas ya parece que salen para principiar la fiesta las Damas, en este lado resuelvo por fin ponerla. Pues yo he de poner la mía por mayor en la siniestra. Ya están, Señora, aguardando. Príncipe, el cuidado es fuerza os estime. . Gran señora lograr fortuna tan nueva solo me trae cuidadoso. Y a vos, Flaminio? . En mí es deuda, a que desde hoy obligado estoy de un precepto impuesta. Galanes estáis los dos con las vandas; mas quisiera saber sobre que en los lados mostráis tanta diferencia. Yo, señora, de esta banda, solo sé que fue fineza de una Dama, que tapada llegó a dármela, y por esa razón la puse a este lado. para que en la cifra vea no he de darla otro lugar hasta que del dueño sepa. Y sabida, qué lugar le daréis? . El alma misma. Y si la Dama a quien disteis consejo en cierta materia lo sabe? . Luego sois vos? No, Príncipe, esto es propuesta, porque llegó a mi noticia. Quién vio suerte más adversa! . que donde pensé hallar gusto todo en pesarse convierta! En, Flaminio, a vos toca ahora responder. . Quisiera saber el Divino dueño de tan soberana prenda, para saber el decoro, que le debo a su decencia. Luego no la conocéis? Por eso el alma recela no acertar. . Pues esa Dama, qué en esa acción interesa? ̱. Mucho si bien lo advertís: queréis que le dé la esfera que se se da a cualquier Dama, al honor de una Princesa? Ya se declaró Fluminio, rayos el pecho condensa. Traidor, fementido; aleve, la voz tu labio suspenda: yo a vos haceros favores, ajar yo así mi grandeza! Tened, señora; esto fue solo una urbana respuesta a lo que me preguntasteis, que no es tanta mi soberbia, que pueda juzgar, que vos mi humildad favorecieráis. A la Música que cante, Irene, di. . Ya comienza. Nadie del vendado Dios sie en fingidas finezas, que son tanto más nocivas, cuanto son más alagüeñas. Y así a sus flechas el único remedio es no temerlas. Parece vive en mi pecho el que compuso la letra: bien dice, que nadie fie de Amor, que todo es cautelas. Con disfraces de agasajo en el corazón se sienta, señoreando del alma los sentidos, y potencias. Y así a sus flechas . el único remedio es no temerlas, Nadie como yo podrá confirmar esa sentencia; pues que rendí el albedrío a una fingida sospecha. De su tirana intención el más libre no se exenta, y al que más parece encumbra, al precipicio lo lleva. Y así a sus flechas; el único remedio. es no temerlas. Arma, arma: Guerra, guerras Ahora que todos gustosos los estudios de Belona, Soldados, a los desevidos ao rinden de la torpe Flora, no quede tirano vivo, destruid la Ciudad toda. Qué es esto? . Que puede ser: tu hermano, que pepitoria, querrá cenarnos sin duda. No importa, Tizón, no importa; vamos, Príncipe, a la gente, que por librar la persona del dueño de este favor, todo el mundo no me asombra. . Venid, señoras. . Al Cielos! del susto el alma zozobra. Porque sagradas Deidades rayos no arroja esa antorcha, contra este tirano aleve. Venid, Infanta. . Perdona; Príncipe, tanto quebranto. Del que vuestro favor goza podéis tener compasión, que ya conmigo es impropia. . El Príncipe, Prima, juzga, que a Flaminio he dado otra. Es propio del que bien quiere, ser celoso. . Pero a costa de una fe firme es razón? Eso es lo que el pecho ignora cuando a los celos se rinde, si es firme, o no. . De esa forma aún el aire dará celos. Al que de amante blasona, el Sol si sale imagina, que a su llama la enamora, y este es el perfecto amor, no tienes que estar quejosa. Quejosa, y aún agraviada estoy del desaire. . Ay cosa más particular! . Veneno por los ojos mi Ama aborta. Pues, Prima, al ser yo hombre, y para Dama, o esposa una mujer pretendiera, según discurro celosa mi pasión, de noche, y día fuera de sus pasos sombra. Eso es no fiar de la Dama, y recelarla alevosa. Celar sin creer los celos de fino a amor acrisola, y el darle crédito, ofende. Todo es una misma cosa celar, y ofender. . Mas ay diferencia alguna. . Corta. Pues, Prima, en amor los celos son consecuencia forzosa. Viva el Príncipe Riselo, y muera quien le baldona. Venid, Prima, que parece . soy mármol. . El Cielo oiga mis ruegos, y este tirano muera a manos alevosas. Irene cual va la Infanta. . Fuego por los ojos brota. . Para pedirla mercades va mi Ama muy gustosa. Amigos, si de esta vez, valerosos, y esforzados, no salimos victoriosos, por demás es empeñarnos, teniendo reconocida la ventaja del contrario. Y así mi parecer es, que dividamos el campo en dos cuerpos, por que qued uno de ellos reservado para socorro; que suelen los ardides en los casos de guerra ser más valientes, que no los mismos Soldad Todos, Príncipe, gustos os homenaje te juramos. Pues ea, Soldados míos, hoy llore Chipre el estrago. Antes nos verás morir, que desamparar el campo. Pues la mitad de la gente vaya las armas tomando, siendo el primero yo que haga en el riesgo la mano. Todos tus pasos seguimos. Pues ea a embestir, Soldados, y mientras la demás gente quede emboscada a lo largo, a vista de la Ciudad, donde los lances notando, socorro nos den a tiempo. s Omenaje te juramos. Hermano, guardeos el Cielo Hermana. . Solos dejadnos. Proponed vuestra venida. A que veáis los tratados que queréis para las paces. No digáis más, que es en vano. Pues qué es lo que pretendéis. No más de vengar mi agravio. Príncipe, eso pudo ser cuando estaban descuidados los Ciudadanos; mas ya que están con el sobresalto, lo tengo por imposible, según están arrestados. No importa, solo os suplico, quede la infanta a mi cargo. Ese es mayor imposible. Yo ha cuidado de un tirano? Qué respondéis? . Que no solo a la Infanta no he de daros, si no es que si por desgracia nuestra, os da victoria el hado, no quede con vos tampoco: y así, mirad:? . Mas no aguardo. Pues atended selo a vos, que la infanta está a mi cargo: mirad Riselo. . Ya no ay que mirar, cuando tardo en castigar su traición: en vivo fuego me abraso. Mirad que os adula el pecho. Venid, Infanta, a Palacio. que yo haré, estando vos libre, de mí se acuerde este ingrato. Queréis los dos cuerpo a cuerpo, fin a la guerra pongamos? No sois bastante. . Y aún sobra. El poder más soberano del mundo, es nada a vencerme. Ya eso es más que temerario. Pues acredite la espada lo que ha pronunciado el labio. Ahora veréis si es bastante solo el valor de mi brazo para poder daros muerte. Es de vuestro pecho engaño; pues no basta un Mundo. Cielos, piedad, Soldados, dejadnos, que de no volver al sitio el homenaje juramos. Amigos, no perdonéis la vida a ningún contrario. Piedad, Cielos! . No hay piedad que así nos aseguramos. Matadme. . Eso no haré por mi honor, y tu sagrado rendid la espada. . La vida podré primero entregaros, que solo la espada rindo a otro igual a mí. . De amparo mi propia palabra os sirva, que de ese baldón no hago aprecio, cuando es preciso os contemple apasionado. Todo el campo de Riselo, talé por ver si le hallo: pero no hay quien le haya visto, si huyendo se habrá emboscado. Puede ser. . No puede ser, que de la suerte los rayos no temo, aunque airada quiere hacerme tan desdichado. La espada rendid. . Tomadla Y estaréis del Conde a cargo en ese Castillo, mientras las paces con los Vasallos se tratan, con la decencia, que aún Rey se debe. . Empeñaros. Príncipe, es por demás, puesto aún no he vengado mi agravio. Que haya dado, santos Cielos, motivo a desprecio tanto! Qué medio queréis? . La muerte Qué decís? . Que ese contrato me conviene. . Tal rigor! No es, Príncipe, muy extraño. Mirad: . A lo dicho solo. Rigor es más que inhumano. Dejadle, que alguna tigre, juzgo que le abortó espanto. Yo os iré a ver. . Si es a darme la muerte, gustoso aguardo.
JORNADA TERCERA
Ya, señora, estáis segura ojo el es de Ri y todos los Ciudadanos viven gustosos, y quietos, después que prendió Flaminio al Príncipe; y yo siguiendo su gente, les obligamos, porque el perdón nos pidieron, a jurar el homenaje de no volver más al cerco. Príncipe, preso mi hermano? Sí, señora: y atendiendo a vuestro respecto solo, no le di la muerte. . Cielos, que haya dado inadvertido motivo a tal vituperio! Cómo le podré librar! mas inposible el remedio es a mi ver, porque toda la gente no puede verlo. Y así, señora, pues ya tenéis pacifico el Reino, espero me deis licencia para irme. . Vuestro consejo quisiera, Flaminio, para determinar con acierto en la causa de mi hermano; pues dice el común proberblo, que en el ajeno delito, juzga mas bien el ajeno. Yo, señora, en este caso no puedo hablar, que no entiendo políticas de Palacio. Como no da entendimiento Palacio. . Una humilde concha da un Diamante de gran precio. Pues lo que discurro es se esté en el Castillo preso con el decoro debido. que puede ser labre el tiempo su intrépido natural; porque es conocido el riesgo a que se expone si vuelve al manejo del gobierno: y no puede un Rey librarse de un enemigo encubierto. Parece que sus razones dicta el espíritu mismo, que a mí: lo propio discurro. Es evidente argumento; porque si la plebe ya le cobró unánime ceño, es imposible la unío de tan distintos sujetos: Bien es que algunos le estimen, aunque con duda lo creo, a lo que aquestos propongan, fuerza es se opongan aquellos. Lo mismo he dicho a su Alteza, que Flaminio estáis diciendo. Y si no la causa juzguen alto, y bajo parlamento. No, Flaminio, que la plebe no atenderá a su respeto. Pues, señora, yo a mi ver hallo imposible el remedio. tanto de la plebe, como del Príncipe; pues tesuelto, cuando yo le aprisioné, respondió altivo, y soberbio al Príncipe, que piadoso se interponía al concierto, con los Vasallos no hagáis, Príncipe, el menor empeño, por librarme, que la muerte me he de dar, si no me vengo. Sin poner, ni quitar letra el . . C. está diciendo: creedle. . Pues perdonadme, que cuanto aquí me detengo, dejándoos ya con quietud de nuevas glorias me pierdo: Adiós, señora. . Es posible, que no queráis al sosiego, después de inquietudes tantas, dar treguas? . Como el veneno fue mi primera bebida, con él vivo, y sin él muero. Tenéis empeño preciso? No, señora: pero arriesgo mucho en detenerme. . Cuánto? Si yo le he de dar el precio no lo creeréis? . Va a bañarse en las aguas del Leteo, por olvidar un pecado de frágil de pensamiento, de una banda tentación. Y sabéis vos algo de eso? Solo sé que hasta hoy no sabe, quien es del favor el dueño. Con que toda esa inquietud os causa el desasosiego de la banda? . Sí, señora, que fuera grosero el pucho, si de sabor tan Divino no averiguara el sujeto. Voy a juntar la nobleza: esperadme, que ya vuelvo. . Y sabiendo deel, qué haréis? Ver la estimación, que debo darle. . Pues sabed que es mío. Fuera error grande creerlo, Vos a mi favorecerme, humillando el honor vuestro? No puedo a tal persuadirme, ni tal imaginar puedo; que de otra vez que fui urbano, aprendí a no ser más necio. Fuego de Dios, que cañitas, Que se limpie del desprecio. Con qué no créis, qué es mío? No me juzguéis tan ligero, que queráis sin más reparo crédito le dé al momento, Luego no basta? . Y aún sobra, aunque puede serí? . Qué? . Temo: Qué puede haber que temer? Obligarme a empeño nuevo, si la Dama que el favor me hizo eligió este medio para probar mi fineza. Cómo cuando yo os confieso, que es mío, empeño ha de haber? Cómo, fingiendo pretexto de que es vuestro. . Pues creéis, que yo conviniera en eso? Siendo a vos sujeto igual, amor dispensa los fueros. Pues porvida dé Fabricio, que es a quien más amo, y quiero; que es mía. . Ay la tenéis. Me la dais? . Engañar puedo a vuestra Alteza? y más cuanido con tan alto juramento ame está diciendo, que es suyo. Pues qué importa? . Que no tengo estilo, señora, de lucir favores ajenos. No le estimáis. . Fuera error si en mi abono solo veo el acaso, y no la dicha, que me dio impensado el tiempo. Pues, y el dueño? . Si sois voz no le envidio, y le venero. Y si yo os favoreciera me estimaráis? . Ni por pienso; porque es mi naturaleza de espíritu tan soberbio, que por no verle obligada a agradecer, es mul cierto perderá sus conveniencias, Ay desaire más grosero! Si sabe seguir el rumbo, hasta aquí bien lo ha dispuesto. Que ve que le están brindando, y no admita: vive el Cielo! Tomad la banda, y ocupe feliz de tan alto empleo. Guardadla vos, que Fabricio. es en todo tan entero, que no ha de admitir favores, que en otro adorno lucieron. Alégrome del desaire, ojalá te hiciera ciento. Señora, tomadla, . En vano queréis emendar el yerro, . no os canséis. . Dásela Celia. Nada en admirirla pierdo. , Hazte grave otro poquito. Afrentado, Tizón, quedo. Te pone el cabe de a pala, y te haces de rogar, necio. Ven, Tizón. . Pues, y mi Amo? Ven, después le buscaremos. . Irene, como podré hacer que me dé Flaminio la banda? pues que mi Prima aún no la ha reconocido. Señora, a mí me parece, que el medio es pedirla al mismo, diciendo que es tanto empeño, que está tu honor en un hilo, El caso es no me conozca. Llegar tapada, que es fijo, si es Caballero, ha de hacerlo por no faltar al estilo político, que a las Damas los hombres siempre han tenido. Y si lo repugna? . Él viene. Si nos habrá conocido? No puede. . Pues tapate. Le encontraste? . No le he visto. Despedirme de él quisiera; pues todo está prevenido para el viaje, y tan solo por verse, me he defenido. Tapadas? aredro amen: yo me santiguo, y presino. Caballero? . A mí, señora? No, al que está con vos digo. Aquella Deidad os llama. En qué puedo yo serviros? En una cosa, en que es fuerza valerme de vuestro asilo, y no es menos que un empeño de honor. . Señora, decidlo, que como en mi mano esté, veréis cuan gustoso os sirvo: decid. . La banda que hallasteis (según por cierto me han dicho) se me perdió a mí en Palacio, y mi esposo que os la ha visto, de mi honor duda celoso. Confuso estol, y aturdido! Señor, esto es San Antón, la tentación, y el cochino. No me respondéis? . Quisiera no haber, señora, nacido antes, que la lengua os diera la respuesta. . Esto es preciso: go yo sé que vos la tenéis, y cuando así os lo suplico, no atendáis a quien seré: dádmela, pues. . Hay martirio en el dolor, que a este iguale? Acabad, que el beneficio si puntual, se agradece, se desestima remiso. Tizón, qué haré en tanto ompeño? Hablala, señor, clárito, di que la tiene la infanta, porque ella ser suya dijo. Señora, lo que pedís, no está en mí ya. . No habéis dicho en distintas ocasiones, que hasta saber del divino dueño del favor, no habíáis de darle? . No me desdigo. Pues como no me la dais cuando os protesto que es mío? Porque se fingió otra dueño, a quien fue darla preciso, por la verdad aparente del engaño con que vivo. Y sabéis quién es la Dama? Nunca decírmelo quiso, aunque más lo procure: disimalar es preciso: . porque no sé con quien hablo. Pues eso no os dio principio para dudar? . No, señora: porque como mi designio era lealtad de mi pecho, el engaño no previno. Y sabéis cierto era el dueño? Solo porque así lo dijo. Luego es vuestro engaño cierto? La razón. . El haber visto no fue dichosa otra Dama, que os la pidió en este sitio de que se la dieseis, y esta aún con pretexto fingido, fue dichosa: luego es caro, si se cree en los indicios, de qué es aquesa señora imán de vuestro cariño. Bien puede ser que lo sea, mas como no lo he sabido, aunque más fina me adore, lo agradezco, y no lo estimo: pero decidme quién sois? Eso en mi fuera delirio, que cuando yo en vos no he hallado en tanta congoja alivio, y cauteloso, o ingenuo me dejáis en el peligro, no es bien que quedéis glorioso de que me habéis conocido: baste me hagáis el desaire. Por esos Cielos Divinos, que nunca tal intención en mi pecho he advertido, Aunque sea cierto que nunca tal cosa hayáis prevenido, es fuerza yo lo presuma; pues habiéndoos dado aviso del dueño de ese favor en otra ocasión, altivo no hicisteis caso del dueño, según ahora lo imagino: porque si fuerais atento, y a la Dama agradecido, el favor no hubierais dado queriendo mostraros fino. Y así, por ingrato os dejo. Señora, atended: . Motivo no me deis por donde el pecho el furor, que ha concibido esgrima contra vos. . Cielos a quien habrán sucedido en tan corto espacio, tantos pesares, y laberintos! Señor, enredos de Damas son términos infinitos: no hacer caso es lo mejor. El pecho es confuso abismo donde alternadas las penas. me confunden cuanto animo. vuelve, Tizón, a Palacio, y ve si hallas a Fabricio, dale en mi nombre un recado, de que ya estoy de camino. Bien sé yo que él diera guantes . porque ya te hubieras ido. . Dudas, pues me tenéis loco, descubridme algún arbitrio. Déjame, Dispárate, que mis penas. al son de las cadenas, que finge el pensamiento. tan tirana a prensión reparta al viento. Qué cadenas, señor, estáis soñando? Que al alma rigorosa atormentando, sin ellas imagino, solo a nuevo dolor abro camino. Tú te tienes la culpa, no te quejes. Ya otra vez te previne, que me dejes: vete, no leas molesto. Voime; mas bien sé yo me llames presto. ojalá desde luego te ahorcaras, y que para herestarte me llamaras. Vete, mas no te vayas, que comtigo mis pesares mitigo. Cada instante, señor, te entiendo menos. Que mucho, si tan llerios están de confusiones les sentidos, que a explicarse no aciertan de aturdidos. Pues deja las pasiones, y representa un par de Relaciones, divertirás el tiempo. . Ay tal orate! Por eso me llamaron Disparate, porque yo con razones no me ajusto, y solo sinrazones son mi gusto. Oh ingrata suerte, quién de ti se fía! Yo me acuerdo, señor, que a mi una tía sobre un caso en que yo me vi perplejo, me dio una madrugada este consejo: A todios, aunque Rey, tenlos gustosos, que son aunados muchos poderosos, que el Rey que una vez pierde los Vasallos, si ofendiolos no tiene que buscarlos. Mas Fabricio, y la Infanta hacia aquí vienen. Si es a el ajuste, que venir no tienen? pues más honra es perder hoy prisio neto, lo que mañana Rey perder espero. A esta cuadra salió con el criado. De la Infanta podréis darla un recado. Decidle como yo:: . Mas aquí viene. Cielos, como la muerte se detiene pero ya mi desgracia me lo advierte, que aún cuidado de mi perdió la muerte. Hermano? . Infanta. . Cuando a veros vengo con angustias tan grandes os prevengo. Está mi corazón tan pensativo, que solo muero porque sé que vivo: y es conmigo la suerte tan esquiva, que para más dolor quiere que viva. No os entiendo, Ríselo. . Yo tampoco que de absorto estoy loco. El Príncipe Fabricio hablaros quiere. Quién vive en penas, cuantas veces muere? Príncipe, a vuestros pies. . Alzad, Fabricio, que ya del Real honor cesó el oficio. Siempre en mi estimación Rey os venero. Esa es la fey de amigo verdadero. Qué jamás dignidad quitan acasos. Pues yo soy excepción por mis fracasos; a Decid a qué venís? . Solo a trataros. de la paz. . Es cansaros, que según irritado me contemplo al mundo en su castigo daré ejemplo, y aunque digáis: que en mi es rigor impropio, aún tirano he de ser conmigo propio. Y así en esa materia, vuestra Alteza, no tiene que empeñar tanta grandeza, porque, o he de vengarme, o yo mismo la vida he de quitarme. Mire, señor, tu Alteza lo que dice. Si contra mí la suerte es infelice. para quedar yo bien, este es el modo: muerto yo cesa todo, ya tiene Chipre Rey a quien rendidos sus moradores todos fementidos. Rey Chipre! qué decís? . Lo cierto, Infanta que hoy a ser vuestro hermano se levanta, de un oculto tratado en que ha vivado de todos hasta hoy desconocido. Mirad que en eso la aprensión os miente. Por cartas me lo han dicho expresamente. Que me ahorcan, que me ahorcan, señor Apolo, amparadme: déjenme rezar siquiera de oraciones mil millares. Qué voces son estas, Cielos! Qué aún no cesan los pesares! Qué me ahorcan. . Hombre, hombre. Dormido esta: Disparate? Quién me llama? . Vuelve en ti. Qué caro el dormir me sale! Qué ha sido? . No sé, señor, yo soñaba que a quitarme unos pocos de doblones, salieron cuatro vergantes, y porque me resisti me echaron a los gaznates uin cordel, y a puro el postre tiraban de él los cobardes. Quise tragar la saliva, y como atroces, e insames tiraban, tragar no pude, y me hicieron que gritase. Esto es al pie de la letra, y lo que viene a sacarse en sustancia es mal agüero, según las premisas de antes. Pues qué discurres? . Que ya viene el verdugo a sacarme para ejecutar al vivo lo que previne en imagen. No creas supersticiones, Supersticiones? el diantre: cuando a un infeliz no fueron hasta los sueños verdades? Que ciertó es, y como yo podré el discurso apoyarte; pues en la farsa del mundo del sueño copia, y caracter, gozaba, al parecer, dichas, que experimento hoy pesares. Señor, no al dolor te rindas, que desdice en pechos Reales, Por eso son en los nobles los sentimientos más graves. Hermano, mirad que medio os parece más tratable con la plebe, que los dos para hacer las amistades, interponer te ofrecemos nuestras dos authoridades. Infanta, y señora, ya es por demás hacer paces, que quien fue una vez traidor, no se emendara tan fátil; y más sabiendo ellos que estará ya de viaje el nuevo Rey. . Qué decís? es aprensión! . Que no es dable en mi natural soberbio tolerar que otro me mande, cuando yo a tantos mande. No sé, Príncipe, el dictamen vuestro sobre que se funda. Fabricio, deciros baste, que lo sé con evidencia, de quien sé que no me engañe. Pues si eso, Príncipe, fuera, no era preciso que antes dieran a la Infanta cuenta, cuando ya a vos no mirasen? Eso tienen las desdichas, que para dolor más grande, sin dar indicios del riesgo, mudos los peligros hacen. Nlo sé cómo pueda ser! Infanta, mi suerte al suje mas superior me encumbro, a qué hombre pudo esforzarse, y si es de un sabio consejo, se reguien igualdades, entre el ascenso, y caída del tiempo a efectos variables. en? En mí se vio ya el ejemplo de tan discreto dictamen; pues propicia mi fortuna me dio honor, y majestades: R90lSD Pero computando extremos, si llegan a regularse, de la altura en que me vi, y lo que el tiempo me abate, pues del solio ya caí, con la muerte ha de igualarse, que es la línea paralela entre el que sube, y que cae. Que así a vanas aprensiones el valor has de entregarles? Que no hay medio? . El que yo elijo es el que os previne antes. Flaminio, señora, espera le des licencia de hablarte. Dile que entre. . Infanta, adiós, no quiero renovar males con su vista: en paz quedad. El Cielo, Príncipe, os guarde. Mirad, señor, que después volveré de espacio a hablarte. Señora, ya llegó el tiempo de acelerar mi viaje para Rodas, que mi Rey me escriben al fatal trance está de la parca expuesto. Qué decís! . Que de sus males, si el Cielo no lo remedia, rendirá el último vale al rigor con que le aquejan. Pues, Flaminio, si le hallaréis, cuando lleguéis, en su acuerdo, podéis darle de mi parte el pásame, y qué obligada quedo a favores tan grandes. Y si rendido a la parca hubiere el vital estambre, a su Succesor Guillerino, podéis el recado darle: id en paz. . Creed, señora, que a daros gusto no falte mi brazo en cuanto valiere: mandad, Príncipe. . Que os guarde, el Cielo. . Siempre sol vuestro. Y yo tus parcialidades. sigo: venid. . Vuestra Alteza:: Id, Príncipe, a acompañarle. hasta el Puerto. . En mí tu gusto, señora, es ley inviolable. Viva immortal V. Alteza, por honras tan singulares. Cómo después que la gente de Flaminio, y Ciudadanos. llegó victoriosa a verse del enemigo, gozosos. en festejos, y banquetes, todo es celebrar el triunfo, no he venido, Prima, a verte. Ay, Prima, cuando a las dichas. las rige enemiga fuerte, lo que en posesión alegran, si se frustran, entristecen. Pues qué os da pena. . Ver preso a mi hermano, y que la plebe de la molestia pasada, según el odio le tiene, no ha de convenir en paces. Poco importa proponerles con disimulo tratados, y dejar que deliberen. Buen viaje, buen viaje. Mas Cielos, qué ruido es este! Esto es, Prima, que Flaminio ya para Rodas se vuelve, y la gente agradecida la salva le hacen alegres. Cómo vive el sobresalto en el pecho eternamente el menor rumor, que oye, le hace peligro evidente: mas, y el Príncipe? . A Flaminio le su pliqué que asistiese, hasta que al mar se entregasen; que aunque son tan diferentes los personajes, me obligan. de agradecidas las leyes, Y volverá? . No sé, Prima, ya el alma desea verle. Tanto ha que se fue? . No ha muca mas quien amante padece, los momentos hace siglos. Luego diré de esa suerte amas al Príncipe? . Y tanto, que aturdida el alma pierde, en no viéndole, el valor; mira tú si esto es quererle. Como no sé esas pasiones, ignoro que responderte. Qué socarrona es mi Ama! si la Infanta te entendiese! Mas ya viene: qué ay, Fabricio?? Ya va marchando la gente. No sé a tan grandes favores; como el afecto demuestre. Cómo? dándome licencia. (presto sañuda mi suerte me trajo para quebranto: convidándome a placeres) para irme a Tracia; pues ya quedáis sin riesgo. . No puede obrar tan tirana el alma; que se dé a sí misma muerte. No sé qué decís. . Que yo atenta a tantas mercedes como habéis por mi emprendido, fuera incurrir neciamente en ingratitud, y así licencia de mí no esperes. Si receláis otros riesgos, mis mayores intereses, en daros gusto afianzo. No hay riesgos, que el alma cele. Pues qué pretendéis? . juzgaba, las palabras, que otras veces os atendí agradecida, menos cruel os cumplieseis. Qué palabra os di? . Mi Prima puede ser de ellas se acuerde. No sé de que habláis. . También tu Prima a dudas te ofreces! Creed, señora, que sí a cualesquier Dama diese (no digo a vos) mi palabra le cumpliera: pero advierte mi atención: Basta, Fabricio, ya veo que razón tienes. Oh mal haya la esperanza con que viví ciegamente! Señora, no os aflijáis, puede ser que yo me acuerde, y os la cumpla. . De la Infanta Príncipe, el pesar es este. Ya os acordaréis, señor, que dijisteis muchas veces, que asegurados los riesgos, podríáis conmodamente al Cielo de su hermosura servir idólatra siempre. Aunque es cierto que la di, no os admire no quisiese confirmarla, cuando celos me oprimen villanamente. Celos, de qué. . De un favor, que un mi enemigo posee. Quién es? . Señora, Flaminio. Queréis que la banda os muestre? Será doblar el desaire; pues no puede convencerme. Por qué? . Porque se la vi, y si os la dio claramente, acredita la pasión. . De qué forma? Al que bien quiere, que le pedirá lo amado, qué su pecho se lo niegue. Decís bien; mas proseguid. Luego concluye evidente la razón, que es vuestro amante, Eso tu gusto lo infiere: pero la razón lo niega; pues no dirá que bien quiere quien finge, que amor fingido no apasiona, aunque divierte. Y la Dama; que un favor, sin más interes que hacerle, da a un galán, y se le quita, agravia, y no favorece. Visos tienen las razones en mi verdad. . Creedme, que dar tanta fe a los celos, el sagrado honor ofende de la Infanta; y más sabiendo, que ya el favor no posee Flaminio. . Mas fue a el hecho? Menos, porque claramente sé yo que fue casual el hallarle, y ya le tiene la Infanta. . Muéstrale, Celia. Basta que vos lo dijeseis, que esto fue solo probar vuestra fineza. . Pues puede en mi pecho haber cautela? Y vos presumis pudiese, aunque cesos os mostré, dejar de adoraros siempre? Qué decís? . Celos, cuivado, . que la atención os conviane. Con que ya, Príncipe, estáis de mi Amor cierto. Y de suerte que seré de tu hermosura Clicie amante. . Señor, tente, que ya la raya pisáis del respecto. . Lance fuerte! Señora, hablad sin embozo. , un respeto me enmudece. Es el mismo, que decís arropello? . Es diferente, que al no serlo os lo dijera, y quién es. . Luego no debes, cuando yo el sujeto ignoro, culparme en que lo atropelle. No ha menester el que es noble, que esté el sujeto presente, para guardarle en la ausencia el honor que se le debe, y más siendo una mujer, a quien tanto honor le deben. Pues quién es? . El mismo a quien vos fementido, y aleve en cierta ocasión le disteis vuestro consejo prudente. No discurro quien ser pueda, sino habláis distintamente. Perdonad, que hablando a Celía Príncipe, no os atendiese. 1. Piedad, Dioses, que me anego. 2. Favor, Dioses, que me ahogo. Echa el bote. . Echa el esquise, El mar airado, y furioso en espumas a los Cielos, se eleva presuntuoso, Piedad, Dioses, que me anego, Favor, Dioses, que me ahogo. Estas sastimosas voces as alma tanto alboroto hon causado, que parece las padezco, y no las oigo, Si lerá Flusinio acaso. ro Que me anego. . Que me ahogo, Aún no cesan los lamentos, por puntos más congojosos. El aire horrores conspira, El mar es todo un escollo, Ya hallé tierra. . Aca Soldados. Ya son menos mis ahegos: id, Príncipe, a ver que gente es la que llega al dichoso puerto tras tanta tormenta. Siempre a tu gusto estoy pronto, No sé, Prima, cuando el alma tendrá algún tanto reposo. Tan natural es ya en mí vivir entre los asombros, que sin ellos imagino, no estará el pecho gustoso. Dadme, señora, tus plantas, para que este nuevo aborto de fortuna en ellas halle de tanta perdida el logro, Alzad, Flaminio, y decid. vuestra desgracia, . Animosos apenas al mar le dimos nuestra esperanza, envidioso, sin duda de que en su centro tanto lino, y tanto tronco Delfhines breados surquen su salado promontorio: al cabo de tres jornadas, que pacifico en su golfo nos hospedó, empezó a airarse tan altivo, y de tal modo, que perdiendo de la aguja los aciertos los Pilotos, en breve tiempo nos vimos escarmiento de su enojo. Crecia, pues, la tormenta a los alientos del Noto, que con sañuda porfía soplaba irritado Eolo. Tendió la noche su manto con horror tan pavoroso, que amedrentada la chusma, unos dudan, temen otros, y todos sin resolverse, era confundirse todos. Yo viendo, que por instantes, con mayor fuerza; y destrozo de Armada, y vidas soplaba a raja tabla el Favonín, por huir tanto peligro, a mi enemigo me arrojo, y bregando con las olas, aquí nado, allí zozobro, siguiendo e de los míos despechados, y animosos. Fue el peligro tal, señora, que olvidados de si propios a las aguas se arrojaban, entregándose en despojos a los escamosos brutos, hombres en valor asombros, Dividiéronse las Naos por cáminos tan remotos; que aún no pudieron los unos prestar amparo a les otros, de tal suerte, que en un hora poco menos, que el destrozo de la tormenta duró, recobrándonos un poco, mirando al mar, no pudimos hallar de la Armada asomo. Fiero lance! . Aprieto raro! Fatal caso! . Triste asombro! Y así, señora, pues ya en la derrota, que lloro, con llegar a vuestras plantas, en tanta angustia mejoro: me iré a descansar. . Es justo. Un Embajador, o Propio de Rodas pide licencia, para tratar un negocio a solas con vos. . Que llegue: esperad, Flaminio, un poco, que quiero os halléis presente; porque como experto en todo, vuestro parecer me deis. A vuestro gusto me postro. Permitid, que a vuestras plantas, para colmo de mis dichas, consagre mis esperanzas. Alzad decid, qué queréis. Sea intérprete esa carta, que el gran Camilo me dio, para que a vos la entregara. Qué hay, señor Conde, y su Alteza? Ya os responderá la Infanta. Que para afligir a un triste las desdichas no se cansan! qué venenoso compuesto en estas letras se halla? Qué murió Camilo! . Atento a que vos no os disgustaráis, no os lo previne: ya es muerto. Qué decís? hielo es el alma! Al espirar me la dio, diciéndome con instancias, que yo propio os la trajese. Estímoos fineza tanta. Vos, dice, que sois mi hermano, y Rey de Chipre os declara. Cómo puede ser? . Leedia, veréis mi voz no os engaña. Para descanso de mi alma, sabed sobera na señora, como fue convenio de la Majestad de vuestro Padre, y mía, que Flaminio, legiti- mo heredero de la Corona de Chipre estuviese desconocido en mi Reino por ocultos designios de ambas Majestades. Mas sabiendo cuan ti- rano es con su Patria el Infante Riselo, y ha- Fándome en el ultimo vale de mi vida, le de- claro Rey de Chipre. Guarde el Cielo vuestra Camilo. Real persona. Con suspensión me ha dejado. Ay novedad más extraña! Yo de eso soy fiel testigo; pues en las guerras pasadas, que Camilo a Chipre puso, con fuerzas tan soberanas, que conquistar todo el mundo pareció que amenazaba, viendo vuestro padre, que era superior ventaja la del contrario, y que el Reino huía de la amenaza del golpe, que prevenía, para quietud de la patria, propaso a Camilo treguas, con partidos, y ventajas, tan su periores, que al ser ambición la que le arrastra, venciendo aún le faeran menos las que en quietad le eran tantas. Empezó a infestar las costas, y a las prolijas instancias, con que la plebe oprimida de las enemigas armas, con alternadas porfías, a vuestro Padre clamaba; dispuso partirse a Rodas, para tratar cara a cara las paces; y fue el convenio, que al Príncipe le entregara. Sintió en el alma el partido; mas como siempre el que ama se niega a sus intereses, por los de la prenda amada, concediolo, aunque violento, y a mí el secreto me encarga, fingiendo al Príncipe muerto, que el Reino sintió en el alma. Esto es, señora, lo cierto, y a no ser por las instancias tan precisas, el secreto jamás yo lo revelara. Viva el nuevo Rey Flaminio, y Florelinda su hermana. Pues yo, hermano, la primera he de ser que a vuestras plantas, celebrando tanta dicha, diga en voces alternadas. , . Viva el nuevo Rey Haminio, y el gran Príncipe de Tracia. Y yo, señor? . No, Fabricio, no es bien que Majestad tanta profanando su respecto así se humilla. . Y yo esclava vuestra seré eternamente. Alzad, que vos en el alma tenéis ya la habitación. Para mí, señor, no hay nada de albricias, pues fui el primero que os corone sin ser Papa, Obispo, ni sombra suya? Yo te las prometo. . Basta; mas como sois Rey moderno, temo volváis la palabra: peor están que en la bolsa. Que se mata, que se mata. Quién su Rey me conoció, no ha de mandar mi arrogancia. y pues no puedo vengarme. de mi tomo la venganza. Haces bien, que así los diablos picaran de ti ensalada, Qué es esto? . Que como oyó, que al gran Flaminio aclamaban, por nuevo Rey, de coraje tomo irritado la daga, y se la envainó en el pecho, porque no tenía vaina. Y qué razón dio? . Decir en las últimas boqueadas: quien su Rey me conoció, no ha de mandar mi arrogancia, Quién fué tirano consigo, qué esperaba de él su patria? Rigor raro! . Fiero asombro? Cruel rigor! . Ira rara! Por eso no permitió jamás paces se trataran con la plebe. . Varias veces me dijo como por cartas de Rodas sabia de cierto, que nuevo Rey se juraba. Tal rigor no he visto en hombre! Sin duda que en las entrañas hospedaba alguna tigre. Par diez que es buena empañada, sin decir aquí me duele, darse así de puñaladas. Pues dadme, señor, licencia, para que con nuevas tantas, gustoso me parta a Rodas. Descamad de la jornada, que os he menester de espacio. Lo haré como me lo mandas, Pues ya que a nuevas congojas, del todo ceso la causa, y queda en quietud el Reino para dar fin a mis ausias, le doy la mano a Fabricio. Yo a Ruremunda, que el alma pena por lograr tal dicha. Yo agradecida a tus plantas, con ella el alma os entrego; pues fortuna tal alcanza, Advirtiendo, que Fabricio, le de a Flaminio la banda, que por favor blasonó, y la que tiene la Infanta dé a Fabricio, pues celosa de que el Príncipe le amaba la puse donde Flaminio casualmente le hallara. Aquí está. . Y esta es la mía, Ambas a dos desdobladlas, y veréis el desengaño. Es verdad, y yo engañada, con la color, no advertí si era mía, o nos tomadla, que en ella os doy alma, y vida. Dos voluntades enlazas, y tomad, señor, la vuestra. que una immortal las dos almas. Cielos, cesaron las iras! Dioses, cesaron las ansias! Cielos, qué la Infanta es mía! Dioses es dicha soñada! mas desengáñame el tiempo. Digo, pues todos se casan, no hay algo para este pobre? Un váyase noramala, y con esto ya el Author, si el enredo os cayó en gracia, no quiere se le estiméis, si no que sepáis que acaba del Tirano de si proprio, en la muerte la Jornada, diciendo en lugar de victor, todos en vos alternadas: Viva el nuevo Rey Flaminio. lo resinda la Infanta,
