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Texto digital de El tirano de Lombardía

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Francisco Roca y Llanoré
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El tirano de Lombardía. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tirano-de-lombardia-el.

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EL TIRANO DE LOMBARDÍA

JORNADA PRIMERA

Válgame todo mi aliento! fortuna fue no pequeña quedarse el freno enredado en las ramas y maleza del bosque, dando lugar a que arrojarme pudiera a tierra, pero alejado de mi gente, en la aspereza perdido de bosque umbroso, no encuentro rastro ni senda por donde pueda salir: qué mudo silencio reina en este fragoso sitio! Qué haré? y más cuando de negras pardas nubes, pavorosas, se cubre toda la esfera: en diluvios se desata el Cielo, y la tierra tiembla de los truenos al sonido: mas pues en esta lader una gruta reconozco, a entrar me resuelvo en ella, hasta tanto que se aplaque la furia de la tormenta. Cuando en perseguir a un triste se conjuran las estrellas, los más leves accidentes contra su dicha se empeñan. El infelice Bertario sin duda con ansia espera mi venida, pero el Cielo con borrasca tan deshecha, no solo corta mis pasos, sino que con la violencia de la lluvia, ha malogrado la miserable pobreza que para alimento suyo preparo la providencia: pero pues ya el sol luciente el rostro apacible muestra, y el orizonte sereno a despejarse comienza, quiero llamarle: Bertario? Rey desdichado, qué esperas? Bertario? Pues voces oigo, calgo a ver quien pueda dirigirme hasta Pavia. Oh distingo mal las señías, o no es Bertario el que sale de la oscura gruta horrenda: válgame Dios, quién será? qué de cuidados me cercan! Si le habrán muerto? Ay de mí! pero pues el hombre llega que salió, lo sabré todo, aunque resistirse quiera. Decidme, amigo:- Qué miro? O se forman en mi idea . fantásticas ilusiones, o este es Hunulfo. Qué pena es la mía! Este es Teodoro, General de las banderas del Tirano Grimoaldo. Me parece que sus pensa vuestra vista en mi persona, manifiestamente prueba que pretendéis conocerme. Bien conoceros pudiera::- Él es: pues qué aguardo? . Hunulfo? , - Traidor, aparta, no quieras contaminar con tus brazos mi lealtad y nobleza. Esa injuria te perdono, pues sé que, engañado, piensas que soy parcial del Tirano que se ciñe las diademas de Milán y de Pavia; mas sabe que tan de veras le aborrezco, aunque disfruto su favor y confidencia, que si nuestro Rey Bertario, triste Monarca, viviera::- Qué harías? Perder mi vida juntamente en su defensa. Pues juralo. Ahora sí que resentirme debier de esa tu desconfianza, pues sabes que en cuantas guerras, y en fin, en cuantas acciones encargó a mi diligencia Bertario, le serví noble, cumpliendo siempre la deuda de mi estirpe generosa. Perdóname, amigo, y llega a mis brazos; no te admires que sabiendo la opulencia en que vives, y el favor que el Tirano te dispensa, llégase a desconfiar. Luego que la causa sepas de no haber seguido al Rey, aprobarás mi fineza. Y dí, has penetrado todo el ámbito de esa cueva? La furia de la borrasca me obligó a acogerme a ella, mas no pasé de la entrada. Pues en su seño se alberga el vesdichado Bertario. Qué dices? como a la fuerza de tan alegre noticia mi espíritu no flaquea del gozo sobrecogido? Qué vive el Rey? que las nuevas de su muerte fueron falsas? Su respetable presencia será el mejor desengaño: en este sitio me espera, que a traerle voy. Ah Cielos! qué gracias, que recompensas puede a tantos beneficios daros mi alma sincera? venturosa una y mil veces la ocasión de que a estas selvas saliese a caza: venero rendido la Providencia; pues desbocarse el caballo, ha producido que pueda mi lealtad: mas ya bajan: con torpes intercadencias, late el corazón turbado, con la dicha que le espera. Teodoro? amigo? Señor? Dejad que a las plantas vuestras desahogue mi ternura de sus ansias la violencia. Llega a mis brazos, y aprende fiel Teodoro, en mi tragedia, de las fortunas humanas la caduca permanencia: y dime ante todas cosas, tiene salud mi hija bella? Escucha atento: después que te declaró la guerra tu hermano el Rey de Milán, y llamando a su defensa al bárbaro Grimoaldo, este, con sus manos mismas le mató, y después en fin, que destruidas tus fuerzas de Pavia y de Milan, ciñó la augusta diadema, supimos que fugitivo te acogiste a la defensa de Gandiperto, tu primo, quien temiendo las violentas amenazas del Tirano, to abandonó con fiereza: luego quedó tu destino ignorado, y aún las nuevas de tu muerte se extiendieron. Rodelinda, tu hija bella, en poder de Grimoaldo quedó, señor, prisionera: Sabiendo yo que la amabas como única dulce prenda de tu paternal cariño, y de tu estado heredera, procuré ganar la gracia de Grimpaldo con ciega sumisión, lo conseguí, y pude de esta manera de la triste Rodelinda dulcificar la tristeza: salud tiene, y es tratada con toda magnificencia, porque el Tirano la ama, aunque lo aborrece ella. Si no no fuera hija mía. Pero di, qué me aconsejas? en tan fuertes circunstancias qué haremos? Si mis ideas quieres seguir, es preciso valernos de la cautela. El poder de Grimoaldo, hoy no tiene competencia, que en Italia se conoce, con que es en vano que quieras buscar en sus Potentados el favor, pues si se arriesgan, no han de querer defenderte: vagar Provincias diversas como hasta aquí, y apartarnos de los bosques y las selvas, es morir continuamente entre peligros y penas; y así, señor, es preciso que con valor te resuelvas a presentarte al inicue que tu estado señorea. Qué dices? mi triste vida será úíctima sangrienta del furor de sus enojos? Y tanto, que si supiera que tan proxima a Pavia era tú asilo esta selva, todo el ámbito abrasara de su fragosa maleza. Por la muerte de tu hermano, sin hijos, no es heredera Rodelinda de Milan? por hija tuya no entra a suceder tus estados? Es muy cierto. Pues si llegas a ofrecer a Grimoaldo, con cautelosa apariencia, su mano, ha de hacer contigo la paz, pues consigue en ella el derecho a lo que usurpa, y lograr su amor. Bien piensas; A pero cómo del tratado hemos de evadir la fuerza? No habrá leales que al verte se inclinen a tu defensa? Infinitos: si al Tirano humildes la mano besan tus vasallos, es efecto del temor de su soberbia la traza está bien pensada, y no faltarán cautelas que hasta un oportuno lance el casamiento difieran, Mas quién será tan resuelto que de mi parte se atreva a tratar con ese impío? Yo, que siempre en tus miserias te acompañé con valor. La primera diligencia de Grimpaldo será intentar a viva fuerza Saber de ti donde estoy. Pues primero que lo sepa, sin dejarte asegurado, aunque las furias que albergan en su depravado pecho le inspiren y le sujieran cuantos tormentos son dables de un Tirano en las ideas, me verá espirar entre ellos constante, y antes que pueda saber de ti, con mi muerte desvaneceré tu ofensa. Oh ejemplo de lealtad! o corazón en quien reinan tan de asiento las virtudes! el Cielo piadoso llueva sobre ti mil bendiciones, y premiando tu nobleza en bronce, en mármol y en oro, eterno tu nombre sea. Qué resuelves? Tu dictamen a pruebo, mas de la idea prometedme que a ninguno habéis de hacer confidencia, ni aún a mi hija, hasta tanto que la ocasión lo requiera: juraislo así? Sí juramos. Pues, señor, siendo así, espera la resulta en este sitio, y Hunulfo conmigo venga, para que yo le introduzca del bárbaro en la presencia. Danos lus brazos, y adiós. Él, piadoso, nos conceda el acierto necesario de tan difícil empresa. Adiós, hijos de mi vida, que este dulce nombre, es deuda de vuestros merecimientos. Gran Señor, el llanto deja, y confía de nosotros. El corazón se me quiebra de dolor. Teodoro, vamos. Vamos donde se haga eterna la fama de nuestro nombre. Ea, fortuna, sipremias generosos ardimientos, Siendo el mío de una esfera tan alta, y siendo la causa tan justa, tu recompensa corone mis esperanzas, y de Rodelinda bella, con cuyas memorias vivo en tan rigurosa ausencia, y de su infelice padre cambia en dulzuras las penas. . Justo Dios! pues mi amargura conoces, tú me consuela: vela sobre mí; tu auxilio rendidamente merezca el que te hace sacrificio de sus angustías y penas, y sumiso a tus decretos los obedece y venera. Que en fin, Rodelinda ingrata, tan esquiva como bella, ha tratado con desprecio mis generosas ofertas? Sí señor, mas no lo extraño, pues desconoces la senda de obligarla: el rendimiento, la ternura y la fineza, son los medios que el amor en sus conquistas emplea. Claudiano, yo no aprendí desde mis nifeces tiernas sino a manejar las armas; pues pues como quieres que sepa practicar de Venus blanda afeminadas tareas? No es desdoro el rendimiento en la amorosa palestra, ni de un militar desdice el amor. . Manía necia! el amor en el soldado mi discurso no condena; pero si el abatimiento, y que con falsa apariencia, pasen por galanterías muelles, acciones, que enervan el corazón, y le quitan la varonil entereza. Por eso algunos, siguiendo las máximas que presentas, dicen que el soldado amante ha de tener cuatro prendas. Y son? . Desenfado, honor, bizarría y buena lengua. Que en efecto esa mujer te dio tan dura respuesta? Sus labios te desengañen, supuesto que aquí se acerca, de tu hermana acompañada. Hermosa es como soberbia. Disimula. No es posible, si en mi corazón se alberga la amargura. . Hermano? Paulina? . Viendo que hoy en mi cuarto no entras, quise venir a saber si es novedad o tibieza, de tu fraternal cariñío. Que aún a mirarme no vuelva! Paulina, no entrar a verte lo ha causado la aspereza de un dolor, que me maltrata con tan extraña violencia, que no sé cómo resisto su rigor. . Quieres que vengan mis Damas a divertirte, y con músicas y fiestas procuremos disipar la pasión que te atormenta? Yo te agradezco el cuidado que en alivio mío muestras, y ahora con Rodelinda dejadme solo. . Qué pena! No te conturbes, señora, vive segura, no temas, que no me quita lo honrado mi adusta naturaleza. Pues a Teodoro no he visto, vana fue mi diligencia. Señora, no sé qué causa, ni qué maligna influencia contigo así me indispone, que ingratamente me niegas aún de la cortesanía las atenciones primeras. Si enemigo tuyo he sido, sin duda advertir debieras que el honrar al enemigo siempre fue airosa fineza. Mas cuando son como tú, no son hombres que son fieras, monstruos son abominables, en cuyas entrañas llenas de iniquidad, se desdora la humana naturaleza. Yo te adelanto favores: porque venerada seas te ofrezco de mis estados, con mi mano, la diadema. Difícil es que yo entregue a un traidor mi mano regia: de mi desdichado padre la imagen siempre rodea mi corzón, me parece que le miro en las postreras ansias de mi dura muerte; y sombra pálida y hierta venganza de ti me pide, aunque en vano: pero tiembla, cruel, que el Cielo permita; mas sin castigo no deja los malvados, y si tarda es porque así de su recta justicia dé el escarmiento la más conocida prueba. Si de tu padre y tu tío los cetros en mús se ostentan, cuando a ti te los ofrezco no ha sido mucha la ofensa de quitarlos a ellos; mas pues vana, altiva y necia tus rigurosos discursos acaban con mi paciencia, Si de parecer no mudas, puesto que tanta entereza ya es afectación, y puedo concederme lo que ruega mi pasión, de mis enojos probarás las consecuencias. No temo tus amenazas, que mi valor las desprecia. Y el peligro de tu vida? Si así he de librarla, muera, no tengo a las penas miedo. Conque en fin, estás resuelta? Ya lo dije, y es cansarte. Pues teme:- Nada hay que tema. Que mi rigor::- Es injusto. Mi arbitrio:- Al alma no llega. No mudas dictamen? No. Pues advierte:- Qué hay que advierta? Que una vez determinado, reta a la razón la rienda, aunque la vida me cueste, he de rendirte soberbia. Y yo noble y generosa, de mi honor en la defensa, seré escollo impenetrable de tu poder a la fuerza, y como el honor conserve, mas que la vida se pierda. Tente: a dónde vas, señora? A donde el dolor me lleva. Aguarda, y el corazón prepara a una alegre nueva. Qué dices, Teodoro? acaso se cansó de ser adversa la fortuna? . Por lo menos parece que abre la puerta a la esperanza: tu padre::- Qué escucho? no te detengas, vive por ventura? . Vive, y puede ses que le veas dentro de pocos momentos. Explícate más, no quieras que del gozo y el temor duros combates padezca. Pues atiende. : A Rodelinda vuelvo a buscar:: mas con ella está Teodoro! ansias mías, oigamos: no las sospechas que ha tanto tiempo me agitan, pasen a ser evidencias. En efecto, hoy vendrá Hunulfo, y veremos como prueba la noticia en Grimoaldo. Pero como en su fiereza pretendéis que hallen abrigo de mi padre las miserias? Nada oigo, por más que atiendo. Eso dirá la experiencia. Entre alegre y temerosa el alma ductúa inquieta; pero pues mi padre vive; sean justa recompensa de tan gustos a noticia, mis brazos. Qué veo, penas! Mi fino amor los recibe como inestimable prenda, que el candor y la constancia de mis lealtades premia. Adiós, pues para enterarme de todo lo que convenga, es necesario que me halle del Tirano en la presencia. . No conviene que la traza que hemos prevenido sepa hasta que: pero Paulina: dulce bien? hermosa prenda? Con quién habláis? Contigo hablo, pues no hay otra que merezca oír amantes dictados, hijos de mí fe sincera. Y el que merece los brazos de una dama tan perfecta como Rodelinda, tiene la arrojada inadvertencia de decir a otra caricias? Todo lo vio: dura pena! . lo peor es que no encuentro modo de satisfacerla. Callas, traidor, y disculpa a tu inconstancia no encuentras? tan retórico el agravio, cuando tan muda la lengua? Si la verdad le confieso, es muy sactible que crea que soy parcial de Bertario, y es aventurar la empresa: qué la diré? . Aún enmudeces y ni un engaño te presta tu persida alevosía que satisfacerme pueda? Señora, si Rodelinda tan cariñosa se muestra conmigo, solo es efecto de una gratitud::- . Y llegan a tanto los beneficios que tal gratitud granjean? Si hasta aquí te serví amante en fina correspondencia, porque de mi desconfías sin más causa? Y es pequeña verte en los brazos de otra dama? y si no sepa yo que era lo que a decirla llegaste. Si yo:: acaso:: mi firmeza:- La turbación que te oprime claramente manifiesta la razón de mis agravios, y las celosas sos pechas que tiempo ha disimulaba; pero es merecida pena de la que a un ingrato salso un fiel corazón entrega; pero no importa, no importa, porque nada o poco cuesta romper de un amor injusto la mal forjada cadena: un hombre traidor, perjuro, sin constancia en la promesa, sin recato en el agravio, y en el pecho sin nobleza, jamás puede hacerse digno de nobles correspondencias: quédate para quien eres, y jamás en mi presencia ni el nombre de amor pronuncies. Nada extraño que sus quejas prorumpiesen tan amargas, pues igaorante se encuentra de los motivos, y han sido muy fundadas sus sospechas mas me sirve de consuelo que cuando la causa sepa me disculpará apacible, y con justa aquivalencia, al compás de los enojos, corresponderán las tiernas satisfacciones, que amor si no admitiese en su esfera la oposición de los celos, no tendría tanta fuerza; pues así como el sol suele tras de oscura noche negra amanecer más luciente, también amor cuando llega entre dos amantes almas, si firma paces estrechas, después de enojosos celos, mas se ánima, mas se esfuerza: o bien hayan tempestades que las bonanzas aumentan! . ,y Por más que en mi corazón tanto crece, tanto reina la pasión de Rodelinda, pues tan esquiva se muestra que ya pasa a ser desprecio de mi poder su entereza; hoy probará de mis iras el rigor: la ingrata vea, que olvidando mis afectos, solo del rigor me acuerda su sin razón: llore, gime, rodeada de cadenas en la prisión más oscura, y cuando así no venza, le dividirá un cuchillo de los hombros la cabeza. Míralo mejor: advierte las razones que se ostentan en su favor: las victorias que adquirió tu invicta diestra, no deslustres de este modo, que es mancha de tu grandeza castigar a una mujer, que aunque ahora no pretenda sino seguir la ilusión que su sentimiento ordena agrados y beneficios, será preciso que tuerzan con el tiempo su dictamen; pero cuando así no sea, no es del fuerte Grimoaldo justo empeño, digna empresa en tal débil enemigo descargar iras severas. Y he de consentir mi ultraje con tan indigna indolencia? pero ella viene: qué es esto? a mis ojos te presentas otra vez? se le olvidaron a tu rigor o insolencia mas denuedos, más injurias, y no quieres que se pierdan? Señor; cuando considero mi situación, no te ofendas de que mirando en ti el origen de mis penas, la opresión del pecho mío desahogue como pueda. Me parece que templada menos ceño manifiesta; pero Teodoro? . Señor, aunque excusarte quisiera una noticia, no puedo, cumpliendo con mi nobleza, ocultarla. . Dila al punto, porque a mi nada me altera. Hunulfo, a quien conociste bien en las pasadas guerras, hablarte quiere de parte de Bertario:- Ten la lengua: de turbado a hablar no acierto. Se estremece y titubea. La voz del remordimiento en su corazón resuena, Bertario vive? De Hunulfo será mejor que lo sepas. Dile que entre: qué temores, qué confusiones me cercan! . mas yo temor, cuando toda Lombardía te sujeta a mi poder: mas la imagen de las maldades horrendas que he cometido, acrualmente en mi pecho se renuevan con eficacia mayor; pero ya veo que llegan. Dame, insigne Grimoaldo, a besar tu mano excelsa. Alba del cuelo, y explica tus intentos sin recerva. El infelice Bertario, no ya aquel cuya cabeza coronaba de Pavia la majestuosa diadema, sino profugo y errante, triste objeto de la adversa fortuna, salud te envía, y por mí te manifiesta que no ya de estos estados que riges cobrar intenta la posesión, sino solo que permitas que en eterna dulce paz contigo viva, y para que duradera a par del tiempo esta unión siempre indisoluble sea, cuantos derechos al cetro augusto le pertenezcan, en Rodelinda su hija transfiere, con tal que quieras hacerla tu digna esposa, porque de esté modo cesan en ti las desconfianzas de que ninguno pretenda disputarte estos estados: en él las continuas penas que por conserbvar la vida padece, y en fin, en ella el temor de que le falte la posesión de la herencia de su padre y de su tío; y si a tan justa propuesta accedes, vendrá al instante para que con su presencia mas se autorice el tratado, y en júbilo se conviertan de las pasadas discordias las resultas lastimeras. Qué me callase Teodoro de ese tratado la fuerza. A medida del deseo la ocasión se me presenta. Qué me respondes, señor? Que con cuidado me atiendas. Duque era yo del Albruzo cuando se rompió la guerra entre Bertario y Rodulfo; llamome este a tu defensa, asistile con mis tropas, sacrificando mi hacienda: triunfamos en fin, y cuando la esperanza lisonjera me adulaba de partir (conforme el tratado era) los frutos de la victoria, faltándome a la promesa Rodulfo, me dio ocasión a que en su sangre tiñera mi acero, conque así vino por mi victoriosa diestra de Milán y de Pavia a conquistar las diademas. pero pues Bertario, atento a su gusto y conveniencia, me ofrece medio tan dulce de cortar las diferencias, con toda el alma lo acepto: llegue a Pavia: posea los ya perdidos honores: ciña otra vez su cabeza el laurel: como a mí mismo mis súbditos le obedezcan; que como de Rodelinda logre yo la mano bella, todo lo demás es menos. Deja, señor, que a tus regías plantas, humilde tribute del favor gracias inmensas. Alza a mis brazos, que bien los merece la fineza conque has seguido a Bertario. Tú, señora, mira atenta si por servirte me venzo: prevenid todos mil fiestas de Bertario a la venida: todos mis estados sepan estas bodas al momento, para que así en paz serena, con públicos regocijos, el debido aplauso tengan: vosotros venid conmigo a convocar la grandeza, porque a recibir salgamos a Bertario. Ea, cautelas, acabemos de una vez con las ansias que me cuesta, de dos Tronos usurpados la posesión alagüeña. Que en fin, cuando la ocasión logro de volver a verte, ha de ser para perderte, malogrando mi afición! Pluguiera a Dios que el tesón de una y otra desventura, de mis ojos la luz pura mortarl eclipse tuviera, pues vida tan lastimera, mas que vida, es muerte erira. Ser de Grimoaldo esposa, verme a un bárbaro entregada, desdicha es para llorada, por fuerte y por rigurosa: pero mucho más penosa es que estando yo delante, con proceder inconstante, rota de amor la cadena, Solicite verme ajena quien se confeso mi amante. Que el consolarla me niegue el secreto prometido! No, dulce dueño querido, tu rostro en llanto se anegue; no la sinrazón te ciegue con tan injusta porfía, pues para la muerte impía a que el hado me condena, está de sobra tu pena, Siendo tan grande la mía. Al Rey y a ti lealtad he jurado hasta la muerte, y así debo en vuestra suerte buscar la seguridad; excusando esta amistad falto a lo que prometí; mira, pues, si te ofendí, y si con razón te arguyo, pues que dejo de ser tuyo, por ser más digno de ti. Poco, mi bien, te obligara si pudiendo en tu persona ceñir la Real Corona, por mi interés lo estorbara que soy más fino repara; Sube al Trono preparado; haz feliz todo este estado, pues eres tan virtuosa, que como seas dichosa, no puedo ser desdichado. Si en ti pierdo mi esperanza, qué felicidad me resta? Ver bien lograda la mía, cuando yo reinar te vea. No de un corazón amante son el lleno las grandezas. Naciendo de mis esfuerzos te será grato el tenerlas. No te hagas de mí tan digno para que menos padezca. De mi ejemplo estimulada es más fácil que te venzas. A ser yo de Grimoaldo no es posible me resuelva. Por, qué? Porque le aborrezco. Libre eres, más concidera que la vida de tu padre, la mía y la tuya misma llegan a hallarse pendientes solo de tu resistencia. No puedo conmigo tanto, que entre sus brazos me vea sin morir. . Pues determina que muramos, y desprecia el lecho de Grimoaldo, sin mirar las conseciiencias: haz que Bertario y Hunulfo a los rigores perezcan de un cuchillo: saciate con la sangre de sus venas; y si te parece poco, tú misma, tirana y fiera, mata a tu padre y tu amante, y consuma tu tragedia de una vez, para que: . Calla, que el corazón me penetras con tal crueles razones: si estriba en mi resistencia vuestra ruina, ya la excuso. Rodelinda triste sea víctima sacrificada del Tirano: mas las teas que el nupcial tálamo alumbren, en el abismo se enciendan; ceñidas las torpes sienes de ensortijadas culebras, salgan las atroces furias, y presidan tan horrenda vil unión abominable: tomen posesión entera de mi pecho el desconsuelo, el dolor, la ira funesta, la amargura y desamparo, para que unidas las penas de una vez en mi tormento, doblen su tirana fuerza, y a mi espíritu cansado, abriendo lóbrega puerta la muerte, que es de los tristes la satisfacción más llena, en el reino del olvido aún mi memoria perezca. . Eso sí, tus sentimientos den señal de la fineza de tu amor, pues aunque ahora tantos pesares padezcas, si la suerte me protege yo domaré la soberbia del Tirano; en su vil sangre lavaré tantas ofensas; volveré mi Rey augusto de su solio a la grandeza; tendrán el premio debido mi lealtad y mi firmeza; y de vasallo y amante, desempeñando la deuda, dirá el clarín de la fama en cuanto Febo calienta desde el uno al otro polo, con los rayos de su esfera, que por ser leal Hunulfo, contrarestando la adversa ceguedad de la fortuna, despreció puestos, riquezas, patria, parientes y amigos, por conservar la pureza de su honor sin mancha alguna; porque de este modo fuera en los venideros siglos su memoria siempre eterna. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

No te canses, no, Paulina, en procurar mi consuelo, porque es tal la tiranía de los males que padezco, que dejando de ser males, se pasan a ser despechos. Como ya estoy informada del tratado casamiento, imagino que con odio miras de mi hermano el lecho: los vínculos de la sangre no impiden que dé su genio tan cruel y arrebatado conozca los desafueros; cuantas veces mi cariño se ha arrojado a reprenderlos! pero es tal su condición que se ciega a los consejos saludables: ah! qué cerca está de su fin funesto el que ciegamente trata las las verdades con desprecio! Conozco que de mi padre la vida exige el violento sacrificio de mi mano, y así negarlo no puedo que por interés del solio y conservación del cetro, de esclavitud tan pesada no me entregara a los hierros. Esa generosidad te ha de hacer más llevaderos los males: tú eres virtuosa; si mi hermano, como creo, te ama, tú podrás acaso corregirlo en sus defectos, y enmendarle en las pasiones que le dominan: yo pienso que una mujer entendida, y de un índole tan bello como el tuyo, no es difícil que consiga ir atrayendo a la razón a su esposo: mira, es mucho el embeleso de la virtud, para que haya carácter tan fiero, que aunque no quiera seguirla, la aborrezca. Dependemos de la providencia todos: obedecer sus decretos. solo están de nuestra parte; en fin, lo que te prometo es ayudarte a sentir: en mi compacivo pecho hallarás, si tienes males, quien los vaya compartiendo contigo, dulcificando de esta suerte tu tormento. Ah! porque no es Grimoaldo cómo tú? pues a lo menos no me fuera tan sensible tan penoso cautiverio; pero un corazón amante, poreido de otro objeto, será posible que pueda reconocer otro dueño? Amas, Rodelinda? . Amo sin esperanzas. Mis celos ya se pasan a evidencias: no merecerá mi afecto saber quién es tan dichoso? Pues puedo tener secreto nada contigo? Hunulfo es. Hunalfo? qué escucho, Cielos, buenas nuevas te dé Dios, pues de tan gravoso peso me alivias. Qué te suspende? La dignidad considero de tu elección: en Hunulfo seguramente contemplo que están todas las virtudes brillando como en su centro: ahora con mayor causa tus pesares compadezco; sin embargo, yo creía, no sin algún fundamento, que Teodoro ser pudiera el dueño de tus afectos. Él en todas mis desgracias me ha servido tan atento, tan sino y tan generoso, que ha no encontrarse mi pecho ya de Hunulfo poscído, fuera sin duda el objeto más digno de mi cariño. Es ilustre caballero; pero en fin, pues de tu padre se acerca el recibimiento, modérate en lo posible, y no encuentre en ti violento lo cariñoso: ahora vamos a esperarle. . Santo Cielo, a quien nada se le oculta, pues penetras los secretos de mi corazón, escucha mis suspiros y lamentos; hallen puerto en tus piedades de una alma triste los ruegos. s - s De Bertario y Grimpaldo vivan los nombres excelsos. Fortuna; en vano te cansas; no el frángil perecedero explendor con que me halagas, me quita el conocimiento B4 a2 de tu inconstancia. El aplauso con que le recibe el pueblo, a mi esperanza promete mil venturosos sucesos. Señor? Amigo? mis brazos con vínculos tan estrechos sean de una paz eterna testimonios verdaderos. Cautela, ahora es preciso esforzar el fingimiento. Perdonad, señor, si acaso lo imprevisto del suceso ha impedido el recibiros con el decoro que al regio caráncter es conveniente; mas pues del estado vuestro ya cobráis la posesión, mandad, regid vuestros pueblos con libertad absoluta; este bastón considero que es ya ocioso en mi mano, cuando está en la vuestra el cetro; a vuestras plantas le rindo, y si así mis desaciertos::- Qué hacéis, señor? qué decís? no volvamos a hablar de eso: las pasadas desazones sepulte un olvido eterno: cobrad el bastón; yo mismo con mucho gusto os le entrego; porque si de Rodelinda ya llegáis a ser el dueño, el bastón que un hijo ocupa, nunca está del padre ajeno. Aún sabiendo que son falsos, me sobresaltan los celos. Padre mío . Hija querida. Posible es, señor, que os tengo entre mis brazos? que logro la dicha de posceros otra vez? Sí, prenda amada: ya favorables los Cielos nos unen dichosamente en dulce paz: saben ellos que de mis adversidades, la que con más duro ceño me atormentó fue tu ausencia; siempre en mi doliente pecho tus memorias me afligían mas que: pero considero que del cariño de padre arrebatado os ofendo con desatención indigna de vuestros merecimientos, pues sois, según imagino:- Paulina, que a los pies vuestros humildemente se postra. Está más cerca mi pecho para recibiros fino: hermosa sois: yo contemplo que sí, como es regular, igualán a las del cuerpo las perfecciones del alma, con tan sublime complejo, Siendo forzoso el amaros, es difícil mereceros. Empeñáis tan cortesano mi noble agradecimiento, que de mis obligaciones dificulto el desempeño; más tenedme por muy vuestra en todo acontecimiento. No seré yo tan ingrato a la fortuna, que ciego desperdicie esta ventura, y así con ella cumpliendo, desde ahora con mi hija os igualo en el afecto. Cese, señor, lo importuno de pesados cumplimientos, y pues ya estáis en Palacio, yo con Rodelinda os dejo, que es bien de tan larga ausencia recompensar los extrenos: seguidme todos, y sea juntamente repitiendo::- De Bertario y Grimoaldo vivan los nombres excelsos. Ya que cuerdo Grimoaldo (quizá solamente en esto) solos nos deja, permite que sin faltarte al respeto, dulce padre de mi vida, me queje a ti del adverso destino que me preparas: tú, señor, que con esmero debieras interesarte en mi bien, con tan sereno corazón buscas mi muerte? Cuando te aseguro el Reino, cuando tu fortuna labro, cuando a mi peligro atento busco el único camino para tanto logro abierto, dices que tu muerte busco? Pues, señor, no ha de ser cierto mi fin, si al poder me entregas de un inicuo, en quien se vieron crueldades y ambiciones disputar el vil imperio de su alma? Qué podrán las dignidades del cetro aliviar a quien perdida la paz interior, gimiendo siempre, y siempre temerosa no pueda encontrar sosiego? no aprovechan las grandezas en quién del gusto está lejos. Hija::- (piensa este dictado tan amoroso y tan tierno!) no con tus amargas quejas dupliques mi sentimiento; no a este débil edificio desmoronado del tiempo, adelantes con tus ansias el precipicio funesto: harto suspiro, harto lloro la precisión del severo destino que te amenaza; pero es en vano el remedio. Qué sirve, cuando a los dos no os falta el conocimiento de esta precisión, sentir y entregarse el desconsuelo, adelantando desdichas con tan tristes pensamientos Quién sabe sí la fortuna es quiere por este medio conducir a mayor dicha? y pues que son tan secretos de la suma Providencia los juicios y los misterios, prevenid a cualquier lance buen ánimo y fuerte pecho. Sí, hija mía: Grimoaldo tal vez al amable y bello explendor de tus virtudes rendirá el altivo pecho: yo también te ayudaré con mis prudentes consejos a corregirlo, y si llegas a tan deseado objeto, qué satisfacción tendrá corazón tan blando y tierno como el tuyo, en procurar la ventura de este reíno? llegarán los desdichados a tener en ti consuelo, y tú los aliviarás, hija mía, en lo terreno: no hay satisfacción más grande, no hay un gozo más completo que el hacer felices: tú reinando puedes tenerlo, que en ninguna cosa más los Reyes nos parecemos a Dios que en este poder, Salvando siempre lo inmenso de la distancia: querida, lloras? Si son los postreros desahogos de mis ansias, no de alivio tan pequeño me prives. . Ah Rodelinda! poco te debe el paterno amor cuando: . Padre mío, mirad que yo no merezco reconvención tan sensible: estoy pronta desde luego a satisfacer en todo. Llega, hija mía, a mi pecho; llega, mitad de mi alma: de tu virtud nada menos me prometí: tu cariño será el apoyo más cierto de mi ancianidad cansada: el sacrificio violento que de ti haces al estado y a mí mismo, será acepto ante los divinos ojos: hágate dichosa el Cielo, y colme de bendiciones tus muchos merecimientos. . Reconozco de mis quejas el inexplicable yerro, pues las he dado a mi padre, cuando a ti dártelas debo. A mí, señora, por qué? Porque tú, inconstante, siendo quien siempre le acompañó, político consejero mas que agradecido amante, sin duda que este concierto has dirigido. . Es verdad, y te junro que me precio mas que de otra cosa alguna. De tu alévossa creo mucho más: ingrato, falco, conociendo de mi afecto lo acendrado, no podías procurar por otro medio que nuestro amor se lógrase? De tan femenil aliento me juzgas, que a haber sabido de mi padre el paradero, no hubiera determinado, mil imposibles venciendo, unirme con vuestra suerte? Pero qué hubieramos hecho? pudieras tu resistir afanes y contratiempos tan grandes? siempre albergados en los más lóbregos senos de las selvas y los bosques, peregrinos y extranjeros, en nuestra patria hemos sido de infelicidad ejemplo: fuera de eso, yo debía procurar con todo esfuerzo establecer la fortuna de tu padre: ella dio el medio disponiendo que Teodoro me encontraso, y atendiendo a que la dura cadena de tan extraños sucesos me conducia hancia el fin tan deseado, cumpliendo con mi nobleza propuse a tu padre el pensamiento, le admitió, y en fin has visto que surtió feliz efecto. Advierte pues que tus quejas carecen de fundamento; pues antes que enamorado era Hunulfo caballero; y así leal a su Rey, por recuperarle el cetro perdido, sacrifico sus amorosos deseos, malogrando su esperanza por dejar su honor bien puesto. Anduviste poco fino, por justificarte cuerdo. Que cetro ni qué corona igualará al poscernos con indisoluble lazo entre placeres honestos? Pobre albergue, humilde choza, pero paéífico lecho; tosco barro en vez del oro, mas sin venenosos riesgos; y en fin, rústica vianda, mas tomada con deseo, harían que nuestros días corries en siempre serenos: el padre: amoroso padre, digno de menos adverso destino! prefería tan agradable sosiego a los cuidados del solio, a lo cansado del cetro: mira pues, Hunulfo, mira si procediste indiscreto, haciéndonos desdichados, pudiendo vivir contentos: Por lo mis mo que tú miras el Trono tan sin deseo, eres digna de él; y yo, aún sin otro fundamento, no debía a estos estados privar de tan noble dueño::- mas para que nos cansamos; cuando es en vano el remedio. A mi pesar lo conozco, más consuélame a lo menos. Si tu propia no te ayudas, de qué sirven mis consejos? Qué he de ser ajena? Es fuerza. Qué para siempre te pierdo? Así la razón lo ordena. Qué poco es tu sentimiento! Tal dices, por que no sabes, señora, que estoy muriendo: desasirme de una prenda en quien siempre tuve puestos, con la pasión más ardiente mis amantes pensamientos, es un pesar que me llena el alma del más acervo dolor: pero demasiado contigo aquí me detengo, y conozco que tus ansias y llanto, van seduciendo mi corazón: con la fuga se vence solo este riesgo: a Dios pues, y si tal vez te acuerdas del puro afecto con que Hunulfo te ha querido, considera al mis mo tiempo, que por verte coronada, Siem- siempre estará padeciendo mil desesperadas ansias entre crueles tormentos. Eso será porque añada mayor fuerza al sentimiento, y al verme desposeida del dulce amoroso objeto de mi amor, de tal manera vayan mis penas creciendo, que solo en la dura muerte puedan encontrar remedio. . Amigos, pues, sois entrambos con quienes seguro puedo libremente, y sin rebozo manifestar mis intentos, atendedme, y prevenid el dictanen al proyecto que médito. Aunque he tratado a Bertario tan atento como habéis visto, y aunque en el Palacio le tengo mandando como yo mismo, Solo ha sido fingimiento. Conozco que el admitir a Bertario, ha sido yerro, pues me expongo que le aclamen sus parciales, y por eso, después que las ceremonias de mis bodas se hayan hecho, determino darle muerte con el posible secreto. Yo digo que es bien pensado. Yo también todo lo apruebo. Ah vil traidor, tus cautelas . pagará tu altivo cuello. Pues, Claudiano, tú serás quien ayude mis intentos; quiero retirarme un rato a los jardines. Si llego . a ver mi intención lograda, estos serán los primeros que con su vida aseguren la razón de mi secreto. Aún traidor, un alevoso: . aquí de todo mi ingenio. Adios, Teodoro. . Detente Claudiano, porque deseo tratar contigo un asunto que ha mil días que le pienso. Ya sabes que soy tu amigo, y lo mucho que te debo. Buscando vengo a Teodoro:- Salgo a buscar a mi dueño:- Mas pues allí con Claudiano está hablando con misterio, quiero esperar. . Que se vaya Claudiano esperar resuelvo. En efecto, amigo mío, si tú me ayudas, al fiero Grimoaldo dando muerte, dividiremos los cetros de Pavia y de Milán. Qué escucho! . Qué estoy oyendo! Yo unido con Rodelinda, tú con Paulina, seremos terror de Italia: Bertario no puede a nuestros proyectos, oponerse: y si lo hiciere, será despojo sangriento de nuestras iras: qué dices? Que con tu idea convengo, y es preciso que se logre si es que reflexiono atento, que estan todos los soldados a nuestro arbitrio sujetos, pues tu General, y yo tu lugar substituyendo, con agrados y mercedes de las tropas ganaremos el poder, pero es preciso no malograr los momentos: el tiempo insta: a mis parciales voy a inspirar este intento: yo de la facción me encargo: valor, Teodoro, y silencio, que unidos de la amistad, con los vinculos estrechos, mutuamente socorridos, coronados de trofeos, a Italia, y al orbe todo a nuestras plantas veremos. . Lograda, la acción sabré pasar tan infame pecho. Si antes el tuyo, traidor, no es víctima de mi acero. Tente, Hunulfo, que un cobarde, de tan viles pensamientos, no es acreedor a las iras a generosas de tu esfuerzo. Qué es esto que me sucede? quien se habrá encontrado, Cielos, por ser a su Rey leal, en tan riguroso aprieto! Falso amigo::- . Indigno amante:- Mal vasallo::- . Hombre perverso: Paulina, Hunulfo, tened, no con tan viles denuedos me injuriéis: bien reconozco la justicia y fundamento que tenéis para pensar que eso y mucho más merezco, pero hago al Cielo testigo, pues conoce de mi pecho la intención, que en cuanto ois teis en nada a ninguno ofendo. No es ofensa de tu Rey Solicitar de su cetro la usurpación? . No es ofens pagar con su sin violento a mi hermano las mercedes y confianza que ha hecho siempre de ti y de mi amor, confirmándome los celos, corresponder tan ingrato a mi mal nacido afecto? Entre Paulina y Hunulfo, los intereses opuestos, me impiden el declararme. Enmudeces? . El silencio su alevosía confirma. No puedo satisfaceros por ahora, sino solo con deciros; que mi pecho será y es de lealtad puro cristalino espejo: ya en la guerra, ya en la paz, siempre me hallaron y vieron terrible los enemigos, y acertado los consejos: jamás he degenerado de los blasones excelsos que he debido a la grandeza de mi ilustre nacimiento; pero es tal mi desventura, que en tan rigoroso empeño, la razón de mi nobleza me hace que oculte misterios que no puedo descubrir; finalmente, considero que mi vida está pendiente de vuestro arbitrio, no intento defenderla: a Grimoaldo y a Bertario en el momento acusadme; no penséis que le huya al peligro el cuerpo; pero temed, que si acaso os arrojáis indiscretos a lo que el furor os dicta, llegará ocasión bien presto en que lloréis mí desdicha cuando no tenga remedio; y conoceréis entonces, con tardo arrepentimiento, que pude ser desdichado, pero no mal caballero. Oh es traidor, o premedita algún difícil suceso. Yo toda soy confusiones, pero seguirle resuelvo, que soy muy interesada en que disculpe sus hierros, pues gano mucho en ganarlo, y pierdo mucho en perderlo. . Qué he de hacer? qué he de pensar? a donde quiera que vuelvo el discurso vacilante, indeciso titubeo al agravio de su hermano. Paulina añade los celos, y es prueba de que Teodoro la sirve, no hay duda; pero entregársela a Claudiano juntamente con el Reino, según trataban, no alcanzo como pueda componerlo. Querer él a Rodelinda, y tomar con tanto empeño la protección de Bertario para despojarle luego, también dice repugnancia: qué de dudas, Santos Cielos, me combaten! pero el Rey. Ansioso en tu busca vengo a saber si acaso el hado abre camino al acierto de nuestra empresa. . Ay, señor, ahora sí que nos vemos más desdichados que nunca! ahora si que echó el resto contra nosotros la suerte! Qué dices? pues qué hay de nuevo? Contra nosotros acaso el enemigo más fiero es Teodoro. . Ay de mí triste! ya ya parece el sufrimiento de tanto dolor, flaqueza mas que constancia: en el pecho no me cabe el corazón. No desconfíes tan presto. Padre infeliz! hija triste! No tanto al desasosiego te rindas, y escúchame. Prosigue, di. Hancia este puesto llegaba, cuando a Teodoro aquí con Claudiano encuentro, oculto escuché, y vi que entre los dos han dispuesto de Milán y de Pavia usurpar para si el cetro, dando muerte a Grimoaldo y a ti, si es que a su proyecte podías servir de estorbo, haciendo su casamiento Rodelinda con Teodoro, y Paulina (que el intento también oyó) con Claudiano: después que se convinieron fuese Claudiano, yo salgo, desnudo el brillante acero contra Teodoro, y Paulina, al mismo instante saliendo, me estorba la ejecución: a los cargos que le hicieron nuestras iras, respondió con enigmas y misterios que no pude penetrar; mira pues como nos vemos, faltando el mayor apoyo, cuando es más temible el riesgo. De nuestras facilidades sufrimos el escarmiento. Yo, aunque me cueste la vida, no he de ser tan vil, ni ciego a la razón, que consienta que del Tirano soberbio sea Rodelinda esposa; antes su nevado seno será blanco de mis iras, aunque lo riña el afecto paternal; pero ella viene: hija mía, sin recelo y sin reserva responde a mis dudas. Qué será esto? En los tres años que Hunulfo y yo padecido habemos, abandonados de todos, tanto mal, tantos tormentos, qué has advertido en Teodoro? Cuanto un noble caballero debe hacer: siempre bizarro, y siempre a mi alivio atento me ha servido generoso, ya mis gustos previniendo, ya de Grimoaldo osado los ímpetus conteniendo; tanto, que un segundo padro hallaron mis sentimientos en él: conmigo lloraba tus desdichados sucesos, finalmente, por hallarse más projimo a mi consuelo, fingía con Grimoaldo, y pudo sagaz y cuerdo ganar su favor de modo, que en mi duro cautiverio Si no es por él y Paulina, que es de virtudes modelo, hubiera sin duda alguna rendido el último aliento. Más crece mi confusión con tan contrarios extremos. Mas si su traición oíste:- Traidor Teodoro? primero creería que el sol no alumbra, y que el alto firmamento, desplomado de sus quicios, arruinaba el universo. Yo le buscaré al instante: no ha de poder a mis ruegos resistirse: me dirá los arcanos más secretos de su corazón: me ama con ternura, y si le encuentro inejorable, es señal que se olvidó de sí mismo. . Dice bien, puede que importe la reserva, y al silencio, los respetos de Paulina, quizá obligarle pudieron. Y si acaso esta le acusa a su hermano, qué remedio nos queda? . Si ella le ama, no se arrojará tan presto a esa acción: en fin, señor, comprometidos nos vemos en el peligro: el huir por muy difícil lo tengo: de la precisión hagamos virtud, del valor armemos nuestro espíritu constante, y a todo trance dispuestos a morir; yo por mi parte sabré vender a buen precio mi sangre, matando::- A quién? otro escollo! Santos Cielos! Contra quién son esas iras, Hunulfo? quién fue tan necio, que no temió de tu brazo el valeroso ardimiento? Disimplemos, sos pechas. Señor, me estaba diciendo Bertario, que cuando estuvo de su primo Gundipento, Rey de Sicilia, amparado, hizo con él el concierto de casarle con su hija, y que tenía recelo de que en llegando a saber que era Grimoaldo excelso su esposo, acaso podría mostrar su resentimiento con las armas en campaña; a que contexté resuelto, que el haberle abandonado dejaba ya sin erecto el tratado, y que si acaso, válido de este pretexto, la discordia somentaba a tan loco atrevimiento, sabia dar el castigo, matando a cuantos opuestos a vuestra unión e intereses quisieran descomponeros; esto decía, señor. Yo, Hunulfo, te lo agradezco: de tu espíritu brioso no me prometía menos; mas no temas que se arroje neciamente Gundiperto a disputarme una dicha que con tal ansia apetezco: conoce de Grimoaldo el poder, y así no creo que siendo el suyo tan débil quiera arriesgarse a perderlo: no hay en Italia potencia que a las fuerzas de mi Imperio pueda competir: el orbe tiembla del airado ceño de mis iras, y si alguno tan presuntuoso y necio hubiera que se atreviese a no guardarme respeto, yo propió, Hunulfo, yo propio le arráncara de su pecho el persido corazón, y no contento con esto::- más perdonadme, señor, Si me arrebaté violento, que la imagen del agravio me desvió de lo cuerdo. Ha estado muy venturoso en la disculpa tu ingenio; pero te aseguro, Hunulfo, que a tan continuados riesgos desfallece mi valor. No, gran señor, malogremos la empresa cobardemente; cuanto más vayan creciendo los peligros, mayor gloria resultará de vencerlos. Tal vez es indignidad del valor el sufrimiento. Y la desesperación lunar del caráncter regio. No sé qué culpas en mí airado castiga el Cielo. En la adversidad se prueban los quilates del aliento. Siendo tan fuerte el examen es difícil sostenerlo. Ya arrestados a morir, el temor es desacierto. En mi edad, aunque la vida malogre, bien poco pierdo. Pues qué temes? La ignominia del morir es la que temo. Merecerla es lo sensible, padecerla es lo de menos. Pensaba haceros felices pero no lo quiso el Cielo. El bien que no se procura es imposible obtenerlo. Padre infeliz! Son ociosos ahora estos sentimientos. Rey desdichado! Tú mismo estáns procurando serlo. Qué quieres, dime, que extrañas la razón con que me quejo? Que te animes y confíes. Mas sobre qué fundamento? Sobre la razón. La vencen. Quién, señor? Los contra tiempos. Acuérdate de ti mismo. Para que muera más presto. El Cielo siempre es piadoso. Eso solo es mi consuelo, Pero es preciso ayudarse. Es verdad, yo lo confieso. Pues, señor, aliento cobra, que con impulsos secretos el corazón me predice: . Qué? Que lograrás tus intentos. Prospere el Cielo tus votos, Tu vida prospere el Cielo. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Permite otra vez, Teodoro, que de mis desconfianzas te pida perdón. . Amigo, fue muy eficaz la causa de tenerlas, y no pude en tan fuertes circunstancias satisfacer a Paulina, ni a ti, por ser tan contraria la razón del interés de los dos. . Y si se agravia Paulina, haciendo desaire tu resistencia. . A buscarla por esa razón he vuelto, y la dejaré engañada con la verdad, de manera que no penetre la trama: lo que más importa es, que esta noche sin tardanza el Rey huya de Palacio. Pero y su hija? Entregada a Paulina nada temas, que yo sabré asegurarla. Y cómo saldrá Bertario? La empresa es aventurada, pero algo se ha de fiar a la fortuna: la estancia que ocupa sale al jardín que termina en la muralla, y saliendo con la tropa que ya tengo preparada;: más Paulina viene, vete, y espérame en la antesala. Pues adios. Mi bien? señor? Pues qué es esto? tú tan blanda y tan cariñiosa, cuando injurias de ti esperaba? No he de acudir al afecto, Si no te obligo enojada? y así concede a mis ruegos lo que a mi desdén recatas sepa yo porqué, Teodoro, en quien compitiendo estabas lo noble con lo amoroso, cobardemente se infama con una traición que es seo borrón de su sangre hidalga. Traidor Teodoro? Señora tampoco contigo labran de continuas experiencias finezas acreditadas: qué te merezco concepto tan bajo? . Si en tus palabras: Detente, nada me digas antes que te satisfaga; Si oíste que con Claudiano darles la muerte trataba a tu hermano y a Bertario, fue cautela bien pensada de mi lealtad. . Pues cómo? Te descubriré la causa, pero advierte que mi vida peligra si la declaras. Yo te prometo el Sigilo. Pues en esa confianza atiende cruel tu hermano por lograr la mano blanca de Rodelinda, a su padre finge agrado, pero trata matarle luego que queden sus bodas ofectuadas: no ignoras que el vil Claudiane es instrumento de cuantas atrocidades comete Grimoaldo. . Harto mis ansias lo lloran; pero al consejo, y a la persuación cerradas, muestra mi infeliz hermano todas las puertas del alma. Yo amo a Bertario, es mi Rey, y por él sacrificara la vida gustosamente: por eso la confianza Ca a0 quise ganar de Claudiano, para que cuando llegara a saber la ejecución de tan viles acechanzas, pudiera buscar un medio, a fin de que preservada quédase del Rey la vida, de sentencia tan tirana. A su espíritu ambicioso, conozco cuanto le arrastra una pasión tan funesta, y con providencia cauta, lo gané por su flaqueza para que más se cegara: estás satisfecha? . Sí, pero muy llena de amargas reflexiones: yo creía que mi hermano se aquietara con este enlace, y advierto que una ambición mal fundada le precipita al abismo más hondo de la desgracia. Con esos resentimientos, digno fruto de tu alma compasiva y virtuosa, mi satisfacción no pagas. Es que veo muy distante el logro de mi esperanza, y lo que el amor enciende, el temor cobarde apaga. Pues qué temes? Que sé yo; solo sé que nunca se halla tranquilidad en mi pecho: siempre temiendo borrascas, porque es preciso que vengan, mi corazón no adelanta un paso hacía la alegría, antes de ella se retrasa tanto, que el sosiego en mí creo que murió; y en tanta amargura y desamparo, la mayor de mis desgracias es el temor de perderte, que si no, no me trocara por todas cuantas mujeres presumen de afortunadas; esto baste a tu consuelo, que para el mío no basta. Su corazón generoso, penetrado de las sanas máximas de la virtud, padece interior batalla: conoce de Grimoaldo las intenciones malvadas: teme su castigo, pero la voz natural le llama al preciso sentimiento: o cuanto me sobresalta ser en parte su enemigo! pero la deuda más alta de un pecho noble, es cumplir con la lealtad jurada al Rey: cumplamos, honor, con obligación tan sacra, que Paulina ha de estimarlo, por ser cosa averiguada, que nunca de un mal vasallo un buen amante se labra. Míralo mejor. . Escusa reconvenciones cansadas; y una vez determinado probará la ardiente saña de mi cólera Bertario hoy mismo, que la eficacia de mis sospechas me fuerza a una acción tan arrojada. Pero señor, yo supongo que el Rey con Hunulfo trata de recuperar su cetro, mas como han de ver lograda su intención, sin más auxilio que el que les preste su vana presunción? qué poder tienen? qué ejércitos en campaña les asistea? . La razón, que puede más que las armas. No debo ignorar que el pueblo se sujeta a mi ignorancia mas que por gusto por miedo; el corazón no me engaña: si con cautela procura de mis soldados la gracia ganar Bertario, es muy fácil que lo logre, y sublevadas contra mí todas las tropas, ningún recurso contrasta mi deshonor: el incendio que al principio no se ataja, en llegando a tomar cuerpo con dificultad se apaga. Por una parte conozco que va bien encaminada tu política; por otra me parece que te falta la razón: q R de composición tratara, el peligro que presumes por qué no premeditabas? Porque creí que Bertario a otra cosa no aspirara que a vivir en paz, y ahora creo que más se adelanta: a Hunulfo le oí expresiones que mucho significaban, y me di por satisfecho de sus disculpas erradas: ahora poco escuché de Rodelinda en la estancia hablar, el oído aplico, y percibo enamoradas razones, la voz conozco de Hunulfo; quejas amargas, satisfacciones amantes, entre ambos manifestaban su recíproca pasión, y es lo que me sobresalta mas que todo, pero en fin, dejemos tan poco grata materia, y pues ya la noche en confusas sombras baña el orbe, sigue mis pasos para dejar concertada la acción. A Teodoro es fuerza comunicar tan extraña resolución. . Vil fortuna, contra mí en vano te cansas, que mi espíritu valiente sabrá fijar tu inconstancia. . En vano, infeliz, presumes que tus riesgos afianzas, pues a la muerte caminas, cuando piensas evitarla. Qué Grimoaldo cruel, en mi ancianidad cansada quiera cebar sus rigores! Que no le bastó a su insana ambición lograr el cetro, junto con mi mano blanca! Nada le bastó: el traidor con cautelosa asechanza finje agrados, para luego que esposa suya aclamada te veas, asegurarse con una acción tan tirana como dar muerte a tu padre: Teodoro, así en confianza me lo ha advertido, añadiendo que una fuga acelerada es el único remedio que nos queda. Suerte infausta! y ha donde he de ir, Hunulfo, que esté libre de la saña de este persido y aleve, Si los Príncipes de Italia, de su poder temerosos, no han de socorrer mis ansias? Volveré otra vez mendigo a vivir en la campaña, abandonado de todos, y de mi hija adorada para siempre separado? No, padre mío, la ingrata fortuna que nos rodea, enhorabuena enojada nos persiga: pero juntos contigo, no de su varia condición las iras temo: valor y aliento no saltan en mi pecho: pero oídme, que de repente una extraña idea me ha preparado el discurso. Pues qué tardas en explicar lo que piensas? Es precisa circunstancia huir esta misma noche? Teodoro así me lo encarga; pero aún cuando así no fuera, qué harías, dime? Señor? Qué traes, que tan turbada tu persona se presenta? En este momento acaba de referirme Claudiano, que tu muerte está tratada para esta noche. Qué escucho? Qué pena a la mía iguala! Vanos son los sentimientos, cuando insta el tiempo: a tu estancia te retira con Hunulfo, y cuando ya este cerrada enteramente la noche, espérame en la muralla que es término del jardín; ya estará asida una escala y te esperaré yo mismo, haciendo a tu fuga espaldas, porque procurar salir en tan duras circunstancias de Palacio, no es posible sin peligro de la guardía. Y mi hija? . De Paulina se ampare, pues meditada tengo ya con mis parciales la sorpresa, y de las armas al peligro no conviene exponerla: tú la traza ayudarás siempre al lado del Rey. Quién sino entre tantas desdichas le acompaño, es posible le dejara en el más fuerte peligro? No en contextaciones vanas perdamos el tiempo, idos, y preparad la constancia y el valor. Piadoso el Cielo te pague como me pagas el cariño que me debes. Ea, corazón, echada está la suerte, o morir o vencer: medio no sé halla entre extremos tan distintos; pero Claudiano. En qué tardas? ya está todo prevenido para que esta noche infausta tenga sin Bertario. . Amigo, no conviene a nuestra traza que Bertario muera. Cómo tal dices? pues no reparas que en él un contrario menos a nuestra intención le falta? Mal discurres: en su nombre es más fácil las escuadras conmover: la lealtad conseguirá, que arrestadas se muestren en tu defensa, y de este modo se afianza la muerte de Grimoaldo: Si Bertario a nuestras armas debe su establecimiento, no será mucho la paga de coronaros, y así de la idea proyectada el efecto en paz logramos, y si resiste su ingrata condición, aseguramos un pretexto que de basa nos sirve para su ruina. Disposición acertada me parece. Al tiempo mismo que veas acalorada la milicia, rompe fuerte, que yo acudiré en tan ardua ocasión por otra paate, y clamando en voces altas viva Bertario, logremos la intención premeditada. Pues adiós, y obre el valor. A los silos de la espada perezcan de Grimoaldo los secuaces. Su arrogancia será funesto despojo del furor de nuestras armas. Noche oscura y pavorosa, que con tu sombra retratas mi confusa fantasía, ya que tendiendo tus alas tenebrosas a los tristes, con la soledad halagas; permite que en este verde, frondoso sitio, en amargas quejas y llantos alivie la pena que me maltrata, pues en tu silencio mudo solo podrán escucharlas las flores, el manso viento que atraviesa en las ramas y las fuentes, que soñoras mis sus piros acompañan, Mi corazón no sosiega, siempre la idea turbada con la imagen del delito me asusta y me sobresalta: el más leve movimiento, el blando soplo del aura me inquieta: qué de temores siempre rodean el alma del malvado! en lo más hondo de mis crueles entrañas oigo una voz que me acusa con tan violenta esicacia, que aún procurando no oírla, imposible es no escucharla: pero ya determinado completaré la tirana acción de darle la muerte a Berlario: por la falsa puerta que cae al jardín me introduciré en su estancia Sin ser visto, y pues la llave maestra: pero me engaña mi cuidado, o a pesar de las sombras atezadas de la noche, un bulto veo; quién es? Hombre, que profanas este respetable sitio en horas tan desusadas, quién eres, y qué pretendes? Paulina, querida hermana? Grimoaldo, pues tú aquí? Porque te admiras y extrañas que ronde de mi Palacio los jardines, si descansa sobre mí todo el gobierno? es prevención acertada velar yo cuando otros duermen, o recogidos se hallan. Si ese es el motivo, es justo; mas mira que tu arrogancia no te engañe::- No prosigas, que tus consejos me cansan: a tu cuarto te retira. Ya me voy, más considera que va tu conducta errada; y el que precipicio busca, muy fácilmente lo halla. Proseguiré en mis intentos, pues se retiró mi hermana; de nadie, ni aún de Claudiano, tan dura, tan arrojada acción fiar he querido porque: mas de la muralla al pie se percibe ruido de gente, por cierto es rara novedad; veré si puedo de algún modo examinarla. Pusiste la escala? Sí, de las almenas más altas queda hacía esta parte asida. Nada oigo de cuanto hablan. Conque los soldades todos por Bertario alegres claman? Sí señor, de tus razones pudo tanto la esicacia, que, dispuestos a morir, el último lance aguardan de romper. Si el Rey no sale, mucho peligra la traza, pero como puede ser que espere, no será mala prevención ver si responde: ha del jardín? Qué oigo ansias? Hunalfo? Responder trato, más disimulando el habla. Pues me parece que gente se ha asomado a la muralla, él será, vuelvo a llamar: Hunulfo? amigo? Quién llama? Teodoro: advierte, a esta parte que muestra la luz escasa de esta linterna, hallarás puesta en la almena una escala: por ella puedes al Rey descolgar, y luego baja tú detrás de él. Está bien: la intención les salió sana; recoger la escala quiero. Qué haces, Hunulfo? la escala recoges? Ah vil Teodoro, ya reconozco la causa de mis sospechas: ahora, porque burlados se hallan, aceleraré la muerte de Bertario, y así pausan mis recelos; pero un hombre sale de su propia estancia, si él fuese, buena ocasión se me presenta a mi safía. Todo soy miedo, Clotaldo, con acción tan impensada. Todo está en silencio: el Cielo parece que nos ampara. Quién va? quién es? Santo Dios, Grimoaldo es; pena rara! procuraré retirarme:- pero no, más acertada acción será ver si puedo darle muerte, por si acaban de una vez tantos pesares. Con el acero me hablas, traidor? pero porque veas que a mi valor nadie iguala, no quiero llamar socorro. El ruido de las espadas, el malogro de la acción da ha entender con señas claras; y así juntando las tropas, procuremos sin tardanza ganar las puertas. Odios, pues que nos asiste tanta justicia, vuelve por ella. Pues están la suerte echada, con el acero en la mano venderé mi vida cara. Traición, traición. Pese al flaco aliento que me acompaña, que tanto teme te me resistas? A tu lado estoy, ventajas no reparemos con viles. Todos sois a mi arrogancia pocos. Mueran los traidores. Tened, soldados las armas: y vosotros los aceros rendid al punto a mis plantas. Para qué? para que luego a nuestra desdicha añadas la ignominia de morir. Tirano, en vano te cansas, que aún conserva mucho fuego la ceniza de estas canas. Soberbios desesperados, de qué sirve esa jactancia, cuando resistís en vano? dadles la muerte. Arma, arma. Pero qué voces son estas? Acude, señor: si tardas todo tu Imperio perece. Qué dices? En voces altas apellidando a Bertario, la milicia alborotada toda la Ciudad ocupa. arma, Guerra, guerra, arma Traidores: pero al peligro mayor es bien que mi saña acuda; en tanto vosotros aprisionad las villanas personas de esos cobardes. Eso fuera sí mi espada vengadora, no pudiera vencer empresas más altas. A ellos. Almás iniquas, rebelde infame canalla, mi altivez de tanta ofensa sabrá tomar la venganza. Dónde voy! a donde quiera muevo la débil planta, solo gemidos escucho, y voces desconsoladas: Padre:- Hunulfo:- ay de mí triste! tal vez de la fiera parca ya sois funerto despojo. Qué de temores me asaltan! qué imágenes tan crueles en mí dea se retratan! A donde huiré: son estas las horrorosas comarcas de Argos oh Tebas? la ira y el furor desde la infausta prisión del lóbrego abismo han salido, y se derraman por la Ciudad: dulce amiga! Paulina mía. Ahl La ingrata fortuna de perseguirnos aún no se muestra cansada. Para siempre nos perdimos. Tú no, querida: a la extraña soberbia de Grimoaldo castiga el Cielo, se cansa de sufrirlo, y con su muerte sus locos errores paga; por tu padre clama el pueblo, y con justa razón clama. Nuestro Rey Bertario viva. Ya hacía esta parte descubro que se acercan irritadas las tropas: el corazón se turba, y flaquea el alma del temor sobrecogida. Soldados, de vuestra saña sean funesto despojo cuantos aleves os salgan al encuentro, y de Bertario enemigos se declaran. Tente, Claudiano: tu pecho conmuevan las desdichadas ardientes lágrimas mías. Qué es, señora, lo que mandas? Conozco bien la justicia que a tu facción acompaña; pero muévate mi llanto, y siendo posible salva de mi desdichado hermano la vida. En vano te cansas: no es tu hermano el que desdora la naturaleza humana: es un monstruo abominable, y la víctima más grata a la justicia es su vida. Murieron mis esperanzas. y Amigos, este es el día de eternizar nuestra fama. No será viviendo yo. Tú también me desamparas, villano? Pese a mi aliento! soldados, así desmaya vuestro valor. Sabrá el mío dar castigo a su arrogancia presumida. Y mis alientos, a pesar de mi edad flaca, sabrán rejuvenecerse en ocasión tan bizarra. Ya no hay remedio: la suerte, totalmente declarada, favorece la razón: mi pecho triste no aguarda más consuelo que el que puede prometerse de tu hidalga condición. Paulina mía, si en mi favor se declara la fortuna, nada temas. En mi corazón derramas el bálsamo saludable del consuelo: amiga cara, no en vano en mi afecto siempre has sido privilegiada: mas ya otra vez a esta parte se acercan. Tú me meltratas! la victoria de Bertario de esta manera me pagas! Conozco de tu intención las traidoras asechanzas, y de esta suerte las premio. Ay triste! De esta manera todo lo que debes pagas. Hunulfo: mi bien::- Señora, déjame de mi venganza seguir ahora el impulso, porque tal vez arriesgara, deteniéndome contigo, el explendor de mi fama. Todo es horror. Todo miedo. Ya feneció mi esperanza: ya la victoria que pierdo mis enemigos la cantan. Espectáculo funesto! Ni aún a mirarle la cara me atrevo a volver. Las furias todo el corazón me abrazan; y a no vivir el vengarme, es solo lo que embaraza que en mi propio cebe ardiente la cólera de mi saña. Seguidme todos. Traidor, porfido, al Cielo doy gracias de haberte traído a donde, ya postrada tu arrogancia, pagues de tantos delitos, y de abominaciones tantas, la deuda con tu vil sangre. No es tan fácil. Cómo tratas resistirte? De esta forma. Si un paso hancia mi adelanta vuestro furor, en su pecho escondo este puñal. Qué ansia! No, indigno, fiero, te arrojes a tan alevosa hazaña, si no quieres:- Deteneos: si no pretendéis que caiga muerta a vuestros mismos ojos, al punto dejad las armas: desamparad al momento la Ciudad. Duda tirana! qué puedo hacer santos Cielos! Pues resistís, satisfaga su vida:- , l - Antes la tuya perezca::- Ven, prenda amada, Ah traidores, las cautelas os valen, que no lograráis de otra suerte vuestro triunfo; yo muero:: mas la villaba satisfacción no tendréis de que yo vea las altas:- oh ambición! tú me perdiste: ay de mí! el Cielo me valga. Ya espiro. Por vos, señora, siento su muerte mi alma agradecida al afecto, y a obligaciones tan raras, como hija os confiesa, sin duda que perdonará a Grimoaldo; por fin, no os desconseléis, que trata mi afecto recompensaros lo que os quitó esta desgracia: no lloréis más. Permitid que tributo estas amargas lágrimas de Grimoaldo, a la suerte desdichada, pues por más que os ofendiese, no dejo de ser su hermana. Yo entraré si gustas de ello, a subsistuir la plaza de su cariño. Yo de ello te doy expresivas gracias. Ahora, Hunulfo, Teodoro, resta que con mano franca os gratifique: atendedme, en mi ancianidad cansada es ya peso la Corona, y de renunciarla trata mi cariño en Rodelinda, dándole su mano blanca a Hunulfo; Si es que consiente que vos, señora, casada con Teodoro, de Milán ciñáis la diadema sacra. Es una nueva merced, de que debo darte gracias. Qué felicidad! Qué dicha! Mas allá de la esperanza pasó el logro. Ea, hijos míos, dichosos el Cielo os haga: vamos ahora contentos, donde sean celebradas vuestras bodas, y entre tanto repetid en voces altas::- Vivan nuestros Soberanos dichosos, edades largas.