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Texto digital de La tia de la menor

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
Atribución estilometría
Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La tia de la menor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tia-de-la-menor-la.

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LA TIA DE LA MENOR

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Ya no se puede sufrir esta vida. Yo señora, al momento, y a la hora me tengo de despedir; no basta en tanto desdén, el tenernos encerradas, las almas tan extrujadas, sino los cuerpos también: pues no estando en Religión tan recogidas andamos, que parece que lo estamos por la Santa Inquisición. Señora, en tanta desorden, me voy de casa al instante, o en esto del guarda infante, hemos dar una orden. Ay fiesta, di, a que no acuda mi tía Doña justina; nunca yo fuera sobrina de esta necia de esta viuda, que porque yo la aborrezca, cuando de ella me desvía, por no parecer mi tía, no hay cola que más parezca: Ella de varios metales, parece rostro enconvés; no hace un agua cada mes, que cuesa cincuenta reales, de ponerse la color, que en cara, y labios previene, dime Lucia, no tiene gastado el dedo mayor: No se compone la toca, y anda cuando sale fuera por lo bajo la poliera, y por lo alto la toca? La tela del guardapies hueco como un entonado, la boca del berdugado, no nos parla cómo es? No va a la calle Mayor, a la Comedia, y al Prado siempre en coche, aunque prestado, de una amiga, o de un señor? aunque en sus modos altivos, acosando su licencia, la murmuran la indecencia, nunca pierde los estribos, pues porque en nuestras venturas equivocadas mil veces, yo paso mis estrecheces, y ella se anda a sus anchuras. Ves, señora, el inhumano proceder de su rigor, pues aún es mucho peor el del Capitán tu hermano. Por cualquier causa liviana alterar un barrio suele, y toda la casa huele al Capitán Lorenzana: Nunca él hubiera venido a Madrid con pretensión, pues acá en su condición, la guerra nos ha traído; listas como una peonza, pretende que le sirvamos, y quiere que le entendamos la militar jerigonza. Ay de mí! que otro rigor del que padezco me olvida, dueño del alma, y la vida. Y es mayor que este? Mayor. Puede haber mayor afán, que una tía tan amano muy viuda, y un hermano muchísimo Capitán. Mas que todo me atormenta. Bien tu tristeza lo advierte. Oye mi enemiga suerte. Di tu mal. Escucha atenta. Ya te acordarás Lucia; salga el dolor de mi pecho aquesta vez, para alivio, ya que no para remedio, Digo, pues, que ya te acuerdas de cuando las dos, a precio de mi salud, redimimos parte de este cautiverio, debiendo a la Primavera aquel temporal pretexto, de que se vale el recato, que es menester contra el necio discurso de la malicia, que nos acusa grosero, porque no pase el achaque plaza de divertimiento: Una mañana, que el Mayo altísimo jardinero, con más primor que ninguna, pulió las flores, que al bello resplandor primero viven, si desmayan a los medios ardientes rayos, y mueren a los últimos reflejos. Salimos las dos al prado, campaña donde esgrimiendo las damas, y los galanes, de las lenguas los aceros, la munición de los ojos, la pólvora del despejo, cuando suele estar más viva la guerra de los deseos, suele convenirse a tratos, y reducirse a conciertos. Vana de mi libertad, atenta a todos los fueros, del amor, me hizo la salva, el curso del arroyuelo, que a tantas fuentes le debe el caudal, aunque pequeño. Risueño, y pobre corría, o cuanto se advierte en esto, que lo libre es la mayor circunstancia del contento. Ibamos las dos a entrar en aquel jardín ameno del Almirante, no extrañes, que te cuente aquello mismo que viste, que como suele darle noticia el enfermo al que le asiste, de todo cuanto ha visto, por recreo de su achaque, muchas veces; así mi doliente pecho no topará en lo prolijo de la noticia, supuesto que lisonjea su achaque el que le esta refiriendo. Al entrar en el jardín fuimos salteadas luego de dos hombres, que empezando la plática con aquellos principios, que todos usan cuando se entablan, diciendo. Que buen garbo de tapada, que aire, que arte, que aseo, que son lugares comunes de todos los galanteos. Y prosiguiendo razones, que los amantes modernos de la escuela de la Corte estudian para este efecto. Viendo, que sin responderles los ibamos despidiendo, que el responder bien, o mal es ocasionar de nuevo las réplicas, y así digo, que en la mujer, el silencio es la respuesta mejor; porque no hay hombre tan necio, que a veinte pasos prosiga inútilmente su intento, sino es, que como estos dos, todos son necios, pues estos no hallando en nuestro recato razón de su atrevimiento, llegaron villanamente a destaparnos, haciendo causa de queja en nosotras sus ademanes groseros. Cuando del propio jardín un gallardo Caballero salió acaso, y reparando en nuestra queja, y su empeño, quiso atajar la ocasión con razones lo primero, que a un tiempo manifestaban lo cortesano, y lo cuerdo; pero en los hombres, en quien no halla lugar el respeto, tampoco la urbanidad tiene ningún privilegio. Y así con algún desaire, el que le bastó a su aliento, para no dejar su brazo con escrúpulo de duelo, viéndose solo quizá, por solo le respondieron. Pero no así escandaloso con el remedo del trueno, aborta la nube el rayo a donde estuvo primero en embrión trabajado a vapores, y elementos, como él, contra los que ya prevenidos le atendieron, con las espadas desnudas, desojó el rayo de acero; y obraron con su razón parciales a un mismo tiempo el valor, y la fortuna, con tan milagroso efecto, que en el piazo de un instante vimos a los dos huyendo; a él blasonar airoso, y nosotras en el riesgo, entre susto, y miedo, allí equivocado el aliento; pues nos suspendía el susto, y nos animaba el miedo. Después acá he reparado la cobardía de aquellos; y he reparado también, que nunca valientes fueron con los hombres, los que son con las mujeres groseros. Seguirlos quería, cuando le reportaba mi pecho, sin poder yo reportar un incorregible afecto, tan forastero en mi alma, que le atendía allá adentro con muestras de natural, y con señas de violento. Cobrose en fin, y cobreme, mirele, y mirome atento, hablome, y agradecile la acción; pero con tan nuevo lenguaje, que mis palabras desmentidas en los ecos, inclinación explicaban, sonando agradecimiento. Válgame el Cielo! es posible, que sea tanto el imperio del alma, que baste siempre sin la prevención del riesgo, a inquietar toda una vida lo casual de un momento! Despidiose cortesmente, bien, que en algunos extremos, me pareció, que también le debía algún afecto, o era, que me lo fingían sus ojos, y mi deseo, para darles más razón a la pena que padezco: Apartámonos, y yo tan sin mí, que requiriendo mi albedrío, le encontré postrado, humilde, y sujeto, buscándole como antes altivo, libre, y soberbio. Venimos a casa, en ella, violencias sufre el deseo, ansia padece mi vida, ahogos siente mi pecho, todo sin saber quien es, ni a donde vive el sujeto de todas estas pasiones, la razón de mis incendios, la causa de mis tristezas: Mira Lucia, si tengo que sentir, apasionada de un amor que lisonjeo, de un imposible que lloro, de una pena que padezco, de una vida que aventuro, y de una muerte que temo. Grande es tu pena, mas todo puede remediarlo el tiempo. Cómo, si no sé quién es aquel ignorado dueño a quien di el alma. Pues yo, no le conozco a lo menos, porque no me acuerdo de él. De él por mi pena me acuerdo, y por su gala? . Tu hermano. Pues vuelva la voz al pecho. Hermana. . Señor. Mas va, que empieza a hablar muy en seso, y que a las frases de guerra, se le va la lengua luego. Ya es tiempo Doña Mariana, que se declare un suceso, que hasta ahora le he callado. Agravio, señor, has hecho a mi amor, y a mi obediencia. Antes por saber de cierto tu obediencia, no he querido revelártele, sabiendo, que has de hacer lo que supieres, que dispongo en tu provecho. Bien de mi albedrío puedes disponer, como su dueño; y al fin como hermano mío: Qué será, válgame el Cielo! . Mas que es alguna locura de las suyas. Los intentos, en tanto tienen buen fin, que se tratan con secreto, y esto se conoce bien en la guerra, que en queriendo hacer alguna interpresa, sin darles noticia de ello, los Cabos a los Soldados marchan a la sorda, y luego de la facción que pretenden, consiguen muy buen efecto, Resvalósele la lengua. Prosigue. Aquesto supuesto, un Caballero, con quien ha algunos años, que tengo obligación, y amistad, contrahida, lo primero en Dizcaya, de donde es originario, aquel tiempo, que a Fuente Rabia fuimos a echar al Francés del Reino, cuando por mi fe de oficios, consta, que yo con mi Tercio, la eminencia, o la colina ocupé de los primeros. Ya escampa. Tu intento aguardo. Hoy, pues, este Caballero llega a esta Corte. Querrás, que se le haga el aposento en casa, y que le asistamos, con regalo, y con aseo, por amigo, y por persona, a quien le debes. No es eso: Habiendo por muchas cartas correspondido los pechos, que ellos son los lazos, que eslabonan los afectos. Yo que a tu feliz estado, por obligación atiendo, le propuse tu virtud, hermosura, entendimiento, tu condición, y tus gracias, para conseguir con esto que fuese tu esposo, y él a mi nobleza atendiendo. Qué dices? Que hoy llegará a asegurar el concierto, que de casarte con él, por cartas tengo dispuesto. Qué escuche, válgame el Cielo! Cayósele a mi señora a cuestas el casamiento. Quiero callarle las partes . de su esposo, y proponiendo su noble sangre, y riqueza, irle disponiendo el pecho, para que cuando le vea, no sienta tanto su empleo. Sobre ser de los más nobles de Vizcaya, a lo que tengo averiguado, es un hombre, que trajo un caudal tan grueso de Indias, que en muchos años, que ha que vino, lo ha dispuesto de modo, que es el más rico de toda su tierra; el Cielo te ha guardado esta ventura, y me ha cumplido el deseo. Tiene joyas, y vestidos, que me has debido el afecto de callártelo hasta ahora, porque te coja el contento de susto para que hagas de la novedad aprecio: Con esto Doña Mariana, saldrás del afán molesto de la opresión de tu tía Doña justina, y yo pierdo con lo que gano, el cuidado que me daba tu remedio; y con esto en acabando de ajustar tu casamiento, me partiré luego al punto a campaña, donde tengo a mi Compañía viva, de ochenta Soldados viejos, que bastan a darle al Rey una victoria, porque estos son del Tercio de Pantoja, que estuvieron prisioneros en Francia. Cómo se llama, hermano ese Caballero? Don Alejo de Arriola. No me agrada el Don Alejo. . Y no hay más que disponer en un albedrío ajeno? con tanto imperio por fuerza me ha de obligar tu precepto a ser su esposa? Por fuerza, que es mi palabra primero, y si contra lo que he dicho; se atreve tu pensamiento a replicar, mi valor, sitiando tu aleve pecho; desde hoy, por vida del Rey, quitándote el bastimento, sino te rindes con pacto de casarte, en tal aprieto te he de poner, que no pueda socorrerte tu deseo; y dando algunos asaltos a tus ojos, te protexto, que no he de darle a tu vida cuartel, y a sangre, y a fuego te he de saquear el alma, abriendo una brecha al cuerpo. . Ya puedo desconfiar con este nuevo rigor, pues no le queda a mi amor, esperanza de esperar. Tu ventura no encareces, cuando te casas con ella, aunque pareces doncella, cierto que no lo pareces; A quien el alegre son, señora, del casamiento, díganme vcedes si miento) no le baila el corazón; miray si en cualquiera cosa, por parecerlo adolece una mujer, y no parece mujer, hasta que se casa, de señora a quien la llama, el nombre está repitiendo, es la verdad, que en pariendo se le trueca en el de ama. Cásate, no estés cansada, porque ese amor que te escucho a ti te parece mucho, y quizá no será nada. Cree, y multíplica, y ve, logrando en la flor el fruto; vaya el diablo para puto; y tu tía. Para qué? Ay Dios, si estuvo presente . a la postrera razón; porque es como un León, no quitando lo presente. Señora. Dime Lucia, ya que el diablo se fue para aquello, para que me tengo de ir? Para tía. Anda noramala. Paso, que como sé tu desdén, yo no diré para quien lamento, por ningún caso. . Si alguna razón pública en su abono el casamiento, . es por salir del tormento de esta mujer. Mariánica? Señora. Hate dicho ahora el Capitán Lorenzana, lo que tu ventura gana casándote? Sí señora. Qué le respondiste? Yo, con mi obediencia, ay de mí! al punto le respondí, que sí. Mas si no no. Contenta estarás. Si estoy, pues así a su gusto atiendo. Dichosa tú. Así lo entiendo. Desdichada si que soy yo Mariana de mi vida. De cuando acá tan afable me habla, y tan agradable, di? Ya que tu edad florida consigue el logro, sabrás, que yo. Tu labio prosiga. No sé cómo te lo diga. Mas qué decirme querrás? O si acertases, porque me excusaras la vergüenza. Tu pasión con Acomienza, y remata en R. A fe, que pienso que no son vanas las señas de tu primor, Acabemos, es amor? Qué quieres, somos humanas. En tu hermosura divina, y en tu donaire excelente, se emplea amor dignamente. Guárdete el Cielo sobrina. Sobrina, favor extraño, . mucho se debe de holgar, pues le obliga a confesar el parentesco. En mi daño vi una tarde a un Caballero galán, discreto, y valiente. El título es excelente para Comedia. Yo infiero, que te burlarás de mí, cuando sepas. No señora. Que mi albedrío le adora desde el punto que le vi muy cercano, mas no quiero . decirle quien es primero, que en sabiéndolo es forzoso, que le disguste el galán, que para esposo le han dado, porque así lo hemos tratado entre mí, y el Capitán. Y él me ha visto? A ti no, que con recato advertido de dos veces que ha venido a casa, no quise yo que te viera. Y de ese amante, sabes que te quiere? No, ni aún él que le quiero yo. Cierto que estás adelante. Fuera atrevimiento el dar a entender ningún error, teniendo yo Confesor, con quien se pueda tratar. Bien, señora, me parece, cásate, enmienda los daños de viuda. Ah muchos años, que yo me estoy en mis trece, casarme quiero, licencia pretendo pedir Mariana a mi viudez temprana, y a mi honrada continencia. De qué sujeto no ha sido amada la compañía? y aunque parezca ironia, es linda halhaja un marido. No te arrepientas después, pues hay quien antes lo está. Alguna necia será. Entre uste hidalgo. Quién es? Un percursor imagino del novio. Aquese soy yo. Ah Cielos! Llegue ué, y no sea corto, Soy Vizcaíno. Quién es aquí mi señora Doña Mariana, que antes de muchos días, aunque de doncella ahora campe, el afán del casamiento le hará que salga de madre Quién sois? Letra colorada, que señala cuando cae el novio Dominical. Yo soy, pasad ades Poca ropa. Las doncellas, hasta el punto que se casen, no parecen bien con más. Nidas viudas, perdonadm o parecen bien con tanta. No me descontenta el air del picaron. Ya os he dicho, que soy yo. Pues a arrojarme a vuestros pies me ha enviado vuestro esposo de su parte, y sea aqueste el primer arrojamiento que hace con vos, en nombre de Dios. Sintamos mudos pesares. . Don Alejo de Arriola, mi señor, que el Cielo guarde, Vizcaíno por el cabo, y de calidad tan grande, que sus escarpines dicen a cien pasos sus solares. Rico a todo reventar de tálegos, a casarse viene con muy linda mosca, y según la prisa trae, es la de un convidado, si le parece que es tarde, y que comiendo estar pueden, En qué parte os adelantasteis vos? En Alcovendas. Y cuándo llegará? Cuándo? esta tarde antes de un hora, por señas, que a la entrada de la calle de Fuen Carral encontré, que en dos caballos galanes, salían a recibirle al camino, con el traje de color, que parecían, uno Adonis, y otro a Marte: Vuestro hermano, y Detenerle ahora; será importante, porque quien iba con él, no diga, que es el amanto a quien adoro; Marían entra a vestirte, no te hallen de esa manera. Y primero no es bien, señora, informarme de mi esposo? No por cierto; entra, que tiempo bastante te quedará, para que él te informe de sus partes. La Viuda en lo del golpe, . parece puerta de cárcel. Ven a ponerte bizarra. . Di ha ponerme en mis pesares lutos: por un muerto ardor, que dentro del pecho yace. . Oye? . Desde que nací, como dicen los vulgares. Qué papel? Terceras damas. Eso es lo mismo, que darme a entender, que hace vusted alcahuetas. Ya no se hace duelo de aquesa palabra. Basta que los hombres saquen mucho duelo de esa obra, que ustedes suelen cortarles. Y usted, qué flor? De fullero, robar, y morir de hambre. El nombre? Zorro viejo, y partido en dos mitades; lo zorro tengo por mí, lo demás por mi linaje. Y este novio, no sabremos. que señas tiene? Muy grandes. De cuántos años será? Es de veinte y cinco pares. Si no me engaño, esta cuenta, tiene cincuenta cabales. Toda la de Moya tienes en la uña. Y es notable mi habilidad, que con ella, hiendo una bolsa en el aire. No son bien grandes las señas del novio? Y aún las bastantes, para que pierda su juicio mi señora. Poco sabes; viejo, que casa con moza, aunque a lo debido falte, es como el álamo. . Cómo? Porque el álamo es constante, que no se le busca el fruto. sino la sombra que hace. Tiene parientes? Un hijo tiene, de los más galanes Caballeros, que en Madrid sombreros de castor traen, y calzán medias de pelo; es entendido sin arte cortés sin afectación: Mas dejando aquesto aparte. cómo te llamas? . Lucia. No se luce en las señales. Por qué señor Zorro viejo? Porque yo desde el instante que te vi, no te he quitado. los ojos. Si es para amarle, no hay lugar. . Mi petición en derecho ha de fundarse. Yo soy clara como el agua, y si va a decir verdades, no me ha parecido mal; no sabré yo declararme; si esto va en mi condición, o si va en sus buenas partes: Esto supuesto, un criado del Capitán da en celarme, sin darle yo para ello más causa que ocasionarle; llámase Gonzalo, y es crudísimo de semblante, mas jaque que Escarraman; y a lo que él dijo esta tarde, valiente como la espada, si usté se atreve a aguardarle el aire, como se dice, gozará. . No solo el aire le guardaré, sino todos los cuatro Elementos. Tate, en buen año fue nacido. Herédelo de mi padre. Pues la puerta principal, deje usté, y de aquí adelante, por el postigo del lado puede entrar a visitarme. Pues ve aquí, que llama él, tras tras al postigo, sales. A darte dos mil abrazos. Un sí es, no es, eres fácil, Pero en lo disimulado, soy gata de Marimartes. Pues miz a mis brazos. Zape. La primera en tierra. Andarlo. Oye vé, sehora Comadre, no sé si digo, estoy por con esta mano asentarle la color. . Aquesto ha sido cortesía inexcusable de reciénvenido. Cierto que no ha pasado adelante. Éntrese dentro. Yo soy perdida por estos lances. Que va que me da con algo. Este hombre tiene talle de valiente. Pero aquí la intentona ha de salvarme. Y para entre mí, yo soy un grande gallina, pero ande a pesar del natural, su poco abreviado el arte; digo. . Diga. Barrabás, más gacho es que yo. Ea acabe. Lucia, es cosa de cosas, ya me entenderá. Adelante. Boace, señor hidalgo, excuse con ella lances. Baste que boace lo diga, con su boca zucia. Baste. Y en este particular, hay más que decir? No hay más que. Quédale a ve algún rescoldo? Qué rescoldo ha de quedarme, cuando estoy en vivas ascuas; ya dije traque barraque. Razón de Cabo de Escuadra. Mas que me casca la parte. . Mas que me sacude el polvo. . Para. Ten. Espera, aguarda, que ya nuestros amos llegan. Pues quede para otra tarde nuestro duelo. Norabuena. Vive Cristo, que algún Ángel . los ha traído. . Por Dios, . que es como cuatro Roldanes. Esta es señor Don Alejo, vuestra casa, y donde nadie ha de mandar, si no vos. Cuando en ella vengo a honrarme, señor Capitán, mi pecho reválida el homenaje de nuestra antigua amistad. Vos señor Don Juan. Pesares, no me aflijáis sin remedio, tristes memorias, dejadme. Dueño de esta casa sois, también como vuestro padre. Esclavo diréis mejor, pues que como tal me traen mis deseos a asistir la noble elección que hace mi padre de vuestra hermana, y mi señora, a quien guarde el Cielo, y a quien deseo, conocer, para postrarme a sus pies, porque sus pies coronen mi vasallaje. Todos hemos de serviros. Es mi hijo muy galante. Cuál de los dos es el novio? El que tiene menos talle. Dónde está mi esposa? Está aguardando que la mande salir, porque su recato no la consiente dictamen, sin mi precepto; Góncalo, di a su tía, que la saque de su retiro a esta sala. Voy a decírselo. . Aguarde dé un recado de camino a Lucia de mi parte. Hombre del diablo, que estoy en la posesión de amante. Para que es andar en pleitos, concertémonos, y calle. Luego hablaremos en eso. . Martín. . Señor. Oye a parte. Que haya podido un acaso, . ha Cielos! enamorarme de una hermosura, que ignoro. Llevaré el cabo adelante, de tu embuste, hasta que muera. Mira que no te declares con Don Juan. Pues si es Don Juan el engañado, y no sabe sino es el Cielo, y nosotros dos, el enredo, y el arte de aquesta maraña, quieres que yo a Don Juan lo declare; pero advierto, que ha de haber puntualidad en pagarme el silencio. . Tú verás la satisfacción. . Ya sabes, que de aqueste embuste soy, desde el principio el tuanten. Pues toma. En untando el eje, fuerza es que las ruedas callen. Ya sale mi hermana. Yo diré dos mil necedades: Don Juan. Señor. . Llégate cortesanamente a hablarle primero, para que yo entretanto me repare. Harelo así, quien ha visto desigualdad semejante! Sal Mariánica. . Martín, estoy bueno, no me engañes? Muy bueno gracias a Dios. Señora, muda el semblante, y no des que sospechar a todos. Inremediable. pasión, vence a la cordura. Ya Doña Mariana sale a lograr su dicha. Cielos! Y en la inviolable obediencia de mi hermano, fundo mis felicidades: Pero qué he visto! Esta es aquella beldad, que grave triunfa de todo mi pecho. Este es aquel, que galante, . supo con su bizarría, y su valor obligarme. Muerto estoy! Sin duda Cielos, que muy fino, y muy amante ha tratado con mi hermano mi casamiento; pesares salid del pecho. Por Dios, que es mi esposa como un Ángel. No te turbes. No señora, yo no me turbo, que antes estoy muy contenta. . Ves como te alegra el casarte. Qué haré? Porque no llegáis, señor Don Alejo a hablar a vuestra esposa. . Ya llego. Mucho temo el disparate. . Pero imposible esperanza, . muramos los dos cobardes; que naces a ser delito, si a ser esperanza naces. Qué desdicha! Llegar quiero, el Cielo mi labio ampare. Yo, señora, por ganar la dicha de ser primero en el rendimiento, quiero a vuestras plantas llegar, y dando después lugar a la mano, y al empleo, que aspira vuestro trofeo deseando servir en todo, ejecutarlo de modo, que no me quede deseo. Y en señas de esta verdad, y que vuestro esclavo soy, parece que no es de hoy, señora mi voluntad; de noble interioridad es mi esclavitud me alabo, y de declararma acabo; pero con fineza rara, antes de ahora en mi cara, siento la impresión del clavo. Albricias muerta esperanza; que este mi esposo ha de ser: ( Yo, señor, no he de poder templar mi desconfianza: lo que mi mérito alcanza, apenas lo determina mi razón, que no soy digna del bien, que consigo yo. No sé que me he dicho, Habló como una doncella indigna. Yo, señora mía, soy el indigno, y el que gano mil dichas con vuestra mano, y gracias al Cielo doy, de que tan cercano estoy de ser vuestro esposo. . Apelo. . Y con amoroso celo doy por bueno lo que dijo ahora Don Juan mi hijo. Qué he oído, válgame el Cielo? Mariana, pues llegó el plazo, a quien yo quiero es Don Juan, no es entendido; y galán? Eso sí, torcer el lazo. . Y así si mi hermano, y vos dais licencia, trataremos señora, que nos juntenios, ahora, en gracia de Dios. Ahora no es tan precisa la diligencia, mañana puede empezarse a tratar mas de espacio; mudas ansias . no prorrumpáis, que no es tiempo de dar a entender el alma. Pues venid a descansar ahora a vuestra posada, que está aquí cerca; hasta que podáis quedaros en casa con decente libertad. Que mal mi pecho descansa. Dile al punto que me case el Capitán Lorenzana, en acabando contigo. Bien dices, conmigo acaba. Con Don Juan. Eso, señora, haré de muy buena gana, Adiós, y creed, que os llevo atravesada en el alma. Guardeos el Cielo mil años. qué entendida! qué gallarda! . Mirad lo que me mardáis. Que viváis edades largas; y creed señor Don Juan, que tenéis en esta casa. quien os quiere más, que a sí. Oh cómo eres avisada, ya sé que por mí lo dices. Creo también que me halaga con su memoria, que tiene todo el imperio en mi alma. Pienso que hemos confrontado, claro está que sus palabras, con quien han podido hablar, si no es conmigo. . Ea acaba, Don Juan, no me había ordado, que tengáis por disculpada mi ignorancia os suplico. No ha errado, quien tanta causa tuvo para divertirse. Vamos, y desde mañana, si Dios quiere, empezaremos a sacar joyas, y galas. Y yo empezaré a morir, de una imposible esperanza. . Gracias a Dios, que he salido del cuidado de una hermana. . Grandes desdichas serán las mías, si no me acaban. . Con Don Juan me he de casar, o mal me ha de andar la mana Oye usted, seora Lucia. Qué es lo que uced me manda. Que no haya pasa Gonzalo, si pasa Martín le agrada. .

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA No es amoroso cuidado, que lisonjea a quien ama. La ardiente insufrible llama, que siento en mi pecho helado. Esto, que me abrasa el pecho. No es posible, que es amor. Si no un rabioso dolor del mal, que el amor me ha hecho. Es tan cruel, y severo mi mal, que al reconocerle, cuando remediarlo espero, me muero por no tenerle, y por tenerle me muero. Mi pecho en llamas deshecho, ni desiste, ni porsía, y pasa a ser con despecho incendio en el alma mía, esto que me abrasa el pecho. Mivida en la crueldad halla de tanto tormento, en la memoria impiedad, pena en el entendimiento, y muerte en la voluntad: Amor suspende el rigor, más entender que ha de dar a ibio a ningún dolor, descanso a ningún pesar, no es posible, que es amor. A mis ojos la razón, le escondo de mis enojos; pero es buena prevención, que si no cabe en los ojos, la está viendo el corazón. No ver quien causa el rigor, diz que es del amor el medio, uso el remedio en mi amor, y no saco del remedio, sino un rabioso dolor. Tan dura pasión me aqueja, que en mi triste padecer, el silencio me aconseja, y no me puedo valer del recurso de la queja: Cáúsame ardiente despecho, pudiendo favorecerme, y ansi fallece mi pecho a el bien que pudiera hacerme, del mal que el amor me ha hecho. Pero allí mi hermoso dueño, persuade mis sentidos con los ojos al halago con el respeto al desvío. Allí está Don Juan, ay Cielos! valedme, porque conmigo se avenga, lo que no espero, bien con lo que solicito. Señora. Señor Don Juan. Hermosa es, pero el echizo de la hermosura, le es fuerza en el imposible mismo. Os acordáis de aquel día, que muy valiente, y muy fino en el Prado, me librasteis de dos hombres, que atrevidos, y groseros. Ya me acuerdo, que aunque no es el traje mismo, son los mismos vuestros ojos, Qué decís? Señora, digo, que no puedo si los veo, olvidar que los he visto. Por qué? Porque el navegante, que por accidente impío, de las ondas en el mar perdió su hacienda, al prolijo dolor de quedar sin ella, siempre queda repetido en su memoria, y al ver presente su daño esquivo, llora el mal, y todo nace de cuando tuvo principio. Pues vos, que tenéis que ver con ese símil: No aplico la semejanza que tiene a mi dolor, porque digo un dictamen, y quisiera dar señas a mi albedrío, en vos de que lo inferis, y en mí de que no lo digo. Ya lo infiero. Y yo lo callo. No basta el afecto mío, sino que ha de componerse de su rendimiento mismo. Guardeos el Cielo. Esperad. . Qué queréis? Qué os vais? . Replico con los ojos cuando os veo, y con las plantas os sirvo. Ya os he dicho que esperéis. En esta sala me ha dicho Lucia, que está Don Juan con mi sobrina. Advertido reparad. Yo apostaré, que como la he prevenido a Doña Mariana yo que en viéndole dé principio a declararle mi amor, que le está hablando en el mismo. Señor Don Juan, que yo sé, que está también admitido ese amor. No hay que dudar, ello es hecho. Que os afirmo, que está muy de vuestra parte, la voluntad, y el cariño, dejadlo al tiempo. Eso es bueno para la prisa en que vivo: al momento han de quedar entablados los principios, declarándome con él yo misma. De mi albedrío, basta para vanidad. a lo que ahora imagino, señora, aunque no consiga el favor que he merecido. h. Qué llamáis no conseguir? Ay de mí! si nos ha oído. . Es tanta verdad Don cuan, lo que Mariánica ha dicho, que yo misma os lo aleguro. Ella sin duda ha creído que le hablaba de su parte. . Sin duda a lo que colijo, . que ya le ha comunicado a su tía aquesto mismo, pues ella en su amor me habla. No creerás lo agradecido que te está mi corazón sobrina a tal beneficio. Todo como yo deseo suceda; pierdo el sentido. . Señor Don Juan, el amor tomado desde el principio es inclinación primero; pasa después a cariño, crece a deseo que enciende, sube a llama que es peligro. Siendo de estos accidentes particulares motivos la vista en la inclinación, en el deseo el sentido, en el cariño el afecto, y en la llama el albedrío. Esto supuesto, y que vos sois tan galán, y entendido; nada extrañaréis de aquesto que Mariánica os ha dicho, ni de cuanto yo Don Juan ahora quiero deciros. Bien se ve en lo que previene, . que es haberlo conferido Doña Mariana con ella. Que se precie el hado mío . de tan cruel. Sabed pues. Mas no ha de quedar conmigo desairado mi respeto aunque muera. Quién ha visto tal tormento. Antes que vos prosigáis, quiero advertiros, costa de mi vida qu responderos, que no vivo de más aliento señora, que de escucharlo recibo. Pues eso más de su parte lleva el intento que digo. Pero es tanta mi desdicha, que solo acierto el camino del padecer, y no puedo acertar el del alivio. Que desdicha, cuando yo os adoro. . Qué habéis dicho? Oh cuanto la turbación os agradezco, que ha sido sin duda; del alborozo, que os ha causado el oírlo. Luego vos señora. Yo, vuelvo otra vez a deciros, que os adoro. Qué he escuchado! Muerta estoy. Mariana, dilo otra vez, porque lo erea Don Juan. Ya yo se lo he dicho, como tú me lo mandaste. Ay tan nuevo laberinto! Mas vuestro padre ha avisado, que viene ya, porque el sitio no es apropósito, quiero que para excusar testigos, del desposorio tratemos, en más oculto retiro. Qué haré en confusión tangrande; mas dilimular elijo, no infiera de mi despecho, lo que calla mi desinio. Luego volveré a avisarte, lo que quedare advertido. Siempre estaré de tu parte, pues que no muero, no vivo. Ya me aseguro la dicha. Moriré de mi peligro. Pues ahora. Pues desde hoy. Su amor he reconocido. A mayor pena me entrego. Seguidme Don Juan. Ya os sigo. Celos, que la llama avivan. no me perdona el destino; o que mañoso ejercita toda su fuerza conmigo; el resistir, es tormento; declararme, es precipicio; pasar por mis celos, muerte; callar mi pasión, martirio: y a un mismo tiempo imposibles, la esperanza, y el olvido; mas también es cobardía de mi amor, que tan remiso se desmaye, porque quien llega a estar tan mal consigo, que en la grave enfermedad, hasta el último suspiro, a la aplicación se niega, del remedio, y del alivio: Y ansí le he de procurar, para que sea mi esposo. Muchas veces venturoso, pues he llegado a escuchar de vuestro labio, razón que tanto gusto me da, cuyos ecos guardará, para siempre el corazón. Requiebros enamorados, de viejos enternecidos, son a tu edad mal medidos, y por eso van pensados Qué pena! mas mi desdicha, se enmienda en mi prevención, que en la disimulación consiste toda mi dicha. Por vos mi pecho aposenta, más ambroso mi empleo; en vos crece mi deseo y en mi voluntad se aumenta; con vos no hay punto que pase, con vuestra ausencia, sin queja. Él con vos me entierren, deja para el día que se case. Hasta que seáis mi esposa, siempre gustosa os tendré. Pero en siéndolo, no sé si la tendrá muy gustosa. Ya es tiempo de comenzar el intento que he trazado. Qué joyas os he sacado! qué galas! Yo os quiero hablar a solas. Salte allá fuera. Primero me importa hablarte dos palábricas a parte. Qué quieres? Dame siquiera veinte escudillos, señor, sobre mi secreto. . . Esto es tirar solo al interés. Yo nunca tiro al amor. Mucho atormentar es ese. Lo que más te importa aquí es, darte tormento a ti, para que yo no confiese: pues triunfas, porque yo coma, con echarme, como sueles, pues que de aquellos papeles soy el alicacado. . . Toma. Al paso que tu bolsillo, escupiendo, y desflemando abra la boca, ira dando el secreto garrotillo, Decid. Con lo que prevengo; me declaro con Don Juan, y en mi lográndose van esperanzas, que no tengo. Fuese Don Juan, y quedé loca de ver, que al momento acetó mi casamiento, con que ha alentado mi fe; ningún miedo, me desmaya, mi dicha entabladada dejo; pero allí está Don Alejo, quiero aguardar que se vaya, Ocho días ha señor, que llegasteis a casaros conmigo. Y en adoraros los ha gastado mi amor. En vos también ha venido una dicha, que me anime, y un marido a quien estime. Qué bien sueña lo marido! . Brava ventura es la mía! . En lo que quiero deciros; quiero también preveniros un riesgo que me porfía: Antes de mi casamiento, declarar, pues, es razón, es ahora obligación, y después atrevimiento. Hablad. Pues es tan extraño, y tan sutil el primor, con que me aventuro, amor ponte al lado del engaño. Sabed que el señor Don Juan, vuestro hijo, señor mío. Es dueño de mi albedrío. Es entendido, y galán; pero a que fin le nombráis? Yo apuesto, según lo siento, que le habla en mi casamiento. Sabreislo si me escucháis. Vuestro hijo, pues, pasando límites de la razón, válido de la ocasión de poder hablarme, cuando la llaneza licenciosa, le ha permitido lugar, y tiempo, sin reparar en que he de ser vuestra esposa, Ni en el decoro que debe al vuestro, y a mi respeto; desluciendo lo discreto, con lo que galán se atreve, sin atender al agravio, ni atender a mis enojos, muy sin recato sus ojos, muy atrevido su labio; una, y mil veces prolijo, conmigo se ha declarado, neciamente enamorado de mi hermosura. Mi hijo? Qué he escuchado! Y de su afán me ha escrito algunos papeles que he rasgado por infieles, a vuestro pecho. Don Juan? Ah ingrato! No hay que creerle en su pasión desleal. Plegue a Dios no me dé el mal Quién tal desacato vio. Forzoso es que os desengañe. . . No, si no decid que venga, Que de esta manera engañe . a una mujer como yo. Ved la industria que apercibe su pensamiento liviano, porque lleguen a mi mano los papeles que me escribe; mete por la celosía un debanador de seda, para que nadie le pueda averiguar su porfía. Y yo, que por la mañana, ajena de su quimera, siempre he sido la primera que voy a abrir la ventana, le encuentro, y la novedad, esto la primera vez, apurando su doblez, movió mi curiosidad, y leí su intento ciego. Mas después acá sus modos me han obligado, a que todos los haya entregado al fuego sin leellos. Qué decís? Pues aún hay más que contar. Hecha estoy un rejalgar. . Conoceréis si lo oís, quien declarar su trofeo, de que es mi valor testigo, sintiendo lo que yo digo, os digo lo que deseo. No hay noche, cuando me aparto a recogerme, que afán, que no está el señor Don Juan a la reja de mi cuarto, a las doce en punto, y bien sé, cuando ansí lo advertís, que si no se lo reñís, vendrá esta noche también. de corazón, como suele. . . . Pues yo sé que no vendrá cuando mi enojo prevenga. y veréis como le va. Y yo he de ir a examinar esta noche mis desvelos. Muerta estoy de amor, y celos. . La industria me ha de ayudar Veréis como le reprendo la causa de vuestra queja. No olvidéis lo de la reja No olvidaré . . Eso pretendo. Voy a reñirle. . . Es razón Y yo a morir de este aprieto. . Don Juan, pues eres discreto, entiende mi corazón. Lucia, creciendo en mí tu proceder insolente, ya me tiene hasta la frente. Pues no pasara de ahí: digo; pues, que por capricho de querer a Martín trato. Es un gallina. Zapato. Ven mádil. . Lo dicho dicho. Malo, de esta vez me arresto. Todo es dar en ser valiente, él es el gallina, y miente. Toma pícaro. Qué es esto? Ay de mí! si lo ha escuchado a todos tres, que congoja! por un balcón nos arroja, con que será más volado. Decidme, pues llego a oíllo, brevemente en conciusión, sobre que fue el bofetón. Señor, sobre mi carrillo. Digo, sobre que contienda, ya que vos me lo encubrís, le diste? Sobre un mentís. No lo valia la prenda. Y por qué el disgusto fue? Por nada. Qué cortesía; no por nadar por Lucia. Por ti? Sí señor; porque Gónzalo ahora me dijo, que no sé que le cosiera. Llegó Martín, que pudiera excusarlo, y muy prolijo me previno, que primero, aunque a Cónzalo le pese, por hacer candil se diese dos puntos en el sombrero. Empezáronse a trabar con estilo afrentoso, con que a mí me fue forzoso el haberlos de dejar riñendo, y entrambos juntos tienen de mí la querella. Esto es así? La doncella está muy bien en los puntos. Pues no quiero, que mañana cuenten, que ni aún un vergante ha quedado mal delante del Capitán Lorenzana. Tú has de reñir con Gonzalo, si quieres quedar airoso. Eso no es dificultoso, que lo puede hacer un palo. Palo a mí? Qué es mejor digo el reñir. Lindos regalos, o he de derrengarle a palos, o tengo de ser su amigo; por eso escoja. . Pues puedo, el ser su amigo es mejor. Tú tienes poco valor. Pero muchísimo miedo. Así como hombre ordinario todo tu honor atropellas; saca la espada . Doncerlas; se sacan por el Vicario. Mal con la gente al presente quedas, sin reñir los dos. Quedar uno bien con Dios es mejor, que con la gente. No te quiero más hablar en esto, pues con tu honor te conformas. . Yo, señor, soy fácil de conformar. Gonzaló. Ay aprietos tales! Qué mandas? Llévame a aquel gárito luego el broquel, y cien escudos cabales. Ya ni le admito, ni quiero. A ruines como él sé yo cascalles. Vusted venció, porque acometió primero. Llévome a Lucia. Andarlo. Doyme con él. Servitor. Por Dios, que es buen señor. Y es pollo, y va para gallo. Por Dios que he quedado mal, que como soy tan bizarro, hago con la ley del duelo, del escrúpulo, pecado! La derecha es informarme de seis Maeses de Campo, que ellos me dirán si tengo obligación de hacer algo. Pero ve aquí que responden, cumpliendo con el adagio, que al mentís el bofeton, y al bofeton siguen palos, y a palos muerte; y ve aquí, que si los doy a Gonzalo, con lo que se sigue a ellos, quiere quedar descargado. Pero yo escojo el cumplir como noble vive el alto Cielo, que le he de pegar en aquellos lomos cuatro, que más que por afrentosos, le duelan por bien pegados! Como nació en los infiernos, tiene unas leyes de diablo, este duende de la honra, del honor aqueste trasgo, que persuade sin voz, y a voto de los humanos, es un ídolo de viento, en andar imaginando, que obligue a matar a quien le llama al otro borracho: y sea infamia el decirlo, y no lo sea el estarlo. Si me matan, quedo muerto, y quedo mal si no mato: y no estando en el duelo, como la manera del contarlo, unos dicen, que ve poco, otros, que ve demasiado. Si no riño, soy gallina; si riño, soy temerario, cobardía, si no pego; traición, si pego de zaino. Y si quedo bien, o mal, en la Comedia, en el Prado, la calle Mayor, la Iglesia, en los trucos, en Palacio, es conversación de un día, y al segundo está olvidado. Pero a la calle he salido, y hacia allí viene mi amo Don Juan. Habrá sucedido a ninguno tan extraño laberinto cómo a mí? Señor, seas bien llegado. Cuando entendí que admitido de la deidad que idolatro estaba. Señor, qué es esto? Burladas mis penas hallo. Ah señor; a esotra puerta. Y veo que su cuidado es, por decirme el amor de su tía. Estás borracho? Y que ella también lo afirma. Llego por estotro lado: ha señor. Válgame el Cielo! Válgante todos los diablos! Martín. Pesia a mi linaje! no reparas que este paso es muy hecho en las Comedias? Estoy tal, que no me hallo a mi dentro de mí mismo. Pregonarte por el barrio. Ay Martín, que estoy mortal de amante, y desesperado! Pues encomendarse a Judas, y dejar correr el lazo. Quiero descansar contigo. Y tendrás lindo descanso. Supuesto que estás sirviendo a mi padre tantos años. Qué mal está en la maraña! . Y siempre de ti he fiado el pecho en cualquier suceso. Di tu mal. Escucha. . Paso, que tu padre, y mi señor viene por la calle abajo, con tanta solicitud; que parece con cuidado. Pues vuelva la voz al pecho. No puedo en todo este barrio ver este mozo. Señor. Don Juan: Qué trae este diablo? Qué tienes? Traigo un pesar. Con quién? Con vos. Qué le ha dado? Conmigo? Con vos. Por qué? Escuchad. Saberlo aguardo. Vos contra el respeto mío andáis atrevido tanto, que no parecéis mi hijo. Yo sé lo que hay en el caso. . Si acaso Doña Mariana . a mi padre se ha quejado, de haberla dicho mi amor, ofendida de escucharlo. Doña Mariana. Esto es cierto. Me ha dicho, que vos villano la habéis dicho muchas veces, que la queréis. . El negarlo, será hacer escrupuloso mi pecho. Si os ha contado mi señora, que le he dicho mi amor, no ha sido agraviando el respeto. Cómo puede dejar de ser en mi agravio? Una vez no más la he dicho. Mentís, que ella me ha contado, que han sido más de cuarenta. Mas de treínta y nueve hallo de diferencia. Señor: Hay hombre más desdichado! . Y para que no neguéis lo que resta, quiero daros más señas de vuestra infamia. Hame dicho, que muy falso cada noche la escribís un papel. Pues eso es tanto? más fuera como un amigo, que escribió cada una cuatro. Yo papel? . Callad. Qué es esto? Mirad si podéis negarlo con tan buenas señas, pues me dijo, que debanando en él un poco de seda, por mejor disimularlo, le entráis por la celosía cada noche, y reparando la primera, en la malicia, los restantes ha quemado. Lo del Rufián, que debane, . . . Señor, advierte. viene aquí como pintado. Jesús! De qué os hacéis Cruces? Debe de haber visto el diablo. . . . Sois un liviano. Yo debanador de seda. Pues aún pasa el desacato tan adelante, que dice, que vos ciego, y temerario cada noche, cuando baja a recogerse a su cuarto, a las doce en punto estáis a su reja, procurando hablarla. . Señor, por Dios, que hacéis de modo los cargos, que estoy por creer también, que soy quien los ha causado. Con que falsedad queréis prevenido aseguraros; Pues Don Juan. Brava malicia. se me ha metido en los cascos. No habéis de estar en Madrid, viven los Cielos sagrados, dos días; harta ocasión os están ahora dando Cataluña, y Portugal, para que empleéis bizarro, en servicio de Felipo, vuestra sangre, y vuestros años. Buscad mañana, Martín, dineros, letras, caballos, para que Don Juan se parta a Zaragoza, entre tanto, que su Majestad dispone su jornada; porque en caso tan honroso, acudiré a asistiros, como honrado, con cuanta hacienda gané en Indias. Tengas el pago de Dios como la ganaste. Es en vano. . . Que yo. Sois un atrevido. Contra ti. Y él una asadura entera. . No me he atrevido. A negarlo; me parece, que queréis no desistir del engaño. . Aguarda. Qué es lo que quieres. Que me libres cien ducados, que he menester. Estás loco? Tú lo estarás en negarlos. A buena ocasión por Dios, cuando ves, que reventando estoy de cólera. Aunque reventéis por los costados, lo has de hacer. No quiero ahora. No, pues por vida de entrambos, que es juramento partido; mas no quiero amenazarlo, si no hacerlo. Qué has de hacer? No digo nada. Es soñado el discurso de mi vida? Ya me voy poniendo al lado de la verdad desde hoy. Martín. Qué dices? Que en tanto peligro de confusión, se anega el discurso vano. Deme respondiendo a todo lo que fuere preguntando, sin que me mientas palabra: y fía, que está en mi mano el irte haciendo dichoso, Pues pregunta. En esto hay algo? Ay, que una mañana vi a Doña Mariana dando, mejor Aurora del día, más resplandores al prado. El concentillo me ha dicho, que quedaste enamorado. Es verdad; pero jamás la volví a ver, hasta cuando con mi Padre entré en su casa, y conocí, que su mano para él se prevenía. Y tu dijístela acaso tu amor? Si la he dicho. Cuantas veces? Vete declarando, como cuando al Confesor dice un hombre sus pecados, Una vez no más. Y ella, que espondió? Escucha: Cuando entendí que le admitía, favoreciéndome, hallo, que por su tía me hablaba, porque saliéndome al paso, Doña Justina, también se me declaró en su cuarto. La viuda? . . La viuda, si; y yo por tener guardado mi secreto, y porque viese, que lo que allí estaba hablando con Doña Mariana, era por ella, disimulando entonces, a mi pesar del casamiento trataron. Oh viuda inocente! Prosigue. Vamos al caso; haste válido de aquella sutileza, que ha contado a tu padre, para darle algún papel? . . Es engaño. Y has ido a las doce en punto, con secreto, y con recato a hablarla todas las noches? Ni aún una. Yo soy un asno, o es cierto lo que imagino. Pues qué imaginas? Menguado, que te adora. . . De qué suerte? Por Dios, gentil Cortesano! No has entendido que ella con lindo desembarazo: porque tu padre te riña se ha quejado sobre falso. No quiere fiar de nadie su secreto, y le ha fuudado lindamente, que si tú no has hecho nada de cuanto se queja, si no le has dicho tu amor las veces que acabo de oir, sido la has escrito con la industria que ha contado, si nunca has ido a las doce, como dice, no está claro, que desea que tu amor le digas de cabo a cabo, que entres por la celosía mil papeles debanados, y que vayas a las doce a su reja, que no en vano ha dicho aquello de en punto; que a no ser por avisarlo, en puntos no reparara, y estos son muy delicados. Dices bien. . Digo, que tú no sabes cual es tu mano ogrecha de amor. Pues qué me aconsejas? Qué bizarro, B si la quieres, aproveches la ocasión. No ves que hago ofensa a mi padre. . Calla, porque no le ofendes tanto como piensas: y pues yo de la maraña me encargo desde hoy, de ella, y de todo te sacaré ha paz, y a salvo, Pues qué haremos? Que pues ya aquese arriero ordinario de la luz, descargó el día en el mesón del Ocaso: y pues ya la hermosa hogaza de plata, cocida a rayos, la noche sacó del horno a la tabla valeando, cierra Mariánica como España. . Tu intento extraño. No extrañes nada, que ya te he dicho lo que hace al caso, Por curiosidad de ver, si es cierto lo imaginado, esta nocho habemos d Pues ya que a la puerta estamos de la posada, yo entro a sacar cierto recado, que he de llevar a un amigo de camino. . Aquí te aguardo, No te apartes de este sitio. Vuelve apriesa. Luego salgo. Nada en esta acción me debe culpar el respeto, cuando por curiosidad deseo ver la deidad, que idolatro, y me partiré mañana, a donde con lento paso, vaya mi propia desdicha en mi memoria acortando, cuantos el errante pie diere a cuenta de mis años: Y si en lance tan penoso durare mi vida tanto, que a pesar de mi deseo, se obstinare en mis agravios, de haber perdido esta dicha, haré razón de mi estado, Vamos. A qué entraste? Escucha. Unos amigos del barrio pretenden hacer mañana una Comedia, y no hallando uno, que ha de hacer la barba, una entrecana, a mi cargo tomé de buscarla yo, por sacarle de cuidado; y yendo a la Compañía del Autor Lorenzo Hurtado Estrada, que hace las barbas, y es famoso oficialazo, me dio la que ves. A esta, señor, la han llamado marquésota, y a esta llaman mucera. Nombre extremado: vamos, porque se hace tarde. Mientras llevo este recado, dónde quieres aguardarme? Mañana puedes llevarlo, que ahora, Martín, no quiero que te apartes de mi lado. Harasme caer en falta. Vamos apriesa. Si acaso por tu valiente me llevas, por Dios, que te has engañado, que hoy me ha sucedido cosa en que he visto lo contrario; pero yo me vengaré: alerta, señor Gonzalo. Qué de confusiones llevo! Vive Dios que ha de gromarlo el viejo, con las serenas, no darme los cien ducados. Deme el amor sufrimiento, o acábenme mis cuidados! Con trastos para Comedia, parezco mozo de hato. Planeta, que en el criso! del primero, siempre atento, compones tu lucimiento de los desmayos del Sol, tu claridad en mi daño no descubra la verdad, sino antes tu claridad sea capa de mi engaño. Si habrá su padre reñido sus celos, de que infiel fui la causa; pero él si habrá a mi pecho entendido? La reja es esta que ves. Del cielo de mí adorado. Si es Don Juan quien ha llegado Da con la espada. Quién es? Quién entiende que queréis, que yo llegue donde estoy. Veslo ya? Es Don Juan? Yo soy. Pues bien así lo entendéis, Martín. Ves como acerté. Mira si vieres venir gente. Vendrelo a decir. No reñirás; No podré. Mas tiene que agradecerle el amor, señor Don Juan, a mi callado deseo, que a vuestro público mal; pues yo, no teniendo vos señas de mi voluntad, por tan extraño camino quise que me la entendáis. Y vos habiéndome hecho de vuestra pasión capaz, tan tibio en las diligencias de conseguirme os mostráis, si me queréis. . De manera os quiero, que dentro acá de mi alma, el alma misma hace la razón verdad; que a decir, que adonde ama, mas que adonde anima está, Pues qué os acobarda? Vos sabéis lo que acobardar puede mi pecho. No hay causa, que llegue así a violentar a todo un libre albedrío. Pues qué he de hacer? Intentar. Pues desde hoy. Proseguid. Señor, que viene hacia acá un hombre, y si no me engaño, me ha parecido un Roldán. En que lo has visto? En mi miedo. Válgame Dios! si será mi hermano? Esa fuera buena. Ya es imposible dejar de encontrarnos. Pues aquí de mi industria, Satanas no diera en aqueste arbitrio. Qué haces? Tú lo verás. Vos retiraos. Qué desdicha! Ea, aprisa. No hagas tal, si no finge que te enojas. Para qué? Para asegurar, con quien fuere, tu opinión. Y pues nos ha visto ya a la reja. Que se acerca. Dea también, que no nos das la ocasión. Harelo así. Pues comienza. Quién serán los que a la ventana asisten de mi hermana? Es irritar mi paciencia. Esta es su voz. Y vive Dios, si a llegar otra vez os atrevéis a esta reja. Bueno va. Que a mi hermano se lo diga: y ahora los dos llevad, a cuenta de mi recato, este desaire hacia allá, Yo quiero reconocellos. Brava es si pega! Quién va? Quién puede. Cómo quién puede? Qué intentas? Acabe ya. Don Alejo de Arriola. Ya pasa de liviandad, dar que decir en la calle. Cierto, señor Capitán, que es vusted terrible. Digo, sin casaros. Pues hay más, que en amaneciendo Dios nos tratemos de casar. A averiguar mi recelo vengo cuidadoso; mas junto a casa de mi esposa veo gente, quién será? Y acompañándoos ahora, quién viene con vos? Don Juan. Qué he escuchado vive Dios! Ved, señor, lo que mandáis, que yo soy. Yo he de serviros. Hay semejante maldad! Pues mañana nos veremos: y ahora los dos mirad si queréis que convoyando os vaya. Qué es comboyar? El iros acompañando a los dos. No hay que tratar. Quedaos. Obedezco, y callo. Dios os guarde. Adiós quedad. Qué te parece? Estoy loco: extraña figura estas! Vamos antes que tu padre te eche menos. Esperad. San Cosme! Válgame el Cielo! Podéis ahora negar lo que he visto? Soy perdido! Y vos traidor desleal, sois un pícaro. Oye usted, blanda la mano en hablar. Y vos aleve. Aquí importa su presunción atajar con una industria, si puedo. No habéis por Dios de quedar . No ha lugar en Madrid. Señor, repara. Qué queréis decir? Que ya, por asegurarte, quiero decirte, lo que callar intentaba hasta el efecto. Pues decidlo, qué aguardáis? Yo adoro a Doña justina; si he de decir la verdad, y ella me quiere también. Qué decís? Que por amar sus ojos, rondo la calle. Yo pienso que me engañáis. Esto es cierto. Y a la reja de Doña Mariana a hablar no habéis llegado? A ella misma se lo puedes preguntar. Pues de ella misma sabré si es cierto. Tú lo verás. Y desde por la mañana, por si es mentira, has de estar ya vestido de camino: porque si sé que a llegar te has atrevido a su reja, al punto te has de ausentar. Haré cuanto tú quisieres. Pues esto importa que hagáis, o de no hacerlo, por Dios, que os he de desheredar. . Martín, qué habemos de hacer? Qué intenta tu voluntad? Proseguir en este empeño. Así, pues déjame obrar. No te entiendo. Ya lo sé. Declarate. la declaración ahora. Pues cuándo? Allá se verá. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Dónde vas tan demañana? A hablarte. Pues no podrás por ahora. A dónde vas? El cuidado de mi hermana, me trae con tanto afán, que voy, cuando a ti te dejo, a buscar a Don Alejo. Está en casa el Capitán? A hablaros iba. Yo, y todo, con ese cuidado vengo, Señor Don Juan. La que tengo obligación, de este modo cumplo. Qué es esto, os partís? Sí señor, que es justa ley, el ir a servir al Rey. Hoy me parto. Qué decís? Asustose. . Siempre vos excusáis la retaguardía, y peleáis por la manguardía, como por la Fe de Dios, y cumplís bizarro en todo, sin pedir, ni reusar. Yo me quiero declarar ahora; pero de modo, que he de callar, cuando entablo . . Qué puedo hacer nuevo intento, lo que oí a Doña Mariana. Aquí ha de haber una del diablo. Qué tratemos luego quiero el desposorio. . Empezó . la obra. . Eso quiero yo. Escuchadme a mi primero, que después, según confío, despacio podéis hablar, porque se trate a la par vuestro cuidado, y el mío. Don Juan, las veces que aquí ha venido, que sé yo lo que vio en mí; al fin me vio, y aficionose de mí. Yo viéndole tan galán, tan cortés, tan entendido, tan amante, tan rendido, me aficioné de Don Juan. Tratamos, pues, diligentes el casamiento gustoso, y viendo que era forzoso el dar cuenta a los parientes: yo os lo digo, porque luego, el amor que nos inflama, nos alumbre como llama, y no abrase como fuego. Esto, pues, en este estado, mirad lo que disponéis, pues casándonos hacéis una lisonja al cuidado, a vos Capitán un gusto, a Don Alejo un gran bien; favor a Don Juan también, y a mí me sacáis de un susto. Válgate el diablo el Don Juan, . con todos tienes contienda! quién habrá que aquesto entienda? Dos conveniencias serán para mí. en el aprieto que he oído. Oigan con lo que ha salido . el diablo de la mujer! Qué respondéis? Bien allí dijo Don Juan, y en su intento nace de su casamiento, la seguridad en mí. Que puedo yo disponer, en lo que también me está. Digo, que luego se hará con el mío. Responder que lo siento, es conformar en mi padre la opinión, que lleva su pretensión; pero tengo de aceptar lo que no puedo cumplir? ̱. No habláis Don Juan? Sí señora: quiero convenir ahora con lo que le oí decir, pues de esta suerte embarazo mi partida, y dando en fin el papel, que trae Martín a Doña Mariana, enlazo mi dicha con este medio. Mucho siento vuestra duda. Lindamente la viuda sabe buscar su remedio. Solemniza mi verdad la fortuna, que me admira, y así digo. Esta es mentira, con mucha solemnidad. Que en queriendo disponerlo, me honraré con vuestra mano. Lográis la dicha que gano. Todos ganamos en ello. Yo pierdo el juicio. Pues ea, entrambas bodas tratad. Ay tan rara novedad! Qué confusión! Quién desea, que sin miedo se aventura. Esto parece soñado. De su elecció me he espantado. . Ya mi pecho se asegura, . Vete. Ay pesar tan molesto! Por Dios que la viuda loca es un reilero con toca. Lindamente lo he dispuesto. . Esta dependencia había, y os ibáis? . . Señor, ansí a mi padre obedecí. Es que yo no lo sabia. Ea, pues, alto a tratar lo que importa. Ya mi honor lo desea . Lo peor nos queda por desollar. Estoy, señor, tan corrido, de anoche. . . Qué os sucedió? Martín. Qué he de hacerle yo? Si lo dice soy perdido. No es para correrse un hombre de mi punto, aunque es verdad, que en vuestra seguridad no hay peligro que me asombre, de ver que vos prevenís la común murmuración, con tal desigualación: y esto. Por que lo decís? Porque anoche muy galán, cuando el honor se profana, a la reja de mi hermana, a vos, y al señor Don Juan os vi asistir. A los dos nos visteis? Pues no hablé luego. Ya va encontrando mi fuego nuevo engaño, vive Dios. . Por señas que oí a mi hermana, que a mí con noble altivez lo diría, si otra vez llegabáis a la ventana, Con Don Juan fue, pues que yo le hallé en la calle, y con él uno de lo dos infiel de mi nombre se valió. Muerto estoy! Aquí fue Troya Bien malicia mi advertencia: fue verdad, o fue apariencia? Pero errose la tramoya. . Mi fineza perdonad; disimular me conviene, . pues veis que disculpa tiene, rencor, la facilidad, en el deseo de hablar a mi esposa. Yo no he dicho, que no es airoso capricho el querer galantear, y para enmendar lo errado, prosigamos. Qué rigor! Cuál está. Ah Don Juan traidor! En nuestro intento. Un criado queda allá fuera, señor; del Secretario de Guerra, con quien te avisa, que vayas por el despacho, que esperas para partirte a campaña. Forzosa es la diligencia, porque no se pierda tiempo: y así cuando dé la vuelta a casa, en vuestra posada, pues está de aquí tan cerca, me esperad, y efectuado quedará lo que concierta nuestro deseo. En buen hora. Sin mí quedo! Uce me tenga por su mínimo. Gonzalo, ven conmigo. Y cuando sea necesario lo dirá siempre mi mano derecha. Vaya con Dios, que después usted llevará con ella. Luego al momento os partid. Porque me das tanta priesa, si ves que Doña lustina? Todo es embuste, y quinmera, bellaquería; y traición; miren que gentil enmienda hicisteis, de lo que yo os teñí, pues a la reja de Doña Mariana anoche os encontré a la hora misma, y el Capitán; y decís, que os amenazó severa ella misma. Pues no dice, que eras tú? Que sea fuerza sufrir a este hombre! vergante es mentira. Buena es esta, un Capitán de Caballos Corazas quieres que mienta. Pícaro, no digo yo, que miente, si no que es treta de entrambos. Señor. . . Callad, hareisme que el juicio pierda: ahora Don Juan, esta tarde habéis de partiros. Deja que primero. No hay que hablar, el ausentaros es fuerza, para quietarme. Qué escucho! Aquesta tarde. Qué pena! Habéis de ausentaros. Dónde el señor Don Juan se ausenta? Al Ejército, que un mozo de su calidad, y prendas, parece mal en Madrid, cuando el ejemplar le fuerza de ver a su Majestad, que Dios guarde, en la Palestra de Marte, alentar facciones, con su esfuerzo, y su prudencia. Digo que tienes razón. Lo que yo culpo es la priesa, (ay de mí! mortal estoy!) pues dilatarse pudiera, hasta dejarnos casados. Pues vos, que alentar pudierais, por lo que sabéis, que al punto de la Corte se partiera, lo culpáis. Lo que yo culpo, no es la causa de su ausencia, sino el que sea tan presto. Vos procedéis como cuerda en decirlo ansí, mas yo sé que otra cosa le queda a vuestro pecho. Es verdad; pero es un volcán, un etna, que por mis ojos. Y aí, la mano, Don Juan, le besa a mi esposa. Y la pondré sobre mi labio, pues ella es quien solicito. Azucar Esperad, qué hacéis? Canela. Besar su mano, pues vos me habéis dado la licencia. Decir, que beséis la mano, según Cortesaña Escuela, es que os despidáis, que eso es besar muy a la letra. Y ella, la buena señora, se estaba queda que queda. Pues digo (válgame el Cielo!) No os turbeis. Tiene vergüenza. Muerta estoy! Que para ser quien primero os obedezca, siempre estará mi albedrío de vuestro preceptocerca. Señor Don Juan. Oh que bien en el semblante se le echa de ver la severidad, y en los ojos la entereza! Si vos, a quien tanto importa el que yo en mi gracia os tenga, de solicitar mi agrado excusais su diligencia, no culpéis vuestra fortuna, que entendida ahora muestra, que ella ha dado la ocasión de su enojo. Con que tierna falsedad que se despide. que esto a mi amor le suceda. . Quédate Martín, y luego usa de aquella cautela, y da el papel. . . Buscaré ocasión que más convenga. Venid. Vamos, qué pesar! El alma Don Juan me llevas! . Recelos. . Amor. Desdicha. Así mi pecho se quieta. Así mi muerte dilato. Así mi incendio se esfuerza. Adiós señora. Él os guarde. Sin alma voy! Yo soy muerta! Voyme; pero Gonzalillo, sino me mienten las señas, es el que a esta parte viene: famosa ocasión es esta para deslomarle a palos, pues por si la topo buena, traigo en la pretina siempre; No es nada lo que le espera. Fuese mi amo, y yo vengo a decir a Luciguela, mi pensamiento, y mi obra; pero allí está aquel badea de Martín. Ya va cayendo en la liga de su afrenta. Señor Martín, que se hace? Estoy ajustando cuentas con palos, y como quien. Un hombre afrentado entra en cuentas con nadie? Yo; en descuidándose lleva, soy muy servidor de usted, que aquí traigo una receta de los Médicos del duelo, en que firman de su letra, que quedo bien si la uso con buen regimiento. Buena está la flema por Dios: comunicó a su advertencia, que le di una bofetada? Sí señor, y a mano abierta. Qué fue en la cara? Pues donde las bofetadas se pegan? Saben que la sustenté? Bueno es eso: y qué sustenta uae una casa, y familia. Qué fue de día? En la siesta. Y que me llevé la dama, sobre quién fue la pendencia? También. Qué quedó debajo? Y que todo fue a la letra. Pues como quien tanto sufre, es posible que se crea, que puede de ningún modo quedar bien? De esta manera. Ah gallina. Tú lo eres, pues tanto lo cacareas. Susténtalo, si eres hombre. Yo me holgara, si pudiera; pero estoy muy alcanzado. Saca la espada. Ya aprieta demasiado, suelto el palo: luego ha de darme por fuerza por la tetilla. Con él he de alentar mi fiereza. Eso es reñir con ventaja; traición. Qué voces son estas? Este pícaro, que no contento de que le diera un bofetón, ha irritado de manera mi paciencia, que acabo ahora de darle de palos, por más afrenta, con el que tengo en la mano. Hombre del diablo, que truecas los frenos. . El Gonzalillo es demonio; sois de prendas tan bajas, que os aseguro, que me he corrido de verlas. Buena es por Jesucristo. Calle. . Que esto me suceda! . Basta que usted lo desmienta Acótole, sean amigos. No hay que tratar. Luciguela. Maldita lea su alma, que me querrá? . Océ se venga conmigo, y nos mamaremos dos cuartillejos siquiera, de vivillo vagamundo. Espérame en la taberna. No sé con que modo darle a Martín, sin que lo vea mi tía, para Don Juan este papel . Esta es buena ocasión de darla yo a Doña Mariana bella el papel que le traía. Este recado le lleva a Don Juan. Harelo al punto. Pues secreto, y diligencia. Y callaré como pista, y andaré como discreta. Aqueste debanador, envuelto con esta seda, señora, al sacar el lienzo de la manga, en mi presencia se os cayó. Ya lo he entendido: . decís bien. . . Aguarda, espera, . Qué tropelías son estas? que a mí fue a quien se cayó. Que se le cayó a mi dueña, lo vi por aquestos ojos, que se ha de comer la tierra, y no sois mi dueña vos, con parecerlo más que ella. Así es verdad. Es mentira. media vez. Válgame el Cielo! Yo veré de esta manera a cual de las dos. . Señora. . Se cayó. . Perdí la hebra. Advierte que. . Por el hilo se saca el ovillo, y esta me parece que el olvillo va sacando por la seda. El papel escrito está. Versos serán de mal Poeta, que estos siempre parán en debanadores, o especias. Señora, mi suerte esquiva de vuestros ojos me ausenta, (ay Cielos!) para aquietar de mi padre la sospecha. Pero si vos alentáis a mi desválida estrella, consultaré con la industria el logro de mi fineza; y ansí, mi muerte, o mi vida aguardo con la respuesta. Qué he leido! De esta suerte le responderé. Muy buena prevención es enviar a Lucia, porque tenga efecto lo que deseo. Trocando ahora el papel, . daré a Martín con cautela el que yo escrito traía para Don Juan. Miren si era yerdad lo que a Don Alejo le contó; pero no deja de confiar mi esperanza, fiada en mi diligencia. Decid a Don Juan, que ya es apurar mi paciencia demasiado: y cuando en mí, para que le favorezca, ha visto el menor indicio; que se ausente no rabuena, cuando quisiere, que yo soy quien soy. Como una perla es la Marianilla. Oigan, porque otro papel comienza. Y volvelde su papel. Ya lo veo. Y que agradezca a mi cortesía, que en mil átomos no queda desecho su atrevimiento, rasgando sus viles letras. Tomad. Qué es esto? Ay de mí! Dimos en Cantalapiedra con todo. Quiero excusar de que el Capitán lo vea, si puedo. Yo voy a darle de aquestos sucesos cuenta a Don Juan, y poco a poco, sin que el Capitán me vea, de un golpe quiero escurrir la vola de la cabeza. Qué papel es este? Cielos! Disculpado error, pues ella a su esposo le enviaba. Las que de honradas se precian, no hacen con sus maridos anticipadas finezas. Quiero leerle. Qué ahogo! Para castigar. Qué pena! Tus ojos, con tus oídos, y tu error con tu vergüenza. Grave aprieto! Dice así. No le leas. No le leas. Mas con esto me incitáis; no me engañara la letra, aunque el papel encontrara en la calle. Yo estoy muerta! Qué dices? Digo, que yo en la letra conociera, que era de Doña Mariana. Es cierto. Infeliz estrella! Yo leo. Qué es lo que he visto! Dueño mío. Ay tal quimera. No puede decir quien ama, quien ama tan sin contienda, que no examina su amor, en lo mismo que le cuesta: De cuando acá eres tan docta en esta amorosa ciencia? Hasta que se acabe, una confusión es cada letra. Y así, mi Don Juan. Qué escucho! Qué he leido! Ahora apenas. Y así mi Don Juan suspende por esa tarde tu ausencia, que esla noche quedará comunicado en la reja, que nos casemos mañana. Ah enemiga! Ah vil afrenta de mi pecho! Esto ha de ser, aunque tu padre lo sienta, aunque mi hermano se enoje, y aunque mi tía se muera. Dios te guarde; quien te adora. Ay tan grande desvergüenza! Vive Dios, que dejo ahora de matarte con severa indignación, por no hacer escandalosa mi afrenta. Hermano. No me lo llames. Señora. Mi enojo pruebas. Mis ojos. Pese a tus ojos. Mi lengua. Pese a tu lengua. Qué fáciles! Qué atrevida! Sin atención lisonjeas una pasión, que mi honra a mi palabra atropella. Qué cariñosa (ah ingrata! tiene, mintiendo apariencias, una vez para el halago, y otra para la cautela. Pero a una aleve amante, que tantos respetos niega, quitaré la infame vida, sin más atrevidas señas; su facilidad prosigue, lo que la suya comienza. Haré mío su pesar, y contra tu inadvertencia, del amoroso deseo, haré vengantiva ofensa. . Y tú Anégueme mi llanto! Desde aqueste punto queda sin esperanza. . Ay de mí! De tu amor. Fuerte sentencia! Fues mañana. Qué pesar! A Don Alejo. Qué pena! La mano has de dar de esposa, o la vida a mi fiereza. Pues a disponer, cuidado. A ejecutar, diligencia. Amorir, desconfianza. Pues firme. . Templado. Ciega. Ah de esforzarme mi amor hasta la última experiencia. Ah de enmendar mi cordura, lo que su ignorancia hierra. Para que quiero la vida, pues sin esperanza queda. Eso pasó? De la misma manera. Que así lo errastes? Señor, no pude hacerlo mejor, para destruirlo todo. Y el papel que me escribia, tomó su hermano? Tomó. . . Y leyole? Qué sé yo claro está que le leería. Pues al punto mi jornada se ejecute. . Al punto? Sí. Pues mis medias van ahí cada paso. Camarada; mi señor Don Juan? Lucia. . Borracha. De mi señora la viuda os traigo ahora un recado. . De la tía? Dice, que se le ha ofrecido, que a hablarla vais diligente esta noche. Lindamente toma apelación la tía. Y puesto que el Capitán mi señor viene tan tarde a recogerse, cobarde no os tenga, señor Don Juan, el que os encuentre, por señas, que amante, fina, y gallarda en la antesala os aguarda. Ese es retrete de dueñas. Ella misma, y que no habrá luz, pues así más segura su dicha no se aventura. Qué dices? Mas que ya está celebrándola tu amor. Ay Lucia! . Qué terneza. Si tu quisieras. . Empieza a mandar. . Con tu favor se templara mi desvelo. Tu recato desconozco. Díselo, que yo conozco Lucias de mi majuelo. Pues si llego a persuadirte, un buen dote. Mas me llego. . Te ofrezco. Acétalo; y luego aquí estoy para servirte. Di, que el dote me ha sonado de los Cielos. Esta es buena, siempre de los Cielos suena, como venga de contado. Si tú esta noche pudieras llevarme al cuarto. De quién? De Doña Mariana. . Bien: Un esclavo en mí tuvieras, Mas el dote ha satisfecho, que la esclavitud, mi fe. Mil ducados te daré, No es nada! Dalo por hecho: mil ducadillos, que ciegos no vieran para contallos; válgame Dios, para echarlos a donde ha de haber talegos. Cómo lo ordenas? Advierte. Direle a Doña Justina, que irás tú. Qué determina? A verla, pues de esta suerte; como fía de mi fe, tanto la pienso decir, que en el sitio a que tú has de ir, yo aguardando te estaré, por excusar el cuidado de esperarte. Has dicho, bien. No ha dicho tal, que también discurro un poco delgado. Ea, aquí, que con tu porfía no conviene, que has de hacer, si a tu dama vas a ver, y te topas con lo tía? Tonto, ya me lo previno, cuando el recado me dio. Está bien. Pues siendo yo quien te espero, determino, cuando en su cuarto se allana a aguardar, torcer allí el camino hacia el de mí señora Doña Mariana, y en él; pues esto deseas, meterte. Metida estés en los infiernos. Eso es con lo que mi amor granjeas. Digo, quiere, mire si me quiere con este dote, y si no moreno trote. Pues, y Gonzalillo? A mí, según lo veo, y escucho, mas para ser mi marido vuesarced me ha parecido. Por qué? Porque sufre mucho: Adiós. Pues que toco, y callo, por tu marido me doy, Así queda. Yo me voy. Lucia, qué haces aquí? Señor. . Malo. Yo he venido a traeros un recado, en que dice mi señora, que esta noche, algo a deshora, vais a verla con cuidado, que en la antesala estará aguardando. Di, que iré con el alma, y con la fe. Aquesta sin duda está borracha. Con qué capricho le ha dicho en esta ocasión lo que a mí. Qué turbación! yo no sé lo que me he dicho. Di a mi esposa, porque note el amor que comprendo, que iré esta noche. Yo entiendo, que he echado a perder mi dote. . Don Juan idos. Vuestra mano espero para partirme. Que no dejéis de escribirme os encargo. Será en vano diligenciar mi cuidado. Dios te guíe. Adiós Martín. Déjame llorar, que al fin desde niño te he criado. No llores tanto, supuesto, que habemos de irnos los dos. Sí señor, yo espero en Dios, que hemos de vernos muy presto. Así sus ansias infieles corrijo. Esperando estoy mi dicha esta noche. Voy a revolver mis papeles. De buen cuidado me alejo, con la ausencia de Don Juan. Yo os encomiendo mi afán, sombras. Contento está el viejo. Verá esta noche el alarde de mi amor, mi dulce esposa. Que mal mi pecho reposa. Adiós Don Juan. Él os guarde. Para dejar desmentido sospecha, y recelo junto, que me parto luego al punto, con mi padre aquí he fingido. Y porque mejor se advierta lo que concierta mi fe. Prosigue. Te esperaré de la Victoria a la puerta. Yo daré la vuelta luego. Mira que te importa más de lo que piensas. Estás tan equivoco, que ruego que me desengañes ya. Carta ha de cantallo. Cuándo? Ya va el pero madurando. Pues cómo? Allá se verá. Lleva Lucia la luz, pues ya estoy en la antesala, a donde espero a Don Juan. No es mejor que tú te vayas a tu cuarto, y que yo espere, como tu misma ordenabas, cuando me diste el recado para Don Juan. Porfiada estás, y aunque te agradezco el cuidado, le embarazas a mi amor esta fineza. Yo, porque no le esperaras con tanta incomodidad lo digo. Ya estás pesada de puro fina, yo quiero en esta acción. Qué desgracia! Formar alivio a mi pecho, del incendio que me abrasa. Mi dote se desmorona. . No me repliques, y anda a esconder la luz aprisa, porque si viene, y la halla, pensará que ha sido engaño la seña que le llevabas, de que había de estar oscuro, Obedezco lo que mandas: el ser muy buen casamiento he perdido en dos palabras. A la postrera experiencia me arrojo determinada. Ahora ingrato Don Juan, y aleve Doña Mariana, me he de vengar de los dos; de Don Juan, siendo a mis llamas poca materia su pecho: y de más, si no me engaña el oído, siento pasos hacia esta parte. Santa Ana! bien hacía la viuda de citarse aquí, pues anda tan al uso con su traje, que una tumba se señala, para retrato de amor. Quién es? Algo te repara, y por lo que sucediere, pues que no se pierde nada, trueca el metal de la voz, señor, en oro, o en plata. Si es Don Juan, Doña lustina soy. Hicímosla cerrada. No lo dije yo. Qué haremos? Quién es, porque no me habla? Responde a Dios, y a ventura, y lo que saliere salga. Don Alejo soy. Señor, a ver a Doña Mariana vendréis; bien me ha sucedido, si se me logra una traza. A eso vengo. Pues seguidme, que yo, pues en esta cuadra es la puerta de su cuarto, os guiaré hasta encontrarla, para que hablarla podáis. Hay confusión tan extraña! Calla, y déjate llevar. Entrad, y a Doña Mariana podéis, señor Don Alejo, ahora verla, y hablarla, que aquí dentro la hallaréis. Qué dicha! No hables palabra. De esta suerte solicito, que con ella embarazada Don Alejo, no me estorbe la dicha, que espera el alma. Si no me miente el sentido, si mi tacto no me engaña, y la oscuridad, aqueste es el sitio, que señala Doña Mariana, y adonde me aguarda. De otras pisadas siento ruido, si es Don Juan. Quién es? Mira si me aguarda: quien viene a vuestro precepto, bellísima prenda amada, obediente. Este es Don Juan: amor ahora me valga; no sé yo como conforman con las obras las palabras. Cómo no? Cómo no hacéis diligencia en que se haga nuestra boda. Cómo siente lo que la boda se alarga, cierto que me quiere mucho. Ya que mi fortuna es tanta, mi bien no la malogremos. Pues a Dios hasta mañana. Yo os adoro, vive Dios. No hay luces en esta casa? Zas. . . El Capitán. Mi hermano. No importa, conmigo os halla. Venga, que ya estoy resuelto. Es verdad, no importa nada. . A tu lado nada temo. Está es casira en campaña acabada de robar, que no sueña en ella un alma. Quién va? Quién está segura, de su esposo acompañada. Aquesta es Doña lustina, vive Dios, que hacia la cuadra de mi hermana siento gente. Quién va? La que no se agravia, pues está con su marido. Esta es la voz de mi hermana. Hola Gónzalo, Lucia, sacad luces. Cuando salgan, dadas las manos nos topan. Así mi amor se afianza. Dame la mano Don Juan. Con ella nada me espanta, Lucia. Qué es lo que quieres? Gonzalo. Qué es lo que mandáis? Qué es esto? Qué es lo que miro! . Qué veo! el Cielo me valga! Acertar unos él son, y errar otros las mudanzas. Pues cómo Qué os espantáis? mi esposo es Don Juan. Aguarda, que he de casarla contigo no le di a Don Juan palabra, sino a Don Alejo, y yo he de tomar la venganza por entrambos. Es ansí. Pues muera. Tened la espada, y escuchadme a mí por Dios, no más de cuatro palabras. Ahora me echa a perder este hombre. Qué intentas? Ara, allá se verá, y escuchen, que es curiosa la maraña. Don Alejo de Arriola, mi señor, que el Cielo haya, fue mi amo allá en las Indias, murió, y en poder del ama dejó de un año a Don Juan su hijo; y de hacienda tanta dejó por testamentario a un pariente de su casa, que es el señor Don Alejo, que está allí, que esta es su gracia. Partiose a España al momento, publicando allá en Dizcaya, que era el propio Don Alejo, el cual salió de su patria muy pequeño; y yo he tenido guardado, como en un arca, el testamento. Elo aquí, y en aquesta hoja doblada, el difunto por su hijo al dicho Don Juan declara. Esto es verdad, por descargo de mi vida, y de mi alma, y lo firmo de mi nombre, Martín de Zorro Viaga. Esto es así? Yo no puedo negarlo, Malicia extraña! Qué escucho! Ay tal novedad! Alentemos esperanzas. Pues de vuestro engaño ahora he de tomar la venganza. Esperad, que yo le doy los alimentos que bastan, con que con Doña Justina quede casado. Ay tal rabia! Ay tal desesperación! Mi dote ahora me falta. Yo le ofrezco. Y yo me caso contigo. Pues santas Pascuas. Con que aquí Don Juan de Matos, ya que se ha visto la traza, dice, que allá se verá, si le tenéis en su gracia, victoreando sus hierros, y perdonando sus faltas,