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Texto digital de Tetis y peleo

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Atribución tradicional
Agustín de Salazar y Torres
Atribución estilometría
Agustín de Salazar y Torres Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Tetis y peleo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tetis-y-peleo-2.

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TETIS Y PELEO

JORNADA PRIMERA

Ah de la gruta eminente? Ah del escollo soberbio? En cuyo bruto hospedaje. En cuyo lóbrego seno. Vive el que adelanta al hado. Habita el que abrevia al tiempo. Las más altas influencias. Los más ocultos sucesos. Sin ignorar en el aire, Sin reservar en el fuego. El fatal curso del ave. De la luz el movimiento. Tú, que en la Esfera no ignoras. Tú, que no dudas del Cielo. Las más escondidas causas. Los influjos más inciertos, Ven esta vez a mi voz. Obedece a mi precepto. Yo te llamo. . Yo te busco. Quien profanando el silencio de aquesta inculta aspereza, con tan soberano imperio me llama? Apolo te busca. Júpiter, el Dios supremo de cuantas huellas sagradas Deidades el Firmamento, te solicita. . Pues no se tarden vuestros preceptos, que malogra el dilatarlos la dicha de obedecerlos. Tu obediencia nos importa. Tus artes han de valernos. Pedid, disponed, mandad, que a vuestro gusto sujeto veréis cuanto el Orbe habita, cuanto en el oscuro seno de aquese monstruo salobre cela Neptuno avariento; cuanto veloz mide el aire, cuanta la región del fuego sustenta rápida llama; que obedientes a mi imperio, mudarán, a su pesar, el orden los elementos. Pues atento nos escucha. Oye, ilustre Prometeo. No ignoras como el Amor, de cuyo tirano imperio, ni se reserva lo humilde, ni se exime lo supremo. Con las veloces saetas, que armó el dorado veneno de sus iras, pasó aleve nuestros dos rebeldes pechos. De una misma causa heridos, sujetos a un mismo dueño, (sin reservar lo divino el voraz amante incendio.) A un tiempo experimentamos. Los rigores de un desprecio. Lo cruel de una esperanza. Lo insufrible de unos celos. Tampoco ignoras, que fue la causa de nuestro empleo la ingrata beldad de Tetis, Aquel monstruo. Aquel portento. (sura. De crueldad. . Y de hermo- Bien; que al ver sus ojos bellos, hace dichosas las penas, a pesar del sentimiento. Proseguíamos la empresa; hasta que, por tu consejo, cesó nuestra pasión ciega. Porque tu entonces, sabiendo. que el hado cruel ordenaba que el hijo de Tetis, fiero; excedería a su padre en el poder, y el esfuerzo. Apolo y yo recelamos del hado inicuo, y adverso. De Saturno. . Y de Faetón, El segundo fin sangriento. En fin, mas, que la pasión, advertimos nuestro riesgo. Que también sabe el Amor no todas veces ser ciego. No dudo, que ya apagados vuestros ardores primeros, ni aún las cenizas pudieran dar noticia del incendio; acaso otra vez tirana en vuestros amantes pechos pudo revocar su vista los soberanos decretos? Aunque es amor nuevo Fénix, que en sus cenizas resuelto, cobra alientos en la llama, perdiendo en ella el aliento; no de Tetis la hermosura solicitamos. . Ya entiendo, Deidades vuestros disignios, vosotros queréis. . Queremos vengarnos de su hermosura, pues sus injustos desprecios hacen justas nuestras iras; y aunque sea indigno exceso en los Dioses las venganzas, mirando nuestro despecho, como es amor, nunca sabe de razón el sentimiento. Pues en qué puedo ayudaros? Lo que los dos pretendemos, es, que esta ingrata belleza, que a los Dioses más supremos ha despreciado soberbia, mire su rigor sujeto a un mortal. . Y la que ha sido ejemplo de lo soberbio, sea, a pesar de sus iras. De nuestro rigor ejemplo. Para lograr vuestro enojo, ociosos son vuestros ruegos, pues ya para ejecutarlo nos da la dicha instrumentos: dos mortales solicitan su beldad, y yo prometo con mi ingenio, y con mis artes favorecer sus intentos; el uno es Deífobo, el otro es el invicto Peleo, en cuya ayuda, vencer tan alto imposible espero. Yo de Peleo la causa he de animar. . Nuevo aliento tendrá Deífobo en mi amparo. Pues a emprender empecemos tan ardua empresa: animad los dos abrasados pechos. A Peleo ha de rendirse. De Deífobo vil trofeo se ha de mirar su belleza. Ocioso será el intento de resistirse, aunque tenga más que soberano esfuerzo. Pues, Prometeo, a emprender. Pues conseguir, Prometeo. Hermoso imposible, teme seguro tu vencimiento, que no podrá tu hermosura mas, que las iras del Cielo; ya contra ti conjurado está el Amor, teme presto de su aljaba ser destrozo, de su brazo ser trofeo, de sus arpones ser blanco, de su rigor ser objeto, de su incendio ser ceniza, y de su valor desprecio, pues ya en resistirte tienes adelantado otro riesgo. s. Pero qué diestra armonía en suaves acordes ecos dulce freno es de las ondas? canora calma es del viento? Por más que la sombra fría el Sol, Tetis, desvanece, si en tus ojos no amanece, no quiere salir el día. La selva, compadecida dore tu esplendor despierto, ven a dar vida a lo muerto, y a dar muertes a la vida. Ya ha llegado la venganza, amor, para qué es tu es fuerzo, si como Deidad no vengas tanto mísero lamento? Quiero retirarme ahora hacia esos árboles densos, hasta que encuentre ocasión para lograr mis intentos. Si también no solicitas su muerte con tus rigores, concédeles a las flores la vida, que al Orbe quitas. Y si ser ingrata quieres, así lo podrás lograr, pues no les podrás quitar la vida, que no les dieres. Qué dulce es la suavidad! qué acorde la compostura: cuando más, que mi hermosura, me refiere mi crueldad. De uno, y otro amante fiel no te ablanda la querella? Quisiera no ser tan bella, solo por ser más cruel; porque internamente siento en el que mi amor procura, que haber visto mi hermosura, haga menor su tormento: y me pesa en sus enojos, cuando en penar más se emplean, que para su muerte, sean el instrumento mis ojos. Que aunque amor en sus cuidados a muerte les condenó, como soy la causa yo, todos morirán premiados. Mitiga ya lo terrible de tu pasión desdeñosa. No fuera yo tan hermosa, a no ser tan imposible: como humana voluntad, que mi hermosura apetece, si aún mi desdén no merece, mereciera mi piedad? Que esto quiera el hado injustos Señora, si es natural querer a los hombres mal: digo que tienes buen gusto; demás de que sola no eres, para que de eso te asombres, que el querer mal a los hombres, lo hacen todas las mujeres. En mi desdén peregrino, en mi natural tirano, perezca todo lo humano, arda todo lo divino. Por más que las sombras frías, el Sol, Tetis, desvanece,. Mas la armonía convida otra vez a mi desdén; qué bien que sueña! qué bien la victoria repetida: Amor, vamos a vencer esta roca inaccesible, que para tanto imposible todo un Dios es menester. El mismo acorde elemento, que su victoria ha cantado, he de hacer, que a su cuidado sirva también de instrumento: ahajados tus resplandores ahora, Tetis, verás, que he de ver si pueden más, que mis artes, tus rigores. . Aunque pese a tu rigor a un mortal te has de rendir, ocioso es el resistir, porque es quien lo quiere Amor. Aunque pese a tu rigor, a un mortal te has de rendir? ocioso es el resistir, porque es quien lo quiere Amor? Qué poco en tus voces dudo, si a mi rigor inclemente Neptuno abate el tridente, y Marte rinde el escudo, lo que conseguir no pudo quien sabe el Cielo regir, ha de poder conseguir de un mortal el ciego ardor? Aunque pese a tu rigor, a un mortal te has de rendir? Qué importa que peregrino. se conjure, contra mí el Cielo enemigo, si en el Cielo predomino? y aunque mi ruina el destino, procure más superior, si resiste mi valor, no lo podrá conseguir? Ocioso es el resistir, porque es quien lo quiere Amor. Si al que llegare a emprender hazaña tan superior, mi rigor le ha de vencer, dime, cómo puede ser? Aunque pese a tu rigor. La que con desdén tirano. hulló del azul Zafir todo lo más soberano, podrá rendirse a un humano? A un mortal te has de rendir. Con tu aviso mi belleza sabrá su riesgo impedir. y aún a la mayor fineza resistira mi fiereza Ocioso es el resistir. Por qué entre tanto rigor, no podré yo buscar medio para evitar mi dolor? Por qué no podré hallar medio? Porque es quien lo quiere Amor. Cómo en tan duros enojos, no castigo aún mi recelo? como no toman del Cielo justa venganza mis ojos? y con ardientes ensayos, porque mi ardor examine, aunque sus rayos fulmine, sienta el ardor de mis rayos? yo de un mortal ser trofeo: Pero cómo, Cielos, dudo; qué mortal conseguir pudo rendir mi altivez? Peleo? Es engaño? es apariencia? es sueño? o es ilusión? o para mi confusión respondió la contingencia? pero yo en ningún empeño cuando temor recelé? La voz, Cielos, que escuché, es el nombre de mi dueño: no sé qué nuevo dolor del pronóstico colijo, porque tengo amor, y es hijo de los recelos amor. Ilusión fue del deseo mi temor, pues mi desdén a quien en el Orbe, a quien puede rendirse? . Ah Peleo Ya no se engañó el oído. Ya es de nuevo mi cuidado. Ya el Cielo se ha declarado. Ya mi mal es conocido. Voz, que has sido mi homicida, declara más mi pesar. A Peleo ando a buscar, que es una cosa perdida. Pero ya mi indignación a qué aguarda? mueran, pues todos los hombres. . Esto es llegar en buena ocasión Quién sois, que de aquesta suerte os atrevéis a llegar? Si es que me habéis de matar, un hombre de mala muerte. De matar mi enojo trata a hombre de cualquier esfera. Pues no sois vos la primera que cualquiera mujer mata. Cómo en responder porfías, grosero, infame, traidor? No tiene cosa mejor, que las buenas cortesías. En mi condición terrible tiene la muerte su centro. Bendito sea Dios, que encuentro una mujer apacible. Los hombres, y sus cuidados aborrezco con exceso. O, pues si no es más, que eso; estamos los dos pagados: y hay mil varios pareceres, y no es justo que te asombre. Pues por qué? Porque no hay hombre que quiera bien las mujeres: y apueste es el parecer de mi amo, que a seguir llego, porque él las quiere tan ciego, que a ninguna puede ver, Tener amante querella, y pasión fina, y fiel, no es de hombres como él. Ni de mujeres como ella. Humor tienes, di, quién eres? Trinquete, un hombre de bió, sirvo a Peleo, que es quien aborrece las mujeres. Pues yo sé que un sentimiento tiene, que le da dolor. Ese género de amor llama el entretenimiento, Si es falsa, Cielos, su fe? . Pues dime tú, de qué infieres que quiere mal las mujeres? Escúchame, y lo diré: Si es gorda, dice, que enfada, aunque rendida la vea, el ver que liviana sea una mujer, que es pesada. Si es flaca, con extrañeza aborrece su cuidado; y dice, basta el pecado, sin caer en más flaqueza. Si es fría, en su amante calma da en que no ha de navegar, porque no se ha de fiar de mujer, que no tiene alma. Si es fea, eso es cosa rara, a ninguna puede ver, porque no quiere tener quien le ponga mala cara. En la estatura jamás se hallan para el talles buenos, si es chica, por lo de menos; si es grande, por lo demás: y en su opinión singular, (que es lo que más me contenta) el consigo hace esta cuenta, en que no se puede errar: Si es hermosa, será vana; si es discreta, presumida; si es fácil, aborrecida; si es cruel, será tirana; si es vieja, será celosa; si es moza será embustera; si es dama, será hazañera; si es dueña, será golosa: y una por una, a ninguna, por esto, nunca apetece; y por lo mismo, aborrece. a todas, una por una. Pues si alguna Deidad halla, allí es cuando más se empeña, la desprecia, la desdeña, la ultraja. . Villano, calla, cierra el labio, o perderás. la vida a mi rigor fiero, necio, atrevido, grosero. Y trescientas cosas más. Negar puede adoración aún a la menor Deidad una humana voluntad? Señora, es su condición Aunque publique excepciones, dile a tu dueño importuno, que no está libre ninguno, hasta probar mis pasiones: mas cómo me he divertido? . Tanto a la hermosura ofende. aquel que no la pretende, cuanto cansa ya el rendido, Clicie, ven Del falso amor de Peleo en mi pesar me he de procurar vengar, aunque pese a mi dolor. . El Lacayo es, según siento, que esta mañana me vio. Esta es la vizca, a quien yo. la dije mi pensamiento. Trinquete, en el vil capricho de querer mal las mujeres, hablas tú como quien eres. . Pues Flora, lo dicho dicho. Hoy a morir me prevengo: Trinquete? . Señor, qué tienes? porque parece que vienes sin alma. . Sin alma vengo. Pues qué tienes? . Una fragua de rayos, en que ardo ciego, un etna, un incendio, un fuego, un ardiente volcán. Agua Dime, señor, tu accidente, cuéntame, sin hacer pausa, de tus suspiros la causa, si la causa, lo consiente. Aunque mi pesar es mucho, por ver si comunicado. se mitiga mi cuidado, escucha; pues. . Pues escucho Dejaba el Sol las espumas del elemento turquí, siendo ya cuna al nacer, de quien fue pira al morir. Amedrentada la noche, veloz empezaba a huir, o de haber visto sus rayos, o de haberse visto a sí. A un mismo tiempo empezaron con su venida feliz, a morirse las Estrellas, y las flores a vivir. La rosa más vergonzosa fragrante empezo a esparcir cuantos ámbares opresos tuvo en cárcel de carmín. Mostró envidioso el clavel, por poderla competir, bello esplendor carmesí, El cristal, que mudo el prado no se atrevió a discurrir, fue al concepto de las aves, diáfano acorde violín: En fin, bien despierto el día, desde mi Alcázar salí, seguido de mis monteros, a buscar, a perseguir ya aquel coronado bruto, ya al sangriento jabalí, que fiero su agravio fía del espumoso márfil: ya a la garza, vil trofeo de la saeta sutil, que presta usurpó el despojo al remontado neblí. Y apenas de un veloz ciervo empecé el curso a seguir, cuando el bosque, mis monteros y la libertad perdí. Ciego la verde espesura empezaba a discurrir, de un prado, donde sin duda tuvo su Imperio el Abril. Mienten, con tanta hermosura, cuantas quisieron fingir ameninades de Chipre en uno, y otro pensil. Con lo fragrante excedía al más Hibleo jardín, y a competirle, la Arabia fuera dos veces feliz. Apenas la vista ansiosa empezaba a divertir, ya en la cándida azucena, ya en el nevado alelí, cuando advertí; mal he dicho, porque no supe advertir; cuando vi, mienten mis voces, porque antes cegué, que vi cuando admiré, mal la lengua sabe torpe prorrumpir milagros, que se negaron aún al pincel, y al buril. Vi una mujer soberana, y vi una beldad, en fin, a cuyas aras el alma en sacrificio ofrecí. Rendida a un ligero sueño mostró su Deidad gentil, que eran ociosos los rayos en su beldad, para herir. O permítame el amor, que te pueda referir parte de sus perfecciones. si acaso lo que sentí en toda un alma, se puede a las voces permitir. Era el dorado cabello riza emulación de Ofir, como mi mal, dilatado; como su engaño, sutil. De la nieve de su frente un copo fue la nariz, que a los rayos de sus ojos se debió de derretir. No tempestades serenan uno, y otro arco sutil de sus cejas, antes fueron todos los rayos allí. Los jazmines, y claveles, con rojo, y blanco matiz, en su rostro, de admirados, se pudieron confundir. Non plus ultra era su cuello en columna de márfil, como quien dice, lo hermoso pudo llegara hasta aquí. Al esmalte de sus labios procurando competir, se vio corrida la grana; se encendió más el rubí. Fue su hermosa blanca mano dulce afrenta del jazmín, y en la nieve, que ostentaba arder el alma sentí: viendo, pues, belleza tanta dormida, dije entre mí: el Sol, cuando duerme el Alba, cómo es posible lucir? Tan del todo la creía Aurora, que presumí, que sin su licencia, el día no se atreviera a salir: pero qué mucho? qué mucho? si en el sosiego feliz así su Deidad dormía; el Amor velaba así? Suelto el cabello, que prisión ignora, sobre azucenas dilató espacioso, ya el prado inunda en ondas proceloso, ya con hebras de luz los aires dora. El breve nácar, que al Abril colora, ámbar concede al prado venturoso, y en lo demás del rostro milagroso, venció a despierto Sol dormida Aurora. Aún faltándole el alma a su cuidado, en lo sereno de su dulce calma, ninguna libertad se vio segura. Deidad ingrata, dije enamorado, si en tu hermosura está de más el alma, como el alma será de tu hermosura? Despertó, y en sus dos Soles de mis voces, y mi afecto, abrasarse el alma vi tan dulcemente, que juzgo, que por llegar a morir mariposa de sus rayos, cuando el verlos conseguí, por mi muerte, no trocara aún la vida más feliz. Turbada dejó las ramas de un venturoso jazmín, que celaba su hermosura; mas yo, que al bosque adverso que veloz solicitaba, así procuré impedir su ausencia, y mi cuarta muerte; y en la congojosa. ya que pude prorrumpir, aquestas quejas la dije, todo en ella; y nada en mí: Deidad, en quién miro incierta mi libertad, y mi vida, lo que venciste dormida, no menosprecies despierta: no miren su pena cierta esta vez las ansias mías; pues cuando tus luces pías el sosiego te usurpaba, mi albedrío te entregaba la vida, que no tenías. Agradece a mi cuidado, que aún a costa de la vida, por verte una vez dormida, siompre estará desvelado: tu sueño es quien ha causado en mi pecho tanto fuego; nueva causa de amor ciego, qué pueda causarle al alma tantas tormentas tu calma: tanta inquietud tu sosiego: Rendidos ya los despojos de mi voluntad cobarde, mira, que han de llegar tarde las heridas de tus ojos: no castigues con enojos mi ciego afecto atrevido, que si el esplendor dormido es quien mi mal ha causado, perdone, pues, tu cuidado lo que el descuido ha ofendido, Esto le dije, mas ella, sin dejarme proseguir, castigó mi atrevimiento, con ausentarse de mí: con crueldad tan inhumana despreció mi amor, por vil, que sus iras, pero no su respuesta, merecí. No has visto cuando el Planeta deja el luciente Zafir, templando en las ondas frías los ardores del Cenit? y que apenas las espumas le han empezado a admitir, cuando el imperio del día rige la noche infeliz? Pues así todo fue luces, al verla; pero al partir, todo sombras, que en mi pecho trabaron guerra civil. Esta, Trinquete, es es la causa de haber estado sin mí: este es el incendio fiero, que ya me obliga a morir; este es el mal que padezco, esta es la beldad que vi: y en fin, este es el tormento, que me hará penar sin fin. Señor, el caso es notable, y hay mucho que discurrir; pero a mí me ha sucedido, después que te dejé a ti, otro, que es ni más, ni menos. Por si puedo divertir mis males, quiero escucharte. Y has de estar atento? . Sí Quiéres, en efecto, oírme? Digo, que te quiero oír. Y no has de atajarme? . No. Pues escucha atento. . Di. Dejaba el Sol los espumas del elemento de añil. Acaba, no seas cansado. Señor, no he de describir yo también mi amanecer? Acaba ya. . Digo así: Cuando dejando los gallos el postrer quiquiriquí, huye la noche en un tras, y sale el Alba en un tris: y en fin, cuando el día dorando el azul zaquizamí, empezaba a depertar; empezaba yo a dormir: pero de muy mala gana dejando mi trasportín, contigo a caza de gangas, a mas no poder, salí. Pero apenas de una zorra empecé el curso a seguir, que las zorras yo las cazo, y ellas me pescan a mí. Cuando advertí una Mujer, una fiera Fregatriz, un Tigre, un Demonio, un Áspid, una Serpiente, un Espín, una Víbora, una Fiera, una? más era de mil. O permítame el Amor; que yo te pueda decir milagros, que aún se negaban al escoplo, y al barniz. Era de su hermoso pelo la mata de perejil, tan larga, como Micol: como el esparto, sutil. Por ser calzada su frente, nunca se pudo esparcir: y rogándola, no pudo ensancharse, con ser ruino Un candil de garabato, fue su perfecta nariz; y tan propio, que tenía hasta el moco de candil. A quien, señor, no admirara ver en aquel serafin las mejillas de azabache, y los labios de marfil. Era cada hermosa mano dulce afrenta del hollín, tizoncillo, en quien se queman las envidias del Pais. Desde la garganta al pie celoso quiso encubrir un bello cendal de suave delicado bombasí: ayudándole a su adorno. un vistoso faldellín de paño veinticuatreno, aforrado en bocací. Dormida hallé su hermosura; y en el sosiego feliz así su beldad roncaba, y yo la miraba así. Suelto el cabello al aire dio halagüeño, manchando casi la mitad del prado, que aunque no era en extremo dilatado, tan espeso era, al fin, como su dueño. Roncaba su beldad con tal empeño, que me dejó confuso, y admirado, pues su descuido pareció soñado, pues su pereza fue cosa de sueño. Despertó, pues, la Ninfa con acciones, visajes, y ademanes soñolientos, y despierta era pena a todas luces: Y como aquel que ve malas visiones, trocábamos los dos los movimientos, ella se hacía bostezos, y yo Cruces. Era vizca, y en sus ojos. torcidos, llegué a advertir, que de puro atravesarse, tropezaban entre sí. Viéndome, confusa dijo Quién sois? y yo respondí: Caballero soy; señora, Caballero de Moclín. Esto le dije turbado, mas después, que me sentí ya para decir, y hacer, empecé a hacer, y decir: Deidad, en quien miro incierta mi libertad, y mi vida, no me estés rostritorcida, ya que me estés rostrituerta: después que te vi despierta, no he quedado de provecho, y de justicia a mi pecho no le debes dar enojos; aunque es verdad, que en tus ojos no tengo ningún derecho. Esto le dije; y apenas la Nimfa acabó de oír, cuando hizo una reverencia, ella se fue, y yo me fui. No has visto, señor, no has visto pintada en guadamecil alguna estatua de mármol? pues ves? no quedé yo así. Este es el mal que padezco esta es la fealdad que vi, este es el arpón tirano con que me hirió el Dios Machín, y aquesta es la relación de consonantes en i. Aguarda fugitiva, no rebelde a mi voz, no simpre es- con tiranos rigores (quiva, aumentes más ardor a mis ardores. Es ilusión, o engaño del deseo? seguir un hombre veo a la deidad hermosa dueño infiel de mi pasión penosa; apurar el veneno de mis celos. . La qué quieres es esa? . Es mi homicida. retírate, que intento en mis desvelos Oh, pues si es esa, dala por rendida, que para semejantes aficiones, es dulce, y mansa, como mil leones. Detén, Tetis divina, El fugitivo curso acelerado, suspende peregrina la luz que alienta el venturoso prado; no de tus iras en la dulce calma, lo que das a una flor, niegues a un alma. De tu ingrata belleza; cuando la luz amante solicito, no tu hermosa fiereza castigue mi dolor como delito, ni los ardores, que en tu amor se emplean, si finezas no son, agravios sean. Si castigar procura tu desdén la ocasión de mis enojos, cúlpale a tu hermosura e imperio tirano de tus ojos porque fue ociosa en mí la resistencia, no siendo inclinación, si no violencia. No, pues, ingrato dueño, castigues, por rendidas, mis pasiones; y en mi amoroso empeño, estas ciegas, que ves, adoraciones a la luz, que tal vez grata dispensas, si méritos no son, no sean ofensas. Que esto, Cielos, escucho? apenas amo, y ya con celos lucho: Señor, no te alborote: mas que ha de responder con un garrote. Si vuestro amor procura hallar remedio acaso en mi hermosura, ocioso es vuestro empleo. No pisa los umbrales del deseo en mi desconfianza aún la falsa ilusión de la esperanza: solo que sepáis quiero, cuando muero por vos, que feliz muero. Pues si vuestro cuidado con vuestra misma suerte está premiado, ya conseguido habéis la mayor suerte, que en mí no hay que alcanzar más; que la muerte. Tened piedad, divina Tetis bella, no por mi muerte, por la causa de ella. Qué más piedad, que ser yo la homicida? La mozuela en efecto es derretida, no he visto cosa yo tan pegajosa. Que en fin, no os mueve mi pasión penosa? Vuestros vanos ardores, si examinar no quieren mis rigores. que dejéis solicito; no vuestra pretensión pase a delito. Quien segundo trofeo viera de mis arpones a Peleo? Quién sujeto le viera a mi hermosura? quién castigara, Cielos, su locura? porque de mi tormento, que alguno no lo sienta, es lo que siento. Tened, no en mis enojos. las luces ocultéis de vuestros ojos, que no puede llegar vuestra inclemencia al tirano desdén de vuestra ausencia, buscad tormentos, intentad estragos. Ya os digo, que me ofenden los alagos: pero quien cauteloso aquí se oculta? El menos venturoso que adora vuestros rayos inmortales, pues apenas sentí de amor los males, cuando el mayor aumenta mis desvelos en el mortal veneno de los celos; yo soy el que, dormida viendo vuestra beldad, rindió la vida, entre dulces ensayos, aún al tibio esplendor de muertos rayos; y si desconocido de vuestras luces mi dolor ha sido, Peleo, soy. . Tu bárbara osadía presto castigará la rabia mía, pagando el ciego atrevimiento fiero a manos de Deífobo, y de mi acero. Tened, pues como osados, (como, bárbaros, ciegos, y arrojados, no os suspende cobardes mi respeto? Ya la victoria conseguí, sujeto . está Peleo: oh cómo se ha engañado aquesta vez contra mi suerte el hado? No se desisten ya vuestros desvelos? Jamás entienden de razón los celos. No guarda ley de amor la tiranía. Pues yo castigaré vuestra osadía. Quién, Tetis, te ha enojado? Quién, señora, ocasiona tu cuidado? De los que veis el bárbaro deseo. Cielos, qué es lo que miro; No es Peseo? A qué mala ocasión Clicie ha venido: En qué piensa el acero divertido, que no castiga mis rabiosos celos? No eran en vano mis sospechas, Cielos. Muera Clicie esta vez, pues que yo muero: remitid las palabras al acero. Ah señora, qué aguardas? A tu lado me tienes valeroso. . Qué apretado era el lance forzoso, si el diablo me tentara de celoso? Tu bárbara osadía perezca a manos de la rabia mía. Cómo al rayo podrás de aqueste acero resistirte, cobarde? Librar quiero de este riesgo a los dos, pues que notoria aún no tienen de Tetis la victoria, sea esa nube amparo de su vida. Hoy mi piedad impida la muerte de Peleo. Hoy del peligro, en que a Deífobo veo ha de librar mi amparo. Si el Cielo no saliera a tu reparo, hoy la vida perdieras. Si soberano auxilio no tuvieras, presto vieras tu ruina con tu muerte. Que esto permita mi infelice suertes Sube, invicto Peleo, que amor te quiere para más trofeo. Ven conmigo, Deífobo valeroso, que amor te llama a triunfo más glorioso, Ocioso en resistir será el desvelo, cuando es precepto superior del Cielo. En mí la resistencia será en vano, cuando es contra precepto soberano. Cielos, no sé qué el alma ha adivinado, mirando de vosotros el cuidado. Ya los dos se han librado; sin dichoso tener espero en lance tan dudoso. Impulso superior es el que veo, que defiende a los dos. . En fin, Peleo se rindió a tu hermosura? Clicie, no sé qué el alma conjetura; después que conseguí su rendimiento. Qué así burles, Amor, mi sufrimiento! . Ven, que de tantas dudas, y temores, espero la victoria en mis rigores. Y yo en mi infeliz suerte, en mi desprecio, espero hallar la muerte. . Ven, Flora de mi vida, no procures ahora divertida averiguar milagros soberanos, porque como yo tenga esos tiranos. ojos divinos dulces, y traidores, qué importan, dueño mío, los temores, aunque sean, mi bien; a cada paso? No lo dijo más tierno Garcilaso. Venid, querido dueño. Señores, vive Dios, que este es empeño, y que la bizca, para más enojos, me ha dado con los celos en los ojos; mas dejará este agravio, que me han hecho, la segunda jornada satisfecho.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Despierta joven, rendido. no estés al sueño mortal; mira que se avienen mal un celoso, y un dormido. Despierta, Deífobo invicto no al torpe ciego letargo del sueño rendido, entregues todo un amante cuidado. como celoso te entregas al mortal fiero letargo, si piden despiertas penas pensamientos desvelados? Si no es ya que en tu sosiego el Amor quiere tirano, que descansen los sentidos, cuando está el dolor velando. Despierta, pues, y a la empresa con espíritu bizarro vuelve, que los imposibles se saben vencer amando. Apolo es él que te anima; mira si con tal amparo podrás vencer. Tente, aguarda, espera, prodigio raro, no con presteza tan suma de aquese elemento vago midas con doradas plumas el diáfano leve espacio. Declárame más mis dichas, que resistir males tantos humano pecho no puede, sin alientos soberanos. Como ser dichoso puedo, si estoy experimentando las crueldades de un desprecio? de unos celos lo tirano? Cómo he de creer tus alivios, si en mis penas fieras hallo todos los males despiertos? todos los bienes sonidos? O engañas a mi tormento, para no morir penando, que en las ansias amorosas, que en los celosos cuidados, nunca fueron eficaces remedios los desengaños. Declarad, Cielos, mis dudas. y puesto que en males tantos muriendo estoy de ofendido, muera de desesperado. 1. Segura está la victoria del imposible más alto. 2. Ocioso será emprender, pues lo contradice el hado. Segura está la victoria del imposible más alto? Ocioso será emprender, pues lo contradice el hado? Cielos, qué queréis de mí? no basta morir penando a manos de mis pesares? si no que queréis, tiranos, que para nuevo tormento, en los rigores que paso, vea los bienes dudosos, y sienta los males claros? Pero qué teme mi pecho? si en los ecos que he escuchado me dice a voces la suerte, que ya de Tetis alcanzo el mayor triunfo de Amor? pues qué me recelo, cuando , . Segura está la victoria del imposible más alto? Mas ay de mí! que aunque esfuerzo mi esperanza, y adelanto los alivios a mi amor, es propio de un desdichado querer suavizar las penas, sintiendo propios engaños; pues no ignoro, pues no dudo, que en la beldad que idolatro, , . Ocioso será emprender pues lo contradice el hado. En fin, que ya mi desvelo remedio no han de alcanzar? pues qué puede ya esperar mi desconsuelo? 1 Consuelo. Mayor es ya mi recelo, pues en pasión tan severa, el hado en mi suerte fiera me niega el remedio, tibio; y así, de cualquier alivio mi amor desespera. 1. Espera. De nuevo el alma vivió, no es tan grande mi pesar; en fin, que puedo esperar, si Amor me condeno? 2. No. Quién tantas dudas sintió? ya, Cielos, estoy sin mí: aleve Sirena, di, mi adverso, mi infeliz hado, sin remedio, ha decretado, que desespero así? 2. Sí. Quién oyó igual sentimiento? quién vio dolor tan contrario? quién, Cielos, podrá igualar mis cuidados? Mis cuidados. Bella Deidad soberana, en cuyos acentos blandos pudieron hallar mis quejas el eco de sus agravios: decidme vuestro dolor, pues el mal comunicado, cuanto se oprime en el pecho, tanto se alivia en el labio. No ignoro, Deífobo ilustre, que en los amantes encantos, aunque el decirlos se siente, es el decirlos descanso, Yo soy Clicie, que he querido esta vez con vuestro amparo, que haciéndoos yo un beneficio, me venguéis vos de un agravio: No ignoráis como Peleo, atrevido, ciego, y falso solicitó mi hermosura, con fingido amor. Oh cuanto ay de distancia en los hombres del corazón a los labios: Oí su pasión fingida, di crédito a sus halagos, no dudé de sus finezas, no excusaba sus engaños; y en fin, mereció en mi pecho un género de agasajo, que ni pasó a ser amor, ni dejó de ser cuidado. Con gusto atendí a sus penas, porque sus quejas entraron con visos de adulación, que en la hermosura es encanto, en que pocas veces suele tener parte el desengaño. Proseguía en su fineza, y yo en atenderle, cuando, ay Cielos! le vi, ay de mí! direlo? Sí, enajenado, pues tanto dura el dolor, cuanto en referirlo tardo, Rabiosa entonces, noté, que ya era mal declarado el que sentía, que amor es de condición del rayo, que se ignora la violencia, hasta que se ve el estrago. Declareme, al fin, celosa, y amante, que en tales casos suele hacer confesar más, que una fineza, un agravio Rindiose a Tetis Peleo. y aunque miro castigado; sus finos tiernos afectos en tanto rigor ingrato; viendo tu pasión, pretendo que aqueste hermoso milagro venza tu amor, y Peleo muera entre celos tiranos; y experimente su pecho lo que en mi pecho ha causado. Muera; muera de celoso, que en aquel que vive amando, mas siente dichas ajenas, que no los proprios cuidados. Cómo, pues, divina Clicie, en el rebelde inhumano aleve pecho de Tetis podrán mis quejas acaso tener lugar? . Ya le he dicho de Peleo los engaños, lo fingido de su amor, de sus finezas lo falso; para que sabiendo Tetis lo que con mi amor ha obrado, en su amor con ella, sean aún delito los alagos: y cuanto su arrojamiento tiranamente he culpado; tanto he disculpado el tuyo, por ver con esto si alcanzo, que cuanto él fuere perdiendo, vaya tu pasión logrando. Como sabrá agradecida, Clicie, a beneficio tanto corresponder toda el alma? Pues a más glorias te guardo: ves ese bosque, de tantas bellas flores coronado, cuyos fuertes densos robles le niegan al Sol el paso? Pues lo más oculto encierra un pensil, que usurpó al Mayo lo ameno en corto distrito, lo florido en breve espacio; en él esta tarde Tetis, que sale a dar vida al prado, ha de estar; y yo pretendo, que asistido de mi amparo, otra vez digas tu pena, que en el pecho más ingrato, ha repetidas finezas, no hay resistencias de mármol; ven, Deífobo. . Tanta pena bien pedía alivio tanto; ya te sigo: Cielo injusto, ablanda el rigor tirano. Vil Peleo, de esta suerte he de ver mi amor vengado. Si yo esta gloria consigo. Si yo esta venganza alcanzo. Amor, yo ofrezco a tus aras. A tu Templo, Amor, consagro Mi pasión en sacrificio. Mi dolor en holocausto. Ya el tiempo se ha llegado. el remedio mayor de sus desvelos: en que vea Peleo declarado que en la pasión tirana de sus celos, será, cesando tan costoso daño, vida de su dolor el desengaño; declararle pretendo lo que veo, que la suerte le ofrece. Prometeo? Júpiter soberano, a cuyo Cetro, a cuya airada mano, por fuerza del destino, lo mortal teme, y teme lo divino; qué me ordenas? pues ves que aguardo solo tu precepto? . No ignoras como Apolo a Deífobo pretende dar la gloria en la ingrata victoria de la beldad de Tetis peregrina. Aunque le aliente fuerza tan divina, ocioso es (gran Tonante) su desvelo, pues que lo contradice Amor, y el Cielo; lo que tiene ordenado el decreto, el pronóstico del hado, no admite resistencia, aunque pese al poder, y a la violencia; tan dichoso trofeo solo la suerte concedió a Peleo. De tu ciencia confío la victoria. Amor concederá tan alta gloria, aunque riesgos lo impidan, y temores, y para que de Tetis los rigores, y las artes no extrañe, quiero ahora advertir a Peleo en lo que ignora. Esta tarde, que Tetis solicita ese pensil oculto, que limita el Imperio de Floras otra vez puede ver si a sus ansias Tetis le concede algún alivio, menos rigurosa, con repetirle su pasión penosa; segunda vez repita su tormento, diga su amor, prosiga el sentimiento, que alcanzar suelen en amante gloria repetidos asaltos la victoria. A su asistencia ofrezco mi cuidado. Pues de tu amparo el mío se ha fiado. : Para acabar empresa tan dichosa; que dan los propios pesares? que oyeron los anales en la fama, . No sé qué remedio cabe oh venga ya Peleo. Quién me llama? Yo soy, invicto Peleo. Pues no tiene que quejarse; que por Dios, que a su mandato, hemos venido en los aires. Yo soy quien te solicita, y el que hizo que penetrases: de aquese elemento vago. las claras diafanidades. Aunque estoy agradecido, hoy, Prometeo, a tus artes, debiera de ti quejarme; que aunque es verdad, que la vida de tanto divino incendio, me diste, en tan arduo lance, que importa darme la vida; decretó, que a pesar suyo, si el amor no me quitaste? Qué es lo que ahora pretendes? a un mortal: así lo quieren Si es acaso remediarme, los hados inevitables. no ignoras, que estoy celoso, y que los celos no saben de remedio, que son todas: las heridas incurables. tanto luciente carácter; En amor nada hay difícil vi, que la suerte a ti solo y así en sus inciertos males, lo que tienen de sufribles, es lo que tienen de instables: demás, que tus celos son injustos; pues son iguales. los rigores en Deífobo, que en ti. . Qué imparta, si el áspid de la envidia no quisiera en el que adora constante: divinas seguridades. más compañía, que aquella Tetis tampoco no ignora y hazaña la mayor, la más gloriosa, . Pues yo he de buscar remedio en quien sigue un imposible. Para el amor todo es fácil. Dime el modo; que lo ignoro. Estame atento: ya sabes como la ingrata hermosura de Tetis, cuyas crueldades. sintió tu abrasado pecho, o ya celoso, o ya amante, a ninguno se concede, pues no ha merecido nadie: mas alivios, que desdenes, pagando siempre constante a los halagos con iras, al amor con impiedades. si atiendo solo a mis penas,viendo el Cielo tanta injuria, para vengar el ultraje de tanta Deidad amante, su belleza se entregase Yo, pues, que noté en la esfera. los decretos Celestiales, leyendo en hojas azules entre todos los mortales te ha elegido, para ser quien solo salga triunfante. con la más feliz victoria del más glorioso combate: mira si para tus quejas será remedio bastante el tener anticipadas los influjos celestiales: bien, que el sujeto, a quien tanta exención ha de humillarse; ha dudado; y así quiere, previniendo su mal antes, lo que no obraren sus iras, encomendar a sus artes. En cualquiera forma puede su belleza transformarse; ya a humana beldad desmiente, ya es bruto, ya es pez, ya es ave; bien, que si de alguna fiera toma tal vez el semblante, innova solo la forma, pero no las propiedades: esto es preciso advertir, porque acaso no te engañen de su rigor las cautelas, ni los monstruos formidables en que se transforma, sean a defenderla bastantes. mas no harán, que para el que ama se hicieron los riesgos grandes, y a sentimientos valientes nunca hay ánimos cobardes. Ves ese pensil, que ocultan esos envidiosos sauces, usurpándole a la selva, o lo ameno,, o lo fragrante? pues en él te espera Tetis, llega otra vez a la imagen de tu adoración, y ofrece la víctima más suave del amor, el rendimiento: dile tierno tus pesares, vuelve a referir tus penas, di tus afectos amantes, cuenta otra vez tus tormentos, repite otra vez tus males sienta tus tiernos suspiros, vea tus quejas constantes; que si del Cielo no engañan tantas lucientes señales, bastan menos prevenciones, que la suerte favorable, para el que es dichoso, nunca de diligencias se vale. Ea, valiente Peleo, ya quedas en el certamen amoroso; triunfa firme; sin que mudanzas te engañen, sin que temores te asusten, sin que cautelas te agravien, sin que monstruos te suspendan, sin que amenazas te espanten, que con las artes de amor, no tienen fuerza las artes. Ea, Trinquete, a vencer esta roca inexpugnable. No tanto, que Tetis es mujer, que sabe mudarse. Con el aviso no hay dudas. Con todo es tremendo lance, porque yo jamás temiera que esta mujer se mudase en escuerzo, en basilisco, en serpiente, en elefante, en rinoceronte, en tigre, en león, en onza, en áspid; pero ves aquí, señor, que por nuestras culpas grandes, se muda Tetis en tía? Deja ahora disparates, que ya estamos: mas que miro; Tetis es, amor, amparen tus arpones a un rendido, que para fuerzas tan grandes, solo las armas de un Dios son resistencias iguales. Si acaso mis desvaríos llegaren a tus umbrales, la lástima de ser males; quite el horror de ser míos. Nada señora, te alivia? toda quieres entregarte al pesar? quieres acaso, que los acentos suaves de la música prosigan? Si Flora, manda que canten, y que los ecos publiquen crueldad: oh Peleo infame: qué viendo mi beldad, pudo. otra hermosura agradarte? celosa estoy: mas qué digo? mis rigores son capaces de amor? en mi pecho pueden caber pasiones amantes, si nacieron mis desdenes con mi Deidad inmortales? Ya la música prosigue. Solo repita impiedades, porque oyendo ajenas quejas, no siento propios pesares. Viste tal crueldad? . La moza se derrite por instantes. Si acaso mis desvaríos. llegaren a tus umbrales, la lástima de ser males. quite el horror de ser míos. Si acaso mis desvaríos llegaren a tus umbrales, la lástima de ser males, quite el horror de ser míos. Dudoso, señora, llego. a saber de mis ardores. si los causan tus rigores, o los enciende mi fuego: que como te adoro ciego, ignoro en los males amos las causas de tus desvíos, y dudo, cuando los paso, si son tus iras acaso, , . Si acaso mis desvaríos. Mas en mis dulces querellas piedad, señora, merezco, no porque yo las padezco, si no por la causa de ellas: y pues ardo en las centellas de tus lumbres celestiales, ya que mis dichosos males no merecen adorando, no ofendan, señora, cuando , . Llegaren a tus umbrales. Solo un remedio prevengo hoy a tu rigor tirano, y es el remedio tan vano, que es, saber que no le tengo: más pues ya morir convenga entre mis penas mortales, cesen tus iras fatales, mira que causas aleve mis males, si no te mueve , . La lástima de ser males. En tu crueldad he dudado desde que el Amor me hirió, si por padecerlo yo, desmerece mi cuidado: mas si eso solo ha causado tantos tiranos desvíos, y en mis tormentos impíos, por ser míos, desmerezco, ver que por ti los padezco, Quite el horror de ser míos. Qué aquesto finjan los hombres! que esté en ellos tan distante de la voz el sentimiento! Qué sepan tan bien quejarse, y sepan sentir tan malt Qué con el adorno fácil de la lengua violar puedan el sagrado a las verdades! Qué mude el adorno afectos! Mas qué luego satisface a Clicie del mismo modo? pero yo sabré vengarme. Cómo, bárbaro, atrevido, necio, resuelto, cobarde, sin temer vuestro desprecio, sin recelar vuestro ultraje, os atrevéis cauteloso, os arrojáis arrogante a hacer de mi indignación tan bárbaro aleve examen? Juzgáis, acaso, que ignoro lo desleal, lo inconstante de vuestro afecto con Clicie? y si vuestro amor instable finge afectos, como ciego, os exponéis al desaire que merecen tan aleves costosas temeridades? Como no teméis, que airada en los ardientes volcanes de mi enojo, vuestra vida reduzca a ceniza fácil? Mas cómo así me apasiono? . no hay fuego que más abrase, que el de la envidia, yo quiero probar como satisface a mi queja. Si es que acaso vuestras iras son capaces de razón, dadme siquiera lugar para disculparme. Esto está peor que estaba. yo quiero a Flora llegarme, no más, que a pedirla celos, que es un necio disparate, que todos piden; con ser cosa que no quiere nadie. Flora, de conversación honesta entre aquestos sauces, podemos darnos un verde. Eso es cosa de salvajes. Dices bien, soy una bestia; pero el verde, que he de darme, ha de ser con dos azules, porque son mis celos. . Tate, celoso estás? Como un perro. Cómo un perro? Y no es dislate, puesto que los celos siempre nacen a un hombre, que rabie. Pues si estás aperreado, habla, porque así descanses. Tan aperreado estoy, que hasta el corazón me late. Pues ya te sigo. Así irá el más ruin siempre delante. Ay Cielos! mucho recelo vuestra venganza, pues cabe . un nuevo incendio en el alma, tan ignorado, que si antes se alimentaba violento solo de ajenos pesares, hoy dando materia el pecho entre propias penas arde. ya no solo solicito, que procure disculparse Peleo; pero aún deseo en su disculpa ayudarle. Que, en fin, hay satisfacción, que pueda a yerro tan grande equivaler? . Sí señora. Cuál puede ser? Escuchadme: mi delito, según muestra hoy vuestro rigor severo, fue solo mirar primero otra beldad, que la vuestra: y que aquel primer error de la vista ocasionase un cuidado, que pasase. a sor descuidado amor: Aquesta sola es la culpa con que agraviáis mi pasión: y en una comparación os he de dar la disculpa. En culto ameno vergel, donde Flora animar quiso, ya el apagado narciso, ya el encendido clavel: aunque el deseo apetece una, y otra hermosa flor, siempre elige por mejor la que primero se ofrece: no porque aquella pudiera a las demás exceder, sino porque llegó a ser su hermosura la primeras. y tal vez en el jardín la vista ansiosa, se estrena, ya en la cándida azucena, ya en el nevado jazmín;, pero si después hermosa. entre uno, y otro color ostenta el Real esplendor, Astro de nácar, la rosa; luego haciendo solo aprecio de su hermoso resplandor, lo que fue en la primer flor hermosura, ya desprecios y advirtiendo el desengaño,, por ver la comparación, con enmendar la elección, también se enmienda el engaño. Clicie fue flor lisonjera, que en mi vista mereció la elección primera, no por más bella, por primera: mas después que los ardores de vuestra hermosura vi, a vuestra beldad me fui, como a Reina de las flores: con que en mi amor advertido tiene mi pasión lograda. la vista desengañada, y el deseo arrepentido. Disculpa ninguna alcanza conmigo vuestro dolor, pues nunca es seguro amor el que empieza por mudanza. Asegurar solicito, solo en eso mi firmeza. Nunca es buena la fineza, que empieza por uni delito: porque quien tendrá esperanza de ver firme vuestro ardor, si es contra todo un amor toda una desconfianza? y en mi tendrá la pasión lo que en Clicie de apariencia. No, porque en vos es violencia, y en ella fue inclinación. No hallo que se contradiga. entre las dos el empleo. En ella obligó el deseo, y en vos la razón me obliga: y en los amantes enojos, que causó de amor el fuego, en Clicie el ardor fue ciego, y en vos la pasión con ojos: en la primera afición, no conocido el sujeto, la ceguedad del afecto perturbaba la razón: mas hoy en mi sentimiento, mirando vuestra beldad, a mi propia voluntad la fuerza el entendimiento. Oh cómo al alma le agrada su razón! que una sospecha, en viéndose satisfecha, se da por bien empleada: mas por evitar el daño de otro segundo dolor, he de examinar su amor a la luz del desengaño. Pues para experimentar si de su satisfacción es fingida su razón; en Clicie me he de mudar, pues tomando la apariencia . de Clicie, veré patente, si es su fineza aparente, y si es su engaño evidencia. Que no sigáis, solicito, vuestra ciega pretensión, pues vuestra satisfacción, no hace menor el delito: demás, que en vuestros ardores tengo por mucho mejor querer en Clicie el favor, que en mí buscar los rigores. De vos mi afecto procura el tormento como bien, y adoro en vos el desdén más, que en Clicie la hermosura. De vuestra amante pasión no espero tener certeza: pues si hacéis una fineza, cometéis una traición: y en fin, vuestra voluntad busca en vano mi favor, pues no hallará en mi rigor ni crédito, ni piedad. Tened, señora, no así os ausenteis, que me dais la muerte, pues me dejáis con mi cuidado, y sin mí: aguardad. . En Clicie ahora me he de transformar, y ver a. si es falso su padecer. Tened, aguardad, señora. Clicie oirá vuestro desvelo. Solo mi desprecio oirá, a Clicie aborrezco ya. Qué decís? Válgame el Cielo: Clicie? pues cómo? (turbado estoy) cuando yo no olvido. Ya por Clicie me ha creído, bien mi engaño se ha logrado: no os turbéis, que no es disculpa turbaros de vuestro error, que en el que confiesa amor, la turbación dice culpa: Clicie soy, cuya pasión, como fina, malograda, miro ya en Tetis premiada. No sé qué satisfacción pueda dar a su cuidado, puesto que es acción debida, cuando la miro ofendida, y me confieso obligado. Hablad, no os mueve mi daño? Obligarla determino. Ya sé, que a Tetis muy fino idolatráis. . Es engaño. Qué es esto, Cielos piadosos, que contra mí vais obrando? mas los desengaños, cuándo salieron menos costosos? Vos os disculpáis ahora de lo que yo misma vi? Que a Tetis (estoy sin mí! ya no amáis? . Yo? no señora. Con Deífobo vuestro empeño no fue amor? Cielos, qué haré? No, Clicie, que solo fue de mi valor desempeño. Que esto sufre mi rigor? . qué esto mi ira consiente: Si bien un amor se siente, qué mal se finge un amor? . pero es forzoso el engaño. Aunque a morir me condeno, he de apurar el veneno de tan mortal desengaño. pues decid, como creeré, que es falsa vuestra fineza con Tetis? . En mi firmeza ni aún fingida, Clicie, fue; que en Tetis nada podía forzar a mi voluntad: enamora la crueldad? inclina la tiranía? Puede en humana fineza, para introducir ardor, causar halago el rigor? enternecer la fiereza? Había de ser tan necio, que cuando el amor es bien, apereciera el desdén? idolatrara el desprecio? Pues si en Tetis no ha de haber, más alivios, que penar, como puede hacer amar, lo que obliga a aborrecer? Luego es aborrecimiento el vuestro en Tetis. No es llano? Qué presto verás, villano, castigado mi tormento: quiero a mi forma volver. Nada os creo. . Clicie, aguarda. Mucho mi venganza tarda: Oye, que en mi padecer solo tu hermosura ha sido la que mi pecho ha adorado, y a Tetis he despreciado. Qué dices, falso, atrevido? sella el engañoso labio, cuyos bárbaros acentos serán para mi venganza el más fatal instrumento. Cómo te atreves, cobarde, a profanar el respeto de mi Deidad? cómo, aleve, no recelas al incendio de mi enojo el verte ya entre cenizas resuelto? Pues cuando faltaran rayos a mi venganza, mi pecho mil Etnas, para abrasarte, respirara en cada aliento; pero cuando las venganzas necesitan de instrumentos, si tienen las justas iras actividades de fuego? Pero qué me precipito en castigarte? si veo que ninguno, que yo cause, podrá llamarse tormento? Demás de eso, tu delito es tan grande, que no pienso hallar igual el castigo; y así, el mayor que prevengo a tus traidores engaños, es, despreciarlos, por necios; porque para castigar los amantes sentimientos, siempre ha sido más activo, que la venganza, el desprecio: y así, por mayor castigo, la vida, vil, te concedo, para que mueras más veces en tus propios sentimientos, que si vives despreciado, sin esperanza, sin medio de verte favorecido, quitártela será premio. Solo, villano, te aviso, que tu loco atrevimiento no solicite mi vista, ni tu cobarde deseo finja, que ha de merecerla; porque si intentas, soberbio, otra vez en mi presencia ya perdón, o ya consuelo, el perder la infame vida, será el menor escarmiento. . Qué es esto, Cielos piadosos? son ilusiones? son sueños? pero cuándo las venturas de amor no lo parecieron? tan turbado, tan confuso. me deja lo que estoy viendo, que a pesar de la experiencia, lo dudo, cuando lo siento. Esto es lo que los influjos de los Astros prometieron? Este es el triunfo alcanzado? Esta es, falso Prometeo, la victoria conseguida? tan sin mí estoy, que aún no creo aquello mismo que toco, y dudoso en el suceso, me hallo, aún con toda la luz de los desengaños, ciego. Cuando esperaba victorias, solo desdichas encuentro? fin duda, que contra mí mudan el orden los Cielos: Que así Tetis me burlase: Temeroso, Clicie, llego. Aquí ha de estar: dile a Tetis tus bien sentidos afectos, no te suspendas cobarde. Ay Clicie hermosa, que temo que el aliño de las voces malogrará el sentimiento. Fía de Amor. . Él me aliente. Ven, pues, que en el bosque espero. Amor, no pueda la suerte mas, que tu valiente esfuerzo; y aunque el Cielo contradiga, muda el dictamen del Cielo: alienta mis esperanzas: mas qué miro? . Nuevo empeño me ofrece otra vez la suerte, no es Deífobo? . No es Peleo? Mal la venganza reprimo. Mal la cólera suspendo. Oh cómo se turba el labios Oh como se asusta el pecho Para prorrumpir mi agravio, í. Para explicar mi denuedo. Pero aunque pese a la voz. Pero aunque pese al silencio. Sea explicación mi brazo. Sirva de lengua mi acero. Mi vida, o mi pena acabe. Muera yo, o mueran mis celos. Deífobo, aquesta ocasión, que hoy al acaso agradezco, solicitó mi cuidado; y aunque otra vez quiera el Cielo suspender de nuestro enojo el último fin violento, no ha de poder conseguirlo: prevenid, pues, el acero, porque más, que a vuestros filos, a mi propria suerte temo. Cuando mi pasión procura lo mismo que vos, no quiero tardar en la ejecución, porque en el que tiene celos, lo que dura la venganza, acredita el sentimiento. Aquí han de estar, ahora puedes salir, señora. Eso intento: qué buena ocasión es esta para vengar de Peleo la injuria? Ahora, villano, sentirás de tu desprecio el castigo. Aunque te aliente la ventura, y el esfuerzo, es el resistirte en vano. Que poco tus fuerzas temo, cuando contra ti pelean mi valor, y mi tormento. Quién del rayo de mi mano. quién de mi enojo sangriento podrá, bárbaro, librarte? Yo, que soy quien lo defiendo: vuestro colérico enojo, vuestro bárbaro denuedo, no es solo porque dudosos pretendéis a un mismo tiempo mi hermosura, sin saber a cual de los dos el premio he de dar de su fineza? pues ya rendido mi pecho, porque cese vuestro enojo, de Deífobo me confieso amante. Qué es lo que escucho Aún ignoro lo que veo? Ea, qué os turbáis? Señora. Bien he logrado mi intento. Yo, señora, en mi fortuna ni aún a agradecer acierto, porque si de tanta gloria, si de favor tan supremo aún el amor no es capaz, la voz cómo puede serlo? Idos vos, Deífobo, y ved, que yo a la defensa quedo; y obedecedme, pues quedan por mi cuenta vuestros riesgos. Permitid. . Vuestro enemigo quiero que sepa soberbio, que mal os podrá ofender, si soy yo quien os defiendo: idos, que en vuestra defensa quedo yo. . Ya os obedezco: Amor, no creo mis dichas. . Mucho se pega Euristeo: que malo es el ser celosos Allí a Flora inquieta veo. y temo en este Trinquete tener algún pelotero. Sin mí estoy, aunque he logrado tan costoso fingimiento. Sin alma estoy; pero no, que lo desdice el tormento. El pecho todo se abrasa. Todo el corazón es fuego. No tienen los dos razón, que ambos han quedado frescos, Aunque he acertado el fingir, no sé si en fingir acierto. Aunque sin aliento me hallo, me da mi furor aliento. A qué aguardáis? . Yo señora. Ya os he dicho, que no quiero veros más en mi presencia. idos, pues. . Es, que pretendo. Qué pretendéis? . Qué sepáis. Qué he de saber? . que mis celos. Qué son celos? . Un agravio. En vos cómo puede serlo? Pues yo no idolatro? A Clicie: ea, acabad, idos luego. Que, en fin, no hay remedio ya. En mí no hallaréis remedio. Y es cierto, que sois ajena? Si lo habéis visto, no es cierto? Pues según eso, será en vano satisfaceros. En vos las satisfacciones solo son delitos nuevo;. Pues ya no las solicito. Pues idos. . Ya os obedezco. Cielos, no sé si le escuche, por engañar el tormento. . Amor, no sé si me incite a castigar su desprecio. Pero pague su delito; muera su amor, pues yo muero. Pero para mi venganza soy mi contrario yo mismo. Loca me tiene el pesar. El dolor me tiene ciego. Oís? . Qué mandáis, señora? Digo (mucho me enternezco.) Qué decís? . Que no volváis a verme. . Excusado es eso, si ya me lo habéis mandado, y prometo obedeceros. Ya os vais? La obediencia es justa. Que esto sufros deteneos, y advertid. . qué he de advertir? Que no quebréis el precepto. Amor, ya lograste el tiro, . no malogres el acierto. Amor, quítame la vida, . oh dóblame el sufrimiento, Flora, qué te ha parecido el desdén de nuestros dueños? A mí muy bien. Pues no es justo que nosotros seamos menos; y así yo he de despreciarte, pues por mí te estas muriendo. Siempre la desconfianza fue madre de los discretos. Flora, ya te miro ajena, y así, dejarte pretendo. Oyes, díceslo de veras? Burlando, bonito es eso. Y mi amor? . que no hay amor, Y tus celos? Qué son celos? Y mi agravio? . qué es agravio? Y tu empeño? . No hay empeño, Y tu pasión? . Acabose. Tus afectos? . Volauerunt. Tu fineza? . No era nada. Y el ser. Trinquete: Eso es juego. Así, así quieres dejarme? Digo que así, así te dejo; aunque me rasco hacia afuera, pica el amor hacia dentro. Pues Trinquete, yo me voy. Idos de mi vista luego. Qué esto sufra? . qué esto pase? Quedaos con Dios. Malo es esto. oís? . Qué mandáis, señor? Qué obedezcáis mi precepto. Pues ya me voy, hecho, y dicho. Pues id con Dios, dicho, y hecho.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Amor, si ya estoy sin vida. Si ya me has rendido, Amor. Por qué doblas el rigor? Por qué asegundas la herida? Si está mi pasión vencida. Si ya el pecho te he ofrecido. Por qué, dime, se ha encendido? Por qué, dime, se ha indignado? Todo Amor contra un postrado. Todo un Dios contra un rendido Para añadirme desvelos. Si otro tormento esperaba. Mi dolor no me bastaba? No me bastaban mis celos? Cesen tan duros anhelos. Cese tan duro pesar. Oh concede a mi penar. Oh permite a mi sufrir. Alivios para sentir. Sosiegos para anhelar. Haz, que en pena tan mortal. Haz, que en pasión tan rendida. Muera mi ardor, o mi vida. Cese mi vida, o mi mal. No siempre quieras fatal. No siempre quieras traidor. Aumentar solo el dolor. Añadir solo el tormento. Cese, cese el sentimiento, Alivia, alivia el ardor. Nadie de Amor desconfíe, pues tiene en mudanzas propias, para el vencedor ruinas, para el vencido victorias. La desgracia, y la ventura, ni se teme, ni se logra, que en Amor distan muy poco de los pesares las glorias. Qué dulce acorde sirena Qué blando suave acento. Quiere aliviar mi tormento? Alentar quiere mi pena? Cuando el dolor me condena. Cuando me mata el dolor. Puedo hallar algún favor? Puedo tener algún medio? Amor sabe dar remedio, si sabe dar pena Amor. Remedio puedo alcanzar? En tu mal le puede haber. Consuelo puedo tener? En el Amor lo has de hallar. Cómo será en mi penar? Aliviándose el dolor. Cómo ha de cesar mi ardor? Viéndose corresponder. Cómo, cómo puede ser? Como lo ordenare Amor. Apenas mi dicha creo. Aún no creo mi ventura. Quién intenta? Quién procura? Mas qué miro: Mas qué veo? Cielos, no es este Peleo? Tetis, no es esta? ah traidora: Que otro mal se añade ahora. No hablarla he de procurar. Yo me intento declarar. Voyme. . Peleo? . Señora? Dónde vais tan presuroso? Cómo de vuestra presencia me habéis mandado, señora, que infelizmente carezca, iba solo a obedeceros; pues quiere mi suerte adversa, que hasta la luz se me niegue, porque mis males no vea. Si bien, ahora el apartarme de las luces siempre bellas de vuestros ojos, será provechosa diligencia: que como ajena os advierto, cuando os miro, se renueva el dolor de mi desprecio; y no será acción discreta, por aliviar un sentido, hacer al alma una ofensa: antes viví en vuestra vista, pero ahora muero en ella; antes la solicitaba; como alivio de mis quejas; ahora solo la huyo, como causa de mis penas, con que al no veros, después que os siente mi mal ajena, lo que antes era pesar, es ahora conveniencia: y esta no es satisfacción, ni amor, porque amaros, fuera delito contra mi agravio, y satisfaceros, necia prevención, cuando yo he sido. al que habéis hecho la ofensa; y teniendo vos la culpa, la satisfacción es vuestra. Yo nunca puedo agraviaros, porque si vos la belleza de Clicie adoráis rendido, y es el dueño a quien venera vuestro amor, en cuyo imperio aún las acciones gobierna; como puedo yo ofenderos? Solicitando en la selva a Deífobo; pero, Cielos, el dueño, de mis ofensas no es el que miro: Ah villano: como el Cielo no me venga de tus injurias? yo quiero averiguar de mis penas todo el veneno, aunque a manos de mis desengaños muera. Cuando de Deífobo amante vuestro pecho se confiesa, no es mucho, que agradecido de su amor, y su fineza, yo también me rinda a Clicie. Qué es lo que he escuchado: apenas lo mismo que toco, creo. Luego el amor (estoy muerta!) de Clicie fue verdadero? y en vos la correspondencia? Tan fino ha sido mi amor, mi pasión tan verdadera, como vos decís que ha sido. con mi enemigo la vuestra. Siguiendo de mi ventura la que en los ojos me espera. de Tetis: pero qué miro no es Peleo el que con ella hablando está? Cielo injusto, no me dejaras siquiera engañar mis desventuras con dichosas apariencias? quiero averiguar mis dudas, aunque creo en mis ofensas, que lo que tienen de mías, es lo que tendrán de ciertas. Supuesto que vos a Clicie adoráis, iguales quedan nuestros afectos, no es justo, que en mí el amor os ofenda de Deífobo: mal se avienen el corazón, y la lengua Mis celos han sido engaño. Falla ha sido mi sospecha. Que, en fin, vos a mi enemigo amáis? De la suerte misma, que vos a Clicie. . Y si yo dejar a Clicie pudiera, pudierais acaso vos cesar en vuestra fineza? Pudiera ser. Pues señora, aunque pese a mis ofensas, mi mal he de declararos; porque no es acción discreta, que oculte un dolor fingida una pena verdadera: yo adoro vuestra hermosura, a mí mi enemiga estrella me obliga a que os idolatre; mas miento, que las esferas en el humano albedrío inclinan, pero no fuerzan: mas podéis vos, que no el Cielo; mas pudo vuestra belleza en mi pecho; que los Astros; pues ellos solo, pudieran inclinarme; pero ya vuestra beldad me violenta a que os adore. . Qué es esto? es engaño de la idea? pero cuando las venturas de amor son menos inciertas? Ya pendiente tengo toda el alma de su respuesta. Cómo tantas veces, friso, fingido habéis la violencia de vuestro amor, temo siempre, que es falsa vuestra fineza: porque tan bien adornáis una engañosa cautela, como una verdad sentía; y en vuestras pasiones ciegas, es fácil de confundirse la verdad, con la apariencia. Si mi amor digo celoso, para ver, que es verdadera mi afición, no necesita de mayores evidencias; porque los celos tiranos siempre a la venganza anhelan, y yo al contrario, celoso confieso mi pasión misma: luego es violencia de amor la que mi pecho atormenta; puesto que en lugar de agravios, estoy buscando finezas? No es capaz el sufrimiento del dolor que me molesta. Esperando mi desdicha, aún está el alma suspensa. El satisfacer a Clicie demostración verdadera no fue de amor? . No, que fue solo atención. . Diferencia hay entre amor, y atención? Sí, que la atenciones deuda que se paga agradeciendo, y de Clicie en la presencia satisfice agradecido, siendo entonces recompensa de su amor lo que fingí solamente en vos fue cierta con Deífobo la pasión, y con mi pecho la ofensa. Pues os engañáis. Pues pudo engañarme la evidencia? Pues qué evidencia tuvisteis? El confesarlo vos misma. Amor, para asegurarme, . ya la fortuna me alientas. y ya que rendido veo su valor a mi belleza, yo aseguraré su amor, y daré alivio a mi pena. Decidme, vos colegisteis, . que pudo humana fineza ablandar mi condición? Vos pensasteis, que pudiera ser capaz de amor mi pecho? mis rigores no os demuestran: lo contrario? Si no hay hombre que mi pasión no aborrezca, como podía reinar amor, dónde el odio reina? Luego con Deífobo fue. vuestro favor apariencia? Claro está. Luego fue solo una fingida cautela? No lo dudéis, que mi pecho nunca ablandarse pudiera. Luego no le amáis? Es cierto. Pues decid, en mi presencia no estuvo favorecido? Es verdad; mas fue discreta. venganza de vuestro agravio, Luego a vos os causó pena mi mudanza? . Pena no, mas la que mira una ofensa, hace muy mal, si aún a costa del pundonor. no se venga. Qué esto permita mi suerte! Qué esto mi desdicha quiera! Qué necio es el que confía, falso amor, en tus firmezas! Qué fácil es quien le cree, amor, de tus experiencias: Luego libre vuestro pecho. solo en él las iras reinan, y no el amor? Tan rebelde está siempre mi dureza; que en el ser capaz de amor, ni aún las dudas me amedrentan, Pues aunque me aborrezcáis, en fe de vuestra promesa. de que Deífobo. Ya os digo, que más, que amor, fue cautela el favor, que mereció. Ya es en vano la apariencia. Y pues de mi satisfecho estáis, proseguid la empresa. con Clicie. En Clicie, señora, solo mi amor fue apariencia. Pues en Deífobo lo mismo fue mi amor. Nunca creyera menos de vuestros rigores, ni de mi infelice estrella. Ni yo presumí, villano, de ti menores ofensas. Deífobo, pues cómo vos? Clicie, pues cómo? No intenta satisfacciones mi agravio. Ni razón piden mis quejas, porque han de verse vengadas primero, que satisfechas. Yo, señora, en mi fortuna solo quejarme pudiera del engaño que ha causado una fingida promesa: porque aunque tales venturas de vos nunca mereciera, siempre suelen ir las dichas al que es menos digno de ellas: y más las dichas de amor, donde las glorias, y penas se unen de suerte, que solo instantes las diferencian. Ni yo de ti falso amante, nunca creí, que pudieran tus tiranas falsedades dar menores experiencias: pero puesto que en mi enojo a tan feliz tiempo llegan, tu verás lo que han obrado en mi venganza sangrienta. No me respondéis, señora, no mi razón os suspenda. Qué te suspendes, cobarde? pero cuando halló respuesta un convencido, si tiene contra si su razón misma? Deífobo, si acaso os pude favorecer, fue cautela, porque de los dos cesasen tan costosas competencias. Este solo fue mi intento, porque mi naturaleza solo es contraria al amor; y si no queréis que sean mis justas indignaciones contra el amor más violentas, suspéndanse vuestras iras: y no la pasión, que ciega al entendimiento, pase a procurar que sea ofensa. Iguales estáis los dos en mi desprecio (así intenta mi amor saber de Peleo el afecto con certeza.) A vos, Deífobo, no puedo amar por naturaleza: y a Peleo, aunque la misma razón en mí le condena a igual aborrecimiento, al ver que a Clicie desprecia, hace mayor mi razón: y así, ved como pudiera corresponder a ninguno mi rebelde resistencia. dejad, dejad vuestras iras, cese, cese la violencia de vuestro enojo, advirtiendo, que si rendir la dureza pretendéis de mi desdén, o por amor, o por fuerza, cualquiera que prevengáis, será ociosa diligencia. Este es principio, tirano, de la venganza, que espera ejecutar mi rigor, pues quiere tu suerte adversa, que contra tus sinrazones hasta los acasos sean. . Clicie, ten. . Aguarda, Tetis. Qu esto a mi mal le suceda! Que esto permita mi suerte: Que esto los hados consientan Pero contra mi fortuna. Mas contra mi suerte adversa. He de ver si fijo el clavo a lo instable de su rueda. He de procurar vencer aún de los astros la fuerza. Detente, invicto Peleo, no así la pasión te venza. Cómo así, Deífobo ilustre, tanto tu dolor te ciega? Suspéndanse vuestras iras. Vuestro enojo se suspenda. Las pasiones amorosas, no el coraje las remedia, que para vencer a Amor, es ociosa la violencia. Vosotros no pretendéis rendir la ingrata belleza de Tetis? . No queréis solo en tan imposible empresa ver su desdén castigado? Abatida su soberbia? convencidos sus rigores? y su libertad sujeta? Pues para que vuestras iras ociosamente se alteran? Cuando es igual en los dos el desdén, y la fiereza. Los dos estáis despreciados, venzan sus rigores. . Venzan su crueldad. Vuestros halagos en amantes competencias. Procurad los dos rendirla, que pues a entrambos desprecia, sea empresa de los dos el vencer su resistencia. Ea, que aguardáis, si el Cielo tenéis en vuestra defensa? cesen, cesen los enojos, y vuestro rigor se vuelva. Solo a vencer su impiedad. , Y pues amor os aventa, Lo que puede obrar el ruego, No encomendéis a la fuerza. Mi Deidad toda en tu ayuda. invicto Peleo, llevas. Deífobo, para tu amparo todo mi poder se esfuerza. Pues ya, para obedecerte, es la ejecución respuesta. Pues ya sigo de tus rayos la luz, que a mi amor alienta. Que si tu Deidad no engaña. Que a no faltar tu promesa. Seguro triunfo me aguarda. Mi victoria será cierta. Vencido tanto imposible. Rendida tanta soberbia. Ya, en fin, Flora, te has mudado? ya, en efecto, te perdí? Qué dices, estas en ti? sin duda vienes trocado. Disculpar no te compete las verdades que me niegas, si en el mar de amor navegas, Yo? con qué? Con el Trinquete. Pues Trinquete te alborota? has visto alguna mujer, que pueda jamás querer a cosa que está en pelota? Es, que veo en él, y en ti. Qué hay en él, ni en mí, que veas? Que con él te peloteas, y haces las faltas en mí. No así tu razón apoye lo que en tu amor no merezco, que yo a Trinquete aborrezco. quiwn escucha, su mal oye. Yo he de apurar lo que escucho, y he de apurar mis desvelos, y aún he de apurar mis celos. Eso ya es apurar mucho. Por Trinquete, Flora, aquí hoy la muerte te daré. Vive Dios, que me holgaré, porque se muera por mí. Que en fin, mi razón no halla. perdón, ni lo ha de alcanzar? Vive Dios, que te he de dar hoy la muerte. . Mas matarla. Euristeo, ten la herida. Bueno defenderla fuera, pues es por mí; pero muera, que es una vez en la vida. Ten la cólera indignada, suspende el golpe severo. Hoy has de probar mi acero. Hombre, que no está opilada. Que por Trinquete procura; echar hoy tu enojo el sello? Nunca yo fuera tan bello: ay malograda hermosura! Pues no hay quien oiga tu pena; qué huyes? Que a nadie mueve mi desdicha? . Muere aleve. Muera muy en hora buena. Trinquete, en esta ocasión librame del cruel puñal de Euristeo. . No haré tal, que tiene mucha razón. Cómo, cuando airado salgo, vos os oponéis a mí? No señor, que estaba aquí, por si usted mandaba algo. Por vos, mi enojo tirano es con Flora, y con razón. Pues no la he dado ocasión, ni me ha tomado una mano. Qué quieras en este abismo de pesar dejarme ahora, cuando me matan? Si Flora que, yo me hiciera lo mismo. Nada le tengo de oír, saque la espada impaciente. No haré tal; que solamente. riño yo; por no reñir. Acabe; no sea cobarde. Tener; que es caso inhumano. que riñamos mano a mano. Ea, pues, no acaba. Aguarde: por Dios, que el caso es terrible:: en gran aprieto me veo. Escucha, ilustre Peleo. Pretendes un imposible. Mientras esta carambola. cesa, pues gente he sentido, sentre el celoso ruido, yo quiero escurrir la bola . Qué vengan ahora a impedir mi enojo? sí. . Bueno está, cuando ve que estaba ya un sí es, no es de reñir. De rabia pierdo el juicio, voyme que llegan. Tened. Qué dice? . Que vea usted, si manda algo en su servicio. En otra ocasión; ingrata; vengarme espero de ti . Valientemente reñí: si no salgo yo, la mata. En vano me persuades a que prosiga; pues ves, que antes sentía unos celos, y ahora lloro un desdén: quien podrá ya resistir un continuo padecer, con la posesión del mal, sin la esperanza del bien? El proseguir las empresas, que logro no han de tener, siempre fue temeridad, y nunca fineza fue: déjame desesperado que muera. . Aguarda, detén suspende el enojo ciego, que no siempre ha de poder más, que la razón, la pena. Si ves, que mi mal no es capaz de alivio, qué intentas? Solo darte a conocer lo contrario. . Cómo puedes, si a un tiempo experimenté en la hermosura de Tetis, y en mi amante padecer su rigor siempre tirano, y tu promesa infiel? Déjame, que no es cordura, cuando el daño cierto es, experimentando el riesgo, probarle segunda vez. Si tú mismo fuiste causa de tu desdicha, por qué has de culpar mi promesa? Pues yo como pude ser quién me causase mi daño? Dime, yo no te avisé, qué varias formas podía mudar Tetis? . Dices bien. Solo transformarse en Clicio la principal causa fue de tu daño, no pudiendo. su cautela conocer. Viéndose de ti agraviada, intentó Tetis después fingir, que a Deífobo amaba, donde puedes conocer, que si es su favor fingido, también su rigor lo es. Sin amor nunca pudiera sujetarse su altivez a fingir un rendimiento, por hacerte a ti un desdén. No, pues, de remiso, pierdas lo mismo que el Cielo ves que te ofrece, que en las causas de amor el retroceder es infamias cuando solo la porfía ha sido quien en las empresas amantes solo ha sabido vencer: y para que cierto veas lo que digo, al Cielo haré que te repita la hazaña, que solo tú has de emprender. A la amorosa batalla vuelve, Peleo, otra vez, que es necesario en amor porfiar, para vencer. No de Tetis los engaños te causen recelo, pues es tu amor el verdadero, y el fingido su desdén Cuando ya el Cielo por mí te responde, ocioso es querer persuadirte más. Pues dime, qué puedo hacer, para lograr tanta dicha? Solamente no ceder a cuantas formas mudare Tetis. . Dime, y venceré con sola esa prevención? Con sola esa has de vencer. Aguarde, señor Prometeo, dígame vuesa merced, Florilla en alguna forma podrá mudarse también? También puede transformarse, que igualmente en las dos es la virtud. Pues vive. Dios, que yo no la he de temer, salvo, si ella se mudare. solo en lo que yo me sé. Ya, Flora, se ha declarado. contra mi rigor el Cielo, ya es pena mi desconsuelo, ya es mi mal más, que cuidado; si calló mi voluntad, yo misma mi mal pretendo; y si la publico, ofendo también a mi vanidad. Si amor llegas a tener, difícil hallo el remedio. Solo mis artes el medio, de mi defensa han de ser. Mas allí miro a Peleo, huir quisiera la ocasión: cuanto dicta la razón, lo contradice el deseo. Pero yo puedo temer? adónde está mi valor? aunque pese a mi dolor, no he de dejarme vencer. Señora, ya en el tormento, de mi dolor enemigo en vano callar intento: pues cuanto desdigo, digo, y lo que desmiento, miento. Pues merezco de tu Cielo segunda vez la ventura, merezca ya sin recelo en la luz que apura pura mi desconsuelo, consuelo. Mi pasión siempre severa hoy me alienta en su porfía; y en tal duda persevera, que si desconfía, fía; y si desespera, espera. Que aunque a matar te dispones con las luces que retiras, sabe; que en los corazones, cuantas más conspiras iras, tantos más arpones pones. Aún mirando tu desprecio, y tus desdenes injustos, soy en el penar tan necio, que hago tus disgustos gustos, y hasta, tu desprecio precio. Mira que a Deidad desdice el rigor con que me has muerto, y a tu beldad contradice; haz un bien incierto cierto, y un infelice felice. Mucho temo el responder; porque mi pasión es mucha; y es mejor en tanta lucha el huir, para vencer. A vuestros afectos ciegos nada la razón ayuda; pues ni el halago me muda; ni me convencen los ruegos, Demás, que sin esperanza puede vivir vuestro amor, porque en mí aún vive el rigor, en vos vive la mudanza. Dejad siquiera vivir aqueste rato, señora, al que vuestra luz adora. Digo, que no os he de oír. Pues sois vos quien ha causado mi ardor, os seguiré fiel. Aquí mudada en laurel he de engañar su cuidado. . Es ocioso vuestro anhelo. Mi afecto no lo será, pues con él te sigo ya: qué miro? válgame el Cielo:: qué así pudiese ocultar de mi anhelo su belleza? Mas mi fuego aún la dureza del laurel ha de abrasar. Porque en el ardiente ensayo de mi pecho, tu rigor pruebe, que el fuego de amor. es más violento, que el rayo. Plegue a Dios, que le aproveche abrazarse del laurel, que sin duda quiere en él hacer su amor escabeche. Trinquete, bueno anduviste, muy bien volviste por mí. Lo mejor que yo reñí fue después que tú te fuiste. Que viendo a Euristeo fiero darme la muerte espantosa, temieses? Si hace otra cosa, no le mato yo primero? No esperes verme en tu vida. Ten, que no tienes razón No he de verte en conclusión. Qué así te vas ofendida? detén, Florilla, el rogar. En vano será el rogar: en dueña me he de mudar, . por mudarme en lo peor. Óyeme. No seas molesto. Flora; yo te he de seguir, y por Dios, que me has de oír, aunque no quieras. Qué es esto? Que intenta tu pasión loca, necio, atrevido, arrojado? Qué? morir desesperado en el tormento de roca. Si en dar un paso te empeñas, mi enojo te deshará. Pues qué más quieres? si ya me veo, cual digan dueñas, Reverendísima dueña, en cuyo semblante miro ejemplo de lo que acaba la carrera de los siglos: Si es que Flora se ha mudado en ese esqueleto vivo; solo sentiré en tal caso, que con no visto artincio; en fábula invente dueñas. Dónde no se ha introducido, una dueña? y demás de eso, en las fábulas ha habido siempre dueñas. Es verdad, que por eso un Poeta dijo, que también regaló el diablo con dueñas al Paganismo: y puesto que Flora seas, de quien me siento rendido, protesto no verte más, pues acertaste el camino, de hacer cobarde mi amor, porque si tú en basilisco en rinoceronte, en tigre, en dragón, en cocodrilo te mudases, mi fineza despreciaría el peligro: pero en dueña, arredro vayas. Detente, que solicito, Qué? Que sepas que una dueña, y una serpiente es lo mismo. Cómo? De aquesta manera. Ahora sí, que me animo; dame, dragón, una mano, puesto que en ti a Flora miro, que de una sierpe, o una dueña, la sierpe es mejor partido. No han de dejarte mis bra- Cielos, en vano resisto. (zos. Aunque más formas mudases, que monstruos cuarda el Abismo, era en vano resistirte, que al pecho, que no han podido vencer peligros de amor, no asombra ningún peligro. Detente, aguarda, no pases adelante: ya has vencido mi rigor, ya se condena a sujeto mi albedrío ya me niego a lo desdenes, cuando el Cielo vengativo tiranamente ha entregado a lo mortal lo divino. Cómo sabré, que ya es cierta mi dicha? . Si la publico, qué más desengaño quieres? Si no me engañó el oído, la voz escuché de Tetis: mas qué es, Cielos, lo que miro Que ya sin duda eres mía? que ya mi amor ha podido ver rendida tu impiedad? Que sola soy tuya, digo, que a lo que pretende el Cielo, es en vano el resistirlo. Cómo no muero de enojo? Detente, Deífobo invicto, que esto los hados ordenan: y querer contradecirlo, es en vano, que no hay fuerza contra preceptos divinos. Ya vengada nuestra ofensa. A vuestras bodas benignos. Asistirán cuantos Dioses. Viven el sagrado Olimpo. . Que invocan. . Que aclaman. En dulces acentos. En ecos festivos. Diciendo a tanta dicha el eco repetido: Ven Himeneo, ven; ven, Himeneo. Ven, oh Cupido, ven; ven Cupido. Y porque Deífobo tenga. En sus pesares alivio. Logre de Clicie la mano. En dulces lazos unidos. Ya es felice mi fortuna, pues si tal dicha consigo, injusta será mi queja. Siendo vuestra, no ha podido nunca agraviarme la suerte. Flora; yo soy tu marido. Y Euristeo? . De la dueña. Yo lo doy por recibido. Pues celebrad nuestras dichas. Siguiendo el eco festivo. En que a Amor, En que a Himeneo. y . Desde el ardiente Zafiro. Desde el Solio de Luceros invoca en coros distintos. Celebrando alegres. Repitiendo unidos. Ven, Himeneo, ven; ven Himeneo, Ven, oh Cupido, ven; ven, oh Cupido.