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Texto digital de El templo de Palas

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco de Avellaneda
Atribución estilometría
Francisco de Avellaneda Segura
Género
Zarzuela
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso (Nápoles, Gerónimo Fasulo, 1675).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El templo de Palas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/templo-de-palas-el.

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EL TEMPLO DE PALAS

JORNADA PRIMERA

Diedad, Cielos Divinos! Piedad, Sagrados Dioses! Templad de vuestras iras los sangrientos rigores! Suspended los enojos de Jove: Reparad de su diestra Divina, Templad el rayo no arroje: sean vuestras piedades de nuestras voces las que al impulso de impulso mejoren, y en laureles sus rayos transforme. Los Atenienses campos como Padre socorre: en la sazón las mieses no pierdan las sazones. Saturno, que del Cielo tu origen se compone, a tus aras no manchen aquestas oblaciones. Si de sembrar las tierras a ti te debe el hombre fatigas, que el desvelo los descansos compone. Tres Mayos ha que el Cielo con destemplado azote al inculpable fruto le castiga en las flores Tu diestra non permita os alanes malogre el labrador que en surcos con rústicos primores, siguendo torbas frentes de los bueyes conformes, rompe el pecho a la Tierra, por daría corizones; y esparce rubios granos, porque es meradas broten aguardando que el Julio en oro los transforme. De Marte las campañas teatros son atroces, donde se representan mortales confusiones. Opuestos mis dos linos, sobre reinar discordes, si a la Corona aspiran deshacen sus blasones. Alta Deidad, permite, cuando airadas tremolen las sangrientas cochillas, tus piedad las embote. De cien blancos Novillos, si a mis ruegos respondes, a tu Deidad ofrezco el sagrado Ecatombe. Al derramar la sangre sus alientos seroces, de tus Aras enciendan los extintos carbones. No falte tu clemencia al que tu ausilio invoque, que la piedad le hace mas Dios al que responde. Mercurio, Embajador de los Sagrados Dioses, por su piedad propicios, a tu dolor, Edipo, te responden. A Júpiter Tonante consagra en oblaciones sacrificios, que templen en iras más sagradas sus rigores. A Palas, hija suya, templo labra conforme a Deidad, que deciende más celestial de tan sagrada prole. Divino Simulacro en su Altar se coloque de Artífice, que el culto con el primor más reverente adorne. Si a Palas debe Atenas inmortales renombres, porque ocultan sus timbres con sobras, que oscurecen sus blasones? Hasta que colocada la mire airado Jove. su fulminante diestra guarnecerá de rayos los rencores. Dad principio al Templo de Palas, para que logren las tierras sus mieses, sus frutos las flores. Pues hasta que Atenas su Deidad coloque, ni la flor, ni la míes lograrán alegres sazones; Que a las mieses el Sol en las caña les ha de abrasar los dorados zurrones: y la frígida escarcha a las plantas helareoronadoslos verdes botones, Pues, paraque cesen las iras de Jove, dad principio al Templo de Palas, y su Ídolo bello sus Aras adorne. . (nas. Moradores de Atenas, dad principio al consuelo de las pe- Suspended con desvelo los enojos del Cielo. Aplicad los caudales al Sagrado refugio de los males. Los Dioses Soberanos dejan en vuestras manos los infalibles medios: usad de su piedad en los remedios, Vuestros métricos Coros repitan más sonoros con piadosos accentos al son de los templados instrumentos; Moradores de Atenas, dad principio al consuelo, Qué confusas canciones! con varias suspensiones de llanto, y alegría, es susto sonoroso su armonía, dejando suspendidos el canoro rumor a los sentidos. Hijo, ya llego el día deseado de aquesta Monarquía. Júpiter Soberano propicio al ruego de tu padre anciano por Mercurio propone, que, para que tranquila se corone de la oliva inmortal la docta Atenas, por refugio sagrado de las penas, con celo reverente, templo erijas decente a la Deidad de Palas, hija suya, si quieres que su diestra no destruya con repetidas sañas las fértiles campañas, teatros de rigores, donde solo florecen los horrores. ̱. Teocles, hijo amado, templa de tu rencor lo destemplado a tu hermano perdona, que Polínices ya de la Corona, renuncia su derecho, si tu airado despecho le entrega la infelice hermana de Polibi Tu enojo le perdone; y de mi hija Antigone vea el gran Tolomeo celebrar venturoso el Himeneo con Polibio su hijo, de la tea nupcial al regocijo. Recoge tus Legiones; que yo los estandartes Macedones haré que se retiren, y que de paz tus campos siempre miren. Cese pues la discordia. no desprecie el enojo la concordia. Con celo religioso al Templo suntuoso todo el poder aplica; que Júpiter los dones multíplica al que sabe propicio ilustrar con el celo el Sacrificio. Venza de un padre el ruego con la peinada nieve tanto fuego. Moradores de Atenas, dad princirio al consuelo de las penas Vuestra Clemencia no sabe, . cuanto a mi voler ofende! Caliad, suspendedlas voces, . hijas de un temor aleve: A mi valor la amenaza airada asustar no puedo que al resto de mi denuedo solo yo puedo vencerme. A Júpiter Soberano mi fe palabra le ofrece de dar a Palas un Templo, que al de Diana desprecie. Desentrañaré los montes, paraque elevados queden gigantes bronces, y jaspes en unión más eminentes. De Palas el Simulacro a Phidias haré que empiece, artífice que a los Dioses en los primores sucede. Aplicaré mi poder, para que el cuidado muestre; que los Sagrados desvelos son descansos de los Reyes. Qué perdone a Polinices tu decreto no me ordene; que es impiedad del cuchillo no castigar al rebelde. Que dé libertad a Elice, la voluntad como puede, si es mi corazón rendido la blanda cárcel que tiene? De Jocasta ilustre rama (a quien los Dioses conceden mejor corona, pues ya ciñe de Estrellas la frente) nacimos yo, y Polinices de un parto, sin que pudiesen. ajustar, cual de los dos en el natalicio alegre diera al mundo el primer paso a las iras de la muerte: Crecimos en confusiones, y también los males crecen, ojeriza que engendró la oposición de los bienes. Por la muerte de Jocasta mi madre (que dio a tus sienes, por descifrar el enigma de la Esfinge los laureles, cuya historia tu ternura en los ojos la refrene) con dos Príncipes el Reino hallándose indiferente a cual toque la corona, por la duda entecedente, resolvieron, flero error? que entre los dos se partiese el cetro, y que cada uno un año en Atenas reine, dura concordia, que así la que es centro de las leyes desbocada en la razón por la racón atropelle: No puede llamarse Reino el que conoce a dos Reyes; que una obediencia partida son muchos inobedientes. Solo ha de ser el que reina, si el cetro a los Dioses bebe; que siendo Rey, a los Cielos solo toca el que le enmienden, y siempre el Cielo al que reina de mejor le favorece. Yo pues que siendo el primero, que me tocó por la suerte ceñir el laurel sagrado, en mi más resplandeciente, a gobernar empecé revalidando prudente las leyes, que de Saturno sagrado principio tienen. Guarnecí todos los puestos, conforme los puestos quieren, con aplauso general de la nobleza, y la plebe; el mérito anteponiendo al favor; que el que se vence a los álagos del ruego, a lo infausto favorece: En mi brazo los delitos sangriento cuchillo tienen, y el laurel al que me sirve le logra sin pretenderle, viendo a mi obediencia cuantos me obedicieron valientes: y que el sequito del Rey es Amor, que le defiende. En este tiempo en Tesalía mi boda ajusté con Fénix, su Princesa; mas la Párea me dio en mi vida su muerte. Tu trataste en Macedonia, que Elice a Atenas viniese, para que el glorioso día en que esperaban alegres, que mi hermano Polinices al ajuste sucediese, se celebrasen sus bodas, y que Antigone, por trueque de su Príncipe Pelibio, por esposa se la dieses; que de supremas Deidades solo hacen cambio los Reyes. Vi la hermosura de Elice, disculpa divina siempre itos de Amor que los condene. de mí! aquesto basta, yo no te acuerde lo, que en el alma hermosos tienen a llama en mi pecho e sus desdenes anto el desprecio apaga ación enciende, ado del cetro, mi esposa Fénix, ce enamorado, que me favorezen, su Rey natural, es Atenienses, en el sagrado Solio uan que le diese nio a Polinices, iar a mis huestes, les influye, lajuste desprecien; lso, no mi razón, n con voces ardientes mó por su Monarca mi no cabe, ni puede anca el pundonor e el punto no cede? ciones divinas s hierros desmienten, a de negar los hombres os Dioses conceden. utar los Dominios ciera yo en vencerme; era ceder los males icha de los bienes Elice Polinices, ofrezco, si se vence, endido vasallo, nante a sus pies celebre la acción más noble, y más grando que en las historias se cuente. Yo le pondré la corona más ilustrada en su frente: ceda en el Amor con quien tanto en los Dominios cede. Vuélvame, por lo que gano, lo que Polínices pierde. Huyendo pues Polínices mi ajuste, le favorece Polibio, y de Macedonia sangrientos contra mi vuelven rayando del mar la espalda con cien fletados vajeles. En qué ofendo a Tolomeo? En que yo en Atenas reine? Níégole yo la corona a Elice? ni que celebre Polibio con Antigone su boda, pues con decentes pretextos de paz propuse, que con migo no rompiesen? Divina causa de Amor, Elice, ilustrarme puedes, que no te quiere muy mal, quien para Reina te quiere. Sin admitir mis tratados, la paz romper se resuelven. A vuestro Rey en campaña tenéis, nobles Atenienses; dad al brazo las cuchillas, que se guarnezcan de muertes: y porque Júpiter vea, como mi fe le obedece, hoy que la Armada enemiga en tierra arroja su gente, el Templo a la Diosa Palas quiero que a labrar se empiece, poniendo la primer piedra mi afecto más reverente. y paraque sepa el mundo lo que el Rey de Atenas puede, fran cueando mis tesoros, el tiempo al tiempo se aumente: El número de Oficiales, delineados los linteles por los compales de Pidias, conformes a un tiempo empiecen las bronquedades del mármol a lograr las pulideces, perfeccionando fatigas de buriles, y pinceles; de los Monarcas de Atenas ilustrados los relieves, el pórfido al pavimento, y el oro a los capiteles, quede la estatua de Palas divinizada dos veces, una en lo que representa, la otra en lo que contiene, que a la materia también dan adoración las gentes. De la fábrica el cuidado más devoto celo aliente; Vos batallad con el Templo, mientras yo con los Rebeldes. Todo mi poder explique la ejecución más valiente para aplacar a los Dioses, si amar por ofensa tienen: que si Júpiter castiga delitos irreverentes, yo suspenderé en su diestra el rayo que la guarnece; pues quien previene el castigo también el perdón previene. Revalidemos de Palas, en Sacrificios alegres, fiestas, que en sagrado culto el celo a la culpa enmiende. los instrumentos festivos. con las canciones alternen, acompañando mis voces sus consonancias alegres. A Júpiter Soberano . Teocles rendido ofrece para Palas un Templo, en que Atenas de hierros pasados aciertos presentes, los castigos, y enojos sangrientos, rendidos afectos devotos enmienden, porque vean los Dioses Divinos, cómo es a sus voces el más obediente. Aguarda, amado Teocles, con la razón no atropelles! a la razón. Tus piedades a mi enojo que le quieren? La voluntad de los Dioses es, vencer lo que no vences! El dar a Palas un Templo, no es hacer lo que ellos quieren No; si a Polínices niegas airado, lo que pretende. Júpiter contra mi amor niungún riesgo me previene. Si previene, si a tu hermano cruel a Elice no le vuelves. Culpas de Amor las disculpa quien sabe lo que Amor puede, y en Júpiter más Amante disculpas mis culpas tienen. Reducete; o por los Dioses te juro, si no te vences, que de Polibio arrestada tengo de seguir las huestes, y ser yo quien más se oponga, con espíritu valiente, a castigar el enojo, que a más enojos se enciende. A tu belleza rendido siempre estaré, Mitilene. Olbida de mi hermosura cuanto mi rencor te acuerde. Sobrina, por su despeño no aventure yo el perderte: llore Atenas mis desdichas. Festiva Atenas celebre, y la aclamación repita con accentos más alegres. La Divina Elice . en más florecientes Abriles, sin sombras, renazca a ser Fénix. En acecho de Mosqueta busco agraciado su olor; mas la tropa de las Ninfas la fragancia me ocultó. A ejecutar mi Embajada partiré como un Azor; porque un costal de doblones me ha de valer en bellón. . Dinos que tienes, Mosqueta; que parlero tu color nos descubre en el semblante lo triste del corazón? Ay que sí; ay que no: que lo que me duele, me lo siento yo; que soy Pedro Grullo de mi pasión: y es pesadilla mi pena, que no reconoce, no, del plomo del sentimiento ligerezas de la voz. Ay que sí; ay que no, Derrama de tus congojas el venenoso vapor; que la ponzoña esparcida pasa por exhalación Pues vaya, amigas del alma, de ensanches a mi dolor; que un corazón apretado merce lo que un jubón. Dos Amas, que Dios me ha dado, si es que da las Amas Dios, que no es por cuenta del Cielo el mal, que me busco yo; Muy finas de sus Amantes, con mucha veneración, ausentes sus ojos dicen cuanto recata su voz. De los secretos del alma la blanda respiración esplica cuanto no dice lo escondido del dolor. Porque Elice le desprecia, Teocles, hecho un León, en un castillo la puso, y no es el cuarto Español. Que Antigone le acompañe, dispuso su indignación, castigo de la hermandad, del Cuadrillero de Amor. Las dos allí se descubren; con armónico primor a las flores enternecen de aquesta alegre mansión, Ay que sí, ay que no, que lo me duele, me lo siento yo: que soy, Pues a sus solas dejemos, que repitan su pasión con cuantos puntos de Solfa tiene su re mí fa sol. Mi dolor- y mi paso-- explique- el suspiro diga- El ansia; pues la fatiga alienta mi corazón. No puede el rigor . vencer al Amor No es morir . de pena, que mata, y alienta a vivir. El imperio tirano podrá más superior tendir el albedrío, mas no vencer amante el corazón; que en mi noble pasión no puede el rigor vencer al Amor. No es injuria lo que al pecho sabe feliz flechar, pues cuanto penetra repara con el herir; porque en mí no es morir de pena que mata, y alienta a vivir De la crudeldad airada. la tirana pasión de los ojos retirá. lo que mira la vista de la voz; que en mí triste atención no puede el rigor vencer al Amor. A la oposición cruel vence gentil quien deja el valor airoso para poder resistir; porque así. no es morir de pena, que mata, y alienta a vivir. No aspire el Soyerano a lograr vencedor dicha que se compone de cariñosa ajena oposición que en la opuesta pasión no puede el rigor vencer al Amor. Quién las armas del engaño sabe midir, las defensas le previenen que las manda contra sí; porque en mí no es morir de pena que mata y alienta a vivir. No es morir de pena que mata, y alienta a vivir. Elice? . Antigone? Muera. . mi esperanza; pues vencer, constante no he de poder a su Deidad más severa. Aitado intenta tu hermano- No me digas su rigor. Oh tuerza el arco el Amor en su pecho soberano. Cuando los Astros felices con soberana influencia. Suspéndase tu violencia. Al Amor de Polinices supiera mi vanidad. Da Teocles, ha cruel! Transformar mi animo. a infiel! De toda su voluntad. Rendido llego. Qué miro? a ser de tus bellos ojos Cómo? Hermano? por despojos. faltáis? Dejad al suspiro No atropelle. Tu atención- Mi fe más fiel, no repara? Mas luce el fuego en el Ara que enciende la estimación. Retírese Vuestra Altena, y repare en el Sagrado de quien soy. Mas ilustrado mi afecto en vuestra belleza queda amante. No disculpa aqueste arrojo a su error Más culpa fuera de Amor el no tener esta culpa. Cómo falta al homenaje de su palabra? No sé; que el imperio de mi fe atropella el vasallaje. Porque miamorosa pena llevada de la memoria en el desdén de tu gloria Se mejora la cadena: Pues sus finos eslabones, que ilustras con tus desdenes son quilates, que mis bienes guarneces con tus baldones. Yo no culpo, Elice bella, tu cruel antipatia, pues fiera la sinparia la desvanece mi estrella. En Polínices constante migro lograr venturoso la fortuna de dichoso. no el premio de más Amante! Mas ilustrado el afeto por ostentar lo rendido quiero explicar lo vencido con las señas del respeto. Sus escondidos primores con el venenoso alago hacen gala del estargo la apariencia de las flores. Áspid menos cauteloso de su ponzoña esparcida la fragancia de la herida ostenta lo venenoso. De este laurel- De esta fuente- al sagrado. a la armonía- la pompa- la melodia- mi voz- A siga su corriente. Al son de los cristales de esta sagrada fuente acompañen mis males su apacible corriente si puede a mi tormento templar quien llora más un sentimiento ̱. Tú, Laurel amante, defensa serás del rayo que en sombras injuria la paa Qué importa, que tirano se oponga al albedrío el más sangriento hermano si no puede el desvío con fieras opresiones dividir los amantes corazones? De Apolo sagrado tu pompa real un desdén corona a tu Majestad. En suspensión los ojos de mi pesar rendidos con los vanos antojos vencidos los sentidos. dejan en quieta calma difuto el cuerpo, porque viva el alma. Del sueño el alago busca mi pesar, si es caricia el sueño de la voluntad. Ay que no puede mi pena templar rigor, que aún del sueño desvelo será. Rendida- Vencida: a la pena- al afan-- en suspensión sentidos, a no ser sentidos, sentidos quedad. Sígueme, Morfeo: sígueme, que dudas? Aguarda, suspende el paso a la fuga. Vuela con mis alas. No pueden confusas penetrar del aire las sombras tus plumas. Sígueme ligero; Morfeo, que dudas? Aguarda, suspende el paso a la fuga. Logra donde Febo las leyes ilustra la florida pompa que a morir madruga. No solo en la noche tu imperio se encumbra aún del Sol el sueño de sus rayos triunfa. De Amor es vasalla mi sombra caduca; manda cuanto en sombras mi poder tributa. Cuántas interiores estampas dibujas de exterjor afecto de formas confusas, Turben los objetos de fantasmas mudas un blando sosiego de dos hermosuras Obedece a Palas y en tu voz anuncia cuanto en escarmientos previene la injuria. Sin poder al sueño le deja tu fuga; solamente hieren al alma tus puntas. Amor se retira porque no confundan las luces de Amor del sueño las dudas. . Las dos. Amor, de mi pecho quién hace que huyas? Elice divina, amante procuras alivio en el sueño, y desvelos buscas. Mira las campañas de horrores confusas que con los estragos los Cielos asustan. Muere tirano. Muere! pues el cetro me usurpas. Tu pecho- De tu vida- Detén la airada punta, . Teocles. ̱. Polinices. De la sangrienta lucha Vencido. Vencedor En mí, y, ejecuta! Penetra el corazón cuanto la voz sea muda La amenaza. El estrago. Muera de tu hermosura. . Viva de tus rigo es. Cuánto el horror conturba! Que esté viva la voz, y la razón difunta Polibio! Polinices! Mas en vano le buscan mis ansias los reparos si ya su sangre inunda de sus rompidos pechos a las flores más mustias. Socorro, hermano mío! Tus piedades ilustra. Infelices hermanos. aún la sangre os acusa, pues derramada miro en las arenas rubias, que se aparta violenta cuando a correr se junta. Rencor que ya en cenizas publicaran las urnas. Vuelve Morfeo a volar con mis plumas que por Palas con gratos obsequie mi voz te saluda. Repitiedo, alternando festinos: Del imperio del Sol, y la Luna a Morfeo los Dioses conceden Dominio de luces en sombras confusas. Arma. Guerra! Guerta! Cese tanta injuria. ! Viva el gran Teocles! Muera airada turba! Qué horror- Qué rumor- pública? pronuncia? Para aplacar el rigor, con que nos castiga el Cielo, en sacrificio de Amor el más devoto desvelo consagra a los Dioses el Templo mayor. Antigone! Elice! El susto. El pasmo- Quedo- La pena- Sin mí! Una sombra El estrago! De la más confusa Idea. Oh qué torpe Embajador! Tomillo, no te detengas; alarga el paso! será destruir a la Zarzuela. Albricias, que ya Tomillo ha vuelto con la respuesta de Polibio, y Polinices. Oh qué dichiosa esperiencia! vive Polinices? Sí. y por ti dice que reina. Y Polibio? Así, Señora, todos mis suegros vivieran. Dónde queda Polinices? Adonde Polibio queda. Los dos en ondas de plata aguardan por noble seña sin esperanza a la margen de aquesa verde ribera. Ausencias supla del Sol en la sagrada tarea de la fábrica del Templo la luz de encendidas teas. No corra el Sol a la noche El negro manto de estrellas. Si amanece a mi pesar, o nunca el Sol amanezca! Amor, tu imperio defiende. Amor, usa de tu benda. Pues ciegas a la razón, también a la envidia ciega. Qué traición tan garrafal mi maldad deja dispuesta! Cómo queda Requesón? Apacible desvergüenza. Es gran Marinero? Grande. Manda el Imán con destreza Que tú le sirvas de Norte, me dijo ayer. Qué plebeya vocecilla es el llamarnos a las Mondongas Estrellas: de Palacio el Calepino los picarones aprendan, y sepan, que las que sirven a las Deidades supremas, nos llamamos Vice Diosas, a fuer de Vice Condesas. . Por trabuco de las flores, que tú laque me lo acuerda, con la horquilla de tu pelo yo te llamaré Mosqueta. . Amante descomulgado, digo que me llamo Iglesia. Para asegurar el sitio en este puesto te queda. Yo por tambor no merezco puesto ninguno en la guerra. Señor, ya que a aquestos muros torciendo muchas veredas sin el susto hemos llegado de vernos las centinelas, y que por cabo Polibio con toda su Armada queda. Qué intentas? Calla villano. as conda mi prenda. Viva el gran reocles, defensor de Atenas, paraque del Cielo las iras suspenda. Y pues a su Reino el Amor le niega siempre más tirano, Polinices muera. Por cierto que el Villáncico me sueña, que no me sueña. Fiero desbocado vulgo por la razón atropellas; mas de mi brazo el castigo pondrá a tus arrojos rienda: Cómo quieres enfrenar al que no conoce espuela? y en esta máscara el pueblo pasa alegre su carrera, llevando extrinos de brida con cascos de la gineta Si la hermosura de Elice sus muros no defendiera hoy destemplando mi enojo con las iras que le alientan el fuego de mi rencor a la robusta materia abrasara, porque el mundo el Sol, y los Cielos vieran en la tempestad ardiente de llamas, y de centellas de los elevados jaspes la más encendida hoguera, siendo del mármol, y el bronce padrón las pardas pavesas. Qué rico azufre que gastan los celos en sus pajuelas. Deidad excelsa de Palas, los sacrificios enmienda, si en cuanto el celo te rinde, a sacrificar no acierta. Todo es cantos, y más cantos, y según lo que solfean la Música me parece obra de Canta la piedra. Pues es la seña tu voz no le dilates la seña. Allí dos bultos descubro: saco el lienzo por más señas. Llega, Amante Romadico, que allí un lienzo te cecea. En Palacio es el Cambray voz que se esplica sin lengua: que de conceptos que dice esta tejida elocuencia. Qué hermosos sus ojos bellos! todas las sombras destierran. Dominio en los albedrío; nunca tuvo la violencia, que a la voluntad no la sujetan rigor, ni poder; pues los Dioses muestran el que libre al alma la razón le dejan; y solo lo amado con el alma reina. Bella Elice? Polinices? El alborozo- la pena-- de oírte- de verte ausente, Mi vida es. Mi muerte era. Hermosa Elice, si el alma no se rinde a las violencias, airada la tiranía, de que le sirven las fuerzas? De que yo muriendo viva. De que yo viviendo muera. Esto es en piedra Bezoar echar zumo de camuesas. Enamorada del Sol Clicie, de sus luces bellas siguiendo el flamante rumbo de la dorada carrera, amante muestra en los rayos que de las nubes groseras las sombras que se le oponen descubren más su fineza. Si vive en la memoria lo que en el alma reina mas imperio el desvío en la opresión ala atención le deja. Con la gente prevenida guarneced todas las puertas. Qué consigue cruel el que de ti me aleja, si en blada unión las almas apartadas se miran más estrechas? Aún de su voz el baldón es caricia en mi fineza Del tirano Teocles castiguen la soberbia las armas de mi hermano pues el Amor, y la Razón le alientan. Solo puede tu hermosura ser estrago di mi pena. hasta que mire del campo el enojo que me alienta trocar en vivos corales las macilentas arenas, y en rojo polvo los muros, que son reparo de Atenas; y que de un airado hermano, que la corona me niega, derrame en sangre mi brazo la sangre, que de sus venas ilustre le niega, cuanto su trato villano acuerda; no cesarán de mis iras las encendidas centellas. Aunque pudiera ofendido castigarle sin violencia, tenga muerte dilatada en la prisión, que le espera. A de mis guardas! Tomad del parque todas las puertas. Retírate Polinices. Vence el susto, Elice bella. Sirva de escudo a tu pecho mi corazón, porque pueda por reparo de tu vida ser mi muerte la defensa. A Polibio, y Polinices a la torre de la Estrella llevad presos. De lechugas a mondar grillos nos llevan. Adiós, Elice divina. Los Dioses con su clemencia de la mayor tiranía tu amante vida defiendan. Den garrote a Requesón, porque me ha llamado Estrella. Para asegurar su vida, Dese a prisión vuestra Alteza. Primero el ardiente plomo rompa mi pecho, que ceda. Y el también rinda las armas, o blanco será de aquesta. Blanco es este Requesón de natillas de Guínea. En vuestro padre, Señor muchos reparos os quedan. Las Sacras Deidades por divina ofrenda propicias influyen en nuestras tareas. Viva el gran Teocles; Polinices muera! Pues la Armada de Polibio a la vista en mi defensa se mira, en esta prisión poco mi persona arriesga. Vamos, y logre Teocles. cuanto su crueldad intenta. Pues en aquesta prisión la paz se promete a Atenas; Viva el gran Teocles: Polínices muera. Recive, Elice divina, de mi corazón la ofrenda, que el padecer a tu vista es la gloria de mi pena. Que diera yo por estar una legua de Ballecas. Viva el gran Teocles: Polínices muera!

JORNADA SEGUNDA

Mor, de tu ceguedad templa el tirano poder: no muera en la ley de Amante, el que vive de la ley De tu Aljaba soberana suspéndase lo cruel; porque vencer al rendido le quita el garbo al vencer El fuego que arde en Teocles, arde sin mirarse arder que en fe de la tiranía quiere avasallar la fe. Suspende las flechas, y el arco detén, y viva, viva de Amante el que muere de padecer. Mis flechas son luces, que saben brillar con plumas de estrellas en la voluntad. mi Aljaba El Arco se ve celestial, antes que el arpón, la herida formar. Teocles no injuria a la Majestad que en su adoración ilustra el Altar. Al desprecio adora, y su fe mental solo sacrifica por sacrificar. Pues si piedad buscas a su tierno mal, Sacro Embajador de Jove inmortal. Válgale tu ruego: sea tu piedad la que blanda en su pecho influya la paz. De mis confusas sombras la tenebrosa lid no conturbe desvelos al reverente afecto del lucir. Artificiosos rayos en la mansión feliz articulan primores a la muda elocuencia del buril. Cuanto recata el Sol sabe sustituir providencia flamante del primor abrasado más sutil. Dónde, huyendo, Morfeo, te retiras así? De ser noche te apartas? (vertís? Como ignoráis los dos lo que ad- Tu movimiento admiro. Yo reconozco en ti, que a la noche le quitas las perezosas ansias del vivir. Del ceño de la noche el vigilante ardid preserva de mi imperio el apacible engaño del morir. Esa festiva tropa mejor sabrá decir con su alborozo, cuanto de mis confusas sombras no inquirís. s A la sagrada labor del Templo mayor! Alegre solaz rpita la Paz de Palas festiva con la verde oliva, que el fruto nos dio. A la sagrada labor! 1. La Corona que amante, se aplica al Templo, En el fuego vincula mayor imperio. En el fuego vincula mayor imperio. Aguarda; que tus pasos habemos de seguir Que sueño, que desvelo; (. sigue mi ceguedad por más feliz! Cuanto el aire penetra glorioso Muro, Lo corona de luces la Diosa Juno. Al trabajo del Templo creciendo el culto, De purezas de fuegó se adorna el humo. Júpiter soberano, de tu Diestra al impulso los rayos en antorchas transformen tus indultos. Pues copiados Planetas son sus dibujos, Semejanza mejoren en los influjos. . Del grande Prasiteles, y el famoso Vitruvio se escuchan con los ojos (dos. las voces de los Bronces menos mu- Ya suspender el rayo puede el ardiente susto, Júpiter, si a este espejo se templa de tu enojo lo sañudo. Vuelva a gozar Atenas en los sembrados surcos de verdes esmeraldas el dorado tesoro de sus frutos. El olivo, y oliva, según dijo Mercurio, den aquella, y aquellas; que Aceitunas, y olivas todo es uno. Obreros, que en el Templo venturosos labráis, corred en las satigas el curso celestial. Tras, tras, tras. Siguiendo la escultura las líneas del compás, descanse en el desvelo el más glorioso afán. Tras, tras, tras. Mas viva semejanza formáis de lo mortal; que los Jaspes se quejan de los golpes, que dais Tras, tras, tras. A fatigas del Arte contra el Tiempo caduco alma recibe el bronce del animado aliento del estudio. Viva el Príncipe Polibio; y muera el tirano Vulgo de Atenas Mortal rumor! Qué horror! Qué temor! Qué susto! Ay que tengo el corazón cómo cesta de almendracos! Vamos al Templo; pues el ha de ser nuestro refugio. . Oh envidia! . Oh celos! . Oh rabia! . que en su furor todo es uno. Viva el Príncipe Polibio y muera el tirano Vulgo. Muera el rebelde sangriento pues a mi ruego se opuso. Hoy, valientes Macedones, antes que el Planeta rubio la majestad de su rayos niegue a la mitad del mundo: De aquel guarnecido escollo, a tanto Marcial tumulto alentados de mi diestra, habéis de asaltar los muros. Siendo mi enojo el primero que llegue a poner sañudo mi estandarte en sus almenas para apellidar el triunfo. A vuestro aliento le sobra el noble arrestado orgullo heredado en vuestra sangre y adquirido en vuestro pulso. En el ardimiento ilustre lleváis reparo seguro; por que el valor de la sangre se labra el mejor escudo. Paraque su estrago al Cielo suba en clamores confusos; en lenguas, que el fuego aumenten desvanecidas del humo, de Troya ha de ser Atenas más abrasado dibujo. De la solobre campaña mis valientes Palinuros dejan en inchadas olas rizado el cristal a surcos; Pues la rinde vasallaje el Imperio de Neptuno, aún de los Dioses mi armada puede ser airado susto. En favor de Polinices, sangriento a Teocles busco, por tiranizar del Cetro, lo que la razón dispuso. De Elice, mi hermana, intenta ser Esposo, y solo pudo la ceguedad emprender seguir tan errado rumbo. A Himíneo Polinices rindio reverentes cultos, ilustrando más las aras la exhalación de los humos La siempre bella Antigone, en quien todo el Cielo puso, para ilustrar su poder el más soberano estudio, presto verá, como Amante, en lo que airado ejecuto, que es por rendir a sus plantas todo el Imperio del mundo. De la campaña elijamos, los puestos más oportunos. Y aún tiempo por mar, y tierra artificiales Vesubios, del arrojadizo fuego, que la discordia compuso, de mis iras fulminadas muestren estragos caducos, que fueron fácil defensa los homenajes robustos. Sujete a su altivo cuello mi acero el más noble orgullo. no tuerza la tiranía de las lealtades el uso. Ea caudillos valientes, pues sois de mi pecho escudos, muestre vuestra ilustre sangre el enojo que os influyo. Pues impelido el clarín con los Marciales anuncios, a vuestro coraje llama, respondan vuestros impulsos. Al rebellín. Al rastrillo. Al esguazo. Al foso. Al muro. Seguidme, que Macedonia ya se corona del triunfo. . Señor Alcaide Tomillo, Qué dice? No digo nada. Que siente. Para los flatos me destruyen las orchatas. Y qué tiene? Tengo amigo gana de entrar en la plaza. Tiene caballos? Así con los Toros encontrara. Vuela, vuela, ma riposa vuela, al incendio en el aire de tu fineza, Filómena deleitable. Sirena con voz de Plata. ̱q. Mira fácil mariposa, que tus ceguedades buscan en la apariencia luciente, la más abrasada injuria. De amor la aljaba pudiera dar a tu vuelo las puntas, dejando al aire tus alas, flechando al fuego tus plumas; Brillante al ardiente objeto el curso ligero muda, que no es luz cualquiera llama, ni llama la que no alumbra, Vuela, Flor sonora. Flor canora, que con claveles te enjugas. Harpa fragante, que sueñas olorosas consonancias, siendo retama del aire con cuerdas escaroladas. Muy vulgar su desatino, de este sitio no repara el que la Ninfa Mosqueta, de las mansiones de Nácar en almibar de placer conserva la mejor caja. El Calandario de Atenas compré, y repasé en la tabla equinocios de Palacio, que reverencias igualan. En las tablas más enseña el buen juego delas demás. ) Airado hermano, que intentas ) con oposición tirana avasallar mi albedrío, ya que no puedes el alma, cruel me quita el Imperio, mas no a Elice soberana, Voy a disponer que sirvan al Príncipe la vianda. Sepa que las alcachosas con huevos hilados cansan. Hoy comeras de pescado. Yo solo ayuno la Pascua, mas que me sirven de Viernes albondiguillas de ranas, sabándijas, que molidas en los que bebemos agua, en estómagos lagunas, como unos gilgüeros cantan. De qué me sirve la vio? Muera yo pues de mis ansias, la esperanza del dolor, desalienta en la esperanza, Aquién ofende lo verde, que se vista de escarlata? En vano son tus defensas; retira luego tus armas, Polibio, pues a la vista, mas me ofenden, que me ampano. Muera en la triste prisión, mi fe más acreditada, que del rigor la congoja respira con lo que mata, Pues lisonjera la muerte, alienta con la amenaza, vuelve a Meedonia, vuelve, deja desiertas las playas de Atenas, que mi dolor con las repetidas ansias, al aire de mis suspiros, aumentará las borrascas. Qué cerca del General tiene tu pasión la casa! Aún de mi Padre la vista sus crueldades me recatan. Ay Elice, hermoso Dueño; en la consusa batalla de los sentidos, la fiera. opuesta desconfianza, contrapuestos en la lucha, toda la razón arrastran: sin mi confieso que vivo, ciego, absorto, equivocadas las potencias, la memoria, a ser voluntad se pasa, y solo el entendimiento, de ser voluntad se aparta. Viva yo de lo que muero, Requesón toma esta espada, piadoso me pasa el pecho Loco está, y con una traza, e. templaré su frenesí; Señor la parte señala por donde tenga principio una ejecución tan santa. Todo el pecho me penetra, Qué vuelta tiene tan larga, Rompa mi pecho el acero. Tienes el alma opilada? el juicio tiene algo bizco, . yo soy rayo con la blanca. Que intenta tu villanía, tú lo pagarás. Aguarda, porque hasta ahora ninguno me ha quitado la Italiana. Mas, ay de mí que en tu pecho no ves que miro copiada, a Elice, y que el fiero impulso suspende su hermosa estampa. A Elice ves en mi pecho, Y por la mano me habla, A Elice? Sí, y con un lienzo desde la Torre me llama. Cómo tú la puedes ver? Porque es de cristal la Caja. Yo me miro, y no la veo Quítose de la ventana Embestid por esta parte; al muro echad las escalas: valerosos Atenienses, a defender la muralla, Rechazados de los muros, los Macedones se apartan. Como osados Capitanes volvéis al riesgo las caras? En aqueste Pelotero van dejando grandes chazas. que de Pelotas se tiran, y no lo dejan por Palas. En su socorro, a la vista se va acercando la armada, y tan cerca de los muros sus velas inchadas pasan, que a tener yo las tijeras pudiera despavilarlas. Pues me ofrece la Fortuna aquesta dicha impensada, desde aqueste mirador, que pisa del mar la espalda, me he de arrojar, que en sus ondas seguro puerto me aguarda. Sígueme, Qué es que, te siga? repara Señor, repara, que en cermeñas verroqueñas de la puente Segobiana ligeras cuando yo nado se vuelven las calabazas. El timón de la fortuna solo el osado le manda Favor sagrado Neptuno Dos mil Delfines te valgan inmortal Buco de Amor. Venus, a un rendido ampara. No es novedad en Amantes, si en Leandro se repara, que haga un galán en Atenas lo que en Abido una Dama. Acudid presto al socorro. Como un Eléfante nada. ̱̱̱̱. Hijo. Presto, que se rinde. Polinices. Larga, larga. Adónde está Polinices, tierno pedazo del Alma. Viendo pasar de Polibio en su socorro la Armada, al mar se arrojó. Qué dices? aparta, déjame, aparta, O si el corazón pudiera, hijo, servirte de tabla, di, Requesón, que mi vista solo lágrimas alcanza, Le socorren? Y ya libre en el esquise le enjuagan. Qué dices? Y en lo que arroja, según lo que las levanta Polínices me parece al Flamenco de las aguas. Dejad la vida ala vida, Deidades siempre Sagradas, Muera aqueste inútil tronco, y no la flor en el nacar, el tronco vuelva a la tierra, que de la flor preservada, aliste lo que la adorna, pero no lo que la ultraja. Llorando el Viejo parece en las ondas de su barba, que hacen engarce de perlas peinados hilos de plata. De Neptuno, y Venus divina Mercurio, y Amor Te asiste, Te ampara, Al riesgo de Palas, piadoso el favor; que del aire, y el fuego, en las ondas, el arco, y las flechas Cupido sacó. Y el carcaj de mis plumas ama en ondas, y en plantas, me ilustran más Dios. 4. En ondas, y en plantas me ilustran más Dios. Elice, de tu hermosura, el despeño no me aparta, pues dejo a mi corazón con más tormenta en la playa. 4. En ondas, y en plantas me ilustran más Dios. Si tiene, si está en el mar el cuarto del Patriarca? Ya que vencer he podido con dádivas a las Guardas, aqueste pliego a Polibio anticipa. Anticipada tengas, sin hacer asiento, la paga de tus mesadas. Procura ponerte en salvo. Qué es en salvo? y aún en salva, si no filis de natal, bucárito de la maya. Cumplido el presagio miro de la Divina Diana; y por mucho que aventure llego a la prisión, que guarda del escondido Tideo la perpetua vigilancia. de cuyo informe hoy procuro saber cuanto me recata. A de la espantosa Gruta, de horrores enmarañada! a del seno donde asiste la más confusa amenaza! Quién de esta fiera espelunca penetra la horrible estancia, con tan desusadas voces? Tideo, Edipo te llama, el infeliz Rey de Atenas. Suspende, Edipo, la planta: mira que un grande peligro esta mansión te recata. Vuelve el rostro a la desdicha. Cuando mi valor te llama a costa de más ofensas, con los temores le ultrajas? No llegues, no: vuelve, vuelve al mayor riesgo la cara. Con la prevención del riesgo mas me ofendes, que me amparas: Sal a mi voz. Qué me quieres? Oh qué vista tan extraña! Lo que desfigura el tiempo! Oh lo que el tiempo maltrata! Tideo. El oír mi nombre repetidamente, basta: que fue el sagrado precepto, en que me impuso Diana, paraque yo si le oyera, te diga lo que me mandas. Qué te suspende? prosigue. Qué confusión tan extraña! Atiende no a mi voz sola; Edipo, repara en cuantas repitirá en sus bastezos la boca de esa montaña con mis tediosos accentos. Empiecen todas mi ansias. Esa espelunca triste por decreto de Palas ha sido de mi vida horrorosa mordaza. Tres lustros ha, que en ella sus sombras me acompañan, sin que mis ojos viesen del Sol las luces claras. En tu oróscopo Alcino, consultando a Diana, a tu Padre le anuncia mortales amenazas. Que agresor de su vida serías le declara. De influjos de los Astros mortales concordancias. Dominarlas no pudo la providencia humana; que no manda la Estrella, quien la Estrella no manda. Que en las iras sagradas vive de confusiones la amenaza. Que en las iras sagradas vive de confusiones la amenaza. Crédulo al vaticinio las reverentes Aras deja, y contra tu vida vuelve airado la planta. Alcino le decreta, que alas fieras te echara, a ser más triste pasto de la crueldad Tebaña. A tus pies delicados con juncos los trapasa, dejándote de un roble más pendiente la saña. Pastor de Tolomeo, yo el Ganado guardaba, penetrando de Tebas las ásperas montañas. Del alto roble (atiende) con voces mal formadas me llama un tierno Infante por fruto de sus ramas. Que lo que el Cielo ampara, el reparo le forma en la amenaza Quelo que el Cielo ampara, el reparo le forma en la amenaza. Mas a mis pasos mueve la sangre, que derraman entre los verdes juncos tus delicadas plantas. Pronto remedio aplico en mi pobre cabaña, de la virtud, que el Cielo en hierbas dio a Tesalia. Él líquido elemento tu candidez abraza del maternal tributo de una pintada cabra. La Providencia sacra en la piedad no busca semejanz La Providencia sacra en la piedad no busca semejanza Creciendo en hermosura tus singulares gracias; el grande Tolomeo en su Corte te ensalza. En valor, y en costumbres a todos te adelantas, adquiriendo en agrados mas méritos tu fama. Qué es noble circunstanca el exterior afecto de las almas. Qué es noble circunstancia el exterior afecto de las almas. A tu padre el Rey Layo acaso en una caza, teniéndole por fiera, como a fiera le tratas. Su corazón penetra una flecha arrojada del arco, que tu brazo más fuerza dio a sus alas. Oh fuerza del Destino! aún en la forma humana al hombre vuelve en fiera más fiera semejanza. Oh cuanto son extrañas iras, que sin rencores se adelantan Oh cuanto son extrañas iras, que sin rencores se adelantan Vien- Viendo sin Rey a Atenas, por decreto de Palas al que una enigma esplique su laurel le consagran. Al literal certamen tus estudios te llaman, hallando en la Corona la dicha tu desgracia. Descifraste el enigma, y por su Rey te aclaman, uniendo estrecho lazo el fruto con la planta. Hijo, y esposo fuiste de la hermosa locasta, culpa, que con los Dioses disculpa tu ignorancia Que no manchan las Aras víctimas, que sin sombras se consagran. Que non manchan las Aras víctimas, que sin sombras se consagran. Saturno te consuele: que a mi Plutón me llama, paraque de Acheronte pase la negra barca. Llega, llega sin miedo: pasa, camina, pasa, venciendo del Trifauco las horribles gargantas; penetra de Acheronte las espumosas llamas: Que a tu mortal jornada hoy concluyen el término las Pareas, Pues origen he sido de tan fieras batallas, mi noble sangre inunde las míseras campañas: rancia,) Oual Mortal aunque peque deligno no le acompaña sola una desgracia. Las Ay es, y Flores al Alba saluden. A fragancias de nácar los balles, y a gorjeos de pluma las cumbres. La Aves, y Flores al Alba saluden. a fragancias, Retire la noche las sombras comunes del Solio, en qué imperios guarnece de luces. Las Aves, y Flores al Alba saluden. a fragancias, El Cielo parece, que en él se reducen, formando los jaspes, estrellas azules. Las Aves, y Flores al Alba saluden: a fragancias, Palas en sus Aras los afectos pule mejorando en votos sagrados perfumes. Las Aves, y Flores al Alba saluden: a fragrancias, Del dorado plaustro hasta la techumbre en hombros del oro los mármoles suben. Las Aves, y Flores al Alba saluden: a fragancias de nacar los balles, y a gorjeos de pluma las cumbres. Hoy la religiosa Atenas. cumplio el sagrado precepto de Júpiter, dando a Palas el más soberano Templo. Ya colocada en su Altar, en repetidos obsequios mejora los Sacrificios con la pureza del fuego. Alta Deidad suspende los castigos severos. Tu diestra no derribe los inocentes cuellos. Repara los estragos de tantos escarmientos: no quites a la vida de vivir el imperio. Suspendan las Piedades el horroroso ceño de Júpiter; mejore tu invocación al ruego. Oye mi voz, si puede articularla el pecho; más ay, que a tus oídos les sobran los alientos; que en lo Divino siempre con los mudos afectos mas se explican amantes las voces del silencio Culpas de Amor perdona; pues los Dioses supremos también, aunque Divinos, arrastraron sus hierros. Piedad! piedad! oh Palas; que el abrasado incienso alumbra con el humo por ser vapor del ruego. Victoria por Macedonia! vivan del Príncipe nuestro los estandartes insignes. Oh qué lamentable estruendo! m Socorro, favor, ayuda! De costa sería bueno. Sacerdotisas de Palas, abrid las puertas del Templo. Sea sagrado refugio del más afligido pueblo. Ya su Deidad más propicia se descubre a nuestros ruegos. Seguid todos el alcance. Ay de mí! qué es lo que veo? No ha de servirte de amparo la inmunidad de este puesto. Yo no busco más defensas que las que me da mi aliento. Suspende el acero airado. Suspende el airado acero. Hermanos! Aparta! aparta! Ejecutad en mi pecho vuestras iras; muera yo: sea mísero escarmiento de tanto rancor, pues soy la causa de vuestro incendio! Cómo ciegos profanáis los sagrados privilegios de Palas? Cómo crueles tratáis con tanto desprecio a su Deidad? Mi rencor no guarda ningún respeto. Iris de los desafíos, los Alcaldes que se han hecho? Muera quien me niega a Elice! Muera quien me quita el cetro. Muere cruel! Mas la voz: Muere infiel! Pero el accento: Qué miro, Palas Divina! Divina Palas, que veo! Recive, Elice: Ay de mí! Por último aqueste aliento. Polinices! Polinices! El corazón. Por ti muero. Teocles! Que alegre paso Quién se vio en trance más fiero! Quién triunfa de su enemigo, más gloria logra muriendo. Válgame Dios, la vayeta lo que ha de subir con esto. Yo pues, que la causa he sido de tan raros escarmientos, de este fuego, que en las Aras arde a mayores incendios, a las llamas arrojado, para aumentar escarmientos, den mis cenizas al mundo el más abrasado ejemplo: que un padre, que de sus hijos no corrigio lo soberbio, sirva aqueste desengaño en las cenizas de espejo. Viva el Príncipe Polibio! Soldados, acudid presto. Oh que tarde al infelice llegan siempre los remedios. Polínices, fiel amigo, que atroz impulso violento pudo triunfar de tu vida? En el prevenido fuego, que arde en las Aras de Palas da los últimos alientos. Cuanto se aumenta el dolor a las sombras del incendio! que nunca buscan las iras tan encendidos despechos. Ya se tuestan en las llamas los Chicharrones de Venus. Aún en el fuego difuntos vive su rencor más ciego. No culpe la ceguedad los decretos de los Dioses. que de los propios castigos sus piedades se componen. Mirad de Amor en el fuego los difuntos corazones: que más allá de la muerte durar pueden los rencores. Las vidas les restituyen, paraque a finezas logren con las luces del Amor más seguros resplandores. Alentad. Vivid. Y lograd: A más duraciones corona que Amor de piedades compone. Con vida miro a mi Esposo. Con vida miro a Teocles! Oh como al dolor el Cielo con las piedades responde! Quién del Cielo desconfía a Júpiter no conoce. Por aquesta Cruz bendita, que estoy hecha un estrícote. Pues Amantes resucitan, que se maten los Señores. Más grata la Diosa Palas por los decretos de Jove manda, que sea el Amor el que de Amor los corone. Por Palas me he de poner un jubón de paletoques. Y yo Amante Palaciego de palillos, y palotes. Hermano, dame los brazos Solo en los tuyos, Teocles, tendrá más fuerza mi Amor, si la corona te pones. Aliente mi vida quien mi inocencia reconoce. En paz con la hermosa Elito quiero que Amante la goces. Reina tú, porque yo reine. Ya reino en tus atenciones, y logre feliz Polibio su boda con Antigone. Vasallos de tu laurel seremos los Macedones. Merezca de Mirlene que su enojo me perdone, ilustrando con su mano mi frente. Y en ella logre la paz, que siempre en Atenas se vincula en vuestros nombres. Y nuestro placer repita con las voces de los Dioses. Palas, sagrada Deidad, unió los pechos discordes logrando felices por decreto de Jove vivir por morir Amantes Polínices, y Teocles.