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Texto digital de También Zaragoza es cielo y el martirio de Santa Engracia

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Atribución tradicional
Francisco Bueno
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No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Salamanca, Imprenta de la Santa Cruz, s.a.).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de También Zaragoza es cielo y el martirio de Santa Engracia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tambien-zaragoza-es-cielo-y-el-martirio-de-santa-engracia.

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TAMBIÉN ZARAGOZA ES CIELO Y EL MARTIRIO DE SANTA ENGRACIA

JORNADA PRIMERA

lva el gran Daciano, y triunfe de la nueva Ley Cristiana. Viva, porque el Gentilismo, que soy yo, medre en hazañas. Triunfe, pues, y la Idolatria, que soy yo la eleve estatuas. Viva, pues yo triunfo altivo. ̱. Triunfe, pues yo vivo ufana. Cuando dicen altos ecos: Cuando dicen voces altas:: Viva el gran Daciano, y triunfe de la nueva Ley Cristiana. Viva yo, y de los Cristianos mi furor sea guadaña: viva, arruinando sus Templos, viva, afrentando sus aras, viva, ultrajes dando a Cristo, , h Dando a Cristo:::: Niéguele yo triunfo, y palma. Triunfo, y palma. Y que muera quien le ensalce. Quién le ensalce. De los Dioses sea en gracia. Sea Engracia. Ecos, en quienes no entiendo el Idioma en que me hablan naciendo de vuestras voces un temor, un susto, un ansia. Ecos que no oye Daciano, y yo escucho, me acobardan, pues con sus mismos acentos dice el Cielo en voces altas:: triunfo, y palma, quien le ensalce sea Engracia. 1. Gran Daciano; qué te turba, que el bastón pierdes, y él habla? No sé que decir, que un susto encontré en una palabra. Lo que él no entiende, me aflige. Lo que él ignora, me espanta. 2. Vuelva el bastón a tu mano, y aprensiones cesen vanas. Cesen, y empuñe la insignia, que solo a mi diestra encargan Diocleciano, y Majimiano, cuyas Majestades altas. ciñen del Romano Imperio. la verde diadema sacra. Y pues sus decretos fían todo el gobierno a mi espada de la ilustre Zarageza, Colonia insigne Romana, en obsequio de los Dioses. la esgrimire tan airada contra los cristianos pechos, que en venas martirizadas, segundo. Ebro de sangre, inunde Calles, y Plazas: y aún a pesar de algún susto de que el bastón se me caiga, tengo de estudiar martirios, que atemoricen a España; y en anuncios del trofeo de mi furia ensangrentada oiré con esos aplausos, que mi excelso nombre aclaman. Viva el gran Daciano, y triunfe de la nueva Ley Cristiana. Ya, Idolalia, escuchaste un emblema, que me infama. Ya, Gentilismo, atendiste, un enigma, que me agravia. Bien le oí, y al descifrarle, confusa mi voz te llama. Bien le escuché, y a entenderle te convoco yo turbada. Pues a ese fin:: . A ese intento:: ̱. Desde esta altiva montaña: Desde este encumbrado monte: Sobre esta rugiente llama: Sobre este manchado incendio, en anuncios de mi faña:: León desciende a mi furia. Tigre desciende a mi rabia. Ya, Idolatria, del Valle. pisamos la verde instancia. Ya, Gentilismo, los dos en su terrestre campaña nos hallamos, donde espero. de tu sutil vigilancia, supuesto que en tus astucias, quien reina es Luzbel, que alcanza superior ciencia entre todos los espíritus, que manda seas tú quien me descifre los ecos, que el Cielo canta. Quizá vendré yo a entenderlos, si junto las circunstancias. Cuáles son? Estas: Daciano, con plausibles voces vanas contra el Católico Pueblo no mueve la cruel saña? Sí, y el acento a mi oído como lisonja llegaba. Y de esas voces no nacen ecos, que a Cristo le ensalzan? Sí, y al cantarlos el Cielo, el oído atormentaban. Y al decir, Daciano viva, no repitió su arrogancia; viva; ultrajes dando a Cristo, niéguele yo triunfo, y palma, y que muera quien le ensalce de los Dioses sea Engracia? Sí, que a su blasfemo labio, tú las injurias dictabas. Y cuando dijo sangriento, que la muerte amenazaba, fuese Engracia de los Dioses, al pronunciar la palabra de Engracia, su fuerte diestra no perdió el bastón, turbada la pronunciación al labio, sin acierto en su eficacía? Sí, que a ese azar, no sin susto adió mi ardiente saña. G. Y esto no fue todo a tiempo que por Zaragoza entraba una mujer peregrina, la cual Engracia se llama? Sí, mas de eso qué imaginas? Mucho, pues si bien reparas en lo que Daciano dijo, a tiempo que ella llegaba, parece que a esta mujer nombró en voz equivocada; y si no, las mismas voces, que Daciano articulaba, yo las repetiré, y tú cortarás al pronunciarlas la mitad de las razones, que es lo que el Cielo cantaba, y verás lo que descifran. Si haré, porque en dudas tantas, con lo que de esto infirieres, las sombras queden más claras. Pues oye lo que decía. Di, porque en sus ecos baya acortando sus dicciones. Viva, ultrajes dando a Cristo. Dando a Cristo. Niéguele yo triunfo, y palma. Triunfo, y palma. Y que muera quien le ensalce. Quién le ensalce. De los Dioses sea Engracia. Sea Engracia. junta ya lo que partiste, verás que sentido enlaza. Entonces vi, y ahora admiro, que pronuncia esta alabanza, dando a Cristo triunfo, y palma, quien le ensalce sea Engracia. De esa voz postrera temo el enigma, que me pasma. Bien su sentido nos dice, o pese a mi furia airada en lo literal que explica, que a Cristo en sus alabanzas, lea Engracia quien le ensalce, pues nadie puede sin gracia. Aunque es así, hay más misterio del equivoco en que habla. Qué misterio es el que infieres? Que el Cielo en ideas altas, de las voces que Daciano, como injusto pronunciaba, el mismo le dictó a Cristo un elogío, que le ensalza; pues partidas las dicciones, el sentido se trocaba, y el que en boca del tirano fue obsequio ha deidades falsas, fue para el Dios Verdadero aplauso, que le ensalzaba. Sí, mas no concuerda ahora con lo que dijiste, a causa, que no tenía que ver de aquel eco la asonancia del nombre de una mujer, que hoy por Zaragoza entraba. Es verdad, pero sospecho, que es aquesa voz de Engracia, cifra de que ha de ser ella, quien dé a Cristo triunfo, y palma. Eso, de qué lo presumes? De sus virtudes laureadas. Vencerla con los deleites. Hallase de Dios armada. Rendirla con la soberbia. De humilde a estrella se pasa. Estrellas hurtaste al Cielo. Pero esta brilla humillada. Deslucirla con tu sombra. Casi dudo el eclipsarla. No es mujer? Pero es la fuerte. Parece que tú la alabas? No, que decir lo que triunfa, es por tener más que ajarla. Pues quién es Engracia? Cesa, no la nombres, calla, calla, pero, a pesar de mi furia, lo cruel de mi arrogancia, lo diré por ofrecerte la mayor de mis batallas. Para vencerla lo escucho. Pues oye, y preven las armas: Hija de un Príncipe excelso, nació en Portugal Engracia, dibujando el Cielo en ella una beldad soberana. Creció, y su beldad perfecta en su muez se aumentaba, porque el después de lo hermoso, también fue lindo en su infancia. Bien así como el aljófar, que en lo primoroso iguala, tanto al ser puro rocío, como al ser ya perla helada: o como el cristal nacido del monte en las frías canas, tan terso, cuando es nieve, como después, cuando es plata: o como el clavel no abierto, que en el botón de esmeralda, es tan lozano en lo verde, como después en la grana: o como en la fresca rosa, que no es menor en fragrancia lo rojo del cármesí, que lo encendido del nácar: o como al nacer la Luna, que tanto el Cielo la esmalta al partirse en rayo corbo, que al circularse en luz clara: o como la rubia estrella, que Venus de luz dorada centelléa en hermosura, tal vez roja, tal vez blanca: o como el Sol, que es tan bello, entre el cenit, y mañana, cuando es el ardor diamante, o cuando es rubí la llama: o como el Alba, que hermosa, tanto es, cuanto temprana, o se trasluce en armiño, o en rosicler se declara. En fin, desde tierna niña, a la juventud lozana, siendo bella, creció hermosa, al modo que la retratan, sai perla, que fue rocío, el clavel, que fue esmeralda, el cristal, que antes fue nieve, la rosa, que antes fue ambar, la Luna, que brilla corba, la Estrella, que arde dorada, el Alba, que armiño nace, el Sol, que diamante abrasa; porque es tan bella, que ha sido antes, y después Engraci Cristal, Perla, Clavel, Rosa, Luna, Sol, Estrella, y Alba. Creció, pues, a edad florida, y de beldad tan extraña, siendo en el Orbe pinceles los plumajes de la fama. El Duque de Rosellón, fértil Provincia de Francia, por Esposa la pidió a su padre, a quien por carta él mismo se remitió en una copia pintada de cuerpo entero, y es joven de tal brío, y de tal gala, que fio de su retrato aquel informe que alcanza, que se suavicen los ojos contra el rigor de las damas. Prosiguió el Duque muy fino la pretensión deseada, y de Engracia el padre atento a sus amantes instancias, a Lupercio, deudo suyo, remitió allá, porque haga las conveniencias, que unan las dos coronas que esmaltan: y ya ajustadas, le ofrecen de Engracia la mano blanca, y de Portugal partiendo, de deudos acompañada, hacia Rosellón camina, y llegando a las murallas de Zaragoza, fue a tiempo; que Daciano pronunciaba contra Cristo aquella injuria, que produjo su alabanza; y porque yo conjeturo, que esta mujer será causa de que triunfe del abismo, logrando la heroica palma del Maltirio, en que Daciano conseguirá su venganza, con otros innumerables Martires en la Cesarea, y Augustísima Ciudad de Zaragoza, qué rabia! qué ira! qué furia! qué pena! pues sus vidas consagradas, nipo fenecerá nuestra rama a los siglos venideros, sirviéndoles de prosapia para su lauro el obsequio, que en los Gentiles se infama. Y pues yo por todos ellos represento su desgracia, seré quien sienta la pena con más razón, con más ansia, de esta mudanza, que a mí, y a todos juntos alcanza, de los que mi bando siguen, y mis banderas aclaman. Y así intento, que me ayudes, Idolatria, que amada de mi Gentilidad, puedo convocarte a que amparada de mis huestes, gima el viento, la tierra, el aire, y el agua, y todo ese firmamento, porque este lucero caiga de la gracia que perdimos, que es la que ha adquirido Engracia, pretendiendo con astucias, con sútiles asechanzas, o rendir su Fe constante, o ya su pureza intacta, por haber también previsto, de alguna leve palabra, que tal vez entre si hablando, al labio llegó explicada, que aunque a las bodas camina, que ya en Rosellón le aguardan, nteriormente desea ser de Dios esposa casta; pero también reconozco de alguna exterior mudanza, que no siempre la memoria del Duque amante, se aparta; de que infiero, que en su idea mentales luchas batallan, y la especie de este objeto, que quizá es imaginaria, en visibles apariencias intento representarla, tomando la misma forma del Duque, con cuya traza, lo que acuerde el pensamiento, vi gañada, en esta industria confío triunfar de mujer tan rara, que según aquel anuncio, cantado en sonoras pausas promete ser un trofeo de la Deidad Encarnada, cuya unión de Dios, y Hombre desprecié en mi tierna infancia, queriendo ser antes humo, que lucero, y adorarla. Y si a Engracia tan hermosa te pinté en ideas varias, es porque es de él Sor Divino la imagen más apropiada. Y pues cuanto manes balla, es de Dios más semejenza, del Ser Divino la copia, intento en ella borra: con engaños que la turben, hasta perder contrastada las tres heroicas virtudes, Caridad, Fe, y Esperanza; y si todas mis industrias para vencerla no bastan, trocando ardides en iras, seré para mi venganza víbora en rabiosa furia, áspid en furiosa rabia, basilisco en fieros ojos, sierpe en sañudas escamas, tigre en insaciable diente, Leon en rugiente saña; porque vengándome en ella, quede Dios sin alabanza, quede su honor deslucido, su Iglesia quede afrentada, sin Altar quede su Templo, sin culto queden sus Aras, quede su Ley destruida, y la Fe quede ultrajada: porque así también el Cielo nunca diga en asonancias, dando a Cristo triunfo, y palma, quien le ensalce sea Engracia. í. Si consigues este triunfo, osufana. No lo dudo con tu aliento, aunque la victoria es ardua. No habrá hechizo que no piense contra una mujer tan rara. En los márgenes del Ebro la hóspeda una humilde casa. Pues al engaño qué intentas? Pues al hechizo qué trazas? A turbar sus pensamientos. A fingir idéas vanas. Muera quien a Cristo sigue. Muera quien su Ley abraza. Aliente la Idolatria. El Gentilismo renazca. Y pues Daciano le ilustra. Y pues Daciano le ensalza. A pesar del Cielo todo. A pesar de lo que canta. Con la voz que le aplaudía. Con la voz que le aclamaba. Por su blasón. . Por su timbre. Por su empresa. . Por su hazaña. Por su triunfo. . Por su gloria. Por su nombre. . Por su fama. Diré para ensalce suyo. Diré para su alabanza. Viva el gran Daciano, y triunfe de la nueva Ley Cristiana. Con feliz estrella llegue a Zaragoza Engracia la bella, pues tal dicha goza; recíbala alegre la gran Zaragoza: Venga en hora buena la blanca azucena a nuestros vergeles, a sembrarlos venga de rojos claveles. Buena gente, agradezco el alborozo, que mi venida debe a vuestro gozo, y estimo la alegría lisonjera con que me recibís de esta manera. Del modo que mandaste en el camino me adelanté, señora, y te previno mi obediencia esta casa de un Cristiano, de Zaragoza noble Ciudadano que del Ebro en la margen areno casa de campo es suya deleitosa, y al decirle quien eres, y al nombra cortés me la ofreció para hospedarte; y al saber que hoy llegabas, placentero Bato, y Menga, que son los jardinero de este vergel hermoso, convocaron sus vecinos, que alegres se juntaron y en el jardín florido gozosos, como ves, te han recibido. Bien, Félix, has mostrado diligent el amor que te debo de pariente. No tan solo, señora, a tu obediencia Felix, y yo venir en tu asistencia pudieramos con finas atenciones, que piden a la sangre obligaciones, sino es otros también parientes tuyos, que honran a Portugal blasones suyo Diez y seis Caballeros Portugüeses te siguen, porque así segura fueses, que todos en la casa se han quedado, porque conmigo, y Felix has gustado bajar a este jardín. Lupercio, tío, que este nombre el blasón más alto es mío a todos agradezco el fiel cuidado, que os debo en el camino dilatado desde el gran Portugal a Zaragoza. Descansa aquí unos días, y aquí go del Ebro las riberas, que a sus cristales deben Primaveras, y a Rosellón, después de descansada, proseguiremos todos la jornada, donde el Duque te espera para esposa, con ansias puras de su fe amoresa. Rendido el pensamiento a inter calma, distinto desposorio intenta el alma, anunciándome gozos más seguros, cuando de Zaragoza vi los muros. Su merced hoy descanse en mis escañ no solo muchos días, si no años; y tal descanso haya, que de aquí plegue a Dios nunca se v pues yo no sé que fue cuando oía, que Engracia se llamaba Useñoria: Menga, y yo tanto gozo recibimo que después de casados no tuvi tro día de paz, ni e contento, que esto me trujo en dote el casamiento. (̱. La culpa es suya de él, que es un sim- plote, que nunca sabe hablar sin un garrote, tanto, que el otro día yo sembrar unos rabanos quería, y habiendo oído decir a un hombre ducho, que sembrados con bragas pican mucho, por ver si así salían muy picantes, me puse unas que tiene rozagantes, y Baro que me vio, como es tan malo, me sacudió las bragas con un palo. Y eso aconsejo a todos, porque hay en las mujeres tales modos, que no habrá respingando con tonillo, quien de una mujer sufra el rabanillo, si una vez con razón, o sin razones del marido se pone los calzones. ̱. Eso habéis de decir, ni pronunciar? Cuidado, que no llegue asegundar, que empisoñado estó en lo que me enojas, del rabano dejemos ya las hojas, y al tronco vamos. Vamos; para esta. Tijéretas a mí? buena es aquesta. Qué sencillez! decid, dejando enfados, si es que Cristiano sois. Y vautizados, aún que Menga tal vez, cuando me atiza, también su condición me desbautiza. Señora, no le crea, es inhumano, y fuera de la Crisma, no es Cristiano. Para ti es bueno aquese barbarismo, solo el efetá tiene del Bautismo; pues si le digo no hable en algún día, todo es efeta, efetá a porfía; y aunque razón de encina la concluya, ha de ser siempre efeta la suya. Gusto me da la sencillez villana. Distinta es la malicia cortesana. (nos Y los Gentiles, dime, a los Cristia- Templos aquí consienten? Inhumanos nos privan ese bien, mas el consuelo es la Columna que bajó del Cielo, sobre la cual la Fe Cristiana goza Virgen del Pilar de Zaragoza. El mundo todo sabe ese portento, y así cuando mi pie tocó el cimiento de esas murallas, veneré la tierra, que al mismo Cielo por tesoro encierra. Feliz Ciudad, pues logra en su fortuna ser su muro del Cielo una Columna. Y feliz, pues padrón de su memoria eterno mármol fue de Dios la gloria. Ella nos libra del cruel Daciaro, que es nuestro Presidente el más tirano. Su nombre al corazón causó un latido. En el pecho su nombre susto ha sido. Al nombrar a Daciano, el pensamiento parece que le hirió turbado acento. No entiendo el corazón. No entiendo el alma. El discurso padece oscura calma. Y pues el tal Daciano, el azote, el cuchillo del Cristiano, todos los martiriza, sin que alguno se escape a su ojeriza, de modo, que he pensado, que haberme de sus iras yo librado, es por saber sin duda, y no es delirio, que con Menga casé; y por más martirio, viendo su condición, que es de demonio, por mártir me dejó del matrimonio. Todabía el símplote mentecato me ha de infamar con ese desacato? Mas que he de santiguarla las costillas con un garrote, hasta que se haga astillas. Es fácil bribonazo, tonto, majaderote, simplonazo. Ya os digo, Menga, que calléis. Ya callo. Iranse, pues, los huéspedes, y el gallo nos comeremos. Dejen las contiendas; y para que mejor mi afecto entiendas, di, Bato, por la Fe sin cobardías, el cuello a los cuchillos no darías? Sin temerlos llegara yo a sufrillos, pues menos me mataran los cuchillos, que Menga, y en porfías indiscretas, cuchillos quiero más, que tijeretas. También yo, sin cobardía, al cuchillo mi cuello le daría, sin hacer mucho en ello (llo. quien dio del matrimonio al yugo el cue de ejemp Qué enseñanza! . C (na. Qué doctrina! Ya mucho que Daciano aquí domi- Poco ha que llegó de Barcelona, adonde dio de Martir la corona, con tormentos extraños, a Holalla niña de catorce años. Qué es lo que oigo! en edad Holalla tierna mereció conseguir la palma eterna? Una niña la Fe tanto ha ensalzado? Ololla con envidia me ha dejado: Pero asombro! quedarme sola intento mediante de Holalla el vencimiento: Lupercio, amado tío, y tú, Félix, ilustre deudo mío, dejadme en el jardín, que espira olores, por divertirme sola con las flores. Quédate en el vergel, pues de eso gustas Tus preceptos en mí son leyes justas. Ven, Felix, que en la casa te esperamos con los demás parientes. Vamos. . Vamos. A Hlalla llevo impresa en la memoria. A Holalla envidio la más alta gloria. Vosotros, buena gente, sola también dejadme. Aunque se siente dejar de su merced la compañía lo haremos por mandarlo Useñoria; mas será repitiendo nuestro gozo de su buena venida el alborozo, diciendo al son que alegre se atropella: Con feliz estrella llegue a Zaragoza Engracia la bella; pues tal dicha goza, recíbala alegre la gran Zaragoza: Venga en nora buena la blanca azucena, venga en hora buena a nuestros vergeles, a sembrarlos venga de rojos claveles! Venga en hora buena a nuestros vergeles, a sembrarlos venga de rojos claveles. Cielos, aún estas voces, que me festejan, parece que oye el alma una armonía, alaza en dulces te mpl con las otras consonancias de impulsos, que allá en mí mente se concordaron unidas en los nombres diferentes de Daciano, y el de Holalla, haciendo que en todo sueñe en unos ecos de sangre, que pulsándose vehementes, laten en mi pecho, como que le dicen al moverse: , . Venga en hora buena a nuestros vergeles, a sembrarlos venga de rojos clavele Estos rústicos aplausos siento que a Engracia festejen; y pues sola está, principio daré a mi engaño aparente, con la forma que del Duque vio trasladada en pinceles. Sola estoy, y el pensamiento explicarse en voces puede, hablando aquí con las flores, que callarán lo que oyeren. Esto importa, pues del alma lo más interior que siente, sabré yo a pocos acentos de su idea oscurecerle los visos, que aún no son rasgos en lo que discurro aprende. De Rosellón con el Duque voy a casarme, obediente al precepto de mi padre; y aunque gustosa, parece que otros impulsos más altos me arrebatan, y me mueven a consagrarme leal a aquel Esposo Celeste, que a Holalla en su gran martirio la palma le dio eminente. Ah pese a mí! que esto escucho Pues dónde voy? si esto empre mi pureza, no es mejor, que el humano esposo, trueque por el Celestia! Esposo, que ocupa eternos doseles? Quién lo duda? y a ocasión se ofreciese, con el ejemplo de Holalla, o será más feliz suerte, que el tálamo con mi sangre de tiernas rosas le siembre, cumpliéndose así el anuncio de aquella rústica gente? Sí, que el Esposo, esto mismo hizo en la Cruz por quererme, pues el tálamo de penas sembró de rojos claveles. Qué esto escuche? fiera rabia! Pero labio, tente, tente, que aquí falto a la obediencia de mi padre, (dolor fuerte!) y falto al amor del Duque, en cuyas prendas merece, según le vi retratado, que ingrata no le desprecie. En esto que oigo, ya espero que en mis engaños tropiece. Mas qué digo? por Dios todo, no es razón que lo atropelle? No, que en despreciar al Duque, también a otro Dios ofendes. Qué miro, Cielos Divinos? confasa, y dudosamente he quedado: es ilusión, sombra, o idéa aparente, que en representación finge lo que en realidad ofrece? El Duque de Rosellón, (ay de mí! qué pena fuerte! qué ansia! qué abogo! qué angustia! qué mal! qué dolor!) no es este? aunque creerlo no quisiera, es una copia evidente del retrato, que a mi mano vino a Portugal: valedme, Cielos, que todas las señas son verdaderas. Empiece la mayor de mis industrias, porque así más vivamente confunda lo imaginario de los sentidos, la débil imaginación, que a Engracia ahora a su discurso mueve. El rostro, el talle, la gala, que es uno mismo, me advierte el arte, que en sutilezas retrataron los pinceles toda una estatua de bulto en coloridos pinceles. Quede engañada su vista con mentirosas especies, al ver que me he transformado (admiré mi rabia ardiente) en el Duque, dibujadas del Pintor las líneas breves, que en su retrato copió todo lo más excelente. Sombra, ilusión, fantasía, que me quieres? qué me quieres? si eres el Duque, por qué tan de repente te ofreces a que sienta lo que dudo, aunque ni duda, ni siente mi espíritu valeroso objecciones aparentes? di, quien eres, otra vez vuelvo a decir, y mil veces, porque sepan mis recelos, qué es lo que por fin pretendes, o qué intentas? Soy el Duque de Rosellón, no te al- que embozado, fino amante (teres, vine a Zaragoza a verte, y al saber que habías llegado, pudo mi amor diligente buscarte en estos jardines, donde oculto entre laureles te escuché, y sufrir no pude oír, que por Dios me dejes, pues como dije, agraviabas otro Dios en ofenderme. Qué Dios? Amor, cuyos templos fábrica de almas que hiere. Amor no es Dios, mas de aquello, que las fábulas le quieran dar, por objección alguna, que engaña con lo que miente. Si es Dios, pues ímpera sabio en albedríos rebeldes. Solo domina en las almas aquel Dios, que eternamente está a la diestra del Padre, donde vendrá rectamente a juzgar vivos, y muertos; ya severo, ya clemente, en aquel tremendo día universal de las gentes; solo es Dios amor, que eterno del Padre, e Hijo procede. Amor en lazo suave también de himeneo desciende. No hay más amor soberano, que aquel que todo lo puede, rindiéndole vasallaje a su orden obedientes, Cielo, Sol, Luna, y Estrellas, hombres, aves, brutos, peces, agua, tierra, fuego, viento, y no hay más Dios, si no es ese. Amor corazones rinde. Solo el divino los vence. Este amor todo es delicias, regocijos y placeres. No admite esto amor glorioso debaneos, y deleites. Cupido en poder le iguala. Qué poder es el que tiene? Con el ejemplo suave. de su acento, si le atiendes, te dirá amor en dulzura lo que su poder contiene. La dulce Filomena, que amante canta siempre, con sonoros suspiros te dice eterna voz lo que amor puede. Herida de mis flechas, con cuanto gime advierte, que si clarín inspira, la pluma más veloz no se defiende. Su dulce trinar, pues llega a querer, clarín ha de ser para publicar las glorias de amor. Pues fruto, ni flor, ni fiera, ni ave, al eco menor, se libren del grave sonoro rumor. Su dulce trinar, No divierten la armonía de Cupido dulces temples. No hay flor que no sea aplauso de los divinos pinceles. No el sonoro labio impidas, y oye lo que te previene. Al tierno sútil canto, en esa estación verde del nácar de las rosas, se enamora el carmín de los claveles. Y al eco que se escucha, amantes se enternecen las aves con las flores, las flores con las fuentes. Amores influyendo al blanco acento leve, en brazos de azucenas fingiendo está un jazmín, que se adormeo Y al eco que se escucha, Amante aquel narciso, sobre una tersa fuente el blando cuello inclina, requebrando el cristal, le sirva nieve: Y al eco que se escucha, Las aguas que se ausenten, porque retratos lleven, las rosas a las aguas permiten retraer sus rosicleres. Y al eco, Qué sombra, si es fantasía, qué nieve, si es ilusión. Por turbarla, esta ficción trace con la astucia mía. Aguarda voz mentirosa, espera imagen soñada. Logré ya verla turbada con esta industria engañosa. Aguarda, espera. . Entre tanto, que confuso el pensamiento la llama, de aquí me ausento, dejándola en este encanto. Ten, que abe, fuente, flor, porque cesen mis zozobras, todas del Señor son obras, que bendicen al Señor. ú, que intentas mi mano como un Dios falso, crees, di: as el Duque no está aquí, ma si todo fue sueño vano? Pero no, que él me decía, que disfrazado ha venido, y esto tan posible ha sido, que el verle verdad sería. En el jardín no parece, que será dejarme así, y el ausentarse de mí, cuando un falso Dios me ofrece. Sin duda el Duque es Gentil, y engaños Luzbel le miente con esa sombra aparente, que corrió el aire sutil. Esto es sin duda, y pues veo tal culpa en él, mi belleza no ha de infamar la pureza, que a Dios consagrar deseo. Mas de dudas un tropel mi pensamiento ha cercado, pues mi padre está empeñado a que me case con él. Y así, Cielos, en tal calma, cómo dejaré mejor sin triunfo, y palma este amor? Dando a Cristo triunfo, y palma Con asombro nunca visto, el Cielo canta la idea; que lo que pregunto sea, triunfo, y palma dando a Cristo. Mas, Cielo, quien con tu gracia tal trofeo puede darle, que a Cristo llegue a ensalzarle? Quién la ensasce sea Engracia. Qué he escuchado, Cielo santo! mi nombre en ti llego a oír, Engracia puede servir a diós en trofeo tanto? Engracia, humilde mujer, triunfo, y palma le ha de dar? Engracia le ha de ensalzar? Pues, Cielo, cómo ha de ser? que de entenderlo no acaba la confusión que padezco, porque yo solo me ofrezco a ser del Señor esclava alto honor, como el triunfo me ha de dar, si nunca pudo ensalzar la humilde esclava al Señor? (. 1. Si puede, pues de su dueño indicio es la S, y clavo. 2. Si puede, pues el esclavo es del Señor un diseño. 1. El clavo dice en la frente, que aspire a servir feliz. 2. La ese en la frente dice, que el Señor esté en su mente. 1. El clavo exenta al desvío, presa libertad indica. 2. La ese al que sirve explica, que es del Señor su albedrío. 1. Y pues quieres ser esclava:: 2. Y al Señor por dueño quieres:: 1. Por dichosa entre mujeres: 2. Diga el Cielo, que te alaba. 4. Dando a Cristo triunfo, y palma, quien le ensalce sea Engracia. 1. Este elogió soberano, Engracia que te nombró, de una blasfemia nació en la boca de Daciano. 2. Con misterio jamás visto, que hoy tu discurso no alcanza, formó el Cielo tu alabanza del que fue agravio de Cristo. Paraninfos Celestiales, que por divina virtud; me ofrecéis la esclavitud en dos doradas señales, ya con más deseo mío, al Señor Omnipotente dédico el clavo a la frente, y la ese al albedrío. 1. Dios admite la promesa, y el clavo, que en roja luz. su diestra esmaltó en la Cruz de tu frente será empresa. 2. Y es la ese en triunfo tanto señal de que esclava fueses, T con tres es nido el (lo canta Santo, Santo, Santo. Constante fía de que María te ha de ayudar, de quien es trono un Pilar, que es Columna de la Fe. 1. También en su Imagen fía, que otro tiempo ha de nombrar de las masas, cuyo Altar te descubro en profecia. Ese tu nombre ha de ser, por las masas conjeladas, de las cenizas sagradas de Martires, que han de arder. 2. Nunca del amor profano, creas engaños fingidos:: 1. Solo adoren tus sentidos al puro Amor Soberano. 2. Y pues tu timbre mayor será el que la frente agrava:: 1. Y pues dudas si la esclava puede ensalzar al Señor:: . 1. Si puede, pues de su dueño indicio es la ese, y clavo. 2. Si puede, pues el esclavo es del Señor un diseño. 1. El clavo dice en la frente, que aspira a servir felice. 2. La ese en la frente dice, que el Señor esté en su mente. 1. El clavo esenta al desvió, presa libertad indica. 2. La ese al que sirve explica, que es del Señor su albedrío. 1. Y pues quieres ser esclava::: 2. Y al Señor por dueño quieres:: 1. Por dichosa entre mujeres: 2. Diga el Cielo, que te alaba. 4. Dando a Cristo triunfo, y palma, quien le ensalce sea Engracia. Cielo a tan alto favor no tengo que responder, sino confirmarme en ser una esclava del Señor. Y pues ya sé que Daciano le injurio, y que misterioso nació mi aplauso glorioso de la boca del tirano su de del Señor que reina inmenso, ensalzar su nombre pienso, aunque me cueste el martirio. Holallá mi ejemplo fue, María me ha de ayudar en su Imagen del Pilar, y también lo espero yo; pues hoy el profano amor despreciando tengo de ir, y si importare morir por el que es Divino Autor, sabré entregarme al tormento, sabré en aquestos vergeles sembrar los rojos claveles, que cantaba el rudo acento; sabré el padecer, sufrillo, sabré esperar muerte fiera, sabré entregarme a una hoguera, sabré ofrecerme a un cuchillo, sabré dar miedo a Luzbel, sabré al Empireo dar glorias, sabré a la Fe dar victorias, sabré a Dios dar un laurel, porque así en empresa tanta, sabrando el timbre a tormentos, mi sangre en rudos acentos diga como el Cielo canta: , . Dando a Cristo triunfo, y palma, quien le ensalce sea Engracia. SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Felix, pues en el contorno de esta Quinta, en quien el Mayo sabe transformar matices, los que son del alba llantos, tiene dispuesta la casa aquesta tarde Daciano, aquí le hemos de esperar, para que cumplimentado de nuestras personas, nunca se nos embarace el paso al Rosellón, si en el Duque tólera lo enamorado el tiempo que se detiene otivo juzgo, que su corazón instando está para que se quede, y aún a mí, pues que no alcanzo, qué placer tan temeroso, o qué placentero espanto el pecho recibe, si oigo el nombre de este tirano. ̱. . Hacia el bosque va, monteros. ̱. Indomable bruto, aguarda, no de una vida al estrago facilite tu carrera. Dadme, Cielos, vuestro amparo. ̱. Espera, que desde aquí uracán precipitado un caballo se divisa, a cuyo dueño el amago del precipicio que espera, la vida le va quitando. ̱. Por acá, ataja. . A la falda. Por el monte. En el collado. Y estas voces nos previenen de que ya llega Daciano, que aún las fieras no se libran de la crueldad de su brazo. Qué espera nuestro valor, que a socorrer el fracaso no acude de aquella ruina? a su peligro acudamos. Para qué, si ya más cerca le defenderán mis brazos. Válgame el Cielo! . Prodigio del más hermoso milagro de los extremos de Amor, ya de tu vida el reparo fue mi valor, aunque el susto de tanta hermosura avaro, te la usurpe, porque pueda hacer dichoso al desmayo. Espera, violento aborto del Boreas más irritado. En su seguimiento vienen. Pues yo en la Quinta me encargo, entre tanto que seacercan a hacer que vuelvan sus rayos, si no a herir con más violencia, a lucir más abrasados. Decidme, amigo, por donde de un desbocado caballo la fuga:: pero qué miro! no es Lupercio? Cielo santo, el Duque de Rosellón no es este? a tus pies postrado está un afecto, señor, de este placer tan extraño, que duda venga tal dicha de una desdicha en las manos. Alzad, Lupercio, y mi amor solo os reciba en los brazos, que no es premio, si no deuda, pues lo que te debo pago. Veamos, si es que la ficción . de ser yo el Duque le añado, que la Idolatria logre introducirse en el trato con Engracia, si a su hechizo domésticamente blando se reviste, cuando vea, que contrastó su constancia al riguroso vaibén de celos, amor, y engaño. Pues qué accidente, señor, cuando ya en tu busca vamos, a Zaragoza te trae? Cuando, Lupercio, en el tardo perezoso pie que mueve el tiempo, el amor descanso tuvo? y qué extrañeza es, que a mi noticia llegando, que Engracia está en Zaragoza, venga mi centro buscando? Yo no extraño que vengáis, sino es el ser con tan raro suceso, como venir, de aquel cometa animado, siguiendo el alcance, a fin de libertarle el estrago, aquella hermosura. Ni eso habrá razón de extrañarlo, pues ha sido el socorrerla obligación de mi estado, bien que yo también ignoro quien sea, y como ha llegado on tanto peligro aque en ve mi astucia que es falso, pero conviene el silencio para lograr el engaño. Ya, Lupercio, recobrada la hermosura del desmayo ahora queda con Engracia. Mas con quién estáis hablando? Llegad, Felix, que es el Duque. Y quien previene en sus brazos ya la fortuna de veros. Feliz quien esto ha logrado. Pues señor, vamos, y a Engracia se le participe tanto placer. Pues a qué esperáis? ven, Lupercio, Señor, vamos. Astucia, si no consigues vencer a Engracia, no aguardo. en otra mejor el triunfo, para que sirva de pasmo a tanta impura osadía, con quien rebelde batallo. Prosigue, bella Sirene, pues de tu nombre informado. mi oído, y tu calidad, el horroroso fracaso del precipicio no has dicho. Escucha, que ya mi labio, con el hechizo que alienta el espíritu que inflamo, de tu cariño movido, y rendido de tu halago, te satisfará, si bien causa precede a este rato; con que la voz lo recata, que en amorosos cuidados. no hay quien se aliente a decirlos, si no hay piedad de escucharlos. Yace tres millas del sitio, en que vives alegrando cuantos pimpollos floridos. matiza el Abril a rasgos, una dichosa alquería, en cuyos rústicos cuadros quiso el Sol, al florecer la hermosura de sus campos, ya en la rubia mies que dora; ya en la vid, que abulta a granos, ir a entender, que el cultivo te an puede producir los frutos, con que del arte ayudade, para su sazón, habita en doce signos el año. En su dístrito vivía, libre de aquel embarazo, que al Aseo martiriza, el desvelo cortesano, ya cuidando del esquimo de tanto hermoso ganado, como en la margen del Ebro, en cuadrillas divulgado, en un sentido confunde las dos acciones del pasto, pues enredando la grama, en los cristales sus brazos, duda el perspicaz instinto, cuando se aplica a gustarlos, si los aljófares pace, o si se bebe los ramos; ya disponiendo que el vulgo de los rústicos criados en la labor se repartan, en donde del corvo arado. ya cincelada la tierra, o burilado el peñasco, forman relieves, que solo los dibujará el acaso: Cuando al caminar Apolo a enjugar el Alba el llanto, apresurando las ruedas. de su flamigero carro, llegó un bizarro mancebo, que de la posta cansado, (no sé si la causa acierto de su fatiga, pues hallo, que quien ansioso camina en alas de su cuidado, aún más que tanta carrera, es su deseo el cansancio) me suplicó, que en la Quinta le permitiese el descanso, para que adquiriendo fuerzas de nuevo lo desvelado, se dudase si fue sueño; o fue realidad lo tardo: Yo que advertí en un sujeto etremos encontr afable, g sentendido, y cortesano, Sajo supe hacer resistencia para entrar lo enamorado, spues cuando lidian afectos sen desigualdad de campos, presto se consigue el triunfo; y así: mi ruina no extraño, que era mi entereza una, y eran sus méritos tantos. nupe, pues, que a Zaragoza, de una hermosura prendado, viba, para que sus ojos supurasen rayo a rayo y la nieve de lo encendido, (o el incendio de lo helado. Si ya mi amor te conté, si tantas prendas alabo, lmira con celos, cual pudo tener mi pecho descanso; y así, uracán de mí misma para seguirle me allano, con el pretexto de ver unos parientes ancianos, que aquí tengo; en el camino le me desboca el caballo, (no lo juzgues extrañeza, yque antes muy propio lo hallo, pues animando su dueño tanto volcán irritado, es natural que su fuego, en átomos delicado, llegasen adonde el bruto aún no pudiese exaltarlos: Que los tuyos me socorren, que yo vuelvo del desmayo, ya lo sabes, con que solo me falta en abismo tanto, o que viva de mi amor, o muera de mi cuidado. Cuando de esos accidentes no enferma amor que es profano? Oh amor perfecto, y divino! quien con afecto abrasado fuera feliz mariposa de incendio tan soberano! Y dime, quien fue el sujeto que encareces? y ha logrado, sobre tantas prendas proprias, de tus ojos el agrado? El Duque de Rosellón::: ea, cautela, finjamos. Válgame el Cielo! qué escucho! pues si en el jardín ha estado conmigo, como me dice que hoy llegó? si no me engaño, ilusión fue del sentido: con que merece el aplauso de exageraciones tantas el Duque? Y aún fue mi labio instrumento en quien no pudo quedar bien exagerado. Confusa imaginación, que me propones, si en tanto, que aspiras a ser memoria, a ser mérito te ensalzo. Pues consigo mismo lidia, y ya a ofrecerse a Daciano Felix, y Lupercio fueron a instancias mías, volvamos a verter todo el veneno, con la que turba mi encanto. Feliz quien amante supo, desgraciadamente ufano, besar humilde las flores, que reverdece el contacto de vuestro pie. No se da por entendido; ya alcanzo, que aquello fue debaneo: Vos seáis muy bien llegado, para que padezca yo. Aún no merezco un agrado. Qué es esto, Engracia, que pudo en tu hermoso Cielo claro hacer que mezcle el disgusto los disfraces del recato? Mira cuan airoso junta con aquel rendido halago, que se despique quejolo, sin que se desdore ufano. Aquí de todo mi aliento, que no sé qué nuevo encanto esta mujer introduce, que el sentido al tolerarlo, mas teme estás alabanzas, de adu el amoroso a ra Si cuando vi tu hermosura en un diseño abreviado, bien que no pudo por grande comprenderla un corto espacio, víctima pequeña el alma ardió, crecido holocausto, al verla en su original: qué afecto habrá tan ingrato, que no se rinda gustoso, si en la esperanza fundado de ser tuyo, el rendimiento le adquiere el triunfo doblado? Quién ama con esperanza, aún no la cumbre ha tocado de las finezas de amor, pues es extremo más alto el amor por solo amar, y por merecerlo tanto el dueño a quien se dirige, sin que discurra obligarlo. Esperad, que no tólera mi le tan necios aplausos de una vana ceguedad, cuya ilusión ha logrado tener en cada rendido las opresiones de esclavo. Pues si plática de amor, señora, os disgusta tanto, ya no tendrán mis finezas otro recurso que el trato, que hecho tiene vuestro padre, y en vuestra obediencia aguardo la ejecución, pues no creo, que virtud de valor tanto se deje de hallar en vos. Si deja, pues si a ella falto, es porque en otra consigo merecimiento más alto. Señora, no obedezcáis, pues no obedeciendo, gano un amor, que ya fallece, porque se ve desgraciado. Obedeced, pues han sido de la obediencia los lauros tantos cuantos actos forma quien se humilla a ejecutarlos. No han sido, si el acto, que es de la obediencia contrario, es más perfeccón, y aspira a más merecer lo humano. No obedezcáis, pues consigo, que el incendio en que me al al aura leve se temple de la esperanza que alcanzo, pues él habrá de ser mío, si no gana vuestra mano. Obedeced, pues no ignora vuestro ingenio soberano, que es aquel que ha obedecido quien más ha sacrificado. Válgame el poder del Cielo! con que lisonjero encanto vuestras voces se componen, pues sus ecos escuchados, son lisonja en el principio, y son en el fin letargo! Ea, espíritus soberbios, que hacéis de mi mente caos, aquí, aquí de vuestra astucia, no pierda el triunfo que aguardo. No desconfíes, afecto impuramente obstinado, pues eres volcán, que aborta la oscuridad de baratro. Pues la obligación cumplin de ir a ofrecer a Daciano nuestra obediencia, si bien tanto se niega al despacho, que nadie le ve, otra vez a ver al Duque volvamos, aunque de ver a ese fiero azote de los Cristianos, no sé qué el alma recela, pues de su temor reparo, que si anuncio le venera, le teme como presagio. Lo mismo me pasa a mí; pero aquí los tres hablando están, y Engracia juzgo, que más allá de admirados están todos los sentidos. . Allí miro recatados . Lupercio, y Felij, y creo, que para el ardid que trazo me conviene su asistencia; pues si prevarican ambos, m as los tri repetidos los estragos: Para qué veas, Engracia, que cuando más te idolatro, si prevenirme mi dicha de una ignorancia te saco, ctestigos son insensibles esos árboles copados, que narcisos de esa fuente, de su hermosura prendados, parleramente esmudecen cuando se eclipsan callando: que es tan justa, y reverente la pasión con que te amo, que si es concederla deuda, ha de ser negarla agravio, sin que dudes que el amor en portentosos milagros acredite mis finezas, y publique mis halagos: Decid, árboles, si yo, cuando la idólatro así, podré merecerla? 4 . Sí. Y habrá de dejarme? 4. No. Y qué mi afecto asegura? 4. Ventura. Y en qué dure su memoria? 4 Gloria. Luego alcanzo en su rigor? 4 Favor. Pues persevere mi amor, por más que un desdén alcanza, si me anuncia mi esperanza. , 4. Ventura, gloria, y favor. Qué declara su deidad? 4. Piedad. Y qué a su culto consagro? 4 Milagro. Luego es mi triunfo mayor? 4. Su honor. Cese ya tanto rigor con un amante rendido, si es la deidad de Cupido, Piedad, Milagro, y Honor. Cese, divina Zígala, . tan injusta sin razón, que si amor premia constancias, también piedades premió. , 4. Que el arco, la cuerda, el cárcaj y arpón, son dulces despojos de un bello rigor. Cese la injusta entereza con que tu pecho fraguó, que por vencer un milagro, milagros hiciese amor. , 4. Que el arco, la cuerda, Félix, qué encanto es aqueste? Qué puedo decir, si no que siendo Gentil el Duque de este hechizo se valió? Y si no, considera . la flor, que enamorada contempla la carrera con que Apolo ilumina su jornada: mira en la hermosa fuente, que las flores le roban su corriente, repara como el Céfiro alagüeño, sigue en el aura su constante dueño, ve como lucen bellas, si se enamoran cándidas estrellas, luego admiten de amor el fino anhelo el Céfiro, la Tierra, el Agua, y Cielo. Descurdado el Ruy señor, corre la luciente esfera, no sabe lo que es amor, que si su voz lo supiera, nunca trinara su voz. Pero enamorado, luego llora, y con sonoro canto en los gorjeos del llanto halla alivio su dolor. Descuidado el Ruy señor, Qué es esto, inmenso poder! qué es esto, inefable Dios! si ya tu esclava me hiciste, con tan inmenso favor, como permites padezca tan rigorosas opresión? Oh, pese a todo el Imperio en que dómina Astaror! socorro pides al Cielo, cuando portentos formó, para derribar tu fe la astucia de mi ambición? Desvanezca tu poder. . el hechizo, en que se vio correr confusa tormenta la nave de la razón. 2. . Ya Engracia, el Cielo te ampara, y al eco de nuestra voz, el abismo llevará lo que el abismo formó. Venciste, singracia, venciste. . Porque rabie mi furor en el eterno pesar de mi desesperación. Qué pasmo, Felix! qué asombro! Lupercio, qué confusión! Sobéranos Paraninfos de aquella hermosa mansión, donde triplicáis elogios al inmenso Sabaor, cuando tan alta merced mi humildad la mereció? 1. Cuando exhalado el suspiro de tu ansiosa exclamación, supo penetrar las puertas de la Celestial Sion. Ángeles son los que miro. Y los que ve mi atención. 2. Cuando la luz de la Fe constante reberberó, sin que sombras perturbasen su cándido resplandor. Sagradas inteligencias del Alcázar superior. Gracáis os doy por el triunfo, que vuestra mano alcanzó: Cuya victoria celebro dentro de mi corazón. 1. Felix, Lupercio, no acaso, que asistieseis permitió la divina providencia, porque con este favor esperéis con más constancia coronaro de Mártires, pues Daciano, en Engracia, y en los dos, y en todos los compañeros, que guarda aquesta mansión, el cuchillo esgrimirá de su tirano furor; Pues qué más dichosa suerte? pues qué fortuna mayor, que en las Aras de la Fe lucir sangrienta obsición? Disponga ese horrible monstruo- cuantos tormentos fraguó el insaciable apetito de su tirano rigor, que yo seré en la defensa del Católico blasón, roca, que no la contrasten olas de tribulación: la primera en el destrozo del Tirano, he de ser yo, porque cada gota sea del rojo purpureo humor, fijo esmalte a los cimientos, que labre la Religión. También decimos lo mismo, que en nuestros pechos se halló constancia para el martirio. 2. El Cielo vuestro fervor admite, y quiere que sea contra la impura canción, que dictó espíritu altivo, trocando el sentido hoy quien os anime el elogío de vuestra fe, y el amor, que en el martirio asegura vuestra eterna salvación. 1. No cese de vuestra fe el católico tesón, que siempré el amor divino tales constancias premió. 2. No cesen, no, de exhalar. en el sangriento fervor fragrancias las bellas rosas, que el martirio matizó. . Que el arco, la cuerda, el cárcaj, y arpón, aseguran dichas por aquel rige Ya de la celeste esfera, ocupando la región, de nuestra vista se ocultan. Félix, quién esto escuchó? Ea, amados compañeros, ilústrese el corazón del celo que participa tan soberano favor, ni el cuchillo nos asuste, ni nos ocupe el temor. El que por la Fe pelea a vista de su valor, aún cuando falta la vida, la victoria aseguró. Pues lidie el abismo, lidie, que ya sabe el corazón, que armándose de constancia, ha de quedar vencedor, porque el abismo fallezca a pesar de su rencor. Viva por siglos la Fe del que es Uno, y Trino Dios. Así en fruta como en flor, Menga, está bello el vergel. Después que Engracia anda en él, se nos luce la labor. Que así una mujer intenta vencerme, cuando yo lucho con tal poder! Mas qué mucho, si su nombre me atormenta? mas yo anuncio el vencimiento? Sentémonos a almorzar. Vaya, que estoy de cabar, que me comeré un Convento. Mi furia verán después. Mal huele aquí. . A Bercebú. Sin duda, Menga, que tú has resollado al revés. Tus malicias son molestas: que tal hiciese presumes? Aún en el soltar las plumas, también tienes tijeretas? Nunca tal de mí has sabido, deja tan tercos pesares. Lo de dares, y tomares, lo tienes bien aprendido. Este olor es infernal, no es de personas humanas. Será el de tus almorranas, porque ello huele muy mal. No he de almorzar, pues me enojas, y la cesta te he de dar. Venga, que yo he de almorzar mientras tú te desenojas. Toma, que hay va una cazuela de pajáritos guisados con su agito sazonados. Qué, no huelen a canela? Qué málica. . Etnas respiro. Cesta, y todo he de zampar. Mi magia le ha de burlar. Destapo en fin mas qué miro! los pájaros, qué portento! como vuelan. Ay qué espanto! Nunca ellos volaran tanto, si detuvieras el viento. Esas son malicias vanas; cuando los viste pelar? No me tengo de admirar, si tú les prestas las alas? Aún hay bota, y dos molletes. Sóplala como es usado, y no eches a lo soplado algunos medios luquetes. Toma, y bebe. . En tal derrota sean consuelo tragos dos: mas qué es esto! juro años, que también vuela la bota. Aquí hay hechizo en tal calma. Tente, dulce filomena, aguarda, hermosa morena, que tras ti se me va el alma. Estos son dos testimonios de que aquí hay algún encanto. Quién te metió en soplar tanto, mujer de dos mil demonios? Con mi paciencia has jugado, pues me la barajas luego. No hay tal, que antes en el juego tú la dama me has soplado. Sí, yo soplé con tal celo, que en un vuelo la dejé. Ese mi tormento fue, que la soplaste en un vuelo. Hice con mucha advertencia la apariencia de soplar. Pues eso me hace rabiar de tu soplo la apariencia. Cizanas sembraré aquí; por desquite en mis enojos. Qué así ausentes de mis ojos a quien quiero más que a ti! Mátela tu indignación. Qué la mate pensamiento? dices bien, matarla intento: mujer, pide confección. Esposo, por que mohíno me matas con tanta nota? Porque soplaste la bota de quien soy amante fino. Por que a tu Esposa, que te ama, dar la muerte has de querer? Porque aunque eres mi mujer, antes que todo es mi dama. No hay elemencia? . Está remota de mi pecho: hoy morirás. Pues viudo, y sin mujer, qué harás? Llorar hasta hallar la bota. Acábala de mater. . Esto ha de ser. Piedad, Bato. Adiós, mujer, que te mato. Por la Virgen del Pilar. Este nombre, incendio arrojo, a huir cobarde me obliga, sin que en estos dos consiga vengar mi furia su enojo; mas ya que por mi desgracia me estorba el Cielo ultrajar su inocencia a mi pesar, iré a perseguir a Engracia. . Al nombrar tú se devota la del Pilar, al desgaire se quedó el brazo en el aire como el almuerzo, y la bota: Yo te perdono, mujer, mi enojo llegó a cesar, rgen del I lo puedes agradecer. Si se lo agradezco, Bato, pues me libró en tal conflito. Si te tardas un poquito, o te deguello, o te mato. Ven, y de aquese pesar deja el impulso constante, y otro almuerzo en un instante te guisaré. . Sin soplar. Con eso de susto tanto cesará tu desasino. Y en la viudez de aquel vino, nunca cesará mi llanto: Ven bota tan escondida, que yo no te llegue a ver, porque el placer del beber me habrá de quitar la vida. Reparo que en esa glosa descubres la mala treta con que has dado en ser Poeta. Pues el reparo no es cosa, que en serlo no me señalo, pues si mis versos condeno, son muy malos para bueno, y muy buenos para malo. Ya, Engracia, que quiso el Cielo, movido a las instancias de tu anhelo, que viese yo en el pasmo de esto día que la Fe trocó el Duque a Idolatria, prevenirte me toca, aunque es ocioso, que el tratado cese de ser tu esposo. Primero, amado tío, que rindiese la fe de mi albedrío, a tan injusto empeño, como hacer que conozca yo por dueñ al que ciego en sí mismo los imperios conoce del abismo, cuando faltara a mi opresión tormento la vida respirara en cada aliento. Yo por dueño a un tirano, que rendido al poder de Diocleciano, con varias ilusiones perturbar intentó los corazones de los que somos en la Fo diamantes! Por ella moriremos muy contentos porque si hoy del Cielo hemos lograd er que en el martirio figurado, no tan solo dichosos los tres seremos, pero qué gozosos todos cuantos te siguen en tal calma, del martirio tendrán la augusta palma; qué haremos en morir, aunque en la heri- (da cada golpe cortase nueva vida? ̱.. Qué dia tan felice! o, llegue, pues, la hora en que matice, cuando tal regocijo me acompaña! y ya que en este anhelo mi corazón inflama todo el Cielo, dejad que a solas mi valor se explique, y con Dios este triunfo comunique, y mostrad el valor que profesamos. 2.. A morir por la Fe pronptos estamos. A la lid. . A la lucha. A la victoria. Y de todo resulte a Dios la gloria. Ya, Señor, que en las dudas de esta calma a solas puede hablar contigo el alma, como puediera, cuando llego a amarte, de tantos beneficios gracias darte? En dos batallas, con inmensa gloria, supo tu mano darme la victoria, en cuya acción de tus piedades llena, me libraste, Señor, de la Sirena, que con mañoso encanto fueron sus voces más horrible llanto. Oh immenso Dios! a quien mi amor alaba, tan divinos favores a una esclava? Mas suspenso el discurso, y alentado, de los propios sentidos fatigado, se rinde al sueño, porque en sus despojos el alma se adormezca entre los ojos. Engracia duerme, cuando yo más velo. Dormida Engracia, atiende mi desvelo. Mas también viene aquí la Idolatria. M. También el Gentilismo la atendía. Espíritu cobarde, a qué has venido, si a Engracia con ardides no has vencido, cuando a tu lauro empresa tal fiaste? Y di, con tu ficción de qué triunfaste? Dices bien; y pues todo fue desgracia, intento ahora, mientras duerme Engracia, que tú su misma forma aquí fingiendo, Duque prosiguiendo, la pintemos allá en su fantasía de las bodas con él festivo el día, (no, porque cuando despierte en triunfo va- crea que el Duque consiguió su mano, y que acudiendo aplauso tan debido, lo bizarro juntó con lo entendido: Para este fin, en quien mi ardid es lazo, una anagrama de su nombre trazo glosarle a su beldad mi ardid previene, porque cuando florezca allá en el Cielo, sea despojo de mi acá en el suelo. Ya en eso tardas. . Un sarao sea donde el nupcial aplauso en sueños vea. Espíritus te ayuden al trofeo. (neo, Finjamos, pues, antorchas de Hime- y el anagrama glose la armonía, repitiendo en sonora fantasía: HICE GRANA Yo, que soy en los jardines Rosa ufana, la nieve de los jazmines hice grana. Yo en saraos? mi voz miente. Ya su Imagen en ti propia el sueño la represente. Fue acierto fingir su copia. Prosigo, pues, el encanto: Bella Engracia, tu hermosura celebro en sonoro canto, diciendo acorde dulzura: Yo, que soy en los jardines Rosa ufana, la nieve de los jazmines hice grana. El Duque, y yo? vana idéa. Daré al sueño::: mas mentiras, . pues tu amor me lisonjea, no cese el eco en las lides. Yo, que soy en los jardines Rosa ufana, la nieve de los hiceg 3. Yo, yo casarme? qué pena! El engaño sea mayor: de mi mano la azucena corone tu fino amor. Tu rostro al darme la mano te sonrosea en carmines. 2. . Yo, que soy de los jardines Rosa ufana, la nieve de los jazmines hice grana. Ay de mí! que en pena rara el Cielo me hurtó las voces. Si siempre en la lid le ampara, huyamos de aquí veloces. Ah designios mal logrados! De aquí el Cielo nos destierra. Pues vamos, diciendo airados: 2. Guerra contra el Cielo, guerra. Yo Esposa, si no es de Cristo? miento, miento; mas qué es esto? dónde estoy? qué es lo que he visto? sueño fue, pesar molesto, pues pintó la fantasía mi nupcial festiva llama, cantando alegre armonía lisonja de un anagrama. Y ya que un susto me cueste . tan fantástico delirio, Cielos! qué anagrama es este, que ha sonado en el Empireo? Para que en todo me asombre, yo sueño aquí en sombra vana, y así, di, lo que en mi nombre quiere decir: HICEGRANA? as HICEAA, 1. Un rojo padecer. 2. Un purpúreo penar. Un rubio flo 2. Un sangriento brillar. 1. Y así, por tan altos fines: 2. En cadencia no profana:: 1. Por ti cantan Serafines:? 2. En Música soberana: Yo, que soy en los jardines. Rosa ufana, la nieve de los jazmines hice grana. 1. Tu anagrama floreció, Engracia, ardid malicioso, pero el Cielo le cantó para otro fin misterioso. 2. Mira a Dios, pues él te dice, con cada espina inclemente, Rosa soy, y grana hice los jazmines de mi frente. 1. Hice grana el amor tuyo también dice, y siendo Rosa, como en Dios el jazmín suyo teñirá la frente hermosa. Jesus bello, Amor divino, miente el soñado Himeneo, porque yo solo examino ser tu Esposa. Ese deseo, con sacrificio amorose que ya lo eres apoya, y en se de que soy tu Esposo, recibe, Engracia, esa joya. Recibo el Clavo obediente, que tu mano ensangrentaba, y yo le pondré en mi frente, pues ya sabes soy tu esclava. 1. De ese Clavo tan precioso fue sombra el otro dorado. 2. Y tu anagrama glorioso, que ya te queda explicado. 1. Para florida diadema le guarda el Cielo felice. 2. Y de tu nombre el emblema oye otra vez lo que dice. 1. Un rojo padecer. (e 2. Un purpúreo penar. 1. Un rubio florecer. 2. Un sangriento brillar. Y así por tan altos fines:: 2. En cadencia no profana: 1. Por ti cantan Serafines:: 2. Con Música soberana:: Yo, que soy en los jardines Rosa ufana, la nieve de los jazmines hice grana. Señor, un dulce contento, que solo a ti fue notorio, celebra en mi pensamiento este feliz desposorio. Y así con dulce prisión dice el Clavo en clara luz, que de esta amorosa unión es el tálamo la Cruz. Venga el rojo padecer, venga el purpúreo penar, venga el rubio florecer, venga el sangriento brillar: Y si en la cifra gloriosa de mi nombre preeminente, he de imitarte en ser Rosa, con espinas de tu frente, bañen la mía carmines, porque en la eterna mañana cante con tus Serafines en música soberana: , . Yo que soy en los jardines Rosa ufana, la nieve de los jazmines hice grana. ERA JORNADA

JORNADA TERCERA

Ya con tanto portento, casi dudo de Engracia el vencimiento, pues a cada ficción, cada experiencia, del Cielo se me opone sutil ciencia. ̱. Bien lo temió al principio mi recelo, cuando en ecos su aplauso formó el Cielo de las voces blasfemas del Tirano. Contra mí fue también hasta Daciano. ̱. No desaliente, pues, nuestra desgracia, mis ardides sabrán vencer a Engracia. Qué ardides, si la industria no ha bastado de fingirme yo el Duque enamorado, ni el que tú, porque crezcan sus desvelos, avivases la llama de los celos? Dejando la ficción de sus amores, sea el modo triunfar con los rigores: sea también Daciano el instrumento, pues la puede rendir con el tormento. Dices bien, que aunque fuerte llego a verla, es mujer, y el temor podrá vencerla. Pero Bato hacia aquí con Menga viene, y mi enojo vengarse en él previene, pues suspendió el rigor, porque me asombre, cuando oyó de María el dulce nombre: Con permisión del Cielo en Menga in- tento, que sufra de un espíritu el tormento, su cuerpo ya posee, en que así trato, que ella nos venga persiguiendo a Bato. Y ya los dos están desapacibles: aquí llegan, estemos invisibles. Mujer de Barrabás, qué es lo que tienes? La lengua he de sacarte por las sienes. Ausentémonos, que ser podía, como otra vez nombrase aquí a María. Venza Daciano, y viva. Aqueso mismo repite mi furor. Triunfe el Abismo. Harete araños mil con cada uña. Eres, di, mi mujer, o eres garduña? Soy basilisco, y sierpe verdinegra. Pues no eres mi mujer, si no mi suegra. Comerete los higados con sañas. No hagas eso, mujer de mis entrañas. Ahora he de vengarme, aunque he callado de unos tiranos celos, que me has dado con Bárbara la tuerta, hortelana también de la otra huerta. Quién diablos te lo ha dicho? caso es- traño! mujer, eso es verdad, pero es tu engaño. Bien lo sé, no se engañan mis des- velos, pues por Bárbara soy, y por mis celos, un Escolar, que llaman Carguiptón, Bárbara Celarem, clarís, ferio, baralipión. De qué celos me hablas, Moriscorun? Celantes, dábitis, fapismo, friese- morum. Qué voces estas son? Secundum Tacitúm, hac est voj significativa ad placitum. Qué algarabía es esta que me enseñas? que parece que en ti hablan mil dueñas. Bien lo explica un Autor llamado Germinís, diciendo: Ergo blictirí non estterminís. Dime, pues, que no es fácil lo adivine, qué lengua es esta? Sintajís Gracé latiné. Latín hablas? y en verso no ajustado? sin duda está el cuerpo endemoniado, y los diablos saldrán por el cogote, pues hallo aquí el conjuro en el garrote. No saldrá este demonio, aunque me arrastres. Saldrá, aunque los demonios fueran sastres. Tú te treves conmigo? Esto va malo. Suelta, suelta. Qué furia! . Suelta el palo, que no basta, por más que el brazo tuerzas. Contra diablo, y mujer, quien tendrá fuerzas? Ahora sabrás tú, cuando hay rencillas, lo que me duele un palo en las costillas. Mira, que aunque tal vez te haya dolido, qun garrote es requiebro de un marido. De esos requiebros, toma. . Ay. Tota, toma. . Ay. Qué te quejas? Ay, que me desloma. Qué es aquesto? Quién da voces? Qué ha habido? Mi rabia muera. Sin duda, que este diablo alguna tía bemeja. Vino Engracia, y a su vista el Infierno todo tiembla. Qué es esto, Bato? Un demonio, que en el cuerpo tiene Menga, y al con juro de un garrote no he podido echarle, fuera. Es así, el Cielo me inspira, que el maligno ha entrado en ella, y he de librarla en su nombre. Que esto mi rabia consienta, a vista de esta enemiga! mi espíritu rayos echa. Cómunero del Abismo, que a esta mujer atormentas, en nombre de Dios te mando, que la dejes. Quita, necia. . . Vete de aquí Aparta, aparta. Solo de decirle queda, que entra el valeroso Muza, a este Zancarrón de Meca. Ay de mis pobres costillas, que me las hizo una breva. Qué furor! ya te obedezco, Engracia, déjame, deja, que tu voz me hiere más: Ya voy a vivir en esas hogueras, donde abrasada penaré en llamas eternas. Qué milagro! . Qué portento! Si murió, mi dicha es cierta. Dios ha vencido, y tu Bato, en la aflicción te consuela. Digo, que yo soy contento, si el diablo se llevó a Menga, y la ofrezco un grande entierro, que es la última fineza en que no siente un marido gastar en hiries, ni en cera. No será más que desmayo, y ruego a Dios, que de él vuelva. No le ruegues tal, Engracia, y ya que la dicha es media, déjame ser medio viudo de una mujer medio muerta. Ya respira. Triste ansia! Finjo, que lloro si alienta, porque lave bien mi ropa para los días de fiesta. Menga, levanta. . Levanta, que me has tenido con pena, egando que te habías Mira estas lágrimas puercas, que de tiernas, y de finas, o parecen que están tiernas. y, mi querida, ay, le suspiros que me cuestas! g. No juzgue que me queráis. ̱. Cómo no? si te murieras, fuera ejemplo de maridos en llorar mujeres muertas. Malos anos para ti, y el alma que te creyera. ̱. Prueba tú a morirte, que no faltará mi propuesta. Al Cielo rinde las gracias, que libre tu cuerpo deja de ese espíritu maligno. Qué haremos, si en fin se queda mi mujer cómo solía? Porque no hay bruto que pueda e estar con este salvaje. Cuidado, que aquel pateta ya no habla en ti. ̱. Dejen eso, y vuelvan a su taréa, porque a Lupercio, y a Felix iblar quiero. Norabuena, y no refunfuñes entre dientes como vieja, que sin duda, que el demonio le abrió a tu boca puerta en el almuerzo pasado. ̱. Qué des en aqueste tema? a. Sí, pues soplaste la bota, y a los pájaros con ella. ̱. Aunque eso dice, me quiere. Como un gran dolor de muelas. 1. Supuesto, Engracia querida, e ya de esa horrible fiera, y su opresión, Menga libre ha quedado, a Dios te queda, que es fuerza ver a Daciano, aunque el ir allá me fuerza el rigor de sus crueldades, lo que en mí es fiel obediencia. Adiós, Padre, que este nombre cariño es bien te deba desde mi niñez, y firme, como roca contrapuesta a los váibenes, guardad la Religión verdadera de la Católica Fe, como escudo a la clemencia de embates, y de rigores, sirviendo de resistencia la constancia, pues no hay duda, que preparados con ella, salvaréis en los peligros del escollo la tormenta. De esa cruel invasión, que amenazando cruenta nuestras inocentes vidas, está, a los Cielos pluguiera, que antes de ver su crueldad, bella Engracia, yo muriera, por no mirar ultrajada nuestra militante Iglesia, ni de su regio esplendor profanada la impureza. A Vos, Félix, deudo mío, mi Fe lo mismo encomienda. Primero hecho mil pedazos, daré en víctima sangrienta sacrificada mi vida, por holocausto, y ofrenda a Cristo, mi bien, que siempre es el que en el pecho reina, que admitir a objeción suya la más inútil pavesa. No llores, Engracia hermosa, que esas derramadas perlas del corazón, son anuncios de gozar la gloria eterna. Adiós, señora. Él os guarde para emplearse en su defensa. Ahora, Gentilismo, ahora es ocasión, pues se empeña nuestra rencorosa saña a que caiga Engracia bella de la gracia que la dio la Divina Omnipotencia, que de asechanzas fingidas prosigamos nuestro tema. Bien dices, y frazada con tanta infernal cautela de la Esposa de Daciano, has de tomar forma, y seña para perturbarla más, y confundirla en su idea. Oh Señor de los Señores! qué de gracias tan inmensas te debo dar! contemplando en mi corta inteligencia, que todos los que me siguen como Fieles, perseveran en tu doctrina sagrada, por blasón de sus empresas, ni en tan nobles Portugueses, menor valor no cupiera, siendo Atlantes valerosos, que entre sus hombros sustentan vuestra Ley divina, y santa, que siempre en ellos se obstenta. Ya, Idolatria, es la hora de empezar nuestra pelea, salga un espíritu a darla antes noticia. 1. Licencia el Duque de Rosellón, y de Daciano la prenda más amada, que es su esposa, solo tu orden esperan para entrar, señora, a verte. Qué es lo que oigo? Es tan nueva en mí esa felicidad, tanto, cuanto ahora exenta de lograr aquesta dicha, estoy yo de merecerla. No digas tal, bella Engracia, llégate a mis brazos, llega. Yo, señora, nunca pude imaginar, que pudieran alcanzar mis humildades aquesta ventura. Atenta; como discreta, y hermosa, sin objección lisonjera siempre sois: llegad asientos, y salios allá fuera. Despejad todos de aquí. d El obedecerte es deuda. , e Cielos piadosos, qué es esto? toda el alma titubea. Siéntate, Engracia. Señora, bien estoy de esta manera: cuidados no receléis. Siéntate, Engracia, no temas. Nunca mi pecho constante tuvo en su valor, ni muestra, ni opresión de cobardía, pues puedo por mi nobleza en humildes rendimientos mostrar alguna evidencia de quílates acendrados, aunque esté en vuestra presen Por lo mismo mi caraño esta atención manifiesta, y así debéis estimarla. Yo agradezco la fineza, ved en que os puedo servir, que hago falta a la asistencia de mi Esposo, y culpará esta tardanza. Grosera, la voz ha explicado el lab lo sañudo de la lengua; yo ignoro lo que decís, pues no hay nadie que os merezca sino el Duque solamente de Rosellón, de quien quedan con vuestro padre ajustados los conciertos. De manera, ingrata, como sañuda y sañuda, como fiera, que a despreciarme te atreves, diciéndome, que te empleas en otro amante (oh si acaso otro pesara, o cabiera!) cuando te estimo, eres falso cocodrilo, y vil sirena, que adormeces los sentidos con an mí esa proposición, que la extraño; y porque veas, ligran señora, mi verdad, este es mi Esposo. Qué pena! . Qué furia! ̱. Qué ansia! . Qué rabia! Qué dolor! . Qué ahogo! Y en muestra de cumplirle la palabra al Duque, puesto que empeñas tu autoridad, solicito, que ahora mismo me concedas otra Capitulación, que es la que falta primera. Y cuál es? qué fiera angustia! ̱. Qué ha de dar la reverencia a este Divino Señor, que galán de mis potencias es el Dueño, que yo adoro: Mírale como en sangrientas rosas, espinas sañudas, en bellos rubies envueltas. taladraron por las sienes su Santísima Cabeza. Mira::: Detente, mujer. . . Atiende. Cruel dolencia. . . Escucha. Qué tiranía! . . Oye. No prosigas, cesa. . . Repara. Fiero rigor. . . Qué por mi::: Toda soy Etna. . . Padeció. Cruel angustia! Y cómo hombre:: . Qué pena! Mi Esposo Jesús murió. Huya; pues, nuestra soberbia de ti, Engracia, que triunfaste, de nuestras astucias queda. Bendito seáis, Dios mío, que del Dragón la perversa saña he vencido, asistida. de vuestra piedad inmensa: Ya, señor, estoy constante, ya, señor, estoy resuelta, solo te pido, que alientes mi espíritu con tus fuerzas. Mas qué miro? de los Orbes, rasgándose las esferas de la Celestial Milicia, descienden las tropas bellas, diciendo, en vez de clarines, mentales voces sirenas. Al arma, guerra, guerra, que el premio de los triunfos, guirnaldas son eternas: al arma, guerra, guerra. 1. Al arma, que las lides merecen por sangrientas, que palma sin fatiga, iiustre la victoria sin afrenta. Al arma, guerra, guerra. 2. Al arma, que en asuntos. de hazañas tan supremas, sin sangre los laureles adornan, mas no ensalzan la diadema. 4. Al arma, guerra, guerra. Ya, Engracia mía, las rosas, que espinas crueles eran, ciñen mi divina frente por guirnalda; que te espera. 1. Sabe, pues, que el Gentilismo, que es de Luzbel la soberbia, tomando forma del Duque, te engaña con la apariencia. 2. Y la impura Idolatria, que en otro espíritu alienta, por derribar tu constancia, conjura sus influencias. Dulce bien, amado Esposo, alhadas inteligencias de todo te den las gracias, porque mi labio no acierta. 1. Alienta, pues, al certamen, que contra Daciano intentas. 2. Alienta, que estas columnas te anuncian la fortaleza. 1. Alienta, que aquesta gloria es el premio que te espera. 2. Alienta, pues por clarines te dicen blandas cadencias:: Al arma, guerra, guerra, que el premio de los triunfos, guirnaldas son eternas, al arma, guerra, guerra. 1. Al arma, que lo digno se debe a la pelea, y en triunfos, y combates batallan más las lides, que las fuerzas. 2. Al arma, que los timbres se labran con las penas, y en glorias sin afanes los mismos resplandores se avergüenzan. Ya el brío es más fervoroso, y pues el Cielo demuestra, que en forma Luzbel del Duque me engaña con la apariencia, y pues Dios descubre el premio de quien triunfó en su defensa para terror del abismo, para ensalce de la Iglesia, contra Daciano diré con la voz, que aún dulce suena. , . Al arma, que las lides merecen por sangrientas, pues palma sin fatiga, ilustra la victoria con afrentas. Dejadme a solas divertir cuidados de aquel primer acaso ocasionados. 1. Cómo, Señor, en tu valor porfía domina una leve fantasía? 2. El haber vago acento así escuchado, tanto, Señor, el gusto te ha robado? Sin duda encanto fue de los Cristianos, y he de vengar los Dioses soberanos, y discurrir el modo con que triunfemos: dejadme, digo. . Ya te obedecemos Tiempo es ya, que invisibles al oído, al furor le dejemos persuadido. Loga que le inspiran los Dioses no Desde aquel infeliz infausto que universal en todos la alegría con militar, y con sonoro acento dos veces aclamó mi nombre obo Rendido mi valor a un parasismo no se acuerda el esfuerzo de sí Yo perder las insignias del Don infausto anuncio fue! cruel batio La omisión con que irritas dades, contra el Cristiano ofende las deid Pues yo a satisfacer su injuria so si en mí mismo el valor otra vez co decid vosotros, Dioses soberanos, qué venganza os daré en los Crastia Que Engracia adore a Venus, mienta, que fue su nombre quien causó tú as Y que sus compañeros, a su ejen a los Dioses adoren en el Templo. Alto numen, parece me ha inspira la venganza mayor que he penetrac y conocer deseo esta Engracia por lo del trofeo: Mas Dioses, qué he de hacer Cristianos, vuestro culto negaren inhumanos? Cruel amenazarlos con martirio El rigor amedrente sus delirios. Bien responde el oído a mis intena si no se vencen, mueran a tormento Con eso triunfará ya sin desgrao Quién, Dioses, triunfará? 1. Señor, Engracia. Qué me dices, turbada fantasía? Cuando quise decir, que triunfar Venus, con el tormento amenazad sale aquí con su nombre aquel Solo pese a mí, que ya es este infausto ague otro azár! pese a mí, que en sustos m Digo, Señor, que Engracia::: Estoy sin vida! Quiere hablarte, viniendo aquí de sus deudos, y para esto, audiencia di a diez y ocho nobles Portugüeses. Decidla, que llegue a mi pi soy hielo, escándalo, y horrores, endo de mis ansias los pavores: sé mujer será aquesta, Dioses justos, que sin verla me causa tantos sustos? 3. Felix solo, y Lupercio entrén conmigo. Daciano es el que ves. Fiero enemigo! Qué hermosura! 2. Al mirarla, huir quisiera, mas impídelo el Cielo. . Si pudiera, crabiosa de sus ojos me ausentara; as estórbalo el Cielo. . Beldad rara! El corazón de Engracia esfuerza el mío. Engracia a mi valor añade brío. Saludándote, o invicto, y gran Daciano! con aquella atención, que cortesano aún no empeña en lo noble nube densa, vengo, mas que a las iras de tu ofensa, de la Fe que profeso hoy alumbrarte, y de tus ceguedades a sacarte. Cielos, rara beldad! al verla he suspendido mi crueldad, prodigio es de hermosura; di tu intento. Ya le digo. . Prosigue. Estadme atento: Que mi nombre es Engracia, ya has sabido, y que el gran Portugal mi oriente ha sido, de cuyo Reino, que de fiel blasona, si mi padre no ciñe la Corona, es porque Augustos Césares Romanos la dominan, y en Tronos soberanos su Potestad Suprema no permite otra frente con Diadema. También supiste el fin de mi viaje, siendo por Zaragoza mi pasaje, supuesto, pues, que Porcio, y Felix juntos te hablaro; y así escucha otros asuntos. De Católicos padres engendrada, la Evangelica Ley fue en mi heredada, y así que las niñeces se pasaron, noticiosos estudios me enseñaron, tanto en Letras Divinas, como Humanas, del aprecio las nobles doctas canas, con que la infusa Fe, por el Bautismo, reducírtela puedo a silogismo, viniendo a darte luz de la Ley mía, predicando a tu ciega Idolatria, que de tus falsos Dioses lo es ninguno, ni puede haber más Dioses, que solo uno: porque si hubiese más, uno pudiera criar mundo, que el otro no quisiera, y ninguno sería Omnipotente, con voluntad del otro dependiente: luego Dios es aquel con evidencia, que obra libre con sola Omnipotencia. Este Dios absoluto, en cuanto quiere, que ha de ser sin principio bien se infiere, pues si el ser de otro alguno recibiera, el otro fuera Dios, y él no lo fuera, y este modo de ser, que aquí repito, sería proceder en infinito, lo que es imposible que así fuese, pues término debe haber donde esto cese; y una causa debe haber, que causa sea de todas las demás, por cuya idéa todas se disponen, y se rigen, y de todas estas causas es Dios su origen, pues da el ser a todo; y os participo, que él solo goza un ser, que es sin principio. Este Dios sin principio, incomprensible, es preciso que sea cognoscible, y mirándose en su inmenso abismo, conoce sus perfecciones en sí mismo. Este es el Padre, que con Real presencia se está mirando en su Divina Esencia, y con su entendimiento en conocerse, una imagen produce al entenderse, copiándose en la luz de aquel espejo, distinta, y Real Persona en el reflejo, a quien todo su ser le comunica, siendo el Padre, que le engendra, principio Divino de una copia, a quien comunica su esencia propia. El Verbo es esta copia, producida con una eternidad, con una vida, y es el Hijo, que en su conocimiento le engendra el Padre con su entendimiento. El Padre, pues, y el Hijo se mirando, y desde su eternidad se amando, con incendio amoroso, y no finito, un amor producen infinito: y de su voluntad solo inspirado este amor, que ni es hecho, ni engendrado, y Trinidad Divina perfecciona, el Espíritu Santo es es que del Padre, y del Hijo igual procede, igual es lo que sabe, y lo que puede, porque su mismo ser le comunican, menos los relativos, que se implican; pues del Padre (oh misterio inapeable!) ni es la paternidad comunicable al Hijo, a quien fue dada la filiación, ni del Hijo fue comunicada al Espíritu Santo, en que se advierte, que el Padre no es el Hijo, y de esta suerte el Hijo no es el Padre (esto percibas) porque en sus distinciones relativas, el Espíritu. Santo no es el Hijo, ni que es el Padre por la Fe colijo, tanto, que son un Dios, y son por consi- guiente tres Perionas distintas realmente. Y aunque Dios es el Padre, y Dios el Hijo; y el Espíritu es Dios, es punto fijo, que tres Dioses no son, porqueu es la esencia, una misma en los tres, sin diferencia, siendo el Dios, que enseñarte determino, uno en Esencia, y en Personas trino. Este Dios, que es Espíritu el más puro, sin admitir su Ser defecto impuro, abeeterno en sí mismo siempre estaba, y el caos por inmenso lo llenaba. Quiso, pues, ostentar su Omnipotencia, y todo careciendo de existencia, crió la primer materia confundida, de cuya informe masa endurecida, cuando era lo que no era en ser inculto, y era solo un borrón, del Orbe un bulto, sacó a luz. con distinta faz dispuesta, aquella ruda máquina indigesta. Así Ovidio, Poeta el más fecundo, pinta el primer embrión de todo el mundo, y aunque Gentil, y sin la Fe alumbrado, en su Metamorfoseos he observado, que al escribir la fábrica del Orbe, sin que a su ceguedad la luz estorbe, con lumbre natural solo ilustrado, no da más que un Autor a lo criados. con que este Dios, que yo ahora te explico, por boca de un Gentil te lo predico. Creado, pues, el mundo, creo al hombre, Creador de A y allá en un sueño, en tanto que s de una costilla suya creó a Eva, y Reyes en la tierra, en breve espac dioles el Paraiso por Palacio, en cuyos varios frutos les advierte, que no coman del árbol de la muerte, y el apetito vil sin continencia, rompiendo la ley, faltando a la obedies comió Adán, y dejole condenado. a muerte eterna el infeliz bocado, comprendiendo también culpa, y tencia con la subsiguiente humana descende Y siendo contra Dios aquel delito, de parte del objeto fue infinito, y fue forzoso, que infinito fuese quien por el hombre a Dios satisfaciese y a todo se ofreció el Verbo Divino, la segunda Persona de Dios Trino, decretando encarnar (esto te asombre) para poder morir, librando al hombre. Pasaron siglos, y nació MARIn para Madre del Verbo, y en el día, que dio a la Encarnación consentimiento el Espíritu Santo obró el portento, robando al corazón de esta hermosura. rojas perlas de Sangre la más pura, de que un Cuerpo formó, que fue animo ado del Alma más perfecta, que ha criado el Supremo Poder; y al mismo instante, a una naturaleza tan distante, encarnándose el Verbo Soberano, se unió el Ser Divino al ser humano con aquel fuerte lazo inseparable de la Unión Hipostática admirable, viniendo de este modo a ser posible mirarse un Dios eterno, Dios pasible; Cumplida la preñez sin ley grosera, dio a luz el Niño. Dios, Virgen, y entera, quedó Virgen naciendo el tierno Infante, como al cristal penetra el Sol brillante; y después que nació de Madre bella, tres Reyes, conducidos de una Estrella, en Belén por Dios Hombre le adoraron, eran Gentiles, y la Fe abrazaron. Y así, mas que mi voz, tu error te ad- fueron, despreciando Dioses viles, sprimeros Cristianos tres Gentiles. eció Cristo. JEsUs, y los Hebreos, anque le suspiraban sus deseos, o entendiendo sagradas Profecias, egando que JEsOs era el Mesías, e condenó el rencor más temerario el Martirio de Cruz en el Calvario. si en Belén Géntiles le creyeron, sentiles al morir le conocieron, ues temblando al morir las duras peñas, Centurión Gentil, con tantas señas, a publicó la Fe, y con ella dijo: averdad, que este era de Dios Hijo, y al mostrar lo insensible vivas peñas, otro docto Gentil allá en Atenas lo mismo confesó, ciencia erudita, diciendo el Gran Dionisio Areopajita: O del mundo la fábrica fenece, d el Dios, Autor de todo, es quien padece. Acuérdate también de las Sibilas, que si sus Sacras Obras recópilas, en ellas hallarás profetizado quel Hijo de Dios, Verbo encarnado; lverás su nacimiento en profecia, hombrando en él a Cristo, y a MARÍA; fuerás, que fue en el parto, sin ley dura, uespués, y antes intacta Virgen pura; rerás, con alto fuero, que el Hijo es Dios, y Hombre verdadero, y verás, que iracundo lvendrá severo Juez al fin del mundo. Esto te enseñan tus Gentiles mismos, dos son contra ti los silogismos; y si no, dime, atento a otras razones, a quien das en el Templo adoraciones, sino a bultos de Dioses mentirosos, que acuerdan torpes vicios asquerosos de un Júpiter lascivo, deún adúltero Marte vengativo, de una impudica Juno incestuosa, de una Venus ramera escandalosa? Pues quién, quien con disculpas adora a Dioses, que tuvieron culpas? Y vosotros, Romanos, que dais leyes al Mundo, a sus Provincias, y a los Reyes, para que se castiguen las maldades, eidades? Y que al tiempo, que a un no se castiga, se queje la justicia, y así diga: Por qué a un hombre condena humano juicio, si ay Dioses, que merecen el suplicio? Ea, pues, Daciano, abre los ojos, cesen contra el Cristiano los enojos, que con la sangre, que tu espada vierte, hiriendo a Dios, a ti te das la muerte. Sigue la Fe, que declarada has visto, y Gentil no persigas más a Cristo. A Pablo imita, que antes fue en su ofensa, y después de su Iglesia fue defensa. Mira, que los Géntiles luz te dieron, Géntiles las Sibilas le antevieron, Gentiles, al nacer, Rey le adoraron, Gentiles, al morir, Dios le aclamaron. Y no le ultrajes tú, pues por ti vino hecho mortal por su Amor Divino: por ti nació del frío a los rigores, y quizá tembló más de tus furores. Por ti sudó una Sangre, que amorosa por la tierra corrió a buscarte ansiosa. Por ti vendido fue, preso, y atado, no le atropelles tu más arrastrado. Por ti afrentó su Rostro aleve mano, y el brazo no sea tuyo, no, Daciano. Por ti azotado fue con tal tormento, que extrañó la columna el sentimiento. Por ti ciñen sus sienes juncos crueles, y si triunfa de ti, fueron laureles. Por ti de muerte oyó sentencia injusta, que quien ama de veras, morir gusta. Por ti la Cruz a el hombro el suelo araba, porque cojas la Sangre que sembraba. Por ti subió al Calvario, en que ser quiso de otro sangriento Árbol, Paraiso, Por ti subió a la Cruz, dejando el suelo, pendiente de tres Clavos todo el Cielo. Por ti en ella sufrió ser blasfemado, por ti en ella sufrió ser afrentado: por ti su amor sufrió golfos de penas: por ti apuró la sangre de sus venas. Por ti (la voz me falta, y el aliento!) por ti (el labio se turba, y el acento!) por ti (hablar no me deja dolor ta ti (siva mi voz de tierno llanto!) por ti, Daciano, en fin (dura tristeza! por ti espiró, inclinando la Cabeza. Y esto llamarte fue, como quien dice: Ven, Daciano, si quieres ser felice, ven a mis brazos, ven a rescatarte, a redimirte ven, ven a salvarte, que si respondes, y tus culpas lloras, que si por ti le buscas, y por Dios le adoras, hallarás en su Sangre en la afluencia, copiosa redención en su clemencia. Y logrando abundante el fruto eterno, darás nuevas envidias al Infierno, al Impireo darás nuevo alborozo, darás a los Cristianos nuevo gozo, a la Iglesia darás triunfante vuelo, darás alegre aplauso a todo el Cielo; y en fin, darás a Dios una victoria, y él te dará la gracia, y después Gloria. No sé qué imperio sujetó mi brío, ni quien suspenso tuvo el albedrío, al oír el ultraje de los Dioses; como aquesto consienten los feroces volcanes de mi furia desatada, al ver la reverencia profanada de las sacras Deidades, siendo inmensa, sirviéndoles de injuria tanta ofensa? Mintió, mintió tu labio: de los Dioses pronuncias tanto agravio? casi me ha parecido, que Daciano no soy, pues lo he sufrido: Bajad esa mujer, así conviene, con los demás Cristianos, con quien viene al atrío público, en que doy audiencia, cu allá responderé a su docta crencia. . Siempre te dirán afectuosas mis ansias las grandezas poderosas de un Trino Dios, que adoro fiel amante, por él he de morir fiel, y constante. Y los dos siempre aquesto pu- bliquemos. Así lo afirmo. . Así lo consesamos. 1. Venid con los demás, que, afuera aguardan. Gran Lupercio, valor. Las dichas tardar A 2. Venid. Vamos, y valganos el Cielo Airado pretendió mi labio m interrumpir su voz, y nunca pue Que el Inmenso poder haya que que Engracia atormentase nuestro o a Daciano asistamos invisibles, dictándole tormentos insufribles. Sigue mi rabia fiera. Muera Engracia, y los suyos. Muera. . Muera. Aquí a Engracia encontraremos, pues de ella misma se supo venía a ver a Daciano; y pues tarda, mal barrunto. Yo sin Engracia no vivo, y enamorada la busco, porque me libró del diablo. Mas fue sobrado el conjuro, porque estabas casi muerta, y resucitaste al punto. Mal año para ti, Bato. Mal año, pues no fui viudo. El anfiteatro es este, adonde el mucho concurso en que Daciano sentencia infinitos pleitos, juzgo, que también verá el de Engracia, y los compañeros suyos. Fuera, aparta. 1. Aquí ha de ser de la Orden el Instituto. Ruido siento. Y ya se mira, que hacia aquí salen algunos, y Engracia viene con ellos, y según el refunfuño de los Fariseos, ella los atropella, qué mucho, si es otra heroica Judit de la gracia, en quien presumo de su Real nombre laureada, que Engracia todo es uno? Mil Escribas le acompañan al prendimiento, sañudos tigres de inhumana ley. De aquí acechemos ocultos. 1. Entrrad, que solo a los tres quiere Daciano iracundo mostrar su saña, atendiendo, que lo que el decreto suyo les intimare, cumpliendo a los demás, que ya juntos esperan de la sentencia el filo sangriento agudo, si obedientes no atendéis de Daciano al sacro augusto mandato, escogiendo ahora para vuestro mayor gusto, entre la vida, o la muerte, feliz, o fatal anuncio. Él de morir aceptamos, pues vida eterna la juzgo aquella, que para siempre ha de estar con el Bien Sumo triunfando de sus contrarios bárbaros, falsos, perjuros: solo Cristo es el que reina en nuestros pechos. Ya culpo la tardanza, a qué aguardáis? si ese es nuestro mayor triunfo, llegue la muerte, en que espero hallar vida más segura. 1. A lo que me proponéis, él mismo será el asunto, pues ya en su trono os aguarda el gran Daciano, y no dudo, que en vuestros anhelos sea el cumplimiento un verdugo. Aquí del Infierno todo, vierta el veneno, que escupo contra Engracia, persuadiendo a Daciano, que al influjo de tan gran Cristiana, sea ira, pasmo, horror, y susto. Influyendo los acentos, con mi coraje te ayudo. Engracia, ya escuché atento de tu fe el bárbaro estudio, sin que crea ser posible haya Dios, que Trino, y Uno, y en la ofensa de los Dioses desagravio será suyo, o que tú, y los que te siguen, les deis incensados humos; o ejecutar la sentencia; que aquí firmada descubro, y así, mira lo que escoges, o la rompo, o la pronuncio. Tirano, lo que pretendo desde ahora, y lo que busco es dar por Cristo a vida en martirios, en didivios de penas, ansias, y anogos, sin que me lo impida el mundo, sin que a embates de tormentas, ni a rigores de disturvios, ni se amedrente la ira, ni la crueldad me dé susto, ni el enojo me acobarde, ni lo fiero de tu impulso, sean bastantes en mí a promulgar el insulto de tu osadía, que deje de adorar a este Bien Sumo, ni el asombro de tu amago, ni lo ardiente de tu orgullo. Mueran, Daciano. . A qué esperas? Y en sacrificio, y fiel culto, mi vida ofrezco rendido a Cristo, aunque tu sañudo brazo ejecute en mí el golpe, siendo en su defensa escudo armado de Fe constante. Lo mismo a todos divulgo, pues mi vida es corta ofienda para su esplendor purpureo: exceuta tu rigor: a qué aguardas? Oh qué injusto despecho! Rabio de pena! Absorto estoy, y confuso! leed, pues, esa sentencia. 1. Dice así. Co 1. Nos Daciano, por la gracia de los Césares Augustos Majimiano, y Diocleciano, dueños de Roma, y del mundo, en la Insigne Zaragoza Presidente electo suyo, por cuanto el honor nos toca de nuestros Dioses, y el culto les niega Engracia, con otros deudos, causando disturvios, por tanto les damos pena de azotes, siendo su indulto el que de nuestras deidades adoren los sacros bultos; y si esta pena no basta a vencer su error injusto, a Engracia la condenamos a que la arrastren dos brutos, y que con garfios de acero su cuerpo rompan a sulces, y a todos sus compañeros, que los deguelle un verdogo. El Presidente Daciano. Cargoles los estatutos. Qué respondéis? Que por Cristo, que es mi esposo, morir busco. Yo también. Lo propio digo. Pues en esa puerta, al punto, fijaréis esa sentencia, adonde la lea el vulgo, y escarmienten los Cristianos. Y si falta clavo alguno con que se fije, este ofrezco, que me dio mi Esposo puro, quizá para que yo imite la Cruz adonde se puso: Fija la causa, mostrando, que sin causa murió justo. Con él se fije, que a í a ella, y a su Dios injurio. Que al Tirano ofrezca el clavo, me inspiró divino influjo, y así, tan sagrada prenda doy a su mano tributo: tómale, que yo la afrenta trocar en honra presumo. 1. En esta puerta la fijo. También fue el Leño robusto de la Cruz, puerta del Cielo, y llaves tres clavos duros. Al oírlo se estremece del abismo el centro oscuro. Los ecos de aquellas voces, son en mí vivo trasunto. Fija queda. En fin, Engracia, la sentencia que promulgo, no la temes? No la temo. No la dudas? No la dudo, que Holalla me dio el ejemplo de no temer tus verdugos. Pues llevadlos, que a los Dioses así tu honor restituyo. . Por no mirarla me ausento. Y yo de su vista huyo. Venid, pues. Constancia, Felix: Lupercio, valor. No cupo en mi pecho cobardía, y más cuando mi fe supo, que morir, para vivir, no lo ha ignorado ninguno de los Catnólicos. Viva Cristo, y hoy su nombre augusto nos asista. En su piedad, de este lauro espero el triunfo. Ay, Menga. Qué es eso, Bato? Que ha de ser si no infortunio, y haber Engracia caído en las manos del garduño. Que los ponen en la cárcel? por estas rejas descubro a ella, y sus compañeros. Bien se ve, pues ya desnudos los azotan. Tal martirio, por Dios sufrirá con gusto, Ojalá, que yo te viera azotada como un pulpo. Después dijo la sentencia, que a Engracia arrastren. No es mucho, que por Dios ande arrastrada, la que es tan amante suyo. También dijo, que su cuerpo la aranasen (rigor crudo!) con unas uñas de acero. Parecerán tus aruños. Daciano vuelve a este sitio. Volvámonos a lo oculto. Ya no es posible sin vernos. Pues, Menga, tocar a nublo. 2. Ya el castigo se ejecuta. Así con los Dioses cumplo: quién está aquí? Mi mujer, que es Cristiana, y yo lo juro. Él lo es también. Qué me acusas? Cristano soy, y yo lo juro, pero soy muy mal Cristiano, y Menga me excede mucho. En estos, porque son simples, mis rigores no ejecuto. 1. Señor, ni bastan azores, ni uñas del acero agudo, ni haber arrastrado a Engracia para vencerla. . Esto sufro! para cuando son incendios, de quién mi pecho es vesubio? Este Clavo, que taladre la frente, os íntimo al punto, de Engracia, y a los demás los deguellen, porque el mundo tiemble desde hoy a Daciano. 1. Lo que ordenas ejecuto. Este ahora nos destripa, según está furibundo: voto a Cristo he de ser mártir, aunque me saque el menudo. I. Invisible a! tormentos, todo mi furor ocupo. Invisible a los martirios, es crueldades cuanto influyo. Qué tenaz mujer! Dejadme ver al Tirano a quien busco. Aún vive, y aquí se acerca. Dejadme. Tal valor dudo. Ya miras, Tirano, a Engracia, y a los compañeros suyos morir por Cristo; y el Cielo, que siempre ha sido mi escudo, descubra solo a mi vista dos espíritus immundos, que aquí asisten, y te influyen el ciego furor injusto; y a mí con vana apariencia intentó engañar su orgullo. Y tú, JESUs, dulce Esposo, que alientas lo que pronuncio, aquí tienes a tu esclava, que en la frente el Clavo puso el martirio de Daciano, que sordo a mi voz, y mudo, no quiso reconocer de tu Evángelio el purpúreo rosicler, que en esplendores luce a los siglos futuros: Mas ay de mí! ya fallece mi espíritu, que a los lustros floreció flor, y ya muere desojado clavel mustió. Valedme, Virgen MARÍA, que en veneración estuvo siempre tu sacro Pilar, siendo el corazón diurno: Y a vosotros, o Gentiles! pues no ha bastado mi estudio, prediqueles mi martirio, siendo mi sangre el astuto recuerdo, que vigilante les advierta sus insultos: Ya de mi vida se acaban en incesantes disturbios los vitales movimientos, dando fin a sus trasuntos aqueste humano edificio, perecedero, y caduco. . 1. Ya espiró; a Lupercio, y Felix también muertos te descubro, y así los demás murieron al sangriento filo agudo. Gran sacrificio a los Dioses! mas qué acento es el que escucho? Ya las esferas se rompen en paralelos cerúleos para recibir a Engracia: gran tormento es el que escucho. Y los Mártires Sagrados la acompañan; yo me inundo en incendios de volcanes, corrida de aqueste triunfo. , a Candores de su frente, jazmines brillen rubios, pues Engracia hizo grana, con resplandor purpúreo. Y en muestras de su gloria verán siglos futuros arder en sus Altares las lamparas sin ha 1. Ya veis, monstruos infern que entre sangrientos diluvios de Engracia, y sus compañe es Dios el puerto seguro. 1. Ya el espíritu de Engrac victorioso al Cielo subo. 2. Porque de glorias fe ciña diciendo en aplauso suyo: 4. Candores de su frente, jazmines brillen rubios, pues Engracia hizo grana con esplendor purpúreo. Nada se ve, y los encantos que aún duran, creo confuso. Yo no, que siempre la tuve por Santa a Engracia, en quien de haberme dejado a Menga, no haber quedado viudo. Por más que lo has deseado, no te se ha logrado, bruto. ̱. Avergonzado, y corrido en los abismos me hundo. Y yo rabiando de pena; me sepultará lo oscuro de sus horrorosos senos, vistiéndome de su luto. Y aquí da fin Santa Eng