Texto digital de También hay sin amor celos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Cabeza
- Atribución estilometría
- Juan de Cabeza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de También hay sin amor celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tambien-hay-sin-amor-celos.

TAMBIÉN HAY SIN AMOR CELOS
JORNADA PRIMERA
De mi gente apartado, pisando montes, y trepando peñas, a este prado he llegado, república de flores, no de breñas, (da. que viste de esmeralda, engastada en carmín la verde tal- Aquí junto a esta fuente, que parece cristal, si será plata, porque es tal su corriente, y en si tan presurosa se desata, que al verla titúbea la vista, sin que, diga lo que sea. Pues sus aguas murmuran (me, de Leonor, me convidan a quejar en quien contra mi duran los desprecios que llegan a matarme, que siempre a un desdichado le prueba la fortuna, sigue el ado. (tarme! A cruel homicida! como con tu esquivez quieres ma si ya no tengo vida? (me, que tu hermosura así quiso dejar (va. prosigue en ser esquiva, dure mi muerte, tu hermosura vi- Yo soy más desdichado (lla, con ser viviente, que una clara Estre- que si de día al prado luciendo Febo niega su luz bella, (ra. siempre lucir espera, mas yo sin esperanza es fuerza mue- Gracias a Dios que te hallo, que tengo mucho que hablar, aunque fue con mi pesar, porque vengo con un callo. Alcorza vengas con bien. No vengo si no con mal, pues para ti será tal (sado, ahora mi parabién. Qué dices? . Que estás ca- y puedes tenerlo a dicha. Hay para mí tal desdicha! Pues eso es ser desdichado? Sí, si a Leonor llegué a dar el alma en tiernos despojos, y no me miran sus ojos. Pues vuélvesela a quitar. No das Alcorza en la cuenta, que está a Leonor tan unida, que al ser de otro cuerpo vida. creo que estara violenta. Y si Leonor no te quiere, cómo la puedes querer? De este modo puede ser. Di, cómo su amor te hiere? No viste una mariposa que a la luz de un candelero da mil vueltas rodeando. la pavesa de su incendio, y que estando enamorada de los resplandores bellos, que son centellas brillantes de este luminoso fuego, ya llega, ya se retira, ya se abalanza, creyendo hallar su vida en las luces, y la avecilla batiendo, sus alas sirvió de pira, y funebre mausoleo, lo que debió ser su vida; porque llega en estos tiempos, a ser de tal calidad el amor, que los desprecios hasta una avecilla siente, pues vemos muere a su fuego? Esto sucedió en Leonor, y en mí, dígalo el ejemplo; Leonor fue quien me dio muerte, yo mariposa, ella el fuego, yo la adoro; ella es ingrata, declarela mi deseo, ya en papeles con terceras, ya en mis ojos, ya en mi pecho, y finalmente a ella misma; más respondió con desprecios, y como yo la di el alma a fuerza de estos incendios, apenas llegué al puerto como la mariposa quedé muerto. Cierto señor que te tengo lástima viéndote así, y quiero mirar por ti, más vamos a lo que vengo. Por darte alegría en algo, porque soy de buena raza sabiendo estabas de caza, vine al monte como un galgo, Llegamos tu padre, y yo de Valencia, ya tú sabes a que fuimos. . No me acabes: tal pena jamás se vio? Tratose tu casamiento, y quedó allí. . Ay tal pesar! en qué? . En que te has de casar. Eso es lo que no haré yo, porque teniendo en Leonor el alma que no reposa. Y lo de la mariposa? Mas que la muerte es mi amor. Lo que te puedo decir es, que tendrás mujer bella. Hay para mí tal estrella! forzoso será morir. Consuelen las perfecciones de tu esposa tu tristeza, y van desde la cabeza. En gran confusión me pones. Su cabeza con desvelo, aunque de paso miré, y era muy pobre. . Por qué? Porque no tenía un pelo: sus cejas dos maravillas, que muy a repelo vi, si Alcorza con ellas fui, ellas fueron peladillas. A su nariz vi tan chata, que yo me hube de alargar para poderla mirar, que no se da tan barata, mas con ella no se escapa tu orgullo, que no se doma teniendo en casa una roma. (Papa. De qué? . De estar como un No prosigas en matarme, cesa ya de darme enojos. Y no pintaré los ojos? Acabarás de matarme. Ya que cause tu tristeza, quiero aliviar tu pesar. No me acabes de enoja con tu pesada rudeza. Pues has de saber señor, aunque este caso te espante, que hallamos muerta a Violante. Ya vuelve a vivir mi amor, Nos volvimos a Toledo sin hacer tu casamiento, y así con tu pensamiento puedes proseguir sin miedo. Y su muerte repentina de que fue? . El sentir se agobía, como era roma la novia fue su muerte peregrina, hizo dos mil maravillas por casar con un Poeta, y con estar tan adieta se murió de siguidillas; lástima es que se muriese, y contigo no casase. Huélgome, que se estorbase. Que su muerte no te pese? Pues como me ha de pesar, cuando ves que le aborrezco de este modo? . Yo te ofrezco que te podías casar, que noté una cosa buena. Yera? . Que no tenía dientes, que en estos tiempos presentes en una mujer bien sueña. Y esto de no tener dientes me pudo a mi aprovechar? Sí, para no murmurar de los que tenga presentes, y esta razón no te espante, que son discursos corrientes, que no hablaría entre dientes cuando estuvieras delante. Valedme Cielos piadosos. Parece que entre lo espeso, y lo intrincado del bosque se oyen unos tristes ecos? Si lo parece, mas dime, a nosotros ese estruendo que nos importa? . Ayudar en algún preciso riesgo, que ayudar en un peligro es acción de Caballero. Con más razón dar ayuda suele tocar a un Barbero, y así pues que no lo somos no nos pongamos en eso. Calla, que eres un cobarde. Socorredme santos Cielos. otra vez más lastimosos se han oído los lamentos. Quieres dejarte de voces, y no cuidar de los ecos? No, porque quiero apurar de estas voces el misterio. Pues haz lo que te parezca, que yo acá muy bien me quedo sin aquesas valentías. (do, Fiera horrible, mostruo horren- te he de hacer dos mil pedazos, aunque te escondan los senos de las grutas de esos montes. Por Dios que me ha dado miedo aquello de fiera horrible, pero yo con todo eso quiero seguir a mi amo a leí de criado bueno. Bien puede estar triste el prado, pues en él yace el más bello clavel marchito, la rosa del rosicler más perfecto, muerta al dolor de un desmayo, viva al calor de mi pecho, No vi mujer tan pesada, pero que es devota pienso de S. Miguel. . Por que, dime? Porque es cosa de gran peso. Hay más perfecta hermosura? puede haber rostro más bello? hay como su frente plata? hay oro como su pelo? hay cómo sus labios nacar? Mas que le huele el aliento si con atención la miras. Habrá deidad en los Cielos que llegue a ser tan hermosa? no la habrá, porque es muy cierto, que mujer que estando muerta pudo matarme tan presto, no hallará igual que la iguale, ni desigual que haga exceso. Parece que estas mujeres se están por puntos muriendo, y así me parece bien el que las demos tormento. Por qué? . Para que confiesen, y con eso irán al Cielo. Hermosa deidad que al verte, sin libertad me dejaste, y estando muerta llegaste a darme también la muerte; muerta llegué a conocerte, con que mi albedrío domas; venganza en lo libre tomas, con que el rendirme es cordura, si veo que es tu hermosura jardín cargado de aromas. Antes te llegué a querer, que te llegase a mirar, porque pudo dispensar tu hermosura el conocer; con que llegó a engrandecer mi albedrío este favor, encumbrado su valor; y así mejor lo rendiste, que aunque no fue penatriste si para mí de rigor. Ni se si vivo ni muero al verte en ese desmayo, que es preciso que ese rayo pase mi pecho primero; no lo tengo mui entero, pues me matan tus rigores pagando con disfavores, porque es cierto que quedé sin vida después que hallé un áspid entre tus flores. Bien puedes estar quejosa del desmayo que te oprime, pues sus rigores esgrime del prado contra una Diosa; eres la Venus hermosa, y el desmayo te dañó, pero con más razón yo de tu sol puedo quejarme, pues solo por cautivarme dulcemente me mató. Ya vuelve en sí. No hay que hacer. Y eso puede colegirse? Sí, que quien no pudo irse, cómo puede aquí volver? Cuando del Sol brillarán luz, y rayos refulgentes? Estas que vemos presentes en su vida volverán. Ya vuelven. . Es frenesí, y en eso estás poco atento, mas quiero decirte un cuanto de esto de volver en sí: Con su Sacristan un Cura se salió al monte acázar, que el no estar en su lugar en algunos Curas dura. Acompañolos un cojo acaballo en un jumento, y este ha de ser en mi cuento, el que para blanco escojo. Llegaron con atención al monte, pero a su entrada al cojo el alma turbada le dio mal de corazón. Del parasismo en despojo cayó, con que se hizo atento, pues cayendo del jumento, cayó de su asno el cojo. Quedose el Cura turbado, y el Sacristan quiso irse, mas el Cura sin partirse se quedó todo cortado. Dijo el Cura aquesto viendo: en si luego volverá. Dijo el Sacristan: no hará, que sueña lejos su estruendo. Con esta grande locura, sobre este caso apostó, con que el Sacristan llegó a apostárselas al Cura. La razón muy bien se ve, dijo el Cura medio rojo, pero me espanto que un cojo para aquesto nos dé pie. Dejaron al desdichado en el monte con su mal, que después de rato tal fue de su achaque dejado. Subió en su jumento allí, y al verlo los apostantes, el Sacristan dijo antes: mírelo, no volvió en sí. Es engaño, pues se ve lo contrario claramente dijo el Cura. Vustedmiente, no ve que no viene a pie, dijo el Sacristan; y así gano yo con fundamento, pues quien vuelve en el jumento cómo ha de volver en sí? Ya parece que el desmayo muy poco a poco las deja. Bien puede, porque me cansa el tenerla tanto acuestas, y es una cruz muy pesada una mujer como esta, que no parece liviana, y eso es lo que más me pesa. Jesús, Cielos dónde estoy? En los Cielos, no en la tierra. Sí, porque estando en sí misma, así misma se sustenta, como atlante que en sí tiene de la hermosura una esfera. Solegaos señora un poco, y de nada tengáis pena, que el asistiros me toca, pues mi atención interesa tanto en serviros. . Viváis mas que el ave, que en la hojera, siendo causa de sí misma corre con la edad parejas. Y busted señora mía de dejar esa quimera no trata, porque me canso de tenerla, porque pesa? Quién me tiene? Un Ciríneo, y esto la razón lo muestra, que si la mujer es cruz, y como yo aquí la tenga, por las espaldas seré en ocasión como esta Ciríneo con pasión, si hay calvario donde hay testas. Parece mui recoleto en enamorar, pues tienta a mi amor por el calvario, por la pasión, y la testa. Pues no soy diablo descalzo, que quiero tentarla a medias para un camarada mío, y para mí. . Buena es esa prevención, para que esté calzada de resistencia. No sé con que agradeceros Caballero la fineza de haber librado mi vida de manos de aquella fiera; no puedo negar que al ver . brío, talle, y gentileza, de este Caballero he sido rendida, y otra vez muerta. Decir que estoy sin amor . era agraviar la belleza? de hermosura tan del Cielo, de deidad que es tan suprema. Sí querrá tenerme amor? . Si es ingrata cómo bella? . Sí es cómo galán discreto? Sí es cómo hermosa discreta? Mi muerte está en no quererme. Mi vida está en que me quiera. De dónde es vuesa merced! De la China es mi ralea. Eso es hablar de la China. Justo es también que yo sepa su nacimiento. . Yo soy de una nación extranjera. Bien me vienes, porque tengo unas vueltas con destreza, y me faltabas tú misma. Por qué? . Porque es cosa cierta, que si eres nación, serás. Qué? . Balona para vueltas, Se burla el busón? . Mas dime, para sosegar mi pena, la balona es de volante? Porque es su pregunta necia? Porque cosas de volante suelen ser siempre ligeras. Calle el busón que me enfada. Es mi noble descendencia de Monterrocas, y estoy tan rendida avuestras prendas, que puesto aparte el favor, y olvidada la fineza que habéis hecho en darme vida, aficionada os quisiera, como os adoro, y os quiero, y así con suma presteza haré que en Toledo os busquen como quien tanto os desea. Yo también haré lo mismo, y aunque primero os vi muerta, también yo quede sin vida, que en la celestial esfera creo influye nuestras almas una indivisible estrella. Pues yo me voy a la Quinta. Dejad señora que sea quien de gentilhombre os sirva. No, que la Quinta está cerca, y en ella queda mi padre, con que arriesgamos que os vea si vais conmigo, demás que luego daremos vuelta a Toledo, y me veréis. Obedeceros es fuerza. Mirad que os entrego el alma. Moriré con vuestra ausencia. Hacedle buen tratamiento. Con la mía es una misma. Sed leal a tanto amor. Sed constante a mis finezas. Hermosas son, pero más es la que sigue mi empresa. Eres un simple. . Pues tú atendiste a su belleza? No, pero donde está el sol, la que es luz será tinieblas, la que es lucero no es astro, y la que es rayo no estrella. Escucha pues su retrato. Ya me cansan tus simplezas, oírete por divertirme. Advierte, que no se aprueba esto de andar divertido; (vestido mas va de retrato. Empieza. . Desde su airoso retratarla en mi quimera no es abuso, pero tengo conocido que su talle de hilandera viste al uso. Luego el cabello me toca; y es en su rubio esplendor tan escasa; mas de aquesto punto en boca, pues todos la tienen por una rasa. Su grande frente no quede sin pintura, vaya antes. de presente, pero yo sé bien que puede competir con los gigantes. frente a frente. Sobre ser chata, es guerrera su nariz, y no se doma por blasones, y todo esto no es quimera, pues están tirando a roma sus cañones. Su labio de palafren mui mesurado se viene a mi rabia; ella puede hablar muy bien, pero al verla sé que tiene mala! A su pie con priesa llego para que el retrato al cabo con bien ande; del hablaré con sosiego, pero es, aunque no lo alabo, cosa grande. Tu pintura es singular, tu agudeza es cosa extraña. Dije algo de las piernas? No. . Lo mejor olvidaba, sabe que son de gran fuerza. De qué modo? . Media casa se llevara en cada una. Cómo será? . Cosa es rara, llevándose en cada una. Dime qué? . Media morada. Tu ingenio es cosa sutil. Pues píntame tú a tu dama. Será difícil la empresa; porque faltarán al alma razones para el bosquejo, a más que el arte no halla pincel para su belleza, porque es ya cosa asentada, que hermosura tan perfecta, y deidad tan soberana, por conocerse tan firme no puede ser retratada. Mas volvamos a Toledo, porque la amorosa llama con pavesas me da aliento, y con centellas me abrasa. . Estoy Clávela sin alma, ni sé si muero, ni vivo con este amor tan esquivo, que es de mi martirio palma. Y tan crecido es tu amor? Es un amor mui gigante, porque tuvo en un instante su más crecido valor. Don Gáspar me quiere bien según vine a colegir, pues no llegué a descubrir poco, ni mucho desdén. Pues no es tan fino su amor. Por qué? . Porque dicén que ama una dama que se llama. Cómo es su nombre? . Leonor. No he de llegar a creer que a mí por otra aborrece, porque su trato merece otro mejor proceder. Y si yo misma llegara con evidencia a saberlo, por haber llegado a creerlo a esa Leonor le arrancara. Qué arráncaras las nurices? Hiciera con mi dolor que dejará aquese amor. Qué es señora lo que dices? no temas ya las desgracias, sino mi consejo toma, no hagamos a Leonor roma, porque tendrá muchas gracias. Señor Don Felix, la casa, y todo está muí a vuestro servicio. . Próspere edades largas vuestra vida el Cielo. Flerida, el señor Don Félix, caballero a quien yo debo muy largas obligaciones, ha venido hoy a Toledo a tratar ciertos negocios, y así conforme al deseo quisiera yo agasajarle. Para servirle no espero sino solo que me mande, Yo sor muy esclavo vuestro, con que el serviros me toca, porque si a mirarlo llego, sería muy señalado en tal esclavo tal hierro. Parece que mi amor crece . después que a Flerida veo. Yo después que a Don Gaspar . delante mis ojos tengo vivo, porque es rayo ardiente que me alienta con su fuego. Pues yo después que en Clavela con fina atención contemplo muchos huesos, poca carne, lleve el diablo si la quiero, porque yo no he de andar flaco por estar ella en los huesos. Sor Alcorza no suspiro, y de esto no me arrepiento, que su amor no me ha de asir, aunque me tiene su cebo. Permítale tanto ahogo a una mujer, que a este puesto llega casi sin sentido, viene casi sin aliento, vuestro amparo. Qué tenéis? Un hombre viene siguiendo mis pasos, y por si acaso quiere conocerme, llego a vuestra casa a ampararme. Pues vamos señor Don Diego a reconocer la calle. Seréis mi total remedio. Quedad aquí Don Gaspar- por amparo de algún riesgo. Id con Dios. El Cielo os guarde. Qué buena ocasión el tiempo nos ofrece para hablar. Que buena ocasión el tiempo permite para decir mis amorosos deseos a Don Gaspar. . Mirad que la ocasión no viene a pelo. Por qué razón? Porque es calva, y puede venir el viejo. Señor Don Gaspar llegad. a la que tenéis muriendo todo el tiempo que no os mira. De las brasas saltó el huevo. Lo mismo también respondo, porque sois señora espejo, que sus rayos poderosos. infunden vida en mi pecho, y como estoy en vos misma después que constante os quiero, dos veces en vos me miro, porque es mui claro argumento, que me he de ver en vos misma si os di el alma que no tengo. Una vez porque os la di; y otra vez porque el espejo de vuestro cuerpo es cristal, que siendo diáfano cuerpo me representa tan vivo, que yo he llegado a creerlo de mi deseo guiado, y a conocerlo bien llego, pues vivo, si vos queréis, y si vos queréis yo muero. Por Dios que tiene mi amo para pintar un espejo. Qué tiene? . Mui buena luna, Si me ha de querer lo quiero. Yo la querré, si ha de ser firme en quererme, y sin celos. Lo de firme yo me obligo, lo de celos no lo ofrezco, porque si lo viera hablar con mujer alguna, luego a él le arráncara las b y a ella le pelara el bello Gentil pelona parece. No lo soy si lo parezco. Pues no la quiero querer. Por qué? . Porque a mí con eso me ha parecido mujer que vive de hurtar. . Muy bueno, porque razón? . Por qué deja a la gente sin un pelo. Tenga lástima de mí. Ni aún a mirarla me atrevo. Vuélvase acá, que me burlo. Yo soy firme, y no me vuelvo. Ay Fenisa, y que pesar de ver a Don Gaspar tengo tan querido de esa dama, ya reprimirme no puedo. Si son celos? No serán, porque sin amor no hay celos. También hay celos de envidia. De ese modo serán estos. Pues sufre, y calla Leonor. Yo vuestra licencia espero para dejar vuestra casa. Preciso es obedeceros. Esperemos desde aquí a ver en que para esto. Mi amor no ha de hallar igual, que son grandes sus extremos. El mío será infinito, con lo cual no tendrá riesgo de ser excedido. Pues yo de este modo te quiero. Al romper las esferas de diamante con su guedeja el Sol desmarañada, suele Clicie mirarlo enamorada por competir con su lucir errante. Llevada del amor un solo instante no títubea del fulgor turbada, y en apurar sus rayos empeñada por su región lo sigue como amante. Yo soy la flor, tu Apolo, por quien muero, no tengo vida sin mirar tu oriente, para vivir tu vista solo espero, para morir tu ausencia solamente, muy bien puedes saber si yo te quiero, si consideras lo que el pecho siente. Escucha, y sabrás mi amor con todo encarecimiento, yo de esta suerte te amo. Para el caso así te quiero venía en está ocasión de los de a vara un soneto De las flores bañando la cicarlata se despeña de un monte presurosa líquida fuente, que en correr ruidosa busca su centro de bruñida plata. Desea el valle cuando se desata la nieve de las nubes, y la rosa para beber su luz la aurora hermosa, a mariposa el fuego, que la mata. Así llevado del amor, venero tu deidad soberana, que me mueve a tenerte un amor tan verdadero, que con ser grande, solo es lo que debe, digante pues ahora si te quiero rosa, fuente, mariposa, y nieve. Escúchame tu Clavela, y te diré yo un soneto, que parezcamás sonado, a, yn que tu nariz en invierno. Dímelo, que ya te escucho. Atención pues que lo echo. VOCARSI Te veo tan fruncida, y tan tarasca con esas cerdas, que tu pelo enrosca, que a tus narices nunca llega mosca, porque su miel de moca las atasca. Eres, por ser tan dura, ya tan asca, que pecas un poquito ya en ser osca, pero me admira que tu boca embosca una región crecida cuando tasca. Diste también me dicen en arisca con su poquito si de tener basca, con que tu mala condición no trisca. Dios me quiera librar de tal borrasca, porque en ti puede hallar el que se arrisca tarasca, arrisca, en rosca, mosca, y basca. i tenéis gusto esta noche, cuando suelen a Morfeo pagar tributo las almas sepultadas en silencio, vendréis, y saldré a la reja, que tocada no muy recio con la espada, será seña para que yo salga luego. Yo vendré muy puntual, pues mandáis obedeciendo. Atiende Fenisa, atiende. Atiendo señora, atiendo. Que pues tenemos vestidos de mi hermano, bien podemos fingir que nosotras somos Don Gaspar en el terrero. Muy bien dices. . Pero ya y no pueden sufrir mis celos; salir quiero. . Salir quieres Si Fenisa. Mi soneto se estorbará de este modo; pero otra vez. . Caballero el hombre que me seguía, porfiado como necio, a la puerta está esperando, evitad señor un riesgo. Serviros es lei señora, luego voy a obedeceros. Deseaba hablaros a solas, porque con hablaros pienso saldréis de un error que engaña tanto a vuestro entendimiento. Pensaréis que Don Gaspar os tiene amor verdadero; pues advertid, que no os ama, y que el creerlo es gran yerro; todo cuanto os dice es falso, mirad si podéis creerlo, cuando su voluntad toda la tieneea otro sujeto. Por una Leonor suspira, esta lo tiene sin seso, y no es mucho, que Leonor es una Leonor del Cielo. Esto baste, sed prudente, cuando tanto importa serlo, si no queréis como necia poneros de amor al riesgo. Vamos de aquí. Ya te sigo. Qué es Cielos lo que estoy viendo! Fuese, sin decir adios; si es mora? . Yo no lo entiendo. La dudilla es muy gentil, que no hablo sin fundamento. Es su despego muy grande. Yo cuando vi con el ceño que hablaba con tu señora, por ese balcón al viento quise echarla con mis manos, porque sería muy bueno que una mujer atrevida fuera arrojada. . Los Cielos me den en tantas congojas, para sufrirlas, remedio. Toda la calle anduvimos, aunque fue tan breve el tiempo, sin encontrar aquel hombre que acongojaba el aliento de aquella dama. n . También lo busqué sin poder verlo. Si os damolestía el causancio del camino, podéis luego iros a descansar. . Vamos a donde gusteis Don Diego, que el cansancio no me aflige, si gusto tanto de veros. . Habla quedo, no nos oigan, pisa quedo, y con cuidado. Ese punto has de medirlo señora con mi capato. Esta parece la reja. Sábelo bien por si acaso es otra, porque algún yerro llamando en ella no hagamos. Yo sé de cierto qué es esta. Pues llama en ella. . Ya llamo. Don Gaspar. . Finge la voz. Ya la finjo, y con trabajo, porque la tengo muy tiple. Mucho os debe mi agasajo. Pues juzgáis mal, porque yo no vengo acá por amaros. Qué decís? . Lo que os advierto, porque no quiero engañaros; y si os dije, que os quería, el decirlo fue empeñado de la merced que me hicisteis cuando os tuve entre mis brazos; y así perded la esperanza, si tenéis alguna, en tanto que estoy rendido a otra aguda flecha del amor tirano, que es fuerza corresponder al sujeto que idolatro. Antes vino Don Gaspar, y está con Flerida hablando, esperarlo será fuerza en esta parte e ado. Qué es lo que veo? en la reja habla un hombre. Ya empezamos; muy tarde habemos venido. No puedes callar, villano? Pues quieres que calle yo, porque hablen? Haz por San Pablo, que si me apuras te dé mas de dos mil cintarazos. Calla, y acometelos cuando te ves tan picado. Ya llego. . Y yo me retiro, y no me retiro en vano, porque aunque es de Reyes solo el tener retiro, salgo por mi linaje de Reyes, y si vivo, está muy claro, que aunque no Rey de los finos he de ser. . Qué? Rey de bastos. Preciso es reconocerlo. Acaso os importa hidalgo el estar en esta calle. Mucho me importa, y es tanto lo que me importa el estar, que el decirlo será en vano, si queréis que de ella salga. Pues cuando no quiera echarlo, a cuchilladas. . Será cuando yo no tenga manos. Si obedecer no queréis a términos tan honrados, será fuerza que os lo diga con términos de villano. Yo de este modo respondo, si con tanta razón hablo. Saca esa espada Fenisa, y también ponte a mi lado. Yo quiero también reñir, pues que no puedo excusarlo, pero si un revés me tiran harán que yo dé de mano. Has de morir, vive el Cielo, y también morirán cuantos te siguen. . Eso será cuando no rija este brazo el acero que yo ciño. Yo no estoy más obligado para cumplir con el duelo, que a cargar con mi contrario. Qué haces hombre? déjame. Advierta, que está mui claro que habla en el aire, si piensa escaparse de mis manos. Ya se fueron temerosos, y de mi valor turbados los que con tanto valor sus aceros desnudaron. Aunque se fueron, yo solo para reprimiros basto. Yo serví a mi señor fiel, aunque en tan dura congoja, como desnudé la hoja; me volví como un papel; merezco alabanzas sumas en mi valiente mohína, y no parecí gallina, pero bien merezco plumas. Pues cómo no te acostastes? No hallo en la cama reposo, que la pena que me aflige me viene a servir de estorbo. La dama fue linda pieza. Estoy con la pena absorto. Por Dios que tú en la pendencia te mostraste zaleroso. Tú te mostraste gallina. Ser cobarde no fue impropio Por qué? . Por perder la capa en la pendencia. . Donoso es el chiste por mi vida. Y no lo tomes a modo de chiste, porque al perderla, y al caerse de mis hombros. Acaba, di lo que fue? Andar fue caso forzoso. Cómo? . De capa caída, mas no gallina del todo fui, por más que hice una presa. Tu presa? . Y será de pollo, sino fuere de gallina. Y cómo fue? . De este modo; escúchalo en dos palabras. Traje al contrario en mis hombros y lo encerré en ese cuarto de tu hermana, que famoso me pareció, por estar tu hermana fuera, y tan solo su criado huyó, y con eso no lo traje al calabozo. Válgame Dios, en mi casa tengo al contrario alevoso qué habló con Flerida? . Sí, y puedes hacerlo polvo. Pero quién entra acá dentro? Una mujer es, que ignoro. Quién será, válgame el Cielo? Quién con ánimo quejoso viene a veros este día. Pues yo estoy del mismo modo Vos también, porque ocasión? Porque admitisteis a otro a noche a hablar en la reja, y si no os sirve de estorbo, yo tengo en mi casa al mismo que habló con vos. . Yo lo ignoro; estoy sin alma al oírlo. Abre esa puerta. . Ya toco la llave, que viene a ser en esto dificultoso instrumento, y no te admire, cuando lo miro a mis ojos. Por qué? . Porque tiene dientes; más abrí ya, Dios con todos. . Mi bien, señor. . Ah tirana. Dicha mía, bien que gozo. Circe que a encantos me matas, cuando tus desprecios lloro. A ti por mi gozo estimo. A ti yo por mi desdoro. Eres mi bien. n . Tú mi mal. Yo te quiero. . Será poco. Tuya seré. . Yo no tuyo. Yo culpada no me nombro. Espera un poco, y verás si es a los ojos notorio tu engaño. . Qué es lo que dices? señor mira. . Ya lo noto. Qué es lo que miro? (nozco San Pedro. . Sosegaos, que ya co el amor que me tenéis. Qué buena ocasión, pues logro . con ella lo que yo intento. Eres mujer, o eres monstruo? eres ficción a la vista, oh fantasía a los ojos? Así me importa fingir. Pues vos me tratáis de monstruo, cuando soy a vuestra vista el objecto más hermoso? Sabes de esto? . No sé nada. Con razón las dudas formo. No sé que responda Cielos. El fingimiento es donoso; espera un poco, y verás si es a los ojos notorio tu engaño: . Flerida mía, mi bien, suave reposo de quien ufano os adora, como a su mayor soborno, fijad mí daga en mi pecho si os parecí cauteloso; pero no podréis, que en él tan vivo está vuestro rostro, que parece natural lo que voluntario noto. Esta mujer que aquí miras tan aparente a los ojos, ni sé si es verdad que miro, si de mi vista me informo, y plegue a los Cielos mismos, cuyos astros luminosos son faroles, que iluminan esos cristalinos globos, que si sé de tal mujer, muera al penetrante plomo. Eres un traidor. . Señora. Un villano, un alevoso. Tú mi bien. . Tú mi desdicha, mi pesar. . Tú eres mi gozo. Eres desleal. . Sol fino. Mal lo veo. . Bien lo noto. Mal lo afirman tus traiciones. Bien lo dicen mis sobornos. No he de quererte en mi vida. Yo a quererte me acomodo, Huiré de ti por no verte. Seguiré tus pasos todos. Siempre te aborrecere. Siempre no tendrás enojos. Tu traición me tiene muerta. Me tiene tu amor absorto. Esa dama tuvo celos. Esos celos los ignoro. Ah infame. . Ah belleza mía. Pues dime, pues dime, como sin amarte tiene celos? Pues si con eso me ahorro de las penas que me afligen, diré en lance tan penoso, también hay celos de envidia y serán de aqueste modo,
JORNADA SEGUNDA
Supo Flerida mi engaño, y a mi cautela entendió, ño supo que para su la hablé por la reja yo con el traje de mi extraño. Supo que al cuarto de flor. fui llevada, y que yo allí sus vestidos me vestí, que hallándolos mi dolor era preciso; y llevarás a Don Gaspar Fenisa aqueste papel. Yo te lo ofrezco llevar. Pero se lo habrás de dar en su mano como fiel. Yo lo daré de esa suerte, no tengas pena. . Mas luego lo has de llevar. . Dolor fuer pero iré luego por verte ya libre de tanto fuego; ya voy a ponerme el manto, y haré lo que me has mandado, No sosegaré entre tanto que no se mitigue el llanto que nace de mi cuidado. Señoras no os dé pesar mi desdicha, que se entabla, y me habéis de perdonar, que he llegado sin llamar, porque vengo ya sin habla. Permitidme esté un instante, pues que me veis tan turbado, en vuestras sayas por guante, porque siendo Comediante estaré bien ensayado. La ocasión por el copete, así dichosa con él. Dadme el papel de alcahuete, porque sin ese billete no podré hacer mi papel. Tomad. . Ya cesa el dolor que mis entrañas penetra sin él, cuando en su valor ha de ser con mi señor de cambió toda su letra; pero ya con penas hartas llegaré a servirle fiel. Y lo estima? . No está en cartas lo que estimará el papel, porque tiene de ellos sartas. Debe ser de alguna dama, que le escribirá amorosa. Y dama de mucha fama, pues Don Gáspar es la rama, cuando Flerida es la rosa. Y no sabes en su ausencia donde está, siendo seguido tu señor de tu obediencia, y tu grande amor? . Reñido anda desde una pendencia conmigo, y es cosa rara su condición, tan urgente, que para mi es cosa cara, porque como es tan valiente en pendencias no repara. Pues que tienes tal donaire dime que fue? . Y sin tormento que me cueste algún desaire: fue no cogerlo de viento, con que se enojó en el aire. Por que se enojó? . Direlo si quieres prestarme oído. Servírame de consuelo. Pues he de ser atendido. Ya te escucho con desvelo. Una noche fue al terrero, abrasado de la llama de su amor, que es verdadero, pero fue por una dama, con ser cosa de tablero. Halló ocupado el lugar de una gente que fue acaso, y fue cosa singular, pues por negarnos el paso les hubimos de envidar. El confiado en mi ayuda habló poco mesurado, con una tez muy sañuda, y sobre cenar asado, movimos pendencia cruda. Pero entre tales asombros, a nuestro contrario armado, como si fueran cohombros, por no verme de él clavado, como cruz lo eché a los hombros. Y conociendo la empresa al ver la carga suave, sin convertirme en pavesa, yo dije: no es hombre grave puesto que tampoco pesa. Llevelo de miedo harto a casa en buena fortuna, si con esto me descarto, y alumbrándome la Luna, subí a ponerlo en un cuarto. Así como amaneció, cuando se estaba vistiendo, mi amo, que se picó, vino su dama corriendo a saber en que paró. El celoso, ella apurada, al contrario hizo sacar para verlo en la estacada, y ella al llegarlo a mirar se bañó en agua rosada. Salió una mujer vestida (al tenerla conocida finjo que es de mi ignorada) que por ser tan desahogada pareció solo rompida. Mi amo se puso ancho, porque yo la hube traído a nuestro cortijo, o rancho, y como anduve torcido es fuerza que esté de gancho. Todo lo causó pesar cuando se llegó a mirar a vista de tal dolor, y todo pareció flor. Por qué? . Porque le fue azar. Y su dama tan celosa, sin sospechas no quedó cuando en el lance se vio? No, porque nunca llegó a ser mujer sospechosa, y esta es cosa declarada, como tú misma la ves, que es opinión bien fundada, pues como estamos de pies es mujer. Asentada. Dicen que por ella muere? Siempre lo veo con guía de quererla, y como fuere, me pareció que la quiere como un Doctor a su mula. No tanto en el verde prado. se quieren dos tortolillas, que en su arrullo sosegado con su amor alborotado. son dulcemente sencillas. Quedará en su galanteo corta la paloma hermosa, y no llegará en su empleo, aunque vaya por rodeo. la cobarde mariposa. Suelen con dulce armonía los ruinseñores al viento suspender. . Qué grosería, vos aquí en presencia mía procedéis tan poco atento? Id con Dios si no sabéis usar bien de la razón, y advertid, si procedéis así otra vez, bajaréis abajo por un balcón. Vamos, y abramos el ojo, y no hagamos de esto alarde, porque sin ningún antojo me parece grande arrojo de balcón para un cobarde. . Qué pudo Alcorza cansarte? No es mucho si me cegó la pasión. . Si consolarte podré con un papel? . Parte dame de lo que pasó. Cayósele aquel papel de penas con el tropel, y viendo la ocasión yo, la industria se lo trocó para quedarme con él. Aquí lo tengo en mi mano, si quies leerlo aquí está, y no te convido en vano, porque yo sé qué es muy llano, que de verlo gustará tu ufana curiosidad, cuando te ves tan celosa. Fenisa, a decir verdad, estimo tu lealtad sirviéndome en cualquier cosa. Dame el papel, porque gusto de lerlo. . Tómalo. . Ya puedo abrirlo, sin susto, y leerlo, porque es justo no perder lo que escribió. Señor, yo tengo entendido. que saldrá a caza esta tarde mi padre por divertirse, en que entiendo ha de ocuparse tres días, o poco más, buena ocasión para amantes; y así, pues muero sin veros, porque sois del alma parte, vendréis esta tarde a verme, cuando el venir es tan fácil; no hay peligro que os excuse, no hay ocasión que os ataje, hacedme este gusto un día, no me faltéis, Dios os guarde. Y estás más celosa? . Y tanto, que mi pena no es escasa. De ti con razón me espanto. Ven pues, y ponme ese manto, porque he de salir de casa. Y yo tengo de seguirte? No te he menester conmigo. Pues sola quieres salirte? Sí, con que llego a decirte, que no gusto de ir contigo. Por Dios que estoy apurado Alcorza ya de buscarte. Tampoco he podido hallarte, con que quedarás pagado, Y dime, donde estuviste, siendo tan poco discreto? Cómo yo no fui secreto, señor, no me descubriste. Pero tuve buen empleo, y sin andar en cuestiones bien mereceré perdones con aqueste Jubileo. Este de Flerida es. . Pues quién allá te llevó? Quién me pudo llevar, yo, como a un Poeta sus pies. Y qué te dijo? . Que luego lo leyeses, y otra sarta, y quiere con esa carta. Qué quiere? Traerte a pliego, mas demos en esto un corte. En qué? . En el serte alcahuete; y pues te traje el billete hazme ser hombre de porte. Toma este anillo. . Bien medra. contigo mi buen servicio, y gano con este oficio, que me des con una piedra. Quiero leer con desvelo este papel de mi gusto. Bien puedes sin ningún susto; porque es un papel del Cielo, Don Gaspar, bien mío, mi firme memoria hoy ocasión tiene para hablarte a solas; esta tarde espero en la deleitosa ribera del Tajo, cuya margen dora ribera de plata, pestaña de aljófar: espero entre flores, cuyas amápolas son del campo risa, son del prado rosas. Flerida, una esclava que tuya se nombra, siendo en su amor monte, si en lo firme roca, esto escribe. . Y a seguirte, también a mí me acomodas? Sí. . Con eso me empeoras, porque no puedo sufrirte. Y de qué son tus congojas? Aquí nacen mis cuidados de ver los sauces armados. De qué modo? . Están con hojas. Ya me parece que es hora de acudir, no nos espere, vamos luego. . Cómo fuere habré de seguirte ahora. Mucho tarda Don Gaspar, poco estima mis finezas. Siéntate para esperarlo. Mas haz que canten Clavela un tono, con que algún modo pueda ya templar mis penas. Decid zagales que muero, mas mi achaque no digáis, porque el mal es accidente, y el morir es natural. Ya quedó al tono dormida, y a lo triste de la letra, yo quiero guardarle el sueño, y para que no la ofenda la luz, ponerla en la cara este tafetan, que sea cortina en que cubre al Sol entre rayos de azucena, Es amor de odio el comp Mas. Y queréis vos que se aplaque? Mi achaque. Mas si tanto lo estimáis, No digáis, pero si mi femiráis, aunque el silencio venero, decid zagales que muero, mas mi achaque no digáis. Estimad mucho el vivir. Y el morir. Pues la muerte es interes? Es. Y cuál será en caso tal? Natural. Pues en caso tan neutral buena es mi elección presente, porque el mal es accidente, y el morir es natural. Hasta esta sala me entré como hallé la puerta abierta, pero quién está aquí dentro? no es la que miro Clavela? Dónde tu señor está. Lo dejo allá en la ribera muy ufano con su dama. Qué es lo que dice tu lengua? Salimos de la Ciudad los dos juntos, no es quimera, yo por mil campos ajenos. Y tu señor? . Por sus piezas, mas viendo yo que estás sola, vine a verte con cautela; dime quién es la que duerme? Clavela Es una amiga. te quiero como a mi vida. Yo Alcorza bien te quisiera, mas tienes cara muy vana. No es mucho, porque en mi tier e del Orden de San Juan mi padre, y es cosa cierta, que ha de hacer la caravana quien es hombre de Encomienda. Voy por luces, que ya el Sol en cristal sus rayos peina. Ve por luces, que sus rayos guardarán para que duerma el sueño, porque las luces están siempre. Cómo? En vela. Don Gaspar con otra dama, Don Gaspar a mí esta ofensa, Don. Gaspar de mi burlarse! Esta parece que sueña, y pues está tan dormida en su letargo violenta, sin ser sastre, en este caso, he de seguirle la ebra. Qué Don Gaspar me aborrece? Sí, que le pareces fea, porque te faltan dos dientes, y sobre esto no me muelas, porque tu boca en su yerro. no tiene cosa de sierra. Las luces están aquí, pero parece que sueña rumor hacia aquesta parte, señora el letargo deja. Esta quiere que su ama sea. . Qué? . Mujer despierta, A esta parte nos pongamos; Ya retirarnos es fuerza. Quitad la nube a ese Sol, no esté siempre entre tinieblas, y siendo mi amor tan grande ver vuestras luces merezca, Dos horas ha que en el campo, dudosa, como suspensa, tenéis la voluntad mía; mal dije, porque es muy vuestra. Vos negáis a Don Gaspar tal favor, cuando tan tierna decís que le adoráis viva, decís que os tiene tan muerta? Ea señora, dejad que ese Sol vertiendo perlas vuelva el alma a los que mata, de calor a los que hiela. No nos hagáis tanto agravio, porque es querer sufrir quejas, pues fois sol que fertiliza de las flores que os desean. Juzgaron que vine antes, para verme con Clavela. Pues Flerida nos escucha . apartada, y tan atenta, he de hacerle confesar delante de su presencia, que a mí me adora; si vos deseáis, con tanta priesa verme quitado el estorbo del manto, que no me deja dar en rostro con mi cara, que confesaráis quisiera, porque estoy dudosa un poco, si me amáis, o no? . Qué señas; me está haciendo aquel borracho? Dudáis en darme respuesta. En eso no pongáis duda, cuando veis tantas finezas que hago por vos obligado, y cuando solo atendiro a vuestra grande hermosura, cuyas centellas me queman, os amara sin ser libre; más particular estrella influye para que os ame, me inclina para que os quiera; y así el dudar en mi amor, sin escrúpulos que alteran una inclinación tan firme, que para amaros me alienta. Pues a quitarme este manto entro Don Gaspar. . Ysea para que yo vea el Sol, y goce de esas estrellas. Supe que adoráis rendida a Don Gaspar, que desprecia vuestra voluntad constante, pues a mi favor anhela. Yo de su voluntad huyo, porque quiero que me deba vuestro amor un agasajo; y así vine, porque vean vuestros ojos lo que digo, con que vuestro amor no crea que Don Gaspar es constante, y que es fina su firmeza; por esta parte me voy, pues me franquea la puerta este corredor. . Qué dices con esas confusas señas, que no te entiendo por Dios? Que aquella enguila, es culebra. Harto he sufrido, salgamos. Ya llegó mi dicha entera, pues las luces trasparentes de esas lucientes esferas por fuego me vivifican, y por ser nieve me hielan. Y aquella dama tapada que por vos está tan muerta? La adoro, porque sois vos. La desecha es cosa buena. En eso no pongáis duda, que traje el alma suspensa tras la tapada. . Y decís eso vos en mi presencia? Pues las velas se cayeron el recogerlas es fuerza, y con no ser marinero he de recoger las velas. Voy a encender estas luces, tengan bustedes paciencia. Eso os digo, porque siempre os adora el alma tierna. Sois Don Gaspar poco firme. Mui mal pagáis mis finezas. A la tapada con eso. Ahora es hora cautelas, ahora celos es tiempo, pero que advirtáis quisiera que yo nunca di motivos. Vos sois la luz que me lleva, y esta mano, cuya nieve es del alpe competencia lo dirá; pero qué miro? Proseguid en las ternezas, que se enojará esa dama. Aquí enmudeció mi lengua, quedé sin alma, y sin vida, hecho una estatua de piedra, el amago sin sentido, y la acción toda suspensa. Señora Flerida a Dios, y conoced como queda el amor de Don Gaspar El alma perdí. . Qué señas me está haciendo aquel borracho? Todo estoy envuelto en penas, A mí me importa seguirla para saber lo que intenta. A quién habrá sucedido tal desdicha, tal tragedia? Ea señora dejad que ese sol virtiendo perlas vuelva el alma a los que mata, dé calor a los que hiela. De este modo es vuestro amor? así son vuestras cautelas? Aún no me atrevo a mirarla de turbación, y vergüenza. Ya me cansé Don Gaspar, ya se acabo el sufrimiento, cuando vos de mis finezas veo hacéis tan poco aprecio, Yo os amaba, y a lo dije, vos decíáis, que muy tierno me adorabáis (ha que falso) yo lo creía (ha que yerro.) Siempre por muy fino os tuve, muchas veces lo dijeron finezas que con vos hice, que apurada las confieso. Porque os quise tanto, que cuando lo pienso me quedo sin vida, sin alma me quedo. Quién pensara tal mudanza en tan buen entendimiento, si es fina, como decís la voluntad, y el ingenio. Nunca creí que eráis falso, pero a mi costa lo veo, toda llanto por sentida, toda rabiosa por celos. Y a cedió el alma turbada, y a la tiene el sentimiento desecha en penas sin vida dada al dolor sin alientos. Que viene a ser tal or vos el tormento, que me quedo estatua que toda soy hielo. Que mal que pagáis mi amor, que poco en aquesto os debo, así se paga señor tanto amaros, y quereros? No esperaba tal mudanza de vos, mas ya la padezco, porque quiso a mi altivez dar ese castigo el Cielo. Ay Don Gaspar de mi vida? que es lo que pronuncia el eco, yo llámaros de mi vida, si, que fue del labio yerro. Mirad si os querría, que aún aborreciendo os hablo amorosa por lo que fue un tiempo. Seguiréis vuestra for tuna, proseguid en vuestro empeño, y no hagáis fácil con ella lo que ahora experimento. Bien podéis estar ufano, sed fino en su galanteo, y no os canséis de quererla, como conmigo habéis hecho. Será hermosa, quien lo duda, porque siendo empleo vuestro, no habrá Sol que la compita en el celeste hemisferio. Con que la disculpa tenéis es muy cierto de vuestra mudanza, que tan triste sienor. Muy bien sabias fingir para que yo padeciendo viviendo muera por vos, si muere quien tiene celos. Haced con ella finezas, porque solo haciendo eso podréis quitarme la vida, que envuelta en llanto desprecio. Haced esto por mi vida, y os cumpliréis el deseo de verme una vez sin alma, que tuve en vos tanto tiempo. Porque cuando se aman algunos sujetos. se truecan las almas de amor al veneno. Flerida, señora, escucha; fuese ya, qué es esto Cielos! yo quedar así burlado! yo tantas penas sufriendo! Alcorza, Alcorza, ay de mí! llégate acá, porque muero. Si quieres tantas alcorzas. ve a casa de un confitero. Llégate a mí. . Di, que tienes para que aplique el remedio? Pena de ser despreciado. Pues para ese mal es bueno un poco emplasto de ranas, porque yo, según entiendo. ese mal, son sabañones. del Verano, y del Invierno. No me mates con tus chanzas. Yo, solo intento con esto. darte cuerda para echar la soga tras el caldero. Caiga el Cielo sobre mí. No, porque es cosa de peso, y tú tienes poca hacienda para sustentar el Cielo. Caiga un rayo de esas nubes, y taladrando sus senos, siendo un aborto de llamas. abrase todo mi pecho, convirtiendo mis entrañas. en su voraz elemento. Qué tienes? estas ya loco? pero según estoy viendo, falta poco para estarlo, con que en estando, lo pienso que trataremos de atarte, porque vea todo el pueblo que tú eres un hombre atado, porque anduviste tan suelto. Vamos. . Pero has de decirme a dónde vamos primero? Amorir por mi desdicha, a padecer un destierro. . Por qué ocasión me siguisteis? Porque yo saber quisiera que voluntad os anima, o que razón os alienta para que sin importaros seáis siempre tan molesta en perseguir voluntades, dando siempre en vuestra tema. Escuchad un poco atento, y yo os daré la repuesta; no siempre han de ser los celos. Señora tu hermano llega de Zaragoza. . Ay de mí! Caballero no quisiera que aquí os hallara, porque parecería bajeza de mi sangre, que al llegar os encontrara, pues fuera hacer cama a mi deshonra, y dar motivó a mis penas. Esperad en ese cuarto, y al descuido, por la puerta saldréis de un jardín florido, cuando ya las sombras negras empañan todos los aires a pesar de las Estrellas. Basta mandármelo vos para que yo os obedezca. . El disgusto Federico hoy se acaba de tu ausencia. También viéndote mis dichas mas a seguirme comienzan. Galán vienes. . Los favo ras muy mal Leonor los empleas. Traes salud? . Muy como tuyo; tú la tienes? . Será fuerza que la tenga, deseosa que me mandes. . Yo quisiera ser el que hiciera ese gusto. Y cobraste ya la herencia de nuestro pleito? . Leonor si la cobré, porque fuera hacernos clara injusticia, cuando allá también se observa. Pero dime como fue de tanto tiempo tu ausencia? Cierto empleo me detuvo. Fue de amores? . Así aciertas, que parece que me lees el caracter de mi idea. Cuentamelo por tu vida. Escucha, para que sepas lances de amor, y fortuna. Ya te escucho. . Estame ha No doraba ya el sol el orizonte, gala al ameno prado, pompa al monte, en la contienda de la noche fría, por confundir sus sombras con el día, al asomar Diana de esmeralda, rejida entre diamantes su guirnalda, me sali cuidadoso a la orilla del Ebro caudaloso. Salí en un bruto, que ganaba al viento de Nepturno, con harto corrimiento de ver que mi caballo lo excediera, siendo vasallo de su baja esfera; más corrido de ver que yo lo dome, el freno tasca, el espujo come, y en relinchos lozanos los pies en tierra, levantó las manos. Paseábame yo muy descuidado por la orilla del río plateado, que es gigante corriente de alabastro, y en despeño veloz parece astro, que en la Región del Cielo donde habita, al romper el cristal se precipita, sirviendo de reflejos, de las menudas aguas el espejo. Pude mirar pasado grande rato, sin exceder las leyes del recato, salir muy paso a paso una carroza, que pareció salir de Zaragoza el Sol que en occidente se ausentaba, porque para tirarle se llevaba seis cisnes con donaire, del rayo envidia, escándalo del aire. Era combro toda de corales la carroza, sembrada de cristales, que pareció, mirada con desvelo, alguna cosa que bajó del Cielo, y no es mucho, pues ella sustentaba, a más de la riqueza que llevaba, con sospechas de aurora, la beldad soberana de Leonora. Llegose la carroza paso a paso, y creció mi cuidado en el acaso, mas sin temor de algún desdén esquivo, acerqué mi caballo hacia el estribo, pero pensé a sus luces quedar ciego con las centellas de tan viyo fuego, viendo del Sol los rayos tan cercanos, causando mil desmayos. Pasó el coche con grave melodía, haciendo yo la usada cortesía, Leonora me miró con tiernos ojos, llevándoseme el alma por despojos; pero yo al ver que tierna me miraba, supe de sus luceros que me amaba, y aunque vino la noche detuve mi caballo, seguí el coche. Con sus doncellas iba así Leonora a una Quinta, pais bello de Flora, que sirviendo sus flores de pensiles, no temen al Enero sus Abriles, dejando siempre con su verdor tierno el rigor asustado del Invierno, sin imprimir el hielo, a pesar de los astros de ese Cielo. Eran los feis caballos muy briosos, pues al retirar el coche perezosos, se altero su altivez con algún ruido, y juntando al relincho su busido, firmes los pies, las manos en el Cielo, que lo pude notar con mi desvelo, la carroza volcaron, y al Sol desde su esfera despeñaron. Yo entonces, viendo la ocasión tan buena, por ver mi dama en la menuda arena, del caballo bajé con grande brío, y a mi valor el remediarla fío, sacando entre mis brazos a el Sol mismo. de aquel de arena piélago, o abismo, pero me vi abrasado en sus rayos, y luces anegado. No paró tanto amor en este punto, porque viniese todo el gozo junto, pues me dijo de noche podía verla, al ver que daba muestras de quererla, entrando del jardín por una puerta, que al eco de mi voz vería abierta; volviose a la carroza, y yo con mi caballo a Zaragoza. Fuese de mí con su pesar Leonora, aljófares vertiendo como aurora, y sus labios en medio de sus males. con el márfil hicieron dos corales, formando los granates de su cuello con candor tanto maridaje bello, y en sí también se unían, que clavel, y azucena parecían. Después que vino, creo apasionada; escribiome un papel con su criada, a la noche me dijo fuese a verla, y obedeciendo quise agradecerla tanto favor, merced tan conocida, aliento de mi amor, y de mi vida, con que esperé la hora para ver la hermosura de Leonora. Cayó del Sol lo bello, y trasparente a las sombras opacas de occidente, también la noche descogió sus sombras, que fueron negras de la tierra alfombras, con que llegó mi tiempo señalado, que no quiso perderlo mi cuidado, y en dicha tan incierta del frondoso jardín llegué a la puerta. Esperó con la seña mi deseo, que le abriesen aquel pensil hibleo, abriéronme la puerta, muevo el paso, las flores piso con el nuevo acaso, y entre amorosa, pero bien turbada, del jardín a Leonora vi en la entrada, que al mover el pie breve, toda azucena le bebió la nieve. Hallome de Leonora cierto hermano, que desnudó el acero tan ufano, que pensó ser tirano mi homicida, con su estoque, quitándome la vida; mas yo cuando mi muerte considero, desnudo de la vaina el limpio acero, con él su sangre vierto, dejándolo entre flores casi muerto. Leonora se turbo con tal tormento, y quedó sin sentido, sin aliento, sobre la verde alfombra desmayada, mas ya de su desmayo recobrada, me dijo: Federico, amado dueño, ya del peligro ves el grave empeño, forzoso es ausentarte, si de tanto rigor quieres librarte. Yo entonces me mostré muy obediente, prometiéndole luego verme ausente, y para cumplir yo con mi obediencia, para partirme la pedi licencia, la cual me dio, tan triste, y tan llorosa, que pareció el rocío rubia rosa, con que me partí luego, abortando mi pecho vivo fuego ene el ca S de tan infausto suceso; pero dime, no vivió el hermano de tu dueño? No lo supe, porque yo no di dilación al tiemp de partirme. Mala suerte tuviste en tan buen empleo de amor. . La fortuna esquiva quiso añadir un tormento a una dicha que tenía, a una pena que poseo, a un gran dolor que me aflige, y a un infortunio que tengo. Infeliz soy, Leonor mía, quiera el soberano Cielo darme en mi dolor paciencia, en mis penas sufrimiento, valor en mi poca dicha, y en mis desgracias remedio. Sosiégate Federico. Qué es sosegarme, no puedo, porque un hombre enamorado, cómo ha de tener sosiego? Todo la ausencia lo cura. Sola una dama en Toledo. puede aliviar mi dolor. Si puedo ser parte en eso, yo aliviaré tus congojas. Pues con ese presupuesto te declararé Leonor lo más ondo de mi pecho: Flerida de Monterroca, esa hija de Don Diego, podrá borrar la memoria de Leonora. . Ya te entiendo, yo la hablaré; que bien viene . para proseguir mis celos. A conseguirlo te empeñas? Sí, si salen bien los medios. A ti te será muy fácil. Porque veas mi deseo iré luego a hablarla. . Yo quedaré en tanto suspenso, con una gloria que aguardo, o algún desvío que espero. . Has de confesarme ahora, si Don Gaspar me desprecia, si rendido me idolatra, o si cruel me desdeña. Yo no puedo confesarlo, porque con eso excediera, confesando en este tiempo el mandato de la Iglesia. De qué modo? . Porque manda. confesar en la Cuarisma. Pues si no confiesa, haremos que le den la penitencia. Este anillo será tuyo, si de ese amor me das cuenta. No puedo, pero un avillo es cosa que mucho aprieta. el dedo de la codicia. No te resuelves? . Quisiera ver primero la sortija para probarla. Pues esta será si me satisfaces. Ya me lo dirá la prueba, viene como anillo en dedo. Si viene bien, a qué espera? diga lo que le preguntan. No podrá decir mi lengua, sino que mi señor quiere, firme ama, y galantea, constante adora, y mui fino, galán estima, y festeja. A quién Alcorza? . A ti misma. El alma tuve suspensa; de un hilo tuve la vida. Si me dais a mi licencia un poco tengo que hablaros. Ella prosigue en su tema. Vino Federico, Decid. mi hermano, y a penas llega por vos pregunta su amor, porque duran las centellas de su voluntad antigua, y como os mira tan cerca su fuego se aviva más, mas se encienden sus pavesas. Pide a vuestra voluntad tenga piedad de sus penas, lástima de su dolor, y de su porfía quejas. Vuestra sangre ha de labar de mi deshonra la afrenta. No si yo puedo villano, que tus cobardes sospechas refrenaré con mi acero. Mi autoridad se obedezca, hasta mi casa riñendo? los limpios aceros vuelvan El mío no, a la vaina. que castiga la soberbia de ese traidor que me ofende. Pues vos aquí en mi presencia tan rebelde a mis preceptos, tan ingrato a mis finezas, tan poco atento a mi casa, tan grosero a mi grandeza, tan desleal a mi voz? Ea obedeced siquiera, ya que no mi mandamiento, la autoridad que interesa. Flerida, señora, yo Sea sino obedecí fue. por lo que fuere, callad. De la ocasión la guedeja . tenemos en nuestra mano. La ocasión saber quisiera de la riña. Federico finge que fue la contienda porque tu hallaste en tu casa a Don Gaspar, y que era por mi causa, porque importa para alcanzar los que intentas. Qué aguardáis? decid la causa. No me obliga la obediencia a decirla, si la ignoro. Pues vos reñís sin saberla? Sí señora, si el reñir sirve solo de defensa. Decidla vos Federico. Ya os obedece mi lengua. A este caballero hallé en mi casa, y como sea el deshonor un veneno, que turbando las potencias da la muerte a quien lo bebe, yo al ver que por una puerta salía de un huerto, alhaja que en nuestra casa se precia, vi la cara al deshonor, vi la mancha de mi afrenta, y como pende mi honra de la voluntad, que es ciega, en una hermana tan libre, cuando con todo atropella, saque el acero agraviado, obedecí la grandeza de vuestro imperio al mandar, porque sería violencia del acero estar desnudo, si vos mandáis que se tenga sus filos dentro la vaina, que ya ufana los alberga. Hay pena cómo la mía! solo me faltaba esta desdicha para quedar más infeliz en mi empresa. Que bien vino que Don Felij. . quedase escondido. . Mueran esperanzas que tenía; mas si juzgáis que yo era el que salió por el huerto os engañáis. . Y es muy buena la probanza, porque es hombre que jamás en sus pendencias se apura, siendo corriente, Al paso que tú le estimas. Es engaño. . Es gran fineza. y hombre de tanta correa Tu quererme? . . Yo quererte. Tu estimarme? n. . Sin cautela. Mal tus efectos lo dicen. Bien mis efectos lo muestran, De qué modo? no puede entrar en el huerto. Mejor de Leonor dijeras. Es ilusión que os engaña. Os engañó la apariencia, porque al llegar yo a pasar, un hombre por una puerta salió, de quien yo noré que luego en viéndose fuer Y él desengañarme? . Yo huyo, pero como vos la espada sacáis sangrienta contra mí, por defenderme sacar la mía fue fuerza. Don Gáspar ese es engaño (aquí quiere mi torpeza hacerme infame por dar algún alivio a mis penas) porque negarlo es infamia que mancha vuestra nobleza, si yo misma, os da la entrada. de mi casa. . Peor es esta. Qué dices mujer, tú a mí? hay fortuna más adversa! Y lo negáis? . Y lo niego. Dolor grande! . Grave pena! De pesar no estoy en mí. Don Gáspar lo que me cuestas! Tú me questas más pesares. Cómo mi cariño aprecias. Al paso que tú le estimas. Es engaño. . Es gran fineza. Tu quererme? . . Yo quererte. Tu estimarme? n. . Sin cautela. Mal tus efectos lo dicen. Bien mis efectos lo muestran, De qué modo? Siendo tuyo. Mejor de Leonor dijeras. Es ilusión que os engaña. Es verdad. . Mas es quimera. Ay Don Gáspar, y que falso. Mis verdades no lo muestran? Y mi amor. . Lo estimo siempre Y él quererme? G. Persevera. Y él desengañarme? . Yo he de procurar que tenga vuestro error el desengaño. Pues buscadlo, porque vuelva a quereros como antes. Que me desprecias confiesa vuestra lengua? . No del todo. Pues oyendo esa respuesta muera a fuerza del dolor, acabe a tanta violencia, tenga fin de un rayo al fuego si Flerida me desprecia. JORNADA
JORNADA TERCERA
Qué me quiere tu porfía? Y aquella dama que vino Satisfacerte. . Es en vano. Estoy perdiendo el sentido Por qué razón? . Porque es llano que no me quieres. Sería dar satisfacción locura para que tu duda cese si mi fe no te quisiese. Esta mujer ya me apura. Y aquella dama que vino con vos de amor tan perdido? Estoy perdiendo el sentido cuando en aquesto imagino. Dgited by Goo pale Bien aquí mi miedo medra usando de mi cordura, y puesto es cosa tan dura, quiero callar como piedra. Yo de ti puedo quejarme, que desleal me engañaste, pues un papel me enviaste, con que podiste obligarme. a lo que tu misma viste, de que puedo colegir, que debiste concurrir a tan ignorado chiste. Yo papel, yo tan cruel, yo con medios tan infieles? Quién hace tantos papeles. bien pudo hacer. . Qué? Un papel. Tú señora me avisaste que a la ribera saliese del Tajo, para que viese el grande amor que llegaste. No estaré desengañada hasta ver lo que escribí. El papel tienes aquí. Estoy al verlo admirada. Y pues ves que te lo ofrezco, puedes quedar satisfecha. Esta es letra contra hecha, de aquí más dudas padezco. Cómo Flerida se asusta al verse desengañada, ya está señor apretada, y habrá de andar. . Cómo? Justa. Aqueste papel no es mío, porque la letra es fingida. Buena excusa por mi vida, por Dios gentil desvarío. El criado lo trocó. Mal haces en sospechar de hombre, que por no trocar en su vida bomitó. Si yo llegara a saberlo por vida de tu hermosura castigará su locura, cuando llegara a creerlo; hasta el Cielo lo arrojara, con él los aires midiera, y arriba en la ardiente esfera con el fuego lo estrellara: de cólera estoy turbado, con la pasión estoy ciego. A ser huevo acaso llego. para estar tan estrellado? do? Bárbaro escucha. . Yo cuan- más blando estoy que una estopa, y como soy poca ropa vengo a estar como temblando, Tú te atreviste, tu aleve, traidor, infame, villano. Vete señor a la mano, ya que tu lengua se atreve, y mira mi buen servicio, porque me harás volver loco, y esto no será muy poco cuando me tienes en juicio. Que tú el papel, ha tirano, me trocaste. . Vive Dios que no lo troque? . En los dos por el. Cielo sioberano uno se engaña, o no entiendo como puede aquesto ser, yo lo tengo de saber impertinencias sufriendo. Pues es fuerza ya decirlo, ya comienzo a confesarlo, mas después que yo lo charlo, no me has de dar algún chirlo, El papel fue de Leonor, aunque no padeció ultrajes, porque yo haciendo pasajes le di entrada en su favor. Yo tuve cierto pesar con una gente inhumana, que sobre ser muy Cristiana me hacía desvautizar. Llegué de pesares franco a Leonor con el tropel, que con trocarme el papel me quedé señor en blanco. Ya cesará tu sospecha de aquel papel engañoso. Con eso será forzoso estar algo satisfecha, pero el estar escondido por Leonor más me fatiga. Hacedle señor una higa. Favor a los Cielos pido. . porque en tan confuso encanto no podré satisfacer con mi voz a esta mujer. Pues díselo a voz de canto, Flerida, como ya oíste, yo nunca estuve encubierto por Leonor, siendo tú el puerto con el alma que me diste. Yo despreciar tu hermosura, yo tu hermosa deidad bella, yo del olimpo a una Estrella, yo aquesa beldad tan pura? Yo a ti por Leonor dejarte, por Leonor aborrecerte, o sin poder merecerte, o de ese modo agraviarte? yo contigo desleal, yo ser tan cruel contigo, o ser de mi mal testigo, o ser causa de mi mal? Mi firmeza considera, porque si en mí ese delito permitiera el apetito, mi voluntad resistiera. Qué fingido, que traidor, habiendo estado encubierto. Cómo fue cosa de huerto te quieren saber la flor. Qué a creer no me llegaste? Soy en mi amor muy celosa, y temo tu fe engañosa. Baste mi desdicha, baste, dulce veneno a mi vida, que ya infeliz desprecié; que poco estimas mi fe. Fe con una descreida. Con el tiempo la sepura tendrás de mi voluntad. Mui bien, si es enfermedad, que el tiempo todo lo cura. Y mi amor? . No me da pena. Mis finezas? . Mas me irritan. Mis desvelos? . Mas me incitan Y mi fe? . Mas te condena. Pues ya llegaste a decir que te soy aborrecido, por ser un desconocido me voy señora a morir. Qué desdicha, qué pesar! volved, no os vais de esa suerte. Voy ya buscando mi muerte. Mui bien la podéis buscar; mas no, que al paso que mueras, quedaré sin alma yo, que digo, no me ofendió? vaya a morir entre fieras; no digo bien, que mi suerte con su desdicha se ataja; si digo bien, pues me ultraja, vaya a padecer la muerte. Yo me voy, si vos gustáis. Ay pesar, ay dolor grave como el que en mi pecho cabe? Pues ya no quiero que os vais; pero idos, que al piensarlo mi pecho un áspid habita, mi rigor se precipita al llegar a imaginarlo; mas si os vais con tanto daño. de mí, que llego a perderos, procurad para quereros. darme claro desengaño. Aguarda tú, que con mengua me habéis hecho aquí esperar. Pues qué, quieres murmurar? Pues no es de carne mi lengua? Si murmuras tú eres loca. Tú no sabes lo que es bueno. Yo te haré poner un freno, porque tu pecas de boca. Cuándo me viste hacer tal? de qué suerte fue, o por quién? Tú, aunque sueles hablar bien, siempre sueles decir mal. No, pero estoy enojada con mi señora. . Por qué? Espera, y te lo diré, porque estoy a fepicada. Dímelo. . Ya tu conoces a Federico, el hermano de Leonor? . Y por su mano, me libré yo de unas coces. Este galán porfió en conquistar su hermosura, y con ser mujer tan dura, finalmente la dobló. Padecí muchos ultrajes por quitarle amor tan vano, y sobre ser esto llano, tuvimos altos, y bajos. Yo haré de esto buen testigo, como quien asiste en casa, y cuando Don Gaspar pasa. a ella no se le da un higo. Los más días está en casa el nuevo amante escondido, que todo esto ha merecido de su voluntad escasa. A mí me mira con zuño mi ama, que es lo que gano, y porque puse la mano me tiene puesta en un puño. Qué tanto mi señor pierda? Aa mujer falsa, traidora, bien puede decirse ahora, que eres falsa; sin ser cuerda. Que quiere el Cielo de mí para usar de tal rigor? de cuando acá su favor por mi desdicha perdí? Porque causa merecí que Flerida me aborrezca, y sus desdenes padezca con una, y otra fortuna, y una voluntad tan una a sus rigores perezca? Por esos Cielos dorados del Sol sigue amante el coche, Cintia, farol de la noche, con rayos acelerados: son entre si tan amados que Pebo de agradecido. da su lucir al olvido por hacerle este favor, y teniendo más amor soy yo más aborrecido, La leona que a bramidos, toda la sierra lastima, el pardo león estima con amorosos rugidos. Están en si tan unidos con un amor tan crecido, que estoy al verlos corrido. sujetando su valor, y teniendo más amor soy yo más aborrecido. Al lado de un arroyuelo en si dos pinos se enlazan, y con sus ramas se abrazan pisando su tronco el hielo; miden con su amor el Cielo de verdes hojas vestido, bien mirado, y mal sentido, para mi mayor dolor, y teniendo más amor, soy yo más aborrecido. El pabo a trechos manchado, pinta apinta, y pluma a pluma, muestra su caricia suma con su requiebro alterado, da envidias a él verde prado, gruta a gruta, y nido a nido, y con su amor repetido, fresno, a fresno, y flor a flor, y teniendo más amor sor yo más aborrecido. Es de la blanca azucena. bello amante de coral el clavel, que a su cristal, ya le pule, y ya le ordena; tanto su querer le llena en su maridaje unido, que con su cristal teñido. hacen un bello color, y teniendo más amor soy yo más aborrecido. Cuando llego a imaginarlo, Cielos, estoy sin sentido, estoy sin alma al pensarlo, y sin aliento al decirlo. En que, Cielos, contravine, en que crimen, o delito os ofendí, para darme con Flerida tal castigo? Ah ingrata! mas que me quejo? ha cruel! mas qué me irrito? a infame! mas qué me canso? a infeliz! mas que me aflijo, si el veneno penetrante con estas manos yo mismo, acercándolo a mis labios, bebí su acibar activo? Ay infelice de mí! que peñasco, ni que risco sufriera en pecho tan bronce. tanto desdén tan esquivo? ayer con la dicha ufano, y ya me veo rendido; ayer estaba en la cumbre, y ya estoy al precipicio. Ea, que aguarda la muerte, emplee su común brío. Ay flerida! tú me matas, ay de mis ojos hechizo! yo tan tierno, yo tan frágil si soy el aborrecido? Ah ingrata, cruel, infame, ha traidora; mas que digo, yo hablar tan precipitado, yo a Flerida tan remiso? Pero bien, si es mi homicida; pero mal, si es mi cariño; no, que me mata a desdenes; si, que me alienta a suspiros. Ea, sea aborrecida, experimente lo esquivo; mas no, que por ella muero, porque es tierno basilisco, que con sus luces me mata por tenerme tan rendido. Estor por darme la muerte. Buena la harías por Cristo; mas ya que quieras morirte, puedes ahorcarte de un pino, porque muriendo en el aire será breve tu martirio; también podrás una vez darte chasco tú a ti mismo, porque podrás darte cuerda apretándote el galillo. Calla loco. . Seré un mudo si ha de ser para tu alivio, pero te importa que hable. Si me importa, acaba, dilo. He sabido que tu dama te tiene más en olvido. Ya sé que no puede verme. Cegó acaso su cariño? No cegó, si no mi amor, que tropezó en sus designios. Pues habrá de andar tentando, si han de caer a su arvitrio. Acaba, di lo que quieres? Yo de Clávela he sabido que Flerida tiene amor. A quién ama? . A Federico. Acabe ya este veneno mi vida con su incentivo, y padezca yo la muerte, pues padezco el parasismo; qué le paga con favores? Sí, mas de un modo exquisito, pues a escondidas los hace, porque lo tiene escondido en su casa. . Para cuando en su región el olimpo guarda en fuego sus volcanes, tiene en pellas su granizo? parta un volcán esas nubes, rompa el velo cristalino de esas peñas de alabastro, de esos gigantes de vidrio. Calla, no te vuelvas loco, y toma el consejo mío. Pues qué consejo me das? Pongámonos Capuchinos, Yo Fraile? mui bien me entiendes. Si te pones, yo te sigo para vivir como un padre; ea, acaba de decirlo, ponte en orden. Déjame, porque estoy tan divertido con la pena que me aflige, que tengó el alma de un hilo. Bastara ser de algún sastre para punto tan preciso, mas tu daño no imagines. Tú infame, tu femientido eres la causa de todo. Yo confieso mi delito. Denme los Cielos paciencia para tantos desatinos, para desdenes tan grandes, y tan crueles desvíos. Este es de Flerida el cuarto. Este es orbe donde habita aquella esfera de nieve de tanta hermosura cifra, aquel de márfil viviente, y del Sol luciente envidia. Aquí habita. . Corta esfera, habitación muy sucinta para tanto Sol luciente, para gozar tanta dicha. Y no es mucho que se espante mi atención, cuando se admira, si causa envidias a Venus, si es el Adonis del día. Tato la alabas? . No es mucho, si tengo el alma rendida, si con su beldad me mata, y con la muerte me alivia: en fin estoy con amor. Y hablarla te determinas? Si Leonor, porque es pesada de tanto amor la fatiga; mis penas quiero decirle, podrá ser que compasiva aliviar á mis pesares, mejorará mis desdichas. Ay Leonor, estoy sin mí! Mas siendo tan excesiva la magnitud de tu amor, cómo sosegaste? . Imita a la serpiente mi amor, que entre las flores se cría, ya por lo verde esmeralda, y siendo a trechos vestida de algunas flores menudas, que con su pincel matiza prodiga naturaleza, nace allá en la ardiente libra, ya Primavera en lo verde, y lugubre en lo pajiza, sosegada está entre hierbas, y el Labrador que cultiva tanto campo con sus manos, sin verla tal vez la pisa, pero viéndose pisada con su rabia vengativa, arcueando el cuello se enoja, y cuando tanto se entibia, toda veneno su sangre, toda ponzoña su ira, sus ojos vierten centellas, su boca fuego fulmina. La serpiente fue mi amor, el Labrador fue la vista de Flerida, que me mata; yo como muerto tenía mi amor guardado en el pecho, mas llegó por mi desdicha, y lo pisó con sus ojos, que sintiendo la fatiga se reveló dentro el pecho, y vertiendo en él su acibar, se dilató por mis venas un dolor que desobliga, una pena que me abrasa, una ansia que me aviva, una rabia que me mata, y un pesar que me fatiga. Muy bien ponderás tu pena, muy bien tu dolor explicas, no parece en todo el cuarto. No es mucho que en medio el día dé el Sol sus rayos de nacar, perne su guedeja riza, estienda sus rubias ebras por diáfanas celosías de los espejos del aire, que el mundo se quejaría viendo a el Sol estar tan tarde entre los brazos de Cintía. Esperaremos que venga. A tanto el amor me obliga. Pasos siento. . Yo también. Pues estas cuadras no sirvan para que estemos ocultos. Seguirte es ya lei precisa. No he de quedar satisfecha. hasta salir de mis dudas. Ah tirana, y como en vano las satisfacciones buscas. De que modo. . Porque ya siguió a mi amor su fortuna, a mi dicha su desgracia, y a mi voluntad tu injuria. Tan aborrecido estás, tan desdeñado te juzgas? Sí, ya se que me aborreces, ya se que atrevida burlas. la lealtad de mi amor. De qué lo infieres? . De muchas. sinrazones que me haces. No te entiendo si no mudas, el estilo con que hablas. No me entiendes, pues escucha: dime, el estar escondido Federico aquí, se funda en razón? . Qué, Federico? Cómo aleve difimulas tu vil trato? . Señor mira que el arriesgar no es cordura mi honor a tanto baldón, mi fama a tanta calumnia. Y es cordura el engañarme, y el esconder es cordura, a Federico en tu casa? Tanto porfiar me ofusca, aquí está toda mi casa, reconocela si gustas. Yo reconocer tu casa no, porque es cosa muy dura, aún no llegando a galán, de marido hacer la injuria. Para ser tu satisfecho; mas mi padre, pena mucha! Qué tienes? . Mi Padre viene, y no quisiera su furia te hallase conmigo. . Dime que haré yo en tal estrechura? Ocultarte en esta parte. Tu obediencia es cosa justa. Vengo a traerte una nueva, Flerida, de mucho gusto, sabe que tu hermano viene. Cielos, qué es esto que escucho! no estoy en mí de contento. Por la gloria que me cupo señora Flerida os doy el parabién, que no cumplo por la ley de vuestro esclavo si falto a tanto tributo. Notable agravio me hacéis. Y para aumentar el gusto os sacaré de un engaño en que vuestro error os puso con Don Gaspar, y Leonor. Decidlo, que ya os escucho. Advertid, que Don Gaspar . aquella ocasión no estuvo en la casa de Leonor como vos pensáis oculto, yo fui el que estuvo escondido. Indiferente, y confuso tengo el ánimo al oíros. Cómo Caballero os juro, que el encubierto fui yo. Pues con aqueso no culpo a Don Gaspar, y lo estimo ya como antes. . Al punto es necesario que vamos, porque a mí me importa mucho el responder a esta carta. Vamos, porque es lei tu gusto. Bien podéis salir señor, . que ya no estoy sospechosa, que el engaño que tenía se arrancó de mi memoria, Qué mudanza es esta Cielos, vos tanto favor señora? Hombre, bulto, fiera, o monstruo, vestiglo, fantasma, o sombra, quien pudo, di, darte entrada en las partes más remotas de mi casa? Déjame, porque en pena tan dudosa no eres mujer, que me sigue, mas si sombra, que me hahoga, bien me dijo mi criado. Qué infelicidad. . Que gloria. Qué desdicha. . Qué tormente si así mi dicha se estorba. Y tanto fingir tirana, tanto encubrirme traidora, tantos engaños aleve, a Flerida que alevosa. Reportad señor la lengua, que es hacerme sospechosa, si pensáis que yo encubría. Cierra el labio, que tu propia con tan cansada porfía te condenas por tu boca. Yo no. . Pues como podía, ea responde engañosa, estar en tu casa misma Federico? Aquí soy toda de mármol en tal desdicha, de bronce en tanta congoja. Ea respóndeme, acaba. Ignoro que le responda: Don Gaspar, yo no sé nada, déjame que en tal congoja, ni se si estoy en mí misma, porque debo estar tan otra, que las palabras detiene la suspensión de las obras. Por esto villana era el mostrarte tan celosa para amar a Federico? Ay Flerida como borras de mi voluntad tu amor, arrancando la memeria que tuve de tu hermosura, mas será muy a mi costa. Estoy de pena sin alma. . Estoy sin dolor de gloria. Estoy de llanto sin vida. Y yo en calma tan penosa, ni sé si el vivir me falta, ni sé si el morir me sobra. Y qué respondes tirana? Toma Federico toma de Flerida este papel, y finge con esa forma que te escribió que vinieses a visitarla a la hora que el papel dice, porque tu suerte será dichosa, si así lo finges; advierte, que esto a los dos nos importa, a ti, porque de esa suerte pierde la esperanza toda Don Gaspar, y la aborrece, y a mí, porque se mejora el deseo de servirte. Mi obediencia será pronta, si tanto gano con eso. La fuerte me hace lisonja. . Caballero estoy al veros dentro en mi casa dudosa, porque ignoro quien os dio la entrada, ni quien baldona mi honor con poneros dentro, Es posible que tu ignoras lo que llegas a saber? Bien dispuesta va la historia. El disimular me agrada. Yo disimular? . Señora con vuestra criada misma me llamasteis, y lo abona un papel vuestro que tengo, en que me avisáis la hora a que había de venir. Yo papel? no sé tal cosa. Pues con este se deshace la duda que os aprisiona. Que bien vino para el caso . el papel que dejó Alcorza. La letra es mía, qué es esto? toda soy una ponzoña. Ya confesó que era suya la letra, será forzosa mi muerte, si no soy mármol, y mi fin, si no soy roca. Señor, yo tengo entendido que saldrá a caza esta tarde mi padre por divirtirse, en que entiendo ha de ocuparse tres días, o poco más, buena ocasión para amantes; y así pues muero sin veros, porque sois del alma parte, vendréis esta tarde a verme, cuando el venir es tan fácil, no hay peligro que os excuse, no hay ocasión que os ataje; hacedme este gusto un día, no me faltéis, Dios os guarde. No tengo que responderle, porque he quedado tan otra a esta confusión que miro, que me haría gran lisonja la muerte, si las saetas de su aljaba vencedora fueran puñal a mi pecho, siendo espuela venenosa, porque saliera más presto, esta vida que me informa. Es verdadero el papel? No sé, hombre, que te responda, porque si miro la letra, la veo que se conforma. con la mía en tanto grado, que no se atreve la boca a negar lo que se ve; pero el conocer que ignora mi entendimiento sus líneas, me motiva a que conozca, que no lo escribió mi mano, porque es asentada cosa, que no escribirá la mano lo que la idea no forma. Yo quedo muy satisfecho, ha que bien dije traidora, que al paso de tus alagos mas mi voluntad desdoras. Don Gaspar si yo. . Te turbas? Supe. . De qué te acongojas? Nada de esto. . Dios lo sabe. Caiga. . La pena me ahoga. Un rayo. . Fuego respiro. Que me parta Todo un Boreas. (tellas. El pecho. . Envuelto en cen Abriendo la puerta. Aborta. Al alma. . El dolor que tengo. La invención salió famosa. . El papel me dio la vida. . Ea cese la ponzoña de aquel amor que os tenía, porque fuera cosa impropia que permitiesen mis celos amor a quien no me adora. Mi bien, Don Gaspar, señor, por las ricas amapolas, que son flores de esos Cielos, cuando de plata lo bordan, que no os ofendió mi amor, porque mi fe no se arroja a ofensa que ha de ser vuestra, buscando una dicha corta. Ah villana, que bien finges. Solo me fuera gustosa por vos la injuria que sufro. Mira qué vuelve señora tu padre, ya está muy cerca. Qué haremos en tan penosa desdicha? . Mira que llega, y es cosa dificultosa el ocultarse tan presto, si su atención no lo nota, Don Gaspar, señor, qué haremos? Si el ocultarnos no es cosa que se puede hacer sin vernos, calla, porque a mí me toca el sacarte de este empeño. Señor Federico importa que aquí sepa yo de vos quien os dio tan licenciosa osadía en esta casa, porque donde no la hoja de mi espada sabrá hacer que lo digáis. . Pues responda mi acero a vuestra arrogancia. Vuestra soberbia ambiciosa sabrá castigar mi mano. . Y yo vuestra ambición loca. Caballeros, en mi casa? como ya no se reportan vuestros aceros al verme? Vuestro imperio reconozcan. Decid la causa. . Señor Don Diego de Monterroca, yo, y el señor Federico tuvimos por cierta cosa en la calle unas palabras, y fueron de tanta monta que fue fuerza desnudar estas hojas luminosas, para dejar las palabras a lo que hiciesen las obras. Quiso la suerte que el uno, al ver que el otro lo acosa, se retirase hacia dentro de esta casa, donde cobra para sus fuerzas aliento, para su vida victoria, para su desdicha asilo, y para triunfar lisonja. Pues no haya más desde aquí. Vuestra obediencia es forzosa. Leal seré a este precepto. Estoy de contento loca. Mira que tengo que hablarte a ti a solas esta vez. porque quiere mi vejez para su alivio casarte. Siempre tengo de dejarlo a tu voluntad, si es justo dar a un viejo padre gusto, si es preciso agasajarlo. Don Juan tu primo ha de ser el esposo que te ofrezco. Yo a mi primo no merezco, pues no lo llego a querer. Yo Flerida, bien querría fuese tu primo tu esposo, pero si no te es gustoso, no ha de valer mi porfía. Padre, y señor, el casarse sin gusto no puede hacerse, porque para deshacerse con la muerte ha de acabarse. Si tu primo no te agrada para hacer tu casamiento, dime pues tu pensamiento si quieres verte casada? Escucha pues mi elección, y no será cosa injusta, cuando con razón se ajusta al discurso, y la razón. Escucharete con todo este pesar que me aflige. Oye lo que no te dije, y lo sabrás de este modo. y claveles, Entre azucenas, rosas para su desdicha asilo, de aquel ameno prado. que en tazas de jazmín, mársil torneado, fue al gusto lisonjero, llegó a tener su ser Adán primero. Criolo Dios con libertad ufano, racional edificio de su mano, de quien participamos lo voluntario, y libre que gozamos, con que juzgo sería no estimar tal favor gran grosería. Con manos decristal también el Cielo. puso para formarme su desvelo, y me dio el albedrío, que al casarme parece que no es mío; si obedezco tu gusto lo libre atropellando con tal susto. Es el sujeto, padre, que yo adoro, sin despreciar las leyes del decoro, Don Gaspar, que aquí viste, a quien debo la vida que me diste, que aunque la has engendrado, él con su noble acción la ha conservado. Este, señor; elijo por mi esposo, que no ha de ser lo libre tan forzoso; y dónde no, qué espero? de mi pecho el coral tiña tu acero, convirtiéndolo en grana, que moriré al verterlo muy ufana. Ya tan resuelta te veo, que es en vano replicarte, para querer apartarte de ese pertinaz deseo; el casarte así es muy justo, cuando tu elección lo abona; pero el repugnar baldona las más leyes de mi gusto, mas yo voy, y con desvelo a Don Gaspar buscaré. Yo también alabaré la dicha que me da el Cielo. Extraña es la prevención de Federico, recelo alguna desdicha, al paso que sus condiciones temo. Oh a Don Gaspar da la mano, o a tu pecho este veneno. Pues yo señor, por qué? cuando hice, contravine, o puedo. No me respondas villana, que apuras mi sufrimiento. Señor Don Gaspar tan nobles fueron los que me infundieron el rosicler en mis venas, y el valor dentro mi pecho, que más que infamia, sería contra mi honor un bosquejo: Esta es mi hermana, y tan libre, que al nacer, publiera el Cielo, siendo su vida un amago le hiciera falta el aliento, acción que el alma ejercita para dar la vida al cuerpo. Yo he sabido (aquí me turbo) han me dicho (aquí me hielo) hanme informado (aquí dudo) y finalmente (aquí muero) que vos a mi casa entráis de noche con gran secreto por mi hermana, que alevosa os da entrada en su silencio, y no hay razón de dudarlo; porque yo aquel día mismo que llegué de Zaragoza os vi salir. A que espero, que cuando llego a pensarlo, no me muero de saberlo? Tan noble soy como vos, dad la mano, pues no excedo las leyes que aquí os obligan, a Leonor; porque a no hacerlo, mi estoque ha de ser un rayo, un relámpago mi acero, mi cólera una venganca; y mi gran valor un trueno. Ya veo que sois prudente, y con tan buenos conciertos honraréis aquí mi sangre si vuestros timbres merezco. Mas si sois tan mal mirado, mas si sois tan poco atento, que despreciaréis mi sangre al paso que la venero, probaréis aquí mi espada, ea, seguid mi consejo, o dad la mano a Leonor, o vuestro pecho a mi acero. Señor Fedérico, apenas de mí mismo creer puedo que tuve para escucharos la paciencia que aquí tengo. Han me tenido al oíros vuestras razones suspenso, pues antes de hacer la ofensa, queréis castigar el yerro. Lo que decís es engaño, y es mui cierto que os mintieron los que envidiosos os dicen que profano el honor vuestro. Ya aquesto habéis escuchado, no temo aquesto supuesto, ni conciertos que me obliguen, ni temores que dan miedo, ni venganzas que me aflijan, ni aquese estoque sangriento, porque a todos cuantos digan; que de vuestro honor soy dueño, dará castigo mi espada, muerte mi valor soberbio, venganza mi razón grande, y pena mi agravio mismo; y pues estáis engañado, y conozco que no debo el honor a vuestra hermana, con la disculpa que tengo, ni a Leonor daré la mano, ni a vuestro acero el aliento. Si pretendes escucharlos, desde aquí puedes hacerlo. Si Fenisa, que informarse mi amor pretende en sus celos. Pues escuchadme los dos; cuando suspensos os veo, y estaréis desengañados, si estáis dudosos a un tiempo. Nunca el señor Don Gaspar hechó en mi honor algún feo borrón, que fuera de nota en tan grande desacierto. Yo nunca le tuve amor, ni jamás pude quererlo, pero de envidia fingía por Flerida mil requiebros; mas la noche que decís que salía, fue gran yerro, que la imaginación pudo cegar el entendimiento. El que salió fue Don Felix, a quien amante festejo, este es dueño de mi honor, que quiso el Cielo supremo inclinar mi voluntad a este de amor rendimiento. Con Don Felix Federico me casaré, porque siendo el pirata de mi honor, y de mi infaia el bosquejo, no es justo que Don Gaspar refrenando el sufrimiento, ni que a mí me dé la mano, ni ejecute tus intentos. Ya Fenisa, de Leonor he sabido los enredos; con tu licencia me voy. Vuestra servidora quedo. Si quedáis desengañado por lo que informan los celos de vuestra hermana, casadla con el mismo, que se ha hecho dueño de su honor, y a diós. . A vos os guarde. Yo tiemblo al quedar con Federico. Por los sagrados reflejos de ese sol, que nos alumbra, que si niega el casamiento Don Felix, ha de probar las iras de mi respeto. Ven Leonor. . Ya voy contigo. Porque el cobarde que ha hecho a mi sangre tal agravio, apurando el sufrimiento, será escándalo a mis iras, será carbón a mi fuego. Vengo Clávela gozosa, porque ya el alma celebra un desengaño que busca, último fin de sus penas. Ya he sabido que Leonor siempre a Don Gáspar desprecia. Quién te lo dijo? Ella misma, con que estaré satisfecha, al ver que ella por su boca así a confesarlo llega. Solo vengo aquí señora a que vos me deis licencia para partirme al instante con mi desdicha a la guerra, porque soy tan infeliz, que en llegando alguna flecha, será puñal a mi pecho, será veneno a mis venas, ella me dará la muerte, y con su punta sangrienta me quitará aquesta vida que aborezco tan envuelta en vuestros rigores mismos, que no ha de saber si es muerta a los celos que me matan, o a la punta de la flecha. No habéis de verme ya más. que las cobardes sospechas de que amáis a Federico, me matarán, si no hubiera un puñal, que me dé muerte, o un estoque que me hiera. Adiós, yo me voy. Señor ruégáselo tu Clavela. Si algo puedo yo contigo, espera, señor, espera. Será aumentar mis pesares, que me quieres? Sin sospecha dejar esas inquietudes con el buril de mi lengua. Serán falsas tus razones, y querrás que yo lo crea. Decir lo que siento Don Gaspar que juzgues, que amo a Federico, es entre las nubes contar las estrellas, que por los azules Cielos son claveles deramos de luces. Yo a ti aborrecerte? no sé como sufre mi vida tal yerro, sin que de ella triunfe una muertefría, que aunque me atribule, siendo en si tan mala, fuera por ti dulce. Por tu vida juro, cuya especie tuve siempre en la memoria con nejo insoluble. Por ese Planeta, que en campos azules es rayo de nácar, que los aires pule, que yo no sabia, ni en mi vida supe que estaba escondido Federico; estuve necia de ese engaño, libre de ese embuste. Ay Don Gaspar mío, y que mal que cumplen con los celos, cuando la dama no acude con favores tiernos, que su amor ilustren. Ahora quieres irte a la guerra, util medio para darme muerte que me apure? Bien podrán servirme negros atahudes, porque estando muerta, no es remedio inútil para que me sirvan por buena costumbre, ni negras vayetas que mi amor enluten. Yo bien mío muero, tu amor no ejecute un rigor tan grande, sino es ya que gustes de quitarme el alma, porque la desunes con tu ausencia misma, y será deslustre. Don Gáspar escoge, si a tu amor es útil, el irte, o quedarte; el quedarte arguye, que tendré yo vida para que me anuncie el irte la muerte: con tu gusto cample, o mátame al irte, o viva a tus luce Calla mujer, que tus voces me han helado con oírlas, no puedo mover las plantas. Por eso con tus fatigas tienes pie para quedarte. Me pagaréis con la vida el honor que me debéis. Pedís con mucha justicia, yo soy dueño de esa infamia, y pues tu mano me brinda, tu esposo soy yo Leonor. Yo tu esposa, y porque siga a todos igual fortuna, quiero que mis labios digan, que no quise a Don Gaspar, y que el papel que fingía Federico, a ese criado, pudo tomarlo Fenisa. No hay celos ya que me cansen. No hay pena ya que me rinda. No hay dolor que me fatigue. No hay celos que me persigan. Pues estáis ya satisfecho, y en eso mi vida estriba Don Gaspar esta es mi mano. Esta Flerida la mía. Viváis en paz. . Y nosotros, o tu Clavela, o Fenisa, no queréis que nos casemos? Nuestra juventud te diga si nos podemos casar. Ya vuestros ojos me avisan que dentro de sus pestañas sois para casaros niñas. No nos queremos casar. Pues será para otro día. Y con esto tendrá fin en vuestra presencia invicta la comedia, perdonad sus errores, si os obliga su mal limado artificio, porque logrando sus dichas, si hay perdón para las faltas, también hay celos de envidia.
