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Texto digital de También hay piedad con celos

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Atribución tradicional
Andrés González de Barcia
Atribución estilometría
Andrés González de Barcia Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de También hay piedad con celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/tambien-hay-piedad-con-celos.

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TAMBIÉN HAY PIEDAD CON CELOS

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA En los ojos de Matilde, Águila el Sol, bebe activo, golfos de incendios, que escarchan, sus resplandores nativos: Y al verle cadáver, a Ardor más propicio, Aves, y Flores, fuentes; y signos, la vida agradecen, al nuevo explendor, que hiela al Sol mismo. Muere, traidor. Muere, aleve. Valedme, Cielos Divinos! 1 Rota la Canoa, libre, quien pueda, en el desperdicio, de sus fragmentos, la vida. Cortad el paso, al herido Jabalí. . Ataja, Socorro. (mio! Dadnosle, en tabla, Dios Y al verle cadáver,. A la Selva. . Ay de mí! Al Valle. Qué aún vivas! Qué aún estés vivo! Como a mi saña, no cede tu valor desvanecido? Quién vierte en tu brazo alientos, qué impide el triunfo a mi brío? Viven las Aves, de el aire átomos dulces; y en giros, ya le matizan sus alas, y ya le endulzan sus picos. Ay de mi infelice! Ataja 1. Que me ahogo, Qué ime chilo. Seguidle. A la Selva. . Al Valle. Parece, que hacia este sitio viene la Reinas y pues temo mas su rigor, que tus filos ha la mejor ocasión sosiega; y. . Cuando teñido en tu vil sangre, mi acero violente el postrer suspiro, a que rompa fatigado tu corazón fementido. . . El acaso, ejecutó, lo que él respeto no quiso; pues roto mi acero. . Roto, verá, tu fin, atrevido. Y al verle,. Tened, Titano, qué es esto? pues tú, con quien ha perdido a la ira de la fortuna, la defensa? . Un etna ánimo! Ta osado. . Muerto estoy! Qué es esto? Titano? Olimpo? Qué ahora llegase la Reina! Qué me haya, Matilde, visto desairado! . . Ay infelice! Qué lastimoso gemido, tiñe de dolor el aire? Desde aquí, señora, miro dos hombres, a quien el mar furioso, y embravecido, aumentando proceloso las ansias de su conflicto, en la orilla los vomita, para tragarlos altivo, otra vez sañudamente. Socorredlos: no el impío hado, triunfe de su vida a mis ojos; si a mi oído una vez, pudo llegar, el eco de sus gemidos, Viven las flores, sin la ansia, de que en su candor marchito, nazca, un firme desengaño, de lo que es débil prodigio. Libres serán, pues lo mandas. Verás cuan prompto te sirvo. Cual corren, ni aún los pantanos detienen sus fuertes brincos. En tanto, que deja el mar libre el margen, de improviso llegan los dos. Y en sus hombros traen los mismos rendidos. No temas, que a tu fortuna, la fijará el valor mío. Pues de entre ranas me sacas, méteme entre los mosquitos. Ven, a postrarte a las plantas, de quien te rinde este auxilio. Ya está a vuestros pies, ese homo (bre, en cuyas señas admiro, mas novedad, que en su riesgo. Pelo tiene en los hozicos, vive la Luna, que es la primer cosa, que he visto. Viven las fuentes, y quieren aún entre inquietos bullicios, estampar su bella imagen, en los rostros cristalinos. Ya está libre, ese hombre, o fiera, que a vuestras plantas humillo, para que parezca vuestro, el que ha sido triunfo mío. Quién sois, monstruos de la espu- Ay! socorredor maligno, (ma? despedazas, cuando alivias? Cielos, no era más propicio, contra unos rigores de agua, unas piedades de vino? Nueva especie de vivientes! Hablad. No sé qué deciros, porque el aliento fallece, . y dudosamente vivo: Válgame Dios! soy un hombre, que sí: ay de mí! Raros Bichos! él nos galántea, haciendo jestos raros, y exquisitos. Veo si murió ya, Aún alienta. Es cansancio del camino. Retiradle; y tú quién eres? Quién será tanto diablillo? . Yo soy Montañes honrado. De donde sois, solicito saber? . Somos Españoles. Con justa causa me admiros Españoles? . Si señora; mas mirad, que estoy molido, y por tanto puede ser, muy cansado informe el mío, Viven los signos, y ansiosos en afanes dejan finos tras el Sol, que les alienta, los engaces del Impíreo. Frefia, tú de que se alivien te encarga. . Yo el cargo ad- que me ha agradado. (mito, Pues vamos, que deseo verme ahito, y había de desmayarme, si no fuera desatino. Y vosotros, refevid el cruel Bárbaro motivo de hallaros, en este bosque tiñendo, que no averiguo, aunque procuro encontrarla, qué razón hayáis tenido? Si vos no hubieráis llegado; a mis furores Olimpo escarmentara, atreverse a: más para qué lo digo? si el acaso va a informaros, mas que puedo yo deciros. De él escucharéis la causa, porque yo (furias respiro!) a vuestros airados ojos; tiemblo amante, y temo fino. . Yo, que ni temo, ni debo, hago, señora, lo mismo. Espera. . El monte atraviesa veloz. . Decidme, qué ha sido? El natural de Titano, es tan feroz, tan esquivo, que pasa a insufrible; pues quiere su valor altivo, que aún se rita la fortuna, por lo que dicta su arbitrio; de que luchando venciese mi destreza, fue ofendido; y creyendo, que el acaso pudiese en él ser delito, vengarse de mi intentando; me sacó airado, a este sirio, donde a las primeras sañas, mi acero rompó y al ruido llegasteis. . Siempre indignada me tiene vuestros caprichos, y ya mi enojo. Señora, si, quien. . Retiraos, idos, que vive la lacra Luna, cuyo flamante Divino ardor, ánima mi Imperio, en tres vivientes distintos. Bella Matilde, el rigor templa. . Quien siempre ha temido vuestra saña. . Retiraos. Ya, violento, me retiro, para que lo desairado, le disculpe en lo rendido, El Reino inquieta Litano. Es favorecido Olimpo, y la envidia. . Hay prima! poco mi favor has advertido, que la mayor conveniencia precisará mi albedrío. A vuestras plantas, descanse, . de el fiero rigor impío de su suerte, quien. . La Reina, es Matilde. . De improviso ciego a tanta luz, ignoro lo que aliento, y lo que vivo; mas no es ceguedad buscar el Imperio de estos riscos, en quien logra de las almas el absoluto dominio. El engaño perdonad, pues confieso el error mío, a vuestras plantas. . Alzad de el suelo. Y yo a ellas me rindo, otras mil veces, que no me cansa, a mí lo rendido. Qué saña de vuestro hado es esta? qué precipicio de vuestra fortuna adversa? porque cada vez, que os miro, hallan ojos, y discurso, fuera de lo peregrino mayores admiraciones? Qué tristes son estos Indios? Bárbaros son, como aquellos, de la Isla donde salimos. Y qué valientes gaznates, que tienen, para engullirnos. Decid quién sois, qué os suspende? No extrañéis lo esté al ciros, porque vuestra novedad, da a mi extrañeza principio. Cómo? . Como al escucha. que haberme desconocido, (ros, por mi ser, os la ocasiona; no es de admirar, que yo mismo, de verme extrañar, extrañe; pues al paso que percibo vuestra admiración, la ignoro; y con un motivo mismo, vos de verme, os admiráis, y yo de oíros; me admiro: Hecha esta salva. Detente. que primero solicito, que respondas, prevenirte, la razón, de qué ha nacido mi extrañeza; pues discurro, que el admirarla tú, ha sido, no el que a la duda le ignores el fin, si no es el principio, Escúchale, y considera con su noticia, si ha avido, o en mi atención fantasía, o embeleso en tu sentido. Esta Región Popalosa, (Extranjero Peregrino) que pisas, es la Florida, que influjos tan repetidos, goza del fecundo Mayo, (sin el círculo preciso) que en ella peremne crece, o de ella nace; pues fijo, midiendo siempre opulento, sus duraciones por siglos, para alentarse inmortales, los explendores propicios, o nativo se desata, o se enlaza sucesivo. Nunca atezado vapor, que en humo exaló el Estrío, selló, el alagueño amviente, para infeccionar sus silvos; y nunca palido, hierto, carámbano, en el bullicio de sus cándidos cristales, logró estamparse aterido: de suerte, que ya del Julio, ya del Enero, el peligro despreciado, permanentes, en mi Imperio sus dominios, la Primavera asegura solo; y solo aquí se ha visto, eternizarse lo hermoso, sin los riesgos de lo lindo. Qué mucho, si de la Luna, al puro, cándido, limpio, prodigioso, explendor, sacro, se adorna Ara, y sirve Olimpo? Templo es suyo (dije bien) que al reverente, al votivo culto, de sus moradores, aún se mira su distrito, ámbitu estrecho, si miden, ya en ruegos, ya en sacrificios, la iminensidad de sus votos, con las distancias del sitio. Aquí, pues, la interminable llama, que en dudosos giros, tan infatigable alumbra, que si con trémulos visos, parece, que va menguante, apagándose, al lucido resplandor se restituye creciente, sirviendo el mismo movimiento, que la extingue, de recobrarla a su activo flamante ser; de tal fuerte, que de sus rayos divinos, ignorando siempre el fin, siempre se atiende el principio. Su Deidad radiante, aquí (una, y mil veces repito) se venera; pues qué mucho, (vuelvo a decir) que el benigno, fértil, delicioso, suelo, no se sujete al esquivo hado, que le profanara? a no reparar, que es digno, en fe de la adoración, de erigirse altar florido, a deidad aún en reflejos palpable; pues percibidos, religiosamente abultan, un Ídolo de luz vivo. Esta, en fin, es la Florida, de cuyo ameno, dominio, es Emblema floreciente, de sus Monarcas invictos, la Real purpúrea Diadema, que orlando en sus coloridos mátices, el Solio Augusto declara, que a un tiempo opimo, siempre florece; y que nunca en sus pensiles se han visto, para internas asechanzas, domésticos Enemigos. Bien a esto también conviene; el Municipal preciso estatuto, que se observa de que cualquier Peregrino, que miseramente errante, pisaré de estos distritos el término, a nuestro culto en grato, fiel, sacrificio, de la Luna desempeñe, nuestra adoración rendido, y al seguro de esta Isla sirva; que son más nocivos para las quietudes proprias peligros advenedizos. Pena es su muerte, de su hado, sin ser extraño; pues fijo es, que influye el hado a un tiempo, las culpas, y los castigos: Si tan enlazadas andan, las penas, con los delitos, que parece que las dicta la voz de un influjo mismo. En esta inviolable, atenta, política, ley, ha sido árbitro, tal vez piadoso el Cetro, que compasivo templa las severidades, con no acriminar los Ritos. Ya con esto, en tu noticia, averiguado colijo, el origen de mis dudas; pues cuando por Peregrino, o al rigor de nuestra ley, o a mi piedad, tu destino te conduce, a un mismo tiempo, suspende el habrado filo, y el benigno Imperio, verte, de tal forma, que el motivo, que uno, a otro apresurara, uno, y otro, ha entorpecido. Mirarte es nuestra extrañeza; pues en tu aspecto, tu brío, notamos, tan nunca vistas señas, que yo de mi digo, que creyéndo te hombre, o Monstruo, Monstruo, ni hombre te examino: (mas razón, que su extrañeza, en mi temo, y no averiguo.) . Esta es, pues, mi novedad, discurre tú, allá contigo, cual será la causa de ella, pues ya en su efecto has oído, cuanto obliga poderora, si entre piedad, y suplicio, suspendiendo lo cruel, embarga lo compasivo. Y si de la Luna ultraje es desaire de mi arbitrio, puesto que a su adoración, ya oi Majestad, ha sido un culto, y un Real afecto, malogrado, y suspendido. Cielos, cierta es mi sospecha! . O qué bien dijo, el que dijo, no hay más Indias, que Madrid! Esto es Indias, y esto es Indios? Bien pudiera yo valerme, habiéndoos antes oído de vuestra misma extrañeza, para evitar el previsto riesgo, y irle cautelando con vuestro mismo capricho. Pues no, que no ha de decirse en ningún tiempo, que ha avido Español, que halló (por más que le aflija, su destino) congruencia en un engaño, para borrar un peligro, ocultándose en la nota de cauteloso, el indigno borrón de cobarde, donde la censura de los siglos seería, que hacia sombra a una vileza, un delito. Y así, atendiendo primero al blasón esclarecido de mi ser, oíd quien soy y declarado, el cuchillo, en mi libre sus violencias, como a lo futuro escrito quede, que hubo nobla aliento tan heroicamente altivo, entre la ficción, y el miedo, que al volver por si atrevido, negando el rostro a una nota, le descubrió a un riesgo fijo. Europa (noble porción del Orbe) en su más benigno, lustroso, término, incluye otro no menos lucido (si no mayor) que es España, pues floreciente prodigio de Armas, y Letras, compone nuevo Orbe de sí, y consigo. Varias Provincias contiene, cuyos fecundos Dominios, impera, rige, e ilustra, glorioso, prudente, invicto, Augusto, siempre, Don Carlos, Primero Rey, César Quinto. Una es Galicia, mi Patria, y de sus Blasones cifro, los altos elogios, solo en su nombre esclarecido. Don Pedro España el mío es, que de cuanto hubiere dicho de mi Nobleza, bastante desempeño es mi apellido, Ya en edad adulta, dado al literario ejercicio, en el más fértil, más grave, mas elevado, mas rico, Emporio de ciencias, que ya España, ya el Orbe, ha visto, en lentas actividades, ocios acredité dignos. Cuando tirana violencia, (dije mal) rigor benigno, inquieto sosiego, aleve alhago, furor tranquilo, estrechando injusto le alma, movió guerra a mis sentidos. Amé una hermosura; ya con solo esto, dejo dicho, los sustos, los sobresaltos, que comunmente consigo, traen en lides amorosas, contrapuestos los cariños. Solo diré, de este afecto, por fin, que en su Dueño esquivo logré, en proporción igual, mi dicha, y mi precipio. Feliz, he infeliz, a un tiempo me hallé, cuando en sus desvíos, la helada informe materia, al fuego de mis suspiros, o se dejó labrar dócil, o la resolvió él activo. De venturoso, a envidiado pasé; término indistinto, que en bienes, y males, pone el humano orden preciso. Por competirme, las dichas compitió, con mi destino, un bizarro Caballero, que muerto al celoso brío de mi brazo, y muerto yo de su ofensa, al duro silo, con infausta lumbre, en ambos dominó un influjo mismo. De este trágico suceso, obligado, he impelido, a España dejé, en que fueron parciales, deudos, y amigos, (lastimando su memoria mi primer afán perdido) con mi estrella medianeros; pues por dar algún buen viso, a mi fortuna, abrazaron procurar, que un cargo digno? honroso me desterrase, mas que mi error fugitivo. Gobernador de la Habana salí, ese admirado Olimpo, cuya immensa planta, baña el Occeano infinito. Pero de su indosa margen, el piélago cristalino, a la dirección de un leño, no bien pisé, cuando altivo, soberbiamente intratable, me recibió enfurecido, de agua, y viento desatado, roto el ajustado quicio, corriendo dos elementos, precipitados, y unidos. En la violenta Campaña, espumosa, introducido a lentos soplos, el ciego furor del Noto impelido, ceruleos Montes de espuma, de nieve diáfanos riscos, a un mismo impulso, se vian elevados, y abatidos. En su emvate presuroso, el curso, y retrocedido, fabricaba de las ruinas, los instables edificios, ya se congeló a encrespadas olas, peñasco de vidrio, y ya al nadar liguidado, salpicó penachos rizos. Del impetvoso desorden, resultaron los bramidos, en el centro pronunciados, y en la Esfera repetidos. Conjurados en horrores, el Imperio, y el abismo, contra el mísero Bajel, en el nanfragio preciso, dudó (no estorbando el riesgo si mejoraba el peligro, o en el Cielo zozobrando, o en el centro sumergido: a iguales daños; expuesto se vio, cuando combatido a las rasagas del aire, de las ondas al bullicio, débil pluma fue alejado, grave plomo detenido. A tanto imperuoso choque, desecho, ya, divididos, árboles, jarcias, y velas, del breado leño, fuimos cuantos incluyó su Buque, si no iguales desperdicios, de su fortuna, a lo menos semejantes troncos vivos. De suerte, que al ver que ya; sin el nautico orden fijo, al imán, mandó el pabor, siguió aguja, al conflicto, y al Norte del desaliento, se encomendó nuestro arbitrio. Sin otro que él, pequeña Isla, con buen Puerto descubrimos. donde nos precipitó, airado nuestro destino, disfrazando lo sañudo, en traje de compasivo. Pues que de su salvamento, valernos, no bien, quisimos, cuando de sus moradores, encontramos el peligro, Bárbaros nos recibieron, (sin más causa, mas motivo, que haber de nuestra aflicción, al sobresalto acudido) haciendo inhumanamente opósito a nuestro asilo: en arma, puestos, lograron a sus crueldades rendidos. verlos a todos; pues unos muertos, y otros fugitivos, librar en el Mar creyeron, el nuevo susto, he impío, lo que enfurecido, no, vino a conseguir tranquilo. Yo, que complice en la culpas de todos fui, en el castigo, participe también fuera, a no encontrar en el mismo impulso, con la piedad de un generoso Caudillo, de quien fue igual dicha hallarme seguro, que defendido. Oculto, pues, algún tiempo me tuyo; pero previsto en su cuidado, si acaso daba al reparo motivo; y era razón de frustrarse tantos impulsos propicios; determinó, que la fuga del rigor endurecido, de tal fiereza, me diese seguridad, y previno, fletándome una Canoa, el medio de conseguirlo, bien que dudoso; pues solos yo, y ese criado mío, que en mis fortunas a un tiempo, también compañero ha sido. En ignoto mar, con débil resguardo, y sin rumbo fijo, ya que de el peligro huyese me iba cercando el peligro; pero en tal paraje entonces, vi el error de mis disignios, que de infortunios cercado, entre dos riesgos precisos, ya en la Isla, ya en el Mar, por menos gravoso elijo, uno imaginado, cierto, que otro inexcusable, visto. Segunda vez entregado de las ondas al arbitrio; me hice al Mar, y a breve instante de bonanza, vengativo hallo, que segunda vez, se me declara Enemigo. Con desecho temporal a esta Región me avecino, que de la Isla tan poco dista, que las dos, a un mismo flujo, o reflujo, las aguas en su espacioso distrito, mojan, o enjugan, quedando golfo, o Campaña, su circo, A su vista nuestras vidas, de ese monstruo cristalino, míseros despojos fueran a no acudir en auxilio de mi suerte infiel, algunos de tus vasallos invictos. Este es mi origen, y este de mi larga vida, ha sido epílogo breve, donde que habrás hallado, imaginó, a tu admiración más causa, si unes, en lo que has oído, infortunios tan remotos de esperar ningún alivio, componiéndome más raro mis sucesos exquisitos. Dos veces absorta quedo, en lo que oigo, y lo que miro: rara es tu vida, Español! Ya el rigor de mi destino, tempió sus sañas, si logro en vuestra piedad mi asilo. Dila de eso. . Vainillas, aquel lisonjero hechizo, cuya hermosura ha logrado turbar todos los sentidos, con más rigor, que el nanfragio; Qué te ha gustado? oh qué lindo! Compadecida de vuestras fortunas, en mis dominios, doy palabra de ampararos. Yo vuestra piedad admito; Mejor diré, que por mí me hago a mí este beneficio. . Pues la Música prosiga, que a la Ciudad detérmino, antes que se esconda el Sol, lleguemos: afecto mío, mucho que pensar llevamos, en el portento que vimos. . En los ojos de Matilde,. Has visto mayor belleza? mayor hermosura has visto? Merece ser conquistada, por ser India: buenos bríos. La Reina aguarda, venid. Por primero mi destino, aún el placer de mirarla, robar quiere vengativo. Y la Fresia vale algo? Venís? . Ya, señora, os sigo, agradeciendo a mi suerte, el susto de aquel peligro. . 2. Pregunto, señora Fresía, sabe usted, que con los filos de su hermosura, me ha dado un rebés en este juicio, que le ha trabucado todo? Habrá mayor desatino, que de repente, poner mi desdén a un precipicio, y a que haga algún disparate? Yo no puedo más conmigo un solo inflante, que no enamore, estoy perdido y más, de quien sabe más, que Urgaenda, pues ha podido con hierbas, y con palabras, quitándonos lo molido, lo hambriento desvanecernos, y aún lo pobre sacudirnos, Venga, no nos echen menos nuestros Amos. . Ya te sigo, bravo amor tengo en el pecho! Pues yo pajas en el mío. Vive la Luna, que estoy rabiando, de que importuna, me quitase la fortuna, la venganza mía, hoy: Y es tan grande mi pesar, que usurpándome el sosiego, enciende en mi pecho el fuego, que allí imaginé apagar. Esperar otra ocasión, que no siempre ha de encontrar, Reina, que salga a cazar, para estorbarte la acción. Por el Cielo soberano, que estoy sin mí, Salpicón. Por eso, tu indignación, conmigo está mano a mano; y pues soy fiel, y leal, como hombre de provecho, de tus secretos el pecho tengo lleno, por mi mal: dime si acaso tu suerte, celoso a Olimpo sacó al Campo? Que sienta yo no haberle dado la muerte, es, porque llego a temer, que me pueden estorbar, cuanto quisiere intentar, su introducción, y poder. Él es mi competidor; para el vulgo, mis desvelos son celos: y no son celos las furias de mi rigor. Aunque favores merece a Matilde, mi rencor las lisonjas del Amor, insufrible desvanece; Nunca desdenes sufrí, ni rigores toleré, para rendirla mi fe, que fuera vileza en mí: sino por si enamorado, mintiendo, en su mano adquiero su Reino; pues si la quiero; es por razones de estado. Quise, que el Laurel triunfante, orlase mi heroica frente, cuando no por lo valiente, por las finezas de amante. Pero hallaron mis furores, descubiertas sus mentiras; y que ultrajaban mis iras en mi enemigo favores; y creyéndome ofendido, quise vengar irritado, las ansias de un desairado, en las de un favorecido; porque a mi saña cruel nadie sero pusiera fiero; pues muerto, a mi invicto acero, violentara yo, el Laurel, cuando sin competidor pudiese así conseguir, que el arbitrio de elegir, no me hurtara el Real honor. Por esto, abultando agravios, le saqué al Campo atrevido, de mi dolor persuadido, que no supieron mis labios; pero el fatal accidente, que viste, el triunfo robó, para que en mis ansias yo nuevas cóleras aliente. Señor, de la Reina, hay poco que fiar; pues ya se ha sabido, que por esposo, elegido tiene, ese Olimpillo loco, que anda tras de que sus males, den a su fortuna coz, el vengarte, está en tu voz, y el valor de tus Parciales, rabian con ley, o sin ley, porque llegues a Reinar; y tú no quieres dejar, que te levanten por Rey. Echaste a perder tu suerte, cuando a Matilde aclamaron; harto los tuyos gritaron por ti. . Mas si bien se advierte, mal entonces resistir la aclamación pude yo; pues Sileno me faltó, empeñado en elegir a Matilde: hoy a mi saña morirán, sin que lo impida nadie. . Boleta de vida nadie tiene en la Campaña; que Olimpo acaudillará sus Tropas. . Salga con ellas, y verá, que en las Estrellas; mi furia le clavará. Ea, bien has desahogado tu conciencia escrupulosa, y no has dicho mejor cosa, que aquella de lo clavado; pero Matilde, señor. Vete, que yo he de esperarla oculto aquí, para hablarla, ya que el immenso furor, llega su vista a templarme. Voyme; y para entre los dos, lo que falta te dé Dios, que es juicio, y para pagarme. Ay tormento insufrible! que zozobrando fácil, para que mis pasiones no reboses, en mi idéa padezco, que te abrases. Qué dolor es el que ultraja tu hermosura? Si yo hallase palabras con que decirle, fuera, Flora mía, tratable, el ansia de padecerle, al alivio de contarle. En tu silencio puedes, alivios encontrarte, pues no ignorarás, que mueres, cuando infeliz te declares. Por qué ha de morir? Qué dices? Arrebatome el dictamen la dulzura: Canta. Mucho dicen mudas, estas frases. 1. Tu dolor escondido aún el silencio calle, que hasta los silencios gritan, lo que los afectos saben. Si descuidado viertes en los ojos. . No cantes. Deba a tus ansias mi afecto ser participe. . Dejadme todas. . Cómo quieres? Idos. Rara extrañeza! . Notable, Solo a mis penas, les busco el descanso de quejarse; tal la fatiga es, que alienta en que no la escuche nadie: desde que vi al Español, tirubean inconstantes mis esquiveces; mas como de mi a mí, salir me hace, un pensamiento, que apenas vivio, cuando fue cadáver? Y que antes vio el escarmiento, que el delito tropezase? lo que extraña el coracen, el labio pronuncia fácil, para que escándalo viva, lo que aún descuido no nace, es triunfo amor, decoroso de mi aliivez el ultraje? A un hombre, que no conozco, ni de él tengo más señales, que vomitarle a la orilla, cruel el mar? qué cobarde la razón se oponel ay Cielos, qué costosos mis pesares son! pues con desasosiegos, hieren mis felicidades. Quién te trajo aquí, Español? que dudo en ansia tan grande, si tus males te arrojaron, o te guiaron mis males. Sola quedó ya, y suspensa con algún cuidado yace, si por no ofender vuestra ira, en aquel pasado lance, de la luz de vuestros ojos, fue preciso retirarme, ahora abrasado a ellos vuelve, pues ya en menos ceños arden, Flores vistiendo a la tierra, y tiñendo en luz el aire. Qué queréis? Que de mi arrojo pueda mi voz disculparme, satissaciendo. . Está bien. Sin oírme, es ultrajarme, que os ausentéis; y pues siempre veneraron mis pesares, las divinas esquiveces de vuestra beldad. Qué haces? tú el paso me impides? . Sí, que quien ya grosero amante, pudo una vez enojaros, no es bien se ponga en paraje, de que otra vez os enoje, si ahora queréis escucharme. Solo faltaba a mis penas, que un necio las aumentase: Di, pues. . Pregúntaros quiero; por qué razón a un cobarde preferís, a quien la suerte, y no el mérito, ensalzarle intentó, tanto, que ya a competir va arrogante, la que le labráis fortuna, con mi valor, y mi sangre, cuando los Dioses tuvieran vanidad, si me igualasen? Ignora en tu Imperio alguno, que fiel, rendido, y galante, el Laurel dejé ceñiros, pudiendo yo dispurarle, a pesar de inmensas gentes, que torpemente ignorantes, creyeron, que mi ambición, mis afectos injuriase, y que por desvanecerme, en adoraros faltase? Quién es Olimpo? qué logra mas que ha imaginado nadie? No tuvo por padre un Monte, sin que sepa de otro padre que la enmarañada quiebra de su rústico boscaje? Qué hazañas consiguió? acaso el Orbe todo, no sabe, deberse, a mi esfuerzo ardiente, estar tu Imperio triunfante, quien pudiera engrandecerle, si yo quisiera humillarle? Este dolor, tan ajeno me tiene de mí, que hace, que vuestro desdén castigue, y vengue vuestros desaires, en él; y si no pudiere, quien supo el Reino dejarte, sabrá otra vez. . Calla: tú Vienes a mí a amenazarme? vive la Luna, villano, que a mi rigor, el ultraje de ofenderme, y de ofenderte, escarmentará. . Si darte pude pesar, con la voz, qué hará quien padece, y sabe. Qué has de laber? vive aleve, pues logras de mis piedades la vida, que no mereces, En fin. . Quieres replicarmes sin que mi enojo te extinga, o mis furores te abrasen? Ha de mi Guarda? Soldados. No de mi razón te agravies. La Reina da voces. Quién pudo atreverse a enojarte? Mas qué miro! . Qué nos mano Nada. . Ordén breve. (das? Pues antes os dijé, por no exponerme, al riesgo de que me cansen, que no dejéis entrar, locos, en Palacio semejantes. Qué es esto? . Flora, no sé; pero si desprecios tales, solo con su muerte puedo vengar, yo haré, que intratable mi cólera extinga ardiente a Matilde, y sus secuaces, antes que mi sentimiento, vida, y honor, me arrebate. . Quién de Palacio, señora, turba las serenidades? La misma duda padezco, sin que ninguno encontrase, que me la satisfaciese. La Reina aguarda. Qué aguarde. Vainillas, no ves? . Si veo. No es hermosa? . Es cosa gran- Rendido he quedado al verla. (de. Mas de nadar lo quedaste. Dónde se estará mi amo? Español. . Deidad, que sabes dominar los albedríos, y rendir las voluntades. Un Indio hacia mí se viene, y de él tengo de informarme de esta Flora, que tiene humos de Ama, o mienten las señales. Visteis, por aquí, a Titano? La misma pregunta que hace, hizo a un Córito, un Gallego; porque llegó a preguntarle: donde está el éngote? y él (creyendo, que era Elefante; por que jamás había oído el nombre) con gran coraje respondió: qué es el cogote? Permítame preguntarle, quién es Titano? . Titano, es mi amo. . Y aunque le canse, quién es su amo? . Titano es. Qué se zumba? Estos salvajes, si son tan preguntadores, el diablo que los aguante. Hermano es de Flora, y primo de la Reina. . Asegurarle. puedo, que jamás le he visto, No, pues le aguardó en la calle. Español, si de tu afecto no pudiera yo pagarme, de tanta cortesana lo estuviera; pero haces porque te de libertad esos extremos, que nacen, no de admirar mi hermosura, sino de herir mis piedades: fía de mí, que a mi cuenta está, el que logre pagarte, un afecto tan extraño, tan no entendido, esto bastes pues dándote libertad, él sabrá desempeñarse. A quien la prisión adora, es desgracia libertarles Ay Español! mucho agravias a la Dama, que dejaste, allá en España. . Ese afecto pavesa se extinguió fácil, abrafándole en su nieve, la immensidad de esos Mares, Cómo se va perdigando? dale otro poquito, dale, que si esta India fuera breba, está si cae, o no cae. Y qué afecto no borraran, cuando en esto os engañase, de vuestros divinos ojos, los ardores celestiales? Porque me está bien creerte, palabra, ahora, has de darme de no huir. . Cayó sin duda; Qué bien se ve, que no sabes lo que es afecto Españor? pero pues te persuades, a que una vez adorando, dejaré de ser constante, en tu mano, y a tus plantas, juro, por esos brillantes rayos, con que me iluminan, tus dos Soles. No adelante prosigas, que será fuerza, que desconozca, si lo haces, mi fortuna, en tu lisonja, pues nunca. Mira, que sale hacia aquí, como un podenco, un Indio, como un Gigante. Mi hermano es. Cielos, qué oigo? Extraño lance! Qué miro? Flora, tú en este sitio? y tú en este paraje, monstruo advenedizo, que racional te ignoro? . Antes, que por culpar su osadía, su nativo honor ultrajes, a prevenirte la causa, será bien, que me adelante, de estar aquí, y él conmigo, Amor influye lo que ardes, . este Joven Español, no discurro pueda darte, de su esclarecido ser. Oye. . Qué fiero visaje! Españel eres? . Sí. Flora, prosigue los que empezaste. A Palacio con Matilde, siguiendo de sus piedades el rumbo, llegó, y acaso le dijeron (o al examen pasase, de agradecido) como a tu valor constanta, y invencible, sus alientos debían, cuanto vitales y a respiran generosos, y como a él también llegase, junto con esta noticia, que su hidalgo pecho aplaude, la de ser yo hermana tuya, presuroso al punto parte, no sabiendo donde pueda, su agradecimiento hallarte, a darme, noble, obsequioso, las gracias, que ha acción tan grande, se deben. . Fuego. Y en esto estaba, cuando llegaste, ofreciendo, que a tu lado su valor desempeñase lo que al tuyo agradecido debia. . Cómo mil Sastres, trata la India mentiras: Por Cristo, que en todas partes, son (pues con años se miente) unas mismas las edades. En fin, ofrece ha de ser tuyo su aliento. . Y si vale algo con vos mi valor, permitid, que os lo consagre, siendo ahora, el ofrecerle principio, a desempeñarle. Yo estimo, Español valiente, tu agradecimiento; y antes que de los afectos míos, reconozcas los quilares, Flora, de aquí te retira, . pues tu fortuna te trae, donde prodiga revose, mayores prosperidades, que las que fingir pudiste. El Cielo, hermano, te guar Ay Español! si confusa me dejó solo el mirarte, en la dulzura de oírte, nueva cunfusión me añades, El Cielo a mi intento ensalza; pues si logro conquistarle a este Español sus alientos, conseguirá mi coraje su ambición: porque quien duda, que aportar, en este lance, y por tan raro accidente, a playa, que tan distante está de las suyas, tiene mayor prodigio, que sabe distinguir mi entendimiento, y comprender mi dictamen? Español, aunque no sepa quién eres, saber me baste, que eres Español: y sois los Españoles deidades; ya blandiendo el duro acero, el brazo siempre triunfante; ya dominando el trisulto, de Júpiter fluminantes, rayo, trueno, y muerte, haciendo tres instantes, de un instante; ya sabrás el valor mío, ya mi nobleza, y mi sangre, y lo que me debes. . Sí. Escucha, lo que no sabes. Una dicha, y un Imperio, compite mi ira intratable, a Olimpo, de nuestras Armas Caudillo: que hijo arrogante de la fortuna, pretende tan locamente ensalzarle, que es ya preciso abatirle; pues llegó el punto, en que nadie, triste objeto de la envidia, consiguió seguridades, lidiando furiosamente, en afectos desiguales, la fortuna, a engrandecerle, y la envidia, a aniquilarle? Una dicha (que lo fuera, si entre las ansias de amante, no se trasluciera el fiero desatinado dictamen, de que conseguida pueda, de ella, y de todo vengarme) que en la mano de Matilde, ofrece el hado inconstante; pero tan aborrecida de mí, que si tierna hace la memoria, algún recuerdo de ella, a mis ferocidades, se convierte en ira, en odio después; y la que fue antes tenebroso humo, que asombra de Amor los dulces altares, en venenos se convierte, alhagos de mis crueldades, que oprimidas me atormentan, y en mi silencio no caben. No solo el fingido afecto mis cóleras persuade, sino ver favorecidas, en Olimpo, indignidades, de que por más venturoso, le mientan más fino amante; y es tal mi saña, y mi pena, en tan furioso cómbate, que a no templarlas mi idea, temiera que me abrasasen. Admira bien, qué dolor será, en quien de verás ame, que al martirio, que padece, ajena piedad disfrace? Si aún al que finge, le abrasa, este, que es mal de los males, tormento, de los tormentos, y pesar, de los pesares, sin temor de lo que pierde, aún en el hielo, con que arde? Y esto, aún estando contento, de que a mi despreciase Matilde, que ni en querernos sufrir puedo el ser iguales. De este sentimiento mío, si bien le consideraste, colegirás, Español, que yo intento apoderarme, de el Imperio de Matilde, de Olimpo, y de el que intentare, al empeño de mis furias, deslucirle, o contrastarle: Para acción tan generosa, Español, tengo Parciales, a quien enojan de Olimpo, chiméricas vanidades, que sin principios caducan, y sin fundamentos caen; y hoy de ti amparado. Tente; y antes, Titano, que hables, en la forma de tu empresa, permíteme retirarme; porque a tanta acción, no puede tan desvalido ayudarte, quien Peregrino en la tierra, expusieron esos Mares, hoy ver la Playa. . Así pagas, que mi fe te declarase mis intentos? no me diste palabra, de. . No adelante prosiga tu voz; pues nunca pude como interpretaste, ni mi valor ofrecerte, ni con mi brazo auxiliarte, a tan gran traición, Qué dices? Vive el Cielo, que si no haces cuanto a mi intento conduzca, que ha de dar tu aleve sangre, por más triunfo a mi venganza, a mis sañas rojo esmalte. El Indio es sin polvo, y paja, quinta esencia de Uracanes. Lo que haré por ti, es guardar el secreto. . Puede darte la fortuna, di, mejor medio, a tus felicidades, que el que te propongo? . Sí. juzgo, que erré en declararme, . con un hombre advenedizo; pero ya lo advertí tarde: Cuál es el medio, que intentas buscar? . Cumplir con la sangre generosa de Español, en cuyos pechos leales, hay valor para ofender, alevosas voluntades; mas no para defenderlas. Mira. Envano me persuades. Mi ruego desprecias! . Sí, que yo no puedo vitrajarme. Tu riesgo te obligue. . Nada temo. . No, pues lograste contra la piedad ingrata de Matilde, mis crueldades, y el que las suspenda ahora, agradece a este paraje; mas no tardarás en ver cuan corta vida ganaste, para morir en la tierra, en librarte de esos Mares. . Yo defenderé a Matilde, hasta el último combate: Vainillas. . Señor. Advierte, que lo que ha pasado calles, si en tu pecho ver no quieres este acero penetrante. Veré con mi condición, si una vez a no ser frágil, acierta, en la humanidad, de secretos naturales,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Señor, qué tienes? que estás estos días murrió, triste, sin vivir en lo que animas, sin hablar? . Ay infelice! Qué te falta? tú no tienes, aún más de lo que es decible? no estás un tris de ser dueño de este Reino? pues Matilde, juzgo le pondrá, en tu mano, aún por menos de dos trises? Desde que te vio, la santa mujer, por lo que dijiste, no se edificó de verte, y se traspilló de oírte? En fin, por ti no se muere? y si tú solo permites, ser bobo Amante de Flora, la Flora no se derrite? Estos Indios endiablados, obediencia no te rinden, y tal, que si antes andaban, (Dios nos socorra, y nos libre) tragándose unos a otros, desde que saben remite, la Reina, a ti su Gobierno, esta boca es mía dicen? Su Valido no eres, con resabios de Gran Cacique, pues con Damas, y Graudeza? qué te falta? qué te aflige? Calla loco; esa fortuna, en que me ves, el terrible dolor es, que me atormenta; pues para hacer infelices, no siempre adversa, y sañida, molesta, que en mil deslices, óprime con más rigor, si prósperamente oprime. Si es así, mudando tono en lo que pregunto, di me lo que te sobra? No es averiguarlo difícil: como has dicho de favores, no me corona Matilde, con tal empeño; pero esto, no es bien que yo lo publique, Flora no quiere. . Detente, si sientes que se compliquen, los dos afectos; ya encuentro a tu mal remedio. . Dile. Yo he participado siempre tus desastres, ahura dices, que las dichas te maltratan, qué razón hay que me prive de las que te sobran? deja que yo enamore a Matilde, quizá ella me querrá, y te quede Flora libre. Qué locura! pero calla, que llega. . Mas qué ahora ries? Don Pedro, como sin verme tanto tiempo? . Está tan triste, que tiene el alma más negra, aunque inocente, que tizne. Bellísima Flora, a quien corto despojo se rinde, un alma, que alienta, solo de que tus rayos la animen, los nobles empleos, con que me favorece Matilde, motivaron. . No prosigas, que no tengo de admitirte por disculpas, en mi Amor; los empleos, que repites. Si ella, me fio. . Yo ahora; no discurro en que te fio; que de suspensa mi queja, que mejor mi afecto admite, no apurar en ti disculpa, que no te abona, y me aflije; pues vengo (buscando alivio en tu fineza) a pedirte acudas a un riesgo, donde miseramente infelices, expuestos nos vemos todos, al resuelto amago firme, que un furor abominable está blandiendo terrible; pero salte afuera. . Cómo? como es eso de salirme, si a oír el secreto soy uno, y cero para decirle? Es fiel, y leal; bien puedes declararte. Y no te admires, que haya Lacayo, que calle, si hay quien sin salario sirve. Sabe (ay Dios!) que vuestra muerte, la de Olimpo, de Matilde, y sus leales, mi hermano la ñudamente apercibe; y para lograr mejor su alevoso intento, pide al Cazique de esa Isla cercana, donde estuviste, Armas, y gente, creyendo la Real Diadema ceñirse. Tu vida, mi amor, la Reina, y Olimpo, aguardan, que evites el peligro de su vida. Poco duró arrepentirse entonces, y este es mal caso, que temo, que este belitre, nos destruya la fortuna, y la prebenda nos quite. Qué te suspendes? si acaso es por ser mi hermano? viles traicionés borran su ser; pues tal pensamiento admite, que huyera de declararle, si yo pudiera extinguirle. Que sus primeros rencores alevosos resuciten en su corazón. . Qué dudas? Dudo como solicite a tan gran daño, un remedio, en el cual puedan unirse, de el Reino a la conveniencia, la suya. . Bueno es, que mires por la nuestra, pues la propria otra caridad impide. Tu riesgo, el riesgo de todos haga cesar. Pues permite, que yo le hable, por si puedo a que deje reducirle tan loca temeridad. En ti evitarle consiste, mas no así; pues noble, que los mudos gritos resiste, que leal la sangre late, no será fácil, que evite riesgo, a que una vez se expuso; pues de obligaciones libre a costa de lo que nace, va infamando lo que vive. Si será, . Pues ve advertido de que es cierto (aunque se dice en la Corte, que está enfermo) que anda oculto su invencible rencor, buscando parciales. He de hablarle; y porque anime dame los brazos. Oh envidia! qué esto mis rencores miren? Válgame el Cielo! . Cayosa a cuestas, todo el rabique, y no fue la casa; porque el consonante lo impide. Muerta estoy! Decid, qué es esto? Es. . Él se queda: prosigue: De la saluo de mi hermano, con bien el amor me guíe, nuevas, Dn Pedro, me trajo, y alegre de que se alivie, del mal pasado. . Qué embuste? Vive Cristo, que es un lince; Agradecida. . Ea, calla: o cuidados insufribles! Que así lleguéis a ultrajarme, y que deje yo rendirme, viendo mi ofensa, a un afecto, que sañas, y envidias tiñen! Bien está: exceso mayor, novedad tan grande pide. Retírate, que hablar quiero con Don Pedro. Hecha está un tigre, y hecha unos ojos en blanco, que estoy temblando, que vizque. A gún nuevo estrago temo. . Quiera Dios, que no se arrime. Vete tú también. Bailando, que es paso alegre, y plausible, si no en mulas de Alquiler, que matan, a trote firme. . Cielos, puesto que pronuncia . mi razón, mi furor dicte. Qué es esto, Titano? cuando tal vez en mis ojos viste; pero lo que dicen ellos, los labios no participen; y en mi ofensa, y mi fatiga, unos callen, y otros griten. Aleve, falso, engañoso, y ingrato; (que es más) pues mides, con tus mayores fortunas, correspondiencias tan viles, a quien el vitar aliento, debiendo estás? (poco dije) a quien deponiendo dócil por ti su altivez insigne, debes, que artícule afecto, que aún la agravia repetirle, ofendes, villano? Como lo digo, fin que respiren, las cláusulas de mi agravio, mil venganzas perceptibles, y no solo, más el pecho se asusta, que en él se animen acentos, que en mis ultrajes, tus vilezas multipliquen? Quédate: y solo te advierto, que sepas, que si te quise, (ya lo he dicho) transformando en odio, el amor, horribles con mis sañas, mis piedades, se opondrán a lo que vives; sabelo: y a Dios. . Señora, oye: y si fue, . Qué he de oírte? Que yo no tuve! . Villano calla, y vuelvo a repetirte, que con tu sangre alevosa, sagradamente infelice, de la Luna jaspearé, le Ara: y mi ceño terrible, al falso corazón tuyo, en pedazos, le haré firme. Escucha. Qué he de escuchar? no mis rigores incites. Si mi ruego. Enojos míos; aquí para resistirme, que sé que es fingido; y juzgó que es verdad, lo que me finge! . Divina Matilde, aguarda; rayos su vista despide: oye. Qué he de oír? Mi disculpa. Pues aila? . Sí. Mal resiste el pecho, dolor, que alhaga, aún con las ansias, que asige. Con el Español está, Con él, está allí, Matilde. De Palacio he de sacarlo, y darle muerte terrible, para que viva mi amor. He de engañarle, y decirle, que necesito de hablarle. Y es eso cuanto pudisteis discurrir? qué mal Don Pedro, solicitas persuadirme, a que crea; fue mi afecto el que a tu traición precise a ofenderme! . Esta fue causa de la disculpa, que oíste a Hlora. . Bien; pero ten presente, lo que antes dije. . Aunque la Reina su enojo, al iemblante comunique. Aunque bellos rosicleres. la Reina de sañas tiñe. Da más razón a mi furia; para que este vil no anime. Da mayor causa a mis celos, pues disculpas oye, y pide. Muera este alevoso: y sea ahora que lo permite la ocasión. D . Ay bella Floral qué infeliz porque te quise! Muera, Traidores, teneos. Titano? Olimpo? . Infelice de mi! qué aún esta venganza mi injusta suerte, me quite! Contra quien, apresurados los aceros esgrimisteis? Yo contra Titano, que viendo que te ofende, vine a defenderte; y pues ya logré, que de él, estés libre, solo tu licencia espero. Cómo, que muera, dijiste? Español, yo soy tu amigo, muera, quien te agravia, dije: queda en paz: así le dejo descuidado: hasta que alivie con su sementida sangre, esta furia, que me asige. De mármol soy, y aún la ira se eló al verle, y al oírle! Tirano, tu contra mí; el furioso acero esgrimes, sin reparar, que me debes. hasta el aliento, que vives? Qué es esto? qué ofensa, pudo mover tu brazo invencible, a que alevoso desmienta, el ánimo que te asiste, si en mi descuido irritarle, es lo mismo que rendirle? Semejante acción no infama, a quien el Laurel compite, borrando en lo que intentaste, aún más de lo que naciste; pero pues no hallo la causa, que contra mí, a tuora asiste, véngate, sea la que fuere, rocaba tu acero mide, que satisfacerte intento. Qué sea yo tan infelice! sosiega el enojo, y oye; Ya no será mucho olvide mis traiciones: fingiré para quedar ahora libre, y después sabré vengarme. Qué es lo que intentas decirme? Darte la muerte, celoso, Español valiente, quise; pero me hurtó la fortuna hasta la acción, que previne. Tú celos de mí? Qué? juzgas, aunque tan discreto finges, que ignoro, cuantos favores, debiendo estás a Matilde, cuya obstinación ingrata, sufri yo tantos Abriles; que a no ser mi amor? Detente, no tu sinrazón publiques; pues sabiendo yo, que Olimpo, dueño es de el favor, que dices, no pudiera pretenderle, y aún huyera conseguirle, y sabiendo, que a la Reina solo, por el Cetro aspires, que a tu ambición conquistate, y en su mano aborreciste, mas que celoso, traidor, preciso es, que solicites mi infausta muerte, por ver si tus intentos consigues, (desvanecida en el aire aquella sangrienta horrible saña, una vez) pero advierte, que en defensa de Matildé, mi brazó, siempre sabrá dar a entender inflejible, que es traición; y no es afecto, el que otra vez emprendiste, aunque pretenda esforzarle, la ficción de repetirle. No te entiendo. Lo que anoche explicaste, y discurriste, entre los Parciales tuyos, en mi labio contradices? Qué Laurel puede valer, lo que ambicioso ofreciste, por lograr, el que las bellas sienes de la Reina ciñe? La hermosa luz de su vida en las furias, que encendiste, quieres apagar, tirano, sin temer, que cuando excites, a tan vil acción, tu aliento, es fuerza, que se desquicie, sobre tu maldad, el Cielo, no porque el furor le indigne, si porque Cielo más noble, a un brazo traidor peligre? A este Español (ay de mí!) todos los Dioses, asisten. Cuanto propusiste sé los Parciales, que te siguen, las alianzas de Extranjeros, el día que preveniste, y la hora; mira cuan fácil remedio, acción tan difícil tendrá, si antes de juntaros, los leales de Matilde, aún la intención os castigan; y mira cuan mal cumpliste en pagar lo que le debes a mi afecto; pues terrible la púrpura de mis venas, verter airado quisiste: Dejo aparte de mis quejas la razón; y porque admires, como un Español; su agravio, con beneficios destiñe, solicitaré, que reines, con Matilde, si permite, el rigor de tu venganza, al sosiego reducirse, porque lidie la razón, antes que el acero lidie. Todo lo sabe, y de nada ya el disimular me sirve, Don Pedro, mis altiveces, mal tus consejos, reprimen; ya sabes, que mis intentos, porque tú no me seguiste, dejé una vez: hoy no puedo a tu razón persuadirme, sin el riesgo de que ofendan mi vida; los que hoy oprime, deudos, Parciales, y amigos, mi esfuerzo, y saña invencible, de todos es, y no es mía la acción, que culpas; pues viste, que si falto a la alianza; que con Extranjeros hice, mi honor falleciera, donde mi palabra, siempre firme, falleciese. . Cuanto más el honor pierdes, si admites contra tu dueño traiciones. Como Monarcha me mire; yo haré la traición hazaña. Tu castigo, no te aflije? Qué castigo? si aún los Dioses tiemblan, que mi ira se indigne. Ya estoy resuelto, ya no hay, (aunque tu voz lo publique, solicitando evitarlo) remedio al mal, que previne. Mueran todos: que a mis plantas ya parece, que me rinde mi suerte, el Laurel glorioso, que atrevido he de ceñirme: o qué corto aliento queda, que vuestras vidas ánime! Pues cuando con mis intentos no salga, en guerras civiles arderá el Imperio, siendo a mi saña inejtinguible, geniza, los que en leales, quieren desmentir lo viles. Oye: qué poco con él mis desengaños consiguen, pues sirvieron de obstinarle, cuando iban a reducirle! Quién (oh Cielos!) de mayór pena se ha visto invadir? Si a Titano descubrir intento, ofendo mi Amor? si no, malquisto mi honor; pues habiéndose fiado, Matilde de mi cuidado; fuera locura importuna; que en manos de la fortunas deje su Reino, y Estado. Flora, es la que reveló esta traición, a mi fe; y quien duda, que esto fue, porque la evitase yo? Si ahora la declaro, no cumplo con mi afecto; pues a su sangre falto, y es culpa en mis ansias amantes, no huir, sabiéndolo antes, lo que suceda después. La Reina, a cuyo favor estoy debiendo la vida, de mi amor aborrecida; y adorada de mi honor, callando, arriesgo: o dolor! qué medio has de discurrir, en que logre conseguir, tal ruina desvanecer! Si callo, he de perecer; si no callo; he de morir, Pero aunque sea apagar mi lealtad, a mi esperanza, de Matilde la confianza, de mi amor ha de triunfar; pues si puedo así lograr de Titano la prisión, el tiempo, y la dilación, desvanecerán su engaño, y lo que hoy parece extraño, enmendará la ocasión. De la Reina la crueldad, así templar lograré; pero ella viene: aquí tengo de retirarme, hasta que se ausenten los que la siguen. Tan grande el anhelo es de todo el puebio, que hace al Senado proponer en repetidas consultas, lo que hoy es suplica; pues quisiera, por más firmeza de vuestro sacro laurel, que en felice suecesión empezase a florecer. Bien estás decid, Sileno, que yo me resolveré, A que deis audiencia aguardan. Excusadlo. . Así lo haré. . Ay de mí! que aún el quejarme me ha usurpado el padecer! qué queréis? dejadme todos. Temblando de su desdén . sabe el rigor apagar, cuanto amor pudo encender. Ved, señora, si serviros puede quien. . Que me dejéis. sola, os digo. . Bien conviene con tan extraña esquivez, aquella disculpa: o celos, con qué tosigo cruel mis afectos injuriáis, y mi esperanza ofendéis? Aunque a tanta costa hayan mis ansias, de obedecer, en ofensa de mis ojos, haré que vos lo mandéis; pues da causa el Español a esta mudanza, sabré: pero dígalo la acción antes que el labio; que quien fio el desempeño a su voz, aunque indignado, tal vez se agravia más en hablar, su dolor, que en padecer. . Dónde vas? . A obedecerte. Bien sabes, que de esa ley siempre en mi afecto, estás libre. Beso tu mano. . Ya ves, que ninguna mi cariño, can más causa merecer pudo, que tú. . En tu favor mi felicidad hallé. Más que Reina: amiga tuya fui siempre, y siempre fie el alma a tu discreción (apuremos de una vez este rabioso veneno, que me atosiga cruel) Pues como tu silenciosa, disimulando cortés, ofendes la amistad nuestra? Yo? pues qué disimulé, para que formar podáis alientos, con que os quejéis? juzgaste, que la disculpa, que a tus voces toleré, la había creído, quien sabe (pies, Dadme a besar vuestros Qué es esto? (ah tirano afecto!) como aquí entráis? Suspended el dulce enojo, que vibra vuestra hermosura; y sabréis, que una grande novedad licencia me da, de ver, sin el riesgo de ofenderos, vuestros ojos. . Y cuál es? La mayor traición, señora, que hasta hoy consiguió deber torpe memoria al Buril, docto escarmiento al Cincel. Vuestro Imperio, y vuestra vida amenazada se ve de un traidor, tan brevemente, que ya empiezan a poner sus Aliados. . No advertí, (ay de mí! y a decir volved. O no admitis el aviso, señora, o no me creéis? Por qué? . Porque el grande que está para suceder, (caso, aún le huye vuestra atención. No logró (suerte cruel!) reducirle, . Ya os atiendo, Proseguid; que escucharé; sin mí estoy de ver burlar, a un ingrato, mi esquivez. Que un traidor conspira altivo para hurtarnos el Laurel, imnensa hueste, borrando el nativo rosicler, con que propicios los Cielos, le ilustraron el nacer. Sois vos? . Oh desconfíáis de mí, o no me conocéis? Para deciros, que sí, si eráis vos, os pregunté. Pues no soy yo, que leal os serví siempre, tan fiel. Pues quién es? . No sé. Y decidme, no lo podréis vos saber? Lo grimero es, Gran señora, que la Corte aseguréis, Estando yo en ella, nadie a ella se puede atrever. Una saña, no repara en nada. . Pero sabré, la osadía escarmentar, y el riesgo desvanecer. Si se puede conseguir, Por qué no se ha de poder? En vuestra seguridad el mayor riesgo hallaréis, si no hace la prompritud, evitar los riesgos, que vuestra vida asustar pueden; Vos no la defenderéis? Cumplo con rendir la mía, otro cuidado tendréis, que os agradezca la empresa, volviéndoos a nuevo ser. Cómo? . Si una vez morís, os dará el vida otra vez, aunque oculte hoy su dolor; la Mascara de corrés. Válido de dos refranes, a vuestras plantas llegué con este papel (que os doy, adobando mi pape!) que a la entrada de Palacio me dio, para que os le dé, un hombre, que no conozco. Qué hay, Vainillas? . Que ha de sino por arte de el diablo, (aber, movido a tu buena ley, gastar sin tasa; y triunfar, para vivir, y comer, haciendo vida tan santa, como el Rey de Mequinez. Válgame la Luna! . Cómo a la admiración, volvéis, en candidez de jazmín, la púrpura de el clavel? Solo ha de andar a mi gusto. Cuanto tu mandes haré, o de temor, o de amor, Fresia, porque yo no sé, desde que te vi, a qué sabe la suerte, la hambre, y la sed. Quién tu serenidad turba? Habrá traidor más infiel! Leed, Don Pedro: Vainillas, al instante a llamar ve a Sileno. . Harelo así, que basta, que lo mandéis. . Quién bien os quiere, os avisa, que de Titano, os guardéis; pues su soberbia ambición, no solo vuestro Laurel, intenta usurpar, si no la vida desvanecer, vuestra, y de cuantos intenten, el Real honor defender. Ninguna novedad tiene, . mas de lo que os informé. Cumplió aleve, su amenaza: Flora, qué es esto? . No sé, que el susto, y el sobresalto, tanto me oprimen, al ver, que atrevidamente quiera un traidón, la candidez de su nobleza, manchar, de su fama, oscurecer, que Estatua muda de marmor, al iros a responder, nudos de hielo en las fauces, la voz me prenden; porque en lágrimas por los ojos, las pueda el dolor verter, y aún la ansia de llorar. Nunca de ti lo dudé; Esperame en el jardín, en tanto, que a dispones voy la defensa de el Reino. Mira, que mi hermano, es quien, En asegurando el lance, Flora, yo le atenderé, que no solo herirte a ti, su acción pretende; también me hiere a mí; pues Tirano, tu hermano, y mi primo es. Oh dura Estrela! . De verla llorar, qué os entristecéis . corazón, si este pesar, se ha de teñir de placer? Suspéndase ahora la saña de mi ultrajada altivez, a ver si puede obligar, con este acaso, la fe de un afecto, en que me agravia, lo remiso, y lo cortés. Ya Don Pedro la razón, que tal vez os escuché, de que alborotado el Reino, no os querría obedecer, por ser Extranjero; cesa, si la que hoy a vuestros pies, prodiga, y fiel, la fortuna arroja: delvanecer puede cuanto vos ingrato, y no cobarde, teméis; pues nombrándoos General contra este rebelde infiel, a quien su soberbia invita, mas que mueve su poder; quien duda, que victorioso a mis ojos volveréis? Horlando el Laurel purpúreo, una, y otra altiva sien, a coronaros por Dueño de el Reino, que defendéis? Patria, y Imperio, la suerte liberal, os rinde: quien dejará Patria, y Imperio? Aquí dominarás, Rey, cuanto huella el aire, vuela la tierra, y mueve el que ves immenso Mar: qué respondes a esta propuesta? . No sé. Cielos, a quien se le ha hecho proposición tan cruel, que muere, si la concede, y si la niega, también. Pues ya sin dificultad. Yo, señora. . Os suspendéis? alborozado no dudo, que la respuesta ignoréis: No respondes? . No señora, Cómo, Don Pedro? por qué? con qué sobresalto le oigo! . Por qué grosero he de ser, respondiéndoos, y callando, solo seré descortés. Pues vive la Luna, aleve, que al sacrificio seréis oblación suya. . Señora; si yo pudiera tener, la bárbara presunción de adorar la luz. Ma, Cruel, no ya al amor, al respeto, va tu silencio a ofender. Si de los Astros depende. Calla ingrato, aleve, infiel, cobarde, Español. Señora, aquí al Justicia tenéis. Qué, Gran señora, mandáis? Qué luego sin dilación de esta Torre, en la prisión. Qué oigo? . A Titano pon- . Yo quedo temblando ahora. y si resistir intenta a mi precepto su suerte, haced que le den la muerte. Frustrose (ay Dios!) lo que intenta mi amor. . Ved, que. Qué he de ver? Id luego, y ejecutad lo que os mando. . Reparad. Solo os toca obedecer. Pero en mis canas fiado, bien es, que i vuestra Grandeza, sirvan su sangre, y nobleza. Ya estás, Sileno, cansado. Vuestro precepto no impido. Debe el diablo de andar suelto. Yo os quisiera más resuelto, y algo menos advertido. Idos; y pues no se ha hallado otra acción, que el lance medie, vuestro cuidado remedie, lo que el descuido ha causado: pues si el celo de mi honor, vistiera vuestra experiencia, esa bárbara licencia, os concediera mi amor; pero no, cuando manchada, de todos la lealtad miro, en el silencio, que admiro, y de que estoy asombrada. Señora, mi repagnancia, precisada de el deseo. Aún en lo mismo, que veo, culpáis a vuestra ignorancia. Váyase, mas no pregunte. Voy, pues. . Sileno, escuchad: a la Milicia, ordenad, que luego al punto se junte. Yo la juntaré, señora. Ved, que aguardándoos estoy, De verla, temblando voy. (gáis; . Alguna traición recelo, . de su natural altivo. Pagarame el golpe esquivo, con su poquito de vu elo. . Cielos, ya es en mi bajeza, hablarle yo, sin vengarme: Qué aguardáis? Si ha de encargarme alguna acción, vuestra Alteza. Que de mi presencia os vais, solamente os mandaré. Si no os ofendo, lo haré, porque vos de ello gustáis. . Oíd. . Qué mandáis, señora? No más de que mi venganza, quizá podrá tu mudanza templarle, no amando. Ay Flora! Que aunque mi favor merezca, . mas que nunca imaginé, no ame a Flora, y sufriré, que a mí, ingrato, me aborrezca. Aguardad. . Alienta amor. Si se resiste, muera. Cobardes, en mi fiera En qué la piedad consiste? En qué mejor se resiste, a una ofensa; que a un furor: los celos, con las piedades no enventran; resuelve ahora, o bien no mirar a Flora, o padecer mis crueldades. Pues en tan confusa calma, de una, y otra fiera herida, hurtarme podréis la vida; pero no mudarme el alma. . Cielos, aquí de mí mismo, rabioso incendio, alimente, con material tan frecuente, un abismo, de otro abismo. Presto, aleve, tu mudanza verá, en tu último suspiro, templarse en lo que respiro, los filos de mi venganza. cólera, vive el Cielo soberano, que habéis de conocer, quien es Titano. 1. Ay de mí! . Muerto soy! 2. Valedme, Cielos! Hombres despacha, como yo buñuelos, mi amo. . Acaben sus intentos locos ahora. . . Para mi furia, todos sois muy pocos. Intentáis en Palacio resistiros? Moriréis al rigor de mis suspiros. 1. Rayo es su acero, huya mos su fiereza. 2. No vi mayor valor, ni fortaleza. Tirano, Reuna, válgame la Luna! Perecerá en tu aliento, tu fortuna. Alevoso Titano, ten la cobarde mano, que teñida de bárbara malicia, ultraja mi respeto en el Justicia. . Traidor eres, pues. . No de eso se arguya, que no me rindo yo, sin orden tuya, Oh den fue mío, ingrato, No vi señal allí de tu mandato. Aseguradle presto, Dioses, qué habéis en los Monarchas puesto? que todo mi valor (decirlo puedo) su vista solo, ha convertido en miedo. Herido estoy. Y cuando ya no fuera por el delito, que sabéis, hiciera que murieráis también; pues esta pena tiene, quien hiere nuestro Gran justicia. Hh cautelosa sirena! Llevadlo. . Presto su rigor indicia: Yo romperé la Cárcel, y la Torre; pero si la fortuna me socorre, mi venganza será mayor más fiera, pues tiene amagos ya de justiciera. Justicia, es vuestra herida de cuidado? No señora; indignado el ímpetu de un golpe, imprevenido el valor, me acabó, y privó el sentido. Llevadle luego, y baste por testigo, que lo que hizo con vos, hará conmigo: Determinad la causa en el Senado, Oh Joven desdichado! que aunque mi dignidad está ofendida, quisiera, si pudiera, darte vida. Quién de Palacio, el sosiego turba, señora? . La extraña bárbara ambición injusta de Titano; cuya vana soberbia, sobre el delito, que mi Majestad agravia, hinió el justicia. De absorta, aún alientos me recata la suspensión. Ya, señora, en esa Torre tan alta, que a su lado fuera enano Monaguillo, la Giralda, queda Tirano metido. Sea norabuena la plaza de Sayón. . No digas eso, aunque si bien se repara, que será si no Sayón, quien a una hechicera ama. Pues tal rigor! Y parece, Flora, que la crueldad tarda en escarmentar la culpa, que aún ofende imaginada. Tu sangre es. Por eso mismo mi Justicia, apresurada, verterla quiere, no infame la que en mis venas se guarda: Dejadnos solas. Ven presto, te hablaré cuatro palabras, que tengo, que prevenirte; porque temo, en Dios, y en mi alma, que anda Matilde tras darnos a todos una sotana, y no tengo de sufrirla, si tú puedes remediarla. Lloras? . Qué he de hacer? si (veo la piedad emancipada de tu corazón, sin que tu indignación soberana templen las lágrimas mías, ni compadezcan mis ansias. Aunque en tu alivio, el discurso generosamente vaga, ofreciendo varios medios; son tales las circunstancias de la culpa, que no es fácil por admitirlos, dejarlas. En la Majestad, qué medio puede haber más, que la gracia? Gracias contra la Justicia, a los Príncipes infaman, que acreditan en hacerla, la indignidad de ampararla: Yo donde la ley fulmina en muertas voces, sus sañas contra el delincuente, mal puedo injusta quebrantarla; pues una vez omitida, siempre queda derogada. Antes no; pues la ley muerta, que por diferentes causas no se ejecuta, suspende solo una vez lo que mandas y siendo la Majestad, viva ley, de quien dimana de todas la autoridad, no es romperla, dispensarla. Solo para que no muera, (este recurso, que falta, por tocar en mis pasiones, pues me le ofrece en tan rara ocasión mi suerte, ahora ha de introducir mi saña.) Solo para que no muera, (digo) pudiera entre ambas, allanarse medio, con que yo misma, de mi venganza, la justa satisfacción cediera. . Cuál es? No te ama Pedro? . Cielos, qué escucho? Dilo, de qué te acobardas? El fin a que lo pregunta, no le ignoran mis desgracias. . No te asuste el repetirlo, todo lo sé ya; y pues nada te digo, que ignoro, vamos al medio, que dije, hallaba. Tú, Flora, has de hacer por mí, (si la vida restaurada de Titano, quieres ver) una fineza, que escasa exámino en tanto empeño; puesto que siempre en las Damas, de tu altivez, y decoro, despreciar a quien las ama, siendo natural hacerlo, es no ejecutarlo infamia: desprecia a Don Pedro. . Tente; y antes que hable, en lo que me hablas, entiende, que mi valor, viva, o muera, quien te agravia, igualmente está dispuesto, a la dicha, o la desgracia. Asentado esto, pues dices, que es el desprecio en las Damas Principales, tan preciso, que se envilecen, cuando aman; Dama eres tú, y Principal, para hacer yo lo que mandas, puedes tu hacer lo que debes, creyendo por verdad clara, que si tú lo sabes todo, acá no se ignora nada. Espera, injusta, alevosa, (ay de mi infeliz!) ingrata, y en las iras de mi pecho arderás materia infausta: tú lo verás, cuando diga, . preparado para le Ara. . Así cobarde Español, daré a mi ofensa, venganza. Qué oí? si fue acaso? mas Cielos, ruido de voces, y Armas, dentro en Palacio! qué es esto? Soldados, ha de mi Guarda? 1. Teneos. . Qué causa motiva tu furor, Olimpo? . Aparta, señor, que soy yo. . Cobarde. Oh qué buena va la danza! Qué es esto, Pedro, Olimpo? qué furor! prended los Guardas. Qué bien se pagan los dos! Español traidor. . Te engañas. Soldados, como sufris en mi presencia esta infamia? Mueran. . 1. Tened. . De delante os quitad; pues ya mi espada un delito en él castiga, si antes solo una arrogancia: Ah traidores! de esa suerte me oprimis? (fortuna airada!) dejadme libres los brazos, le harán pedazos mis ansias. Pues vos, Pedro? . Señora. no os ofende, juzgo, en hada, quien por defenderse vibra, mas que impelido, las Armas. De celos estoy rabiando! De más de veinte Panarras, se ha defendido; y si yo no saco aquesta endiablada; como pulpo me le guisan, y en pepitoria le tragan. La sentencia, que el Senado dio, fenecida la causa de Tirano, está aquí; pero la Guarda está alborotada: Qué es esto, señora? . No ve, que mi cólera envaina este hijo de los prodigios, y padre de las hazañas? Olimpo preso, señora? Llevadle luego a otra estancio de la Torre, en que Tirano está. . Hermosura tirana, no tu rigor me estremece, sino el ver, que aleve, y falsa, para que muera dos veces, una, me ofendes el alma. . El pícaron del Vainillas, mírenle allí, como anda entremetiéndose en todo, sin que a él le importe esto nada. Justicia, haced luego al punto, que os den los dos las espadas, y de esa eminente Torre. Dios te guie. . En la más baja cuadra, poned a los dos. Oh bien haya quien tal manda! Este será un calabozo, tan grande como una casa. Señora, pues qué delito? hallasteis en mi desgracia, que éxcite vuestros rencores? Id presto. . Oíd. Ya me cansa vuestra detención. . Señores, si así a quien bien quiere tratan, qué será a los que aborrezcan? Dadme la sentencia. Ansias, aunque atropelladamente envestis a mi constancia, excede su resistencia, al rigor de vuestras sañas, Llevadle: ay ingrato monstruo de piedades, y venganzas! Acabad. . Es la Comedia de aquel Ingenio de Cabra, que no pudo proseguirla, porque en la primer jornada prendió tadas las personas? Vega, y pues cayó en la trampa, ha de pagarme los celos. Seo Salpicón, patarata, que los Corchetes no pueden estar celosos de nada, porque iguala su paciencia de los Cielos la distancia. . Justicia; recorred luego las prisiones, y con guardas los asegurad, a todos. Señora, haré lo que mandas. Cielos, aún lidia mi afecto! Pero qué digo? agraviada, ya de un desprecio al desaire, y ya, qué ira! qué rabia! tan aleves ofensas, indignamente ultrajada, qué afecto a alentar se atreve? Muera, que a la ardiente saña, (to la crueldad de mi envidia porten- mi afecto extingue, y mi piedad

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Oh mi Fresa! dulces lazos te previene el corazón; toma el mar de mi afición, dividido en estos brazos. A abrazar todo el cariño, has reducido el querer? Es, que el amor, a mí ver, anda en brazos, como niño: Qué hay de nuevo? han decretado, el que nos coman a escote? que yo seré. . Qué? Gígote, pues tú me tienes picado: Hay algo? dilo? qué cuando aquí en la prisión me alientas, eres nave en mis tormentas, y me anegas encallando. Y Pedro? . Está escribiendo; quieres que le llame? . No. Pues a fe, que no sé yo, lo que escribe, ni lo entiendo. Matilde, no le ha mudado? No le obliga su hermosura; quizá hace alguna escriptura, para quedar obligado. Ya sabes (oh dura estrella!) quien con su influjo porfía, que en este festivo día, cumple años, Matilde bellas pero por la cruel guerra, que ya en la Isla se previene, el que se case conviene, a la quietud de la tierra; pues de Olimpo, y de Titano; que aún están en las prisiones, cesan las indignaciones, en dando al uno la mano. Ay Fresa, de tantos males, son culpa nuestros excesos! Luego que los vieron presos, se opusieron sus Parciales: juntas estás cosas todas, está Matilde dispuesta a hacer en el Templo fiesta, por sus años, y sus bodas; y por poder castigar aquella entereza esquiva de Don Pedro, vengativa os ha de sacrificar. Eso hay más? mi pena crece. Mas se ofrece, y no es propicio. Qué importa, en el sacrificio, yo solo soy lo que ofrece. Flora puede suspender en tu amo, esta muerte impía, pues con Matilde porfía, que al cabo la ha de querer y si ella logra su intento, serás, según he notado, solo tú el sacrificado, por voto del casamiento. Qué dices? oh suerte escasa! de esta acción me quejaré, la aborrezco, para que me mate, cuando se casa. No te olvides de ese modo, (si mi Amor no se te olvida) yo la he dado una bebida, que lo ha de remediar todo, Esta bebida provoca, (las especies desuniendo) a enojarse, aborreciendo, a quien la mano la toca: Y tanto se ha de enojar, vestida de esta pasión, que dura la indignación, hasta volverla a tocar: Y mi amor? . Bravo artificio! Logra en su aborrecimiento, impedir el casamiento, y estorbar el sacrificio; pues si al dar la mano, enfado, le hace del nudo apartarse, cesa con eso el casarse, y el ser tu sacrificado. Y eso está ya concluido? Cómo te lo he dicho está, y no se le olvidara? No, que lo tiene bebido, eres Fresia sin igual. Ahora te falta saber, que esto no se ha de entender que a entrambos nos está mal; pero si en callar te empeñas, tanto mal excusaré. Aún más que mudo seré, pues no lo diré por señas. Mal fío de tal capricho . este secreto, yo haré con algo, que le daré, que olvide lo que le he dicho: Vamos adelante; enviada aquí de Matilde he sido, a ver si está reducido Don Pedro, y de él es amada. No la quiere, no. . Pues yo a su afecto, y gusto, fiel, aunque la quisiera él, la responderá, que no: Así oyes? en esa sima, (donde hasta ahora he escondido, los regalos, que he traído? te puse algunos. . Estima, mi amor tan heroico hecho. Estás contento? Aunque llora mi amor, lo que has dicho ahora, me has de dejar satisfecho: tú me sustentas. . Quien ama, descansa en aquesa acción. Sí, que es muy puesto en razón, que se coma con la Dama. Come, que así olvidarás lo que importa, que no digas. . A Dios, que va mi afición a estorbar el sacrificio. Dios te pague el beneficio, y también la colación. , , s Gran fortuna hemos tenido en escapar tan seguros de las iras de la Reina, y de aquel Portero zurdo, para quien nació tu mano horca, cordel, y verdugo. 1. Hasta que de la Ciudad salgamos, no cesa el susto, por la prevención; que en ella resuelta, Matilde, puso, al ver inundar sus campos, golfos de vasallos tuyos, y de Tropas Auxiliares. Deudos, y amigos, no dudo, que si logro ver la frente del Ejército robusto, que en mi defensa juntasteis, que ha de ser muy corto triumpho hacer felice mi intento, y teñir en infortunios las crueldades de la Reina; a ver si puede su gusto, afectando justiciero traiciones, que miente el vulgo mas que mi razón. 1. En mada te detengas, pues descubro, que ya el Alba, en esa cumbre, gran Piramide del Mundo, empieza a verter albores, de perlas bordando el luto, de que vistió tenebrosa la noche, sus miembros duros. Vamos, ingrata Matilde. Ahora verás, si el impulso de tu hermosura suspende la saña de mis insultos, y si hay quien restaurar pueda el respeto, que yo injurio. Oh Vainillas, si vencemos te he de poner como a el zurdo. Y sé qué hablaste a Don Pedro cediendo a mi Amor, el tuyo: yo lo estimo; pero en él mas ingratitud discurro, aunque tú me lo has negado; pues con atrevido orgullo, sediento de mi castigo, se ha obstinado en el insulto. Qué fácilmente se engañan . los deseos, con los gustos; alienta amor la ficción, con que el mayor riesgo excuso: Señora, en el feliz día, que cumples floridos lustros, ni aún de envidia las Estrellas te han de negar el influjo: deja el rigor; ve a Don Pedro, que puede ser. . Es injusto. Antes de ir al Templo, le habla, pues está el albergue oscuro, de su prisión, tan cercano. Nada con Pedro pudo, ni tu amor, ni tu amenaza. Qué dices? pues por los puros Cristales de las Estrellas, luz del Imperio Nocturno, que en los cuadernos del Cielo son resplandecientes puntos, que ha de morir. No te enoje su recato, que es estudio, por no profanar con Fresa su afecto, . Mal disimulo el dolor, que aflige al alma. Mas que nunca el atributo de piadosa necesitas, si le ves, ahora; y si al nudo del Amor se resistiere, el rendirle será el fruto de tu vista, a cuya dulce hermosa violencia, juzgo cederá hasta lo obstinado, por no incurrir en lo injusto. Pues yo resuelvo el llegar a la prisión; pero juro, que si a mis ojos aleves. No lo receles (oh sumo dolor de quien ama!) donde son herida hasta los sustos. Verá lo que yo la he dicho. . Con fingir está seguro. . Haz que llegue hasta este sitio de la prisión. . Los dos juntos llegan. De esta tempestad, . librarnos con un conjuro. De lo que siento, amor, quede libre ahora, lo que pronuncio. . Al mirar vuestra Beldad, ya que ay Cárceles confieso, pues solamente está preso, quien queda sin libertad. Esta lóbrega mansión, ilustra vuestra hermosura, y no está en prisión oscura, quien ve al Cielo en su prisión. La venda el Amor me entrega al veros; y no es insulto, porque da a las luces culto, el que en viendo al Sol, se ciega. Qué decís? no veis a Flora? Si señora, ya la vi. Es, que ya no vive allí, que se ha mudado, señora. Luego habláis conmigo? Adquiere gloria en eso mi elección. Muy bueno va de ficción. . Háblala, pues eso quiere. . Quisisteis a Flora? . Sí. Y aquella llama? . Acabó. No dura el afecto? . No. Decid por qué? . Porque os vi, y absorto al nuevo favor, mi descuidado albedrío, olvidando, que era mío, olvidó el primer amor. Pues otras veces también no habéis visto su belleza? Sí, y entonces mi ribieza fue respeto, y no desdén. Ya le venció mi razón; Flora, hasle oído? . Si he oído, y creerás, que no he mentido; qué es eso? . Con intención, de que supierais de mí, el nuevo ardor, que me incita, no esperando esta visita, lo tenía escrito aquí. Y porque no haya delito, ni engaño en mi trato siel, a Flora en este papel, lo mismo la tenía escrito, que así cesa su quererla, cumpliendo yo con las dos; pues leer, que os adoro a vos, es desengañarla a ella. Veamos: toma; qué te apartas? Sé ya lo que he de leer, Di, qué es esto? Qué ha de ser? tener buen juego, en dos cartas. Solo a Flora quise; y quiero a Matilde; no hay culparme esto, no; pude mudarme de lo que quise primero. Mudose, pues, quien ignora, que puede? (feliz fortuna!) Sin mudar letra ninguna, digo lo contrario a Flora. Solo a Flora quiere, y quiero a Matilde no; ay culparme esto? no pude mudarme de lo que quise primero. Mucho en esto os he debido, Ya otra vez priva. Pues deja, verás perder esta oveja, si vuelve a ser su valido. Tu agrado me infunde vida, Y qué sufra Flora esto! Ella se podrira presto, porque ya estará sentida, Sal luego, triunfa, desprecia el mal (o alegre papel!) Pues deja de ser cruel, en queriéndola, no es necia. El confiesa se ha mudado, Tú la verdad has leido. Oh Floral dichosa he sido, dueño será de mi Estado; serás firme? . Cual diamante. Sin mudanza? Fija Estrella. Qué dices? Que eres tan bella. Qué es cierto, serás constante? Tan presto, que en fatal suerte, esa Azucena florida, que ahora me da la vida, me dé, si falto, la muerte. Qué horror es este, tira. impío, traidor, atrevido, (no ingrato, desconocido? Y esto es yéndose a la mano. Pues, señora, a tu hermosura, en qué la pude agraviar? Tocó su mano, qué azar! la bebida es su locura. Qué acciones, Fresia, estas son? Quién incita tu altivez? Si él no la toca otra vez, durará la indignación. Prevenid al sacrificio, esos dos hombres. . Señora. Si perdió el afecto. Ahora te quiere, que pierde el juicio, Señora. . Aparta. Es envano tu cortesía afectada; no la veas, que se enfada, de que la beses la mano. Hola, al Templo de la Luna los llevad, pierdan la vida. Repara. . Calla, atrevida, Hay más infeliz fortunal Instrumento eres fatal de mi muerte, y fin violento. Y destemplado instrumento; pues tocado suena mal. Sirva a la Luna rendido, de culto a su luz sagrado. Esta Luna la ha mudado, y es quien nos ha destruido. Aunque no estime su agrado, he sentido este desdén. Si no te sentaba bien, ya con eso la has trocado. Oyeme, . Escucha. Tirana, tú me intentas repugnar? acabadlos de llevar. No seas tan inhumana. No hay quien mi enojo resista; vendad sus ojos aquí, qué aguardáis? Vendarnos? . Sí, que es con denarnos en vista: Su mano tocaste, y pasas . a que los ojos perdamos, y es, que las vistas la damos, ahora por sí te casas: Ay, qué es de verás! Qué arrojo, tan cruel, he inconsiguiente! Así haremos, que escarmiente. Pues déjeme abrir el ojo. El fuego puedes traer, fortuna, al prófano Altar, que a quien ha sabido amar, no le da miedo el arder. Ya tu amor renuncio, cuando mueres por severa ley. Pues borrecha, soy yo Rey, que me matas renunciando? El corazón me atraviesa. Salió mi esperanza vana. Tu amor deja, y no es liviana. porque a mí muy bien me pesa. Cuminad, no este sagrado holo causto se dilate. Que aquesta albarda me mate, esto llevo atravesado. Cuando ve a Matilde hermosa, la bella, y luciente Cintía, se vale de ser Deidad, para no tener envidia: A Cupido su poder excede, por más que diga, que poco violenta hiere, la flecha, que aún no lastima; O con qué gala Cintía, en sus bellos Abriles, lazo a las vidas, el Imperio la afrece, de la Florida! Suertes más desvanecidas, en mi habéis de reparar. Luna divina, a tu Altar sacrifico estas dos vidas. De mi sangre os veréis hartos, En pedazos divididos, de ti han de ser admitidos. Con eso tendrá más cuartos, El filo corte de modo, que se acabe el padecer. En mí no tiene que hacer, que ya estoy cortado todo. Que no se ha de hallar un medio al furor, que la provoca! Si ella otra vez no la toca, esto no tiene remedio. Qué cruel, y qué irritada! Fenezcase así su suerte; dadlos, pues, dadlos la muerte, Cara me cuesta, no es nada. Pues este don soberano. de la Luna, al culto ofreces, como sabes, de otras veces se ha de ofrecer por tu mano. Eres la Sacerdotisa, que las víctimas deguella, y que el sacrificio sella, y esta piedra es la divisa. La vida le he de quitar. La obra empecé del vivir, no me estorbes proseguir, si me quieres acabar. Muera a mis iras ahora, este alevoso, tirano. Maldita sea tu mano; bendita sea, señora. Mas siento esa mano ingrata, que todo el golpe violento. Pero qué miro? qué intento? Don Pedro? quita, desata, que vuelta de una ilusión, al golpe de Amor herida, te ofrece el pecho, y la vida, la inquietud del corazón. No te admires, me suspenda. Ya le tocó, libre está. Hola, no me sangran ya? pues quiero arrojar la venda. Qué feliz suceso! Espera, al que ts ataste primero, le has desatado. . Es, que quiero, que viva ya. Considera, que a todos da pesadumbre; pres estando dedicados a nuestros Dioses sagrados, es faltar a la costumbre, el que queden con la vida. Dos Reses rindan por ellos, al Ara los duros cuellos, y nadie mi gusto impida; sacadle, pues, de este espacio, por no ofenderle. . La idea; no sé si me engaña. . Ea, demos la vuelta a Palacio. La ejecución de este azar impides, y tanto bien debo. . Mas debes a quien; no ha querido ejecutar. O con qué gala Cintía,. Hasta nuevo orden expreso, gozando esta inmunidad, en ese cuarto os quedad, adonde estuvisteis preso. Entra, pues, esta prisión no es ya cárcel, silo asilo: Pendiente estuce de un hilo, Locura fue aquella acción. Déjame cobrar, que he estado muerto. . Y ahora quién podrá; Yo puedo cobrarme ya, pues Matilde me ha librado. Qué no halle medio, que importe, a qué acabe este rigor! En tal pleito, lo mejor es, que no haya dado un corte: Si tú a Titano ayudaras, a lo menos estuvieras libre, porque al sin hicieras cosas; por donde escaparas. Mas de qué te has suspendido? Oye, pues lo has de saber, Desde aquí tengo de ver, si ha quedado agradecido. Yo no he querido, ni quiero a Matilde, la he engañado, porque a huir determinado. Hh ingrato! . Ocasión espero. Pues prosigue en tu ficción, que con tu fingido amar la obligas. A castigar vuestra villana traición: hHola. . Llegada es mi hora. Viles engaños conmigo, lloraréis vuestro castigo. Qué es lo que mandas, señora? Esos dos, sacrificados se han de ver hoy esmaltar de púrpura nuestro Altar, y así tenedlos cerrados, hasta que para este intento, al Templo los volváis hoy porque yo a concluir voy luego al punto el casamiento: sean míseros despojos, por su trato fementido. 2. Todo lo verás cumplido. Hay más mall Hay más enojos! bueno; qué habemos de hacer, con gente tan singular, que no nos puede tragar, y que nos quiere comer? En tanto mal aliviado, estoy, mi Flora, por ti. Ponte tierno, porque así serás plato regalado. Yo busqué este mal, y el fuego de mi pecho así se arguye, que quien del peligro huye, como prueba, que está ciego. Yo, lo he de decir: ahora . te enterneces? sabe amar a Matilde. . No, que es dar un injusto pago a Flora. Pues si no antes, que concluyo la vida el fin infalible, huyámoslo lo posible; óyeme, por vida tuya. Aquella sima, que ves, es donde Fresia guardaba, los regalos, que me daba. Y bien? Escúchame, pues: Bajando en una ocasión a socorrer mi trabajo, vi unas piedras allá bajo, mal puestas, sin trabazón, por ver con curiosihad mas, las piedras desuní, y por los resquicios vi, N una gran concabidad, Y eso te causa alborozo? Sí, porque en tales extremos, que sabes tú, si tendremos hoy nuestro gozo en el pozo? Vive Dios, que has de ir tras mí, que quizá huiremos la muerte. Tan infeliz es mi suerte, que me arrastra hasta de ti. . Gran Justicia, qué alboroto es el que mi Corte inquieta? Es de la mano de Jove, desparada ardiente flecha, abrasar el fuego al Mundo, 4uaab desquiciarse las Esferas, precipitarse los montes, rasgar el aire la tierra, romper los Mares su coto, ser más sañudas las fieras, es desatarse las surias, de las oscuras cabernas. Teñirse el plomo en el aire, herir el Noto la selva, faltarle al Tigre los hijos, correr un bruto sin rienda; A y es, que falseando las llaves. abrió Titano las puertas de la Torre, y sagaz Monstruo, salió a gobernar la Guerra, que estando él preso, tenían ya sus parciales dispuestas y todas las que te he dicho, son menos que sus violencias. Y mis Guardas, y Soldados? Ya los alisté con priesa, Milicia tumultuaria, con tan invtiles fuerzas, que ella mesma está vencida, y en su desorden desecha. No se podrá conservar? No puede, sin mi asistencia, que es necesario, que luego nombres Genetal, que sea aliento de tus Escuadras, y terror de las opuestas. Huyose Olimpo también de la Torre? . No. Pues crea Titano, que he de vengarme, que la ejecución suspensa de su muerte, por mí ha estado, por ver con esta cautela, si el Español; mas qué digo? no faltéis a la ocurrencia de ese primer alboroto; idos, que yo con presteza os enviaré General. Solo eso esperamos. Fresía, trae recado de escribir, y la llave de la fuerza de aquesa Torre, del muro, que en casos de esta manera, todo el orden se confunde. . . Solo siento, que esta ofensa, si es de tu desvelo causa, es motivo de mi afrenta. Castigado le verás, Ya está aquí todo. Oh soberbias presunciones de Titano! Olimpo su orgullo venza, que mi mano será el premio de la victoria, y defensa. Si con esto, de la muerte de Don Pedro no se acuerda, . aún es consuelo. Dos ruinas; serán alivio, a mis penas, en Don Pedro, y en Tirano: Hay algún Guarda? . Los lleva bien armados el justicia, para hacer la resistencia, primera a los Enemigos, y a los que en Palacio quedan, también llevó el alboro. Pues toma, y por esa pieza del cuarto de los jardines, ve a la Torre, y al que en ella hallares, le da este orden, que pende de su obediencia, desvaratando el traidor, dejar con quietud la tierra; y aquese solo, en la frente, el supremo Laurel tenga ovisa de General. . Voy al punto, Vamos, Flora, por si queda que ordenar. . Vamos: Fortuna, siempre cruel, siempre adversa, cuando encontraré un alivio, en la saña de mis penas. . Oh qué angosta escalera! quien en ella tuviera algunos Mosqueteros encerrados, para hartarlos de pasos apretados! . Bien puede en carácoles dividida, arder en un cándil, por lo torcida; mas qué sala? qué apresto? sube por Dios? . Qué es esto? Esto, el Cielo. . Por qué? No es desatino, por lo estrecho, y penoso del camino, Qué será esto? . La casa de aqueste caracol, largo, y sin tasa, y está sobre él, que en leyes bien dispuestas, trae todo caracol su casa acuestas. No sé cómo he podido ; haberte reducido, solicitando alivio a mi sollozo, a desquiciar las piedras de aquel pozo. Tú porfía venció; pero a qué efecto? De descubrir tan solo este secreto, que en poder de criados, ni aún secretos de piedra están guardados. Qué sala tan capaz! . Mas la quisiera, si por angosta, y mala me escondiera, que el verla tan capaz; que estas edades, no saben ya estimar capacidades. Si dará alguna seña aquella entrada? No nos dirá palabra, es muy cerrada. Deleitosa mansión! . Si más te olvidas, que tiene este lugar malas salidas, Qué es esto? es ilusión de mi deseo? son Don Pedro, y Vainillas, los que veo? No hay medio de salirnos? . Es en vano. Quién los trajo a la cárcel de Titano? ellos son, el dudar es desatino, darles honor, y vida detérmino. Oh Don Pedro! Vainillas! . Malo, mal Pues Fresa? . Qué te admiras? Gran regalo el demonio será. . Qué parasismo te da? que Fresa soy. . Por eso mismo. Qué motivo a este puesto te trae? . Fresa parecen: di, qué es esto? Oíd, que corre priesa la fortuna, que se ofrece oportuna; a trocar tan penosas aflicciones, en victoriosa unión de aclamaciones, ahora, falta lugar de preguntaros, el como os hallo aquí, basta el hallaros, para decir, que tala de esta tierra, los contornos con guerra, Titano; y contra tal inconveniente tiene Matilde prevenida gente; y a Olimpo, que alli dentro está cerrado, quiso hacer General, y este me ha dado, que sin poner el nombre el cargo aprueba, y autoridad da el sello a quien le lleva, consigue eterna gloria, yo el orden te he de dar, tú la victoria;; pues quedará Matilde así obligada, aunque yo de este error quede culpada, triunfe de esta, traidor, tu valentía, que luego correrá por cuenta mía. Toma, Español valiente, ve a regir esa gente, que esperándote en Tropas bien lucidas, ya te tienen las Armas prevenidas. Pues cómo? . El rumor crece. Todo sueño parece, que en desgraciados a su ruina ciertos, es un sueño la dicha de despiertos. Sueña, o no: dicha ha sido, valerte ahora de ella es lo advertido, que dejando la tierra reducida, por lo menos saldremos con la vida. Este rumor te llama. Pues sírvale de acentos a mi Fama. La musiquilla es brava, como atruena. Solo la fuga me parece buena. Las quiebras, de tu bien he aderezado. Y por eso comienzo a ser Soldado. Soldados valerosos, que soberbios, osados, y animosos, hoy me ayudáis iguales, como amigos, vasallos, y parciales: A esos Bárbaros locos, decidles de mi parte, que son pocos, que sin Armas iré; mas sin recelo; que son luces mis Armas, en el Cielo; pues en las blancas puntas de la Luna, clavaré las Personas una a una. Son nubes en el viento, los humos de mi aliento, y y para su desmayo, trueno las voces son, los golpes rayo; y estás furias unidas, son una tempestad contra sus vidas, que pretende por gloria, vuestra ingrata Matilde? La victoria se funda en tu valor, General fuerte; Esperad vuestra muerte: Arma, Soldados míos, ya hay ocasión para mostrar los bríos, que este acero logrará en esta mano. Guerra, guerra. . A envestir. Viva Titano. Soldados, vuestra gloria se aperciba; al dulce acento de Matilde viva. Ve desde estos pensiles, ya travados, con los traidores viles, tus Soldados. Viva Matilde. Viva el Gran Titano. Matilde triunfe del rigor tirano. Aunque levanta polvo su ardimiento, que el velo de la luz, mancha en el viento, admiro su denuedo, brío, y saña, y quedará, presumo, en la Campaña, la sangre del traidor ennoblecida, pues solo es buena, cuando está vestida. Ay de mi! muerto soy! Salpicón te hice. Lograd, Soldados, día tan felice. Mira un Joven valiente, que pisa a la traición, la altiva frente, que es rayo en la violencia; porque no hallan sus golpes resistencia. Viva Matilde. . Arma, arma. . Guerra. Espanto es de la tierra; le conoces? . No, el polvo lo embaraza, A todos amenaza, pues parece que Huestes acaudilla, con espumas de nácar, su cuchilla. De su aliento guiados, todos los tuyos, son más esforzados. Victoria. . Del castigo, huye desecho; y roto, el Enemigo, Viva Matilde bella. . Viva, viva. Sigamos su inconsiancia fugitiva. Ya siguen el alcance, adonde hiriendo, unos corriendo van, otros huyendo. Pues no me han de conocer, . por lo mudado que vengo, pido albricias, que es ardid, . también el llegar primero: Gran señora, a este Soldado, valeroso, da por premio, y en albricias, perdonarle: poco es, y es atrevimiento pedir poco. . Pues quien sois, que pedis poco? . En extremo. Qué decís? . Digo, que poco es perdonarme, supuesto que según me habéis tratado, es muy poco lo que os debor como un León pelee. Pues qué eráis vos? Mosquetero. Para qué? . Para silvar. Los silvos bieren? . Tan recio, que aturden las Compañías, y confunden los Ingenios. Cada contrario era un Marte. Yo un Jueves, que es más Guerrero, Buen humor. Soy muy valiente. Digo, que he de agradecerlo: De la Florida, qué es lo que quieres? Esparragos, que son tiernos, He de llegar. . Llega, Olimpo; pues la victoria te debo. Señora, no he sido yo Caudillo, que de ese yerro me ha avisado ya, el justicia: Supe en la Torre, el extremo del peligro, que debí esta noticia al estruendo; y para poder servirte, con mis parciales, y deudos, me liberté yo, a mí mismo, por hallarme en el empeño. Y ahora te pido, señora, perdón, de mi atrevimiento, que es fineza del Amor, . faltar en algo al respeto. Perdonado estáis, Olimpo: Pero decidme, qué es esto? quién ha sido General? A mí me tiene suspenso el caso; pero a su espada, toda la quietud debemos. Quién es? Pues quién es? decidlo. Viva nuestro Augusto Dueño viva la bella Matilde. El que a tus pies está puesto, de los pasados desaires, perdón re pide, . Don Pedro cómo? . Dónde? Tú veniste? Bien se ha logrado mi intento Estabas? . Aqueste encanto, descifra. Ya te obedezco: Después, que tú me dejaste, en el sacrificio muerto, que es la muerte de los tristes, vivir para los tormentos. Después, que fui a la prisión, donde el envotado acero de la Parca, en tus enojos, volvió a afilar el veneno, mirando, que a ese criado, le arrojó cobarde el miedo, en una sima, que no hay elecciones en los riesgos, me determiné a seguirle; y cuando bajé, le advierto, desenlazando unas piedras, que entre los ascos del cieno, en el ámbitu horroroso, forman círculo grosero. Y al reparar advértimos, el disimulo de un hueco, capaz; pero tan oscuro, que presumí, que el Leto, (Monstruo fatal del olvido) en aquel medroso seno, para hacerlos más horribles, cuajaba sus vidrios negros. Di una voz, que bien sentida, en los cóncabos: el eco, volvió horror a los oídos; y en el espacio funesto, sin relampo de luz, se oyó el ruido de aquel trueno. Con valentía curiosa entré, mas no sin recelo, que él no saber donde van, es el temor de los cuerdos; y averiguando las manos, lo que ha de ocupar el cuerpo, pisando el pie en el examen, antes de fiarle el peso, por no hallar su oficio el tacto, tuve los ojos abiertos, que hasta entre tenaces sombras, por aviso, y por ejemplo, quien no se ciega a sí mismo, es el que anda más atento. Mucho lo estaba yo, cuando por un caracol estrecho, congojado se quejaba, con blandos silvos el viento, hacia la respiración, de tan retorcido cuello, me condujo cuidadoso, la inquietud de aquel silencio, Y en un lado de la sima, hallé envebida, en el centro, una escálera quebrada, que en sus vueltas, y rodeos, imaginé, que escondido, algún Dragón, el Ivierno, murió, y la ponzoña enjuta, por las quiebras de los huesos, empezó a subir, formando. el caracol, su esqueleto. Rematábase el conducto, en la oposición de un techo, que por ajustarle más, dos aldabas tenían preso; y con ansia de saber, lo demás de este secreto, sacando con fuerte impulso, de las sortijas los hierros, alzó Vainillas las tablas, y adornada con aseo, una cuadra de esa Torre, fue de mi naufragio el Puertó. Aquí, pues, Fresía, engañada, por hallarme en aquel puesto de la Torre, o por venir ciega del Sol al reflejo, o asustada de la Guerra, (que no importa apurar esto, diciendo como fue) puso en mis manos el decreto, en que nombras General, a quien le lleve; y oyendo el ruido de los Soldados, y el estado del aprieto, no supe discurrir, más que resolverme al empeño. Salí libre de la Cárcel, y el espíritu guerrero, por desquitarse del ocio, se vistió de más incendios. No has visto el Azor afable, en el brazo del Montero, que está puliendo las alas, leves injurias del Cierzo, parda polvora, que llega hasta la Esfera su estruendo; y al quitarle el capirote, y los lazos, lo alagueño, pasa a esforzado coraje, y en torbellino violento, centella de pluma sube, hasta clavarse en el Cielo? Pues así yo, como estaba mi natural tan violento, rotos los lazos, y estorbos, salí con tanto denuedo, que a Titano estremecían, los amagos de mi acero. Dudan los tuyos mi cargo; pero reparando el sello, y que en más Inquisición, se aventuraba el Imperio, por lo cruel del Enemigo, conformes obedecieron. Acometionos Titano, y aún con vida quedó muerto, pues vencimos, y el vencerle, es la muerte del soberbio. Al primer encuentro, huyen sus Soldados descompuestos; y como por arrogante, no discurrió este suceso, torpe, a la mala fortuna, no supo aplicar remedio; mas pudo advertir Titano entonces, que es grande yerro, ofrecerle al Enemigo, vencido el entendimiento; pues es discurrirse roto, prevención para no serlo. Gobernaba tus Escuadras, mas mi valor, que mi ingenio, que en el lance del peligro, no hay orden como el ejemplo. Viendo a los que se resisten. Parto veloz hacia ellos, que solo hacia los peligros, es un Español ligero. No más aprisa a la Rosa, pabón del Abril, el Cierzo marchita a soplos el nácar, caduco alago del tiempo, que quedó su orgullo loco, convertido en vituperio. Hasta el Río de las Palmas, su alcance seguí, y al Gremio cristalino se arrojaron, como quien dice, supuesto que son los que nos persiguen, de toda la tierra dueños, hagamos para sus iras elección de otro elemento. Volví, y a espacio muy corto; entre unas ramas cubierto, con lágrimas vi a Titano, que no es indigno al esfuerzo, sentir los males, sin dar más victoria al sentimiento; Vinose a mí, y desprecile por lo altivo del aspecto, que deja poco a las manos, quien da la cólera al ceño: el pecho le abrí de un golpe, porque me parece cierto, que a un traidor le hiere más, el que le descubre el pecho; y tan obediente al filo, dejó de animarse el cuerpo, que antes del espacio corto, en que conoce el concepto, todo aquello que imagina, era ya cadáver hierto; pues tan distantes obraron; realidad, y pensamiento, en el plazo de un instante, que mirando a un mismo objeto, yo que le conocí vivo, le desconocí allí muerto. Viendo, pues, que esta acción sola apuró al tumulto el riesgo, porque el golpe en la cabeza, deja sin valor los miembros, Pisando por la Campaña, los despojos, y el trofeo, vengo a tus pies, donde humillo, un Español, y un soberbio; pues teniendo mi fortuna esa protección por premio, se acabó aquí la tormenta, ha cesado el cautiverio, que el sagrado de tu Trono donde se postra el respeto, es el fin de mis desgracias, y es de la victoria el premio. Esto a tu esfuerzo se estima, y a los Dioses superiores; sin duda nuestros mayores, por esto hicieron la sima. Vida te debo, y estado. Prodigioso es su valor; de Matilde está mi honor pendiente. . Yo he peleado. Calla. Aseguro tu vida Don Pedro, Flora te llama; pues fuera nota en mi Fama, quedar de entrambos vencida. Flora lloras? Fue mi hermano. Para vengar tal dolor, de Don Pedro el matador, pongo en tu poder, la mano. Mi bien llega así a aumentarse, Mi suerte así se mejora. No haya ventaja, señora, mano a mano, han de casarse. Aún el triumphar de mi amor me asusta como pesar. Solo así desagraviar pudo Matilde mi honor. Ya acabaron mis desvelos. Ya ha cesado su crueldad. Así obra mi vanidad. También hay Piedad con Celos. Cumpliendo mi obligación, Don Pedro te he perdonado, por méritos de Soldado, agravios de la aficción; y así te quiero premiar, con que la mano le des. Mi obediencia es mi interés, En mí, es blasón singular. Y pues que tú en la ocasión, valeroso me has servido, has de ser el preferido, en mi maño, y mi elección. Solo ese jazmín encierra, el premio más encumbrado, Ahora que tomas estado, dejas con quietud la tierra. Fresía, no quieres casarte, siendo yo el Vainillas mismo, para que nuestro Baptismo diga la segunda parte. Daca esa mano. Mi suerte, de ese modo se remedia. Y aquí acaba esta Comedia, con casamientos, y muerte.